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Suplemento - DOMINICANIDAD 2026

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DOMINICANIDAD

Editora: Saiury Calcaño

Saiury Calcaño • Sub-editora: Carmen Guzmán • Diseño: Félix Ramírez | 27 de febrero de 2026 • Santo Domingo, Rep. Dom.

PROTAGONISTAS

VIDAS QUE

ESCRIBIERON

LA HISTORIA

PROVINCIAS

FORJADORES

DE LA PATRIA

CARACTERÍSTICAS

DIALECTOS

QUE NOS

HACEN ÚNICOS

NUESTRA ESENCIA

COSTUMBRES Y VALORES

QUE NOS DEFINEN


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SANTO DOMINGO, RD., VIERNES,

27 DE FEBRERO DE 2026

PROTAGONISTAS DE LA PATRIA

UN RECORRIDO QUE RE-

ÚNE A NUEVE PERSONA-

LIDADES CUYAS TRAYEC-

TORIAS REFLEJAN CÓMO

EL PENSAMIENTO, LA AC-

CIÓN PÚBLICA, LA CUL-

TURA Y EL COMPROMISO

SOCIAL HAN SIDO PILA-

RES FUNDAMENTALES EN

LA CONSTRUCCIÓN DE LA

REPÚBLICA DOMINICANA.

EDWIN J. PEÑA

Especial para LD

La historia dominicana

no se ha

construido únicamente

con grandes

batallas, sino también

con ideas, letras, decisiones

políticas, arte y actos de valentía.

A lo largo de los siglos XIX y XX,

diversas figuras aportaron desde

distintos ámbitos a la formación

de la identidad nacional.

Procedentes en su mayoría de

Santiago, Puerto Plata y Santo

Domingo, estos protagonistas se

destacaron en política, literatura,

resistencia armada, diplomacia,

deporte y artes. Intelectuales

como Pedro Francisco Bonó

y Manuel de Jesús Galván fortalecieron

la reflexión histórica y

literaria; líderes políticos como

Ulises Francisco Espaillat y Francisco

Gregorio Billini impulsaron

reformas en tiempos convulsos;

patriotas como Gregorio

Urbano Gilbert y Pedro Livio Cedeño

defendieron la soberanía

con determinación; mientras figuras

culturales y deportivas como

Eduardo Brito y Juan Ulises

García Saleta proyectaron el talento

dominicano más allá de las

fronteras. Su legado colectivo

resume una constante búsqueda

de independencia, identidad

cultural y progreso social.

Pedro Francisco Bonó

Intelectual, político y ensayista

nacido en Santiago en 1828, es

considerado el primer sociólogo

dominicano. Desde el Senado y

sus escritos analizó temas como

la estructura social, la economía

tabacalera y la identidad racial

del país. Sus reflexiones sobre

el campesinado y el desarrollo

nacional sentaron bases para el

pensamiento social dominicano.

Su legado reside en haber inter-

En un país que

sigue enfrentando

desafíos, recordar

a estos personajes

nos invita a valorar

la herencia de integridad,

creatividad

y patriotismo que

nos legaron.

pretado críticamente la realidad

nacional desde una perspectiva

científica y humanista.

Francisco Gregorio Billini

Nacido en Santo Domingo en

1844, fue educador, novelista,

periodista y presidente de la República

entre 1884 y 1885. Impulsó

iniciativas educativas y

culturales en un contexto político

complejo que finalmente provocó

su renuncia. Además de su

paso por la presidencia, es recordado

por su producción literaria

y su aporte al fortalecimiento intelectual

del país.

Ulises Francisco Espaillat

Periodista, escritor y político santiaguero

nacido en 1823. Su breve

presidencia en 1876 destacó

por su defensa de la honestidad

administrativa y sus intentos de

reforma liberal en un periodo de

inestabilidad. Su nombre quedó

inmortalizado en la provincia

Espaillat, símbolo de la integridad

y el servicio público en la

historia dominicana.

