Revista Lúdica 1a edición, enero 2012
Primera edición de Revista Lúdica
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Sobre Lúdica
Sobre Lúdica
Lúdica surge como un espacio para el intercambio
de ideas y conocimientos psicoanalíticos
estimulando propuestas novedosas que jueguen
con las clásicas fundamentales del psicoanálisis.
Reconociendo los alcances de los diversos
enfoques psicoanalíticos, se abre este espacio
para complementar las diversas perspectivas que
componen este campo, brindando mayor riqueza
al quehacer clínico al estimular nuevas inquietudes
y nuevos senderos en la práctica clínica.
Si deseas obtener más información, envía tus
comentarios o sugerencias a:
revista.ludica.gt@gmail.com
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1 LÚDICA
En estas páginas fundamos un lugar de respeto y
diálogo para las distintas teorías psicoanalíticas con
el objetivo de inaugurar un nuevo espacio psíquico
convergente para quien acuda a su lectura.
Revista Lúdica
RevistaLudica
COORDINACIÓN
Claudia Castro
Claudia Melville
Liza M. Zachrisson
PORTADA
Diseño
Rafael Aycinena
Imágen
Noemi Spadaro
EXPRESIONES
José Luis Figueroa
IMÁGENES
Álvaro Marroquín
Christian Dittus
Gustav Klimt
Laura Ripesi
Winslow Homer
AUTORES
Claudia Castro
Claudia Melville
Daniel Ripesi
Liza M. Zachrisson
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1
Índice
1
3
9
1 4
2 0
2 9
3 0
3 2
Sobre Lúdica
Escritos
La falla y la capacidad de ensoñación
en el espacio analítico
Claudia Melville
Consideraciones clínicas ante la
inundación del TDAH
Liza M. Zachrisson
¿A qué juega el niño en la clínica?
Claudia Castro
Transferencias sin cuerpo:
fantaseo o fantasía
Daniel Ripesi
Expresiones
Primeros pasos en medio del alba (en un
nuevo despertar)
José Luis Figueroa
Autosuplicio
José Luis Figueroa
Conceptos
Espacio Transicional
Donald Winnicott
3 3
En el
taller
3 4
Sobre autores
LÚDICA 2
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2
Escritos Novedades
La falla y la capacidad de
ensoñación en el espacio analítico
Claudia
Melville
Freud abandonó la teoría de la seducción
traumática en 1897 abriendo un espacio
potencial en la exploración del mundo
fantasmático intrasubjetivo advirtiéndonos
que las condiciones traumáticas son en
varias ocasiones escenas imaginarias de
seducción[1]. Esta concepción del
síntoma como algo más enigmático que
producto de una causa “real” nos ilumina
en cuanto a las consecuencias de
condiciones traumáticas reales o
imaginarias que inauguran nuestro
inconsciente.
Para Winnicott, el trauma constituye una
ruptura en la continuidad existencial y
representa la falla materna. La
inauguración psíquica es producto de una
madre suficientemente buena que en
momentos falla, rompiendo consistencia
en un ambiente contenedor y así
contribuyendo a una serie de
traumatismos que son inevitables para el
infans, agujeros psíquicos que
potencialmente se intentan rellenar y
reparar. La falla debe darse entonces
desde un par “falla sostén” que conduce
3 LÚDICA
En el presente trabajo se intenta resaltar la
importancia de la falla analítica, y su
tolerancia, en un período de consistencia y
continuidad. La falla por parte del analista,
que puede ser historizada en la relación
terapéutica, parece inaugurar un espacio
intersubjetivo que conlleva a la capacidad de
ensoñación tanto en el paciente como en el
analista.
a la integración del infans[2]. Las fallas
maternas severas provocan en el infans un
excesivo trabajo mental que lo sostiene
pero lo priva de la utilización de dicha
energía psíquica en aspectos creativos y
lo limita en su capacidad de ensoñación
definida por Green como “una errancia
del espíritu fuera de los caminos
demasiado delineados de la razón”[3].
Winnicott establece que la relación
analista paciente es paralela a la de
madre infans y que se requiere de una
dependencia absoluta por parte del
paciente hacia el analista (idea resistida
por muchos analistas) para cubrir el déficit
materno experimentado en etapas
primarias de la vida. En esa dependencia
absoluta se recrea en el espacio analítico
un ambiente contenedor, consistente y
continuo desde el cual una inevitable
desilusión se dará en momentos de falla
por parte del analista, momentos que
representan estados de no integración y
de un no saber. Si el analista se permite
fallar, se facilitará dicha desilusión
permitiendo un espacio más allá de las
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 3
Escritos
fallas del paciente: ausencias, resistencias,
defensas, discursos repetitivos cargados o
carentes de afecto, etc., pero, ¿qué tanto
toleramos como analistas el contacto con
nuestras fallas?
Según Winnicott, las fallas son necesarias
dentro de un análisis para que el paciente
pueda localizar un sufrimiento que parece
no ser localizable, de allí la importancia de
historizar la falla. La falla apunta nuestra
continuidad ya que de lo contrario no se
podría percibir como tal. Sin embargo, ¿nos
atrevemos a fallar?, ¿cómo se localizan
nuestras propias resistencias en el trabajo
analítico? Al fallarle al paciente, podríamos
encontrarnos con un posible
“desencuentro” o un no encuentro pero
quizá a partir de dichos desencuentros
logremos percibir algo que falta o que está
fallando en la relación terapéutica y desde
allí construir nuevos contenidos entre
analista y paciente. La falla analítica, así
como la falla materna, le da la
oportunidad al sujeto en cuestión de
romper una dependencia absoluta que
podría ser interminable si no se introduce un
elemento desde el cual trabajar la
intersubjetividad. Cuando la madre falla, le
proporciona al infans la oportunidad de
movilizarse hacia otros destinos más allá de
ella y podríamos hacer un paralelismo con
la situación terapéutica en la que si no
fallamos podríamos caer en la tentativa de
un análisis interminable.
Esto podría llevar a lo que a menudo
sucede: que el paciente no encaja con
nuestras expectativas de cura ni el
paciente encuentra en la situación
terapéutica la cura que espera,
topándonos con una situación de no
encuentro. Podemos quedarnos
batallando por lograr esa concordancia
entre lo que esperamos del paciente y su
verdad pero corremos el riesgo de
quedarnos “gozando” en el sentido
lacaniano sin ser “atravesados” por la
terapia.
Pero entonces, ¿qué constituye un
análisis?, ¿una serie de interpretaciones,
intervenciones, y “curas” basadas en
estructuras nosológicas?, o bien,
¿podemos hablar de un espacio de
construcción y juego; una zona potencial
"The Tree of Life" de Gustav Klimt
LÚDICA 4
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 4
Escritos
¿Podemos hablar de
un espacio de
producción y juego;
una zona potencial
en la que tanto
analista como
paciente pierden
omnipotencia para
crear un espacio
intersubjetivo?
"The Three Ages of Woman" de Gustav Klimt
en la que tanto analista como paciente
pierden omnipotencia para crear un
espacio intersubjetivo? Citando a Liliana
Ráez, “sería un espacio potencialintersubjetivo,
donde aún las reglas
propias del lenguaje social propiamente
dichas se disipan para dar cuenta del
encuentro en un lenguaje pre verbal
predominando lo intuitivo y lo sintónico,
intentando dar cabida a lo armónico y
cuidando no irrumpir el momento del
encuentro con elementos externos…”[4]
La pérdida de omnipotencia nos permite
entonces ser más creativos y soñar. Bion
habla de la necesidad de ensoñación por
parte del analista en el abordaje
terapéutico e inaugura en mí el siguiente
cuestionamiento: ¿si el paciente no puede
ser soñado por el terapeuta, dónde se
inscribe en su subjetividad? Pero, ¿qué
pasa si los analistas no somos capaces de
soñar y no dejamos que se nos escape
imaginariamente algo de nosotros mismos
con cada caso? La pérdida de
omnipotencia, el no saber, el tolerar
estados de no integración nos hace más
creativos y más vivos en clínica en
contraposición a sentarse en la posición
mortífera de espíritu transmitiendo una
situación más de goce que de deseo. En
palabras de Daniel Ripesi: un cierto nosaber
ayuda a construir algunas
orientaciones (sin necesidad de tantas
certezas anticipadas) abarcando al
mundo con la experiencia creativa de un
jugar que enriquece y amplía el universo
cultural[5].
En una terapia de dos sujetos gozantes
completos y sabidos siempre habrán
desencuentros pero sin la posibilidad
imaginaria de un encuentro. Si existe una
falla consciente por parte de ambos,
5 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 5
Escritos
sincronizada o no
sincronizada, la fantasía de
un encuentro moviliza otros
más allá de la terapia.
Recuerdo una sesión en la
que una paciente me soñó
embarazada. Al momento
de comunicármelo quizá
me embarazó en el sentido
anglosajón “embarrassed”,
por una posible erotización
en la relación terapéutica
e hice una pequeña
exploración del contenido
sin mayor interpretación.
Meses después empecé a
sentir un estancamiento en
el análisis, una sensación
de mareo en la que mi
cabeza daba vueltas en
espiral sin poder ver más
allá de lo que me estaba
comunicando. Intuyo que
ella sintió lo mismo porque
finalmente nos quedamos
calladas después de un
relato idéntico al de otras
sesiones a partir del cual no
encontré qué más decirle.
