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PERSONAS REALES | HISTORIAS REALES | ESPERANZA REAL
NO ES EL FINAL
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VICTORIA EN EL DOLOR
Una revista en
una misión:
vea página 2
Dijeron
que no lo
lograría
LA HISTORIA DE
FREDERICK BEST
Número 2 / 2025
1s Número 02 / 2025
¡Victorious
Living y usted!
Los recursos de Victorious Living están
diseñados para animarlo, equiparlo
y empoderarlo a usted en su fe y
proporcionarle medios para hacer lo
mismo por los demás. Ya sea que esté
encarcelado, trabaje en correccionales
o viva en la sociedad libre, puede
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diarias. Hay aquí
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papel, bolígrafo, un ejemplar o video de VL Magazine, un
facilitador, amigos y disposición para aprender. Al buscar
pasajes de las Escrituras y responder con ellos las siguientes
preguntas, descubrirá profundas verdades espirituales.
• ¿Cuál es el tema de la historia o video?
• ¿He tenido una experiencia similar?
• ¿Qué aprendizajes planteó la historia o video y cómo
puedo aplicarlos?
• ¿Cómo me habla Dios a través de la historia o video y
los versículos a los que se hace referencia?
• ¿Qué aprendí sobre el carácter de Dios y cómo influye
eso en mí?
• ¿Cómo puedo compartir lo que aprendí con los
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acordarse del prisionero (Hebreos 13:3). Háblele de nuestro ministerio a su iglesia para que considere
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NÚMERO 2, JULIO DE 2025
CONTENIDO
13s
27s
9s
19s
UN PASO ADELANTE
Alabe a Dios de todos modos
POR CHRISTINA KIMBREL
Solo para Dios
POR KENNY MUNDS
VIDAS
TRANSFORMADAS
Victoria en el dolor
POR SHERIDAN CORREA
La vida es dura, pero Dios no nos deja
sin ayuda ni esperanzas. Con la mirada
puesta en Él, podemos encontrar paz
incluso en el peor momento del duelo.
Libérese de enredos
6s
10s
DESTACADOS
No es el final
LA HISTORIA DE DEBORAH JONES
Abandonada por su madre, criada por su
abuela... Durante la mayor parte de su
vida, Deborah luchó por encontrar algo
de autoestima. Devastada, acosada, con
ideas suicidas y embarazada a los 19 años,
Satanás la tenía justo como la quería:
derrotada. Pero ese no era el plan que Dios
tenía para ella, y cuando se entregó a Él,
comenzó una nueva vida.
Restauración
LA HISTORIA DE CLINT SMITH
Tras cambiar la policía por la prisión, Clint
pensó que los pedazos rotos de su vida nunca
tendrían reparación. Pero un encuentro con
Dios y la posterior rendición a Su voluntad
le brindaron a Clint restauración, nueva
esperanza y propósito.
21s
Nacido con grandes deformidades
físicas y tras enfrentar una vida de
dificultades y discriminación, el Dr.
Best ha vencido todas las predicciones,
pero solo a través de una total
confianza y entrega a Dios. Sean
cuales sean sus adversidades, no tema.
No hay límite para lo que Dios puede
hacer por aquellos que creen.
Trofeo de gracia
LA HISTORIA DE STEVE
RICHARDSON
Incluso antes de terminar la
adolescencia, Steve estaba convencido
de que nadie se interesaba en él, así
que ¿por qué debería ocuparse él de los
demás? Drogas, alcohol, una esposa,
un hijo, una casa, una motocicleta,
nada llenaba el vacío de su vida. Sabía
que estaba destinado a morir si no
cambiaba algo.
FOTO DE PORTADA POR PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
POR KRISTI OVERTON JOHNSON
La vida puede ser un gran lío. Encontrar
la libertad requiere la decisión consciente
cortar con lo que no es de Dios.
14s
ARTÍCULO DE TAPA
Dijeron que no lo lograría
LA HISTORIA DE FREDERICK BEST
EN LA TAPA
Desde antes de nacer,
a Frederick le dijeron
que no sobreviviría.
Pero por la gracia
de Dios y negarse a
rendirse, demostró que
todo es posible para
quien se atreve a creer.
24s
4s
El gozo del Señor es mi fuerza
LA HISTORIA DE JESSICA WEAVER
Traicionada y víctima de abuso sexual
desde los siete años, Jessica intentó suicidarse
a los 13, terminó en un centro de
detención juvenil a los 15, adicta al crack
a los 19 y a la heroína poco después. Un
divorcio, una casa de adictos, un proxeneta
y la cárcel; si había una vida mejor,
ella no la encontraba. Pero entonces
conoció a Jesús y todo cambió.
EN CADA EDICIÓN
Nota de la editora
¡Establezca su identidad!
28s
Tras las rejas
Escuchar a Dios
29s
Acepté la salvación de Dios.
¿Y ahora, qué?
30s
Novedades del ministerio/
Recursos
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Número 02 / 2025
3s
NOTA DE LA EDITORA
¡Establezca su identidad!
VLMag circula principalmente
entre las comunidades de
correc cionales. Pero está dis ponible
en el exterior para nuestros
aliados ministeriales a cambio
de un donativo de cual quier
monto. Visite vlmin.org y haga
clic en la pestaña “donate”.
Cada dólar que usted dé enviará
una copia de VLMag a un centro
correccional, donde brindará
esperanza a muchas personas en
los años venideros.
Crecí en una familia cristiana y asistía
a la iglesia cada semana, pero nunca
supe muy bien qué pensar de Dios.
Creía que Él había enviado a Su único Hijo,
Jesús, a este mundo para morir por mis pecados
para que yo pudiera tener la salvación
(Juan 3:16), pero no me sentía segura de mi
relación con Él.
No ayudó el que de niña a menudo escuchara:
“¡Dios te está observando y sabe lo que
pien sas!”. Al menos en mi pequeña mente,
esas advertencias se traducían como: “Dios
te está observando y sabe si estás diciendo la
verdad, o haciendo o pensando algo malo. ¡Y
si metes la pata, irá por ti!”.
Me lo imaginaba como un juez severo listo
a azotar su mazo y gritar: “¡Ella es culpable!”.
No entendía nada acerca de Su amor y gracia.
No sabía que Dios había enviado a Su Hijo al
mundo, no para juzgarme, sino para que por
Él pudiera ser salva (Juan 3:17).
Por mi imagen distorsionada de Dios, muchas
veces intenté asegurarme la salvación
mediante oraciones cuidadosamente elaboradas
y un buen comportamiento. La mayoría
de los domingos por la mañana iba a la iglesia
de jóvenes a orar de nuevo en caso de que
hubiera dicho o hecho algo durante la semana
que invalidara mi seguridad eterna.
Cargué con este miedo hasta la adultez. Por
suerte, ya resolví el asunto de mi salvación en
mi corazón. Creo y sé que soy salva por mi fe
en Jesús, no por mis obras (Efesios 2:8). Pero
todavía tengo conflictos en mi relación con
Dios. Hoy, lo importante no es si voy a ir al
cielo, sino si soy digna, he hecho lo suficiente o
tengo lo necesario para hacer lo que Dios desea
que haga. ¡Y eso me frustra porque sé que no
es así!
Ministro la hermosa promesa de Dios para
que otros resuelvan sus problemas de identidad.
¿Cómo es que no me entra en la cabeza
a mí?
Es porque toda mi vida he equiparado ser
digno con el desempeño, sobre todo como atleta.
Mi mundo validó esa idea. Cuantos más
títulos, logros, credenciales y títulos obtenía,
más eran los aplausos, más las oportunidades
y más crecía mi cuenta bancaria.
Pero el camino del Señor no es el mismo del
mundo, ¡gracias a Dios! Isaías 55:8–9 dice que
Sus caminos y pensamientos hacia nosotros
son mucho mejores que los nuestros. No dependen
de nuestro desempeño, sino que se
basan en el de Su Hijo, Jesús.
Justo esta semana, mientras estaba en
la playa buscando la orientación del Señor,
sentí que me guiaba a Efesios. Sentí que Su
Espíritu me decía: “Kristi, tienes que aceptar
estas verdades de una vez por todas; de lo
contrario, te seguirán zarandeando como las
olas de ese océano”.
¿Qué había en esas páginas que el Señor
quería que yo recibiera? Deseaba que yo
grabara en mi corazón que Él me ama y que,
a pesar de mis defectos, me eligió. Puso un
llamado en mi vida, que Él llevará a término.
Me recordó que soy digna y que se regocija
por mí. Me acoge en su familia, con debilidades
y todo.
Me recordó que, a través de Su Hijo, Jesús,
no me falta nada. Tengo toda la sabiduría, la
autoridad, la provisión, el poder, la protección
y los recursos que necesito para hacer lo que
Él me ha llamado a hacer y para ser quien Él
me ha llamado a ser. Sus bendiciones espirituales
son infinitas y están por encima de todo
lo que yo pueda imaginar.
Luego, me dio una palabra final: “Sean
fuertes en el Señor y en su gran poder.” (Efesios
6:10 NTV). La fuerza y el poder de Dios
son los que me llevan a la victoria y proveen
para el éxito de este ministerio, no yo. ¡Eso sí
que alivia la presión!
Amigo, no sé si usted tiene dificultades en
su relación con Dios. Tal vez, como yo, se ha
impuesto una carga que Dios no quiere que
lleve. Es hora de establezca su identidad de
una vez por todas.
Que las siguientes historias revelen las cosas
hermosas que pueden suceder cuando
uno confía en Dios para la salvación y pone
su vida en Sus manos.
Kristi Overton Johnson
Editora y Directora Ejecutiva
FOTO DE PORTADA POR PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
4s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
TESTIMONIOS
ARTE DE UNA PERSONA ENCARCELADA
UNA PALABRA FINAL: SEAN FUERTES EN EL SEÑOR Y EN SU GRAN PODER.
Testimonios
Victorious Living
A través de las historias de la revista Victorious
Living Magazine, hombres y mujeres encarcelados se
encuentran con el Dios de las segundas oportunidades.
PÓNGANSE TODA LA ARMADURA DE DIOS PARA PODER MANTENERSE FIRMES. (EFESIOS 6:10–11 NTV)
GRACIAS POR LO QUE
HACEN POR LOS ENCARCELADOS
DE TODO EL MUNDO. ME HAN
MOSTRADO UNA NUEVA FORMA
DE VIVIR Y ME HAN BRINDADO
UN NUEVO ENTENDIMIENTO DE
LA PALABRA DE DIOS”.
RODERICK
Cárcel del condado de Forsyth, Georgia
“Enviudé recientemente y tengo una discapacidad;
necesitaba un nuevo propósito. Mi deseo de hacer
algo por los demás estaba disminuyendo. Un amigo
me habló del programa de VL de correspondencia
con encarcelados. Me uní al equipo y ahora este
ministerio se ha hecho mío. ¡Qué bendición poder
brindar palabras alentadoras de las Escrituras
para que la vida de otra persona tenga un poco
más de luz!”.
DOROTHY
Greenville, Carolina del Norte
Gracias por escribirme. Tengo 35
años y no tengo a nadie afuera, así
que cuando gritaron mi nombre en el
reparto del correo, me sentí asombrado.
Pensé: ‘Guau, le importo a alguien’. Les
agradezco que se hayan acordado de mí”.
“Fue una gran bendición que su equipo visitara nuestras
instalaciones en Florence. El Espíritu Santo nunca estuvo
tan presente en ese lugar. Me sentí honrado de tener un
puesto en el servicio para escuchar el mensaje. No podría
pensar en una mejor manera de comenzar mi día que
estar en presencia del pueblo de Dios y Su Palabra”.
STUART
Centro Correccional ASPC de Arizona Central, Arizona
EDWARD
Correccional Wrightsville, Arkansas
“SU REVISTA ME HA AYUDADO
A SUPERAR MUCHAS
NOCHES DE INSOMNIO”.
LYNN
Correccional Florence McClure, Nevada
“Ver sus videos es algo muy vívido
y personal para mí. Es como si me
hablaran, y se encendiera una llama
en mi espíritu por Cristo .
MICHAEL
Centro de Reinserción Sago Palm, Florida
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Número 02 / 2025
5s
No es
el final
LA HISTORIA DE
DEBORAH JONES
¿A
lguna vez se ha preguntado
por qué Dios le permitió nacer? ¿Ha sentido
que su futuro no tiene esperanza, que su vida
no tiene propósito y que no sirve de nada
seguir luchando?
Yo me sentí así durante mucho tiempo. Incluso
consideré morir como una opción mejor
que vivir. Estuve a punto de perecer por no
conocer el amor de Dios hacia mí y Sus promesas,
que era lo que Satanás quería. Él es un
ladrón que busca robar nuestra identidad en
Cristo, y matar nuestras esperanzas y sueños
(Juan 10:10).
Fui vulnerable a las tácticas engañosas de
Satanás durante años. Como resultado, me
perdí gran parte de la vida bendita que Jesús
me dio y por la que murió. Eso incluía la paz
mental y el gozo. Pero no tenía por qué ser así,
y tampoco tiene por qué ser así para usted.
Según Su Palabra, el Señor tiene un propósito
divino para cada uno de nosotros. A través
de Su Hijo, Jesús, ha abierto un camino para
que vivamos victoriosamente a pesar de las
circunstancias difíciles (Jeremías 29:11; Filipenses
4:13). Pero yo no lo sabía de niño, así
que caí en la confusión.
Mis dudas sobre mi valía y el plan de Dios
comenzaron cuando tenía ocho años y mi
abuela me llamó al estudio y me dijo que no
era mi madre. Sonaba absurdo e irreal. Pero
luego continuó: “Tu verdadera mamá es
Mary, mi hija. Soy tu abuela, pero igual
puedes llamarme mamá”.
¿Qué? ¿Cómo puede ser esto? Me pregunté.
¿Y quién es esta Mary de la que habla? La abuela
me explicó entonces que mi tío me había
traído a vivir con ella y mi abuelo cuando
yo tenía dos años porque mi madre estaba
enferma.
