Ritmo Platinum - Maria Callas
Maria Callas - Portada 10-12-2025
Maria Callas - Portada 10-12-2025
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Ritmo
PLATINUM
MARIA
CALLAS
La voz que transformó
la ópera para siempre
Nathalie Peña Comas/ Tammy Ghattas/ George Nader/ Enríque Pina/ Jackie Kennedy/ Pier Paolo Passolini
AÑO18 | N O 41| 2025
PRECIO: RD$500.00
fotos: Cortesía de M Residencias
M Residencias
Torre familiar de lujo que viene a redefinir
un nuevo estilo de vida en Naco
El proyecto consiste en dos modernas
torres residenciales diseñadas
para ofrecer comodidad, elegancia y
bienestar. Contará con cuatro niveles
de parqueos soterrados, con un
mínimo de tres amplios estacionamientos independientes,
además de un elegante lobby de recepción en
cada torre, ubicado en el primer nivel. En el segundo
nivel se desarrollará un extenso conjunto de áreas sociales
de más de 800 m², pensadas para el disfrute de
todos: una relajante zona de yoga, una piscina ideal
para compartir y refrescarse, un espacio de juegos para
niños y mucho más.
Acerca de la firma de arquitectos:
El diseño arquitectónico de este proyecto
corresponde a la firma Mallol Arquitectos,
fundada por Ignacio Mallol Tamayo y coliderada
por Ignacio Mallol Azcárraga. La firma
inició operaciones hace cuatro décadas y en ella
colaboran profesionales multidisciplinarios de la
arquitectura y otras áreas afines.
Es la firma de arquitectura más importante de
Panamá y Centroamérica, reconocida por su
trayectoria profesional, experiencia en proyectos de
cualquier escala y su cultura de innovación.
Cada torre estará compuesta por dos bloques de
apartamentos, de 14 y 19 niveles habitacionales,
ofreciendo un exclusivo oasis residencial de primer nivel.
Acerca de la constructora:
En constante evolución y adaptación al mercado,
Terramare Ingeniería cuenta con un equipo de
profesionales de más de 50 años de experiencia
brindando servicios especializados e integrales
de ingeniería civil y marítima en la República
Dominicana y mercados internacionales.
Terramare Ingeniería surge como respuesta a la
necesidad estratégica de implementar un modelo
de integración vertical que permita ofrecer servicios
con estándares internacionales, tanto en tierra
como en el mar.
Para más información www.terramare.com.do
CONTENIDO
Ritmo
PLATINUM
MARIA CALLAS
MARIA CALLAS
32. Nueva York en los años 20.
34. La jet set de la época.
50. Su primera aparición en el escenario.
68. El trago preferido de Callas.
78. Sus grandes amistades.
82. Callas en el papel de Medea.
99. ¿Quién era Madame Claude?
CAPÍTULOS
30. LA JOVEN CALLAS
Sus indicios vocales, contexto histórico
y el efecto de sus padres en su vida.
48. LA GRAN SOPRANO
Su primera aparición en el escenario,
su vocal range, su sobrenombre “La Divina”
y sus grandes éxitos.
66. CURIOSIDADES DE “LA DIVINA”
Su trago preferido, el aroma que la hacía única,
sus joyas deslumbrantes y su lado oscuro.
92. DISFONÍA, DESAMOR Y UN
DESAFORTUNADO FINAL
Su relación con Onassis, los otros amantes
de Callas y sus últimas apariciones en el escenario.
112. LA LEYENDA VIVA DE LA ÓPERA
Cartas inéditas de la soprano, homenajes
en la gran pantalla, premios y reconocimientos
y Maria Callas hoy.
58
LAS DIEZ CIMAS DEL DRAMA:
TOP 10 DE SUS GRANDES ÉXITOS
RP
20 RITMOPLATINUM2025
Maria Callas
46
INDICIOS DEL TALENTO VOCAL
Los primeros pasos en los estudios vocales
de Maria.
64
LA DIVINA Y LA BIBLIA DE LA ÓPERA
Dos títulos que revelan el impacto cultural
de Callas.
71
LAS JOYAS DE CALLAS
El resplandor silencioso de “La Divina”.
88 96 118
LA METAMORFOSIS DE LA SOPRANO
El mito y el precio de la perfección.
ARISTÓTELES ONASSIS Y CALLAS
Un amor intenso, pero nunca consolidado.
MARIA (2024)
Biopic interpretado por Angelina Jolie.
Ritmo
PLATINUM
MARIA CALLAS
PERSONAL STYLE
140 144
NATHALIE PEÑA COMAS
Soprano y actriz dominicna interpreta
a la gran Callas.
GEORGE NADER
Empresario y socialité interpreta al amor
destructivo de Maria Callas.
148 152
ENRÍQUE PINA
Diplomático de carrera y tenor profesional
interpreta al gran tenor Giuseppe Di Stefano.
TAMMY GHATTAS
Socialité oriunda de Belén, Cisjordania,
Palestina, encarna el papel de “La Divina”.
Ritmo
PLATINUM
MARIA CALLAS
Ritmo
PLATINUM
Año 18 No. 41 2025
ritmosocial@listindiario.com
Rosanna Rivera
Directora de Revistas
y Comunicaciones Listín Diario
Fátima Jannet Bueno
Coordinadora General de Revistas
Maria Amelia Cerón Victoria
Editora
Joel Peralta, Luisanna Carrasco e
Ismalay Liranzo
Redactores
Mayobanex Abreu
Editor de diseño
Maria Callas
La verdadera leyenda del bel canto
La gran Maria Callas nació el 2 de diciembre de 1923 en New York; fue una de las sopranos más
influyentes y controvertidas del siglo XX.
Su talento excepcional y su personalidad vibrante la convirtieron en un ícono de la ópera, y su
legado perdura hasta hoy en la música y la cultura popular.
Maria Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulos, hija de inmigrantes griegos, comenzó a estudiar música
a una edad temprana. A los 13 años, se trasladó a Atenas, donde continuó sus estudios y comenzó a
hacerse un nombre en el mundo de la ópera. Su primera presentación significativa fue en el Teatro de
Ópera de Atenas en 1941.
Callas alcanzó la fama internacional en la década de 1950. Su repertorio abarcaba desde los clásicos
de Verdi y Puccini hasta las obras contemporáneas de autores como Stravinski y Menotti. Su
interpretación de “Lucia di Lammermoor” y su papel en “Norma” solidificaron su estatus como una
de las grandes voces del arte operístico.
A lo largo de su carrera, Callas se presentó en los más prestigiosos escenarios de la época, llenando el
mundo de su arte, nostalgia y convirtiendo su vida en una leyenda del bel canto.
¡Grande Maria!
Foto: Archivos Maria Callas
Iris Encarnación
Yiris Zheng
Karla Báez Espino
Diseño
Luis A. Rivas Padilla
Corrector de estilo
José Rafael Cerda
Casilda Heredia
Tratamiento de imágenes
DIVISIÓN COMERCIAL
Marie Patricia Hernández
(directora comercial)
Mireya Borrell
(gerente de ventas)
809 686 6688 ext. 2382
Maribel Fernández
(enc. ventas región norte)
809 971 4085 ext. 4322
CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN
Manuel Corripio Alonso
Presidente
Héctor José Rizek Sued
Vicepresidente
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Tesorero
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Administradora General
Barrani Abreu
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Gerente Mercadeo
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Miembro de la Sociedad
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RITMO PLATINUM
Es una edición premium de Ritmo Social,
editada por la Dirección Editorial de Revistas
de la Editora Listín Diario, S. A.
Queda prohibido reproducir total
o parcialmente el contenido de esta edición,
aun citando procedencia, sin autorización
expresa y por escrito de la Dirección
Editorial de Revistas.
26 RITMOPLATINUM2025
Directora de Revistas y Comunicaciones
Editorial
ay nombres que no necesitan
presentación. Y hay voces que no
necesitan escenario. Maria Callas
pertenece a ambas categorías. Su
existencia es una de esas raras pruebas
de que, a veces, la vida imita al arte… y
duele igual. Fue mujer, cantante, refugiada
emocional, fenómeno mundial, diva irrepetible
y alma desgarrada. Fue también niña. Fue hija. Fue hermana.
Fue el “patito feo” que su propia madre colocó en segundo plano. Y
precisamente por eso se convirtió en un cisne que jamás dejó de cantar
aunque el agua se volviera hielo.
En esta edición especial de Ritmo Platinum, no miramos a Callas
desde la distancia del tiempo: nos sentamos a su lado. Viajamos a
la Nueva York de los años veinte, cuando su apellido todavía era
Kalogeropoulos y su destino parecía tan incierto como las calles en las
que empezó a descubrir su voz. Regresamos con ella a Grecia, al país
que la vio convertirse en prodigio y en sobreviviente. Escuchamos la
severidad de una madre obsesionada con la fama y la contradicción
de una niña que cantaba para complacer, pero que solo encontraba
libertad cuando la música era solo suya.
La joven Maria vivió bullying, sobrepeso, la muerte de un hermano,
el divorcio de sus padres y el dolor impensable de ser ofrecida como
moneda en tiempos de guerra. Pero también vivió el milagro. El milagro
de escuchar por primera vez una nota salir de su cuerpo como si fuera
un destino revelado. El milagro de ser reconocida por sus maestros. El
milagro de convertirse en alguien que ya no podía ser ignorada.
De la niña que cantó a los 11 años en la radio a la mujer que resucitó el
bel canto y redefinió la ópera, hubo miles de vidas en una sola. Su debut
en Verona como La Gioconda en 1947 no fue solo una presentación:
fue una detonación. Surgió una voz tan amplia que desafió los límites
vocales conocidos; un talento capaz de volver humanas a las diosas
trágicas y divinas a las mujeres frágiles. Le bastaba una respiración
para que el mundo comprendiera que la técnica era importante, pero la
verdad lo era más.
Callas no solo cantaba: encarnaba. Llevaba a Medea, Tosca o Norma
a un lugar tan visceral que el público temía no por el personaje, sino
por ella. Era la enciclopedia viva de la ópera. La Biblia del canto.
“La Divina”.
Sin embargo, toda divinidad paga un precio. Y Callas lo pagó con su
voz, con su cuerpo, con su salud mental, con sus relaciones. Mientras
bajaba de peso y se transformaba en el prototipo absoluto de la diva,
también se acercaba al filo del abismo. Su trastorno alimenticio fue una
de las primeras heridas que nunca cerraron. A la exigencia artística se
sumaron los juicios personales, los escándalos, la exposición. Y en medio
de todo, la historia de amor más inconclusa del siglo XX: Aristóteles
Onassis. No fue Romeo y Julieta. Fue más cruel: fue amor sin final feliz,
pasión sin redención, promesa sin regreso.
La voz empezó a quebrarse. La soledad empezó a ganarle. La prensa
invadió lo que el público no tenía derecho a ver: su fragilidad. Y aún así,
Callas siguió cantando. Por necesidad o por nostalgia. Tal vez por amor.
Tal vez por miedo. Su último concierto en Sapporo, Japón, en 1974, fue
casi un susurro. Pero un susurro de ella sigue siendo un terremoto.
Después llegó el silencio. El autoexilio parisino. Las pastillas. Las
alucinaciones. El encierro. Sus últimos acompañantes no fueron
emperadores ni magnates, sino dos figuras humildes y fieles: Ferruccio
Mezzadri y Bruna Lupoli. Cuando finalmente murió en 1977, el
mundo no perdió solo una soprano. Perdió el punto de referencia con
el que medía la grandeza.
Pero aquí viene el milagro final: Callas no murió. Porque sigue viva en
sus grabaciones, en las cartas escondidas en archivos universitarios,
en el museo que lleva su nombre, en los homenajes cinematográficos
y teatrales, en la voz de cada soprano que imita su vibrato sin poder
imitar su alma. Está en el doodle que Google hizo en su honor. En el
perfume que usaba. En el Hammam Bouquet que aún se vende. En sus
rituales, en sus joyas, en su manera de vestir, en el eco cultural que la
llevó a la moda, a la publicidad, incluso al pensamiento contemporáneo
de artistas como Marina Abramović.
Un siglo después de su nacimiento, Maria Callas es más que una figura
histórica. Es una emoción que se hereda. Es una pregunta sin respuesta.
Es la confirmación de que se puede ser frágil y determinante, rota y
eterna, humana y divina.
En Ritmo Platinum la recordamos no como estatua, sino como latido.
No como mito de mármol, sino como mujer que amó, que lloró, que se
volvió su propia obra de arte. Y como esa voz que, incluso ahora, cuando
las luces ya están apagadas… sigue ensayando la próxima aria.
Porque las leyendas se escuchan, pero las divinas jamás dejan
de cantar...
Maria Amelia Cerón Victoria
Editora de Ritmo Platinum
RITMOPLATINUM2025 29
La joven Callas
CA
CA
texto Maria Amelia Cerón Victoria
fotos Archivos Maria Callas
Luces y sombras de Nueva York
en los años veinte
La ciudad que nunca duerme vibraba con un contraste fascinante:
lujo y excesos en la élite, jazz en cada esquina y la ópera como símbolo cultural
Nueva York en
los años veinte
era sinónimo de
modernidad y velocidad.
La ciudad
se transformaba con el ascenso de
rascacielos que parecían desafiar al
cielo, mientras la Quinta Avenida se
consolidaba como un escaparate de
lujo donde la alta sociedad exhibía su
riqueza. El Metropolitan Opera House
era el epicentro de la élite cultural,
donde las noches se vestían de ópera
y los grandes nombres de la lírica
iluminaban los escenarios.
La música marcaba el pulso de la
década. El jazz, nacido en Nueva
Orleans, encontró en Harlem su capital
espiritual. Clubes como el Cotton
Club atraían tanto a figuras de la élite
blanca como a la comunidad afroamericana,
que desde allí irradiaba
un movimiento artístico sin precedentes:
el Renacimiento de Harlem.
Escritores, músicos y pintores
transformaban la percepción cultural
del país en medio de una Nueva York
vibrante y contradictoria.
La política, sin embargo, dibujaba
otro panorama. La Ley Seca, instaurada
en 1920, prohibía la venta de
alcohol; pero lejos de frenar el consumo,
dio origen a una red clandestina
de bares ocultos y mafias que
dominaron la ciudad. Figuras como
Al Capone simbolizaban esta era de
ilegalidad disfrazada de glamour.
Aunque Hollywood
comenzaba a
consolidarse en la
costa oeste, Nueva
York seguía siendo un
semillero de talento
artístico.
La prohibición creó un submundo
paralelo, donde lo prohibido se convirtió
en sinónimo de sofisticación.
El cine también daba un salto hacia
adelante. Aunque Hollywood comenzaba
a consolidarse en la costa oeste,
Nueva York seguía siendo un semillero
de talento artístico, con teatros en
Broadway que marcaban tendencia
en la cultura popular.
La década de los veinte fue, en
definitiva, una encrucijada entre lo
clásico y lo moderno. En una ciudad
que nunca dormía, la ópera convivía
con el jazz, los magnates con los
artistas emergentes, y la política
con las intrigas del bajo mundo. Era
un escenario cargado de contrastes
donde las artes florecían con fuerza,
preparando el terreno para recibir a
las grandes voces que cambiarían la
historia musical del siglo. RP
32 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
fotos Archivos Maria Callas
Grecia en los años 20-30: entre
modernización y turbulencia
Transformaciones que definieron su rumbo como nación
cerrando un ciclo de incertidumbre.
Pese a la crisis, la sociedad griega
también experimentó modernización,
se consolidó un sistema
educativo más amplio y surgieron
movimientos culturales que mezclaban
tradición e influencias europeas.
La música rebetika, nacida
en los barrios populares con fuerte
influencia de los refugiados de Asia
Menor, floreció como expresión de
la vida urbana, el desarraigo y la esperanza.
En paralelo, intelectuales
y artistas exploraban nuevas formas
de literatura, pintura y arquitectura,
conectando al país con las corrientes
modernistas del continente.
La economía vivió altibajos, ya que
la llegada de refugiados supuso un
reto, pero también una oportunidad:
muchos aportaron mano de obra,
saberes artesanales y un impulso
al comercio. No obstante, la crisis
mundial de 1929 golpeó con fuerza,
El siglo XX fue un punto
de inflexión en la historia
de Grecia como
nación. El periodo comprendido
entre 1920
Idea”, un proyecto nacionalista que
buscaba unir a todas las poblaciones
helénicas. Este ideal se puso
a prueba con la guerra greco-turca
(1919-1922), un conflicto que culmi-
enfrentaron pobreza, desempleo y
tensiones sociales.
En el terreno político, la década fue un
vaivén, pues la monarquía fue derrocada
en 1924 y se proclamó la Segunda
agravando la inflación, el desempleo y
la migración. La vida cotidiana se volvió
más difícil para amplios sectores,
aunque lentamente se desarrollaban
infraestructuras y servicios básicos.
a 1935 fue una etapa marcada por
nó en la derrota griega y el traumá-
República Helénica, un intento de ins-
contrastes, donde la búsqueda de es-
tico intercambio de poblaciones con
taurar un sistema más democrático.
Grecia, entre 1920 y 1935, fue un país
tabilidad convivió con crisis políticas,
Turquía en 1923.
Sin embargo, el país sufrió inestabi-
marcado por la fragilidad política y las
transformaciones sociales y cambios
Más de un millón de refugiados orto-
lidad: sucesivos gobiernos, golpes
tensiones sociales, pero también por la
culturales que modelaron la identidad
doxos llegaron al país, alterando su
de Estado y presiones militares,
creatividad y el espíritu de adaptación,
contemporánea del país.
composición demográfica, económi-
reflejando la lucha entre monárquicos,
forjaron nuevas expresiones culturales
Tras la Primera Guerra Mundial,
ca y cultural, transformando a Atenas
republicanos y fuerzas nacionalistas.
y consolidaron una identidad moderna
Grecia vivía los ecos de la expansión
y a Tesalónica en urbes modernas
Finalmente, en 1935, la monarquía
que preparó el terreno para los grandes
territorial conocida como la “Gran
y multiculturales, aunque también
fue restaurada bajo el rey Jorge II,
desafíos del siglo XX. RP
RITMOPLATINUM2025 33
texto Lisbeth Calderón
fotos Archivos Maria Callas
La jet set de la época
Donde la elegancia y el glamour reinaban
Los años dorados del
siglo XX fueron testigos
de una era fascinante,
marcada por un grupo
exclusivo de perso-
trascendía los escenarios de ópera:
Maria Callas, la soprano que transformó
el arte lírico y conquistó el
corazón de la alta sociedad europea.
Elizabeth Taylor y Richard Burton: La
famosa pareja de actores, conocida por
su romance tumultuoso y su vida lujosa.
Audrey Hepburn: La icónica actriz
nalidades que vivían entre el lujo, la
La jet set de la época
elegancia y el magnetismo social: la
jet set. Celebridades, aristócratas,
artistas y magnates formaban parte
de ese selecto círculo que se movía
entre fiestas privadas, yates en el Mediterráneo
y clubes parisinos donde el
glamour era casi una religión.
Grace Kelly: Antes de convertirse en
la princesa de Mónaco, Grace Kelly
El término “jet set”, que reemplazó
era una estrella de cine y una figura
a la antigua “café society”, hacía
de la alta sociedad.
referencia a esas figuras que viajaban
de un continente a otro en los recién
populares aviones a reacción, los jet
aircrafts, disfrutando de una vida que
parecía diseñada solo para los pocos
que podían costearla. Entre ellos se
destacó una mujer cuya presencia
Aristóteles Onassis: El magnate
griego de la naviera, conocido por su
relación con la famosa viuda Jacqueline
Kennedy y por su estilo de vida opulento.
de Hollywood era una figura querida
en la jet set por su elegancia y
humanitarismo.
Celebridades,
aristócratas, artistas
y magnates formaban
parte de ese selecto
círculo.
34 RITMOPLATINUM2025
Los mejores clubes del momento
Si bien los teatros del mundo fueron
su reino, París fue el refugio social
de María Callas. La “Ciudad Luz”
representaba para ella un universo
donde podía ser tanto la artista
consagrada como la mujer libre que
disfrutaba de la vida nocturna entre
amigos y admiradores.
Frank Sinatra: El legendario cantante
y actor era una figura destacada
en la escena nocturna de Las Vegas y
en la jet set internacional.
Prince Rainier III de Mónaco: Se
casó con Grace Kelly y gobernó el
principado de Mónaco durante su
época dorada.
Porfirio Rubirosa: Diplomático, militar,
piloto automovilístico y jugador de
polo dominicano, nacido en la región
del Cibao.
Se decía que en lugares como el
Moulin Rouge o el Lido de París, la
diva encontraba el encanto bohemio
y teatral que tanto la inspiraba.
En el Crazy Horse, con su estilo
provocador y artístico, podía apreciar
esa fusión entre sensualidad y
arte que desafiaba los límites de lo
convencional.
Los clubes más exclusivos, como
Chez Castel o Le Régine’s, eran el
epicentro de la jet set parisina, frecuentados
por intelectuales, artistas
y nobles europeos. No resultaba extraño
imaginar a Callas compartiendo
ese ambiente, donde la conversación
era tan sofisticada como el vestuario.
Allí, su elegancia discreta y su inconfundible
mirada se imponían sobre
cualquier joya o vestido.
Ava Gardner: La actriz fue conocida
por su belleza y su vida llena de
glamour en Hollywood y en Europa.
Marlon Brando: El influyente actor
de cine fue una figura rebelde y
carismática en la época.
Prince Aly Khan: El hijo del Aga
Khan y un playboy internacional que
estuvo casado con Rita Hayworth y
con otras mujeres influyentes.
María Callas fue el símbolo perfecto de una época
que amaba el exceso y la belleza en igual medida.
Aunque no era amante de los excesos,
Maria Callas brillaba en los mismos
círculos que las grandes estrellas de
la jet set, destacando por su sofisticación
y magnetismo personal. Su relación
con Aristóteles Onassis, iniciada
a finales de los años 50, consolidó su
lugar entre los grandes nombres de
esa élite internacional. RP
RITMOPLATINUM2025 35
texto Ismalay Liranzo
fotos Archivos Maria Callas
La juventud de “La Divina”
y el mundo musical de 1947
Hablar de la historia
de Maria Callas es
hablar del renacimiento
de la ópera
en el siglo XX, pero
también de una mujer cuya vida reflejó
la intensidad de una época marcada
por la guerra, la reconstrucción
y la búsqueda de nuevos lenguajes
artísticos. Nacida en Nueva York en
1923 bajo el nombre de Anna Maria
Cecilia Sofia Kalogeropoulos, hija de
inmigrantes griegos, Callas creció
entre dos mundos: el de la disciplina
y la tradición familiar, y el de la modernidad
que ofrecía Estados Unidos.
Desde niña mostró una sensibilidad
artística fuera de lo común, pero su
camino hacia la grandeza estuvo lleno
de sacrificios.
Tras la separación de sus padres, en
1937 se trasladó junto a su madre y
su hermana a Atenas, donde su vida
cambiaría para siempre. Ingresó al
Conservatorio de Atenas y allí conoció
a la soprano española Elvira de Hidalgo,
su mentora y figura clave en su
formación. De Hidalgo vio en aquella
adolescente una voz excepcional:
poderosa, flexible y capaz de transitar
entre registros que pocas cantantes
dominaban. Bajo su tutela, Callas se
adentró en el mundo del bel canto,
una técnica casi olvidada en la época,
que requería precisión, control y una
expresividad profunda. Ese aprendizaje
sería la base sobre la cual construiría
su identidad artística y la herramienta
con la que devolvería vida a un estilo
considerado anticuado.
Su formación coincidió con los
En 1945, una vez terminada la guerra, Callas regresó a Nueva York con la
esperanza de continuar su carrera.
años oscuros de la Segunda Guerra
Mundial y la ocupación nazi en
Grecia. Sin embargo, ni la escasez ni
el miedo detuvieron su vocación. En
1941 debutó en un papel secundario
en Boccaccio de Franz von Suppé,
y un año después interpretó por
primera vez a Tosca, el personaje que
marcaría su carrera. Con apenas 18
años, María Callas ya demostraba
un dominio técnico y una madurez
escénica poco comunes. Durante la
guerra cantó en más de cincuenta
funciones, encarnando a heroínas
como Leonore en Fidelio o Santuzza
en Cavalleria rusticana, consolidando
una reputación que la posicionó
como una promesa del teatro lírico.
En 1945, una vez terminada la guerra,
Callas regresó a Nueva York con la
esperanza de continuar su carrera.
Pero el camino no fue fácil: las audiciones
resultaban frustrantes y las
oportunidades escasas. Fue entonces
cuando el tenor Giovanni Zenatello,
impresionado por su talento, la
recomendó para cantar en Italia, el
corazón del mundo operístico.
En 1947, su destino se selló con su
debut en la Arena de Verona interpretando
La Gioconda de Ponchielli.
Aquella noche marcó el nacimiento
de una estrella y el inicio de una
transformación que cambiaría la
historia de la ópera moderna.
El contexto cultural de aquel año
también fue decisivo. 1947 fue un
punto de inflexión en la música y las
artes: el mundo se recuperaba de
36 RITMOPLATINUM2025
Callas poseía un
instrumento que
combinaba potencia,
extensión y agilidad,
capaz de adaptarse a
cualquier circunstancia.
la guerra y entraba en la era de la
Guerra Fría, un tiempo de tensiones
políticas, pero también de gran efervescencia
creativa. En la ópera, los
teatros aún estaban dominados por el
repertorio verista –Puccini, Mascagni,
Giordano– y por los grandes dramas
románticos de Verdi y Wagner. Las
voces potentes y heroicas seguían
siendo las preferidas del público. Sin
embargo, Callas traía algo distinto:
una combinación de teatralidad y
precisión musical, capaz de unir la
emoción del drama con la pureza
técnica del bel canto.
Gracias a ella, compositores como
Bellini, Donizetti y Rossini, que habían
sido relegados a un segundo plano,
volvieron a ocupar un lugar central
en los escenarios. Callas devolvió a
estos papeles la complejidad y la profundidad
que merecían, demostrando
que el bel canto no era una reliquia
del pasado, sino una forma viva de
expresión. Su repertorio abarcó
desde Norma y Lucia di Lammermoor
hasta La Traviata o Medea, y en cada
uno imprimió un sello inconfundible:
el de la intérprete total.
Su voz, imposible de clasificar,
desafiaba las etiquetas convencionales.
No era una soprano lírica
pura ni una dramática, tampoco una
coloratura tradicional. Callas poseía
un instrumento que combinaba potencia,
extensión y agilidad, capaz de
adaptarse tanto a la delicadeza de un
aria belcantista como a la fuerza desgarradora
de un papel wagneriano.
Esa rareza, que al principio generó
controversia, se convirtió en su mayor
virtud. Pero lo que realmente la distinguía
no era solo su técnica, sino su
capacidad de vivir cada personaje.
Para Callas, cantar era actuar. Cada
nota, cada gesto, cada silencio tenía
un propósito escénico.
En una época donde muchas sopranos
priorizaban la belleza del sonido
por encima del contenido dramático,
ella rompió con la tradición: convirtió
la ópera en teatro puro, en emoción
encarnada. Su intensidad interpretativa
revolucionó la manera de entender
la ópera y abrió el camino a una
nueva generación de artistas para
quienes la autenticidad emocional era
tan importante como la técnica. RP
RITMOPLATINUM2025 37
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
Los orígenes de una diva
La influencia agridulce de los padres de Maria Callas
El nombre de Maria
Callas evoca la
cumbre de la ópera;
pero detrás del fulgor
escénico se esconde
A pesar de su oposición a la presión
que Evangelia ejercía sobre la joven
Maria, George tampoco representó
un refugio afectivo. Su relación con
Litsa estuvo marcada por constan-
una infancia compleja, moldeada por
tes desacuerdos y episodios de
la tensa dinámica entre sus padres,
infidelidad, que deterioraron aún más
los inmigrantes griegos George
el ambiente familiar. Este conflicto
Kalogeropoulos y Evangelia Dimitria-
doméstico, visible y persistente, fue
dis (Litsa), en Nueva York. La relación
el telón de fondo de la infancia de
conflictiva de este matrimonio fue
Callas, una etapa en la que el amor,
determinante en la formación del
el arte y la tensión convivieron en
carácter y el destino artístico de la
permanente desequilibrio.
futura diva.
La niñez de María Callas estuvo, por
El camino de Maria Anna Cecilia
tanto, marcada por un contraste
Sophia Kalogeropoulos (su nombre
doloroso: el impulso materno que la
de nacimiento) estuvo impulsado y,
llevó a desarrollar su talento prodi-
al mismo tiempo, ensombrecido por
gioso y, al mismo tiempo, la falta de
la figura dominante de su madre,
afecto y estabilidad emocional en
Evangelia Dimitriadis. Descrita
el hogar. Esa mezcla de exigencia y
como una mujer de fuerte carácter
carencia afectiva modeló una perso-
y grandes aspiraciones sociales,
nalidad apasionada, perfeccionista y
Litsa vio en el talento vocal de su
profundamente sensible.
hija una oportunidad para realizar
temente con su hermana mayor,
en el Conservatorio Nacional de
Con el paso del tiempo, Callas
sus propios sueños frustrados en
Yakinthi (“Jackie”), a quien consi-
Atenas, formalizando su formación
reconocería que su madre fue tanto
el arte. Desde que Maria tenía
deraba más agraciada físicamente.
artística y encaminándola definiti-
su primer motor como su primera he-
apenas tres años, percibió en ella
Aquellas comparaciones hirientes
vamente hacia la ópera.
rida. De aquella infancia nacieron no
una sensibilidad musical excep-
minaron su autoestima, haciéndola
En contraste con la personalidad
solo su disciplina férrea y su entrega
cional y comenzó a imponerle una
sentir “fea y no deseada”. Entre crí-
dominante de Litsa, George Kaloge-
absoluta al arte, sino también una
disciplina severa. La propia Callas
ticas y presiones, la relación entre
ropoulos era un hombre tranquilo,
necesidad constante de aprobación y
recordaría más tarde haber “odiado
madre e hija se volvió cada vez más
reservado y de carácter apacible.
amor, que marcaría su vida personal
ser obligada a cantar” a una edad
distante, dejando una herida emo-
Farmacéutico de profesión, no
y profesional.
tan temprana, pues para Evangelia,
cional que Callas llevaría consigo
compartía las ambiciones sociales
Así, la historia de la gran soprano no
el don de su hija no solo era motivo
durante toda su vida.
de su esposa y solía mostrarse dis-
comenzó entre aplausos ni luces de
de orgullo, sino también un medio
En 1937, el matrimonio Kaloge-
tante de las exigencias impuestas
escenario, sino entre los silencios y
para alcanzar estabilidad económi-
ropoulos llegó a su fin. Evangelia
a su hija. Fue, sin embargo, quien
tensiones de un hogar dividido. En
ca y reconocimiento personal.
decidió regresar a Atenas con sus
decidió simplificar el largo y com-
esa dualidad entre la ambición y el
La dureza de Evangelia no se limitó
hijas, buscando un nuevo comienzo
plicado apellido familiar: primero a
abandono, entre la madre que la em-
a la exigencia artística. Maria con-
y un entorno más propicio para el
Kalos y, finalmente, a Callas, para
pujó y el padre que se desvanecía en
fesó, en numerosas ocasiones, que
desarrollo musical de Maria. Poco
facilitar la adaptación de la familia
la sombra, se forjó el temperamento
su madre la comparaba constan-
después de su llegada, la inscribió
a la vida estadounidense.
indomable de “La Divina”. RP
38 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
La sombra del luto
Los hermanos invisibles que moldearon a Maria Callas
La leyenda de Maria
Callas se alza como
un monolito del genio
operístico, pero sus
cimientos se hallan en
feo, gorda y torpe”. Aquellas palabras,
repetidas con crueldad doméstica,
dejaron una huella indeleble. La constante
comparación física y emocional,
unida a la presión artística ejercida
una infancia marcada por la sombra,
desde muy temprana edad, alimentó
la pérdida y la comparación constan-
en Callas una profunda sensación de
te. Al adentrarnos en los orígenes de
no ser deseada. Sin embargo, de esa
La Divina, descubrimos que su sen-
herida nació también una fuerza inte-
sibilidad artística no solo fue forjada
rior inquebrantable: la determinación
por la ambición materna, sino también
de trascender.
por la presencia y ausencia de dos
hermanos cuyas vidas, una truncada
El destino de Maria Callas se configuró
prematuramente y la otra eternamente
así como un triángulo emocional: un
privilegiada, sembraron en ella las
hermano muerto cuya ausencia exigía
raíces de su inseguridad y su feroz
ser redimida, una hermana viva ideali-
necesidad de triunfar.
zada hasta la injusticia y, en el vértice,
La historia de Callas está íntimamente
una madre ambiciosa que buscaba en
entrelazada con una ausencia: la de su
el talento de su hija menor la com-
hermano mayor, Vassilios Kalogeropou-
pensación de ambos duelos. En ese
los. Nacido en 1920, Vassilios murió
triángulo de amor, pérdida y exigencia
inesperadamente a los dos años, en el
se forjó la psique de una artista que
verano de 1922, víctima de meningitis.
convertiría el dolor en disciplina y la
Aquella pérdida fue devastadora para
carencia en arte.
la familia. La muerte del primogénito
El genio que deslumbró al mundo fue,
se considera uno de los factores que
en gran medida, el resultado de esa
precipitaron el deterioro del matrimonio
entre George y Evangelia Kalogeropoulos,
sumiendo a la madre en un luto
perpetuo del que nunca se recuperó
por completo. Cuando Maria vino al
mundo, un año después, su llegada
estuvo teñida de decepción. Evangelia,
aún consumida por el dolor, había
deseado ardientemente un hijo varón
su madre esperaba. Ese sentimiento
de insuficiencia temprana sería la
primera marca emocional de una vida
destinada a la grandeza, pero también
a la soledad interior.
La segunda sombra fue una presencia
constante: la de su hermana mayor,
Yakinthi Kalogeropoulos, conocida fami-
Evangelia, aún
consumida por el
dolor, había deseado
ardientemente un hijo
varón que pudiera
“reemplazar” al
pequeño Vassilios.
lucha interna por llenar vacíos imposibles.
Ser la “tercera hija”, la que nunca
fue el hijo perdido, se transformó en su
impulso vital. Su voz a la vez majestuosa
y vulnerable fue la respuesta más
sublime a la sombra familiar que la
acompañó toda su vida.
