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Revista Lúdica 2a edición, abril 2012

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Sobre Lúdica

Sobre Lúdica

Lúdica surge como un espacio para el intercambio

de ideas y conocimientos psicoanalíticos

estimulando propuestas novedosas que jueguen

con las clásicas fundamentales del psicoanálisis.

Reconociendo los alcances de los diversos

enfoques psicoanalíticos, se abre este espacio

para complementar las diversas perspectivas que

componen este campo, brindando mayor riqueza

al quehacer clínico al estimular nuevas inquietudes

y nuevos senderos en la práctica clínica.

Si deseas obtener más información,

envía tus comentarios o sugerencias a

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1 LÚDICA

En estas páginas fundamos un lugar de respeto y

diálogo para las distintas teorías psicoanalíticas con

el objetivo de inaugurar un nuevo espacio psíquico

convergente para quien acuda a su lectura.

Revista Lúdica

RevistaLudica

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1

EDICIÓN

Claudia Castro

Claudia Melville

Liza M. Zachrisson

DISEÑO

Álvaro Marroquín

Liza M. Zachrisson

PORTADA

Diseño

Rafael Aycinena

Imágen

Ian Jacobo Liska

AUTORES

Alexandra Antillón

Marta Casas

Michelle Contreras

Marisa P. Rodulfo

Leslie A. Sechel

EXPRESIONES

Esteban Zuluaga

IMÁGENES

Ian Jacobo Liska

Xul Solar

Contacto: Revista Lúdica

6a av. 6-63 zona 1 0, Edificio Sixtino 1 , oficina 301

Guatemala, Guatemala


Índice

1

Sobre Lúdica

Escritos

3

1 1

1 7

2 6

4 4

5 0

El Juego en la Terapia de Creación sobre

Arena (SandPlay Therapy)

Leslie A. Sechel

El Inicio del Análisis con Niños

Alexandra Antillón

Disociación a La Luz del Psicoanálisis:

Análisis de un Caso de Trauma Complejo

Marta Casas y Michelle Contreras

El Psicoanálisis Abriendo Fronteras

Marisa Punta Rodulfo

Expresiones

Suspiritos

Esteban Zuluaga

Conceptos

Reverie

Wildfred R. Bion

5 1

En el

taller

5 2

Sobre autores

LÚDICA 2

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2


Escritos Novedades

El Juego en la Terapia de Creación

sobre Arena ( SandPlay Therapy)

Leslie A.

Sechel

La terapia de juego y creación sobre arena es

una técnica relativamente nueva en Guatemala,

así como lo es la base teórica detrás de su

desarrollo; razón por la cual el presente artículo

tiene dos motivaciones. Primero, introducir al

lector mediante un breve recorrido histórico de la

técnica en sí, tomando como base algunos

postulados teóricos para ello. Segundo, presentar

un caso que ilustre el funcionamiento de la

técnica y la relación psique­juego­arena en la

que se desarrolla el proceso de análisis.

La forma clásica de terapia de la

psicología de Carl Jung es el trabajo con

los sueños; lo que ocurre durante este

análisis es la confrontación de la mente

consciente de una persona con su

inconsciente, el cual se manifiesta a sí

mismo no solamente en sueños y

reacciones corporales, sino también en

visiones, expresiones artísticas y en otras

actividades imaginativas. En diálogo con

el paciente, el psicoterapeuta trata de

clarificar e interpretar tales expresiones

provenientes de lo inconsciente. Es de

esta manera que el profesional ofrece al

sujeto acceso directo a los complejos

contenidos en lo inconsciente personal y a

aquellos otros aspectos desconocidos de

su personalidad, así promueve una vía

libre hacia las regiones de lo inconsciente

colectivo o impersonal y así, al contenido

arquetípico de la psique.

Con el fin de situar al lector en el contexto

de lo que estamos hablando, es necesario

exponer brevemente que el inconsciente

como tal, es esencialmente aquella parte

de nuestra estructura psíquica de la cual

estamos inseparablemente constituidos y

que al mismo tiempo es aquella que

predominantemente desconocemos.

Desde la concepción junguiana, éste

consiste de dos componentes primarios. El

Inconsciente Personal cuyo contenido

está conformado particularmente por la

represión y nuestras experiencias vividas

desde el momento de nuestro nacimiento,

y el Inconsciente Colectivo,

principalmente conformado de instintos y

arquetipos; región de la psique que

contiene toda la herencia psíquica y

espiritual de la evolución de la humanidad

y que nace de nuevo en la estructura

cerebral de cada individuo.

Otro aspecto importante a explicar

brevemente, previo a adentrarnos al tema

central del presente artículo, es en

relación a los dos tipos de pensamiento

3 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3


Escritos

que guían la aproximación a los

contenidos antes mencionados.

El análisis junguiano distingue

entre dos tipos de pensamiento:

uno dirigido, que procura

establecer el orden; que está

caracterizado por el habla, es

lineal, secuencial y racional. Y

otro no dirigido, caracterizado

principalmente por la

imaginación. A este respecto,

sabemos que son las imágenes y

los símbolos el lenguaje preferido

del inconsciente.

La Terapia de Creación sobre

Arena (SandPlay Therapy) es

una herramienta

psicoterapéutica que tiene sus

raíces a principios del siglo XX en

Europa. Es un método de

terapia de juego que nace del

trabajo de la física inglesa,

Margaret Lowenfeld (1939),

quien desarrolló el “World

Technique” como un sistema de

comunicación no verbal con

niños en tratamiento. La

recientemente fallecida,

analista junguiana, Dora M. Kalff

de Suiza, bajo la dirección del

mismo Carl Jung y su esposa

Emma Jung, desarrolló el

método al cual llamó

“sandplay” para su uso en

psicoterapia junguiana con

niños y adolescentes. Es

asimismo, una potente

herramienta experiencial que

activa la imaginación y la

creatividad, permitiendo la

expresión de emociones y

pensamientos, que muchas

veces son difíciles de transmitir

por los niños y los adolescentes,

y algunos adultos, estos últimos,

cuando se dan a sí mismos el

permiso de jugar. El fundamento

teórico de la técnica está

basado en el concepto

junguiano de autorregulación, el

cual sostiene que la psique

posee una disposición

autónoma de sanarse a sí

misma, de crecer y desarrollarse,

y que dadas las condiciones

apropiadas, esta tendencia

natural se activa para beneficio

del individuo.

El acto de crear series de

escenarios tridimensionales con

y sobre la arena facilita la

autorregulación y la

transformación, al traer a la

conciencia los complejos

inconscientes en su forma

simbólica, permitiendo al mismo

tiempo el re­ordenamiento de

contenidos psicológicos. Bajo la

protección y la seguridad de

una relación psicoterapéutica

entre paciente y analista, el

juego en arena permite al sujeto

ir más allá de los límites de la

mente consciente y estimular el

desarrollo psíquico al poder

acceder al potencial creativo

individual. Indudablemente, a

menudo es necesario contar

con una base física (visible)

para clarificar emociones

confusas y vagas; en ocasiones

las manos saben cómo resolver

un problema con el que el

intelecto ha luchado en vano.

Es una terapia manual, de juego

y por lo tanto el “juego” es un

La psique por

naturaleza

tiende a

sanarse a sí

misma. Es labor

del

psicoterapeuta

preparar el

camino para

ello.

LÚDICA 4

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 4


Escritos

factor prominente en el método. El permiso

de jugar es favorable en la terapia.

Podríamos decir que existe una ausencia de

intencionalidad inherente en el juego en

arena; de hecho se observa que la terapia

realmente comienza en el preciso momento

en que el paciente se dispone a rendirse

ante el juego. Esto es de mucho valor en el

proceso creativo ya que los temores,

tensiones y fijaciones empiezan a caer, casi

de forma no intencional. El juego en arena

como un método psicoterapéutico, crea un

puente entre lo consciente y lo

inconsciente. Durante el proceso, la mente

consciente relaja su control y da paso al

material inconsciente. Es importante

reconocer que el inconsciente despierta

durante la selección de las figuras y en la

medida en que se da forma a la arena, al

mismo tiempo, las ambiciones y los

propósitos de la mente consciente son

silenciados, dando lugar a la imaginación.

Los detalles y la composición de las formas,

así como las maquetas creadas proveen al

psicoterapeuta un indicador del camino a

seguir en el tratamiento. Frecuentemente la

maqueta inicial da información acerca de

determinada situación.

Con el afán de dar una idea completa de

esta técnica terapéutica, debo indicar que

la misma transcurre, desde el inicio, bajo

una interacción no verbal, en donde el

paciente juega dentro de la caja de arena

(SandTray) con sus manos, moldeando,

diseñando y/o creando escenarios

(abstractos o concretos) con figuras en

miniatura que representan todos los

aspectos de la vida y la historia de la

humanidad, los cuales están a su

disposición, debidamente ordenadas y

situadas en estantes, en los alrededores del

espacio clínico. Espacio en el que el

conflicto inconsciente se juega en la arena

transfiriéndolo del mundo interior hacia el

mundo exterior. El juego de fantasías influye

la dinámica terapéutica y el psicólogo

interpreta aquellos símbolos que emergen

en el curso de las sesiones terapéuticas. Al

igual que con los sueños, la interpretación

no se da, sino hasta obtenida una serie de

escenarios y no en base a una única

creación por parte del paciente. Se espera

que escondido en los símbolos, puede estar

disfrazada la guía de dirección hacia la

meta por la cual el paciente busca

realización. No es mi intención extenderme

y entrampar al lector en la teoría detrás de

la técnica, bastará decir que su aplicación,

necesariamente, implica el conocimiento

profundo de la Psicología Analítica.

Dejemos que un ejemplo nos ilustre.

Ha de considerarse que, al tener figuras de

soldados, indios y vaqueros, robots, entre

otras, las escenas de batallas, guerras o

luchas son un tema cotidiano en el uso de

ésta técnica, y en la mayoría de los casos

es indicador de la lucha interna del sujeto

que la crea. El siguiente ejemplo muestra las

imágenes de cuatro sesiones seguidas de

un niño de ocho años, de padres

divorciados, a quien su madre trae a

psicoterapia con la preocupación de un

posible duelo debido a la muerte de su

abuelito y bajo la consigna “se me puso

rebelde” lo pone en “mis manos”.*

El niño entra al consultorio por primera vez

con un tono de superioridad, desafiante y a

la vez curioso, indagador. Le toma

alrededor de diez minutos dar un vistazo a

las figuras en miniatura, y a su pregunta ­

¿son suyos todos los juguetes? ­, respondí

afirmativamente. Esperé un segundo

interrogatorio, el cual vino al poco tiempo: ­

¿y para qué las tiene aquí? ­, a lo cual

aproveché a responder con las

5 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 5


Escritos

instrucciones del juego. Fue entonces que

se percató de la caja de arena, y una

tercera pregunta surgió: ­ ¿puedo jugar? ­.

Me detendré aquí un momento para

explicar que a pesar de que la actividad

de juego, en la mayoría de los casos es

inmediata, en otros casos, cuando existe

una estructura pobre del ego no sucede

lo mismo, en estos casos es como dar una

hoja en blanco al sujeto y pedirle que

dibuje algo.

Luego de un par de “vueltas a la

redonda” el paciente comenzó a crear

una separación con arena humedecida

al centro de la caja. Posteriormente tomó

los soldados y los colocó de un lado,

situando una aldea de indios en el otro

extremo.

Habiendo terminado de colocarlos como

quería dijo ­ “todo está listo para la batalla

entre soldados e indios” – y luego de

observar detenidamente su creación

agregó – “todos mueren”, como

prediciendo el futuro de la misma.

En la segunda sesión, el paciente saluda y

entra directamente a tomar los soldados

para dar continuidad a la batalla que

había quedado establecida. Es por esta

razón que no se fuerza la interpretación

ante una única creación; suele ser en la

mayoría de los casos, que el juego queda

incompleto y los pacientes buscan dar

secuencia a los mismos en las sesiones por

venir. En esta segunda sesión del niño, al

tomar los soldados se percató por primera

vez de los seres mitológicos de la

colección de figuras, así como de los

caballeros medievales, ambos llamaron su

atención de inmediato, haciendo que

desechara a los soldados y a los indios.

Esta vez, en la batalla enfrentó a los

caballeros contra los seres mitológicos

(ogros, esqueletos guerreros y dragones) y

mientras jugaba a “la lucha” hacía

expresiones violentas de odio y furia tales

como “morirás”, “ha llegado tu fin”,

“acabaré contigo”, entre otros.

LÚDICA 6

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 6


Escritos

Es en esta segunda oportunidad que la

batalla realmente se lleva a cabo, lo que

anteriormente había quedado como

pendiente, con figuras de una realidad

poco coherente, entre soldados e indios,

ahora se tornaba fantástica y por ello más

fácil de asimilar en la mente del paciente.

Ha de notarse además que las figuras

centrales de la batalla son contrarias, el

bien y el mal arquetípicos se presentan

como un caballero blanco sobre un

unicornio luchando contra un ogro

sentado sobre el Cerbero (Perro de tres

cabezas de la mitología griega, protector

del inframundo). Una batalla campal que

representa la lucha interna por la que el

paciente atraviesa, una guerra en la cual,

hasta ahora – “no queda vivo ninguno” –

frase con la que el niño da por terminado

el juego y así la sesión terapéutica.

A estas alturas se estarán preguntando

qué pasa con el niño, qué tiene o de qué

padece. Recordemos que la psicología

7 LÚDICA

junguiana no busca como meta

propiciar un diagnóstico, ni mucho menos

un pronóstico de la situación actual de los

pacientes, más bien se trata de permitir

que la psique tome el curso del desarrollo

de cada individuo. Es por esta razón que,

para el caso que expongo, aún había

que esperar más tiempo para observar el

desenvolvimiento del mismo.

En la tercera sesión otra batalla se lleva a

cabo, esta vez el paciente, ante la

muerte de los seres de fantasía, retoma a

los soldados, pero los enemigos ahora son

“insectos gigantes”. Son muchos los

insectos contra sólo tres soldados. Pero

con las armas y su fuerza, los mismos

parecieran que están logrando salir

vencedores. Sin embargo por tercera vez

– “no queda vivo ninguno”.

En ocasiones el paciente necesita ver fu

clarificarlas y e

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 7


Escritos

El cambio constante de figuras que el niño

utiliza para la batalla son indicador de que

aún no encuentra diferenciar sus

sentimientos de ira y enojo que el duelo

ante la muerte de su abuelo trae consigo.

Es tarea del observador identificar en la

serie de creaciones, elementos en común

que permitan su interpretación bajo una

línea constante, a manera de “saga”.

