en el interior y otros cuentos.pdf - Caballo Perdido

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EN EL INTERIOR Y

OTROS CUENTOS

MEMORIAS

Primer concurso de cuento estudiantil, La minería en Quinchía

2010


EN EL INTERIOR Y

OTROS CUENTOS

MEMORIAS

Primer concurso de cuento estudiantil, La

minería en Quinchía 2010

CASA DE LA CULTURA

QUINCHÍA, RISARALDA

Diseño y diagramación

Caballo Perdido: Revista de ficción breve

revistacaballoperdido@gmail.com

www.revistacaballoperdido.com

Fotografía

Leidy Yulieth Montoya


Primer concurso de cuento estudiantil, La minería

en Quinchía 2010 y la publicación de estas memorias son

gracias al apoyo de

Minera Quinchía S.A.S.

en cabeza de los señores

RAFAEL ANTONIO ALFONSO ROA

Presidente

YESID SANTAMARIA HERNANDEZ

Gerente Administrativo

EDUARDO CASTAÑEDA MURILLO

Coordinador social


Índice

Acta del Jurado.....................................................................

Susana Henao Montoya

De la Minera Quinchía al Lector.........................................

Yesid Santamaría, Gerente Administrativo

Pensar la identidad en cuentos sobre minería.....................

Jáiber Ladino Guapacha, Casa de la Cultura

El cuento serio de los cuentistas del ISA.............................

Adriana M. Galvis Cardona, Profesora Instituto San Andrés

Entre el cuento y la fotografía.Un breve acercamiento a la

Minería.................................................................................

Leidy Montoya

TRES PRIMEROS LUGARES

En el interior.........................................................................

Diego Alexander Largo Gonzales

Lágrimas deslizadas.............................................................

Edwin Alexander Trejos Chalarca

El abuelo y el tesoro ideal.....................................................

Yesica M. Osorio A.

FINALISTAS

La mina.................................................................................

Vairon Camilo Aricapa Trejos

Recuerdos.............................................................................

Marcela Mora Gutiérrez

El príncipe Samir..................................................................

Anlly Paola Quebrada

Un futuro que no llegó.........................................................

Paula Andrea De los Ríos

La mina de oro encantada y el elegido................................

Flor Enid Rincón, Santa Elena

Una gran amistad.................................................................

Angie Lorena Pineda A.

Las minas malditas...............................................................

David Andrés Trejos Pinto

MENCIÓN

Sueños rotos.........................................................................

Catalina Quintero Alvis

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ACTA DEL JURADO

Pereira, Noviembre 30 de 2010

Como designada para ser la Jurado final del Primer Concurso de

Cuento Minero de Quinchía, previa selección de un primer equipo

de jurados, es para mí muy importante el compartirles las siguientes

observaciones:

Primero, es muy meritorio para Minera Quinchía S.A.S., la

Alcaldía Municipal, la Casa de la Cultura y finalmente para la comunidad

estudiantil convocar, patrocinar y participar de un concurso literario.

También para mí es meritorio el hecho de ser jurado del concurso, y

aunque a mis manos sólo llegaron 30 de los casi doscientos cuentos

presentados, puedo darme cuenta del inmenso orgullo que los niños

y jóvenes sienten frente a las prácticas de minería de su región. Pero

además de su orgullo, dan a conocer la dureza del trabajo, el temor por

los riesgos y el deseo de que la minería llegue a ser un bien compartido

por la colectividad, sin ambiciones ni egoísmos.

Segundo, dadas las características de los cuentos debo resaltar

el hecho de que aún se observan dificultades escriturales, tanto en

la redacción como en la distinción de las características particulares

de cada uno de los géneros narrativos, pero de otra parte se siente el

acompañamiento de los profesores en el ejercicio de construcción de

los relatos.

Tercero, después de una lectura atenta que trató de tener en

cuenta el nivel de redacción, el estilo, las técnicas para construir un

conflicto, y el nivel de desarrollo de los personajes me ha parecido que

los ganadores son los siguientes cuentos:

Primer lugar: En el interior

Segundo lugar: Lágrimas deslizadas

Tercer lugar: El abuelo y el tesoro ideal

En el interior se desarrolla en primera persona, y posee toda la

fuerza del narrador protagonista que se sabe condenado a muerte. Su

pensamiento se mueve de un lugar a otro en el espacio y en el tiempo

para encontrar las razones de su desgracia y anticipar el espectáculo

ofrecido por los medios de comunicación alrededor de su sufrimiento.

Cuarto, como recomendación a los organizadores del concurso

señalar que en próximas versiones deberán establecerse dos categorías,

pues el nivel de los niños menores no puede compararse con el de los

mayores por obvias razones.

Gracias a todos,

Susana Henao Montoya

Universidad Tecnológica de Pereira

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DE LA MINERA QUINCHIA

AL LECTOR

Para Minera Quinchía fue motivo de orgullo y satisfacción promover

y apoyar la convocatoria de un concurso de cuento estudiantil en el

segundo semestre de 2010, que contó con la participación de 195 cuentos en

representación de las instituciones educativas del casco urbano y de la zona

rural del municipio de Quinchía.

Escudriñar los imaginarios que tienen los jóvenes estudiantes del

Municipio respecto al pasado y el presente de la Minería en Quinchía y

conocer sus aptitudes literarias fue algo muy interesante y gratificante, en la

medida que se identificó el alto potencial que en este campo del arte tienen

las nuevas generaciones de la región.

Para nadie es un secreto que, en la medida que se estimulen este

tipo de expresiones artísticas se puede contribuir a que los jóvenes transiten

por senderos de crecimiento y desarrollo personal, limitando en gran medida

su vinculación a actividades indeseables que van en contra de la seguridad

personal y el bienestar general de la comunidad.

De otro lado, este concurso se convirtió en un espacio para que Minera

Quinchía haga efectiva su filosofía de actuar con criterios de responsabilidad

social, ambiental y empresarial. Una manifestación concreta de este enfoque

en su apoyo a actividades artísticas que enaltecen la cultura de los pueblos y

promueven las expresiones más sublimes de la humanidad.

Esperamos poder participar en eventos futuros de este tipo, que den

continuidad a esta clase de iniciativas para que con el concurso de los actores

locales interesados en estas materias, se logren resultados consistentes y de

largo plazo en beneficio de la Cultura de Quinchía.

Finalmente un agradecimiento especial a todos los que hicieron

posible concretar esta iniciativa y en especial al señor Jorge Bustamante, al

señor Omar Ramírez y a Jaiber Ladino de la Casa de la Cultura de Quinchía. A

los jurados del concurso Luz Marina Salazar de la Biblioteca de la institución

educativa Nuestra Señora de los Dolores, al señor Juan Manuel Ramírez Rave,

director de la revista Caballo Perdido y su compañera Leidy Montoya, y a la

docente de la Universidad Tecnológica de Pereira, Susana Henao Montoya,

quien enriqueció el proceso con su asesoría literaria y la selección de los diez

finalistas.

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Yesid Santamaría Hernández

Gerente Administrativo


PEnsAR LA iDEnTiDAD

En CUEnTOs

sobre minería

Compartir el clima, el relieve, los alimentos, es un rasgo elemental

para considerar que un grupo impreciso de seres humanos son una

comunidad. La identidad se forma a medida que se elaboran los códigos del

idioma, de la música, de la danza, de la gastronomía con los cuales se pasa de

estamos sobre tal pedacito de tierra para decir: en tal pedacito, hemos hecho una cultura.

En Quinchía, la elaboración de dichos códigos ha perdido y ha

ganado en los últimos 40 años. Perdido, por los motivos políticos y sociales

de la época de la Violencia, de los Bandoleros, de las guerrillas, de la

corrupción, de las alianzas partidistas que excluyen de la toma de decisiones

ciertas economías. Lo que nos ha dejado con altísimas deudas en memoria,

tradición y respeto por la palabra del otro. Ganado, porque hemos alcanzado

un alto nivel de educación. A los centros educativos y sus programas ya no

sólo asisten niños y jóvenes, sino también adultos conscientes de aprender

para mejorar la calidad de vida. Cierta rebeldía, inconformidad y fuerza a la

hora de interpretar, argumentar y proponer son, a mi manera de leer nuestra

historia reciente, el patrimonio de estas últimas décadas.

Con el Primer Concurso de Cuento Minero quiero destacar algo

que pasó y que, quizá, los seguidores de los procesos literarios –inspiración,

escritura, reescritura, recepción, crítica– pueden ensoñar: Quinchía ya no sólo

se piensa sino que se escribe críticamente, reconociendo a los suyos, a los

que somos los otros, escucharnos, compartir nuestras angustias y proponer

mundos en los que todos decidimos.

Creo que de esto pueden dar fe la primera ronda de jurados: Yesid

Santamaría de Minera Quinchía S.A.S., Luz Marina Salazar, bibliotecaria del

colegio Nuestra Señora de los Dolores y el tercer jurado conformado por

Leidy Yulieth Montoya y Juan Manuel Ramírez Rave, integrantes del semillero

de investigación Caballo Perdido, Revista de ficción breve de la Universidad

Tecnológica de Pereira, a quienes agradecemos su atenta lectura y la selección

de los 30 cuentos de los que la escritora y profesora universitaria Susana

Henao Montoya, escogió los 10 trabajos que se presentan en esta colección.

El Director de la Casa de la Cultura, Sr. Omar Ramírez, la Junta

Directiva de la Casa de la Cultura de Quinchía y yo, en su nombre, agradecemos

la confianza puesta en nuestra identidad para la convocatoria y desarrollo de

la misma, al Sr. Rafael Antonio Alfonso Roa, Sr. Eduardo Castañeda Murillo,

Sr. Yesid Santamaría y todos los que estuvieron detrás de este proyecto:

docentes y estudiantes. Felicitamos a los ganadores, y los invitamos para que

acompañen todas las iniciativas que promovemos y con las que queremos

protegernos del olvido y el desdén.

Jáiber Ladino Guapacha

Pdte. Junta Directiva Casa de la Cultura.

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EL CUENTO SERIO DE LOS

CUENTISTAS DEL ISA

La escritura es una larga cadena tejida con sentidos e ideas que se entrelazan,

poco a poco, con la práctica. La imaginación fluye como el movimiento

en los dedos del orfebre, aprendiendo a danzar con el sentido mismo que

ponen los pensamientos, las emociones y las percepciones. Escribir es una

tarea compleja en la que se ponen en juego los ideales, sentires y deseos del

ser humano. Los sentidos se materializan y tejen una compleja conexión que

empieza con la lectura, la dedicación, la observación y la comprensión. Se

ponen en juego entonces las habilidades creativas, a la par de las capacidades

argumentativas y críticas del escritor.

El Instituto San Andrés ha comprendido la importancia de este

proceso, y por ello asumió el reto de participar en el Primer Concurso de

Cuento Minero organizado por la Casa de la Cultura y Minera Quinchía S.A.S.

A través de una práctica pedagógica realizada en el marco de las clases de lengua

castellana de los grados superiores, los estudiantes de 9, 10 y 11, recibieron

una preparación dirigida a conectarlos con la creación literaria y la puesta en

escena de saberes adquiridos, haciendo uso de la imaginación, la capacidad

crítica y la responsabilidad. Mediante la técnica del Cadáver exquisito los

estudiantes recrearon personajes, primarios y secundarios, espacios, dentro de

una secuencia cohesiva y coherente que les permitió construir sus historias.

La experiencia del concurso operó como un motivador de actos individuales,

por lo que la carga de subjetividad se imprimió con la disciplina que conlleva

a una obra creativa.

Pese al corto tiempo con el que se contó para realizar esta experiencia

pedagógica, en un trabajo maratónico se logró que el 97% de los estudiantes

de los grados en cuestión participaran, con alrededor de 135 cuentos, de los

cuales fueron elegidos 82 para participar en el concurso, en consideración de

su buena calidad.

Iniciativas como ésta, merecen un justo reconocimiento y

agradecimiento por parte del Instituto San Andrés que busca constantemente

la integridad de sus estudiantes, quienes en esta ocasión, pusieron su empeño

en participar de la convocatoria.

Gracias al interés mostrado de las entidades promotoras, en conjunto

con los esfuerzos académicos de la institución y sus estudiantes, logramos

obtener no sólo una buena una participación sino también obras literarias

de notable calidad estética, que hoy son motivo de orgullo y admiración por

parte de la comunidad Quinchieña.

A los jóvenes que mostraron su entusiasmo en este proyecto, es

necesario agradecerles igualmente, pues fue su trabajo el que hizo posible

que el Instituto San Andrés se sienta hoy orgulloso por contar con el capital

humano necesario para dejar el nombre del colegio en alto, tarea nada fácil en

medio de la crisis de lectura que enfrenta nuestro país.

Esperamos seguir contando con iniciativas de este alcance, con

actividades que involucren a nuestros jóvenes en el ámbito cultural, para que

ellos comprendan la importancia de construirse intelectual y culturalmente en

el día a día mediante la lectura y la expresión escrita.

