Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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332 AN. CXXIX – MAII-AUGUSTI 2010 – N. 24. El Ministro general, Fray José RodríguezCarballo, enmarcó la temática de nuestra misiónevangelizadora en la tradición de la Orden,especialmente de los últimos documentosgenerales desde el 2003 hasta el presente. ElMinistro hizo inicialmente suyas unas palabrasproféticas del obispo Helder Cámara delBrasil, palabras de gran aliento poético que hicieroneco inmediato en nosotros: Misión espartir, dejarlo todo, salir de uno mismo, romperla costra de egoísmo que nos encierra ennuestro yo. Es parar de dar vueltas en torno anosotros mismos, como si fuésemos el centrodel mundo y de la vida. Es no dejarnos bloquearpor los problemas de nuestro pequeñomundo: la humanidad es mayor. Misión essiempre partir, pero no devorar kilómetros.Es sobre todo, abrirse a los otros como hermanos,descubrirlos y encontrarlos. Y si paraencontrarlos y amarlos es necesario atravesarlos mares y volar en los cielos, entonces misiónes partir hasta los confines del mundo”.5. A tono con los documentos que expresanel sentir consensuado de la Orden, el Ministroinsistió en tres horizontes que debendanzar entrañablemente juntos en el caminarevangelizador de todo hermano menor: la espiritualidad(“la misión sostenida en una fuerteexperiencia de Dios”), la fraternidad (“ningúnproyecto de evangelización es iniciativa ni patrimoniopersonal de nadie, siempre es la fraternidadla que evangeliza”) y la misión (“habitarla marginalidad como esencia de nuestraidentidad franciscana”).6. El Ministro general sintetizó además algunaspistas fundamentales para la tarea evangelizadora:“La misión ha de tener en cuentalos signos de los tiempos, así como la situaciónactual del mundo. La atenta lectura de los signosde los tiempos ha de considerarse prioritariasobre cualquier adecuación estructural”.Esta atención a los signos implicaría:– ser menos autorreferenciales en nuestrosplanteamientos;– ser capaces de proyectar una mirada positivasobre los contextos y las culturas en queestamos inmersos, descubriendo las oportunidadesinéditas de gracia que el Señor nosofrece a través suyo;– encarnarse real y afectivamente en la realidadsocio-cultural del pueblo, como condiciónineludible de nuestra misión;– hablar un lengua comprensible para el mundode hoy, y formarnos en y para el diálogo;– no acomodarnos al mundo o suspender eljuicio crítico respecto a él; estar en el mundo,sin ser del mundo;– mantener una dinámica de circularidad: dary recibir.7. Por último, el Ministro general relacionóel afán misionero con otras dos áreas fundamentalesque deben activarse en el sentido correcto:la promoción vocacional y el redimensionamientode nuestras respectivas entidades.El testimonio de nuestra misión evangelizadoraen las zonas de fractura social, a tono conlos signos de los tiempos, es nuestra mejorpromoción vocacional. La misión necesita, asu vez, vocaciones seducidas por el ideal dela encarnación del Evangelio. Sin embargo,lejos de toda simplificación, el Ministro nosinvitó a encarar la problemática vocacional ylas llamativas deserciones en la Orden. Urgióun estudio a fondo sobre la cuestión, ya seaa un encuentro en la UCLAF o en las Conferencias.Por otro lado, también interpeló a lasentidades para que tengan la osadía y el corajede redimensionarse internamente en funciónde revitalizar el carisma, recrear nuestra viday misión.8. El comité organizador invitó a Fray TomásMartín para compartir, igualmente, sobrela temática de la misión evangelizadora, perocon un especial enfoque en su experiencia devida como misionero en la zona amazónica delPerú; en la que ha vivido hace más de treintaaños. Fray Tomás partió de un testimonio de lavida cotidiana para ilustrar la identidad específicadel misionero. Contó que un campesino ledijo a un técnico que el gobierno había mandadopara “orientar” los trabajos, lo siguiente: “Siusted piensa que ha venido aquí a enseñarnosa cortar árboles, se equivoca, no le necesitamos,somos capaces de hacerlo nosotros solos.Lo que queremos saber es si usted se quedaráaquí cuando el árbol caiga”. Del mimo modo,ilustró Fray Tomás, Cristo ha venido a estarcon nosotros, también en “el momento de lacaída del árbol”; su solidaridad no es a medias,ni mucho menos ficción. De lo que se derivaque ser misionero es, sobre todo, comprometersey quedarse al lado de los hermanos, especialmentecuando el árbol está cayendo sobreellos; estar al lado de la gente adoptando elmismo estilo de vida que tuvo Cristo. Por tanto,el gran reto de nuestra misión es y será: “cómohacer visible a Dios a través de gestos de libertad,liberación, transformación”. Aclaró que lapreocupación por anunciar el Evangelio a otrosdebe convertirse en conciencia primera de que

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