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Sociedad Familia y Educación

Reflexiones aleatorias no vinculantes. Marcello Conta Estudiante UAM María Jesús Vitón de Antonio Profesora Sociedad, Familia y Educación Facultad de Formación de Profesorado y Educación UAM, Madrid

Reflexiones aleatorias no vinculantes.

Marcello Conta
Estudiante UAM

María Jesús Vitón de Antonio
Profesora Sociedad, Familia y Educación
Facultad de Formación de Profesorado y Educación
UAM, Madrid

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Sociedad

Familia y

Educación

Reflexiones aleatorias no vinculantes

Marcello Conta

Estudiante UAM

María Jesús Vitón de Antonio

Profesora Sociedad, Familia y Educación

Facultad de Formación de Profesorado y Educación

UAM, Madrid


Redactado por Marcello Conta y controlador de inteligencias artificiales Abacus,

entre septiembre 2025 y noviembre 2025



PORTFOLIO

1

Löwenfeld y mi

experiencia escolar:

en el punto donde

la creatividad

encuentra su forma

Marcello Conta

Estudiante UAM

Al conocer las etapas del desarrollo gráfico de Löwenfeld, reconocí mi propio

proceso: primero búsqueda desordenada, luego un lenguaje más estable

y, en la adolescencia, la tensión entre lo que veía y lo que podía representar.

Esa teoría me permite mirar mi trayectoria escolar como la de alguien en

desarrollo, con necesidad de tiempo y margen para experimentar, y comprender

mejor por qué algunas prácticas educativas fomentan la atención

y otras la bloquean.

Descubrir a Löwenfeld ha sido, para mí, como poner lenguaje

pedagógico y metodológico a algo que en la escuela viví de forma muy

intuitiva: la sensación de que el arte es un lugar donde uno se ordena

por dentro. Durante mi escolaridad crecí en un sistema que me exigía

decidir pronto qué itinerario seguir, cuando todavía no tenía claro quién

era ni qué quería hacer. Esa presión temprana me llevó a perderme:

repetí un curso, cambié varias veces de rumbo y solo cuando empecé

a clarificar mi objetivo pude disfrutar mínimamente del camino. En

todo ese proceso, algunos profesores —y, de manera muy especial, mi

profesora de fotografía— sostuvieron mi atención y mi confianza. Si lo

miro ahora desde la teoría, diría que, sin nombrarlo, estaban facilitando

lo que Löwenfeld llama “el desarrollo de la capacidad creadora”.

Lo que más me interpela de Löwenfeld es su manera de entender el

dibujo y la expresión plástica: no como productos terminados que se

corrigen desde fuera, sino como procesos que muestran cómo piensa y

cómo siente un alumno en cada momento de su desarrollo. Sus etapas

—del garabato inicial a la esquematización, del realismo incipiente al

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UAM Marcello Conta

pseudorrealismo de la adolescencia— describen diferentes modos de

construir el mundo a través de la imagen. Cuando reviso mi propio

recorrido escolar, reconozco con claridad esos momentos de “garabateo

vital”: años de búsqueda sin forma clara, en los que lo que más necesitaba

era justamente espacio para probar, equivocarme y rehacer, más que

juicios rápidos sobre si lo estaba haciendo “bien” o “mal”.

Con el paso del tiempo, igual que en su etapa esquemática, fui

estabilizando un cierto lenguaje. Empecé a elegir referentes, a repetir

algunos motivos y a encontrar maneras mías de resolver problemas,

tanto en lo académico como en lo personal. Ya en la adolescencia, lo

que Löwenfeld llama “pseudorrealismo” encaja bastante bien con lo que

yo viví: una tensión constante entre lo que veía y lo que realmente podía

representar. Me obsesionaba la precisión técnica —que la foto saliera

“perfecta”, que el dibujo se pareciera al modelo—, pero, en el fondo, lo

que me movía no era la exactitud, sino la intención que había detrás: la

mirada, la duda, la pregunta que quería formular.

En ese punto la fotografía, y la docente que la impartía, se volvieron

decisivas. Löwenfeld insiste en que el papel del profesor es crear un

entorno seguro, con materiales variados, tiempos amplios y una

libertad responsable. Mi profesora de fotografía hacía exactamente

eso: no imponía modelos cerrados ni resultados idénticos para todos;

se centraba en hacernos pensar qué queríamos decir con cada imagen.

Sus correcciones no iban encaminadas a llevarnos a un ideal académico

abstracto, sino a ayudarnos a ajustar nuestro propio criterio. Lo que más

me llamaba la atención era su capacidad para mantener nuestra atención

sin forzarla: planteaba problemas abiertos —¿desde dónde miras?, ¿qué

dejas fuera del encuadre?, ¿qué historia sugiere la luz?— y respondía a

nuestras dudas con más preguntas, no con soluciones prefabricadas. Ese

tipo de acompañamiento, leído hoy, es muy “löwenfeldiano”: desplaza

el foco del producto perfecto al proceso significativo.

