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SOCIEDAD BOLIVIANA DE CEMENTO

CON BOLIVIA

1925 -2025

LA HISTORIA DE LA EMPRESA

QUE CONSTRUYÓ EL PAÍS


‒ 2 ‒




Sociedad Boliviana de Cemento

CON BOLIVIA

1925-2025

La historia de la empresa

que construyó el país

Nigel Caspa


Desarrollado por:

La Paz

Oficina Central Torres del Poeta,

Av. Arce esq. Plaza Isabel La Católica Nº 2519,

Torre A (Adela Zamudio)

Teléfono: +591 2 240 640

E-mail: info@soboce.com

Web: www.soboce.com

Autor: Nigel Caspa


CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

13

CAPÍTULO 1

CIMENTAR Y CONSTRUIR

17

1. El inicio del cemento 17

2. La fundación de SOBOCE 21

3. La aventura de la materia prima 21

4. El terreno para cimentar la empresa 22

5. Buscando aliados y la composición accionaria 23

6. Instalando la planta de cemento más alta del mundo 25

CAPÍTULO 2

ENCAJAR Y AFINAR

31

1. El cemento Hércules 31

2. Transformando la vida cotidiana 33

3. La ampliación de la planta de Viacha y el mercado 37

4. El cemento y la revolución nacional 43

5. Nuevos jugadores en el campo de juego 46

6. Los 50 años y el Cóndor de los Andes para SOBOCE. 50

7. Asumiendo riesgos en épocas de hiperinflación 53


CAPÍTULO 3

REDISEÑAR Y TRANSFORMAR

57

1. Juventud, la semilla de transformación empresarial 57

2. Rediseñando la administración y saldando compromisos 63

3. Fomentando un entorno de trabajo sano y productivo 67

4. El compromiso con el medioambiente y la salud 70

5. Ampliando el mercado y el lanzamiento del Cemento Warnes 75

6. Nuevos socios y la ampliación 78

7. Una empresa con valor y el fin de un ciclo 81

CAPÍTULO 4

INNOVAR Y SOSTENER

85

1. El nuevo siglo y las décadas de cemento 85

2. Nueva estructura y la proyección de un nuevo modelo 87

3. Crecer con calidad, responsabilidad social y sostenibilidad 90

4. Las alianzas por la sostenibilidad 96

5. El centenario de la empresa y el compromiso de innovar 97

CONCLUSIONES

99

BIBLIOGRAFÍA

101


‒ 9 ‒

CON BOLIVIA

1925 -2025


‒ 10 ‒


‒ 11 ‒

El libro que hoy tiene usted entre las manos es el testimonio de

una epopeya centenaria. En él, la historia del país se funde con

la historia de la Sociedad Boliviana de Cemento: SOBOCE ha

ayudado a construir la mitad de la historia de este país.

Cada puente, cada hospital, cada edificio, cada monumento y las

viviendas de miles de familias Bolivianas, que se ha erigido en

Bolivia, desde 1925 y durante varias décadas, ha llevado en su

ADN el cemento de SOBOCE. Pero, además de las obras monumentales

que siguen siendo el orgullo del país, los productos de la

empresa han estado y están presentes en los hogares de cientos de

miles de bolivianos.

Los cementos de SOBOCE conforman los cimientos del desarrollo

de este país, nutren el mortero que une los ladrillos que conforman

el sueño de la vivienda propia, pavimentan las calles que

antes eran de tierra, de arena, de barro. Los bolivianos ahora podemos

mirar adelante, con la frente en alto, porque sabemos que

podemos caminar sin tropiezos.

Pero SOBOCE no solamente es historia. Desde hace algunos años

ha comenzado a transitar por la senda de la sostenibilidad y la innovación,

para liderar con estos principios el futuro de la industria

y de una construcción sostenible en Bolivia.

Francisco Javier Shwortshik Jegó

CEO de SOBOCE


‒ 12 ‒

La historia de SOBOCE

S.A. comenzó en 1925, el

mismo año en que Bolivia

celebraba su primer

centenario como República.

Este 2025, mientras el país

conmemora sus doscientos

años de vida independiente,

la empresa celebra su primer

siglo de vida industrial. No se

trata de una coincidencia

fortuita, sino de un vínculo

profundamente simbólico:

una relación centenaria,

compartida y sobre todo

construida por las personas.


‒ 13 ‒

INTRODUCCIÓN

La historia de SOBOCE S.A. comenzó en

1925, el mismo año en que Bolivia celebraba

su primer centenario como República. Este

2025, mientras el país conmemora sus doscientos

años de vida independiente, la empresa

celebra su primer siglo de vida industrial.

No se trata de una coincidencia fortuita, sino

de un vínculo profundamente simbólico: una

relación centenaria, compartida y sobre todo

construida por las personas. Fundada por un

grupo de empresarios y técnicos visionarios

en un momento en que Bolivia transitaba de

la economía minera tradicional a una etapa

de incipiente industrialización, la empresa

no solo introdujo la producción nacional de

cemento, sino que también encarnó las aspiraciones

de modernidad de una sociedad que

buscaba redefinirse en el siglo XX y que se

proyecta en el siglo XXI.

La presente obra constituye la primera investigación

histórica ampliamente documentada

la industria del cemento en Bolivia,

elaborada a partir de una base documental

diversa: archivos empresariales, prensa de

época, registros estadísticos, informes técnicos,

bibliografía especializada y testimonios

orales. El enfoque adoptado no se limita a la

historia empresarial en sentido estricto; por

el contrario, se integra con la historia económica,

urbana y social de Bolivia. La producción

y circulación del cemento, sus innovaciones

técnicas, los mercados que abasteció y

las obras que posibilitó, se examinan como

parte de un entramado más amplio de relaciones

políticas, económicas y culturales. Es

importante resaltar que el carácter de la obra

es de divulgación antes que un debate historiográfico,

guardando el deseo de que anime

a otras personas a hacer investigaciones sobre

este sector aún marginal en la historia boliviana,

en comparación con otros temas.

El relato arranca en las primeras décadas del

siglo XX, cuando el cemento portland era

un material importado, costoso y reservado

para obras específicas. Su llegada a Bolivia

estuvo vinculada a la modernización urbana,

a la adopción de nuevos estándares arquitectónicos

y al impulso de infraestructuras como

calles, alcantarillados, puentes y edificios públicos.

La fundación de SOBOCE respondió

a una coyuntura particular: el crecimiento

de las ciudades y la necesidad de asegurar un

suministro estable y competitivo frente a la

dependencia de proveedores extranjeros. En

este sentido, la historia de la empresa es también

la historia de cómo un país periférico incorporó

tecnologías, adaptó procesos industriales

y formó capital humano especializado

para responder a sus propias demandas de

desarrollo.

Pero la trayectoria de SOBOCE no se reduce

a una secuencia de logros técnicos y productivos.

También estuvo marcada por desafíos

complejos: crisis económicas internas y globales,

disputas en torno a la calidad de sus

‒ Introducción ‒


‒ 14 ‒

‒ Introducción ‒

productos, competencia con importaciones y,

a partir de mediados del siglo XX, la irrupción

de empresas estatales. Estos episodios

permiten analizar cómo la industria cementera

se convirtió en un espacio de interacción

—y en ocasiones de fricción— entre el capital

privado, el Estado y el mercado.

En este sentido, la historia de SOBOCE es

inseparable de la historia del cemento como

motor de cambio material y cultural en Bolivia.

A través de ella, se observa cómo la

industrialización se entrelazó con procesos

más amplios: migraciones internas y externas

que proveyeron mano de obra, transformaciones

en el mundo del trabajo y la organización

sindical, políticas de desarrollo

impulsadas por misiones internacionales, y

cambios en la propia imagen de la ciudad

moderna.

La obra se organiza en cuatro capítulos

que recorren la trayectoria de la Sociedad

Boliviana de Cemento S.A., siguiendo una

lógica narrativa que, como toda periodización

histórica, conlleva un componente inevitable

de arbitrariedad. Es el historiador

quien, guiado por su criterio y experiencia,

establece los cortes temporales más pertinentes,

siempre con la intención de facilitar

la comprensión del lector. En este caso, se

ha decidido prescindir de la periodización

política tradicional —habitual en los relatos

históricos nacionales— para adoptar una

metáfora más próxima al objeto de estudio:

la de la construcción. Esta elección, más que

un recurso estético, incide directamente en

la estructura del libro.

El primero, titulado Cimentar y construir, examina

los años fundacionales y la etapa de

expansión inicial comprendida entre 1925 y

1929. En este periodo, el cemento pasó de ser

un insumo de lujo importado a consolidarse

como material esencial para la construcción

en Bolivia. Se analizan los intensos retos logísticos

para elegir dónde instalar la planta

y aprovisionarse de materia prima. También

se reconstruye los orígenes financieros,

así como el reto técnico de la instalación del

horno de cemento más alto del mundo y su

puesta en marcha en Viacha.


‒ 15 ‒

El segundo capítulo, Encajar y afinar, aborda

la proyección de la marca del cemento “Hércules”

como símbolo de calidad, los primeros

contratos suscritos con el Estado y la construcción

de las primeras obras monumentales

en las ciudades bolivianas. Por otro lado, se

analiza la situación del mercado del cemento

y el sector de la construcción en torno a

la Revolución Nacional de 1952. Esta etapa

estuvo marcada por la irrupción de nuevos

competidores, en especial empresas de carácter

estatal, que obligaron a SOBOCE a

replantear sus estrategias de producción, comercialización

y financiamiento.

En el tercer capítulo, Rediseñar y transformar, la

narración se adentra en las décadas de 1970

a 1990, cuando SOBOCE experimentó una

profunda reconfiguración marcada por la salida

del capital extranjero, el ingreso de una

nueva generación de empresarios bolivianos

y el impacto de la crisis económica nacional.

Se inició un proceso de modernización que

incluyó la reestructuración administrativa, la

introducción de sistemas de mantenimiento

innovadores y una apuesta por fortalecer la

gestión empresarial en un contexto adverso

de deudas, controles de precios y conflictividad

laboral.

El cuarto capítulo, Innovar y sostener, se adentra

en el siglo XXI, destacando la diversificación

de la producción, la incorporación de

innovaciones tecnológicas, la creciente orientación

hacia la sostenibilidad ambiental y la

consolidación de políticas de responsabilidad

social corporativa. Asimismo, reflexiona sobre

los desafíos que enfrenta la industria cementera

en un contexto globalizado y en un

país que continúa ampliando y modernizando

su infraestructura.

Contar la historia de una empresa es contar,

también, la historia del país en el que se inscribe

Al seguir el rastro del cemento se revela

la trama de actores, decisiones y procesos

que dieron forma física al país. Contar esta

historia en el año en que Bolivia y SOBOCE

comparten aniversario no es un gesto de casualidad,

sino un acto de memoria y de reconocimiento

a un siglo de trabajo conjunto del

Estado, la sociedad y la empresa.

‒ Introducción ‒


‒ 16 ‒

El comienzo del siglo XX

marcó una nueva etapa

en la historia de Bolivia

con la llegada al poder del

Partido Liberal. Este cambio

fue resultado de la llamada

Guerra Federal, un conflicto

que enfrentó a las élites del

sur, agrupadas en torno a la

ciudad de Sucre, con las del

norte, aliadas en torno a La

Paz. Los liberales del norte

lograron imponerse, en gran

parte, gracias al apoyo de su

alianza con las comunidades

indígenas.


‒ 17 ‒

CAPÍTULO 1

CIMENTAR Y CONSTRUIR

1. EL INICIO DEL CEMENTO

El comienzo del siglo XX marcó una nueva

etapa en la historia de Bolivia con la llegada al

poder del Partido Liberal. Este cambio fue resultado

de la llamada Guerra Federal, un conflicto

que enfrentó a las élites del sur, agrupadas

en torno a la ciudad de Sucre, con las del norte,

aliadas en torno a La Paz. Los liberales del norte

lograron imponerse, en gran parte, gracias

al apoyo de su alianza con las comunidades

indígenas. A partir de entonces, lograron mantenerse

en el poder por más de veinte años, iniciando

un largo periodo de estabilidad política.

La estabilidad ofreció el contexto necesario

para que el país iniciara algunas reformas

económicas importantes. Bolivia contaba entonces

con una población de poco más de 1,8

millones de habitantes y vivía una etapa de

transición en su economía. En la región andina,

la plata, que durante décadas había sido

el principal producto de exportación, empezó

a ser desplazada por el estaño, que pronto se

convirtió en el nuevo motor del sector minero.

Al mismo tiempo, en la región amazónica, la

extracción de goma alcanzó su apogeo.

Gracias a esta transformación económica,

las ciudades bolivianas comenzaron a crecer

como no lo habían hecho desde los tiempos

coloniales. El dinamismo generado por las

exportaciones de estaño y goma impulsó no

solo la actividad comercial, sino también una

nueva etapa de desarrollo urbano. El gobierno

central, junto con los municipios, promovió

obras de infraestructura que buscaban

modernizar los espacios públicos. Se construyeron

plazas, edificios administrativos,

escuelas, mercados, y se iniciaron trabajos de

instalación de sistemas de alcantarillado en

algunas ciudades principales. Las familias,

por su parte, empezaron a establecerse con

mayor estabilidad en barrios tradicionales,

al tiempo que surgían nuevos vecindarios al

compás del crecimiento urbano.

En el ámbito internacional, desde mediados del

siglo XIX, la actividad de la construcción había

adoptado el uso del cemento portland como

material principal. 1 Este avance técnico permitió

levantar estructuras más sólidas y duraderas,

y pronto se convirtió en el nuevo estándar

en la mayoría de los países. A la par, se instalaron

fábricas especializadas en producir este tipo

de cemento, y las universidades que formaban

ingenieros comenzaron a crear laboratorios, no

solo para experimentar con nuevos materiales

y diseños, sino también para desarrollar la maquinaria

necesaria para sostener e innovar en

esta nueva industria. Las carreras de arquitec-

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

1 Conglomerado de clinker y yeso que forma una pasta que pasa por etapa de fragua y endurecimiento.


‒ 18 ‒

tura, por su parte, integraron el cemento en la

enseñanza del diseño de viviendas, edificios públicos,

puentes y otras obras que combinaban

funcionalidad y estética.

En ese contexto, jóvenes ingenieros y arquitectos

bolivianos que habían estudiado en Europa

o en otros países de América regresaban al

país con ideas frescas sobre urbanismo y planificación

moderna. Venían con proyectos que

proponían dejar atrás la construcción tradicional

en piedra y adobe, para dar paso a nuevos

métodos basados en el uso del cemento. Su

visión transformó el paisaje urbano. Pero este

cambio no solo fue impulsado desde los escritorios

u oficinas, en las calles, los jornaleros y

trabajadores de la construcción comenzaron

a aprender el arte de preparar y manejar ese

nuevo “barro gris” que, una vez seco, se volvía

una piel dura y resistente para casas y edificios

(Figura 1). Luego aparecerían “cocineros de

ladrillos” que antes fabricaban tejas. El 1 de

mayo 1924, estos trabajadores especializados

de la ciudad se asociaron en el Sindicato Central

de Albañiles y Constructores, afiliado a

la Federación Obrera Local (FOL) (Figura 2). 2

Así, mezcla tras mezcla, las ciudades bolivianas

iban construyendo una nueva identidad

urbana, reflejo de una economía que intentaba

modernizarse y abrirse al mundo. Como

resultado, hoy en día “estamos rodeados de

trabajos hechos por albañiles” y las ciudades

y pueblos se han levantado centímetro a centímetro

con su esfuerzo 3 .

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

FIGURA 1

Albañiles en la ciudad de La Paz, circa 1918

Fuente: Grupo Fotos Antiguas La Paz (Facebook).

2 Taller de Historia Oral Andina, Los constructores de la ciudad. Tradiciones de lucha y de trabajo del Sindicato Central de Constructores

y Albañiles (THOA, 1986).

3 Carlos Macusaya, Albañiles. Los constructores de la ciudad (Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia del

Estado Plurinacional de Bolivia, 2020), 31.


‒ 19 ‒

FIGURA 2

Sindicato Central de Albañiles y Constructores, 1924

Fuente: Taller de Historia Oral Andina. Los constructores de la ciudad. Tradiciones de lucha y de trabajo del

Sindicato Central de Constructores y Albañiles. THOA, 1986.

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

En sus inicios, el cemento llegaba a Bolivia

desde lugares remotos, como Inglaterra. Su

transporte era toda una travesía: cruzaba el

océano en barcos mercantes y, una vez en la

costa del Pacífico, era cuidadosamente cargado

en los trenes que ascendían los Andes.

Este material, esencial para la modernización

urbana e industrial, era tratado casi

como un producto de lujo. Venía empacado

en barriles de madera, protegidos como si se

tratara de un fino vino europeo. Su alto costo

y difícil acceso hacían que su uso estuviera

inicialmente reservado a proyectos muy específicos

o a sectores con capacidad económica.

Poco a poco, la producción de cemento comenzó

a extenderse en la región. Se instalaron

plantas en países vecinos como Chile

y Perú, lo que redujo en parte los costos de

transporte y permitió una distribución más

amplia. A medida que la actividad minera

industrial crecía, el cemento se volvió indispensable

para obras de infraestructura

dentro de las minas: túneles, puentes, canales,

almacenes. Pero no solo las grandes

empresas lo requerían. Las casas importadoras,

muchas de ellas propiedad de inmigrantes

alemanes e ingleses establecidos

en Bolivia, empezaron a recibir pedidos

constantes de cemento por parte de particulares,

maestros de obra y pequeñas constructoras

que emprendían la edificación de

casas, tiendas y obras públicas en expansión

(Figura 3).


‒ 20 ‒

FIGURA 3

Publicidad de cemento importado en Bolivia, 1919 y 1926

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

Fuente: Revista Industria y Comercio, La Paz, 1919; El Diario, La Paz, febrero de 1926;

En La Paz, este impulso constructivo puede

evidenciarse con la creación, en 1908, de una

sociedad anónima llamada “La Constructora”,

dedicada a las obras civiles. Esta empresa

inició sus actividades con notable éxito y participó

en algunos de los proyectos más emblemáticos

de la ciudad, como la construcción del

Teatro Municipal y la instalación del sistema

de alcantarillado. Entre sus miembros se encontraban

personajes destacados de la vida

pública y empresarial de la época, como Alejandro

Soruco, José Gutiérrez Guerra, Adán

Sánchez, Juan Muñoz Reyes y Alfredo Urquidi

G., quienes aportaron capital, redes de contacto

y conocimientos técnicos a la iniciativa.

El crecimiento del consumo de cemento en

Bolivia durante la primera mitad de la década

de 1920 reflejaba con claridad el proceso

de modernización que atravesaba el país y de

adopción del cemento como material de construcción

(Cuadro 1). Si se toman como referencia

las cifras de importación —ya que antes

de la producción nacional, todo el cemento

era traído del extranjero—, se puede observar

un incremento notable en la demanda: de 5,7

millones de kilogramos en 1920 se pasó a casi

9 millones en 1924. En tan solo cinco años, el

consumo prácticamente se duplicó.

CUADRO 1

Consumo de cemento en Bolivia,

1920-1924

Año Consumo kg Barricas=180kg

1920 5,742,200 31,901

1921 7,904,763 43,915

1922 4,557,084 25,317

1923 6,342,928 35,238

1924 8,987,525 49,931

Fuente: Sociedad de Cemento. Informe presentado a

los accionistas. Noviembre 15 de 1926. Imp. Artística,

1926. p.3.

Así, durante las dos primeras décadas del siglo

XX, el cemento dejó de ser un artículo

raro y exclusivo para convertirse en un insumo

cada vez más común en la vida urbana

boliviana. Su demanda creció al punto de


‒ 21 ‒

consolidar un mercado interno lo suficientemente

amplio como para que comenzaran a

surgir proyectos orientados a instalar una fábrica

de cemento en el país. La posibilidad de

producirlo localmente ya no parecía lejana:

era una necesidad lógica dentro de un proceso

de modernización que, aunque desigual,

avanzaba con fuerza en las principales ciudades

bolivianas.

2. LA FUNDACIÓN DE SOBOCE

existían se limitaban a ciertas zonas mineras

tradicionales. La información era escasa, y

buena parte del territorio seguía siendo un

enigma en términos de recursos geológicos.

A falta de estudios detallados, el directorio

optó en un primer momento por explotar las

caleras de Rosario, ubicadas en la localidad

de Calacoto, en la provincia de Pacajes. Sin

embargo, pronto se hizo evidente que los recursos

disponibles no serían suficientes para

sostener el emprendimiento en el largo plazo.

En el contexto de expansión urbana y creciente

demanda de materiales de construcción,

la iniciativa para crear una planta de

cemento en el departamento de La Paz surgió

de Juan Muñoz Reyes, integrante destacado

de la sociedad “La Constructora”, y

Roberto Collao, también vinculado al mundo

empresarial y de la obra pública. Ambos

comprendieron que el crecimiento de las

ciudades bolivianas requería un suministro

constante y accesible de cemento, y decidieron

dar el paso decisivo. En 1924 se escribieron

los estatutos de la “Sociedad Boliviana

de Cemento”, que sería conocida popularmente

como SOBOCE. Luego de obtener

la autorización correspondiente por parte

de las autoridades, la empresa inició oficialmente

sus actividades el 24 de septiembre de

1925. El capital autorizado en aquel año fue

de 120.000 bolivianos (alrededor de 45.000

dólares). Con ese acto fundacional, comenzaba

la historia de una compañía que, con

el paso de las décadas, se convertiría en protagonista

de la modernización constructiva

del país.

Después de su fundación en 1925, la primera

preocupación del directorio de SOBOCE

fue encontrar yacimientos de piedra caliza,

el insumo esencial para fabricar cemento.

En aquel entonces, Bolivia no contaba con

mapas geológicos completos; los pocos que

La empresa había sido constituida con un capital

autorizado de un millón de bolivianos,

pero ese monto pronto resultó insuficiente

para los desafíos técnicos y logísticos que

implicaba el proyecto. Fue entonces cuando,

gracias a los contactos de sus fundadores y

al prestigio profesional de sus integrantes,

se logró captar el interés de The Foundation

Company, una firma internacional con

experiencia en obras de gran escala. Esta

empresa asumió la administración de SO-

BOCE bajo la presidencia de Juan Muñoz

Reyes, y aportó una nueva mirada técnica

al proyecto. Una de las primeras tareas fue

revaluar la localización de los yacimientos.

No bastaba con encontrar piedra caliza; era

imprescindible que los depósitos estuvieran

lo más cerca posible de las líneas ferroviarias,

ya que solo así sería posible producir

cemento a precios competitivos y distribuirlo

de manera eficiente.

3. LA AVENTURA DE LA

MATERIA PRIMA

La búsqueda de canteras aptas adquirió

un carácter casi épico. Fue una especie de

aventura técnica y empresarial que recordó

a las antiguas expediciones científicas del

siglo XIX, aquellas en las que exploradores

y naturalistas recorrían regiones desconocidas

dejando testimonio en diarios y me-

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒


‒ 22 ‒

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

morias. Representantes de The Foundation

Company se embarcaron en una campaña

de exploración que abarcó varios cientos de

kilómetros. Recorrieron zonas cercanas al

Lago Titicaca, Guaqui, Viacha, Oruro y los

alrededores del río Poopó. Los estudios se

realizaron sobre lomo de caballos y mulas,

atravesando terrenos accidentados y zonas de

propiedad de comunidades indígenas. Se obtuvieron

muestras de diversos yacimientos y

se enviaron al laboratorio de Barrande Hesse

en Lima (Perú).

Durante el proceso, se identificaron varios

yacimientos prometedores, pero también se

toparon con múltiples obstáculos legales y administrativos.

Muchas de las propiedades con

depósitos de piedra caliza carecían de títulos

claros, planos o demarcaciones precisas. En

lugar de límites formales, anotaba la Memoria

de la empresa de 1926, existían “solamente

toscos montones de piedra que indicaban

la demarcación entre las propiedades” 4 . La

negociación de derechos de explotación fue

larga y complicada. Hubo que tratar tanto

con propietarios privados como con comunidades

campesinas, y cada acuerdo implicó

superar trabas legales y culturales. Se legalizó

cada uno de sus contratos, demostrando

un estricto y disciplinado procedimiento

para asegurar el futuro de la empresa

Finalmente, se optó por adquirir permisos

de explotación por un periodo de 40 años

en las caleras de Collana (Provincia Aroma)

y en las cercanías de Tiahuanacu (Provincia

Ingavi). Estas concesiones ofrecían una

buena combinación de calidad del recurso

y cercanía a los medios de transporte. Además,

se compraron las caleras de Sullcavi

(Provincia Aroma), ubicadas a solo dos ki-

lómetros de la vía férrea. Estas últimas pertenecían

al ingeniero británico Clive Sheppard,

un especialista en ferrocarriles que

ya había explotado esas canteras para la

producción de cal. Con estos acuerdos, SO-

BOCE aseguraba no solo el abastecimiento

de materia prima, sino también la viabilidad

a largo plazo del ambicioso proyecto

de producir cemento boliviano con insumos

nacionales.

4. EL TERRENO PARA

CIMENTAR LA EMPRESA

Una vez resuelto el problema del abastecimiento

de piedra caliza, SOBOCE concentró

sus esfuerzos en proyectar la instalación

de la planta de cemento. En un primer momento,

la empresa había adquirido un terreno

con este propósito a escasos metros de la

estación de Chijini, lo que hoy conocemos

como la Estación Central de La Paz. La cercanía

con la línea férrea parecía una ventaja

estratégica, pero pronto se hizo evidente que,

si se quería reducir los costos de transporte de

la materia prima, lo más conveniente era instalar

la planta directamente en las cercanías

de los yacimientos. Por esa razón, se tomó la

decisión de ubicar la planta en Viacha, una

localidad con conexión ferroviaria y próxima

a las caleras elegidas para la explotación.

