Aspectos neurológicos de la ceroidolipofuscinosis. - FEDAES

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Aspectos neurológicos de la ceroidolipofuscinosis. - FEDAES

Recibido: 31.03.00. Aceptado: 17.04.00.

a Servicio de Neurología Pediátrica. b Servicio de Neuropatología. c Unidad

de Genética Médica. Hospital Universitario de Maracaibo. Maracaibo,

Venezuela.

Correspondencia: Dr. Joaquín A. Peña. Departamento de Neurología Pediátrica.

Hospital Clínico. Urbanización La Trinidad. Prolongación Delicias.

Maracaibo, Venezuela. Fax: 586 149 2186. E­mail: jokar1@telcel.net.ve

© 2000, REVISTA DE NEUROLOGÍA

REV NEUROL 2000; 31 (3): 283-287

VIII CONGRESO ANUAL DE LA AINP

Aspectos neurológicos de la ceroidolipofuscinosis

J.A. Peña a , J. Cardozo b , S. González c , D. Luna c

NEUROLOGICAL ASPECTS OF CEROID-LIPOFUSCINOSES

Summary. Objective. We discuss the historical, epidemiological, clinical, complementary tests and neuropathological

details of ceroid-lipofuscinoses in children. Development. Initially, we review the basic concepts and historical details of the

disorders, and the frequency and distribution of the different clinical forms. Subsequently, we review the subtypes and

variants most commonly found in children, together with the elements necessary for diagnosis. Finally we analyze the

neuropathological studies and their clinical correlation. Conclusions. The clinical diagnosis of ceroid-lipofuscinoses should

be based on a clinical history showing disorders of vision, convulsions and regression of psychomotor functions. Neuroimaging

findings, neurophysiological changes and ultrastructural studies confirm the diagnosis. [REV NEUROL 2000; 31: 283-7]

[http://www.revneurol.com/3103/j030283.pdf]

Key words. Ceroid-lipofuscinoses. Convulsions. Macular degeneration. Metabolic disorders. Ultrastructure.

INTRODUCCIÓN

Numerosas enfermedades de carácter evolutivo con regresión

constante de las adquisiciones psicomotoras muestran presentaciones

clínicas diferentes. Su sospecha diagnóstica sólo puede

realizarse con una historia clínica detallada. Habitualmente, cada

una de ellas tiene una edad de comienzo y manifestaciones clínicas

variables de orden motor, convulsivo, conductual, etc. [1,2].

En un grupo significativo de estos trastornos no se ha demostrado

anomalía metabólica alguna, si bien su carácter normalmente

genético, su particular evolución progresiva, su semejanza con

otras enfermedades con origen metabólico conocido y, en algunos

casos, su huella anatómica que traduce una sobrecarga celular

evidenciada en la microscopía óptica y electrónica, hacen

suponer su ubicación entre las enfermedades neurometabólicas.

Gracias a los avances más recientes en la genética y la biología

molecular, los cuales han permitido la demostración de defectos

genéticos específicos y la caracterización de la ubicación y función

subcelular de las proteínas codificadas por estos genes, ha

aumentado exponencialmente con el tiempo nuestra habilidad

para diagnosticar y prevenir estos trastornos en las familias afectadas

[3].

La ceroidolipofuscinosis ceroidea (CLF) representa una de las

afecciones neurogenéticas más frecuentes en niños y por ello se

han dirigido grandes esfuerzos en la búsqueda de los defectos

genéticos de sus diversas formas clínicas. Hasta ahora, se han

identificado varios genes asociados con el trastorno y continúa el

proceso sistemático de caracterización de los cromosomas que

contienen miles de pares de bases de ADN en los cuales pueden

ubicarse cientos de genes. El patrón de herencia de la CLF es

autosómico recesivo en todos los subtipos, con algunos casos del

adulto que se heredan de forma autosómica dominante [4].

El nombre enfermedad de Batten, particularmente asociado

con la forma juvenil de la enfermedad, así como el término ceroidolipofuscinosis

se utilizan indistintamente en la actualidad para

unificar el espectro de las condiciones clínicas y patológicas representadas

por las diversas formas clínicas con sus respectivos

epónimos. Esta enfermedad comprende un grupo de trastornos

caracterizados por regresión motora y cognitiva, convulsiones y

pérdida visual progresiva. La sobrecarga lisosómica, autofluorescente,

de distribución difusa y de aspectos morfológicos variables

en microscopía electrónica (granulares, curvilíneos, lamelares) y

parecida estructuralmente al lipopigmento de ‘envejecimiento’

del tipo de las lipofuscinas (ceroide­lipofuscina), es también de

gran especificidad, pues a menudo existe una clara correlación

entre la forma clínica y el tipo de inclusiones citosomales, lo que

convierte el estudio ultraestructural en una ayuda diagnóstica [5,6].