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Adriana María Galvis Cardona

Docente de Lengua Castellana

Instituto San Andrés


Entre el cuento y la fotografía

Un breve acercamiento a la Minería

Como integrante de Caballo Perdido Revista de ficción breve, tuve la

oportunidad de adentrarme un poco en la realidad de la minería, a partir

del caso particular de Quinchía. Tengo que advertir mi ignorancia frente

a este tema, a la vez inquietante y atractivo. Fue placentero encontrarme,

en primera instancia, con una realidad narrada por los jóvenes estudiantes

del municipio que se atrevieron a participar en el Concurso de Cuento

Estudiantil “La minería en Quinchía”; al recrear sus historias dejaron entrever

sus distintas percepciones frente a un mismo tema. De manera posterior,

participé del taller de edición que se realizó con algunos finalistas, con el

que se lograron ciertas correcciones de ortografía, de coherencia, puntuación.

Los finalistas que asistieron revisaron sus propuestas y fue allí donde tuve la

posibilidad de escuchar a estos jóvenes leer y fue muy grato ver, cara a cara, a

los artífices del material que a continuación encontrarán.

Hablar con personas de la minera, escuchar sus preocupaciones,

sus propuestas y visitar finalmente la vereda de Miraflores, un rinconcito en

Quinchía que ya se pelea un lugar en la literatura y en donde se practica la

minería artesanal, me permitió tener una visión un poco diversa y cercana

frente al asunto de la minería.

Aquí tendrán también algunas imágenes de mi visita a la Mina de

Miraflores, donde me encontré con personas que llevan casi toda una vida allí,

hombres que muestran su tenacidad, que se enfrentan día a día al peligro…

fue impactante ver como esta ruda labor aun no ha permitido desdibujar una

sonrisa y muy por el contrario, me tope con caras amables.

Cabe resaltar lo significativo que es este primer concurso en el

fortalecimiento de la labor literaria y espero que esta publicación sirva para

que, conjuntamente reflexionemos frente a una labor milenaria, su impacto

ambiental y el rol que juegan los participantes en ella. La invitación queda

abierta a encaminarnos en los mundos posibles, aquellos universos que muy

bien nos permiten abordar la literatura.

Leidy Yulieth Montoya Aguirre

Editora gráfica

Caballo Perdido: Revista de ficción breve

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TRES PRIMEROS LUGARES


EN EL

INTERIOR

Diego Alexander Largo Gonzales

Otro día con mis pies atrapados, otro día sin ver la dulce cara de Lizzy,

¡otro maldito y mugroso día atrapado en este infierno!, acompañado

por Mao, mi gran amigo, sólo escucho sus ecos al despertar, la verdad, ya no

reconozco el día ni la noche, ni el color del sol, ni los vestidos que Lizzy tanto

ama, ¡Lizzy!, cuánto te extraño, pero estoy atrapado en esta mezquina mina

de oro.

Estoy desesperado, ¿Cómo entre aquí?, ¿Cómo salgo? Aun recuerdo

el primer día de “trabajo”, Mao y yo, enceguecidos por las promesas falsas

de alguien, que no es de este país, una persona alta con ojos azules, tratando

de hablar nuestro idioma, ¡Jajaja! , soñábamos con tantas cosas, hasta

hicimos planes para viajar, a cualquier lugar, cuando recolectáramos dinero y

estuviéramos libres, el mundo era pequeño en nuestras mentes.

Mao, ese loco fue el que me trajo aquí, siempre me seguía en todo,

pero, esta vez se veía tan emocionado que me dejé llevar por todo lo que

decía, aunque sabía que no era lo que yo deseaba para mi futuro, pero no

reproché, sólo lo seguí, abandonamos el colegio, ¡Ah!... el colegio, las mejores

épocas de mi vida, allí conocí a Lizzy, aquella mujer era alta, blanca, pelo

oscuro, sus labios rosas, sus mordiscos salvajes, sus besos tan excitantes en

el cuello, sus frenéticos ataques en todo mi cuerpo, desencadenando pasión,

aquella mujer tan extraña y su olor tan dulce, sólo dos años mayor, ¡Ah!,

Aquellos recuerdos, cierro los ojos e intento sentirlos… ¡no!, sólo siento el

dolor en mis frías piernas.

Me siento tan estúpido, aquí atrapado, como un pez engañado por

un anzuelo obvio, no puedo estar en la vida real, esto debe ser un sueño, no…

una pesadilla. Debí escuchar a los profesores, ¡Jajaja!, quién lo creería, esos

viejos locos, sus sabias palabras nos hubieran podido salvar, pero, ¿si yo no

estuviera atrapado?, ¿Quién lo estaría?

Hay tanta gente tan ilusa, no saben cual es la realidad, ilusiones, sólo

ilusiones, gente que vende su propio país, es nuestra culpa, mmmmmmm,

sólo en mi lecho de muerte reflexiono todas las consecuencias que trae la

minería, cada uno de nosotros está enfermo, y Mao que quería ser doctor…

esa fue otra razón para trabajar aquí, quería pagar sus estudios.

-¿Doctor?, que tonterías dices Mao.

-Sí, por qué no, me veras en el futuro Leo como un reconocido

doctor- decía.

¡Ja!, mi buen amigo Mao, desearía que no estuviera aquí, él no se lo

merece, o tal vez es el castigo por las “travesuras” que hicimos, sí, éste debe

ser el purgatorio, por qué no, después de esto iremos al cielo, ¡Jajaja!, quién lo

diría, yo creía que vería a mi amada Lizzy en un féretro primero que yo.

Ya me imagino, mi cara en la televisión a blanco y negro de la casa,

y la noticia en los periódicos amarillistas, en primera plana con un gran

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encabezado, y la foto de mi cara en estado de putrefacción. Seguramente

Mao hubiera sobrevivido, sí, él siempre ha sido más fuerte que yo.

Recuerdo mis bandas favoritas, sus frases sabias y letras en sus

canciones, ¡ja!, puedo decir que forjaron mi vida, me encantaba ser diferente

ante todos, y Lizzy estaba allí conmigo, para batallar, sólo ella me entiende.

La he visto tan incontables veces llorando, y claro, yo la acompañaba en su

dolido llanto.

A veces creo que no me quiere, ¿Por qué amar a alguien como yo?,

¿De verdad la merezco?, no, ¿De verdad me merece?

Que lástima, me hubiera gustado besarla una vez más, me decía una

frase: “Dame tantas rosas como espinas me clavé”, al principio no entendía,

pero, nuestra relación estuvo llena de conflictos, y ahora no sé si las rosas

fueron suficientes para calmar las heridas de tantas espinas.

¿Qué pasa con Mao?, ¿Por qué no lo escucho?, ¿Por qué no habla?,

¿Dónde está su voz?

-Mao ¿Qué horas son?

-En el infierno no existen horas.

-¡Que alegría! , Mao, por un momento creí que te había perdido.

-Sí, yo pensé lo mismo de ti, duerme, estoy seguro que al despertar

nos habrán rescatado.

-Sí, Mao, como tú digas.

Ese loco, todavía piensa que nos van a rescatar, su esperanza sigue

viva, bueno, lo admiro, la esperanza es lo último que se pierde, yo la perdí

hace mucho.

Bueno, ¡creo que sí nos rescatarán!, ¡Nunca lo harán!, ¡Nos pudriremos aquí!,

¡Es culpa mía estar atrapado!, ¡No lo es!, ¡Es culpa de la empresa minera!, ¡Debí

usar el equipo de seguridad!, ¡debieron darnos el equipo de seguridad!…

Solo espero morir, cerrar los ojos y no despertar, no seguir sufriendo.

Antes sentía calor, ahora, sólo siento un excesivo frio, intentaré dormir,

satisfacer mis deseos de morir.

Sólo dormí pocas horas, no sé cuántos días he estado atrapado, mi último

deseo, ver a Lizzy feliz, tal vez ya se cansó de llorar por alguien que no lo

merece, bueno ya llevo nueve años trabajando aquí, desde los dieciséis, dulce,

dulce y amarga muerte, tenía tantos sueños, sacar a mi familia adelante, tengo

tanta rabia por acabar de esta forma, sólo he bebido el agua de dos botellas

que traía conmigo en el momento del derrumbe de la mina.

Siempre creí que esta mina era fuerte, ya veo que me equivoqué, sólo

tenía un leve presentimiento de que la madre muerte rondaba esta mina, o tal

vez Belcebú.

Recuerdo cuando nos diagnosticaron un problema respiratorio, no sé cuál es

el nombre, pero era gracias a la mina, Lizzy no lo sabía, ni lo sabrá.

Ya no siento nada, ahora parece que todo es correcto, un buen día

para morir No me puedo mover, y aunque quiero ya no puedo hablar. Mao

grita desesperadamente para saber si estoy vivo, ¡jajaja! , alguien dijo que los

rockeros van al infierno, pues tenía razón, te amo Lizzy, ¡maldito adiós a

todos! El vacío me está llenando hasta el punto de la agonía, he perdido

el deseo de vivir, simplemente nada más para dar, el ayer parece como si

nunca hubiese existido, la muerte me saluda calurosamente, ahora sólo diré

adiós…

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LAGRIMAS

DESLIZADAS

Edwin Alexander Trejos Chalarca

Humberto despertó brusca y repentinamente sobre su lecho. Estaba

ansioso, nervioso y confundido. Con sus ojos desorbitados miraba

a todos lados, como tratando de reconocer en donde se encontraba, al fin

fijó los ojos en sus manos, sólo en ese momento se percató de que estaba

empapado por el sudor frío que causaba la angustia. Miraba sus manos,

específicamente sus palmas, notaba que estaban ajadas y sucias. Las juntó, y

sintió como se unían callos con callos. Al instante volteó las manos al envés

de las palmas y observó como sus dedos estaban maltratados y heridos. Con

más detenimiento, observó la tierra que había en sus uñas. Se detuvo en ellas

mientras recordaba la causa de su repentino despertar: había soñado que

su familia moría de hambre mientras él la veía sin poder hacer cosa alguna.

Inmediatamente miró a su mujer, que dormía placenteramente, una leve

sonrisa se formó en el rostro de Humberto, después llevó su mirada al otro

lado de la habitación, donde en una cama se encontraban durmiendo sus

hijos.

Rayaba el alba, momento para que Humberto saliera a trabajar.

Todavía con un poco de ansiedad, Humberto se levantó parsimoniosamente

de su cama, se dirigió al lavadero, donde lavó su cara. Después se vistió con

un pantalón y una camisa a medio rasgar. Se acercó a su mujer, quien seguía

durmiendo placenteramente, le dio un beso en la frente, luego hizo lo mismo

con sus dos hijos, entonces dos inmensas lágrimas cayeron al piso, escurridas

por el rostro de Humberto. Salió de su hogar sin un bocado de comida, pues

sólo había lo mínimo para su familia.

Humberto trabajaba en una pequeña mina de oro en el alto de

Miraflores, en la agreste zona rural de Quinchía, pueblo que hace del amarillo

una forma de supervivencia. Lastimosamente, para Humberto la mina en la

que trabajaba era pequeña y peligrosa, porque le costaba encontrar rastro

alguno de aluvión o filón; aun así, Humberto iba dispuesto a extraer oro a

costo de todo, pues temía que el sueño se hiciera realidad.

Después de una hora de camino, Humberto se acercaba a su trabajo.

Ya sus ojos veían la entrada de la mina. Humberto llegó a esta. Paró un

momento y recordó el sueño; sintió un escalofrió que le recorrió todo el

cuerpo. Suspiró profundamente; se dispuso a dar el primer paso para entrar

a la oscura mina, cuando, de pronto, repentinamente, escuchó una voz febril

y fría, que dijo: -¡No entres ahí!- Humberto se perturbó. Asustado, miraba su

alrededor para encontrar el autor de aquella inquietante frase. Miró y miró,

pero no encontraba nada; sólo observaba como el viento arremetía contra las

copas de los arboles, los cuales no podían hacer cosa alguna ante el arranque

de hojas que el viento causaba. Humberto se tranquilizó, pensó que lo que

había escuchado era el producto de la ansiedad de haber recordado el sueño.

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Continuó su camino y entró a la mina.

Allí encendió la linterna que llevaba en su bolsillo y se la puso sobre

su frente. Continuó a paso lento hasta llegar al lugar donde debía buscar el

amarillo. Encontró una batea, un poco de cianuro y mercurio y un triturador

que había dejado la última vez que había trabajado. Se dispuso a excavar

para encontrar el ansiado oro. En la mina del alto de Miraflores, Humberto,

generalmente encontraba filón en vez de aluvión, así que Humberto con la

esperanza de encontrar el oro lo más rápidamente posible, empezó a buscar

el metal precioso entre las peñas de la mina.

Buscaba y excavaba, pero no encontraba. Humberto se desesperaba

cada vez más; buscaba más rápido, la ansiedad lo cegaba; el sueño lo perturbaba.

Mandaba las manos sin dirección alguna, hasta que una de sus manos alcanzó

la punta de una piedra, que lo hirió en la palma. Humberto gritó profundo

y dolorosamente, rasgó un pedazo de tela de su camisa y envolvió su mano.

