Belisario Sangiorgio - Matrero - Poemas
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MATRERO
Poemas de la Patagonia
Por
Belisario Sangiorgio Trogliero
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I
he sido mallín grande
junto al camino
y la helada de abril
en la estepa oscura;
fui ternero muerto
en el arroyo
y arriero bravo
en fogón de invernada;
cuchillo
en la garganta
de un cordero,
y olvido
triste
en la huella
del puestero.
II
poeta y arriero
capataz matrero
algunos han dicho en el pueblo
que anduve de bandido, escapado
fugitivo;
en los pedregales del río Chubut
defendí los terneros del estanciero
a punta de facón
cuando vinieron
tres cuatreros;
después subí a la invernada
en Los Cipreses
y junto al fuego
oré para agradecer
aquel pedazo de carne
que compartimos con Cayul.
III
tu amor puro
de arriera de chivas
de cauce de arroyo seco
y de corrales ladeados;
lagrimita de sauce llorón
mi amor
una huella del contrabando;
entre las bardas
de la Cordillera
duermo
en alojos de paisanos;
sobre las piedras
sobre el valle
con luna clara,
el remolino del río.
IV
en una casita
de adobe
pedimos a Dios
tomados de la mano;
salgo
de madrugada
sin ladero;
espero
el amanecer
en los cruces
de los caminos.
V
andaba buscándome la vida
en campo ajeno;
entre una pampa clara
y una laguna
enlazamos un ternero;
y en la noche
durmiendo en la tapera
sentí que un cuchillo
me cortaba el corazón;
dos meses después
cuando volví al puesto
tuve que aprender
cómo perdonarte.
VI
con la primera nevada
del otoño
salimos hacia la Cordillera;
en el cielo
la barda blanca
un auto viejo
nos llevó
hasta la iglesia;
sobre la huella
de Colipilli
en la arena
sembraste
lágrimas de miseria.
VII
yo abracé al olvido
en los cerros
trabajé
desde el amanecer
hasta que el sol se iba;
con mí mano izquierda
empuñé el cuchillo
y con la mano derecha
me tomé fuerte
del brazo de Dios;
desgarrado
por la hondura
de la soledad,
aprendí
que el infierno
nunca se sacia.
VIII
sendero en la quebrada
leñita de pino
cocinas de hierro
lluvia en las chapas,
nieve en las piedras;
mate de pava quemada,
facón mellado en campaña,
carne de vaca robada,
leo una biblia emprestada;
llevo años
de montaña en montaña.
IX
sombra helada
de la tarde
en el paraje
de Los Cipreses;
algo lejos
se escucha
el motor del bus,
que viene
desde Futaleufú;
peones
apurados por bajar al pueblo
saltan los charcos
en el ripio barroso
de la ruta
junto a la tranquera roja
de la estancia.
X
la noche triste
se abre paso
entre la nieve
y mientras tanto
nosotros
arriamos
los toros
para apartarlos
en una laguna.
XI
me fui peonado
para la Cordillera
enfrentado
con la milicada
de la estepa;
ese día
en Esquel
nos despedimos
en el pequeño cuarto
de un hotel;
afuera
en la estación
los obreros
llegaban de la esquila.
XII
rancho
de madera y chapa
recostado
sobre la caída del cerro
subir el sendero
sin luz
acarrear el agua
en bidones;
trabajar
en la construcción
diez horas por día;
cortar los pinos caídos
con un machete
y bajar el fardo
de leña
al hombro.
XIII
en la nevada
recibir
los camiones jaula
con una fogata;
apartar las vacas,
contar los terneros;
cruzar el mallín
y entrar al cuadro;
después
bañarse con un balde
y dos tarros;
elegir la mejor ropa
para la iglesia,
bajar del cerro por el barrial;
orar y creer;
no perder la fe.
XIV
el invierno en el puesto
mantener la dignidad
con el cuerpo reventado,
y pedir a Dios
y llorar en silencio
y trabajar;
resbalar en el hielo,
golpearse la espalda
al cargar los hierros;
contar los días de la semana,
de la quincena;
coser el cuero,
coser la tela;
asar la carne,
comer lo justo.
XV
vengo del Chubut lejano
y yo he lastimado
con saña
a los enemigos míos
que también son
enemigos
de Dios.
XVI
viento blanco
la espera de tu voz;
los meses en la casita
junto al lago,
la tormenta
en la puerta vieja;
recibo noticias
de los gauchos
que pasan
por el paraje;
sufro tu ausencia
en los cerros.
XVII
espíritu de bruja
espíritu de indio
muerto
bailando
cómo víbora
entre las pocas estrellas
que se dejan ver;
piedra fría
que guarda
entre los arroyos
aquello que fui.
XVIII
habitación de alquiler
en el cerro de la toma;
vuelvo el viernes
de la estancia:
el vecino
con libertad condicional,
los pastores evangélicos y las iglesias;
veo cómo
las mujeres
separadas
embarazadas
bajan desde
los ranchos de la toma
de madrugada
para sacar turno
en el hospital.
XIX
perder la senda
buscando el cauce
matar
el miedo;
guardar
el tiempo
en la sombra
de la quebrada
en el agua clara
de la cascada;
sangre en la boca
de mis galgos
por el llanto
de la liebre.
XX
cerro bueno
montaña que late
cómo el corazón
de mi Dios;
paraje de cordillera
al que hemos venido
para trabajar;
pasamos
el invierno
cortando acero
atando hierros;
compartimos
alguna victorias
y un puñado de monedas.
XXI
en las montañas
tan grandes y quietas
Dios me enseñó
el arrepentimiento;
yo equivoqué el camino
por codicia
decidí ser
instrumento del diablo;
y recibí castigo
y tuve que aguantar
en las canteras
en las estancias;
y antes de ser salvado
bautizado
fui yo también
maldito.
XXII
despertar de madrugada
dos horas después
del último vino
los gauchos duermen;
yo llego a Loncopué
y para desgracia de mí alma
allí siempre es de noche;
fumar un cigarro
y cruzar la llanura
durante el amanecer;
viajar sin saber
dónde iré.
XXIII
uno se acostumbra
al destierro,
a ser perseguido
por luchar
por lo justo;
uno se acostumbra
a que los patrones
y los traidores
se amparen
con los milicos;
uno se acostumbra
a dormir en las pensiones
y a escribir
con calma.
El autor
Belisario Sangiorgio Trogliero (1990 - Argentina) es
un fotógrafo, escritor, periodista y guía de montaña
que nació en el Litoral, pero creció en la provincia
del Chubut, región Patagonia. Fue editor en los
principales medios de comunicación de habla
hispana, y también en agencias de prensa y
publicidad; trabajó como corresponsal en la
Cordillera norte para el diario LA NACION, de
Buenos Aires, donde integró un equipo
especializado en investigación de delitos federales.