El sustrato neuropatológico de la CLF lo testimonia la muerte

neuronal masiva y la pérdida de los fotorreceptores (excepto en los

subtipos del adulto), que confiere al trastorno su evolución progresiva.

La edad de comienzo y evolución clínica sugestiva, las anomalías

neurofisiológicas, los hallazgos en los estudios de neuroimagen,

sumados a las alteraciones ultraestructurales apreciadas

en la biopsia de piel, músculo u otro tejido, confirman el diagnóstico

[4­6].

HISTORIA

La primera descripción de esta condición se acredita al Dr. Stengel,

un médico danés, quien identificó en una familia a

cuatro niños con pérdida visual progresiva desde los 6 años de

edad, deterioro intelectual y pérdida del habla. A los 10 años

estos niños presentaron convulsiones y fallecieron en la segunda

década después de varios años en estado vegetativo [7]. La pérdida

visual progresiva y la regresión del desarrollo en este trastorno

condujeron a su clasificación como forma de idiocia familiar

amaurótica. En 1903, Batten fue el primero en describir

claramente la degeneración cerebrorretiniana, la cual, por su

similitud con la enfermedad de Tay­Sachs, consideró como la

expresión juvenil de la idiocia familiar amaurótica [8,9]. Posteriormente,

esta relación fue descartada debido a las marcadas

diferencias encontradas, tanto en la evolución clínica como en la

patología y los hallazgos bioquímicos. En los siguientes años se

documentan los elementos patológicos, caracterizados por la

pérdida de las neuronas corticales y de las células de Purkinje,

y su asociación con la sobrecarga de lipopigmentos autofluorescentes

que permiten su diferenciación con otros síndromes [9,10].

Los rasgos clínicos de la forma juvenil de la enfermedad son

283


J.A. PEÑA, ET AL

delineados detalladamente por Spielmeyer en 1908 y Sjögren en

1931 y, más tarde, en 1925, Kufs describe la variante del adulto

[11-13]. La forma infantil del trastorno fue inicialmente reconocida

en 1973 por Santavuori y Haltia, quienes comunican una

serie de casos en Finlandia y ofrecen descripciones detalladas de

los aspectos morfológicos, bioquímicos y neurofisiológicos [14].

En 1969, Zeman y Dyken introducen el término ceroidolipofuscinosis

y proponen clasificar la CLF en los tipos crónico, agudo

y transicional [15]. Entre en 1982 y 1988 se establece la necesidad

de una categorización adecuada de estos trastornos que da

lugar a nuevos intentos de clasificación. El término CLF comprende

ahora todas las formas clínicas descritas e incluye las

variantes. Más recientemente, en 1990, el Comité de la Base de

Datos del Genoma Humano acordó referirse al supuesto gen

determinante de la forma clínica: CLF­1 (en inglés NCL­1) para

el gen de la forma infantil, CLF­2 para el de la forma infantil

tardía, CLF­3 para el de la forma juvenil, CLF­4 para el de la

forma del adulto y CLF­5 y CLF­6 para las variantes infantil

tardía (Tabla). Los avances en la genética molecular han permitido

la identificación del gen (y de su producto genético) en

algunos subtipos y variantes, lo cual demuestra la heterogeneidad

de estas entidades que exhiben elementos clínicos y patológicos

comunes [16].

EPIDEMIOLOGÍA

Este grupo de trastornos se observa en diferentes grupos étnicos,

con predominio de la forma infantil en Finlandia donde se señala

una incidencia de 1/13.000 nacimientos [17]. En norteamérica

tiene una incidencia que varía entre 1/12.000 a 1/25.000 nacidos

vivos, y es probablemente el trastorno neurogenético más frecuente

en niños [18]. Se estima que unos 300 niños nacen cada

año en Estados Unidos con este trastorno, y la mayoría de ellos

presentan la forma infantil tardía y juvenil. Se ha señalado agrupación

de casos en Newfoundland (Canadá), Costa Rica y Finlandia

occidental, lo cual refleja un efecto fundador debido a un

determinado y homogéneo origen étnico, así como a la historia

y geografía particular de estas regiones. La mayoría de casos de

Newfoundland corresponden a la forma clásica infantil tardía;

un grupo importante de casos comparten ancestros comunes y

muestran consanguinidad. En Costa Rica, algunas de las familias

afectadas son consanguíneas y otras comparten apellidos

comunes (isonimia) [17]. En algunas series comunicadas, la CLF

representa más del 25% de todos los casos diagnosticables de

enfermedad neurogenética referidos para diagnóstico de laboratorio

[19].