Esa noticia me generó todo tipo de emociones
y preguntas. Me causaba ansiedad
pensar cómo era mi madre y me preguntaba
si todavía estaba enferma. ¿Por eso
no había vuelto a buscarme? Sobre todo,
me preguntaba si alguna vez regresaría.
Y sí lo hizo, dos años después. Recuerdo
vívidamente que mi abuela me llamó desde el
interior de la casa y me presentó a una mujer
delgada y hermosa, y a otra niña que estaba
a su lado.
“Deborah, estas son tu madre y tu hermana
mayor”, dijo la abuela con naturalidad. Yo
estaba en shock, pero a la vez emocionada.
Mamá era bella y no podía esperar a que todos
la vieran. ¿Había venido por mí?
Mis esperanzas se desvanecieron cuando,
aproximadamente una hora después, ella y
mi hermana salieron por la puerta. A partir
de entonces, todos los días me preguntaba
dónde estaba y por qué no me había llevado
con ella. Mis abuelos me habían criado bien.
Me habían dado el mundo y los amaba. Pero
quería a mi madre.
FOTO DE B. LAMONT PHOTOGRAPHY STUDIO
6s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
El que no reapareciera destruyó mi autoestima.
Mi mente de diez años llegó a la conclusión
de que yo debía tener algo malo. Si mi propia
madre no me quería, debía tener algún defecto.
Satanás aprovechó esta oportunidad para
aplastar lo que pensaba que valía.
Me sentí aun más insignificante cuando,
en sexto grado, los otros niños comenzaron
a molestarme. No se lo dije a mis abuelos. En
cambio, me entregué a un festín de autocompasión.
Por supuesto, los únicos invitados éramos
el diablo y yo, y créame que él reafirmó
lo miserable y sola que me sentía.
Esos pensamientos llenos de mentiras me
esclavizaron durante años y me impidieron
entender lo que verdaderamente valía ante
los ojos de Dios y mis abuelos. Un día llegaron
mis calificaciones. Había reprobado y tendría
que repetir mi segundo año.
Esa era toda la evidencia que necesitaba.
¡No tiene sentido!, gritaban las voces dentro de
mi cabeza. Será mejor que te decidas a matarte.
De todos modos, tu vida no vale nada. Usa el auto.
Destrózalo. Acaba con tu miseria. Nadie te echará
de menos.
Dejé una nota para mis abuelos, pero en lugar
de utilizar el auto como sugerían las voces,
tomé una sobredosis de unas pastillas de mi
abuelo. Agradezco a Dios Todopoderoso que
la abuela me encontrara a tiempo. Su misericordia
me salvó la vida.
Un día después, nos enteramos de que había
habido un error en mis calificaciones. Después
de todo, sí había aprobado el año, pero daba
igual. Me sentí tan derrotada que dejé los estudios
en tercer año. Mi profesor de matemáticas,
el Sr. Thomas, me rogó que me quedara, pero
las mentiras en mi cabeza no me dejaban escuchar
su consejo.
Siguieron las malas decisiones. Quedé embarazada
a los 19 años y me fui a vivir con el
padre del bebé. Estaba tan asustada. No tenía
ni idea de cómo cuidar a un pequeño. Pero la
abuela, como siempre, estuvo a mi lado y me
enseñó a cuidar a mi hija.
Ser madre me cambió. Era increíble que
no pudiera reconocer mi propia valía, pero
de alguna manera podía verla en mi hija. Sin
embargo, mi relación con su padre iba cuesta
abajo y, después de siete años, volví a vivir
con mi abuela. No había terminado de cometer
erro res, todavía desconocía el valor que
tenía en Cristo. Pero cada vez que me he
equivocado, Dios ha tenido la lealtad para
perdonarme.
En 1992, el Señor me bendijo con un
esposo. Un año después, tuvimos una hija.
Nuestro matrimonio tuvo muchos altibajos,
y a menudo oraba para que Dios me
ayudara.
Había ido a la iglesia de niña y visto a mi
abuela orar. Así que supe que era lo que
debía hacer. Pero solo lo hacía para que Dios
respondiera a mis necesidades y deseos.
No pensaba en Su voluntad ni en lo que
Él pudiera sentir por mí. ¿Y cómo lo iba a
saber? No leía la Biblia ni iba a la iglesia.
Eso cambió cuando una amiga me invitó a
un servicio. Llevé a las niñas conmi go, ¡y les
encantó! Empezamos a ir con regularidad.
Mi niña menor esperaba con ansiedad
ponerse sus zapatos de domingo cada semana.
A la mayor le encantaba el momento
de oración. Lloraba durante la parte musical
y el mensaje de adoración, a menudo
me rogaba que fuéramos a orar en el altar.
A menudo me preguntaba por qué, pero
igual la acompañaba.
Un día, cuando la menor quiso orar, traté
de escabullirme. No quería llevarla al altar
porque las oraciones de las mujeres siempre
se volvían hacia mí.
Con el tiempo, Dios usó a mis preciosas hijas
y esas guerreras de la oración para que
entendiera que necesitaba un Salvador.
En 1996, hice una profesión pública de mi
fe en Jesucristo, pero me tomó algún tiempo
PENSÉ QUE, SI MI PROPIA MADRE NO ME
QUERÍA, DEBÍA TENER ALGÚN DEFECTO.
SATANÁS APROVECHÓ ESTA OPORTUNIDAD PARA
APLASTAR LO QUE PENSABA QUE VALÍA.
madurarla. Tuve un punto crucial una tarde
cuando oraba en casa. Me quedé dormida
y Dios me dio un sueño en el que pude ver
vívidamente las palabras de Romanos 12:1–2.
Cuando desperté, leí el pasaje:
Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que
entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha
hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio
vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada.
Esa es la verdadera forma de adorarlo. No
imiten las conductas ni las costumbres de este
mundo, más bien dejen que Dios los transforme
en personas nuevas al cambiarles la manera
de pensar. Entonces aprenderán a conocer la
vo luntad de Dios para ustedes, la cual es buena,
agradable y perfecta. (NTV)
La fe en Dios y el amor a la familia
son los salvavidas de Deborah. La
vemos en esta foto con su esposo,
Derrick, sus hijas Derrica (centro)
y Danielle, y su yerno, Michael.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Número 02 / 2025
7s
¡VAS A ESTAR BIEN!
MIRA A DIOS Y
DECLARA VIDA ANTE
TU SITUACIÓN.
FOTO DEL IZQUIERDO DE CARLA OWENS
La Palabra de Dios ha ayudado a Deborah a superar
muchas pruebas, como tratamientos de radiación
contra un tumor cerebral. A la izquierda con su
máscara de radiación, y a la derecha, enseñando la
Palabra que la hace victoriosa.
Me quedé impresionada al darme cuenta
de que Dios me suplicaba que le entregara
todo mi ser (mente, cuerpo y espíritu) como
sacrificio. Ser seguidor de Cristo no es solo ir
a la iglesia, leer la Biblia y citar las Escrituras.
Es rendir todo nuestro ser a Dios y tener una
relación con Él.
Esos versículos también revelaban la importancia
de renovar mi mente con la Palabra de
Dios. Tenía que dejar de permitir que Satanás
influyera sobre mis pensamientos. También
necesitaba caminar en obediencia a la Palabra
del Señor, perdonar a los demás y confiar en
Él en todas las circunstancias. Solo entonces
podría convertirme en todo lo que Él deseaba
y experimentar Su vida de abundancia.
En el año 2000, comencé a entregar mi
mente al Señor y a andar según Su Palabra.
Cinco años después, me llamó a hacer ministerio
y me ordené.
Durante los últimos 25 años, la Palabra de
Dios y Su Espíritu Santo me han guiado en
una búsqueda de la verdad. Conocer Su verdad
me ha liberado de los pensamientos de
derrota, las malas decisiones y los resultados
negativos (Juan 8:32).
Actualmente, tengo una hermosa relación
con mi madre al igual que con todos mis hermanos.
El Espíritu Santo me dio el poder
para obtener mi certificado GED en 2018.
Su verdad también me ha ayudado a ver a
las personas y circunstancias a través de
una mirada espiritual, no física.
Conocer la verdad de Dios me salvó la
vida en 2021, cuando me diagnosticaron
un tumor cerebral. Estaba dando clases en
una escuela cristiana cuando recibí una
llamada del médico. Me habían examinado
a principios de esa semana porque no me
sentía bien, pero no esperaba las noticias
que me dieron.
Salí del aula aturdida y llamé a mi amiga
pastora. De inmediato me encomendó
a Jesús y me dijo: “¡Débora, vas a estar
bien! Mira a Dios y declara vida ante tu
situación”. Sabía que la muerte y la vida
están en el poder de la lengua (Proverbios
18:21) y me recordó que debía alabar a Dios
incluso en esta tormenta.
Así que levanté las manos y la voz, y
agradecí al Señor. Sabía que podía confiar
en el buen Dios al que servía y que nada
era imposible para Él. Estaba decidida a
mantenerme firme en la verdad de Su Palabra
y confiar en Él, pasara lo que pasara.
Oré mucho en ese momento, principalmente
pedí la alegría de la presencia del
Señor (Salmo 16:11). No quería que el miedo
a la muerte me atormentara. El temor
es obra del enemigo (2 Timoteo 1:7), y no
quería volver a caer presa de sus mentiras.
Durante el mes siguiente, me sometí a
cuatro sesiones de radioterapia. La primera
vez que me colocaron ese molde de plástico en
el rostro y fijaron mi cabeza a la mesa del equipo
de radiación, mi ansiedad se manifestó.
Pero agradezco a Dios por Su Espíritu Santo,
quien me ayudó a mantenerme firme en Su
Palabra y Sus promesas. Me concentré en
darle las gracias por Su bondad, y por mi esposo,
mis hijas, mi querido yerno y los amigos
que estaban a mi lado, orando y declarando
la Palabra. Durante esa prueba, el Señor me
mantuvo en perfecta paz (Isaías 26:3). Y, alabado
sea, me ha sanado por completo.
¿Necesita usted ese tipo de paz? ¿Y qué hay
de la alegría? Surgen cuando uno entrega todo
su ser a Dios y renueva su mente con Su verdad.
Satanás quiere que usted crea que no es
nadie y que su situación no tiene remedio. Él
quiere que se rinda y nunca experimente la
voluntad de Dios para su vida.
¡No lo deje vencer! Comience a ver la vida
con la perspectiva de la verdad de Dios. Lo
que sea que esté enfrentando no tiene por
qué definirlo o derrotarlo. Siga luchando en
el Espíritu y ármese con la verdad (Efesios
6:10–18). El Señor abrirá un camino.
Lo que usted ve a su alrededor, mi amigo,
no es el final.
DEBORAH JONES ha estado casada con su amado
esposo más de 31 años. También es madre, apreciada
suegra, abuela, madre de acogida y ministra ordenada.
También se desempeña como anciana en su iglesia.
Deborah trabaja en hogares para ancianos y es la autora
de The Making, disponible en Amazon.
8s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
VIDAS TRANSFORMADAS
ART BY BY ALBERTO HENRIQUEZ
EL ARTISTA ALBERTO HENRIQUEZ HONRA LA MEMORIA DE MISTY CON ESTE DIBUJO.
VICTORIA EN
EL DOLOR
“DIOS, LA ESTOY PASANDO MAL”. Las palabras se me salieron en
un momento de silencio, crudas y sin filtros. No era una oración pulida,
solo admitía con franqueza mi situación. Acababa de perder a mi mejor
amiga y el corazón se me estaba rompiendo.
El dolor fue una tormenta que remodeló el paisaje de mis emociones.
Perder a Misty me hundió en una oscuridad llena de preguntas, emociones
impredecibles y una pérdida profunda. Había días en los que creía que
no me sobrepondría.
Pero mientras miraba hacia el Señor, surgió un destello de luz. No era
de sanación inmediata ni respuestas ni una solución fácil a mi pesar. Más
bien era la luz lenta y constante de la paz y la presencia de Dios que caminaba
a mi lado (Filipenses 4:6–7). Fue un coraje y una resiliencia recién
descubiertos que asumían las dificultades y pérdidas, no como algo de lo
que escapar, sino como algo que aceptar.
POR SHERIDAN CORREA
Con frecuencia el duelo se siente como un enemigo a vencer. Luchamos
contra él, y evitamos, huimos o nos hacemos insensibles a su impacto. Pero
el duelo no es algo que haya que conquistar. Es un maestro que, cuando
lo enfrentamos con valentía y honestidad, puede llevarnos a nuevas profundidades
de intimidad con Dios, uno mismo y los demás. A través de
él, podemos descubrir una resiliencia y fuerza que ignorábamos tener.
Estoy aprendiendo a no negar lo que es doloroso, sino a aceptarlo como
parte de mi historia. Una vida transformada no trata de eliminar
todos los pensamientos, sentimientos y situaciones negativas; eso
es imposible. Una vida transformada entiende que cambiamos
nuestra respuesta a esas cosas. Pensamos en ellas desde la perspectiva
de Dios, confiando en Su presencia y planificación para
los desafíos de la existencia. Como nos recuerda Isaías 42:3: “No
aplastará a la caña más débil, ni apagará una vela que titila.” (NVI).
La victoria en la oscuridad del duelo no proviene de evitar el
dolor, sino de atravesarlo con intención y fe activa. Mis viejas
estrategias para manejar situaciones difíciles ya no me sirven.
Solía aislarme, compadecerme de mí misma, aturdirme y escapar
de la realidad, o huir de cualquier desafío.
La victoria en la sombra del duelo no significa que el dolor
haya desaparecido ni que nunca volveré a sentirlo. La victoria
es una elección. Llega cuando decido no esconderme, sino ser
vulnerable. Se trata de ser franca conmigo misma y los demás
sobre mis pensamientos y sentimientos. Es elegir lamentarme y
entregar mi dolor a Dios en vez de acumularlo o esconderme de él.