Juan Ulises García Saleta

Ingeniero y dirigente deportivo

del siglo XX, conocido como “Wiche”.

Presidió el Comité Olímpico

Dominicano durante más de una

década y promovió el deporte como

instrumento de desarrollo social.

Su trabajo fortaleció la institucionalidad

deportiva nacional y

fomentó oportunidades para jóvenes

atletas. Su memoria perdura

en proyectos e iniciativas vinculadas

al olimpismo dominicano.

Manuel Arturo Peña Batlle

Abogado, historiador y diplomático

nacido en 1902. Ocupó cargos

de alta responsabilidad estatal, incluyendo

embajadas y funciones

judiciales. Sus escritos sobre identidad,

fronteras y nacionalidad

influyeron en debates políticos e

históricos del siglo XX, aunque algunos

de sus planteamientos resultaron

controversiales. Su figura

permanece como referencia obligada

en el estudio del pensamiento

político dominicano.

Pedro Livio Cedeño

Oriundo de Higüey, fue uno de

los conspiradores que participaron

en el ajusticiamiento de la

dictadura de Rafael Trujillo en

1961. Su acción contribuyó al fin

de tres décadas de régimen autoritario.

Es recordado como símbolo

de valentía cívica y sacrificio

en favor de la libertad nacional.

Gregorio Urbano Gilbert

Nacido en Puerto Plata en 1898,

fue tipógrafo y combatiente internacionalista.

Participó en la

resistencia contra la ocupación

estadounidense de 1916 y posteriormente

en luchas revolucionarias

en América Latina. Su vida

representa el compromiso radical

con la soberanía y la autodeterminación

de los pueblos.

Manuel de Jesús Galván

Escritor y político del siglo XIX, autor

de la novela histórica Enriquillo,

considerada una obra fundacional

de la literatura dominicana.

A través de su narrativa exploró el

pasado colonial y la identidad cultural

del país, aportando una visión

literaria que influyó en generaciones

posteriores.

Eduardo Brito

Cantante lírico de fama internacional

nacido en 1906. Su voz de

barítono llevó el nombre de la República

Dominicana a escenarios

prestigiosos del mundo. Su carrera

consolidó el reconocimiento del

talento artístico dominicano en el

extranjero y lo convirtió en referente

cultural nacional.

Estas nueve figuras emblemáticas

de la historia dominicana, desde

Pedro Francisco Bonó hasta

Eduardo Brito, encarnan la diversidad

y la profundidad del espíritu

nacional a lo largo de más de un

siglo de transformaciones.

En conjunto, su legado trasciende

lo individual: ilustran la lucha

permanente por la soberanía, la

dignidad, la cultura y el bienestar

social. Son testimonio vivo

de que la patria dominicana se

ha forjado no solo en batallas armadas,

sino también en el pensamiento

crítico, la creación artística

y el compromiso ético.


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27 DE FEBRERO DE 2026

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FORJADORES

DE LA PATRIA

DESDE LO LOCAL

LEGADOS QUE TRANSFOR-

MAN NUESTRAS PROVINCIAS,

SIN IMPORTAR LA EDAD, EL

SEXO O EL NIVEL ECONÓMICO,

HAY DOMINICANOS Y DOMINI-

CANAS DISPUESTOS A HACER

EL CAMBIO, A NO RENDIRSE

HASTA CONSEGUIR EL BIEN-

ESTAR SU PUEBLO.

SAIURY CALCAÑO

saiury.calcano@listindiario.com

Santo Domingo

Los Padres de la Patria

fueron arquitectos de

una nación. Diseñaron,

soñaron y defendieron

los cimientos

de la República Dominicana.

Hoy, en cada provincia, existen

constructores silenciosos

que levantan estructuras distintas:

programas educativos,

proyectos culturales, iniciativas

sociales y económicas. No construyen

un país desde cero, pero

sí fortalecen sus columnas desde

lo local. No levantan banderas

en campos de batalla ni proclaman

independencias, pero sí

cultivan progreso.

