El secreto del bicho

delialahuerta

En un lugar muy especial, vivían unas familias de duendes muy simpáticos y divertidos a los que les encantaba jugar y bailar.
Un día llegó a aquel lugar, un duende triste y negativo que les contó de la existencia de un bicho que venía hacia allí dispuesto a convertir a todos en piedra. El miedo se apodera de la aldea.
Valiente les enseñará unas bonitas lecciones para afrontar los problemas de la vida con una sonrisa.

El secreto

del bicho

Un cuento de

Delia Lahuerta Sánchez

1


Todos los derechos reservados por los autores.

Esta obra permite sólo la distribución gratuita.

Título: El secreto del bicho

Autora: Delia Lahuerta Sánchez (www.cuentosvimen.com)

Ilustración y diseño: Delia Lahuerta Sánchez

Corrección: José Emilio Esteban

Música y voz: Sergio Amaro Benedicto

Letra: Delia Lahuerta Sánchez

2


Para TODOS los NIÑOS y NIÑAS

con todo mi corazón

¡Hola a todos!

Soy Delia, una mamá con mucha ilusión y con ganas

de ayudar a los más pequeños con la situación que

estamos viviendo. Es un cuento acompañado de

una canción (hecha por Sergio Amaro, un gran

músico y mejor persona), para que los niños puedan

bailar y aprender a superar las circunstancias sin

miedo y con alegría. Aprendamos todos de esta

situación difícil para valorar lo que tenemos,

compartir con la familia y empatizar con los demás.

Seguro que todo esto será un antes y un después en

la vida de todos.

Espero de corazón que os guste mucho, pero sobre

todo, que ayude a los más pequeños a superar la

situación con valentía. A través de los cuentos y sus

metáforas podemos ayudarles con esta situación.

Un abrazo a todos

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Hace muchos, muchos años, en un lugar muy lejano

que nadie ha conseguido encontrar, vivían familias

de unos duendes extraños y muy divertidos, a los que

les encantaba reír y bailar. Valiente siempre animaba

a todos a cantar esta canción:

“No tengo miedo porque yo puedo,

Vivo el presente, que no me miente,

Cuido mi cuerpo, cuido mi mente,

me rio, bailo y amo a la gente”

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Así pasaban sus días, siendo felices con sus amigos,

compartiendo y ayudándose entre ellos. Para los

duendes lo más importante es el amor. Parecía que

nada ni nadie podía alterar aquella forma idílica de

vivir.

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Un día, en aquel lugar, apareció un duende

proveniente de las lejanas montañas, que había

vivido solo durante muchos años. Su rostro tenía

una expresión seria y triste.

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué estas tan triste? —le

preguntó uno de los duendes.

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—Hola, soy Tristán. He oído en las montañas que se

aproxima un bicho que es capaz de convertir en

piedra a todo aquel que toca. Dicen que, si le ayudas,

en lugar de convertirte en piedra para siempre, te

convierte en otro bicho como él. Y tengo tanto

miedo que he venido en busca de ayuda —dijo muy

asustado el duende de aspecto serio.

—¿Pero has visto a alguno de esos bichos? —le

preguntó Valiente.

—La verdad que no, pero he escuchado que ya no

quedan duendes en el planeta, y que vienen muchos

bichos hacia aquí dispuestos a convertirnos a todos

en piedra. Tengo mucho miedo y vengo a avisaros

para que escapéis de aquí —explicó el duendecillo.

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—Anímate a cantar y bailar con nosotros, verás

cómo te alegras y, entre todos, ponemos solución

cuando aparezca ese tal bicho. De momento, aquí no

hay nadie —dijo Valiente muy animado, mientras

cantaba esta canción.

“No tengo miedo porque yo puedo,

Vivo el presente, que no me miente,

Cuido mi cuerpo, cuido mi mente,

me rio, bailo y amo a la gente”

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Los días pasaban y Tristán hablaba continuamente

del bicho. Los niños y niñas rodeaban al duende para

escuchar una y otra vez sus historias, les gustaba

oírlas.

—Pronto llegarán hasta aquí, y con sus largos

pinchos, os introducirán el veneno y os convertirán

en roca para toda la vida. Debéis esconderos en

algún lugar donde nadie os vea —les contaba el

duende.

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—¿Dónde están esos bichos? Yo no veo ninguno

—preguntó con curiosidad una niña duende.

—Pronto llegarán, están cerca —contestó muy

convencido.

—¿Tú has visto a alguno? —preguntó otro pequeño.

—No, pero me han contado que sólo quedamos

nosotros. No hay más duendes en el mundo

—explicó con miedo mientras se entristecía.

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Una nueva canción se escuchaba ahora en el

poblado, cantada por Tristán, que decía:

“Tengo miedo, por eso no puedo,

Estoy en apuro y vivo el futuro,

Yo no me cuido con disimulo,

Lloro, me enfado y os anulo”

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Todos los duendes papás temían tanto a los bichos

que empezaron a cerrar sus casas y a tapar las

ventanas con maderas clavadas. Nadie salía a la calle.

