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Ritmo Platinum - Maria Callas

Maria Callas - Portada 10-12-2025

Maria Callas - Portada 10-12-2025

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Ritmo

PLATINUM

MARIA

CALLAS

La voz que transformó

la ópera para siempre

Nathalie Peña Comas/ Tammy Ghattas/ George Nader/ Enríque Pina/ Jackie Kennedy/ Pier Paolo Passolini

AÑO18 | N O 41| 2025

PRECIO: RD$500.00




















fotos: Cortesía de M Residencias

M Residencias

Torre familiar de lujo que viene a redefinir

un nuevo estilo de vida en Naco

El proyecto consiste en dos modernas

torres residenciales diseñadas

para ofrecer comodidad, elegancia y

bienestar. Contará con cuatro niveles

de parqueos soterrados, con un

mínimo de tres amplios estacionamientos independientes,

además de un elegante lobby de recepción en

cada torre, ubicado en el primer nivel. En el segundo

nivel se desarrollará un extenso conjunto de áreas sociales

de más de 800 m², pensadas para el disfrute de

todos: una relajante zona de yoga, una piscina ideal

para compartir y refrescarse, un espacio de juegos para

niños y mucho más.

Acerca de la firma de arquitectos:

El diseño arquitectónico de este proyecto

corresponde a la firma Mallol Arquitectos,

fundada por Ignacio Mallol Tamayo y coliderada

por Ignacio Mallol Azcárraga. La firma

inició operaciones hace cuatro décadas y en ella

colaboran profesionales multidisciplinarios de la

arquitectura y otras áreas afines.

Es la firma de arquitectura más importante de

Panamá y Centroamérica, reconocida por su

trayectoria profesional, experiencia en proyectos de

cualquier escala y su cultura de innovación.

Cada torre estará compuesta por dos bloques de

apartamentos, de 14 y 19 niveles habitacionales,

ofreciendo un exclusivo oasis residencial de primer nivel.

Acerca de la constructora:

En constante evolución y adaptación al mercado,

Terramare Ingeniería cuenta con un equipo de

profesionales de más de 50 años de experiencia

brindando servicios especializados e integrales

de ingeniería civil y marítima en la República

Dominicana y mercados internacionales.

Terramare Ingeniería surge como respuesta a la

necesidad estratégica de implementar un modelo

de integración vertical que permita ofrecer servicios

con estándares internacionales, tanto en tierra

como en el mar.

Para más información www.terramare.com.do



CONTENIDO

Ritmo

PLATINUM

MARIA CALLAS

MARIA CALLAS

32. Nueva York en los años 20.

34. La jet set de la época.

50. Su primera aparición en el escenario.

68. El trago preferido de Callas.

78. Sus grandes amistades.

82. Callas en el papel de Medea.

99. ¿Quién era Madame Claude?

CAPÍTULOS

30. LA JOVEN CALLAS

Sus indicios vocales, contexto histórico

y el efecto de sus padres en su vida.

48. LA GRAN SOPRANO

Su primera aparición en el escenario,

su vocal range, su sobrenombre “La Divina”

y sus grandes éxitos.

66. CURIOSIDADES DE “LA DIVINA”

Su trago preferido, el aroma que la hacía única,

sus joyas deslumbrantes y su lado oscuro.

92. DISFONÍA, DESAMOR Y UN

DESAFORTUNADO FINAL

Su relación con Onassis, los otros amantes

de Callas y sus últimas apariciones en el escenario.

112. LA LEYENDA VIVA DE LA ÓPERA

Cartas inéditas de la soprano, homenajes

en la gran pantalla, premios y reconocimientos

y Maria Callas hoy.

58

LAS DIEZ CIMAS DEL DRAMA:

TOP 10 DE SUS GRANDES ÉXITOS

RP

20 RITMOPLATINUM2025



Maria Callas

46

INDICIOS DEL TALENTO VOCAL

Los primeros pasos en los estudios vocales

de Maria.

64

LA DIVINA Y LA BIBLIA DE LA ÓPERA

Dos títulos que revelan el impacto cultural

de Callas.

71

LAS JOYAS DE CALLAS

El resplandor silencioso de “La Divina”.

88 96 118

LA METAMORFOSIS DE LA SOPRANO

El mito y el precio de la perfección.

ARISTÓTELES ONASSIS Y CALLAS

Un amor intenso, pero nunca consolidado.

MARIA (2024)

Biopic interpretado por Angelina Jolie.

Ritmo

PLATINUM

MARIA CALLAS



PERSONAL STYLE

140 144

NATHALIE PEÑA COMAS

Soprano y actriz dominicna interpreta

a la gran Callas.

GEORGE NADER

Empresario y socialité interpreta al amor

destructivo de Maria Callas.

148 152

ENRÍQUE PINA

Diplomático de carrera y tenor profesional

interpreta al gran tenor Giuseppe Di Stefano.

TAMMY GHATTAS

Socialité oriunda de Belén, Cisjordania,

Palestina, encarna el papel de “La Divina”.

Ritmo

PLATINUM

MARIA CALLAS



Ritmo

PLATINUM

Año 18 No. 41 2025

ritmosocial@listindiario.com

Rosanna Rivera

Directora de Revistas

y Comunicaciones Listín Diario

Fátima Jannet Bueno

Coordinadora General de Revistas

Maria Amelia Cerón Victoria

Editora

Joel Peralta, Luisanna Carrasco e

Ismalay Liranzo

Redactores

Mayobanex Abreu

Editor de diseño

Maria Callas

La verdadera leyenda del bel canto

La gran Maria Callas nació el 2 de diciembre de 1923 en New York; fue una de las sopranos más

influyentes y controvertidas del siglo XX.

Su talento excepcional y su personalidad vibrante la convirtieron en un ícono de la ópera, y su

legado perdura hasta hoy en la música y la cultura popular.

Maria Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulos, hija de inmigrantes griegos, comenzó a estudiar música

a una edad temprana. A los 13 años, se trasladó a Atenas, donde continuó sus estudios y comenzó a

hacerse un nombre en el mundo de la ópera. Su primera presentación significativa fue en el Teatro de

Ópera de Atenas en 1941.

Callas alcanzó la fama internacional en la década de 1950. Su repertorio abarcaba desde los clásicos

de Verdi y Puccini hasta las obras contemporáneas de autores como Stravinski y Menotti. Su

interpretación de “Lucia di Lammermoor” y su papel en “Norma” solidificaron su estatus como una

de las grandes voces del arte operístico.

A lo largo de su carrera, Callas se presentó en los más prestigiosos escenarios de la época, llenando el

mundo de su arte, nostalgia y convirtiendo su vida en una leyenda del bel canto.

¡Grande Maria!

Foto: Archivos Maria Callas

Iris Encarnación

Yiris Zheng

Karla Báez Espino

Diseño

Luis A. Rivas Padilla

Corrector de estilo

José Rafael Cerda

Casilda Heredia

Tratamiento de imágenes

DIVISIÓN COMERCIAL

Marie Patricia Hernández

(directora comercial)

Mireya Borrell

(gerente de ventas)

809 686 6688 ext. 2382

Maribel Fernández

(enc. ventas región norte)

809 971 4085 ext. 4322

CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN

Manuel Corripio Alonso

Presidente

Héctor José Rizek Sued

Vicepresidente

Samir Rizek Sued

Tesorero

Lucía Corripio Alonso

Secretaria

Gema Hidalgo

Administradora General

Barrani Abreu

Gerente de Cobros

Omayra Ramírez

Gerente Mercadeo

Una publicación de

Miembro de la Sociedad

Interamericana de Prensa (SIP)

REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN

Paseo de los Periodistas No. 52,

Ens. Miraflores. Apartado 1455,

Santo Domingo, Rep. Dom.

Teléfono: 809.686.6688

Impresa por:

Editora Corripio, S. A. S.

Calle A esq. Central,

Zona Industrial de Herrera,

Santo Domingo, República Dominicana

Tel.: 809-530-7817, ext.: 250

www.editoracorripio.com

RITMO PLATINUM

Es una edición premium de Ritmo Social,

editada por la Dirección Editorial de Revistas

de la Editora Listín Diario, S. A.

Queda prohibido reproducir total

o parcialmente el contenido de esta edición,

aun citando procedencia, sin autorización

expresa y por escrito de la Dirección

Editorial de Revistas.

26 RITMOPLATINUM2025

Directora de Revistas y Comunicaciones




Editorial

ay nombres que no necesitan

presentación. Y hay voces que no

necesitan escenario. Maria Callas

pertenece a ambas categorías. Su

existencia es una de esas raras pruebas

de que, a veces, la vida imita al arte… y

duele igual. Fue mujer, cantante, refugiada

emocional, fenómeno mundial, diva irrepetible

y alma desgarrada. Fue también niña. Fue hija. Fue hermana.

Fue el “patito feo” que su propia madre colocó en segundo plano. Y

precisamente por eso se convirtió en un cisne que jamás dejó de cantar

aunque el agua se volviera hielo.

En esta edición especial de Ritmo Platinum, no miramos a Callas

desde la distancia del tiempo: nos sentamos a su lado. Viajamos a

la Nueva York de los años veinte, cuando su apellido todavía era

Kalogeropoulos y su destino parecía tan incierto como las calles en las

que empezó a descubrir su voz. Regresamos con ella a Grecia, al país

que la vio convertirse en prodigio y en sobreviviente. Escuchamos la

severidad de una madre obsesionada con la fama y la contradicción

de una niña que cantaba para complacer, pero que solo encontraba

libertad cuando la música era solo suya.

La joven Maria vivió bullying, sobrepeso, la muerte de un hermano,

el divorcio de sus padres y el dolor impensable de ser ofrecida como

moneda en tiempos de guerra. Pero también vivió el milagro. El milagro

de escuchar por primera vez una nota salir de su cuerpo como si fuera

un destino revelado. El milagro de ser reconocida por sus maestros. El

milagro de convertirse en alguien que ya no podía ser ignorada.

De la niña que cantó a los 11 años en la radio a la mujer que resucitó el

bel canto y redefinió la ópera, hubo miles de vidas en una sola. Su debut

en Verona como La Gioconda en 1947 no fue solo una presentación:

fue una detonación. Surgió una voz tan amplia que desafió los límites

vocales conocidos; un talento capaz de volver humanas a las diosas

trágicas y divinas a las mujeres frágiles. Le bastaba una respiración

para que el mundo comprendiera que la técnica era importante, pero la

verdad lo era más.

Callas no solo cantaba: encarnaba. Llevaba a Medea, Tosca o Norma

a un lugar tan visceral que el público temía no por el personaje, sino

por ella. Era la enciclopedia viva de la ópera. La Biblia del canto.

“La Divina”.

Sin embargo, toda divinidad paga un precio. Y Callas lo pagó con su

voz, con su cuerpo, con su salud mental, con sus relaciones. Mientras

bajaba de peso y se transformaba en el prototipo absoluto de la diva,

también se acercaba al filo del abismo. Su trastorno alimenticio fue una

de las primeras heridas que nunca cerraron. A la exigencia artística se

sumaron los juicios personales, los escándalos, la exposición. Y en medio

de todo, la historia de amor más inconclusa del siglo XX: Aristóteles

Onassis. No fue Romeo y Julieta. Fue más cruel: fue amor sin final feliz,

pasión sin redención, promesa sin regreso.

La voz empezó a quebrarse. La soledad empezó a ganarle. La prensa

invadió lo que el público no tenía derecho a ver: su fragilidad. Y aún así,

Callas siguió cantando. Por necesidad o por nostalgia. Tal vez por amor.

Tal vez por miedo. Su último concierto en Sapporo, Japón, en 1974, fue

casi un susurro. Pero un susurro de ella sigue siendo un terremoto.

Después llegó el silencio. El autoexilio parisino. Las pastillas. Las

alucinaciones. El encierro. Sus últimos acompañantes no fueron

emperadores ni magnates, sino dos figuras humildes y fieles: Ferruccio

Mezzadri y Bruna Lupoli. Cuando finalmente murió en 1977, el

mundo no perdió solo una soprano. Perdió el punto de referencia con

el que medía la grandeza.

Pero aquí viene el milagro final: Callas no murió. Porque sigue viva en

sus grabaciones, en las cartas escondidas en archivos universitarios,

en el museo que lleva su nombre, en los homenajes cinematográficos

y teatrales, en la voz de cada soprano que imita su vibrato sin poder

imitar su alma. Está en el doodle que Google hizo en su honor. En el

perfume que usaba. En el Hammam Bouquet que aún se vende. En sus

rituales, en sus joyas, en su manera de vestir, en el eco cultural que la

llevó a la moda, a la publicidad, incluso al pensamiento contemporáneo

de artistas como Marina Abramović.

Un siglo después de su nacimiento, Maria Callas es más que una figura

histórica. Es una emoción que se hereda. Es una pregunta sin respuesta.

Es la confirmación de que se puede ser frágil y determinante, rota y

eterna, humana y divina.

En Ritmo Platinum la recordamos no como estatua, sino como latido.

No como mito de mármol, sino como mujer que amó, que lloró, que se

volvió su propia obra de arte. Y como esa voz que, incluso ahora, cuando

las luces ya están apagadas… sigue ensayando la próxima aria.

Porque las leyendas se escuchan, pero las divinas jamás dejan

de cantar...

Maria Amelia Cerón Victoria

Editora de Ritmo Platinum

RITMOPLATINUM2025 29



La joven Callas

CA

CA


texto Maria Amelia Cerón Victoria

fotos Archivos Maria Callas

Luces y sombras de Nueva York

en los años veinte

La ciudad que nunca duerme vibraba con un contraste fascinante:

lujo y excesos en la élite, jazz en cada esquina y la ópera como símbolo cultural

Nueva York en

los años veinte

era sinónimo de

modernidad y velocidad.

La ciudad

se transformaba con el ascenso de

rascacielos que parecían desafiar al

cielo, mientras la Quinta Avenida se

consolidaba como un escaparate de

lujo donde la alta sociedad exhibía su

riqueza. El Metropolitan Opera House

era el epicentro de la élite cultural,

donde las noches se vestían de ópera

y los grandes nombres de la lírica

iluminaban los escenarios.

La música marcaba el pulso de la

década. El jazz, nacido en Nueva

Orleans, encontró en Harlem su capital

espiritual. Clubes como el Cotton

Club atraían tanto a figuras de la élite

blanca como a la comunidad afroamericana,

que desde allí irradiaba

un movimiento artístico sin precedentes:

el Renacimiento de Harlem.

Escritores, músicos y pintores

transformaban la percepción cultural

del país en medio de una Nueva York

vibrante y contradictoria.

La política, sin embargo, dibujaba

otro panorama. La Ley Seca, instaurada

en 1920, prohibía la venta de

alcohol; pero lejos de frenar el consumo,

dio origen a una red clandestina

de bares ocultos y mafias que

dominaron la ciudad. Figuras como

Al Capone simbolizaban esta era de

ilegalidad disfrazada de glamour.

Aunque Hollywood

comenzaba a

consolidarse en la

costa oeste, Nueva

York seguía siendo un

semillero de talento

artístico.

La prohibición creó un submundo

paralelo, donde lo prohibido se convirtió

en sinónimo de sofisticación.

El cine también daba un salto hacia

adelante. Aunque Hollywood comenzaba

a consolidarse en la costa oeste,

Nueva York seguía siendo un semillero

de talento artístico, con teatros en

Broadway que marcaban tendencia

en la cultura popular.

La década de los veinte fue, en

definitiva, una encrucijada entre lo

clásico y lo moderno. En una ciudad

que nunca dormía, la ópera convivía

con el jazz, los magnates con los

artistas emergentes, y la política

con las intrigas del bajo mundo. Era

un escenario cargado de contrastes

donde las artes florecían con fuerza,

preparando el terreno para recibir a

las grandes voces que cambiarían la

historia musical del siglo. RP

32 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

fotos Archivos Maria Callas

Grecia en los años 20-30: entre

modernización y turbulencia

Transformaciones que definieron su rumbo como nación

cerrando un ciclo de incertidumbre.

Pese a la crisis, la sociedad griega

también experimentó modernización,

se consolidó un sistema

educativo más amplio y surgieron

movimientos culturales que mezclaban

tradición e influencias europeas.

La música rebetika, nacida

en los barrios populares con fuerte

influencia de los refugiados de Asia

Menor, floreció como expresión de

la vida urbana, el desarraigo y la esperanza.

En paralelo, intelectuales

y artistas exploraban nuevas formas

de literatura, pintura y arquitectura,

conectando al país con las corrientes

modernistas del continente.

La economía vivió altibajos, ya que

la llegada de refugiados supuso un

reto, pero también una oportunidad:

muchos aportaron mano de obra,

saberes artesanales y un impulso

al comercio. No obstante, la crisis

mundial de 1929 golpeó con fuerza,

El siglo XX fue un punto

de inflexión en la historia

de Grecia como

nación. El periodo comprendido

entre 1920

Idea”, un proyecto nacionalista que

buscaba unir a todas las poblaciones

helénicas. Este ideal se puso

a prueba con la guerra greco-turca

(1919-1922), un conflicto que culmi-

enfrentaron pobreza, desempleo y

tensiones sociales.

En el terreno político, la década fue un

vaivén, pues la monarquía fue derrocada

en 1924 y se proclamó la Segunda

agravando la inflación, el desempleo y

la migración. La vida cotidiana se volvió

más difícil para amplios sectores,

aunque lentamente se desarrollaban

infraestructuras y servicios básicos.

a 1935 fue una etapa marcada por

nó en la derrota griega y el traumá-

República Helénica, un intento de ins-

contrastes, donde la búsqueda de es-

tico intercambio de poblaciones con

taurar un sistema más democrático.

Grecia, entre 1920 y 1935, fue un país

tabilidad convivió con crisis políticas,

Turquía en 1923.

Sin embargo, el país sufrió inestabi-

marcado por la fragilidad política y las

transformaciones sociales y cambios

Más de un millón de refugiados orto-

lidad: sucesivos gobiernos, golpes

tensiones sociales, pero también por la

culturales que modelaron la identidad

doxos llegaron al país, alterando su

de Estado y presiones militares,

creatividad y el espíritu de adaptación,

contemporánea del país.

composición demográfica, económi-

reflejando la lucha entre monárquicos,

forjaron nuevas expresiones culturales

Tras la Primera Guerra Mundial,

ca y cultural, transformando a Atenas

republicanos y fuerzas nacionalistas.

y consolidaron una identidad moderna

Grecia vivía los ecos de la expansión

y a Tesalónica en urbes modernas

Finalmente, en 1935, la monarquía

que preparó el terreno para los grandes

territorial conocida como la “Gran

y multiculturales, aunque también

fue restaurada bajo el rey Jorge II,

desafíos del siglo XX. RP

RITMOPLATINUM2025 33


texto Lisbeth Calderón

fotos Archivos Maria Callas

La jet set de la época

Donde la elegancia y el glamour reinaban

Los años dorados del

siglo XX fueron testigos

de una era fascinante,

marcada por un grupo

exclusivo de perso-

trascendía los escenarios de ópera:

Maria Callas, la soprano que transformó

el arte lírico y conquistó el

corazón de la alta sociedad europea.

Elizabeth Taylor y Richard Burton: La

famosa pareja de actores, conocida por

su romance tumultuoso y su vida lujosa.

Audrey Hepburn: La icónica actriz

nalidades que vivían entre el lujo, la

La jet set de la época

elegancia y el magnetismo social: la

jet set. Celebridades, aristócratas,

artistas y magnates formaban parte

de ese selecto círculo que se movía

entre fiestas privadas, yates en el Mediterráneo

y clubes parisinos donde el

glamour era casi una religión.

Grace Kelly: Antes de convertirse en

la princesa de Mónaco, Grace Kelly

El término “jet set”, que reemplazó

era una estrella de cine y una figura

a la antigua “café society”, hacía

de la alta sociedad.

referencia a esas figuras que viajaban

de un continente a otro en los recién

populares aviones a reacción, los jet

aircrafts, disfrutando de una vida que

parecía diseñada solo para los pocos

que podían costearla. Entre ellos se

destacó una mujer cuya presencia

Aristóteles Onassis: El magnate

griego de la naviera, conocido por su

relación con la famosa viuda Jacqueline

Kennedy y por su estilo de vida opulento.

de Hollywood era una figura querida

en la jet set por su elegancia y

humanitarismo.

Celebridades,

aristócratas, artistas

y magnates formaban

parte de ese selecto

círculo.

34 RITMOPLATINUM2025


Los mejores clubes del momento

Si bien los teatros del mundo fueron

su reino, París fue el refugio social

de María Callas. La “Ciudad Luz”

representaba para ella un universo

donde podía ser tanto la artista

consagrada como la mujer libre que

disfrutaba de la vida nocturna entre

amigos y admiradores.

Frank Sinatra: El legendario cantante

y actor era una figura destacada

en la escena nocturna de Las Vegas y

en la jet set internacional.

Prince Rainier III de Mónaco: Se

casó con Grace Kelly y gobernó el

principado de Mónaco durante su

época dorada.

Porfirio Rubirosa: Diplomático, militar,

piloto automovilístico y jugador de

polo dominicano, nacido en la región

del Cibao.

Se decía que en lugares como el

Moulin Rouge o el Lido de París, la

diva encontraba el encanto bohemio

y teatral que tanto la inspiraba.

En el Crazy Horse, con su estilo

provocador y artístico, podía apreciar

esa fusión entre sensualidad y

arte que desafiaba los límites de lo

convencional.

Los clubes más exclusivos, como

Chez Castel o Le Régine’s, eran el

epicentro de la jet set parisina, frecuentados

por intelectuales, artistas

y nobles europeos. No resultaba extraño

imaginar a Callas compartiendo

ese ambiente, donde la conversación

era tan sofisticada como el vestuario.

Allí, su elegancia discreta y su inconfundible

mirada se imponían sobre

cualquier joya o vestido.

Ava Gardner: La actriz fue conocida

por su belleza y su vida llena de

glamour en Hollywood y en Europa.

Marlon Brando: El influyente actor

de cine fue una figura rebelde y

carismática en la época.

Prince Aly Khan: El hijo del Aga

Khan y un playboy internacional que

estuvo casado con Rita Hayworth y

con otras mujeres influyentes.

María Callas fue el símbolo perfecto de una época

que amaba el exceso y la belleza en igual medida.

Aunque no era amante de los excesos,

Maria Callas brillaba en los mismos

círculos que las grandes estrellas de

la jet set, destacando por su sofisticación

y magnetismo personal. Su relación

con Aristóteles Onassis, iniciada

a finales de los años 50, consolidó su

lugar entre los grandes nombres de

esa élite internacional. RP

RITMOPLATINUM2025 35


texto Ismalay Liranzo

fotos Archivos Maria Callas

La juventud de “La Divina”

y el mundo musical de 1947

Hablar de la historia

de Maria Callas es

hablar del renacimiento

de la ópera

en el siglo XX, pero

también de una mujer cuya vida reflejó

la intensidad de una época marcada

por la guerra, la reconstrucción

y la búsqueda de nuevos lenguajes

artísticos. Nacida en Nueva York en

1923 bajo el nombre de Anna Maria

Cecilia Sofia Kalogeropoulos, hija de

inmigrantes griegos, Callas creció

entre dos mundos: el de la disciplina

y la tradición familiar, y el de la modernidad

que ofrecía Estados Unidos.

Desde niña mostró una sensibilidad

artística fuera de lo común, pero su

camino hacia la grandeza estuvo lleno

de sacrificios.

Tras la separación de sus padres, en

1937 se trasladó junto a su madre y

su hermana a Atenas, donde su vida

cambiaría para siempre. Ingresó al

Conservatorio de Atenas y allí conoció

a la soprano española Elvira de Hidalgo,

su mentora y figura clave en su

formación. De Hidalgo vio en aquella

adolescente una voz excepcional:

poderosa, flexible y capaz de transitar

entre registros que pocas cantantes

dominaban. Bajo su tutela, Callas se

adentró en el mundo del bel canto,

una técnica casi olvidada en la época,

que requería precisión, control y una

expresividad profunda. Ese aprendizaje

sería la base sobre la cual construiría

su identidad artística y la herramienta

con la que devolvería vida a un estilo

considerado anticuado.

Su formación coincidió con los

En 1945, una vez terminada la guerra, Callas regresó a Nueva York con la

esperanza de continuar su carrera.

años oscuros de la Segunda Guerra

Mundial y la ocupación nazi en

Grecia. Sin embargo, ni la escasez ni

el miedo detuvieron su vocación. En

1941 debutó en un papel secundario

en Boccaccio de Franz von Suppé,

y un año después interpretó por

primera vez a Tosca, el personaje que

marcaría su carrera. Con apenas 18

años, María Callas ya demostraba

un dominio técnico y una madurez

escénica poco comunes. Durante la

guerra cantó en más de cincuenta

funciones, encarnando a heroínas

como Leonore en Fidelio o Santuzza

en Cavalleria rusticana, consolidando

una reputación que la posicionó

como una promesa del teatro lírico.

En 1945, una vez terminada la guerra,

Callas regresó a Nueva York con la

esperanza de continuar su carrera.

Pero el camino no fue fácil: las audiciones

resultaban frustrantes y las

oportunidades escasas. Fue entonces

cuando el tenor Giovanni Zenatello,

impresionado por su talento, la

recomendó para cantar en Italia, el

corazón del mundo operístico.

En 1947, su destino se selló con su

debut en la Arena de Verona interpretando

La Gioconda de Ponchielli.

Aquella noche marcó el nacimiento

de una estrella y el inicio de una

transformación que cambiaría la

historia de la ópera moderna.

El contexto cultural de aquel año

también fue decisivo. 1947 fue un

punto de inflexión en la música y las

artes: el mundo se recuperaba de

36 RITMOPLATINUM2025


Callas poseía un

instrumento que

combinaba potencia,

extensión y agilidad,

capaz de adaptarse a

cualquier circunstancia.

la guerra y entraba en la era de la

Guerra Fría, un tiempo de tensiones

políticas, pero también de gran efervescencia

creativa. En la ópera, los

teatros aún estaban dominados por el

repertorio verista –Puccini, Mascagni,

Giordano– y por los grandes dramas

románticos de Verdi y Wagner. Las

voces potentes y heroicas seguían

siendo las preferidas del público. Sin

embargo, Callas traía algo distinto:

una combinación de teatralidad y

precisión musical, capaz de unir la

emoción del drama con la pureza

técnica del bel canto.

Gracias a ella, compositores como

Bellini, Donizetti y Rossini, que habían

sido relegados a un segundo plano,

volvieron a ocupar un lugar central

en los escenarios. Callas devolvió a

estos papeles la complejidad y la profundidad

que merecían, demostrando

que el bel canto no era una reliquia

del pasado, sino una forma viva de

expresión. Su repertorio abarcó

desde Norma y Lucia di Lammermoor

hasta La Traviata o Medea, y en cada

uno imprimió un sello inconfundible:

el de la intérprete total.

Su voz, imposible de clasificar,

desafiaba las etiquetas convencionales.

No era una soprano lírica

pura ni una dramática, tampoco una

coloratura tradicional. Callas poseía

un instrumento que combinaba potencia,

extensión y agilidad, capaz de

adaptarse tanto a la delicadeza de un

aria belcantista como a la fuerza desgarradora

de un papel wagneriano.

Esa rareza, que al principio generó

controversia, se convirtió en su mayor

virtud. Pero lo que realmente la distinguía

no era solo su técnica, sino su

capacidad de vivir cada personaje.

Para Callas, cantar era actuar. Cada

nota, cada gesto, cada silencio tenía

un propósito escénico.

En una época donde muchas sopranos

priorizaban la belleza del sonido

por encima del contenido dramático,

ella rompió con la tradición: convirtió

la ópera en teatro puro, en emoción

encarnada. Su intensidad interpretativa

revolucionó la manera de entender

la ópera y abrió el camino a una

nueva generación de artistas para

quienes la autenticidad emocional era

tan importante como la técnica. RP

RITMOPLATINUM2025 37


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

Los orígenes de una diva

La influencia agridulce de los padres de Maria Callas

El nombre de Maria

Callas evoca la

cumbre de la ópera;

pero detrás del fulgor

escénico se esconde

A pesar de su oposición a la presión

que Evangelia ejercía sobre la joven

Maria, George tampoco representó

un refugio afectivo. Su relación con

Litsa estuvo marcada por constan-

una infancia compleja, moldeada por

tes desacuerdos y episodios de

la tensa dinámica entre sus padres,

infidelidad, que deterioraron aún más

los inmigrantes griegos George

el ambiente familiar. Este conflicto

Kalogeropoulos y Evangelia Dimitria-

doméstico, visible y persistente, fue

dis (Litsa), en Nueva York. La relación

el telón de fondo de la infancia de

conflictiva de este matrimonio fue

Callas, una etapa en la que el amor,

determinante en la formación del

el arte y la tensión convivieron en

carácter y el destino artístico de la

permanente desequilibrio.

futura diva.

La niñez de María Callas estuvo, por

El camino de Maria Anna Cecilia

tanto, marcada por un contraste

Sophia Kalogeropoulos (su nombre

doloroso: el impulso materno que la

de nacimiento) estuvo impulsado y,

llevó a desarrollar su talento prodi-

al mismo tiempo, ensombrecido por

gioso y, al mismo tiempo, la falta de

la figura dominante de su madre,

afecto y estabilidad emocional en

Evangelia Dimitriadis. Descrita

el hogar. Esa mezcla de exigencia y

como una mujer de fuerte carácter

carencia afectiva modeló una perso-

y grandes aspiraciones sociales,

nalidad apasionada, perfeccionista y

Litsa vio en el talento vocal de su

profundamente sensible.

hija una oportunidad para realizar

temente con su hermana mayor,

en el Conservatorio Nacional de

Con el paso del tiempo, Callas

sus propios sueños frustrados en

Yakinthi (“Jackie”), a quien consi-

Atenas, formalizando su formación

reconocería que su madre fue tanto

el arte. Desde que Maria tenía

deraba más agraciada físicamente.

artística y encaminándola definiti-

su primer motor como su primera he-

apenas tres años, percibió en ella

Aquellas comparaciones hirientes

vamente hacia la ópera.

rida. De aquella infancia nacieron no

una sensibilidad musical excep-

minaron su autoestima, haciéndola

En contraste con la personalidad

solo su disciplina férrea y su entrega

cional y comenzó a imponerle una

sentir “fea y no deseada”. Entre crí-

dominante de Litsa, George Kaloge-

absoluta al arte, sino también una

disciplina severa. La propia Callas

ticas y presiones, la relación entre

ropoulos era un hombre tranquilo,

necesidad constante de aprobación y

recordaría más tarde haber “odiado

madre e hija se volvió cada vez más

reservado y de carácter apacible.

amor, que marcaría su vida personal

ser obligada a cantar” a una edad

distante, dejando una herida emo-

Farmacéutico de profesión, no

y profesional.

tan temprana, pues para Evangelia,

cional que Callas llevaría consigo

compartía las ambiciones sociales

Así, la historia de la gran soprano no

el don de su hija no solo era motivo

durante toda su vida.

de su esposa y solía mostrarse dis-

comenzó entre aplausos ni luces de

de orgullo, sino también un medio

En 1937, el matrimonio Kaloge-

tante de las exigencias impuestas

escenario, sino entre los silencios y

para alcanzar estabilidad económi-

ropoulos llegó a su fin. Evangelia

a su hija. Fue, sin embargo, quien

tensiones de un hogar dividido. En

ca y reconocimiento personal.

decidió regresar a Atenas con sus

decidió simplificar el largo y com-

esa dualidad entre la ambición y el

La dureza de Evangelia no se limitó

hijas, buscando un nuevo comienzo

plicado apellido familiar: primero a

abandono, entre la madre que la em-

a la exigencia artística. Maria con-

y un entorno más propicio para el

Kalos y, finalmente, a Callas, para

pujó y el padre que se desvanecía en

fesó, en numerosas ocasiones, que

desarrollo musical de Maria. Poco

facilitar la adaptación de la familia

la sombra, se forjó el temperamento

su madre la comparaba constan-

después de su llegada, la inscribió

a la vida estadounidense.

indomable de “La Divina”. RP

38 RITMOPLATINUM2025


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

La sombra del luto

Los hermanos invisibles que moldearon a Maria Callas

La leyenda de Maria

Callas se alza como

un monolito del genio

operístico, pero sus

cimientos se hallan en

feo, gorda y torpe”. Aquellas palabras,

repetidas con crueldad doméstica,

dejaron una huella indeleble. La constante

comparación física y emocional,

unida a la presión artística ejercida

una infancia marcada por la sombra,

desde muy temprana edad, alimentó

la pérdida y la comparación constan-

en Callas una profunda sensación de

te. Al adentrarnos en los orígenes de

no ser deseada. Sin embargo, de esa

La Divina, descubrimos que su sen-

herida nació también una fuerza inte-

sibilidad artística no solo fue forjada

rior inquebrantable: la determinación

por la ambición materna, sino también

de trascender.

por la presencia y ausencia de dos

hermanos cuyas vidas, una truncada

El destino de Maria Callas se configuró

prematuramente y la otra eternamente

así como un triángulo emocional: un

privilegiada, sembraron en ella las

hermano muerto cuya ausencia exigía

raíces de su inseguridad y su feroz

ser redimida, una hermana viva ideali-

necesidad de triunfar.

zada hasta la injusticia y, en el vértice,

La historia de Callas está íntimamente

una madre ambiciosa que buscaba en

entrelazada con una ausencia: la de su

el talento de su hija menor la com-

hermano mayor, Vassilios Kalogeropou-

pensación de ambos duelos. En ese

los. Nacido en 1920, Vassilios murió

triángulo de amor, pérdida y exigencia

inesperadamente a los dos años, en el

se forjó la psique de una artista que

verano de 1922, víctima de meningitis.

convertiría el dolor en disciplina y la

Aquella pérdida fue devastadora para

carencia en arte.

la familia. La muerte del primogénito

El genio que deslumbró al mundo fue,

se considera uno de los factores que

en gran medida, el resultado de esa

precipitaron el deterioro del matrimonio

entre George y Evangelia Kalogeropoulos,

sumiendo a la madre en un luto

perpetuo del que nunca se recuperó

por completo. Cuando Maria vino al

mundo, un año después, su llegada

estuvo teñida de decepción. Evangelia,

aún consumida por el dolor, había

deseado ardientemente un hijo varón

su madre esperaba. Ese sentimiento

de insuficiencia temprana sería la

primera marca emocional de una vida

destinada a la grandeza, pero también

a la soledad interior.