Hasta ahora, no han sido las figuras, sino las

batallas, el motivo que nos permite ubicar

la continuidad de las sesiones. Pero sí hay

un elemento en común que lo he tenido

reservado hasta ahora, de manera

voluntaria, para efectos de la explicación

del caso. En los escenarios creados por el

paciente (tres hasta el momento) un

elemento “enterrado” en la arena, ha

permanecido oculto a la vista tanto para

el que juega, como para el que observa,

era de sí mismo las emociones para

ntenderlas.

durante todas las sesiones. Se trata de un

cofre de pirata, que el paciente entierra

como primer acto, en algún lugar del

campo de batalla, esperando el momento

de salir a la superficie.

Es el elemento inconsciente en la espera

de salir a la luz. Un cofre de pirata es un

bien deseado, muchos mueren por éste,

pero para quien lo encuentra, todo vale la

pena. El tesoro al final del camino es difícil

de obtener; sólo aquellos héroes con su

valentía logran atravesar todos los

obstáculos y se hacen merecedores del

oro.

Una cuarta sesión cierra el ciclo de la

secuencia, lo que no significa que sea el

final de la terapia, más bien, el comienzo

de una nueva etapa de la misma.

La cuarta batalla es una mezcla de las tres

anteriores. En esta ocasión, el sujeto invita

a participar de la lucha a seres de todo

LÚDICA 8

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 8


Escritos

tipo. Esqueletos de dinosaurios, animales

salvajes, caballeros y expertos en artes

marciales luchan todos entre sí. La guerra

transcurre y todo pareciera igual, los

insultos y las expresiones de odio se

mantienen y al final – “ninguno sobrevive” ­.

Pero para sorpresa de todos, un mago

aparece y – “todos reviven con la ayuda

de magia” ­, a su vez, el mago desentierra

el cofre del tesoro y el juego termina

armoniosamente cuando en paz, todos son

situados alrededor del mago, quien tiene el

cofre en sus manos.

A la pregunta ¿qué pasó en esta cuarta

sesión?, responderé que el paciente, al

haber desenterrado el cofre, liberó cierta

energía (libido) latente que mantenía la

lucha interna desde el inicio del proceso

terapéutico y que a la vez, esperaba ser

liberada. Con el sólo hecho de integrar en

la escena a un mago, identificado

positivamente como el ego del sujeto, que

llega a poner orden a la guerra, el paciente

identificó primero simbólicamente y mucho

tiempo después conscientemente el dolor

que le causaba la muerte de su abuelo,

9 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 9

pero aún mayor el dolor y enojo que le

causaba la separación de sus padres. Y lo

hizo por medio del juego. Como indiqué

anteriormente, la terapia no terminó aquí,

al paciente lo seguí viendo durante ocho

meses, sin embargo lo que sí terminó fue la

lucha que este niño mantenía en su interior

y no había sido capaz de expresar de otra

manera, más que en la forma que su

madre refería.

En las siguientes sesiones ya no hubo más

guerra, las batallas cesaron. La rebeldía se

detuvo y una etapa constructiva comenzó

en la que el paciente jugaba con trozos,

tractores y albañiles, como reconstruyendo


Escritos

su mundo después de la catástrofe.

Posiblemente e indudablemente bajo otra

aproximación, las hipótesis y conclusiones

hubieran llegado a los mismos resultados, sin

embargo, la técnica de juego y creación sobre

arena como una terapia no verbal y libre de

direccionamientos, permitió al sujeto ver su

situación externalizada y manipularla con sus

propias manos, dándose el permiso de jugar y

siendo él al mismo tiempo, el único creador de

su futuro desarrollo.

* El anteriormente expuesto es un caso real, del

cual se cuenta con el permiso debido para la

ilustración de la técnica en cuestión. Los

nombres, apellidos y contextualización del

mismo han sido omitidos por motivos de

confidencialidad.

Referencias

Ammann, R. (1991) Healing and

transformation in Sandplay. Creative

processes become visible, Open Court,

Chicago and La Salle, Illinois, EEUU.

Dieckmann, H. (1988) Methods in

Analytical Psychology. Chiron

Publications, Wilmette, Illinois. EEUU

Jung, C. G. (1990) The archetypes and

the collective unconscious. Volume 9,

part 1, Complete Works. Bollingen Series

XX, Princeton University Press, N.J. EEUU

Jung, C. G. (1985) The practice of

psychotherapy. Volume 16, Complete

Works. Bollingen Series XX, Princeton

University Press, N.J. EEUU

Kalff, D. (2003) Sandplay, a

psychotherapeutic approach to the

psyche. Temenos Press, California, EEUU

El tesoro al final del camino es

difícil de obtener; sólo aquellos

héroes con su valentía logran

atravesar todos los obstáculos y

se hacen merecedores del oro.

Stein, M. (1995) Jungian Analysis. Second

Edition. Open Court, Chicago and La

Salle, Illinois, EEUU.

Turner, B. (2005) The handbook of

sandplay therapy. Temenos Press,

California, EEUU

Weinrib, E. (2004) Images of the Self.

Temenos Press, California, EEUU

Wells`, H. G. (2004) Floor Games. A

father´s account of play and its legacy

of healing. Temenos Press, California,

EEUU

LÚDICA 10

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 0


Escritos

El Inicio del Análisis con Niños

Alexandra

Antillón

En la clínica, el trabajo con niños requiere la presencia

tanto del niño como de los padres y el analista. No toda

consulta que los padres llevan a la clínica como

“problemática” se toma como motivo para el inicio de

un tratamiento. Por esto, el analista se ve en la

obligación de dar seguimiento a la queja de los padres

con una serie de entrevistas preliminares en donde su

lugar implica una atención flotante para estar a la

escucha tanto de los padres y, del material que el niño

presente, para decidir si se da inicio a un tratamiento.

De ser así el trabajo analítico se hará tanto con el niño

como con los padres, por lo que todos deberán estar

dispuestos a trabajar en conjunto bajo un encuadre

beneficioso.

Para muchos padres, llevar a un hijo al

“psicólogo” puede resultar un reto. Antes

de tomar la decisión, esperan determinar si

los síntomas remiten por sí mismos o, por sus

medios, e intentan hacer todo lo que está

en sus manos antes de la consulta inicial. De

lo que sí podemos estar seguros es que los

padres consultan por algo, si llegan al

consultorio es porque su hijo presenta “un

problema” o, lo que para ellos representa un

problema. Lo que mueve a los padres a

llevar a un hijo a consulta es que, algunas

conductas que posee el pequeño, les está

ocasionando problemas e incomodidad.

Esto nos lleva a preguntarnos, si realmente

existe un problema en este niño o es

únicamente una problemática de los

padres, que no pudiendo manejar a su hijo,

pretenden que éste se comporte como un

pequeño adulto. Como diría Beatriz Janin –

11 LÚDICA

“¿Qué molesta de un niño? y ¿quiénes

sufren?”[1]. Actualmente, es muy probable

encontrarnos con que ambos padres de un

chico trabajan o tienen “muchas otras

cosas” de qué ocuparse antes de su hijo.

Posiblemente ellos desearían que su hijo

siempre estuviese quieto, sin moverse,

obedeciendo a todo lo que ellos dicten, es

decir, que sea como un “muñeco” a quien

pueden controlar a su antojo. Sin embargo,

no podemos dejar de pensar que ese niño

es una persona, con una subjetividad propia

y constitución psíquica en proceso de

formación. Por lo que será importante no

sólo escuchar la queja que llevan los padres

al consultorio, sino también al niño, que

tendrá algo que decir acerca de lo que le

sucede. En la clínica con niños, no se trata

de lo que el padre o la madre quieran, sino

del problema que el niño está expresando.

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 1


Escritos

En cuanto al inicio del

análisis, sabemos que

debemos prestar atención

al primer contacto que se

hace con el analista, esa

primera llamada, la

información que se brinda

en la misma y la forma en

que se hace el pedido de

análisis. Es a partir de las

entrevistas iniciales, que se

comienza a indagar acerca

del niño, su familia y de la

historia, consciente e

inconsciente, que nos

traerán los padres. Las

entrevistas preliminares con

los padres, antes de tener el

"Mother" de Ian Jacobo Liska

primer contacto con el

niño, son de vital importancia,

pues a través de éstas

se logra obtener la mayor

cantidad de información

necesaria y relevante, para

el futuro trabajo con el

pequeño. Se necesitará

saber qué es lo que lleva a

los padres al consultorio,

cuánto tiempo ha pasado

desde el inicio de los síntomas

y el momento de la

consulta, toda la información

que pueda contribuir a

comprender mejor la

supuesta problemática; lo

anterior, no hará más que

ayudar al proceso

analítico[2]. Además,

Marisa Punta Rodulfo

postula que, las entrevistas

preliminares lo que buscan

es decidir si es necesario

que el niño sea sometido a

un tratamiento analítico; es

decir, si se acepta al niño y

a la familia en el proceso

analítico . También, con

estas entrevistas, el analista

debería iniciar pensando

en un diagnóstico, no con

el objetivo de etiquetar al

niño, sino como pauta de

inicio para un análisis.

La información de la historia

familiar y del niño, que

brindan los padres en estas

primeras entrevistas, tiende

a ser sumamente

superficial, es información

que se irá completando

con el pasar del tiempo,

conforme se conozca más

al niño y su familia. No

siempre los padres dan

toda la información desde

el inicio, probablemente

cuando al analista conoce

al niño, éste también da

información que los padres

han omitido o preferido no

contar. Rodulfo lo explica

mejor cuando indica que

“en el trabajo con el niño

debemos realizar

intervenciones sobre – la

familia, el discurso familiar y

los padres. Si ello no se

hace el proceso se verá

obstruido”[3]. Recordemos

LÚDICA 12

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 2


Escritos

que, en el trabajo analítico,

no solamente se trabaja

con la patología con la que

se consulta, sino que se

debe indagar e investigar

toda la trama intersubjetiva

y generacional que ocurren

en el medio en donde se

desarrolla el niño. Algunos

contenidos se podrán

indagar fácilmente a través

de la comunicación con los

padres, mientras que otras,

que han sido “secretas” y

de las que es y ha sido

prohibido hablar, serán más

difíciles de explorar, y será

únicamente a través del

análisis con el paciente,

que se logrará tener acceso

a ellas. Incluso, las primeras

sesiones que se llevan a

cabo con el niño, forman

parte de las entrevistas

preliminares. Pues así como

el analista desea conocer a

los padres y cómo estos se

refieren del niño, también es

importante conocer a este

pequeño y permitir que él

exprese a su manera lo que

le está pasando. Lo que se

intentará es brindarle al niño

un espacio en donde logre

expresar todo aquello que

está vivenciando y que le

produce malestar. Es

importante saber que: “El

psicoanálisis con niños trata

de ayudar al niño a pasar

del grito, del acto y del

movimiento desordenado al

dibujo, al juego y a la

palabra” (Janin, 2011).

13 LÚDICA

No

sólo se requiere de la

presencia de los padres a lo

largo de las entrevistas

iniciales, sino también a lo

largo del análisis mismo.

Sandler, Kennedy y Tyson

(1996) lo expresan de una

forma más fácil de

comprender: “es menester

ver a los padres a fin de

asegurarse de que prestan

el apoyo emocional

necesario para que el hijo

continúe en el tratamiento;

y también porque los

propios padres tienen que

afrontar los cambios que se

producen en el hijo en el

curso del análisis y entonces

pueden necesitar la ayuda

que el terapeuta puede

brindarles”. Iniciar algunas

entrevistas con el pequeño

no necesariamente significa

que el tratamiento haya

dado inicio, ya que es en

principio un proceso de

conocimiento, en donde se

evalúa la gravedad del

caso y si es necesario que

éste inicie con un proceso

analítico. Por lo tanto,

después de una serie de

entrevistas preliminares, es

el analista quien decidirá si

es necesario que el niño sea

sometido a análisis o se

sugiera únicamente un

acompañamiento o

algunas sesiones

psicoeducativas a los

padres, para acompañar y

guiar el manejo de la

problemática.

Es importante comprender

algunos hechos del

desarrollo de todo niño.

Todo individuo, va

formando su aparato

psíquico desde el inicio de

su vida; es un proceso al

que se le irán integrando las

experiencias y vivencias

que vaya atravesando.

También Flesler (2007) lo

explica de una mejor forma

diciendo que parte de los

trabajos del analista, es

delimitar “no sólo el tiempo

del sujeto, sino

esencialmente los

destiempos y contratiempos

que expresan sus

padecimientos”[4].

Debemos tener en cuenta

que de acuerdo al

momento de constitución

subjetiva que el niño se

encuentre atravesando,

habrá conductas y

omportamientos que son

De lo que sí podemos estar seguros es que

los padres consultan por algo, si llegan al

consultorio es porque su hijo presenta “un

problema” o, lo que para ellos representa

un problema.

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 3


Escritos

completamente normales. En el

proceso de estructuración que el

niño va atravesando se irán inscribiendo

también aquellos momentos

que la madre y el padre se

encuentran atravesando en su

propio proceso de constitución y

subjetivación. Por eso mismo todo

aquello que sucede en casa y que

afecta a los padres, también

puede generar un efecto en el

niño, genera un padecimiento. Y

muchas veces los padres no

entienden qué es lo que está

pasando con su hijo, hasta que se

detienen a pensar y realizan que

también ellos (como familia) se

encuentran atravesando un

momento difícil. El que el analista

sea capaz de localizar el momento

estructural que se encuentra

atravesando el niño es vital ya

que, permitirá saber hacia dónde

orientar las intervenciones en el

análisis y así, guiar la cura. Así, es

obligación del analista saber lo

que hace; “las intervenciones del

analista tienen brújula y timón” (Flesler,

2007).

Si los padres llevan a un chiquito a análisis,

deben de ser capaces de explicarle la

razón por la cual acudirá a tratamiento.

Muchos niños llegan al consultorio

pensando que irán a “jugar” o “aprender”,

pues esto es lo que sus padres les han

dicho; muchos otros llegan pensando que

la analista es una “maestra” o “una

amiga”. Incluso, los padres inventan

explicaciones pensando que el término

“analista o psicólogo” puede asustar a su

hijo, pensar que está loco o, tal vez a ellos

mismos les asusta. En la clínica, cuando he

preguntado a algunos niños si saben a lo

que yo me dedico o qué vienen a hacer a

la clínica responden: “sí, mis papás dicen

que usted es una maestra que me va a

"The Olivers" de Ian Jacobo Liska

enseñar cosas nuevas para ser mejor” o

“mis papás dicen que aquí voy a jugar”.

Es posible que ni los padres sepan qué es lo

que hace el analista, cómo hace su

trabajo y de ahí el porqué no saben

explicarle a su hijo a qué irán. Entonces,

desde las entrevistas con los padres se les

debe aclarar que expliquen a su hijo a

dónde va, con quién irá y porqué lo hará.