La victoria también proviene de cuidarme a mí misma. He
aprendido a mantener mi cuerpo comiendo bien y haciendo
ejercicio. Doy prioridad al descanso y creo espacio para la recuperación
y la sanación. Recurrir a mi comunidad para obtener
apoyo y oración también ha sido vital.
La victoria es participar en la vida, incluso cuando parece devastada.
Eso significa que puedo ser vulnerable y sincera con Dios, y admitir
que paso por un mal momento. Puedo acercarme a Él incluso cuando
me permito sentir todas las emociones: tristeza, ira, confusión.
La vida conlleva dificultades y sufrimiento. Una vida transformada
no niega esta realidad; la reconoce y asume. Ve cada prueba
como una oportunidad para una intimidad más profunda con el
Padre (Salmo 34:18), cada pérdida como una oportunidad para
A través del duelo, podemos descubrir una
resiliencia y fuerza que ignorábamos tener. Estoy
aprendiendo a no negar lo que es doloroso, sino
a aceptarlo como parte de mi historia.
recibir Su fuerza (1 Corintios 10:13), y cada tristeza como un lugar
donde Su Espíritu da fruto maduro (Santiago 1:2–4).
Dios no nos ha dejado sin ayuda ni esperanza. Jesús prometió
en Juan 16:33 que podemos tener fe en la adversidad porque Él
ha vencido todas las dificultades que enfrentaremos.
Mientras navego por las olas del dolor, me aferro a este convencimiento:
la oscuridad no es el final de la historia. Cristo ha
vencido las tinieblas. En Él, incluso el sufrimiento más profundo
puede convertirse en una puerta a la victoria, y un camino hacia
una vida más plena y radiante.
SHERIDAN CORREA es consejera bíblica especializada en atención
integral basada en el trauma así como directora del programa de bienestar
de Victorious Living. Esposa y madre de dos adolescentes, ha visto su vida
transformada de modo radical por Jesús.
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Número 02 / 2025
9s
Restauración
LA HISTORIA DE CLINT SMITH
¿Cómo se pasa
de llevar una
insignia y proteger
a los demás a usar
un mono naranja
y vivir tras las
rejas?
Me hacía esa pregunta acostado en mi litera.
“¡Medicamentos!” La enfermera gritó a las
5:00 a.m. “Smith, ¿quieres tus medicamentos
de desintoxicación?”.
Débil por no comer y apenas con vida, tomé
fuerzas, me arreglé la ropa y me acerqué a la
mesa.
“Muchacho, tienes un aspecto lamentable. La
última vez dijiste que no ibas a volver”, comentó
mientras examinaba mis signos vitales.
Ese día yo era un muerto andante, físicamente,
espiritualmente y emocionalmente. Pero
ahora, gracias al poder salvador y sanador de
Jesucristo, soy un hombre nuevo, lleno de vida.
Mi infancia fue dura. Mi madre hizo todo lo
posible por protegerme de mi padre abusivo y
alcohólico, pero era imposible escapar del caos.
También se esforzaba por proteger la integridad
de nuestra familia dentro de la comunidad
ya que mis padres servían en fuerzas del orden.
Sin embargo, a causa de su condición, yo
sentía que no tenía donde pedir ayuda. ¿Quién
me creería si contaba lo que sucedía en nuestra
casa? También tenía miedo de lo que papá
me haría si hablaba. Yo ya era el blanco de sus
arranques de borrachera. Le ocultaba el maltrato
a mamá, pues me aterrorizaba que nuestra
familia se separara.
La vida escolar no era mejor. Era un marginado
social sin habilidades atléticas. Al no
sentirme deseado en casa ni en la escuela, me
volví introvertido. El único lugar donde estaba
a salvo era con mis abuelos.
Al terminar la secundaria, me fui de casa,
conseguí un empleo y me inscribí en un colegio
comunitario. Allí encontré aceptación en
las fiestas. Las drogas y el alcohol, justo lo que
despreciaba, se convirtieron en la cura para
todas mis ansiedades sociales.
Estar bajo los efectos del alcohol me daba
una falsa sensación de seguridad, pero en realidad
despertaba el monstruo de la adicción
que a la larga me aplastaría.
Sabiendo que necesitaba enderezarme, me
alejé del ambiente universitario y solicité un
puesto como agente de detenciones. Me sentía
orgulloso y aceptado, sirviendo en las fuerzas
del orden como mis padres.
En mi segundo año, me aceptaron en el programa
Capacitación Básica de Aplicación de la
Ley y me gradué como el mejor de mi clase. A
los 25 años, presté juramento como alguacil adjunto.
Me encantó la estructura de la institución
y luchar por los demás. Siempre me habían
menospreciado.
Un par de años después, me nombraron
sargento y entré en investigaciones. Seguía
saliendo de fiesta con otros oficiales en mis
días libres, pero no como antes.
En 2014, me lesioné la espalda en el trabajo
y me sometí a cirugía sin éxito. Mi médico me
recetó grandes cantidades de opiáceos para
el dolor. Cuando esas drogas entraron en mi
organismo, todo cambió. ¡Me sentía eufórico!
FOTO DE PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
10s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Sorprendentemente, al doctor no le molestaba
recetarme 360 pastillas al mes, más de las que
toma la mayoría de los pacientes con enfermedades
terminales.
Cuando cambié de neurocirujano, todo eso
se detuvo. El nuevo médico me retiró los opiáceos
y me dio otros métodos para combatir el
dolor hasta que pude volver a trabajar. Pero
para entonces, me había cansado de la aplicación
de la ley, sobre todo de las constantes
disputas entre el personal, los turnos nocturnos
y la política. Por no hablar de los traumas que
conlleva el oficio.
Había estado en tiroteos y sido testigo de
apuñalamientos, abuso infantil, suicidios, violaciones
y personas carbonizadas. Los rostros
de esas víctimas estaban grabados en mi mente,
y ya no aguantaba.
En 2019, renuncié a mi puesto de teniente
tras 14 años como agente de la ley y saqué una
licencia para conducir camiones. También me
comprometí y tuve un hijo.
Me emocionaba formar una familia, pero antes
del nacimiento de nuestro hijo, comencé a beber
después del trabajo y a probar drogas. Luego tuve
otra cirugía de espalda, y en cuanto el primer
analgésico pasó por mis labios, estuve perdido.
Cuando el médico me los quitó, me busqué
otro proveedor. Me sentí afortunado cuando mi
vendedor de cocaína me regaló diez bolsitas de
opiáceos. No me di cuenta de que era fentanilo,
pero supe que, fuera lo que fuera, ¡funcionaba!
Mi dolor de espalda desapareció rápidamente
y decidí dejar de consumir.
A esa idea le siguieron síndromes de abstinencia
que me provocaban morirme.
Confundido, llamé al vendedor y le pregunté
qué me había dado. “Bienvenido a la fiesta”,
dijo. “¿Dónde nos vemos?”. Esta vez las drogas
no eran gratis. Estaba en problemas.
Desde entonces, la adicción dominó mi vida.
Me arrebató todo: mi casa, mi prometida, mi
hijo y mi reputación. Y después empecé a usar
agujas, algo que la mayoría de los adictos dicen
que nunca harían.
El dinero se me acabó pronto, así que vendía
pertenencias para obtener más. Eso incluía cosas
que no eran mías. Cuando ya no quedó nada,
vendí y distribuí fentanilo para pagar mi vicio.
Sufrí tres sobredosis. La primera vez, volví
en mí con un equipo médico y las autoridades
paradas frente a mí en la entrada de la casa de
mi madre. Me enfureció que mamá pidiera
ayuda.
En cuanto pude pararme, corrí a mi auto y
me fui furioso. Hubo una breve persecución
antes de que chocara con unos botes de basura
y que me detuvieran. Desperté vestido
de naranja, acusado del delito de eludir el
arresto y posesión de heroína.
Los medios de comunicación del estado se
dieron banquete. Los titulares decían: “Exteniente
de policía arrestado”. Me avergonzaba
y entristecía que mis acciones afectaran a mi
familia y las instituciones en las que había
trabajado.
El fiscal de distrito ofreció un acuerdo
de admisión de culpabilidad por libertad
condicional por ser mi primera falta, pero
pronto irrespeté las condiciones y regresé
al tribunal. Quería esconderme debajo del
banco cuando el joven que estaba a mi lado
me reconoció.
“Sargento Smith, ¿es usted?”, preguntó,
sorprendido. “Todos en casa vieron la noticia,
hermano. ¡Hiciste de todo! Fue como un
episodio de Cops”. Agregó luego: “Mantén la
cabeza en alto, viejo. Sigue siendo un buen
hombre”. No me sentía para nada así.
El juez me dio otra oportunidad, pero me
advirtió que, si me volvía a ver, iría a prisión.
Me fui derrotado y enojado conmigo mismo,
el mundo y Dios.
Poco después, salí bajo la lluvia, levanté
las manos y grité al cielo: “Ámame, ódiame,
mátame. No me importa. ¡Solo hazme saber
que estás ahí arriba!”. No estaba preparado
para la respuesta de Dios.
Al día siguiente, mi oficial de libertad
condicional se presentó en mi casa para
hacer una revisión. Estando allí, me reveló
que la policía había iniciado una investigación
en mi contra. Tenía ocho delitos
graves pendientes.
Dos días después, mientras iba en auto con
mi madre, vi un par de patrullas. Sabía que me
esperaban. Luego otro vehículo se nos acercó
por detrás y nos detuvo. Le dije a mamá que lo
lamentaba y que me iba por un tiempo.
Me esposaron y llevaron a la cárcel. El juez
fijó una fianza astronómica y pasé por otra terri
ble desintoxicación. Después me pusieron
con los encarcelados comunes y pronto me
visitó un capellán.
Me dijo que si construía mi vida sobre cualquier
cosa que no fuera Jesucristo, no se sostendría
(Mateo 7:24–27). Al principio me pareció
fuera de lugar, pero esa noche reflexioné sobre
sus palabras y oré: “Dios, ¿me ayudarías a poner
esa base de la que habló el capellán?”
Recibí Su respuesta unos días más tarde,
cuando un oficial me habló del S.H.A.R.P.
(Programa de Recuperación de la Adicción
a la Heroína del Sheriff, en español) en el
Centro de Detención del condado de Pitt.
Ese día, yo era un muerto andante, físicamente,
espiritualmente y emocionalmente. Pero
ahora, gracias al poder salvador y sanador de
Jesucristo, soy un hombre nuevo, lleno de vida.
Tres días después, me trasladaron al programa.
Varias personas vinieron a nuestro pabellón
para brindarnos asesoramiento y guía para
superar la adicción, entre ellas ministros como
el pastor Mike Dixon, el capellán David Linton
y la editora de Victorious Living, Kristi Overton
Johnson.
El enfoque de recuperación basado en la fe
que presentaron me intrigó, al igual que la esperanza
de Cristo en sus vidas. Me convencí de
mi pecado y tomé una Biblia de la estantería. Le
confesé a Dios que había hecho un desastre con
mi existencia y le prometí que, si me salvaba,
lo adoraría para siempre.
Empecé la Biblia por Génesis y me la leí toda.
Mi fe se fortalecía día a día, así como crecía mi
paz. Pronto el tormento de mi encarcelamiento
se transformó en bendición. Me sentí vivo y
libre.
Cinco meses después, me retiraron la fianza
y recibí una libertad previa al juicio con moni
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Número 02 / 2025
11s
toreo electrónico. Tenía miedo de irme cuando
el oficial me dijo que empacara. El momen to de
la verdad había llegado y no estaba segu ro de
lograrlo.
La primera persona a la que llamé al llegar
a casa fue el pastor Mike. Ofrecía un programa
de recuperación de adicciones llamado L.I.F.E.
Sabía que, si quería mantenerme desintoxicado
y seguir creciendo en mi fe, tenía que mantener
el contacto con el programa y quienes me
habían ayudado.
El pastor Mike me visitó y hablamos sobre mis
próximos pasos. Me advirtió que el viaje no sería
fácil, pero prometió que, mediante la fe en Jesús,
me sería provisto todo lo necesario. Nos arrodillamos
en la sala de mi madre y oramos, y en los
meses que siguieron, vi a Dios hacer milagros.
El tormento de mi encarcelamiento se
transformó en bendición. Me sentí vivo y libre.
Cuando salí de la cárcel, no tenía nada
más que la ropa que llevaba puesta y esos
ocho cargos pendientes por delitos graves.
No tenía licencia de conducir ni trabajo ni
teléfono. El programa de reinserción local
me ayudó dándome ropa y asesoramiento,
pero dados mis cargos pendientes, sus intentos
de encontrarme empleo fracasaron.
“Vuelva cuando solucione sus problemas
legales”, decían todos.
Me las arreglé para obtener trabajo en Mc
Clint (en la tina)
siendo bautizado por
Mike Dixon y Kristi
Overton Johnson en
el Avivamiento de la
Esperanza de Victorious
Living en septiembre de
2024. Los tres (en la foto
de abajo) se conocieron
cuando Clint estaba
encarcelado y ahora
se alían en ministerio
para llevar a otros la
esperanza de Cristo.
Donalds. Voltear hamburguesas no era exactamente
lo que quería, pero estaba agradecido
y decidido a trabajar para la gloria de Dios (Colosen
ses 3:17). Me recordaba a diario que debía ser
leal y amable, y trabajar con integridad. La Biblia
prometía que Dios vería mis esfuerzos y me
recompensaría en su momento (Lucas 16:10).
Mucha gente me preguntaba por mi monitor
de pierna. Eso me permitía compartir mi testimonio
y mis lecciones de vida. Me alegré mucho
cuando, como resultado de mis palabras, uno
de mis compañeros de trabajo se alistó en la
Marina y otro volvió a estudiar para completar
la secundaria.
Dios pronto me dio más oportunidades de
servirle a Él y los demás cuando el pastor Dixon
me pidió que enseñara en sus reuniones de
recuperación de L.I.F.E. Me sorprendió que el
Señor y el pastor confiaran en mí para ayudar
a otros a encontrar la libertad. Aún tenía un
juicio pendiente.
