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La Práctica del Bodisatva (Bodisatvacharyavatara)

La práctica del bodisatva (o Bodisatvacharyavatara, literalmente «La aplicación de la práctica del bodisatva») es uno de los grandes clásicos del budismo mahayana. Presentada en la forma de una meditación personal en verso, expone el camino de los bodisatvas, esos seres que, habiéndose alejado de la futilidad del samsara y sus sufrimientos, renuncian sin embargo a la paz de una liberación individual y se comprometen a trabajar para la liberación de todos los seres y a obtener la Iluminación suprema para su beneficio. Shantideva, uno de los autores budistas indios más influyentes de la tradición mahayana, empieza su obra elogiando la mente de la Iluminación y explica en detalle cómo se cultiva. Hay capítulos sobre las perfecciones transcendentales de la paciencia, la diligencia, la meditación y la sabiduría. Las enseñanzas sobre la meditación culminan con la profunda práctica de igualarse y cambiarse uno mismo por los demás. El célebre capítulo noveno expone las enseñanzas sobre la vacuidad, la perfección de la sabiduría, tal como se explican en el Madyamaka, o tradición del “Camino medio”. Mediante los versos de este texto, Shantideva ha sido capaz de inspirar a generación tras generación de practicantes. Este texto, escrito originalmente en India en sánscrito, apareció por primera vez traducido al tibetano poco después de su composición en el siglo VIII y ha sido explicado, estudiado y practicado en Tíbet en una tradición ininterrumpida hasta nuestros días. En la actualidad sigue teniendo plena vigencia y es enormemente apreciado por los budistas de todas las tradiciones.



La práctica del bodisatva (o Bodisatvacharyavatara, literalmente «La aplicación de la práctica del bodisatva») es uno de los grandes clásicos del budismo mahayana.

Presentada en la forma de una meditación personal en verso, expone el camino de los bodisatvas, esos seres que, habiéndose alejado de la futilidad del samsara y sus sufrimientos, renuncian sin embargo a la paz de una liberación individual y se comprometen a trabajar para la liberación de todos los seres y a obtener la Iluminación suprema para su beneficio.

Shantideva, uno de los autores budistas indios más influyentes de la tradición mahayana, empieza su obra elogiando la mente de la Iluminación y explica en detalle cómo se cultiva. Hay capítulos sobre las perfecciones transcendentales de la paciencia, la diligencia, la meditación y la sabiduría.

Las enseñanzas sobre la meditación culminan con la profunda práctica de igualarse y cambiarse uno mismo por los demás. El célebre capítulo noveno expone las enseñanzas sobre la vacuidad, la perfección de la sabiduría, tal como se explican en el Madyamaka, o tradición del “Camino medio”. Mediante los versos de este texto, Shantideva ha sido capaz de inspirar a generación tras generación de practicantes.

Este texto, escrito originalmente en India en sánscrito, apareció por primera vez traducido al tibetano poco después de su composición en el siglo VIII y ha sido explicado, estudiado y practicado en Tíbet en una tradición ininterrumpida hasta nuestros días. En la actualidad sigue teniendo plena vigencia y es enormemente apreciado por los budistas de todas las tradiciones.

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Introducción a la versión inglesa

La práctica del bodisatva 1 es uno de los grandes clásicos del

Mahayana, el Gran Vehículo del budismo. Presentada en la

forma de una meditación personal y ofrecida cordialmente a

quienquiera que pueda estar interesado en ella, es una exposición

del camino de los bodisatvas, esos seres que, habiéndose

alejado de la futilidad del samsara y sus sufrimientos, renuncian

sin embargo a la paz de una liberación individual y se

comprometen a trabajar para la liberación de todos los seres y

a obtener la Iluminación suprema para su beneficio. Como tal,

este texto de Shantideva es en sí una definición de la compasión

llevada a su más alta dimensión y traza minuciosamente

los métodos con los que esto puede conseguirse. Es una

demostración convincente de cómo el preocuparse por los

demás, con un amor que transciende por completo el deseo y

la preocupación por uno mismo, reside en el corazón de cualquier

esfuerzo espiritual auténtico y es la esencia misma de la

sabiduría iluminada.