El arte se convirtió en su refugio y
su armadura. Cada nota interpretada
que pudiera “reemplazar” al pequeño
liarmente como Jackie, nacida en 1917.
era una afirmación de existencia, una
Vassilios. La aparición de una niña,
Yakinthi fue, según todos los relatos, la
En entrevistas posteriores, la soprano
victoria íntima sobre la herida de la
aunque dotada de un talento innato,
hija preferida de Evangelia. Delicada,
confesó haber vivido su infancia bajo
infancia. Maria Callas no solo cantó
representó para ella una herida abierta,
elegante y carismática, encarnaba el
“la dolorosa sombra de su hermana”.
para el mundo: cantó, sobre todo,
un recordatorio de lo irremplazable.
ideal femenino que su madre valoraba.
Mientras Yakinthi era descrita como
para conquistar el amor que se le
Así, desde la cuna, Maria cargó con
Frente a ella, Maria creció bajo un
“delgada, hermosa y encantadora”,
negó en su hogar. Y en esa búsqueda,
el peso de no haber sido el hijo que
implacable espejo comparativo.
Maria era señalada como “el patito
halló la eternidad. RP
RITMOPLATINUM2025 39
texto Luisanna Carrasco
fotos Archivos Maria Callas
El divorcio de sus padres
La tragedia que la llevó a convertirse en una artista sin presedentes
La vida de Maria Callas
estuvo definida, desde
sus primeros años, por
el profundo conflicto
en el seno de su hogar.
ambicioso, de carácter muy sensible y
sin ningún interés por las artes.
Mientras que Litsa, era un torbellino,
vivaz, ambiciosa y demandante, soñaba
con tener una vida en el mundo de
Su matrimonio empezó a tambalear
cuando Litsa se enteró de las constantes
infidelidades de su marido.
Pero el punto de quiebre total fue la
muerte de su primogénito, el herma-
La ruptura del matrimonio de sus
padres no fue un divorcio legal en el
sentido moderno del término, sino
una separación fisica.
Evangelista decidió regresar a
El matrimonio de sus padres, George
las artes; camino que se vio frustrado
no mayor de Maria, Vassilis que murió
Atenas en 1937 con sus dos hijas,
y Evangelia Kalogeropoulos (también
por sus padres.
con tan solo dos años, a causa de
Maria y Yakinthi, dejando a su mari-
conocida como Litsa), fue, desde el
Esta frustración de Litsa, un anhelo
una meningitis; este hecho devastó a
do en Nueva York.
principio, “mal visto” debido a las per-
de realización personal que le fue
Litsa que se obesionó con la idea de
Lo que agravó más los traumas de
sonalidades opuestas de sus progeni-
vetado, se convirtió en una carga
tener otro hijo varón, pero su decep-
María y quebró más la complicada re-
tores; George un hombre con un apego
emocional que recayó sobre sus hijos
ción fue mayor al dar a luz a Maria,
lación madre e hija que existía entre
a sus raíces griegas muy fuerte, no era
y afectaba su relación con George.
esto quebró más su matrimonio.
Evangelia y María.
40 RITMOPLATINUM2025
Esta separación fue un trauma que
impulsó el resto de la vida de la
soprano. Callas fue testigo testigo de
la discordia parental y la subsecuente
división del hogar.
Maria vivió el desmoronamiento de su
núcleo familiar.
Su regreso a Grecia, con apenas 13
o 14 años en su adolescencia fue
un exilio forzado lejos de su padre
y de la vida que conocía en Washington
Heights. La disolución de su
familia se convirtió así en el catalizador
que la empujó a la órbita de
su madre y a la intensificación de
su formación musical.
La separación le quitó el hogar
estable y el amor paternal, dejando
un vacío que Evangelia se apresuró
a llenar con una implacable presión
para que Maria triunfara con su voz.
Debido a esta ruptura, María se encontró
a sí misma en el inicio de una
etapa oscura, represiva y de mucho
trabajo, debido al riguroso régimen
de entrenamiento vocal que su madre
impuso en ella para que fuera la mejor.
A pesar de que a los 14 años Maria
inició sus estudios profesionales en
el Conservatorio Nacional de Atenas,
volcando todo en su talento, era la
primera que llegaba a sus clases y la
última en irse; pero esta dedicación,
esta fuerza y su innegable talento no
la escudó de los complejos sobre su
peso infundados por su madre.
María se hacía llamar a sí misma “un
patito feo gordo, tonto e impopular”,
mismas palabras que su madre le
repetía sin parar, lo que la llevaron a
tener una malsana obsesión por estar
siempre delgada.
El trauma de la separación y la
presión materna se convirtieron
La separación le quitó el hogar estable y el amor
paternal, dejando un vacío que Evangelia se
apresuró a llenar con una implacable presión para
que Maria triunfara con su voz.
en la fuerza motriz de su incipiente
carrera. Debido a la separación de
sus padres y la exigencia de su madre,
Maria desarrolló una necesidad
para complacer a Evangelia a través
de su voz y así poder encontrar un
lugar que le diera valor en el mundo.
El dolor personal de Maria se transformó
así en la materia prima de su
arte. La soledad, el rechazo y la exigencia
implacable de su infancia se
reflejarían más tarde en la profunda
intensidad dramática de sus interpretaciones,
convirtiendo el escenario en
el único lugar donde podía traducir su
sufrimiento en un triunfo palpable. RP
RITMOPLATINUM2025 41
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Infancia y juventud en Grecia:
su vida bajo la ocupación
Los años de adolescencia en Atenas forjaron la resiliencia y carácter de la futura diva,
entre la guerra, la familia y la adaptación a un nuevo hogar
Maria Anna Cecilia
Sofia Kalogeropoulos,
dejó
Nueva York a
los 13 años jun-
la carrera vocal de Maria, un talento
precoz que ella, como su madre, buscaba
explotar y beneficiarse. Este acto
de ambición forzada se convirtió en la
precondición que activaría el destino
condiciones muy distintas a las que
había conocido en Nueva York.
Adolescencia bajo
la vigilancia materna
vo marcada por la capacidad de
adaptación y la resistencia frente a
la adversidad. Crecer en una ciudad
ocupada y enfrentarse a la privación
cotidiana contribuyó a forjar su carác-
to a su madre, Evangelia Dimitriadis, y
artístico de la soprano.
La relación con su madre se intensi-
ter, desarrollando una fortaleza interna
su hermana, tras la separación de sus
ficó en Grecia. Evangelia, conscien-
que la acompañaría a lo largo de su
padres. Este traslado no solo significó
Calle Patission 61: un hogar en
te del potencial de su hija y de la
vida. La experiencia de vivir en un con-
un cambio de ciudad, sino también un
tiempos difíciles
necesidad de mantener la estabilidad
texto de tensión y supervivencia fue
ajuste profundo a un nuevo entorno
Durante su estancia en Atenas, la
familiar, ejerció un control riguroso
un elemento definitorio de su juventud
cultural y social. La decisión de regre-
familia residió en el número 61 de la
sobre la vida de Maria. Aunque este
y su forma de afrontar las dificultades
sar a Grecia se justificó por motivos
calle Patission, un edificio del centro
vínculo fue una fuente de apoyo en
personales y familiares.
económicos y culturales, y abrió un
de la ciudad que se convirtió en el
tiempos de incertidumbre, también
capítulo crucial en la vida de Maria:
hogar principal de Maria entre 1940
supuso una presión constante sobre la
La partida hacia un nuevo capítulo
el inicio de su adolescencia en su
y 1945. Allí vivió en medio de la ocu-
joven, obligándola a asumir respon-
En septiembre de 1945, al término de
país de origen bajo la estricta super-
pación alemana e italiana durante la
sabilidades propias de alguien mayor
la ocupación y con la guerra finalizada,
visión materna.
Segunda Guerra Mundial, un contexto
para sostener el entorno familiar en
Maria Callas dejó Atenas para comen-
marcado por la escasez de recursos,
medio de las dificultades económicas
zar una nueva etapa fuera de Grecia.
Para su madre, la realidad era más que
la tensión constante y las dificultades
de la guerra.
Su adolescencia en la ciudad marcó
la simple búsqueda de un entorno cul-
cotidianas. Esa residencia fue testigo
profundamente su vida, consolidando
tural y económico más favorable, pues
de cómo ella afrontó la adversidad
Resiliencia en medio
una resiliencia y madurez que serían
veía Atenas como el escenario perfec-
junto a sus seres queridos, enfrentan-
de la ocupación
visibles en todos los aspectos de su
to que ella ambicionaba para impulsar
do la vida en una ciudad sitiada y en
Su adolescencia en Atenas estu-
existencia futura. RP
42 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maaria Callas
El telón siniestro
La explotación materna y la génesis traumática de La Divina
Detrás de la voz más
poderosa y conmovedora
del siglo
XX se esconde una
historia oscura, tejida
entre la ambición, la manipulación y
el dolor. La leyenda de Maria Callas,
símbolo absoluto de la ópera moderna,
no se erige solo sobre el talento o la
disciplina, sino también sobre una
herida emocional profunda: la relación
devastadora con su madre, Evangelia
Kalogeropoulos, una figura cuya
influencia marcó y fracturó el destino
de La Divina.
Desde la infancia, la conexión entre
ambas fue un campo de batalla.
Evangelia, mujer de temperamento
fuerte y de aspiraciones frustradas,
madre un rencor visceral, acusándola
por su parte, actuaba movida por una
volcaba toda su vulnerabilidad y
proyectó sobre su hija una ambición
de haberla explotado económicamente
doble necesidad: el amor materno que
furia contenida. Su voz tan sublime
que pronto derivó en control y exigen-
y de haberla expuesto a situaciones
siempre se le negó y el deseo de supe-
como desgarradora parecía surgir del
cia desmedida. Callas fue moldeada a
humillantes. Spence documenta un
rar a su hermana en el único terreno
fondo de una memoria rota. Cada nota
golpes de disciplina, críticas crueles y
episodio particularmente perturba-
que dominaba con certeza, el del arte.
de Norma, cada lamento de Tosca, re-
comparaciones constantes con su her-
dor: el supuesto intento de Evangelia
Aquella mezcla de culpa, repulsión y
sonaba como una forma de redención.
mana mayor, Jackie, la favorita. Pero
de “ofrecer” a su hija adolescente a
deber filial derivó en una ruptura in-
Más allá del mito, la historia de Maria
los cimientos de ese vínculo, ya tensos,
oficiales italianos y soldados alemanes
evitable. En 1950, Maria Callas cortó
Callas es la de una mujer que hizo del
se resquebrajarían por completo duran-
que frecuentaban su hogar durante
toda comunicación con su madre,
dolor su combustible artístico. En su
te los años más oscuros de Europa.
la guerra. Aunque los hechos jamás
en un intento tardío de recuperar el
caso, la ambición materna, nacida en la
En plena ocupación nazi de Grecia,
fueron confirmados judicialmente, las
control sobre su vida. Pero la herida
necesidad y deformada por la guerra,
la joven Maria comenzaba a destacar
palabras de Callas en privado y los
no sanó. Años más tarde, Evangelia
se convirtió en una fuerza devasta-
como una promesa del canto lírico en
testimonios de su entorno, incluida su
volvería a traicionar su confianza
dora. Sin embargo, fue precisamente
una Atenas devastada por la guerra.
hermana Jackie, apuntan a un ambiente
al publicar el libro Mi hija Maria Ca-
ese dolor el que forjó la intensidad
La supervivencia cotidiana era una lu-
de manipulación emocional y económi-
llas (1960), donde exponía aspectos
interpretativa que la hizo única.
cha, y la miseria se infiltraba incluso
ca en el que la joven artista fue víctima
íntimos de la diva para capitalizar
La Divina pagó un precio incalcu-
en los hogares más respetables. En
y testigo de una desesperación moral
su fama mundial. Para Callas, fue la
lable por alcanzar la eternidad. Su
este contexto, según revelan diversos
sin retorno.
confirmación definitiva de que el lazo
grandeza no fue solo musical, sino
biógrafos, entre ellos Lyndsy Spence,
Jackie Kalogeropoulos, desde su propia
materno se había transformado en un
emocional: la capacidad de transfor-
Evangelia habría traspasado los
perspectiva, describió la dinámica fami-
vínculo tóxico e irrecuperable.
mar la herida en belleza, de convertir
límites de la decencia en un intento
liar como un entramado de favoritismos
El trauma de aquella relación dejó una
la humillación en arte, y de alzar la
desesperado por asegurar sustento y
y estrategias, donde Evangelia alentaba
huella indeleble en la artista. La niña
voz... aquella voz irrepetible como el
beneficios materiales.
“amistades” con militares buscando
manipulada y humillada se convirtió
eco eterno de una infancia robada
Callas, con los años, guardaría hacia su
ventajas, favores o protección. Maria,
en la mujer que, sobre el escenario,
por la sombra del amor. RP
RITMOPLATINUM2025 43
texto Joel Peralta
fotos Archivos Maria Callas
El debut radiofónico que reveló
un talento destinado a la grandeza
A los 11 años, su talento ya se escuchaba más allá de las paredes de su hogar
Un talento que
emergió temprano
Maria Callas mostró,
desde muy joven,
una inclinación
En la década de 1930, la radio era
uno de los medios más influyentes
para difundir música y cultura. Para
un niño o adolescente, actuar frente
a un micrófono y una audiencia
son abundantes, los testimonios de
su familia y de quienes la conocieron
sugieren que su interpretación dejó
una impresión duradera. Su talento
precoz no pasó desapercibido: su
emocionalmente con la audiencia, una
cualidad que definiría su estilo único.
Esta experiencia temprana fue uno de
los primeros pasos hacia el desarrollo
de la voz y la presencia escénica que la
natural por la música. A la edad de 11
invisible podía ser tan desafiante
madre, Evangelia Dimitriadis, comenzó
convertirían en leyenda.
años, su voz ya destacaba por su cla-
como presentarse en un escenario
a tomar más en serio la formación mu-
ridad, fuerza y expresividad, atributos
físico. Para Callas, la experiencia no
sical de Maria, alentándola a estudiar
Legado de la primera actuación
que la harían reconocida, décadas más
solo representó una oportunidad de
canto y perfeccionar sus habilidades.
Hoy, recordar que Maria Callas subió
tarde, como una de las sopranos más
exposición, sino también un espacio
Este primer contacto con un público
al micrófono por primera vez a los 11
importantes del siglo XX. Fue en esta
donde pudo aprender a controlar la
real, aunque fuera a través de la radio,
años nos permite comprender que su
etapa de su infancia cuando tuvo su
respiración, la dicción y la proyección
sembró la confianza y la disciplina que
grandeza no surgió de la noche a la
primer encuentro con un público más
vocal, habilidades que se convertirían
caracterizarían toda su carrera.
mañana, sino que fue el resultado de
amplio: un programa de radio local.
en la base de su técnica profesional.
un talento cultivado desde la infancia,
Este evento marcó el inicio de lo que
El inicio de una pasión imparable
con disciplina, pasión y una conexión
sería una carrera legendaria, y dejó
Una actuación que marcó
Cantar a tan corta edad en un medio
innata con la música. Esa primera
entrever la extraordinaria capacidad de
su trayectoria
masivo como la radio no solo mostró la
actuación en la radio es un símbolo
la joven para conectar emocionalmente
Aunque los registros exactos del
precocidad de Callas, sino que también
del inicio de un viaje que transformaría
con quienes la escuchaban.
programa de radio donde debutó no
evidenció su capacidad de conectar
para siempre la historia de la ópera. RP
44 RITMOPLATINUM2025
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
El legado de una maestra: Elvira
de Hidalgo y la formación de Callas
La soprano española no solo fue una figura reconocida en los escenarios europeos,
sino la guía que transformó a una joven
Elvira de Hidalgo, nacida
en Aragón en 1891, fue
una soprano ligera destacada
en la primera
mitad del siglo XX. Su
voz, ágil y cristalina, la convirtió en
intérprete ideal de bel canto, en especial
de Rossini y Donizetti. Tras debutar
a temprana edad en el Teatro
San Carlo de Nápoles, se consolidó
en escenarios de prestigio como La
a una adolescente griega llamada
Maria Kalogeropoulos, futura Maria
Callas. Desde el primer encuentro,
reconoció en ella una voz poderosa y
un temperamento artístico excepcional,
pero también la necesidad de
disciplina y refinamiento técnico.
De Hidalgo fue mucho más que una
maestra: fue quien inculcó a Callas
la esencia del bel canto, el respeto
por la partitura y la importancia de la
De Hidalgo fue mucho
más que una maestra:
fue quien inculcó a
Callas la esencia del
bel canto, el respeto
por la partitura y
la importancia de
la interpretación
dramática.
La relación entre ambas fue cercana
y, aunque a veces marcada por
la exigencia, dejó en Callas una
huella imborrable. Muchos críticos
coinciden en que sin la enseñanza de
Elvira de Hidalgo, la evolución de la
soprano griega no habría alcanzado
el mismo nivel de perfección.
De Hidalgo siguió formando generaciones
de cantantes, pero su nombre
quedó ligado para siempre al de su
Scala de Milán, donde trabajó bajo la
interpretación dramática. La formó
alumna más ilustre. Fue la arqui-
batuta de directores célebres.
en el rigor vocal, en la limpieza de
tecta silenciosa de un talento que
Aunque su carrera como cantante
las coloraturas y en el arte de dar
luego conquistaría los escenarios
fue significativa, su mayor huella
vida a cada personaje más allá de la
del mundo. Su aporte no se limitó a
quedó en la enseñanza. En los años
voz. Bajo su tutela, Callas adquirió no
transmitir técnica, sino a forjar una
treinta, De Hidalgo se estableció en
solo técnica, sino una visión artística
mentalidad artística: la de vivir cada
Atenas como profesora del Con-
integral que combinaba musicalidad
rol con intensidad, algo que Callas
servatorio Nacional, donde conoció
con teatralidad.
convertiría en su sello personal. RP
RITMOPLATINUM2025 45
texto Luisanna Carrasco
fotos Archivos Maria Callas
Indicios del talento vocal
Los primeros pasos en los estudios vocales de Maria,
de la mano de Trivella, quien la entrenó en tiempo récord
Maria Callas tenía un
talento vocal excepcional,
un talento
para afinar y entonar
de manera natural.
Era un diamante en bruto que solo hacía
falta pulir, y, con la técnica necesaria, se
convertiría en algo extraordianrio.
Callas asistió a la escuela de formación
vocal desde 1937 hasta 1945, periodo
en que la habilidad en bruto de la voz de
Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos
se transformó gracias a la disciplina y técnicas
que, más tarde, la definirían como
“La Divina”. Este periodo fue crucial, pues
sentó las bases de su técnica bel canto
y su incomparable capacidad para darle
dramatismo a sus interpretaciones.
Sus primeros pasos en el canto los dio luego
del retorno de Maria a Grecia en 1937,
con unos pocos 13 años, impulsada por su
madre, Evangelia, quien buscaba fervientemente
capitalizar la voz impresionante de
su hija. Esta urgencia materna impuso una
presión constante para lograr el éxito y el
sustento económico.
La formación, por lo tanto, no siguió una
trayectoria académica pausada, sino que
fue una progresión acelerada que involucró
dos instituciones: el Conservatorio
Nacional de Grecia y el Conservatorio de
Atenas, y dos maestras de canto esenciales,
Maria Trivella y Elvira de Hidalgo. Este
magisterio dual fue la clave para entender
el desarrollo temprano de Callas.
Al llegar a Atenas, Maria intentó ingresar
inicialmente al Conservatorio Nacional de
Grecia (Greek National Conservatoire),
pero fue rechazada debido a la ausencia
de cualquier formación vocal formal previa.
Para superar esta barrera, su madre se
aseguró de que Callas recibiera lecciones
privadas de Maria Trivella.
Trivella, quien también enseñaba en el
Conservatorio Nacional, fue la primera en
reconocer el potencial extraordinario de
la joven soprano, quedando “sin palabras”
ante la voz que escuchó. La instrucción
inicial con Trivella fue intensiva y orientada
a resultados rápidos. Callas, descrita
como una estudiante “modelo, fanática,
intransigente y dedicada”, demostró un
progreso meteórico. En tan solo seis
meses, ya dominaba las arias más difíciles
del repertorio operístico internacional.
Este progreso inmediato, que demuestra
la necesidad de su madre de obtener un
sustento económico rápido a través del
talento de Maria, permitió a Trivella asegurar
su aceptación en el Conservatorio
Nacional en 1938.
El hito de este primer periodo fue su debut
público el 11 de abril de 1938, donde
Callas participó en el recital de la clase de
Trivella en el salón Parnassos, interpretando
un dúo de la ópera Tosca.
Aunque Maria Trivella es eclipsada a
menudo por Elvira Hidalgo dentro de
la narrativa de la vida de Maria Callas,
Trivella fue un punto crucial, fue la primera
que descubrió la voz de Callas, además de
que impulsó su entrada hacia el mundo de
la ópera.
Trivella describía la voz de Maria Anna
Cecilia Sophia Kalogeropoulos como algo
cálido, lírico, intenso, que se arremolinaba
y se encendía como una llama y llenaba el
aire con reverberaciones melodiosas como
un carillón.
Esta entusiasta maestra logró guiar a una
adolescente sin formación a un debut
público en seis meses. Su contribución
46 RITMOPLATINUM2025
inicial fue la validación del talento y la enseñanza
de una disciplina fanática, necesaria para que
Maria manejara el repertorio rápidamente.
El método de Trivella logró resultados rápidos, lo
cual era fundamental dada la presión que enfrentaba
Maria. Sin embargo, la propia Callas describió
la técnica de Trivella con un matiz crítico: era un
“método francés, que colocaba la voz en la nariz,
más bien nasal”.
Una colocación vocal excesivamente “nasal” suele
priorizar la resonancia alta y la cabeza, lo cual puede
facilitar la proyección rápida y el brillo en las
notas agudas (lo que concuerda con la descripción
de una voz “lírica, intensa”).
No obstante, para una soprano dramática, esta
colocación tiende a descuidar el apoyo abdominal,
y, lo que es más importante, la conexión con el
registro de pecho. El hecho de que Callas lograra
un progreso espectacular en repertorio difícil,
pero con esta limitación técnica, explica por qué
la siguiente fase de su formación fue imperativa:
necesitaba una reestructuración fundamental
para asegurar la integridad y el peso de toda su
gama vocal, especialmente en el registro bajo, que
es vital para los papeles dramáticos que estaba
asumiendo en la guerra.
La formación de Maria Callas en los conservatorios
de Atenas es un testimonio de la transformación
del talento en genio metódico. Maria Trivella fue la
figura propulsora que, bajo la presión de la necesidad
económica, demostró el virtuosismo inmediato
y facilitó la entrada al mundo formal en 1938. Sin
embargo, fue Elvira de Hidalgo quien completó la
arquitectura técnica, proporcionando la base del
bel canto histórico.
El desarrollo de la voz de Callas como la soprano
sfogato no fue un evento milagroso, sino el
resultado de la corrección y la intensificación de
su técnica. La instrucción de Trivella generó un talento
rápido, pero con una colocación incompleta;
el magisterio de De Hidalgo integró el cuerpo vocal
a través del registro de pecho, proporcionando el
sostén necesario para los grandes roles dramáticos
que Callas ya estaba cantando durante la
guerra. Esta síntesis permitió que la voz de Callas
manejara tanto la ligereza de la coloratura como el
peso del drama operístico. RP
La instrucción inicial con Trivella fue intensiva y orientada a
resultados rápidos. Callas, descrita como una estudiante “modelo,
fanática, intransigente y dedicada”, demostró un progreso meteórico.
RITMOPLATINUM2025 47
CA
La gran soprano
CA
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Su primera transformación
en la Gioconda de Verona
Un verano italiano cambió para siempre la historia de la ópera:
una joven soprano dejó su marca en Verona
Existen papeles que marcan
a los artistas y se convierten
en su primer foco de reconocimiento
entre el número
creciente de fanáticos. Para
Maria Callas, el día 2 de agosto de 1947 es
un antes y un después en su carrera, pues
en esta fecha debutó en la ópera italiana tomando
el reto de interpretar La Gioconda la
emblemática ópera de Amilcare Ponchielli,
en la Arena de Verona, de la mano con el
director Tullio Serafín, quien se convirtió en
su mentor y guía artístico, logrando que Callas
deslumbrara a la audiencia y que se considere
este como un punto de partida clave
en su carrera.
Aunque es necesario que tengamos presente
que años anteriores estuvo desarrollando
su talento en Grecia, su traslado a
Italia representó un desafío personal y
profesional: enfrentar los escenarios más
prestigiosos y las exigencias de un público
conocedor y exigente. Sin embargo, la
elección de La Gioconda para su debut no
fue casual; la complejidad vocal y dramática
del personaje ofrecía la plataforma perfecta
para demostrar su potencia y expresividad,
rasgos que la harían inolvidable.
Uno de los momentos más destacados de
su presentación, tanto por la valoración del
público como de los críticos profesionales, y
que fue recibido con una mezcla de asombro
y admiración, fue su interpretación de
¡Suicidio!”, el aria final de la ópera. Los
críticos no se limitaron a solo destacar la
perfección técnica de su voz, sino también
su intensidad emocional, la capacidad de
transmitir el dolor y la pasión de Gioconda
de manera visceral y conmovedora. La
combinación de virtuosismo a nivel vocal,
así como de la profundidad seria de su
interpretación, a partir de ese momento,
se transformó en la marca distintiva de
Callas en todos sus papeles. El impacto de
este debut trascendió la Arena de Verona,
abriéndole las puertas de los grandes
teatros italianos, como La Scala de Milán
y la Ópera de Roma, y proclamó la llegada
de una soprano capaz de transformar cada
obra que interpretaba en un acontecimiento
único. La decisión de interpretar esta
ópera creó los cimientos necesarios para
construir ladrillo a ladrillo su futura fama
internacional, pues la joven soprano
demostró que tenía el talento, la pasión y
la fuerza dramática para dejar una huella
imborrable en la historia de la ópera. RP
50 RITMOPLATINUM2025
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
Desde La Scala en Milano
hasta el Palais Garnier
Todos los teatros que Maria llenó con su poderosa voz
Esta soprano con una poderosa
voz que revivió una
técnica de canto casi extinto,
se presentó en miles
de escenarios, pero estas
actuaciones la llevaron a ser reconocida por
todos como “La Callas”.
María se presentó en el teatro de Milán “La
Scala” donde fue la figura central en los años
1950. Allí Callas enterneció a todos con su
voz, encarnando papeles emblemáticos
como Norma, Medea, La Traviata, Anna
Bolena.
Esta presentación fue muy importante para
la joven estrella en ascenso; el público de
Milano era estrictamente exigente, sobre
todo cuando se trataba de ópera. Allí, Callas
se enfrentó a las expectativas tradicionales;
la crítica era feroz y había unos que
pensaban que su timbre de voz no era lo
suficientemente hermoso, que su actuación
no era suficientemente expresiva, o que su
cuerpo no era ideal para el papel. Por ello,
cada ovación y cada triunfo que conquistó en
Milán fue ganado a pulso.
Esta diva resucitó personajes que habían
caído en el olvido, encarnó a mujeres que
danzaban entre la tragedia, el dramatismo y
la divinidad. Medea, Anna Bolena o Il Pirata,
personajes arrastrados en el olvido, Callas
los llevó al escenario de una manera divina,
resucitándolos de alguna manera humana,
torturada y con una emoción intensa.
Sus actuaciones en El Metropolitan Opera
de Nueva York
En 1956, Maria dejó Europa para presentarse
en El Metropolitan Opera de la ciudad de
Nueva York, en suelo norteamericano y el
país que la vio nacer. Callas regresó como
Esta diva resucitó personajes
que habían caído en el olvido,
encarnó a mujeres que
danzaban entre la tragedia, el
dramatismo y la divinidad.
la gran diva y su papel estrella “Norma de
Bellini” rol que fue central a lo largo de su
carrera, interpretándolo más veces que
cualquier otra ópera.
Callas realizó sus últimas presentaciones en su
ciudad natal, luego de siete años de ausencia.
Regresó en marzo de 1965 para cantar
Tosca. A pesar de que su voz se consideraba
disminuida, su carisma y presencia estelar
fueron inigualables, transformando el teatro
en un “espacio sagrado”. En su penúltima
actuación en el Met en 1965, la audiencia
estalló en un aplauso tumultuoso al verla,
y ella mantuvo su enfoque dramático,
encarnando a Floria Tosca con una “fisicalidad
supercargada”. El papel de Tosca fue uno de
los últimos que interpretó en su carrera.
El Convent Garden, Royal Opera House
en Londres
La ciudad de Londres fue la primera que vio
a Maria interpretar al personaje de Norma
en el año 1952, luego a la trágica Medea, uno
de sus roles emblemáticos y, finalmente, a
Tosca. Para complacer al público inglés no
basta con tener una voz potente y angelical,
también debe tener un excelente dominio de
la escena teatral.
Callas llegó con su voz vibrante, pero también
con su estilo interpretativo muy marcado,
su énfasis en la emoción y la expresión
dramática que rompía con lo que se esperaba
tradicionalmente. Algunos de sus conciertos
en Covent Garden quedaron para la memoria
por su interpretación intensísima.
La Opéra de París, el Palais Garnier
París, para Maria, no solo representaba
un escenario en dejar danzar su voz, sino
que fue la ciudad que la acogió como una
diva. Callas vivió parte de su vida en la
extravagante capital de Francia y donde tuvo
lazos afectivos muy profundos. El público
parisino la recibió tanto con gala como con
respeto artístico. Esa atmósfera añade brillo
al recuerdo de sus funciones allí.
Los conciertos en la capital de las luces, no
eran recitales comunes; eran galas, eventos
simbólicos, apariciones ceremoniales que
afianzaban su estatus de mito vivo. RP
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
El alcance imposible:
el rango vocal de Maria Callas
Una voz que desafiaba las categorías tradicionales,
capaz de recorrer registros con naturalidad y dramatismo
52 RITMOPLATINUM2025
Hablar del rango vocal
de Maria Callas es hablar
de una rareza en
la ópera. La mayoría
de las sopranos se inscriben
dentro de un tipo específico: ligera,
lírica, spinto o dramática, con limitaciones
que definen tanto su repertorio como su
manera de proyectar la voz. Callas, en cambio,
parecía desafiar esas fronteras. Su rango
vocal se extendía de un modo inusual: podía
alcanzar graves que pertenecían al terreno
de las mezzosopranos y, con la misma seguridad,
elevarse hasta notas brillantes de
soprano ligera, todo mientras mantenía una
expresividad intacta.
La diferencia no era solo técnica, sino
emocional. Mientras otras sopranos solían
destacar por un color específico, Callas
ofrecía una paleta de matices que iba más allá
del virtuosismo. En una misma frase, podía
pasar del dramatismo más oscuro a una
ligereza cristalina, como si habitar distintos
registros no supusiera esfuerzo alguno.
Esa versatilidad le permitió interpretar
papeles que, para otras cantantes, eran
incompatibles. Su repertorio abarcaba
desde las heroínas belcantistas de Bellini
y Donizetti hasta las tragedias de Verdi y
Puccini, algo casi impensable en su tiempo.
¿Cómo lo lograba? Parte de la respuesta
estaba en su disciplina y en la técnica que
adquirió con Elvira de Hidalgo, quien le
inculcó el rigor del bel canto. Pero había
más: Callas poseía una musculatura vocal
privilegiada y una intuición dramática que
convertía cada nota en un recurso expresivo.
No cantaba para mostrar potencia, sino
para contar historias con la voz como único
vehículo. Esa capacidad para colorear los
sonidos, para darles un peso emocional
distinto, fue lo que la hizo irrepetible.
Para el público, escuchar a Callas era una
experiencia casi visceral. Su rango vocal no
Callas poseía una musculatura
vocal privilegiada y una
intuición dramática que
convertía cada nota en un
recurso expresivo.
impresionaba solo por la extensión, sino por
lo que transmitía en cada salto de registro.
El contraste entre los graves profundos y los
agudos deslumbrantes generaba una tensión
emocional que mantenía a los oyentes
al borde del asiento. Su voz no era una
demostración atlética, era una narración
viva que atravesaba los sentidos.
Hoy, en una época donde abundan
cantantes técnicamente impecables, la
voz de Callas sigue marcando diferencia.
Se estudia no solo como un ejemplo de
rango vocal amplio, sino como la muestra
de cómo la técnica y la emoción pueden
fusionarse hasta crear un lenguaje propio.
Su capacidad de transitar entre registros,
de hacerlos convivir en una misma aria,
continúa siendo una de las razones por las
que su legado no ha sido superado.
Maria Callas no fue simplemente una
soprano con un rango inusual; fue la artista
que convirtió ese rango en un instrumento
narrativo, en un puente entre la música y la
emoción humana. Esa es la razón por la que,
aún hoy, escucharla resulta una experiencia
tan poderosa: porque su voz, más que
abarcar notas, abarcaba sentimientos. RP
RITMOPLATINUM2025 53
texto Ismalay Liranzo
fotos Archivos Maria Callas
La revolución del bel canto
Cuando la voz se hizo teatro
Maria Callas y su influencia en la técnica del bel canto
Maria Callas no solo
cantó; reinterpretó
la ópera misma. En
una época en la que
el bel canto parecía
un eco del pasado, su genio devolvió a este
estilo su dignidad, su pasión y su verdad.
Entre la técnica impecable y la emoción desbordante,
Callas convirtió el “canto bello”
en un arte total, capaz de unir la perfección
musical con el fuego del drama.
La resurrección del bel canto
A mediados del siglo XX, gran parte del
repertorio belcantista, las óperas de Rossini,
Bellini y Donizetti se consideraba una
reliquia: piezas hermosas pero frías, donde
el virtuosismo técnico predominaba sobre el
sentimiento. Callas, formada por la legendaria
soprano de coloratura Elvira de Hidalgo,
comprendió que el verdadero bel canto no era
solo agilidad vocal, sino una fusión de técnica,
expresión y verdad escénica.
Gracias a ella, óperas olvidadas como Anna
Bolena o Il Pirata regresaron a los grandes
teatros. Pero más allá del rescate histórico,
lo que Callas restituyó fue el alma del bel
canto: la elegancia del legato, el dominio de
los ornamentos, la sutileza de los matices y,
sobre todo, la emoción como eje del canto.
Sus graves eran densos y
dramáticos; sus agudos,
ágiles y filosos. Y ese timbre
inconfundible a veces áspero,
siempre penetrante, se
convirtió en su sello personal.
