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El castillo de Acapulco

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I

XIII

EL CASTILLO

DE

ACAPULCO

MEMORIAS tE Ci CRIOLL.O

/

£813


EL CASTILLO DE ACAPULCO

IK-01,

I

I

domingo 28 de Febrero de 1813, por rnás señas domingo

de Carnaval, fué un gran dIa para ci Sr. D. Felix

'j T1arIa Calleja del Rey, porque en Cl se supo que por

••lecreto de 15 d Septiembre de 18 12 la Regencia habIa

d Men relevar del vireinato de Nueva Espafia a D. Fran-

CISCO Javier Venegas, so pretcxto de ser en la antigua necesarios

SUS SCtVjCjOS, y nombrar para sucederle al vencedor de lAculco,

Guanajuato y Caldcrón.

\ enegas, clue no ignoraba de dónde partia ci golpe, iii la parte

queel antiguo jefe del Ejército del Centro habIa tornado en la de-

CiSiOn de la Regencia, quiso, no obstante, dar pruebas de galantena

a SU contrario, y al presentarse Cste en Palacio a recibir, corno


1356 Eisodios Hij yjcøs Mexicanos

liabialo hecho hasta entonces, el santo y orden del dia, sali6 ;i recibirle

hasta la puerta del primer salon y le cumplimento por su

nuevo empleo con lisonjeras y entusiastas felicitaciones.

Poco tierupo después de haberse retirado Calleja, el virev hizo

poner uno de sus carruajes y fud a visitaric a su casa habitaciin,

que una multitud de gentes elegidas entre Jo más granado de Ia

sociedad ilenaban ya, ansiosas de merecerle una sonrisa 6 tnia inclinaciOn

de cabeza, o simplemente de contemplar los resplandores

primeros del nuevo naciente sol.

Para ver a los hombres pequeflos y despreciables, no exist lente

superior at que elios misrnos con su aduiaciOn y bajeza poiicn en

manos do quien at ejercicio del poder Se cleva.

Pero no fu6 ci sctbito engrandecirnicnto de Calleja tan grato

para nadie como para la segunda dama de müsica del Colisco, Inés

Garcia. Al siguicnte dIa, Junes, debia tener lugar su funcidn de beneficio,

y no podia por menos de dade un resultado excelente dedicárseia

at nucvo virey: cierto es que Venegas habIasela concedido,

pues los vireyes eran quienes en aquellos tiempos otorgaban zi log

actores estas gracias; pero una ezrtista, en los dias que preceden i

su beneficio, olvida toda consideraciOn quc no Ic dé el resultado

directo de una pingiie ganancia.

Bien es verdad que ]as más de ]as veces no desvela a Jos actores

ci producto do su funciOn de gracia por el producto rnisnio, pues

Si bien jamás desprecian ci dincro, éste, en tal ocasión, no es apreciado

por to que en sI vale, sino porque la mayor 6 menor surna

colectada, da la medida de sus méritos y simpatIas: y como no hay

segunda actriz que no crea valet por to menos tanto corno la primera,

de la cual dice haber sido colocada en primer lugar, no pot

el talento, sino por las cábalas de la intriga, de aqul resulta que

todo su empeflo está en superarla en ci brillo, entusiasmo y rO-ducto

de su funcidn de beneficio.

Inés Garcia, 6 por mejor decir, La mesh/a, seg.in todo ci

mundo la Ilamaba, era por aquellos afios to que podia llamarsc una

real moza; ci Ovalo de su rostro, tenuemente apinonado, se oncerraba

graciqsamente en un marco do suavfsimos cabellos negrOSs

artificialmente rizados; negros, y grandes sus ojos, miraban at me

droso ante su hermosura con graciosa picardia, y at atrevidu co"

apacible senciliez: la boca, que es en ]as mujeres ci arma segunda


IW..-I El Castillo de Acapulco '.357

de sus encantarniefltos, pues la primera lo son los ojos, era en Ia

Inesilla un canastillo de verdaderas gracias; pequeños y encendidos

Jos labios, diminutos y blancos los dientes, embriagador y aromatico

ci aliento. No era de alta estatura, pero tenia la bastante para

sobresalir por la correccjón de sus formas entre sun demás compaeras;

sus manos eran finas, alargadas como las de las señoritas de

CZaSc; SUS pies pequenos y delicados, y en ellos tenfa cifrado

so Orguflo femenji, no sin juticia y razón.

Con prendas tales, excusado me parece decir que Ic sobraban

ador adores Si muclas veces ]as actrices son solicitadas y queri-

(1$ sóto porquc son actrices, y los Tenorios de bastidores ics nfl-


135 S Ep isodios His iOrios Mexicanos

den pleito homenaje, ünicamente por darse la satisfaccióri dc que

se les crea duefios ünicos de una mujer que todo ci mundo aplaude

y a todo ci mundo domina, bien se comprezide cuán solicitaday

querida no serIa la Inesilia que tantos naturales encantos ateso

raba.

Entre sus adoradores fIguraban, como es natural, más de media

doccna de poetas, ya por fraternidad y similitudes artistcas, ya

porquc suele ser eIicaz recurso para hacer representar obras riginales

ci que entre Ia actriz y ci autor exista esta especie de relaciones.

V que cntonces habia poetas que para ci teatro cscribiescn, to

dos Jo sabemos, y ahi tenemos i nuestro buen D. Anastasio de

Ochoa, que tanto ha venido figurando en los anteriores Ei'Io1)Ios,

que dejó escritas una tragedia intitulada Don Alfonso y las dos co

rnedias El Amor por apoderado y Lez Jluérfana de Tiahiepantla.

Registrando papeles de la época, me he encontrado una lista de

quince comedias 6 dramas pasados a la censura en 18 i i, annimos

Ia mayor parte, pero todos escritos en Mexico y bien recibidos

de los cómicos: entre elios constaba uno de Lizardi, intitulado El

Fuego de Prometco, escrito en verso, pucs tarnbiCn los escribia, y

at decir de D. Carlos Bustamante, en su 16a carta del C'nadro

Zlistórico, poseia faciiidad, claridad y belieza para explicarse; es

cribIa tan bien en prosa como en verso; vió sus borradores on este

género y adrniró su fluidez y cierto aticismo encantador para la sá

tira y ci ridIculo.

La Inesilla se dirigid a uno d&aquellos poetas y le encargó le

escribiese una dedicatoria de su función a Calleja, y se la exigid en

verso, y Ic recomendó fuera digna de ser impresa con letras do

radas en una media vara de magnifica seda verde, quc se pofl

drIa después en un marco tarnbidn dorado, segün ci gusto de la

época.

No consta en los datos que poseo ci nombre del autor de la de

dicatoria, pero estimo que nada perderán en ignorarlo mis lectO

res, bastándoles para apreciarlo asI el simple conocimiento de la

susodicha composición.


1w El

Hela aqul, en la forma en que por ser acróstico fu6 impresa:

lvl^

F

I'

< ivid.........

- la Fania .......

< enga a servirle....

>I triunfador y .

rr gregio ........

iiz brillante .....

< ngador dc .....

- sUireCCiOfl que...

,Iucir a sco ....

sta Patria que Abril..

a de jazmin ó .

Ci On ..........

> tiende ........

ama que tu sol

ni gregia luz de .

ibilo siente .....

> tus pies.......

Castillo de Acapulco 1359

vieñor, ailosmul,

v ervicial

cal

>1 gentil,

— noble Calleja,

z 0 extinguida,

, sta atrevida

& emeja

- nvicrno

ena

> zucena

n rato perfume tierno.

)- la que es sencilla

etleja

n astilla

- nesilla.

> Ito Calleja.

Pero no se detuvo aqul el inspirado vate, sino antes bien, tomando

de nuevo la plurna, dió a luz una nueva muestra de su ingenio,

enderezando al püblico el otro acróstico siguiente:

SONETO

- esarosa mi dicha . . . < I dudos ..........

c fir quisicra .......- o tan feliz di ......

oluntad y posibles < iVa han..........

ujo y grandeza ..... > cción ms generos. .

— asi lograra . . . . . . . . u e mu fe amoros .....

n onociesen ml afecto ni n mu porfi .......

o mi eficacia ....... as en tal mani ......

len encuentro que ini.til S y OCiOS ........

n todo he sido..... . >< erxes con la Greci. .

z o es esta culpa mia . - niaginad ........

- es mi destino . J. . • c- omo me despreci . .

ustosa advierte . .-. I corte venerad ......

z orte en vuestras piedades rn en que apreci ......

y otra suerte ...... . t- a beneficiad .......

Una y otra disparatadas cornposiciones acabarn de probar a

mis ketores que no menti at asegurar el mérito negativo de los

Poetas de la época colonial, excepción hecha de Alarcón y

Sor Juana: creo haberlo sobradamente (lemostrado en distintos


&360 Episodios Hishricos Mexicanos

pasajes de estos EPisoDIos, cuyo fin principal Cs desvanccer, hasta

donde posible sea, Los errores y preocupaciones de nuestra entes.

Quo entre aquel ciimuio de detestables composiciones on verso,

puedan encontrarse aigunas rnenos malas, nada prueba on contra

de mi dicho, puesto que jamás ]as excepciones han destiuIdo las

reglas generaks.

EL primero de los dos acrósticos copiados, dice on sus dos Iineas

verticales de mayscuIas: £;\Tiva el virey Calieja! Su servidora La

Inesilla Garcia, ; ci segundo, 4iViva de Mxico el püblico henig

no!, teniendo ademas La curiosidad de quo todos sus catorce versos

terminan en una A quo va sacada a la dei-echa.

Ambas composiciones, impresas con tinta roja, se repartieron

con profusiOn y acompanando al siguiente programa:

c.El lunes primero del corriente se sigue a gozar del hCncñcio

que ci Excmo. Sr. virey ha proporcionado a los individuos de este

Real Colisco, la segunda dama de niüsica y cantarina Inés Garcia,

quien con la csperanza de que ci beriigno pIblico, su amad favo

recedor, concurrirá a prestarle la atenciOn que acostumbra, fomentando

ahora ci mayor lucirriiento zi quo aspira, por ci inter&

quo Ic puede resultar, ha dispuesto i in., fuii .1n cm C) S!U!L St1fl

ciente para ci Ileno d sus deseos.

Se representari, pucs, La farn c .dii titulada I.; '(;lfl3

en Inglaterra, on cuyos interinedios se ejecutarán los siguienteS

agradables adornos:

La pequexa pieza de El C'asero hurlado por amor ñ /

q 11i/ma.

Las seguidillas nornbradas En los campos d

misma interesada.

Unas prirnorosas Bo/eras a solo, por Isabel l m.

La Alemanda, por Josc M. Morales.

EI son de Ia tierra liamado El 7arahe, y La Ba;;: .: -,

La zarzueia La Amalia, por Luciano Cortés

sada.

E1 gran baile de La Estatna 6 Escziltor, on que da:

zflO.

t -t3

las parejas Las /3oleras, al tiempo de la contradanza.

La paga será como de dia de trabajo, y on cuanto a los paiCO5

y asientos de temporada, 110 exigc la cantarina otro intcr& que CI

quo cada persona quiera voluntariamente entre=:c........


:-

Ll•

El Castillo dc Acapulco

11

No niego la satisfacción quo me cahe en sacar a iuz por primera

vez, que yo sepa, esta especie do pormen ores curiosos del teatro de

aquelios dias: la casualidad ha querido quc Ilegaran a mis manos,

paples como los citados, antes quo los hiciera dosaparecer ci desden

con quc vemos todas aquelias cosas que no tienen para nosotros

la utilidad y ci interés del momento.

Los progresos literarios y artIsticos siemprc hall exacta

medida del adelanto y situación moral de los pueblos; do tales

progresos, ci teatro ha sido siempre un primer capitulo: andarán

los tiempos, los nuestros pasarán y dificil será a to ,; quo detris de

nosotros ileguen, procurarse noticias acerca de -estos puntos, ya

sobradarnente obscuros en los nuestros.

Pero pasemos adelante.

Inütii me parece decir_que ci partido espafiol europeo recibió

Con regocijo extraordinario ci nombramiento do Calleja para ci

vircinato, dando por hecho que ci vencedor de la rebeiión en su

Primer periodo, habria de serlo también en ci segundo.

Los despachos do la Regencia fueron presentados, segtmn añeja

prictica, at Real Acuerdo, quo despuds de recibirlos y encontrar

los buenos, les dió curso y mandó obedecer, cuya noticia lievaron

a Calleja dos oidores nombrados en comisión l)ara felicitaric y

Convenjr ci orden del ceremonial de la cntrega.

A las nueve y media de la mañana del jueves 1 de Marzo de 18 13

ci Ayuntarnionto salió en lucida comitiva de ]as Casas dc Cabildo,

precedido por un macero a cahallo, y se dirigid at alojamiento del

nUOVO virey, con ci fin de acornpanarle at Real Paiacio.

En ci grande y preciosd patio de Ia casa del marques do Moncada,

esperaban brillantemente uniformados los oficiales del lujoso

Estado Mayor de Calieja. Este salió a Ia calle cntre las aclama-

COfles de Ia muititud, y ci cortejo torud por las calics de Vergara,

Tacuba Empedradiflo y Plaza Mayor, drigiCndose at Real

Paiaco, en cu yo principal saión Venegas esperaba a su sucesor

Para hacerle la, entrega del bastón, verificacla la cual Calleja pasó

all salon del Real Acucrdo, ante cuyO-fl ) I)resto 1 juraniento

-I;

TOMO I

171

1361


1362 Episodias HisIórios Mxicanos

a que su empieo le obligaba. Con la niisrna solemnidad regreso el

nuevo gobernante a su casa-habitación, hallándose como a la ida

tendidas las tropas en toda Ia carrcra.

\Tenegas pasO después a visitar a Calleja, y dejando ci Palacio,

se alojO en Ia casa del conde de Perez Gálvez, en la plazucia de

Buenavista.

La vireina, esposa de Caileja, fuC felicitada aquel mismo dia por

]as Autoridades y personas distinguidas, y hubo al siguiente besanianos

en Palacio, con asistencia general de corporaciones civi.

les 37 militares.

Dábanse, recibIanse y comentábansc todas estas noticias en ci

escenario del coiiseo, cuyo tablado semejaba un campo de feria,

pudiendo rnuy bien toniarse por barracas los cuartuthos-vc tuario

de los cOi-njcos; entraban y salfán canastos y cajones Ilenos de

los más disImbolos objetos y trajes, C iban y vcnian los muebles

de las más encontradas épocas. La ternporada habla terminado y

concluido por lo tanto las funciones y los ensayos, y cada quien

rnudaba a su casa los objetos clue Ic pertenecian.

Multitud de amigos de los actores y actrices acudieron presenciar

aquella dispersiOn, y an los cien variados grupos formados

aquI y allá, reiiiaban el buen humor y Ia alegria más francos.

—Con seguridad que en la temporada prOxima varuos a tuner

de prirnera darna a la Inesilla,—decia D. Martin Cabrera a D. Buenaventura

del Valle y a una media docena de amigos que formaban

circulo en torno de la hermosa Inesilla.

—Al menos ha hecho todo lo posible para cIlo,—observO Agustina

Montenegro, que habia sido la primera actriz en la teruporada

Oltima.

—Pues hija,—contestO la Iiiesilla con marcada intenciOn,—no

serC yo quien más lo sienta.

—Lo creo tambiCn,—dijo Ia Montenegro rnanifiestamente picada;

—pero esa que lo sienta no seré yo; puedes auirmarlo, Inesilla.

—HarIas mal en no pensar asi, pues al fin, Agustina, tu méritO

tienes, y no serC yo quien lo ponga en duda.

—Si lo pusieras, contra ci publico irlas, pues diez afios hacc quC

piso las tablas con aplauso de cuantos me escuchan.

—Pues hija, yo puedo decir lo mismo; con que ya yes quc a

tantas estamos y quc tambiCn trabajo con aplauso general.


I- - El Castillo de ,lcapuko 1363

—Con aplauso general 6 con aplauso del general?— preguntó

la Montenegro con intención manifiesta do herir a la Inesilla.

Esta Sc puso livicla de cólera, y dijo:

_Que quieres dat a entender?

-.--.-Nada, hija, nada, no to exaltcs! Cuidado si te has vuelto

qu isquillosa desde qua ci general Calleja to obsequia.

—Bien sabia yo,—afiadid rnás tranquila la Inesilla,—que todo

sega cuestidn do cob.

—De cob? Vamos, hija, qua pudiera creerse quo to cuanioraba.

—Eso no; pero si qua to duele quo yo descomponga el circulo

do tus simpatias.

_Bah!—respofldió la Montenegro con gesto dcsdciloso,—mi

cIrcubo as grande y puedo dar parte do él sin quo la falta so noto.

—Adorables scnoras,—observó D. Buenaventura, —la cosa no

vale la pena do qua ustedes so exalten.

—Tiene usted razdn, Vcntura, —respond ió la Montenegro, sonriéndose

do un modo tenta-lor.

El ex comandante sitió algo asi corno una conmOcioll eléctrica,

iba ii dejar su asiento y acercarse i la prirnera darna, cuando la

Inesilla dej6 cacr como pot casualidad su abanico, do rnodo qua

quedase al lado do su oequcño pie qua sobresalia unas cuatro pulgadas

del borde do su vestido.

Los circunstantes, y entre ellos D. Buenaventura, bajaronse a

recoger at abanico; pero la Inesilla puso sobre él su undo pie s cogiendo

debajo un dedo del ex cornandante, quo estuvo próximO a

desrnayarse de gozo.

A la vez Inesilla dijo:

—No so incornode iisted, Ventura, y váyase, quo parece qua

Agustina tienc algo qua decirle.

—Te equivocas,—observó ésta;—ahI to lo dejo para. que Ic maroes

ii Li gusto,—y sin-guardar respuesta so alejó.

—Ya lo ove usted, Ventura, ya lo oyen ustedes, señores; la

Agustina supone ii ustedes mareados; vayanse, pues, a tomar aire.

Inesilla hizo adernán do pararse, pero su cIrcubo se lo irnpidiô,

encar' '-7indoic de tornar la palabra nuestro buen D. Martin, di-

Ctc;d-

No nos deje usted, ingrata Inesilla, ;qué culpa tcnCrnOS

flOsOtros d las envidias do la Montenegro?

I-


I 364 Episodios Hjstó,-icos Mericanos

—;Verdad que es envidiosa?

—Acaba de demostrarlo con su intencionada provocación.

Y después de todo, señores, qué Ic he hecho yo para desper.

tar su envidia? Nada. Pero lo que aquI hay es que ci 6xito, du mi

beneficio ha irritado a todas mis compancras. No. Lo que se v en

el teatro no es para contado. ;Cuánta miscria, cuánta intria,

cuánta pequenez! Qué cosa más natural que el que yo le dedicara

mi bcneficio al general Calleja? Acaso he tenido yo Ia culpa de

que éi honrase mi dedicatoria de tal modo que al presentarnia en

las tablas, sus ayudantes arrojasen a mis pies rnás de cien onzas

de oro, enviándome además la que es hoy vireina, uno de sus mc

jores aderezos de brillantes? Acaso, pot otra parte, fueron uflos

solos quiencs me arrojaron onzas y otras monedas y me signiicaron

con finos presentes sus simpatIas? No cs una f0ti1 vankla;! la

que me gufa, pero vean ustedes Ia lista de l'- b-aqui

en la noche de i-ni beneficio.

Al decir esto Inesilla, presentó a su cIrcul.: un iauI

D. MartIn, leyenclo en voz alta la siguiente lista dc regalos 11cI10s

a Ia berm osa cantarina:

: LTn hilo de perlas gordas finas, con pendiente de calabacilla en

un cerco de diamantes tablas.

Unos aretes de piedra inga con perlas como clabacil1as.

Otros de azabache en oro.

Otros de piedra azul con sobrepuestos de inga y almendra igual.

Otros de oro que Haman de empanada.

Un rosario con perlas como pimienta, con padrenuestros de

coral engarzados en oro con cruz de concha en idem.

Una crucecita con chispas de diamantes por ambos lados en

oro de colores.

Tres bibs de perlas con un pencliente de dos dichas de mayor

a menor y tres diamantes tablas.

Un cofrecillo de oro calado con un calabrotito de plata en la

tapa y un diamante en el muelle.

Un aderezo compieto de briliantes.

Tin rosario de ámbar con cruz de carey y cantoneras de oro

cordon y botón verde.

Dos relojes de oro, de rnoda, uno con piedras azules y otro con

un cIrculo de punta de diamantes.,


W^ El Castillo de Acapuko 1365

D. Martin dede leer, y los amigos de Inesilla Ia felicitaron

por los obscquios que habia recibido, sin mostrar, no obstante,

grande admiraCiófl, pues la riqueza y Ia prodigalidad eran grandes

en aqueliOS tiempOS en los cuales se aplaudia a las actrices arrojándolcs

dinero al escenariO. Los beneficiados, se-in vemos en el

prograrna repartido por la Inesilla, no sefialaban precio de entrada

a las localidades abonadas, dejando at arbitrio de las personas que

debfai ,ocuParlaS ci por ellas lo que fuese su voluntad: a este

day

fin situábasc en la puerta de entrada ci cobrador con una gran

charola, bandeja 6 azafate ae plata, y cada cual depositaba en ella

lo que por conveniente tenla y sierupre mucho más del valor ordinario

de su asiento.

Aparte, pucs, de los obsequios en aihajas, el beneficio de Ia mesilla

produjo mil seiscientos pesos de localidades y mil nuevecientos

en monedas arrojadas al tabtado.

—Eso y más aün mcrece usted, bella Inesilla,—dijo D. Buena-

Ventura;—pues desempefia usted sus papeles con positivo arte.

qué hermosa parcció usted a todo ci mundo con su thnico

—iv

de saya de raso y SU mantia de blonda francesa! Pues, qué dire

cuando en ci acto segundo se nos presentó con su tünicO de muse-

Ilna listada de calado con Sn fleco de red blanco y luciendo la camisa

con holán de estopilla? 1 y qué canción aquella tan tierna, tan

liena de gracia y tan bien interpretada!

—A que no es usted capaz de repetirla ahora?

—Vaya, sefiores, que están ustedes de buen humor.

—Vamos, Inesilla, repitala usted.

—Con mucho gusto lo harIa, pero solo Luciano Cortés podria

acompanárrnela, pues suya es la tonadilla y no lo veo por aquI.

— Le buscaremos!—dijo D. MartIn,—si usted lo consiente.

—Sea,—respondió la Incsilla.

Pocos rninutos después al /primer barba gracioso y flgurón, Luclano

Cortés, se encontraba sentado cerca de la Inesilla teniplando

51% vihuela: agrupáronse todos los circunstantes, y Ia segunda dama

e mus canto con fresca y vibrante voz lo siguientc

Al que sufre de celos

notoria pena,

satisfacciófl oculta

no le aprovecha.


1366 Episodios His!óricos Mexica,,os

De todo desconfia,

y en su dolor constante

Jo adver.o da por cierto,

duda lo favorable.

Exhsla fuego

su pecho aniante,

girne a Jos cielos,

suspira al aire.

Ni ci haiagüeflo hechizo,

ni el atractivo afable

de su adorada causa,

mitiga los pcsares,

pues siern pie persuadido

de su piibiic.i i-s.

satisfacción ocult.,

no Ic aprovc..

Porque quien

tiene de to

descontia

Nada le sati:

ni hay causa Sie:

para clue cuerdo Suir

loque ci corazón sk':

Ya se arrebata,

ya se suspende,

y vaciLinte

nada resuelve.

La ternura Ic aplaca,

el celo Ic enfurece,

y en opuestos volcans

batalia ci triste sieni pie.

Pues jams disuadido

de su pibi;ca ofensa,

satisfacciôn oculta

no Ic aprovecha.

Dejó de cantar la Inesilla, y todos sus oyentes rompieron en

trepitosos aplausos.

III

Regocijados los circunstantes, no hubieron de contentars- CoriIa

anterior canción y exigieron de la Inesilla que repitiesc Ia otra


pw--

El Castillo de Acapulco

1367

también habia estrenado en su beneficio. Luciano estaba de buen

humor y ejecutó el preludio en la vihuela, antes de que la dama

hubiese podido negarse.

Siguió, pues, la que en seguida copio, y es, como la anterior, de

Ia misma ápoca, sin que tenga ni añadida ni quitada pot ml ni una

sola palabra: dice asI la canción que estuvo dirigida al püblico

relatándolc las difcuItai z d Io irtstas para complacer a sus

oyentes:

v: atento

fill p:ireers ntrc iiSt'S :nto:

utios quieren por 10 majo,

otros patétiCO aman,

otros alegre es su agrado:

unos pasos de gorjeo,

otros ci inanejo y garbo,

unas fuerte, otras piano.

L

Si se canta tonadilhi

con ntisica de primor,

dcen 1ueg—ya nos cantan

sin duda lamentaciófl.

Si se canta cosa alegre

con su gustosa invenCiófl,

dicen que es muy ordinaria

y ajena de la razón.

Si el cantarin canta grueso

dicen que es un bcrracófl

que ntejor que saineterO

pudiera ser carg.dor.

Si tiene acaso delgada,

el que ejecutl, la vOZ,

dicen:—este hace ntai gallo,

gailina fuera mejor.

-I -

Queriditos del alma

bien considero

que peTo no se halla

sin tener pero.

Y en esta vida

en la más beila cosa

ha y su cosilla.


1368 Episodios His Ióricos Mexicanos

Si Ia sainetera es

amante de su recato,

dicen que es cosa rnuy fria

y una estatua en ci teatro.

Si la que canta echa airosa

un poco de aire de taco,

dicen que es desenvoltura

y tns que garbo descaro.

Si se prende, presumida;

Si no viene bien, pingajo;

si anda i prisa, iqué carrera!;

qu nieve!, si anda depacio.

Si canta alto, desentona!;

mo se oye!, si canta bajc;

si risueña, ies una loca!;

si seria, ;habràn regailado!

Mas el medio del mundo

es sin remedio

que el Un med g o se He

del otro medio.

Y en ci teat,o

no hay Un inalo sin bueno,

bueno sin malo.

ConcluIda esta segunda canción, porción de nuevos grupos volvicroli

a format-se y las conversaciones suspendidas continuaron.

Escuchemos por ahora nosotros la que mantienen dos inclividuos

que miden a largos pasos los ültimos confines del tablado, indiferentes

hasta cierto punto a la animación general.

—Decididarncnte,_djce el uno,—,usted no tratará de qudarse

con Ia temporada próxima?

—D r'cididamente, señor D. Eufrasio; se necesita para luchar con -

esta gente Un caz-ácter a propósito. Ni aun pagándoles puntualmente

consigue usted snarchar bien, pues si con usted no se pelean,

se peican con ellos nhismos, y es el teatro, mis que templo del arte,

plaza de inquietos gallos. El más indtil actor pretende diri gir a loS

demás desde el primer dIa en que logra un aplauso, y se rebela

contra ci director si no se accede a sus exigencias. Las damas Sc Ic

enferman a usted cuando Jes acomoda, y con cuatro carantonaS

le seducen a uno at medico que uno envIa y extiende el certificado

que ellas misrnas Ic dictan; en su cuarto, durante ]as funcioncs Y


El Castillo dc Acapulco

£369

aqul en ci escenariO mientras los ensayos, no se ocupan de más

que de dejarse enamorar, y el tiempo que en ello no emplean, le

distracn murmurando de todo y de todos y alimentando rencilias,

nvidias y todo género de malas pasiones; las unas y las otras se

ilenan de hijos, carnbian de arnantes y de protectoreS, y en ho tal

meten .i uno, que loco ó corrompido lo vuelven. Decididarnente,

señor D. Eufrasio, otro talla y dejo de set empresario.

—Lo que veo, señor D. Leoncio, es que no tiene usted carácter

para estos asuntoS.

—No lo niego, señor D. Eufrasio, y por eso me retiro.