El autor de La práctica del bodisatva era miembro de la universidad

monástica de Nalanda, que, como Vikramasila la otra

gran universidad, era uno de los centros del saber más célebres

de India en la antigüedad. Poco se sabe acerca de él, aunque

hasta nuestros días han sobrevivido a través de los siglos varias

leyendas, sugerentes atisbos que nos dejan entrever una personalidad

sumamente independiente y poco usual. Parece como

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La práctica del bodisatva

si Shantideva hubiese sido completamente independiente,

totalmente impermeable a las presiones sociales y eclesiásticas,

y capaz de seguir sus ideas ajeno a los convencionalismos

sociales y la opinión pública 2 . Desde muy temprana edad sintió

interés por las enseñanzas sobre la sabiduría del Mahayana,

personificadas en el bodisatva Manyusri, y por lo tanto por el

Madyamaka o Camino Medio de la filosofía budista, famosa

por su profundidad y sutileza dialéctica. Sin embargo, como

pone de relieve su obra, Shantideva no fue un erudito rancio.

Como anteriormente Nagaryuna, poseía en un grado extraordinario

una combinación excepcional de suma inteligencia

junto con una profunda sensibilidad hacia los sufrimientos del

mundo y una gran ternura hacia los demás.

Es imposible hacer aquí una descripción adecuada del gran

poema de Shantideva, pero es de esperar que con el paso del

tiempo sea posible hacer accesibles las traducciones de los

comentarios efectuados por los grandes maestros del pasado.

Esta introducción solo trata de ser una guía que ayude a orientarse

a los lectores, especialmente a aquellos que no estén familiarizados

con las ideas fundamentales del budismo.

Es algo frecuente entre los comentaristas el dividir La práctica

del bodisatva en tres secciones principales, usando como pauta

los versos de la famosa oración atribuida a Nagaryuna 3 :

Que la preciosa y sublime bodichita

nazca en quienes no haya nacido.

Y en quienes haya nacido que no decaiga

sino que crezca cada vez más.

Según este esquema, los tres primeros capítulos (“Elogio a la

bodichita”, “Confesión” y “Compromiso”) están destinados a

estimular la generación de la bodichita en la mente. Los tres

capítulos siguientes (“Cuidado”, “Introspección vigilante” y

“Paciencia”) dan instrucciones sobre cómo evitar que esta preciosa

actitud mental se desvanezca. Mientras que el séptimo,

octavo y noveno (“Diligencia”, “Meditación” y “Sabiduría”)

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Introducción a la versión inglesa

indican los medios para que la bodichita pueda desarrollarse

progresivamente. El décimo capítulo es una oración final de

dedicación.

LA GENERACIÓN DE LA BODICHITA

¿Qué es la bodichita? Esta palabra tiene muchos matices y

es, quizá, más fácil entenderla que traducirla. Por esta razón

hemos usado el término sánscrito, esperando que con la ayuda

de una definición detallada pueda incorporarse y enriquecer

nuestra lengua. Chita significa “mente”, “pensamiento”, “actitud

mental”. Bodi significa “despertar”, “iluminación” y es afín del

término buda. Con esto tenemos “mente de la iluminación”,

“mente del despertar”: la actitud mental orientada hacia, e

impregnada de, la iluminación. Hay que darse cuenta que bodichita

no es un sinónimo de compasión; sino un término mucho

más amplio que abarca la compasión.

Según la tradición, se dice que la bodichita tiene dos aspectos,

o más bien existe en dos niveles. Primero, se habla de la

bodichita última, refiriéndose al conocimiento directo del verdadero

estado de los fenómenos. Esto es la sabiduría de la

vacuidad: una percepción cognoscitiva inmediata y no dual que

transciende los pensamientos. En segundo lugar, tenemos la

bodichita relativa, por la que se entiende la aspiración a obtener

el bien supremo, la budeidad, para el beneficio de todos,

junto con los niveles necesarios para poder conseguir este objetivo.

La conexión entre estas dos bodichitas –la sabiduría de la

vacuidad por un lado y el deseo de rescatar a los seres del sufrimiento

por el otro– quizá no se ve claramente de inmediato.

Pero desde la perspectiva budista, como Shantideva expone

gradualmente, la bodichita última y la relativa son dos aspectos

interdependientes de la misma realidad. La verdadera realización

de la vacuidad es imposible sin la práctica de la compasión

perfecta, a la vez que la compasión no puede ser perfecta sin la

realización de la sabiduría de la vacuidad.

