HERNÁNDEZ HUERTA, José Luis; SÁNCHEZ BLANCO ... - AJITHE

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HERNÁNDEZ HUERTA, José Luis; SÁNCHEZ BLANCO ... - AJITHE

HISTORIA Y UTOPÍA. Estudios y reflexiones


Historia y Utopía

EstUdios y rEflExionEs

José luis Hernández Huerta

laura sánchez Blanco

francisco J. rebordinos Hernando

alexia Cachazo Vasallo

(Editores)

Colección Temas y perspectivas de la Historia, núm. 1


Editores: Dr. José Luis Hernández Huerta, Laura Sánchez Blanco, Francisco J. Rebordinos

Hernando, Alexia Cachazo Vasallo.

Comité editorial: Iván Pérez Miranda, Álvaro Carvajal Castro, Amaia Goñi Zabalegui,

Clara Hernando Álvarez, Enrique Hernández Prieto, Francisco José Vicente Santos, Isaac

Martín Nieto, Javier González-Tablas Nieto, José Manuel Aldea Celada, María de los Reyes

Soto García, Paula Ortega Martínez.

Entidades, instituciones y agrupaciones científicas colaboradoras: Universidad de Salamanca,

Fundación Salamanca Ciudad de Saberes, Asociación de Jóvenes Investigadores

de Teoría e Historia de la Educación (AJITHE), Asociación de Jóvenes Historiadores

(AJHIS).

© Los autores

© AJHIS

© De la presente edición: Los editores

I.S.B.N.: 978-84-939482-1-4

Depósito legal: S. 1400-2011

Diseño y composición: José Luis Hernández Huerta

Edita: Hergar ediciones Antema.

Realiza: Gráficas Lope

C/ Laguna Grande, 2 (Pol. Ind. El Montalvo II)

Telfs: 923 19 41 31 - 923 19 39 77

37008 Salamanca

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Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de esta publicación pueden

reproducirse, registrarse o transmitirse, por un sistema de recuperación de

información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea electrónico, mecánico,

fotoquímico, magnético o electroóptico, por fotocopia, grabación o cualquier

otro, sin permiso previo por escrito de los titulares del Copyright.


Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

sUmario

De la promesa de lo imposible y la posibilidad de lo inverosímil:

Historia y Utopía 7

La democracia en la España del siglo XX: de la intransigencia al pluralismo

Manuel Álvarez Tardío 11

Utopías de ayer y de hoy. Posthumanismo y animalismo, ¿nuevos horizontes

utópicos de la humanidad?

Francisco T. Baciero Ruiz 27

El trabajo femenino: utopía y realidad social

Silvia Medina Quintana 45

En torno a los orígenes empíricos de la utopía del mundo al revés. Seguido

de un apéndice sobre la etimología del témino Cocaingne

Teodoro Crespo Mas 63

El papel del artista africano actual en la construcción del discurso

utópico

Beatriz Leal Riesco 83

Historiadores al rescate

Mercedes Rosúa 103


DE la pRomESa DE lo ImpoSIBlE y la poSIBIlIDaD DE

lo INvERoSímIl:

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

HIStoRIa y Utopía

Posiblemente sea uno de los rasgos definitorios de nuestro tiempo, los

albores del siglo XXI, la progresiva degradación, cuando no absoluto extrañamiento,

de la imaginación. El Hombre ya no se siente capaz de proponer

un mundo mejor, más libre, más justo y más solidario, que trascienda los límites

de los horizontes inmediatos. Las comodidades y seguridades ofrecidas

por el Estado del Bienestar, al menos en Occidente, han mermado la capacidad

de previsión, acción y reacción de los individuos ante los retos que la

existencia lanza. El concepto de progreso, al saberse que no es ni exponencial

ni gratuito, muy al contrario, ha mutado, pasando a designar lo obvio u otra

cosa sustancialmente distinta a la originaria: en una de sus vertientes, suele

hacer referencia a un portentoso avance científico o un notable refinamiento

de la tecnología, y, en otra de ellas, a un totum revolutum donde reina el relativismo

de todo género, el cajón de sastre en el que incluir lo último, lo más in,

sin más criterios para su selección que los impuestos por lo que se ha venido

a denominar politically correct. Los constantes mensajes que auguran un inminente

fin del mundo que nunca llega empobrecen, empequeñecen y arrugan

a la Humanidad, que olvida las generaciones venideras y, sobre todo, las aún

no anunciadas. El aquí y ahora marcan el ritmo vital de individuos, organizaciones

y sociedades por entero. Y así, el futuro, paulatinamente, se va desdibujando

y la historia, ahora mutable y al servicio del presente, cede ante la

memoria.

Son, ciertamente, tiempos de tribulación para utopías, al menos para

esas que se distinguen por su nobleza, envergadura, robustez, profundidad y

amplitud de miras. No así para sus contrarias, que tienden a proliferar en un

clima tal, aprovechando el generalizado letargo –inducido o voluntario- de

las células grises del ciudadano medio, cada vez menos exigente consigo mismo

y con los demás, tendente a no considerar un futuro allende su existencia,

ansioso de certezas y seguridades, habituado a inhibirse en el uso y disfrute

de su libertad, renuente, por imposibilidad o cobardía, a proyectarse más allá

del tiempo y del espacio.

7


HISTORIA Y UTOPíA. ESTUDIOS Y REFLEXIONES

No obstante lo cual, existen individuos, siempre lo han hecho y lo seguirán

haciendo, que, enérgica e infatigablemente, bregan para que utopías

de nobles ideales y escrupulosas formas se hagan realidad, que buscan, encuentran

y propagan esa chispa adecuada que templa la razón e inflama el

valor del Hombre e invita a éste a aventurarse en parajes ignotos, sólo imaginados,

tras la promesa de lo imposible y la posibilidad de lo inverosímil.

Este libro, que lleva por título Historia y Utopía. Estudios y reflexiones,

compuesto por seis trabajos de investigación, tiene la finalidad de arrojar renovada

luz sobre ideas, personas y hechos que han propiciado, progresivamente,

con periodos de apertura y de cierre, no sin notables riesgos, esfuerzos

y sacrificios, la libertad y el progreso de la Humanidad en todos los órdenes

de la vida, cuáles han sido las encrucijadas y las trayectorias posibles, qué

utopías se han realizado y qué realidades han desvelado utopías miserables,

esto es, a fin de cuentas, ahondar en lo que el Hombre, en su infinito afán de

ser y de ser más y mejor, ha hecho de sí mismo y de la realidad circundante

a través del tiempo y el espacio. Es, asimismo, una apuesta por otra Historia,

adaptada a las exigencias de nuestro tiempo, nueva en formas, contenidos y

estilos, sencilla y viva, más rica en reflexiones, alejada del «metodismo» académico,

pero igual de erudita y rigurosa, respetuosa con los principios de realidad

y causalidad, generosa en perspectivas, orientada por la razón y el

sentido común y, sobre todo, desvinculada de ideologías, políticas y justicias.

«La democracia en la España del siglo XX: de la intransigencia al pluralismo».

Así se titula el primero de los estudios compendiados, debido a Manuel

Álvarez Tardío, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid).

Aquél versa acerca del largo y difícil camino recorrido por España durante

el siglo XX para lograr, finalmente, en diciembre de 1978, el imperio de la

ley, de las libertades públicas y privadas, de los deberes de los ciudadanos

para con la res-publica y de las garantías sociales mínimas, materializado todo

ello en un sistema democrático de corte liberal, suficientemente amplio como

para que todos los actores de la vida pública encuentren y dispongan de su

espacio. Para lo cual el autor se ha detenido en dos momentos de inflexión

de la historia reciente de España, la II República y la Transición, echando

por tierra buena parte de los mitos que, interesadamente, han ido surgiendo

en torno a tales períodos.

A continuación, se presenta el estudio del profesor de la Universidad

de Salamanca Francisco T. Baciero Ruiz, titulado «Utopías de ayer y de hoy.

Posthumanismo y animalismo. ¿Nuevos horizontes utópicos de la Humanidad?».

En éste, entre otras cosas, se ha puesto de manifiesto la radical necesidad

que el Hombre tiene de trascender lo circunstancial, de pensar-se más allá

de tiempos y espacios, es decir, la natural propensión utópica del ser humano.

Así, partiendo de la noción moderna de utopía, fuente de inspiración para

todas las que llegaron durante la época contemporánea, ha analizado, de

8 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


DE LA PROMESA DE LO IMPOSIBLE Y LA POSIBILIDAD DE LO INVEROSíMIL: HISTORIA Y UTOPíA

forma crítica, dos de las propuestas utópicas actuales, el animalismo y el posthumanismo,

que anuncian, en buena medida, el fin del Hombre, ya como especie

diferenciada y superior al resto de los animales, ya como forma de vida

supeditada a las leyes de la biología; es decir, que el ser humano deja de serlo

para convertirse en otra cosa, en apariencia semejante, pero sustancialmente

distinta, pasando a gozar de otra condición, situación y papel en el cosmos.

La tercera de las investigaciones, «El trabajo femenino: utopía y realidad

social», es de Silvia Medina Quintana, historiadora de la Universidad de

Oviedo. En aquélla se ha bosquejado las trayectorias seguidas por la mujer

encaminadas hacia la conquista, a través del trabajo, de la emancipación social

y económica, de lo que es, en buena medida, la colonización de más y mejores

parcelas de libertad en la vida pública y privada. Para lo cual la autora, sirviéndose

de textos y otras fuentes de primera mano, ha trazado un recorrido

histórico de amplio espectro, iniciándolo en la Antigüedad, haciendo hincapié

en la Roma clásica y finalizándolo al filo del siglo XXI, desvelando a su paso

las transformaciones estructurales y antropológicas que han propiciado, al

término del camino, la progresiva y, en cierto modo, conflictiva incorporación

de la mujer al mundo profesional y laboral en condiciones semejantes a las

del hombre o, al menos, no tan distantes.

Luego, se presenta el estudio que lleva por título «En torno a los orígenes

empíricos de la utopía como mundo al revés. Seguido de un apéndice sobre

la etimología del término Cocainge», debido a la pluma del investigador de la

Universidad Carlos III (Madrid, España) Teodoro Crespo Mas. El autor, poniendo

de relieve la dimensión mítico-ritual de las utopías y fiestas de inversión

antiguas y populares modernas, casi siempre vinculadas a las regiones

donde los muertos habitan, ha ahondado en los orígenes primigenios de las

utopías, cuyo común denominador fue la consideración de la existencia de

otras realidades, de un más allá posible, de mundos al revés donde la felicidad

campa por sus respetos, principalmente en forma de abundancia y ausencia

de penurias y calamidades. Asimismo, como colofón, se ha lanzado una razonable,

sugerente y novedosa hipótesis acerca de la etimología del término

Cocaingne, haciéndola derivar de la raíz coq (gallo).

En quinto lugar, el estudio Beatriz Leal Riesco, investigadora que

desarrolla su actividad a caballo entre Salamanca (España) y New York

(EEUU), titulado «El papel del artista africano actual en la construcción del

discurso utópico». En éste se hace un repaso de las principales aportaciones

del séptimo arte a la emancipación social, política y cultural de África desde

los procesos de descolonización hasta la actualidad. Se indaga en la necesidad

de construir una nueva idea del continente, en los actuales discursos, ricos

en ideas y variados en contenidos, medios y fines, acerca de aquél que se difunde

a través de la gran pantalla, una de las principales vías, a día de hoy,

dada la pandemia de analfabetismo que sufre el continente, para la extensión

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

9


10

HISTORIA Y UTOPíA. ESTUDIOS Y REFLEXIONES

e incremento del acervo cultural autóctono y foráneo. En definitiva, se presenta

a los cineastas africanos como una de las principales y más eficaces correas

de distribución de las nuevas tendencias del pensamiento encaminadas

a la liberación, dignificación y promoción social, cultural y política de las distintas

naciones que conforman África.

El último de trabajos compendiados es obra de la escritora y pensadora

Mercedes Rosúa. Este ensayo lleva por título «Historiadores al rescate». Partiendo

de la teoría general de las clientelas de la utopía, formulada in extenso por

la autora en 2006, ha desvelado parte de la tupida red de clientelismos históricos

y de la Historia que, poco a poco, con pasmosa meticulosidad y sin pudor

alguno, se ha ido tejiendo en Occidente durante las últimas décadas. Dicho

fenómeno, novedoso por sus proporciones, ha derivado en la proliferación,

cual plaga de hongos, especialmente en España, de las clases parásitas, esas que,

aun sin oficio, mérito, riesgo y capacidad, obtienen pingües privilegios sociales

y beneficios económicos, siempre a costa de terceros y a cuenta de los dineros

públicos, y que, además, se apropian de sociedad, cultura, educación, verdad,

tiempo, espacio, ética y estética, proscribiendo o liquidando a su paso cualesquiera

trazas de lo bueno y lo bello construido por el Hombre. Todo lo cual

acompañado de un amplio y ambicioso plan de acción para los historiadores,

principalmente para los noveles, a través del cual Historia y Utopía serán rescatadas

y Futuro, Justicia y Libertad volverán a ser los combustibles que alimenten

el motor de la Humanidad: «La utopía –dice Rosúa- será el último,

necesario reducto de valores universales, incómodos, no rentables, a la vez

imprescindibles e imposibles por su propia naturaleza. Y, como las guerras

justas y perdidas, la utopía y su rescate, valdrán, una vez más, la pena».

Dr. José luis Hernández Huerta

laura Sánchez Blanco

Francisco José Rebordinos Hernando

alexia Cachazo vasallo

(Coordinadores de la publicación)

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La democracia en La españa deL sigLo XX:

de La intransigencia aL pLuraLismo

dr. manuel Álvarez tardío

Universidad Rey Juan Carlos. Madrid

E-mail: manuel.tardio@urjc.es

«Si los ángeles gobernaran a los hombres, no sería necesario imponer controles

internos ni externos sobre el gobierno. La gran dificultad al configurar un gobierno

administrado por hombres y para los hombres es ésta: en primer lugar se ha

de posibilitar que el gobierno controle a los gobernados; y a continuación, se le ha

de obligar a controlarse a sí mismo. La dependencia del pueblo es, sin duda, la principal

contención del gobierno; pero la experiencia ha enseñado a la humanidad que

son necesarias precauciones auxiliares». James Madison, 6 de febrero de 1788.

En 2011 se han cumplido ochenta años de la proclamación de la Segunda

República en España, y setenta cinco del comienzo, en el mes de julio

de 1936, de una terrible guerra civil. Ya está próximo el siglo de historia desde

que aquellos acontecimientos tuvieron lugar, tanto como la posibilidad de

que la democracia española actual logre batir el record que sigue teniendo la

Monarquía de la Restauración (1876-1923) como el período más largo de estabilidad

constitucional –casi cincuenta años– en la historia contemporánea

de España.

No parece, sin embargo, que esa lejanía en el tiempo esté sirviendo

para que el pasado español, en lo concerniente al período de entreguerras,

sea sólo una preocupación de los historiadores. De hecho, no es difícil constatar

que desde mediados de los años noventa, el pasado ha vuelto a planear

sobre la vida pública española. Y lo ha hecho de un modo que casi nadie

pronosticó. En el debate parlamentario, y de forma mucho más clara en la

opinión publicada en la prensa, se ha puesto de manifiesto que una parte de

la sociedad española estaba ansiosa por encontrar el momento político adecuado

para incorporar el pasado a la confrontación ideológica actual. No se

trata, por supuesto, de un debate entre historiadores, aunque también estos

puedan aparecer en la tribuna pública como creadores de opinión. Es algo

bien distinto. Su finalidad no es mejorar el conocimiento científico de nuestro

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones 11


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

pasado más reciente y contrastar investigaciones rigurosas sobre el mismo,

sino conformar las diferentes perspectivas sobre el pasado que se utilizan en

el ámbito de la pugna ideológica.

Puede parecer, por lo que a veces se publica en la prensa, que todo

esto se explica como parte de la reparación simbólica o material de las víctimas

de la dictadura franquista. Sin embargo, lo que subyace a esa reimplantación

del pasado en la lucha política tiene que ver con un problema de mayor

enjundia y que los historiadores llevan décadas debatiendo, sin duda con amplio

provecho para sus lectores: por qué no fue posible la consolidación de

una democracia en la España anterior al estallido de la guerra civil.

i

En muchos estudios y en una versión que podríamos calificar de bastante

divulgada, se ha sostenido que la falta de democracia en la España del

siglo XX se debió a problemas de orden estructural, es decir, al peso de supuestos

que durante mucho tiempo se han considerado indiscutibles: una industrialización

fallida y un campo atrasado, con terratenientes egoístas y

cientos de miles de jornaleros explotados o desempleados. a esto suele añadirse

la consideración de que España era un país de analfabetos y que, por

usar una expresión bastante conocida, la España oficial no estaba a la altura

para emprender una profunda modernización y europeización.

Puede haber algo de verdad en todo esto, aunque ya hace tiempo que

diversos estudios han matizado, si no desmontado, este tipo de argumentaciones.

Lo económico puede ser relevante, pero no determinante. Basta observar

el caso alemán para caer en la cuenta de que el país más industrializado

y competitivo de la Europa de 1914 no sólo fue responsable de la I Guerra

Mundial sino también el padre de uno de los totalitarismos más abominables

de la historia de Europa. Por lo demás, y sin entrar en consideraciones más

extensas, ni España fue ese país atrasado, analfabeto y corrupto que tantas

veces se ha descrito, ni hay pruebas concluyentes de que aspectos como el

desempleo, la crisis económica o la estructura de la propiedad agraria fueran

los verdaderamente relevantes para explicar la diferencia entre la Finlandia y

la España de los años treinta. Los estudios dirigidos por Juan José Linz y alfred

Stepan demostraron ya a finales de los años setenta del siglo veinte, que

para explicar la quiebra de las democracias en la Europa de entreguerras no

bastaba con acudir a la ecuación crisis económica-desempleo-dictaduras.

Si con algo tiene que ver el problema experimentado por los españoles

para consolidar una democracia, esto es la difícil relación que se ha dado a lo

largo del siglo XX entre libertad, pluralismo y competencia por el voto. al

igual que en otros países de nuestro entorno, la democratización no se agotaba

en el simple hecho de reconocer el derecho al voto de todos los ciuda-

12 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

danos mayores de edad. Era un proceso complejo que iba desde el diseño

de unas reglas del juego compartidas por todos los que iban a verse implicados

en la disputa electoral, hasta la difícil aceptación de la derrota, si esta llegaba

a producirse. Dicho de otro modo, la democratización era un largo

camino de compromiso con el pluralismo ideológico y de respeto por las reglas

del juego que hacían posible la alternancia pacífica en el poder. Pero no

todos lo vieron y pensaron así; no todos, por supuesto, estaban dispuestos a

asumir que la democracia no era una panacea que resolvería de la noche a la

mañana el conflicto entre los ciudadanos de un mismo Estado, asegurando

la uniformidad de opiniones y permitiendo trasladar un único programa político

a la Constitución. En esa disputa reside, a mi modo de ver, uno de los

laberintos inextricables del debate político de la España del novecientos; por

otro lado, nada diferente a lo ocurrido en Italia, austria, alemania, Grecia,

Portugal y tantos otros países vecinos de la Europa occidental.

«No hay ninguna palabra que haya recibido significaciones más diferentes

y que haya impresionado los ánimos de maneras tan dispares como la

palabra libertad. Unos la han considerado como la facultad de deponer a

quien habían dado un poder tiránico; otros, como la facultad de elegir a quien

deben obedecer; otros, como el derecho de ir armados y poder ejercer la violencia;

y otros, por fin, como el privilegio de no ser gobernados más que por

un hombre de su nación o por sus propias leyes». 1 Esta frase fue escrita por

Montesquieu, pero bien podría haberla firmado algún analista de la política

europea del período de entreguerras. En verdad, las dos décadas que transcurrieron

entre la primera y la segunda guerra mundiales fueron uno de los

momentos de mayor efervescencia política de la era contemporánea. Y como

tal, muchos de los significados habituales hasta entonces en el lenguaje político

experimentaron importantes transformaciones, o simplemente surgieron

o se consolidaron otros nuevos. Esa mudanza en el lenguaje fue reflejo de

una transformación vertiginosa de la vida política, de creciente descrédito de

la práctica parlamentaria, así como de una crisis intelectual que venía del cambio

de siglo y de los efectos morales de la Gran Guerra, cuando «una generación

entera de jóvenes quedó amargada y embrutecida por la experiencia» 2 .

Si en 1919 la Europa de posguerra afrontaba su futuro con la inauguración

de nuevos países tras la desaparición de los últimos imperios y la democracia

se extendía con relativo éxito, a mediados de la década de los treinta

la radiografía de la política europea era sustancialmente diferente: el régimen

1 Montesquieu, Del espíritu de las leyes, Tecnos, Madrid, p. 106.

2 Comillas, en Richard overy, El camino hacia la guerra, Espasa Calpe, Madrid, 2009,

p. 21. La crisis intelectual, en R.N. Stromberg, Historia intelectual europea desde 1789, Debate,

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

ii

13


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

fascista se había consolidado en Italia; la República de Weimar había sucumbido

y dado paso a la dictadura nacional-socialista; Portugal, austria y otros

tantos países de la Europa del Este y de los Balcanes estaban regidos por sistemas

autoritarios de diverso cuño; y la dictadura comunista en la Unión Soviética

gozaba de una buena salud que pocos hubieran pronosticado al final

de la Gran Guerra3 .

De este modo, si la política europea posterior a 1919, con alguna excepción

como la de Rusia, parecía estar caracterizada por la expansión de la

participación democrática, la conquista de nuevos derechos sociales y el aumento

del presupuesto y la actividad de los Estados, en apenas dos décadas

una buena parte de las sociedades europeas habían perdido toda esperanza

de consolidar una democracia y estaban inmersas en experimentos de diverso

tipo caracterizados por la desconfianza en los grandes principios liberales

que habían regido el constitucionalismo y el parlamentarismo durante décadas.

El corporativismo autoritario en las derechas y el lenguaje de la revolución

en las izquierdas obreras campaban por sus respetos. «Credos

antiliberales y antidemocráticos» que habían ganado terreno desde finales del

siglo XIX se expandieron rápidamente tras la Gran Guerra «a través de un

evangelio de violencia» 4 .

Esas dos décadas fueron un laboratorio para las ideas políticas y la ingeniería

social. Y como tal, el lenguaje se modificó de forma sustancial. algunos

términos asociados a prácticas políticas consolidadas y respetadas hasta

entonces fueron discutidos y en no pocos casos impugnados. Palabras como

parlamento, representación, libertad o igualdad estuvieron en boca de todos

los protagonistas; unos asumían que su significado había cambiado; otros las

despreciaban para atacar lo que aquellos términos habían representado en

tiempos de la segunda revolución industrial; pocos seguían usándolas como

hasta entonces; y muchos las daban por caducadas y procedían a sustituirlas

o adjetivarlas para nombrar las nuevas realidades de la política dual de entreguerras:

revolución o contrarrevolución. Se generalizó la conclusión de que

el liberalismo era responsable de los graves problemas políticos y sociales del

Madrid, 1990, pp. 259-209. véase también George L. Mosse, La cultura europea del siglo XX,

ariel, Barcelona, 1997, espec. caps. 1 y 5; Stephen Holmes, Anatomía del antiliberalismo,

alianza, Madrid, 1999. pp. 61-89.

3 Un buen estudio en J. Borejsza, La escalada del odio: Movimientos y sistemas autoritarios

y fascistas en Europa, 1919-1945, Siglo XXI, Madrid, 2002. Sobre fascismos y regímenes dictatoriales,

los análisis de Stanley G. Payne, Historia del fascismo, Planeta, Barcelona, 1995; y

Juan José Linz, «El fascismo, la quiebra de las democracias y los regímenes autoritarios y totalitarios.

Coincidencias y diferencias», en Obras escogidas, vol. I: Fascismo. Perspectivas históricas y

comparadas, CEPC, Madrid, 2008, pp. 175ss. Más reciente el también general de Richard o.

Paxton, Anatomía del fascismo, Península, Barcelona, 2005.

4 Mark Mazower, La Europa negra, Sinequa Non, Barcelona, 2001, p. 37.

14 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

período, cómplice de un capitalismo salvaje y un individualismo egoísta. al

liberalismo se le echaba en cara no ofrecer más que contemporización y debate

parlamentario ante los nuevos desafíos, bloqueando una política audaz

que sirviera para atajar los problemas sociales y la crisis económica. En Francia,

pero podría decirse para otros tantos lugares, «izquierda y derecha por

igual», ha escrito Tony Judt, «sentían un profundo desagrado por toda tibieza,

y les fascinaba del mismo modo la idea de un virulento alivio de la mediocridad

reinante» 5 .

La política de entreguerras se asemeja al producto de un laboratorio

en el que buena parte de las convenciones hasta entonces existentes hubieran

sido cuestionadas y las sociedades, con sus individuos, se hubieran convertido

en bancos de pruebas. Todo aquello identificado con los usos y costumbres

del parlamentarismo liberal quedó desacreditado ante esa pasión por las ideologías

que proponían cambios drásticos y que atraían a sus audiencias con

propuestas rompedoras, nada que ver con la política liberal de la transacción

y el pacto.

Pero, como ha escrito Todorov, ahora sabemos que en el período de

entreguerras empezó a escribirse una historia de ida y vuelta. En muchas sociedades

europeas empezó a probarse «un remedio», para advertir luego que

«era peor que el mal» y acabar rechazándolo antes o después6 . Desde ese

punto de vista, la historia política de entreguerras puede ser considerada

como un paréntesis, que si bien se cerró para la Europa occidental en 1945,

quedó abierto para otros muchos europeos hasta finales del siglo. Un paréntesis

en el que algunos supuestos básicos de la política del parlamentarismo

liberal fueron enviados al baúl de los recuerdos, especialmente esa desconfianza

ante todo lo que sonara a concentración y reforzamiento del poder,

incluso si ese proceso se justificaba como una medida emancipadora.

iii

La política española de los años treinta, y en particular la que se refiere

al quinquenio de vida de la Segunda República, presenta una complejidad difícil

de aprehender. aunque no siempre, la historiografía ha captado y explicado

buena parte de esa realidad, mostrando, entre otros factores, el alto

grado de fragmentación ideológica, la complejidad de las alianzas electorales

o las divisiones internas dentro de una misma familia ideológica 7 . También

sabemos que conceptos tan importantes para la política del siglo XX como

5 Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Taurus, Madrid, p. 32.

6 Tzvetan Todorov, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Barcelona,

2002, p. 18.

7 La bibliografía al respecto es muy amplia. No obstante, algunas obras esenciales

para el análisis de la vida política son: Santiago varela, Partidos y Parlamento en la Segunda Re-

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

15


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

libertad, democracia o derechos, no tenían un significado unívoco, de tal manera

que según en boca de quien estuvieran podían apelar a realidades sustancialmente

diferentes. De hecho, como en otras partes de Europa, desde

la segunda década del siglo estaba en marcha un auténtico asalto a las certidumbres

del constitucionalismo liberal y la tradición parlamentaria que había

dominado gran parte de la política entre 1870 y 1914. En España, aunque

algunos cambios venían de antes, la ruptura del orden constitucional en 1923

y la dictadura de Primo de Rivera habían contribuido a esa demolición de las

certidumbres liberales8 . así, cuando empezó la campaña para las elecciones

locales de abril de 1931, la que precedió al derrumbe de la Monarquía y la

inesperada marcha de alfonso XIII, los recursos retóricos y los argumentos

de unos y otros pusieron de relieve esa ruptura y anunciaron una política democrática,

la de la Segunda República, radicalmente diferente en muchos aspectos,

no sólo por el brusco aumento de la competencia y la movilización,

sino también por las culturas políticas presentes.

Entre otros muchos problemas derivados de la situación de la economía

y la sociedad española de entreguerras, lo cierto es que el fracaso de la

democratización en la España de los años treinta tuvo mucho que ver con

dos tipos de factores: la cultura política y las reglas del juego.

En cuanto al primero, pocos aceptaban en los años treinta la regla de

oro de una democracia pluralista: las elecciones arbitran una alternancia pacífica

en el poder, lo que implica no sólo aceptar sus resultados sino admitir

la legitimidad del adversario para practicar una política diferente a la propia,

siempre que tanto vencedor como vencido se muevan dentro de principios

básicos comunes. Esto significa, lógicamente, que ni la revolución ni la pura

reacción a cualquier reforma son admisibles dentro del juego democrático,

en la medida en que ambas actitudes exigen que se anatematice al adversario

y se impida por todos los medios su llegada al poder. Como en muchas otras

regiones de la convulsa Europa de entreguerras, en España resultó casi imposible

consensuar esos principios básicos sobre los que debía canalizarse la

movilización de masas propia de la democracia. varios modelos de sociedad

pública, ariel y Fundación Juan March, Barcelona, 1978; Santos Juliá (ed.), «Política en la Segunda

República», Ayer, n. 20, 1995; Javier Tusell, Las elecciones del Frente Popular, Edicusa,

Madrid, 2 vols., 1971; Stanley G. Payne, La primera democracia española. La Segunda República,

1931-1936, Paidós, Barcelona, 1995; Roberto villa García, La República en las Urnas. El despertar

de la democracia en España, Marcial Pons, Madrid, 2011; Fernando del Rey Reguillo (dir.),

Palabras como puños, Tecnos, Madrid, 2011; y Manuel Álvarez Tardío y Roberto villa García,

El precio de la exclusión. La política durante la Segunda República, Encuentro, Madrid, 2010.

8 Fernando del Rey Reguillo: «antiliberalismo y democracia en la España de entreguerras»,

en Marcela García Sebastián y Fernando del Rey Reguillo, Los desafíos de la libertad:

transformación y crisis del liberalismo en Europa y América Latina, Biblioteca Nueva, Madrid, 2008,

pp. 221-244.

16 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

estaban rivalizando entre sí, de tal forma que al competir por el voto no sólo

se estaba prometiendo una gestión política concreta para el día después de

las elecciones, sino un programa para construir una sociedad distinta, en la

que, por lo normal, no se reservaba espacio para el adversario.

En cuanto al segundo factor citado, las reglas del juego, el problema

vino de la elaboración de una Constitución que no recogía adecuadamente

las garantías para que los poderes públicos respetaran el pluralismo ideológico

y de valores de la sociedad española, es decir, para evitar que la victoria en

las urnas de unos se tradujera en un vía crucis para los otros. La mayoría del

parlamento constituyente elegido en junio de 1931, en el que las derechas

habían obtenido muy pocos escaños, adoptó decisiones que hicieron de las

reglas del juego un reflejo de sus propios programas de partido. Ellos, socialistas

e izquierdas republicanas, consideraban la República como la oportunidad

esperada durante tanto tiempo para modernizar radicalmente el país,

por lo que no creyeron necesario transigir con aquellos que defendían posturas

intermedias, y menos con los sectores políticos y sociales conservadores,

que identificaban con el antiguo régimen.

Por supuesto, no consideraron necesario flexibilizar la implantación

de los ideales del republicanismo para permitir la integración en el nuevo sistema

político de quienes habían acabado hartos de dictadura pero no renegaban

de ser monárquicos. El nuevo republicanismo de izquierdas liderado

por los Radical-socialistas y el grupo de Manuel azaña no tenía en mente

una estrategia de integración, algo que permitiera alcanzar, como en la fundación

de la III República francesa, una convergencia entre los moderados,

aislando a los extremos y proporcionando estabilidad a medio y largo plazo

a la República. Todo lo contrario. Su visión del pasado español imprimía a

su ideología republicana un sello de intransigencia doctrinal. Para ellos, si

algo distinguía la historia de España desde 1808 hasta ese momento era la

falta de verdadera voluntad revolucionaria en sus elites liberales. Salvo episodios

concretos y momentos gloriosos en la lucha por la libertad, la política

española contemporánea se había caracterizado, según ellos, por un exceso

de pacto. así, para que la República proporcionase al país lo que este necesitaba:

una transformación profunda que hiciera posible una nueva ciudadanía

y unos nuevos patrones culturales sobre los que fundar la nación, la

política tendría que ser consecuente con los principios de la revolución.

Desde ese punto de vista, el Estado era un instrumento de acción indispensable

para la transformación social; y la democracia, es decir, la participación

electoral, una forma de corroborar la voluntad popular indiscutible a favor

de la revolución republicana.

Siguiendo esa lógica, el nuevo régimen tendría unas señas de identidad

que no podrían derivarse de un pacto constituyente que se ampliase al máximo

hacia la derecha. Debería ser el resultado del ideal republicano y de los

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

17


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

contenidos que los republicanos considerasen esenciales en su revolución.

Quienes aceptaran y respetaran ese propósito, de acuerdo con la voluntad

nacional, podrían competir en el sistema. El resto serían, en palabras del republicano

Marcelino Domingo, los «sometidos»; y estos tendrían que esperar.

así, para la nueva izquierda republicana, la consolidación del régimen habría

de ser proporcional no a la amplitud de los apoyos iniciales que recogiera

sino al grado de determinación con que se aplicaran los principios de la revolución.

Por eso azaña se mostró firme en su determinación de no dar importancia

a la oposición que levantó la política constituyente. «Yo estoy

encantado de que la República tenga enemigos», dijo a mediados de septiembre

de 1931 en la clausura de la II asamblea Nacional de su partido. «La existencia

de los enemigos de la República –reconoció azaña– es una señal de

salud, una señal de robustez, una señal de que la República existe y labora en

republicano» 9 .

De este modo, hubo algunos problemas graves que impidieron la consolidación

de la democracia republicana y generaron una dinámica perversa

de radicalización. Uno de ellos, probablemente el principal, fue la presencia

asfixiante en aquellos años de una actitud política proclive a justificar la exclusión

total del adversario. Sin unos principios básicos comunes sobre los

que elaborar una Constitución pactada, la democracia republicana nació y

afrontó la prueba de la alternancia con un importante problema de origen:

las reglas del juego quedaron identificadas con una parte de la sociedad y de

los grupos políticos. Es verdad que esa parte había sido mayoritaria en las

urnas en 1931 y que contaba con un porcentaje muy elevado del voto popular;

pero no lo es menos que desde finales de aquel mismo año se fue movilizando

y organizando una alternativa conservadora que tenía entre sus

prioridades modificar significativamente la Constitución, cuando no dejar

paso a un sistema político diferente. además, tanto la derecha como el centro

republicanos, que no eran sospechosos de deslealtad alguna, pronto empezaron

a pedir un cambio sustancial en la forma de aplicar la Constitución a

fin de no enajenar a la República el apoyo de las clases medias católicas. así

las cosas, las elecciones generales de 1933 y 1936 no fueron simples competiciones

para alcanzar la mayoría parlamentaria y gobernar. Tuvieron un cierto

carácter de referendos constitucionales, e incluso de luchas de suma cero en

las que el perdedor podía interpretar su derrota como el inicio de una etapa

en la que pasaría a ser el excluido.

Difícilmente podía funcionar una democracia sin que los moderados

convergieran en un espacio común que sirviera como núcleo indestructible

sobre el que edificar una Constitución duradera y mantener a raya a los ex-

9 azaña, en Juan avilés, La izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, Comunidad

de Madrid, 2006, p. 136. Domingo, en El Liberal, 22-XII-1933.

18 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

tremos. Esto es fundamental. Y esto no fue posible en 1931, pues el centro

republicano y la derecha republicana no sumaban la fuerza parlamentaria ni

el valor suficiente para contrarrestar el jacobinismo de la izquierda republicana

y el exclusivismo postulado por los socialistas. Una alianza entre el centro-derecha

republicano, la derecha católica posibilista y los pequeños grupos

liberal-conservadores de las Cortes elegidas a finales de 1933, podía haber

servido de base para prescindir y aislar a las derechas autoritarias, impulsando

una política diferente a la de las izquierdas y promoviendo una reforma parcial

de la Constitución. Por diferentes razones tampoco fue posible esa opción,

que la izquierda republicana no respaldó y a la que los socialistas, cada

vez más radicalizados, respondieron con la violencia en octubre de 1934.

Tras las elecciones generales de febrero de 1936 los comportamientos excluyentes,

la violencia y los discursos intransigentes camparon por sus respetos,

especialmente entre las izquierdas obreras, acorralando a los partidarios de

la moderación, contribuyendo a desacreditar a la derecha posibilista y alimentando

la reacción autoritaria.

Es indiscutible que la guerra civil empezó en julio de 1936 porque hubo

una sublevación militar que fracasó en el control total de los principales centros

de poder del país y no fue respaldado de forma unánime ni por los propios

militares ni por las fuerzas de policía y guardia civil.

Sin duda, la acción de los militares fue la causa inmediata de la guerra.

No hubo ninguna fuerza impersonal que impidiera a los españoles consolidar

un sistema democrático y evitar un conflicto civil. Sin embargo, sabemos

también que antes de que los militares entraran en escena, las instituciones

de la República atravesaban por una situación muy difícil y la violencia política

había alcanzado cotas intolerables en un sistema democrático. En aquel momento

crítico de la primavera de 1936 predominaron los que no estaban

comprometidos con los medios pacíficos, los mismos que disculpaban las

técnicas de los violentos y justificaban los discursos intransigentes. Pero no

sólo en las derechas golpistas. Las dificultades que experimentó la vida política

republicana en aquellos meses tuvieron que ver con la sensación, compartida

por buena parte de los derrotados en las urnas e incluso por sectores

de la izquierda republicana, de que la victoria del Frente Popular había dado

paso a una situación en la que predominaban los extremistas y en la que la

exclusión del adversario acabaría siendo algo más que simbólica. algunos

autores han sostenido que esto fue un mito, el del miedo a la revolución,

construido por las derechas para justificar la rebelión militar. Pero lo cierto

es que ni siquiera se pudo concluir la consulta electoral con normalidad, al

dimitir el gobierno de forma precipitada cuando ni siquiera se conocían los

resultados oficiales, al no garantizarse los derechos fundamentales durante

la segunda vuelta –y otras elecciones complementarias-, y al permitirse que

cientos, sino miles, de cargos públicos de ayuntamientos, diputaciones y go-

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

19


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

biernos civiles fueran cambiados sin ningún respeto por los procedimientos

legales10 .

La Segunda República, por tanto, no pudo ser un régimen estable y

apoyado por una mayoría amplia de españoles. No se crearon las condiciones

institucionales adecuadas para consolidar el moderado, pero significativo,

progreso alcanzado en las décadas anteriores.

En la España de aquella época la irrupción de la política de masas introducía

un factor de riesgo en la vida política: campañas electorales tensas

y reñidas, grandes mítines y, sobre todo, la posibilidad siempre abierta de la

alternancia. Era necesario que la competición democrática se canalizara en

un marco institucional que la mayor parte de los candidatos respetaran. De

lo contrario, la política democrática podía ser simplemente sinónimo de inestabilidad,

o de polarización entre proyectos, no de gobierno, sino de sociedad.

Ciertamente, esta no era una cuestión fácil de resolver. De hecho, estuvo

en la base de los problemas que experimentó el proceso de democratización

en muchos países europeos entre 1919 y 1939. Es significativo que la

enorme expansión de la democracia tras el final de la Primera Guerra Mundial

terminara, en pocos años, en un fracaso tan importante que las dictaduras

de diverso signo fueron extendiéndose por el viejo continente como si de

una epidemia se tratase. Precisamente sólo los países con instituciones liberales

sólidas, previas a la irrupción de la política de masas, fueron capaces de

resistir, como es el caso de Gran Bretaña.

iV

La guerra civil fue para España lo que la Primera Guerra Mundial había

sido para muchos países de la Europa continental, esto es, un punto de no

retorno en la destrucción del orden constitucional liberal que había iniciado

el golpe de Primo de Rivera en 1923, y que la República no supo reconducir.

La dictadura del general Francisco Franco vino, así, a culminar un proceso

en el que muy pocos habían defendido abiertamente el pluralismo político y

la necesidad de contar con un sistema que hiciera posible una alternancia pacífica

mediante el respeto escrupuloso de las normas y de los resultados electorales.

Si nada más empezar la guerra, la legalidad republicana se vino abajo

10 Para una comprensión de la complejidad de la vida social y política en la primavera

de 1936, véase José Manuel Macarro, Socialismo, República y Revolución en Andalucía (1931-1936),

Universidad de Sevilla, 2000, pp. 401ss.; Fernando del Rey Reguillo, Paisanos en lucha…, cap.

7; Manuel Álvarez Tardío y Roberto villa García, El precio de la exclusión…, cap. 8; José antonio

Parejo Fernández, Las piezas perdidas de la Falange: el sur de España, Universidad de Sevilla,

2008, pp. 40-48.

20 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

y dio paso a una revolución que cada cual trató de gestionar en su propio

beneficio, siendo improbable que los republicanos recuperaran el control del

régimen, en el bando franquista el alzamiento fue interpretado como una

contrarrevolución, entendida en términos suficientemente amplios como

para no destruir una coalición heterogénea de militares, monárquicos, católicos

y falangistas. La nueva dictadura de Franco, además de violar el derecho

a la vida de miles de españoles y despreciar el pluralismo, arrojó al cubo de

la basura más de cien años de una intensa experiencia parlamentaria y liberal;

una experiencia que, con sus virtudes y defectos, no fue tan diferente a la vivida

por los países del mismo entorno cultural y geográfico.

