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XII<br />

LA CONSTITLCION<br />

0 FL<br />

<strong>ANO</strong> <strong>DOCE</strong><br />

MEMOjUAS DE U' CRoLLo<br />

Z4<br />

l2I3


ff.,<br />

I<br />

memorable fué aquella, y cligna de ser estudiada en<br />

todos sus detalles por hombres dotados de verdadero<br />

instinto filosófico.<br />

For mi desgracia, y habindoruC negado ci cielo tan<br />

precisa cualidad de Un buen historiador, pucs ya dije y repito<br />

ahora, que un pobre hijo del pueblo soy sin instrucciófl alguna, no<br />

Puedo hacer estudin semejante, y debo en consccuenCia limitarme<br />

a rcferjr ]as cOsa- t v como fueron, sin quitarles ni añadiries cosa<br />

algu na.<br />

Por lo tal-lt()<br />

1a ivento, ni casi en lo que refiero empleo pa la-<br />

bras mias, y antes bien las tomo de aquellos que, testigos de los<br />

hechos, los describieron como sabian ó podian. En esto estriba, sin<br />

To.o 1<br />

'54


1226 Epiodios HisIóricos !l4x'cjnos<br />

duda, ci mrito que mis narraciones puedan tenor, y asi es tarnbién<br />

como, andando ci tiempo, quizás puedan servir de algo a quiene<br />

con niavores talentos se ocupen de nuestra historia. Forniadas estan<br />

estas páginas, con lo quo tirios y troyanos han dicho on papeics y<br />

libros quo, con un afãn superior a lo fatigoso de Ia tarea, he rebuscado<br />

y Icido, dejando a cada uno de los elementos quo forman ci<br />

rnosaico (IC mi obra, su lugar propio, bueno 6 malo, justo ó iiijusto.<br />

AlIá mis buenos y constantcs lectores se formar1in por sL<br />

propios juicio de Ia época, sobre Ia base de los hechos quo refirienao<br />

vengo con una imparcialidad que nadie seriarnente podrá<br />

disputarme.<br />

Entro, pues, en materia, tcnicndo como sienlprc i Ia vista, ]as<br />

inestimables rnemorias de mi padre; no era éstc Dios, y ojahi lo<br />

hubicra sido, pues aun Ic podrIa estrechar entre mis amantcs brazos;<br />

no era Dios, repito, y no pudo por tanto hallarse on todos<br />

lados A la vez, Si bien, como las personas estudiosas liabrán ol)servado,<br />

casi ningtn suceso, no clir importante, pero ni aun de escasa<br />

monta, dejó cscapirsele ni se cxcusó de referirle on tin ordeii casi<br />

estrechamente cronológico. Pero si bien no pudo estar en tLlas<br />

partes, on todas ellas tuvo amigos que Ic rcfirieran los sucesos, 6 de<br />

relaciones de otros los tomó, sin creer jamás quo pudiera litbcr<br />

hecho mal on ello, pues, corno rnás de una vcz me dijo, on obr;t dc<br />

historia no puede existir más originalidad quo Ia quo estribe cii la<br />

manera de referir los sucesos ó on ci modo de apreciarlos. Testio<br />

fui de muchos, estuve en no pocos, y como los vi los refiero; ni sá<br />

ni me he metido en más.<br />

V dice en ci folio quo consultando estoy: La verdad es qu fli<br />

insurgentes ni realistas podIamos darnos cuenta de cómo esttbafl<br />

pasando las cosas; ni los unos ni los otros podiamos Ilarnarnos 'crdadero<br />

partido y ninguno de Los dos tenia fuerza Iara sobreponrse<br />

at otro; vencidos unas veces, vencedores otias, Ia situación do los<br />

combatientes variaba poco 6 nada; todo fué obra del acaso: estaba<br />

prdxima a sonar Ia hora de nuestra independencia, y la mi!iqtina<br />

del gran reloj de los destinos de los pueblos, roarchaba por si ni'S.<br />

ma y sin irapulso ajcno. Ahjados conio nos tenIa la administracifl<br />

colonial de los asuntos de gobierno, ni podiarnos on ellos t..1101<br />

práctica ni probabilidades de sabei-nos constituir en nación: qU<br />

será de nosotros?,—nos preguntabamos,—y después de niucl


La Constü:cic,i del Aio Doce<br />

pensarlo nos respondIamos: c pues, quicn sabe, Dios dirái, y<br />

eguiamos luchando y dejábamos para mañana ci pensar en mañana.<br />

Esta y no otra ha sido la causa de nuestras interminables luchas<br />

civiles: éramos un pueblo niño, no sablamos teneriios en pie, ni<br />

nuestras piernas tenlan fuerza para ello; pero qucrIamos andar, y<br />

nos sucedi6 lo quo a los niños abandonados a si mismos: hemos<br />

liegado a la juventud recibiendo golpes on todas partes, cubierto<br />

de cicatrices ci cuerpo y con todas nuestras heridas mat curadas.<br />

Pero, qué nos importa? 4ya mejorarán esto nuestros nictos> ,—nos<br />

declamos, y continuábamos echando lena a aquella hoguera quo<br />

ardia con fuego espantoso.—Si, ci gobierno colonial se hundIa por<br />

si rnismo; era una momia quo, contra la costurnhre de las momias,<br />

habia entrado on descomposición. Dios hahia pasado sobre ella<br />

• pronunciando sus terribics palabras: 'y en polvo to convertirás, y<br />

en polvo se convertla sin quo irnpedirlo pudiesen los realistas ni<br />

apresurarlo los insurgentes: por cso duró tanto como duró nuestra<br />

lucha, y por eso parecia unas vcces quo todo habia acabado, y las<br />

otras se levantaba ci caido con nuevas y mIs terribles fuerzas. En<br />

resultado, ni los realistas sabian dcfenderse ii nosotros atacar; por<br />

eso nunca tuvimos plan, ni los unos nos ayu&ibarnos a los otros.<br />

Nuestro grande hombre, nuestro hombre sin rival entre nosotros, y<br />

con solo iguales entre los extranos, nuestro DON JosÉ MARtA MO.<br />

RELOS, en tin, pudo haber hecho por sI solo nuestra independencia,<br />

y Si no Ia hizo, fué porque los demas insurgentes no se la dejaron<br />

hacer: la fatalidad le fué privando poco zt poco de sus criaturas, de<br />

todos aquellos heroes quo él hizo brotar v quo fueron como los<br />

SatIitcs del astro grandioso de su alma, y cuando esto sucedió, la<br />

pequenez de los demds se sobrcpuso a su grandeza, y a él dejaron<br />

rnorir y ehos se acogieron al induito.<br />

Pero no querarnos adelantarnos a los sucesos, y enterérnonos de<br />

la siguiente carta que sin firma se encuentra on copia cntre los papeles<br />

de mi padre.<br />

No he podido, por más quo he hecho, averiguar quin fud su<br />

autor; pero personas entendidas a ]as cuales he consultado, supo<br />

llcn que ci original estuvo escrito por D. Lucas Alamdn: posible<br />

es, pues la carta procedia de España, y en ella estaba por aquellos<br />

dias D. Lucas, r de sus noticias hizo uso, y casi con las misrnas<br />

Palabras, on la hjstorja quo escribió ruás tarde. Dice ast:


I 228 /i,sIi ::cs<br />

(No ha sido grande a la verdad Ia diferencia quo entre estos v<br />

esos pueblos he encontrado; hijos legitimos de ellos, conservamos<br />

todos sus vicios y ligerezas polIticas. La pasión general es aqul<br />

como allá la del deseo de mandar y figurar, y basta reunir a dos<br />

hombres para que surjan la lucha y ci desacuerdo; figurate tCt b<br />

que habra pasado en estas farnosas Cortcs quo, aunquc abiertas en<br />

Ia isla de Leon, Ilevan nonibre do ]as de Cádiz, porquc en este<br />

puerto celebran sus sesiones; forrnaIronse do ciento dos diputados,<br />

de los cuales veintiocho representaban a America y Filipinas con<br />

caráctcr de suplentcs, niicntras iban liegando los propietarios imrnbrados<br />

por ]as colonias. Muy luego a.surnieron todo ci poder, dindose<br />

hasta ci tItuio do Majestad, todas cuyas prerrogativas tornaron<br />

pot su simple y omnIrnoda voluntad: no tardaron ni ci tiempo que<br />

en contártelo erupico, en dividirse en dos fracciones ó partidos, to.<br />

mándose ci uno ci titulo de liberal y dando al contrario ci de s'rvii:<br />

los ameriäanos rnantuvidronse indcpendientes y se inclinaron<br />

siempre del lado do su propio interés, decidiendo las votaciones<br />

por su masa, con c1lo causando a Espana males quo largo ticrupo<br />

larnentará. FuC uno de sus primeros actos solicitar do las Cortes ci<br />

aurnento de diputados arnericanos y ci .sobreseirnicnto en todas las<br />

causas do infidencia; y aunque a lo primero no so accediO, si Sc<br />

obsequió la segunda parte de la petición con un induito general<br />

quo a nadie fuC mIs ütil quo al dCbil y avariento Iturrigaray,<br />

quien inmediatamente se acogid a éi. Lucharon dcspuCs sin trcgua<br />

ni descanso para lievar adelante once proposiciones quo presentaron<br />

en la sesidn del 16 do Diciembre de r8io, relativas a una total<br />

igualdad de la America y de Espana en cuanto a represcntación<br />

nacional, libertad industrial y comercial, supresidn de toda especie<br />

de estancos, opcidn a todos los empicos politicos, eclesiásticos y<br />

militares, quo deberian repartirse por mitad entre europcos y crioilos,<br />

y ci restabiecimiento do los jesuitas. La discusidn de estasproposiciones<br />

fu acalorada y abundaron en ella los incidentes rná5<br />

curiosos: diputado hubo, y lo fué el peruano D. José de Mejla, quo<br />

peroró do rodillas para mejor conmover los ánimos. Los españoles<br />

de esta peninsula tienen por nosotros los mexicanos rnarcada prodilección,<br />

y a ella debimos quo ci primer presidente americano do<br />

aquellas Cortes fuese ci Dr. D. Antonio Joaquin Perez, diputado<br />

por Pucl)la y cinouigo ic su catedra: : fo:ni tarni_dir, iar:c dc


W-<br />

La Constiluciôn del Aüo Dc'cc<br />

1229<br />

cornisiófl encargada de firmar y presentar ci proyecto de Constitucion<br />

de la monarquia espaflola. Este Perez se hizo notar por su<br />

palabra fácii y florida y por su genio conciliador, pero sus cornpatriotas<br />

le acusaron de dcsvelarse por su interds personal más bien<br />

que por ci de su nacidn: clistinguidronse tarnbin ci dc Tlaxcala,<br />

D. José Miguel Gurid y Alcocer, lor sus muchos y varios conocimientos<br />

y su elocuencia nerviosa: ci de Zacatecas, Gordoa, por<br />

veraz y sincero; ci de Mexico, 1). José de Bcye y Cisneros, hombre<br />

franco y muy adicto a Ia revolucidn. Pero ci cardctcr quc desde<br />

entonces se dió a conocer por su superioridad, fuC el del Dr. Don<br />

Miguel Ramos Arizpe, cura de la villa de I3orb6n en Nuevo Santander,<br />

y diputado por las provincias internas de Oriente. Aunque<br />

clCrigo y doctor en teologIa, nada parece Arizpe menos que eclesizistiCo,<br />

y de Cl rnisrno suck clecir criticando ci caráctcr remiso y<br />

frio dc sus paisanos, que Cl no es mcxicano sino comanche, y por<br />

este nonibre se Ic conoce familiarrnente en las Cortes: su nariz<br />

pequena, redonda y hundida, apenas forma en su rostro una proniinencia<br />

bastante a sustentar unos antcojos redondos, que cuando<br />

no cubrcn dos ojos pequefios y centellantes, están suspendidos<br />

sobre las cejas i-tiny pobladas y ncgras: su rotro es casi circular, y<br />

toma una singular aniniacidn segün ]as altcraciones rnuy frecuentes<br />

y vivas de su espIritu; su cuerpo es pequeño, grueso y dc fuerte<br />

musculacion; cuando habla, sus movirnientos rnds parccen atlCti-<br />

Cos quc oratorios: viste dcscuidadarucnte, en especial cuando usa<br />

el traje eclesjjstjco, que se Ic despega; dotado de pcnctrante viveza<br />

y de un conocimiento profundo de los hombres, su tacto para estiniarlos<br />

en su justo valor, es admirable. No hace gala de orador Y<br />

Ic faltan para ello cualidades, pero rnaneja Con maestria la intriga<br />

Politica y su influjo CS poderoso. 0 amigo ó enemigo: para Cl no<br />

hay tCrrnjno rnedio, y es franco y desprendido en extremo. Los<br />

diputados mexicanos han dejado también buena farna conio periodistas,<br />

pero en este punto a todos se sobreiuso ci Dr. D. Servando<br />

Teresa Mier, natural de Monterey, y famoso por su sermon sobre<br />

la \'irgcn de Guadalupe que le atrajo la persecuciOn del clero y Ic<br />

Vaiio ser desterrado a Espatla, cuya Real Academia de la Historia<br />

Ca4Ific6 rnuy ventajosamente el sermon citado. Puesto en libertad,<br />

rcorrI6Ita1ia se secularizó en Roma y regresó a Madrid, donde<br />

el Principede Ia Paz le puso preso y Ic encerrO en una casa de co-


230 Episodios His Ióricos Mexicanos<br />

rrección de Sevilla, por una sátira que cscribió en defensa d Me.<br />

xico, contra ci autor de un libro titulado Viajero Universal: 10gr6<br />

fugarse y pasar i Portugal: volvió a España caando 6sta se<br />

levantó contra los franceses; sirvid como capellán en ci reginiiento<br />

de Voluntarios de Valencia, y hecho prisioncro fué conducido a<br />

Francia; se les escapó a sus guardianes, y a pie y en la mayor miscna,<br />

entró otra vez en Espafia y se prcsentó a la Regencia de Cidiz,<br />

que acordó se le concecliese una prebenda en Mexico: no espJro,<br />

no obstante, a obtenerla, y unidndose a los diputados americanos<br />

comcnzó a ser su principal campeón en la prensa; de pronto, salió<br />

de Cadiz y se trasiadó a Londres, rncrced a un sueldo quc Iturrigaray<br />

le asignó pat-a que Ic dcfendiese contra Jos ataques del editor<br />

Cancelada, y en aqueila capital cornenzó a escribir su historia de<br />

Ia Revolucidn de Nueva España, notable por su estilo elegant: V<br />

su fuego y valentia. Discutian en las Cortes la nueva Constitucin,<br />

cuando se recibió en Cádiz la represcntación del consulado de .\1Cxico<br />

contra las concesiones hechas a la America v pidiendo que<br />

los cspañoies residentes en Nueva Espana estuvieran también representados<br />

en las Cortes: exaltãronse los americanos con ]as ex<br />

presiones injuriosas que ci escrito contenIa, exigieron el castigo de<br />

los frmantes, que eran D. Diego de Agreda, conde de Casa Agreda,<br />

prior, y los cónsules D. Francisco Chavarri v D. Lorenzo Noriega,<br />

y el incidente concluyô echandose tierra al asunto.<br />

No concluye la carta en ci punto con que ha terrninado ci cap1<br />

tulo anterior, antes bien contintia del siguiente rnodo:<br />

Han hecho nuestros diputados cuanto humanamente les ha sid<br />

posible para hacer triunfar Jo que ellos han creIdo intcrCs de s<br />

patria. Débese en justicia confesar que los diputados de estas Cot<br />

tes, tanto europeos como amenicanos, han hcho gala de los ma<br />

nobles descos de Ia prosperidad y engrandecimiento de Ia naciófl<br />

Extraviados por briliantes teorias, descaminados por falta de e-p<br />

riencia y manejo de los negocios, entrando en circunstancias rnu<br />

diffciles en una camera enteramente dcsconocida en Espafla, pa<br />

sando del gobierno más absoluto a los ensanches de una libcrta(<br />

II


La Co:,slilucidu del Aio Doce<br />

sin limitcs, habrán cornetido errores ravIsimos sin duda, pero<br />

nunca por pincpioS 1prav1uis.<br />

ni yr co.1ici rinc intreses.<br />

,Los efcc (L: Ii 111C\1 C. it.n 1L 111 1> uw un Ct<br />

peninsula pi-oclarnada v jurada ci i j de Marzo de 18 i', han (IC ser<br />

perjudiciales at orden en nuestro pals. Cierto es que se ha establecido<br />

en uno de los primeros articulos, Ia igual representación<br />

de las colonias y las provincias curopeas; pero por una preocupacion<br />

contra las rnczclas de sangre africana, han quedado exccptua<br />

dos dc esta igualdad los mulatos clue forman gran parte de nucstro<br />

pueblo, v con especialidad el ejército que en esas provincias mantkne<br />

v Se hace matar por ci gobierno espanol. Ramos Arizpe y<br />

Alcocer se han esforzaclo en combatir tan odiosa distinción de<br />

raza, pero vanos ban sido sus esfuerzos. A pesar dc esta exclusion,<br />

ci nümero cle representantes de Ia Amrica es muy grande, y parece<br />

que no se ha pensado en Los gastos, molestias y clificultades de los<br />

viajes clue debcrán hacer cada dos años, pues este es el tiemJ)O qUC<br />

cada Congreso ó Cortes deben durar. La Constitución ha perjudicado<br />

a Los indios, pucs en cambia del derecho de votar CIUC se les<br />

ha concedido, se les obliga at serviclo rnilitar de qe estaban exentos,<br />

at pago dc contribucioncs generates y particulares, se Ics priva<br />

del regimen pecu!iar de parcialidades y rephIicas, se extinguen<br />

Sus cajas de comunidad, y en vez de sus justicias especiales se Ics<br />

Somete a la jurisdicciOn ordinaria; en una palabra, cesan para elios<br />

lag leycs de Indias y se quiere gobernarlos como al resto de Los espafioles.<br />

Ahora, comb La Constitucidn no habia de autoridades<br />

Superiores en las provincias ni de organizaciOn de las de ultrarnar,<br />

toda la laboriosa máquina de la administraciOn de Indias debe<br />

Venir a tierra, desaparecer ci tltulo y autoridad de' los vireycs, pues<br />

tdas las provincias se gobcrnardn por rnedio de jefes politicos que<br />

habrán de entenderse dircctarnente con el ministro de Ia Goberflack,n<br />

de ultramar, empleo acahado de crear en sustitución del<br />

Tfllnisterio universal de Indias. Tiene todo esto clue ser muy per-<br />

Judicial at donij,ijo de España en America, presa die la revoluciOn;<br />

lOS triunfos de ]as tropas reales han podido reprimirla ó contcnerla,<br />

nias ci germen existe y volverá a desarrollarse en prcsentánclose<br />

la ocasjOn. Se está pasando aün por una terrible prueba, pero<br />

a ella Ilati resistido las instituciones creadas por Ia con quista, con-<br />

1.


252 Lpi:' II:i<br />

servadas y mejoradas por tres si-los de experiencia: a ellas ckbe d<br />

Gobierno ci respeto quc goza, la obediencia que ha encontraclo en<br />

las tropas, los recursos quo saca de la riqueza y prosperidad d quo<br />

ci pals ha liegado. Sin embargo, este momento do crisis es ci<br />

que ]as Cortes reunidas en Cádiz han escogido para echar por tierra<br />

esas misrnas instituciones cuya soiidez acaba de prol)arse, cuva<br />

estabilidad ha podido resistir a tan recios vaivenes, y para socavar<br />

esa autoridad cuyo respeto ha podido conservarse en tan desliecha<br />

tormenta y defenderse a si misma y a Ia corona, sin más tropas ni<br />

recursos quo los que Ic suministra ci paIS.<br />

Hasta aqul ilega la carta que se cree ser do D. Lucas Alarnan,<br />

pues ya dije que casi con ]as mismas palabras constan en su His.<br />

toria los anteriores juicios y apreciaciones.<br />

A sus ültimas imneas siguen otras de mano de mi padre comba<br />

tiendo y desbaratando inuchas de esas opiniones; pero no las transcribo<br />

aqul porquc se hace en ellas referencia a sucesos quo ann no<br />

he relatado a mis lectores, y por nada quicro salirme del oz-den<br />

natural de los acontecimientos.<br />

Tres dfas despus do ejecutado en Mexico D. Leonardo Bravo,<br />

se prcsentó al Sr. Morelos en Tehuacan, ci secrctario do la antigua<br />

Junta, D. Antonio i3asiiio Zarnbrano, enviado especial do Rayon<br />

quc, temeroso de todo ci mundo, quiso tener Un espia a! Iauo del<br />

gran caudilio, con el pretexto de comnunicarle noticias y tenor razOfl<br />

do las suyas. Veremos mds adelante los desagrados quo Zarubrano<br />

buscó al Sr. Morelos.<br />

Hallándose en Huichapan, celebró Rayon ci se-undo aniver-arlO<br />

del 16 de Septiembre de i8io, con función do iglesia, salvas, musicas,<br />

repiques é ilu minaciones.<br />

El 19 de aquel mes do 1812, D. Pedro Culostino Negrete, entrO<br />

con sus realistas en TancItaro sin lograr encontrar alli a VerduscO,<br />

en cuya busca liabIa ido. Segdn los acuerdos do la Junta do Suilte<br />

pec, tornados a! disolverse, Verdusco operaba en la provinca de<br />

Michoacan, habiéndoselc unido ci Dr. Velasco en ciase de secrcta<br />

rio: de Uruapan donde se habIa situado Ic hizo salir la derrota que<br />

en ]as lomas del Caivario, cerca do Pdzcuaro, dió ci teniente cor o<br />

-nel D. Antonio Linares al Sr. Velasco: paso despuds a Apat;dng°<br />

y de alli a TancItaro, fortificándose por üitimo en -las barrancas do<br />

Araparicuaro.


La Consii!ucidn del 45o Doce 1 233<br />

El 21 ci capitan D. Manuel Pardo, con algunos infantes de<br />

Nueva Espafla y dragoncs de Mxko, dcsbarató una gran reunion<br />

de insurgent,-,,; quo Ic salieron al encuentro on su carnino de<br />

Otumba a Apart.<br />

El 29 D. Ignacio RayOn celcbrO con gran solemnidad ci santo<br />

de D. Miguel 1-lidalgo, y sobre ello dice el diario del secretarjo del<br />

presidente de Ja Junta, Jo quc sigue:<br />

cEn este dia se celebraron los años del serenIsimo señor don<br />

Miguel Hidalgo y Costilla, con una solcninc rnisa de gracias, i Ia<br />

quo asisti S. 1. con su escoita y olicialidad y un inmenso concurso;<br />

prcdicó ci Sr. Dr. Brigadier D. Francisco Lorcnzo de<br />

\ Teiasco un sermOn lieno dc unciOn y dc tcrnura, hizo salvas Ia<br />

artilicria de 1-Juichapan y Ia infanterIa de Ziticuaro; on Ia serenata<br />

tocó Ia müsica piezas dc mucho gusto, y las colgaduras d iluminaciOn<br />

de las calics on Ia nochc, reaizaron ci briilo do una funciOn<br />

dictada por ci reconociniicnto y Ia gratitud dignisima do su ilustrc,<br />

inmortai y bencmdrito objeto. S. E. visitó las fortificaciones del<br />

iligar y pasO revista z. la tropa quo Ia guarnecia, acompanado por<br />

D. Jost Maria Villagran, Ilarnaclo Cliito, cI quien desde Tlapujahua<br />

hahia expedido ci dcspaclio do rnariscai de êampo, asi como ci do<br />

tenicnte general a su padre D. Juiiin, quo permanecia en Zirnapan<br />

Y sus inrnecljacjoncs.<br />

________<br />

III<br />

Rcducido Vencgas a dar publicidaci a Ia ConstituciOn dc Ia<br />

monarquia cspaflola, expedida ci I() de Marzo dc 1812 por las<br />

Cortes Constituyentes dc Cadiz, previno quo so proclamase on<br />

Mexi 0 y se hi riora con las c'nsiguientcs solernnidades.<br />

He aqui cOnlo la (5t a'c! C'/ic,-n (kscri!):) :tn iIlas solemfles<br />

fiestas:<br />

'Preejo ci band dI :)c !()I- ' V COflUifliCWi') (IC o:Icic, a.<br />

flor Ifltendcnte Corregidor dC esta nobilisima ciudad, c resolviO<br />

Publicar La antevIspera tin edicto quo previniese A los vecinos las<br />

cOlg aduras de las calles v Ia iluminación nocturna, como se veriuicO<br />

con empeno, anianeciendo ci miércoles 30 de Septiembre cubiertos<br />

e Cur osos tapices todo los bac,ncs v casas, cspccaImentc en<br />

T0MO I


234<br />

Epiodios Hislöricos Mcxiano<br />

las callcs del Arzobispado, Santa Teresa, Escalerilias y Erupcclradub,<br />

hasta las Casas Consisloriales, que era la carrcra senalada<br />

del paseo de la tarde para la pubiicación en tres tabiados que se,<br />

previnieron al efecto.<br />

A ]as ocho dc Ia mañana del Wa 30, se congregaron en ci Salon<br />

dc Acuerdos del Real l'aiacio, ci Excrno. Sr. Virey, Real Audiencia,<br />

Real y Pontificia Universidad, Proto Medicato y demds auto-'<br />

ridades poifticas y militates, tribunales, prelados, religiosos, corporaciones,<br />

nobleza y vecinos distinguidos, é inmediatamente se<br />

procedid zl Ia lcctura do la Constitucidri, qu cornenz6 a las ocho<br />

y cuarto y concluvó a las diez de la mañana, hera en que ci Exce<br />

lcntsimo sc'ior Vircy, con ci Real Acuerdo presto ci juramcnto<br />

quo previenc la Real Orden, a cuyo efecto so colocO una mesa<br />

decentemente adornada con los Santos Evangelios y una irnagen<br />

de Jesucristo crucificado, delante del rctrato do nuestro católico<br />

Monarca que bajo dosel so hallaha en la cahecera del salOn.<br />

Al tiempo do concluir ci formulaio r<br />

del juramento solemne,<br />

fué anunciado este acto con una majestuosa salva de artillcria y<br />

repiquc general de campanas a vuclo en todos los templos de la<br />

capital.<br />

x.Inmediatamcnte sc dirigiO S. E. a pie con toda Ia corte al ternplo<br />

metropolitano para ofrecer allI ci sacriuicio do gracias al Señor<br />

Dios de los Ejércitos y Suprerno Legislador de los hombres. En el<br />

cementcrio de dicho teniplo se habIa tendido una compafiIa de<br />

granaderos del corncrcio para hacer los honores a S. E. El interior<br />

de la Santa Igiesia so habia iluminado completarnente en todas SUS<br />

naves y tabernáculo, colocando una escogida orquesta sobre Un<br />

balaustrado quo se figurO en la parte superior del coro. El CahildO<br />

eclesiástico salió a recjbir a la corte en medio de un extraordinariO<br />

concurso do todas ciases que acudió a este augusto acto. Ccicbrá<br />

ci Santo Sacrificio ci Sr. Arcediano de la misma Santa Iglesia, Y<br />

pasado ci evangelio dijo una pequeña oración congratulándosc COfl<br />

el pueblo de las felicidades que derramaba sobre nosotros ci gran<br />

objeto do aquella solernnidad, y exhortando a las autoridadcs i SU<br />

debido cumplimiento, como base fundamental de la paz y tranqLd<br />

lidad de estos dominios.<br />

En el principio, intermedio y fin del Santo Sacrificio, que CO:<br />

menzO a las diez y cuarto y concluyd con un solemne Te Dcii;;? a


[I.<br />

-r<br />

I<br />

;_.- ;<br />

-:


U'<br />

La Conslilucwu del Aio /)oce<br />

1237<br />

las doce, hicieron sus respectivas salvas las companIas dc granaderos,<br />

precedidas de artiilerIa, en que maniobraban la Brigada de<br />

patriotas, voluntarios de Fernando VII, y concluIdo todo se volvid<br />

Ia comitiva a pie para ci Real Palacio i dejar a S. E. y volvcr a<br />

juntarse ;i las dos de la tarde.<br />

A esta hora se reunieron las tropas, sin servir de embarazo la<br />

copiosa iluvia que duró rnás de una hora, y todos forrnaron una<br />

linca dc circunvalación desde las Casas Consistoriales, Portal de las<br />

Flores, frente de Ia Catedral, Empcdradillo y Parian, cogienclo en<br />

rncdio la Plaza de Arrnas v fachada principal del Palacio Real.<br />

.Esta Ilnea la formaban varias divisioucs de los reirnicntos de<br />

infanteria de Nueva Espana, Tlaxcala, Patriotas de San Luis, batalldn<br />

Arnericano, dragones de Espana, Tulancingo y escuadrones<br />

Urbano y de patriotas. El gran cIrculo de La Plaza dc Armas lo<br />

guarneclan los tres batallones de patriotas y regirniento Urbano<br />

del comercio.<br />

'En ci centro de dicha Plaza, junto a la cstatua ecuestre, se<br />

habja construido un hermoso tablado de bastante extension sobre<br />

una base dc dos varas y media de aitura, Igurando un gran salon<br />

todo entapizado de damasco y adornado con vistosas cornucopias.<br />

En ci centro dcl arco principal se hallaba ci retrato del Re)' con<br />

SU respectiva guardia de alabarderos , y en ci frontis del are(-) on<br />

libro liguraclo Con L 1 ni :<br />

LA 1{IS1)Ii\<br />

Otros dos tablados igualrnentc adornados Sc habian construIdo<br />

Oportunarnente en las Casas Consistoriales y Palacio Arzobispal, en<br />

CUVOS dos puntos se habian sefialado los adornos y tapices de ]as<br />

calles, hacicndo ci todo con la anchurosa plaza y ci vistoso ernpa-<br />

Vesado de las torres de la Catedral, la perspectiva mds grandiosa y<br />

sublime que ptido presentar a tin numerosisimo concurso de todas<br />

Clases que l!enaba la extension y ocupaba los halcones y azotcas<br />

de la circunferencia<br />

"A las tres de la tarde salió de las Casas Consistorialcs con su<br />

respectiva escolta la excelentisima y nobilisina Ciudad bajo de<br />

fliazas y con sus cuati-o reyes de armas, prccedida del señor intendnt<br />

Corregidor, quien se dirigio al palacio para rccibir del


L/':siz Ilit;r:cc<br />

Excmo. Sr. Virey ci ejemplar de Ia Constitución quc se Itaba de<br />

publicar: alil se habfan rcunido ya los Tribunales y Cuerpos Politicos<br />

y rnilitarcs, Repüblicas de naturales, nobleza y vecinos dis.<br />

tinguidos que salieron inmediatarnente prccedidos por S. E. din.<br />

gidndose a su tablado de la plaza dc Armas.<br />

Este paso fuc anunciario por las rnüsicas militares, redoble de<br />

cajas y una estrcpitosa arrnonia dc trompetas y clai-ines on todo<br />

los ingulos de la plaza, que llarnó la atención dc aquel inniensG<br />

con curso para oir la respetable voz dc la Icy, pronunciada in mediatarnente<br />

por un Heraido que con alta voz leyó la Constitución,<br />

luego que S. E. y dermis comitiva se colocaron on sus asiuntos.<br />

Concluidala lectura i ]as cuatro y media, so soicmnizó este acto<br />

con universal aclamación, saiva general de arti!lerIa, repii j ucs y<br />

fuego graneado, tanto de tropa de Ia Ilnea como de la quc guarnecla<br />

ci cIrculo de la plaza, durando esto como dicz rninutos v formando<br />

un sublime estruendo continuado quo llcnó Jos espIritus do Un ardor<br />

inexplicable y exaltd ci noble regocijo do la lealtad americana.<br />

' Entrctanto ci Excmo. Sr. Virey, arrebatado de una particular<br />

satisfacción y cornplacencia, sorprendió los alborozos y aclarnaclones<br />

del pueblo arrojandole considerable porcidn de dincr' haciendo<br />

lo rnismo los Sres. Togados y concluyendo ci acto con los<br />

vivas mzIs enérgicos rnezclados con Ia ruidosa salva que expflcó en<br />

aquclios momcntos ci rcgocijo pdhlico por ci sublime objeto quo<br />

ocupaba los corazones.<br />

'En seguicla se retiró S. E. al Palacio Real i donde Ic acompañô<br />

la nobilIsima ciudad, voivindosc dsta con ci resto del acornaiamiento,<br />

escoltada por una conipanIa de granaderos do la Corna Y<br />

otra dc caballerla dc patriotas, at Palacio Arzobispal para rcpLtir Ia<br />

cerernonia como se vcrificó, coricluyendo con los vivas del ublo<br />

y un repique general y tirIndosc dinero a los concurrentcs.<br />

De alP se voivió la comitiva on medlo de un inmenso concursG<br />

por las expresadas calles de Santa Teresa, Escalerillas y Ernperlra<br />

dub, hasta las casas de Cabildo, doncle despuds do leIda la C<br />

tución por la nobilIsima ciudad, se tiró dincro al pueblo, v de all'<br />

volvió el acompafiarnicnto al Real Palacio donde ci IntendefltC<br />

Corregidor dió cuenta at Excmo. Sr. Vircy de estar concluIda Ia<br />

publicaczdn de la Constitucidn.<br />

A ]as oraciories .se rcpitió ci repique general, y retirada las


W___,<br />

La Co,,stiIucin del Año Doce<br />

1239<br />

tropas a sus cuarteles, siguió Ia iiuniinación de toda la ciudad;<br />

.distinguiáronsc extraorclinariamente on ci primor y briliantez, ci<br />

Real Paiacio, las casas de Cabildo, ci Palacio Arzobispal y sus respectivos<br />

tablados, las torres de Ia Catedral y las de otros templos<br />

proporcional mcntc.<br />

Fué tamhién particular ci adorno d iiuminación de la casa del<br />

Estado, cuartel de los patriotas dc cabailerIa, cuya portada se<br />

adorn,*) con un arco triunfal, colocado en su ángulo superior Un<br />

so] ilotante todo ilumiiiado, como asimismo ci arco pequefio que<br />

en ci balcón principal del cuartel hacIa una brillante y vistosa<br />

perspectiva.<br />

Tanto en cste punto como on los dichos tablados, haba mtisicas<br />

militares quc lienaban dc regoCijo a los concurrentes.<br />

Asirnismo so distinguió la casa del Sr. Arccdiano iluminada y<br />

adornada con varias alusiones a!egóricas propias del caso.<br />

La compat'Iia del teatro previno tres funciones escogidas, siendo<br />

la rnejor Ia de aqueila noche a quo asistió el Virey on medio de una<br />

concurrenc ia mu)' lucida, tern-iinando asi estc dIa glorioso que ha<br />

señalado Ia poca de nuestra descada libertad.<br />

En ]as dos coiumnas del arco triunfal levantado pt los cscu.drones<br />

de cabalicria, distinguiéndose ci dc Fernando VII, babia<br />

dos grandes n I :tl 1 v sus c ntros s: vr


2.10 /.tt-It'. A1,xian..<br />

Sobre ci arco quo estas colurnnas sostcnIan, se vicrou pint:da<br />

las armas del Congreso, cuya dcscripción es Ia siguiente:<br />

El Congrcso Nacional, rcprescntado por una matrona, ocupa<br />

el centro (-let escudo con varios atributos, tales como ci de Ia sabjdurIa,<br />

significado por Ia antorcha quo ilumina ci libro de Ia. Constitución,<br />

on ci que se lee:<br />

LA SOBERANfA RESIDE EN LA NACIN<br />

ci de Ia fortaleza, por una columna, y ci dc Ia justicia por una<br />

espada on Ia diestra, con la quo ronipc las cadenas dci despotismo,<br />

gcnio rnalhcchor quo en Ia iigura de tin rnanccho yacc derrocado<br />

y dcsrnascarado, quedando atiri on poder del Aguila in1peria tin<br />

trozo de cadena, como signo de quo aun no desiste die Ia intuncin<br />

de dorninar: pero hu .yc con ratero vucio ri otras nacioncs nicuos<br />

valerosas quo Ia espanola, quo so halla rcsticlta i vencer ó mrir,<br />

palabras grabadas alrcdedor dc Ia alcgorIa quc está sostenida do<br />

un lado por ci Castillo y Leon, y del otro por las colurnn;t dcl<br />

H&cules truncadas, quo con dos globos at pie culazados, signilican<br />

Ia uniOn inseparable do los dos niundos. i-vc de rcniite i<br />

toda Ia obra Ia corona, signo dc sobcranIa quc r il: cti la<br />

cfl 1j<br />

IV<br />

Inclinada hacia ci suclo Ia frente, melancOlico, triste v pensativo,<br />

un hornbre conio (IC treinta años on hIbito (IC novicio Ckl<br />

Serninario conciliar, atravesaba a Ia oración dc Ia tarde dc dia<br />

prinicro do Octubre de mil ochocientos doce, una dc ]as calk de<br />

Mxico algo distante dc ]as del ccntro.<br />

Abstraldo on sus propios pensaniicntos, casi no cscucho en 105<br />

prirneros instantes zi una rnujer quo por su trajc dcnotaba scr ufla<br />

criada.<br />

-Padre, padrecito, - rcpetIa tsta; - por arnor do Dios<br />

che me.<br />

—; Qud desca usted, hermana? - prcguntó ci novicio dctcnifl csc6_i<br />

dose.