54 RITMOPLATINUM2025
La unión entre canto y teatro
Hasta su llegada, la tradición operística se
inclinaba hacia la perfección vocal antes
que hacia la credibilidad dramática. Callas
rompió ese paradigma. Su revolución
consistió en dar cuerpo y alma a cada
personaje, transformando la ópera en un
arte total donde la voz servía al drama.
El contraste fue contundente: frente al
ideal clásico de una voz redonda, serena y
distante, Callas ofrecía un canto vivo, lleno
de contrastes, vulnerabilidad y energía
teatral. Su Norma no solo cantaba; sufría,
amaba y moría ante los ojos del público. Su
Violetta, su Tosca, su Lucia di Lammermoor
se convirtieron en mitos de carne y hueso. Así,
el bel canto dejó de ser una exhibición técnica
para convertirse en una experiencia humana.
La soprano sfogato: una voz sin fronteras
La singularidad de Callas residía en una
voz imposible de encasillar. Era, como los
críticos la describieron, una soprano sfogato:
un instrumento de amplitud extraordinaria,
que combinaba la potencia oscura de una
mezzo con la agilidad luminosa de una
soprano ligera. Sus graves eran densos y
dramáticos; sus agudos, ágiles y filosos. Y
ese timbre inconfundible a veces áspero,
siempre penetrante, se convirtió en su sello
personal, capaz de expresar con igual fuerza
la dulzura, la furia o la desesperación.
Esa versatilidad le permitió moverse con
naturalidad entre estilos. En el bel canto,
resucitó a Norma, Lucia y Anna Bolena con
una pureza técnica nunca antes vista. En
Verdi, llevó la técnica belcantista al drama
su Lady Macbeth o su Aída fueron ejemplos
de control y profundidad psicológica. En el
verismo, con Tosca o Medea, alcanzó una
intensidad que rozaba lo mítico.
El paso de Callas por la ópera marcó un
antes y un después. Devolvió al bel canto su
rigor estilístico y su dimensión emocional,
y redefinió lo que significa interpretar un
rol operístico. RP
RITMOPLATINUM2025 55
texto Paul Mathiasen
foto Archivos Maria Callas
Maria Callas
La diva que cantó para sobrevivir la ocupación nazi
En la Atenas hambrienta
y oprimida de la Segunda
Guerra Mundial, una
voz joven emergió entre
las sombras. Era la voz
de Maria Kalogeropoulos, la futura Maria
Callas, resonando en teatros improvisados y
salones llenos de soldados enemigos.
Bajo la ocupación nazi e italiana, cuando
la miseria y el miedo reinaban en cada
calle, aquella adolescente encontró en el
canto no solo un refugio artístico, sino un
medio literal de supervivencia: cantaba
para vivir, en el sentido más crudo. Su
talento se convirtió en pan para su familia
y en esperanza momentánea para quienes
la escuchaban, iluminando con música la
oscuridad de la guerra.
Su temprano éxito hizo que su nombre, y su
voz, comenzaran a resonar y trascender entre
locales e invasores, situación de la cual su
madre Evangelia Kalogeropoulos se percató.
Dentro de la cruda realidad de un hogar
que estaba sumido en la extrema pobreza,
Evangelia vio una luz en el talento prodigioso
de Maria, como tabla de salvación económica
ante la insalvable situación que vivía y que
deparaba el futuro de su familia.
En ese contexto, la madre comenzó a
presionar a Maria para que cantara ante
soldados alemanes e italianos a cambio de
dinero o incluso comida. La joven, apenas
salida de la adolescencia, se vio así obligada
a entretener a los mismos hombres del
ejército invasor que patrullaban sus calles.
Maria recordaría con amargura cómo su
madre, literalmente, la empujaba a cantar
en cualquier circunstancia si eso significaba
conseguir un plato en la mesa. Según la
biógrafa Lyndsy Spence, Evangelia llegó a
tomar medidas extremas: “Callas estaba
resentida con su madre, que había trabajado
como prostituta durante la guerra, por
intentar prostituirla para los soldados nazis”.
Con Atenas sumida en la penuria, el canto
se convirtió, literalmente, en la salvación de
Maria y su familia. Cada actuación podía
significar un trozo de pan o un saco de
legumbres con el que resistir un día más.
Muchas noches, la joven soprano actuaba
en clubes nocturnos y salones frecuentados
por oficiales nazis o fascistas, escenarios
humildes donde su voz era pagada no con
aplausos, sino con víveres.
Para la familia Kalogeropoulos, estas
compensaciones en huevos, aceite o algún
corte de carne eran cuestión de vida o muerte.
Maria cantaba arias de ópera, canciones
griegas populares o lo que los soldados
“En la Atenas hambrienta,
Maria Callas no solo cantó
para vivir: cantó por su
vida”.
le pidieran, modulando su arte a cambio de
comida. Como describe Lyndsy Spence, “ella
cantó por su vida” durante la ocupación.
Al finalizar la guerra, no todos supieron
comprender el dilema moral y la lucha por
la supervivencia que Maria había vivido. En
octubre de 1944, apenas liberada Atenas
de la ocupación alemana, la soprano tuvo
que afrontar una de las experiencias más
humillantes de su vida: algunos colegas
la expulsaron de un evento celebratorio
acusándola de haber colaborado con los
ocupantes nazis.
Callas se defendió y dijo que nunca participó
en actos de propaganda nazi, algo que más
adelante la historia le daría la razón.
Las vivencias de Maria Callas
(Kalogeropoulos) en la Atenas ocupada
forjaron un temple único en ella. Mientras
otras estrellas de la ópera pulían su talento
en conservatorios lujosos y teatros de
paz, Maria lo hizo cantando entre ruinas,
pasando hambre y esquivando peligros, algo
que ella misma destacaría que ayudaron a
formar su personalidad y dieron a su canto
una profundidad emocional incomparable,
erigiendo aquella joven hambrienta en una
leyenda viviente. RP
56 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El ritual sagrado de “La Callas”
Fe, disciplina y la magia de lo divino
La fe detrás de la voz: el ritual sagrado de Maria Callas antes de cada función
“La Divina”, no solo
transformó la ópera
con su voz incomparable
y su
talento interpretativo,
sino también con un enfoque casi litúrgico
hacia su arte. Detrás de cada aparición
en el escenario se ocultaba un proceso
profundamente espiritual, una preparación
que trascendía la técnica y se adentraba en
el territorio de lo sagrado. Más que supersticiones
o amuletos, Callas cultivaba una
disciplina y una fe que convertían su canto
en una experiencia mística.
Su ritual más íntimo comenzaba con la
oración. Antes de cada función, pedía a
quienes la acompañaban, compañeros,
asistentes o amigos cercanos, que rezaran
por ella. No era un gesto de vanidad ni
de nerviosismo, sino una confesión de
humildad ante la grandeza del arte. “Siamo
“Para Maria Callas, cantar no
era un acto artístico, sino una
ofrenda divina: cada nota era
una plegaria y cada función,
un encuentro con lo sagrado”.
sempre nelle mani del nostro Dio”, repetía
en italiano: “¡Estamos siempre en manos
de Dios!”. Para Callas, cada nota era una
ofrenda, y cada función, una entrega al
misterio divino. Se definía como una fatalista
“Quizá porque soy griega”, decía, convencida
de que, más allá del talento y del trabajo, el
destino tenía la última palabra.
Pero su verdadera liturgia era la disciplina.
En un mundo donde muchos artistas
confían en la inspiración, Callas se fiaba
del rigor. Trabajaba hasta catorce horas al
día, revisando partituras, repasando cada
frase, buscando siempre un matiz nuevo que
perfeccionara la interpretación. Practicaba
su voz durante más de una hora y media
diaria, incluso cuando no había funciones
próximas. Su camerino no era un espacio
de supersticiones teatrales, sino un templo
donde la concentración y el esfuerzo se
convertían en ritos.
Sin embargo, el momento crucial
llegaba cuando dejaba de ser Maria
para transformarse en la heroína que
interpretaba. Esa metamorfosis esa
“transfiguración”, como la describían quienes
la conocieron, era su auténtico conjuro.
Franco Zeffirelli, su amigo y colaborador,
hablaba de un “milagro”: bastaba que Callas
subiera al escenario o tarareara una melodía
para que algo inexplicable ocurriera. Era
como si invocara una energía superior, una
presencia invisible que la elevaba más allá de
lo humano.
Pier Paolo Pasolini, quien la dirigió en
Medea, recordó una frase suya que sintetiza
toda su filosofía artística: “Todo es sagrado,
todo es sagrado, todo es sagrado.” Para ella,
la ópera no era entretenimiento, sino un acto
de fe; no un espectáculo, sino un rito en el
que lo terrenal y lo divino se encontraban
por un instante.
En un mundo que suele reducir los rituales
a supersticiones o manías, Maria Callas
elevó el suyo a una dimensión espiritual.
Su preparación antes de cantar era una
comunión entre disciplina, oración y
entrega. Se convirtió en “La Divina”, no por
azar, sino por la voluntad sagrada de quien
hizo de la música su destino. RP
RITMOPLATINUM2025 57
texto Ismalay Liranzo
fotos Archivos Maria Callas
Las diez cimas del drama
La arquitectura del éxito de Maria Callas
Diez arias, una leyenda: los momentos que conviertion a Maria Callas en la arquitecta
suprema del drama operático
En el universo de la ópera,
el nombre de Maria Callas
resuena con la autoridad
de un mito. Su legado no se
mide en cifras ni en ovaciones
pasajeras, sino en la intensidad emocional
que imprimió a cada nota, en la manera
en que revivió el bel canto y lo convirtió en
una experiencia teatral total. Callas no solo
interpretó la música, la habitó. Fue arquitecta
de su propio drama, construyendo una
carrera donde la voz y el alma se fundieron
con precisión casi dolorosa.
La Divina Callas no era únicamente una
soprano; era un fenómeno escénico.
Con su dominio técnico y su capacidad
interpretativa, transformó la ópera en una
forma de verdad emocional. A continuación,
un recorrido por los diez hitos que definieron
su grandeza y edificaron la leyenda de una
artista irrepetible.
“Casta Diva” (Norma, Vincenzo Bellini):
El epitafio del bel canto. Norma fue su
consagración y su espejo. En esta sacerdotisa
druida, Callas encontró la síntesis perfecta
entre disciplina vocal y tormento interior. Su
“Casta Diva” no es solo una plegaria, sino un
acto de fe artística, un manifiesto del poder
contenido en la vulnerabilidad.
“Vissi d’arte” (Tosca, Giacomo Puccini):
El himno de la diva. En Floria Tosca, Callas
proyectó su propio credo: vivir por el arte
y el amor. Cada respiración, cada pausa,
traduce el conflicto de una mujer desgarrada
entre la devoción y la desesperación. Esta
interpretación se convirtió en una confesión
musical de su propia existencia.
“Callas no interpretaba la
opera: la construía, piedra
a piedra, hasta convertir
cada nota en un templo del
sentimiento”.
“Sempre libera” / “Addio del passato”
(La Traviata, Giuseppe Verdi): La
fragilidad triunfante. Su Violetta Valéry
es un retrato de humanidad desbordante.
Callas logró que la cortesana dejara de ser
un símbolo trágico para convertirse en una
mujer de carne y alma, vulnerable, heroica
y profundamente moderna.
Escena de la locura (Lucia di
Lammermoor, Gaetano Donizetti): El
drama de la coloratura. Callas dominó la
técnica con la pasión de una tragediante.
Su Lucia no enloquece por amor, sino por
exceso de lucidez. La voz, quebrada por el
dolor, convierte la agilidad vocal en un acto
de desgarro emocional.
“Medea” (Medea, Luigi Cherubini): La
furia sagrada. Con Medea, Callas desató
una intensidad que rozaba lo mítico.
Su interpretación teatral y vocal de esta
hechicera vengativa fue tan devastadora
que marcó un antes y un después en la
historia del personaje.
“Un bel dì vedremo” (Madama Butterfly,
Giacomo Puccini): La esperanza frágil. La
grabación de Callas de esta aria es un estudio
de la espera y la inocencia. Cio-Cio San, en su
voz, se transforma en una figura suspendida
entre la fe y el olvido, con una ternura casi
insoportable.
“L’amour est un oiseau rebelle” (Carmen,
Georges Bizet): La seducción y la
fatalidad. Aunque Carmen no fue su papel
habitual, Callas la reinventó desde el peligro
y la pasión contenida. No fue una gitana
58 RITMOPLATINUM2025
liviana, sino una fuerza magnética que
anunciaba su propio destino.
“La mamma morta” (Andrea Chénier,
Umberto Giordano): El corazón del
verismo.
Aquí, Callas alcanza una verdad descarnada.
Su interpretación, revivida décadas después
en la película Philadelphia, es un ejemplo
de cómo una voz puede narrar el dolor con
belleza sin perder su autenticidad.
“Una voce poco fa” (El barbero de Sevilla,
Gioachino Rossini): La ligereza perfecta.
En este rol, Callas mostró que podía ser
ingeniosa, precisa y divertida sin sacrificar
la excelencia técnica. Su Rosina es astuta
y encantadora, una demostración de su
versatilidad absoluta.
“Tu che le vanità” (Don Carlo, Giuseppe
Verdi): La majestad del sacrificio.
La Elisabeth de Valois de Callas es una
lección de nobleza y contención. La diva
convirtió esta aria en un retrato de la
dignidad herida, de la resignación que solo
las reinas o las verdaderas artistas pueden
sostener con gracia.
En cada una de estas interpretaciones, Maria
Callas redefinió la ópera como un arte total.
Su grandeza no radica únicamente en la
técnica, sino en su capacidad para encarnar
la verdad emocional de cada personaje.
Callas no cantaba: confesaba, ardía, vivía.
Su legado permanece como un mapa de las
alturas y abismos del alma humana, una
arquitectura sonora donde cada nota es un
fragmento de eternidad. RP
RITMOPLATINUM2025 59
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El enfrentamiento profesional
entre Maria Callas y Renata Tebaldi
La rivalidad que convirtió a Maria Callas y Renata Tebaldi en las dos divas eternas de la ópera
En el mundo de la ópera, pocas
rivalidades han sido tan
célebres, apasionadas y mediáticas
como la de Maria
Callas y Renata Tebaldi, dos
sopranos que definieron la escena lírica de las
décadas de 1950 y 1960. Más que un enfrentamiento
vocal, su rivalidad fue el reflejo de
dos visiones opuestas del arte y de la vida, un
contraste entre el fuego y la pureza, entre el
drama y la perfección.
Dos estilos, dos mundos
Maria Callas, apodada “La Tigresa”, fue
una artista que revolucionó el bel canto y
devolvió el dramatismo a la ópera. Su voz,
de timbre inusual y a veces irregular, poseía
un magnetismo emocional inigualable.
Callas interpretaba a sus personajes con
una intensidad teatral que traspasaba la
escena: no solo cantaba, vivía cada nota. Su
vida personal, marcada por su romance con
Aristóteles Onassis y su fuerte carácter, la
convirtió en un fenómeno mediático y en una
figura que trascendió los límites de la ópera.
Renata Tebaldi, en cambio, representaba
el ideal opuesto. Llamada “La Voz de
un Ángel”, poseía un timbre cristalino,
homogéneo y de belleza casi celestial. Su
estilo era más estático y controlado, con una
técnica impecable y una vida alejada de los
escándalos. Si Callas encarnaba el drama,
Tebaldi era la serenidad; si una ardía en
intensidad, la otra brillaba en pureza.
El poder de la prensa y del público
Gran parte del mito de su rivalidad fue
alimentado por los medios, los empresarios
y el propio público, que se dividió en bandos
irreconciliables. Los “callasianos” y los
“tebaldianos” debatían con fervor cuál de
las dos era la verdadera reina del canto. Sin
embargo, en la práctica, sus repertorios
coincidieron poco: Callas dominaba el
bel canto dramático, mientras Tebaldi se
especializaba en papeles líricos y líricospinto.
Más que un conflicto artístico, fue un
fenómeno mediático comparable al de “The
Beatles contra The Rolling Stones”.
Frases y reconciliaciones legendarias
La rivalidad generó frases memorables. Callas
habría dicho que “compararla con Tebaldi era
como comparar el champán con la Coca-
Cola”, mientras Tebaldi replicó con elegancia
que “el champán se agria fácilmente”. A pesar
de estas declaraciones, hubo momentos de
respeto mutuo. En una fiesta en Milán en
1956, ambas improvisaron un dueto con
el brindis de La Traviata, un instante de
armonía que quedó grabado en la historia.
Años más tarde, Callas fue vista aplaudiendo
de pie una interpretación de Tebaldi en Aida
y, cuando los periodistas le preguntaron por
qué, respondió con sencillez: “Esta noche,
Renata fue sublime”.
El tiempo demostró que no hubo vencedora
ni vencida. Maria Callas se convirtió en un
ícono cultural universal, símbolo de pasión
y entrega total al arte; Renata Tebaldi
permanece como la encarnación de la belleza
vocal absoluta. Juntas, transformaron la
ópera en un espectáculo de emociones y
perfección, dejando una huella imborrable.
Su duelo, más que una guerra, fue una doble
coronación: la de dos divas que hicieron de la
voz un arte eterno. RP
60 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Cuando ser humana fue uno
de sus mayores actos de valentía
En ocasiones, el decidir proteger nuestra integridad y salud es más importante
que complacer al público
Esa noche de enero de 1958,
el Teatro de la Ópera de
Roma se vestía de gala por
completo. Entre los asistentes
a la función de ese día se
encontraba el entonces presidente de Italia,
Giovanni Gronchi, ministros, diplomáticos
y miembros de la alta sociedad romana, todos
reunidos para disfrutar del show de la
famosa soprano griega Maria Callas, que
había transformado la ópera con su intensidad
dramática y su voz inigualable. Aquella
noche interpretaría Norma, de Vicenzo Bellini,
una de sus óperas más emblemáticas; sin
embargo, lo que ocurrió marcó para siempre
su carrera y su mito.
Desde el primer acto se notaba que algo no
marchaba bien. Callas sufría una bronquitis
severa y una inflamación en las cuerdas
vocales que afectaban su desempeño, pero
tomó la decisión de subir para no decepcionar
a un público tan ilustre. Su voz, sin embargo,
mostraba signos de agotamiento. A pesar
de su esfuerzo, al finalizar el primer acto
se retiró entre bastidores y no volvió a
salir. Poco después, el teatro anunció la
cancelación de la función.
Lo que sintió el público
y la historia tras bastidores
Los espectadores reaccionaron con furia,
la sala se llenó de abucheos, todos los
periódicos hablaban del “escándalo”, y en
pocas horas, a Callas se le acusó de altivez
y capricho. Los cronistas sensacionalistas de
esa época comenzaron a presentarla como
una diva temperamental, que no le importó
humillar a toda Italia ante su presidente.
Aquella noche en Roma
no solo marcó un episodio
polémico en su carrera, sino el
punto de inflexión que reveló
la dualidad que la definía: la
diva y la mujer.
Pero la verdad era otra: Maria Callas estaba
enferma y físicamente imposibilitada de
seguir cantando.
Se dice que, tras bastidores, la tensión fue
palpable e intensa, las autoridades del
teatro estaban presionándola para que
continuara con la función pese a su estado,
pues temían al desaire político. Ella,
agotada y sin voz, se negó, siendo aquella
decisión un reflejo y afirmación de su
humanidad por encima de la artista, pero
al mismo tiempo cambió su relación con el
público italiano y la industria operística.
El triunfo después del silencio
Contra todo pronóstico, esta circunstancia
que parecía una caída pública terminó
consolidando su leyenda. Desde ese
momento, Maria Callas ya no solo era una
cantante excepcional: se transformo en
símbolo de la artista que defiende su arte y
su dignidad frente a las exigencias del poder
y del público, pues esa noche en Roma no fue
una derrota, sino una revelación, pues dejó de
ser solo “La Divina” para convertirse, a su vez,
en profundamente humana. RP
RITMOPLATINUM2025 61
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
Giuseppe Di Stefano y Callas
Un dúo turbulento lleno de dramatismo y pasión que rayaba en lo tóxico.
Giuseppe Di Stefano y
Maria Callas tenían química,
chispa y dramatismo;
es por ello que se
colocaron como el dueto
perfecto. Unieron sus voces en varias colaboraciones
durante los años de 1950 a 1960.
Estas estrellas grabaron numerosas óperas
completas juntos y compartieron escenarios
célebres, lo que devino en una relación
profesional muy fructífera y un lazo personal
afectivo en ocasiones y conflictivo en otras.
El tenor italiano Di Stefano figura como
compañero habitual de Callas en una larga
lista de grabaciones completas para EMI y
en recitales. Entre las óperas que grabaron
juntos están: Lucia di Lammermoor (1953),
I Puritani (1953), Cavalleria rusticana
(1953), Tosca (1953), Pagliacci (1954),
Rigoletto (1955), Il trovatore (1956), La
bohème (1956), Un ballo in maschera (1956)
y Manon Lescaut (1957). Estas grabaciones
fueron fundamentales para fijar en el
imaginario público la química dramática
entre la soprano y el tenor.
Entre ellos existía una singular armonía
musical: la manera ardiente e italiana de
Di Stefano frente a la intensidad dramática
y el fraseo personal de Callas se convertían
en una hoguera apasionada y pura que
traspasaba el acetato.
Ella reconstruía personajes; él ofrecía el
ardor romántico clásico; juntos podían crear
duetos de intenso magnetismo. Los críticos
de la época llegaron a elogiarlos, pues a pesar
de que Di Stefano polarizaba la belleza de la
voz rítmica de Callas, la capacidad dramática
de Maria explotaba con Di Stefano como un
contrapunto lírico.
Giuseppe era, por naturaleza, un cantor de
fraseo romántico, a veces menos preocupado
por el riesgo dramático extremo; Callas
Ella reconstruía personajes,
él ofrecía el ardor romántico
clásico; juntos podían
crear duetos de intenso
magnetismo.
buscaba verdad escénica, a menudo
pidiendo cambios de color, de tempo, de
acento emocional. Esa distancia estilística
alimentó, en ocasiones, fricciones que les
hacían estallar, pero en otros momentos,
precisamente, química electrizante.
Su unión en el escenario y la estrecha relación
amistosa entre los dos dieron paso a varios
rumores de romanticismo entre ellos. La
prensa, los círculos cercanos decían que ellos
eran amantes, aunque ninguno de los dos lo
aceptó. Giuseppe ocupó un espacio importante
en la vida de Callas, aunque el corazón de la
diva le pertenecía a su eterno amor (Onassis).
El pianista Robert Sutherland, quien
estuvo junto al dúo en la gira “Trayectoria
de regreso” (1973-1974), una gira fallida
marcada por cancelaciones y peleas,
especificó en sus memorias que durante la
gira, Callas y Di Stefano se notaba que los
dos tenían algo íntimo e intenso y que la
convivencia durante ese periodo de tiempo
fue tormentosa y algo dañina para Callas.
El italiano la provocaba y le exigía para que
cantase como antes, pero su potencia vocal
no era la misma, entonces, ambos cantantes
acababan discutiendo sobre temas artísticos
y personales que terminaron por convertir la
gira en un trauma profesional para Callas.
El resultado fue una gira desastrosa que
afectó la reputación pública de Callas y dejó
cicatrices personales
“Trayectoria de Regreso” mostró el lado más
decadente y doloroso de Maria, la artista
desgastada vocalmente intentando volver a
impresionar a un público que la quería ver
como la gran diva idealizada. RP
62 RITMOPLATINUM2025
RITMOPLATINUM2025 63
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
La Divina y la Biblia de la ópera:
los sobrenombres de Maria Callas
Los grandes artistas suelen
recibir apodos que resumen
su grandeza, pero pocos sobrenombres
han tenido la
fuerza y la permanencia de
los que acompañaron a Maria Callas: La Divina
y The Bible of the Opera. Ambos nacieron
de la necesidad de definir lo indefinible,
de poner palabras a un fenómeno artístico
que iba más allá de lo habitual en la ópera.
Dos títulos que revelan el impacto cultural de una mujer
cuya voz y presencia trascendieron el escenario
El apelativo de La Divina apareció primero
en Italia, en la década de 1950, cuando
Callas conquistaba teatros como La Scala
de Milán con interpretaciones que dejaban
al público sin aliento. No era solo su
voz lo que inspiraba devoción, sino su manera
de habitar los personajes. Callas no
interpretaba a Tosca o Norma: era Tosca,
era Norma. Esa capacidad de fusión entre
la artista y el personaje provocaba en
el público una sensación de estar ante lo
sublime, algo que superaba lo humano. De
ahí el título: La Divina, la que pertenece a
un plano superior.
Por otro lado, The Bible of the Opera surgió
como un reconocimiento a su amplitud interpretativa.
Callas era capaz de recorrer un
repertorio vasto y exigente, y lo hacía con
una coherencia estilística que parecía enciclopédica.
Su dominio del bel canto, del verismo
y del drama verdiano la convertían en
una referencia universal. Para críticos y colegas,
escuchar a Callas era aprender cómo
debía cantarse cada papel: con fidelidad al
estilo, pero también con un sello personal
inconfundible. Era, en efecto, la “Biblia” a la
que todos podían acudir en busca de guía.
Estos sobrenombres también reflejan la
manera en que Callas transformó la relación
entre la ópera y el público. Ella no se
limitaba a cantar; dramatizaba, encarnaba,
transmitía pasiones humanas que hacían de
cada función un acontecimiento irrepetible.
Su magnetismo escénico, unido a la intensidad
emocional de su voz, convirtió cada
aparición en un ritual.
Que se le llamara La Divina y The Bible of
the Opera no fue simple adulación, sino un
reconocimiento colectivo de su singularidad.
Ambos títulos, distintos pero complementarios,
encierran la paradoja de Callas:
una artista de carne y hueso cuya humanidad
se volvía divina sobre el escenario, y, al
mismo tiempo, una intérprete tan rigurosa
que quedó como canon para generaciones.
Que se le llamara La Divina y
“The Bible of the Opera” no
fue simple adulación, sino un
reconocimiento colectivo de
su singularidad.
Hoy, esas denominaciones siguen vivas porque
siguen vigentes. Llamarla La Divina es
aceptar su lugar mítico; llamarla The Bible
of the Opera es reconocer su legado pedagógico.
En ambos casos, lo que resuena es la
certeza de que Maria Callas fue, y continúa
siendo, un punto de referencia inamovible
en la historia de la música. RP
64 RITMOPLATINUM2025
CA
Curiosidades
de “la divina”
CA
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
El sorbo secreto:
el trago favorito de Maria Callas
Una bebida amarga con historia, ritual preescénico y el encanto de lo prohibido en boca de “La Divina”
Uno de los tragos que se
dice que Maria Callas
consumía con cierta
frecuencia, sobre todo
antes de sus presentaciones,
era Fernet-Branca, un amaro italiano
muy oscuro, intenso, de sabor fuerte, cargado
de especias, hierbas, raíces y cortezas.
Se presenta la idea de que
este trago le proporcionaba un
momento de concentración,
de “cerrar los oídos al mundo
externo” antes de abrir la boca
ante el público.
Origen del trago
Fernet-Branca es un digestivo medicinal italiano,
nacido en Milán a mediados del siglo
XIX. Se elabora a partir de una fórmula secreta
que incluye ingredientes como ruda, mirra,
aloe, ruibarbo, azafrán, flores amarillas, y
diferentes hierbas aromáticas y amargas. Era
tradicionalmente consumido como remedio
después de comidas pesadas, para ayudar a la
digestión y también como “tonificante”.
¿Cómo Callas lo incorporaba a su rutina?
No hay fotografías que la capturen claramente
sosteniendo un vaso de Fernet antes
de subir al escenario, pero fuentes periodísticas
recientes, así como el guion del biopic
Maria, lo mencionan como parte de su ritual
informal: un sorbo breve, quizás acompañado
de una hoja de menta, justo antes de
entrar en escena.
Se presenta la idea de que este trago le proporcionaba
un momento de concentración,
de “cerrar los oídos al mundo externo” antes
de abrir la boca ante el público. El carácter
amargo podría funcionar simbólicamente:
algo que despierta los sentidos, que corta
lo dulce o lo decoroso, para luego ofrecer la
intensidad dramática de la voz. Si bien no
hay confirmación médica de que tuviera algún
efecto en su voz o garganta, el mito del
sorbo existe para alimentar la imagen mítica
de Callas como una artista que mezclaba lo
humano y lo simbólico.
Cómo se le veía consumirlo:
realidades y fantasías
Los relatos recuerdan que este hábito era
discreto. Callas no lo hacía en público masivo,
no era algo sacado en prensa de su
época con fotos y titulares; más bien era un
detalle contado por quienes la conocían o
por quienes han investigado su vida después
de muerta. En la película biográfica hay escenas
que dramatizan este sorbo, lo mismo
en entrevistas modernas. Pero, en su época,
si lo hacía, lo hacía con discreción, posiblemente
lejos del ojo público, para preservar
su imagen severa y profesionalista.
Por qué este detalle importa al público
Este pequeño hábito alimenta la idea de que
Callas era una artista que cuidaba lo ritual, lo
simbólico; que para ella cada función era algo
ceremonial. Para quienes la admiran, no es
tan importante si realmente lo hacía siempre,
sino que refuerza su leyenda: que ella preparaba
el cuerpo y la mente antes del arte. Ese
sorbo del amaro amargo es ese momento de
tensión silenciosa antes de que explote la voz,
antes de que surjan los arias, antes de que se
transforme en Norma, Tosca o Medea. RP
68 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Hamman Bouquet
fragancia preferida de una diva de la ópera
Su voz estremecía los teatros, pero era su aroma el que permanecía en el aire mucho
después del último aplauso
Su arte le permitió conquistar
el corazón de millones de personas,
pero su aura también
destacaba de manera impresionante,
haciendo que cada aparición
suya fuera un acontecimiento, y cada
detalle de su vida, desde sus joyas hasta el
último acorde que pronunciaba, contribuía a
forjar una leyenda. Uno de esos detalles, casi
imperceptible pero que revelaba mucho de su
personalidad, era su perfume: Hammam
Bouquet, de Penhaligon’s, la fragancia que la
acompañó durante años y que se convirtió en
una extensión de su personaje.
Esta fragancia fue creada en el 1872, siendo
uno de los primeros perfumes de la casa
británica Penhaligon’s. Es una composición
opulenta y victoriana, que crea un viaje
olfativo mediante la combinación de jazmín,
bergamota, lavanda, sándalo, rosa, ámbar
y almizcle. Su nombre evoca los baños
turcos (“hammam”, en árabe), lugares de
vapor y silencio, donde el cuerpo y el alma
se purifican. Es un aroma de lujo íntimo,
envolvente y teatral, perfecto para una mujer
que vivía entre el esplendor del escenario y la
soledad del camerino.
Callas, que ya era conocida por su magnetismo
y su carácter exigente, encontraba en esta
fragancia una reafirmación de su identidad.
Hamman Bouquet no es considerado como
una elección casual, pues era un reflejo de
su dualidad. Su frescura inicial hablaba de
la disciplina y la precisión técnica que la
caracterizaban; sus notas profundas, del
fuego emocional que ardía detrás de cada
aria. Quienes la conocieron decían que,
antes incluso de verla, se podía sentir su
presencia por ese aroma denso y elegante
que dejaba a su paso.
Maria entendía que el perfume, así como la
voz, tiene el poder de permanecer, incluso
cuando la figura desaparece. En una época
en que las divas eran sinónimo de exceso,
ella eligió una fragancia clásica, casi austera,
pero cargada de sensualidad. En el silencio
posterior a una función, cuando las luces del
teatro se apagaban y solo quedaba el eco de su
Su elección de perfumes
trasciende la simple estética;
era una forma de prolongar
su presencia más allá del
escenario, un gesto íntimo
de control sobre su imagen
y su entorno.
canto, su perfume seguía flotando en el aire
como una nota suspendida. Al día de hoy,
más de medio siglo después de su muerte,
la conexión de Callas y su perfume sigue
siendo un sinónimo perfecto de su arte:
inolvidable, refinado e intenso. Al igual que
su presencia escénica y su voz transformó
cada personaje en una experiencia única,
lo mismo hizo su aroma, pues elegía la
eternidad por encima de la moda.
The Merchant of Venice
A pesar que Callas era conocida por el uso
del Hammam Bouquet, en el 2023 para
conmemorar el centenario del nacimiento de
“La Divina”, la casa veneciana de fragancias
The Merchant of Venice lanzó oficialmente
la fragancia “Maria Callas Eau de Parfum”.
Este perfume, una creación floral amaderada
ámbar, está diseñado para encapsular la
inconfundible elegancia, los contrastes, el
pathos y la compleja personalidad de la
soprano. Con notas de salida cítricas como
la mandarina y el limón, un corazón floral
dominado por la rosa y un fondo persistente
de maderas y ámbar, la fragancia se presenta
como un homenaje olfativo al mito, reflejando
su sofisticación atemporal. RP
RITMOPLATINUM2025 69
texto Maria Amelia Cerón Victoria
fotos Archivos Maria Callas
Los trajes que hablaban:
diseñadores detrás del estilo de Callas
M
aria Callas no solo
era reconocida por
su voz, su presencia
escénica, sino por la
elegancia imponente
de su vestuario. Varios diseñadores y modistas
jugaron papeles decisivos en ese estilo.
Artesanos del glamour, cortadores de siluetas dramáticas:
quienes vistieron a La Divina moldearon también su mito visual
Biki (Elvira Leonardi Bouyeure)
Quizá el nombre más ligado a su imagen
cotidiana y privada. Biki fue la diseñadora
italiana que “creó” gran parte del estilo offstage
de Callas. Se conocieron en 1951, en
un evento social, y pronto Biki le exigió a
Callas una condición bastante dura: perder
peso (reportes dicen unos 30 kilos) antes de
vestirse profesionalmente con ella.
Biki diseñó para ella no solo vestidos, conjuntos
de viaje, abrigos, sombreros, accesorios,
sino que también le dio lecciones de
elegancia en gestos, postura, combinación
de complementos. Fue más que una modista:
una guía de estilo total.
Sus creaciones conjugan teatralidad y sobriedad,
glamour clásico y presencia. Callas, bajo
sus diseños, lucía faldas largas, capas, pieles,
sombreros audaces, guantes, abrigos llamativos;
su guardarropa privado incluía decenas
de vestidos, sombreros y pares de zapatos,
todos cuidadosamente seleccionados.
Otros diseñadores de renombre
Además de Biki, Callas se relacionó con casas
de moda importantes: Christian Dior,
Yves Saint Laurent y Lanvin, entre otras.