La segunda sombra fue una presencia

constante: la de su hermana mayor,

Yakinthi Kalogeropoulos, conocida fami-

Evangelia, aún

consumida por el

dolor, había deseado

ardientemente un hijo

varón que pudiera

“reemplazar” al

pequeño Vassilios.

lucha interna por llenar vacíos imposibles.

Ser la “tercera hija”, la que nunca

fue el hijo perdido, se transformó en su

impulso vital. Su voz a la vez majestuosa

y vulnerable fue la respuesta más

sublime a la sombra familiar que la

acompañó toda su vida.

El arte se convirtió en su refugio y

su armadura. Cada nota interpretada

que pudiera “reemplazar” al pequeño

liarmente como Jackie, nacida en 1917.

era una afirmación de existencia, una

Vassilios. La aparición de una niña,

Yakinthi fue, según todos los relatos, la

En entrevistas posteriores, la soprano

victoria íntima sobre la herida de la

aunque dotada de un talento innato,

hija preferida de Evangelia. Delicada,

confesó haber vivido su infancia bajo

infancia. Maria Callas no solo cantó

representó para ella una herida abierta,

elegante y carismática, encarnaba el

“la dolorosa sombra de su hermana”.

para el mundo: cantó, sobre todo,

un recordatorio de lo irremplazable.

ideal femenino que su madre valoraba.

Mientras Yakinthi era descrita como

para conquistar el amor que se le

Así, desde la cuna, Maria cargó con

Frente a ella, Maria creció bajo un

“delgada, hermosa y encantadora”,

negó en su hogar. Y en esa búsqueda,

el peso de no haber sido el hijo que

implacable espejo comparativo.

Maria era señalada como “el patito

halló la eternidad. RP

RITMOPLATINUM2025 39


texto Luisanna Carrasco

fotos Archivos Maria Callas

El divorcio de sus padres

La tragedia que la llevó a convertirse en una artista sin presedentes

La vida de Maria Callas

estuvo definida, desde

sus primeros años, por

el profundo conflicto

en el seno de su hogar.

ambicioso, de carácter muy sensible y

sin ningún interés por las artes.

Mientras que Litsa, era un torbellino,

vivaz, ambiciosa y demandante, soñaba

con tener una vida en el mundo de

Su matrimonio empezó a tambalear

cuando Litsa se enteró de las constantes

infidelidades de su marido.

Pero el punto de quiebre total fue la

muerte de su primogénito, el herma-

La ruptura del matrimonio de sus

padres no fue un divorcio legal en el

sentido moderno del término, sino

una separación fisica.

Evangelista decidió regresar a

El matrimonio de sus padres, George

las artes; camino que se vio frustrado

no mayor de Maria, Vassilis que murió

Atenas en 1937 con sus dos hijas,

y Evangelia Kalogeropoulos (también

por sus padres.

con tan solo dos años, a causa de

Maria y Yakinthi, dejando a su mari-

conocida como Litsa), fue, desde el

Esta frustración de Litsa, un anhelo

una meningitis; este hecho devastó a

do en Nueva York.

principio, “mal visto” debido a las per-

de realización personal que le fue

Litsa que se obesionó con la idea de

Lo que agravó más los traumas de

sonalidades opuestas de sus progeni-

vetado, se convirtió en una carga

tener otro hijo varón, pero su decep-

María y quebró más la complicada re-

tores; George un hombre con un apego

emocional que recayó sobre sus hijos

ción fue mayor al dar a luz a Maria,

lación madre e hija que existía entre

a sus raíces griegas muy fuerte, no era

y afectaba su relación con George.

esto quebró más su matrimonio.

Evangelia y María.

40 RITMOPLATINUM2025


Esta separación fue un trauma que

impulsó el resto de la vida de la

soprano. Callas fue testigo testigo de

la discordia parental y la subsecuente

división del hogar.

Maria vivió el desmoronamiento de su

núcleo familiar.

Su regreso a Grecia, con apenas 13

o 14 años en su adolescencia fue

un exilio forzado lejos de su padre

y de la vida que conocía en Washington

Heights. La disolución de su

familia se convirtió así en el catalizador

que la empujó a la órbita de

su madre y a la intensificación de

su formación musical.

La separación le quitó el hogar

estable y el amor paternal, dejando

un vacío que Evangelia se apresuró

a llenar con una implacable presión

para que Maria triunfara con su voz.

Debido a esta ruptura, María se encontró

a sí misma en el inicio de una

etapa oscura, represiva y de mucho

trabajo, debido al riguroso régimen

de entrenamiento vocal que su madre

impuso en ella para que fuera la mejor.

A pesar de que a los 14 años Maria

inició sus estudios profesionales en

el Conservatorio Nacional de Atenas,

volcando todo en su talento, era la

primera que llegaba a sus clases y la

última en irse; pero esta dedicación,

esta fuerza y su innegable talento no

la escudó de los complejos sobre su

peso infundados por su madre.

María se hacía llamar a sí misma “un

patito feo gordo, tonto e impopular”,

mismas palabras que su madre le

repetía sin parar, lo que la llevaron a

tener una malsana obsesión por estar

siempre delgada.

El trauma de la separación y la

presión materna se convirtieron

La separación le quitó el hogar estable y el amor

paternal, dejando un vacío que Evangelia se

apresuró a llenar con una implacable presión para

que Maria triunfara con su voz.

en la fuerza motriz de su incipiente

carrera. Debido a la separación de

sus padres y la exigencia de su madre,

Maria desarrolló una necesidad

para complacer a Evangelia a través

de su voz y así poder encontrar un

lugar que le diera valor en el mundo.

El dolor personal de Maria se transformó

así en la materia prima de su

arte. La soledad, el rechazo y la exigencia

implacable de su infancia se

reflejarían más tarde en la profunda

intensidad dramática de sus interpretaciones,

convirtiendo el escenario en

el único lugar donde podía traducir su

sufrimiento en un triunfo palpable. RP

RITMOPLATINUM2025 41


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Infancia y juventud en Grecia:

su vida bajo la ocupación

Los años de adolescencia en Atenas forjaron la resiliencia y carácter de la futura diva,

entre la guerra, la familia y la adaptación a un nuevo hogar

Maria Anna Cecilia

Sofia Kalogeropoulos,

dejó

Nueva York a

los 13 años jun-

la carrera vocal de Maria, un talento

precoz que ella, como su madre, buscaba

explotar y beneficiarse. Este acto

de ambición forzada se convirtió en la

precondición que activaría el destino

condiciones muy distintas a las que

había conocido en Nueva York.

Adolescencia bajo

la vigilancia materna

vo marcada por la capacidad de

adaptación y la resistencia frente a

la adversidad. Crecer en una ciudad

ocupada y enfrentarse a la privación

cotidiana contribuyó a forjar su carác-

to a su madre, Evangelia Dimitriadis, y

artístico de la soprano.

La relación con su madre se intensi-

ter, desarrollando una fortaleza interna

su hermana, tras la separación de sus

ficó en Grecia. Evangelia, conscien-

que la acompañaría a lo largo de su

padres. Este traslado no solo significó

Calle Patission 61: un hogar en

te del potencial de su hija y de la

vida. La experiencia de vivir en un con-

un cambio de ciudad, sino también un

tiempos difíciles

necesidad de mantener la estabilidad

texto de tensión y supervivencia fue

ajuste profundo a un nuevo entorno

Durante su estancia en Atenas, la

familiar, ejerció un control riguroso

un elemento definitorio de su juventud

cultural y social. La decisión de regre-

familia residió en el número 61 de la

sobre la vida de Maria. Aunque este

y su forma de afrontar las dificultades

sar a Grecia se justificó por motivos

calle Patission, un edificio del centro

vínculo fue una fuente de apoyo en

personales y familiares.

económicos y culturales, y abrió un

de la ciudad que se convirtió en el

tiempos de incertidumbre, también

capítulo crucial en la vida de Maria:

hogar principal de Maria entre 1940

supuso una presión constante sobre la

La partida hacia un nuevo capítulo

el inicio de su adolescencia en su

y 1945. Allí vivió en medio de la ocu-

joven, obligándola a asumir respon-

En septiembre de 1945, al término de

país de origen bajo la estricta super-

pación alemana e italiana durante la

sabilidades propias de alguien mayor

la ocupación y con la guerra finalizada,

visión materna.

Segunda Guerra Mundial, un contexto

para sostener el entorno familiar en

Maria Callas dejó Atenas para comen-

marcado por la escasez de recursos,

medio de las dificultades económicas

zar una nueva etapa fuera de Grecia.

Para su madre, la realidad era más que

la tensión constante y las dificultades

de la guerra.

Su adolescencia en la ciudad marcó

la simple búsqueda de un entorno cul-

cotidianas. Esa residencia fue testigo

profundamente su vida, consolidando

tural y económico más favorable, pues

de cómo ella afrontó la adversidad

Resiliencia en medio

una resiliencia y madurez que serían

veía Atenas como el escenario perfec-

junto a sus seres queridos, enfrentan-

de la ocupación

visibles en todos los aspectos de su

to que ella ambicionaba para impulsar

do la vida en una ciudad sitiada y en

Su adolescencia en Atenas estu-

existencia futura. RP

42 RITMOPLATINUM2025


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maaria Callas

El telón siniestro

La explotación materna y la génesis traumática de La Divina

Detrás de la voz más

poderosa y conmovedora

del siglo

XX se esconde una

historia oscura, tejida

entre la ambición, la manipulación y

el dolor. La leyenda de Maria Callas,

símbolo absoluto de la ópera moderna,

no se erige solo sobre el talento o la

disciplina, sino también sobre una

herida emocional profunda: la relación

devastadora con su madre, Evangelia

Kalogeropoulos, una figura cuya

influencia marcó y fracturó el destino

de La Divina.

Desde la infancia, la conexión entre

ambas fue un campo de batalla.

Evangelia, mujer de temperamento

fuerte y de aspiraciones frustradas,

madre un rencor visceral, acusándola

por su parte, actuaba movida por una

volcaba toda su vulnerabilidad y

proyectó sobre su hija una ambición

de haberla explotado económicamente

doble necesidad: el amor materno que

furia contenida. Su voz tan sublime

que pronto derivó en control y exigen-

y de haberla expuesto a situaciones

siempre se le negó y el deseo de supe-

como desgarradora parecía surgir del

cia desmedida. Callas fue moldeada a

humillantes. Spence documenta un

rar a su hermana en el único terreno

fondo de una memoria rota. Cada nota

golpes de disciplina, críticas crueles y

episodio particularmente perturba-

que dominaba con certeza, el del arte.

de Norma, cada lamento de Tosca, re-

comparaciones constantes con su her-

dor: el supuesto intento de Evangelia

Aquella mezcla de culpa, repulsión y

sonaba como una forma de redención.

mana mayor, Jackie, la favorita. Pero

de “ofrecer” a su hija adolescente a

deber filial derivó en una ruptura in-

Más allá del mito, la historia de Maria

los cimientos de ese vínculo, ya tensos,

oficiales italianos y soldados alemanes

evitable. En 1950, Maria Callas cortó

Callas es la de una mujer que hizo del

se resquebrajarían por completo duran-

que frecuentaban su hogar durante

toda comunicación con su madre,

dolor su combustible artístico. En su

te los años más oscuros de Europa.

la guerra. Aunque los hechos jamás

en un intento tardío de recuperar el

caso, la ambición materna, nacida en la

En plena ocupación nazi de Grecia,

fueron confirmados judicialmente, las

control sobre su vida. Pero la herida

necesidad y deformada por la guerra,

la joven Maria comenzaba a destacar

palabras de Callas en privado y los

no sanó. Años más tarde, Evangelia

se convirtió en una fuerza devasta-

como una promesa del canto lírico en

testimonios de su entorno, incluida su

volvería a traicionar su confianza

dora. Sin embargo, fue precisamente

una Atenas devastada por la guerra.

hermana Jackie, apuntan a un ambiente

al publicar el libro Mi hija Maria Ca-

ese dolor el que forjó la intensidad

La supervivencia cotidiana era una lu-

de manipulación emocional y económi-

llas (1960), donde exponía aspectos

interpretativa que la hizo única.

cha, y la miseria se infiltraba incluso

ca en el que la joven artista fue víctima

íntimos de la diva para capitalizar

La Divina pagó un precio incalcu-

en los hogares más respetables. En

y testigo de una desesperación moral

su fama mundial. Para Callas, fue la

lable por alcanzar la eternidad. Su

este contexto, según revelan diversos

sin retorno.

confirmación definitiva de que el lazo

grandeza no fue solo musical, sino

biógrafos, entre ellos Lyndsy Spence,

Jackie Kalogeropoulos, desde su propia

materno se había transformado en un

emocional: la capacidad de transfor-

Evangelia habría traspasado los

perspectiva, describió la dinámica fami-

vínculo tóxico e irrecuperable.

mar la herida en belleza, de convertir

límites de la decencia en un intento

liar como un entramado de favoritismos

El trauma de aquella relación dejó una

la humillación en arte, y de alzar la

desesperado por asegurar sustento y

y estrategias, donde Evangelia alentaba

huella indeleble en la artista. La niña

voz... aquella voz irrepetible como el

beneficios materiales.

“amistades” con militares buscando

manipulada y humillada se convirtió

eco eterno de una infancia robada

Callas, con los años, guardaría hacia su

ventajas, favores o protección. Maria,

en la mujer que, sobre el escenario,

por la sombra del amor. RP

RITMOPLATINUM2025 43


texto Joel Peralta

fotos Archivos Maria Callas

El debut radiofónico que reveló

un talento destinado a la grandeza

A los 11 años, su talento ya se escuchaba más allá de las paredes de su hogar

Un talento que

emergió temprano

Maria Callas mostró,

desde muy joven,

una inclinación

En la década de 1930, la radio era

uno de los medios más influyentes

para difundir música y cultura. Para

un niño o adolescente, actuar frente

a un micrófono y una audiencia

son abundantes, los testimonios de

su familia y de quienes la conocieron

sugieren que su interpretación dejó

una impresión duradera. Su talento

precoz no pasó desapercibido: su

emocionalmente con la audiencia, una

cualidad que definiría su estilo único.

Esta experiencia temprana fue uno de

los primeros pasos hacia el desarrollo

de la voz y la presencia escénica que la

natural por la música. A la edad de 11

invisible podía ser tan desafiante

madre, Evangelia Dimitriadis, comenzó

convertirían en leyenda.

años, su voz ya destacaba por su cla-

como presentarse en un escenario

a tomar más en serio la formación mu-

ridad, fuerza y expresividad, atributos

físico. Para Callas, la experiencia no

sical de Maria, alentándola a estudiar

Legado de la primera actuación

que la harían reconocida, décadas más

solo representó una oportunidad de

canto y perfeccionar sus habilidades.

Hoy, recordar que Maria Callas subió

tarde, como una de las sopranos más

exposición, sino también un espacio

Este primer contacto con un público

al micrófono por primera vez a los 11

importantes del siglo XX. Fue en esta

donde pudo aprender a controlar la

real, aunque fuera a través de la radio,

años nos permite comprender que su

etapa de su infancia cuando tuvo su

respiración, la dicción y la proyección

sembró la confianza y la disciplina que

grandeza no surgió de la noche a la

primer encuentro con un público más

vocal, habilidades que se convertirían

caracterizarían toda su carrera.

mañana, sino que fue el resultado de

amplio: un programa de radio local.

en la base de su técnica profesional.

un talento cultivado desde la infancia,

Este evento marcó el inicio de lo que

El inicio de una pasión imparable

con disciplina, pasión y una conexión

sería una carrera legendaria, y dejó

Una actuación que marcó

Cantar a tan corta edad en un medio

innata con la música. Esa primera

entrever la extraordinaria capacidad de

su trayectoria

masivo como la radio no solo mostró la

actuación en la radio es un símbolo

la joven para conectar emocionalmente

Aunque los registros exactos del

precocidad de Callas, sino que también

del inicio de un viaje que transformaría

con quienes la escuchaban.

programa de radio donde debutó no

evidenció su capacidad de conectar

para siempre la historia de la ópera. RP

44 RITMOPLATINUM2025


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

El legado de una maestra: Elvira

de Hidalgo y la formación de Callas

La soprano española no solo fue una figura reconocida en los escenarios europeos,

sino la guía que transformó a una joven

Elvira de Hidalgo, nacida

en Aragón en 1891, fue

una soprano ligera destacada

en la primera

mitad del siglo XX. Su

voz, ágil y cristalina, la convirtió en

intérprete ideal de bel canto, en especial

de Rossini y Donizetti. Tras debutar

a temprana edad en el Teatro

San Carlo de Nápoles, se consolidó

en escenarios de prestigio como La

a una adolescente griega llamada

Maria Kalogeropoulos, futura Maria

Callas. Desde el primer encuentro,

reconoció en ella una voz poderosa y

un temperamento artístico excepcional,

pero también la necesidad de

disciplina y refinamiento técnico.

De Hidalgo fue mucho más que una

maestra: fue quien inculcó a Callas

la esencia del bel canto, el respeto

por la partitura y la importancia de la

De Hidalgo fue mucho

más que una maestra:

fue quien inculcó a

Callas la esencia del

bel canto, el respeto

por la partitura y

la importancia de

la interpretación

dramática.

La relación entre ambas fue cercana

y, aunque a veces marcada por

la exigencia, dejó en Callas una

huella imborrable. Muchos críticos

coinciden en que sin la enseñanza de

Elvira de Hidalgo, la evolución de la

soprano griega no habría alcanzado

el mismo nivel de perfección.

De Hidalgo siguió formando generaciones

de cantantes, pero su nombre

quedó ligado para siempre al de su

Scala de Milán, donde trabajó bajo la

interpretación dramática. La formó

alumna más ilustre. Fue la arqui-

batuta de directores célebres.

en el rigor vocal, en la limpieza de

tecta silenciosa de un talento que

Aunque su carrera como cantante

las coloraturas y en el arte de dar

luego conquistaría los escenarios

fue significativa, su mayor huella

vida a cada personaje más allá de la

del mundo. Su aporte no se limitó a

quedó en la enseñanza. En los años

voz. Bajo su tutela, Callas adquirió no

transmitir técnica, sino a forjar una

treinta, De Hidalgo se estableció en

solo técnica, sino una visión artística

mentalidad artística: la de vivir cada

Atenas como profesora del Con-

integral que combinaba musicalidad

rol con intensidad, algo que Callas

servatorio Nacional, donde conoció

con teatralidad.

convertiría en su sello personal. RP

RITMOPLATINUM2025 45


texto Luisanna Carrasco

fotos Archivos Maria Callas

Indicios del talento vocal

Los primeros pasos en los estudios vocales de Maria,

de la mano de Trivella, quien la entrenó en tiempo récord

Maria Callas tenía un

talento vocal excepcional,

un talento

para afinar y entonar

de manera natural.

Era un diamante en bruto que solo hacía

falta pulir, y, con la técnica necesaria, se

convertiría en algo extraordianrio.

Callas asistió a la escuela de formación

vocal desde 1937 hasta 1945, periodo

en que la habilidad en bruto de la voz de

Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos

se transformó gracias a la disciplina y técnicas

que, más tarde, la definirían como

“La Divina”. Este periodo fue crucial, pues

sentó las bases de su técnica bel canto

y su incomparable capacidad para darle

dramatismo a sus interpretaciones.

Sus primeros pasos en el canto los dio luego

del retorno de Maria a Grecia en 1937,

con unos pocos 13 años, impulsada por su

madre, Evangelia, quien buscaba fervientemente

capitalizar la voz impresionante de

su hija. Esta urgencia materna impuso una

presión constante para lograr el éxito y el

sustento económico.

La formación, por lo tanto, no siguió una

trayectoria académica pausada, sino que

fue una progresión acelerada que involucró

dos instituciones: el Conservatorio

Nacional de Grecia y el Conservatorio de

Atenas, y dos maestras de canto esenciales,

Maria Trivella y Elvira de Hidalgo. Este

magisterio dual fue la clave para entender

el desarrollo temprano de Callas.

Al llegar a Atenas, Maria intentó ingresar

inicialmente al Conservatorio Nacional de

Grecia (Greek National Conservatoire),

pero fue rechazada debido a la ausencia

de cualquier formación vocal formal previa.

Para superar esta barrera, su madre se

aseguró de que Callas recibiera lecciones

privadas de Maria Trivella.

Trivella, quien también enseñaba en el

Conservatorio Nacional, fue la primera en

reconocer el potencial extraordinario de

la joven soprano, quedando “sin palabras”

ante la voz que escuchó. La instrucción

inicial con Trivella fue intensiva y orientada

a resultados rápidos. Callas, descrita

como una estudiante “modelo, fanática,

intransigente y dedicada”, demostró un

progreso meteórico. En tan solo seis

meses, ya dominaba las arias más difíciles

del repertorio operístico internacional.

Este progreso inmediato, que demuestra

la necesidad de su madre de obtener un

sustento económico rápido a través del

talento de Maria, permitió a Trivella asegurar

su aceptación en el Conservatorio

Nacional en 1938.

El hito de este primer periodo fue su debut

público el 11 de abril de 1938, donde

Callas participó en el recital de la clase de

Trivella en el salón Parnassos, interpretando

un dúo de la ópera Tosca.

Aunque Maria Trivella es eclipsada a

menudo por Elvira Hidalgo dentro de

la narrativa de la vida de Maria Callas,

Trivella fue un punto crucial, fue la primera

que descubrió la voz de Callas, además de

que impulsó su entrada hacia el mundo de

la ópera.

Trivella describía la voz de Maria Anna

Cecilia Sophia Kalogeropoulos como algo

cálido, lírico, intenso, que se arremolinaba

y se encendía como una llama y llenaba el

aire con reverberaciones melodiosas como

un carillón.

Esta entusiasta maestra logró guiar a una

adolescente sin formación a un debut

público en seis meses. Su contribución

46 RITMOPLATINUM2025


inicial fue la validación del talento y la enseñanza

de una disciplina fanática, necesaria para que

Maria manejara el repertorio rápidamente.

El método de Trivella logró resultados rápidos, lo

cual era fundamental dada la presión que enfrentaba

Maria. Sin embargo, la propia Callas describió

la técnica de Trivella con un matiz crítico: era un

“método francés, que colocaba la voz en la nariz,

más bien nasal”.

Una colocación vocal excesivamente “nasal” suele

priorizar la resonancia alta y la cabeza, lo cual puede

facilitar la proyección rápida y el brillo en las

notas agudas (lo que concuerda con la descripción

de una voz “lírica, intensa”).

No obstante, para una soprano dramática, esta

colocación tiende a descuidar el apoyo abdominal,

y, lo que es más importante, la conexión con el

registro de pecho. El hecho de que Callas lograra

un progreso espectacular en repertorio difícil,

pero con esta limitación técnica, explica por qué

la siguiente fase de su formación fue imperativa:

necesitaba una reestructuración fundamental

para asegurar la integridad y el peso de toda su

gama vocal, especialmente en el registro bajo, que

es vital para los papeles dramáticos que estaba

asumiendo en la guerra.

La formación de Maria Callas en los conservatorios

de Atenas es un testimonio de la transformación

del talento en genio metódico. Maria Trivella fue la

figura propulsora que, bajo la presión de la necesidad

económica, demostró el virtuosismo inmediato

y facilitó la entrada al mundo formal en 1938. Sin

embargo, fue Elvira de Hidalgo quien completó la

arquitectura técnica, proporcionando la base del

bel canto histórico.

El desarrollo de la voz de Callas como la soprano

sfogato no fue un evento milagroso, sino el

resultado de la corrección y la intensificación de

su técnica. La instrucción de Trivella generó un talento

rápido, pero con una colocación incompleta;

el magisterio de De Hidalgo integró el cuerpo vocal

a través del registro de pecho, proporcionando el

sostén necesario para los grandes roles dramáticos

que Callas ya estaba cantando durante la

guerra. Esta síntesis permitió que la voz de Callas

manejara tanto la ligereza de la coloratura como el

peso del drama operístico. RP

La instrucción inicial con Trivella fue intensiva y orientada a

resultados rápidos. Callas, descrita como una estudiante “modelo,

fanática, intransigente y dedicada”, demostró un progreso meteórico.

RITMOPLATINUM2025 47



CA

La gran soprano

CA


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Su primera transformación

en la Gioconda de Verona

Un verano italiano cambió para siempre la historia de la ópera:

una joven soprano dejó su marca en Verona

Existen papeles que marcan

a los artistas y se convierten

en su primer foco de reconocimiento

entre el número

creciente de fanáticos. Para

Maria Callas, el día 2 de agosto de 1947 es

un antes y un después en su carrera, pues

en esta fecha debutó en la ópera italiana tomando

el reto de interpretar La Gioconda la

emblemática ópera de Amilcare Ponchielli,

en la Arena de Verona, de la mano con el

director Tullio Serafín, quien se convirtió en

su mentor y guía artístico, logrando que Callas

deslumbrara a la audiencia y que se considere

este como un punto de partida clave

en su carrera.

Aunque es necesario que tengamos presente

que años anteriores estuvo desarrollando

su talento en Grecia, su traslado a

Italia representó un desafío personal y

profesional: enfrentar los escenarios más

prestigiosos y las exigencias de un público

conocedor y exigente. Sin embargo, la

elección de La Gioconda para su debut no

fue casual; la complejidad vocal y dramática

del personaje ofrecía la plataforma perfecta

para demostrar su potencia y expresividad,

rasgos que la harían inolvidable.

Uno de los momentos más destacados de

su presentación, tanto por la valoración del

público como de los críticos profesionales, y

que fue recibido con una mezcla de asombro

y admiración, fue su interpretación de

¡Suicidio!”, el aria final de la ópera. Los

críticos no se limitaron a solo destacar la

perfección técnica de su voz, sino también

su intensidad emocional, la capacidad de

transmitir el dolor y la pasión de Gioconda

de manera visceral y conmovedora. La

combinación de virtuosismo a nivel vocal,

así como de la profundidad seria de su

interpretación, a partir de ese momento,

se transformó en la marca distintiva de

Callas en todos sus papeles. El impacto de

este debut trascendió la Arena de Verona,

abriéndole las puertas de los grandes

teatros italianos, como La Scala de Milán

y la Ópera de Roma, y proclamó la llegada

de una soprano capaz de transformar cada

obra que interpretaba en un acontecimiento

único. La decisión de interpretar esta

ópera creó los cimientos necesarios para

construir ladrillo a ladrillo su futura fama

internacional, pues la joven soprano

demostró que tenía el talento, la pasión y

la fuerza dramática para dejar una huella

imborrable en la historia de la ópera. RP

50 RITMOPLATINUM2025


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

Desde La Scala en Milano

hasta el Palais Garnier

Todos los teatros que Maria llenó con su poderosa voz

Esta soprano con una poderosa

voz que revivió una

técnica de canto casi extinto,

se presentó en miles

de escenarios, pero estas

actuaciones la llevaron a ser reconocida por

todos como “La Callas”.

María se presentó en el teatro de Milán “La

Scala” donde fue la figura central en los años

1950. Allí Callas enterneció a todos con su

voz, encarnando papeles emblemáticos

como Norma, Medea, La Traviata, Anna

Bolena.

Esta presentación fue muy importante para

la joven estrella en ascenso; el público de

Milano era estrictamente exigente, sobre

todo cuando se trataba de ópera. Allí, Callas

se enfrentó a las expectativas tradicionales;

la crítica era feroz y había unos que

pensaban que su timbre de voz no era lo

suficientemente hermoso, que su actuación

no era suficientemente expresiva, o que su

cuerpo no era ideal para el papel. Por ello,

cada ovación y cada triunfo que conquistó en

Milán fue ganado a pulso.

Esta diva resucitó personajes que habían

caído en el olvido, encarnó a mujeres que

danzaban entre la tragedia, el dramatismo y

la divinidad. Medea, Anna Bolena o Il Pirata,

personajes arrastrados en el olvido, Callas

los llevó al escenario de una manera divina,

resucitándolos de alguna manera humana,

torturada y con una emoción intensa.

Sus actuaciones en El Metropolitan Opera

de Nueva York

En 1956, Maria dejó Europa para presentarse

en El Metropolitan Opera de la ciudad de

Nueva York, en suelo norteamericano y el

país que la vio nacer. Callas regresó como

Esta diva resucitó personajes

que habían caído en el olvido,

encarnó a mujeres que

danzaban entre la tragedia, el

dramatismo y la divinidad.

la gran diva y su papel estrella “Norma de

Bellini” rol que fue central a lo largo de su

carrera, interpretándolo más veces que

cualquier otra ópera.

Callas realizó sus últimas presentaciones en su

ciudad natal, luego de siete años de ausencia.

Regresó en marzo de 1965 para cantar

Tosca. A pesar de que su voz se consideraba

disminuida, su carisma y presencia estelar

fueron inigualables, transformando el teatro

en un “espacio sagrado”. En su penúltima

actuación en el Met en 1965, la audiencia

estalló en un aplauso tumultuoso al verla,

y ella mantuvo su enfoque dramático,

encarnando a Floria Tosca con una “fisicalidad

supercargada”. El papel de Tosca fue uno de

los últimos que interpretó en su carrera.

El Convent Garden, Royal Opera House

en Londres

La ciudad de Londres fue la primera que vio

a Maria interpretar al personaje de Norma

en el año 1952, luego a la trágica Medea, uno

de sus roles emblemáticos y, finalmente, a

Tosca. Para complacer al público inglés no

basta con tener una voz potente y angelical,

también debe tener un excelente dominio de

la escena teatral.

Callas llegó con su voz vibrante, pero también

con su estilo interpretativo muy marcado,

su énfasis en la emoción y la expresión

dramática que rompía con lo que se esperaba

tradicionalmente. Algunos de sus conciertos

en Covent Garden quedaron para la memoria

por su interpretación intensísima.

La Opéra de París, el Palais Garnier

París, para Maria, no solo representaba

un escenario en dejar danzar su voz, sino

que fue la ciudad que la acogió como una

diva. Callas vivió parte de su vida en la

extravagante capital de Francia y donde tuvo

lazos afectivos muy profundos. El público

parisino la recibió tanto con gala como con

respeto artístico. Esa atmósfera añade brillo

al recuerdo de sus funciones allí.

Los conciertos en la capital de las luces, no

eran recitales comunes; eran galas, eventos

simbólicos, apariciones ceremoniales que

afianzaban su estatus de mito vivo. RP


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

El alcance imposible:

el rango vocal de Maria Callas

Una voz que desafiaba las categorías tradicionales,

capaz de recorrer registros con naturalidad y dramatismo

52 RITMOPLATINUM2025


Hablar del rango vocal

de Maria Callas es hablar

de una rareza en

la ópera. La mayoría

de las sopranos se inscriben

dentro de un tipo específico: ligera,

lírica, spinto o dramática, con limitaciones

que definen tanto su repertorio como su

manera de proyectar la voz. Callas, en cambio,

parecía desafiar esas fronteras. Su rango

vocal se extendía de un modo inusual: podía

alcanzar graves que pertenecían al terreno

de las mezzosopranos y, con la misma seguridad,

elevarse hasta notas brillantes de

soprano ligera, todo mientras mantenía una

expresividad intacta.

La diferencia no era solo técnica, sino

emocional. Mientras otras sopranos solían

destacar por un color específico, Callas

ofrecía una paleta de matices que iba más allá

del virtuosismo. En una misma frase, podía

pasar del dramatismo más oscuro a una

ligereza cristalina, como si habitar distintos

registros no supusiera esfuerzo alguno.

Esa versatilidad le permitió interpretar

papeles que, para otras cantantes, eran

incompatibles. Su repertorio abarcaba

desde las heroínas belcantistas de Bellini

y Donizetti hasta las tragedias de Verdi y

Puccini, algo casi impensable en su tiempo.

¿Cómo lo lograba? Parte de la respuesta

estaba en su disciplina y en la técnica que

adquirió con Elvira de Hidalgo, quien le

inculcó el rigor del bel canto. Pero había

más: Callas poseía una musculatura vocal

privilegiada y una intuición dramática que

convertía cada nota en un recurso expresivo.

No cantaba para mostrar potencia, sino

para contar historias con la voz como único

vehículo. Esa capacidad para colorear los

sonidos, para darles un peso emocional

distinto, fue lo que la hizo irrepetible.

Para el público, escuchar a Callas era una

experiencia casi visceral. Su rango vocal no

Callas poseía una musculatura

vocal privilegiada y una

intuición dramática que

convertía cada nota en un

recurso expresivo.

impresionaba solo por la extensión, sino por

lo que transmitía en cada salto de registro.

El contraste entre los graves profundos y los

agudos deslumbrantes generaba una tensión

emocional que mantenía a los oyentes

al borde del asiento. Su voz no era una

demostración atlética, era una narración

viva que atravesaba los sentidos.

Hoy, en una época donde abundan

cantantes técnicamente impecables, la

voz de Callas sigue marcando diferencia.

Se estudia no solo como un ejemplo de

rango vocal amplio, sino como la muestra

de cómo la técnica y la emoción pueden

fusionarse hasta crear un lenguaje propio.

Su capacidad de transitar entre registros,

de hacerlos convivir en una misma aria,

continúa siendo una de las razones por las

que su legado no ha sido superado.

Maria Callas no fue simplemente una

soprano con un rango inusual; fue la artista

que convirtió ese rango en un instrumento

narrativo, en un puente entre la música y la

emoción humana. Esa es la razón por la que,

aún hoy, escucharla resulta una experiencia

tan poderosa: porque su voz, más que

abarcar notas, abarcaba sentimientos. RP

RITMOPLATINUM2025 53


texto Ismalay Liranzo

fotos Archivos Maria Callas

La revolución del bel canto

Cuando la voz se hizo teatro

Maria Callas y su influencia en la técnica del bel canto

Maria Callas no solo

cantó; reinterpretó

la ópera misma. En

una época en la que

el bel canto parecía

un eco del pasado, su genio devolvió a este

estilo su dignidad, su pasión y su verdad.

Entre la técnica impecable y la emoción desbordante,

Callas convirtió el “canto bello”

en un arte total, capaz de unir la perfección

musical con el fuego del drama.

La resurrección del bel canto

A mediados del siglo XX, gran parte del

repertorio belcantista, las óperas de Rossini,

Bellini y Donizetti se consideraba una

reliquia: piezas hermosas pero frías, donde

el virtuosismo técnico predominaba sobre el

sentimiento. Callas, formada por la legendaria

soprano de coloratura Elvira de Hidalgo,

comprendió que el verdadero bel canto no era

solo agilidad vocal, sino una fusión de técnica,

expresión y verdad escénica.

