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11 months ago

REVISTA SAPO MISTERIO 01

BEP KOROROTI Una leyenda

BEP KOROROTI Una leyenda extraordinaria. Los indios kayapos, que habitan la región del Alto Xingú, en el estado amazónico brasileño de Pará, nos muestran un brutal y enigmático acercamiento tribal a los astronautas. La tribu indígena llamada kayapó, conservan un inquietante recuerdo ancestral. Los kayapó celebran anualmente una fiesta ritual por la llegada de los dioses y en ella un sacerdote hace el papel de Bep Kororoti. La similitud de su indumentaria con la de un astronauta es más que evidente. Su rito viene siendo documentado desde 1884, casi 80 años antes de que rusos y norteamericanos ni siquiera se imaginaran algo más que un simple avión. El rito completo, introduce elementos tecnológicos impensados en una sociedad que hoy vive a años luz de una civilización moderna. El antropólogo Joao Americo Peret fue el primero que entrevistó a un viejo consejero de la tribu. También, publicó una serie de fotografías de los nativos en ropa ritual en 1952, una década previa al inicio de la carrera espacial y aseguró que la vestimenta, con el nombre de Gway Baba, ha sido utilizada para rituales desde tiempos inmemoriales. www.revistasapo.com 8

Bep Kororoti, ¿una leyenda, un viajero en el tiempo o un ser de otro planeta? El pueblo Kayapó vivía en una llanura grande, muy lejos de su actual ubicación, desde donde se podía ver una sierra de nombre Pukato Ti. En noche, una estrella u objeto luminoso cruzó el cielo, cayendo en la sierra, muy cerca de una de las montañas. Estas se cubrieron de niebla y salieron ruidos estruendosos, seguidos de relámpagos. Los cazadores esperaron al amanecer para acercarse a la montaña. En medio de la espesa niebla, apareció una criatura humanoide que los asustó. Sujetaba una especie de vara que agitaba en el aire y cada vez que apuntaba con ella a cualquier objeto, ya fuera una piedra o un árbol, este se desintegraba. Más tarde descubrirían el nombre de aquella arma tan destructiva: kóp. Los nativos intentaron capturar a la criatura, pero fue imposible. Finalmente, no tardaron mucho en darse cuenta que no quería hacerles daño. Incluso parecía divertirse con la actitud de los nativos. Estos tuvieron que acostumbrarse a la existencia del extraño que, de vez en cuando, veían rondar por los caminos de la montaña. Al pasar el tiempo se hicieron sus amigos y lo incluyeron en la tribu. www.revistasapo.com 9

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