La Co,:slituciôn del Año Doce<br />

—Que por Dios y su Santa Madre la Santisima Virgen, tenga la<br />

bondadde seguirme.<br />

—A dônde y para qué?<br />

—Para confesar y ayudar a bien morir a mi pobre senora!—dijo<br />

tristemente Ia criada, vertiendo Ilanto y sollpzando con arnargura.<br />

El novicio obscrvó conrnovido:<br />

—No soy sacerdote todavIa, buena mujer: dirijase a la parroquia<br />

más proxirna.<br />

—No la hay, seflor, sino a mucha distancia de aqul, y mi señora<br />

se muere.<br />

—Pero, hija mIa, de nada puedo yo servirle, pues carezco de las<br />

órdcnes...<br />

—Señor, ci caso es grave, mnuy grave; sIrvasc acompañarrne, yea<br />

a mi pobre señora, y estése a su lado mientras voy a la parroquia<br />

rnás cercana.<br />

—Sea asI,—contestó el novicio;—pero no tarde, pues yo no<br />

puedo administrar a la sñora los Cxltirnos sacramentos.<br />

El hombre y la mujer retrocedieron unas cien varas, deteniéndose<br />

ante una casa de bucn aspecto en la que penetraron.<br />

Pocos instantes después, ci novicio se encontraba en una peque-<br />

1a pero elegante habitación, y at lado de una cama en Ia que entre<br />

rica batista y espléndida coicha de seda, suspiraba una mujer joven<br />

soberanamente hermosa.<br />

El novicio creyó que aquclia mujer no le era desconocida, pero<br />

Su mernoria le fué rebeide, y la situación no era propia para p0nerse<br />

d discurrir.<br />

La criada Se acercó at lecho, y dirigiéndose a su señora, le dijo:<br />

—Animo, nina, esto no será nada: y aquI tiene usted un sacerdote<br />

que la consolara con sus santas palabras.<br />

La señora abrió sus ojos como si dcspertase de un sueñO, )' fi<br />

.jandose en ci novicio que con la caheza inclinada sobre su pecho,<br />

perrnanecia a los pies del regio iecho, dijo con dulcIsirna voz:<br />

—Padre, acérquese usted.<br />

—Nina,--dijo a su vez la criada;—voy a salir, no tardaré, voy<br />

nada rnás 6 la farmacja próxirna; me lievo la have.<br />

La dama y ci novicio quedaron solos.<br />

El ultirno se acercó y tornó asiento ccrca del lecho; Ia nina COtflerizo<br />

asi:<br />

TOMO!<br />

241


:242 Episodios Histôricos Mexicanos<br />

—Padre, dfgame usted que Dios podrá ai.in escucharme, necesito<br />

oIrselo decir a un sacerdote.<br />

—Si, hija rnla, si; Dios escucha siempre a sus criaturas por pecadoras<br />

que hayan sido.<br />

—Aun a ml me escuchará?—preguntó la dama.<br />

—Por qud no, hija mia?<br />

—; Ay!—cxclarnó con profundo dolor la dama;—es usted, padre,<br />

el primer sacerdote quo me lo dice.<br />

—Usted delira, hija mia; no puede haber sacerdote que no le<br />

haya dicho a usted lo misn-io.<br />

—;No, no, no le hay que me lo haya dicho!—contcstó con terror<br />

Ia dama.<br />

—;Imposiblc!<br />

—No, no Cs imposible, y me espanta que usted vaya d hacer lo<br />

mismo que cilos, en cuanto sepa mu crimen.<br />

—Diga usted, hija rnia, pucs con sorpresa Ia escucho.<br />

—Soy, padre rob, una rnujer la ms dcsvcnturada de todas: ani<br />

y ful victima de nil amor; murió ci objeto de dl y más Ic arno athi<br />

quc Si vivo estuviese. Mi fidelidad a aquella pasión avasaliadora<br />

me lIevó a Un claustro: crci en los primeros instantes que en Ia<br />

santa casa de Dios habia encontrado ml consuelo y mu paz; muchos<br />

sacerdotes acudieron entonces a ml; les descubrl todo nil<br />

pasado, les hice ver la inmensidad do mis riquezas, perdonaron<br />

mis faltas y roe exigieron que renunciando a todo humano esplendor<br />

cediese at clero mi capital; Jes manifesté que deseaba conservane<br />

para reparar con él los males sin cuento que ci hornbrc quc<br />

amé habla causado en la tierra, y esto no mcrccid la aprobacidn de<br />

aquellos sacerdotes que, perdón, padre mb, estaban sin duda dominados<br />

por sórdida avaricia: mi ceida fué desde entonces una circel<br />

que conciuyó por hacérseme insufrible; no pude soportar aquci suplicio,<br />

y libre, pues no liabia an profesado, sail del convento y me<br />

restitui a mi casa. Desde entonces so desató sobre nil una tremcnda<br />

persecucion; me encuentro aislada, horriblemente aislada, ii aLIfl<br />

criados me es dable toner: los unos han sido asesinados, los otrOS<br />

han huido con terror, porque dicen que hay espantos en mu casa<br />

solo he podido conservar a Ia liel mujer quo ha traldo a usted aqul.<br />

—Hija rnIa,—observó el novicio,—todo es extrano é inexplicable<br />

en cuanto usted me dice.


La Conslifucton del Am.i Doec<br />

1243<br />

—Lo creo, puesto que aqul ha venido usted.<br />

—;Por qud no habia de haber venido?<br />

—Porque ningün sacerdote se atreve a venir.<br />

—No comprendo.<br />

—Los unos dicen cjue esta casa csti maldita: los otros manifiestan<br />

francamente su miedo a. los esantos.<br />

—Los sacerdotes de Dios, creen en patraflas semejantes?<br />

—No sd, padre, si lo creen, ó si al dar esta respqesta obedecen<br />

a. órdenes superiores.<br />

—;AquI existe una infamial—dijo el novicio con irreprimible<br />

exaltación.<br />

- —Si, padre mb, si existe; pero yo no puedo combatirla.<br />

—Hija mba, yo ayudard a. iisted a. ello,—agregó con voz resuelta<br />

ci novicio.<br />

—Gracias, Dios mbo,—exclamó la darna con profundo reconocimiento,<br />

y añadiendo dcspués:—es usted extranjero, padre?<br />

—No, señora; por qu me lo pregunta usted?<br />

—Porque viendo la resistericia de todo sacerdote a. venir a. mi casa,<br />

habia vo encargado a. ml flel criada que hicicra venir a. mi<br />

casa al piint- s:i::idotc cxtrancr '. fiiin<br />

viese.<br />

—Pues ni, nua, n 5)V ni - in :i i : '': si m<br />

plemente un novicio mexicano que algo cutiendc de esa cnfcrrnedad<br />

del alma que usted padcce, porque, como usted lo pretendió,<br />

yo tarnbié,i pretendo encontrar a. ella alivio en la religion, a. Ia<br />

Cual me consagro.<br />

—iLuego usted no s saccrdotc—cxclarnó con amarga sorpresa<br />

la dama.<br />

—No In sos- aim, scñora, pero rnimtras Ilego a ser sacerdote,<br />

SOY un hombre v un caballero, con ci cual puede usted contar en<br />

medio de Ia soledad en quc dice usted hallarse.<br />

—Yo hubicra querido un sacerdote, pucs aunque no terno a Ia<br />

muerte, su proximidad me espanta, y creo en esa religion que solo<br />

a ml niega sus auxilios.<br />

—Señora, yo me encargo de que no Ic falte a. usted ese sa-<br />

Cerdote<br />

-Quin es usted entonces, que tal puede ofrccer?<br />

—SOY, señora, un hombre cualquiera, pero acostumbrado estoy


1244 Episodios Hislôricos Mexicauos<br />

a luchar contra toda clase de obstIculos, y ninguno me arredrar<br />

si vencindole puedo tranquilizar a usted.<br />

—Ah!—dijo la darna Iijándose en ci rostro del novicio;—la voz<br />

de usted trae a mi rnernoria no sé qud grato recuerdo dc algua<br />

amigo; en la fisonomia de usted distingo rasgos que no me son<br />

desconocidos.<br />

—Sefora,----observó a su vez el novicio,—otro tanto, y COfl ]as<br />

mismas palabras, pudiera yo haber dicho a usted, y a fin dc aclarar<br />

este misterio 6 dar cuerpo á-nuestra rnutua simpatla, dire a usted'<br />

mi nombre.<br />

—Cuái es?<br />

—Anastasio do Ochoa y Acuña.<br />

—jCielos!—exclamó Ia dama,— yo soy su desventurada amig.<br />

Remedios!<br />

Necesito decir aqui algunas palabras mias: aquellos de mis constantes<br />

lectores que vengan siguiendo mi relación desde los prime-.<br />

ros EPISODIOS, no necesitan exphcación; elios saben bien quicn fu<br />

Remedios; deben, Jos quo en tat caso no se encuentren, rccorrer<br />

los tonios anteriores y en ellos verán que Remedios fuC la victirna<br />

de tin famoso capitán esparlol de tropas realistas, que con ci nombre<br />

de Garcia Alonso figuro mucho en la corte de los vircyes -<br />

Iturrigaray, Garibay y Lizana, y murió en Guadalajara despucs de<br />

la bataila del Puente de Calderón, y por tanto durante el gobicrno<br />

de Venegas.<br />

Remedios, siendo prometida csposa de D. Joaquin Fernandez<br />

Lizardi, fuC robada por Garcia Alonso, at cual amó con pasion<br />

avasallaclora; abandonada por éi, le siguió durante mucho ticmp<br />

pretendiendo en vano encontrarie, y en las anteriores partes dc mi<br />

narración, describimos extensamente sus expediciones, en las cuales<br />

Ia acornpafid D. Joaquin, y por su amistad con éste, trató i don<br />

Anastasio que amaba a su vez a otra victima dc Garcia Alonso, a<br />

Ia bella Guadalupe.<br />

Muerto D. Miguel Hidalgo, Guadalupe, quo pasaba por hiia<br />

suya, mnurió tambkn do dolor en Guanajuato, y Remedios so tr.,;<br />

iadó a Mexico con intención do profesar en algiin convento, S -<br />

gun ii D. Joaquin habIaselo dicho, quitiindole toda esperanza de<br />

que fuese correspondido ci amor loco que aquel hombre la C0fl<br />

sagraba.


-,<br />

La Conslilución del ATho Docc 1245<br />

D. Anastasio, que habIa idolatrado a Guadalupe, juró consa<br />

grarse a Ia carrera eclesiástica; Lizardi desempefiaba ci empico de<br />

teniente de Justicia en ci Real de Tasco, cuando on él entró en los<br />

prirneros dias de Enero de mil ochocientos doce ci Sr. Morelos, y<br />

acusado de haber entregado a éste las arrnas y municiones que on<br />

ci mineral habla, fué conducido preso a Mexico, pero se le dejó en<br />

libertaci por no habCrsele podido probar quo Ia entrega hubiese sido<br />

espontánea: asI lo han dicho otros antes que yo.<br />

D. Anastasio era, si no reali.sta, sI al menos neutral: D. Joaquin,<br />

por ci contrario, era amigo de la revolución, y Ia sirvió, como yerenios,<br />

cuanto dable le fué: desde ci dia quo a Mexico so Ic condujo<br />

preso, no habla vuelto a salir de l.<br />

AsI es quo la Providencia iba zI reunir de nuevo en la capital, a<br />

D. Joaquin, D. Anastasio, y a la herniosa Remedios, que, scgin<br />

hemos dicho, se conservaba tan beila como siempre lo habia sido.<br />

Desde estos sucesos quo son-icramente he recordado, hasta la<br />

Cpoca en quo otros nuevos van a desarrollarse, habIan pasado cerca<br />

de catorce nieses.<br />

V<br />

QuiCn hubira crcido on aquclios dias quo la Constitución del<br />

año doce, con todo y las lihertades quo a los sdbditos espaoles<br />

acordaba, no iba i scr:ir sino para acrecentar la lucha de indcpendencja?<br />

Nadic lo luiiicrt creiI : no siendo asI, no se la hubiese jurado<br />

COft muchsimo mayor y entusiasta aplauso quo a todos los reyes<br />

juntos.<br />

Aquello fuC un delirio: tal es la verdad.<br />

Q UC lo digan si no, y si acaso viven, los quo hayan asistido a la<br />

Solerune jura quo ci domin go 5 de Octubre hizo ci pueblo de Me-<br />

XICO de ser fiel y guardar la Constitucidn. Esta jura se hizo a la vez<br />

Cfl todas ]as parroquias de Ia capital, asistiendo a cada una de ellas<br />

'in SCor regidor. Volvicron a repetirse las milsicas é iiuminacio-<br />

, Y en Ia noche hubo en el Teatro una lucida furición de repre-<br />

Cfl tado, canto y baile, y la entrada fud gratis para el pueblo.<br />

Siguier05 a estas juras las de todos los Tribunales, oficinas,


I 246 Episodios Hisdricos Mxicwos<br />

comunidades, religiosos de uno y otro sexo, y cuerpos del eér.<br />

cito, dando esto motivo a una dilatada serie de festividad:s, entr<br />

]as cuales se hizo notar Ia quo en el Ejido celcbrd ci batall6n pri<br />

mero Arnericano, en un gran salOn expresamente levantad parac<br />

objeto. Vecina al salon, levantaba tambiOri sus descarnados brazos<br />

la espeluznantc horca, extcndiéndolos en el cspaczo, corno buscando<br />

ella también su parte en ci festin; la alegre soldadcsca se<br />

irrito con aqucilas rnudas arnenazas, y vitoreando a Espaia, ;i virev<br />

y a la libertad, derribO Ia horca con general aplauso y regocijo.<br />

Espanoles europeos y espanoles arnericanos fraternizaron en<br />

estos dIas con espontaneidad v entusiasrno, y en la gran comida<br />

ofrccida al ejOrcito, ci arcediano I3cristain, que en todas partes<br />

gustaba do lucir sus irnprovisados brindis, tuvo una cxcclente<br />

ocurrencia, y fué la de hacer que se abrazaran un soldado mexicanO<br />

de los dragones de España, y otro español del bataiiOn Arncricano,<br />

teniendo en la niano ci uno, una copa de vino bianco, y ci otrode<br />

tinto: asI abrazados, ambos rnezciaron su vino, y dcspus lo<br />

bebieron, gritando: .;Viva Ia union de arnbas Españas!:.<br />

—Todo esto es sublime, amigo mIo,—decia en la botica de don<br />

Cieofás Madana ci respetable y opuiento D. SOstenes dc Pantoja,.<br />

transfigurándose ante su yerno D. Martin Cabrera, y ci cxcelefltC<br />

D. Buenaventura del Valle, comandante retirado de las tropas d.<br />

capitán general do Guatemala.<br />

—Espana se ha regenerado, seflores, iviva España regeneradadijo<br />

D. Buenaventura.<br />

—1Y Amrica hermana!—añadjó D. SOstenes.<br />

Madana estaba también contentIsimo, y tanto, que quitando de<br />

un armazón do la rebotica unos dos ó tres enormes tarros de U11<br />

guentos y pomadas descubriO un par de botelias de lo rico, V tta<br />

yendo unas copas, entre viva y viva se despacharon cada UI10<br />

medio cuartilio de un supremo Jerez.<br />

La conversaciOn adquiriO animaciOn y brIos nuevos, y los CU3<br />

tro buenos camaradas dedicáronse a Ia entretenida tarea de todas<br />

las épocas y de todos los pueblos espanoles: ya habrán adiviflado<br />

mis lectores qué tarea fué esa: la de arregiary componer el 1nd0<br />

teóricamente.<br />

Poco a poco Ia conversaciórt fué recobrando su tono natural '<br />

reposado, y ilegó su vez Ei la secciOn de noticias.


U<br />

C<br />

j


La ( ,:Ii(:eci,: del .4jo f)occ 1249<br />

—He visto,—dijo D. Martin,—la kipida de marmot que debe colocarse<br />

en la fachada de las Casas Consistoriales.<br />

_-V qué dice esa lápida?<br />

—Dice con letras de oro: Plaza de Ia Constitución.<br />

—Ah! si, ese cs ci nornbre quc en adelante iicvará la Plaza de<br />

Armas.<br />

—Justo, v en todas ]as plazas principales de todas las poblaciones<br />

espanolas se pondrá una lápida sernejante.<br />

—Por dccrcto tambhn de las Cortes Constituyentes, todos los<br />

establecimientos püblicos, como Ia Aduana, Casa de Moneda, etcétera,<br />

etc., se dcnominarin nacionafes en vez dc reales.<br />

—SI, porquc la sobcrania reside actualrncnte en ci Congreso que<br />

represcuta A la Nación.<br />

—Por c-so ruientras ci pueblo sube, todts sus autoridades bajan<br />

en cuanto a la extcnsi6n de sus atrihucioncs.<br />

—La Audiencia se rcducirá por esta causa a sus funciones judiciales,<br />

dejando do Ilarnarse ci Real Acucrdo, pUCS ya no será ci<br />

Consejo del virey.<br />

—Van tarnhidn a cesar todos los juzgados priviicgiados.<br />

—Exacto, y ]as Diputaciones provinciales serán las verdaderas<br />

adminjstradoras do !os intcrcses comunales, cesando las particulares<br />

do ciertos ramos de obras püblicas.<br />

—Quedan tarnbién suprimidos los Tribunales especiales de justicia.<br />

—Justarne nte, y la administración de Tribunales ordinarios.<br />

—Entonces, la Junta de seguriclad qucdará suprimida?<br />

—Si, sefior, quc to c1ueda.<br />

--Maio!<br />

—Por qué?<br />

—Porque los revolucionarios van a auscritarse con ello.<br />

— Toma! toma acaso cree usted que la revolución va a durar<br />

mucho ya?<br />

—I-Ioml)rc qukn sabc.<br />

—Lo sahe cualquicra, amigo D. Buenaventura.<br />

—No soy yo tan confiado como usted, mi señor de Pantoja.<br />

—Pero hombre, en qué se funda usted?<br />

—En lo quo he oido.<br />

—V varnos a ver, ;qtié ha oIclo usted?<br />

157


1250 Episodios His!dricos Mexicauo<br />

--He oIdo, por ejemplo, que la gente descontentadiza dice que<br />

aunque se han publicado los inclultos generates otorgados por las<br />

Cortes, at visitar ci virey las cárceles ha dejado libres a toda clase<br />

de reos a quienes ci indulto alcanza, menos a los que son del crimen<br />

(IC insurrección.<br />

—Eso he sabido yo también,—observó D. Martin.<br />

—Averiguaremos to que haya de cierto en eso; pero a fe de Sstenes,<br />

creo, Sr. D. Buenaventura, que todo ello no ban de ser mas<br />

quc rumores infundados.<br />

—Todo puede ser, Sr. D. Sóstenes.<br />

—Todo debe serb, porque, amigo, no hay gente rnás quiscui-<br />

Ilosa que los periodistas y politicos de encrucijada.<br />

—A propósito de periodistas: saben ustedes que vamos a tnur<br />

libertad de imprenta?<br />

—La han decretado as Cortes, es cierto, pero ya verán usiedes<br />

como aqul no se pone en ejercicio,—dijo D. Martin.<br />

—Por quti no ha de ponerse?<br />

—I'orquc ci decreto de las Cortes es de fecha nacla menos quc<br />

de io de Noviembre de iSro; estamos en 1812, ) Cl',-:,) -:,,to<br />

basta para probar mi dicho.<br />

—Varnos a cuentas, mi querido yerno,—dijo D. S6stcncs—;qué<br />

es to quc sobre tibet-tad de imprenta dispusieron las Cortes<br />

—Dispusieron que en cada provincia haya una Junta de censura<br />

compuesta de cinco individuos, dos de los cuales deben ser eciesiásticos;<br />

esta Junta entenderá en las denuncias que de imprcsos<br />

revolucionarios Ic hagan )as autoridades; estas Juntas provinciales<br />

de censura tienen una suprema que dcbc residir cerca del Gobicrno,<br />

y a la cual en caso de sentencia pueden apelar los imprescs<br />

y escritores.<br />

—Muy bien, mi querido yet-no; asI to dijo la Gacaa, tiencs uria<br />

excelente memoria; prosigamos ahora: existe en Mexico esa<br />

Junta?<br />

—Si, existe.<br />

—Bien: ;quiénes fueron nombrados para formarla?<br />

—El arcediano D. José Mariano Beristain, D. José Maria Fagoaga,<br />

ci canónigo D. Pedro Fonte, ci regentc de la Audiencia<br />

D. Guillermo f.t1irre Vl (l()t<br />

d San Sal vad or.<br />

D. :\'u-fi.ii J ' O Uii))-) FcrinfcZ


W_<br />

La Consiituci,s del ,4i7o Dore<br />

—Magnilico: ahora bien, cuando liego ci nombramiento de la<br />

Junta censora, dóndc estaba el regente de la Audiencia D. Gui-<br />

Ilermo Aguirre?<br />

—Hahia muerto.<br />

—;Córno, entonces, quicres que ci vircy hubiese puesto en ejercicio<br />

una Junta que descie antes de recihir su nornl)rarniento habIa<br />

perdido uno de sus miembros?<br />

—Mi senor do Pantoja tiene muchisima razón,—exciarnó contentisimo<br />

D. Buenaventura.<br />

—No niego que la tenga hasta cierto punto.<br />

—Cómo hasta cicrto punto?<br />

—Me cxplicaré: cierto es quo Aguirre habla muerto, pero ci virey<br />

pudo haber puesto en cjorcicio Ia Junta sin perjuicio de.<br />

—El vircy no podia liacor mis quo to que hizo, y fué comunicar<br />

ci caso ; la Regencia y pediric instrucciones.<br />

—Va; pero la Regencia no se ocupa do nombrar ci sucesor de<br />

Aguirre y sin libertad do irnprenta seguimos.<br />

—Yo Ic aseguro que varnos zi tenerla rnuy pronto.<br />

—Dios sabe.<br />

—No so y V y lo csti ifin: :1<br />

Virey.<br />

—Eso Cs )tr:.<br />

—Sin st(.) vu no liubiera asegurado cos: aluna.<br />

—:Pero córno ha sido eso?<br />

—Segun parcce, nuestro diputado por Coahuila en las Cortes<br />

de Cidiz, D. Miguel Ramos Arizpe, noticioso do quo en Mexico<br />

no Sc habla pucsto en vigor ci decreto respectivo, promovió que so<br />

pidiese informe a la Regencia sobre los motivos que hubiese habido<br />

Para ello: de dicho informe resultó, quo, aunque en Marzo de mu<br />

Ochocientos once ci virey habia comunicado Ia muerte do Aguirre,<br />

ningun pas,) so hahIa d:&do para reempiazaric hasta aquella fecha,<br />

Enero del aflo actual. Las Cortes determinaron entonces nombrar<br />

parala vacante at oidor D. Pedro de la Puente, y asI Se to ha co-<br />

1fluntcado at vircy la Regencia, por ordon do 6 do Enero üitimo,<br />

recibida en MCxico at mismo tiempo quo La Constitución, pues tamestuvo<br />

detenida en Veracruz y vino en uno de los cuarenta<br />

Y dos cajones de corrcspondencia enviados por D. Ciriaco del<br />

Llano_ En vista do la referida orden v de quo la Constituci6n es-<br />

1251


I 252 Efi isodios His!óricos Mcxicanos<br />

tablece la libertad de la prensa, los fiscales han opinado (JUC no<br />

puede ningn tribunal suspender la ejecución de las leyes, y la de<br />

imprenta será publicada uno de estos dIas.<br />

— i Sabe Dios to que nos va a venir encima!—cxclamó rnclancó.<br />

licarnente D. Buenaventura, que no podia ver ni pintados a los periodistas.<br />

—No es usted el ünico cue cspera dc esa libertad mãs danos que<br />

bienes.<br />

—Lo se, mi señor de Pantoja, lo sd; y me consta que qucriendo<br />

el virey ilustrarse en la cuestidn, pidió su parecer a los prelados<br />

eclesidsticos y jefes seculares de Jas provincias.<br />

—Es cierto, y to hizo porquc los tres fiscaics de la Audiencia<br />

opinaron que en ci estado dc rcvoiución del pals senI en extremo<br />

perj udicial.<br />

—Fucron del niismo sentir los obispos de Puebla, Vallatlolid,.<br />

Guadalajara, Yucatin y Monterey; ci cabildo metropolitano de<br />

Mexico, y los intendentes de Oaxaca, Sari Luis, Guanajuato, Vucatin<br />

y Zacatecas y ci comandante general de Nueva Galicia. S610<br />

fueron favorables a la iibertad de imprenta ci obispo de Oaxaca y<br />

los intendentes de Guadalajara, Veracruz y Valladolid.<br />

—Pocos fucron en pro, muchos en contra.<br />

—Pero la orden de la Regencia ha sentenciado en favor de aqué-<br />

Ilos, y cualesquiera que sun resultados scan, tendrernos en i\1cxico<br />

libertad de imprenta.<br />

—Pues Dios nos saque con bien.<br />

—Asi sea,—contestó D. Sóstenes, clando, at tornar su sombrero,<br />

la seftal de que Ia agradable tertulia habfa terminado.<br />

V I<br />

Unidos por los cstrechos lazos de esa santa amistad quc nace Y -.<br />

crece en los dIas venturosos de la juventud, D. Anastasio v D. Joaquin<br />

no hablan dejado de verse y tratarse siempre que las circuflS<br />

tancias ics reunian en una misma población.<br />

El encuentro casual de Ochoa con la hermosa Remedios privO<br />

A los dos amigos dc verse durante dos dias: el novicio no qUISO


La Constifuciôu del ,lüo Doce 1253<br />

dejar la casa do nuestra heroIna hasta quo hubo desaparecido ci<br />

peligro quo tanto alarmó a la buena criada de la dama.<br />

En cuanto pudo hacerlo, buscó on su casa a D. Joaquin, y por<br />

fortuna Jo encontró.<br />

—Bien vcnido, señor semi-padrc,—dijo Lizardi, saludándoie con<br />

buen humor.<br />

—Dios sea contigo.<br />

—Y contigo tarnbién, mi buen Anastasio, pues quizáS más quo<br />

yo Jo neccsites.<br />

—Por qué Jo crecs?<br />

—Porque un joven novicio que, comb tü, se pierde durante dos<br />

dias, de modo y manera quo es imposibic descubrir su paradero,<br />

da lugar a suponer quo no sabe muy bleD resistir a las famosas tentacioncs<br />

dc quc San Antonio fué vIctima.<br />

—Cuán distante cstás de la verdadi<br />

—Quiere decir tu negativa, quo to importa guarciar secrcto; bien,<br />

no insisto, y paso A decirte algo do mucha irnportancia.<br />

—Habla pues.<br />

—;Vamnos a toner una absoluta libertad de imprenta, amigo miot<br />

—exclarnó D. Joaquin, con franco rcgOCiJO.<br />

—Sie?npre con la niisma mania de buscar el pcligro, porque, Jo<br />

do), por clerto, vas a escribir y publicar algün papcl.<br />

—Lo has acertado, y se titLllará El Pensador Mexicczno.<br />

—jPobre amigo mb!<br />

—Qu6 to inspira esa compasion hacia mI?<br />

-ru demencia.<br />

— Dcmnencja es ci amar a mi patr1a<br />

No, sino el creer en la buena fc de nfl enemigO politico.<br />

Comprendo; como vo, imaginas quo esta libertad do imprcnta<br />

Clue las Cortes espanolas imponen al virey contra la voluntad<br />

de 65te y do la casj totaljdad do los altos dignatarios civiles y edo-<br />

SIStJc, Va a ser ilusoria o servir quizás para descubrir ii los enetfllgos<br />

do la admjnjstracjón colonial.<br />

-Si, Joaquin, si, no Jo dudes; csa libertad es imposible entre<br />

!lOSotros<br />

Por qué?<br />

–Porque nuestro pueblo no estã acosturobrado a la libcrtad, y do<br />

todo alucilo quo no s ha ejercitado Y Cs hueno, se abusa por una


1254 Episodios Hist6ricos Mexicanos<br />

explicable fatalidad. Vosotros abusaréis y sera necesario inipcdir<br />

vuestros abusos; sobrevcndrá Ia reacción, y todas las reacciunes<br />

son terribles y sangrientas.<br />

—Quizás tienes razdn, hermano mb; pero qué Ic hens de<br />

hacer? Nos hallamos en la mitad de una pendiente, y es preciso<br />

dejarse resbalar pot ella: podremos despcnarnos; pero, Anastasio,<br />

nii buen Anastasio, ;qu6 me puede iniportar a nil el despeñarrne?<br />

- Herman o mb I<br />

—Cuerpo sin alma soy, árbol sin savia, torrente sin caucc, spiritu<br />

sin fe, vida sin esperanza, !qu6 vale para mb una existencia que<br />

no tengo interés alguno en conservar?<br />

—Tan inütil la crees?<br />

—No, si tal Ia creyera,, quizás, quizás hubiera encontrado ':oce<br />

supremo en desprenderme de ella!<br />

—jEres un irnpio!—observó D. Anastasio con cariflosa rccon-<br />

VCflCiófl.<br />

—Y tu un alma inocente, y estos tiempos indignos de ella: p0bre<br />

y bucn Anastasio, tan pequeno ercs, que en tus propios ufrimientos<br />

te recreas: pequcno, si, amigo mb, sin que al decirl ' pre.<br />

tenda lastirnarte: al poner Dios en nuestro ser un fino intint0<br />

para adivinar la dicha, puso también, como ldgica consecuencii, Cl<br />

deseo de poscerla; y ctiando ci Hado, el Destino, cse algo quc fl1C<br />

jor quo Hado y Destino deberia Ilamarse Injusticia, nos irnile,<br />

dificulta, estorha ci logro de nuestra aspiración, debemos contra 61<br />

rebelarnos y contra él protestar, como ci héroe que desde Ia tierra<br />

amenazaba al cielo con SUS punos cerrados.<br />

—Es más cristiana la resignación.<br />

—La resignación es una confcsión de impotencia, y Ia impotefli<br />

cia moral Lin rebajamiento del alma. El hombre debe ser sicmpfe<br />

en Ia vida, ci romano sentenciado a mont entre las fauces dc las<br />

fieras: su salvación era imposible, pero luchaba con ellas: rela<br />

aquel pueblo, bárbaro en medio de su civilización, de sus initilc5<br />

esfuerzos, pero ni esto amedrentaba al sentenciado quc, redoblandO<br />

su ini.itil lucha contra la fiera, parecia decirles: 'no pucdo dcft1<br />

derme de vuestra fuerza y brutalidad, pero si puedo probaros ClUe<br />

soy menos cobarde que vosotros; he sucumbido, pero Sill doblC<br />

garme ni aun ante lo imposibie.<br />

—Tü estás loco, hermano mb, td deliz-as, y al alejarte d.. Dios,<br />

te privas del ünico consuelo de la desgracia.