Gracias a ella, óperas olvidadas como Anna

Bolena o Il Pirata regresaron a los grandes

teatros. Pero más allá del rescate histórico,

lo que Callas restituyó fue el alma del bel

canto: la elegancia del legato, el dominio de

los ornamentos, la sutileza de los matices y,

sobre todo, la emoción como eje del canto.

Sus graves eran densos y

dramáticos; sus agudos,

ágiles y filosos. Y ese timbre

inconfundible a veces áspero,

siempre penetrante, se

convirtió en su sello personal.

54 RITMOPLATINUM2025


La unión entre canto y teatro

Hasta su llegada, la tradición operística se

inclinaba hacia la perfección vocal antes

que hacia la credibilidad dramática. Callas

rompió ese paradigma. Su revolución

consistió en dar cuerpo y alma a cada

personaje, transformando la ópera en un

arte total donde la voz servía al drama.

El contraste fue contundente: frente al

ideal clásico de una voz redonda, serena y

distante, Callas ofrecía un canto vivo, lleno

de contrastes, vulnerabilidad y energía

teatral. Su Norma no solo cantaba; sufría,

amaba y moría ante los ojos del público. Su

Violetta, su Tosca, su Lucia di Lammermoor

se convirtieron en mitos de carne y hueso. Así,

el bel canto dejó de ser una exhibición técnica

para convertirse en una experiencia humana.

La soprano sfogato: una voz sin fronteras

La singularidad de Callas residía en una

voz imposible de encasillar. Era, como los

críticos la describieron, una soprano sfogato:

un instrumento de amplitud extraordinaria,

que combinaba la potencia oscura de una

mezzo con la agilidad luminosa de una

soprano ligera. Sus graves eran densos y

dramáticos; sus agudos, ágiles y filosos. Y

ese timbre inconfundible a veces áspero,

siempre penetrante, se convirtió en su sello

personal, capaz de expresar con igual fuerza

la dulzura, la furia o la desesperación.

Esa versatilidad le permitió moverse con

naturalidad entre estilos. En el bel canto,

resucitó a Norma, Lucia y Anna Bolena con

una pureza técnica nunca antes vista. En

Verdi, llevó la técnica belcantista al drama

su Lady Macbeth o su Aída fueron ejemplos

de control y profundidad psicológica. En el

verismo, con Tosca o Medea, alcanzó una

intensidad que rozaba lo mítico.

El paso de Callas por la ópera marcó un

antes y un después. Devolvió al bel canto su

rigor estilístico y su dimensión emocional,

y redefinió lo que significa interpretar un

rol operístico. RP

RITMOPLATINUM2025 55


texto Paul Mathiasen

foto Archivos Maria Callas

Maria Callas

La diva que cantó para sobrevivir la ocupación nazi

En la Atenas hambrienta

y oprimida de la Segunda

Guerra Mundial, una

voz joven emergió entre

las sombras. Era la voz

de Maria Kalogeropoulos, la futura Maria

Callas, resonando en teatros improvisados y

salones llenos de soldados enemigos.

Bajo la ocupación nazi e italiana, cuando

la miseria y el miedo reinaban en cada

calle, aquella adolescente encontró en el

canto no solo un refugio artístico, sino un

medio literal de supervivencia: cantaba

para vivir, en el sentido más crudo. Su

talento se convirtió en pan para su familia

y en esperanza momentánea para quienes

la escuchaban, iluminando con música la

oscuridad de la guerra.

Su temprano éxito hizo que su nombre, y su

voz, comenzaran a resonar y trascender entre

locales e invasores, situación de la cual su

madre Evangelia Kalogeropoulos se percató.

Dentro de la cruda realidad de un hogar

que estaba sumido en la extrema pobreza,

Evangelia vio una luz en el talento prodigioso

de Maria, como tabla de salvación económica

ante la insalvable situación que vivía y que

deparaba el futuro de su familia.

En ese contexto, la madre comenzó a

presionar a Maria para que cantara ante

soldados alemanes e italianos a cambio de

dinero o incluso comida. La joven, apenas

salida de la adolescencia, se vio así obligada

a entretener a los mismos hombres del

ejército invasor que patrullaban sus calles.

Maria recordaría con amargura cómo su

madre, literalmente, la empujaba a cantar

en cualquier circunstancia si eso significaba

conseguir un plato en la mesa. Según la

biógrafa Lyndsy Spence, Evangelia llegó a

tomar medidas extremas: “Callas estaba

resentida con su madre, que había trabajado

como prostituta durante la guerra, por

intentar prostituirla para los soldados nazis”.

Con Atenas sumida en la penuria, el canto

se convirtió, literalmente, en la salvación de

Maria y su familia. Cada actuación podía

significar un trozo de pan o un saco de

legumbres con el que resistir un día más.

Muchas noches, la joven soprano actuaba

en clubes nocturnos y salones frecuentados

por oficiales nazis o fascistas, escenarios

humildes donde su voz era pagada no con

aplausos, sino con víveres.

Para la familia Kalogeropoulos, estas

compensaciones en huevos, aceite o algún

corte de carne eran cuestión de vida o muerte.

Maria cantaba arias de ópera, canciones

griegas populares o lo que los soldados

“En la Atenas hambrienta,

Maria Callas no solo cantó

para vivir: cantó por su

vida”.

le pidieran, modulando su arte a cambio de

comida. Como describe Lyndsy Spence, “ella

cantó por su vida” durante la ocupación.

Al finalizar la guerra, no todos supieron

comprender el dilema moral y la lucha por

la supervivencia que Maria había vivido. En

octubre de 1944, apenas liberada Atenas

de la ocupación alemana, la soprano tuvo

que afrontar una de las experiencias más

humillantes de su vida: algunos colegas

la expulsaron de un evento celebratorio

acusándola de haber colaborado con los

ocupantes nazis.

Callas se defendió y dijo que nunca participó

en actos de propaganda nazi, algo que más

adelante la historia le daría la razón.

Las vivencias de Maria Callas

(Kalogeropoulos) en la Atenas ocupada

forjaron un temple único en ella. Mientras

otras estrellas de la ópera pulían su talento

en conservatorios lujosos y teatros de

paz, Maria lo hizo cantando entre ruinas,

pasando hambre y esquivando peligros, algo

que ella misma destacaría que ayudaron a

formar su personalidad y dieron a su canto

una profundidad emocional incomparable,

erigiendo aquella joven hambrienta en una

leyenda viviente. RP

56 RITMOPLATINUM2025


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El ritual sagrado de “La Callas”

Fe, disciplina y la magia de lo divino

La fe detrás de la voz: el ritual sagrado de Maria Callas antes de cada función

“La Divina”, no solo

transformó la ópera

con su voz incomparable

y su

talento interpretativo,

sino también con un enfoque casi litúrgico

hacia su arte. Detrás de cada aparición

en el escenario se ocultaba un proceso

profundamente espiritual, una preparación

que trascendía la técnica y se adentraba en

el territorio de lo sagrado. Más que supersticiones

o amuletos, Callas cultivaba una

disciplina y una fe que convertían su canto

en una experiencia mística.

Su ritual más íntimo comenzaba con la

oración. Antes de cada función, pedía a

quienes la acompañaban, compañeros,

asistentes o amigos cercanos, que rezaran

por ella. No era un gesto de vanidad ni

de nerviosismo, sino una confesión de

humildad ante la grandeza del arte. “Siamo

“Para Maria Callas, cantar no

era un acto artístico, sino una

ofrenda divina: cada nota era

una plegaria y cada función,

un encuentro con lo sagrado”.

sempre nelle mani del nostro Dio”, repetía

en italiano: “¡Estamos siempre en manos

de Dios!”. Para Callas, cada nota era una

ofrenda, y cada función, una entrega al

misterio divino. Se definía como una fatalista

“Quizá porque soy griega”, decía, convencida

de que, más allá del talento y del trabajo, el

destino tenía la última palabra.

Pero su verdadera liturgia era la disciplina.

En un mundo donde muchos artistas

confían en la inspiración, Callas se fiaba

del rigor. Trabajaba hasta catorce horas al

día, revisando partituras, repasando cada

frase, buscando siempre un matiz nuevo que

perfeccionara la interpretación. Practicaba

su voz durante más de una hora y media

diaria, incluso cuando no había funciones

próximas. Su camerino no era un espacio

de supersticiones teatrales, sino un templo

donde la concentración y el esfuerzo se

convertían en ritos.

Sin embargo, el momento crucial

llegaba cuando dejaba de ser Maria

para transformarse en la heroína que

interpretaba. Esa metamorfosis esa

“transfiguración”, como la describían quienes

la conocieron, era su auténtico conjuro.

Franco Zeffirelli, su amigo y colaborador,

hablaba de un “milagro”: bastaba que Callas

subiera al escenario o tarareara una melodía

para que algo inexplicable ocurriera. Era

como si invocara una energía superior, una

presencia invisible que la elevaba más allá de

lo humano.

Pier Paolo Pasolini, quien la dirigió en

Medea, recordó una frase suya que sintetiza

toda su filosofía artística: “Todo es sagrado,

todo es sagrado, todo es sagrado.” Para ella,

la ópera no era entretenimiento, sino un acto

de fe; no un espectáculo, sino un rito en el

que lo terrenal y lo divino se encontraban

por un instante.

En un mundo que suele reducir los rituales

a supersticiones o manías, Maria Callas

elevó el suyo a una dimensión espiritual.

Su preparación antes de cantar era una

comunión entre disciplina, oración y

entrega. Se convirtió en “La Divina”, no por

azar, sino por la voluntad sagrada de quien

hizo de la música su destino. RP

RITMOPLATINUM2025 57


texto Ismalay Liranzo

fotos Archivos Maria Callas

Las diez cimas del drama

La arquitectura del éxito de Maria Callas

Diez arias, una leyenda: los momentos que conviertion a Maria Callas en la arquitecta

suprema del drama operático

En el universo de la ópera,

el nombre de Maria Callas

resuena con la autoridad

de un mito. Su legado no se

mide en cifras ni en ovaciones

pasajeras, sino en la intensidad emocional

que imprimió a cada nota, en la manera

en que revivió el bel canto y lo convirtió en

una experiencia teatral total. Callas no solo

interpretó la música, la habitó. Fue arquitecta

de su propio drama, construyendo una

carrera donde la voz y el alma se fundieron

con precisión casi dolorosa.

La Divina Callas no era únicamente una

soprano; era un fenómeno escénico.

Con su dominio técnico y su capacidad

interpretativa, transformó la ópera en una

forma de verdad emocional. A continuación,

un recorrido por los diez hitos que definieron

su grandeza y edificaron la leyenda de una

artista irrepetible.

“Casta Diva” (Norma, Vincenzo Bellini):

El epitafio del bel canto. Norma fue su

consagración y su espejo. En esta sacerdotisa

druida, Callas encontró la síntesis perfecta

entre disciplina vocal y tormento interior. Su

“Casta Diva” no es solo una plegaria, sino un

acto de fe artística, un manifiesto del poder

contenido en la vulnerabilidad.

“Vissi d’arte” (Tosca, Giacomo Puccini):

El himno de la diva. En Floria Tosca, Callas

proyectó su propio credo: vivir por el arte

y el amor. Cada respiración, cada pausa,

traduce el conflicto de una mujer desgarrada

entre la devoción y la desesperación. Esta

interpretación se convirtió en una confesión

musical de su propia existencia.

“Callas no interpretaba la

opera: la construía, piedra

a piedra, hasta convertir

cada nota en un templo del

sentimiento”.

“Sempre libera” / “Addio del passato”

(La Traviata, Giuseppe Verdi): La

fragilidad triunfante. Su Violetta Valéry

es un retrato de humanidad desbordante.

Callas logró que la cortesana dejara de ser

un símbolo trágico para convertirse en una

mujer de carne y alma, vulnerable, heroica

y profundamente moderna.

Escena de la locura (Lucia di

Lammermoor, Gaetano Donizetti): El

drama de la coloratura. Callas dominó la

técnica con la pasión de una tragediante.

Su Lucia no enloquece por amor, sino por

exceso de lucidez. La voz, quebrada por el

dolor, convierte la agilidad vocal en un acto

de desgarro emocional.

“Medea” (Medea, Luigi Cherubini): La

furia sagrada. Con Medea, Callas desató

una intensidad que rozaba lo mítico.

Su interpretación teatral y vocal de esta

hechicera vengativa fue tan devastadora

que marcó un antes y un después en la

historia del personaje.

“Un bel dì vedremo” (Madama Butterfly,

Giacomo Puccini): La esperanza frágil. La

grabación de Callas de esta aria es un estudio

de la espera y la inocencia. Cio-Cio San, en su

voz, se transforma en una figura suspendida

entre la fe y el olvido, con una ternura casi

insoportable.

“L’amour est un oiseau rebelle” (Carmen,

Georges Bizet): La seducción y la

fatalidad. Aunque Carmen no fue su papel

habitual, Callas la reinventó desde el peligro

y la pasión contenida. No fue una gitana

58 RITMOPLATINUM2025


liviana, sino una fuerza magnética que

anunciaba su propio destino.

“La mamma morta” (Andrea Chénier,

Umberto Giordano): El corazón del

verismo.

Aquí, Callas alcanza una verdad descarnada.

Su interpretación, revivida décadas después

en la película Philadelphia, es un ejemplo

de cómo una voz puede narrar el dolor con

belleza sin perder su autenticidad.

“Una voce poco fa” (El barbero de Sevilla,

Gioachino Rossini): La ligereza perfecta.

En este rol, Callas mostró que podía ser

ingeniosa, precisa y divertida sin sacrificar

la excelencia técnica. Su Rosina es astuta

y encantadora, una demostración de su

versatilidad absoluta.

“Tu che le vanità” (Don Carlo, Giuseppe

Verdi): La majestad del sacrificio.

La Elisabeth de Valois de Callas es una

lección de nobleza y contención. La diva

convirtió esta aria en un retrato de la

dignidad herida, de la resignación que solo

las reinas o las verdaderas artistas pueden

sostener con gracia.

En cada una de estas interpretaciones, Maria

Callas redefinió la ópera como un arte total.

Su grandeza no radica únicamente en la

técnica, sino en su capacidad para encarnar

la verdad emocional de cada personaje.

Callas no cantaba: confesaba, ardía, vivía.

Su legado permanece como un mapa de las

alturas y abismos del alma humana, una

arquitectura sonora donde cada nota es un

fragmento de eternidad. RP

RITMOPLATINUM2025 59


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El enfrentamiento profesional

entre Maria Callas y Renata Tebaldi

La rivalidad que convirtió a Maria Callas y Renata Tebaldi en las dos divas eternas de la ópera

En el mundo de la ópera, pocas

rivalidades han sido tan

célebres, apasionadas y mediáticas

como la de Maria

Callas y Renata Tebaldi, dos

sopranos que definieron la escena lírica de las

décadas de 1950 y 1960. Más que un enfrentamiento

vocal, su rivalidad fue el reflejo de

dos visiones opuestas del arte y de la vida, un

contraste entre el fuego y la pureza, entre el

drama y la perfección.

Dos estilos, dos mundos

Maria Callas, apodada “La Tigresa”, fue

una artista que revolucionó el bel canto y

devolvió el dramatismo a la ópera. Su voz,

de timbre inusual y a veces irregular, poseía

un magnetismo emocional inigualable.

Callas interpretaba a sus personajes con

una intensidad teatral que traspasaba la

escena: no solo cantaba, vivía cada nota. Su

vida personal, marcada por su romance con

Aristóteles Onassis y su fuerte carácter, la

convirtió en un fenómeno mediático y en una

figura que trascendió los límites de la ópera.

Renata Tebaldi, en cambio, representaba

el ideal opuesto. Llamada “La Voz de

un Ángel”, poseía un timbre cristalino,

homogéneo y de belleza casi celestial. Su

estilo era más estático y controlado, con una

técnica impecable y una vida alejada de los

escándalos. Si Callas encarnaba el drama,

Tebaldi era la serenidad; si una ardía en

intensidad, la otra brillaba en pureza.

El poder de la prensa y del público

Gran parte del mito de su rivalidad fue

alimentado por los medios, los empresarios

y el propio público, que se dividió en bandos

irreconciliables. Los “callasianos” y los

“tebaldianos” debatían con fervor cuál de

las dos era la verdadera reina del canto. Sin

embargo, en la práctica, sus repertorios

coincidieron poco: Callas dominaba el

bel canto dramático, mientras Tebaldi se

especializaba en papeles líricos y líricospinto.

Más que un conflicto artístico, fue un

fenómeno mediático comparable al de “The

Beatles contra The Rolling Stones”.

Frases y reconciliaciones legendarias

La rivalidad generó frases memorables. Callas

habría dicho que “compararla con Tebaldi era

como comparar el champán con la Coca-

Cola”, mientras Tebaldi replicó con elegancia

que “el champán se agria fácilmente”. A pesar

de estas declaraciones, hubo momentos de

respeto mutuo. En una fiesta en Milán en

1956, ambas improvisaron un dueto con

el brindis de La Traviata, un instante de

armonía que quedó grabado en la historia.

Años más tarde, Callas fue vista aplaudiendo

de pie una interpretación de Tebaldi en Aida

y, cuando los periodistas le preguntaron por

qué, respondió con sencillez: “Esta noche,

Renata fue sublime”.

El tiempo demostró que no hubo vencedora

ni vencida. Maria Callas se convirtió en un

ícono cultural universal, símbolo de pasión

y entrega total al arte; Renata Tebaldi

permanece como la encarnación de la belleza

vocal absoluta. Juntas, transformaron la

ópera en un espectáculo de emociones y

perfección, dejando una huella imborrable.

Su duelo, más que una guerra, fue una doble

coronación: la de dos divas que hicieron de la

voz un arte eterno. RP

60 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Cuando ser humana fue uno

de sus mayores actos de valentía

En ocasiones, el decidir proteger nuestra integridad y salud es más importante

que complacer al público

Esa noche de enero de 1958,

el Teatro de la Ópera de

Roma se vestía de gala por

completo. Entre los asistentes

a la función de ese día se

encontraba el entonces presidente de Italia,

Giovanni Gronchi, ministros, diplomáticos

y miembros de la alta sociedad romana, todos

reunidos para disfrutar del show de la

famosa soprano griega Maria Callas, que

había transformado la ópera con su intensidad

dramática y su voz inigualable. Aquella

noche interpretaría Norma, de Vicenzo Bellini,

una de sus óperas más emblemáticas; sin

embargo, lo que ocurrió marcó para siempre

su carrera y su mito.

Desde el primer acto se notaba que algo no

marchaba bien. Callas sufría una bronquitis

severa y una inflamación en las cuerdas

vocales que afectaban su desempeño, pero

tomó la decisión de subir para no decepcionar

a un público tan ilustre. Su voz, sin embargo,

mostraba signos de agotamiento. A pesar

de su esfuerzo, al finalizar el primer acto

se retiró entre bastidores y no volvió a

salir. Poco después, el teatro anunció la

cancelación de la función.

Lo que sintió el público

y la historia tras bastidores

Los espectadores reaccionaron con furia,

la sala se llenó de abucheos, todos los

periódicos hablaban del “escándalo”, y en

pocas horas, a Callas se le acusó de altivez

y capricho. Los cronistas sensacionalistas de

esa época comenzaron a presentarla como

una diva temperamental, que no le importó

humillar a toda Italia ante su presidente.

Aquella noche en Roma

no solo marcó un episodio

polémico en su carrera, sino el

punto de inflexión que reveló

la dualidad que la definía: la

diva y la mujer.

Pero la verdad era otra: Maria Callas estaba

enferma y físicamente imposibilitada de

seguir cantando.

Se dice que, tras bastidores, la tensión fue

palpable e intensa, las autoridades del

teatro estaban presionándola para que

continuara con la función pese a su estado,

pues temían al desaire político. Ella,

agotada y sin voz, se negó, siendo aquella

decisión un reflejo y afirmación de su

humanidad por encima de la artista, pero

al mismo tiempo cambió su relación con el

público italiano y la industria operística.

El triunfo después del silencio

Contra todo pronóstico, esta circunstancia

que parecía una caída pública terminó

consolidando su leyenda. Desde ese

momento, Maria Callas ya no solo era una

cantante excepcional: se transformo en

símbolo de la artista que defiende su arte y

su dignidad frente a las exigencias del poder

y del público, pues esa noche en Roma no fue

una derrota, sino una revelación, pues dejó de

ser solo “La Divina” para convertirse, a su vez,

en profundamente humana. RP

RITMOPLATINUM2025 61


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

Giuseppe Di Stefano y Callas

Un dúo turbulento lleno de dramatismo y pasión que rayaba en lo tóxico.

Giuseppe Di Stefano y

Maria Callas tenían química,

chispa y dramatismo;

es por ello que se

colocaron como el dueto

perfecto. Unieron sus voces en varias colaboraciones

durante los años de 1950 a 1960.

Estas estrellas grabaron numerosas óperas

completas juntos y compartieron escenarios

célebres, lo que devino en una relación

profesional muy fructífera y un lazo personal

afectivo en ocasiones y conflictivo en otras.

El tenor italiano Di Stefano figura como

compañero habitual de Callas en una larga

lista de grabaciones completas para EMI y

en recitales. Entre las óperas que grabaron

juntos están: Lucia di Lammermoor (1953),

I Puritani (1953), Cavalleria rusticana

(1953), Tosca (1953), Pagliacci (1954),

Rigoletto (1955), Il trovatore (1956), La

bohème (1956), Un ballo in maschera (1956)

y Manon Lescaut (1957). Estas grabaciones

fueron fundamentales para fijar en el

imaginario público la química dramática

entre la soprano y el tenor.

Entre ellos existía una singular armonía

musical: la manera ardiente e italiana de

Di Stefano frente a la intensidad dramática

y el fraseo personal de Callas se convertían

en una hoguera apasionada y pura que

traspasaba el acetato.

Ella reconstruía personajes; él ofrecía el

ardor romántico clásico; juntos podían crear

duetos de intenso magnetismo. Los críticos

de la época llegaron a elogiarlos, pues a pesar

de que Di Stefano polarizaba la belleza de la

voz rítmica de Callas, la capacidad dramática

de Maria explotaba con Di Stefano como un

contrapunto lírico.

Giuseppe era, por naturaleza, un cantor de

fraseo romántico, a veces menos preocupado

por el riesgo dramático extremo; Callas

Ella reconstruía personajes,

él ofrecía el ardor romántico

clásico; juntos podían

crear duetos de intenso

magnetismo.

buscaba verdad escénica, a menudo

pidiendo cambios de color, de tempo, de

acento emocional. Esa distancia estilística

alimentó, en ocasiones, fricciones que les

hacían estallar, pero en otros momentos,

precisamente, química electrizante.

Su unión en el escenario y la estrecha relación

amistosa entre los dos dieron paso a varios

rumores de romanticismo entre ellos. La

prensa, los círculos cercanos decían que ellos

eran amantes, aunque ninguno de los dos lo

aceptó. Giuseppe ocupó un espacio importante

en la vida de Callas, aunque el corazón de la

diva le pertenecía a su eterno amor (Onassis).

El pianista Robert Sutherland, quien

estuvo junto al dúo en la gira “Trayectoria

de regreso” (1973-1974), una gira fallida

marcada por cancelaciones y peleas,

especificó en sus memorias que durante la

gira, Callas y Di Stefano se notaba que los

dos tenían algo íntimo e intenso y que la

convivencia durante ese periodo de tiempo

fue tormentosa y algo dañina para Callas.

El italiano la provocaba y le exigía para que

cantase como antes, pero su potencia vocal

no era la misma, entonces, ambos cantantes

acababan discutiendo sobre temas artísticos

y personales que terminaron por convertir la

gira en un trauma profesional para Callas.

El resultado fue una gira desastrosa que

afectó la reputación pública de Callas y dejó

cicatrices personales

“Trayectoria de Regreso” mostró el lado más

decadente y doloroso de Maria, la artista

desgastada vocalmente intentando volver a

impresionar a un público que la quería ver

como la gran diva idealizada. RP

62 RITMOPLATINUM2025


RITMOPLATINUM2025 63


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

La Divina y la Biblia de la ópera:

los sobrenombres de Maria Callas

Los grandes artistas suelen

recibir apodos que resumen

su grandeza, pero pocos sobrenombres

han tenido la

fuerza y la permanencia de

los que acompañaron a Maria Callas: La Divina

y The Bible of the Opera. Ambos nacieron

de la necesidad de definir lo indefinible,

de poner palabras a un fenómeno artístico

que iba más allá de lo habitual en la ópera.

Dos títulos que revelan el impacto cultural de una mujer

cuya voz y presencia trascendieron el escenario

El apelativo de La Divina apareció primero

en Italia, en la década de 1950, cuando

Callas conquistaba teatros como La Scala

de Milán con interpretaciones que dejaban

al público sin aliento. No era solo su

voz lo que inspiraba devoción, sino su manera

de habitar los personajes. Callas no

interpretaba a Tosca o Norma: era Tosca,

era Norma. Esa capacidad de fusión entre

la artista y el personaje provocaba en

el público una sensación de estar ante lo

sublime, algo que superaba lo humano. De

ahí el título: La Divina, la que pertenece a

un plano superior.

Por otro lado, The Bible of the Opera surgió

como un reconocimiento a su amplitud interpretativa.

Callas era capaz de recorrer un

repertorio vasto y exigente, y lo hacía con

una coherencia estilística que parecía enciclopédica.

Su dominio del bel canto, del verismo

y del drama verdiano la convertían en

una referencia universal. Para críticos y colegas,

escuchar a Callas era aprender cómo

debía cantarse cada papel: con fidelidad al

estilo, pero también con un sello personal

inconfundible. Era, en efecto, la “Biblia” a la

que todos podían acudir en busca de guía.

Estos sobrenombres también reflejan la

manera en que Callas transformó la relación

entre la ópera y el público. Ella no se

limitaba a cantar; dramatizaba, encarnaba,

transmitía pasiones humanas que hacían de

cada función un acontecimiento irrepetible.

Su magnetismo escénico, unido a la intensidad

emocional de su voz, convirtió cada

aparición en un ritual.

Que se le llamara La Divina y The Bible of

the Opera no fue simple adulación, sino un

reconocimiento colectivo de su singularidad.

Ambos títulos, distintos pero complementarios,

encierran la paradoja de Callas:

una artista de carne y hueso cuya humanidad

se volvía divina sobre el escenario, y, al

mismo tiempo, una intérprete tan rigurosa

que quedó como canon para generaciones.

Que se le llamara La Divina y

“The Bible of the Opera” no

fue simple adulación, sino un

reconocimiento colectivo de

su singularidad.

Hoy, esas denominaciones siguen vivas porque

siguen vigentes. Llamarla La Divina es

aceptar su lugar mítico; llamarla The Bible

of the Opera es reconocer su legado pedagógico.

En ambos casos, lo que resuena es la

certeza de que Maria Callas fue, y continúa

siendo, un punto de referencia inamovible

en la historia de la música. RP

64 RITMOPLATINUM2025




CA

Curiosidades

de “la divina”

CA


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

El sorbo secreto:

el trago favorito de Maria Callas

Una bebida amarga con historia, ritual preescénico y el encanto de lo prohibido en boca de “La Divina”

Uno de los tragos que se

dice que Maria Callas

consumía con cierta

frecuencia, sobre todo

antes de sus presentaciones,

era Fernet-Branca, un amaro italiano

muy oscuro, intenso, de sabor fuerte, cargado

de especias, hierbas, raíces y cortezas.

Se presenta la idea de que

este trago le proporcionaba un

momento de concentración,

de “cerrar los oídos al mundo

externo” antes de abrir la boca

ante el público.

Origen del trago

Fernet-Branca es un digestivo medicinal italiano,

nacido en Milán a mediados del siglo

XIX. Se elabora a partir de una fórmula secreta

que incluye ingredientes como ruda, mirra,

aloe, ruibarbo, azafrán, flores amarillas, y

diferentes hierbas aromáticas y amargas. Era

tradicionalmente consumido como remedio

después de comidas pesadas, para ayudar a la

digestión y también como “tonificante”.

¿Cómo Callas lo incorporaba a su rutina?

No hay fotografías que la capturen claramente

sosteniendo un vaso de Fernet antes

de subir al escenario, pero fuentes periodísticas

recientes, así como el guion del biopic

Maria, lo mencionan como parte de su ritual

informal: un sorbo breve, quizás acompañado

de una hoja de menta, justo antes de

entrar en escena.

Se presenta la idea de que este trago le proporcionaba

un momento de concentración,

de “cerrar los oídos al mundo externo” antes

de abrir la boca ante el público. El carácter

amargo podría funcionar simbólicamente:

algo que despierta los sentidos, que corta

lo dulce o lo decoroso, para luego ofrecer la

intensidad dramática de la voz. Si bien no

hay confirmación médica de que tuviera algún

efecto en su voz o garganta, el mito del

sorbo existe para alimentar la imagen mítica

de Callas como una artista que mezclaba lo

humano y lo simbólico.

Cómo se le veía consumirlo:

realidades y fantasías

Los relatos recuerdan que este hábito era

discreto. Callas no lo hacía en público masivo,

no era algo sacado en prensa de su

época con fotos y titulares; más bien era un

detalle contado por quienes la conocían o

por quienes han investigado su vida después

de muerta. En la película biográfica hay escenas

que dramatizan este sorbo, lo mismo

en entrevistas modernas. Pero, en su época,

si lo hacía, lo hacía con discreción, posiblemente

lejos del ojo público, para preservar

su imagen severa y profesionalista.

Por qué este detalle importa al público

Este pequeño hábito alimenta la idea de que

Callas era una artista que cuidaba lo ritual, lo

simbólico; que para ella cada función era algo

ceremonial. Para quienes la admiran, no es

tan importante si realmente lo hacía siempre,

sino que refuerza su leyenda: que ella preparaba

el cuerpo y la mente antes del arte. Ese

sorbo del amaro amargo es ese momento de

tensión silenciosa antes de que explote la voz,

antes de que surjan los arias, antes de que se

transforme en Norma, Tosca o Medea. RP

68 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Hamman Bouquet

fragancia preferida de una diva de la ópera

Su voz estremecía los teatros, pero era su aroma el que permanecía en el aire mucho

después del último aplauso

Su arte le permitió conquistar

el corazón de millones de personas,

pero su aura también

destacaba de manera impresionante,

haciendo que cada aparición

suya fuera un acontecimiento, y cada

detalle de su vida, desde sus joyas hasta el

último acorde que pronunciaba, contribuía a

forjar una leyenda. Uno de esos detalles, casi

imperceptible pero que revelaba mucho de su

personalidad, era su perfume: Hammam

Bouquet, de Penhaligon’s, la fragancia que la

acompañó durante años y que se convirtió en

una extensión de su personaje.

Esta fragancia fue creada en el 1872, siendo

uno de los primeros perfumes de la casa

británica Penhaligon’s. Es una composición

opulenta y victoriana, que crea un viaje

olfativo mediante la combinación de jazmín,

bergamota, lavanda, sándalo, rosa, ámbar

y almizcle. Su nombre evoca los baños

turcos (“hammam”, en árabe), lugares de

vapor y silencio, donde el cuerpo y el alma

se purifican. Es un aroma de lujo íntimo,

envolvente y teatral, perfecto para una mujer

que vivía entre el esplendor del escenario y la

soledad del camerino.

Callas, que ya era conocida por su magnetismo

y su carácter exigente, encontraba en esta

fragancia una reafirmación de su identidad.

Hamman Bouquet no es considerado como

una elección casual, pues era un reflejo de

su dualidad. Su frescura inicial hablaba de

la disciplina y la precisión técnica que la

caracterizaban; sus notas profundas, del

fuego emocional que ardía detrás de cada

aria. Quienes la conocieron decían que,

antes incluso de verla, se podía sentir su

presencia por ese aroma denso y elegante

que dejaba a su paso.

Maria entendía que el perfume, así como la

voz, tiene el poder de permanecer, incluso

cuando la figura desaparece. En una época

en que las divas eran sinónimo de exceso,

ella eligió una fragancia clásica, casi austera,

pero cargada de sensualidad. En el silencio

posterior a una función, cuando las luces del

teatro se apagaban y solo quedaba el eco de su

Su elección de perfumes

trasciende la simple estética;

era una forma de prolongar

su presencia más allá del

escenario, un gesto íntimo

de control sobre su imagen

y su entorno.

canto, su perfume seguía flotando en el aire

como una nota suspendida. Al día de hoy,

más de medio siglo después de su muerte,

la conexión de Callas y su perfume sigue

siendo un sinónimo perfecto de su arte:

inolvidable, refinado e intenso. Al igual que

su presencia escénica y su voz transformó

cada personaje en una experiencia única,

lo mismo hizo su aroma, pues elegía la

eternidad por encima de la moda.

The Merchant of Venice

A pesar que Callas era conocida por el uso

del Hammam Bouquet, en el 2023 para

conmemorar el centenario del nacimiento de

“La Divina”, la casa veneciana de fragancias

The Merchant of Venice lanzó oficialmente

la fragancia “Maria Callas Eau de Parfum”.

Este perfume, una creación floral amaderada

ámbar, está diseñado para encapsular la

inconfundible elegancia, los contrastes, el

pathos y la compleja personalidad de la

soprano. Con notas de salida cítricas como

la mandarina y el limón, un corazón floral

dominado por la rosa y un fondo persistente

de maderas y ámbar, la fragancia se presenta

como un homenaje olfativo al mito, reflejando

su sofisticación atemporal. RP

RITMOPLATINUM2025 69


texto Maria Amelia Cerón Victoria

fotos Archivos Maria Callas

Los trajes que hablaban:

diseñadores detrás del estilo de Callas

M

aria Callas no solo

era reconocida por

su voz, su presencia

escénica, sino por la

elegancia imponente

de su vestuario. Varios diseñadores y modistas

jugaron papeles decisivos en ese estilo.

Artesanos del glamour, cortadores de siluetas dramáticas:

quienes vistieron a La Divina moldearon también su mito visual

Biki (Elvira Leonardi Bouyeure)

Quizá el nombre más ligado a su imagen

cotidiana y privada. Biki fue la diseñadora

italiana que “creó” gran parte del estilo offstage

de Callas. Se conocieron en 1951, en

un evento social, y pronto Biki le exigió a

Callas una condición bastante dura: perder

peso (reportes dicen unos 30 kilos) antes de

vestirse profesionalmente con ella.

Biki diseñó para ella no solo vestidos, conjuntos

de viaje, abrigos, sombreros, accesorios,

sino que también le dio lecciones de

elegancia en gestos, postura, combinación

de complementos. Fue más que una modista:

una guía de estilo total.