A primera vista, este aparentemente círculo cerrado puede

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La práctica del bodisatva

hacer pensar que la bodichita es algo imposible de lograr. Sin

embargo, las enseñanzas budistas afirman sorprendentemente

que la mente, incluso en el samsara, nunca está, ni nunca ha

estado, apartada por completo del estado de la iluminación. La

bodichita es de hecho su verdadera naturaleza y condición. Los

engaños y las distracciones que la acosan y a veces la desbordan

no son parte de la mente, y por lo tanto ésta puede deshacerse

de ellos, es capaz de desarrollarse y mejorar, y puede adiestrarse.

Usando métodos e instrumentos basados en la dualidad de

sujeto y objeto, la mente tiene el poder de evolucionar hacia una

sabiduría y modo de ser (de hecho, su verdadera naturaleza)

que transciende por completo esta dualidad. En la actualidad,

desde luego, para la mayoría de nosotros, esto es algo que queda

por ver, algo que hay que creer. Y así, con una habilidad didáctica

extraordinaria y con un vigor y una vigencia que el paso de

mil años no ha podido disminuir, Shantideva atrae nuestra atención

hacia el dolor y la falta de sentido de una existencia egocéntrica

y pone ante nosotros la visión de una alternativa totalmente

nueva, junto con las instrucciones prácticas con las que esa

visión puede convertirse en una experiencia real.

A pesar de que es algo totalmente factible, sin embargo el

hecho de cómo aparecen los primeros indicios de la bodichita

en la mente es algo profundamente misterioso, pues ¿cuáles

podrían ser sus orígenes? “Esa extraordinaria joya de la mente,

que nazca es una maravilla sin precedente” (1.25). De hecho,

dadas las inclinaciones habituales de la mente, anclada como

está en la supuesta realidad del ego y de los fenómenos, enraizada

en la dualidad de sujeto y objeto, deambulando por el

samsara desde el sin principio de los tiempos; que aparezca en

la mente un deseo auténtico de perfecto altruismo y de dejar de

preocuparse por uno mismo no puede ser más que una especie

de milagro. ¿Hay algo que pueda ir más en contra del curso

usual de las cosas? Decir que eso es posible es una afirmación

impresionante sobre el potencial de la mente. Aun así, la bodichita

es algo tan extraordinario que sus primeros indicios parecen

venir de fuera.

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Introducción a la versión inglesa

Como un relámpago con su resplandor ilumina

por un instante una oscura noche nublada,

aparecen en el mundo, por el poder del Buda,

pensamientos virtuosos, rara y fugazmente. (1.5)

Es con esta misma idea de una ayuda externa que Shantideva

empieza el texto. El primer capítulo consiste en un elogio ferviente

de la bodichita que trata de llenar la mente de entusiasmo

y llevarla hacia un objetivo nuevo y maravilloso. Shantideva

se da ánimos a sí mismo y a sus lectores, primero para interesarse

por, y posteriormente para dedicarse activamente a la

práctica del bodisatva.

El método pedagógico de Shantideva, mantenido a lo largo

de los versos y familiarizado con las enseñanzas del Buda, es

simple y efectivo: primero anima por medio de la reflexión sobre

las ventajas y la nobleza del objetivo; luego estimula mediante la

meditación sobre las horrendas consecuencias de la debilidad y

la reincidencia. Su regla básica es que cualquier terreno ganado

debe conservarse a toda costa y nunca perderse. Una vez que se

ha atrapado la atención y ha prendido el interés, la tarea consiste

en consolidar el impulso y fervor originales, protegiéndolos y

no permitiendo que desaparezcan nunca. La importancia de esto

es sencillamente obvia. Uno sólo debe darse cuenta de la total

fragilidad de los estados mentales cotidianos. “… Aparecen pensamientos

virtuosos... fugazmente...”, y es uno de los aspectos

más alarmantes de la vida espiritual y moral que cualquier comprensión

intuitiva si se descuida y se deja sin ningún tipo de

soporte seguramente se desvanecerá. Los logros se evaporan y

el entusiasmo se pierde en las arenas del descuido y los viejos

hábitos. Es posible embarcarse en la práctica del darma con gran

energía e interés pero posteriormente, quizá años más tarde, alejarse

con las manos vacías, sin nada que mostrar tras todo el

tiempo invertido.