En algunas ocasiones, estas firmas diseñaron
trajes de concierto, conjuntos para apariciones
públicas o eventos especiales, no siempre para
la escena operística, pero sí para el glamour
fuera del escenario.
Cómo vestían a Callas: estilo y efecto
El estilo de Callas con sus trajes decía mucho
de ella: era majestuosa, severa, elegante, con
un cierto dramatismo innato. Los atuendos
reforzaban su personalidad de diva, su porte
de aristócrata de la lírica. A veces contrastes
fuertes (negros, rojos, pieles, sombreros
grandes), telas lujosas, cortes ajustados; su
peinado, sus guantes y accesorios siempre
acompañaban, no sobraban. El vestuario escénico
también reflejaba la identidad de los
personajes que interpretaba, pero en la vida
cotidiana se convirtió en una extensión de
su figura pública. RP
70 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El resplandor silencioso
de “La Divina”
Entre el brillo y la sombra, las joyas de Maria Callas revelan los capítulos más íntimos de su vida y de su leyenda
En el Olimpo de las divas, pocas
figuras reflejan con tanta intensidad
la dualidad del genio y el
tormento como Maria Callas.
Apodada con justicia como La
Divina, su voz fue un fenómeno sísmico: poderosa,
emotiva, capaz de traspasar el alma. Sin embargo,
más allá del escenario, hubo otro universo que
contó su historia con igual elocuencia: su deslumbrante
colección de joyas. En cada piedra preciosa
se guardaban fragmentos de su gloria, de sus pasiones
y de su soledad. Para los amantes de la alta
joyería, las piezas de Callas no representan solo
quilates o diseños exquisitos; son vestigios de una
vida que combinó esplendor y vulnerabilidad. Su
colección reflejó dos etapas amorosas y estéticas
muy distintas: el clasicismo luminoso junto a Giovanni
Battista Meneghini y la modernidad refinada
que marcó su relación con Aristóteles Onassis.
El esplendor clásico de Meneghini
Durante la década de 1950, Callas vivió su fase
más opulenta, sostenida por el empresario italiano
Giovanni Battista Meneghini, quien además de ser
su esposo, fue su primer gran mecenas. Él celebró
cada triunfo con joyas majestuosas, reflejo de su
devoción y del ascenso meteórico de la soprano.
Entre esas piezas destaca el collar y anillo
de esmeraldas y diamantes, probablemente
adquiridos a Harry Winston o Faraone. La pieza
central, una esmeralda colombiana de 37,56
quilates, evocaba la intensidad del talento de
Maria y la prosperidad alcanzada. Otro símbolo
de este periodo fue el anillo de diamante marquesa
de 11,7 quilates, una joya de pureza deslumbrante
que décadas más tarde se convertiría en la más
codiciada de las subastas.
También, inolvidable fue el collar Ribbon de
“Tras su muerte en 1977,
gran parte de su colección
se dispersó, pero en 2004
once de sus piezas fueron
subastadas por Sotheby’s en
Ginebra, alcanzando más de
1,9 millones de dólares”.
rubíes y diamantes, que acompañó a Callas en
innumerables recitales, encendiendo su presencia
escénica con destellos de fuego. Estas piezas no
eran meros adornos; eran coronas silenciosas que
proclamaban a la reina de la ópera.
La elegancia moderna de Onassis
El año 1959 marcó un quiebre radical. Al dejar
a Meneghini por Aristóteles Onassis, Callas
también abandonó el lujo clásico por una estética
más moderna y depurada. Su estilo se volvió más
libre, elegante y sofisticado, reflejando el espíritu
cosmopolita del magnate griego. El símbolo de
esta nueva etapa fue el Clip Cinq Feuilles de Van
Cleef & Arpels, un broche de platino con seis
rubíes birmanos y más de 32 quilates de gemas.
Callas lo usaba prendido en el hombro como un
emblema de discreta grandeza. En esos años
también se incorporaron piezas de Cartier, como
el célebre broche Panthère de oro y esmeraldas,
metáfora perfecta de su independencia y su
instinto felino.
El drama sobre el quilate
Callas comprendía que el verdadero brillo no
siempre provenía del valor material. Para ella, la
joya era una extensión del personaje. En su debut
en el Metropolitan Opera en 1956, por ejemplo,
usó un conjunto de tiara, pendientes y collar
hechos solo de cristales Swarovski. Sabía que la luz
de la escena podía hacer resplandecer el vidrio con
la misma fuerza que el diamante.
Un legado que continua brillando
Tras su muerte en 1977, gran parte de su colección
se dispersó, pero en 2004 once de sus piezas
fueron subastadas por Sotheby’s en Ginebra,
alcanzando más de 1,9 millones de dólares. Entre
ellas, el anillo marquesa de Meneghini se erigió
como la joya más emblemática, reafirmando la
fascinación eterna por La Divina.
Las joyas de Maria Callas fueron más que adornos:
fueron testigos de una vida intensa, del dolor y la
gloria que tejieron su mito. Hoy, al contemplar un
rubí birmano o el fuego de un diamante marquesa,
aún se escucha el eco de su voz: un resplandor
silencioso que, como su arte, jamás se apaga. RP
RITMOPLATINUM2025 71
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
La diva de la ópera
que conquisto la cultura pop
Su vida fue una ópera sin final, y su eco sigue resonando en cada nota,
en cada mito, en cada diva que vino después
Durante décadas, fue el corazón
de la ópera, su inconfundible
voz, capaz de
pasar del más leve susurro
a la más grande tempestad
en un solo compás, le permitió transformar el
arte lírico y redefinir lo que significaba ser una
artista. Pero más allá del escenario, fue más
que una soprano, fue un fenómeno cultural, un
ícono de estilo y una figura que, aún hoy, sigue
inspirando la cultura pop.
Desde los años cincuenta, su nombre
trascendió el ámbito musical para instalarse
en la conversación pública. Su presencia era
magnética: una mujer de mirada intensa y
porte imponente que dominaba tanto el teatro
de La Scala como las portadas de Vogue. Su
transformación fue parte esencial de cómo
la veía el público, pues pasó de ser una joven
cantante de apariencia convencional a una
figura elegante y sofisticada. Fue, sin lugar a
dudas, una declaración de poder y reinvención,
pues entendió de primera mano que la imagen
también es una forma de arte.
Moda, elegancia y dramatismo
Era una gran admiradora de Christian Dior
y de la joyería, por esto convirtió el vestir en
una extensión de su interpretación escénica:
cada vestido, cada joya, cada gesto eran parte
del personaje. Era conocida por su elegancia
serena, pero al mismo tiempo cargada de
intensidad, lo que inspiró a varias generaciones
de diseñadores, entre estos John Galliano,
Alexander McQueen y Dolce & Gabbana, que
han rendido homenaje a su silueta majestuosa
y su aura trágica, símbolos de una feminidad
poderosa e inquebrantable.
Presencia en la pantalla
Su huella no se limita al teatro lírico, ya que
en 1969 fue la protagonista de Medea, dirigida
por Pier Paolo Pasolini, mostrando una nueva
faceta de su genio interpretativo. El público y
la prensa fueron cautivados por su vida que
estuvo marcada por el amor, la soledad, la
gloria y la caída, en especial por su tormentosa
relación con Aristóteles Onassis, que alimentó
el mito de la diva herida.
La voz que sigue viva
Aunque pasaran décadas desde su
fallecimiento en el 1977, la voz de Callas
sigue viva, sus arias siguen resonando en
películas como Philadelphia o el Padrino III,
y su presencia se reinterpreta en proyectos
contemporáneos, como el audiovisual de
Dior en 2023 que la “revivió” mediante
inteligencia artificial. Por otra parte, grandes
artistas como Lady Gaga, Björk y Mariah
Carey la citan por ser una inspiración por su
teatralidad y perfección técnica. En 2024,
Maria, de Pablo Larraín, protagonizada por
Angelina Jolie, reavivó el mito de la soprano
más grande del siglo XX. La película mostró a
una Callas humana y brillante, recordando que
su legado sigue vivo. RP
72 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El refugio de La Divina
Los hoteles que guardaron sus secretos
Entre mármol y terciopelo, los hoteles que fueron testigos de la gloria, el amor y la soledad de Maria Callas
Maria Callas, no fue
solo la voz que redefinió
la ópera;
fue una mujer cuya
existencia combinó
genio, estilo y tragedia con una intensidad
pocas veces vista. Su vida, marcada por los
aplausos y las soledades del estrellato, se desarrolló
entre escenarios imponentes y hoteles
de lujo que se convirtieron en su refugio,
sus templos de silencio y, en ocasiones, los
testigos mudos de sus más hondos secretos.
Para una artista de su estatura, la elección
de un hotel era más que una cuestión de
comodidad: era una extensión de su identidad.
En esos espacios, Callas podía desprenderse
del peso del mito o, paradójicamente, seguir
interpretando su papel más complejo: el de
La Divina fuera del escenario.
Italia, donde nació la leyenda (y el romance),
fue la patria espiritual de Maria Callas.
Allí florecieron su voz, su fama y también
los capítulos más apasionados de su vida.
Venecia, con su romanticismo suspendido
sobre el agua, fue escenario de uno de los
momentos más determinantes de su destino.
En el legendario hotel Danieli, con vistas
majestuosas al Gran Canal, tuvo lugar en
1957 el encuentro que cambiaría su historia.
Durante un baile de alta sociedad, Callas
conoció a Aristóteles Onassis, el magnate
griego que se convertiría en su gran amor y
su gran dolor. Más al norte, Verona fue su
primera gran aliada. En el histórico Due
Torri Hotel, hoy convertido en un tributo a
su memoria, la joven soprano encontró el
apoyo de una ciudad que la adoptó antes de
su consagración internacional. La suite que
lleva su nombre rinde homenaje a aquella
etapa de aprendizaje y esperanza. Y en
Milán, la capital operística del mundo, Callas
encontró su segundo hogar. El Grand Hotel
et de Milan, vecino inmediato de La Scala,
fue su residencia habitual durante sus años
de gloria. Allí preparaba sus papeles, recibía
a directores y disfrutaba del anonimato que
solo el lujo discreto podía ofrecer. Hoy, una de
sus suites conserva retratos y recuerdos de sus
actuaciones, uniendo para siempre el nombre
de Callas al de la ciudad que la coronó.
Francia: el refugio final de la elegancia
París representó el capítulo más introspectivo
de su vida. En la capital francesa, Maria Callas
encontró un refugio de elegancia y melancolía.
Su lugar predilecto fue el Ritz Paris, en la Place
Vendôme, sinónimo de distinción y serenidad.
Para ella, el Ritz no era un simple hotel: era un
espacio donde podía ser Maria, no La Divina.
El hotel conserva su huella en la Suite Maria
Callas, un espacio decorado en tonos marfil y
rosa, evocando la calma y la sofisticación que
marcaron sus últimos años. Sin embargo,
su final llegó lejos de los reflectores: en la
intimidad de su apartamento del 36 Avenue
Georges Mandel, donde la gran diva exhaló su
último aliento en 1977.
España: la escapada histórica
Durante sus giras, Callas mantuvo su predilección
por hoteles de carácter y memoria. En España, su
parada más célebre fue el Santa Catalina, a Royal
Hideaway Hotel, en Las Palmas de Gran Canaria.
Allí descansó entre actuaciones, compartiendo
hospedaje con figuras legendarias como Winston
Churchill y Agatha Christie. Los hoteles de
Maria Callas fueron mucho más que lugares
de paso: fueron capítulos de una biografía
escrita entre mármol, terciopelo y soledad. En
sus suites se celebraron triunfos, se sellaron
amores y se lloraron pérdidas irreparables.
Hoy, al cruzar los umbrales de esos mismos
hoteles, aún se percibe el eco de su presencia,
como su voz, sigue resonando: intensa, trágica y
eternamente luminosa. RP
RITMOPLATINUM2025 73
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Stella Kourmapana
La guardiana de la memoria de Maria Callas
Su trabajo no es solo conservación, es un acto de devoción hacia la memoria de una artista irrepetible
En la vasta constelación de
nombres que orbitan en
torno a Maria Callas, pocos
han tenido la tarea tan silenciosa
y esencial como Stella
Kourmapana, archivista del Conservatorio de
Atenas. Kourmapana no compartió escenario
con la soprano ni formó parte de su círculo
íntimo, pero su labor ha resultado clave para
reconstruir la historia y el legado de una de las
artistas más influyentes del siglo XX.
Stella trabajó entre documentos, partituras,
fotografías y cartas que conservan la huella de
“La Divina”. Desde su posición en el archivo
del Conservatorio, ha contribuido a preservar
y clasificar el valioso material relacionado
con los años de formación de Maria Callas
en esa institución, donde la joven Maria
Kalogeropoulos –su verdadero nombre–
comenzó a forjar su voz prodigiosa bajo la
tutela de Elvira de Hidalgo.
Su relación con Callas es, por tanto, la de una
custodio de la memoria, pues a través de su
investigación y curaduría, Kourmapana ha
permitido que investigadores, periodistas y
melómanos accedan a un retrato más completo
de la artista: la estudiante disciplinada, la
joven que pasaba horas en los salones del
Conservatorio, la mujer que soñaba con
conquistar los grandes teatros del mundo.
En entrevistas y presentaciones académicas,
Stella Kourmapana ha descrito a Callas
como “una artista que trabajó tan duro que
se convirtió en la diva más grande de la
historia”. Sus palabras resumen el respeto y
la admiración que impregnan su trabajo, un
esfuerzo que va más allá del archivo: se trata
de mantener viva la dimensión humana de
la cantante, esa mezcla de talento, sacrificio
y perfeccionismo que la definió. Gracias a
Kourmapana y al equipo del Conservatorio
de Atenas, los documentos originales de
Callas han sido digitalizados y puestos a
disposición de instituciones internacionales.
Este trabajo de preservación no solo asegura
la permanencia del legado de la soprano, sino
que también reafirma el papel del archivo
como un puente entre la historia y el presente.
En tiempos donde la fama suele medirse en
instantes, la labor de Stella Kourmapana
nos recuerda que la grandeza, como la de
Maria Callas, solo perdura cuando alguien se
encarga de cuidarla con la misma devoción
con que ella cuidó su arte. RP
74 RITMOPLATINUM2025
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
Su aparición en
“The Ed Sullivan Show”
La diva que llevó la ópera a todo público a través de la televisión
El 25 de noviembre de 1956
la voz de Maria Callas se
escuchó por primera vez
fuera de un teatro, lo que
permitió que todo Estados
Unidos viera a “La Callas” cantando sin estar
en una función de ópera, y el escenario
fue el show de televisión de Ed Sullivan,
esto le abrió las puertas a Maria hacia la televisión
norteamericana.
Ed Sullivan era un show de masas. Este show
llevaba la ópera, que usualmente estaba confinada
a teatros, a las salas para que toda clase
de público pudiera apreciar la ópera, un género,
por lo general, muy exclusivo. Callas en
ese escenario era, igualmente, sofisticación,
emocional, coloratura, tragedia femenina y
a la vez una estrella accesible para quienes
nunca iban a La Scala o al Met.
Aparecer en un programa de variedades exige
adaptación: recortes, elegir escenas impactantes,
vestuario, escenografía mínima. Y esta era
la escena del Acto II de Tosca, una de las más
dramáticas, que derrocha intensidad (con la
confrontación entre Tosca y Scarpia, la presión
moral, el sacrificio), lo que permitió mostrar lo
más visceral de Callas, no solo voz, sino su actuación
dramática y presencia teatral.
Al debutar en el Met poco antes, esta aparición
reforzó su visibilidad en EE. UU. Fue
parte de una estrategia para hacer de Callas
una figura “no sólo de ópera”, sino de cultura
global. Permitió también al Met aprovechar
la televisión como extensión del escenario.
rating curiosamente bajaron un poco según
fuentes internas del show porque quizá la audiencia
esperaba entretenimiento más “ligero”.
La transmisión del Show de Sullivan es uno
de los pocos videos en los que Callas aparece
haciendo ópera en escenario televisivo, en
directo o “como directo”.
Hoy se usa mucho para aquellos que no tuvieron
la oportunidad de verla actuar, la vean interpretar
una ópera como Tosca. Esa emisión
es una joya por la combinación de la gran voz
de Callas, junto con el gran drama, el vestuario
operístico, escenografía escueta, cámara
de TV acercándose al rostro, a los gestos, algo
que ahora vemos en fragmentos de ópera,
pero que en ese tiempo era inusual.
En un principio Callas se resistió a interpretar
Tosca durante el Show de Sullivan, debido
a que prefería preservarlo para el público del
Met Gala; ya que deseaba mantener la magia
operística intacta, además de que consideraba
que aparecer en televisión era comprometer
parte de esa magia.
Para llevar esta ópera a la televisión se necesitó
de mucho trabajo y recortes, ya que la
intensidad escénica y el vestuario tuvo que
adaptarse a la televisión, donde el espacio
era más pequeño y no se admitían decorados
o los efectos empleados en un gran teatro.
Además de que el segmento solo duró unos
18 minutos, equivalentes a un solo acto de
una ópera completa.
Su participación abrió las puertas al público
que escuchaba ópera en Estados Unidos
y le dio el reconocimiento necesario a Maria
como una figura mediática. También sirvió
para que más personas accedieran a escenas
operísticas y quizás despertara en algunos
la curiosidad por ir al Met, leer partituras,
escuchar más ópera.
La aparición de Maria Callas quedó grabada,
relanzada, comentada por décadas, como “esa
Tosca en Ed Sullivan”, además de que se menciona
como una de las grandes “primeras impresiones”
de Callas sobre la cultura popular
norteamericana. RP
A pesar de que algunos reportes dicen que
durante su segmento operístico las cifras de
texto Maria Amelia Cerón Victoria
fotos Archivos Maria Callas
“Casi ciega, pero sin gafas”
La vista truncada de Maria Callas
Cómo la fragilidad física se transformó en parte de su presencia escénica, en su orgullo y en su mito
¿Qué se sabe de su problema
visual?
Maria Callas sufría de problemas
de vista bastante severos.
En múltiples testimonios se dice
que tenía dificultad para ver detalles, que el
conductor muchas veces era invisible para
ella en el escenario, que no distinguía bien a
los otros cantantes.
Una prueba de su condición es que en subastas
de sus pertenencias se vendieron
sus gafas de carey (tortuga) por sumas
altas, lo que indica que usaba, al menos,
algunas gafas.
Callas cultivaba su imagen
de perfección artística, de
mujer que controlaba cada
elemento de su arte, y aceptar
una dependencia visual visible
podía chocar con eso.
¿Por qué se negaba a usarlas en escena?
Callas detestaba usar gafas en el escenario.
Decía que las gafas arruinaban la ilusión
dramática, la transformación en personaje,
que no quería que se viera algo entre ella y
el público que recordara su fragilidad. Siempre
exigía que lo que contara fuera la voz,
la emoción, la presencia, no sus defectos físicos.
Por eso, aun viendo mal, prefería depender
de la memoria, de los ensayos, de referencias
físicas del espacio escénico, luces,
de las marcas en el escenario.
También puede haber un componente de orgullo;
Callas cultivaba su imagen de perfección
artística, de mujer que controlaba cada
elemento de su arte, y aceptar una dependencia
visual visible podía chocar con eso, lo
que nos sitúa frente a una dimensión humana
profunda: un gran talento que sobrevive
a sus propios fracasos físicos.
Momentos en que sí se le vio usar gafas
Aunque evitaba usarlas en escena, sí se le
vio usar gafas fuera del escenario, en la vida
privada. En fotos informales, en su casa, en
entrevistas, en viajes. Y en la subasta de objetos
personales, aparecieron unas gafas que
efectivamente le pertenecían; lo que confirma
que no era un problema de negación total,
sino de contexto. También se sabe que, a
veces, para tareas concretas, lectura, correspondencia
o similares, Callas aceptaba usar
lentes. Pero nunca –o casi nunca– usaba las
gafas de ver en el teatro, porque hubiera significado
romper el hechizo que, para ella,
era la escena. RP
76 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
fotos Archivos Maria Callas
Las grandes amistades de La Divina
entre la ópera, la realeza y el cine
La voz de Callas emocionaba al público; su alma, a quienes la conocían de verdad
No podemos negar que
era una voz prodigiosa,
una figura fascinante
que, con su personalidad
marcada, trascendió los
escenarios de ópera para conquistar los círculos
sociales más influyentes de la alta sociedad,
la intelectualidad y el cine en Europa. Su
vida, marcada por una sensibilidad extrema
y un constante anhelo de amor y comprensión,
la llevó a forjar amistades profundas con
personalidades tan únicas como ella.
Grace Kelly y el príncipe Rainiero:
una amistad monárquica
Una de las que se puede considerar como una
de las amistades más elegantes de Callas, fue
con la actriz Grace Kelly, que se convirtió en
princesa de Mónaco, y, por supuesto, con su
esposo, el príncipe Rainiero de Mónaco. Era
invitada por ellos constantemente a eventos
de la familia real monegasca. Callas compartía
con Grace el gusto por el arte, el refinamiento
y la discreción. Ambas, figuras públicas
que vivieron entre la devoción popular y las
exigencias de la fama, hallaron en su relación
una complicidad silenciosa y sincera.
Pier Paolo Pasolini: su alma gemela del
mundo de las artes
Por su parte, su relación con el director y
poeta Pier Paolo Pasolini, fue para Maria una
de sus relaciones más intensas y enigmáticas.
Él tomó la decisión de elegirla para que
protagonizara la película Medea en el 1969,
un papel que no llevaba ninguna escena que
involucrara el canto, sin embargo, estaba
cargada de tragedia, permitiéndole a Callas
expresar su gran capacidad dramática. Más
allá de lo profesional, Pasolini supo entender
la soledad y la melancolía de la diva. Se
dice que entre ellos existió una conexión
profunda, marcada por la admiración mutua
y una sensibilidad compartida.
Omar Sharif: un grande de la pantalla que
transmitía encanto y calidez
Actor egipcio, famoso por su papel como
Doctor Zhivago, Omar Sharif fue otra de
las figuras cercanas a la soprano. Aunque
su relación estuvo cargada constantemente
de rumores sobre un posible romance,
ambos se demostraban una ternura y
respeto bien marcado. En Sharif, Callas
78 RITMOPLATINUM2025
encontró un interlocutor amable, divertido
y empático, cualidades que escaseaban en
su mundo afectivo tras su difícil historia con
Aristóteles Onassis.
Luchino Visconti: el director del alma
A nivel artístico, el director Luchino Visconti
fue uno de los más grandes cómplices de
Maria, ya que juntos crearon producciones
memorables en La Scala de Milán, siendo el
mejor ejemplo de esto La Traviata en 1955. Él
la admiraba no solo por su voz, sino también
por su capacidad actoral al momento de
transmitir sus emociones y su magnetismo
sobre el escenario. Su relación se basaba en
una búsqueda estética compartida, en el
amor por el detalle y la verdad emocional.
Elsa Maxwell: la gran introductora social
La columnista y socialité Elsa Maxwell jugó
un papel importante en la vida pública de
Callas, pues gracias a ella, Maria se integró al
mundo de la jet set internacional, participando
en fiestas y eventos de alto perfil. Aunque
Su magnetismo atraía a
espíritus afines artistas,
intelectuales y miembros de la
realeza, que veían en ella algo
más que a la diva: veían a la
mujer que sentía con el mismo
dramatismo con que cantaba.
Maxwell podía ser tan útil como peligrosa en
sus crónicas, con Callas mantuvo una relación
de respeto y promoción mutua.
Más allá del romance: Aristóteles Onassis
A pesar de que su relación amorosa fue
tormentosa y marcada por el dolor, no
podemos ignorar la influencia que el magnate
griego tuvo en la vida social y emocional de
Callas. Él le abrió las puertas de un mundo
de poder y glamour, pero también fue una de
las grandes heridas de su vida.
Una vida rodeada de luz y sombra
Sus grandes amistades, forjadas en su vida
tanto personal como profesional revelan
a una mujer mucho más allá de la figura
inalcanzable y distante que a menudo
proyectaba en los escenarios. En su mundo de
deslumbrantes conexiones, desde la realeza
hasta la intelectualidad, Callas fue una mujer
profundamente humana, vulnerable y en
búsqueda constante de una conexión genuina.
Su legado no solo perdura en las notas de sus
interpretaciones, sino en las relaciones que
cultivó con aquellos que entendieron que,
detrás de la diva, había una mujer compleja,
sensible y apasionada. Fue la combinación
de su inmenso talento, su carisma y su
necesidad de comprensión lo que hizo que
sus amistades fueran tan duraderas, dejando
una huella indeleble no solo en la música,
sino también en los corazones de quienes la
conocieron más allá del público. RP
RITMOPLATINUM2025 79
texto Ismalay Liranzo
fotos Archivos Maria Callas
Los animales
de Maria Callas
Ecos de lealtad y soledad en la vida de una diva
Maria Callas fue una
artista de pasiones
intensas: en el escenario,
en el amor y
también en su relación
con los animales. Su devoción por ellos,
especialmente por los perros, revelaba una
faceta íntima y tierna que contrastaba con la
imagen pública de la soprano indomable. En
un mundo que a menudo la veía como una
figura casi mitológica, los animales fueron su
refugio más humano.
Durante sus últimos años en París, lejos del
brillo de los escenarios que la consagraron
como “La Divina”, Callas halló en sus perros
la compañía silenciosa que la fama y el amor
le negaron. Se decía que pasaba las tardes jugando
a las cartas con su personal de servicio
y cuidando con esmero de sus mascotas,
pequeñas almas que acompañaban sus días
“Sus perros, la
compañía silenciosa
que la fama y el amor le
negaron”.
de reclusión. En una de las anécdotas más
entrañables y tal vez simbólicas se cuenta que
la soprano “cantaba a dúo” con su caniche, un
gesto que revela su inagotable necesidad de
comunicación y afecto, incluso cuando ya no
había público que aplaudiera.
Existen fotografías de Callas con dos perros
en 1966, testimonio visual de esa relación
constante con sus compañeros animales.
Más allá del escenario y la leyenda, eran
ellos quienes la esperaban en casa, quienes
no le exigían perfección ni fama. En ellos
encontraba consuelo, una forma de amor sin
juicio, tan pura como escasa en su vida de
sacrificios y críticas.
Paradójicamente, los animales también fueron
metáforas recurrentes en su narrativa
personal. Callas llegó a compararse con el
personaje de Norma, diciendo que, aunque
rugía como un león, en realidad no era feroz.
Esa imagen del rugido desarmado la definía
mejor que cualquier retrato: la fuerza aparente
ocultando una vulnerabilidad profunda.
Sin embargo, no todos fueron elogios. Un
crítico cruel llegó a escribir que era “imposible
distinguir la diferencia entre las piernas
de los elefantes en el escenario”, una frase
despiadada que la marcó y simbolizó el juicio
constante sobre su cuerpo y su voz.
Incluso en el amor, la figura animal emergía
como símbolo de sumisión. De su relación
con Aristóteles Onassis, Callas admitió que
él la había convertido en “su animal domesticado”,
una confesión que resume la tragedia
emocional de una mujer que lo dio todo,
incluso su libertad, por amor.
Tras su muerte en 1977, poco se sabe del destino
de sus perros. Es probable que quedaran
al cuidado de su mayordomo y su criada
en París, las últimas personas que compartieron
su intimidad. Los animales, testigos
silenciosos de su ocaso, se disolvieron en el
mito junto con su dueña. Hoy, al evocarla,
es imposible no imaginar a Callas la diva, la
mujer, la amante acariciando un poodle en la
penumbra de su apartamento parisino, cantando
solo para sí misma y para quienes, sin
palabras, la amaron de verdad. RP
80 RITMOPLATINUM2025
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
Maria Callas y Elsa Maxwell:
la amistad de dos divas en distintos escenarios
La soprano y la célebre anfitriona social compartieron una relación marcada por la admiración,
la influencia y el brillo de la alta sociedad del siglo XX
La historia de Maria Callas
no puede contarse sin
mencionar a Elsa Maxwell,
la famosa “hostess” norteamericana
que reinó en
la vida social internacional desde los años
treinta hasta bien entrados los sesenta.
Maxwell no era artista ni aristócrata, pero se
convirtió en figura imprescindible en las veladas
más exclusivas del mundo. Su talento
era reunir a quienes importaban: príncipes,
magnates, artistas, estrellas de Hollywood.
En ese círculo de poder y glamour, Callas
halló tanto apoyo como exposición.
Maxwell conoció a Callas en plena ascensión
de la soprano, y pronto la convirtió en invitada
obligada de sus fiestas. Lo que unía a ambas
era la capacidad de transformar cualquier
espacio en espectáculo: Callas con su voz y
su magnetismo, Maxwell con su ingenio y su
habilidad para el entretenimiento. Maxwell
veía en Callas no solo a una cantante, sino a
un fenómeno cultural, alguien cuya presencia
daba prestigio y atractivo a cualquier evento.
La relación también tenía matices
estratégicos. Para Callas, aparecer en las
fiestas de Maxwell significaba acceder a
un público que iba más allá del teatro: la
élite internacional que definía tendencias,
desde la moda hasta la política. En esos
salones se cruzaban Aristóteles Onassis, la
realeza europea y las estrellas de cine más
grandes de la época. Maxwell, por su parte,
encontraba en Callas un símbolo perfecto de
sofisticación, alguien capaz de elevar el nivel
artístico de sus reuniones.
Pero no era solo conveniencia. La amistad
fue real, con toques de complicidad y
confianza. Maxwell admiraba la disciplina
y la fuerza de carácter de Callas, mientras
que la soprano encontraba en ella una figura
que la comprendía, que sabía navegar la
superficialidad de la alta sociedad con una
astucia que Callas no siempre poseía.
Los años en que Callas compartió con Maxwell
fueron también los de su transformación en
mito. Desde los escenarios de La Scala hasta
las cubiertas de yates en Capri, la presencia
de Maxwell aseguraba que cada movimiento
de Callas se convirtiera en noticia. El poder
de la anfitriona amplificaba el de la soprano.
La amistad entre ambas resume una época
en que la ópera, el cine, la política y la
sociedad de lujo convivían en un mismo
espacio. Callas y Maxwell eran, cada una
a su modo, divas: una desde la música, la
otra desde la vida social. Su vínculo no solo
potenció la imagen de Callas, sino que selló
la unión entre el arte y la élite, un binomio
inseparable en la historia de La Divina. RP
RITMOPLATINUM2025 81
texto Luisanna Carrasco
fotos Archivos Maria Callas
Callas en el papel de Medea
gracias a Pier Paolo Pasolini
La amistad más humana forjada bajo las luces de un set
Maria Callas y Pier
Paolo Pasolini se conocieron
en un momento
en que la gran
diva estaba apagándose.
Su amistad fue catalogada como una de las
más profundas, enigmáticas y poéticas del siglo
XX, algo así como si el destino conspiró para
lograr un encuentro entre dos almas heridas,
dos genios con marcas profundas de soledad,
sensibilidad y la búsqueda de lo absoluto.
Ambos se encontraron en un punto de inflexión
de sus vidas, y el resultado fue una relación de
complicidad emocional, artística y espiritual
que trascendió los límites de lo profesional. A
finales de los años 60, Callas ya había bajado de
los escenarios de ópera; su voz, anteriormente
potente que llegó a sacar lágrimas de emoción a
muchos, estaba desgarrada, pero todavía seguía
siendo una diva majestuosa.
Pasolini, por su parte, era ya un poeta y
cineasta consagrado, pero un hombre solitario,
enfrentado a su propio mundo interior y a una
Italia que lo marginaba por su radicalidad y su
homosexualidad. Ambos se encontraron en un
punto de ruina y de esplendor. Se reconocieron.
Pasolini veía en Callas no solo a una diva, sino a
una mujer profundamente trágica, una heroína
griega viva, y le propuso el papel de Medea en
1969, cuando Callas había sido abandonada por
Onassis y la prensa internacional la describe
como una mujer herida. Ella lo aceptó y
entonces surgió un lazo que sobrepasó el trabajo
profesional una amistad teñida de ternura,
fascinación y una forma de amor no sexual, pero
absolutamente apasionado.
El polémico director quedó fascinado con
Maria; desde que gritaron acción en el set, a
82 RITMOPLATINUM2025
Pier Paolo le encantó la presencia física, sus
gestos y la forma de expresar las emociones de
una manera tan vívida que poseía la cantante.
Se dice que su cara, su mirada, sus gestos, le
parecían ideales para su mitología personal.
Callas llegó a expresar que sintió una conexión
muy fuerte con Pier Paolo, algo casi psíquico,
espiritual que la unía al director. No era una
amistad banal, ambos veían al ser humano que
existe detrás de sus carreras de artistas.
Pasolini le escribió poesía, cartas llenas de
sentimentalismo; Maria se convirtio en su
musa y, en ocasiones, llegó a confesar que era
la segunda mujer que amó en su vida, porque
la primera fue su madre. Esa afirmación revela
intensidad emocional, tal vez platónica, tal
vez un sentimiento mezclado de admiración,
necesidad artística, afecto humano.
El papel de Medea a manos de Pier Paolo
Medea es uno de los papeles más potentes,
más salvajes, más humanos que Maria Callas
interpretó, su Medea con Pier Paolo Pasolini
tiene algo de mitología personal.
Esta figura mítica es un hechicera a quien
han traicionado y sufre por el desamor de
su prometido, quien se ha casado con otra
mujer. La misma causa que la motiva a buscar
venganza. Callas también compartía el mismo
sentimiento de traición que Medea debido a la
traición de su amor imposible con Onassis,
Aunque anteriormente “La Callas” ya había
interpretado este papel en escenarios como
La Scala en 1953, bajo la dirección de Leonard
Bernstein, una interpretación llena de
contrastes e incandescente, por sus expresiones
en la actuación y, sobre todo, su voz potente en
cada frase, fue exquisita.
Varios años después también la interpretó
nuevamente en el mismo escenario, ya con
su voz y cuerpo cambiados por los años, pero
con una intensidad dramática que superaba
muchas expectativas.
En esta producción puso atención no solo a la
voz, sino también a su presencia visual en la
gran pantalla, sus expresiones corporales y su
capacidad de ser Medea más allá del canto.
Callas llegó a expresar que sintió una conexión muy fuerte con
Pier Paolo, algo casi psíquico, espiritual que la unía al director.
No era una amistad banal, ambos veían al ser humano que existe
detrás de sus carreras de artistas.
