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OCTUBRE 2025 • HORMIGÓN AL DÍA • 57


INNOVACIÓN Y CONSTRUCCIÓN

ALIADOS EN PRO DEL DESARROLLO

FELIPE KRALJEVICH.

Periodista Hormigón al Día

UN EDIFICIO MODULAR QUE BUSCA

CAMBIAR LA METODOLOGÍA DE

CONSTRUCCIÓN CON HORMIGÓN

En el Parque de Innovación del

Centro Tecnológico para la Innovación

en la Construcción, CTEC,

ubicado en Laguna Carén, comuna de

Pudahuel, se puede apreciar una torre

que se levantó bajo una metodología

de construcción modular. Estos módulos

tridimensionales vienen completos,

incorporando ventanas preinstaladas,

aislación térmica y acabados interiores

listos.

La instalación de los módulos se inició

a las 9:00 de la mañana y cuando el día

terminó, un edificio de seis pisos y 16,5

metros de altura se erguía donde horas

antes solo había una fundación. Dieciocho

módulos. Un día. Un experimento en

hormigón armado que busca cambiar la

forma de construir en Chile.

“Cuando lanzamos esto en la feria Edi-

fica el año pasado, nadie sabía que esto

existía en Chile”, comentó Hugo Mery

Rodríguez, gerente general de Facoro,

empresa de hormigón armado con más

de 50 años de trayectoria que lidera

este proyecto. “Lo lanzamos de un día

para otro y generó mucho interés”.

Momentum no se trata sólo de un

edificio. Es la culminación de dos años

y medio de investigación y desarrollo,

además de un intento de responder

a una pregunta que la industria de la

construcción chilena se ha planteado

durante décadas: ¿cómo construir más

rápido, de manera más sustentable y

con la misma calidad del hormigón armado

tradicional? Ante esta pregunta,

Facoro, en conjunto con TWH y STO

Chile, nos presentan Momentum.

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En el Parque de Innovación del CTEC, en el sector de Laguna Caren,

un edificio de seis pisos desafía los paradigmas de la construcción

tradicional. Momentum, el primer proyecto modular de hormigón armado de

Latinoamérica, representa una apuesta por la industrialización de un sector

que ha mantenido sus métodos durante décadas.

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La génesis de una idea modular

La historia comienza hace una década,

cuando Facoro -conocida principalmente

por sus productos de hormigón

prefabricado para distribución eléctrica

y la industria funeraria- decidió diversificar

su cartera hacia la construcción y

la minería. “Sabíamos que esas dos industrias

venían con procesos bastante

optimizados, pero siempre dentro del

marco de los sistemas tradicionales de

construcción”, explicó Mery.

La empresa comenzó con sistemas

de construcción 2D -paneles prefabricados-

para viviendas unifamiliares y

condominios pequeños. Sin embargo,

pronto enfrentaron desafíos de competitividad:

aunque el sistema tenía

versatilidad, era difícil competir en precio

contra los métodos tradicionales

que, pese a sus limitaciones, contaban

con décadas de optimización.

“El problema es que el valor que uno

consigue con estos sistemas 2D es, en

términos económicos, poco eficiente y

con eso es difícil ser competitivo”, dijo

Mery. “La incidencia en las inversiones, el

costo de producción, de montaje, de las

conexiones de estos elementos es muy

alta. Y, por otro lado, uno sólo puede industrializar

la obra gruesa”.

La pregunta entonces fue: ¿cuál es la

tecnología más adecuada para ser competitivo,

entregar una solución eficiente,

proyectable y escalable, que sea una alternativa

atractiva para la industria? La

respuesta que encontraron estaba en la

tercera dimensión.

El salto al 3D: cuando el módulo

es la respuesta

El sistema de construcción modular

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tridimensional que Facoro adoptó aborda

varios desafíos simultáneamente. “Al

ser un elemento monolítico tridimensional,

muchas de las juntas horizontales y

verticales ya están resueltas”, explicó el

gerente general de la empresa de prefabricados.

