acta ordinis fratrumminorum - OFM

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EX ACTIS MINISTRI GENERALIS 49(cf. Mt 28, 7). “Id a comunicar a mis hermanosque vayan a Galilea; allí me verán” (Mt 28,10). El Señor no acepta nuestras discusionespreliminares. Las explicaciones, las aclaraciones,vienen siempre después.Pongámonos en camino, hermanos, miremoshacia delante. La via resurrectionis no sepuede recorrer arrastrando los pies, y, menostodavía, arrastrando el corazón, viviendo rutinariamentey resignados a una muerte preanunciada.¿No os parece que a veces damosla impresión de habernos quedado paradosen el viernes santo? Esta es la impresión quedamos cuando presentamos la Buena Noticiacon tonos lúgubres, severos, casi con repiquesfúnebres. Éste es el mensaje que trasmitimoscuando las lágrimas por un pasado que ya noexiste nos impiden ver la presencia del Resucitadoen medio de nosotros. ¿No creéis que haydemasiados discípulos de María Magdalenaentre nosotros?.“Este es el día en que ha actuado el Señor”(Sal 117, 24). En Pascua Cristo nos entrega sudía, nos entrega una vida nueva: “Barred la levaduravieja para ser una masa nueva” (1Cor5, 7). La piedra sepulcral, la que nos encerrabaen nuestro mundo viejo, cansino, inhabitable,ha sido removida definitivamente. El mundodecrépito, sofocante, en el que hemos quedadoapresados hay ha pasado (cf. 2Cor 5, 17). Cristo,nuestra pascua, nos ha liberado. Habituémonosal amor, a la luz, a la libertad, y dejemosque, a través de nuestro testimonio, penetre elmensaje eterno en el hoy de la historia.Estamos viviendo este tiempo propicio paragustar la gracia de los orígenes. Y ¿qué mejormodo para gustar dicha gracia sino dejándonosencontrar por el Resucitado y dando testimoniogozoso de su presencia entre nosotros?¿No fue esto lo que hizo el cristiano Franciscode Asís? Este año queremos celebrar el don dela vocación a la que por gracia hemos sido llamados.Y ¿qué mejor modo de celebrarla si noes restituyendo al Señor y a nuestros contemporáneos,con la palabra y las obras, cuántode Él hemos recibido? Estamos a las puertasdel Capítulo general cuyo tema será la evangelización/misión.Redescubramos el ardormisionero que siempre caracterizó a nuestraOrden. Salgamos y anunciemos que “no hayotro omnipotente sino él” (cf. CtO 9). Salgamosy abramos el corazón del hombre al donde Dios, al Espíritu del Señor. Salgamos y demostestimonio gozoso de la esperanza que elSeñor puso en nuestros corazones y que anidaen nosotros (cf. 1P 3, 15).Pero ¿cómo lograr todo ello si no miramosa la situación en que viven muchos de nuestroscontemporáneos? ¿Ignoramos acaso queel sábado de gloria ha sido precedido por elviernes santo? La pasión y muerte de Jesús esrenovada diariamente en las vidas de muchosde nuestros hermanos y hermanas que estánsufriendo las consecuencias de la crisis económicapor la que están atravesando muchosde nuestros países. En los últimos meses crececonstantemente el número de aquellos que notienen trabajo, de los que no tienen hogar, delos que pasan hambre. Francisco nos enseña aestar cerca de la gente, sobre todo de los pobres(cf. 1R 9, 2), “menores entre los menores”, comonos recordó el Capítulo extraordinario del2006. Esta Pascua puede ser un tiempo de graciapara nosotros y para tantos afectados poresta crisis global que estamos viviendo si nosponemos a caminar con ellos, compartiendocon ellos sus sufrimientos, siendo solidarioscon ellos y trabajando con ellos para encontrarjuntos caminos que puedan aliviar sus penas.Esta Pascua nos lanza un gran desafío: podercomunicar esperanza a los que no la tienen,comunicar un rayo de luz a cuantos viven entinieblas.Queridos hermanos: Volvamos una vez másnuestra mirada a Francisco, nuestro padre yhermano. El Poverello vive momentos de muchadebilidad en su cuerpo y de muchas luchasen su espíritu. La enfermedad y los problemascon que se encuentra en la Fraternidad lo hanconsumido poco a poco. Ya no puede caminar.Ha de ser transportado en un asno. Perohay algo a lo que no renuncia: ser mensajero,hasta el fin, de la alegría (cf. LP 24). La alegríaacompañó siempre a Francisco. En la PascuaDios nos invita a participar de su alegría: la decrear amando. Seamos sembradores de amor,y la alegría brotará en nuestra tierra. Y recordemossiempre que nuestra alegría es un actoeminentemente misionero. Es una invitación aamar, a esperar, a creer, a vivir.¡Feliz Pascua de Resurrección, queridoshermanos!Roma, 19 de marzo, solemnidad de san José, de 2009Prot. n. 099800Fr. Jo s é Ro d r í g u e z Ca r b a l l o, o f mMinistro general

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