Otro punto en el que me reconozco en Löwenfeld es en su visión sobre la

evaluación. Él advierte que, si se reduce a una lista estrecha de criterios,

la evaluación puede bloquear la creatividad. En mi “scuola superiore”

lo viví de forma bastante clara: cuando las rúbricas eran rígidas, tenía la

sensación de que existía una única forma correcta de hacer las cosas. Eso

generaba inseguridad y me llevaba más a complacer que a explorar. En

cambio, cuando la evaluación se convertía en conversación —cuando

hablábamos de originalidad, de intención, de exploración de materiales,

de coherencia entre lo que quería expresar y lo que efectivamente

producía— sentía que aprendía de verdad. Fue el paso de “copiar lo

que toca” a “descubrir qué busco”. Löwenfeld subraya que ese giro no

es solo cognitivo, sino también afectivo: cambia la forma de pensar y, al

mismo tiempo, la manera de sentirse capaz.

El tiempo es otro punto de encuentro. Löwenfeld defiende que la

creatividad necesita ritmos largos, repeticiones, intentos fallidos y

nuevos comienzos. Mi biografía escolar confirma bastante bien esa

Löwenfeld

idea. Repetir un año, que en su momento viví como una derrota, hoy

lo interpreto como un tiempo ampliado para reorganizar motivos y

prioridades, algo parecido a pasar de una línea temblorosa a un trazo con

intención. La paciencia de mis docentes, más que una simple tolerancia

a mis tropiezos, fue en realidad una apuesta por el proceso y no solo por

la “foto final” de las calificaciones.

Si tuviera que señalar el lugar exacto donde la teoría de Löwenfeld

y mi propia experiencia se tocan, diría que es en el reconocimiento

del alumno como autor en desarrollo: alguien con etapas, con dudas,

con estéticas provisionales que cambian y se afinan. Ese autor en

construcción necesita que la escuela no lo encierre demasiado pronto

en una especialización rígida, sino que le ofrezca un laboratorio de

sentido en el que pueda probar, combinar, descartar y volver a empezar.

Cuando conseguí alinear mínimamente mi dirección académica con

lo que realmente me interesaba —y coincidí con docentes capaces de

escuchar y de dar margen—, apareció el disfrute. Con él, llegó también

una forma distinta de atención: ya no la atención ansiosa de “sacar buena

nota”, sino la concentración que nace del interés genuino por la tarea.

Mirando atrás, comprendo que mi profesora de fotografía no se limitó

a enseñarme aspectos técnicos de cámara, composición o revelado.

Me proporcionó un marco para pensar mi propia mirada y, de alguna

manera, me protegió contra la tentación de acelerar etapas para “llegar

antes” a un resultado brillante. Eso es lo que hoy entiendo como “educar

por la creatividad” en el sentido löwenfeldiano: permitir que la forma

vaya emergiendo del proceso, cuidar el espacio donde la experiencia

encuentra su imagen y sostener la pregunta el tiempo suficiente como

para que el alumno termine apropiándosela.

En ese punto común, mi biografía y la teoría se iluminan mutuamente:

yo necesitaba un aula en la que se me permitiera ser proceso y no solo

producto, y Löwenfeld me ofrece las claves para entender por qué ese

permiso cambió mi manera de aprender. El resultado no ha sido un

camino perfecto, pero sí un trayecto que, con sus tropiezos, me ha ido

ayudando a ganar atención, paciencia y capacidad para decidir mi propio

encuadre. Ese equilibrio entre proceso, tiempo y sentido es, quizá, una

de las definiciones de educación que más se aproxima a lo que yo he

vivido y a lo que, algún día, me gustaría poder ofrecer también a otros.

Etapas de Viktor Löwenfeld (1903-1960)

Etapa del garabato: de los 2 a los 4 años.

Etapa preesquemática: de los 4 a los 7 años.

Etapa esquemática: de los 7 a los 9 años.

Etapa del realismo: de los 9 a los 12 años.

Etapa del pseudonaturalismo: de los 12 a los 13 años.

Etapa de la decisión: de los 13 a los 14 años.

PORTFOLIO

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PORTFOLIO

2

Presentación de las

percepciones de la

realidad educativa

del IES Infanta Elena

de Galapagar

Marcello Conta

Estudiante UAM

El análisis se centra en el IES Infanta Elena, centro público situado en

Galapagar (Comunidad de Madrid), que escolariza alumnado de Educación

Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional.

Ofrece Bachillerato de Ciencias y de Humanidades y Ciencias Sociales,

así como varios ciclos formativos de la familia profesional de Informática

y Comunicaciones y de Administración y Gestión en los niveles de Grado

Básico, Medio y Superior (Todoeduca, Micole). Se trata de un instituto de

tamaño medio, con alumnado procedente tanto del propio municipio como

de localidades cercanas, con una notable diversidad sociocultural y una

oferta educativa que combina la vía académica (ESO y Bachillerato) con

una importante orientación hacia la FP vinculada a las TIC.