En San Juan de la Maguana,

San José de Ocoa y La Vega, tres

líderes de generaciones y trayectorias

distintas comparten una

misma convicción: el desarrollo

verdadero no se impone, se construye

junto a la gente. Sus historias

son ejemplo de cómo el compromiso,

cuando se arraiga en la

Julio José Ferreras De Lima:

“El verdadero éxito no es individual,

sino colectivo”.

identidad provincial, puede convertirse

en legado.

A sus 29 años, Julio José Ferreras

De Lima encarna una figura

poco común: la del profesional

joven que, aun proyectándose en

el ámbito nacional, mantiene un

arraigo firme con su provincia.

Nació y creció en San Juan de

la Maguana, y aunque se trasladó

a la capital para estudiar Medicina,

su vínculo con su pueblo

nunca se diluyó.

Desde niño mostró inquietudes

que iban más allá del aula. Participaba

en actividades deportivas,

culturales y académicas con

una energía que ya anticipaba liderazgo.

El punto de inflexión llegó

durante su participación en el

Programa Modelo de las Naciones

Unidas del Ministerio de Educación.

Allí no solo aprendió oratoria

y negociación; entendió la

dimensión de los problemas sociales

y el rol que podía asumir

desde lo local.

Su activismo tomó forma a través

de la educación y la conciencia

ciudadana. Durante más de diez

En 1844, tres

hombres

encendieron el

faro que guió

el nacimiento

de la República

Dominicana. Más

de un siglo después,

en distintas

provincias, otros

líderes aportan

pequeñas luces

para la nación.

años organizó talleres del Modelo

de Naciones Unidas en escuelas

de San Juan y Elías Piña, sembrando

en cientos de jóvenes la semilla

del pensamiento crítico. Impartió

charlas sobre liderazgo, empoderamiento

juvenil y Objetivos de

Desarrollo Sostenible, convencido

de que la formación es la herramienta

más poderosa para transformar

realidades.

Sin embargo, uno de los ejes

más firmes de su trabajo ha sido

la defensa medioambiental. San

Juan ha avanzado en acceso a la

educación superior, tecnificación

agrícola y crecimiento del ecoturismo.

Pero también enfrenta una

amenaza que ha generado amplio

debate: la posible explotación

minera en la cabecera del río San

Juan y la presa de Sabaneta.

Como miembro fundador del

Movimiento Defensores del Valle,

Ferreras fue parte de la articulación

social que organizó la primera

gran marcha multisectorial

contra la explotación minera en la

provincia. Aquella movilización,

recuerda, no fue solo una protesta:

fue una demostración de madurez

cívica, integración y conciencia

colectiva.

Paralelamente, ha participado

en proyectos de construcción y remozamiento

de viviendas en comunidades

vulnerables, jornadas

de reforestación y actividades solidarias

con niños y jóvenes, tanto

desde organizaciones sociales como

desde iniciativas propias.

Ha recibido múltiples reconocimientos

por su labor académica

y comunitaria, entre ellos

distinciones estudiantiles y sociales

que validan su compromiso.

Pero cuando habla de liderazgo,

lo hace con humildad:

para él, el verdadero éxito es colectivo

y se mide en la capacidad

de inspirar a otros a asumir

responsabilidades.

A diez años, imagina una San

Juan fortalecida en educación,

con mayor acceso a oportunidades

para la juventud, un sistema

de salud más humano y una economía

que no comprometa sus

recursos naturales. Aspira a dejar

como legado una generación

consciente, crítica y comprometida

con el desarrollo sostenible

de su provincia.


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Hablar de desarrollo comunitario

en San José de Ocoa es, inevitablemente,

mencionar a María

Ramona Rodríguez Peña, conocida

por todos como Mercedes. A

sus 74 años, su voz transmite serenidad,

pero también determinación.

Nació en Santiago, pero

lleva 48 años viviendo en Ocoa,

tierra que adoptó como propia y

donde ha sembrado décadas de

trabajo comunitario.