—Si usted hubicra tratado a esta gentc como ella se mCreCe y

sin respetos ni consideraciOfleS, yendo derecho al negocio, sin pararse

en los medios. -.

—No sirvo para ello, D. Eufrasio, no sirvo; a ml me gusta tratar

bien a todo el mundo, y los cótnicos son todos lievados por

mal. Pero hagarnos esto d un lado y sepa yo, si no es indiscreción,

cuáles son los proyectos de usted.

—Pienso conservar en la orquesta al expresivo D. Manuel Delgado,

al singular D. MatI as Triugeque, al incomparable D. Antonio

Salat, al diestrisimo en ci violoncelo y violin conidO pot el

Habanero, y las habihidades bien notorias de D. Vicente Virgen y

ci sin par en el contrabajo D. Rafael DomInguez. Entre los cantatines

a nuestro benemrito Victorio Rocamora y a Inés Garcia, al

gran Castillo, a la nunca bien clogiada Rodriguez, a Dolores Mungula

y a Luciano Cort de sobresaliente para El Barero de Seviha.

No hay quien Ilene como Luciano su papel en las zarzuelas

La Jsczbela y La Amalia; no exigen nada superior a su voz y habilidad,

y la parte cómica desmerece infinito no desempefiáfldOia él,

porquc cabalmente es un elemento y no tiene igual en el carácter

de viejo enamorado. Tampoco hay quien le suola en Ia parte que

canta en la tonadilla Oras son triunfos, y lo hace rnuy bien en

otras. La Ramirez tjene una voz Sonora; flexible y teatral y bastante

despejo; no hay, a 5ni juicio, otra de mej ores esperanzas. La

Voz dulcisima, afinada y ddcil de ha Olivares, si deja de cantar siernpre

a solo v tonadillas viejas, harg conocer su mérito. Ahora bien,

mientras no se vane mu de funciones y se echen nuevas, nunca

habrá ci atractivo que se necesita. En Mexico hay dos operas nucvas

con su müsica, y quien las ponga en casteilano, hay asuntos,

£72


1370 Episodios His16rios Mexicoos

hay poetas y hay compositores de mtisica para sainetcs y tonadillas.

nuevas y peculiares del pals, que agradarlan mis. Este es nii plan,

porque .cuándo no ha producido El b'arbero do Sevilla sobre lo

'que costó? Esto misnio y casi con las mismas palabras lo he dich

ya en unas cuantas cartas quc dirigi al Editor del Dzario, y vieron

la luz en los ntmeros de Febrero y Marzo ültirnos.

—Las id, señor D. Eufrasio, y hasta donde pude segul sus consejos.

—Ahora, en cuanto al representado puede recurrirse a Aniador,

la Valiccillo, Juana Martinez, la Montenegro, la Pefialosa, la RamIrez,

ci chatillo Diez y la Munguia. Mi programa es, pues, Ama.

dor y Arias para galanes; a la VaIIecilIo y la Martinez Para darnas; a

Ia Rodriguez, Castillo y la MunguIa para primeros cantarines: bailarincs

maestros Morales v Marani, y Luciano Cortés conio sobresaliente

general y primer gracioso y barba. Por supuesto, dare un

primer lugar a Inesilla Garcia, inimitable en ci Barbero por Ia dulzura

de su voz y por Sn cmpeño y aplicación constante.

—Pues amigo D. Eufrasio, d6 Dios a ustcd buena fortuna. A

propósito, aqui tiene usted el apunte pormenorizado quc me pidió

de los productos del teatro.

D. Eufrasio tomó un papel que D. Luciano Ic prescntó, y en

voz alta leyó lo siguiente: j

Producto do una entrada doble estando comj'leto ci coliseo

Bancas . . . . . . . . . . . . 230

Mosquete.

Entrada de 2a fib en palcos 50

Paicos terceros de comunidad . 90

Dichos de aiquiler por entero.....;70

Cazucla de mujeres........6o

Dicha de hombres ....... . 40

TOTAL . . . . $ 600

—Gracias,—dijo D. Eufrasio después de haberleldo to anterior

Concicyamos con nuestras noticias acerca del teatro en MxiCO3

noticias que sin duda ignoraban hasta hoy Ia mayorla de mIS

lectores.


El Castillo de Acapulco

El primer teatro en forma que hubo en Mexico data en fines del

siglo xvii y

lo construyerOn de madera los religiosos encargados

del Hospital Real de naturales, en un terreno que les cedió el

Ayuntamicflto en la proximidad de aquel benéfico establecirniento.

HabindosC en Cl represcntado la comedia titulada Ruinas ó incendia

ieerusai/'n, se le prendió fuego casualmente en la noche del

19 de Enero de 1722, y se proccdió a la construccidn de otro dc

las mismas condiciones; pero como ci ruido de ]as representacioneS

molestaba a los enfermos, ci teatro se trasladó a otro terreno

situado entre ci callej6n del Espiritu Santo y la calle quc despuCs

se llamó del Colisco Viejo, y entonces era conocida por de la Acequia,

porque una de ellas pasaba por alil é iba a terminar en ci

caliejdn de Dolores. Dice un libro, del cual tomo los siguientes

pormenores, que este tercer teatro se encontraba al fondo del

actual, teniendo su cntrada por un arco que aün se conserva en los

portaks de la calle del Colisco. En los primeros dias del mes de

Diciembre de 1752, Se comcnzó a construir ci actual teatro, que

es ci cuarto, y un año se empleó en dare fin, cstrenándose ci 25

de Diciernbre de 1753, scgün un documento que dice ala letra:

En Ia tarde se estrend ci nuevo Coliseo en la calle del Colegio de

las ninas; frente de la casa de Irolo, en ]as casas que fucron de don

Juan \Tillavicencio. Corrc de Oriente a Poniente; su hechura es a

moclo de una herradura, fábrica de marnposterIa con cuarenta y un

cuartos techados de vigas, de arqueria, con sus balcones de hierro

volados, de media vara1dc alto; tiene tres altos sin ci de la cazuela:

la principal frontera del teatro tiene en su medio ]as armas reaies

Y io restante de vanias pinturas de fibulas; las demás fronteras de

azul y blanco; ci techo de tablazón forrado por dentro de cotencio

dado de bianco con diversas pinturas, y por de fuera con sus plo-

Inadas con sus cornientes, siendo su fabrica como zaquizami. La

principal puerta cae al Occidente con un portal de tres arcos,

teniendo otra puerta inrnediata por donde se entra a todos los

Cuartos. Cordó esta fAbrica por cue,ita del mayordomo del Hospital

Real, D. Juan de Cárdenas, quien echo ci resto en lo puiido y

exquisito. Asjstjeron SS. EE . \7 Uti nurneroso concurso i la primera

representaciOri que fud la de file/or estd quo estaba. Las casas

en que se constru yó eran dcl rnayorazgo D. José Gorraiz ' Lu-

Yando, secretario de la gobernación de este reino, quien las vendió

137'


1,372

Episodios Hislôricos Mexicanos

con licencia de la Real Audiencia, con obligación dc conocer los can--

SOS qua aquellas fincas tenIan, y trace mil pesos de dicho mayorazgo.

'V

Indudablemente D. Sóstenes de Pantoja era un hombre verdaderamente

feliz; rico en toda la extension de la palabra, relase de

los cuidados matcriales de la vida y ocupábase por entero de gozar

su dornéstica dicha. Su hija D. I3eatriz Gertrudis de Pantoja y su

yerno D. Martin Cabrera, acababan de hacerie enteramente feliz

dándoie un nietecito sano y robusto con el cual D. Sóstenes se

entretenla como un niflo con un juguete.

Este suceso habla casi por completo cambiado ci carácter de as

reuniones de los tertulianos de la botica de D. Cleofás Madana.

Este y D. Buenaventura se trasladaban a las cinco de la tarde a

casa de D. Sóstenes, quien les obsequiaba con un suculento chocolate

a Ia espafiola, servido an lujosas mancerinas de plata.

Pero la reunion no se formaba de ellos solos: a ella concurrian

también ci conde de Orizaba y la marquesa de Cervera, padririos

qua hablan sido del nietecito de D. Sóstencs; figuraban también an

aquel excelente grupo de amigos, varios amigos de la familia del

dueño de la casa, algunas muy lindas jOvenes, ml madre Maria,

mi padre Benito y aun yo mismo de quien ml buena madrc pocas

6 ningunas veces se apartaba; contaba yo entonces tres años y

medio, y segün cuentan tenia entonces cierta hermosura, gracia

y talento qua no quisicron sin duda acompañarme hasta la vcjcz,

pues, sin modestia, ninguna de las tres cualidades creo al presente

poseer; todos elogiaban mi fortaleza y robustez y de ellas si conservo

mucho, y buena prueba as qua aOn puedo, como lo hago,

entregarme al trabajo tremendo de escribir estos EPISODIOS de

aqueilos dIas qua cuentan, corno yo, setenta y un años.

Nadia, sin embargo, an aquella reunion de personas felices pá

recla serlo tanto como nuestro ex comandante D. Buenaventura

del Valle; frisando casi an los cincuenta años, el rapaz vendado, ci

juguetón hijo de Venus habIa tenido ci capricho de herir con ufla

de sus flcchas ci corazOn de nuestro amigo, prendándolc locamente

de una hermosa viuda de veintiocho años ilarnada Rosa, y


w

El Castillo de Acapulco

la verdad que rnerecIa el nombre, pues 6ralo por sus encantos y

frescura. En deita edad de la vida los hombres pierden poco

tiempo en galanteos; y asI fué quc apenas D. Buenaventura so convenció

do que la viudita no le miraba mat, aprovechó el primer

momento favorable y Ic dijo:

—Rosita, cuento no sin cierto pesar con cincuenta navidades, y

tres mil pesos de renta enteramente saneados; no recuerdo haber

tenido más amores que los usuales en la carrera mulitar, los cuales

s6lo duran ci tiempo quo el Gobierno nos tiene acantonados en una

ciudad, sin quo en dos so interese nunca ci corazón de un oficial

que no puede casarse sin real licencia. Soy hombre sano y solo:

do vez en cuando me ponen do mat humor unas reumas que no SOfl

enfcrmcdad sucia ni quo moleste si no es at paciente; vivo retirado

del scrvicio, por to cual nadie me manda y soy independiente; soy

confiado, morigerado, tranquibo y no celoso; en cuanto a la figura

estoy tan distante do la fealdad como de La herruosura: ;quiere usted

casarse conmigo?

Rosita acogió esta declaración como todas Las mujercs acogen

]as quo los hacen los hombres quo no los desagradan. Se sonrió at

principio con cierta burla, trató de bromista a D. Buenaventura y

concluyó por aceptar ci ofrecirniento.

El ex comandante eiigió, de acuerdo con la hermosa viuda, por

padrino i D. Sóstenes y por madrina a la marquesa de Cervera, dió

lOS PSOS convenicntes a su tentativa matrimonial, y esperando pa-

Cientemente el término e ]as publicaciones, no quiso pedir dispensa

para demostrar quo nadie podrIa reciamar contra dl cornpromisos

ni antiguas promesas.

Rosa habla sido siempre excelente amiga de la marquesa; ésta

no ignoraba, por to tanto, que antes do su primer matrimonio,

Rosa hahia estado en relaciones con un oficial nombrado D. Andrés

Romero y cartcádose-con dl. En aquella pasión juvenil don

Andrés puso su amor y Rosa una sencilia coqueterIa; no be amó,

pues, y sin inconveniente sy hizo esposa de un rico comerciante de

Sedas del Parian, que la dejó viuda los catorce meses de casada,

Sin hijos y con una renta casi igual a la de D. Buenaventura. Don

Andrds Romero se negó a devolverbe a Rosa sus cartas y menos

qulso entregárseias cuando la vió viuda y libre; esto disgustó a

Rosa Y no contribuyó poco a hacerle más fastidioso a Romero;


1374 Episodios Hisidricos Mexicanos

era éste, sin embargo, una persona decente, y convencido de lo

intitil de su pasión, al tener noticia de la próxima segunda both de

Ia ingrata Ic ofreció entregarie las cartas, pero exigiándole fuse a

recogerlas ella misma al bosque de Chapultepec donde tendrian

una ciltima y definitiva entrevista. Rosa Ic respondió que accptaba

y que irIa acompanada de su amiga Ia marqucsa; Ia ültima quiso

aprovechar esta salida para I su vuelta lievar a componer i la casa

dc un platero ci muelle de Un brazalete que ci concle su niarilo Ic

habia regalado ci dfa de su rnatrirnonio, y la entrevista con Romero

se verificó quitándoie Rosa toda esperanza y entrcgandoe él

Sus cartas.

Ninguna acción que no fuese digna habian cometido ambas

amigas; sin embargo, estuvieron sobresaltaclas é intranquilas '- se

lievaron un gran susto cuando al despedirse de Romero, estuvieron

a punto de haber sido descubiertas en conversación con lor

un jinete quc como una exhalacidn atravesd ci bosque al niismo

tiempo que se hicieron oir dos tiros de pistola. Ni Romero ni las

dos senoras pudieron conocer al tal jinete, ya porque éstcatra- -

vesó rapido, cuanto porque a una y otra amiga ci sobresalt que

]as detonaciones les causaron les impidiO poderse fijar en cosa

aigu n a.

Sin saber, pucs, ni lo quc por elias pasaba, saiieron del bsque,

tomaron Un carruaje y traladaronse a Mexico a toda prisa.

En Ia tertulia de aquella noche ni Rosa ni Ia marquesa cstuvie

ron tan alegres y decidoras corno de costumbre. D. Buenaventura

lo notó y les pregunto la causa.

Rosa no supo en ci primer instante qué responder; invcii'L6 10

que pudo para saiir del paso, pero con tal torpeza, que su prome

tido hubo de ciecirle:

—Rosita, usted rue cngaña.

—Aseguro a usted que no.

—SI, Rosita, lo conozco, pero tengo en usted demasiada cO

anza y Ia quiero demasiado para darme por ofendido; no jjSt0

en saber Jo que a usted preocupa, que no puede ser SinO muy

bueno, y usted me lo dirá cuando a bien lo tenga.

—Gracias, Ventura; me juzga usted cot-na rnerezco.

—V dIganie usted, Rosita, dónde han estado esta tarde usted Y

la marquesa?


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W, El Castillo de Acapulco £377

—Por qué to pregunta usted?—exclamó sobresaltada la viudita.

—Porque esta tarde pasd por delante de la casa de la marquesa,

segün mi costumbre, y no tuve el gusto de vcr a ustedes como

siempre at balcón.

es cicrto!—observó cada vez más turbada Rosita;—se

me olvid '3 haberle dicho a usted anoche que la marquesa me necesitaria

esta tarde para que la acompafiase a lievar a componer Un

brazaicte quc el conde le rega16 ci dia de sus bodas.

Sin quererlo, Rosita habla cometido una indiscreción. La marquesa

descaba que no ilegara a noticia del conde que habla descompuesto

Cl tal brazalete, y asi fué que at acercarse at grupo de

los novios y preguntaric Valle cuándo estarIa compuesta Ia aihaja,

la marquesa negó que tal compostura fuese necesaria.

El ex cornandante fué, como debla, caballero; no quiso aumentar

Ia turbación de su prometida; pero cuando la marquesa se

hubo retirado:

—Usted me engafla, Rosita,—repitió,—y lo siento porquc ;qud

puede sucedcrie a usted que yo no pueda saber?

Rosa hizo un esfuerzo sobre si misma, y con digna tranquilidad

respondid:

--Crco no haber dado a usted motivo alguno para desconfiar

de ml.

—Ninguno, asf es la verdad.

—Creo también que no siendo como no somos unos niflos, esa

niutua conilanza no puede jamás faltarnos.

—Vcrdad, mucha vrdad.

—Y bien, Ventura, en nombre de esa mut T la confianza no

vuelva usted a hacer caso de este insignhuicante incidente.

—Asi to prometo, Rosa; no necesito explicaciones; pero otra

vez no trate usted de buscar pretextos para disculpar sus acciones

que, to repito, no pueden ser nunca sino muy buenãs.

—Tiene usted razón, y asI to hare siquiera para quc no vuelva

usted a cogerme en otra mentira.

—Luego ha habido r tcntira?—pregufltó sonriendo D. Buena-

Ventura

—Cómo negarlo después de to que la marquesa ha dicho?

—Pues yea usted, Rosa, la mentira jarnis es necesaria cuando

SC obra bien.

To,.o 1

£73


1378 Episodjos His Ióricos Mcxjcanos

—Pues ahi vera usted como se engaña, mi buen Ventura; la

mentira inocente, la, mentira sin consecuencjas es absolutamente

necesaria muchas vcces en sociedad.

—No lo creo yo asi.

—Pues sin embargo asI es, y como usted ha podido estirnarlo

por lo que acaba de pasar conmigo, es mIs dificil de lo que

parece ci saber mentir.

—Es ustcd una nifia, Rosa.

—Por qué?

—Porque considera usted la mentira nada rnenos que corno un

arte, y no un arte asl como se quiera, sino dificii.

—Se ne usted de mi opinion?

—Mucho que Si; ;acaso so neceita, para nicntir, algo rnis que

decir cosa quo no sea cierta

—SI, señor.

—Y qué Cs ello

—Saber dat a la mentira apariencia tal dc verdad que no pueda

descubrirse ci engano asl como quiera.

—Veo, Rosita, que est-i usted de buen humor. Un ante Ia rneitira!

Quiere usted apostar conmigo a quo nada hay rnás fádl quo

mentir conio usted dice?

—Acepto -

—Está bien: qué apostamos?

—Una libra de du1cs para cada uno dc !os quo form-an nucstraS

tertulias.

—Aceptado. Ustcd Vi;t 6mo invuto \'o 1111a ira tal que

nadie pucda descubriria liasta que a nil mc acomode.

V

Quince minutos habrian pasado después de hecha Ia original

apuesta de Rosa y D. Buenaventura, y an no acababan de rirse

y celebrania los tertulianos de D. Sóstenes de Pantoja.

Este IlarnO al ex comandante y Ic hizo que ocupara su puesto en

la, mesa del tresillo, y la rnarquesa aprovechó el momento para

acercarse a Rosa y decirle:

—Amiga nos ha ocurrido un contratiempo. ,


_Que sin duda con el susto que aquel maihadado jinete nos

dió en ci bosque, yo me azoré y hasta ahora no he echado de vet

quc he perdido el paqucte de cartas de Romero y mi brazalete.

—1Dios mb, qué dices!; pero dónde?

—No lo Se; he registrado todos los rincones de mi habitación y

mi coche, y ni cartas ni brazaicte he encontrado.

—;Qué fatalidad! ;dónde habrIs dejado esos objetos?

—Completamente no lo Se; quiz-As en el bosque.

—Pero, Dios mb, qué va i ser de rob si alguien encuentra este

paqucte de cartas y comienza a ensenarlas!

—Pues no te digo nada del disgusto que voy a tener si ci conde

se entera de que he perdido ci brazalete quc me regaló ci dia de

mis bodas.

—Y qué hacer?

—No hay mãs remedlo que volver a Chapultepec y ver si aiil...

—Pero a estas boras...

—No, hoy no es posible ya hacer nada, pero mañana temprano

iremos.

—Mientras, puede encontrar aiguno esos objetos y.

—Hija mba, esto no tiene remcdio, y hay que rcsignarse

ZI

a todo.

—Con mucha facilidad lo dices, pero es que no sabes...

—;QuC cosa?

—Quc cuando yo esc,ibl esas cartas a Romero me cortejaba u

cornandante como Ventura, como él de cincuenta afios, y qua yo

me burlaba de ei sangrientamente en una de mis cartas;

Si una

Casualjdad la ,,pusiese en manos de mi actual pronietido, podria

Creer...

—Calla, tonta, la fecha te salvarfa.

—Pero es que ninguna dè esas cartas tiene fecha.

—En tat caso tu antiguo novio será bastante caballero para en

caso de una explicación dshacer el error.

—Parece que no Ic has ojdo hab!ar esta tarde: si la casualidad le

ofreciese una ocasión de desbaratar mu próxima boda, Ia aprovecharia

sin duda alguna.

—Pues rnira, Rosa; Jo mejor seria que tü con Ventura y yo con

ci conde tuviésemos una cxolicaci3n.


i 8o Episodios Hislóricos Mexicanos

—No hagas tal, marquesa. Todos los hombres son unos picaros

quo a fuerza de correr aventuras so hacen desconliados y suspicacos

y no nos creerin'ni el tuyo ni J mb 1: -uc l: !Jc11'-.

—Puede quo tengas razón.

—Créemc; dejemos ]as ox icacne- 1ara ci ultirno uxtcni , v

puesto quo no hay otro recurso aguardemos hasta mañana: hernos

salido tarde del bosque y nuestra conferencia con Romero tuvo

lugar en unsitio apartado del paseo principal: Dios qucrri quo

nadie haya pasado p alIt v quc mañana c!lc ntrei Sn] cat-t:i v

tu brazalete.

La partida do tresih csibn en tJ) ettlo:, )i:1c) D. 1,

contra su costumbre, se distraIa, y I cada rato jugaba do

un modo detestable: esto consistia en que andaba preocupado

pensando en Ia mentira que invcntarIa para ganar Ia apuesta.

—Dire, pensaba en sus adentros, que ci nuevo virey so ha cmpeñado

en que yo deje mi retiro y tome el mando de las fucrzas

que deben reconquistar a Oaxaca. Pero, no; esta mentira no está

buena, ci conde ira a ver a Calleja y Ic preguntará, y Calleja so

reir2l de mi. Dire que he sabido que Fernando VII ha muerto do

repente y que Napoleon es rey de Espana. Pero tampoco esta nicntira

será buena: en primer lugar me preguntarán quo quién rn a

ha dicho; yo responder que... fulano; pero fulano me desmontir:

y podrán creer quc yo ando propalando noticias favorables i

insurgentes, me soplarán en Ia cárcel y podrá costarme la torta

pan. Lo que yo necesito es una mentira sencilla, sin consecuenHas

y fácil de ser creida por todos. Dire... pero no: eso no es posiL'::

pensemos en otra... jAhI jya Ia tengo! dirC, eso, sI, dire quo csa

tarde he montado a caballo. Justo, esto no c:uJic b n:HH, Y

nada tiene do asombroso ni fuera de lo naturi

—Pero hombre,—excjamO D. SOstenes,—:n) !crLcH.

qué es lo quo Ic preocupa que no hace ustd una iu1aia cu

—Dispénseme usted, es que...

—Luego lo dirzi usted, ahorajueguc.

Inütiles fueron todos los esfuerzos

para salir de su prcocupación: su proyectada mentira no Ic permitiO

dar pie con bola, y ci juego se convirtiO en una cena de negros Y

fu preciso sustitnir al ex comandante con .su arnio D. C1ofaS

i\ I L!tl.


El Castillo de Acapulco 1381

—Si yo fuera tan suspicaz corno usted,—dijo Rosa acercándose

a D. Buenaventura,—podrIa preguntarie en qué consiste que tan

buen tresiltista haya hoy jugado tan fatalmente.

—Dice bien Rosa,—observó D. Sóstenes;—aigo malo preocupa

al comandante y debes exigirle una explicacidn.

VI

Urgido por sus contertulios, D. Buenaventura creyó ilegado ci

instante de soitar su mentira, y respondió:

—Sefiores, mi torpeza en ci juego es discuipabie.

—Si, ch, y por qud?

—Porque me encuentro mu) , fatigado y...

—jFatigadol dc qué?

—Hacla rnucho tiempo que no montaba yo a caballo, y esta

tarde me ocurrió montar uno y darme un paseo.

—;Holal iholal conque ha montado usted a caballo?—preguntó

el conde:—;por qué no aceptó entonces ci ofrecimiento que Ic hice

para quc prohase usted mi rnagnifico alazán?

_\ra lo han creIdo!—dijo contentIsimo y para sus adentros ci

interpelado, y después afiadió en voz aita:—Diré a usted: yo soy

ya en Ia actualidad un mal jinete y ci aiazán tiene demasiado brIo.

—Por qué no me habla usted dicho que esta tarde habia montado

a cabaiio?—pre guntó rosa.

—Señora, ;qu6 tiene de extraordinario esto para merecer ser

COntado

—Nada ciertamente; pero ci caso es que conversando antes

Conmigo me dijo que, segün su costumbre, habia usted pasado

por delante de los balcones de la casa de la rnarquesa.

—Cierto.

— A cabailo?

—Seguramente. I

—Siento no haberle visto.

—.Y qué caballo montó usted?

—Uno que aiquilé en una pensin.

En la del antiguo maestro Lailsori?

J UStarr

L.


1382 Episodios Hislóricos Mexica,,o

—Tiene en efecto muy buenos cabalios de alquiler,—ohse'vo el

conde;—alli vi yo ayer un retinto golondrino de magnhfica estarn

pa.

—Ese fué ci que monte precisamente.

—jHoia! pues entonces no es usted tan mal jinete y bien pudo

haber montado rni alazán, porquc ci tal retinto, segün ci dependicnte

de Lailson me dijo, solo mi sobrino Carlos Arrncndiriz ha

podido dominarlo a fuerza de montarie casi todas las tardes.

—Oye, amiga mIa,—dijo entonces y aparte Rosa i la marquesa:—;no

te acuerdas del color dci cabL' ( u tant oo s :iustO

esta tarcie?

—No; por qué lo preguntas?

—Porque casi me atrevcria a decir quc fué Un retint.

—Que sospechas?

—Te dire. Contra su costumbre, Ventura ha estado por dermis

SUSpiCaz y preguntOn: ha querido que a toda fuerza Ic dijese dónde

habIamos ido ]as dos csta tarde; no ha creido Jo que yo Ic dije y

me ha hecho una especie de sermOn sobre la inconveniencia de la

in entira.

—Pero eso qué tiene que vera...

—Me ha dicho que paso por delante de tus baicones con ci tin

de verme en ellos como todas las tardes y que sintió muciio no

encontrarmc: ascgura ahora quc montó I cabailo después de

no haberme visto; pudicra habernos vendido tu criada, decirle a

dóndc habIamos ido y aiquilado dl ci caballo... iDios info! 1qu6

pcnsará de nosotras si flOS ha visto hablando con Romero!

—Vamos, no seas tonta, te asustas sin razón.

—No Jo creas, mIrale, no nos quita Ia vista de encima; Ventura

sospecha de mi.

El ex cornandante no quitaba en efecto los ojos del grupo: rer0

pues no era cierto que hubiese montado a caballo, Rosa se eqUi

vocaba por com pleto en la signiuicaciOn de sus miradas. Ventura

la veIa como queriendo convencerse de cjue su mentira habia hechO

efecto.

—Y por dónde fué el paseopreguntó D. Sóstenes.

El ex comandante dudó en contestar, pero al fin, y fijándose Cli

un sitio alejado de la ciudad, contestó:

—Por ci bosque de Chapuitcpec.


El Castillo de Acapulco

1383

Esta vcz no solo fué Rosa la qua se asustO, sino también Ia

rnarqucsa, qua dijo aparte a su amiga:

—,Dios mb! tan desgraciadas habremos sido qua Ventura nos

haya descubierto?

—Tratemos de averiguario,—ie contestO Rosa,—y aizando después

la voz y afectando una tranquilidad qua no tenla, preguntó:

—Conque por ci bosque, eb? y hacia qué parte del bosque?

D. Buenaventura no supo qué responder, pues apenas conocIa

ci bosque.

—1Lo ves!—dijo Rosa a la marqucsa,—esta duda Ic vende:

;nos descubrid! inos descubrió! 1Dios mb! 1AIgin disgusto nos

aguarda!

—Vamos a ver, senor conandante,—dijo el conde,—se puede

saber nor qué no contesta ustcd a Ia pregunta de Rosa? QuO apostarnos

a qua aigo más qua ci deseo de pasear a caballo ilevó a

usted a Chapultepec?

—Oyes, Rosa?—dijo Ia marquesa al oldo de su amiga;—por esa

pregunta del conde pudiera crcerse qua también él sabe aigo.