Hubo que esperar más de 35 años para que se presentara una nueva

oportunidad de demostrar si era posible inaugurar un régimen representativo

en el que predominaran las culturas políticas proclives a conciliar la idea de

democracia con la de libertad, una libertad que pudieran disfrutar todos, sin

excepción.

La Transición a la democracia en España (1975-1978) tuvo, básicamente,

dos etapas. Una primera consistió en un proceso de liberalización política

que culminó con una convocatoria de elecciones libres (junio de 1977)

en la que todos los españoles pudieron escoger a sus representantes en el

primer parlamento democrático de la nueva era. La segunda se prolongó durante

año y medio más y consistió en la difícil tarea de elaborar una nueva

Constitución (diciembre de 1978).

a tenor de varias encuestas realizadas en las últimas tres décadas, muchos

españoles identifican el éxito de aquel proceso con la victoria del procedimiento

de reforma sobre el de ruptura revolucionaria. Los especialistas

en transiciones también han puesto de relieve ese aspecto como elemento

positivo y particular del caso español.

Pero es importante advertir que tras la muerte de Franco, en noviembre

de 1975, ese no era ni el único camino ni, muchos menos, el que buena parte

de la clase política deseaba. Había entonces, grosso modo, cuatro opciones:

Primera, la continuidad de las instituciones, esto es, la dictadura sin Franco.

Segunda, la reforma del régimen y la institucionalización de una monarquía

más tradicional que democrática, con elecciones y participación pero sin total

pluralismo de partidos y con ingredientes corporativos. Esta era la opción

pensada y querida por los antiguos tecnócratas del régimen, que habían pilotado

en los años sesenta la llamada operación «salmón» para que el príncipe

Juan Carlos fuera el heredero. Tercera, la ruptura con la dictadura mediante

la formación de un gobierno provisional en el que estuvieran representadas

todas las fuerzas de la oposición. Este gobierno dirigiría una transición que

desembocaría en nuevas elecciones y una cámara constituyente, en un camino

muy parecido al recorrido por España en la primavera y el verano de 1931,

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

21


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

tras la marcha del rey alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República.

Y cuarta, el cambio total de las instituciones políticas, inaugurando un

nuevo sistema político, de monarquía parlamentaria, pero no mediante una

brusca alteración en el control de los mandos de la nave, sino pilotado por

el rey y basado en la curiosa estrategia de utilizar los procedimientos legales

del régimen para propiciar su radical mutación.

Este último camino no era, recién muerto Franco, el que podía resultar

más verosímil. Pocos, sobre todo entre los que estaban en la oposición, podían

creer que quienes entonces se hacían con el control de la nave fueran a

imponer un rumbo que la haría girar ciento ochenta grados y permitiría a los

de fuera acabar influyendo en el mando de aquella. Implicaba elegir un camino

de reforma sustancial que permitiera convocar elecciones generales y

elegir un parlamento representativo, pero sin convocar a las oposiciones a

un gobierno provisional que marcara un nuevo punto cero en la historia de

España. La reforma se haría desde dentro, es decir, programada y dirigida

por un gobierno de la total confianza del rey que lograría el apoyo de las propias

Cortes franquistas y terminaría convocando elecciones, previa legalización

de los partidos políticos y reconocimiento de los derechos y libertades

fundamentales.

al final, para sorpresa de muchos, ocurrió así. Y además esa estrategia,

en la medida en que tuvo éxito y anuló a las demás, fue respaldada por la mayoría

de los españoles en un referéndum celebrado un año después de muerto

Franco, a finales de 1976. En la consulta se aprobó la conocida Ley para la

Reforma Política, cuyo diseño había sido ideado por Torcuato Fernández-

Miranda, un profesor de derecho político que había desempeñado puestos

de gran responsabilidad en los últimos años de la dictadura y que era, por

encima de todo, leal a la Corona y partidario de controlar desde arriba el proceso

de apertura. La ley, como su nombre indica, no pretendía reformar la

dictadura sino señalar el camino que habría de conducir a un régimen representativo

sin que mediara una ruptura. Las reglas de lo que viniese después

se tendrían que decidir más tarde en un parlamento que, aunque no se dijera

explícitamente, muchos intuían ya que habría de ser constituyente.

Existía, por supuesto, la opción de partir nuevamente de cero. Pudo

haber sido posible en el caso de que la oposición hubiera tenido la fuerza suficiente

para imponer la formación de un gobierno provisional –bien por la

vía de la protesta radical en las calles o bien por la de la presión sobre el

nuevo jefe del Estado, el rey– y eso se hubiera combinado con una extrema

debilidad de las instituciones vigentes. Pero esa opción tenía muchos inconvenientes;

para empezar, la incógnita de cómo podían reaccionar los sectores

más duros del franquismo, incluido un sector del alto mando militar. Pero

significaba, sobre todo, un salto en el vacío que introducía mucha incertidumbre.

así lo percibían, de hecho, muchos españoles que no se identificaban

con la dictadura y deseaban la libertad y la democracia. además, como

22 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

había ocurrido en 1931, ese camino de ruptura exigía, por su propia lógica,

la apertura de un proceso constituyente controlado por las oposiciones, que

seguramente no habrían sentido necesidad alguna de contar con todos aquellos

que aun proclamándose reformistas hubieran colaborado antes con la

dictadura, alcanzándose así una nueva Constitución de la que una parte del

país podía sentirse ajeno. La ruptura podría haber sido más adecuada como

procedimiento para fundar una democracia sobre la condena de la dictadura

y la reparación de las tropelías cometidas por sus acólitos, pero tenía el inconveniente

de abrir un proceso constituyente que desembocara en una

nueva Constitución de partido.

Sin embargo, escogiendo la otra vía, una reforma que abriera el camino

hacia la participación y la reunión de un nuevo parlamento constituyente,

podía conjurarse en mayor medida este último peligro. Podía hacerse siempre

que quienes controlaban el cambio maniobraran de tal forma que las oposiciones

tomaran conciencia de que el rey y su gobierno tenían una voluntad

firme de liberalización política, primero, y democratización, después. ayudaría,

además, que las urnas demostraran que la supuesta fuerza de las oposiciones

–plasmada en huelgas y manifestaciones varias- no era tan

consistente como para pensar que la inmensa mayoría de la población estuviera

deseando la ruptura. En resumen, la reforma dirigida por un gobierno

de la Corona permitía llevar a cabo el cambio desde dentro del sistema, lo

que dejaba sitio en el nuevo mapa político para los reformistas de centroderecha.

a su vez, abría la puerta a la participación de las oposiciones, sin

que éstas pudieran monopolizar de repente el poder e imponer un cambio

brusco, con la consiguiente superación radical del pasado y la celebración de

un juicio de responsabilidades por los años de dictadura y represión.

V

De esta manera, la existencia de una ley para la reforma política hizo de la

Transición española un proceso tan singular como irrepetible, alabado por

muchos y detestado por unos pocos. Esa norma estaba diseñada para hacer

posible el camino de la ley a la ley, esto es, para impedir la ruptura unilateral y

todo lo que ésta podía conllevar, no ya en cuanto a la violencia, sino al hecho,

si cabe más importante, de que todo proceso constituyente basado en esa

premisa sería por definición excluyente con los que representaban a la opinión

del antiguo régimen, fueran o no reformistas. La reforma, en tanto que

no presuponía ajuste de cuentas, a priori no expulsaba a nadie de la tribuna

desde la que se habría de dar la bienvenida a la nueva Constitución. Por lo

tanto, todo el que quisiera renunciar a reivindicar las posiciones maximalistas

del pasado, tanto del lado de la dictadura como del lado de los vencidos en

la guerra, podía encontrar acomodo en la nueva casa. Bastaba –lo que ya era

mucho- con que aceptara algunos principios básicos. Casi todos lo entendieron,

incluidos los entonces importantísimos comunistas, aunque algunos ex-

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

23


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

franquistas, unos muy pocos socialistas disgustados y una buena parte de los

nacionalistas vascos no ocultaron su desagrado.

Dentro de esas coordenadas, sólo había una manera de gestionar el

pasado para conseguir que la nueva democracia echara a andar con buen pie:

empezar por considerar que el mismo no podía ser utilizado como arma arrojadiza

en el nuevo marco del combate político. El camino de la reforma y,

más tarde, su continuación en una etapa de consenso constitucional muy amplio,

no exigía a los actores que olvidaran el pasado sino que renunciaran a

mentarlo para desacreditar al adversario. El pasado tenía que estar presente

para aleccionar sobre errores que debían evitarse, pero no para ser utilizado

como una fuente de información que sirviera para distribuir credenciales de

buenos y malos entre la ciudadanía. Era una manera de tener presente la historia

que, quizás, no hiciera demasiada justicia para con algunas víctimas de

la dictadura o incluso con las que sufrieron a manos del llamado bando republicano

en la guerra; pero servía para no reabrir heridas que la modernización

económica y el cambio social habían ido cerrando desde finales de

los cincuenta. Era una manera de no dar y quitar razones a unos y a otros;

pues haber dado razones a unos, los vencidos, hubiera abierto la puerta a la

simple restauración de la República, y eso, como bien sabían incluso los que

teóricamente seguían definiéndose como republicanos, no aseguraba la fundación

de una democracia duradera.

La Transición no exigió a los españoles que fueran amnésicos, como a

veces se dice sin fundamento alguno. Les exigió otra cosa, esto es, que hicieran

un esfuerzo para impedir que su visión de los acontecimientos más traumáticos

del pasado no les impidiera competir en democracia con otros que

no la compartían. Lo que primó en la Transición fue una voluntad firme,

aunque no siempre explícita, de aprender dos o tres lecciones capitales del

turbulento pasado español de entreguerras: Primero, que no podía triunfar

la democracia si no era incluyente. Esto ya había quedado claro incluso en la

alemania de posguerra, en un tenso y difícil contexto en el que había que

construir la democracia después de una dictadura tan siniestra como la nazi.

Segundo, que no podía fundarse un régimen nuevo sobre bases sólidas si a

priori se fijaba una separación insalvable entre quienes se habían opuesto al

anterior y quienes lo habían apoyado, negando a estos últimos cualquier posibilidad

de influir en la configuración de las nuevas instituciones. Y tercero,

que la nueva democracia no podía levantar sus cimientos sobre la recuperación

parcial de las víctimas, es decir, que sólo una amplia y generosa amnistía

podía servir para fortalecer la concordia.

Esas lecciones aprendidas del pasado significaban una honesta revisión

crítica de los errores cometidos por muchos protagonistas de la historia reciente,

en las izquierdas y en las derechas. Nadie de los que apoyaron el camino

a la democracia de los años setenta fue obligado a asumir y proclamar

que todos los responsables de la desdichada historia española del siglo XX

24 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


La DEMoCRaCIa EN La ESPaña DEL SIGLo XX: DE La INTRaNSIGENCIa aL PLURaLISMo

eran culpables en el mismo grado. Quienes respaldaron plenamente la amnistía

aprobada por el parlamento constituyente en el otoño de 1977 eran

conscientes de ese aspecto y sabían, además, que la exigencia de la concordia

dejaría a algunos verdugos sin un merecido castigo. Pero era un ejercicio de

responsabilidad para impedir que un ajuste público de cuentas por el pasado

se trasladara irremediablemente al debate político e impidiera el consenso

constituyente. Como editorializó un importante periódico de la época, la

«amplitud, la totalización de la amnistía» era la «única garantía» de que la guerra

dejaría de tener efectos sobre la vida cotidiana: «Cancelar el tiempo anterior

al 15 de junio es cancelar la lógica de los vencedores y vencidos» 11 .

Se trataba, entonces, de unir e integrar, no de juzgar responsabilidades

históricas y excluir a los adversarios, al modo cómo se había hecho en 1931.

Porque lo que estaba en juego, en definitiva, era evitar el «trágala», es decir,

que la Constitución fuera una vez más un texto de partido impuesto por una

parte de la sociedad a la otra. El rey, tal y como había dicho en varias ocasiones

desde que se hiciera cargo del Estado tras la muerte de Franco, no quería

eso, no deseaba, como explicaría luego, que «los vencedores de la guerra civil

fueran los vencidos de la democracia».

Vi

En las oposiciones, aunque se había mostrado debilidad por la ruptura,

muchos también lo entendieron así. Buena parte de sus principales dirigentes

habían comprendido el fundamento del consenso europeo de posguerra y

consideraban necesario forjar una nueva actitud política a partir de una revisión

crítica de la estrategia socialista anterior a la guerra. «Hay que enterrar

todos los recuerdos y resentimientos del pasado y firmar, de una vez por

todas, una paz civil que permita llegar a establecer un clima de convivencia

ciudadana en una sociedad organizada en forma tal que nadie sufra discriminación

o quebranto debido a sus opiniones, creencias o adscripciones políticas

y donde las discrepancias políticas se diriman mediante el recurso a las

urnas». Para eso, se añadía en este artículo de la revista Sistema, es «preciso

aceptar que la futura Constitución» ya no podrá ser «una Constitución al

gusto de los socialistas» sino un texto «abierto y flexible que permita, sin necesidad

de rupturas constitucionales, el desarrollo de posibles futuros programas

socialistas de transformaciones socioeconómicas, si esa fuese la

voluntad popular» 12 .

ahora, los socialistas ya no disparaban sus cañones contra la democracia

liberal de los burgueses, sino que reconocían en ella un fundamento sin

el que no podía forjarse un sistema político duradero. En este sentido, las

11 Diario 16, 5 de octubre de 1977.

12 Sistema, nº 17-18, abril de 1977, p. 6 y 10. artículo de José Felix Tezanos.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

25


MaNUEL ÁLvaREz TaRDío

palabras del representante socialista en la comisión constitucional, Gregorio

Peces-Barba, en el turno de rectificaciones durante el debate a la totalidad

del proyecto de Constitución, fueron muy elocuentes: «La sociedad democrática

necesita de un acervo común de creencias mínimas en las que todos

participen. La comprensión, la renuncia y el sentido del Estado de todos

deben contribuir a que ese acervo común se pueda crear». Y ese acervo debiera

incluir, en su opinión, la «aceptación de las reglas del juego mayoritariamente

establecidas», el «respeto a todos los demás derechos

fundamentales», la «renuncia a la violencia como instrumento de acción política

en la sociedad democrática» y el «respeto a las minorías» 13 .

Se había aprendido una lección histórica primordial sobre lo ocurrido

en la Europa de entreguerras, incluida la España republicana de 1931: la

Constitución no podía ser el instrumento para una política de partido, sino

la llave que facilitara la política de cualquier gobierno que estuviera dispuesto

a respetar las reglas de juego y el pluralismo. Esta era una condición sine qua

non para que ningún sector importante de la opinión pública del país se sintiera

excluido del nuevo marco de juego.

Pero todo eso exigía que se comprendiera bien un argumento primordial

del liberalismo clásico, esto es, que la regla de las mayorías era una técnica

para la alternancia y no una excusa para coaccionar los derechos de las minorías.

Resultaba «muy importante», como había escrito James Madison en

1788, «no sólo proteger a la sociedad contra la opresión de sus gobernantes,

sino también proteger a una parte de la sociedad contra la injusticia procedente

de la otra parte». Es decir, había que aceptar con todas sus consecuencias

algo que en los años treinta sólo habían tenido claro la derecha

republicana, una parte del centro republicano y algunos sectores del mundo

intelectual 14 : «Diferentes clases de ciudadanos forzosamente albergan diferentes

intereses». Por eso es peligroso no establecer mecanismos para evitar

que: «Si una mayoría se une en virtud de un interés común, peligrarán los

derechos de la minoría» 15 .

13 Constitución Española. Trabajos parlamentarios, 4 volúmenes, Congreso de los Diputados,

Madrid, 1989, 2ª edición, p. 721.

14 La derecha republicana fue el único grupo de las Constituyentes de 1931 que desde

una lealtad indiscutible al nuevo régimen pidió una y otra vez que la Constitución no sirviera

para imponer a la sociedad española la ideología de la mayoría de la cámara. Su postura, minoritaria,

resultó inaceptable para una mayoría radicalizada por la competencia izquierdista

entre socialistas y radical-socialistas, una mayoría que no dudó en respaldar el criterio de la

Comisión Constitucional expuesto por su presidente, el socialista Jiménez de asúa, consistente

en la constitucionalización de la revolución. Un estudio detallado, en Manuel Álvarez Tardío,

El camino a la democracia en España. 1931 y 1978, Gota a Gota, Madrid, pp. 340-377.

15 Artículos federalistas y antifederalistas. El debate sobre la Constitución americana, alianza,

Madrid, pp. 151-152.

26 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


Utopías de ayer y de hoy.

PoSthumAnISmo y AnImALISmo,

¿nUevos horizontes Utópicos de la hUmanidad?

dr. Francisco t. Baciero ruiz

Universidad de Salamanca

E-mail: fbaciero@usal.es

i. consideraciones históricas

El concepto y la palabra «utopía» disfrutan de una larga historia en el

marco de la cultura occidental, una historia que en el sentido literario más

preciso del término se remontaría a hace cinco siglos, cuando Tomás Moro

publica en 1516 su celebérrimo De optimo Reipublicae Statu deque nova Insula

utopia Libellus Vere Aureus1 . Por mucho que el humanista francés Guillaume

Budé hubiese preferido designar la isla de su admirado Moro como «Udepotía»

o «País del jamás», el término «Utopía» acabaría imponiéndose, inaugurando

un género literario que conocería una enorme aceptación durante

los dos siglos siguientes2 . En efecto, durante los siglos XVI y XVII toda obra

narrativa enhebrada según el hilo argumental de la utopía moriana: un barco

europeo que naufraga o que conoce un desembarco fortuito en una isla de

costumbres maravillosas y ejemplares, y el regreso final a Europa de los

miembros de la expedición para relatar las maravillas del nuevo mundo pasó

a recibir el nombre de «utopía» 3 . A finales del XVI el adjetivo «utópico» como

rasgo de la personalidad adquiere carta de naturaleza, designando la capacidad

1 Cfr. HÖLSCHER, L., art. «Utopie», en BRUNNER, O., CONZE, W., KOSEL-

LECK, R., Geschichtliche Grundbegriffe: historisches Lexikon zur politisch-sozialen Sprache in Deutschland,

Stuttgart, Klett-Cotta, 1994, vol. 7, pp. 733-788.

2 Cfr. MANUEL, F.E., MANUEL, F.P., El pensamiento utópico en el mundo occidental, 3

vols., Taurus, Madrid, 1981-1984, vol. I, Antecendentes y nacimiento de la utopía (hasta el siglo

XVI), 1981, pp. 13-14; la mayor parte de las referencias históricas las tomamos de esta magna

historia de la utopía en Occidente.

3 El pensamiento …, vol. I, p. 14. Semejante esquema argumental no era original de

Moro, sino que él mismo lo tomó en préstamo de la tradición griega, en particular de Platón,

Aristófanes y del escritor griego del siglo II Luciano de Samosata, cuyo diálogo El tiranicida

Moro había traducido previamente (cfr. ibid., p. 14, p. 148). Luciano, Aristófanes y Platón

historia y utopía. Estudios y Reflexiones 27


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

exagerada de idealización de determinados individuos, adquiriendo ya entonces

en ocasiones el matiz despectivo que desde entonces le acompañará4 .

Al lado de la utopía moriana, con sus elementos clásicos y cristianos, aparecerán

por la misma época otros dos géneros utópicos que conocieron una

historia en cierto modo independiente, o muy vagamente conectada con la

utopía moriana: el tipo italiano de los filósofos-arquitectos del siglo XV que

buscaba la construcción de la ciudad estética y urbanísticamente perfecta

(città felice o città perfecta), y la utopía alemana o centro-europea que a partir

del imaginario cristiano intentaba la realización inmediata del reino de Dios

en este mundo y cuyo ejemplo paradigmático es la utopía cristiano-revolucionaria

de Thomas Münzer de la Christliche Verbündniss5 .

En el siglo XVII el término «utopía» pasa a designar, además de un género

narrativo, la descripción teórica de «los principios básicos de una sociedad

óptima» con expectativas más o menos fundadas de poder llevarse un día a la

práctica, de modo que se inicia entonces una paulatina transición del género

literario al género de la utopía discursivo-argumentativa de signo filosófico6 .

A finales del siglo XVIII el género discursivo-filosófico se encuentra

ya consolidado: surge así una nueva utopía que no limita su localización a un

lugar ficticio determinado, aunque imaginario, sino que aspira a proponer un

modelo de sociedad válido para el mundo entero y que debería lograr una

reforma de la especie humana en su totalidad: así los comunistas avant la lèttre

fueron las fuentes utópicas más imitadas por los humanistas del norte de Europa: Moro,

Erasmo y el mismo Melanchton (cfr. ibid., pp. 144-160).

4 John Donne en una carta de 1598 escribía: «Pienso que, si los hombres que viven

en estos lugares [de Italia] se atreviesen a buscarse a sí mismos y a restaurar sus propias

vidas, se saludarían como si fueran desconocidos, al ver que los jóvenes utópicos se han tornado

viejos italianos» (DONNE, J., the Satires, Epigrams and Verse Letters, ed. W. Milgate, Oxford,

Clarendon Press, 1967, p. 72, cit. en El pensamiento …, vol. 1, p. 15 y nota 3).

5 Cfr. ibid., pp. 161-3. Mientras que la utopía italiana de la ciudad perfecta inspirada

en Platón y Vitruvio (cfr. El pensamiento … , vol. I, pp. 219-257, entre las utopías urbanístico-filosóficas

de la «ciudad-ideal» sobresalen las de L. Battista Alberti con su De re aedifcatoria,

de 1485, a la que habría que añadir el Sforzinda de A. Averlindo, Filarete, y el trattato di

Architettura de Francesco di Giorgio Martini, cfr. ibid., p. 221), tuvo una influencia muy limitada

(algunos papas y algún príncipe renacentista llevaron a cabo reformas urbanísticas

siguiendo los modelos de sus arquitectos, cfr. p. 222), la utopía mesiánico-milenarista de

Münzer conocería una amplia progenie durante todo el XVII (especialmente en la Inglaterra

de Cromwell, en el interludio entre la ejecución de Carlos I y la restauración de la monarquía

en 1660, período de florecimiento de los hombres de la Quinta monarquía, ranters, diggers, levellers

y demás movimientos milenaristas), mientras que Moro se habría convertido sobre todo en

el «progenitor nominal» de una rico género literario (ibid., loc. cit.).

6 A este género pertenecerían A Voice in Rhama (1647), del inglés Peter Chamberlen

y John Milton con su Apology for Smectymnuus (1642) (ibid., p. 15).

28 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

Morelly 7 y Restif de la Bretonne 8 , y Condorcet 9 . A esta categoría pertenecen

de pleno derecho todos los socialistas del XIX, tanto utópicos como «científicos»:

Saint-Simon, Owen, Fourier y Marx 10 . Para este tipo de «utopías discursivas

universales» o «utopías predictivas», el problema de la realización

histórica del mundo utópico se convertirá, además de en exigencia moral, en

objeto él mismo de reflexión, de modo que cuestiones como la posible revolución

y sus métodos, la utilidad y justificación o no del empleo de la violencia

en el proceso revolucionario, o la reflexión sobre las leyes de la historia

y su carácter contingente o necesario (la elaboración de una filosofía de la

historia), pasarán a ocupar un primer plano 11 .

ii. la «propensión» utópica como «dimensión natural» del hombre

El género utópico, inaugurado en su versión occidental moderna por

la obra de Moro, es en realidad un género universal en cualquiera de sus modalidades

(como mito etiológico, creencias religiosas en estados paradisíacos,

obra literaria o panfleto político), que tiene que ver a la postre con una «disposición

utópica» coextensiva con el género humano12 . Esta disposición natural

universal surge de la experiencia del sufrimiento insoportable que la

humanidad ha padecido a lo largo de la historia en alguna de sus múltiples

variantes, bajo la forma especialmente de privación material, privación asociada

la mayoría de las veces con abismales desigualdades sociales hasta épocas

recientes. En efecto, hasta hace muy poco tiempo los hombres ha sufrido

crisis alimentarias periódicas, han muerto por miles como consecuencia de

enfermedades desconocidas y misteriosas (la mortalidad infantil perinatal en

la Edad Media parece que alcanzaba el seiscientos por mil), han vivido en

condiciones materiales infrahumanas: sin agua corriente, sistemas de eliminación

de aguas residuales, asfaltado de las calles, en condiciones higiénicas

deplorables, conociendo jornadas inhumanas de trabajo, esclavizados legalmente

o de facto, de modo que hoy nos resulta verdaderamente difícil a partir

de nuestra propia experiencia, llegar a sospechar en toda su crudeza todo el

peso de la privación material que padecían las sociedades preinsdutriales. La

7 Autor del Code de la nature, ou le véritable esprit de ses lois (El pensamiento …, vol. III, p. 38).

8 «No puede haber virtud sin igualdad física y moral» (RESTIF DE LA BRE-

TONNE, L’ Andrographe, París, 1782, p. 28, en ibid. loc. cit.).

9 Quien ya propuso abiertamente la aplicación de las matemáticas y el cálculo de probabilidades

para el análisis de los fenómenos sociales, una mathémathique sociale, en «Tableau

general de la Science, qui a pour objet l’application du calcul aux sciences politiques et morales»,

Journal d’instruction sociale, 22 de junio y 6 de julio de 1795, oeuvres, I, 558, por lo que

influiría decisivamente en los también utópicos Saint-Simon y Comte (El pensamiento …, vol.

II, pp. 429-430 y nota 55).

10 El pensamiento …, vol. I, p. 16.

11 Cfr. ibid., pp. 16-17, p. 19.

12 Ibid., p. 18.

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

29


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

utopía en cualquiera de sus formas ha surgido siempre de una distopía o antitopía

muy concreta y perfectamente localizable en el aquí y ahora del sufrimiento.

El pensamiento utópico sería en buena medida, parafraseando al Marx

crítico de la religión, el suspiro de la criatura oprimida que se consuela con el

sueño de un mundo fingido donde la abundancia, la supresión de la necesidad

y el reino de la libertad se han convertido en realidades inagotables. A ello

habría que añadir la esperanza entrevista o sospechada siempre de que las

cosas podrían en realidad ser de otro modo, como quería Bloch13 . Con la progresiva

secularización del mundo, el hombre europeo dejará de situar el

mundo idílico soñado en un pasado mítico o en un más allá ultraterreno,

para trasladarlo a un futuro terrenal previsible14 .

Precisamente por ello no se puede reducir el pensamiento utópico a

la categoría de meras ensoñaciones de visionarios sin contacto alguno con la

realidad. Antes al contrario, la utopía, de forma sólo aparentemente paradójica,

puede servir, y de hecho así ha sucedido, de motor impulsor de la historia

que a modo de causa final y ejemplar la arrastra hacia el cumplimiento de

una humanidad más plena. Lo que una vez fue «utopía», al cabo de no mucho

tiempo llega a ser real. Así el socialista francés L. Blanc podía decir en 1850,

en el marco de un discurso en defensa del régimen republicano, lo siguiente:

«Como si, entre las ideas que hoy están en posesión del espíritu humano haya

habido una, una sola que no se haya contado entre el número de las utopías. Sócrates

muerto por haber proclamado la unidad de Dios. ¡Utopista! Galileo postrado de rodillas

y retractándose del impío error del movimiento de la tierra. ¡Utopista! Fulton

viene a someter a la consideración de los sabios de Francia la invención de los barcos

de vapor: es recibido con explosiones de risa. ¡Utopista! y la víspera, sí, la víspera

misma de febrero, ¿no eran utopistas los republicanos?» 15 .

También había pretendido Moro en su utopía, como observaba un comentarista

francés de finales del XVIII, la abolición de la pena de muerte

13 «La esperanza, situada sobre el miedo, no es pasiva como éste, ni, menos aún, está

encerrada en un anonadamiento. El afecto de la esperanza sale de sí, da amplitud a los hombres

en lugar de angostarlos,… No soporta una vida de perro, que sólo se siente pasivamente

arrojada en el ente, … . … busca en el mundo mismo lo que sirve de ayuda al mundo: algo

que es susceptible de ser encontrado» (BLOCH, E., El principio esperanza, Madrid, Aguilar,1977,

vol. I, p. XI).

14 «La imaginación de los poetas colocó la edad de oro en la cuna de la humanidad,

en medio de la ignorancia y brutalidad de los tiempos primitivos. … . La edad de oro de la

especie humana no está detrás de nosotros, sino delante» (SAINT-SIMON, Henri de, De la

réorganistation de la sociéte européene, oeuvres choisies, Bruselas, 1859, en El poensamiento … , vol.

1, p. 111 y nota 13).

15 «Comme si, parmi les idées aujourd’hui en posessión de l´esprit des hommes, il en

était une, une seule, qui n´ait été rangée au nombre des utopies! Socrate meurt pour avoir

proclamé l´unité de Dieu. Utopiste! Galilée tombe à genoux et désavoue l´erreur impie du

mouvement de la terre. Utopiste! Fulton vient soumettre aux savants de France l´invention

30 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

para los ladrones, lo que en la Europa de entonces ya se había convertido en

buena medida en derecho penal positivo16 . Los grandes utopistas de todos

los tiempos, además de su innegable y en ocasiones minuciosa capacidad de

fabulación, han dispuesto al mismo tiempo de un fino sentido de la realidad,

fino sentido para captar precisamente aquella realidad inhumana que ellos

pretendían cuando menos denunciar17 . La utopía tendría por ello mismo la

virtualidad de convertirse en «una idea militante», en «la verdad del mañana» 18 .

El fin de las utopías no sería otro que el de superar las topías históricas de

hecho existentes19 . En este preciso sentido, la pérdida de referencias utópicas,

con su «arsenal de poderosas imágenes de futuro» 20 , podría conducir a un peligroso

empobrecimiento de las perspectivas de la vida humana.

Los dos proveedores fundamentales de pensamiento utópico en el

mundo occidental han sido el pensamiento griego, con sus mitos de la «edad

des bateaux à vapeur: il est accueilli par des éclats de rire. Utopiste! Et la veille, oui, la veille

même de Février, est-ce que les Républicains n´étaient pas de utopistes?» (BLANC, L., De

la véritable théorie du progrès, 1850, Questions d’ aujourd’ hui et de demain, 5ª sér., Paris, 1884, 243,

cit. en HÖLSCHER, p. 782 y nota 267, la traducción es nuestra).

16 «Voilà comme les rêves d’un homme de bien insensiblement adoptés par la postérité»

(BRISSOT DE WARWILLE, J.-P., «Observations concernant l’ Utopie de Thomas

Morus», Journal encyclopédique, t. 7/3 (1784), 490, en FUNKE, H.-G.-, «Utopierezeption und

Utopiekritik in literarischen Zeitschriften der französischen Spätaufklärung (1750-1789)»,

Romanistische Zeitschrift für Literaturgeschichte, 7 (1983), pp. 89 ss., p. 100, en HÖLSCHER, pp.

781-2 y notas 58, 265). Vale la pena citar aquí el pasaje clásico de Moro: «esa pena, excesivamente

severa y ajena a las costumbres públicas, es demasiado cruel para castigar los robos,

pero no suficiente para reprimirlos, pues ni un simple hurto es tan gran crimen que deba

pagarse con la vida ni existe castigo bastante eficaz para apartar del latrocinio a los que no

tienen otro medio de procurarse el sustento» (utopías del Renacimiento. moro-Campanella-Bacon,

Estudio preliminar de E. ímaz, FCE, México, 1982, p. 50).

17 «Aunque resulte paradójico, los grandes utopistas han sido también grandes realistas.

… . Se caracterizan … por su propensión a centrar toda la atención sobre un aspecto

concreto del mundo, dejando muchas otras cosas en la penumbra. Pero, una vez que han

emprendido el estudio de una cara de la realidad, suelen comprender dicha cara con una

clarividencia poco común (El pensamiento …, vol. I, p. 50).

18 «Une utopie, c’est une idée militante, c’est bien souvent la vérité de demain, et par

conséquent la vérité à l’état révolutionnaire» (BLANC, L., «Penser et agir, mais dire ce qu’on

pense et savoir ce qu’on fair», Questions, 5 e sér., 249, cit. en HÖLSCHER, p. 783 y nota 271).

19 «Las utopías trascienden también la situación social, puesto que orientan asimismo

la conducta hacia elementos que esa situación, en el grado en que ésta se realiza en el tiempo,

no contiene. Pero no son ideologías en tanto y en la medida en que consiguen, por medio

de una actividad de oposición, transformar la realidad histórica existente en otra más en

consonancia con sus propias concepciones» (MANNHEIM, K., Ideología y utopía. Introducción

a la sociología del conocimiento, Madrid, Aguilar, 1966 2, -traducc. de la edición inglesa de 1954-,

pp. 264-5).

20 POLAK, F. LODEWIJK, the Image of the Future, Leyden y Nueva york, Oceana

Publications, 1961 (cit. en El pensamiento …., vol. I, p. 28).

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

31


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

de oro» y de la ciudad ideal (con Platón como paradigma indiscutido) 21 , y el

judeo-cristiano, con su concepción de un estado de naturaleza íntegra paradisíaca

antes de la introducción del mal y del sufrimiento en el mundo a raíz

de la caída por el pecado de Adán, y sobre todo, con la creencia en una redención

al final de la historia que se hace efectiva paulatinamente en su decurso

temporal (el ya, pero todavía no del reino de Dios que se extiende como

un grano de mostaza), hasta llegar a su consumación escatológica al final de

los tiempos. Una versión secularizada de esta escatología estaría representada,

como se ha señalado repetidas veces, por los movimientos utópicos socialistas

del XIX con su creencia en un estadio final definitivo de la historia sustraído

para siempre al reino de la necesidad 22 . Ambas corrientes griega y

judeo-cristiana nunca han sido ajenas entre sí, antes al contrario: si muchas

de las utopías griegas fueron conocidas gracias a las paráfrasis que de ellas

hicieran los Padres de la Iglesia, la irrupción del género literario utópico a

partir de la obra de Moro se sitúa en el contexto de la divulgación de los clásicos

griegos en sus lenguas originales y en sus traducciones latinas y a las

lenguas vernáculas europeas de la época a partir 1450 23 .

iii. el «final de las utopías» en los años sesenta: marcuse y la denuncia

del «fin de la utopía»

Las utopías de cualquier signo surgidas a lo largo de la historia han

sido manifestación y denuncia de un profundo estado distópico real experimentado

como inhumano, y que por ello debía ser superado (al menos en la

imaginación), en un ensueño quizás narcotizante, pero en todo caso lenitivo,

de un mundo mejor situado en un más allá24 .

Sin embargo, es un hecho que en el mundo occidental primero (y en

buena medida, gracias al proceso de «globalización», cada vez más en el

21 «Sin el legado griego sería prácticamente impensable la utopía del Renacimiento

propiamente dicha» (El pensamiento … , vol. I, p. 99).

22 «Hay que aceptar el paraíso en sus formas judeo-cristianas como el estrato arqueológico

más profundo de la utopía occidental» (ibid., p. 55, sobre la tradición utópica cristiana,

cfr.: «El paraíso y el milenio», pp. 55-95). La evidente versión secularizada de motivos cristianos

en las utopías socialistas se pone especialmente de relieve en el rechazo de la propiedad

privada (que para la mayoría de los Padres de la Iglesia era consecuencia del pecado original),

presente en toda la tradición cristiana antigua, también en la utopía de Moro: «estoy absolutamente

persuadido de que, si no se suprime la propiedad, no es posible distribuir las cosas

con un criterio equitativo y justo, ni proceder acertadamente en las cosas humanas. Pues

mientras exista, ha de perdurar entre la mayor y mejor parte de los hombres la angustia y la

inevitable carga de la pobreza y las calamidades» (op. cit., p. 72).

23 El pensamiento … , vol. I, p. 99.

24 Así el primer libro de la utopía de Moro lleva a cabo una cruel descripción de las

patologías sociales de la Inglaterra y Europa de su época (cfr. especialmente las pp. 50-72

de la edición que manejamos).

32 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

mundo tout court), las metas de plenitud humana que los discursos «utopistas»

consideraban en su día como inalcanzables, o a lo sumo, realizables en un

futuro tan lejano que prácticamente no existiría (u-tópico), han dejado de serlo

en el transcurso de los dos últimos siglos. La abolición de las hambrunas periódicas

es una realidad desde hace casi un siglo en el mundo occidental, el

acceso universal a la cultura como medio de promoción humana y económica,

promovido ya por el doctrinario Guizot en la monarquía orleanista, es

hoy una realidad en la mayor parte del mundo. Por último, el logro de un

nivel de vida digno, por encima del mero nivel de subsistencia, para la inmensa

mayoría de la población, es también hoy una meta lograda, al menos

en el mundo occidental, y de modo creciente y paulatino en el resto del

mundo 25 . Lo mismo cabría decir de la libre participación ciudadana en la marcha

de los asuntos públicos, la extensión de las libertades así llamadas «formales»

propias de una cultura democrática, etc.. De modo que a mediados

de los años cincuenta del siglo pasado, eminentes pensadores como Herbert

Marcuse podían certificar «El final de la utopía», tal y como reza el título de

una famosa conferencia pronunciada por el autor en julio de 1967 en la Universidad

Libre de Berlín 26 . Al comienzo de su ponencia Marcuse constataba

precisamente cómo la conquista de muchas de las antiguas aspiraciones «utópicas»,

de las que precisamente había hecho bandera el movimiento socialista

(y el marxismo en particular): el logro de un nivel de vida digno por parte

del proletariado y su perfecta integración dentro el sistema, asumiendo en

su conjunto los discursos legitimadores del mismo, parecían presagiar un

«final de la historia», pues la utopía se habría convertido en un tópos histórico

real 27 . Prolongando consideraciones previas expuestas en Eros y civilización y

El hombre unidimensional, Marcuse, sirviéndose de categorías marxianas y freudianas

a un tiempo, mostraba la necesidad de «discutir una nueva definición

de socialismo», toda vez que la clase obrera, la clase revolucionaria por excelencia,

cuyo nivel creciente de explotación y pauperización en los países capitalistas

debía según Marx desembocar de forma natural y necesaria en una

revolución y toma del poder por parte del proletariado, precisamente en los

países capitalistas más desarrollados, se había integrado a la perfección en

25 Dicho sea todo ello con todos las justas matizaciones que se quieran objetar, pero

sin duda que en su conjunto la humanidad (desde luego la occidental) nunca ha vivido materialmente

tan bien como en los últimos cincuenta años.

26 Recogida en MARCUSE, H., El final de la utopía, Ariel, 1981 2 , pp. 7-18.

27 «He de empezar con una perogrullada: que hoy día toda forma del mundo vivo,

toda transformación del entorno técnico y natural es una posibilidad real; y que su tópos es

histórico. Hoy día podemos convertir el mundo en un infierno; … . También podemos

transformarlo en todo lo contrario. Este final de la utopía –esto es, la refutación [se entiende,

práctica, por la fuerza de los hechos históricos] de las ideas y las teorías que han utilizado la

utopía como denuncia de posibilidades histórico-sociales se puede entender ahora, en un

sentido muy preciso, como final de la historia» (El final …, p. 7).

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

33


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

sus mecanismos productivos e ideologías legitimadoras. Por ello, la «teoría

marxiana del socialismo» representaría «un estadio ya superado del desarrollo

de las fuerzas productivas» 28 . El nuevo horizonte utópico revolucionario debería

situarse, dadas las circunstancias, en un nuevo modelo de sociedad en

la que no sólo el hombre se habría sustraído al reino de la necesidad y podría

llevar una vida plenamente humana gracias al fruto de su trabajo y a la superación

de los antagonismos de clase, sino en la que de algún modo el trabajo

mismo dejara de serlo, en la que se lograse una perfecta conjunción entre el

trabajo y las aspiraciones lúdico-sensibles del sujeto, un trabajo impregnado,

por decirlo con Marcuse, de «cualidades estético-eróticas» que haría posible

«una convergencia de técnica y arte y una convergencia de trabajo y juego» 29 ,

mixtura feliz que habría sido anticipada en la obra de Fourier30 .

A pesar de los ecos que la postrera propuesta marcusiana tuvo sin duda

un año más tarde en el famoso «Mayo del 68», entre cuyos coreados eslóganes

podían escucharse aquellos tan eróticos y ciertamente lúdicos como: «Haced el

amor, no la guerra. Una revolución que exige el sacrificio por el sacrificio es

una revolución à la papa. Inventad ahora la perversión sexual, La perspectiva

de un placer futuro no me consuela del aburrimiento de ahora» 31 , la realidad

es que la última mitad del siglo XX se caracterizó por un declinar del pensamiento

utópico (del pensamiento eutópico, en cualquier caso), declinar que

otros etiquetaron con el rótulo de «fin de las ideologías», es decir, el fin de

las ideologías políticas como consecuencia de la aparición de un nuevo individuo

materialmente satisfecho, con todas sus necesidades cubiertas en el

seno de una sociedad opulenta, cuyo héroe clásico innombrado sería más bien

el Narciso que se contempla a sí mismo que el Prometeo que lucha contra

los dioses para aliviar las necesidades de los hombres, declinar de las utopías

que en ese preciso sentido perduraría hasta hoy mismo32 .

iv. posthumanismo y animalismo, ¿fin de las utopías o fin del hombre?