Así, para Shantideva, y en la tradición budista en general, en

el adiestramiento de la mente –de nuestra propia mente– el

miedo y el temor a las consecuencias del mal son instrumentos

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La práctica del bodisatva

tan legítimos como el entusiasmo y la inspiración. Es en esta

dimensión del adiestramiento mental que Shantideva nos presenta

los factores desagradables de la existencia humana: su fragilidad,

su transitoriedad, la certidumbre y la horrible realidad

de la muerte, y la posibilidad, si no probabilidad, del sufrimiento

tras la muerte con tormentos infernales. Quizá es porque los

listones están tan altos que él destruye despiadadamente cualquier

falso alarde y optimismo infundado con los que cubrimos

los hechos, tratando de convencernos que “después de todo, las

cosas no son tan terribles”. Frecuentemente, aquellos nuevos en

el Budadarma se sorprenden de que en una tradición que pone

tal énfasis en el amor y la compasión, se dedique tanta atención

a los sufrimientos de los estados inferiores de existencia: los de

los animales, espíritus ávidos y estados infernales. Las escrituras

y los comentarios contienen abundantes descripciones detalladas

y la iconografía budista puede ser también muy explícita.

Para el occidental sin ningún tipo de preparación la sorpresa

puede ser tremenda. Y sin duda alguna, por una comparación

precipitada con temas similares (entendidos correcta o

incorrectamente), como los que se han desarrollado en la historia

del pensamiento religioso europeo y del próximo oriente, las

ideas budistas son frecuentemente rechazadas como siendo

morbosas y sádicas.

Esa similitud superficial enmascara sin embargo una diferencia

radical. Según las enseñanzas budistas, la definición del bien

o del mal moral se hace exclusivamente en términos de causa y

efecto. Un acto se considera negativo, no virtuoso, malo…, no

porque sea una transgresión de un principio divino establecido

por un creador del universo, sino porque producirá sufrimiento

en esta existencia o en alguna otra en el futuro. La virtud,

por otro lado, es lo que proporciona felicidad y lo que lleva

hacia el progreso espiritual. Las experiencias de los estados

infernales son el resultado ineludible de las actitudes y acciones

negativas. Que el occidental contemporáneo desee creer o no

en la existencia de los estados infernales no es el asunto en sí.

Cada acto negativo y nocivo sencillamente produce sufrimien-

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Introducción a la versión inglesa

to, y poco importa que uno conciba los infiernos en los términos

pintorescos de Dante o comparta el punto de vista de Jean-

Paul Sartre de que “el infierno es la otra gente”. Sin embargo,

es importante darse cuenta de que la idea de una condenación

eterna como un castigo por los pecados es totalmente ajena al

budismo. El sufrimiento es una consecuencia de nuestras propias

acciones, no un castigo impuesto por un poder externo.

Los tormentos infernales, aunque puedan durar eones, son

parte del samsara y son por lo tanto transitorios. E incluso si la

noción de una venganza divina se considerase como una aproximación,

en términos mitológicos, al principio de causa y efecto,

es quizá conveniente sugerir que el punto de vista impersonal

propuesto por el budismo tiene la ventaja de exorcizar el

sentimiento paralizante de culpabilidad, o repugnancia, que

pueden frecuentemente ser el resultado de un teísmo demasiado

antropomórfico. El principio de causa y efecto, o karma,

tiene solo un mensaje: la experimentación de los estados de

existencia es la consecuencia directa de nuestras acciones.

Somos los autores de nuestro propio destino; y siendo los autores,

somos en definitiva, y quizá aterradoramente, libres.

Con respecto a La práctica del bodisatva hay dos cosas de las

que debemos darnos cuenta. La primera es que Shantideva no

solamente acepta la realidad de los estados inferiores de existencia,

sino que enfoca deliberadamente nuestra atención en ellos.

Esto tiene el propósito didáctico mencionado anteriormente,

pero también revela una característica fundamental de la actitud

del bodisatva. Los sufrimientos de los otros seres es la preocupación

constante y desbordante de Shantideva, y no quita

la vista de su dolor y degradación. Él está preparado para

enfrentarse al sufrimiento con toda su aterradora realidad, y

habiendo abandonado cualquier preocupación por su propio

bienestar o seguridad, no retrocede por el miedo o la repulsión.

Mira la oscuridad impávidamente, con una resolución firme.