En aquel momento D. Carlos Armendiriz, sobrino del conde,

entr en la sala de la tertuuia, y después de saludar a los circunstantes,

IlamO aparte a D. Buenaventura, de lo cual éste se alegró

en extremo, pues no sabia ya lo qua responder y le asombraba ci

Siflnümcro de mentiras qua se habIa visto obligado a echar para

SoStener la primera.

—Tcngo qua pedir a usted un favor,—dijo Carlos a D. Buena-

Ventura cuando Ic hubs sacado a una pieza prOxima.

—Qué as lo qua deseas, muchacho?—le preguntd bondadosamente

ci coronel.

—Acabo do tener Un lance desagradable quapor poco me cuesta

la vida.

Aiguna trapisonda amorosa?

-J usta men to.

—Y bicn, sepamos lo qua quieres.

—Necesito an primer I(igar qua usted me preste sus pistolas.

— Cómo, un desafIo!

—No, nada de eso; pero las necesito para ca-so de defensa: por

O ilevar armas esta tarde, nor poco me matan de dos pistoletazos

en ci )Os -


1 .3 84 Episodios HisIóyj5 Mexicanos

En Chapultepec dices! —exclamó contentisimo D. Buen aven.

tura.

—Si, hombre; qué tiene eso do particular?

—Nada, pero cuenta conmigo para cuanto quierassi rn das

razón de algun punto del bosque por ci cual pueda uno pascarse a

caballo.

me quiere usted decir?

—Quo no cuentes conmigo para nada si no me das la razon que

te pido.

—Pues bien, Si: puede usted decir quo por ci camino que pasa at

pie do los ahuehuctes y comienza en la aiberca que surte al acue•

ducto.

—Está bien, no to olvidaré: toma esta Have que es la de mi ropero;

alli encontrarás mis magnulicas pistolas; ya las conoccs, ]as

que tienen incrustadas mis iniciales; pero ci.idalas bien: entiendes?

—Respondo do ellas; ah! ojalá las hubiera tenido esta tarde

a mi aicance; hubiera podido resistir y no que me vi precisado a

liar mi salvación at escape del caballo quo niontaba. ;:\l otra

cosa; probableinente n pi-r CLL n en t-a I ei usciilpeme

usted con C.

—.sI lo hare, muc1tc1: ;er fl.t;t :n n :r :'t. :trOcidad.

—No tenga usted temor alguno, D. Ventura; mi crinhc e

otro que el do amar I una joven encantadora, cuyo padre no 1uicre

que se case.

—I3ueno, cstá bien, anda con Dios, yo te disculparé, to to he ofrecido:

iconque me has dicho que por ci camino que pasa al pie de

los ahuehuetes y comienza en la alhrca r1: el!-te

—Justamente.

—No to olvidré; adiós, muchacho

—Adios, D. Ventura.

VII

En posesiOn del nombre de la localidad de su supuesto pasCO

D. Buenaventura entrO tranquilo en la sala do Ia tertulia, diuc5t0

j P I' 0--;c :1ruir Su mentira.


El Castillo de Acapulco

—Qué querIa mi sobrino?—preguntó el conde.

—Nada, amigo mb; parece que unos amigos le han invitado a

una fiesta propia de sus afios y me encarga recabe yo de usted ci

perrniso quo necesita para no dormir esta noche en su casa: seguro

de que usted no me lo negarla, yo so lo he concedido y acaba de

marcharse contento como unas pascuas.

—Ha hecho usted mal, D. Ventura,—observó afectuosamente el

conde;—rni sob.rino es un boo quo ci mcjor dIa va a darme un disgusto.

—Pues, señor conde, Ia cosa no tiene rcmedio, porque como he

dicho a usted, Carlos se ha ido ya.

—Bueno, mañana me dará cuenta de sus locuras.

—La señora marqucsa intercederá p1 61, flO CS cierto?

—Seguramente.

—Pero, en fin,—dijo D. Sóstenes,—,sabremos por fin en qué

parte del bosque de Chapultepec se ha paseado usted esta tarde a

cabalio?

—Va que tanta importancia dan ustedes a esa pequefiez, si, señores,

lo dire a ustedes.

—Sepámoslo.

—Pucs mi paseo fué por ci camino que pasa al pie de los ahuehuetes

y comienza en la alberca que surte al acueducto.

Rosa y Ia rnarquesa palidecieron a su pesar; aquCi habla sido ci

lugar en que habian tenido su entrevista con Romero.

Las dos senoras, aprov;chando Ia feliz casualidad de que ci nicto

de D. Sóstenes se soltara a Ilorar en la recámara próxima, saiieron

de Ia sala con D . G-ertrudis de Pantoja, so pretexto do ayudada

zI acaliar al niflo.

D. Buenaventura respiró i su vez y procuró traer la conyersación

at terreno de la polItica y sucesos palpitantes.

Pero lo que /-I ignoraba era que su inocente mentira iba a producirle

fatales consecuencias.

Pondré en antecedentes . mis lectores.

- Carlos de Armendariz era un excelente joven at cual no faltaba

flinguna belia cualidad, si bien tenia ci defecto de ser sobradarnente

enamo,-ado. Tiempo hacla que tratando de amansar ci Caball0

retinto goiondrino de la cabalieriza de aiquiler que ilevaba

Cl nornbre de Lailson, por más que ya no fuese de Cl, habla He-

Too 1 '74


F -

1386 Episodjos Histdricos Mexica,zos

gado hasta el molino del Rey y conocido en él una adorable nifia

de quince abriles liamada Margarita.

Era ésta hija de un Antonio Rivas, antiguo empleado que liabfa

sido de Palacio, cu yo empleo perdió por haberse manifestado en

más de una ocasión sobraclo afeco a Ion planes de independencia

f:T

¼..-

, 1v1 -

Margarita

que se maduraron durante los ültimos dIas del vireinato del debit

y codicioso Iturrigaray. Rivas vivia desde entonces retirado en ci

rnolino del Rey que un P rimo suyo tenIa arrendado, y jamd pasaba

a Ia ciudad. Su hija Margarita se encontraba, pues, enteramente

aislada en esa edad en que ci corazón de Ia mujer ncccita

la atrnósfera de expansion y distracciones que la juventud y la hermosura

exigen.

No etando Rivas de acuerdo con el gnero de guerra asolalora

que hacian los insurgente, y no simpatizándole tampoco la arimi-


-- El Castillo de Acapuio 1387

nistraCiófl españoia, querIa mal a los unos y a los otros, evitaba su

trato y aun su vista, y reducia a tal extremo su mundo, que su empeño

era quc Margarita se casase con su primo: llamábase ci ültirno

Cristóbal, y sin tener nada simpático, contaba precisamente

cincuenta y dos años. Margarita no podia aceptatle como un partido

conveniente, y Si no Ic aborrecIa, mucho menos le amaba.

Carlos Armendáriz, hermoso en cuanto debe serlo un hombre,

hecho al trato iino..de la alta clase social a que pertenecia, y alegre

y vivo como lo exigIan su carácter y sus veinticuatro años, le fué

presentado por la casualidad y por su cabalbo retinto golondrino, y

Margarita arnó a Carlos tanto como Carlos a Margarita.

in dia que Rivas y su primo Cristóbal salicron a dar un paseo,

echaron de ver que una de las tapias que defendlan la casa del molino

se encontraba aigo descascarada, ofreciendo claras sefias de

que por aquel punto habia saitado ó querido saltar un hombre.

—Ladrones tenemos,—habIa exciamado Rivas.

—Pero de los que no vienen en busca de dinero,—obscrVó Cris- .

tóbal.

—Por qud lo dices?

—Porque la descascarada de la pared corresponde precisamente

al frente de ]as habitaciones que ocupa Margarita.

—;Qué supones!—cxclamó irritado D. Antonio Rivas.

—Supongo que Margarita, a la cual no parezco yo bueno para

mariclo, se deja cortejar por ci que esta pared ha descascarado.

—Oh! jsi esofueral...

—Lo es; pero yo me encargo desde mañana de estar ojo alerta,

ysi descubro, a mi rival.

—;Oué?

—Le disparo mis pistolas con la ms grande sangre fria.

La verdad es que Carlos y Margarita se encontraban hacla más

de un mes en relaciones, y que casi todas las tardes platicaban amorosamente

por aquel lugar en que la tapia se veIa descascarada.

Pero aunque rnás de un mes1 hacIa de esto, ni Cristóbal ni Rivas

lo habian hasta entonces sospechado.

l'rotegidos por la fortuna, Carlos y Margarita no sospecharon

tampoco a su vez que hablan sido descubiertos.

En la tarde en que van teniendo lugar los sucesos que referimos,

Carlos fué, como de costumbre, a hablar con Margarita: al liegar

--

4'.


I 388 Episodios Histôricos Mexicanos

A Ia tapia, soltó las riendas a su caballo, que mat alimentado por ci

duefio de Ia caballeriza, se dió gusto en comerse inmenso nimero de

tabs tiernos del campo de maiz que quedaba frontero a la tapia.

A Ia mitad iban de su amorosa conversacidn, cuando Margarita

descubrió detrás de s( a su padre y a Cristóbal, y dando a Carlos la

voz de alarma, nuestro joven salió sobre su retinto golondrino y

dió una escapada en regla, perseguido por Cristóbal que, a Ia entrada

del bosque de Chapultepec, y antes de que su presa desapa.

reciese entre el foilaje, Ic descerrajó, sin herirle por fortuna, los dos

tiros de sus pistolas.

Carlos fué, en consecuencia, quien alarmó a Rosa y a Ia mar.

quesa atravesando a galope tendido el camino que pasaba al pi de

los ahuehuetes de Chapultepec y comenzaba en Ia alberca qu surtIa

al acueducto.

Todo esto lo ignoraba D. Buenaventura, quien ni sospechar podia

que su inocente mentira iba a atraer sobre él graves complicaclones.

La conversación cambió momentáncamente de asunto, gracias a

sus esfUerzos para Ilevarla al terreno politico.

—Despus de todo,—hablase dicho a sI misrno,—Rosa puede

tener razón: no es tan fácil corno parece soltar una mentira y sostenerla

bien. Pero también la tengo yo en sostener que una mentira

puede dar fatales resultados. jQué sucesión de embustes no me

he visto yo obligado a ensartar para que no descubriesen que no es

cierto que haya yo montado esta tarde a caballol

Mientras se hacIa estas reflexiones, D. Martin, que no le perdia

de vista, dijo at conde:

—€No observa usted cuán preocupado se encuentra el ex cornandante?

—Cómo no, si ni siquiera trata de disimularlo!

—Vea usted, conde, si hasta parece que habla solo. -

—Algo extraflo Ic sucede hoy a D. Buenaventura.

—Lo mismo creo yo.

—Quë apuesta usted, señor D. Martin, a que ci ex comandante

esta celoso?

—Pudiera set, y la sospecha de usted confirma la mia.

—Conque también usted to habla sospechadoil

—Algo más que sospechado.


p

El Castillo d' Acapulco

_Qué quiere usted decir?

_Que me ha parecido notar que Rosa anda algo asustada, y aun

que procura evitar que sus miradas se encuentren con las de su

prometido...

—SerIa capaz Ia viudita de dar un chasco a nuestro amigo?

—Todo pudiera ser; Ia mujer es siempre la misma.

—Sin embargo, una viuda...

—Una viuda, si; pero observe usted, señor conde, que se trata

de una viuda joven y liermosa.

—Se me hace no obstante cuesta arriba suponer que Rosa...

—Fácilmente podemos salir de la duda.

-; Cómo?

—Preguntándole usted a su señora Ia marquesa to que haya

sobre ci particular.

—Pero sabrá algo la marquesa?

—Indudablemente: es la fiet amiga de Rosa; y segi.in parcce, con

ella ha salido esta tarde a no sé dónde: claro to ha dado a entender

D. Buenaventura at quejarse de no haberlas visto como otros dias

at balcón de Ia casa de usted.

—Mucho sentiria,—observó el conde,—que la marquesa mi esposa

contribuyera más 6 menos clirectamente a las veleidades de su

amiga.

—No las acusemos sin motivo: primero trate usted de hablar

Con ellas.

—Ahora mismo voy a hacerlo, - respondió el conde pasando a

las habitaciones interiores.

La inocente mentira de D. Buenaventura continuaba compli-

Cándose D. Martin y ci conde atribulan a Rosa ligeras veleidades,

Y ci ültimo acusaba a su esposa de fomentarlas

VIII

Desde cjue de ella se tuvo noticia, la elevación de D. Felix Maria

Calleja at vireinato de la Nueva España no dede sorprender

A la generalidad de los habitantes de estos reinos, por más que

para nadie hubiese sido un misterio que el partido español no habfa

dejado de trabajar incesantmente para lograrlo.


I 390 Episodios Histórjcos Mexicanos

El mal estado a que hablan reducido a la Hacienda los fuertes

gastos de la campana y la dificultad en Ia percepción do las rcntas,

fueron causa de que el mismo dla jueves 4 de Marzo de IS 1 3 CII

que tomó posesion del vireinato, Calleja exigiese al prior y miernbros

del tribunal del Consulado un préstarno de rnillón y rncdio

de pesos, con un interds de uno por ciento anual. Efecto de la

grande riqueza del pals en aquellos dlas, pocos fueron batante

para reunir casi el coinplcto de esta suma, figurando entre los sscriptores

el conde Basoco con cincuenta mil pesos; Jos de Ia Cortina,

Heras, Agreda, Yerino y otras personas, con veinticinco,

veinte y quince mu; el cabildo ecicsiástico con sesenta mu: ci

colegio de San Gregorio con veinte mu, y el candnigo Alfaro cLdiÔ

su casa de campo apreciada en veinticinco mu: esta casacstaha

situada en ci camirio de Chapuitepec y era conociLla con ci nombre

de la Casa clorada.

En la noche del 4 de Marzo, Calleja se trasladá con su esposa

servidumbre a! Real Palacio y en éì recibió ci dia siguicntc en

besamanos a todas las autoridades y corporaciones.

Dije en su lugar que Rayon habia con justicia desaprobado a

Verdusco, que sin esperar su auxilio hubiera atacado a Valladolid,

dando motivo su desobediencia a la derrota de los insurgentes ante

aquella plaza ci 31 de Enero de aquel aflo. Verdusco tomó a ma!

Ia reprcnsiOn, y asociándose con Liceaga, publico un bando citando

a Rayon para que antes de tercero dIa Se los presentase en la hacienda

de la Parota a contestar los cargos que se le haclan por

haber usurpado la presidencia do Ia Junta, invadido la provincia

de Michoacan, cuyo jefe era Verdusco, y separado de su empleo al

intendente D. Pablo Delgado, cura de Urecho, al cual el sccreta

rio de Rayon caliñcó en su diario de hombre inmoral, cobarde,

ladrón insaciable y delincucnte por muchos capltuios. Conociendo

RayOn Ia clase de hombres quo Verdusco y Liceaga eran, no se

cuidó do obsequiar Ia cita, y sus dos comnpancros de Junta, por

bando de 7 de Marzo, deciararon traidor a dl y a toda su farnilia y

a cuantos Ic siguieran y obedeciesen. Tal era el triste ejemplo de

desorden y discnsiones que al pals daba la siempre iniitil Junta

Suprema creada en Zitácuaro ci 21 do Agosto de 1811.

Después de haber asistido en SUS ültimos momentos al obisp°

de Puebla D. Manuel Ignacio Gonzalez del Campillo, muerto el 26


H Cull!!, l-

do Vohr:', at arzobisto electo do Méico y obispo do Oaxaca

Sr. 13cr continuo so marcha para Is capital y ell entrd at

sibado i 1 Ic Marzo, siendo ,-ccibido an la parroquia do la Soledad

do Santa Cruz par los cabildos ccicsbstico y secular quo Ia acornpitharon

8 visitar, scgtln costurnbre, at virey, quo pocos mornentos

dospucs Iv pagO la viSitS ycndn ell ni palacio arzobispal.

Ese rnisrno din salió D. Francisco Javier Venagas pars Veracruz

con an correspondientc escolta. formada par ci bstallón prirnero

Americana y dcii diagones: Venegas quiso haborse hecho acornpatiar

par ci coronet D. Torcuato Trujillo, at dcfonor do las Cruces,

pero Calleja lo irupidid pai- edstir contra él graves acusaciones

dimanadas (IC la crucidad y tirinico carictor qua habia clvn,astrada

ell cjcrcicio dsu cargo do comaiidante rnidtar do Valladolid, an

cu'a ciuclad dcj1 ingrata y aborrecibic memoria.

Pam los qua esperaban quo Calleja pusiese do nuevo an vigor In

Constitueión suspondida par Vencgas, fiii un buon indicia do sus

intenciones (100 hubicac adrnitido Ia dedicatoria quo in Academia

tedrico . prctica do Jurisprudencia Ic hizo do no solornno acto

piiblico quo ceebró at din 15 do aquel mos, sustntando quo in

lelicidad v ci bien nacionni depcndIan dcl caacto curn,Iiniicflto do

a C.'nstitucion espaltola del alto doce: y mas so contirmarOn en

ella al ver quo Caikja iiizo pubiicar an In Gacria di rnisn,o dia

ci tIcrto do las Cortes quo disponia quo en todos Los docurncntos

pilbitcos so sustituveso In palalira re-at por la do ,,ac:anaJ. Esto

hizo cxclaniar :tI doctor Arcchderrota:

—Sc acabó ya at ray y tado in realista: stgueac lit anarquia y

nuestra ruina. Ojahi y yo me equiwoque, poro Los sintornas son

rnall'irnosl

No hahian aido vanas las csperanr.as do los afectos at regimen

COnstituciansi, puesto quo l dIn 17 Caileja citó i la. Audiencia i

an acucrdo pleno con at tin do consutar a sos ministros In manors

de proceder a an piantcamicnta: par más quo los ,areccros andu-

Iescti dividdos y muclios opinaron por quo no so hiciose variación

alguna, in mavoria triunid, v quodó nombrada unit Junta co n su l

-tiva cxtraordinaria quo informara y dctemniinara. forniand) partc

dC cia D . José N11iguel Guricli y Aicocer, quo habia Ilegado iMxico

d"Iu4l do habcr itsistido corno diputado arnoricano i la,, Cons-

lk

tittwc0toq do Czldiz. $

59'


1392 Epssodios Hislóricos Mexica,,os

El dia 20, Venegas continuó su marcha a Veracruz, saliendo

de Puebla escoitado por el coronel Monduy, encargado a la vez de

la conducción de un convoy y de expeditar ci carnino del

puerto.

El 26, Calleja expidió una cspecie de programa de su administra.

ción. En tI decla entre otras cosas y refIriéndose a la Constitución,

que calificó dc cfruto precioso de los afanes y sabidurIa del Congresop,

yo voy a poneros en posesión de los bienes que en si encierra,

y seré el prirnero en observar celosamente sus preceptos. Si, ciudadanos;

la aurora de la libertad ha briliado por üitirno, y nuestros

representantes, echando un velo sobre ci desconcierto y fatuidad

de los tiempos pasados, cirnentaron ya la felicidad de ambas Espafias,

y estas provincias son un miernbro igual a cuaiquiera otro de

la monarquia. Cuanto pudierais apetecer y discurrir y ann aquello

que no podriais alcanzar por medio del desorden y la satire, lo

tenéis concedido. Establecido un justo medio entre la confusián de la

dernocracia y las arbitrariedades del despotismo, sois ya ciudadanos

dependientes de un poder moderado y justo, que dividido en sus

tres calidades esenciales, imposibilitan a los que ]as poseen como

en depósito, de abusar de esa facultad y reunir un excesivo mando en

perjuicio de vuestros derechos y de vuestra libertad. Vuestras

manos industriosas ya no estzin ligadas ni sujetas a restricciones

absurdas: podis cultivar en vuestros campos cuanto ellos sean

capaces de producir: nombraréis de entre vosotros rnismos los que

hayan de dirigir y cuidar de vuestra economIa civil y los quc hayan

de representar Ia parte de vuestra soberanIa en el Congreso naciO

nal: pubiicaréis libremente vuestras ideas y pensamientos politicos,

en cuanto no propendan a originar la disensión y trastorno del

Estado, y seréis a la vez sübditos y gobernantes, pues Jos empleOs

y destinos püblicos son del espafiol sabio y benemérito, ora haya

nacido en Ia peninsula, ora en America. Para esto es necesarlo

destruir a los que abanderizando gente ilusas amenazan con ci

hierro y ci fuego la seguridad del Estado; pero experiencia tenets

de que sé forrnar ejércitos y conducirlos a Ia victoria; ellos ban

triunfado siempre a mi voz y triunfarán en adelante sostenidos pot

ci dios de las batallas: todas ]as clases pueden contribuir

intento de restablecer la tranquilidad y el orden, especialmente los

eclesiásticos, pues yo se que si vosotros, correspondiendo a Ia Safl


PEl Castillo ti ,ltapulco

tidad de vuestro dcstino, empleais vuestra doctrina y ejemplo on

procurar extinguir ci fuego de la discordia, ella desaparecerá corno

el hurno delante del vicnto: y on conclusion, asI corno he dado

bastantes pruebas dc mi anhelo p' la cordialidad y la union, las

dar6 tambiOn de tener la firmeza nccesaria para castigar irremisibleniente

a los obtinados y malivolos.s

En cumplimiento de aquellas buenas disposiciones para acatar

Ia ConstituciOn, la juró on ruanos del virey, y ci dia 27 ci arzobispo

Bergosa.

Con cada dIa quo pasaba, nucvas noticias acudIan a quitar su

importancia a las quo ci dIa anterior habIan corrido, y los insurgentes

Sc felicitaban de los progresos quo al decir de ellos acababa

de lograr en Ia pmvincia de Tejas D. Bernardo Gutidrrez de Lara,

quien, segün qieda referido on uno de los iiltimos Episodios, se

apodede la villa de Nacodochcs a principios de Agosto de 1812

al frcntc de un grupo dc avcntureros reclutados en los Estados

Unidos del Norte. La verdad fué que Lara, no solo pudo resistir a

las rcducidas fucrzas de D. Manuel Salcedo, gobernador do la

provincia, sino quo ci de Abril se apodede la ciudad de Be-

Jar, haciendo prisioneros on ella a Salcedo y i D. SimOn do Herrera,

nombrado por Calleja comandante general de las provincias de

Oriente. La canalla quo constitula ci irnprovisado cjército de Lara,

exigió de dste quo le entregara a Salcedo, Herrera y demás oficiales

realistas, y habjdndose apoderado de ellos por instigaciones de un

bandido Ilamado Pedro Prado, los hizo degollar a poca distancia

do Bjar, cuatro dIas despuds de haberlos capturado.

Los insurgentes cclebraron rnucho cste cruel asesinato, con ci

cual, segi.in cilos, hablan sido castigados Salcedo y Herrera por la

parte quo tomaron en la prisión del cura D. Miguel Hidalgo, y

Contestando El Correo del Sur, quo se publicaba en Oaxaca, a los

que temian quo ci auxilio que los Estados Unidos habIan prcstado

a Lara no tenla otro objeto que ci de anexarse la provincia, dijo

to Siguicnte:

Cuando el generoso anglo-americano, amante y protector de

fluestra independencia, no viniese a auxiliar de buena fe nuestros

heroicos esfuerzos, sino que con desprecio do su constitución

fundamental Y atropellando otros derechos aun más inviolabies,

tuviese las miras tan pCriidas como vanas do sojuzgarnos, celebra-

L..

T0MO I

175


f 394 Episodios Hislôrjcos M'xicanos

r(arnos sin embargo nuestra suerte, una vez quc nos contáscrnos

libres de la crueldad inaudita del despotismo espanol.

En cuanto Calleja tuvo noticia de estos sucesoc, dispuso que ci

regimiento expedicionario de Extremadura Se embarcase en Vora

cruz rumbo a Tampico y desde aliI se dirigiesc contra los invasores,

y a la vez nombró comandante general de ]as provincias internas

a! coronel Arredondo, situado en Laredo, ültima villa de la

Colonia del Nuevo Santander.

Tambic4n por aquelios dIas, es decir Cl 3 de Abril, D. Ignacio

Rayon, noticioso de que Liceaga y Verdusco Ic habIan declarado

traidor, expidiO una prociama en Tialpujahua vindicando su conclucta

y suspendiendo a su vez a los vocales revolucionarios, mcdida

quc, aunque justa, solo sirviO para clesacreditar rns ma's a

Ia in(itil Junta d Zit;cuaro.

Ix

En aquellos dias, ci Sr. D. Ignacio RayOn, siguiendo siempre

sus miras de regularizar la marcha de Ia revolución y hacerla aarecer

prestigiada y poderosa, detcrrninO condecorar con ci titulo de

coronel a D. Francisco Antonio Peredo y envlalc a solicitar auxilbs

de Ia i-epüblica del Norte y de CristObal, crnperador de Haiti:

aunque esta misión no llcgO a tener efecto porque Peredo no pudo

hailar puerto ni buque en que embarcarse, creo curioso copiar aqui

Ia carta de RayOn para ci emperador haitiano:

cA S. M. I. Cristóbal I, cruperador de Haiti en su corte imperial -de

Puerto Principe.

Señor:

'La augusta investidura que tan dignarnente condecora a V. M. I.

abre Ia brecha más lisonjera para que este Congreso imperial

conrnigo su presidente, se dirija a la persona dc V. M. I. con las

relaciones más estrechas de uniOn y amistad fraternal como Icales

americanos.

3. Por este sagrado vInculo con que la naturaleza nos iiga, espero

que ci poder soberano de V. M. I. coadyuve a las justas miras de

la independencia y libertad que ya gracias a Dios se disfruta casi


El Castillo de Acapulco

1395

todo en este Continente, aunque luchando todavIa en la lid

sangrienta con que empezamos.

Las credenciales que autorizan at enviado para la entrega de

ésta, con los demás documentos que Ic acompañafl, correrátl el

vek '

i nuestro estado actual é instruiráll a V. M. I. de los pormenore

que verbaimente deberá pi-oducir dicho cuviado.

EntretantO, y como es mi obligaciófl, rue lisonjeo de ser, Senor,

de V. M. 1. su más adicto y fiel hermano

Ignacio Rayon.:>

Fel

- Este documento fud extendido ci dia 6 dc Abril de 1813.

Las armas adoptadas por Rayon, y que figuran en

los papeles

susodichos, eran las siguientes: Un águiia coronada, rodeada de

trofeos militarcS sobre un puente semejante at del escudo de la ciudad

k Mexico. En ci puente las iniciales N. F. T. 0. N.

non fecit

fa1it'r omfli nattonz, que es texto que se aplica a la Virgen de

Cl

Guadalupe; alrcdedor: Suprema Junta Nacional Americana, creada

en ci año de MDCCCXI.

Persistiendo Calieja en su propósitO dc plantear a todo ricsgo ci

sistema constaucionat, determinó que ci domingo 4 de aquel mes

de Abril se veriflcasen las eleccionCS de Ayuntamieflto suspcndidas

por Venegas. A este fin di6 permiso at alcalde Villa Urrutia, que

se habla detenido en Puebla y era uno de Jos electores, para quc volviese

a Mexico, y aunque trató de intluir para que en ci nuevO

AyuntaniiefltO se these algün participio a Jos españoles, nada consiguió,

y los nombrados fueron en su totalidad personas reconocidamente

afectas a I la revoluciófl.

He aqul ahora, como documentO curioso y quizás no conocido

por muchos de mis lectores, la lista del prime'- AyuntamientO COflS

titucional de Mexico en Jos tiempos del gobierno colonial.

ALc.,.LDES

•0 Conde de Medina, coronet y propictariO.

D. Antonio de Velasco, comerciante y propietariO.

2. 1

t.°

propietario.

REGIDORES

D. Juan Ignacio Gonzalez VCrtiz de Guerra, ex cOnsul y

I-


1396 Episodios Histórjcos Mexicanos

2.° Conde de Valenciana, mincro y propietario.