A pesar de lo anterior, cabe señalar el surgimiento en los últimos veinte

años del siglo XX y en los inicios del presente, de dos nuevas interpretaciones

del hombre que exhiben en cierto modo rasgos utópicos, y que parecerían

28 Ibid., p. 8.

29 Ibid., p. 17.

30 Loc. cit..

31 BESANÇON, J., Les murs ont la parole: Journal mural, mai 68, Paris, 1968, pp. 14, 15,

25, 54 y 174 (El pensamiento …, vol. III, p. 370, y nota 6).

32 Sobre el fin de las «idelogías» y la nivelación a derecha e izquierda de los discursos

políticos cabe mencionar el en su día controvertido libro de FERNÁNDEZ DE LA MORA,

G., El crepúsculo de las ideologías, Madrid, Rialp, 1965, y el conocido ensayo de 1968 de Habermas

«Ciencia y técnica como ideología» (en HABERMAS, J., Ciencia y técnica como ideología,

Madrid, Tecnos, 1992 2 , pp. 53-112), que insiste en buena medida en las tesis de Marcuse

34 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

cuestionar el mentado «fin de las utopías». Me refiero al movimiento defensor

de los así llamados «derechos de los animales», que llamaremos «animalismo»,

y al más reciente todavía que pretendería lograr, gracias al avance creciente

de la biotecnología, un hombre nuevo «posthumano», cuyas capacidades naturales

excederían las del hombre «tradicional» hasta tal punto que, para los

más optimistas de estos autores, sería posible lograr la inmortalidad biológica

del hombre. A pesar de los rasgos aparentemente utópicos que prima facie semejantes

concepciones podrían reclamar para sí, ambas tienen que ver probablemente

mucho más con una concepción distorsionada del ser humano,

y distópica a la postre, que con genuinas propuestas verdaderamente potenciadoras

de una humanidad lograda.

A) Animalismo

Comenzaremos analizando la ideología de los derechos de los animales

o «animalismo», término que nos permitimos emplear toda vez que muchos

de los defensores de esta corriente así la denominan.

Hablar de la ideología o doctrina de los derechos de los animales significa

hablar de Peter Singer, cuya obra ha se ha convertido por derecho propio

en el repertorio doctrinal más completo sobre la materia. El australiano

Peter Singer, profesor actualmente en Princeton, formado en Oxford en el

utilitarismo ético de la mano del filósofo analítico R. Hare, se dio a conocer

a través de su libro-programa Liberación animal (Animal Liberation), de 1975,

en el que esbozaba los puntos principales de un programa de «liberación animal»,

en buena parte conocidos hoy gracias a la difusión social creciente de

los movimientos en defensa de los «derechos de los animales», que han asumido

su programa33 . El libro comienza con una solemne declaración de principios

que es a su vez un programa reivindicativo: «Este libro trata de la tiranía

de los humanos sobre los no humanos, tiranía que ha causado, y sigue causando,

un dolor y un sufrimiento sólo comparables a los que provocaron siglos

de dominio de los hombres blancos sobre los negros. La lucha contra

ella es tan importante como cualquiera de las batallas morales y sociales que

se han librado en años recientes» 34 . Los principios morales que sustentan el

programa reivindicativo animalista se fundarían en las siguientes premisas

éticas: no existe diferencia moral esencial entre hombres y animales (al menos

los superiores), en la medida en que ambos son seres sintientes, siendo esta

facultad (la capacidad de sentir) la que determinaría el estatus moral de un ser

(cfr. esp. las pp. 92-95 sobre la desaparición o «latencia» de los conflictos de clase en las sociedades

capitalistas avanzadas, y en pp. 108-112 su interpretación en clave marcusiana del

mayo del 68).

33 Existe traducción española de la segunda edición de 1990: Liberación animal, Trotta, Madrid,

1999. Una excelente exposición crítica de conjunto sobre Singer puede verse en PRIETO

LóPEZ, L., El hombre y el animal, nuevas fronteras de la antropología, Madrid, 2008, pp. 41-115.

34 Liberación animal, «Prólogo», p. 19.

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

35


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

vivo35 . Por consiguiente, conceder al hombre un estatuto moral por encima

de los animales sería un crimen de leso especismo: es decir, considerarse pertenecientes

a una especie moralmente privilegiada por razón de nuestra dotación

biológica, lo que para Singer es moralmente tan rechazable como el

racismo entre los seres humanos o el sexismo tradicionales36 . Por ello mismo,

coincidiendo en su carácter sensible la naturaleza humana y la animal (de los

animales al menos vertebrados que disponen de cerebro, muy especialmente

los grandes simios), los individuos pertenecientes a ambas categorías pertenecerían

a una misma «comunidad de iguales», tal y como recoge la así llamada

«Declaración de los grandes simios»:

«Exigimos que la comunidad de los iguales se haga extensiva a todos los

grandes simios: los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes»

37 . Semejante «comunidad» moral de «iguales» implicaría una correlativa

igualdad de derechos, especialmente de aquellos derechos fundamentales

como el derecho a la vida, la libertad y la prohibición de la tortura, que las

mencionadas cuatro especies compartirían38 . Como consecuencia de ello el

«vegetarianismo» sería la única postura ética compatible con el respeto debido

a los animales, así como la prohibición de la experimentación con animales

con fines médicos, a no ser en su propio beneficio39 .

35 De acuerdo con un famoso texto del utilitarista Bentham que Singer trae a colación,

tomado de su Introduction to the Principles of morals and Legislation, de 1789: «Puede llegar el

día en que el resto de la creación animal adquiera esos derechos que nunca se le podrían

haber negado de no ser por la acción de la tiranía. … . Puede que llegue un día en que el número

de piernas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum sean razones igualmente

insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa es la

que podría trazar la línea infranqueable? ¿Es la facultad de la razón, o acaso la facultad del

discurso? Un caballo o un perro adulto es sin comparación un animal más racional, y también

más sociable, que una criatura humana de un día, una semana o incluso un mes. Pero, aun

suponiendo que no fuera así, ¿qué nos esclarecería? No debemos preguntarnos: ¿pueden

razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?» (ibid., p. 43).

36 Cfr. ibid., p. 45.

37 SINGER, P., CAVALIERI, P. (eds.), «Declaración sobre los grandes simios», en

El proyecto gran simio, Madrid, Trotta, 1998, p. 12.

38 «La «comunidad de los iguales» es una comunidad moral dentro de la cual aceptamos

que determinados principios o derechos morales fundamentales, que se pueden hacer valer

ante la ley, rigen nuestras relaciones mutuas. Entre estos principios o derechos figuran los

siguientes: 1) El derecho a la vida. Debe protegerse la vida de los miembros de la comunidad

de los iguales. No puede darse muerte a los miembros de la comunidad de los iguales, excepto

… en defensa propia 2) La protección de la libertad individual. No puede privarse arbitrariamente

de su libertad a los miembros de la comunidad de los iguales. Si se les aprisiona

sin que medie un proceso legal, tienen el derecho a ser liberados de manera inmediata. 3)

La prohibición de la tortura. Se considera tortura, y por tanto es moralmente condenable, infligir

dolor grave, de manera deliberada, a un miembro de la comunidad de los iguales, ya sea sin

ningún motivo o en supuesto beneficio de otros» (ibid., loc. cit.).

39 Liberación animal, p. 203.

36 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

Paradójicamente, al tiempo que Singer eleva el estatus moral de los animales

a categorías hasta hace poco tiempo reservadas a los seres humanos,

degrada la condición del hombre, o de determinados grupos de seres humanos,

al nivel hasta hace poco reservado a los animales e incluso a uno inferior.

Asumiendo el concepto tradicional boeciano de «persona» (por mediación

de la definición lockeana de la misma en el Ensayo sobre el entendimiento humano),

Singer la caracteriza por los dos rasgos principales de ser un «ser racional y

autoconsciente» 40 . Ahora bien, dando por supuesta la irrelevancia ontológica

de la diferencia categorial clásica aristotélica entre ser en acto y ser en potencia,

Singer disocia el concepto de pertenencia biológica a la especie humana del

concepto de persona, como ha sido habitual hasta hoy, de modo que aquellos

seres humanos que no sean en acto racionales y autoconscientes (por ejemplo:

los recién nacidos, los deficientes psíquicos), no serían personas, al

tiempo que de un modo harto discutible, atribuye esas capacidades a ciertos

animales (delfines, orangutanes, chimpancés, etc.), por lo que concluye que

existen seres humanos que no son personas y animales no humanos que sí lo serían

41 . Como consecuencia de lo anterior, Singer aboga abiertamente por la

licitud moral del infanticidio, supuesta la previa licitud del aborto, en términos

extraordinariamente denigrantes para la dignidad del niño: «He defendido la

posición de que la vida de un feto no tiene mayor valor que la vida de un

animal no humano que se halle en un nivel similar de racionalidad, autoconciencia,

percatación, capacidad de sentir, etc., y que -puesto que ningún feto

es persona- ninguno tiene el mismo derecho a la vida que una persona. Ahora

bien, se ha de admitir que estos argumentos son tan válidos para el recién

nacido como para el feto. Un bebé de una semana no es un ser racional y autoconsciente,

y hay muchos animales no humanos cuya racionalidad, autoconciencia,

percatación, capacidad de sentir y cosas semejantes, exceden a la

de un bebé humano de una semana, un mes y hasta quizá de un año. Si el

feto no tiene el mismo derecho a la vida que una persona, parece que el recién

nacido no lo tiene tampoco, y que la vida de un recién nacido tiene menos

valor que la de un cerdo, un perro o un chimpancé» 42 . A favor de su defensa

de la moralidad del infanticidio aduce Singer precisamente el hecho de que

haya sido practicado en muchas culturas no occidentales, entre ellas las muy

40 Ética práctica, 2ª ed. de 1993 (cit. en SINGER, P., una vida ética. Escritos, Madrid,

Taurus, 2002, p. 160).

41 «podría haber una persona que no es miembro de nuestra especie. Podría también

haber miembros de nuestra especie que no son personas» (Ética práctica, Ariel, Barcelona,

1995 -traducc. de la 2ª ed. de 1993- «¿Qué hay de malo en matar?», en una vida ética, p. 160).

42 Ética práctica, Barcelona, Ariel, 1984, p. 156. En la segunda edición de Practical

Ethics de 1993 suaviza un tanto la redacción por medio de un circunloquio que modifica el

sentido: «Si el feto no cuenta con el mismo derecho a la vida que una persona, parece que

el bebé recién nacido tampoco, y la vida de éste es de menor valor para él que la vida de un

cerdo, un perro o un chimpancé lo es para el animal no humano» (una vida ética, p. 194).

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

37


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

cultas griega y romana43 , por mucho que, para consuelo de quienes todavía

se escandalicen por el infanticidio, no debería ser admitido indiscriminadamente,

manteniéndose en cualquier caso su licitud moral44 .

Singer abogar abiertamente por una total inversión (una «revolución

copernicana moral»), de la moral europea tradicional basada en el carácter

sagrado de la vida humana, de origen claramente cristiano, que debería ser

sustituida por la suya propia de carácter relativista-utilitarista, y que coincide

en muy buena medida (en sus valoraciones morales de problemas relacionados

con el valor de la vida humana), con los juicios morales hoy ampliamente

difundidos sobre dichas cuestiones45 . Singer, que se considera un pensador

de izquierdas, cree que, una vez caído el muro de Berlín y cuestionada por

los hechos la utopía marxista clásica, la izquierda debería incorporar un programa

político más realista, un «nuevo paradigma» ético-político a partir de

una consideración más adecuada de la naturaleza humana, programa que debería

incluir la información sobre el hombre proporcionada por la biología

darwinista (desde el enfoque de la «sociobiología» que Singer asume, especialmente

según la versión de R. Dawkins en El gen egoísta. Las bases biológicas

de nuestra conducta), que trabajase a su vez «en pos de un estatuto moral mayor

para los animales no humanos» 46 .

B) Posthumanismo

En cuanto al «transhumanismo» o «posthumanismo», se trata de una

novísima interpretación del hombre (que podría considerarse utópica en

cuanto propone un modelo de hombre «nuevo» que debería aparecer en un

futuro no muy lejano), que se gestó a finales de los años ochenta del siglo

43 Lo que efectivamente es el caso, baste recordar el texto de la Política de Aristóteles

aducido por el propio Singer: «Sobre el abandono y la crianza de los hijos, una ley debe prohibir

que se críe a ninguno que esté lisiado» (ARISTóTELES, Política, 1335b, traducc. de C.

García Gual y A. Pérez Jiménez, Madrid, Alianza, 1986, p. 282), o el de Platón en La República,

Libro V, 460d, que habla de «mantener ocultos en un lugar secreto y desconocido» a

los niños hijos de «los peores» o que nazcan lisiados.

44 Cfr. una vida ética, p. 197.

45 Así en Rethinking life and death, de 1994 (Repensar la vida y la muerte: El colapso de nuestra

ética tradicional, Paidós, 1997), donde pretende «reescribir» los cinco mandamientos fundamentales

de la moral cristiana relativos al respeto y la transmisión de la vida humana por

sus propias alternativas utilitaristas: «Trata toda vida humana como de igual valor»/«Reconoce

que el valor de la vida humana es variable», «Nunca mates intencionadamente una vida

humana inocente»/«Ten responsabilidad por las consecuencias de tus decisiones», «Nunca

te quites la vida, e intenta siempre evitar que los demás se quiten la suya»/ «Respeta los deseos

de una persona de vivir o morir», «Creced y multiplicaos»/«Trae niños al mundo sólo

si son deseados», «Trata toda vida humana como siempre más valiosa que cualquier vida no

humana»/«No discrimines sobre la base de la especie»(en una vida ética, pp. 247-261).

46 «Darwin para la izquierda», 1998, en una vida ética, pp. 315-325, p. 324. DAWKINS,

R., El gen egoísta, Barcelona, Labor, 1979 (existe una edición más reciente en Salvat, 2000).

38 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

XX 47 . Se encuentra representanda hoy sobre todo por el sueco Nick Boström,

director del Future of humanity Institute de la universidad de Oxford, y cofundador

de la World transhumanist Association en 1990, y por el médico-filósofo

rumano Julian Savulescu, director del the oxford uehiro Centre for Practical

Ethics de la misma universidad 48 . Brevemente, el ideario de los posthumanistas

sería el siguiente, en palabras de Boström: «un movimiento cultural, intelectual

y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas

y cognitivas de la especie humana y de aplicar las nuevas tecnologías al hombre,

a fin de que se puedan eliminar aspectos no deseados y no necesarios

de la condición humana como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento

y, por último, el ser mortal» 49 . Para alcanzar estos objetivos, la humanidad

habría de pasar por un estado de transición transhumano entre el hombre

actual y el posthumano, hombre posthumano que sería capaz de alcanzar las siguientes

«sobrehumanas» capacidades: expectativas de vida superiores a los

quinientos años, capacidad cognitiva dos veces superior al máximo posible

para el hombre actual, control de los inputs sensoriales evitando cualquier

tipo de sufrimiento psicológico, amén de un control emocional total. Además

el posthumano, que se podría lograr en un plazo de sólo «cien años», podría

hacer copias de sí mismo 50 . Entre los precursores reconocidos del movimiento

Boström contaría a Hume, Newton, Hobbes y F. Bacon, que habrían

47 La primera vez que se empleó el término transhumanismo parece haber sido en 1957

por el biólogo J. Huxley en su artículo new Bottles for new Wine, en el que habría escrito:

«The human species can, if it wishes, transcend itself –not just sporadically, an individual

here in one way, an individual there in another way, but in its entirety, as humanity. We need

a name for this new belief. Perhaps transhumanism will serve: man remaining man, but

trascending himself, by realizing new possibilities of and for his human nature» (HUXLEy,

J., new Bottles for new Wine, London, Chatto & Windus, 1957, pp. 13-17, en www.transhumanism.org,

órgano virtual de la World transhumanist Association for the ethical use of technology

to extend human capabilities, consulta: 20/05/2011).

48 Entre las obras más representativas hasta la fecha habría que destacar las de:

BOSTRÖM, N., Anthropic Bias: observation Selection Effects in Science and Philosophy, Routledge,

New york & London, 2002, BOSTRÖM, N., SAVULESCU, J. (eds.), human enhancement,

Oxford University Press, 2008, BOSTRÖM, N., SANDBERG, A., the Wisdom of nature:

An Evolutionary heuristic of human Enhancement, 2007 (cfr. www.nickbostrom.com, consulta

de 20/05/2011).

49 BOSTRÖM, N., Intensive Seminar on transhumanism, yale University, 26 junio 2003,

cit. en el art. de POSTIGO SOLANA, E., «Transumanesimo e postumano: principi teorici

e implicazione bioetiche», medicina e morale. Revista internazionale bimestrale di Bioetica, (2009),

2, pp. 271-287, p. 271, artículo que seguiremos en lo fundamental.

50 POSTIGO SOLANA, p. 272, que lo toma de BOSTRÖM, N., ROACHE, R., Ethical

Issues in human Enhancement, en RyBERG, J., PETERSEN, T.S., WOLF, C, et al. (ed.),

new Waves in Applied Ethics, Palgrave: MacMillan, 2007, p. 280. Sobre la historia del transhumanismo,

se pueden consultar las referencias en su propia página web: en 1972 R. ETTIN-

GER escribió man into Superman, que contribuyó ampliamente al surgimiento del

pensamiento transhumanista. Los grupos transhumanistas comenzaron a reunirse a princi-

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

39


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

sentado las bases del racionalismo científico, y en cuanto a sus premisas éticas,

se declara deudor (como Singer) del utilitarismo de Bentham y Mill, y del

pragmatismo de Peirce y James51 .

El «posthumanismo» guarda relación en algunos puntos con el animalismo,

en la medida en que, además de su común matriz ética utilitarista, Boström

pretende, por ejemplo, que los supuestos beneficios que la

biotecnología aportará a los seres humanos, deberían ser extensibles a «todos

los seres sintientes» 52 .

En cierto modo el posthumanismo sería la utopía «total» o «perfecta», en

la medida en que, de cumplirse sus aspiraciones, puesto que lograría abolir

completamente la enfermedad, el envejecimiento, el dolor físico y psíquico,

y a la postre, la muerte, lograría de una vez por todas la instauración de una

edad dorada, del paraíso en la tierra53 . ya no haría falta esperar a otro mundo

para lograr la redención completa, pues ya en éste sería posible.

v. conclusiones

¿Son animalismo y posthumanismo las últimas manifestaciones de la tradición

utópica occidental inaugurada con la utopía de Moro en su versión moderna?,

¿o más bien habría que incluir sus rasgos aparentemente utópicos entre

las antitopías más famosas de la primera mitad del siglo XX, las de de un Huxley

o un Orwell? A nuestro entender lo segundo se acercaría más a la verdad.

En cuanto al animalismo de Peter Singer, especialmente en lo que concierne

a sus valoraciones morales sobre el respeto a la vida humana en estado

precario, parece evidente su carácter de utopía involutiva, en la medida en que

expresamente pretende poner en valor juicios morales reconocidamente antiguos,

más aún, literalmente «primitivos» (previos en cualquier caso a la apa-

pios de la década de 1980 en la Universidad de California, la artista futurista Natasha Vita-

More escribió en 1982 una aplicación estética en transhumanist Arts Statement. En 1990 los

filósofos Nick Bostrom y David Pearce fundaron la World transhumanist Association (WtA).

Otros pensadores «transhumanistas» serían R. Kurzweil, H. Moravec o K. Warwick.

51 POSTIGO SOLANA, pp. 374-5, que lo toma de BOSTRÖM, N., A history of

transhumanist thought, Journal of Evolution and Technology, 2005; 14 (1): 1-25.

52 «El transhumanismo es favorecedor del bienestar para todos los seres sintientes

(ya sean éstos humanos, inteligencias artificiales, animales o extraterrestres potenciales) e

incluye muchos principios del humanismo moderno» (www.transhumanism.org, consulta

de 20.04.2009, en POSTIGO SOLANA, p. 374). Por lo demás, queda claro por este texto

que la fantasía cyborg no sólo es moneda corriente para estos autores, sino que tampoco parecen

tener en absoluto claros los límites entre hombre y máquina, límites que por lo demás

tiende de forma simplista a borrar.

53 La superación de la muerte, «el más duro rechazo de la utopía, y por ello, su inolvidada

provocadora» (BLOCH, El principio esperanza, pp. xxv-xxvi), constituye el núcleo principal

de muchas utopías, si no todas.

40 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

rición histórica del cristianismo, como Singer subraya). En efecto, no sólo

griegos y romanos disponían de un derecho cuasi omnímodo sobre la vida

de sus infantes, especialmente los deficientes, sino que la práctica del infanticidio

parece una costumbre extendida en la mayoría de sociedades primitivas.

Según M. Harris, el infanticidio de los niños habría sido tan habitual

entre los pueblos paleolíticos, que del 25 al 50 por ciento de los niños no fallecidos

por causas naturales morirían como consecuencia directa del mismo

o de algún tipo de negligencia peri-natal54 . Muchos estudios antropológicos

abundan en el mismo sentido55 . Más aún, la práctica del infanticidio nos emparentaría

directamente con muchas especies animales, y con los primates

en particular56 . En este sentido, las propuestas de Singer son muestras de un

franco «primitivismo», de una vuelta a estados pasados de la humanidad que

percibimos intuitivamente como indeseables por violar una dignidad y unos

derechos humanos que juzgábamos hasta ahora como imprescriptibles.

Respecto al posthumanismo, independientemente de su más que discutible

viabilidad biológica efectiva, del problema demográfico verdaderamente insoluble

que supondría la inmortalidad terrenal de los seres humanos, o de las

amenazadoras consecuencias éticas que implicaría para la autocomprensión

del ser humano la eugenesia obligatoria que propone, borrando las diferencias

entre «lo crecido» y «lo hecho», entre quien tiene un código genético natural

indisponible (determinado sólo por la naturaleza), y aquellos otros que dispondrían

de un código genético fabricado por otros seres humanos, que serían por

tanto un «producto» de sus creadores y no sus «hijos» 57 , no parece que la perspectiva

de una vida eterna mundana, incluso en el que caso de que fuera biológicamente

posible, sea especialmente deseable, dados los incontables

conflictos éticos que generaría: ¿cuántos hombres inmortales podrían vivir en

54 Cfr. HARRIS, M., Introducción a la antropología general, Madrid, Alianza Editorial,

1986, pp. 217-18.

55 Cfr. el art. de BLAFFER HRDy, S. «Infanticide», en LEVINSON, D., EMBER,

M. (eds.) Encyclopedia of Cultural Anthropology, New york, Henry Holt and Company, 1996, 4

vols., vol. 2, pp. 644-648. Según el estudio de DALy, M. y WILSON, M. «A Sociobiological

analysis of Human Infanticide», HAUSFATER, G., BLAFFER HRDy, S. (eds.), Infanticide:

Comparative and Evolutionary Perspectives, New york, york, Aldine/de Gruyter, 1984, realizado

sobre 60 sociedades incluidas en los «Human Relations Area Files» de la Universidad de

yale, en 39 de ellas se tendría noticia del infanticidio, de las que en 35 las circunstancias

serían «bien conocidas» («well-known»).

56 Entre los primates son conocidos los casos de machos que matan a las crías de

una hembra para aparearse con ella (según BARTLETT, THAD, SUSSMAN, R.W., y CHE-

VERUD, M., «Infant Killing in Primates: A review of Observed Cases with Specific Reference

to the Sexual Selection Hypothesis», American Anthropologist, 95 (4), 1994, pp. 958-990,

cit. en BLAFFER HRDy, «Infanticide», p. 647, col. izda.).

57 Cfr. HABERMAS, J., El futuro de la naturaleza humana. ¿hacia una eugenesia liberal?,

Paidós, 2004, pp. 64 ss. y passim.

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

41


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

la tierra?, ¿cómo serían fecundados, o en su caso hechos?, ¿por quién?, ¿qué

tipo de relación mantendrían con sus progenitores-productores?, ¿quién decidiría

cuántos descendientes se podrían procrear y con qué rasgos?, ¿cuál sería

el límite de la eugenesia perfeccionadora de las capacidades naturales?, ¿se podrían

crear cyborgs esclavos?, etc., cuestiones para las que los posthumanistas

carecen de respuesta y que en general ni siquiera se plantean. El posthumanismo

muestra por tanto más bien la faz de una inquietante distopía futurista,

que haría verdad las pesadillas de cierto género de literatura de ciencia-ficción,

que una verdadera aspiración de la mayoría de los seres humanos58 .

Tanto el animalismo de P. Singer como el posthumanismo de Boström

podrían incluirse a nuestro entender por derecho propio en la tradición de la

«muerte del hombre» inaugurada por el estructuralismo de Lévi-Strauss en

los años sesenta. Para el estructuralismo el hombre estaba muerto como sujeto

agente, no era más que una «cosa entre las cosas», chose parmi les choses59 , una

pieza dentro de un sistema lingüístico o social cuyas reglas determinaban necesariamente

todas las posibilidades de acción e interacción dentro del mismo.

Pero para el estructuralismo la definición del hombre permanecía indiscutida,

al menos en cuanto individuo biológico. Los límites del hombre que se quería

muerto como sujeto estaban en todo caso definidos: se trataba a la postre del

hombre «de siempre», el perteneciente a la especie biológica homo sapiens, netamente

separada de todas las demás. Para el animalismo y el posthumanismo

sin embargo, ni siquiera la definición biológica del hombre disminuido del estructuralismo

sería aceptable, y sus límites podrían rebasarse tanto por debajo

(animalismo) como por arriba (posthumanismo), de modo que ya no sería

posible ni deseable llegar a un acuerdo sobre los límites definitorios de lo humano

frente al reino meramente animal y frente al mundo de la cibernética,

tal y como pretende la ciberfeminista D. Haraway: «Un mundo cyborg podría

tratar de realidades sociales y corporales vividas en las que la gente no tiene

miedo de su parentesco con animales y máquinas ni de identidades permanentemente

parciales ni de puntos de vista contradictorios» 60 .

Las a nuestro juicio distopías del animalismo y posthumanismo parecen

en realidad el último síntoma de lo que ya apuntaba Max Scheler en 1928 en

su escrito programático El puesto del hombre en el cosmos, a saber, que el hombre

occidental cada vez sabe menos quién es, dividido entre antropologías enfrentadas

y aparentemente incompatibles entre sí:

58 Así para F. Fukuyama el tranhumanismo se ha convertido en «una de las ideas más

peligrosas del mundo» (FUKUyAMA, F., our Posthuman Future: Consequences of the Biotehcnology

Revolution, New york, Farrar, Strauss and Giroux, 2002, en POSTIGO SOLANA, p. 280).

59 LÉVI-STRAUS, C., mitológicas I. Lo crudo y lo cocido, México, FCE, pp. 18-19, 1968

(orig. francés de 1964).

60 HARAWAy, D., Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, Madrid, Cátedra,

1995, p. 263, cit. en CALONGE, F., «Post-humanismo y ética: reflexiones para la re-

42 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


UTOPíAS DE AyER y DE HOy. PoSthumAnISmo y AnImALISmo, ¿NUEVOS HORIZONTES UTóPICOS DE LA HUMANIDAD?

«Poseemos, pues, una antropología científica, otra filosófica y otra teológica,

que no se preocupan una de otra. Pero no poseemos una idea unitaria del hombre. Por otra

parte, la multitud siempre creciente de ciencias especiales que se ocupan del hombre,

ocultan la esencia de éste mucho más de lo que la iluminan, por valiosas que sean. Si

se considera, además, que los tres citados círculos de ideas tradicionales están hoy

fuertemente quebrantados, … , cabe decir que en ninguna época de la historia ha resultado

el hombre tan problemático para sí mismo como en la actualidad» 61 .

Ahora bien, de las tres antropologías enfrentadas que Scheler contradistinguía

en 1928 (la científico-biológica de corte darwinista, la filosófica de

origen griego y la teológica de matriz judeo-cristiana, a las quizás pudiéramos

añadir hoy la «cibernética»), sin duda que es la científico-tecnológica la que

ha logrado una hegemonía indiscutida (al paso del debilitamiento progresivo

de sus dos antagonistas), quedando relegadas la visión griega y judeo-cristiana

cada vez más a un baúl de los recuerdos que ya nadie revuelve, cuando no a

material de desecho y derribo.

Ahora bien, como ya observó H. Plessner, paradójicamente, cuanto

más el hombre occidental ha pretendido librarse de su suelo nutricio grecojudeo-cristiano,

en un proceso de autoexaltación iniciado en el Renacimiento

y que continúa hasta hoy, que pretendería prescindir de toda norma más allá

de su pura voluntad (de Dios primero, de cualquier autoridad, de la «esencia»

humana como último criterio normativo por encima del deseo omnímodo

del Único, como pretendía Max Stirner), tanto más acaba degradándose en

su autocomprensión teórica:

«Causa sorpresa comprobar, … , que la confianza ilimitada puesta sobre el

hombre desde el Renacimiento en adelante corre pareja a un progresivo abajamiento

de su posición peculiar en la naturaleza. Cuanto más se ha exaltado al hombre en

abstracto, tanto más ha sido rebajado el aprecio a su ser en concreto; y, sobre todo,

tanto más se han ido confundiendo las fronteras del mundo humano con el animal.

La emancipación del hombre, signo característico de los tiempos nuevos … resultó

posible únicamente … con … el olvido de la imagen con la que el mundo griego, el

judaísmo y el cristianismo habían caracterizado al hombre. Pero en la medida en que

nos alejamos de esta imagen clásica … del hombre, la posición del hombre en el

mundo se vuelve cada vez más problemática» 62 .

Sin duda que el animalismo y el posthumanismo tienen poco que ver

con una continuación del humanismo moderno, como pretende Boström,

construcción de solidaridades en la sociedad moderna avanzada», Foro Interno, 5 (2005), 59-

83, p. 77, nota 53 (hasta el sacrosanto principio metafísico de no-contradicción parecería

llevarse por delante el posthumanismo a lo que parece, con su capacidad de hacer «compatibles

puntos de vista contradictorios»).

61 SCHELER, M., El puesto del hombre en el cosmos, Losada, Buenos Aires, 1968 7 , p. 24.

62 PLESSNER, H., mensch und tier, en Conditio humana, 1964, Plessner Gesammelte Schriften,

VIII, 1983, 52-65, p. 52s. (el artículo original es en realidad de 1938, cfr. PRIETO, L., El hombre y el

animal. nuevas fronteras de la antropología, BAC, Madrid, 2008, pp. 220-1, y p. 220, nota 3).

historia y utopía. Estudios y Reflexiones

43


FRANCISCO T. BACIERO RUIZ

sino más bien con su contrario: con la pérdida del genuino humanismo de la

tradición europea, humanismo que una Europa «cansada de sí misma» hace

tiempo que olvidó en los polvorientos anaqueles de las antiguas bibliotecas,

y que sumido en el olvido apenas tiene ya algo que decir:

«Unos objetos postales que ya no se reparten dejan de ser envíos a amigos

posibles: se transforman en objetos archivados. También esto, es decir, que los libros

canónicos de antaño poco a poco hayan ido dejando de ser cartas a los amigos y que

ya no reposen en las mesillas de noche, ni en las de día, de sus lectores, sino que se

hayan sumido en la atemporalidad de los archivos, esto también le ha quitado al movimiento

humanista la mayor parte del empuje que tuvo una vez. Los archiveros

bajan cada vez con menos frecuencia a las profundidades que albergan esas antigüedades

textuales, para consultar opiniones anteriores sobre temas modernos. Quizás

ocurra de cuando en cuando que, mientras están metidos en tales indagaciones por

los sótanos muertos de la cultura, esos papeles largo tiempo no leídos empiecen a

centellear, como si lejanos rayos se precipitaran sobre ellos» 63 .

Si fuera cierto que el pensamiento clásico y la Biblia fueron los dos

grandes proveedores del pensamiento utópico en Occidente, como quería el

matrimonio Manuel, sería lógico esperar que el olvido de sus arquetipos fundacionales

no pueda conducir a las mentes occidentales de hoy sino a las pesadillas

distópicas más dispares, que no sueños, que exhiben los más

inquietantes perfiles.

63 SLOTERDIJK, P., normas para el parque humano, Siruela, Madrid, 2006, pp. 84-85.

44 historia y utopía. Estudios y Reflexiones


El trabajo fEmEnino: utopía y rEalidad social

silvia medina Quintana

Grupo Deméter. Historia, Mujeres y Género. Universidad de Oviedo

E-mail: silvia_medinaq@hotmail.com

Es evidente que el trabajo de las mujeres se configura como una realidad

social durante toda la Historia. En muchas culturas, el modelo de feminidad

estaba vinculado a lo doméstico, pero esa imagen teórica no fue

pensada para las mujeres de las clases populares quienes, lejos de permanecer

encerradas en sus hogares, tuvieron una presencia activa en la vida económica

de todas las sociedades históricas.

Con el concepto de trabajo femenino se aborda, en este artículo, tanto

el remunerado como el que queda invisibilizado tras las labores propias del

sexo femenino»; por tanto, se analizará la participación de las mujeres en la

esfera económica a través de esa doble vertiente: por una parte, diferentes

oficios remunerados que ejercieron (aunque en ciertos casos, como el de las

esclavas, no sean ellas quienes reciban la retribución económica) y, por otra

parte, las actividades domésticas, que no son remuneradas.

Este texto presenta un recorrido histórico lineal, respetando las grandes

divisiones de la Historia, aunque teniendo en cuenta que esos límites cronológicos

pueden resultar artificiales en muchas ocasiones. Concretamente,

se hace especial atención al trabajo de las mujeres en la sociedad romana pues

existe una considerable información al respecto y no se puede obviar que en

las culturas clásicas se configuran unos modelos y unas realidades que están

en la base de nuestra sociedad actual; de ahí que el análisis de este período

sea más extenso y se haya privilegiado frente a otras épocas.

También conviene señalar que dicho recorrido histórico se centra en

Europa y, conscientemente, se han dejado fuera otras realidades en las que

el trabajo de las mujeres fue, y continúa siendo, el pilar del desarrollo económico.

Sin embargo, no se pretende hacer de la historia de las mujeres en Europa

el único modelo válido para realizar ese balance del trabajo femenino.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones 45


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

i. desarrollo histórico del trabajo femenino

Por establecer unas líneas generales, ya que esta contribución no pretende

hacer un análisis exhaustivo, comenzaremos en la Prehistoria este recorrido

histórico para rastrear el trabajo de las mujeres.

no sabemos con claridad cómo era el reparto de tareas entre hombres

y mujeres en las etapas prehistóricas. Se puede hablar de espacios diferenciados,

atendiendo al uso que se les daba, por ejemplo, lugares para la transformación

de alimentos, elaboración de útiles y otras tareas, zonas de descanso,

y el campo abierto, pero no parece que estas áreas estuvieran asociadas a uno

u otro género. A la luz de las investigaciones arqueológicas y los materiales

hallados relativos a este período, se puede afirmar que, en ocasiones, se ha

proyectado al paleolítico la división social de épocas posteriores e ideas actuales;

es cierto que los materiales para investigar las etapas prehistóricas son

escasos pero no por ello podemos trasladar esquemas posteriores a etapas

donde no se puede afirmar con seguridad que funcionaban del mismo modo1 .

A finales del neolítico asistimos ya a una clara división social, con la

presencia de jerarquías, diferencias de género y de clase que se reflejan en los

ajuares domésticos y fúnebres, y en la distribución del poblado, donde aparece

una clara división de espacios vinculada a la realización de distintas actividades.

Esta diferenciación evidente no se aprecia de un modo claro durante el período

paleolítico, pero tampoco podemos caer en el poco riguroso recurso de

presentar una imagen idealizada de las primeras culturas humanas2 .

Desconocemos aún muchas cosas sobre la organización social de estos

grupos nómadas, cuya economía se basaba en la caza y la recolección; precisamente,

el tema de la caza fue uno de los más abordados por la historiografía

tradicional, que solía presentar el modelo del hombre cazador y proveedor

de alimento, frente a la mujer que esperaba pasivamente en el ámbito doméstico,

dedicada a labores textiles y a la preparación de comida, mientras el

grupo de hombres jóvenes cazaba grandes piezas3 . Una imagen caricaturesca

que aún se mantuvo mucho tiempo en estudios científicos y rigurosos.

Sin embargo, parece que la economía de estos grupos dependía fundamentalmente

de la caza de pequeños animales, la recolección, la pesca y el

carroñeo, y sólo en momentos puntuales se podrían proveer de grandes pie-

1 Trinidad Escoriza Mateu, 2006: 5-10; Almudena Hernando Gonzalo, 2007: 167;

Trinidad Escoriza Mateu y Pedro V. Castro Martínez, 2009: 207.

2 Es frecuente presentar de una manera romántica estas etapas como un período

igualitario, previo a la civilización y donde no hay conflictos sociales. Otro ejemplo lo encontramos

en la manera en que parte de la historiografía presentaba a ciertos pueblos prerromanos

de la Península Ibérica, con una imagen de grupos igualitarios, frente a lo que

sucederá tras la conquista romana.

3 Mª Ángeles Querol, 2005-06: 47-70.

46 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


El TrABAjO fEMEnInO: UTOPíA y rEAlIDAD SOCIAl

zas. En cualquier caso, la participación de las mujeres se supone fundamental

para la supervivencia del grupo, en variadas actividades y desarrollando todo

tipo de labores. Una muestra de la visión androcéntrica de los estudios históricos

tradicionales es que siempre se presenta a los hombres como los artífices

del arte prehistórico, pero no hay razón para no pensar también en

mujeres artistas.

Siguiendo a Almudena Hernando, se pueden rastrear las primeras divisiones

de género y de clase claramente diferenciadas durante la Edad del

Bronce en Europa, algo que, evidentemente, arranca en la etapa neolítica

aunque esas diferencias no eran todavía tan marcadas; según esta autora, la

sedentarización y el desarrollo de la agricultura y la ganadería no explican la

diversificación de funciones en base al género, y las diferencias sociales.

la aparición de jerarquías masculinas y, por tanto, de una diferenciación

social evidente –hecho registrado en varias necrópolis europeas al final del

neolítico y, especialmente, durante el calcolítico y la edad del Bronce 4 -, se

debe a la denominada revolución de los productos secundarios», que trae

como consecuencia la división sexual del trabajo. A cada género le corresponden

diferentes actividades, enmarcadas en espacios contrapuestos y, a la

vez, complementarios, quedando establecido lo doméstico para las mujeres

y lo público para los varones 5 . En el primer caso, las actividades domésticas,

también denominadas reproductivas por oposición a las productivas», incluyen

una innumerable serie de trabajos que se entienden naturales» en las mujeres:

crianza de la descendencia, cuidado de personas enfermas y ancianas,

preparación de alimentos y tratamiento para su conservación, aprovisionamiento

de agua, elaboración de productos cerámicos, confección del vestido,

atención de la huerta y animales domésticos… Mientras que los varones monopolizan

las tareas que más prestigio social tienen: la defensa del territorio

con las armas y el control ritual 6 .

Siguiendo el recorrido cronológico, encontramos en las sociedades de

la Antigüedad las primeras justificaciones, de carácter religioso, biológico,

moral y jurídico, para ese orden que establecía tareas y espacios diferentes

para cada sexo. De esta forma, el griego jenofonte recuerda en su obra Económico,

que hombres y mujeres tenían capacidades diferentes en función de

su biología, lo que les dirigía hacia distintas tareas, división que, además, estaba

sancionada por las divinidades y por las leyes.

4 Almudena Hernando Gonzalo, 2005-06: 95-109.

5 En relación a estas primeras diferencias de género, Simone de Beauvoir escribió en

El Segundo Sexo: la peor maldición que pesa sobre la mujer es estar excluida de estas expediciones

guerreras; si el hombre se eleva por encima del animal no es dando la vida, sino

arriesgándola; por esta razón, en la humanidad la superioridad no la tiene el sexo que engendra,

sino el que mata» (2005: 128).

6 Agradezco a Mónica González Santana sus oportunas valoraciones y sus consejos

para la realización de este apartado.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

47


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

Este ordenamiento hace referencia también al concepto de ocio, otro

de los elementos que definían a los individuos libres y que los distinguía de

las personas de estatuto servil7 . la literatura, tanto griega como latina, ensalza

el modelo virtuoso de una mujer diligente, que permanece siempre en continua

actividad, pues en las mujeres el tiempo libre no se asimila al ocio sino

a la holgazanería. Autores como Hesíodo, jenofonte y Aristóteles para la sociedad

griega, defienden la importancia del trabajo agrícola y los negocios

pero siempre que sea combinado con tiempo de descanso, pues es lo que

distingue al esclavo del hombre libre.

En el mundo romano, del mismo modo, hay un tipo de trabajo que se

entiende como algo honroso, el agrícola, pero los trabajos relacionados con

la artesanía y el comercio no gozan de buena reputación, se consideran indignos.

