1 - Dirección General de Bibliotecas - Consejo Nacional para la ...

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ALBERTO PAREDES

SALVADOR NOVO,

CRONISTA-ENSAYISTA DEL AHORA

La obra entera de Salvador Novo dirige su

atención al presente. Un presente social que,

más de medio siglo después, seguimos re­

conociendo y habitando. La poesía, prosa y

teatro de Novo manifiestan un preocupado

amor por lo que ahora poso; esto no hace de

él un cronista, en el sentido acrítico de la pa­

labra, sino una pluma dedicada al diagnóstico

- agudo y humorístico- de lo que Cronos

sirve en la bandeja del calendario. Novo es

de los primeros literatos hispanoamericanos

en percibir que algo en verdad peculiar aso­

maba la nariz conforme el siglo xx despun­

taba en el horizonte. L.a modernidad (o lo

que sea) brinda un manjar de contradiccio­

nes, desaguisados y absurdos: todo ello bien

puede nutrir una obra literaria. Obra que al

mismo tiempo festina y denuncia el caldo en

el que se cultiva. El frenesí consumista - claro

tema del insustitUible En defensa de lo usado-

es no una característica relevante sino el

modo de ser del tiempo por venir.

Imagen tomada de Breve hIstoriO del comerCIO en M éX ICO

De Novo son las artes de la ironía y la pa­

radoja. Deslizar hacia el interior de la misma

oración objetos y personas que "consumi­

mos" es un acierto genial, para el que no

puede haber defensas. En ningún momento

lo propio de Novo es la plena discusión

ideológico-económica sobre los excesos

consum istas impuestos por la sociedad in­

dustrial; le basta y complace formar amplios

bandos opuestos en su exposición. L.a len­

gua de Novo es culta, fina y al mismo tiem­

po coloquial: no se apoya abundantemente

en términos hipercultos ni en formas sintác­

ticas enrar-ecidas para el gusto o posibilida­

des del lector medio: Novo sabe que al

humor (o estado anímico) de sus arengas y

bravatas le es inherente la sensación y capa­

cidad de ser comprendido. No es casual que

escriba desde el vocero de "nosotros" para

criticar los usos de "nuestra época".

Una estrategia o conducta permanente

es preferir lo concreto contra lo abstracto.

2

Biblioteca de México

L.a simpatía con el lector es posible si, con

desenfado y ligereza, aparecen zapatos, col­

chones, esposas y radios en sus escritos. Ta­

les elementos dotan de sencillez cotidiana

el t exto y, además, funcionan subrepticia­

mente como eslabones de la argumenta­

ción. Novo sabe que es más fácil convencer

cuando el autor se asemeja a la colectividad

que increpa. El humor. la compre nsibilidad

lingüística y estil ística, el anclaje en lo con­

creto de todos los días preparan el terreno;

constantemente esta escritura desemboca

en aseveraciones lapidarias. Son el corolario

de su desenfado y frontalidad para opinar

sobre "nuestra época". Y no se fractura el

discurso: las agudezas y paradojas han de

rematar en un golpe seco definitivo, tal co­

mo el cúmulo de volut as en la esgrima lle­

gan a su clímax en la últ ima estocada recta

que toca al contrincante.

Los mexicanos los prefieren gordos es otra

muestra superior de su placer verbal. Se


mueve con la mayor soltura que ensayista

alguno pueda soñar Amplía el horizonte

temporal y de referencias culturales todo lo

que le viene bien. El tema es una broma que

lleva su verdad. El lector sabe que es una

abierta invitación al chiste y la humorada,

pero ¿sería fácil o incluso posible refutarlo?

Supongo que habría que meterse en un ca­

mino penoso y denso. Son burlas veras, para

decirlo con un giro antiguo y recuperado en

su sabor por don Alfonso Reyes, La ampli­

tud de referencias: el "México" prehispánico

(o el conjunto de culturas regionales de lo

que después sería México); la pintura rena­

centista, la escuela inglesa, la moderna cultu­

ra norteamericana... Medítese por un se­

gundo lo fácil que sería resbalarse en simpli­

ficaciones y toscos lugares comunes; a me­

nudo el gracejo pide la globalización, el bor­

de frágil es la superficialización; Novo acude,

por fuerza, en el juguete de su ensayo, a

estereotipos, pero no es culpable de aseve­

D E

SAN FRANCISCO

N9 3.

FRENTE

ALHOTEITURBIDF

Imágenes tomada de Breve H/stona de/ comercio en México

raciones falsas o torcidas: llamemos ingenio

al chiste que no depone un saber El ensayo

es una buena caricatura: de un lado la cultu­

ra de lo escuálido y de la otra la del sobre­

peso sensual. Entra muy en su sitio, de

nuevo, la figura del "nosotros" para privile­

giar y acabar de establecer la simpatía de

uno de los bandos. Ahora ese plural hos­

pitalario no titubea en mostrar el singular

de un yo: es el individuo que, sin separarse

de la mentalidad y hábitos compartidos,

razona un poco más y acude a una bibliote­

ca más amplia que la del resto de cofrades,

para decir algo común y aceptable. El cro­

nista que hay en todo Novo, es decir la sen­

sibilidad perceptiva y gozosa de los usos de

hoy brinda el festín de sus agudas observa­

ciones con una pluma orgullosa, sarcástica y

crítica. Pues Salvador Novo es, definitiva­

mente, el curioso pertinente del siglo xx

mexicano, y con ello ha hecho un magiste­

rio de prosa sin par

Biblioteca de México

MENTWERA

CENTENARIOS DE

INNÚMEROS ILUSTRES

Sólo en el 2004 se cumplen centenanos

del nacimiento de tantos escritores ilustres

de México, de Latinoamérica y del mundo,

que sería imposible cumplir en nuestras

páginas con todas las rituales conmemora­

ciones que esos personajes merecen.

Pero, además, como lo decía Borges, tam- '

poco es necesario practiar con tanta pnsd-

sión, para esos homenajes conmemorativos, .

ei culto al sistema métrico decimal y los nú­

meros cerrados, que conmueven en todos .

los tiempos a los milenanstas.

No sólo se cumplen centenarios de mu­

chísimos artistas nacidos en los primeros

años del siglo xx, sino bicentenarios y aun

sesquicentenarios de otros más naddos y

desaparecidos al principio del xix o la mitad

de ese mismo siglo (como es el caso del

celebérrimo e infernal Arthur Rimbaud).

De todos modos, ya nos hemos ocupa­

do de conmemorar en las páginas de la re­

vista a muchos grandes autores que cum-,

píen siglos de nacidos o de fallecidos en^

los albores de este siglo xxi (Víctor Hugo,-*"

Emilio Zola, Gorostiza, Villaurrutia, Luis

Cemuda, etc., etc.) para contribuir como ,

lo impone la línea de nuestra revista, a la :;

relectura y revisión de la obra tanto de los:

justamente célebres como de los algo

injustamente olvidados o mal leídos.

Por lo pronto aquí se encuentran algu­

nos homenajes más a escritores propios y

ajenos más que dignos de ser leídos y re- '

leídos: Salvador Novo, Pablo Neruda, Gil­

berto Ovven, Rimbaud mismo, George

Sand y algunos más. contemporáneos de,-

Neruda. en el conjunto de "instantáneas'';,

que nos entregó hace meses el poeta y

amigo colombiano Juan Gustavo Cobo

Borda.

Ilustran el número los propios autores y

se incluyen dibujos de Miguel Covarrubias."

a quien también celebramos en su cente­

nario.

Prefiguración del 'Bateau ivre'. dibujo de un

cuaderno escolar de Rimbaud


MIGUEL ÁNGEL MORALES

SALVADOR NOVO:

CINE Y AUTOBIOGRAFÍA

Primera llamada '^^^^^^^^Η^^^^Β f;n aceptada por la crítica. Alvaro Custodio, futuro^^^^^^f

de la magistral anta Aventurera (Tito Gout, I949),OT^^^^P

En 1937 Salvador Novo comenMl^^^^^^^^^^^^|^

Sevilla a la cabeza del reparto, señaló muy certeno:

Hoy su columna "La Semana Pasadai|m||||||^mm|P

trial mexicano al realizar unas correcciones a los diálogos

De nuevo la compañía pnoductora RAMEX, sucursal en

Rpor Rafael M, Saavedra para la película La Zandunga,

México de la poderosa RK.O Radio, ha repetido un ex­

;ió el cinearta Femando de Fuentes y protagonizaron

perimento que, al iniciarse el cine sonoro, no dio resul­

;lez y Arturo de Cordova,

tado en FHollywood: realizar con actores hispanos un

o a sábado y en interminables líneas, Novo publica en "La

argumento ya filmado por el cine estadounidense. Lo

Pasada" sus coirosivos comentarios contra Hincionanos

único notable en este esfuerzo llevado a cabo en Mé­

lemo de Lázaro Cárdenas. También se da tiempo para

xico es el hábil sentido de la economía al producir es­

entre otros, los guiones de Perjura (dirigida por Raphael J.

tos films con poco capital, decorosamente y en un bre­

5Π 1938) y £1 signo de la muerte (Chano Urueta, 1939),

ve espacio de tiempo.

^ donde incluye una escena en la cual el actor cómico Mario Mo-

Hpeno CantJnflas se viste de mujer En 1940 prepara un guión sobre

la conquista de México, que debió filmar en Hollywood Orson

Novo tiene que basarse en otras dos películas norteamerica­

Welles, novio de Dolores del Río y polémico y genial director de

nas para Todo un caboltero (1946), que Miguel M. Delgado

£í ciudadano Kane (1940), Welles inteipretana a Hemán Cortés

comienza a rodar a fines de septiembre. El rutinario cineasta, di­

Dolores a La Malinche. Desgraciadamente este proyectó no se

rector preferido del ya productor Mano Moreno Cantineas, no

supo darle coherencia a las aventuras del abogado interpretado

!

Y segunda llamada

^ mediados de 1946 Salvador Novo inicia su segunda y final

g^a dentro de la industria cinematográfica nacional, cuando

Hpa su amistad con pe Noriega, dirigente de la RAMEX, filial de

j^pderosa empresa norteamericana RKO Radio Pictures. We-

Wk lo había presentado años antes, cuando arribó a la ciu-

^Be México para visitar a su amada Dolores del Río. El 19 de

Wm como lo asienta en "La Semana Pasada", asistió con

^iega a los estudios Churubusco, donde Roberto Gavaldón

maba La otra (1946), en la que Dolores inteφretaba dos

apeles: el de la de millonaria Magdalena Méndez y el de su

hermana gemela Maná, abatida por la pobreza. Novo apunta

.^.acerca de esa inesperada visita al set, sobre cuando la célebre

^fectriz entre las luces de los reflectores:

^ ^ ^ ^ • s repetía una acción silenciosa que consistía en incor-

^^^^BDrarse junto a una señora muy parecida a ella, recoger

una cama su bolso y sus guantes, salir presurosa,

^^^^pgresar. quitarse los anteojos, depositarlos en el buró y

^^^Kilver a salir. Suena sencillo, pero no lo era tanto.

^^^^pvo realizó para la productora RAMEX cuatro adaptaciones

^^^^Hde ellas en 1946 y la restante al año siguiente, cuando ys

^^^Hp deteriorada su relación con Noriega. Es un misterio el por

^^^^Bo concibió o realizó un argumento propio. Sin duda las pre-

^^^^Bs con que la productora necesitaba sus versiones signtfica-

^KKmse obstáculo, además de que su guión sobre la conquista

BBde México era inviable por la magnitud de su costo. Su primera

adaptación fue a la cinta Five carne back (1939), para que Ale-

Κandró Gaiindo, a principios de agosto, dirigiera Los que volvieror

^^6), pnotagonizada por Marión Inclán. La cinta no fue mu>

por Fernando Soler Novo adapta la pieza teatral Winíerset, de

Maxvi/ell Anderson, para A la sombra del puente (1946), dirigida

por Roberto Gavaldón y con Esther Fernández, David Silva y

Arturo Soto Rangel. filmada a finales de octubre. Finalmente su

versión cinematográfica de la novela Beau ideal (1930), de Per-

cival Christopher Wren, quedaría bajo el título de Hermoso ideal

(Alejandro Gaiindo, 1947), con Rodolfo de Anda, quien inter­

preta a un risible integrante de la Legión Extrajera, angustiado

en las deslucidas dunas de los estudios Churubusco.

Con esta cinta Salvador Novo se despide de la industria fílmi-

ca, Continúa escribiendo en su diario y meses después se inte­

resará por un medio que entonces estaba por arribar: la televi­

sión. Dentro del cine nacional, su mejor guión es Θ signo de la

muerte, donde logró deslizar el ambiente goy que vivió en la ciu­

dad de México a partir de 1919.

Autobiografía

De su etapa autobiográfica sin duda las escasas páginas de La

estatua de sal constituyen las mejores del género, tan poco fre­

cuentado por los escritores mexicanos. Debido a su encumbra­

miento dentro del medio periodístico y a los exitosos spots pu­

blicitarios en la televisión. Novo postergará indefinidamente su

publicación y, es más, dudo mucho que haya añadido algo a lo

que escribió durante 1945.

En noviembre de 1943 escribió en su leída columna "El pere­

grino en su patria", que apareció en el número "monumental"

y/o especial de Hoy, dirigido en ese entonces por Alfredo

Kawage Ramia, Este texto, como tantos otros de Novo de ese

periodo, lamentablemente no fueron incorporados a Lo wdo pre­

sidencial en el periodo de Manuel Ávila Camocho.