3•0 D. José Maria Garay, capitán de milicias-y propietario.

4 .° D. Tornis Salgado, letrado.

5 .' D. Francisco Manuel Sanchez de Tagle, propietario.

6.° Conde de la Presa de Jalpa, Ider-u.

7•0 D. Juan Anteparan, cornerciante.

S.° D. Francisco Galicia, ex gobernador de indios de la parcialidad

de San Juan.

9.0 El marques de Valle Arneno, propietario.

xo. D. Juan Vicente Gdrnez Pedroso, idem.

ix. D. Jos Ignacio Adalid, Idcrn y letrado.

12. D. Francisco Villanueva Ciceres y Obando, propietario.

13. D. José Santos Vargas Machuca, ex gobernador de indios

de la parcialidad de Santiago.

14. D. Juan Orellana, dueño de tocinerIa.

15. D. José Maria Prieto de Bonilla, caballero de los Olivos,

Propietario.

16. D. Juan Perez Juárez, cornerciantc.

SfNDI COS

i •o D. Rafael Marquez, letrado.

2.° D. Antonio Lopez Salazar, Idem.

Caileja, a pesar del desaire que los electores habIanie corrido,

desaire que Venegas habla adivinado y por evitar ci mal suspendiO

]as elecciones, Sc rnantuvo firme y dió posesión al nuevo A yuntamiento,

compensando, en parte, ci disgusto de los espafioles la

entrada en Mexico, ci dfa 9, del riquisirno convoy sacado de Veracruz

por ci brigadier Olazabal.

Veriflcdse al siguiente la visita de cárceles de reglamento, con

motivo de la cual algunos de lospresos reclarnaron la observancia

de la Constitución en lo relativo a arreglo de tribunaics; pero ci

suc.so de las elecciones de Ayuntaniiento hizo mzi.s canto a Callcja,

que siguiO ci parecer de La Audiencia, contrario a la reforma

judicial.

La Semana Santa de aquel año se hizo notable por la derrota

quo D. Agustin Iturbide hizo sufrir a D. Ramdn Rayón ci Viernes

Santo 16 de Abril. Esto fuC conic) paso a referir.


La enernistad de Verdusco y de Liceaga con at Presidente de la

Junta, babIa acabado por desprestigiar a ésta, y si de ello se lamentaban

los insurgenteS, de la ocurrencia relanse con burla los realistas.

;QuO bienes podlan esperarSc de Ia administracidll y gobiernO

de un partiLlo, cuyo primer ensayo de una autoridad suprema daba

ejemplOs de dcsunión y i-encores tales? El Dr. Cos, influyendo por

sus exCeI)CiOflaIeS cualidades dc ingenio y patriotisrnO sobre los

vocates disidentes, procuró restablecer su armonla con Rayon, y

éstc confió sus poderes a su hermano, haciéndolc a la vez y para

caso de desavenencia, portador del decreto por at cual suspendla

en sus funcioncs a sus dos cornpaneroS de junta. Dispuesto a todo

saliO D. Ramón de Tlaipujahua at frente de una respetable fuerza,

y at Miërcoles Santo so situO frente a Salvatierra y en Ia orilla izquierda

del Rio Grande, fortificándose an el puente que daba paso

a la ciudad, 1)jntorescamente rccostada an una altura qua dornina

las márgenes.

Mientras D. Ramón esperaba inütilmcnte at enviado de los vocaics

rebeldes, ci teniente coronet D. Agustin iturbide tuvo noticia

de la pOsición qua guardaban las fuerzas de la Junta, y temiendo

que intentaran apodcrarsc de un rico convoy despachado de MdiCo

pot Calleja, convoy qua en Querdtaro debia tomar un buen

nürnero de barras de plata, concibió at plan atrevido de caer sobre

los insurgentes, como an efecto to hizo, entrando con ellos an batalla

ci dicho \Tjcrncs Santo.

La acción fué corta, pero reflida, y at mismo Iturbide se encargó

del niando de la columna clue atacd y tomó ci puente, apoderánde

de toda Ia artilleria y armamento do D. Rarndn, quo hubo de

POflei-se en fuga y retirarse con algunos dispersos a Puerto Ferrer,

acusando, aunquc sin motivo, de complicidad y traiciOn a Liceaga,

Y recrudecjdndose los odios.

Iturbide padecia de ordinario unas tcrribiesjaqUeCaS qua comun-

Tnente Ic postraban an cama, impidiendole todo trabajo; pero la que

en aquel dia sufrid no fu6 un obstácuio para qua hiciese to qua hizo,

Iflantenjéndose vaijentemente a caballo. Pero concluIda Ia acción

C recogio en su lecho y encomendó a su capellán, D. Josd Joaquin

Gallegos, redactase at parte respectivo, que firmó sin leer, y desde

Cfltonces se hizo cdlebre por sus chocantes expreSiOfleS. Deciase an

I quo la pdrdida de los insurgentes habia ascendido ci trescientos


Episodios Hislóricos Mexicanos

"q

cincuenta miserabics cxcornuigados quc dcsccndieron a los J)rofufl.

dos abismos, y veinticinco prisioneros, que fucron fusilads. Por

esta acción, que Iturbide consideró sicmpre como una de las más

brillantes de su carrera, obtuvo de Caileja ci empico do coronet del

regirnicnto do infanterfa dc Celaya, y ci do cornandante general de

Ia provincia do Guanajuato.

Calleja tenla entretanto que luchar con graves dificuitades de toda

especie: por to pronto püsosele enfrente el nuevo Ayuntarnicnto

suscitándolc cuestiones de competencia sobre Ia autoridad de los

alcaldes quo los regidores quisieron se encargasen dc la alministración

do justicia, conservación del orden püblico, administración

de ciertos bienes y scrvicio de policia, cambiándose por una y otra

parte agrias 6 inconvenientes contestaciones. El cornercio se neg6

a facilitaric mulas para Ia conducción de un convoy at interior, y I

el virey se vió obligado a tomarlas a la fuerza, v ci Sábado d Gloria,

17 de Abni, exigió nuevos recursos nionctarios en un documento

pithlico en que manifesto que ci erario so liallaba en agonta

tat, quc acaso ilcgaria a scr preciso disminuir 6 no pagar sus suetdos

a los empleados: la deuda ascendIa a más do treinta millones do

pesos, y el deficit mensual a mis de doscientos setenta niil. A fin

de remediar el daflo, dictó justas y racionales medidas economicas,

disponiendo se suspcndiesc ci pago do todo sobresueldo, gratifica

ciOn 6 pago extraordinario do cualquicra clase que fuera, y conmi

nando con la supresiOn a todo militar ó ernpieado civil que nO

marchase inmediatamente a desempefiar su destino, cesando asi el

abuso que habfasc hccho do las licencias. El 24 do Abril la I unta do

arbitrios creada pot Calieja y presidida por ci intendente D. Rarnón '

Gutiérrez del Mazo, le presentó un proyecto para aurnento do

recursos, fundado en la creación de una loteria, acunación de m0

neda de cobre y yenta ó hipoteca de las fincas nacionales.

J ustificando los sucesos el pOCO 6 ningürl aprccio quo D. lgnaCI°

Rayon hacIa de las cualidades militarcs do Verdusco, este, que SC

hallaba en Puruándiro, huyó vergonzosamcnte Cl 24 de Abril ant0

los realistas do D. Pedro Antoncili, sin intentar siquicra opofle1l

resistencia y dejando en su poder su artillerla, armas, munici0fl

y aun la ropa do su uso, entre Ia que se encontraron su uniforme V

bastón de capitán general y los sellos do la Junta: hizo AntOflC'

en esta risible acciOn noventa y ocho prisioneros, a los cuales flO


-

El Castilla de Acapulco 1399

ks6lo dejd en libcrtad, sino que les dió un peso a cada uno para que

regresasen i sus casas, pues en tal grado de miseria los tenha Verdusco.

Noticioso dc la derrota que, como dije, hizo sufrir Iturbide a don

Ramón Rayon en Salvatierra, Castillo Bustamante salió el 27 de

aquel mes de Toluca para atacar a D. Ignacio en Tlaipujahua; en

La inisrna fecha ci cabecilla Osorno fué derrotado por los indios

que defendIan la población realista de Zacapoaxtia.

El mes do Abril concluyó con ci ataque que I). Nicoiás Bravo

intentó ci clIa 30 contra ci puerto do Alvarado, viéndose obligado

a retirarse a San Juan Coscomatepec, ante Ia rigurosa defensa quo

de la plaza hizo ci tcnicnte de navIo D. Gonzalo do Ulloa.

ww-

x

Ocupados en politicas pláticas dejamos a nuestros buenos tertulianos

de la casa de D. Sóstenes do Pantoja, y ahora nos toca

seguir los inesperados incidentes de la inocente mentira de don

Buenaventura de1 Valle.

Un da ha pasado y al cornienzo asistimos do la agradabie reuni6n

de la tarde.

La discusiOn versaba sobre un suceso de no escasa importancia.

El 4 dc Mayo, Calleja habia hecho publicar en la Gaceta un de-

Creto, disponicodo que todos los vecinos de cada población se alistflSCIl

forzosamente en ci rcgimiento do patriotas, con el fin de no

distraer a las tropas do iinea en la defensa y guarda de las ciudades:

el antiguo jefe del ejdrcito del Centro habla concebido este plan

desde quo en Aguascalientes se encontraba, y aun se lo propuso a

Venegas, quien no lo siguid considerando peligroso armar al vecindario.

Ya vircy Calleja, se propuso lievarlo adelante y señaid para

ci alistanuento un némero determinado dc dIas, al cabo de los cuales,

quiencs no hubiesen obedecido la orden serian alistados en

algunos de los cuerpos do linea; no hizo, sin embargo, efecto la

arnenaza, y Calleja proccdió a cumplirla con un golpe de efecto

Obligando a alistarse en uno dc los regimientos expedicionarios que

Sc hallaban en la capital, a los hijos del conde de Perez Gálvez,

lam ilia de las más consideradas y opulentas do Mexico.


—Bien hecho está,—exclamó D. Buenaventura;—el ejercico de

las armas ennohiecc at hombre, y nada podia perder el condo co

que sus hijos se hubiesen alistado voluntariamente en defensa de su

rey. Pero ya so ye, la gente ha dado en creer quo sóio los pobrcs estin

en la obligación de servir a su patria, y que Ci rico no ticnc otro

deher que ci do darse buena vida y gozar Jos privilegios qu: a

propia se ha dado Ia opulencia. El ejercicio de las arrnas no Iwede

ni debc ser un oficio: la vida del hombre es algo rnuy sagrada y

respetable, para que pueda y deba hacerse distinción cntrc la dci

rico y la del pobre, y obligar a 6ste, ya por medio do la innral é

indigna leva, ya por ci de la cxplotacidn do Sn miscria, a convcrtirse

en came de cañon. Si hasta boy so ha sobrpucsto Cl

de Jos ricos a las obligaciones quo con su patria ticnan, tIchIiLd de

los gobiernos ha sido, no razOn ni justo motiv.

—Nuestro amigo D. Buenaventura habla COrn> nfliitar i;

observO el pacffico D. Cleofis Madana;—pero una naciOn no piicde

estar constituIda 6nicamente por militares: Jas ciencias, ]as artes,

todas ]as profesiones, en fin, nccesitan i Sn vcz sus soldados, en

todas ellas puede servirse a la patria con igual honor at (I' las

armas.

—No to niego, amigo D. Cleofas; pero aquI solo a los ricos hemos

hecho referencia, y por to regular la inmensa mayorIa ck cilos

no se dedican ni a las ciencias, ni a las artcs, ni a profcsidn a-nna,

ni so ocupan de más quo Ie aliniantars( .: a costa Id srnl>r sus

colonos ó dependientes.

—I2-\!to ahl!—cxclamO a voz Cri 'rjto I). S stcns dC pa a.rico

soy yo, y por Cristo quo no a mis colonos ni dependiontes

debo mis onzas de oro, sino a ml mismo y propio trabajo de máS

de la mitad de ml vida.

—Perdóneme usted, amigo y señor do Pantoja,—cxciamO >xaltado

el cx comandantc;—percloncme, repito, Ic diga que salta usted

la barrera sin que el toro Ic aconicta. Yo no hablo del pobre

que se enriquece, sino del chiripicnto que solo debe su opulencia i

los caprichos amorosos de sus padres. Aqudi sabe siquiera guardar

su fortuna porquc sabe to quo Ic ha costado: óste la derrocha sin

bien ni bencficio do nadie, como no sea de los pIcaros quo to cc-rcan

y adulan; a los vagos de Ia opulencia me refiero y de ello nO

me retracto. Pero por fortuna suya, nunca Ilegar6 yo a ser gobier


FF El Castillo de Acapulco 1401

no, y nada tienen que temer de mI, y por otra parte, no quiero

caientarrne la cabeza hablando de to que yo no puedo remediar.

Quádensc estas cuestiones para los que ten-an Ia desgracia de ser

Ilamados a gobernar a los pueblos.

—Tal Ia con'idra u.,tcd - preguntó el conde con irónica

sonrisa.

—Por nii no, si al qu i g b -n:ir es ilamado desvelan el interés

y servicio de los pueblos? Pero, en fin, ailá ellos se )as entiendan:

nosotros lirnitémonos I celebrar providencias tan justas como las

dictadas por Calleja, encaminadas al más breve y feiiz término de

Ia actual insurrección que, segi'in parece, un buen golpc ha recibido

con Ia ültima derrota de los Rayones y toma del fuerte del

Gallo y Tlaipujahua.

Asi habIa sido en efecto. Castillo Bustamante, a quien dejamos saliendo

de Toluca el 27 de Abril, acampó en ci cerro de San Lorenzo

frente at del Gallo, ci 24 de Mayo. Este cerro del Gallo, que dominaba

a todos sus vecinos, termina en una extensa meseta que

D. Ran-16n Rayon habla con inteligencia transformado en un fuerte

respetable, armado de sicte baluartes unidos por un grueso parapeto,

cercado por un ancho foso. Al aproximnarse los realistas, don

Ignacio salió de Tlalpujahua a las cinco y media de Ia mañana del

dia ; pero en las lornas de Tarimangaho, una guerrilla realista, at

mando del teniente de cazadores D. Vicente Filisola, le puso en

tal aprieto, que i punto estuvo de caer en sus manos, perdiendo

en Ia fuga cinco mil pesos en oro y plata, los sellos y aigunos papeles

de importancia.

D. Ramón, que desde la derrota de Salvatierra liabIa permanecido

en la provincia de Guanajuato, se trasladó violentamente at

cerro del Gallo y en éi se defendió hasta ci dia 12, en que se Vió

obligado a abandonarle, volando antes ci parque.

Los realistas encontraron en Ia fortaleza buen ntImero de cañones,

obuses, máquinas y Otiles para Ia fabricaciOn de arnias, Y

grandes depósitos de vIveres. Castillo Bustamante mandá arrasar

Cl fuerte, y sin resistencia ocupO a Tlalpujahua, capital que hasta

eritonces habIa sido, ó asi podemos llarnaria, do la revolución, y

Principal residencia del presidente de ia Junta.

Por los mismos dias ci teniente coronet D. Pedro Monsalve con

sus realistas entró en Huichapam, defendido por Chito Villagrán,

To.to 1

170


quien cayó prisionero y fud fusilado el 14 \Liv, i •j)U

haberse recibido una carta de su padre D. Julian, rechazando ci

induito qua para él y su hijo se le ofreció si se entregaba a ]as

tropas reales.

—AsI perezcan todos los encrnigos de Espana,—dijo D. Sóstenes

de Pantoja.

En aquel momento entraron an Ia sala de la tertulia, acompañadas

por D. Martin Cabrera, su esposa D . Beatriz Gertrudis, Ia

marquesa de Cer.vera y la beila viudita Rosa.

—CreI, —dijo a Ia ültima D. Buenaventura, - qua no ibamos a

tener ci gusto de ver a ustcdes de vuelta.

—Nohasidonuestralaculpa,—seadciantdácontestar Ia mar i:jca.

—De quién entonces?

—Dc la niultitud qua se agolpa a ]as puertas de la capifla

nor de Santa Teresa.

—Les digo a ustedes qua as casi imposible abrirc p;t untre

aquel gcntIo,—observo D. Martin.

—La verdad; vale la pena de los estrujones qua aill se reciben

el gusto de contemplar la magnIfica capiila.

Dire a mis lectores, poniéndoles an antecedentes, qua ci martes

19 de Mayo de mil ochocientos trace, se estrenó con gran soiemnidad

la capiita del Señor dè Santa Teresa, cuya imagen se habIa

trasladado a su altar ci dia anterior con una gran procesión que se

hizo memorable por ci esplendor y lujo an ella desplegados, y a la

cual asistieron los nuevos virey y arzobispo. Quince años se emplearon

en la construcción de la capilla, cuyo coste ascendió i más -

de cuatrocientos mil pesos. Su airosa y elevada cpula, sostenida

por esbeltas columnas enteramente al aire, estuvo pintada por el

director de la Academia de San Carlos D. Rafael Jimeno, y la direccidn

corrid a cargo del arquitccto de la misma Academia D. Antonio

\Telázquez.

—MagnIfica capilia.

—AsI quiso qua to fuese,—dijo D. Sóstenes,—el inquisidor don

Manuel Flores, qui.n contribu yó a su fabricación cediendo durante

varios afios cuanto Ic produjo el ernpleo de secretario del

limo. Arzobispo ci Sr. Haro.

—Pero, an fin, senores,—observó el conde,—:jugamos ó no

nuestra partida de tresillo?


El Castillo de Acapulco

1403

—For ml parte estoy dispuesto,—contestó D. Sdstenes,—siempre

qua D. Buenaventura me prometa no repetir las extrafias distracciones

qua ayer cometió. Y a propósito, no ha tenido usted

agujctas?

—;Agujetas! ipor que ?—prcgunto D. Buenaventura.

—1Hombre! por más militar qua usted haya sido, nada tendria

de extraflo qua haciendo, como hacla, rnucho tiempo que no montaba

usted a caballo, el paseo que an dl dió usted ayer le hubiera

producido agujetas.

—Pues crea usted qua no ha sido asI.

—Me alegro.

—Y a ml rue extrafla,—anadió ci conde;—porque, como ayer

dije a ustedes, ci tat retinto golondrino qua montó D. Buenaventura

as un caballo semisaivaje d indomable, segün me to ha pon.

derado ml sobrino Carlos Armendáriz.

—Bueno fucra qua todo un señor ex comandante de las milicias

del capitán general de Guatemala, hubiesc querido burlarse de

nosotros.

—Por qué to dice usted?—preguntó el aludido ponidndose Colorado

de vrguenza, como si temicra haber sido descubierto.

—Porque me parece, —respondió D. Cleofás, —qile se halla

usted demasiadarnente poco fatigado después de haberse extendido,

a sus años, a dar un pa a cabailo hasta ci bosque de Chapultepec.

—Vaya! 1s6lo parece qua soy aigun Matusaldn!—observó don

Buenaventura, picado an su amor propio:—monté, sI, señores; lo

aseguro a ustedes, el tan exageradarnente ponderado caballo retinto

gotoudrino, y gaiopé lindamente por el camino qua pasa at pie de

los ahuehuetes y comienza on la alberca qua surte at acueducto.

Creo qua no puedcn darse mej ores señas.

—Ciertamente que no,—observó el conde;—y por cierto qua

desde aer repite usted esas señas con una exactitud tal, que no

parece sino que las ha aprendido usted de memoria y de corrido,

Como muchacho de escuela.

Colocados Va, at decir ci conde estas palabras, los jugadores de

fresh!0, las tres senoras quedaron un tanto i-etiradas, y Rosa dijo a

la rflarquesa:

—La misma obscrvaciOn que ci condc ha hecho, acababa de ha-


Efzsodios HisIricos

cer yo: no Jo dudes, marquesa; Ventura repite esas palabras con

intencidn de hacerme comprender que nos viO aver conversand

con mi antiguo pretendiente D. Andrés Romero.

—No lo creo, Rosa: tu miedo es el que te hace suponer que nos.

haya visto.

—Eso quién sabe, —observó D. Beatriz Gertrudis.

—Por qua Jo dices?— preguntó la marquesa.

—Porque Martin me hizo aver una porcion de extraflaspreguntas

respecto a ti, Rosa.

—;Qué preguntas fueron?

—La que más me extrañó fud la que me hizo sobre si sabia yo

si tü querIas verdaderamente a Ventura.

—;Lo ves!—exclanid sobresaltada la viudita;—nos vió y desconfIa

de mi, 3, ha encargado a D. Martin que averigue Jo que en esto

haya. Por eso sin duda también no ha consentido que esta tarde

saliésemos solas y nos ha acompanado, obligándonos a pasar en la

capilla del Señor de Santa Teresa el tiempo que debIamos haber

empleado en ir a Chapultepec en busca de mis cartas y tu brazalete

que aver perdiste.

—Pues, hija m Ia, —observd reposadamente la marquesa, —te flemos

tranquila Ia conciencia, ninguna falta hemos cometido. v si

se nos piden explicaciones ]as daremos y nos harán justicia.

—Eso crees to; pero la verdad es que las apariencias me conclenan,

y que si Ventura y yo tenemos un disgusto por haberle ocultado

la verdad, mi opinion está en peligro y puede suponerme una

casquivana.

—Mira, Rosa, no te hagas amarga Ia vida: confIa en Dios, ten

prudencia y calma, y mañana a primera hora iremos a Chapultepec

y buscarernos tus cartas y mi brazalete, y todo quedará compuesto.

XI

La conversación de las tres señoras aquI Ilegaba, cuando una

criada se presentó en la sala diciendo a D. Martin que un cabalJer

deseaba hablarle con urgencia.

Mucha debia tener en efecto ci tal caballero, porque atropeilando

toda clase de usos y costumbres, se presentó en Ia puerta


1:7 (1!7) i .-%zpuL

de la habitacióll aun antes de quc D. Martin hubiese contestado a

Ia criada.

Mas apenas Ic vió el yerno de D. Sóstenes, cuando, dejando

escapar una exclamación de verdadero gozo, fué hacia el recin

venido y le estrechó cariflosamentc entre sus brazos.

Retiri; :a )Iartin, dir1giCfld0k a los CrcUiLStantes,

les dijo:

—Tengo ci honor de presentar a ustedes a mi excelente amigo

Y camarada el señor D. Antonio Rivas.

Siguiéronse las respectivas y consecuentes presentacionCS del

Conde, D. Sóstenes, D. Cleofás y D. Buenaventura, y el señor de

1 antoja dijo entonccs:

—Pero usted, señor D. Antonio Rivas, sin duda tendrá que tratar

a]-tin asunto con mi yerno, y si es asl, con su permiso nos

retirarnos, dejando a ustedes en libertad.

p1ico a ustedes,—opUSO Rivas,—que me dispensen ci obse-


W6 Episodfos Históricos Mexicanos

quio de no incomodarse por ml: tengo efectivamente un asunto

que tratar con ml amigo D. Martin Cabrera; pero este asunto no

es privado, y lejos de serme enojoso me será sumaniente grato oir

los consejos de tan excelentes personas. AsI, pues, sin otros

preámbulos, expondré el objeto de mi visita. Ante todo to dire,

amigo Martin, quo no vengo a verte boy como camarada, sino

como letrado que ores.

—Como abogado y como amigo, me tienes a tus ôrdenes: pro.

sigue que ya te escucho.

—Han de saber ustedes que mi amistad particular con el x vircy

D. Jose de Iturrigaray rue valió el encono y persecución de los quo

en noche fatal para la Nueva Espaia Ic depusieron injusta y violentamente:

desde aquel ticrnpo vivo retirado, con nd hia y rni

pequena hacienda, en el Molino del Rey, que un primo niio tiene

hace años arrendaclo. Desde aquella époqa, raras, rarIsimas son las

veces que he venido a la capital, y ésta no fuera una de ellas si no

me hubiese obligado a obrar como obro un atropello de que aver

en la tarde he sido vfctima.

Es ci caso quo, como vo y diciendo, en Ia tarde de ayer un caballero,

a lo que parece, se permitió aproximarse a ]as tapias do ml

casa, no sé con qué intenciones, pero si causandome un dafio

de consideración, pues puso a pastar su caballo en mis campos de

maIz, haciendo en ellos un enorme destrozo: no es, sin embargo,

Ia pérdida quo me ha originado lo quo me mueve a solicitar su castigo,

sirio la sospecha quo tengo de que ci tal cabailerito, al cro niuy

caro para ml trata de arrebatarme, acercándose a ]as tapias do mi

casa. Esto es lo quo quiero evitar, y para ello es preciso que tü,

como letrado, me avudes desenmascarar al caballerjto, cxigiCndole

por ci pronto una indemnización por el destrozo de mi Milpas:

este destrozo lo calculo en trescientos pesos, y deseo que pOr

ci pago de eUos Ic Ileves ante los tribunales.

—Se hará como tü lo deseas; pero vamos a ver, quién es ci tat

cabailerito?

—Ni le conozco, ni Se su nombre siquiera.

—Entonces...

—Te dire: puedo darte una sena que nos permita descubririe.

—Dula.

—Mi primo Cristóbal vendió, hace apenas un afio, un hermOSO

I


caballo que en pago de cierta deuda ic dió un individuo del cual

era acreedor: mi primo se deshizo de ese caballo porque, aunque

de buena estarnpa, estaba casi salvaje, y no tuvo, por más que sea

buen jinete, ganas de domarle. El comprador fué ci dueño actual

de la antigua cabaileriza del francds Lailson, y ci color del caballo

es retinto golondrino.

Al escuchar estas señas, D. Buenaventura hubiese querido ver

a Ia tierrra abrirse dehajo de sus pies. Sus tertulianos no pu

dieron dominar una exciamación dc asombro, que por fortuna

paso dcsapercibida para. D. Antonio Rivas, que continuO diciendo:

El cabatlerito contra ci cual me quejo, montaba ayer tarde ci

caballo retinto golondrino de quc te hablo, y mi primo Cristdbal

Ic conoció y reconoció bien, porque le persiguió largo trecho,

hasta que se Ic desaparecid en ci bosque de Chapultepec, en ci

camino que pasa at pie de los ahuehuetes y comienza en Ia alberca

que surte at acueducto.

D. Buenaventura estuvo a punto de desacreditar la milicia a que

pertenecia, desmayándose corno una muchacha. D. Sóstenes, don

Martin y sus teruiianos fluctuahan entre el asombro y la nsa.

Pero D. Martin se dominO y dijo a su amigo Rivas:

—Dice que no conoces at jinetc del cabailo retinto golondrino

?-

—Ni yo, ni Cristóbal, mi primo, Ic conocemos.

no has pasado a la cabalieniza del antiguo Lailson, con ci

fin de saber quién ayer tarde montó ci cabailo?

—No, porque lo consideré indtil, pues el tat jinete habrá sabido

COmprar a prccio de oro ci siiencio del actual propietario.

—Has hecho bjen; no intentcs nada en este sent ido: yo me

encaro de averiguar toda la verdad.

—En ti confio: te conozco como hombre de taiento y activo, y

a ti enconijenclo, no tanto el cobro de los trescientos pesos, cuanto

la leCción que deseo dar at tal caballenito.

-----Descuida, que satisfecho quedarás.

—Te anticipo las gracias, y con permiso de ustedes me retiro.

—:Tan pronto?

—Si, señores: me encuentro violento en la ciudad y deseo vol-

Ver cuanto antes a -fli retiro y at lado de mi bija.


I 408 Episodios His lOricos Mexica,;os

I

Unas cuantas frases de atención y cortesIa mediaron aiTh entre

los tertulianos de D. Sóstenes y Rivas, y dste at fin salió de la sala

y de la casa.

XII I

Aquel suceso se preparaba t tomar no imagtnadas proporciones.

Otro que D. Buenaventura no huhiese sido, hahrIase aprcsurado

a vindicarse, revelando que solo una inocente mentira era su ya

famoso pasco a caballo por el bosque de Chapultepec; pero el ex

comandante era orgulloso, y antes habrIa consentido en clejarse

cortar un brazo quc en confesar su debilidad.