Sus creaciones conjugan teatralidad y sobriedad,

glamour clásico y presencia. Callas, bajo

sus diseños, lucía faldas largas, capas, pieles,

sombreros audaces, guantes, abrigos llamativos;

su guardarropa privado incluía decenas

de vestidos, sombreros y pares de zapatos,

todos cuidadosamente seleccionados.

Otros diseñadores de renombre

Además de Biki, Callas se relacionó con casas

de moda importantes: Christian Dior,

Yves Saint Laurent y Lanvin, entre otras.

En algunas ocasiones, estas firmas diseñaron

trajes de concierto, conjuntos para apariciones

públicas o eventos especiales, no siempre para

la escena operística, pero sí para el glamour

fuera del escenario.

Cómo vestían a Callas: estilo y efecto

El estilo de Callas con sus trajes decía mucho

de ella: era majestuosa, severa, elegante, con

un cierto dramatismo innato. Los atuendos

reforzaban su personalidad de diva, su porte

de aristócrata de la lírica. A veces contrastes

fuertes (negros, rojos, pieles, sombreros

grandes), telas lujosas, cortes ajustados; su

peinado, sus guantes y accesorios siempre

acompañaban, no sobraban. El vestuario escénico

también reflejaba la identidad de los

personajes que interpretaba, pero en la vida

cotidiana se convirtió en una extensión de

su figura pública. RP

70 RITMOPLATINUM2025


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El resplandor silencioso

de “La Divina”

Entre el brillo y la sombra, las joyas de Maria Callas revelan los capítulos más íntimos de su vida y de su leyenda

En el Olimpo de las divas, pocas

figuras reflejan con tanta intensidad

la dualidad del genio y el

tormento como Maria Callas.

Apodada con justicia como La

Divina, su voz fue un fenómeno sísmico: poderosa,

emotiva, capaz de traspasar el alma. Sin embargo,

más allá del escenario, hubo otro universo que

contó su historia con igual elocuencia: su deslumbrante

colección de joyas. En cada piedra preciosa

se guardaban fragmentos de su gloria, de sus pasiones

y de su soledad. Para los amantes de la alta

joyería, las piezas de Callas no representan solo

quilates o diseños exquisitos; son vestigios de una

vida que combinó esplendor y vulnerabilidad. Su

colección reflejó dos etapas amorosas y estéticas

muy distintas: el clasicismo luminoso junto a Giovanni

Battista Meneghini y la modernidad refinada

que marcó su relación con Aristóteles Onassis.

El esplendor clásico de Meneghini

Durante la década de 1950, Callas vivió su fase

más opulenta, sostenida por el empresario italiano

Giovanni Battista Meneghini, quien además de ser

su esposo, fue su primer gran mecenas. Él celebró

cada triunfo con joyas majestuosas, reflejo de su

devoción y del ascenso meteórico de la soprano.

Entre esas piezas destaca el collar y anillo

de esmeraldas y diamantes, probablemente

adquiridos a Harry Winston o Faraone. La pieza

central, una esmeralda colombiana de 37,56

quilates, evocaba la intensidad del talento de

Maria y la prosperidad alcanzada. Otro símbolo

de este periodo fue el anillo de diamante marquesa

de 11,7 quilates, una joya de pureza deslumbrante

que décadas más tarde se convertiría en la más

codiciada de las subastas.

También, inolvidable fue el collar Ribbon de

“Tras su muerte en 1977,

gran parte de su colección

se dispersó, pero en 2004

once de sus piezas fueron

subastadas por Sotheby’s en

Ginebra, alcanzando más de

1,9 millones de dólares”.

rubíes y diamantes, que acompañó a Callas en

innumerables recitales, encendiendo su presencia

escénica con destellos de fuego. Estas piezas no

eran meros adornos; eran coronas silenciosas que

proclamaban a la reina de la ópera.

La elegancia moderna de Onassis

El año 1959 marcó un quiebre radical. Al dejar

a Meneghini por Aristóteles Onassis, Callas

también abandonó el lujo clásico por una estética

más moderna y depurada. Su estilo se volvió más

libre, elegante y sofisticado, reflejando el espíritu

cosmopolita del magnate griego. El símbolo de

esta nueva etapa fue el Clip Cinq Feuilles de Van

Cleef & Arpels, un broche de platino con seis

rubíes birmanos y más de 32 quilates de gemas.

Callas lo usaba prendido en el hombro como un

emblema de discreta grandeza. En esos años

también se incorporaron piezas de Cartier, como

el célebre broche Panthère de oro y esmeraldas,

metáfora perfecta de su independencia y su

instinto felino.

El drama sobre el quilate

Callas comprendía que el verdadero brillo no

siempre provenía del valor material. Para ella, la

joya era una extensión del personaje. En su debut

en el Metropolitan Opera en 1956, por ejemplo,

usó un conjunto de tiara, pendientes y collar

hechos solo de cristales Swarovski. Sabía que la luz

de la escena podía hacer resplandecer el vidrio con

la misma fuerza que el diamante.

Un legado que continua brillando

Tras su muerte en 1977, gran parte de su colección

se dispersó, pero en 2004 once de sus piezas

fueron subastadas por Sotheby’s en Ginebra,

alcanzando más de 1,9 millones de dólares. Entre

ellas, el anillo marquesa de Meneghini se erigió

como la joya más emblemática, reafirmando la

fascinación eterna por La Divina.

Las joyas de Maria Callas fueron más que adornos:

fueron testigos de una vida intensa, del dolor y la

gloria que tejieron su mito. Hoy, al contemplar un

rubí birmano o el fuego de un diamante marquesa,

aún se escucha el eco de su voz: un resplandor

silencioso que, como su arte, jamás se apaga. RP

RITMOPLATINUM2025 71


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

La diva de la ópera

que conquisto la cultura pop

Su vida fue una ópera sin final, y su eco sigue resonando en cada nota,

en cada mito, en cada diva que vino después

Durante décadas, fue el corazón

de la ópera, su inconfundible

voz, capaz de

pasar del más leve susurro

a la más grande tempestad

en un solo compás, le permitió transformar el

arte lírico y redefinir lo que significaba ser una

artista. Pero más allá del escenario, fue más

que una soprano, fue un fenómeno cultural, un

ícono de estilo y una figura que, aún hoy, sigue

inspirando la cultura pop.

Desde los años cincuenta, su nombre

trascendió el ámbito musical para instalarse

en la conversación pública. Su presencia era

magnética: una mujer de mirada intensa y

porte imponente que dominaba tanto el teatro

de La Scala como las portadas de Vogue. Su

transformación fue parte esencial de cómo

la veía el público, pues pasó de ser una joven

cantante de apariencia convencional a una

figura elegante y sofisticada. Fue, sin lugar a

dudas, una declaración de poder y reinvención,

pues entendió de primera mano que la imagen

también es una forma de arte.

Moda, elegancia y dramatismo

Era una gran admiradora de Christian Dior

y de la joyería, por esto convirtió el vestir en

una extensión de su interpretación escénica:

cada vestido, cada joya, cada gesto eran parte

del personaje. Era conocida por su elegancia

serena, pero al mismo tiempo cargada de

intensidad, lo que inspiró a varias generaciones

de diseñadores, entre estos John Galliano,

Alexander McQueen y Dolce & Gabbana, que

han rendido homenaje a su silueta majestuosa

y su aura trágica, símbolos de una feminidad

poderosa e inquebrantable.

Presencia en la pantalla

Su huella no se limita al teatro lírico, ya que

en 1969 fue la protagonista de Medea, dirigida

por Pier Paolo Pasolini, mostrando una nueva

faceta de su genio interpretativo. El público y

la prensa fueron cautivados por su vida que

estuvo marcada por el amor, la soledad, la

gloria y la caída, en especial por su tormentosa

relación con Aristóteles Onassis, que alimentó

el mito de la diva herida.

La voz que sigue viva

Aunque pasaran décadas desde su

fallecimiento en el 1977, la voz de Callas

sigue viva, sus arias siguen resonando en

películas como Philadelphia o el Padrino III,

y su presencia se reinterpreta en proyectos

contemporáneos, como el audiovisual de

Dior en 2023 que la “revivió” mediante

inteligencia artificial. Por otra parte, grandes

artistas como Lady Gaga, Björk y Mariah

Carey la citan por ser una inspiración por su

teatralidad y perfección técnica. En 2024,

Maria, de Pablo Larraín, protagonizada por

Angelina Jolie, reavivó el mito de la soprano

más grande del siglo XX. La película mostró a

una Callas humana y brillante, recordando que

su legado sigue vivo. RP

72 RITMOPLATINUM2025


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El refugio de La Divina

Los hoteles que guardaron sus secretos

Entre mármol y terciopelo, los hoteles que fueron testigos de la gloria, el amor y la soledad de Maria Callas

Maria Callas, no fue

solo la voz que redefinió

la ópera;

fue una mujer cuya

existencia combinó

genio, estilo y tragedia con una intensidad

pocas veces vista. Su vida, marcada por los

aplausos y las soledades del estrellato, se desarrolló

entre escenarios imponentes y hoteles

de lujo que se convirtieron en su refugio,

sus templos de silencio y, en ocasiones, los

testigos mudos de sus más hondos secretos.

Para una artista de su estatura, la elección

de un hotel era más que una cuestión de

comodidad: era una extensión de su identidad.

En esos espacios, Callas podía desprenderse

del peso del mito o, paradójicamente, seguir

interpretando su papel más complejo: el de

La Divina fuera del escenario.

Italia, donde nació la leyenda (y el romance),

fue la patria espiritual de Maria Callas.

Allí florecieron su voz, su fama y también

los capítulos más apasionados de su vida.

Venecia, con su romanticismo suspendido

sobre el agua, fue escenario de uno de los

momentos más determinantes de su destino.

En el legendario hotel Danieli, con vistas

majestuosas al Gran Canal, tuvo lugar en

1957 el encuentro que cambiaría su historia.

Durante un baile de alta sociedad, Callas

conoció a Aristóteles Onassis, el magnate

griego que se convertiría en su gran amor y

su gran dolor. Más al norte, Verona fue su

primera gran aliada. En el histórico Due

Torri Hotel, hoy convertido en un tributo a

su memoria, la joven soprano encontró el

apoyo de una ciudad que la adoptó antes de

su consagración internacional. La suite que

lleva su nombre rinde homenaje a aquella

etapa de aprendizaje y esperanza. Y en

Milán, la capital operística del mundo, Callas

encontró su segundo hogar. El Grand Hotel

et de Milan, vecino inmediato de La Scala,

fue su residencia habitual durante sus años

de gloria. Allí preparaba sus papeles, recibía

a directores y disfrutaba del anonimato que

solo el lujo discreto podía ofrecer. Hoy, una de

sus suites conserva retratos y recuerdos de sus

actuaciones, uniendo para siempre el nombre

de Callas al de la ciudad que la coronó.

Francia: el refugio final de la elegancia

París representó el capítulo más introspectivo

de su vida. En la capital francesa, Maria Callas

encontró un refugio de elegancia y melancolía.

Su lugar predilecto fue el Ritz Paris, en la Place

Vendôme, sinónimo de distinción y serenidad.

Para ella, el Ritz no era un simple hotel: era un

espacio donde podía ser Maria, no La Divina.

El hotel conserva su huella en la Suite Maria

Callas, un espacio decorado en tonos marfil y

rosa, evocando la calma y la sofisticación que

marcaron sus últimos años. Sin embargo,

su final llegó lejos de los reflectores: en la

intimidad de su apartamento del 36 Avenue

Georges Mandel, donde la gran diva exhaló su

último aliento en 1977.

España: la escapada histórica

Durante sus giras, Callas mantuvo su predilección

por hoteles de carácter y memoria. En España, su

parada más célebre fue el Santa Catalina, a Royal

Hideaway Hotel, en Las Palmas de Gran Canaria.

Allí descansó entre actuaciones, compartiendo

hospedaje con figuras legendarias como Winston

Churchill y Agatha Christie. Los hoteles de

Maria Callas fueron mucho más que lugares

de paso: fueron capítulos de una biografía

escrita entre mármol, terciopelo y soledad. En

sus suites se celebraron triunfos, se sellaron

amores y se lloraron pérdidas irreparables.

Hoy, al cruzar los umbrales de esos mismos

hoteles, aún se percibe el eco de su presencia,

como su voz, sigue resonando: intensa, trágica y

eternamente luminosa. RP

RITMOPLATINUM2025 73


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Stella Kourmapana

La guardiana de la memoria de Maria Callas

Su trabajo no es solo conservación, es un acto de devoción hacia la memoria de una artista irrepetible

En la vasta constelación de

nombres que orbitan en

torno a Maria Callas, pocos

han tenido la tarea tan silenciosa

y esencial como Stella

Kourmapana, archivista del Conservatorio de

Atenas. Kourmapana no compartió escenario

con la soprano ni formó parte de su círculo

íntimo, pero su labor ha resultado clave para

reconstruir la historia y el legado de una de las

artistas más influyentes del siglo XX.

Stella trabajó entre documentos, partituras,

fotografías y cartas que conservan la huella de

“La Divina”. Desde su posición en el archivo

del Conservatorio, ha contribuido a preservar

y clasificar el valioso material relacionado

con los años de formación de Maria Callas

en esa institución, donde la joven Maria

Kalogeropoulos –su verdadero nombre–

comenzó a forjar su voz prodigiosa bajo la

tutela de Elvira de Hidalgo.

Su relación con Callas es, por tanto, la de una

custodio de la memoria, pues a través de su

investigación y curaduría, Kourmapana ha

permitido que investigadores, periodistas y

melómanos accedan a un retrato más completo

de la artista: la estudiante disciplinada, la

joven que pasaba horas en los salones del

Conservatorio, la mujer que soñaba con

conquistar los grandes teatros del mundo.

En entrevistas y presentaciones académicas,

Stella Kourmapana ha descrito a Callas

como “una artista que trabajó tan duro que

se convirtió en la diva más grande de la

historia”. Sus palabras resumen el respeto y

la admiración que impregnan su trabajo, un

esfuerzo que va más allá del archivo: se trata

de mantener viva la dimensión humana de

la cantante, esa mezcla de talento, sacrificio

y perfeccionismo que la definió. Gracias a

Kourmapana y al equipo del Conservatorio

de Atenas, los documentos originales de

Callas han sido digitalizados y puestos a

disposición de instituciones internacionales.

Este trabajo de preservación no solo asegura

la permanencia del legado de la soprano, sino

que también reafirma el papel del archivo

como un puente entre la historia y el presente.

En tiempos donde la fama suele medirse en

instantes, la labor de Stella Kourmapana

nos recuerda que la grandeza, como la de

Maria Callas, solo perdura cuando alguien se

encarga de cuidarla con la misma devoción

con que ella cuidó su arte. RP

74 RITMOPLATINUM2025


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

Su aparición en

“The Ed Sullivan Show”

La diva que llevó la ópera a todo público a través de la televisión

El 25 de noviembre de 1956

la voz de Maria Callas se

escuchó por primera vez

fuera de un teatro, lo que

permitió que todo Estados

Unidos viera a “La Callas” cantando sin estar

en una función de ópera, y el escenario

fue el show de televisión de Ed Sullivan,

esto le abrió las puertas a Maria hacia la televisión

norteamericana.

Ed Sullivan era un show de masas. Este show

llevaba la ópera, que usualmente estaba confinada

a teatros, a las salas para que toda clase

de público pudiera apreciar la ópera, un género,

por lo general, muy exclusivo. Callas en

ese escenario era, igualmente, sofisticación,

emocional, coloratura, tragedia femenina y

a la vez una estrella accesible para quienes

nunca iban a La Scala o al Met.

Aparecer en un programa de variedades exige

adaptación: recortes, elegir escenas impactantes,

vestuario, escenografía mínima. Y esta era

la escena del Acto II de Tosca, una de las más

dramáticas, que derrocha intensidad (con la

confrontación entre Tosca y Scarpia, la presión

moral, el sacrificio), lo que permitió mostrar lo

más visceral de Callas, no solo voz, sino su actuación

dramática y presencia teatral.

Al debutar en el Met poco antes, esta aparición

reforzó su visibilidad en EE. UU. Fue

parte de una estrategia para hacer de Callas

una figura “no sólo de ópera”, sino de cultura

global. Permitió también al Met aprovechar

la televisión como extensión del escenario.

rating curiosamente bajaron un poco según

fuentes internas del show porque quizá la audiencia

esperaba entretenimiento más “ligero”.

La transmisión del Show de Sullivan es uno

de los pocos videos en los que Callas aparece

haciendo ópera en escenario televisivo, en

directo o “como directo”.

Hoy se usa mucho para aquellos que no tuvieron

la oportunidad de verla actuar, la vean interpretar

una ópera como Tosca. Esa emisión

es una joya por la combinación de la gran voz

de Callas, junto con el gran drama, el vestuario

operístico, escenografía escueta, cámara

de TV acercándose al rostro, a los gestos, algo

que ahora vemos en fragmentos de ópera,

pero que en ese tiempo era inusual.

En un principio Callas se resistió a interpretar

Tosca durante el Show de Sullivan, debido

a que prefería preservarlo para el público del

Met Gala; ya que deseaba mantener la magia

operística intacta, además de que consideraba

que aparecer en televisión era comprometer

parte de esa magia.

Para llevar esta ópera a la televisión se necesitó

de mucho trabajo y recortes, ya que la

intensidad escénica y el vestuario tuvo que

adaptarse a la televisión, donde el espacio

era más pequeño y no se admitían decorados

o los efectos empleados en un gran teatro.

Además de que el segmento solo duró unos

18 minutos, equivalentes a un solo acto de

una ópera completa.

Su participación abrió las puertas al público

que escuchaba ópera en Estados Unidos

y le dio el reconocimiento necesario a Maria

como una figura mediática. También sirvió

para que más personas accedieran a escenas

operísticas y quizás despertara en algunos

la curiosidad por ir al Met, leer partituras,

escuchar más ópera.

La aparición de Maria Callas quedó grabada,

relanzada, comentada por décadas, como “esa

Tosca en Ed Sullivan”, además de que se menciona

como una de las grandes “primeras impresiones”

de Callas sobre la cultura popular

norteamericana. RP

A pesar de que algunos reportes dicen que

durante su segmento operístico las cifras de


texto Maria Amelia Cerón Victoria

fotos Archivos Maria Callas

“Casi ciega, pero sin gafas”

La vista truncada de Maria Callas

Cómo la fragilidad física se transformó en parte de su presencia escénica, en su orgullo y en su mito

¿Qué se sabe de su problema

visual?

Maria Callas sufría de problemas

de vista bastante severos.

En múltiples testimonios se dice

que tenía dificultad para ver detalles, que el

conductor muchas veces era invisible para

ella en el escenario, que no distinguía bien a

los otros cantantes.

Una prueba de su condición es que en subastas

de sus pertenencias se vendieron

sus gafas de carey (tortuga) por sumas

altas, lo que indica que usaba, al menos,

algunas gafas.

Callas cultivaba su imagen

de perfección artística, de

mujer que controlaba cada

elemento de su arte, y aceptar

una dependencia visual visible

podía chocar con eso.

¿Por qué se negaba a usarlas en escena?

Callas detestaba usar gafas en el escenario.

Decía que las gafas arruinaban la ilusión

dramática, la transformación en personaje,

que no quería que se viera algo entre ella y

el público que recordara su fragilidad. Siempre

exigía que lo que contara fuera la voz,

la emoción, la presencia, no sus defectos físicos.

Por eso, aun viendo mal, prefería depender

de la memoria, de los ensayos, de referencias

físicas del espacio escénico, luces,

de las marcas en el escenario.

También puede haber un componente de orgullo;

Callas cultivaba su imagen de perfección

artística, de mujer que controlaba cada

elemento de su arte, y aceptar una dependencia

visual visible podía chocar con eso, lo

que nos sitúa frente a una dimensión humana

profunda: un gran talento que sobrevive

a sus propios fracasos físicos.

Momentos en que sí se le vio usar gafas

Aunque evitaba usarlas en escena, sí se le

vio usar gafas fuera del escenario, en la vida

privada. En fotos informales, en su casa, en

entrevistas, en viajes. Y en la subasta de objetos

personales, aparecieron unas gafas que

efectivamente le pertenecían; lo que confirma

que no era un problema de negación total,

sino de contexto. También se sabe que, a

veces, para tareas concretas, lectura, correspondencia

o similares, Callas aceptaba usar

lentes. Pero nunca –o casi nunca– usaba las

gafas de ver en el teatro, porque hubiera significado

romper el hechizo que, para ella,

era la escena. RP

76 RITMOPLATINUM2025



texto Joel Peralta

fotos Archivos Maria Callas

Las grandes amistades de La Divina

entre la ópera, la realeza y el cine

La voz de Callas emocionaba al público; su alma, a quienes la conocían de verdad

No podemos negar que

era una voz prodigiosa,

una figura fascinante

que, con su personalidad

marcada, trascendió los

escenarios de ópera para conquistar los círculos

sociales más influyentes de la alta sociedad,

la intelectualidad y el cine en Europa. Su

vida, marcada por una sensibilidad extrema

y un constante anhelo de amor y comprensión,

la llevó a forjar amistades profundas con

personalidades tan únicas como ella.

Grace Kelly y el príncipe Rainiero:

una amistad monárquica

Una de las que se puede considerar como una

de las amistades más elegantes de Callas, fue

con la actriz Grace Kelly, que se convirtió en

princesa de Mónaco, y, por supuesto, con su

esposo, el príncipe Rainiero de Mónaco. Era

invitada por ellos constantemente a eventos

de la familia real monegasca. Callas compartía

con Grace el gusto por el arte, el refinamiento

y la discreción. Ambas, figuras públicas

que vivieron entre la devoción popular y las

exigencias de la fama, hallaron en su relación

una complicidad silenciosa y sincera.

Pier Paolo Pasolini: su alma gemela del

mundo de las artes

Por su parte, su relación con el director y

poeta Pier Paolo Pasolini, fue para Maria una

de sus relaciones más intensas y enigmáticas.

Él tomó la decisión de elegirla para que

protagonizara la película Medea en el 1969,

un papel que no llevaba ninguna escena que

involucrara el canto, sin embargo, estaba

cargada de tragedia, permitiéndole a Callas

expresar su gran capacidad dramática. Más

allá de lo profesional, Pasolini supo entender

la soledad y la melancolía de la diva. Se

dice que entre ellos existió una conexión

profunda, marcada por la admiración mutua

y una sensibilidad compartida.

Omar Sharif: un grande de la pantalla que

transmitía encanto y calidez

Actor egipcio, famoso por su papel como

Doctor Zhivago, Omar Sharif fue otra de

las figuras cercanas a la soprano. Aunque

su relación estuvo cargada constantemente

de rumores sobre un posible romance,

ambos se demostraban una ternura y

respeto bien marcado. En Sharif, Callas

78 RITMOPLATINUM2025


encontró un interlocutor amable, divertido

y empático, cualidades que escaseaban en

su mundo afectivo tras su difícil historia con

Aristóteles Onassis.

Luchino Visconti: el director del alma

A nivel artístico, el director Luchino Visconti

fue uno de los más grandes cómplices de

Maria, ya que juntos crearon producciones

memorables en La Scala de Milán, siendo el

mejor ejemplo de esto La Traviata en 1955. Él

la admiraba no solo por su voz, sino también

por su capacidad actoral al momento de

transmitir sus emociones y su magnetismo

sobre el escenario. Su relación se basaba en

una búsqueda estética compartida, en el

amor por el detalle y la verdad emocional.

Elsa Maxwell: la gran introductora social

La columnista y socialité Elsa Maxwell jugó

un papel importante en la vida pública de

Callas, pues gracias a ella, Maria se integró al

mundo de la jet set internacional, participando

en fiestas y eventos de alto perfil. Aunque

Su magnetismo atraía a

espíritus afines artistas,

intelectuales y miembros de la

realeza, que veían en ella algo

más que a la diva: veían a la

mujer que sentía con el mismo

dramatismo con que cantaba.

Maxwell podía ser tan útil como peligrosa en

sus crónicas, con Callas mantuvo una relación

de respeto y promoción mutua.

Más allá del romance: Aristóteles Onassis

A pesar de que su relación amorosa fue

tormentosa y marcada por el dolor, no

podemos ignorar la influencia que el magnate

griego tuvo en la vida social y emocional de

Callas. Él le abrió las puertas de un mundo

de poder y glamour, pero también fue una de

las grandes heridas de su vida.

Una vida rodeada de luz y sombra

Sus grandes amistades, forjadas en su vida

tanto personal como profesional revelan

a una mujer mucho más allá de la figura

inalcanzable y distante que a menudo

proyectaba en los escenarios. En su mundo de

deslumbrantes conexiones, desde la realeza

hasta la intelectualidad, Callas fue una mujer

profundamente humana, vulnerable y en

búsqueda constante de una conexión genuina.

Su legado no solo perdura en las notas de sus

interpretaciones, sino en las relaciones que

cultivó con aquellos que entendieron que,

detrás de la diva, había una mujer compleja,

sensible y apasionada. Fue la combinación

de su inmenso talento, su carisma y su

necesidad de comprensión lo que hizo que

sus amistades fueran tan duraderas, dejando

una huella indeleble no solo en la música,

sino también en los corazones de quienes la

conocieron más allá del público. RP

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texto Ismalay Liranzo

fotos Archivos Maria Callas

Los animales

de Maria Callas

Ecos de lealtad y soledad en la vida de una diva

Maria Callas fue una

artista de pasiones

intensas: en el escenario,

en el amor y

también en su relación

con los animales. Su devoción por ellos,

especialmente por los perros, revelaba una

faceta íntima y tierna que contrastaba con la

imagen pública de la soprano indomable. En

un mundo que a menudo la veía como una

figura casi mitológica, los animales fueron su

refugio más humano.

Durante sus últimos años en París, lejos del

brillo de los escenarios que la consagraron

como “La Divina”, Callas halló en sus perros

la compañía silenciosa que la fama y el amor

le negaron. Se decía que pasaba las tardes jugando

a las cartas con su personal de servicio

y cuidando con esmero de sus mascotas,

pequeñas almas que acompañaban sus días

“Sus perros, la

compañía silenciosa

que la fama y el amor le

negaron”.

de reclusión. En una de las anécdotas más

entrañables y tal vez simbólicas se cuenta que

la soprano “cantaba a dúo” con su caniche, un

gesto que revela su inagotable necesidad de

comunicación y afecto, incluso cuando ya no

había público que aplaudiera.

Existen fotografías de Callas con dos perros

en 1966, testimonio visual de esa relación

constante con sus compañeros animales.

Más allá del escenario y la leyenda, eran

ellos quienes la esperaban en casa, quienes

no le exigían perfección ni fama. En ellos

encontraba consuelo, una forma de amor sin

juicio, tan pura como escasa en su vida de

sacrificios y críticas.

Paradójicamente, los animales también fueron

metáforas recurrentes en su narrativa

personal. Callas llegó a compararse con el

personaje de Norma, diciendo que, aunque

rugía como un león, en realidad no era feroz.

Esa imagen del rugido desarmado la definía

mejor que cualquier retrato: la fuerza aparente

ocultando una vulnerabilidad profunda.

Sin embargo, no todos fueron elogios. Un

crítico cruel llegó a escribir que era “imposible

distinguir la diferencia entre las piernas

de los elefantes en el escenario”, una frase

despiadada que la marcó y simbolizó el juicio

constante sobre su cuerpo y su voz.

Incluso en el amor, la figura animal emergía

como símbolo de sumisión. De su relación

con Aristóteles Onassis, Callas admitió que

él la había convertido en “su animal domesticado”,

una confesión que resume la tragedia

emocional de una mujer que lo dio todo,

incluso su libertad, por amor.

Tras su muerte en 1977, poco se sabe del destino

de sus perros. Es probable que quedaran

al cuidado de su mayordomo y su criada

en París, las últimas personas que compartieron

su intimidad. Los animales, testigos

silenciosos de su ocaso, se disolvieron en el

mito junto con su dueña. Hoy, al evocarla,

es imposible no imaginar a Callas la diva, la

mujer, la amante acariciando un poodle en la

penumbra de su apartamento parisino, cantando

solo para sí misma y para quienes, sin

palabras, la amaron de verdad. RP

80 RITMOPLATINUM2025


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

Maria Callas y Elsa Maxwell:

la amistad de dos divas en distintos escenarios

La soprano y la célebre anfitriona social compartieron una relación marcada por la admiración,

la influencia y el brillo de la alta sociedad del siglo XX

La historia de Maria Callas

no puede contarse sin

mencionar a Elsa Maxwell,

la famosa “hostess” norteamericana

que reinó en

la vida social internacional desde los años

treinta hasta bien entrados los sesenta.

Maxwell no era artista ni aristócrata, pero se

convirtió en figura imprescindible en las veladas

más exclusivas del mundo. Su talento

era reunir a quienes importaban: príncipes,

magnates, artistas, estrellas de Hollywood.

En ese círculo de poder y glamour, Callas

halló tanto apoyo como exposición.

Maxwell conoció a Callas en plena ascensión

de la soprano, y pronto la convirtió en invitada

obligada de sus fiestas. Lo que unía a ambas

era la capacidad de transformar cualquier

espacio en espectáculo: Callas con su voz y

su magnetismo, Maxwell con su ingenio y su

habilidad para el entretenimiento. Maxwell

veía en Callas no solo a una cantante, sino a

un fenómeno cultural, alguien cuya presencia

daba prestigio y atractivo a cualquier evento.

La relación también tenía matices

estratégicos. Para Callas, aparecer en las

fiestas de Maxwell significaba acceder a

un público que iba más allá del teatro: la

élite internacional que definía tendencias,

desde la moda hasta la política. En esos

salones se cruzaban Aristóteles Onassis, la

realeza europea y las estrellas de cine más

grandes de la época. Maxwell, por su parte,

encontraba en Callas un símbolo perfecto de

sofisticación, alguien capaz de elevar el nivel

artístico de sus reuniones.

Pero no era solo conveniencia. La amistad

fue real, con toques de complicidad y

confianza. Maxwell admiraba la disciplina

y la fuerza de carácter de Callas, mientras

que la soprano encontraba en ella una figura

que la comprendía, que sabía navegar la

superficialidad de la alta sociedad con una

astucia que Callas no siempre poseía.

Los años en que Callas compartió con Maxwell

fueron también los de su transformación en

mito. Desde los escenarios de La Scala hasta

las cubiertas de yates en Capri, la presencia

de Maxwell aseguraba que cada movimiento

de Callas se convirtiera en noticia. El poder

de la anfitriona amplificaba el de la soprano.

La amistad entre ambas resume una época

en que la ópera, el cine, la política y la

sociedad de lujo convivían en un mismo

espacio. Callas y Maxwell eran, cada una

a su modo, divas: una desde la música, la

otra desde la vida social. Su vínculo no solo

potenció la imagen de Callas, sino que selló

la unión entre el arte y la élite, un binomio

inseparable en la historia de La Divina. RP

RITMOPLATINUM2025 81


texto Luisanna Carrasco

fotos Archivos Maria Callas

Callas en el papel de Medea

gracias a Pier Paolo Pasolini

La amistad más humana forjada bajo las luces de un set

Maria Callas y Pier

Paolo Pasolini se conocieron

en un momento

en que la gran

diva estaba apagándose.

Su amistad fue catalogada como una de las

más profundas, enigmáticas y poéticas del siglo

XX, algo así como si el destino conspiró para

lograr un encuentro entre dos almas heridas,

dos genios con marcas profundas de soledad,

sensibilidad y la búsqueda de lo absoluto.

Ambos se encontraron en un punto de inflexión

de sus vidas, y el resultado fue una relación de

complicidad emocional, artística y espiritual

que trascendió los límites de lo profesional. A

finales de los años 60, Callas ya había bajado de

los escenarios de ópera; su voz, anteriormente

potente que llegó a sacar lágrimas de emoción a

muchos, estaba desgarrada, pero todavía seguía

siendo una diva majestuosa.

Pasolini, por su parte, era ya un poeta y

cineasta consagrado, pero un hombre solitario,

enfrentado a su propio mundo interior y a una

Italia que lo marginaba por su radicalidad y su

homosexualidad. Ambos se encontraron en un

punto de ruina y de esplendor. Se reconocieron.

Pasolini veía en Callas no solo a una diva, sino a

una mujer profundamente trágica, una heroína

griega viva, y le propuso el papel de Medea en

1969, cuando Callas había sido abandonada por

Onassis y la prensa internacional la describe

como una mujer herida. Ella lo aceptó y

entonces surgió un lazo que sobrepasó el trabajo

profesional una amistad teñida de ternura,

fascinación y una forma de amor no sexual, pero

absolutamente apasionado.

El polémico director quedó fascinado con

Maria; desde que gritaron acción en el set, a

82 RITMOPLATINUM2025


Pier Paolo le encantó la presencia física, sus

gestos y la forma de expresar las emociones de

una manera tan vívida que poseía la cantante.

Se dice que su cara, su mirada, sus gestos, le

parecían ideales para su mitología personal.

Callas llegó a expresar que sintió una conexión

muy fuerte con Pier Paolo, algo casi psíquico,

espiritual que la unía al director. No era una

amistad banal, ambos veían al ser humano que

existe detrás de sus carreras de artistas.

Pasolini le escribió poesía, cartas llenas de

sentimentalismo; Maria se convirtio en su

musa y, en ocasiones, llegó a confesar que era

la segunda mujer que amó en su vida, porque

la primera fue su madre. Esa afirmación revela

intensidad emocional, tal vez platónica, tal

vez un sentimiento mezclado de admiración,

necesidad artística, afecto humano.

El papel de Medea a manos de Pier Paolo

Medea es uno de los papeles más potentes,

más salvajes, más humanos que Maria Callas

interpretó, su Medea con Pier Paolo Pasolini

tiene algo de mitología personal.

Esta figura mítica es un hechicera a quien

han traicionado y sufre por el desamor de

su prometido, quien se ha casado con otra

mujer. La misma causa que la motiva a buscar

venganza. Callas también compartía el mismo

sentimiento de traición que Medea debido a la

traición de su amor imposible con Onassis,

Aunque anteriormente “La Callas” ya había

interpretado este papel en escenarios como

La Scala en 1953, bajo la dirección de Leonard

Bernstein, una interpretación llena de

contrastes e incandescente, por sus expresiones

en la actuación y, sobre todo, su voz potente en

cada frase, fue exquisita.

Varios años después también la interpretó

nuevamente en el mismo escenario, ya con

su voz y cuerpo cambiados por los años, pero

con una intensidad dramática que superaba

muchas expectativas.

En esta producción puso atención no solo a la

voz, sino también a su presencia visual en la

gran pantalla, sus expresiones corporales y su

capacidad de ser Medea más allá del canto.