W'__ La Consii/ució,z del -1io Doce 1255<br />

—No, te ecjuivocas; yo no he renegado de esa santa religion a la<br />

cual tü consagras los restos de tu alma lacerada por esa impalpable<br />

injusticia qua otros ilarnan fatalidad; lo ünico que hago, as no<br />

exponerme a qua ci angel del monte de lo Olivos i-nc conteste<br />

pie es imposible apartar de mis labios ci cáiiz de la amargura.<br />

—Pobre amigo mbl tan grancle as ci desierto de tu alma.<br />

—Tan grande, si, quc la esperanza se asornó a éi, y al apreciar<br />

a la simple vista su extensiOn enorme, huyO sin atreverse a atravesarlo;<br />

los mismos recuerdos, ese pan del espIritu an la hora del<br />

hambre, se pierden an éi y desaparecen y se bor ran dejando an las<br />

heridas por ]as cualcs se abrcn puerta, un dolor tal, qua ci de la<br />

mucrte no podr;i hacerse sensible al qua Ic padezca.<br />

—Desventui-ado de ti! SI, desventurado, porque no hay desventura<br />

mayor pie ci olvidar.<br />

—Si, pero esa desventura as Ia puerta de una dicha niuy material,<br />

pero dicha al fin.<br />

—;Cuái es ella?<br />

—La insensibilidad: ci hombre quo la alcanza cornpleta as la<br />

roca en mitad de los mares: las olas qua levantan las tormcntas de<br />

la vida so rompen en espumas contra ella, qua permanece fija,<br />

firme, fuerte an ci centro de la movilidad, del combate y de Ia<br />

lucha inUtjlcs.<br />

—Pero esto no impidc quo toda esa fljeza, firmeza v fortaleza<br />

Vneleri en fragmentos al choque de un rayo, qua para las aimas urnpasihies,<br />

puede ser, por ejemplo, ci nombre de una mujer, ci de<br />

una Remedios, verbigracia.<br />

Llzai-dj Se puso en pie como agitado por una conmoción eke.<br />

t nca; sus ojos rcdondeáronse por el asombro, y sus manos cruzát<br />

onse sobre su corazOn, qua daha interrnitentes )7 fuertes golpes an<br />

]as parades del pecho.<br />

-Tiencs razOn,—dijo con tarda y arnortiguada voz,—hermano<br />

rue has hecho mucho daflo!<br />

sabe,—contestó Ochoa,—que te amo, no obstante, con<br />

Odo ci arucir do una fraternal amistad.<br />

e -Lo cr00, y rnás me lo hubieras probado clavándome un punai<br />

fl "te corazón cuya agonia has renovado.<br />

Luego ViVe aim ese corazOn?<br />

creo quo sI.


I 26 Episodios Históricos Mexicanos<br />

—Aun podemos salvarle cntonces.<br />

Lizardi, retorciéndose más cada vez de terrible dolor. ' :xclamó:<br />

—Algo tienes que decirme, y si es asl, duo, pero duo protto!<br />

—Remedios necesita de ti.<br />

—Acaso va a morir y quiere Ia perdonc ci daño que ha h-ho?<br />

—Acaso si.<br />

—Vé entonces a decirla quc si tuvc valor para ver morir su alma<br />

en los brazos de i-ni esperanza, no Ia tengo, sin duda alguna, para<br />

ver volar su espiritu a donde ci mio no podrá seguirlc.<br />

—No, nada ternas; su espIritu se niega a abandonar un cuerpo<br />

tan soberanamcntc bcrmoso.<br />

Lizardi se apartó con supersticioso temor de su amigo, quien Ic<br />

dijo sonricndo:<br />

—Recóbratc, i-ni querido fiiósofo, y ten por seguro que yo soy<br />

quien te hablo, y no ci tcntador espiritu, del cual, al verme cntrar,<br />

juzgaste poseIclo al pobre novicio.<br />

—Anastasio; si de nil te burias, Ia burla es cruel.<br />

—Joaquin, yo no me he burlado jamás de los que padecen. -<br />

—Entonces... -<br />

—Va lo he dicho; Remedios neccsita de ti. -<br />

—;Dónde, Anastasio, dóndc?<br />

—En ci centro del circulo en quc la ha encerrado una infam.<br />

viflania.<br />

—Explicate.<br />

—Voy a hacerlo.<br />

—Di.<br />

—Necesito ernpezar por ci principio.<br />

—Acaba.<br />

—Peor para tu IilosoIIa si demuestras miedo a los niuertos.<br />

—Anastasio, hermano mb, liabla por Dios.<br />

—Aun despus de mucrto, Garcia Alonso ha seguido martiizando<br />

t su victima.<br />

—Todavia Ic ama!—excianió con dolor Lizardi.<br />

—No es eso. -<br />

—Qué entonces?<br />

—Nuestro cruel enenigo, quc a nadie quizás amó como zi RcfliC<br />

dios, por rnás que tanto daflo Ia hizo, adivinando sin duda quc 12


WLa Conslilución del Aiio Doce 1257<br />

rnuerte poclrIa, corno pudo, sorprenderle, dictó en forma legal su<br />

testamento, en principios de mil ochocientos once, lcgando toda<br />

su jnnicnsa fortuna a Remedios.<br />

—;Y quc?<br />

—Esa fortuna atrajo a Remedios una innoble persecución, y la<br />

infeliz no tiene quien saivarla pueda, si a ello te niegas td.<br />

—Luego tü!...<br />

—Poco ó nada puedo hacer.<br />

—Explicate.<br />

D. Anasta-io refirió entonces a su amigo todas las circunstancias<br />

de su encuentro con la hermosa mujer, y las conversaciones<br />

que con ella sostuvo: c,mo todo esto mis lectores lo saben ya,<br />

creo ocioso d iniitil repetirlo.<br />

1-lecha su relación, D. Anastasio continud diciendo:<br />

—En cuanto me convenci de quc ningün peligro corrIa su vida,<br />

sali de la casa, me dirigi al Arzobispado, habh en con mis amigos<br />

y supe que una aita dignidad eclesiástica...<br />

—E1 Arzohispo quizás?<br />

—No: ci Sr. Bergosa, Arzobispo electo de Máxico, se encuentra<br />

aüit en Oaxaca, y nada tiene que ver en esta inicua trama.<br />

—Qukn, entonces?. -.<br />

—Incitil pregunta; no puedo decirlo: bástete saber que una poderosa<br />

influencia protege, no a los enemigos dc esa hermosa mu-<br />

Jet, pues su bondad no puede tenerlos, pero si a los avarientos que<br />

acechan su fortuna, so pretexto de que en Garcia Alonso hubo<br />

dos personalidades, la del ternible capitán y la del trcmcndo fran-<br />

Ciscano. Este dohk individuo, en quien fueron distintivo de su<br />

Superjorjdad la astucia y ci talento, no d(---j6 testirnonio alguno que<br />

Pueda Set utilizado en contra de Remedios, y la t:rama consiste en<br />

imponerse, con auxilio de las más groseras preocupaciones, a su<br />

COnc1ncia.. La obediencia a que los canones me obligan, no podrâ<br />

I kvarme a ser yo partIcipe de esta infamia; pero tampoco me con-<br />

Viene combatjrla Solo estás, pues, para defender a Remedios, pero<br />

e juzgo bastante para ello.<br />

-No habiendo en todo esto sino una djfIcil cuestión de intere-<br />

Tflt deljcadeza estorbará mis acciones.<br />

rd0 lo he previsto: Remedios nada sabe en cuanto a la paron<br />

que tu vas a tornar en este asunto: su ñl criada Choic es<br />

TOMO I<br />

I1.


1258 Episodios Hislóricos Mexica,:os<br />

Ia ünica a quien he puesto al tanto do ello: csta misma noche iris<br />

A verla con ella conversaras, y después...<br />

—Después yo sabre to quo debo hacer.<br />

—Soguro estoy do quo será to ruejor.<br />

—PondrC mi empeno en ello.<br />

—Bien, cornienza I obscurecer: to dejo y... hasta mañana.<br />

—Hasta mañana, hermano nib.<br />

Al salk Ochoa do Ia casa do Lizardi, un caballero so desprendió<br />

de uno do los zaguanes próximos y Ic dctuvo fingiendo un encuentro<br />

casual.<br />

—V.ya usted con Dios, senorpoeta,—ieclijo tcndiéndole la mano.<br />

—Salud, Sr. D. Alvaro de Cervera,—contestó Ochoa.<br />

—EQuC tat ci amigo Lizardi?<br />

—Estudiando conio sicmpre.<br />

—Habrá usted venido a cornunicarle aigün fantástico poema de -<br />

duendes y aparecidos.<br />

—Por qué do ducndes y aparecidos?<br />

—Porque so susurra por ahi quo ha pasado usted dos dias on la<br />

casa rnaldita, morada dc Ia antigua aniante del famoso embaticador<br />

Garcia Alonso.<br />

—;QuC quiere usted decirme con eso?—preguntó Ochoa irritado.<br />

—Nada, eminente poeta, nada, como no sea quo no se fie usted<br />

mucho on la eficacia de los exorcismos para ahuyentar A los duendes<br />

do la casa ma!dita.<br />

_\Taya, estd usted do brorna, mi Sr. D. Alvaro, y yo voy deprisa.<br />

—Pties no quiero detencrie, senor novicio; vaya usted con Dios.<br />

—Y do usted no so aparte,—respondió Ochoa prosiguiendo sU<br />

cam in 0.<br />

D. Alvaro marchó tambiCn en dirección opuesta, pero echando<br />

una mirada sobre la casa do Lizardi, dijo para SI:<br />

—I'obrcs de vosotros Si OS mezciáis on este asunto: Os apl;tstaré<br />

como a ladrones que han sorprendido la caja donde oculto mis<br />

tesoros: redoblarC mi vigilancia y mi persecución.<br />

VII<br />

Eran enteraniente ciortas las noticias quo corrIan sobre el asunto<br />

de la libertad do imprenta. El lunes, 5 de aquel mes de Octubre,


-<br />

La Constituiôi del Año Dace<br />

prestaron juramento en presencia del virey los individuos que dobian<br />

compofler la Junta do censura, segün ci acuerdo y los nonibramientOs<br />

do la Regencia.<br />

Como rios desbordados do su cauce, las imprentas do D. Juan<br />

Bautista Arizpe, de D. Manuel Antonio Valdés, de D. Mariano Ontiveros,<br />

de D . a Maria Fernández de Jáuregui y otras do las do aquci<br />

tiempo, en la capital, dieron salida a una multitud de periodiquilbs<br />

y papeles pobrernente impresos y no admirablemente escritos.<br />

Los vendedores anibulanteS do esta pequeña prensa, ensordecian<br />

a quienes por ci portal de Mercaderes transitaban, gritando pocos<br />

dias después de acordada la libertad:<br />

;La Gaceta!<br />

;Et Pen sador extraordiflario!<br />

;E 1ucuetilio!<br />

;El Papel nuevo de aliora!<br />

;El Diana!<br />

iEl 1/er dadeno ilustrador!<br />

El Aristarca!<br />

j El /'z/opatro!<br />

;El Yuguetón!<br />

1E1 1/jndjcador del C/era!<br />

1E1 Perico de la Ciudad!<br />

E1 Sastre elogiador de la nina juguetona!<br />

El Amigo de la Patnia!<br />

(El Censor extraordinanio!<br />

Y otros muchos más quo por no cansar a mis lectores no cito.<br />

Aqucilo fii una fiebre: unos a los otros papeles so hacian una guerra<br />

feroz; estos en chabacano estilo, aquellos con instiltantes provoca-<br />

Clones, algunos con mesura, pocos con talento, y para quo de exagerado<br />

no se me tache, copio aquI un parrafito, que andando los<br />

años escribió en su Cuadro 1-list6nico D. Carlos Maria Bustamante,<br />

quo presto vamos a ver tomando parte activa en ci caml)O insurgente.<br />

Sesenta y tres dIas,—dice Bustarnante,—duró la libertad<br />

de Imprenta aljron muchos papeluchos en este corto<br />

espacio do tiempo, pero ciertaniente indecenteS en la mayor parte<br />

Y dabn muv mal cobro en Europa do la literatura mexicana.'<br />

Bustarnante fué de los prirneros en saltar a la palestra, redactaudo<br />

El 7ugwetillo, que empezaba ad:<br />

1259


26o<br />

Episodios Históricos Mexicanos<br />

'Conque podemos hablar?... ëEstamos seguros? pregunto doña<br />

Rodriguez a D. Quijote en aqucila visita nocturna, que tan cara le<br />

saiió por ci capricho ck la duquesa, y en que teniió el bucri Hidalgo<br />

que peligrase su virginidad, preservada en la yenta a rnerced<br />

de La vigilancia del arriero sobre Maritornes?... pues a ello Dios me<br />

gule y la pcña de Francia, y la trinidad de Gaeta, y beso mi p6.<br />

nola, como las indias ci primer mcdio de ]as peras que venden.?<br />

D. Joaquin Fernández Lizardi sacó tanibién a luz su Penidor<br />

lifexicano, de cuyo primer nümero dice Bustamantc en El Yiue.<br />

tillo lo siguiente:<br />

Dirijome ahora a cierto Pensador /lTxicin quc se lbs ha pre.<br />

sentado hoy de patitas en Mexico... buenos dias, cara hermosa,<br />

saludamos a usted con ci angel: de cuIndo acá Ic ha venicio en<br />

gana pensar sore diverms materias y pensar bien? Cuidado,<br />

que ci que mucho habia, etc., somos unos pobretes, limitados, y<br />

apenas podemos acertar en una cosa: los omniscios como Lcil'nits<br />

son ay es raras en ci mundo: ha empezado usted bien, aunque pudo<br />

omnitir toda la historia de Witiza y D. Rodrigo: en una foja de papci<br />

pudo decirlo todo: ya sabemos ]as ventajas de la libertad de<br />

irn prent, y ci uso moderado quo debe haccrsc de ella; pero adelante,<br />

siga usted, a quien no pedimos más sino que desemprie el<br />

epIgrafe de su obra, y no hará poco, sin ira, odio, øasibn ni<br />

lidad: quo Cste sea ci carácter de sus pensamientos: déjernc dar<br />

estos COnSejos, pues los viejos reganones estamos autorizaclos para<br />

grunir a todos; do algo nos ha de servir tener Ia cabeza comno us<br />

nabo.<br />

No es mi ánimo cansar a mis lectores reproduciendo aquI, como -<br />

pudiera hacerlo, otros muchos párrafos de los periOdicos de aquelbs<br />

dIas; Iero bicn pueden creer que no se engañarán, pensando<br />

de aquel curioso perIodo do nuestro periodisnao nacional, lo quo<br />

pensó y dejó escrito Bustamante en ci ya citado párrafo de su<br />

dro PIistório.<br />

Limitada es mi inteiigencia y escasa mi instrucción, ningunas<br />

mis cualidades de critico; pero no se necesita haber estudiado en<br />

academias para juzgar por ]as muestras ci estado lamentable en que<br />

se hailaban en aquellos dIas en Nueva Espana las bellas letras.<br />

Ni en prosa ni en verso producian nuestros ingenios cosa algufla<br />

estimable: creo haberlo ya probado más de una vez, y remito a


, .^ ( :fu: i; 201<br />

Jos que aun no se hailen convencidos a los papeles y periódicos de<br />

aquel tiempo. No puedo poner en duda que las intenciones fuesen<br />

buenas; pero no en todo, V en litcratura mucho menos, bastan ]as<br />

buenas intenciones.<br />

Ni podia ser do otro modo: la administración colonial no dejó<br />

d2 poner trabas a la i!ustración de los criolios: los historiadores<br />

más parcidcs, Jos ms entusiastas por aquel imperfecto regimen,<br />

convienen cii las lirnitaciones a que estaban sujetos en las AmCricas<br />

el pensamiento y la instrucción. No es querer mal a nadie ni ser<br />

mat patriota decir la verdad, y yo me cornplazco en haberia dicho<br />

en mis humildos Jibros; y Jo hago asi, porque si Dios quiere que<br />

algo vivan, bueno será que conste que alguien rindió tributo a esa<br />

verdad, que es la mis pcligrosa de ]as virtucles, por ser en ella tan<br />

fuerte la iuz que irradia, comb dbiies para resistirla ]as pupilas de<br />

Jos niochuelos del patriotismo.<br />

La libertad es la atmósfera del pensamiento: faltó en Mexico<br />

esa libertad y faltaron los Ingenios: solo, pues, huho copleros en<br />

aquella dilatada época, mereciendo dnicamente ser exceptuados<br />

AlarcOn v Sot Juana, siendo aquCi ci poeta dramático espanol de<br />

mas flosófico instinto, ci quo usó un cstilo más sencillo, más claro<br />

Y mu adecuado Ia jntencjdn moral del drama, V Csta un verdadero<br />

prodigio de ingenio, algun tanto obscurecido por su alambicado<br />

discret0o, como antes que yo dijo un gran escritor cspanol. Que<br />

Otros nombres de poetas criollos han ilegado hasta nosotros, ropetidos<br />

por todos los labis, como repetidos son Jos de AlarcOn y<br />

Sr Juana DejCmonos de cuentos y tonterIas; quien consagra ci<br />

Thrito de los grandes escritores es ci pübiico y no los eruditos:<br />

todo5 distinguimos Ia presencia del sol sin necesidad del auxilio<br />

de los astrononios; si hubieran existido grandes poetas criollos,<br />

habrianse senalado comb los dos tantas veces citados, cuyos talentos<br />

fueron tales que pudieron veneer todos los obstáculos de la<br />

educacion del tiempo y de la distancia.<br />

ContravCndonos ahora a la época de acciOn de mis EPisoDIos<br />

encorl<br />

traremos A los poetas de Nueva España agrupados en lo que<br />

° Ilan cArcadja \iexjcana,: cuáies fueron los frutos de esta<br />

Lastima da leer sus composiciones en ci Diana dc<br />

&r,0, de las cuales algunas he dado a conocer a mis lectores. Ni<br />

POd<br />

ia ser de otro modo sienclo conio fuC imitaciOn Ia mexicana de


1262 Episodios Hisicricos Mcxicanos<br />

la Arcadia fundada en Roma por Crescimbeni en mil setecientog<br />

noventa: ci objeto de la de Roma fué poner coto a los extravio<br />

del gusto, cmas no hizo en verdad, dice ci ya citado critico espafbi,<br />

sino trocar el dciirio por ci fastidio y desarrollar ridIcularnen.<br />

te la moda pastoral, quc, hija degenerada de la imaginación de<br />

Sannazaro, quo habIa dado a la Arcadia griega forma ideal, produjo<br />

tanta insulsez y arnaneramiento en la poesIa: sus emblemas,<br />

usos acadérnicos y tareas poéticas, todo tenIa un carácter por<br />

demás risible y candoroso; estaban contagiados del espiritu dc afec.<br />

tación y de artificio que habia corrornpido las letras, y da de<br />

ello rnanificsto testirnonio la pueril prescripción de designar i los<br />

arcades con nombres mds ó rnenos griegos, a veces en sumo<br />

grado extravagantcs, con lo cual so daban por alistados entre los<br />

pastores de Arcadia: ci arnartelamiento y Ia insipidez fueron sus<br />

distintivos: plaga de poetas pastoriles que se inspiraban en su ga.<br />

binete sin ver mds cielo ni más campo que Ia pared ó el tejado de<br />

la casa vecinas.<br />

Este mismo pésimo gusto domino en Espana, y trasunto de él<br />

fué ci que reinó entre nosotros; pero aunque escasa, hahia aft mayor<br />

libertad, y de entre ci poivo do la ruina de las letras del siglo<br />

de oro • alzdronse con asombro general é inrnarcesibie gloria los<br />

Jovelianos, los Cienfuegos, los Quintanas, en fin, por no dctcnernos<br />

en cucstiones ajenas hasta cierto punto al carácter dc estOS<br />

mis pequenos libros.<br />

Dóndc cstdn en nuestra historia literatia Jos nombres quc poda<br />

mos oponer a aquellos ilustres nombres<br />

VIII<br />

Dias después de estos sucesos, la simpatica ciudad de Telivacafl<br />

de las Granadas, convertida por el Sr. Morelos en su cuartel eC<br />

ral, presentaba un desusado aspecto do anii-nación y activid:d. El<br />

dIa era frIo y desagradable: el impetuoso viento forrnaba cnrru<br />

torbellinos que arrastraban de uiio a otro lado gruesas coiumfl<br />

del fatal polvo bianco quo cubre enteramente las cercanIas.<br />

—Molineros parecIamos, —me decIa el compadre Mascarilla<br />

contarme estos sucesos.