Sufrió, pues, sin quejarse, la rechifla de que fu6 objeto apenas

hubo salido Rivas, rechifla a la cual unieron sus niordaces cornentarios

las señoras, una vez que hubieron enterádose del caso.

— i BravIsimo, señor ex comandante! Conque esas tcncmos?

Conque se nos mete usted por los campos del vecino, intenta sal.

tar tapias y arruina Ia agricultura?...

—Sefiores, por caridad! déjenrne ustedes en paz y no me hagan

perder los estribos.

—Pero amigo D. Ventura,—le dijo D. Sóstenes:—quiere usted

explicarnos por quc ha hecho usted todo esto?

—Repito a ustedes que tengan la bondad de que no hablernos

una palabra rnás sobre ello.

—Eso no es posible,—contcstó con gravedad cOmica y sin poder

contener su hilaridad D. MartIn:—patrocino a D. Antonio Rivas,

soy su abogado y en su nornbre exijo a usted los trescientos PeSOS

en que estima los daflos y perjuicios que se le ban causado.

Est:i hien! —respondió D. Buenaventura enojadisimo: —maiana

a primera hora, esta noche si usted quiere, Ic entregaré dicha

cantidad.

—Pero es quc D. Antonio Rivas desea que yo Ileve a usted ante

los tribunales.

—j\Tive Dios,—exclamó coldrico el ex comandante,—que seré

capaz, si tal hacen ustedes, de acogotar at buen D. Antonio Rivas!

1Auri no ha olvidado ml mano derecha cómo se ernpufia ufla

espada!


El Castillo de Acapulco

1409

—_Cuidado!----obserVó el conde: —confIa usted dernasiado en sI

mismo.

—Por qué?

—Porque si rnaneja usted la espada como las riendas...

_Qué quiere usted decir, señor conde?

_Que francamcnte, yo no atribuyo el atropello do que ci señor

Rivas Sc queja, sino a falta do práctica en manejar las riendas: el

caballo CS, Slfl duda, tan indomable como dice ml sobrino; sin

duda también no pudo usted contenerle, y el bruto se lanzó contra

las tapias de la casa de Rivas, y alil permanecerIa usted desmayado

ci ticrnpo que ci cabailo empJcó cn devastar la milpa. Digo,—añadió

ci conde con sardónica sonrisa,—á no ser que la hija de Rivas...

—Eso, cso debe ser,—dijo la viudita, muy satisfecha de encontrar

motivo para hacer inculpaciones a D. Buenaventura;—uSted

me engana, usted persigue, galantea ii la hija de Rivas, es horrible,

atroz, indigno de sus afios.

—Alto ahI, vive Cristo!—gritd D. Buenaventura, —no soy nmgun

Matusalén para que se me echen en cara mis años.

—;Luego es ciertol i luego usted corteja a la hija dc Rivas!

—Sefiore, con dos mil de a cahallol y perdonen ustedes mis

jurarnentos; ni yo conozco a esa senorita, ni mucho menos la cortejo,

Ill un biedo me importa, ni nada he tenido que ver con ci tal

D. Antnio Rivas, ni daflo alguno le he causado, ni sé qué caballo

retinto golondrino es ese, ni yo le he montado, ni...

—Cdmo!—cxclamó D. Sóstenes intcrrumpi6ndo1e,—c6m0 es

eso de que usted no ha montado ii cabaIlo

—Seria usted capaz de habernos soltado una mentira?—preguntó

la viudita gozosa y satisfecha, como si Ic hubiera asaltado la esperanza

de que aquello fuese en efecto una mentira, y, por lo tanto,

nada hubiera visto ci comandante de sus conferencias con D. Andrés

Romero, en Chapultepec.

Instantáneamente D. Buenaventura se repuso y recobró ci perdido

aplorno.

—Es necesario,—se dijo,—sostener hasta el fin ml endiabiada

rnentjra: no me faitarãn recursos para demostrar mi inculpabilidad

en esta aventura que no es mia, sino de este maiditIsimo Carlos de

Arrnendáriz; pero de ningün modo me conviene confesar que he

mentido, pues rcvelarlo serla autorizar a Rosa a mentir, y Un ma-

Toio 1


1410 Eisodios HIstóy,cøs Mexicanos

rido no puede ni debe consentir quo su mujer rnienta; adcmás, mi

dcbilidad me pondrIa en ridIculo, y do nada como del ridIculo

dobe huir un hombre.

Por supuesto, quo ]as anteriores reflexiones que tantas palabras me

han exigido para trasladarlas aquI, pasaron por ci pensamiento de

D. Buenaventura con Ia extraordinarja rapidez usual en ci mundo

do Ia irnaginacion, sin que, corno en nii relato ha sucedido, el diálogo

so interrumpiese ni un solo instante, asI es que apenas dcjó de

habiar la viudita, el comandante, tornado ya su partido, contestó:

—Rosita, yo no rniento ni puedo nientir, porquc aborrezco ia

rncntira, y no se me oculta que la rnás inocente puede traernos

funestas consccuencias; mi turbación la origina ci sentimiento con

que me veo obligado a confesar quo ci condo ha tenido razón: soy,

ya un doctrino en eso de montar a caballo; no pude ayer contener

el mb, y, sin quererlo, causC a D. Antonio Rivas los perjuicios

do que se queja y esto y dispucsto zI pagarie. Solo me faita suplicar

a D. Martin quo yea de discuiparme con su amigo Rivas, haciCndole

desistjr de Ilevarme ante los tribunales.

—Más hare, ml querido D. Buenaventura, porquc Rivas no sabrá

el nombre de aquél contra el cual so queja, y habrzI de contentarse

con recibir los trescientos pesos quo reciama.

Los tertulianos comprendieron que insistir sobre ci extraño

incidente serIa muortiuicar a D. Buenaventura, y fingiendo olvidarlo

Ic invitaron, y ci cornandante aceptó, a seguir Ia interrumpida partida

de tresillo.

Las senoras voivieron a Ia recámara de D. Beatriz Gertrudjs, y

con femenji insistencja continuaron comentando ci suceso.

—Crelo,--dijo Rosa,—Ventura nos descubrió ayer tarde: quizás

estuvo aguardando a D. AndrCs Romero oculto en las milpas

de Rivas, quizás...

—No seas tonta, hija: todo lo traduces del peor modo.

—No, no es OSO.

—To digo que sI.

—Y yo que no, marquesa: cdmo, sino, te explicas entonces ]as

vacilacjones y reticencjas do Ventura? No lo dudes: Ventura ha temido

venderse y descubrirse, y espera, sin duda, toner rnayores

pruebas para confundirmo y avergonzarme. Es indispensable de

todo punto que mañana, cuéstenos Jo quo nos costare, volvamos al


-

FT

Ott

El Castillo de Acapulco

bosque en busca do esas malbadadas cartas. Ventura podria volver

allI por ver algo descubre, y si la fatalidad Ic hace encontrar mis

Si

cartas, yo no sabre ni cdmo defenderme.

Cuando la tertulia terminó y cada cual se rctiró a su casa, don

Buenaventura, dirigiendose solo a la suya, iba diciéndose a si

miSmO

El tal Rivas me parece un be1laco de marca: ItrescientOS pesos

de perjuicio en un campo de maiz! necesitarla para ello que ci caballo

se hubiera comido, no digo las inilpas, sino hasta ci terreno

en que cstán sembradas. Poco me irnporta esa suma: del triple

puedo sin perjuicio dcsprendcrme zi cualquiera hora, pero ci abuso

me molesta, y por lo quo aigün dia pucda suceder, mañana a primera

hora ire a convencerme y apreciar por mis propios Ojos el

destrozo de la milpa: a la vez conocerC ci maidito camino quo pasa

at pie de los ahuehuetes y comicnza en la alberca que surte al

acueducto.

V ahi veráu mis lectores como la juguetona casualidad iba a poncr

a Rosa y a Margarita en peligro de encontrarse en ci bosque

con D. Buenaventura, puesto quo, como sabemos, ellas también

habiansc citado para ir a Chapultepec al siguiente dIa y a prirnera

hora en busca do ]as cartas y ci brazalete perdidos no lejos del camino

uc pasaba at pie do los ahuehuetes y comenzaba en la atberca

qtre surtia al acueducto.

Pero nueos incidentes iban a cornplctar esta curiosa intriga y a

poner en nuevos aprietos a nuestro antiguo comandante de las mi-

licias del capitan general de Guatemala.

ApuntarC algunos de estos incidentes.

Carlos do Armendáriz, arniado con ]as pistolas de D. Buenaventura,

cuyas iniciales, como éi mismo dijo, tenIan grabadas, so dirigió

como dc costumbre al Molirio del Rey a ver a su idolatrada

Iargarita.

En acecho se encontraba nuestro Tenorio, cuando vió salir de

la casa a D. Antonio Rivas, que se dirigió, como ya sabemnos, a ex

poner sus quejas a D. Martin y pedirle sus scrvicios dc abogado.

Algunos minutos después, Margarita apareció como de costumbre

en Ia tapia quo servia de balcón a sus amnorOSOS ensueñOS,

y llamó a Carlos.

—La fortuna nos ayuda,—lc dijo;—mi padre ha ido ii Mexico y

1411


412 l;Jisod:s ///

su primo Cristóbal tanipoco está en casa. U i,,2

con ci susto quo to dieron ayer ya no pensarás volver, y me

dejado muy recomendada al jardinero, que, como bien sab,

es nuestro en cuerpo V

alma.

—Entonces, mi iclo-

- latrada Margarita,

--

dremos IaI1ar con

/ . . . tera

.

seguridad.

/

—Si, Carlos

I —Mc alegro, aunu

asi como asI bien

vencro.

L •'' \.!! ,. cionadoun par derna

-- ni cas pisto as.

—Oh, Carlos! ;qu.

- intentas

............

—Nada, mu Margar-

ta; peroesta precauckn

3 r ..+ exige mi seguridad

salvaje de Cristóbai rn-

'...

-.-

1

-

-

disparó aver dos halaios

quo por fortuna ii

me alcanzaron, pero ni

hicieron correr con)()

-. -

L;.-.-- - - -

podrcmos hbIr con entera seguridid.

una liebre.

—Lo supe; jpero por

Dios, Carlos mio, no

vayas a cometer una

atrocidad!

—Nada ternas; pero dime: te rifieron mucho ayer tarde, amor

mb?

—No te lo puedes figurar; pero ;qué me importan a mI esas riñas,

si las sufro por ti, a quien adoro?

—1Ah, Margarita, gracias! jqué buena y hermosa eres, y cuánto

to quiero!



., •1'

U

aw

--


I.


L

womp-

iCALLADI -D1JO LA JOVEN.


-p

El Castjib d. Acapulco

I4I3

ues sábete que estás en peligro de perderme para siempre.

_QuC quieres decir?

—Que aver tarde me dijo mi padre que me preparase a casarme

esta misma semana con su primo Cristóbai.

—;QuC infamia

—Pero nada temas, Carlos mb: aborrezco a Cristóbal, me es

insoportable y no me casaré con dl ni aunque me maten.

­Pero si tu padre te obliga?

—Mi padre me quiere mucho, Carlos info; yo me arrodillard a

sus pies, me arrojarC en sus brazos, y tales cosas le dird, y tantas

iágrimas verterán mis ojos, quc al fin le convenceré.

—No, Margarita, no; es indispensable tomar otro partido mas

eficaz: te voy a decir cuái.

—Calla—dijo la j oven, —ocCiltate, he ofdo ruido, alguien viene:

despus seguiremos habiando.

Carlos prcparó una de las pistolas de D. Buenaventura y se dispuso

a escarruentar al imprudente que asi intcrrumpIa su amorosa

plática.

XIII

\Tariemos de asunto, ya que las exigencias del plan de nuestra

historia nos obligan a carnbiarle en cste ddcimotercero capItulo,

en ci cual debemos ocuparnos de un extraordinario suceso acontecjdo

en Mexico al anochecer del domingo veintitrds de Mayo

de 1813.

Es ci caso que en la ciudad de Mexico vivba al cuidado de un

tutor una joven de no escasas prendas personales, poseedora cl

Ufl Considerable caudal y perteneciente a una de las más distinguidas

famjljas de la ciudad. Llamábase D . Leona Vicario, y su

hermatia mayor habla estado casada en primeraS nupciaS con ci

marques de Vivanco, y en segundas con ci mayor de plaza, coronel

D. Juan Noriega; era su tutor un licenciado sumamente afecto

a los realistas y a la adrninistraciófl espafiola, apellidado San Salvador.

Privada por la mucrte, y en sus infantiles aiios, de la irreemplazabie

soijcjtud y tiernas caricias de sus padres, Leona Vicario nece-


I 4 14 Episodios His ióricos M€xicanos

sitaba de un amor, como la for tropical transportada a un clima

frio del artificial calor del invernadero; alma inocente, espIritu

resuelto, su corazón no podia resignarse a abatir las alas bajo ci

peso de la atmóslera de cruel aislamiento a que la suerte habiala

reducido.

La casualidad pi.solc dciante tin dIa i un joven estudiante

de ieyes que se presentó at tutor de Leona, solicitando el favor de

hacer sus estudios prácticos en ci bufete dc tan distinguido abogado.

No transcurrieron rnuchos desde ci dia de su admisión, sin

que Ia pupila del licenciado y el joven practicante Sc adorasen con

infantil violencia.

En aquellos tiempos, como en estos, Jos tutores de pupilas ricas

dcfendIan a éstas grandemente y procuraban no prestar facilidadcs

A su matrimonio, maxime cuando, como en ci caso de que tratamos,

ci pretendiente era tin hombre at principio de su carrera.

No hay en la vida del hombre contrariedades que mis Ic exalen

que aqucilas que tienen más 6 menos relacidn con sus pasiones

amorosas: ci joven practicante no fué en esto una excepcion, y no

pudiera haberlo sido, cuando ci cielo habfalc a mayor abundamiento

hecho poeta, y sucie a este sublime don acornpanar no

pocas veces algo semejante a la febril cxcitación de la locura. tan

propia para arrollar obstáculos 6 at menos para, intentándolo,

perecer en elios.

Nuestro joven, quc se ilamaba D. Andrs Quintana Roo, quiso

labrarse un porvenir Ianzándose i luchar por su patria y abrazando

abiertamente ci partido de Ia insurrección; su entusiasta amante

aprobó su determinacidn, y más hizo aün, pues puso todas sus

simpatlas en la causa quc iba Quintana a defender. Con su aprobación,

ci joven practicante no tardd en acometer su empresa, y a

Tla1ujahua se dirigió presentándosc i D. Ignacio Rayon.

D . Leona no pen.só desde aquei dia en cosa que no fuese ci

triunfo de un partido que, en caso de vencimiento, podia arrastrar

en su ruina at hombre idolatrado: cardcter decidido y enérgico,

comenzó enterando a Quintana de cuanto en Ia corte vircinal

acontecIa, cuyos sucesos ella inenos que nadie podia ignorar, pues

ya he dicho que ci licenciado San Salvador era furibundo rcalista.

Quintana conocIa bien a su amante; Ia causa insurgente érale


V El

Castillo de Acapulco 1415

qucrida, servIala con entusiasmo y decision, y por verla triunfar

no pensó en que podia comprometer a la mujer amada; ésta le enviO

clenientos y recursos de toda especie, y aun obligO a varias

personas a pasarse al campo independiente, entre ellas a varios

oficiales de armero quc fueron muy Otiles a D. Ignacio RayOn.

Los servicios que a la revoluciOn prestaba D . Leona la pusicron

naturalmcnte en comufliCaCión con los amigos que aqulla tenia

en Ia ciudad, y sobre todo con ci teniente coronel D. Francisco

Arroyave, elector que hahia sido del Ayuntamicnto por la parroquia

dc Santa Catarina Mártir.

La transformaciOn operada en ci carácter de su pupila no pudo

ocultársele a! licenciado San Salvador, y la fuga de su practicante

le hizo concebir sospechas que, a fuer de buen realista, comunicO

a las autoridadcs. La denuncia dió por inmediato resultado una

estrecha vigilancia, y ésta produjo un dfa la captura dc un indio

portador de una carta dc Quintana para D . Leona: lo supo ésta,

y no qucriendo exponerse a un atropello, deterrninó fugarse, como

lo hizo, escondiéndose en un pueblo inmediato en compañIa de

una fiel criada: desde su retiro cscribió a Quintana pidiendo facilidades

para continuar su viaje d Tlalpujahua; pero sus parientcs

lograron saber su paradero y la obligaron a regresar a Mexico,

ofrecidndole conseguir que ningn perjuicio se Ic siguiera.

No sucedió como se csperaba, y apenas ci virey tuvo noticia del

regreso de D . Leona, cubriendo todas aquellas formulas que exigla

la cievada posición de la faniilia de la joven insurgente, Ia hizo

conducir en calidad de depOsito al convento de BelCn, conocido

por dc las mochass, pero en absoluta incomunicación.

Contenta D . Leona de sufrir prisiones y vejámenes por la causa

que scguIa ci objeto de sus arnores, no solo no se intimidó ante los

jueccs designados oara formaric causa, sino antes bien hizo gala de

sus opiniones revolucionarias, y denostó a los enemigos de ellas:

un ejemplo semejante podrIa ilegar a dar fatales consecuencias;

era preciso mostrarse inflexible con la delincuente, y al fin se dictO

contra ella orden de formal prisiOn.

Lo supo el teniente coronel Arroyave, y no queriendo rnostrarse

menos decidido que la valerosa joven, se proveyO de armas y

caballos, ailegO algunos hombrcs decididos, y al anochecer del domingo

23 de Mayo se prescntO en ci convento 6 colegio dc BelCn,


W6

Episodios Históricos Maxicanos

se hizo abrir las puertas, penetró hasta ci patio principal, pues a él

abrja la puerta de la celda que D. Leona ocupaba, Ia sacó de alil

imponiendo terror a la irritada rectora, y ya con ella en la calle,

I

III

';

Ii c.ic6 de £1111...

H14

la hizo montar en un caballo, y con la joven libertada se perdió

a escape en las obscuras y desiertas calles de los barrios apartados.

Inütiles fueron cuantas pesquisas hizo ci Gobierno para de nuevo

apoderarse de la fugitiva, que algunos dIas después entró en

Tlalpujahua, donde tan poco aprecio se hizo de su heroIsrno, que

llJ


A

El Casililo de Acapulco 1417

se la alojó an una inmunda casa qua habia servido de cabalieriza,

dejándola an la miseria, qua ella sufrió resignada y aun contenta,

hasta qua Quintana regresó y se unió an rnatrimonio con su valerosa

arnante, at mismo tiempo qua at 'irey la declaraba traidora y

le confiscaba sus cuantiosos bienes.

No fué D. Leona Vicario Ia ünica darna a la cual los acontccimientos

politicos pusieron an peligro de ir a dar a las cárceles realistas:

este riesgo corrió también D. 3 Manuela Garcia Villasefior,

esposa del licenciado D. Carlos Maria Bustamante. No habrãn olvidado

mis lectores que al tener noticia de la prisión del Pensador

ilIexicano, D. Carlos Bustamante, que habia cscrito ci papal titulado

El juguetillo, temeroso de correr igual suerte, se fugo de Mexico,

por cuya ausencia fué at ónico de los electores qua no concurrió

a nombrar at Ayuntamiento del 4 de Abril: Bustamante permaneció

ocuito unos dias an la casa del cura Ortiz an Tacuhaya, y

de alli paso a Zacatlan, donde ci insurgente Osorno ic recibió con

salvas de artillerla y otras honorIficas demostraciones: enenhigo del

handidaje de ciertos cabecilias insurgentcs, Bustarnante procuró

poner coto a los abusos, y con at fin de imprimir a la guerra un

carácter humanitario, exigiO qua Se tratara bien a los prisioneros

espanoles, y aun escribió at virey invocando at respeto at derecho

de geñtes en la continuaciOn de Ia campafia.

El virey le contestó remitiéndole un amplio indulto C invitándole

a reconocer de nuevo la autoridad real, pero ninguna de ambas

cosas acepto; y presumiendo obligarlo a cambiar de parecer, se

dict6 orden de prisión contra su esposa: supiCronlo a tierupo los

amigos de ésta y la pusieron an salvo sacándola de Mxico, de

donde rnarchó d unirse con Bustamante an Zacatian.

XIV

A la gente qua formaba at ejército de Osorno, no podia convenirle

qua se tratara de impedirle ejercer at bandidaje, y pronto

Bustamante conoció qua grandes riesgos Ic amenazaban permaneciendo

an Zacatian; y aunque D. Ignacio RayOn le escribió qua alli

permaneciese corno auditor de guerra, prcfiriô trasladarse a Oaxaca

ToMo 1

178


1418

Episodios Hislóricos M.xicanos

con su nombramiento de brigadier, cuyo despacho le expidió el

Sr. Morelos a la vez que ci de inspector de la caballerIa del Sur.

El dIa 24 de Mayo, uno después de la fuga de D. Leona, Bustamante

entró on Oaxaca y desde luego procedió a organizar é ins

truir el regirnierito de los Valies, encargándose at mismo tiempo

de redactar El Correo del Sur, periódico, corno ya dije, fundado

por ci Sr. Morelos.

Va on cjercicio de sus empleos y qucriendo imprimir toda la solemnidad

posible a los actos del partido insurgente, dipuso Bustamante

se hiciese una fastuosa reccpción a D. Mariano Matamoros,

quien ci 25 de aquci nies entró on Oaxaca, después de haber

derrotado el 19 de Abril on Tonaiá at tenietite coronet D. Manuel

Dambrini, que con tropas procedentes de Guatemala habIa intentado

vengar la muerte del caballeroso ydi-no

teniente general Sarabia,

sacrificado por los insurgentes después de haberse tornado a

Oaxaca. Aquella victoria puso en poder de D. Mariano Matamoros

gran cantidad de armas, municiones y efectos rnercantiles, y Ic

valió ci empieo de teniente general que to otorgó ci Sr. Morelos.

Mayo concluyó, y principió Junio sin novedad digna de especial

mención hasta ci martes 5, dIa entonces festivo por haber sido ci

tercero dc la Pascua de Pentecostés. El tal dfa, digno a Ia verdad

de conservar de éi memorable recuerdo, Calleja publicó un bando

conteniendo ci decreto de las Cortes cle 22 de Febrero, que extingula

ci odioso tribunal de la Inquisicidn, previniendo la incorporación

de sus bienes y rentas a Ia Hacienda püblica, y quo se qui.

tasen de los cruceros de las catedrales las tabliUas que contenian

los retratos y nombres de to.,; penitenciados por ci Iiarnado Santo

Oficio.

Hizo ci ciero de Mexico cuanto en su poder estuvo para que no

se Ilevase a su debido efecto la ruedida; pero Caileja se habla propuesto

acatar on flu todo las precripciones de ]as Cortes de Cadiz,

y la Inquisicidn quedó suprimida, con grave escándalo de las

gentes timoratas: ci intendente de Mexico, D. Ramón Gutiérrez

del Mazo, recibió, cornisionado at efecto, los caudales y bienes del

extinguido tribunal: importaron los primeros setenta y dos mu

pesos, de eUos ocho mil on oro, y en plata ci resto: los bienes, consistentes

on fincas y en escrituras de capitales impuestos, montaron

zi un milton y doscientos mil pesos.


El Castillo de Acapulco

No cran éstas bien respetables surnas los ünicos beneficios de

.que disponia el feroz tribunal, pues contaba adernás con la aplicadon

hecha on su provecho de ]as rentas dc una canongla por cada

catedral de las existentes oil pals.

Cesaron en virtud de este decreto en el cjercicio de sus funciones

los inquisidores de aquellos dIas, D. Bernardo de Prado y

Ovejero, D. Isidoro Sainz de Aifaro y D. Manuel Antonio Flores.

Todos tres eran personas integras v de buena fe, conio lo demostraron

no haciendo uso de una chuusula del testamento del fundador

de la Ramada Obra Pia de Vergara, que les hacia dueños del

capital invertido en ella.

Esta Obra Pia tuvo por objeto aliviar las miserias de los presos

de la cárcel de Ia Corte: la fundó un licenciado de nombre Vergara,

natural de Santa Fe de Bogota, defensor que habIa sido de p0bres

de la Audiencia de Mxico. Vergara pensó haber dejado ci

patronato de su citada Obra Pia a los padres jesuitas; pero como

ya dstos andaban mal vistos y se consideraba segura su expulsion

de los dominios españoles, determinO dejárscla a Ia Inquisiciófl,

cuya existencia estinió serla perdurable, disponiendo que, como remuneración

del trabajo que ci patronato pudiera originarles, se Ic

regalara anualmente a cada inquisidor un tintero de plata, cuyo

costo se pagarla de los fondos de la misma obra. Queriendo evitar

que ninguna otra autoridad interviniese oil fundaciôn, nombró

por sus herederos a los inquisidores que lo fuesen al darse ci caso

de la supradicha intervenciófl. Los que lo eran en Junio de mu

ochocientos trece, no quisieron liaccr vUida aquella cláusula del

testamento de \Tergara, y Ia Hacienda se recibió tarnbién de los

fondos de la Obra Pia, aunque después los reciarnO, y no muy Co.

medidamente, el Ayuntamiento.

El Archivo y las causas pendientes en la Inquisición pasaron al

Arzohispado, v no se halló rco alguno en las cárcelcs secretas,

porque pocos dias antes, los que en ellas existian fueron enviados

a diferentes conventos a cumplir ligeras penitenCiaS.

V pues de presos hablo, este es cI lugar de dar a conocer

a mis lectores una salve, que, estando detenido en ci convento

de Santa Cruz de Queretaro, compuso ci padre doctor D. Jo-

Maria Castafleta, para uso de los presos de la circel de aquella

ciudad.

1419


20 Lfis:iis /-!o1r,cos f:!,:,;

Decfa asi:

Guadzluri!Li, salve.

salve, virgel) excels

que del divino verb

sois madre verdadera.

A Juan Diego dijistek

que como madre tieriia

nos constituia objetos

vuestra piedad inmensa.

Por eso los indianos

en Ia presente guerra

vuestro poder invocan,

vuestros cultos aumentan.

Escuchad compasiva

sus ayes y sus quej.i.

pucs sois su protector:t

liberal, uiel, disc ret,!.

Humildes os pedims

que una paz dur;dera

selle gloriosamente

vuestra dulce clenieici.

Romped, Reina adorable,

romped nuestras cadenas

y enjugad nuestros ojos

con amorosa diestra.

Al Padre siempre demos,

al Hijo, ioh Madre terno

y al Espiritu Santo

alabanzas eternas.

Como el Padre Castafieta habIa caido :JIiion:rc) le ios rezthst;i

en Aculco, ci alcalde de Queretaro, D. Tornás de las Cavadas,

ternió que algo peligroso tuviese la tal salve; y la puso a la censuts

del Padre Fr. Diego Bringas, quien ci S deJuniode 1813 rindiá .

siguiente curioso informc:

La salve que usted me incluye .tienc mucha malicia en el sentido

dc niuchas de sus estrofas, pero con tanta capciosidad, que ]as,

pueden interprctar bien, aunque Ia J)eflt.ltifl1a con dfficultad; yo se

Ia dejaria cantar sin mudar rnás que Ia tercera estrofa, asI:

Por esto ]as Espaflas

en la presente guerra,

vuestro poder in Vocan

contra la Francja hera.


2 Y Ia penultima, asI:

El Castillo de Acapulco 1421

Romped, Reina adorable,

]as irancesas cadenas,

reunid los corazones

que aparta la infidencia.

