Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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EX ACTIS MINISTRI GENERALIS 207Ello será posible en la medida en que hayauna formación, adecuada a la situación de cadauno de sus miembros, en la espiritualidady en la pedagogía franciscanas, que lleve a lavivencia de los valores evangélicos franciscanossegún la vocación a la que cada uno ha sidollamado: los religiosos como religiosos, loslaicos como laicos. Esto es lo que ha de configurarel rostro de nuestros centros educativos.Por otra parte la mística educativa común selogrará también en la medida en que todos seinvolucren en la elaboración del modelo educativocomún del centro. Cuanta más participaciónhaya en la elaboración, mayor compromisohabrá a la hora de ponerlo en práctica.Un aspecto importante al hablar de comunidadeducativa es el trabajo con los ex alumnos.El ideario educativo de la Orden, Id yEnseñad, alienta una estrecha colaboraciónentre los ex alumnos y nuestras institucioneseducativas, particularmente en lo que se refierea las tareas pastorales y sociales. Estetrabajo nos ayudaría a evaluar el modelo educativode nuestros centros, pues es en el contactocon los egresados como podemos verconcretamente el impacto que nuestro modeloeducativo tiene en la sociedad. Creo quenos queda todavía mucho camino por recorreren este sentido.5. La educación parte de la vida y desembocaen la vidaUn proyecto educativo ha de partir de larealidad donde viven los alumnos. Esto exigeconocer bien esa realidad, las característicasy necesidades culturales y sociales de la población.La educación ha de ser encarnada einculturada, de no ser a sí será siempre teórica.Pero al mismo tiempo la educación es para lavida. De la vida se pasa al aula y del aula a lavida. Es lo que estos días llamábamos movilizaciónde saberes.Nuestros centros educativos han de preparara los alumnos para enfrentarse, con valoresy competencias, a las más variadas y, muchasveces, delicadas situaciones de la vida. Nuestroscentros educativos han de preparar a losalumnos para lanzarlos a la calle y allí, intergentes, en medio de las gentes, testimoniar yproclamar los valores evangélicos y franciscanosen los que han sido educados. Nuestroscentros educativos han de asegurar valores ycompetencias (y no sólo aquellos o éstas). Enello consiste la excelencia educativa de nuestrosCentros.6. La persona al centroEl actual desarrollo relacional se funda enuna óptica meramente economicista y mercantilistade la existencia, y en una cultura y educaciónque pueda sostener dicha óptica, y, porlo tanto, marcada por un acercamiento culturaly científico racionalista, y por una ética nofundada en la solidaridad y la corresponsabilidadrecíprocas, si no, más bien, en el desafío,el suceso y en ser los primeros.Todo este tejido cultural engendra y sostieneun exasperado individualismo que, entreotras cosas, caracteriza las relaciones con losdemás, basadas en el propio provecho y en laspropias necesidades –el individuo es un sujetohumano autárquico, encerrado en sí mismo-,y que caracteriza, también, el trabajo, difícilmentecreativo y aún más raramente comunitario,sino será más bien entendido como unacadena de montaje.La antropología franciscana, en cambio,pone a la persona –ser en relación-, en el centro.Esto debe encontrar en el modelo educativoun punto de apoyo importante. Como franciscanoshemos de tener la valentía de viviren el mundo y de formar a nuestros niños yjóvenes con características diferentes de aquellosque razonan en términos de dinero, sucesoy poder. Hemos de saber hacer y de formar anuestros niños y jóvenes en un juicio crítico dela sociedad, que lleve a una objeción de concienciaa estas tres tentaciones, que son las deuna visión pagana e individualista de la vida,para transformar los sueños y las utopías de lasbienaventuranzas en proyecto.Pero cuando hablamos de la centralidadde la persona en el proceso educativo hemosde tener bien presente lo que entendemos porpersona, y sacar las consecuencias educativasque de ello derivan. La persona crece en lamedida en que es acompañada. Ello pide unaeducación personalizada y acompañada, nuncamasificada. La persona es un ser integral.Ello exige que en la educación se tengan encuenta todas las dimensiones constitutivas dela persona: la humana (antropológica, psicológicay moral), la intelectual, la social, la creyentey la profesional. La persona es un ser enconstante devenir, una realidad abierta y, precisamentepor ello, incompleta, un proyectoinacabado siempre en un proceso dinámico dellegar a ser lo que es, en palabras del filósofogriego Píndaro. Para responder a esta realidadantropológica, la educación ha de posibilitara la persona a ser consciente de sus posibili-

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