Días antes de mi audiencia en la corte,
mi abogado me informó que el estado había
desestimado los ocho cargos. Se me salieron
las lágrimas mientras alababa a Dios por actuar
en mi favor. Ahora podía ingresar al colegio
comunitario local.
Siguieron las bendiciones cuando recuperé
mi licencia de conducir y me aprobaron
una ayuda financiera. Hoy soy un estudiante
de tiem po completo con un promedio de 3.5,
que se prepara para ingresar a la escuela de
enfermería. ¡A Dios sea la gloria!
Dios tiene una gran habilidad para restaurar
a las personas quebrantadas y resucitar lo que
estaba muerto. Aplastó mis adicciones, me curó
de la depresión, restauró lo que había perdido
y me dio más de lo que hubiera imaginado. Él
también puede hacer todo eso por usted. No
importa lo que pase en su vida, siempre hay
esperanza en Jesucristo.
FOTO DE PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
CLINT SMITH ayuda a otros a vivir libres de la
adicción en su posición como líder de recuperación en
L.I.F.E. Ministries. El programa L.I.F.E. está disponible
para los encarcelados en las plataformas digitales de
VL en EDOVO y PANDO.
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UN PASO ADELANTE
Alabe a Dios de todos modos
POR CHRISTINA KIMBREL
EN CUANTO MIS OJOS SE ABRIERON,
supe que sería una lucha salir de la cama. Me
quedé en la oscuridad, atrapada en una encrucijada.
No podía volver a dormirme, pero tampoco
quería que mis pies tocaran el suelo.
“Señor, no quiero hacer esto hoy”, murmuré.
¿Cómo haré para llegar al trabajo? Necesitaba
un milagro para ir hasta la cafetera.
Pero ¿por qué me asustaba el día que tenía por
delante? La vida nunca había sido mejor. Estaba
casada con un hombre maravilloso, todas mis
necesidades estaban satisfechas, hacía lo que
amaba al escribir para el Señor y podía ayudar
a dar libertad a encarcelados compartiendo la
esperanza de Jesús. Me sentía muy bendecida.
Para mí, la depresión es así de irracional.
Muestra su feo rostro sin previo aviso y sin invitación,
siempre en momentos inoportunos
cuando hay gente que ver, lugares a los que ir
y cosas que hacer. Las actividades que normalmente
me encantan de repente me abruman.
Una simple conversación se hace extenuante.
Tareas cotidianas como hacer un sándwich o
ducharse parecen imposibles.
Esto puede sonar demasiado dramático para
alguien que no lo ha experimentado. Pero el que
lo ha vivido entiende.
En el pasado, he permitido que la depresión
me impidiera vivir la vida. Todo era demasiado,
sin importar lo que fuera. Pero desde que entregué
mi vida a Jesús, Él me permite atravesar
la oscuridad y hacerme un camino. No niego lo
que siento, pero ya no dejo que me gobierne.
En los días difíciles, es algo que decido. Sé
que necesito pedirle ayuda a Dios (Salmo 30:2),
No niego lo que siento, pero ya no dejo
que me gobierne.
y cuando lo hago, Él me anima con la tranquila
seguridad de que, si doy los primeros
pasos fuera de la cama y abro Su Palabra, Él
se encontrará conmigo allí.
Ese recordatorio fue el empujón que
necesitaba. Me levanté de la cama, me arrastré
hasta la cafetera y luego me senté en
silencio frente a mi Biblia abierta, esperando
escuchar al Señor.
Dios no me defraudó. Me instó a leer el
Salmo 42. Me brotaron las lágrimas al leer
las palabras escritas hace miles de años por
alguien en mi condición. “¿Por qué estoy
desanimado?”, escribió el salmista. “¿Por
qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi
esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré,
¡mi Salvador y mi Dios! Ahora estoy profundamente
desanimado, pero me acordaré de
ti” (Salmo 42:5–6 NTV).
El salmista no sabía por qué estaba sufriendo
ni cuánto duraría, pero sabía qué
hacer. Y a través de sus escritos, compartió
con nosotros una receta para un santo antidepresivo:
recordar la fidelidad del Señor
(42:6), reconocer Su amor y presencia en
la oración (42:8), poner toda la esperanza
en Dios y, en medio de la tristeza y desesperación,
ofrecer alabanza al Señor (42:11).
El Salmo 42 fue el remedio que mi alma
necesitaba en mi lucha por arrancar esa
mañana. Esa santa prescripción me ayudó
a avanzar con renovadas fuerzas y entusiasmo.
En el trabajo, repetí una canción de alabanza
en mi corazón, recordando todas las cosas buenas
que Dios ha hecho en mi vida. Recordé los
milagros que me había dado y le agradecí por
su presencia en mis pruebas. Antes de darme
cuenta, el día había terminado.
Dios había respondido a mi alabanza dándome
la fuerza para hacer lo que yo creía que no
podía. Regresé a casa celebrando una victoria.
Dios puso ese capítulo en Su Palabra porque
sabía que habría días en los que Sus hijos, usted
y yo, podríamos necesitar un poco más de ayuda
para vivir en este mundo quebrantado.
¿Está usted desanimado? Alabe al Señor de
todos modos. Entréguele su depresión, ira, ansiedad,
lujuria, envidia o cualquier otra cosa que
sea un obstáculo. Dios se encontrará con usted
en Su Palabra, donde Él se reunió conmigo. Dios
promete que nuestro Soporte, el Espíritu Santo,
traerá a nuestra memoria las escrituras que
hemos grabado en nuestro corazón en tiempos
de necesidad (Juan 14:26; Hebreos 8:10).
La alabanza lo ayudará a usted a vencer, al
igual que Aquel que es más grande que cualquier
cosa que esté atravesando (1 Juan 4:4).
CHRISTINA KIMBREL desarrolla contenido para
su uso en las plataformas de VL.Una vez encarcelada,
ahora ministra esperanza a aquellos cautivos por sus
circuns tancias pasadas y presentes, mientras comparte
el mensaje de sanación que encontró en Jesús.
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Número 02 / 2025
13s
LA HISTORIA DE FREDERICK BEST
14s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
“SRA. BEST, LE RECOMENDAMOS INTERRUMPIR ESTE EMBARAZO”.
MAMÁ ESTABA DE CINCO MESES AL OÍR ESAS PALABRAS.
FOTO DE PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
Fue duro desde el principio. Ser una mujer
de color soltera, pobre y encinta en los años
sesenta ya era difícil, y entonces empezó a
tener fuertes náuseas matutinas. Mamá trataba
de sobreponerse mientras trabajaba en
los campos de tabaco del este de Carolina del
Norte junto a su familia, pero era complicado.
Mi venida no fue un motivo de celebración.
Mamá ya tenía tres hijos, pero sus padres la
apoyaban en todos los sentidos.
Una amiga le ofreció un medicamento llamado
talidomida para aliviar sus síntomas, y
mamá agradeció el alivio. Pero lo que ella, su
amiga y los médicos ignoraban era que ese
producto me causaba mucho daño a mí, como
lo hizo con más de 10 mil niños no nacidos
cuyas madres lo tomaron en su primer trimestre
de espera.
Cuando mamá tuvo un fuerte dolor abdominal,
fue a una clínica. Pero tuvo que ir a varias
consultas antes de que la enviaran a un especialista
que pudiera diagnosticar el problema.
Él le informó de mis discapacidades congénitas
y las complicaciones potencialmente
mortales que podía enfrentar si continuaba
el embarazo. Salió del consultorio devastada.
Recurrió a su fe para tomar la decisión más
difícil de su vida. Mamá creía firmemente en
los principios de la Biblia y se apegaba a sus
convicciones con respecto a la vida, pese a
que teníamos las probabilidades en contra.
Después de mucho orar, decidió arriesgar su
vida por la mía.
Luché para llegar a este mundo el 19 de enero
de 1968, desgarré la placenta de mi madre
y sufrió una hemorragia interna. Había un
denso silencio en el aire cuando los médicos
y enfermeras me limpiaban y examinaban, y
entonces el médico le dio la noticia a mamá.
“Sra. Best, el cuerpo de su hijo tiene muchas
deformidades. Nunca tendrá una vida
normal. Le faltan huesos de ambos hombros, y
no puede doblar los brazos y piernas. Su mano
derecha parece débil y la izquierda es muy
deforme”. Añadió que tenía las dos rótulas invertidas
y que mis dedos izquierdos eran
solo muñones.
Mi madre, una mujer tranquila y amable,
ya había oído suficiente. “¡Tráiganme a mi
hijo!”, exigió. Abrazándome con fuerza, les
dijo a mis tías: “El Señor sabe lo que hace. El
nombre de este bebé es Frederick Ronzelle
Best”. Significa gobernante pacífico.
Me quedé en el hospital después de que
mamá salió de alta para que pudieran
hacerme más pruebas. Ella aprovechó ese
tiempo para preparar a mis abuelos, tías,
tíos y mis tres hermanos para mi llegada.
Su familia se agrupó para cuidarme. Los
Best son un clan muy unido que valora el
esfuerzo. Venimos de una larga línea de
trabajadores de la tierra que han pasado
por muchas dificultades.
Mi condición se volvió el tema de conversación
del pueblo, y muchos se acercaban
para echar un vistazo. Pero la mayoría solo
fingía felicitar a mi madre. Murmuraban
cosas horribles a nuestras espaldas.
Algunos decían que estaba maldito. Otros
decían que Dios había castigado a mamá
al darle un hijo así. Pero ella los ignoraba,
prefería creer en el Señor y Sus promesas.
Mientras yo estaba en su vientre, el Señor
le había dicho que yo no era diferente a
los demás niños. Estaba segura de que Dios
tenía grandes planes para mí. Queridos
amigos ratificaron Su promesa: “Dios te
ha confiado un regalo especial, Sylvia. Eres
bendecida”.
Criar a un niño con necesidades especiales
no era una tarea fácil. Mamá recurría al
Señor a diario para encarar sus temores y
apuros con gracia, dignidad y feroz determinación.
A menudo caían lágrimas de sus
ojos al ver mi pequeño cuerpo esforzarse
para hacer lo que otros bebés hacían con
facilidad.
Los pequeños hitos como darme vuelta,
sentarme y dar mis primeros pasos se celebraron
como grandes victorias; y aprendí a
comer yo mismo contra todas las predicciones
del médico. Me encantaba hacer las cosas por
mí mismo. Mamá estaba muy ocupada, yo
quería ayudarla en todo lo que pudiera.
Al principio, me protegió, pero cuando
empecé a crecer, no me trataba de manera
diferente a mis hermanos y no permitía que
nadie lo hiciera.
Todos los días, mamá me inculcaba que
no era discapacitado. Incluso ahora, puedo
escuchar su voz firme: “No dejes que nadie te
etiquete, Frederick. Puedes hacer todo lo que
cualquier otro hace. Nunca dejes que te digan
lo contrario”. Mi aprendizaje se aceleró cuando
comencé la escuela. Mamá se aseguró de que
estuviera en grupos regulares como los demás.
En los siguientes años, mamá tuvo muchos
más hijos, 15 en total. Según los estándares del
mundo, éramos indigentes. Llevábamos ropa
de segunda mano, dormíamos cinco niños
en una cama y a menudo no podíamos ir a
la escuela. Pero en lo que respectaba a mis
Frederick (izquierda) fotografiado
con su hermano mayor, Burtrice.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG Número 02 / 2025
15s
hermanos y a mí, nuestras necesidades estaban
satisfechas. Teníamos un techo sobre
nuestras cabezas y un hogar lleno de amor.
Pero cuando estaba en tercer grado, de repente
nuestra familia se quedó sin hogar. Nos
mudábamos mucho, y en esa época caótica,
me violó varias veces una persona en la que
confiábamos. Cargué con la vergüenza y una
culpa injustificada por esos incidentes durante
muchos años.
Servicios Sociales intervino después de que
se denunciara la situación de nuestra familia.
No teníamos idea de que la amable señora que
nos visitaba hacía preguntas y traía comida
con algunos meses de por medio era una trabajadora
social.
En enero de 1979, justo después de cumplir
11 años, las autoridades llegaron a mi escuela.
“Frederick”, dijeron—, “hoy vienes con nosotros.
Tenemos permiso de tu mamá para
recogerte”. Algo no estaba bien, pero fui con
la esperanza de que me llevaran con mamá.
En cambio, me llevaron al edificio del Departamento
de Servicios Sociales y me escoltaron
hasta una habitación. Mis hermanos y
hermanas también estaban allí.
“Mamá no va a estar por un tiempo”, me dijo
uno de mis hermanos.
Eso es mentira, pensé. Era imposible que se
fuera y nos dejara con esta gente.
Después de decirnos que estaríamos en
un hogar de acogida unos meses, las autoridades
se llevaron a mis hermanos en
parejas. Contuve las lágrimas para tratar de
darles fuerza a los demás. Muchos de mis
hermanos gritaban y lloraban por mamá.
Era una escena lamentable.
Después de unos minutos, yo era el único
que quedaba. Uno de los trabajadores sociales
señaló en mi dirección y susurró: “No
encontramos a nadie que lo quiera”. Esas palabras
fueron como sal en una herida abierta.
Al anochecer me encontraron un hogar
de acogida. Mientras nos alejábamos del
edificio, miré por la ventana, buscando con
desespero puntos de referencia. Tendría
que orientarme cuando me escapara.
Pasamos por un puente de acero, y lo
reconocí como el que cruzó nuestra familia
al entrar en Greenville. La trabajadora social
se dio cuenta y comenzó a tomar dife rentes
caminos para confundirme.
Su plan funcionó. Y cuando perdí el rumbo,
llenó mi corazón una profunda tristeza.
Comencé a llorar sin control: “Quiero a mi
mamá. Por favor, lléveme a casa. Quiero a
mi familia”.
Todos los días, mamá me inculcaba que no era
Cuando llegamos a un semáforo, salté
del auto y traté de huir. No llegué muy lejos.