En la búsqueda de algún
elemento intermedio entre
ambos mareos encontré el
sueño y se lo comuniqué
sin mayor interpretación,
simplemente se lo devolví
en un momento que
consideré resultaba
oportuno en la historicidad
de la terapia. Quizá desde
otra perspectiva analítica
hubiera aprovechado el
magnífico sueño que,
como me comentó una
colega, parecía un
banquete preparado por
ella poniéndolo sobre la
mesa listo para una
interpretación estrella, pero
hubiera significado regresar
a la sugestión y a la
dependencia de una
interpretación omnipotente
cuando Freud ya nos
advirtió sobre dicho
método terapéutico. En
relación a esto, Norberto
Marucco, en su obra
Clínica analítica y
transferencia (1998) ilustra
la necesidad que el
analista deje el lugar de
modelo o ideal y pase a
ocupar el lugar de objeto,
posibilitando al paciente el
pasaje de la idealización a
la carga erótica del objeto,
pasaje que habitualmente
ha fracasado en la vida
del paciente[6].
Le recordé entonces el
sueño y se lo devolví igual
a como ella me lo relató:
aparezco embarazada y
ella me ayuda a llegar al
hospital y me asiste en la
preparación al parto. Al
devolvérselo después de
haber sido recibido y
digerido, rompí entonces
ese silencio inaugurando
un espacio transicional, un
espacio que según
Winnicott no se ubica ni
adentro ni afuera y
constituye entonces el
límite entre el adentro y el
afuera[7]: en el sueño
aparecemos las dos
entretejiendo dos
realidades psíquicas que
cobran vida con un bebé
que está por nacer.
Considero que en esa
sesión, luego de devolverle
su sueño, la angustia de la
paciente bajó
significativamente y desde
ese instante, empecé a
soñarla movilizando la
terapia hacia otros rumbos
desconocidos para ambas,
introduciendo nuevos
tiempos e inaugurando
nuevos contenidos. Esto se
relaciona con lo que
Green (2001), citando a
Bion, establece que, con la
capacidad de
ensoñación, el acento se
desplaza doblemente: por
una parte se pasa del lado
del analizando al del
analista representante de
la madre; por otra parte, lo
que era locura potencial
pasa a ser, al contrario,
factor de salud psíquica.
La originalidad de la
posición de Bion, según
Green, está en considerar
la ensoñación como
soporte del amor (o del
odio) de la madre en su
relación con el hijo y por lo
mismo, Bion es movido por
ensoñaciones hacia su
paciente adulto[8].
Regresando al tema del
sueño de mi paciente, lejos
LÚDICA 6
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 6
Escritos
de apuntar a una
interpretación rígida,
consideré necesario lo que
Green comenta en
referencia a la obra de
Bion: La madre “digiere”
psíquicamente las
proyecciones del espíritu
del niño (las rumia, por así
decir, gracias a su
capacidad de ensoñación)
y lo alimenta de otro modo,
devolviéndole ese
producto preasimilado por
ella[9]. Para Bion esto
constituiría una conversión
de elementos beta,
expulsados por
identificación proyectiva
(en varias ocasiones ella
manifestó el deseo de tener
otro bebé) en elementos
alfa, tolerados y pensados
por el analista, que forman
el tejido fundamental
alfabetizando la actividad
psíquica.
La actividad onírica, en
ocasiones hace referencia
a estados no integrados del
paciente que solamente a
través de un análisis
reflexivo sobre relaciones
de objeto buenas y malas
preparan al analizando en
su capacidad de
ensoñación.
La capacidad de
ensoñación implica
entonces tolerancia hacia
ciertos contenidos afectivos
en conflicto y por
La pérdida de omnipotencia, el no saber,
el tolerar estados de no integración nos
hace más creativos y más vivos en clínica
en contraposición a sentarse en la posición
mortífera de espíritu transmitiendo una
situación más de goce que de deseo.
consiguiente hacia ciertas
fallas donde la vitalidad del
paciente se hace presente.
La peor falla es la de
pretender no fallar y como
analistas es importante
entender esto ya que si
pretendemos llevar una
sesión analítica perfecta,
quizá no toleremos nosotros
mismos un estado de
locura momentánea y
creativa donde el sujeto en
cuestión pueda hacerse
siendo. Sin embargo, hay
pacientes que nos ponen
difícil esta tarea de fallar
por el mismo terror de
percibir una falla en sí
mismos y estructuran el
espacio terapéutico de tal
manera que fallar en
nuestra función se
complica. Para ejemplificar
este punto, pienso en una
paciente adolescente que
no se permite fallar y por
consiguiente me deja poco
espacio para introducir un
“no saber” ya que me trae
contenidos muy atractivos
y muy “analizables”
otorgando un espacio a
interpretaciones ´geniales´
que me harían aparecer
omnipotente. Noté que al
salir del consultorio le
resulta muy importante
ordenar el espacio donde
se sienta y en un gesto
espontáneo mío que quizá
fue producto de uno de
ella al “desordenar” su
espacio le pedí que por
favor no lo ordenara ya
que quería que se quedara
algo de ella (algún estado
de no integración)
haciendo historicismo
frente a algo que
empezaba a desplegarse
en el espacio terapéutico.
Me gustaría concluir el
presente trabajo
enfatizando la importancia
de establecer la marca de
un antes y un después en
los momentos terapéuticos
que podría significar una
acción inaugural a un
momento intersubjetivo tan
7 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 7
Escritos
importante en mi punto de vista en una
posible dirección de la cura. Dicha
historicidad podría ser evidenciada por
fallas del analista o por el
reconocimiento de las mismas y por
construcciones tanto de paciente y
analista introduciendo así una apertura
en la capacidad de ensoñación por
parte de ambos.
[1] El abandono de dicha teoría también ha
suscitado una serie de críticas.
[2] Citado por Daniel Ripesi en el seminario
“Clínica de Adultos: Winnicott” (clase angustias
pensables e impensables).
Referencias
Chemama, R. y Vandermersch, B.
(2004). Diccionario del Psicoanálisis 2ª.
Ed. Buenas Aires: Amorrortu editores.
Green, A. (2001), La nueva clínica
psicoanalítica y la teoría de Freud.
Aspectos fundamentales de la locura
privada. Buenos Aires: Amorrortu
editores.
Marucco, N.C. (1998), Cura analítica y
transferencia. De la represión a la
desmentida. Buenos Aires: Amorrortu
editores.
[3] André Green en “La nueva clínica
psicoanalítica y la teoría de Freud”. Amorrortu
editores: Buenos Aires (2001). Página 157.
[4] Extraído del artículo de Liliana Ráez:
Entendiendo el autismo: de Winnicott a la teoría
del apego y la intersubjetividad. Revista FortDa,
Número 9, diciembre 2006.
Ráez, L. Entendiendo el autismo: de
Winnicott a la teoría del apego y la
intersubjetividad. Revista FortDa,
Número 9, diciembre 2006.
Ripesi, D (2003). Seminario: En la Clínica
de Adultos: Winnicott. Buenos Aires:
Comunidad Virtual Russell.
[5] Daniel Ripesi en su seminario “En la clínica de
adultos: Winnicott”, clase: Cambios en la posición
subjetiva.
[6] Marucco, N.C. (1998), Cura analítica y
transferencia. De la represión a la desmentida.
Buenos Aires: Amorrortu editores.
[7] Chemama, R. y Vandermersch, B. (2004).
Diccionario del Psicoanálisis 2ª. Ed. Buenas Aires:
Amorrortu editores.
[8] Green, A. (2001), La nueva clínica
psicoanalítica y la teoría de Freud. Aspectos
fundamentales de la locura privada. Buenos
Aires: Amorrortu editores. Páginas 157, 160.
La peor falla es la de pretender no fallar
y como analistas es importante
entender esto ya que si pretendemos
llevar una sesión analítica perfecta,
quizá no toleremos nosotros mismos un
estado de locura espontánea y
creativa donde el sujeto en cuestión
pueda hacerse siendo.
[9] Green, A. (2001), La nueva clínica
psicoanalítica y la teoría de Freud. Aspectos
fundamentales de la locura privada. Buenos
Aires: Amorrortu editores. Pág. 159.
LÚDICA 8
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 8
Escritos
Consideraciones clínicas ante la
inundación del TDAH
El Trastorno por Déficit de Atención con/sin
Hiperactividad invade las clínicas médicas,
psicológicas y los colegios. Dicho diagnóstico
es realizado principalmente a través de la
observación conductual, dejando de un
lado las raíces intrapsíquicas. Este texto
busca abrir las puertas a varios componentes
del desarrollo psíquico del niño que pueden
estar ligados a dichas manifestaciones, para
permitir su elaboración dentro de la clínica.
Liza M.
Zachrisson
El fenómeno que invade
actualmente la clínica
infantil es el famoso
Trastorno por Déficit de
Atención. Uno de los
mayores problemas frente
a esto es que gran parte
de la literatura existente
referente a este trastorno
se enfoca en las
manifestaciones
conductuales que se
pueden observar, sin
considerar el entorno y sus
demandas, el desarrollo
pre y postnatal del niño, el
estado psíquico de los
padres, entre otros
aspectos. El objetivo de
este trabajo es
precisamente considerar
estos factores y postular un
pequeño pedazo del sin fin
de preguntas que es
9 LÚDICA
importante plantearse en
la abundante clínica de
niños con supuesto TDAH.