La Consiiiuciôn del Aüo Doce 1263<br />

_Y qué rnotivaba aquella animación y actividad? - Ic pregunte<br />

yo.<br />

—Poca cosa, muchacho: el general babia dado orden de ponerse<br />

en marcha para ir a buscar an ci carnpo 2i los realistas, ya qua<br />

ellos no hahian tenido a bien ir a encontrarnos an Tehuacan. Pero<br />

Jo qua yo puedo asegurarte es qua todos estábamos seclientos de<br />

sangre y de vcnganza.<br />

—Pues _11.16 habia pasado?<br />

—Una cksgracia, muchacho; una gran desgracia qua habla<br />

arrancado muchas iágrimas a nuestros hijos.<br />

—Y vamos a ver, ;quién era capaz de hacer Ilorar a ustedes?<br />

—Un vaIicnt tI Un UiU (Jlj Uc ]I;1nitrsU ti<br />

va1ient,.<br />

—D. Ni,:U 1•D, U(<br />

—No, gracias a Dios; V. Nicolas estaba hueno y continuaba en<br />

la proviucia de Vcracruz triunfando an todas partes, más qua por<br />

su valor y talento rnflitar, ior si gencrosidad sin ejemplo y su alma<br />

de gigarite.<br />

—Ouién CfltUI1CCS<br />

—El hombre por nosotros Ilorado, aquel cuya muerte querIamos<br />

vengar, habIa sido tin mulato, nil simple arriero, un hombre<br />

Slfl ifl Strucción, pero un valiente y un gran militar, comb todos los<br />

hombres J los cuales formó all Sr. Morelos.<br />

—Quién an fin?<br />

—El coronet 1). Valerio Trujano.<br />

— EI heroico defensor de Tehuacan?<br />

—El mnismo.<br />

— Pues qué le paso?<br />

—Lo üitimo qua puede pasarle a tin hombre.<br />

se murió.<br />

--;Peoi- todavfa!<br />

—No comprendo.<br />

—Que le mataron: Si, muchacho; nlorirse de una enfermedad<br />

que Dio s envIa, malo es, pero en fin, Dios Jo manda y no hay melode<br />

000nerse; pero eso de qua a UTI hombre, fuerte, sano roust0<br />

y valiente Ic peguen un balazo çomo i un venado y lo dejen<br />

tendjdo en tirrt -'. ' n)'UI2 ci.<br />

Ciencia


Oft LI<br />

126.1 Episodjos Hisiórjcos Mexicanos<br />

—Pero, compadre, —observe yo: —despuCs de todo, nad:, más<br />

natural-que quien a las guerras Se lauza muera de un balazo.<br />

—Es verdad, pero Cs una diablura, lo repito: ci coronet D. Va.<br />

ierio Trujano no debia haber muerto: era Un valinte nos<br />

hacia mucha falta.<br />

—Pot eso misrno Ic rnatarian los reaiistas.<br />

—Ellos fueron quienes le mataron, y al comae! D. Saturnino<br />

Samaniego, comandante de la division de vanguardia del Eircito<br />

del Sur, fu6 zi quien le otorgO el diablo esta fortuna. Por orden del<br />

Sr. Morelos, Trujano saud do Tehuacan Cl 4 do Octubre on busca<br />

do vIveres, y con sus cuatrocientos hombres hizo noche en ul Ran.<br />

cho de la Virgen, cntre Tiacotepec y Tepeaca, camino de Tehua•<br />

can a Puebla. Samaniego, que contaba con buena tropa y c haliaba<br />

en Tepeaca, dejO ésta alas dos do Ia madrugada di 5 y<br />

sorprendid a Trujano, cuyos centinelas habIanse doimido. Ti-ujano<br />

se hizo fuerte on Ia casa del Rancho v comcnzd a rechazn y con<br />

dxito a los realistas, pero éstos incendiaron Los dcpdsitos ck rrasa<br />

del Rancho, y el pestilente y sofocante humo obligd a los indcpendientes<br />

a salir de sus parapetos. Trujano so puso imprudentc:-icnte<br />

a su cabeza y rccibjó dos balazos quo le tendieron n-iuerto. Simaniego,<br />

que habia quedado mat herido de una pierna, temienlo Ia<br />

proximidad de Jos insurgentes quo acudIan on auxi!io de Tujano,<br />

so rotirO do Tepcaca: recogido por nosotros ci cadaver del viente<br />

Trujano, se Ic hicieron, por disposicion del Sr. Morelos, sO1;mnc3<br />

honras finebres; pero ya lo dije, lo más grande y conm.vedor<br />

fué ci espectáculo do pattico duelo que todos dirnos derrarnando<br />

ii torrentes nuestras lágrimas. Unos dIas despuds, ci 13 de Octubre,<br />

ci Sr. Morelos nos hizo salir con gran reserva de Teh:n:an,<br />

y todos creirnos que de algo muy importante se trataba, pues -<br />

Cl misrno so puso al frente de ]as fuerzas. Supirnos despus que<br />

ci objeto era recoger on la hacienda de Ozumba, no mu y di-tante<br />

de Nopalucan, ciento diez barras de plata que Osorno habia trna<br />

do en Pachuca y destinádolas a gastos del ejCrcito: por surucstO<br />

quo de ello nos enteramos ünicamente cuando las hubimos<br />

gido: tan grande fuC la reserva con que, como ya dije, procedió<br />

ci Sr. Morelos.<br />

—No les vendrIan mal a ustedes las tales barras.<br />

—Ya lo creo quo no, piies tan escasos de dinero andábamos que


La Consiitucidn d4 Aio Doce 1265<br />

hacia tiempo quo ninguno recibIamos ni siquicra una parte de<br />

nuestro pcqueño haber.<br />

—Pero D. Ignacio Rayon qué hacla mientras tanto?<br />

—Dcspués te lo dire: escucha ahora y no me interrumpas con<br />

tus preguntas.<br />

—T)iga usted, compadrc.<br />

—Nos disponamos ;i regresar Tchuacan, cuando recibimos<br />

Ift,<br />

-j'- -'-'<br />

,- '•, ..<br />

,<br />

-<br />

en In maiiana del iS de Octubre...<br />

aviso de que D. Ciriaco del Llano, noticioso do nuestro paso por<br />

San Andrs Chaichicomula, disponia jugarnos una mala partida<br />

CChándo0 5 encjna a D. Rosendo Porlier y al coronel D. Luis del<br />

Aguila, y entreteniCndonos por este medio, hacer pasar sin peligro<br />

un COflOy detenido en Amozoque. Atento, ante todo, a no<br />

Perder ]as ciento djez barras do plata quo habIarnos recogido de<br />

Os orno, no habia entrado en los planes del Sr. Morelos atacar a<br />

OS rcalist pero ci conocjmjcuto de la importancia del convoy nos<br />

IZo Caer en la tcntación do apoderarnos de él, y en Ia mañana del<br />

£8 de Octubre cargamos sobre Ia retaguardia rea!ista poco dcspués<br />

quo hubo pasad p- j 5atrj() L - : t: d Chiana. Nada<br />

loMo I


•<br />

mcnos quc D. Hermenegildo Galeana fué quien se encargó de di-.<br />

rigir ci ataquc; pero los realistas anduvieron listos, y nos olmsie-.<br />

ron tan vigorosa resistencia, que nada conseguirnos, y mientras ci<br />

tenicntc coronci D. Pedro Otero, con su batailón de Guanajuato y<br />

doscientos caballos introdujo en nuestras filas el desorden, D. Luis<br />

del Aguila apresurO la marcha del convoy, tomando con dl ci camino<br />

de Ojo de Agua. Tuvimos nosotros alguna p6rdida de cnte,<br />

y los rcalistas nos mataron de un caonazo al cura Tapia, cot-onel<br />

de un regimiento insurgente: sin intentar ninguna otra acciOn que<br />

pudiera haber puesto en riesgo nuestras barras de plata, reçresarnos<br />

en buen orden a Tehuacan. Ahora me toca decirte alj de<br />

D. Ignacio Rayon. Despuds de haberse asegurado en 1-luicliapan<br />

de la obediencia de C7iit' Villagrán, resolviO atacar a D. Rafael<br />

Casasola que hacia rnuchos daños a la revolución con sus rcalistas<br />

y patriotas desde su cuartel general de lxmiquilpan: salió ci 1 5 de<br />

Octubre contra este rico pueblo, y IlegO ante di ci mismo dIa iS en<br />

que nosotros nos batirnos con el teniente coronel Aguila: oupó<br />

con su tropa ci cerro de la Media Luna quc domina a IxrniIuiipan,<br />

y rcchazó victoriosamente a Casasola que quiso desa!>jarlO<br />

de aquella importantc iosiciOn: desde ella, y después de estc tiiufl<br />

fo, intimó rendición a CasasoUi; pero dste Ic contestó con arrZaflcia<br />

que jamas consideraria como beligerantes a bandidos y rebcdes;<br />

Rayon atacó entonces a Ixrniquiipan ci 19, y a punto estaba de<br />

tornarla, cuando ci Chito Viilagrán se retirO con sus fuerzas aban<br />

donándole traidoramente, pues no podia ver :1 Rayon, al cual ;tborrccIa<br />

como a todo representante del orden y la autoridad. El ;)rcsi<br />

dente dc la Junta tuvo ciue retirarse a Huichapan, y Caaol3<br />

atribuyó a rniiagro la salvación de Ixmiquilpan, hasta cuya plaza<br />

habIa casi entrado ci valiente coronel Lobato, quien siendo abO<br />

del regimiento dc Tres Villas, fud hecho prisionero por Ravn eP<br />

Ziticuaro, en cuya dpoca tornó partido por los insurgentcs, y ieS<br />

fud muy ütil organizando d instruyendo a sus .tropas. Cuando de<br />

regreso en Huichapan D. Ignacio pretendió reprender<br />

por su infame comportarniento, ci Cliito se dcclarO contra 1 Y<br />

quiso ponerie preso, y le hubiera asesinado tal vez sin la presefl<br />

de ánimo del Presidente que arengO a sus tropas y obligO i huir a<br />

las Viliagranes, de las cuales dijo ci secretario de RayOn en sit W3<br />

rio, quc: reran airnas ncras que con su lihertinaje, arbitrid


W,<br />

La Co,,sli1scin del Ailo Doce<br />

1267<br />

y excesos hablan asolado aquelios coritornos, estimando ci rompimiento<br />

por tin favor especial del cielo, atendido ci estado de las<br />

cosas, las vejaciones que sufrIa Ia jurisdicción y las ningunas ven•<br />

tajas en Ia causa comfln, para que aquelios n1aihcchOrcs expiasen<br />

por fin sus delitos, quc habIan sido el cscándalo de Ia época. No<br />

fué tampoco muy afortunado ci otro niienibro dc Ia Junta, D. José<br />

Sixto Verdusco, at cual D. Pedro Celestino Negrete, que le hamaba<br />

el cabecilla doctor, derrotó ci dIa 26 de Octubre en Uruapan,<br />

de donde escapó rcfugiändosc en Ia hacienda de Taretan, propiedad<br />

de los frailes agustinos.<br />

OWN*<br />

Ix<br />

Era ernpresa punto menos que irnposiblc cortar at compadre<br />

Mascarilla Ia palabra una 'ez quc ha tomaba: dejle pues hablar<br />

basta quc quiso buenamente terminar, segén consta en ci final del<br />

anterior capItulo.<br />

No tardó mucho en proseguir diciendo to siguiente:<br />

—Pero, quién habrá que pueda hacer caso de cosa alguna de<br />

aquellos dIas, que no hubiese estado dirigida po ci Sr. Morcios?<br />

;Válgarne Dios! iY cómo quisiera ser, no hombre burdo 6 ignorante<br />

que apenas .sabc hablar en mal castellano, sino todo uno de esos<br />

Señores ictrados que n-ianejan ci habla de Cervantes como SUS Pinceles<br />

Ufl Murillo! Pero, ;quid! jsi no puedo por más que hago!<br />

Dispénsenme, plies, y contdntense con entenderme siquiera, ya que<br />

desputs de todo no estaria bien que un pobre palurdo habtase tan<br />

'amid0 y tan pulido como un senor. El dia era feo y frIo como ya<br />

dije antes, pero ci general habta dado Ia orden de que todo ci mundo<br />

Cstuviera listo para marchar inmediatamente, y como ci tiempo era<br />

escaso y rigurosa Ia disciphina, todos andábamos listos, de aqui pat-a<br />

aila, y con ci movimiento y Ia actividad ninguno sentiamos ci frIo.<br />

Pore! pronto, v aun despuds de algun tiempo de marcha, nadic supo<br />

a donde nos diriglamos, pero en Ia madrugada del dIa 28 ci aire<br />

flOs trajo los ricos aromas de los platanares y cafetales de Orizaba.<br />

A las ocho de la mañana del jueves 29, nuestro ejército saludó a<br />

a potica ciudad desde ia Garita del Molino, y los pabeilones mdc-<br />

Pendientes ondearon jominantcs en ci cerro del Calvario.<br />

I


1 268 Episodios Hisióricos Mexicanos<br />

Una sección insui-gcnte habiase apoderado del Tngenio, punto<br />

poco distante do Orizaba, y cierrotado a una pequena guarllición y<br />

una fuerza de cincuenta hombrs quo de la ciudacl saiió en su<br />

a u xii io.<br />

No so ignoraba, pUCS, nuestra proximidad, y asi fué quo al descubi-irnos,<br />

ci coronci D. José Antonio Andrade quo rnandaha en Ia<br />

plaza, nos rccihid a caflonazos, quo nuestros artilleros contestaron<br />

con acierto y violencia, dirigidos por el Padre Bar-era.<br />

AuclIo fud rnuy reñido, rnuchacho; a n-il me tocó estar con don<br />

Hermenegildo on la Garita do la Angostura, y mi caballo, pues<br />

solo cot-no jinete mc permitla combatir i-ni pierna de palo, par aba<br />

las orejas y ensanchaba las narices asombrado del estrépito dc Ia<br />

fusilerla y de ]as voces do guerra; pero los realistas de Ia Angostura<br />

parecian hechos do bronco y rcsistlan nuestro ernpuje sin retroceder<br />

un solo paso por más quo los acribillaba a rnctrailazos la batena<br />

de Tiachichilco: ábrensc de pronto, y disparados como una bala<br />

caen sobre no.sotros como unos cicn cabailos: pero tampoco nosotros<br />

sabemos retroceder, y los falta cspacio para movcrsc, y uno<br />

tras otro caen todos 6 rnucrtos ó prisioneros: la gente so desprende<br />

entonces sobre la trinchera y Ia toma al arma blanca: quicrcn efltonces<br />

retirarse los defensores, y ti-as clios nos lanzamos con tal<br />

precipitaciOn quo con ellos nos confundimos y les es de todo punto<br />

imposible levantar ci puente arriniado sobre ci foso, y a Jas voceS<br />

do iadelante, americanos! quc D. 1-lermenegildo repite, danlo él<br />

ci ejemplo, iicgamos a Ia plaza donde so encuentra el grueso do la<br />

guarniciOn quo nos hace ut-i fuego espantoso. Sobrevienc Un momento<br />

do duda y vacilaciOn, porque ante ci hcroIsrno do los dcfcn<br />

sores se estreila ci heroIsmo inclependiente. Pero ci Sr. M reloS<br />

domina ci carnpo de acción con su vista de águila: truena so vOZ<br />

las Ordcnes, y ci ejército so divide en tres columnas, de dos du lac<br />

cuales so encargan D. Antonio y D. Pablo Galeana: una y otra SC<br />

incrustan, por asI decir, on ]as calles do la poblaciOn, y distinui<br />

mos al fin, ebrio do valor y cntusiasnio, al coronel Andrade, afl<br />

zando vivas a Espafla y al Roy on Ia calie Real, defendida por dos<br />

trincheras levantadas on el puente do la Borda y en la igksia de<br />

Doores: ante nucstro vigoroso enipuje, Andrade so ye obligadO a<br />

retroceder, porn In lace en bticn orden v Ilev:indosc sus ca:oflCs<br />

1 t ) F1 L ) 1 11 -1 'I


W_<br />

La Conslifucton dl Ano Doce<br />

1 269<br />

filas: atravesamOS asi toda Orizaba y vamos a salir al liano de Escarnela,<br />

y mientras de frente continuarnos avanzando sobre la divi.<br />

sión realista, 6sta se ye de pronto hábilmente flanqucada por nuestra<br />

cahailcrIa: Orizaba queda por los insurgentcs y lo anuncian asi<br />

los alegrcs repiques de las campanas, sin que Andrade nos consienta<br />

dejar de combatir, defcndiéndosc conio un Icon, y retrocediendo<br />

siempre hacia ci carnino de COrdoba, sin quc sus realistas<br />

olviden ni un solo instante la disciplina. D. 1-Jermenegildo Ice<br />

entonces clararncntc las intencioncs de Andrade y marcha con su<br />

caballeria a situarse en ci cerro del Cacalote; pero ci jefe de las<br />

tropas reales ni por CSO Sc intimida, antes bien con desusado brlo<br />

torna tarnbién aquelias alturas, se abre paso por rncdio de nuestras<br />

filas y torna con rapidcz ci camino deseado, continuando en su<br />

persccuciOn nucstras partidas, hasta que un ayudante del general<br />

]as alcanza y da Ia orden de retroceder.<br />

se cscapO?<br />

—Si, corno escapan los valicntes, salvando una buena parte de<br />

sus fuerzas v con ci cuerpo acribiliado de heridas.<br />

—;Notabic acciOn! .—cxclarnd yo cntusiasrnado con la relación.<br />

—V tanto que si: rue acuci-do que al cncontrarse ci Sr. Morelos<br />

Y I). Hermenegildo, se entablO ci siguiente diálogo:<br />

Sr. Morelos, bravo gackufti;z es este Andrade.<br />

—Valiente a carta cabal, Sr. Galeana.<br />

—Una de ]as veces en quc estuve con di al habla le dije: Andrade,<br />

flndase usted y k devuelvo a su hijo Martin que tcncmos prisionero<br />

desde Ia derrota que dió Bravo a Labaqui.<br />

—Pero se ncgó.<br />

—Justo, y me contestd:—Gracias, Sr. Gaicana; pero ahora debo<br />

olvidarme uc que soy padre y recordar que soy vasailo del Rey y<br />

CO0 tal defetideric lasta morir.—Páscsc a nosotros y scrá nuestro<br />

arnIgo, dije yo, y contcstó dI:—No puedo, D. Hermencgiido,<br />

no Puedo, ni al precio de esa amistad que me ofrece y quc espero no<br />

vide si al fin quedo derrotado.<br />

-Crea usted, Galeana, que hubicra sentido mucho que huhiéra-<br />

OS hecho prisioncro a Andrade.<br />

-Por qud, mi general?<br />

Porq Ue no Ic habrIa fusjlado, y esto hubicra sido sentar un mal<br />

PrCCecC .<br />

e. iOS realistas nos han aliorcaclo a nuestro bucn D. Leo-


1270 Ejisodios His!,Sricos Mexicanos<br />

nardo, y no debemos perdonar a ninguno que caiga en nuestroA<br />

manos.<br />

—Mi general, gusto da combatir contra valientes como Andrade,<br />

y estas victorias bien reflidas son las que satisfacen.<br />

—SI, Pero hemos sufrido gi-andes pérdidas.<br />

—Es claro; pero qué remedio si no hemos luchado con co<br />

bard es?<br />

Pudieran repetirse estas ültimas palabras, continuó diciendo<br />

compadre Mascarilla, a los que al escribir sobre esta torna de Onzaba,<br />

nos han venido saliendo con que los insurgentes solo tuvi<br />

mos cinco muertos y veinte heridos: solo parece que quisicron dar<br />

a entender que los realistas clisparaban sobre nosotros bolas de<br />

miga de pant<br />

—Compadre,-----lc dije yo at ver su enojado semblante,—no tome<br />

la cosa tan a lo serio.<br />

—Cómo no he de tomarla? Critican con razón a la Gacda por,<br />

lo que micnte at dar noticia de los muertos realistas en acciOn de<br />

guerra, ;y haccn ellos otro tanto cuando hablan de los indepndien<br />

tes? Digan to que dijeren, nosotros perdimos en Orizaba m;is de<br />

doscientos hombres entre muertos y heridos: de los realistas mu<br />

rieron mas dc cien é hicimos como trescientos prisioneros que en<br />

su mayor parte se nos incorporaroti y sirvieron fielmente.<br />

—For supu.esto que algOn fusilamiento habria.<br />

—Si, por desgracia.<br />

—; Cuãntos?<br />

—No lo sé zi punto fijo, Pero algunos oficiales fueron pasados p°<br />

las armas, i pesar de los ruegos y buenos oficios de los VCC1fl0<br />

princi pales.<br />

—Y por qué tanta severidad?<br />

—Porque el general querIa vengar la muerte de D. Lonard0<br />

Bravo, cumpliendo inflexiblemente las duras le es de la<br />

l'or cierto que entre los fusilados estuvo un jovcn realista l!ama<br />

Santa Maria, quc, hecho prisionero en San Agustin del Palmar,<br />

se Ic pusiera at servicio de la causa insurgente, y a los pocos d1<br />

se fu-6 y volviO at campo realista. Cuentan de cl quc estaba P<br />

casarse con una bella señorita de Orizaba, Ia cual, al saber la P<br />

sion de su novio, prescntó a! Sr. Morelos un memorial j)i(jj__'rdole<br />

!L V1,1A V lbr1J r()mij(,: :Lfi: c'.Sr. q


_.1.<br />

La Couslitucion del Año Doce<br />

odiaba las traiciones, lcyó ci memorial y en su margen cscribió<br />

como acuerdo: escoja otro nov10 mds decente. Pero todo esto no<br />

pasa de ser Lin rumor sin fundamento conocido, pues at menos a<br />

ml no me consta que tat cosa haya pasado.<br />

El botin quc en Orizaha recogiô ci Sr. Morelos fu6 rnuy importante,<br />

y sobre todo privó at gobierno virreinal de la percepciott do<br />

mu), cuantiosos recursos, por efecto do la orden quo dictó para que<br />

fuese qut.mado ci tabaco quo existla en los almacenes do la villa.<br />

Segün cálculo del misnio general Morelos, ci valor de estc tabaco<br />

ascendia a catorcc millones.<br />

ONOW"<br />

x<br />

Obtenido por el general ci logro de su proposito, que foe privar<br />

at gobierno cnemigo do los pingües productos del estanco del<br />

tabaco, doterrnjnó volver a Tehuacan dejando uria corta guarnición<br />

en Orizaba en la que solo perrnaneció cuarcnta horas.<br />

Emprendid, pues, su vuelta ël sábado 3 r de Octubre, niarchando<br />

£Ofl cierta rapidez a fin de saivar to mu pronto posibie ci Puente<br />

Colorado, en ci cual se bifurca ci camino en dos rarnales, uno que<br />

Va a Tehuacan y ci otro quo desciende suavemente hasta Ixtapa, en<br />

la cual se encontraba ci teniente coronet D. Luis del Aguiia con<br />

sus realjstas. No eran vanas ]as precauCiOflcs del Sr. Morelos, pues<br />

flotjcj0so ci jefe espanol do Jos sucesos do Orizaba, saiió violentamente<br />

en so socorro y llegó ci dia i .° do Novienibre a las cumbres<br />

de Acuitzingo, a tiempo quo también comcnzaban a pasarlas las<br />

Vanguard ias insurgentes.<br />

Habria deseado ci Sr. Morelos evitar este cncuentro quo no<br />

entraha en sus planes y aun podia estorbarlos grandemente. pero<br />

Preciso to fud hacer frentc a Ia division de Aguila compuesta do mil<br />

dosciento5 Cincuenta hombres.<br />

Forrnd en consecuencia sus tropas en dos lineas y enIiló ci<br />

Camino real con sus once piezas de artillerla, ordenando quo asi los<br />

agajes que coiiducian ci botln hecho en Orizaba como ci resto de<br />

Sus gentcs, tomase duraute Ia aCCiófl v a la deshilada ci camino<br />

de Tehuacati<br />

A.guila dividiO a las suyas en dos columnas y avanzd resuelta-<br />

1271


Episodios HisIáricos Mexicanos<br />

rnente sin detenersc ante el fuego de las piezas, tras de ]as cualesse<br />

tendIa la prirnera lInea insurgente: esta lInea se rcplegó sobre Aa<br />

segunda a la voz de mando de D. Flcrrnenegiido sin odupars en<br />

retirar la artillerla quc cayó en podcr de Aguila.<br />

Los dragones de éste hubieron de cejar ante la resistencia que<br />

encontraron, y otro tanto hizo ci cscuadrdn dc Puebla a CUyU frente<br />

iba D. Manuel Flon, hijo del conde dc la Caclena: por una v Otl<br />

parte la lucha fué tremenda, y cuando por haber sido ya cjccftadaS<br />

las órdencs del Sr. Morelos, la linea protectora insurgente se prO<br />

nunciO en retirada, ci dcsbandarnicnto fué tan grande quo D. He'menegildo<br />

liegó a encontrarsc solo, rodeado de enemigos q1c 1e<br />

mataron su caballo y quedo casi an su poder; pero ci tcrrcno di11C11<br />

v escabroso dc ]as curnbrcs vino en su auxilio, y perdiéndoelS<br />

entre los matorraics, la suerte Ic deparó un grucso tronco hucco '<br />

un afioso alcornoque y aiII se ocultó, sin qua iii sospecharlo 1)Udi


W_- F La Co,:stitucidn de! Aim Doce 1273<br />

ran los rcalistas qua por muerto lo dieron, celebrando la errdnea<br />

creencia con ilimitadas muestras dc regocijo.<br />

Todo ci resto de aquel dIa permanecid oculto en su providencial<br />

escondite aquel htroe quc fud mientras vivió ci brazo derccho de<br />

su general, quien se entregd sin reserva a una honda pena, cuando<br />

at pasar rcvista a su gente en ci pueblo de Chapulco, scñalado de<br />

anternano por punto de reunion, se encontrO sin su valiente Galeana:<br />

ci tenior de su muertc 6 de su prisidn fué general, y en cruel<br />

angustia se paso toda la noche sin qua D. Hcrrncnegiido apareciese:<br />

ai fud, que at presettarse entre sus amigos al siguiente dIa<br />

at héroc fué recihido con indecibie entusiasmo; sin detcnersc más<br />

los insurgentes se pusieron en marcha y entraron en Tehuacan at<br />

miSmo clia 2 de Noviembre, an cuya fecha comunicó ci Sr. Morelos<br />

a Ra y On los sucesos que habian tenido iugar, feticitindosc de<br />

qua con la querna del tabaco de Orizaba habIa disminuldo en siete<br />

años, to rnenos, la duración probable de Ia guerra.<br />

En la noche del misrno dia en qua ci Sr. Morelos saud de Onzaba,<br />

D. Agustin Iturbide atacO ]as famosas fortifIcaciones levantadas<br />

por Liceaga en Iaisia a quo did su nombrc en Ia laguna de<br />

\urira. Hizo Iturbide precedcr a cstc ataque dicz y nueve escaraifluzas<br />

6 pcqueias acciones de guerra, que dieron por resuitado Ia<br />

destrucciOn ó dispersion de diversas partidas dependientes dc Liceaga,<br />

nombrado por Ia Junta, corno ya dije, general an jefe de las<br />

provincias del Norte, con asiento principal en la dc Guanajuato.<br />

Si bicu Liceaga consideró, 6 a lo rnenos lo dijo, corno inexpugnable<br />

su isla an cuanto vj6 encima de ella a Iturbide la abandonó,<br />

enconlendando Ia defensa de ella at padre D. José Mariano RamIrez<br />

con doscjentos hombres: de este RamIrez ha dicho D. Carlos<br />

I3Ustamantc, que era admirable par un fear una Suitarma y<br />

diertir a las damns, pero incapaz como niiiitar.<br />

El exit0 del ataque fud to que esperaba Iturbide, que estaba<br />

ent onces de fortuna, v aunque la gente de la isla opuso alguna<br />

TeSis tencia fuC poca é insuficicnte a impedir qua fuese ci primero<br />

an asaitar i ia isla ci sargento de la corona Juan Espinosa con diez<br />

sol dados de su cuerpo. A los prirneros disparos se incendió y voló<br />

el dep5s ito de pOlvora de la isla, y los oclo cañones quc la defen-<br />

'nfl CStUvieron mal v flojarncnte dirigidos. Iturhide creyó innece-<br />

Sfla SU !)resencia, V coni J mand i c!L)!tW D. Vi nte EndC-<br />

To,,0


1274 Episodios Hislóricos MCXICLIHO$<br />

rica, y entre tste y D. Gaspar Lopez, comandante de los realista<br />

de Silao, tomaron Ia isia, acercandose a ella an balsas y canoas, sin<br />

qua ninguno de los defensores escapase, pucs los qua no murieron á<br />

balazos 6 quedaron prisioneros, perecieron ahogados en la laguna.<br />

Iturbide hizo fusilar an Irapuato at Padre Ramirez, coronti y.<br />

comandantc de la isla; a D. José Maria Santa Cruz, mayor de<br />

plaza; a D. Ramón Moreno, comanclante de artilierla; at inglés<br />

Nelson, ingeniero director de la-r; fortificaciones, y a otro jefe y<br />

ccicsizIstico nombrado D. Felipe Amador.<br />

Rcfiritndose a los cnernigos quc an ci ataque perccieron, bicir<br />

muertos por los realistas ó ahogados an la laguna, y dando por<br />

hecho qua i los infiernos habrian descendido, dijo Iturbide on tin<br />

parte: t1Miscrabies! icilos habrmn conocido su error en aquel ltiar<br />

terrible en quc no podrán remediarlo! jQuizá su catastrofe triste ser<br />

virá de escarmiento a to ,-, qua están athi an disposiciOn de salvarsc!<br />

Iturbide encomcndó at teniente coronet graduado D. Jost Maria<br />

Montes, at fusilaruicuto de los clemás prisioneros y la dcstrucciOn<br />

de ]as fortificaciones de la isia Liceaga.<br />

Contando ya at Sr. Morelos con los elementos qua Sin dud<br />

habIasc propuesto reunir, dcterminO ponerse an marcha sobre<br />

Oaxaca, y sair dc Tchuacan donde Ic habia proporcionado scrio<br />

disgustos at mariscal D. Ignacio Martinez, nombrado visitador por<br />

D. Ignacio Rayon ó tat vcz su cspIa, corno algunos historiadres<br />

El hecho Cs, que an una carta del Sr. Morelos at Presidente<br />

de la Junta, fechada an ichuacan, at caudillo llama<br />

tlnez orgulloso, venal, discolo y arrogante, añadiendo: cyo j or tni<br />

parte aseguro a V. E. con toia la sincericlad do que soy capaz, que<br />

para nil y cuantos to conocen y sahen de él, no hay hombre rnás<br />

detestable, ni puedo menos qua sorprenderme at ver su credencrtl'<br />

an otro pIrrafo ascgura cque la tropa y ci pueblo estaban dispuest0<br />

I sacriflcarlc y dare muerte, y pide se haga con at tat Martinez<br />

nfl castigo ejemplar pot traidor, asesino y ladrOn, considerandO<br />

como UU delito sostener con mando a un hombre tan criminal cOfl<br />

penjuiclo de la reputación de la causa insurgente.<br />

Por disposición del Sr. Morelos, D. Mariano Matamoros abafl<br />

donO I Izicar y se trasladó I Tehuacan at frente de mil quinientoS<br />

hombres bien armados y organizados, y to niisrno hizo D. Miguel<br />

Bravo con dos mil mistecos: unidas estas fuerzas I ]as que existlan


La Co,jslt/uclou del 4nQ Doce<br />

en Tehuacatl, el gran caudillo se encontrd con tin cjrcito de chico<br />

mii hombres, con armas su6cientes y cuarenta cañones de todos<br />

calibres, y el domingo S de Octubre de mil ochocientos doce salió<br />

de Tehuacan ocultando cuidadosamente el fin de su expedición,<br />

y dando antes bicn a entender tan pronto quc .marcharIa sobre<br />

Oaxaca, como que se dirigla al Sur, como que atacaria a Puebla.<br />

El i i del mismo rnes, estuvo D. Nicolás Bravo At punto de apoderarse<br />

de Jalapa, a la cual atacó con todas sus fuerzas Liesde 1a3 dos<br />

a ]as ciiez de la maIana: ci coronci D. Francisco Hcvia, comandante<br />

del rerimicnto dc Castilla, estuvo en gran peligro de scr niucrto por<br />

tin mulato, a quien detuvo, scgün cuentan, meti6ndo1e por la boca<br />

ci baston que Ilevaba en la niano, dando asi lugar a que Un soldado<br />

lo matase: dice Alamán, que la causa de este incidente fA6 quc<br />

Hevia, hombre de mucho valor pero fácil de montar en cólcra, no<br />

ikvaba nunca espada en acción de guerra, descie que en un arrebato<br />

dió muerte con ella a uno de sus -o1dados que hula. D. Nicolas<br />

se vió obligado a retirarse y fué a ocupar ci puente del Rey,<br />

cuya posiciOn Ic permitla interceptar ci camino de Veracruz a la<br />

capital: clueño de aquI punto, no impidió ci paso dc los cfectos<br />

comerciales ni muclio nienos Sc apodero de clios, pucs jaimis saqueó<br />

i nadie ni perrnitió que los suyos saqu case ii, pero si establedo<br />

ci cobro de ciertos derechos dc tránsito, haciéndose pagar una<br />

pequea cantidad por bulto, sacando por este mcdio ]as arnias necesari3s<br />

para mantener sus tropas y sufragar los gastos de la guerra.<br />

Abanclonado Izücar por D. Mariano Matamoros, dcstacó contra<br />

aquefla poblaciOn D. Ciriaco del Llano al comandante Bracho,<br />

quien ci dia 14 cntrd en ella encontrándola casi desierta y dcstruIdas<br />

sus fortificaciones.<br />

Lo mismo sucedió con Tehuacan, que sin resistencia tornó don<br />

Lois del Aguila ci dIa 21, pucs ci padre Sanchez, encargado de su<br />

Custodia, la abandonó al acercarSe los rczdistas.<br />

-<br />

XI<br />

1275<br />

Lejos sc estaba en Mexico de la, verdad, nor lo que hacia a la po-<br />

Sitiva situación de los beligerantes.<br />

Segn los partes de Aguila, ci Sr. Morcios habia sido completa-


270 Episodios HLctö yjcos Mexicanos<br />

monte derrotado en ]as curnbres de Acultzingo y muerto ci tern ible<br />

D. Hermenegildo: qué habIa pues quo temer Cierto es que los<br />

amigos do la revoluciôn en Ia capital, negaban quo todo esto fuese<br />

verdad; pero ;quiSn habia de dar fe A aquellos indepen client es teó.<br />

ricos?<br />

Aparte do esto, naclie se ocupaba lor aqucilos dIas, en Ia Ciudad,<br />

do otra cosa que do las reformas introducidas por la Constitución<br />

espanola, y do la lihertad do imprenta sobre todo. Siempre ha<br />

habido entre nosotros mIs escritores que personas quo leerlos<br />

quieran, pero en aquellos dIas no nos habiamos convencido aim n do<br />

Clio, y por eso nos parcció más asonibroso. Ello es positivo, corno<br />

dijo D. Carlos Bustarnante, que casi todos aqueltos escritos cfueron<br />

indecentes en su mayor parte, y daban rnuy mal cobro en Europa<br />

do la literatura rnexicana; pero quidn habia de pararse en pintas<br />

para decir lo quo rnejor Ic acomodase?<br />

Personas hubo, no obstante, quo condenaran la ligereza y estupidcz<br />

con quo toda ciase do cuestiones se trataron, usando J)ara<br />

Clio un lenguaje tabernario y rico en insultos y diatribas; pero<br />

nadie hizo caso do aqucllas censuras, que por lo mismo quo tran<br />

justas y racionales, fucron mal recibidas por aquellos eruditos i Ia<br />

violeta, groscros charlatanes é inmunclos rebuscadores do chismes<br />

y miserias.<br />

Aquelios nccios periodistas, tenIan la soberbia do su ignorancia<br />

é inutilidad.<br />

Los papeles publicaban epigramas y letrillas contra los enernigos<br />

de los periodistas imbeciles, y de ellas entresacamos la siuicnte,<br />

que no es ni mucho menos la peor, y vid Ia iuz en ci Diarlo.<br />

Dice asj:<br />

De los f'eriodjsfas<br />

lil'ranos, Seizor,<br />

a los que f,:t,no<br />

iurbio €1 coradn.<br />

A los que juramos<br />

a Napoleon,<br />

siendo ahora patriotas<br />

de especulaciOn.


- -<br />

I<br />

La Constilucidu del Aüo Doce 1277<br />

A los clue hernos hecho<br />

un sordo bolsôn,<br />

robando vilmente<br />

a nuestra nación.<br />

A los que adquirimos<br />

grande elevación,<br />

por nuestras mujeres<br />

dadas a Un bribón.<br />

A los que vivimos<br />

a fuer del error,<br />

de los que la industria<br />

han por devoción.<br />

A los clue de grados<br />

nos llcnó el favor,<br />

por ricos en vicios<br />

pohres en valor.<br />

A los traticantes<br />

que sin Icy de Dios,<br />

dábamos empleos<br />

al mejor postor.<br />

Y a todos aquellos<br />

del viejo compló,<br />

que hacen5 dos palos<br />

frances y español.<br />

De los periodistas<br />

libranos, Señor,<br />

i los que tenernos<br />

ttsrbio ci coraou.<br />

A estos dsahogos contestaban los contrarios con versos de no<br />

Iflenos bella literatura, corno los siguientes, ue tomo tambin de<br />

109 perjódjcos de la época:<br />

Qie cada uno sea quien fuere<br />

escriba 10 que sintiere<br />

aunque sea un disparalorum:<br />

bo,:oru,n.


I 278 Epio-1tos Hi ^ l,;ricos<br />

Pero que no se contente<br />

con escribir lo que siente,<br />

sino con desvergonoruisz:<br />

,u.aloyu,n.<br />

Pero no siempre la cética pokrnica recurria a los insultos, sino<br />

que con gravedad sentcnciosa se escriblan y daban a luz dcirnas<br />

más pasables: véase un ejemplo:<br />

La libertad de escribir<br />

tiene a muchos disgustados,<br />

los que estan muy em peilados<br />

en que se hag:i su pri ir i r.<br />

A un finchado Ic ol decir<br />

que de hablar la intrepidez<br />

pasaba de avilantez<br />

ser crirninalidad,<br />

y era porque la verdad<br />

arnargaba su altivcz.<br />

El abuso, lo rcpito, era grande, y ]as personas juiciosas y a mantes<br />

de su pals, comprendieron que aquello venclrIa a dar contraproducentes<br />

rcultados. En la situación anórnala del pals, no podia<br />

convenir al Gobierno la libertad de irnprcnta, y no dejaria, por lo<br />

tanto, de aprovechar Ia primera ocasión que se Ic presentasc para<br />

suprirnir aquella libertaci.<br />

Muchos eran los que asI lo pedian, y poderosas influencias SC<br />

interesaban en etlo; pero ann habia en aquel tiernpo respeto i las<br />

leycs, y no quiso declararse abiertarnente contra ellas.<br />

Un escritor se encargá de moderar el encono de los enernigos de<br />

Ia imprenta, publicando en ci Diarlo la dcima siguiente:<br />

A pesar de Ia objeción<br />

que oponga la envidia osada,<br />

merece ser aclamada<br />

la sabia Constitución.<br />

Pues en una situacidn,<br />

como ésta tan turbulent.'<br />

pede ofrecerles gran<br />

a las personas quejosa<br />

que descubra muchas<br />

Ia libertad de la impreL.<br />

Pero todo esto fu6 nada comparado con los trastornos y :nit2<br />

don a que diO lugar el cumplimiento de las prescripciones di Tfr


Ow&f--<br />

--<br />

La Constiluci5n del Ailo Dccc 1279<br />

tub 6.° de La Constitución quc trataba del gobierno interior de las<br />

provincias y pueblos. Dicho titubo disponla la, supresión de Los<br />

antiguos Ayuntamicntos forrnados por regidores perpetuos cuyos<br />

oficios eran vendibles y renunciabies y en cuyas atribuciones estaba<br />

et nombramiento de alcaldes; los nuevos Ayuntamicntos dcbIan ser<br />

de elección popular y su duración de un solo aflo.<br />

Acatando to dispuesto en ci citado titulo, el virey publicó un<br />

bando ci viernes 27 de Noviembre designando ci domingo 29 Para<br />

el nombramiento de electores encargados do designar los regiclores<br />

del año proximo.<br />

Positiva novedad era aquella si se tienc en cuenta que la legisla.<br />

cion de Indias disponIa quc no fucse permitida reunion de cualquicra<br />

especie ni aun teniendo carácter religioso, sin prcvia aprobaciOn<br />

do sus estatutos por ci rey y prelado respectivo, y sin<br />

hallarse presente en sus juntas algun ministro real nombrado por ci<br />

vircy presidente 6 gobernador.<br />

Pero la Constitución echaba por tierra las vicjas leyes y no habia<br />

otro reniedio sino acatarla cicgamcnte.<br />

Con rnotjvo dc estas ciecciones D. Carlos Maria. Bustamante<br />

publicó como suplernento a su periOdico El Yziguetillo, ci siguiente<br />

papel:<br />

cPUEiLo MEJIC<strong>ANO</strong>, OIDME:<br />

'Mañana vais a elegir a los que han de formar ci cuerpo municipal<br />

que ha de ocuparse seriamente de vuestra felicidad. Mañana vais a<br />

elitrar en ci goce de una pare de vuestra Iibei-tad y cornenzaréis<br />

a probar to que es ser /Thre satjsfaccj6n que no disfrutaron vuestros<br />

mayores aherrojados en ci fango inmundo de La esciavitud; mirad<br />

que el gran negocio que tenéis entre manos, es sin duda de mucha<br />

nflportancja . Guardaos dc dar entrada a las pasiones; buscad en los<br />

quo han do ser vuestro apoyo ci dcsinterOs, la incorruptibilidad y la<br />

sabiduria: quo estén penetrados do, un amor entrañabie hacia vos;<br />

acordaos que escrito esta por fruto de la experiencia do los sigbos,<br />

quo ci puebloque anhela por su dicha, jamáse engafia en Iaelec-<br />

Clófl de los que pueden proporcionársela. No es ci oro, la conde-<br />

CoraciOn, ni la briUantez exterior quo insuLta at pobre, la quo constitue<br />

ci mrito, pues acaso en el humibde zapatero estãn de asiento<br />

las Virtudes; buscadlas y mostrad vuestro juicio y profunda medi-


I 280 Episodios Hislôricos Mxica,,os<br />

tación en sefialar con el dedo al que nicrczca gobernaros; sobrc<br />

todo sed moderados, y huid del espIritu de sedición, intriga Y<br />

tido, para que sefis feliz y os congratuiéis en vuestra acL<br />

eiección.<br />

Mexico 28 de Novierubre de 18r2.--E/ censor de Anteqii ?<br />

Este titulo do ci censor de Antequcra fuC ci pseudónimo ccii que<br />

firnió sus Publicaciones D. Carlos Maria Bustamante.<br />

XII<br />

Algün lector podrá creer que en lo que va a scguir me h propuesto<br />

retratar uiia elección de nuestros presentes tiempos. Pero<br />

juro por mi inima que tal no es mi intención, y Ics invito, si de<br />

eflo quicren convencerse, a registrar los papeles y las historias que<br />

sobre Mexico so hayan escrito V publicado. Si semejanza aiguna se<br />

encuentra, no a mi so debe, sino a que pueblo somos en cuya<br />

naturakza se arraigan y hacen perdurabics los vicios.<br />

Catorce cran ]as parroquias en que estaba entonces diviiido<br />

T1Cxico, y veinticinco los electores que sus vecinos deblan nonibrar<br />

segthi el siguiente orden:<br />

Sagrario: cuatro electores. San Mzg-ut'/, Santa Catarina i/'rtir,<br />

Santa Veracruz, San •osé, Santa Cruz, San Sehostjdu,Sezn.<br />

Pablo, Saito del Agua, dos cada una; Santa Ana, Santa ii/aria,<br />

Acatfan, La Pa/ma, San Antonio de las Jinertas: uno cada iilia.<br />

Pero pongamos los sucesos en acción, en<br />

mente, dándoies do tal niodo mayor interés<br />

Nos hallamos en ci café dc/a Cruz de Illee:<br />

frente por frente del Espiritu Santo.<br />

Todo es en éi bullicio, griterla y desusada anirnación; las bodegas<br />

del dueflo del estabiccimiento parecen haberse convertido en<br />

fzIbricas de moneda, quo en gruesas cantidacles se deposita en ci<br />

cajon del mostrador; ci nacirniento a la práctica de los nuevo dcrechos<br />

politicos, recibe ahundante bautismo do generoso viiO<br />

Baco es ci dios do Ia polltica.<br />

Muchas Son ]as personas por nosotros conocidas que tomafl<br />

asiento en derredor do aquellas mesas de madera, cuva tabia cC


Fw-<br />

y fantástiCOs mãrmoles la mayor parte de aquellos parroquianos<br />

bebe puros los licores; algunos se hacen servir un jarofte, at cual<br />

atribuyen la facultad de despejar la cabeza, haciendo imposible la<br />

ernbriaguez; compónese esta bebida de un vaso de más que regular<br />

taniano Ileno por mitad de café sin azücar y aguardiente catalán<br />

TodQ .onoI huUkio...<br />

-" 1<br />

Salpicado de pimienta. Nuestro amigo D. -Martin Cabrera es uno<br />

de los que mayores elogios hacen de la bebida susodicha, cuya<br />

excelencia para despejar la cabeza, son en efecto tales que no ha<br />

echado de ver clue su suegro D. Sóstenes de Pantoja le arroja, desde<br />

Otra mesa no muy distante, miradas de esa que los poetas supoflea<br />

tan terribles como un rayo; más de cuatro veces D. Sóstenes<br />

ha querido saltar sobre su yerno, no habiéndolo hecho, gracias a<br />

que en todas ellas se to ha impedido el indiferente, pacifico y moderador<br />

farmacéutjco D. CLeofzs Madana.<br />

roMo I<br />

T.i1


1382 Episodios HisI6ricos Mexicanos<br />

- Calma, mi senor de Pantoja! No vava usted a mostrarse más<br />

realista qua at rev; véaio usted: a cuatro mesas de distancia se halla<br />

D. Alvaro do Cervera qua está engordando su bolsillo con ]as prodigalidades<br />

do Venegas; a él más quo a nadie interesa qua esto no<br />

perjudique a Ia causa real y, mirelG tistcd, sonrIe tranquilo, casi<br />

indiferente, corno diciendo: sois unos gritoncs y toda vucstra<br />

pólvora so va an salvas.<br />

—Amigo D. Cleo fãs,—rcspontic ci dc Pantoja:—bien sé yo qua<br />

as Lin corazon do oro, y qua to quo diciendo esti, ci vino<br />

y no su cerebro so to dicta, pero ni asI me agrada escucharic to<br />

que Ic escuchamos: soy partidario de Ia Constitucidn desde el<br />

niornento en qua Ia Constitución as Icy; creo qua las autoriclades<br />

dehen poner todo su empcño en cumplirla fielmente; pero ya que<br />

Sc ha cometido ci error de considerar posible qua un pueblo esciavo<br />

se rija por instituciones libres, quienes vemos at mat debemos 1:r0curar<br />

su remcdio.<br />

—Procurar seria eso,—observó Madana;—cl torrentc se ha desbordado<br />

y no as obra do un minuto cncauzarie de nuevo.<br />

—Pero mientras más minutos se pierdan, mayorcs serán la<br />

dificul tades.<br />

—Señor do Pantoja, Ia fuerza de los torrentes está an Ia union de<br />

las lIquidas columnas quo Ic fornian; si ese torrente se desborda,<br />

cierto as qua invadirá las comarcas próximas A él; pero sus aguas so<br />

cstancarán an los misrnos torrenos anegados v éstos Ia ahsorbc:in.<br />

—Va, sI, pero todo to destruirán an ci primer momento.<br />

—Pues déjese pasar cse primer momento y to demás se har:i pOf<br />

si mismo.<br />

—Puede usted toner razón, señor Madana; pero quién pucde<br />

dejar de quejarse y condolerse de esos primeros dafios? ;cOrno<br />

resignarse a ver quo entre nosotros precede at abuso at uso?<br />

—Déjelos usted correr, qua ellos so despeflarán.<br />

—No, yo no puedo recordar an calma to qua a esos locos hernOs<br />

escuchado.<br />

—Varnos, mi sailor D. Sóstenes, quo la cosa no as para tanto.<br />

—Eso dice usted, sailor Madana.<br />

—Eso repetiré, si usted to quiere.<br />

—Pero se ha fijado usted an que han dicho qua su votacidil Ia<br />

han hecho por medio do innumerabies papeletas todas igualeS,


La Constitución dl Aiio Doce<br />

1283<br />

que en clias se ha procurado que todos los nombres inscritos scan<br />

sin excepción de americanos con exclusion de espafioles?<br />

—Pero venga usted a razones, mi señor de Pantoja: ;acaso no<br />

han hecho cosa semej ante los europcos formando sus listas con<br />

espafloles sin otros americanos que aquellos cuya adhesion les<br />

consta de un rnodo induclabic?<br />

_\ra , pero siendo superior al de europeos ci ncirnero de amencanos,<br />

ci tniunfo seth suyo.<br />

—:Pero qué remedio tiene eso?<br />

—Le tenia, señor Madana, le tenia.<br />

—;Cuál?<br />

—Haber exigido a los votantes que cornprobasen si cran ó no<br />

ciudadanos, va que la Constitución prescribe quc no son ciudadanos<br />

espafloles los habidos o reputados por originarios de Africa,<br />

es decir, mulatos.<br />

—Pero señor de Pantc'ja, Ilevar adelante esa disposición hubiera<br />

equivalido a privar del voto a la gran mayorIa de las castas, al sinnürnero<br />