“Si yo tuviese que fabricar

con la tecnología 2D, estaría hablando

de entre siete y nueve elementos bidimensionales

que tendría que fabricar y

después conectar”.

Cada módulo 3D mide tres metros de

ancho, hasta siete metros de largo y tres

metros de alto, con una superficie de 21

metros cuadrados. La altura es variable

-de 2,5 a 3 metros- y el largo también es

ajustable. La máquina se puede configurar

para hacer módulos de cinco, seis o

siete metros. “Sabemos que hoy en día

la arquitectura idealmente debe basarse

en el módulo de 3×7 porque estamos

construyendo más metros cuadrados

de vivienda en un mismo ciclo de producción,

sin embargo, se pueden hacer

ajustes”, puntualizó el gerente general.

La versatilidad del sistema radica

en los moldajes magnéticos, la misma

tecnología usada para elementos bidimensionales.

“Todas las paredes del

módulo, tanto las caras verticales como

la losa, se pueden modificar según la arquitectura”,

subrayó.

“Podemos hacer un módulo completamente

cerrado, como fue el caso del

estanque que hicimos para la constructora

Ingevec, o hacer una mesa de

cuatro patas, donde está sólo la losa de

arriba y las cuatro patas. Lo que me interesa

es que esto sea autosustentable

para poder acopiarlo y transportarlo”.

Hormigón de alta resistencia temprana

En el centro de este sistema modular

está un material tradicional con especificaciones

particulares: el hormigón.

“Trabajamos con hormigones de alta

resistencia y sobre todo de resistencia

temprana para poder tener garantía de

desmoldear en las horas que nosotros

necesitamos”, detalló Hugo Mery. “Con

esta máquina, a las ocho horas podemos

desmoldear la pieza sin ningún problema,

sin aplicación de temperatura”.

Las máquinas tienen incorporado

un sistema de calefacción interno que

permite, en seis horas, descimbrar una

pieza trabajando con conos de aproximadamente

20 centímetros. El sistema

de vibrado neumático se activa a medida

que el hormigón se vierte, aplicando

la vibración necesaria para evitar problemas

de disgregación de la mezcla.

Los resultados muestran que, aunque

por ingeniería los hormigones vienen

especificados, por ejemplo, en G30, las

configuraciones que Facoro aplica para

garantizar la resistencia temprana hacen

que, a los 28 días, sus hormigones

alcancen sobre 45 megapascales. “Son

hormigones de muy alta resistencia y el

vibrado es súper homogéneo”, señala

Mery.

La empresa trabaja con sus propias

plantas de hormigón -tres en total- que

generan un cubo y medio que se transporta

en dos capachos alimentando la

máquina mediante un sistema controlado

con joystick. “Vamos controlando

cono y resistencia permanentemente”,

explicó. En una ocasión probaron con

hormigón premezclado para validar alternativas

en caso de emergencia. “Si

bien el módulo se logró, la terminación

visual no es la misma”, puntualizó Mery.

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“El hormigón que uno vertió en una

primera instancia no tiene las mismas

características que el último”.

El desafío de las conexiones: donde lo

modular se vuelve monolítico

Uno de los aspectos más críticos de

cualquier sistema modular es la conexión

entre elementos. ¿Cómo garantizar

que un edificio ensamblado con “cajas”

de hormigón se comporte estructuralmente

como una obra tradicional,

especialmente en un país sísmico como

Chile?

Facoro desarrolló un sistema de uniones

mixtas: 50% secas y 50% húmedas.

“Las uniones secas están pensadas para

poder montar rápidamente y que tengan

la potencia suficiente para que, durante

el proceso de montaje, se soporten a sí

mismas”, explicó Mery. Estas incluyen insertos

metálicos soldados que unen los

muros con las losas, y pernos que atraviesan

las vigas perimetrales de todas

las losas.

“Si tú pones un módulo al lado de

otro, van a coincidir estos pernos. Al

cruzarlos y torquearlos, hace que esta

viga de un módulo con el otro trabaje

como una doble viga continua”, detalló.

Con los pernos y los insertos soldados,

el equipo de Facoro puede montar hasta

18 módulos en un solo día.

