Dossier 20200702

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8 Página SIETE J u eve

8 Página SIETE J u eve s 2 de julio de 2020 Síganos en Facebook y Twitter especial@ p a g i n a s i e te . b o Especial w w w. f a c e b o o k . c o m / p a g i n a s i e te @ p a g i n a _ s i e te Natalí Vargas y Mónica Mercado / La Paz y Sucre Los hospices son centros especializados en atender a pacientes terminales en sus últimos días. En Bolivia el primero, y único hasta el momento, es la Casa de Acogida Sor María Catalina que funciona en la ciudad de Sucre atendido por las Siervas de María Ministras de los Enfermos. En la Capital, la Casa de Acogida es dirigida la hermana Luzvinda Díaz Lara, desde su apertura hace poco más de un año. “El objetivo de la Casa es acoger a pacientes de todas las edades, de toda condición social y de toda religión en la fase terminal de sus vidas. Muchos de los que han venido acá sí sabían que la hora estaba próxima, otros no”, explica la directora. Y añade: “Lo que realmente nos queda a nosotras es la alegría y la satisfacción de haberles ayudado a transitar este momento final de la mejor manera, brindándoles cariño y amor; no solamente tratando el dolor físico, sino apaciguando la parte psicológica y social. Es decir, tratando de acompañar a los pacientes en todas las dimensiones”. Nuevas visiones sobre el fin Producto de cambios culturales, demográficos y epidemiológicos; de la profesionalización y de los avances en el campo médico, durante el siglo XX se afirmó la tendencia a que la muerte ocurran dentro de la esfera de la medicina. A partir de la década de 1950 surgieron los cuidados intensivos, que modificaron la visión de la gestión médica del final de la vida. La enfermera, trabajadora social y médica inglesa Cicely Saunders ( (1918-2005) fue una figura central en la emergencia y desarrollo del “movimiento hosp i c e”. A partir de la atención de pacientes moribundos y de la investigación, Saunders promovió innovaciones técnicas y conceptuales en el control del dolor por cáncer, y en la identificación de necesidades sociales, espirituales y prácticas de los pacientes y sus familias. Estos aportes y los avances en el campo médico, como la transplantología, derivaron en la formulación de nuevos criterios para la definición de la muerte. Se estableció, por ejemplo el concepto de la “muerte cerebral”y el fin de la vida dejó de determinarse únicamente por la detención de las funciones cardiopulmonar o cardiorrespiratoria. Pero frente a esta visiones está la voluntad de los pacientes y de sus familiares acerca de cómo desean pasar sus últimos días. Muchas familias tienen dificultades para cuidar de un enfermo en casa o es el mismo paciente quien decide ir a un centro especializado que lo atienda en etapa terminal. Los hospices son una respuesta a estas necesidades La organización de los hospices Casa de Acogida Sor María Catalina atiende a pacientes terminales El primer hospice boliviano atiende en Sucre e hace un año l CUIDADOS El centro recibe a pacientes previo análisis de sus casos y coordinación con las familias. Su objetivo es alivianar los últimos días de vida de forma integral . En la Casa de Acogida, familiares recuerdan a su ser querido a un año de su muerte. Las instalaciones del centro que atiende en Sucre se sustenta en el cuidado holístico, que supone atender no sólo a los aspectos físicos de la enfermedad terminal sino a las necesidades emocionales, sociales y espirituales de las personas al final de sus vidas. El hospice boliviano La Casa de Acogida que funciona en Sucre tiene dos entradas, una de ellas por un jardín delantero habitado por dos gatos cariñosos. La otra conduce a un patio que se une con un área Foto: Mónica Mercado En el hospice, una habitación para niños. verde resguardada por dos canes que se convirtieron en mascotas terapéuticas que acompañan a los pacientes. El centro cuenta con salas para adultos y salas para niños con una decoración especial para los más pequeños. Los servicios de cada ambiente están adaptados a los requerimientos especiales de los pacientes. Tiene farmacia, cancha, áreas verdes, piscina, dependencias para voluntarios extranjeros y una capilla; además de las dependencias básicas: dormitorios, cocina, comedor, sala de estar, guardarropía y sala de lavado y planchado. El personal incluye a voluntarios predispuestos a ayudar en lo que sea necesario. El resto de las labores de cuidado y atención recae en las hermanas de la orden Siervas de María. Fue así desde octubre de 2018, cuando se abrió la Casa de Acogida sucrense que debe su nombre a la Beata Sor María Catalina Irigoyen Echegaray. “Cuando nosotros internamos pacientes, damos un abordaje multidisciplinario a la familia y al entorno. Se debe hacer un ingreso idóneo y un seguimiento integral, que implica el conocimiento de diferentes instrumentos que contamos en cuanto a cuidados paliativos. Se busca dosificar no sólo lo físico, sino todas las esferas que conlleva un ser humano”, explica la directora médica del centro, Zoraida Navarro Arias. Los métodos paliativos que menciona la doctora hasta hace unos años no se implementaban en Bolivia. Navarro los conoció en Europa, donde realizó sus estudios de especialización. “Estos instrumentos nos ayudan a ver cómo ingresa el paciente y hacer el seguimiento. La escala tiene puntos que se pueden analizar y evaluar desde diferentes esferas. Esto permite que todos los profesionales puedan calificar al paciente de forma individual y también a su familia”, complementa la hermana Díaz. Hogar de paz La Casa de Acogida Sor María Catalina, ubicada cerca al que fue el aeropuerto Juana Azurduy, es vecina del Hospital San Pedro Claver y resulta ser la última parada de algunas líneas de microbuses de la zona denominada La Jastambo. Está alejada de la ciudad, de la contaminación acústica y ambiental, en el objetivo de ser un hogar para sus internos. “La mayoría de los pacientes llega ciertamente con mucho dolor, pero mientras pasa el tiempo realmente creo que logramos nuestro objetivo, que es darles esa calma, esa paz y sobre todo ese calor de hogar. Hasta el momento, en mi experiencia, no escuché a ninguno de nuestros pacientes decir ‘quiero morir’, sino más bien han disfrutado los momentos aquí, con su familia y con nosotros, que tratamos que su estancia sea lo más cálida posib l e”, asegura la psicopedagoga Patricia García, que es parte del equipo de 22 voluntarias. En su primer año de funcionamiento, en octubre, la Casa de Acogida había atendido y confortado en sus últimos días a 13 pacientes terminales, entre niños y adultos. Hoy, con todas las restricciones de la pandemia, continúa con su labor.