La clínica no es un espacio para divertirse,

es más bien un lugar donde el niño llegará

a trabajar. Es cierto, que el trabajo se hará

a través del juego, dibujos y demás, pero

esto no quiere decir que el niño vendrá (va

“jugar y divertirse”. No es tampoco un lugar

a donde el niño irá cada vez que “tenga

LÚDICA 14

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 4


Escritos

Se necesitará

saber qué es lo

que lleva a los

padres al

consultorio,

cuánto tiempo

ha pasado

desde el inicio

de los síntomas

y el momento

de la consulta,

toda la

información que

pueda

contribuir a

comprender

mejor la

supuesta

problemática;

lo anterior, no

hará más que

ayudar al

proceso

analítico.

15 LÚDICA

ganas” o que dejará de ir

porque ¨hoy no quiero”. El

compromiso al análisis, lo harán

tanto los padres como el niño.

Tomando en cuenta esto, es

evidente que desde el inicio se

debe de establecer un

encuadre, el cual tendrá que

ser respetado por los padres.

Así también, el analista deberá

ser firme con las indicaciones

que les da. Muchas veces

sucede que, después de un

tiempo de tratamiento, los

padres inician a excusarse y a

llevar al hijo cuando ellos

“tengan tiempo”; o tienden a

cambiar los horarios para que

éste se adapte a los suyos.

Como analistas, habrá que

tener una combinación de

firmeza y sutileza para dejar las

reglas del tratamiento claras

desde el inicio del mismo. Lo

anterior no es fácil, ya que en

la clínica, llegamos a

enfrentarnos con padres y

niños diferentes.

El trabajo en la clínica de niños

no es igual al trabajo con

adultos, debido a que los

adultos poseen más

desarrollada la capacidad del

lenguaje, lo que les permite

expresarse más fácilmente con

el analista. Mientras que los

niños, quienes muchas veces

no logran formular a través del

lenguaje, necesitan expresarse

a través de otras formas, que

se adecúen a su edad y

capacidades. Por esto, con el

niño, el trabajo es distinto; se

busca que logre expresarse de

una forma que le resulte

cómoda, es decir, a través de

juegos, dibujos, cuentos,

sueños, entre otras. Utilizando

estas formas de trabajo,

logramos escuchar al niño,

saber qué le está sucediendo,

desde su perspectiva. Este

trabajo permitirá ir abriendo

caminos a lo que le está

sucediendo al pequeño y

también, a todo aquello

desconocido para su familia y

para el analista. En análisis, se

irá construyendo a través del

material que el niño exprese y

también de lo que se logre

recopilar de los padres y de las

personas cercanas al

pequeño. Además de la

comunicación con los padres,

el analista, también debe

tomar en cuenta que de ser

necesario, el medio en el que

se mueve el pequeño puede

necesitar ser modificado. Esto

con el fin de que el ambiente

se encuentre, en la medida de

lo posible, en armonía con los

objetivos terapéuticos (Sandler,

Kennedy y Tyson, 1996). Es un

trabajo en conjunto que

deberá seguir ciertos

lineamientos para que se logre

un trabajo adecuado y

finalmente, una cura.

Es fundamental que al trabajar

con niños, el analista logre

formar un encuadre

adecuado que favorezca el

trabajo en la clínica. Será de

gran ayuda mantener siempre

comunicación con los padres y

continuar comprendiendo

mejor la dinámica que sostiene

a la familia que acude. De

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 5


Escritos

igual manera, el trabajo con

niños debe mantener cierta

disciplina, de manera que

se establezca un horario y

un día o días específicos

para acudir al tratamiento.

Los niños, también podrán

saber que lo que hacen en

análisis es para su propio

beneficio y llevará a mejorar

la situación en la que se

encuentran inmersos. Será

muy difícil hacer un trabajo

adecuado en análisis con

un niño, si los padres no se

encuentran en total

disposición para colaborar

con el mismo. Como

analistas, debemos de ser

capaces y, suficientemente

éticos, para lograr

establecer un ambiente de

trabajo adecuado, en

donde no se continúe

perjudicando al niño.

Como parte del trabajo

analítico, se debe mantener

un contacto continuo con

los padres, nunca

perdiendo de vista que el

niño es el paciente a tratar.

Lo anterior se realizará con

el fin de promover el trabajo

intersubjetivo de los

miembros de la familia que

se encuentra aquejada, en

pro del trabajo con el niño.

El trabajo analítico deberá

así centrarse en el niño y no

en los padres que consultan

por él.

[1] Janin, B (2011) El

sufrimiento psíquico en los

niños. (p.15)

[2] Punta Rodulfo, M. (2005)

La clínica del niño y su

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[3] Punta Rodulfo, M. (S/F)

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Facultad de Psicología,

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nos_adolescentes/material/borrad

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Sandler, J., Kennedy, H., & Tyson, R.

(1996). La técnica en psicoanálisis

de niños: Conversaciones con

Anna Freud. Barcelona: Gedisa.

Pues así como el analista desea conocer a los

padres y cómo estos se refieren del niño, también

es importante conocer a este pequeño y permitir

que él exprese a su manera lo que le está

pasando.

LÚDICA 16

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 6


Escritos

Disociación a La Luz del

Psicoanálisis: Análisis de un Caso

de Trauma Complej o

Marta Casas

y

Michelle

Contreras

El siguiente artículo presenta el caso clínico de

una paciente [1] guatemalteca con síntomas de

disociación. La primera parte presentará una

revisión de literatura psicoanalítica, psicológica, y

psiquiátrica que abordan el tema de disociación.

A continuación se presentará una sección que

resume el estado actual del concepto de

disociación en la literatura psicoanalítica.

Finalmente, las autoras presentarán un caso

clínico que ilustrará los conceptos planteados.

El tratamiento de los trastornos disociativos

requieren de una exploración de las

distorsiones que ocurren en la experiencia

de ser (Chefetz, 2000). Esto es cierto tanto

para el paciente como para el terapeuta

[2] o analista que trata síntomas de

disociación. Los criterios diagnósticos para

dicho desorden, contenidos en distintas

taxonomías clínicas, como los del Manual

Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM,

por sus siglas en Inglés) (American

Psychiatric Association, 2000­2006), proveen

limitada información en cuanto a la

dirección de tratamiento con pacientes

que presentan esta condición. Es más, la

mayoría de practicantes se abstienen de

tratar a personas que presentan

disociación como síntoma principal. Las

razones que contribuyen a ello oscilan

entre dos posiciones extremas: la de

aquellos psicoterapeutas que creen no

poseer el entrenamiento especializado que

necesitarían para tratar disociación, y la de

otros psicoterapeutas que temen ser

17 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 7

juzgados por la comunidad profesional por

tratar una condición que ha sido objeto de

un alto grado de atención por parte de los

medios de comunicación, de manera

negativa y distorsionada, contribuyendo a

la mitificación de la condición.

Contradiciendo ambas posiciones, Chefetz

(2000) enfatiza que el conocimiento

necesario para tratar disociación, no es ni

muy especializado ni tampoco difícil de

comprender. Plantea además, que la

terapeuta no tiene que abandonar su

orientación teórica central para tratar

disociación, sino adquirir una perspectiva

adicional que le ayude a comprender los

efectos profundos que las experiencias

traumáticas pueden tener en el Yo del

individuo. Chefetz y Bromberg (2004)

plantean una metodología de tratamiento

para pacientes con disociación que luego

será explicada en este artículo a la luz de

un caso clínico.

La Disociación en el Trabajo Clínico

Chefetz (2000) recuerda al lector que la

persona que padece de un trastorno de

disociación, no tiene personalidades


Escritos

múltiples. Por el contrario, las personas que

presentan síntomas de disociación luchan

por tener una sola personalidad. Entender el

contexto particular donde se da la

disociación, o las condiciones que se

interrelacionan para que se de este

síntoma, es de central importancia para el

tratamiento. Es decir, puesto que existen

muchos procesos que pueden afectar la

percepción de la experiencia, comprender

cómo sucede esto para cada paciente

será de central importancia para establecer

la dirección del tratamiento. En el caso de

experiencias traumáticas extremas, como

aquellas enfrentadas por la paciente cuyo

caso se plantea en este artículo, descritas

como casos de tortura física y abuso sexual

y psicológico crónico, la posibilidad de

disociarse en el momento en que estas

experiencias ocurren, puede ayudar al

individuo a continuar existiendo a pesar de

lo imposible que esto parece, así como a

disminuir la ansiedad y el dolor que

naturalmente despiertan dichas

experiencias en extremo adversas cuando

son recordadas.

incluso han señalado que en el caso de la

disociación, disciplinas como el

psicoanálisis, la neurociencia, y las ciencias

cognitivas convergen y se complementan

para explicar la fenomenología de dicho

síntoma, contrario a lo que ocurre con otros

síntomas, en donde dichas disciplinas se

contradicen (Anderson & Gold, 2003;

Bromberg, 2003; Chefetz, 2009).

En resumen, es claro que las experiencias

traumáticas extremas contribuyen a que el

Yo se vea en la necesidad de sacrificar

funciones esenciales tanto fisiológicas (Van

der Kolk, MacFarlene, & Weisaeth, 1996;

Yehuda, 1998) como también de identidad,

incluyendo su capacidad de conectar con

otros (Cole & Putnam, 1992; Herman, 1992;

Kluft, 1987, 2006; Putnam, 1995).

Psicoanalistas de distintas orientaciones

teóricas que han descrito sus experiencias

con pacientes que presentan síntomas

disociativos, concuerdan en que en estos

casos, las funciones del Yo son las más

afectadas (Arizmendi, 2008; Bromberg, 1995;

Bucci, 2011; Chefetz, 2008; Davies y Frawley,

1994; Greer, 1994; Harlem, 2010; Naso, 2007;

Schwartz, 1994; Stein, 2012; Stern, 1997;

Stolorow, 2003), planteando que el acceso

a material inconsciente será un reto mayor

para los pacientes que presentan

disociación . Otros autores psicoanalíticos

Teoría Psicoanalítica y Disociación

de http://youcure.me

El caso de Anna O., quien fue paciente de

Joseph Breuer y uno de los más citados

ejemplos clínicos que Freud utilizó para

explicar el curso de la histeria, hoy en día

sería probablemente diagnosticado por

clínicos contemporáneos, como un caso de

disociación (McWilliams, 2011). Esta autora

plantea que Freud probablemente no

desarrolló el concepto de disociación

puesto que se dedicó a explicar los efectos

que las fantasías tenían sobre el desarrollo

del individuo y, como resultado, dejó al

margen los efectos de los trauma(s) reales.

LÚDICA 18

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 8


Escritos

Un estudio de los efectos de traumas como

el abuso sexual, indudablemente hubiera

llevado a Freud a incluir la disociación

como un síntoma central en respuesta a

las experiencias traumáticas.

Muchos autores después de Freud han

explicado la disociación como una

función primaria psíquica y enfatizan la

importancia de distinguirla de la represión

(Sharff y Sharff, 1994). Estos autores

describen la distinción entre represión y

disociación que estableció Valliant (1990,

citado por Sharff y Sharff, 1994), quien a su

vez se basó en las diferencias que delineó

Anna Freud. Este autor explica que el

termino represión, tal como fue explicado

por Freud, es el mecanismo que altera el

contenido que produce conflicto en el

individuo. Sin embargo, aún cuando la

represión deposita el contenido en el

inconsciente, logra preservar los afectos

relacionados al contenido en la vida

consciente. La disociación por el contrario

sirve para alterar un estado afectivo y así

evita el sufrimiento emocional. En la

disociación el individuo puede alterar su

sentido de identidad e incapacitarse para

percibir su situación actual. Fairbairn (1927,

1935, 1943b, citado por Sharff y Sharff,

1994), a diferencia de Freud, se dedicó a

tratar casos de abuso sexual y neurosis de

guerra, además de los casos de neurosis

histérica que atendió. Estos casos lo

llevaron a estudiar el fenómeno disociativo

y le ayudaron a establecer diferencias

claves entre este mecanismo y la

represión. Fairbairn, conceptualizó la

disociación como el mecanismo general y

la represión como mecanismo específico y

explicó que la disociación podía utilizarse

para descartar material irrelevante,

incompatible y desagradable. En el caso

19 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 1 9

de éste último, podía resultar

desagradable ya fuera por su contenido, o

por los impulsos inaceptables que se

despertaban en el Yo como resultado de

contenidos desagradables. Para este

autor, la represión se daba cuando el

contenido disociado era desagradable.

Fairbairn desarrolló aún más el concepto

de disociación hacia el final de su carrera.

Explicó que en casos de trauma severo,

como los que él trató, se daban escisiones

extremas del Ego que también incluían

procesos de represión. Este autor anotó

que el énfasis que el psicoanálisis le había

puesto al proceso de represión, había

alejado a esta disciplina de la posibilidad

de llegar a un conocimiento mayor de los

procesos de disociación en el trabajo

clínico.

Hilgard (1986, citado por Scharff y Scharff,

1984) asimismo aludió a las diferencias

entre la represión y la disociación. Para

este autor, el material disociado se hace

accesible en el trabajo clínico por

dirección del terapeuta; a lo reprimido,

por el contrario, se accede por inferencia.

El autor agrega que, mientras en el caso

de la disociación, existe una barrera

vertical que impide el intercambio de

memorias entre los diferentes estados de

conciencia, en el caso de la represión

existe una barrera horizontal que separa

estados de consciencia e inconsciencia

para defenderse de impulsos inaceptables

"la persona que padece de un

trastorno de disociación, no tiene

personalidades múltiples. Por el

contrario, las personas que presentan

síntomas de disociación luchan por

tener una sola personalidad"


Escritos

Diagrama 1: Barreras de Represión y Disociación Según Hilgard

(ver diagrama 1, barreras de disociación

y represión según Hilgard).

McWilliams (2011) plantea que en la

actualidad, un sector grande de la

comunidad psicoanalítica ha permitido

la entrada del concepto de disociación

puesto que se acomoda naturalmente a

varios constructos teóricos de la práctica

psicoanalítica. La autora señala que la

idea de que existan en el sujeto

personalidades fuera de la conciencia

como el resultado de la exposición a

trauma(s), no dista mucho de las ideas

fundamentales que se tienen del

inconsciente. Además, dado que

pueden pasar meses, o incluso años,

para que un paciente revele, por medio

de sus síntomas o por comunicación

verbal, al terapeuta acerca de sus

experiencias de disociación, un

tratamiento de larga duración como el

psicoanálisis tendrá mayor probabilidad

de observar dichos fenómenos, a

diferencia de otros terapeutas que

trabajan con modelos de duración

breve. McWilliams explica que los

psicoanalistas que se identifican con el

movimiento contemporáneo relacional

como Davies y Frawley, Bromberg,

Boulanger, y Stern, entre otros, son los que

más se han dedicado a formular el

concepto de disociación dentro de un

marco psicoanalítico. Dichas teorías

conceptualizan el espacio analítico de

manera intersubjetiva, es decir que

toman en cuenta las producciones

inconscientes y conscientes tanto del

paciente, como del analista, y luego

estudian cómo estas interactúan y se

influyen mutuamente en el espacio de

tratamiento. Puesto que la disociación es

un síntoma que comúnmente despierta

reacciones contra­transferenciales, tanto

a nivel fisiológico (sueño intenso en el

terapeuta) como también de compasión

(fantasías de rescate), entre muchas

otras, modelos psicoanalíticos que

incluyen un marco que conceptualiza al

analista como parte integral del

tratamiento se prestan de manera

natural para trabajar con disociación. Sin

embargo, ello no significa que otras

posturas psicoanalíticas no puedan

adaptarse para integrar fenómenos

disociativos. Lo central es que el

tratamiento incluya un marco que

permita la apreciación cuidadosa de los

procesos que ocurren en cada momento

LÚDICA 20

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 0


Escritos

de la terapia tanto para el paciente, como

para el psicoterapeuta (Chefetz, 2000).