de rnulatos que forrnan las tres cuartas partes de nuestro<br />

pueblo.<br />

—La ley es Icy, y icy es la Constitución quc asI lo disponc: O<br />

debemos aceptarla por aquello que nos conviene y rechazarla por<br />

lo contrario? Deseng2ifiese usted, senor Madana; no solo no se ha<br />

hecho la susodjcha comprobación, sino quC, corno acabarnos de<br />

oirlo decir, los mismos individuos han votado en difercntes sec-<br />

CiOfles dc las parroquias; los candidatos han comprado a sus dcctores;<br />

a los mozos de esquina se les ha pagado jara que repartieran<br />

las listas dispuestas de anteniiano y Con ellas han votado infinidad<br />

de gentes, sin saber ni leer los nombres que contienen ni conocer<br />

a las personas por las cuales han sufragado: el nümero de votos<br />

ha sido en algunas seccioncs superior al de los votantes y se ha<br />

Cohechado zi los casilleros para que hicieran desaparecer las papeletas<br />

de los candidatos enernigOS; todo ha sido desorden y confu-<br />

SIOfl, los insultos y los golpes han rnenudeado y todo se ha echado<br />

a la broma j la chacota y a la nsa.<br />

Aqu liegaba D. Sóstencs, cuando las puertas vidrieras del café<br />

de la Cruz de Malta se abnieron con estrépito y violencia, y un<br />

hombre apareciO en su dintel, y dando algunos pasos en Ia sala,<br />

dio en voz aita:


i Epzec1:os H:shrzos<br />

—Amigos y señores: en este mornento que son las ocho y media<br />

de Ia noche, se ha concludo la coinputación de votos; ci partido<br />

criollo, que tarnbin sabe arnar al Rey y a España, ha obtenido un<br />

compieto triunfo, queriendo demostrar que es injusta la desconfianza<br />

que so tienc de nuestra fideiidad: ni un solo europco fiura<br />

en lista de Jos electores; senores, iviva Espana! iviva la America:<br />

La voz de , Viva la America! fuC repetida cien vcces con inmcnso<br />

entusiasmo y La manifestación tomó Proporciones imponcutes<br />

cuando so notó que los vivas y exciamaciones eran contestados en<br />

Ia parte exterior del café: los concurrentes todos se lanzaron i las<br />

puertas atropeilándose Jos unos a los otros: Ia calie del Espiritu<br />

Santo estaba ocupada por una multitud ebria de gozo y aicrja:<br />

cuando ci que dió la noticia del triunfo a los parroquianos de la<br />

Cruz do Malta, sa prcsentó a la muchedumbre, niii bocas ritaron:<br />

—Viva Lizardi!<br />

—Viva ci pensador Mexicano!<br />

El habIa sido, en efecto, ci entusiasta notiñcador de la victoria.<br />

Aquella masa do gente cornenzó al fin a moverse en dirección de<br />

Ia plaza, gritando vivas a la Constitución, a Espana, al virey - : Ia<br />

America: al pasar por la esquina de la Profesa, un grupo se hizo<br />

abrir la puerta del campanario de la iglesia ycomenzó un repique,<br />

al cual unieron bien pronto los ecos de sus sonoras Ienguas de<br />

bronce ]as campanas de Ia Catedral, y rnuv luego también las<br />

de todas las parroquias y demás templos do la ciudad.<br />

Los demás grupos se dirigieron al palacio a aclamar al vircv, y<br />

con grandes gritos Ic pidieron que hiciese sacar a la plaza Ia artillerIa<br />

para hacer saivas: a esto no accedió ci virev, pero no por eso<br />

decavó ci entusiasmo, y por primera yea en Ia capital se vió interrumpido<br />

ci silencio de la noche por una rnanifestación espontinca<br />

y popular.<br />

Aquello duró varias horas hasta que ci virey cnvid a su secrctario<br />

a las iglesias para hacer cesar los repiques é invitar a las gentes<br />

a rccogcrse en sus casas.<br />

Todo ci mundo obcdeció sin oposición de ningtin gCnero, v aI<br />

siguiente dIa las calies recobraron su extraña animación, prertitándose<br />

ci pueblo vestido de fiesta y volviendo a ensordecer OS


F-<br />

Lj CenstzluetYn d,-1,4 " ,) L1ec,<br />

de gracias y se canto ci Te Deum con asistencia de los respectivos<br />

clectores, que fueron colocados en ci presbiterio.<br />

A nuevos y no vistos transportes de entusiasmo se entregó con<br />

este rnotivO ci pueblo, y asI fué que al salir de la rnisa del Sagrario,<br />

D. Jacobo Villa Urrutia, alcaide de corte de la audiencia de Mexico<br />

y uno de Jos cuatro ciectores nombrados por la parroquia, en<br />

cuanto hubo entrado en su coche, la muititud desunciO las mulas y<br />

estiró a brazo ci carruaje hasta conducirle a su casa habitación:<br />

otro grupo de entusiastas hizo poco más ó menos lo mismo con<br />

D. Carlos Maria l3ustamante, nombrado elector por la parroquia<br />

de San Miguel: pero dije mat, más hicieron, pues el grupo de sus<br />

amigos, viendo que D. Carlos se dirigia i pie a la iglesia, se apOderO<br />

del primer coche que haiiO y en Cl le hizo entrar y Ic condujo<br />

entre ruidosas aclamaciones.<br />

La manifestación Ile-6 a tomar tales creces, que ci virey ilegO a<br />

temer un alzamjcnto v mantuvo acuarteladas las tropas C hizo fijar<br />

en las esquinas unos cartelones, ordenando al pueblo que se retirase<br />

de las calles, so pena de que las patrulias hicieran uso de las<br />

armas si encontrasen la más leve resistencia.<br />

No hubo de ello necesidad; ci pueblo quiso dar ejemplo de prudencia<br />

y moderaciOn, y la ciudad recobrO su tranquilidad antes de<br />

caer la noche.<br />

ko., Venegas no habia temido vanamente que aquelta manifestación<br />

pudiera haber degenerado en un movimicnto peligroso.<br />

Nada es tan comun como ci abuso de la lihertad en Jos pueblos<br />

no acostumbrados ni educados para ejercerla; nada tampoco tan<br />

general corno ci desprecio con quc las autoridades basadas en la<br />

traicidn, yen a los poderes nuevos y populares.<br />

Buena dernostracjOn de ello fué lo que a referir voy y sucedid ci<br />

dia 3 de Dicjcrnbre siguiente.<br />

Cc-lebra la Iglesia en tat fecha de todos Jos aflos a San Francisco<br />

Javier: fuC nor lo tanto en aquel de mil ochocientos doce ci santo<br />

ddirey D Francisco Javier \Tenegas.<br />

Si despus y bajo ci imperio ab3oluto de la Repübiica hemos<br />

IS


if<br />

visto y aun seguimos viendo, que la adulacióii y ci servilismo no<br />

olvidan felicitar en su santo al gobernante, no parccerá extraüo<br />

que en aquella atrasada época, otro tanto se hiciese dc lo nnsrno.<br />

Entre las distintas corporaciones que acudieron a felicitar al<br />

virey en su palacio, se le ocurrió presentarse at grupo de los nuevos<br />

electores.<br />

Venegas, que en clios veIa una reunion legal de enemios de<br />

España, y Ia causa y motivo de las manifestaciones tumultuarias<br />

de los dlas anteriores, los recibió con desabriniiento y patentes<br />

reservas, sin cuidarse de si podrIa disgustarles y ofenderics, corno<br />

asI sucediO en efecto.<br />

La noticia corriO en breve por la ciudad, y europeos y ;imcricanos<br />

la comentaron con palabras en que respectivamente unos<br />

a los otros se ofendieron.<br />

Dc los elcctores fué, quien menos gala de prudencia hi:;-,<br />

la parroquia de Acatlán D. Francisco Galicia, antiguo gobcrnador<br />

de la parcialidad de indios de San Juan.<br />

Galicia anduvo enseñando zi cuantos Ia quisieron ver, una carta<br />

dirigida a D. Ignacio RayOn en Ia que Ic referia los incidcntcs de<br />

Ia elección des6gurándolos con mil incxactas especies, cornu por<br />

ejemplo, las dc que ci pueblo habla acianiado abiertamente a Ia<br />

Junta y pedido 12 muerte de los espafloles: afladió que contaba COP<br />

catorce mil indios insurgentes dentro de la capital con los cuales<br />

no se habIa echado sobre Venegas por tenerlos desarmados: pero<br />

que si RayOn queria con sus ejércitos acercarse a Ia ciudad, éJ, al<br />

frente de sus indios, se presentarla al virey haciéndole creer que<br />

era amigo suyo y pidiéndolc armas para defenderle, logrado lo<br />

cual, ]as volveria contra los espanoles abriendo a la Junta lag<br />

puertas de la capital.<br />

No crean mis lectores que es dicha carta una suposiciOn mia:<br />

existiO realmente, y Rayon la recibió y comunicO a Verdusco y la<br />

encontraron los realistas en ci equipaje de este Oltimo en una de<br />

las derrotas que con repeticiOn extrafla sufriO ci bueno y no afor<br />

tunado Doctor.<br />

Pero no fué D. Francisco Galicia quien proporcionO a Veneg35.<br />

el suspirado pretexto para dar un golpe terrible a Ia libertad, aCOt<br />

dada por Ia Constitución. Cü pole esta rnalandanza I D. Joaquin<br />

F'.tnL: f:::!:,


_'I<br />

La Consiituciôn dcl Aiio Doce 1287<br />

dIa 3 de Diciembrc, artIculo en ci cual, en son de franqueza, dijo<br />

at virey nuestro amigo: cEs V. E. un miserable mortal, un hombre<br />

corno todos y un itomo despreciable a Ia faz del Todopoderoso,<br />

y V. E. ha errado por consiguiente por la necesidad de oir ci<br />

ajeno dictamen, pues las mas sanas intenciones ]as suele torccr la<br />

malicia, la ignorancia y la lisonja.<br />

Grande fu6 ci escándalo que dicho artIculo produjo, máxime por<br />

haber tocado en él la cuestión referente at bando del 25 de Junio,<br />

por ci cual quito Venegas at ciero las inniunidades que habIan<br />

proporcionado no despreciables garantIas de seguridad y defensa a<br />

los ecIesiIsticos quc abrazaban ci partido de la insurrección.<br />

Ochoa, unido a Lizardi por verdadero cariño fraternal, se apresuró<br />

a presentarse en casa dc su amigo.<br />

—Te has tr:iI —lu dl ) al entrar;—y has perdido a todos los<br />

tuvos.<br />

—Asustadizü- mi vida, i-ni buen Anastasio,—contestó<br />

cariflosanicute Lizardi.<br />

—No es Un vano ternor ci que aqul me trae, mi buen amigo.<br />

—Qué es, pues, to que pasa?<br />

—Que ha irritado grandemente at virey ci lenguaje irrespctuoso<br />

que has empleado para dirigiric la palabra.<br />

—Pues qué, acaso ci virey habla olvidado quc en su elevada<br />

autoridad no ha dejado de ser un simple mortal como nosotros?<br />

Acaso ha tornado a rnai que haciéndole yo la justicia de creerle<br />

Sano y recto en sus intenciones, haya atribuido sus errores a la<br />

pertidia de sus consejeros?<br />

—La verdad, amigo Joaquin, bfende siempre a los poderosos.<br />

- ;y tiene aiguien Ia culpa de que la verdad sea superior a<br />

todo?<br />

—No disertemos, Joaquin: no es a eso a lo que he venido.<br />

— A qué entonces?<br />

—A decirte que ci virey ha hecho reunir ci Real Acuerdo: de<br />

esta reunion saldrá, asi lo creo, aigo que puede serte pci-judicial,<br />

algo que sea un peligro para ti...<br />

peligro para rni!—repitió con arnargo desdén Lizardi,qoé<br />

puede irnportarrne eso?<br />

- Pobre amigo nfo - observO con profunda pena ci buen<br />

choa;n0 has podido aün voiver a amar esta vida?


t:!88 Episodios Histricos Mexicanos<br />

—No, Anastasio, no,—contcstó Lizardi;—más dura y amarga<br />

me parece cada vez!<br />

—.Y Remedios?<br />

—Remedios no me ama, amigo nna.<br />

—;Ya le has hablado?<br />

—No; me ha faltado el valor.<br />

—Entonces...<br />

—Escüchame, Anastasio: fácil me fué conquistar por entcro la<br />

amistad y adhesion de su fici criada Chole: para ello no tuve qua<br />

emplear ningunas malas artes: esta buena rnujer rue estima jorque<br />

ha visto la buena fe con qua me he declarado el oculto favorecedor<br />

de su señora. En pocos dIas mis confianzas han sido muchas y<br />

grandes con Chole, y pot medio de estas confianzas puedo decir<br />

qua he leid en ci corazán (Ic Rcmcdiís Rcracdi s no puede<br />

amarme.<br />

—Por qu<br />

—Porque Remedios ama a utro.<br />

--Imposible: ella misma te jurO que no seria d hombre aLuno,<br />

ya qua no podrIa borrar de su memoria Ia de Garcia Alonso.<br />

—;Y tü crees al corazón humano capaz de cum p hr iuramcntOS<br />

semejantes?<br />

—Por qué no, si th y yo los hemos cump1ido<br />

—jTd y yo! ;tienes razón! Pero acaso sabemos ni nosctrs flUS<br />

rrios, por quc nos niunblnicni t tu ( biad du )L tH :1 mi<br />

Remedios yo<br />

—;Joaquin :e s preunta<br />

—Esa pregunta es lOgica y natural: pOr nii parte te ascguro que<br />

más de una vez rue he sorprendido con ella misma: si, Anastasio,<br />

por qué amo yo a una mujer qua me olvida por otro, y zion<br />

después de muerto ha continuado amándole?<br />

—Joaquin, no seas injusto con esa mujer: si ella hubicra sido en<br />

efecto esa volubilidad qua tni supones, tiempo hace qua ft habra<br />

hecho su duefio. Pero no as esa mujer una mujer comün: iba<br />

tu esposa, cuartdo seducido por su belleza, Garcia Alonso la hiZO<br />

vIctima de un rapto: su alma, no hecha para el vicio, aceptó ci sacriticio<br />

y ama al autor de su desgracia qua la ofreció hacerla SLI<br />

esposa: no lo quiso la fatalidad y abandonada por él te busci ;l<br />

pero sOlo como un amo. rechz6 tu a!orac pu: azn


1w. La<br />

haher sido para ella Ia felicidad: ci motivo ella to lo dijo francarnentc:<br />

4110 soy digna do ti', to repitid den veces: 4soy una vIctima,<br />

no una criminal; merezco compasión, pero no desprecio: si<br />

aceptase yo tus ofertas podrIas un dia despreciarme, y tu injusticia<br />

me haria desgraciada, y no quiero serlo mis de lo que soy.<br />

—Pero es quo yo no pudiera haber comctidojarnás esa injusticia<br />

v menos después de muerto Garcia Alonso.<br />

—Lo creo, pero la resoiución de Remedios fu6 dictada por la<br />

más noble delicadeza.<br />

--For qué entonces abandona por otto esa rcsolucidn y no<br />

por mi?<br />

—Quizás por eso mismo.<br />

—No comprendo.<br />

—Me explicaré: td ibas a ser su esposo cuando Garcia Alonso Ia<br />

hizo su vIctima, y esta consideración Ia obliga a alejarse de ti.<br />

—Pero si yo be prometi olvidarlo todo...<br />

—En eso precisamente estuvo ci nial.<br />

—Quo eso digas me sorprende.<br />

—No debe sin embargo sorprenderte. Si sus amores con Garcia<br />

Alonso hubieran sido hijos de una volubilidad 6 uii crimen, habrIa<br />

sin duda sido más ó menos inexplicable, pero al fin generoso ci<br />

olvido. No existiendo delito suyo, no nccesitaba tu olvido, y al<br />

prornetét-sebo Ic inferiste una ofensa: su inculpabilidad en ci atropello<br />

de quo W victima, la constituyó, al morir Garcia Alonso, en<br />

su viuda, y en tal estado es la mujer tan respetabbe y digna de consideración<br />