"El peregrino en su patria" ocupa tres páginas de la edi­

ción "monumental", donde se incluyen una fotografía del


POESÍA

1915 19 55

SA LV A DO R N o

PRESENTACiÓN'

v o

S E terminó de imprimir el día primero de julio de

mil novecientos cincuenta y cinco, en los talleres

Impresiones Modernas, S. A., calle de Tabasco, nú·

mero doscientos setenta y cinco, en la ciudad de

México. En su composición se utilizaron tipos Bas·

kerville de doce y diez puntos. Consta de ciento

ochenta ejemplares en papel Corsican Dekl Text,

color ceniza, de sesenta y tres y medio kilos, nume­

rados del uno al ciento ochenta ; veinte en papel

Strathmore Text, color blanco, del mismo peso, nu·

merados con romanos del uno al veinte ; ocho, en­

cuadernados y numerados con letras de la a a la g,

para los editores; más uno especial, sin número, para

el autor. Este libro fue proyectado, dirigido y cui­

dado por el señor Julián Lara Cavero, regente de

Impresiones Modernas, S. A., Armando Cámara R.

y Guillermo Rousset Banda.

Ejm¡plar número:

La lectura en pruebas de mi obra poética (que la generosa acuciosidad de sus jóvenes ed itores ha reun ido y salvado así de la

dispersión) me ha hecho encararme objetivamente con mi vida en función de la poesía.

N acido en la ciudad de México en 1904; hijo único de Andrés Novo Blanco, español, y de Amelia López Espino, mexicana,

desde muy niño me afi cioné a lo que entonces pasaba por poesía. Esta inclinación recept iva pudo bien pronto nut ri rse en los

modelos académicos que fueron el alimento y la norma del adolescente que de los seis a los doce años, en Torreón, huía por

la puerta de los libros de una realidad revolucionaria que rodeaba su soledad sin juegos ni amigos. Fruto de esos años son estos

Poemas de infancia que hoy se t rasladan, del cuaderno de torpe caligrafía en que nacieron, a ocupar en este volumen el sitio

sincero de una primera confesión y de una profesión de fe. Encuentro, entre los ecos que les dan voz, las simientes de lo que

más tarde germinaría la mía más auténtica: la circunstancia, el humori smo -y la desolación.

De esos años al de la aparición de los Veinte poemas como apéndice de mi primer libro de prosa - 1925-; reintegrado a un México

que habría de revelarme a Darío y a un "modernismo" que arrollara a mis viejos pequeños dioses, dan testimonio desconcertado

los poemas que aquí se recogen. Los Veinte poemas concretan una forma propia que se ha liberado de los moldes en que adquirió,

sin embargo, contornos perdurables.

En los ocho años transcurridos hasta la aparición simultánea -en 1933- de Espejo y Nuevo amor, cultivé como una gimnasia

y un Juego el soneto satírico. La mayor parte de esa producción circunstancial se recoge ahora en el segundo tomo de esta

obra, y en número muy reducido de ejemplares.

Mientras Espejo representa un intento de autobiografía (abordado desde otro ángulo en el poema sin nombre que aparece

en la página 223), Nuevo amor, al borde de mis treinta años, culmina mi inspiración. Cuanto pude sentir y expresar, está dicho y

sentido en esos poemas.

POÉTICA

Para mí, la poesía es un "estado"; cada vez más inasequible, si no es en el silencio y la soledad; privado de aquella expresión que ven­

turosamente unge a los verdaderos poetas con su facilidad.

¿Pude yo ser poeta? De niño, y aun de joven, lo creí, lo soñé. Luego, la vida pervirtió mis dones y entorpeció mi sensibi lidad.

La poesía hacia los demás - la fior espontánea- dejó el sitio amargo al fruto vano y amargo de la diaria prosa.

Fuga, realización en plenitud, canto de jubiloso amor, escudo y arma innoble; todo eso ha sido parala poesía. En ell a, ahora

que no me atrevo a abordarla, me refugio. Cuanto en ella tenía que expresar, ya lo he dicho. y. sin embargo, como en mi viejo

poema,

siento que lo poesía no ha solido de mí.

* Salvador N ovo. Poesía. 1915· 1955. Ed. Colección Lince. No. uno, 1955.

10

Biblioteca de México


Exóticos versos de una triste lira

que a cada momento llora o suspira ...

Exóticos versos de una triste musa

que lenguaje en verso casi siempre usa ...

Solamente eso encontraréis aquí

en el triste libro que yo os escribí.

No miréis sus faltas ... Solamente ved

la grande tristeza que tiende su red

nublándolo todo, todas las poesías

que de mi niñez escribí en los días.

[Torreón, 10 de marzo de 1916]

Algo como romance

(Epigrama)

Eres una bella ondina,

un poema de Virgi lio.

Tus mejillas son hermosas

con la palidez del lirio.

En fin ¿a qué decir más

si tienes un cuerpo eximio?

¡Lástima que un ojo tuyo

por un trompis sea de vidrio!

A Salvador Guerrero

iOh Salvador. ¡Cómo eres vengativo!

Siempre vives altivo

y esta mañana, cuando yo leía,

cuando una trampa hacía,

tú, recordando aquella ofensa mía,

me acusaste al señor; yo castigado

quedeme, mas no espero ser vengado

pues sé que la venganza

es el arma más ruin, es del malvado,

de filo doble, lanza

que hiere al vengador y no al vengado.

Con un perdón se evitan mil venganzas

y por eso no quedo yo enfadado

y en prueba de lo mismo, te perdono.

[2 de octubre de 1915]

E.I globo y mis ilusiones

Extasiado miraba un niño a un globo

que con un dulce arrobo

balancéabase ufano por el viento

cual estando contento

de su suerte ... iinfeliz! de jabón era

y si algo en falso su cuerpo moviera

a su felice suerte

sucedería la muerte

dejando al niño inmóvil y lloroso

por aquel globo hermoso

que acababa de huir cual fatuo fuego.

Mas ¿qué importa l Podía hacer otro luego.

Así sois ¡oh, ilusiones de mi vida l

a mi alma querida

dejáis, cual aquel globo a aqueste niño.

Mas el niño podía hacer otro luego

y lo hacía con cariño,

y vosotras os vais cual fatuo fuego

y dejáis a mi alma dolorida

desengaños tan sólo ... ¡oh, triste vida!

[ 1 7 de marzo de 1 9 1 6]


Tus ojos son un arcano

que imposible es descifrar

y tu boca un carmín sano

imposible de besar.

Tus manos ... pero ¡qué manos!

un alabastro parecen.

Cuida de que los humanos

esas tus manos no besen.

y tu cuerpo .. . gentileza

celestial de bella aurora.

¡Ay del que una belleza

como tú, como yo adora!

Tus pies ... en fin, toda eres

dechado de perfección.

Reinas entre las mujeres,

reinas en mi corazón.

[12dejuliode 191 6]

Dice de mí:

Él

no me ha hablado aún

de aquellas cosas

de que casi todos gustan hablar.

Solamente sonríen sus ojos

y toma mis manos.

Su piel

es límpida y tersa

y sus ojos se entornan al verme;

mas luego sonríe

y me pide que le perdone.

y estamos así por varios

minutos

sin él atreverse

y yo

11

Biblioteca de México

esperando ...


Ya no parece bien, a mis abriles

pensar en el amor. Fuera locura

llorar, sentir, querer - ¡ay!- con la pura

ilusión de los años juveniles.

No sueño más en lunas ni pensiles

ni de un ósculo pido la dulzura

al fu ego que en mis sienes se apresura

-con patriótico ardor- en los desfiles.

La ley de la demanda y de la oferta

que me ha enseñado su sabiduría

lleva al fácil amor hasta mi puerta.

y sin embargo, a veces, todavía,

sobre el crespón de mi esperanza muerta

vierte su llanto la melancolía.

Yo te escribiera a diario, dueño mío;

fatigara tus ojos con mi anhelo;

diera al papel las tintas de mi duelo

y al sol la angustia de mi lecho frío.

Pero, ¿cómo plasmar mi desvarío

con palabras escritas en el hielo

deste común hablar, luz de mi cielo,

deste lenguaje pródigo y vacío?

¿Cómo mi muda voz expresaría

t odo el amor, en lágrimas deshecho,

que riega en aguardarte mi agonía?

Grite tu corazón, con el estrecho

mensaje de su voz, la vida mía

en la dorada cárcel de t u pecho.

DibuJo de Miguel Covarrublas

13

Biblioteca de MéxIco

De Décimos en el mor

En noche de San Silvestre,

por latitud ignorada

- que el ingeniero Zevada

por logaritmos demuestre­

vais, en estilo pedestre

y en británico vapor,

huéspedes de un comedor

en que no quebráis un plato,

a oír el primer relato

de un humilde relator.

Pero antes, alzad la copa,

y, si no podéis, la pata,

porque aquí, como en Lanata,

nos sirvan pronto la sopa.

A lzad, vecinos de Europa,

en regocijo sin fin,

alzad vuestro copetín

como en cualquiera comedia,

ya que aquí le llaman media

hasta al simple calcetín.

y porque abrevie o acorte

mi relación, os diré

que para venir viajé

en el Príncipe del N orte.

A aquel que aguante o soporte

lo que entonces soportamos,

que en un Domingo de Ramos

lo premien con una palma,

que a mí se me partió el alma

cuando al Príncipe amuramos.


PALABRAS EXTRAÑAS

Por la call e había

en carteles rojos y en bocas ásperas

extrañas palabras

que se grababan en mi cerebro como enigmas

y había acciones y efectos

cuyo motivo me preocupaba indagar.

Muchos novelistas que estudian

una niñez que no han vivido

observan que los diccionarios

son siempre consultados por niños,

Por las noches el alfabeto estelar

combinaba sus veintisiete letras

en frases que me conturbaban

y que aún no encuentro en enciclopedias,

LA POEsíA

Para escribir poemas

para ser un poeta de vida apasionada y romántica

cuyos libros están en las manos de todos

y de quien hacen libros y publican retratos los pel"iódicos,

es necesario decir las cosas que leo,

esas del corazón, de la mujer y del paisaje,

del amor fracasado y de la vida dolorosa,

en versos perfectamente medidos,

sin asonancias en el mismo verso,

con metáforas nuevas y brillantes,

La música del verso embriaga

y si uno sabe referir rotundamente su inspiración

arrancará las lágrimas del auditorio,

le comunicará sus emociones recónditas

y sel


MIGUEL COVARRUBIAS

( 1904- 1957)

Casi autodidacta y adolescente, sin más bagaje académico que su experiencia de dibujante en calles y en cafés de la Ciudad

de México, Miguel Covarrubias se va a Nueva York a los 20 años para imponerse como caricaturista en Vonity Foir, donde permanecerá

hasta 1935, alternando también sus trabajos en Fortune, Vogue y en The New Yorker

B':Ocario de la Guggenheim viaja por diferentes países de Europa, África y por ciudades del sureste asiático, para recalar finalmente

en Bali, donde realiza estudios etnográficos y antropológicos de esa población, recopilando las manifestaciones más relevantes

de su cu ltura y su arte, en documentación, fotografías y dibujos que más tarde de publicanan en The Boli Islond, en 1937.

Dos años antes había coleccionado una serie de sus mejores caricaturas de personajes del mundo en el libro The Prince of

Woles ond Other Fomous Americons.

Otros libros suyos son México South (1946) The Eogle, the Joguor ond the Serpent ( 1954) e Indion Art of Mexico ond Centrol America

( 1957), estos dos últimos editados en español por la Universidad Nacional Autónoma de México.

De regreso en México realizó obra pictórica y muralística, fue profesor de distintas materias en la Escuela Nacional de Antropología

y funcionario académico en varias instituciones. Muerto hace casi 50 años, algo peor que el olvido cubre su obra pictó

rica extensa y variada: la indiferencia y el desconocimiento. Sólo de vez en cuando algún extravagante crítico se ocupa de ella,

pero no se reúne y publica, a pesar de que como caricaturista, precursor de Abel Quezada y de Sergio Aragonés, con su éxito en

Estados Unidos, tiene tanta calidad como Steimberg o Ronald Searle, y en el dibujo no desmerece frente a José Bartol í, Miguel

Prieto oJean Cocteau, de quien aquí también aparecen algunos dibujos, dueños de una finísima y moderna línea que, en el caso

de Covarrubias le permite precisar con nitidez los rasgos raciales de sus personajes, en cualquier país donde se encuentre, por lo

que las diferencias entre una bali nesa y una tehuana son radicales en su aparente semejanza.

En Miguel Covarrubias se da otro caso de negligencia, apatía o simple desinterés institucional para recoger su obra dispersa, la

cual tiene mayor reconocimiento en el extranjero que en su propio país, acumulando sobre ella desmemoria y descuido injustos.

Sólo para recordarlo y rendirle homenaje en su aniversario incluimos en este número de Biblioteca de México algunos dibujos y

su autorretrato.

Dibujo de Miguel Covarrubias

17

Biblioteca de México

JAM.


GilbertoOwen

Tercera 27 Serie

LECTURAS MEXICANAS

do a este planeta". El amor de Owen por

Clementina Otero -que en ningún momen­

to tachamos de inauténtico- es igualmente

el de Eduard Desavesnes por su sobrina

Denise Dentin al hacerse cargo de su edu­

cación sentimental. o el de Nico por Romée,

su prometida, a la que desposa para "llevarla

a esas regiones ideales" que él ya ha conoci­

do en un viaje anterior por países exóticos.