Sudando y gimiendo se senen el piso de la mina. Entre sollozos, Humberto

sin darse cuenta se durmió en un profundo sueño. Soñaba con su familia,

en lo mucho que la quería; pero de pronto, se encontró a la entrada de la

mina y escuchó de nuevo aquella terrible frase, de inmediato vio a su familia

pidiéndole algo de comer, y él, sin poder hacer nada, presenciaba como

morían uno a uno. Despertó como lo hizo en la madrugada. No tenía noción

del tiempo, sólo sabía que tenía que encontrar algo, el preciado metal.

Se levantó para continuar su trabajo con una sola mano. Se acercó

a la piedra que lo había herido. La observó detenidamente y, en aquel lugar

reconoció bastante filón, más del que esperaba. Lo tomó y lo llevó a triturar.

Después tomó el mercurio y empezó a separar el oro de la piedra triturada,

para asegurarse de obtener todo el oro posible; tomó el cianuro para separar

el oro de la arena restante de la trituración. Humberto expresaba una alegría

sin igual. Cantaba y reía dentro de la mina. Lo que tanto había deseado ya lo

había obtenido. Esperaba ver a su familia para darle la gran noticia y ver en

su rostro la misma alegría que él expresaba. Se disponía a salir de la mina con

su deseado oro, cuando de pronto sintió un gran temblor, y sin tiempo de

reaccionar, una gran cantidad de tierra y piedra cayó sobre él.

Momentos después Humberto abrió los ojos, miró a su alrededor,

no se podía mover. Tenía el cuerpo atrapado bajo tierra. Sólo podía mover

la cabeza y la mano herida, no se desesperó. Pensaba en todo lo que había

hecho por su familia. Se resignó a morir. Cerró sus ojos, y al cerrarlos escuchó

la misma voz febril y fría que decía: -Te lo dije- . Abrió los ojos y volteó la

cabeza.

Vio a un pequeño hombre, no más de un metro de estatura. Humberto

no se asustó, le dijo a aquel extraño ser:

-Por favor, llévale eso a mi familia- . Señalándole el oro que estaba

detrás de él.

El pequeño hombre tomó el oro. Humberto cerró los ojos, y cuando

los abrió el hombre ya no estaba.

Al otro día, rayando el alba, tocaron la puerta de la casa de Humberto.

Su mujer salió. No vio a nadie. Miró hacia abajo y vio un paquete extraño.

Lo levantó, lo abrió y en él encontró bastante oro. Lo miró un instante.

Después, al oro cayeron dos lágrimas deslizadas por el rostro de la mujer de

Humberto.

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EL abuelo

y el tesoro ideal

Yesica M. Osorio A.

Abuelo es muy viejo, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco,

pero sus ojos son como estrellas, brillan al compás de sus interesantes

palabras, sólo que mucho más hermoso, su expresión es dulce, y da gusto

observar la riqueza de su espíritu y la franqueza de su corazón. Su elegante

traje es tan limpio que parece que los años nunca hubiesen tocado sus lienzos;

y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol

filtrándose entre el follaje, y Abuelo vuelve a ser joven, un apuesto muchacho

de rubios crespos y redondas mejillas coloradas, elegante y gracioso; pero sus

ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de Abuelo.

Entre sus miles de palabras, resplandece una sonrisa que vaga por el frondoso

bosque de un pueblo, donde un lirio ilumina una montaña; alta y erguida

sobre su tallo, la flor muestra sus blancos pétalos. Cada mirada y cada paso

llevan consigo la imagen de aquella blanca corola y transmiten su deseo a

las voces del viento que aún no han llegado a verla. Y así, toda la montaña

empezó a agitarse, inquieta y veloz, no pudiendo apoderarse del lirio, tan bien

plantado. El viento se lanzó furioso contra la montaña, hasta que arrasó con

ella, y también el lirio puro y solitario.

En medio de aquella efigie, la idea de querer ser alguien fue una fortuna

¡ser algo! , servir de algo en este mundo. Si ocupo un puesto, por modesto

que sea, que sirva a mis semejantes, seré alguien. Pues bien, descubriré las

maravillas de la madre naturaleza, algo inimaginable. Era una pasión, muchos

han sido los días y las noches en que divagar es la más hermosa recompensa.

En una asombrosa tarde Abuelo encontró a un hombre, que por

cierto tenía un nombre poco frecuente, Eneli. Él poseía un piedra cristalina,

al verla sus ojos se llenaron de ilusión ¿de dónde vienes? Preguntó Abuelo

presuroso; De aquel monte, respondió Eneli.

Abuelo corrió y al llegar allí descubrió que el suelo que pisaba estaba lleno

de riqueza, aquel lugar era un sitio de fuertes vientos. Vientos que tumbaban

con gran facilidad todo y que también despeinaban los rubios crespos de

Abuelo.

Él, sabiendo que no podría armar una tienda para examinar el lugar

porque el viento arrasaría con ella, se esforzaba en instruirse, y dedicaba horas

y horas a atar los finos troncos a las estacas y varas en compañía de Eneli, con

la esperanza de que algún día la situación mejorara para muchos.

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Pasaron los años, su trabajo fue caprichoso, sin que nadie les molestara.

Todo lo que hicieron había dado sus frutos y decidieron crecer como un

árbol. Pero a medida que todo fue creciendo, y que las diversas piedras eran

aún más encantadoras, comenzaron a sentir crujidos en su interior. Sus vidas

cambiaban la necesidad de seguir volando, se requerían más hombres que

propusieran ideas para su beneficio y el de los demás.

Todo lo que vivía, gozaba de un encanto especial, pues justo en

el centro, rodeado de miles de arbustos, llenos de nudos y torceduras, se

encumbraba una colina, el monte que el viento llevo en sus entrañas con el

hermoso lirio. Fue enceguecedor el engrandecimiento, que Eneli Abuelo

y los demás nunca pensaron la forma de no arruinar su entorno. Los ríos,

en su lejanía se contaminaban, los muchos hábitats en su alrededor dejaron

de existir, fueron largas noches de tristeza al ver que aquel bosque que un

día tenía vida se estaba devastando poco a poco. Se necesitaban formas más

seguras para que esto no sucediera, pero de igual forma, no acabaría nunca

porque tendría que dejarse de lado la exploración del suelo.

Si bien es innegable que todos los seres humanos necesitamos

minerales, y el trabajo que trae consigo la búsqueda de metales y piedras

que nuestro subsuelo nos brinda, aquel joven, que ahora es mi abuelo me

enseña con gran intensidad la importancia de nuestro medio ambiente y de

las personas que se ven afectadas por esta práctica.

Hoy sé que todo tuvo un comienzo, esta tierra que explotamos no

es nuestra, pero ¿sabes? Todas las pasiones desorbitadas de los hombres, son

tan difíciles de contener como las olas desatadas. Son como escalas, ¿Por qué

no pensar en todos los recursos? Nuestro ecosistema, un ambiente lleno de

armonía, que si no se cuida pondrá en peligro nuestra vida. Pero también

están los otros recursos; el paisaje o los recursos culturales, oficio de muchas

personas que necesitan de ello para vivir. Nunca olvidemos que todo es un

complemento como nuestro cuerpo y alma, porque la minería es una acción

ciega, ciega y de alto impacto. Llega, rompe, explota y deja muchos efectos.

Había días, sobre todo los de antes, en que no nos fijábamos en la

sequía o la lluvia que interrumpía nuestro juego, eran aquellos los días en

que todo estaba sembrado de maíz, el cultivo era bueno y se cuidaba. Ahora

pienso que los campos se ven diferentes con el maíz, que al final es lo que más

belleza le da al rancho, quizá porque es de una soberbia entereza así como la

gente de allá, que pasa del frío del invierno a la quema de medio día o la moja

la lluvia de verano hasta casi podrir sus raíces, pero nada de esto le pasa a la

planta que fue el sustento de los abuelos, ella sólo deja pasar las secas con su

color amarillo. Entre el trigo y el recibir la lluvia, toma un discreto tono verde

que la confunde con el pasto de la pradera, siempre discreta y resistente.

Nadie encontró jamás un tesoro enterrado, sin cavar para ello, y los

grandes hallazgos de la vida perpetuán lo más profundo de nuestras vidas sin

dejar de lado la hermosura de nuestro entorno.

Cada hoyo en la tierra es un ecosistema destruido, aire y agua

contaminada, hábitats arrasados, paisajes demolidos por el hombre, debido

a la explotación de los recursos naturales sin los estudios y medios indicados

para realizar dicha labor, sin exponer la vida de los que trabajan allí.

Nunca pensemos que todo es duradero, cuidemos el regalo más

maravilloso Dios nos ha obsequiado; porque todo en la vida es como la

neblina que aparece, pero luego se desvanece, llevando a su paso lo que más

amamos.

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Cuentos finalistas

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En LA MinA

En la mina

Vairon Camilo Aricapa Trejos

Cerca de las montañas Faraón se encuentra un pueblo minero. Todos

éramos muy felices, un día salimos a trabajar a la mina Pícher; yo me

entretuve en el camino con una pequeña ardilla que se había lastimado una

patica. Cuando llegué a la mina, mis padres habían desaparecido; no sabía qué

hacer, gritaba pero nadie me escuchaba; cerca de allí había una tribu indígena,

pero ellos no me querían ayudar; aseguraban que nosotros estábamos

contaminando los ríos con los residuos tóxicos que salían de la mina y, que

los químicos estaban provocando que muriera y enfermara gravemente la

gente y los animales, las plantas se estaban secando por la contaminación.

Pero allí, estaba una joven ¡la más linda, la más hermosa que había visto en

mi vida! Era muy diferente a todas las demás, su sonrisa era única, se llamaba

Malea. Yo no lo podía creer, ella me estaba apoyando y defendiendo frente a

su padre, el Cacique, aunque sus padres no dejaban que tuviera contacto con

personas desconocidas y mucho menos con personas de la mina, a ella no le

importó la opinión de ellos y nos escapamos. Cuando llegamos a la mina nos

sorprendió un horrible tigre, sus dientes y su mirada amenazadora nos decían

que nos iba a atacar y Malea, muy asustada, corrió a mis brazos, yo le decía

que no se preocupara porque yo la defendería contra todo. Con la escopeta,

que me había dado mi padre, hace algunos años, disparé al aire en forma de

advertencia y el enorme tigre salió huyendo. Encontramos las máscaras de

aire en el rancho de las herramientas y así pudimos entrar a la mina; cuando

ya habíamos caminado algunos metros encontramos un hombre muerto ¡fue

un momento terrible, había sido lo peor que nos había pasado! Pero aún no

sabíamos todo lo que nos iba a suceder.

Seguimos caminando y nos sorprendió una veladora, que nos serviría

de mucho, pero las veladoras al parecer eran de mis padres, pues, estaban

encendidas. Continuamos caminando, cuando de pronto, en la oscuridad

vimos una luz, corrimos y hallamos unas canecas; Malea me dijo que eran

residuos tóxicos y que si los tocaba a lo mejor podía morir, unos kilómetros

más adelante nos encontramos un hombrecillo, era el famosísimo duende de

la mina. Al principio a Malea le dio mucho temor, pero el hombrecillo dijo:

-No teman, no les hare daño.

Malea un poco más tranquila escuchó al duendecillo, nos dijo que

el gran Reisz era quien tenía a mis padres, queríamos que nos diera más

información pero desapareció dejando un humo blanco.

Seguimos, hasta que el camino se dividió en dos. Le insistí a Malea

que tomáramos el lado izquierdo, pero ella me dijo que había escuchado

hablar a sus padres que en la mina había un camino que se dividía en dos, y

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que el lado izquierdo estaba inundado con aguas subterráneas. Después de la

insistencia de Malea accedí a tomar el camino derecho. Continuamos nuestro

camino hasta que unos metros más adelante, encontramos un pequeño

riachuelo, Malea se detuvo a tomar un poco de agua, al verla me lancé y

la detuve porque el agua estaba contaminada. Más adelante nos detuvimos

a descansar, después del recorrido que habíamos tenido; como estábamos

tan agotados nos quedamos dormidos. Al despertarnos teníamos mucha

hambre y lo único que teníamos era un pedazo de pan y una botella de agua

que mis padres me habían dejado, lo dividimos entre los dos pero aún así

no calmamos el hambre. Ya a punto de desmayarme nos encontramos unos

diminutos hombres, llamados los Tumbirlis, ellos murmuraron:

-¿Qué os sucede?

Logré escuchar y les dije:

-¡Lo que pasa es que tenemos demasiada hambre, lo único que hemos

comido ha sido pan y agua!

-Habríais dicho antes, a nosotros nos sobra la comida.

-¿Será que ustedes nos podrán brindar un poco?

-¿Qué nos daréis a cambio?, sonrieron maliciosamente.