Las percepciones que se presentan a continuación proceden de la observación

directa de la vida del centro, de la revisión de documentos

institucionales (PGA, Plan de Convivencia, Plan de Acción Tutorial,

oferta de FP, etc.), así como de conversaciones informales con profesorado,

alumnado y familias. No pretenden ser un diagnóstico exhaustivo,

sino un mapa inicial que permite identificar fortalezas, debilidades y

elementos emergentes de la realidad educativa del IES Infanta Elena

de Galapagar.

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UAM Marcello Conta

Mapa de la realidad educativa según matriz PNI

IES Infanta Elena de Galapagar

PORTFOLIO

P – POSITIVO

· Amplia y coherente oferta educativa

o N – NEGATIVO

· Desigualdades de partida y brechas de aprendizaje

o Presencia de ESO y Bachillerato, lo que permite la continuidad del

alumnado en itinerarios académicos.

o Oferta consolidada de Formación Profesional (Grado Básico, Medio

y Superior) en ámbitos de alta empleabilidad como la informática, los

sistemas microinformáticos, las redes y el desarrollo de aplicaciones web,

así como administración y gestión. Esto facilita puentes reales entre la

educación obligatoria y el mundo laboral.

· Carácter público, mixto e inclusivo

o Centro laico, público y gratuito, lo que favorece el acceso de alumnado

de distintas procedencias y realidades sociales.

o Vocación integradora y atención a la diversidad en las distintas etapas,

con el apoyo del Departamento de Orientación y de los equipos

docentes.

· Estabilidad y compromiso del profesorado

o La información disponible y diversas opiniones de familias y

exalumnado destacan la implicación del profesorado y del equipo

directivo, así como su estabilidad, aspecto clave para generar proyectos a

medio plazo.

· Recursos y potencial en el ámbito digital

o Por la propia naturaleza de su oferta de FP (Informática y

Comunicaciones), el centro cuenta con aulas, equipamiento y

profesorado especializado en tecnologías digitales, lo que representa

una fortaleza para la integración de las TIC también en la ESO y el

Bachillerato.

· Relación con el entorno

o Situado en un municipio de tamaño medio, el centro mantiene vínculos

con el entorno social y productivo de Galapagar y de la zona noroeste de

Madrid, especialmente relevantes para las prácticas y la inserción laboral

del alumnado de ciclos formativos.

o La heterogeneidad sociocultural y académica del alumnado se traduce

en diferencias importantes en ritmos y estilos de aprendizaje, que no

siempre pueden ser atendidas con la intensidad necesaria.

o Persisten dificultades de titulación en ESO y casos de repetición,

especialmente en los primeros cursos, que evidencian retos en la

motivación, el acompañamiento y la prevención del fracaso escolar.

· Metodología y evaluación aún en transición

o La implantación de la LOMLOE exige un cambio hacia metodologías

competenciales y evaluaciones más formativas. Sin embargo, parte

del profesorado mantiene aún enfoques tradicionales (clase magistral,

examen escrito como instrumento central), lo que puede chocar con

las necesidades del alumnado actual y con las competencias clave del

currículo.

o Existe cierta desigualdad entre departamentos: mientras algunos han

avanzado hacia proyectos, trabajo cooperativo o uso sistemático de

rúbricas, otros siguen anclados en prácticas más transmisivas.

· Convivencia y bienestar

o La convivencia es globalmente aceptable, pero se observan episodios de

disrupción en el aula, conflictos de baja intensidad y uso problemático

del móvil, que generan desgaste en la tarea docente.

o El estrés y la sobrecarga administrativa del profesorado, unido a la

gestión de la diversidad y de la burocracia asociada a las distintas

etapas y programas, puede afectar al clima organizativo y al bienestar

profesional.

· Coordinación entre etapas y oferta

o La coexistencia de ESO, Bachillerato y FP es una riqueza, pero también

un reto: no siempre hay una coordinación plena entre los equipos de

ESO-Bachillerato y los de FP en términos de proyectos compartidos,

tránsito del alumnado o cultura pedagógica común.

o Falta tiempo y espacios protegidos para el trabajo interdisciplinar y la

reflexión conjunta sobre la práctica docente.

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UAM Marcello Conta

IES Infanta Elena de Galapagar

PORTFOLIO

I – INTERESANTE

· Potencial de la FP como eje vertebrador del proyecto de

centro

o La fuerte presencia de ciclos de informática y

administración ofrece la posibilidad de proyectar el

instituto como un referente comarcal en formación

tecnológica, generando proyectos de innovación

y colaboración con empresas del sector TIC. Este

eje puede reforzar la motivación del alumnado de

ESO y Bachillerato al visualizar salidas profesionales

concretas.

· Oportunidades de innovación metodológica y digital

o La dotación tecnológica y la experiencia del

profesorado de FP abren oportunidades para

transferir buenas prácticas al resto de etapas:

aprendizaje basado en proyectos, trabajo por retos,

evaluación competencial, uso avanzado de plataformas

digitales, etc.

o Es interesante observar cómo algunos departamentos

comienzan a diseñar situaciones de aprendizaje

interdisciplinarias y a usar más la evaluación

formativa; su evolución puede marcar la cultura

pedagógica del centro en los próximos años.