En el caso de la obra de Vildrac (El peregrino),

Eduard, personaje desengañado y cíni­

co, le aconseja a Denise vivir, haciéndole ver

que "la grisura y la doble moral del medio en

que vive la muchacha" no son lo más propi­

cio para conocer el verdadero amor. Y en el

de la obra El tiempo es sueño, de Lenormand,

el personaje piensa que la única manera de

realizar este sentimiento, como ya vimos, es

alejándose lo más posible de la tediosa vida

cotidiana. Si bien en Eduard parece efectivamente

insinuarse un aire de enfant terrible

que ve las cosas con tanto desencanto como

fingida frialdad, en Nico, por el contrario, hay

un idealista que sueña en un paraíso donde

sólo es posible vivir con la Eva de su elec­

ción, En ambos, es la ilusión de la distancia y

"la invitación al viaje" lo que parece mover

los principales resortes de sus vidas.

Curiosamente, simbólicamente, Owen se

identifica con los dos. Y lo más curioso es

que se identifique con ellos mientras los re-

presenta en escena al lado de Clementina

Otero. Del mismo modo, habrá de seguir

representándolos en el momento en que

parta a Nueva York, bajo el pretexto de un

cargo de escribiente de primera en el servi­

cio diplomático mexicano. Sólo allá, a la dis­

tancia, el amor del poeta por su Denise, por

su Dionisia, acabará por madurar en una

serie de cartas que son como el mapa inte­

rior de un decurso mítico que apenas

comienza. No por casualidad será más ade­

lante el Perseo vencido que sucumbió al

poder de la Gorgona o el /xión que gira

como un "nuevo romántico" eternamente

atado a la rueda en llamas.

Aun cuando no deja de ser cierto que el

viaje a Nueva York, como lo señala Guiller­

mo Sheridan, tenía como propósito el de

buscar financiamiento y colaboraciones para

la revista U/ises' tampoco deja de serlo el

hecho de que el poeta, tal vez sin saberlo,

anhela "la luz que en el instante del amor lo

cegaba y ahora no lo ilumina". Extraño movi­

miento éste de atracción y repulsión, en el

que el amor sólo parece resolverse a través

de las palabras; las cartas a Clementina Ote­

ro y su libro Sindbad el varado habrán de ser

los únicos destinatarios de esa contradicción

, Guillermo Sheridan, op. cit, p. 325.

Biblioteca de México

que se agitó siempre en el fondo de su alma.

Cuando en una de esas cartas dice: "Al­

guna vez me he puesto a pensar angustiado,

en lo espantoso, en lo monstruoso que sena

un noviazgo entre nosotros"6 no puede uno

menos que sentir la ambigua honestidad que

lo mueve a escribir algo tan aparentemente

ofensivo hacia la mujer que ama. Por eso no

es raro que vea igualmente en ella al ángel

con el que Jacob --otro de sus personajes

emblemáticos- lucha y frente al cual cae

vencido. Probablemente la razón última de

este complejo mundo interior, piensa Tomás

Segovia, encuentra su justificación en la poe­

sía, pues es a ella a la que el poeta le pide "la

clave para tratar de comprender su vida, una

clave mágica si se quiere" pero que le per­

mitirá creer finalmente "en su dolor e inclu­

so en su fracaso"?

Owen ya sólo retomará a la "Bagdad olvi­

dadiza" una vez, en 1942-1943, cuando todavía

reserve algunas fuerzas a la revista El Hijo

Pródigo, cuyo secretario de redacción era Alí

Chumacero, La amistad de este último, por

cierto, en la que se alternaron algunas

noches de festejo y sesiones de lucha libre

en la arena Coliseo (a la que ambos eran muy

aficionados), sazonó los dos últimos años

que el sinaloense pasó en México. Pero esa

estancia, pese a que veía en Alí a un hombre

"más inocente y más bueno que Adán" y a

que tenía de nuevo cerca a su amado

Villaurrutia, el "hermano mayor", no duró

más tiempo del que su impaciencia viajera se

lo permitió. En I 944 partió a Colombia, inte­

grándose un año más tarde -de nuevo- al

servicio diplomático mexicano en este país,

y en 1947 vuelve a ocupar, como veinte años

antes en Nueva York, un cargo como "oficial

canciller de primera" en Filadelfia. Fue en

esta ciudad donde cerró los ojos por última

vez, a la edad de 48 años, víctima de una

cirrosis que lo había dejado prácticamente

ciego. Sus hijos Guillermo yVictoria Cecilia, y

su mujer. Cecilia Salazar -de la que se había

separado años atrás-, estuvieron presentes

en su funeral gracias a que vivían muy cerca,

en Nueva York, donde él podia verlos con

relativa frecuencia.

Mucho se ha insistido en el carácter auto­

biográfico de su poesia. Sin embargo, pare­

cería más justo decir que Gilberto O wen

era, por encima de todo, un artista y un

poeta, y que si su vida proporcionó la mate­

ria prima de sus versos, fue porque siempre

buscó descifrarla a través del viaje interior en

que quiso perderse. Para encontrarlo, es

preciso internarse a través de la ruta secre­

ta en la que personificó al náufrago que

luchó sin descanso "contra el mar" de su

obra poética. Es ahí, y no en otra parte,

donde este "lotófago insaciable de olvidados

poemas" espera que nosotros, sus lectores,

partamos una y otra vez a su rescate.

, Gilberto Owen, Cartas Q Oemenóna Otero, p. 20.

7 Tomás Segovia, Actitudes, UAM, 1988, pp.

140 y 147.


MIGUEL CAPISTRÁN

JUAN PABLO ORTIZ DEL TORO

GILBER I O OWEN:

UN MilO CENTENARIO

Si fue el 4 o el 13 de mayo de 1904 la fecha de su nacimien­

to, es cuestión que finalmente no importa ante el hecho

rotundo y apasionante de una biografía tan singular como la

suya, y que se aparta diametralmente de la del resto de sus

compañeros: Antonieta Rivas Mercado, Xavier Vil laurrutia,

Salvador Novo, José y Celestino Gorostiza, Jorge Cuesta,

Samuel Ramos et. 01., en la aventura que emprendieron a

bordo de aquella nave de mayor calado que las anteriores y

que por un lado ostentaba el nombre de Ulises y por otro el

de Contemporáneos. Destacó entre ellos por su desenfado y

buen humor a flor de piel, rasgo que lo emparentaba en esa

tripulación con Salvador Novo, si bien en este sentido su tala

te era menos ácido e hiriente.

y así como el oscuro conde de Lautreamont había dicho

tajantemente "No dejaré memorias", con el propósito evide

te de convertir su vida histórica en el paso indescifrable de un

fantasma "una sombra sin cuerpo", como gustaba llamarse a sí

mismo, este poeta mexicano, atento lector de aque llos Cantos

donde, sin sospecharlo, la moral tenía "un defensor enérgico",

al segu ir las enseñanzas maldororianas, se atrevió a sembrar su

paso terrenal con pistas falsas y consiguió, con ello, crear un

mito dentro de la literatura del país llamado Gilberto Owen

( 1904- 1952).

Escritor de un estilo único dentro del panorama de nuestras

letras y poeta medularmente (en un principio próximo acaso

a un romanticismo tardío, después al surreali smo y, finalmente,

cercano a nada), su obra se torna compleja por encontrarse

no sólo estrechamente ligada a 105 momentos más trascen­

dentales de su vida, sino porque se encargó con fines literarios

de preparar muchos de los que serían sus recuerdos.

Él mismo lo afirma en "Novela", texto que forma parte de

Líneo (poemario de 1930): "Yo sí tenía (un pasado) pero lo

cambie por un libro."

Para tener una muestra de ese libro que recoge la aventu­

ra terrena de Gilberto Owen, se publican aquí algunos textos

no incluidos en sus Obras publicadas por el Fondo de Cultura

Económica, debido a que fueron descubiertos después de

aparecida dicha edición, y como homenaje por el centenario

de su natalicio.

Es 1925 el año en que publica su traducción de "Siete poe­

mas y un cuento" de Jean Cocteau, y que ubica a Owen como

uno de los primeros, si no es que el primero en trasladar al

español en México a ese escritor y, consecuentemente, tam­

bién como uno de los iniciales propagadores de un autor que,

para él, para sus compañeros y para la renovación cu ltural del

país fue definitivo su conocimiento.

Esta versión entregada por Owen a las páginas de El

Universal Ilustrado se retoma hoy en las de Biblioteca de

México.

El texto titulado "Poesía y Revolución" es producto de los

años en que el poeta se había contagiado de lo que llamó "el

sarampión marxista". Fue escrito en Bogotá, Colombia, donde

23

Biblioteca de México

GILBERTO o W E N

POESIA

PROSA

IMPRENTA UNIVERSITARIA

México 1 9 5 3

resid ía por entonces, una vez aplacada la tempestad desatada

en el servicio diplomático, del cual formaba parte, en virtud de

su participación activa en A lianza Popular Revolucionaria

Americana (APRA). Dicho incidente viene a ser una suerte de

acicate más seductor para investigar en torno a esa parte de

su vida, así como para descubrir el motivo de su tristeza.

Corría el año 1934 cuando más se agitaban en su sangre las

cuestiones políticas y revolucionarias, aspecto por el cual

Gilberto Owen formó parte de los pocos miembros de su

grupo literario que se ocuparon de estos asuntos de manera

tan determinante.

En ese año se reponía de la fu lminante expulsión que le fue

decretada por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores

de su cargo diplomático, el que por su naturaleza le impedía

involucrarse en temas de política interna de otros países y tra­

taba de rehacer su vida en suelo colombiano. Para hacerlo

contaba con el apoyo de intelectuales de ese país, como Jorge

Zalamea, José Umaña Bernal y Otto de Greiff, entre otros,

quienes admiraban y estimulaban tanto su activismo político

como su tarea escritura!.

Con su desaparición física, ocurrida el 9 de marzo de 1952,

en Filadelfia, EU, donde se encontraba nuevamente dentro del

Servicio Exterior Mexicano, terminó la historia terrenal del

hombre al que hoy se recuerda, para dar paso al mito, con lo

cual, contrario a lo que había anunciado, comenzó a ignorarse

su vida por su muerte.


Dibujo de Jean Cocteau

De Perseo vencido*

MADRIGAL POR MEDUSA

No me sueltes los ojos astillados,

se me dispersarían sin la cárcel

de hallar tu mano al rehuír tu frente,

dispersos en la prisa de salvarme.

Embelesado el pulso, como noche

feliz cuyos minutos no contamos,

que es noche nada más, amor dormido,

dolor bisiesto emparedado en años.

Cante el pez sitibundo, preso en redes

de algas en tus cabellos serpentinos,

pero su voz se hiele en tu garganta

y no rompa mi muerte con su grito.

D éjame así, de estatua de mí mismo,

la cabeza que no corté, en la mano,

la espada sin honor, perdido todo

lo que gané, menos el gesto huraño.

SINDBAD EL VARADO (fragmentos)

(bitácora de febrero)

Día primero,

EL NAUFRAGIO

Encontrarás tierra di stinta de tu tierra,

pero tu alma es una sola y no

encontrarás otra.

Sindbod el Monno

Because I do not hope tu turn again

Because I do nol hope

Because I do nol hope to turn.

TS. Eliol

Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;

sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,

un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,

correveidile colibri estático

dentro del halo de su movimiento

y no hablas. No hables,

'" Gilberto O wen. Poesía y prosa, Imprenta Universitaria, México, 1953. pp. 258.

24

Biblioteca de México


Dibujo de Jean Cocteau

que no tienes ya voz de adivinanza

y acaso te he perdido con saberte,

y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,

tierra que me acogió de noche náufrago

y que al alba descubro isla desierta y árida;

y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro

el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.

Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;

sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche

ni en su hermoso guardián insobornable:

aquí me hirió su mano, aquí su sueño

en Emel su sonrisa, en luz su poesía

su desamor me agobia en tu mirada.

y luché contra el mar toda la noche,

desde Homero hasta Joseph Conrad,

para llegar a tu rostro desierto

y en su arena leer que nada espere,

que no espere misterio, que no espere.

Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes

y es inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos en la palma de la mano.

Día cuatro,

ALMANAQUE

Todos los días 4 son domingos

porque los Owen nacen ese día,

cuando Él, pues descansa, no vigila

y huyen de sed en sed por su delirio.

Día cinco,

VIRGIN ISLANDS

Me acerco a las prudentes Islas Vírgenes

(la canela y el sándalo, el ébano y las perlas,

y otras, las rubias, el añil y el ámbar)

pero son demasiado cautas para mi celo

y me huyen, fingiéndose ballenas.

Ignorantina, espejo de distancias:

25

Biblioteca de México


Dibujo de Jean Cocteau. en la época de O pio

por tus ojos me ve la lejanía

y el vacío me nombra con tu boca,

mientras tamiza el tiempo sus arenas

de un seno al otro seno por tus venas.

Heloisa se pone por el revés la frente

para que yo le mire su pensar desde afuera,

pero se cubre el pecho cristalino

y no sabré si al fin la olvidaría

la llama errante que me habitó sólo un día.

María y Marta, opuestos sinsabores

que me equilibraron en vilo

entre dos islas imantadas,

sin dejarme elegir el pan o el sueño

para soñar el pan por madurar mi sueño.