y respcto como antes de sus primeras nupcias; su segundo<br />

marido no tiene rnás derecho racional y legal que ci de<br />

exigir no se le oculte la verdad: precediendo esta decbaración, ci<br />

hombre sahrá si le convienc ó no aceptar Ia mano do una muier,<br />

pero picrde el derecho do rccrirninarla por su pasailo: no ncceita,<br />

pues, olvido.<br />

—Quizas tienes razón, hermano niio,—observ ' Lizardi,—pero la<br />

SOcie dad<br />

—La sociedad puede ejercer su imperio sobre el crimen, nunca<br />

Sobrela desgracia; y ci hombre que no puede hacerse superior a<br />

flJUsticias do la sociedad, no tione det-echo a quejarse del daño<br />

que so le siga. Por eso Remedios, que no contribuyó en modo alguno<br />

al crirnen do Garcia Alonso qu tnc SU conciencia limpia<br />

:<br />

Consiiiuciôn del Año Dccc 1 289<br />

TOMO I 2


I 2?) t:J;o 1:E ' r:c .'Ix:.;:s<br />

de toda niancha, y por lo rnismo piensa como yo picnso, no quiso<br />

aceptar tu adoración, en la cual descubrió algo como un sacriticio<br />

de tu parte. Pero,—añadió Ochoa, cambiando sübitamentc de<br />

tono;—acaso te consta que Remedios ama a otro?<br />

—Si.<br />

—A quién?<br />

—A D. Alvaro de Cervera.<br />

- Imposible!<br />

—Por lo mismo quo debiera ser imposible, puede ser cierto.<br />

—Cómo lo sabes?<br />

—For conducto de la sirvienta de Remedios.<br />

—Pues la sirvienta de Remedios ha mentido!—dijo con severa<br />

é indignada voz D. Alvaro de Cervera, presentándose do improviso<br />

en Ia puerta de la habitación de Lizardi.<br />

XIV<br />

Asombro ilimitado fu6 el que nuestros dos amigos experirncntaron<br />

al ver presentarse a D. Alvaro en aquel lugar; pero este asombro<br />

duró poco, y Lizardi, poseIdo de cólera, ton-16 su espadmu, y<br />

con su hoja desnuda se Ianzó sobre el recién venido.<br />

D. Alvaro no se descuidó, y desenvainando su acero, dió tan soberbio<br />

quite, que ci arma de Lizardi saltó de manos de éste, yendo<br />

a partirse en dos pedazos contra uno de los angulos de Ia sala.<br />

Ripido fué todo esto, y no duró más espacio do tiempo quo el<br />

indispensable para que D. Alvaro dijese:<br />

—Calma, ira de Dios, Sr. Lizardi, que como amigo vengo!<br />

—iComo amigo usted! . . .—exclamó colérico Lizardi.<br />

—Como amigo, Si; y dispuesto a no dejarme interrumpir, aunque<br />

para ello tenga quo cortar a ustedes la lengua.<br />

Lizardi gritó sin poder contenerse:<br />

—Usted, ci cobarde perseguidor do Remedios!<br />

—Perseguidor ayer, si; su padre hoy, su padre, caballeros! —reS<br />

pondió D. Alvaro visiblemente emocionado.<br />

Lizardi y Ochoa no acertaban a salir do su estupor: todo pudiC'<br />

ron habérselo imaginado, menos esto, quc por otra parte, ciertO<br />

debIa ser, pues la verdad se revelaba en la voz do D. Alvaro, quiefl


W_ La Constilucióst del A,io Doct 1291<br />

I<br />

habia dejado de ser ci orgulloso y provocativo cortesano, convertidose<br />

en un hombre grave, rnecurado, respetable casi.<br />

—La relación que acabo de hacer a ustedes,—observó D. Alvaro<br />

volviendo a envainar su acero,—les ha sorprendido, lo cornprendo:<br />

no menos asombrado estoy yo de siceso semejante, y ya<br />

IT<br />

- 4<br />

L<br />

I j 9<br />

1i<br />

Asn,bro iUmitado fué...<br />

que hasta hoy he sido implacable enemigo de ustedes, vengo a solicitar<br />

su amistad, y quizás también su protccción.<br />

Lizardi, que poco a poco habia ido recobrándose, queriendo re-<br />

Sistirse a la evidencia, dijo con cierto reposo a D. Alvaro:<br />

—Temible viene usted siendo para nosotros desde hace algiin<br />

tiempo , Sr. D. Alvaro de Cervera; no obstante esto, me ha visto<br />

Usted luchar con empeño contra sus trazas: si una nueva infamia<br />

6 Supercheria


1292 Episodios Hisiôricos Mexica,:os<br />

—Sr. Lizardi,—dijo D. Alvaro interrumpién dole: —Ios mornntos<br />

son preciosos: en mis enemistades jamás he recurrido d Ia<br />

bajeza, y siempre he atacado de frente y sin disfraz: hãganme<br />

ustedes esta justicia, y escüchenmc con paciencia: no habré de<br />

cansarles mucho, me importa ser breve, porque, lo repito, los<br />

mornentos son preciosos, é importa aprovecharlos.<br />

—Hable usted.<br />

—La arnbición ha sido siempre mi mayor delito, y la fuente de<br />

cuantos en mi vida Ilevo cometido.s: la arnbición es boy quien me<br />

transforma y regenera, poniendo en mis manos la redencidn en<br />

figura de esa hermosa joven, que ustcdcs y yo conocemos con ci<br />

nombre de Remedios: va a serb, si Dios quiere, de todas nuestras<br />

heridas. Escchenme ustedes. Uno x-nenos de Jos afios que Rcrnedios<br />

cuenta, tenla yo de vida cuando en Ia corte de Madrid me<br />

enamoré por prirnera vez en Ia historia de mis arnores, de una dcvada<br />

señora de Ia corte; tenia entonces, como hasta hoy he tenido,<br />

por norma de mi conducta, una voluntad incapaz de retroceder<br />

ante obstácuio alguno, cuaiquiera que ëi fuese. No amortiguó,<br />

piles, mi pasión, la noticia que tuve de que la dama Se habia casado<br />

recientemente con uno de nuestros primeros titulos. Fortuna 6 fatalidad,<br />

la elevada dama correspondió a mi pasión, y durante seis<br />

meses, ful yo su unico duefio, disfrutando de tanta más tranquila<br />

felicidad, cuanto que el marido de la condesa, pues condesa cra,<br />

habia sido enviado a la corte francesa por ci rey de Espafia, con<br />

una importante y delicada misión; lievaba ya en su seno ci fruto iI<br />

nuestros crirninales amores, cuando obscureció ci ciclo de nucstra<br />

delincuente dicha una carta del conde, anunciando su prdxinlu regreso.<br />

Cegãronme mis diez y ocho años, y no queriendo resignarme<br />

ii perder mi hasta entonces tranquila felicidad, y rnenos aün dejar<br />

expuesta a ml victima a la justa venganza de su marido, sin dirselo<br />

a entender a ella lo niás minimo, sail de la corte, esperc al<br />

conde en Valladolid, Ic insulté atrozmente en cuanto le vi, v en<br />

igual y noble duelo Ic arranqué La vida con mi espada.<br />

Fui por cilo reducido a prisión y encerrado en un castillo, en<br />

ci cual, y durante mas de un año que en él permaneci, nada supe<br />

de La pobre condesa. Obtenida nii libertad por influjo de mis padres,<br />

volvf a la corte, y en ella supe que Ia condesa habla pasado a<br />

Mexico al servicio de la vireina. Quise volar a su lado, pLro 10


La 1<br />

impidió mi familia con su severa vigilancia, y, sefores, yo era Jo-<br />

'en y '-Ic buenas prendas; mi primera y sangrienta aventura me<br />

daba cierto barniz interesante; ]as darnas de Madrid eran muchas y<br />

beflas, y no tardé en olvidar a la condesa, y engolfarme en nuevas<br />

y no menos dramáticas aventuras: sin duda mis inclinaciones fueron<br />

muy malas, pues congenié con ci crimen, del cual no pude apartaTMe<br />

por más que serios disgustos me vaiió. Ni es una confesión<br />

Ia que estoy haciendo a ustedes, ni hace ahora al caso el relato de<br />

mis aventuras, ni es para nadie un misterio cámo y pot qué vine<br />

a dar en esta Nueva Espana. No han sdo en ella escasas mis vIctimas,<br />

y Remedios, me horroriza ci pensarlo, debió haber sido una<br />

de tantas; pero más que su belleza y encantos, me sedujo Ia noticia<br />

que tuve de la colosal fortuna de que es dueña: esta fortuna parece<br />

etar principalmcnte formada por bienes que en un dia pertenecieron<br />

al o pulento monasterjo de San Francisco, bienes de que con<br />

suprema habilidad se apoderó ci célebre embaucador Garcia Alonso,<br />

que habiendo arnado zi Remedios con tan insensata corno Cxtrana<br />

pasión, la constituyó, mucho tiempo antes de morir, en su<br />

legitima heredera, constando esto en escrituras que VI) me encargué<br />

de hacer desaparecer apoderándome de ellas. No quicro referir<br />

a ustedes los recursos que para ello puse en juego, resultándome<br />

Casi todos ineficaces y contrap rod ucentes: lo ünico que 1Iegu a lograr,<br />

fué aislar j mj victirna como lo he conseguido fácilmente,<br />

en medjo de esta sociedad ruin y preocupada. Hace algunos dIas<br />

que con mil arteras mafias, he logrado hacerme de confianza en la<br />

Casa de Remedios, y asI es como ha venido a dar a mi poder una<br />

caja que yo crel depósito de las suspiradas escrituras, y que abierta<br />

me ha descubierto el screto de la procedencia de Remedios: en<br />

esa caja encontré una especie de relacidn hecha pot los supuestos<br />

padres de Remedios, en cuya relación dicen éstos que la nina fué<br />

depositada en el zaguán de la casa en que moraban, cuidadosa-<br />

'flente envuelta en ricos panos de los que pendIa una gruesa bolsa<br />

con una fuerte cantidad de oro, y un retrato de mujer encerrado<br />

en Una cajita de cobre perfectamente soldada en su abertura; a la<br />

fllña, at dinero y a la caja misteriosa, acompanaba un papel escrito,<br />

recomendando a la infeliz criatura, y exigiendo a las personas<br />

a las cuaies se recomendaba, que por ningun estilo abriesen la caja<br />

que COntenIa ci retrato de la madre, hasta quc ésta 6 un emisario


1294 Episodios Histiricos Mexicanos<br />

suyo se presentase a reclan-jar a la nina, mostrando otro retrato en<br />

un todo igual: conciuIa el papel prometiendo a aquellos a quiunes<br />

iba dirigido, que anualmente recibirIan para educación y mantenimiento<br />

de la nifia, una suma igual a la contenida en el bolsilic referido:<br />

aflade la relación susodicha que paso un año, y Ia per)na<br />

que debla haber itevado ci prornetido dinero no pareció: sucedió<br />

to mismo en los tres siguientes, y entonces los supuestos padres<br />

abrieron Ia caja de cobre por ver si ella contenia alguna indicacóit<br />

que pudicra series ütii; la caja solo encerraba un rctrato en miaiatura,<br />

y estas palabras: cpues habéis sido indiscretos, silencio, y no<br />

hagáis mayor mi desgracia. Se-tin Ia relacidn que en extracto<br />

traslado a ustcdes, la nina tendria diez años cuando su supuesto<br />

padre murió y continuó la esposa de aquci bravo hombre sirvién<br />

dole de madre: quiso ésta casarla con usted, Sr. Lizardi, pero Ia<br />

joven desapareció: la buena mujer no pudo resistir a este iiitimo<br />

golpe, pues arnaba como hija a Remedios, y sintindose morir, se<br />

dirigiO at franciscano Garcia Alonso, y puso Ia relación susodicha<br />

y el retrato de la dama desconocida, en manos de aquel hornbre<br />

que en su dobie personalidad habia sido ci raptor de Remedios. \<br />

bien, señores, el retrato es éste, véanlo ustedes, y ese retrato es ci<br />

de Ia condesa de la Granja, que tat fué ci nombre de la mujer objeto<br />

de mis primeros amores, que murió, segán he podido averiguar,<br />

a consecuencia del nacimiento de su hija. Remedios es, por<br />

to tanto, hija de la condesa, y por consiguiente hija mnIa.<br />

D. Alvaro dejO de hablar, y en tan difIcil situaciOn ni Lizardi Ili<br />

Ochoa se atrevieron a decir palabra alguna.<br />

D. Alvaro fué ci primero en hablar, y dijo:<br />

—Creo a ustedes bastante generosos para no abandonarme en mi<br />

aflicción.<br />

—0. Alvaro,—contestO Ochoa,—nos tiene usted a sus órdenes.<br />

—A su entera disposiciOn,—añadió Lizardi.<br />

—Gracias, señores; me son ustedes más necesarios de to quo se<br />

imaginan.<br />

—;Que puede usted temer que no haya de vencerlo ci indujo de<br />

que en esta corte goza?<br />

—;Todo, senor Lizardi, todo!<br />

—No comprendo.<br />

—Todas las aschanzas que acumul6 on torno ck jcniedl0&


La Consiiluciôn del Aüo Dccc<br />

cuando no podia suponer quien fuese, se vuelven hoy en contra<br />

nila, y tales son esas asechauzas, amigos mIos, quesólo Dios, al<br />

cual pot vez primera en mi vida estoy invocando, que solo Dios,<br />

repito, puede ayudarrne a conjurarlas; si en dos dias no lo consigo,<br />

ml hija está perdida.<br />

—Pero qué ha hccho usted, desventurado?—exclatnO Lizardi entre<br />

compasivO y colérico.<br />

—He demostrado que mi hija infeliz es una sacrilega maga y<br />

una horrible envenenadoral<br />

—1lnfelizl iqu6 es lo que usted ha hecho!—exclamO iracundo<br />

Lizardi.<br />

—Anoche mismo el Santo Oficio, mientras yo entretenia a Remedios,<br />

se presentó en su casa y desenterró los Cristos, que yo mismo<br />

habia enterrado en las habitaciones del piso bajo de su casa,<br />

y recogiO los filtros, venenos, huesos, cráneos y mil ridiculos objetos<br />

que hice introducir en su casa para motivar la acusación, y<br />

perderla conio quizás Ia he perdido.<br />

—;Ohl ; miserable! —gritO Lizardi yendo a arrojarse sobre don<br />

Alvaro.<br />

Este se irguiO con la soberbia que Ic era caracteristica, y cogiendo<br />

con manos de hierro los punos de Lizardi, y rechazdndole<br />

con violencia, exclamó<br />

- iAlto ahil i vive el cielol no he venido aqul a oir recriminacioiies<br />

que nadie con más energia que yo mismo me hago puede hacerme;<br />

jucz de ml mismo soy y a ml mismo me basto; lo que<br />

ahora importa es salvar a mi hija; para esto vine a ustedes, no me<br />

Obliguen a privarrne de su avuda irritando ml cOlera, porquejurO a<br />

Dios, y sabre cumplir mi iurirnflt'. ijue rnatarc a ustecles conlO<br />

a perros.<br />

Al decir csto, los ojos dc D Alvro aflzal)an ray os de terrible<br />

Colera y tremendo enojo.<br />

OR xv<br />

1295<br />

Rotnpiendo por todo tradicional respeto, y sin detenerse a pen-<br />

Sar que su loco regocijo iba a soidar de nuevo ]as viejas cadenas,<br />

ci Partido crjollo no se contuvo en las manifestaciones de contento


i 296 Episodios Hisidricos Mexicanos<br />

a que no sin sobrada justicia dió origen su triunfo en ]as elccciones.<br />

La noticia del desaire corrido por el virey a los clectores que<br />

acudieron a felicitarle por ci dIa de su santo, no fu6 sino Un mo.<br />

tivo rnás de satisfacción para los insurgentes, pucs claro hahiales<br />

dado a entender Venegas, que la victoria Ic tenla irritado; ci liecho<br />

Cs que ni un solo curopeo consiguió triunfar en ninguna de las<br />

parroq uias.<br />

Con este motjvo ci Diana dt' Jléxica, quc aprovech6 la libertad<br />

de imprenta para insertar en sus páginas la Constitución de los Es.<br />

tados Unidos, dando a entender que i su rnodeIo deberIa ajustarse<br />

la de Ia naciön mexicana una vez constituIda, publicó, firmado por<br />

Anfniso, lo siguiente:<br />

A la portentosa unidad de opinion con que votó Ia Parroquia<br />

del Sagrario a sus electores para ci Ayuntamiento, ci 29 del pasado<br />

Noviembre.<br />

;Salve, voto fe1i, patricio fuego!<br />

;Salve, admirable zøiw,: del mexicano!<br />

;Salve, &omn sentir maravilloso!<br />

Salve. adorada Patria suelo caro<br />

sPorque ya reconoces tus derechr,<br />

Pues a un edicto no ha dos soles Jii<br />

Tu duodécima parte cifra en uno<br />

cinco y medio millares de sufragio.<br />

b;Envidiete la Esparta, ceda Ron,<br />

Troya, Ia Grecia, el mundoL.. qu-<br />

;() hemos volado 5 Atenas este dfa,<br />

0 Mexico en Atenas se ha tornado!<br />

La verdad es que no podia decirse ms en tan dificilcs, :,scurOS<br />

y arnpulosos versos.<br />

Pero no era Venegas hornbre que se parase en pintas, y apoyafl<br />

dose, corno ya se dijo, en Las inconvenientes palabras ve,tidas por<br />

Lizardi en ci Pensador, rcunió al Real Acuerdo, y de lo quc en<br />

paso dará a mis lectorcs idea suficiente el bando que copio zi con'<br />

tinuaciOn, y se publicO ci cinco de Diciembre:<br />

HABIENDOSE notado en ci poco tiempo que lieva d publl<br />

cada la libertad de iniprenta, ci abuso rnás escandaloso hecho de<br />

ella en los periOdicos y demas papeles impresos, hasta un extrcm°<br />

de notable trascendencia contra ci orden p6b1ico, por haherse nla<br />

f.;stiIo n fli\ 1:1 T--


La CousliIuciô,: del Aio Dote i<br />

rivalidad que con lisonja de todos los bien intencionados se habia<br />

casi extinguido, liegando al exceso de haberse dirigido impresos<br />

irrespetuosos v aun injui-iosos a las prirneras autoridades, resolvI<br />

cekbrar Acuerdo Pleno de Señores Ministros de esta Real Audiencia,<br />

con mi asistencia, y an dl fueron conformoes doce de los<br />

trace quc concurrieron, an suspender dicha libertad por ahora y<br />

niientras duren los motivos que precisan a. tomar dicha providencia,<br />

y el otro señor ministro fud de dictamen de qua debIa imponerse<br />

silencio y prohibir que continen 6 salgan nuevos impresos<br />

an punto qua pueda danar la tranquilidad püblica. Y conformándome<br />

con ci voto de los doce referidos señores qua lo dieron unánimes,<br />

he resuelto suspender por ahora la libertad de imprenta y<br />

restabiecer las antiguas leyes y reglamentos que la limitaban,<br />

reservándome ci volver a. restabiccer la libertad constitucional,<br />

luego que hayan cesado las extraordinarias gravIsimas circunstancias<br />

que me han obligado a suspenderla. Y para qua liegue a.<br />

noticia dc todos, mando, etc.<br />

Complemento de este bando fué otro de la misma fecha prohibiendo<br />

ci repicar a vuelo las esquilas de las igiesias, sin permiso<br />

previo y por escrito de la autoridad, y la formación de grupos an<br />

las calies, ambas cosas bajo la pena de diez años de presidio a. los<br />

COntraventores<br />

Fueron causa de qua estas disposiciones se dictasen con cierta<br />

precipitacióii, las noticias qua habIanse recibido de sucesos de<br />

graVisinia importancia.<br />

Hdlos aquI:<br />

Catorce dias de fatigas v cansancio empleó ci ejército del señor<br />

Morelos an atravesar la distancia que separaba a. Tehuacan de Ia<br />

Ciudad de Oaxaca, cuva tomna fud ci objeto de aquelia su misteflosa<br />

expedición. Dc todo tuvieron qua sufrir an aquellos catorce<br />

dias las huestes independientes, y muchos de sus soldados pere-<br />

C ieron, ya por efecto de las inclemencias del tiempo, ya por los de<br />

la necesidad a. que los redujo la escasez de viveres, ya rendidos<br />

Por la fatiga, pues fud preciso conducir a. brazo la artillerla en los<br />

Pa.sos dificiles, ya por fin siendo arrastrados por las corrientes de<br />

111 rIos de Quiotepec, Cuicatian y de las \Tueltas, muy crecidos an<br />

aquel mes de Noviembre.<br />

Pero si hjen ci Sr. Morelos puso a prueba ci sufrirniento y cons-<br />

TOMO I


1298 Episodios flisidricos Mexicanos<br />

tancia de sus tropas at elegir el carnino clue eiigió, su prevision no<br />

fué vana, porque los realistas, no imaginándose que pudicra atreverse<br />

A elegir ci peor carnino, no se cuidaron de guardar los muchos<br />

pasos dificilcs en que abundaba allI la Sierra Madre, v los<br />

insurgentes liegaron sin disparar ni un solo tiro al valle de Etla el<br />

dia 24 de Noviembre, y desde 61 saludaron con gritos de guerra y<br />

esperanza de victoria a la antigua Antequera, a la moderna Oaxaca,<br />

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7 5<br />

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cuva silueta dibuahas en c1 horizonte, rccortándosc las agujas de<br />

sus torres sobre ci encendido fondo de un cielo iluminado porcl soI<br />

poniente.<br />

La prirnera noticia que de la proxirnidad de los insurgentc tU<br />

vieron los realistas, fué verbs descender de las aituras de San<br />

Juan del Rev y extender sus compactas columnas por ci va!lc en<br />

dirección de Ia ciudad, de Ia cual se desprendieron diferentes gU<br />

n-ilias que, batidas por las avanzadas, vidronse en la precision de<br />

volver a encerrarse dentro de sus fortificaciones. Eran éstas de tal<br />

rtiIii.<br />

';•


W, La Conslj/:icióiz del Ai7o Doce 1299<br />

y muy lejos estaban de poderse liamar inexpugnables. En su direccEdn<br />

habian tornado parte y encontrádose más de una vez en<br />

oposición, los jefes militares y las dignidades eclesiásticas. Aunque<br />

el teniente general Gonzalez Sarabia, fuesc ci jefe superior de<br />

la plaza, nada se hacIa en ella que no se resintiese de la influencia<br />

y prestigio que en aquella levitica ciudad ejercian sus autoridades<br />

eclesiásticas. Su obispo, ci Sr. Bergosa, facilitó la mayor partc del<br />

dinero que las obras exigian, y levantó un regirniento de eclesiásticos<br />

cuyo capitan cornandante fué un religioso espafiol ilarnaclo<br />

Fray Felix, hombre de grandes ingenio y valor, pero a quien fal<br />

taban por razón de su estado los etudios y la práctica indispensables<br />

en asuntos de milicia: de Cl depenclian los regimientos de<br />

frailes, artesanos y vecinos que formaban ci grueso del eCrcito<br />

defensor: las tropas de regulares y patriotas españoles Ilegaban zi.<br />

escaso mrncro, y entre elias se contaban los soldaclos quc ci señor<br />

Morelos puso en fuga al acudir en socorro de Trujano, sitiado en<br />

Fluajapan por D. José Maria de RCguies Villasante, segilu en su<br />

lugar ya dije. Punto ruenos que insignilicante era ci refuerzo que<br />

hahia aportado RCgules a Oaxaca, y poco ánimo podrIan demostrar<br />

en la ocasión, tropas que, como las suyas, habian demostrado<br />

su impotencia, prirnero ante los muros de la heroica Huajapan y<br />

despuCs ante los batalloncs del gran caudillo insurgente: por eSO<br />

Gonzalez Sarabia, hombre valiente, militar honrado y noble y<br />

magnánirno corazón, expuso sin reserva al virey sus tcrnorcs de no<br />

poder salir triunfante de un paso dificil, y sin cesar pedIa refuer-<br />

ZOS, no solo a \Tenegas, sino a cuantos ides realistas puclo hacer<br />

llcgar sus avisos.<br />

Nada consiguiO, no obstante, de los unos ni los otros, y Si no<br />

busco con tiempo una salida a su peligrosa situaciOn rcnunciando<br />

tirnando que ejercia, fud porque a todo se sobrepuso su honor<br />

militar, del cual jamás dejó de ser fiel y celoso guardador.<br />

Pero aun su fatal destino iba a ponerle en un mayor aprietO.<br />

A la muerte del Arzobisoo-virey D. Francisco Javier Lizana,<br />

flombrO la Regencia de Cádiz por su sucesor al obispo de Oaxaca<br />

D. Antonio Bcrgosa y Jordan, cuya noticia fuC celebrada con repiques<br />

y otras manjfestacjones de jtbilo el 25 de Noviembre de<br />

MilOChocientos once, esto es, un aflo antes de la Cpoca cuyos sucesos<br />

relato en este libro. La insurreccidfl de lo que se ilarnaba


300 Episodjos Hisloricos Mexica;zo.<br />

Costa Chica, inquietó a los buenos oaxaquenos que solicitaron del<br />

pastor no los abandonase en aquellas circunstancias y a ello ac.<br />

cedió con cristiana caridad Bergosa. Todo fué bien hasta que<br />

el ejército del Sr. Morelos se presentó a la vista de Ia antigua Antequera.<br />

El Arzobispo electo para la metropolitana, no estirnó:<br />

conveniente aguardar la visita del caudillo insurgente, y pasándose<br />

at convento de Santo Domingo, salió ocultamente en la noche de<br />

I-.<br />

-<br />

:.:.<br />

:<br />

j<br />

... c..i. Ocultamente en la floche<br />

Oaxaca, tomando con sus caudales y familia ci camino de Telniantepec.<br />

Por más reserva con que procuró efectuar su fuga, Ia noticia<br />

corrió rápidamentc por la ciudad, y grande fué ci terror de sus medrosos<br />

habitantes: rnucho debIa ser ci peligro cuando asf los abandonaba<br />

ci hasta entonces fie] pastor: la desmoralización de Jos<br />

ánimos cundió en todas las esferas sociaies, invadiendo aün los más<br />

apartados rincones. Por más que Gonzalez Sarabia hizo, no ConsIguio<br />

moderar ni en lo más mInimo ci pánico terror producido<br />

por la fuga de Bergosa. Las scñoras abandonaron sus hogares, y<br />

con sus hijos y aihajas se trasladaron a los conventos de religiosas,


La Cansfiluciöu del Aüo Dore<br />

en solicitud de un asilo que en aquellos ticrnpos fué sin excepción<br />

respetado: los espafioles ocultaron sus riquezas enterrándoias en<br />

ocuitos parajes 6 arrojándolas en los pozos; las personas más medrosas<br />

rezaban en alta voz pidiendo a Dios misericordia, y los nifibs,<br />

despertados en mitad de sus infantiles sueflos, Iloraban arnargamcnte<br />

y en mil diversos tonos.<br />

El noble, el valiente, ci magnánimo Sarabia, contemplaba aquel<br />

triste cuadro con profundo desaliento: qué podria hacer éi contra<br />

las aguerridas huestes del Sr. Morelos, si toda la ciudad le abandonaba<br />

y en vez de escucharse en sus calles las voces de guerra y<br />

de yen ganza, solo se olan los lamentos de los pusilánimes y los<br />

miedosos?<br />

Porque nada Ic faltase se Ic presentaron Rdguies y Bonavia, comandante<br />

de la brigada de Oaxaca, cxponiéndole la conveniencia<br />

de salir de la ciudad sin aguardar al siguiente dia: fundáhanse en<br />

que, segthi sus noticias, el Sr. Morelos contaba con cnco mu<br />

hombres bien armados y perfectamente dirigidos por los principa-<br />

Iesjefes independientes: ellos en cambio podrian oponerle dos mil<br />

hombres cuando -n as. dos de cuvos tercios los constitu Ian Ia legiOn<br />

cc!esiástica, los regirnientos de artesanos y las compañIas de<br />

indios de Ia Mixteca, que en su totalidad no podIan ser considerados<br />

capaces de defender a Oaxaca: ci resto de ]as tropas se cornponia<br />

de criollos dispuestos pasarse at enCmigO en la primera<br />

OCasiOn: la resistencia era, pues, una terneridad.<br />

Sarabja les contestó:<br />

—En todo caso aun quedarernos nosotros tres.<br />

— Y qué podremos hacer nosotros solos?—preguntó Boriavia.<br />

—Dejarnos rnatar luchando por su Majestad,—contestó resueltarnente<br />

ci teniente general.<br />

Régules y Bonavia se retiraron disgostados y predispuestos contra<br />

su jefe.<br />

—Es una terneridad lo que este hombre intenta,—diio Regules.<br />

va a hacer matar corno a cordero.<br />

—Eso ailá lo veremos, —observO Régules; -yo no soy militar<br />

d<br />

Profesión, y no me creo por lo tanto obligado a hacerme matar<br />

Orno en siervo de la disciplina: si, como es seguro, nos va mal,<br />

figo ya preparado mi escondite y al menos saivaré la piel.<br />

gules, espafiol natural de 'as montafias de Santander, fué co-<br />

1301


1302 Etisodios Hiiôric&s Mexicanos<br />

nociclo siempre corno hombre activo y decidido, pero en Ic absoluto<br />

carecia aün de las rnás ligeras nociones en el arte de la guerra;<br />

favorecido por Ia casualidad triunfó aigunas veces, de rnds 6<br />

rnenos considerables partidas; pero hubo siempre de ser derrotado<br />

por toda fuerza insurgente aun ruedianarnente capaz de habérselas<br />

con los realistas. Cuando ci Sr. Morelos les obligó en 13<br />

dc Julio<br />

a levantar el sitio dc Huajapan, Rdguies se portó bastante mal, y<br />

ci valiente realista Caldelas, antes de morir Como heroicarnente<br />

murid en aquella accicSn, quiso saltar la tapa de los sesos a Rcu.<br />

les, acusándoie de cobarde.<br />

Tal era exacta y fielniente pintada y por primera vez restahiccida<br />

Ia verdad de Jos hechos, la triste situacidn en que Oaxaca se<br />

encontraba en los dias en que fué atacada por el ejrcito del señor<br />

D. José Maria Morelos.<br />

Es nuestra misidn hacer justicia a quien Ia nierece; per cSO<br />

hernos tratado de liacerla a] tunint: cncra! (axaca a Hfor<br />

tu a ado Gonzalez Sarabia<br />

: ':<br />

Radiante de luz y de colores se mosti-6 a insurgentes y realistas<br />

la aurora del rniércoles 25 de Noviembre de mil, ochocientos doce.<br />

El Sr. Morelos, que presentia La victoria que iba a obtener, prO<br />

curd no ensangrentarla, y al efecto dirigio a Sarabia un oñcio<br />

altamente conciliador y respetuoso, intimándole la rendiciOn en ci<br />

término de tres horas, ofreciendo en cambio ]as convcnenteS<br />

garantias a los dcfensores dc Oaxaca.<br />

Quizas hizo mal Sarabia, pero Li nadie did cuenta de til oñCiO,<br />

y atento solo ii sus deberes militares, ni aun se di-n6 contestarie,<br />

puesto que procedIa de jefes que éi consideraba rebeldes y traidores<br />

su rey.<br />

Cuanclo Ia autoridad militar insurgente se presentó en cumPil<br />

miento de su obiigacion a pedir a! Sr. Morelos la orden del d!a, el<br />

caudillo contestd con sublime laconismo:<br />

- ,A acuartelarse en Oaxaca.<br />

La contestaciOn de Sarabia no Ilegd en ci térruino prescrito; el<br />

\J c.'.OS auard toJava atia ilora nias, v ceando sunado,


La Coustitución del ,iño Doce<br />

did la sefial de avance, dividiendo su ejdrcito en seis columnas<br />

cuyo mando y obligacions designd del siguiente modo:<br />

18 Comandante, D. Hermenegildo Galcana: puntos do ataque,<br />

Jos conventOS do Santo Domingo y ci Carmen.<br />

2.' D. Mariano Matamoros, parapeto del Marquesado.<br />

.,a D. i\Ianucl \iicr v Teran v D. Antonio Scsrna . fortin de<br />

la Soledad.<br />

4a Capitán Larios: la Merced.<br />

5.' Coronel Montano: carnino de Tehuantepec.<br />

6a D. Miguel Bravo: su destino acudir en apoyo do la columna<br />

qua le necesitase.<br />

Dc la reserva so encargó ci mismo Sr. Morelos, quien se situd<br />

frente por frente de la Soledad y al aicance de sus fuegos.<br />

A las diez do la mañana los insurgentes cmenzaron su ataque<br />

tocándole el honor de ser el primero an éi A D. Antonio Sesma<br />

con su batalión dc San Lorenzo, formado con los defensores de<br />

Huajapan y titulado de San Lorenzo por ci ruismo Sr. Morelos,<br />

en memoria de que habla sabido resistir a los realistas qua le tuvie-<br />

Ton encerrado an un cIrculo de fueo. A los primeros disparos de<br />

la artillerIa qua con supremo tino dirigia D. Manuel Mier y Terán,<br />

ci tingiado del fortin de la Soledad vino a tierra, y Sesma pudo<br />

hacer avanzar sus tropas cubiertas hasta entonces por los muros<br />

do Ia zanja do defensa: Rguies, qua mandaha ci punto, apenaS<br />

distinguio an las primeras flias los rostros de sus vencedores an<br />

Fluajapan, huyo precipitadamente al interior de la ciudad y sus<br />

soldados mixtecos se rindieron a Sesma. Rdgules arrastró an su<br />

fuga a! coronel Bonavia, encargado de Ia defensa del puente levadizo<br />

quo comunicaba el fortin con la ciudad, qua asi quedo abierta<br />

Pot aquel lado a los asaitantes.<br />

A Ia vez D. Mariano Matamoros, trernolando la bandera negra<br />

concruz roja de su regimiento de San Pedro, se posesioriaba de la<br />

tflnchera del Marquesado, y enalando con sus cafiones la calle del<br />

fl1Smo nombre, abria paso pot ella a sus denodadas tropas.<br />

El bravo D. Hermenegildo fué quien mayor resistencia enCOfl<br />

tro, teniendo qua habdrselas con Ia legion eclesiastica, qua al<br />

mando de su capitán Fray Felix, le hizp un espantoso fuego desde<br />

las torres, vcntas v azotea del convento del Carmen: Matarnoros,Jentr(),.'<br />

1303


1304 Episodios Históricos Mexicanos<br />

derrotados, y los insurgentes solo en el convento de Santo Do.<br />

mingo hicieron trescientos artesanos prisioneros.<br />

Repicaban en senal do triunfo las campanas do los dos susodicho<br />

conventos del Carmen y Santo Domingo, cuando Terdn rcsolvió<br />

avanzar y batir ci edificio llamado ci Juego do Pelota, en ci cual<br />

habianse guarecido los europeos, haciendo desde él Un fuego certero<br />

y terrible: dos veces intentó en vano ci ataque, pues los defensores<br />

no perniitIaii al enernigo ilegar al foso; se presentO entonce<br />

en primera fila un joven durangueno, estudiante que habia sido del<br />

coiegio de San Lidefonso, del cual huyO para lanzarse a la rcv<br />

cion, y arrojando su espada a los espanoies:<br />

—A/ti va mi espada en prendas, —los gritO,—vay por eiIa,—v se<br />

lanzó al foso quc atravesó a nado.<br />

Aquel acto de arrojo fué bien pronto imitado por ]as tropa insurgentes,<br />

y ci Juego de Pelota cayó en poder del heroicojoven cuyo<br />

nombre era D. Felix Fernández; más tarde Ic cambió p' ci de don<br />

Guadalupe Victoria, y fuO ci primer presidente de la Repüblica.<br />

Terán prosiguió sin detenerse hasta el centro niismo do la plaza<br />

y en ella se Ic reunió ci guerrillero Larios, que habIa avanzaclo por<br />

la calle de la Merced sin encontrar casi resistencia.<br />

Gonzalez Sarabia, que observO que todos los puntos do dcfensa<br />

habIan sido cobardemente abandonados, sin quo la resistencia hubiese<br />

merecido este nombre sino en ci Juego de Pelota y en ci Carmen,<br />

determinó entonces abrirse paso por medio de las colurnnaS<br />

enemigas, al frente de su escuadrón de europeos; pero aun dstos Ic<br />

abandonaron, y Sarabia lIegO a verse enteramente solo y tuvo clue<br />

ocultarse en una casa de los suburbios que encontró desierta.<br />

Tres horas escasas después, esto es, a la una do Ia tarde, ci cornbate<br />

habIa concluIclo, y entre vitores y aciarnaciones entraba en<br />

Oaxaca ci Sr. Morelos, que hasta entonces permaneciO frente a la<br />

Soledad, dictando sereno y tranquiio sus drdenes en medio do una<br />

iluvia de balas, ninguna de las cuales se atrevió a hacerle ni el menor<br />

daño.<br />

A las tres, ci general Se sentaba a la mesa que se Ic sirvió en Ia<br />

casa de un europeo apellidado Gutiérrez. A corto rato Ic fuC pre<br />

sentado Rgules, a quien Matamoros aprehendió en el conveflto<br />

del Carmen, oculto en una caja de muerto: se cuenta que IC delato<br />

ci sacristán de aquella iglesia.


Fuese una debilidad extrafia en el carácter y antecedentes del<br />

Sr. Morelos, fuese que en vano hubiera procurado evitarlo, lo<br />

cierto fuë que la torna de Oaxaca se scñaló con escenas horribles<br />

de saqueo y atroces atropellos dc que fueron victima los españoles<br />

y sus casas de comercio que se vieron asaltadas y robadas de Un<br />

modo vergonzoso \ u::ia!1<br />

D. Guadilupe Vc-.<br />

-cdadesca ebria y desorde-<br />

nada.<br />

A los dos clas, i t1it ni:t I ). Antonio Gonzalez Sarabia<br />

fu6 desctbjerto v aprehendido por un soldado, en el momento en<br />

que realizaba su fuga a las doce de la mañana, malamente disfrazado.<br />

Al ser presentado al Sr. Morelos, soiicitó ser tratado con todos<br />

los honores v respetos debjdos a Un noble militar que no habia lie-<br />

Clio rnas que cumplir con su deber- v asI se lo ofrecid ci caudillo.<br />

Tomo I. 10.1


1306 Episodios Histó yicos Mexicanos<br />

Desgraciadarnente, ci auditor nombrado para forrnar!e causa y<br />

cuyo nombre siento ignorar para entregarie al desprecio de mis<br />

conciudadanos, no SUO cumplir con las órdenes del Sr. Morelos,<br />

y tanto trató de rebajar al vencido en ci interrogatorio a que Ic sujetó,<br />

que indignado Sarabia y danclo rienda suelta a la soberbia que<br />

es propia de los caballeros en la desgracia, cornetió la impruclencia<br />

de desatarse en denuestos contra los vencedores, liamd bandidos a<br />

sus jueces y él rnismo dictO con estos actos su sentencia de mu cite.<br />

Püsosele en capilia al mismo tiempo que a RguIes, d intitiles<br />

fueron cuantos csfuerzo hizo ci vecindario para salvar su vida,<br />

por la cuai se ofrecieron gruesas sumas de dincro.<br />

El miércolcs 2 de Diciembre, se levantó en ci Ilano de ]as canteras<br />

un tablado vestido de paños negros, y a las cinco de Ia tarde<br />

Sarabia fud fusilado en t.l: al pie del tablado sufrió también Rguies<br />

igual pena.<br />

El suplicio se verificd en ci mismo lugar en que al principio de<br />

la revolución fueron sacrificados Lopez y Arrnenta, primeras victirnas<br />

de las ideas independientes en Oaxaca.<br />

Fué generalrnente scntida Ia muerte de D. Antonio Gonzalez -<br />

Sarabia, militar por todos conceptos digno de recomendación:<br />

presidente que habia sido de Guatemala, paso a Nueva Espana a<br />

encargarse del mando superior militar, de acuerdo con los preceptos<br />

constitucion ales quc disponIan que los vireyes ejercieran solamente<br />

ci politico. Venegas Ic encargd de la provincia de Oaxaca<br />

en Ia cual tantas creces habia tornado la revolucidn: rnientras eierció<br />

su empleo se hizo qucrer y estimar por Ia discreciOn y moralidad<br />

de todas sus disposiciones, y si más no pudo hacer en dcfensa<br />

de Oaxaca, fué porque ni tuvo elernentos, nLpudo servirle para<br />

nada ci auxilio del estrarnbótico ejército levantado por ci obispo<br />

Bergosa, ejército compuesto de unos cuantos valientes y de una<br />

inmensa mayoria de medrosos y pusilinimes.<br />

Fueron tarnbién fusilados ci cornandante de brigada D. Bernardino<br />

Bonavia, ci capitán D. Nicoiás Aristi, y un muchacho guatemaiteco,<br />

criado de Sarabia: ci delito de este muchacho, a cuya cjecución<br />

no puede caber disculpa, fud ci haber arrancado de una<br />

esquina un bando con Ia firma del Sr. Morelos, con cuya acciO<br />

quiso reveiar ci odio que le inspiraban los ejecutores de Sarabia,<br />

al cual amaba como un padre.


W7, La Constilució,: del Aio Doce 7307<br />

Hicieron los insurgentes con Ia toma de Oaxaca más do cuatrocientos<br />

prisioncros europeos, que fueron puestos en libertad bajo<br />

do fianza, y trcinta de ellos enviados al presidio de Zacatula por<br />

haber parecido peligrosos: además troscientos prisioneros amencanos<br />

que en su mayor parte fueron incorporados a las tropas insurgentes.<br />

Quedaron en poder del Sr. Morelos, sesenta cafiones<br />

y ma de dos mil fusiles, porcion de pertrechos y municiones y<br />

gruesas sumas en dinero, &hajas y zurrones de grana de tin inmenso<br />

valor.<br />

La victoria del Sr. Morelos dcvolvió su libertad a un buen nümero<br />

do prisioneros insurgentes que yacIan olvidados en cruel<br />

abandono en las prisiones de Santo Domingo, muchos de ellos<br />

desde los primeros dias do Ia revolución. Estos infelices, entre los<br />

quo so contaba el padre Talavera, cautivo do Paris en las orillas<br />

del Quetzala, se encontraron en el mis miserable estado, demnacrados,<br />

destruldos, casi desnudos y con largas melenas y barbas; la<br />

vista de aquellos infelices excitó con justicia la general indignación:<br />

por suprema disposición fueron exhumnados los restos do los<br />

patriotas oaxaquefios Ldpez, Armenta, Palacios v Tinoco, y se<br />

los hizo un magnIfico entierro en Ia catedral, guardándose sus restos<br />

en una riqulsima urna.<br />

El Sr. Morelos so ocupó en los siguientes dIas en asuntos referentes<br />

a la administración y buen gobierno do Ia rica provincia<br />

que habIa caIdo en sus manos, y con sus disposiciones demostrd<br />

quo Si comno guerrero no tenla rival entre sus compatriotas, como<br />

hombre do orden y administración era digno de la gloria a que su<br />

talento mnilitar habiale elevado.<br />

WW<br />

XVII<br />

Indecible fué el gozo con quo estas noticias fueron acogidas en<br />

Mexico por Jos amigos do la revolución, y no menos grande ci des -<br />

aliento de los europeos.<br />

Nada no obstante dijo la Gacela de los sucesos de Oaxaca, pues<br />

Co miln suele son en los Gobiernos callar las malas noticias, conlo<br />

81 solo por sus Organos hubieran de saberse.<br />

Tampoco Jos demás papeles dijeron cosa aiguna, ni era posible


I308 Episodios Hishricos Mcxicanos I<br />

que otra cosa hiciesen, pues suprimida la libertad de imprenta y<br />

restabiecidos los antiguos usos, ningiin papel podia publicarsc sin<br />

previa aprobaci6n de la Junta de censura.<br />

Pero a falta de impresos circularon los manuscritos, conteniendo<br />

uno de ellos la siguiente canción, cuya müsica se encargó de compoller,<br />

segün dice Bustarnante, ci sabio profesor D. Mariano Elizaga.<br />

Dice asI Ia letra:<br />

inclito, gran Morelos,<br />

(ras de cuya bandera<br />

los genios de Ia guerra<br />

precipitados van,<br />

Ti't solo has conseguido<br />

Con valerosa mano<br />

del Gohierno (irano<br />

su orgullo dominar.<br />

To a Calleja eclipsaste<br />

su fantistica gloria<br />

que en continua victoria<br />

se creyó perpetuar.<br />

Cuando del lucite Cuautla<br />

te vec, salir ttiunfante<br />

la linea arnenazante<br />

del asedio burlar;<br />

Cuando impávido ernprende<br />

libertar a Huajapa<br />

y al rebelde Chilapa<br />

su traición castigar;<br />

Cuando a Orizaha Ilegas<br />

su rendición consumas<br />

y en seguida desplumas<br />

a Aguila en el Palmar:<br />

Cuando de alli siguiendo<br />

a rnarcha redoblada<br />

tu gloriosa jornada,<br />

vas a Oaxaca a entrar;<br />

Entonces me parece<br />

que la guerrera Palas<br />

te saca entre las balas<br />

en Un arco triunfal,


La Consfilución del 4i7o Doce<br />

Y que en él te conduce<br />

con paso presuroso<br />

1 3 1 templo majestuoso<br />

de la inmortaliclad.<br />

L Luego que te presentas<br />

f<br />

su augusta asamblea<br />

iplaude y vitorea<br />

tu gloria militar,<br />

Anibal y<br />

Alejandro, Scipiôn,<br />

y aun el gran Napoleon<br />

sus laureics te dan.<br />

Al verte exciama Marte:<br />

(Iven, héroe mexicano,<br />

y ml sangrienta mario<br />

con la tuya estrechad:<br />

Mi hijo eres predllecto,<br />

ml inhlujo hoy te predice<br />

que tt'r serás felice,<br />

tu patria 'saivarás.<br />

Si, Morelos invicto,<br />

quién podrá ya estorbarte<br />

plantar ci estandarte<br />

de nuestra libertad?<br />

A Mexico camina,<br />

liega con prontitud<br />

y de la esciavitud<br />

venidnos a sacar.<br />

1309<br />

Como bien podrdn apreciarlo mis lectores, el patriota autor de<br />

esta cancjófl era un detestable poeta, observación quc hago con ci<br />

ÜflICo fin de probar una vez más la justicia de mi opinion acerca de<br />

lOS poetas criolios de la Opoca colonial.<br />

Pero Si el Sr. Morelos no tuvo, como hubiéralo merecido, un<br />

Quintana que hubjese cantado sus hechos segOn sus merecimients,<br />

no por eso sus actos dejaron de ser dignos de Ia admiración de<br />

las edades.<br />

Comprendiendo ci valor de la provincia que acababa de conquistar,<br />

Sc dedicó con talento y sabia solicitud a su buen gobierno<br />

Y adm injstración, Buscó para esto con ernpefto a hombres capaces


1_310 Episodios His! órics Mexicanos<br />

y probos, y los obiigó a cooperar con sus servicios a su obra de<br />

regeneración; I)USO al frente de todo y conio intendente general a<br />

D. José Maria Murguia, persona de altos méritos y gran estadista.<br />

Por su decreto de cinco de Diciembre, nombró los regidores del<br />

nuevo Ayuntarniento de Oaxaca, formado de criolios distinguid:<br />

estableció a la vez lo que llarnó Junta de Protección, encargada dc<br />

Ia policIa y buen gobierno civil, y crcó una Caja Nacional, zi cuyos<br />

miernbros encargó de la custodia y distribución de los caudales<br />

püblicos. Fundó tarnbién un periódico oficial al que dió ci tltulo de<br />

C'orreo Americane del Sur, bajo la dirección del doctor D. Manuel.<br />

de Herrera.<br />

No fueron nienos oportunas y acertadas sus disposicioncs miiitares:<br />

estahieci6 en el convento de la Concepción una gran Macstranza,<br />

a cuyo frente puso a D. Manuel Mier y Terán, oficial Wstin•<br />

guido é inteligente que dió grande impulso zi los trabajos de fundidon<br />

y reforma de arniarnento. Crcáronse tamhin varios regimntos<br />

de infanteria y escuadrones de caballerIa, y Se mantuvo zi las tropas<br />

en constantes ejercicios de instrucción.<br />

Encomendó a varios ilustres jefes la dirección (IC varias cxpcth•<br />

clones encarninadas a ascgurar ci dominio de los insurgentes en<br />

aquella provincia. El Padre Garcia Conde recibió la cornisiui de<br />

marchar en seguimiento del fugitivo obispo Bergosa, y obligarle a<br />

volver a Oaxaca; Pero ci prelado pudo a buen tiempo embaicarse<br />

en Tehuantepec con rumbo a Veracruz. Conde recogió en et caminO<br />

gran cantidad de efectos y zurrones de grana pertenecientes :1 espanoles,<br />

y otro tanto hizo ci teniente coronel D. Vicente Guerrero<br />

con ci cacao y tabaco de igual procedencia: con estos efectos. los<br />

tornados en Ia ciudad, Ia Plata labrada, aihajas y dinero extraIdo de<br />

los conventos, ci intendente de ejército D. Antonio Sesma v Ia Caja<br />

Nacional pudieron contar con recursos, que se hacen subir nada<br />

menos que a la surna de tres millones de pesos.<br />

Notable fué la pornpa de las fiestas con que el Sr. Morelos clè<br />

brO su juramento de obediencia a la Junta que Rayon estableciO en<br />

Zitácuaro en Agosto de mu ochocientos once. Con este rnotivO el<br />

caudillo vistiO por primera vez un rico uniforme de capitán general<br />

que D. Mariano Matamoros Ic regalo, y en la actualidad Sc C0fl<br />

serva en el Museo de artilleria de Madrid.<br />

Toda la ciudad se engaianO y compuso con la misma esplendidez


La Coustitución d1 Aflo Doc'<br />

que habIase usado siempre en las juras de los reves, y se levantaton<br />

en las calles arcos de triunfo haciéndose notable uno de ellos<br />

del cual voy a dar agiguna idea.<br />

En uno de sus lienzos vefase pintada un águila volando entre<br />

rayos y tempestades con esta inscrpción:<br />

IV<br />

NON PAVET AD STREPITUS<br />

OCT A VA<br />

Esa ave que festiva y majestuosa<br />

a quien ni el roismo fuego atemoriZa,<br />

coTta el aire ligera y ambiciosa<br />

sin poder renacer de su ceniza,<br />

soberana se juzga y no reposa<br />

hasta tanto su intento no Is avis.i<br />

que cstà cerca del so], y alli restielve<br />

que at sol vera el sembiante 6 quo no vuelve.<br />

Vejase en otro lienzo a un aguila arnarrada con unos cordeles a<br />

Un nopal; debajo decia:<br />

PRO MORTE LIBERTAS<br />

Detn, oh cazador inadvertido,<br />

4 el dardo de tu tiecha disparada,<br />

que has de quedar sin duda muy corrido<br />

como tu press quede lihertada:<br />

no romps ci cordel poique a su nido<br />

el ave ha de volar precipitada<br />

y sill repe(ira, viendo su suerte:<br />

me diste libertad por darme muerte.<br />

En otros lugars arco ha1b;n acgricos<br />

1311


1_312 Episodios Histôricos Mexicanos<br />

Un águila ensefiando a volar a sus polluelos:<br />

Te remontas con anhejo<br />

y aun dudamos Ia que vemos;<br />

es muy rápido tu vuelo,<br />

pero de ti aprenderemos<br />

para Ilegir ha;ta el cielo.<br />

Un águi!a con una culebra en los pies apretándole ci cuello:<br />

No te aprieto porque quiero<br />

Si no por reflexionar<br />

que en Un apuro tan hero<br />

6 he de mont ö apretar,<br />

quieres que haga lo primero?<br />

Un águila defendiéndoe de un dragon:<br />

Hacerte entender quisiera<br />

lo int'itil de tu desvelo<br />

que eres hera, mas del suelo,<br />

y yo Ia soy de otra esfera.<br />

Ya verás camo ligera<br />

de ti me voy alejando,<br />

to te quedarás Ilorando,<br />

entre tus ayes prohjos<br />

se reirn de ti mis hijos,<br />

su libertad celebnando.<br />

Un águila picándose el pecho y dando a sus hijos de su sangre,<br />

para alimentarlos y un dragon en ademán de querer devorarios<br />

Tan hirana pretension<br />

no podthn lograr tus has,<br />

pues los polhuelos que miras<br />

tienen alta pnotecciOn.<br />

Aun conserva el corazón<br />

caudales de sangre activos<br />

que aunque fueran fugitivos<br />

senia su sed bien saciada,<br />

pues si quedo inanimada<br />

mis hijos volaràn vivos.