FORMAS CLÁSICAS (SUBTIPOS)

Y ALGUNAS VARIANTES EN NIÑOS

Forma infantil o enfermedad de Santavuori­Haltia­Hagberg

Sus signos clínicos pueden aparecer desde los 8 a los 18 meses de

edad tras un período de desarrollo temprano normal. Todas las

adquisiciones se pierden rápidamente con hipotonía, ataxia y

compromiso visual: palidez difusa de la retina y reducción de los

vasos retinales [4,17]. Entre los 18 y 24 meses aparecen mioclonías

de los miembros; los pacientes entran en estado de decorticación,

se tornan espásticos, sin ningún contacto con el mundo

exterior y fallecen pasados algunos años. El EEG inicialmente

desorganizado y lento, se aplana rápidamente después de 1 a

2 años y se vuelve isoeléctrico a los 4 años. A los 3 años el

284

Tabla. Aspectos genéticos de la ceroidolipofuscinosis.

Enfermedad Epónimo

Nombre Producto

del gen genético

Cromosoma

Infantil Santavuori CLF­1 Palmitoil­ 1p32

Haltia­ proteíno

Hagberg tioesterasa

Infantil tardía Jansky­ CLF­2 Tripeptidil­ 11p15

Bielschowsky peptidasa

Variante CLF­6 15q21­q23

infantil tardía

Variante CLF­5 13q22

infantil tardía

finlandesa

Juvenil Batten­Vogt CLF­3 16p12

Spielmeyer

Juvenil CLF­3 1p32

con depósitos

granulares

Adulto CLF­4

potencial evocado visual y el electrorretinograma (ERG) están

gravemente alterados. Los estudios de neuroimagen revelan atrofia

cerebral y cerebelosa. A los 13 meses puede apreciarse pérdida

de señal en el tálamo y áreas hiperintensas periventriculares

en los estudios de neuroimagen. El examen ultraestructural del

material obtenido mediante biopsia muestra las inclusiones típicas

o depósitos osmiófilos de carácter finamente granular. Esta es

una enfermedad primariamente finlandesa. El gen (CLF­1) se ha

localizado en el cromosoma 1p32, el cual codifica una enzima

lisosómica, palmitoil proteíno-tioesterasa (PPT) que modifica las

proteínas removiendo los grupos palmitato de los ácidos grasos de

las proteínas S­acetiladas [20,21].

Forma infantil tardía o enfermedad de Jansky­Bielchowsky

y variantes

Se inicia habitualmente entre los 2 años y medio y los 4 años tras

un desarrollo psicomotor inicialmente normal. En las variantes

de Costa Rica, infantil tardía finlandesa y la juvenil temprana, la

edad de comienzo es entre los 5 y 7 años [17]. Los niños presentan

un trastorno convulsivo caracterizado por crisis generalizadas

tonicoclónicas, episodios de ausencias con caídas frecuentes

y sacudidas mioclónicas, a las cuales se añade hipotonía y ataxia.

Las mioclonías son frecuentemente inducidas o reforzadas por

estímulos sensoriales, movimientos voluntarios o la emoción.

Se instauran torpeza progresiva, temblor y disartria, seguidos de

la pérdida de la habilidad para hablar o caminar. A la edad de

4 años, los niños presentan pérdida visual progresiva debido a

degeneración tapetorretinal, se instaura un cuadro de espasticidad

con hiperreflexia, clonus y contracturas en flexión. Más

tarde, a los 5 años, aparece un deterioro cognitivo acentuado,

con pérdida del lenguaje, ceguera y caquexia. Por lo general, las

convulsiones suelen ser frecuentes y de difícil control, principalmente

de tipo mioclónico. Estas mioclonías suelen localizarse

habitualmente en la cara y labios. En la forma clásica, el

fallecimiento se produce generalmente al final de la primera

década o en el inicio de la segunda. Los pacientes con las variantes

de Costa Rica, finlandesa y juvenil temprana fallecen en la

mitad de la segunda década.