La inexorable Diana, e Iflgenia,

vestal que sacrifica a filo de palabras

cuando a filo de alondras agoniza Julieta,

y Juana, esa visión dentro de una armadura,

y Marcia, la perennemente pura.

y Alicia, Isla, país de maravillas,

y mi prima Águeda en mi hablar a solas,

y Once Mil que se arrancan los rostros y los nombres

por servir a la plena de gracia, la más fuerte

ahora y en la hora de la muerte.

Día veintidós,

TU NOMBRE, PO EsfA

y saber luego que eres tú

barca de brisa contra mis peñascos;

y saber luego que eres tú

viento de hielo sobre mis trigales humillados e írrito s:

frágil contra la altura de mi frente,

mortal para mis ojos,

inflexible a mi oído y esclava de mi lengua.

Nadie me dijo el nombre de la rosa, lo supe con olerte,

26

Biblioteca de México


POEslA y REVOLUCiÓN

Alguna vez, en invierno generalmente, pues

se trata de un deporte sobre todo invernal,

nos sorprendemos tristes. Es condición lite­

raria callárnoslo. pero afición marinera inves­

tigar por qué lo estamos. que de otra suerte

no sería un deporte. Por supuesto que, casi

siempre. es solamente que hemos apostado

la vida en la ruleta de las estaciones, y de esa

animal dependencia del clima partimos hacia

una nostalgia que. en nuestro caso particular.

se refiere generalmente "a la región más

pura del aire". en la que, siguiendo la visión

de Alfonso Reyes. está nuestro Anáhuac.

y aquí comprobamos. un poco nerviosos.

que las fotograflas nos impiden recordar. Su

parcialidad mecánica. accidental, limitada en

el tiempo. difiere siempre de nuestra propia

parcialidad, esencial. orgánica. fuera del tiem­

po. Hay además que el choque no tiene la

violencia suficiente para hacemos gritar que

es mentira y para obligarnos a rehacer, por

contraste. un rostro. un paisaje, una postura.

una sombra deseados.

Decimos: ésa es. en efecto, su nariz; pero

nosotros la veíamos siempre de abajo a arri­

ba. y es por ello otra desde diferente estatu­

ra; decimos: es ése. en efecto el número que

se desenvolvía en aquella arquitectura. pero

a las seis de la tarde el aire y la luz aumenta­

ban siempre una cifra. y nuestra voz no

puede nombrar ya iguales las dos imágenes.

y concluimos entonces que la veracidad lite-

ral de la cámara entraña una falsedad pro­

funda que constituye. demasiado hábilmen­

te. nuestra propia cifra de la realidad.

y no es que creamos ya en el paisaje.

todavía. como un estado de ánimo. En reali­

dad no fuimos nunca a esa escuela de pintu­

ra. Pero sucede que nuestro sistema de

coordenadas distribuye las figuras. los colo­

res. las sombras, conforme a nuestros pro­

pios detalles, exactos. y no podemos atener­

nos a los ajenos. cuya veracidad es, en nues­

tro ejemplo fotográfico, demasiado literal

para no ser sospechosa de inexactitud. No

pretendemos, es verdad, una visión subjetiva

del mundo, pero queremos una objetividad

directa del mundo para nosotros. en atmós­

fera limpia de la niebla que le dejan las mira­

das ajenas y que corroe las cosas como si los

otros se hubiesen llevado mucho de ellas en

los ojos o en los estuches de sus kodaks.

y como un Baedeker es tarea de detalles

exactos, tenemos que empezar, pues, por que­

mar la iconografía de nuestra tierra. por olvi­

dar los libros que falsean de manera distinta a

la nuestra. de falsearla por ausentamos de las

conversaciones en que se pronuncie el nom­

bre en otro tono que el nuestro.

Sentimos romántico. es cierto. el gesto de

arrancamos a una tradición critica para lla­

mamos Adán y nombrar su cifra robinsonia­

na. arbitrariamente. Así al hablar de la poesía

actual de México como al hablar de la actua­

lidad de nuestro México.

En este último caso, por ejemplo, tene-

Biblioteca de México

mos, nada más. un nombre. Un nombre lleno

de contenido como una madre inclinada por

el peso dulce del hijo nonato; tenemos un

nombre que se escribe con equis a pesar de

la academia y que nos sugiere una realidad

bella. dramática. rica de nuestro amor, y nos

aplicamos a descubrirla Repugnándonos el

chauvinismo. queremos precisar cómo la

amamos, sin embargo; vemos que unos s610

la respetan, vemos que unos nada más la

admiran, vemos que aquellos sólo la compa­

decen; y, nuestro fervor muy otro. preferimos

recordar la dialéctica sensual helena. que

reduciéndolo todo a estatura de hombres,

hacía que cada griego no respetase tanto a

sus diosas que no quisiera casarse con ellas;

y sentimos que nuestro amor es de ese lina­

je. y nos damos cuenta de que nunca hici­

mos sino desear casamos con México.

Su realidad joven, al día siguiente del dolo­

roso, del fecundo huracán de la revolución

armada, nos ofrecia una espléndida dote de

posibilidades de servirla. nos ponía ante una

tarea larga. gozosa. apasionante. Ten(amos al

frente una naturaleza nueva para mirarla la

gamente. para explicarla. para contribuir a

ordenarla; todos podríamos ... servirla ... todos

ten(amos la misma edad, ni ella ni nosotros

ten(amos. casi, pasado, nuestra actualidad se

palpaba. se respiraba. Hacia 1921. año en

que empezamos a medir nuestro México, no

había en todo el pafs un solo viejo. ni un solo

brazo cansado, ni una sola voz roída de

toses. Nos habían dejado solos, como a los


uenos toreros, ante una larga faena ante

una tarea que iba a ocupar ya todos los

minutos de nuestra vida

Ahí estábamos. con grave fervor sin tea­

tralidades. a esculpir su rostro nuestro. a

expresar en su perfil todas las fuerzas inefa­

bles que todos nuestros ángeles y la mayor

parte de nuestros demonios nos iban mos­

trando. tentándonos no importaba si a sal­

vamos o a perdemos, pero a salvarla

Nuestros materiales iban a ser unas monta­

ñas que apuntalaban el cielo en todos los

horizontes, cielo de piedra ellas mismas. y un

sol invariable que sabía sin embargo toda la

historia de la pintura; y unos pueblecillos de

juguete junto a espejos que andaban. llama­

dos rios. o junto a la pupila sin párpados de

los lagos desvelados; y bosques que se veían

a pesar del proverbio alemán y de los árbo­

les. como si fueran de cristal; y un trópico

que cantaba floras y faunas exageradas

sobre ruinas reverdecidas en las que los

arqueólogos no tenían más remedio que

ponerse a estudiar botánica y zoología; y una

constitución polft:ica que era puente vertical

de nuestra tierra al aire futuro. como un

árbol joven que todos regábamos un poco

supersticiosamente. mejor para frutal de

nuestros hijos que para sombra nuestra; y

unos cuantos libros que olían a tan nuevos.

los muy clásicos, que parecían escritos aque­

lla misma mañana.

Unos éramos economistas. otros éramos

campesinos. otros éramos ingenieros. otros

éramos artistas. Todos éramos original, esen­

cialmente. revolucionarios, y sentíamos no

necesi1:ar de membrete que lo pregonara,

como los pájaros que veíamos no necesita­

ban el cartelito en latín de ünneo para can­

tar con la voz exacta, seguros de que aunque

los sabios distraídos pusieran cartel de cere­

zo en el manzano. siempre seria una manza­

na la que les cayera a descubrir la ley de

Newton, Nacidos, crecidos en respirar aquel

aire joven de México, nos identificaba un

afán de construir cosas nuevas. de adoptar

posturas nuevas ante la vida Sentíamos esto

lo único revolucionario y más sincero que

tomar simplemente lo viejo y barnizarlo y

escribir encima: "!Viva la Revolución!", que

era a fin de cuentas lo que nos pedían unos

amigos rusos caídos en el pozo de la propa­

ganda. creyéndolo torreón por explicable

efecto de óptica, y otros espejos de todas

partes que se cre(an obligados a espejos

suyos.

y empezamos a reclamar de cada uno lo

mejor que su personal aptitud le permitie­

se crear, sin preocuparse de la necesidad de

responder a una clasificación revolucionaria

que hasta sin querer; íntimamente, habría de

llevar su obra de todas maneras. En el caso

particular de los poetas, les exigimos tan

sólo que hicieran poesía. viva y viva. aunque

no dijesen -y mejor si no lo decfan- el epi­

sodio pintoresco o la doctrina social o eco­

nómica de la revolución. que para eso esta­

ban all( el economista. el político, el legisla-

Biblioteca efe México

dor. Que queríamos de ellos pura poesía,

que no vendieran la primogenitura de la

creación estética por las lentejas de una

divulgación social que la revolución había

encomendado ya. con mejor juicio, al maes­

tro de escuela y al periodista. Que su poe­

sía sería reaccionaría, que no sería al fin

poesía, aunque sus materiales fueran arado

y martillo, si con ellos no descubría nueva

belleza formal y esencial, y que sería revo­

lucionaria en sí y por sí misma si se daba

sinceramente, fervorosamente. a la expre­

sión cabal de sus propios individuales

hallazgos. La revolución no nos decfa: "El

que me busque me perderá", sino "El que

me busque en parte alguna que no sea en

todas partes me perderá".

y esta voz sonreía a todos los que hasta

aquella hora nos habíamos encenrado en nuestras

bibliotecas y en nuestras universidades,

temerosos de que la mera busca de la verdad

o de la belleza por ellas mismas, desinteresada­

mente, no fuera a caber en el mundo, retorci­

do en convulsiones materiales, que nuestros

antecesores inmediatos nos querían hacer

creer era sólo nuestro México de aquellos días.

De ahí para siempre. nuestra alegría de traba­

jar belleza inútil iba a aceptarse legítima.'

, Publicado originalmente en Lecturas Domínico/es. suple­

mento de E/ TIempo. Bogotá. 2S de febrero de 1934.

Aparecido posteriormente en Lo Gaceto de/ Fondo de

Culturo Económico, Méxko. abril. I 979.


EL SECRETO DEL AZUL

JEAN COCTEAU

SIETE POEMAS

YUN CUENIO

El secreto del azul está bien guardado. El azul llega de la leja­

nía. Por el camino va endureciendo poco a poco y trueca en

montaña. Para lograrlo trabaja la cigarra. Para lograrlo trabajan

los pájaros. En realidad nada se sabe. Se habla del azul de

Prusia. En Nápoles, la Santa Virgen se queda en los huecos de

las paredes cuando se retira el cielo.

Sólo un río atraviesa la jungla. En él mojan su piocha los leo­

nes. Lo difícil sería admitir al aire libre la presencia de la doma­

dora desnuda y de su cowboy

Pero aquí todo es misterio. Misterio el zafiro, misterio la

Santa Virgen, misterio la tromba, misterio el cuello del marino,

misterio los rayos azules que dejan ciego y tus ojos azules que

me traspasan el corazón.

FíSICA RECREATIVA

Un objeto ha superpuesto sus colores en los de otro. Doctor,

usted debe equivocarse. T ráigame mi chal de mármol. A su

regreso, se le dará un bock recién ordeñado de una vaca.

Él hinchaba el paisaje con sus gemelos. A la segunda noche se

estampa el gallo y la nodriza comienza a sentir el gas. Usted tiene

la culpa. Cree en la navidad. Nada le era más sencillo que llenar

la recámara de nieve y de sorpresas, joven madre de las berme­

jas mejillas. ¿Cómo se dio cuenta de ello? Es que había dejado la

etiqueta. Me encierro después de almorzar. Los rayos del sol

empujan la persiana y se vuelven al lado de la sombra. " Intente

comprender por qué", dijo Goethe a Eckermann.

Cuando llega la noche, el claro de la luna adormece las

rosas. La mañana las despierta soplándoles encima.

Todos estos curiosos experimentos se encuentran en Tom-Tit.

MARAVILLAS DE LA NATURALEZA

Rayo de so l. Su golpe parte y hace salir del sombreo, volteán­

dolo, un enjambre de calcomanías. El cardo es un vidrio roto

en mi l asti llas. El carbón se encuentra a grandes profundidades.

El cazador de osos atrapa fác ilmente al osa, debido al ani llo

TRADUCCiÓN DE GILBERTO OWEN

Dibujo de Jean Coáeau

que lleva en la nariz. Las mariposas se atrapan con un libro de

estampas. La polvareda las pierde. Los días de lluvia uno se

encierra a jugar a los cubos. Si brilla el sol se pasea, y los colo­

res bruñidos embellecen el juego de los cubos. Presentan de

este lado, un paisaje de montañas. Los otros cinco lados com­

binan el mar, la casa, el lago, el bosque, la ciudad.

Es una suerte estar arriba. Todo lo demás pasa en secreto.

MAGIA

Después de "Parada" sal ió del teatro la muchachita americana.

Era el teatro del Chatelet en el que debía haber visto " Las PI1-

doras del Diablo", " La Corza en el Bosque", "Los Polvos de la

Madre Celestina", " La Vuelta al Mundo". La pieza fue si lbada. Ella

llevaba en la cabeza una mariposa del Brasil y un cuello marino

en la espalda. El conjunto costaba en el bazar treinta francos.