i i La Consiilución del Aüo Doce 1313<br />

• XVIII<br />

Aunque sin tantos detalles como acabo do dar, adelantando<br />

algunos dias at relato, Ia corte vireinal tuvo noticia do los graves<br />

sucesos de Oaxaca y dcparó vIctimas a su cólera la suspensiótl de<br />

la libertad do irnprenta. Durante los sesenta y seis dias que aquefla<br />

Iibertadluró, el Gobierno pudo conocer, rnerccd la imprudencia<br />

de los escritores, quines eran sus principales enemigoS en Ia capital,<br />

y sobre ellos cayó implacable su venganza.<br />

Pero an todo pensó Lizardi inenos an el riesgo qua corria, riesgo<br />

tanto mayor cuanto qua su artIculo del Pensador del dIa 5, fu6 el<br />

verdadero pretexto qua para sus manifestaciones de enojo encontró<br />

at virev.<br />

Mas, lo repito, Lizardi olvidó su riesgo propio para no acordarse<br />

sino del qua su adorada Remedios corrIa.<br />

—Por fortuna,—habIa dicho D. Alvaro a Lizardi y Ochoa,—el<br />

principal enernigo de mi hija ha desaparecido, ha muerto quizás.<br />

—Quién fué dl?—preguntó Lizardi.<br />

—Un hombre de ingenio y práctica an ci mal, un sacristán nornbrado<br />

Francisco, antiguo jefe do bandoleros an la isla de Cuba, an<br />

la cual so Ic conocla por el apodo de el capitán Centellas.<br />

—;Que ha sido de ese hombre?<br />

—Cdmplice desde hace algun tiempo an todos mis crImenes,<br />

salió hace algun tiempo an persccucidn de mi compatriota don<br />

Pedro Lafuente, quo se retiraha a Espafia con una gran fortuna quo<br />

habia excitado nuestra ambición. Tango noticia de quo Lafuente<br />

logró embarcarse an Veracruz, y esto y ci no haber regresado<br />

Centellas me hace esperar qua ci sacristán Francisco haya sido<br />

!nuerto al intentar un golpe de mano.<br />

—Sin embargo, no Ic consta a usted qua asi haya sucedido.<br />

—Desgraciadamente no, y esto as lo qua me espanta, porque<br />

ese miserable as temible.<br />

Yo me encargo de dl,—dijo Ochoa.<br />

— Acaso Ic conoce usted?—preguntó D. Alvaro.<br />

—No Ic coflOzco, pero me hatari saber la iglesia en quo sirve<br />

de sacrjstán<br />

TOMO I


1 3 14 Episodios Hist,irkos Mcxica,;os<br />

—Habrernos conseguido la mitad del triunfo si ese hombre no<br />

se nos I)reSez3ta de improviso: ahora bien, usted, Sr. Lizarcli, se<br />

encargará de ser el inruediato guardian de ml hija Remedios, y<br />

para ello va usted a trasladarse en ci acto a su casa, de la cual por<br />

ningin estilo dcbc usted salir: yo voy inmediatamente a habiar con<br />

el vircy y a poner en juego toda mi influencia, todo el ascendicnte<br />

de que gozo sobre su ánimo.<br />

—Senores,—afladió D. Alvaro, disponiéndose a salir,—que Cl<br />

cielo nos ayude.<br />

Pocos momentos despuds, cada uno de nuestros tres amigos<br />

habIa ido a desempcfiar su respectiva misión.<br />

Mientras todo esto sucedIa, un hombre liego a la puerta de Ia<br />

casa de D. Alvaro, se la hizo abrir, y ci portero at verle Ic saludó<br />

diciéndole:<br />

—Salud, capitán Centeilas, bien venido sea usted, tanto rnás<br />

cuanto que mi señor D. Alvaro nos habia dicho ya que en nuestras<br />

oraciones rogáramos at diablo que tratase a usted con consideradon.<br />

—Segtin creo, por muerto me disteis.<br />

—SOlo asI podIamos explicarnos Ia tardanza de la veelta.<br />

—Pues no habéis andado mnuy lejos de la rcaIiJai.<br />

—Sf, ;eh?<br />

—Pero dime, Lucas, ;estI en casa D. AIvare<br />

—No, capitán.<br />

—Pues ;dónde anda<br />

—Sépalo el diaH.<br />

...—;Cómo es eso<br />

....-..-Iesde liace ds has e an ara en casa !11 Wi flI'fl1<br />

—;Hace dos dIas que no Ic vcs<br />

—Es decir, dos dIas completos no, mi capitán: esta mañana vIriO<br />

a casa, trayendo debajo de la capa un buito pequeflo, una caja de<br />

madera apenas de una cuarta en cuadro: me Ia entregd para que la<br />

subiera a sus habitaciones, y aunque la tal caja no pesaba ni media<br />

libya, me pareciO que D. Alvaro se mostraba muy satisfecho de<br />

ella.<br />

—Sabes de dOnde procede esa caja?<br />

—No, mi capitan: sin embargo, pudiera haberla sacado de la caca<br />

de D. 1 Rerne lios. pus ia rnis de quince dais que no hace mas quC


La Constituciôfl del Año /)oce<br />

13 15<br />

visitarla, y antes de anoche me hizo acompafiar!e con un bulto en<br />

que lievaba dos cristos, varios muñecos de madera y yeso, disciplinas,<br />

tenazas, porciófl de frascos de vidrio y qué sd yo cuántas<br />

cosas más.<br />

—Y qué hicisteis con eso?<br />

—No sd to quc D. Alvaro harla, pues at Ilegar a la esquina de la<br />

cafle hizo que le entregase cse buito y me dejd en observación.<br />

obrvac::<br />

—Si.<br />

—Pues qué: va tu encs van perdidndole el rniedo a la casa<br />

maldita?<br />

—Parece quc si, desde que usted dejó de andar pot las azoteas<br />

vestido de fantasma y dando alaridos.<br />

—Y quiénes han sido los valientes?<br />

—Un Sr. Lizardi, periodista y autor de varios papeles, que, la<br />

verdad, hasta a mi m han gustado, porque ha dicho en ellos<br />

muchas cosas buenas y justas.<br />

—Pero, en fin, ;la caja que trajo D. Alyaro qué contenla?<br />

—No to sé, ml capitán.<br />

Ccntellas se puso serio, y tomando con violencia de urt brazo<br />

a Lucas, le dijo:<br />

—Ten presente, que si algo me ocultas, te parto en dos Ia cabeza.<br />

—.\1i capitin,—contestó Lucas;—rne ofende esa desconfianza;<br />

aqul me colocó usted con ci solo fin de espiar a D. Alvaro, y creo<br />

que hasta hoy ningdn motivo he dado...<br />

—Tienes razón, Lucas; pero me extraña quc ya no hayas averiguado<br />

el contenido de esa caja.<br />

—D. Alvaro cerró con have la puerta de su habitación y... pero,<br />

mi capitán, por ci 050 de la cerradura he visto que dejó abierta la<br />

caja sobre su mesa.<br />

—Pronto sabremos entonCes lo que contiene.<br />

—Yo habria fj:-iJ 1i. .rradura, pero esto me habrIa descu-<br />

blerto.<br />

—Tienes razn, fortuna yo conservo la have faisa y<br />

podré abriria.<br />

—Pero a todo esto, mi capitán, ;qué ha sido de usted en tantos<br />

dtas?<br />

—Es largo pat-a contado.


13 16 Episodjos Hisló yicos Mexjca,,øs<br />

—Pero en fin, D. Pedro Lafuente...<br />

—Sc me escapó de entre las rnanos, y lo que es peor lleváu dose<br />

su dincro.<br />

—Cómo fud eso?<br />

—El diablo le favoreció y echo sobre rnh una partida de insugentes<br />

que no me dejaron ni cara en que persignarme.<br />

—Pero ;y la gente dc usted y mi hermano Martin-<br />

-Lucas, pide pot éI al diablo ci mismo favor quc D. Alvaro te<br />

encargó pidieras para mi.<br />

—I-Ia muerto!<br />

—Dc un balazo entre ceja y ceja: fué quien aprovechO ci primer<br />

tiro de los insurgentes.<br />

—iListin-za de muchacho!—exciamO Lucas:—v tan va!icnte<br />

como era: pero en fin, jcóm iirt ML!. H.: i1ji fr<br />

me libré yo quedátidomc aqw.<br />

—A ml me lo debes, Luca.<br />

—Gracias, ml capitan.<br />

—No hay de qué, Lucas: conquc, muchu cuidado: v)y a vu;- :jué<br />

contiene esa caja de que me has hablado.<br />

Un cuarto de hora después, Centellas voivió a la porterla; Lucas<br />

le salió al encuentro preguntándolc:<br />

—;Contiene algo bueno Ia cala?<br />

—No lo sé.<br />

—iCOmo!<br />

—Si, Lucas, no lo sé.<br />

—No cornprcndo.<br />

—En Ia caja solo hay un largo manuscrito referente al uacimiento<br />

de D. Remedios.<br />

—Era hija de alguna gran dama?<br />

—Parece que Si, pero segün ci tal manuscrito, la dama se olvidó<br />

de su hija desde el instante mismo de su nacimiento.<br />

—Para algo, sin embargo, deben servir esos papeles,_observó<br />

Lucas.<br />

—€Por qué lo dices?<br />

—Porque cuando D. Alvaro saiiO de su habitacióri y pasO por Ia<br />

porteria para irse a Ia caile, note que iba profundarnente preocupado.<br />

—No adivino por qué; pero en fin, éI mismo me lo dirá Si a<br />

vuelta se halla aquh.


La Constitucióts dd ,liio Doce<br />

1317<br />

—;Se va usted, capitán?<br />

—Si: acabo de entrr an Mexico y tengo qua justiIcar mi prolongada<br />

ausencia.<br />

—Va se encargará de alto D. Alvaro.<br />

—No Ic necesito: sail con pliegos del viray para D. Ciriaco, y<br />

con sólo dar cuenta de mi comisión, estará concluIdo todo. Queda<br />

con Dios, Lucas.<br />

—Mi rwipitdri, Ci acornpañe a usted: pero...<br />

—EOUC te ocurre?<br />

—Debo decir a D. Alvaro qua ha vuelto usted?<br />

—Si, y qua me espere aqui.<br />

—Está bien.<br />

—Adios, Lucas.<br />

—AdiOs, mi capitán.<br />

0w__<br />

XIX<br />

Va se habia alejado tiempo hacla de la casa at capitán Centellas,<br />

cuando ii ella ikgO D. Alvaro casi at cerrar la noche: nuestro<br />

hombre no vcnla solo: le acornpaaba D. Anastasio de Ochoa.<br />

Cumpiirndo con ci cargo de Centeilas, to primerO qua Lucas<br />

hizo fuC notificarle la Ilegada del sacristán.<br />

D. Alvaro, ii quien los nuvos sucesos habIan hecho perder gran<br />

parte de su aDiomo, no pudo ocultar a Lucas qua Ia liegada de<br />

Centellas ic contrariaba grandemente, y confirrnó at portero an su<br />

SOspecha la terminante orden qua su amo le djó para qua dijera at<br />

sacnstán cuando volvicra, qua no Sc encontraba an la casa.<br />

Pero D. Alvaro ignoraba qua Cl menos qua nadie podia contar<br />

COIl SU portero<br />

IDosgolpes sonaron an la puerta del zaguán.<br />

Lucas abrjó inrnediatamente y Centellas entró, diciendo:<br />

-Me ha sido imposibie ver al virey. Ha ilegado D. Alvaro,<br />

L ucas Ic dijo qua bajara Ia voz.<br />

Aqu tanto mistcrio?—preguntó at sacrist , n;—quC ocurre?<br />

—ID. Alvaro acaba de ilegar con otro caballero.<br />

-Y qué?


1318 Episodios Hisloricos Mexicanos<br />

—Que me ha mandado que si usted venia Ic dijese quc aun no<br />

habi a vuelto.<br />

—Es extraflo.<br />

—Y tanto que si; como quc rue pareclo que no Ic ha hccho<br />

rnucha gracia la vuelia de usted.<br />

—Si, eh?<br />

—Como usted to oye.<br />

—Aqui hay aigo grave.<br />

—Eso supongo yo.<br />

—14 stá bien; trataremos de averiguarlo.<br />

—Qué debemos hacer?<br />

—Tu, Lucas, permanecer en tu porterla como si tat cosa, y sin<br />

decir a nadic quc aqui estoy.<br />

—Asi se hard.<br />

—Lo demás corre por mi cuenta.<br />

Ccntcllas subió las escaleras, y con precaución entró en las habitaciones<br />

de D. Alvaro y Ilegó delante de la puerta de su dcspacho,<br />

que estaba cerrada con have, y püsose a escuchar.<br />

—La sucrte nos Cs contraria, Sr. Ochoa; ci portero acaba de<br />

decirme que el sacristán ha Ilegado a Mexico.<br />

—Mi buen Lucas habia sospechado bien,—dijo Centellas para Si.<br />

—;No dice usted, señor D. Alvaro, que ese hombre Cs Ufl ban<br />

dido?—prcguntó Ochoa.<br />

—Lo es, Si; pero temible.<br />

—No to sabes ti bicn,—pensó Centehlas para sus adcntr. ana<br />

diendo despuCs: —tan tcmible como buen amigo t:v<br />

hasta hoy.<br />

—Entonces,—continuó diciendo Ochoa,—Io mejor<br />

poner preso.<br />

—Después tratarcmos de eso: ocupCmonOs ahora dc mi pobre<br />

Remedios, de mi desventurada hija; yea usteci aqui, Sr. Oclioa, C'<br />

manuscrito de que habI6 a usted y a Lizardi.<br />

—Su hija!—exclamó Centellas para si;—qué nueva invenCión<br />

será ésta? porque de seguro es una invención de ese picaro cxtra0<br />

dinario; no puede cabernie duda en eHo: tat vez todos sus esfuerz°S<br />

y los rubs han sido inütiles para lograr ci fin de apoderarsc dc Ia<br />

cuantiosa herencia del franciscano-capitin Garcia Alonso:<br />

los frallcs, que son ambicinsos, han pretendido abzars a


W. La CousSituciô:I del .,4üo Doce<br />

ya<br />

mundo sin que haya compictado la otra mitad.<br />

Ocupado Ochoa an leer el manuscrito de la buena señora que<br />

habia pasado por madre dc Remedios, el silencio reinaba an el<br />

despacho de D. Alvaro: pudo Centelias, por lo tanto, cntregarsc<br />

descansdamente zi.sus reflexiones, que continuó de esta manera:<br />

—No hay ducla: apostaria mi cabeza a qua lo mismo as Remedios<br />

hija mia quc de .D. Alvaro: es, pues, una invenciôn de dste; p°<br />

cdrno ha podido urdirla? Conozco ci manuscrito que Ochoa Ice<br />

en estos momentos, y nada hay an dl que pueda justificar la supuesta<br />

paternidad de D. Alvaro: Remedios nació an Mexico hace<br />

diez y nueve años: apenas hará un par de ellos qua D. Alvaro vino<br />

a ]as Amdricas: cómo entonces podrá sostener su embuste? Crco<br />

que an esta ocasión mi carnaracla no ha dado pruebas dc mucho<br />

ingenio: necesario Ic seth recurrir a ml, y si tat hace, yo le ayudard<br />

a dernostrar que sdlo él puede haber sido el padre de Remedios;<br />

disparatado as todo esto para fli imaginamflle siquiera que se me<br />

hubicra ocurrido a ml. Pero oigamos: Ochoa ha concluido su<br />

lectura.<br />

—;Desventurada nina!—exciam ó nuestro poeta dejando sobre<br />

la mesa ci nianuscrito.<br />

—Aun podremos hacerla feliz, amigo mb.<br />

— Oui6ra10 Dios!<br />

—Por qué dudarlo! He sido un criminal, no lo niego; perO, por<br />

Supremo favor de la Providencia, mi alma no se ha pervertido;<br />

créalo usted, Sr. Ochoa; desde que la casualidad ha puesto an miS<br />

manos la cave de este secreto, me siento transformado mi pasado<br />

me avergucnza, a ml que hasta hoy no habIa visto an ese pasado<br />

Mis quo una interesante levenda de la vida de un joven atrevido y<br />

emprendedor; arno desde ayer mi existencia como un bien, corno<br />

Llfl TCCUtSO qua an mis manoS pone Dios para hacer an lo que de<br />

,211a me quede, tantos beneflcios como males he causado: 'o sabre<br />

5Cr un buen padre de mi hija; yo me hard respetable y qucrido.<br />

Un para aquellos qua hasta hoy me han visto con horror 6 desprecto:<br />

mi hija me amará también: y si su amigo de usted Uzardi,<br />

1319<br />

dincro, que de derecho les pertenece, y D. Alvaro ha fraguado esta<br />

paternidad para ganarles la partida. i Bravo hombre éste! 1iástima<br />

seth que vaya a torctreme y a declararsc mi enemigo! Ha hecho<br />

la mitad de mi fortuna, y sentiria tenr qua enviar!e al otro


320 Epzsdzos Hs!óricos .'v!ex:cazos<br />

me perdona y ye con piedad, y aun sigue amando i Remedios, le 1<br />

hare su esposo y me crearC una faniilia que sea el prenhio d mi<br />

regeneracidn.<br />

—Todo as posible, D. Alvaro, todo es posible con Ia misericrdia<br />

de Dios; pero no echemos en olvido lo quo tanto nos importa:<br />

necesitamos una franca y leal deciaración del modo v manera con<br />

quo usted procedió al horrible crimen de baber depositaclo en la<br />

casa de Remedios las irnágenes del crucifcado y demás objetos,<br />

cuyo hallazgo tanto la ha comprornetido ante el tribunal de la Inquisicián.<br />

No estarnos ya, gracias a Dios, an la época de los tre.<br />

mendos autos pdbiicos de este tribunal; pero aun dura su pu -ler, v<br />

si no probamos de una manera absoluta la inocencia de Remedios,<br />

ni el rnismo virey podrá impedir quo sea sepultada an los calabozos<br />

de Ia Inquisición.<br />

—Resuelto estoy ai escribir esa dcclaración.<br />

—Pero eso no basta.<br />

—;OuC se necesita además?<br />

—Que otro hombre lasuscriba.<br />

—Cuál?<br />

—El quo ayudó a usted a cometer esa... -<br />

- Esa infamia! lo sé,—dijo D. Alvaro, al ver qua Ochoa se<br />

detenia an calificar su accidn.<br />

—;Qucrrá hacerlo?<br />

—Por qué no?<br />

—Porque esa declaracidn que de usted exige la autoridad ecle<br />

siastica...<br />

—Pudiera con'ertirse cii una arma contra mi, ;no as cierto?<br />

—Lo es.<br />

—Pero dispuesto estoy a todo, y una vez saivada ml hija, no<br />

digo los actuales inquisidores, ci mismo Felipe II si resucitase no<br />

serIa capaz de intimidarme.<br />

—Sin embargo...<br />

—Comprendo sus escrüpulos, Sr. Oclioa: es usted un honl<br />

bre honrado, digno de no figurar an nuestro corrompido clero<br />

actual, y...<br />

—Sr. D. Alvaro, suplico a usted suprirna enojosas calificaciones.<br />

Convengo an qua esta declaración por escrito as enteramente jnne<br />

cesaria: creo, como usted, qua al obligarrne a qua se la exija, SC


La Co,,s1ituciin dI Año Doce<br />

pretenda esgrimir contra usted una arrna peligrosa, pero yo no<br />

debo...<br />

—Confesar que hsI es, no as cierto, Sr. Oclioa<br />

—1). Alvaro...<br />

—Tampoco quiero yo hacer a usted at insulto de juzgarle como<br />

juzgo a quienes a ml le envian; por eso hablo como hablo. Pero to<br />

repito, nada ni nadie me espanta si yo solo debo correr at riesgo.<br />

Pondré, pucs, la declaración tal y como se me exige, si, como<br />

ustd me dice, an carnbio de ella se me han de entregar originates<br />

las diligencias practicadas por at Santo Oficio an la causa de mi hija.<br />

—Asi so hari.<br />

—Entonces.. pero digame ustcd , —preguntó deteniéndose ,qué<br />

objeto puede tenor la firma del hombre qua me acornpanó?<br />

—No debo ocultarlo zI usted, Sr. D. Alvaro.<br />

—Impaciente escucho.<br />

—Esa declaración lo mismo puede perder a usted quo a éi, y p°<br />

salvarse de esa prdida, ci criado de usted hará las revelaciones quc<br />

Sc IC exijan.<br />

—Ignoro qué clase de revelaciones pueden exigirsele, pero<br />

vuelvo a decirlo: salve yo a mi hija, y vengan después contra mi<br />

inferno 6 cielo, juntos oseparados, que no habrán de vencer an<br />

lucha a D. Alvaro de Cervera.<br />

Media hora después la dcclaracidn solicitada habIa quedado cxtcndida,<br />

sin faltarle nj aun at requisito dc la firma del portero Lucas.<br />

A quo sin resistencia spscrihicsen ci papel contribuyó y no poco<br />

el capitin Centeilas, quien mnientras D. Alvaro escribla bajó a la<br />

habitacjn del pertero y le dijo:<br />

—Van a Ilarnarte dentro de unos mornentos para qua firmes un<br />

papel.<br />

— Debo negarme?—preguntó Lucas.<br />

—Todo to c.ntr:-ii:, :na inmediatamente sin cuidarte de más.<br />

—Per.).. -<br />

—Firma y ha1,ris 1io ti, fortuna, yo sd lo qua te digo.<br />

—En usted conto, mi capitan.<br />

—No te-arrepentjrás do etlo, mi buen Lucas.<br />

Centelias volvió rápidamente at mismo lugar desde el quo habIa<br />

e stado siguiendo at diáiogo de D. Alvaro y Ochoa: ëste, cuando<br />

hubo salido at portero, Ic dijo i su !fltC!0cUtT)r<br />

Tomo I<br />

132 1


Hn'i 'iiti 'tn2t g&1ttd: iir-co vmt<br />

£1aø )! e htrflbtr! quc<br />

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WWI .ij I<br />

IBIEN MUERTO! EXCLAMO EL SACRISTAN,-<br />

I


I..<br />

La Constitución del Aüo Doce<br />

—Entiendo y no tardar6,—dijo Lucas saliendo inmediatarncnte<br />

de la casa; y an efecto, no tardó, pues unos diez minutos después<br />

volvió con los papeles, qua presentd zt Centellas, dicindole:<br />

—El buen hombre se mostrO más valiente de lo qua suponiamos.<br />

_ .y le has rnucrto?<br />

—No, mi capitán; pero tal golpe Ic di an la nuca, qua creo tardará<br />

rn;is dc una ha en 1vcr en si: ni siquicra neccsit amarrarlc.<br />

—Has hecho l)icn mi l)ucn Lucas: aliora q ueda con Dios, y<br />

hasta mañana.<br />

—Perddn, mi capitan,—observó Lucas detcnicndo a Centellas.<br />

se te ofrece?<br />

—Dijo ustcd qu<br />

c pancl podia prdcrmc, y buetìo scria des-<br />

truirlo.<br />

—1'eni.ndo10 en mis m:tnos.<br />

—Perddn, mi capitan; pero estari mejor an las mias,—dijo Lucas<br />

con ademzin amenazador.<br />

—Sea como tu lo quieres,—contestó Centelias, entregando ci<br />

papel d Lucas: 6ste lo dcsdobló y se accrcó a la luz para leerlo;<br />

pero no habria, sin duda, Ilegado a la segunda linea, cuando sin<br />

decir ni tin jay! siquiera, cayó a plomo sobre sI mismo, atravesado<br />

por ci puñal dc Centelias.<br />

—l3icn muerto!—exclamó at sacristán, y recogiendo ci papel,<br />

salió tranquilamente de la casa de D. Alvaro, cerrando la puerta<br />

tras de si.<br />

xx<br />

Firmemente resuelto a asegurar de una vez para siempre su for.<br />

tuna d a perecer an la demanda, ci sacristz-in Francisco se dirigió<br />

a la casa qua an la calle de la Cerbatana rnantenia destinada a sus<br />

aventuras amorosas r qua quizás por nadie más qua por D. Alvaro<br />

era Conocjda y an ella se vistit) un rico traje de caballero, dando<br />

a toda su persona Un aire de elegancia y distinción qua realzaba su<br />

buena varonil figura.<br />

— lJamás hubiera podido sospechar lo qua acabo de saber! Quidn<br />

me hubiera dicho qua D. Alvaro podria tener una hija hermosa Y<br />

.,t


I-J:? ,::s<br />

esphndidamente rica? Compieta, extraordinaria sorpresa ha sido<br />

para mi. Es necesario no perder tiempo alguno. La hermosa Reniedios<br />

no puede encontrar mala mi figura, que, sin lisonja, creo<br />

tan buena como la mejor. Mis relaciones con gente de pro me<br />

han dado cierto tinte de elegantc cducación, que sin desdoro ni<br />

ajeno ni mb, me permitirá altcrnar con la buena sociedad: cmo<br />

D. Alvaro, me creo capaz todavIa de convertirme en una honrada<br />

persona, y bien pudiera suceder que yo hiciese feliz i Remedios;<br />

pero mi matrimonio con ella debe ser cosa de pocos dIas, y esto<br />

es to dificil; pero si la hija de D. Alvaro ama i su padre, éste, metced<br />

at documento que tan caro ha costado at pobre Lucas, la eonvencerá<br />

de que debe ser mi esposa. Anirno, pUCS, y vamos, en<br />

primer lugar, a visitar a Venegas; ci buen vircy pronto será nuo,<br />

gracias a las notiçis que puedo dare acerca del estado de la<br />

revolucidn en la provincia de \Teracruz.<br />

El capitán Centeilas se arrnO convenientemente, tomó su sombrero<br />

y su capa, y se dirigió at palacio del virey. Algunas palabras<br />

que dijo al secretario de éste, fueron bastante para que Venegas Ic<br />

rccibiera sin ciernora alguna.<br />

Haremos gracia a nuestros lectores de Ia primera parte c1 la<br />

conversacidn, que versó ünicamente sobre asuntos politicos. Don<br />

Ciriaco del Llano habia hecho a Centeilas el hombre de sus confianzas,<br />

y encargandoic de exponer at virey sus planes y con él<br />

discutirios y consultarlos. Por más que parczca raro todo esto, asi<br />

fué la verdad y paso adelante.<br />

—No me era desconocida,—observó ci virey contestando a<br />

Centelias,—la grandeza del alma de D. Nicolás Bravo; por eso<br />

quise pot cuantos medios estuvieron a mi alcance apartarle de Ia<br />

revolución.<br />

—Desgraciadamente, - respondió Centeilas, e! su plicio de su<br />

padre D. Leonardo hard imposible que jamás logremos atracrie a<br />

Ia buena causa: sin embargo, siempre tendremos en él un noble y<br />

leal enemigo que, no solo no abusará, pero ni ernpleará siquiera el<br />

sistema de guerra del resto de los insurgentes, con Jos cualcs qulzás<br />

no tarde mnucho en indisponerse. Por el pronto ci cura Morelos<br />

ha desaprobado el generos perdón que acordó a Jos trescientO<br />

prisioneros europeos, género de venganza soberanamente asorfl<br />

broso y perjudicial a la causa espafiola, porque aquellos trescicil'


La Co,ssttIucsofl del 4,io Doce<br />

tos hombres son at presente sus mis fieles partidarios, y acusan a<br />

V. E. de inhumano y mal padre de los sübditos do S. M., puesto<br />

qua so ncgó a canjearlos por D. Leonardo.<br />

—Flay xi1:ncias poilticas superio?es a toda humana consideradon.<br />

—No lo Il i,, o, pues to cornprendo asI, y sobre todo me basta<br />

quo V. E. lo di-a. Asi so lo dije tarnbién a mis compafieros do desgracM<br />

y fortuna, pucs yo me encontré on ci nümero do los tresckntos;<br />

con ellos debI haber muerto fusilado; como ellos, me salve<br />

gracias a la generosidad de D. Nicolás, y con ellos hubiese perma.<br />

necido si rnás altos intereses, corno to son los de V. E., no me<br />

hubieran obtigado a cumplir Ia misión qua V. E. se sirvió confiarrnc,<br />

y sobre todo no hubiesc exigido imperiosamente mi vuelta<br />

la irnportancia do las noticias quo acabo de comunicar a V. E.<br />

—;Poro está usted bien convencido de la verdad do ellas?<br />

—Sin género alguno do duda.<br />

—Tantas vcces corno usted me to repito, otras tantas mi corazOit<br />

franco y sin doblez me hace creer imposible tan grave falta do<br />

patriotismo.<br />

—Pues no lo dude V. E., todos los europeOS residontes de Veracruz,<br />

son sus enemigos.<br />

—Pero qué motivo les he dado para ello?<br />

Acusan a usted do una fatal inercia.<br />

—Acaso he podido hacer más quc no dar ni un dIa de descanso<br />

a mis tropas?<br />

—Suponen qua at separar V. E. del mando al Sr. Calleja reconoce<br />

motivos...<br />

-iDe envidia! ;no es cierto? ;por qué duda usted en decirlo?<br />

—i'orque se duda siompre en decir lo quo no se cree, y yo no<br />

Creo tat cosa do V. E.<br />

—Gracias, mi fbi amigo.<br />

-t Ah , scnor!—exclamó Centeilas, poniéndose an pie, tomando<br />

una burn ildc actitud, y haciendo demostraciOn de profunda gratitud;v.<br />

E. se digna llamarrne su amigo?<br />

— Por qué no, si asi me to está usted demostrando?<br />

h!efl, bien, sailor; as cierto, lo so y , y lo seré siernpre; por oso<br />

VOY a descubrjrle toda la verdad, aun cuando con ella doba hcrir<br />

a floblez do su alma:<br />

quien pone an pie contra E. estas Y otras<br />

aa


20 /p:i:; F! !r::s<br />

malas voluntades, no es otro que el mismo general Calicia: me<br />

consta que con mu falaces promesas y ofrecimientos, ha rouse.<br />

guido que los espanoles hayan escrito a. las Cortes, a la Regencia, a<br />

]as autoridades todas de la peninsula, pidiendo el relevo de V. E., y<br />

el nonibrarniento de virey para ci Sr. Calleja.<br />

—Imposible! los espIas que mantengo en la casa del general<br />

nada me han dicho, v de esos esplas no puedo dudar, porque<br />

algunos de ellos todo cuanto son me lo deben en lo absoluto, como<br />

por ejemplo D. Alvaro de Cervera.<br />

—V bien, señor, sepa V. E. que D. Alvaro de Cervera Ic vende.<br />

—Irnposihle!<br />

—Dc nada, no obstante, podrá V. E. convencerse mzis fácilmente.<br />

—De qut nTodo?<br />

—Por una extrafia serie de circunstancias, que dl mejor quc yo<br />

explicará a V. E., D. Alvaro acaba de reconocer a. una su hija, ala<br />

cual va a. dar en matrimonio a. D. Joaquin Fernández Lizardi.<br />

—EEl infame libelista que entre todos los escritores clue hafl<br />

abusado de la libertad de irnprenta, se ha distinguido pr los<br />

insultos personales de que me ha hecho blanco en su papel del<br />

Pensador ,iZexicano.<br />

—El mismo, senior; e-gos insultos han obedecido a. tin plan dic<br />

tado pot el Sr. Calleja, y corn unicado a. Lizardi por D. Alvaro:.<br />

ese plan no ha sido otro que el de irritar a. V. E., y obligarle i perder<br />

su prestigio lanzándole a. suspender los efectos liberales de la.<br />

Constitución, a. fin de poder acusar i "\- . E. de haber dado preteXtO<br />

a. que se recrudezca la Iucha, v hacer ver a ]as Cortes e--spafjolas<br />

que aquI no rige ni impera rnzis ley que la voluntad y los capricho5<br />

de V. E. Tengo noticia de todo esto por mis espias, que y tam<br />

bidn los mantengo al lado de D. Alvaro, v i uno de los cuales acaba<br />

de costar Ia vida su adhesion a. mi persona: V. E. puede, Si as1.<br />

lo estima conveniente, convencerse de ello: esta misma noche, fl<br />

hard apenas dos horas, D. Alvaro ha dado muerte a. mi dicho espla<br />

Ilamado Lucas, clavándole un puñal en los rnomentos en que C00<br />

versaba conmigo: yo pude salvarme casi milagrosamente, pero don<br />

Alvaro no me perdonará, v seguro estoy de que en cuanto vCa<br />

V. E. le pedira mu prisiOn, pues no se juzga, y con razón, bastante<br />

fuerte para atacarme frente a frente.