Callas llegó a expresar que sintió una conexión muy fuerte con

Pier Paolo, algo casi psíquico, espiritual que la unía al director.

No era una amistad banal, ambos veían al ser humano que existe

detrás de sus carreras de artistas.

La Medea de Pasolini no solo está enfocada

en su venganza, sino que va más allá, buscó

plasmar la Medea que ha perdido a “Colchis”

por su condición de extranjera, de ser apartada,

su dolor por lo que fue dejado atrás, lo que fue

arrebatado. Medea no solo castiga a Jasón, sino

que su castigo parece brotar de una traición

más profunda: la traición de la identidad, del

origen, de lo sagrado.

Un tema con el cual Maria se identificaría muy

bien, ya que igual que la hechicera, Callas fue

apartada de su ciudad natal cuando era apenas

una adolescente y solo pudo regresar años

después, convertida en una gran diva. RP

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texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El dolor detrás de la gloria

La confesión más íntima de Maria Callas

Cómo la infancia marcada por el rechazo forjó el genio y la implacable perfección de Maria Callas

En 1956, la revista Time dedicó

su portada a Maria

Callas, proclamándola “la

reina de la ópera del mundo”.

Pero más allá de los

aplausos y el glamour, aquella entrevista dejó

al descubierto el doloroso origen de una de

las artistas más extraordinarias y atormentadas

del siglo XX. Por primera vez, La Divina

habló sin filtros de su infancia, marcada

por la humillación, la carencia afectiva y la

explotación familiar.

La confesión fue brutal. Callas relató cómo

su madre, Evangelia “Litsa” Kalogeropoulos,

volcó toda su atención en su hija mayor,

Yakinthi —a quien llamaban “Jackie”—,

relegándola a ella al papel del “patito feo”.

“Mi hermana era delgada, bella y simpática,

y mi madre siempre la prefirió. Yo era el

patito feo, gorda y torpe y poco popular. Es

algo cruel hacer que un niño se sienta feo y

no querido”, declaró con una franqueza que

conmovió al mundo.

Pero el verdadero golpe emocional llegó

cuando confesó: “Nunca la perdonaré por

haberme quitado mi niñez. Durante todos los

años en los que debí haber estado jugando y

creciendo, yo estaba cantando o haciendo

dinero”. Su voz, que más tarde conmovería

a millones, había sido un instrumento de

supervivencia antes que de arte.

Aquel testimonio explicó buena parte del

carácter feroz y perfeccionista que la definiría

como artista. Callas había sido una niña con

problemas de visión y sobrepeso —llegó a

pesar cerca de 90 kilos—, humillada por

su madre y despreciada por su entorno.

Cantar era la única manera en que se sentía

valorada. “Cuando cantaba, era realmente

querida”, reconocería. De ese dolor nacería

una disciplina implacable y un hambre de

perfección que marcarían su carrera.

La entrevista se produjo justo después de

“Nunca la perdonaré por

haberme quitado mi niñez.

Durante todos los años en

los que debí haber estado

jugando y creciendo,

yo estaba cantando o

haciendo dinero”.

su asombrosa transformación física: entre

1953 y 1954 perdió más de 36 kilos, dejando

atrás la imagen de una joven insegura para

convertirse en el símbolo de elegancia que el

mundo idolatraba. Sin embargo, las heridas

de su infancia jamás sanaron.

Con el tiempo, Callas rompió toda relación

con su madre y su hermana. En un episodio

que reveló la magnitud de su resentimiento,

cuando su madre le pidió ayuda económica,

la soprano respondió con frialdad: “Si no

puedes ganar suficiente dinero para vivir,

puedes saltar por la ventana o ahogarte”.

La historia de Maria Callas es la de una

mujer que transformó el rechazo en arte y

la humillación en gloria. Su voz, nacida del

sufrimiento, conquistó la eternidad, pero

su corazón nunca dejó de cargar el eco de

aquella niñez que le fue arrebatada. RP

84 RITMOPLATINUM2025



texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

Entre el escenario y el abismo

tragedia psicológica de una diva inmortal

La voz inmortal de Maria Callas, forjada por el dolor y consumida por su propia leyenda

Algunos hablan de un fallo

cardíaco, otros de un lento

suicidio emocional. Lo cierto

es que su existencia fue el

reflejo perfecto del drama

que interpretaba sobre el escenario. Brilló con

una intensidad incomparable, pero esa detrás

de la imagen resplandeciente de una de las

voces más célebres del siglo XX, se ocultaba

una vida marcada por el sufrimiento, la inseguridad

y una constante batalla interior.

La artista que encarnó la grandeza y la

tragedia de la ópera vivió, en carne propia,

una existencia que parecía escrita para el

escenario: intensa, dolorosa y profundamente

humana.

Desde su infancia, las heridas emocionales

comenzaron a moldear su destino.

Rechazada por una madre que favorecía

abiertamente a su hermana y humillada por

su aspecto físico, creció sintiéndose el “patito

feo”, gorda, torpe y poco querida. Aquella falta

de amor dejó una huella imborrable, creando

en ella un vacío que solo el arte parecía llenar.

Cantar se convirtió en su forma de ser vista,

amada y reconocida. Pero ese mismo talento

que la elevó también la condenó a una vida de

exigencias imposibles.

Su perfeccionismo extremo fue, en realidad,

una respuesta a ese miedo constante al fracaso

y al abandono. Ella misma admitía ser una

“pesimista por naturaleza” para quien nada

de lo que hacía era lo suficientemente bueno.

En sus propias palabras, existían dos almas

enfrentadas: “Hay dos personas dentro de mí.

Me gustaría ser Maria, pero está la Callas, de

quien debo estar a la altura. Así que lucho con

ambas como buenamente puedo”. Esa lucha

“No era mi voz la que estaba enferma, eran mis nervios”.

interna entre la mujer vulnerable y la leyenda su vida personal se desmoronaba tras la

que debía sostener terminó por desgarrarla.El traición y abandono de Aristóteles Onassis,

precio de la excelencia fue devastador.

su salud emocional también se desplomó.

Las crisis nerviosas y los ataques de ansiedad Perdió a un hijo, a su gran amor y, con ellos, el

comenzaron a manifestarse con frecuencia. sentido de seguir cantando.

Uno de los episodios más comentados Aislada en su apartamento de París, buscó

ocurrió en 1958, cuando abandonó en pleno consuelo en los tranquilizantes y somníferos

acto la ópera Norma en Roma, desatando un que, con el tiempo, apagaron su vitalidad.

escándalo mundial. Detrás del gesto no había Su muerte en 1977, a los 53 años, sigue

arrogancia, sino colapso emocional. Su voz, envuelta en misterio: misma llama terminó

que parecía un instrumento divino, comenzó consumiéndola. La grandeza de su arte nació

a fallarle no por enfermedad física, sino por del mismo lugar que su dolor. Y así, entre la

agotamiento mental.

gloria y el abismo, quedó inmortalizada como

“No era mi voz la que estaba enferma, eran el alma más trágica y luminosa que jamás

mis nervios”, llegó a confesar. A medida que haya pisado un escenario. RP

86 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

La cruel sombra de la balanza:

el bullying silencioso que sufrió

Su voz fue su refugio, pero también su grito de auxilio ante una sociedad

que la juzgaba por su cuerpo antes que por su arte

Tenemos claro que Callas

era una estrella de la ópera,

una soprano que convirtió

su nombre en sinónimo

de arte sin igual y pasión

escénica. Sin embargo, pocos conocen que

cargó con una cruz pesada mucho antes de

alcanzar la fama: la crueldad y el juicio por

su peso. Su juventud estuvo marcada por un

constante escrutinio sobre su figura, un tipo

de bullying sutil, pero profundamente destructivo

que venía tanto de su entorno familiar

como del mundo profesional.

Las heridas invisibles que le

dejó el rechazo marcaron

su carácter y forjaron la

disciplina implacable con

la que enfrentó su arte.

En la búsqueda por ser

aceptada, Callas transformó

el dolor en perfección y la

humillación en belleza.

El hogar y la desaprobación materna

Su principal fuente de crítica venía del espacio

donde debía sentirse segura, su hogar,

principalmente en la figura de su madre.

Se ha documentado que Evangelia ejercía

una presión inmensa sobre Maria, quien

padecía un sobrepeso significativo desde su

adolescencia. El uso de apodos despectivos y

los comentarios hirientes eran constantes y

fueron dejando cicatrices emocionales profundas

que marcarían su vida. La madre de

Callas no dudaba en señalar su figura, haciendo

que sintiera que su valía, incluso su

inmenso talento vocal, quedara eclipsado

por su apariencia física. Esta agresión verbal

constante sembró en la joven Maria una

profunda sensación de inconformidad y una

baja autoestima crónica.

La ópera y el peso del prejuicio

Al iniciar su carrera operística, la situación

no mejoró. Aunque su voz era un fenómeno

de la naturaleza, una “voz de tres octavas”

capaz de abordar los roles más exigentes,

su físico la convirtió en blanco de habladurías.

A Callas, con su cuerpo voluminoso, le

costaba encarnar a las heroínas románticas

y frágiles que a menudo interpretaba, como

la tísica Violetta o la delicada Cio-Cio San.

En un ambiente donde la presencia escénica

comenzaba a ganar importancia junto al virtuosismo

vocal, el peso de Callas se consideraba

un impedimento estético y un tema de

burla en los círculos operísticos. Sentía que

su físico comprometía la credibilidad dramática

de sus personajes. Esta obsesión externa,

a menudo disfrazada de “crítica constructiva”

sobre la idoneidad para el papel,

era una forma de bullying profesional que la

forzaba a confrontar su imagen en un espejo

que solo reflejaba la desaprobación.

La huella del maltrato estético

Este constante recordatorio sobre su apariencia

creó una mancha de dolor en la

vida de Maria: un talento divino atrapado

en un cuerpo que, según el juicio social, no

era digno de tal arte. En su mente se creó la

percepción de que debía cambiar su cuerpo

para que el mundo la aceptara con más facilidad.

El abuso que sufrió por su peso en

su juventud no solo la hirió, sino que definió

su intensa necesidad de control y perfección,

dejando una huella indeleble de inseguridad

bajo el brillo de “La Divina” y que la llevó a

tomar decisiones drásticas años después. RP

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texto Joel Peralta

fotos Archivos Maria Callas

La metamorfosis de la soprano:

el mito y el precio de la perfección

Su cuerpo se volvió un campo de batalla entre el arte, la exigencia y el deseo de ser amada

Hay transformaciones

que trascienden la estética

y se convierten

en símbolo, y la de Maria

Callas fue una de

ellas. “La Divina” no solo redefinió el canto

lírico del siglo XX, sino también la imagen

de la diva moderna: una mujer tan fascinante

como atormentada, poderosa en el escenario

y vulnerable fuera de él. Su metamorfosis

física, emocional y artística fue tan impactante

como su voz, y cambió para siempre la

forma en que el mundo veía a las estrellas de

la ópera.

Antes de convertirse en un ícono, era una

joven de complexión robusta, tímida y de

carácter desafiante. Su infancia estuvo

marcada por la exigencia de una madre

ambiciosa y por una relación conflictiva con

su cuerpo. Desde sus años de estudio en el

Conservatorio de Atenas, la joven Callas fue

objeto de burlas y comentarios crueles sobre

su peso, porque a pesar de poseer una voz

prodigiosa, muchos la veían solo como una

muchacha torpe, demasiado grande para

la elegancia del escenario. Esa constante

humillación sembró en ella una herida que

nunca sanaría del todo.

El cambio que lo transformó todo

En los primeros años de su carrera, fue

conocida por su talento volcánico y su físico

imponente, su potencia vocal y dramatismo

la hicieron destacar en los escenarios

italianos, pero las críticas sobre su apariencia

persistían. Sin embargo, todo cambió a

mediados de la década de 1950, cuando la

soprano inició una pérdida de peso radical,

Su historia no es solo la de

una soprano que deslumbró al

mundo, sino la de una mujer

que se reinventó a costa de sí

misma, que buscó en el arte

la redención que la realidad le

negaba.

en poco más de un año, bajó cerca de 78

libras; el cambio fue tan drástico que algunos

la describieron como una resurrección, ya

que su figura se estilizó, su rostro adquirió

una elegancia aristocrática y su presencia

escénica alcanzó un magnetismo innegable.

Esa nueva imagen redefinió no solo su

carrera, sino también su identidad, haciendo

desaparecer a la joven insegura y creando

una diva en toda regla: altiva, sofisticada

y consciente de su poder. Su estilismo, con

vestidos de Dior y joyas de Bulgari, así como

su actitud distante, construyeron el mito de la

88 RITMOPLATINUM2025


Amor, fama y soledad

Este cambio en su físico coincidió con

el auge de su fama y con el inicio de

su tormentosa relación con Aristóteles

Onassis, el magnate griego que la introdujo

en la jet set internacional, con él vivió una

pasión intensa que la alejó temporalmente

de los escenarios. Pero ese amor también

profundizó su inseguridad, pues cuando

Onassis la abandonó por Jacqueline

Kennedy, Callas volvió a enfrentarse

al rechazo y al vacío emocional que la

acompañaron desde su juventud. La diva,

adorada por el mundo, se sentía nuevamente

la muchacha rechazada de Atenas.

A medida que su salud se deterioraba y

su carrera entraba en declive, Callas se

convirtió en una figura trágica. Su voz, antaño

imponente, mostraba signos de agotamiento,

muchos atribuyeron ese deterioro a las dietas

extremas y al estrés constante. La mujer que

había conquistado al público con su perfección

escénica, terminó prisionera de ella.

Callas inalcanzable, la mujer que dominaba

tanto el escenario como los titulares. Pero

detrás de esa perfección aparente, se gestaba

un profundo desequilibrio interior.

El costo oculto: un cuerpo bajo presión

Desde testimonios de personas de su entorno

y distintos biógrafos que han hablado de

su vida, se señala que la transformación

física de Callas estuvo acompañada por

un trastorno alimenticio, probablemente

anorexia nerviosa, pero esto no es del todo

comprobable. Sin embargo, su obsesión por el

control se convirtió en un arma de doble filo.

Dejó de comer, se aisló y comenzó a

depender de una estricta disciplina que

afectó su salud y su resistencia vocal. Ella

misma reconoció, años después, que su voz

había cambiado haciéndose más ligera, más

frágil y menos poderosa.

En cada nota, en cada

silencio, se percibe la lucha

entre la divinidad que el

público adoraba y la fragilidad

que ella intentaba ocultar.

Callas no solo transformó la

ópera: transformó la manera

en que entendemos la pasión,

la entrega y el precio de la

grandeza.

La herencia de una diosa imperfecta

El decidir cambiar su cuerpo fue mucho

más que una cuestión de peso, fue el reflejo

de una época que exigía belleza y disciplina

a cualquier precio. Su vida encarna el

conflicto entre arte y cuerpo, entre talento

y autodestrucción. En su búsqueda de

aceptación, Callas se reinventó a sí misma,

pero pagó un costo altísimo.

Hoy, al recordarla, no solo admiramos su voz

única o su legado musical, sino también la

historia humana detrás del mito. Ella fue la

prueba viviente de que la divinidad del arte

puede nacer del dolor más profundo. Si bien

fue la diva de todas las divas, también es un

espejo de las heridas invisibles que deja la

obsesión por la perfección.

Su voz aún resuena en los teatros del mundo,

recordándonos que la verdadera grandeza no

radica en la apariencia, sino en la intensidad

con que alguien se atreve a vivir y a sentir

cada nota de su propia existencia. RP

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texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El sabor del control

La transformación culinaria de una diva

La dieta, los mitos y la pasión gastronómica de una diva eterna

La historia culinaria de una

de las más grandes voces del

siglo XX es tan fascinante

como su leyenda. Su relación

con la comida reflejaba

su propia vida: una lucha constante entre el

placer y la disciplina, entre la indulgencia y

la perfección. Su trayectoria puede dividirse

claramente en dos etapas: la joven con sobrepeso

que amaba los sabores intensos y la glamurosa

diva esbelta que convirtió su cuerpo

en un símbolo de control absoluto.

Durante sus primeros años de fama, su aspecto

físico distaba del ideal escénico que imperaba

en el mundo de la ópera. Sin embargo, entre

1953 y 1954 protagonizó una transformación

física radical: pasó de pesar alrededor de 100

a poco más de 50 kilos en apenas un año. Este

cambio, tan drástico como misterioso, marcó

el inicio de una nueva era en su vida.

El método exacto de su adelgazamiento se

convirtió en leyenda. Circularon rumores que

aseguraban que había recurrido a un método

extremo: ingerir una tenia para perder peso

rápidamente. Aunque siempre negó esta

versión, las especulaciones persistieron,

alimentadas por el hecho de que disfrutaba del

steak tartar, una carne cruda que puede ser

vehículo de este parásito. La historia, aunque

nunca comprobada, contribuyó a alimentar el

aura de misterio que rodeaba su figura. Más

allá de los rumores, lo cierto es que adoptó

una dieta de una severidad implacable.

Su menú se basaba en proteínas magras

(bistecs o pollo a la parrilla) acompañadas

de vegetales frescos y ensaladas. Evitaba

cualquier exceso calórico, limitándose a

pequeños bocados mientras sus invitados

degustaban banquetes completos. En cuanto

a las bebidas, rechazaba el vino y los licores,

aunque en ocasiones brindaba con champán,

al que consideraba “menos engordante”.

Paradójicamente, la mujer que se imponía

una dieta casi monástica era una verdadera

amante de la gastronomía. A pesar de su

riguroso control, sentía una pasión genuina

por la buena mesa, por cocinar y compartir.

Su chef personal y sus colecciones de

recetas revelaron que era una gourmet de

gustos refinados, especialmente atraída por

la cocina mediterránea.

Entre sus platillos predilectos figuraban los

pescados y mariscos (scampi, pulpo, bacalao

y calamares en su tinta), así como los platos

“En la mesa como en el

escenario, Maria Callas buscó

siempre el equilibrio entre el

placer y la perfección”.

tradicionales griegos como el cordero o las

hojas de parra rellenas. También apreciaba

las salsas intensas, como la peperonata

italiana, elaborada con caldo de res, tuétano

y queso parmesano, aunque solo probaba

pequeñas porciones. RP

90 RITMOPLATINUM2025


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

Recetas para no probar:

el curioso pasatiempo de Maria Callas

Una mujer de férrea disciplina encontraba placer en coleccionar platos que nunca comería,

como una forma íntima de saborear lo prohibido

M

aria Callas fue tan

conocida por su voz

como por su rigurosa

disciplina personal.

Tras perder

más de treinta kilos a mediados de los años

cincuenta, se aferró a un estilo de vida extremadamente

controlado, consciente de que

su imagen y su energía escénica dependían

de ello. Sin embargo, bajo esa férrea autodisciplina

se escondía un pasatiempo peculiar:

coleccionar recetas de cocina.

No se trataba de un simple hobby gastronómico,

sino de un ritual casi secreto. Callas

recopilaba recortes de periódicos, notas

manuscritas y libros de cocina, donde guardaba

recetas de pastas, postres, guisos y

platos de distintas tradiciones. Lo llamativo

era que muchos de esos manjares jamás

los probaba. Para ella, era “una manera de

disfrutar de forma indirecta los platos que

nunca se comería”.

El acto de coleccionar le permitía acercarse al

placer de la comida sin romper con la estricta

disciplina que la caracterizaba. Había algo

de catártico en escribir, leer y guardar esas

recetas: como si al tenerlas en papel pudiera

saborearlas con la imaginación. Tal vez en

su mundo de sacrificios, esta práctica era un

espacio íntimo de libertad, un rincón donde

podía soñar sin traicionar la imagen pública

que cultivaba.

Coleccionar recetas también refleja otra faceta

de Callas: su profundo interés por la cultura

y la estética en todas sus formas. Así como

se entregaba a la ópera con perfección, encontraba

en la cocina una manifestación artística

El acto de coleccionar le

permitía acercarse al placer

de la comida sin romper con

la estricta disciplina que la

caracterizaba.

que apreciaba intelectualmente, aunque no

físicamente. Cada plato era, para ella, una

obra, un universo de aromas y texturas que

podía imaginar, aunque no probar.

El pasatiempo tenía, además, un matiz irónico:

la soprano que fascinaba al mundo

entero con excesos dramáticos en escena,

llevaba una vida personal dominada por la

contención. En lugar de deleitarse con un

tiramisú o un plato de pasta a la carbonara,

los guardaba en un cuaderno, como trofeos

de un deseo contenido.

Ese hábito peculiar nos muestra una Callas

humana, contradictoria y entrañable. Una

mujer que transformaba incluso la renuncia

en un acto creativo. Al coleccionar recetas,

construía un puente simbólico entre lo que

deseaba y lo que se permitía, reafirmando una

vez más que todo en ella –incluso los gestos

más privados– estaba marcado por la pasión

y la disciplina. RP

RITMOPLATINUM2025 91



CA

Disfonía, desamor

y un desafortunado final

CA


texto Luisanna Carrasco

fotos Archivos Maria Callas

Su matrimonio con Meneghini

unión que la llevó a la cima

Ellos tenían una relación complicada, intensa, llena de dramatismo que se convirtió en algo tóxico

Para el año 1947, Maria Callas

era una joven estrella en ascenso,

su voz rimbombante

ya deslumbraba en los escenarios,

sus interpretaciones

se ganaban ovaciones y era reconocida. Pero

todavía le faltaba camino para convertirse en

la diva mítica de la ópera y no gozaba de la

economía que deseaba.

Con un talento desbordante, pero aún sin el

reconocimiento pleno, llegó a Italia, a Verona,

en 1947, para interpretar La Gioconda en la

Arena. Fue allí en un restaurante de Verona

donde Callas conoció al empresario italiano

Giovanni Battista Meneghini, un amante de la

música, 28 años mayor que ella y, enseguida,

quedó fascinado por la joven Maria.

Meneghini se convirtio en su benefactor, su

mecenas; el protector de Callas y su gerente.

El industrial se enamoró perdidamente de

Maria, y ella, a su vez, vio en él una figura

de protección y estabilidad que anhelaba,

llegando a decir años más tarde que había

buscado más un padre que un amante en él.

Se casaron el 21 de abril de 1949 en Verona

y enseguida Giovanni se convirtio en el

mánager de Callas y se dedicó a impulsar su

carrera, administrar contratos, patrocinios y

proyectos artísticos, lo que permitió a Callas

ascender rápidamente al circuito de teatros

de élite en Italia y luego internacionalmente.

Su gestión permitió que ella tuviera acceso a

papeles importantes, contactos con directores

destacados y temporadas exigentes.

En ese sentido, la relación funcionó como

una alianza profesional muy poderosa: él

le ofrecía estabilidad económica y recursos;

ella desplegaba su talento y carisma, lo que

reforzó la figura de “La Divina”.

Sin embargo, también se estableció un

patrón de dependencia emocional y,

posteriormente, financiera que comenzaría

a generar tensiones: Callas aceptaba las

decisiones de Meneghini en muchos casos

sin cuestionarlas, y su carrera se volvió

también su “empresa” de familia.

Pero esta relación profesional deterioró

su matrimonio y lo convirtió en algo

terriblemente complejo. Maria cargaba

con muchos traumas de infancia como la

explotación económica, los desacuerdos

entre sus padres y el rudo trato de su

madre, no le permitieron desarrollar afecto

profundo por su esposo. Meneghini le ofreció

la estabilidad, la protección y el apoyo

económico que le faltaron.

Con el paso de los años y el aumento de la

fama de Callas, emergieron tensiones que

hicieron crecer la toxicidad de la relación.

En varias cartas escritas por puño y letra

de Callas, ella acusa a su marido de haberle

robado. “Mi marido sigue molestándome

después de haberme robado más de la mitad

de mi dinero poniéndolo todo a su nombre

desde que nos casamos… Fui una tonta… al

confiar en él”.

94 RITMOPLATINUM2025


El desequilibrio, el control de Meneghini

sobre Maria, la falta de transparencia en sus

finanzas y las infidelidades fueron las semillas

del que hicieron germinar el resentimiento y

el desamor de Callas hacia su pareja que la

llevaron a dejarlo.

Aunque ella era una “Diva”, la gran cantante

mítica que había revivido un estilo único de

cantar y entonar, que nadie tenía la capacidad

vocal de practicar; Maria se sentía abrumada

y limitada, ella quería tener hijos, vivir una

vida simple sin ser siempre la gran estrella.

Esto generó conflictos con su mánager y

provocó más fisuras a la relación de ambos.

Para la década de los años 50 aparecieron

varios rumores sobre la infidelidad de

Meneghini, su trato autoritario, e incluso

su vida social paralela. La relación ya no era

solo de apoyo: era de control, dependencia

y desconfianza. Callas con Meneghini era

a menudo servil y obediente, un contraste

notorio con la imagen de diva indomable que

proyectaba en el escenario.

La relación ya no era solo

de apoyo: era de control,

dependencia y desconfianza.

Callas con Meneghini era a

menudo servil y obediente ,

un contraste notorio con la

imagen de diva indomable que

proyectaba en el escenario.

Pero tras una década de luchar con su

relación tóxica a cuestas y sus traumas

de infancia que nunca la dejaron ser feliz

plenamente, Maria decidió abandonar a

Giovanni en el 1959, luego de conocer al

magnate griego Aristóteles Onassis, en una

gala a la que fue invitada. La ruptura formal

se generó meses después.

Luego del divorcio, Callas se sumergió en una

nueva relación con Onassis, pero su carrera

estaba en un limbo, mientras Meneghini se

retiró parcialmente a su vida privada, pero

mantuvo derechos sobre grabaciones, joyas y

bienes. En subastas posteriores salieron a la

luz 63 cartas de amor de Callas a Meneghini,

entre las fechas de 1947 hasta 1950. Una

prueba de la complicada intimidad en la que

ambos coexistieron.

La toxicidad de la relación dejó huellas en

la voz, en la salud emocional y profesional

de Callas: muchos aseguran que la presión,

la sobreexplotación de repertorios, el

control de Meneghini contribuyeron a un

desgaste prematuro.

La historia entre Maria Callas y Giovanni

Battista Meneghini es, en su dramatismo,

la parábola de la artista que sube al Olimpo

gracias a alguien que actúa como mentor

y empresario, y que a la vez se convierte en

jaula. Meneghini le dio alas, pero también

ataduras. Callas triunfó, pero pagó un precio

emocional, físico y artístico por esa alianza.

En ese terreno ambiguo de protección y

dominio nació una relación que desembocó

en amor, gestión, dependencia, resentimiento

y ruptura. Y en ese vaivén, la soprano escribió

con su voz un capítulo tan intenso como sus

mejores roles. RP

RITMOPLATINUM2025 95


texto Lisbeth Calderón

fotos Archivos Maria Callas

Aristóteles Onassis

y Maria Callas

Un amor intenso, pero nunca consolidado.

Fue un vínculo que desbordó

los límites de la realidad

y se convirtió en leyenda.

Cuando Maria Callas

y Aristóteles Onassis se

conocieron a mediados de los años 50, el

destino pareció juntar a dos fuerzas de la

naturaleza: ella, la diva absoluta de la ópera;

él, el magnate más poderoso del mundo

marítimo. Ambos compartían ambición,

disciplina y un deseo de trascender, pero

también una necesidad profunda de ser

comprendidos y admirados.

Su historia, envuelta en lujo, escándalo

y melancolía, no fue simplemente un

romance, sino una tragedia moderna

que fascinó al mundo: un amor intenso,

lleno de pasión, pero nunca consolidado

en estabilidad.

El encuentro de dos mundos

Callas, en la cúspide de su carrera, fue invitada

a eventos de la alta sociedad europea,

donde conoció formalmente a Onassis, dueño

de una flota de petroleros y figura central

de la jet set internacional. Ambos eran griegos

y descendientes de familias que habían

luchado por rehacer sus vidas: ella, nacida

en Nueva York de padres inmigrantes; él,

un empresario que reconstruyó su fortuna

tras perderlo todo durante la guerra.

Se reconocieron en la ambición del otro y

en el hambre de grandeza. Como recordaría

un amigo común, “él no la miraba como

la diva del escenario, sino como una mujer

que merecía ser adorada”.

Su romance floreció a bordo del legendario

yate Christina O, navegando por las aguas

del Egeo y las costas de Capri. Allí, la soprano

y el magnate vivieron veranos intensos,

fotografiados y admirados por la prensa

internacional. En las cubiertas del yate, se

tejía una historia de amor única, marcada

por la belleza, el lujo y la intensidad de dos

personalidades extraordinarias.

Callas, acostumbrada al rigor de la ópera y a

la soledad del escenario, descubrió en Onassis

una vida distinta: lujosa, espontánea e

96 RITMOPLATINUM2025


Al principio, su relación

fue una fusión de fuerza y

deseo, pero con el tiempo se

transformó en un delicado

equilibrio entre dos egos

inmensos y dos maneras

distintas de amar: la posesiva

y la absoluta.

imprevisible. Él, por su parte, halló en ella

cualidades que el dinero no podía comprar:

sensibilidad, cultura y autenticidad. Sin

embargo, esas diferencias también serían

la semilla de su distanciamiento.

Onassis era un hombre acostumbrado a

dominarlo todo: negocios, titulares y, a veces,

a quienes lo rodeaban. Callas, en cambio,

había conquistado el mundo por su entrega

emocional y su arte. Al principio, su

relación fue una fusión de fuerza y deseo,

pero con el tiempo se transformó en un delicado

equilibrio entre dos egos inmensos y

dos maneras distintas de amar: la posesiva

y la absoluta.

Aunque Callas había comenzado a reducir

su actividad operística por problemas de

salud y exigencias profesionales, su relación

con Onassis ocupó un lugar central en

su vida. Sin embargo, en 1968, Onassis sorprendió

al mundo y a Callas al casarse con

Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente

estadounidense. Fue un golpe público y

personal que dejó huella en la soprano.

A pesar de la distancia y los cambios, su

vínculo no se extinguió del todo. Cartas

y testimonios sugieren que mantuvieron

comunicación y un afecto profundo incluso

después del matrimonio de Onassis.

Cuando el magnate enfermó en la década

de 1970, Callas lo visitó discretamente. Y

cuando Onassis murió en 1975, ella quedó

devastada. Su propia muerte, dos años

después, pareció cerrar un capítulo que

sigue resonando en la memoria colectiva.

Lo que unió a Callas y Onassis no fue únicamente

el amor, sino la forma en que se

reconocían como iguales: dos seres que

habían alcanzado los límites de sus ambiciones

y que, aun así, buscaban algo más

profundo. Ella representaba la perfección

del arte; él, el poder absoluto. Juntos construyeron

una relación donde la pasión fue

más fuerte que cualquier promesa y la intensidad

más duradera que la estabilidad.

Su historia refleja los contrastes del siglo

XX: la opulencia frente a la soledad, el éxito

frente al vacío, el mito frente a la humanidad.

Más allá de las crónicas del corazón,

su vínculo ofrece una lección sobre el precio

del amor cuando se vive a gran escala.

Décadas después, su romance sigue inspirando

libros, documentales y producciones

musicales. Representa una verdad atemporal:

algunos amores no necesitan finales

felices para ser eternos. El de Maria Callas

y Aristóteles Onassis fue así: un vínculo

intenso, lleno de pasión, entre dos almas

extraordinarias que se amaron sin llegar

a pertenecer completamente la una a la

otra. Y quizá por eso, su historia sigue viva,

como un aria suspendida que resuena más

allá del tiempo. RP

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texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El amor que la destruyó

La tragedia del triángulo

Onassis-Kennedy-La Divina

Una historia de pasión y poder que convirtió a la diva de la ópera en víctima del amor

El triángulo amoroso entre

Aristóteles Onassis,

Jacqueline Kennedy y la

gran diva de la ópera es

uno de los episodios más

comentados y trágicos del siglo XX. Fue una

historia de pasión, ambición, traición y dolor,

en la que el amor más profundo y destructivo

terminó por consumir a una de las

mujeres más admiradas de su tiempo.

El romance entre la cantante y el magnate

griego comenzó en 1959, cuando ambos estaban

aún casados. Ella vivía un matrimonio

estable con Giovanni Battista Meneghini, su

representante, mientras que él estaba unido

a Athina Livanos, madre de sus hijos. Pero

el magnetismo entre ambos fue inmediato.

La artista vio en Onassis al gran amor de

su vida: un hombre poderoso, carismático y

libre, dispuesto a ofrecerle la pasión que su

matrimonio carecía. Por él abandonó a su esposo

y gran parte de su carrera, convencida

de que estaba viviendo un amor absoluto.

Sin embargo, la relación estuvo marcada

por la desigualdad y la humillación. Onassis

era un hombre de excesos, acostumbrado

al control, que veía en la diva un

símbolo de prestigio más que una compañera

emocional. Aunque hubo momentos

de ternura y devoción, predominaban los

desplantes, los celos y las infidelidades. La

historia alcanzó un punto trágico cuando

ella quedó embarazada y él la presionó

para interrumpir el embarazo, una decisión

que dejó una herida irreparable.

En 1968, la vida de ambos cambió para

siempre. Aristóteles Onassis anunció su matrimonio

con Jacqueline Kennedy, la viuda

“No murió de un ataque al

corazón, sino del corazon

roto que le dejo el amor”.

del presidente de Estados Unidos. La ceremonia,

celebrada el 20 de octubre en la isla

privada de Skorpios, acaparó los titulares

del mundo. Para él, casarse con la “reina de

América” era la culminación de su ambición

social; para ella, un refugio tras las tragedias

que habían marcado su vida. El enlace fue

más una transacción que un romance: él obtenía

estatus político y ella seguridad.

La noticia cayó como un rayo sobre la cantante.

Se enteró por los periódicos, apenas

semanas antes de la boda. Fue una humillación

pública devastadora. Había renunciado

a su matrimonio, a su carrera y a su reputación

por un hombre que ahora la reemplazaba

con una de las figuras más admiradas

del planeta. A partir de entonces, su salud

mental y física se deterioró rápidamente. Se

refugió en su apartamento de París, evitando

los escenarios, sumida en una profunda depresión.

Dependía de pastillas para dormir y

apenas comía.