-Pues lo único que tenemos es… ¡este hermoso espejo de diamantes

que pertenece a Malea!, mi hermosa amiga. Ellos aceptaron mi oferta,

argumentando que era algo maravilloso nunca antes visto; nos dijeron que los

siguiéramos, aceptamos, un poco más adelante nos encontramos una diminuta

casa, por supuesto era la de ellos, entraron y sacaron la suficiente comida como

para aguantar al menos hasta que rescatáramos a mis padres, que por cierto

con la ayuda de los Tumbirlis sería muy pronto. Después de que comimos

frutas silvestres, vino, pan y queso; nos dijeron que nos ayudarían a rescatar

a mis padres del malvado Reisz. Continuamos caminando acompañados por

los Tumbirlis, un poco más adelante nos sorprendió un enorme dragón que

estaba hechizado por Reisz, no nos permitía pasar hasta que le adivináramos

las palabras secretas. Él nos dio una pista; es el nombre del gato de la mamá de

Reisz. Malea intentó diciéndole, Shaky, pero no era así. Nos dio una segunda

oportunidad, en esta acerté diciendo Yoh Lemon; el dragón sorprendido nos

dejo pasar, pero la guarida estaba protegida por el gran ejército de Reisz. Los

Tumbirlis y nosotros atacamos, y al final logramos derrotarlos con nuestras

armas. Reisz cuando se dio cuenta de nuestra presencia secuestró a Malea

y nos amenazó con la muerte de ella. Muy asustado con su amenaza, fingí

rendirme ante Reisz, cuando él estaba totalmente convencido, lo ataqué con

mi escopeta y él murió. Al fin pudimos rescatar a mis padres.

Después de Reisz estar muerto el hechizo del dragón se rompió y el

volvió a la normalidad, Malea y yo nos pudimos casar, hicimos una grandiosa

fiesta, a la que asistieron mis amigos los Tumbirlis, el dragón, mi amigo el

duende, el padre y la madre de Malea que luego de escuchar nuestra historia

aceptaron nuestro noviazgo. Malea quedo en embarazo, nacieron unos lindos

trillizos: Irbis, Joaquim y Carlota. La mina se cayó al salir el dragón y ahí

los Tumbirlis construyeron una hermosa ciudad. Largo tiempo después los

residuos de la mina comenzaron a hacer un gran daño a la naturaleza, pero con

la ayuda de los Tumbirlis y el duende, logramos parar la gran contaminación.

Todo esto que nos paso nos ayudó a tomar conciencia y no hubo nuevas

catástrofes durante muchos años.

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RECUERDOs....

Recuerdos....

Marcela Mora Gutiérrez

Estoy sólo, siento frio, no veo nada, tengo mucha hambre y miedo, nunca

creí que esto me fuera a suceder. Recuerdo a mi hijo Juan, cuando nació,

con sus mejillas rosadas, sus ojos redondos y con su llanto me anunciaba, que

ya era papá. Mi esposa María, una mujer que tiene una sonrisa tan hermosa de

la que me enamoré, una mujer que me dio un hijo, por él daría mi vida entera.

Ese momento tan inolvidable; recuerdo sus primeros pasos, sus primeras

palabras, su primer día en el jardín infantil, todo es tan cálido, tierno y me da

paz y tranquilidad, pero… de un momento a otro, Juan ya se está graduando

del colegio, el tiempo ha pasado muy rápido, él se ve sonriente, alegre de

haber terminado sus estudios, yo me siento orgulloso y lo veo convertirse en

un hombre triunfador, mientras yo, en este lugar donde no pasa nada… todo

el tiempo es igual, no sé cuando es de día y cuando es de noche, solamente sé

que este lugar es oscuro, tengo frio y que nada puedo hacer, quiero dejar un

mensaje pero en qué, no cargo papeles, tal vez… ¡Oh sí! la foto de mis dos

amores, lo intentare ahí.

Recuerdo mi primer trabajo, de cartero, era un poco aburrido, porque

a veces no alcanzaba a repartir las cartas y mi jefe me regañaba, pero yo sabía

que él en su corazón era una buena persona. Cuando conseguí este trabajo de

minero, me dijeron que todo era muy seguro, que aquí nunca pasaba nada y

yo, así lo creí...

También recuerdo a mi mejor amigo Carlitos, con él hacía muchas

travesuras, una de ellas fue cuando pusimos una puntilla en la silla del profesor

¡jajajaja…! creo que ese fue uno de los días que más me reí en la vida. Pero

no he podido sacar de mi mente, cuando Carlitos me decía en sus últimas

palabras: -amigo, no llores algún día nos volveremos a ver, lo dijo con una

voz tan segura, pero luego cerró sus ojos. Carlitos murió por tres puñaladas

que un borracho le dio en el abdomen. ¿Quizá, sea hoy ese día en que nos

volvamos a encontrar?

Que será de mí aquí encerrado, si nadie me escucha, ¿ya habrán

encontrado al resto de mis compañeros? o ¿estarán en mi misma situación?

Estoy desesperado, no quiero morir sin despedirme de mi familia, sin decirle

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a mi hijo que ha sido el mejor, a mi esposa que ha sido la mujer que yo más

he amado. Pero, como decir esto si hay mucha tierra sobre mí; se me está

acabando el oxígeno y no creo que me encuentren, porque soy el único y

estoy en la parte más profunda de la mina, vaya suerte la mía, y yo creyendo

que a mí nunca me iba a suceder esto, ¡jajajajaja!, iluso yo. Pero… yo no

quiero morir solo, yo siempre me he dicho que el día que muera, quiero morir

acompañado de un ser querido, así como murió mi amigo Carlitos, en mis

manos. No quiero morir solo, no quiero, no quiero… Que alguien me ayude

por favor.

Ahora cierro mis ojos y recuerdo mi boda, ese momento tan especial

que aún después de que muera no lo podré olvidar, yo en el altar esperando

a mi esposa María con su vestido largo, la iglesia llena de rosas blancas, todo

combinaba con su vestido, ese sonido tan alegre, tan dulce que hacían los

músicos con sus instrumentos tocando la canción de la boda. Recuerdo las

palabras de mi suegro, cuando me entregó a María diciendo: -aquí te entrego

mi único tesoro, mi hija, te la entrego en tus manos, dale mucho amor, nunca

la hagas sufrir y cuídala como la he cuidado yo.

Y yo aquí cómo la voy a cuidar, ¿quién cuidará de mi esposa? ¿no lo

sé?, pero nada puedo hacer aquí encerrado, nadie me escucha, tengo hambre,

siento mucho miedo de morir solo y con mucho frío.

En la luna de miel María y yo fuimos al mar, había mucha comida, por

supuesto deliciosa, nadamos, bailamos hasta que los pies nos dolieron,

dormimos bajo las estrellas, la luna, y el sonido del mar nos arrullaba como

a unos pequeñuelos.

¡Oh, esa noche! daría mi vida entera porque se repitiera esa noche.

Recuerdo las comidas de mi madre, eran deliciosas, era irresistible comer las

tortas de fresa que ella hacía, eran suaves, cremosas, dulces y crocantes, sus

huevos revueltos, sus ensaladas, todo lo que ella hacía era muy delicioso.

Hoy en la mañana cuando me levanté hacía mucho frío, no había

ni un pájaro cantando, todo era tan silencioso y triste. Cuando estaba

desayunando mire el reloj, vi que iba a llegar tarde al trabajo, entonces tomé

mi almuerzo y salí corriendo, no me despedí de mi esposa, ni de mi hijo, subí

en mi transporte, la mañana seguía fría, callada, la carretera estaba sola, sabía

que iba a pasar algo malo, pero no le di mucha importancia, lo único que me

importaba era no llegar tarde al trabajo.

Cuando llegué todos mis compañeros de trabajo ya estaban entrando

a la mina, con sus palas, riéndose, dispuestos a sacar todo el carbón que

pudieran sacar de ese hueco en la tierra; que nos da nuestro sustento, pero

yo no estaba tan feliz, sabía que algo estaba sucediendo, pero tomé mi pala y

olvidé lo que estaba pensando. Entré en la mina, la vi más oscura que nunca,

se sentía mucho frío; pero la risa de mis compañeros me tranquilizaba, todos

ocuparon sus puestos, unos a sacar el carbón, otros a escavar, a tres compañeros

y a mí nos tocaba escavar en la parte más profunda de la mina; pero cuando

llegamos, el lugar estaba muy húmedo y oscuro, pero con nuestras linternas

disipábamos la oscuridad, empezamos a excavar y a sacar el carbón. Llegó la

hora del almuerzo, salimos de la mina, pero yo no almorcé, porque todavía

me rodeaba ese presentimiento, no lograba sacarlo de mi mente.

Regresamos de nuevo a la mina y me temblaban las piernas, me

sudaban las manos al saber que iba a entrar en esa oscuridad y saber que

algo raro estaba sucediendo. Cuando entramos se escuchaba el eco de las

risas de mis compañeros; y aún a mí me temblaban las piernas y me sudaban

las manos, empezamos a cavar y después de un gran rato la tierra empezó a

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temblar. Un compañero mío, estaba fuera de la mina porque estaba sacando el

carbón en la carreta, mis otros dos compañeros corrieron, no sé si alcanzaron

a salir, pero yo… No tuve tiempo, cuando la tierra empezó a temblar, solté

mi pala y en el momento que iba a correr me cayó una gran cantidad de tierra

con carbón, y perdí el conocimiento, cuando desperté, estaba aquí en este

lugar oscuro y frío.

¿Qué habrá fallado?, recuerdo haber puesto bien, con mis amigos de

trabajo, el sistema para que sostuviera el techo, ¿qué habrá fallado…?

No puedo creer que vaya a morir aquí solo, ya no siento mis piernas,

este lugar es muy estrecho y no me puedo estirar, siento mucho frio, no he

podido dormir, en estos momentos el carbón, está soltando un gas tóxico, y

está contaminando el poquito de aire que me queda. ¡Por favor encuéntrenme

rápido!, por favor… No seguiré insistiendo, creo que ya ha pasado más de un

día y yo sigo aquí, ¿se habrán olvidado de mí?

Fue encontrado tres días después y hallaron en sus

manos una fotografía de su esposa María, con su

hijo Juan; detrás de la fotografía había escrito: ¡Los

quiero y en la eternidad los estaré esperando…!

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EL principe

SAMIR

Anlly Paola Quebrada

Mi nombre no importa mucho la verdad, lo importante es lo que les voy

a contar. Soy de un hermoso lugar lleno de naturaleza, casas sencillas,

rodeadas de verdes montañas, con cultivos de café, plátano, yuca, naranjos

que producen suaves aromas y que hacen que los pájaros den un concierto

cada mañana. La gente es sencilla, amable, respetuosa, llena de valores y de

conocimientos especiales, que te brindan una mano amiga sin ningún interés

y te hacen sentir como un príncipe visitando su reino. Aunque esta si es la

historia de un príncipe… bueno más o menos.

Hace algún tiempo, una tarde normal en la que estaba sembrando

plantas en el patio de mi casa, de repente escuché un ruido fuerte, era como

de un avión, lo extraño era que cada vez se acercaba más a mi casa, un instante

después un fuerte viento me levantó mis trenzas y la falda de mi vestido,

delante de mí se posó una pequeña avioneta de color negro con un escudo

muy hermoso de varios colores.

Mientras yo trataba de entender que sucedía, de bajar mis trenzas y

los pliegues de mi falda, de la avioneta descendió un joven algo raro: tenía

un vestido de dos piezas de color blanco, con un listón azul en la cintura

y en su cabeza había una corona de las que usan las reinas de aquí, tras él

descendieron dos hombres altos muy fuertes y serios que se pararon a su lado

y una señorita muy sonriente que tenía en su mano un aparato pequeño que

no reconocí hasta que me fijé bien, un computador pequeño que parecía de

juguete.

Con todo este espectáculo yo no sabía qué era lo que estaba pasando

y menos que hacer, mientras los veía hablar entre ellos por mi mente pasaban

muchas ideas, la verdad ninguna era buena, mientras yo trataba de adivinar

que pasaba, escuché, una voz.

-¡Hola!, ¿estás bien?

No pude contestar, estaba algo asustada.

-¡Hola!, ¿estás bien?, repitió.

Por fin contesté: sí.

-Qué bien, disculpa la molestia, es que el piloto calculó mal, y por eso

casi te lastimamos, pero no te preocupes pagaremos todos los daños.

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-¿Cómo?, dije aún aturdida; perdón ¿quiénes son ustedes y qué hacen

aquí?

-Tienes razón. Qué descortés he sido, permíteme te explico: mi

nombre es Samir, soy príncipe de Lupresia, un país muy lejano de aquí situado

en otro continente de este planeta, ellos son mis guardaespaldas y ella es mi

consejera y secretaria; espero no haberla asustado.

-¡Un príncipe!, aquí ¿Por qué?

-Es cierto tengo que explicarte: lo que pasa es que estamos buscando

un lugar del que nos hablaron hace poco, un sitio espectacular, que se

encuentra lleno de gente con conocimientos de gran valor para nosotros ya

que con ellos se puede salvar mi país, estamos buscando el municipio de

Quinchía.

Quede congelada, Quinchía, ¿Por qué a nosotros, que hicimos para

que nos busquen, que nos van a hacer?; mientras pensaba esto él continuó:

-Este municipio que buscamos es muy importante para nosotros, tiene

conocimientos especiales que no han sido contaminados con el modernismo

y la cultura del facilismo, en él las personas aun cultivan sus alimentos de

manera natural, hay árboles, animales, montañas, flores… - Mientras hablaba

miró a su alrededor y se dio cuenta:

-¿Es aquí? Es aquí- repitió a sus acompañantes-. Empezaron a reír y

brincar de alegría.