La trabajadora me atrapó, me metió de
discapacitado. Incluso ahora, puedo escuchar su voz firme:
“No dejes que nadie te etiquete, Frederick”.
nuevo en el auto y me llevó
al lugar al que yo llamaría
“hogar” los siguien tes siete
años.
Existen muchos hogares
de acogida amorosos,
pero yo no terminé en uno.
Mi madre adoptiva me
maltra taba mental, física
Una de las fotos familiares
favoritas de Frederick muestra
a su madre (centro) y todos sus
hermanos de toga y birrete con la
casa de la familia en el fondo.
y verbalmente. Aún oigo como la primera
noche dijo sobre mí: “Es una cosita sucia y
de sagradable”. También abusaban de mí
sexual mente otros niños de tránsito en la casa.
A menudo intentaba contarles a los trabajadores
sociales lo que ocurría, pero mi
pedido de ayuda caía en oídos sordos. No supe
el paradero de mis hermanos durante años
hasta que Servicios Sociales finalmente nos
concedió un encuentro a algunos de nosotros.
Al estar por fin juntos, me enteré de las
horribles dificultades y abusos que muchos
de mis hermanos soportaban. También supe
que uno estaba en una institución psiquiátrica,
dos de mis hermanas habían sido adoptadas
y que mi madre se había mudado a Baltimore
tras sufrir una crisis nerviosa por la pérdida
de sus pequeños.
Todas estas noticias entristecieron mi
corazón. Mamá siempre me había encargado
cuidar a mis hermanos, incluso a los mayores.
Me sentí impotente al volver a mi hogar de
acogida, pero muy motivado a salir adelante
por mi cuenta y ayudar a mi familia.
Uno de los mayores retos de estar en un
hogar de acogida eran las limitaciones que
me imponía la gente. Todos asumían que por
tener tantas discapacidades físicas, mi mente
no funcionaba correctamente.
El personal de la escuela insistía en ponerme
en clases de educación especial. Tuve que
luchar a diario para evitar que aprisionaran mi
mente con dudas e inseguridades. Completé
una educación de cuarto grado de primaria.
También intentaron negarme la oportunidad
de obtener una licencia de conducir, pero
saqué de quicio al instructor hasta que me dejó
tomar las clases solo para callarme. Para su
sorpresa, al poco tiempo dominaba un auto.
Mamá me había inculcado que rechazara la
idea de que las cosas eran demasiado difíciles.
Me aferraba con fuerza al recuerdo de su voz
frente a los obstáculos y lo usaba como estímulo
mientras esperaba cumplir los 18 años.
Cuando el reloj marcó la medianoche del 19
de enero de 1986, le agradecí a mi madre adoptiva
haberme cuidado, aunque nunca había
dicho un “te quiero” ni nada positivo sobre mí.
Luego agarré mis maletas y salí por la puerta.
Ya por mi cuenta, estaba listo a hacer todo lo
posible por reunir a mi familia. Supe que Dios
me había dado una tarea divina y me dispuse a
FOTO DE PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
16s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Frederick (centro) y muchos de sus hermanos recuerdan a su madre, Sylvia,
mientras están pie en el puente que Frederick cruzó para reunir a su familia.
responder a Su llamado. Lo que aún ignoraba
era que primero tenía que entregarle mi vida.
Mi madre había plantado muchas semillas
de fe en mi existencia, pero yo nunca había
elegido seguir a Dios por mí mismo, y eso me
dejaba expuesto a las distracciones.
Atravesé un período de oscuridad cuando
intenté superar enojos no resueltos sin
la ayuda del Señor. Empecé a beber, fumar y
consumir drogas. Luego, después de juntarme
con gente que no me convenía, terminé en
la cárcel por algo que no hice. Estuve allí una
semana antes de que me libraran de culpa.
Dios usó este tiempo para llevarme a un
estado de rendición. Le habló claramente a
mi corazón detrás de esas rejas, me recordó
que fui creado a propósito, para un propósito.
Me reveló que necesitaba aceptar a Jesucristo
como mi Señor y Salvador para apoyarme con
esos objetivos. Dios me ayudó a vencer toda
la ira y la amargura que habían crecido en mi
ser, una raíz que la Biblia dice que corrompe
a muchos (Hebreos 12:15).
Comencé a invitar a Dios a los aspectos rotos
de mi vida. Comenzó a sanarme y posicionarme
para ayudar a mis hermanos a encontrar la
plenitud. Uno no puede dar a los demás lo que
no posee. Hasta entonces, no había entendido
que necesitaba curarme de mis experiencias
anteriores.
Poco a poco, entregué el dolor de mi
pasado a Jesús, incluyendo las palabras y
acciones de quienes abusaron de mí. Puse a
cada persona a los pies de Jesús, confiando
en que Él arreglaría las cosas (Romanos
12:19). Así me liberé de la esclavitud que da
el no perdonar. La curación tomó tiempo,
pero valió la pena el esfuerzo.
Desde que le di mi vida, Dios ha guiado
mis pasos y me ha dado la fuerza y provisión
para reunir a mi familia. Con frecuencia
me sentía como David luchando
contra Goliat al enfrentarme a poderosos
organismos estatales, especialmente cuando
batallé contra el estado de Carolina del
Norte durante siete años por una custodia.
Pero el poder de Dios se ha perfeccionado
en mí donde y cuando he sido débil (2
Corintios 12:9).
He recibido muchos golpes en el camino,
como el asesinato sin sentido de mi hermano
George. Ese dolor casi acaba conmigo.
Pero Dios me ayudó a sobrellevar esa tragedia
y me ayudó a levantarme. Perder a
George me motivó a luchar con aun más
fuerza por los hermanos que me quedaban.
Lograr que la institución psiquiátrica me
diera la custodia de mi hermano menor,
Jacob, fue un tedioso proceso que requirió
de una paciencia sobrenatural. Había
mucha burocracia. Sin embargo, el mayor desafío
fue ganarme la confianza de Jacob. Tenía
diez años y yo era un extraño para él. Además,
estaba el asunto de mi apariencia.
Al principio, Jacob me tenía miedo, pero
al ser constante en mis visitas, se familiarizó
con mi rostro y me permitió acercarme. Le
costaba recordar mi nombre, así que le compré
un muñeco de Pedro Picapiedra, cuyo nombre
en inglés (Fred Flintstone) suena muy parecido
al mío.
Comencé a invitar a Dios
a los aspectos rotos de mi
vida. Comenzó a sanarme
y posicionarme para
ayudar a mis hermanos a
encontrar la plenitud.
Al ver el potencial de Jacob, lo animé como
mamá había hecho conmigo, recordándole
que no había nada que no pudiera hacer. También
hicimos un pacto: “Si tú eres mis manos
y mis pies, yo seré tu mente. Juntos, podemos
con esto”. Tuvimos altibajos, pero con amor y
paciencia, Jacob ha superado todas las limitaciones
que le habían impuesto.
En 1989, encontramos a mamá en un refugio
para víctimas de violencia doméstica en
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Número 02 / 2025
17s
IZQ. FOTO DE PARKER OVERTON PHOTOGRAPHY
Izq.: El hijo de Frederick, Prince, tiene la hermosa
sonrisa de su padre, y el mismo amor por Dios y los
demás. Arriba: Frederick pasea en bote por el este
de Carolina del Norte, llevando una vida sin límites.
El mundo y sus
circunstancias tratarán
de convencerlo de que no
lo logrará, ¡pero
Dios dice que sí podrá!
Baltimore y la trajimos a casa para que estuviera
con nosotros. La acogimos con amor y
el corazón abierto, con la esperanza de que
sanara de cualquier pesar o remordimiento
que arrastrara.
Vivimos juntos en el este de Carolina del
Norte hasta 2004, cuando ella partió para estar
con su Señor Jesucristo. Se nos rompió el
corazón, pero agradecimos que mamá pudiera
ver el fruto de esas semillas de fe que había
plantado en la vida de sus hijos.
La historia de nuestra familia es verdaderamente
un testimonio milagroso del poder
transformador de la gracia y el amor de Dios.
Él tomó todo lo que Satanás quería usar para
hacernos mal y lo convirtió en bien (Génesis
50:20). El Señor no ha desperdiciado ni un solo
momento de sufrimiento, y nos ha ayudado a
cada uno de nosotros a superar el pasado y
llevar vidas bendecidas. No solo hemos sobrevivido,
sino prosperado gracias a Dios.
Pienso en mi vida con asombro. Una vez
que me gradué de secundaria, el Espíritu
Santo me motivó a continuar mi educación.
Ingresé a un colegio comunitario
local para estudiar terapia ocupacional,
pero pronto me di cuenta de que el Señor
quería que ayudara a las personas en su
andar espiritual.
Por eso, cambié de carrera e ingresé a
una institución bíblica, donde finalmente
me completé cuatro doctorados, dos
maes trías, una licenciatura y un título de
asociado. También he escrito 12 libros y
tres guiones cinematográficos. Actualmente,
estoy trabajando en una película de
mi vida en asociación con una productora
con sede en Atlanta. A Dios sea la gloria.
De todas las bendiciones que me ha dado
Dios, la más preciada es mi hijo, Prince,
que tuve con mi hermosa esposa antes de
que falleciera en 2015. Recuerdo la bondad
y sabiduría de Dios cada vez que lo miro.
Prince es un niño hermoso y talentoso
que es portador de la luz de Dios para todos.
En él, veo la lealtad de Dios hacia otra
generación. Y pensar que el Señor me usó
a mí, alguien que el mundo decía destinado
a morir, para dar vida a un ser tan hermoso.
Es increíble.
Mamá tenía razón: el Señor sabía lo que
hacía. Y desde el momento en que me creó
en el vientre de mi madre, me ha ayudado
y desarrollado Su plan para mí vida
(Romanos 8:28).
El Señor hace lo mismo por cualquiera que
confíe en Él. Todas las cosas son posibles con
Él si creemos (Marcos 9:23; Filipenses 4:13).
Yo soy la prueba viviente de que Dios, no el
mundo, tiene la última palabra.
No hay límite para lo que Él puede hacer en
nuestra vida. Dios “puede lograr mucho más
de lo que [usted puede] pedir o incluso imaginar
mediante su gran poder” (Efesios 3:20
NTV). Él llevará a cabo los planes que tiene
para nuestras vidas (Salmo 138:8).
Por esa razón, usted puede ser fuerte y
valiente (Josué 1:9). Es por eso que puede
deshacerse de las etiquetas y pensamientos
limitantes, y seguir dando pasos de fe.
El mundo y sus circunstancias tratarán de
convencerlo de que no lo logrará, ¡pero Dios
dice que sí podrá!
EL DR. FREDERICK BEST es un vencedor cuyo amor
por Jesucristo lo obliga a compartir el evangelio con
los rechazados por la sociedad. Es padre, pastor y amigo
de muchos. Su autobiografía, They Said I Wouldn't
Make It, se puede comprar en Amazon. Para obtener
más información, visite drfredbest.com.
18s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
VIDAS TRANSFORMADAS
LIBÉRESE
DE ENREDOS
POR KRISTI OVERTON JOHNSON
HABÍA CUATRO COLLARES EN LA MARAÑA. No tenía
idea de cómo habían terminado en ese estado. Era como si
los hubieran enredado a propósito para ver qué tan grande
era el desastre que se podía hacer. Los collares habían estado
así durante aproximadamente un año.
Tres de ellos eran bisutería. Pero en medio de esas cadenas
baratas estaba una de mis prendas favoritas: un collar
que me regaló mis padres hacía muchas Navidades. Eso
sí era valioso.
Mis padres, que eran espléndidos con sus presentes, me
llevaron a una joyería fina para elegir este. De inmediato
me sentí atraída por una cruz sencilla pero con un diseño
hermoso. El cable de plata esterlina con sus piedras de rubí
en las cuatro puntas de la cruz me recordaba la sangre que
Jesús derramó por mí.
Los adornos dorados que resaltaban a esas gemas me
recordaban mi condición de realeza como hija del Rey.
Cada vez que llevo la cruz y siento los contornos del metal,
pienso en la bondad de mis padres terrenales y celestiales.
Muchas veces había intentado liberar mi collar. Incluso
había reclutado la ayuda de mi hijo menor, pero él tampoco
había tenido éxito. Cuanto más tirábamos y tratábamos de
separar las prendas, más enredadas se ponían. Nos dimos
por vencidos.
Un domingo, mientras me preparaba para ir a la iglesia,
volví a ver los collares. De repente, un intenso anhelo respaldado
por la determinación se elevó en mi espíritu, y
pensé: ¡Voy a llevar esa cruz esta mañana!
Miré el reloj, 30 minutos antes de tener que irme. Que
empiece el juego.
Con unas pinzas y un imperdible, empujé y tiré de las cadenas
estrechamente entrelazadas. Se formaban pequeños
espacios entre el metal y creí que estaba avanzando. En
cambio, me encontré en una situación peor que la anterior.
“Señor”, oré, “por favor, ayúdame a deshacer este desastre”.
Díganme loca por orar por unas prendas enredadas, pero
Dios dice que podemos pedirle ayuda y sabiduría en cual quier
momento (Hebreos 4:16; Santiago 1:5). Él se interesa en todos
los aspectos de nuestras vidas y nos concede los deseos de
nuestro corazón cuando confiamos en Él (Salmo 37:4–5).
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG Número 02 / 2025
19s
VIDAS TRANSFORMADAS
Segundos después de orar, tuve este pensamiento: Corta
uno de los collares del grupo.
Ese pensamiento no me entusiasmó mucho, pero busqué
unas tijeras y separé cuidadosamente los extremos de las
cadenas para identificar cuál sacrificar. Conteniendo la
respiración, corté un pequeño trozo de lo que esperaba
fuera una cadena de oro falsa.
La maraña se aflojó bastante y pude sacar partes de la
cadena. Separé las prendas con mis herramientas pequeñas,
y después de un par de cortes rápidos más, mi collar de cruz
se liberó de su esclavitud.
“Gracias, Señor”, susurré mientras colocaba el precioso
regalo en mi cuello.
