Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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EX ACTIS MINISTRI GENERALIS 231hombres, en los acontecimientos y en la propiapersona, la presencia del Señor. Contemplativoes aquel cuya mirada –la mirada del corazón,sobre todo-, está fija en el Señor, y desdeesa postura existencial sabe discernir lo queviene del Señor y lo que le es contrario (cf.VC 73). Esta mirada fija en el Señor permitiráal contemplativo poder leer la historia con losojos de Dios y con el espíritu embebido delEvangelio, convirtiéndose, de este modo, en elverdadero experto en el discernimiento.Pero hay otro aspecto importante de la contemplacióncristiana. Ésta está finalizada a lacaridad, a la makrothymía, a la compasión, ala dilatación del corazón. Un verdadero contemplativonunca será una persona cerrada sobresí misma, sino que participará de la pasióndel mundo, particularmente de la pasión de lospobres. La compasión, la simpatía y la empatíapor la humanidad serán las medidas de laverdadera contemplación. La contemplaciónnunca apartará del compromiso con la historia.El contemplativo, abriendo el corazón al amorde Dios, lo abre también al amor de los hermanosy colabora activamente en la construcciónde la historia según el designio de Dios, y teniendola mirada fija en el rostro de Dios (cf.Novo Milennio ineunte, 16), no la apartará delos otros rostros de Cristo, particularmente enaquellas situaciones de dolor personales, comunitarias,y sociales donde puede resonar elgrito de Jesús en la cruz: “¿Por qué me hasabandonado?” (Mc 15,34).Pero la contemplación no es sólo vuestravocación, sino que es también vuestra misión.En cuanto Concepcionistas, haciéndoos esclavasdel Señor, como María, proclamáis, en actitudcontemplativa, la soberanía absoluta deDios. Este es vuestro principal apostolado, estaes vuestra misión (cf. CCGG 15). La Iglesiaos necesita en cuanto contemplativas. Tambiénnosotros vuestros hermanos. Y os necesitatambién nuestra sociedad. Ésta, particularmenteen occidente, vive una profunda crisisde valores que lleva a muchos de nuestros contemporáneosa vivir ut si Deus non daretur.La antropología reinante es una antropologíainmanentista, y el modelo social imperantees el de un desarrollo ilimitado (capitalismotécnico-nihilista), que no permite abrirse a unaauténtica y definitiva trascendencia. En estecontexto vuestra vocación de contemplativasse transforma en una misión de la que tieneurgencia nuestra sociedad. No nos privéis devuestro testimonio de la trascendencia. Os lorepito, mis queridas hermanas: Os necesitamoscomo contemplativas. En vuestro corazónhan de resonar fuertemente y de modo particularestas palabras dirigidas por Juan Pablo II atodos los religiosos: “Vuestro primer cuidadono puede estar más que en la línea de la contemplación.Toda realidad de vida consagradanace cada día y se regenera en la incesantecontemplación del rostro de Cristo” (Homilía,02/02/2001).Como os recuerdan vuestras Constituciones,sed fieles a vuestra vocación/misión contemplativa,“procurando tener sobre todas lascosas el Espíritu del Señor y su santa operación,con pureza de corazón y oración devota.A fin de alcanzar la unión con Dios y permaneceren diálogo constante con él”, procurad “vacarsólo a Dios en soledad, silencio, en asiduaoración y generosa penitencia” (CCGG 69, 1)La palabra,manantial de la contemplaciónLa contemplación es el lugar de acogida dela Palabra de Dios y, a la vez, de la escuchaatenta de la Palabra nace la contemplacióncristiana. Ésta se fundamenta en el primado dela Palabra de Dios en la vida del creyente, yen la fe que la Escritura Santa es la mediaciónprivilegiada de esa Palabra y de la presenciade Cristo. Los cristianos estamos llamados aver a través de los oídos, es decir: llegar a lacontemplación a través de la escucha.Es verdad que la contemplación es la unióncon Dios, por la búsqueda de comunión con él,pero no podemos olvidar que es Dios el primeroque ardientemente busca el encuentro conel hombre; es él el primero en salir de sí mismopara unirse íntimamente con el hombre. Deeste modo, y parafraseando unas palabras dePascal bien podríamos poner en boca del Señorestas palabras: “Tú no me buscarías si yono te hubiese encontrado”. La vida contemplativaes don que Dios hace al hombre. A éste lecorresponde acoger ese don, dejarse encontrarpor Aquel que desde siempre le busca: “Adán,¿dónde estás?” (Gn 3,9)Esto nos hace entender que la contemplacióncristiana se desarrolla en un espacio relacionalen el cual la iniciativa parte de Dios,que nos ha amado primero (cf. 1Jn 4,19), ynos ha hablado primero hasta manifestarse definitivamenteen el Hijo, Palabra hecha carne(cf. Jn 1,14). Es la Palabra que encuentra en laEscritura un instrumento privilegiado de mediación,en la comunidad cristiana el lugar de

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