-¡Es aquí!, estamos en Quinchía, no creí que fuera tan fácil, lo

encontramos, gracias a Dios que nos dirigió, ahora salvaremos a nuestra gente

y nuestro país.

Mientras esto pasaba yo no terminaba de aterrizar, son de otro

continente, de un país extraño, y están felices porque han encontrado un

pueblo pequeño, de cultura campesina, que no tiene príncipes, ni riquezas,

que vive del campo y no tiene grandes lujos. ¿Por qué? No comprendo nada.

En ese instante Samir me miró con los ojos llenos de alegría y me dijo:

-Esta tierra es Quinchía, cierto.

-Sí -, conteste nerviosa

-Este municipio es de cultura campesina, ¿no es cierto?

-Sí, repuse, pero…

Samir me interrumpió y dijo:

-Tengo que pedirte un gran favor que es esencial para mí y mis

compañeros, espero no te niegues ni tú, ni tu familia a concedérmelo, necesito

que tu familia nos enseñe a nosotros todo lo que saben de la naturaleza, del

campo, de las plantas, del agua de todo lo que ustedes conozcan .Necesitamos

todos sus conocimientos y pagaremos muy bien por ellos, el dinero no

importa, pidan lo que quieran.

Repliqué: -¿Por qué habríamos de enseñarles todo eso, acaso que les

ocurre?

Samir guardó silencio un rato como pensando la respuesta y luego de

un rato contestó:

-Lupresia era un país hermoso, lleno de naturaleza, de riquezas tan

espectaculares que muchos nos envidiaban, el campo era muy importante

para nosotros, pero generaciones pasadas empezaron a implementar altas

tecnologías, encontraron muchos yacimientos de petróleo, bastantes minas

con esmeraldas, diamantes, oro, así que empezaron a explotarlas y a acabar

con el campo, con todo el dinero que tenían no se preocupaban de nada

compraban todo ,construyeron metrópolis, llenaron todo de carreteras,

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de vías, de trenes eléctricos, de aviones, compraron autos último modelo.

Los habitantes empezaron a cazar sin restricción, utilizaron los ríos como

basurero, la comida, las flores, las compraban a otras naciones, y ese fue el

gran error, al pasar el tiempo las consecuencias no se hicieron esperar, la nueva

generación está afrontando estos problemas: las minas se están acabando,

pero las sustancias tóxicas que produjeron combinadas con otras que están en

las comidas congeladas, en el aire contaminado por el humo de los autos y las

impurezas en el aire, nos están enfermando de cosas extrañas que no se ven

en otros países. La generación que sabía cultivar y cuidar la naturaleza murió

y nosotros, la nueva, no sabemos nada, sólo consumir; estamos volviendo

a reflexionar, a darnos cuenta de los errores, pero no sabemos por dónde

empezar, tenemos mucho dinero pero no nos sirve de nada, porque sin

campo nuestro futuro no existe. Hemos recolectado alguna información de

la Internet, y de otros medios, pero nos falta mucho, lo más importante, los

conocimientos que están en las personas dedicadas al cuidado del campo, sus

creencias, su sabiduría. Por eso hemos venido, porque aquí la gente ama el

campo, y lo trabaja con el corazón, poniendo amor y esperanza a todo lo que

hacen.

Mientras él hablaba llegaron mis padres y con ellos empecé a entender.

Al principio no creía que existiera un país que hubiera acabado con el campo,

lo más importante, pero Samir era sincero. Al terminar de hablar, mis padres

y yo decidimos ayudarlo, sin pedir dinero a cambio. Nos sentíamos extraños

de que un príncipe estuviera en nuestra casa; de manera muy humilde los

acomodamos en nuestra casa, ellos no se molestaron por nada y se veían muy

contentos. Les dije que al día siguiente madrugaríamos a las 5:00 am para

empezar a conocer todo el mundo del campo y todos sus dones.

Al amanecer cuando salí al patio no lo podía creer, todos nuestros

invitados estaban afuera mirando cada cosa que había.

-¡Buenos días!- saludé.

-Hola-, contestó Samir -Espero no te moleste, es que cada cosa que

hay aquí es nueva para nosotros. el aire huele a dulce, las flores son hermosas,

rojas, violetas, amarillas, sólo las vemos ya cortadas, cuando las importamos,

pero aquí huelen el triple de mejor, el color de las montañas es hermoso y

están llenas de arboles con flores y frutos, y ese sonido ¿es?

-¿Cuál? ¿Las aves? Son gallinas, pollos, pájaros, es que hacen una

bulla espantosa.

-Este sonido es mil veces mejor que el ruido de los autos o las

maquinas de minería- dijo la secretaria de Samir. Lo que para mí era normal y

no merecía mayor atención, para ellos era como si destaparan regalos.

En base a lo que veíamos de ellos, mis padres y yo decidimos

enseñarles desde que era el pasto hasta el cuidado de la capa de ozono, cada

cosa que decíamos la secretaria lo escribía en su computador y el resto escribía

en agendas como para evitar que algo se les escapara.

Estuvieron una semana en mi casa y nuestros vecinos también les

enseñaron algunas cosas; fue una semana intensa aprendieron mucho y estaban

muy contentos. Al ir terminando la semana me di cuenta que ellos también

me enseñaron algo a mí. Me hicieron entender que poseía una riqueza más

grande que la del más rico magnate, que el sólo hecho de respirar sin miedo

aire puro con aroma a flores, de escuchar el canto de un ave, de sentir el

aroma de una flor me hace demasiado afortunada, que el comerme una rica

naranja libre de químicos en medio de un jardín, me brinda el más gratificante

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placer, que otros envidiarían, me enseñaron que para progresar no se debe

tener en cuenta solo la innovación y la industrialización, si no cultivamos

nuestras riquezas naturales, por más ricos que seamos, estaremos pobres.

Al terminar la semana aquel extranjero de vestuario raro, de mirada

brillante como la de un niño se marchaba, así como llegó, en una avioneta de

color negro, con sus tres acompañantes, más llenos de esperanza y alegría que

cuando llegaron. En el momento de la despedida, dijo Samir:

-Antes de irme deseo agradecerles de todo corazón porque nos han dado las

bases para volver a nacer y para salvar el planeta.

Después de esto los abrazos no se hicieron esperar, al momento se

subieron en la avioneta y de nuevo su viento levantó mis trenzas y mi falda,

pero sólo cuando se perdían en el horizonte me di cuenta de algo. Qué cuando

aceptamos ayudarlos de verdad estábamos buscando darle otra oportunidad a

nuestro planeta, el país en el que ellos viven hace parte de un continente que

debemos salvar, porque a su vez hace parte del planeta en el que vivimos y de

verdad no quiero quedarme sin en donde vivir.

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un futuro

que no llegó

Paula Andrea De los Ríos

Los veía llegar en sus lujosos carros, recorriendo con sus miradas

interesadas todo nuestro pueblo, nuestro hermoso, humilde, solidario

pueblo, nosotros pensando ingenuamente que el futuro sería distinto, con más

“oportunidades”, ¡bahhh!, como si realmente fuera verdad. En una ocasión

anterior pude ver el mismo cuadro que hoy percibía, personas con más dinero

que nosotros creando falsas expectativas. Recuerdo tanto al señor de la tienda

de la esquina de mi casa, don Mario, como se iluminaban sus ojos creyendo

tantas cosas que le decían, pensando que por fin Eduardo, su hijo iría a la

universidad, y volvería siendo igual a uno de los “personajes ejemplares” que

estaban allí en frente de él... Hoy don Mario ya no estaba allí en los arrumes

de gente, pero Eduardo sí. Las personas de antes habían pagado tan poco por

don Mario, por el hecho de “ser viejo” -¡Viejo¡ ¡Qué carajos¡- se decía, -¡Tan

solo tengo 40!-, pues bien le dijeron: -está bien, entonces al menos podremos

pagarle para su cajón-. Desde eso se dedicó totalmente a su tiendita, claro,

sólo por un tiempo, porque después ya nadie tenía ni para comprar su comida:

a los mineros que decidieron trabajar, cada día los embobaban más, les decían

que si se esmeraban realmente, al fin de mes les pagaban, y así se fueron 14

meses. Hasta que una mañana, todos se dirigían a trabajar, grandes, pequeños,

hombres y mujeres, (Claro, porque como decía mi abuelo: “la necesidad tiene

cara de perro”), por esto las escuelas se vaciaron y las minas se llenaron;

aquella mañana llegaron todos cual manada de burros, miraron, no habían

maquinarias, ni vagones, ni pagos por sus 14 meses de artritis y enfermedades

respiratorias, se habían ido, los habían explotado, y lo peor de todo, era legal,

los malditos políticos habían vendido el trabajo campesino y firmado cientos

de papales de expropiación, pero claro, los pobres ni sabían lo que esas tan

elegantes y agraciadas palabras significaban.

Lo más grave es que, aún, después de todo lo que pasó, hoy estaban

aquí, entregando el bienestar de sus familias a manos frías, despiadadas, y que

al parecer en el lugar donde debían tener el corazón sólo habían pedazos de

carbón, jajajajajajajaja. Irónico ¿no?

A mí, con 18 años, sólo me quedaba sentarme en un andén a ver

cómo mi pueblo se hundía en la miseria; no puedo creer estar viendo a mis

amigos, mis vecinos y familiares firmando contratos de trabajo, personas

analfabetas firmando con X, creen que a pesar de no escribir ni leer servirían

para algo y darían mejores vidas a sus familias; y lo que más me duele es que

en esas filas que hay en la alcaldía, está mi padre, el sabe cuál es la realidad,

sabe leer e interpretar muy bien, pero por cuestiones de clasismo y burguesía,

¡Sí! Burguesía, aun en siglo XXI; no pudo encontrar trabajo; yo sé, sé que él

sabe cuál será el desenlace de todo esto. Pero nos morimos de hambre, no hay

más que hacer…

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En mi cabeza hay cientos de preguntas, sé que nunca he salido de

mi pueblo, que no tengo televisor y que no sé nada de esa selva de cemento

que hay más allá de mi humilde pueblo, pero… ¿en todo el mundo hay tanta

mentira, tanto engaño? No lo puedo creer… ¿Qué hace que una persona

tenga en sus manos las vidas de cientos de otras y decida tirarlas a la basura?

¿De verdad hay gente tan poco humana y tan animal? Bueno, ahora me

queda esperar, ver cómo se mueren poco a poco mis allegados, la gente que

desde que tengo memoria he visto salir adelante, lento, pero con notables

incrementos.

Será que es realmente como los políticos dicen: “los campesinos

pecan de ignorancia” ¿Será posible? ¿Será que ésta es nuestra maldición?

¿Quedarnos esperando que nos usen y nos dejen? ¡No! No estoy dispuesta a

esto.

Mi padre sólo quiere que estudie, que salga adelante para nunca tener

que depender de nuevo de una persona idiota y embrutecida por el dinero.

Él empezó a trabajar un lunes enmarcado de lluvia y tormenta, ¡claro!

Esto a los ingenieros no les importaba, al fin y al cabo, ellos a las minas

llegan en un “Ford” en el que no se sienten ni los hermosos murmullos de

la naturaleza. Lo vi salir a las 4:00 am, y desaparecerse entre las curvas de las

calles desoladas de mi pueblo, y así como ese lunes, cientos más.

Yo, esperando que el futuro llegara, ese futuro que mi padre día a día

buscaba para mí; y esperando vi desvanecerse cientos de atardeceres.

Llegaba a las 8:00 de la noche, cansado, adolorido, temblando, yo lo

notaba, por más que el intentaba ocultarlo. Así, entre amaneceres y noches

pasaron 2 años, ese “futuro” cada día lo veía más lejano, los ingenieros se

excusaban cada mes, no se veía dinero sólo noticias y chismes que decían

cientos de millones son enviados a Europa y para los campesinos excusas.

Ya don Mario no tenía insumos, la mitad la había regalado, y la otra mitad la

había fiado, en nuestras cocinas agua y pan.

No teníamos nada para comer, sólo podíamos esperar, esperar a que

aquellas personas despertaran sus corazones. Pero el tiempo es duro, no sé

qué hacer, mi padre ya casi no puede mantenerse en pie, y aún así va a trabajar

cada día. Hoy le he escuchado llorar de desesperación, ese futuro que tanto

había buscado para mí, no llegaría, él lo sabe, pero… ¿Qué hacer? ¿irnos?

¿dónde? Es imposible… sólo queda esperar.

El frio del socavón calaba sus huesos, sin una buena alimentación,

ni un seguro médico, sus rodillas temblaban, sus fuerzas se agotaban cada

día más, hacía sus últimos esfuerzos que lo alejaban más de mi vida; un día

el capataz del socavón número 5, mandó a un joven que hacía los mandados,

(Que seguramente más adelante también sería carne de socavón), a decirnos

que mi padre había muerto, y con él, mis esperanzas y seguramente las de

muchos seres que repetirán la misma historia ¿Por cuánto tiempo más?