Así, Catón, Varrón y Columela alaban en sus obras de agronomía el

modelo del campesino libre independiente que no trabaja por una merces, una

retribución, paga o salario, sino para sí mismo. También hay que señalar que

esta imagen peyorativa la ofrecen principalmente las fuentes literarias porque,

según la información epigráfica, algunos artesanos firmaron sus obras, lo

que indica su orgullo, e incluso encontramos ejemplos, tanto de hombres

como de mujeres, que quisieron reflejar en sus epitafios el oficio al que se

dedicaron en vida8 . Es complejo rastrear el trabajo femenino en la literatura

romana, pues los autores no estaban interesados en ese tema, y mucho menos

en la participación de las mujeres en él; sin embargo, a pesar de las dificultades,

tanto en los textos literarios como en la epigrafía se puede rastrear información

sobre las actividades económicas realizadas por las mujeres.

En el mundo rural el trabajo llevado a cabo por las mujeres era fundamental

para el desarrollo de las unidades domésticas9 . Columela, Catón y Varrón

hablan del trabajo en el campo y parten del modelo del vilicus –el capataz,

encargado de dirigir la hacienda- y de la vilica –esposa del vilicus y responsable

también de una parte importante del buen funcionamiento de la hacienda-.

En las grandes propiedades trabajaría un buen número de esclavos y esclavas

bajo la supervisión del vilicus y la vilica que, normalmente, eran también de

condición servil, mientras que en fincas más pequeñas el trabajo productivo

recaería en personas libres que, en algunos casos, y dependiendo de la capacidad

económica de la familia, podrían disponer de algún esclavo o esclava.

En cualquier caso, parece que las labores agrícolas y domésticas de las

mujeres, fuesen libres o esclavas, eran similares. Trabajaban sobre todo en el

7 la literatura griega enaltece la figura de la mujer hacendosa, frente al ciudadano

que goza del ocio, Mª. Dolores Mirón Pérez, 2001: 7-16.

8 juan francisco rodríguez neila, 1999: 13-14.

9 Para un buen análisis de las actividades de las mujeres en las unidades domésticas campesinas,

vid. Cándida Martínez lópez y Mª Dolores Mirón Pérez, 2000, y Cándida Martínez lópez, 2002.

48 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


El TrABAjO fEMEnInO: UTOPíA y rEAlIDAD SOCIAl

interior de la casa, realizando diferentes actividades, aunque también participarían

en las tareas del exterior, como la recolección, la vendimia, la recogida

de la aceituna, el cuidado del ganado… Estas labores femeninas extradomésticas

no aparecen claramente señaladas en las obras literarias, aunque se hace

alguna mención a ellas, pues los agrónomos pretenden fijar ese modelo de

domesticidad e insisten en la actividad del interior; sin embargo, en otras

fuentes, como el Digesto, sí hay evidencias de trabajo femenino en el exterior

de la casa, lo que demuestra que ese modelo de mujer encerrada en el hogar

está alejado de la realidad social, especialmente cuando se trata de mujeres

de condición humilde10 .

En estos tratados de agronomía, se insiste en que las mujeres se encargaban

de las labores vinculadas a la esfera doméstica, y aunque se mencionan

diferentes actividades a cumplir por la administradora, que no debe

estar nunca ociosa, se puede considerar que todas ellas se enmarcan en un

genérico trabajo femenino»; en el caso de los varones aparece una larga lista

de términos concretos y específicos de las distintas actividades desarrolladas,

pero no sucede lo mismo con el trabajo de las mujeres11 . Éste incluye la preparación

de la comida diaria, la limpieza y mantenimiento del orden en el

hogar, acudir a por agua, lavar y recoger, cuidar de las personas enfermas, la

realización del pan, confección de ropas y el trabajo de la lana (que incluye

el lavado, cardado, hilado y tejido), preparación de alimentos y transformación

para su conservación (salazones, confituras) 12… En definitiva, todo lo

que implica administrar eficientemente la hacienda.

En el mundo urbano se pueden rastrear diferentes tipos de oficios,

fundamentalmente a través de la epigrafía y la iconografía13 , ejercidos en su

mayoría por esclavas y libertas, aunque también se conoce algún caso de

mujer libre14 .

Uno de los sectores más importantes de participación laboral femenina

es el trabajo textil, pues se consideraba una labor característica de las mujeres.

10 Cándida Martínez lópez y Mª Dolores Mirón Pérez, 2000: 34-37.

11 Quiero agradecer sinceramente a Carla rubiera Cancelas su ayuda y comentarios

respecto al trabajo femenino en las explotaciones agrarias romanas, tema de su tesina de

máster (sin publicar), así como haberme facilitado su lectura.

12 Cándida Martínez lópez, 2002: 74-85.

13 Hay una abundante bibliografía que recoge esta información epigráfica; obras ya

clásicas son las de joël le Gall, 1969 y Susan Treggiari, 1975, 1976 y 1979. En cuanto a iconografía

sobre trabajo femenino, una obra de referencia indiscutible es la de natalie Kampen,

1981. Para el análisis de distintos trabajos ejercidos por mujeres y que aparecen en la epigrafía,

vid. Alfredo Buonopane y francesca Cenerini, 2003.

14 El listado de oficios que se menciona a continuación parte de las obras de joel le

Gall, 1969; Arcadio del Castillo, 1974; Susan Treggiari, 1975, 1976 y 1979; natalie Kampen,

1981; jane f. Gardner, 1990: 233-255 y josé Pérez negre, 1998.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

49


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

El trabajo de la lana (lanificium) está vinculado a la honra de las matronas, que

aparecen reflejadas en la literatura y en la epigrafía como virtuosas lanificae.

Encontramos términos muy especializados para diferentes labores relacionadas

con la lana: hilanderas (quasillariae, staminariae), tejedoras (textrices), vendedoras

de lana (lanipendae). De igual forma, hay constancia de mujeres

dedicadas al comercio del lino (linteariae) y tintoreras (purpurariae); parece que

el término purpuraria no sólo serviría para designar a las tintoreras sino también

a las responsables de la comercialización de la púrpura, un sector muy

importante en la roma antigua 15 . Otros oficios relacionados con el mundo

textil y en el que aparecen mujeres, aunque no eran actividades exclusivamente

femeninas –pues se registran igualmente nombres masculinos-, serían

modistas o costureras (vestificae), zurcidoras (sarcinatrices), encargadas de las

prendas de vestir (vestiplicae), y en un comercio de productos de lujo aparecen

oficios como las bordadoras en oro o especialistas en vestidos bordados en

oro (auri vestrices).

Otro sector fundamental en el que se empleaban mujeres era como

vendedoras en el mercado de diferentes productos; se puede suponer que,

como sucede en épocas posteriores, algunas de estas mujeres serían agricultoras

de las zonas rurales próximas a la ciudad que acudían a la urbe para

vender sus propios productos. Entre los términos que aparecen en la epigrafía

encontramos vendedoras de trigo y legumbres (negotiatrices frumentaria et leguminariae),

habas (fabariae), semillas (seminariae) o sazonadores (conditariae), de

pescado (piscatrices), panaderas (furnariae), pasteleras (halicariae), así como relieves

que representan a vendedoras de aves, carnes, verduras y hortalizas.

Además, se constatan diferentes oficios artesanales, muchas veces ejercidos

por libertas en negocios familiares donde trabajan junto su marido; podían

participar en la producción y, especialmente, en la venta de los artículos: zapatos

(sutrices), clavos (clavariae), plomo (plumbeariae), botellas (lagunariae), resina

(resinariae), incienso (thurariae)… y no sólo en artículos de uso cotidiano sino

también para joyas y productos de lujo: perfumes (unguentariae), láminas de

oro para la confección de piezas (brattearia), trabajo y venta de piedras preciosas

(gemmariae).

relacionados con la maternidad y la educación aparecen oficios como

las comadronas (obstetrices), nodrizas y niñeras (nutrices), damas de compañía

(pedisequae) y maestras (magistrae, paedagogae, lectrices). y con el cuidado y atención

del cuerpo: médicas (medicae), masajistas (unctrices), peluqueras de mujeres

(ornatrices) y también para hombres (barberas: tonstrices).

finalmente, se pueden apuntar otros oficios que tenían peor consideración:

el registro iconográfico muestra ejemplos de bailarinas y músicas, y

la epigrafía informa de taberneras y propietarias de posadas (cauponae, hospitae,

popinariae), actrices (mimae), prostitutas (meretrices).

15 Sobre este tema, un estudio completo es el de Pilar fernández Uriel, 2010.

50 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


El TrABAjO fEMEnInO: UTOPíA y rEAlIDAD SOCIAl

Para realizar este texto me he centrado en las mujeres romanas trabajadoras,

aquellas que ejercieron un oficio, pues he querido analizar el trabajo

de mujeres humildes que realizaban distintas funciones por un salario; si eran

libres o libertas se quedaban con él, pero en el caso de las esclavas, pasaría a

manos de su amo o ama. Cabe señalar que otro grupo de mujeres tuvieron

una gran importancia en el desarrollo económico romano, aunque su contribución

no ha sido tratada aquí; me refiero a mujeres de la elite que poseían

terrenos y diferentes negocios (ladrillos, cal, aceite, vino, navieras) y que, en

definitiva, eran empresarias, aunque sus negocios fueran llevados a cabo por

libertos o esclavos, como solía suceder también en el caso de los varones16 .

Continuando en el tiempo, en los siglos medievales se mantiene la contradicción

entre un discurso que obliga a las mujeres a mantenerse en la domesticidad

y una realidad que muestra a mujeres trabajando para sacar

adelante a sus familias, tanto solteras y viudas, como casadas17 . Cristina Segura

propone distinguir entre actividades remuneradas y no remuneradas de las

mujeres, más que entre rurales y urbanas, pues el trabajo que desarrollaron

muchas mujeres en los negocios y talleres familiares, y que no se remuneraba,

quedaría invisibilizado al no encajar en la división rural/urbano18 .

Se mantienen muchos oficios femeninos que vimos en la Antigüedad

y aparecen otros como consecuencia del desarrollo artesanal urbano. no se

pueden olvidar, además de estos oficios, las tareas que las mujeres desarrollaban

en sus hogares, al servicio de sus familias, como ya se ha señalado para

la época clásica. Preparación de alimentos, ir por agua, elaboración del vestido,

entre otras muchas, y, por supuesto, las denominadas actividades de reproducción

social que incluyen no sólo el alumbramiento, sino también la

crianza y educación de la descendencia y la atención a personas enfermas y

mayores.

Entre las actividades económicas desarrolladas por las mujeres en la

Edad Media, destaca la labor de las criadas, las relacionadas con el trabajo

textil y el mercadeo de productos de uso cotidiano: hortelanas, panaderas,

sardineras, alfayatas, tejedoras, fruteras, amas, criadas, nodrizas, lavanderas19 .

Según los fueros las mujeres no tenían permitido el ejercicio de un trabajo,

pues para eso era necesario pertenecer a un gremio, algo imposible para las

mujeres ya que no podían acceder a la categoría de vecino, requisito indis-

16 Hay una considerable bibliografía sobre estas mujeres propietarias y con negocios;

vid., entre otros, Deborah Hobson, 1983; Suzanne Dixon, 1985; Henar Gallego franco,

1991: 98-106 y Päivi Setälä, 2002.

17 Una obra pionera al respecto, donde se recogen diferentes estudios sobre el trabajo

femenino en la Edad Media, es la de Ángela Muñoz fernández y Cristina Segura Graiño,

1988.

18 Cristina Segura Graiño, 2004: 234-235.

19 Cristina Segura Graiño, 2001: 113-116; 2005-06: 524-536.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

51


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

pensable para ser sujeto laboral y sujeto político, y, por tanto, para ingresar

en un gremio. Sin embargo, las ordenanzas municipales sí recogen, en ocasiones,

referencias a una actividad laboral ejercida por mujeres; les preocupaba

regular el orden y evitar posibles problemas, pero que aparezca esta

información no implica que tuvieran reconocido el estatus de trabajadoras

oficialmente. Otra muestra de trabajo femenino es que muchas viudas dirigían

los negocios de sus maridos artesanos cuando estos fallecían, y hasta que su

primogénito pudiera hacerse cargo del negocio. Queda de manifiesto así que

tenían la capacidad y el conocimiento suficientes para trabajar en ese campo

con diligencia, pero ante la legislación gremial este hecho era una excepción,

no reconocida legalmente en las disposiciones20 .

En la Edad Moderna se produce el nacimiento y desarrollo de la industrialización,

que tendrá importantes consecuencias en el mundo del trabajo.

Vemos, sin embargo, que las divisiones tradicionales de la historia no

afectan del mismo modo a la historia de las mujeres, pues el renacimiento

no supuso grandes cambios respecto a la situación anterior, en lo que a actividades

femeninas se refiere.

Como en épocas precedentes, las mujeres siguieron desarrollando esas

labores domésticas, esas tareas de reproducción que quedaban oficialmente

al margen de la economía productiva; el modelo ideal siguió siendo el de la

domesticidad, algo que se refleja en diferentes obras literarias y en tratados

y ensayos, como La perfecta casada21 . no obstante, y como se ha señalado anteriormente,

las mujeres de clases humildes quebraron esas barreras morales

y espaciales, pues su situación no permitía el encierro casero22 .

Uno de los trabajos ejercidos por muchas mujeres es el servicio doméstico,

donde se remuneran, en mayor o menor medida, esas actividades

que, en caso de ser realizadas por las mujeres en el seno familiar, no son retribuidas;

de ahí que la consideración económica de estas tareas no esté en el

propio trabajo sino en quién lo realiza23 . De igual forma sucedía en la antigüedad,

mayoritariamente con las esclavas que trabajaban en las grandes

domus, y en el medievo con las criadas y amas, modelo que se extiende hasta

la época contemporánea.

Pero, además, aparecen trabajadoras en las incipientes fábricas o manufacturas

que están en la base del posterior desarrollo industrial, sin olvidar

20 Cristina Segura Graiño, 2001: 111-113, 117; 2005-06: 540-543.

21 Así tituló fray luis de león a su obra, publicada por primera vez en 1583, y dirigida

a su sobrina María Varela Osorio como regalo de bodas.

22 En España, cabe destacar como pionera la obra de Margarita Ortega y Mª jesús

Mantilla, 1996, pues recoge las contribuciones a uno de los primeros encuentros para analizar

el trabajo femenino en época moderna y contemporánea, en 1987.

23 Cristina Segura Graiño, 2001: 110.

52 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


El TrABAjO fEMEnInO: UTOPíA y rEAlIDAD SOCIAl

la importancia del trabajo a domicilio. Se acepta el trabajo femenino en determinados

sectores, al no considerarse una amenaza para los varones, pero

en otros hay una férrea oposición24 ; frente al modelo de la domesticidad, inviable

para muchas mujeres, se extiende la idea de un trabajo adecuado al

sexo femenino. De todas formas, como ocurría anteriormente y como sucederá

con posterioridad, se consideraba que la aportación económica principal

era la del marido, y la esposa contribuía» o ayudaba» en momentos puntuales,

pues debía estar dedicada principalmente a las tareas domésticas25 .

En la época contemporánea, con una sociedad mayoritariamente industrializada,

el modelo de la domesticidad se concreta en el ángel del

hogar» 26 . Aunque, teóricamente, este ideal estaba pensado para las mujeres

burguesas, se consideraba deseable también para las obreras, quienes se veían

en la necesidad de trabajar por un salario27 .

Como en épocas anteriores, pervive la división sexual del trabajo. Así,

se mantiene el trabajo a domicilio y se incrementa la mano de obra femenina

en las fábricas (textiles, químicas, de alimentación, madereras…), aunque los

salarios siguen siendo inferiores a los de sus compañeros. Perviven determinados

oficios, como los relacionados con la producción de alimentos y venta

de productos de uso cotidiano, además de en el mercado, ahora con dependientas

y empleadas de comercio. A finales del siglo XIX y, especialmente,

en el XX, se desarrollan nuevos oficios entre la clase media, algunos de ellos

ejercidos casi en exclusiva por mujeres; por ejemplo, enfermeras (cuyo prestigio

social va paralelo al declive del de las comadronas), oficinistas, mecanógrafas,

telefonistas, secretarias y bibliotecarias28 . Sin embargo, a pesar del

incremento de mujeres trabajadoras, la realidad doméstica seguía siendo únicamente

femenina, y la mayoría de ellas padecen una agotadora doble jornada,

obligadas a conciliar las demandas laborales y las exigencias del trabajo

doméstico.

24 En palabras de laura nuño Gómez: las ausencias del espacio doméstico promovieron

una dura reacción contra el trabajo extradoméstico de las mujeres, pero las presencias

visibilizaron el trabajo de las mujeres y su contribución económica al mantenimiento del

hogar» (2010: 58).

25 Montserrat Carbonell, 2006: 251-255.

26 Mary nash, 2004: 39-45; Sonia García Galán, 2009: 89-105. la denominación del

modelo doméstico para las mujeres de la burguesía está tomada del poema de Coventry Patmore,

The angel in the house», escrito en 1854. Agradezco a la doctora Socorro Suárez lafuente

su desinteresada ayuda y la información proporcionada sobre este modelo de

domesticidad.

27 Una obra de referencia sobre el trabajo femenino y la importancia de la familia en

el desarrollo económico es la de louise A. Tilly y joan W. Scott, 1987, publicada por primera

vez en 1978.

28 Mary nash, 2010: 100-105.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

53


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

ii. El trabajo femenino como utopía

El hecho de que muchas mujeres desarrollaran un trabajo extradoméstico

generó una considerable oposición al trabajo femenino, tanto en los discursos

como en la práctica. frente a esta tendencia generalizada, algunas

voces o grupos se erigen en defensores del derecho femenino al trabajo; así,

encontramos diversas manifestaciones que reivindican el salario como la

forma de asegurar la independencia femenina.

En 1872 se celebró en Zaragoza el Congreso de la federación regional

Española de la AIT, donde se proclamó: Si relegamos exclusivamente a la

mujer a las funciones domésticas, es someterla, como hasta aquí, a la dependencia

del hombre y, por lo tanto, quitarle su libertad. ¿Qué medio hay para

poner a la mujer en condiciones de libertad? no hay otro más que el trabajo» 29 .

Sin embargo, a pesar de esta declaración temprana de la AIT, hay constancia

del malestar de los obreros, llegando incluso a manifestarse en contra

de la presencia femenina en las fábricas, y de la nula implicación de los sindicatos

y partidos de izquierdas en reivindicar mejoras laborales para las mujeres.

En general, el movimiento obrero rechazó las ideas feministas por

considerar que los problemas de la mujer» se resolverían con la propia lucha

proletaria. Así opinaban también Clara Zetkin y Alexandra Kollontai, quienes

eran conscientes de que las obreras sufrían una doble opresión, como trabajadoras

y como mujeres, pero consideraban que no era necesaria una lucha

específica, la feminista, sino que debía enmarcarse en la lucha de clases30 .

Por su parte, los moralistas advertían del peligro que suponía para la

familia y para el propio género femenino el hecho de que las mujeres abandonaran,

o rechazaran, su sagrada misión de esposas y madres para acudir al

trabajo; en la España de los años 30 del siglo XX, Gregorio Marañón y

ramón y Cajal insistían en la necesidad de que las mujeres se dedicaran en

exclusividad a ser madres y olvidaran el trabajo extradoméstico, una idea que

pervivió con la moral franquista, empeñada en presentar al hombre como el

cabeza de familia.

A pesar de que cada vez más mujeres desarrollaban un trabajo extradoméstico

y de la aparición de nuevos arquetipos como el de la nueva Mujer

Moderna», el discurso de la domesticidad hacía que la maternidad y el hogar

fueran entendidos como el único destino femenino, y no sólo desde una perspectiva

burguesa sino, como ya se dijo, entre los propios obreros, que veían

en sus compañeras a rivales que hacían peligrar su rol como sustento económico

de la familia. Alexandra Kollontai consideraba que el matrimonio no

podía ser una misión exclusiva en la vida de las mujeres y que debían des-

29 Citado en Mary nash, 1993: 591.

30 Mary nash, 2004: 89-94.

54 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


El TrABAjO fEMEnInO: UTOPíA y rEAlIDAD SOCIAl

arrollar otras inquietudes: Esta finalidad de su vida es, en general, para la

mujer moderna algo mucho más importante: un ideal social, el estudio de la

ciencia, una vocación o el trabajo creador» 31 .

y en la misma línea se habían posicionado Stuart y Taylor Mill al considerar

que: no existe una razón o necesidad inherentes para que todas las

mujeres elijan dedicar sus vidas a una función animal y sus consecuencias. numerosas

mujeres son esposas y madres sólo porque no les queda otra trayectoria

abierta, ninguna otra ocupación para sus sentimientos o actividades» 32 .

las feministas entendían el trabajo como una herramienta para atajar

la inferioridad femenina respecto a los varones, pero reconociendo también

la doble carga laboral que sufrían las obreras. Clara Zetkin, aunque rechazara

el feminismo por considerarlo burgués, explicaba en 1889, en el Congreso

Obrero Internacional, la necesidad de que las mujeres tuvieran acceso a un

empleo: cita modificada Quienes han escrito en su bandera la liberación de

todo aquello que lleva el rostro humano, no pueden condenar a una mitad

de la humanidad a la esclavitud política y social a través de la dependencia

económica. Como el capitalista sojuzga al obrero, así sojuzga el hombre a la

mujer y ella quedará sojuzgada mientras no sea económicamente independiente.

la condición imprescindible de esta independencia económica es el

trabajo» 33 .

En España la organización anarquista Mujeres libres también presentaba

el trabajo femenino como una necesidad para la emancipación: las mujeres

deben ser económicamente libres. Sólo la libertad económica hace que

todas las demás libertades sean posibles, tanto para los individuos como para

los países» 34 . Esta agrupación consideraba que el acceso de las mujeres a la

esfera laboral debía ser permanente, y no fruto de una coyuntura económica

concreta.

Posteriormente, en 1949, Simone de Beauvoir insiste en esta idea al

afirmar que: Sólo un trabajo autónomo puede aportar a la mujer una verdadera

autonomía» 35 . y considera que: Si la mujer ha franqueado en gran me-

31 Alexandra Kollontai, 1977: 72. Kollontai también propuso la socialización del trabajo

doméstico y del cuidado de la descendencia, una idea esta última que, con matices, ya

habían planteado en Inglaterra socialistas utópicas, como frances Wrigth y Emma Martin

(Mary nash, 2004: 86).

32 Cita tomada de Mary nash, 2004: 51.

33 referencia de la obra Clara Zetkin, su vida y su lucha, recogida del texto de Sara Beatriz

Guardia publicado en la página web del CEMHAl y consultado el 28-03-2011:

http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:0EzzaVSrPnkj:webserver.rcp.ne

t.pe/cemhal/revista1.html+discurso+clara+zetkin+socialistas+dependencia+econ%C3%B

3mica&hl=es&gl=es&strip=0

34 Citado en Mary nash, 2010: 115.

35 Simone de Beauvoir, 2005: 620.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

55


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

dida la distancia que la separaba del varón, ha sido gracias al trabajo; el trabajo

es lo único que puede garantizarle una libertad concreta. En cuanto deja de

ser un parásito, el sistema basado en su dependencia se desmorona; entre

ella y el universo ya no es necesario un mediador masculino» 36 .

Se puede señalar que tras esta idea de ver al ama de casa como un parásito»

está el prejuicio de considerar el trabajo doméstico como algo secundario

e improductivo. Una estimación que, como vimos, nace en etapas

prehistóricas y se puede rastrear hasta la actualidad en todos los períodos

históricos; sin embargo, esta percepción de las tareas domésticas no es un

hecho universal y en la actualidad se intenta valorar el trabajo doméstico

desde otra perspectiva.

iii. Hacia una nueva valoración de las tareas domésticas

Parece fuera de duda que históricamente las mujeres han ejercido diferentes

trabajos, casi siempre con restricciones y vinculados a determinados

sectores, mientras los modelos teóricos se empeñaban en proclamar lo idóneo

de la domesticidad, a pesar de que la mayoría de las mujeres no podían

cumplirlos37 . ya se señaló anteriormente el esquema que diferencia entre

tiempo de trabajo y tiempo de ocio, presente en las sociedades clásicas pero

que se mantiene, en líneas generales, durante otros períodos históricos. Ese

paradigma, sin embargo, no es aplicable a las mujeres, una de cuyas virtudes

residía, como se dijo, en ser hacendosa; así, el modelo de domesticidad del

ángel del hogar no diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio, algo

absolutamente normal en el caso de los varones. Tampoco sucede entre las

obreras, cuyos compañeros podían gozar de tiempo libre a la salida de las fábricas

mientras que ellas no finalizaban su jornada laboral sino en sus casas,

realizando solas, o con ayuda de otras mujeres, todo el trabajo doméstico.

Por otra parte, se entienden las actividades domésticas de las mujeres

no propiamente como trabajo, sino como algo natural en ellas, para lo que

están biológicamente dotadas, así como los varones lo están para la política

o los asuntos públicos38 . Trinidad Escoriza señala que se valoran las actividades

masculinas como las de mayor peso económico y valor social, mientras

que las femeninas pasan desapercibidas; no se reconoce que las tareas domésticas

son también actividades productivas, por eso las denomina producción

de mantenimiento», para superar la tradicional división entre

productivas/no productivas o productivas/reproductivas39 .

36 Simone de Beauvoir, 2005: 851.

37 laura nuño Gómez, 2010: 63-64.

38 Cándida Martínez lópez, 2002.

39 Trinidad Escoriza Mateu, 2006: 6.

56 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


El TrABAjO fEMEnInO: UTOPíA y rEAlIDAD SOCIAl

Como señala Cristina Carrasco, sorprende que para la economía, la sociología

y la historia, la actividad femenina, tanto doméstica como extradoméstica,

no haya sido tenida en cuenta hasta fechas muy recientes40 . Así, en

estas disciplinas se ha abierto una importante investigación en las últimas décadas

sobre el trabajo doméstico y la división sexual del trabajo, poniendo

de manifiesto la importante producción económica que suponen las actividades

domésticas desarrolladas en el hogar41 . lo que proponen, entre otras

cosas, son nuevas maneras de concebir la productividad económica pues

siempre se deja al margen este tipo de actividades cuando son enormemente

productivas. la forma de definir lo que es productivo y lo que no, en base al

mercado, arranca de un esquema interpretativo que parte de Adam Smith y

se consolida a medida que se desarrolla el capitalismo, pero también las teorías

marxistas negaron la categoría productiva a las actividades domésticas42 .

Para calcular el PIB (Producto Interior Bruto) o en la EPA (Encuesta

de Población Activa) 43 no se tiene en cuenta la dedicación a las actividades

domésticas; en las cifras oficiales no se refleja todo lo que las amas de casa

producen y su trabajo entra dentro de lo no productivo, pues no se enmarca

en el mundo del mercado. Por eso, la incorporación del género a los estudios

y análisis económicos proponen una nueva manera de reflejar la realidad, visibilizando

el trabajo doméstico, tanto para aquellas personas que se dedican

en exclusiva a él como para quienes tienen que compatibilizarlo con un empleo

extradoméstico. Esta producción no reconocida ni cuantificada es lo

que se denomina Cuentas Satélite» o Contabilidad de actividades económicas

no incluidas en la Contabilidad nacional» 44 . Su incorporación a la economía

real» es uno de los asuntos pendientes, o de las posibles utopías actuales,

como veremos a continuación.

iV. las utopías actuales respecto al trabajo de las mujeres

Para finalizar, podemos cerrar el balance sobre el trabajo femenino

considerando que, a día de hoy, en la sociedad occidental, aún existen utopías

respecto al mundo laboral de las mujeres. Dejando al margen las reivindicaciones

que afectan a ambos géneros, queda pendiente solucionar muchas desigualdades

que afectan a las mujeres en el ámbito del trabajo.

ya se mencionó la necesidad de incluir la actividad doméstica en las

estadísticas oficiales, una producción que pasa desapercibida. Además, aún

40 Cristina Carrasco, 1991: 17.

41 Varios de esos análisis pioneros en el tratamiento del trabajo doméstico aparecen

recogidos en Cristina Borderías, Cristina Carrasco y Carmen Almany, 1994.

42 jean Gardiner, 1999: 85-86.

43 Cristina Carrasco, Anna Alabart, Màrius Dominguez y Maribel Mayordomo, 2001.

44 laura nuño Gómez, 2010: 179.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

57


SIlVIA MEDInA QUInTAnA

la responsabilidad de las tareas domésticas sigue recayendo mayoritariamente

en las mujeres45 .

Por otra parte, también se reivindica la igualdad salarial entre hombres

y mujeres (segregación laboral horizontal), el acceso a puestos de responsabilidad,

monopolizados por varones (segregación laboral vertical), y la normalización

de la presencia femenina en determinados oficios o sectores

laborales.

Hoy en día ya no es válido el modelo del ángel del hogar y los modelos

de familia han cambiado; aunque existen muchos estereotipos y perviven

ciertos roles de género, la mayoría de las mujeres jóvenes piensan, más tarde

o más temprano, en ejercer un trabajo. Quizá en muchos casos, más de lo

que imaginamos, se mantiene el estereotipo del varón como sustentador o

cabeza de familia, pero lo cierto es que la sociedad actual no imagina como

ideal una madre abnegada y esposa sumisa dedicada en exclusiva a las tareas

del hogar. Aún así, la igualdad entre hombres y mujeres en el mundo laboral

está lejos de conseguirse.

las feministas consideraron el trabajo femenino como una utopía, no

porque parecía irrealizable, sino como una motivación por la que luchar y

con la convicción de que se lograría cambiar la sociedad; en ese sentido, sí

podemos considerar utopías las luchas pendientes.

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45 la obra de laura nuño, en su capítulo Conciliar lo no conciliable: el doble rol público-privado

de las mujeres» incluye un pormenorizado estudio, con gráficos y datos estadísticos

al respecto (2010: 196-231).

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Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

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En torno a los orígEnEs emPíRIcos dE la utopía

como mUNDo aL ReVés.

sEguido dE un apéndicE sobrE la Etimología dEl término

cocaINgNe

dr. teodoro crespo mas

Instituto de Historiografía Julio Caro Baroja. Universidad Carlos III de Madrid

E-mail: teocrespo@gmail.com

i. utopías e inversión

Adentrarse en el mundo de las utopías de forma general es siempre

una tarea compleja. En primer lugar, porque antes de empezar hay que tener

cuenta las muchas dimensiones e interrelaciones, tanto históricas como sociales,

que han condicionado su formación, y en segundo lugar porque hay

que ser conscientes de las distintas formas y significados que han adquirido

en sus respectivos contextos históricos1 . Hacer un análisis o una valoración

general de las utopías, por lo tanto, corre siempre el riesgo de simplificar y

banalizar el argumento, por lo que para lanzarnos a este terreno se debería

partir de un elemento que les sea común, al menos a grandes rasgos. El objetivo

de este artículo tiene este carácter generalizador. Nuestra intención es

establecer los orígenes, ir a las raíces históricas y «empíricas», de uno de los

aspectos que es consustancial, estructural incluso, a todas las utopías: el concepto

de «mundo al revés». Teniendo como hilo conductor este argumento,

indagaremos por qué las utopías se han configurado, desde sus inicios (y en

última instancia), sobre la base de ese concepto de inversión que las define y

se encuentra en sus fundamentos2 .

1 Sobre el tema de las utopías la bibliografía es extensísima; véanse entre otros Trousson,

R., 1975: Voyage au Pays de Nulle-Part. Histoire littéraire de la pensée utopique, Université de

Bruxelles, Bruxelles; Id., 1998: D’utopie et d’utopistes, L’Harmattan, Paris; Ruyer, R., 1950: L’utopie

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grec», Kentros 24: 13-22 para una síntesis general (con relación al País de Cucaña y a las utopías

griegas respectivamente) de las distintas posturas generales ante dicho fenómeno.

2 Nuestro interés por el mundo de las utopías, y más concretamente por la dimensión

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones 63


TEoDoRo CRESPo MAS

Antes de empezar, es necesario hacer una distinción metodológica ineludible,

puesto que concierne al material que utilizaremos en este artículo.

Nuestro estudio no partirá del análisis de las utopías modernas que nacen

con la obra de Tomás Moro, sino de las «utopías» presentes en la antigüedad

y en la cultura popular moderna, que relacionaremos asimismo con las llamadas

«fiestas de inversión» de tipo carnavalesco (con las que mantienen

lazos estrechos). La razón de esta elección deriva del problema que nos

hemos propuesto resolver: para adentrarnos en los orígenes históricos del

concepto de inversión tendremos que acudir a la dimensión mítico-ritual de

las utopías, y esta dimensión sólo se encuentra en las «utopías» antiguas, en

sus ramificaciones «populares» y en las fiestas de inversión social. Esto no

significa, no obstante, que no exista una unidad sustancial y unos lazos genéticos

entre las utopías antiguas y modernas: los encontramos justamente

en ese tema de la inversión, que las utopías modernas recogen de las antiguas

3 . Lo que las distinguiría, en todo caso, es el concepto que las articularía,

mítico-ritual de las «utopías» antiguas y populares y por el concepto de mundo invertido

que les es consustancial, surgió en un seminario que se celebró en el Instituto de Historiografía

Julio Caro Baroja (Universidad Carlos III de Madrid) el 14 de enero de 2010, titulado

«La utopía, motor de la historia» e impartido por el Prof. J.J. Tamayo-Acosta. Allí se nos

plantearon una serie de cuestiones que, desde entonces, hemos venido profundizando paulatinamente.

En este artículo, fruto de una investigación aún en curso, exponemos las primeras

hipótesis de partida y los resultados provisionales con los que estamos trabajando.

3 Con todo hay que tener presente que uno los grandes problemas que continúa teniendo

la investigación es detectar cómo las utopías antiguas o «populares» fueron «transvasadas»

a o interactuaron con las modernas. La cuestión de las relaciones, influencias y

transferencias entre unas y otras no es ni mucho menos una cuestión resuelta, ni que se

preste a simplificaciones, y desde este punto de vista obras como las de M. Bakthine (1970:

L’oeuvre de François Rabelais et la culture populaire au moyen-age et à la Renaissance, Paris; sobre

esta obra véase Berrong, R. M., 1986: Rabelais and Bakhtin: Popular culture in gargantua and

Pantagruel, University of Nebraska Press, Lincoln, NE) o C. Ginzburg (1976: el queso y los

gusanos. el cosmos según un molinero del siglo XVI, Muchnik Editores, Barcelona) ya pusieron el

acento en la necesidad de indagar en la relación entre la cultura de las elites y la cultura de

las clases subalternas, que no era ni simple ni unidireccional, y que había que analizar desde

la circularidad de la cultura. Una circularidad cultural que iría, por otra parte, más allá de la

simple división entre cultura letrada y cultura popular: como ha escrito Delpech, «représentations

«savantes» et «populaires», mythiques, religieuses et profanes, spirituelles et matérialistes

y sont inextricablement mêlées. Les conceptions du temps, du bonheur, du paradis,

de l’au-delà et de la résorption finale du multiple dans l’un, de la fin dans le commencement,

donc de tous les aspects de l’inversion qui nous intéressent dépassent le cadre simplificateur

d’une distinctions entre la culture savante et culture populaire» (Delpech, F., 1979: «Aspects

des Pays de Cocagne», en Lafond J. & Redondo, A. (eds.), L’image du monde renversé et ses représentations

littéraires et paralittéraires de la fin du XVIè siecle au milieu du XVIIè, 39, Vrin, Paris).

A todo esto habría que sumar, por otra parte, movimientos históricos como las tendencias

reformistas modernas, el descubrimiento de un Nuevo Mundo, etc., lo que contribuye ciertamente

a presentar un panorama mucho más complejo.

64 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

y en este sentido la investigación ya ha diferenciado entre dos «tipos» de utopías4

. Las pertenecientes a la antigüedad y a la literatura «popular» moderna

(que harían referencia a paisajes míticos, islas divinas, paraísos o edades de

oro de los orígenes y que serían identificables, como veremos, con el moderno

País de Cucaña) estarían proyectadas hacia un pasado ideal, y se presentarían

como un tiempo dorado que ya no volverá y cuyo abandono

permite explicar la «degeneración» progresiva de la sociedad humana. Se trata

de un mundo que, en todo caso, podría «restaurarse», pero siempre desde un

punto de vista «conservador» y sin pretender una ruptura «revolucionaria»

del orden social (pensemos en la aurea aetas que «restableció» Augusto). Las

utopías literarias modernas, si por un lado presentan también un mundo que

funciona al revés de la realidad cotidiana, fueron diseñadas a diferencia de

las «utopías» antiguas como un modelo de proyecto social a imitar, que encerraba

una crítica a las sociedades contemporáneas y cuya proyección, en

consecuencia, se hacía hacia el futuro, con una voluntad transformadora. Por

otra parte, mientras en las utopías del mundo antiguo los hombres viven felizmente

con los dioses en una tierra de abundancia, en las utopías modernas

es el ser humano quien construía una sociedad ideal. Estamos ante dos visiones,

pues, del mismo tema de la sociedad invertida: una mira a un pasado

perfecto e ideal con nostalgia, lamentando su pérdida (la «expulsión del paraíso»),

y otra mira al futuro proyectando, a través tal vez del concepto de

extrañamiento5 que representa la utopía, una sociedad perfecta que sirve al

mismo tiempo de crítica a la propia realidad y de proyecto social de futuro.

No es el lugar para desarrollar esta idea, pero nos preguntamos si esta censura

histórica no estará en íntima relación con el cambio de episteme que M. Foucault

observó en época moderna6 ; en efecto, las nuevas utopías, a diferencia

de las antiguas, surgirían con un deseo de racionalizar al máximo las relaciones

sociales, de «ordenarlas» y «clasificarlas» en base a criterios racionales,

algo que chocaría frontalmente con las edades de oro antiguas y países de

Cucaña que mostraban un mundo en el que ya estaba todo hecho.

Más allá de diferencias de sentido, con todo, el tema de la inversión es

el elemento vertebrador de los dos «tipos» de utopía, y es esta cuestión la

que abordaremos en este artículo. Partiendo del análisis de la dimensión mítico-ritual

y su vinculación con el «más allá» de las utopías antiguas y «popu-

4 R. Trousson ha desarrollado esta división en dos «bloques» de utopías (Trousson,

R., 1975: Voyage au Pays..., op. cit, 24; Id., 1998: D’utopie..., op. cit., 23-24). Una síntesis en Jouanno,

C., 2008: «L’immaginaire...», op. cit., 17.

5 Sobre este concepto remitimos a Ginzburg, C., 2000: «Extrañamiento. Prehistoria

de un procedimiento literario», en Id.: ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, 15-

39, Barcelona.

6 Foucault, M., 1966: Les mots et les choses. Une archéologie des sciences humaines, Gallimard,

Paris; Id., 1969: L’archéologie du savoir, Gallimard, Paris.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

65


TEoDoRo CRESPo MAS

lares» y las fiestas de inversión (tanto antiguas como modernas) intentaremos

penetrar hasta las raíces remotas, y «empíricas», del concepto de mundo invertido.

ii. Fiestas de inversión y edades de oro antiguas: dimensión y raíces

mítico-rituales

La Antigüedad conoce una gran cantidad de «utopías» 7 (más bien paraísos

míticos o edades de oro) que se definen como un reverso del mundo

en que se vive. Por una parte, están los paraísos originales en los que los

hombres y los dioses vivían juntos y tenían cubiertas todas sus necesidades,

una época feliz que se truncó por culpa (casi siempre) de los seres humanos.

Paisajes míticos como el Edén bíblico, la edad dorada de Saturno en Roma,

la de Cronos en Atenas o la situación de los griegos antes de Prometeo y

Pandora son un buen ejemplo de ello8 . Por otra parte, y tal vez como una

elaboración literaria de este tipo mitos de los orígenes, tenemos en las fuentes

toda una serie de sociedades ideales o utópicas como los Campos Elíseos, la

Isla de los Afortunados que reporta Píndaro, la Heliópolis de Yambulo, la

Merópide de Teopompo, o la Isla Hiperbórea de Hecateo de Abdera, que

están a medio camino entre el mundo de los dioses y el de los humanos y

que en cualquier caso reproducen muchos de los temas comunes presentes

en las edades doradas. Existen, asimismo, una serie de fragmentos en la Comedia

Ática que han sido puestos en relación con una «utopía» popular moderna

como el País de Cucaña, lo que nos hablaría sin duda de las estrechas

relaciones entre las «utopías» antiguas y las utopías populares modernas9 .

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24: 13-2.

8 Para el análisis del mito de Prometeo, que presenta muchas similitudes con el mito

de la expulsión del Edén bíblico, remitimos al ya clásico artículo de Vernant, J.-P., 2004: «Le

mythe prométhéen chez Hésiode», en Id., mythe et société en grèce ancienne, 177-194, Paris.