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Figura 1. RM corte sagital en T 1 en un caso de lipofuscinosis que muestra

atrofia cerebral y cerebelosa.

El EEG está desorganizado con puntas­ondas agudas y polipuntas

difusas. Es característica la respuesta a la fotoestimulación

lenta por debajo de 3 a 4 Hz: cada destello evoca en las

derivaciones posteriores un complejo amplio de 200 a 500 mV,

el cual es seguido de una onda lenta que representa los componentes

tempranos del potencial evocado visual (PEV) [22]. Esta

respuesta puede observarse durante todo el curso de la enfermedad.

EL ERG suele estar anormal dentro del primer año posterior

al inicio de los síntomas y finalmente queda abolido, debido a la

pérdida de conos y bastones. Los estudios de neuroimagen, especialmente

la resonancia magnética (RM) convencional, revelan

atrofia cerebral y cerebelosa con surcos prominentes y dilatación

ventricular de grado variable, si bien en las etapas iniciales

del trastorno estos estudios pueden ser normales (Fig. 1). Se

ha señalado que las áreas hiperintensas en la sustancia blanca

periventricular mejor visualizadas en las secuencias de T 2 son

frecuentemente observadas en la forma clásica infantil tardía,

mientras que la asociación de estos hallazgos con lesiones hipointensas

en los ganglios basales y tálamo son sugestivas de la

variante [23,24] (Figs. 2 y 3). Otros estudios con RM convencional

y con espectroscopía han corroborado la pérdida de volumen

más prominente en el cerebelo, hipointensidad talámica e

hiperseñal periventricular en la forma infantil tardía de la CLF.

Paralelamente, la espectroscopía revela cambios progresivos con

reducción del ácido N­acetil aspártico e incremento de mioinositol

y la porción glutamato/glutamina, consecuente con la

pérdida neuroaxonal generalizada [25,26]. El análisis morfométrico

de las estructuras cerebrales muestra una disminución marcada

del caudado y tálamo al compararse con grupos control

[17,27]. Asimismo, los estudios seriados con RM convencional

exhiben la pérdida del volumen cerebral, testimonio de la evolución

rápida de la degeneración neural en esta forma clínica. La

aplicación potencial de la tomografía por emisión de positrones

en esta forma clínica se ha explorado poco y los resultados sugieren

que puede ser un método útil para evaluar la progresión

de la enfermedad o, en ciertos casos, ayudar en el diagnóstico de

estos trastornos [28].

El diagnóstico puede confirmarse por el hallazgo de inclusiones

lisosómicas con predominio de cuerpos curvilíneos en la

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VIII CONGRESO ANUAL DE LA AINP

Figura 2. La RM en proyección axial en T 2 evidencia las áreas de hiperseñal

periventricular.

piel u otro tejido (Fig. 4). Algunos autores señalan que debe

evitarse el error de delinear un subtipo basado en la sola observación

de cuerpos curvilíneos o estructuras en huella dactilar,

pues se ha observado variabilidad en la forma clásica infantil

tardía y las variantes, o el hallazgo de dos tipos de inclusiones

en el mismo tejido [17]. La forma clásica (Jansky­Bielchowsky)

es causada por mutaciones en un gen (CLF­2) localizado en el

cromosoma 11p15 que codifica la enzima tripeptidil­petidasa.

El locus para la variante finlandesa se ha asignado al cromosoma

13q31­32 [17].

Forma juvenil o enfermedad

de Batten­Spielmeyer­Vogt­Sjögren

Se caracteriza por comenzar entre los 4 y 6 años habitualmente

con una disminución de la agudeza visual y/o hemeralopía secundaria

a retinitis pigmentaria progresiva. En las etapas iniciales

de la enfermedad puede observarse degeneración macular

granular, y en pocos años es evidente la atrofia del disco óptico,

así como cambios pigmentarios en la porción periférica de la

retina. A la edad de 10 años es notable la regresión cognitiva y

del lenguaje; asimismo, aparecen las crisis convulsivas que suelen

manifestarse como crisis de gran mal o parciales complejas.

El deterioro del lenguaje se caracteriza por su monotonía, con

perseveración y ecolalia, a los cuales se añaden posteriormente

episodios psicóticos con alucinaciones y trastornos de conducta,

síndrome extrapiramidal (rigidez, distonía) y síntomas cerebelosos.