30


LA mina de oro

encantada y el elegido

Flor Enid Rincón

Erase una vez un lugar muy lejano llamado El Paraíso, tenía una mina

con mucha riqueza. Pero en este sitio existía una profecía, que decía

que a todos los que querían entrar allí les ocurriría una desgracia, pues serían

tapados ya que estaba encantada por el diablo y por estos todos le temían y

era como si no existiera. Además la profecía también decía que todo el tesoro

que había sólo sería para un elegido que no se sabía quién era.

Un día Gerónimo quiso comprobar si lo que murmuraba la gente

era verdad y se fue para esta mina, cuando llegó gritaba fuertemente diciendo

“demonio inútil, demuéstrame si lo que dice la gente es verdad”. Pasaron

unos minutos y después se empezó a derrumbar este lugar y él, con susto

inmenso, empezó a rezar y pedirle el favor al supuesto demonio que no le

hiciera nada, se arrodilló y dijo: Hago lo que me pidas pero no me quites la

vida que es lo más bello y sagrado que tengo en el mundo, te lo suplico.

De pronto se escuchó una voz muy gruesa y demasiado potente:

-¿Así que haces lo que yo te pida? Sin importar lo que sea…

-Claro, así es, no me importa lo que quieras te lo doy- dijo

Gerónimo.

-Si no estoy mal tú tienes una esposa que está embarazada ¿no es

así?

-Así es, pero ¿Por qué quieres saberlo?

-Pues ese niño que muy pronto va a nacer quiero que me lo des, a

cambio te dejo vivir.

-Este niño es unas de las razones por la que quiero vivir y si te lo doy

mi vida no tiene sentido

-Es esto o no vives

Gerónimo se pregunto por lo que debía hacer. Perder mi vida sería algo

inútil pero si le doy a mi hijo ya sería muy imbécil de mi parte, pero si lo engaño diciéndole

que sí y después de que me deje libre huyo con mi esposa y la criatura que muy pronto va a

nacer, tal vez me pueda dejar en paz… me voy a arriesgar porque soy más astuto que ese

espíritu.

-Entonces qué dices, ¿aceptas? Sí o no, es la última oportunidad para

decidir tu vida o tu hijo.

-Está bien, acepto tu propuesta, cuando nazca mi hijo podrás ir por

él.

-Ahora puedes salir pero que no se te ocurra volver a acercarte a mis

pertenencias porque ahí si no te perdono la vida.

Gerónimo salió muy pensativo imaginando que podría pasar con su

hijo, y cuando llegó a su casa la esposa le dijo

-¿Qué te pasó? ¿Por qué vienes tan preocupado?

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-Hice algo que nunca debí hacer y ahora estoy metido en serios

problemas.

-¿Por qué?

-Me fui para la mina y cuando entre al socavón, reté al espíritu que

habita en ese lugar diciéndole que me demostrara si era cierto lo que decía la

gente, apareció y platicó conmigo. Me advirtió con que para perdonarme la

vida, tendría que darle a nuestro hijo y yo acepté. Ahora no sé qué hacer…

Pienso que es mejor que nos vayamos muy lejos donde nadie vuelva a saber

nada de nosotros.

-Claro, es mejor porque yo no estoy dispuesta a darle mi hijo a ese

maligno.

Pues así lo hicieron, ese mismo día huyeron del Paraíso en la noche

para poder que nadie se diera cuenta y no dieran razón de nada. Esa noche

caminaron y caminaron bajo una fuerte lluvia y granizo, caían rayos pero

ellos no se detenían hasta que llegaron a una choza muy vieja y sola, entonces

decidieron refugiarse ahí para descansar. Eran las dos de la mañana y en ese

mismo instante le dieron los dolores de parto a la esposa de Gerónimo. Dio

a luz a un hermoso bebe al que llamaron Pablito.

Fueron pasando los meses y años y cuando Pablito estaba cumpliendo

sus once años, un viernes, llegó a la choza un hombre que nadie distinguía en

esa región y mandó a llamar a Gerónimo con Pablito

-Tenemos un visitante y quiere hablar contigo. Sabe tu nombre.

-¿Pero quién es?

Gerónimo salió y bajo un árbol lo esperaba un hombre muy alto de

sombrero y traje negro.

-¿Y tú quién eres?, yo no te conozco.

-Vine por lo que me prometiste hace alguno años atrás… te acuerdas

o es necesario volver a recordártelo.

Gerónimo se quedó asombrado. Ahora aparecía su fantasma del

pasado.

-¡Por favor no me quites a mi hijo! te lo suplico

-¿Por qué me engañaste si me habías prometido el niño a penas

naciera? Pero te hago otra propuesta si me das tu alma yo te dijo a tu hijo y

también las riqueza que muchos quieren, pero todo es para tu hijo Pablito,

porque así es como se llama ¿verdad?

-Así es y está bien acepto el trato.

-Tendrás que firmarme con sangre.

-No me importa dime no más donde hay que firmar.

-¡Me estoy dando cuenta que eres un hombre muy valiente! Y que

por tu hijo das hasta tu propia alma y por esto no te voy a molestar más la

vida. Tienes a tu hijo y toda la fortuna que hay en la mina del Paraíso porque

tú te has sabido ganar muy bien este premio. Puedes volver al Paraíso sin

ninguna preocupación, porque fuiste el único valiente que me ha retado en

tanto tiempo pero nunca pensaste en robarme y esto será una gran historia.

Gerónimo, su esposa y su hijo Pablito volvieron al Paraíso empezaron

a trabajar en la mina encontraron una gran fortuna que los ayudó a salir

de pobres. Compartieron la riqueza con quien necesitó de ellos y el espíritu

nunca volvió y nadie supo más de él. ¿Habría querido ser padre?

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UNA GRAN

AMISTAD

Angie Lorena Pineda A.

Había una vez un lugar donde las rosas perfumaban el campo y el oro era

el sustento de la vida. Allí vivían tres entrañables amigos: Francisco el

alegre, Camilo el sensato y John el paciente. Ellos decidieron iniciar juntos el

proyecto de explorar una mina, aprovechando la herencia de un lote que los

abuelos de John le habían heredado.

Comenzaron a trabajar, y disfrutaban mucho lo que hacían, en

ocasiones decidían descansar, en otras jugar en el campo, hasta que sus ropas

no podían más con el barro. Se querían mucho por la amistad que los unía

desde niños, tanto que en el pueblo los apodaban el rompecabezas, pues

cada uno encajaba perfectamente con el otro. Todos los días laboraban, con

excepción del día domingo que lo destinaron para el descanso de la mente y

el cuerpo.

La mina progresaba cada día, y el sustento se caracterizó por la igualdad

en los bienes de los tres grandes amigos y la comodidad de sus familias.

Un día, estando los tres en la mina, Francisco apartó una piedra del camino

y, sorprendidos con el hallazgo, se miraron el uno al otro: la cantidad más

grande de oro nunca antes vista en aquellos lotes. Sorprendidos, se tendieron

en el suelo. Por largo rato reinó el silencio, hasta que uno de ellos propuso

sacar el oro y esconderlo en un lugar seguro, donde solamente ellos pudieran

llegar, los otros dos asintieron con la cabeza e iniciaron tan dispendiosa labor.

Como era tanta la cantidad, no la podían vender en el pueblo, pues pensaban

que tan cuantiosa suma de dinero, despertaría la envidia de sus pobladores;

por esa razón decidieron prestar guardia al escondite, turnándose cada uno

para mantenerse despiertos.

Al amanecer fueron a buscar su tesoro, encontrándose con una

gran sorpresa, el oro ya no estaba donde lo habían ocultado, los tres amigos

atónitos se miran, hasta que John rompe el silencio acusando a Francisco de

esconderlo con el fin de jugarles una broma. Más Francisco en medio de su

desespero deja ver claramente que él no tomó el oro.

Camilo se enfrenta a los dos, alegando que solamente ellos conocían

el escondite por tal motivo el culpable estaba entre ellos. Francisco y Camilo,

discuten sin tregua, John se limita a observar sin refutar una sola palabra.

Disgustados por aquel suceso se va cada uno a casa y no vuelven a cruzar

palabra.

No habían transcurrido cinco días, cuando Camilo llegó a la

conclusión que Francisco había tomado el tesoro, pues de los tres él era el

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más ambicioso. Camilo se vistió de negro, saco de su mesa de noche un viejo

revólver, y enceguecido salió en busca del culpable. Llegando a su casa, se lo

topó de frente, pero Francisco no lo reconoció, por la oscuridad de la noche,

hasta que al oyó su voz y lo identificó.

Intercambiaron insultos, a causa del oro perdido, y Camilo agotando

su paciencia, decidió dispararle al gran amigo de la infancia. Cayó Francisco

muerto y Camilo emprendió la huída. El pueblo se entera del suceso y decide

despedir a Francisco con todos los honores, y recordarlo como un hombre

valiente, que aportó su granito de arena en el progreso de la región.

Al entierro asistieron Camilo y John, pero los rumores de que el

asesino de Francisco era uno de sus amigos, se propagó por todo el pueblo.

Camilo desesperado por hallar el tesoro, hace caso omiso de las advertencias,

y decide visitar esa misma noche a John; pero antes de que otra tragedia

suceda, las autoridades capturan a Camilo, y lo condenan a la pena de muerte.

John presenció la ejecución de su amigo, y realmente salió muy triste de aquel

lugar, pues ahora sí se había quedado sin un solo amigo.

Decidió visitar la mina, y recordar los mejores momentos que

compartió al lado de sus dos grandes amigos; Francisco el alegre y Camilo el

sensato. John, el paciente, había escondido el oro, seguro de que Camilo no

soportaría tal perdida y arremetería contra Francisco, por considerarse a este

último el más ambicioso de los tres.

Muriendo la tarde, Camilo desciende a uno de los frentes de la mina,

para rescatar el codiciado tesoro, lo toma en sus manos y sonriendo decide

salir a disfrutarlo. Entonces se convirtió en tinieblas.

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LAS MINAS

MALDITAS

David Andrés Trejos Pinto

Dicen que hace mucho tiempo vivía una humilde familia en un pequeño

pueblo llamado Quinchía, que trabajaba en las minas de dicho pueblo.

Un día como cualquiera, la familia entera se fue a trabajar a la mina principal,

ya que en ella sacaban muchísimo oro, por tal razón la familia entera había

decidido ir a ésta, pero lo más peculiar era que esta familia se apellidaba

Grajales al igual que los dueños de las minas. La familia de los Grajales al

llegar a la entrada de la mina se cambió sus ropas para entrar al socavón

de la mina. Al entrar a la mina, quedaron atrapados. Al cabo de media hora

llegaron los dueños de las minas y supieron que la familia Grajales había

quedado atrapada. Decidieron cerrarla para no gastar dinero en su rescate,

ya que estos eran pobres y por tal razón nadie los extrañaría en el pueblo.

Antes de morir, los Grajales maldijeron las minas por la indiferencia de los

dueños. Desde entonces, todas las personas que van a sacar oro de aquellas

minas son asustados por esta familia. Desde hace tiempo nadie se atrevía a ir

a estas minas por temor a que los Grajales los espantaran o hasta por miedo

que los mataran.

Un día llegó un joven como cualquiera de nosotros, claro que con

mucho más dinero, Mark Alfaro. Al saber que estas minas no eran trabajadas

y aún más, unas minas como las de Quinchía que eran muy famosas porque

siempre estaban llenas de oro, decidió comprarlas todas. Los anteriores

dueños quedaron muy satisfechos por el precio que Mark les ofreció por las

minas. Al día siguiente Mark salió en busca de los trabajadores para abrir las

minas, pero se llevó una gran sorpresa al saber que nadie quería trabajar en

las minas a pesar de la buena paga que les ofrecía. Mark decidió averiguar la

razón por la que nadie quería trabajar en ellas. Emprendió camino hacia la

minas para iniciar el trabajo y cuando iba a entrar a una de ellas, de repente

sintió un golpe en su espalda, se dio la vuelta, pero no vio nadie detrás de él.

Mark al no ver a nadie, se espantó y de inmediato salió, cuando estaba

en la entrada, escucho una voz a lo lejos que le decía que los ayudara y entre

más tiempo pasaba, los escuchaba más cerca de él. Mark comprendió porque

las personas del pueblo no querían trabajar en las minas que en el presente

eran suyas. Al comprender el problema, trató de revenderlas, pero nadie

las quería por que estaban malditas y embrujadas, escuchaban voces en su

interior y pasaban cosas muy extrañas. Como Mark no encontraba empleados,

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decidió iniciar trabajo solo en las minas. Siempre que iba a ellas, trataba de

hablar con los famosos fantasmas, pero no le respondían sus preguntas. Mark

se acostumbró a trabajar en las minas, a pesar de la presencia de los fantasmas

de la familia Grajales y sus bromas. Un día lluvioso, al entrar al socavón, se

le vino un derrumbe, que no lo mató. Al cabo de una hora escuchó la voz

del señor Grajales, gritó, aruñó la tierra buscando salida hasta que se cansó.

El señor Grajales volvió y le habló, pero esta vez lo hizo con amabilidad, lo

quería ayudar a salir de la mina. Mark siguió la voz que le hablaba, caminó por

mucho tiempo y al cabo de unas horas, llegó a una pequeña entrada, que salía

a kilómetros de las entradas de las minas. Mark agradeció al señor Grajales y

le preguntó por qué asustaban a todos los que querían trabajar en sus minas

y el señor Grajales le contó la razón. Mark se comprometió a ayudarlos para

que descansaran en paz.