Y de esta manera se manifestará el sentido deterrninado a un

buen extremo. Dios nos d6 su santa paz é ilustre ]as tinieblas de

tantos ciegos que gulan a otros.

xv

Reflriéndonos ahora a otro asunto, y no debiendo echar en

olvido suceso alguno merecedor de pasar a conocimicnto de mis

lectores, les dire quc ci viernes i i de Junio, y a la edad de novcnta

y un aflos, murió en Mexico tin sacerdote altamente benCfico

liamado D. Manuel Bolca Sanchez de Tagle, prepósito del oratorio

de San Felipe Neri. Aquel apóstol de la caridad fuC hijo dc una de

las mãs distinguidas familias del mineral de Guanajuato, y tanto

esto como sus santas y ejemplares costumbres ic valieron, no 5610

la amistad de toda persona elevada, sino tambiCn su cooperación

para sus obras de beneficencia. Verdadero padre de los menesterosos

y desgraciados, consagró su larga vida a ser para ellos la

providencia, y queriendo salvar de los riesgos de la seclucción a las

jdvcnes pobres quc más expuestas estaban cuanto eran mas hermosas,

fundó el colegio y asilo de La Concepción en la plazuela del

rnismo nornbre, al cual el püblico bien pronto comenzó zi Ilamar

por alusión a su objeto, el tColegio de las bonitas.

Su avanzada edad no Ic permitió ver concluida la fábrica material,

cuyo primer piso y magnfflca escalera dejó concluidas sin

haber hecho uso de otros recursos que las limosnas que con tal fin

recogla: sucedlale muchas veces que al terminar la sernana faltábanle

dineros para pagar las rayas a los operarios, V en este caso

enviábale las cuentas a aiguno de los ricos de la ciudaci, que con

gusto las satisfacia, satisfecho de la buena inversion que al dinero

Sc daba.

Su fallecirniento diO origen a un verdadero duelo publico, y manifestación

fué de 61 el gran concurso que asistid a su entierro,


1422

Episodios His fóricos Mexicanos

que con gran pompa celebraban las comunidades de San Francisco

y San Agustin: sus restos se depositaron en la capilla del l3eato

Sebastian Vaifre, en la casa Profesa de los antiguos jesuitas.

Saben mis lectores, pues se to dije at referirles los sucesos de

Mayo del aflo que nos ocupa, que ci teniente coronet D. Pedro

Monsaive, jefe del batailón cxpedicionario de Lobera, tomó el dIa

3 de aquei mes la población de Huicha pan, cuartel general de los

Viilagranes: uno de ellos, ci C/iito, rnurió el dia 14 fusilado: don

J uliin, padre de Chito, y sobrenombrado ci Viejo, hallzIhase acampado

con sus tropas en ci mineral de Zimapan, y dominaba casi

en lo absoluto toda La Sierra hasta la Huasteca. Monsalve cayd

sobre éi ci dia 3 I de Mayo, y después de en rccio combate, D. Ju.

han se retiró a Ia hacienda de Amajaque, pero Ic hizo traición su

capitán D. Felipe Maya, y Ic entregó at realista Casasola, quien por

orden de Caileja 10 fusiló en la hacienda de Gilita ci 21 de Junio.

Los Villagranes tomaron parte en Ia revoiucidn desde sus principios,

y fu6 su ünica cualidad ci valor que les distinguid constantemente;

por to dcmás, su conducta atroz, sus sanguinarios instintos,

su insolente insubordinacidn, su cruel despotismo, arruinaron Ia

cornarca que fu6 teatro de sus campaflas, é hicieron aborrecible su

mernoria: Rayon y ci Si. Morelos estimaron como una necesidad

urgente destruir a los Villagranes como a Osorno: en carta de 15 de

Enero de 181 3, cscribió ci Sr. Morelos a RayOn to siguiente: cYa

dije a V. E. en mi anterior mi pareccr acerca de los Viliagranes,

y quedo impuesto en la ifltima doctrina de éstos. No hay más que

desparecer a to-, infames por los más mej ores trámites, pero Osorno

no ha de hacer caso, y es nccesario aguardar mejor lance.

En la costa de Sotavento de Veracruz habian ocurrido por aquelbs

dias sucesos que no dejaban dc haber puesto en graves aprietos

at rflagnáflimo y sin par caudillo insurgente D. Nicolás Bravo:

el jefe realista D. Juan Topete, teniente de navIo, encargado de la

defensa de la costa, logrO regularizar ci tránsito dc los convoyes,

y hacer retirarse a los insurgentes, y de esta circunstancia se aprovecharon

los enemigos de D. Nicolás para pedir se let destituyese

del mando: D. Mariano Matamoros y D. Carlos Maria Bustamante

tuvieron la debilidad de apoyar aquella indigna trarna, y dirigieron

una representaciOn at Sr. Morelos pidiendo la destitución de Bravo,

atribuyendo sus reveses a la poca fortuna de D. Nicolás, at odio


El Castillo de Acapulco

rque los costefios le tenIan, y at concepto en que estaban en que

era un traidor. De niodo tat insultaban a su propio caniarada, gbna

y honor de los insurgentes.

La representaciOn no fué atendida ni por ci Sr. Morelos ni pI

Rayon, quien habiendo salido ci 7 de Jun10 dc la Hacienda dc los

Laureles, at tener noticia de que el brigadier insurgentc Cajigas

habia aprehendido at vocal disidente Liceaga, llegO a Puruarán ci

22, y aili tuvo con éi una entrevista y una especie de reconciiiación,

si bien dispuso quc siguiera en arresto.

Persistiendo Calieja en su jropOsito de continuar planteando ci

sistcma constitucional, scñaló ci domingo 4 de Julio, ci lunes y

ci martes siguicntes para ci nornbrarniento de los compromisariol

quc debIan designar los clectores de los diputados por Mexico a

las Cortes espanolas. Volviéronse a repetir Jos tumultos y desOrdenes

que tuvieron lugar at nombrarse ci Ayuntamiento, y ci triunfo

fuC una vez mas de los criollos: triunfaron dc nuevo éstos al nombray

electores: ci dia ii y ci 16 Sc deciarO instalada la Junta electoral

con veintinueve individuos, de los cuales cinco resultaron europeos,

y fueron ior csta circunstancia objeto dc la rechifla dc sus

carnaradas de junta. Verificacla el dia iS la elecciOn de diputados,

nomhráronsc catorce de Cstos, todos elios criollos. Pero Calleja

encontró ci rnodo de nulificar tarnaño triunfo, manifestando a los

clegidos que ci mat estado del erario no be permitia facilitarie

los viáticos y dietas correspondientes, y ninguno dc ellos pudo

entonces salir para su destino, carecienclo como careclan de dcnientos

para hacer ci viaje a sus expcnsas.

Salvo ]as citadas elecciones, todo aquel nies de Julio se paso sin

que en Ci aconteciera cosa cligna de menciOn hasta ci dia 28, en que

D. Nicolzls Bravo vengO ci desastre que habia sufrido ci 20 de

Abril ante ]as fortificacioncs del puerto dc Alvarado, rechazando

at coronet D. Antonio Ccnti y sus realistas, en el asaito quc intentaron

de Ia fuerte posición de San Juan Coscomatepec: álzase la

población de estc nombre sobre un cerro que se levanta entre las

ramjtjcacjones de las bomas de tierras de acarreo del voicán de

Orizava. He aqul cOmo ci mismo D. Nicolás describió la acciOn

que nos ocupa:

Me haliaha en dicho pueblo con cuatrociefliOS cincuenta hornbres,

cuando se me presentó Conti: atacórnc despuCs de haber

•1L_____

1433


$424 Episodios Hisldricos Mexicanos

caldo un recio aguacero, y to hizo con tanta rapidez, que llegó a la

bayoncta: mis soldados se clefendieron COfi los fusiles, dándoies de

garrotazos a los suyos, y aun les echaron lodo en la cara. Logrt

rechazarlo en menos de media hora, y me dejaron porcion de

muertos. Hecho este ataque brusco, todavia quedaron detrás de las

paredes del pueblo y de los árboles, de modo que continuó Ia

acción hasta las tres de la tarde, hora en que se retiraron.

Cargo entonces una dc mis partidas sobre cilos, y con la obscuridad

de la noche, dispersos por aquel barreal, se les tomaron

muchos fusiles, principairnente de los muertos que dejaron, con más

dos cargas de parque, que me vinieron muy bien: por fin entraron

en la viila de Orizava at dIa siguiente bien escarmentados.

No sabiendo los realistas cuáies pudieran ser los propósitos de

D. Ignacio Rayon, de quien no habian vucito a saber después

de su derrota en Tlaipujahua, pero temiendo tratara de trasladat-se

a Ia laguna de Yuriria y fortiticar de nuevo la isla Liceaga, D. AgustIn

Iturbide, que con fruto expedicionaba por la provincia de Guanajuato,

recihiO orden de Calieja para unir sus tropas a las de Ordóñcz

y las de la provincia de Michoacan, y con ellas destruir de

nuevo las fortificaciones de la isla, como asi to ejecutaron ci 6

de Agosto, siendo fusilado en esa expediciOn por ci teniente coronet

Orrantia, segundo de Iturbick, ci brigadier insurgente RubI.

D. Ignacio Rayon, temiendo la proximidad de las fuerzas de

Garcia Conde, salió de Puruarán para. Puruándiro, donde liegO el

9 de Agosto: el 12 hizo fusilar at coronet insurgente Vicente Arias,

queriendo con ello dar un ejemplo de cOmo hablan de ser tratados

los bandidos que desacreditaban at partido revolucionario: de esta

ejecuciOn escribió ci Secretario del Presidente de la Junta en su

diario, to siguiente: cLos excesos, latrocinios y reincidencias de

D. Vicente Arias, que indebidamente obtenla el tItulo de coronet

de los ejércitos nacionales, to condujeron por fin at patibulo, para

que sirva de escarmiento d los que osen corneter iguales atentados.'

En el mismo diario dice con fecha 14 do Agosto to siguiente, que

ti-aslado con ci tin de dar a conocer cOmo Rayon representaha su

papel de Presidente de la Junta y Ministro.— cSe recibiO la noticia

del feliz alumbramiento de la Excma. Sra. Ministra D . Mariana

Martinez, que ha celebrado ci vecindario de Puruániro con ilurninaciOn,

salvas y otras demostraciones de regocijo: dieron a


El Castillo do Acapulco 1425

S. E. los parabienes l os oflciales dc todos los cuerpos, a quienes

correspondió

con ci agrado, duizura y benevolencia que forman ci

- e, carácter tan generalmente de este princip reconocido. En la nothe

se ceiebró haile, a que asistiO S. E., accediendo a la sóplica de

los oficiales; al inmediato dia se celebró misa de gracias a que asis-

7. el Sr. Coniandante general del Norte con el cuerpo de oficia-

. lidad."

KY'

Recordarán nuestros lectores que al final del CapItulo XII dejamos

a la bella Margarita y al enamorado Carlos do Armendáriz

sobrecogidos de temor por la proximidad de alguien que con intcnción

ó sin ella acababa de interrumpir sus dulces, amorosas

pidticas.

Por fortune ci ruido pareció alejarse, se perdió al fin y los novios

reanudaron su convcrsación.

—Qué partido es ese que dies que es necesario

gunto Margarita.

—Voy a decirtelo,—contestó Carlos:—pero antes prométerne que

no te opondrás a éi.

—Segin corno sea.

—;Eso dices?

—Si, Carlos nib: conozco que estds loco por ml y es preciso que

Yo tc vuelva a la razón.

—Ah, Margarita! jVeO que tü no me quieres!

—No quererte yo? lingrato!

—Perdónarne, Margarita, pero qué otra cosa he de pensar,

cuando tfl misma acabas de decirnie que tu padre te ha ordenado

estés dispuesta a casarte esta misma semana con Cris6ba1 y no

quieres aceptar ci plan que para salvarte voy a describirte?

—DIle, pues.

—Escucha: segün crees tü, tu padre D. Antonio Rivas no con-

+ sentirá de buen grado en casarte con migo. ni aun cuando mi tio el

conde de Orizava viniera a pedirle tu mano para mi.

—Es cjerto: aborrece a wdo ci mundo menos a ml v a su primo

Cristóbal.

T0MO 1 179


1426 Epzsodios Historicos .%fexzeanos

—Por lo tanto es indispensable que si queremos casarnos recurramos

a la protccion de la icy.

—Que quieres decir?

—Que es absolutamente necesario que salgas de esta casa.

—Huir vo! iabandonar a mi padre! nunca Carlos,—contestó

con resoiución la loven.

—Margarita, mira bien lo que dices: no es mi ánirno abusar indignamente

de tu credulidad 'i de tu anior: te amo tanto, que sóio

en ci matrimonio estriba mi felicidad.

—l'us palabras, Carlos, me inspiran coniianza; no creo que trates

de perderme, pero tu plan me asusta no sé por qué. Sin embargo

quiero escucharte hasta ci fin: habla, prosigue, te escucho.

—Es neccsario que tü salgas de esta casa, Jo repito.

—Cómo y de qué manera? Huir contigo seria...

—No huirás conmigo.

—Explicate.

—Mi tIa la marquesa de Cervera te esperará cerca de aqul en un

carruale, te acogerá como una madre cariñosa, te conducirá a

palacio y a éi harernos ir a tu padre y allI Ic convencerenios de

que debe consentir en nuestro casamiento.

—;Pero si mi padre no consiente?

—La icy le obligara entonces.

—Oh! no, yo no puedo causarie tamaho disgusto.

—Enconces pretieres casarte con Cristóbal?

—Yo te juro que jarnas seré su csposa: te lo juro por ml mismo

padre, por tI. Carlos mb.

—No comprendes que aun cuando eso sea asi, tu padre se irritará

más y mas, y mucho menos consentirá que te cases conmigo?

—Asi será, no Jo niego; le conozco bien.

—Entonces...

—Carlos mb, te adoro con todo mi corazón y sin embargo tu

plan me asusia.

—Y le rechazas no es cierto?

—No podriamos encontrar otro mejor? -

—Si,—respondió Carlos despechado;—hay otro y ese es el que

yo seguire.

—Carlos, Carlos mb. tu acento. el tono de tus palabras me

asusta; que es lo que piensas?


El Castillo de Acapulco

1427

—Como la vida sin ti. ni la comprendo, ni me serIa soportable...

—Concluye!

—Para qué si tct lo has adivinado?

- Piensas matarte! Ah! iCarlos, tii no me quieres!

—Si to crees que puedo demostrarte mi cariño renunciando a

hacerte mi esposa y viéndote casada con otro, tienes razón; no te

Ljuiero!

—Carlos! qué cruel eres conmigo.

—En carnbio to que piadosa! no es cierto?

—Carlos, me estás volviendo loca de dolor v de pesar!

—Margarita de mi corazOn! periónarne! rpero qué quieres que

haga VO si me siento morir?

—Mira, Carlos mb; yo no soy más que una pobre muchacha

sin experincia y sin ingenio: nada me ocurre para salvar esta Situación,

pero to inventarás otro recurso que nos haga triunfar.

Piensa, Carlos mb; piensa y lo encontrarás.

—No. Margarita; no le hay. Solo dos medios existen para que

un padre consienta en dar en matrimonio sus hijas. 0 ci convencimiento

ó la fuerza. 1Que mayor satisfacción para ml que la de

arreglar esto amigablementc, haciendo a mis tíos ci conde y la

ntarquesa venir a esta casa a pedirle a tu padre tu mano para ml!

( Crees to que tu padre se dejará convencer por elios? Asegiaramelo

y mañana estarán aquI.

—No lo puedo asegurar: al contrario: no me cabe duda que mi

padre ni aun querrá recibir su visita.

—Entonces jqué otro recurso queda?

—No lo sé, Carlos mb, no lo sé.

—Yo sI.

- C uá 1?

—Matar a mi rival ó hacerme matar por el!

—Ah! Carlos! jme estás destrozando el alma!

—(Acaso queda en la rnla un solo pedazo que no esté muerto ya!

—Oh! Ino me hables asi!

—Cómo entonces? No, Margarita, no es una infamia lo que yo

te propongo; no quiero hacerte salir de esta casa sino para hacerte

mi esposa; mi tIa te esperará cerca de aqub, no se apartara de tu

lado y...


1428 Episodios J-Iistóricos Mexicanos

—Carlos, no prosigas; tu plan me asusta; es necesario intentar

otro y ya le tengo.

—Cuá1 es?

—Arrojarnie a los piás de ml padre, revelarie ml arnor por ti y

pedirle su consentimiento para nuestra boda.

—No quiero que me acuses de haberte impedido intentar este

recurso, que sin embargo juzgo intil y contraproducente; habla a

tu padre, pero si se niega, mañana me hare matar por Cristóbal.

—Carlos, perdono tu crueldad, y te mando por nuestro amor

que esperes a que haya yo intentado este recurso.

—Te obedec.er , Margarita, pero no me apartaré de estos rumbos

hasta despues de haber sabido la resolucidn de tu padre.

—Está bien; yo te prorneto que a cualquier hora quc sea te Ia

dare a conocer hoy misrno.

A este punto de su conversación Ilegaban los dos amantes, cumdo

a Margarita se Ilegó ci jardinero diciéndole:

—Nina Margarita, ci amo viene con D. Cristóbai; acabo de verles

dar vuelta al recodo del camino.

—Ya lo oyes,—dijo Margarita a Carlos;—vete.

—Me voy, si; pero en cuanto cierre la noche volvere a este mismo

sitio.

—Está bien; vuelve y espérame, que a cualquier hora que sea yo

vended a decirte Jo que haya sucedido.

XVII

Impaciente y un buen trecho retirado de las tapias de la casa del

Molino, Carlos de Armendáriz espero que la noche acabase de cerrar

a fin de poder acercarse de nuevo a ellas.

Cuando lo hubo conseguido, su impaciencia, lejos de menguar-

Se, fuC creciendo por grados hasta la exaltación.

Los minutos parecianie horas, y no podia explicarse cómo Margarita

tardaba tanto en salir a comunicarle ci resultado dc su entrevista

con D. Antonio. -

Pero inütil esperar; ]as horas transcurrfan y la joven no ilegaba.

Vigilia fuC aquella que se prolongo como una eternidad para

nuestro amante.


-V..

El Castillo de Acapulco

1429

L..ct }.tJaIILnILtc..

- Ar" ada comenz6 i a nunciarse Con tin

vientecillo tan frIo que penetraba los huesos.

Carlos so vió precisado a huscar alguna defensa contra la intemperie,

acogiendose a un abandonado jacal, que, formado con

zacate, no lejos de las tapias se alzaha medio ocu Ito en ire las cañas

de la milpa.

No hacla mucho que en éi hablase abrigado, cuando escuchó

primero pasos y después perceptible rumor de palabras.

Curiosidad invencibie ic hizo prestar atención, y merced a ella

escuchó lo siguiente:

—No hay peligro?

—Ninguno; al menos me parece que ya se ha retirado.

—Quién serla ese hombre?

—No lo sé.

—Tal vez un guarda.

—No lo creas.

—;Por qué?

—Porque nunca jamás ha quedado por la parte de afuera guarda

aiguno.

—Una cosa me ocurre.

—IDila.

—Tertdrá novio la hija de D. Antonio?

—Claro que si it, tiene, y este es ci rnotivo de la rnarcha.

—Entorices no te quepa duda: ci hombre que hemos visto casi

toda la noche al pie de esas tapias, debe haber sido el novio.

—Puede que sI: pero en ese caso, de seguro se ha ido ya; falta

poco para el amanecer, y los novios son como las lechuzas: huyen

A la primera Iuz.

—Mejor para él, porquc te aseguro que Si no se hubiera ido, le

habria yo enviado al otro rnundo.

—Pues segtin parece no habrá necesidad de ello.

—Ms vale asi:—pero dime,—;no sabrá el novio Ins intenciones

de D. Antonio?

—PodrIa jurar quo no las conoce.

—Pero ;qué se propone D. Antonio con este viaje?

—Evitar que la muchacha se le case.

—TenIa. mãs que casarla con D. Cristóbal?

eso querla: pero la muchacha ha dicho que nones.


—( PO r quc.

—Torna! pri lififi a r:i i ha hcti) csta mima

noche; pero 1). Antonio no ha qucrido iii saber su nomhre, y la ha

nandado que estë prcparada a sal ir hov inismo al a nianecer.

peria de casarla mañana ninn rn I). (itHal.

—Y la muchach^i-

-;Qu46 renielio Iclifa

—No Ic habrá avisado al novio

—j 1 mposible!

—Por qué?

—Porque D. Antonio se ha enrerrado con ella en la misma ha-

hitación, i Jr .j ic a Hi cJa U hi ia r"c ii h a Hr iii pci-

sOna aiguna.

—Pero, a if ri. c 11:1 pi.irt a rahir:

—Porque supone jue yu he sido quien favorecia los ainoi'es Jr

su hija, cuando bien sabe Dios que ni sé cómo se llama ci novin

ni jarnás en mi vida le he visto.

—Pero si tal supone, mat hizo en dejarte libre.

—Pero es que no me dejó libre; antes porelconirarh. tile manJ6

encerrar en una habitación que sirve de granero, después de ha-

berme aplicado media docena de garrotazos, iue juro d Dios que

tienen de saline a Ia cara.

—;Cónio entonces te escapaste

—Quitando la reja del ventanillo del granero. cosa quc me fu

fácil, pues la pared es de tepetate.

—Y ii dónde piensa ilevar a su hija'

—No 10 sé, ni me importa, y a ti menus que a nadie; lo que no

interesa saber es, que a la madrugada de ho y saldrá del Molino con

su hija, v sin que nadie le acompañe, pues no quiere que nadir

sepa a dónde Se dirige, a fin de que no le avisen al nOV10 de la niFia.

—Pero en tin, quë es lo quc t6 te propones?

—Ya te lo he dicho: hacer que le salgan a la cara los palos que

me ha dado.

—Matar1e?

—Justo.

—( Pero v su hija

—No pienso hacerle cosa alguna; pero si flOS estorba la mataré

tam biën.


El Castillo de Acapulco

—Pero, segun parece, ;tc has olvidado de la horca?

—No, pero tambitn de ella nos escaparemos.

-;Lo has pensado bien?

—;Acaso tienes miedo?

—( Miedo yo? mal me conoces.

—Pues lo parece.

—P(co has de vivir si no te convences pronto de Jo contrario.

—Allã veremos; pero en fin, lo que irnporta es que me ayudes a

dar el golpe; ya Jo sabes: t6 te lanzas sobre Ia muchacha, La amarras

bien y le tapas La hoca: yo dejo seco a D. Antonio de una punalada

6 de las que se necesiten; montamos en los caballos, que

han de ser buenos; nos apoderanios del saquillo de las onzas de

oro, y mañana IiOS unimos a la primera partida de insurgentes que

encontraremos y all1 que vayan a buscarnos.

Alboreaba apenas la primera luz del dIa. cuando el gran portón

de salida del Molino, seabrió de par en par dandopaso a D. Antonio

y su hija, jinetes ambos en dos magnIficos corceles.

Margarita v su padre, sin que iii un solo hombre les acompañara,

se alejaron bien pronto del Molino y desaparecieron al fin.

Un cuarto de hora después, dos hombres de mala traza, con las

caras cubiertas con unos pañuelos de seda, salieron de UOOS matorrales

y tnarcaton el alto a los viajeros, lanzándosë incontineriti

sobre ellos.

Antes que D. Antonio huhiera podido tomar sus pistolas, uno

de los maihechores Ic derribó del caballo, y vIctima y verdugo rodaron

confundidos en ci polvo.

Aterrada Margarita, soltó las riendas de su corcel, que parrió ininediatamente

desbocado y con violencia tal, que al encontrarse

COIl Carlos de Armendáriz, quc acudla en su auxilio. le dió golpe

tal, que ci joven se viO despedido de su silla y fud a chocar contra

Un árhol, a cuyo pid quedó privado de sentido.

La joven no pudo recoiiocerle, y arrastrada siempre en vertigiriosa

carrera, fué a caer a su vez entre los árboles del bosque de

Chapultepec, lauzada también por su cahallo.

Todo esto tue extraordinariamente rápido. obra de un momento

casi inapreciabic, imposihie de ser descrito con palabras que puedan

dar idea de su brevedad.

Los autores de aquella catastrofe, apenas se distingulan en Lou-

1431


14,32 Episodios Hjstórjos Mexicanos

tananza como dos puntos que niás y más sealejaban entre una iiube

de polvo.

Montaba ci uno el caballo de D. Antonio.

Montaba el otro ci farnoso retinto-golondrino que ya conocen

mis lectores.

Que habIa sido de D. Antonio?

- & J

Atci-rn4a Margarita, soltô las riendas de an corcel,...

iHahrIa quedado muerto, segun bablan sido ]as intenciones de

uno de sus asaltantes?

Lo sabremos si flOS damos el trabajo de seguir a D. Cri,tóbai.

El buen primo de D. Antonio habla permanecido unos instantes

en el portón del Molino, viendo ale jarse a la ingrata Margarita; iba

a retirarse cuando vió salir de entre las cañas de Ia milpa a Un

nete, en cuyo caballo reconoció al retinto-golondrino que dos

tardes antes persiguió en el bosque de Chapultepec.

No sabernos lo que temió; pero es ci caso que hizo ensillar inmediatamente

uno de sus cabalios, y de nuevo Se lanzó en persecución

del desconocido: pero pot muchos esfuerzos que hizo, éste le

Ilevaba una gran delantera y por fin llego a perderle de vista.


El Castillo de Acapulco

1433

Cristóbal continuó avanzando a todo galope, y por fin se encontró

con D. Antonio, tendido en tierra y bañado en su propia sangre.

Se llegó a ái, le registró, y con gozO supremo pudo convencerse

de que D. Antonio vivia.

Ninguna de sus heridas presentaba gravedad alguna.

Miró en torno suyo, pero a nadie descuhriO ni encontróotroobjeto

que una pistola con las iniciales B. del V.

Era una de ]as que a Carlos de Armendãriz habla prestado

nuestro amigo ci ex-comandtnte D. Buenaventura del Valle.

XVII I

POP- Atentos a sucesos de politico interts, renunciemos por ci momento

a seguir los incidentes de las aventuras amorosas de Margarita

y Carlos de Armendáriz, s' demos lectura a la carta que va a

Con tI ti u a ci on:

'Sr. D. Anastasio de Ochoa y Acuña:

Mi bueno y querido hermano:

No habla tenido ocasión hasta boy de dirigirte letraaiguna: pero

en la presente me propongo compensarte mi largo silencio: ante

todo te Jird, que no he podidoencontrar ci consuelo que esperaba:

nada es bastante a distraerme y mi memoria no deja un solo punto

de ocuparse por entero de ml idolatrada Remedios: paréceme que

no puedo respirar en esta atmósfera que ya no es la suva, y ni en

la contemplación del cielo encuentro el encanto de otras veces

desde que së que ya no la cohija nuestro hermoso tirmamento mexicano.

Recibi una carta que D. Alvaro de Cervera rue escribiO

antes de embarcarse en Veracruz; me dice en ella, que su hija Remedios

recobró la alegria y la salud conforme se fué acercando ii

la costa, y que sOlo un pesar la afli zia: ci de que yo sea tan bueno

que no consiga olvidarla. iPor qu6 Dios no me habrá dado voluble

corazOn de niujer!

;Como ha de ser! hagamos a un lado lo que no tiene remedio,

pasemos a comunicarte las nuevas que por estos rumbos han ocurrido:

Ayer jue''es diez y nueve de Agosto del actual, año de mil ocho-

Cientos trece, capituló por tin ci Castillo de Acapulco, después de

TQMO 1

iSo


i34 Episodzos Histó, icos Mexicanos

de un sitio por t odos conceptos memorable; pero no quiero comenzar

por ci fin mi relación y voy a drtela con los mayores detalks

posibles.

El Sr. Morelos saliO, como ya sabes, de Oaxaca, con la lirme

intención de proceder a la terrninaciOn del sitio de Acapulcoy toma

de su castillo. creyendo con ello cumplir las órdeues que, para

apodcrarse de aquel puerto y fortaleza, le dió D. Miguel Hidalgo

al avistarse con ëi en Charo. en principios de la revoluciOn, y asi

se lo escrihió a su intendente Ayala, jefe del campamento del Velade

r o.