Está dispuesto a acompañar al condenado hasta la fosa. No está

ni asqueado ni deprimido, pues es alguien que por compasión

“se adentraría en el infierno de las Torturas Máximas como un

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La práctica del bodisatva

cisne lo hace en un lago con lotos” (8.107). La idea fundamental

es el valor, y repetidamente en La práctica del bodisatva la compasión

no aparece como un estado de ánimo apenado y lacrimoso,

sino como una preocupación para proteger a los seres

llena de vibrante alegría y confianza heroica.

La segunda cosa de la que debemos darnos cuenta es que la

descripción que Shantideva hace de los sufrimientos carece de

observaciones o juicios morales. Eso se ve claramente en el

décimo capítulo donde los méritos de la obra se dedican para

que se vacíen los infiernos y se liberen los que allí se hallan. Los

fuegos se apagan con una lluvia de agua perfumada, los glaciares

se derriten, los prisioneros son liberados y se sienten aliviados

con la presencia de los grandes bodisatvas. Es un panorama

maravilloso y nos embarga su belleza. Pero ¿dónde está la

justicia en él? El deseo obvio de Shantideva es sencillamente salvarlos

del sufrimiento, sin cuestionar nada. Nosotros por otro

lado podríamos protestar diciendo con cierta indignación moral

y en nombre de lo correcto que los condenados están donde

están por alguna buena razón. Ellos son, después de todo los

criminales en serie, los asesinos de niños, los tiranos de los regímenes

totalitarios, los responsables de las persecuciones antisemíticas,

los depuradores étnicos de la raza y los mantenedores

de los campos de exterminio, los cazadores de brujas, los torturadores,

los inquisidores…

La gran fuerza e imparcialidad de la compasión de Shantideva

parecen una subversión del orden universal. En cierto sentido

lo es, puesto que apunta hacia una nueva visión de las cosas

fundada no en los conceptos de lo correcto y lo incorrecto, sino

en la compasión y en la sabiduría de la vacuidad. En vez de

dividir el universo de una vez y para siempre en compartimentos

análogos del bien y el mal, los pecadores y los justos, los

bendecidos y los condenados, el budismo se centra en el sufrimiento

en sí del samsara.

En el samsara, como hemos visto, todas las experiencias, de

placer y de dolor, tienen su raíz en acciones anteriores. La

mente, condicionada por la ignorancia, la atracción y la aver-

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Introducción a la versión inglesa

sión, solo puede responder egocéntricamente ante cualquier

situación que surge, produciendo su propia trayectoria, favorable

o desfavorable según sea el caso. Pasa a través de una

corriente de experiencias temporales que, ya sean buenas o

malas, están todas fundamentalmente afectadas por el sufrimiento

o la posibilidad del sufrimiento; unas experiencias que

no llevan a ninguna parte y por lo tanto nunca tienen sentido.

Sería sin embargo un error ridículo acusar a Shantideva de nihilismo

moral o suponer que se rebela contra la ley del karma.

Pero su compasión incondicional lleva nuestra atención hacia el

hecho de que la ley del karma no equivale a una teoría de justicia

humana, ni proporciona la base para sentimientos de

escándalo moral o superioridad ética. En cualquier caso, puesto

que la experiencia es el fruto de la acción, debe entenderse

que en el samsara –y esto en ciertos contextos puede ser difícil

de aceptar– no hay víctimas fundamentalmente inocentes.

Como respuesta a esto, el budismo enseña que el objeto de la

compasión es el sufrimiento en sí. Sería absurdo abstenerse de

sentir compasión por los “culpables” y reservarla solamente

para los “merecedores” de ella, aquellos a los que se supondría

moralmente inocentes, por la simple razón que en el samsara

no existen en ese sentido esos objetos “merecedores”. Para

Shantideva, por otro lado, puesto que el sufrimiento es omnipresente,

todos los seres, en cualquier momento y circunstancia,

son objetos merecedores de ella. Esto no significa, desde

luego, que los conceptos de correcto e incorrecto no sean

importantes. Por el contrario, para aquellos que siguen el camino

budista, la práctica de una ética pura es algo crucial. Pero

aferrarse a valores morales para emitir juicios santurrones es

una prueba de superficialidad y aferramiento al ego, y no forma

parte de la actitud del bodisatva.