· Relación con las familias y percepción social del centro

o Las valoraciones externas muestran una imagen

diversa del instituto, con opiniones muy positivas

sobre el trato personal y la calidad del profesorado,

junto con críticas puntuales. Esta percepción social es

un elemento a seguir, pues influye en la demanda de

plazas, la convivencia y el sentido de pertenencia de la

comunidad educativa.

· Impacto del contexto territorial

o El crecimiento y cambio demográfico de Galapagar

y su entorno, así como la movilidad de las familias

y del alumnado hacia otros municipios y centros, es

un factor interesante a monitorizar: puede influir

en la matrícula, en la oferta de enseñanzas y en las

características del alumnado que llega al instituto.

Síntesis

En conclusión, la realidad educativa del IES Infanta Elena muestra un

centro público con gran potencial formativo, especialmente gracias a la

combinación de ESO, Bachillerato y una FP fuertemente orientada a las

TIC, y con un profesorado implicado y recursos digitales significativos.

Al mismo tiempo, afronta desafíos relevantes: la gestión de la diversidad

y del fracaso escolar en la ESO, la actualización metodológica y evaluadora

acorde con la LOMLOE y la necesidad de reforzar la coordinación

entre etapas y equipos para consolidar un proyecto común.

El mapa elaborado mediante la matriz PNI permite visualizar de forma

equilibrada los aspectos positivos, negativos e interesantes de la realidad

del centro y servirá como base para posteriores decisiones de formación

docente, innovación e investigación educativa.

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UAM Marcello Conta

El libro silente

Un siglo de leyes

de Educación

en España

PORTFOLIO

Marcello Conta

Estudiante UAM

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Personalmente, la Ley Orgánica 3/2020, de modificación de la Ley Orgánica

de Educación (LOMLOE), me ha generado cierta incomprensión.

Comprendo sus fines y propósitos generales, pero me ha sorprendido de

manera significativa el conjunto de derogaciones que introduce, así como

los cambios que revierte respecto de las leyes orgánicas de educación anteriores.

Esta situación me ha llevado prácticamente a verme obligado a

reconstruir y reordenar cronológicamente todo el marco normativo, analizando

una norma tras otra para entender con claridad qué se mantiene

vigente y qué ha quedado sin efecto. Es posible que no recuerde siempre el

orden exacto de las leyes; sin embargo, considero que no supone un problema

relevante, puesto que al menos dispongo de un cuaderno en el que he

dejado sistematizadas y ordenadas las diferentes disposiciones educativas.

En 1857 se aprueba la Ley de Instrucción Pública, conocida como Ley

Moyano. Establece la primera gran regulación del sistema educativo español,

con la obligación de que exista al menos una escuela de primera

enseñanza en cada municipio, regula los tres niveles educativos, fija

salarios centralizados para el profesorado e introduce un escalafón de

cuerpos de profesores.

Isabel II

F. Armero Peñaranda

Ramón María Narváez

En 1901 se publica un Real Decreto reformando las enseñanzas de segunda

enseñanza. Regula de nuevo los estudios de bachillerato, reestructura

los centros de segunda enseñanza y las escuelas de magisterio,

centraliza el gobierno de los institutos y de las escuelas normales, homologa

los estudios extranjeros, mejora el clima formativo docente y,

aunque mantiene el control estatal, amplía la autonomía de los centros.

María Cristina

de Habsburgo-Lorena

viuda de Alfonso XII

Práxedes Mateo Sagasta

En 1909 se aprueba un Real Decreto reorganizando las escuelas prácticas

de primera enseñanza e instituyendo las de párvulos. Refuerza la Antonio Maura

Alfonso XIII

Segismundo Moret

formación práctica del profesorado de primaria, reorganiza los estudios

normales de los futuros maestros, impulsa la formación continua –con

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UAM Marcello Conta

cursos para profesores en ejercicio–, redefine los estudios preparatorios

para los maestros e introduce una metodología basada en la práctica

docente.

PORTFOLIO

Alfonso XIII

Primo de Rivera

Alfonso XIII

Niceto Alcalá-Zamora

Manuel Azaña

Ricardo Samper

Alejandro Lerroux

En 1913 se publica el Estatuto General del Magisterio de Primera Enseñanza.

Ordena la posición del profesorado en la administración del

Estado, regula el sistema de acceso a la función docente, fija el salario y

consolida el reconocimiento del magisterio como profesión, además de

reforzar la formación del profesorado.

En 1931 se aprueba la Ley de 11 de julio de 1931 sobre Educación Primaria.

Declara la obligatoriedad y gratuidad de la educación primaria, el

laicismo escolar, la igualdad de hombres y mujeres en el acceso y regula

la enseñanza en lengua materna donde sea posible. Establece la escolarización

obligatoria de los 6 a los 12 años y generaliza la enseñanza según

el marco constitucional de 1931.