La resistencia estructural definitiva

proviene de las uniones húmedas. Para

las uniones entre muros, utilizan el sistema

“wire loop box”: pequeñas cajas

de acero con piolas del mismo material,

embebidas en el hormigón. “Esas cajas

después se abren, y estos loops se

levantan, dos cables de acero, y se traslapan

entre sí”, explicó Mery. “Después,

cruzamos barras de acero entre medio

del traslape de estos loops y en el interior

de esta unión de muros, generando

un pilar estructural con grout de alta resistencia,

justo en el punto donde estos

dos muros podrían trabajar”.

Para las conexiones verticales, el sistema

utiliza tubos embebidos estriados

por dentro y por fuera que quedan preinstalados

en distintos puntos de todos

los muros del edificio, según la especificación

de cálculo. “Esos tubos coinciden

desde el último piso hasta la fundación”,

señala. “Una vez que terminamos con

el montaje del edificio, cruzamos unas

barras de acero que penetran desde el

último piso hasta la fundación, y se van

grauteando. Eso genera pilares estructurales

continuos en todos los muros del

edificio”.

Este sistema fue evaluado y certificado

por Serviu, que reconoció a Facoro

como empresa industrializada certificada

a través de la DITEC, ya que, recuerda

Hugo Mery, los evaluadores comentaron

que el sistema que Facoro es, básicamente,

“una construcción de hormigón

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armado”.

Sin embargo, para los evaluadores la

gran incógnita estaba en las conexiones

entre un módulo y otro. “Si ustedes

demuestran -recordó el gerente general

sobre la evaluación- mediante una

memoria de cálculo, que constructivamente

este sistema se va a comportar

como si fuera una obra tradicional, vamos”.

La certificación se obtuvo en una

sola visita.

Momentum: el edificio piloto

Cuando Facoro, junto con TWH y

STO Chile se encontraban en el proceso

de lanzamiento de la tecnología en

la feria EDIFICA 2024, se enteraron que

a Construye Zero, programa de CTEC

cofinanciado por Corfo, se le había caído

uno de los proyectos: un edificio de

construcción industrializada. “Les comentamos

que teníamos esta solución y

les encantó la idea”, recuerda Mery.

En paralelo a esa situación, se lanzó

un concurso de arquitectura impulsado

por STO Chile, llamado “Proyectar

la Conciencia” con un desafío específico:

desarrollar un edificio que pusiera

a prueba las características del sistema

constructivo modular. Participaron

23 oficinas de arquitectura. El proyecto

seleccionado fue de SABA Arquitectos,

una firma argentina.

El resultado es un edificio de características

únicas en Latinoamérica.

Seis pisos, cada uno con una tipología

diferente: oficinas en el primer nivel;

departamentos sociales de 63 metros

cuadrados con tres dormitorios en

el segundo y tercero; viviendas para

segmentos medios en el cuarto; y un

penthouse distribuido entre el quinto y

sexto piso.

“Queríamos que cada piso fuese distinto

del otro para poder tener este

showroom y poder mostrar la versatilidad

que tiene el sistema”, subrayó

Mery. Esa decisión, sin embargo, implicó

complejidad adicional. “Fue una muy

buena idea al principio. Durante el proceso

estuvimos algo arrepentidos de la

idea”, comentó con una sonrisa. “¿En

qué minuto se nos ocurrió someternos

a este concurso de arquitectura y llenarlo

de configuración? Y ahora, ya con el

edificio montado, nuevamente estamos

agradecidos de la decisión”.

La complejidad arquitectónica puso a

prueba el sistema de manera exhaustiva.

De los 18 módulos, ninguno es igual

al otro. “Habían muchos vanos distintos,

entonces eran muy pocos los pilares que

coincidían desde el último piso hasta la

fundación”, puntualizó. El edificio requirió

64 barras de acero que pasaban a

través de toda la estructura en los pocos

muros que coincidían entre pisos.