Paradójicamente, Onassis nunca logró desprenderse

del todo de ella. Aunque su matrimonio

con Jacqueline fue tenso y breve, el

magnate continuó viéndola en secreto. Muchos

de sus allegados aseguraron que, a pesar

de todo, ella fue su verdadero amor. Cuando

Onassis enfermó gravemente, pidió verla, y

ella acudió al hospital para despedirse. RP

98 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Madame Claude:

poder y misterio en las noches de París

Sus chicas no solo vendían placeres, también ilusión, elegancia y compañía al nivel del poder

La mujer que dominó la noche

parisina

París en los años 50 y 60, era

el destino perfecto para vivir

el glamour y disfrutar del

poder en los salones más exclusivos y privados

del mundo, y estos fueron el lugar donde

una mujer criada en una familia modesta se

convirtió en una leyenda: Madame Claude,

el excéntrico nombre con el que se le conocía

a Fernande Grudet, que logró erigir un imperio

secreto en el corazón de la capital francesa.

Su burdel no era un lugar común, sino

un sofisticado centro de encuentros para

diplomáticos, aristócratas, empresarios y estrellas

de Hollywood. Allí no se ofrecía solo

placer, sino una experiencia de refinamiento,

discreción y elegancia.

Se encargaba de entrenar a cada chica personalmente

y les llamaba sus filles, les enseñaba

a desenvolverse con gracia, encanto e

inteligencia ante los hombres más poderosos

de la época. Eran conocidas por vestirse

con estilo, conversar con cultura y mantener

siempre la compostura sin importar la circunstancia

en la que se encontraban. Claude

se identificaba como: “Una vendedora de

fantasías” y existen rumores –que la misma

Fernande popularizó– de que en su lista de

clientes abundaban figuras prominentes de

la época, mencionando nombres como el de

John F. Kennedy, el Sha de Irán, Gadafi y,

por supuesto, Aristóteles Onassis, el magnate

griego que conquistó y destruyó el corazón

de Maria Callas.

Onassis, Callas y el otro lado del lujo

Mientras la reconocida soprano vivía su

“Solo hay dos cosas que funcionan en la vida: la comida y el

placer. Y yo nunca fui buena para la cocina”.

amor tormentoso con Onassis, él continuaba

frecuentando los lujosos círculos que

Madame Claude controlaba con precisión y

silencio. Para Callas, enamorada y frágil, el

contraste era devastador: mientras ella se

entregaba emocionalmente, él navegaba entre

los placeres de una élite que no conocía

límites. Claude era la otra cara de la moneda

del mundo en el que vivía La Divina, pues

la Madame había creado un espacio donde

el deseo se convertía en una moneda de poder

y control, simbolizando que la sociedad

en la que vivía la soprano se notaba brillante

en apariencia, pero también podía ser

profundamente frívola y vacía.

Al llegar los años 70, Madame Claude fue

perseguida por las autoridades francesas,

se le acuso de evasión fiscal y de proxenetismo.

Huyó a los Estados Unidos, aunque

años después regresó a Francia, donde fue

encarcelada y, a pesar de su caída, el nombre

que ella misma escogió para dirigir su “negocio”

quedó grabado como un ícono de la

sofisticación corrupta de su tiempo.

Falleció en 2015, a los 92 años, sin arrepentirse

del todo de lo que había creado. Su

historia sigue siendo un espejo del poder, el

deseo y la hipocresía de una sociedad que

aplaudía en los teatros a Maria Callas mientras,

en la penumbra de París, buscaba consuelo

en los salones de Madame Claude. RP

RITMOPLATINUM2025 99


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

Entre la gloria

y el abandono

Los amores que forjaron y rompieron a Maria Callas.

En el escenario, Maria Callas

fue una diosa. Pero fuera de

él, su vida amorosa se tejió

con los mismos matices de

tragedia, entrega y vulnerabilidad

que definieron sus más grandes papeles.

Solo dos hombres marcaron realmente

su existencia: su esposo y mentor Giovanni

Battista Meneghini, y su gran amor y perdición,

Aristóteles Onassis. Entre ambos se dibuja

el arco de una mujer que amó con la misma

intensidad con la que interpretó a Tosca o

Norma: sin reservas, hasta el sacrificio.

Cuando conoció a Giovanni Battista

Meneghini, Callas era una joven soprano

tratando de abrirse paso en el exigente mundo

de la ópera italiana. Él, un industrial rico,

treinta años mayor, vio en ella no solo talento,

sino una joya por pulir. Se convirtió en

su esposo, su representante y su protector.

Dejó sus negocios para dedicarse a su carrera,

negociando contratos, asegurando presentaciones

y construyendo, piedra a piedra,

el mito de La Callas.

Maria solía decir que Meneghini fue el primero

que realmente la comprendió. Le ofreció

estabilidad, respeto y admiración, pero

no pasión. La suya fue una relación más paternal

que romántica. Sin embargo, fue también

la base sobre la que se levantó su gloria.

Todo cambió en 1959, cuando Callas conoció

al magnate griego Aristóteles Onassis. En un

instante, la diva abandonó al marido que la

había hecho inmortal, y con él, la seguridad

que tanto le había costado construir.

Con Onassis, Callas vivió una historia de

amor arrebatada, sensual y devastadora.

Su romance comenzó durante un crucero a

“Maria Callas vivió el amor

como una ópera: con la

grandeza de una diosa y

la fragilidad de una mujer

dispuesta a perderlo todo

por sentir”.

bordo del yate Christina, donde nació una relación

marcada por la fascinación mutua y el

desequilibrio emocional. Ella lo amó con un

fervor absoluto; él, con la frialdad de quien se

sabía irresistible. Por él, Maria sacrificó contratos,

amistades y parte de su carrera. Cambió

su cuerpo, adelgazó drásticamente y se

moldeó a la imagen del hombre que amaba,

solo para descubrir que nunca sería suficiente.

Las versiones sobre un hijo perdido –ya fuera

un aborto forzado o un bebé que murió

poco después de nacer– alimentan la leyenda

de su sufrimiento. Pero la herida más visible

llegó en 1968, cuando Onassis se casó

con Jacqueline Kennedy. Callas se enteró por

la prensa. Nunca se recuperó de esa traición.

Aunque él continuó viéndola en secreto durante

años, el vínculo se transformó en una

sombra melancólica de lo que fue.

En esos años oscuros, Callas encontró consuelo

en la amistad del cineasta Pier Paolo

Pasolini, quien le ofreció una nueva voz en

el cine con Medea (1969). Entre ambos surgió

una relación de profunda complicidad y

ternura, marcada por el respeto y la empatía.

Fue, quizás, el único vínculo desinteresado

que tuvo en sus últimos años.

Cuando Onassis murió en 1975, algo en

Callas se apagó definitivamente. Dos años

después, la mujer que había conmovido al

mundo con su voz murió sola en su apartamento

de París, con apenas 53 años. Maria

Callas fue, al final, la encarnación viva de sus

heroínas trágicas: una mujer que amó demasiado,

que lo dio todo, y que encontró en el

amor la más dolorosa de sus arias. RP

100 RITMOPLATINUM2025


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

El eco de

una maternidad imposible

Entre la voz y el silencio: los hijos que Maria Callas nunca tuvo

La vida de Maria Callas estuvo

marcada por una pasión

desbordante hacia la música,

pero también por una

profunda soledad. Aunque

fue una mujer de amores intensos y contradictorios,

lo cierto es que nunca tuvo hijos, y

ese hecho ha generado décadas de especulación

entre biógrafos y admiradores. Las razones

parecen entrelazarse entre lo emocional,

lo físico y lo simbólico, conformando un

retrato de la artista más allá del escenario.

Algunos sostienen que su matrimonio con

Giovanni Battista Meneghini, más una relación

de conveniencia y apoyo profesional

que una unión amorosa, no dio pie a

una vida familiar. Meneghini la veía como

un proyecto que debía pulir, una joya que

brillaba más por su disciplina que por su

felicidad. Otros aseguran que, con Aristóteles

Onassis, el gran amor y tormento de su

vida, Callas llegó a soñar con la maternidad.

Algunos rumores incluso afirman que dio

a luz a un hijo secreto en 1960, que murió

poco después, aunque nunca hubo pruebas

fehacientes de ello.

Lo cierto es que Callas, con su perfeccionismo

casi cruel, no se permitía distracciones.

La maternidad, en su mente, podía representar

un obstáculo para el dominio absoluto

de su arte. Vivía por y para la ópera, y en

esa devoción quemó toda posibilidad de vida

personal estable. Sin embargo, quienes la conocieron

íntimamente contaron que, en los

últimos años, solía hablar con ternura de los

hijos que no tuvo, como si imaginara vidas

paralelas en las que su voz no hubiese sido el

centro de todo.

Algunos rumores incluso

afirman que dio a luz a un hijo

secreto en 1960.

Quizá en cada heroína trágica que interpretó

–Tosca, Norma, Medea– Callas encontró una

forma de sublimar esa ausencia. Su arte se

convirtió en una maternidad simbólica: en

lugar de hijos, dejó interpretaciones que siguen

vivas, respirando emoción y vulnerabilidad.

En esa entrega absoluta, Maria Callas

fue madre de un legado que, como un hijo

inmortal, jamás dejará de crecer. RP

RITMOPLATINUM2025 101


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

Cuando la prensa comenzó

a inmiscuirse en su vida personal

El asedio de los paparazzi convirtió en espectáculo público su vida privada

La transformación de Maria a

“La Gran Diva”, cuando pasó

de ser una simple artista que

canta ópera a “La Callas”, trajo

consigo varias consecuencias,

esto fue el reconocimiento de la prensa. Ya en los

inicios de los 50 era reconocida mundialmente;

la prensa empezó entonces a interesarse no solo

por su voz, sus papeles, sus actuaciones, sino por

su cuerpo, su dieta, su peso, su vida privada.

Hacia mediados de los años 50, las turbulencias

en la vida de Maria ya habían comenzado, los

rumores de cancelaciones de sus funciones

debido a problemas de salud, las tensiones

contractuales y demás problemas hicieron de ella

una figura mediática en los diarios.

La revista Times, en 1956, catalogó a Callas como

una “diva implacable”, que alimentó la idea de su

carácter difícil. Pronto los comentarios sobre sus

dietas extremas, su pérdida de peso exorbitante y

los cambios físicos pronto ocupaban los titulares

de los periódicos y revistas de entretenimiento,

antes que cualquier hazaña o evento operístico.

El cambio físico de Callas, específicamente su

pérdida de peso de manera rápida y su delgadez

extrema, se convirtió en el tema favorito de la

prensa: se hablaba de su “antes y después”, de su

estética de diva, más que de su voz. Esto la puso

en una doble trampa, ya que su imagen generaba

más contenido qué su arte. El caldo de cultivo de

los chismes ocurrió cuando estalló el escándalo

de la ruptura de su matrimonio con Meneghini

y su romance con Onassis, las cancelaciones de

las funciones y su abandono de una función de

Norma en Roma en enero de 1958 que generó

críticas, fueron titulares de revistas y un terrible

escándalo mediático.

La prensa pronto dejó de ver a Callas como

una artista y empezó a verla como un show

mediático en sí misma, con vida privada,

imagen, cuerpo, y cada uno de esos elementos

era susceptible de noticia. Cuando Callas

comenzó a tener problemas vocales, la prensa lo

vinculó con “excesos”, “divismo”, “dieta extrema”,

“vida privada turbulenta”. La interpretación

artística fue menos vista como producto de su

talento que como reflejo de su vida personal

desregulada. A pesar de que Maria se mostraba

como una artista disciplinada, impecable y con

mucho dramatismo, su reputación siempre

fue impecable, hasta que la prensa empezó

a exponer todos sus problemas, entonces la

percepción pública cambió: ya no solo era “La

Divina” que dominaba el escenario, sino una

mujer vulnerable, expuesta, objeto de cotilleo.

Esto minó su control sobre su propia imagen.

El escrutinio constante sumó “ruido” al trabajo

artístico. Sus relaciones personales, sus dietas,

sus crisis se hicieron públicas, generando estrés

extra. La creación de un “personaje-diva” por la

prensa la aisló. Cuando la vida privada se hace

pública, queda poco espacio para lo íntimo;

algunos testimonios dicen que Callas se volvió

recelosa, se retiró, se encerró en su apartamento

en París. El peso del ojo público y del “qué dirán”

la afectó emocionalmente: la diva que cantaba

para multitudes se encontró sin el abrigo de la

intimidad. El precio que pagó Maria Callas por

ser “diva” no fue solo físico o vocal: fue mediático

y emocional. La prensa, con sus flashes, titulares,

escándalos, le robó parte de su privacidad, formó

su mito y a la vez su caída. Ella, cuya voz

dominaba teatros, no pudo controlar el mundo

que la miraba más allá del escenario. soprano

se volvió personaje y mercancía, la carga se

tornó insoportable. RP

102 RITMOPLATINUM2025


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

El Silencio de la Divina

El lento ocaso de Maria Callas

El deterioro de la voz y del

espíritu de Maria Callas

fue un proceso entrelazado,

gradual y profundamente

trágico. La artista que revolucionó

la ópera con su magnetismo y su intensidad

interpretativa comenzó, a mediados

de los años sesenta, a perder su instrumento

más preciado: una voz que parecía contener

todas las pasiones humanas. Detrás de

esa pérdida se ocultan causas médicas, exigencias

profesionales extremas y un drama

personal que consumió su energía vital.

El misterio de su apagamiento vocal ha

sido objeto de debate durante décadas. Las

teorías más recientes señalan una causa

médica concreta: la dermatomiositis, una

enfermedad autoinmune que debilita

los músculos y afecta la coordinación.

Según los foniatras italianos Franco Fussi

y Gaetano Paolillo, esta dolencia habría

comprometido los músculos de la laringe,

el diafragma y el pecho, explicando

así la pérdida de potencia y el temblor

perceptible en sus últimos registros. La

enfermedad, tratada con corticoides e

inmunosupresores, podría incluso haber

contribuido al fallo cardíaco que terminó

con su vida en 1977, a los 53 años.

Pero antes de que la ciencia intentara explicar

su declive, existían teorías más tradicionales.

Una de las más citadas se refiere a su pérdida

extrema de peso: entre 1953 y 1954, Callas

adelgazó más de 35 kilos para adaptarse a

una imagen más escénica y glamorosa. Ese

cambio físico, que transformó su figura en un

ícono de elegancia, alteró también el soporte

respiratorio y la mecánica de su voz. A ello

se sumó el repertorio extenuante que abordó,

abarcando roles de soprano dramática,

lírica y de coloratura, un desafío técnico

casi inhumano que acabó desgastando su

instrumento.

La propia Callas, sin embargo, atribuía su

crisis a un motivo más íntimo: “Mi voz está

bien, son mis nervios los que no lo están”,

confesó alguna vez. La tensión emocional, la

presión constante y el miedo a decepcionarse

a sí misma fueron erosionando su confianza.

Lo que comenzó como un conflicto técnico,

terminó siendo un tormento psicológico.

El derrumbe emocional acompañó a la

pérdida vocal. Su relación con Aristóteles

Onassis, marcada por la pasión y la

dependencia, fue el eje de su inestabilidad.

Mientras su carrera sufría altibajos, Callas

buscaba en él un amor que la completara

como mujer, no como diva. Cuando el

magnate la abandonó para casarse con

Jacqueline Kennedy en 1968, su mundo

interior se desplomó. La humillación pública

y la traición afectiva la sumieron en una

depresión profunda.

Tras la muerte de Onassis en 1975, Callas se

retiró casi por completo de la vida pública,

recluyéndose en su apartamento parisino.

Su salud se deterioró, su ánimo se apagó y su

dependencia de sedantes como el Mandrax

la aisló aún más. Había perdido su voz, su

amor y su propósito. Maria Callas murió

oficialmente de un ataque cardíaco, pero

muchos consideran que su verdadero final

fue el resultado de una combinación fatal:

una enfermedad que silenció su canto y un

corazón roto que apagó su voluntad de vivir.

Así, “La Divina” se convirtió en su propio

personaje trágico: una Medea de la vida real,

vencida no por la falta de talento, sino por el

peso de su humanidad. RP

RITMOPLATINUM2025 103


texto Ismalay Liranzo

foto Archivos Maria Callas

Maria Callas

y el precio de un amor imposible

La nacionalidad que cambió su destino

En 1966, Maria Callas tomó

una decisión que sorprendió

al mundo: renunció a su

ciudadanía estadounidense

para adoptar oficialmente

la nacionalidad griega. Aunque el gesto parecía

un acto de orgullo patriótico, en realidad

respondía a una motivación profundamente

personal y legal, ligada al amor que marcó y

devastó su vida: Aristóteles Onassis.

Callas había nacido en Nueva York en 1923,

hija de inmigrantes griegos. Su talento prodigioso

la llevó a convertirse en la soprano

más célebre de su tiempo, pero también en

una figura envuelta en pasiones intensas y

dramas públicos. En 1949, se casó en Verona

con Giovanni Battista Meneghini, un empresario

italiano que la apoyó en sus primeros

años de carrera. Durante más de una década,

él fue su representante y compañero,

aunque su relación fue más de conveniencia

y protección que de amor.

Todo cambió en 1959, cuando Callas conoció

al magnate griego Aristóteles Onassis. Su encuentro

fue el inicio de una historia tan apasionada

como tormentosa. Ella, en la cima de

la fama, y él, uno de los hombres más ricos

y poderosos del mundo, formaban una pareja

que fascinaba a la prensa y al público. Sin

embargo, su amor se vio desde el principio

empañado por un obstáculo legal insalvable:

Callas seguía casada con Meneghini, y en Italia

donde se había celebrado el matrimonio,

el divorcio era ilegal en aquella época.

Desesperada por romper sus lazos con

Meneghini y con la esperanza de poder

casarse con Onassis, Callas buscó asesoría

legal. Sus abogados encontraron una salida:

si renunciaba a su ciudadanía estadounidense

y recuperaba la nacionalidad

griega de sus padres, su matrimonio con

Meneghini podría considerarse nulo según

las leyes griegas, ya que no había sido

registrado en Grecia. En otras palabras, al

convertirse legalmente en ciudadana griega,

el matrimonio celebrado únicamente

bajo la ley italiana se volvería “inexistente”

a los ojos del Estado griego.

Así, en 1966, Maria Callas renunció oficialmente

a su pasaporte estadounidense y se

nacionalizó griega. Con ello consiguió, al

menos en el papel, la anulación de su matrimonio.

Era un gesto extremo, una renuncia

a su país natal y a una parte de su identidad,

hecho con la esperanza de comenzar una

nueva vida junto a Onassis.

Pero el destino no correspondió a su sacrificio.

“Por amor, Maria Callas no

solo renunció a su pasaporte,

sino a una parte de sí misma;

creyó ganar libertad y

terminó priosionera de una

promesa rota”.

A pesar de la anulación, Onassis nunca cumplió

su promesa de matrimonio. En 1968, la

soprano recibió el golpe más humillante: el

magnate se casó con Jacqueline Kennedy,

viuda del expresidente de Estados Unidos.

La decisión de Callas, que en su momento se

interpretó como un acto de amor romántico y

nacionalista, terminó siendo el símbolo de su

entrega absoluta. Renunció a su ciudadanía,

a su seguridad legal y, en cierto modo, a sí

misma, por un amor que terminó en traición.

Paradójicamente, aquel gesto que buscaba

liberarla la dejó más sola que nunca.

Maria Callas murió una década después,

en París, como ciudadana griega, pero con

el corazón de una mujer que había perdido

todo por amor. Su renuncia no fue solo política

ni jurídica: fue, ante todo, el último

acto de una tragedia moderna, escrita con la

voz de “La Divina” y sellada por el silencio

del desengaño. RP

104 RITMOPLATINUM2025


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

La Divina: el último canto

Noviembre de 1974

El concierto formó parte de la desastrosa gira junto con Di Stefano en el frío escenario de Sapporo en Japón

En la fría noche del 11 de noviembre

de 1974, Sapporo,

la ciudad nipona del norte

que olía a nieve y silencio, se

convirtió, sin saberlo, en la

última morada sonora de una leyenda. Maria

Callas, “La Divina”, subió una vez más al escenario,

envuelta en seda y en destino, para cantar

frente a un público que apenas imaginaba

estar asistiendo a la despedida definitiva de la

más fascinante de las sopranos del siglo XX.

El escenario elegido fue el Hokkaidō Kōsei

Nenkin Kaikan, un auditorio modesto

comparado con los templos que antes habían

recibido a Callas: La Scala, el Metropolitan,

Covent Garden. Esa lejanía de los grandes

epicentros operísticos, ese rincón remoto

del mapa, hace que el episodio adquiera un

tono casi literario, una metáfora exacta del

Los testigos de la gira, iniciada

junto a Di Stefano en 1973,

coinciden en que Callas ya no

buscaba la perfección técnica.

final: una mujer que había poseído el mundo,

cerrando su historia en un punto frío, distante,

donde la fama parecía ya un eco.

Acompañada por su antiguo compañero

artístico y cómplice, el tenor Giuseppe Di

Stefano, Callas interpretó fragmentos de

I vespri siciliani, Carmen, La Gioconda y

Cavalleria rusticana. Era un repertorio que

condensaba su propio mito: la mujer ardiente,

la heroína trágica, la amante desbordada. Sin

embargo, esa noche no fue solo un recital de

ópera, sino un acto de exorcismo. El canto de

Callas, quebrado pero aún luminoso, vibraba

con una intensidad que nacía del límite

mismo: la frontera entre la voz y el silencio,

entre el cuerpo y el recuerdo.

Los testigos de la gira, iniciada junto a Di

Stefano en 1973, coinciden en que Callas ya

no buscaba la perfección técnica. Sabía que

su instrumento, otrora celestial, había sido

herido por los años, las dietas, la soledad y la

nostalgia. Pero lo que había perdido en pureza,

lo ganaba en desnudez. Era una Callas sin

artificio, una Medea sin teatro, ofreciendo al

público su verdad final. “Tomorrow’s the last

one”, habría dicho, como si su garganta, más

sabia que su mente, presintiera el adiós.

Esa noche, en Sapporo, el público no vio a

una diva en decadencia, sino a una artista en

epifanía. Su voz ya no diamantina, sino terrosa,

humana seguía siendo un río de emociones.

En la “Habanera” de Carmen, la sensualidad

era reemplazada por un dejo de melancolía, un

amor ya vivido, ya perdido. En los pasajes de

Cavalleria rusticana, se adivinaba el eco de su

propio duelo interior. Fue, en suma, la última

función de una tragedia personal que había

durado décadas.

Hay algo profundamente simbólico en que

su último concierto tuviera lugar tan lejos

de Europa, en un archipiélago que para ella

debía parecer otro planeta. Japón, con su

culto al silencio, al gesto medido, al ritual,

ofrecía el escenario perfecto para un final sin

estridencias. En Sapporo no hubo escándalo,

ni multitudes frenéticas, ni prensa invasiva.

Solo un público respetuoso, un escenario frío,

y una mujer que, al terminar, se inclinó con la

elegancia de quien acepta el destino. RP

RITMOPLATINUM2025 105


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

Las últimas palabras

de una leyenda

La entrevista de 1977 con Philippe Caloni: un adiós velado entre confesiones y silencios

En 1977, apenas unos meses

antes de su muerte, Maria

Callas concedió su última

entrevista formal al periodista

francés Philippe

Caloni. Fue un encuentro íntimo, casi melancólico,

transmitido en televisión con una

atmósfera de confesión contenida. La voz que

alguna vez estremeció al mundo sonaba más

suave, como si hablara desde el recuerdo.

Durante la conversación, Callas evitó los escándalos

y las preguntas sobre Onassis, fallecido

dos años antes. En cambio, reflexionó

sobre el arte, la disciplina y el peso de la

fama. “El público me hizo una diosa –dijo–

pero olvidó que debajo de esa voz había una

mujer que también se cansa”. Su sinceridad

impactó a los televidentes: por primera vez,

La Divina dejaba entrever las grietas de su

propia mitología.

Más allá del retrato de una

artista agotada, reveló a una

mujer consciente de su legado

y en paz con su destino.

En los gestos medidos y la

mirada serena, había algo de

despedida anticipada.

Caloni, hábil y empático, la llevó a hablar de

sus inicios, de su amor por Puccini y de su

respeto absoluto por la música como lenguaje

moral. Callas se mostraba lúcida, sensible,

incluso nostálgica. Dijo que ya no pensaba

en volver al escenario: “He dado todo. Lo que

queda ahora es silencio, y el silencio también

tiene música”.

La entrevista se convirtió en un documento

invaluable. Más allá del retrato de una artista

agotada, reveló a una mujer consciente de

su legado y en paz con su destino. En los gestos

medidos y la mirada serena, había algo

de despedida anticipada.

Menos de un año después, el 16 de septiembre

de 1977, Maria Callas moría sola en su

departamento de la avenida Georges-Mandel,

en París. Esa última conversación con

Caloni quedó como un eco final: una confesión

a media voz que selló el fin de la mayor

soprano del siglo XX. RP

106 RITMOPLATINUM2025


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

La diva rota

Su lucha contra la depresion y el insomnio

Los medicamentos que tomaba la llevaron a distorsionar su realidad

Maria entablaba

conversaciones durante horas

con “alguien” en su salón, y

actuaba como si una cámara la

enfocara.

La Divina, con su voz que parecía

brotar del dolor y la

tragedia, no estuvo exenta

de caer en el consumo de

medicamentos. Maria Callas

se convirtió en una asidua a los sedantes, pastillas

para dormir y calmante para apaciguar

sus nervios. Estos medicamentos recetados

por doctores, eran sus fieles compañeros en las

noches parisinas. Entre los medicamentos que

tomaba, figura uno que la llevó a padecer alteraciones

de la realidad y alucinaciones: la metaculona,

que era un sedante hipnótico utilizado

en los años 60 y 70 para tratar el insomnio.

En Estados Unidos era conocido como Quaalude,

combinado a veces con antihistamínicos

sedantes; fue retirado del mercado años más

tarde por ser adictivo y riesgos de sobredosis.

Callas abusaba de este medicamento,

principalmente por sus problemas para

conciliar el sueño, al igual que sus angustias

y ansiedad causada por los terribles abusos

de la prensa y los paparazzi que la abordaban

donde quiera que se movia. En varias de

sus biografias y escritos de su vida relatan

que Maria tomaba varios medicamentos,

barbitúricos y ansiolíticos, a finales de sus años

de vida, muchos aseguran que la ilustre artista

recurría a la sedación regular para luchar

contra el insomnio, la ansiedad y la depresión.

Esto pudo ser la principal causa del deterioro

de su voz y el declive físico. Los sedantes

ofrecían alivio, pero también erosionan la

nitidez técnica que exige la ópera. Maria ya no

cantaba, había perdido contacto con muchos

de sus supuestos amigos, y el abandono de

Aristóteles Onassis la dejó emocionalmente

devastada... totalmente quebrada.

Su ama de llaves, Bruna Lupoli, y algunos

visitantes cercanos describieron a Callas

como una mujer que “conversaba sola”, que

a veces respondía a voces que nadie más

oía. Estas declaraciones, aunque discretas,

aparecen citadas en biografías como Maria

Callas: The Woman Behind the Legend de

Arianna Stassinopoulos Huffington (1981),

donde se menciona que Callas “revivía

entrevistas imaginarias” y hablaba a un

interlocutor invisible sobre su carrera y sus

amores perdidos. Esto desencadenó una de

las alucinaciones más terribles, donde se dice

que Callas “dio una entrevista” sin periodista

presente, recreando una conversación con una

figura ficticia, un entrevistador que solo ella

veía, y al cual denominó Mandrax, en alusión al

fármaco que probablemente desencadenó sus

alucinaciones. Aunque no existe grabación ni

registro oficial de esa entrevista, las personas

que la vieron en sus últimos días, aquellos

que estuvieron cerca de la gran diva contaron

que Maria entablaba conversaciones durante

horas con “alguien” en su salón, y actuaba

como si una cámara la enfocara.

En esa conversación delirante Callas hablaba

de su vida: su infancia en Nueva York,

sus amores con Meneghini y Onassis, y su

nostalgia del escenario. Es decir, la “entrevista”

funcionaba como un monólogo frente al vacío,

una confesión tardía a sí misma.

Pero Mandrax y sus entrevistas no era lo

único que la atormentaba, también estaba

Meneghini, quién a pesar de haberse separado

hace mucho tiempo, ella seguía imaginando

en su apartamento del número 36 de la avenue

Georges-Mandel en París. RP

RITMOPLATINUM2025 107


que parecía escuchar algo que solo ella podía

oír”, confesó una vez.

Ambos vivieron junto a Callas su rutina de

aislamiento, entre partituras, cartas y grabaciones

que repasaba como si quisiera capturar

el tiempo. Cuando los amigos y amantes

desaparecieron (cuando Aristóteles Onassis

ya pertenecía al pasado), ellos permanecieron.

Eran quienes abrían las puertas a los

pocos visitantes, quienes respondían a las

llamadas, quienes mantenían el orden en

una casa que respiraba pasado.

El 16 de septiembre de 1977, Ferruccio y

Bruna fueron los primeros en descubrir

que algo andaba mal. Aquella mañana, Catexto

Maria Amelia Cerón Victoria

fotos Archivos Maria Callas

Los guardianes del último acto

Ferruccio Mezzadri y Bruna Lupoli: los testigos silenciosos del final de Maria Callas

Cuando el brillo del escenario

se apagó y los aplausos

quedaron atrás, Maria

Callas eligió la soledad de

su apartamento en la Avenue

Georges Mandel, en París, para vivir sus

últimos años. Ya no era “La Divina” que dominaba

los teatros del mundo, sino una mujer

silenciosa, introspectiva y nostálgica. En

ese espacio íntimo, solo dos personas conocían

de cerca la vida cotidiana de la soprano:

su mayordomo Ferruccio Mezzadri y su ama

de llaves Bruna Lupoli. Ellos se convirtieron

en los testigos silenciosos de su última década,

guardando no solo secretos, sino también

ternura, disciplina y lealtad.

Ferruccio Mezzadri, de origen italiano, había

llegado a servir a Callas con una devoción

que rozaba la entrega total. Era quien

la acompañaba en sus paseos por el Bois de

Boulogne, quien organizaba sus medicamentos

y quien, muchas veces, la ayudaba a

repasar viejas partituras aunque la soprano

ya no tuviera intenciones de volver al escenario.

Era meticuloso, reservado y profundamente

respetuoso del espacio de Callas.

Se decía que hablaban poco, pero se entendían

con la mirada, como si entre ambos

existiera un código tácito de comprensión

mutua: el silencio.

Bruna Lupoli, por su parte, aportaba el calor

doméstico que tanto necesitaba una mujer

marcada por la disciplina y la exigencia. Proveniente

de Nápoles, Bruna era alegre, protectora

y fiel. Preparaba sus comidas, organizaba

sus pertenencias, y era una de las pocas

personas que se atrevían a bromear con ella.

En entrevistas posteriores, Lupoli describió

a Callas como una mujer que alternaba entre

momentos de dulce nostalgia y repentinos

silencios melancólicos. “Había días en los

Hoy, el legado de Ferruccio

y Bruna trasciende su rol

doméstico. Fueron, sin

pretenderlo, los últimos

guardianes de la artista

y de la mujer.

108 RITMOPLATINUM2025


llas no salió de su habitación. Tocaron

a la puerta, esperaron, y finalmente

entraron. La encontraron inmóvil, recostada,

con una serenidad casi teatral,

como si incluso en su último acto hubiese

querido mantener la elegancia

que la caracterizaba.

Murió a los 53 años, y Ferruccio Mezzadri

fue quien llamó a los médicos y

notificó a las autoridades. Desde ese

instante, su vida cambió: se convirtió

en el custodio de los últimos recuerdos

de Maria Callas.

Ferruccio continuó viviendo en París algunos

años más, manteniendo un perfil

bajo, aunque siempre dispuesto a hablar

de “la Signora” con respeto y cariño.

Bruna Lupoli, por su parte, regresó a

Italia y dedicó parte de su vida a preservar

la memoria de Callas, relatando pequeños

fragmentos de su cotidianidad.

Gracias a ellos se conocieron detalles íntimos,

como el gusto de Callas por escuchar

sus grabaciones antiguas, su hábito

de releer cartas pasadas o su amor por

los perfumes intensos.

Hoy, el legado de Ferruccio y Bruna

trasciende su rol doméstico. Fueron, sin

pretenderlo, los últimos guardianes de

la artista y de la mujer. En sus memorias

y testimonios se siente una mezcla

de respeto y cariño genuino, un reconocimiento

silencioso hacia quien fue mucho

más que una voz: fue una presencia

imponente incluso en la fragilidad.

Cuando se habla del final de Callas, se

suele mencionar la soledad, pero pocas

veces se recuerda que esa soledad fue

compartida. Ferruccio Mezzadri y Bruna

Lupoli fueron los custodios de su último

acto, los guardianes de su silencio,

los testigos de que incluso una diva necesita,

al final, algo tan simple y profundo

como compañía. RP

RITMOPLATINUM2025 109


texto Luisanna Carrasco

fotos Archivos Maria Callas

La muerte de Maria Callas:

¿Infarto o suicidio en su apartamento de París?

La diosa y el mito apagó su luz cantando

El 16 de septiembre de

1977 el mundo perdió a

La Divina, Maria Callas o

Maria Anna Cecilia Sofía

Kalogeropoulos cerró sus

ojos y calló su voz para siempre. Callas murió

en su departamento de la Avenue Georges-Mandel,

en París, un terrible viernes

para el arte.

Ese día no solo se apagó una vida; fue el fin

del mito viviente, el cierre de una ópera que

nadie había escrito, pero que ella interpretó

hasta su último suspiro. La causa oficial fue

un infarto cardíaco, pero desde entonces, las

dudas y los rumores se enredan como notas

suspendidas en el aire.

En torno a su deceso, enseguida empezaron

las especulaciones: ¿Fue el corazón, ese

órgano fatigado por el exceso de emociones

quien la traicionó y dejó de funcionar? ¿O

fue el alma quien decidió dejar de resistir?

Callas, que había vivido la pasión en su forma

más extrema, se hallaba por entonces en el

ocaso. Retirada de los escenarios, aislada

en un departamento silencioso, rodeada de

discos, fotografías y recuerdos que parecían

más vivos que ella misma. Su voz, otrora

volcánica, se había ido consumiendo poco a

poco, víctima de enfermedades autoinmunes,

dietas rigurosas y del propio rigor con el que

se exigía ser perfecta.

Aquel 16 de septiembre, la Divina se despertó

temprano, pidió un café, intercambió algunas

palabras con su mayordomo y, poco después,

se derrumbó en su habitación. Su cuerpo fue

hallado sobre la cama, el rostro sereno, el

110 RITMOPLATINUM2025


silencio absoluto. El diagnóstico médico fue

rápido: infarto fulminante. Sin embargo, la

ausencia de una autopsia y la cremación casi

inmediata del cuerpo despertaron sospechas.

¿Por qué tanta prisa? ¿Qué querían ocultar?