Con ese objetivo, SOBOCE compró un terreno

de 97.720 metros cuadrados a la empresa

Bottiger, Trepp y Compañía, una firma importadora

de insumos mineros. Esta empresa,

a su vez, había adquirido el predio años antes,

en 1909, de la Sociedad Fundidora Boliviana,

por lo que el terreno ya tenía un pasado industrial.

Esa herencia se hacía visible en los res-

4 Sociedad de Cemento, Informe presentado a los accionistas. Noviembre 15 de 1926 (Imp. Artística, 1926), 8.


‒ 23 ‒

tos de infraestructura existentes: una pequeña

casa de administración, una alta chimenea de

ladrillo y un conjunto importante de tuberías

de hierro que aún se conservaban en pie. Todo

ello confería al lugar un carácter propicio para

albergar una fábrica moderna.

SOBOCE se instaló en este espacio con rapidez.

Lo primero fue garantizar el suministro

de agua, por lo que se mandó perforar un

pozo en el mismo terreno. Al mismo tiempo,

se reutilizó toda la infraestructura disponible:

cada tubo, cada ladrillo y cada resto de

maquinaria dejado por los antiguos propietarios

fue aprovechado para acondicionar el

espacio y preparar el montaje de lo que sería

la histórica Planta de Viacha.

Mientras se resolvían los complejos trámites

de transporte e importación de la maquinaria

principal, la empresa no permaneció inactiva.

En el terreno de Chijini, donde aún se contaba

con equipos pertenecientes a los anteriores

propietarios, SOBOCE inició la producción

de estuco y ocre utilizado para dar color y proteger

las paredes de las casas, dos productos

de gran demanda en la construcción urbana

de la época. Esta actividad permitió a la empresa

generar ingresos iniciales, mantener al

personal ocupado y, sobre todo, consolidar su

presencia en el incipiente mercado boliviano

de materiales de construcción. Así, la empresa

comenzó a dimensionar el mercado del cemento

y entablar relaciones con autoridades,

constructores y comerciantes.

5. BUSCANDO ALIADOS Y LA

COMPOSICIÓN ACCIONARIA

La Sociedad Boliviana de Cemento fue

organizada inicialmente con un capital de

120.000 bolivianos, sin embargo, ese capital

pronto se vio ampliado a 1 millón de bolivianos

gracias a la incorporación de nuevos

socios estratégicos. Una de las primeras

en sumarse fue The Foundation Company,

una firma norteamericana con amplia experiencia

en la construcción de calles, sistemas

de alcantarillado y obras hidráulicas

en Bolivia y Perú. Su participación fue decisiva,

no solo porque aportó conocimiento

técnico, sino también porque permitió incrementar

sustancialmente el capital disponible.

Esta compañía sumó un millón

de bolivianos más, lo que dio a la empresa

una base financiera mucho más sólida.

Poco después, se incorporó también como

inversionista la filial boliviana de la firma

británica Duncan Fox & Co., una compañía

con larga trayectoria en el comercio

regional. Además de su inversión, esta empresa

asumió un rol activo en la promoción

del cemento y en el desarrollo del mercado

local. En el Cuadro 2 podemos ver su composición

de accionistas en 1926. Esta diversidad

de socios le dio a la empresa una ventaja

clave: acceso a redes de conocimiento

técnico e industrial, así como la capacidad

financiera para importar maquinaria especializada

desde el Perú.

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒


‒ 24 ‒

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

CUADRO 2

Accionistas de SOBOCE, 1926

Nombre Acciones %

Beresford, C.P.C.

(The Foundation

Company) 1220 37.60

Duncan Fox & Co. 400 12.33

F.C. Antofagasta a

Bolivia (FCAB) 300 9.24

Colla, Roberto 200 6.16

Muñoz Reyes, Juan 200 6.16

Velasco, Lucio P. 75 2.31

Blaisdell, L.S. 50 1.54

Gainsborg J. Minor 50 1.54

Gibson E. W. S.A. 50 1.54

Jáuregui, Ezequiel 50 1.54

Levy, Enrique 50 1.54

Negocio Mercantil

“Illimani” 50 1.54

Pérez López, Eduardo 50 1.54

Stordy, R. J. 50 1.54

Llombart & Cía. 30 0.92

Sanjinés, Julio 30 0.92

Pinguet, Eugenio 25 0.77

Quenet, Ernesto H. 25 0.77

Araníbar, Ernesto 20 0.62

Ashton, Anthony 20 0.62

Casey, Alfred B. 20 0.62

Grau, Walther F. 20 0.62

Mariaca Pando, Julio 20 0.62

Muñoz, Felicidad

v. de 20 0.62

Terrazas, Pedro 20 0.62

Valdéz, Eduardo 20 0.62

Velasco, Gerardo 20 0.62

Nombre Acciones %

Zalles Jorge, E. 20 0.62

Aguirre, Mariano 10 0.31

Aramayo, Juan B. 10 0.31

Coca Jiménez,

Francisco 10 0.31

Crespi Hermanos 10 0.31

Freudenthal Siegfried 10 0.31

Galdo, Norberto 10 0.31

Levy, Noé 10 0.31

Pinilla, Macario 10 0.31

Solis, Abel 10 0.31

Barberich, Juan 5 0.15

Durán, Nestor 5 0.15

Goñi, Bautista 5 0.15

Mendoza, Luis 5 0.15

Morales, Aparicio 5 0.15

Muñoz Fernández,

Carlos 5 0.15

Toscani, Victorio 5 0.15

Cardozo, Nicasio 3 0.09

Muñoz Roldán,

Carlos 3 0.09

Busti, Pablo 2 0.06

Finot, Manuel 2 0.06

Olmos, Donato 2 0.06

Velasco, Modesto 2 0.06

Miranda, Luis 1 0.03

Total 3245 100.0

Fuente: Sociedad de Cemento. Informe presentado a los

accionistas. Noviembre 15 de 1926. Imp. Artística, 1926.

pp. 15-16.

Como se puede deducir a partir de la composición

accionaria de sus primeros años, la


‒ 25 ‒

industria del cemento en Bolivia exigía desde

el inicio una inversión de capital intensiva y

sostenida. En 1926, el 59 % de las acciones

de SOBOCE estaba en manos de tres actores

clave: The Foundation Company, Duncan

Fox & Co. y la empresa ferroviaria FCAB

(Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia). El resto

de las acciones se encontraba distribuido

entre ciudadanos bolivianos particulares y

residentes extranjeros, lo que muestra que,

desde su nacimiento, SOBOCE tuvo una

base de inversión mixta y de carácter internacional.

La estructura accionaria, sin embargo,

no permaneció estática. La participación

en la empresa fue dinámica y respondía

al interés que despertaba un rubro emergente

como el del cemento. En 1927, la Casa Grace

—una influyente firma internacional con

operaciones en Sudamérica— manifestó su

interés en adquirir acciones de SOBOCE.

Poco después, se convirtió en accionista mayoritaria,

rol que mantendría durante varias

décadas, consolidando aún más la presencia

extranjera en la propiedad de la empresa. Al

mismo tiempo, familias bolivianas comenzaron

a adquirir acciones, convirtiéndose con

el tiempo en actores importantes dentro de

la sociedad.

En conjunto, estos movimientos reflejan que

SOBOCE fue, desde sus orígenes, una empresa

capaz de atraer capitales tanto nacionales

como internacionales. Su vinculación

con sectores estratégicos como la minería,

la construcción y el transporte ferroviario

hizo de esta industria una oportunidad de

inversión atractiva en el marco de la modernización

económica de Bolivia. El cemento

no solo era un material de construcción; tam-

bién se convirtió en un símbolo del ingreso

del país a una nueva etapa industrial.

6. INSTALANDO LA PLANTA

DE CEMENTO MÁS

ALTA DEL MUNDO

En 1927 se emprendió una de las etapas más

complejas y decisivas de la historia de la Sociedad

Boliviana de Cemento: el transporte e

instalación de la maquinaria para poner en

funcionamiento la Planta de Viacha. No era

una tarea menor. Se trataba de montar una

fábrica de cemento a más de 4.000 metros sobre

el nivel del mar, lo que la convertiría en

su momento en “la fábrica de cemento más

alta del mundo”, un título que llamó la atención

incluso fuera de Bolivia y que circulaba

como título en las principales revistas especializadas.

5

Al finalizar el año 1927, SOBOCE instaló

con éxito la primera fábrica de cemento en

Bolivia. Inició la producción regular con una

capacidad de 6.000 toneladas mensuales,

suficiente para cubrir la demanda local. La

maquinaria instalada en la fábrica había sido

adquirida de segunda mano, proveniente de

Inglaterra y de Estados Unidos. Su funcionamiento

dependía de motores alimentados con

fuel-oil y diesel importado, el cual era trasladado

mediante el ferrocarril Guaqui-La Paz,

una de las pocas vías logísticas disponibles

para afrontar los retos del altiplano. Se instaló

una trituradora giratoria McCully No. 6,

un secador Allis-Chalmers de 9,1 metros de

largo, un molino Compeb y un horno principal

de 30,5 metros de largo. 6

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

5 A. Reid-Kellett, “The Highest Cement Plant in the World”, Cement an Cement Manufacture 2, n o 4 (1929): 108–9.

6 Reid-Kellett, “The Highest”.


‒ 26 ‒

La instalación y puesta en marcha de la

“planta de cemento más alta del mundo” fue,

en sí misma, una hazaña de ingeniería en los

Andes (Figuras 4 y 5). El montaje del horno

principal, a esa altitud, implicó procesos de

prueba y error que obligaron a ingenieros y

operarios a adaptarse continuamente. El 20

de enero de 1929, apenas unos meses después

del inicio de la producción, la fábrica tuvo

que detener sus operaciones debido a fallas

técnicas. SOBOCE entendió entonces que

estaba ante un proyecto que requería no solo

maquinaria adecuada, sino también conocimiento

especializado y redes con grandes

empresas para adquirir repuestos. La maquinaria

instalada tenía la capacidad de producir

2,000 toneladas métricas (TM) de clinker

anualmente.

FIGURA 4

La planta de cemento más alta del mundo, 1929

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

Fuente: A. Reid-Kellett, “The Highest Cement Plant in the World,” Cement an Cement Manufacture 2, no. 4 (1929).


‒ 27 ‒

FIGURA 5

Planta de Viacha, circa 1930

Fuente: Grupo Fotos Antiguas La Paz (Facebook).

Decidida a superar las dificultades, la empresa

comenzó a contratar a algunos de los mejores

técnicos disponibles, tanto bolivianos

como extranjeros. En marzo de 1929 llegó

a La Paz el ingeniero O. A. Hartley, un experimentado

profesional de Tampa, Florida,

quien se había desempeñado como superintendente

en la Florida Portland Cement

Company. Hartley fue enviado a Bolivia por

la firma Cowham Engineering Co., a solicitud

de The Foundation Company, con el encargo

específico de asumir la administración

técnica de SOBOCE y establecer estándares

internacionales de producción. Bajo su dirección,

se realizaron una serie de ajustes operativos

y pruebas de calidad para medir, entre

otras cosas, la concentración de clínker —el

componente fundamental del cemento— en

el producto final. Los resultados fueron alentadores.

7

El presidente de SOBOCE en 1929, Charles

P. C. Beresford, ofreció una charla rotaria

para detallar todo el proceso de producción de

cemento en la Planta de Viacha. La exposición

permite entender cómo se producía en la

primera planta de cemento en Bolivia y por su

importancia la transcribimos a continuación:

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

7 El Diario, La Paz, 16 de septiembre de 1929 y 22 de diciembre de 1929.


‒ 28 ‒

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

La fábrica nacional de cemento utiliza el proceso denominado “seco”, o sea, sin usar agua.

Este proceso seco permite mayor uniformidad en la calcinación y da resultados más rápidos

en los ensayos químicos. Los detalles de la fabricación son como sigue: la cal se pasa por una

moledora grande que la reduce a poco más de un centímetro de tamaño. De la moledora pasa

a la tolva No.1. Con la arcilla pizarrosa se hace lo mismo y se deposita en otra tolva. Debajo de

estas tolvas se halla una balanza en que se pesan las cantidades requeridas. Las cantidades de

cal y arcilla requeridas se determinan por medio de análisis químicos y ensayos del cemento.

De la balanza, la mezcla pasa por una secadora giratoria, calentada con petróleo, en donde

pierde toda humedad. El material debe quedar seco por completo, de lo contrario es imposible

obtener la fineza necesaria. De la secadora, la cal y la arcilla pasan a una tolva que se encuentra

sobre los molinos de bolas. Estos reducen el material a una fineza talque el 85 % pasa una

tela con 40,000 mallas por pulgada cuadrada. A medida que el material sale del molino se le

mezcla bien uniformemente y se ensaya en el laboratorio para comprobar el contenido de cal

y la fineza. Estos ensayos se hacen cada hora. Del molino, la materia prima pasa a otra gran

tolva, en el extremo posterior del horno, de donde se pasa a éste para calcinarlo. El material

pasa hacia abajo en el horno cilíndrico rotario e inclinado, en donde el gas que contiene la

cal desaparece por medio del calor y toda sustancia orgánica es quemada. A medida que el

material va llegando al extremo inferior del horno y aumenta el calor, los cambios químicos

comienzan y continúa hasta que se produce una combinación química de todos los elementos

en la materia prima y el producto se convierte en una colección de bolas pequeñas, que brilla

al ponerse a los rayos del sol. Este producto es denominado clinker (escoria) y no es otra cosa

que cemento sin moler. Después de calcinada, la escoria se halla lista para ser convertida en

cemento. La molienda se hace en la misma clase de molino que se utiliza para la materia prima

y al mismo grado de fineza. Durante la molienda se le añade un 3 % aproximadamente

de yeso, al que se le llama “mezcla templadora”, y controla el fraguado. De los molinos estos,

el cemento pasa a las tolvas de almacenaje para ser luego embarcado. 8

8 El Diario, La Paz, 16 de septiembre de 1929.


‒ 29 ‒


‒ 30 ‒

El comienzo del siglo XX

marcó una nueva etapa

en la historia de Bolivia

con la llegada al poder del

Partido Liberal. Este cambio

fue resultado de la llamada

Guerra Federal, un conflicto

que enfrentó a las élites del

sur, agrupadas en torno a la

ciudad de Sucre, con las del

norte, aliadas en torno a La

Paz. Los liberales del norte

lograron imponerse, en gran

parte, gracias al apoyo de su

alianza con las comunidades

indígenas.


‒ 31 ‒

CAPÍTULO 2

ENCAJAR Y AFINAR

1. EL CEMENTO HÉRCULES

El cemento producido en Viacha demostró ser

más fuerte que muchas de las marcas importadas.

Por esta razón, comenzó a ser conocido

como el cemento “Hércules”, en alusión a su

fortaleza y resistencia. La primera barrica de

cemento fue vendida en febrero de ese mismo

año. En ese entonces, el cemento aún no se

distribuía en las tradicionales bolsas de papel.

Había precios diferenciados para el producto

entregado en la Planta de Viacha (Bs. 19.25)

y el que se distribuía en el depósito de la Terminal

de Chijini en la ciudad de La Paz (hasta

Bs. 22). El producto era altamente competitivo,

frente al cemento importado que se vendía en

28 y 32 bolivianos. Además, todo embarque de

cemento pasaba por un ensayo antes de embarcarse

para el comprador y se otorgaba un “certificado

de inspección” con dos muestras, todo

esto como prueba de calidad. Los principales

consumidores de cemento eran el gobierno, las

empresas ferroviarias y las empresas mineras.

Sin embargo, el camino hacia la consolidación

no fue sencillo. A pesar del entusiasmo inicial

y del esfuerzo por producir un cemento de alta

calidad, la empresa no tardó en enfrentar serios

retos, tanto técnicos como de percepción

pública. Uno de los episodios más emblemáticos

ocurrió en 1929, en el marco de las

obras de alcantarillado que se ejecutaban en

la ciudad de Oruro, a cargo de The Foundation

Company. En plena fase de instalación,

comenzaron a circular rumores en la prensa

sobre la supuesta baja calidad del cemento

“Hércules” producido por SOBOCE. Algunas

publicaciones sugirieron que el material

no cumplía con los estándares requeridos, lo

que llevó incluso a que el gobierno emitiera

una orden temporal prohibiendo su uso en

las obras públicas. La noticia generó alarma y

desconfianza, no solo entre autoridades locales,

sino también en el mercado general.

Varias voces salieron en defensa del cemento

Hércules o “cemento nacional”. Una de

las más destacadas fue la del ingeniero Julio

Mariaca Pando, miembro de la Sociedad de

Ingenieros de Bolivia, quien declaró públicamente

que “el cemento nacional es de calidad

superior a muchos cementos importados y

responde ampliamente al uso a que se le destina”.

9 El ingeniero Quiroga Loza, encargado

de supervisar las obras en Oruro, también

intervino para aclarar la situación. Explicó

que, si bien las primeras partidas del cemento

habían tenido algunos defectos de fabricación,

estos ya se habían corregido. De hecho,

afirmó que “la última emisión es de calidad

excelente, como se ha podido comprobar por

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

9 Industria y comercio, “El cemento nacional y su calidad”, Industria y comercio, 21 de octubre de 1929, 15–16.


‒ 32 ‒

varias pruebas realizadas”. 10 Las mediciones

mostraban que los tubos de alcantarillado

fabricados con cemento Hércules no solo

cumplían con los requisitos técnicos, sino que

incluso triplicaban la resistencia exigida.

ducto no fue simplemente un debate técnico;

también fue un síntoma de las tensiones entre

el proyecto de industrialización nacional y

los intereses establecidos de importadores y

competidores extranjeros.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Este episodio fue revelador. Por un lado,

evidenció los desafíos que enfrentaba una

empresa nacional -que atrajo rápidamente

capitales extranjeros- como SOBOCE para

ganarse la confianza del mercado nacional

en un mercado históricamente dominado por

productos industriales importados. Por otro,

dejó al descubierto una actitud desigual por

parte del Estado. Mientras que otras industrias,

como la Fábrica de Papeles y Cartones,

recibían protección y respaldo oficial pese

a sus limitaciones, SOBOCE —surgida sin

ningún subsidio estatal— debía defender su

legitimidad ante la opinión pública casi en

solitario. La controversia en torno a su pro-

FIGURA 6

Publicidad de SOBOCE, 1929.

A pesar de estos contratiempos, el cemento

Hércules logró superar las dudas y se consolidó

como uno de los productos de mayor calidad

en el mercado. La fábrica no solo mejoró

sus procesos, sino que también inició una

campaña de apertura al público. En los meses

siguientes, SOBOCE invitó a ingenieros, periodistas

y ciudadanos a visitar sus instalaciones

en Viacha para comprobar directamente

la calidad de su producción (Figura 6). Fue

un gesto que combinaba transparencia con

orgullo industrial. Con el tiempo, el cemento

producido en Bolivia dejó de ser una curiosidad

o una promesa para convertirse en un

referente de autosuficiencia productiva.

Fuente: Boletín de la Sociedad de Ingenieros, 1929.

10 Industria y comercio, “El cemento nacional”, 15–16.


‒ 33 ‒

Este hito marcó el inicio de una nueva etapa

para SOBOCE. La fábrica no solo se estabilizó

operativamente, sino que también ganó

prestigio como símbolo de la capacidad industrial

de Bolivia. En medio de un entorno

geográfico desafiante y con recursos limitados,

la empresa había logrado no solo producir

cemento, sino hacerlo con altos estándares

de calidad, dando así un paso decisivo en el

camino hacia la industrialización del país y

se convirtió en un símbolo de la modernidad.

Este fue el punto de partida de una industria

que marcaría un hito en la historia de Bolivia.

2. TRANSFORMANDO LA

VIDA COTIDIANA

La industrialización del cemento transformó

profundamente la vida cotidiana de las familias

bolivianas, especialmente en las ciudades. A medida

que este nuevo material se volvía más accesible,

los comités de obras públicas comenzaron

a reunirse con mayor frecuencia para impulsar

la urbanización de calles y avenidas. En La Paz,

la Junta de Pavimentación presentó informes detallados

sobre sus avances y proyecciones para

1927. Después de varios años de trabajos preliminares

—que incluyeron la remoción de toneladas

de tierra desde 1923—, se empezó a planificar

la construcción de aceras con zócalos de

cemento, la pavimentación con adoquines y la

renovación de la red de desagües urbanos, cuya

ejecución fue proyectada para 1928. 11

Al mismo tiempo, los concejos municipales comenzaron

a elaborar nuevos diseños para mercados,

plazas y avenidas, repensando el trazado

de la ciudad y sus espacios públicos. En ese proceso,

también se reformularon las normas de vi-

vienda urbana. Algunos conventillos —cuartos

de alquiler precarios, sin acceso a agua potable

ni servicios sanitarios— comenzaron a ser demolidos

en el centro de la ciudad, en busca de

mejores condiciones de habitabilidad y salubridad.

Cada una de estas intervenciones urbanas

tuvo un impacto directo en la vida cotidiana de

las personas y en su relación con el entorno construido,

el espacio público y el medioambiente

urbano.

Paralelamente, las ciudades empezaron a concebir

espacios masivos de entretenimiento, algo

impensable en décadas anteriores. La creciente

pasión popular por el fútbol llevó al gobierno de

Hernando Siles Reyes (1926-1930) a promover

una política de construcción de estadios deportivos

en distintas capitales del país. En La Paz,

se identificó la zona de Miraflores como el lugar

ideal para emplazar el nuevo gigante del deporte.

Con la planta de cemento de Viacha plenamente

operativa, las obras avanzaron con una rapidez

inusitada para la época. La obra se concluyó en

menos de 2 años, desde su diseño.

El Estadio Hernando Siles fue inaugurado el

16 de enero de 1930 con capacidad para unas

20.000 personas. Aquel día, delegaciones de atletas

bolivianos se presentaron en el campo de

juego, y se disputó un partido amistoso en el

recién estrenado “coloso paceño”. El evento fue

registrado por el destacado director José María

Velasco Maidana y producido por Urania Film,

una de las primeras productoras cinematográficas

del país (Figura 7). Las cintas de aquella histórica

jornada se conservan hoy en los archivos

de la Cinemateca Boliviana, como testimonio

audiovisual del vínculo entre la modernización

urbana, el deporte y el cine en los años fundacionales

de la industrialización boliviana.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

11 Junta de Pavimentación de La Paz, Obras de pavimentación de La Paz. Informe general presentado por el ingeniero director a la Junta

de Pavimentación (Imprenta Renacimiento, 1927).


‒ 34 ‒

FIGURA 7

Construcción del Estadio Hermando Siles y la inauguración, 1929-1930

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: Grupo Fotos Antiguas La Paz (Facebook).

Tras el intenso periodo de expansión urbana

y obras públicas que marcó el final de la

década de 1920, Bolivia vivió una desaceleración

en el sector de la construcción debido

a dos graves crisis. Por un lado, el colapso

financiero global tras el crac de la bolsa de

Nueva York en octubre de 1929 tuvo repercusiones

inmediatas sobre la economía nacional,

afectando las inversiones públicas y

privadas. Por otro, a nivel interno, el país se

vio envuelto en la Guerra del Chaco (1932–

1935), un conflicto bélico con Paraguay que

paralizó gran parte de la actividad económica

y desvió recursos humanos y financieros

hacia el esfuerzo militar.

A pesar del difícil contexto, las obras de

mantenimiento urbano no se detuvieron por

completo. La modernización de la ciudad,

si bien ralentizada, continuó con proyectos

puntuales. Como la mayoría de los hombres

bolivianos en edad productiva fueron enviados

al frente, las empresas constructoras recurrieron

a mano de obra extranjera. Así, se

produjo una significativa ola migratoria desde

el sur del Perú, especialmente de las ciuda-


‒ 35 ‒

des de Puno y Juliaca. 12 Estos trabajadores se

asentaron en La Paz y jugaron un papel clave

en tareas como la ampliación del sistema

de alcantarillado y la construcción de muros

de contención en las orillas del río Choqueyapu,

que atraviesa el centro de la ciudad. Su

trabajo permitió mantener activo un sector

esencial para el funcionamiento urbano en

tiempos de guerra.

Concluido el conflicto en 1935, el país vivió

una nueva etapa de transformación social y

urbana. Muchos de los soldados desmovilizados

optaron por quedarse en las ciudades,

en lugar de regresar al campo. Este proceso

provocó un acelerado crecimiento urbano,

con la creación de nuevos barrios y la expansión

de zonas populares. En 1943 se inauguró

un barrio al pie del cerro Laikakota, bajo

la gestión de Victor Andrade, gerente de la

Caja de Seguro Obrero (Figura 8). Mientras

que otros sectores como la Garita de Lima

comenzaron a poblarse rápidamente y consolidarse

como barrios ligados al comercio.

Los excombatientes, con conocimientos adquiridos

en logística y organización durante

la guerra, encontraron en la construcción

una fuente de empleo estable. Algunos trabajaron

como albañiles; otros se convirtieron

en choferes que transportaban cemento, o

bien se dedicaron al comercio de materiales

de construcción. Además, estos nuevos

trabajadores urbanos no actuaron de forma

aislada. Muchos se organizaron en asociaciones

y sindicatos, frecuentemente respaldados

por agrupaciones de veteranos de guerra que

habían ganado protagonismo político en la

posguerra.