Nos habían acompañado a comprar eso el pintor y el bailarín

ruso. También ella era rusa, lo que es triste para una muchacha

americana. Hacía la señal de la cruz, se echaba la baraja, fumaba

y lloraba mucho. Quiso partir en seguida para Nueva York,

donde las muchachas no son rusas y reciben noticias de su fami­

lia. Pero los barcos y las casas de América son demasiado gran­

des. Hasta se cuenta que los ascensores os abren el vientre y os

lo vuelven a coser ya vacío.Y además ella tenía miedo de los ne­

gros que se acercan en la noche sin ser vistos.

"Parada", juguete mecánico de un modelo que no anda

completamente solo. Además se necesitaba valor.

Los árboles de la primavera están al revés y ella, antes de

saltar a la boca del ogro, de oro y de oscuridad, que silba, me

pellizca con todas sus fuerzas.

Yo soy el que hace el ruido de las olas.

Vamos, María.

SOLES

31

Biblioteca de México

Ese lazo lo tendería un niño. El hombre se disfraza de vidrie­

ro. Vuelve la espalda y parece no ser nada. El sol siempre cae

en la trampa.

En Roma, dentro del Coliseo, el sol es un viejo león ciego


grupo surrealista Mandrágora: " Déjenlo.

Gonzalo es un loco que necesita cumbre".

En compañía de su primera mujer; María

Mckenzie, les enseñará a leer a los mineros,

como lo fue su padre, con sus botellas de

pisco y sentencias de Heráclito el Oscuro:

"Para cada hombre, su carácter es un demo­

nio". Algo de todo ello se trasluce mejor en

el poema que me entregó sobre el Atlántico.

Allí está viva quien acaba de morir.

También perdura Mao, con el cual se en­

contró en Pekín el 26 de abril de 1953, cuan­

do lloviznaba, y con el cual discutió sobre las

bondades y caídas del verso libre y la rima.

Mao no conocía a Walt Whitman.

y. cómo no, Pablo Neruda, quien le repro­

chaba escribir "poquitico" mientras Rojas le

replicaba que quizá el escribía "demasiadito".

Rigor y desenfado, sin olvidar que Rojas,

en su celda de monje concupiscente, está

regido por el menos previsible de los dioses:

Paul Valéry.

Por ello el desangelado exilio en Alemania

oriental, luego del suicidio de su amigo

Salvador Allende, terminaría por secarlo y

fortalecerlo, frente a su máscara caída. Lo

acompañaban no sólo Paul Celan, también

suicida bajo los puentes del Sena, sino el

escritor comerciante en armas, el africano

Arthur Rimbaud, quienes viéndonos "viejos

de inmundicia y gloria. Un puntapié nos die­

ran en el hocico". Se reiría, lúdico, lúbrico,

cuando Braulio Arenas lo calificó de "cero a

la izquierda". Tal era precisamente el lugar

donde reside la poesía. Esa contenida vigilia

sobre sí misma, que rechaza la inmortalidad

del sentimentalismo y sabe lo canalla que es

Macchu Picchu

toda elegía.

Relee entonces su Vallejo, su Borges y su

Rulfo, consciente entonces de cómo la gra­

cia de esos ascetas impide la corrupción del

español debido a su música tan dulce como

fría. Entre piedras, en su Chillán de Chile,

Rojas habita su Torreón del Renegado.

Debajo de la cama el avión de palo para

volar más lejos, y siempre el éxtasis, sobre la

grupa de la muchacha. Como él mismo lo

dice: "Lo irreparable es el hastío". Hay que

nacer de nuevo, cada día, para quemarnos

bajo ese rey, nuestro único padre, a quien lla­

mamos: "SOL'.

LEON DE GREIFF (1895-1976)

Soñaba con cruzadas, con viajes de de

cubrimiento de los que no existe rela­

ción, repúblicas sin historia, guerras de

religión sofocadas, revoluciones de cos­

tumbres, desplazamientos de razas y de

continentes: creía en todos los encanta­

mientos.

Así escribía Rimbaud, en la Temporada en el

in fiemo, y él, que era uno de sus faros, como

Baudelaire, le fonmularía su invitación al viaje. El

viaje de la poesía moderna. Con dos centavos

de razón y una sed inextinguible de aventura,

De Gneiff se lanzó al vasto periplo de girar en

tomo a sí mismo. A llí estaba la villa de la

Candelaria con su gente local, chata y roma La

misma que el arsenal modernista había encar­

necido, con su vulgo municipal y espeso. El

Medellín de arrieros, beatas y soñadones tras la

diaria monedita dorada.

36

Biblioteca de México

Pero si bien podía evadirse al polo, con sus

pingüinos peripatéticos: o desvanecerse, en

la ensoñación de la música, siempre volvería

a caer en un "pequeño mundo pálido y vul­

gar; África y Occidente, está por edificarse",

como diría también Rimbaud.

Amaba el mundo de Gaspar de lo noche, y

el largo jirón incandescente de la epopeya

napoleónica, pero su gabán bien podía alber­

gar joyas tan refinadas como la magistral in­

vestigación que un profesor agregado de

economía política en una universidad inglesa

de segunda fila adelantó. Se trataba de la

excepcional novela policíaca que Eric Am­

bler publicó en 1939: Lo móscara de Di­

mitrios. Todo hallaba cabida en su magín y

todo se convertiría en verso. A veces certe­

ro y deslumbrante, como en sus relatos y en

sus nocturnos.

En otras ocasiones apenas comadrero y

burlón, tomándole el pelo a los piedracielis­

t as y manteniendo una firme guardia de aje­

drez y aguardiente, de humor e izquierdis­

mo, con sus fieles del café Automático.

Ignacio Gómez Jarami llo lo retrataría Junto

con su no menos inolvidable hermano Otto,

con la carabela de velas desplegadas al fondo

y los retratos de Baudelaire y Edgar Allan

Poe presidiendo el coloquio. Aquel que

todos los días con Hernando T éllez Blanco o

Álvaro Borda, rendía tributo al absintio y a

las musas. Era el viejo bardo al cual no

importaban ni los profesores ni las escuelas.

Sólo el verso y la canción:

Lo primero de todo es el amar.

Hay que amar a destajo hasta morir.

Lo primero de todo es la mujer.

De la mujer - primero- lo mejor;

de la mujer lo mejor

es su flor

JUAN LISCANO (1915-2001)

Luego de una infancia de niño bien pasada

en Suiza, Bélgica y Francia, Juan Liscano vol­

vió a una Venezuela donde desarrollaría,

hasta su muerte, su vasta y controversial ta­

rea de folclorólogo, animador cultural, perio­

dista, ensayista y poeta. Si enumero todos los

quehaceres es porque el repaso de los mis­

mos termina por confluir en su creación

poética.

Es evidente que sus recopilaciones de

música, leyendas y fiestas populares incidirían

en este libro unitario de poesía, Nuevo Mun­

do Orinoco ( 1959), donde su ancho verso se

impregna de un telurismo americano en el

cual el pasado indígena y el magma del mes­

tizaje se funden bajo el sol del trópico. Esa

tierra muerta de sed, como titularía otro de

sus libros, donde el petróleo, nervio y estig­

ma de Venezuela, determinaría un enfoque

próximo al Neruda del Canto general.

De esa preocupación nacionalista por un

país asolado por las dictaduras, de Juan Vi­

cente Gómez a Pérez Jiménez, surgiría tam-


Dibujo de Miguel Covarrubias

PABLO NERUDA

ALGUNOS POEMAS

[YO ME LLAMABA REYES .. .r

Yo me llamaba Reyes, Catrileo,

Arellano, Rodríguez, he olvidado

mis nombres verdaderos.

Nací con apellido

de robles viejos, de árboles recientes,

de madera silbante.

Yo fui depositado

en la hojarasca:

se hundió el recién nacido

en la derrota y en el nacimiento

de selvas que caían

y casas pobres que recién lloraban.

Yo no nací sino que me fundaron:

me pusieron todos los nombres a la vez,

todos los apellidos:

me llamé matorral, luego ciruelo,

alerce y luego trigo,

por eso soy tanto y tan poco,

tan multitud y tan desamparado,

porque vengo de abajo,

de la tierra .

• De El mar y las campanas, segunda edición,

Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1974, p. 23

39

Biblioteca de México


YO VOLVERÉ'

Dibujo de Miguel Covarrubias

Alguna vez, hombre o mujer; viajero, después, cuando no viva, aquí buscad, bus­

cadme entre piedra y océano, a la luz procelaria de la espuma. Aquí buscad, bus­

cadme. porque aquí volveré sin decir nada, sin voz, sin boca, puro, aquí volveré a

ser el movimiento del agua, de su corazón salvaje, aquí estaré perdido y encon­

trado: aquí seré tal vez piedra y silencio.

'De Las piedras de Chile. Editorial Losada. Buenos Aires. 1960.

POEMA'

Hay algo más tonto en la vida que llamarse Pablo Neruda?

Hay en el cielo de Colombia un coleccionista de nubes?

Por qué siempre se hacen en Londres los congresos de los paraguas?

Sangre color de amaranto tenía la reina de Saba?

Cuando lloraba Baudelaire lloraba con lágrimas negras?

'El libro de las preguntas. 2a ediCión, Editorial Losada. Buenos Aires, Argentina. 1975, p.44

40

BIblioteca de México


Dibujo de Miguel Covarrubias

CONVERSACIÓN MARfTIMA"

Encontré a Rubén Darío en las calles de Valparaíso, esmirriado aduanero, singular rui­

señor que nacía: era él una sombra en las grietas del puerto, en el humo marino, un

delgado estudiante de invierno desprendido del fuego de su natalicio,

Bajo el largo gabán tirrtaba su largo esqueleto

y lleva bolsillos repletos de espejos y cisnes:

había llegado a jwgar con el hambre en las aguas de Chile,

y en abandonadas bodegas o invencibles depósrtos de mercaderías,

a través de almacenes inmensos que sólo custodian el frío

el pobre poeta paseaba con su Nicaragua fragante, como si llevara en el pecho

un limón de pezones azules o el recuerdo en redoma amarilla.

Compañero, le dije: la nave volvió al fragoroso estupor del océano,

y tú, desterrado de manos de oro, contempla este amargo edificio:

aquí comenzó el universo del viento

y llegan del Polo los grandes navíos cargados de niebla mortuoria.

No dejes que el fria atormente tus cisnes, ni rompa tu espejo sagrado,

la lluvia de junio amenaza tu suave sombrero,

la noche de antárticos ojos navega cubriendo la costa con su matrimonio de espinas,

y tú, que propicias la rosa que enlaza el aroma y la nieve,

y tú, que originas en tu corazón de azafrán la burbuja y el canto clarísimo,

reclama un camino que corte el granito de las cordilleras

o súmete en las vestiduras del humo y la lluvia de Val paraíso.

Ahuyenta las nieblas del Sur de tu América amarga

y aunque Balmaceda sostenga sus guantes de plata en tus manos,

escapa montando en la racha de tu serpentina quimera!

y corre a cantar con tu río de mármol la ilustre sonata

que se desenvuelve en tu pecho desde tu Nicaragua natal!

Huraño era el humo de los arsenales, y olía el invierno

a desenfrenadas violetas que se desteñían manchando el marchito crepúsculo:

tenía el invierno el olor de una alfombra mojada por años de lluvia

y cuando el silbato de un ronco navío cruzó como un cóndor cansado

el recinto de los malecones,

sent{ que mi padre poeta temblaba, y un imperceptible lamento

o más bien vibración de campana que en lo alto prepara el tañido

o tal vez conmoción mineral de la música envuelta en la sombra,

algo vio o escuché porque el hombre me miró sin mirarme ni oírme.

y sentí que subió hasta su torre el relámpago de un escalofrío.

Yo creo que allí constelado quedó, atravesado por rayos de luz inaudita

y era tanto el fulgor que llevaba debajo de su vestimenta raída

que con sus dos manos oscuras intentaba cubrir su linaje.

y no he visto silencio en el mundo como el de aquel hombre dormido,

dormido y andando y cantando sin voz por las calles de Val paraíso .

• De La barcarola, Biblioteca Breve, Seix Barral. Barcelona 1977.

41

Biblioteca de México


RJmbaud a los I 7 años, fotegrana de CarJat Sin retocar

44

Blbl,oteca de MéxIco


Se publica el poema de Rimbaud "Les

Corbeaux" en Lo Renoissonce littéroire et

ortistique el 25 de marzo de 1873. Rimbaud

se inscribe como lector en el British

Museum. En abril de 1873 regresa con su

fam il ia (en Roche) , comienza la redacción de

un " Livre pa'¡'en" o "Livre negre". Verlaine y

Rimbaud están de nuevo en Londres a par­

tir del 3 de julio de 1873. D espués de un

pleito brutal con Ri mbaud, Verlaine toma el

barco solo con destino a Bélgica, tras de lo

cual hay un intenso intercambio epistolar

entre ambos. El 10 de julio de I 873 en la

tarde, Verlaine, que se ha reunido con Rim­

baud la antevíspera, le dispara dos veces con

un revólver. En la noche, sintiéndose de

nuevo amenazado, Rimbaud da aviso a un

policía, que arresta a Verlaine, y lo condenan

a dos años en prisión.

En agosto de I 873 Rimbaud termina en

Roche Une soison en en(er, nueva versión de su

libro "pagano" o "negro". En octubre de 1873

publica Une soison en en(er, en Bruselas.