El cuadro clínico es variable: algunos pacientes se deterioran

rápidamente y, en cambio, otros muestran una lenta y

progresiva regresión intelectual [17]. El EEG revela salvas de

ondas lentas, de puntas lentas y ondas agudas a veces pseudoarrítmicas,

sobre un trazado de fondo desorganizado y de baja

amplitud. El ERG está alterado desde las primeras etapas de la

enfermedad. La RM convencional revela atrofia cerebral grave

y progresiva, y puede observarse disminución de la sustancia

blanca del centro semioval, así como atrofia cerebelosa, aunque

nunca tan grave como en la forma infantil tardía. Los estudios

con tomografía por emisión de positrones han revelado una disminución

del metabolismo de la glucosa en la corteza calcarina

como un hallazgo temprano, y la gradual difusión rostral del

285


J.A. PEÑA, ET AL

Figura 3. Corte axial en T 2 con importante hiposeñal en ambos tálamos.

hipometabolismo a otras áreas cerebrales a medida que progresa

el trastorno [28]. El diagnóstico puede confirmarse por la presencia

de inclusiones vacuolares en los linfocitos o las granulaciones

azurófilas en los polinucleares. Las inclusiones típicas en

huella dactilar o curvilíneas son puestas en evidencia mediante

el estudio ultraestructural de la biopsia de piel o músculo y en los

linfocitos. El gen (CLF­3) se ha localizado en el cromosoma

16p12, de función desconocida pero presumiblemente relacionada

con la supervivencia neuronal [16].

NEUROPATOLOGÍA

La sobrecarga de lipopigmento autofluorescente en diversos órganos,

y principalmente en las neuronas y células retinales, representa

el rasgo característico de la CLF en humanos y modelos

animales. La secuencia de la correlación clinicopatológica ha

sido bien documentada en la forma juvenil de CLF. El tiempo y

extensión de la lesión neuronal varía entre las diferentes formas

clínicas y no parece relacionarse con el grado de sobrecarga

neuronal. Así, en la forma infantil casi todas las neuronas están

destruidas a los 3 años de edad, un poco más tarde en la forma

infantil tardía y escasamente en la forma juvenil. El examen de

la corteza cerebral en niños con CLF exhibe marcada pérdida

neuronal, con astrogliosis masiva, acompañada de pérdida importante

de gránulos y células de Purkinje en el cerebelo. Asimismo,

se advierten células distendidas con el lipopigmento,

ensanchamiento fusiforme de los segmentos axonales proximales

de la mayoría de las células piramidales y disminución de las

espinas en las dendritas apicales [17,29]. Se presume que el

trastorno se acompaña de una pérdida selectiva de las influencias

inhibitorias y un efecto glutaminérgico, a juzgar por la

marcada pérdida de las neuronas y sinapsis gabérgicas, a las

cuales se les atribuye una tasa metabólica aumentada que las

hace más vulnerable a la sobrecarga intraneuronal. El efecto

citotóxico que determina la muerte neuronal es ocasionado por

la combinación de una reducción en la función mitocondrial y la

selectiva pérdida de estas células inhibitorias [30,31].

Hay varios modelos animales de CLF que, desde el punto de

vista clínico, ultraestructural y bioquímico, son parecidos a la

CLF humana, y su estudio ha demostrado que el mecanismo de

286

Figura 4. Micrografía electrónica. Detalles de los cuerpos curvilíneos.

Nótese la unidad de membrana (flechas) (×25.000).

neurodegeneración en la CLF es la apoptosis. Este hallazgo contribuye

a la identificación de vías específicas que permitan el

desarrollo de estrategias terapéuticas dirigidas a la neuroprotección

y supervivencia neuronal prolongada [32].

Las alteraciones retinianas son particularmente acentuadas en

la forma juvenil de CLF, ya que por su lenta evolución se les

reconoce fácilmente mediante el examen clínico. Estas anomalías

también caracterizan la forma infantil tardía, la juvenil temprana

y la infantil, y se ubican principalmente en las células ganglionares

y el área de los conos y bastones. La destrucción retinal comienza

en el fotorreceptor y porciones retinianas externas, y progresa

del área macular a la periferia [17]. En la retina se demuestran

cuerpos curvilíneos y multimembranosos.