RUEGO PARA QUE UNA
NUEVA DETERMINACIÓN
SURJA EN USTED Y QUE DIGA:
“¡VOY A SER LIBRE!”.
Justo a tiempo, también, porque mi esposo me llamó:
“Kristi, es hora de irnos a la iglesia”.
No podía esperar para mostrarle mi éxito y compartir lo
que había aprendido en el tedioso proceso. Es una broma
común en nuestra familia que cada una de mis experiencias
se convierte en una lección práctica, pero no puedo evitarlo.
Es la forma en que el Señor me habla. Y ahora me gustaría
compartir esa lección con usted.
Quizás, como mi enredo de collares, usted siente que su
vida es un desastre inútil. Durante años, ha tratado de ser
libre. Incluso ha recurrido a la ayuda de otros en vano. Ahora
se ha rendido y otros también se han dado por vencidos con
usted, con la conclusión de que nunca podrá liberarse ni
ser útil. Ruego para que una nueva determinación surja en
usted y que diga: “¡Voy a ser libre!”.
Su vida no tiene por qué terminar en esclavitud. ¡No se ha
acabado! Dios no ha tirado la toalla con usted, sin importar
cuál sea su condición actual. Así que usted tampoco se rinda.
No es un caso sin esperanzas, recursos o reparación. Con
Dios, puede vencer lo que sea (Filipenses 4:13).
Amigo, inténtelo de nuevo, pero esta vez, hágalo con ayuda
de Dios. Si pone su enredada vida en las hábiles manos
del Maestro y busca Su rostro y Su voluntad para su vida,
Él lo liberará. “Pues el Señor es el Espíritu, y donde está el
Espíritu del Señor, allí hay libertad”. (2 Corintios 3:17 NTV).
Comience con esta sencilla oración: “Señor, entra en mi
vida y desenrédame”.
A lo largo de los Salmos, vemos al rey David, el siervo
elegido de Dios, clamando la ayuda del Señor. También lo
vemos pidiéndole que examine su vida y le revele cualquier
cosa que obstaculice su libertad (Salmo 139:23–24).
A menudo digo esa oración. Al hacerlo, Dios amablemente
me señala patrones de pensamiento, compromisos,
relaciones, hábitos y otras cosas que me impiden experimentar
Sus buenos planes (Jeremías 29:11). También me
da la sabiduría para seguir adelante y la fuerza para hacer
lo que me pide.
Con frecuencia me pide eliminar cosas de mi vida. La
Biblia nos enseña la importancia de liberarnos, despojarnos
y desechar cualquier cosa (o persona) que obstaculice
nuestro andar con Dios, especialmente el pecado, que continuamente
nos hace tropezar (Hebreos 12:1).
La Biblia también nos enseña a establecer límites para
mantener nuestra libertad. A veces tenemos que tomar
decisiones extremas para protegerla y preservarla. Mire
lo que Jesús indicó a Sus seguidores para protegerse del
pecado del adulterio:
Por lo tanto, si tu ojo—incluso tu ojo bueno—te
hace caer en pasiones sexuales, sácatelo y tíralo. Es
preferible que pierdas una parte de tu cuerpo y no
que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu
mano—incluso tu mano más fuerte—te hace pecar,
córtala y tírala. Es preferible que pierdas una parte
del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al
infierno. (Mateo 5:29–30 NTV)
Ahora, Jesús no está planteando que mutilemos nuestros
cuerpos. Nos enseña a protegernos de las trampas
del pecado estableciendo límites saludables y piadosos
con respecto a la dirección que tomamos, en qué fijamos
nuestros ojos y con quién nos hacemos compañía.
Este mundo está lleno de “bisutería” barata, que espera
enredarnos. Pero podemos evitar esas trampas si vivimos
una vida disciplinada, santa y sabia.
A veces Dios le pide que elimine cosas buenas y esas son
las más difíciles de soltar. Pero recuerde, sin importar lo que
Dios le pida cortar o dejar ir es por su bien. La obediencia
lo preparará para recibir algo aún mejor (Mateo 19:29).
El proceso de desenredarse lleva tiempo. Calma, Dios
está metido en el lío con usted. Si está dispuesto a permitir
que Él obre en su vida, el Señor la restaurará a Su intención
original, lo que lo convertirá en un ornamento de Su gracia
ante un mundo que observa.
KRISTI OVERTON JOHNSON motiva a las personas y les da herramientas
para que logren la victoria mediante sus historias, conferencias y
ministerio carcelario. Para más información, visite kojministries.org.
20s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
TROFEO
DE GRACIA
LA HISTORIA DE
STEVE RICHARDSON
FOTO DE JZ PHOTOGRAPHY, LLC
"EL EVANGELIO DE JESUCRISTO ME SACÓ
DE LA OSCURIDAD Y ME LLEVÓ A LA
GLORIOSA LUZ DE DIOS" (MATEO 4:16).
Por esa razón, hoy compartir el evangelio, la
buena nueva de que Jesús salva, es mi mayor
privilegio y prioridad.
Romanos 10:13 dice que todo el que invoque
el nombre de Jesús será salvo. En el
momento en que clamé a Él, Dios hizo brillar
la luz de Su Hijo en mi vida y me salvó. Y si
el Señor puede salvar a un drogadicto sucio,
viejo y egocéntrico como yo, puede salvar a
quien sea.
Permítame compartir el testimonio de la
presencia de Jesús en mí. Esa es mi historia:
si no fuera por Él, no tendría ningún relato de
redención que contar. Todo lo que soy hoy es
una evidencia de Su amor y paciencia. Soy un
trofeo de Su gracia (2 Corintios 2:14).
Antes del día en que clamé a Él, no me
importaba Dios ni nadie. Las cosas solo
podían ser a mi modo. La experiencia me
había enseñado que nadie se interesaba en
mí, así que ¿por qué deberían importarme
a mí los demás?
Mi infancia fue dura. Muchas noches, mi
mamá nos acompañó a mi hermano mayor
y a mí por un oscuro camino de tierra
hasta la casa de un vecino para refugiarnos
de la ira de ebrio de mi padrastro. Cuando
volvíamos a casa en la mañana, él siempre
actuaba como si nada hubiera pasado...
Pero todo el lío se repetiría esa noche.
Me fui a vivir con mi padre y mi madrastra
en primer grado, pero la vida no mejoró
allí. Ahora papá tenía una nueva familia y
me trataba como a un extraño. Yo era su
único hijo biológico, y el rechazo me causaba
sufrimiento y confusión.
Papá trabajaba duro y a menudo se ausentaba
y me dejaba con mi madrastra, a quien no le
gustaba mi presencia. Me humillaba, esperando
que los demás se rieran de mí. Ahora tengo
70 años y todavía puedo escuchar las risas y
sus recordatorios de que nadie me quería.
Mi esposa y mis hermanos me dicen que
perdone y no me aferre al dolor. Lo he hecho,
pero olvidar no ha sido fácil. Puedo ir por la
carretera en mi trabajo como conductor de
camiones de larga distancia, y de repente algo
me trae un recuerdo de infancia. Llamo a esos
viajes a la memoria “los kilómetros del rencor”.
Antes de darme cuenta, la ira comienza
a crecer y me retuerzo por dentro. Siempre
le pido al Señor que me ayude. Soy una obra
en progreso.
Años de rechazo me hicieron creer que no
valía nada y que no era digno de amor. Todos
los hechos parecían respaldar mi conclusión.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG Número 02 / 2025
21s
A los 15 años, empecé a rebelarme contestando,
bebiendo, fumando marihuana y peleando.
Terminé la secundaria a duras penas a principios
de la década de 1970 y entré a la Marina.
La mayor parte del tiempo estaba drogado,
pero como no me clavaba una aguja en el brazo,
no creía que tuviera un problema. Entraba
y salía del calabozo por todo tipo de razones,
pero de alguna manera, me dieron una baja
honorable.
Volví a casa a los 22 años y me casé con una
chica con la que había salido desde la escuela
secundaria. Era increíble y me quería, pero
En sus descansos,
Steve prioriza
el estudio de la
Palabra de Dios
en su camión,
su hogar lejos
de casa. No
importa dónde se
encuentre, busca
oportunidades
para compartir el
amor de Dios, a
menudo a través
de sus auriculares
mientras conduce
largas distancias.
ESTABA DESTINADO A MORIR SI ALGO NO
CAMBIABA. O IBA A FALLECER DE UNA
SOBREDOSIS O ME IBAN A MATAR.
yo la trataba pésimamente. Le decía: “Las
cosas son así; si no te gusta, me da igual”.
Una noche llegué borracho de más y ella
dijo: “Oye, Steve, antes de que te desmayes,
mi abogado quiere saber lo que quieres”.
No discutí; Sabía que era un perro.
Antes de que el divorcio fuera definitivo,
me mudé a Lorain, Ohio, donde descubrí a mi
primer dios: mi Harley. Mi motocicleta lo era
todo para mí. Si debía elegir entre comprar
una pieza de mi moto o pagar la electricidad,
me quedaba a oscuras durante días.
Anduve con diferentes clubes de moto
ciclistas y me involucré en muchas cosas que
no debí. Quería a mis nuevos hermanos; por
primera vez, tenía amigos que me aceptaban
y me defendían.
Un día, una chica se subió a la parte trasera
de mi moto y comenzamos a andar juntos.
Pero ella no era para mí más que una posesión,
un adorno. No tenía la capacidad de
amarla a ella ni a nadie. No había nada en mi
corazón y la vida no tenía sentido.
Compré una motocicleta nueva para llenar
ese molesto vacío. Cuando eso no funcionó,
compré una casa. Mi siguiente idea fue tener
un hijo. Así que me casé con la chica de
la parte trasera de mi moto y tuve una hija.
Pero el vacío seguía allí y nuestro matrimonio
terminó en divorcio.
Para evadirme de mi miserable vida, consumía
cocaína. Mis amigos y yo salíamos de
fiesta hasta que cerraban los bares y luego nos
íbamos a mi casa hasta la mañana. Detestaba el
sonido de los pájaros cantando frente a mi ventana
al amanecer. Sus sonidos alegres me recordaban
que había terminado otra noche y que
se avecinaba un horrible día de arrepentimiento.
Muchas noches consumía tanto que pensaba
que me iba a morir. Le rogaba a Dios
que me ayudara, aunque no me interesaba
Él. Entonces prometía que me enmendaría. Sí,
claro. Siempre regresaba a mi locura como un
perro vuelve a su vómito (Proverbios 26:11).
Me sentía impotente ante esas delgadas líneas
blancas. Pero todo cambió cuando hice un
nuevo amigo.
Rick era mi compañero de trabajo y uno
de mis proveedores de drogas. Éramos muy
unidos. Todos sabían que él, y no alguno de
mis 11 hermanos, se quedaría con mis motocicletas
si me sucedía algo.
Sus padres, cristianos devotos, me acogieron
en su familia. Me encantaba escuchar
lo que tenían que decir acerca de Dios. La fe
no fue parte de mi hogar cuando era niño.
Sus oraciones y palabras plantaron muchas
semillas de esperanza en mi corazón.
La noche de un viernes de septiembre de
1987, esas semillas germinaron y rompieron
mi duro corazón. Sentado a solas en mi sofá,
por fin me di cuenta de que mi vida no tenía
salida. Estaba destinado a morir si algo no
cambiaba. O iba a fallecer de una sobredosis
o me iban a matar.
FOTOS DE JZ PHOTOGRAPHY, LLC
22s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
En respuesta a esta revelación, me arrodillé
en el piso de mi sala de estar y oré: “Dios, si
eres quien dicen que eres, entra en mi vida. Te
necesito”. Increíblemente, cuando me puse de
pie, el deseo de drogarme había desaparecido.
El domingo siguiente, fui a la iglesia de los
padres de Rick. Allí, con el Espíritu Santo de
Dios tirando de mi corazón (Juan 6:44), oré
para aceptar a Jesús como mi Señor y Salvador.
Mi experiencia con Él no ha sido fácil y
he cometido muchos errores. Pero siempre
me levanto y busco a Dios, y Él me recibe con
lealtad (Lucas 15:11–32).
Comencé a asistir a la iglesia con regularidad,
deseando aprender más sobre Dios,
pero me costaba entenderme con esa gente.
Hablaban un idioma que este motociclista no
entendía. Tampoco me parecía a ellos, con mis
pendientes, tatuajes y cola de caballo sobre
mi chaleco de cuero.
La gente no sabía qué hacer conmigo. Algunos
me miraban como si fuera una basura,
mientras que a otros les asustaba mi aparien
cia. Una vez un niño me señaló y gritó:
“¡Mamá, hay un hombre malo aquí!”. Otro
cerró la puerta de su auto mientras yo pasaba.
Era difícil para las personas ver más allá de
mi apariencia para encontrar al nuevo hombre
que había en mí. Pero con el tiempo, en
la medida en que caminaba con Dios y seguía
el ejemplo de amor, humildad y bondad de
Jesús, la gente comenzó a ver a Cristo en mí,
no mis tatuajes.
Me fijé en Robin, una hermosa mujer de
Dios, en mi primera visita a la iglesia. Para
mi sorpresa, ella vio más allá de mi exterior
y observó en quién me convertía. Es uno de
los mayores regalos que el Señor me ha dado.
Llevamos 35 años de casados, y tenemos cinco
hijos y diez nietos.
No merezco ninguna de las bendiciones que
Dios me ha dado ni soy digno de que Él me
use. Sin embargo, me ha elegido para llegar a
personas que lo busquen en el mundo entero.
Como dice 1 Corintios 1:27, Dios ciertamente
usa las cosas absurdas del mundo para confundir
a los sabios.
En 2016, un sueño enviado por Dios me
hizo crear un ministerio de radio para camioneros
llamado The Lord’s Roundtable. Como
era chofer, sabía que era un programa muy
necesario. Las cargas internas que llevan los
PERO CON EL TIEMPO, EN LA MEDIDA EN
QUE CAMINABA CON DIOS Y SEGUÍA EL
EJEMPLO DE AMOR, HUMILDAD Y BONDAD
DE JESÚS, LA GENTE COMENZÓ A VER A
CRISTO EN MÍ, NO MIS TATUAJES.
conductores suelen ser más pesadas que
las que transportan por la carretera.