Caso Clínico

Muchas veces cuando Julia se levanta, no

se sabe quién es, ni dónde está. Entonces

enfoca su atención en una gráfica que

tiene frente a su cama, con su nombre

escrito en su puño y letra; su nombre es lo

único que ella sabe escribir, ya que Julia es

analfabeta. Julia repasa su nombre y

empieza a reconocerse. Cuando

finalmente se reorienta, es capaz de

pararse de su cama y empezar la jornada

diaria. Una jornada llena de momentos en

los que Julia se desconecta de lo que la

rodea, lo cual la mantiene en un estado

permanente de incertidumbre: la comida

se le quema, porque olvida que puso algo

en el fogón; no se toma sus medicamentos

y falla a sus citas médicas porque olvida

que debe hacerlo; llega hasta la última

estación del tren sin saber cómo llego allí

porque se desconectó durante el recorrido

y olvidó bajarse en la estación correcta. En

un permanente esfuerzo no consciente por

olvidar, Julia ha logrado por muchos años

sobrevivir al horror de su pasado, pero a la

vez se ha mantenido inmersa en éste,

porque no lo puede procesar ni darle

sentido.

La historia de vida de Julia, una indígena

guatemalteca maya­quiché, quien habla

español como su segunda lengua, es una

historia de trauma múltiple que empieza

desde muy corta edad, con abuso severo

a manos de su madre y que continúa sin

respiro a lo largo de su vida, a manos de

múltiples perpetradores, en un contexto de

violencia intra­familiar, social y política, del

que finalmente logra escapar. Julia

21 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 1

de http://visuallearning.blogspot.com/2007

/06/dissociative­identity­disorder.html

logra escapar físicamente, pero no

psicológicamente. Se mantiene atrapada

en un estado de “No Ser” [3] , para evitar

recordar quién fue y enfocarse en quien

hoy es. Paradójicamente, ese ser actual de

Julia, es un ser fragmentado, que evita

recordar.

Ese estado permanente de No­Ser de Julia,

le ha permitido sobrevivir a su propia

historia, sin ser capaz, hasta la fecha, de

enfrentarla. La presentación clínica de

Julia abarca casi todo el espectro de

estados disociativos: se inicia con una

amnesia disociativa de nueve meses de su

vida que aparece cuando, a los 19 años,

es testigo de la tortura y asesinato de su

hermano y que termina cuando es testigo

de la tortura y asesinato de su padre,

ocurriendo ambos sucesos en el mismo

lugar y a manos de los mismos

perpetradores. Su disociación reaparece

cuando escapa a los EEUU y trata de iniciar

una nueva vida, utilizando su segundo


Escritos

nombre y borrando su primer

nombre, en un intento por crear

una nueva identidad, en algo

que podría equipararse a una

fuga disociativa, aun cuando no

lo es, ya que Julia lo decide

como un acto consciente. En la

actualidad, su disociación se

manifiesta en los eventos de la

vida diaria ya descritos

anteriormente, y a veces ese

estado de no­ser (o estado de

No­Yo, en términos de Bromberg

& Chefetz, 2004) puede durar

hasta 12 horas, cuando algún

estímulo interno o externo lo

desencadena. Pero en donde

es más evidente su disociación,

es en la increíble capacidad de

Julia para narrar su trauma en un

marcado estado de

desconexión afectiva. Julia es

capaz de hablar por horas ­sin

descompensarse­ acerca de

todos los horrores que ha

enfrentado en su vida,

precisamente porque no liga su

narrativa a ningún afecto. Su

disociación es automáticamente

desencadenada como una

defensa central ante la

disregulación generada por

estados emocionales

abrumadores, que sobrepasan

la capacidad de Julia para

manejarlos.

La terapeuta encuentra

resonancia entre eso que ella

llama el estado de “no ser”

presente en Julia, con lo que

Bromberg y Chefetz (2004)

plantean como el “Yo” y el “Noyo”,

(Me and Not­me), estados

del Yo separados –a modo de

protección­ por disociación, en

dnde la existencia del No­Yo es

un requisito para la

supervivencia psicológica del

Yo, hasta que éste adquiere la

suficiente fortaleza para tolerar

lo intolerable, es decir, el trauma.

Es, en palabras de los autores,

“el sacrificio del Yo al servicio de

la preservación del Yo.”

Una sesión terapéutica con Julia

es una permanente alternancia

entre su Yo y su No­Yo. Cuando

Julia está presente, su

conversación se centra en su

supervivencia diaria, evitando

hablar de lo que no puede

tolerar, es decir, resistiéndose a

reconocer a la no­Julia. Es ahí

Julia quien habla, la Julia que ha

sobrevivido. Cuando es la no­

Julia la que está presente, su

conversación está desprovista

de todo afecto y, aunque

recuerde los hechos, no

recuerda las emociones ligadas

a estos. En ese momento es la

no­Julia quien habla en terapia.

Y es entonces cuando el trabajo

terapéutico, como plantea

Sullivan (1953, citado por

Bromberg & Chefetz, 2004), se

convierte en una relación

diádica no solamente entre el

analista y su paciente, sino

­fundamentalmente, en el caso

de Julia­ entre su Yo y su No­yo.

Y entonces la terapeuta se

pregunta: Al ser con Julia con

quien se desarrolla su

conversación terapéutica,

ayudándola a enfrentar su

angustiante vida diaria, ¿está la

terapeuta en realidad negando

el no­ser de Julia, ese no­ser que

está permanentemente

interfiriendo con su funcionamiento

diario? ¿O será

"las experiencias

traumáticas

extremas

contribuyen a

que el Yo se vea

en la necesidad

de sacrificar

funciones

esenciales tanto

fisiológicas como

también de

identidad,

incluyendo su

capacidad de

conectar con

otros"

LÚDICA 22

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 2


Escritos

"…cuando la represión deposita el contenido en el

inconsciente, logra preservar los afectos relacionados al

contenido en la vida consciente. La disociación por el

contrario sirve para alterar un estado afectivo y así evita el

sufrimiento emocional"

más bien que es este

esfuerzo permanente de

Julia por no reconocer ese

su No­ser lo que lo hace

más presente que nunca y

entonces, probablemente,

es con ese no­ser con

quien en realidad la

terapeuta sostiene una

conversación en terapia?

El trabajo terapéutico con

Julia se ha centrado, por

una parte, en garantizar un

espacio seguro que le

permita a su No­Ser

expresarse, dejándole

saber que la terapeuta

sabe de su existencia y está

en capacidad de

escucharlo, y al mismo

tiempo en relacionarse

fundamentalmente con el

Ser de Julia para

fortalecerlo y validarlo,

contribuyendo así al

proceso de integración. La

terapeuta guía el proceso,

23 LÚDICA

de forma que el Ser de

Julia vaya siendo capaz de

construir una narrativa de

su vida, integrando las

memorias traumáticas (el

No­Ser de Julia) con las no

traumáticas. Es, en

palabras de Bromberg y

Chefetz (2004), movilizar

lentamente a la paciente

desde una estructura

mental en donde las

narrativas están

organizadas de manera

disociada y fragmentada,

a otra donde ella es capaz

de situarse emocional y

cognitivamente en un

espacio localizado entre su

Ser y su No­Ser, en donde la

paciente pueda exponerse

al conflicto entre esas dos

partes, sin destruirse, lo cual

le permitirá finalmente

integrarlas. El esfuerzo

conjunto de la terapeuta y

la paciente ha sido el

explorar y reconocer lo

verbal y lo no verbal

expresado por Julia en

terapia, posicionándose en

ese estado intermedio,

para encontrarle sentido a

lo no dicho y convertirlo en

una historia verbal, narrada

por el Ser. Es un trabajo

lento, que lleva varios años

y que probablemente

tomará otros más, pero

que finalmente le dará voz

a la No­Julia y le permitirá

fusionarse con la Julia que

escogió sanar.

[1] La información de la

paciente ha sido

modificada de manera

rigurosa para proteger su

identidad.

[2] Las autoras utilizarán los

términos de

psicoterapeuta,

psicoanalista, terapeuta,

analista, practicante, y

psicóloga/o de manera

intercambiable

entendiendo que el

artículo está dirigido a

profesionales de diversas

disciplinas que

regularmente tratan

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 3


Novedades Escritos

síntomas psíquicos.

Además, el género para

referirse a dichos

profesionales también

variará a lo largo del

artículo.

[3] Las autoras utilizarán de

manera intercambiable los

términos Ser y No­Ser como

equivalentes a los términos

Yo y No­Yo (Me and Not­

Me) utilizados por Bromberg

y Chefetz (2004).

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"¿…está la terapeuta en realidad

negando el no­ser de Julia, ese no­ser

que está permanentemente

interfiriendo con su funcionamiento

diario? ¿O será más bien que es este

esfuerzo permanente de Julia por no

reconocer ese su No­ser lo que lo

hace más presente que nunca y

entonces, probablemente, es con ese

no­ser con quien en realidad la

terapeuta sostiene una conversación

en terapia?"

Yehuda, R. (1998).

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Psychoneuroendocrinology, Vol. 21,

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25 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 5


Escritos

El Psicoanálisis

Abriendo Fronteras

El psicoanálisis de vanguardia en el que vengo

trabajando sostenidamente ha dejado atrás

oposiciones de tipo metafísicas propias del

positivismo del siglo XIX. En razón de ello intento

romper, una vez más en este texto con el

binarismo oposicional entre psíquico/somático,

genético/ambiental, inteligente/retrasado,

etcétera; todo ello en el contexto de un

tratamiento con una niña afectada por un

trastorno del desarrollo: Síndrome del X frágil.

Intervenciones tempranas, tanto en trastornos del

desarrollo como en patologías, que de seguir su

curso, afectarían en mucho la subjetividad del

“cachorrito humano” es una posición que se

sostiene en una ética que apunta al “porvenir”.

Algunas diferenciaciones

indispensables

La relación del psicoanálisis

con el juego y su interés, al

menos desde Winnicott, por

pensar a fondo su estatuto

teórico está muy distante

del campo de las

ludoterapias en general. En

primer lugar porque va

mucho más allá de una

utilización meramente

técnica del juego para una

cura. En segundo término

porque el psicoanalista no

coloca el juego ni debería

colocar ningún otro

elemento en el centro de

una cura, pues para él en su

práctica: juego, dibujo y

relato verbal interactúan en

pie de igualdad.

Finalmente, cuando el

psicoanálisis piensa, piensa

en el jugar como actividad

subjetivante y en la

cualidad lúdica que

impregna los más diversos

procesos psíquicos, más que

en el juego concreto

propiamente dicho. Por

ejemplo, el psicoanalista

estará atento a la

importancia de que el

“jugar” como cualidad

impregne los procesos de

aprendizaje, pero se

cuidará muy bien de reducir

éstos a un juego o de hacer

del juego un centro de

gravedad de cuanto

Marisa

Punta

Rodulfo [1 ]

proceso psíquico haya que

estudiar... De manera que la

superposición entre un

psicoanalista de un

ludoterapista está limitada

a un pequeño segmento de

su actividad, tanto más

cuanto el psicoanalista no

limita la problemática del

jugar a la niñez, pues la

dimensión lúdica para él es

cosa que abarca el

conjunto de la existencia

humana, por lo tanto el

psicoanálisis de adultos. Si

Melanie Klein se centró

sobre todo en habilitar una

LÚDICA 26

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 6


Escritos

técnica de juego para trabajar con niños

que pudiera equivaler a la asociación libre

verbal eso fue sólo el primer paso de un

movimiento histórico que llevó al

psicoanálisis a una concepción más

amplia y profunda respecto de las

funciones del jugar en la existencia

humana. No hay que olvidar por otra

parte, que a diferencia de las posiciones

ludoterapéuticas, el psicoanálisis se ha

cuidado de no idealizar el juego, pues le

consta por su propia práctica que el juego

puede enfermar y estereotiparse en

callejones sin salida como cualquier otra

actividad subjetiva. Por lo tanto sería

equivocado hacer de él una panacea

que podría remediar por sí sola todos los

males y dificultades de la vida.

Especificidades de la clínica con niños

Si Freud le dio tanta importancia a los

primeros encuentros con el paciente

adulto como para parangonar este

tiempo con las aperturas en el ajedrez,

cuya extrema diversidad es bien

conocida, esta complejidad no hace sino

intensificarse notablemente cuando se

trata de la consulta por un niño, pues

muchas cosas dependen de un comienzo

adecuado y no pocas veces se malogra lo

que hubiera sido un tratamiento posible si

el analista yerra en sus tácticas. Otras

veces, una concepción mecánica de

apertura lleva a iniciar un tratamiento sin

justificación clínica suficiente.

Sin duda es en vista de tales

particularidades que, autores de la talla

de Francoise Doltó [2] , sostienen que, la

complejidad al acercarse a un niño o a un

adolescente y su grupo familiar es de tal

magnitud, se movilizan y se despliegan allí

27 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 7

tales entrecruzamientos transferenciales,

que es deseable para el analista que

trabaja con niños tener una formación

intensiva previa en la práctica con adultos

[3].

De hecho como bien lo subraya Diego

García Reinoso “la consulta por un niño la

realizan los padres, en todo caso un

adulto” [4]. “Antes de existir para sí mismo

existe por y para los otros”, nos va a decir

más adelante y tomando palabras de

Winnicott ­he de agregar­, “que una

descripción emocional de una

subjetividad no puede hacerse sólo en

términos de éste, sino que la conducta del

ambiente es parte del desarrollo personal

del individuo y por lo tanto hay que

incluirla”.

Ricardo Rodulfo [5] nos va a decir en

relación a lo que vengo desarrollando que

“la cuestión de qué es un niño, en qué

consiste un niño conduce a la prehistoria,

no solamente en el sentido de los primeros

años de la vida que luego sucumben a la

amnesia infantil según Freud, esto es bien

conocido y su importancia sigue vigente.

Pero a partir de los años cincuenta

Winnicott en Inglaterra y Lacan en Francia

inauguran una nueva dimensión con la

cual la anterior queda enriquecida.