Como señalamos al comienzo, el estudio ultraestructural de

todas las formas de CLF muestran diversos tipos de inclusiones

localizadas en una amplia variedad de elementos celulares: neuronas,

macrófagos, media arteriolar, fibras musculares estriadas,

etc. En la mayoría de los pacientes con CLF se aprecia cierta

correlación entre la forma clínica y el tipo de inclusiones. Así, las

granulares son típicas de la forma infantil, las curvilíneas de la

infantil tardía, y es posible la observación de inclusiones mixtas

(curvilíneas, granulares y en huella dactilar) en la forma juvenil;

además, debemos tener en cuenta la existencia de diversidad de

hallazgos ultraestructurales en la biopsia de tejido de cada subtipo.

También es posible que dicha biopsia sea negativa y deba

repetirse en otro tipo de tejido [17].

El estudio del material de depósito ha demostrado recientemente

el aislamiento de la metionina S metilada en pacientes con

la forma infantil y del E­N­trimetil-lisina en la forma juvenil [33].

Estos compuestos posiblemente se acumulan en esta enfermedad

por bloqueo o interferencia en la proteólisis.

CONCLUSIONES

La CLF es una causa frecuente de enfermedad neurodegenerativa

en los niños. Los elementos clínicos más importantes son la regresión

motora y cognitiva, las convulsiones y la pérdida visual progresiva.

Basado en los datos presentados en esta revisión, el diagnóstico

de las formas clínicas más comunes se realiza por la edad

de aparición y la combinación de los síntomas, los hallazgos de

REV NEUROL 2000; 31 (3): 283-287


neuroimagen, los estudios neurofisiológicos y el examen ultraestructural.

En las etapas tempranas de la enfermedad, muchos pacientes

exhiben hallazgos neurológicos sutiles y resultan necesarias

las evaluaciones neurológica y oftalmológica detalladas para

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ASPECTOS NEUROLÓGICOS

DE LA CEROIDOLIPOFUSCINOSIS

Resumen. Objetivo. Comentar los detalles históricos, epidemiológicos,

clínicos, exámenes complementarios y hallazgos neuropatológicos

de la ceroidolipofuscinosis en edad pediátrica. Desarrollo.

Inicialmente, se revisan los conceptos básicos y detalles históricos

relacionados con el trastorno, y se discute la frecuencia y distribución

de las diversas formas clínicas. Más adelante, se revisan los

subtipos y variantes más frecuentes en edad pediátrica, con sus elementos

de aproximación diagnóstica. Finalmente, se analizan los

estudios neuropatológicos y su correlación clínica. Conclusiones. El

diagnóstico clínico de ceroidolipofuscinosis debe sustentarse en una

historia clínica que demuestre el compromiso visual, las convulsiones

y la regresión de las funciones psicomotoras. Los hallazgos de

neuroimagen, las alteraciones neurofisiológicas y el estudio ultraestructural

confirman el diagnóstico. [REV NEUROL 2000; 31: 283-7]

[http://www.revneurol.com/3103/j030283.pdf]

Palabras clave. Ceroidolipofuscinosis. Convulsiones. Degeneración

macular. Enfermedades metabólicas. Ultraestructura.

REV NEUROL 2000; 31 (3): 283-287

BIBLIOGRAFÍA

VIII CONGRESO ANUAL DE LA AINP

confirmar la sospecha diagnóstica. Está pendiente la caracterización

de los efectos bioquímicos y moleculares de algunas variantes

y esperamos que no esté muy lejana la posible intervención

terapéutica de estos trastornos [34,35].

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ASPECTOS NEUROLÓGICOS

DA CEROIDOLIPOFUSCINOSE

Resumo. Objectivo. São comentados os detalhes históricos, epidemiológicos,

clínicos, exames complementares e achados neuropatológicos

da ceroidolipofuscinose na idade pediátrica. Desenvolvimento.

Inicialmente, são revistos os conceitos básicos e os detalhes históricos

relacionados com a doença e é discutida a frequência e distribuição

das diversas formas clínicas. Mais adiante, são revistos os subtipos e

variantes mais frequentes na idade pediátrica, com os seus elementos

de abordagem diagnóstica. Finalmente, são analisados os estudos

neuropatológicos e a sua correlação clínica. Conclusões. O diagnóstico

clínico de ceroidolipofuscinose deve basear-se numa história clínica

que demonstre o envolvimento visual, as convulsões e a regressão

das funções psicomotoras. Os achados de neuroimagem, as alterações

neurofisiológicas e o estudo ultra-estrutural confirmam o diagnóstico.

[REV NEUROL 2000; 31: 283-7] [http://www.revneurol.com/

3103/j030283.pdf]

Palavras chave. Ceroidolipofuscinose. Convulsões. Degeneração

macular. Doenças metabólicas. Ultra-estrutura.

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