De marzo a noviembre de 1874, tiene una

larga estancia en Londres; lo acompaña al

principio un amigo poet a, Germain Nou­

veau. En julio llegan su madre y su hermana

Vitalie. A fin de año Rimbaud regresa a

Charlevill e. En febrero-abril de 1875 Rim­

baud se encuentra en St uttgart. Verlaine, li­

berado en enero, lo alcan za antes de consu­

marse una nueva, y definitiva, separación.

Rimbaud le remite un manuscrito, que es sin

duda el de las IIluminotions.

De mayo a junio de 1875. Rimbaud reside

en Italia, especialmente en Milán. En abril de

1876, el primer viaje de Rimbaud al O riente

se ve interrumpido en Viena (el cochero de

un carruaje de alquiler lo roba). En mayo de

1876, en Rotterdam, Rimbaud se alista en el

ejército colonial holandés; parte a Batavia el

10 de junio, pero en agosto de 1876 deser­

ta en Java, y regresa a Europa por El Cabo.

En mayo de 1877, en Bremen, quiere enro­

larse en la marina estadounidense. En junio

de 1877, en Estocolmo, acompaña al circo

Loisset, que está de gira.

El 19 de noviembre de 1878 Rimbaud se

embarca en Génova para ir a Alejandría (no

sabe que su padre acaba de morir). En diciem­

bre de I 878 dil-ige el taller de una cantera en

Chipre, y en mayo de 1879, aquejado de fie­

bre tifoidea regresa a Francia. Interrogado por

Izambard sobre su poesía, responde: "Ya no

me interesa". En marzo de 1879. Retorna a

Chipre; supervisa a los trabajadores que cons­

truyen la villa del gobernador inglés. En julio de

I 879 busca, en vano, trabajo en diversos puer­

tos del Mar Rojo. En agosto de 1879 en Aden

lo contrata Mazeran-Viannay-Bardey et Cie,

empresa francesa en la que supervisa la selec­

ción y el empaquetado de café. En diciembre

de 1879. Es enviado a la sucursal de Mazeran

en Harar; Abisinia.

Verlaine da a conocer varios poemas de

Rimbaud en la revista Lutece, donde lo pre­

senta como uno de los "poetas malditos", en

febrero de 1884. El "Rapport sur I'Ogadine"

llega a oídos de la Sociéte de Géographie. En

marzo de 1884 quiebra la compañía

Mazeran. Rimbaud se va de Harar y vuelve a

A den. El 19 de junio de 1884 lo vuelve a

cont ratar la misma sociedad, que ahora ha

tomado el nombre de los hermanos Bardey.

De mayo a Junio de 1885, después de reñir

con los Bardey, Rimbaud firma un contrat o

con Pierre Labatut, otro negociante francés.

Le asignan la misión de llevar una caravana

de armas hacia Choa, donde reina Menelik.

De abr il a junio de I 886, se publican "Les

Premieres Communions" y, luego, las IIluminotions

en Lo Vogue. El éxrto lleva al edrtor de

la revista a publicar las lIIuminotions en una ploquette

y a reeditar; en septiembre, Une soison

en en(er. En octubre de 1886, inmovilizada du­

rant e varios meses a orillas del Mar Rojo, la

caravana de Rimbaud se pone en marcha al

fin, pese a la muerte de Labatut. De febrero a

mayo de I 887 entrega las armas al rey Mene­

lik en condiciones desastrosas. Del 25 al 27 de

agosto de I 887, Le Bosphore égyptien destaca

sus descubrimientos como explorador. En no­

viembre de 1887. El boletín de la Société de

géographie publica la crónica de Rimbaud de su

rtinerario entre Choa y Harar. En mayo de I 887

renuncia al tráfico de anmas y funda en Harar

una compañía comercial. Entabla nuevamente

relaciones con los Bardey, así como con otro

negociant e de Aden, César Tian. En julio de

1890, indiferente, Rimbaud no responde a la

oferta del director de la revista Irteraria Lo Fron­

ce modeme, para que colabore en ella.

En abril de I 89 1, sufre un insoportable

dolor en la rodilla, que ocasiona lo lleven en

camilla hacia Aden, con destino a Francia. El

27 de mayo de I 89 I , cuando llega a su país,

le amputan la pierna derecha en el Hopitol

de lo Conception, en Marsella. De julio a agos­

t o de I 89 1, se da su última estadía en

Charleville. No piensa en ot ra cosa más que

en volver a ir se. En agosto de 189 1 de regre­

so en el Hopitol de lo Conception, en Marse ll a,

está cada día más grave y es velado por su

hermana. El 10 de noviembre de I 89 1, a

unas cuantas semanas de la publicación de

Reliquoire, en París, muere en Mar sella Arthur

Rimbaud.

Rimbaud en el Instnuto Rossat (tercero de izquierda a denecha en la primera fila), en Charleville ( 1864)

45

Bibliot eca de México


SU ESTANCIA EN EL ORIENTE

1880- 189 1

Rimbaud buscó trabajo "en todos los puertos del Mar Rojo", antes de encont rar

empleo en la empresa Mazeran-Viannay-Bardey et Cie, en Aden, cuyo giro era, prin­

cipalmente, el comercio del café entre Abisi nia y Francia. Pero no estaba satisfecho;

sus idas y venidas entre Harar y Aden eran siempre pretexto de nuevos deseos.

Testigo de ello son las listas de tareas ordenadas a sus subalternos, relacionadas con

temas tan heterogéneos como la cerrajería, la geología y hasta la lengua amárica. En

sus cartas bullen ideas, proyectos más o menos elaborados, en los que se combinan

la necesidad de dinero y el deseo de conocimiento.

En su correspondencia se queja constantemente del clima en Aden, que contras­

ta con el de Harar; fresco y verdeante. Describe Aden, a su llegada, como un "peñas­

co horroroso" en el que la temperatura es insoportable; a partir de ese momento

no dejará de mencionar cuán difíciles son sus condiciones de vida. Henry Miller resu­

mió a la perfección sus relaciones con los demás al considerar que "no tiene miedo

de los canlbales, sino de sus pares: los blancos". Según los rumores, casó con una abi­

sinia. El infierno que buscó en la poesía, lo encontró en Aden ... , y por más de una

temporada.

En 1885 abandonó la compañía Bardey para conducir una caravana de armas a

Choa, comarca gobernada por el rey Menelik. La expedición le ocupó dos años y

resu ltó un fracaso, lo que no obstó para que proyectara la formación de una nueva

caravana cuyo destino sería Harar.

No cabe duda que existe una continuidad entre la vida del poeta y la del nego­

ciante y el explorador. Su pan cotidiano de esos días no fue sino el resultado lógico

y extremo de los "Libans de reve" glorificados en las '"uminotions.

Mansión de la empresa Bandey. en Aden. donde Rimbaud trabajó (e. 1880)

Rimbaud rey de los salvajes. fragmento del dibuJo de Emest Delahaye. 1876.

46

Biblioteca de MéxIco


ABISINIA

En Arabia, Rimbaud reafirmó sin cesar la aspiración expresada a Demeny en 1871 :

"Quiero tener libertad para trabajar." La búsqueda del hombre de acción se mani­

festó plenamente: "Hay algo que es imposible para mí: la vida sedentaria."

Desea dinero y trabajo; hace cálculos y desearía amasar una fortuna. Con todo,

no dede escribir; desde luego que la poesía estaba lejos, casi olvidada, pero la

publicación continuó siendo uno de sus objetivos. Lo prueban su "Rapport sur

l'Ogadine", aparecido en diciembre de 1883, y la publicación de su reseña del viaje

a Choa en Le Bosphore égyptien, del 20 de agosto de 1887. El interés que mostró

por la fotografía fue parte de un mismo impulso: deseaba "hacer un álbum curioso

de todo". Dio a conocer múltiples grabados, "reproducciones de regiones descono­

cidas y de sus singulares habitantes, que deben venderse en Francia". Sin saber que

las IIluminations habían conmocionado el mundo literario parisino, Rimbaud lamen­

taría -un proyecto nuevo otra vez- no haber podido presentar productos "exóti­

cos" en la Exposición Universal de 1889, en París.

En mayo de 1888 creó su propio comercio en Harar (Abisin ia) y comunicó a su

familia que se había "reinstalado por mucho tiempo". Importaba seda y algodón y

exportaba café, gomas, perfumes, marfil, oro. Sin embargo, el tedio su peraba al

comercio. El 20 de febrero de 1891, después de tres años en Harar; Rimbaud se

queja de "várices en la pierna derecha", "complicaciones reumáticas". El mes siguien­

te, después de unos 20 días administrando sus asuntos desde la cama, el dolor en la

pierna lo obligó a salir de Arabia. El viaje de Harar a Aden en una camil la que él

mismo diseñó, mal nutrido y con tiempo lluvioso, fue un verdadero calvario. El 30

de abril, desde el hospital en Aden, Rimbaud escribió a su madre: "Un médico inglés

[ ... ] me ha anunciado que se trata de una sinovitis que ha alcanzado un punto muy

peligroso [ .. .J. Estoy hecho un esqueleto, doy miedo". A principios de mayo, Rimbaud

decidió volver a Francia.

Autoretratos de Rimbaud en un jardín de Harar en 1883

Constantin Sotiro, asistente del poeta en la empresa Bardey en Harar y mujer de Abisinia,

se cree vivió con el poeta en Aden. Ambas fotografías de Rimbaud

47

Biblioteca de México


MUERTE EN MARSELLA

Arthur Rimbaud fue admitido en el Hopitol de lo Conception, en Marsella, el 20 de

mayo de 189 1. Al día siguiente escribió a su familia: "Estoy enfermísimo, hecho un

esqueleto, por esta dolencia en mi pierna izquierda [sic], que ahora se ha puesto

enorme y parece una calabaza muy grande." Le amputaron la pierna unos días más

tarde. Su madre y su hermana Isabel se turnaban para cuidarlo en la cabecera de su

cama. Cuando no estaban, él les escribía cartas desesperadas. No es posible decir si,

por ingenuidad o presa de la locura, planeaba viajar a Egipto.

Rimbaud, que se llamaba a sí mismo "sólo un pedazo inmóvil", ve que la muerte

llega, e intenta determinar las causas. No tiene dudas en cuanto a sus males: "Esta

debilidad me la han provocado los esfuerzos inmensos que he hecho montando a

caballo, y también las agotadoras caminatas." Convencido de que tanto trajinar le

causará la muerte, se sujeta a su destino al encarnar; de un modo total y conmove­

dor; la silueta vagabunda que recorre su obra.

Tras una última estancia en Roche, el mes de julio, Rimbaud regresó a Marsella

acompañado de su hermana Isabel. Su enfermedad progresaba con una creciente

rapidez. Las cartas y los dibujos de su hermana atestiguan alucinaciones, sobresaltos

de conciencia, los sufrimientos de la agonía: "La mayoría de las veces se sumerge en

un letargo en el que duerme sólo en apariencia, ya que percibe todos los ruidos con

una nitidez singular. [ ... ] Concluye su vida en una especie de sueño continuo."

Rimbaud murió el 10 de noviembre de 189 1, y fue enterrado el día 14, en

Charleville. El mes siguiente se reunieron algunos de sus poemas en un libro publi­

cado con el título de Reliquoire. El tiempo del mito había llegado.

t

RJmbaud en su lecho de muerte. Dibujo de su henmana Isabel RJmbaud ( 1894)

48

Biblioteca de MéxICo


A. R 1 M B A U D

UNE

SAISON EN ENFER

PDIX • UN P"'D.A...l.'C'O

BRUXELLBS

,l,U.JA:""c.a nroGIU.PHIOl:1E ( • . -J. POOT ..,. COMP.c¡!UIE)

rr, ru . ..... Cbo ... . n

1873

Primera edición hecha en Bélgica

Los otros avanzan. ¡Las herramientas, las

armas .. el tiempo .. 1

¡Fuego l ¡Fuego sobre mi' ¡Allá l Adonde me

dirijo. -iCobardes!- ¡Me mato! ¡Me arrojo a

las patas de los caballos!

¡Ahl

- Me habituaré.

Esa sería la vida francesa, el sendero del

honor

NOCHE DE INFIERNO

HE bebido un enorme trago de veneno.

- ¡Bendito tres veces el consejO que llegó hasta

miL Las entrañas se me abrasan. La violencia

del veneno me tuerce los miembros, me defor­

ma. me derriba Muero de sed, me ahogo, no

puedo gritar ¡Es el infierno, la pena eterna! Ved

cómo se levanta el fuego. Ardo como hay que

arder. iVete, Demonio l

Había entrevi sto la conversión al bien y a

la felicidad, la salud. ¿Puedo describir mi

visión? ¡El aire del infierno no tolera los him­

nos! Eran millones de criaturas encantado­

ras; un suave concierto espiritual. la fuerza y

la paz, las nobles ambiciones; ¿qué sé yo?

iLas nobles ambicionesl

iY es aún la vida! iSi la condenación es

eterna! Un hombre que se quiere mutilar

está condenado, ¿no es así? Me creo en el

infierno, luego estoy en él. Es la ejecución del

catecismo. Soy esclavo de mi bautismo.

iPadres, habéiS hecho mi desgracia y la vues­

tra! iPobre Inocente! El infierno nada puede

en contra de los paganos. iEs aun la Vida! Más

tarde, las delICias de la condenación serán

más profundas. Un cnmen, pronto, que las

leyes humanas me precipiten en la nada

iPero calla, calla! .. Esta es la vergüenza, el

reproche: Satán que dice que el fuego es

Innoble, que mi cólera es temblemente

tonta. -iBastaI. .. Me musitan errores, magias,

perfumes falsos, mÚSICas puenles. Y saber

que poseo la verdad, que veo la JustiCia:

tengo un JUICIO sano y firme , estoy listo para

la perfección ... Orgullo. - La piel de mi cabe­

za se seca. ¡Piedad! Señor. tengo miedo.

iTengo sed, tanta sed l iAh!, la infanCia, la hier­

ba, la llUVIa. el lago sobre las piedras, el doro

de luna cuando en el campanario sonaban los

doce ... El diablo está en el campanario a esa

hora. iMaríal ¡Santa Virgen l .. - Horror de mi

necedad.