Cuáles son las características del medio

mítico al cual el niño ingresa y que lo

precede aún mucho antes de su

nacimiento, en qué consiste esa trama

particular que constituye ya no sólo su

historia singular sino la prehistoria en

relación a las generaciones anteriores[…]

o en otros términos la importancia del mito

familiar”…. A la vez, este espacio sutil al

que adviene el niño es tan importante

como el aire que respira; no sólo se

apuntala en lo biológico para ser, no es

sólo de la leche de lo cual va a depender

su existencia, sino que su existencia

subjetiva emergerá en ese espacio sutil, no

sustancial.


Escritos

"Si un niño no escribe su propia

historia, no accederá al

conocimiento de sí mismo ni podrá

situarse en su genealogía ni en su

comunidad."

Lo primero que debemos tener en cuenta,

dice Ricardo, es que el mito individual no

es fácilmente visualizadle, […] “para poder

reconstruirlo el analista deberá tomarse no

sólo mucho tiempo sino a la vez mucho

trabajo de reconstrucción […] lo

extraemos a trozos, no bastan las primeras

entrevistas, pero a la vez es inconducente

pronunciarse acerca de la necesidad o no

de comenzar un tratamiento sin tener una

noción aproximada de los rasgos

principales de ese mito familiar”…

En esta dirección Diego García Reinoso

nos habla de “escritura transindividual,

esas escrituras que el otro graba en el niño

pequeño son como textos”.

Si un niño no escribe su propia historia, no

accederá al conocimiento de sí mismo ni

podrá situarse en su genealogía ni en su

comunidad. Las enfermedades de la

memoria tienen efectos desastrosos para

el psiquismo humano. Nuestra práctica

analítica nos enfrenta día a día, sobre todo

en el campo de las psicosis, con las

consecuencias trágicas del olvido del

pasado. Una diferenciación conceptual

indispensable es la que traza Micheline

Enriquez en relación a las distintas

relaciones entre memoria y olvido “...1)

“Una memoria no rememorable,

inmutable, repetitiva, inalterable frente al

paso del tiempo y que se presenta bajo la

forma de una amnesia desorganizada, no

ligada; 2) una memoria olvidosa, una

amnesia organizada en transformación

incesante, que se contradice se reescribe

se borra y resurge, se inscribe en la

temporalidad, es trabajada por el

fantasma, el pensamiento, la

interpretación...” [6] . La memoria no

rememorable es a la vez inolvidable, y está

constituida por impresiones tempranas

teñidas o padecidas por el bebé que

tienen un influjo decisivo sobre la actividad

psíquica ulterior. Esta memoria si bien

pertenece al pasado es incognoscible

como tal y no puede ser recuperada por

el propio sujeto afectado sino a través del

rodeo por otra persona.

Diego siguiendo a Kristeva dice “estamos

habitados por textos…somos como

archivos. Estos textos provienen de otros,

son deseos de otros donde se articulan

nuestros deseos creando a la vez nuevos

textos. La intersubjetividad es a la vez

intertextualidad y escritura de nuestra

subjetividad”. Pero no debemos entender

el “archivo” como algo del orden de lo

accesible, o sea si bien hay trozos de la

historia familiar que se “narran’ como

historias coherentes presentadas al niño

con elaboraciones secundarias, hay trozos

“olvidados” casi no trabajados por el

proceso secundario y otros “sepultados” o

verdaderamente encriptados al decir de

Torok Tisseron y Abraham [7]. A su vez

estas conceptualizaciones, en torno a que

“estamos habitados por textos y

escrituras", que Diego y también Ricardo

toman de Kristeva y de Derrida se vinculan

directamente con el de huella o traza de

Freud, tal como aparece en “El Block

maravilloso” escritura indeleble grabada

sobre la cera. Allí permanecen los textos.

Pero de ninguna manera debemos

simplificar tan importante aporte

reduciéndolo a un neoambientalismo, ya

LÚDICA 28

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 8


Escritos

que estamos frente a un

problema complejo. El

mito familiar remite a la

prehistoria, pero la misma al

reescribirse es siempre

transcripción. Este es el

espacio al que el niño

adviene, pero no como

tabula rasa, ya que a la

vez es impredecible lo que

el niño mismo pueda

metabolizar del medio,

recordemos la importancia

de los conceptos de

espontaneidad en Winnicott

y de metábola en

Laplanche en tanto el niño

tiene una actividad propia

y que a partir de su

espontaneidad siempre

podrá emerger lo nuevo de

lo nuevo, siempre podrá

existir una nueva escritura.

Pero no es lo mismo un

contexto mítico en que los

significantes que encuentra

un niño son significantes a

partir de los cuales podrá

construir una subjetividad

saludable que encontrar un

medio mítico que lo ataca

en lo más vital de su

espontaneidad

reduciéndola en grado

extremo. Winnicott

diferencia entre: Un medio

que puede interferir,

interrumpir. Un medio que

choca. Un medio que

ataca, como el de Tom, al

cual le dedico el capítulo

octavo de mi último libro

[8]. En el mito familiar

29 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 2 9

estaba escrito que todos los

hombres o se suicidaban o

terminaban locos

internados en un

psiquiátrico o como linyeras

(vagabundos,

abandonados). Desde

pequeño su papá al

referirse a él, lo llamaba

Marita, cuando llega a la

consulta tiene pánico a la

homosexualidad porque se

masturba travestizado. El

núcleo duro es que no se

trata de una problemática

de elección de objeto

homosexual, sino una

problemática propia del

narcisismo; al ser una mujer:

Marita supuestamente

logrará salvarse del destino

trágico de los hombres de

la familia que lo

precedieron.

Por todo lo que vengo

sosteniendo actualmente:

no pensamos que analizar a

un paciente de cualquier

edad se limite a reunirse

con él, conocer sus

fantasías y tratar de captar

su inconsciente. No porque

ello no tenga enorme valor,

pero es absolutamente

insuficiente si no podemos

reconstruir en qué medio

está implantado, qué mito

respira, y qué significa en

esa familia ser padre o ser

madre a lo largo de por lo

menos tres generaciones

como bien queda

establecido a partir de

Lacan.

En el trabajo con niños, la

práctica siempre lo va a

llevar a tener algún tipo de

intervención sobre la

familia, el discurso familiar,

los padres; los mismos

hechos clínicos lo fuerzan

allí, a menos que prefiera

que esos factores obstruyan

su labor.

El material de Martina

En todo analista, toma un

tiempo procesar materiales

difíciles, que justamente por

serlo han dejado en uno

una huella imborrable.

Preguntas que no se

terminan de contestar

porque abren nuevos

horizontes de interrogación

no sólo a la propia

práctica, sino a la teoría en

la que la misma está

sustentada. Quizás por ello,

este material hubo de

esperar más de diez años

para “empezar a tener

estatuto de escritura”, así

como el de Catalina a

quien dejé de ver hace

más de quince años, sigue


Escritos

de Xul Solar

siendo un lugar de revisión

continua en su

procesamiento.

Las condiciones en que se

inauguró el trabajo con

Martina son peculiares y

tienen una fuerte impronta

del desarrollo del

psicoanálisis en la

Argentina, ya que el mismo

excede los límites

tradicionales para extender

sus fronteras mucho más

allá del consultorio privado

o del Servicio de

Psicopatología de un

Hospital, el psicoanálisis se

halla “inscripto en la

cultura”, y no sólo de clase

media intelectual, ni

siquiera de clase media,

sino que abarca a distintas

clases sociales atravesando

“fronteras”, es por eso que

una mamá aún en

condiciones de pobreza

extrema puede acercarse a

un “centro de salud” o una

“fundación” para solicitar

ayuda de un psicoanalista,

para su bebé o niño. Es en

estas situaciones donde el

consultorio de todos

nosotros extiende sus brazos

para abarcar cada vez

más una casuística

suficientemente amplia y

más variada que posibilite

no sólo convalidar nuestras

conceptualizaciones, sino a

la vez ponerlas a prueba

modificándolas, tal como es

tradición en el psicoanálisis

desde sus inicios. Toda

teoría no cuestionada pasa

a ser teoría muerta, dogma

establecido, religión no

confesional.

Dentro de este marco

recibo a Martina y su

familia: “un raro caso que

no aparece en los libros de

biología más que

excepcionalmente”… esto

es justamente uno de los

desafíos de la clínica en la

que estoy comprometida: el

de la singularidad, el del

“caso por caso”…

permitiendo que el

paciente interrogue a las

estadísticas, más que

reducirlo a las mismas con

el riesgo de producir daños

en su subjetividad en

cierne.

Realizado este pequeño

rodeo, hemos de

introducirnos en los

aspectos a considerar del

material de Martina: su

grupo familiar está

conformado por el padre:

Claudio de 26 años,

dedicado a la

construcción, la madre

Juana, de 25 años

empleada doméstica,

ambos pertenecientes a

clase media baja, y

Martina, la primogénita de

la pareja. Se pudo

establecer con posterioridad

que una niña del

primer matrimonio del

padre, padecía una

problemática de origen

biológico no especificado.

El trabajo clínico se realiza

en el marco de una

Fundación [9] que brinda

asistencia a personas

carentes de recursos para

afrontar un tratamiento y

que no tiene ninguna

cobertura de salud.

El trabajo de psicoterapia

psicoanalítica se desarrolla

teniendo una sesión por

semana con Martina y su

madre durante aproximadamente

un año, para

continuar a solas con

Martina por espacio de

cuatro años. Además se

llevan a cabo con los

padres entrevistas

pautadas quincenalmente.

A Martina la conozco a los

dieciocho meses, sin caminar,

sin hablar y profiriendo

gritos incontrolables. Llega

a mi consultorio acompañada

por ambos padres,

después de haber realizado

distintas consultas, sin respuesta

alguna. El

embarazo transcurre con

LÚDICA 30

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 0


Escritos

dificultades y amenazas de pérdida, la

mamá debe permanecer en reposo, el

parto es largo y trabajoso, naciendo la

niña con un Apgar bajo; la lactancia

debió ser interrumpida tempranamente

porque “lastimaba a su mamá” y a ésta le

sangraban los pechos; “esto contribuyó a

que no pudieran relacionarse bien en ese

momento”. Se trata de cosas conocidas

para nosotros los psicoanalistas y

rápidamente tendemos a darle una mera

explicación analógica no psicoanalítica y

creer que solucionamos rápidamente el

problema. Enseguida uno podría pensar

que hay muchas dificultades en esta mujer,

(que además venía de una relación muy

complicada y a la vez de extrema

dependencia con su madre) para aceptar

el nacimiento de su primera hija; y así

rápidamente podría darse por cerrada la

“acusación” en lugar de un diagnóstico

preciso y que ocluyera todo cuestionamiento

posible en torno a la misma.

Como ya hemos dicho, desde la primera

entrevista se pone de manifiesto que

Martina siempre fue una niña difícil de

llevar, gritaba sin que se la pudiera

calmar, su cuerpo estaba en estado de

tensión permanente. Como gritaba tanto y

cada vez que la mamá se acercaba tenía

el reflejo contrario al del abrazo, es decir,

arqueaba su cuerpo hacia atrás. ­aspecto

ya desarrollado en distintos textos

psicoanalíticos: en lugar de acceder el

niño al regazo materno se vuelca hacia

atrás con un reflejo negativo­; esto

interfería en mucho la relación de ambas.

Además, de la problemática propia de la

niña, esta madre, a quien debemos

“sostener” mucho, en el sentido que

Winnicott da al concepto de holding. Al

sentirse impotentizada por los referentes

familiares femeninos, que en lugar de

31 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 1

sostenerla en su función la descalificaban,

empezó a delegar la crianza en su propia

madre, a alejarse, sintiéndose rechazada

por la bebé. Cada vez que Juana se

acercaba corporalmente, la niña sólo era

capaz de proferir gritos. Esto no ocurre

solamente con su mamá sino que en el

consultorio es una beba que evidencia

una marcada dificultad para que el

adulto se relacione con ella por presentar

fallas en la propia capacidad para la

interrelación.

Sería importante enfatizar que esta

consulta llega tarde, ya que hubiera

resultado más efectiva en el primer

trimestre del nacimiento. Desde mi propia

experiencia, este hubiera sido el momento

más propicio para la intervención por

parte de un analista, justamente para

trabajar en la interrelación madre/bebé:

en primer lugar para poder renarcisizar a la

madre ayudándola a no “cargar con la

culpa” de ser una “madre mala” que

imposibilita la relación con la niña y a la

vez ubicar a ambos padres en la

problemática de Martina. Nada de eso

ocurrió, como en muchos otros casos de

niños afectados por trastornos del

desarrollo, en prematuros, etcétera; no se

les brinda a los padres los “soportes”

necesarios para conocer al bebé, aspecto

que produce un efecto “dominó”, la

dificultad desde el lado del bebé para la

interrelación, daña profundamente la

constitución de la “capacidad para la

ésta”. Mientras tanto nos encontramos con

padres muy angustiados sin saber qué

hacer ni a quién recurrir, ya que en las

consultas realizadas se enfatiza la

ansiedad de los padres arrojando sobre

ellos una sentencia culpabilizante. Con

todo lo anterior se crea un circuito donde

los padres, más específicamente la madre,

al no obtener respuesta de la bebé se

distancia de la misma, reforzando un

estado de aislamiento que a la vez

produce consecuencias nefastas.


Escritos

Cuando la conozco y considerando su

edad, Martina pasa demasiado tiempo en

la cuna, único sitio en el que podía conciliar

el sueño. No podía dormir en brazos

maternos ni en ninguna otra parte, lo cual

reduplicaba su aislamiento. Martina fue

derivada de inicios a una terapeuta

ocupacional ya que el neuropediatra

diagnosticó, “síndrome de no integración

sensorial”.

Desde las primeras entrevistas con los

padres detecté la gravedad del cuadro

pero disentí del diagnóstico que se había

realizado previamente. Cuando insisto en

comunicarme con el neuropediatra, al

transmitirle mis impresiones diagnósticas,

cambia rápidamente el “rótulo”, en el

contexto mismo de un intercambio

telefónico y entonces la ubica prontamente

en lo que llamo “esa bolsa de gatos” que

constituye el Trastorno Generalizado del

Desarrollo. Hasta ese momento no había

recibido la indicación de un estudio

genético, elemento fundamental en el

diagnóstico diferencial y que fue realizado

por indicación propia, no sin encontrar

resistencias del entorno profesional.

Especialmente en estos casos más que en

otros se nos impone el modelo multifactorial

de las tres series suplementarias, ya que

evaluar en su dimensión exacta el peso

tanto de lo genético como de lo congénito

hacen al diagnóstico diferencial. Esta niña

gritaba y lo hacía en una forma que no era

llanto, es un grito­aullido, sin musicalidad: un

grito desesperado. No tenía locomoción, no

gateaba, no podía cambiar de posición

por sí misma, aspectos todos que fueron

modificados en el curso del trabajo. Por

ejemplo si estaba sentadita en el suelo no

podía inclinarse para gatear, esto que es

tan cotidiano para los niños. No podía asir

objetos en general, sus manitos eran

hipotónicas, mientras que el resto de su

cuerpo se caracterizaba por el predominio

de la hipertonía...