Al evaluar a un niño es
primordial considerar su
entorno, tanto a nivel
cultural como familiar.
Como postula Beatriz
Janin, haciendo referencia
a Bernard Golse “tomando
las enseñanzas de G.
Canguilhem, lo que
aparece como patológico
en un niño en una época
sería quizás considerado
como normal en otra y no
solamente porque la
normalidad no puede ser
más que estadística sino,
fundamentalmente,
porque la tolerancia de
una sociedad al
funcionamiento de los
niños se funda sobre
criterios educativos
variables y sobre una
representación de la
infancia que depende de
ese momento histórico. Es
decir, cada sociedad
espera funcionamientos
diferentes de sus niños,
cada grupo social (…)
tolera de forma variable
las desviaciones. Por
ejemplo, en la actualidad,
en un mundo cada vez
más acelerado, se tolera
poco el movimiento de los
niños”[1]. Ante esto último,
es importante recalcar
cómo en la sociedad
actual en la que todo se
obtiene en el momento en
que se exige, no hay
postergación ni tolerancia
a la frustración, los padres
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 9
Escritos
la falta de investidura
que el niño otorga a
la experiencia de
aprender, como una
repetición de la falta
de investidura que el
niño recibió de unos
padres que no
aprendieron sobre él
"Niños Bajo la Lluvia" de Christian Dittus
no aguantan a un niño que,
siendo niño, exige atención,
busca movimiento y
presencia de los padres.
Estos mismos padres que no
logran tolerar la frustración
que les genera su propio hijo
buscan ponerle un límite
inmediato, demanda ante la
cual se presenta
perfectamente el
medicamento del TDAH;
anulando dichas conductas
indeseables y haciendo al
niño más tolerable para sus
padres.
Con esto vamos observando
ciertos parámetros que la
cultura actual establece en
los niños. Sin embargo, estos
parámetros muchas veces
no toman en cuenta modos
de funcionamiento naturales
para la etapa vital por la
cual está transcurriendo el
pequeño; como la inquietud
natural de un niño y la
dificultad de prestar
atención a ciertos temas al
estar inmerso en un mundo
del cual aprende
constantemente y el cual le
presenta consistentemente
estímulos nuevos. Un mundo
que al nacer el niño buscó
un sin fin de espacios para la
estimulación temprana,
sensorial, etc. pero que
ahora no tolera aquello que
ha estimulado desde un
inicio.
Al evaluar el entorno en el
que se desarrolló el niño se
van detectando dos
elementos fundamentales
del desarrollo psíquico: el
mito familiar y el apego. No
podemos dejar de un lado el
mito familiar que antecede a
este niño y el cual le
atraviesa, tanto a él como a
sus padres. Esto es un
elemento muy importante
que constituye la
subjetividad del niño y que
debe ser evaluada
detenidamente, ya que no
podemos realizar un
diagnóstico sin antes dar
respuesta a algunas
preguntas. ¿Qué lugar
ocupa este niño en esta
familia? ¿Qué representa
este niño para estos padres?
¿Qué representa su
movimiento para los padres?
¿Cómo se desvía este
síntoma de la expectativa
que los padres tienen? ¿Qué
ganancia secundaria
obtiene el niño y la familia de
este síntoma? Estas son
algunas preguntas que
LÚDICA 10
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 0
Escritos
Este chico que
intenta, a
través del
movimiento,
mantener viva
a la madre,
tiene más que
perder que
materias en
el colegio
11 LÚDICA
propongo, sin embargo la
cantidad de interrogantes a
responder es infinita.
En cuanto al apego, hay varios
componentes a tomar en
cuenta. Marisa Punta
Rodulfo[2]postula la importancia
del vínculo inseguro como
provocador de la inatención del
niño, ya que al desarrollarse un
apego inseguro el niño busca
constantemente tener la
atención de los padres para
evitar que se alejen de él. De
esta manera, ella refiere el
“juego de arrojar” en el cual el
niño tira un objeto para que la
madre lo traiga. Esto es lo que
hace el niño al realizar tareas,
“olvidando” para que la madre
o maestra le “recuerden” el
material, asegurándose que
éstas se mantengan a su lado.
Además, en este tipo de vínculo
puede haber escasa educación
por parte de los padres al
enseñarle al hijo a nombrar sus
emociones y sensaciones,
enseñanza que no pueden dar
ya que no saben cómo nombrar
las propias. Ante esta falta de
representación, Beatriz Janin
postula que el niño utiliza el
movimiento como una manera
de comunicar su angustia y
desesperación pero al
presentarse ésta como carente
de sentido, los padres intentan
darle un sentido nombrándola,
al menos por medio de un
diagnóstico. Así, el movimiento
surge como “un sustituto fallido
de la actividad ligadora de las
representaciones”[3], la cual
debería haber proporcionado la
madre desde la temprana
infancia, pero que su propia
deficiencia le impide. Otro
elemento de este vínculo,
importante a considerar, es la
falta de contención que el niño
experimenta ya que los padres
no pueden proporcionarle al
niño la sensación de protección
y cuidado que él necesita. Por
lo que éste carece de la
seguridad interna necesaria
para realizar diversas
actividades, entre ellas el
despliegue del aprendizaje. Es
por esto que el niño utiliza el
movimiento constante como
una manera en la que está
“buscando un ‘borde’ (…) del
que carece”[4]. A esto, es
importante agregar la falta de
investidura que el niño otorga a
la experiencia de aprender,
como una repetición de la falta
de investidura que el niño
recibió de unos padres que no
aprendieron sobre él, sus
sentimientos, frustraciones,
tolerancias, angustias, etc.
Adentrando aún más en los
factores psíquicos de los padres,
el panorama se complejiza
cuando el hijo adviene al
mundo ante unos padres
sumamente angustiados o
deprimidos, es difícil que estos
logren manejar o tolerar la
demanda de atención que el
niño requiere, etiquetándolo así
como un niño hiperactivo.
Frente a estos padres el niño
puede experimentar angustia,
la cual manifiesta a través del
constante movimiento, el cual le
sirve de defensa ante los deseos
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 1
Escritos
de los padres de
controlarlo[5]. En el caso
de una madre deprimida,
se observa un panorama
complicado, ya que una
“madre muerta”[6]
desinviste al niño,
generando agujeros
psíquicos. A pesar que A.
Green propone que estos
chicos tienden a
sobreinvestir el área
intelectual, no dejo de
preguntarme si estos
agujeros psíquicos pueden,
en algún momento, afectar
sus habilidades cognitivas.
Si la energía psíquica que
el niño tiene la utiliza en el
constante intento de
mantener viva a la madre,
van quedando menos
recursos para trabajar. Este
chico que intenta, a través
del movimiento, mantener
viva a la madre, tiene más
que perder que materias
en el colegio, lo cual
indudablemente pasaría a
segundo plano.
Frente a esta diversidad de
factores es necesario hacer
un diagnóstico diferencial,
por lo que es fundamental
realizar una evaluación
exhaustiva para encontrar
qué subyace a dichas
manifestaciones. ¿Está tan
deprimido que no puede
mantener la atención y
muchas veces su
irritabilidad y agresividad
se perciben como
hiperactividad?[7] ¿Tiene
tanta ansiedad que le
interrumpe la atención y se
mueve constantemente
para deshacerse de ella?
¿Irrumpen constantemente
ideas obsesivas que el niño
pierde la atención frente a
otros estímulos que se le
presentan, y ante las
cuales el niño busca
defenderse a través del
constante movimiento?
"Boys in a Dory" de Winslow Homer
LÚDICA 12
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 2
Escritos
¿Se encuentra atrapada su
atención por procesos
alucinatorios y creencias
delirantes, por lo que se
concentra únicamente en
dichas vivencias invasoras?
[8]
Es fundamental reconocer
que el TDAH ha surgido
como una forma de
nombrar una agrupación
de síntomas conductuales,
sin embargo, no presenta
una explicación sobre el
funcionamiento
intrapsíquico, tanto del niño
como del entorno que lo
sostiene. Con la
expectativa que estas
propuestas enriquezcan el
trabajo con estos chicos,
recordemos que son una
pequeña parte de los
múltiples factores que
intervienen en la dinámica
de los mismos. Al dar mayor
cuerpo a la dinámica intra
e interpersonal se
obtendrán mayores
herramientas que pueden
dar lugar a un mejor
pronóstico.
[1] Janin, Beatriz (2007). El
ADHD y los diagnósticos en
la infancia: la complejidad
de las determinaciones.
Cuestiones de Infancia (Eds.
11), 2029
[2] Punta Rodulfo, Marisa
(2009). El ADD/ADHD como
13 LÚDICA
caso testigo de la
patogizacion de la
diferencia. ADDH. Niños con
déficit de atención e
hiperactividad¿Una
patología de mercado?
Una mirada alternativa con
enfoque multidisciplinario
(pg. 80101). Argentina:
Ediciones Novedades
Educativas
[3] Janin, Beatriz (2007). El
ADHD y los diagnósticos en
la infancia: la complejidad
de las determinaciones.
Cuestiones de Infancia (Eds.
11), 2029
[4] Janin, Beatriz (2007). El
ADHD y los diagnósticos en
la infancia: la complejidad
de las determinaciones.
Cuestiones de Infancia (Eds.
11), 2029
[5] Janin, Beatriz (2007). El
ADHD y los diagnósticos en
la infancia: la complejidad
de las determinaciones.