¿Allá lejos no hay almas honradas que me

deseen el bien? .. Venid ... Tengo una almo­

hada sobre la boca, no me oyen, son fantas­

mas. A demás, nadie piensa nunca en otro.

Que nadie se aproxime. Huelo a quemado,

es cierto.

Las alucinaciones son innumerable s. Es lo

que siempre he tenido: ninguna fe en la his­

t oria, olvido de los principios. Callaré: poetas

y visionarios sentirían celos. Soy mil veces

más rico: seamos avaros como el mar.

¡Ahl El reloj de la vida se ha parado en

este momento.Ya no estoy en el mundo. - La

teología es seria; el infierno está seguramen­

te abajo -y el cielo arriba-o Éxtasis, pesadilla;

duermo en un nido de llamas.

Cuántas malicias en la atención en el

campo .. , Satán, Fernando, corre con los gra­

nos salvajes.. Jesús camina sobre zarzas

purpurinas sin doblarlas. Jesús caminaba

sobre las aguas irritadas. La linterna nos lo

mostró de pie, blanco, obscuras las trenzas;

sobre una ola de esmeralda.

Voy a desvelar todos los misterios: miste­

rios religiosos o naturales, muerte, nacimien­

to, porvenir. pasado, cosmogonía, la nada. Soy

maestro en fantasmagorías,

iEscuchadl.

Poseo todos los talentos. -Aquí no hay

nadie y hay alguien: no quisiera derramar mi

tesoro. -¿ Deseáis cuantos negros, danzas de

huríes? ¿Deseáis que desaparezca, que me

hunda en busca del anillo? ¿Deseáis? Fabri­

caré oro, medicamentos.

Fiaos de mí, la fe consuela, guía, curaVenid

todos - hasta los niños pequeños - para que

os consuele; que se os prodigue su corazón

- iel corazón maravilloso! iPobres hombres,

trabajadoresl No pido oraciones; con sólo

vuestra confianza seré feliz.

y pensemos en mí. Esto no me hace echar

de menos el mundo. Tengo la suerte de no

sufrir más. Mi vida sólo fue dulces locuras, es

lamentable.

iBahI Hagamos todas las muecas imaginables.

Decididamente estamos fuera del mundo.

Ya no hay sonido. Mi tacto ha desaparecido.

iAhl Mi castillo, mi sajonia. mi bosque de sau­

ces. Las tardes, las mañanas, las noches, los

días ... iCansado estoy!

Debería tener mi infierno por la cólera, mi

infierno por el orgullo, -y el infierno de la

pereza-; un concierto de infiernos.

Muerto de cansancio. Es la tumba, voy ha­

cia los gusanos. iHorror de horrores! Satán,

farsante, qUieres disolverme con tus hechi­

zos. ExiJO. iExIJo! Un golpe de tridente, una

gota de fuego.

iAh, salir de nuevo a la vidal Contemplar

nuestras deformidades. iY ese veneno, ese

beso mil veces maldito l iM i debilidad, la cruel­

dad del mundol ¡Dios mío, piedad, ocúltame,

estoy enfermo!

- Estoy oculto y no lo estoy.

Es el fuego que se levanta con su condenado.

52

B4b1,oteca de Mboco

DELIRIOS 1,

VIRGEN LOCA

EL Esposo INFERNAL

ESCUCHEMOS la confesión de un compa­

ñero del infierno:

"iOh, divino Esposo, mi Señor!, no rehúses

la confesión de la más triste de tus ser vido­

ras. Estoy perdida. Estoy ebria. Estoy impura.

iQué vida l "

"iPerdón, divino Señor. perdón l iOh, per­

dón l iCuántas lágrimas l ¡Y cuántas lágrimas

más esperol"

"Más tarde conoceré al divino Esposo.

Nací sometida a Él. - El otro puede golpear­

me ahora."

"Ahora estoy en el fondo del mundo, ioh,

amigas mías l . .. no, no sois mis amigas ... Jamás

delirios ni torturas semejantes. ,. ¡Es idiota!"

"¡Ahl Sufro, grito. Sufro en verdad. Sin

embargo, todo me está permitido, cargada

del desprecio de los corazones más despre­

ciables".

"En fin , hagamos esta confidencia, a reser­

va de repetirla veinte veces más, ¡tan triste,

tan insignificante l "

"Soy esclava del Esposo Infernal; el que ha

perdido a las vírgenes locas. Es ese demonio.

No es un espectro, no es un fantasma. Pero

a mí, que he perdido la prudencia, que estoy

condenada y muerta en el mundo, ino me

matarán l ¿Cómo describíroslo? Ya ni siquiera

sé hablar. Estoy enlutada, lloro, tengo miedo.

¡Un poco de frescura, Señor. si así lo deseáis,

si así lo deseáisl"

" Estoy viuda.. Estaba viuda.. isí, fui muy

honesta y no he nacido para transformarme

en esqueleto! .. Él era casi un niño.. Sus

delicadezas misteriosas me sedujeron. Olvi­

dé todo mi deber humano por seguirle.

iQué vi da l La verdadera vida está ausente.

No estamos en el mundo. Voy adonde él va;

es necesario. Y con frecuencia se encoleriza

contra mí, contra mí. pobre olmo. iEI demoniol

Es un demonio, vosotras lo sabéis; no es un

hombre".

Dice: "No amo a las mujeres: sabemos que

el amor está por reinventar; ya sólo pueden

desear una posición segura Una vez alcanza­

da. el corazón y la belleza se hacen a un lado:

no queda más que un frío desdén, alimento

del matrimonio de hoy. O bien, veo mujeres

con los signos de la felicidad, mujeres de las

que yo hubiera podido hacer buenas camara­

das, devoradas por bestias sensibles como

hogueras ..

" Le escucho hacer de la infamia una gloria,

de la crueldad un encanto. Soy de raza leja­

na: mis padres eran escandinavos: se atrave­

saban los costados y bebían su propia san­

gre. - Me heriré todo el cuerpo, me tatuaré,

quiero ser horrible como un mongol: lo

verás, ahullaré en las calles. Quiero volverme

loco de rabia. Jamás me enseñes joyas: me

arrastraría y me retorcería sobre la alfombra.

Mi riqueza la quisiera toda manchada de san­

gre. Jamás trabajaré .. Algunas noches su

demonio se apoderaba de mí y rodábamos

luchando. Por las noches, ebrio a menudo, se


arcoiris. La Felicidad era mi fatalidad, mi

remordimiento, mi gusano: mi vida siempre

será demasiado inmensa para consagrarla a

la fuerza y a la belleza.

iLa Felicidadl Sus dientes, suaves a la muerte,

me advertían al cantar el gallo -od matutinum,

ad Christus venit- en las ciudades más

sombrías:

Oh estaciones, oh castillos'

Qué alma carece de defectos?

Hice el mógico estudio

De la felicidad, que nadie elude.

Saludémosla cada vez

Que canta el gallo galo.

Ah, ya no tendré deseos'

Ella se ha encargado de mi vida.

*

Este encanto se ha apoderado de alma y

cuerpo

y ha dispersado los esfuerzos.

Oh estaciones, oh castillos'

La hora de la huida, ay'

Seró la hora de la muerte.

Oh estaciones, oh castillos!

*

Esto acabó. Ahora sé saludar a la belleza.

EL IMPOSI BLE

iOH! Esa vida de mi infancia, el ampl io

camino bajo cualquier tiempo; sobrenatural­

mente sobrio, más desinteresado que el me­

jor de los mendigos, orgulloso de no tener

patria ni amigos, iqué necedad l ¡Y hasta aho­

ra lo comprendo'

- Tuve razón al despreciar a esos buenos

hombres que no perderían la ocasión de una

caricia, parásitos de la limpieza y de la salud

de nuestras mujeres; hoy que ellas se entien­

den tan poco con nosotros.

Tuve razón en todos mis desdenes: ¡me

evado l

¿Me evado?

Me explicaré.

Ayer todavía suspiraba: "¡Cielos, somos

muchos los condenados aquí abajo! ¡Hace

tanto tiempo que pertenezco a su ejército'

Los conozco a todos. Nos reconocemos

siempre, nos asqueamos. La caridad nos es

desconocida. Pero somos corteses; nuestras

relaciones con el mundo son correctísimas."

¿Es asombroso? ¡El mundo l ¡Los mercaderes,

los ingenuos! - No estamos deshonrados.

-¿Pero cómo nos recibirían los elegidos)

Pues hay gentes hurañas y alegres; falsos ele­

gidos puesto que necesitamos audacia o

humildad para hablarles. Son los únicos ele­

gidos. ¡No son bendecidores!

Al recobrar dos céntimos de razón, - ¡esto

acaba pronto!- , veo que mis males provie­

nen de no haber pensado a tiempo que

estamos en el Occidente. ¡Los pantanos

occidentales! No porque crea la luz alterada,

la forma extenuada, el movimiento extravia­

do.. ¡Bueno! He aquí que mi espíritu quie­

re absolutamente encargarse de todos los

desarrollos crueles que ha sufrido el espíritu

desde la muerte del Oriente ... ¡Mi espíritu

así lo quierel

... ¡Mis dos céntimos de razón han conclui­

do' - EI espíritu es autoridad; exige que yo per­

manezca en Occidente. Sería necesario hacer­

le callar para tenrninar como yo deseaba.

Mandaba al diablo las palmas de los márti­

nes, los esplendones del arte, el orgullo de los

inventones, el ardor de los ladrones; regresaba

al Oriente y a la sabiduría primitiva y eterna.

- iParece que es un sueño de grosera peneza l

Sin embargo, no pensaba en el placer de

escapar a los sufrimientos modernos. No me

guiaba la sabiduría bastarda del Corán.

- ¿Pero no es un suplicio real que después de

esta declaración de la ciencia, el cristianismo,

el hombre se engañe, se pruebe las evide

cias, se hinche de placer al repetir esas prue­

bas y sólo viva aSI? Tortura sutil, necia; fuente

de mis divagaciones espirituales. iTal vez la

naturaleza podría aburrirsel Pero Grullo ha

nacido con Cristo.

¿No será porque cultivamos la bruma?

Comemos la fiebre con nuestras legumbres

acuosas. iY la ignorancial ¡Y los sacrificiosl

-¿Todo esto está bastante lejos del pensa­

miento de la sabid uría del Oriente, la patria

primitiva? ¿Para qué un mundo moderno si

se inventan semejantes venenos?

Las gentes de Iglesia dirán: "Es cierto, pero

quieres hablar del Edén. Nada hay para ti en la

historia de los pueblos orientales". - Es cierto.

iPensaba en el Edén l ¿Qué significa para mi

sueño esta puneza de las razas antiguas)

Los filósofos: El mundo no tiene edad. La

humanidad se desplaza simplemente. Estás en

Occidente, pero enes libne de habitar en tu

Oriente, por antiguo que lo desees, -y de

habitarlo con gusto. No seas un vencido.

Filósofos, vosotros pertenecéis a vuestro

Occidente.

Espíritu mío, ten cuidado. Deja los medios

de salvación violentos. ¡Ejércete! - iAh! La

ciencia no marcha suficientemente aprisa

para nosotros.

- Pero compnendo que mi espíritu duenrne.

Si estuviese despierto siempne, a partir de

este momento, alcanzaríamos pronto la ver­

dad que probablemente nos rodea con sus

ángeles que lloran .. . -Si hasta ahora hubiese

estado despierto, sería porque no había cedi­

do a los instintos deleténeos en una época

inmemorial .. ¡Si siempne hubiese estado de

pierto, yo vogaría en plena sabiduría! ..

iOh, pureza l ¡Pureza!

Este minuto de vigilia me ha mostrado la

visión de la pureza. iPor el espíritu se va a

Dios!

¡Desgarrador infortuniol

55

Biblioteca de México

EL RELÁ MPAGO

Rimbaud en Abisinia (1883)

¡EL trabajo humano! Explosión que alumbra

mi abismo de vez en cuando.

"iNada es vanidad; hacia la ciencia y ade­

lante l ", exclama el moderno Eclesiastés. Es

decir: Todo el Mundo.Y sin embargo, los cadá­

veres de los malvados y de los holgazanes

caen sobre el corazón de los otros.. iAhl

Pronto, pronto; allá lejos, más allá de la no­

che, estas recompensas futuras, eternas ..

¿escaparemos a ella?

-¿Qué puedo hacer? Conozco el trabajo;

y la ciencia es demasiado lenta. Que la ora­

ción galope y que la luz ruja.. lo compren­

do. Es demasiado simple y hace demasiado

calor; se pasarán sin mí. Tengo mi deber;

como muchos, me sentiría orgulloso hacién­

dolo a un lado.

