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Edición 07 de Septiembre de 2017

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Diario Co Latino Jueves

Diario Co Latino Jueves 7 de septiembre de 2017 14 César Ramírez @caralvasalvador U n acuerdo negativo para la nación es bloquear el financiamiento del Estado para cumplir sus obligaciones fiscales, impidiendo nuevos impuestos, reformas al sistema de pensiones, obstaculizando los bonos de empréstitos internacionales e incluso las donaciones para carreteras; parece que el objetivo es el rédito político electoral del 2018. ¿Podremos continuar así durante mucho tiempo? Me parece que tenemos poco tiempo para evitar el impago en el sistema previsional, lo cual acontecerá en las siguientes seis semanas de no lograr un acuerdo político; efectivamente la solución reside en el seno de la Asamblea Legislativa, pero mientras este evento no suceda, la incertidumbre se apodera de la nación. Es paradójico que veinticinco años después de los Acuerdos de Paz, la sociedad se encuentra al borde del colapso institucional, donde las fracciones políticas no logran llegar a un acuerdo, el partido principal de la oposición afirma que no contribuirá en nada para apoyar iniciativas de la actual administración, pero los problemas no pueden esperar, es patético que desde sus cómodos sillones ignoren el dolor de los pensionados, mientras el clamor popular pide una pronta solución a estas diferencias. ¿Necesitamos un árbitro para salir de esta trampa institucional? ¿Una nueva generación de acuerdo de paz? O una variante de resoluciones positivas de la Corte Suprema de Justicia que evalúe por medio de la Sala Constitucional que provocar el impago “por motivos de réditos electorales es inconstitucional”, considerando múltiples artículos de la Carta Magna. Es necesario tomar en cuenta que nuestros partidos políticos son una herencia de la guerra civil, la cual fue producto de la negación absoluta de la democracia, debido al autoritarismo militar del siglo pasado, ese esquema de la guerra fría no ha muerto en la mente de muchas personas; si las armas se abandonaron, si el nuevo Ejército Nacional cambió su doctrina y se reestructuró en forma ejemplar, si hemos logrado que no se persiga a las personas por sus ideales sociales, es necesario también un cambio en la forma de considerar a los partidos políticos para que sus banderas no comuniquen guerra, amigo-enemigo, muerte-destrucción, comunismo-anticomunismo, URSS-USA, porque si continuamos de esa forma el resultado es previsible, nada positivo se podrá extraer de la tragedia. Recordemos el Acuerdo de Paz firmado en Ciudad de México 16 de enero de 1992. En su capítulo V. Tema Económico y Social. 1. Preámbulo. “La reunificación de la sociedad salvadoreña, en democracia, tiene como uno de sus requisitos el desarrollo económico y social sostenido del país. Al mismo tiempo, la reunificación de la sociedad salvadoreña y un creciente grado de cohesión social son elementos indispensables para acceder al desarrollo. Por eso, entre el conjunto de acuerdos requerido para terminar definitivamente el conflicto armado en El Salvador, se incluye una plataforma mínima de compromisos tendientes a facilitar el desarrollo en beneficio de todos los estratos sociales”. ONU Acuerdo de El Salvador pág. 80. Si el objetivo no es el desarrollo económico y social sostenido del país, y si no se genera estabilidad social para la gobernabilidad, la paz y la reunificación de la sociedad, los Acuerdos de Paz han fracasado. www.cesarramirezcaralva.com Publicación de la Cooperativa de Empleados de Diario Co Latino de R. L. 23 Avenida Sur No. 225 San Salvador www.diariocolatino.com facebook.com/diariocolatinoderl @DiarioColatino Director: Jefe de Prensa: Coordinadora de Redacción: ¿Han fracasado los Acuerdos de Paz? Francisco Elías Valencia Nelson López Patricia Meza Teléfonos: 2222-1009, 2271-0671, 2271,0971 Fax: 2271-0822 MÁS DE UN SIGLO DE CREDIBILIDAD OPINIÓN Hato Hasbún, un gigante moral Iosu Perales C onocí a Hato hace ya muchos años, en la época de la guerra. Él me supo explicar las claves del conflicto y me abrió el camino que más tarde me implicaría con el FMLN. Siempre fue un analista agudo, perspicaz, de la realidad del país, que supo tejer una red de interlocutores de todos los sectores, cualidad que le permitiría intermediar entre posiciones políticas diferentes. Él ha sido uno de los grandes asesores de los dirigentes del FMLN y de sus dos gobiernos, manteniendo siempre un equilibrio entre principios revolucionarios y realismo político. Hasta el momento de emprender su último viaje, Hato Hasbún ha sido un efemelenista completo. Su gran estatura moral ha sido el vector de una vida coherente que le llevó siempre a conciliar las ideas con los hechos. Tanto en su vida personal, llena de amistades gracias a su