Alejandro Sepúlveda, subgerente de

operaciones de Facoro, llevó un control

cronométrico detallado de cada etapa

del montaje. “Él iba anotando cómo íbamos

respecto del plan para poder lograr

el montaje”, relató Mery. Aunque habían

estimado que el montaje se haría en dos

días, “siempre nosotros, teníamos el as

bajo la manga de ver si éramos capaces

de montarlo en un día. Y lo logramos, le

ganamos al cronómetro”.

Más que hormigón: la

industrialización integral

Momentum no es exclusivamente un

proyecto de Facoro. Es un consorcio

que integra a STO Chile, especialista en

envolventes térmicas, y TWH, empresa

dedicada a la construcción industrializada

con paneles de acero y poliuretano.

“Aquí hubo dos elementos fundamentales

que tenemos que incorporar en

fábrica”, explicó Mery. “Uno, la envol-

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vente térmica, y ahí es donde entra STO,

que son de las marcas más reconocidas

a nivel mundial. Ellos se incorporaron súper

activamente y participaron de todo

el desarrollo, adaptaron sus productos

para generar la versión industrializada”.

Durante la presentación oficial del

Edificio Momentum, Nicolás Schultz, gerente

técnico de STO Chile, explicó que

la envolvente responde a exigencias térmicas

crecientes. “La masa térmica del

hormigón, combinada con aislación exterior

continua, entrega un perfil térmico

óptimo: menos calefacción en invierno

y menos aire acondicionado en verano,

mejores condiciones acústicas y mayor

seguridad”.

Por su parte, TWH integró hormigón

con estructuras de acero y paneles

de poliuretano para un montaje rápido

y obra seca. “Colaboramos con las

cubiertas, tabiques y escaleras y, próximamente,

módulos de cocina y baño,

acercando la industrialización total del

proceso”, comentó Félix Escudero, gerente

general de TWH, en la ceremonia.

El proyecto también contó con el apoyo

de múltiples empresas: Melón aportó

cemento y áridos; AZA contribuyó con

un porcentaje importante del acero; TX

con el nivelador de piso; Vinyl con las

ventanas preinstaladas; y Volcán con

el Volcastick, la pasta proyectada que

permite terminaciones sin necesidad

de yeso, Incluso METAVERSOTEC, se

integró con una experiencia en realidad

virtual para revivir el proceso

“Si yo comparo obra gruesa contra

obra gruesa, a lo mejor el hormigón armado

tradicional puede seguir siendo

más eficiente en términos económicos

que nuestro sistema”, aseveró Mery.

“Pero si después digo, ok, los andamios

para la obra, el sistema nuestro no los

necesita. Las cargas de yeso, tampoco.

El nivel de generación de escombros es

mínimo. La grúa torre no se necesita.

Y ahí es donde finalmente uno hace la

comparación”.

El próximo paso: Un edificio

modular como vivienda social

El impacto mediático de Momentum

ha sido considerable. El edificio generó

cobertura en distintos medios nacionales

y despertó el interés de diversos

actores de la industria. “Generó mucho

ruido”, destacó el gerente general de

Facoro.

Actualmente, la empresa está fabricando

256 módulos para un proyecto

de vivienda social DS-49 en la comuna

de La Cisterna, en Santiago, en trabajo

conjunto con la constructora Canoser y

el Grupo Crear, obra que ya comenzó el

proceso de montaje de los módulos.

A diferencia de Momentum, los edificios

tendrán sólo cuatro tipologías de

módulos -con versiones A y B de cada

una- sobre el total de 256 módulos. “Obviamente,

ahí la eficiencia en producción

y montaje va a ser mucho mayor”, puntualizó

Mery.

El proyecto fue presentado a Serviu

y aprobado como construcción de

hormigón armado tradicional desde el

punto de vista estructural, pero con el

beneficio de ser vía industrializadora

certificada del Estado.

En la presentación de Momentum,

Daniela Vásquez, gerente de Construye

Zero, explicó qque el objetivo de la iniciativa

es “escalar esta tecnología hacia

un modelo de negocio que aumente la

productividad mediante la industrialización,

con foco en la sustentabilidad”.