La Medea de Pasolini no solo está enfocada
en su venganza, sino que va más allá, buscó
plasmar la Medea que ha perdido a “Colchis”
por su condición de extranjera, de ser apartada,
su dolor por lo que fue dejado atrás, lo que fue
arrebatado. Medea no solo castiga a Jasón, sino
que su castigo parece brotar de una traición
más profunda: la traición de la identidad, del
origen, de lo sagrado.
Un tema con el cual Maria se identificaría muy
bien, ya que igual que la hechicera, Callas fue
apartada de su ciudad natal cuando era apenas
una adolescente y solo pudo regresar años
después, convertida en una gran diva. RP
RITMOPLATINUM2025 83
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El dolor detrás de la gloria
La confesión más íntima de Maria Callas
Cómo la infancia marcada por el rechazo forjó el genio y la implacable perfección de Maria Callas
En 1956, la revista Time dedicó
su portada a Maria
Callas, proclamándola “la
reina de la ópera del mundo”.
Pero más allá de los
aplausos y el glamour, aquella entrevista dejó
al descubierto el doloroso origen de una de
las artistas más extraordinarias y atormentadas
del siglo XX. Por primera vez, La Divina
habló sin filtros de su infancia, marcada
por la humillación, la carencia afectiva y la
explotación familiar.
La confesión fue brutal. Callas relató cómo
su madre, Evangelia “Litsa” Kalogeropoulos,
volcó toda su atención en su hija mayor,
Yakinthi —a quien llamaban “Jackie”—,
relegándola a ella al papel del “patito feo”.
“Mi hermana era delgada, bella y simpática,
y mi madre siempre la prefirió. Yo era el
patito feo, gorda y torpe y poco popular. Es
algo cruel hacer que un niño se sienta feo y
no querido”, declaró con una franqueza que
conmovió al mundo.
Pero el verdadero golpe emocional llegó
cuando confesó: “Nunca la perdonaré por
haberme quitado mi niñez. Durante todos los
años en los que debí haber estado jugando y
creciendo, yo estaba cantando o haciendo
dinero”. Su voz, que más tarde conmovería
a millones, había sido un instrumento de
supervivencia antes que de arte.
Aquel testimonio explicó buena parte del
carácter feroz y perfeccionista que la definiría
como artista. Callas había sido una niña con
problemas de visión y sobrepeso —llegó a
pesar cerca de 90 kilos—, humillada por
su madre y despreciada por su entorno.
Cantar era la única manera en que se sentía
valorada. “Cuando cantaba, era realmente
querida”, reconocería. De ese dolor nacería
una disciplina implacable y un hambre de
perfección que marcarían su carrera.
La entrevista se produjo justo después de
“Nunca la perdonaré por
haberme quitado mi niñez.
Durante todos los años en
los que debí haber estado
jugando y creciendo,
yo estaba cantando o
haciendo dinero”.
su asombrosa transformación física: entre
1953 y 1954 perdió más de 36 kilos, dejando
atrás la imagen de una joven insegura para
convertirse en el símbolo de elegancia que el
mundo idolatraba. Sin embargo, las heridas
de su infancia jamás sanaron.
Con el tiempo, Callas rompió toda relación
con su madre y su hermana. En un episodio
que reveló la magnitud de su resentimiento,
cuando su madre le pidió ayuda económica,
la soprano respondió con frialdad: “Si no
puedes ganar suficiente dinero para vivir,
puedes saltar por la ventana o ahogarte”.
La historia de Maria Callas es la de una
mujer que transformó el rechazo en arte y
la humillación en gloria. Su voz, nacida del
sufrimiento, conquistó la eternidad, pero
su corazón nunca dejó de cargar el eco de
aquella niñez que le fue arrebatada. RP
84 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
Entre el escenario y el abismo
tragedia psicológica de una diva inmortal
La voz inmortal de Maria Callas, forjada por el dolor y consumida por su propia leyenda
Algunos hablan de un fallo
cardíaco, otros de un lento
suicidio emocional. Lo cierto
es que su existencia fue el
reflejo perfecto del drama
que interpretaba sobre el escenario. Brilló con
una intensidad incomparable, pero esa detrás
de la imagen resplandeciente de una de las
voces más célebres del siglo XX, se ocultaba
una vida marcada por el sufrimiento, la inseguridad
y una constante batalla interior.
La artista que encarnó la grandeza y la
tragedia de la ópera vivió, en carne propia,
una existencia que parecía escrita para el
escenario: intensa, dolorosa y profundamente
humana.
Desde su infancia, las heridas emocionales
comenzaron a moldear su destino.
Rechazada por una madre que favorecía
abiertamente a su hermana y humillada por
su aspecto físico, creció sintiéndose el “patito
feo”, gorda, torpe y poco querida. Aquella falta
de amor dejó una huella imborrable, creando
en ella un vacío que solo el arte parecía llenar.
Cantar se convirtió en su forma de ser vista,
amada y reconocida. Pero ese mismo talento
que la elevó también la condenó a una vida de
exigencias imposibles.
Su perfeccionismo extremo fue, en realidad,
una respuesta a ese miedo constante al fracaso
y al abandono. Ella misma admitía ser una
“pesimista por naturaleza” para quien nada
de lo que hacía era lo suficientemente bueno.
En sus propias palabras, existían dos almas
enfrentadas: “Hay dos personas dentro de mí.
Me gustaría ser Maria, pero está la Callas, de
quien debo estar a la altura. Así que lucho con
ambas como buenamente puedo”. Esa lucha
“No era mi voz la que estaba enferma, eran mis nervios”.
interna entre la mujer vulnerable y la leyenda su vida personal se desmoronaba tras la
que debía sostener terminó por desgarrarla.El traición y abandono de Aristóteles Onassis,
precio de la excelencia fue devastador.
su salud emocional también se desplomó.
Las crisis nerviosas y los ataques de ansiedad Perdió a un hijo, a su gran amor y, con ellos, el
comenzaron a manifestarse con frecuencia. sentido de seguir cantando.
Uno de los episodios más comentados Aislada en su apartamento de París, buscó
ocurrió en 1958, cuando abandonó en pleno consuelo en los tranquilizantes y somníferos
acto la ópera Norma en Roma, desatando un que, con el tiempo, apagaron su vitalidad.
escándalo mundial. Detrás del gesto no había Su muerte en 1977, a los 53 años, sigue
arrogancia, sino colapso emocional. Su voz, envuelta en misterio: misma llama terminó
que parecía un instrumento divino, comenzó consumiéndola. La grandeza de su arte nació
a fallarle no por enfermedad física, sino por del mismo lugar que su dolor. Y así, entre la
agotamiento mental.
gloria y el abismo, quedó inmortalizada como
“No era mi voz la que estaba enferma, eran el alma más trágica y luminosa que jamás
mis nervios”, llegó a confesar. A medida que haya pisado un escenario. RP
86 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
La cruel sombra de la balanza:
el bullying silencioso que sufrió
Su voz fue su refugio, pero también su grito de auxilio ante una sociedad
que la juzgaba por su cuerpo antes que por su arte
Tenemos claro que Callas
era una estrella de la ópera,
una soprano que convirtió
su nombre en sinónimo
de arte sin igual y pasión
escénica. Sin embargo, pocos conocen que
cargó con una cruz pesada mucho antes de
alcanzar la fama: la crueldad y el juicio por
su peso. Su juventud estuvo marcada por un
constante escrutinio sobre su figura, un tipo
de bullying sutil, pero profundamente destructivo
que venía tanto de su entorno familiar
como del mundo profesional.
Las heridas invisibles que le
dejó el rechazo marcaron
su carácter y forjaron la
disciplina implacable con
la que enfrentó su arte.
En la búsqueda por ser
aceptada, Callas transformó
el dolor en perfección y la
humillación en belleza.
El hogar y la desaprobación materna
Su principal fuente de crítica venía del espacio
donde debía sentirse segura, su hogar,
principalmente en la figura de su madre.
Se ha documentado que Evangelia ejercía
una presión inmensa sobre Maria, quien
padecía un sobrepeso significativo desde su
adolescencia. El uso de apodos despectivos y
los comentarios hirientes eran constantes y
fueron dejando cicatrices emocionales profundas
que marcarían su vida. La madre de
Callas no dudaba en señalar su figura, haciendo
que sintiera que su valía, incluso su
inmenso talento vocal, quedara eclipsado
por su apariencia física. Esta agresión verbal
constante sembró en la joven Maria una
profunda sensación de inconformidad y una
baja autoestima crónica.
La ópera y el peso del prejuicio
Al iniciar su carrera operística, la situación
no mejoró. Aunque su voz era un fenómeno
de la naturaleza, una “voz de tres octavas”
capaz de abordar los roles más exigentes,
su físico la convirtió en blanco de habladurías.
A Callas, con su cuerpo voluminoso, le
costaba encarnar a las heroínas románticas
y frágiles que a menudo interpretaba, como
la tísica Violetta o la delicada Cio-Cio San.
En un ambiente donde la presencia escénica
comenzaba a ganar importancia junto al virtuosismo
vocal, el peso de Callas se consideraba
un impedimento estético y un tema de
burla en los círculos operísticos. Sentía que
su físico comprometía la credibilidad dramática
de sus personajes. Esta obsesión externa,
a menudo disfrazada de “crítica constructiva”
sobre la idoneidad para el papel,
era una forma de bullying profesional que la
forzaba a confrontar su imagen en un espejo
que solo reflejaba la desaprobación.
La huella del maltrato estético
Este constante recordatorio sobre su apariencia
creó una mancha de dolor en la
vida de Maria: un talento divino atrapado
en un cuerpo que, según el juicio social, no
era digno de tal arte. En su mente se creó la
percepción de que debía cambiar su cuerpo
para que el mundo la aceptara con más facilidad.
El abuso que sufrió por su peso en
su juventud no solo la hirió, sino que definió
su intensa necesidad de control y perfección,
dejando una huella indeleble de inseguridad
bajo el brillo de “La Divina” y que la llevó a
tomar decisiones drásticas años después. RP
RITMOPLATINUM2025 87
texto Joel Peralta
fotos Archivos Maria Callas
La metamorfosis de la soprano:
el mito y el precio de la perfección
Su cuerpo se volvió un campo de batalla entre el arte, la exigencia y el deseo de ser amada
Hay transformaciones
que trascienden la estética
y se convierten
en símbolo, y la de Maria
Callas fue una de
ellas. “La Divina” no solo redefinió el canto
lírico del siglo XX, sino también la imagen
de la diva moderna: una mujer tan fascinante
como atormentada, poderosa en el escenario
y vulnerable fuera de él. Su metamorfosis
física, emocional y artística fue tan impactante
como su voz, y cambió para siempre la
forma en que el mundo veía a las estrellas de
la ópera.
Antes de convertirse en un ícono, era una
joven de complexión robusta, tímida y de
carácter desafiante. Su infancia estuvo
marcada por la exigencia de una madre
ambiciosa y por una relación conflictiva con
su cuerpo. Desde sus años de estudio en el
Conservatorio de Atenas, la joven Callas fue
objeto de burlas y comentarios crueles sobre
su peso, porque a pesar de poseer una voz
prodigiosa, muchos la veían solo como una
muchacha torpe, demasiado grande para
la elegancia del escenario. Esa constante
humillación sembró en ella una herida que
nunca sanaría del todo.
El cambio que lo transformó todo
En los primeros años de su carrera, fue
conocida por su talento volcánico y su físico
imponente, su potencia vocal y dramatismo
la hicieron destacar en los escenarios
italianos, pero las críticas sobre su apariencia
persistían. Sin embargo, todo cambió a
mediados de la década de 1950, cuando la
soprano inició una pérdida de peso radical,
Su historia no es solo la de
una soprano que deslumbró al
mundo, sino la de una mujer
que se reinventó a costa de sí
misma, que buscó en el arte
la redención que la realidad le
negaba.
en poco más de un año, bajó cerca de 78
libras; el cambio fue tan drástico que algunos
la describieron como una resurrección, ya
que su figura se estilizó, su rostro adquirió
una elegancia aristocrática y su presencia
escénica alcanzó un magnetismo innegable.
Esa nueva imagen redefinió no solo su
carrera, sino también su identidad, haciendo
desaparecer a la joven insegura y creando
una diva en toda regla: altiva, sofisticada
y consciente de su poder. Su estilismo, con
vestidos de Dior y joyas de Bulgari, así como
su actitud distante, construyeron el mito de la
88 RITMOPLATINUM2025
Amor, fama y soledad
Este cambio en su físico coincidió con
el auge de su fama y con el inicio de
su tormentosa relación con Aristóteles
Onassis, el magnate griego que la introdujo
en la jet set internacional, con él vivió una
pasión intensa que la alejó temporalmente
de los escenarios. Pero ese amor también
profundizó su inseguridad, pues cuando
Onassis la abandonó por Jacqueline
Kennedy, Callas volvió a enfrentarse
al rechazo y al vacío emocional que la
acompañaron desde su juventud. La diva,
adorada por el mundo, se sentía nuevamente
la muchacha rechazada de Atenas.
A medida que su salud se deterioraba y
su carrera entraba en declive, Callas se
convirtió en una figura trágica. Su voz, antaño
imponente, mostraba signos de agotamiento,
muchos atribuyeron ese deterioro a las dietas
extremas y al estrés constante. La mujer que
había conquistado al público con su perfección
escénica, terminó prisionera de ella.
Callas inalcanzable, la mujer que dominaba
tanto el escenario como los titulares. Pero
detrás de esa perfección aparente, se gestaba
un profundo desequilibrio interior.
El costo oculto: un cuerpo bajo presión
Desde testimonios de personas de su entorno
y distintos biógrafos que han hablado de
su vida, se señala que la transformación
física de Callas estuvo acompañada por
un trastorno alimenticio, probablemente
anorexia nerviosa, pero esto no es del todo
comprobable. Sin embargo, su obsesión por el
control se convirtió en un arma de doble filo.
Dejó de comer, se aisló y comenzó a
depender de una estricta disciplina que
afectó su salud y su resistencia vocal. Ella
misma reconoció, años después, que su voz
había cambiado haciéndose más ligera, más
frágil y menos poderosa.
En cada nota, en cada
silencio, se percibe la lucha
entre la divinidad que el
público adoraba y la fragilidad
que ella intentaba ocultar.
Callas no solo transformó la
ópera: transformó la manera
en que entendemos la pasión,
la entrega y el precio de la
grandeza.
La herencia de una diosa imperfecta
El decidir cambiar su cuerpo fue mucho
más que una cuestión de peso, fue el reflejo
de una época que exigía belleza y disciplina
a cualquier precio. Su vida encarna el
conflicto entre arte y cuerpo, entre talento
y autodestrucción. En su búsqueda de
aceptación, Callas se reinventó a sí misma,
pero pagó un costo altísimo.
Hoy, al recordarla, no solo admiramos su voz
única o su legado musical, sino también la
historia humana detrás del mito. Ella fue la
prueba viviente de que la divinidad del arte
puede nacer del dolor más profundo. Si bien
fue la diva de todas las divas, también es un
espejo de las heridas invisibles que deja la
obsesión por la perfección.
Su voz aún resuena en los teatros del mundo,
recordándonos que la verdadera grandeza no
radica en la apariencia, sino en la intensidad
con que alguien se atreve a vivir y a sentir
cada nota de su propia existencia. RP
RITMOPLATINUM2025 89
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El sabor del control
La transformación culinaria de una diva
La dieta, los mitos y la pasión gastronómica de una diva eterna
La historia culinaria de una
de las más grandes voces del
siglo XX es tan fascinante
como su leyenda. Su relación
con la comida reflejaba
su propia vida: una lucha constante entre el
placer y la disciplina, entre la indulgencia y
la perfección. Su trayectoria puede dividirse
claramente en dos etapas: la joven con sobrepeso
que amaba los sabores intensos y la glamurosa
diva esbelta que convirtió su cuerpo
en un símbolo de control absoluto.
Durante sus primeros años de fama, su aspecto
físico distaba del ideal escénico que imperaba
en el mundo de la ópera. Sin embargo, entre
1953 y 1954 protagonizó una transformación
física radical: pasó de pesar alrededor de 100
a poco más de 50 kilos en apenas un año. Este
cambio, tan drástico como misterioso, marcó
el inicio de una nueva era en su vida.
El método exacto de su adelgazamiento se
convirtió en leyenda. Circularon rumores que
aseguraban que había recurrido a un método
extremo: ingerir una tenia para perder peso
rápidamente. Aunque siempre negó esta
versión, las especulaciones persistieron,
alimentadas por el hecho de que disfrutaba del
steak tartar, una carne cruda que puede ser
vehículo de este parásito. La historia, aunque
nunca comprobada, contribuyó a alimentar el
aura de misterio que rodeaba su figura. Más
allá de los rumores, lo cierto es que adoptó
una dieta de una severidad implacable.
Su menú se basaba en proteínas magras
(bistecs o pollo a la parrilla) acompañadas
de vegetales frescos y ensaladas. Evitaba
cualquier exceso calórico, limitándose a
pequeños bocados mientras sus invitados
degustaban banquetes completos. En cuanto
a las bebidas, rechazaba el vino y los licores,
aunque en ocasiones brindaba con champán,
al que consideraba “menos engordante”.
Paradójicamente, la mujer que se imponía
una dieta casi monástica era una verdadera
amante de la gastronomía. A pesar de su
riguroso control, sentía una pasión genuina
por la buena mesa, por cocinar y compartir.
Su chef personal y sus colecciones de
recetas revelaron que era una gourmet de
gustos refinados, especialmente atraída por
la cocina mediterránea.
Entre sus platillos predilectos figuraban los
pescados y mariscos (scampi, pulpo, bacalao
y calamares en su tinta), así como los platos
“En la mesa como en el
escenario, Maria Callas buscó
siempre el equilibrio entre el
placer y la perfección”.
tradicionales griegos como el cordero o las
hojas de parra rellenas. También apreciaba
las salsas intensas, como la peperonata
italiana, elaborada con caldo de res, tuétano
y queso parmesano, aunque solo probaba
pequeñas porciones. RP
90 RITMOPLATINUM2025
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
Recetas para no probar:
el curioso pasatiempo de Maria Callas
Una mujer de férrea disciplina encontraba placer en coleccionar platos que nunca comería,
como una forma íntima de saborear lo prohibido
M
aria Callas fue tan
conocida por su voz
como por su rigurosa
disciplina personal.
Tras perder
más de treinta kilos a mediados de los años
cincuenta, se aferró a un estilo de vida extremadamente
controlado, consciente de que
su imagen y su energía escénica dependían
de ello. Sin embargo, bajo esa férrea autodisciplina
se escondía un pasatiempo peculiar:
coleccionar recetas de cocina.
No se trataba de un simple hobby gastronómico,
sino de un ritual casi secreto. Callas
recopilaba recortes de periódicos, notas
manuscritas y libros de cocina, donde guardaba
recetas de pastas, postres, guisos y
platos de distintas tradiciones. Lo llamativo
era que muchos de esos manjares jamás
los probaba. Para ella, era “una manera de
disfrutar de forma indirecta los platos que
nunca se comería”.
El acto de coleccionar le permitía acercarse al
placer de la comida sin romper con la estricta
disciplina que la caracterizaba. Había algo
de catártico en escribir, leer y guardar esas
recetas: como si al tenerlas en papel pudiera
saborearlas con la imaginación. Tal vez en
su mundo de sacrificios, esta práctica era un
espacio íntimo de libertad, un rincón donde
podía soñar sin traicionar la imagen pública
que cultivaba.
Coleccionar recetas también refleja otra faceta
de Callas: su profundo interés por la cultura
y la estética en todas sus formas. Así como
se entregaba a la ópera con perfección, encontraba
en la cocina una manifestación artística
El acto de coleccionar le
permitía acercarse al placer
de la comida sin romper con
la estricta disciplina que la
caracterizaba.
que apreciaba intelectualmente, aunque no
físicamente. Cada plato era, para ella, una
obra, un universo de aromas y texturas que
podía imaginar, aunque no probar.
El pasatiempo tenía, además, un matiz irónico:
la soprano que fascinaba al mundo
entero con excesos dramáticos en escena,
llevaba una vida personal dominada por la
contención. En lugar de deleitarse con un
tiramisú o un plato de pasta a la carbonara,
los guardaba en un cuaderno, como trofeos
de un deseo contenido.
Ese hábito peculiar nos muestra una Callas
humana, contradictoria y entrañable. Una
mujer que transformaba incluso la renuncia
en un acto creativo. Al coleccionar recetas,
construía un puente simbólico entre lo que
deseaba y lo que se permitía, reafirmando una
vez más que todo en ella –incluso los gestos
más privados– estaba marcado por la pasión
y la disciplina. RP
RITMOPLATINUM2025 91
CA
Disfonía, desamor
y un desafortunado final
CA
texto Luisanna Carrasco
fotos Archivos Maria Callas
Su matrimonio con Meneghini
unión que la llevó a la cima
Ellos tenían una relación complicada, intensa, llena de dramatismo que se convirtió en algo tóxico
Para el año 1947, Maria Callas
era una joven estrella en ascenso,
su voz rimbombante
ya deslumbraba en los escenarios,
sus interpretaciones
se ganaban ovaciones y era reconocida. Pero
todavía le faltaba camino para convertirse en
la diva mítica de la ópera y no gozaba de la
economía que deseaba.
Con un talento desbordante, pero aún sin el
reconocimiento pleno, llegó a Italia, a Verona,
en 1947, para interpretar La Gioconda en la
Arena. Fue allí en un restaurante de Verona
donde Callas conoció al empresario italiano
Giovanni Battista Meneghini, un amante de la
música, 28 años mayor que ella y, enseguida,
quedó fascinado por la joven Maria.
Meneghini se convirtio en su benefactor, su
mecenas; el protector de Callas y su gerente.
El industrial se enamoró perdidamente de
Maria, y ella, a su vez, vio en él una figura
de protección y estabilidad que anhelaba,
llegando a decir años más tarde que había
buscado más un padre que un amante en él.
Se casaron el 21 de abril de 1949 en Verona
y enseguida Giovanni se convirtio en el
mánager de Callas y se dedicó a impulsar su
carrera, administrar contratos, patrocinios y
proyectos artísticos, lo que permitió a Callas
ascender rápidamente al circuito de teatros
de élite en Italia y luego internacionalmente.
Su gestión permitió que ella tuviera acceso a
papeles importantes, contactos con directores
destacados y temporadas exigentes.
En ese sentido, la relación funcionó como
una alianza profesional muy poderosa: él
le ofrecía estabilidad económica y recursos;
ella desplegaba su talento y carisma, lo que
reforzó la figura de “La Divina”.
Sin embargo, también se estableció un
patrón de dependencia emocional y,
posteriormente, financiera que comenzaría
a generar tensiones: Callas aceptaba las
decisiones de Meneghini en muchos casos
sin cuestionarlas, y su carrera se volvió
también su “empresa” de familia.
Pero esta relación profesional deterioró
su matrimonio y lo convirtió en algo
terriblemente complejo. Maria cargaba
con muchos traumas de infancia como la
explotación económica, los desacuerdos
entre sus padres y el rudo trato de su
madre, no le permitieron desarrollar afecto
profundo por su esposo. Meneghini le ofreció
la estabilidad, la protección y el apoyo
económico que le faltaron.
Con el paso de los años y el aumento de la
fama de Callas, emergieron tensiones que
hicieron crecer la toxicidad de la relación.
En varias cartas escritas por puño y letra
de Callas, ella acusa a su marido de haberle
robado. “Mi marido sigue molestándome
después de haberme robado más de la mitad
de mi dinero poniéndolo todo a su nombre
desde que nos casamos… Fui una tonta… al
confiar en él”.
94 RITMOPLATINUM2025
El desequilibrio, el control de Meneghini
sobre Maria, la falta de transparencia en sus
finanzas y las infidelidades fueron las semillas
del que hicieron germinar el resentimiento y
el desamor de Callas hacia su pareja que la
llevaron a dejarlo.
Aunque ella era una “Diva”, la gran cantante
mítica que había revivido un estilo único de
cantar y entonar, que nadie tenía la capacidad
vocal de practicar; Maria se sentía abrumada
y limitada, ella quería tener hijos, vivir una
vida simple sin ser siempre la gran estrella.
Esto generó conflictos con su mánager y
provocó más fisuras a la relación de ambos.
Para la década de los años 50 aparecieron
varios rumores sobre la infidelidad de
Meneghini, su trato autoritario, e incluso
su vida social paralela. La relación ya no era
solo de apoyo: era de control, dependencia
y desconfianza. Callas con Meneghini era
a menudo servil y obediente, un contraste
notorio con la imagen de diva indomable que
proyectaba en el escenario.
La relación ya no era solo
de apoyo: era de control,
dependencia y desconfianza.
Callas con Meneghini era a
menudo servil y obediente ,
un contraste notorio con la
imagen de diva indomable que
proyectaba en el escenario.
Pero tras una década de luchar con su
relación tóxica a cuestas y sus traumas
de infancia que nunca la dejaron ser feliz
plenamente, Maria decidió abandonar a
Giovanni en el 1959, luego de conocer al
magnate griego Aristóteles Onassis, en una
gala a la que fue invitada. La ruptura formal
se generó meses después.
Luego del divorcio, Callas se sumergió en una
nueva relación con Onassis, pero su carrera
estaba en un limbo, mientras Meneghini se
retiró parcialmente a su vida privada, pero
mantuvo derechos sobre grabaciones, joyas y
bienes. En subastas posteriores salieron a la
luz 63 cartas de amor de Callas a Meneghini,
entre las fechas de 1947 hasta 1950. Una
prueba de la complicada intimidad en la que
ambos coexistieron.
La toxicidad de la relación dejó huellas en
la voz, en la salud emocional y profesional
de Callas: muchos aseguran que la presión,
la sobreexplotación de repertorios, el
control de Meneghini contribuyeron a un
desgaste prematuro.
La historia entre Maria Callas y Giovanni
Battista Meneghini es, en su dramatismo,
la parábola de la artista que sube al Olimpo
gracias a alguien que actúa como mentor
y empresario, y que a la vez se convierte en
jaula. Meneghini le dio alas, pero también
ataduras. Callas triunfó, pero pagó un precio
emocional, físico y artístico por esa alianza.
En ese terreno ambiguo de protección y
dominio nació una relación que desembocó
en amor, gestión, dependencia, resentimiento
y ruptura. Y en ese vaivén, la soprano escribió
con su voz un capítulo tan intenso como sus
mejores roles. RP
RITMOPLATINUM2025 95
texto Lisbeth Calderón
fotos Archivos Maria Callas
Aristóteles Onassis
y Maria Callas
Un amor intenso, pero nunca consolidado.
Fue un vínculo que desbordó
los límites de la realidad
y se convirtió en leyenda.
Cuando Maria Callas
y Aristóteles Onassis se
conocieron a mediados de los años 50, el
destino pareció juntar a dos fuerzas de la
naturaleza: ella, la diva absoluta de la ópera;
él, el magnate más poderoso del mundo
marítimo. Ambos compartían ambición,
disciplina y un deseo de trascender, pero
también una necesidad profunda de ser
comprendidos y admirados.
Su historia, envuelta en lujo, escándalo
y melancolía, no fue simplemente un
romance, sino una tragedia moderna
que fascinó al mundo: un amor intenso,
lleno de pasión, pero nunca consolidado
en estabilidad.
El encuentro de dos mundos
Callas, en la cúspide de su carrera, fue invitada
a eventos de la alta sociedad europea,
donde conoció formalmente a Onassis, dueño
de una flota de petroleros y figura central
de la jet set internacional. Ambos eran griegos
y descendientes de familias que habían
luchado por rehacer sus vidas: ella, nacida
en Nueva York de padres inmigrantes; él,
un empresario que reconstruyó su fortuna
tras perderlo todo durante la guerra.
Se reconocieron en la ambición del otro y
en el hambre de grandeza. Como recordaría
un amigo común, “él no la miraba como
la diva del escenario, sino como una mujer
que merecía ser adorada”.
Su romance floreció a bordo del legendario
yate Christina O, navegando por las aguas
del Egeo y las costas de Capri. Allí, la soprano
y el magnate vivieron veranos intensos,
fotografiados y admirados por la prensa
internacional. En las cubiertas del yate, se
tejía una historia de amor única, marcada
por la belleza, el lujo y la intensidad de dos
personalidades extraordinarias.
Callas, acostumbrada al rigor de la ópera y a
la soledad del escenario, descubrió en Onassis
una vida distinta: lujosa, espontánea e
96 RITMOPLATINUM2025
Al principio, su relación
fue una fusión de fuerza y
deseo, pero con el tiempo se
transformó en un delicado
equilibrio entre dos egos
inmensos y dos maneras
distintas de amar: la posesiva
y la absoluta.
imprevisible. Él, por su parte, halló en ella
cualidades que el dinero no podía comprar:
sensibilidad, cultura y autenticidad. Sin
embargo, esas diferencias también serían
la semilla de su distanciamiento.
Onassis era un hombre acostumbrado a
dominarlo todo: negocios, titulares y, a veces,
a quienes lo rodeaban. Callas, en cambio,
había conquistado el mundo por su entrega
emocional y su arte. Al principio, su
relación fue una fusión de fuerza y deseo,
pero con el tiempo se transformó en un delicado
equilibrio entre dos egos inmensos y
dos maneras distintas de amar: la posesiva
y la absoluta.
Aunque Callas había comenzado a reducir
su actividad operística por problemas de
salud y exigencias profesionales, su relación
con Onassis ocupó un lugar central en
su vida. Sin embargo, en 1968, Onassis sorprendió
al mundo y a Callas al casarse con
Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente
estadounidense. Fue un golpe público y
personal que dejó huella en la soprano.
A pesar de la distancia y los cambios, su
vínculo no se extinguió del todo. Cartas
y testimonios sugieren que mantuvieron
comunicación y un afecto profundo incluso
después del matrimonio de Onassis.
Cuando el magnate enfermó en la década
de 1970, Callas lo visitó discretamente. Y
cuando Onassis murió en 1975, ella quedó
devastada. Su propia muerte, dos años
después, pareció cerrar un capítulo que
sigue resonando en la memoria colectiva.
Lo que unió a Callas y Onassis no fue únicamente
el amor, sino la forma en que se
reconocían como iguales: dos seres que
habían alcanzado los límites de sus ambiciones
y que, aun así, buscaban algo más
profundo. Ella representaba la perfección
del arte; él, el poder absoluto. Juntos construyeron
una relación donde la pasión fue
más fuerte que cualquier promesa y la intensidad
más duradera que la estabilidad.
Su historia refleja los contrastes del siglo
XX: la opulencia frente a la soledad, el éxito
frente al vacío, el mito frente a la humanidad.
Más allá de las crónicas del corazón,
su vínculo ofrece una lección sobre el precio
del amor cuando se vive a gran escala.
Décadas después, su romance sigue inspirando
libros, documentales y producciones
musicales. Representa una verdad atemporal:
algunos amores no necesitan finales
felices para ser eternos. El de Maria Callas
y Aristóteles Onassis fue así: un vínculo
intenso, lleno de pasión, entre dos almas
extraordinarias que se amaron sin llegar
a pertenecer completamente la una a la
otra. Y quizá por eso, su historia sigue viva,
como un aria suspendida que resuena más
allá del tiempo. RP
RITMOPLATINUM2025 97
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El amor que la destruyó
La tragedia del triángulo
Onassis-Kennedy-La Divina
Una historia de pasión y poder que convirtió a la diva de la ópera en víctima del amor
El triángulo amoroso entre
Aristóteles Onassis,
Jacqueline Kennedy y la
gran diva de la ópera es
uno de los episodios más
comentados y trágicos del siglo XX. Fue una
historia de pasión, ambición, traición y dolor,
en la que el amor más profundo y destructivo
terminó por consumir a una de las
mujeres más admiradas de su tiempo.
El romance entre la cantante y el magnate
griego comenzó en 1959, cuando ambos estaban
aún casados. Ella vivía un matrimonio
estable con Giovanni Battista Meneghini, su
representante, mientras que él estaba unido
a Athina Livanos, madre de sus hijos. Pero
el magnetismo entre ambos fue inmediato.
La artista vio en Onassis al gran amor de
su vida: un hombre poderoso, carismático y
libre, dispuesto a ofrecerle la pasión que su
matrimonio carecía. Por él abandonó a su esposo
y gran parte de su carrera, convencida
de que estaba viviendo un amor absoluto.
Sin embargo, la relación estuvo marcada
por la desigualdad y la humillación. Onassis
era un hombre de excesos, acostumbrado
al control, que veía en la diva un
símbolo de prestigio más que una compañera
emocional. Aunque hubo momentos
de ternura y devoción, predominaban los
desplantes, los celos y las infidelidades. La
historia alcanzó un punto trágico cuando
ella quedó embarazada y él la presionó
para interrumpir el embarazo, una decisión
que dejó una herida irreparable.
En 1968, la vida de ambos cambió para
siempre. Aristóteles Onassis anunció su matrimonio
con Jacqueline Kennedy, la viuda
“No murió de un ataque al
corazón, sino del corazon
roto que le dejo el amor”.
del presidente de Estados Unidos. La ceremonia,
celebrada el 20 de octubre en la isla
privada de Skorpios, acaparó los titulares
del mundo. Para él, casarse con la “reina de
América” era la culminación de su ambición
social; para ella, un refugio tras las tragedias
que habían marcado su vida. El enlace fue
más una transacción que un romance: él obtenía
estatus político y ella seguridad.
La noticia cayó como un rayo sobre la cantante.
Se enteró por los periódicos, apenas
semanas antes de la boda. Fue una humillación
pública devastadora. Había renunciado
a su matrimonio, a su carrera y a su reputación
por un hombre que ahora la reemplazaba
con una de las figuras más admiradas
del planeta. A partir de entonces, su salud
mental y física se deterioró rápidamente. Se
refugió en su apartamento de París, evitando
los escenarios, sumida en una profunda depresión.
Dependía de pastillas para dormir y
apenas comía.
Paradójicamente, Onassis nunca logró desprenderse
del todo de ella. Aunque su matrimonio
con Jacqueline fue tenso y breve, el
magnate continuó viéndola en secreto. Muchos
de sus allegados aseguraron que, a pesar
de todo, ella fue su verdadero amor. Cuando
Onassis enfermó gravemente, pidió verla, y
ella acudió al hospital para despedirse. RP
98 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Madame Claude:
poder y misterio en las noches de París
Sus chicas no solo vendían placeres, también ilusión, elegancia y compañía al nivel del poder
La mujer que dominó la noche
parisina
París en los años 50 y 60, era
el destino perfecto para vivir
el glamour y disfrutar del
poder en los salones más exclusivos y privados
del mundo, y estos fueron el lugar donde
una mujer criada en una familia modesta se
convirtió en una leyenda: Madame Claude,
el excéntrico nombre con el que se le conocía
a Fernande Grudet, que logró erigir un imperio
secreto en el corazón de la capital francesa.