Sentí que el Señor quería que transmitiera
entrevistas en vivo de las personas que Él
había tocado, pero no tenía idea de cómo
cumplir esta misión cuando Dios me la dio. Yo
era un pueblerino que no sabía de tecnología
y tenía un teléfono plegable. Sin mencionar
que pasaba la mayor parte del tiempo solo
en mi camión. ¿A quién iba a entrevistar?
Nada de eso importaba. Era lo que Dios
deseaba que hiciera, y envió a gente que me
asistió con la tecnología y me presentó a
personas para el programa. ¡Con su ayuda,
transmitimos 500 emisiones en 90 países!
¡Qué privilegio ayudar a otros a conocer
al Señor, Aquel que puede rescatar y
restaurar sus vidas!
Jesús es amigo de los pecadores (Mateo
11:19). No quiere que nadie perezca en su
falta o sufrimiento. No importa quién sea
usted o lo que haya hecho, Él puede restaurarlo
hoy (2 Pedro 3:9).
¿Su vida parece vacía y sin sentido?
¿Necesita uste que lo salven de lo que
parece un destino inevitable hacia la
muerte? Esa no es la forma en que Dios
quiere que viva. Juan 10:10 nos dice que Él
envió a Su Hijo, Jesús, a una muerte brutal
para que usted pudiera tener una vida
plena y abundante.
Clame a Él. Que hoy sea el día de su salvación
(2 Corintios 6:2). El mañana no está
garantizado, e incluso si lo estuviera, ¿por
qué querría usted esperar? Nada de lo que
ofrece este mundo puede compararse con
una vida en Cristo.
Ore conmigo: “Jesús, sálvame.
Rescátame de este callejón sin salida y
forma de vida vacía. Perdóname por mi
pecado y entra en mi vida. Muéstrame
cómo vivir y empodérame para superar
las cosas que me detienen. Te acepto como
mi Señor y Salvador. Ayúdame a perdonar
Alguna vez la motocicleta de Steve fue su dios. Hoy en
día, es una forma de vincularse con sus nietos.
a los que me han herido y a poner el pasado
en tus manos. Amén”.
Si hizo esa oración, permítame ser el primero
en darle la bienvenida a la familia de
Dios. Acaba de poner el curso de su vida en
un nuevo camino y todo el cielo celebra su
decisión (Lucas 15:7). Usted es una nueva
persona a los ojos de Dios (2 Corintios 5:17).
Es posible que pase un tiempo antes de que
vea el reflejo de ese nuevo ser en el espejo.
Solo siga acercándose a Dios; Él lo buscará sin
parar a usted, pase lo que pase. Cuanto más
tiempo pase con Él y renueve su mente con
Su Palabra, más se transformará a Su imagen
y se convertirá ante los demás en un trofeo de
la gracia insondable de Dios (Romanos 12:2;
2 Corintios 3:18).
STEVE RICHARDSON es un camionero misionero
que comparte las buenas nuevas de Jesucristo.
Pastor con licencia, Steve fundó The Lord’s Roundtable
y es capellán de Truck Stop Ministries y Hope
Ministries. Sus transmisiones están disponibles en
thelordsroundtable.com.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG Número 02 / 2025
23s
El gozo
del Señor
es mi
fuerza
LA HISTORIA DE
JESSICA WEAVER
M
amá dice que yo era una
bebé alegre de espíritu juguetón. De niña,
sonreía, cantaba, reía y me entretenía a mí
misma y a los demás.
Desde fuera, parecíamos la familia perfecta,
pero vivíamos una pesadilla. Mi padre era
un alcohólico empedernido y aterrorizaba a
mi madre y a mi hermano mayor. Pero como
a mí me colmaba de atenciones, la alegría
de mi infancia permanecía intacta. Era la
pequeña “especial” de papá.
Sin embargo, tenía motivos ocultos. Papá,
que era un agresor sexual, me preparaba para
aprovecharse de mi inocencia. Empezó a abusar
de mí cuando tenía siete años. Escondí
mi vergüenza y confusión detrás de grandes
sonrisas. ¿Cómo podía papá amarme y lastimarme
a la vez?
El daño que me causó su traición y abusos
fue mucho más prolongado que su vida. Fue
como un ladrón enviado por Satanás para
robarme mi alegría, secuestrar mis sueños
y destruir mi pureza (Juan 10:10).
Cuando por fin mamá se cansó del abuso,
nos tomó a mi hermano y a mí, y huyó a un
refugio. Papá amenazó con perseguirnos y
matarnos. Yo estaba ansiosa y asustada, pero
pese a sus agresiones, me sentía muy mal por
dejarlo. Tenía nueve años.
En lugar de mejorar, nuestras vidas se desmoronaron.
Mamá lidiaba con el miedo y la
angustia. Además, estaba muy ocupada
con dos niños revoltosos. Yo también sufría,
y antes de terminar el quinto grado,
faltaba a la escuela y me drogaba.
En la secundaria, solo sentía miedo y
rabia. Me obsesionaba la muerte y constantemente
pensaba en el suicidio. Qué
manera tan perfecta de controlar mi destino,
concluí.
Así que, a los 13 años, sin esperanzas y
sin visión de futuro, escribí notas de suicidio
para mis amigos y familiares, e intenté
acabar con mi vida. Estuve inconsciente
durante tres días, y al abrir los ojos, me en
furecí. “¿Por qué no me dejaste morir?”, grité.
Mamá había tratado de inculcarme cosas
buenas sobre Jesús y la fe, pero no me interesaba
alguien a quien no podía ver. La gente me
decía que Dios me había salvado la vida, pero
yo no veía mi fallido suicidio de ese modo.
Para mí, solo había frustrado mi plan.
Hui, pasaba de la casa de un amigo al otro.
Al poco tiempo me arrestaron por beber siendo
menor de edad, posesión de marihuana y
otros delitos menores.
A mitad del noveno grado, me enviaron a
una prisión juvenil durante un año. Estando
allí, un consejero abusó sexualmente de mí.
FOTO DE DEANNA SMITH PHOTOGRAPHY
24s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Tenía 16 años cuando salí, más enfadada y
peor que antes.
No recuerdo bien el resto de mi adolescencia.
Dejé los estudios y trabajé como mesera,
con mis propinas financiaba mi vida de fiestas.
Me acosté con muchos chicos, ya que
buscaba amor y atención.
Perdí el control de mi vida a los 19 años la
primera vez que consumí crack. A partir de
ese momento, solo pensaba en mi próxima
dosis. Perdí mi empleo porque no podía trabajar
y estar pendiente de drogarme. Vendí
mi auto, y empecé a robar y prostituirme para
obtener dinero.
La adicción al crack es como conducir a
alta velocidad hacia un acantilado y de pronto
darte cuenta de que no tienes frenos. Irónicamente,
fue un accidente automovilístico
real lo que detuvo mi consumo de crack y me
introdujo a la heroína.
Me lesioné la espalda en el accidente y comencé
a tomar analgésicos. Me encantaba
cómo esas pastillas me hacían sentir adormecida
y a gusto conmigo misma. Nunca me
había pasado eso. Sin embargo, era un hábito
costoso y me sentía mortalmente enferma si
no tomaba las pastillas.
Y fue entonces cuando descubrí la heroína.
No tenía idea de lo enviciada que estaba
hasta que decidí desintoxicarme. Después de
muchos intentos fallidos, comencé a asistir
a Narcóticos Anónimos (NA), conseguí un
tutor y me esforcé para ganar y mantener mi
sobriedad. Es un milagro que me conservara
limpia durante ese tiempo porque era un desastre
emocional.
En 2009, me casé con un hombre que había
conocido en NA y tuvimos dos hermosos hijos.
Me encantaba ser madre, pero aún me
sentía furiosa y hundida. Pensé que llevábamos
una gran vida hasta que, después de
cuatro años de matrimonio, mi esposo me
dijo que estaba enamorado de otra persona,
empacó sus cosas y se fue.
No estaba preparada para el peleado divorcio
y la batalla por la custodia de mis hijos.
Apenas llevaba una vida funcional cuando
resurgió la familiar sensación de traición y
abandono de mi infancia.
Quería ser buena madre y traté de mante
nerme desintoxicada, pero fracasé
estrepitosamente. Pronto, recaí y perdí todo,
incluyendo la custodia de mis hijos. Ni siquiera
me permitieron hablar con ellos, y
no supe dónde estaban durante años. Fue
la mayor derrota de mi vida.
Mientras lloraba por mis hijos, terminé
de nuevo en una casa donde se reunían los
adictos. Fue entonces cuando me enredé
con un proxeneta terrible. El abuso
y la manipulación a los que me sometió
des truyeron hasta el último rastro de
autoestima que tenía.
Por un momento, ese hombre me decía
que me amaba, y al siguiente, amenazaba
con matarme. Me golpeaba y me pedía
cada centavo que ganaba, sin importarle
para nada que el dinero proviniera de tener
relaciones sexuales con otros.
Por tres años, estuve enviciada con las
drogas, viviendo entre la disfunción y la
violencia. Si había una mejor existencia,
estaba fuera de mi alcance. Había ido más
allá de los límites y, de todos modos, no
me la merecía.
Ahora sé que esos pensamientos eran
mentiras del enemigo, pero en ese entonces,
me los creí.
Un día de 2020 desperté y no sentía
las piernas. No podía caminar y no tenía
control sobre ninguna de mis funciones
corporales de la cintura para abajo. Mi
proxeneta me metió en su camioneta y
me dejó en la entrada de un hospital local.
Resulta que tenía una infección por estafilococos
(SARM) en la médula espinal. Si
no me la hubieran diagnosticado, la enfermedad
podía haberme matado. Me sometí
a tres cirugías de espalda y pasé dos meses
recuperándome en el hospital.
Un día, un capellán del hospital visitó
mi habitación. Mientras oraba, yo reflexionaba
sobre Dios. ¿Quizás Él intentaba
decirme algo? Fue algo que duró poco y
rápidamente volví a mi desastrosa vida.
Había órdenes de arresto en mi contra,
por lo que llamé a mi defensora pública y le
dije dónde estaba. Hizo arreglos para mantenerme
fuera de la cárcel dada mi condición y
para que me recuperara con mi madre. Mamá
me recibió amablemente, aunque llevábamos
años sin hablarnos.
Llegué a su casa en silla de ruedas, sin
poder caminar ni cuidar de mí misma. Estuve
bien unas seis semanas, pero cuando
empecé a cojear con un andador, me llamó
mi adicción.
Logré llegar adonde mi proxeneta, que estaba
visiblemente contrariado. El hecho que
Si había una mejor existencia, estaba fuera de mi
alcance. Había ido más allá de los límites y, de
todos modos, no me la merecía.
yo estuviera en andador era terrible para el
negocio. Me amenazó con echarme si no me
ganaba la vida. En mi desesperación, usé la
tarjeta de débito de mamá para darle efectivo
y que me comprara droga. Cuando se acabó
el dinero, me hizo salir a trabajar en mi silla
de ruedas. Fue entonces cuando toqué fondo.
Robarle a mamá fue una mala idea. Presentó
cargos y fui a prisión. Era una mujer
devastada cuando ingresé al Florida Women’s
Reception Center (FWRC) en 2020.
Los primeros meses fueron un infierno.
Lo había perdido todo. Apenas podía caminar,
mamá y yo casi ni hablábamos y no tenía
idea del paradero de mis hijos. Lloraba todo el
tiem po y me aislaba al caer en una depresión
cada vez más profunda.
Una chica de mi unidad no paraba de in
Una vida apartada de Dios llevó a Jessica a lugares
oscuros, como la prisión. Aquí la vemos en fotos policiales.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG Número 02 / 2025
25s
sistirme en que fuera a la capilla. Quería que
conociera a la Sra. Nicole, quien hacía servicios
en el FWRC a través de su ministerio, The
Jesus Infusion. No tenía ningún interés en
conocer a esa dama, pero finalmente acepté.
En el momento en que la conocí, supe que
la Sra. Nicole era especial. Resplandecía
cuando hablaba de Jesús. Se refería a Él con
autoridad y obviamente creía cada palabra
de lo que decía. Pude sentir su amor y empatía,
y supe que su única motivación era que
nosotras, las mujeres, conociéramos a Jesús,
Si el amor de Jesús
realmente era tan
grande que había muerto
por una drogadicta
y prostituta como yo,
entonces tenía todo que
ganar al elegirlo.
el Salvador, que murió para que nosotros pudiéramos
vivir. Cuanto más hablaba de Él,
más atención le prestaba.
Asistía a sus clases con frecuencia. Y un
día, durante un llamado al altar, levanté mi
mano y entregué mi vida a Jesús. No entendía
todo lo que eso implicaba, pero sabía que
quería cambiar. Estaba cansada de mi vida.
Además, había probado todo lo demás.
¿Qué tenía que perder? Si el amor de Jesús
realmente era tan grande que había muerto
por una drogadicta y prostituta como yo,
entonces tenía todo que ganar al elegirlo.
Decidí buscar a Dios con la misma tenacidad
con la que había ido tras las drogas.
Sellé mi compromiso al bautizarme.
Algo sobrenatural sucedió cuando salí
de esas aguas bautismales. Toda la ira, la
culpa y la vergüenza que había cargado
desde mi infancia habían desaparecido.
Dios me había dado una nueva vida y estaba
decidida a aprovecharla al máximo.
Enseguida noté una extrañísima
sensación de alegría dentro de mí. Y ese
gozo, el gozo de Dios, pronto se convirtió
en mi fortaleza (Nehemías 8:10). Me ayudó
a soportar las dificultades de la vida en
prisión y continúa haciéndolo en todas
las circunstancias desde mi liberación en
2023 (Salmo 28:7).