Su vocación surgió temprano.

A los 20 años sintió que servir no

era una actividad circunstancial,

sino el eje de su vida. Con esa

convicción fundó la Dominican

Noble Foundation, desde donde

ha impulsado proyectos en 15

comunidades rurales.

Las obras físicas —viviendas

dignas, acueductos comunitarios,

canchas deportivas, centros comunales

e iglesias— son visibles y

tangibles. Pero lo que distingue su

gestión es el modelo organizativo

que las sustenta. Cada proyecto

implica la creación de brigadas

comunitarias que asumen la responsabilidad

no solo de construir,

sino de mantener las infraestructuras

de manera permanente.

Ese modelo ha generado un

cambio cultural profundo: las comunidades

dejan de verse como

receptoras pasivas de ayuda y pasan

a convertirse en protagonistas.

La sostenibilidad no se limita

al plano económico; se convierte

en compromiso social.

Mercedes reconoce que San José

de Ocoa ha experimentado avances

en infraestructura, agricultura

y ecoturismo. Sin embargo, también

identifica desafíos estructurales:

diversificación de empleos,

capacitación técnica, gestión eficiente

del agua y ampliación de

oportunidades educativas. Para

ella, el desarrollo integral requiere

planificación, organización y participación

constante.

A lo largo de su trayectoria ha

recibido múltiples reconocimientos

nacionales e internacionales

por su impacto social y liderazgo

femenino. Cada uno, afirma, es un

recordatorio de la responsabilidad

que conlleva servir.

Cuando habla de legado, no

menciona cifras ni cantidad de

obras. Habla de comunidades empoderadas,

de líderes locales formados,

de jóvenes que comprenden

que el progreso no se hereda:

se construye colectivamente.

María Ramona Rodríguez Peña:

“Creo firmemente en un desarrollo donde la comunidad participa,

se empodera y se convierte en guardiana de su propio progreso”.

espacio para la formación artística

y donde el arte funcione como

herramienta de prevención social.

Ha recibido reconocimientos

de agrupaciones carnavalescas y

de la Unión Carnavalesca Vegana

por su impulso al carnaval, una

de las expresiones culturales más

emblemáticas de la identidad vegana.

Sin embargo, insiste en no

asumirse como líder. Prefiere verse

como un puente: alguien que

recibió oportunidades y ahora

trabaja para multiplicarlas.

Su visión a diez años es clara:

una provincia donde el arte

esté presente en cada sector,

articulado con educación y comunidad,

formando jóvenes

sensibles, críticos y comprometidos

con su entorno.

Malaleel Lamech Santos:

“No me considero un líder,

sino una persona con un compromiso profundo

de devolver a la sociedad lo que recibí”.

En La Vega, donde la identidad

cultural late con fuerza, Malaleel

Lamech Santos ha hecho del arte

su herramienta de transformación

social. Productor de televisión,

gestor cultural y promotor del movimiento

carnavalero, se define

ante todo como vegano de nacimiento

y de corazón.

Su vínculo con los Salesianos

marcó su formación. Desde pequeño

comprendió el valor del

servicio y encontró en el teatro

una vía para impactar comunidades

vulnerables. El arte, entendió,

no es solo espectáculo: es formación,

disciplina y construcción de

ciudadanía.

Desde la Casa de la Cultura de

La Vega, con respaldo municipal,

lideró la reactivación de la Academia

de Música para jóvenes de

escasos recursos, inactiva durante

décadas. El modelo implementado

elimina barreras económicas

al facilitar instrumentos en calidad

de préstamo, permitiendo que el

talento no quede condicionado

por la falta de recursos.

Además, ha fortalecido talleres

En cada rincón

del país, en las

31 provincias y el

Distrito Nacional,

hay personas

que sin un cargo

político o un deber

oficial, procuran

el progreso de sus

comunidades.

literarios, de artesanía y artes plásticas;

organizado jornadas artísticas

en distintos sectores; y gestionado

apoyo para jóvenes que

buscan continuar estudios dentro

y fuera del país. Su trabajo combina

gestión institucional y compromiso

personal.

