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BALLENAS FRANCASComito

BALLENAS

MIGRACIONES DE LAS BALLENAS FRANCAS Este cetáceo de la clase de los mamíferos, fue declarado Monumento Natural por una ley nacional del gobierno argentino. Las ballenas van a las altas latitudes del Ártico y del Antártico en el verano ya que desde la primavera, al aumentar las horas de luz junto con la temperatura del agua, el hielo comienza a derretirse y a liberar las concentraciones de plancton que alcanzan su mayor número en el verano polar y servirán de alimento. Después, por razones del avance del hielo (en otoño) y la disminución de luz (en invierno), se reduce la producción de comida disponible debido a que ésta se produce por fotosíntesis y, entonces, las ballenas emprenden el viaje. En la mayoría de los misticetos (grupo de mamíferos marinos carnívoros que se caracterizan por contar con barbas en lugar de dientes), las primeras en arribar a las zonas de alimentación son las hembras preñadas, luego los machos adultos, otras hembras y los juveniles. Las que parieron recientemente, junto a sus crías, llegan en último término. Las hembras preñadas son las que más tiempo permanecen en los territorios de alimentación, pues tienen que almacenar reservas suficientes para enfrentar el resto de la gestación y posterior lactancia de la cría. Bien alimentados los cetáceos poseen una gruesa capa de grasa bajo la piel y reservas en sus músculos, huesos y vísceras, por lo que son capaces de iniciar el largo camino hacia la reproducción que varía según las especies, pero que -en general- promedia los doce meses, necesariamente en aguas cálidas durante el invierno a causa de la fina capa de grasa del ballenato al nacer que no le serviría de protección contra el frío si la parición se produjera en otras latitudes. Por eso, los lugares donde suceden las procreaciones de estos individuos en el mundo son: Argentina (península Valdés), Australia, Uruguay, Tristán de Acuña (dependencia británica de ultramar) y Nueva Zelanda; que son regiones de aguas más tranquilas y/o a salvo de predadores. Esto sucede cada año, a fines de abril, cuando comienzan a llegar las primeras Ballenas Francas a Península Valdés y, a medida que pasan las semanas, su presencia es más numerosa. Se estima que, en promedio, tienen un ballenato cada tres años, a partir de su edad de madurez sexual, que es a los nueve años de edad en promedio. De octubre a noviembre, se encuentra en la región de Península Valdés la mayor concentración de ballenas. A partir de allí los ejemplares empiezan a abandonar la zona, permaneciendo por más tiempo las hembras con sus cachorros. Los últimos se irán en el mes de diciembre. Ballena jugando con su cría