"Después de un trabajo sostenido

durante seis meses su rostro empezó

a verse distinto al haber disminuido

su monto de angustia, por otra parte

pasó a estar mucho más conectada

y vivaz"

Martina tiene una mirada vivaz, además es

una niña que como ya dije, no presenta

malformaciones físicas. Ambos padres, al

sentir que un profesional podía escuchar su

sufrimiento empezaron a modificar su

relación con la niña. Después de un

trabajo sostenido durante seis meses su

rostro empezó a verse distinto al haber

disminuido su monto de angustia, por otra

parte pasó a estar mucho más conectada

y vivaz. Otro aspecto fue la emergencia de

la risa y del juego. Además empezó a

concurrir con mucha alegría al consultorio,

por otra parte yo misma empecé a disfrutar

del trabajo con Martina y su madre.

Concomitantemente llevó a cabo una

evolución bastante notable si bien, en

algún que otro momento, aparecían ciertas

figuras autistas de sensación, como puede

ser el aleteo de las manos, para ser

transformadas luego en aplausos siempre

ante situaciones que la alegran. y

aunque el aleteo no hubiese desaparecido

del todo y que en ocasiones hiciera su

reaparición constituía una conquista

terapéutica su desalojo progresivo por

manifestaciones ligadas al júbilo y al placer.

En el curso del tratamiento alcanzó la

marcha, si bien durante largo tiempo un

tanto oscilante; con el correr de los meses

LÚDICA 32

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 2


Escritos

la pudo ir estabilizando. Logró sentarse y

después pararse con ayuda del otro.

Posteriormente fue capaz de instalarlo con

autonomía.

Iniciamos el trabajo con la niña y la madre

en forma conjunta, ya que, antes de pensar

en cualquier proceso de separaciónindividuación,

mi plan terapéutico priorizaba

una primera etapa en que se pudiera

consolidar esa “fusión primaria” a la que

Winnicott asigna tanta importancia y sin

lograr la cual todo intento de establecer

diferenciaciones se hace sobre una base

falsa y a lo sumo lleva a cabo la instalación

de un falso self reactivo, cosas totalmente

opuestas a un auténtico proceso de

separación montado en genuinos deseos de

separación que hubieran surgido

espontáneamente tanto en la niña como en

la madre. Este era entonces el sentido de

trabajar con las dos juntas, no lo que se da

en llamar una “terapia vincular” sino apuntar

hacia la creación de una simbiosis cuya

constitución había fallado en los primeros

tiempos de la relación. Cumplido ese

objetivo, fuimos alejando paulatinamente a

la mamá, haciendo por ejemplo que se

quedara o permaneciera en la sala de

espera, a fin de dar paso a la “capacidad

para estar a solas en presencia de”, es

decir, en una presencia diferida en el tiempo

y en el espacio. Obsérvese un punto

conceptual de extrema importancia: si uno

se mantuviera en la concepción de

Margaret Mahler asimilando lisa y

llanamente simbiosis a parasitismo, encararía

una dirección terapéutica equivocada y

hasta peligrosa para la pequeña,

malentendiendo la significación positiva de

la simbiosis que en lo psíquico redobla su

positividad biológica. Sami Alí [10] rectificó

este error señalando que se basaba en una

interpretación falsa del valor que en el

33 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 3

"Es allí donde establezco una

diferencia entre un objeto autista y

un objeto transicional. El objeto

autista no alude a la recreación sino

al reemplazo porque el pecho no

estaría en calidad de no presente,

sino de ausente"

campo biológico tienen los procesos de

simbiosis en la vida animal. La simbiosis no es

un proceso patológico, ambos integrantes

salen beneficiados de ella y no podrían vivir

y crecer sin ella, mientras que en el

parasitismo alguien crece a expensas del

otro que se deteriora por ello, a lo cual

podríamos agregar como diferenciación,

que, muy a menudo en el plano de lo

subjetivo se da un parasitismo recíproco en

el que todos salen perjudicados. Jessica

Benjamin [11] también se refiere al punto

cuando sostiene que la idealización del

individualismo propia de la sociedad

capitalista hace que la unión íntima

aparezca como un peligro para la

emergencia de la subjetividad. En dicha

concepción uno se realiza “contra el otro” y

no con él. Rosine y Robert Lefort [12], por su

parte, señalaron en su propio vocabulario la

importancia capital de que el niño en sus

primeros tiempos no experimente castración

alguna ni ningún tipo de agujereamiento.

De todos modos, una dirección principal de

los textos de Lacan tiende a considerar que

el “deseo materno” es en esencia

devorador y que por lo tanto la

diferenciación como tal siempre estaría del

lado de la intervención paterna; en este

punto específico hay una diferencia

irreductible entre el camino que propone

Winnicott y que siguen los autores

mencionados antes y el de Lacan, ya que


Escritos

para aquél, los primeros procesos de

diferenciación ocurren ya en el campo del

vínculo con la madre sin esperar la

terceridad (y sin negar que ésta traiga sus

propios cambios). Tanto la posición teórica

como la ética en la que ésta se sustenta

van a darle su sello a nuestras

intervenciones y a las decisiones que a

cada momento tenemos que tomar la

óptica con que nos acercamos a la clínica.

Lo cual ha de traer consecuencias, a veces

iatrogénicas, en el devenir del niño y la

familia que nos consulta.

Volviendo a Martina, a pesar de los distintos

logros alcanzados en su subjetivación:

mayor conexión con las personas y los

juguetes, adquisición del gateo, de la

bipedestación y de la marcha, no realizaba

ningún progreso en el lenguaje; podríamos

decir que la niña estaba desprovista de

musicalidad. Esto terminó de confirmar mi

impresión diagnóstica inicial: la de un factor

biológico en el origen de la problemática.

Derribando finalmente tanto las resistencias

de la familia como el equipo médico

tratante fue posible la realización de las

pruebas genéticas, largamente dilatadas.

Los resultados de las mismas confirmaron mi

hipótesis: Martina está afectada por el

síndrome de x frágil según los resultados de

investigación genética [13] , con rotación

completa. La misma da por resultado un

déficit intelectual en el límite o en el rango

de retraso mental, pudiendo en las niñas

ser más leve por la compensación

cromosómica; mientras que

aproximadamente el 85% de los varones

con mutación completa son retrasados

mentales [14]. El resultado de estos

estudios fundamentaba el retraso del

lenguaje que dio lugar a la inclusión de un

tratamiento fonoaudiológico.

Decíamos que en el curso de nuestro

trabajo hemos ido atravesando con ella

una serie de logros subjetivos: dejó de

comunicarse sólo a través del grito,

pudiendo emerger sonoridades que

acompañaban a un lenguaje propio de

señas. Nos llevó mucho tiempo constituir la

categoría de la no presencia, ya que para

Martina si el otro no estaba presente,

estaba ausente y ello la sumergía en una

angustia impensable. Cuando el otro

puede no estar presente, posibilita el poder

evocarlo, poder recrearlo. Freud al referirse

a este tópico en la “experiencia de la

vivencia de satisfacción” considera que en

la misma el niño “alucina el objeto de

deseo”; prefiero reservar este término –el de

alucinación­ para el campo de la psicosis.

Considero más preciso definir la “vivencia

de satisfacción” en términos de recreación

de lo que no está. Justamente el establecimiento

de presencia/no presencia va

entretejiéndose, armando un “entre” que

inaugura el espacio potencial, espacio

transicional en términos de Winnicott,

donde el elemento de lo materno va a ser

recreado. Es allí donde establezco una

diferencia entre un objeto autista y un

objeto transicional. El objeto autista no

alude a la recreación sino al reemplazo

[15] porque el pecho no estaría en calidad

de no presente, sino de ausente. En la

construcción del objeto autista predomina

una lógica opositiva: el objeto está

presente o ausente, no puede ser pensado

en su dimensión de no presencia, de

virtualidad, de potencialidad para reaparecer

justamente como que cuando falta

puede estar no presente. Si no queda

ninguna escritura de mi paso, ninguna

huella me constituyo negativamente como

un agujero que le queda al niño, si al estar,

efectivamente estoy desde el punto de

vista de un auténtico encuentro se hace

posible que al retirarme quede la estela de

mi no presencia. En este caso prevalece

una recreación activa del otro y no un

LÚDICA 34

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 4


Escritos

reemplazo por alguna cosa

que haga las veces de

sensación de él. Cuando el

encuentro en todas sus

múltiples dimensiones no

puede estructurarse da

lugar a un trastorno

profundo en la inscripción

subjetiva del cuerpo que

en casos como el citado

viene a añadirse a lo ya

genéticamente trastocado.

Piera Aulagnier [16] dedicó

muchas páginas a la

descripción de este

escenario signado por la

negatividad precisamente

en el plano más corporal

de lo corporal que ella

conceptualiza en términos

de pictograma. Tales

desarrollos teóricos

permiten comprender

mejor, liberándose de la

tiranía de las clasificaciones

psicopatológicas rígidas

como una niña con los

padecimientos de Martina

puede “aferrarse” a objetos

y figuras de marcado tipo

autista sin ser por ello una

niña a prevalencia autista.

El fracaso del encuentro es

inapelable en cuanto a la

necesidad de sustituirlo con

algo.

Más de una vez niñas y

niños con estas

problemáticas no acceden

a la oportunidad de un

trabajo psicoanalítico,

quedando abandonados a

“tentativas de curación”

35 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 5

(Freud) familiares que a

menudo agravan el mal,

cuando no, a

reeducaciones que

adolecen de una

concepción tecnicista y

por lo tanto reductora de la

vida psíquica. Cuando esto

es así queda facilitada la

vía para el desarrollo de

una patología autista

propiamente dicha o de

otras manifestaciones de

tipo psicótico. Podríamos

decir que el fracaso del

encuentro no es un mero

traumatismo puntual,

trabaja a la manera de un

virus que sigue

carcomiendo la actividad

psíquica y clausura el

porvenir.

El mérito del psicoanálisis

consiste en la importancia

de poder trabajar en un

“borde” donde lo

psicopatológico

sobreagregado pueda

producir un “embargo”

subjetivo. El psicoanálisis

tiene mucho que aportar

en estos casos. Lejos me

posiciono de aquellos que

sostienen que el

psicoanálisis no tiene nada

que realizar al comprobarse

una patología genética. Es

más, el concepto de

“barreras autistas” [17] nos

permite realizar con estos

pacientes y sus familias un

trabajo de “neoescritura”

[18] sobre un conjunto de

procesos fracasados en

cuanto al desarrollo

subjetivo. Estos conceptos

permiten abarcar una

población en riesgo mucho

mayor a la de niños

afectados con una

patología a predominio

autista, cuya incidencia es

mucho menor. Propongo

desde hace más de veinte

años, que el trabajo del

psicoanalista en los

llamados trastornos del

desarrollo es de

fundamental importancia y

que los hallazgos de la

neurobiología no se

oponen al psicoanálisis,

sino que confirman

hipótesis que el mismo

Freud postulara

tempranamente. Dejar

vacío este campo

condena a estos niños a

una mera “adaptación” no

solo improductiva sino

generadora de patologías

graves.

Otra paciente, Catalina, de

veintidós meses, en

determinados momentos

de angustia intensa, recurre

al vómito autoprovocado y

cuando no le alcanza el

esfuerzo esofágico emplea

sus dedos para lograr el

objetivo, cosa nada fácil

de desarmar siendo un

recurso defensivo muy

arraigado en ella y para

colmo arraigado en el

plano más concreto de lo

corporal, es decir, no

estamos en presencia de

un vómito histérico con una

significación metafórica de

rechazo expresada

físicamente. Es importante

distinguir entre ese estado


Escritos

de angustia no ligada y la

instauración de la “señal de

angustia” que permite a un

niño apelar a dicha señal

sin necesidad de tener que

padecer las agonías de una

angustia impensable o de

un pánico para el que no

encuentra otro punto de

apoyo que una práctica

corporal en sí misma

patógena al bloquear el

desarrollo de recursos más

complejos. Dicho de otra

manera sabemos hoy que el

montaje de la “angustia

señal” es una adquisición

subjetiva que supone todo

un trabajo previo y no le

viene ya dada al niño ni

regalada por una mera

maduración evolutiva.

Recordando lo

conceptualizado en torno a

la importancia de la

“constitución de una

superficie” en las primeras

etapas de la vida [19]

podemos agregar que

dichas apelaciones a

objetos y figuras autistas de

sensación se dedican a

rellenar como pueden

horadamientos en lo que

debería ser una continuidad

de la experiencia corporal y

de la sensación de estar

vivo. Entre estos objetos

reina lo que he designado

en otro lugar como un

principio de igualación [20]

que reduce las diferencias

entre uno y otro en un

sentido exactamente

contrario al del objeto

transicional del niño sano,

irremplazable y singular. El

niño que padece de

autismo o que por otras

razones ha producido

objetos de tipo autista

carece de juguetes

preferidos, sin olvidar que

dichos juguetes preferidos

poseen en condiciones

normales la cualidad de lo

viviente: de ningún modo

son para el niño objetos

inanimados (lo que sigue

rigiendo la relación del

adulto con sus propias

preferencias transicionales).

Catalina podría llegar a

vomitar, a aletear, asir un

palito y no querer soltarlo,

pero después de pasado

ese terrible momento

cualquier elemento duro le

servía, indiferente a sus

diferencias. De un modo

muy distinto, más avanzado

el tratamiento, trazaba

redondeles que según el

caso nombraba como

“fideos, tomates y soles”.

Lo que prevalece aquí ya

implica una simbolización

diferencial, ya que se trata

ahora de dibujar el giro

como figuras primeras que

aluden a las primeras

manifestaciones del “ser

sentido” [21]. Uno podría

pensar que dibuja su

hambre de esta manera y

de esta forma conecta el

calor que procura el

alimento en el interior del

cuerpo con el calor del sol

que nos alumbra. Lo frío de

la “madre muerta”

conceptualizada por Green

[22] se intentaba

compensar anteriormente

con diversos objetos autistas

que le aparejaban la

sensación de caliente; cosa

diferente de la comida

“jugada en la hoja”. No

obstante, debemos

diferenciar que el avatar de

LÚDICA 36

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 6


Escritos

duelo por el extravío del juguete

“preferido” o “preferido y protector” en los

niños fóbicos le era desconocido, ya que

no es posible experimentar un duelo sino

por algo singular, imposible de sustituir.

Queda en pie que la experiencia del

“estar con” –con el juguete predilecto­ es

radicalmente distinta del “agarrarse a…”

Tomemos nota de que sólo una mirada

psicoanalítica es capaz de percibir la

diferencia clínica entre estas dos

posiciones subjetivas, ya que desde un

examen puramente conductista podría

parecer que se trata de lo mismo. Con

esto retornamos al comienzo de este

trabajo, ya que se entrelazan y encriptan

el duelo de la madre por su padre muerto

durante el embarazo con el “hambre” más

crudo padecido por los bisabuelos cuando

niños durante el genocidio armenio a

manos de los turcos.