Mi vida está gastada. ¡Vamos l ¡Finjamos,

holguemos, oh piedadl, y existiremos al

divertirnos, al soñar en amores monstruosos

y en universos fantásticos, mientras nos que­

jamos y nos querellamos con las apariencias

del mundo; saltimbanqui, mendigo, artista,

bandido, - ¡sacerdote! Sobre mi lecho de

hospital, el olor del incienso me ha hecho tan

potente: guardián de los aromas sagrados,

confesoc mártir ..

Reconozco en esto la triste educación de

mi infancia. ¡Qué me importal. Llevar mis

veinte años si los otros tienen veinte años ...

¡Nol ¡No' Ahora me rebelo contra la muer­

te. El trabajo parece demasiado liviano a mi

orgullo: mi traición al mundo sería un supli­

cio demasiado corto. En el últ¡mo momento

atacaré a derecha e izquierda ..

Entonces, - ¡ohl- querida y pobre alma

mía, habremos perdido la eternidad.

MAÑANA

¿NO tuve una vez una juventud amable, heroi­

ca. fabulosa que escribir en hojas de oro? ¡De­

masiada suerte! ¿Por qué crimen, por qué

error he merecido m¡ actual debilidad? Vo­

sotros que pnetendéis que las bestias sollozan

de doloc que los enfenrnos desesperan, que

los muertos sufren pesadillas, tratad de na-


ar mi caída y mi sueño. Yo no puedo expli­

carme mejor que el mendigo con sus conti­

nuos: Poter y Ave Mono iYa no sé hablar.

No obstante, ahora creo haber terminado

la relación de mi infierno. Era, en verdad, el

infierno; el antiguo; aquel cuyas puertas abrió

el hijo del hombre.

Del mismo desierto a la misma noche,

siempre mis ojos cansados se abren a la estre­

lla de plata, siempre; sin que se conmuevan los

Reyes de la Vida, los tres magos, el corazón, el

alma, el espíritu. ¿Cuándo iremos más allá de

las playas y de los montes, para saludar el naci­

miento del trabajo nuevo, de la sabiduría nue­

va, la huida de los tiranos y de los demonios,

el fin de la superstición; a adorar -¡los prime­

rosl- la Navidad sobre la tienra)

¡El canto de los cielos, la marcha de los

pueblos! Esclavos, no maldigamos la vida.

ADIÓS

¡EL otoño, ya l - ¿Para qué echar de menos un

eterno sol, si estamos empeñados en el de

cubrimiento de la claridad divina, lejos de las

gentes que mueren en las estaciones?

El otoño. Nuestra barca elevada en las bru­

mas inmóviles marcha hacia el puerto de la mi­

seria, la ciudad enorme de cielo manchado de

fuego y de lodo. iAhl ¡Los harapos podridos, el

pan empapado de lluvia, la embriaguez. los mil

amores que me han crucificado! ¿No acabará

esta vampira, reina de millones de almas y de

cuerpos muertos y que serón juzgados) Vuelvo

a mirarme con la piel roída por el lodo y por

la peste, llenos de gusanos más gruesos aun en

el corazón, sin edad, sin sentimiento ..

iY temo el invierno porque es la estación

de la comodidadl

Hubiera podido morir .. iHorrible evoca­

ción l Execro la miseria.

-Algunas veces veo en el cielo playas sin fin,

cubiertas de blancas naciones jubilosas. Un

gran navío de oro, por encima de mí, agi-ta sus

pabellones multicolores baJO las brisas de la

mañana. He creado todas las fiestas, todos los

triunfos, todos los dramas. He tratado de in­

ventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas

carnes, nuevos idiomas. He creído adquirir

poderes sobrenaturales. iY ahora tengo que

enterrar mi imaginación y mis recuerdos! iBe­

Ila gloria de artista y de nanrador arrebatada!

iYo! iYo que me he dicho mago o ángel,

que me he dispensado de toda moral, vuel­

vo a la tierra con un deber que buscar y la

realidad rugosa que abrazar. iCampesinol

¿Me engaño? ¿La caridad será hermana de

la muerte para mi? En fin, pediré perdón por

haberme alimentado de mentira. Vamos.

¡Pero no hay una mano amiga! ¿Y adónde

La casa donde se supone Rimbaud escribió Uno temporado en el ln(Jemo. 1873

56

Biblioteca de México

pedir socorro?

*

Sí, la hora nueva es, por lo menos, muy severa.

Pues ya puedo decir que alcancé la victo­

ria: el rechinar de dientes, los si lbidos del

fuego, los suspiros pestilentes se moderan.

Todos los recuerdos inmundos se borran.

f'lis últimos lamentos huyen, celos de los men­

digos, los retrasados de todas clases, iCon­

denados, si yo me vengase!

Hay que ser absolutamente moderno.

Nada de cánticos: conservar lo ganado.

¡Dura noche! La sangre seca humea en mi ros-

tro y no tengo detrás de mí más que ese horri­

ble arbustillo! ... El combate espiritual es tar brutal

como la batalla de los hombres; pero la visión

de la justicia es únicamente el placer de Dios.

Mientras tanto ha llegado la víspera. Re­

cibamos todos los influJos de vigor y de ter­

nura verdadera. Y a la aurora, armados de

una ardiente paciencia, entraremos en las

espléndidas ciudades.

iQué hablaba yo de mano amiga l Es una

inmensa ventaja que pueda reír de los viejos

amores mentirosos y avergonzar a esas

parejas embusteras, -he visto allá el infierno

de las mujeres; -y me será imposible poseer

lo verdad en un olmo y en un cuerpo.

Abril- agosto de 1873.


UNA EQUIVOCACiÓN

El llorado Arthur Rimbaud y yo, atacados de

furor por los viajes, salimos un buen día de

julio de 187 ... , si no me equivoco, para A ...

donde yo había permanecido y debí permanecer

aún numerosas veces en familia Ciudad

curiosa; casas españolas del buen siglo XV11 y

algunos monumentos, entre los que se cuenta

el ayuntamiento gótico más hermoso de Francia.

cuartel y convento, campanas y tambores.

Ningún comercio y poca industria Algunos

ricachos confinados tras las altas ventanas con

postigos blancos de sus hotelitos con bellos

jardines. La población, acomodada o pobre, casera,

pero de buena composición.

Tomamos el tren a eso de las diez de la noche

y llegamos al amanecer. Pronto dimos la

vuelta a la ciudad: aquellas fortalezas son reducidas,

y mientras esperábamos a que estuvie­

sen levantadas las personas susceptibles de

acogemos amistosamente sin demasiada molestia

para ellas, resolvimos ir a desayunar al

buffet de la estación donde tomamos provisionalmente

cada uno uno o varios aperitivos ... ,

en tanto que charlábamos de unas cosas y de

otras. Rimbaud, a pesar de su seriedad extraordinariamente

precoz que llegaba algunas veces

hasta a la majadería atravesando por calaveradas

de bastante macabros o muy particulares

caprichos. y yo, que continuaba siendo un

muchacho, no obstante mis veintisíete años

cumplidos, teníamos aquel día nuestro humor

propicio a lo cómico, lúgubre y algo retozón y

concebimos la idea de "epatar" a algunos

"honrados" viajeros que consumían allí caldos,

panecillos y galantinas rociados con vino de

Argelia demasiado caro. Entre los tipos presentes

se encontraba a la derecha -todavía me

acuerdo- en nuestro banco, a poca distancia,

un buen hombre, casi viejo, medianamente

vestido, con un sombrero de paja deslucido

sobre la cabeza como afeitada a bofetones,

tonto y cazurro, chupeteando un cigarro puro

de un sueldo, sorbiendo un tarro de cerveza

de a diez céntimos, tosiendo y gargajeando y

que prestaba a nuestra conversación una atención

aún menos estúpida que malévola Se lo

hice observar a Rimbaud, que se echó a reír

por lo bajo, como solía hacerlo. La horrible

aparición se desvaneció de pronto, como por

arte de magia, y nosotros nos hicimos los dis­

traídos, para no malograr el efecto producido.

Habíamos estado hablando de asesinatos y de

robos, personalmente, y suministrando trucu­

lentos detalles que hubieran parecido más que

oculares, y continuamos tratando sobre el mis­

mo tema. como si tal cosa, cuando surgieron

• Paul Verfaine, Obros completas, vol, XlI, Mis hospitale$,

mis prisiones, traducción de Guillermo de Torre,

Editorial Mundo Latino, Madrid. 1926, 244 pp.

ante nosotros, como aparecidos de súbito, dos

gendarmes de la peor traza que nos invitaron

con pocas palabras a que les siguiéramos.

Seguimos, como era debido, a los representantes,

desde luego respetados, de una

autoridad que, a pesar de todo, tuvimos a

bien encontrar un poco obligada a tener que

ver con nosotros, en absoluto tan irreprensibies,

y después de un buen, o mejor dicho,

un mal cuarto de hora de camino por estrechas

calles hortenses, subimos las tres o cuatro

gradas de una puerta lateral del Ayuntamiento,

donde, no sé por qué ni cómo, se

hallaba el jefe del Tribunal de aquella jurisdicción'

en un gabinete precedido de una antesala,

donde hubimos de esperar un poco.

Estaba muy bien aquella entrada lateral.

Bóveda cintrada, piedra gris y madera negra,

con pechinas simétricas. Unos guardias nacionales

(era a raíz de la guerra y antes de la

supresión de esta clase de milicia), subían al

cuarto de la guardia, poco vestidos, aunque

más cosidos que nosotros, unos trozos de

tocino procedentes de París; algunos "guardias

municipales", que en todas partes son lo

mismo, salvo pequeñas diferencias de uniforme,

circulaban con indolencia como por su

casa, en vista de lo cuaL .. , Rimbaud, después

de haberme hecho una seña, prorrumpió en

una serie de sollozos que debía enternecer

y enterneció a nuestros buenos gendarmes

(no son todos tan amables ni tampoco muy

sensatos algunas veces, aun a través de su

responsabilidad), esperando el efecto que

habrían de producir en el señor Procurador

de la República. Este fue el primero que acudió,

y bien pronto salió del importante gabinete

con los ojos húmedos aún, y con un

parpadeo como de alarma dirigido hacia mí.

Entré a mi vez en el departamento del primer

magistrado, que estaba de pie en su sitio,

el cual, sentado en un ruedo de cuero,

donde parecía bien atornillado, me interrogó,

interrumpiendo aquella formalidad con

arrogantes observaciones acerca del aspecto

de mi pantalón blanco, un poco sucio por

el polvo del viaje, y también por el uso anterior

y subsiguiente. Algunos reproches fue­

ron mascullados después: "Acaba de verificarse

una ejecución en A .. Son lamentables

esas conversaciones tópicas (sic) en un sitio

público y en tales circunstancias ... Pueden dar

lugar a sospechas, acaso justas .. , Y si no .. , Vamos

a ver. .. Después de todo, ¿qué venían a

hacer ustedes aquí/ .. , Ese joven parece conforme

y respetuoso con la justicia .. , Pero in­

sisto .. , ¿qué venían a hacer ustedes aquí/ ...

Porque así, los dos, sin equipaje, ni nada .. Sí ...

Ya ve usted .. ,"

Expliqué mi caso, diciendo que había tenido

el capricho de pasear en compañía de un

amigo -todo esto explicado con claridad y sin

57

Biblioteca de México

Rimbaud y Verlaine, detalle del cuadro de Fantin-Latour

rodeos-, Era entonces más republicano que

ahora. acababa de ser un poco comunista, y

poseía una verbosidad bastante elocuente.

Después que hubieron dado referencias nuestras

en la ciudad y de haber mostrado los

"papeles" -cartas, pasaportes, billetes de banco

(¡Oh, tiempo, interrumpe tu vuelo!)-, añadí

que yo era Messin, que tenía que optar entre

Francia y Alemania. y que, a fe mía. vacilaba. en

verdad, en vista de aquella detención ar-bi-traria,

etc., etc. (El señor Procurador. a la sazón el

señor Presidente, podria atestiguar la veracidad

de todo este relato.)

Después de un breve silencio tempestuoso,

tocó el timbre el magistrado de semblante

con patillas, joven aún, con el cabello negro y

rizado y con precoces anteojos, y ordenó que

entrasen los gendarmes, a los cuales les dijo:

"Acompañarán ustedes de nuevo a estos individuos

a la estación, donde deberán tomar el

primer tren que pase en dirección a París."

Objeté que no habíamos desayunado. "Los llevarán

ustedes a desayunar; pero que se vayan

inmediatamente, y no los pierdan de vista hasta

que arranque el tren:'

Dicho y hecho. Poco propicios a exhibirnos

de nuevo en el buffet entre nuestros acólitos

oficiaies, y asimismo, por otra parte, a

atravesar en ayunas por las calles, llenas ya de

gente a aquella hora, tomamos un bocado

en un "buen rincón" que nos descubrió el

brigada, tomamos el café y luego las gotas, a

las cuales convidamos a los gendarmes, y no

sin contrariedad, a causa de que nuestros

pantalones escoltados debían de parecer

"patibularios", a los ya numerosos transeúntes

que encontramos, llegamos a nuestro

destino. Tras cordiales despedidas a los sobre

todo amables alguaciles, nos subimos en un

segunda, llenos de admiración por la manera.

por el procedimiento, más que por la judicatura

del señor Procurador P. ..

y una vez en París, después de haber cobrado

nuevo valor. y después de haber saciado

el apetito con una comida, importante esta

vez, y de haber bebido un poco mejor. salimos

aquella misma noche para otra estación, en

busca de aventuras más interesantes.


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