Cuestiones de Infancia (Eds.
11), 2029
[6] Concepto propuesto por
André Green que refiere a
una madre psíquicamente
muerta a consecuencia de
estar en el transcurso de
una depresión.
[7] Ligando la posibilidad de
la existencia de una madre
muerta, Arfouilloux postula
como un “un bebé privado
de la presencia y los
cuidados de su madre se
hunde en un profundo
estado de marasmo y
tristeza”. Sin embargo, esta
interrogante no es exclusiva
a niños que tuvieron una
madre muerta.
[8] Punta Rodulfo, Marisa
(2005). La clínica del niño y
su interior. Argentina:
Paidos.
Referencias
Arfouilloux, J. (1995). Niños tristes:
la depresión infantil. México: FCE
Green, André(2005). Narcisismo
de vida, narcisismo de muerte. 1ª
ed. 4ª reimp. Buenos Aires:
Amorrortu Editores.
Janin, Beatriz (2007). El ADHD y los
diagnósticos en la infancia: la
complejidad de las
determinaciones. Cuestiones de
Infancia (Eds. 11), 2029
Punta Rodulfo, Marisa (2009). El
ADD/ADHD como caso testigo de
la patogizacion de la diferencia.
ADDH. Niños con déficit de
atención e hiperactividad¿Una
patología de mercado? Una
mirada alternativa con enfoque
multidisciplinario (pg. 80101).
Argentina: Ediciones Novedades
Educativas
Punta Rodulfo, Marisa (2005). La
clínica del niño y su interior.
Argentina: Paidos.
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 3
Escritos
¿A qué j uega el niño en la
clínica?
Claudia
Castro
La disertación propondrá acercarnos a la
dinámica del juego en la clínica como un
elemento no sólo diagnóstico, sino elaborativo
y terapéutico, que convoca al analista/
terapeuta a jugar, pero ¿de qué manera? y ¿a
qué? En acompañamiento de teóricos de la
infancia de corte psicoanalítico, haremos un
repaso de los distintos tipos de juego,
ejemplificando con experiencias de tratamientos
llevados a cabo en la práctica de la
Clínica Viktor Frankl. Sostendremos que el jugar
es parte integral de toda subjetividad sana.
Espontaneidad, creatividad, emergencia
En Realidad y Juego, Winnicott en 1971
Afirma lo siguiente: “La psicoterapia se da
en la superposición de dos zonas de
juego: la del paciente y la del terapeuta.
Está relacionada con dos personas que
juegan juntas. El corolario de ello es que
cuando el juego no es posible, la labor
del terapeuta se orienta a llevar al
paciente, de un ESTADO en que no
puede jugar a uno en que le es posible
hacerlo”.
¿Qué quiere decir jugar? ¿Qué implica?
¿Cómo? Interesantemente Winnicott,
asociativamente quizás, salta de esto a
hablar sobre la formación de símbolos, y
me parece interesante pues desde ya
quisiera insinuar un término que, me
parece, esclarecedor de los eventos que
se llevan a cabo frente al juego, la
multidimensionalidad del objeto/sujeto.
¿Qué implica que el objeto, en tanto
dimensionable y enriquecido en sus
dimensiones, se puede manipular, usar,
investir como objeto y ser jugado de tal
manera….? En secuencia, con sentido;
con sentido provisto por un Sujeto
también que pueda dimensionarse para
poder, tomar como propio y dar de sí en
el juego.
En términos generales, y a modo de lo
que Freud nombrara como “salud
mental”: AMAR Y TRABAJAR, para
Winnicott sería JUGAR.
Quienes de nosotros recientemente nos
hayamos enfrentado a la dicha de ver el
ACONTECIMIENTO del jugar en un niño,
recordaremos la sensación de estar
LÚDICA 14
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 4
Escritos
¿Qué implica
que el objeto,
en tanto
dimensionable
y enriquecido
en sus
dimensiones,
se puede
manipular, usar,
investir como
objeto y ser
jugado de tal
manera….?
15 LÚDICA
presenciando algo placentero.
Jugar implica crear de lo
evidente, una transformación
simbólica que le sea propia y
ajena al mismo tiempo.
Quienes hayan jugado, sabrán
distintivamente a qué se refiere
Winnicott con jugar.
Es, en términos básicos, un
deslizamiento de la experiencia
subjetiva (una impronta
propia), algo que crea mundo
y nos crea al mismo tiempo.
Tomando eso en cuenta,
podremos identificar la
herramienta diagnóstica que
propone para el clínico infantil,
ver a un chiquillo en un cuarto
de juegos, es decir sabiendo
que, en un juego saludable
hay una SECUENCIA y desde
allí hay un SENTIDO, nos
permitirá como terapeutas
acercarnos a aquello que pasa
cuando un niño entra a la
clínica.
Pensemos en los siguientes
casos:
Se presenta un niño de 7 años,
los padres anuncian que el
pequeño es muy rígido, se le
dificulta establecer relaciones
sociales, y parece
desesperarse con los demás
cuando éstos no acceden a
sus demandas. Los padres
admiten un alto nivel de
exigencia académica, siendo
ambos profesionales exitosos.
Mario, entra al cuarto y se
sienta, habla como dando
cátedra y “sugiere” iniciar un
juego de mesa.
Y en efecto, Mario y la
terapeuta inician un “juego”
de mesa. El niño
meticulosamente ordena las
fichas y tarjetas, alinea el
tablero, reparte
equitativamente el dinero, y
empieza un “juego”
respetuoso con la terapeuta.
Hay algo sospechosamente
cordial del niño, la terapeuta lo
siente distante, y retador,
aunque no diga nada adverso.
Clara, una chica de 10 años,
cuya madre ha sido
desahuciada, entra con
mucha dificultad al cuarto de
juegos, inusual para una chica
de esta edad, se le complica
separarse la madre. La forma
de juego consistía siempre en
que la terapeuta la ayudara
en todo. Una sesión cuando
dibujaba un zoológico, Clara
dibujaba a todos los animales
en parejas. Cuando era el
momento de dibujar al
elefante, no había espacio
para la pareja. La terapeuta
sugiere que lo dibuje solo, pues
no cabía nadie más. La niña
contesta que no, pues él se
sentía “solo y triste” y
necesitaba a alguien más.
Edwin, un chico de 8 años con
ataques de pánico, y
constantes quejas somáticas.
Utiliza palabras como “agruras”
para describir sus síntomas. En
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 5
Escritos
una ocasión trabaja con un
oso con una gran cabeza, la
terapeuta sugiere que le
hagan un cuerpo más
grande, para que pueda
sostener la cabeza.
Berta una chica de 13 años,
cuya madre ha sido
abusada de pequeña y
ambas maltratadas
físicamente por la previa
pareja de la madre, propone
“modelar” plasticina con la
terapeuta. La chica
inexpresiva, tímida y
encorvada, realiza una
bailarina con detalle y
movimiento, ayudando a la
terapeuta a elaborar la
propia.
Diagnósticamente, el primer
caso propone un reto, ¿qué
tanto este niño es un niño
“obsesivo” estructuralmente?
¿Es un niño que regula su
juego para mantener a raya
su deseo? y qué tan poco
está presente la función
simbólica del juego, en la
que este niño ordena para
mantener a raya al Otro, no
tanto como objeto de deseo
sino como un elemento
intrusivo que irrumpa en su
frágil subjetivación. La
diferenciación entre “game”
y “play” de Winnicott se
hace necesaria.
Con el tiempo, he
encontrado una
discriminación
aparentemente sencilla, y
vital para el diagnóstico en
la clínica infantil:
Básicamente, mientras más
texto encontremos en la
dinámica del juego, frente a
mayor subjetivación
estaremos.
¿Qué quiero decir con
texto? Mientras más
simbolización encontremos,
mientras más síntoma, mayor
subjetivación
encontraremos, más
sintomático. Si podemos
“leer” e interpretar algo, hay
más tejido subjetivo con el
cual trabajar.
Mario no juega, obsesiviza la
situación transferencial,
desarticulando la
transicionalidad del espacio
y manteniendo a distancia.
Entender esto nos permite
como terapeutas instaurar lo
que es un concepto clave, lo
lúdico. Intervenciones por
parte de la terapeuta como
“ya me aburrí, quiero jugar
de otra cosa”, permite ir
acercando al niño desde
una posición activa, a la
de Álvaro Marroquín
LÚDICA 16
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 6
Escritos
investidura por parte de la
terapeuta del espacio
transicional que propone lo
lúdico. Tustin, en "El
cascarón protector en niños
y adultos" hablará de figuras
y objetos autistas de
sensación, en los cuales lo
que se propondrá que el
objeto (juego) le preste al
niño aquello que no tiene él
mismo (de donde lo
“autista” del enunciado,
ordene afuera, lo caótico
de adentro) es decir lo que
importa es la “forma” del
juego, no el “fondo”.
Pensando en que sí haya
juego establecido,
tendremos que tomar el
concepto de SECUENCIA
para entender y discernir lo
elaborativo del juego y
cuando esta secuencia se
vea interrumpida por la
repetición de la dinámica
familiar, esa dinámica que
no sólo interrumpe la
secuencia sino copa el
despliegue subjetivo.