FIGURA 8

Inauguración del barrio del cerro Laikakota, 1943

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: Colección de fotos de la familia de Víctor Andrade. Publidado en Fuente: Grupo Fotos Antiguas La

Paz (Facebook).

La inundación del 30 de enero de 1935 fue

otro hito que marcó un punto de inflexión en

la historia urbana de La Paz, redefiniendo la

relación de los habitantes con el río Choque-

12 Archivo de La Paz, Fondo Prontuarios, 1929-1935. Los prontuarios eran las cédulas de identidad puestas en rigor desde

1928 en Bolivia. Estos documentos registraban el ingreso de migrantes a Bolivia, así como la salida de ciudadanas y ciudadanos

bolivianos al extranjero.


‒ 36 ‒

yapu y el rol del cemento (Figura 9). Aquel

día, la ruptura del dique de Chacaltaya liberó

cerca de 400.000 metros cúbicos de agua,

desatando una riada devastadora que arrasó

varios barrios y dejó al menos 45 personas

fallecidas. El desastre puso al descubierto, de

manera dramática, la vulnerabilidad de una

ciudad en expansión que no había logrado

adaptar su infraestructura al ritmo acelerado

de su crecimiento. Fue un momento de quiebre:

la tragedia no solo sacudió la conciencia

colectiva, sino que aceleró una decisión largamente

postergada —el embovedado del río

Choqueyapu.

Con la urgencia que impone la catástrofe, el

gobierno central, la prefectura y diversos equipos

técnicos comenzaron a estudiar cómo canalizar

de forma segura el caudal del río que

atravesaba el corazón de la ciudad. Entre 1938

y 1939, ingenieros bolivianos y chilenos elaboraron

un ambicioso plan para entubar el río y

abrir una gran avenida sobre su curso. El cemento,

símbolo de la modernidad y de la ingeniería

del siglo XX, se convirtió en el material

central de esta propuesta. El proyecto buscaba

proteger a la ciudad de futuras inundaciones,

al tiempo que habilitaba nuevas posibilidades

para la planificación urbana. 13

FIGURA 9

Inundación de la ciudad de La Paz en enero de 1935

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: Grupo Fotos Antiguas La Paz (Facebook).

13 Nigel Caspa, “Catástrofes, vulnerabilidad y riesgo: historia de los desbordamientos de los ríos en La Paz, 1901-1962”,

Working Paper, La Paz, 2024.


‒ 37 ‒

Sin embargo, la ejecución del embovedado

enfrentó múltiples resistencias. Uno de los

principales obstáculos fue la oposición de

propietarios e inquilinos de calles como Recreo

y Lanza, que serían afectadas por las

expropiaciones necesarias para la apertura

de la nueva avenida. En cartas dirigidas al

presidente de la República en 1937, algunos

vecinos argumentaban que “no había

necesidad inmediata para la apertura de

la gran avenida demoliendo las casas”. 14 A

pesar de estos reclamos, las expropiaciones

y demoliciones avanzaron, y el proyecto

se convirtió en una de las obras urbanas

más importantes del periodo (Figura 10).

No en vano, el embovedado absorbió el

40 % del presupuesto total de la Junta de

Obras Públicas, lo que da cuenta tanto de

su magnitud como de su prioridad para las

autoridades.

FIGURA 10

Edificios del Recreo antes de ser demolidos y embovedado del río, 1930-1942.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: Grupo Fotos Antiguas La Paz (Facebook).

La construcción del “cofre de cemento” del

río Choqueyapu se consolidó entre 1943

y 1947, bajo la responsabilidad de la firma

Cristiani & Nielsen. La obra transformó

radicalmente el paisaje urbano de La Paz.

Sobre su cauce cubierto, se abrió una gran

arteria vial. Así, la reconstrucción urbana no

solo implicó ladrillos y cemento, sino también

una reorganización social.

3. LA AMPLIACIÓN DE LA

PLANTA DE VIACHA

Y EL MERCADO

Desde 1928, el directorio de SOBOCE había

anticipado que, si la demanda continuaba en

ascenso, sería necesario planificar una ampliación

de la planta en la década siguiente. Y así

fue. Durante los años treinta, en un contexto de

expansión urbana y creciente consumo de cemento,

la empresa emprendió dos importantes

14 Caspa, “Catástrofes, vulnerabilidad y riesgo: historia de los desbordamientos de los ríos en La Paz, 1901-1962”.


‒ 38 ‒

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

ampliaciones. La primera se ejecutó entre 1935

y permitió elevar la capacidad de producción

de clínker a 10.000 toneladas métricas anuales.

La segunda, llevada a cabo entre 1937 y 1938,

duplicó prácticamente esa cifra, alcanzando

una capacidad de 18.500 toneladas por año. En

este proceso se instaló un enfriador que, según

la empresa, era de los primeros en instalarse en

Sudamérica. Asimismo, la empresa promocionó

que el cemento Hércules cumplía con especificaciones

técnicas establecidas por la American

Society of Testing Materials, generando un

aval con garantía extranjera que tenía el efecto

de otorgar prestigio a la marca (Figura 11)

FIGURA 11

Publicidad de SOBOCE, 1938

La ampliación de la Planta de Viacha no

debe interpretarse como un crecimiento lineal

o mecánico. Por el contrario, fue una

etapa de alta complejidad técnica y de fuerte

compromiso empresarial. Por una parte,

hubo problemas de mantenimiento de la maquinaria

instalada en 1928 y hubo que superar

dos años de baja producción, cubierta con

importaciones durante 1932-1933. La empresa

Grace Co. incrementó su participación accionaria

a más del 50 %, otorgando la base

financiera para afrontar dos ampliaciones

en menos de cinco años. Hecho que supuso

arriesgar la continuidad de la producción,

incorporar maquinaria moderna de difícil

mantenimiento y asumir costos elevados en

un país con limitada infraestructura industrial.

Estos desafíos solo pudieron enfrentarse

gracias a la contratación de técnicos extranjeros

especializados, quienes aportaron conocimientos

clave en operación, ensamblaje y

ajuste de los nuevos equipos.

El esfuerzo rindió frutos. Como se observa

en el Gráfico 1, la capacidad de la planta,

que en 1935 era de 40.000 barriles anuales

de cemento, se elevó a 150.000 barriles a finales

en 1940. Este salto productivo permitió

a SOBOCE posicionarse como el único

y principal proveedor del mercado nacional

en un momento clave del crecimiento urbano

e industrial del país. Las importaciones solo

fueron relevantes en 1937, cuando la Planta

de Viacha paralizó sus operaciones para

atender su ampliación, alcanzando un 18 %

del mercado nacional. Con excepción de ese

año, las importaciones se mantuvieron en

torno al 3 %.

Fuente: Boletín de la Sociedad de Ingenieros de

Bolivia, 1938

La demanda de materia prima obligó a

cambiar la estrategia para el abastecimiento

de piedra caliza. En lugar de comprar

permisos de explotación, como se había

hecho en 1926 se llegaron a acuerdos con

las comunidades de Colquechaca, Machacamarca,

Marquiviri, Collana, Hichuraya y

Uncallamaya. Se compraba hierro de Oru-


‒ 39 ‒

ro y yeso de Milluni. También se firmaron

contratos para comprar fuel.-oil y diésel a

Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos,

nacionalizado en 1938. En todo este

proceso la empresa generó diversos empleos

indirectos. Por ejemplo, surgieron agentes

especializados que comenzaron a comprar

camiones viejos, dedicándose a transportar

y colocar insumos en la Planta de Viacha a

solicitud de la empresa.

GRÁFICO 1

Producción de barriles anuales de cemento en Bolivia, 1930-1943 (en miles)

160

140

120

100

80

60

40

20

0

1930 1931 1932 1933 1934 1935 1936 1937 1938 1939 1940 1941 1942 1943

SOBOCE

Importaciones

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: Bohan, Merwin Lee. Commercial and industrial survey of Bolivia. United States. Department of Commerce,

1937; Bowles, Oliver, y A. Taeves. Cement in Latin America. Department of Interior, 1946.

Nota: Los años 1937-1939 de SOBOCE y 1930-1934, 1938 para las importaciones son estimaciones.

Hacia fines de la década de 1930, SOBOCE

atravesaba una etapa de solidez financiera y

operativa. Su capital social había superado

los cinco millones de bolivianos, reflejo de

una gestión exitosa y de la creciente demanda

de cemento en el país. En ese contexto favorable,

la empresa decidió emprender una

campaña de modernización institucional. En

abril de 1939, bajo el liderazgo de su gerente

Ernesto Araníbar y del subgerente Armand

J. de Urioste, se impulsó una reforma de los

Estatutos con el objetivo de adecuarlos a la

nueva escala de operaciones.

Uno de los cambios más importantes fue la

ampliación del capital autorizado, que pasó

de cinco a quince millones de bolivianos,

preparando así a la empresa para futuras expansiones.

Al mismo tiempo, se actualizó su

estructura administrativa con una nueva distribución

de responsabilidades que respondía

mejor a las necesidades de una empresa en

crecimiento. La dirección quedó conformada

por un Presidente, un Vicepresidente, un

Gerente General y cinco vocales, estos últimos

encargados de supervisar distintas áreas

técnicas y administrativas.


‒ 40 ‒

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra

Mundial alteró este panorama. La interrupción

de las rutas comerciales, la escasez

de repuestos industriales y la reorientación

global de la producción hacia fines bélicos

redujeron drásticamente la disponibilidad de

maquinaria y tecnología. Bolivia no fue la

excepción. El sector de la construcción entró

en una etapa de contracción generalizada, y

los planes de expansión de SOBOCE tuvieron

que retrasarse hasta 1943. En 1944, la

Planta de Viacha incrementó su capacidad a

28,200 TM.

Por otro lado, SOBOCE tuvo que enfrentar

importantes obstáculos logísticos y financieros

relacionados con los costos de transporte e

importación. Uno de los principales desafíos

fue el elevado costo del traslado de maquinaria

e insumos por vía férrea. Las tarifas impuestas

por el ferrocarril resultaron prácticamente

prohibitivas para una industria como

la del cemento, que depende del movimiento

constante de grandes volúmenes de carga.

El costo ascendía a un boliviano por cada

100 kilos transportados, lo que representaba

aproximadamente 62 centavos de dólar por

barril de cemento. A ello se sumaban cargos

adicionales por flete, seguros y manejo, que

en conjunto incrementaban el costo final en

más del 130 %. 15

tió a SOBOCE mantener la continuidad de

su producción en condiciones relativamente

competitivas.

Sin embargo, esta concesión vino acompañada

de una contrapartida: la empresa debía

ofrecer un descuento del 10 % en todos

los pedidos realizados por el Gobierno. Este

acuerdo refleja el delicado equilibrio entre el

interés público por promover el desarrollo de

la industria nacional y la necesidad de asegurar

el abastecimiento de cemento para obras

estatales. En un contexto marcado por la escasez

de divisas, altos costos logísticos y crecientes

demandas urbanas, SOBOCE tuvo

que combinar la eficiencia técnica con una

cuidadosa negociación política para asegurar

su sostenibilidad.

Durante la década de 1940, Bolivia emprendió

importantes obras públicas destinadas a

integrar su territorio y fortalecer los vínculos

con países vecinos. Entre los proyectos más

destacados se encontraban la construcción

del ferrocarril Santa Cruz–Corumbá, que

buscaba conectar el oriente boliviano con

Brasil, y la mejora de la ruta carretera hacia

la frontera con Argentina. Sin embargo, estos

grandes contratos de infraestructura terminaron

en manos de empresas cementeras

extranjeras, brasileñas y argentinas.

Ante esta situación, la empresa inició gestiones

ante las autoridades para aliviar la carga

fiscal. Como resultado, obtuvo una autorización

especial para importar libre de aranceles

dos insumos clave: el fuel-oil, utilizado

como fuente de energía para la maquinaria,

y bolsas necesarias para innovar en el envasado

del cemento. Esta exención se otorgó

por un periodo de cinco años, lo que permi-

Aun así, las buenas relaciones de SOBOCE

con el Estado boliviano permitieron que parte

de su producción fuera destinada a otra

obra clave para la integración nacional: la

carretera Cochabamba–Santa Cruz. Esta

ruta se consideraba fundamental para unir

las regiones occidental y oriental del país, y la

empresa tenía un claro interés en aportar al

proyecto. Además, sus precios eran altamen-

15 Oliver Bowles y A. Taeves, Cement in Latin America (Department of Interior, 1946), 19–21.


‒ 41 ‒

te competitivos frente a los productos importados,

lo que convertía al cemento nacional

en una opción insuperable en términos de

costo y calidad. SOBOCE enfrentaba serias

limitaciones logísticas. Las restricciones en el

transporte hacia el interior del país impedían

distribuir el producto con fluidez, así que

accedió a precios preferenciales en esta obra

clave de la infraestructura del transporte en

Bolivia.

La carretera Cochabamba-Santa Cruz,

un eslabón de asfalto y cemento

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: La Boliviateca (Facebook).

Entre 1941 y 1964, Bolivia impulsó una política de transporte orientada a conectar el

Oriente con el Occidente del país mediante la construcción y mejora de caminos. Esta

estrategia buscaba dinamizar el mercado interno y consolidar una entidad responsable

del desarrollo y mantenimiento vial. El financiamiento provino principalmente de préstamos

estadounidenses, condicionados a un programa de cooperación técnica que sentó

las bases de la planificación moderna de infraestructura en el país. En este contexto,

se mejoraron rutas de tierra y ripio, y se construyó la primera carretera asfaltada de

Bolivia: la vía Cochabamba-Santa Cruz.

El proyecto carretero fue parte esencial del llamado Plan Bohan, elaborado por una

misión técnica estadounidense encabezada por Merwin Bohan, diplomático y experto

en economía latinoamericana. Bohan había visitado Bolivia en 1937 y había identifi-


‒ 42 ‒

cado al Oriente, especialmente Santa Cruz, como una región con gran potencial agrícola,

aunque limitada por la falta de transporte moderno. Su propuesta planteó que la

construcción de carreteras podría transformar esa región en un polo comercial clave

para el país.

La carretera Cochabamba-Santa Cruz fue una obra emblemática, pero su ejecución resultó

larga y costosa. Se tardaron doce años en concluir los 491 kilómetros, con un gasto

aproximado de 100.000 dólares por kilómetro. A pesar de su impacto simbólico, en

términos económicos tuvo resultados limitados. En 1956, solo se transportaron por esa

vía 78.000 toneladas, muchas destinadas al mantenimiento del propio camino. Según

el asesor estadounidense George Eder, la inversión no fue rentable. Más aún, la vía fue

sustituida por otra con el tiempo, lo que para analistas como John Hillman evidencia

que la decisión respondió más a cálculos políticos que a una planificación sustentable.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Aunque el Plan Bohan ponía énfasis en el desarrollo agrícola del Oriente, fue el sector

minero el que proporcionó los recursos fiscales para ejecutarlo. Esta contradicción refleja

el desequilibrio estructural de la economía boliviana, que dependía de la minería,

pero soñaba con diversificarse a través de la agricultura y la industria. El plan también

alimentó la idea de que el futuro del país estaba en el Oriente, especialmente en Santa

Cruz, como solución a los problemas económicos del país en su conjunto. Pero sus

resultados fueron desiguales: más efectiva como símbolo político que como motor de

desarrollo, más centrada en satisfacer una visión externa que en responder a las prioridades

internas. Aun así, marcó un hito en la historia de la planificación del transporte

en Bolivia y en la proyección de Santa Cruz como eje estratégico del país.

Fuente: Nigel Caspa, “Las carreteras y el arribo de los automóviles en Bolivia, 1900-1964”, Working

Paper, La Paz, 2025.

Con excedente de producción y con modernas

bolsas de papel de 43 kilos que permitía

envasar el cemento de manera más eficiente

y almacenarlo durante cierto tiempo, SO-

BOCE exploró la posibilidad de exportar

cemento. En 1946, SOBOCE presentó una

solicitud formal al gobierno para obtener autorización

para exportar cemento al Perú. El

pedido fue aprobado en marzo de 1947 bajo

dos condiciones. La empresa debía, en primer

lugar, garantizar el abastecimiento pleno del

mercado interno. Además, estaba obligada a

atender todas las solicitudes de cemento que

provinieran del gobierno, asegurando que la

exportación no interfiriera con la demanda

nacional. 16

La incursión en el mercado peruano comenzó

de forma modesta, con la venta inicial

de 10.000 bolsas de cemento. Sin embargo,

16 Archivo de Relaciones Exteriores, volumen 3654, nota del 14 de abril de 1947.


‒ 43 ‒

pronto se vislumbraron oportunidades más

ambiciosas. SOBOCE solicitó al encargado

de negocios de Bolivia en el Perú que gestionara

una reunión con el Ministerio de

Obras Públicas peruano, con el objetivo de

establecer un acuerdo de intercambio: cemento

boliviano a cambio de diésel peruano.

La propuesta respondía a una necesidad urgente.

En ese momento, el abastecimiento de

diésel para la planta de Viacha representaba

un gasto mensual de 22.000 dólares, en un

contexto de escasez de divisas. La idea de un

canje bilateral ofrecía una solución ingeniosa,

alineada con las condiciones económicas del

país. 17 Según los registros de la época, hacia

1950 las exportaciones de cemento al Perú

habían alcanzado un volumen acumulado de

aproximadamente 4.570 toneladas métricas.

4. EL CEMENTO Y LA

REVOLUCIÓN NACIONAL

Bolivia ingresó a la segunda mitad del siglo

XX con una población de aproximadamente

2,7 millones de habitantes y un nuevo escenario

político marcado por la irrupción del

nacionalismo revolucionario. El 9 de abril de

1952, una insurrección popular liderada por

el Movimiento Nacionalista Revolucionario

(MNR) derrocó al gobierno militar de Hugo

Ballivián Rojas, quien había asumido el poder

tras el desconocimiento de las elecciones

generales de 1951, en las que el MNR había

resultado vencedor. Con Víctor Paz Estenssoro

en la presidencia, el nuevo gobierno implementó

tres reformas fundamentales que

marcarían un antes y un después en la historia

boliviana: la reforma agraria, la naciona-

lización de las minas y el establecimiento del

voto universal.

Este nuevo ambiente político redirigió

por completo la orientación de la política

económica del país. Se inauguró una

etapa de planificación estatal encabezada

por Walter Guevara Arze, quien asumió

la tarea de delinear un modelo de desarrollo

estructurado en torno a la intervención

del Estado. Uno de los primeros documentos

oficiales de este nuevo periodo

fue el llamado “Plan inmediato de política

económica del gobierno de la revolución

nacional”, en el que el gobierno del MNR

hizo un diagnóstico conciso sobre la situación

de diversas industrias, incluyendo la

del cemento.

El análisis partió de una evaluación de la

oferta disponible. Se estimaba que el consumo

per cápita de cemento en 1950 oscilaba

entre 9 y 12,5 kilogramos anuales,

una cifra baja en comparación con países

con mayor nivel de industrialización.

Además, se proyectaba un crecimiento

demográfico del 2,5 % anual, lo cual anticipaba

una mayor demanda de materiales

de construcción. En este contexto, se temía

que la planta de SOBOCE en Viacha

estuviera alcanzando su techo productivo,

y se advertía que su maquinaria podría

volverse obsoleta si no se renovaba a tiempo.

18 Posteriormente otros estudios respaldaron

esta política con proyecciones de

mediano plazo: se estimaba que la oferta

de cemento sería insuficiente en la década

de 1960, elevándose a los 25 puntos per

cápita (Grafico 2).

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

17 Archivo de Relaciones Exteriores, volumen 3654, nota del 14 de abril de 1947.

18 Walter Guevara Arze, Plan inmediato de política económica del gobierno de la revolución nacional (República de Bolivia, 1954).


‒ 44 ‒

GRÁFICO 2

Oferta y proyección de la demanda per cápita anual de cemento en Bolivia

30

25

20

15

10

5

0

1950 1951 1952 1953 1954 1955 1956 1957 1958 1959 1960 1961 1962 1963 1964 1965 1966

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Oferta

Demanda

Fuente: Corporación Boliviana de Fomento. Informe para la ampliación de la planta de FANCESA. CBF, 1970.

Con base en este diagnóstico, que respondía

tanto a necesidades estructurales como a los

objetivos políticos del MNR, el gobierno encomendó

a la Corporación Boliviana de Fomento

(CBF) —creada en 1942— la tarea de

expandir la capacidad cementera del país. Fue

en ese marco que se impulsó la instalación de

una nueva planta en la ciudad de Sucre. La

idea de contar con una fábrica de cemento en

la capital constitucional surgió inicialmente en

1948, tras un terremoto que afectó la ciudad y

puso en evidencia la necesidad urgente de disponer

de insumos para la reconstrucción. La

demanda social por contar con un suministro

local de cemento se convirtió en un proyecto

concreto, y entre 1955 y 1958 la CBF lideró la

construcción de lo que sería la Fábrica Nacional

de Cemento S.A. (FANCESA), inaugurada

oficialmente en 1959.

FANCESA fue concebida como una empresa

con un modelo de administración tripartito e

inédito en el país: su directorio estaba conformado

por representantes de la Corporación

Boliviana de Fomento, del gobierno municipal

de Sucre y de la Universidad Mayor de

San Francisco Xavier. Este esquema buscaba

garantizar una gestión con participación

estatal, local y académica, alineada con los

principios del nacionalismo revolucionario.

Al mismo tiempo, el gobierno alentó otras

iniciativas regionales. En Cochabamba, por

ejemplo, se promovió la constitución de una

nueva empresa que con el tiempo se transformaría

en la Corporación Boliviana de

Cemento (COBOCE), cuyas operaciones comenzarían

en 1966. También se hizo seguimiento

a proyectos más pequeños en Oruro y

Potosí, aunque estos no llegaron a concretarse.

El plan industrial del MNR incluso contemplaba

la utilización de materiales como

el asbesto, un mineral de amplio uso mundial

en la época, aunque décadas más tarde

se descubriría su carácter altamente nocivo

para la salud.


‒ 45 ‒

En suma, el Estado construyó su propia visión

del mercado del cemento, con el objetivo

de garantizar el abastecimiento en un país

que buscaba transformarse desde la base material.

A diferencia de los enfoques anteriores,

centrados en iniciativas privadas o mixtas, el

MNR adoptó una política decidida de impulso

a las empresas estatales de cemento, como

parte de su proyecto más amplio de modernización

nacional. Así, el cemento dejó de ser

solo un material de construcción para convertirse

en símbolo de desarrollo, planificación

y soberanía económica.

En contraste con la expansión estatal del

sector cementero impulsada por el gobierno

revolucionario, SOBOCE optó por concentrarse

en mantener sus ritmos de producción.

Aunque la empresa había experimentado

un crecimiento sostenido entre 1945 y

1951, la llegada de la Revolución Nacional

45

40

35

30

25

marcó un punto de inflexión. La paralización

de importantes obras de infraestructura,

la renegociación forzada de precios con

el Estado y la incertidumbre general del

nuevo contexto político impactaron negativamente

en su desempeño.

El panorama empeoró a mediados de la década.

En 1955, Bolivia enfrentó una de las

crisis financieras más severas de su historia

republicana. La escasez crónica de divisas

afectó a todos los sectores productivos, y

SOBOCE no fue la excepción. La empresa

tuvo dificultades crecientes para sostener

sus operaciones básicas, en especial aquellas

que requerían pagos en moneda extranjera,

como la adquisición de repuestos y el mantenimiento

especializado de su maquinaria

importada. Estas limitaciones técnicas y financieras

se tradujeron rápidamente en una

caída de la producción.

GRÁFICO 3

Producción de cemento en SOBOCE, 1940-1959 (en miles de toneladas métricas)

22,7 23,1 23,5 23,7 22,1 22,9

38,1 39,3 37,2 37,5

35,7

33,8

32,5

33,3 33,1

26,5 28,8

23,7

28,9 29,5

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

20

15

10

5

0

1940 1941 1942 1943 1944 1945 1946 1947 1948 1949 1950 1951 1952 1953 1954 1955 1956 1957 1958 1959

Fuente: Archivo de La Paz, Corporación Boliviana de Fomento, Dirección General de Estadística y Censo

del Ministerio de Hacienda; CEPAL. Estudio económico de América Latina 1948. Departamento de Asuntos Económicos,

1949.


‒ 46 ‒

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

En 1957, la producción anual de cemento de

SOBOCE descendió a apenas 23.700 toneladas

métricas (Gráfico 3), una cifra que reflejaba

la magnitud de la crisis. A diferencia de

las décadas anteriores, marcadas por una expansión

constante, los años cincuenta representaron

para la empresa su primera etapa de

decrecimiento estructural. El debilitamiento

del sector privado, combinado con el avance

de la planificación estatal, reconfiguró el

mapa del cemento en Bolivia.

5. NUEVOS JUGADORES EN

EL CAMPO DE JUEGO

Desde 1928 hasta 1959, SOBOCE se mantuvo

como el único jugador en el campo de la

industria cementera en Bolivia. Durante más

de tres décadas cumplió en solitario con la

tarea de abastecer el mercado interno, ofreciendo

un producto competitivo que acompañó

el crecimiento urbano y las obras de infraestructura

del país. En la década de 1940,

la producción nacional fue tan eficiente que

las importaciones de cemento no alcanzaron

a representar ni el 1 % del consumo total, lo

que da cuenta del peso y la capacidad de la

empresa en esos años.