Se encaminó al pueblo y trajo consigo unas máquinas especiales

para destapar la mina que tenía mucho tiempo tapada hasta que encontraron

las cuatro calaveras entre los escombros. Poco a poco se aclaraban mas las

razones por las cuales los Grajales aun estando muertos, seguían en las minas

asustando a diestra y siniestra.

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MENCIÓN


SUEÑOS

ROTOS

En reunión plenaria del

Jurado, celebrada en Pereira

el 30 de noviembre, se

aceptó la publicación del

cuento “Sueños rotos” de

Catalina Quintero Alvis,

que quedó por fuera de

los diez finalistas dado que

su extensión sobrepasa las

bases del concurso. Sin

embargo, atendiendo a su

factura y como estímulo

para los jóvenes que se

identifican con el oficio de

plasmar universos, damos a

conocer dicha obra.

Catalina Quintero Alvis

Antonia se encuentra en su celda

reflexionando y recordando por qué se

encuentra allí; en su cara se refleja una sonrisa

macabra que, para ella, inspira tranquilidad, su

cara marcada por las cicatrices de su pasado,

su cuello y manos decoradas con cicatrices de

quemaduras la hacen pensar que ha cobrado

venganza por el daño que le han provocado

y aunque sus cicatrices físicas son muchas,

las cicatrices de su corazón son más grandes

y muchas todavía no han cerrado. Se mira

en un pedazo de espejo que consiguió con

otra de las reclusas y sus ojos se llenan de

lágrimas, ya no es la misma mujer que soñaba

con ser odontóloga, con darles a su papá y

a su hermano una casa decente donde vivir,

aunque pensándolo bien, no se la merecían.

Para Antonia en estos momentos lo único

que su familia merece es la muerte. Ahora en

el corazón de Antonia sólo existe el odio, el

rencor y la sed de venganza. Pero no siempre

fue así, Antonia solía ser una joven dulce,

noble e ingenua, aunque era pobre soñaba

con algún día ser una gran profesional y

lograr la felicidad; vivía en una pequeña

cabaña con su papá Pedro y su hermano Luis,

su mama murió cuando ella tenía siete años y

desde entonces le tocó hacerse cargo de las

labores de la casa y de cuidar de su papa y su

hermano. Al mismo tiempo debía responder

por su estudio pues sabía que era su única

oportunidad de salir adelante, se levantaba a

las cuatro de la mañana a preparar el desayuno

de su papá y su hermano, arreglar la casa e

irse para el colegio. Antonia iba en octavo y

tenía sólo trece años cuando su vida cambio

para siempre, una tarde mientras arreglaba la

comida para su papa y su hermano su corazón

le decía que algo malo iba a pasar.

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Eran las 5:15 pm. Antonia estaba preocupada, su padre y su hermano

siempre llegaban a las 4:30, se sentaban en las mecedoras hechas de mimbre

frente al televisor esperando a que Antonia les sirviera la comida, tal vez les

había habían pagado y se habían ido a tomar como siempre, pensó, pero

no era fin de mes; preocupada empezó a rezar cuando escuchó un carro

parqueándose en la entrada, Antonia miró por la ventana y vio bajarse a

su papá y a su hermano del carro acompañados de un señor de traje muy

elegante, de unos 45 años, Antonia se sorprendió, el señor parecía ser muy

importante, venían riéndose, Antonia se alegró, creía que eran buenas

noticias pero no se imaginaba la noticia que le traían. Al entrar su papá la

saludó muy cariñosamente al igual que su hermano (nada parecido al saludo

tosco, grosero y forzado de todos los días) mientras tanto el señor la miraba

detenidamente, lo que la incomodó, por cortesía lo saludó, pero en el fondo

lo único que quería era que se fuera, no entendía porque ese sentimiento

pero era así, el señor se presentó: Mucho gusto, mi nombre es Eduardo Gonzales,

encantado de conocerte. Antonia sonrió fingidamente y le apretó la mano, no le

inspiró mucha confianza, se sentía incomoda pues Eduardo no le quitaba la

mirada de encima; ella regresó a la cocina para servir el café y presentía que

la observaban. Al voltear sus ojos chocaron con los del señor, Antonia casi

por reflejo desvió la mirada, su corazón latía cada vez más fuerte, sus manos

empezaron a sudar, su cuerpo no dejaba de temblar, se sentía intimidada,

nerviosa, no lo podía controlar, quería que él se fuera, decidió detenerse y

tomar aliento cuando escuchó la voz de su padre: Antonia ¿Por qué demoras

tanto?, Antonia con la voz ahogada por el nerviosismo respondió: Voy

padre, estoy buscando la panela. Antonia no tuvo más remedio que acercarse y

atenderlos; temblorosa, Antonia le dio el café a su padre y a su hermano y sin

más remedio le sirvió el café a Eduardo quien la agarró del brazo, la miró a

los ojos y le dijo: Eres muy amable. Antonia se puso nerviosa y prefirió irse a la

cocina pero su padre no la dejo, le dijo que se sentara que debían conversar,

Antonia no tuvo otra opción que sentarse. Eduardo comenzó a hablar.

-Tienes una hija muy hermosa Pedro, parece un ángel.

-Lo sé, es igual a su madre.

-Con mi ayuda va a llegar a ser muy importante.

-Siempre supe que ella era un diamante en bruto- dijo Luis.

-Es cuestión de pulirla- añadió su padre.

-¿De qué hablan?- Preguntó Antonia- ¿Cuál diamante? ¿Qué voy a

ser importante? Me explican, no entiendo de que hablan.

-Sencillo princesa-, respondió Eduardo -yo estoy aquí para cambiarte

la vida, para hacerte muy importante, y muy valiosa.

-No me llame princesa, además ¿cómo podría usted hacer todo eso

que dice?

-Muy sencillo, soy un gran empresario y vengo a estos países a buscar

mujeres que quieran un mejor futuro, es bien sabido que en estos tiempos

modernos el que quiera ser alguien debe saber otros idiomas y estudiar en

otros países.

-Luego ¿usted a que se dedica?

-Yo, yo ofrezco lo que otros no… oportunidades para mejorar su

estilo de vida.

-Ahh ya, pero… ¿Por qué yo? ¿Por qué no otra? ¿Qué tengo yo que

otras mujeres no tengan? Además yo apenas voy en octavo usted seguramente

habla de “oportunidades” para la universidad o me equivoco…

-Mi querida Antonia, no creas que eres la única mujer que va a gozar

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de esta maravillosa oportunidad, junto a ti hay otras diez mujeres que tratan

de mejorar sus vidas, de progresar y si te escogí es porque tienes una belleza

inigualable y un carisma arrollador, dijo Eduardo

-Pero, si se supone que voy a estudiar ¿de qué me sirve la belleza?

-Eduardo rio y seguidamente le contestó: -En otras culturas la belleza de una

mujer es muy bien vista y valorada.

-Mmm, o sea que en ese lugar tan maravilloso del cual habla, voy a

terminar de estudiar el bachillerato y después voy a estudiar odontología…

-Exactamente, nosotros te proporcionaremos alojamiento, comida y

todo lo que necesites para estudiar, ¿no te parece genial Antonia?

-Soy campesina pero no boba, me dan todo a cambio de nada, eso no

lo creo.

-En ningún momento te dije que era gratis, tu tendrás que trabajar en

una de nuestras sucursales como recepcionista durante el día y por la noche

iras a estudiar.

-Y ¿Qué debo hacer como recepcionista?

-Responder llamadas y comunicarlas directamente con la persona

que necesiten.

-Y puedo preguntar ¿A dónde vamos? ¿Cómo se llama el lugar donde

trabajaría? Y… ¿un menor puede trabajar?

-España, para allá vamos, la empresa es un empresa textil y gracias a

un documento que poseemos personas de todas las edades pueden trabajar,

satisfecha o hay algo más que desees saber.No, pensó Antonia pero en el

fondo sabía que una oportunidad así no se le iba a presentar de nuevo, tenía

sus dudas pero Eduardo parecía tan seguro que decidió creerle.

-Disculpe usted que le pregunte tanto es que estoy muy impresionada

esto no pasa todos los

días y el hecho de que usted me haya escogido debe ser un privilegio ¿no?

-No te preocupes, me encanta tu curiosidad y sí es un privilegio pero

aún hay más, tu padre me ha pedido encarecidamente que te cuide , que sea

tu “tutor” por así decirlo.

-¡¿Ellos no vienen conmigo?!

-Claro que no, sería demasiado costoso llevar a las familias de todas

y cada una de las mujeres que van para España, además no tendrían nada que

hacer, la oportunidad es para ti no para ellos.

-Y… ¿Cuándo partimos?

-En tres días y me alegra saber que tú aceptas, vas a ver que cuando

vuelvas vas a ser toda una mujer hecha y derecha.

-Esa es mi hija, va a ver cuánto va a disfrutar de esta gran oportunidad.

Por nosotros no se preocupe, sólo le pido que si le sobra algo de dinero nos

lo envíe usted sabe que hay muchos gastos y poco dinero sería de gran ayuda-

dijo Pedro.

-Claro, papá, no lo dude, yo voy a tratar de enviarles mes a mes algo

de dinero.

-Bueno como todo ya está dicho me retiro… pero antes, Antonia,

paso por ti en tres días, debes estar lista, lleva sólo lo necesario, no te encartes

con cosas que allá puedes comprar.

-Muchas gracias señor, no sabe cuánto le agradezco todo lo que está

haciendo por mi es usted un santo.

Eduardo se despidió de todos y se marchó, era evidente que a

Antonia ya se le había olvidado el sentimiento de desconfianza que sentía por

Eduardo, en esos momentos se sentía extasiada, maravillada y agradecida con

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la vida que le había puesto el mundo a sus pies, no demoró en ir corriendo a

buscar alguna mochila donde guardar la poca ropa que tenía. Esa noche Pedro

y Luis se fueron a “celebrar” la partida de Antonia. Eran las tres de la mañana

cuando Pedro irrumpió en el cuarto de Antonia la levantó y le dijo que quería

comer, Antonia le dijo que se fuera a dormir, a lo que su padre respondió: Es

que no me oyes, te digo que me prepares algo de comer y también prepárale algo a Luis, y

no es una pregunta es una orden. Antonia se tapo la cabeza, su papá siempre iba

al cuarto cuanto estaba borracho pero al final siempre se iba a acostar; pero

esta vez no fue así, Pedro le quitó la cobija y comenzó a golpearla, a insultarla

y denigrarla, Antonia no comprendía por qué su padre hacia esto, trataba de

defenderse y le suplicaba que la dejara en paz , mientras tanto se escuchaba la

risa de Luis y los grito de apoyo para que le siguiera pegando, cuando su papá

se cansó la escupió en la cara y cerró la puerta no sin antes decirle: Es para

cuando se te ocurra no obedecer una orden, Antonia rompió en llanto, estaba

muy confundida. Su papá jamás la había tratado así, no comprendía porque

su papa había tomado esa actitud como tampoco entendía de dónde su papa

había sacado el dinero para irse a tomar, en fin, Antonia se aplicó crema y

trató de sobar los moretones que su papá le había dejado en el cuerpo, decidió

acostarse y no pensar más en lo ocurrido.

A la mañana siguiente, Antonia se encontraba en la cocina cuando su

papá se acercó, la tomó suave del brazo y le dijo: Perdóname, no quise lastimarte

fue cosa de tragos, Antonia lo disculpó y le preguntó: ¿Pa’ de donde saco el dinero para ir a

tomar?, Pedro la miró y respondió: Fue de la venta de un producto que realicé ayer en

el trabajo, nada del otro mundo, mija, no se preocupe, más bien ¿Por qué no nos prepara el

desayunito que tenemos mucha hambre?.

Ya habían pasado tres días desde la visita de Eduardo en la casa

de Antonia para llevarla a España a estudiar, ella muy contenta lo esperaba

ansiosa en la sala, rezaba para que él no se hubiera arrepentido de haberle dado

tan maravillosa oportunidad, su corazón era un encuentro de emociones que

la desesperaban, no se hallaba quería que él llegara de inmediato, pero nada

que aparecía. Eran las cinco de la tarde cuando Eduardo parqueó en frente

una minivan, dentro había 10 mujeres iguales o más hermosas que Antonia,

bajo él y tocó la puerta

-Qué alegría verlo don Eduardo- dijo Antonia.

-¿Creíste que no iba a venir?

-La verdad estaba preocupada, creí que se había arrepentido.

-¿Pero… cómo se te ocurre?, si tu eres mi joya más valiosa.

Antonia se alegró al oír esas palabras, la hacían sentir segura, se

despidió de su familia y se fue, no quería hacerlo esperar, su corazón latía

casi al mismo ritmo del de un colibrí, se hizo al lado de Eduardo, al mirar a

las demás “afortunadas” veía el mismo furor y alegría que brotaba de ella.