Reconoce que La Vega ha crecido,

pero considera que el desarrollo

podría acelerarse con mayor

articulación entre sectores

públicos, culturales y comunitarios.

Sueña con una red provincial

donde cada barrio cuente con un


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EL VALOR DE LA

SOLIDARIDAD

EN LA HISTORIA DOMINICANA

LA SOLIDARIDAD ES UN

VALOR ARRAIGADO EN EL

ADN DOMINICANO DESDE

EL INICIO DE LA NACIÓN

HASTA HOY AL DEFEN-

DER CAUSAS JUSTAS O

DE ÍNDOLE NACIONAL.

Santo Domingo

La historia de la República

Dominicana

no solo se ha escrito

con batallas,

fechas y nombres

ilustres, sino también con gestos

silenciosos de solidaridad que

han emergido en los momentos

más difíciles. En medio de guerras,

desastres naturales y crisis

sociales, el pueblo dominicano

ha demostrado una y otra vez su

capacidad de unirse, ayudarse y

resistir colectivamente.

Historia moderna

A lo largo del siglo XX y XXI, las

crisis han sido escenarios donde la

solidaridad dominicana se ha hecho

más visible.

Uno de los ejemplos más marcados

fue el ajusticiamiento de Rafael

Leónidas Trujillo y los años

posteriores. En un país golpeado

por el miedo y la represión, la población

comenzó a organizarse,

a protegerse mutuamente y a reconstruir

el tejido social desde la

empatía y el apoyo comunitario.

Otro momento clave fue el paso

del huracán David en 1979, que

dejó miles de familias sin hogar.

Comunidades enteras se organizaron

para compartir alimentos,

levantar viviendas improvisadas

y asistir a los más vulnerables. La

ayuda no llegó solo del Estado, sino

de vecinos que abrieron sus

puertas y de empresas que donaron

recursos esenciales.

del que aún no salimos como nación,

y más profundamente cada

doliente que perdió algún familiar

o amigo cercano.

Allí durante tres días, mientras

familiares esperaban los cuerpos

de sus deudos caídos aquella fatídica

noche, empresas privadas, voluntarios

y ciudadanos comunes se

movilizaron para donar sangre, alimentos

y apoyo logístico a las víctimas

y sus familiares.

La solidaridad se manifestó tanto

en grandes donaciones como en pequeños

gestos: una botella de agua,

un abrazo o una oración compartida.

La solidaridad no es un hecho

Independencia Nacional

Desde el proceso independentista,

la solidaridad fue un pilar fundamental.

La gesta del 27 de febrero de

1844 no habría sido posible sin la

colaboración entre distintos sectores

sociales. Los Trinitarios, encabezados

por Juan Pablo Duarte,

actuaron bajo un principio

de hermandad y apoyo mutuo,

compartiendo recursos, ideas y

riesgos en nombre de un ideal

común: la libertad.

Familias enteras ofrecieron

refugio a los conspiradores,

mujeres colaboraron como

mensajeras y protectoras, y comerciantes

aportaron insumos

sin esperar reconocimiento.

En los últimos años

En tiempos más recientes, las tragedias

han mostrado una solidaridad

transversal, donde empresas

grandes y pequeñas han dejado

de lado intereses económicos para

apoyar al país.

El año 2020, nuestro país fue duramente

golpeado por la pandemia

COVID-19. Supermercados,

farmacias, bancos, zonas francas y

colmados se sumaron a iniciativas

de donación de alimentos, equipos

médicos y fondos económicos.

Otro momento significativo

donde se mostró la solidaridad

del pueblo, fue en la denominada

Tragedia del Siglo, el pasado año

2025, el derrumbe del techo del

centro nocturno Jet Set, un duelo

La cultura dominicana se basa en

el amor, la unión familiar, la alegría,

la empatía y la generosidad ante

momentos de necesidad o crisis.

aislado en la historia dominicana;

es parte de su identidad. El pueblo

ha confirmado que su mayor fortaleza

no está solo en su historia,

sino en su capacidad de acompañarse,

levantarse juntos y no dejar

a nadie solo en la adversidad.