Tal es el segundo caso, en el
que la niña representa esta
desesperación por la
soledad por la inminente
muerte de la madre,
pensemos en el simbolismo
(ya existe) de un cuerpo
pesado como el de un
elefante, la necesidad de
apuñuscar todos los
animales juntos, la
separación vivida como
“triste”. Retomando el
concepto de
multidimensionalidad del
objeto, en este cuadro del
dibujo de Clara, en
definitiva hay más texto,
hay algo de su entramado
dinámico y subjetivo de
quedar pegada a la vida
de la madre (cuyo riesgo
aparecerá como quedar
pegada a la muerte de la
misma), que uno entiende y
puede leer e interpretar.
Pero también, la
incapacidad de separarse
de dicha dinámica, como
la de separarse de la
madre, propone una
desarticulación de la
SECUENCIA que deslinda lo
placentero de poder
resolver el asunto, a revivirlo
penosamente, sin
solución… Elaborarlo con la
terapeuta, le proponía a
esta niña la posibilidad de
procesarlo, no va a ser que
el elefante se sienta feliz,
probablemente, pero tal
vez le podrá dar un espacio
a cada “animal” para que
pueda vivir la distancia
como pérdida, más no
como mutilación. Tal como
deberá ser vivida, a su
tiempo, la muerte de la
madre.
Pensar que a través del
17 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 7
de Álvaro Marroquín
Escritos
juego el niño puede elaborar sus conflictos
posibilita la clínica infantil, lo lúdico en
general. Esto es poder pensar al niño como
“agente” (Rodulfo) y en capacidad de éste
de seguir en su proceso de subjetivación. Sin
embargo hay que tener cuidado de caer
en el riesgo de en lugar de practicar terapia
de juego, “jugar a la terapia”.
Tomemos al chico con problemas
psicosomáticos. El texto está propuesto: a
este niño la cabeza, es decir: sus miedos lo
vencen, el oso y la cabezota, nos presenta
la dimensión originaria (pictogramática
según P. Aulagnier) de cómo él se percibe,
está jugando, en un intento trascendental
de acomodarse su (en) cabezota en un
cuerpo frágil propenso a “agruras”, rashes,
fiebres, etc. La terapeuta en el entramado
transicional del juego CON en el niño, podrá
ayudarlo a figurar mejor su cuerpo,
proponiendo que le hagan de mejor sostén
“si” me preguntará alguno, “pero esto lo
propuso al terapeuta, cómo podemos saber
que esto no es sugestivo o la interpretación
errada de quien está en presencia del
niño”.
Razones:
1. Justamente no se trata de saber a priori
qué es lo que el niño va a jugar, si no
acompañarlo en sus propuestas y ayudarlo
a elaborarlas. Creer y crear el dispositivo
transicional que propone una sesión con
este chico particular. Si estamos CON el
niño, es más fácil que emerjan de allí las
dinámicas en sintonía que le beneficien.
2. ¿Qué es lo que hace/desea el
terapeuta? Algo debe llevar de sí. Señores,
señoras, esto NO es un proceso perfecto,
libre de conflictos, ni libre del terapeuta. Se
los he dicho muchas veces a mis
Básicamente, mientras más texto
encontremos en la dinámica del
juego, frente a mayor subjetivación
estaremos.
supervisandas: el niño va a jugar, el trabajo
será acercarle el concepto de trabajo en
sesión, y desde allí dotarle de sentido al
juego cuando éste se trunca. Es necesario
que atraviese al terapeuta y que éste
aporte algo. Con el norte en el bienestar del
chiquillo (y no tanto en no meter la pata)
nuestros tiros no podrán caer demasiado
lejos del objetivo.
En general, quería insinuar otra cosa más, el
juego / el jugar es un concepto atemporal,
aplicable tanto en niños, como en adultos,
me gustaría centrarlo ahora en el púber.
Tomemos a Berta, mientras que podemos
imaginar que ella un par de años antes
pudo haber vestido y desvestido a las
Barbies para trabajar la identificación
puberal, Sami Alí nos ayudará a entender
que Berta ahora es una “extraña para sí
misma” en este cuerpo que emerge nuevo,
y de manera sangrienta. Aquí otro evento…
la chica, en una función de “espejo” con la
terapeuta modela un cuerpo femenino, el
cual deberá quedar posteriormente alojado
en ella, con sus curvas. Nos preguntábamos
en supervisión: ¿qué más femenino y
agraciado que una bailarina? Estarán en
paralelo, sosteniendo al espejo, la púber
preguntará acerca de la terapeuta, y en
esta cuestión lúdica, y desde Winnicott, ésta
contestará: “Ay si, qué raro que es esto de
LÚDICA 18
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 8
Escritos
crecer”.
Progresivamente en el carácter lúdico de
la sesión, tanto objeto como sujeto podrán
ser “usados” manipulados, jugados en el
“entre” y esto devendrá en salud.
La capacidad de juego debe tener más
dimensiones de las evidentes, el oso será
cuerpo propio, la plasticina modelaje de la
femineidad, los dibujos de animales serán
símbolos de separación y vida, el juego de
mesa se podrá jugar.
Termino haciendo casi una invitación:
En la clínica infantil (me atrevería decir en
la clínica en general), se juega: “¿están
listos para divertirse?”
Referencias
Alí, Sami (1977). Cuerpo Real, cuerpo
imaginario. Argentina: Editorial Paidos.
Aulagnier, Piera (1977). La violencia de la
interpretación. Argentina: Editorial
Amorrortu.
Rodulfo, Ricardo (2004). El Psicoanálisis de
Nuevo. Argentina: Eudeba.
Tustin, Francis (1992). El cascarón protector
en niños y adultos. Argentina: Editorial
Amorrortu
Winnicott, Donald (1996). Naturaleza
Humana. Argentina: Editorial Paidos.
...para que pueda vivir la distancia como pérdida,
más no como mutilación. Tal como deberá ser vivida,
a su tiempo, la muerte de la madre...
19 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 1 9
Escritos
Transferencias sin cuerpo:
fantaseo y fantasía
El presente artículo intenta reflexionar sobre
cierto modo de funcionamiento psíquico al que
Winnicott llamó "fantaseo" y la oposición entre
una intimidad vivida con inusual intensidad,
habitada en completo ensimismamiento y
aislamiento, y una "exterioridad" a la que el
sujeto presta una suerte de complicidad
desafectivizada, adaptándose
mecánicamente a sus diversas exigencias.
Daniel
Ripesi
Confrontado con el despliegue
transferencial de algunos de sus
pacientes, Winnicott fue sensible a un
tipo de actividad psíquica cuyo
funcionamiento sufría esporádicas
detenciones en su tarea de mantener un
lazo con el mundo. Momentos en los
cuales tomaba lugar otro tipo de
funcionamiento absolutamente
improductivo para el desarrollo y
enriquecimiento de una vida. Winnicott
caracterizó a este tipo de
funcionamiento mental con el nombre de
“fantaseo”.
Con esta denominación, Winnicott
pretendía establecer tras una engañosa
afinidad en sus fines y apariencia, una
tajante diferencia respecto de otro
funcionamiento psíquico basado
enteramente en este caso en la
actividad de la “fantasía” inconsciente
como vehículo adecuado de un
contacto posible con la realidad. Será
entonces, tomando en consideración la
noción de fantasía que deberá medirse y
comprenderse a esta estéril actividad
psíquica que Winnicott propone en
términos de “fantaseo”, a partir de su
experiencia clínica con pacientes
caracterizados como esquizoides.
En una primer aproximación, el fantaseo
resulta ser una especie de rumia íntima y
secreta, desarrollada como un dilatado y
tedioso ensueño diurno. Esta actividad
mental, que con frecuencia
compromete al sujeto en una
producción meramente imaginaria de
acciones y sucesos varios, tiene un
carácter ansioso y compulsivo. Tal
actividad repliega a estos pacientes a
una suerte de “vida paralela” que los
aísla considerablemente de todo
contacto e intercambio real con el
entorno y demás individuos.
A menudo estos sujetos se quejan de un
agudo sentimiento de futilidad como
resultado de habitar la mayor parte de
LÚDICA 20
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 0
Escritos
sus tiempos en una zona de completa
irrealidad. Sufren verificando el carácter
totalmente improductivo de sus
existencias[1]. Pocas veces –o casi nuncapueden
concretar proyectos que estén
más o menos próximos a sus deseos e
inquietudes mas personales (en rigor, a
menudo, ni siquiera pueden realmente
tomar contacto –ellos mismos con aquello
que verdaderamente los motivaría). Por el
contrario, muchas veces se destacan y
suscitan el reconocimiento de otras
personas realizando tareas que llevan
adelante sin el menor compromiso
personal.
Concomitantemente, se abruman con el
sentimiento de no poder ofrecer para los
demás más que una disposición superficial
y abstracta de sí mismos. Están
agudamente disociados entre una
imagen exterior y epidérmica de sí mismos
y esa rumia íntima y secreta en la que se
dejan envolver una y otra vez. Disociación
que no es necesariamente oposición, no
se trata en el fantaseo de una especie de
doble personalidad, una buena y
aceptable y otra mala e inconfesable, o
cosa por el estilo. La oposición es, en todo
caso, entre una intimidad vivida con
inusual intensidad, habitada en completo
ensimismamiento y aislamiento, y una
“exterioridad” a la que el sujeto presta una
suerte de complicidad desafectivizada,
adaptándose mecánicamente a sus
diversas exigencias. Es decir que la
disociación se sufre más como falta de
contacto entre cierta esfera intima y
personal y otra compartida, que como
“oposición” de intereses irreconciliables.