Sin embargo, el panorama cambió con el

surgimiento de FANCESA en 1959 y su rápida

consolidación como proveedor nacional

a partir de 1960, seguido de COBOCE

en 1966. La aparición de esto nuevos jugadores,

respaldados por el Estado y con una

fuerte presencia regional, marcó el inicio de

un nuevo ciclo en la historia del cemento

boliviano. A partir de entonces, la industria

comenzó a caracterizarse por una mayor

competencia, la diversificación de modelos

de gestión y una participación más activa

del Estado en la producción de insumos estratégicos

para el desarrollo económico y la

modernización del país.

En el nuevo contexto de competencia y

expansión estatal, SOBOCE emprendió

una estrategia de modernización para

mantenerse vigente en el mercado cementero

boliviano. Realizó dos ampliaciones

significativas en su planta de Viacha. La

primera, en 1964, elevó la capacidad instalada

a 32.630 toneladas métricas anuales;

la segunda, ejecutada en 1968, duplicó esa

cifra hasta alcanzar las 60.000 toneladas

por año. Con estas inversiones, la empresa

logró duplicar su capacidad instalada respecto

a 1944, mostrando un esfuerzo sostenido

por adaptarse a las nuevas exigencias

del mercado.

Sin embargo, estos avances no fueron suficientes

para mantener el liderazgo. FANCE-

SA, con una planta equipada con maquinaria

moderna y una capacidad instalada de

95.000 toneladas anuales, ingresó con fuerza

al mercado nacional. Su estructura de

costos le permitió ofrecer precios altamente

competitivos, además de asegurar contratos

con importantes obras de infraestructura

gubernamentales. Hacia 1972, FANCESA

ya proyectaba nuevas ampliaciones, consolidando

su posición dominante.


‒ 47 ‒

GRÁFICO 4

Producción de cemento en Bolivia, 1960-1978 (en miles de toneladas métricas)

100

90

80

70

60

50

40

30

20

10

0

1960 1961 1962 1963 1964 1965 1966 1967 1968 1969 1970 1971 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978

SOBOCE

FANCESA

Fuente: Dirección General de Estadística y Censo del Ministerio de Hacienda; FANCESA. Cemento FANCESA

33 aniversario 1959-1992. Fábrica Nacional de Cemento S.A., 1992.

Nota: No se incluyen datos de COBOCE por falta de datos.

El golpe más simbólico para SOBOCE llegó

en 1966, cuando por primera vez en su historia

perdió el liderazgo en ventas en el país

(Gráfico 4). A partir de entonces, el mapa del

cemento boliviano cambió definitivamente:

ya no se trataba de un monopolio privado,

sino de un escenario con múltiples actores y

una fuerte presencia estatal. No obstante, durante

la década de 1970, SOBOCE comenzó

a recuperar terreno, adaptándose a las nuevas

condiciones de competencia e identificando

nichos de mercado donde podía mantenerse

relevante.

Un análisis del mapa del mercado cementero

boliviano en 1967, elaborado por la

Corporación Boliviana de Fomento (CBF),

permite visualizar con claridad la distribución

territorial de las principales empresas

del sector (Mapa 1). Según este estudio,

SOBOCE mantenía una participación del

45 % del mercado nacional, concentrada

principalmente en los departamentos de

La Paz y Oruro, donde su planta de Viacha

tenía mayor capacidad logística de

distribución. En cambio, FANCESA controlaba

el 55 % restante, con una presencia

diversificada en varias regiones del país.

Su participación se distribuía del siguiente

modo: 5 % en Sucre —su ciudad de

origen—, 24 % en Cochabamba, 15 % en

Santa Cruz, 4 % en Potosí, 2 % en Tarija

y 1 % en Beni. Esta dispersión geográfica

demuestra la capacidad de FANCESA

para expandirse más allá de su núcleo regional,

gracias a una estructura moderna

y a contratos vinculados a obras públicas

financiadas por el Estado.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒


‒ 48 ‒

Uno de los aspectos más reveladores del estudio

de la CBF es la persistente dificultad

que enfrentaban las empresas bolivianas de

cemento para abastecer con regularidad a los

departamentos de Beni, Tarija y Pando. Esta

situación respondía, en gran medida, a las limitaciones

del transporte, la falta de rutas estables

durante todo el año, y las condiciones

climáticas adversas, en particular los elevados

niveles de humedad, que complicaban el

almacenaje prolongado del cemento en estas

regiones. Como se observa en el Mapa 2, el

cemento boliviano en 1970 se transportaba

en camiones, aviones, ferrocarril y barcos.

Como consecuencia de estas limitaciones, se

infiere que la demanda de cemento en Pando

era atendida mayormente por empresas del

Brasil o del Perú; la de Beni, también por

proveedores brasileños, que tenían mejores

accesos a través de la Amazonía; y la de Tarija,

por la amplia oferta de cemento argentino,

que además ingresaba al país con precios

más bajos debido a la cercanía geográfica y

los menores costos logísticos.

MAPA 1

Distribución del mercado del cemento, 1967.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: Archivo de La Paz, Fondo Corporación Boliviana de Fomento.


‒ 49 ‒

MAPA 2

Transporte del cemento en Bolivia, 1972

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: República de Bolivia. Estudio integral de la industria de materiales de construcción en Bolivia. Vol. 1. Ministerio

de Urbanismo y Vivienda, 1973.

Las dificultades de SOBOCE en este periodo

también se explica por los cambios en su

estructura accionaria. Varios de los antiguos

aliados estratégicos que habían acompañado

a SOBOCE desde sus orígenes comenzaron a

retirarse del negocio. Algunos buscaron nuevas

oportunidades en otros sectores, mientras

que otros simplemente perdieron confianza

en un campo que parecía dominado por empresas

estatales.

Sin embargo, esta salida de capital extranjero

y foráneo permitió el ingreso de nuevos

actores nacionales. Durante la década de

1970, la participación de capital boliviano

en SOBOCE comenzó a incrementarse de

manera significativa. Un actor central en

este proceso fue Inversiones Bolivianas Limitada

(INBO), empresa perteneciente a

la familia Doria Medina, que en 1979 ya

controlaba el 51 % del paquete accionario,


‒ 50 ‒

convirtiéndose en el accionista mayoritario

(Cuadro 3).

El resto del capital se distribuía de forma más

fragmentada. Un 10,7 % de las acciones estaba

en manos de 146 pequeños accionistas,

cada uno de los cuales poseía menos de 2.000

acciones, reflejando una base minoritaria de

participación individual. A ello se sumaba la

presencia de la Asociación Laboral, que había

surgido como resultado de una política de cesión

del 10 % del capital accionario a favor de

los trabajadores de la empresa, implementada

en 1976. En conjunto, esta nueva configuración

accionaria reflejaba una transformación

profunda en el perfil de SOBOCE, que pasaba

de ser una empresa con fuerte capital

extranjero a una firma con control mayoritariamente

boliviano, con participación empresarial,

laboral y minoritaria diversificada.

CUADRO 3

Composición de acciones de SOBOCE, 1979

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Accionista Cantidad Porcentaje

Inversiones Bolivianas Ltda. 289,677 51

Accionistas con menos de 2,000 acciones 60,583 10.7

Asociación Laboral 56,616 10

Crespo Velasco, Jorge 49,720 8.8

Urioste, María Luisa 15,331 2.7

Dwyer, Shirley Spalding de 12,503 2.2

Malatesta, Eleonor Spalding de 12,503 2.2

Todesco, Eldo 11,807 2.1

Linale G., Silvia 8,983 1.6

Usioste S.B. Marcelo 7,623 1.3

Villegas Luna, Hugo 6,456 1.1

Ballivián Durán Canelas, Nancy 6,199 1.1

Urioste, S. B. Armando 6,174 1.1

Gambarte, Norah Alvarez de 5,771 1.0

Stuart, Elena Muñoz de 5,186 0.9

Urioste, Lucy Blanco de 3,618 0.6

Sanjinés Goytia, Julio 2,489 0.4

Cia. Aramayo Mines en Bolivia 2,459 0.4

Said, Juan 2,459 0.4

Total 566,157 100

6. LOS 50 AÑOS Y EL CÓNDOR

DE LOS ANDES PARA SOBOCE.

El 26 de septiembre de 1975 marcó un hito en

la historia de la Sociedad Boliviana de Cemento

(SOBOCE), cuando el gobierno nacional le

otorgó la condecoración de la Orden Nacional

del Cóndor de los Andes en grado de Oficial.

Esta es la máxima distinción que otorga Bolivia

a ciudadanos e instituciones. El reconocimiento

fue otorgado por el presidente Hugo Bánzer


‒ 51 ‒

Suárez en conmemoración de sus cincuenta

años de existencia y en mérito a su sostenida

contribución al desarrollo industrial del país. El

acto protocolar incluyó una visita guiada a la

planta de Viacha y sirvió no solo para celebrar

el medio siglo de trayectoria de la empresa, sino

también para destacar su modelo pionero de

participación laboral y su compromiso con la

responsabilidad social (Figura 12).

En esa ocasión, el presidente de SOBOCE,

Hugo Villegas, aprovechó el acto para reafirmar

la visión de la compañía. “Es un

compromiso de honor de empresarios y trabajadores,

para que Bolivia vea en esta fábrica

un ejemplo de trabajo y comprensión”,

declaró. En un gesto inédito, anunció la

emisión de una nueva serie de acciones con

el nombre de “Asociación Laboral” equivalente

al 10 % del capital social de la empresa,

destinadas a sus empleados y obreros. Estas

acciones estarían disponibles a partir del 31

de diciembre de 1976 y buscaban fomentar

un modelo de participación accionaria que

democratizara los beneficios de la empresa

entre sus propios trabajadores. 19

FIGURA 12

Condecoración de SOBOCE, 1975

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

Fuente: El Diario¸ La Paz, 27 de septiembre de 1975; Última Hora, La Paz, 27 de septiembre de 1975.

19 La Asociación Laboral nunca hizo efectivas sus acciones porque el sindicato de trabajadores vio en esta participación una

vía para minar los intereses de los obreros. Este conjunto de acciones sería disuelto en la década en febrero de 1994 en

acuerdo con los dirigentes del gremio y compensada con bonos.


‒ 52 ‒

El evento contó con la presencia de autoridades

del Ministerio de Trabajo, quienes

entregaron un pergamino y una copia autenticada

de la Resolución Ministerial que

oficializaba el reconocimiento. En representación

de los trabajadores, Saturnino Paucara

—coordinador laboral de la planta— expresó

su gratitud por las políticas inclusivas

adoptadas por la empresa y por el respaldo

institucional del gobierno. “Agradecemos

las medidas destinadas a la participación

obrera y el apoyo de las autoridades”, afirmó,

subrayando el valor de la cooperación

entre el sector privado, los trabajadores y el

Estado.

La condecoración otorgada a SOBOCE no

solo fue un reconocimiento a su éxito económico

y técnico, sino también a su rol como

referente en el proceso de industrialización

boliviano. En un contexto en el que el cemento

se consolidaba como insumo clave del desarrollo

nacional, la empresa no solo aportó

materiales para la construcción del país, sino

que también construyó un modelo empresarial

innovador en lo social y en lo laboral.

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

El Edificio

Alameda:

pionero del

desarrollo

vertical en La Paz

En la década de 1960, el paisaje urbano

de La Paz experimentó una transformación

radical con la construcción del Edificio

Alameda, un proyecto visionario que

marcó el inicio de la era de los rascacielos

en Bolivia. Ubicado estratégicamente en

la avenida 16 de Julio, esta imponente estructura

de 28 pisos y 105 metros de altura

se convirtió inmediatamente en un

símbolo de modernidad y progreso cuando

fue inaugurado en 1967.

Como primer edificio en superar la barrera

de los 15 pisos en el país, el Alameda

representó un audaz salto tecnológico

para la construcción boliviana. Su diseño

innovador y su escala sin precedentes

demostraron que era posible desarrollar

Fuente: La Boliviateca (Facebook).

proyectos de gran altura en la complicada

topografía paceña. Durante trece años

mantuvo el título de edificio más alto de

Bolivia, hasta que fue superado por el

Banco Central en 1980.


‒ 53 ‒

La construcción del Alameda no solo

cambió el perfil de la ciudad, sino que

estableció nuevos estándares arquitectónicos

y de ingeniería. Su estructura resistente

a las condiciones sísmicas de la región,

combinada con un diseño funcional que

integraba espacios comerciales y oficinas,

sirvió como modelo para los desarrollos

posteriores.

Este edificio emblemático fue el precursor

del boom constructivo que caracterizaría

a La Paz en la década de 1970.El proyecto

carretero fue parte esencial del llamado

Plan Bohan, elaborado por una misión

técnica estadounidense encabezada por

Merwin Bohan, diplomático y experto en

economía latinoamericana. Bohan había

visitado Bolivia en 1937 y había identifi

7. ASUMIENDO RIESGOS EN

ÉPOCAS DE HIPERINFLACIÓN

Tras cumplir 50 años, SOBOCE buscaba retomar

el liderazgo en el mercado del cemento

y buscó alternativas de financiamiento.

En octubre de 1978 se realizaron gestiones

ante el gobierno para obtener un crédito a

mediano plazo por 5 millones de dólares. El

contrato se suscribió el 21 de septiembre de

1979 con el Banco del Estado (BANEST),

con financiamiento del Arlabank con las siguientes

condiciones: 30 meses de gracia, a 6

años, con una tasa de 1.25 sobre libor y una

sobretasa de 3 % que cobraría el BANEST.

Los desembolsos de este préstamo se orientaron

a pagar obligaciones ya vencidas y que

ponían en riesgo el prestigio de la empresa. 20

En paralelo se gestionaba otro crédito con el

objetivo de incrementar la capacidad de producción

a 210,000 TM anuales en 1979; sin

embargo, este compromiso se convirtió en el

mayor riesgo que la empresa asumiría en su

historia en un contexto de crisis financiera

profunda en Bolivia. Los hechos se sucedieron

de la siguiente manera. El 23 de julio de

1975, el gobierno boliviano emitió el Decreto

Supremo 12706 mediante el cual avaló un

préstamo de la Corporación Andina de Fomento

(CAF) a favor de SOBOCE S.A., destinado

a financiar la ampliación de su planta

industrial en Viacha. El Banco del Estado actuó

como garante de la operación. 21 El contrato

de crédito fue formalizado el 11 de noviembre

de ese mismo año, y hasta mayo de

1978 se habían desembolsado 11.692.808,86

dólares. Para 1980, la obligación de SOBO-

CE ascendía ya a 13.576.939,59 dólares,

incluyendo capital e intereses. Sin embargo,

ante el deterioro económico del país, los

pagos comenzaron a retrasarse, y en 1983 se

reprogramaron los compromisos, elevando

el monto total de la deuda a 18.581.030,71

dólares.

La carga financiera sobre la empresa se hizo

cada vez más pesada. En enero de 1984, SO-

BOCE había pagado alrededor de 3,5 millones

de dólares solo por concepto de intereses. Pero

en 1985, en medio de la aguda crisis económica

que atravesaba Bolivia, solo pudo cumplir

con un pago parcial de 800.000 dólares. La

situación se volvió insostenible y, para enero de

1987, el Banco del Estado —en su calidad de

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

20 Sociedad Boliviana de Cemento S.A., Memoria 1979 (SOBOCE, 1980), 7.

21 Acta del directorio de SOBOCE, La Paz, 14 de octubre de 1993.


‒ 54 ‒

‒ Cápítulo 2 Encajar y Afinar ‒

garante— tuvo que cubrir el saldo total adeudado

a la CAF, que en ese momento alcanzaba

los 24.681.860,24 dólares (18.581.030,71 por

capital y 6.100.830 por intereses acumulados).

Para evitar un conflicto financiero con la

CAF —una de las fuentes multilaterales de

financiamiento más relevantes para Bolivia

en ese momento—, el gobierno de Víctor

Paz Estenssoro (1985–1989) diseñó una salida

técnica y diplomática. Se acordó que la

CAF depositaría 18,5 millones de dólares en

el Banco Central de Bolivia, con un plazo de

15 años. A su vez, el Banco Central otorgó

un préstamo de 24,6 millones de dólares al

Banco del Estado, permitiéndole saldar la

deuda que SOBOCE mantenía en mora ante

la CAF. Este mecanismo permitió refinanciar

la deuda sin un impacto inmediato en

las reservas internacionales del país, aunque

trasladó el riesgo crediticio al sector público.

Como parte del acuerdo, el BANEST quedó

encargado de recuperar la deuda, iniciando

acciones judiciales contra SOBOCE que

incluyeron auditorías técnicas y financieras,

así como la aplicación de medidas cautelares

para asegurar el cumplimiento. Esta operación

reflejó la fragilidad del sistema financiero

boliviano durante los años ochenta,

una década en la que el Estado intervino en

múltiples ocasiones para evitar el colapso de

empresas estratégicas, utilizando a la banca

pública como intermediaria para restructurar

deudas privadas con organismos internacionales.

Esta sucesión de eventos marcó el fin de un

ciclo en la historia de SOBOCE. El directorio

de la empresa había cumplido un ciclo generacional.

INBO, accionista mayoritaria de

la empresa y cuyos intereses estaban representados

por Samuel Doria Medina Arana,

decidió dar paso a un nuevo grupo de jóvenes

profesionales para que definan un nuevo

horizonte. Así se cerró un ciclo de cimentar

y construir para dar lugar a una época para

rediseñar y transformar.


‒ 55 ‒

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒


‒ 56 ‒

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

A comienzos de la

década de 1970, ante el

agravamiento de la crisis

económica y la creciente

inestabilidad política en el

país, el Grupo Grace tomó

la decisión de retirarse

de Bolivia. Fue entonces

que Samuel Doria Medina

Arana, junto con otros altos

ejecutivos bolivianos de

la empresa, propuso una

operación de adquisición

por parte de la gerencia. La

operación se instrumentó

a través de Inversiones

Bolivianas Limitada (INBO).


‒ 57 ‒

CAPÍTULO 3

REDISEÑAR Y TRANSFORMAR

1. JUVENTUD, LA SEMILLA

DE TRANSFORMACIÓN

EMPRESARIAL

A lo largo de su trayectoria, SOBOCE había

reunido a numerosos profesionales y técnicos

que aportaron a su consolidación como la

principal empresa cementera del país. Entre

todos ellos, destacó la figura de Samuel Doria

Medina Arana, quien había sido contratado

en 1942 por el poderoso Grupo Grace

como asistente en una de sus filiales establecida

en Oruro. Su carrera dentro del grupo

fue ascendente. Con los años, ocupó diversos

cargos gerenciales de alto nivel, convirtiéndose

en uno de los ejecutivos más destacados

del conglomerado en Bolivia. 22

A comienzos de la década de 1970, ante el

agravamiento de la crisis económica y la

creciente inestabilidad política en el país, el

Grupo Grace tomó la decisión de retirarse

de Bolivia. Fue entonces que Samuel Doria

Medina Arana, junto con otros altos ejecutivos

bolivianos de la empresa, propuso una

operación de adquisición por parte de la gerencia.

La operación se instrumentó a través

de Inversiones Bolivianas Limitada (INBO).

En 1972, el grupo adquirió la totalidad de las

operaciones bolivianas de Grace. Otro de los

momentos clave de esta transacción se produjo

en 1974, cuando Samuel Doria Medina

Arana y su socio James Raff viajaron a

Nueva York para realizar el depósito final de

un millón de dólares en un banco estadounidense.

Ese pago consolidó la transferencia

de activos y selló el paso definitivo de Grace

fuera del país. Así, INBO se convirtió en la

nueva propietaria de importantes activos industriales

y comerciales, entre ellos SOBO-

CE, Cotrans y la propia Casa Grace, ahora

reconvertida en una firma nacional.

A fines de los años setenta, surgieron dentro

de INBO dos corrientes divergentes sobre el

rumbo que debía tomar el conglomerado.

Una de ellas, encabezada por Samuel Doria

Medina Arana y Hugo Villegas, defendía

una postura más conservadora: crecimiento

controlado, consolidación del mercado y prudencia

financiera. Esta visión contaba con el

respaldo de Ramiro Cabezas, y juntos sumaban

el 50 % de los votos en las asambleas de

accionistas. Frente a ellos, se ubicaba un grupo

liderado por Fernando Romero, que apos-

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

22 En estas secciones sigo el trabajo de Manuel E. Contreras, quien ha compartido gentilmente dos manuscritos inéditos realizados

con entrevistas a importantes personajes de SOBOCE entre 1987 y 2014, como Samuel Doria Medina Auza, Flavio

Escobar y familiares: The Making of a Business Leader turning weakness into strategic strength through systemic inefficiency — 1987

to 2000 (2024) y Samuel Doria Medina and Business Leadership — End of SOBOCE Stage —2000-2014 (2024). La información es

complementada con fuentes de archivo de la empresa y fuentes secundarias.


‒ 58 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

taba por una estrategia de expansión agresiva.

Lo acompañaban James Raff y Arnold

Jurgensen, quienes controlaban el otro 50 %

de los votos.

La disputa interna reflejaba no solo diferencias

de visión empresarial, sino también las

tensiones de una economía nacional cada

vez más inestable, que demandaba decisiones

estratégicas urgentes. Finalmente, el contexto

político y económico terminó inclinando

la balanza. A través de un largo y complejo

proceso financiero, Samuel Doria Medina

Arana logró tomar el control de la mayoría

accionaria de SOBOCE. Una de sus primeras

medidas fue involucrar a su hijo, Samuel

Doria Medina Auza, un joven profesional recientemente

graduado en el extranjero.

Con esta transición, la empresa, que desde

1926 había operado bajo control extranjero

o mixto, volvió a quedar en manos de una

familia boliviana. En medio de dificultades

financieras y una creciente competencia,

SOBOCE iniciaba así una nueva etapa, bajo

el liderazgo de una familia empresaria que

apostaría por su rediseñar y transformar una

empresa sumida en una crisis.

En este contexto, SOBOCE se vio forzada

a suspender los pagos correspondientes al

préstamo de ampliación concedido por la

Corporación Andina de Fomento (CAF),

cuya carga financiera comenzaba a volverse

insostenible.

La magnitud del problema financiero heredado

fue claramente expuesta durante una

reunión del directorio celebrada en abril de

1989, cuando la empresa había cumplido con

el pago de la tercera cuota al Banco del Estado,

en su calidad de garante de la deuda.

En esa sesión se sintetizó la paradoja de la

situación: “Se hace notar que, con este último

pago, SOBOCE ha cancelado la suma de

$us 12.201.593 por un préstamo desembolsado

por la CAF de $us 11.693.808, y paradójicamente

todavía adeuda $us 23.091.000, al

margen de que tendrá que pagar por concepto

de interés $us 12.000.000 y $us 2.000.000

más por concepto de comisiones. En suma,

cuando esté totalmente cancelado el préstamo

de $us 11.692.808, SOBOCE habrá

pagado un total de $us 50.000.000 aproximadamente,

suma que representa 4,25 veces

más que el monto originalmente desembolsado”.

24

A comienzos de la década de 1980, el sector

de la construcción en Bolivia experimentó

una marcada desaceleración. Las ventas de

cemento se redujeron drásticamente, afectando

directamente a la industria. Este panorama

adverso se agravó con las políticas

gubernamentales que impusieron controles

de precios al cemento y restringieron el acceso

a divisas extranjeras, necesarias para

que las empresas pudieran cumplir con sus

obligaciones financieras internacionales. 23

Samuel Doria Medina Auza se internó en

una suerte de curso intensivo de gestión empresarial

en condiciones adversas. Al asumir

la presidencia de SOBOCE en reemplazo de

Hugo Villegas, el joven Doria Medina tuvo

que enfrentar múltiples desafíos, entre ellos

el escepticismo generalizado respecto a su capacidad

para liderar una compañía en crisis.

Una de sus primeras decisiones fue conformar

un nuevo equipo de trabajo, orientado

a la modernización y recuperación de la em-

23 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 6 de abril de 1989.

24 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 6 de abril de 1989.


‒ 59 ‒

presa. Para ello convocó a un grupo de jóvenes

economistas con quienes había trabajado

previamente como auxiliar de cátedra en la

Universidad Católica Boliviana. Entre los

convocados estaban Flavio Escobar, Carlos

Núñez, Jaime Navarro, Armando Gumucio

y Geovanni Pacheco, todos ellos exalumnos

de la Facultad de Economía. Con esta nueva

generación de profesionales, la empresa se

convirtió en un semillero de nuevos cuadros

empresariales. 25

El ingreso del joven Samuel Doria Medina

Auza y su nuevo equipo directivo a SOBO-

CE a finales de los años ochenta significó un

cambio radical en la cultura organizacional

de la empresa. El estilo de trabajo que impusieron

contrastaba profundamente con las

prácticas anteriores. Hasta entonces, el gerente

general apenas había visitado la planta

de Viacha tres veces en tres años, dos de

ellas en días feriados. En contraste, Samuel

instituyó una nueva rutina: visitar la planta

todos los domingos junto a su equipo de confianza,

una práctica que se mantendría ininterrumpida

durante siete años y que marcó

un compromiso directo con la operación y el

personal.

Una de las decisiones más emblemáticas de

esta nueva etapa fue la reforma del sistema

de distribución del cemento, así como la

creación de nuevas gerencias dentro de la

estructura organizativa. Desde 1925, año

de fundación de la planta de Viacha, la distribución

del cemento había estado bajo el

control casi exclusivo de Casa Grace, que

operaba como distribuidor mayorista y recibía

una comisión del 4 % sobre el precio

de venta. Aunque el negocio había sido rentable

durante décadas, el crecimiento del

volumen de producción expuso deficiencias

estructurales: pérdidas recurrentes durante

el transporte, desorganización logística y

dificultades incluso dentro de los márgenes

urbanos de La Paz.