Macarena Aljaro, directora de Progra-

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mas y Consorcios Tecnológicos de

Corfo, agregó que “tecnologías como

Momentum contribuyen a abordar el

déficit habitacional con menor huella y

mayor competitividad para la industria”.

Por su parte, Karymy Negrete, asesora

del Programa de Desarrollo Productivo

Sostenible del Ministerio de Economía,

destacó que Chile cuenta con capacidad

para la innovación colaborativa que

responde al déficit habitacional, reduce

emisiones y residuos, y fortalece la

competitividad. “Es economía circular

aplicada y evidencia de que es posible

hacer más con menos y mejor, pensando

en el usuario final”, señaló durante la

inauguración del edificio.

Fundaciones: Un desafío para la

metodología

Un aspecto que aún presenta desafíos

es la fundación. En el caso de Momentum,

Facoro optó por una versión híbrida. “Es

muy difícil, como prefabricador, cuando

estamos hablando de la fundación de un

edificio, ya que se trata de una fundación

grande que por lo general tiene que

ser una fundación corrida”, explicó Mery.

“En la construcción tradicional, tu moldaje

es el terreno, entonces el hormigón

es contra terreno. Entonces acá, si yo

hago el mismo cubo de fundación, tengo

que fabricar un tremendo moldaje, y

después llevar este gigantesco volumen

de hormigón en un camión y montarlo.

No es viable”, puntualizó.

La solución, en el caso de Momentum,

fue fabricar las vigas de sobrecimiento

en planta, con todas las conexiones

y tolerancias milimétricas necesarias, y

luego montarlas sobre el terreno. “Cuando

se hormigonó la zapata de fundación,

se conectó con estas vigas, que iban con

la enfierradura para ajustarse ahí”, detalló.

Sin embargo, Mery reconoce que

aún hay espacio para optimización. “Si

tú me preguntas si fue la mejor solución,

todavía tengo mis dudas, porque eran

muchas vigas, había muchos puntos de

nivelación, las condiciones del terreno

no eran las óptimas”.

La empresa está trabajando en desarrollar

una solución más eficiente:

fabricar anillos de sobrecimiento completos

que solo requieran nivelar cuatro

puntos y se conecten a la fundación hormigonada

en forma tradicional.

Mientras se continúa en el desarrollo

de esa solución, en el proyecto actual

de vivienda social de la constructora

Canoser, por temas de plazo y configuración

de la obra, las fundaciones y

sobrecimientos se ejecutaron en obra

de manera tradicional, y Facoro montará

los módulos sobre ese proyecto de

fundación.

Logística y transporte: claves

del sistema

Un aspecto fundamental del éxito del

sistema es la logística. Desde el diseño

inicial, los módulos fueron concebidos

para tener un peso y tamaño que permitiera

su transporte en ramplas bajas sin

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necesidad de permisos especiales, tanto

por volumen como por peso. “La logística

es parte fundamental del éxito de

este tipo de proyectos”, enfatizó Mery.

En el caso de Momentum, la cercanía

entre la planta y el sitio de montaje

permitió trabajar con tres equipos de

transporte simultáneamente. “Mientras

estábamos descargando un módulo

en el parque CTEC, estaban cargando

el otro acá, y había una logística referente”,

explicó. En otros proyectos más

distantes, como el estanque en la comuna

de San Bernardo, la empresa utilizó

múltiples camiones para evitar que un

accidente en ruta pudiera detener el

proceso.

La grúa utilizada también fue seleccionada

cuidadosamente. “La idea es que

no fuese una grúa de capacidad estratosférica,

sino una que tradicionalmente

se puede utilizar en una obra”, comentó

Mery. En el edificio de seis pisos en Laguna

Carén, se montó con una grúa de

250 toneladas configurada para 140. “O

sea, con una grúa de 140 se podía montar

ese edificio”, puntualizó.

Perspectivas y futuros

desarrollos

Mery reconoce que el sistema aún

enfrenta desafíos. “Desde el día uno,

asumimos el costo financiero de traer

esta tecnología”, dijo. “Entendíamos que

no es una máquina que uno dice, oye, es

una máquina para hacer esto y está todo

resuelto, porque es un traje a la medida

y hay que ir trabajando en ingeniería de

forma muy profunda”.