En 1934 se promulga el Documento de Unificación de las Enseñanzas

Medias de 1934. Reorganiza la educación secundaria, integra los centros

existentes con los nuevos modelos anteriores y facilita el acceso de los

estudios secundarios a la universidad.

En 1945 aparece la Ley de 20 de julio de 1945 sobre “Formación Profesional

Industrial”. Reorganiza la formación profesional, adapta la

titulación al desarrollo industrial del país, potencia la formación profesional

dentro de las instituciones religiosas e industriales, introduce

la formación profesional como una vía específica, estrecha los vínculos

entre empresa y enseñanza y regula los títulos de formación profesional

industrial.

En 1953 se aprueba la Ley de Ordenación de las Enseñanzas Medias

de 1953, que reorganiza de nuevo el bachillerato y adapta sus planes de

estudio a las necesidades del régimen, manteniendo una fuerte centralización

del sistema.

En 1963 se publica la Ley General de Educación de 1963, que comienza

un proceso de reforma integral del sistema educativo. Plantea la educación

general básica obligatoria y gratuita y abre el camino hacia la gran

reforma de 1970.

En 1970 se promulga la Ley General de Educación y Financiamiento

de la Reforma Educativa (LGE). Establece la Educación General Básica

(EGB) obligatoria y gratuita de los 6 a los 14 años, crea el Bachillerato

Unificado y Polivalente (BUP) y el Curso de Orientación Universitaria

(COU), redefine la Formación Profesional y estructura un sistema educativo

más comprensivo.

En 1978, con la aprobación de la Constitución Española, se reconoce

el derecho fundamental a la educación y se fija que la educación tendrá

por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a

Parador de Gredos

febrero de 1978

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UAM Marcello Conta

los principios democráticos y a los derechos y libertades fundamentales.

También se garantiza la libertad de enseñanza y la participación de la

comunidad educativa en la gestión de los centros sostenidos con fondos

públicos.

En 1980 se aprueba la Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares

(LOECE). Regula el régimen jurídico de los centros docentes, define el

papel de los centros privados y concertados y desarrolla aspectos organizativos

del sistema en el nuevo marco constitucional.

En 1983 se promulga la Ley Orgánica del Derecho a la Educación

(LODE). Desarrolla el derecho a la educación reconocido en la Constitución,

regula el régimen de los centros sostenidos con fondos públicos,

establece el sistema de conciertos educativos y define la participación

de la comunidad educativa (padres, profesores, alumnado y personal de

administración y servicios) en los órganos de gobierno de los centros.

En 1990 se aprueba la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema

Educativo (LOGSE). Reestructura completamente el sistema, amplía

la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, organiza las etapas en

Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Secundaria Obligatoria

(ESO), Bachillerato y Formación Profesional específica. Propone

una enseñanza comprensiva, basada en competencias y en la atención a

la diversidad, impulsa la evaluación continua y da un fuerte protagonismo

a las comunidades autónomas.

En 1995 se publica la Ley Orgánica de la Participación, la Evaluación y

el Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG). Completa la LOGSE

regulando con más detalle las competencias de los órganos de gobierno

de los centros, refuerza la participación de la comunidad educativa, establece

un marco de evaluación del sistema y de los centros y orienta la

autonomía organizativa y pedagógica.

En 2002 se aprueba la Ley Orgánica de Calidad de la Educación

(LOCE). Introduce cambios en la ESO y el Bachillerato, refuerza las

evaluaciones externas, plantea itinerarios en la educación secundaria

obligatoria y pretende mejorar los resultados educativos, aunque muchos

de sus preceptos quedan sin aplicar por el cambio político posterior.

En 2006 se promulga la Ley Orgánica de Educación (LOE). Deroga la

LOCE y reordena el sistema manteniendo la estructura LOGSE, pero

introduciendo ajustes: refuerza la Educación Infantil, regula de nuevo

la ESO, el Bachillerato y la Formación Profesional, reconoce la importancia

de las competencias básicas, impulsa programas de diversificación

y refuerza la autonomía de los centros y el papel de las comunidades

autónomas. Mantiene el sistema de conciertos educativos y regula la

evaluación general de diagnóstico.

En 2013 se aprueba la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa

(LOMCE). Modifica la LOE introduciendo nuevas reválidas y

evaluaciones externas al final de etapa, cambia la estructura de la ESO

y del Bachillerato con itinerarios más marcados, da más peso a las asignaturas

troncales, refuerza la autonomía de gestión de los centros y

despierta un amplio debate social y político por sus implicaciones en

equidad, segregación y modelo lingüístico.

Finalmente, en 2020 se aprueba la Ley Orgánica de Modificación de

la LOE (LOMLOE). Esta ley modifica buena parte de la LOE y de

las reformas introducidas por la LOMCE. Refuerza el carácter comprensivo

de la educación básica, reduce el peso de las reválidas externas,

flexibiliza los itinerarios, da más importancia a la inclusión educativa y

a la coeducación, reconoce de nuevo el papel de la red pública como eje

del sistema, introduce cambios en el modelo de conciertos y refuerza el

enfoque competencial y la atención a la diversidad, incluyendo aspectos

como la educación afectivo‐sexual, la educación en valores democráticos

y el impulso de las lenguas propias de las comunidades autónomas.