En 1989, SOBOCE decidió romper con ese

modelo histórico. Tras evaluar las pérdidas

derivadas de un sistema de distribución ineficiente,

el directorio resolvió no renovar el

último contrato con Casa Grace, firmado

en 1988 y ya vencido. El 31 de agosto de ese

año, se tomó una decisión histórica: la distribución

del cemento pasaría a estar bajo

control directo de la empresa. Para ello se

creó una nueva Gerencia de Comercialización,

que absorbió buena parte del personal

previamente contratado por Casa Grace.

La medida entró en vigor el 18 de septiembre

de 1989 y no estuvo exenta de tensiones,

especialmente porque Casa Grace aún tenía

presencia en el directorio. Sin embargo, la

decisión prevaleció, marcando un punto de

inflexión estratégico. 26

El cambio permitió a SOBOCE retener mayores

ingresos por ventas, los cuales comenzaron

a depositarse en cuentas a plazo fijo en

moneda extranjera, generando un colchón

de ahorro financiero crucial para una empresa

que aún arrastraba obligaciones con el

BANEST. 27 Además, la compañía asumió el

control completo del despacho y las ventas,

lo que le permitió definir políticas propias de

comercialización, publicidad y atención directa

al cliente. Se contrataron depósitos y se

abrieron nuevas agencias de ventas: además

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

25 Muchos de los empresarios, gerentes y técnicos que trabajaron en SOBOCE en este periodo se convirtieron en importantes

referentes empresariales y técnicos de Bolivia.

26 Nota del director de SOBOCE, a la Casa Grace S.A., 9 de octubre de 1989.

27 SOBOCE, “Evaluación del primer semestre gestión 1990”.


‒ 60 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

de las oficinas en la planta de Viacha y en

la Avenida Uruguay de La Paz, se crearon

agencias en El Alto, Villa Fátima, Calacoto y

en la ciudad de Oruro. 28

Esta estrategia tuvo un impacto inmediato

en la percepción pública: el prestigio del

cemento Viacha se fortaleció y la confianza

del mercado se amplió, al promoverse como

el mejor cemento producido en Bolivia. Sin

embargo, el proceso de internalización de

la comercialización no estuvo exento de dificultades.

Un informe de 1990 reveló que

durante el primer trimestre solo se había alcanzado

el 42 % de las metas de ventas planificadas,

debido a la inexperiencia logística

del nuevo equipo y a la incapacidad de cubrir

adecuadamente la demanda de regiones clave

como Cochabamba y Santa Cruz. Frente

a esta situación, la empresa decidió aumentar

su inversión en transporte durante el segundo

trimestre, lo que permitió alcanzar el

99 % de la meta de ventas, con el respaldo

logístico del gremio de transportistas. 29 Este

esfuerzo fue determinante: el cumplimiento

de las metas comerciales permitió mantener

los compromisos financieros con el Banco del

Estado.

En 1991, se contrató una empresa externa

para supervisar y evaluar el desempeño de las

agencias de ventas, lo que permitió optimizar

el sistema comercial y hacerlo más eficiente.

Para noviembre de 1990, el cemento Viacha

se comercializaba de forma competitiva no

solo en los departamentos de Oruro, Cochabamba,

Santa Cruz y Beni, sino incluso en

puntos fronterizos con Brasil y Perú, consolidando

así una nueva etapa de expansión

territorial para SOBOCE.

En medio de este crecimiento, la empresa

recibió una inesperada alerta: la marca “Fábrica

de Cemento Viacha” había caducado

en 1966. Frente a esta situación, el directorio

resolvió renovar el registro de la marca,

esta vez con una imagen levemente actualizada.

Se definió un nuevo logotipo: un círculo

exterior con la leyenda “SOCIEDAD

BOLIVIANA DE CEMENTO S.A. – LA

PAZ – BOLIVIA” y, en el centro, el nombre

del producto: “CEMENTO VIACHA”. Esta

identidad visual fue incorporada en las bolsas

de cemento, así como en el papel membretado

y demás material corporativo, reforzando

la presencia de la marca en el mercado nacional.

28 Sociedad Boliviana de Cemento, Memoria Anual (SOBOCE, 1989), 8–9.

29 Acta de directorio de SOBOCE, 09 de septiembre de 1990.


‒ 61 ‒

El 12 de julio de 1987, la planta de cemento

de Viacha enfrentó un episodio crítico:

el horno F.L. Smidth, uno de los componentes

más importantes del proceso de producción,

sufrió un siniestro que detuvo su

funcionamiento y comprometió seriamente

la capacidad operativa de SOBOCE. Ante

esta situación, la empresa inició una intensa

negociación con la Compañía Boliviana de

Seguros S.A. con el objetivo de validar sus

pólizas y obtener cobertura suficiente para

las reparaciones. En un primer momento, la

aseguradora ofreció una indemnización de

apenas 300.000 dólares, muy por debajo del

costo real de la reparación.

La disputa del seguro fue llevada a un proceso

de arbitraje internacional que resultó

decisivo. Tras la intervención de especialistas

externos y la emisión de un laudo arbitral, la

cifra fue corregida a favor de SOBOCE: el

monto de cobertura se elevó a 1.462.400,95

dólares, permitiendo a la empresa cubrir

aproximadamente el 80 % del costo total de

la reparación del horno. 30 Esta victoria representó

un alivio financiero en un momento

crítico y se fortaleció la confianza sobre la

empresa, que se vio en una mejor posición

para renegociar sus compromisos con el Banco

del Estado (BANEST). Por otro lado, la

nueva dirección labró un prestigio al ganar

una disputa millonaria frente a la experimentada

empresa aseguradora.

Finalmente, el horno F.L. Smidth fue rehabilitado

y volvió a funcionar el 8 de septiembre

de 1988. Un exejecutivo de SOBOCE recordó

más tarde una de las claves del éxito en

esta disputa: mientras la aseguradora presentó

un voluminoso expediente de más de 400

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

30 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 9 de septiembre de 1988.


‒ 62 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

páginas en español, la empresa optó por una

alegación concisa de solo trece páginas, redactada

en inglés y español. El documento,

diseñado como un resumen ejecutivo claro

y directo, resultó más persuasivo y accesible

para el tribunal arbitral. Para su elaboración

se contrató al periodista Humberto Vacaflor,

entonces corresponsal de la BBC en Bolivia,

quien colaboró en la redacción y estructura

del informe.

En noviembre de 1988, la junta directiva de

SOBOCE enfrentó otro desafío estratégico:

la escasez de personal técnico altamente calificado

para operar y mantener los hornos

de la planta. A pesar de que Bolivia contaba

apenas con tres fábricas de cemento en todo

el país, la oferta de ingenieros especializados

era limitada. La situación era particularmente

delicada porque, tras la reparación

del horno F.L. Smidth, la empresa contaba

ahora con tres hornos operativos: dos de la

marca Allis Chalmers y uno F.L. Smidth,

que en conjunto ofrecían una capacidad de

producción de 210.000 toneladas métricas

anuales. Sin embargo, el personal disponible

tenía serias dificultades para asumir la

nueva exigencia técnica. En 1988, la planta

solo contaba con dos ingenieros, en contraste

con los seis que habían sido asignados a

un solo horno en años anteriores. A ello se

sumaba la falta de técnicos capacitados para

el mantenimiento preventivo de los equipos.

La empresa consideró tres alternativas para

solucionar esta deficiencia: 1) contratar los

servicios de una empresa especializada en la

supervisión de programas de mantenimiento;

2) desarrollar un programa interno de mantenimiento

con personal propio; y 3) explorar

la contratación de ingenieros norteamericanos

jubilados con experiencia en cementeras,

que pudieran ofrecer su conocimiento en los

campos técnicos necesarios.

CUADRO 4

Producción de clinker, 1988 (en toneladas métricas)

Mes Allis Chalmers F.L.Smith Total

Abril 3,210 1,145 4,355

Mayo 2,454 - 2,454

Junio 2,496 - 2,496

Julio 2,720 - 2,720

Agosto 1,030 2,652 3,682

Septiembre - 11,390 11,390

Octubre 1,330 13,913 15,243

Noviembre 3,421 8,512 11,933

Totales 16,661 37,612 54,273

% 31% 69% 100%

Fuente: Actas de directorio de SOBOCE, 1988-1989.


‒ 63 ‒

Los datos de producción de clínker de 1988

muestran el impacto positivo de la reincorporación

del horno F.L. Smidth. Aunque

en los primeros meses del año los hornos

Allis Chalmers sostenían la producción, a

partir de septiembre el horno F.L. Smidth

superó con creces su rendimiento. En octubre,

por ejemplo, produjo 13.913 toneladas

métricas, mientras los Allis Chalmers

aportaron solo 1.330 toneladas. Al cierre

del año, el horno F.L. Smidth había generado

el 69 % del clínker producido por la

planta, con 37.612 toneladas frente a las

16.661 toneladas de los Allis Chalmers,

para un total acumulado de 54.273 toneladas

métricas (Cuadro 4).

2. REDISEÑANDO LA

ADMINISTRACIÓN Y

SALDANDO COMPROMISOS

Uno de los cambios más importantes impulsados

por la nueva dirección de SOBOCE

fue el rediseño profundo de su estructura

administrativa y operativa. A comienzos de

1989, tras una visita técnica a las fábricas

cementeras argentinas Minetti y CORSE-

MAR, los ejecutivos de SOBOCE quedaron

impresionados por el nivel de tecnificación

y los sistemas computarizados de mantenimiento

implementados en esas plantas. Este

aprendizaje resultó decisivo: la empresa decidió

implementar un sistema de Mantenimiento

Programado, lo que implicaba no

solo una transformación técnica, sino también

organizativa.

El primer paso fue la creación de una Gerencia

de Mantenimiento, concebida como una

unidad independiente de la Gerencia Técnica.

Esta decisión estratégica requería contar

con personal calificado, tecnología adecuada

y una nueva cultura organizativa centrada

en la eficiencia preventiva. En enero de ese

mismo año, se autorizó la contratación de un

gerente específico para esta área. La responsabilidad

recayó en el ingeniero mecánico

Iván Zegada, quien presentó su propuesta

titulada Organización de la Gerencia de Manteni-

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒


‒ 64 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

miento. El plan fue aprobado oficialmente por

el directorio en abril de 1989. 31

Los resultados fueron visibles en corto plazo.

Durante ese año, el tiempo de operación de

los hornos se incrementó notablemente: pasaron

de 268 días de funcionamiento en 1988 a

302 días en 1989. 32 Esta mejora significativa

fue atribuida a la disminución del tiempo de

paro por fallas técnicas, resultado directo del

nuevo esquema de mantenimiento. Asimismo,

se reportaron reducciones importantes

en los costos asociados a envases de cemento,

primas de seguros y provisión de piedra caliza,

lo que repercutió en una baja del costo

de mantenimiento por tonelada métrica de

cemento producido.

Otra área crítica abordada por la nueva gerencia

fue el manejo del clínker, el producto

semielaborado clave en la fabricación de cemento.

Hasta entonces, el clínker era almacenado

a cielo abierto, lo que generaba pérdidas

considerables debido a factores naturales

y a un inadecuado sistema de medición. Las

mermas admitidas alcanzaban hasta un 5 %

del total, en contraste con estándares regionales

que no toleraban más del 1 %. Ante

esta situación, se adoptaron nuevas medidas

de control, incluyendo la contratación de un

auditor interno encargado de supervisar la

contabilidad del stock. El diagnóstico del auditor

reveló una sobreestimación acumulada

desde 1986, además de factores naturales que

afectaban el volumen almacenado. Como

medida correctiva, se establecieron nuevos

controles mensuales y se inició el estudio para

la construcción de un depósito cerrado para

el almacenamiento del clínker, reduciendo

así las pérdidas por exposición y errores de

estimación. 33

En 1990 se introdujo una segunda reestructuración

en la administración de la empresa.

Hasta ese momento, la planta de Viacha

contaba con tres gerencias operativas (producción,

mantenimiento y administración),

mientras que en La Paz existían tres más:

comercialización, finanzas y control interno.

Sin embargo, el crecimiento de la carga operativa

y el ritmo de decisiones exigía una mayor

coordinación. Por ello, se decidió crear

dos Vicepresidencias: una de Operaciones,

con sede en la planta de Viacha, y otra Comercial,

en la ciudad de La Paz. Cada una

supervisaba las respectivas áreas de producción

y comercialización, estableciendo una

jerarquía más eficiente y unificada para enfrentar

los retos de modernización. 34

Estas transformaciones, aunque arriesgadas,

demostraron ser acertadas. Ni Samuel Doria

Medina ni su joven equipo contaban con

experiencia previa en la gestión de empresas

de gran escala, pero lograron construir una

estructura funcional, moderna y orientada a

resultados. Las cifras de venta dan cuenta del

éxito de esta etapa: en 1988, SOBOCE vendió

150.000 toneladas métricas de cemento;

una década más tarde, en 1998, la empresa

había triplicado ese volumen, alcanzando las

459.000 toneladas métricas (Gráfico 5).

31 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 25 de enero de 1989; Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 1 de marzo de

1989.

32 Sociedad Boliviana de Cemento, Memoria Anual, 5.

33 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 25 de enero de 1989; Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 1 de marzo de

1989.

34 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 9 de septiembre de 1990.


‒ 65 ‒

GRÁFICO 5.

Producción de cemento de SOBOCE, 1988-1998 (en toneladas métricas)

500

450

400

402

459

350

300

250

234 226 235

268

291

316

200

150

100

50

145

165

-

1988 1989 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998

Fuente: Memorias Anuales de SOBOCE y Acta de directorio, 1989-1998.

Estas reformas marcaron un punto de inflexión

en la historia de SOBOCE. La empresa,

que había atravesado años difíciles durante

la crisis de la década de 1980, logró recuperar

su dinamismo gracias a una combinación de

liderazgo joven, innovación organizativa y

adaptación tecnológica. El rediseño administrativo,

el fortalecimiento de los sistemas de

mantenimiento, el control riguroso del clínker

y la creación de nuevas instancias de dirección

consolidaron una nueva etapa en la trayectoria

de la histórica fábrica de Viacha.

La mejora sostenida en las cifras de producción

y ventas de SOBOCE durante los primeros

años de la década de 1990 permitió a

la empresa cumplir progresivamente con sus

compromisos financieros, superando una de

las etapas más complejas de su historia. Uno

de los hitos en este proceso fue el acuerdo firmado

el 18 de febrero de 1987 con Arlabank,

en Lima, Perú. En virtud de este convenio,

SOBOCE logró reestructurar una deuda

y pagar 800.000 dólares adeudados. Este

acuerdo representó un verdadero respiro

para la empresa y un punto de inflexión en

su política de saneamiento financiero.

El periodo comprendido entre 1989 y 199

consolidó el fortalecimiento institucional de

SOBOCE. Coincidió, además, con una recuperación

macroeconómica a nivel nacional: en

1991, Bolivia registró un crecimiento del producto

interno bruto del 4 % y una desaceleración

constante de la inflación. El nuevo clima

económico generó un entorno más favorable

para la actividad empresarial y, en particular,

para los sectores ligados a la construcción.

Durante estos años, SOBOCE continuó con el

cumplimiento riguroso de las obligaciones adquiridas

por el crédito de la CAF, cuya deuda

había sido asumida por el Banco del Estado

(BANEST) en calidad de garante. La empresa

desplegó una intensa labor de negociación

para cambiar su imagen ante los organismos

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒


‒ 66 ‒

financieros. Este esfuerzo no fue aislado: la

Cámara Nacional de Comercio, a través de su

presidente Javier Lupo Gamarra y su gerente

general Alfredo Arana Ruck, emitió notas

oficiales respaldando públicamente a SOBO-

CE. 35 Este respaldo institucional contribuyó a

mejorar la percepción de la empresa ante actores

clave del sistema financiero multilateral.

SOBOCE presentaba balances positivos y

ganancias acumuladas, la empresa decidió

voluntariamente postergar cualquier pago de

dividendos y destinar las utilidades a reservas

internas para futuras capitalizaciones. Esta

decisión ratificó el compromiso institucional

de priorizar la estabilidad financiera sobre

los beneficios inmediatos de los accionistas.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

SOBOCE cumplió disciplinadamente con lo

estipulado en el Contrato de Reconocimiento de Obligación

y Reprogramación de Pagos suscrito con el

Banco del Estado el 23 de septiembre de 1988.

Para 1992, la empresa había cancelado un total

de 2.333.736 dólares estadounidenses, y podía

informar con orgullo que había honrado todos

sus pagos durante cinco años consecutivos. Esta

conducta rigurosa restauró la confianza pública

en la empresa y consolidó su credibilidad

ante las entidades estatales y financieras.

Una de las condiciones del acuerdo era que

la empresa no podía distribuir dividendos

a sus accionistas mientras el servicio de la

deuda estuviese pendiente. Aunque en 1992

Las tres vueltas al mundo

con Cemento Viacha

El último pago del crédito se efectuó el 26 de

mayo de 1997, cerrando así un largo ciclo de

obligaciones que había comenzado dos décadas

antes con la expansión de la planta de Viacha.

El cumplimiento definitivo del servicio de

la deuda fue celebrado por la empresa como

un hito institucional. No solo significaba el

fin de una carga financiera histórica, sino que

también simbolizaba la consolidación de una

nueva etapa de gestión profesional, solvencia

empresarial y compromiso con el desarrollo

productivo del país. La ocasión fue conmemorada

con una fiesta interna, reflejo del alivio y

orgullo de un equipo que había enfrentado la

adversidad y la había superado con responsabilidad

y visión de largo plazo.

SOBOCE escribió con cemento la historia del desarrollo

boliviano. En 1991, la fábrica calculaba que, entre 1928 y

1990, sus hornos produjeron nada menos que 2.886.974

toneladas de ese polvo gris de progreso, equivalente a 58

millones de bolsas de 50kg. Para dimensionar esta hazaña

industrial, SOBOCE se propuso imaginar y ensayar

un ejercicio comparativo. Ocurre que esas 58 millones

de bolsas de cemento hubiesen sido suficientes para trazar

una vereda de un metro de ancho que podría dar tres

vueltas completas alrededor del planeta.

35 Nota de la Cámara Nacional de Industrias dirigida a Galo Montaño Pérez, presidente ejecutivo de la CAF, 1 de agosto de

1989. La nota también fue publicada en medios de prensa paceña.


‒ 67 ‒

3. FOMENTANDO UN

ENTORNO DE TRABAJO

SANO Y PRODUCTIVO

Durante la década de 1970, la Sociedad Boliviana

de Cemento (SOBOCE) se consolidó

como la principal generadora de empleo directo

en la industria cementera del país (Cuadro

5). Con 150 trabajadores directos y otros 50

indirectos, superaba ampliamente a sus competidores

FANCESA y COBOCE, que empleaban

a 140 y 139 personas, respectivamente.

Pese a su envergadura, el salario promedio que

percibían sus obreros se encontraba por debajo

del de sus principales rivales: un trabajador de

SOBOCE ganaba en promedio 875 bolivianos,

frente a los 1.224 que podía percibir un obrero

de FANCESA. 36 En la década del ochenta,

además hubo una fuerte caída de los salarios

en el sector construcción (Cuadro 6), alejando

drásticamente los salarios en construcción con

la media nacional y la informalización de este

tipo de trabajo. 37 Esta situación alimentó un clima

de creciente malestar laboral en la Planta

de Viacha, que se traducía en paros frecuentes,

algunos de los cuales llegaron a derivar en episodios

de violencia.

CUADRO 5

Fuentes de empleo de las fábricas de cemento en Bolivia, 1972

Empresa Directo Indirecto Total

SOBOCE 150 50 200

FANCESA 107 33 140

COBOCE 83 56 139

Total 139 340 479

Fuente: República de Bolivia. Estudio integral de la industria de materiales de construcción en Bolivia.

Vol. 2. Ministerio de Urbanismo y Vivienda, 1973, p. 22.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

CUADRO 6

Salarios en el sector de la construcción, índice 1980=100

1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987

Media nacional 91 90 92 143 114 88 76

Sector construcción 94 46 39 65 34 30 47

Variación 103% 51% 42% 45% 30% 34% 62%

Fuente: Escóbar Llanos, Flavio. “La década de los ochenta para la construcción y el cemento”. En La industria:

problemas y perspectivas. ILDIS, 1990.

36 República de Bolivia, Estudio integral de la industria de materiales de construcción en Bolivia (Ministerio de Urbanismo y Vivienda,

1973), 2:23.

37 Flavio Escóbar Llanos, “La década de los ochenta para la construcción y el cemento”, en La industria: problemas y perspectivas

(ILDIS, 1990).


‒ 68 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

La nueva dirección de SOBOCE asumió el

desafío de transformar ese clima de agitación

en una relación más estable y colaborativa

con los trabajadores. No fue una tarea sencilla.

En 1985, el sindicato inició un proceso

judicial, bajo el asesoramiento del abogado

Aníbal Aguilar, alegando perjuicios sufridos

por los empleados debido a la supuesta negligencia

de la administración anterior al no

otorgarles beneficios contemplados por ley,

antes de la promulgación del Decreto Supremo

N.º 21060.

Un episodio ilustrativo de la tensión existente

ocurrió en mayo de 1988, durante la

preparación del tradicional obsequio que la

empresa entregaba a sus trabajadores por el

Día del Trabajador Fabril, el 18 de mayo.

Según la costumbre, se regalaba un reloj a

cada empleado que no hubiera faltado durante

el año. A pesar de que las huelgas no

eran contabilizadas como ausencias, el dirigente

sindical más antiguo se presentó en el

Departamento de Finanzas para exigir qué

modelo debía comprarse. Flavio Escobar,

uno de los nuevos ejecutivos, expresó su indignación,

advirtiéndole que se trataba de

un obsequio de la empresa, no de un derecho

adquirido. El dirigente, con tono sarcástico,

replicó que tal vez él era “muy mono”

para comprenderlo.

La situación se tornó crítica cuando, al día

siguiente, la empresa recibió la devolución

de 179 de los 180 relojes entregados, junto

con una amenaza de huelga si no se adquirían

los modelos exigidos. La respuesta

de Samuel Doria Medina fue pragmática:

“Aprende a tragar sapos. Cambia los relojes

por los que han pedido; no podemos permi-

tirnos más huelgas.” Irónicamente, el único

reloj no devuelto fue el que se quedó el dirigente

sindical.

Este tipo de enfrentamientos marcó un punto

de inflexión en la política laboral de la empresa.

El 23 de junio de ese mismo año, día

de San Juan, los dirigentes solicitaron declarar

no laborable el viernes siguiente. La empresa

respondió con firmeza: quien no se presentara

a trabajar sería despedido. Aunque

inicialmente se temió un ausentismo masivo,

todos los empleados asistieron. Para reforzar

el mensaje, la administración envió personal

a El Alto con el fin de reclutar posibles reemplazantes.

La nueva dirección comprendió que la solución

no pasaba por una confrontación permanente,

sino por construir una relación distinta

con los trabajadores y fijar un objetivo

común de productividad. En diciembre de

1988 se emprendieron obras de mejora en el

comedor y los baños, cuya infraestructura databa

de 1925. Nadie en el directorio se opuso

a esta iniciativa y, en todo caso, se resaltó que

algunas de aquellas edificaciones databan de

1925 y las refacciones eran muy necesarias. 38

El 1 de julio de 1989, el sindicato presentó un

pliego de peticiones de diez puntos, incluyendo

un aumento salarial del 50 %, incentivos

y la creación de una biblioteca. La empresa

respondió con una propuesta de aumento del

20 % sobre el haber básico, incremento del

bono de producción, becas para trabajadores,

reposición del 50 % del trabajo dominical en

la sección construcciones y la anulación de

memorándums de preaviso. El acuerdo fue

homologado por el Ministerio de Trabajo y

garantizó un año sin huelgas. 39

38 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 16 de noviembre de 1988.

39 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 13 de julio de 1989. En agosto de 1990 se aplicó un sistema de ampliación del

14-17% de incremento de salarios según la importancia y rendimiento de trabajadores.


‒ 69 ‒

Para 1990, SOBOCE no solo había estabilizado

sus relaciones laborales, sino que

se había convertido en un actor clave en la

economía paceña. La empresa ofrecía empleo

directo y permanente a 286 familias:

180 obreros, 42 técnicos, 79 empleados y 17

ejecutivos. El 36 % del personal era profesional,

un indicador significativo del grado de

especialización alcanzado. Además, generaba

empleo eventual para otras 50 familias y

empleo indirecto para más de 2.000 familias

de cooperativistas campesinos dedicados a la

provisión de piedra caliza. El impacto económico

se extendía a numerosos comercios y

talleres en Viacha, El Alto y La Paz, desde

llanteros hasta panaderías. Tan relevante era

su peso en la economía local que sus aportes

tributarios representaban el 80 % del presupuesto

de funcionamiento de la Alcaldía de

Viacha.

En 1991, SOBOCE mantenía 286 trabajadores

en plantilla directa y había afianzado

un modelo de gestión laboral que combinaba

firmeza con sensibilidad social. 40 El conflicto

había cedido lugar al compromiso compartido.

El cemento, más allá de ser un producto

industrial, se había convertido en el símbolo

de una empresa que reconstruía, desde sus

cimientos, no solo su infraestructura, sino

también su relación con la comunidad trabajadora

que la sostenía. La empresa acumuló

una serie de años sin huelgas y las demandas

de los obreros generalmente fueron resueltas

con inmediatez.