37 LÚDICA

Probablemente habrá muchas cosas que

un chiquito afectado por un trastorno del

desarrollo, por prematureces y

deprivaciones sensoriales, patologías

genéticas o congénitas, etcétera, no

podrá lograr como sí lo logran otros niños,

pero eso no lo sabremos desde inicios

simplemente por “clasificarlo”. ¿Cuál es el

niño del psicoanálisis, si el psicoanálisis se

limita a ciertos niños, y para otros sigue

solamente el camino de la adaptación y

de la exclusión? Sostengo que cuando

uno hace un diagnóstico de un paciente

tiene que hacer su propio diagnóstico

(autodiagnóstico al decir de Piera

Aulagnier) y pensar ¿Cómo lo imagino en

unos años? ¿Qué cosas podrá hacer este

niño? Si puedo imaginarlo en una posición

otra de aquella en que lo recibo entonces

estoy éticamente habilitada para tomarlo

en tratamiento. Con un adulto pasa lo

mismo, si uno piensa que va a poder

trabajar para modificar la situación inicial

recién está en condiciones de tomar a ese

paciente.

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 7


Escritos

Momentos claves del trabajo psicoanalítico

con Martina

En los primeros tiempos del tratamiento la

niña se asilaba y gritaba, permaneciendo

así durante toda la sesión; para ese

entonces la interrelación con su madre era

escasa y por momentos hasta inexistente.

Ambas se mantenían “presas” de la

angustia; en algunas situaciones la mamá

lloró, o mantuvo sus ojos con lágrimas

durante toda la sesión. En las que participó

el padre, en algunas oportunidades

también reflejó en su rostro intensa angustia

y un denodado esfuerzo por

“disimular/disimularse” una comunicación

que por otro lado se podía percibir como

inexistente. En presencia de Martina y

también en las entrevistas con los padres,

mis primeras intervenciones estuvieron

centradas en enfatizar el “estado de

angustia” predominante en ellos tres, a la

vez mostrarles lo importante de estar juntos

“todos” trabajando para que las cosas

fuesen distintas. La reconstrucción de la

historia familiar a lo largo de las

generaciones ocupó un trabajoso esfuerzo

para todos: el peso de “la culpa” que

recaía en uno de los progenitores, el

portador de la patología, impedía

conectarse no solo con la niña, sino con el

propio sufrimiento. Poder escribir una

historia distinta para Martina a la de su

propia hermana mayor parecía imposible.

La niña signada por el “déficit” impedía

visualizar en ella algo distinto al propio

problema genético. La renarcisación de

ambos padres en el trabajo con ellos, era

una pieza no negociable para una escritura

de la subjetividad tanto de la niña como de

ellos no signada por el propio déficit... Esto

nos condujo a un segundo momento en

que ambas podían permanecer en la

sesión con menor nivel de angustia, sin

embargo aún Martina arqueaba su cuerpo

en el momento del “abrazo”, aspecto que

dificultaba en mucho el manejo cotidiano

en las más diversas áreas, desde la relación

con la madre a la permanencia institución

educacional en la que con sumo cuidado

realizamos su inclusión. Empezó su

educación inicial con maestra integradora.

Dado ese estado de cosas y con el objetivo

anteriormente planteado literalmente

“acuno” en sesión a madreniña

(madre que a la vez acuna a la niña)

intervención tendiente a la presentación

del laberinto a través del abrazo, que

produce habitualmente sedación y calma,

y en la madre la constatación de su

efectividad como tal. La duplicación de

este abrazo en transferencia no está

regulada para que la madre reproduzca

especularmente lo que hace la analista,

sino por el esfuerzo suplementario que

exige romper el círculo vicioso de los

procesos negativos que venían finalmente

a plasmarse en el cuerpo arqueado como

antítesis de un cuerpo abrazado.

Cada peldaño del recorrido llevó marchas

y contramarchas, como en toda cura no

fue un trabajo lineal, pero la inscripción y

mantenimiento de nuevas adquisiciones

acabó por estabilizar la estructura del dosen

uno, con el consiguiente alivio de

tensiones y mejoría en la cotidianidad. Por

ejemplo se pudo llevarla a pasear, lo que

entre otras cosas favorecía el uso normal

de manos y piernas desatándolas de su

sujeción a figuras autistas.

Cuando pudo empezar a registrar los

juguetes, es decir, cuando pudo

transformar en juguetes lo que hasta ese

momento eran simplemente objetos

inexistentes para ella, se dedicaba a asir

alguno de ellos y permanecer “demasiado

tiempo con el objeto en su mano”.

Una de las cosas que le interesaron

después de un recorrido terapéutico fue

LÚDICA 38

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 8


Escritos

hacer algunas torrecitas

con bloques. En un

momento inicial, de este

“tiempo subjetivo” empecé

a armar alguna que otra

torrecita, como una

invitación­provocación,

hasta que finalmente un

día hizo ella una torrecita

pequeña, esbozo de torre,

esbozo de cuerpo en

bipedestación, esbozo a su

vez de una nueva

adquisición psíquica.

Detengámonos a pensar:

las torrecitas, que tanto

gustan de hacer los

deambuladores, tienen

que ver con la posición del

cuerpo erecto, es decir,

que lo más importante de

armar para un niño en

determinado momento es

justamente aquello que

tiene una posición que va

hacia arriba, la verticalidad

que ha de transformar en

mucho su posición

subjetiva. Cuando ella

arma la torrecita le digo:

“Martina me parece que

vas a caminar porque

andas con ganas de

pararte porque la torrecita

viste que parada está” He

de aclarar, que, desde que

la conozco le hablo y la

trato por supuesto

conforme a su edad, me

ubico junto a ella,

trabajamos en el piso,

porque la forma de estar

con un niño es estar a nivel

del mismo y Martina al igual

39 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 3 9

que otros niños afectados

por trastornos del

desarrollo, no podía

ponerse en pie. Entonces

le dije a la mamá que

seguramente si ya Martina

había empezado a hacer

torres es que pronto iba a

empezar a caminar, cosa

que ocurrió transcurrido

poco tiempo. En la clínica

con niños uno asiste a

nuevos actos psíquicos,

sólo hay que tener la

formación suficientemente

sólida en psicoanálisis y una

disposición empática, para

asistir a ellos.

Algo que debemos

puntualizar en relación al

grito es que una de las

cosas que ayudó a que

Martina dejara de gritar fue

ponernos a armar una

superficie en el consultorio,

una superficie con cierta

continuidad,

¿De qué manera

armábamos la superficie?

Como ella gritaba apenas

uno intentaba que dejara a

un lado su trapito y su

muñequito, tomé el camino

de señalarle que seguía

siendo la misma nena

aunque no los tuviera

adheridos a su cuerpo, es

decir, que no los

necesitaba para “ser”.

Acompañaba esta

intervención enumerando

cada uno de sus rasgos,

cada uno de los elementos

de su cuerpo hasta reunir

su totalidad en mi

enunciación. Es éste un

procedimiento ritual que

reencontramos en diversas

prácticas ceremoniales y

relatos míticos de diversas

culturas y que aquí cobra

toda una función

terapéutica articulando

cuerpo y discurso.

En otro momento del

tratamiento, cuando ella

venía a upa de su mamá

la recibía invitándola a

entrar para alojarnos en el

piso, donde yo comenzaba

a sacar los objetos de las

cajas, hasta “tapizar” con

ellos el suelo. Armábamos

un desparramo como

tanto les gusta hacer a los

niños de esta edad,

desparramo que por sí

mismo es ya un “acto

lúdico” y no sólo su

preparación.

Posteriormente al

“desparramo” se pudo

pasar a otras fases, como

del “arrojar y volver a traer”

(R. Rodulfo) [23],

originalmente descripta por

Freud. Al principio era sólo

yo quien arrojaba los

distintos objetos a fin de

provocar en ella la

emergencia de un deseo

propio de arrojar; ­que

sabemos cuán importante

es en el niño en relación

con diversos procesos

como el de separación,

constitución de un espacio

tridimensional, etcétera­.

Martina alcanzó este logro

después de un tiempo, y

fue reconfortante

constatar la alegría que


Escritos

acompañaba tal acción.

Concomitantemente fuimos

construyendo entre las dos

un verdadero diálogo lúdico

en la que cada una

arrojaba lo suyo Como todo

juego, la riqueza de éste da

pie a múltiples variaciones

muy útiles en el trabajo

analítico. Por ejemplo, en un

momento dado, se me

ocurrió amagar el

lanzamiento de un juguete

reteniéndolo en el mismo

momento en que debía

despedirlo, interrumpiendo

así bruscamente la

secuencia; al principio la

niña se asustaba un poco,

pero mi gesto risueño la

ayudó a constituir el primer

núcleo de una acción

chistosa que terminaba en

la risa. Al terminar el

tratamiento bien se podría

decir que Martina había

adquirido sentido del humor,

lo que por supuesto, no es

cualquier cosa [24].

A la vez, he trabajado en

forma sostenida con los

sonidos apuntando a la

angustia que le provocan

los mismos por su

hipersensibilidad. Al inicio,

un sonido un poco intenso

era amenazante. Junto a

otro juguetes, dispongo en

el consultorio de algunos

instrumentos de percusión;

es así como comencé a

jugar con el xilofón

produciendo sonidos muy

suaves. A continuación

acercaba el palillo

simulando un fuerte golpe

que finalmente no daba, en

busca del mismo efecto

chistoso que a la vez

neutralizara la angustia de

la niña frente a los ruidos.

La niña no sólo empezó a

sostener el juego iniciado

por mí, sino que a veces

buscaba ella misma los

instrumentos para hacerlo

por su cuenta, pasaje a la

actividad de suma

importancia en la que era la

pequeña quien jugaba a

asustarme invirtiendo la

situación original. En un

segundo tiempo llevé más

adelante el juego dando un

golpe contundente, a la vez

que tanto la madre como

yo nos reíamos, una risa que

procuraba resignificar el

sonido despojándolo de su

efecto angustioso. El éxito

de esta empresa lo marcó

la aparición del júbilo en la

niña y su querer la

repetición, lo que además

la llevaba a golpear el

instrumento ella también

sumándose a nosotras. Esta

sintonía grupal no carece

de importancia en una

pacientita que

encontramos de inicios tan

encerrada en prácticas de

tipo autista. Es de observar

que esto tenía un efecto

paralelo sobre la madre,

quien al principio se

mostraba temerosa de que

estas intervenciones

quebraran el frágil equilibrio

de su hija, actitud que poco

a poco pudo revertir hasta

disfrutar ella misma de los

juegos, un cambio que por

supuesto no iba a pasar

"En la clínica con

niños uno asiste a

nuevos actos

psíquicos, sólo hay

que tener la

formación

suficientemente

sólida en

psicoanálisis y una

disposición

empática, para

asistir a ellos"

LÚDICA 40

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 4 0


Escritos

inadvertido para Martina.

A veces ella llega y en lugar de estar

hipertónica como de inicios se presenta

con un estado de relajación corporal,

pudiendo además sonreírse y, a la vez,

buscarme. Después de un tiempo ya

podía llegar caminando y hasta a veces

tocando el timbre como cualquier otro

niño/a. Comenzamos a hacer juegos de

escondidas, de presencia y no presencia,

la oposición presencia/ausencia va

cediendo en este laborioso trabajo. Esos

juegos los continuamos en el plano del

espejo: jugar a las escondidas con el

cuerpo real y el cuerpo virtual. Esto fue un

momento de inflexión al comunicarle a la

mamá que se iba a producir un cambio

de importancia en su subjetividad. El estar

acá del cuerpo en su materialidad más

concreta se duplica y transfigura en el más

allá del cuerpo virtual.

Podía decir con asombro y alegría que “lo

que hacemos acá, al otro día lo logra

afuera”… “Si decimos que está haciendo

torres y va a poder caminar no es que vos

estés adivinando sino que es porque va a

poder caminar”. Ella se dio cuenta (por

supuesto sin esta formulación propia que

les alcanzo) de que el psicoanálisis es una

teoría que conlleva una clínica específica

que nos permite en primer lugar trabajar

sobre procesos subjetivos para lograr

poder pasar de una lógica psíquica a otra,

pasar de un momento de inscripción

subjetiva, a una nueva adquisición para el

armado de esa subjetividad.

El tema pendiente en Martina como en

muchos otros niños afectados por estas

patologías, era el lenguaje. Algunos

pequeños pacientes cuando comienzan a

entender el lenguaje de los adultos, sin

41 LÚDICA

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 4 1

embargo aún no pueden apropiarse del

mismo en su forma de conceptualización

elocutiva [25] para empezar a decir las

primeras palabras [26]. Este es otro punto;

el poder diferenciar figura autista de

sensación, de lenguaje gestual, porque

ella en ese momento usaba su dedito

porque no podía hablar pero eso ya no

tenía nada que ver con una figura autista

ya que Martina lo usa para comunicarse.

Por ejemplo, cuando llegaba al

consultorio y quería algo lo señala con el

dedito; yo le preguntaba: ¿Querés esto

Martina? Esta forma de comunicarse es

similar al lenguaje de señas de los

hipoacúsicos, no es un lenguaje ecolálico

sino un lenguaje comunicacional ­gestual.

(Los niños hipoacúsicos utilizan el lenguaje

de señas porque no pueden escuchar y

por lo tanto no pueden hablar, y después

de que se intentó desterrar este lenguaje

de señas se ha podido comprobar su valor

en cuanto a la estructuración del

psiquismo en el caso de niños cada vez

que hay problemas para utilizar las

palabras). La mamá, cuando Martina con

el dedo empezó a señalar lo que

deseaba, temía pensando que “no debía

dejarla utilizar el dedo porque es lo mismo

que hacía con el trapito o con el

muñequito”. No, le decía yo, “ahora es

algo distinto y debemos valorarlo, es un

logro de Martina, y a la vez es un logro

también tuyo, es decir, de todo lo que

haces por ella”. Otras veces ­y ahí sí se

jugaba la falta de reconocimiento del otro

y el usar de su cuerpo como si fuera el

propio­, por ejemplo quiere llevar mi mano

hasta un juguete cualquiera como si se

tratara de la suya. Mi intervención

consistió en decirle: “mi mano es mía no te

la voy a dejar, vos tenés las tuyas y podes

agarrarlo”. Entonces, estos son los casos,

en que uno tiene que distinguir muy

sutilmente cuando se trata de una

verdadera comunicación, o sea, cuando

es algo de apertura, o se trata de

verdadero bloqueo o cierre. Es importante


Escritos

para el psicoanalista poder distinguir

nítidamente entre ambas situaciones.