Parecía un pueblo abandonado.

—¿Por qué me encierras, mamá? Yo quiero jugar y

cantar con mis amigos —decía la duendecilla

enfadada.

—No puedes salir a la calle, o el bicho te comerá

—decía su madre asustando a la niña.

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Valiente trató de hablar con todos sus amigos y

familiares para buscar una solución, pero nadie quiso

escucharle. Estaban tan asustados que no se atrevían

a salir a la calle.

Decidió ir al bosque en busca del sabio que vivía allí,

quien había dedicado toda su vida a estudiar y

observar el funcionamiento de la vida y del planeta.

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—Hola, he venido en

busca de la verdad y de

una posible ayuda para

combatir al bicho, si

éste existiera ¿Podrías

ayudarme? —preguntó

tímidamente Valiente.

—Claro que puedo

ayudarte, pero tengo

que advertirte que todas

las recomendaciones

que voy a darte se

tienen que cumplir a

rajatabla, para que

podáis combatirlo sin

ningún problema.

El bicho no es peligroso, siempre y cuando sepáis

como tratarlo.

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—¿Pero puede convertirte en piedra, verdad?

—preguntó Valiente.

—Sí, puede. Lo bueno es que, si cumples con estas

recomendaciones, volverás a ser de carne y hueso en

unos segundos, pero si no lo haces, serás una roca

para toda la vida en cuestión de horas —explicó el

sabio con una sonrisa.

—¿Somos los únicos duendes que quedan en el

mundo? —preguntó tristemente Valiente.

—No te preocupes, hay muchísimos más. Ellos son

los que me han transmitido la sabiduría para

combatir a todos los bichitos que puedan aparecer.

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Escucha con atención —dijo el sabio.

PRIMERO

Es muy importante que no le tengáis miedo. El

miedo hace que el bicho sea mucho más fuerte y

pueda convertirte en piedra para siempre.

Amor

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SEGUNDO

Os quiero ver a todos con una SONRISA,

siendo POSITIVOS. Al bicho no le gusta la

alegría. Por eso si algo os preocupa, sobre

todo a los niños, habladlo.

Decir

aquello que nos

preocupa.

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TERCERO

Comer mucha fruta y verdura, hacer deporte, saltar,

correr, jugar, tomar el sol. Si vuestro cuerpo está

fuerte el bicho no podrá hacer nada.

Reír

Asearte

SOL

Feliz

Jugar

Fruta

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CUARTO

Y lo más importante AMAOS a vosotros mismos,

CONFIAD en que podéis conseguirlo, AYUDAOS

entre todos porque la unión hace la fuerza.

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Para todo ello recordar cantar vuestra sabia canción:

“No tengo miedo porque yo puedo,

Vivo el presente, que no me miente,

Cuido mi cuerpo, cuido mi mente,

me rio, bailo y amo a la gente"

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Valiente volvió al poblado, muy contento por las

noticias. Los duendes, al saber que era cierto que

venía el bicho, se encerraron sin escuchar lo que

tenía que contar.

Pero el duende no se rindió: escribió en todas y cada

una de las puertas todas las normas que le había

dado el sabio.

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Los niños duende, muy interesados, empezaron a

leer esas normas. Los padres decían que no eran más

que tonterías. Pero los niños no pararon de sonreír,

de comer fruta y de hablar con sus padres sobre las

normas.

Tristán gritaba por las calles que, si no huían todos,

acabarían convertidos en roca.

—¡Ya están aquí! —gritó Tristán, a quien le

temblaban hasta las pestañas.

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Los bichos fueron rápidamente donde se encontraba

el duende serio y triste, y, con su aguijón, le

convirtieron en piedra en unos segundos.

Valiente se acercó a ellos cantando la canción, pero

igualmente le convirtieron en roca. El silencio se

hizo en aquel poblado.

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Ante la sorpresa de todos, a los pocos minutos

Valiente volvió a ser de carne y hueso.

—¡Bieeeeeeen! —gritaron todos los niños del

poblado.

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Sin que sus padres pudieran evitarlo, todos los niños

salieron de sus casas para enfrentarse al bicho

cantando esta mágica canción:

“No tengo miedo porque yo puedo,

Vivo el presente, que no me miente,

Cuido mi cuerpo, cuido mi mente,

me rio, bailo y amo a la gente

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Aunque el bicho aguijoneó a varios niños, su veneno

no tuvo efecto ninguno en ellos. Sus padres

entendieron entonces la importancia de aquellas

palabras.

El bicho desapareció sin conseguir nada. Tristán se

quedó convertido en piedra para siempre y lo

pusieron como estatua en la plaza del pueblo para

recordar a todos las siguientes palabras:

NO TENGAS MIEDO.

VIVE EN EL PRESENTE, SONRÍE Y SÉ FELIZ.

CUIDA TU CUERPO Y TU MENTE.

DISFRUTA DE LA VIDA Y AMA TODO LO

QUE TE RODEA.

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