9 La relación del tema de Cucaña con las «utopías» antiguas, especialmente con los

textos de la comedia ática, ha sido señalada por muchos autores: Bonner, C. 1910: «Dionysiac

66 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

Justamente a propósito de un análisis del País de Cucaña, F. Delpech

ponía de relieve el sustrato mítico común de todas estas imágenes 10 . La estructura

mítica del tema (tanto de Cucaña como de las utopías antiguas, podríamos

afirmar) presentaba, en su opinión, la existencia de muchos

elementos esenciales relacionados con el material y el escenario simbólico de

la iniciación de mitos, cuentos y romances 11 . Así, estaba presente el viaje al

más allá, que suele ser lejano y ultramarino; había una estrecha relación entre

una estructura mítico-ritual de carácter iniciático y una imagen alimentaria

del más allá como reino de la abundancia; símbolos como el árbol de regalos,

ríos de miel, mesas puestas solas, fuentes de la juventud, instrumentos que

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10 Delpech, F., 1979: «Aspects...», op. cit. Se trata, en nuestra opinión, de uno de los

artículos más penetrantes sobre el análisis de los orígenes y composición del país de Cucaña

(que veremos después), cuyas hipótesis de trabajo compartimos absolutamente.

11 El autor partía, en este punto, de las teorías de V. Propp para poner en relación

todo este mundo de las utopías con mitos antiguos y cuentos populares, un territorio que

en nuestra opinión se presenta extraordinariamente fecundo. Sobre este tema, y sobre los

paisajes y elementos del más allá presentes en cuentos populares y mitos antiguos ligados a

las iniciaciones, véase Propp, V., 2001: morfología del cuento, Ed. Fundamentos, Madrid; Id.,

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Perrault et les récits parallèles, Laffont, Coll. Bouquins, Paris. o Moreau, A., 1994: «Les éléments

folkloriques dans les mythes grecs», en Cazier, P. (Ed.), mythe et création (Arras, 1992), Presses

Universitaires Lille, pp. 81-101, Lille; Id., 1992: «Initiation en Grèce antique», Dialogues d’histoire

ancienne 18.1, pp. 191-244, e Id., 2004: mythes grecs II. L’initiation, Montpellier: Publications

de l’Université Paul Valéry – Montpellier III (Moreau es quizás el autor que con más éxito

ha aplicado las teorías de Propp a los mitos antiguos, especialmente griegos); Ginzburg, C.,

1989: storia notturna. Una decifrazione del sabba, Torino; Jeanmaire, H., 1939: couroi et couretes.

essai sur l’éducation spartiate et les rites d’adolescence dans l’antiquité hellénique, Lille; Brelich, A.,

1981: Paides et parthenoi, Roma; Id., 2009: Le iniziazioni, Editori Riuniti Univ. Press; Vernant,

J. P. & Vidal-Naquet, P., 2009: La grèce ancienne. 3. Rites de passage et transgressions, Ed. Points,

Paris; Eliade, M., 2001: Nacimiento y renacimiento. el significado de la iniciación en la cultura humana,

Barcelona; Moreau, A. (Ed.), 1992: L’initiation. Tome I: Les rites d’adolescence et les mystères. Actes

du colloque international de Montpellier 11-14 avril 1991 organisé par le SEMA, Montpellier:

Publications de l’Université Paul Valéry - Montpellier III; Id. (éd.), 1992: L’initiation. Tome

II: L’acquisition d’un savoir ou d’un pouvoir. Le lieu initiatique. Parodies et perspectives. Actes du colloque

international de Montpellier 11-14 avril organisé par le SEMA, Montpellier: Publications

de l’Université Paul Valéry - Montpellier III y Sergent, B., 1996: Homosexualité et initiation

chez les peuples indo-européens, Payot & Rivages, Paris.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

67


TEoDoRo CRESPo MAS

funcionan solos, etc. En estos paraísos de los orígenes o edades de oro, en

resumen, se pueden reconocer los elementos que definían, en mitos y cuentos

de trasfondo iniciático, el más allá que tenía que alcanzar el héroe, y por lo

tanto habría que entenderlos como una especie de reelaboración, transposición

o identificación de ese más allá con el mundo de los orígenes que la humanidad

acabaría perdiendo o del que sería expulsada.

Por otra parte, al lado de estos paraísos míticos vinculados a la idea de

más allá, y en ocasiones estrechamente asociados con ellos, tenemos en la antigüedad

fiestas en las que se teatralizaba un mundo invertido, que constituirían

la contrapartida «ritual», si podemos decirlo así, de esos mitos de la edad de

oro. Se trata de las denominadas fiestas de inversión. Así por ejemplo las Saturnalia

en Roma, las Kronia en Atenas y en cierto modo las Antesterias dedicadas

a Dionisos en Grecia (que aunque sin hacer referencia a una edad

mítica, presenta también los elementos de inversión equiparables a este tipo

de celebraciones) 12 . H.S. Versnel ha resumido bien las dos principales características

de este tipo de celebraciones: como en el Carnaval o la «fête des

fous» medievales y modernas, «two aspects are combined here: on the one reversal

of roles, and on the other, the elation caused by collective abundance

of hand, the food and drink» 13 . Eran festividades anuales, por lo tanto, en las

que se alteraban los roles sociales y entraban en escena los elementos de abundancia,

caos y licencia que contribuían a crear un mundo al revés del cotidiano,

que intentaba reproducir en principio la edad de oro de los orígenes.

Celebraciones que rememoran las épocas doradas de los orígenes, y

que ponen en escena un mundo al revés. Se trata, en realidad, del mismo tipo

de fiestas de inversión que encontramos en el período del Carnaval14 , con la

12 Sobre las Saturnalia y las Kronia, especialmente por las relaciones que se establecen

entre mito y rito, véase Versnel, H.S., 1993: Inconsistencies in greek and Roman Religion II. Transition

and Reversal in myth and Ritual, 90-135 (para las Kronia) y 136-189 (para las Saturnalia),

Brill, Leiden-New York-Köln. Para las Antesterias como «fiesta de los muertos», remitimos

al clásico trabajo de Jeanmaire, H., 1951: Dionysos, Payot, Paris, y es interesante asimismo

Dawkins, R.M., 1906: «Modern Carnival in Thrace and the Cult of Dyonisus», Journal of Hellenic

studies XXVI: 191-206. Por otra parte, sobre las relaciones de los «países de Cucaña»

de la antigüedad con la mitología que envuelve la figura de Dionisos, véase Bonner, C., 1910:

«Dionysiac Magic...», op. cit.

13 Versnel, H.S. 1993: Inconsistencies..., op. cit., 115.

14 Sobre el Carnaval y fiestas análogas véase Caro Baroja, J., 1979: el carnaval: análisis

histórico-cultural, Taurus, Madrid; Gaignebet, C. & Florentin, M.C., 1974: Le carnavale: essais de

mythologie populaire, Payot, Paris; Gaignebet, C. 1972: «Le combat de Carnaval et Carême», annales

e.s.c. 27 anée, n. 2: 313-345; Gaignebet, C. & Lajoux, J.D., 1985: art profane et religion

populaire au moyen-age, PUF, Paris, y más recientemente Lombard-Jourdan, A. (2005), aux

origines de carnaval, Paris. Sobre una interesante interpretación etimológica del término «Carnaval»,

véase Pauvert, D., 2007: «Sa majesté des cornes», BsFm 229: 52-66, que puede complementarse

con el estudio de Moya Maleno, P.R., 2007: «Ritos de paso y fratrías en la Hispania

68 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

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diferencia de que cada una de ellas ha adoptado una fisionomía particular

según sus vicisitudes históricas y sus raíces culturales. El Carnaval, y otras

fiestas estructuralmente análogas como Halloween, el período del 25 de diciembre

hasta la Epifanía dominado por grupos de «locos», las fiestas de San

Blas o de la Candelaria (con sus típicas Fiestas del oso en el Rosellón francés,

Trangas de Bielsa, Endiabladas de Almonacid del Marquesado, Zampanzar

de Ituren en la península Ibérica etc.), pueden considerarse pues como la

continuación de ese tipo de ritos antiguos, presentes en todas las sociedades

europeas antiguas, que han sobrevivido hasta nuestros días despojados de

sus raíces mítico-rituales originales y a menudo como puro folklore (aunque

manteniendo muchos elementos estructuralmente significativos).

El significado de estas fiestas de tipo carnavalesco ha sido interpretado

de muy distintas formas15 . H.S. Versnel ha resumido, en una visión integradora,

muchas de las teorías formuladas sobre el fenómeno:

«reversal rituals are found predominantly in the ceremonies accompanying a

critical passage in the agricultural or social year, moments of stagnation or rupture

at which chaos threatens, such as initiation, festivals of the dead, and in particular

the opening, eating/drinking or offering of the first fruits of the harvest or the first

wine as recurrent, or the accessions of new rulers as incidental incisions in the progress

of time. […] This primeval chaos manifest itself as a temporary elimination

of all contours, a return to a state undefined by bounds and moral standards, expressing

itself in the creation of monsters and monstrosities; a period of total freedom

manifesting itself in both total lawlessness and total abundance. This lends to

the festival an atmosphere of complete ambivalence: sadness, anxiety, despair because

of the catastrophe of the disrupted order; elation, joy and hope because of the liberation

from chafing bonds, and the pleasant experience of temporary abundance.

Thus the reversed world of society in crisis mirrors the cosmic chaos of mythical

times. […] Both myth and rite ‘say’ the same thing: the Utopian cannot, the reverse

utopian must not exist in reality» 16 .

Como vemos, la dimensión económica, social o iniciática de estas fiestas

(y de los mitos asociados que las explican) explica su importancia para

Céltica a través de la Etnología y de la Arqueología», en R. Sainero (coord.): Pasado y Presente

de los estudios celtas, Fundación ortegalia-Instituto de Estudios Celtas, pp. 169-242, A Coruña

(en internet: http://www.arqueologopedrormoya.es/fratrias.php; consultado en 2008).

15 Han sido vistas como una práctica ritual de magia simpática para propiciar el renacimiento

de la naturaleza (Frazer), como una inversión periódica, tiempo fuera del tiempo,

una recreación recreativa, una suspensión de la monótona cotidianeidad por el retorno paroxístico

del caos primitivo (escuela fenomenológica de otto, Van der Leeuw, Caillois), como

bandas de guerreros salvajes, iniciáticos y disfrazados de animales, que durante unos días de

fin de año hacen reinar un desorden regenerador (Dumézil), como períodos de agresión e

inversión que neutralizarían los peligros de una revolución real (Nilsson, Bömer), etc. (véase

al respecto Gaignebet, C. & Florentin, M.C., 1974: Le carnaval, op. cit., 153-154 y Versnel,

H.S. 1993: Inconsistencies..., op. cit., 115).

16 Versnel, H.S. 1993: Inconsistencies..., op. cit., 119, 121, 135.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

69


TEoDoRo CRESPo MAS

las sociedades que las practican. Más allá, con todo, de estas explicaciones

funcionales, lo que nos interesa subrayar aquí de nuevo, para el problema

que estamos tratando, es el simbolismo relacionado con el más allá que suelen

presentan estas festividades, y su vinculación directa ya sea con una edad de

oro de los orígenes ya sea con el mundo de los muertos, una relación que

han puesto de relieve muchos autores 17 . Estos períodos críticos son momentos

en los que el Más Allá se apodera del Más Acá, son fiestas o ritos en los

que los «muertos» (a identificar especialmente con fratrias iniciáticas; recordemos

que los iniciados, como seres muertos y resucitados simbólicamente,

son jóvenes que pertenecen al mundo del más allá) asaltan el mundo siguiendo

a su «rey», invirtiendo su orden e implantando el caos. Estas celebraciones,

naturalmente, se presentan bajo formas distintas en cada época y

sociedad, y según la articulación y complejidad social de cada una (no presenta

las mismas características evidentemente la celebración de la Roma imperial

que la de las tribus germanas). En todas ellas, no obstante, «el mundo

invertido de la sociedad en crisis se refleja en el caos cósmico de los tiempos

míticos», como decía Versnel. Comprender la dimensión de «más allá» presente

en estos complejos mítico-rituales es esencial para el desarrollo de nuestro

argumento. Esta premisa, como veremos a continuación, nos da la clave

para acceder a los orígenes del concepto de inversión.

iii. Experiencia y conceptualización del «más allá»: la creación de un

mundo invertido

Es a partir de esta vinculación de las utopías antiguas a los paisajes del

más allá desde donde podemos rastrear los orígenes «empíricos» del concepto

de inversión. En este sentido, la literatura antropológica ya ha señalado hace

tiempo que el mundo de los muertos constituye el reverso exacto del mundo

de los vivos. Lévy-Brhul, en su conocida obra el alma primitiva, escribía lo siguiente

a propósito de la configuración del mundo de los muertos en distintas

sociedades:

«Un trait néanmoins est assez constant: le monde des morts est le contrepied

exact de celui des vivants. Tout y est à l’envers. «Dans le monde d’en-bas, les

conditions sont à tous les points de vue à l’opposé de elles de ce monde-ci. Là, par

exemple, le soleil et la lune voyagent de l’ouest à l’est, bien que ce soient les mêmes

astres qui éclairent notre monde» [S.A. Barret, The Capaya Indians of Ecuador, II,

p. 352]. Tout s’y fait à rebours. «Quand les morts descendent l’escalier, ils vont la

tête la première... Ils se rendent au marché, mais la nuit: leurs assemblées, et d’une

façon générale, toute leur activité sont nocturnes. Le jour, ils dorment, la nuit ils cou-

17 Ginzburg, C., 1989: storia notturna, op. cit., y Moya Maleno, P.R., 2007: «Ritos de

paso y fratrías...», op. cit. Por otra parte, sobre la estrecha correlación temporal y simbólica

entre los ciclos iniciáticos y socioeconómicos en el marco ritual de calendario, remitimos al

ilustrativo Barley, N., 1995, el antropólogo inocente, Barcelona.

70 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


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ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

rent de côté et d’autre, de préférence pendant les premières phases de la lune» [J.

Warneck, Die Religion der Batak, p. 74]. Dans l’île d’Aua (Pacifique) «les canots du

monde des morts (spirit world) flottent au-dessus des villages des morts, et l’équipage

est assis la tête en bas dans les canots» [G.L.F. Pitt-Rivers, Aua island. Ethnographical

and sociological features of a South Sea pagan society, JAI XLV (1925), p. 434]. «Ils

parlent la même langue que les vivants, mais les mots ont le sens opposé: blanc veut

dire noir, noir blanc, etc.» [W.C. Schadee, «Het familienleben en familienrecht der

Dajaks van Landak en Tajan», Bijdragen tot de taal-, land- en volkenkunde van Nederlandsch-Indië,

1910, p. 413] – «Dans le pays des âmes, elles parlent la même langue

que sur la terre, seulement chaque mot a juste le sens contraire à celui qu’il avait; par

exemple, doux veut dire amer, et amer veut dire doux. Être debout veut dire couché,

etc.» [A. C. Kruyt, Het animisme in den indischen Archipel, p. 380]. Cette croyance

n’est pas moins répandue dans le reste du monde qu’en Indonésie. Elle explique,

pour une part, pourquoi les primitifs, presque partout, ont si peur de se trouver dehors

quand il fait nuit noire. Ils ne consentent guère alors à sortir qu’à plusieurs, et

en portant du feu. Ils ne craignent pas tant les bêtes féroces qui pourraient les attaquer,

que les morts qu’ils sont exposées à rencontrer. Car, pour les morts, notre nuit

est le jour. Dès que l’aube paraît, le danger est passé. Les morts à leur tour sont allés

dormir »18 .

El mundo de los muertos sería, por lo tanto, un mundo al revés, y es

esa realidad invertida la que intenta gobernar el mundo durante cada invierno

o cada período liminal del calendario. Es el mundo de los dioses, y asimismo

el de los orígenes. Cuando llega la estación de la muerte se abren las puertas

del más allá, y los grupos (iniciáticos) de trangas, de endiablados y botargas,

de niños disfrazados de fantasmas en Halloween, de locos de los carnavales,

inundan el mundo dándole la vuelta. Los esclavos se convierten en amos y

los amos en esclavos. Es el reinado de Carnestolendas, de Saturno, de Cronos

o Dionisos, que representan a los seres venidos del más allá que irrumpen

en el mundo para imponer su reino sobre la sociedad de los vivos, y lo hacen

invirtiendo el orden existente, creando el caos y la confusión, y poniendo en

escena un mundo de abundancia y ausencia de normas.

El concepto de inversión presente en las utopías antiguas puede relacionarse

por lo tanto, con ese mundo al revés representado por el mundo de

los muertos. Es en este terreno mítico-ritual, que hunde sus raíces en la prehistoria,

donde habría en consecuencia que buscar los cimientos de las utopías

modernas. La pregunta que habría que hacerse ahora, por lo tanto, es

de dónde surgió esta idea de un más allá como un mundo al revés. Es decir:

¿de qué experiencia primigenia pudo surgir este concepto? ¿Cómo se creó

18 Lévy-Bruhl, L., 1963: L’âme primitive, Quadrige-PUF, 385-386, Paris. Citado (en

la traducción castellana) en González Terriza, A.A., 2001/02-2003/04: «Verónica, la virgen

del espejo y las tijeras. Leyendas etiológicas y rituales de evocación (I y II)», Estudos de Literatura

oral 7-8: 131-160 y 9-10: 129-154 (artículo disponible en internet:

perso.wanadoo.es/al.59/Veronica.doc. Consultado el 12/7/2010).

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

71


TEoDoRo CRESPo MAS

un más allá, y a partir de qué elementos se lo definió como un mundo invertido?

Veamos una hipótesis.

No hay duda de que para las poblaciones prehistóricas las vivencias

del mundo onírico, y asimismo de los estados alterados de conciencia provocados

por la ingestión de sustancias alucinógenas o por bailes frenéticos,

debió de jugar un papel muy importante en la percepción de «otra realidad»

diferente a la normal. No obstante, estos procedimientos no asegurarían, por

vía de principio, el «acceso» a una realidad invertida. Habría que buscar, por

lo tanto, en otro sitio, y en este sentido la experiencia cotidiana de interacción

con el mundo que les rodeaba debió constituir un terreno muy fecundo para

especular sobre otras realidades. Es muy ilustrativo, desde este punto de vista,

acudir (de nuevo) a esos mitos y cuentos de trasfondo iniciático (cuyos orígenes

más remotos podemos situar en la prehistoria, a partir de los trabajos

de autores como P. Sayntives o V. Propp), ya que en ellos se nos muestran

los paisajes del más allá y, sobre todo, los accesos al mundo de los muertos,

lo que nos da una serie de claves para entender cómo se pudo configurar la

experiencia de un mundo aparte. En estos relatos el acceso o el contacto al

más allá se hace muy a menudo a través de lagos (pensemos en la Laguna

Estigia, o la laguna en la que Gilgamesh encuentra la flor de la inmortalidad),

de ríos que separan este mundo del más allá (como los que «delimitan» el

Jardín del Edén), de mares (como los que tuvieron que travesar Teseo para

ir al laberinto del Minotauro o Jasón para recuperar el vellocino de oro),

pozos (como al que baja en algunas versiones Juan del oso para enfrentarse

a unos monstruos y rescatar una princesa), o bien intervienen espejos19 (el

«espejito espejito mágico», del cuento de la Bella durmiente) o piedras cristalinas,

que aparecen en numerosos rituales de iniciación chamánicos y que

encontramos en la cabeza de serpientes o de heroínas que van al más allá en

muchos cuentos populares20 .

Estamos, pues, ante superficies que muestran reflejos del mundo real,

ante materiales que actúan como espejos mostrando otra realidad dentro de

la realidad. La experiencia cotidiana de las poblaciones prehistóricas, en efecto,

estaría repleta de lugares en los que el mundo se presentaría duplicado: el agua,

principalmente, pero también diversos tipos de minerales reflejantes como

cuarzos, cristales, etc. Ahora bien, cuando nos preguntamos sobre cómo se

debió configurar inicialmente ese más allá, hemos de pensar que la reacción

19 Sobre la cuestión, véase González Terriza, A.A., 2001/02-2003/04: «Verónica, la

virgen del espejo...», op. cit.

20 Los cristales de roca, que el chamán se incrustaba en el cuerpo, le otorgaban la faculta

de ascender al cielo, o de volar. El espejo, asimismo, ayuda al chamán a ver el mundo,

a situar los espíritus (Eliade, M., 1976: el chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, 125, 136,

F.C.E., México). En Egli, H., 1993: Il simbolo del serpente, Genova, por otra parte, se pueden

encontrar ejemplos de estas «serpientes» con diamantes en la cabeza.

72 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

inmediata a esta realidad mostrada por la experiencia cotidiana, la racionalización

de esta constatación empírica prehistórica, debió de ser tajante: en ausencia

de un conocimiento científico sobre el comportamiento de la luz ante

cierto tipo de materiales, lo que allí se estaba mostrando a los sentidos era,

sin duda, la existencia de una realidad dentro del mundo de los vivos. Era una

realidad, no obstante, diferente en muchos sentidos a la propia, ya que era inmaterial,

evanescente, poblada por apariencias o reflejos incorpóreos, y que

presentaba sobre todo una característica que no debió pasar inadvertida ya

desde el primer momento: que se trataba de un mundo que se mostraba al

revés, es decir, un reflejo invertido de la realidad. La conceptualización originaria

del mundo de los muertos como un mundo invertido debió de tener

muy en cuenta, sin duda, estas primeras observaciones «empíricas» de esa realidad

aparte que aparecía por doquier en superficies reflectantes. Una imagen

asociada al más allá cuya fuerza, reelaborada a través de los siglos bajo múltiples

formas y sentidos, se mantendría inalterada hasta desembocar, en su última

metamorfosis, en la invención de mundos al revés que actuarían, a partir

de ese momento, como «motores» de la historia: las utopías modernas.

El complejo mítico-ritual de las utopías antiguas presenta con el mundo

posterior de las utopías modernas una similitud fundamental, que permite relacionarlas

de forma estructural e incluso establecer lazos genéticos: su configuración

como mundo al revés. En este ensayo hemos querido proponer,

seleccionando un elemento «estructural» de las utopías y haciendo un análisis

de (muy) larga duración, una explicación de uno de sus elementos esenciales

y en muchos aspectos definitorio. Las conclusiones a las que hemos llegado

avalan, pensamos, la elección del método utilizado: la estructura de las utopías

como realidad invertida tendría sus orígenes, en última instancia, en la configuración

del concepto de más allá durante la prehistoria de la humanidad.

iV. apéndice: una propuesta etimológica para el término cocaingne

«Et quatre Pasques a en l’an, […]

[…] quatre Noex, […]

Et quatre quaresmiaux-prenanz,

Et un quaresme a en vint anz»

Li Fabliaus di Coquaigne21 «Carnestoltes moltes voltes,

Quaresma no tornes més,

Pasqua totes les setmanes

i Nadal de mes a mes»

(Refrán popular catalán)

21 Citamos de Martin Méon, D., 1808: Fabliaux et contes des poètes françois des XI, XII, XII,

XIVe et XVe siècles, t. IV, 178, B. Warée oncle, Paris.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

73


TEoDoRo CRESPo MAS

Paralelamente al desarrollo del argumento anterior, a lo largo de la investigación

que hemos llevado a cabo hemos ido profundizando, de forma

tangencial, en una hipótesis sobre la etimología de uno de esos paisajes utópicos

que dominó el mundo simbólico de la Europa moderna: el País de Cucaña

22 . Esta isla «mítica», cuya primera composición está documentada en

22 cocaingne o cocagne en francés, cuccagna en italiano, cockaigne en inglés y cocanha en

portugués; en alemán se suele identificar con el schlaraffenlande. El tema del país de Cucaña

ha dado pie a una cantidad innumerable de estudios. Los que (hasta el momento) hemos

podido recoger dan buena muestra del interés que ha suscitado la cuestión: Poeschel, F.J.,

1878: Das märchen vom schlaraffenlande, Halle a.s.; Rossi, V., 1888: «Il Paese di Cuccagna nella

letteratura italiana», apéndice a Le lettere di messer andrea calmo, 398-410, Torino; Ackermann,

E.M., «Das schlaraffenland» in german Literature and Folksongs. social aspects of an earthly Paradise,

with an Inquiry into its History in european Literature, PhD Diss., University of Chicago, 1944;

Väänänen, V., 1947: «Li «fabliau» de Cocagne», Neuphilologische mitteilungen 8: 3-36; Lebeer,

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Brussels, Musées Royaux des Beaux-Arts; Cocchiara G., 1956: Il paese di cuccagna, Torino;

Tassy, F., 1959: «Il Paese di Cuccagna. Contributo alla letteratura universale della tematica»,

acta literaria academiae scientiarum Hungaricae 2: 369-381; Sluys, F. & Cl., 1961: «Le Pays de

Cocagne,» Problèmes 77, 8-35; Graus, F., 1967: «Social Utopias in the Middle Ages», Past and

Present 38: 2-39; Cioranescu, A., 1971: «Utopie: Cocagne et âge d’or», Diogène 75: 86-123;

Delumeau, J. (éd.), 1976: La mort des pays de cocagne. comportements collectifs de la Renaissance à

l’âge classique, Paris, Publications de la Sorbonne (études, 12); Camporesi P., 1978: « Scienza

del ventre. Declino e morte di Cuccagna», en Id., Il paese della fame, 77-125, Bologna; Delpech,

F., 1979: «Aspects...», op. cit.; Demerson, G., 1980: «L’utopie populaire...», op. cit., 75-83 (versión

ampliada en Demerson, G., 1981: «Cocagne...», op. cit., 529-553); Richter, D., 1984: schlaraffenland.

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10/05/2011); Boiteux, M., 2007: «L’immaginario dell’abbondanza alimentare. Il paese di

Cuccagna nel Rinascimento», en Di Renzo, E. (a cura di), atti del X congresso Nazionale

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GRESSo%20AISEA.pdf; consultado el 30/03/2011). Sobre el país de Cucaña en la pintura

de P. Bruegel, véase Frank, R. H., 1991: «An Interpretation of Land of cockaigne (1567) by

Pieter Bruegel the Elder», sixteenth century Journal XXII.2: 299-329.

74 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

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un manuscrito del s. XIII en el norte de Francia (Li Fabliaus de cocaigne), puede

definirse, en sus rasgos principales, como un paraíso alimentario, una isla de

abundancia en la que las casas están hechas de salchichas y de peces, las ocas

se cocinan a sí mismas por las calles, hay mesas con comida y bebida por

todos sitios y se come sin pagar. Hay un rio medio de vino tinto y blanco, dinero

por los suelos, no hace falta trabajar, se satisfacen todos los deseos sexuales

y una fuente de la juventud impide envejecer a sus habitantes. En

resumen, como dice el poema, «Li païs a à non Cocaingne, qui plus i dort,

plus i gaaigne»; «si puet-l’en et boivre et mangier, tuit cel qui vuelent sanz

dangier».

Sobre la etimología de Cucaña no hay acuerdo entre los investigadores.

Ya en el s. XVIII P.J.-B. Legrand d’Aussy se burlaba de este hecho cuando

decía «c’est une chose risible de voir dans les dictionnaires toute la peine que

se sont donnée les étymologistes pour en chercher l’origine. La clef étoit perdue,

et chacun est venu apporter la sienne» 23 . No obstante, y aunque se tiende

a aceptar que la etimología es de origen incierto, hay cierto consenso en reconocer

que en el origen del término estaría en relación con cocca o couque, el

nombre de una torta propia de ciertas regiones francesas, lo que en principio

sería lógico para definir un país de la abundancia alimentaria. El Littré francés

(1872), por ejemplo, afirmaba que «d’après Diez il vient de coquere, cuire,

à l’aide des mots suivants: catalan coca; pays de Coire, cocca; languedocien,

coco; picard, couque, qui tous signifient cuisine; c’est là la vraie étymologie» 24 .

El Vocabulario etimologico italiano de Pianigiani, por su parte, seguía el mismo

razonamiento y traducía cuccagna como il paese della buona cucina, a significar

un país de abundancia alimentaria25 . Esta sería, por lo tanto, la etimología

más extendida y aceptada, aunque habría otras propuestas que la pondrían

en relación con lugares físicos como un castillo documentado en Treviso que

se llamaría Cuccagna, o con un tal Warnerius de Cuccagna que aparece en

una carta de 118826 .

Nuestra hipótesis, abordando el tema desde otro ángulo, pasa por interpretar

el término cocaingne a partir de la raiz coq (gallo en francés) 27 . Esta

23 Legrand d’Aussy, P.J.-B. 1829: Fabliaux ou contes, fables et romans du XIIe et du XIIIe

siècle, 303, Paris (3ª ed).

24 Citamos de la versión del diccionario en internet:

http://francois.gannaz.free.fr/Littre/xmlittre.php?rand=&requete=cocagne (consultado el

14/04/11).

25 Pianigiani, o., 1907: Vocabolario etimologico della lingua italiana, vol. I, 876, Albrighi,

Segati e C., Roma.

26 Graf, A., 1993: «Il paese di Cuccagna...», op. cit., 196 (que recoge los ejemplos aportados

por Poeschel, F.J., 1878: Das märchen...», op. cit., obra que no hemos podido consultar).

27 Queremos remarcar nuevamente el hecho de que en este artículo se exponen unas

hipótesis de trabajo de una investigación en curso. Para el caso concreto que nos ocupa, se

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

75


TEoDoRo CRESPo MAS

propuesta ha sido formulada, hasta donde sabemos, por dos autores. Uno

de ellos, H. Pleij, ha planteado recientemente una derivación etimológica que

nos parece muy acertada, pero el razonamiento histórico con la que lo justifica

no es en absoluto convincente28 . Para este autor cockainge procedería de

la suma de la raíz coq (gallo) más el sufijo –agne, que sería utilizado en Francia

para construir el nombre de un país (como allemagne o espagne), por lo que

se podría traducir como «País del Gallo». Hasta aquí estamos totalmente de

acuerdo con el autor. Ahora bien, la relación que Pleij parece establecer entre

el gallo y el país de Cucaña es que el gallo sería el guardián del paraíso islámico,

y en consecuencia esta asociación entre gallo y paraíso habría dado

lugar al país de Cucaña. Esta justificación de la etimología propuesta, como

decíamos, no tendría mucho sentido, ya que no parece tener cabida en el contexto

de la aparición de las primeras referencias de cocaingne, en pleno corazón

de la Europa medieval cristiana. Para aceptarla habría que explicar, entre

otras cosas, por qué un país de Cucaña de raíz islámica apareció en la Europa

cristiana, y asimismo por qué el tema no se desarrolló, paradójicamente, en

el mundo islámico. Nuestra propuesta etimológica, aceptando la derivación

hecha por H. Pleijn, parte en cambio de la posibilidad de situar, de forma

precisa, un «Reino del Gallo» en la Europa medieval y moderna, y en un contexto

asimismo de abundancia alimentaria y de inversión social: el Carnaval.

Para desarrollar este argumento debemos empezar trayendo a colación,

en primer lugar, el otro autor que señalo una etimología de cocaingne a partir

de la raíz coq. En la primera acepción del término cocagne del diccionario de

trata de una idea en pleno proceso de desarrollo, cuyas primeras líneas de trabajo e impresiones

queremos apuntar aquí y cuyas primeras conclusiones son, necesariamente, provisionales.

Por otra parte, si hemos decidido exponerla, aun cuando no hemos podido consultar

de forma exhaustiva toda la bibliografía existente sobre el tema, es porque nos ha sorprendido

que, de las obras que hemos leído hasta el momento, algunas muy recientes y bien documentadas

(Camporesi P., 1978: «Scienza del ventre...», op. cit.; Delpech, F., 1979:

«Aspects...», op. cit.; Demerson, G., 1980: «L’utopie...», op. cit.; Demerson, G., 1981: «Cocagne...»,

op. cit.; Graf, A., 1993: «Il paese di Cuccagna...», op. cit.; Scafoglio, D., 1994: La maschera...,

op. cit.; Franco Júnior, H., 1998b: cocanha: várias faces..., op. cit.; Silantieva, o., 2006: Le

Pays de cocagne..., op. cit., y Boiteux, M., 2007: «L’immaginario...», op. cit.), no aparezca ni una

sola mención a la hipótesis que estábamos desarrollando (excepto en una obra que comentaremos

a continuación pero que, por su planteamiento y su razonamiento, está muy lejos

de equipararse a nuestra tesis).

28 Pleij, H., 2001: Dreaming of cockaigne..., op.cit. No hemos podido consultar la obra,

pero conocemos el argumento, en términos generales, a través de la cita que del mismo se

hace en Pina e Cunha, M., Cabral-Cardoso, C. & Clegg, S.R., 2008: «Manna from Heaven:

The Esuberance os Food as a Topic for Research in Management and organization», Human

Relations 61.7: 935-963 (http://fesrvsd.fe.unl.pt/WPFEUNL/WP2007/wp515.pdf; consultado

el 02/05/11). La explicación del argumento, por lo tanto, se ha hecho en función del

resumen que aparece en este artículo.

76 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

émile Littré encontramos la siguiente afirmación (que el autor hacía después

de decantarse por la «vraie étymologie» coquere):

«on trouve, dans l’ancien français, cocaingne en un autre sens: Le traversiers

jura seur saintes evangiles, que il n’arrestera ne fera arrester malicieusement le dit

navel ou naviaux de l’Esglise dou Gart, pour cause de cocaingne, ne pour fere ennui

ne domage à esciant (DU CANGE cocagium, en 1314). ce cocaingne-là vient de

coq; c’est le combat de deux coqs» 29 .

«Ce cocaingne-là», por lo tanto, podría significar, y derivar de, «combat

de deux coqs» 30 ; en cualquier caso, lo seguro sería su relación directa con la

raíz coq. Así pues, tenemos un término cocaingne que se asociaría posiblemente

a un enfrentamiento, una riña, y cuya raíz habría que ponerla en relación con

los gallos. Ahora bien, ¿cómo podría esto vincularse al Carnaval?

La primera vez que pensamos en una posible relación entre cocaingne

y la raíz coq (gallo) fue desde otras latitudes muy distintas. Fue con ocasión

de trabajar un cuento popular muy extendido en Francia y en España, conocido

como Demicoq, moitié de coq, moitié de poulet, o el cuento del Medio pollito

(tipo ATU31 715), cuando se nos ocurrió la posible vinculación32 . Las razones

de partida de esta asociación, muy generales, eran las siguientes: moitié de coq

es un cuento que se puede leer según la estructura del cuento definida por

Propp, y en el cual se observa en consecuencia un trasfondo iniciático claro

29 Citamos de la versión del diccionario en internet:

http://francois.gannaz.free.fr/Littre/xmlittre.php?rand=&requete=cocagne (consultado el

14/04/11). La negrita es nuestra.

30 El autor sacaba esta conclusión de las propuestas de traducción que hacía Du

Cange et al., 1883-1887: glossarium mediae et infimae latinitatis, ed. augm., t. 2, col. 382c.,

L. Favre, Niort (versión en internet: http://ducange.enc.sorbonne.fr/CoCAGIUM; consultado

el 14/04/11), que traducía el término como «contentio» o «controversia» («contestation» o

«querelle» en Du Cagne, Ch. Du F., 1879: glossaire françois: faisant suite au «Glossarium mediae

et infimae latinitatis», t. 1, 167, L. Favre, Niort). Littré, aparentemente, relacionaría esta traducción

con el término «cocagium», de donde concluiría, al parecer, «combat de deux coqs».

31 Uther, H.-J., 2004: The Types of International Folktales. a classification and Bibliography.

Parts I-III, Helsinki.

32 El cuento narra la historia de un medio-pollo (un pollo cortado literalmente por

la mitad) que se encuentra una gran cantidad de dinero, que alguien le roba o le pide prestada

y después no le devuelve. Medio pollo iniciará un viaje (iniciático) para reclamarle ese dinero,

y con el auxilio de unos ayudantes mágicos a los que ha socorrido durante el trayecto, podrá

conseguir recuperar al final su dinero. De este cuento hay documentadas hasta 82 versiones

en Francia (Delarue, P. & Teneze, M.-L., 1997: Le conte populaire français, t. II, 672-688, Maisonneuve

et Larose, Paris). Sobre el tema véase en general el trabajo que le dedicó Boggs,

R.S., 1933: The Halfchick Tale in spain and France, Helsinki y para los casos españoles remitimos

a Beltran, R. & Rico, A., 2003: «Notas para un catálogo tipológico de los cuentos tradicionales

valencianos, VI: cuentos de la Serrania», Revista de Folklore 269, t. 23a, 149-154.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

77


TEoDoRo CRESPo MAS

(y por tanto una vinculación con un más allá) 33 . Por otra parte, el país de Cucaña,

como el resto de utopías que hemos visto, presenta muchas relaciones

con el más allá que encontramos en mitos antiguos y cuentos de trasfondo

iniciático, algo que ya han señalado autores F. Delpech 34 o M. Boiteaux 35 . La

asociación iniciado/muerto y Cucaña/más allá nos llevó en un primer momento,

pues, a imaginar una posible etimología derivada de coq, entendiendo

Cucaña como el país en el que reinara un gallo mítico como animal «totémico»

de jóvenes iniciados. Partíamos también, en este sentido, de una hipótesis

sugerente que había traducido el término «Carnaval» como «Príncipe

de los Cuernos» (a partir del galo cern + valos) 36 , que era relacionado con una

figura como la del dios celta cernunnos y con todas las fiestas de cornudos

que se documentan en la geografía europea vinculados de una forma u otra

al contexto del Carnaval. Así pues, si el Príncipe de los Cuernos podía ser el

rey de un mundo al revés como Carnaval y le daba nombre, ¿por qué no otro

personaje mítico como un posible «rey-gallo» podía ser el gobernante de otro

país al revés como Cucaña y darle asimismo nombre? A todo esto, añadíamos

la simbología histórica del gallo como un animal liminal, a medio camino

entre dos mundos (la noche y el día), y vinculado en la antigüedad a dioses

como Mercurio, dios psicopompo por excelencia encargado de llevar las

almas al más allá.

33 Sobre las figuras de los seres «demediados», de los que creemos haber podido demostrar

su dimensión iniciática en algunos relatos, remitimos a un artículo nuestro: Crespo

Mas, T., 2009: «Silai (ce qui n’a qu’un côté): à propos d’un type déterminé de moitiés d’homme»,

Quaderns-e de l’Ica 13, s/p, revista on-line: http://www.antropologia.cat/quaderns-e-134.

34 Delpech, F., 1979: «Aspects...», op. cit., 39-44. Para este autor, por otra parte, Cucaña

sería un pseudomito, fabricado artificialmente con elementos tomados de diversos estratos

culturales de la antigüedad y a los que el mundo medieval habría puesto nombre y tonos de

parodia anticlerical.

35 Boiteux, M., 2007: «L’immaginario...», op. cit., 40: «La presentazione dell’aldilà, nel mondo

antico o nel medioevo, è sempre fatta all’occasione di una relazione di viaggio e il sogno della cuccagna

assume l’eredità della tradizione. […] Questo viaggio potrebbe ricordare anche altre spedizioni notturne:

come il sabba che, oltre l’ingresso, rivela numerose identità col paese di cuccagna».

36 Pauvert, D., 2007: «Sa majesté...», op. cit. otra hipótesis sobre la etimología de cocaingne,

que dejamos apuntada aquí, podría ser la que lo hiciera derivar de «cocu», nombre que

reciben los cornudos («hombres salvajes») de muchas fiestas de Carnaval en Francia. Esto

entroncaría con la idea de un Carnaval como «Príncipe de los cornudos». Cucaña, un mundo

de roles invertidos y de abundancia alimentaria igual que lo es el mundo del Carnaval, sería

desde este punto de vista el país del Príncipe cornudo, o de los cornudos. Sobre los cocus

véase Gaignebet, C. & Florentin, M.C., 1974: Le carnavale, op. cit., 135-138, 158-170; Gaignebet,

C. & Lajoux, J.D., 1985: art profane..., op. cit., Pauvert, D., 2007: «Sa majesté...», op. cit., y

para ejemplos de la Península Ibérica véase Moya Maleno, P.R., 2007: «Ritos de paso y fratrías...»,

op. cit.

78 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

Con todo, la pista que nos permitió continuar con este argumento la

encontramos en una obra de E. Le Roy Ladurie, carnaval en Romans. En este

estudio el autor, después de haber relacionado el Carnaval con otro mundo

mítico invertido presente en la época como lo era el País de Cucaña, afirmaba

(aunque sin relacionarlo directamente con el término cocagne):

«Le royaume de Jacquemart, au départ, était celui d’un coq. Animal massacré

dans le combat mutuel (avec un autre coq), ou décapité par les jeunes dans un

concours d’habileté, on tué à coups de fronde ou de cailloux par les écoliers, le coq

est l’une des bêtes de Carnaval les plus répandues dans toute l’Europe (Dauphiné

bien sûr, mais aussi Italie, Espagne, France du Sud et du Nord, Allemagne, Angleterre,

écosse). Il est au Carnaval ce que le taureau est à la culture espagnole. Gorgé

de significations jusqu’à la crête, le coq proclame la virilité, le courage, la sexualité

mâle. Ce coq veut couvrir sa poulette» 37 .