Eduardo condujo por una hora hasta llegar a una pista de aterrizaje y en ella

un avión privado esperando por ellas, Antonia no cabía de la felicidad, quería

subirse a ese avión ya que sería su primera vez, corrió de la emoción y fue la

primera en subirse. El avión despegó y las demás muchachas tuvieron mucha

curiosidad por conocer a Antonia, era sin duda la más joven de ellas y eso las

sorprendió mucho, así que se acercaron para conocerla.

-Hola, ¿cómo te llamas?

-Antonia ¿y tú?

-Laura. No te molesta que te pregunte… ¿cuántos años tienes?

-Trece, pero don Eduardo dice que eso no importa que en España

puedo trabajar tranquilamente.

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-Yo soy Camila y tus papás ¿estuvieron de acuerdo en dejarte venir?

-Claro, si no, no estaría aquí, mi papá y mi hermano quieren lo mejor

para mí.

-Ahhh que lindos, hola me llamo Daniela, ¿te incomodaría

contestarme una pregunta?

-No, dime qué quieres saber de mi

-¿Tú eres virgen?

-Daniela como se te ocurre preguntarle eso, mucho gusto, Luisa.

-No tranquila, sí, yo soy virgen

-En serio, yo a tu edad ya había tenido varias experiencias

-Cállate Daniela eso es cosa de ella, mi nombre es Sophia

-Ay, pero si no lo digo con mala intención

-Jmm todas aquí sabemos que lo dices por alardear- dijo Laura

-Claro que no, es que es muy difícil encontrar niñas vírgenes en estos

tiempos

-No puedo creer que tu papa te haya dejado venir- dijo Sophia

-¿Por qué no? Es una gran oportunidad

-Ay, Sophia, no ves que ella siendo así puede lograr una fortuna en

cuestión de minutos…

-¿Siendo así?- preguntó Antonia

-Sí, siendo virgen, tú, tú vas a ganar una fortuna en una noche- dijo

Daniela

-No entiendo, ¿Por qué, es que acaso a las niñas vírgenes les va

mejor?

-Pues claro- dijo Daniela

-No sabía que los profesores en España valoraran eso- dijo Antonia

-¿De qué hablas? ¿cuáles profesores?- preguntó Daniela

-Cállate- gritaron todas.

-Ups no sabía- dijo Daniela

-¿Qué no sabías?- preguntó confundida Antonia

-Nada, nada no le pongas cuidado

-¿Mejor se van todas a sus puestos, no creen?- dijo Eduardo

-Sí señor- respondieron.

Eduardo le sonrió a Antonia: ¿Por que no duermes? El viaje es largo

deberías descansar, Antonia lo miró confundida, quería preguntarle a qué se

referían ellas pero no se atrevió, así que solo le sonrió y se durmió. Cuando

despertó, iba en una furgoneta conducida por Eduardo, la miró:

-Buenos días dormilona, creí que ibas a dormir todo el recorrido,

espero que hallas descansado.

-Sí, gracias por preguntar, ¡no lo puedo creer ya llegamos! ¡Qué

emoción!

Llegaron a una casa grande llena de arboles y flores, al entrar

Antonia se dio cuenta de que en la casa sólo vivían mujeres pero eso no le

importó, estaba tan emocionada que no le importaba si en aquella casa vivían

extraterrestres.

Esa noche hubo una reunión para hablar de aquel trabajo en la

textilería, Eduardo les comentó que en cada cuarto había un armario con

ropa y zapatos que podían usar para trabajar, se habló de los horarios de

trabajo, resultó que eran a la hora que los servicios fueran necesarios, no era

fijo el horario y la paga era por horas. Antonia en su ingenuidad preguntó: ¿Y

cómo vamos a estudiar si el el horario no es fijo?, todas rieron, Eduardo las calló y

respondió:

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-Por ahora tú no vas a trabajar hasta que algún cliente nos haga una

oferta por tus servicios.

-¿Qué, no se supone que yo debía pasar llamadas? ¿Qué pasó con

todo lo que usted me dijo?

-Ja, pobre tonta, ella cree que vino a….

-Cállate Daniela, ahora sólo por eso tú y yo vamos a tener una charla

privada.

Daniela se asustó, mientras tanto Antonia seguía confundida, iba a

preguntar cuando Eduardo le dijo: Tú deberías irte a dormir y descansar mañana

hablamos, por el tono de voz Antonia decidió hacerle caso e irse a su habitación.

Ya en ella Antonia decidió mirar la ropa que le habían dejado, toda era muy

hermosa pero muy atrevida y los tacones estaban muy altos no sabía si podría

manejarlos, pero no le importó, pensó que seguramente así usaban la ropa en

España. Eran casi las doce cuando un golpe en la pared la despertó, asustada

decidió salir y averiguar de dónde provenían esos golpes, cuando se acercó

al estudio, notó que los golpes venían de allí, todo quedo en silencio y lo

próximo que escuchó fue la voz de Daniela suplicando piedad, Antonia se

asustó tanto que salió corriendo para su habitación y esperó a que Daniela

pasara para ver qué había sucedido; cuando la vio le preguntó por lo sucedido

y ella le preguntó a su vez:

-¿Té en verdad crees que viniste a estudiar? ¡Qué pesar!

-Luego no vine para eso…

-Claro que no, tú estás aquí para vender tu cuerpo al mejor postor

-¿De qué hablas? Don Eduardo dijo que yo iba a estudiar y a

trabajar

-A trabajar tal vez, pero como prostituta porque esa es tu nueva

profesión

-¿De qué hablas? Eso no es verdad, mi papá no lo permitiría

-Tu papá, tu papá fue el primero que lo permitió, es más, debe estar

gastándose la plata que le dieron por ti, debió ser mucha por lo que eres

virgen

-¿Qué? Eso no es posible

-Claro que sí, porque crees que todas nos quedamos calladas en

el avión cuando hablaste de profesores, porque fue ahí cuando nos dimos

cuenta de que eras la única a la que habían engañado, la habían ilusionado

con promesas falsas, grábate una cosa niña, tu papi te vendió al mejor postor

como lo van a hacer por el resto de tu vida, tú de ahora en adelante no vas a

ser más que una prostituta.

-Eso es mentira, tú me quieres asustar, yo voy a tener un gran

futuro

-Seguramente, pero como “dama de compañía”, mírame bien, esto es

lo que te espera, golpizas por desobedecer o por boquifloja, tú no te imaginas

todo lo que arriesgo diciéndote esto

-Pero mi papá no me haría esto

-Pues ya te lo hizo, tú en verdad creíste que te iban a dar todo lo que

te prometieron así de chévere, es verdad que eres pequeña pero no creí que

fueras bruta

-¿Por qué me dices esto? ¿Qué ganas?

-Entre más rápido lo sepas va a ser mejor y yo no gano nada, pero es

bueno que sepas cuál va ser tu futuro, en estos momentos debe haber una fila

de viejos verdes subastando tu virginidad

-No lo puedo creer, yo sé que todo lo que dices es mentira no puede

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existir gente tan mala en este mundo.

-Allá tú, yo quedo tranquila de que te dije la verdad, ahora déjame en

paz, no ves como estoy de golpeada.

Antonia se fue directo al estudio en donde estaba Eduardo, le comen

lo que había sucedido con Daniela y le exigió saber la verdad, él le dijo que

todo era mentira, que lo que Daniela le había dicho todo eso por envidia, que

no le creyera, que él se iba a encargar. Antonia se fue al cuarto pero no pudo

dormir, algo la inquietaba, algo de razón tenía Daniela, el supuesto trabajo no

era como Eduardo le había dicho que iba a ser, además Daniela en verdad no

ganaba nada diciendo esas mentiras, Antonia decidió dejar así.

A la mañana siguiente Antonia fue al cuarto de Daniela para hablar

con ella, pero no estaba ahí, bajó a buscarla pero tampoco la encontró, así que

le preguntó a Laura:

-¿Sabes dónde está Daniela?

-Ella, está en el hospital

-¿Qué? Y por qué…

-Porque se cayó de las escaleras

-Cierto Laura- dijo Eduardo

-Sí, señor

-Cómo lo lamento

-Nada grave volverá en unos días- dijo Eduardo

-Antonia, quiero que te arregles, para esta noche tendremos la visita

de un gran amigo mío que desea conocerte.

Esa noche Antonia se puso un vestido color negro y unos tacones

rojos, se maquilló y perfumó, Eduardo fue por ella al cuarto y le dijo que

estaba hermosa, que seguro su amigo iba a quedar impresionado con su

belleza, Antonia se alegró y bajo al comedor, al llegar allí vi a un hombre de

unos 56 años de traje elegante, él se levantó y se presentó:

-Hola, mi nombre es Pascual Del Monte, encantado de conocerte

-Gracias, igualmente, me llamo Antonia

-Eduardo, tenías razón es muy hermosa, tienes muy buen gusto

-Lo sé, es mi diamante en bruto

-Deseas tomar algo Antonia

-Una limonada por favor

-Claro, y cuéntame ¿Qué quieres ser cuando grande?

-Odontóloga

Esas fueron sus últimas palabras, al día siguiente Antonia se levantó

de la cama con un gran dolor de cabeza, se miró y se dio cuenta de que estaba

desnuda, no lograba recordar que había sucedido, se colocó una bata y fue

donde Eduardo:

-¿Qué paso? ¿por qué no recuerdo nada? ¿por qué amanecí en mi

cama desnuda?-. Eduardo rio: - Tú en verdad te lo creíste todo, tú aquí no vas

a estudiar vas a trabajar y no como “recepcionista”, como prostituta, y por

lo de anoche, pues muy sencillo, Pascual me ofreció cuatro millones de euros

por tu virginidad.

-¿Y me lo dice así como si nada?

-Pues es la única forma que entiendas, pagué mucho por ti, ahora

debes devolverme cada centavo que invierta en ti pero con intereses.

-Entonces, mi papá en verdad me vendió…

-Sí, me pidió doscientos millones de pesos por ti y se los tuve que

dar, sabes lo difícil que es conseguir niñas vírgenes en estos momentos

-¿Por qué?

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-El perro por dinero mueve la cola querida Antonia, ahora lárgate

ve y báñate tienes clientes que atender. Ahh y ni se te ocurra no atender a

alguno de ellos, podrías terminar como Daniela, sufriendo un “accidente” en

las escaleras

-Sí, señor

Antonia no lo podía creer, Daniela sí le había dicho la verdad, ella

en verdad era una prostituta y no había nada que pudiera hacer al respecto,

en la casa no había teléfonos, además ella no podía salir de la casa lo único

que pudo hacer fue enviar una carta a su papá que consiguió enviar gracias

al pervertido del vigilante que le pidió su cuerpo a cambio de ese favor, en la

carta ella expresaba su dolor diciéndole:

¿Por qué papá?, ¿yo qué te hice? Siempre te obedecí ¿Por qué

me vendiste?, ¿es que no me amas? Creo que la respuesta es

obvia pero quiero que sepas una cosa que TE ODIO Y DESEO

PROFUNDAMENTE QUE TE MUERAS AL IGUAL QUE

LUIS. Me has arruinado la vida y te deseo lo peor.

Att: Antonia

Han pasado siete años y Antonia ya no es la misma, ahora ed una

prostituta las 24 horas del día los siete días de la semana, es drogadicta y

alcohólica pues sólo así es capaz de acostarse con todos aquellos infelices que

pagan por acostarse con ella. En su corazón, el odio predomina y su sed de

venganza crece cada día más, deseaba ver muerto a quien le provocó tanto

daño por tantos años, al que acabó con su infancia, con su inocencia, deseaba

matar a Eduardo y por eso una noche, mientras el dormía, ella entró a su

cuarto lo amarró, le tapo la boca y con una navaja empezó a cobrar venganza:

Esta es por haberme comprado para luego venderme, esta por robarme mi infancia, por

los golpes que me has dado todos estos años, por las veces que me has violado y esta por

arruinarme la vida, y con esas últimas palabras terminó su desagravio, Antonia

lo ha degollado.

Y fue así como llegó a la cárcel, su infierno físico terminó pero su

infierno psicológico la atormenta día tras día y no la deja dormir, pues con

cerrar los ojos recuerda uno a uno los hombres que la violaron.

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Diego Alexander Largo Gonzales

Ganador del concurso

FinALisTAs


Talleres de corrección de estílo con los finalistas a cargo del semillero de

investigación Caballo Perdido: Revista de ficción breve de la UTP.


MEMORIAS

Primer concurso de cuento

estudiantil, La minería en

Quinchía 2010


(...) es muy meritorio para Minera Quinchía S.A.S., la Alcaldía

Municipal, la Casa de la Cultura y finalmente para la comunidad

estudiantil convocar, patrocinar y participar de un concurso

literario. También para mí es meritorio el hecho de ser jurado

del concurso, y aunque a mis manos sólo llegaron 30 de los casi

doscientos cuentos presentados, puedo darme cuenta del inmenso

orgullo que los niños y jóvenes sienten frente a las prácticas de

minería de su región. Pero además de su orgullo, dan a conocer

la dureza del trabajo, el temor por los riesgos y el deseo de que la

minería llegue a ser un bien compartido por la colectividad, sin

ambiciones ni egoísmos.

Susana Henao Montoya

Universidad Tecnológica de Pereira

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