abierta personalidad, como siendo responsable de tareas de gobierno él ha sido en todo momento un rostro amable y firme del proyecto revolucionario salvadoreño. A lo largo de los años hizo innumerables amigos y amigas internacionalistas de todo el planeta, con los que compartió su saber en temas de Cooperación y Desarrollo. Anfitrión de compañeras y compañeros llegados de países europeos y latinoamericanos, sabía fortalecer solidaridades con su país. Él tenía un origen palestino que lo lucía con honor y compromiso. Yo le hablaba de Belén, la ciudad natal de sus lejanos parientes que emigraron a El salvador. Es cierto, paseando por Belén he visto decenas de letreros de comercios con los apellidos Hasbún y Hándal. Amigos, compañeros de luchas, compartían patria chica. Asesoró y acompañó a Schafik Hándal, uno de sus grandes amigos, al gobierno de Mauricio Funes y en la actualidad al de Leonel González, otro de sus grandes hermanos. Su gran pasión era servir al pueblo, mejorar la vida de la gente. Era un gran resistente frente a la derecha más recalcitrante. Desde un talante conciliador defendía con firmeza los intereses del pueblo y las políticas progresistas, hasta lograr no pocas veces acuerdos con sectores políticos opuestos. No tenía problema alguno en conectar con los grupos poderosos del país, sabedor de que El Salvador necesita del esfuerzo de todos. Hato era un Grande. Ejerció siempre un pensamiento crítico y leal al legado de Farabundo. Siempre desplegó una curiosidad sin límites que le llevó a desear conocer en profundidad los conflictos del mundo y las luchas libertarias, ya que nada de lo que les pasara a los pueblos le era indiferente. Admirador de sus luchas manifestaba su amor por los vietnamitas, cubanos, portorriqueños, bolivianos, brasileños, nicaragüenses, etc. Yo a Hato lo conocí allá por los ochenta. En los tiempos más difíciles. Desde la primera vez he estado con él muchas veces, yo siempre aprendiendo y compartiendo su sabiduría. Con su voz pausada y especial acento, y desde una serenidad encomiable, repasaba la situación nacional en los preocupación o de optimismo, según. Tenía gran esperanza en los jóvenes. En esas charlas veía en él a un hombre coherente, ético. Y es que, tal vez, lo más destacado de su vida efemelenista era precisamente el ser moral que se mostraba, en la pasión que destilaba y en las ideas regeneracionistas que exponía. Hato era un pensador del proyecto de la izquierda salvadoreña. Por eso tenía una visión política global que le lleva a ver y a pensar el mundo como un escenario encadenado de luchas y transformaciones, en medio del cual se encuentra su paisito, El Salvador. Su concepción de la política no giraba alrededor del disfrute del poder, sino que tenía su raíz en un humanismo profundo; la política como instrumento de un proceso de emancipación para cambiar la vida. Puedo decir que otra característica de Hato era la dignidad personal, la tensión y la tenacidad por cumplir. Daba ejemplo. ¡Honor eterno a Hato Hasbún! “Hasta el momento de emprender su último viaje, Hato Hasbún ha sido un efemelenista completo. Su gran estatura moral ha sido el vector de una vida coherente que le llevó siempre a conciliar las ideas con los hechos”.

Jueves 7 de septiembre de 2017 Diario Co Latino OPINIÓN 15 Corea del Norte y el Club Nuclear Herson Vázkez Docente de Relaciones Internacionales L os recientes acontecimientos críticos de la política internacional en Corea del Norte y su programa nuclear responde a una situación precisa: El Club Nuclear que históricamente se ha compuesto por las cinco potencias del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han cerrado la posibilidad de que nuevos actores (a excepción de India, Pakistán e Israel) puedan acceder a desarrollar armamento de destrucción masiva, el cual según ellos, amenaza con la seguridad y la paz internacionales. Es mundialmente sabido, que la posesión de armamento de destrucción masiva está concentrada en ocho países conocidos como el “Club Nuclear”: Rusia, EEUU, China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte, y de una forma discreta, a manera de secreto a voces, Israel. El siguiente cuadro muestra un estimado actual de las potencias nucleares, realizado por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación por la Paz (SIPRI por sus siglas en inglés), donde se presenta el año de la primera prueba nuclear; ojivas desplegadas; otras ojivas y un total final, hasta el año 2017. Table 1. World nuclear forces, 2017 (Potencias Nucleares Mundiales, 2017) Country Durante más de medio siglo, el armamento nuclear ha sido un elemento de disuasión, contención y equilibrio estratégico, en otras palabras, para que no se pueda desatar una guerra directa como las últimas dos guerras mundiales. En todo caso, el arsenal nuclear es un elemento de poder que consolida a cualquier país que lo adquiera, en una potencia que puede determinar fuertes presiones de negociación en un eventual o permanente conflicto político militar. YearoffirstnucleartestDeployedwarheads*OtherwarheadsTotal2017 USA 1945 1,800 5,000 6,800 Russia 1949 1,950 5,050 7,000 UK 1952 120 95 215 France 1960 280 20 300 China 1964 270 270 India 1974 120–130 120–130 Pakistan 1998 130–140 130–140 Israel .. 