Los amigos más cercanos a Callas contaron

que, en los meses previos, la soprano se

hallaba profundamente deprimida. Había

perdido a Aristóteles Onassis, el hombre que

amó con una devoción trágica, y la sensación

de abandono la devoraba. Ya no actuaba, no

grababa, no viajaba. Se mantenía recluida,

a veces dormitando bajo los efectos de los

tranquilizantes. En las últimas entrevistas

se le percibía cansada, vulnerable, prisionera

de su pasado glorioso. “Me siento como una

sombra”, dijo alguna vez.

Las hipótesis que nunca callaron

Existen documentos médicos que

sustentan la versión oficial de su causa de

muerte: un infarto. Algunos especialistas,

como los doctores Fussi y Paolillo,

sostuvieron, años después, que Callas

sufría de dermatomiositis, una enfermedad

autoinmune degenerativa que afecta los

músculos y pudo haber comprometido

también su corazón. Los medicamentos

que tomaba, entre ellos, corticoides e

inmunosupresores, pudieron precipitar

la falla cardíaca. Pero otros biógrafos y

allegados sospechan que Callas pudo haberse

quitado la vida. No existe evidencia directa,

pero el contexto emocional, la ingesta de

fármacos y su progresivo aislamiento lo

hacen plausible. El artículo The Story of

a Voice, publicado en The New Yorker, se

atreve a afirmar que “Callas probablemente

se suicidó”, alimentando así la versión de que

su muerte fue un acto deliberado, una última

decisión artística en un mundo que ya no le

ofrecía escenario.

El director Franco Zeffirelli fue más lejos: en

una entrevista, insinuó que Maria Callas pudo

haber sido envenenada por alguien de su

entorno. “No murió de tristeza, la mataron”,

dijo con teatralidad. Aunque nunca presentó

Maria Callas no murió solo

de enfermedad o tristeza;

murió de intensidad. Murió

de haberlo dado todo. En

su último día, París se volvió

escenario y el mundo, público

invisible.

pruebas, su afirmación avivó la llama de la

sospecha. Y así, entre las versiones médicas,

los rumores sentimentales y las teorías

conspirativas, la muerte de Callas quedó

suspendida en el mismo tono ambiguo y

trágico que caracterizó su vida.

El canto final

La Divina tuvo una muerte poética, trágica y

triste, pero tan dramática como lo fue su vida:

ella murió cantando. No en un teatro, sino en

la intimidad de su apartamento, escuchando

sus propias grabaciones. Su mayordomo,

fiel compañero de la artista esos últimos

días, manifestó que, esa mañana, ella había

puesto en el tocadiscos el aria de Tosca que

más amaba: “Vissi d’arte, vissi d’amore”. Viví

del arte, viví del amor. La canción se repitió

una y otra vez, como si fuera un presagio.

Cuando la voz grabada llegó al clímax, Maria,

la mujer real, exhaló su último aliento. Era

como si las notas se le escaparan del pecho

y se disolvieran con ella. Murió sola, sin

aplausos, sin testigos. Pero su muerte fue,

en cierto modo, una última representación.

Un acto perfectamente callasiano: trágico,

sublime, absoluto. Su cuerpo, tan frágil como

la porcelana, se convirtió en ceniza, y sus

restos fueron esparcidos sobre el mar Egeo,

cumpliendo su deseo.

Una muerte a la altura de su leyenda

El mito necesita un final acorde con su

grandeza. Por eso, la muerte de Maria Callas

no podía ser simple. La historia del infarto

suena clínica, prosaica, pero la del suicidio,

o la del envenenamiento, elevan su figura a

la categoría de tragedia griega. La diva que

interpretó a Medea, a Norma, a Tosca, no

podía morir sin drama. Y acaso esa fue su

última victoria: transformar la muerte en

arte, el silencio en una nota suspendida.

Maria Callas no murió solo de enfermedad

o tristeza; murió de intensidad. Murió de

haberlo dado todo. En su último día, París

se volvió escenario y el mundo, público

invisible. Mientras su voz seguía resonando

en el tocadiscos, se marchó con la dignidad

de una reina sin trono. RP

RITMOPLATINUM2025 111



CA

La leyenda

viva de la ópera

CA


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

Cartas no vistas:

las misivas inéditas de Maria Callas

Entre lo público y lo íntimo: lo que Callas revelaba en correspondencias que hasta

hace poco dormían en archivos

Se ha hablado de “cartas inéditas”

de Maria Callas que permanecían

guardadas en colecciones

académicas o archivos

privados, algunas de ellas asociadas

con instituciones como la Universidad

de Stanford, pero hasta ahora no hay evidencia

confirmada que Stanford posea un archivo

público conocido con un volumen grande

de material de Callas accesible al público,

salvo lo que aparece en subastas, estudios de

biógrafos, o quienes investigan su vida.

Lo que sí se sabe con certeza es que se han

hallado cartas autógrafas de Callas que no

habían sido divulgadas anteriormente, y que

estas cartas muestran facetas muy humanas

de la soprano: sus tensiones con Meneghini,

su frustración con la prensa, su relación

con la familia, con maestros y con el mundo

institucional de la ópera.

Por ejemplo, existe un conjunto de siete cartas

(hasta ese momento inéditas) que se subastaron

en Milán en 2014 por unos 80 000

euros, escritas en italiano, con contenido personal,

describiendo su carrera, sus preocupaciones,

y sentimientos no siempre conocidos.

En una de esas cartas, fechada el 28 de enero

de 1946 desde Nueva York, Callas hace comentarios

sobre el programa que le proponía

el Metropolitan Opera; en otras habla sobre

su debut con Norma y lo que sentía cuando

las cosas no se alineaban como ella esperaba.

También hay fragmentos muy duros hacia

su esposo Meneghini, calificándolo como

alguien egoísta y manipulador, resentimientos

hacia sus padres por lo que ella consideraba

explotación mediática, críticas hacia

ambientes institucionales de la música

Estas cartas nos permiten descubrir que detrás de “La Divina”

había también alguien que sufría.

clásica que, según Callas, se cerraban ante

ella por razones que ella sentía de injusticia.

¿Por qué estas cartas importan? Porque

arrojan luz sobre la dualidad Callas: la figura

pública que debía proyectar perfección,

versus la persona vulnerable con emociones,

conflictos, inseguridades. Revelan que su

sacrificio no fue solo artístico, sino también

personal, y cómo esas heridas alimentaron

quizá su interpretación dramática.

En resumen: las cartas inéditas, ya sean

realmente de Stanford o de otras colecciones,

representan agujeros en la leyenda de

Callas. Nos permiten descubrir que detrás

de “La Divina” había también alguien que

sufría, que dudaba, que luchaba contra

prejuicios, amores y obligaciones. Aunque

algunos detalles siguen siendo rumor o no

confirmados (como la localización exacta de

todas las cartas, o todas sus fechas), lo que sí

está claro es que todo lo que emerge de ese

archivo íntimo añade humanidad al mito. RP

114 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

Cast a Diva:

Los secretos detrás de una leyenda

Detrás de cada nota perfecta, había una herida que Callas nunca logró cerrar

Cast a Diva: The Hidden Life

of Maria Callas, escrito por

Lyndsy Spence, nos regala

una perspectiva tanto íntima

como incómoda de la

vida de una de las sopranos más enigmáticas

del siglo XX. El libro desmonta la imagen

idealizada de “La Divina Callas” para mostrar

a la mujer detrás de la voz: frágil, obsesiva,

ambiciosa y constantemente en guerra

consigo misma. Creado a partir de entrevistas

inéditas, testimonios de su entorno y

archivos privados, Spence reconstruye el retrato

de una artista cuya perfección a nivel

escénico contrastaba con el caos interior que

la acompañó hasta el día de su muerte.

Spence no busca glorificar ni condenar, sino

comprender su forma de vida a través de una

narrativa meticulosa, describe la transformación

de Callas desde su juventud marcada

por la inseguridad y el sobrepeso hasta su

resurgimiento como símbolo de sofisticación

y poder. Esa metamorfosis, impulsada por el

deseo de control y aceptación, se convierte

en el eje emocional del libro. Cada pérdida,

cada desamor, cada humillación pública

alimentó el mito y, al mismo tiempo, lo

consumió desde dentro.

El sacrificio detrás de la gloria

Uno de los mayores aciertos de Spence es

mostrar cómo Callas moldeó su identidad

artística a través del sufrimiento. Su relación

tormentosa con Aristóteles Onassis

aparece como una herida central: un vínculo

que mezcló devoción, manipulación y abandono.

Según Spence, ese amor no solo quebró

su corazón, sino también su disciplina,

Cast a Diva nos invita a

reconocer que la grandeza

artística de Callas no solo se

mide en notas alcanzadas

o premios obtenidos, sino

en la honestidad con la

que enfrentó sus propias

emociones, convirtiendo su

vida en una obra de arte tan

compleja y conmovedora

como su repertorio.

su confianza y, finalmente, su voz, en sus últimos

años, la diva se vio atrapada entre la

nostalgia del escenario y la soledad de quien

lo ha perdido todo.

El libro también expone las presiones a las

que Callas fue sometida por su madre, su

entorno profesional y los medios, que convirtieron

su cuerpo, su voz y su vida privada

en espectáculo. En ese sentido, Cast a Diva

funciona como una crítica a la crueldad del

éxito y a la misoginia disfrazada de admiración

que perseguía a las mujeres poderosas

de su tiempo.

Una mirada humana y reveladora

Lejos de ser un retrato complaciente, el trabajo

de Lyndsy Spence es una invitación a

mirar más allá del mito, nos recuerda que

Maria Callas no fue solo una soprano prodigiosa,

sino una mujer en constante búsqueda

de amor y validación, un alma sensible que

pagó un precio altísimo por ser inolvidable.

En definitiva, Cast a Diva no destruye a

Callas, la libera: la saca del mármol del pedestal

y la devuelve a la carne, con todas

sus luces y sombras. Un retrato fascinante

de la artista que hizo de la tragedia su

lenguaje más auténtico, tanto dentro como

fuera del escenario. RP

RITMOPLATINUM2025 115


texto Luisanna Carrasco

fotos Archivos Maria Callas

Maria Callas

personificada en la gran pantalla

Los múltiples rostros de una leyenda

Pocas figuras del siglo XX han

despertado tanta fascinación

cinematográfica como Maria

Callas, no solo por su voz...

esa mezcla de fuerza, dramatismo

y tristeza, sino por la intensidad

trágica que marcó su existencia: una artista

devorada por su arte, una mujer que vivió

entre la divinidad del escenario y la soledad

del amor. Desde hace décadas, su vida ha

sido revisitada en películas y documentales

que buscan descifrarla, redimirla o, simplemente,

escucharla de nuevo. Cada obra ofrece

una Callas distinta: la diosa, la víctima, la

actriz, la mujer rota.

Y cada vez que el cine la

evoca, su eco sigue vibrando,

como si desde la eternidad aún

respirara tras bastidores, lista

para un último aria.

La primera gran aparición cinematográfica

que mostró el rostro de Maria Callas, a

la mujer detrás del personaje fue en un

documental. En Maria by Callas (2017), Tom

Volf rescata su voz literal, no la que cantaba,

sino la que hablaba. El filme está construido

exclusivamente con material de archivo,

entrevistas, cartas, diarios, grabaciones

inéditas y nos muestra una Callas íntima,

reflexiva, contradictoria. Su frase más

célebre resume el espíritu del documental:

“Hay dos personas en mí: Maria y la Callas.

Yo querría ser Maria, pero tengo que vivir

la vida de Callas”. Volf no intenta resolver el

enigma, sino dejarlo vibrar. Con un montaje

116 RITMOPLATINUM2025


elegante y respetuoso, el documental nos

devuelve a una mujer atrapada entre la

gloria y el anhelo de paz.

En contraste, el documental Maria Callas:

Assoluta (2007), de Philippe Kohly, opta por

una mirada más clásica y celebratoria. Aquí

se exalta el mito: los grandes escenarios, los

vestidos diseñados por Biki, las ovaciones

del Teatro alla Scala. Sin embargo, bajo ese

tono de homenaje late una reflexión sobre

el precio del perfeccionismo. Kohly explora

cómo Callas transformó la ópera en drama

absoluto, reinventando personajes como

Tosca, Norma o Violetta con una pasión casi

destructiva. Su perfección no era vanidad,

sino necesidad de verdad. El filme muestra

el esplendor, pero también el temblor que

había detrás del telón.

Otro ángulo fascinante surge en el

documental griego Mary, Marianna,

Maria: The Unsung Greek Years of Callas

(2023), dirigido por Vasilis Louras y

Michalis Asthenidis. En esta producción,

la lente regresa a sus orígenes: la infancia

en Nueva York, el retorno a Grecia durante

la guerra, los años de formación en la

Ópera Nacional de Atenas. Aquí no hay

glamour ni tragedia amorosa, sino hambre,

disciplina y deseo de trascender. Esta Callas

es “Marianna”, la joven que se forjó a sí

misma antes de ser mito. La obra revaloriza

su identidad griega y desmonta la idea de

una diva nacida del privilegio: muestra a la

mujer que subió al escenario con la fuerza

de quien ha sobrevivido.

En 2023, también apareció el documental

Callas – Paris, 1958, dirigido por Tom Volf,

reconstruyendo su histórico recital en la

Ópera de París ante el presidente René Coty.

Este filme es casi una resurrección técnica:

gracias a la restauración en 4K y sonido

remasterizado, el espectador puede revivir

una de las noches más gloriosas de su carrera.

Aquí el homenaje es puro, sin discurso, solo

la música, el silencio, la mirada. Callas,

vestida de terciopelo rojo, canta con el fuego

que ya nadie ha podido igualar.

Pero no todos los filmes buscan el retrato

hagiográfico. El documental Maria Callas:

The Woman Behind the Legend (1987), de

Alan Lewens, examina la relación entre

su talento y su sufrimiento. A través de

testimonios de directores, críticos y amigos,

se traza un perfil psicológico más descarnado:

el aislamiento emocional, las dietas extremas,

los rumores de medicación con Mandrax, la

vulnerabilidad detrás del ícono. Es la Callas

humana, imperfecta, desgarrada.

Cada una de estas películas de Pasolini a

Volf, de Kohly a Asthenidis revela un prisma

distinto de la misma joya. Ninguna la

agota, todas las amplifican. Maria Callas se

convirtió, así, en un espejo múltiple donde

convergen el arte, la devoción y el mito.

Su historia, recontada una y otra vez, no

busca respuestas: busca resonancia. Porque

Callas no fue solo una voz. Fue una herida

que cantaba. Y cada vez que el cine la evoca,

su eco sigue vibrando, como si desde la

eternidad aún respirara tras bastidores, lista

para un último aria. RP

RITMOPLATINUM2025 117


texto Ebel Echavarría

fotos Archivos Maria Callas

La Callas, un retrato crudo

de su vida en la gran pantalla

Una obra de arte cinematográfica que relata la dualidad de los últimos días de la icónica soprano.

Esta cinta representa un hito

importante por varias razones;

la primera de ellas es

que es la cinta con la que

el director chileno Pablo

Larraín culmina su aclamada trilogía cinematográfica

sobre la vida de mujeres icónicas

del siglo XX. Maria es un biopic que se sumerge

en la tormentosa y melancólica recta

final de la vida de la soprano Maria Callas,

interpretada magistralmente por Angelina

Jolie. Luego de una larga espera, la cinta se

estrenó exitosamente en el Festival Internacional

de Cine de Venecia en 2024, llegando

a generar gran revuelo, en parte gracias a la

actuación de Jolie, cuyo retrato de la vida de

la diva le mereció la nominación al Globo de

La actriz encarnó a la soprano

de una forma íntima y fiel a

sus manierismos, en un rol

que muchos han considerado

como uno de los más

ambiciosos de su carrera.

Oro, y recibió el Premio Desert Palm a la trayectoria,

en el Palm Spring International Film

Festival, gracias a su trabajo en esta cinta.

Una voz rota en el París de los 70

La producción de Larraín se distancia

de la narrativa biográfica tradicional de

personajes importantes de la historia y las

artes, para enfocarse en los últimos días

de La Callas en su apartamento de París

durante la década de 1970.

Lejos de los escenarios y los focos de los

paparazzi, la cinta, escrita por Steven Knight,

expone la dualidad entre la “Callas” –la

mujer de la voz prodigiosa que se convirtió

en mito– y “Maria” –la vulnerable y solitaria,

lidiando con el recuerdo de un éxito pasado

118 RITMOPLATINUM2025


y relaciones tormentosas, especialmente su

fracasada relación con el magnate griego

Aristóteles Onassis, interpretado en la cinta

por actor turco Haluk Bilgine.

Larraín, director chileno que además ha

dirigido cintas como El Conde (2023);

Neruda (2016) y Gloria (2013), se ha dado a

conocer por su enfoque íntimo y psicológico

en sus películas, una característica que

plasmó en las cintas de su afamada trilogía,

que incluyen los títulos Jackie (2016),

protagonizada por Natalie Portman; y

Spencer (2021), la cinta que narra la crisis

que atravesó la princesa Diana durante

las festividades de Navidad en 1991, y

que protagonizó la actriz norteamericana

Kristen Stewart. En estas cintas, Larraín

utiliza su cámara no solo para contarnos una

historia, sino para entrar en la psique de la

artista. La película se convierte entonces en

más que una obra de arte cinematográfico,

se vuelve en una reflexión visual y dramática

sobre el precio de la fama y la soledad que

puede acompañar a la grandeza.

La transformación de Angelina Jolie

Lo que cautiva la atención en Maria es, sin

duda alguna, la interpretación magistral de

Angelina Jolie. La actriz encarnó a la soprano

de una forma íntima y fiel a sus manierismos,

en un rol que muchos han considerado como

uno de los más ambiciosos de su carrera.

Críticos de cine han alabado su capacidad

para capturar tanto el porte de Maria Callas,

la elegancia de la diva, el dolor y la fragilidad

de la mujer en sus últimos días.

A nivel técnico, la película es, sin duda, una

obra de arte. El trabajo de fotografía es de

Edward Lachman, quien fue nominado

al Oscar por esta cinta. Con Maria,

Lachman recrea una atmósfera nostálgica y

visualmente poética alrededor del personaje,

utilizando un estilo que maneja imágenes de

archivo y dramatizaciones con un montaje

“sinfónico” que recuerda a directores de

autor. Y, aunque la película ha sido elogiada

por su elegancia y la actuación de Angelina

Jolie, también ha abierto la puerta al

Y, aunque la película ha sido elogiada por su elegancia

y la actuación de Angelina Jolie, también ha abierto la puerta

al debate.

debate. Algunos críticos de cine señalan

que la “modernidad rabiosa” de la cinta y su

enfoque casi total en la tragedia personal de

Maria pueden resultar desconcertantes para

el espectador. Sin embargo, la intención de

Larraín, según ha señalado, parece clara.

Para él no se trata de una recreación histórica

exhaustiva, sino de una exploración del alma

de la artista a través de la memoria y el

drama psicológico.

Con Maria, Larraín cierra de manera exitosa

su trilogía de manera emocional, ofreciendo

un último y conmovedor aplauso a la diva,

la gran soprano que, aunque adorada por el

mundo, enfrentó hacia el final de sus días,

su último acto en soledad, proyectado en la

pantalla de manera íntima y cruda a la vez.

La cinta, una coproducción internacional, se

ha estrenado en plataformas de streaming

como Netflix y Disney Plus, para Estados

Unidos; y Prime Video, la plataforma de

video streaming de Amazon, para América

Latina. La composición creativa de Larraín

con Maria, inicia el 16 de septiembre de

1977, el día de su muerte, y parte de ahí

a una serie de acontecimientos previos

que definieron los últimos días de la gran

soprano, explorando los recuerdos de sus

relaciones fallidas, traiciones y la pérdida

de –y búsqueda por recuperar– su voz.

Finalmente, la trama concluye el mismo día

de septiembre de 1977 cuando paramédicos

llegan al apartamento en París de Maria

Callas a recoger su cuerpo sin vida. RP

RITMOPLATINUM2025 119


texto Juana Cabrera

fotos Archivos Maria Callas

El eco de una voz:

Pablo Larraín y sus homenajes

Los retratos de las mujeres que marcaron su cine

Más allá de lo ostentoso

y el poder, a

ciertas vidas también

les circundan

la tragedia, y

la historia las abandona. Y es justamente en

esa realidad que el cineasta Pablo Larraín

ha encontrado el hilo con el que crea en

la pantalla un tríptico fílmico, donde las

figuras históricas no se presentan como

monumentos, sino como cuerpos frágiles

donde se cruzan la soledad, la memoria y la

búsqueda de sentido. Así, con su cine más

cercano a la poesía que a la crónica, impone

su sello distintivo, y regala una cercanía a

tres personajes cuya era ya no existe, porque

como dice el propio director: “vienen

de una sociedad que ya no es la misma”. Sin

embargo, encontraron su identidad y voz

donde era muy complicado hacerlo y de

ahí su importancia en el siglo pasado y, por

consiguiente, en el presente.

De Jackie (2016) a Spencer (2021) y, ahora,

María (2024), el director chileno ha

tejido una trilogía no oficial sobre mujeres

convertidas en íconos, pero filmadas desde

la intimidad del derrumbe. Jacqueline

Kennedy, Diana Spencer y María Callas

comparten más que la fama o la tragedia;

son figuras que, en la mirada de Larraín, se

debaten entre el deber público y la desesperación

privada. La cámara, siempre contenida

y curiosa, parece preguntarles quiénes

fueron realmente cuando nadie las miraba.

En Jackie, protagonizada por Natalie

Portman, la viuda de John F. Kennedy aparece

atrapada en los días posteriores al asesinato

de su esposo. Es un retrato que oscila

entre la reconstrucción y el duelo, entre la

teatralidad del poder y la vulnerabilidad del

amor perdido. Larraín evita la tentación

del melodrama y, en cambio, ofrece una

experiencia sensorial: música, cámara y silencio

se funden para construir un retrato

psicológico que desarma la iconografía de

120 RITMOPLATINUM2025


la “primera dama perfecta”. La Jackie de

Larraín es una mujer que intenta sostener

la dignidad como si fuera una armadura

que se quiebra lentamente.

Cinco años después, con Spencer, el director

trasladó esa misma mirada a la princesa

Diana, interpretada por Kristen Stewart. Si

Jackie se desarrollaba entre los rituales del

duelo, Spencer ocurre en la inminencia del

colapso. Larraín elige una Navidad imaginada,

un fin de semana en Sandringham

House, para condensar toda la angustia de

una mujer que ya no puede respirar dentro

de la maquinaria real. La película, más que

biográfica, es una parábola: un cuento de

hadas gótico donde el vestido y la etiqueta

son cárceles. “Una fábula de una tragedia

real”, la definió el propio director.

Y ahora, con Maria, Larraín se adentra

en la última voz de la ópera, la de Maria

Callas. Aquí, la mirada es más íntima que

De Jackie (2016) a Spencer

(2021) y, ahora, Maria (2024),

el director chileno ha tejido

una trilogía no oficial sobre

mujeres convertidas en

íconos, pero filmadas desde la

intimidad del derrumbe.

nunca. La película, protagonizada por

Angelina Jolie, no busca reproducir la

grandeza de los escenarios, sino explorar

los últimos días de la diva en su apartamento

parisino, entre recuerdos, cartas y

ecos de aplausos que ya no suenan. En ese

espacio, la voz de Callas, que cabe resaltar

fue una voz que definió el siglo XX, se

convierte en una presencia fantasmal, un

espejo roto de lo que fue y de lo que ya no

puede ser.

El guion, firmado por Steven Knight,

acompaña el tono habitual del universo de

Larraín: una narrativa fragmentada, donde

la memoria y la realidad se mezclan con delicadeza.

Pero es la dirección la que vuelve

a marcar la diferencia. El director filma a

Callas como si fuera una sinfonía en tres

actos: la mujer, la artista, la sombra.

Angelina Jolie entrega una interpretación

contenida, que se acerca más a la introspección

que al espectáculo. No hay gestos

grandilocuentes ni histrionismos; hay cansancio,

lucidez y una nostalgia profunda.

Larraín, una vez más, una obra cercana y

íntima, con todo lo que está última implica.

Maria es, quizá, su película más madura

y más triste. En ella, Larraín encuentra en

la figura de Callas algo que trasciende el

biopic, que es un mensaje ofrecido entre

susurros, arias y soledad: somos la suma de

lo que amamos, de lo que perdimos y de lo

que nunca logramos decir. RP

RITMOPLATINUM2025 121


texto Sheila Pujols

foto Archivos Maria Callas

El eco del alma

Su verdad íntima documentada por Tom Volf

A veces, la voz más poderosa es la que se atreve a confesar su fragilidad

En ocasiones la voz más poderosa

es la que se atreve a

confesar su fragilidad. Pocas

artistas han dejado una

huella tan profunda en la

historia de la ópera como Maria Callas. Su

técnica impecable, su dramatismo sin igual

y su magnetismo escénico la convirtieron

en un referente absoluto. Décadas después

de su muerte, su figura sigue fascinando

a admiradores y expertos por igual. Sin

embargo, detrás de la leyenda existía una

mujer con emociones, dudas y anhelos que

rara vez fueron escuchados.

El cineasta y escritor francés Tom Volf decidió

mirar más allá del mito y ofrecer a Callas la

oportunidad de contar su propia historia.

Este enfoque dio origen al documental

Maria by Callas (2017) y al libro Maria by

Callas: In Her Own Words, proyectos que

permiten al público acercarse a la soprano

desde su verdad, sin intermediarios ni

interpretaciones ajenas. Volf pasó más de

cinco años recopilando materiales inéditos:

cartas, entrevistas, grabaciones personales,

fragmentos de noticieros y material

cinematográfico nunca antes difundido. El

resultado es una reconstrucción minuciosa

y emotiva que revela a Callas como algo más

que una estrella: una artista que vivió entre

el sacrificio, la entrega total y la constante

búsqueda de perfección.

El núcleo del trabajo de Volf es la dualidad

entre “Maria”, la mujer sensible, y “Callas”,

la leyenda de la ópera. A través de sus

propias palabras, el espectador percibe la

tensión constante entre la vida personal

que deseaba y la carrera que la exigía

impecable. Esta división se convierte en el

hilo emocional del relato, mostrando que

su grandeza artística no estuvo exenta de

conflictos internos y soledad.

Lejos de centrarse únicamente en los éxitos,

el proyecto aborda la vida de Callas desde un

enfoque humano. Relata su infancia marcada

por la disciplina musical, la exigencia extrema

que la impulsó al triunfo y el aislamiento que

acompañó su fama. Sus cartas reflejan tanto

el cansancio de quien vivió para la perfección

como la gratitud de quien encontró en la

música un propósito vital. Cada fragmento

Su legado no solo radica

en las notas que alcanzaba,

sino en la sinceridad con la

que enfrentaba sus miedos,

sus pérdidas y sus deseos,

mostrando que la grandeza

puede coexistir con

la fragilidad.

aporta capas de intimidad que el público

rara vez había visto, revelando a una mujer

consciente de su talento, pero vulnerable

frente al mundo.

El documental y el libro también exploran

su relación con Aristóteles Onassis, más allá

del romance mediático. Este vínculo refleja el

conflicto interno de Callas entre la mujer que

amaba y la artista venerada por millones. En

estas confesiones, su voz deja de interpretar

un personaje para convertirse en testimonio

auténtico de sus emociones, deseos y temores.

Con Maria by Callas, Tom Volf consigue

algo poco frecuente: devolverle humanidad

a una figura envuelta en mito. Su labor no

busca exponer secretos, sino devolverle

a Callas lo que siempre le perteneció: su

voz. Y en esa voz, intensa, frágil y única,

sigue resonando el eco de una mujer que

transformó su vida en arte, mostrando que

detrás de la diva existía un alma capaz de

conmover más allá del escenario. RP

122 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

La última noche de Maria Callas

el adiós de una diva

Fue la mujer que convirtió la ópera en emoción pura, pero que nunca logró domar su propio corazón

Esta obra, que lleva por nombre

La última noche de Maria

Callas, fue protagonizada

por la actriz chilena Solange

Lackington e invita al espectador

a perderse entre los pensamientos más

íntimos de una de las voces más icónicas del

siglo XX. Fue escrita por Juan Antonio Muñoz

y dirigida por Claudio Pueller. La pieza retrata

la noche previa a la muerte de la soprano griega,

en un diálogo entre la memoria, la gloria y

la soledad que marcó sus últimos años.

El montaje, concebido como un monólogo

intenso y emocional, se convierte en una confesión

escénica donde la artista revive su carrera,

sus amores y sus desilusiones. “El texto

da cuenta de la experiencia interpretativa de

Maria, pero también de su enorme soledad y

su necesidad, nunca satisfecha realmente, de

ser amada”, ha expresado Lackington, quien

logra captar con sutileza la vulnerabilidad

detrás del mito.

La última noche de Maria

Callas no solo rinde tributo a

una figura inmortal de la lírica,

sino que también plantea una

profunda meditación sobre la

identidad y la trascendencia

del arte.

Una puesta en escena simbólica

y conmovedora

Desde su inicio, la obra juega con la idea de

que Callas ya ha muerto. En la propuesta de

Pueller, la protagonista se levanta de su cama

para recordar su vida, recorriendo los pasajes

que definieron su destino: su vínculo con

Aristóteles Onassis, su pasión por la ópera y

el sacrificio emocional que exigía su arte. La

iluminación tenue, el vestuario inspirado en la

elegancia de los años sesenta y el uso de elementos

audiovisuales otorgan a la puesta un

tono onírico, casi espectral.

Fragmentos de sus arias más célebres, como

Casta Diva de Norma o Addio del passato de

La traviata, se entrelazan con sus recuerdos,

recordándole al público que la voz que estremeció

al mundo también fue la de una mujer

marcada por la pérdida.

El eco de una vida inmortal

Más allá del homenaje, La última noche de

Maria Callas propone una reflexión sobre el

costo de la genialidad y la fragilidad del artista

ante el paso del tiempo. Solange Lackington

consigue fundir su propia energía con la de

Callas, logrando que la diva vuelva a respirar

sobre el escenario.

La obra se convierte así en un retrato humano,

íntimo y conmovedor, donde el mito

se derrumba para dar paso a la mujer, pues

esta obra no busca idealizarla, sino entenderla:

una artista que lo tuvo todo, pero que,

al final, se enfrentó, en silencio, a la más

universal de las soledades. RP

RITMOPLATINUM2025 123


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

“DIVA” en el V&A 2023

Maria Callas en el corazón de una exposición

Moda, poder y herencia: cómo el Victoria & Albert Museum celebró a Callas

como arquetipo de diva en una muestra global

En junio de 2023, el Victoria

& Albert Museum de Londres

inauguró DIVA, una

exposición que exploraba

el concepto de “diva” desde

sus raíces operísticas hasta su transformación

en ícono pop. Maria Callas ocupó un

lugar destacado en la sección operística de

la muestra, representando tanto la historia

temprana del término como la potencia visual,

escénica y artística que define lo que

significa ser una diva.

La curadora Kate Bailey explicó que DIVA

quería rescatar ese uso original del término

“diva” (que significa “diosa” en italiano) y

ponerlo en contraste con los significados

negativos que, con los años, adquirió. En

Callas se encontró ese puente perfecto: empezó

como prima donna de la ópera, pero terminó

siendo símbolo de poder, estilo, resiliencia y

creatividad. Entre los objetos de Callas que

se exhibieron estaban trajes escénicos de sus

primeras y últimas actuaciones en el Royal

Opera House, lo que permitía ver visualmente

su evolución artística y estética. También se

incluyeron fotografías, carteles, partituras y

accesorios que ella usaba, para mostrar no solo

lo que vestía, sino cómo su presencia escénica

se apoyaba en la imagen.

Una parte muy potente de DIVA fue

la experiencia inmersiva: los visitantes

llevan auriculares que activan fragmentos

musicales claves, entre ellos Casta Diva de

Norma, que funciona como banda sonora

simbólica para Callas en la muestra. Al

recorrer los espacios, se siente que no solo se

contemplan objetos, sino que se revive parte

de la emoción de sus interpretaciones.

El efecto para el público fue doble: por

un lado, admiración estética (los vestidos,

las fotos, la puesta en escena); por otro,

conocimiento: entender de dónde vino

la diva, qué sacrificios, qué influencias,

qué contexto artístico, social y cultural le

permitieron encarnar ese ideal. Ver los trajes

de Callas junto a otros de divas de épocas muy

distintas ayuda a percibir su singularidad: su

severidad, su teatralidad, su búsqueda de

perfección en cada detalle.

La exposición DIVA no fue simplemente

un homenaje visual; fue un acto de

recuperación histórica: rescatar la figura de

Callas como modelo de autoridad artística,

de belleza dramática, y recordar que su

leyenda no solo se sostiene en grabaciones,

sino en objetos, estilo, gestos, vestuario, y

en la memoria compartida. RP

124 RITMOPLATINUM2025


texto Joel Peralta

foto Archivos Maria Callas

La Divina vuelve a brillar:

Warner Classics celebra su centenario

El lanzamiento del centenario no mira al pasado, sino que proyecta la voz de Callas hacia el futuro

En 2023, el mundo de la

música celebró el centenario

del nacimiento de la

soprano que transformó

para siempre la historia de

la ópera. Para rendir homenaje a su legado,

Warner Classics lanzó una edición monumental

titulada La Divina: Maria Callas In

All Her Roles, una colección que reúne por

primera vez la totalidad de sus grabaciones

oficiales y documentos sonoros, restaurados

con la más alta calidad técnica.

Callas, nacida en Nueva York el 2 de diciembre

de 1923 y formada en Grecia, fue mucho

más que una cantante: fue una actriz del

canto, una intérprete capaz de dotar de emoción

y humanidad a cada nota. Su centenario

se convirtió en la oportunidad perfecta para

redescubrir su arte, su evolución vocal y su

inigualable magnetismo escénico.

Una colección sin precedentes

La edición presentada por Warner Classics en

septiembre de 2023 consta de 131 discos compactos,

tres Blu-ray y un DVD, consolidándose

como la recopilación más completa de la artista

publicada hasta ahora. En ella se incluyen

sus grabaciones de estudio, presentaciones

en vivo en teatros de todo el mundo y las célebres

masterclasses impartidas en la Juilliard

School de Nueva York entre 1971 y 1972.

El sello discográfico también añadió material

inédito, como tomas alternativas y ensayos

de estudio, restaurados con tecnología

de última generación. Estas grabaciones revelan

matices desconocidos en la voz de Callas

y ofrecen una nueva perspectiva sobre su

proceso interpretativo.