La empresa trajo una primera máquina,

la probó, desarrolló el producto, resolvió

y validó múltiples hipótesis sobre sistemas

de curación, moldaje magnético y

otros aspectos técnicos. Luego montó

un edificio piloto en la fábrica para medir

rendimientos de fabricación y montaje.

“De manera que cuando presentáramos

a la industria y al mercado esta solución,

no sólo fuera una idea basada en una serie

de ejemplos que podrían estar muy

bien depurados, sino que fueran datos

reales de lo que éramos capaces de

ofrecer”, explicó.

La primera máquina tuvo inconvenientes

estructurales que requirieron

refuerzos. “Si ves la máquina 2 y 3 en

nuestra planta tienen una configuración

estructural distinta”, admitió. “Pero nos

permitió analizar en profundidad y conocer

muy bien el producto antes de

lanzarlo al mercado”.

El diseño también consideró aspectos

normativos: temas de peso para cumplir

con las regulaciones, dimensiones para

el traslado, capacidad de las grúas disponibles

en el mercado, y sistemas de

conexión validados por oficinas de ingeniería.

“Hicimos un montón de ejercicios,

nos apoyamos en ingeniería con las oficinas

externas que nos apoyan siempre

para poder ir validando todos los sistemas

de conexión”, detalló Mery.

El resultado es que, independientemente

de que el sistema es modular, una

vez montada una edificación se comporta

estructuralmente como un edificio

de hormigón armado tradicional. “Y de

hecho eso es lo que hicimos ahora con

Serviu, porque nos pidió validar para

ingresar el primer proyecto que se va a

montar para un edificio de vivienda social”,

subrayó.

El sistema Momentum

de Facoro redefine

la construcción de

hormigón armado

mediante un modelo

industrializado que

permite montar edificios

en un solo día. Tras años

de desarrollo técnico

y validación normativa,

esta solución modular

busca transformar

la metodología

constructiva tradicional

en Chile, enfrentando

su prueba definitiva en

proyectos de vivienda

social que combinan

eficiencia logística

con la resistencia

estructural del hormigón

convencional.

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Un modelo en observación

Durante la presentación de Momentum

en el concurso de innovación que

organizó la Cámara Chilena de la Construcción,

Hugo Mery inició la exposición

con la muestra de una serie de edificaciones

construidas de manera tradicional

con hormigón armado. En la ocasión,

planteó que el “problema” no está en

el material, sino en la metodología que

se utiliza para ejecutar un proyecto. “No

cambiamos el producto, sino que somos

capaces de hacer un edificio de hormigón

armado con todos sus atributos e

industrializarlo”, puntualizó.

En ese sentido, Momentum se alza

como un caso de estudio en construcción

industrializada. Seis pisos de

hormigón que plantean una alternativa a

las metodologías tradicionales de construcción.

Un edificio que se montó en un

día, pero que representa años de investigación,

inversión y desarrollo técnico.

La pregunta sobre si este sistema se

replicará ampliamente en Chile dependerá

de múltiples factores: la validación

del desempeño del edificio en el tiempo,

la competitividad económica en proyectos

de mayor escala, la aceptación del

mercado, y la capacidad de la industria

para adoptar nuevos métodos de trabajo.

Esto es lo que se podrá ver en el proyecto

de viviendas DS-49 en el que

participa Facoro con la tipología del

edificio industrializado y que se está

ejecutando en la comuna de La Cisterna,

en Santiago, en el que el sistema

-incluido el estanque prefabricado para

aguas- tendrá su prueba de fuego como

una alternativa de modelo constructivo

con hormigón armado.

Momentum, en esa línea, permanece

como un prototipo que busca demostrar

que es posible construir de manera

diferente, el nuevo proyecto manteniendo

la confianza en el hormigón armado

que caracteriza a la industria chilena,

pero transformando radicalmente el

proceso mediante el cual ese hormigón

se transforma en un edificio.

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