Su burdel no era un lugar común, sino
un sofisticado centro de encuentros para
diplomáticos, aristócratas, empresarios y estrellas
de Hollywood. Allí no se ofrecía solo
placer, sino una experiencia de refinamiento,
discreción y elegancia.
Se encargaba de entrenar a cada chica personalmente
y les llamaba sus filles, les enseñaba
a desenvolverse con gracia, encanto e
inteligencia ante los hombres más poderosos
de la época. Eran conocidas por vestirse
con estilo, conversar con cultura y mantener
siempre la compostura sin importar la circunstancia
en la que se encontraban. Claude
se identificaba como: “Una vendedora de
fantasías” y existen rumores –que la misma
Fernande popularizó– de que en su lista de
clientes abundaban figuras prominentes de
la época, mencionando nombres como el de
John F. Kennedy, el Sha de Irán, Gadafi y,
por supuesto, Aristóteles Onassis, el magnate
griego que conquistó y destruyó el corazón
de Maria Callas.
Onassis, Callas y el otro lado del lujo
Mientras la reconocida soprano vivía su
“Solo hay dos cosas que funcionan en la vida: la comida y el
placer. Y yo nunca fui buena para la cocina”.
amor tormentoso con Onassis, él continuaba
frecuentando los lujosos círculos que
Madame Claude controlaba con precisión y
silencio. Para Callas, enamorada y frágil, el
contraste era devastador: mientras ella se
entregaba emocionalmente, él navegaba entre
los placeres de una élite que no conocía
límites. Claude era la otra cara de la moneda
del mundo en el que vivía La Divina, pues
la Madame había creado un espacio donde
el deseo se convertía en una moneda de poder
y control, simbolizando que la sociedad
en la que vivía la soprano se notaba brillante
en apariencia, pero también podía ser
profundamente frívola y vacía.
Al llegar los años 70, Madame Claude fue
perseguida por las autoridades francesas,
se le acuso de evasión fiscal y de proxenetismo.
Huyó a los Estados Unidos, aunque
años después regresó a Francia, donde fue
encarcelada y, a pesar de su caída, el nombre
que ella misma escogió para dirigir su “negocio”
quedó grabado como un ícono de la
sofisticación corrupta de su tiempo.
Falleció en 2015, a los 92 años, sin arrepentirse
del todo de lo que había creado. Su
historia sigue siendo un espejo del poder, el
deseo y la hipocresía de una sociedad que
aplaudía en los teatros a Maria Callas mientras,
en la penumbra de París, buscaba consuelo
en los salones de Madame Claude. RP
RITMOPLATINUM2025 99
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
Entre la gloria
y el abandono
Los amores que forjaron y rompieron a Maria Callas.
En el escenario, Maria Callas
fue una diosa. Pero fuera de
él, su vida amorosa se tejió
con los mismos matices de
tragedia, entrega y vulnerabilidad
que definieron sus más grandes papeles.
Solo dos hombres marcaron realmente
su existencia: su esposo y mentor Giovanni
Battista Meneghini, y su gran amor y perdición,
Aristóteles Onassis. Entre ambos se dibuja
el arco de una mujer que amó con la misma
intensidad con la que interpretó a Tosca o
Norma: sin reservas, hasta el sacrificio.
Cuando conoció a Giovanni Battista
Meneghini, Callas era una joven soprano
tratando de abrirse paso en el exigente mundo
de la ópera italiana. Él, un industrial rico,
treinta años mayor, vio en ella no solo talento,
sino una joya por pulir. Se convirtió en
su esposo, su representante y su protector.
Dejó sus negocios para dedicarse a su carrera,
negociando contratos, asegurando presentaciones
y construyendo, piedra a piedra,
el mito de La Callas.
Maria solía decir que Meneghini fue el primero
que realmente la comprendió. Le ofreció
estabilidad, respeto y admiración, pero
no pasión. La suya fue una relación más paternal
que romántica. Sin embargo, fue también
la base sobre la que se levantó su gloria.
Todo cambió en 1959, cuando Callas conoció
al magnate griego Aristóteles Onassis. En un
instante, la diva abandonó al marido que la
había hecho inmortal, y con él, la seguridad
que tanto le había costado construir.
Con Onassis, Callas vivió una historia de
amor arrebatada, sensual y devastadora.
Su romance comenzó durante un crucero a
“Maria Callas vivió el amor
como una ópera: con la
grandeza de una diosa y
la fragilidad de una mujer
dispuesta a perderlo todo
por sentir”.
bordo del yate Christina, donde nació una relación
marcada por la fascinación mutua y el
desequilibrio emocional. Ella lo amó con un
fervor absoluto; él, con la frialdad de quien se
sabía irresistible. Por él, Maria sacrificó contratos,
amistades y parte de su carrera. Cambió
su cuerpo, adelgazó drásticamente y se
moldeó a la imagen del hombre que amaba,
solo para descubrir que nunca sería suficiente.
Las versiones sobre un hijo perdido –ya fuera
un aborto forzado o un bebé que murió
poco después de nacer– alimentan la leyenda
de su sufrimiento. Pero la herida más visible
llegó en 1968, cuando Onassis se casó
con Jacqueline Kennedy. Callas se enteró por
la prensa. Nunca se recuperó de esa traición.
Aunque él continuó viéndola en secreto durante
años, el vínculo se transformó en una
sombra melancólica de lo que fue.
En esos años oscuros, Callas encontró consuelo
en la amistad del cineasta Pier Paolo
Pasolini, quien le ofreció una nueva voz en
el cine con Medea (1969). Entre ambos surgió
una relación de profunda complicidad y
ternura, marcada por el respeto y la empatía.
Fue, quizás, el único vínculo desinteresado
que tuvo en sus últimos años.
Cuando Onassis murió en 1975, algo en
Callas se apagó definitivamente. Dos años
después, la mujer que había conmovido al
mundo con su voz murió sola en su apartamento
de París, con apenas 53 años. Maria
Callas fue, al final, la encarnación viva de sus
heroínas trágicas: una mujer que amó demasiado,
que lo dio todo, y que encontró en el
amor la más dolorosa de sus arias. RP
100 RITMOPLATINUM2025
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
El eco de
una maternidad imposible
Entre la voz y el silencio: los hijos que Maria Callas nunca tuvo
La vida de Maria Callas estuvo
marcada por una pasión
desbordante hacia la música,
pero también por una
profunda soledad. Aunque
fue una mujer de amores intensos y contradictorios,
lo cierto es que nunca tuvo hijos, y
ese hecho ha generado décadas de especulación
entre biógrafos y admiradores. Las razones
parecen entrelazarse entre lo emocional,
lo físico y lo simbólico, conformando un
retrato de la artista más allá del escenario.
Algunos sostienen que su matrimonio con
Giovanni Battista Meneghini, más una relación
de conveniencia y apoyo profesional
que una unión amorosa, no dio pie a
una vida familiar. Meneghini la veía como
un proyecto que debía pulir, una joya que
brillaba más por su disciplina que por su
felicidad. Otros aseguran que, con Aristóteles
Onassis, el gran amor y tormento de su
vida, Callas llegó a soñar con la maternidad.
Algunos rumores incluso afirman que dio
a luz a un hijo secreto en 1960, que murió
poco después, aunque nunca hubo pruebas
fehacientes de ello.
Lo cierto es que Callas, con su perfeccionismo
casi cruel, no se permitía distracciones.
La maternidad, en su mente, podía representar
un obstáculo para el dominio absoluto
de su arte. Vivía por y para la ópera, y en
esa devoción quemó toda posibilidad de vida
personal estable. Sin embargo, quienes la conocieron
íntimamente contaron que, en los
últimos años, solía hablar con ternura de los
hijos que no tuvo, como si imaginara vidas
paralelas en las que su voz no hubiese sido el
centro de todo.
Algunos rumores incluso
afirman que dio a luz a un hijo
secreto en 1960.
Quizá en cada heroína trágica que interpretó
–Tosca, Norma, Medea– Callas encontró una
forma de sublimar esa ausencia. Su arte se
convirtió en una maternidad simbólica: en
lugar de hijos, dejó interpretaciones que siguen
vivas, respirando emoción y vulnerabilidad.
En esa entrega absoluta, Maria Callas
fue madre de un legado que, como un hijo
inmortal, jamás dejará de crecer. RP
RITMOPLATINUM2025 101
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
Cuando la prensa comenzó
a inmiscuirse en su vida personal
El asedio de los paparazzi convirtió en espectáculo público su vida privada
La transformación de Maria a
“La Gran Diva”, cuando pasó
de ser una simple artista que
canta ópera a “La Callas”, trajo
consigo varias consecuencias,
esto fue el reconocimiento de la prensa. Ya en los
inicios de los 50 era reconocida mundialmente;
la prensa empezó entonces a interesarse no solo
por su voz, sus papeles, sus actuaciones, sino por
su cuerpo, su dieta, su peso, su vida privada.
Hacia mediados de los años 50, las turbulencias
en la vida de Maria ya habían comenzado, los
rumores de cancelaciones de sus funciones
debido a problemas de salud, las tensiones
contractuales y demás problemas hicieron de ella
una figura mediática en los diarios.
La revista Times, en 1956, catalogó a Callas como
una “diva implacable”, que alimentó la idea de su
carácter difícil. Pronto los comentarios sobre sus
dietas extremas, su pérdida de peso exorbitante y
los cambios físicos pronto ocupaban los titulares
de los periódicos y revistas de entretenimiento,
antes que cualquier hazaña o evento operístico.
El cambio físico de Callas, específicamente su
pérdida de peso de manera rápida y su delgadez
extrema, se convirtió en el tema favorito de la
prensa: se hablaba de su “antes y después”, de su
estética de diva, más que de su voz. Esto la puso
en una doble trampa, ya que su imagen generaba
más contenido qué su arte. El caldo de cultivo de
los chismes ocurrió cuando estalló el escándalo
de la ruptura de su matrimonio con Meneghini
y su romance con Onassis, las cancelaciones de
las funciones y su abandono de una función de
Norma en Roma en enero de 1958 que generó
críticas, fueron titulares de revistas y un terrible
escándalo mediático.
La prensa pronto dejó de ver a Callas como
una artista y empezó a verla como un show
mediático en sí misma, con vida privada,
imagen, cuerpo, y cada uno de esos elementos
era susceptible de noticia. Cuando Callas
comenzó a tener problemas vocales, la prensa lo
vinculó con “excesos”, “divismo”, “dieta extrema”,
“vida privada turbulenta”. La interpretación
artística fue menos vista como producto de su
talento que como reflejo de su vida personal
desregulada. A pesar de que Maria se mostraba
como una artista disciplinada, impecable y con
mucho dramatismo, su reputación siempre
fue impecable, hasta que la prensa empezó
a exponer todos sus problemas, entonces la
percepción pública cambió: ya no solo era “La
Divina” que dominaba el escenario, sino una
mujer vulnerable, expuesta, objeto de cotilleo.
Esto minó su control sobre su propia imagen.
El escrutinio constante sumó “ruido” al trabajo
artístico. Sus relaciones personales, sus dietas,
sus crisis se hicieron públicas, generando estrés
extra. La creación de un “personaje-diva” por la
prensa la aisló. Cuando la vida privada se hace
pública, queda poco espacio para lo íntimo;
algunos testimonios dicen que Callas se volvió
recelosa, se retiró, se encerró en su apartamento
en París. El peso del ojo público y del “qué dirán”
la afectó emocionalmente: la diva que cantaba
para multitudes se encontró sin el abrigo de la
intimidad. El precio que pagó Maria Callas por
ser “diva” no fue solo físico o vocal: fue mediático
y emocional. La prensa, con sus flashes, titulares,
escándalos, le robó parte de su privacidad, formó
su mito y a la vez su caída. Ella, cuya voz
dominaba teatros, no pudo controlar el mundo
que la miraba más allá del escenario. soprano
se volvió personaje y mercancía, la carga se
tornó insoportable. RP
102 RITMOPLATINUM2025
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
El Silencio de la Divina
El lento ocaso de Maria Callas
El deterioro de la voz y del
espíritu de Maria Callas
fue un proceso entrelazado,
gradual y profundamente
trágico. La artista que revolucionó
la ópera con su magnetismo y su intensidad
interpretativa comenzó, a mediados
de los años sesenta, a perder su instrumento
más preciado: una voz que parecía contener
todas las pasiones humanas. Detrás de
esa pérdida se ocultan causas médicas, exigencias
profesionales extremas y un drama
personal que consumió su energía vital.
El misterio de su apagamiento vocal ha
sido objeto de debate durante décadas. Las
teorías más recientes señalan una causa
médica concreta: la dermatomiositis, una
enfermedad autoinmune que debilita
los músculos y afecta la coordinación.
Según los foniatras italianos Franco Fussi
y Gaetano Paolillo, esta dolencia habría
comprometido los músculos de la laringe,
el diafragma y el pecho, explicando
así la pérdida de potencia y el temblor
perceptible en sus últimos registros. La
enfermedad, tratada con corticoides e
inmunosupresores, podría incluso haber
contribuido al fallo cardíaco que terminó
con su vida en 1977, a los 53 años.
Pero antes de que la ciencia intentara explicar
su declive, existían teorías más tradicionales.
Una de las más citadas se refiere a su pérdida
extrema de peso: entre 1953 y 1954, Callas
adelgazó más de 35 kilos para adaptarse a
una imagen más escénica y glamorosa. Ese
cambio físico, que transformó su figura en un
ícono de elegancia, alteró también el soporte
respiratorio y la mecánica de su voz. A ello
se sumó el repertorio extenuante que abordó,
abarcando roles de soprano dramática,
lírica y de coloratura, un desafío técnico
casi inhumano que acabó desgastando su
instrumento.
La propia Callas, sin embargo, atribuía su
crisis a un motivo más íntimo: “Mi voz está
bien, son mis nervios los que no lo están”,
confesó alguna vez. La tensión emocional, la
presión constante y el miedo a decepcionarse
a sí misma fueron erosionando su confianza.
Lo que comenzó como un conflicto técnico,
terminó siendo un tormento psicológico.
El derrumbe emocional acompañó a la
pérdida vocal. Su relación con Aristóteles
Onassis, marcada por la pasión y la
dependencia, fue el eje de su inestabilidad.
Mientras su carrera sufría altibajos, Callas
buscaba en él un amor que la completara
como mujer, no como diva. Cuando el
magnate la abandonó para casarse con
Jacqueline Kennedy en 1968, su mundo
interior se desplomó. La humillación pública
y la traición afectiva la sumieron en una
depresión profunda.
Tras la muerte de Onassis en 1975, Callas se
retiró casi por completo de la vida pública,
recluyéndose en su apartamento parisino.
Su salud se deterioró, su ánimo se apagó y su
dependencia de sedantes como el Mandrax
la aisló aún más. Había perdido su voz, su
amor y su propósito. Maria Callas murió
oficialmente de un ataque cardíaco, pero
muchos consideran que su verdadero final
fue el resultado de una combinación fatal:
una enfermedad que silenció su canto y un
corazón roto que apagó su voluntad de vivir.
Así, “La Divina” se convirtió en su propio
personaje trágico: una Medea de la vida real,
vencida no por la falta de talento, sino por el
peso de su humanidad. RP
RITMOPLATINUM2025 103
texto Ismalay Liranzo
foto Archivos Maria Callas
Maria Callas
y el precio de un amor imposible
La nacionalidad que cambió su destino
En 1966, Maria Callas tomó
una decisión que sorprendió
al mundo: renunció a su
ciudadanía estadounidense
para adoptar oficialmente
la nacionalidad griega. Aunque el gesto parecía
un acto de orgullo patriótico, en realidad
respondía a una motivación profundamente
personal y legal, ligada al amor que marcó y
devastó su vida: Aristóteles Onassis.
Callas había nacido en Nueva York en 1923,
hija de inmigrantes griegos. Su talento prodigioso
la llevó a convertirse en la soprano
más célebre de su tiempo, pero también en
una figura envuelta en pasiones intensas y
dramas públicos. En 1949, se casó en Verona
con Giovanni Battista Meneghini, un empresario
italiano que la apoyó en sus primeros
años de carrera. Durante más de una década,
él fue su representante y compañero,
aunque su relación fue más de conveniencia
y protección que de amor.
Todo cambió en 1959, cuando Callas conoció
al magnate griego Aristóteles Onassis. Su encuentro
fue el inicio de una historia tan apasionada
como tormentosa. Ella, en la cima de
la fama, y él, uno de los hombres más ricos
y poderosos del mundo, formaban una pareja
que fascinaba a la prensa y al público. Sin
embargo, su amor se vio desde el principio
empañado por un obstáculo legal insalvable:
Callas seguía casada con Meneghini, y en Italia
donde se había celebrado el matrimonio,
el divorcio era ilegal en aquella época.
Desesperada por romper sus lazos con
Meneghini y con la esperanza de poder
casarse con Onassis, Callas buscó asesoría
legal. Sus abogados encontraron una salida:
si renunciaba a su ciudadanía estadounidense
y recuperaba la nacionalidad
griega de sus padres, su matrimonio con
Meneghini podría considerarse nulo según
las leyes griegas, ya que no había sido
registrado en Grecia. En otras palabras, al
convertirse legalmente en ciudadana griega,
el matrimonio celebrado únicamente
bajo la ley italiana se volvería “inexistente”
a los ojos del Estado griego.
Así, en 1966, Maria Callas renunció oficialmente
a su pasaporte estadounidense y se
nacionalizó griega. Con ello consiguió, al
menos en el papel, la anulación de su matrimonio.
Era un gesto extremo, una renuncia
a su país natal y a una parte de su identidad,
hecho con la esperanza de comenzar una
nueva vida junto a Onassis.
Pero el destino no correspondió a su sacrificio.
“Por amor, Maria Callas no
solo renunció a su pasaporte,
sino a una parte de sí misma;
creyó ganar libertad y
terminó priosionera de una
promesa rota”.
A pesar de la anulación, Onassis nunca cumplió
su promesa de matrimonio. En 1968, la
soprano recibió el golpe más humillante: el
magnate se casó con Jacqueline Kennedy,
viuda del expresidente de Estados Unidos.
La decisión de Callas, que en su momento se
interpretó como un acto de amor romántico y
nacionalista, terminó siendo el símbolo de su
entrega absoluta. Renunció a su ciudadanía,
a su seguridad legal y, en cierto modo, a sí
misma, por un amor que terminó en traición.
Paradójicamente, aquel gesto que buscaba
liberarla la dejó más sola que nunca.
Maria Callas murió una década después,
en París, como ciudadana griega, pero con
el corazón de una mujer que había perdido
todo por amor. Su renuncia no fue solo política
ni jurídica: fue, ante todo, el último
acto de una tragedia moderna, escrita con la
voz de “La Divina” y sellada por el silencio
del desengaño. RP
104 RITMOPLATINUM2025
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
La Divina: el último canto
Noviembre de 1974
El concierto formó parte de la desastrosa gira junto con Di Stefano en el frío escenario de Sapporo en Japón
En la fría noche del 11 de noviembre
de 1974, Sapporo,
la ciudad nipona del norte
que olía a nieve y silencio, se
convirtió, sin saberlo, en la
última morada sonora de una leyenda. Maria
Callas, “La Divina”, subió una vez más al escenario,
envuelta en seda y en destino, para cantar
frente a un público que apenas imaginaba
estar asistiendo a la despedida definitiva de la
más fascinante de las sopranos del siglo XX.
El escenario elegido fue el Hokkaidō Kōsei
Nenkin Kaikan, un auditorio modesto
comparado con los templos que antes habían
recibido a Callas: La Scala, el Metropolitan,
Covent Garden. Esa lejanía de los grandes
epicentros operísticos, ese rincón remoto
del mapa, hace que el episodio adquiera un
tono casi literario, una metáfora exacta del
Los testigos de la gira, iniciada
junto a Di Stefano en 1973,
coinciden en que Callas ya no
buscaba la perfección técnica.
final: una mujer que había poseído el mundo,
cerrando su historia en un punto frío, distante,
donde la fama parecía ya un eco.
Acompañada por su antiguo compañero
artístico y cómplice, el tenor Giuseppe Di
Stefano, Callas interpretó fragmentos de
I vespri siciliani, Carmen, La Gioconda y
Cavalleria rusticana. Era un repertorio que
condensaba su propio mito: la mujer ardiente,
la heroína trágica, la amante desbordada. Sin
embargo, esa noche no fue solo un recital de
ópera, sino un acto de exorcismo. El canto de
Callas, quebrado pero aún luminoso, vibraba
con una intensidad que nacía del límite
mismo: la frontera entre la voz y el silencio,
entre el cuerpo y el recuerdo.
Los testigos de la gira, iniciada junto a Di
Stefano en 1973, coinciden en que Callas ya
no buscaba la perfección técnica. Sabía que
su instrumento, otrora celestial, había sido
herido por los años, las dietas, la soledad y la
nostalgia. Pero lo que había perdido en pureza,
lo ganaba en desnudez. Era una Callas sin
artificio, una Medea sin teatro, ofreciendo al
público su verdad final. “Tomorrow’s the last
one”, habría dicho, como si su garganta, más
sabia que su mente, presintiera el adiós.
Esa noche, en Sapporo, el público no vio a
una diva en decadencia, sino a una artista en
epifanía. Su voz ya no diamantina, sino terrosa,
humana seguía siendo un río de emociones.
En la “Habanera” de Carmen, la sensualidad
era reemplazada por un dejo de melancolía, un
amor ya vivido, ya perdido. En los pasajes de
Cavalleria rusticana, se adivinaba el eco de su
propio duelo interior. Fue, en suma, la última
función de una tragedia personal que había
durado décadas.
Hay algo profundamente simbólico en que
su último concierto tuviera lugar tan lejos
de Europa, en un archipiélago que para ella
debía parecer otro planeta. Japón, con su
culto al silencio, al gesto medido, al ritual,
ofrecía el escenario perfecto para un final sin
estridencias. En Sapporo no hubo escándalo,
ni multitudes frenéticas, ni prensa invasiva.
Solo un público respetuoso, un escenario frío,
y una mujer que, al terminar, se inclinó con la
elegancia de quien acepta el destino. RP
RITMOPLATINUM2025 105
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
Las últimas palabras
de una leyenda
La entrevista de 1977 con Philippe Caloni: un adiós velado entre confesiones y silencios
En 1977, apenas unos meses
antes de su muerte, Maria
Callas concedió su última
entrevista formal al periodista
francés Philippe
Caloni. Fue un encuentro íntimo, casi melancólico,
transmitido en televisión con una
atmósfera de confesión contenida. La voz que
alguna vez estremeció al mundo sonaba más
suave, como si hablara desde el recuerdo.
Durante la conversación, Callas evitó los escándalos
y las preguntas sobre Onassis, fallecido
dos años antes. En cambio, reflexionó
sobre el arte, la disciplina y el peso de la
fama. “El público me hizo una diosa –dijo–
pero olvidó que debajo de esa voz había una
mujer que también se cansa”. Su sinceridad
impactó a los televidentes: por primera vez,
La Divina dejaba entrever las grietas de su
propia mitología.
Más allá del retrato de una
artista agotada, reveló a una
mujer consciente de su legado
y en paz con su destino.
En los gestos medidos y la
mirada serena, había algo de
despedida anticipada.
Caloni, hábil y empático, la llevó a hablar de
sus inicios, de su amor por Puccini y de su
respeto absoluto por la música como lenguaje
moral. Callas se mostraba lúcida, sensible,
incluso nostálgica. Dijo que ya no pensaba
en volver al escenario: “He dado todo. Lo que
queda ahora es silencio, y el silencio también
tiene música”.
La entrevista se convirtió en un documento
invaluable. Más allá del retrato de una artista
agotada, reveló a una mujer consciente de
su legado y en paz con su destino. En los gestos
medidos y la mirada serena, había algo
de despedida anticipada.
Menos de un año después, el 16 de septiembre
de 1977, Maria Callas moría sola en su
departamento de la avenida Georges-Mandel,
en París. Esa última conversación con
Caloni quedó como un eco final: una confesión
a media voz que selló el fin de la mayor
soprano del siglo XX. RP
106 RITMOPLATINUM2025
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
La diva rota
Su lucha contra la depresion y el insomnio
Los medicamentos que tomaba la llevaron a distorsionar su realidad
Maria entablaba
conversaciones durante horas
con “alguien” en su salón, y
actuaba como si una cámara la
enfocara.
La Divina, con su voz que parecía
brotar del dolor y la
tragedia, no estuvo exenta
de caer en el consumo de
medicamentos. Maria Callas
se convirtió en una asidua a los sedantes, pastillas
para dormir y calmante para apaciguar
sus nervios. Estos medicamentos recetados
por doctores, eran sus fieles compañeros en las
noches parisinas. Entre los medicamentos que
tomaba, figura uno que la llevó a padecer alteraciones
de la realidad y alucinaciones: la metaculona,
que era un sedante hipnótico utilizado
en los años 60 y 70 para tratar el insomnio.
En Estados Unidos era conocido como Quaalude,
combinado a veces con antihistamínicos
sedantes; fue retirado del mercado años más
tarde por ser adictivo y riesgos de sobredosis.
Callas abusaba de este medicamento,
principalmente por sus problemas para
conciliar el sueño, al igual que sus angustias
y ansiedad causada por los terribles abusos
de la prensa y los paparazzi que la abordaban
donde quiera que se movia. En varias de
sus biografias y escritos de su vida relatan
que Maria tomaba varios medicamentos,
barbitúricos y ansiolíticos, a finales de sus años
de vida, muchos aseguran que la ilustre artista
recurría a la sedación regular para luchar
contra el insomnio, la ansiedad y la depresión.
Esto pudo ser la principal causa del deterioro
de su voz y el declive físico. Los sedantes
ofrecían alivio, pero también erosionan la
nitidez técnica que exige la ópera. Maria ya no
cantaba, había perdido contacto con muchos
de sus supuestos amigos, y el abandono de
Aristóteles Onassis la dejó emocionalmente
devastada... totalmente quebrada.
Su ama de llaves, Bruna Lupoli, y algunos
visitantes cercanos describieron a Callas
como una mujer que “conversaba sola”, que
a veces respondía a voces que nadie más
oía. Estas declaraciones, aunque discretas,
aparecen citadas en biografías como Maria
Callas: The Woman Behind the Legend de
Arianna Stassinopoulos Huffington (1981),
donde se menciona que Callas “revivía
entrevistas imaginarias” y hablaba a un
interlocutor invisible sobre su carrera y sus
amores perdidos. Esto desencadenó una de
las alucinaciones más terribles, donde se dice
que Callas “dio una entrevista” sin periodista
presente, recreando una conversación con una
figura ficticia, un entrevistador que solo ella
veía, y al cual denominó Mandrax, en alusión al
fármaco que probablemente desencadenó sus
alucinaciones. Aunque no existe grabación ni
registro oficial de esa entrevista, las personas
que la vieron en sus últimos días, aquellos
que estuvieron cerca de la gran diva contaron
que Maria entablaba conversaciones durante
horas con “alguien” en su salón, y actuaba
como si una cámara la enfocara.
En esa conversación delirante Callas hablaba
de su vida: su infancia en Nueva York,
sus amores con Meneghini y Onassis, y su
nostalgia del escenario. Es decir, la “entrevista”
funcionaba como un monólogo frente al vacío,
una confesión tardía a sí misma.
Pero Mandrax y sus entrevistas no era lo
único que la atormentaba, también estaba
Meneghini, quién a pesar de haberse separado
hace mucho tiempo, ella seguía imaginando
en su apartamento del número 36 de la avenue
Georges-Mandel en París. RP
RITMOPLATINUM2025 107
que parecía escuchar algo que solo ella podía
oír”, confesó una vez.
Ambos vivieron junto a Callas su rutina de
aislamiento, entre partituras, cartas y grabaciones
que repasaba como si quisiera capturar
el tiempo. Cuando los amigos y amantes
desaparecieron (cuando Aristóteles Onassis
ya pertenecía al pasado), ellos permanecieron.
Eran quienes abrían las puertas a los
pocos visitantes, quienes respondían a las
llamadas, quienes mantenían el orden en
una casa que respiraba pasado.
El 16 de septiembre de 1977, Ferruccio y
Bruna fueron los primeros en descubrir
que algo andaba mal. Aquella mañana, Catexto
Maria Amelia Cerón Victoria
fotos Archivos Maria Callas
Los guardianes del último acto
Ferruccio Mezzadri y Bruna Lupoli: los testigos silenciosos del final de Maria Callas
Cuando el brillo del escenario
se apagó y los aplausos
quedaron atrás, Maria
Callas eligió la soledad de
su apartamento en la Avenue
Georges Mandel, en París, para vivir sus
últimos años. Ya no era “La Divina” que dominaba
los teatros del mundo, sino una mujer
silenciosa, introspectiva y nostálgica. En
ese espacio íntimo, solo dos personas conocían
de cerca la vida cotidiana de la soprano:
su mayordomo Ferruccio Mezzadri y su ama
de llaves Bruna Lupoli. Ellos se convirtieron
en los testigos silenciosos de su última década,
guardando no solo secretos, sino también
ternura, disciplina y lealtad.
Ferruccio Mezzadri, de origen italiano, había
llegado a servir a Callas con una devoción
que rozaba la entrega total. Era quien
la acompañaba en sus paseos por el Bois de
Boulogne, quien organizaba sus medicamentos
y quien, muchas veces, la ayudaba a
repasar viejas partituras aunque la soprano
ya no tuviera intenciones de volver al escenario.
Era meticuloso, reservado y profundamente
respetuoso del espacio de Callas.
Se decía que hablaban poco, pero se entendían
con la mirada, como si entre ambos
existiera un código tácito de comprensión
mutua: el silencio.
Bruna Lupoli, por su parte, aportaba el calor
doméstico que tanto necesitaba una mujer
marcada por la disciplina y la exigencia. Proveniente
de Nápoles, Bruna era alegre, protectora
y fiel. Preparaba sus comidas, organizaba
sus pertenencias, y era una de las pocas
personas que se atrevían a bromear con ella.
En entrevistas posteriores, Lupoli describió
a Callas como una mujer que alternaba entre
momentos de dulce nostalgia y repentinos
silencios melancólicos. “Había días en los
Hoy, el legado de Ferruccio
y Bruna trasciende su rol
doméstico. Fueron, sin
pretenderlo, los últimos
guardianes de la artista
y de la mujer.
108 RITMOPLATINUM2025
llas no salió de su habitación. Tocaron
a la puerta, esperaron, y finalmente
entraron. La encontraron inmóvil, recostada,
con una serenidad casi teatral,
como si incluso en su último acto hubiese
querido mantener la elegancia
que la caracterizaba.
Murió a los 53 años, y Ferruccio Mezzadri
fue quien llamó a los médicos y
notificó a las autoridades. Desde ese
instante, su vida cambió: se convirtió
en el custodio de los últimos recuerdos
de Maria Callas.
Ferruccio continuó viviendo en París algunos
años más, manteniendo un perfil
bajo, aunque siempre dispuesto a hablar
de “la Signora” con respeto y cariño.
Bruna Lupoli, por su parte, regresó a
Italia y dedicó parte de su vida a preservar
la memoria de Callas, relatando pequeños
fragmentos de su cotidianidad.
Gracias a ellos se conocieron detalles íntimos,
como el gusto de Callas por escuchar
sus grabaciones antiguas, su hábito
de releer cartas pasadas o su amor por
los perfumes intensos.
Hoy, el legado de Ferruccio y Bruna
trasciende su rol doméstico. Fueron, sin
pretenderlo, los últimos guardianes de
la artista y de la mujer. En sus memorias
y testimonios se siente una mezcla
de respeto y cariño genuino, un reconocimiento
silencioso hacia quien fue mucho
más que una voz: fue una presencia
imponente incluso en la fragilidad.
Cuando se habla del final de Callas, se
suele mencionar la soledad, pero pocas
veces se recuerda que esa soledad fue
compartida. Ferruccio Mezzadri y Bruna
Lupoli fueron los custodios de su último
acto, los guardianes de su silencio,
los testigos de que incluso una diva necesita,
al final, algo tan simple y profundo
como compañía. RP
RITMOPLATINUM2025 109
texto Luisanna Carrasco
fotos Archivos Maria Callas
La muerte de Maria Callas:
¿Infarto o suicidio en su apartamento de París?
La diosa y el mito apagó su luz cantando
El 16 de septiembre de
1977 el mundo perdió a
La Divina, Maria Callas o
Maria Anna Cecilia Sofía
Kalogeropoulos cerró sus
ojos y calló su voz para siempre. Callas murió
en su departamento de la Avenue Georges-Mandel,
en París, un terrible viernes
para el arte.
Ese día no solo se apagó una vida; fue el fin
del mito viviente, el cierre de una ópera que
nadie había escrito, pero que ella interpretó
hasta su último suspiro. La causa oficial fue
un infarto cardíaco, pero desde entonces, las
dudas y los rumores se enredan como notas
suspendidas en el aire.
En torno a su deceso, enseguida empezaron
las especulaciones: ¿Fue el corazón, ese
órgano fatigado por el exceso de emociones
quien la traicionó y dejó de funcionar? ¿O
fue el alma quien decidió dejar de resistir?
Callas, que había vivido la pasión en su forma
más extrema, se hallaba por entonces en el
ocaso. Retirada de los escenarios, aislada
en un departamento silencioso, rodeada de
discos, fotografías y recuerdos que parecían
más vivos que ella misma. Su voz, otrora
volcánica, se había ido consumiendo poco a
poco, víctima de enfermedades autoinmunes,
dietas rigurosas y del propio rigor con el que
se exigía ser perfecta.
Aquel 16 de septiembre, la Divina se despertó
temprano, pidió un café, intercambió algunas
palabras con su mayordomo y, poco después,
se derrumbó en su habitación. Su cuerpo fue
hallado sobre la cama, el rostro sereno, el
110 RITMOPLATINUM2025
silencio absoluto. El diagnóstico médico fue
rápido: infarto fulminante. Sin embargo, la
ausencia de una autopsia y la cremación casi
inmediata del cuerpo despertaron sospechas.
¿Por qué tanta prisa? ¿Qué querían ocultar?