El lanzamiento fue acompañado de un extenso

libro con fotografías, ensayos y comentarios

sobre cada papel que interpretó,

ofreciendo una mirada profunda a su vida

artística. En total, la colección abarca 74 roles

operísticos, lo que permite seguir su desarrollo

desde los años cuarenta hasta el final

de su carrera en los sesenta.

El legado de “La Divina”

Su objetivo principal con este lanzamiento

fue más allá del simple homenaje. La

Divina: Maria Callas – In All Her Roles

busca acercar su legado a las nuevas generaciones,

conservando su arte con fidelidad

y rigor histórico. Las grabaciones fueron

restauradas en alta resolución para preservar

la pureza del sonido y el dramatismo que

hicieron célebre a la soprano.

Ella no solo revolucionó la técnica vocal,

sino que redefinió la figura de la intérprete

Este lanzamiento no solo

marcó un hito en el mundo,

sino también un punto de

encuentro entre generaciones.

En un tiempo en que la

música suele consumirse con

prisa, esta edición invita a la

contemplación y al asombro, a

detenerse en cada respiración

y cada silencio de una artista

que vivía cada nota como si

fuera la última.

lírica: exigente, apasionada y profundamente

humana. Su centenario reafirmó su influencia

en artistas de todos los géneros y su

condición de mito cultural.

Más que un homenaje, una resurrección

Con esta edición, no solo se celebran cien

años del nacimiento de Maria Callas: devuelve

su voz al presente. En una era dominada

por la inmediatez, escuchar a “La

Divina” en todo su esplendor es un recordatorio

de lo que significa el arte llevado

al extremo de la emoción. A un siglo de su

llegada al mundo, sigue siendo la misma:

única, fascinante e inmortal. RP

RITMOPLATINUM2025 125


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

“Casta Diva” y Jean Paul Gaultier

el aroma del mito operístico

Cuando la moda se viste de ópera: el uso de Norma en publicidad y el eco eterno de la voz de Callas

El nombre Casta Diva remite

al aria célebre del Acto I,

Escena 1 de Norma, ópera

de Bellini, un pasaje musical

emblemático para

Maria Callas. Esa aria ha sido usada en diversas

ocasiones en medios visuales para

evocar elegancia, dramatismo, lo sublime.

Jean Paul Gaultier, famoso diseñador francés,

recurrió a ese motivo musical en más de

un comercial/perfume, para fusionar moda,

sensualidad y legado cultural.

El anuncio capta eso: no solo

vender perfume, sino vender

una idea de divinidad, estilo,

presencia magnética, que

Callas representó para la

cultura operística y más allá.

Por ejemplo, en la campaña para los

perfumes Classique & Le Mâle, Gaultier

utilizó una reorquestación de Casta Diva

para la publicidad llamada “The Factory”.

Esa reorquestación fue creada por Alexandre

Geindre, pero la elección de esa pieza no

es casual: la voz que tradicionalmente

asociamos con Casta Diva es la de Callas, lo

que añade al anuncio un halo de solemnidad

operística, de mito, de atadura con la

tradición de la ópera.

Aunque en algunos casos la versión usada no

es la grabación directa de Callas, el vínculo se

hace mental e inmediato: al escuchar Casta

Diva, muchos oyentes evocan la grandeza

de su voz, su interpretación de Norma, su

capacidad para sostener notas, emociones,

silencios dramáticos. El anuncio capta

eso: no solo vender perfume, sino vender

una idea de divinidad, estilo, presencia

magnética, que Callas representó para la

cultura operística y más allá.

Ese tipo de publicidad subraya cuán

influyente sigue siendo Callas: su arte ya no

vive solo en los teatros o en los discos, sino

en la publicidad, la moda, la cultura visual

contemporánea. Su figura se ha convertido

en símbolo de lo sublime, lo poderoso, lo

femenino llevado al límite estético.

Para el público, la conexión entre moda

y ópera, mediada por la voz de Callas,

funciona como puente entre dos mundos

que muchas veces se presentan distintos:

la élite, lo popular; lo visual, lo musical.

Al usar Casta Diva, Gaultier refuerza

la idea de que Callas no fue solo una

cantante, sino una figura arquetípica,

viva todavía en cada uso que se le da a su

voz más allá del escenario. RP

126 RITMOPLATINUM2025


texto Maria Amelia Cerón Victoria

fotos Archivos Maria Callas

Callas en las redes sociales:

su voz más allá del tiempo

Cómo Instagram, TikTok, YouTube y la memoria digital alimentan hoy

la leyenda de La Divina y reclaman espacio en cada timeline

Maria Callas vivió en

una época sin redes

sociales, sin Instagram,

sin TikTok.

Sin embargo, su

legado ha encontrado en internet y las plataformas

digitales un espacio vibrante e inesperado

para multiplicarse y reinventarse.

YouTube es, quizás, el canal más evidente:

millones de vistas para sus actuaciones

completas, arias aisladas, entrevistas

antiguas. Usuarios suben grabaciones

históricas; los fanes comentan, debaten

versiones, comparan estilos. En Instagram,

aparecen cuentas dedicadas exclusivamente

a fotografías antiguas de Callas, frases

célebres, pequeñas cápsulas de video, audios

cortos. En TikTok, su figura y su música

sirven de base de challenge, mashups y trends

musicales que, aunque no directamente

operísticos, evocan lo dramático, lo intenso,

lo teatral.

La Fundación Maria Callas (Maria Callas

Foundation), con sitio web oficial, colabora

con instituciones de patrimonio, realiza

Las redes sociales permiten

que su mito no envejezca,

sino que se reinterprete, que

se reconecte con nuevas

generaciones. Callas ya

no solo vive en teatros y

archivos físicos, sino en feeds,

historias, tendencias digitales.

exhibiciones, apoya proyectos educativos,

publicaciones y mantiene presencia digital

para difundir su legado. Además, entidades

de radiodifusión griegas, museos y medios

culturales usan redes sociales para compartir

fragmentos de entrevistas, actuaciones,

tributos, especialmente en aniversarios.

La voz de Callas, que alguna vez solo se

escuchaba en teatros, salas de ópera y

discos de vinilo, ahora se oye en celulares,

computadoras, tablets. Jóvenes que tal vez

no conocen Norma o Tosca descubren su

nombre, su voz, a través de un video viral,

un reel, un clip. Eso democratiza su leyenda:

no es solo para quienes aman la ópera, sino

para quienes aman lo grande, lo emocional,

la pasión hecha sonido.

No todo es perfecto: algunas versiones en

redes pierden calidad, editan fragmentos,

sacan de contexto, o recrean estereotipos

de la figura de Callas. Hay riesgo de

simplificación: que solo se muestre su

dramatismo extremo, o su físico, o rumores.

Pero al mismo tiempo, muchos seguidores

cultivan con rigor: traducen entrevistas,

rescatan documentales, comparan

grabaciones históricas, debaten técnica

vocal, estilo interpretativo.

Cada “like”, cada share, cada video de “escucha

esta aria” refuerza el misterio y la grandeza

de Callas. Las redes sociales permiten que su

mito no envejezca, sino que se reinterprete,

que se reconecte con nuevas generaciones.

Callas ya no solo vive en teatros y archivos

físicos, sino en feeds, historias, tendencias

digitales. Su voz trasciende la vida física: su

arte vive virtualmente, infinitamente. RP

RITMOPLATINUM2025 127


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

El doodle de Google por el 90.°

aniversario de Maria Callas

Un homenaje digital que convirtió una fecha en ventana para redescubrir a La Divina,

entre ilustraciones, iconos operísticos y memoria colectiva

El 2 de diciembre de 2013,

Google dedicó uno de sus

“doodles” al que habría

sido el 90.° cumpleaños de

Maria Callas. No fue solo

un detalle gráfico: fue una evocación del poder

simbólico de una voz que sigue resonando

décadas después. La ilustración, creada por la

artista invitada Kali Ciesemier para Google,

representaba a Callas en el escenario. Se la ve

cantando, con los brazos extendidos, y el fondo

del salón de ópera se integra visualmente con

las letras de “Google”. Esa escena buscaba trasladar

al usuario al teatro mismo, al momento

en que la soprano domina con presencia.

Ese doodle no solo alcanzó a quienes ya

amaban la ópera, sino que introdujo su

imagen y su mito a quienes quizá no la

conocían. Para muchos, fue una sorpresa:

abrir Google y encontrarse con La Divina

evocó curiosidad, imágenes, preguntas.

Además, representa cómo la cultura digital

se ha convertido en custodio de legados: los

grandes de la música ahora también viven

en píxeles, en ilustraciones compartidas, en

homenajes visuales que cruzan fronteras

instantáneamente. El doodle reafirma varios

aspectos esenciales de Callas como mito:

su teatralidad, su dominio escénico, su

estatus de icono visual, además de voz. Que

Google haya elegido representarla en plena

actuación ópera, habla de lo que la fama de

Callas significa: no solo la voz, también la

imagen, la presencia, lo teatral.

Asimismo, aparece la idea de la memoria

colectiva: miles de personas al día vieron

ese doodle, lo compartieron, quizá buscaron

Ese doodle no solo alcanzó a

quienes ya amaban la ópera,

sino que introdujo su imagen

y su mito a quienes quizá no

la conocían.

más sobre ella, escucharon grabaciones,

repasaron su vida. El doodle fue una

invitación a reencender su legado.

Más de una década después, ver aquel doodle

sirve para recordar que la memoria artística

ya no vive solo en conservatorios, archivos o

discos. Vive también en plataformas digitales,

efímeras en apariencia, pero poderosas en su

alcance. Que Callas haya sido homenajeada de

esta forma, reconoce que su figura atraviesa

generaciones: nuevos públicos, nuevas

tecnologías, nuevas maneras de admirar.

Este doodle del noventa aniversario no fue

un simple grafismo bonito para los fanes.

Fue un acto de reconocimiento global,

un recordatorio de que Maria Callas es

patrimonio cultural vivo. Y ese tipo de tributos

–ilustrativos, visuales, accesibles– ayudan a

que su nombre siga siendo pronunciado, su

voz escuchada, su historia contada. RP

128 RITMOPLATINUM2025


texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

Museo Maria Callas

Atenas abre su casa a La Divina

Una colección permanente con 1 300 objetos, vestidos, recuerdos y voz que convierte

en ritual el paso de una soprano legendaria por su ciudad natal

El Museo Maria Callas,

inaugurado el 26 de octubre

de 2023 en Atenas, es

el primer museo biográfico

dedicado por completo a

la soprano. Ubicado en la calle Mitropoleos

44, cerca de la Plaza Syntagma, el museo

alberga alrededor de 1 300 piezas: objetos

personales, vestuarios de ópera, fotografías,

partituras, recuerdos escolares y más.

La idea lleva décadas gestándose: desde

el año 2000, la municipalidad de Atenas

comenzó a adquirir objetos personales

de Callas en subastas, con la intención de

preservar su memoria. En 2010 se compró

el edificio neoclásico de tres pisos que hoy

alberga el museo por aproximadamente 7

millones de euros. El proyecto museístico se

desarrolló a través de estudios de arquitectos,

historiadores y especialistas en museología

entre 2014 y 2023.

Dentro del museo se exhiben no solo los

vestuarios escénicos más llamativos –varios

creados por su modista de confianza, Biki–,

sino, también, ropa de uso cotidiano, álbumes

escolares, correspondencia, fotografías poco

vistas, videos de entrevistas, grabaciones de

audiciones y funciones. Además, como parte

de la experiencia, se han diseñado espacios

que permiten escuchar fragmentos de su

voz, entrevistas, simulaciones de actuaciones

para generar inmersión.

Para Atenas y para Grecia, este museo

representa algo más que un homenaje a

una hija famosa: es un acto de recuperación

cultural. Callas, aunque internacional, es

parte de la identidad helénica, y el museo

afirma ese vínculo: su infancia, su formación

Además, como parte de la experiencia, se han diseñado espacios

que permiten escuchar fragmentos de su voz, entrevistas,

simulaciones de actuaciones para generar inmersión.

temprana, sus raíces, todo lo que la hizo

quien fue. Para el público general, para los

admiradores, el museo permite acercarse a

aspectos íntimos: no solo la soprano en el

escenario, sino la mujer detrás del mito.

Inaugurarse en su centenario no fue

casualidad; simboliza que cien años después

el legado no se desvanece, que su vida sigue

generando admiración, que su voz sigue

influyendo. El hecho de que existan tantas

piezas preservadas y exhibidas habla de

un reconocimiento institucional, del deseo

de que su historia no se pierda, y de que

nuevas generaciones la conozcan no solo por

grabaciones, sino por objetos, testimonios,

espacios diseñados para ella.

El Museo Maria Callas hace tangible

lo intangible: el mito, la voz, la pasión,

la entrega, la disciplina. Comprar ese

edificio, dedicar esos recursos, diseñar esas

exposiciones son la prueba de que Callas

sigue viva en la memoria, no como leyenda

abstracta, sino como presencia real que se

puede ver, oír, tocar. RP

RITMOPLATINUM2025 129


texto Luisanna Carrasco

foto Archivos Maria Callas

Cantantes y artistas

que atesoran su legado y siguen sus pasos

Desde su muerte en 1977, su legado ha guiado a generaciones de cantantes líricos

Maria Callas no solo

reinventó la ópera;

redefinió lo que significa

ser artista. Su

influencia trasciende

la música: se extiende al teatro, al cine, a

la moda, incluso a la psicología del escenario.

Desde su muerte en 1977, su legado ha guiado

a generaciones de cantantes líricos, sopranos,

actrices y creadores que encontraron en ella

un modelo de perfección, riesgo y tragedia.

Callas no dejó discípulos directos, pero sí un

linaje espiritual: una constelación de voces

que viven bajo su eco.

En el mundo de la ópera, Renata Scotto,

Montserrat Caballé y Raina Kabaivanska

fueron las primeras herederas conscientes

del legado callasiano. Scotto, su homóloga

italiana, reconoció abiertamente que su

estudio de Callas le enseñó “a no cantar notas,

sino almas”.

La disciplina y la teatralidad de Scotto

reflejan la influencia directa de Callas en la

escuela italiana de interpretación. Caballé,

por su parte, admiraba la inteligencia

musical de la diva y su dominio del legato,

aunque eligió un camino vocal más puro; sin

embargo, su aproximación emocional a las

heroínas belcantistas nació del ejemplo que

Callas había dejado.

En los años setenta y ochenta, Kiri Te Kanawa

y Jessye Norman, de timbres y temperamentos

opuestos, reconocieron también la deuda con

ella. Te Kanawa solía decir que Callas le enseñó

“que cada frase debía tener una intención, no

un sonido”. Norman, en cambio, veía en Callas

una lección de poder escénico: la capacidad de

“dominar el espacio con solo respirar”. Ambas

entendieron que la ópera, después de Callas,

debía interpretarse como teatro, no como

vitrina vocal.

Una de las más fascinantes continuadoras de su

estilo fue Angela Gheorghiu, quien no solo imitó

su técnica, sino su aura. Gheorghiu, rumana,

heredó esa mezcla de elegancia y temperamento

volcánico que caracterizaba a Callas. Ha dicho:

“Yo no canto como ella, pero pienso como ella:

el canto no existe sin verdad emocional”. En cada

Tosca o Traviata, Gheorghiu parece dialogar con

el espectro de La Divina.

También Anna Netrebko, con su dramatismo

exuberante y su manejo del repertorio verista,

ha sido comparada con Callas. Aunque más

moderna en estilo y carácter, Netrebko ha

reconocido que estudió cada gesto y cada

grabación de Callas antes de abordar sus

papeles más exigentes. Su transformación de

soprano lírica ligera a intérprete dramática

sigue el mismo arco evolutivo que vivió Callas

en los años cincuenta.

Pero la influencia de Maria Callas no se limita

a la ópera. Madonna, en los años noventa,

confesó su fascinación por la diva como

símbolo de autodeterminación femenina.

En su documental Truth or Dare, Madonna

cita a Callas como “la encarnación del arte

total: belleza, disciplina y tragedia”. Su uso

del drama y del control escénico tiene raíces

callasianas. La diseñadora Donatella Versace

también ha declarado que Callas es su musa

estética: “Ella no solo vestía un traje, lo

convertía en personaje”.

En el cine, actrices como Meryl Streep,

Julianne Moore y Natalie Portman han

mencionado a Callas como modelo de estudio

para la creación de personajes complejos. RP

130 RITMOPLATINUM2025


texto Sheila Pujols

foto Archivos Maria Callas

Una diva

que fue reconocida a nivel mundial

Sus premios fueron el reflejo de una artista que vivió por y para el arte

Considerada una de las sopranos

más influyentes del

siglo XX, no solo dejó una

huella imborrable en los

escenarios de ópera, sino

que también fue reconocida con numerosos

premios y distinciones que consagraron su

legado artístico. Su extraordinaria voz, su

intensa capacidad dramática y su dedicación

a la perfección hicieron que su carrera

estuviera marcada por homenajes en todo el

mundo, consolidándola como un referente

indispensable de la música clásica.

Reconocimientos en Europa

Entre sus primeros reconocimientos

destaca la Medalla de Oro del Mérito en las

Bellas Artes de Grecia, otorgada en 1957,

un homenaje de su país natal que celebró

su aporte a la cultura helénica. Italia,

nación que adoptó a Callas como una de

las suyas, le concedió el prestigioso Premio

Bellini en 1959, destinado a intérpretes

que encarnan con maestría el espíritu del

compositor siciliano. Su virtuosismo en

obras de Giuseppe Verdi fue igualmente

reconocido con el Premio Voci Verdiane en

1961, que destacó su dominio en el exigente

repertorio verdiano.

Su influencia no se limitó a Grecia e Italia. En

Francia, donde se admiraba su refinamiento

artístico, Maria Callas fue condecorada

como comandante de la Orden de las Artes

y las Letras en 1964, uno de los más altos

reconocimientos culturales del país. En los

Países Bajos, recibió el Premio Edison en

1962, un tributo a sus destacadas grabaciones

de ópera. España también reconoció su

Más allá de los premios y

reconocimientos, Maria Callas

simboliza la fusión perfecta

entre técnica y emoción; cada

nota que interpretaba parecía

contar una historia única,

capaz de conmover tanto a

expertos como a quienes se

acercaban por primera vez a

la ópera.

talento con la Gran Cruz de la Orden de

Alfonso X el Sabio en 1968, que resaltó su

contribución a la música y a la educación

artística. Además, numerosos teatros y

festivales le dedicaron ciclos completos de

representaciones, reafirmando su impacto

en el repertorio lírico internacional.

Reconocimientos internacionales

El legado de Callas trascendió Europa y

llegó hasta Estados Unidos, donde fue

honrada con el Grammy Hall of Fame

Award en 1961 y de manera póstuma

en 1998. Este reconocimiento premia

grabaciones de valor histórico, y muchas de

sus interpretaciones continúan figurando

en listas de referencia para los amantes

de la ópera. Cada galardón recibido por

Maria Callas refleja no solo su excelencia

técnica, sino también su capacidad de

transmitir emociones profundas y su

magnetismo escénico, que hicieron de cada

interpretación un momento inolvidable. RP

RITMOPLATINUM2025 131


texto Ismalay Liranzo

fotos Archivos Maria Callas

La Divina eterna

Cómo Callas transformó el arte y el dolor

Su voz sigue siendo materia de estudio y fascinación

Maria Callas continúa

siendo un ícono

inmortal que

trasciende generaciones

y fronteras.

Su figura no pertenece solo al universo de

la ópera, sino al imaginario colectivo de la

cultura moderna. Fue una artista total: una

mujer que transformó el canto en actuación,

la técnica en emoción y su vida en un drama

digno de los escenarios que conquistó. Más

de cuatro décadas después de su muerte, su

nombre sigue pronunciándose con reverencia,

no solo por su talento, sino por la manera

en que redefinió lo que significa ser artista.

El legado de Callas se sostiene en una fusión

única entre arte, verdad y tragedia. En un

tiempo en que la ópera era considerada un

espectáculo estático y formal, ella introdujo

una revolución silenciosa, pero profunda: la

del “cantar-actuando”. Callas fue la primera

soprano que comprendió que una voz

prodigiosa no bastaba si no iba acompañada

de verdad dramática. Para ella, el canto

debía servir al personaje, no al lucimiento

personal. Cada nota tenía un propósito

emocional, cada respiración estaba cargada

de significado. Su interpretación no era solo

técnica, sino visceral.

Antes de Callas, el público admiraba la

perfección sonora; después de ella, comenzó

a buscar autenticidad. El musicólogo Kurt

Pahlen describió su canto como “una herida

abierta que sangra entregando sus fuerzas

vitales”. Esa descripción resume su esencia:

Callas no interpretaba, vivía. Cuando

cantaba Tosca, el público creía presenciar un

Sus grabaciones siguen siendo una escuela de interpretación;

su vida, una parábola de gloria, amor y pérdida.

asesinato real; cuando moría como Violetta,

la sala entera contenía la respiración. Gracias

a ella, la ópera dejó de ser una sucesión de

arias bellas para convertirse en teatro total.

Otro de sus grandes aportes fue la

rehabilitación del bel canto, un estilo del

siglo XIX que había caído en el olvido por

considerarse anticuado. Callas lo devolvió al

centro del repertorio con interpretaciones

históricas de Norma, Anna Bolena, Lucia

di Lammermoor y Medea. Estas obras,

que requieren tanto agilidad vocal como

profundidad dramática, encontraron en

ella a su intérprete ideal. Su capacidad

de combinar virtuosismo técnico con

intensidad emocional reavivó el interés de

teatros y directores por estas joyas olvidadas,

marcando una influencia que aún hoy define

el repertorio lírico.

Su voz sigue siendo materia de estudio y

132 RITMOPLATINUM2025


fascinación. Los expertos coinciden en que

Callas poseía un instrumento imposible de

clasificar: era una soprano sfogato, una voz

que abarcaba registros propios tanto de la

soprano ligera como de la mezzosoprano

dramática. Esa amplitud le permitió

interpretar desde La Traviata hasta

Carmen con igual autoridad. Sin embargo,

lo que realmente la diferenciaba no era la

extensión de su voz, sino su capacidad para

convertir los defectos en expresión artística.

Las asperezas, los matices quebrados, las

notas imperfectas… lejos de restarle belleza,

añadían verdad. Su voz era el reflejo de su

alma: poderosa, doliente, humana.

Pero Maria Callas no fue solo una artista de

ópera. Fue una figura cultural, un fenómeno

mediático que rompió las barreras entre el

arte clásico y la cultura popular. En los años

cincuenta, tras una dramática pérdida de

peso que transformó su apariencia, pasó

de ser una cantante corpulenta a un ícono

de elegancia. Vestía de Dior, posaba para

fotógrafos de moda y se movía entre los

círculos más selectos de Europa. Su estilo,

su porte y su mirada intensa la convirtieron

en una musa para diseñadores y cineastas.

Era, en muchos sentidos, la primera

“rockstar” de la ópera.

Sin embargo, la vida de Callas también fue

una tragedia en carne viva. Su historia de

amor con el magnate griego Aristóteles

Onassis capturó la atención del mundo

entero. Él representaba la pasión, el poder

y la conexión con su herencia griega. Para

Callas, Onassis fue mucho más que un

amante: fue el sueño de una vida normal,

lejos de los escenarios. Pero el idilio terminó

con una traición devastadora cuando Onassis

la abandonó para casarse con Jacqueline

Kennedy. Aquel golpe no solo fracturó su

corazón; también apagó la llama que había

alimentado su arte.

La prensa sensacionalista, que alguna vez la

había glorificado como “La Divina”, la retrató

entonces como una mujer rota, víctima de

su propio mito. Pero, con el paso del tiempo,

esa vulnerabilidad se ha convertido en parte

esencial de su atractivo. Callas no fue solo una

artista de voz inmortal; fue una mujer que

amó, sufrió y se reinventó a la vista del mundo.

Hoy, su figura sigue más viva que nunca.

Documentales, exposiciones y películas

como Maria de Pablo Larraín reavivan el

interés por su legado. Nuevas generaciones

descubren en ella no solo una intérprete

magistral, sino un símbolo de autenticidad

y poder femenino. Pocas figuras del siglo

XX han logrado unir con tanta intensidad la

genialidad artística y el drama humano.

En última instancia, Maria Callas perdura

porque fue única. Sus grabaciones siguen

siendo una escuela de interpretación; su vida,

una parábola de gloria, amor y pérdida. Su

voz, a veces imperfecta, siempre inolvidable,

sigue conmoviendo porque encierra algo más

que música: la verdad desnuda de una mujer

que vivió para el arte y murió con él. En

Callas, el mito y la humanidad se funden para

recordarnos que la grandeza, como la belleza,

nace del dolor y de la pasión por vivir. RP

RITMOPLATINUM2025 133


texto Juana Cabrera

foto Archivos Maria Callas

Marina Abramovic:

“7 Deaths of Maria Callas”

La muerte como homenaje.

entre el drama visual y la poesía trágica. Para

complementar a la perfección, en paralelo,

siete sopranos distintas interpretan las arias

que hicieron inmortal a la diva. Abramović,

en vivo, observa y encarna ese viaje final

hacia el silencio.

Durante más de cinco

décadas, Marina

Abramović ha explorado

los límites del cuerpo,

la resistencia y la

vulnerabilidad. Pero con 7 Deaths of Maria

Callas, la artista serbia dio un paso más

allá: transformó la tragedia operática en

un ritual de despedida. Estrenada en 2020

en la Bayerische Staatsoper de Múnich,

esta ópera-performance es un homenaje

profundamente personal a María Callas,

la soprano que convirtió el dolor en arte, y

cuya vida, como la de tantas heroínas que

interpretó, estuvo marcada por la intensidad

y la soledad.

La pieza combina performance, ópera y cine.

Callas, la mujer que cantó

con el alma rota, vuelve a

vivir a través de la artista que

convirtió el dolor en forma.

En el escenario, Abramović muere siete veces,

recreando las muertes más icónicas de

los personajes que Callas interpretó: Tosca,

Carmen, Desdémona, Violeta, Butterfly,

Norma y Lucia. Allí, cada muerte es una

escena cinematográfica pregrabada, donde

la artista actúa junto al actor Willem Dafoe,

El proyecto nació de una obsesión.

Abramović ha confesado que siente a Callas

como un reflejo de sí misma: “Ambas

sacrificamos todo por nuestro arte”, dijo en

una entrevista para The New York Times. La

artista estudió su vida durante años, visitó

su apartamento en París, leyó sus cartas y

escuchó sus grabaciones hasta sentir que la

voz de Callas la habitaba. 7 Deaths of Maria

Callas no busca imitarla, sino entenderla.

Es un intento de reconciliar a la mujer detrás

del mito, a la artista con la persona que

amó y perdió.

En el epílogo de la obra, titulado The Seventh

Death, Abramović representa la última escena:

la verdadera muerte de Callas, sola en su

departamento parisino. No hay aria final, solo

respiración. En ese silencio, la artista ofrece

su propio cuerpo como altar, su piel como

escenario. Allí, donde el canto se apaga, el

performance se convierte en oración.

Más que un homenaje, este performance

es una meditación sobre el arte, la entrega

y la mortalidad. Abramović transforma

la muerte en un acto de amor hacia quien

supo morir mil veces en escena. Callas, la

mujer que cantó con el alma rota, vuelve a

vivir a través de la artista que convirtió el

dolor en forma. RP

134 RITMOPLATINUM2025


RITMOPLATINUM2025 135


Montaje Digital: Mayobanex Abreu


Maria

Callas


PERSONAL STYLE

EN ESTA EDICIÓN, LA GRANDEZA DE MARIA CALLAS COBRA VIDA

A TRAVÉS DE QUIENES SE ATREVEN A ENCARNAR SUS MATICES.

NUESTRA SOPRANO INTERPRETA A LA DIVINA EN SU ESPLENDOR

MÁS PURO: LA VOZ QUE ESTREMECÍA TEATROS Y EL MAGNETISMO

QUE TRASCENDIÓ GENERACIONES. A SU LADO, UN TENOR REVIVE

LA PASIÓN ARTÍSTICA DE GIUSEPPE DI STEFANO, ESA COMPLICIDAD

VOCAL QUE MARCÓ UNA ERA. UN RECONOCIDO EMPRESARIO ENCARNA

A ARISTÓTELES ONASSIS, FIGURA CLAVE EN LA VIDA ÍNTIMA DE

CALLAS, MIENTRAS UNA DISTINGUIDA SOCIALITÉ REINTERPRETA LA

VERSIÓN MÁS ICÓNICA Y ENIGMÁTICA DE LA ARTISTA. JUNTOS, RINDEN

HOMENAJE A SUS ESCENARIOS, SUS AMORES Y SU LEYENDA ETERNA.




NATHALIE PEÑA COMAS

SOPRANO Y ACTRIZ DOMINICANA INTERPRETA A LA GRAN CALLAS

Maria Callas es la razón por la que hoy día soy cantante de ópera. Su extraordinario

talento vocal, histrionismo y exquisita musicalidad, acompañados de una férrea

disciplina, seriedad y alto compromiso con la música cambiaron el curso de la ópera.

Representar a esta leyenda es un altísimo honor.

escribe Nathalie Peña Comas coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul

maquillaje Avis Soto peinado Joel Rodríguez vestuario Tapiruj/Zara accesorios Afazzes Accesorios/Piu by Misura locación Palacio de Bellas Artes

dirección creativa Iris Encarnación




ENRÍQUE PINA

DIPLOMÁTICO DE CARRERA Y TENOR PROFESIONAL

INTERPRETA AL GRAN TENOR GIUSEPPE DI STEFANO

Interpretar al gran tenor siciliano, Giuseppe Di Stefano, ha sido una ocasión simpática,

divertida y original, ya que Di Stefano es uno de mis tenores favoritos, conocido por su

gran expresividad vocal y bella voz de tenor mediterráneo. Uno de los pocos tenores que no

despertaba celos en la gran soprano Maria Callas. El esplendor de la carrera de Di Stefano

duró solamente 10 años debido a su hábito de fumar y falta de descanso por acostarse tarde

jugando en los casinos. El canto operístico es como un sacerdocio que requiere una férrea

disciplina en la vida personal. Se es tenor 24/7.

escribe Enrique Pina coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul

maquillaje y peinado Diana Soriano dirección creativa Iris Encarnación






GEORGE NADER

EMPRESARIO Y SOCIALITÉ INTERPRETA

AL AMOR DESTRUCTIVO DE CALLAS

Interpretar a Onassis en este shooting fue una experiencia sorprendente. Por un momento sentí que

realmente estaba entrando en su vida y en esa época que siempre me llamó la atención. Me transporté

a un pasado que, honestamente, me hubiese gustado vivir, aunque fuera solo por un instante.

Encarnarlo me permitió entender un poco más quién era y cómo se movía en su mundo.

escribe George Nader coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul

maquillaje y peinado Diana Soriano dirección creativa Iris Encarnación




TAMMY GHATTAS

SOCIALITÉ ORIUNDA DE BELÉN, CISJORDANIA,

PALESTINA, ENCARNA EL PAPEL DE “LA DIVINA”

Representar a Maria Callas fue un privilegio y una experiencia profundamente transformadora.

Adentrarme en su mundo me permitió conectar con la fuerza, la sensibilidad y la pasión que

definieron a esta leyenda. Comprendí que su grandeza no solo estaba en su voz, sino en su

vulnerabilidad y determinación. Interpretarla fue rendir homenaje a una mujer que vivió

intensamente, dejando una huella eterna en el arte y en quienes la admiramos.

escribe Tammy Ghattas coordinación Maria Amelia Cerón Victoria fotografía Alexander González @alexgonzalezphoto estilismo Joselo Franjul

maquillaje Avis Soto peinado Joel Rodríguez vestuario Tapiruj/Zara accesorios Afazzes Accesorios/Piu by Misura locación Palacio de Bellas Artes

dirección creativa Iris Encarnación





RITMO DEL AYER

texto Maria Amelia Cerón Victoria

foto Archivos Maria Callas

Montserrat Caballé: la Superba

Una soprano española admirada por Callas, compañera de consejos,

espejo de virtudes y diferente en luz

Montserrat Caballé (1933-2018), soprano lírica de origen

español, es considerada una de las grandes figuras

operísticas del siglo XX. Tenía una voz de técnica

refinada, dominio del bel canto, un fraseo elegante, un

“fiato” impresionante, y una capacidad para los matices vocálicos

que muchos admiradores destacaron como extraordinaria. Caballé

admiraba profundamente a Maria Callas. En varias entrevistas dijo

que Callas fue referente, modelo artístico, alguien a quien pidió

consejos sobre repertorio, interpretación y elección de roles. Su

escucha no era competitiva, sino formativa: aprendió observando

la entrega escénica de Callas, aunque su estilo vocal era diferente:

más centrado en la musicalidad, la pureza de la línea; en algunos

casos, en el control lírico más delicado. Callas, por su parte,

reconoció en Caballé una soprano de gran promesa y capacidad.

Existe una cita: al preguntársele quién podría sucederla, Callas

respondió algo como “Only Caballé…” («Solo Caballé…»)

Mientras Callas fue famosa por su versatilidad dramática, por su

intensidad emocional, sus extremos vocales, su narrativa musical

fuerte, Caballé se destacó por una línea más uniforme, más centrada

en la belleza del sonido, en la técnica pura, y en sostener papeles largos

con delicadeza. Caballé rivalizaba mediante elegancia, sin dramatismos

exasperados. Aun así, compartían el compromiso con la música, la

pasión por la ópera, el respeto por el repertorio belcantista.

Caballé contó que conoció a Callas hacia finales de los años sesenta,

se hicieron amigas, compartieron cenas, conversaciones de música,

de vida. Caballé recuerda que Callas era amable, aunque reservada;

que apreciaba cuando ella cantaba obras que ambas amaban, como

Norma. Caballé también decía que Callas tenía una soledad, un aura

que, más allá de la fama, la hacía humana, vulnerable. Cuando Caballé

murió en 2018, medios de todo el mundo la recordaron no solo como

diva española, sino como quien pudo “ser heredera” de la tradición que

Callas había marcado. Que su nombre se mencione junto al de Callas

no es azar: ambas formaron parte de una era en la que la ópera dejó de

ser solo técnica, se volvió mito, estética, actuación, presencia moral.

En definitiva, Montserrat Caballé fue amiga, admiradora, sucesora

simbólica de la tradición que Maria Callas fortaleció. No la imitó, sino

que caminó paralelo, con su propia luz, y con esa reverencia que solo

nace cuando lo que deseas es aprender del arte, no de la rivalidad.



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