Según la experiencia clínica que nutre al
fenómeno psíquico que estamos
analizando, esta actividad puede
21 LÚDICA
desarrollarse con una estructura
imaginativa organizada, con su guión y
personajes y su mundo más o menos
específico. Como si se tratara de una
novela construida por secuencias, una
fabulación que el paciente retoma,
prolonga y/o varía cada vez. Pero esto no
hace diferencia, el fantaseo puede tomar
como punto de partida cualquier hecho o
circunstancia anodina de la
cotidianeidad y “entretener” al sujeto en
cuestión en torno de ideaciones más o
menos insignificantes. La evidencia más
fuerte desde el punto de vista clínico sigue
siendo en estos casos, cualquiera sea el
carácter del fantaseo, más pobre o más
rico, más diverso o más estereotipado, el
verdadero estado de disociación en la
que se encuentra el paciente, y las
consecuencias recién apuntadas que
produce en el sujeto dicho estado, es
decir, un angustioso sentimiento de
soledad y aislamiento, de dramático nocontacto
en las experiencias que les toca
vivir en el mundo y que comparten con
otros seres humanos[2].
Winnicott ilustra estas circunstancias –entre
otros con una paciente que en su
infancia, cuando intentaba compartir
juegos con sus hermanas mayores, sólo
lograba incluirse “encajando” en las
iniciativas de éstas, aceptando
pasivamente las expectativas ajenas. En
rigor, mientras participaba pasivamente
en esos juegos, “en lo esencial –según lo
describe Winnicott ella se encontraba
ausente todo el tiempo”. “Desde el punto
de vista de mi paciente –agrega
Winnicott como lo descubrimos ahora,
mientras intervenía en los juegos de los
otros se encontraba todo el tiempo
dedicada a fantasear”.
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 1
Escritos
libidinal (y en el cual debía “encajar” según
las variadas exigencias de los demás –tal
como le ocurría en sus juegos de infancia).
Se podría argumentar que la paciente
intentaba mantener separados a estos dos
mundos para evitar algún tipo específico de
conflicto. Como si la actividad denominada
por Winnicott “fantaseo” fuera una suerte
de defensa, por ejemplo, contra las
exigencias o apremios de la “realidad
exterior”, y cuya función consistiera constituir
un espacio íntimo a donde poder huir y
replegarse frente a las penosas renuncias
que impone la realidad exterior. O bien, visto
desde otro ángulo –tomando en cuenta la
adecuada y plena adaptación de este tipo
de pacientes a la realidad en que les toca
insertarse, pensar que el individuo hace –en
el sentido contrario al recién referido una
“huida hacia la realidad externa”, en una
esmerada adaptación que lo ayuda a
tomar distancia de una inquietante
vibración pulsional[3].
de Laura Ripesi
El “punto de fuga” de esta paciente podía
partir de cualquier especulación menor o
dispersa. En sus sesiones, por ejemplo, ella se
desconectaba del curso de las mismas para
repasar mentalmente obligaciones o
compromisos que tenía que realizar en los
días siguientes, obligaciones que quizá ella
venía postergando desde siempre y que
probablemente no realizaría luego según lo
planeado en su agitado y secreto fantaseo.
Podría pensarse con esto, que los términos
de oposición que dominaban la vida de
esta paciente eran, por un lado, un mundo
interior e imaginario, fuertemente dominado
y configurado por una inquietante
economía pulsional, y –por otro lado un
tedioso mundo exterior y objetivo despojado
–reactivamente de todo investimiento
Y sin embargo, a la luz de ciertas evidencias,
el fantaseo no parece desarrollarse como
defensa frente a dos excesos, ya sea uno de
carácter interno por presión de una
exuberancia pulsional (exceso que favorece
la enloquecida mentalización que intenta su
dominio psíquico en el fenómeno
compulsivo del fantaseo); ni tampoco de un
“exceso” que llegando esta vez desde el
exterior –por delegación proyectiva de esa
misma fuerza pulsional no elaborada
psíquicamente, transformara al mundo en
hostil, amenazante, restrictivo,
condicionando en este caso un repliegue
de carácter fóbico o bien favoreciendo
retraimientos marcados por la inhibición (en
beneficio, también, de un encierro en la
rumia propia del fantaseo). Al revés, el
fantaseo parece imponerse más que por
imperio de dos excesos, por efecto de dos
LÚDICA 22
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 2
Escritos
vacíos, uno subjetivo, de
gélida y paralizada
economía emocional, y, en
el otro extremo, de cara al
mundo externo, otro vacío
que es carencia en el
entorno de toda vitalidad y
atractivo, que pudiera dar
relieve significante al
medio circundante.
El fantaseo, entonces, no
emergería por presión de
una economía interna que
estuviera forzando al sujeto
a la significación de una
presunta presión interna,
sino como resultado de
una apatía y quietud
subjetiva que no se siente
presionada a simbolización
alguna. El fantaseo parece
intentar más llenar un vacío
que responder a un exceso
que presionara para ser
abarcado y articulado
psíquicamente. En todo
caso, lo psíquico
no puede articular un
“blanco”.
El fantaseo se impone,
finalmente, en el marco de
un vacío, intentando
producir una falsa
animación subjetiva que lo
niegue o, en ciertos caso,
que lo “decore”. Esta
actividad era comparada
por Winnicott con un
“chuparse el pulgar”, un
estado en que cierta
inercia y futilidad
existencial se disimula en
23 LÚDICA
acciones realizadas sin
entusiasmo alguno,
rutinariamente. Como
quien juega con las cartas
al “solitario” para “matar”
el tiempo y encubrir un
sentimiento agudo de
soledad y aislamiento. Un
soliloquio que desafía –sin
recibir respuesta alguna al
destino[4]. Es obvio que las
personas que se involucran
con este tipo de sujetos
pronto sienten, de un
modo algo indefinido pero
absolutamente
incontrastable, un agudo
sentimiento de no
correspondencia en el
intercambio con ellos, la
impresión de que esa
persona que esta frente a
ellos se encuentra
esencialmente ajena y
distante...
En este sentido, según lo
refiere Paula Larotonda en
cierto articulo[5], Masud
Khan[6]cuenta que pocos
meses antes de la muerte
de Winnicott, unos
sacerdotes anglicanos le
pidieron una orientación
respecto de cómo
diferenciar de entre las
personas que acudían a
ellos una problemática de
fe, de una enfermedad
psiquiátrica.
Winnicott hizo un largo
silencio y les contestó: “Si
una persona viene a
hablarles y al escucharla
ustedes sienten que los
aburre, esa persona está
enferma, y necesita
tratamiento psiquiátrico. En
cambio, si logra
mantenerlos interesados,
El fantaseo, entonces, no emergería por una
economía interna que estuviera forzando al sujeto
a la significación de una presunta presión
(pulsional) interna, sino como resultado de una
apatía y quietud subjetiva que no se siente
presionada a simbolización alguna.
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 3
Novedades Escritos
de Laura Ripesi
no importa lo grave que
sea su desazón o su
conflicto, podrán
ayudarla.”
En fin, en el fantaseo, por
pobre que sea su
estructura y argumento, se
conserva cierto control
omnipotente que permite
una especie de acción y
resolución de diversos
conflictos personales e
inter subjetivos (aunque de
manera absolutamente
mental, es decir, sin el
menor correlato en la
realidad.) Ahora bien,
¿qué tipo de comparación
y relaciones pueden
establecerse entre las
nociones de fantasía y
fantaseo como para
caracterizar un tipo de
funcionamiento psíquico
normal y uno patológico
respectivamente?
Esta pregunta nos fuerza a
un breve itinerario que
establezca someramente
la función y la estructura
de la fantasía según los
planteos freudianos,
además de tener que
establecer y comentar
algunas particularidades
que M. Klein introdujo en
este sentido. Recordemos
que los desarrollos
kleinianos estaban
firmemente establecidos
en la comunidad
psicoanalítica de los años
’40 en adelante y que
Winnicott tuvo que
polemizar con ellos y
subvertirlos para dar
sustento a su propia
clínica.
Apuntemos lo siguiente
como punto de partida:
más arriba, cuando
tratábamos de establecer
el carácter del fantaseo
–según las evidencias
clínicas señaladas por
Winnicott, hablamos de
una disociación entre un
mundo “interno” y un
mundo “externo”, el sujeto
habita uno y otro
alternativamente o al
mismo tiempo, dando esa
impresión a quienes se
encuentran con ellos de
tener frente a sí una
presencia abismada en
vaya a saber qué remotos
pensamientos. Cuando
encomillamos las
expresiones “interno” o
“externo”, es porque
efectivamente, en la
normalidad nunca
estamos seguros del todo
dónde termina
exactamente lo uno y
dónde empieza realmente
lo otro... Y al analista no le
interesa constatar ese
presunto límite. La fantasía
es el concepto
psicoanalítico que permite
enlazar ambos mundos
–interno y externo dando
lugar a una realidad que
se sitúa siempre “entre”
ambos. El modelo
paradigmático lo
constituye la actividad
onírica. Efectivamente, los
sueños surgen en la
articulación del “mundo
interno” y el “mundo
externo”: Por un lado, a
pesar de abolir las
estimulaciones
provenientes del mundo
externo (“El estado
psíquico del durmiente se
caracteriza por un
retraimiento casi absoluto
del mundo circundante y
la cesación de todo
interés hacia él”[7]), ciertos
representantes de la vigilia
se conservan a nivel
preconciente: los restos
diurnos (“...cargas de
pensamiento que no se
han prestado a la general
sustracción de cargas y
han conservado, a pesar
de ella, cierta medida de
LÚDICA 24
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 4
Escritos
interés libidinoso o de otro género
cualquiera”[8]). Por “el otro lado”, la
regresión que impone el estado de
descanso, conduce a la gravitación en el
durmiente de cierto “mundo interno” en
la figura de determinadas mociones
pulsionales cuya actividad amenazan
perturbar el dormir[9]. De modo que, para
preservar
el dormir, amortiguando y dando lugar a
los restos del mundo externo (restos
diurnos) y –paralelamente dar realización
a las demandas pulsionales, “El durmiente
sueña en lugar de despertar[10]”, es decir
que “entre los representantes del mundo
externo (restos diurnos) y los del mundo
interno (actividad pulsional) surgen los
sueños. En el estado de vigilia, donde ya
no predomina en el sujeto una restricción
de lo motriz, es lo real lo que busca su
necesario enlace con lo que podríamos
llamar “restos oníricos”, porque sin el
respaldo de una ensoñación es la
realidad la que se transforma en una
pesadilla (de “ojos abiertos”).