Los amigos más cercanos a Callas contaron
que, en los meses previos, la soprano se
hallaba profundamente deprimida. Había
perdido a Aristóteles Onassis, el hombre que
amó con una devoción trágica, y la sensación
de abandono la devoraba. Ya no actuaba, no
grababa, no viajaba. Se mantenía recluida,
a veces dormitando bajo los efectos de los
tranquilizantes. En las últimas entrevistas
se le percibía cansada, vulnerable, prisionera
de su pasado glorioso. “Me siento como una
sombra”, dijo alguna vez.
Las hipótesis que nunca callaron
Existen documentos médicos que
sustentan la versión oficial de su causa de
muerte: un infarto. Algunos especialistas,
como los doctores Fussi y Paolillo,
sostuvieron, años después, que Callas
sufría de dermatomiositis, una enfermedad
autoinmune degenerativa que afecta los
músculos y pudo haber comprometido
también su corazón. Los medicamentos
que tomaba, entre ellos, corticoides e
inmunosupresores, pudieron precipitar
la falla cardíaca. Pero otros biógrafos y
allegados sospechan que Callas pudo haberse
quitado la vida. No existe evidencia directa,
pero el contexto emocional, la ingesta de
fármacos y su progresivo aislamiento lo
hacen plausible. El artículo The Story of
a Voice, publicado en The New Yorker, se
atreve a afirmar que “Callas probablemente
se suicidó”, alimentando así la versión de que
su muerte fue un acto deliberado, una última
decisión artística en un mundo que ya no le
ofrecía escenario.
El director Franco Zeffirelli fue más lejos: en
una entrevista, insinuó que Maria Callas pudo
haber sido envenenada por alguien de su
entorno. “No murió de tristeza, la mataron”,
dijo con teatralidad. Aunque nunca presentó
Maria Callas no murió solo
de enfermedad o tristeza;
murió de intensidad. Murió
de haberlo dado todo. En
su último día, París se volvió
escenario y el mundo, público
invisible.
pruebas, su afirmación avivó la llama de la
sospecha. Y así, entre las versiones médicas,
los rumores sentimentales y las teorías
conspirativas, la muerte de Callas quedó
suspendida en el mismo tono ambiguo y
trágico que caracterizó su vida.
El canto final
La Divina tuvo una muerte poética, trágica y
triste, pero tan dramática como lo fue su vida:
ella murió cantando. No en un teatro, sino en
la intimidad de su apartamento, escuchando
sus propias grabaciones. Su mayordomo,
fiel compañero de la artista esos últimos
días, manifestó que, esa mañana, ella había
puesto en el tocadiscos el aria de Tosca que
más amaba: “Vissi d’arte, vissi d’amore”. Viví
del arte, viví del amor. La canción se repitió
una y otra vez, como si fuera un presagio.
Cuando la voz grabada llegó al clímax, Maria,
la mujer real, exhaló su último aliento. Era
como si las notas se le escaparan del pecho
y se disolvieran con ella. Murió sola, sin
aplausos, sin testigos. Pero su muerte fue,
en cierto modo, una última representación.
Un acto perfectamente callasiano: trágico,
sublime, absoluto. Su cuerpo, tan frágil como
la porcelana, se convirtió en ceniza, y sus
restos fueron esparcidos sobre el mar Egeo,
cumpliendo su deseo.
Una muerte a la altura de su leyenda
El mito necesita un final acorde con su
grandeza. Por eso, la muerte de Maria Callas
no podía ser simple. La historia del infarto
suena clínica, prosaica, pero la del suicidio,
o la del envenenamiento, elevan su figura a
la categoría de tragedia griega. La diva que
interpretó a Medea, a Norma, a Tosca, no
podía morir sin drama. Y acaso esa fue su
última victoria: transformar la muerte en
arte, el silencio en una nota suspendida.
Maria Callas no murió solo de enfermedad
o tristeza; murió de intensidad. Murió de
haberlo dado todo. En su último día, París
se volvió escenario y el mundo, público
invisible. Mientras su voz seguía resonando
en el tocadiscos, se marchó con la dignidad
de una reina sin trono. RP
RITMOPLATINUM2025 111
CA
La leyenda
viva de la ópera
CA
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
Cartas no vistas:
las misivas inéditas de Maria Callas
Entre lo público y lo íntimo: lo que Callas revelaba en correspondencias que hasta
hace poco dormían en archivos
Se ha hablado de “cartas inéditas”
de Maria Callas que permanecían
guardadas en colecciones
académicas o archivos
privados, algunas de ellas asociadas
con instituciones como la Universidad
de Stanford, pero hasta ahora no hay evidencia
confirmada que Stanford posea un archivo
público conocido con un volumen grande
de material de Callas accesible al público,
salvo lo que aparece en subastas, estudios de
biógrafos, o quienes investigan su vida.
Lo que sí se sabe con certeza es que se han
hallado cartas autógrafas de Callas que no
habían sido divulgadas anteriormente, y que
estas cartas muestran facetas muy humanas
de la soprano: sus tensiones con Meneghini,
su frustración con la prensa, su relación
con la familia, con maestros y con el mundo
institucional de la ópera.
Por ejemplo, existe un conjunto de siete cartas
(hasta ese momento inéditas) que se subastaron
en Milán en 2014 por unos 80 000
euros, escritas en italiano, con contenido personal,
describiendo su carrera, sus preocupaciones,
y sentimientos no siempre conocidos.
En una de esas cartas, fechada el 28 de enero
de 1946 desde Nueva York, Callas hace comentarios
sobre el programa que le proponía
el Metropolitan Opera; en otras habla sobre
su debut con Norma y lo que sentía cuando
las cosas no se alineaban como ella esperaba.
También hay fragmentos muy duros hacia
su esposo Meneghini, calificándolo como
alguien egoísta y manipulador, resentimientos
hacia sus padres por lo que ella consideraba
explotación mediática, críticas hacia
ambientes institucionales de la música
Estas cartas nos permiten descubrir que detrás de “La Divina”
había también alguien que sufría.
clásica que, según Callas, se cerraban ante
ella por razones que ella sentía de injusticia.
¿Por qué estas cartas importan? Porque
arrojan luz sobre la dualidad Callas: la figura
pública que debía proyectar perfección,
versus la persona vulnerable con emociones,
conflictos, inseguridades. Revelan que su
sacrificio no fue solo artístico, sino también
personal, y cómo esas heridas alimentaron
quizá su interpretación dramática.
En resumen: las cartas inéditas, ya sean
realmente de Stanford o de otras colecciones,
representan agujeros en la leyenda de
Callas. Nos permiten descubrir que detrás
de “La Divina” había también alguien que
sufría, que dudaba, que luchaba contra
prejuicios, amores y obligaciones. Aunque
algunos detalles siguen siendo rumor o no
confirmados (como la localización exacta de
todas las cartas, o todas sus fechas), lo que sí
está claro es que todo lo que emerge de ese
archivo íntimo añade humanidad al mito. RP
114 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
Cast a Diva:
Los secretos detrás de una leyenda
Detrás de cada nota perfecta, había una herida que Callas nunca logró cerrar
Cast a Diva: The Hidden Life
of Maria Callas, escrito por
Lyndsy Spence, nos regala
una perspectiva tanto íntima
como incómoda de la
vida de una de las sopranos más enigmáticas
del siglo XX. El libro desmonta la imagen
idealizada de “La Divina Callas” para mostrar
a la mujer detrás de la voz: frágil, obsesiva,
ambiciosa y constantemente en guerra
consigo misma. Creado a partir de entrevistas
inéditas, testimonios de su entorno y
archivos privados, Spence reconstruye el retrato
de una artista cuya perfección a nivel
escénico contrastaba con el caos interior que
la acompañó hasta el día de su muerte.
Spence no busca glorificar ni condenar, sino
comprender su forma de vida a través de una
narrativa meticulosa, describe la transformación
de Callas desde su juventud marcada
por la inseguridad y el sobrepeso hasta su
resurgimiento como símbolo de sofisticación
y poder. Esa metamorfosis, impulsada por el
deseo de control y aceptación, se convierte
en el eje emocional del libro. Cada pérdida,
cada desamor, cada humillación pública
alimentó el mito y, al mismo tiempo, lo
consumió desde dentro.
El sacrificio detrás de la gloria
Uno de los mayores aciertos de Spence es
mostrar cómo Callas moldeó su identidad
artística a través del sufrimiento. Su relación
tormentosa con Aristóteles Onassis
aparece como una herida central: un vínculo
que mezcló devoción, manipulación y abandono.
Según Spence, ese amor no solo quebró
su corazón, sino también su disciplina,
Cast a Diva nos invita a
reconocer que la grandeza
artística de Callas no solo se
mide en notas alcanzadas
o premios obtenidos, sino
en la honestidad con la
que enfrentó sus propias
emociones, convirtiendo su
vida en una obra de arte tan
compleja y conmovedora
como su repertorio.
su confianza y, finalmente, su voz, en sus últimos
años, la diva se vio atrapada entre la
nostalgia del escenario y la soledad de quien
lo ha perdido todo.
El libro también expone las presiones a las
que Callas fue sometida por su madre, su
entorno profesional y los medios, que convirtieron
su cuerpo, su voz y su vida privada
en espectáculo. En ese sentido, Cast a Diva
funciona como una crítica a la crueldad del
éxito y a la misoginia disfrazada de admiración
que perseguía a las mujeres poderosas
de su tiempo.
Una mirada humana y reveladora
Lejos de ser un retrato complaciente, el trabajo
de Lyndsy Spence es una invitación a
mirar más allá del mito, nos recuerda que
Maria Callas no fue solo una soprano prodigiosa,
sino una mujer en constante búsqueda
de amor y validación, un alma sensible que
pagó un precio altísimo por ser inolvidable.
En definitiva, Cast a Diva no destruye a
Callas, la libera: la saca del mármol del pedestal
y la devuelve a la carne, con todas
sus luces y sombras. Un retrato fascinante
de la artista que hizo de la tragedia su
lenguaje más auténtico, tanto dentro como
fuera del escenario. RP
RITMOPLATINUM2025 115
texto Luisanna Carrasco
fotos Archivos Maria Callas
Maria Callas
personificada en la gran pantalla
Los múltiples rostros de una leyenda
Pocas figuras del siglo XX han
despertado tanta fascinación
cinematográfica como Maria
Callas, no solo por su voz...
esa mezcla de fuerza, dramatismo
y tristeza, sino por la intensidad
trágica que marcó su existencia: una artista
devorada por su arte, una mujer que vivió
entre la divinidad del escenario y la soledad
del amor. Desde hace décadas, su vida ha
sido revisitada en películas y documentales
que buscan descifrarla, redimirla o, simplemente,
escucharla de nuevo. Cada obra ofrece
una Callas distinta: la diosa, la víctima, la
actriz, la mujer rota.
Y cada vez que el cine la
evoca, su eco sigue vibrando,
como si desde la eternidad aún
respirara tras bastidores, lista
para un último aria.
La primera gran aparición cinematográfica
que mostró el rostro de Maria Callas, a
la mujer detrás del personaje fue en un
documental. En Maria by Callas (2017), Tom
Volf rescata su voz literal, no la que cantaba,
sino la que hablaba. El filme está construido
exclusivamente con material de archivo,
entrevistas, cartas, diarios, grabaciones
inéditas y nos muestra una Callas íntima,
reflexiva, contradictoria. Su frase más
célebre resume el espíritu del documental:
“Hay dos personas en mí: Maria y la Callas.
Yo querría ser Maria, pero tengo que vivir
la vida de Callas”. Volf no intenta resolver el
enigma, sino dejarlo vibrar. Con un montaje
116 RITMOPLATINUM2025
elegante y respetuoso, el documental nos
devuelve a una mujer atrapada entre la
gloria y el anhelo de paz.
En contraste, el documental Maria Callas:
Assoluta (2007), de Philippe Kohly, opta por
una mirada más clásica y celebratoria. Aquí
se exalta el mito: los grandes escenarios, los
vestidos diseñados por Biki, las ovaciones
del Teatro alla Scala. Sin embargo, bajo ese
tono de homenaje late una reflexión sobre
el precio del perfeccionismo. Kohly explora
cómo Callas transformó la ópera en drama
absoluto, reinventando personajes como
Tosca, Norma o Violetta con una pasión casi
destructiva. Su perfección no era vanidad,
sino necesidad de verdad. El filme muestra
el esplendor, pero también el temblor que
había detrás del telón.
Otro ángulo fascinante surge en el
documental griego Mary, Marianna,
Maria: The Unsung Greek Years of Callas
(2023), dirigido por Vasilis Louras y
Michalis Asthenidis. En esta producción,
la lente regresa a sus orígenes: la infancia
en Nueva York, el retorno a Grecia durante
la guerra, los años de formación en la
Ópera Nacional de Atenas. Aquí no hay
glamour ni tragedia amorosa, sino hambre,
disciplina y deseo de trascender. Esta Callas
es “Marianna”, la joven que se forjó a sí
misma antes de ser mito. La obra revaloriza
su identidad griega y desmonta la idea de
una diva nacida del privilegio: muestra a la
mujer que subió al escenario con la fuerza
de quien ha sobrevivido.
En 2023, también apareció el documental
Callas – Paris, 1958, dirigido por Tom Volf,
reconstruyendo su histórico recital en la
Ópera de París ante el presidente René Coty.
Este filme es casi una resurrección técnica:
gracias a la restauración en 4K y sonido
remasterizado, el espectador puede revivir
una de las noches más gloriosas de su carrera.
Aquí el homenaje es puro, sin discurso, solo
la música, el silencio, la mirada. Callas,
vestida de terciopelo rojo, canta con el fuego
que ya nadie ha podido igualar.
Pero no todos los filmes buscan el retrato
hagiográfico. El documental Maria Callas:
The Woman Behind the Legend (1987), de
Alan Lewens, examina la relación entre
su talento y su sufrimiento. A través de
testimonios de directores, críticos y amigos,
se traza un perfil psicológico más descarnado:
el aislamiento emocional, las dietas extremas,
los rumores de medicación con Mandrax, la
vulnerabilidad detrás del ícono. Es la Callas
humana, imperfecta, desgarrada.
Cada una de estas películas de Pasolini a
Volf, de Kohly a Asthenidis revela un prisma
distinto de la misma joya. Ninguna la
agota, todas las amplifican. Maria Callas se
convirtió, así, en un espejo múltiple donde
convergen el arte, la devoción y el mito.
Su historia, recontada una y otra vez, no
busca respuestas: busca resonancia. Porque
Callas no fue solo una voz. Fue una herida
que cantaba. Y cada vez que el cine la evoca,
su eco sigue vibrando, como si desde la
eternidad aún respirara tras bastidores, lista
para un último aria. RP
RITMOPLATINUM2025 117
texto Ebel Echavarría
fotos Archivos Maria Callas
La Callas, un retrato crudo
de su vida en la gran pantalla
Una obra de arte cinematográfica que relata la dualidad de los últimos días de la icónica soprano.
Esta cinta representa un hito
importante por varias razones;
la primera de ellas es
que es la cinta con la que
el director chileno Pablo
Larraín culmina su aclamada trilogía cinematográfica
sobre la vida de mujeres icónicas
del siglo XX. Maria es un biopic que se sumerge
en la tormentosa y melancólica recta
final de la vida de la soprano Maria Callas,
interpretada magistralmente por Angelina
Jolie. Luego de una larga espera, la cinta se
estrenó exitosamente en el Festival Internacional
de Cine de Venecia en 2024, llegando
a generar gran revuelo, en parte gracias a la
actuación de Jolie, cuyo retrato de la vida de
la diva le mereció la nominación al Globo de
La actriz encarnó a la soprano
de una forma íntima y fiel a
sus manierismos, en un rol
que muchos han considerado
como uno de los más
ambiciosos de su carrera.
Oro, y recibió el Premio Desert Palm a la trayectoria,
en el Palm Spring International Film
Festival, gracias a su trabajo en esta cinta.
Una voz rota en el París de los 70
La producción de Larraín se distancia
de la narrativa biográfica tradicional de
personajes importantes de la historia y las
artes, para enfocarse en los últimos días
de La Callas en su apartamento de París
durante la década de 1970.
Lejos de los escenarios y los focos de los
paparazzi, la cinta, escrita por Steven Knight,
expone la dualidad entre la “Callas” –la
mujer de la voz prodigiosa que se convirtió
en mito– y “Maria” –la vulnerable y solitaria,
lidiando con el recuerdo de un éxito pasado
118 RITMOPLATINUM2025
y relaciones tormentosas, especialmente su
fracasada relación con el magnate griego
Aristóteles Onassis, interpretado en la cinta
por actor turco Haluk Bilgine.
Larraín, director chileno que además ha
dirigido cintas como El Conde (2023);
Neruda (2016) y Gloria (2013), se ha dado a
conocer por su enfoque íntimo y psicológico
en sus películas, una característica que
plasmó en las cintas de su afamada trilogía,
que incluyen los títulos Jackie (2016),
protagonizada por Natalie Portman; y
Spencer (2021), la cinta que narra la crisis
que atravesó la princesa Diana durante
las festividades de Navidad en 1991, y
que protagonizó la actriz norteamericana
Kristen Stewart. En estas cintas, Larraín
utiliza su cámara no solo para contarnos una
historia, sino para entrar en la psique de la
artista. La película se convierte entonces en
más que una obra de arte cinematográfico,
se vuelve en una reflexión visual y dramática
sobre el precio de la fama y la soledad que
puede acompañar a la grandeza.
La transformación de Angelina Jolie
Lo que cautiva la atención en Maria es, sin
duda alguna, la interpretación magistral de
Angelina Jolie. La actriz encarnó a la soprano
de una forma íntima y fiel a sus manierismos,
en un rol que muchos han considerado como
uno de los más ambiciosos de su carrera.
Críticos de cine han alabado su capacidad
para capturar tanto el porte de Maria Callas,
la elegancia de la diva, el dolor y la fragilidad
de la mujer en sus últimos días.
A nivel técnico, la película es, sin duda, una
obra de arte. El trabajo de fotografía es de
Edward Lachman, quien fue nominado
al Oscar por esta cinta. Con Maria,
Lachman recrea una atmósfera nostálgica y
visualmente poética alrededor del personaje,
utilizando un estilo que maneja imágenes de
archivo y dramatizaciones con un montaje
“sinfónico” que recuerda a directores de
autor. Y, aunque la película ha sido elogiada
por su elegancia y la actuación de Angelina
Jolie, también ha abierto la puerta al
Y, aunque la película ha sido elogiada por su elegancia
y la actuación de Angelina Jolie, también ha abierto la puerta
al debate.
debate. Algunos críticos de cine señalan
que la “modernidad rabiosa” de la cinta y su
enfoque casi total en la tragedia personal de
Maria pueden resultar desconcertantes para
el espectador. Sin embargo, la intención de
Larraín, según ha señalado, parece clara.
Para él no se trata de una recreación histórica
exhaustiva, sino de una exploración del alma
de la artista a través de la memoria y el
drama psicológico.
Con Maria, Larraín cierra de manera exitosa
su trilogía de manera emocional, ofreciendo
un último y conmovedor aplauso a la diva,
la gran soprano que, aunque adorada por el
mundo, enfrentó hacia el final de sus días,
su último acto en soledad, proyectado en la
pantalla de manera íntima y cruda a la vez.
La cinta, una coproducción internacional, se
ha estrenado en plataformas de streaming
como Netflix y Disney Plus, para Estados
Unidos; y Prime Video, la plataforma de
video streaming de Amazon, para América
Latina. La composición creativa de Larraín
con Maria, inicia el 16 de septiembre de
1977, el día de su muerte, y parte de ahí
a una serie de acontecimientos previos
que definieron los últimos días de la gran
soprano, explorando los recuerdos de sus
relaciones fallidas, traiciones y la pérdida
de –y búsqueda por recuperar– su voz.
Finalmente, la trama concluye el mismo día
de septiembre de 1977 cuando paramédicos
llegan al apartamento en París de Maria
Callas a recoger su cuerpo sin vida. RP
RITMOPLATINUM2025 119
texto Juana Cabrera
fotos Archivos Maria Callas
El eco de una voz:
Pablo Larraín y sus homenajes
Los retratos de las mujeres que marcaron su cine
Más allá de lo ostentoso
y el poder, a
ciertas vidas también
les circundan
la tragedia, y
la historia las abandona. Y es justamente en
esa realidad que el cineasta Pablo Larraín
ha encontrado el hilo con el que crea en
la pantalla un tríptico fílmico, donde las
figuras históricas no se presentan como
monumentos, sino como cuerpos frágiles
donde se cruzan la soledad, la memoria y la
búsqueda de sentido. Así, con su cine más
cercano a la poesía que a la crónica, impone
su sello distintivo, y regala una cercanía a
tres personajes cuya era ya no existe, porque
como dice el propio director: “vienen
de una sociedad que ya no es la misma”. Sin
embargo, encontraron su identidad y voz
donde era muy complicado hacerlo y de
ahí su importancia en el siglo pasado y, por
consiguiente, en el presente.
De Jackie (2016) a Spencer (2021) y, ahora,
María (2024), el director chileno ha
tejido una trilogía no oficial sobre mujeres
convertidas en íconos, pero filmadas desde
la intimidad del derrumbe. Jacqueline
Kennedy, Diana Spencer y María Callas
comparten más que la fama o la tragedia;
son figuras que, en la mirada de Larraín, se
debaten entre el deber público y la desesperación
privada. La cámara, siempre contenida
y curiosa, parece preguntarles quiénes
fueron realmente cuando nadie las miraba.
En Jackie, protagonizada por Natalie
Portman, la viuda de John F. Kennedy aparece
atrapada en los días posteriores al asesinato
de su esposo. Es un retrato que oscila
entre la reconstrucción y el duelo, entre la
teatralidad del poder y la vulnerabilidad del
amor perdido. Larraín evita la tentación
del melodrama y, en cambio, ofrece una
experiencia sensorial: música, cámara y silencio
se funden para construir un retrato
psicológico que desarma la iconografía de
120 RITMOPLATINUM2025
la “primera dama perfecta”. La Jackie de
Larraín es una mujer que intenta sostener
la dignidad como si fuera una armadura
que se quiebra lentamente.
Cinco años después, con Spencer, el director
trasladó esa misma mirada a la princesa
Diana, interpretada por Kristen Stewart. Si
Jackie se desarrollaba entre los rituales del
duelo, Spencer ocurre en la inminencia del
colapso. Larraín elige una Navidad imaginada,
un fin de semana en Sandringham
House, para condensar toda la angustia de
una mujer que ya no puede respirar dentro
de la maquinaria real. La película, más que
biográfica, es una parábola: un cuento de
hadas gótico donde el vestido y la etiqueta
son cárceles. “Una fábula de una tragedia
real”, la definió el propio director.
Y ahora, con Maria, Larraín se adentra
en la última voz de la ópera, la de Maria
Callas. Aquí, la mirada es más íntima que
De Jackie (2016) a Spencer
(2021) y, ahora, Maria (2024),
el director chileno ha tejido
una trilogía no oficial sobre
mujeres convertidas en
íconos, pero filmadas desde la
intimidad del derrumbe.
nunca. La película, protagonizada por
Angelina Jolie, no busca reproducir la
grandeza de los escenarios, sino explorar
los últimos días de la diva en su apartamento
parisino, entre recuerdos, cartas y
ecos de aplausos que ya no suenan. En ese
espacio, la voz de Callas, que cabe resaltar
fue una voz que definió el siglo XX, se
convierte en una presencia fantasmal, un
espejo roto de lo que fue y de lo que ya no
puede ser.
El guion, firmado por Steven Knight,
acompaña el tono habitual del universo de
Larraín: una narrativa fragmentada, donde
la memoria y la realidad se mezclan con delicadeza.
Pero es la dirección la que vuelve
a marcar la diferencia. El director filma a
Callas como si fuera una sinfonía en tres
actos: la mujer, la artista, la sombra.
Angelina Jolie entrega una interpretación
contenida, que se acerca más a la introspección
que al espectáculo. No hay gestos
grandilocuentes ni histrionismos; hay cansancio,
lucidez y una nostalgia profunda.
Larraín, una vez más, una obra cercana y
íntima, con todo lo que está última implica.
Maria es, quizá, su película más madura
y más triste. En ella, Larraín encuentra en
la figura de Callas algo que trasciende el
biopic, que es un mensaje ofrecido entre
susurros, arias y soledad: somos la suma de
lo que amamos, de lo que perdimos y de lo
que nunca logramos decir. RP
RITMOPLATINUM2025 121
texto Sheila Pujols
foto Archivos Maria Callas
El eco del alma
Su verdad íntima documentada por Tom Volf
A veces, la voz más poderosa es la que se atreve a confesar su fragilidad
En ocasiones la voz más poderosa
es la que se atreve a
confesar su fragilidad. Pocas
artistas han dejado una
huella tan profunda en la
historia de la ópera como Maria Callas. Su
técnica impecable, su dramatismo sin igual
y su magnetismo escénico la convirtieron
en un referente absoluto. Décadas después
de su muerte, su figura sigue fascinando
a admiradores y expertos por igual. Sin
embargo, detrás de la leyenda existía una
mujer con emociones, dudas y anhelos que
rara vez fueron escuchados.
El cineasta y escritor francés Tom Volf decidió
mirar más allá del mito y ofrecer a Callas la
oportunidad de contar su propia historia.
Este enfoque dio origen al documental
Maria by Callas (2017) y al libro Maria by
Callas: In Her Own Words, proyectos que
permiten al público acercarse a la soprano
desde su verdad, sin intermediarios ni
interpretaciones ajenas. Volf pasó más de
cinco años recopilando materiales inéditos:
cartas, entrevistas, grabaciones personales,
fragmentos de noticieros y material
cinematográfico nunca antes difundido. El
resultado es una reconstrucción minuciosa
y emotiva que revela a Callas como algo más
que una estrella: una artista que vivió entre
el sacrificio, la entrega total y la constante
búsqueda de perfección.
El núcleo del trabajo de Volf es la dualidad
entre “Maria”, la mujer sensible, y “Callas”,
la leyenda de la ópera. A través de sus
propias palabras, el espectador percibe la
tensión constante entre la vida personal
que deseaba y la carrera que la exigía
impecable. Esta división se convierte en el
hilo emocional del relato, mostrando que
su grandeza artística no estuvo exenta de
conflictos internos y soledad.
Lejos de centrarse únicamente en los éxitos,
el proyecto aborda la vida de Callas desde un
enfoque humano. Relata su infancia marcada
por la disciplina musical, la exigencia extrema
que la impulsó al triunfo y el aislamiento que
acompañó su fama. Sus cartas reflejan tanto
el cansancio de quien vivió para la perfección
como la gratitud de quien encontró en la
música un propósito vital. Cada fragmento
Su legado no solo radica
en las notas que alcanzaba,
sino en la sinceridad con la
que enfrentaba sus miedos,
sus pérdidas y sus deseos,
mostrando que la grandeza
puede coexistir con
la fragilidad.
aporta capas de intimidad que el público
rara vez había visto, revelando a una mujer
consciente de su talento, pero vulnerable
frente al mundo.
El documental y el libro también exploran
su relación con Aristóteles Onassis, más allá
del romance mediático. Este vínculo refleja el
conflicto interno de Callas entre la mujer que
amaba y la artista venerada por millones. En
estas confesiones, su voz deja de interpretar
un personaje para convertirse en testimonio
auténtico de sus emociones, deseos y temores.
Con Maria by Callas, Tom Volf consigue
algo poco frecuente: devolverle humanidad
a una figura envuelta en mito. Su labor no
busca exponer secretos, sino devolverle
a Callas lo que siempre le perteneció: su
voz. Y en esa voz, intensa, frágil y única,
sigue resonando el eco de una mujer que
transformó su vida en arte, mostrando que
detrás de la diva existía un alma capaz de
conmover más allá del escenario. RP
122 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
La última noche de Maria Callas
el adiós de una diva
Fue la mujer que convirtió la ópera en emoción pura, pero que nunca logró domar su propio corazón
Esta obra, que lleva por nombre
La última noche de Maria
Callas, fue protagonizada
por la actriz chilena Solange
Lackington e invita al espectador
a perderse entre los pensamientos más
íntimos de una de las voces más icónicas del
siglo XX. Fue escrita por Juan Antonio Muñoz
y dirigida por Claudio Pueller. La pieza retrata
la noche previa a la muerte de la soprano griega,
en un diálogo entre la memoria, la gloria y
la soledad que marcó sus últimos años.
El montaje, concebido como un monólogo
intenso y emocional, se convierte en una confesión
escénica donde la artista revive su carrera,
sus amores y sus desilusiones. “El texto
da cuenta de la experiencia interpretativa de
Maria, pero también de su enorme soledad y
su necesidad, nunca satisfecha realmente, de
ser amada”, ha expresado Lackington, quien
logra captar con sutileza la vulnerabilidad
detrás del mito.
La última noche de Maria
Callas no solo rinde tributo a
una figura inmortal de la lírica,
sino que también plantea una
profunda meditación sobre la
identidad y la trascendencia
del arte.
Una puesta en escena simbólica
y conmovedora
Desde su inicio, la obra juega con la idea de
que Callas ya ha muerto. En la propuesta de
Pueller, la protagonista se levanta de su cama
para recordar su vida, recorriendo los pasajes
que definieron su destino: su vínculo con
Aristóteles Onassis, su pasión por la ópera y
el sacrificio emocional que exigía su arte. La
iluminación tenue, el vestuario inspirado en la
elegancia de los años sesenta y el uso de elementos
audiovisuales otorgan a la puesta un
tono onírico, casi espectral.
Fragmentos de sus arias más célebres, como
Casta Diva de Norma o Addio del passato de
La traviata, se entrelazan con sus recuerdos,
recordándole al público que la voz que estremeció
al mundo también fue la de una mujer
marcada por la pérdida.
El eco de una vida inmortal
Más allá del homenaje, La última noche de
Maria Callas propone una reflexión sobre el
costo de la genialidad y la fragilidad del artista
ante el paso del tiempo. Solange Lackington
consigue fundir su propia energía con la de
Callas, logrando que la diva vuelva a respirar
sobre el escenario.
La obra se convierte así en un retrato humano,
íntimo y conmovedor, donde el mito
se derrumba para dar paso a la mujer, pues
esta obra no busca idealizarla, sino entenderla:
una artista que lo tuvo todo, pero que,
al final, se enfrentó, en silencio, a la más
universal de las soledades. RP
RITMOPLATINUM2025 123
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
“DIVA” en el V&A 2023
Maria Callas en el corazón de una exposición
Moda, poder y herencia: cómo el Victoria & Albert Museum celebró a Callas
como arquetipo de diva en una muestra global
En junio de 2023, el Victoria
& Albert Museum de Londres
inauguró DIVA, una
exposición que exploraba
el concepto de “diva” desde
sus raíces operísticas hasta su transformación
en ícono pop. Maria Callas ocupó un
lugar destacado en la sección operística de
la muestra, representando tanto la historia
temprana del término como la potencia visual,
escénica y artística que define lo que
significa ser una diva.
La curadora Kate Bailey explicó que DIVA
quería rescatar ese uso original del término
“diva” (que significa “diosa” en italiano) y
ponerlo en contraste con los significados
negativos que, con los años, adquirió. En
Callas se encontró ese puente perfecto: empezó
como prima donna de la ópera, pero terminó
siendo símbolo de poder, estilo, resiliencia y
creatividad. Entre los objetos de Callas que
se exhibieron estaban trajes escénicos de sus
primeras y últimas actuaciones en el Royal
Opera House, lo que permitía ver visualmente
su evolución artística y estética. También se
incluyeron fotografías, carteles, partituras y
accesorios que ella usaba, para mostrar no solo
lo que vestía, sino cómo su presencia escénica
se apoyaba en la imagen.
Una parte muy potente de DIVA fue
la experiencia inmersiva: los visitantes
llevan auriculares que activan fragmentos
musicales claves, entre ellos Casta Diva de
Norma, que funciona como banda sonora
simbólica para Callas en la muestra. Al
recorrer los espacios, se siente que no solo se
contemplan objetos, sino que se revive parte
de la emoción de sus interpretaciones.
El efecto para el público fue doble: por
un lado, admiración estética (los vestidos,
las fotos, la puesta en escena); por otro,
conocimiento: entender de dónde vino
la diva, qué sacrificios, qué influencias,
qué contexto artístico, social y cultural le
permitieron encarnar ese ideal. Ver los trajes
de Callas junto a otros de divas de épocas muy
distintas ayuda a percibir su singularidad: su
severidad, su teatralidad, su búsqueda de
perfección en cada detalle.
La exposición DIVA no fue simplemente
un homenaje visual; fue un acto de
recuperación histórica: rescatar la figura de
Callas como modelo de autoridad artística,
de belleza dramática, y recordar que su
leyenda no solo se sostiene en grabaciones,
sino en objetos, estilo, gestos, vestuario, y
en la memoria compartida. RP
124 RITMOPLATINUM2025
texto Joel Peralta
foto Archivos Maria Callas
La Divina vuelve a brillar:
Warner Classics celebra su centenario
El lanzamiento del centenario no mira al pasado, sino que proyecta la voz de Callas hacia el futuro
En 2023, el mundo de la
música celebró el centenario
del nacimiento de la
soprano que transformó
para siempre la historia de
la ópera. Para rendir homenaje a su legado,
Warner Classics lanzó una edición monumental
titulada La Divina: Maria Callas In
All Her Roles, una colección que reúne por
primera vez la totalidad de sus grabaciones
oficiales y documentos sonoros, restaurados
con la más alta calidad técnica.
Callas, nacida en Nueva York el 2 de diciembre
de 1923 y formada en Grecia, fue mucho
más que una cantante: fue una actriz del
canto, una intérprete capaz de dotar de emoción
y humanidad a cada nota. Su centenario
se convirtió en la oportunidad perfecta para
redescubrir su arte, su evolución vocal y su
inigualable magnetismo escénico.
Una colección sin precedentes
La edición presentada por Warner Classics en
septiembre de 2023 consta de 131 discos compactos,
tres Blu-ray y un DVD, consolidándose
como la recopilación más completa de la artista
publicada hasta ahora. En ella se incluyen
sus grabaciones de estudio, presentaciones
en vivo en teatros de todo el mundo y las célebres
masterclasses impartidas en la Juilliard
School de Nueva York entre 1971 y 1972.
El sello discográfico también añadió material
inédito, como tomas alternativas y ensayos
de estudio, restaurados con tecnología
de última generación. Estas grabaciones revelan
matices desconocidos en la voz de Callas
y ofrecen una nueva perspectiva sobre su
proceso interpretativo.