Fuente: Sociedad Boliviana de Cemento. Construye,

moderniza, protege. SOBOCE, 1992.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

40 El Diario, La Paz, 23 de agosto de 1990.


‒ 70 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

4. EL COMPROMISO CON

EL MEDIOAMBIENTE

Y LA SALUD

El notable incremento de la producción en

la Planta de Viacha durante los primeros

años de la década de 1990 no solo representó

un hito en términos de eficiencia industrial,

sino también el surgimiento de un

nuevo desafío ambiental y social. Por décadas,

la planta había operado por debajo

de su capacidad instalada y las emisiones

de polvo no habían sido un gran problema.

Sin embargo, a medida que los hornos comenzaron

a operar por encima del 80 % de

su capacidad durante más días al año, el

impacto de la actividad industrial sobre el

entorno se hizo evidente.

Simultáneamente, el crecimiento del radio

urbano de la Alcaldía de Viacha, con nuevas

urbanizaciones y el aumento de la densidad

poblacional en zonas aledañas a la fábrica,

amplificó las quejas de los residentes. Los reclamos

se centraban en la calidad del aire, las

molestias generadas por la dispersión del polvo

de cemento y los efectos en la salud, como

la irritación ocular y las dificultades para

realizar actividades al aire libre. La crítica de

la junta de vecinos y la opinión pública, con

justa razón, no tardó en manifestarse a través

de medios locales. Líderes comunitarios y organizaciones

civiles interpelaron a la empresa

por los efectos colaterales de su expansión

productiva. La empresa, por su parte, hizo

listar a posibles trabajadores de la empresa

enfermos y se registro que uno de ellos había

desarrollado malestares respiratorios.

Las respuestas iniciales de SOBOCE —

centradas en destacar el aporte de la empresa

a la generación de empleo directo,

al crecimiento económico y al desarrollo

local— no lograron revertir el creciente

malestar social. Resultaba evidente que la

narrativa empresarial debía ir acompañada

de acciones concretas orientadas a la

mitigación del daño ambiental. En ese contexto,

la dirección de la empresa decidió

asumir plenamente su responsabilidad social,

iniciando una serie de gestiones orientadas

tanto a contener el conflicto como a

diseñar soluciones técnicas.

El 31 de diciembre de 1990 se logró la

conformación oficial de la Comisión Fiscalizadora

de la Ejecución del Proyecto de

Reducción de la Emanación de Polvo de

Cemento de la Fábrica Viacha, que posteriormente

adoptaría el nombre de Proyecto

Polvo (PP). Uno de los factores decisivos

para la legitimidad y eficacia de esta instancia

fue su composición plural. La integraban

representantes de diversos sectores:

la Cámara de Diputados, la Alcaldía Municipal

de Viacha, la Federación de Juntas

Vecinales de Viacha, la Central Agraria de

Viacha, la Primera División del Ejército, la

Parroquia San Agustín de Viacha y la Liga

de Defensa del Medioambiente. Esta comisión,

con capacidad de inspección directa

de la planta, produjo informes anuales que

permitieron monitorear con transparencia

los avances del proyecto.

El Proyecto Polvo se diseñó en dos fases y

se apoyó en asesoramiento técnico internacional.

Durante 1989 se realizaron los

primeros estudios sobre contaminación atmosférica

en la zona, y en octubre se enviaron

solicitudes de cooperación a empresas

especializadas de Argentina, España y

Suiza: Juan Minetti S.A., Asland Tecnología

S.A., INSUISA S.A. y Holderbank,

respectivamente. Finalmente, en febrero de

1990, se contrató a Holderbank como consultora

técnica principal.


‒ 71 ‒

La primera fase del proyecto consistió en

una solución de ingeniería para capturar y

filtrar eficazmente las partículas. Se instaló

una ventiladora entre el electrofiltro y la

chimenea para crear presión negativa en el

sistema y permitir la conexión simultánea

de los hornos F.L. Smidth y Allis Chalmers

al mismo sistema de filtrado. Asimismo, se

incorporó un analizador de gases al horno

Allis Chalmers para mejorar el control de

la combustión. La segunda fase buscó optimizar

la eficiencia del sistema mediante

la reducción de la temperatura de los gases

emitidos, para lo cual se diseñó una torre

de enfriamiento capaz de mantener el flujo

gaseoso por debajo de los 150 °C.

La implementación del proyecto implicó

la participación de numerosas empresas y

una coordinación logística internacional.

En septiembre de 1990 se importó equipo

especializado de Hartman & Braun (Alemania-EE.UU.),

y en enero de 1991 se

contrataron los servicios de la empresa Metalurgia

Arica (Chile) para la fabricación

de la torre de enfriamiento. El montaje de

esta estructura estuvo a cargo de SEMIN

(Perú), mientras que METALMEC (Santa

Cruz, Bolivia) fabricó y ensambló los ductos

y estructuras metálicas. Para agosto de

1991, las obras de interconexión y montaje

del sistema de control de emisiones habían

concluido exitosamente.

FIGURA 13

Emisiones de polvo antes y después del Proyecto Polvo (PP)

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

Fuente: Sociedad Boliviana de Cemento. Construye, moderniza, protege. SOBOCE, 1992.


‒ 72 ‒

El Proyecto Polvo se convirtió en uno de los

programas más ambiciosos y exitosos de gestión

ambiental implementados por una empresa

boliviana en aquellos años (Figura 13). En

total, participaron 30 personas como responsables

directos de su ejecución, 17 empresas y cuatro

contratistas de 7 países diferentes (Bolivia,

Estados Unidos, Suiza, Inglaterra, Alemania,

Perú y Chile). Más allá del logro técnico, este

esfuerzo representó una transformación cultural

en la relación entre SOBOCE y la comunidad

de Viacha. El respeto ambiental dejó de ser

una externalidad ignorada y pasó a integrarse

al núcleo de la estrategia corporativa. 41

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

El éxito del proyecto puede medirse no solo

en la disminución tangible de las emisiones de

polvo y su impacto sobre la salud y la calidad

de vida en Viacha, sino también en la recuperación

de la legitimidad social de la empresa.

El proyecto PP demostró que el desarrollo industrial

y la sostenibilidad ambiental no eran

metas excluyentes, sino objetivos compatibles

cuando existía voluntad política, capacidad

técnica, responsabilidad social y una gestión

empresarial moderna y comprometida.

41 Sociedad Boliviana de Cemento, Construye, moderniza, protege (SOBOCE, 1992).


‒ 73 ‒

Transformando paisajes urbanos,

construyendo íconos y conectando regiones

SOBOCE, consolidada como un referente

nacional y regional en la industria del

cemento, continuó siendo parte de obras

emblemáticas y diversos proyectos de infraestructura

de gran escala. En el ámbito

de la arquitectura, uno de los principales

exponentes del uso del cemento en Bolivia

ha sido el arquitecto Juan Carlos Calderón,

reconocido por su impronta brutalista

y por la integración de este material en

obras emblemáticas del país. Durante las

décadas de 1970 y 1980, su talento se plasmó

en proyectos icónicos como los edificios

de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones

en La Paz y Oruro (1975), el Palacio

de Justicia de Oruro (1977) y el Centro de

Comunicaciones de La Paz (1983). A estos

se suman el edificio de USAID en La

Paz (1985), el Edificio de Correos de Tarija

(1990), el Edificio Gimart en La Paz

(1990), la sede de la Sociedad Boliviana

de Cemento (1999), el Museo Kusillo en

La Paz (1994) y el edificio de Cemento El

Puente en Tarija (2003).

Estas fotos son sacadas de un libro de arquitectura.

Sé que los fotógrafos de este

ámbito son celosos de sus capturas y decido

no utilizarlas oficialmente en este manuscrito

por temas de derechos. Todas las

fotos están en la carpeta compartida

En años posteriores, Calderón consolidó

su legado con obras como el edificio de

la Alianza Francesa en La Paz (2004),

la sede de la Corporación Andina de

Fomento (2007), el edificio del Banco

Interamericano de Desarrollo (2013), el

campus de la Universidad Privada Boliviana

en La Paz (2009) y el Edificio de

Posgrado de la misma universidad (2014)

El cemento producido por SOBOCE

también desempeñó un papel fundamental

en obras de infraestructura innovadoras,

particularmente en el ámbito

vial. Una de las contribuciones más

emblemáticas fue su participación en

la construcción de la carretera Oruro–

Toledo, de 37,8 kilómetros de longitud,

que marcó un hito al convertirse en la

primera vía del país ejecutada con pavimento

rígido. Esta tecnología, basada

en una base estructural de concreto,

representó un avance significativo respecto

al pavimento flexible tradicional.

La obra no solo consolidó la presencia

de SOBOCE como proveedor estratégico

de insumos para proyectos de gran

envergadura, sino que también fue incorporada

posteriormente a la Red Vial

Fundamental de Bolivia, reforzando su

carácter estructural y su importancia

dentro del sistema nacional de transporte.

También se comenzó a tender puentes

de concreto en lugar de los clásicos

metálicos, uniendo departamentos, provincias,

ciudades y barrios.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒


‒ 74 ‒

Una ciudad cruzada

por cuerdas de cemento

En el corazón de La Paz se alza una de las obras de

ingeniería más emblemáticas de la ciudad: el Puente

de las Américas. Con sus 207 metros de longitud, esta

estructura de hormigón postensado une desde 1993

los distritos de Sopocachi y Miraflores, convirtiéndose

en un eje vital para el tráfico vehicular paceño.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

La historia de este puente es un reflejo de la propia

evolución urbana de La Paz. Los primeros proyectos

datan de 1913, cuando las autoridades visualizaron

la necesidad de conectar estas dos zonas estratégicas,

inspirándose incluso en el viaducto Bolívar

de Arequipa. El nombre “de las Américas” surgió

en los años 70 como homenaje a la integración andina,

aunque su materialización tardaría décadas.

El diseño final, obra de la prestigiosa firma Jean

Müller International, superó los desafíos técnicos

que habían frustrado intentos anteriores, como el

proyecto de 1948 de Stahlbau Rheinhausen que fue

descartado por problemas geotécnicos. La inauguración

en 1993 marcó el fin de un largo proceso

El puente original fue complementado en 2018 con

su “gemelo”, construido en la ubicación prevista en

el proyecto de 1948, demostrando cómo las visiones

urbanísticas a menudo trascienden generaciones.

Estas estructuras hermanas no solo alivian la congestión

vehicular, sino que simbolizan la persistencia

paceña por dominar su complicada geografía.

Hoy, mientras miles de vehículos cruzan diariamente

sus calzadas, el Puente de las Américas sigue siendo

testigo de cómo La Paz ha sabido convertir sus desafíos

topográficos en oportunidades de desarrollo,

uniendo no solo dos puntos geográficos, sino también

pasado y futuro a través del cemento y el acero.


‒ 75 ‒

Resulta difícil cuantificar con exactitud el

número de obras que han empleado cemento

producido por SOBOCE a lo largo del territorio

nacional. Sin embargo, es indudable

que la influencia de la empresa, desde esta

perspectiva, trascendió ampliamente los límites

de la región occidental. A medida que

el mercado del cemento volvió a configurarse

como un escenario de competencia a escala

nacional, SOBOCE orientó decididamente

su atención hacia Santa Cruz, con el propósito

de aportar su experiencia acumulada en

el sector a una de las ciudades que emergía

como motor económico del país. En noviembre

1993, el directorio decidió no ampliar la

Planta de Viacha y en su lugar invertir en un

nuevo proyecto e instalar una nueva fábrica

de cemento en el Oriente. 42

5. AMPLIANDO EL MERCADO

Y EL LANZAMIENTO DEL

CEMENTO WARNES

En 1994, el panorama de la industria cementera

boliviana estaba caracterizado por la

existencia de seis empresas productoras. Tres

de ellas —SOBOCE en La Paz, COBOCE en

Cochabamba y FANCESA en Sucre— constituían

el núcleo dominante del sector, con capacidades

instaladas similares en torno a las

200.000 toneladas métricas anuales. Estas tres

compañías representaban en conjunto más del

60 % de la oferta nacional de cemento. No

obstante, sus estructuras de propiedad eran

diversas: mientras SOBOCE operaba como

empresa privada, COBOCE funcionaba bajo

el modelo cooperativo y FANCESA era una

sociedad de economía mixta, controlada por

actores del sector público como la prefectura

departamental, la alcaldía de Sucre y la universidad

pública local.

Las otras tres cementeras eran El Puente (de

propiedad estatal), EMISA (entonces controlada

por la empresa neozelandesa Fletcher

Challenge Ltda.) y CAMBA (empresa privada

con sede a 500 km de Santa Cruz de la

Sierra). Con capacidades productivas mucho

más modestas —cercanas a las 60.000 toneladas

métricas anuales—, estas firmas tenían

un peso menor en el mercado nacional. A

pesar de este número de plantas, la ciudad

de Santa Cruz, en pleno auge urbano y demográfico,

continuaba dependiendo en parte

de importaciones desde países vecinos como

Brasil, Argentina y Perú, debido a la insuficiente

capacidad de abastecimiento local. En

ese contexto, FANCESA mantenía ciertas

ventajas comparativas en mercados específicos

gracias a la calidad de su producto y su

ubicación estratégica.

SOBOCE impulsó una visión modernizadora

y estratégica. Con el convencimiento

de que la empresa no podía seguir operando

bajo esquemas conservadores ni repetir

modelos rutinarios de gestión, decidió

crear una unidad de planificación con

autonomía relativa. Fue así que en 1993

fundó la Compañía Integral de Consignaciones

y Servicios (CIS), una firma consultora

orientada a apoyar el diseño de nuevas

estrategias empresariales. La CIS estuvo

integrada por profesionales que habían

acompañado a Doria Medina durante su

paso por la administración pública, entre

ellos Flavio Escobar, Juan Carlos y Mario

Requena, José Luis Lupo, Hernán Paredes

y Remy Borda.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

42 Acta de directorio de SOBOCE, La Paz, 4 de noviembre de 1993.


‒ 76 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

El encargo central de la consultora era ambicioso:

debía explorar la viabilidad de la diversificación

del portafolio empresarial hacia

nuevos sectores, analizar oportunidades de

expansión geográfica de las operaciones cementeras,

identificar proyectos para mejorar

la eficiencia y productividad de las plantas, y

estudiar eventuales alianzas estratégicas. Durante

sus primeros años, la CIS evaluó propuestas

de inversión en sectores tan diversos

como la banca, la hotelería y la cadena farmacéutica.

No obstante, las conclusiones derivadas

de este ejercicio de prospectiva coincidieron

en un punto fundamental: el sector

cementero, por su dinamismo y alta demanda,

requería que SOBOCE concentrara su capital

y capacidades en su actividad principal.

De esta manera, se delineó una estrategia

clara: ingresar con fuerza en el mercado de

Santa Cruz de la Sierra, la región de mayor

crecimiento económico del país. Para ello,

en 1994 se inauguró la planta cementera de

Warnes, ubicada a 23 kilómetros al norte de

la capital cruceña. La inversión inicial ascendió

a 7 millones de dólares. Aunque la región

carecía de yacimientos de piedra caliza —insumo

esencial para la producción de clínker,

componente clave del cemento—, un análisis

logístico permitió superar este obstáculo. Los

camiones que transportaban productos agrícolas

desde Santa Cruz hacia el occidente del

país (particularmente soya) regresaban vacíos,

lo cual habilitó un acuerdo favorable con los

transportistas: ofrecerían descuentos del 50 %

en el traslado de clínker hacia Santa Cruz.

Durante los primeros años de funcionamiento,

la planta de Warnes debió importar clínker

desde Jujuy, Argentina, hasta que la ampliación

de la planta de Viacha se completó en

1999. A pesar de las limitaciones iniciales, el

proyecto representó un punto de inflexión

para SOBOCE. No obstante, el camino no

estuvo exento de dificultades. La Alcaldía de

Santa Cruz, inicialmente renuente, se negó

a otorgar la licencia de construcción en la

ciudad, lo cual obligó a trasladar el proyecto

a Warnes. La nueva ubicación fue recibida

con entusiasmo por sus autoridades locales,

quienes valoraron la inversión, la generación

de empleo y el aporte al desarrollo regional.

La iniciativa despertó muchas tensiones y la

prensa calificó el proceso como un “conflicto

de poderes” entre la empresa cementera,

empresarios locales e históricas instituciones

cruceñas. 43

SOBOCE también debió enfrentar la oposición

de poderosos actores económicos,

principalmente importadores de cemento

que habían sacado amplios réditos en Santa

Cruz, quienes presionaron a las autoridades

ambientales para frenar el proyecto. 44 Por

supuesto, no todos los sectores se opusieron,

los ejecutivos de Cemento Camba declararon

públicamente que no se oponían a la instalación

de una nueva fábrica de cemento en

Santa Cruz y destacaba la importancia de la

competencia. 45 Tras diez meses de gestiones,

el Ministerio de Desarrollo Sostenible otorgó

la Declaratoria de Impacto Ambiental

(DIA) la primera semana de julio de 1995,

allanando el camino para la consolidación

de la planta. 46 Para mejorar la percepción

pública, se convocó a un concurso de diseño

del logotipo de Cemento Warnes y se lanzó

una campaña de marketing con parti-

43 El Mundo, Santa Cruz, 31 de marzo de 1995.

44 EL Mundo, Santa Cruz, 29 de junio de 1995.

45 El Mundo, Santa Cruz, 14 de septiembre de 1994.

46 El Mundo, Santa Cruz, 7 de julio de 1995.


‒ 77 ‒

cipación destacada en la FEXPOCRUZ 47 .

El arquitecto Juan Carlos Calderón fue

encargado de diseñar el espacio del stand

institucional, con el objetivo de reflejar un

compromiso explícito con la sostenibilidad

ambiental.

La campaña publicitaria de Cemento Warnes

se articuló bajo el eslogan “Cemento

Warnes, cemento al momento”, enfatizando

la capacidad de respuesta inmediata de la

empresa frente a la demanda local. En efecto,

una de las ideas que circulaban en el directo-

rio desde inicios de ese año era la posibilidad

de incursionar en la venta de hormigón premezclado,

es decir, cemento ya combinado

con arena y agua, listo para su uso en obras

de gran escala. La propuesta fue formalmente

presentada en la sesión del directorio del

26 de enero de 1995, como parte de una lógica

de diversificación dentro del mismo sector.

Tras las pruebas respectivas de las maquinas,

la planta de Santa Cruz inicio su producción

el 19 de octubre de 1995 y la primera bolsa

de de Cemento Warnes fue vendida el 23 de

octubre (Figura 14). 48

FIGURA 14

Producción de cemento Warnes, 1995

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

Fuente: El Mundo, Santa Cruz, 20 de octubre de 1995.

47 En paralelo, se modernizó también la imagen gráfica del Cemento Viacha, cuya nueva identidad visual fue aprobada por

el directorio en septiembre de 1995.

48 Acta del directorio de SOBOCE, La Paz, 5 de septiembre de 1995; El Mundo, Santa Cruz, 20 de octubre de 1995;


‒ 78 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

6. NUEVOS SOCIOS Y

LA AMPLIACIÓN

El buen desempeño operativo de SOBOCE

y la consolidación de un nuevo prestigio institucional

hacia mediados de la década de

1990 dieron paso a un hito crucial en la trayectoria

de la empresa: el ingreso de capital

extranjero. En 1994, la firma chilena Cementos

Bío Bío adquirió el 30 % del paquete

accionario de SOBOCE por un valor de 15

millones de dólares. Esta inversión marcó el

inicio del proceso de internacionalización y

apertura al capital transnacional. La magnitud

de la operación no debe subestimarse:

en ese momento, Cementos Bío Bío estaba

valorizada en aproximadamente 800 millones

de dólares, con sus acciones cotizando en

la Bolsa de Comercio de Santiago, mientras

que SOBOCE tenía una valoración estimada

de apenas 50 millones.

La incorporación del nuevo socio no solo implicó

un importante fortalecimiento financiero,

sino también la transferencia de conocimientos

técnicos y prácticas modernas de

gestión. Gracias a este respaldo, SOBOCE

implementó mejoras operativas, redujo sus

costos unitarios de producción y diversificó

su portafolio productivo. Ese mismo año, ingresó

en dos nuevas líneas de negocio: la producción

de cemento puzolánico y la comercialización

de hormigón premezclado bajo la

marca norteamericana Ready Mix.

SOBOCE fue la primera empresa en producir

cemento puzolánico. La idea fue presentada al

directorio e 5 de septiembre de 1995, respaldada

con informes técnicos. La incorporación

del cemento puzolánico representó un avance

estratégico de gran relevancia. Al aprovechar

las puzolanas existentes en las regiones altiplánicas

de La Paz y Oruro, la empresa pudo reducir

la proporción de clínker en la molienda

final entre un 35 % y un 40 %. Esta sustitución

parcial permitía una significativa reducción

en los costos de producción por tonelada

de cemento. La tecnología no era nueva, pero

su implementación en el contexto boliviano

implicaba una mejora sustancial en la rentabilidad

operativa de la empresa.

Fuente: Revista Presupuesto y Construcción, 1996.

En paralelo, el ingreso al mercado del hormigón

premezclado bajo la marca Ready Mix

supuso un paso adelante hacia la provisión

de soluciones integradas para el sector de la

construcción en el año 2000. No obstante, se

entendió que este nuevo rubro debía manejarse

con cautela. Tal como se advirtió en ese

momento, incursionar en la provisión directa

de hormigón podía afectar la relación con los

clientes tradicionales de cemento, en particular

con las grandes constructoras. La estrategia

consistió entonces en no buscar rentabilidad

directa con el Ready Mix, sino utilizarlo

como herramienta de penetración en grandes

proyectos de infraestructura, donde las


‒ 79 ‒

condiciones de escala permitieran justificar

su implementación. Si bien en un inicio la iniciativa

fue recibida con escepticismo, con el

tiempo otras cementeras del país adoptaron

este modelo, convirtiéndolo en una práctica

generalizada (Figura 15).

FIGURA 15

Publicidad de Ready Mix, 2006 y 2012

Fuente: Revistas especializadas de construcción e ingeniería.

Más allá de los avances productivos y comerciales,

la alianza con el Grupo Bío Bío

tuvo efectos importantes sobre la gobernanza

interna de SOBOCE. La participación

activa de ejecutivos experimentados como

Claudio Lapostol —gerente general del grupo

en Chile— y Héctor Gómez —gerente

de INACESA, planta del grupo en Antofagasta—

introdujo una cultura organizacional

más profesionalizada. Se promovieron

estructuras de planificación más robustas,

mayor racionalización del trabajo gerencial y

una preocupación explícita por el equilibrio

laboral del equipo boliviano, que hasta entonces

trabajaba jornadas extensas e incluso

operaba en fines de semana. La visión estratégica

de los ejecutivos chilenos, articulada

con el empuje del grupo boliviano liderado

por Samuel Doria Medina, dotó a SOBOCE

de una dirección empresarial con estándares

internacionales.

En 1997, como parte del proceso de expansión

geográfica, SOBOCE, junto con su socio

chileno, adquirió la planta cementera El

Puente, ubicada en el departamento de Tarija

y creada en 1982 con financiamiento de la

Corporación Regional de Desarrollo de Tarija

(CODETAR), con el objetivo de abastecer

la demanda de cemento en el sur del país.

La privatización impulsada por el gobierno

boliviano abrió la posibilidad de su adquisición.

SOBOCE presentó una oferta de 15,7

millones de dólares, que superó ampliamente

a la de su competidor Cemento Yura, de 9,6

millones. La operación no solo permitió aumentar

la capacidad instalada de clínker en

55.000 toneladas anuales —que se sumaban

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒


‒ 80 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

a las 210.000 de la planta de Viacha—, sino

que también fortaleció la presencia territorial

de la empresa en el sur del país. Con esta operación,

el valor de SOBOCE se estimaba ya

en unos 70 millones de dólares.

Casi en simultáneo, la compañía emprendió

una ambiciosa modernización de su planta

matriz en Viacha. Un estudio exhaustivo de

localización confirmó que el sitio seguía siendo

óptimo para una expansión, lo que justificó el

inicio de un proyecto de ampliación y modernización

entre 1998 y 1999. Con una inversión de

5 millones de dólares, se elevó la capacidad de

producción a 210.000 toneladas métricas anuales

de clínker y 510.000 toneladas de cemento.

El nuevo horno fue provisto por la firma F.L.

Smidth y el diseño de la planta fue concebido

para permitir futuras ampliaciones en plazos

reducidos. De hecho, se proyectaba que en menos

de dos meses la capacidad instalada podría

duplicarse, pasando de 300.000 a 600.000 toneladas

métricas anuales.

Durante esa época, los criterios internacionales

sostenían que la escala mínima de eficiencia

para una planta cementera se encontraba

en torno a las 1.000 toneladas por día. Asimismo,

el radio efectivo de influencia comercial

de una planta estaba comprendido entre

los 600 y 1.000 kilómetros, dependiendo de

los costos logísticos y de las condiciones de

competencia. SOBOCE, al contar con plantas

en La Paz, Tarija y Santa Cruz, comenzaba

a configurar una red que le permitía aprovechar

estas ventajas logísticas y técnicas.

En noviembre de 2002, SOBOCE S.A. adquirió

los activos de la planta cementera

EMISA, ubicada a pocos kilómetros de la

ciudad de Oruro. La Empresa Minera Sajama

S.A. (EMISA) fue fundada en 1988, tras

dos cambios de razón social de una compañía

originalmente dedicada a la preparación

de lodos para perforación. Con el tiempo, la

empresa modificó su línea de negocio, orientándose

a la producción de cemento blanco

en pequeña escala. En marzo de 2003, se

concretó su fusión definitiva con SOBOCE

S.A. La planta se encuentra ubicada en la

carretera Oruro–Cochabamba, constituyéndose

desde entonces en un activo estratégico

para ampliar la capacidad de producción y

diversificar la oferta de la empresa. La operación

representó una inversión de 5,5 millones

de dólares y permitió a la empresa

incorporar una capacidad instalada adicional

de 145.000 toneladas métricas anuales

de cemento y 92.000 toneladas métricas de

clínker. Esta adquisición fortaleció la presencia

industrial de SOBOCE en el occidente

del país y diversificó su capacidad de producción

en un momento de consolidación de su

liderazgo en el mercado.