PORTFOLIO

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UAM Marcello Conta

PORTFOLIO

4

De la teoría a las

aulas: cómo la

LOMLOE podría

tomarse en serio

los derechos

de la infancia

Marcello Conta

Estudiante UAM

En el papel, el sistema educativo español suena casi perfecto. La LOMLOE,

la última gran reforma, proclama en su preámbulo su alineación con la

Convención de los Derechos del Niño y con los Objetivos de Desarrollo

Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Habla de equidad, inclusión, bienestar

del alumnado, participación y sostenibilidad. Pero, cuando bajamos

del BOE al aula, la pregunta es inevitable: ¿hasta qué punto esos principios

se han convertido en realidad cotidiana?

Cada vez más docentes y expertos coinciden en que la clave no está en

redactar nuevas declaraciones solemnes, sino en aterrizar de una vez

esos compromisos en prácticas concretas, medibles y sostenibles en el

tiempo. La mejora no pasa tanto por otra gran ley, sino por un cambio

de enfoque: hacer que los derechos de la infancia y los ODS sean el criterio

central con el que se diseña, se vive y se evalúa la escuela.

Indicadores de bienestar, no solo de notas

España dispone de una batería sofisticada de pruebas y estadísticas para

medir resultados académicos. Sin embargo, sabemos mucho de competencias

y poco de cómo se sienten los alumnos. Si la LOMLOE quiere

ser coherente con la Convención de Derechos del Niño, el sistema de-

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UAM Marcello Conta

bería incorporar indicadores estables de bienestar emocional, clima de

convivencia, percepción de seguridad y participación real del alumnado.

No se trata solo de añadir más burocracia, sino de tomar decisiones con

datos: detectar centros donde hay problemas de acoso, soledad o exclusión;

identificar buenas prácticas y extenderlas; y, sobre todo, asumir

que unas malas notas no son el único síntoma de que algo falla.

Profesores formados en derechos, no solo en

contenidos

La ley insiste en la educación en valores, ciudadanía global, igualdad

de género o sostenibilidad. Pero, en la práctica, gran parte del profesorado

ha tenido que improvisar estos contenidos sin una formación

sólida detrás.

Una mejora razonable sería apostar por una formación permanente,

sistemática y obligatoria en pedagogía de los derechos de la infancia y

educación para el desarrollo sostenible. No basta con un curso voluntario

o un seminario puntual: hablamos de dotar al profesorado de herramientas

concretas para gestionar conflictos, fomentar la participación,

trabajar la diversidad y convertir los derechos en experiencias diarias, no

en un tema más del temario.

La participación del alumnado: del discurso

a la toma de decisiones

La LOMLOE recoge la importancia de la participación estudiantil,

pero en demasiados centros los consejos de alumnos son más simbólicos

que influyentes. Si de verdad se quiere respetar el “interés superior

del menor”, la voz del alumnado tendría que pesar en cuestiones clave:

normas de convivencia, organización de tiempos, proyectos de centro,

actividades complementarias.

Impulsar foros estables, consultas internas, presupuestos participativos

a pequeña escala o proyectos de aprendizaje-servicio son caminos para

que los estudiantes dejen de ser meros receptores y pasen a ser actores.

No es solo una cuestión de democracia escolar: la investigación muestra

que cuando los alumnos se sienten escuchados, mejora tanto su bienestar

como su rendimiento.

Derechos y ODS:

una transversalidad todavía pendiente

En los últimos años se han multiplicado los proyectos sobre cambio climático,

igualdad, consumo responsable o paz. Pero muchas veces dependen

de la buena voluntad de unos pocos docentes motivados y no

forman parte del corazón del currículo.

La mejora pasa por dar un paso más: hacer de los derechos humanos y la

sostenibilidad un eje transversal real, visible en todas las áreas y etapas.

No como un “tema especial” para el 8M o el Día de la Paz, sino como un

enfoque habitual: analizar datos en Matemáticas con perspectiva social,

trabajar textos sobre migraciones en Lengua, abordar la huella ecológica

en Economía o replantear las prácticas de centro (energía, residuos,

consumo) desde una lógica coherente con los ODS.

Evaluar también la coherencia del sistema

Por último, si el sistema se toma en serio estos principios, debería evaluarse

a sí mismo en esa clave. Las evaluaciones externas, los informes

de inspección y los planes de mejora podrían incorporar apartados específicos:

¿se respetan los tiempos de descanso?, ¿hay mecanismos eficaces

frente al acoso?, ¿se escucha al alumnado?, ¿los centros cuentan con

recursos suficientes para atender a quienes más lo necesitan?

Publicar esos resultados de forma transparente, sin ánimo punitivo, permitiría

algo poco habitual en nuestras políticas educativas: rendir cuentas

no solo de las notas, sino de la calidad humana y democrática de la

vida escolar.