Paulatinamente se fue ampliando su nivel

de comprensión, por ejemplo, jugábamos a

que yo hacía una torre muy alta y no quería

que ninguna nena la tirase, y, aunque ella

estaba un poco alejada ,al escucharme

inmediatamente miró la torre, la tiro, se rió y

volvió a lo que estaba haciendo.

En otras sesiones pasaba un largo tiempo

de espaldas: tanto de la mamá como de

mi, cosa que a la vez me permitía intervenir

sobre la mamá al hablarle de la

importancia que tenía para Martina

constituir una escena donde podíamos

estar “no presentes”, inaugurando así esa

primera forma de jugar a solas a la que ya

nos hemos referido, a la vez que el darse

vuelta de cuando en cuando marcaba la

diferencia con su anterior aislamiento

autista.

Para esos tiempos, el consultorio es

consolidado como un espacio transicional.

Venía en un estado de ánimo alegre y se

pudo constatar que ya tenía una noción

del tiempo que una sesión suele durar, pues

cerca de su final se dirigía a la puerta,

despidiéndose. Para ese entonces había

logrado un claro reconocimiento del

consultorio, familiarizándose con los objetos

del mismo por los cuales se interesaba.

Sabía qué juguetes buscar y los utilizaba

haciéndolos sonar, acunándolos,

arrojándolos, etcétera. Cuando no

encontraba lo que quería me tomaba de la

mano en procura de ayuda. Para una niña

con una afección tan grave no es poca

cosa ese disponer de huellas mnémicas

precisas.

Mi propósito al exponer este pequeño

fragmento de historial es el que estemos en

condiciones, de evitar que al llegar un niño

al consultorio con características similares

nos apresuremos a rotularlo simplemente

como “autista”, (ya que el x­frágil en los

tiempos que trabajé este caso, era

considerado como la “verdadera causa”

del autismo en amplios sectores del

ambiente médico). Justamente de no

intervenir lo más temprano posible,

hubiéramos contribuido a consolidar una

problemática autística incipiente.

En todo trabajo psicoanalítico, sobre todo

cuando se trata de niños siempre faltan

muchas cosas por hacer, pero en cualquier

ser humano vivir lo mejor y más

plenamente posible es aquello a lo que

debemos aportar en nuestro quehacer.

Subjetivar es un largo trabajo y lograrlo

puede llevarnos toda la vida.

[1] Una primera versión de este texto

apareció en la sección Borradores de la

Clínica. Página web de la Cátedra de

Clínica de Niños y Adolescentes. Facultad

de Psicología de la Universidad de Buenos

Aires.

[2] Doltó, Francoise: La imagen

inconsciente del cuerpo. Editorial Paidós.

1995

[3] Punta Rodulfo, Marisa: La Clínica del

niño y su Interior. Editorial Paidos 2005

[4]García reinoso, Diego: el discurso familiar

como escritura transindividual. Diarios

Clínicos 5. 1980.

[5] Rodulfo Ricardo: El niño y el

significante. Editorial Paidos 1989.

[6] Enriquez, M.: Las envolturas de la

memoria. Editorial Amorrortu.

[7]Abraham Nicolás y Torok María: L`ecorce

et le noyau De Flammarian, 1984.

LÚDICA 42

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 4 2


Escritos

[8] Punta Rodulfo, Marisa La Clínica del

Niño y su interior (ob.cit.)

[9] FECP: Fundación de estudios Clínicos en

Psicoanálisis. Buenos Aires. Argentina.

[10] Samí Alí: El espacio imaginario. Editorial

Amorrortu.

[11] Benjamin, Jessica: Objetos iguales.

Sujetos de amor. Editorial Paidós.

[12] Lefort, Rosine y Robert: El nacimiento

del Otro. Editorial Paidós .

[13] deVries BBA, et al (1996). "Mental Status

of females with an FMR1 gene full

mutation." Am J Hum Genet, 58:1025­32.

[14] Cronister, A (1996). "Genetic

Counseling." En Hagerman RJ, et al (Ed):

Fragile X Syndrome: Diagnosis, Treatment

and Research, segunda edición. Baltimore:

Johns Hopkins University Press.

[15] Tustin, F. El cascaron protector en

pacientes autistas. Editorial Amorrortu.

[16] Aulagnier, P. La violencia de la

interpretación. Editorial Amorrortu.

[17] Tustin, F.: Barreras autistas en pacientes

neuróticos. Editorial Amorrortu.

[18] Bleichmar, S.:“Clínica psicoanalítica y

neogénesis”. Ed. Amorrortu. Bs. As.

[19] Rodulfo, Ricardo: El niño y el

significante. Editorial Paidós 1989.

[20] Punta Rodulfo, M: La clínica del niño y

su interior. Editorial Paidos. 2005.

[21] Punta Rodulfo. M. El niño del dibujo.

Editorial Paidós. 1992.

[22] Green, André: Narcisismo de vida.

Narcisismo de muerte. Editorial Amorrortu.

1990.

[23] Rodulfo R.: El niño y el significante

Editorial Paidos.

[24] Freud, Sigmund: El chiste y su relación

con el inconsciente.

[25] Benedet, María: Acercamiento

neurolingüístico a las alteraciones del

lenguaje. Editorial Fundamentos

Psicopedagógicos.

[26] Para una mayor ampliación de este

tipo de problemática ver en: Cap. VII de

Azcoaga Juan: Los retardos del lenguaje

en el niño... editorial Paidos. 1986.

"en cualquier ser humano

vivir lo mejor y más

plenamente posible es

aquello a lo que debemos

aportar en nuestro

quehacer. Subjetivar es

un largo trabajo y lograrlo

puede llevarnos toda la

vida"

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Expresiones

Suspiritos

La fotografía me ha proporcionado la libertad de

soñar y suspirar como ningún otro medio visual.

En ella exploro las relaciones entre la suavidad

de la vida y sus asperezas. Mi trabajo esta

altamente ligado a mis sentimientos, los cuales

plasmo de una manera conceptual y figurativa.

Busco que los espectadores se remonten a sus

memorias y puedan apreciar mis historias como

suyas.

Esteban

Zuluaga

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Expresiones

45 LÚDICA

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Expresiones

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Expresiones

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Expresiones

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Expresiones

Esta serie recopila mi necesidad de suspirar, con el fin de

liberarme de la carga que con conlleva un duelo. Este

proceso no es más que un recorrido lineal a la memoria

que culmina en un futuro incierto pero próspero. La

semiótica del suspiro es la voz interna del hombre que

recita la necesidad de sentir. Es una aspiración profunda

y prolongada seguida de una espiración en la que

expreso tristeza, alivio y deseo. En esas milésimas de

segundo, en las que se me pierde la mirada, el tiempo se

detiene, es el momento de soñar y de apreciar la vida,

es cuando los sueños se hacen realidad, los miedos

quedan atrás y recupero energía para seguir respirando.

Un suspiro profundo es la voz de lo que deseo y me

niego a aceptar, de lo que perdí y quiero encontrar.

49 LÚDICA

www.estebanzuluaga.com

info@estebanzuluaga.com

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 4 9


Conceptos

Reverie

"Bion (1959) destacó la importancia de la capacidad de la

madre de "contener" la angustia y los terrores del niño,

dándoles a éstos un significado, haciéndolos pensables, es

decir, simbolizables por la mente del niño. Esta función

"continente" de la madre, que Bion (1959) denominó reverie ­

ensueño­, posibilita un proceso en, por lo menos, dos tiempos;

la madre se identifica con lo que el niño experimenta y se lo

devuelve transformado en algo que al tener ahora un

significado lo saca del estado que llamó "terror sin nombre"

(Bion, 1962)”. "

­ Hugo Bleichmar en "Avances en psicoterapia psicoanalítica Hacia una

técnica de intervenciones específicas" (1977).

Bleichmar, H. (1977) Avances en psicoterapia psicoanalítica Hacia una técnica de

intervenciones específicas. Barcelona: Paidós. p 124.

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Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 5 0


En el taller

Te invitamos a participar en los siguientes eventos

académicos:

"Sigmund Freud: Una revisión de sus

obras principales"

Seminario presencial

impartido por Claudia Melville y

Liza M. Zachrisson

Guatemala, Guatemala

jueves (frecuencia quincenal) desde

marzo a septiembre

5:00 pm. a 7:00 pm.

contacto: sempsicoanalisis@gmail.com

"Clínica con Adultos"

Seminario presencial

impartido por Lila Isacovich, Daniel

Braun, Graciela Kahanoff, Viviana

Fanés, Silvia Cislaghi, Carmen Palmieri,

Silvana Dal Maso y Julieta Médici

en Fundación Buenos Aires,

Buenos Aires, Argentina

miércoles de abril a diciembre

8:00 pm. a 9:30 pm.

contacto: info@fundacionbsas.org.ar

"Clínica con Niños y Adolescentes"

Seminario presencial

impartido por Belén Ibalo, Daniel Ripesi,

Marcos Bertorello, María Rizzi, Sonia

Canullo, María Fernanda Sommer,

Claudia Yasan, Silvia Hernández, y

Cintia Izrael

en Fundación Buenos Aires,

51 LÚDICA

Buenos Aires, Argentina

jueves de abril a diciembre

8:00 pm. a 9:30 pm.

contacto: info@fundacionbsas.org.ar

"Duelo y Trauma"

Seminario presencial y virtual

impartido por Fabiana Tomei

en Centro de Estudios Freudianos,

Guatemala, Guatemala

martes 17 y 24 de abril

6:00 pm. a 8:00 pm.

contacto: info@cef.org.gt

"El nacimiento de una madre"

Seminario presencial y virtual

impartido por Mónica Rodríguez

en Centro de Estudios Freudianos,

Guatemala, Guatemala

martes 8 y 15 de mayo

6:00 pm. a 8:00 pm.

contacto: info@cef.org.gt

www.revistaludica.com

info@revistaludica.com

Revista Lúdica

RevistaLudica

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Sobre autores

Alexandra Antillón

Licenciada en Psicología Clínica de la Universidad Francisco Marroquín (UFM) en

Guatemala. Catedrática titular de los cursos de Psicometría I y II en UFM. Se

desempeña en clínica privada en la Ciudad de Guatemala.

a_antillon@hotmail.com

Marta Casas

Licenciada en Psicóloga Clínica de la Universidad Javeriana en Bogotá,

Colombia. Especializada en Estudios de Estrés Traumático en el Trauma Center y

actualmente es parte del equipo clínico de dicho centro. Especialización en

trauma de refugiados dada por el programa de Salud Mental Global de Harvard

University. Psicoterapeuta del Child Witness to Violence Project en Boston Medical

Center. Capacitadora en temas relacionados a la interacción entre trauma y

cultura en el trabajo clínico.

mcasas@traumacenter.org

Michelle Contreras

Licenciada en Psicología Clínica de la Universidad Rafael Landívar en

Guatemala. Candidata de último año al doctorado en Psicología Clínica en

Massachusetts School of Professional Psychology. Interna clínica y miembro

asociado de la Escuela de Medicina de Harvard University, donde estudia clínica

psicoanalítica e intervenciones psicológicas con pacientes crónicos. Es consultora

y capacitadora en el Trauma Center de Brookline, Massachusetts.

contrerasmichelle@gmail.com

Marisa Punta Rodulfo

Doctora en Psicología con especialidad en niños y adolescentes. Licenciada en

Psicología y Psicopedagogía. Catedrática titular en las materias Clínica de Niños

y Adolescentes y Psicopatología Infanto­Juvenil en la Universidad de Buenos Aires

(UBA). Profesora Titular en Posgrado, Carrera de Especialización y Programa de

Actualización sobre la misma temática en UBA. Declarada Huésped Oficial de la

Universidad Nacional de Rosario (Santa Fe). Autora de los libros “Clínica

Psicoanalítica en Niños y Adolescentes” (1986), “El niño del dibujo” (1992) y “La

clínica del niño y su interior. Un estudio en detalle” (2005). Compiladora y autora

de “La problemática del síntoma” (1997). Co­autora del libro “Pagar de Más"

(1987) y “Trastornos narcisistas no psicóticos” (1995). En colaboración ha

publicado: capítulo Los modos de representación característicos en la patología

autista: un estudio psicoanalítico en “Autismo infantil: lejos de los dogmas” (1987),

capítulo Abuelas de Plaza de Mayo en “Filiación, Identidad, Restitución” (1996),

capítulo Dietantes y anoréxicas ­una delimitación necesaria en “Adolescencias –

LÚDICA 52

Lúdi ca, abri l 2 0 1 2 , pg. 5 2


Sobre autores

trayectorias turbulentas” (2006), capítulo Las relaciones del dibujo y la palabra en

el trabajo psicoanalítico en “Arte terapia y simbolización” (2007), capítulo Los hijos

de los desaparecidos en “Los Derechos Humanos en la Argentina. Una

perspectiva desde el psicoanálisis”(2011), capítulo Invención de enfermedades.

Medicalización de la vida contemporánea en “Desde la psicopatología de la

vida cotidiana a la psicopatologización de la vida cotidiana” (2011), capítulo del

libro "ADDH niños con déficit de atención e hiperactividad ¿una patología de

mercado?" declarado de interés en salud por la Legislatura de la Ciudad

Autónoma de Buenos Aires. Ha realizado 106 publicaciones y 114 entrevistas.

Asesora Consulta de la Carrera de Especialización en Prevención y Asistencia

Psicológica en Infancia y Niñez en UBA. Directora Asistencial de la Fundación

Estudios Clínicos en Psicoanálisis. Directora General y Asistencial del Programa de

Extensión “Asesoramiento y asistencia psicológica en niños/as con dificultades

especiales” ­ Secretaría de Extensión y Bienestar Universitario – en UBA. Directora

del Proyecto de Investigación aplicada: “Las repercusiones de la Violencia

Familiar en las problemáticas de aprendizaje y conducta de los niños/as

comprendidos en el Programa de Extensión: Asesoramiento y asistencia

psicológica en niños/as con dificultades especiales en UBA.

marisa_45@bbt.net.ar

Leslie A.

Sechel

Licenciado en Psicología Clínica en Universidad Rafael Landívar (URL) en

Guatemala. SandPlay Therapist. Co­ fundador y Director del Centro de Estudios

Junguianos de Psicología Analítica en Guatemala. Vocal Primero de la

Asociación Guatemalteca de Psicología. Editor en Jefe de Revista Psicología &

Vida. Miembro del Consejo Editorial de Revista Psicólogos del Colegio de

Psicólogos de Guatemala. Publicaciones en ambos medios. Catedrático de los

cursos Escuelas de Psicología I y II, Psicología de la Personalidad, Psicología

Preventiva, Entrevista Psicologógica I y II, Entrenamiento Psicoterapéutico I en

URL. Desarrollador de Programas Clínicos "New Parents Coaching" y "Creciendo

en Pareja", ambos con orientación junguiana. Práctica clínica privada desde

2005 y la Jungian SandPlay Clinic desde el 2007.

centrocgjung.guatemala@gmail.com

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Para mayor información

escribir a

info@revistaludica.com

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