La marcha de los mil quinientos hombres del ejército del señor

Morelos estuvo por demäs erizada de diticultades: era ci terreno

escabroso y salvaje; desierto en muchos puntos, el hambre y la

sed afligieron veces mil a aquellos valientes, y extenuados por la

tatiga. en varios parajes se vieron obligados a transportar a brazo

la artilleria; las jornados fucron la mayor parte de urla, tres s CIflCO

leguas las tropas bisoñas desertaron en gran cantidad, y ci señor

Morelos, comprendiendo que se necesitaban en verdad mucho patriotismo

y energia para no desmayaren aquel trance, no consintió

que se persiguiera a los fugitivos.

Las divisiones de D. Hermenegildo Galeana y Matamoros precedieron

en la salida de Oaxaca a la del Sr. Morelos: por disposición

de dste la de Matamoros se situó en Yanhuitlan para atender

a la seguridad de ]as Mixtecas, y en la cuesta de Santa Rosa destaco

a D. Hermenegildo en auxilio de D. Miguel y de D. Victor

Bravo. empeñados a la sazOn con las tropas del comandante Paris,

al cual ci Sr. Morelos hizo retirarse a Acapulco, fingiendo con habilidad

una orden del virey que Paris creyO auténtica. Reuniéronse

en Onietepec las fuerzas insurgentes, y con rnayores dilicultades

cada vez. siguieron por Quetzala, Cruz Grande, Palmar, Caahuatepec

y la Sabana.

El 26 de Marzo, el Sr. Morelos Ilego a ]as cercanias de Acapulco

e inLimO la rendiciOi-i al comandante del castillo, por medio de

on comisjonado Liuc no fué bien recibido: la fuerza de los sitiadores

quedó dividida en tres cuerpos, al mando respectivo de D. Hermenegildo,

del teniente coronel D. Felipe Gonzalez y del denonado

comandante del Veladei-o D. JuIián Avila.

Llamábase ci casteliano de Acapulco D. Pedro Antonio Velez,


El Castillo de .-lcapulco 1433

era un criollo natural de Córdoba, y por más que simpatizaba con

la independencia de su patria, era militar españoihabIa jurado defender

Ia bandera realista, y supo cumplir su deher con fidelidad v

heroismo, merecedores de aiabanza eterna.

El Sr. Morelos intim6 por segunda vez la rendición, y no habiendo

obtenido respuesta dispuso avanzar sobre la plaza ci dIa 6

de Abril, pero una tercera vez repitió su intirnación, a la que VIez

contestó ((que sOlo los cohardes se rendlan sin comhatir.'

—Tiene razón,—observO el Sr. Morelos—amo a mis tropas lo

bastante para desear que sin combatir venciesen, pues asI salvaria

sus vidas, pero la Victoria es tanto rnás gloriosa cuanto mãs valiente

es ci enemigo sobre el cual se obtiene. Bien vale D. Pedro Vélez

las vidas que esta grande empresa va a costarnos.

El gran caudillo diO la orden de romper inmediatamente el fuego

no econon'iizando los disparos de su artilierla, pero si los de los

tusiles: ci dicho dIa 6, los insurgentes se apoderaron de la Casa

fata. irnportante ediiIcio revestido en lo interior con gruesos toblones

de una madera durisima, y por defuera con p•redes de c

y canto; D. Julián Avila fuë ci que tornó la Casa Mata, en tanto

que la division de D. Felipe Gonzalez penetrO herOicarnente en las

prirneras calles de la ciudad.

A partir del 6 de Abril, los ataques fueron diarios y los insurgentes

continuaron ganando terreno sobre Ia ciudad por encima de

la cual aizaha su mole ci castillo, coronado por un circulo de bien

servidos cañones; pero ninguno de éstos causaha a los insurgentes

tanto daño como los cuatro que defendlan ci haluarte ó fortIn del

Hospital, cuyo comandante era ci español D. Pedro Ruvide. El dia

10 quedo ocupada la Caleta, y el 12 la ciudad. recihiendo D. Julidn

Avila en una pierna una herida grave que le obligo a retirarse al

campamento del Veladero, cuya defensa dos años hacia se hailaha

a su cargo. MantenIase aün en el fortIn del hospital D. Pedro de

Ruvide, cuando al anochecer de aquel dia, una circunstancia casual

hizo volar con terrible estruendo dos cajas de parque, volando

una parte del fortIn y envolviendo el resto en inmensa nube de

poivo v humo; sus defensores creyeron la explosion efecto de una

IRma Y se retiraron al castillo de San Diego, siguiéndoles la mayor

pane de los habitantes de la ciudad,que fué saqueada por los insurgentes

sin que lograran los jefes restablecer el orden: Ia muche-


1 436 Eplsodios Hist6ricos Mexwanos

dumbre se apodede gran cantidad de licores embriagantes, y al

cerrar la noche era casi imposible encontrar soldado alguno quc no

estuviese sumido en vergonzosa borrachera. HacIa mucho tienipo

'•

los insurgentes coatinuaron ganando terrenO..

que aCm el agua habla andado escasa en ci campamento insurgente.

El Sr. Morelos recibió un inmenso disgusto con la inconveniente

conducta de sus tropas, y todas sus ventajas hubiéranse perdido si

la guarnicion del castillo se hubiese enterado de la situación del

enemigo y efectuado una salida.

Reducidos los defensores a sOlo el recinto del castillo de San


1.

Diego, ci Sr. Morelos se ocupö con cierto descanso en todas aque.

has obras que Ic aconsejó su natural instinto estratëgico; ci calor

era terrible, y para defender 5 sus tropas de aquel sol mortIfero

rnandó construir grandes enramadas: ]as casas de la ciudad tenian

en su mayor parte techos de paja ó de zacate y fueron incendiadas

en los distintos asaltos; las mãs só!idas lo eran tan poco, que una

tarde una hala disparada del castillo, redujo casi a escombros la

que ci Sr. Morelos habitaba, poniendo en gran peligro al general,

quc quedó cuhierto con Ia sangre de su ayudante. D. Felipe Her-

nández.

Galeana se encargó de cortar ci agua a los realistas, contribu yeri-

do y encargandose de ha dfensa de un fortin que se ilàmó de los

Hornos: ha lInea del cerro se apovaba corno en puntos principales

en los cerros de las Iguanas. el Grñ, los Icacos y ha Candelaria.

El gran caudillo comprendió que entre sus enernigos abundaban

ci valor, Ia constancia y Ia energIa, y si él con solo estas virtudes

pudo hacer ho que en Cuoutia hizo. quë no harlan Jos realistas de

Vëlez protegidos por los fuertes muros del castillo? En consecuen-

cia dispuso que de Oaxaca se trajescn los átiles y herramienta in-

dispcnsahlcs. y cuando los hubo tenido procediO a la construcción

de un camino cubierto, que. atravesando la ciudad. dcbIa terrninar

al pie de los muros de la fortaleza. y a la vez preparo una mina

con ci fin de volarlos v ah;ir brecha.

En estos trabajos se hahlaha cuando se Ic presento la india Doña

Maria Medina, natural de Taxco, al frente de una compañIa insur-

gente, de la cual la Junta de Zitácuaro Ia hhIa nombrado capita-

na, y con ella tornado pane en siete acciones de guerra. El objeto

principal de aquella varonil mujer fuC conocer al Sr. Morelos.,como

asl se lo dijo, añadiendo que ya ningün cuidado le darla la muerte.

pues habla logrado la gloria de conocer a tan denodado carnpeón.

XIX

Ya se cornprende cuán inütiies habian de ser necesaniamente has

disposiciones del Sr. Morelos para estrechar ci cerco del castillo,

mientras Cste pudiera continuar recibiendo. como recibIa. toda

clase de auxilios por la parte de mar, tornándolos de ha isia de la


Epzsodws HztOricos Mexicanos

Roqueta, situada a dos leguas v defendida por una guarnición realista.

Preciso era apoderarse de Ia isla de Ia Roqueta y asI lo propuso

en junta dc guerra el zeniente coronel D. Pedro Irragaray, encar-

gándose del mando de Ia expedición D Pablo Galeana, ayudado por

sit tio D. Hermenegildo v su segundo D. isidoro Montes de Oca.

Designada para esta empresa la noche del miércoles o de Junio,

D. Pablo. no disponiendo sino d una sola canoa. tuvo Lice hacer

cuatro viajes a la isla para poner en ella ochenta hombres, eligien-

do por punto de arribada la pane de la isla de rnãs dificil acceso,

por aizarse en ella un enorme grupo de rocas en corte casi vertical.

Para trepar a su cima fuë preciso formar una especie de hurnana

escalera subidndose unos soldados sobre los hombros de los otros:

de este modo consiguieron penetrar al recinto fortilicalo unos

siete individuos del regimiento de Guadalupe, entre ellos el mismo

D. Pablo. La enipresa fuë tal y tan cornpleta, que la guarnición de

la isla pudo apenas inientar una déhii defensa v quedó prisionera,

pues aunque algunos realistas lograron toniar ]as canoas y huir

hacia el castillo, D. Hernienegildo. situado en la Calera, detuvo a

todos ellos. Esta arrojada acción de D. Pablo puso en poder de

Jos insurgentes la isla de la Roquera, tres cañones, porción de

municiones y viveres, algiTh armamento, una docena de canons y

el pequeño hergantin llamado El Guadalupe.

En dificiles aprietos ponIa a los sitiados la roma de la Roqueta,

v bien pronto hubierori de acabárseies la came y la lena, sindo-

les indispensable par reemplazar la falta de ésta, y una vez consu-

midos los muehies de madera, entregar al fuego las puertas interiores

En estas circunstancias se avistó el bergantin San Carlos,

procedente de San Bias, con ahundante cargamento de viveres v

mu n i c jones.

El Sr. Morelos fgió una carta del comandante Vélez, ordenando

al capitan del San Carlos que atracase a Ia Roqueta; pero ci

capitán descontió instintivam nEc y logro aproximarse al castillo y

coiocarse bajo sus fuegos. Galeana quiso impedirle que descargara

atacándole en canoas durante la noche del o de Julio; pero el capi-

tan se defendjó vaijentemente, y Galeana tuvo que retirarse sin

lograr estorbar la descarga del bergantin, que. cumplida su misión

regresó a San Bias.


- El Cactillo de Acapulco 14314

A la vez las enfermedades comenzaron a tomar cuerpo entre los

sitiadores, y al tin se declaró una peste tal, que ci Sr. Morelos

Ilego a encontrarse sin más gente que la necesaria para Un limitado

servicio. No era mejor Ia situación de los realistas en la primera

quincena de Agosto, y las proposiciones de capituiación, que por

conducto del capitan Mongov Se les hicieron, no fueron mal recibidas.

Si bien exigieron se cornisionase para ellas a un oiIcial de

ma yor graduacion. a lo cual accedió ci Sr. Morelos eriviando al

canónigo Velasco que se hallaba en su camparnento.

Nada se consiguio por el mornento, por haherse tenido noticias

dc que ci general Cruz, Presidente de Guadalajara, aprestaba grandes

auxilios que por mar recibirian los sitiados: creyendo aquello

indetinido el Sr. Morelos peiiso marchar a Chilpancingo. confiando

La continuacion del sitio al brigadier I). Hermenegildo Galeana,

pero habindosele manifestado que todo se perdera si apartaba de

la empresa ci prestigio de su nombre, resoivió permanecer é intento

su ültimo esfuerzo. prendiendo fuego ala mina.

Tornado este partido. se presentó al Sr. Morelos un Lorenzo Lequidano.

fugado del castillo. v oficial primero de la contaduria.

Ic enterO de la miseria v enfermedades de los sitiados, de sus huenas

disposiciones para capitular v de Ia oposiciOn que a ella haclan

los jefes.

El Sr. Morelos determinO aprovechar aqueilas circunstancias, v

de lo que hizo te enter3rá mejor que nada ci siguiente párraio que

copio del borrador de una carta que ci caudillo ha dirigido al gohernador

rniiitar de Oaxaca.

'Estando al concluir la mina para volar el castillo. me acordé

por ültima vez de in huinanidad y caridad practica del prOjirno: sa

bla que en la fortaleza se encerraban más de diez inocentes v quise

rnás bien arriesgar mi tropa que ver la desolación de inocentes y

Culpables. El 17 de Agosto en la noche, determine que ci Sr. mariscal

D. Hermenegildo Gaicana, con una corta divisiOn. ciñera el

Sitio hasta el foso por el [ado de los Hornos, a la derecha del castub,

y al siempre valeroso teniente :oronei D. Felipe Gonzalez

por la izquierda, venciendo tste los grandIsirnos obstáculos de pro

fundos voladeros que caen al mar e rasando ci pie de la rnuraiia y

dominado del fusil y granadas que Ic disparaban en gran nürnero.

Superóse todo, no obstando la oscuridad de in noche. y a pesar de


1440 EpLso.ilos Hislóricos .i-lcxicanos

que el señor mariscal paso por los Hornos dorninado del cañon

de todos sus fuegos, sin rnás muralias que su cuerpo, hasta encon-

trarse ci uno con ci otro v sin rnás novedad que un capitán y un

soldado heridos de baJa de fusil. Esta nunca bien ponderada acción

aterrO tanto al enernigo, que suspendió su fuego dando indicios de

pariarnento que a efecto tenha va trazado, respondiendo con Jos

articulos de su capitulaciOn a la iiltinia intirnaciOn que se le hizi.

En ohsequio de la hurnaiiidad se le adrnitió con pocas moditicacio-

nes en los tërrninos que a decir voy.

xx

Fechada ci 19 de Agosto de i8i3, la capituiación decIa asI:

ARTiCULOS DE LA CAPITULAci6V EN QUE SE HA (:ONVENIDO LA ENTREGA

DE LA FORTALEZA Dl ACAPULCO, ENTRE EL ExcMo. SEoR CAPITAN

GENERAL D. lost, MARIA M0REL0s V EL GORERNADOR DEL CASTILLO,

D. PEDRO ANTONIO VILEZ.

I.' Habrá un perpetuo olvido de cuanto s ha hecho de obra,

palabra ó escrito rciativo a la presente guerra, prohibiëndose seve-

ramente denigrar ó zaherir directa ó indirectainente a ningutio.

a.° Saldrán de la fortaleza los señores Gobernador v demás

oticiales con sus insignias y espadas: formará en ci glacis la tropa

con culatas arriha, donde a la voz del Gobernador echarán arnias a

tierra al frente. en cuya postura se iran a recibir, previniendo que

ci soidado a quien se Ic encontrare un cartucho será pasado por ]as

armas en el instante.

3: Se permitira que cada cual saque su respectivo equipaje, en-

tendida esta voz en su sentido natural, que es decir. ropa de uso,

cama y dinero suiciente para su transporte. en la inteligencia de

que se hard lo posible para proporcionar hagajes, sin comprome-

terse por la escasez que de elios hay.

4.0 Teniendo la Patria un derecho inconcuso para reclamar a

sus hijos, no se dará pasaporie a criollo alguno para que se trasla-

de a pals enemigo: pero si se franqueara a los europeos con todos

los seguros necesarios para no ser per ludicados en los carnparne

tos de su tránsito, designando êstos ci punto donde quieran di 1-


-

El Castillo de Acapulco

girse, y otros a los criollos que quieran salir del puerto a tomar

aires menos infestados.

50 Para que el erario del gobierno europeo satisfaga a sus acreedores

los préstamos que le han hecho y éstos tengan un comprobante

de ellos, se perrnitirá al comisario de guerra ileve los libros

de su cargo y cuentas de tres años a esta parte.

6. 0 Sc permitirá tamhién que del tesoro dicho, ileve el comisario

de guerra, cantidad abundante para La traslacióri de los europeos

a lugar seguro, segán su námero, haciendo antes juramento

de no volver a tornar las armas en favor del partido que han defendUo,

COfl la circunstancia de no detenerse más de lo mu y necesario

después de entregada la fortaleza.

7.11 más del pasaporte que se franqueará a los que salieren, se

librará orden para que en todos Jos lugares por donde se encarninen,

se les rninistren todos los auxilios y socorros necesarios por

SUS justos preciOS.

8. 0 Mañana 20 a las nueve del dIa, se efectuará la ceremonia de

entregar, acordada en ci articulo segundo: desde aquél hasta el 22,

.luedará evacuada de enfermos la fortaleza y aiTeglado todo el interior

de ella, para lo cual iran de ayuda aigunos naturales.

g." Se entregará la fortaleza Integra. segün se halle, con todas

sus piezas de cañon, sin inutilizar ninguna, pOlvora, balas y cuan-

tos pertrechos y municiones contiene, previo inventarlo que fortnará

el comandante accidental de artillerla, quien percibirá reciho

de mi auditor general para dar La dehida satisfacciOn a su gohierno.

to. En los mismos términos se hard exacta descripción de los

vveres y demds renglones depositados en los almacenes, pabellones

y lunetas de diversa pertenencia, especiticando cuáles sean y

sus cons ignaciones. para que con tal ciaridad y recibo del tesorero

del ejército puedan los consignatarios satisfacer a sus dueños y no

se les impute mala versación.

Y para que se efectáen estos tratados con la circunspección y sotidez

que es debida, y este acto entre otros muchos, sea un testi-

.nonio de que Las tropas americanas saben guardar ci derecho de

gentes y tratan con indulgencia a los que se rinden, especialmente

cuando solo en acciOn de guerra usan las armas, lo firmamos en

Acapulco, a 19 de Agosto de 1813.—José Maria Morelos.—Pedro

Antonio Vd1e.

TOMO 1

181

1441


1 44 Episuiios I-f isfóricOs .Wexxcai:os

El dia 20 entrego el gohernador las haves del castillo COfl 407

lushes hahilitados; cincuenta sables: treinta v cinco machetes: ciento

cuarenta y seis lanzas; cincuenta cajones de pOlvora labrada v

en grand; tres alcones surtidos: ochenta piezas de artillerla, calihi e

de cuatro hasta treinta y seis. dos mortei-os. de a doce pulgadas ski

calibre; veinte mil balas de dichos cañones y un grail hotIn de aba.

rrote y iencerIa.

Al presentarse el Sr. Morelos en ci castillo. D. Pedro Antonio

Vélez. sereno como valiente, digno y ahivo cono hombre que tiene

conciencia de haber cui-nplidosu deber, con ci sombrero puesto

y ceñida hi espada, segün para ello he autorizaha la capituiación,

he hizo entrega del bastón de mando. diciëndole:

—uExcmo. Sr.: tengo el honor de poner en manOs de V. E. este

hastón con ci quë he gobernado esta fortaleza, sintiendo en ml corazón

que para su conquista haya sido preciso derramar tanta

sa ogre.

A lo cual el Sr. Morelos contesto, aludiendo a Ia causa insure

me:

—((Por ml no se ha derramado ni una gota.'

ActO continuo la oficialidad de los vencedores y de los vencidos

tornó asiento airededor de la mesa dispuesta para la comida, y a

In hora de los brindis ci Sr. Morelos ho hizo por los defensores del

castillo y por lispaña, añadiendo estas textuales palabras:

— ,, Si: ;vivt ESPASA! PERO EsPASA HERMANA V NO DOMINADOftA DE

AMIhiICA.

La capitulación fue religiosamente cumplida por una y otra parte,

y ci Sr. Morelos dió a los europeos unaescolta hasta dejarlos en

la ribera derecha del Mescala.

Al despedirse de D. Pedro Antonio Vflez, ci general he invitó a

tomar su partido ofreciéndole grados y honores.

Vélez le dió gracias por sus ofrecinlientos .,. protestando su amor

a España rehusó la merced que se Ic hacla.

El Si-. Morelos se acercó entonces a 61 y tocándole con suavidad

ha garganta. le dijo:

—Aqul. Sr. Vélez, darán a V. ci premio los españoles.

El castellano de Acapulco respondió entonces:

—Si tal hiciesen, para elios seria ci baldón: para ml ha glori1e

haber cumphido en un rodo con mi deber.


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El Castillo de Acapulco

1445

—Adios. Sr. Wiez,—exclamó emocionado el general:- 1 Ah! si

todos los españoles fuesen como V...

—Adios, Sr. Morelos,—dijo Vélez a su vez,—si todos los insurgentes

fueran como V...

Arnbos cnemigos tendiéronsc a una los brazos ahiertos y se estrecharon

con entusiasmo y efusión.

Despuës. D. Pedro Vélez diO a su escolta insurgente la voz de

marcha v se alejó del castillo de Acapulco.

xxi

Están ya mis lectores en pieno conocimiento de cuanto por ellos

merece ser sabido en lo referente al sitio y toma del castillo de

Acapulco.

Si tenemos en cuenta que ci Sr. Morelos se presento por La vez

primera ante la dicha plaza el dIa 9 de Noviembre de 1811 y no se

le rindió hasta el to de Agosto de 18 13, podemos decir que ci asedio

duro un año v nueve meses. pues Si bien después de la traición

de Gago. el caudillo se retiró, su intendente D. Julián Avila se

mantuvo en ci camparnento del Veladero siempre en observacidn.

Pero aunque solo nos tijemos como punto de partida para nuestras

cuentas en el dIa 6 de Abril de 18 11 en que Los insurgentes rompieron

ci fuego sobre Acapulco, tendremos que aquel sitio memorable

durO ciento treinta y seis dIas, cifra que basta y sobra para

poner mu- en alto la constancia de vencedores y vencidos.

Calleja tomO muy a mal que D. Pedro Antonio Wlez huhiese capitulado

aiin con las honrosas cláusulas con que lo hizo, y corrió

más de un desaire al desventurado castellano que asi viO cumplido

en parte la predicción que ci Sr. Morelos le hizo al despedirse de éi.

Vëiez pidió que se Ic formase consejo de guerra con ci fin de viiidicarse

y conienzo para él una serie de unfortunios que le redujo

asi como a su familia a la miseria: cuando el consejo de guerra termind

ci proceso con una sentencia honoritica para ci acusado,

D. Pedro Antonio Vëiez hahIa ya muerto agobiado por sus pesares

y pobreza.

A esto se expone quien abraza el difIcil ejercicio de Las armas si

Ia ciega fortuna no toma a su cargo el sacarle siempre triunfante.


1 44 6 Epsodios BJstoricos Mexicancs

Asi to habia dicho varias veces a sus amigos el que nuestro v

hueno to es. Ii Buenaventura del Valle.

Pero es el caso que ni a6n retirándose como hahiase retirado del

ejêrcito ci buen excomandante. dejaba de verse envuelto en graves

complicaciones: bien es verdad que en la ocasión que nos ocupa

no las acciones de guerra Ono sus combates amorosos habIanie lievado

a tat extremo.

Aquel so inocente ernbuste vertido con la sana intención de ha-

cer aborrecjbie la mentira a su novia la herrnosa viuda Rosita,

Convirióse para ëi en famosa bola de nieve.

Recordarán mis lectores quc deseando el ex-comandante juzgar

por Si mismo si D. Antonio Rivas no habla exagerado estimand>

en trescieritos pesos ci daño ocasionado en sus milpas por ci mat-

dito cabailo retinto-goiondrino, determinó irse de madrugada a

Chapuitepec y conocer de un modo práctico ci camino que pasaba

al pie de los ahuehuetes y comenzaha en la alberca que surtIa al

acueducto. Recordarán tambiën que la misma intención de ir de

madrugada at hosque tuvieron Rosa y La rnarquesa, aquella pr

encontrar SUS perdidas cartas y Csta por recobrar so extraviado br:-

zalate.

Como buen mititar que habla sido, D. Buenaventura conservaha

la-costurnbre de despertar y levantarse muy temprano: no falto

aquel dia a su regla y menos podia baherlo hecho cuando desde la

noche anterior contrató un carruaje de aiquiler que a ]as cinco v

media de la mañana se detuvo con toda puntualidad ante Ia pu:a

de so casa.

A las seis, ci ex-.comandante, dejando so carruaje a laentrada dd

bosque, puso ci pie en el famoso camino que pasaba al pie de los

ahuehue-es, y reconociCndole. avanzó acariciado por on fresco

ambiente, que las plaritas y las fibres embaisamahan con aromas

deliciosos.

Q uiza pensaba en so hermosa viuda cuando de sibito percibió

ci ruido de algunos disparos que acerradamente estimó pistoletazos.

Pusose a obvervar de dónde provendrIan y con sorpresa vió yefir

hacia el una jóven que en vano trataba de contener ci desbocado

corcel que montaba.

D. Buenaventura poseia valiente corazón y alma generosa, y sin


El Castillo de Acapulco

darse siquiera cuenta de ello, se lanzó a detener al animal, va bastante

fatigado: pudo lograrlo 'i La jóven se dejó caer en sus brazos

muds de espanto y de terror.

- CahalLero, por piedad,—diio,—sái veme usted, sálveme por

piedad!

—Dc quiën.señorita?—preguntó asombrado D. Buenaventura,

—ide quién O de quë?

—Lo ignoro, caballero, lo ignoro: pero sálveme V.

—Señorita, cálmese V. se lo ruego: juro dar a V. la protección

que inc pide. pero por todos Los santos, tranquilIcese V. y dIgame

qué peligro la amenaza.

—AsI in hare, caballero, asi lo hare; pero ante todo, tiene V. inconveniente

en decirme su nombre? A nadie conozco, pero quizá

el cielo quiera que V. sea amigo de mi padre y que yo haya oldo

alguna vcz pronunciar su nombre.

—Señorita, mi nombre, que es ci de un servidor de V., es Buenaventura

del Valle.

—;Cielos!—exclamo la jóven,—luego V. es ci amigo de quien

tanta veces me ha hablado.

—;QuiCn, señorita. quiCn ha habiado a V. de nil?

—D. Carlos de Armendáriz, sobrino del conde de Orizava.

--El mismo so y , senorita, a las órdenes de V.

—Oh! ;gracias. gracias Dios mIo!—exclamó la joven—y como Si

sOlo bubiese aguardado a reconocer un amigo en su salvador para

sucumbir a la emoción que Ia embargaba, la joven vacilO sobre si

misma v ca yó presa de un terrible accidente.

Alil fueron los apuros del ex-comandante.

Que harla con aquella joven?

,Quien serIa ella?

DOnde encontrar a sus parientes a fin de quele ayudasen áatenderl

a?

El accidente corninuaba más espantoso cada vez.

D. Buenaventura acabó por pedir auxilio ávoces gritando desesperajaniente.

Nadie Ic cscuchó. a nadie pudo descubrir.

La desgraciada joven en-ipeoraba más y niás. -

Al tin se decidiO a tomaria en sus brains v conducirla a SU Carruaje.


448

Episodios Histur: oS Mexicaios

Tuvo miedo de que se le rnuriese y dió orden al c ochero para

volver precitadamente en busca de un medico.

De este modo entró en la capital y casi sin saber to que hacIa,

instaló a La joven en su propia casa y en el lecho destinado a su

próxima esposa, la hella viudita.

Hizo venir inmediatarnente un medico que estimó como rnuv

grave ci accidente de la desconocida: D. Buenaventura no pudo

separarse de ella, envió un recado a casa de la marquesa, suplicán-

dole acudiese en su auxilio, pero ci criado regresó diciendo que la

marquesa no se hallaba en su palacio.

D. Buenaventura llego a desesperarse pero no Ic fuC posible de-

jar a la infeliz enferma hasta muy pasado ci mediodla.

Salió de su casa y se dirigio a la del conde; en ella supo que ci

conde acababa de dejarla yendo en husca de la marquesa, que no

habia regresado a su paiacio, asI como tampoco su amiga Rosa:

fuC después a ver a D. Sóstenes pero tampoco le halló ni pudo sa-

ber de D. 2 Beatriz Gertrudis ni de D. Martin, ni del mismo don

Cleofás Madana. Aquel dIa se le ocurrió a todo ci mundo no en-

contrarse en su casa.

A la suya volviô D. Buenaventura y alli permaneció todo ci dia

sin quc ni La joven volviese en si. ni ninguno de sus amigos pare-

ciese.