La LOMLOE ha dado un paso importante al declararse heredera de la

Convención de los Derechos del Niño y de los ODS. Sin embargo, la

verdadera credibilidad de la ley no se juega en el preámbulo, sino en el

pasillo de un instituto, en el patio de un colegio o en una tutoría complicada

de un lunes cualquiera.

Convertir esos grandes principios internacionales en rutinas escolares

tangibles es quizá la mejor mejora posible: menos retórica, más infancia;

menos proclamaciones, más derechos vividos. Solo entonces podremos

decir que la educación española no solo cita a la ONU y a UNICEF,

sino que actúa como si de verdad creyera en lo que dicen sus tratados.

PORTFOLIO

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UAM Marcello Conta

05

LOMLOE, ODS

y batalla cultural:

¿educar para

la sostenibilidad

o hacer pedagogía

de partido?

Marcello Conta

Estudiante UAM

PORTFOLIO

En el papel, el sistema educativo español suena casi perfecto. La LOMLOE,

la última gran reforma, proclama en su preámbulo su alineación con la

Convención de los Derechos del Niño y con los Objetivos de Desarrollo

Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Habla de equidad, inclusión, bienestar

del alumnado, participación y sostenibilidad. Pero, cuando bajamos

del BOE al aula, la pregunta es inevitable: ¿hasta qué punto esos principios

se han convertido en realidad cotidiana?

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Desde que la LOMLOE decidió abrazar abiertamente la Agenda 2030

y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la educación española

se ha convertido en uno de los escenarios favoritos de la batalla cultural.

Lo que sobre el papel parece poco discutible —formar a una ciudadanía

capaz de enfrentar el cambio climático, la desigualdad o la discriminación—

se ha transformado en un campo minado de sospechas, etiquetas

y discursos inflamados.

La ley es clara: la escuela debe educar en sostenibilidad, igualdad, derechos

humanos y ciudadanía global. Sin embargo, una parte nada despreciable

del debate público ya no se pregunta cómo hacerlo mejor, sino si

hay que hacerlo o si, al hacerlo, el sistema educativo no está adoptando

en bloque un determinado “relato ideológico”.

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UAM Marcello Conta

ODS en el currículo: la teoría noble

y la práctica recelosa

PORTFOLIO

Los ODS ofrecen un marco amplio: erradicación de la pobreza, igualdad

de género, acción climática, paz, instituciones sólidas… Difícil oponerse

a todo eso sin quedar retratado. La LOMLOE recoge ese lenguaje

y lo distribuye por el currículo: competencias en sostenibilidad, enfoque

de derechos, perspectiva de género, ciudadanía global.

HAMBRE CERO

SALUD Y

BIENESTAR

El problema emerge cuando esta retórica baja al aula. Para unos, se trata

de actualizar una escuela anclada en el siglo XX. Para otros, es la puerta

de entrada a una educación “militante” que sustituye contenidos académicos

por “adoctrinamiento verde, feminista o globalista”. La palabra

ODS se ha cargado de connotaciones políticas mucho más allá de lo que

significan sus 17 iconos de colores.

La izquierda: entusiasmo declarativo

y aplicación desigual

CIUDADES

SUSTENIBLES

ALIANZAS PARA

LOGRAR LOS

OBJETIVOS.

FIN DE LA

POBREZA

PAZ, JUSTICIA

17

VIDA SUBMARINA

ACCIÓN POR

EL CLIMA

ENERGÍA

LIMPIA

CRECIMIENTO

ECONÓMICO

En el espectro progresista —PSOE, Sumar y, en términos generales,

los partidos nacionalistas de izquierda— la Agenda 2030 y los ODS se

han asumido casi como seña de identidad moral. Los discursos oficiales

presentan la LOMLOE como la ley que conecta la escuela española con

los grandes retos globales: emergencia climática, igualdad de género,

diversidad, justicia social.

REDUCCIÓN DE LAS

DESIGUALDADES

VIDA DE

ECOSISTEMAS

TERRESTRES

EDUCACIÓN

DE CALIDAD

CONSUMO

RESPONSABLE

Sin embargo, detrás de ese entusiasmo hay una cierta ingenuidad estratégica.

Se ha dado por hecho que incorporar los ODS al currículo

bastaría para cambiar las prácticas educativas, sin acompañarlo siempre

de recursos, formación docente y una pedagogía sólida. En no pocos

centros, el resultado ha sido una sucesión de días conmemorativos y

proyectos puntuales, más simbólicos que estructurales.

IGUALDAD

DE GÉNERO

INDUSTRIA,

INNOVACIÓN E

INFRAESTRUCTURA

AGUA

LIMPIA

La izquierda ha ganado el relato de “la escuela comprometida”, pero a

veces ha infravalorado la necesidad de blindar ese compromiso frente a

la crítica fácil de “ideologización”, ofreciendo datos, evaluaciones serias

y un discurso menos moralizante y más técnico.