La importancia del gallo en las fiestas de Carnaval, desde esta nueva

perspectiva, permitía ir más allá y encuadrar perfectamente el País de Cucaña

en este contexto festivo, en este mundo al revés con el que tantos elementos

compartía. Es más, un repaso a la literatura concerniente a las fiestas de Carnaval

nos ha permitido comprobar que las celebraciones carnavalescas en las

que el gallo era el protagonista presentaban una elaboración mucho mayor:

en muchas zonas de Francia y España era tradición, en época moderna, elegir

entre los niños a un «Rey de gallos», generalmente el Jueves Lardero de Carnaval

38 . En esta fiesta tenían lugar, entre otras cosas, corridas y peleas de gallos

(cocaingne!), y el propietario del gallo vencedor era nombrado «rey de los

gallos». A éste lo engalanaban y salía a la cabeza de los demás montado a caballo,

y entre las pruebas que tenía que cumplir estaban, por ejemplo, la de

decapitar, con una espada y cabalgando, un gallo colgado de las patas. Hoy

en día estas fiestas han derivado en juegos de niños como la Cucaña (una piñata

llena de dulces colgada en el aire que hay que romper), o el collin-maillard

en Francia (la gallinita ciega). Encontramos aquí, por lo tanto, un rey de los

gallos en pleno contexto del Carnaval. o yendo incluso más allá: «C’était un

roi de Carnaval qui s’identifiait au coq lui-même», como ha afirmado C. Gaignebet

39 . Se trata, podríamos decir, de uno de los tantos «reyes» que pudieron

37 Le Roy Ladurie, E., 1979: Le carnaval de Romans. De la chandeleur au mercredi des cendres

(1579-1580, 358, Gallimard, Paris.

38 Sobre las celebraciones del «Rey de los gallos» en el Carnaval, véase Caro Baroja,

J., 1989: el carnaval, op. cit., 75-80 (que documenta las noticias que aparecen en la literatura

del siglo XVII en el Quijote de Avellaneda, el Guzmán de Alfarache o La vida del buscón

don Pablo); Gaignebet, C., 1968: «Jeudi Jeudio. étude du Roi des enfants des écoles dans

les textes, du XIIIe au XXe siècle», Bulletin folklorique d’Ile de France; Gaignebet, C. & Florentin,

M.C., 1974: Le carnaval, op. cit., 133-135; Gaignebet, C. & Lajoux, J.D., 1985: art profane..., op.

cit., 170-174, PUF, Paris; Pauvert, D., 2007: «Sa majesté...», op. cit. Sobre el «Rey de los gallos»

(o de los niños) en la pintura de Bruegel, Gaignebet, C. 1972: «Le combat de Carnaval...»,

op. cit., 329, 342.

39 Gaignebet, C. & Florentin, M.C., 1974: Le carnaval, op. cit., 134.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

79


TEoDoRo CRESPo MAS

existir en el Carnaval, y que se solían asociar a las distintas cofradías existentes

representadas por diversos animales: osos, cornudos, gallos... El carnaval de

Romans que estudió E. Le Roy Ladurie, en este sentido, nos ofrece una buena

muestra de la complejidad de estas celebraciones.

Una fiesta de un Rey de los gallos en pleno Carnaval, donde los protagonistas

son niños («demicoqs», pues), que hacen justamente los gallitos, es

decir, comportarse como hombres mayores, y lo hacen en un contexto de

inversión como el que supone el período carnavalesco. Un contexto, además,

de peleas de gallos, que sería un posible significado del término cocaingne. En

este marco, la interpretación de cocaingne como «País del Gallo» o «País del

Rey de los gallos» surgido del contexto del Carnaval no es inverosímil: como

país de la abundancia, de la ausencia de reglas, y repleto de motivos míticos

que lo hacen aparecer con un más allá, Cucaña pudo haber nacido perfectamente

de toda la simbología y los atributos licenciosos asociados al mundo

carnavalesco. Un más allá que tendría en origen como protagonistas, en cualidad

de gallos (lo que vendría a resaltar su carácter viril), a los iniciados, seres

a mitad camino entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, jóvenes

(o demicoqs) prestos a convertirse en guerreros («gallos de pelea») que

tomarían el mundo y, siguiendo a su «rey», lo pondrían patas arriba, instaurando

así el reino de Cucaña. Todos estos elementos, como vemos, convergerían

hacia un sistema de significados coherente, y permiten considerar a

cocaingne, cual paraíso de la abundancia, de los placeres y de la inmortalidad,

como un mito de referencia, casi etiológico, para el «rito» del Carnaval; del

mismo modo que como la edad dorada de Saturno lo era, en este sentido,

para las saturnalia40 .

40 Cabría además la posibilidad, para cerrar un poco más el argumento, de contextualizar

más precisamente el personaje Demicoq en la época del Carnaval. En muchas de las

versiones del cuento, cada vez que Demicoq ayuda a cada uno de los seres que después se

convertirán en sus ayudantes mágicos, se los lleva consigo metiéndolos en un lugar en principio

extraño: el ano (en otras versiones los mete en el pico). De ahí los sacará cuando le

sean necesarios para enfrentar los peligros que le acechan. Ahora bien, más allá de ser un

puro elemento folclórico, este hecho podría encajar perfectamente con lo que C. Gaignebet

ha denominado, en el contexto del Carnaval, «la circulation des souffles», y más concretamente

con la figura de los soufflaculs: cofradías carnavalescas de jóvenes fous disfrazados en ocasiones

de gallo, que llevaban un sombrero llamado «coqueluchon» (un sombrero-capucha coronado

con una cabeza de gallo que tendría connotaciones fálicas, y que con el tiempo se convertiría

en una cresta roja de gallo), y que iban en fila con sus silbatos soplando el trasero de los de

delante. Esta práctica ha sido relacionada por Gaignebet (con una argumentación compleja

que intentaremos resumir) con un rito antiguo tendente a crear un equilibrio de los «vientos-almas»

de los muertos (tema relacionado con el «soplo del vida») que vagarían por la tierra

durante el período del Carnaval. En este marco, el gallo, como animal protector de la

voz y sanador de la tos (una función relacionada con la potencia de su garganta a la hora de

cantar), simbolizaría en las cofradías de soufflaculs el control de los «vientos-almas» que ha-

80 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EN ToRNo A LoS oRíGENES emPíRIcos DE LA UToPíA CoMo mUNDo aL ReVés. SEGUIDo DE UN APéNDICE SoBRE LA

ETIMoLoGíA DEL TéRMINo cocaINgNe

* * *

Diversos estudiosos han observado que, con el paso del tiempo, el

tema del País de Cucaña y el del Carnaval se fueron confundiendo progresivamente,

hasta llegar en cierto modo a «fusionarse» en el momento en que

Carnaval viajó a Cucaña para convertirse en su rey41 . Las profundas similitudes

entre estos dos mundos fantásticos no han pasado nunca, en efecto, desapercibidas,

y el destino final convergente que tuvieron ya en época moderna

lo demuestra claramente. Estas semejanzas también han sido destacadas en

la moderna literatura científica. G. Demerson observaba, por ejemplo, que

el mito de Cucaña era la imagen de la realización plena de los ritos festivos

exuberantes que tenían lugar en tiempo de Carnaval, y que Carnaval y Cucaña

intercambiaban sin problemas elementos como el calendario («Toz jors festes

& diemenches... Et .iiij. pasques a en l’an...») 42 . Escribía también F. Delpech

que las inversiones de Carnaval y de la fiesta de los locos no serían más que

especificaciones calendáricas, lúdicas y rituales, de un vasto complejo mitológico

del cual el paraíso alimentario representado por Cucaña era la manifestación

más coherente y estable43 . P. Camporesi44 , explicándolo como el

reflejo de una Italia hambrienta que aspiraba sólo a la supervivencia, constataba

también, en el contexto de Contrarreforma y de crítica a los vicios, la

reducción de Cucaña a un puro y simple hecho gastronómico y su progresiva

asimilación a la fiesta del Carnaval. Finalmente, M. Boiteaux ha concluido

que «come genere, Cuccagna e Carnevale sono vicini. E quando Carnevale

entra vincitore nel Paese di Cuccagna questa faccenda dimostra come il tema

di Carnevale sia più complesso e tenda a contaminare e ad integrare l’altro.

Carnevale, mitico eroe, è anche lui un viaggiatore. Però, trasporta con lui il

brían sido creados en sus barrigas por la ingestión de alimentos flatulentos típicos del Carnaval.

Así, sanando la tos se controlarían, por una parte, los «vientos» que pudieran salir de

la garganta, y con la práctica de los soufflaculs los que salieran del ano (Gaignebet, C. & Florentin,

M.-C., 1974: «La circulation des souffles», en Id., Le carnaval, op. cit., 9-16, 117-130,

133-135; Gaignebet, C. & Lajoux, J.D., 1985: art profane..., op. cit., 210-219, que aportan iconografía

de estos soufflaculs y coqueluchons; Pauvert, D., 2007: «Sa majesté...», op. cit.). En esta

práctica ritual el cuento de Demicoq encontraría tal vez un contexto perfecto porque, ¿qué es

lo que hacía al fin y al cabo Demicoq sino mantener en su barriga las «almas» de sus ayudantes

mágicos, y expulsarlos por el ano cuando le eran necesarios? Por otra parte, y en relación

con el término «cocu», D. Pauvert ha establecido interesantes relaciones entre los «cornudos»

del carnaval y los soufflaculs (Pauvert, D., 2007: «Sa majesté...», op. cit., 52-53).

41 El motivo lo encontramos en Nelli, N., 1564: Il trionfo del carnevale nel Paese di cuccagna,

B.N. Est; Bertelli, F. (1562), Trionfo di carnevale nel paese di cuccagna; La partenza di carnevale

in cuccagna (Ronciglione, 1615); citados en Demerson, G., 1980: «L’utopie populaire...»,

op. cit., y Boiteux, M., 2007: «L’immaginario...», op. cit., 37-39, 45.

42 Demerson, G., 1980: «L’utopie populaire...», op. cit., 78.

43 Delpech, F., 1979: «Aspects...», op. cit., 40-41.

44 Camporesi P., 1978: «Scienza del ventre...», op. cit., 102.

Historia y Utopía. estudios y Reflexiones

81


TEoDoRo CRESPo MAS

suo potere e stabilisce, dove si trova, il suo regno di cui si puo parlare anche

in termini di Cuccagna» 45 .

Visto desde esta perspectiva, un extraño «País de Cucaña», surgido en

época medieval de origen desconocido y con muchas similitudes con mundo

carnavalesco, habría ido paulatinamente convergiendo con la fiesta del Carnaval

a lo largo de cinco siglos, hasta acabar fundiéndose. De la etimología

del término cocaingne que hemos propuesto aquí, en cambio, se desprende

otra cosa: que con esta unión final no se estaba procediendo a la confluencia

(y confusión) de dos «utopías» en origen diferentes, sino que, por el contrario,

lo que en realidad estaba teniendo lugar era el reencuentro, la re-unión entre

dos mundos que habían visto bifurcada, accidentalmente, su trayectoria conjunta.

La disociación que había tenido lugar en época medieval entre la fiesta

del Carnaval y el paraíso de Cucaña se reparaba, la traumática separación era

ahora restaurada. El mito satírico y la fiesta irreverente volvían a ser uno sólo,

y Carnaval se reencontraba, en el país de la abundancia, con su homónimo

el Rey de los Gallos46 .

45 Boiteux, M., 2007: «L’immaginario...», op. cit., 40.

46 Al momento de entregar este artículo para su publicación cae en nuestras manos

una obra que vendría a confirmar, en principio, la relación «directa» del cuento de Demicoq

con el país de Cucaña (podría hacernos suponer, incluso, que muchos aspectos del mismo

derivaran del cuento). Se trata de la obra de Rétif de la Bretonne, N.-E., 1779: Le nouvel abeilard

ou Lettres de deux amans qui ne se sont jamais vous, t. II, Libraires Associés, Suisse, en la que

se recoge una versión extendida (completa, más bien) del cuento «suite du Demi poulet» (pp.

262-357), y en la que encontramos gran cantidad de elementos significativos que podrían

vincularse a Cucaña. Desarrollaremos el tema en otro artículo, pero entre los motivos interesantes

que aparecen podemos destacar los siguientes: Demi poulet encuentra monedas de

oro picando en la tierra; a Demi poulet le enseña a comprender el lenguaje humano un alquimista

llamado soufflisoufflinsoufflot (hecho que lo relacionaría con el Carnaval y los soufflaculs);

el protagonista del cuento llega a un castillo (rodeado por un mar) al que puede entrar después

de haber dormido una noche; en él hay gran cantidad de gente asando corderos, ovejas,

cabras, pollos, etc... muy baratos y comiendo en abundancia; el rey del castillo, Lustrucru-croquetout,

es «conde de LaFricassé, marqués del Asado, vizconde de los Menudos de cerdo,

barón de Lengua rellena, señor de Jamón, Mollejas, Lengua de Vaca, civet, Paté, cervelets,

Estofado de buey, Habichuelas, olla podrida y otros lugares» (¿quién a parte de éste podría

ser rey de Cucaña?), y sobre todo, cuando Demi poulet encuentra al zorro que le ayudará en

sus aventuras, lo saluda diciendo: «Bel enfant d’amour, / cher renard, bon jour /Pour toi cette campagne

/est pays de cocagne». ¿Habría que pensar en una elaboración literaria posterior, o formaría

parte de la versión original del cuento...?

82 Historia y Utopía. estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA

CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO UTÓPICO

Dra. Beatriz Leal Riesco

Universidad de Salamanca

Email: leal78@usal.es

I. La necesidad de pensar África

«¿Qué hacer? Propongo que en cada país africano se proceda inmediatamente

a una recolección tan minuciosa como posible de las estatuas y monumentos coloniales.

Que se reúnan en un único parque, que servirá al mismo tiempo de museo

para las generaciones futuras. Este parque-museo panafricano se usará como sepultura

simbólica al colonialismo de este continente. Una vez realizado el entierro, que nunca

más nos sea permitido utilizar la colonización como pretexto para justificar nuestras

actuales desgracias. Asimismo, prometamos igualmente dejar de erigir estatuas, sea a

quien sea. Y que, al contrario, florezcan por todos lados bibliotecas, teatros, talleres

culturales, en definitiva, todo lo que alimentará la creatividad cultural del mañana» 1 .

La tarea de «pensar África» 2 en profundidad y de manera rigurosa resulta

un compromiso pendiente en la actualidad. El que este continente permanezca

desconocido para la mayoría de los habitantes de Occidente es

síntoma ineludible de una ausencia lacerante en el discurso geopolítico global

y del persistente silenciamiento al que se le ha sometido durante siglos. La

necesidad de recuperar una historia de África y desde África, de hacer visibles

unas imágenes y unas voces ocultadas sistemáticamente, de dejar salir a la

luz unas narrativas y unas reflexiones propias se empezó a realizar sistemáticamente

con los movimientos de independencia de los años 50 y 60 del

siglo pasado, en un acompasado baile conjunto con el Black Power emergente

en aquel momento en los Estados Unidos. En esta lucha comunitaria por la

1 Achille Mbembe, «Por un entierro simbólico del colonialismo Imaginario y espacio

público en África»..Le Messager (Duala, Camerún): 2008. Traducción: oozebap.org. Recogido

en Africaneando, revista de actualidad y experiencias. Última consulta: 20/04/2011. En

http://www.oozebap.org/text/colonialismo_mbembe.htm [Traducción de la autora].

2 Uno de los últimos números de la revista Africultures se titula precisamente así Penser

l’Afrique: des objets de pensée aux sujets pensants. Africultures nº 82, L’Harmattan, París, septiembre

2010.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones 83


BEATRIz LEAL RIESCO

liberación y autodeterminación de pueblos y culturas fueron determinantes

ideólogos, activistas, políticos, artistas, filósofos e intelectuales, responsables

en la creación de un mapa de identidades difusas y permeables, en buena

parte debido al espíritu optimista de la época y a la menor compartimentación

de profesiones en un continente donde, a menudo, se ha de saber de todo

para conseguir algo. Es éste el caso de buena parte de los cineastas que configuran

la historia del cine africano, es decir, de aquel cine realizado por africanos

desde África, en la diáspora o desde el extranjero, pero que comparten

entre sí el hacer películas ligadas a su continente, su historia, sus conflictos,

sus realidades y sus gentes de una manera clara. Estos «artistas totales» pues

son a la vez escritores, productores, pintores, fotógrafos, músicos, historiadores,

pensadores, coreógrafos, etc., se encuentran en una posición de negociación

constante. Teniendo en mente la noción de Homi K. Bhabha de

que «apropiación es negociación, y negociación es de lo que realmente trata

la política» 3 , los artistas audiovisuales, debido a la naturaleza del medio y a

las peculiaridades de la industria del cine africano, se ven embarcados en procesos

de negociación complejos desde las primeras etapas de producción de

una película. A lo largo de todo el proceso de realización de un filme se han

de rendir cuentas, firmar pactos y capitulaciones a diferentes instancias (ideológica,

productiva, poética, política, histórica, humana…) en mayor medida

que en otras latitudes. Sólo así será posible ver terminada una obra, aunque

a veces la hazaña se convierta en una odisea de años 4 . La capacidad de adaptación

sin recapitular en los principios, repensándolos y actualizándolos, extendiéndolos

e incorporando nuevas ideas y espacios, da como fruto una

nómina de películas de singular valor, síntomas y fuentes privilegiadas para

entender realidades presentes y asomarse con lucidez al futuro.

II. Visiones actuales sobre África

La imagen de África creada por Occidente ha venido construyéndose

desde la Ilustración, asentándose y afianzándose en la época de los gran-

3 Citado por N. Frank Ukadike, «Video booms and the manifestation of «first» cinema

in anglophone Africa», en Anthony Guneratne R. & Wimal Dissanayake (eds.), Rethinking

Third Cinema. Routledge. Nueva York y Londres: 2003. P. 127. [Traducción de la

autora]. 4 Éste es el caso del director etíope residente hace años en los USA Haile Gerima

quien, para poder tener completo dominio de todas las etapas para realizar su último filme

Teza (2008), ha visto como pasaban 10 años desde su planteamiento inicial. Durante éstos

ha reunido el dinero necesario de variados inversores independientes al que ha sumado sus

propios ahorros, lo que le ha permitido no sucumbir a las exigencias de la industria con sus

censuras y limitaciones. La película resultante, una obra maestra sobre la historia etíope contemporánea

y el mundo actual, ha sido premiada en una miríada de Festivales, entre ellos

FESPACO en su 21ª edición (2009) y FCAT 2010.

84 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

des imperios coloniales para convertirse hoy en día en un lugar común para

teóricos, periodistas y comunicadores generalistas. El discurso compartido

de nuestro mundo globalizado se sustenta en dos tendencias principales,

complementarias en su paradójica oposición, al ser fruto de ideologías y planteamientos

teórico-analíticos comunes:

* Las narrativas distópicas que transmiten los Medios de Comunicación

generalistas, donde el hambre, las guerras étnicas, el SIDA y los regímenes

políticos inestables proliferan. En esta línea afirma director maliense

Aberrahmane Sissako: «Nous sommes nombreuses de Moussa Touré es una película

extraordinaria porque hay horror y también humanidad. Generalmente

África se reduce al horror» 5 .

En oposición a esta brutalidad e indiferencia contemporáneas se encuentra

un África atemporal pre-moderna y nativista. Esta idea resultante es

comúnmente compartida y, en muchas ocasiones, la única en el imaginario

occidental. En esta línea de aproximación a la realidad africana, instrumentos

de análisis como el exotismo y la alteridad son frecuentes, no sólo en la teoría

sino en la praxis. Ejemplo de las contradicciones y problemas que plantean

en la actualidad ciertas ideas compartidas sobre lo que sea África y su crítica

desde Occidente es la película del alemán Ulrich Köhler Schlafkrankheit (Sleeping

Sickness, 2011) ganadora del Oso de Plata a la mejor dirección en la última

edición de la Berlinale. Este filme trata de «un doctor alemán en

Camerún y un doctor francés de ascendencia africana enviado desde París

para evaluarlo. Mr. Köhler, hijo de padres que habían trabajado como cooperantes

en zaire, ahora República Democrática del Congo, intenta captar

los enredados sentimientos de alienación y pertenencia de sus protagonistas,

así como algo mucho más elusivo: la idea de África de la imaginación europea»

6 . A pesar de las buenas intenciones, los leitmotivs ineludibles desde el

punto de vista occidental (la enfermedad endémica, la asistencia –caridad- al

3º Mundo, el contacto con el otro,…) se convierten en constantes limitadoras

en la visión de África para el público que, desgraciadamente, verá con más

facilidad esta coproducción europea (Alemania, Francia, Holanda) que importantes

películas nativas con precaria o imposible distribución más allá del

circuito de festivales o pequeños espacios de mal llamada «multiculturalidad».

* Las narraciones utópicas o posibilistas: producidas por aquellos

que se acercan al continente con entusiasmo por su cultura, tratando de ofre-

5 Declaraciones de Abderrahmane Sissako recogidas por Olivier Barlet en Ouagadougou,

febrero de 2003; «La leçon de Cinéma d´Abderrahmane Sissako». En Africultures.

Última consulta: 20/04/2011. En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=2796

[Traducción de la autora].

6 Dennis Lim, «Somber Themes Dominate Berlinale», New York Times, 16/02/2011.

Última consulta: 20/04/2011. En http://www.nytimes.com/2011/02/17/arts/17iht-berfest17.html

[Traducción de la autora].

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

85


BEATRIz LEAL RIESCO

cer una versión positiva esperanzadora opuesta a la anterior. La visión resultante

es una pre-modernidad de resistencia de África, su gente y su cultura,

contrapuesta a la manida y mal entendida Modernidad de Occidente. En esta

tendencia se encuentran las películas denominadas «Return to the Source»

que vieron la luz desde África en los años 80-90, en una ola de recuperación

de la identidad perdida en la etapa colonial aunque, paradójicamente, ofreciendo

una imagen idealizada y atemporal pre-histórica del gusto del espectador

occidental especializado, asiduo a cine-club y festivales y que sólo

buscaba una reafirmación de su conocimiento idealizado previo. De nuevo,

la dificultad de trascender este planteamiento a primera vista dicotómico limita

su operatividad.

Ambas visiones comparten problemas decisivos al desligarse de cuestiones

económicas e históricas concretas, apartando a África del movimiento

globalizador general en el que los demás participantes estamos inmersos.

Como herramienta de análisis las narrativas distópicas no ofrecen más que

posibilidades de examen negativo; bien cerrándose sobre sí mismas, bien

produciendo un discurso improductivo de oposición basado en dicotomías

estériles. La segunda propuesta, aunque positiva en su entusiasmo, recurre a

conceptos esencialistas de carácter abstracto desligados del presente y sobredimensionando

lo cultural en su análisis. Para los teóricos de esta tendencia,

las relaciones transnacionales básicas del mundo contemporáneo se alejan

de lo económico, anclándose en la (supuesta) asepsia de lo cultural que, injustificadamente7

, tiene su centro neurálgico en la población en la Diáspora.

Común a las dos visiones de África es la afirmación de universalizaciones,

ejercicio con consecuencias restrictivas por ocultar dinámicas de poder político-económicas,

impedir forjar una imagen correcta de las realidades del

continente y limitar la posibilidad de formular alternativas. Por último, para

ambas perspectivas la mirada exógena tiene un peso excesivo, relegando la

realidad continental a un segundo plano.

* Existen, por supuesto, las visiones a partir del continente. Nacidas

como revulsivo frente al discurso occidental y con ansias revolucionarias,

«durante casi un siglo el discurso africano ha estado dominado por tres paradigmas

político-intelectuales (…) no excluyentes» 8 . Parafraseando a Achille

Mbembe, se trata de: variantes de nacionalismo anticolonial, relecturas del

marxismo (que han producido el «socialismo africano») y, finalmente, un pa-

7 Aunque comprensible por ser una teoría fundamentalmente norteamericana, nacida

en los años 60 con la afirmación paralela del Black Power y fuertemente vitalista, en la que

sus ideólogos estaban sufriendo en carne propia la realidad de la Diáspora.

8 Achille Mbembe, «Afropolitanism», en el número 66 de Africultures, 1º semestre

2006, publicado previamente online en diciembre de 2005. Última consulta: 20/04/2011.

En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=4248&texte_recherche=4248

[Traducción de la autora].

86 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

nafricanismo basado en dos tipos de solidaridad: racial y transnacional, e internacionalista

y anti-imperialista. Corrientes de pensamiento oriundas de

África y su población diaspórica, si algo aúna a estas tres tendencias es su

componente crítico-negativo, que a la postre ha sido incapaz de ofrecer propuestas

positivas de reforma. En efecto, no hacen sino bloquear e impedir la

creatividad vital, artística y filosófica así como el cambio social, sostenidas

por unas instituciones incapaces de entender los profundos cambios en el

continente. Nos estamos refiriendo al panafricanismo de Frantz Fanon (Martinica),

Patrice Lumumba (Rep. Dem. Del Congo) y Cheick Anta Diop (Senegal)

9 , entre otros, que siguen dando coletazos con nuevos enunciados y

tendencias. Grandes transformaciones hasta llegar a su casi total desaparición

ha sufrido también el movimiento racial utópico de la negritude que enarbolaron

desde los años 30 intelectuales francófonos con Leopold Sédar Senghor

(Presidente de Senegal), Aimée Cesaire (Martinica) y el guineano León Damas

a la cabeza. La búsqueda del hecho diferencial a través del color de la piel,

característica hermanadora universal, se ha probado ineficaz en su esencialismo.

Todos ellos literatos, políticos y activistas, postulaban un paradigma

poético utópico que, a la postre, se ha mostrado insuficiente. Las posturas

que las han reemplazado se muestran más calibradas en sus afirmaciones, sometiéndose

a una reformulación endógena profunda en marcha desde los

años 70, momento en el que las tendencias anteriores empiezan a ser cuestionadas,

analizadas, criticadas y replanteadas para adaptarse a la diversificada

realidad contemporánea. Pensadores, filósofos, antropólogos, sociólogos y

politólogos africanos han tenido un papel determinante en esta tarea. Encontramos

entre ellos de manera destacada al filósofo beninés Paulin J. Hountondji;

al antropólogo, filósofo y especialista en literatura comparada del

Congo M. V. Mudimbe y al semiólogo y teórico del discurso anglo-ganés

Kwame Anthony Appiah 10 . Cada uno desde sus respectivas especialidades,

han venido cuestionando sistemáticamente los paradigmas compartidos

sobre el pensamiento africano de raigambre eurocéntrica y con origen en la

etnofilosofía de raíces hegelianas, dando el paso a ser considerados por derecho

propio sujetos y no, como venía sucediendo por siglos, objetos del discurso.

Un paso más allá se está dando en los últimos años, siendo el

camerunés Achille Mbembe su principal exponente, quien ha venido realizado

una dura crítica al pensamiento africano, que él postula todavía postco-

9 Este pensador lo denominaría «afrocentrité», como alternativa y reafirmación frente

al «eurocentrismo».

10 Paulin J. Hountondji, African Philolophy. Myth and Reality. Indiana University Press.

Bloomington e Indianápolis: 1976; V. Y. Mudimbe, The Invention of Africa. Gnosis, Philosophy,

and the Order of Knowledge. Indiana University Press. Bloomington e Indianápolis: 1988; V.Y.

Mudimbe, The Idea of Africa. Indiana University Press. Bloomington e Indianápolis: 1994;

Kwame Anthony Appiah, In My Father’s House. Africa in the Philosophy of Culture. Oxford University

Press. Londres: 1992.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

87


BEATRIz LEAL RIESCO

lonial y dependiente de Occidente y sus miserias. Este filósofo, politólogo y

pensador residente en Sudáfrica resulta hoy día referencia obligada por su

clarividencia, comprensión y rigor en la exposición de unas ideas históricopolíticas

precisas sobre la situación de África en el movimiento geopolítico

global 11 . Desafiando la conmiseración e indulgencia propias a la que tantos

africanos recurren para no ofrecer alternativas culpabilizando a los fantasmas

del colonialismo, Mbembe promulga como corriente de pensamiento y actuación

contemporánea el «afropolitanismo», definido como «una estilística,

una estética y una cierta poética del mundo» 12 . Se trataría de una modernidad

actualizada desde África y la cultura transnacional que la conforma, con características

propias y distintivas y en la que artistas e intelectuales tienen un

rol destacado. En línea con lo expuesto por Achille Mbembe en su último

libro Sortir de la grande Nuit. Essai pur l’Afrique décolonisée (2010); es necesaria

una mezcla de utopía y pragmatismo en las nuevas propuestas, guiadas por

los creadores y a través de una nueva sociedad civil. En el dominio del arte,

tres son los puntos interrelacionados entre sí, sobre los que se ha de poner

el acento: en primer lugar, tanto en el contenido como en la forma, las manifestaciones

artísticas han de basarse en el movimiento. El cine, la música,

la literatura, las artes plásticas… todas ellas se caracterizan por su componente

nómada, itinerante, caravanero. Este movimiento engendra, en su dinámica

cuestionadora, un lenguaje artístico imaginativo, fecundador de

potencialidades emergentes, aún no definidas pero ya posibles. Nos encontramos

en el dominio de la utopía real, y será a través de este acento en el

lenguaje artístico y la imaginación de sus creadores que se plantea un futuro

en el que África será uno de los protagonistas, reconstituyéndose como

fuerza en sí misma. El «afropolitanismo» del que habla Achillle Mbembe 13 ,

es una modernidad desconocida, fruto de una realidad contemporánea africana

que, anteriormente en Dakar, Abidjan y Nairobi, y ahora en Johannesburgo,

«se nutre en la base de múltiples herencias raciales, de una economía

vibrante, de una democracia liberal, de una cultura de la consumación que

participa directamente de los flujos de la globalización. Aquí estamos en el

proceso de crear una ética de la tolerancia susceptible de reanimar la creatividad

estética y cultural africana».

11 Achille Mbembe, De la poscolonie: essai sur l’imagination politique dans l’Afrique contemporaine.

Karthala. París: 2000. Sortir de la grande nuit: essai sur l’Afrique décolonisée. Editions La

Découverte. París: 2010.

12 Achille Mbembe, «Afropolitanism», en el número 66 de Africultures, 1º semestre

2006, publicado previamente online en diciembre de 2005. Última consulta: 20/04/2011.

En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=4248&texte_recherche=4248

[Traducción de la autora].

13 Achille Mbembe, «Afropolitanism», en el número 66 de Africultures, 1º semestre

2006, publicado previamente online en diciembre de 2005. Última consulta: 20/04/2011.

En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=4248&texte_recherche=4248

[Traducción de la autora].

88 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

Los dualismos y negaciones anteriores se están actualmente cuestionando

y analizando por artistas africanos contemporáneos. Una creatividad

estética tolerante es capaz de convocar a las potencialidades emergentes en

tránsito que suponen los creadores africanos allí de donde provengan, independientemente

de donde residan y gracias a su capacidad de adaptación,

negociación y cambio. A través de sus obras se reafirma la ciudad como centro

neurálgico frente al nativismo de la aldea; el encuentro y el viaje en oposición

a la autenticidad inmutable de la tradición; y el flujo de personas y de

herencias culturales rivalizan con el estático confinamiento de ideas, propuestas

políticas y ayudas económicas ajenas carentes de imaginación. Temáticas,

poéticas y estéticas mestizas y bastardas de los creadores africanos contemporáneos

en su tarea de reconfiguración de un imaginario y una nueva sociedad

civil, en su empeño en la transmisión de un África real y futura, ligada

a personas, espacios y encuentros.

Son los directores de cine contemporáneos los que se encuentran, gracias

al medio con el que trabajan, en el epicentro de esta misión. Actores excepcionales

en la vida cultural y en la creatividad estética y política,

determinados cineastas se han consagrado a este encargo, vital en el proceso

de construcción de un África donde la ética de la tolerancia va de la mano

de la creación estética.

III. Tomando el relevo a la literatura: el cine como medio y lenguaje

utópico

«Éste es el papel que se atribuye el cineasta; despertar las conciencias sin dar

lecciones. Se trata de recurrir a la moral más que a modelos de conducta, a costa de

privilegiar al individuo frente al colectivo: la responsabilidad es la de cada uno mientras

que los deberes son los del grupo» 14 .

En un continente con altísimas tasas de analfabetismo, el reto ante el

que se encontraron los primeros directores de cine africano, escritores en sus

inicios, fue el de dar el paso a servirse del lenguaje y el medio cinematográficos

frente al literario. La constatación de la imposibilidad de hacer llegar su

mensaje e historias a una masa sin preparación ni recursos les llevaría a considerar

el medio cinematográfico como idóneo hacer escuchar su voz a una

audiencia mayor. Tras siglos de explotación, negación y aculturación de los

africanos por parte de Occidente, los cineastas se convirtieron en los griots

modernos de sus pueblos, culturas y tradiciones, encargados de salvaguardar

esta triple tarea que viene caracterizándolos desde su origen épico en la epopeya

fundacional de la cultura Mandika: preservar la tradición, honrar el pre-

14 Oliver Barlet, «France, je t’aime; France, je te hais: les cinémas d’Afrique Dans le

trouble de la coopération». En VVAA, Indépendances africaines: chroniques d’une relation. Africultures

nº83, L’Harmattan. París: junio 2010. P. 60.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

89


BEATRIz LEAL RIESCO

sente y velar por el futuro. Desde diferentes disciplinas y afirmado por los

reconocidos pioneros Ousmane Sembene y Djibril Diop Mambety, el artista

africano contemporáneo se convierte en un «griot moderno», que adopta camaleónicamente

y a su mejor conveniencia alguna de las múltiples funciones

del griot tradicional15 .

En esta línea se encuentra Jean-Marie Teno (Chad, 1954), uno de los

documentalistas más importantes en la actualidad, cuando habla de la labor

del director africano como griot, ligándolo a diversas tradiciones narrativas

originarias de las que el griot era su protagonista y difusor, situándose a la vez

en relación directa con los fundadores apuntados16 .

Se trata, pues, de servirse de la privilegiada voz de los directores de

cine a través de obras y práctica diaria, para ofrecer una imagen diferente y

opuesta a la del discurso generalista, caritativo, miserabilista o apocalíptico

que inunda los medios. Tras sufrir un continuado silenciamiento y aculturación,

ha llegado el momento en el que desde África se ofrezcan posibilidades

para el presente y el futuro, porque, como apunta Myriam Montrat: «La visión

de África en la mente estadounidense está formada por las películas, la música,

el arte, el entretenimiento y las noticias de los medios de comunicación

… [pero] no sólo éstos tienen la misión de informar. En lo que atañe a África,

los medios de comunicación fracasan en la misión» 17 . Si queremos acceder a

una imagen real de África que se oponga a la malograda empresa de los medios

generalistas, hemos de recurrir a los directores de cine, acompañados

15 Pueden ser denominados bardos, historiadores, músicos, narradores de genealogías,

músicos, cantantes y coreógrafos, mediadores, negociadores… La capacidad de adaptación

del concepto de griot a la teoría es enorme y su éxito imperecedero. Sin embargo, si una cualidad

es reseñable por encima de otras para este estudio es el de ser los portadores de la palabra

y transmisores de una historia que dibuja un futuro posible y utópico en su esperanza

de progreso. Una ctualización matizada sería el concepto de «griauteurs» que mantiene David

Murphy y Patrick William en su libro: Postcolonial African Cinema. Ten directors. Manchester

University Press. Manchester y Nueva York: 2007.

16 En una entrevista con motivo de Lieux Saints en el AFF, en Nueva York en 2009,

cita las declaraciones de ambos directores: «Sembene : «Le cinéaste africain est comme le

griot, qui ressemble au troubadour du Moyen Âge, un homme de savoir et de bon sens qui

est l’historien, le raconteur, la mémoire vivante et la conscience de son peuple». Et ces mots

de Mambéty : «Griot est le mot qui convient à ce que je fais, et aux rôles que le cinéaste

joue dans la société. Plus qu’un conteur, le griot est un messager de son temps, un visionnaire

et le créateur du futur». «Entrevista de Christine Sitchet con Jean-Marie Teno, a propósito

de Lieux Saints. «On risque d’avoir une génération de jeunes qui vont grandir san savoir vu

de Films africains. Africultures, Nueva York, 2009. Última consulta: 20/04/2011. En

http://www.africultures.com/php/?nav=article&no=8968 [Traducción de la autora].

17 Myriam Montrat, From the Heart of an African (1988). Citado en el prefacio de

Aya, Marguerite Abouet y Clement Oubrier. Helge Dascher, tr. Montreal. Drawn & Quarterly

(Farrar, Straus & Giroux, distr.). Montreal: 2007.

90 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

por historiadores y críticos. Su labor resulta incuestionable en el seguimiento

de aquellos cineastas al rellenar vacíos, construir estructuras, recuperar y explicar

historias desconocidas y ofrecer así el complemento necesario a sus

miradas, ampliándolas y contextualizándolas convenientemente para un público

ignorante de su desconocimiento. Como medio poderosos que son, los

filmes «pueden tener un papel único en familiarizar a los occidentales con

África, en entender el continente y a su gente, y en comprometerse con las

experiencias africanas» 18 . Las películas, oportunamente situadas en un espacio

y un tiempo históricos reales, se nos ofrecen en su complejidad como las

fuentes historiográficas privilegiadas que son desde el nacimiento del medio

cinematográfico hace más de un siglo ya.

Si bien desde otras latitudes el cine se ha visto relegado a mero entretenimiento,

la conciencia de la necesidad de cambio y progreso en sus países

de origen, obliga a la mayoría de los cineastas africanos a adoptar una postura

de compromiso con su gente y con el contexto histórico en el que viven.

Nos encontramos ante un cine de intereses político-sociales, en su objetivo

de cambio y apertura, de visibilización y denuncia, de posicionamiento y

lucha pero también profundamente autoral. Resulta ineludible afirmar un

concepto de autor apartado del de la «Politique des auteurs» de la Nouvelle

Vague que fue acuñado por los crítico-directores de la revista parisina Cahiers,

artífices de una versión del cineasta-genio, en el que primaba su subjetividad

por encima de todo. Siguiendo a Olivier Barlet19 , los directores de cine africano

siempre han privilegiado una faceta documental frente a la individualsubjetiva

y egocéntrica occidental. Acercarse a éstos y a sus obras empleando

dualismos de estirpe cartesiana es erróneo. Al tratarse de cineastas inmersos

en un proceso de legitimación de una identidad, de una historia, de una cultura

y de una realidad silenciada constantemente, sus voces se alzan para dar

a conocer la autenticidad de su realidad. Si, tal y como veremos, a esta tarea

se han encomendado desde los inicios de este cine sus protagonistas más

destacados, en la actualidad las estrategias de los «autores» contemporáneos

es menos didáctica y panfletaria y más abierta, indirecta y respetuosa con la

propia capacidad de análisis y evocación del espectador, dotado ya de la posibilidad

de recurrir a unas fuentes cinematográficas notables con más de un

siglo de antigüedad. El documentalista Jean-Marie Teno (Camerún, 1954), el

último africano premiado en Cannes Mahamat-Saleh Haroun (Chad, 1961),

el internacional Abderrahmane Sissko (Mauritania, 1961) y tantos otros, se

han embarcado en una tarea de dar a conocer la voz propia, enriquecida y

18 Josef Gugler, «Fiction, Fact, and the Critic’s Responsability». En Focus on African Film.

Françoise Pfaff (ed.), Indiana University Press. Bloomington e Indianápolis: 2004. P. 69.

19 Oliver Barlet, «France, je t’aime; France, je te hais: les cinémas d’Afrique Dans le

trouble de la coopération». En VVAA, Indépendances africaines: chroniques d’une relation. Africultures

nº83, L’Harmattan. París: junio 2010. Pp. 59-60.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

91


BEATRIz LEAL RIESCO

cuestionada por las duras realidades de las que forman parte. Tal y como

afirma Teno al hablar de la tradición documental africana y su película Lieux

Saints20 , el cineasta debe de mantenerse independiente de los medios de financiación,

hacer películas que hablen sobre y para sus comunidades, y servirse

de las nuevas tecnologías a fin de ampliar su alcance a un público

transnacional. Obligado es conversar sobre el pasado, sobre la historia, sobre

la necesidad de conocer a los predecesores para entender el presente. Como

testigos privilegiados, estos directores se convierten en transmisores de su

propia historia. Es ilustrativa la siguiente declaración de Moustapha Alassane

(Níger, 1942), realizador caracterizado por su constancia en la renovación e

investigación estética y formal del lenguaje cinematográfico, aspectos a los

que se une el ser portador de un fuerte compromiso político-social visible

en sus obras:

«Para mí, el cine puede y debe servir para modificar la mentalidad de la masa.

Cada uno de mis filmes toca la política, aunque sólo sea porque suscita un interés cercano

a la masa y es susceptible de hacerla tomar conciencia de su cultura. Pienso que,

por el momento, el cine no ha demostrado suficientemente al mundo que África tiene

una cultura propia. Debe poder despertar las conciencias del espectador sobre los

problemas específicamente africanos y guiar a África en la dirección más viable» 21 .

Es ésta es una declaración, entre tantas otras que pueblan ya la literatura

y la crítica del cine africano, a favor del cine como medio de cambio social

y promoción de la imagen real de África fuera de sus fronteras, sin

clientelismos, independiente y orgullosa. El cine se relaciona directamente

con la masa y sitúa al espectador como agente activo de la historia guiado

por los creadores cinematográficos, liberados ya de las ansias didácticas de

sus predecesores.