La fantasía está, entonces, entre lo
externo y lo interno, pero “entre” no
significa aquí “intermedio”, no supone un
“a mitad de camino” entre el mundo
externo (una hipotética “realidad pura”) y
el interno (una ideación subjetiva “pura”),
por el contrario, la fantasía es la mejor
evidencia de que uno y otro mundo son
imposibles de alcanzar, que se han
perdido como realidades autónomas y
concretas y que sólo operan como
referencia teórica para orientar al deseo y
a la acción de cada sujeto[11].
En el fantaseo, en cambio, el aspecto
mórbido lo constituye una clara
disociación entre esos dos mundos.
Detengámonos un momento en el
mecanismo llamado “disociación”,
mecanismo de defensa privilegiado en el
fenómeno del fantaseo. André Green, al
describir lo que nombró como “psicosis
blanca”[12], especificó las disociaciones
operando en dos niveles: por un lado, en
lo que llamó “exclusión psicosomática”,
es decir una disociación del conflicto de
la esfera psíquica para proyectarlo en el
soma, a la manera de los trastornos
psicosomáticos o hipocondriacos, es decir
que, a diferencia de lo que sucede en la
25 LÚDICA
de Laura Ripesi
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 5
Escritos
histeria donde toma expresión
sintomática un cuerpo libidinal, se dan
formaciones asimbólicas que afectan un
soma.
También habla Green de una disociación
que se expresa como “expulsión por el
acto”, en este caso el acting out en el
mundo externo por oposición al acting in
(en el cuerpo) recién referido. Y luego, en
otro nivel –que no sale en este caso de la
esfera psíquica otro tipo de disociación:
la escisión propiamente dicha, que se
acerca mucho a lo que Winnicott nombra
como mentalización, y que está
implicado en el fenómeno del fantaseo,
como la producción de una zona secreta
de no contacto con el mundo exterior y
otros sujetos, una zona de no intercambio,
y, finalmente, la “desinvestidura”,
mecanismo por el cual se busca una
desinvestidura radical que procura
alcanzar –según la descripción de Greenun
estado de vacío, de aspiración al noser
y a la nada (más adelante volveremos
sobre esto).
Entonces, uno de los problemas que aflige
al paciente esquizoide es esta compulsiva
actividad psíquica llamada fantaseo, de
esto deriva la apremiante necesidad –que
el individuo se impone a sí mismo de
tener que distinguir permanentemente,
para regular sus actos y proyectar sus
vidas, lo que se debe considerar como
algo meramente subjetivo o como lo que
debería considerar como estrictamente
objetivo (mundos que como sostuvimos
antes, se encuentran más o menos
articulados en el dominio de la fantasía.
Queda claro que esta articulación
fantasmática siempre deja un margen
para la incertidumbre y la angustia que
abre el deseo inconsciente y la
significación subjetiva del mundo. De
todos modos, ese margen no inhibe la
acción del sujeto, al contrario lo incita,
hasta cierto punto, “a pesar de él
mismo”.)
El fantaseo nos confronta, entonces, con
una serie de problemas que afligen
agudamente al paciente esquizoide:
a)La falta de contacto del sujeto consigo
mismo y con el mundo externo, lo que
genera ese peculiar desapego afectivo,
que resulta de haber abierto una variable
distancia respecto de su realidad mas
intima y vital como elemento impulsor de
la propia acción. No encontramos en
estos pacientes una toma de posición
animada o decepcionada, esperanzada
o escéptica, etc., que marque algún
punto de vista particularizado en su vida.
b)El mecanismo defensivo basado en la
disociación se hace más gravitante que
la represión. No hay oposición de términos
–uno de ellos reprimido que buscan
soluciones de compromiso a partir de un
“retorno de lo reprimido”, sino disociación
de términos que producen formaciones
nosimbólicas –y por esto mismo no
interpretables.
c)La dificultad para construir y encarnar
una presencia subjetiva en –y frente al el
mundo, y solidario de esto, una dificultad
para entramar en la propia subjetividad
cierta presencia de los objetos. Se verifica
un movimiento de permanente
aceptación, sumisa y apática, respecto
de las exigencias del entorno.
Generalmente “se aburren” y “aburren”
en sus intercambios.
d)La falta de cierta animación intima que
fuerce a una simbolización progresiva de
uno mismo y del entorno, y –por el
contrario la gravitación de un vacío
LÚDICA 26
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 6
Escritos
abismal que busca un relleno permanente
de sentido que lo colme. Nada hace
enigma, no se sienten curiosos o ávidos,
atemorizados o aventurados, etc.
e)La parálisis de toda acción posible en el
mundo (que no sea una ceremonia de
actos burocráticos y repetidos.)
Con Winnicott, entonces, y con la
descripción del fantaseo, habría que
analizar el corrimiento que se opera
–según la estructura psíquica en juegorespecto
de una adecuada consolidación
en el aparato psíquico de la fantasía. En
este sentido habrá que advertir ciertas
diferencias entre los psicoanalistas: para
Freud el punto de partida en la
constitución de la fantasía es la secuencia
“pérdida del objeto de la necesidadrepresión
objeto del deseo inconsciente”
(elemento éste último que encuentra su
articulación, justamente, en la fantasía
inconsciente), en tanto que para Melanie
Klein la secuencia sería: “sadismoculpareparación”,
estando el fantasma
inconsciente ya constituido y a la mano en
la estructura psíquica desde los primeros
días de vida, regulando un intercambio
simbólico del infans con el mundo (los
llamados objetos parciales”), y, finalmente,
Winnicott quien postula la inscripción en lo
psíquico de un campo de ilusión y un
objeto potencial para habilitar –luego el
juego fantasmático.
Evidentemente, cada uno de ellos han
elaborado una teoría de la significación
consecuencia de esas diferencias. Teoría
de la significación que para cada uno de
ellos articula a un individuo al mundo y le
permite encontrar un lugar en él. Si con
Melanie Klein la fantasía trata de sostener
un control sobre un objeto siempre
presente (ya sea el “objeto bueno” o el
“objeto malo”) en Freud se piensa a la
fantasía como cierta estrategia para
alcanzar un placer posible con un objeto
imposible y con Winnicott, al agregar una
novedosa perspectiva tópica que implica
al yo en la relación con los objetos, se
tratará de pensar cómo se ordena la
experiencia subjetiva según una estrategia
que permita al individuo hacer un
contacto siempre imposible con un objeto
eventualmente posible.
Retomando los puntos a), b), c), d) y e)
señalados un poco más arriba, diremos
que las dificultades que el paciente
esquizoide presenta respecto de:
a)la “falta de contacto”, se relacionan
con una incapacidad para establecer un
área de ilusión subjetiva que le permita
sostener de manera significante al mundo;
b)respecto de la dificultad para construir
un cierto carácter en la presencia del
objeto y la propia subjetividad, se puede
vincular lo trabajado por Winnicott de
manera puntual en la paradoja “estar a
solas en presencia de alguien”, como
capacidad establecida en el sujeto;
c)frente a la falta de animación subjetiva
se plantea la problemática referida a la
noción de falso self, y finalmente,
d)en relación a la parálisis de acción
habrá que referir el tema de la capacidad
de uso.
[1] Si alcanzan logros en sus tareas –y esto
sucede con frecuencia una “falsa
modestia” los excusa de sentirse
acreedores de algún tipo de
merecimiento, si algo sale mal
generalmente imputan a circunstancias
ajenas la responsabilidad del fracaso.
[2] Este estado de artificialidad fue
27 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 7
Escritos
detalladamente descripto por Fairbairn
como angustia de despersonalización y
pérdida del sentido de realidad en su libro
“Teoría psicoanalítica de la personalidad”
tomando en cuenta la clínica de
pacientes esquizoides (más adelante se
hará referencia más detenida a su
desarrollo en este sentido).
[3] Nuevamente hago alusión a Fairbairn
(ver nota de Pág. anterior) quien comenta
que los pacientes esquizoides simplifican su
vida emocional a intercambio que no
demanden demasiado compromiso
personal, deslibidinizando lo máximo
posible sus vínculos.
proveniente del mundo interno que Freud
califica de “hipocondríaca”. (Ob. Cit.)
