Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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230 AN. CXXIX – MAII-AUGUSTI 2010 – N. 29. Carta en el día de Santa Beatriz de Silvaa las Hermanas de la Orden de la Inmaculada ConcepciónCONTEMPLADLOQUE QUEDARÉIS RADIANTESSaludoQueridas Hermanas ConcepcionistasFranciscanas de Santa Beatriz de Silva, lleguea todas y a cada una de vosotras mi saludo ymi abrazo cariñoso y fraterno: ¡El Señor osdé la paz!Como todos los años desde que he sido llamadoa ejercer el servicio de Ministro generalde la OFM, también este año quiero dirigirmea todas vosotras con motivo de la fiesta de santaBeatriz de Silva. Con esta carta deseo, antetodo, agradeceros vuestra cercanía a la Ordende los Hermanos Menores, y vuestra cercaníay oración por mí y por el servicio que el Señory los hermanos me han confiado. Por lo muchoque os quiero sé muy bien lo mucho que mequeréis y el gran amor que tenéis por vuestroshermanos franciscanos. En nombre propio yde todos ellos os digo de corazón: Gracias. Nosotrosseguimos contando con vosotras, comovosotras podéis seguir contando con nosotros.En María Inmaculada somos miembros de unamisma familia, somos hermanos. Así lo haquerido santa Beatriz y la historia. Así apareceen vuestra Regla. Así lo ha querido tambiénla Iglesia al aprobaros vuestras Constitucionesgenerales.En segundo lugar, quiero animaros a seguirpreparándoos con gozo y seriedad al VCentenario de la aprobación de vuestra Regla(1511-2011), cuyo momento culminante a nivelde Orden será el II Congreso de MadresPresidentas que se celebrará en Toledo, en lacasa madre, del 24 al 29 de mayo del 2011 ylas celebraciones que seguirán a dicho Congreso.Es una fecha importante que no podéisdesaprovechar. De esa preparación dependeráen gran parte que el V Centenario de la aprobaciónde la Regla no quede reducido a un merorecuerdo histórico, sino que sea un verdaderomomento de gracia, una ocasión propicia paravolver a vuestras raíces y revitalizar vuestrocarisma.Ocasión de la cartaLas Madres Presidentas de la OIC, reunidasen la Casa madre el 4 de junio de 2008, alfinal del encuentro se dirigían a las Hermanasde todo el mundo con estas palabras: “Proclamamosla primacía absoluta del Señor, Padremisericordioso, y queremos prestarle nuestrapermanente contemplación, alabanza y servicio”(Actas pg. 373).Animado por estas palabras, en esta ocasióny en vistas a la celebración jubilar del 2011,deseo compartir con todas vosotras algunasreflexiones sobre la contemplación a la luz dela espiritualidad concepcionista y franciscana.Vuestra vocación y misión:ser contemplativasSois una Orden contemplativa. VuestrasConstituciones generales lo expresan claramenteal afirmar que vuestra vocación es lavida contemplativa (CCGG 69, 1). Todo envuestra vida –los votos, la soledad y el silencio,la clausura, la vida litúrgica y la oración,la vida fraterna y la ascesis personal, y lamisma formación inicial y permanente-, hande estar finalizadas a progresar cada vez másen la vida de contemplación (cf. CCGG 41,2;55,1; 58,1; 69,1; 77,1; 126,1). Como concepcionistasfranciscanas, seducidas por el amoreterno de Dios, estáis llamadas a vivir el misteriode Cristo desde la fe, la oración constante,la disponibilidad y el ocultamiento (cf. CCGG4). Esta vida contemplativa ha de llevaros auniros intensamente a la pasión de Cristo y aparticipar, de un modo particular, en su misteriopascual (CCGG 58,1), de tal modo que ostransforméis todas enteras en Aquel que todoentero se entregó por nosotros.En eso consiste precisamente la contemplación,en identificarnos con Cristo, hastael grado de ser iconos vivientes de Cristo. Lagran tradición contemplativa de la Iglesia nosmuestra como la contemplación es un verdaderoy propio diálogo de amor, hasta hacer quela persona sea poseída totalmente por el divinoAmado. Será entonces cuando se realiza laexperiencia viva de la promesa de Cristo: “Elque me ama, será amado de mi Padre; y yole amaré y me manifestaré a él” (Jn 14,21).En este sentido, la contemplación no es, comomuchos/as piensan, algo especial, algo excepcionalen la experiencia cristiana, reservadosólo a los místicos, sino una realidad a la quesomos llamados todos los bautizados, pero deun modo especial todos aquellos que nos hemosconsagrado a Cristo.Por otra parte, contemplativo no es aquel oaquella que huye de la historia, sino un creyenteque intenta discernir en la historia y en los

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