Los directores cinematográficos contemporáneos, diseminados, viajeros,

diaspóricos y endogámicos, son testigos privilegiados de la realidad africana

por su emplazamiento a caballo entre dos mundos. Si algo caracteriza

a la historia cultural del continente es que «no se comprende sin el paradigma

cultural de la itinerancia, de la movilidad y del desplazamiento» 22 . El recurso

de directores de recurrir al topos del viaje (a Occidente o a otros países del

20 Jean-Marie Teno, «Writing on Walls Documentary, the future of African cinema?», en Africultures,

Marzo 2010. Última consulta: 20/04/2011. En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=10003

21 Declaración recogida en la Biografía de Moustapha Alassane por Olivier Barlet en Africultures.

Última consulta: 20/04/2011. En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=personne&no=3565

[Traducción de la autora].

22 Achille Mbembe, «Afropolitanism», en el número 66 de Africultures, 1º semestre

2006, publicado previamente online en diciembre de 2005. Última consulta: 20/04/2011.

En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=4248&texte_recherche=4248

[Traducción de la autora].

92 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

continente) resulta una actualización de este paradigma en el cine. El viaje

será, por tanto, el concepto central que guiará mi análisis en su capacidad de

descubrir fructíferas vías de reflexión. Los contemporáneos africanos en la

diáspora son receptores de una narrativa común a intelectuales y compatriotas

donde la travesía a Occidente con su retorno son temas centrales, además

de ser depositaria de una mitología de lugares comunes. Estos artistas reevalúan

el encuentro a través del acto de transitar espacios diversos ofreciendo

respuestas múltiples y críticas a los discursos de la negritud, el pan-africanismo

o el neocolonialismo; teorías que han jalonado la reflexión sobre

África hasta la actualidad. El viaje funciona, por tanto, como catalizador de

un obligado cuestionamiento de valores, experiencias y actitudes causados

por el choque con Occidente, la necesidad de emigrar o el encuentro con

otras culturas en el continente por motivaciones diversas (guerras, cambio

climático, reagrupación familiar…). El topos de la odisea transoceánica o continental,

compartida por tantísimos africanos residentes o no en el extranjero

ha sido instaurado, mantenido y también discutido por las narrativas individuales

de artífices de variados ámbitos, sirviendo como engranaje analítico

central de la situación africana para escritores, músicos, cineastas, historiadores,

teóricos de la cultura… desde que comenzase la formulación del discurso

anticolonial un siglo atrás. Se trata de analizar, a través de las películas

y sus autores (de sus textos y protagonistas) esa manera peculiar y diferente

de «ser mundo, de habitar en el mundo», como dice Mbembe 23 . El papel de los

directores de cine en este discurso colectivo ha resultado crucial en todo el

siglo XX hasta la actualidad. Centrándome en determinados autores y obras

como fuentes principales y tomando el concepto del viaje como eje organizador,

es posible trazar un mapa de la evolución de las narrativas utópicas

desde los primeros momentos de las independencias hasta llegar a nuestros

días. Los guías en este recorrido serán un grupo de directores comprometidos,

autores de películas que analizan y proponen, tanto en lo ético como en

lo estético, unos discursos de posibilidad ligados a la utopía y con una base

histórica real y crítica. De este modo, autores y narrativas se enmarcan objetivamente

y en plano de igualdad con el resto de actores, dentro del movimiento

globalizador contemporáneo afirmándose como sujetos pensantes y

no como objetos del discurso. Concluiremos cómo han ido a veces a la par

de los planteamientos ideológico-filosóficos, en otras ocasiones adelantándose

a ellos o proponiendo nuevos paradigmas, hasta nuestros días, momento

en el que un nuevo cine independiente económica, industrial, simbólica y

creativamente se está estableciendo gracias a las nuevas tecnologías y a una

comprensión de las necesidades reales de un público en aumento con acceso

23 Ibid, continúa: «tout cela s’est toujours effectué sous le signe sinon du métissage

culturel, du moins de l’imbrication des mondes, dans une lente et parfois incohérente danse

avec des signes que nous n’avons guère eu le loisir de choisir librement, mais que nous sommes

parvenus, tant bien que mal, à domestiquer et à mettre à notre service».

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

93


BEATRIz LEAL RIESCO

a teléfonos móviles e Internet. En esta línea, el pensador ineludible de cine

africano Manthia Diawara y Lydie Diakhaté, afirman:

«Los cines africanos contemporáneos asumen actualmente el papel que la literatura

africana tenía en los años sesenta. Hoy están emergiendo en África nuevos

posicionamientos críticos y nuevos lenguajes cinematográficos, muchas veces en

competición o incluso en conflicto unos con otros, cuya visibilidad ha sido puesta

en duda por la visión monolítica y políticamente correcta de la definición de cine

africano vehiculada por las casas de cultura y por los festivales de Occidente. Lo que

es fascinante en este nuevo cine de África es la capacidad de sus cineastas de dar voz

a los africanos, de manera que son capaces de comunicar sus mensajes más allá de

sus fronteras y con públicos de otras esferas» 24 .

Apartándose de la servidumbre impuesta por el neocolonialismo y de

la que Francia con sus excolonias es todavía buen ejemplo a través de políticas

de cooperación, coproducción y de instituciones potentes como los Festivales,

Nigeria (Nollywood) y Ghana con su sorprendente producción de vídeo

o la pujante y original cinematografía genérica de Sudáfrica, resultan exponentes

de un cine hecho desde, por y para la audiencia del continente. El

África resultante de este proyecto histórico y artístico es dinámica y vital,

fruto de una historia humana, política y económica y se enfrenta valiente a

los desafíos y posibilidades de retos futuros.

IV. Viajando en secuencias: la necesidad de una utopía en tránsito

La aparición del cine africano como tal (realizado desde África por y

para africanos) se desarrolla a la par que las recién creadas naciones. Los especialistas

aceptaban como obra inaugural de esta cinematografía el corto de

1963 Borom Sarret del senegalés «padre del cine africano» Osumane Sembene;

un retrato de la sociedad post-colonial de Dakar a través del viaje de un carretero

desde su barrio periférico al centro aristocrático de la capital, excusa

para mostrar las contradicciones, diferencias y problemas de aquella África.

En la actualidad se está revisando una historia de fechas simbólicas, aunque

el valor de Sembene es incuestionable. A este iniciático descenso a los infiernos

de la desigualdad social le seguirá, apenas tres años después, el considerado

primer largo de ficción del África subsahariana La noir de…; la historia

de una mujer africana que va a Francia a trabajar para la pareja francesa que

la contrata en Dakar. Pronto verá la cara más dura de la emigración y experimentará

el racismo, el aislamiento y la dificultad de entendimiento entre

Occidente y África en su propia carne, suicidándose al final de la cinta. Esta

adaptación de un relato homónimo del propio autor, se encarga de dar el

24 Manthia Diawara y Lydie Diakhaté; «Um arquipélago crioulo: Novos Cinemas de

África». En BUALA, revista contemporânea africana (Trilíngüe: Pt/En/Fr). Última consulta:

20/04/2011. En http://www.buala.org/pt/afroscreen/um-arquipelago-crioulonovos-cinemas-de-africa

[Traducción de la autora].

94 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

verdadero pistoletazo de salida a una historia conjunta que irá creándose

entre los cineastas africanos y el sueño de construcción de un África postcolonial

y crítica, que quiere desembarazarse de su conexión con Occidente y

con los directores como destacados voceros de tal realidad. No en vano Sembene,

como tantos otros después, sintió la obligación de dar el salto de la escritura

al cine para lograr una mayor difusión de sus mensajes,

posicionándose en su tarea de artista responsable en la construcción de los

nuevos estados y la educación de su gente25 .

Durante estos primeros años tras la oleada de independencias, el cine

fue de la mano de los procesos de construcción nacional26 , proponiendo una

imagen utópica de las posibilidades futuras ligadas a una herencia cultural e

histórica propia. Temas como la injusticia social, la corrupción o la opresión

retratados con un toque social-realista caracterizaron estas películas de los

años 60, configurando una «escuela sembeniana» que sigue dando sus frutos

hoy en día. Al final de la década y en la siguiente, comenzaron a darse nuevos

estilos y tendencias, entre ellos la experimentalidad abiertamente política de

Med Hondo (Mauritania, 1936), el surrealismo rupturista de Djibril Diop

Mambety (Senegal 1945-1998), el retrato de tradiciones y culturas pre-coloniales

o, en fin, el recurso al humor y la sátira como herramienta estilística y

discursiva (Cheick Oumar Sissoko –Mali, 1945-, Adama Drabo –Mali, 1948-

2009-, Fanta Regina Nacro –Burkina Fasso, 1963-…). A partir de los 80 la

diversificación va en aumento, «sirviendo las películas para interrogarse sobre

el pasado de África, de manera que éste informe y haga reflexionar sobre el

presente y el futuro». 27 Estamos ante un presente y un futuro africanos singularizados

a través de la mezcla de tradiciones culturales diversas con el

medio cinematográfico y que dará lugar a un conjunto de películas denominadas

de «regreso a las fuentes», en la línea de visibilización o rescate de un

pasado silenciado, pero ahora con una aproximación menos didáctica y más

alegórica, ofreciendo análisis más complejos de las cambiantes realidades africanas.

Si es posible encontrar una característica en años 90 es la imposibilidad

de marcar como preponderantes determinadas tendencias, estilos o temáticas.

El África contemporánea es urbana, veloz, híbrida y bastarda; un magma de

25 Esta responsabilidad del artista aparecía claramente definida en los Acuerdos de

Argel y Niamey en 1975 y 1982, respectivamente. Similares afirmaciones son propias de

otros movimientos fílmico-sociales como el Cinema Novo de Brasil contemporáneo, el previo

neo-realismo italiano o el realismo social de la URSS, que claramente influenciaron a

estos pioneros africanos.

26 También la música, presente en festivales, encuentros y celebraciones de toda índole

y compañera insaciable de mítines políticos, hasta el punto de que muchos cantantes y

músicos ocuparían las filas de los partidos del gobierno.

27 Melissa Thackway, África Shoots Back. Alternative Perspectives in Sub-Saharan Francophone

African Film. Indiana University Press., James Currey y David Philip. Bloomington, Oxford

y Ciudad del Cabo: 2003. P. 10. [Traducción de la autora].

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

95


BEATRIz LEAL RIESCO

identidades, tradiciones, culturas, influencias endógenas y exógenas; un espacio

de encuentros e hibridaciones. Como dirá uno de sus más originales y

críticos exponentes, el director camerunés Jean-Pierre Bekolo (1966): «La

idea de compararme con otros directores africanos es inapropiada. Si dos cineastas

provienen del mismo continente, ¿significa esto que sus películas tienen

que ser parecidas? Nadie debería sorprenderse de que son diferentes» 28 .

En efecto, la nomádica e itinerante África está compuesta de una miríada de

voces, ideas, realidades y producciones fílmicas, por lo que no interesa ocuparse

de temáticas, géneros o tendencias dominantes. Las tradicionales clasificaciones

de teoría y crítica favorecían un determinado consumo occidental

de connaisseurs y facilitaban la asimilación de las obras, pero resultan reductoras,

limitadoras e inapropiadas para el rico mosaico que es la producción cinematográfica

africana actual. Las películas contemporáneas son obras

mestizas, amalgama de tendencias, identidades y poéticas, superposición de

experiencias y realidades; producciones híbridas fruto de una inmersión en

la endogamia; sugerentes e indescriptibles bastardos culturales… Se muestra

improductivo, por tanto, realizar un análisis exhaustivo de autores y obras,

aunque el topos recurrente del viaje resuena por su utilidad para apuntar tendencias,

opciones y posibilidades.

A raíz de las celebraciones de los 50 años de independencias que se

vienen produciendo desde el año 2010, el cine se sitúa en el centro de un

palpitante proceso crítico de lectura y reflexión de intelectuales y artistas africanos

acerca de las cinco décadas pasadas. El simbolismo de la fecha invita

al análisis ponderado sobre el proceso posterior al colonialismo, en el que

las actuaciones propias relevan a las actitudes de oposición crítica sobre la

conflictiva posición de las antiguas metrópolis europeas con respecto a sus

excolonias. Sólo así es posible enfrentarse al reto de un presente y un futuro

cambiantes. Comenta la periodista y cineasta egipcia Jihan El Tahri sobre su

último trabajo hasta la fecha Behind the Rainbow (2008), documental con el

que, a través de las historias del presidente de Sudáfrica y el vicepresidente

(Jacob zuma y Thabo Mbeki) «trato de mirar/observar las ideas, los principios

y los sueños de los movimientos de liberación y qué es lo que pasa

cuando se transforman en el partido de poder. Aunque se desarrolla sobre

todo en Sudáfrica, en realidad es una historia que concierne a todos los continentes

porque, todos los países del continente han pasado por ese momento

de transformación, de soñar la liberación hasta llegar a nuestros días» 29 . A

28 Entrevista a Jean-Pierre Bekolo. En Through African Eyes. Dialogues with the Directors.

VVAA. African Film Festival. Nueva York: 2003. P. 82.

29 Entrevista a Jihan El Tahri por la Radio Nacional de Guinea Ecuatorial durante

su participación en el Foro «Independencias. Utopía y realidad», con motivo del II FCAT-

Guinea Ecuatorial ; 11/02/2011. Última consulta: 20/04/2011. En

http://vimeo.com/19968507 [Traducción de la autora].

96 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

este ejercicio de autoanálisis crítico le precedió Cuba, una odisea africana (2007),

cuyo tema principal era la recuperación de una historia común afro-americana

en el proceso de lucha por las independencias, hasta ahora silenciada por el

discurso occidental. Otro aspecto determinante, efecto de una población africana

en continuo tránsito, es la construcción de la identidad africana desde

la diáspora. Este reflejo constante e ineludible de ida y vuelta lo encontramos

también, desde otra perspectiva, en las películas del cineasta etíope, residente

en los EEUU, Haile Gerima. En todas sus obras y, en especial, en Sankofa

(1993), el pasado esclavista hace las cuentas con el presente diaspórico e imperialista,

en una negociación de límites e identidades perpetua. El viaje, la

esperanza del cambio y la decepción del regreso, es la línea argumental seguida

en la epopeya de la historia de Etiopía a lo largo del siglo pasado que

es Teza (2009), filme de una fuerza e intensidad arrolladoras.

No sólo a través de formatos establecidos como el documental y la

ficción los cineastas contemporáneos se encargan de la reevaluación crítica

de sus propias actuaciones e historias post-independencia, analizando con

lucidez espacios hasta ahora no explorados. Están aflorando con vigor géneros

mal llamados «menores», entre ellos: los melodramas con su enorme

capacidad de llegar al gran público al retratar la vida urbana diaria, con sus

conflictos de religión, sexo, paro, corrupción… y, en especial, en la producción

de vídeo nigeriana; la ciencia ficción en pleno con el corto Pumzi (2009)

de la keniata Wanuri Kahui y su mensaje de alerta sobre la posibilidad de una

distopía futurista ecológica, o el uso radical y renovador del género que resulta

el inclasificable largometraje de Jean-Pierre Bekolo Les Saignantes (2005); la

colaboración mestiza entre cómic, telenovelas y música popular ha llevado a

producir el soberbio experimento que es el largo de animación AYA, basado

en la novela gráfica homónima de la escritora de Costa de Marfil Marguerite

Abouet y Clement Oubrier, parte de una corriente de afirmación de una identidad

africana en tránsito que encontramos asimismo en el cómic Malamine,

un africain à Paris, del tándem camerunés Christophe N. Edimo y Simon-Pierre

Mbumbo, y a los que hay que añadir el gabonés Pahé y sus viñetas de aguzada

crítica político-social.

En estas obras contemporáneas difíciles de clasificar en lo formal (docuficción,

ficción documental, ensayo fílmico, diario filmado…), ejemplos

de un rico mestizaje de temas y poéticas y resultado de una colaboración basada

en el encuentro y la negociación, las mujeres están adquiriendo gran

protagonismo. Estas propuestas se están pudiendo realizar sin duda animadas

por el impresionante fenómeno cinematográfico autosuficiente e indígena

que es, desde hace una década, la industria del vídeo en Nigeria o «Nollywood»;

término acuñado en 2002 por el periodista del New York Times Matt

Steinglass en clara referencia a los dos únicas industrias mundiales cinematográficas

mayores que aquella: Hollywood y Bollywood. Resultado de diver-

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

97


BEATRIz LEAL RIESCO

sos factores en colisión, esta industria produce más de 1000 películas anualmente

rodadas en diversas lenguas nativas, convirtiéndose en un espacio de

debate de los problemas corrientes de un público que ya ha trascendido las

fronteras nacionales, rodadas gracias a las nuevas tecnologías, creadoras de

un Star System local que marca los ritmos de la moda de la población urbana

y que, como colofón, ha permitido instaurar desde 2005 el African Movie

Academy Award, los «oscars africanos», promovidos por la gran productora

nigeriana Peace Anyiam-Osigwe30 .

Dentro de este maremoto que es el cine contemporáneo africano:

¿dónde ha quedado y qué función tiene el movimiento autoral, hasta hace

nada el único visible desde/para Occidente y sus críticos? Sin duda, autores

de la talla de Jean-Marie Teno, Mahamat Saleh-Haroun y Abderrahamene

Sissako, entre otros, tienen un espacio en nuestro mundo globalizado para

situar unas propuestas graves y necesarias, complicadas todas ellas de clasificar

formal y temáticamente, y experimentales dentro de su respetuosa comprensión

de los seres humanos individuales de África, sus problemas, su

historia y sus anhelos. El mediometraje de Sissako Rostov-Luanda (1997), peregrinación

autobiográfica del director en búsqueda de su amigo de juventud

angolano, lo lleva de su ciudad natal en Mauritania a Berlín, (re)conociendo

en el camino personas, espacios y tiempos de una Angola que ha sufrido una

cruenta guerra civil de más de una década desde su independencia y, al mismo

tiempo, obligando al cineasta y a sus compañeros a preguntarse sobre los

sueños truncados de la historia postcolonial. Viajes de discernimiento y toma

de conciencia a través de un flujo de espacios de la memoria y el presente

son asimismo las obras que seguirán: al pueblo paterno en La vie sur Terre

(1998), al hogar materno en Heremakono (2023) y a la terrible realidad africana

que hace cuentas con Occidente desde un patio urbano en Bamako (2006).

El encuentro desde la posición privilegiada de testigo y vocero del cineasta

se da en todos los documentales de Jean-Marie Teno, desde sus primeras

producciones en los 80 hasta el reciente Lieux Saints (2009), película donde

se duplica su voz en el propietario de un cineclub en Burkina Faso, idealista

empeñado en proyectar películas nacionales en lucha con los musicales indios.

Finalmente y dejándome a tantos por el camino, merece la pena detenerse

en el filme de Haroun, Premio Especial del Jurado en Cannes’2010, Un homme

qui crie. No estamos ante héroes ni figuras a imitar, simplemente ante un padre

y un hijo con dilemas personales, acaso una metáfora carnal de la historia del

continente hecha de luchas, desgarros e historias profundamente humanas…

Esta obra resulta paradigmática del cambio producido desde el pistoletazo

de salida del cine africano; ya no se trata de afirmar la identidad del cineasta,

30 Para una aproximación detallada a la realidad de Nollywood en castellano, acudir

al artículo de Fernando González García «Nollywood Boulevard». En Cahiers du Cinema España.

Nº 28, noviembre 2009. Pp. 48-50.

98 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


EL PAPEL DEL ARTISTA AFRICANO ACTUAL EN LA CONSTRUCCIóN DEL DISCURSO UTóPICO

recuperar unas voces oprimidas y educar a una audiencia analfabeta, sino de

dejar espacio y espacio al espectador, capaz de navegar entre un sinfín de

mensajes que le llegan desde el terminal de Internet, la televisión o su teléfono

móvil. Ha llegado el momento, como dice Olivier Barlet, de «despertar

conciencias, pero no de dar lecciones». Junto a otros actores sociales y sirviéndose

del lenguaje cinematográfico, ésta es la labor que le quedará siempre

reservada al cineasta…

V. A modo de epílogo y recopilación

Siguiendo a Achille Mbembe, la tarea pendiente para los africanos de

hoy en día es la de crear una metáfora viva idónea para transmitir una nueva

democracia, válida y autónoma para el África del presente. Habiendo quedado

relegada Europa a ser un museo en el futuro, sólo cabrá recurrir a ésta

como lugar de visita pero no de residencia, espacio frente al que el nuevo

imaginario de poder se ha de establecer oponiéndose al actual en la política

africana, heredero del colonialismo y basado en la guerra civil y la brujería.

Los bidonvilles («musseques» en Angola…), centros de enfrentamiento social,

espacios donde la lucha de clases, etnias, razas, credos religiosos y creencias

supersticiosas, muestran síntomas de la reconfiguración social en marcha y

hacen visibles las luchas informales e improvisadas impidiendo la posibilidad

de alianzas. La debilidad de estas posiciones es conocida, siendo necesario

un cambio a través, en gran parte, de los artistas e intelectuales, que ayudarán

a crear una nueva sociedad civil e imaginar un futuro.

Desde las películas, los directores y directoras contemporáneos abogan

por ese «afropolitanismo» de Mbembe, que él entiende como:

«La consciencia de esta imbricación entre el aquí y el allá, la presencia del

allá en el aquí y viceversa; esta relativización de raíces y de pertenencias primarias y

esta manera de abrazar, con todo conocimiento de causa, lo extraño, lo extranjero y

lo lejano; esta capacidad de reconocer el rostro propio en la cara del extranjero y de

valorar los rastros de lo lejano en lo próximo; de domesticar lo no familiar, de trabajar

con aquello que tiene toda la apariencia de lo opuesto; ésta es la sensibilidad cultural,

histórica y estética a la que alude el término «afropolitanismo» 31 .

Cada uno con un estilo y poética propia, se embarca en el objetivo de

acabar con un pasado inmovilizador y carente de propuestas para así, a través

de la cultura y el arte resultantes del ajuste de cuentas con el presente y el futuro

inminente, construir una nueva África y ver realizada la utopía…

31 Achille Mbembe, «Afropolitanism», en el número 66 de Africultures, 1º semestre

2006, publicado previamente online en diciembre de 2005. Última consulta: 20/04/2011.

En http://www.africultures.com/php/index.php?nav=article&no=4248&texte_recherche=4248

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Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

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BEATRIz LEAL RIESCO

«La leçon de Cinéma d´Abderrahmane Sissako». Declaraciones de Abderrahmane

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102 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTORIADORES AL RESCATE

Dra. Mercedes Rosúa

Escritora. Madrid

www.elrincondecasandra.es

Si no fuera por el desastre, educativo y mucho más, que ha marcado

las últimas décadas y de no ser por las bajas en forma de generaciones robadas

de su herencia cultural, de ignorantes, de dependientes profundos creados

a efectos de coreografía y voto, de aspirantes, frustrados, a la independencia

laboral y económica, de víctimas físicas y no físicas utilizadas para, subido a

ellas, tocar poder, de no ser por esto, cumpliría felicitar a cuantos investigadores

se sientan a la mesa de trabajo, cara al futuro, con los materiales del

presente y del pasado sobre ella.

Porque éste es tiempo de historiadores, que, como el biólogo que descubre

especies nuevas, tienen ante sí fenómenos que no por formados, como

el universo, con materias antiguas dejan de ser una excitante novedad. Les

esperan batallas difíciles y peligrosas dada la trama de intereses que se nutre

del ocultamiento de los hechos, pero es lucha necesaria. Los aplazamientos,

como el miedo, se han ido agotando; los sucedáneos y rodeos tienen sabor

a marchito y a cansino; el ataque a la prolífica especie parásita que vive en el

ecosistema de los tópicos ofrece pocas recompensas y muchos riesgos.

Pero es la lucha por la verdad y la libertad.

I. La visión de lo obvio

Los historiadores se enfrentan, aquí y ahora, a un enemigo que no pueden

percibir como tal porque la mayoría viven inmersos en el espacio comunicativo

en buena parte por él determinado y carecen de vivencias que les

permitan la comparación cronológica. Son espectadores de un durable y

vasto rapto de cuantos valores y sectores enriquecen, en todos los sentidos,

a un país; asisten al expolio y empobrecimiento acelerados de la sociedad en

la que viven y tienen asumido, por la fuerza de las reiteraciones, que tribalización

equivale a democracia. Incluso podría subyacer, en el inconsciente

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones 103


MErcEdES roSúa

formado por capas de mensajes efímeros, una neoutopía de redes de socialismos

comunitarios, con todas las bondades y ninguno de los males de los

sistemas conocidos. En la práctica, ésta se plasma en el establecimiento durable

de redes parásitas sostenidas por la demagogia asamblearia al compás

del dominio de gran número de los medios de comunicación.

Pero tanto los historiadores como buena parte de la opinión pública

son incapaces de reaccionar, denunciar y ni siquiera de percibir y de dar un

nombre al enemigo porque están maniatados por el chantaje verbal y mediático.

El enemigo son las clientelas de la Utopía, fenómeno de connotaciones

antiguas pero novísimo en sí y digno de estudio por lo original, nocivo y por

el silencio que lo recubre.

II. El rescate del verbo

Y no se trata del divino (aunque está cerca en la medida en que el despegue

de la pura animalidad pasa por la rampa del lenguaje). Izquierdas, derechas,

progresistas, reaccionarios, fascistas, proletarios, patronos, obreros, Caín, Abel, las

dos Españas, capitalistas, trabajadores, revolucionarios, burgueses, pueblo, patronos, socialistas,

liberales, elitistas, demócratas, pacifistas, violentos, imperialistas, tolerantes: Muy

más allá de su puntual referencia sociológica, todos estos vocablos son elementos

con los que se ha edificado, y mantiene, una cárcel verbal cuyo preso

más antiguo es sin duda el pensamiento, pero que nada tiene, en la práctica,

de abstracta y metafísica. Por el contrario, sirve eficazmente a los intereses

de un sector concreto, ruinoso, improductivo y fruto, como la especie nueva

que es, de la época. Tales términos, solidificados y en apariencia legitimados

por la reiteración y la asociación a referentes-icono presentados como positivos

al efecto, se utilizan en dualidades igualmente falsas que fuerzan a la

adopción de una visión maniquea de la realidad y que se cargan de un enorme

poder de identificación tribal y sociológica.

amén de que las dualidades pertenecen al mundo de la acción en cada

caso, se ha creado, a efectos de posterior uso, una división malos/buenos

que iría, a efecto retroactivo, hasta el alba de los tiempos, tomaría cuerpo

doctrinal en el XIX, con anteriores referencias a la distribución parlamentaria

durante la revolución Francesa, y asentaría in perpétuum la necesidad de adscripción

dual con la Lucha de clases, de manera que los hechos e individuos

en sí, la responsabilidad de cada uno de éstos en cada acción concreta, desaparecerían

del reino de la conciencia, se hurtarían al análisis y juicios de

valor, para integrarse en primer lugar en un colectivo del que recibirían el

marchamo de aceptable o no aceptable. Es decir, la censura previa configuraría

el pensamiento, la expresión verbal de éste, los mensajes multiplicados

por cuantos medios de comunicación existen en la vida social e incluso en la

soledad del despacho del investigador, que se siente forzado a pagar peaje al

104 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

dios bueno de la dualidad maniquea para hacerse oír, publicar sus libros, dar

clase o encontrar un empleo.

La dualidad izquierdas/derechas es, junto con progresista/reaccionario, probablemente

el arma más falaz, la trampa más usada y el recurso de facilidad

más socorrido de cuantos permiten encarcelar al pensamiento, raptar al legítimo

sujeto ético e impedir el análisis de las realidades. Hasta tal punto que

aquéllos que, con no poco valor y mérito, han denunciado al clan que vive

de esos términos han recurrido sin embargo a su utilización para identificarse

a sí mismos, de manera que a la Izquierda correspondería como elemento antagónico

la Derecha, en un mundo bipolar que es precisamente el que resulta

imprescindible combatir.

Porque sólo deberían emplearse estos términos en contextos históricos

y coyunturales precisos, en citas concretas y por exigencias de su valor explicativo

sociológico. de lo contrario se perpetúa el rapto espurio del lenguaje

y, por simple recurso de facilidad, se bloquean los debidos análisis y descripciones

y las muy reales responsabilidades de los individuos.

Medida inicial y profiláctica sería vetarse a sí mismo el empleo

de izquierdas, derechas y descalificar de entrada a cuantos recurren a

esta taxonomía como argumento de autoridad y de descalificación del

oponente. El tratamiento de desintoxicación sería, al principio, duro por la

fuerza del automatismo y por el sentimiento de soledad y carencia que el desgajamiento

del grupo de los Buenos supone. Navegar ajeno, e incluso con

franco rechazo, al mapa bipolar reprobable/Encomiable significa hacerlo

corriente arriba, trillando y juzgando a cada paso múltiples datos, implicándose

en juicios personales, aceptando con frecuencia un horizonte ético de

valores universales que entra en confrontación con la objetividad que el historiador

juzga su mejor instrumento de trabajo. El rescate del lenguaje

exige, además, la renuncia a las gratificaciones reflejas que brinda la automática

inclusión en el clan Positivo.

III. Almenas lejanas

deshacer los interesados entuertos que acompañan al rapto y tergiversación

de las palabras supone batirse en varios frentes, atacar círculos sucesivos

de castillos cuyos señores participan de los beneficios de la cautividad

de las palabras. El estudioso tiene ante sí una labor de zoom que se extiende

desde España hacia Europa, Estados Unidos y luego el resto del mundo, o

a la inversa. Siempre habían existido justificaciones políticas, religiosas, ideológicas

para despojo, robo, asesinato, pero nunca antes se había instalado

una enorme maquinaria dual de alcance temporal y físico ilimitado en la que

bastaba con introducir fenómenos y seres para que éstos salieran clasificados

y provistos de etiquetas tan binarias como el código de base de los ordena-

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

105


MErcEdES roSúa

dores. Paralelamente, tampoco había existido jamás una plaga tan extendida

de ceguera voluntaria como la que marca el siglo XX y llega, pese a

todas las evidencias, hasta el XXI.

La Era de cegueras Voluntarias se asienta sobre la monopolización del

sujeto ético por los términos de socialismo, comunismo, progresismo e izquierdas.

El relato histórico y la conciencia popular se impregnan, con la tenacidad de

la lluvia fina, en la creencia, con frecuencia inconsciente, de que cuanto y

cuantos se reclamen de esos referentes disfrutan de una licencia que envidiaría

el 007. La intención solidaria y la recta filiación les redimen de sus

fallos. La razón les asiste por principio porque son de los nuestros, a diferencia

de las derechas, un conglomerado difuso de capitalistas, burgueses, y dictaduras con

ribetes de fascismos y nazismos, que pertenecen por siempre y por derecho propio

al exclusivo terreno de la maldad.

En este mundo dual del pensamiento totalitario, que persiste y que sobrevive

a los sistemas que oficialmente lo practicaron, los hechos desaparecen,

dependen, para salir a la luz de su etiqueta. de ahí la importancia de

historiadores y de luchadores empeñados en la dura guerra del rescate

de las palabras. Yacen todavía en la sombra demasiados millones de víctimas,

apenas se ha comenzado a levantar la esquina de la alfombra bajo la que

se esconden los muertos, represaliados, desaparecidos en el silencio de campos

de concentración, exterminios en masa, hambrunas forzadas, cárceles

de dimensiones infinitas ajustadas a cada minuto de la vida cotidiana, ruina,

atraso, control, grisura. Es aún una sorpresa para la mayor parte del público

occidental, un dato prácticamente ausente de los libros de historia: el hecho

de que el totalitarismo de corte marxista haya sido mucho más letal que el

afortunadamente breve y localizado del régimen nazi.

Gozan todavía de más discreción, si cabe, los miniestados totalitarios,

en forma de bandas cuyos actos, en sí criminales, crueles, fanáticos y repulsivos,

pasan a ser simplemente violentos y sus proyectos, que en nada envidian

a los de Pol Pot, Lenin, Stalin, Hitler o Mao excepto en el formato, se acogen

al sagrado del idealismo y la reivindicación, envuelto el conjunto en la lógica

de la guerra inmemorial y, con extrema frecuencia, alimentado por las donaciones

y ventajas del sistema objeto de escarnio.

Y esto es a nivel mundial, aunque una fina línea delimita en el mapa

aquellos territorios de países que, sea porque sí han vivido en sus carnes sistemas

totalitarios y ruinosos, sea por la dureza de la supervivencia, se atienen

a su trabajo y a la memoria nefasta de pasadas experiencias. Sin embargo la

sombra del chantaje ideológico dual, de la verbología totalitaria, se hace más

espesa según se aproxima el observador a los países desarrollados, porque la

impunidad de la pertenencia a los buenos y la tergiversación de los términos

permiten seguir funcionando a pleno rendimiento una multinacional espe-

106 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

cializada en el ordeño de los individuos productores y en la exigencia de resarcimiento

de un inagotable cúmulo de deudas atrasadas.

de ahí que las tareas de rescate de los historiadores estén lejos de

limitarse a la clarificación del pasado. Atañen profundamente al presente

y de ellas depende el futuro. Porque la escisión entre realidades y

comportamientos, entre universo comunicativo y dinámica socioeconómica,

entre valores universales que osan decir su nombre e iconos al uso es brutal.

Y está sirviendo para que se desvíen cada día generosidad, trabajo, fuerza,

fondos, iniciativa, arte hacia un sumidero de inutilidad interesada cuya estructura

no tiene, si la despojamos del ropaje terminológico, otro fin que medrar

sin mérito, enriquecerse mientras hay de qué y luego, al menos,

mantenerse a sí misma.

IV. El más cercano de los muros

Todo lo expuesto es infinitamente más cotidiano, manido y tierra a tierra

de lo que parece. Hasta el punto de que en la familiaridad y costumbre

de sus manifestaciones reside una de las grandes armas del totalitarismo cotidiano,

de ese archipiélago orwell multiforme, cambiante y adaptable que

sustenta la neolengua y cubre, con significantes vaciados y rellenados según

exigencias del guión, la mayor parte del espacio perceptivo. Estamos en el

reino de los Ministerios de la Paz, el Amor, la Igualdad, el Clima Planetario, las

Culturas Protegidas y las Especies Sagradas. Vivimos una censura, caciquismo y

repentes de ordenancismo cuartelero, un derecho de pernada respecto a la

expresión personal y la vida privada como no soñó ni por asomo la dictadura

franquista. Se viene aceptando con total mansedumbre un rosario de falsedades

históricas engarzadas en la más completa ignorancia orgullosa de serlo.

Hace muchos lustros que los asesinos son luchadores a lo sumo equivocados,

que los robos son transferencias de propiedad, los expolios rescates, los chantajes

indemnizaciones a cuenta de la interminable guerra poderosos/oprimidos,

los terroristas héroes, los muertos por tiro o bomba el lamentable saldo

de un accidente, los atracos impuestos revolucionarios, los caníbales y los lapidadores

de mujeres respetables representantes de culturas seculares, los

gorrones exponenciales receptores de los diezmos que la sociedad debe al

que concentra su energía en reclamación, queja, apropiación y/o destrozo

de lo que por sí no ha producido.

El último término empleado, y creado en este mismo instante, exige

glosa: El Gorrón Exponencial es una categoría sociológica de peculiar y actual

cuño. La especie del gorrón común siempre ha existido, pero su proliferación y

ocupación de variados nichos ecológicos es fenómeno propio de esta época.

No se habían avistado anteriormente bandadas tan numerosas de seres improductivos,

ávidos de la cosecha ajena y, simultáneamente, blindados por la

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

107


MErcEdES roSúa

capa de justificación verbo-ideológica que segregan. Tampoco se había observado

con anterioridad el fenómeno paralelo por el que la sociedad, en

principio sana, pierde sus reflejos de defensa y queda inerme y amedrentada

ante la amenaza de improperios como derechas, fascista, reaccionario o la exhibición

de pendones que remiten a los iconos socialista, sindical de clase, progresista,

nacionalista, izquierda.

de haber oposición institucional al expolio, normalmente en el enfrentamiento

se produce un acuerdo pactado, que en el caso que nos ocupa tiene

un carácter muy especial: Se da por bueno de manera implícita y sine die un

estado de rendición permanente en el que toda la victoria moral corresponde

al adversario, el cual, graciosamente, acepta que los enemigos se ocupen de

las tareas propias del general mantenimiento a cambio de tributos, confiscaciones

e indiscutibles derechos del gorrón exponencial a la totalidad. Tales

derechos son efectivamente reclamados a un ritmo cíclico, que permita la

acumulación de bienes por parte del vencido de forma semejante a los lapsos

de descanso de la tierra, meses en que se deja crecer la lana de las ovejas o

temporada de veda de la caza en época de cría.

En las zonas orientales, asiáticas, africanas, este proceso tiene poco

predicamento. Es también el caso de países del este de Europa que ya han

degustado opciones políticas que imponían la instalación del paraíso en la

Tierra. asia ha vivido infiernos, trabaja con intensidad y no admite otras cigarras

que las justas, como es evidente, por ejemplo, en la ausencia de mendigos

y vagabundos chinos en colonias de inmigración. En África el nuevo

archipiélago totalitario se vive en un plan más bien rústico, a base de machetes

tribales, bombardeos del dictador que se propone salvar el mundo y al que

hasta ayer occidente distinguía con sus mimos y sus ventas de armas, y personas

abandonadas a su suerte entre la Edad Media más oscura, la civilización,

modernización y progreso que un día entrevieron y el desdén del que

se sienten objeto. También ahí la Historia espera a historiadores que

osen tener valores y criterio, desbrocen el camino de las falsas palabras,

distingan los hechos que marcan mejoras y no se sometan de entrada

a la censura y el temor de ser tachados de imperialistas,

eurocentristas y parciales. Hace falta gente que se atreva a alzar la vista,

que no tema al horizonte, que considere la amplitud y unidad del planeta y

la generalidad de unas aspiraciones a la libertad, la justicia y la dicha que no

por enturbiadas, traicionadas y revueltas son menos dignas de rescate.

V. Volver a Alejandría

Si la desaparecida biblioteca de alejandría pudiera hablar reclamaría

de inmediato el regreso de los escritores de la historia, señalaría los huecos

que deberían ocupar volúmenes que nunca o apenas se escribieron, supliría

108 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

con la simple visión de personas y hechos los largos silencios, componendas

y medrosidades que velan, como un confuso palimpsesto, la percepción de

África del Norte. El rescate significa aquí vanguardia. No todo va a ser desalojar

al enemigo; también habrá que ir por delante, apresurar el paso, esperar

a pie firme el futuro. El estallido en cadena de oriente Medio no resultaría

tan sorprendente si le hubiera precedido una adecuada labor investigadora,

descriptiva e informativa. occidente ha preferido, por una parte, la suave

trampa de la irracionalidad ofrecida por el enemigo, la Umma, la Gran Madre

Islámica, la unidad ideal y futurible de un imperio árabe unificado por la religión

que es fuerza política, marco social y ley civil. Mientras, por otra parte,

los negocios se trataban con el jeque visible.

Por cómoda que la visión resulte, es y siempre fue perfectamente falsa

y esconde, además, una gran traición: El área nominalmente islámica encierra

un maremágnum de personas de adscripciones, origen, intereses y rasgos

muy diferentes, marcadas en sus variadas regiones por la onda expansiva de

tribus guerreras de corte clánico, premedieval, con cuyos jefes procedentes

de arabia interesó identificarse en gentilicio, usos, ritos y nombre. El siglo

XIX, el siglo XX y el alborear del actual han visto en esos lugares, aparentemente

estancados en un callejón sin salida hacia el progreso, la formación

de la clave de la modernización y el cambio: Un tejido de clase media, de aspiraciones

a la laicidad, la separación de poderes, la liberación femenina (caso

de segregación infinitamente superior a apartheid racial alguno que haya visto

el planeta), la conciencia de la libertad y el derecho individual. Todo esto, que

era visible hace tres o cuatro décadas en tales lugares, hoy se ignora, y se prefiere

creer en el eterno peso secular de las inmutables tradiciones. Poca historia

se ha escrito sobre la fenomenal regresión de los países llamados

abusivamente árabes. a esa ola de modernización, a esas gentes genuinamente

progresistas las vendieron, por contratos, facilidades y petróleo, lo hicieron

desde Estados Unidos y sobre todo en Europa. Y les dieron un golpe

de muerte con multiculturalismos y alianzas de las civilizaciones, una forma

particularmente viscosa y dañina del racismo inmisericorde. Naturalmente a

esto le acompañó el indispensable rapto del lenguaje, que eliminaba, no la

barbarie, sino la palabra que la expresa y, por ende, la posibilidad mental

misma del manejo del concepto y la expresión de la denuncia.

Hoy hierve en África y Eurasia una demografía cuya extrema abundancia

en juventud puede prometer todos los bienes y todos los males. Tampoco

ellos recuerdan que hubo una regresión, otras expectativas y horizonte,

hace más de tres décadas. Por entonces se sellaron las grandes traiciones, se

expulsó a un emperador para imponer la dictadura teocrática de un imán

iraní mimado por la gauche divine francesa y sus homólogos. También se favoreció,

en los vaivenes de la Guerra Fría, a patanes del peor cuño. Porque

los tiranos dejaban de serlo al convertirse en aliados. Tampoco aquí había

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

109


MErcEdES roSúa

crímenes, torturas, fanatismo, matanzas, robos. Sólo usos y costumbres de

culturas respetables por lo distintas.

obligados a veces a manifestar cierto reproche, los medios occidentales

expresaban su desagrado por los lamentables, pero comprensibles, actos

de barbarie a los que se veían abocados sujetos empujados por la opresión –

preferentemente ancestral- , el marco social o la pobreza. Por poner un ejemplo,

la abolición en la India por parte de los británicos, del satee, la muerte de

las viudas en la pira funeraria de su marido, sería hoy un claro ejemplo de intrusismo

cultural, una interferencia foránea en el desarrollo milenario de esa

rama zoológica de la especie.