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CAPCANA

LA CIUDAD DESTINO DOMINICANA CON VISIÓN DE FUTURO

HOY, A MÁS DE DOS

DÉCADAS DE SU FUN-

DACIÓN, LA CIUDAD

DESTINO CONTINÚA EX-

PANDIÉNDOSE BAJO SU

PLAN MAESTRO ORIGI-

NAL, INCORPORANDO

NUEVAS ETAPAS RESI-

DENCIALES, DESARRO-

LLOS HOTELEROS Y PRO-

YECTOS TECNOLÓGICOS

ORIENTADOS A FOR-

TALECER SU INFRAES-

TRUCTURA Y SERVICIOS.

Santo Domingo, RD.

Cada 27 de febrero

la República Dominicana

conmemora

la Independencia

Nacional y reafirma

un principio que ha marcado

su historia: la capacidad de

construir su propio destino. Esa

misma determinación y apuesta

a largo plazo es la que, décadas

después, dio origen a uno de los

desarrollos urbano turístico más

sostenible y visionario del país:

Cap Cana Ciudad Destino.

El nombre Cap Cana tiene

raíces geográficas e históricas.

“Cap” proviene del francés y significa

“cabo”, en referencia a su

ubicación en la cadena de cabos

La Majagua, entre Cabo Engaño

y Cabo San Rafael. “Cana” alude

a la abundancia de esta palma

en la zona.

Cap Cana nació tras el sueño

de la Familia Hazoury, quienes

adquirieron esas tierras que eran

utilizadas por una pequeña co-

munidad pesquera con acceso a

recursos mínimos. Así se dio vida

a una identidad vinculada directamente

al territorio dominicano,

que hoy gracias a un grupo de personas

que creyeron en aquel sueño,

y gracias al trabajo constante

de hombres y mujeres que se han

dedicado a desarrollar este destino,

se ha convertido en uno de los

más grandes en el país y toda Latinoamérica,

de turismo de calidad,

turismo hotelero, turismo inmobiliario

y actividades turísticas de

ocio y aventuras diversas.

Fundada hace más de 23 años

en la región este, del territorio nacional,

surgió como una iniciativa

privada concebida bajo un plan

maestro integral. Desde sus inicios

fue estructurada como una

ciudad destino, con una visión

urbanística definida y una planificación

territorial que integraba

marina, hoteles, residencias,

campos de golf, áreas deportivas,

escuela con la propia generación

de servicios como electricidad,

agua, telecomunicaciones

y servicios comunitarios.

La estrategia consistió en desarrollar

primero la infraestructura

base: red vial interna, sistemas

de agua potable y tratamiento de

aguas residuales, generación y

distribución eléctrica, telecomunicaciones

soterradas y normativas

de construcción reguladas bajo

un plan maestro. Hoy, tras más

de dos décadas de ejecución, Cap

Cana ocupa una extensión aproximada

de 120 millones de metros

cuadrados. Cuenta con más de

130 kilómetros de infraestructura

vial asfaltada, un sistema de generación

eléctrica propia que supera

los 50 megavatios combinando

energía tradicional y solar, más de

150 kilómetros de fibra óptica soterrada

y un acueducto interno de

112 kilómetros para agua potable,

riego y tratamiento.

Detrás de esa planificación existió

una visión empresarial de largo

plazo. La familia Hazoury, con trayectoria

en el sector inmobiliario

y de construcción en la República

Dominicana, identificó a finales

de los años noventa el potencial

de una franja costera prácticamente

virgen del país. En un momento

en que el desarrollo turístico

aún se concentraba en polos

La Marina,

inaugurada en

2007, fue uno de

los primeros hitos

del desarrollo, pues

fue construida

tierra adentro,

convirtiéndose

en un punto

estratégico para el

turismo náutico y

la pesca deportiva

internacional.

específicos, apostar por esa zona

implicaba asumir riesgos financieros

y estructurales considerables.