En cualquier caso, el compromiso del bodisatva es rescatar

a los seres del sufrimiento, en otras palabras, librarles de las

causas de su sufrimiento. El trabajo del buda o bodisatva es por

lo tanto enseñar, mostrar el camino: primero exponiendo lo que

debe ser adoptado y evitado (y de este modo los medios con los

21


La práctica del bodisatva

que se producen los estados de existencia adecuados) y posteriormente

enseñando la sabiduría por la cual se transciende el

samsara por completo. Ésta es desde luego la definición del

darma; el Bodicharyavatara es en sí el mensaje de liberación de

Shantideva para el mundo.

A pesar del pesimismo ocasional de ese panorama, la enseñanza

de Shantideva es profundamente optimista. Si el sufrimiento

es el resultado de los pensamientos y las acciones, es

algo que puede evitarse. Darse cuenta de que estamos en una

posición para cambiarnos a nosotros y moldear nuestro destino

lleva lógicamente a la confesión, el tema del segundo capítulo

de Shantideva. Aquí debe entenderse que aunque el arrepentimiento

es algo que va naturalmente implícito, no supone

golpearse el pecho desenfrenadamente llenos de culpabilidad o

sentimientos exagerados de incapacidad. En el budismo, la

confesión debe entenderse principalmente en el sentido de un

reconocimiento sin trabas –en primer lugar para uno mismo–

del comportamiento pasado. Cuando las acciones pasadas y

nuestra propia naturaleza se confrontan, cuando somos conscientes

de las antiguas tendencias habituales y los esquemas de

comportamiento, entonces y solo entonces pueden cambiarse;

entonces y solo entonces es posible tomar una nueva dirección.

Es interesante darse cuenta de que, habiendo invocado a los

budas y bodisatvas y declarado su culpabilidad, Shantideva no

les pide perdón. Son invocados como protectores y testigos

supremos del reconocimiento de sus propias acciones erróneas

y su resolución. Es en su presencia que la vieja trayectoria concluye

y empieza una nueva.

Y así, llevado por una ola de júbilo y confianza, respaldado

por la gloriosa visión de los logros de los budas y grandes seres

del pasado, y estimulado por entender que el tiempo es breve y

los listones están muy altos, Shantideva (en el tercer capítulo)

llega al compromiso con la práctica del bodisatva, y usa unas

palabras que se han convertido en la fórmula usual, en la tradición

tibetana, para tomar el voto del bodisatva 4 .

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LA PRÁCTICA DEL BODISATVA (o Bodisatvacharyavatara, literalmente

«La aplicación de la práctica del bodisatva») es uno de los grandes

clásicos del budismo mahayana. Presentada en la forma de una meditación

personal en verso, expone el camino de los bodisatvas, esos seres que,

habiéndose alejado de la futilidad del samsara y sus sufrimientos, renuncian

sin embargo a la paz de una liberación individual y se comprometen a trabajar

para la liberación de todos los seres y a obtener la Iluminación suprema

para su beneficio.

Shantideva, uno de los autores budistas indios más influyentes de la

tradición mahayana, empieza su obra elogiando la mente de la Iluminación

y explica en detalle cómo se cultiva. Hay capítulos sobre las perfecciones

transcendentales de la paciencia, la diligencia, la meditación y la sabiduría.

Las enseñanzas sobre la meditación culminan con la profunda práctica de

igualarse y cambiarse uno mismo por los demás. El célebre capítulo noveno

expone las enseñanzas sobre la vacuidad, la perfección de la sabiduría, tal

como se explican en el Madyamaka, o tradición del “Camino medio”. Mediante

los versos de este texto, Shantideva ha sido capaz de inspirar a generación

tras generación de practicantes.

Este texto, escrito originalmente en India en sánscrito, apareció por

primera vez traducido al tibetano poco después de su composición en el

siglo VIII y ha sido explicado, estudiado y practicado en Tíbet en una tradición

ininterrumpida hasta nuestros días. En la actualidad sigue teniendo

plena vigencia y es enormemente apreciado por los budistas de todas las

tradiciones.

Imagen de la portada:

Bodisatva Guanyin sedente, dinastía Liao (907-1125) de China. Estatua de madera

pintada, altura 241,3 cm. Museo de Arte Nelson-Atkins, Ciudad de Kansas (Misuri,

EE. UU.). Propiedad del Nelson Trust, 34-10. Fotografía de Jamison Miller.

ISBN: 978-84-96478-38-1

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