Y sin embargo hubo, siempre ha habido a lo largo de esos años, otros

hechos y otra gente, que no hacía ruido, ni se atrevía a oponerse a la fuerza

bruta de la policía, los vecinos del barrio liderados por los imanes, los maridos

y padres. Su historia simplemente no existe, o espera, en el limbo de

los justos, ser escrita y difundida. Ha sido, hasta ahora, laminada por

la utilísima censura, por la vasta y perdurable campaña de terror intelectual

para no ser tachado de imperialista y enemigo de la paz y la

tolerancia. Es tan sumamente cómodo, y, a la vez, práctico, abandonar toda

idea de valores universales, de criterio y jerarquía entre civilización y barbarie,

y promocionar, con el nombre de democracia como icono útil, las preferencias

mayoritarias puntuales, ya sean a favor de la lapidación o del sátrapa. Se obtiene,

desde el exterior, un enorme beneficio: grandes cantidades de soma ideológico

para embriaguez de buena conciencia gratuita por parte de la opinión

pública occidental y grandes negocios, sin trabas, para las tribus de nuevos

ricos europeos (y ahora transatlánticos) del régimen adeptos a la vasta Iglesia

New age del Pluralismo cultural.

No por casualidad, surgen en este momento, 2011, en países como

Gran Bretaña denuncias, análisis y proyectos de Ley encaminados a rectificar

el gran error del multiculturalismo, que ha sembrado de ghettos las ciudades

de Europa, alfombrado el camino a los propagandistas de la discriminación,

el fundamentalismo y la violencia y ofrecido escuelas, pagadas por el ciudadano

contribuyente, donde lo que se enseña está en contradicción con los

valores básicos del país de acogida y alimenta la hostilidad y el fanatismo del

alumnado1 . conviene subrayar que esos jóvenes ilustrados en el odio a occidente

gracias al Estado de Bienestar occidental no proceden con frecuencia

de medios pobres y marginados sino de acomodadas clases medias. como

sucedió en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, como ha ocurrido en España

con ETa y con el silencio acomodaticio respecto al 11 M, la indignidad,

la cobardía disfrazada de tolerancia no sirven para obtener la paz sino el deshonor

y las diversas formas de la guerra. El Gobierno de Londres ha cons-

1 «Bagehot: Muscle v multiculturalism». The Economist. Feb. 12 th -2011.

110 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

tatado que el aparente liberalismo del apoyo económico a la proliferación de

escuelas de confesión religiosa ha servido para que éstas dediquen la mitad

del horario a teología y estudios coránicos y eludan las materias humanísticas.

El proyecto actual propugna la general defensa de valores que no son negociables

ni deben estar sometidos, en nombre del relativismo (por no hablar

de la Alianza de Civilizaciones) a abandono oportunista alguno. Se trata, entre

otros, de la libertad de expresión, la libertad de cultos, la separación de poderes,

el Estado de derecho, la igualdad sin discriminación de raza o sexo.

La Enseñanza se muestra, de nuevo, como el buque insignia del buen

o mal gobierno de los países. La política educativa de las clientelas españolas

lleva muchos años utilizando, además del folklore maoísta, una especie de

fotocopias borrosas y desfasadas de las directivas británicas, a manera de

hojas de parra con las que ocultar el crudo reparto de las seis o siete horas

diarias del horario escolar entre sus clanes a golpe de batido igualitario. de

ahí la importación de términos –como destrezas, habilidades- que son puros

calcos del inglés y cuadran más con el mundo circense que con la adquisición

de conocimientos. Esto cuando la experiencia británica de las comprehensive

schools se había reconocido allí como un error manifiesto. Siguiendo su tradición

de importar alimentos caducos, existe ahora en España el claro riesgo

de que se caiga en la constelación de escuelitas alimentadas con cheques escolares

y ajenas tanto al cuerpo general de asignaturas de base, a la envergadura

real de las materias, como a los valores universales, el sustrato de

civilización y los derechos humanos.

¿Está la esperanza, o, al menos, una parte de ella, en el trabajo

de los historiadores? Tienen ante sí la recuperación, para la conciencia

propia y ajena, de la ribera sur mediterránea, de lo que fue el otro batiente

de la puerta del mundo grecorromano, de la Tingitana, la cirenaica,

del esplendor de alejandría. Y, con ellas, no de un imposible y muy lejano

pasado, sino de una corriente que dejó semillas y que anegaron invasiones

tribales. Harán falta cronistas del final auténtico del Imperio otomano, del

leve, pero quizás premonitorio, rompimiento de nubes que marque la aparición

de Estados, en contraposición al ficticio, y letal, mito totalitario-teológico

de la Umma. ocultas por su opacidad y su peso, silenciadas por el ruido y la

furia, hubo, hay en los llamados países árabes personas a las que se les deben

la palabra y la luz de la superficie. Son, además, necesarias para sus vecinos

del norte, pertenecen a la borda meridional del común barco mediterráneo

y a la nave mayor en la que la generalidad de los humanos es cada vez más

consciente de moverse. En un rincón de África está apuntando una nación

nueva, la más joven, no definida por la pertenencia religiosa, que podría llamarse

Sudán del Sur o Nubia. Hay mucho por describir y por escribir. a pie

de Historia.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

111


MErcEdES roSúa

VI. De la utopía y sus dividendos

En abierta oposición a la facilidad del tópico y a la dificultad de distinguir

la estructura del presente, conviene decir que la Historia no se repite

jamás, que se asemejan trazos de su superficie, momentos, intervenciones

de sus actores. Y ahí acaban los parecidos.

como una caterva de dioses malos, se han instalado en la edad contemporánea

sectas de extraordinaria rapacidad y avidez que corren paralelas

a lo improductivo de su substancia. al carecer de valores propios, de aporte

real a la civilización, la sociedad y el bienestar de sus paisanos, se definen por

la apropiación del sujeto ético y por la invasión y ocupación agresiva del espacio

mediático. No hubieran podido existir en épocas anteriores. aunque,

por supuesto, tienen rasgos comunes y familiares con hechos tan habituales

y antiguos como la corrupción, la explotación de la credulidad para lucro del

gurú o el clero, el fraude y las diversas artimañas de la vida política, se trata

de un fenómeno nuevo y, como tal, merecedor de estudio. Su nicho ecológico

es el de las sociedades protegidas, las ventajas del estado de bienestar, que

pretende ofrecer a su público el apetecible lujo de la superioridad moral y, al

tiempo, la gratuidad de cuanto se disfruta, en un clima de compra de voto

rápido y lluvia de sensaciones, fatiga perceptiva y ausencia de espacio crítico.

Neolengua y cegueras voluntarias, hábito del mínimo esfuerzo, chantaje,

distorsión selectiva y planificado olvido histórico, todo confluye en la

creación y alimentación de la nueva especie. La utopía ha podido, anteriormente,

ser letal, y también la palanca que ha movido el fondo más generoso

de las personas hacia la mejora de la existencia. Pero, en cualquier caso, sus

seguidores tomaban iniciativas, renunciaban a otras opciones, luchaban, corrían

riesgos. Por primera vez, en el siglo XX y en lo que va del actual, surge

la utopía subvencionada, que, en la práctica, consiste en un tejido, similar

al de las sectas, nutrido con la regularidad de los fondos oficiales. El anterior

edificio se invierte: no hay en primer lugar ideales que amalgaman luego a

los interesados en trabajar para lograrlos. Las consignas, aunque se vistan de

viejos tópicos, sirven desde su gestación misma para garantizar la colocación,

lucro, perdurabilidad y crecimiento de cuantos se apiñan en la pirámide que

recibe, con garantizada regularidad, los favores de un poder al que, a su vez,

éstos, sea legitiman directamente haciéndose caja de resonancia de sus directivas,

sea amenazan –con la inestimable ayuda del chantaje lingüístico dual,

la agitación y la propaganda- con hacerle perder votantes de no comprarse

su silencio.

El fenómeno va mucho más allá de la dolencia que aqueja a las sociedades

modernas: la creación de castas burocráticas que se constituyen en fin

en sí mismas. cuando las condiciones son especialmente propicias, y éste es

el caso español, las clientelas extienden una red parásita que se rige por el con-

112 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

trol ciudadano y la persecución de la excelencia, hasta llevar al país a las peores

cotas de ruina material e intelectual. Hay un común denominador en

sus miembros: El ingreso y permanencia en situaciones de privilegio, no por

mérito personal alguno, sino por identificación genérica, gregaria, social. Se

multiplica, incrustada al cuerpo productivo, la red de nódulos que viven, prosperan

y votan según consigna, fidelidad al pagador y ruido mediático que

son capaces de generar. Las utopías son icono y compañero de viaje de beneficiarios

sin otra labor, producto, envergadura ni currículum que la adscripción

sexual, de clase, de etnia, de clan local, acompañada de la devoción

a iconos siempre vagos y preferentemente lejanos para evitar las consecuencias

reales de su puesta en práctica: mitos obreristas y guerracivilistas, buenismo

primitivo, tribus de inocencia primigenia, edenes ecológicos, paz

universal y amor planetario. En el área inmediata de acción de las clientelas,

se impone el canon del listón más bajo, con exhibición de una auténtica animosidad

contra grandeza y excelencia, y difusión, en defensa propia, de una

doctrina de la mediocridad preceptiva y del feísmo como normas.

VII. Las Clientelas de la Utopía

Las clientelas de la Utopía son, pues, un fenómeno nuevo, extraordinariamente

peligroso, que aparece y prospera en el siglo XX y principios del

XXI. Esta red de núcleos parásitos se hace mantener, acapara bienes y se impone

a costa de la extorsión oficializada. El método se basa, sea en subvenciones

y transferencias de fondos directas, sea en la implantación, ocupación

y gestión de organismos de control cuya función es que los individuos válidos

y productivos se vean obligados a pagar peaje y someterse.

Nacen con el Estado de Bienestar y son su contrapartida cancerígena.

Su primera táctica es crear dualidades falsas Buenos/Malos en la opinión pública

por medio del recurso totalitario de la neolengua, adaptada a los sistemas

democráticos gracias al control mayoritario de los medios de comunicación,

de la Educación y de la cultura.

Las clientelas viven de los fondos que absorben de los ciudadanos vía

Estado complaciente y sumiso, y hacen depender a aquéllos y a éste de ellas

de dos formas: Por el miedo si el Gobierno no les es afín o integrándose

como propagandistas y correos de transmisión del Partido en el poder. Éste

último es particularmente el caso, interesante para el historiador por

lo descarnado y nítido, de la España actual y reciente. Las clientelas se

diferencian radicalmente de anteriores grupos en apariencia similares: Son

institucionales; no corren riesgos ni se lanzan, en pro de un mejor futuro, a

inciertas empresas. La causa, la adhesión al ideal, no precede al efecto. Su

proceso clientelar es inverso al de los utópicos tradicionales: Las normas,

disposiciones, leyes, entidades, organismos se crean porque sirven al grupo

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

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MErcEdES roSúa

de presión, cuya voracidad y tendencia expansiva son proporcionales a su

necesidad de cubrir el vacío con el ruido. La utopía invocada (Igualdad, Paz,

Pueblo, Progreso) es puro revestimiento. El combustible psicosocial del que se

valen consiste en cualquiera de las formas de anular al individuo como sujeto

responsable, ya que los elementos que forman su ecosistema funcionan en

tanto que unidades gregarias alimentadas en buena parte de victimismo y de

premisas antagónicas respecto a los demás, de forma que el parásito quede

definido, y justificado, por su pertenencia al grupo del Bien.

En términos más pedestres, y apegados al terruño, pululan los comuneros

de la vida natural y la energía alternativa subvencionada siempre y

cuando el dentista (que no el brujo de la tribu), el tratamiento hospitalario y

el todo terreno para desplazarse hasta el refugio campestre estén a su disposición.

Son legión las arriesgadas amazonas del feminismo igualitario y los

valentísimos luchadores sexuales contra la Iglesia y el sistema que viven en

la guardería indefinida que les procura el Gobierno y se entretienen con la

guerrilla gratis total en términos de esfuerzo y coste. Proliferan los amantes

de la Tierra (que nunca tuvo tantos amigos como desde que se los pagan),

los adeptos a la irracionalidad total, parcial o ecolátrica confortablemente

aferrados a la ubre de las catástrofes. Por no hablar de los defensores a ultranza,

y a toque de manifestación y de consigna, de la paz y del amor mientras

con ello puedan atacar a las encarnaciones cercanas de su dios del Mal y

la oportuna ceguera les permita obviar, como si no existieran, criminales, dictadores

e injusticias manifiestos.

Pero los ruidosos defensores de la utopía todo a cien y el socialismo

con facturas a cargo del capitalismo odioso y de la abominable burguesía de

mercado no pasan de ser la espuma folklórica, los coros esporádicamente

convocados ad maiorem gloriam del distribuidor de mercedes. La fiel infantería

de las clientelas, el grueso de la tropa, consiste en un híbrido de clonación y

holograma que extiende su red por toda la administración y organismos del

Estado, vigila, exige, consume y vive para mantenerse a sí y a los suyos. El

fenómeno sobrepasa con mucho cualquier tipo de corrupción clásica, es estructural,

se multiplica en sucesivas metástasis por todo el cuerpo burocrático

y por los puntos de contacto de los sectores socio-laborales y se envuelve en

banderas de falsa libertad. La masa parásita no se conforma con ser pagada:

no perdona la superioridad ajena. a la clientela puramente gástrica se superpone

y mezcla la psicológica, que recibe de la Iglesia-Secta sociopolítica su

reconfortante cupo cotidiano de identidad y seguridad. Los fieles repiten los

mantras de rigor, participan en liturgia y exorcismos y, en el mejor estilo de

las sesiones orwellianas de odio, sostienen al Gran Economato (que sustituye

con ventaja al Gran Hermano) con el mantenimiento, para ellos vital, de un

Mega Enemigo reaccionario.

114 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

Estas huestes de nómina y prebenda vienen recibiendo en España sucesivas

hornadas de tropas de refresco salidas del horno de un guerracivilismo

y guerracristianismo montados y mimados para mantener

indefinidamente la gallina oficial de los huevos de oro, a cuya puesta se deben,

por ejemplo, las películas más aburridas y reiterativas de la historia del cine

español, las agresiones más cobardes a gente indefensa y la estupidez más

impresionante, extensa, abrumadora y cerril en el campo de la Enseñanza.

Estamos, en lo que respecta a las clientelas actuales, no ya a años luz, sino en

el extremo opuesto del universo de los defensores de utopías. Ninguna relación,

excepto la perversión antinómica, con los que abandonaron todo para

fundar, en territorios ingratos y durísimas circunstancias, comunas; nada que

ver con las feministas de pro y de nobleza; ni asomo de semejanza con los

líderes sindicales sostenidos por su honestidad y sus afiliados; distancia astral

en cuanto a los solitarios luchadores en defensa de la verdad, el bien, los valores

humanos universales, la libertad, la belleza. Los miembros de sectas,

clanes, tribus y coros oficiosos que guían sus actos por la envidia, el odio a

la excelencia ajena y el deseo de adueñarse de lo que no se han ganado ni

merecen difícilmente pueden comprender la mera existencia de una calidad

y unos seres que pagaban sus ideales con sus actos.

Las clientelas de la Utopía no pueden asimilarse a los grupos mafiosos

aunque se valgan del miedo, de la violencia (véanse sindicatos del partido en

el poder) o, continuamente, del chantaje mediático. Son oficiales, perfectamente

legales e incluso, como viene siendo el caso de España, instrumentos

del Gobierno. En términos generales, ofrecen seguridad a cambio de la imposición

del mínimo común denominador personal, ético, profesional e intelectual.

Su arma más poderosa es la exclusión, para lo que se adueñan de

los sectores productivos, especialmente de Enseñanza y cultura, generando

e implantando controles (cursillos de capacitación, certificados de formación,

etc.) que impiden y anulan el paso directo al mundo laboral por conocimientos,

diplomas, oposiciones y selecciones objetivamente comprobables. Esto

se efectúa en un ambiente de indefensión ciudadana generalizada, que difumina

las fronteras de lo público y lo privado, crea inseguridad, culpabiliza la

libre expresión y actuación individuales y monopoliza por parte del Estado

el sujeto ético, debilitando y desprestigiando, de forma simultánea, a todos

los posibles competidores (círculos amistosos, familiares, cuerpos profesionales,

entidades religiosas). Paralelamente, la libertad crítica es sustituida por

su simulacro en forma de zafiedad impositiva, con el fin de asimilar democracia

a la adopción de las formas más bajas, fáciles y míseras de moral, pensamiento,

artes plásticas y conducta. Las clientelas incrustan así en la

sociedad una red de candados, un sistema que irremisiblemente causa el empobrecimiento

del país y la degradación de ciudadanos e instituciones. Mientras,

se produce paralelamente el engorde del cuerpo parasitario, en una

dinámica normalmente periódica, al ritmo de los nutrientes acumulados por

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

115


MErcEdES roSúa

la víctima-huésped, sin que, a falta de una toma de conciencia cívica, el ciclo

pueda romperse si no es por la completa bancarrota.

VIII. La incultura como poder

El desastre programado de la Enseñanza española es un ejemplo perfecto

de la actuación de las clientelas. La Ley –LoGSE, LoE y sus secuelas-eliminó

los conocimientos y el valor mismo del hecho de adquirirlos,

junto con el mérito del estudio, la valía intelectual y el esfuerzo. Se trató de

un vasto golpe de Estado, que perdura, contra la jerarquía de los saberes, los

derechos y valores individuales, la civilización, el Humanismo y la inteligencia.

La imposición de una bolsa global de Trabajadores de la Enseñanza, al

tiempo que infantilizó y mezcló todo tipo de asignaturas, alumnos, edades y

niveles, permitió la sustitución de los cuerpos Profesionales, la titulación y

los méritos objetivos por una red de comisariados pedagógicos, apoyados en

los sectores de Maestros de Enseñanza Primaria y Formación Profesional, a

los que ofrecieron promociones vertiginosas dando clase a alumnos de cualquier

edad de cualquier materia. de no servir a la clientela de los dos sindicatos

del partido del Gobierno, comisiones obreras y UGT, al PSoE y a

las tribus autonómicas que lo sostenían en el poder, la LoGSE no se hubiera

promulgado jamás. El maoísmo revenido de su fachada no fue sino decorativo

aditamento.

IX. Un país en la UVI

En términos más amplios, España es el hombre enfermo de Europa

por el largo chantaje dual del que las clientelas de una supuesta e interminable

batalla antifranquista vienen haciendo objeto a todos los sectores valiosos

y válidos del país. La tergiversación y el secuestro continuo de la Historia, la

manipulación comunicativa, la cultura impuesta como única y la omertá cotidiana

son proporcionales a la ruina, desguace, saqueo y endeudamiento de

la nación. Lógica y paralelamente, feísmo, relativismo, zafiedad e incultura

son recompensados e impuestos en todas sus formas. Porque cualquier superioridad

individual es el enemigo a abatir en un sistema que se quiere in

péctore de partido único mantenido en o por el poder.

Para aquéllos a los que es difícil ver lo obvio, los que desconocen el

pasado próximo y son incapaces de llamar a las cosas por sus nombres (robo,

mentira, extorsión, barbarie, estulticia), que sepan que las cosas no fueron

así siempre, que tampoco son como se las imponen los dogmas de obligatorio

asentimiento, y que podrían ser de otra manera. Los comisariados de capacitación,

accesos, cursitos y cursillos y sus correspondientes liberados

sindicales instalados en la prebenda de impartirlos así como el enjambre tribal

de promotores de la diferencia lingüística podrían suprimirse. El nivel de inteligencia,

formación, productividad comenzaría a elevarse instantáneamente.

116 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

La salud del hombre enfermo de Europa pasa por la liberación de ese entramado

de cadenas que está asfixiando a su sociedad.

X. La fabricación del olvido

Irremisiblemente, se extiende ante los historiadores una nueva

tarea, impuesta por la sociedad de la comunicación, los mensajes numerosos,

la información volátil y la formación paupérrima. Además

de la incidencia telemática en el curso de la historia, habrán de estudiar

dos técnicas inseparables del fenómeno mismo comunicativo: la

fabricación del silencio y la fabricación del olvido.

afirma el ex Secretario de Estado estadounidense, dr. Henry Kissinger,

en sus memorias y consideraciones sobre la época actual, que los políticos

son hoy mucho peores, menos fiables y de escasa envergadura

precisamente por su dependencia del mundo instantáneo de los mensajes,

que les hace tener menor rigor intelectual y solidez de criterio. Precisamente

por la inmensa cantidad de palabras que circulan, nunca antes fue tan importante

el papel del silencio. Lo omitido, lo minimizado, las noticias que se

deslizan hacia las últimas columnas y páginas de un periódico, la envergadura

de personajes y hechos medida en telediarios, la nada de la pantalla y de las

ondas rápidamente ocupada por referentes que no añaden, sino que borran

lo anterior y lo reducen en breve a la absoluta inexistencia, todo ello funciona

con mecanismos que configuran, de forma tan eficaz y sólida como el buril

de un escultor, la masa de realidad perceptible. En el archipiélago totalitario

de los Economatos, la represión y la censura son tareas prescindibles. Para

la aniquilación del adversario, el tiro en la nuca y el cadáver en la cuneta son

tosquedades de mal gusto. Basta con la adecuada dosificación televisiva, con

la vacuna repetida y oportunamente aplicada de imágenes y mensajes destinados

a ocupar lo que podría haber sido el espacio mental y receptivo de la

realidad indeseable. Por ello, se hará mal en desdeñar las anécdotas. En la

historia del olvido no puede faltar, como botón de muestra, alguna tan reciente

-2010, 2011- como el veto en todas las salas de cine y en todas las televisiones

de la última película de un director que, casualmente, rechaza las

subvenciones y es ajeno a las clientelas fidelísimas al régimen2 . raya en el

misterio la animosidad mostrada por algunos comentaristas, que incluso prohiben

al espectador verla; sin duda para salvaguardar el alto nivel de exigencia

estética del público español.

2 Se trata de La sombra prohibida, segunda parte de La herencia Valdemar, de José Luis

alemán. Sea cual fuere su calidad, el fenómeno de su completa desaparición, simultánea al

estreno, de todo medio visual es en España insólito. El autor es objeto de un asombroso

bloqueo incluso en la web. El tema de sus películas es terror basado en los ritos y mitos demoniacos

de cthulhu, de Lovecraft. El caso Valdemar era atractiva y desde luego superior a

gran cantidad de bodrios hispánicos exhibidos en cine y televisión.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

117


MErcEdES roSúa

España se ofrece de nuevo como perfecto espécimen de muestra.

Sólo los pacientes investigadores podrían saber, de lo hecho público desde

hace, el mes en que esto se escribe, siete años, que hubo manifestaciones

grandes, pequeñas, medianas pidiendo que se supiera la verdad de la matanza

del 11 M, que existieron concentraciones de las que apenas dan fe otros que

los que las vivieron y un puñado escaso de medios de comunicación, y que

esas manifestaciones tuvieron un carácter extremadamente irreal, el de una

multitud que desfilaba en el orden de la dignidad y la tristeza, con carteles

improvisados, por un centro urbano casi vacío, entre balcones y ventanales

que se entreabrían en ocasiones para dejar paso a un rostro curioso. Las televisiones

los ignoraban, las cámaras y las torres de transmisión estaban ausentes.

Los participantes podían ser miles pero todo se producía en el

ambiente onírico de las realidades paralelas, en el silencio que sólo se da en

las ciudades de los sueños.

Una y otra vez, uno y otro año, la pila de muertos del 11 M ha yacido

ahí, en el centro mismo de la sociedad, del país, de su historia, de las conciencias,

y un día y otro se barría con silencio, con la distancia de lo incómodo

y lo zanjado, y se esparcía, para anular el olor de un cadáver que no ha cesado

de aflorar, el ambientador de la vileza generalizada y asumida. Los jóvenes

historiadores comprenderán difícilmente que hubo un tiempo en el que se

acusó de asesino, no a los asesinos que volaron trenes en Madrid, sino al entonces

Presidente legítimo de la nación, un tiempo en que se derramó y encauzó

sabiamente sobre la sociedad, tres días antes de las elecciones generales,

un baño de bien dirigido odio. Y no entenderán en absoluto cómo desapareció,

casi en horas veinticuatro, el vasto escenario de metales retorcidos.

Igualmente se fue esfumando un hecho turbio y enorme, del que pronto sólo

asomaban puntos testimoniales, sin gran transcendencia pero bañados por

los focos que les conferían la importancia de lo únicamente existente.

El historiador avezado en la paciencia y en la exploración del aparente

vacío descubrirá que muy pronto nada pareció haber sucedido, y se extrañará

del empeño con el que políticos, en y sin el poder, borraron las imágenes,

pasaron fugazmente, cuando pasaron, por las conmemoraciones y ritos de

rigor, y el investigador observará cómo se despliegan ante él lentamente los

hilos finísimos de la retícula que envolvió a la mayor parte del cuerpo social

haciéndole participar, de manera activa o pasiva, en la comunión con la actitud

oficial respecto a los hechos. La fabricación del olvido corre pareja a la

de la impunidad y ambas confluyen en el trazado de un pavimento por el

que avanza el usuario sin reparar en que únicamente se le han proporcionado

fragmentos del suelo. Ha transcurrido más de medio siglo desde que en 1946

el disidente arthur Koestler vendió en Francia cuatrocientos mil ejemplares

de El cero y el infinito, y conviene recordar que por entonces el Partido comunista

Francés adquirió partidas del libro para destruirlas y amenazó a los edi-

118 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

tores. Mientras, en la universidad, un conocido intelectual aseguraba que toda

crítica contra la UrSS era un acto de guerra. Los métodos han cambiado

menos de lo que pudiera parecer; son menos rústicos, de coacción y agresión

físicas maquilladas; están inmersos en la revolución telemática. Pero las horas

del día y la capacidad de percepción y de atención del ser humano continúan

siendo limitadas. El estado bélico potencial y perpetuo frente al Enemigo

Malo es, ayer y hoy, instrumento indispensable para el sistema de clientelas

y clanes y suele ir asociado a la defensa angélica y abstracta de la paz universal.

El mundo ya sabía de cegueras selectivas, pero el ejemplo de España

es extremo. No hay en Europa nación tan avergonzada e insegura, de

libros de texto cortados al servicio de tribus y caciques, no hay país en el que

se prohíba la enseñanza y la expresión en la propia lengua como ocurre en

grandes regiones españolas con el español. durante décadas se ha cultivado

un relato del pasado hemipléjico, un guerracivilismo de supervivencia, por

ordeno y mando de la clientela. Los sucesos de 2004, la matanza de la estación

de atocha y su utilización deliberada para cambiar el Gobierno, el brutal

giro político, la ocupación, apropiación en beneficio de los innegables clanes

del cui prodest y las irremisibles ruina y endeudamiento del país, en el sentido

más amplio, han marcado una inflexión que carece de parangones. Al historiador

le tocará investigar el más difícil de los documentos: el de las

páginas cortadas y el silencio.

XI. El rescate del tiempo

No se trata de un relato de ficción. de los libros de texto, y no de texto,

se ha eliminado la sucesión lineal. Sus páginas son un puñado de hechos escogidos

al albur de los intereses de la clientela en plaza y mando. Paralelamente,

el espacio geográfico está sujeto a la misma metodología, y en ambos

casos el interés esencial es reducir lo percibido a un maremágnum arbitrario

cuya clave e hilo conductor proporciona el comisario que en cada caso corresponde.

No hay jerarquías: El descubrimiento de américa, si se cita, no

tiene mayor rango que las expediciones comerciales del gremio de tenderos

local desde su pueblo a la costa; la cerda trasladada por dos vagabundos sustituye,

con ventaja, a Babieca y a Bucéfalo; las últimas pateras arribadas a canarias

desbancan a La Pinta, La Niña y la Santa María. En esa bruma confusa

en la que han desaparecido o se confunden personas, fechas y cosas es extraordinariamente

fácil seleccionar, moldear y falsear la Historia, empobrecerla

hasta los insospechados límites que permiten la mediocridad normativa, la tribalización

acelerada y la infantilización simplista de los planes de estudio.

Sin cronología lineal ni localizaciones espaciales no hay tampoco posibilidad

de juicio ético alguno porque, al eliminar el tiempo, desaparecen las

relaciones causa-efecto, la responsabilidad moral y el perfil existencial de cada

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

119


MErcEdES roSúa

individuo. Éste sobrenada, fugazmente, en un mar de sensaciones digitales a

las que responde con actos prácticamente reflejos y originados por las substancias

que, como también ocurre con sus congéneres, discurren por su persona.

a partir de ahí el mecanismo de vileza asumida, que convierte en

cómplices de las acciones del Gobierno, por muy canallas que éstas sean, a

los ciudadanos, tiene paso franco, como lo tiene la división de la sociedad

en, por una parte, la grey de clientelas-víctimas y, por otra, los trabajadores

expoliados para cebar a los primeros con el producto de su esfuerzo.

La memoria está, lógicamente, proscrita. La habitación mental de los

conocimientos personales, de esa sabiduría intransferible que cristaliza desde

edades tempranas de la vida y constituye a partir de ahí el seguro alimento

de la existencia, se encuentra desvencijada y casi vacía. Por su puerta abierta

entran y salen las corrientes de mensajes demasiado numerosos, breves y preparados

para el inmediato consumo como para ser transformados en sabiduría.

Ninguno de esos retazos de sapiencia tiene el marchamo del esfuerzo

propio, de la lentitud laboriosa y la gratificación final del hallazgo, de la plasticidad

y ambición sin límites de la primera juventud y de la infancia. Hay

una habitación vacía en quienes tienen derecho a saber. Y espera a los

historiadores que recuperen las eras, los siglos, las épocas, los grandes

sucesos, las figuras señeras, los hitos que marcaron la singladura de

millones de vidas, el mal y el bien que no llovieron de los modelos platónicos

sino de seres con apellidos y nombres. como los de los que arrebataron

la enseñanza, la cultura, el saber, la excelencia, hasta el día de hoy.

Quizás éstos nunca contaron conque los historiadores acabarían viniendo

al rescate.

XII. Rescate de presos

derribado el castillo del lenguaje, totalitario por parcelas y al hispánico

modo, abiertas las mazmorras, el rescate de presos deberá complementarse

con una larga recuperación. Ha sido muy larga la imposición dual,

la ficción maniquea. En principio existirá el instintivo miedo a la herejía ante

afirmaciones como que nunca hubo dos Españas, que jamás existieron dos

bloques monolíticos, caínes y abeles, república idílica y fascismo malvado;

que lo que vale en poesía o como expresión coyuntural sociológica no es de

recibo en análisis dignos de ese nombre. Será difícil la renuncia al automatismo

derechas, izquierdas. Y no sólo en el caso de los que así se consideran,

sin mayor trabajo intelectual ni moral, incluidos en el grupo de izquierdas, ergo,

de los buenos, sino también entre los que, por reacción a la manipulación

neototalitaria de los términos y a la ruinosa opresión de las clientelas, han

adoptado verbología y formas del adversario, se confiesan orgullosamente

de derechas y, con la alegría del converso, se dejan llevar por el entusiasmo más

120 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

allá de la lucidez, claman por la privatización de absolutamente hasta el último

servicio y resumen la solidaridad al ejercicio de la caridad en casos extremos.

En este sentido, una notable y no poco irónica distopía sería la justificación

de agresiones de todo tipo a países y gentes sin sistemas democráticos en

nombre de la democracia. La utopía seguirá mereciendo la pena, y también

habrá que salvarla, no sólo de los que han vivido oficialmente a su costa, sino

también de la lógica reacción contra ellos.

XIII. Utopías segunda fase

Tímidamente, a través de la espesa capa de desilusión que cubre lo que

fueron proyectos, esperanzas, ideales, emergen análisis nuevos en los que la

crisis económica actúa a la vez como enterrador de confortables credos platónicos

y como partera de un porvenir y una toma de conciencia apegados

a la tierra. como observan algunas publicaciones3 , los europeos gritan, gimen

y se indignan ante la idea, probada por los hechos, de que el sistema de bienestar

gratuito para todos, la seguridad de la cuna a la tumba y el progreso

continuo tan fiable como la aparición del Sol y de la Luna sólo fueron hermosas

quimeras ajenas a los imperativos de la realidad. Fue bello, mientras

duró, apurar sorbitos de utopía con las espaldas bien cubiertas y las fronteras,

en caso de auténtica necesidad, defendidas por los soldados y el dinero de

otros. de repente la necesidad de trabajar y producir más y mejor, de vivir

con menos, de sentirse seguro y de buscarse las formas de mejorar la propia

existencia ha sacudido y hecho caer un edificio fragilísimo porque carecía del

cemento y del cimiento de la clara conciencia del esfuerzo y de los precios:

Ha volado de un soplo la casita de paja de la felicidad progresiva y por decreto,

en la que, una vez todas las necesidades básicas ampliamente garantizadas,

se podía incluso jugar a la angustia de buen tono y a la manifestación

antisistema semanal.

La desaparecida felicidad de renta fija no deja como panorama el vacío,

sino algo mucho más peligroso: la rapiña inmisericorde de las hordas que

han vivido, y aún viven, del moribundo mito del Seguro Progreso y que tienen

larga práctica en picotear víctimas y en arrebatar despojos. Porque la regresión

puede ser durísima y llevarse por delante logros, en derechos

humanos y laborales, en equidad legal y en protección de los más débiles,

que en Europa constituyen la médula de su idea de civilización. Ésta puede

ser salvada, pero no sin la eliminación del cáncer tribal de cuantos aspiran a

vivir de las indefinidas rentas del chantaje en nombre de las profesiones de

fe angélicas y gracias a los dividendos de la partitocracia. cuanto más sube

el petróleo y cuanto más inseguras e imprevisibles se hacen las fuentes de

aprovisionamiento y la situación mundial, más se desmorona la fachada de

3 «charlemagne: calling time on progress». The Economist. July. 17 th -2010.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

121


MErcEdES roSúa

hipocresía que ha permitido, a gobiernos de corto plazo electoral y muchas

ganas de reparto del pastel estatal, prometer el trabajo, estudio, vida laboral

y productividad mínimos y el bienestar máximo. Por supuesto, es perfectamente

posible retirarse a una comuna rupestre, trabajar dos horas al día, enmarcar

diplomas de estudios sin el menor rigor ni relevancia, desplazarse sin

gastar energía externa alguna, jubilarse a los cincuenta años. Pero esto no se

compadece con moderna atención hospitalaria, calor en invierno, tres comidas

al día, posibilidad de largos desplazamientos, envejecimiento soportable

y larga esperanza de vida. Por no hablar del panorama que hallarían los

amigos del todo el mundo es bueno en un simple periplo por África, en cuyas

profundidades podrían, por ejemplo, disfrutar el espectáculo de la esposa a

la que, tras cortarle la pierna en un rapto de mal humor, el marido ha dejado

tranquilamente desangrarse y que las fieras se encarguen de la limpieza de

restos. Un evento más entre los masai, esos chicos tan fotogénicos, a cuyas

mujeres no hay feminista que les escriba. Porque hay otro fenómeno perfectamente

nuevo en espera de cronistas: coexisten por primera vez en el Planeta

todas las eras de la especie humana, de la espacial a la de piedra, de la

magia y los ritos tribales como únicas leyes al código de derecho internacional.

No hay mito del Progreso que valga sin que los individuos lo vayan construyendo

con la adaptación y cambio de sus formas de vida y con la lucidez

respecto a los precios y las consecuencias que tienen todos y cada uno de los

bienes y de los actos. En este sentido, con un poco de suerte, podríamos

estar asistiendo, no al final de las utopías, sino al de sus clientelas.

El desolador panorama de las clientelas de la Utopía tiene como víctima

principal cuanto de positivo las utopías representaron y representan. El

sistema de clientelas no es un error, ni un desvío en la aspiración a mundos

mejores. Es exactamente su perversión, su opuesto. Las clientelas se nutren

extrayendo la sustancia misma de lo que fueron nobles ideales, generosos

sentimientos, y dejan la cáscara gris, el señuelo de lo que fue solidaridad, desprendimiento,

audacia. El rescate es posible, pero sólo si se extiende la clara

conciencia de que quienes viven –y son multitud- de esta trama no abandonarán

sin áspera lucha la piel y venas de su huésped, el rosario de feudos, tribus

localistas, comisariados sociales, políticos, sexuales, pedagógicos, las

células de vigilantes para la igualdad y la fraternidad, las agrupaciones pro

reparto de ayudas para películas edificantes basadas en el catecismo de la

iglesia política oficial, la nómina, casi infinita del victimario que, además, en

España se nutre del cuerpo de una nación débil, desmembrada, acomplejada

y acéfala en la que, durante décadas, ha bastado con la amenaza ¡Que te digo

franquista, que te digo facha! para silenciar al oponente y cometer, con patente

de corso, las peores tropelías. El vasto sector de los utópicos subvencionados

tiene a su favor un arma primordial: la falta de escrúpulos soldada a la imposibilidad

de vivir de otra manera, puesto que no les asisten valía, trabajo, obra

ni mérito. Es un formidable blindaje.

122 Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones


HISTorIadorES aL rEScaTE

Y sin embargo la aspiración a lo mejor, a la humanización de lo humano,

posee una fuerza irrenunciable que impulsa hacia arriba cuando se

toca el fondo, que perdura como el sabor de la verdadera libertad. Hará falta

una larga tarea de limpieza y rescate, será difícil renunciar a los cómodos automatismos

duales, a la aparente bondad garantizada por simple imposición

de lo mediocre. A España le espera la tarea de su verdadera transición,

la más difícil, sin tribus y contra las tribus, con Educación, conocimientos,

sabiduría, Humanismo, Historia. Sólo con un mosaico de libertades e individuos

puede hacerse. Vivimos en un movible, cambiante archipiélago de

parcelas totalitarias. Y, asimismo, el idealismo utópico configura de continuo

sus propios archipiélagos, que pueden ser benéficos

Las utopías han servido, y continuarán aún sirviendo, a fines tan espurios

que éstas pueden parecer irrecuperables, patologías de edades pasadas

afines al fanatismo. Han tenido, con los totalitarismos, los más letales y después,

con las clientelas, los más viles compañeros de viaje. Pero, de perderse

las utopías de manera absoluta, las iglesias del clero estatal podrían instalarse

como sujeto histórico que miraría con el mayor desdén, desde su trono papal,

cuanto no fuera ellas mismas, englobado en el calificativo de superstición e

idealismo improductivo. El objeto sería reemplazado por la cantidad y rapidez

de su elaboración, por la accesibilidad inmediata, como la copia en tres dimensiones

que está anunciando la posibilidad de inundar el mercado de auténticos

Stradivarius4 , perfectos y perfectamente ajenos al desarrollo individual,

a lo irrepetible del factor humano.

La utopía será el último, necesario reducto de valores universales, incómodos,

no rentables, a la vez imprescindibles e imposibles por su propia

naturaleza.

Y, como las guerras justas y perdidas, la utopía y su rescate, valdrán,

una vez más, la pena.

4 «Print me a Stradivarius». The Economist. Feb. 12th-2011.

Historia y Utopía. Estudios y Reflexiones

123


Learning to Fly

Into the distance, a ribbon of black

Stretched to the point of no turning back

a flight of fancy on a windswept field

Standing alone my senses reeled

a fatal attraction is holding me fast,

How can I escape this irresistible grasp?

can't keep my eyes from the circling skies

Tongue-tied and twisted, just an earth-bound misfit, I

Ice is forming on the tips of my wings

Unheeded warnings, I thought, I thought of everything

No navigator to find my way home

Unladened, empty and turned to stone

a soul in tension -- that's learning to fly

condition grounded but determined to try

can't keep my eyes from the circling skies

Tongue-tied and twisted just an earth-bound misfit, I

above the planet on a wing and a prayer,

My grubby halo, a vapour trail in the empty air,

across the clouds I see my shadow fly

out of the corner of my watering eye

a dream unthreatened by the morning light

could blow this soul right through the roof of the night

There's no sensation to compare with this

Suspended animation, a state of bliss

can't keep my mind from the circling skies

Tongue-tied and twisted just an earth-bound misfit, I

(Pink Floyd. A Momentary Lapse of Reason. 1987)


Nota editorial

Este libro constituye el primer número de la colección Temas y perspectivas

de la Historia, editada por la asociación de Jóvenes Historiadores - Estudios

Interdisciplinares (aJHIS).

Iván Pérez Miranda y Javier González-Tablas Nieto

(coordinadores de la comisión editorial de aJHIS)

Salamanca, septiembre de 2011

Más información sobre aJHIS en:

http://sites.google.com/site/ajhisei

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