La concepción de Cap Cana no

partió de la idea de levantar un

proyecto aislado, sino de diseñar

una ciudad organizada desde su

origen. Primero el plan maestro,


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Con el paso de los

años se fueron

incorporando proyectos

hoteleros de

marcas internacionales,

zonas residenciales,

centros

educativos, espacios

comerciales y

más de 50 puntos

gastronómicos.

luego la infraestructura, después

el crecimiento. La apuesta fue estructurar

servicios propios, normativas

claras y una planificación

territorial que garantizara

sostenibilidad en el tiempo.

Más que una inversión inmobiliaria,

fue una declaración de

confianza en el país. Apostar por

República Dominicana, por la estabilidad

y proyección turística

futura, cuando aún no existían

muchas de las condiciones que

hoy sostienen el sector. Esa visión

inicial es la que permitió que,

más de dos décadas después, la

poraron proyectos hoteleros de

marcas internacionales, zonas

residenciales, centros educativos,

espacios comerciales y más

de 50 puntos gastronómicos. Actualmente,

el destino proyecta

cerrar 2026 con más de 13,700

habitaciones entre oferta hotelera

e inmobiliaria, con capacidad

para recibir más de medio millón

de visitantes anuales.

La evolución de Cap Cana también

ha integrado un componente

ambiental y sostenible. El desarrollo

contempla sistemas de

reutilización de aguas residua-

Ciudad Destino conserve coherencia

con su diseño original.

La Marina, inaugurada en

2007, fue uno de los primeros

hitos del desarrollo, pues fue

construida tierra adentro, convirtiéndose

en un punto estratégico

para el turismo náutico y la

pesca deportiva internacional.

Posteriormente, la apertura del

campo de golf Punta Espada,

diseñado por Jack Nicklaus, lo

que permitió consolidar el posicionamiento

del destino en el

turismo deportivo.

Con el paso de los años se incorles

para riego, ampliación de su

parque solar, soterrado de redes

eléctricas y programas de conservación

de flora y fauna a través

de la Fundación, que trabaja en

reciclaje, restauración de corales,

protección de especies endémicas

y reforestación.

Hoy, a más de dos décadas de su

fundación, la ciudad destino continúa

expandiéndose bajo su plan

maestro original, incorporando

nuevas etapas residenciales, desarrollos

hoteleros y proyectos tecnológicos

orientados a fortalecer

su infraestructura y servicios.

La historia de Cap Cana se inscribe

como un capítulo reciente de

desarrollo dominicano: una visión

concebida en el país que, con planificación

y continuidad, se transformó

en ciudad.


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VOZ E IDENTIDAD

PALABRAS TEÑIDAS DE TRICOLOR

LA PATRIA DOMINICANA

NO VIVE ÚNICAMENTE

EN SU GEOGRAFÍA. SINO

TAMBIÉN EN SU VOZ.

CÉSAR DAVID ARIAS

Especial para LD

República Dominicana

no es solo

un punto en el

mapa, es palabra

que ondea fuerte

en la cotidianidad.

Empieza cuando alguien dice

“¿qué lo qué?” y no está preguntando

nada concreto, pero

lo está diciendo todo. Es una

pregunta sin signo de interrogación

interior. Una verificación

de existencia. Es la forma

breve de decir: sigo aquí, tú sigues

aquí, el mundo no se ha

roto del todo.

El dominicano no usa el lenguaje

solo para nombrar la realidad.

Lo usa para soportarla.

Por eso decimos “vaina”, palabra

elástica, infinita, capaz de

contener cualquier cosa. La vaina

es el objeto olvidado, el problema

inesperado, la emoción

que no encuentra forma. “Pásame

esa vaina”, “me dio una vaina”,

“qué vaina tan grande”. La

palabra viene del español antiguo,

usada para referirse a la

funda de una espada. Aquí perdió

su rigidez. Se volvió recipiente

universal.