He aqul lo que habIa sucedido:

Rosa y la marquesa habIanse ido a Chapultepec en husca de 1a

carras y brazalete perdidos: después de haber con supremo gozo

encontrado dichos objetos, se disponian a regrcsar, cuando aperci-

bieron dos indios que en una camilla improvisada, conducIan Un

hombre cadaver at parecer

Las dos amigas reconocieron en Cl a Carlos de Armendáriz v

esto diô lugar a una escena que juzgo innecesarlo describir, pues

fácilmente se la imaginarán mis lectores.

Rosa y Ia marquesa, menos aturdidas que D. Buenaventura, hi-

cieron conducir a Carlos a una casa de Tacubaya, y desde luego

procedieron a su primera curación, auxiliadas por dos medicos.

Carlos renla una ligera herida en la cabeza, pero por ella habla

perdido mucha sangre y se encontraba privado en un todo de sen-

tido.

Cuando pudieron hacerlo. mandaron avisar at conde to ocurri-


El Castillo de Acapulco 1444

do: éste lo comunicó a D. Sóstenes y a sus hijos N, ellos se

irasladaron a Tacuhaya, con excepciOn de D. Martin Cabrera, a

quien asuntos urgentIsimos obligaron a quedar en Mexico.

Cuando D. Martin se disponia tambiCn C marchar al lado de sus

...conducian un hombre cadaver al pareccr.

amigos. un caballero le dezuvo. El yerno de D. Sóstenes le reco-

OC j6 inmediatamente y tendiéndoie los brazos. exclamó:

—iD. Cristóbal' amigo mb, tambien usted por Mexico, está

ViSto al tin se ban decidido ustedes a dejar su voluntario destierro

Era en efecto D. Cristóbal, ci primo de D. Antonio Rivas.

Que le conducfa a Mexico?

Vainos a saberlo.

ToM, I 182


1450

Episodios !-I:sfOricos Mexicanos

XXII

Represéntense mis lectores la sorpresa que D. Martin recibiria

al oir decir a D. Cristóbal.

—Amigo licenciado, si ya ha descubierto usted al infame caba-

ilerito contra el cual vino a quearse ml desventurado primo An-

tonio, comunIquemelo al instante para darme la satisfacción de

saltarle la tapa de los sesos.

—Pero vamos a ver, amigo D. Cristóbal, Jquë les ha pasado a

ustedes que tan irritado se muestra?

—Hemos sido victimas de un atroz atropello, de un verdadero

crimen.

—Expliquese uted.

—Segün yo me lo hahIa iIgurado, el tal jinete del cahallo retin-

to-golondrino no se Ilegaba a las tapias de nuestra casa por el solo

gusto de destrozar mis milpas.

—Por qué entonces?

—Ese hombre tenia la intención de seducir a la hija de Anto-

nio, y hoy ha Ilevado a cabo su infame plan y verificado el rapto.

El rapto de quién?

—De quién ha de ser, hornbre, de quién ha de ser? de Margari-

ta, de la hija de Antonio Rivas.

D. Martin se encontraba erivuelto en un mar de confusiones; le

parecla imposible que a sus años tales aventuras corriese el ex-co-

mandante.

—Pero está usted seguro.—preguntO a Cristóbal,—de que el

individuo que ha verificado el rapto sea el mismo que destrozó la

milpa?

—Segurisimo, lo mismo que en el dIa anterior montaba esta ma-

ñana el caballo retinto-golondrino.

—Pero...

—En fin, amigo licenciado, lo que ahora me imporra es saber si

usted ha dado ya con el individuo en cuestiOn.

—Si, señor, y tanto que tengo ya en mi poder los trescientos pe-

sos que D. Antonio ha reclamado.

0


P!'_ —Pero. su nombre, ;cuai es su nombre, cuáies las señas de su

El Castillo de Acapulco 1451

casa?

1. —Me es imposible decirselo a usted.

—Por que

—Porque he jurado no descubrirle y ustedes no tienen derecho

a exigir cosa alguna desde el instante en que, como lo rep ito, me

ha entregado los consabidos trescientos pesos.

—Pero no le dicho a usted que boy mismo se ha apoderado

de Margarita?

— j Imposible!

—Repito a usted que yo mismo Ic reconoci esta mañana.

—Repito a mi vez que es imposible.

—Podré saber por qué lo cree usted asi?

—Si. señor; la persona contra la cual se quejan ustedes, es un

hombre formal, de buena posición y de edad bastante para no andar

mezclado en aventuras de esa especie; sin pruebas que valgan

mas que el testimonlo de ui-i hombre que como usted puede. con

la mejor intención haberse equivocado. no debo yo molestarle.

Tiene usted esas pruebas?

—Si, señor, las tengo.

—Cuáles son?

—Esta pistola con sus iniciales que encontré en el mismo lugar

de su crirnen. -

Al decir esto D. Cristóbal presentó a D. Martin una de las pistolas

que, coma sabemos, D. Buenaventura habIa prestado a Carlos

de Armendáriz.

D. Mar-tin reconoció la pistola y sobre todo ieyó grabada en ella

las iniciales B. del V.

No pudo caberle duda; U. Buenaventura era ci raptor de Margarita.

Cristóbal Ic cnteró de las circunstancias en que se habia verificado

el rapto.

—Dice usted que el criminal no iba solo?

—No iba solo. le acompañaron dos hombres de mala traza,

los cuales se arrojaron sobre Antonio, quien no pudo reconocerlos.

—Pero el individuo del caballo retinto.golondrino...

—Antonio no le vio en el instante del asalto, pero yo le vi salir


1pzsod:os HjsIOr,cos idexicanos

de entre las milpas poco despus de haber dejado el molino Anto-

nio y su hija.

—Pero cuando usted lIcgô al lugar de la catAstrofe no estaha

por alli?

—No; pero aunque distame reconoci en ci caballo de uno de los

fugitivos salteadores, al retinto-golondrino de la antigua cuadra de

Lailson. A propOsito: Jo mejor será que nos lleguenios a la tal cua-

dra y preguntemos el nornbre del que In alquulo...

—Se lo prohibo a usred terrninanremente. si acaso desea que )'O

continue encargado de este asunto.

—Pero...

—No admito observación y en canibio juro a usted que el pre-

sunto criminal, dará a ustedes todas las satisfacciones quc tienen

dei-echo a exigir. ó esta misma tarde le mew en la cãrcel si alguna

resistencia opone.

—Sea como usted lo quiere, amigo D. Martin; mi primo Anto-

nio me ha exigido que me someta en un todo a las instrucciones

que usted se sirva darme.

—Estimo en Jo que vale esa prueha de conf-ianza. y aseguro a

usted que me mostraré digno de ella.

—Deho quedarme en la capital?

—No. amigo D. Cristóbal: regrese usted al morriento y confle

en ml.

—Asi lo hare; la verdad es que deseo volver al lado de Antonio.

—Son graves sus heridas?

—Afortunadamente no: todas son a cual más leve y mañana po-

drá venir dl mismo a la ciudad. Su rnás fuerte dolor se Jo causa ci

verse separado tan infamemente de su hija.

—Prometo a usted que no tardará mucho en veria de nuevo en

sus brazos.

—Indigna es de ellos.

—D. Cristóbal, qué dice usted?

raptor.

no me cabe duda: Margarita estaba de acuerdo con su

—La juzga usted mal, D. Cristóbal; es imposible que ina hija se

ponga de acuerdo con tin hombre capaz de atentar contra la vidzi

de su propio padre.

—Ojalá sea asi; y no Jo desco por ml, que no solo ya no la amo,


El Castillo de Acapulco 1453

siflo que la odjo v detesto; pero Antonio es su padre al fin, y

Ia adora con todo su corazón.

—Dios quiera que todo se remedie.

—Al menos podremos castigar a los culpables.

—Eso corre por mi cuenta.

—Dejo a usted, pues, y vuelvo al molino.

—Vaya ustcd con Dios, D. Cristóhal.

—Hasta lo rnás pronto posible, amigo licenciado.

D. Cristóbal se alejó y D. Martin permanecio largo rato inmóvil

como una estatua.

Por tin. tomó su partido v se dirigio a la casa de D. Buenaventura.

Eran las cinco de la tarde.

Al ver entrar a su amigo ci excomandante le tendió los brazos

cx cia man do:

—Gracias a Dios que con alguno de ustedes me encuentro.

—Caballero, apartese usted de mi!—respondió D. Martin, rechazándole.

El asorribro de D. Buenaventura fué extraordinario.

—Qué significa este tono?—pregu ntó.

—Signitica que de hoy más es usted indigno de cruzar su mano

con la de un hombre honrado.

- —Pero está usted loco, señor D. Martin.

—No yo sino usted es quien hoy ha dado pruebas de ser un demente.

.L Pero quë falta de respeto a ml persona es esta?

—D. Buenaventura, no nos divaguernos: dónde ha estado usted

esta mañana?

—En Chapultepec, y por cierto que alli me ha acontecido el más

estrán-ihotjco suceso...

—L1ama usted estrambótico a su detestable crimen?

—Pero D. Martin hab1a usted conmigo?

—Con quiën si no?

—Jur() ii usted que me asusta v confunde ese tono.

—Tiene usted razón para asustarse y confundirse.

—jDios mb! ha pasado quizás algo grave?

—Muy grave, señor Ventura, y lo 1IorarI usted toda su vjda.

—Cielos! ha muerto Rosa...


1454 Episodios Históricos Mexicanos

— j Para usted si, infame!

—Eh! L cabaflerito! iPoco a poco! Si una nueva palabra malso-

nante vuelve a salir de los labios de usted, sabre dare una lección

que le pese!—exclamó D. Buenaventura en ci colmo de la indigna-

ción.

XXIII

Resiento grande pena al decirlo, pero, ic6mo ha de ser debo

dcci rio.

En tanto que la dilatada empresa de La toma del castillo de Aca-

pulco mantenia en un extrerno del pals al Sr. Morelos, siempre

con honra de la nación, los miembros de la Junta de Zitácuaro

desacreditaban la causa insurgente con el escándalo de sus enemis-

tades y renciilas.

Si bien todos ellos acudlan en consuita al gran caudillo, ëste

procuro no rnezciarse en tan anti-patrioticas desazonés, las cuales.

segán escrihió a Rayon, hablan producido general disgusto y afli-

gidoic a ëi en lo particular, puesto que ocupado en sus erupresas

generosas, ningán remedio acertaba a poner.

Pero como estas diferencias continuaron, determinó, aun antes

de que concluyese ci sitio, convocar a una reunion que deberia Ce-

lebrarse en Chilpancingo, a los miembros de la Junta, a los cuales

se asociarla otro quinto vocal, que dió orden fuese ciegido en

Oaxaca en atención a la importancia de aquclia provincia.

No mereció esta medida que D. Ignacio Rayon la aprobara, por-

que, segOn parece, creyo que en sus facultades corno Presidente y

no en las del Sr. Morelos, que no era mãs de cuarto vocal, estaba

ci tomar tales determinaciones: el caudillo, desen tend iéndose de su

oposición y en obvio de evitar mayores peligros, expidió una con-

vocatoria para la elección de diputados a un Congreso ciue se

reunirla en Chilpancingo el 8 de Setiembre, dIa de la Natividad de

Nuestra Señora. Este Congreso debla resolver el nombramiento

que de un generalIsimo encargado del Poder Ejecutivo. harian los

oficiales superiores, de coronet en adelante: este generalIsimo debla

elegirse precisamente entre los cuatro prirneros miembros de

la Junta.


El Castillo de Acapulco 1455

Rayon desaprobó con energia ma yor cada vez este proyecto del

Sr. Morelos, y agrias contestaciones se cambiaron entre uno y

otro; aquél acusó at general de usurpar facultades que no le corn-

- -

—jCaballero, aprtesc V. tic ml!

petlan, y expresó que sus planes debIan rechazarse por imprudentes

é Regales; el Sr. Morelos le respondiO con fecha 5 de Agosto

que, so pretexto de salvar a la patria, buscaba solo su perdición

atando de manos a quienes pretendian salvarla: asegurabale que el

Congreso se reuniria irrernisiblemente en el dIa señalado, y que


1456 Lprso lbs Hist6ricos Mezcano I

tuviese en cuenta que Sn afAn de atacar y destruir [a Junta habla

sido causa de los descalabros sufridos en distintos rumbos por las

tropas insurgentes: atirmaba. por Ultimo, que ninguna ambiciosa

mira le impuisaha. y menos aOn privar a persona alguna de sus

derechos, añadiendo: no me dejarë ultrajar por nadie, ni seré in-

justo invasor de mis conciudadanos.

Rayon, que en estos sucesos anduvo por demás injusto y ligero,

hizo cuanto se hallO A su alcance para impedir. ó al rnenos retar-

dar, la instalación del Congreso, ya poniendo obstáculos a dejar

en libertad a Liceaga, a quien mantenla preso, ya retardando su

Ida a Chilpancingo, ya recurriendo a la supercheria de remitir,

como por olvido, sin firma su oficio de adhesion a la convocatoria.

Pero no era ci Sr. Morelos hombre capazde retroceder ante ohs

táculo alguno en la tarea de honrar y salvar a La patria, y asI fue

que tertninado el sitio de Acapulco, se trasladó a Chilpancingo:

cuarro dias esperó aOn a Rayon, v come, se supiese que aUn no se

habia puesto en camino. designó ci lunes 13 de Setiembre pars la

elecciOn de un diputado por in proviricia de Tecpan, resultando

nombrado ci vicario general del ejército. Lie. D. José Manuel He-

rrera.

Al dia siguiente reunió ci Sr. Morelos en la parroquia de Chil-

pancingo, a los electores de In provincia del Tecpan, a los diputa-

dos por ësta y Oaxaca, a toda La oficialidad v a los principales ye-

cmos, y con breves y persuasivas palabras les expuso la urgente

necesidad quc habia de reemplazar La antigua Junta con un Poder

más general y capaz de atender a ]as necesidades y salvación de Ia

patria, y concluyO leyendo la siguiente lista de diputados forrnada

por 61 niismo:

Prop ietarios

Lie. D. Ignacio Ra yon, por la provincia de Guadalajara.

Dr. D. José Sixto Verdusco, por Ia de Michoacán..

D. José Maria Liceaga, por In de Guanajuato.

Szplentes inientras fuesen nomb,-ados los pro,pietarios

Lie. D. Carlos Maria Bustamante. por Mexico.

Dr. D. José Maria Cos, por la provincin de Veracruz.


El Castillo de Acapulco

L. D. Andrés Quintana Roo, por la de Puebla.

D. Cornelio Ortiz de Zárate, por la de Tlaxcala.

Dipz€ tados e legidos segthn Co nvoca for ia

D. José Maria MurguIa y Galardi, por Oaxaca.

Lic. D. JOSé Manuel de Herrera, por Tecpan.

Secretario

D. Carlos Enriquez del Castillo.

Acto continuo se declard instalado el Congreso, levantdndose el

acta corresporidiente, que se rnandó imprimir y circular a todo el

reino.

El Sr. Morelos hjzo leer a su secretarin Rosains un docurnento

que tituló: Senti1nientos de la nacion, especie de prograrna politico

lieno de ideas generosas y levantadas, eco tiel de su sincero patriotismo:

en dl proponla se declarase que (cia America era libre é

iridependiente de España '' de toda otra nación, gobierno ó monarqula:

la religion catOlica, ánica y sin tolerancia de otra alguna;

que la soberanIa dimana directarnente del pueblo y reside en sus

tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial: que la esciavitud, distincióri

de castas y penas infamantes quedaban aholidas para siempre,

lo mismo que la alcabala, los estancos v el trihuto.m

XXIV

Aunque Cnica v sola, el programa del Sr. Morelos contenIa una

fatal y enorme injusticia. En una de sus cláusulas se acordaba la

expulsiOn general de españoles y confiscaciOn de sus bienes, que

serian administrados por y en provecho de la nación.

A tal grado llegO el mal efecto que su opiniOn sobre este punto

hizo en todo el pals, que a ella en gran parte debió el gran caudi-

Ilo que desde entonces comenzara a palidecer su estrella, que ya no

volverla a recobrar su antiguo y luciente brillo.

En nuestro pals han sido casi siempre decisivas las primeras impresiones.

El papel del Sr. Morelos contenla la siguiente grandiosa apre-

To)o 1 183

1457


1458 Eptsoi.os Hzsróricos Mexicanos

ciación de las leves, digna de ser grahadu con letras de oro en la

puerta de nuestros palacios legislativos:

eComo la buena ley es superior a tod&, hombre, las que dicte

nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a la constancia y

patriotisnio, moderen la opulencia y hi indigencia. y de tal suerte

se auniente ci jornal del pobre, que mejore sus costumbres, aleje

Ia ignorancia, la rapiña y el hurto.

Reorganizada del modo que acaba de decirse la antigua Junta de

Zitacuaro, ë instalado ci primer Congreso Nacional Mexicano el

dia 14 de Setiembre de 180, bajo Ia presidencia de Verdusco, se

procedió al siguiente dIa 15 al nombramiento de generalIsimo en-

cargado del Poder Ejecutivo.

Corriendo Ia elección, segin ci i-eglamento formado por ci cau-

dub, a cargo de los oficiales superiores del ejército, no puede

asombrarnos que ci elegido lo fuera ci Sr. Morelos, objeto digno

de la idolatrIa de sus soldados. honor del alzamiento insurgente,

héroe de cien victorias y regenerador de los primeros poderes na-

cionales.

Al comunicárselo ci Congreso y exigirle prestase ci juramento,

ci caudillo deciinó Ia horira que se Ic hacIa y presentó respetuosa-

mente su renuncia, considerando ci cargo superior a sus fuerzas

capacidad.

Al enterarse de la renuncia, Verdusco opino, v asI lo dijo, que

siendo la humildad caractcrIstica del caudillo el solo rnóvil de su

renuncia, no podia ni debla admitIrsele.

Quintana Roo, amigo muy especial de D. Ignacio Rayon, quiso

aprovechar ci sucso en pro y beneticio del antiguo Presidente, y

manifesto que ci Congreso no podia resolver sin maduro examen

si debia ó no debia admitir Ia renuncia: sus palabras fueron sofo-

cadas por la indignaciOn de la inmensa mayoria, y las voces de

patriotico entusiasmo de los miiitares y pueblo que invadlan el re-

cinto del templo parroquial en que se verificaban las sesiones. El

Dr. Vebasco fuë quien tomO en tales instantes la voz del pueblo

del ejército pidiendo se obligase al Sr. Morelos a admitir ci em-

pieo en ci acto y sin excusa alguna.

Convinose en que se Ic diesen al Congrcso dos horas para deli-

herar, y al cabo de ellas su secretario ieyó un decrçto, quc exami-

nando el curso de aquci accidente, concluIa por decir: aque ci pu


El (astidlu de A apu10 I 49

blico cedla con gusto a las aclamaciones del pueblo declarando

inadmisibie Ia renuncia, y cjue en uso de sus facultades soberanas,

compella al Sr. Morelos a la pronta adtnisión del empleo,

reconociendo en él al primer jefe militar, en quien quedaba depositado

el ramo ejecutivo de la adniinistración piablica, reservándo-.

se el derecho de determinar ci tratamiento que habrIa de dársele.

El Sr. Morelos, sacado en triunfo de la sacristIa a donde habia-

1,

v4 F--

...... El Sr. Mordos, acado en triunk...

se retirado, contestó que adn-iitfa ci empleo con las cuatro siguientes

condjcjones:

10 Que en caso de que viniesen tropas auxiliares de alguna

potencja, no habIan de pasar al lugar de residencia del Congreso.

a Que por su muerte recaerIa el mando en el militar de más

aita graduacion mientras Se procediese nuevas elecciones.

34

Que no le negarIa el Congreso los auxilios de dinero v

gente que pudiera necesitar, ni consentira clases privilegiadas para

exjmjrse del

a

servicio.

4a Que aunque acaeciese la muerte del GeneralIsimo, se habla

de mantener Ia unidad del ejërcito y de los habitantes, recono-

Cjéndose las autoridades establecjdas.0


46o Episodios Históricos Mexicanos

Ohsequiadas por el Congreso estas cuatro condiciones del caudub,

admitió el empleo entre los vItores y aclamaciones de la

multitud ébria de gozo, y presto el juramento de adefender a costa

de su sangre la religion catOlica, la pureza de Maria Santisima, los

derechos de la nación americana v descmpeñar to mejor que pudiese

el empleo quc la naciOn se hahIa servido conferirle.

El secretario Rosains presto un juramento semejante, y a propuesta

del Sr. Moelos, el acto term mo cantándose un solemne Te

Deum en acciOn de gracias at Sér Supremo y en solicitud de su

proteccion y ayuda para el ma yor acierto.

xxv

Reformadas asI las incipiernes instituciones nacionales, el Congreso

se ocupo en tomar las disposiciones que estimó oportunas a

su mejor regimen interior.

Por una de ellas acordó se le these el tratamiento de Majestad,

y el de Excelencia a todos y cada uno de sus miembros.

Se asignó a los diputados un sueldo anual de seis mil pesos, y

una duraciOn en su encargo de cuatro años, renovándose por turno

los más antiguos.

El diputado por Oaxaca, D. José Maria Murguia y Galardi, fué

nombrado presidente, y el suplente por Puebla, D. Andrés Quintana

Roo, vicepresidente; secretarios D. Cornelio Ortiz de Zárate

y D. Carbos Enriquez del Castillo.

Después se dieron a conocer al pObtico y por bando las siguientes

d.isposiciones:

uLas sesiones del Congreso serán publicas.

DSu principio a las ocho de la mañana en verano y a las nueve

en invierno.

" Los diputados deberán reunirse al toque de la campana de la

parroquia de Chilpancingo.

))El pueblo podra ejercer libremente el derecho de peticiOn, haciéndolo

por escrito y por conducto de los secretarios del Congreso.

Un decreto del Generailsimo d.claró separados del mando a los

antiguos vocales de la Junta de Zitácuaro, si bien deblan conservar


-

El Castillo de Acapulco

los honores de capitanes generales, pero sin sueldo, puesto jue ya

disfrutaban de dl como miembros del Congreso.

Muhiz fué nombrado comandante general de las 1 rovincias de

Guanajuato v Michoacan, y asI se le comunicó a Rayon para que

le entregase el mando y le these a reconocer como tal.

El Congreso, en uso de las facultades que se habia reservado, y

considerando que al tratamiento de Majestad que dl habIa tornado,

segula el de


462 Episodios Hist(jricos Mexicanos

XXVI

Indignado contra D. Martin dejamos al tin del capItulo XXII a

nuestro buen amigo D. Buenaventura.

El caso no era para rnenos. El, un bravo militar, encanecido en

los padecimientos contraldos en Is campaña, hzibia sido ilamado

in fa me.

Lo más curioso, lo que mds le sorprendió, fué que, lejos de in-

timidarse I). Martin ante Is irritada actitud del ex-co mandante, sus

inexplicables denuestos redoblaron en violencia.

En el paroxismo de Is ira iba a arrojarse sobre el yerno de don

Sóstenes de Pantoja, cuand éste se presentó en la puerta de la habitaciôn

acornpañadodesuesposa D. 4 Beatriz Gercrudis, yde Rosa.

Las explicaciones que mediaron fueron horribles pars. D. Buenaventura.

Exasperado D. Martin rompió los diques a su lengua y acusó al

ex-comandante de haber robado y seducido a la hija de un amigo

suyo que no quiso nombrar, diz quc por respeto a su deshonra.

Si Is educación no se lo hubiese prohibido, Rosa, su prometida,

le habria arrancajo los ojos.

Nuestro desventurado héroe no pudo, por més que hizo, meter

baza en aquella tempestad de denuestos que sobre éI hicieron caci

D. Martin, D. Sóstenes y Is desengañada Rosa.

Cuando pudo hacerlo nego y negó a pies juntillas; pero un nuevo

lance sobrevino, y tue que la puerta de Is recámara de D. Buen-

aventura se abrió de pronto dando paso a Is bells Margarita.qde

con general sorpresa se arrojó en brazos del ex-cornandante, diciCndole

con acento de profundo terror.

—Caballero, por piedad, sálveme usted. Al volver de mi desma-

yo me asomC a Is ventana de esa habitación, procurando darme

cuerita del lugar en que me hallo, y en Is acera de enfrente distingui

a mi tio Cristóbal, quien al verme me lanzó una mirada de te-

rrible amenaza e inmediatamente después penetró en ci zaguán dc

esta casa.

No acababa Is joven de decir esto, cuando Cristóbal penetro efec-

tivamente en Is habitación; al distinguir a Margarita en brazos de


W,. El Castillo de Acapulco 1463

1). Buenaventura, se lanzó contra éste y oprirniCndole el cuello con

ambas manos, habriale ahogado si en su auxilio no hubieran acudido

D. Sóstenes y D. Martin.

—Caballero,—se apresuró a decir Rosa con voz tirme y resuelta;—nada

de violencias: el raptor de su sobrina de usted no quedará

impune mañana mismo dará a esta señorita la mano de esposo.

Lo oye usted, D. Buenaventura? Lo mando, lo exijo en justa repa.

ración del agravio que resiento; cäsese usted cot esa señorita.

Nueva confusion sobrevino cuando Rosa dede hablar. pues

D. CristObai juraba que primero matarIa a su sobrina, ésta se negaba

a dar su mano a D. Buenaventura, quien hacla cargos por no

habérsele dejado hablar A D. Martin. ci cual en vano procuraba

obligar a respetar la casa ajena a D. CristObai, que hecho Un energümeno

atropelió a D. Sóstenes, haciCndole caer sobre D.' Beatriz

Gertrudis, que a su vez, estuvo a punto de arrastrar tras de si a La

pobre Rosa.

Nunca hubiese acabado aquello si en tal punto C instante no hubieran

aumentado con su entrada ci ntimero de los actores. la marquesa,

ci conde, D. CleofAs y ci mismo Carlos ArmendAriz, yendada

aun La herida de la cabeza, pero repuesto y marchando por su

propio pie.

Por intervenciOn del novio de Margarita todo pudo explicarse.

pues Carlos refirió punto por punto wdos los sucesos que ya mis

lectores conocen.

Para mejor arreglo de todo, D. Antonio. intranquilo como era

natural que lo estuviese por su hija, logrO despuCs de mil vueltas y

rodeos ir tambiCn a dar a la casa de D. Buenaventura, y padre al

fin, accedió a las süpiicas de todos y concedió a Carlos la mano de

Margarita, lo cuai ohligo a Cristobal A retirarse por demas cotrido.

—Pero vamos Aver,—preguntO Rosa dirigiCndose a D. Buenaventura,_..quiere

usted explicarrne cOrno y por qué circunstancia

llcgO a verse envuelto en este intrincado iaberinto.

D. Buenaventura, sacando fuerzas de flaqueza, se resolvió a descubrir

en toda su desnudez la verdadera historia de su mentjra. basada

en la ocurrencia de haber asegurado falsamente haber montado

A caballo ci dIa en que no encontró a Rosa en casa de la marquesa.

—Pero por qué fuC ese capricho?—preguntó Rosa.


1464 Episodios h'istOricos Mexicanos

—Quise demostrar a usted que nada era tan fdcil corno lanzar

una ruentira y obligar a todos a creerla.

—Esdecir,—observó maliciosamente D. Cleofás,—que quiso us-

ted robar a la mujer su patrimonio?

Todas las señoras que tal blasfemia escucharon, quisieron tomar

venganza del buen D. Clofás, pero ante las süpiicas de D. Buena-

ventura, la amable Rosa intervino y fué al punto perdonado.

Mientras de modo tal se desenlazaba la sencilla historia que aca-

bo de referir, no se hablaba en Mexico de otra cosa que de las ii

timas novedades insurgentes que siguieron a los mernorables sitio

v toma de EL CASTILLO DE AC&PULCO.

N

4N

4LJh

no Sc hbIaba en Mexico de otra cosa...

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