De manera complementaria, SOBOCE

también incursionó en la industria de áridos

mediante la adquisición de la planta “Áridos

San Roque”. Esta unidad productiva suministra

materiales fundamentales para la elaboración

de hormigón, entre los que destacan

la arena, la grava y la gravilla. Con esta

integración vertical, la empresa amplió su

control sobre la cadena de valor de la construcción,

asegurando la provisión eficiente

de insumos estratégicos para su línea de producción

de hormigón premezclado.

A fines de la década, el proceso de expansión

se completó con una operación de alto

impacto estratégico: la adquisición del 33,34

% del paquete accionario de FANCESA por

un valor de 26 millones de dólares. Esta empresa

—una de las tres mayores del sector—

tenía entonces en carpeta un proyecto de ampliación

estimado en 30 millones de dólares,

cuya ejecución SOBOCE deseaba supervisar

directamente. La inversión en FANCESA le


‒ 81 ‒

permitió no solo obtener presencia accionaria

en su principal competidor, sino también

participar en las decisiones estratégicas del

proyecto de expansión, consolidando su liderazgo

en la industria cementera boliviana.

7. UNA EMPRESA CON VALOR

Y EL FIN DE UN CICLO

Entre 1997 y 2006, el valor de mercado de

SOBOCE se incrementó de manera sostenida,

pasando de 70 millones de dólares a

200 millones. Este crecimiento explosivo no

solo consolidó su posición como la empresa

cementera más importante del país, sino

que también amplió sus horizontes estratégicos

hacia la integración regional. Con esta

visión, su principal accionista y ejecutivo,

Samuel Doria Medina, dejó entrever la disposición

de la empresa para extender sus operaciones

más allá de las fronteras nacionales.

En particular, manifestó interés por adquirir

empresas como INACESA, ubicada en Antofagasta

(norte de Chile), y Cementos Yura,

localizada en Arequipa (sur del Perú), si en

algún momento sus propietarios consideraban

la posibilidad de enajenarlas.

En paralelo al interés por expandirse internacionalmente,

SOBOCE también redobló

sus esfuerzos por consolidar su presencia dentro

del territorio boliviano. En 1999, protagonizó

una de las operaciones empresariales

más significativas de la industria cementera

nacional al adquirir el 33,34 % del paquete

accionario de FANCESA, la principal fábrica

de cemento del sur del país. La compra se

efectuó por un total de 27,14 millones de dólares,

de los cuales 26 millones fueron pagados

a la Prefectura de Chuquisaca —la instancia

estatal que había decidido desprenderse de

su participación— mientras que el monto

restante correspondió al pago de comisiones

a las entidades intermediarias, Panamerican

Securities y Deutsche Bank.

La operación se estructuró mediante un financiamiento

mixto. El Banco Mercantil y otra

entidad financiera ofrecieron un crédito a 180

días con una tasa de interés del 11 % anualizada.

Este préstamo fue complementado con

recursos provenientes de la emisión de bonos

corporativos —la serie SOBOCE III— y de la

suscripción de acciones preferentes por parte

de la Commonwealth Development Corporation

(CDC). No obstante, el cierre financiero

de la transacción enfrentó un imprevisto crítico:

un día antes del vencimiento del plazo

para efectuar el pago al Estado, una de las

entidades bancarias se retiró de la operación.

Ante ello, ejecutivos de la empresa gestionaron

créditos puente personales con carácter de urgencia,

asegurando así los recursos necesarios

para completar la adquisición.

La compra de FANCESA tenía implicancias

económicas, sociales y políticas de gran

envergadura. A lo largo de su historia, esta

planta había sido concebida por los habitantes

de Sucre como un emblema del desarrollo

regional. Su carácter público y su vinculación

directa con actores sociales locales —como la

Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca

y la Alcaldía Municipal— generaban

un fuerte sentido de pertenencia. En este contexto,

el ingreso de un actor privado como

SOBOCE despertó resistencias significativas.

La compañía se vio entonces obligada a

operar en un doble registro: por un lado, debía

aplicar criterios de eficiencia económica

propios de una empresa moderna; por otro,

necesitaba desempeñar un rol activo como

agente social, promotor cultural y colaborador

cívico en las obras públicas más sentidas

por la ciudadanía chuquisaqueña. Como se

ha destacado en la literatura especializada,

“SOBOCE trató de operar con la eficien-

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒


‒ 82 ‒

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

cia de una empresa privada, pero también

actuar en niveles distintos a los industriales:

como promotora de actividades culturales,

sociales, cívicas, y como agente de ejecución

de las obras de infraestructura más demandadas

por la población de Chuquisaca”. 49

A pesar de las tensiones derivadas de la percepción

local sobre el carácter “foráneo” del

nuevo accionista mayoritario, los resultados

financieros de FANCESA evidenciaron una

mejora sustancial. En el año 2000, la empresa

generó utilidades por 11 millones de dólares

durante el primer semestre y 5 millones

en el segundo, alcanzando un total anual de

16 millones. Este desempeño permitió distribuir

mayores dividendos entre los socios

restantes —la universidad pública y la municipalidad—

lo que amortiguó, al menos temporalmente,

el descontento social.

La evolución de las utilidades en la década siguiente

mostró un crecimiento exponencial.

Si en el año 2000 las ganancias netas eran

de 2 millones de dólares, para el año 2010

—momento en el que el gobierno boliviano

decidió expropiar la participación accionaria

de SOBOCE en FANCESA— estas habían

ascendido a 30 millones. Es decir, en solo una

década, los beneficios de la empresa se multiplicaron

por quince, confirmando la eficacia

de la administración y la magnitud de la

transformación operada en la planta.

Este ciclo de expansión, tanto dentro como fuera

de Bolivia, ilustra un cambio cualitativo en

la historia empresarial de SOBOCE: de una

empresa con base regional y enfoque nacional,

pasó a concebirse como un actor económico

con vocación multinacional, con ambiciones

claras de integración productiva regional y con

la capacidad operativa para enfrentar proyectos

de alta complejidad financiera y política.

La expropiación de las acciones de SOBO-

CE en FANCESA, ejecutada por el gobierno

del Movimiento al Socialismo (MAS) en

septiembre de 2010, respondió a un clamor

social articulado en torno a la consigna de

“recuperación de FANCESA”, sostenida por

diversas organizaciones sociales de Chuquisaca.

En el principio del proceso, el Ejecutivo

anunció un plazo de 180 días para valorar el

activo expropiado y pagar la correspondiente

compensación a SOBOCE. Sin embargo,

no solo incumplió ese plazo, sino que también

desatendió la disposición constitucional que

establece la obligatoriedad de una “justa compensación”

en todo proceso de expropiación.

Ante esta situación, SOBOCE presentó una

demanda judicial reclamando el resarcimiento

correspondiente, estimando el valor de su

participación en 96 millones de dólares. Pese

a que la sentencia inicial resultó favorable a la

empresa, un tribunal superior revocó dicha

resolución. Esta situación se inscribía en un

contexto más amplio de tensiones entre el gobierno

central y actores privados vinculados

al capital nacional, especialmente aquellos

con presencia pública relevante.

El impase con el gobierno por FANCESA coincidió

otro proceso accionario llevado a cabo en

SOBOCE iniciado en 2009: la inminente salida

del Grupo Chihuahua, su socio mexicano,

que poseía el 49 % del paquete accionario. Este

conglomerado empresarial enfrentaba serias

dificultades financieras tras la crisis inmobiliaria

que estalló en Estados Unidos en 2008

y que paralizó la industria de la construcción.

Chihuahua, que había invertido cerca de mil

49 Fernando Molina, Biografía de un industrial. Samuel Doria Medina (Editorial 3600, 2016), 203.


‒ 83 ‒

millones de dólares en activos cementeros en

territorio estadounidense, se encontraba en un

proceso de desinversión y venta de activos no

estratégicos. Dentro de este plan de reestructuración,

su participación en SOBOCE se convirtió

en un bien prescindible.

tinoamericano. A partir de entonces, se instaló

una difícil convivencia entre los nuevos

socios y la administración de SOBOCE, aún

controlada por el holding familiar de Doria

Medina, que conservaba el 51 % del capital

accionario.

El shock externo de la crisis mundial de 2008

y un escenario político desfavorable para el

accionista mayoritario de SOBOCE, definieron

el ritmo de las negociaciones en un campo

empresarial financieramente complejo. La salida

del grupo mexicano fue ardua y demandó

mucho tiempo y trabajo. Finalmente, se acordó

un precio de venta de 75 millones de dólares

por el 49 % de las acciones. Se trataba de

un valor inferior a la inversión original, pero

aceptable dadas las condiciones de mercado.

Doria Medina manifestó su interés en ejercer

el derecho preferente de compra que le otorgaban

los estatutos de la empresa, aunque no

contaba en ese momento con los recursos líquidos

necesarios para concretar la operación.

Todo esto explica cómo la expropiación de

FANCESA introdujo un factor disruptivo

que impidió a SOBOCE responder eficazmente

a la oferta de venta del grupo Chihuahua.

Así lo entendieron los representantes

mexicanos, quienes, en una reunión celebrada

en Houston a fines de 2011, comunicaron

que habían recibido una oferta concreta. El

desenlace de esta situación fue el traspaso

de las acciones de Chihuahua al Grupo Gloria,

un conglomerado empresarial peruano

que tenía perspectivas de consolidarse como

actor regional en el mercado cementero la-

El ingreso de Grupo Gloria como accionista

en SOBOCE dio paso a una etapa intensiva

de internacionalización. Con el paso del

tiempo, estos accionistas manifestaron su interés

en adquirir la totalidad de la empresa

para integrarla plenamente a su estructura

corporativa, elevar los márgenes de rentabilidad

y consolidar su posicionamiento como

multinacional del cemento. Se iniciaron las

negociaciones con Samuel Doria Medina y

el intercambio se prolongó durante cuatro

años. Este fue otro proceso tenso y desgastante.

Doria Medina, que aún tenía el control

accionario y operativo de SOBOCE, demostró

una paciencia estratégica. El Grupo Gloria

comprendió que, dada su posición minoritaria,

era más rentable adquirir el paquete

mayoritario en los términos propuestos por

su socio que continuar enfrentando indefinidamente

una situación de bloqueo. Además,

habiendo pagado solo 75 millones por el 49

%, disponían de un amplio margen financiero

para cerrar la compra sin exceder el valor

real de la empresa. Se llegó a un acuerdo por

300 millones de dólares 50 . La transacción

confirmó al Grupo Gloria como uno de los

principales actores del sector cementero en

Sudamérica y marcó el fin del ciclo de participación

en esta industria del empresario y

político Samuel Doria Medina Auza.

‒ Cápítulo 3 Rediseñar y Transformar ‒

50 La opinión pública boliviana ha formado criterios diversos respecto a este acuerdo y los detalles de su ejecución. La

polémica adquirió mayor complejidad cuando Samuel Doria Medina Auza consolidó su proyección como figura política

nacional con aspiraciones presidenciales.


‒ 84 ‒

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

La producción de cemento en

Bolivia durante el primer cuarto

del siglo XXI atravesó tres

etapas definidas: crecimiento,

crisis y recuperación. Tal como

se observa en el Gráfico 6, el

volumen producido pasó de 1

millón de toneladas métricas

en 2001 al máximo histórico

de 3.9 millones en 2019. Esta

tendencia ascendente se

mantuvo incluso después del

fin del ciclo de bonanza de

precios de materias primas en el

mercado internacional, que había

favorecido especialmente al país

gracias a sus exportaciones de

gas y minerales.


‒ 85 ‒

CAPÍTULO 4

INNOVAR Y SOSTENER

1. EL NUEVO SIGLO Y LAS

DÉCADAS DE CEMENTO

La producción de cemento en Bolivia durante

el primer cuarto del siglo XXI atravesó tres

etapas definidas: crecimiento, crisis y recuperación.

Tal como se observa en el Gráfico

6, el volumen producido pasó de 1 millón de

toneladas métricas en 2001 al máximo histórico

de 3.9 millones en 2019. Esta tendencia

ascendente se mantuvo incluso después del

fin del ciclo de bonanza de precios de materias

primas en el mercado internacional,

que había favorecido especialmente al país

gracias a sus exportaciones de gas y minerales.

No obstante, la crisis política interna de

2019, sumada al impacto de la pandemia de

la COVID-19, provocó una caída significativa

en la producción entre 2020 y 2021. Para

2024, el sector retomó su senda de crecimiento,

superando por primera vez las 4 millones

de toneladas métricas. En resumen, fueron

décadas marcadas por cemento y concreto.

De hecho, entre 2023 y 2024, Bolivia produjo

más cemento que en todo el siglo XX.

GRÁFICO 6

Producción de cemento en Bolivia, 2001-2024 (en millones de toneladas métricas)

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

4,50

4,00

3,50

3,47

3,90

4,06

3,00

2,50

2,00

2,29

3,21

1,50

1,00

0,98

0,50

0,00

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

2018

2019

2020

2021

2022

2023(p)

2024(p)

Fuente: Instituto Nacional de Estadística.

Nota: (p) preliminar.


‒ 86 ‒

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

En este marco, el sector de la construcción

tuvo un ciclo de crecimiento excepcional en

la primera década del siglo XXI. Entre 2012

y 2017, la actividad constructora en Bolivia

mantuvo tasas de crecimiento notablemente

elevadas, con un promedio anual de 7,44 %,

superior al crecimiento medio del PIB en el

mismo periodo (5,12 %). Este auge estuvo impulsado,

principalmente, por el dinamismo

de las obras urbanas promovidas por el sector

privado, favorecido por el incremento en la

demanda de viviendas y una mayor accesibilidad

al crédito bancario. Paralelamente, la

inversión pública jugó un papel decisivo, ya

que el Estado destinó recursos significativos

a proyectos de infraestructura caminera, urbana

y de vivienda social.

A partir de 2017, el sector comenzó a mostrar

signos de desaceleración, en consonancia con

la menor expansión del PIB nacional, cuya

tasa de crecimiento se redujo a 4,99 %, es

decir, 2,85 puntos porcentuales menos que

en 2016. Esta tendencia se profundizó en los

años siguientes, asociada a la disminución en

la ejecución de la inversión pública, cuyo presupuesto

programado y ejecutado presentó

una caída sostenida.

También hubo un franco apoyo estatal a la

producción nacional de cemento. Un hecho

relevante se registró en marzo de 2019 con

la promulgación del Decreto Supremo N.º

3842, que estableció el uso obligatorio de

cemento portland y/o puzolánico para la

construcción de carreteras e infraestructura

complementaria. Esta medida fortaleció a la

industria cementera nacional, generando un

nuevo impulso para su producción y ventas.

En el ámbito de la inversión social, los recursos

destinados a urbanismo y vivienda casi se

duplicaron en los últimos siete años, pasando

de 16 millones de bolivianos en 2017 a 31

millones en 2023. Asimismo, el crédito para

vivienda de interés social alcanzó a 31.845

millones de bolivianos al 31 de diciembre

de 2023, lo que representa el 14,90 % de la

cartera total del sistema financiero. En los

últimos cinco años, la participación de este

tipo de crédito ha mostrado un crecimiento

sostenido, ampliando el acceso de las familias

a financiamiento para vivienda propia.

Solo en 2023, el crédito para vivienda social

se incrementó en 2.205 millones de bolivianos,

equivalente a un crecimiento anual del

7,6 %, superando el aumento registrado en

la cartera total (5,1 %). Estos indicadores

confirman que, pese a los ciclos de desaceleración,

el segmento de la vivienda de interés

social ha mantenido un papel central en la

dinamización del sector de la construcción

en Bolivia. 51

Desde otra perspectiva, se podría decir que

el cemento marcó el pulso del crecimiento de

los departamentos y las regiones en Bolivia

durante las primeras décadas del siglo XXI.

Tal como se observa en el Gráfico X, los departamentos

de Sucre y La Paz concentraron

en promedio el 27% y 25% del valor total de

la producción nacional entre 2001 y 2024,

respectivamente. Les siguieron Cochabamba

con un 18% y Santa Cruz con un 17%,

consolidándose como polos regionales de desarrollo.

Por su parte, Oruro y Tarija mantuvieron

una participación promedio del 7%

anual, contribuyendo de manera constante al

mapa productivo del país.

51 Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, Análisis del sector productivo del cemento (MDPEP, 2024).


‒ 87 ‒

GRÁFICO 7

Producción de cemento en Bolivia por departamentos (en porcentaje)

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

2018

2019

2020

2021

2022

2023(p)

2024(p)

CHUQUISACA LA PAZ COCHABAMBA ORURO TARIJA SANTA CRUZ

Fuente: Instituto Nacional de Estadística.

Nota: (p) preliminar.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

2. NUEVA ESTRUCTURA

Y LA PROYECCIÓN DE

UN NUEVO MODELO

Desde 2014, la Sociedad Boliviana de Cemento

ingresó a una nueva etapa de su historia

empresarial al pasar a formar parte

del Grupo Gloria del Perú, que hoy controla

el 99 % de su paquete accionario a través

de sus filiales Yura Inversiones Bolivia

S.A. y Grupo de Inversiones Gloria Bolivia

S.A. Este conglomerado, uno de los más

importantes de América Latina y principal

inversionista peruano en Bolivia, cuenta

con presencia en toda la región y el Caribe

mediante cuatro grandes holdings: Gloria

Foods, Empaques y Papeles, Coazúcar y el

Consorcio Cementero del Sur, este último

especializado en la producción de cemento

con operaciones en Ecuador, Perú, Bolivia

y Chile, reconocido por la calidad y eficiencia

de sus plantas.

Bajo la administración del Grupo Gloria, y

en la gestión de su actual Gerente General,

Francisco Shwortshik, SOBOCE consolidó

una capacidad instalada de más de 3,3 millones

de toneladas anuales, operando tres

plantas estratégicamente ubicadas en La Paz,

Santa Cruz y Tarija. Su cobertura nacional

se articula a través de representantes comerciales

en los nueve departamentos del país y

el posicionamiento de marcas emblemáticas


‒ 88 ‒

como Viacha, EMISA, Warnes, El Puente y

Yura, todas con amplia aceptación en el mercado

boliviano.

El modelo de expansión industrial se complementa

con seis plantas de hormigón premezclado

bajo la marca Ready Mix, localizadas

en ciudades clave —La Paz, El Alto, Cochabamba,

Santa Cruz, Tarija y Oruro—, así

como con una planta de prefabricados que

opera bajo la marca Sobopret, especializada

en soluciones adaptadas a las exigencias de la

construcción contemporánea.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

En esta nueva etapa, la empresa adoptó una

identidad corporativa renovada. El isologo

está compuesto por dos círculos que se entrelazan

formando la letra “S”, símbolo que,

por su trazo armónico, evoca la imagen del

infinito y transmite continuidad, solidez y

visión de futuro. La elección del verde como

color institucional responde a su asociación

con la sostenibilidad, concepto central en la

filosofía de la compañía. Como expresó uno

de sus ejecutivos, “en el contexto de una cementera,

el verde representa el compromiso

que tenemos con las prácticas ecoamigables y

la producción responsable. También simboliza

el crecimiento constante y nuestra apuesta

por generar acciones sostenibles e innovadoras

que mejoren la calidad de vida de la sociedad”.

52

La dirección de la compañía se organiza en

un directorio conformado por tres miembros

titulares y tres suplentes, todos elegidos por

periodos de un año con posibilidad de reelección.

Aunque no existe una frecuencia obligatoria

para sus reuniones, en la práctica este

órgano se reúne mensualmente y supervisa

los impactos de la empresa en la economía,

el medio ambiente y la sociedad, estableciendo

un vínculo directo entre la estrategia

corporativa y los principios de sostenibilidad.

La gestión ejecutiva está encabezada por un

gerente general y once gerencias nacionales,

que forman parte del comité ejecutivo y de su

versión ampliada, encargados de implementar

las decisiones estratégicas adoptadas por

el directorio.

En cuanto a su composición, el equipo ejecutivo

cuenta con 34 integrantes, de los cuales

el 32 por ciento son mujeres y el 68 por ciento

hombres. Si bien la mayor parte de estos cargos

está ocupada por profesionales bolivianos,

tres provienen del extranjero, lo que aporta

una perspectiva internacional a la toma de de-

52 Sociedad Boliviana de Cemento, Reporte de sostenibilidad 2023 (SOBOCE, 2024).


‒ 89 ‒

cisiones. Esta combinación ha acompañado a

la empresa en su etapa más reciente, bajo el

control del Grupo Gloria del Perú.

Entre diciembre de 2015 y junio de 2018, la

planta de Viacha atravesó una de las transformaciones

más trascendentes de su historia

productiva con la ejecución de su duodécima

ampliación, conocida como Proyecto

Illimani LP12. Este programa de inversión

tuvo como meta modernizar de forma integral

las áreas de molienda, almacenamiento,

ensacado y despacho, además de ampliar la

capacidad instalada de 900.000 a 2.000.000

toneladas anuales de cemento, un salto del

136 %. La inversión, superior a los 550 millones

de bolivianos, reflejaba la envergadura

estratégica de la obra y su proyección para

las décadas siguientes. Con la ampliación,

la capacidad total de producción de Viacha

superó los 2,9 millones de toneladas al año,

consolidándola como una de las plantas más

modernas y productivas de Sudamérica.

En el núcleo técnico de esta expansión se

incorporó un molino vertical de última generación,

el más alto de toda América, optimizando

el proceso de molienda y permitiendo

la producción de un cemento tipo IP-30

(NB-011) con estándares internacionales. El

equipo —modelo OK 36-4, fabricado por

la firma danesa FLSmidth— llegó desde el

Perú en una compleja operación logística que

movilizó 23 camiones para transportar 329

toneladas de componentes hasta la factoría.

La ampliación no solo aumentó la capacidad

de molienda, sino que transformó el servicio

de despacho y entrega: garantizó el peso

exacto de las bolsas y su distribución en condiciones

óptimas, gracias a la incorporación

de una ensacadora rotativa de 16 boquillas,

un aplicador automático de bolsas y un paletizador

con capacidad para despachar 4.500

bolsas por hora —equivalentes a unas 3.000

toneladas diarias—, reduciendo los tiempos

de traslado y elevando la eficiencia logística.

Este nuevo ciclo productivo incorporó procesos

más limpios y tecnologías que minimizaron

las emisiones al medio ambiente,

estableciendo así las condiciones para que

SOBOCE pudiera proyectar una etapa centrada

en la sostenibilidad, en consonancia

con las demandas globales de una industria

cementera más responsable y eficiente. Por

ejemplo, la planta Viacha cuenta con un

sistema avanzado de tratamiento de aguas

residuales, implementado desde 2014. Este

sistema permite la recirculación del agua en

el proceso industrial, evitando su descarga en

los cuerpos de agua cercanos, lo que refuerza

su compromiso con la preservación del medio

ambiente.

En 2023, la Sociedad Boliviana de Cemento

alcanzó un nuevo hito en su trayectoria industrial

al obtener la acreditación formal de

sus tres laboratorios de ensayo de cemento,

consolidando así su liderazgo técnico en el

país. En septiembre de ese año, el Instituto

Boliviano de Metrología (IBMETRO) otorgó

la certificación para los nueve parámetros

establecidos en el Reglamento Técnico del

Cemento aplicable a los cementos tipo IP,

acreditando simultáneamente los laboratorios

de las plantas de Viacha, Warnes y El

Puente.

Este logro fue el resultado de un trabajo intensivo

iniciado en 2022 para adecuar los

procesos internos a las exigencias del Reglamento

Técnico del Cemento Portland y Cemento

Puzolánico en Bolivia. Como señaló

Dante Estevez, Gerente Nacional de Operaciones,

“nos complace habernos convertido

en 2023 en la primera empresa del sector en

alcanzar esta acreditación”, una declaración

que sintetiza la relevancia estratégica de este

paso para la compañía. La certificación,

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒


‒ 90 ‒

obtenida bajo la norma internacional ISO/

IEC 17025, constituye un reconocimiento de

la competencia técnica de los laboratorios,

elevando la confianza de clientes y partes interesadas

en los resultados de los ensayos, y

proyectando a SOBOCE como potencial exportador

de cemento. Este aval implica, además,

el cumplimiento estricto de las regulaciones

y requisitos legales vigentes en Bolivia,

junto con la instauración de una cultura de

mejora continúa basada en procedimientos

definidos, controles de calidad y evaluaciones

periódicas. Asimismo, garantiza que el personal

técnico cuente con una alta especialización,

reduciendo la probabilidad de errores y

asegurando resultados de máxima precisión.

A lo largo de su historia reciente, SOBO-

CE ha incorporado en su modelo de gestión

un compromiso firme con la sostenibilidad

y el desarrollo responsable. Bajo el

liderazgo de su Gerente General, Francisco

Shwortshik, esta orientación se manifiesta

en la forma en que la empresa se

relaciona con clientes, colaboradores, proveedores,

comunidades, autoridades y accionistas,

procurando generar valor compartido

y minimizar su impacto ambiental

mediante el uso eficiente de los recursos

naturales.