También decimos “estar en

olla”. No es solo no tener dinero. Es

la imagen exacta de la escasez: una

olla vacía, raspada, donde pareciera

que no hay nada más que buscar.

Decimos “ta’ to’”, y parece una

frase simple, pero es una declaración

de resistencia. No significa que

todo esté perfecto. Significa que, a

pesar del cansancio, del calor, de

la incertidumbre, seguimos de pie.

“Ta’ to’” es el equilibrio precario de

quien ha decidido continuar.

Nuestro lenguaje también guarda

rastros de los encuentros que

nos formaron. Decimos “chin”, que

viene del inglés chain, deformado

por el oído y adoptado como medida

mínima. “Dame un chin”, decimos,

como quien pide apenas

lo necesario para seguir. Decimos

“jevi”, que nació de heavy, pero

aquí dejó de significar peso y comenzó

a significar intensidad. Algo

“jevi” no pesa: deja huella.

Y decimos “concho”, palabra

que alguna vez fue un sustituto

suave de una expresión más dura,

pero que terminó convirtiéndose

en un refugio del asombro

cotidiano. “Concho”, decimos

cuando algo nos golpea la sorpresa.

Es el sonido breve de la conciencia

reaccionando.

El dominicano también dobla

el tiempo. Dice “ahorita”, pero el

ahorita no es una hora. Es una intención

abierta. Puede ser ahora o

después. El ahorita no obedece al

reloj, obedece a la voluntad. Es la

prueba de que el lenguaje también

puede desobedecer la precisión.

En nuestras calles, el lenguaje

también acorta las distancias humanas.

El desconocido es “jefe”,

“manito”, “doña”, “mi amor”. No

es literal. Es afectivo. Es una forma

de crear comunidad en medio del

tránsito anónimo. Nombrar así, es

decir: no estamos solos.

También están las palabras que

sobreviven al tiempo. “Hamaca”,

donde el cuerpo aún aprende a

descansar en suspensión. “Conuco”,

donde la tierra sigue siendo

promesa. “Batey”, donde la vida se

organiza alrededor de la cercanía.

Estas palabras no son reliquias.

Son raíces que aún respiran.

El lenguaje del

dominicano es

coloquial, único y

rico en palabras

que se crean en las

costumbres del día

a día; conocerlas

es importante

para entender y

disfrutar mejor

nuestra cultura.

El dominicano también recorta el

idioma para hacerlo más ligero. No

dice “para”, dice “pa’”. No dice «estás

loco», dice «“ú ‘tá loco”. No dice

“me fui”, dice “me quité”. Cada recorte

es una decisión inconsciente

de velocidad. Hablar así es moverse

más rápido dentro de la vida.

Incluso la risa tiene su propio

idioma. Cuando alguien dice

“¡Qué cura!”, no habla de medicina,

sino de alivio. Reír es una forma

de sanar. Cuando alguien dice

“tú supite”, no necesita explicar

más. Lo dicho y lo no dicho convergen

en ese instante.

El lenguaje dominicano no es solo

comunicación, es memoria. Es

historia que no siempre fue escrita,

pero que fue dicha. Cada expresión

guarda la respiración de

quienes hablaron antes.

Por eso, cuando un dominicano

está lejos y escucha su idioma, algo

dentro se reorganiza. No importa

la distancia. Una sola palabra

puede reconstruir el territorio.

Un “ven acá” puede devolver el

sentido de pertenencia.

La patria dominicana no vive

únicamente en su geografía. Vive

en su voz.

Vive en ese “¿qué lo qué?” que

confirma la existencia; en ese “ta’

to’” que confirma la resistencia; y

en el “dame un chin” que confirma

la humildad de seguir.

Porque antes de ser un lugar, la

patria dominicana es una forma

de pronunciar el mundo. “¿Le

llegate?”.

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