Dios ha restaurado mucho de lo que
destruí con mi adicción. Mi madre y yo
nos hemos reconciliado y somos grandes
amigas. Y hace poco vi a mis hermosos
hijos por primera vez en siete años. ¡Solo
Dios puede hacer eso!
Mi vida sigue estando en reconstrucción,
pero ya he avanzado mucho. Incluso
doy clases semanales en el FWRC y bau tizo
a mujeres en las aguas donde me bautizaron
a mí.
Una noche, mientras esperaba que un
oficial dejara entrar a mis hermanas encarceladas
en mi salón de clases, de repente
me di cuenta de que Dios no había
desperdiciado ni una pizca de mi dolor.
Desde el momento en que le entregué mi
vida, Él ha estado creando un hermoso
mosaico con los pedazos destrozados
Arriba izq.: Jessica entregó su vida a Dios e hizo su
bautismo de creyente. En la foto con Nicole Dyson de
The Jesus Infusion. Arriba der.: Hoy en día, Jessica
bautiza a mujeres encarceladas en la misma prisión
donde ella cumplió condena.
Foto inferior: Jessica (centro) está agradecida por el
apoyo de su mentora, Nicole (izq.) y su madre, Cathy.
de mi pasado. Y apenas está comenzando.
¿Y usted? ¿Sus esperanzas y sueños están
destrozados por el abuso, la adicción, la enfermedad
o el encarcelamiento? Dele esos
pedazos a Dios. Él puede hacer cosas asombrosas
con ellos si se lo permite. Y mientras
tanto, puede reposar en el gozo de Su presencia
mientras Él lo guía hacia una vida mejor
(Salmo 16:11).
JESSICA WEAVER comparte la esperanza y el gozo
que ha encontrado en Jesucristo en ambos lados de los
muros de la prisión. Hace ministerio en su iglesia local, y
la gente les manifiesta a ella y las mujeres del FWRC un
gran amor. También es voluntaria en The Jesus Infusion.
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UN PASO ADELANTE
FOTO INFERIOR DERECHA DE KEVIN DURHAM
Solo
para Dios
POR KENNY MUNDS
EN MI PEQUEÑA CIUDAD NATAL, A MENUDO LOS EVENTOS
se realizan en el parque que está frente a la plaza de los tribunales. Por
lo general, los músicos locales entretienen a la gente desde el pequeño
escenario tipo glorieta.
Una mañana, mientras paseaba a mi perro, Rafi, por la calle que pasa
frente a ese parque, vi que se estaba llevando a cabo un evento. Los vendedores
estaban sentados bajo carpas perfectamente alineadas en la calle
frente a la glorieta mientras charlaban con los posibles clientes.
Nadie prestaba atención a los cantantes que interpretaban una vieja
canción de Johnny Cash, y cuando terminaron, solo dos personas aplaudieron.
¡Dos! Sentí pesar por esos músicos y les ofrecí aliento, saludándolos
y levantando el pulgar al pasar.
Hice muchos conciertos similares en mis años de juventud, y conozco
de primera mano el dolor de que te ignoren mientras te presentas. Que
una multitud te valore poco es devastador para la confianza de un artista,
al igual que la baja compensación que se le da por su talento. ¡Yo una vez
canté por un cono de helado!
Después de años de lucha como músico, finalmente logré recibir reconocimiento
de las masas. Sucedió cuando estaba en una banda llamada Brush
Arbor. Qué emoción oír los gritos, los aplausos y a la gente animándome.
Nuestro grupo ganó dos premios de la Academia de Música Country en
1973 como grupo vocal del año y banda de gira del año. Nos invitaron a
cantar en el Grand Ole Opry y compartimos escenario con grandes como
Johnny Cash, Merle Haggard y Olivia Newton–John.
Sin embargo, todos esos aplausos se convirtieron en silencio cuando
me expulsaron de la banda por abuso de alcohol y drogas. Así, mi gran
escenario desapareció y empecé a tocar en bares oscuros donde ganaba
35 dólares por noche. Era humillante después de haber tocado en lugares
tan grandiosos. Me sentí un fracasado y, en mi lástima hacia
mí mismo, me dirigí a la autodestrucción.
Eso me llevó tocar fondo antes de entregar mi vida a Dios
y pedirle Su ayuda. En Su gracia, el Señor me ha restaurado
en el escenario, pero no como me lo había imaginado. Me
colocó en un nuevo lugar: la prisión.
He hecho ministerio y cantado tras las rejas durante 26
años y llevo 36 desintoxicado. Amo a los hombres y mujeres
que vienen a escuchar mis canciones en las salas de visita
de las prisiones, capillas y gimnasios. Siempre agradezco
sus aplausos enérgicos. Sobre todo, me encanta escuchar
sus risas mientras canto con humor sobre mi pasado.
Estas personas se identifican con mi vida y entienden
el dolor del rechazo y la pérdida. También saben lo que se
siente cuando el mundo ya no te anima. Es por eso que, en
cada oportunidad que tengo, toco con todo mi corazón, no
solo por ellos, sino por Dios.
Colosenses 3:23–24 dice: “Trabajen de buena gana en
todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la
gente. Recuerden que el Señor los recompensará con una
herencia y que el Amo a quien sirven es Cristo;” (NTV).
Cada vez que añoro los días de presentarme en el Grand
Ole Opry, me recuerdo a mí mismo que ahora toco para
un público más grande y mejor: el Señor y Sus elegidos.
La recompensa que me espera en el cielo es mucho mayor
que cualquier premio de la Academia de Música Country.
Si usted se siente ignorado y subestimado, quiero que
sepa que Dios lo ve y anima, sin importar sus errores. Siga
viviendo para Él.
Lo que sea que haga, hágalo para un público de una sola
persona: Dios. Sus aplausos son todo lo que necesita.
KENNY MUNDS lleva las buenas nuevas del amor y el perdón de
Dios a las cárceles de todo Estados Unidos. Para saber más sobre
su ministerio, visite kennymundsministry.org.
Aunque Kenny una
vez engalanó el
escenario del Grand
Ole Opry (cantando
con guitarra), ahora
prefiere el de la
prisión, donde canta
solo para la gloria
de Dios.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG Número 02 / 2025
27s
TRAS LAS REJAS
Escuchar a Dios
Recibimos miles de cartas de hombres y mujeres encarcelados.
Recientemente, Rodolfo nos hizo la siguiente pregunta.
Amigos de Victorious Living,
He tenido problemas con la noción de que me amen.
Supuse que si no era digno de que mi papá me quisiera,
Dios tampoco me amaría. Además, estoy en la cárcel por
homicidio. Ya antes de alejarme de la vida de pandillas y
comenzar a seguir a Cristo, sabía que quitarle la vida a otra
persona estaba mal. Por eso, no pensé que Dios pudiera
perdonarme.
Entonces, un día, me topé con una de sus entrevistas de
podcast con Debra Moerke. Fue como si Dios me hablara
mediante ella cuando dijo: “Sí, Dios perdona a los homicidas.
Y no solo los perdona, sino que les da la bienvenida”.
En otras ocasiones, sus producciones me han
proporcionado respuestas que buscaba. ¿Puede Dios
realmente hablarle a una persona a través de un video, o es
que por fin estoy dispuesto a escuchar hablar de Él?
Rodolfo plantea una pregunta válida. ¿Nos habla Dios? Y si es así, ¿cómo
podemos discernir Su voz? A continuación se presentan las respuestas
de los miembros del equipo y alguien encarcelado actualmente.
KRISTI OVERTON JOHNSON
Valoro tu pregunta, Rodolfo. A lo largo de la Biblia,
hallamos a Dios hablando de modo que podemos oírlo
y usando visiones, sueños, ángeles, zarzas ardientes y
profetas. ¡Incluso usó una burra (Números 22:28)! Creo que
Dios te guio a nuestro podcast para que supieras que Él te
ama, acepta y da la bienvenida a Su familia como a un hijo.
Dios es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8). Hoy
en día, usa Su Palabra escrita y Su Espíritu Santo, así como
a las personas, circunstancias e impulsos. Sin embargo, la
voz de Dios nunca contradirá Su Palabra escrita. Continúa
estudiando Su Palabra y podrás tener discernimiento.
ALBERTO HENRIQUEZ
Gracias por compartir eso, Rodolfo. Estuve en prisión
durante más de 20 años y entiendo lo que piensas y sientes.
Creo que tu receptividad hacia el Señor te dispuso a
escuchar hablar de Él. Los siguientes principios bíblicos te
ayudarán a estar aun más abierto.
Primero, cultiva una actitud como la de los enamorados:
anhela ver el rostro de Dios y escuchar Su
voz (Cantar de los cantares 2:14). Segundo, mantén
un corazón humilde que desee escucharlo. Armoniza
tu mente y oídos con Sus indicaciones (Proverbios
5:1–2). Por último, sométete a Dios y está dispuesto
a obedecer. No endurezcas tu corazón ante lo que
Él te diga que hagas (Salmo 95:7–8). La desobediencia
dificulta la comunicación. El Espíritu Santo te
ayudará a escuchar Su voz, no otras (Juan 10:4–5).
ROBERT WHITNER
Amigo y hermano, tu humildad para buscar
respuestas demuestra que eres un hombre sabio
(Proverbios 1:5).
Me identifico con el no sentirse amado. Mi
adicción a las drogas y el crimen del homicidio
solo empeoraron las cosas. Sentí que mi vida había
terminado, pero luego conocí a Jesús. Por suerte,
hermanos cristianos fuertes me enseñaron la
importancia de dedicar tiempo a la Palabra de Dios,
orar y tener comunión con otros creyentes para
crecer en mi conocimiento del Señor y ser estable.
Dios me ha hablado de muchas maneras. Una
vez, trabajé como tutor y me quemaba con rapidez.
Consideré cambiar de empleo, pero decidí orar
primero. Dios usó el consejo de Su Palabra para
hablar al guiarme a Proverbios 27:8: “El que se aleja
de su hogar es como el ave que se aleja de su nido”
(NTV). Este versículo me hizo seguir siendo tutor.
Dios usó esa experiencia para prepararme para lo
que hago actualmente.
ROGER, MADISON CI.
Ahora estoy en prisión por homicidio en primer
grado. El Señor me habló una vez a través de Su
voz apacible y delicada, que vive en mi espíritu.
Yo miraba por la ventana, abatido por el dolor, la
ira y el no poder perdonar a mi primo, quien había
revelado información que condujo a mi arresto
y condena. Estaba considerando muchas cosas
inquietantes cuando escuché una gentil voz que
decía: “Yo lo envié a la policía”. Miré a mi alrededor y
no había nadie.
Era joven en mi fe y luchaba por conformarme a
la imagen de Cristo. Después de ese encuentro, Dios
me hizo ver mi necesidad de arrepentirme de modo
auténtico. Necesitaba sentir un pesar piadoso por
mis acciones. Escuchar a Dios me hizo liberarme de
la prisión de la ira.
28s Número 02 / 2025 VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
¿QUIERE CONOCER A JESÚS?
“Vengan a mí todos ustedes que
están cansados y agobiados, y yo
les daré descanso.” —Mateo 11:28
¿Necesita descanso? ¿Paz? ¿Libertad? ¿Perdón? ¿Restauración?
Clame a Jesús, acéptelo como su Salvador, y será hecho completo.
OBRAS DE ARTE DE ALBERTO HENRIQUEZ
Ore: “Jesús, te invito a mi vida. Confieso que soy un pecador y
necesito un Salvador. Gracias por perdonar mis pecados y por
hacerme de nuevo. Gracias por sacrificar tu vida por mí para que yo
pueda tener una nueva vida en ti. Recibo, por fe, el perdón de mis
pecados. Toma mi vida, mi pasado y mi futuro. Guía mis pasos y
habla a mi corazón, Señor. Úsame, Dios. Amén.”
Queremos saber de su decisión y ayudarlo a crecer en su fe.
Escriba a: PO Box 2751, Greenville, NC 27836.
¿AHORA QUE?
Acepté la salvación de Dios.
¿Y ahora, qué?
TAL VEZ DESPUÉS DE LEER las historias en esta revista, haya entregado su vida a Jesús.
¡Felicitaciones! Acaba de tomar la decisión más importante de su vida. Pero quizás se esté preguntando
¿y ahora, qué? Estas son cinco formas de asegurarnos el crecimiento espiritual. Tenga
presente que la vida cristiana es una experiencia que nos transforma para siempre.
1. ORE. Cuéntele todo a Dios y espere Su respuesta. No necesita palabras rebuscadas, solo
un corazón sincero.
2. ESTUDIE LA BIBLIA. La Palabra de Dios tiene todas las instrucciones que necesitamos
en la vida. Ingrese a un estudio bíblico y descubra algo nuevo cada día. Vea recursos
gratuitos en la páina 30s.
3. BAUTÍCESE. Aunque el bautismo no es una exigencia para la salvación, la Biblia nos dice
claramente que debemos ser bautizados en agua tras aceptar la salvación. El bautismo
simboliza la muerte al pecado y vivir una vida nueva en Jesucristo (Romanos 6:4). Por las
restricciones que hay en las cárceles, puede que resulte difícil la inmersión en agua, así
que use la creatividad y deje que el Espíritu Santo le revele cómo puede cumplir este acto
de obediencia hasta que la inmersión sea posible.
4. BUSQUE UNA COMUNIDAD CRISTIANA. Únase a una congregación local de
seguidores de Cristo. Si el encarcelamiento le dificulta ir a una iglesia, comparta con otros
creyentes lo mejor que pueda. Le van a ayudar a mantenerse firme y a ser responsable.
5. CUÉNTELE A ALGUIEN. Háblele de su decisión de seguir a Cristo y explíquele lo que Él
hizo por usted. Y después ¡cuéntenos! Nos encantaría que lo comparta con nosotros.
6. ATENDER. Busque oportunidades para que Dios lo use para darles esperanza a otros.
VICTORIOUSLIVINGMINISTRIES.ORG
Número 02 / 2025
29s
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aceptamos historias no solicitadas para su publicación ni documentos
legales.
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