Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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206 AN. CXXIX – MAII-AUGUSTI 2010 – N. 2de palabra y de acción. En la educación nosjugamos todo: o la transmisión de una culturade las bienaventuranzas, o de una cultura de laopresión; la transmisión de un espíritu universalistao de un espíritu de gueto; de un espíritusolidario y fraterno, o de un espíritu egocéntricoe insolidario.La educación trasmite cultura, pero, al mismotiempo, está llamada a crear cultura. Ennuestro caso una cultura que yo llamaría de lasbienaventuranzas y que tiene mucho que vercon una determinada cultura de la vida basadaen valores como: la universalidad, que llevaa considerar los otros como a uno mismo; launidad, que consiste en compartir con los otroslos valores auténticos; la honestidad, que llevaa la actualización de los valores; la libertad,o participación en las decisiones y objetivospara la vida propia y del prójimo. La culturade las bienaventuranzas también tiene muchoque ver con un determinado proyecto culturaly educativo basado en valores como: el compartir,la no violencia, el servicio, la minoridad,la interdependencia… De este modo elprograma de felicidad para el hombre pensadopor Dios y proclamado por Jesús en el discursode la montaña se hace cultura, gracias a unproyecto educativo concreto.Para ello todas las actividades han de orientarsea lograr un determinado perfil de la persona.Nada en la educación es gratuito: todoha de estar orientado a conseguir el perfil dealumno que queremos. Esto exige tener biendelimitado el modelo educativo franciscano.Un modelo no acabado, sino abierto y en caminoque, además de los valores evangélico/franciscanos que queremos transmitir, tengaen cuenta la realidad de la persona que tenemosdelante. Un modelo, por tanto, que tengaen cuenta el marco situacional. Esto comportauna constante evolución del modelo educativo;un serio y profundo discernimiento paracambiar lo que haya que cambiar y potenciarlo que haya que potenciar.3. Misión compartida con los laicosEn esta tarea evangelizadora y creadora dela cultura de las bienaventuranzas, hemos deinvolucrar a toda la comunidad educativa y,más concretamente, a los laicos. La educación,repitámoslo una vez más, pertenece al ámbitode la evangelización y está, en nuestro caso, alservicio de ésta. Si en cualquier otra actividadevangelizadora nos sentimos llamados a impulsaruna evangelización compartida con loslaicos, otro tanto ha de hacerse en la pastoraleducativa.Por diversos motivos necesitamos de loslaicos, pero aun cuando no los necesitáramos,debemos abrirnos a la misión compartida. Eneste contexto hemos de admitir que estamosllamados a una conversión pastoral, de la queya habló el documento de Aparecida, que noslleve a abrirnos a esa misión compartida conlos laicos en la que se le reconozca el protagonismoque le corresponde por derecho propio,y no por una graciosa concesión ni mucho menosa título de suplencia para acudir en socorrode nuestras carencias de personal (Portadoresdel don del Evangelio 25).En este contexto me permito citar un mandatode nuestro último Capítulo general 2009:“Los hermanos [esto vale también para lashermanas] donde quiera que vivan, fortalezcanla colaboración y el diálogo con los laicosen vistas a una evangelización compartidadel mundo, preparando con ellos programasde formación y de animación, inspirados enlos documentos de la Iglesia y de la Orden”(Mandato 31).4. Comunidad educativaLa educación nunca es tarea de uno, en solitario,sino tarea de muchos que, movidos porun único interés –el crecimiento integral de lapersona-, trabajan con un mismo corazón y unamisma alma, en un proyecto educativo común.Este principio sagrado para la educacióntiene una consecuencia clara: la necesidad deconstruir y potenciar verdaderas comunidadeseducativas franciscanas, en las que cada unoasuma su propio rol y sus propias funciones,y, creando una red, permitan a los niños y jóvenesasimilar, implícita y explícitamente,los diversos valores que se promueven en elámbito educativo. De este modo se pasará deuna estructura de escuela institución a un estructurade escuela comunidad educativa, enla que unos ayudan y complementan la laboreducativa de los otros.Esto comporta tener un claro modelo educativoy crear un gran sentido de pertenenciaafectiva y efectiva a la comunidad educativa.La escuela o colegio deben ser consideradosla casa de todos: religiosos, alumnos, padresde familia, educadores, personal administrativo…La comunidad educativa debe sentirsellamada a crecer en responsabilidad educativa.Para ello, es necesario crear una mística educativacomún.

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