La derecha: de la duda razonable

al rechazo reflejo

En el otro lado, el centroderecha y la derecha (PP y Vox, con matices)

reaccionan a menudo ante la combinación LOMLOE–ODS como si

se tratara de un caballo de Troya ideológico. El PP, según el contexto,

modula su discurso: en Europa firma resoluciones a favor de la Agenda

2030 y la transición ecológica; en la política nacional y autonómica, sin

embargo, enfatiza los riesgos de “imponer una visión única” sobre cuestiones

de género, familia o memoria histórica.

Vox ha ido mucho más lejos y ha convertido los ODS en símbolo del llamado

“globalismo”. Para este partido, la referencia a la Agenda 2030 en

la LOMLOE es una prueba de que las aulas se utilizan para difundir una

visión de la sociedad que consideran ajena a la tradición española: enfoque

de género, diversidad afectivo-sexual, crítica al modelo productivo,

apertura migratoria… En consecuencia, reclaman una escuela donde

esos temas se traten —si acaso— de forma estrictamente neutral y muy

limitada, con un fuerte acento en contenidos clásicos y en la transmisión

de una identidad nacional homogénea.

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UAM Marcello Conta

Una reflexión incómoda: ¿de verdad nos

molestan los ODS o nos incomoda mirarnos

en ese espejo?

Quizá la cuestión de fondo no sea tanto si la LOMLOE “mete” ODS en

el currículo, sino qué hace la sociedad española cuando se ve reflejada

en ellos. Hablar de pobreza infantil, fracaso escolar, brecha de género

o emisiones contaminantes obliga a reconocer que el problema no es el

marco de Naciones Unidas, sino nuestra propia realidad.

Es más fácil denunciar la “ideología de la Agenda 2030” que admitir

que hay barrios donde la escuela es la única red de protección, o que

el origen social sigue pesando demasiado en las trayectorias educativas.

También cuesta aceptar que muchos centros sostenibles solo lo son en

los pósteres del pasillo, y que los proyectos realmente transformadores

exigen tiempo, recursos y, sobre todo, renunciar a usar la escuela como

campo de batalla partidista permanente.

PORTFOLIO

Ban Ki‐moon

Ban Ki-Moon,

secretario general

de la ONU

La crítica razonable —preguntarse, por ejemplo, si determinados materiales

son equilibrados o si se descuida el rigor académico— se ha visto

desbordada por un discurso de sospecha permanente, en el que todo lo

que suene a ODS se percibe como un paquete ideológico cerrado.

¿ODS como marco común o como bandera

partidista?

El resultado es paradójico: los ODS nacieron como un intento de mínimos

compartidos a nivel global; en España, sin embargo, han quedado

atrapados en una lógica de bloques. Para un sector de la ciudadanía,

mencionar la Agenda 2030 es casi sinónimo de afinidad progresista; para

otro, de sometimiento acrítico a dictados internacionales.

Y aquí aparece la gran contradicción: si algo necesitan los ODS para

funcionar en la educación es precisamente lo contrario de la polarización.

Requieren acuerdos de largo plazo, estabilidad curricular, inversión

sostenida y una mínima confianza en que no todo cambio educativo

responde a una conspiración ideológica.

Mientras tanto, el profesorado se mueve entre dos riesgos: convertirse

en mero ejecutor de campañas superficiales o ser acusado de adoctrinar

por el simple hecho de hablar de cambio climático, igualdad o migraciones

más allá de los tópicos.

¿Y si empezáramos por el principio?

Tal vez la reflexión más pacata —y por eso mismo más subversiva— sea

la más simple: antes de discutir si los ODS son “de izquierdas” o “de

derechas”, convendría preguntarse si un sistema educativo del siglo XXI

puede permitirse ignorarlos. Podemos discutir matices, enfoques, materiales

y pesos en el currículo; lo que resulta difícil de sostener es que una

escuela seria no deba preocuparse por el clima, la desigualdad, la paz o

los derechos humanos.

La LOMLOE ha tomado partido: quiere que los ODS formen parte del

ADN educativo. Sus críticos tienen derecho a señalar excesos, sesgos o

incoherencias. Lo que quizá no sea tan legítimo es convertir cada referencia

a la sostenibilidad o a la igualdad en una sospecha automática.

Si algo muestra este debate es que la educación española sigue rehén de

una política cortoplacista donde las leyes se revisan con cada cambio de

mayoría y los niños crecen entre bandazos. Los ODS, paradójicamente,

podrían haber sido uno de los pocos terrenos de consenso. Hoy son, más

bien, otra trinchera.

La pregunta, al final, no es si LOMLOE y ODS combinan bien o mal,

sino cuánto tiempo más vamos a admitir que el futuro de los alumnos

dependa de la guerra cultural del presente. Y esa respuesta, por desgracia,

no la encontraremos ni en los cuadros de colores de Naciones Unidas

ni en los mítines de campaña, sino en la voluntad real —o no— de

pactar algo tan básico como qué tipo de ciudadanos queremos formar.

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UAM Marcello Conta

PORTFOLIO

El diseño sigue la revista Peonza diseñada e maquetada por Marcello Conta, que luego soy yo.

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UAM Marcello Conta

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