Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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216 AN. CXXIX – MAII-AUGUSTI 2010 – N. 2necesidad de tener el corazón vuelto hacia elSeñor en todo momento, actitud sólo posible sihay una vida de fe auténtica. El Capítulo 2009nos invita a ser autocríticos en lo relacionadocon nuestra fe y apunta a la crisis de fe “quetoca a algunos de nosotros” (PdE 12). Es unacuestión que no podemos dejar de lado, puesde la respuesta que demos dependerá tambiénnuestra misión evangelizadora: sólo unaauténtica experiencia de Dios, de hecho, nospondrá en movimiento (cf. PdE 11). El cuidadode la dimensión de fe de nuestra vida esesencial para la perseverancia.Por otro lado, el mundo es nuestro claustro,lugar donde vivimos y predicamos el Evangelio.Esto, además de una formación para eldiálogo (cf. PdE 24), nos está pidiendo ciertasactitudes básicas respecto del mundo: unamirada positiva hacia él (cf. PdE 15), sin darla espalda a su devenir (cf. PdE 29); simpatíapor él, “como condición para entrar en diálogocon los hombres y mujeres de hoy y parala evangelización” (cf. PdE 15), hablando unlenguaje que haga comprensible el mensaje(cf. PdE 16). Todo ello “sin acomodarse almundo”, ni “tampoco suspender el juicio críticorespecto a él” (PdE 15).En el mundo hemos de situarnos del ladode los “menores”, de los últimos, de los excluidos,como el Verbo que, en virtud de suencarnación, “se pone del lado de la periferia,de la vulnerabilidad, de la pobreza” (PdE 23).“Menores entre los menores de la tierra” (Shc30), haciendo lo posible para dejarnos seducirpor “los claustros olvidados e inhumanos”(Sdp 37). Habitando “las fisuras de un mundofragmentado” (PdE 22).En la revisión de vida y misión que estamosllamados a llevar a cabo (cf. Shc 33), estamosllamados a preguntarnos sobre nuestra vida defe, sobre nuestra práctica de la oración, sobrenuestra actitud ante el mundo y sobre el lugaren donde nos situamos y donde nos sitúa lagente, lo que tiene mucho que ver con la vivenciade nuestra minoridad.6. El redimensionamientoNo conozco una Entidad en la Orden queno esté necesitando urgentemente un redimensionamientointerno. Hay demasiada desproporciónentre el número de presencias y elnúmero de hermanos. Esto está desgastando alos hermanos y produciendo, muchas veces,un empobrecimiento de la calidad evangélicade vida preocupante, como se ve en la vida deoración, en la vida fraterna y en la misma calidadde servicios pastorales que prestamos. Asíno podemos seguir. Hay que tomar medidas,a veces drásticas, al respecto. No se puedensacrificar valores como los anteriormente citados,por mantener presencias que presenciasevangélicas y franciscanas no son.A este redimensionamiento interior se añade,en muchos casos, la necesidad de redimensionamientoestructural de Entidades, llegandoen no pocos casos a la fusión de las mismas.Hay varios procesos iniciados desde la base.Otros están siendo impulsados por el Ministroy el Definitorio general, pues tenemos plenaconciencia de que hay situaciones límites quenecesitan una intervención.No es la primera vez que estas situacionesse dan en la historia de nuestra Orden. No seráciertamente la última. Sé que esto es doloroso,pues afectivamente nos cuesta. Pero hemos dehacer de la necesidad una virtud, asumiendoel redimensionamiento interno y externo como“gracia pascual para intentar re-significarnosde modo más simple y vulnerable, pero tambiénmás profético y ciertamente minorítico”(PdE 31). El Definitorio general seguirá estudiandoel tema del redimensionamiento y dela reestructuración de las Provincias, ofreciendo“líneas guía para el acompañamiento dedichos procesos”, como nos pide uno de losmandatos del Capítulo general, y siempre teniendopresente que lo que se pretende es dar“mayor dinamismo a la vida evangélica y misionera”(PdE 47).7. Graviora delictaTodos sabemos que la Iglesia en estos momentosestá viviendo una situación nada fácila causa de los abusos sexuales a menores cometidospor algunos sacerdotes o religiosos.Mientras condenamos abiertamente estos crímenesde los que nos sentimos avergonzadosy por lo que, en lo que a nosotros corresponde,pedimos perdón, no podemos dejar de entristecernostambién por las informaciones parcialesy con escaso conocimiento de los hechos quese dan, así como por los “juicios sumarios” a laIglesia y a la misma persona del Santo Padre,que más saben a persecución que a voluntad desalir en defensa de las víctimas.Por nuestra parte, deseamos que toda laverdad venga a la luz y que se traten estos casosde acuerdo con las leyes de la Iglesia, dela Orden y del propio país. Para ello sígase escrupulosamentelas normas que en la Orden se

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