Acta Ordinis Fratrum Minorum - OFM

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232 AN. CXXIX – MAII-AUGUSTI 2010 – N. 2ConclusiónQueridas hermanas: sean estas breves ysencillas reflexiones ocasión para que profundicéisen lo que es esencial a vuestro carisma:la vida contemplativa. Sirvan de pretexto paraseguir profundizando en esta dimensión esencialpara vosotras. No ceséis de mirar el rostrode Cristo, para poder luego contemplarlo enlos demás, llevándoles a Cristo vuestro Esposutransmisión y el ámbito en que es vivida ydeclinada como caridad, en la cruz el éxito alque conduce a quien la acoge radicalmente, yen la compañía de los hombres el espacio en elque es testimoniada con fuerza y con dulzura.Es la Palabra el manantial del que brota la contemplacióncristiana. Acoger y vivir la Palabraes el secreto de toda alma contemplativa.Mis queridas hermanas: si la Palabra de Dioses el alimento para la vida y el camino diario, loes también para la contemplación. Os invito amantener un contacto vivo e inmediato con laPalabra de Dios para que se impriman en vosotraslos rasgos del Verbo Encarnado (cf. JuanPablo II, Homilía, 02/02/2001). Os invito a alimentarvuestra vida contemplativa de la Palabrade Dios (cf. CCGG 40) y, como María, queguardaba fielmente en su corazón el misterio desu Hijo, dedicaros todos los días a la lectura ymedición del santo Evangelio y de las SagradasEscrituras (cf. CCGG 77,1). En este contextoos invito a hacer de la lectura orante de la Palabraen fraternidad un ejercicio frecuente. Deeste modo, acogiendo la Palabra, meditándola,y viviéndola juntas, crecerá en vosotras la espiritualidadde comunión, y seréis transformadasen mujeres nuevas, libres, evangélicas, comolo fue Beatriz, reavivando, al mismo tiempo, elimpulso de vuestro orígenes.La Eucaristía, lugar privilegiadopara la contemplaciónSiendo la Eucaristía lugar privilegiado parael encuentro con el Señor, lo es también parala contemplación del rostro del Señor. Todos,pero especialmente vosotras hermanas contemplativas,sois llamadas a contemplar al Señorde modo especial en la Eucaristía, celebrada yadorada cada día. La Eucaristía, corazón de lavida de la Iglesia, es también el corazón de todacomunidad contemplativa. En la Eucaristíase puede llevar a cabo en plenitud la intimidadcon Cristo, la identificación con Él, la total conformacióna Él, a la cual vosotras, hermanascontemplativas, estáis llamadas por especialvocación. Haced de la Eucaristía, mis queridashermanas, el lugar privilegiado de vuestra contemplación.No os acostumbréis a la celebraciónde la Eucaristía. Sea ésta siempre “nueva”en vuestras vidas y “nueva” será vuestra vida, yradiante vuestra contemplación.María, zarza ardienteEn el libro del Éxodo 3, 1-15 encontramosla perícopa de la zarza que “estaba ardiendo yno se consumía” (Ex 3, 2). Este versículo hasido interpretado por los Santos Padres comoimagen de María, Virgen y Madre, a quien vosotrasqueréis servir, contemplar y celebrar ensu Concepción Inmaculada (cf. CCGG 9, 1).Según dicha interpretación patrística, Maríano es el fuego, no es la fuente de calor, peroilumina, dejándose iluminar; es cálida, porqueen sus entrañas lleva al que es la Luz. El fuegoen las teofanías es el símbolo de la cercaníay, al mismo tiempo, de la trascendencia divina.La llama está fuera de nosotros y, comola luz, no puede ser aferrada; es algo que nostrasciende, y, sin embargo, nos traspasa con sucalor y con su esplendor; nos envuelve y nospenetra con su presencia. “En María, el EspírituSanto manifiesta al Hijo del Padre hechoHijo de la Virgen. Ella es la zarza ardiente dela teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo,presenta al Verbo en la humildad de su carnedándolo a conocer a los pobres (Lc 2,15-19) ya la primicias de las naciones” (CEC 724).Como recordaba Juan Pablo II, “la contemplaciónde Cristo tiene en María su modelo insuperable[…] nadie se ha dedicado con la asiduidadde María a la contemplación del rostrode Cristo” (Carta sobre el Rosario, 10). ComoConcepcionistas estáis llamadas a contemplara Jesús con los ojos de María, la “zarza ardiente”.Como la contemplación de María, tambiénla vuestra sea una mirada interrogadora (cf.cf. Lc 2,48): penetrante, capaz de leer en loíntimo de Jesús, como en Caná (cf. Jn 2,5); dolorosacomo en el calvario (cf. Jn 19,26-27);radiante por la alegría de la resurrección, y ardorosa,por la efusión del Espíritu, el día dePentecostés (cf. Hch 1,14).María, en el misterio de su Concepción Inmaculadaos abre a un conocimiento profundodel misterio de su Hijo. Seguid con María lospasos de Jesús (cf. CCGG 69,1). Al igual queMaría sed también vosotras zarzas ardientes,dejándoos habitar por él, para ser epifanía delSeñor en un mundo tan necesitado del Señor,como lo está de pan.

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