El lanzamiento fue acompañado de un extenso
libro con fotografías, ensayos y comentarios
sobre cada papel que interpretó,
ofreciendo una mirada profunda a su vida
artística. En total, la colección abarca 74 roles
operísticos, lo que permite seguir su desarrollo
desde los años cuarenta hasta el final
de su carrera en los sesenta.
El legado de “La Divina”
Su objetivo principal con este lanzamiento
fue más allá del simple homenaje. La
Divina: Maria Callas – In All Her Roles
busca acercar su legado a las nuevas generaciones,
conservando su arte con fidelidad
y rigor histórico. Las grabaciones fueron
restauradas en alta resolución para preservar
la pureza del sonido y el dramatismo que
hicieron célebre a la soprano.
Ella no solo revolucionó la técnica vocal,
sino que redefinió la figura de la intérprete
Este lanzamiento no solo
marcó un hito en el mundo,
sino también un punto de
encuentro entre generaciones.
En un tiempo en que la
música suele consumirse con
prisa, esta edición invita a la
contemplación y al asombro, a
detenerse en cada respiración
y cada silencio de una artista
que vivía cada nota como si
fuera la última.
lírica: exigente, apasionada y profundamente
humana. Su centenario reafirmó su influencia
en artistas de todos los géneros y su
condición de mito cultural.
Más que un homenaje, una resurrección
Con esta edición, no solo se celebran cien
años del nacimiento de Maria Callas: devuelve
su voz al presente. En una era dominada
por la inmediatez, escuchar a “La
Divina” en todo su esplendor es un recordatorio
de lo que significa el arte llevado
al extremo de la emoción. A un siglo de su
llegada al mundo, sigue siendo la misma:
única, fascinante e inmortal. RP
RITMOPLATINUM2025 125
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
“Casta Diva” y Jean Paul Gaultier
el aroma del mito operístico
Cuando la moda se viste de ópera: el uso de Norma en publicidad y el eco eterno de la voz de Callas
El nombre Casta Diva remite
al aria célebre del Acto I,
Escena 1 de Norma, ópera
de Bellini, un pasaje musical
emblemático para
Maria Callas. Esa aria ha sido usada en diversas
ocasiones en medios visuales para
evocar elegancia, dramatismo, lo sublime.
Jean Paul Gaultier, famoso diseñador francés,
recurrió a ese motivo musical en más de
un comercial/perfume, para fusionar moda,
sensualidad y legado cultural.
El anuncio capta eso: no solo
vender perfume, sino vender
una idea de divinidad, estilo,
presencia magnética, que
Callas representó para la
cultura operística y más allá.
Por ejemplo, en la campaña para los
perfumes Classique & Le Mâle, Gaultier
utilizó una reorquestación de Casta Diva
para la publicidad llamada “The Factory”.
Esa reorquestación fue creada por Alexandre
Geindre, pero la elección de esa pieza no
es casual: la voz que tradicionalmente
asociamos con Casta Diva es la de Callas, lo
que añade al anuncio un halo de solemnidad
operística, de mito, de atadura con la
tradición de la ópera.
Aunque en algunos casos la versión usada no
es la grabación directa de Callas, el vínculo se
hace mental e inmediato: al escuchar Casta
Diva, muchos oyentes evocan la grandeza
de su voz, su interpretación de Norma, su
capacidad para sostener notas, emociones,
silencios dramáticos. El anuncio capta
eso: no solo vender perfume, sino vender
una idea de divinidad, estilo, presencia
magnética, que Callas representó para la
cultura operística y más allá.
Ese tipo de publicidad subraya cuán
influyente sigue siendo Callas: su arte ya no
vive solo en los teatros o en los discos, sino
en la publicidad, la moda, la cultura visual
contemporánea. Su figura se ha convertido
en símbolo de lo sublime, lo poderoso, lo
femenino llevado al límite estético.
Para el público, la conexión entre moda
y ópera, mediada por la voz de Callas,
funciona como puente entre dos mundos
que muchas veces se presentan distintos:
la élite, lo popular; lo visual, lo musical.
Al usar Casta Diva, Gaultier refuerza
la idea de que Callas no fue solo una
cantante, sino una figura arquetípica,
viva todavía en cada uso que se le da a su
voz más allá del escenario. RP
126 RITMOPLATINUM2025
texto Maria Amelia Cerón Victoria
fotos Archivos Maria Callas
Callas en las redes sociales:
su voz más allá del tiempo
Cómo Instagram, TikTok, YouTube y la memoria digital alimentan hoy
la leyenda de La Divina y reclaman espacio en cada timeline
Maria Callas vivió en
una época sin redes
sociales, sin Instagram,
sin TikTok.
Sin embargo, su
legado ha encontrado en internet y las plataformas
digitales un espacio vibrante e inesperado
para multiplicarse y reinventarse.
YouTube es, quizás, el canal más evidente:
millones de vistas para sus actuaciones
completas, arias aisladas, entrevistas
antiguas. Usuarios suben grabaciones
históricas; los fanes comentan, debaten
versiones, comparan estilos. En Instagram,
aparecen cuentas dedicadas exclusivamente
a fotografías antiguas de Callas, frases
célebres, pequeñas cápsulas de video, audios
cortos. En TikTok, su figura y su música
sirven de base de challenge, mashups y trends
musicales que, aunque no directamente
operísticos, evocan lo dramático, lo intenso,
lo teatral.
La Fundación Maria Callas (Maria Callas
Foundation), con sitio web oficial, colabora
con instituciones de patrimonio, realiza
Las redes sociales permiten
que su mito no envejezca,
sino que se reinterprete, que
se reconecte con nuevas
generaciones. Callas ya
no solo vive en teatros y
archivos físicos, sino en feeds,
historias, tendencias digitales.
exhibiciones, apoya proyectos educativos,
publicaciones y mantiene presencia digital
para difundir su legado. Además, entidades
de radiodifusión griegas, museos y medios
culturales usan redes sociales para compartir
fragmentos de entrevistas, actuaciones,
tributos, especialmente en aniversarios.
La voz de Callas, que alguna vez solo se
escuchaba en teatros, salas de ópera y
discos de vinilo, ahora se oye en celulares,
computadoras, tablets. Jóvenes que tal vez
no conocen Norma o Tosca descubren su
nombre, su voz, a través de un video viral,
un reel, un clip. Eso democratiza su leyenda:
no es solo para quienes aman la ópera, sino
para quienes aman lo grande, lo emocional,
la pasión hecha sonido.
No todo es perfecto: algunas versiones en
redes pierden calidad, editan fragmentos,
sacan de contexto, o recrean estereotipos
de la figura de Callas. Hay riesgo de
simplificación: que solo se muestre su
dramatismo extremo, o su físico, o rumores.
Pero al mismo tiempo, muchos seguidores
cultivan con rigor: traducen entrevistas,
rescatan documentales, comparan
grabaciones históricas, debaten técnica
vocal, estilo interpretativo.
Cada “like”, cada share, cada video de “escucha
esta aria” refuerza el misterio y la grandeza
de Callas. Las redes sociales permiten que su
mito no envejezca, sino que se reinterprete,
que se reconecte con nuevas generaciones.
Callas ya no solo vive en teatros y archivos
físicos, sino en feeds, historias, tendencias
digitales. Su voz trasciende la vida física: su
arte vive virtualmente, infinitamente. RP
RITMOPLATINUM2025 127
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
El doodle de Google por el 90.°
aniversario de Maria Callas
Un homenaje digital que convirtió una fecha en ventana para redescubrir a La Divina,
entre ilustraciones, iconos operísticos y memoria colectiva
El 2 de diciembre de 2013,
Google dedicó uno de sus
“doodles” al que habría
sido el 90.° cumpleaños de
Maria Callas. No fue solo
un detalle gráfico: fue una evocación del poder
simbólico de una voz que sigue resonando
décadas después. La ilustración, creada por la
artista invitada Kali Ciesemier para Google,
representaba a Callas en el escenario. Se la ve
cantando, con los brazos extendidos, y el fondo
del salón de ópera se integra visualmente con
las letras de “Google”. Esa escena buscaba trasladar
al usuario al teatro mismo, al momento
en que la soprano domina con presencia.
Ese doodle no solo alcanzó a quienes ya
amaban la ópera, sino que introdujo su
imagen y su mito a quienes quizá no la
conocían. Para muchos, fue una sorpresa:
abrir Google y encontrarse con La Divina
evocó curiosidad, imágenes, preguntas.
Además, representa cómo la cultura digital
se ha convertido en custodio de legados: los
grandes de la música ahora también viven
en píxeles, en ilustraciones compartidas, en
homenajes visuales que cruzan fronteras
instantáneamente. El doodle reafirma varios
aspectos esenciales de Callas como mito:
su teatralidad, su dominio escénico, su
estatus de icono visual, además de voz. Que
Google haya elegido representarla en plena
actuación ópera, habla de lo que la fama de
Callas significa: no solo la voz, también la
imagen, la presencia, lo teatral.
Asimismo, aparece la idea de la memoria
colectiva: miles de personas al día vieron
ese doodle, lo compartieron, quizá buscaron
Ese doodle no solo alcanzó a
quienes ya amaban la ópera,
sino que introdujo su imagen
y su mito a quienes quizá no
la conocían.
más sobre ella, escucharon grabaciones,
repasaron su vida. El doodle fue una
invitación a reencender su legado.
Más de una década después, ver aquel doodle
sirve para recordar que la memoria artística
ya no vive solo en conservatorios, archivos o
discos. Vive también en plataformas digitales,
efímeras en apariencia, pero poderosas en su
alcance. Que Callas haya sido homenajeada de
esta forma, reconoce que su figura atraviesa
generaciones: nuevos públicos, nuevas
tecnologías, nuevas maneras de admirar.
Este doodle del noventa aniversario no fue
un simple grafismo bonito para los fanes.
Fue un acto de reconocimiento global,
un recordatorio de que Maria Callas es
patrimonio cultural vivo. Y ese tipo de tributos
–ilustrativos, visuales, accesibles– ayudan a
que su nombre siga siendo pronunciado, su
voz escuchada, su historia contada. RP
128 RITMOPLATINUM2025
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
Museo Maria Callas
Atenas abre su casa a La Divina
Una colección permanente con 1 300 objetos, vestidos, recuerdos y voz que convierte
en ritual el paso de una soprano legendaria por su ciudad natal
El Museo Maria Callas,
inaugurado el 26 de octubre
de 2023 en Atenas, es
el primer museo biográfico
dedicado por completo a
la soprano. Ubicado en la calle Mitropoleos
44, cerca de la Plaza Syntagma, el museo
alberga alrededor de 1 300 piezas: objetos
personales, vestuarios de ópera, fotografías,
partituras, recuerdos escolares y más.
La idea lleva décadas gestándose: desde
el año 2000, la municipalidad de Atenas
comenzó a adquirir objetos personales
de Callas en subastas, con la intención de
preservar su memoria. En 2010 se compró
el edificio neoclásico de tres pisos que hoy
alberga el museo por aproximadamente 7
millones de euros. El proyecto museístico se
desarrolló a través de estudios de arquitectos,
historiadores y especialistas en museología
entre 2014 y 2023.
Dentro del museo se exhiben no solo los
vestuarios escénicos más llamativos –varios
creados por su modista de confianza, Biki–,
sino, también, ropa de uso cotidiano, álbumes
escolares, correspondencia, fotografías poco
vistas, videos de entrevistas, grabaciones de
audiciones y funciones. Además, como parte
de la experiencia, se han diseñado espacios
que permiten escuchar fragmentos de su
voz, entrevistas, simulaciones de actuaciones
para generar inmersión.
Para Atenas y para Grecia, este museo
representa algo más que un homenaje a
una hija famosa: es un acto de recuperación
cultural. Callas, aunque internacional, es
parte de la identidad helénica, y el museo
afirma ese vínculo: su infancia, su formación
Además, como parte de la experiencia, se han diseñado espacios
que permiten escuchar fragmentos de su voz, entrevistas,
simulaciones de actuaciones para generar inmersión.
temprana, sus raíces, todo lo que la hizo
quien fue. Para el público general, para los
admiradores, el museo permite acercarse a
aspectos íntimos: no solo la soprano en el
escenario, sino la mujer detrás del mito.
Inaugurarse en su centenario no fue
casualidad; simboliza que cien años después
el legado no se desvanece, que su vida sigue
generando admiración, que su voz sigue
influyendo. El hecho de que existan tantas
piezas preservadas y exhibidas habla de
un reconocimiento institucional, del deseo
de que su historia no se pierda, y de que
nuevas generaciones la conozcan no solo por
grabaciones, sino por objetos, testimonios,
espacios diseñados para ella.
El Museo Maria Callas hace tangible
lo intangible: el mito, la voz, la pasión,
la entrega, la disciplina. Comprar ese
edificio, dedicar esos recursos, diseñar esas
exposiciones son la prueba de que Callas
sigue viva en la memoria, no como leyenda
abstracta, sino como presencia real que se
puede ver, oír, tocar. RP
RITMOPLATINUM2025 129
texto Luisanna Carrasco
foto Archivos Maria Callas
Cantantes y artistas
que atesoran su legado y siguen sus pasos
Desde su muerte en 1977, su legado ha guiado a generaciones de cantantes líricos
Maria Callas no solo
reinventó la ópera;
redefinió lo que significa
ser artista. Su
influencia trasciende
la música: se extiende al teatro, al cine, a
la moda, incluso a la psicología del escenario.
Desde su muerte en 1977, su legado ha guiado
a generaciones de cantantes líricos, sopranos,
actrices y creadores que encontraron en ella
un modelo de perfección, riesgo y tragedia.
Callas no dejó discípulos directos, pero sí un
linaje espiritual: una constelación de voces
que viven bajo su eco.
En el mundo de la ópera, Renata Scotto,
Montserrat Caballé y Raina Kabaivanska
fueron las primeras herederas conscientes
del legado callasiano. Scotto, su homóloga
italiana, reconoció abiertamente que su
estudio de Callas le enseñó “a no cantar notas,
sino almas”.
La disciplina y la teatralidad de Scotto
reflejan la influencia directa de Callas en la
escuela italiana de interpretación. Caballé,
por su parte, admiraba la inteligencia
musical de la diva y su dominio del legato,
aunque eligió un camino vocal más puro; sin
embargo, su aproximación emocional a las
heroínas belcantistas nació del ejemplo que
Callas había dejado.
En los años setenta y ochenta, Kiri Te Kanawa
y Jessye Norman, de timbres y temperamentos
opuestos, reconocieron también la deuda con
ella. Te Kanawa solía decir que Callas le enseñó
“que cada frase debía tener una intención, no
un sonido”. Norman, en cambio, veía en Callas
una lección de poder escénico: la capacidad de
“dominar el espacio con solo respirar”. Ambas
entendieron que la ópera, después de Callas,
debía interpretarse como teatro, no como
vitrina vocal.
Una de las más fascinantes continuadoras de su
estilo fue Angela Gheorghiu, quien no solo imitó
su técnica, sino su aura. Gheorghiu, rumana,
heredó esa mezcla de elegancia y temperamento
volcánico que caracterizaba a Callas. Ha dicho:
“Yo no canto como ella, pero pienso como ella:
el canto no existe sin verdad emocional”. En cada
Tosca o Traviata, Gheorghiu parece dialogar con
el espectro de La Divina.
También Anna Netrebko, con su dramatismo
exuberante y su manejo del repertorio verista,
ha sido comparada con Callas. Aunque más
moderna en estilo y carácter, Netrebko ha
reconocido que estudió cada gesto y cada
grabación de Callas antes de abordar sus
papeles más exigentes. Su transformación de
soprano lírica ligera a intérprete dramática
sigue el mismo arco evolutivo que vivió Callas
en los años cincuenta.
Pero la influencia de Maria Callas no se limita
a la ópera. Madonna, en los años noventa,
confesó su fascinación por la diva como
símbolo de autodeterminación femenina.
En su documental Truth or Dare, Madonna
cita a Callas como “la encarnación del arte
total: belleza, disciplina y tragedia”. Su uso
del drama y del control escénico tiene raíces
callasianas. La diseñadora Donatella Versace
también ha declarado que Callas es su musa
estética: “Ella no solo vestía un traje, lo
convertía en personaje”.
En el cine, actrices como Meryl Streep,
Julianne Moore y Natalie Portman han
mencionado a Callas como modelo de estudio
para la creación de personajes complejos. RP
130 RITMOPLATINUM2025
texto Sheila Pujols
foto Archivos Maria Callas
Una diva
que fue reconocida a nivel mundial
Sus premios fueron el reflejo de una artista que vivió por y para el arte
Considerada una de las sopranos
más influyentes del
siglo XX, no solo dejó una
huella imborrable en los
escenarios de ópera, sino
que también fue reconocida con numerosos
premios y distinciones que consagraron su
legado artístico. Su extraordinaria voz, su
intensa capacidad dramática y su dedicación
a la perfección hicieron que su carrera
estuviera marcada por homenajes en todo el
mundo, consolidándola como un referente
indispensable de la música clásica.
Reconocimientos en Europa
Entre sus primeros reconocimientos
destaca la Medalla de Oro del Mérito en las
Bellas Artes de Grecia, otorgada en 1957,
un homenaje de su país natal que celebró
su aporte a la cultura helénica. Italia,
nación que adoptó a Callas como una de
las suyas, le concedió el prestigioso Premio
Bellini en 1959, destinado a intérpretes
que encarnan con maestría el espíritu del
compositor siciliano. Su virtuosismo en
obras de Giuseppe Verdi fue igualmente
reconocido con el Premio Voci Verdiane en
1961, que destacó su dominio en el exigente
repertorio verdiano.
Su influencia no se limitó a Grecia e Italia. En
Francia, donde se admiraba su refinamiento
artístico, Maria Callas fue condecorada
como comandante de la Orden de las Artes
y las Letras en 1964, uno de los más altos
reconocimientos culturales del país. En los
Países Bajos, recibió el Premio Edison en
1962, un tributo a sus destacadas grabaciones
de ópera. España también reconoció su
Más allá de los premios y
reconocimientos, Maria Callas
simboliza la fusión perfecta
entre técnica y emoción; cada
nota que interpretaba parecía
contar una historia única,
capaz de conmover tanto a
expertos como a quienes se
acercaban por primera vez a
la ópera.
talento con la Gran Cruz de la Orden de
Alfonso X el Sabio en 1968, que resaltó su
contribución a la música y a la educación
artística. Además, numerosos teatros y
festivales le dedicaron ciclos completos de
representaciones, reafirmando su impacto
en el repertorio lírico internacional.
Reconocimientos internacionales
El legado de Callas trascendió Europa y
llegó hasta Estados Unidos, donde fue
honrada con el Grammy Hall of Fame
Award en 1961 y de manera póstuma
en 1998. Este reconocimiento premia
grabaciones de valor histórico, y muchas de
sus interpretaciones continúan figurando
en listas de referencia para los amantes
de la ópera. Cada galardón recibido por
Maria Callas refleja no solo su excelencia
técnica, sino también su capacidad de
transmitir emociones profundas y su
magnetismo escénico, que hicieron de cada
interpretación un momento inolvidable. RP
RITMOPLATINUM2025 131
texto Ismalay Liranzo
fotos Archivos Maria Callas
La Divina eterna
Cómo Callas transformó el arte y el dolor
Su voz sigue siendo materia de estudio y fascinación
Maria Callas continúa
siendo un ícono
inmortal que
trasciende generaciones
y fronteras.
Su figura no pertenece solo al universo de
la ópera, sino al imaginario colectivo de la
cultura moderna. Fue una artista total: una
mujer que transformó el canto en actuación,
la técnica en emoción y su vida en un drama
digno de los escenarios que conquistó. Más
de cuatro décadas después de su muerte, su
nombre sigue pronunciándose con reverencia,
no solo por su talento, sino por la manera
en que redefinió lo que significa ser artista.
El legado de Callas se sostiene en una fusión
única entre arte, verdad y tragedia. En un
tiempo en que la ópera era considerada un
espectáculo estático y formal, ella introdujo
una revolución silenciosa, pero profunda: la
del “cantar-actuando”. Callas fue la primera
soprano que comprendió que una voz
prodigiosa no bastaba si no iba acompañada
de verdad dramática. Para ella, el canto
debía servir al personaje, no al lucimiento
personal. Cada nota tenía un propósito
emocional, cada respiración estaba cargada
de significado. Su interpretación no era solo
técnica, sino visceral.
Antes de Callas, el público admiraba la
perfección sonora; después de ella, comenzó
a buscar autenticidad. El musicólogo Kurt
Pahlen describió su canto como “una herida
abierta que sangra entregando sus fuerzas
vitales”. Esa descripción resume su esencia:
Callas no interpretaba, vivía. Cuando
cantaba Tosca, el público creía presenciar un
Sus grabaciones siguen siendo una escuela de interpretación;
su vida, una parábola de gloria, amor y pérdida.
asesinato real; cuando moría como Violetta,
la sala entera contenía la respiración. Gracias
a ella, la ópera dejó de ser una sucesión de
arias bellas para convertirse en teatro total.
Otro de sus grandes aportes fue la
rehabilitación del bel canto, un estilo del
siglo XIX que había caído en el olvido por
considerarse anticuado. Callas lo devolvió al
centro del repertorio con interpretaciones
históricas de Norma, Anna Bolena, Lucia
di Lammermoor y Medea. Estas obras,
que requieren tanto agilidad vocal como
profundidad dramática, encontraron en
ella a su intérprete ideal. Su capacidad
de combinar virtuosismo técnico con
intensidad emocional reavivó el interés de
teatros y directores por estas joyas olvidadas,
marcando una influencia que aún hoy define
el repertorio lírico.
Su voz sigue siendo materia de estudio y
132 RITMOPLATINUM2025
fascinación. Los expertos coinciden en que
Callas poseía un instrumento imposible de
clasificar: era una soprano sfogato, una voz
que abarcaba registros propios tanto de la
soprano ligera como de la mezzosoprano
dramática. Esa amplitud le permitió
interpretar desde La Traviata hasta
Carmen con igual autoridad. Sin embargo,
lo que realmente la diferenciaba no era la
extensión de su voz, sino su capacidad para
convertir los defectos en expresión artística.
Las asperezas, los matices quebrados, las
notas imperfectas… lejos de restarle belleza,
añadían verdad. Su voz era el reflejo de su
alma: poderosa, doliente, humana.
Pero Maria Callas no fue solo una artista de
ópera. Fue una figura cultural, un fenómeno
mediático que rompió las barreras entre el
arte clásico y la cultura popular. En los años
cincuenta, tras una dramática pérdida de
peso que transformó su apariencia, pasó
de ser una cantante corpulenta a un ícono
de elegancia. Vestía de Dior, posaba para
fotógrafos de moda y se movía entre los
círculos más selectos de Europa. Su estilo,
su porte y su mirada intensa la convirtieron
en una musa para diseñadores y cineastas.
Era, en muchos sentidos, la primera
“rockstar” de la ópera.
Sin embargo, la vida de Callas también fue
una tragedia en carne viva. Su historia de
amor con el magnate griego Aristóteles
Onassis capturó la atención del mundo
entero. Él representaba la pasión, el poder
y la conexión con su herencia griega. Para
Callas, Onassis fue mucho más que un
amante: fue el sueño de una vida normal,
lejos de los escenarios. Pero el idilio terminó
con una traición devastadora cuando Onassis
la abandonó para casarse con Jacqueline
Kennedy. Aquel golpe no solo fracturó su
corazón; también apagó la llama que había
alimentado su arte.
La prensa sensacionalista, que alguna vez la
había glorificado como “La Divina”, la retrató
entonces como una mujer rota, víctima de
su propio mito. Pero, con el paso del tiempo,
esa vulnerabilidad se ha convertido en parte
esencial de su atractivo. Callas no fue solo una
artista de voz inmortal; fue una mujer que
amó, sufrió y se reinventó a la vista del mundo.
Hoy, su figura sigue más viva que nunca.
Documentales, exposiciones y películas
como Maria de Pablo Larraín reavivan el
interés por su legado. Nuevas generaciones
descubren en ella no solo una intérprete
magistral, sino un símbolo de autenticidad
y poder femenino. Pocas figuras del siglo
XX han logrado unir con tanta intensidad la
genialidad artística y el drama humano.
En última instancia, Maria Callas perdura
porque fue única. Sus grabaciones siguen
siendo una escuela de interpretación; su vida,
una parábola de gloria, amor y pérdida. Su
voz, a veces imperfecta, siempre inolvidable,
sigue conmoviendo porque encierra algo más
que música: la verdad desnuda de una mujer
que vivió para el arte y murió con él. En
Callas, el mito y la humanidad se funden para
recordarnos que la grandeza, como la belleza,
nace del dolor y de la pasión por vivir. RP
RITMOPLATINUM2025 133
texto Juana Cabrera
foto Archivos Maria Callas
Marina Abramovic:
“7 Deaths of Maria Callas”
La muerte como homenaje.
entre el drama visual y la poesía trágica. Para
complementar a la perfección, en paralelo,
siete sopranos distintas interpretan las arias
que hicieron inmortal a la diva. Abramović,
en vivo, observa y encarna ese viaje final
hacia el silencio.
Durante más de cinco
décadas, Marina
Abramović ha explorado
los límites del cuerpo,
la resistencia y la
vulnerabilidad. Pero con 7 Deaths of Maria
Callas, la artista serbia dio un paso más
allá: transformó la tragedia operática en
un ritual de despedida. Estrenada en 2020
en la Bayerische Staatsoper de Múnich,
esta ópera-performance es un homenaje
profundamente personal a María Callas,
la soprano que convirtió el dolor en arte, y
cuya vida, como la de tantas heroínas que
interpretó, estuvo marcada por la intensidad
y la soledad.
La pieza combina performance, ópera y cine.
Callas, la mujer que cantó
con el alma rota, vuelve a
vivir a través de la artista que
convirtió el dolor en forma.
En el escenario, Abramović muere siete veces,
recreando las muertes más icónicas de
los personajes que Callas interpretó: Tosca,
Carmen, Desdémona, Violeta, Butterfly,
Norma y Lucia. Allí, cada muerte es una
escena cinematográfica pregrabada, donde
la artista actúa junto al actor Willem Dafoe,
El proyecto nació de una obsesión.
Abramović ha confesado que siente a Callas
como un reflejo de sí misma: “Ambas
sacrificamos todo por nuestro arte”, dijo en
una entrevista para The New York Times. La
artista estudió su vida durante años, visitó
su apartamento en París, leyó sus cartas y
escuchó sus grabaciones hasta sentir que la
voz de Callas la habitaba. 7 Deaths of Maria
Callas no busca imitarla, sino entenderla.
Es un intento de reconciliar a la mujer detrás
del mito, a la artista con la persona que
amó y perdió.
En el epílogo de la obra, titulado The Seventh
Death, Abramović representa la última escena:
la verdadera muerte de Callas, sola en su
departamento parisino. No hay aria final, solo
respiración. En ese silencio, la artista ofrece
su propio cuerpo como altar, su piel como
escenario. Allí, donde el canto se apaga, el
performance se convierte en oración.
Más que un homenaje, este performance
es una meditación sobre el arte, la entrega
y la mortalidad. Abramović transforma
la muerte en un acto de amor hacia quien
supo morir mil veces en escena. Callas, la
mujer que cantó con el alma rota, vuelve a
vivir a través de la artista que convirtió el
dolor en forma. RP
134 RITMOPLATINUM2025
RITMOPLATINUM2025 135
Montaje Digital: Mayobanex Abreu
Maria
Callas
PERSONAL STYLE
EN ESTA EDICIÓN, LA GRANDEZA DE MARIA CALLAS COBRA VIDA
A TRAVÉS DE QUIENES SE ATREVEN A ENCARNAR SUS MATICES.
NUESTRA SOPRANO INTERPRETA A LA DIVINA EN SU ESPLENDOR
MÁS PURO: LA VOZ QUE ESTREMECÍA TEATROS Y EL MAGNETISMO
QUE TRASCENDIÓ GENERACIONES. A SU LADO, UN TENOR REVIVE
LA PASIÓN ARTÍSTICA DE GIUSEPPE DI STEFANO, ESA COMPLICIDAD
VOCAL QUE MARCÓ UNA ERA. UN RECONOCIDO EMPRESARIO ENCARNA
A ARISTÓTELES ONASSIS, FIGURA CLAVE EN LA VIDA ÍNTIMA DE
CALLAS, MIENTRAS UNA DISTINGUIDA SOCIALITÉ REINTERPRETA LA
VERSIÓN MÁS ICÓNICA Y ENIGMÁTICA DE LA ARTISTA. JUNTOS, RINDEN
HOMENAJE A SUS ESCENARIOS, SUS AMORES Y SU LEYENDA ETERNA.
NATHALIE PEÑA COMAS
SOPRANO Y ACTRIZ DOMINICANA INTERPRETA A LA GRAN CALLAS
Maria Callas es la razón por la que hoy día soy cantante de ópera. Su extraordinario
talento vocal, histrionismo y exquisita musicalidad, acompañados de una férrea
disciplina, seriedad y alto compromiso con la música cambiaron el curso de la ópera.
Representar a esta leyenda es un altísimo honor.
escribe Nathalie Peña Comas coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul
maquillaje Avis Soto peinado Joel Rodríguez vestuario Tapiruj/Zara accesorios Afazzes Accesorios/Piu by Misura locación Palacio de Bellas Artes
dirección creativa Iris Encarnación
ENRÍQUE PINA
DIPLOMÁTICO DE CARRERA Y TENOR PROFESIONAL
INTERPRETA AL GRAN TENOR GIUSEPPE DI STEFANO
Interpretar al gran tenor siciliano, Giuseppe Di Stefano, ha sido una ocasión simpática,
divertida y original, ya que Di Stefano es uno de mis tenores favoritos, conocido por su
gran expresividad vocal y bella voz de tenor mediterráneo. Uno de los pocos tenores que no
despertaba celos en la gran soprano Maria Callas. El esplendor de la carrera de Di Stefano
duró solamente 10 años debido a su hábito de fumar y falta de descanso por acostarse tarde
jugando en los casinos. El canto operístico es como un sacerdocio que requiere una férrea
disciplina en la vida personal. Se es tenor 24/7.
escribe Enrique Pina coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul
maquillaje y peinado Diana Soriano dirección creativa Iris Encarnación
GEORGE NADER
EMPRESARIO Y SOCIALITÉ INTERPRETA
AL AMOR DESTRUCTIVO DE CALLAS
Interpretar a Onassis en este shooting fue una experiencia sorprendente. Por un momento sentí que
realmente estaba entrando en su vida y en esa época que siempre me llamó la atención. Me transporté
a un pasado que, honestamente, me hubiese gustado vivir, aunque fuera solo por un instante.
Encarnarlo me permitió entender un poco más quién era y cómo se movía en su mundo.
escribe George Nader coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul
maquillaje y peinado Diana Soriano dirección creativa Iris Encarnación
TAMMY GHATTAS
SOCIALITÉ ORIUNDA DE BELÉN, CISJORDANIA,
PALESTINA, ENCARNA EL PAPEL DE “LA DIVINA”
Representar a Maria Callas fue un privilegio y una experiencia profundamente transformadora.
Adentrarme en su mundo me permitió conectar con la fuerza, la sensibilidad y la pasión que
definieron a esta leyenda. Comprendí que su grandeza no solo estaba en su voz, sino en su
vulnerabilidad y determinación. Interpretarla fue rendir homenaje a una mujer que vivió
intensamente, dejando una huella eterna en el arte y en quienes la admiramos.
escribe Tammy Ghattas coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul
maquillaje Avis Soto peinado Joel Rodríguez vestuario Tapiruj/Zara accesorios Afazzes Accesorios/Piu by Misura locación Palacio de Bellas Artes
dirección creativa Iris Encarnación
RITMO DEL AYER
texto Maria Amelia Cerón Victoria
foto Archivos Maria Callas
Montserrat Caballé: la Superba
Una soprano española admirada por Callas, compañera de consejos,
espejo de virtudes y diferente en luz
Montserrat Caballé (1933-2018), soprano lírica de origen
español, es considerada una de las grandes figuras
operísticas del siglo XX. Tenía una voz de técnica
refinada, dominio del bel canto, un fraseo elegante, un
“fiato” impresionante, y una capacidad para los matices vocálicos
que muchos admiradores destacaron como extraordinaria. Caballé
admiraba profundamente a Maria Callas. En varias entrevistas dijo
que Callas fue referente, modelo artístico, alguien a quien pidió
consejos sobre repertorio, interpretación y elección de roles. Su
escucha no era competitiva, sino formativa: aprendió observando
la entrega escénica de Callas, aunque su estilo vocal era diferente:
más centrado en la musicalidad, la pureza de la línea; en algunos
casos, en el control lírico más delicado. Callas, por su parte,
reconoció en Caballé una soprano de gran promesa y capacidad.
Existe una cita: al preguntársele quién podría sucederla, Callas
respondió algo como “Only Caballé…” («Solo Caballé…»)
Mientras Callas fue famosa por su versatilidad dramática, por su
intensidad emocional, sus extremos vocales, su narrativa musical
fuerte, Caballé se destacó por una línea más uniforme, más centrada
en la belleza del sonido, en la técnica pura, y en sostener papeles largos
con delicadeza. Caballé rivalizaba mediante elegancia, sin dramatismos
exasperados. Aun así, compartían el compromiso con la música, la
pasión por la ópera, el respeto por el repertorio belcantista.
Caballé contó que conoció a Callas hacia finales de los años sesenta,
se hicieron amigas, compartieron cenas, conversaciones de música,
de vida. Caballé recuerda que Callas era amable, aunque reservada;
que apreciaba cuando ella cantaba obras que ambas amaban, como
Norma. Caballé también decía que Callas tenía una soledad, un aura
que, más allá de la fama, la hacía humana, vulnerable. Cuando Caballé
murió en 2018, medios de todo el mundo la recordaron no solo como
diva española, sino como quien pudo “ser heredera” de la tradición que
Callas había marcado. Que su nombre se mencione junto al de Callas
no es azar: ambas formaron parte de una era en la que la ópera dejó de
ser solo técnica, se volvió mito, estética, actuación, presencia moral.
En definitiva, Montserrat Caballé fue amiga, admiradora, sucesora
simbólica de la tradición que Maria Callas fortaleció. No la imitó, sino
que caminó paralelo, con su propia luz, y con esa reverencia que solo
nace cuando lo que deseas es aprender del arte, no de la rivalidad.