80 80 NorthKorea2006 10‐20 10‐20 Total 4,150 10,785 14,935 Fuente: www.sipri.org: Global Nuclear Weapons: Modernization Remains the Priority No es ninguna casualidad que este grupo posea una significativa cantidad de armas de destrucción masiva. Las armas nucleares son producto de una esmerada carrera de armamentos que se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando las grandes potencias como Alemania, Estados Unidos y la ex Unión Soviética, junto a las Francia e Inglaterra, buscaban equilibrar las relaciones internacionales a favor de sus intereses, teniendo en común, que todas obstruirían el ascenso de la Alemania dirigida por los nazis. Durante más de medio siglo, el armamento nuclear ha sido un elemento de disuasión, contención y equilibrio estratégico, en otras palabras, para que no se pueda desatar una guerra directa como las últimas dos guerras mundiales. En todo caso, el arsenal nuclear es un elemento de poder que consolida a cualquier país que lo adquiera, en una potencia que puede determinar fuertes presiones de negociación en un eventual o permanente conflicto político militar. En esta disyuntiva estamos actualmente, cuando vemos en Corea del Norte, no solamente una potencia nuclear, sino también, un país que insiste en tener los mismos derechos que las demás potencias atómicas, justificando con ello, el desarrollo de su arsenal de destrucción masivo, con el objetivo de acrecentar su presencia política y estratégica en la región de Asia del Este. Como apunte histórico, Corea del Norte es una potencia nuclear gracias a los esfuerzos de la China liderada por Mao Tse Tung, cuando esta potencia oriental establecía en pleno auge de la Guerra Fría (1948- 1989), un perímetro de defensa nuclear, frente a posibles focos de guerra que hubiesen provocado Japón, Corea del Sur y sus adversarios occidentales influenciados por Estados Unidos. Hoy en día, refiriéndonos a la segunda década del siglo XXI, Corea del Norte justifica sus ensayos nucleares en el principio de autodeterminación y soberanía que le confiere el derecho internacional. Sin embargo, el “Club Nuclear” parece tener una excepción de miembros. Hasta la fecha, el Tratado de no Proliferación Nuclear, establece que ningún país puede optar a desarrollar armamento de destrucción masiva; asimismo, insta que las dos grandes potencias nucleares: Rusia y EE.UU, reduzcan su arsenal autonómico, pero en ninguna cláusula, ni que fueran ingenuos, han establecido reducir en absoluto, la cantidad de ojivas de nucleares que cada uno posee. Es más, el Tratado de no Proliferación Nuclear, aún no ha sido firmado por Israel, Pakistán, Corea del Norte y la India. Además de esto, es importante conocer, que el derecho internacional está muy influenciado por las posiciones políticas de las grandes potencias, y presionar un país con armamento de disuasión nuclear, es como querer abrir un agujero en la pared con un corcho. El poder fáctico; el poder duro (hard power) está determinado por la fuerza. La fuerza en este caso, está determinada por la capacidad nuclear. Y la suma de estos elementos hacen de un país, una potencia influyente en sus intereses globales. Corea del Norte está dispuesta a dar el más arriesgado de los juegos en la historia. Kim Jongun, en casi todas sus declaraciones a la prensa local, ha sido enfático en apostarle a una guerra contra EE.UU., si este se opone a su programa nuclear. Legítimo o no, es cuestión de enfoque. De si es legítimo que unos puedan tener más de 2000 ojivas nucleares desplegadas, listas para ser lanzadas a cualquier objetivo, y de que ese derecho fáctico del poder duro en las relaciones internacionales, esté excluido a otros países, tiene mucho que debatirse. Qué reflexión final podemos sacar de esta nueva forma de hacer la guerra. Estados Unidos aprovechará cualquier intento de Corea del Norte por desarrollar su programa nuclear, y lo tomará como una amenaza a su seguridad. En el trasfondo, no es tanto la amenaza norcoreana, quizá esté más enfocado en establecer un control militar en la región, el cual le dé la pauta para dominar áreas geopolíticamente estratégicas vinculadas con Rusia, China, Japón, y la India. Recordemos que sus adversarios reales en esa región son por excelencia, el ascenso del poder militar ruso y la amenazadora economía china que desestabiliza los verdaderos intereses económicos, militares y políticos de EE.UU.®

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