[10] Ob. Cit.
[11] Salvo que se suponga que en la vigilia
se vive “sin sueños”, o de un modo más
técnico, sin la estructura vincular que
ordena el fantasma inconsciente.
[12] Ver descripción de este tema en la
página 60.
External Links
[1] http://www.espaciopotencial.com.ar/
[4] Salvo en una organización subjetiva
que busca compensarse con ideaciones
demasiado paranoides.
[5] “Winnicott en un mundo de Fantasía”
por Paula Larotonda, publicado en
www.espaciopotencial.com.ar [1] “La
casa de Winnicott”, en dos entregas, en los
números de Verano 2003 y Otoño 2004.
Remito a ese texto que estudia el mismo
fenómeno que acá tratamos. En lo que
sigue me apoyare reiteradamente en ese
texto incluyendo aquí solo algunos
agregados respecto del estatuto de la
noción de fantasía para M. Klein.
[6] En el prólogo del libro de Winnicott
“Sostén e Interpretación, fragmento de un
análisis”.
[7] Adición metapsicológica a la teoría de
los sueños –1915 S. Freud, Obras
completas, Biblioteca Nueva.
El fantaseo parece intentar
más llenar un vacío en la
intimidad del aparato
psíquico que responder a un
exceso pulsional que
presionará para ser
abarcado y articulado
psíquicamente. En todo caso,
lo psíquico no puede articular
un "blanco".
[8] Ob. Cit.
[9] Amplificación de la sensibilidad
LÚDICA 28
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 8
Expresiones
Primeros pasos en medio del alba
( en un nuevo despertar)
José Luis
Figueroa
“Algún día me nombrarás,
y pondrás gentilmente en mi cabello
esas ardientes rosas sagradas.”
Rainer Maria Rilke
Cada nuevo despertar le obsequia en la mañana,
envuelta en pétalos de rosa, a la dulce Aryana,
su intensa pasión, que tan noble la emana,
y entinta al corazón acuarela color grana.
Conoce bien el tesoro que todo amanecer trae consigo.
Serena toma un café y se coloca un abrigo.
Ya infinitas posibilidades a sus pies se extienden.
Sabe que limitaciones son lo que las percepciones entienden.
Decide salir de su choza, enviar un mensaje de olvido.
Ya no vale la pena pensar en lo que pudo haber sido.
Da unos cuantos pasos entre el frío de su montaña helada.
A su amplio alrededor la atmósfera aún permanece nublada.
Así a lo lejos lo divisa descendiendo entre la nieve.
Es un pálido lobo blanco llamado Fantasma.
Del susto paralizada tal fuera un ataque de asma.
Arroja el miedo al viento para que éste se lo lleve.
Y enfrenta con valor haber sentido cual un vacío.
Deja a un lado el temor, ella fluye como el río.
Se dice ‘Hoy tomo esto, esto es lo que es mío.’
La luz de su interior seduce al ahora con su brillo.
Y entonces su entorno de pronto se aclara.
Se acerca y el lobo blanco se vuelve un amigo.
Le comparte un secreto que asevera positivo
gritar fuerte al mundo ‘¡Hazlo, hoy estás vivo!’
29 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 2 9
Expresiones
Autosuplicio
José Luis
Figueroa
Desolado al creer que no hay luna llena para ti.
La alianza, el cáliz, el estado gaseoso.
Una metamorfosis que perdió el sentido.
¿Aire, soy el aire?
O simplemente polvo…
Sin forma definida,
vagando a través del espaciotiempo,
rodeado de vacíos. Negros agujeros
que de nada entienden asimismo insinceros.
Los demás caen presa de su nociva naturaleza.
Garabatos del pensamiento,
espirales que sobrecogen tu consciencia.
Su código revelado al decompilamiento,
es la genuina razón de tu dolencia.
Es sencillo, es tu inocencia.
Qué doloroso es a veces
ser un espectro entre los terrestres.
Un espectador sin rumbo, pero con desmesurada sensibilidad.
La paciencia, la calma, buscan su aparición en escena,
sin embargo, el acto es por momentos,
terrible. Un trágico drama de tormentos,
que invoca hacer un cambio al enfoque del cristal,
pero, ay, cuesta creer que eso todo solucionará.
Y es que poniendo mis ojos en distinto lugar
quizás yo dejaré de este cuadro mirar,
pero la independiente realidad permanece invariable,
y se impone y sigue siendo como siempre, implacable.
LÚDICA 30
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 3 0
Expresiones
Preferible es convertirse en inédita transparencia.
Como flecha por un espíritu que todo te atraviese.
Erige con tu sustancia un templo de indolencia,
como si fuera una brisa lo que a tu alrededor acontece.
Disfraza vestido en los pigmentos de la ausencia
el candor que desearías a la vista estuviese.
Fogata que llevas dentro, tu ardiente vehemencia,
que sea tu sustento si la fría hora te abatiese.
Sin entender esto a nosotros mismos agredimos:
no existe otro dolor más que aquel que permitimos.
de www.sxc.hu/photo/72329
31 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 3 1
Conceptos
Espacio
Transicional
"Entonces, si mi argumento
tiene coherencia, poseemos
tres estados humanos para
compararlos entre sí. Cuando
los observamos vemos que
hay un rasgo especial que
distingue de los otros dos a lo
que yo llamo experiencia
cultural (o juego).
Si examinamos primero la realidad exterior y el contacto del individuo con ella en
términos de relación de objeto y uso del objeto, advertimos que la primera se encuentra
fija; más aun, la dotación de instintos que proporcionan el respaldo para la relación y uso
de objetos es a su vez fija respecto del individuo, aunque varíe según la fase y la edad, y
según la libertad de este para utilizar los impulsos instintivos. En ese terreno somos más o
menos libres, de acuerdo con las leyes formuladas en considerable detalle en la
bibliografía psicoanalítica.
Observemos ahora la realidad psíquica interior, propiedad personal de cada individuo
en la medida en que se ha llegado a cierto grado de integración madura, que incluye el
establecimiento de una persona unitaria, con la existencia implícita de un interior y un
exterior, y una membrana limitadora. Aquí, una vez más, se advierte una fijeza que
corresponde a la herencia, a la organización de la personalidad y a los factores
ambientales introyectados y los personales proyectados.
En contraste con las dos realidades enunciadas sugiero que la zona disponible para
maniobrar en términos de la tercera manera de vivir (donde está la experiencia cultural
o el juego creador) es muy variable de un individuo a otro. Ello es así porque esta tercera
zona es el producto de las experiencias de la persona (bebé, niño, adolescente, adulto)
en el ambiente que predomina. Aquí hay un tipo de variabilidad de distinta calidad que
las correspondientes al fenómeno de la realidad psíquica personal, interna, y de la
realidad exterior o compartida. La extensión de esta tercera zona puede ser mínima o
máxima, según la suma de experiencias concretas."
Donald Winnicott en "Realidad y Juego" (1971)
LÚDICA 32
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 3 2
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33 LÚDICA
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 3 3
Sobre autores
Claudia Castro
Licenciada en Psicología (UFM). Miembro vocal del Centro de Estudios
Freudianos (CEF Guatemala). Cofundadora de "Revista Lúdica". Postgrado en
Psicopatología InfantoJuvenil CEF. Docente del CEF y UFM. Supervisora práctica
en clínica Viktor Frankl UFM. Práctica privada desde el año 2003.
claudialopezselva@yahoo.com
Claudia Melville
Licenciada en Psicología Clínica (UFM). Maestría en Psicoanálisis del Boston
Graduate School of Psychoanalysis. Cofundadora de "Revista Lúdica".
Catedrática titular de los cursos Psicología del Desarrollo, Psicopatología y
Técnicas de Psicoterapia en UFM. Supervisora de casos clínicos en clínica Viktor
Frankl UFM. Experiencia clínica abarca varios programas hospitalarios en la
ciudad de Boston y actualmente se dedica a la práctica privada en Guatemala.
Ha publicado en las Revistas Psicología y Vida y Espacio Potencial.
cmelville@ufm.edu
José Luis
Figueroa
Estudiante de 5to. año de Psicología Clínica en la UFM. Ha publicado dos libros
titulados "Diario de Luz y Sombra" (2006) y "Los Señores de la noche" (2010,
disponible en libreria Sophos Guatemala). Actualmente se encuentra
preparando su siguiente publicación.
jluis@ufm.edu
Daniel
Ripesi
Profesor integrante del Curso prolongado de Psicoanálisis de postgrado del
Hospital Ameghino. Supervisor de Psicólogos y Psiquiatras Residentes del Hospital
Tornu. Profesor Titular de la Cátedra "Escuela Inglesa de Psicoanálisis" (UCES).
Profesor de los Cursos Virtuales de la Comunidad Russell. Director de
"www.espaciopotencial,com.ar" (La casa de Winnicott). Autor del libro "Quemar
las naves ensayos winnicottianos", coautor de "Winnicott para principiantes".
danielripesi@espaciopotencial.com.ar
Liza M.
Zachrisson
Licenciada en Psicología Clínica (UFM). Cofundadora de "Revista Lúdica".
Docente auxiliar de las cátedras de Técnicas en Psicoterapia, Técnicas
Proyectivas y Terapia Sistémica en UFM. Se desempeña en práctica privada en
Guatemala.
lzachrisson@ufm.edu
LÚDICA 34
Lúdi ca, e ne ro 2 0 1 2 , pg. 3 4