Su estrategia en esta materia se articula en

torno a cuatro ejes fundamentales: gestión

ambiental responsable, eficiencia energética,

educación y sensibilización. A través de

ellos, SOBOCE no solo responde a los desafíos

globales del cambio climático y el desarrollo

sostenible, sino que también busca

ejercer un liderazgo ejemplar en el ámbito

empresarial boliviano, promoviendo buenas

prácticas desde su propia experiencia.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

El contexto de este reconocimiento se fortaleció

en septiembre de 2023, cuando IBME-

TRO, a través de su Dirección Técnica de

Acreditación, obtuvo el reconocimiento multilateral

de la Cooperación Interamericana

de Acreditación (IAAC). Con ello, Bolivia

pasó a formar parte de un selecto grupo de

20 países de la región que gozan de este aval,

lo que para SOBOCE se traduce en ventajas

comerciales sustantivas: menor número de

barreras técnicas para la exportación y una

vía más expedita para insertar sus productos

en mercados internacionales.

3. CRECER CON CALIDAD,

RESPONSABILIDAD SOCIAL

Y SOSTENIBILIDAD

En el plano productivo, uno de los aspectos

clave desde la perspectiva energética

y ambiental es el uso de combustibles. En

SOBOCE, el gas natural se ha consolidado

como la principal fuente energética para

la etapa de clinkerización, considerada la

más intensiva del proceso. Este combustible,

más limpio que el carbón o el coque

de petróleo, permite reducir significativamente

las emisiones de gases y partículas

contaminantes. La energía térmica del gas

se emplea para secar, calentar y calcinar

las materias primas que se transforman

en clínker, etapa que representa cerca del

90 % del consumo energético total. El 10

% restante corresponde al uso de energía

eléctrica en operaciones como la molienda

y el transporte interno de materiales.

El agua es otro recurso gestionado con especial

cuidado. Las operaciones en cemento,

hormigón premezclado, prefabricados y

plastoformo utilizan fuentes subterráneas,

redes públicas y, de forma creciente, agua

reutilizada. En la producción de cemento,

el agua cumple funciones técnicas esenciales,

como el enfriamiento de gases antes de


‒ 91 ‒

su filtrado y la refrigeración de equipos.

Su uso se optimiza mediante sistemas de

recirculación que reducen la extracción

de fuentes frescas. Este mismo principio se

aplica en las plantas de hormigón premezclado,

donde el agua utilizada en el lavado

de los mixers es tratada y reincorporada al

ciclo productivo, una práctica que también

se ha adoptado en las plantas de prefabricados

y plastoformo.

En cuanto a la gestión de residuos, SOBO-

CE ha promovido un enfoque basado en

la prevención, reducción, reutilización y

reciclaje, con el objetivo de minimizar el

impacto de sus operaciones y fomentar una

cultura ambiental entre su personal y las

comunidades cercanas. Entre las iniciativas

más destacadas se encuentra el programa

“Cazadores de Residuos”, que combina

acciones concretas de manejo de desechos

con campañas de sensibilización. Este programa

impulsa la recolección de botellas

PET, jornadas de limpieza y proyectos de

reutilización de materiales. La clasificación

y tratamiento de residuos peligrosos

y no peligrosos se realiza conforme a los

lineamientos de su política integrada y su

estrategia de sostenibilidad, consolidando

un modelo operativo en el que el compromiso

ambiental forma parte esencial de la

identidad corporativa.

En 2023, la Sociedad Boliviana de Cemento

contaba con una fuerza laboral de 1.081

personas y mantiene, en coherencia con la

legislación boliviana, un conjunto de beneficios

laborales y de seguridad social que

reflejaban su compromiso con el bienestar

de su personal. La empresa ofrece asistencia

sanitaria a través de un seguro social a

corto plazo, administrado bajo la modalidad

de seguro delegado por la Caja Nacional

de Salud, lo que garantizaba a todos

los trabajadores acceso a atención médica

general y especializada, con el propósito de

asegurar servicios oportunos y de calidad.

En esta etapa, la dirección de su Gerente

General, Francisco Shwortshik, reforzó

este compromiso con el bienestar de su personal

y la sostenibilidad como ejes estratégicos

de la compañía.

En el ámbito de la protección a largo plazo,

los empleados están cubiertos por un seguro

social que incluía mecanismos de resguardo

frente a situaciones de incapacidad o invalidez.

Este sistema se financia mediante

aportes compartidos entre trabajadores y la

propia compañía, canalizados a través de

la Gestora Pública, en conformidad con el

marco legal vigente.

SOBOCE también precautela el ejercicio

de los derechos laborales establecidos en

materia de permisos parentales y disposiciones

sobre jubilación, enmarcados en el

régimen nacional de previsión social. Uno

de los rasgos distintivos de su política interna

era la igualdad de trato: no existían

diferencias en las prestaciones otorgadas a

trabajadores de tiempo completo, parcial

o temporales, de modo que todos gozaban

de las mismas condiciones. Esta práctica,

basada en la inclusión y la equidad, formaba

parte de una concepción más amplia de

responsabilidad social empresarial, que situaba

al capital humano como uno de los

pilares centrales para la sostenibilidad de

la compañía a largo plazo.

La relación con el municipio de Viacha se

ha mantenido estrecha y se ha fortalecido

mediante políticas sociales y de sostenibilidad.

En el marco de la iniciativa «Basura

Cero», SOBOCE firmó un convenio con el

Gobierno Autónomo Municipal de Viacha

para llevar a cabo una prueba piloto que

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒


‒ 92 ‒

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

transformará los residuos sólidos urbanos

en combustibles alternativos. Estos desechos

serán coprocesados en la planta de cemento,

lo que permitirá reducir significativamente

la contaminación generada por la

basura en las ciudades. El proyecto cuenta

con el apoyo de Swisscontact, en una alianza

estratégica que busca soluciones sostenibles

a largo plazo.

Desde 2006, la empresa ha colaborado

activamente con la Alcaldía de Viacha y

las juntas vecinales en la construcción de

calles y avenidas mediante la donación

de hormigón. Asimismo, ha sido clave en

el financiamiento de la unidad educativa

«Fábrica Cemento», que el 22 de septiembre

de 2025 celebró su 80 aniversario. Otro

hito relevante es la creación de la primera

Escuela Socio Deportiva en Viacha, en colaboración

con la Fundación Real Madrid

y la Fundación Alalay, que beneficia a más

de 200 niños, niñas y adolescentes en situación

de riesgo social.

En los últimos años, la Sociedad Boliviana

de Cemento ha cultivado una relación

estrecha y sostenida con las comunidades

que, desde sus orígenes, le proveen de materias

primas esenciales para su producción.

Este vínculo, forjado a lo largo de

décadas, ha trascendido lo estrictamente

comercial para convertirse en una red de

respaldo mutuo. Una de las expresiones

más claras de este apoyo se produjo el 23

de abril, cuando más de sesenta organizaciones

campesinas, sindicales, mineras y

sociales de las provincias de Ingavi, Aroma,

Loayza y Pacajes, junto con cooperativas,

sindicatos de transporte y trabajadores

de la propia empresa, suscribieron un voto

resolutivo en defensa de SOBOCE.

El documento declaraba el “estado de emergencia

permanente” de todas las entidades

firmantes como respuesta a lo que consideraban

un atropello a la justicia y una señal

inequívoca de parcialización por parte de

la Procuraduría General del Estado. En el

centro de la controversia se encontraba la

actuación del procurador Ricardo Condori,

a quien se acusaba de haberse alineado

públicamente con una de las partes en un

litigio entre dos empresas, excediendo sus

funciones y vulnerando su deber de imparcialidad.

53

53 En mayo de 2025, La Sala Constitucional Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de La Paz declaró procedente

el Amparo Constitucional interpuesto por la Sociedad Boliviana de Cemento (SOBOCE), dejando sin efecto una sentencia

del Tribunal Supremo de Justicia que le imponía la obligación de pagar, a favor de FANCESA, más de 744 millones

de bolivianos por un caso de supuesta competencia desleal.


‒ 93 ‒

Los Humerez de Chirca,

una familia que construye Bolivia

La industria del cemento ha sido un motor del desarrollo en Bolivia y ha sido

parte central de algunas trayectorias familiares. Sus fábricas, obras y cadenas de

suministro han generado miles de empleos, moldeando no solo el paisaje urbano,

sino también el destino de innumerables familias. Entre ellas está la familia Humerez,

cuya historia es un ejemplo vivo de cómo este sector puede transformar

trayectorias personales y colectivas.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

La historia de la familia Humerez es la de un oficio que se ha transmitido de

generación en generación, forjado a pulso entre mezcla, ladrillos y fierros. La

familia está compuesta por don Pablo Humerez Apaza (padre, 78 años), Carmen

Mendoza Quispe (77 años), Erick Humerez Mendoza (hijo 28 años), Cristian Humerez

Mendoza (hijo, 26 años), Mauricio Ariel Humerez Mendoza (hijo, 18 años)

y Shirley Katerina (hija, 15 años). Todos ellos nacidos en Chirca, pueblo ubicado

cerca de Chulumani en la provincia de Sud Yungas del departamento de La Paz.

Desde hace décadas, la construcción ha sido el camino elegido para sostenerse

y salir adelante. Don Pablo, quien aprendió el oficio de su papá (don Max), fue

quien enseñó a sus hijos los secretos del trabajo, con esa mezcla de paciencia y

disciplina que se aprende más en la obra que en cualquier manual. Desde que

eran niños, sus hijos lo acompañaban a la obra, para poder supervisarlos en su

niñez y cuidar que se alimenten bien. Cuando los niños crecían y tenían curiosidad

por aprender, comenzaron a cargar materiales, ayudar en encofrados o

aprender a “planchar” el cemento. A los doce comenzaban a dominar tareas que


‒ 94 ‒

Familia Humerez, 2025

Fuente: Álbum fotográfico de la Familia Humerez.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

para otros requerían años de experiencia. Con el tiempo, todos, sin excepción,

terminaron trabajando como albañiles: varones y mujeres, cada uno aportando

lo suyo. Los padres se encargaron de que los hijos no dejaran sus estudios escolares

y actualmente dos de ellos asisten a la universidad. La construcción se

convirtió en el centro de la vida familiar, no solo como medio de sustento, sino

como identidad familiar.

En la memoria de los Humerez hay obras que se recuerdan con especial orgullo.

Una de las más importantes fue una gran estructura levantada en la ciudad de

El Alto, donde en apenas un mes lograron, trabajando de sol a sol y con el apoyo

de toda la familia, completar cimientos, columnas y tres losas que en condiciones

normales habrían requerido el doble de tiempo. También están los trabajos más

pequeños, pero igual de significativos: desde la preparación minuciosa de la mezcla

hasta el amarre de fierros, donde la precisión milimétrica marca la diferencia

entre una estructura frágil y una sólida. El trabajo con calidad lo es todo para los

Humerez. Como ha señalado el investigador Carlos Macusaya, la calidad y la valoración

del trabajo es central en el mundo del trabajo de albañilería en Bolivia. 54

Cada integrante ha encontrado su lugar en este oficio. Algunos se han especializado

en tareas como doblar y amarrar varillas, otros en el encofrado, rellenado de

juntas de azulejos o en el manejo de mezcladoras. Incluso hay quienes, sin dejar el

trabajo manual, han aportado una mirada distinta, como Erick que decidió estu-

54 Macusaya, Albañiles. Los constructores de la ciudad, 110. El trabajo de Macusaya incluye un agudo análisis

social del trabajo de los albañiles y sus familias en Bolivia.


‒ 95 ‒

Hachiko, el compañero de la familia Humerez.

Fuente: Álbum fotográfico de la Familia Humerez.

diar arquitectura y es un buen estudiante que ha visitado la planta de SOBOCE

como parte de su formación. Su experiencia en la obra le dio un sentido práctico a

los diseños, y sus estudios universitarios le abrieron la visión para planificar espacios

con creatividad y eficiencia. Este hijo sueña con fundar, junto a su padre, una

empresa constructora familiar que combine la técnica aprendida en la universidad

con la sabiduría práctica acumulada en años de trabajo. Erick desea que la empresa

se llame “Hachiko”, nombre de su mascota que se ha convertido en una especie

de supervisor de obra. En etas condiciones, con experiencia práctica y conocimiento

técnico, es muy probable que Erick cumpla su objetivo.

La vida en la construcción no ha estado exenta de desafíos. Hubo accidentes y

momentos difíciles, como la enfermedad grave que casi le cuesta la vida al padre

y que fue superada gracias a cuidados médicos y remedios tradicionales. También

están los problemas propios del oficio: clientes que retrasan los pagos, jornadas

interminables bajo el sol o la lluvia, entre otros. Sin embargo, para los Humerez,

cada obstáculo ha sido parte del aprendizaje y un motivo más para seguir unidos.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

En esta familia, el oficio no solo se mide en metros cuadrados construidos, sino

en el conocimiento transmitido. Saben distinguir la calidad de los cementos, calcular

proporciones exactas de mezcla y ajustar el trabajo según las condiciones

del terreno o del clima. Hoy, la familia sigue trabajando junta y han sido buenos

años para ellos en el negocio. Cada obra es una oportunidad para reforzar lazos

y demostrar que la construcción, más que un trabajo, es una manera de vivir.

Entre andamios, planos y mezcladoras, han levantado no solo paredes y techos,

sino también una historia de esfuerzo, solidaridad y esperanza, en la que un hijo

arquitecto y un padre albañil sueñan con compartir el mismo logo en el casco

de obra, como símbolo de una tradición que se reinventa sin romper sus raíces.


‒ 96 ‒

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

4. LAS ALIANZAS POR LA

SOSTENIBILIDAD

En el año 2024, la Sociedad Boliviana de Cemento

consolidó un ciclo de iniciativas que, más

allá de su dimensión empresarial, buscaban dejar

una huella en la construcción de un modelo productivo

más sostenible e inclusivo. En febrero, la

empresa formalizó su adhesión al Pacto Global

en Bolivia, una iniciativa de las Naciones Unidas

que vincula al sector privado con los Objetivos de

Desarrollo Sostenible. La ceremonia que marcó

este compromiso tuvo como escenario la planta

de Viacha —reconocida por ser la cementera en

operación a mayor altitud del mundo—, donde

se izó la bandera de los ODS como símbolo de

una alianza que, en palabras del CEO Francisco

Shwortshik, respondía a que “la sostenibilidad

está en el ADN de la Sociedad Boliviana de

Cemento y, junto con la innovación, constituyen

los valores más importantes para la empresa”. 55

Ese mismo espíritu guía el convenio firmado en

julio con la organización Red Hábitat, orientado

a fortalecer la capacitación técnica de mujeres

constructoras en todo el país.

En el terreno de la distribución, la empresa impulsó

el desarrollo de ConstruRed, la primera

y única cadena de ferreterías del país. Hacia

2025, esta red alcanzó más de 500 puntos de

venta (1 por cada 15 mil habitantes) y dio un

paso adicional con la apertura en Santa Cruz

del primer punto ConstruRed PRO, concebido

para atender de forma especializada a clientes

profesionales. Como parte de las celebraciones

por su centenario, SOBOCE organizó el “Encuentro

Ferretero del Siglo”, reuniendo y reconociendo

a ferreteros de La Paz, El Alto, Santa

Cruz y Cochabamba, que forman parte de esta

cadena de valor de la construcción en Bolivia.

Otro hito de 2024 fue la inauguración del Centro

de Innovación y Asesoramiento Técnico

(CIATEC), concebido como laboratorio de ideas

y soluciones para anticipar tendencias y necesidades

del sector. En paralelo, la compañía organizó

el Primer Foro Nacional de Sostenibilidad

e Innovación en la Construcción, que reunió a

representantes del sector público, privado y académico

para debatir una agenda común hacia

un desarrollo más responsable del rubro.

En el ámbito de la capacitación laboral, SO-

BOCE lanzó junto con INFOCAL la Escuela

de Maestros de Construcción (EMC), orientada

a la formación integral de maestros de obra

y albañiles. El programa se estructuró en tres

módulos —sistemas constructivos, cálculos y

diseños, y elementos estructurales y acabados—

y fue financiado íntegramente por la empresa,

con certificación oficial al concluir las 50 horas

de instrucción.

Asimismo, presentó el programa Aliados Sobopret,

dirigido a trabajadores y contratistas

especializados en prefabricados. La propuesta

incluía capacitación técnica, certificación de

competencias, bolsa de trabajo, reconocimientos,

ceremonias de graduación y la creación de

expedientes digitales para registrar la trayectoria

profesional de los participantes. En palabras

de Franklin Miranda, Subgerente Nacional de

Prefabricados, la iniciativa reforzaba una relación

de un siglo con los constructores bolivianos,

otorgándoles herramientas para destacar

en un mercado cada vez más exigente y conectándolos

con nuevas oportunidades.

Así, a solo un año de su centenario, SOBO-

CE articuló un conjunto de acciones que no

solo reforzaron su presencia industrial, sino

que también proyectaron su imagen como

55 Archivo de notas de prensa de SOBOCE.


‒ 97 ‒

agente activo en la sostenibilidad, la innovación

y la profesionalización del sector de la

construcción en Bolivia.

5. EL CENTENARIO DE

LA EMPRESA Y EL

COMPROMISO DE INNOVAR

A pesar de la desaceleración de la economía

mundial por la COVID-19 y la crisis financiera

en Bolivia, en 2023, la Sociedad Boliviana

de Cemento vivió un momento definitorio en

su trayectoria centenaria. Con casi un siglo de

operaciones, decidió reformular su propósito

institucional hacia una visión de futuro más

amplia y comprometida. Esta campaña se

moviliza a través de un eslogan: “Generamos

soluciones sostenibles e innovadoras que mejoran

la calidad de vida de la sociedad”. Más

que una declaración simbólica, este eslogan es

el punto de partida para una transformación

estructural que incorporó, entre otras medidas,

la creación de una Gerencia de Sostenibilidad

con el mandato de articular e integrar

este enfoque en todas las áreas de la compañía.

La Sociedad Boliviana de Cemento (SOBOCE)

está revolucionado el mercado de la construcción

en Bolivia. En 2024 hizo el lanzamiento

de quince hormigones premium desarrollados

por su Centro de Innovación y Asesoría Técnica

(CIATEC), diseñados para responder a

necesidades estructurales, funcionales y estéticas

con un enfoque sostenible. Estos nuevos

materiales, disponibles a través de Ready Mix,

abarcan desde hormigones de alta resistencia y

autocompactantes para obras exigentes, hasta

soluciones especializadas como el hormigón

drenante, el de permeabilidad controlada o el

de alta densidad capaz de contener radiación.

También destacan propuestas innovadoras

como Boreal, que brilla en la oscuridad, y mezclas

pigmentadas para aplicaciones arquitectónicas,

junto con morteros ligeros y estabilizados

que mejoran la eficiencia constructiva. Con

esta gama versátil, SOBOCE establece un nuevo

estándar en la industria, combinando tecnología,

sostenibilidad y adaptación a los desafíos

contemporáneos del sector. A las puertas de sus

100 años, la Sociedad Boliviana de Cemento

muestra así su disposición a abrir un nuevo

capítulo, guiado por la innovación, la sostenibilidad

y su papel de liderazgo en la industria

cementera nacional.

El nuevo rumbo se materializa en productos

y proyectos emblemáticos. En agosto de 2024,

la empresa presentó el Cemento Warnes Ultra

Repelente al Agua, concebido para responder

a las exigentes condiciones climáticas del

oriente boliviano, donde la humedad constituye

uno de los principales retos para la conservación

de las construcciones. El lanzamiento

se realizó en Santa Cruz, ciudad que, por su

ubicación estratégica y crecimiento acelerado,

era el escenario natural para introducir esta

innovación. De esta forma, la ciudad con mayor

crecimiento económico en Bolivia tiene un

cemento especialmente diseñado para acompañar

su proyección hacia el futuro.

SOBOCE puede preciarse de producir el

cemento con la menor huella de carbono del

país, gracias a una reducción de hasta el 22

% en la huella de carbono, es decir, cerca de

120 kilogramos de CO₂ equivalente menos

por cada tonelada producida. En septiembre

de 2024, la histórica planta de Viacha consolidó

la producción del Cemento Viacha Eco

Premium Plus, reconocido como el de menor

huella de carbono del país. Su fabricación,

iniciada en noviembre de 2023, representó

un avance significativo tanto para la estrategia

de sostenibilidad de SOBOCE como para

la historia del sector. El producto está certificado

y verificado por el Instituto Boliviano

de Normalización y Calidad (IBNORCA), y

cuenta con el sello “Huella de Carbono NB/

ISO 14067”, cuantificado en 2024.

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒


‒ 98 ‒

El catálogo de soluciones de la familia SO-

BOCE ha crecido en la última década como

nunca en su historia centenaria. Se ha generado

un amplio catálogo de cementos para

atender la demanda de acuerdo con el clima

y las condiciones ambientales de las regiones

del país (Figura 16). La corriente de innovación

ha comenzado a trascender el material

del cemento. La meta de SOBOCE hacia el

2030 es convertirse en una “building materials”

que lo tenga todo: acero, pinturas,

PVC y soluciones para el futuro.

FIGURA 16

El catálogo de cemento de la familia SOBOCE

‒ Cápítulo 4 Innovar y Sostener ‒

Fuente: Sociedad Boliviana de Cemento. Reporte de sostenibilidad 2023. SOBOCE, 2024.

En suma, la trayectoria reciente de la Sociedad

Boliviana de Cemento revela un proceso

de transformación que combina expansión

productiva, innovación tecnológica y compromiso

con la sostenibilidad. Su capacidad

para responder a los ciclos del mercado, diversificar

su portafolio y adoptar estándares

globales de calidad y responsabilidad ambiental

ha fortalecido su liderazgo en la industria

cementera boliviana. Al integrar la

eficiencia productiva con el desarrollo de soluciones

adaptadas a las realidades regionales,

y al vincular su crecimiento empresarial

con iniciativas sociales, formativas y ambientales,

SOBOCE no solo ha consolidado su

posición competitiva, sino que ha proyectado

una imagen de empresa moderna y comprometida

con el futuro del país. A las puertas de

su centenario, la compañía se presenta como

un actor clave para el desarrollo del sector

de la construcción y como un referente empresarial

que entiende que la solidez de sus

cimientos radica tanto en la calidad de sus

productos como en el valor que aporta a la

sociedad y al medio ambiente. Con la visión

del Grupo Gloria y la dirección de su Gerente

General, Francisco Shwortshik, SOBOCE

se proyecta hacia los próximos cien años con

el desafío de seguir innovando y aportando al

desarrollo sostenible del país.


‒ 99 ‒

CONCLUSIONES

Al cerrar este recorrido por un siglo de historia

del cemento en Bolivia a través de la trayectoria

de la Sociedad Boliviana de Cemento S.A., resulta

evidente que estamos ante algo más que la

crónica de una empresa. SOBOCE ha sido, en

distintos momentos, motor de innovación, testigo

de las transformaciones urbanas, y protagonista

de las disputas por el sentido y la dirección

del desarrollo económico del país. Su historia

es también la de la modernización material de

Bolivia, entendida no solo como la incorporación

de técnicas constructivas modernas, sino

como la formación de un sector industrial capaz

de adaptarse a coyunturas cambiantes y de

sostener su producción frente a crisis, competencia

y reformas estructurales.

El estudio ha mostrado que la industrialización

del cemento no fue un proceso lineal, sino resultado

de la interacción de múltiples factores: la inversión

inicial de capital privado y extranjero, el

aprovechamiento de oportunidades creadas por

el crecimiento urbano y las obras públicas, la necesidad

de responder a coyunturas críticas como

la escasez de insumos o la obsolescencia tecnológica,

y la capacidad de tejer alianzas estratégicas

en contextos políticos diversos. Estos elementos

se combinaron de manera distinta en cada etapa,

configurando un itinerario que refleja las

tensiones y posibilidades de la industrialización

en un país de base primaria exportadora.

SOBOCE logró, en sus primeros 35 años, consolidarse

como proveedor casi exclusivo del

mercado nacional, acompañando obras que

se convirtieron en símbolos de modernidad.

En la segunda mitad del siglo XX, enfrentó

el desafío de convivir con empresas estatales y

con una creciente diversificación regional de

la producción, lo que la obligó a redefinir su

posición en el mercado. En las últimas décadas,

la empresa ha transitado hacia un modelo

más orientado a la innovación tecnológica, la

sostenibilidad y la diversificación de productos,

manteniendo así su relevancia en un entorno

competitivo globalizado.

En un sentido más amplio, esta historia demuestra

que la industria cementera ha sido un termómetro

de la economía boliviana. Sus ciclos

de auge y contracción se han vinculado estrechamente

a la inversión pública en infraestructura,

a la expansión o contracción del crédito,

y a la estabilidad —o inestabilidad— de las políticas

económicas. La producción de cemento,

medida en toneladas o en capacidad instalada,

no es un dato aislado: es el reflejo material de

las prioridades, capacidades y limitaciones de

un país en construcción permanente.

Este libro ha querido, sobre todo, rescatar la

memoria de un sector productivo que, aunque

presente en la vida cotidiana de todos los bolivianos,

rara vez ha sido objeto de un análisis

histórico de largo plazo. Al hacerlo, propone

también un enfoque para futuros estudios sobre

la historia empresarial en Bolivia: uno que

combine el análisis de fuentes documentales diversas

con la comprensión de los procesos técnicos,

sociales y culturales que rodean a la actividad

económica. En este sentido, la historia del

cemento en Bolivia es, también, una historia de

cómo un país construye —literal y simbólicamente—

su estructura social.

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒


‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

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Archivos

Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia,

ABNB.

Archivo de La Paz, ALP.

Actas de directorio de SOBOCE.

‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒


‒ Cápítulo 1 Cimentar y Construir ‒

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