-<br />

La Constii:tcicn c/el Alto Docc 1327<br />

El virey hizo sonar la campanilla de plata de su escribania, y dijo<br />

a su secretariO:<br />

—Trasládese usted inmediatamente a la casa de D. Alvaro de<br />

Cervera, y manihstele que le espero sin pérdida de niomento:<br />

hágase tisted acompaftar por aiguno de los miembros de la Junta<br />

de Seguridad y los necesarios agentes de justicia; y cuando D.. Alvaro<br />

haya salido para el Real Palacio, haga usted entrar en su<br />

casa a Ia autoridad a fin de que levante una información sobre el<br />

asesinatoue me dicen se ha cometido en la morada de D. Alvaro.<br />

Sal-a usted.<br />

—El Sr. D. Ciriaco del Llano, convencido de mis leaks deseos<br />

de servir a S. M., se sirvió extenderme este despacho de capitán<br />

que tengo el honor de poner en manos de V. E., aunque exigidndome<br />

Ic presentara a V. E. pal 1a su superior aprobación.<br />

El virey tomó ci despacho, y despuds de icerlo dijo:<br />

—Es un despacho de capitán a favor de D. Francisco MejIa.<br />

—Ese es ci verdadero nombre del humilde siervo de V. E.<br />

Venegas tornó una piuma v autorizd ci despacho que se Ic pre.<br />

sentaba, diciendo al entregarle a Centellas:<br />

—Ahi le tiene ustcd, señor capitán D. Francisco MejIa; hágase<br />

usted digno de cste honor, y presduteseme usted mañana a las<br />

nueve do ella.<br />

—Gracias, senor.<br />

—Hasta maflana, capitán.<br />

Centelias se incli;i Imni1Crnnt, V a) c a cmaa<br />

Vire in a!<br />

Encontrjn (juse va n a cae, ijo V.L<br />

—E-,td visto, i-ni fortuna coniicnza: adios mi buena sacristia,<br />

'amos ahora j vjsitar a mi futura esposa: la ocasidn es prODiCia,<br />

PUesto que ci rnismo virey se encarga de entretenerme a D. Alvaro.<br />

iPobre D. Alvaro! Cuanta va a ser su sorpresa!<br />

Ow XXI<br />

El Capitan Mejia, como en adelante liamaremos a Centellas, no<br />

f è tan afortunado en la segunda parte de su intriga como habialo<br />

sido en la prirnera, pues cuantos esfucrzos hizo para hablar con


1328 Episodios His tricos Me.'icanos<br />

Remedios aquella rnisma noche, fuci-on de todo punto inutiles:<br />

Lizardi no Ic permitió Ia cntt-ada.<br />

Mejia se retiró diciendo para sus adenti-os:<br />

—Paciencia, mañana estaré libre tarnbin de este escritoizueo.<br />

Asl fué en efecto, pues a las ocho de la mañana del rnarLc 8 de<br />

T)iciemhre, la Junta de Seguridad por si y ante si, y sin detunerse<br />

ante las formalidades estabiecidas para la caiificación de imlI-esos,<br />

redujo a prisión a D. Joaquin Fernandez Lizardi, siguiéndose a<br />

esta otras varias medidas represivas que alarmaron grandemcnte, y<br />

Con razón, a Jos escritores indepcudicntes: respecto de elias, don<br />

Carlos Maria Bustamante, que se consideró comprornetido Con Jos<br />

articulos de su periddico El .7uguetiilo, se ocuitó primero, -- despus<br />

se escapó de Mexico veriflcándosc su fuga ci dIa 3 i de aquel<br />

mes. A tiempo Sc puso en salvo, pues en efecto habIase dictado<br />

Contra iI orden de prisión, y nada hubiCrale servido su calidad de<br />

elector, pues uno de ellos, D. Juan de Dios Martinez, nombrado<br />

por la parroquia de Santa Catarina Mártir, fud encarcelado un UflO<br />

de aqucilos dias por habCrscic descuhierto que Se encontruba en<br />

correspondencia con los insurgentes, y a D. Jacobo Villa irutia,<br />

elector por ci Sagrario, alcaide de corte que habIa sido de Ia<br />

Audiencia de Mxico, se le diá orden de salir inmediatarnente<br />

para Espaa a desempenat- su cargo de Oidoi- de la de Scviliu, para<br />

ci que habIa sido nombrado con rnucha anterioridad, creyCndosele<br />

peligroso en Mexico por sus opiniones un tanto liberales, quo manifestó<br />

en las célebres Juntas convocacias por Iturrigaray, COfllO<br />

dejo dicho en ci primero de mis Eisui tiLu L: ' ; 'CS<br />

la Reina Luisa.<br />

El Diane de Mexico habIase tambin u:t . jniO<br />

nes insurgentes, y su editor D. José Ruiz de Costa, tcmcroso de<br />

lo que sucederle pudiera, suspcndió su publicación; po scgUfl<br />

dijo La Gaceta, habiCndose dignado ci Excmo. Sr. Vire, perfll'<br />

tir la continuación de este periódico, que podia ser ütil, sigUió<br />

publicándose bajo la direccidn del Lic. D. Juan Wericeslao Bar<br />

quera.<br />

La causa de la retirada de Costa del Dianio, fué Ia serc<br />

gustos que Ic ocaciono la publicación dc Ufl epicrania qu<br />

di


La Conslifuciô,: del Aüo Doce<br />

Pobres fueron i campafia<br />

muchos guapos oficialcs:<br />

sin heridas y con reaies<br />

ahora vuelven, no es hazafla?<br />

Y aunque at ver al adversarlo<br />

no muy pocos se escondieron<br />

tras los árboles, 4perdieron<br />

so honor? no, por ci contrario.<br />

1 _329<br />

rande motivo de escztndalo daban todas estas disposiciones<br />

del virey; pero dste no solo no se detuvo ante consideración alguna,<br />

sino que habiéndole preguntado ci Ayuntamiento de aquel afto si<br />

por fin habIan de verifIcarse las elecciones del qua debIa funcionar<br />

segün la Constitución en ci próximo, respondiO que nada Sc inflOvase,<br />

que las elecciones s4 suspendIan, y que el antiguo continuara<br />

hasta nueva orden.<br />

Asi fué como quedO de hecho nuiiflcada Ia ConstituciOn.<br />

No dejarán mis lectores, al enterarse de esto, de sorprenderse de<br />

lo antiguos que entre nosotros son esta ciase de abusos.<br />

Mucha razón tuvo el autor del epigrarna siguiente que lei en El<br />

Diario de Mexico, at decir:<br />

Todos soinos unos locos,<br />

y aunque jarnás to creemos,<br />

solo nos diferenciamos<br />

en un poco rrtas 6 riienos.<br />

Por no baber hecho rnás que alguna ligera referencia a ella, voy<br />

ocuparme, aunque con brevedad, de dar a mis lectores una idea<br />

de la ConstituciOn que tambitn en ci año doce formd D. Ignacio<br />

RayOn. El suceso tiene mds de curioso quc de importante, pues la<br />

tat ConstituciOn no llegó a pasar de un proyecto que. so mismo<br />

autor nombró defectuoso, y aun desistiO de exigir SO publicación.<br />

Tan poco m&jto encontró el Sr. Morelos en el citado proyecto,<br />

que consultado sobre él por D. Ignacio RayOn, no Ic contestO en<br />

ci espacjo de varios meses, y cuando para que lo hiciese lo urgia,<br />

bastarori unas cuantas observaciones del gran caudillo, para hacer<br />

Ver hasta a los cie gos que de ninguna utilidad serfa un Codigo<br />

fraguado tan a la iigera.<br />

TOMO 1


Episodios Hislö yicos Mxicanos<br />

No quiere esto decir que ci proyecto no tuviera ror base muchos<br />

buenos principios: negarlo equivaldria a poner en duda ci talcnto<br />

de D. Ignacio Rayon, y grande y claro lo tuvo este hornb<br />

table.<br />

En dicha Constitucidn, lo misrno que en la española, S -<br />

raba que la soberanIa dirnanaba del pueblo, pero residiendo u la<br />

persona de Fernando VII. A esto contestO ci Sr. Morelos Iitraimente<br />

lo que en seguida copio:<br />

'En cuanto al punto 5•0 de nues&a Constitución, por lo respectivo<br />

a Ia soberanIa del Sr. D. Fernando VII, como es tan piblica<br />

la suerte que le ha cabido a este grandIsimo hombre, es necesario<br />

excluirlo para dar al püblico la ConstituciOn, pues consideraba<br />

indispensable cque se quitase la mascara a la independencias.<br />

Se deciaraba que la religion catdlica serla Onica en la Naci6n,<br />

sin toicrancia de otra alguna, debiendo encargarse de vigilar su lid<br />

observancia un tribunal especialrnente creado para ello: y como<br />

para conseguirlo se estimaba peligrosa Ia apertura de los puertos<br />

al coniercio de todas ]as naciones, ci Sr. Morelos repuso qu la<br />

admisiOn de extranjcros en los puertos se redujese a muy pocos 0<br />

flingunOs, PUCS solo de este moclo podia librarse ci pais de la intriga,<br />

seducciOn y aduiterio de nuestra santa religion: -<br />

Debian desaparecer la esclavitud, la distinción de castas y ci torniento,<br />

y garantizábanse la seguridad personal y la libertad de imprcnta,<br />

pero no en lo relativo A asuntos de religion: creabanse para<br />

premiar a los ciudadanos benernéritos cuatro grandes cruces: de<br />

Guadalupe, de Hidalgo, de Allende y del Aguila, y eran fiestas<br />

nacionales ci 16 de Septiembre, Los santos de Hidalgo Allende y<br />

Cl 12 de Diciembre.<br />

El ejercicio del gobierno estaba encomendado a los siguientes<br />

poderes: ftrimero: Supremo Consejo Nacional Arnericano, com<br />

puesto de cinco vocales, ejerciendo la presidencia ci más antiguo<br />

de elios: renovábase uno cada aflo, y su sucesor Ic eiegIan los cuatro<br />

restantes; segundo: Consejo de Estado compuesto de todos los<br />

oficiales generales de brigadier en adelante, con atribuciones en<br />

asuntos de paz y gucrra: tercero: Congreso de representantCS<br />

nombrado cada tres afios por los Ayuntamientos, encargado de la<br />

aprobaciOn y derogaciOn de leyes; cuarto: el Protector nacioflal,<br />

nombrado por los representantes; sus obligaciones eran propofle


La constiluci6ps del Año Doce<br />

y redactar las ieyes: aprobadas ó no éstas por los representantes,<br />

deblan pasar at Supremo Consejo Nacional, al cual estaba reservada<br />

la decision absoluta, y era por to tanto ci Poder Ejecutivo.<br />

El Sr. Morelos opinó quc ci Consejo de Est-ado se limitase a un<br />

nürnero detcrrninado de generale, y que en vez de un protector<br />

nacional, se nombrasen tantos como obispados huhiese, creãndosc<br />

una quinta autoridad, la de generalIsirno, que deberfa ser vitalicia,<br />

cuyo carácter perderla solo en caso de enfermedad, ineptitud 6<br />

edad mayor de sesenta afios en quien la ejerciese. Pidió también<br />

que el quinto vocal fuese elegido por la provincia de Oaxaca, en<br />

atcncidn a la irnportancia de la provincia üitimamente conquistada<br />

por dl.<br />

Por aquellos dIas ci Sr. Morelos recibió su nombramiento de<br />

cuarto vocal, quc nose le liabia enviado hasta entonces, y con este<br />

motivo se hicieron en Oaxaca grandes demostraciones<br />

1331<br />

dc jübiio,<br />

publicándose en ci periOdico El Correc del Stir ci siguiente clogio<br />

del caudillo:<br />

La virtud y Ia gloria separadas<br />

Andaban en el mundo desva1ids<br />

Viendo sus santas aras profanadas<br />

V sus adoraciones mal lingidas:<br />

J untáronSe, y sus almas inflarnadas<br />

Esta sentenci.i dicen decididas:<br />

O volamos las dos hasta los cielos,<br />

0 vamos aanimar al gran Morelos!<br />

XXII<br />

Regocijábanse los independientes, que en la nuliiicación de Caileja<br />

veian el triunfo de la causa insurgente, de las creces quc<br />

habf a tornado su enemistad con Venegas, cuando dste de sibito y<br />

Sin razOn ostensible, sorprendió a amigos y enemigos con una orden<br />

del dfa aitamente honorifica para Caileja, dándole a reconocer a Ia<br />

guanijcjon como gobernador militar de Mexico y teniente coronel<br />

de los cuerpos realjstas y patriotas de la capital: tuvo lugar este<br />

stIceso el martes 29 de Diciembre dc 1812.<br />

L.


1332 Episodios Hisióricos Mexicanos<br />

Contra la opinion general que estimaba a Venegas y a CaUeja<br />

corno irreconciliables enernigos, ci antiguo jefe del ejército del<br />

Centro adrnitió ci nombramiento, y ci rnitrcoies 7 de Encro de<br />

mil ochocientos trece, en quc Sc celebraba Ia Pascua de los rnilita.<br />

res, ci gobernador militar saliO con toda pompa do la Gran Casa<br />

de Moncada, perteneciente al rnarquc5s del Jaral, y en la cual habi.<br />

taba, y precedido y seguido por todas las mtsicas de Ia guarniciOn<br />

y acornpanado por nuls do cuatrocientos oficiales con brillantes<br />

uniformes, se dirigiO al real palacio a felicitar al virey por ci aflo<br />

nuevo.<br />

Al dIa siguiente so supo que Venegas habIa suprimido Ia terrible<br />

Junta de Seguridad, sustituvéndola una Junta Militar, COmpucsta<br />

de siete oficiales do la rnás alta graduaciOn, I los que debia aso•<br />

ciarse Un juez cclesiástico nombrado por ci Arzobispo. Las atribu.<br />

ciones de esta Junta dcbIan ser ]as mismas que las ejercidas por la<br />

de Seguridad; esto es, entender en todo lo relativo a causas de in•<br />

fidencia. Venegas nornbró presidente do la Junta a D. Flix Maria<br />

Calleja, y cruces se hacIa la gentc tratando deaveriguar ci niotivo<br />

que ci virey pudicra haber tenido para elevar de modo tal, y en<br />

unos cuantos dIas, al rnismo hombre a quien habIa hasta entonces<br />

deniostrado un odio mortal.<br />

—Nadie acierta a darse Ia razOn de todo esto,—decIa D. 13uenaventura<br />

del Valle ii sus tertulianos de la botica del Lic. D. Cleoftis<br />

Madana,—porquc nadie tarnpoco quiere abrir los ojos y vcr.<br />

—Pues, amigo,—observd D. Sóstenes de Pantoja,—yo soy de<br />

los que no so lo explican a pesar de que de par en par abro los.<br />

mjos.<br />

—No me lo diga usted, senor de Pantoja, no me lo diga usted,<br />

porquc no lo creerd.<br />

—Cuando yo se lo digo a usted. . -<br />

—No, mi señor de Pantoja, no lo creeré. Los hombres que, corn()<br />

ustcd, se han formado por sI nlismos una envidiable fortuna, han<br />

sido y son sin rernedio grandes inteligencias capaces de entender<br />

y corn prenderlo todo.<br />

—Mucho agradezco a usted sus lisonjeras expresiones, mi scñOT<br />

D. Buenaventura del Valle, pero eso no obsta para que yo Conti<br />

ndc sin comprender: asI se lo he dicho a mi yemno no hace<br />

mucho.<br />

:<br />

•1


La Consfitución dd 4io Doce<br />

1333<br />

—;Tarnpoco usted está at tanto, mi señor D. Martin Cabrera?<br />

D. Martin nada respondió a la pregunta anterior hecha por don<br />

Buenaventura.<br />

La razón era sencilla: desde ci dia aquel en que, con mnotivo del<br />

nombrarniento de electores para ci Ayuntarniento, D. Sóstenes sorprendió<br />

a D. Martin en ci café de la Cruz de Malta, perorando en<br />

sentido insurgente, ci suegro habia prohibido at yerno tomar La<br />

palabW sin su expreso permiso. Solo después que hubo jurado<br />

acatar religiosamente esta orden rccobró D. Martin su tranquilidad,<br />

pues D. Sóstenes juró a su vez no desheredarie. D.' Beatriz<br />

quiso a su mancra garantizar a su marido contra nuevas tentaciones<br />

y obiig3 a D. Martin a hacer una tanda de ejercicios espirituales,<br />

y de ellos saud nuestro hombre rnás suave que un guante y<br />

más blando que la cera.<br />

—I-labia, hijo mb. habla; to consiento,—le dijo D. SOstenes con<br />

paternal ternura.<br />

—Pues, con lermiso de usted, padre mb, dir6 que rnuy bien<br />

pudiera suceder que si S. E. Se ha dignado sacar at Sr. Calieja del<br />

poivo del olvido, puede ser muy bien que to haya becho..<br />

—Por qué?—preguntó impaciente D. Buenaventura at ver que<br />

D. Martin se detenIa.<br />

—Porquc Ia situación actual .sólo puede afrontarse con buenos y<br />

expertos rniiitares.<br />

— jJ3ravisirno—grit6 D. Buenaventura palmoteando con ci rnás<br />

grande entusiasmo: y después añadió dirigiéndose a D. Sóstenes:<br />

—Entre las cosas admirabies que aparte de su fortuna ha hecho usted,<br />

mi señor de Pantoja, ha sido, y es tal vez la principal, la dec.<br />

Cuni de mi señor D. Martin Cabrera para yerno: es mi señor don<br />

Martin to que puede lianiarse un hombre de talento.<br />

D. SOstcnes que, como sabemos, estaba siempre dispuesto a<br />

ernocloflarse Se regociió con este elogio, y poniéndose en pie<br />

abraz0 con efusión a su verno.<br />

D. Martin tienc muchisima razOn,—continuO diciendo D. Bue-<br />

fl V nt ura,5. .—_ E. debe haberse convencido de que la Nueva Espana -<br />

1nina a su compieta pérdida si no se acude a encomendar su remed10<br />

y Su defensa a miijtares como D. Felix Maria Caileja: mienas<br />

Se Ic ha tenido postergado, la insurreccidn ha tornado creces<br />

flereibles, y ci cura Morelos nos ha puesto las peras a veinticiflCo.


1334 Episodios Hisióricos Mexicanos<br />

—Pero acaso as cierto todo lo qua se cuenta de él?<br />

—CiertIsirno, señor de Pantoja: ese cura as un anticristo.<br />

—Qué disposiciones se han tornado contra él?<br />

—No se sabe nada cierto, pero se presume qua ci Sr. Calleja<br />

marchará sobre él v le hani salir de Oaxaca.<br />

—Si asi fuere...<br />

—No Jo dude usted: y si no ;con qué objeto hizo ci virey salir<br />

para Puebla a principios de Diciembre ültirno, los caudalcs que<br />

estaban depositados an ]as casas de los condu:tors (IC j];tLs don<br />

Diego Peredo y D. Martin Angel de Michaus<br />

—No adivino Jo qua tenga qua ver una cosa con ot ra.<br />

—Mucho, amigo mb, pues so dice quo ci objeto es sitia csos<br />

caudales an Puebla, destinándoios a cubrir los gastos quc caige Ia<br />

expedición sobre Oaxaca.<br />

—Pues, Sr. D. Buenaventura, han enganado a usted: an asuntos<br />

comerciales sabemos mas qua ustedes los cornerciantes: ese convoy,<br />

qua an efecto salió para Puebla, conduce tres millones de pesos de<br />

particulares, y ci dia 2 del actual Enero salió para Veracruz, cscol<br />

tado por ci brigadier Olazábal.<br />

—; El qua perdió otro convoy an Nopalucan ci 26 de Abril del<br />

aflo pasado?<br />

—El mismo.<br />

—Pues a buenas manos to han fiado,—observó D. Cleofás Ma-.<br />

dana.<br />

—Seflor Madan a!—contestó algo serio D. Buenaventura:—IOS<br />

ruilitares no somos infalibles ni estamos obligados a acertaf<br />

siempre.<br />

—Perdone ci señor comandante: no Jo due por tanto.<br />

—Pues con permiso de mi senor padre,—anadió D. Martin,creo<br />

qua todo debe temerse, pues segtn 01 decir al Pensadar...<br />

—;Qué Pensador as ese?<br />

—El Sr. Lizardi, ci escritor.<br />

—Pues qué? anda ya libre?<br />

—Si, sailor, Ic soltaron hace algunos dIas.<br />

—Es cierto,—observó D. Sóstenes,—y me extraña qua no 10<br />

sepa usted. puesto que ha seguido publicando su papel, aunclue<br />

cierto ya en muy diferente tono del qua Ic costó ser encerrad0<br />

an la cárcel.


- -<br />

La Constifucidn dcl Año Doce 1335<br />

—Pues bien, segün rnc ha dicho Lizardi, ci cura Morelos ha sa-<br />

[ido el dia 9 de Oaxaca.<br />

—Para ddnde?<br />

—No se sabe, pero como con el convoy de Oiazábai va para embarcarsc<br />

en Veracruz D. Jacobo Villa Urrutia, y Rayon, segt.n s<br />

dice, piensa iibcrtarie y hacerle tomar parte en ci gobierno, pudiera<br />

ser que el cura Morelos pensara atacar ci convoy.<br />

—Si saben quo ilevan tres ruiliones, no to dudarIa yo.<br />

—1u6s yo me figuro que si ci cura Morelos ha salido de Oaxaca,<br />

es porque teme sin duda que Calleja venga sobre dl.<br />

—Todo pudiera ser, pues segun parece, ci cura, antes de emprender<br />

la rnarcha, dejO ci mando a D. Benito Rocha, quien ha<br />

quedado con mil hombres en la ciudad, é hizo situar en Yanhuit-<br />

Ian a D. Mariano Matarnoros1 con otros mil quinientos, encargándole<br />

de Ia seguridad de las Mixtecas: estas n3cdiclas hacen presumir<br />

que Morelos ha salido de Oaxaca por un espacio de tiempo indcfinido,<br />

con intenciOn tat vez de estar dispuesto d caer sobre Caileja<br />

si éste Ile-a i atacar la ciudad.<br />

—Yo he oido decir que Licca ga, uno de los miembros de la Junta,<br />

se atrevid a atacar a Celaya ci dia 10 de Enero.<br />

—Es ciet-to, pero anaden que ci tcniente don Manuel GOmez Pcdraza<br />

deri-otó at tai Liceaga, quien me parece que para nada bueno<br />

sirve.<br />

—Pues senores,—dijo D. SOstenes que hasta cntonces habIa per-<br />

Tflanecido callado,—cada vez me confirmo más en que los cornerclantes<br />

sornos quienes tenemos mejores noticias; han estado usteds<br />

ci jscutjendo sobre si ci cura Morelos habrá salido de Oaxaca<br />

Con i fltcncioncs de atacar 6 no ci convoy; pues bien, segün yo sd,<br />

Para donde ha saiido ci Sr. Morelos es para Acapulco, V quien se<br />

III encargado de atacar ci convoy no ha sido él, gino D. Nicolá.s<br />

Bravo. Asi to hizo en efecto, el dia 14 de este, batiéndose con las<br />

tropas de Olazãbai en ci Puente del Re)'; pero aunquc nuestros<br />

IISth.s Ilevaron la peor parte, ci convoy se salvO y se encuentra<br />

en Salvo en la fortakza de Perote; pero ci cornercio está alarmado<br />

Y IO Sin razOn se queja de que ci virey no piense en dictar alguria<br />

medida que haga desaparecer el 1-lesgo. Pero ya se ye, como nada<br />

POne él, se entretiene en hacer que se repita ci sern36n politico<br />

rnor.al de l padre Bringas.


E/isJ:c J-lLr,-c's .fc.z:a JOs<br />

—Tan notable ha sido?<br />

—Asi se Ic juzga al menos; yo se lo ol pronunciar ci dfa 1 7 en<br />

Ia plazuela de Santo Domingo; duró más de tres horas, y con éi<br />

han dado prinCipio las misiones con las cuales se trata de iriIuir<br />

sobre la opinion pciblica, a la que tanto dao hizo la libcrtad de<br />

imprenta, eriemistándoia con ci Gobierno. S. E. ha qucrido que<br />

dicho sermon se repita ci dia 24 en la colegiata de Nuestra Señora<br />

de Guadalupe, y aun Ic mandO irnprimir y repartir con profusinn.<br />

XXIII<br />

Renunciernos por ahora a seguir la conversaciOn de nuestros<br />

amigos y toniemos pot nuestra cuenita ci relato.<br />

Solo mi desco de no dejar de referir a mis lectores todos y cada<br />

uno de los sucesos de aquelios dias en estricto orden cronoiágico,<br />

puede obligarme a decir algo aquI del infructuoso ataquc intentado<br />

contra Valladolid ci dIa 3' de Enero de 18 1 3 pot ci doctor D. José<br />

Sixto Verduzco. Iiandaba a los realistas de la población el teniente<br />

coronel D. Antonio Linares. Verduzco cmpefió su acciOfl<br />

al frente de seis mil hombres, pertenecientes en su mayor parte<br />

las bandas casi sin instrucción dc algunos cabecillas de Ia rOVifl<br />

cia de Michoacan, y d las tropas aigo rnás disciplinadas y auCrn<br />

das de Mufliz: contaban los insurgentes con veintiUn cañoneS, Y<br />

conducIan puentes levadizos, escalas y parapetos rnovibles cOflS<br />

truidos con sacos de lana. Aunque ci ataque fué rccio y empcñada<br />

la acciOn, Linares, que notO la falta de plan de los asaltantes,<br />

arriesgó ci todo por ci todo en una salida, y Verduzco perdió<br />

aquella funciOn de armas mas de mil hombres, toda su artillerfa,<br />

municiones y trcnes de sitio, y huyO en pi-ecipitada fuga hasta PU<br />

ruándiro, fortificándosc en la hacienda de San Antonio.<br />

D. Ignacio Rayon, que conocia la mala fortuna de Verduzco, Ic<br />

mandó a buen tiempo suspender ci ataquc, indicándoie que acudie1<br />

en su auxilio, como en efecto lo intentO, saliendo ci 28 de Enero<br />

de Tla!pujahua; pero Verduzco, confiando ciegamente en la jCtO<br />

na, no quiso compartirta con l, y premio fué de su imprudefldla<br />

la derrota que he apuntado.<br />

-i


FLa Co,,slituciôn del ,4io Does<br />

llo reprendió con sobrada justicia a Verduzco ci presidente<br />

de la Junta al reunirse con él on Pátzcuaro ci dIa 9 de Febrero:<br />

tres dias después, esto es, ci 12, UflO y otro tuvieron que salir pre<br />

cipitadamente de Pátzcuaro a Ia media noche, por haber tenido<br />

noticia de que una fuerza realista, cuya importancia desconocIan,<br />

habia salklo de Valladolid on su persecución. D. Ignacio cstimó, y<br />

no sin fundamento, que las desmoralizadas huestes de Verduzco no<br />

podrIan ayudar a los suyos a batir a los realistas, enorguliecidos<br />

justaiente con su Ultima victoria.<br />

El 25 de aquci mes de Febrcro tuvo lugar un suceso quo alarm-5<br />

a los insurgentes de Oaxaca y ies obiigó a apercibirse a la defensa<br />

contra un nucvo y no esperado enemigo. Dije on su lugar quo ci<br />

noble y dcsventurado teniente general D. Antonio Gonzalez Sarahia<br />

habia desempeñado, antes qc pasar a Oaxaca, ci empico de Presidente<br />

de Guatemala, on cuyo cargo solo fieles y buenos amigos<br />

se conquistO; al saberse alli su injustificabie y cruel fusilamiento, Ia<br />

irritación de los ánimos fué grande, y tanto ci capitán general de<br />

aquel reino D. José de Bustamante y Guerra, como ci arzobispo<br />

D. Ramdn Casaus, auxiliar quo habia sido del obispado de Oaxaca,<br />

convinieron on vengar la muerte de Sarabia, armando una cxpedicion<br />

cuyo jefe fué ci teniente coronel D. Manuel Darnbrini.<br />

Al frcntc de setecientos hombres, Dambrini paso la raya divisoria<br />

de los reinos de Nueva Espana y Guatemala, y ci 25 de Fcbrcro<br />

batió on Niltepec a! insurgente D. Julián Suárez, a quien hizo fusilar,<br />

asi como a los demás prisioneros, y a un dominico ilamado<br />

Carranza. En cuanto D. Mariano Matamoros lo supo, determinO<br />

sahr al encuentro del jefe guatemalteco.<br />

Dejamos al brigadier Olazábal on gran riesgo de perder en manos<br />

de D. Nicolás Bravo ci convoy destinado a Veracruz: la fortuna<br />

no quiso esta vez serie contraria y iogro cumplir bien su<br />

encargo, y después de muchos dias de fatiga consiguió entrar en<br />

ci Puerto ci 5 de Febrero; de él saliO ci i i, sacando una enorme<br />

cantidad de correspondencia aill detenida desde ci rues de Agosto<br />

anterior, y escoitándoia convenientemente con doscientos dragones<br />

Ia rernitjO ii la capital.<br />

Merced a esta expedicidn de Oiazábal, pudo salir de Veracruz<br />

Para México ci arzobispo electo Sr. Bergosa, que, como sabemos,<br />

'lyo de Oaxaca v se embarcó en Tehuantepec, evitando asI caer<br />

TOMO I<br />

168


338 Episodios His 1ricos Mcxicauos<br />

en manos del Sr. Morelos. A su paso por Puebla hubo do detenerse<br />

para auxiliar en sus üitimos momentos al obispo de aquelia<br />

diocesis D. Manuel Ignacio Gonzalez del Campillo, que falleció<br />

en brazos de Bergosa ci 26 de Febrero. Su muerte fué rnuv sentida<br />

por los realistas, pues aunque inexicano y natural de Puebla,<br />

siempre so mostró enemigo de los insurgentes y favoreció ;i la<br />

causa real con sumas enorrncs y escritos y pastorales contra sus<br />

enemigos.<br />

Los dragones que conducian Ia correspondencia de Espafia enviados<br />

por Olazábal, de Veracruz, continuaron sin detenerse su<br />

martha y entraron con ella en Mexico ci 28, poniéndola inmcdiatamente<br />

en manos de Venegas.<br />

Este hablase dejado influir do un modo casi incomprensible por<br />

ci capitdn D. Francisco Mejia, quo tomó no pequena parte en los<br />

sucesos politicos de aquellos üitimos meses. Sus relaciones con<br />

D. Alvaro y ci conde de Orizaba, y más que todo su carácter resuelto<br />

e intrigante y su amhición sin medida, habianle dado a<br />

conocer Ia cave de muchos de los secretos en que envolvfan sus<br />

planes los enemigos del virey.<br />

'IejIa no ignoi-aba los trabajos emprendidos para desconceptuar<br />

a Veneas en España y conseguir su remoción y el nombramiento<br />

do Calleja para el vireinato: ci antiguo jefe del ejdrcito del centro<br />

habIa auxiliado estas intrigas con su influencia poderosa y movido<br />

por sus resentimientos: ci plan de Mejia fuC desbaratar todos estos<br />

trabajos, incitando al virey a ganarse a Calleja, coimándole de honorcs<br />

y entregándose en sus manos. El efecto fué ci calculado por<br />

aquei hasta entonces obscuro intrigante. Los amigos do Calleja, quo<br />

viei-on a Cste vendido por completo a Venegas, temiendo ser sacri<br />

iicados en aras de aqueula reconciliación, se dcsmoralizaron on lo<br />

absoluto. Calleja so rnostró desde luego poseIdo por la soberbia<br />

que le era caracteristica, y que fundaha, con razón hasta cierto<br />

punto, en la gloria militar adquirida desde los primeros niomentOS<br />

de la rcbeiión. Al verse de sübito elevado por Venegas, pensó que<br />

Cste vefa por fin en él ci hombre necesario, y lisonjeado por tal<br />

crecncia, despreció a sus fieles amigos, considerando conio ufla<br />

debilidad haberse prestado a sus intrigas, cuando su propio merito<br />

habrIa bastado para dare su lugar, como ci virey acababa do<br />

demostrarlo.


W., —I<br />

La Consfituciôfl del ,4üo Doee<br />

El primero de sus amigos de quien debemos ocuparnos es nuestro<br />

D. Alvaro de Cervera.<br />

Recordarán mis lectores que Venegas le hizo ilarnar en virtud de<br />

las acusaciones contra 61 intentadas por ci capitán MejIa.<br />

Todo podia esperar D. Alvaro menos ci reçibimieiito que le hizo<br />

ci virey, ci cual, al veric entrar, sin dignarse siquiera oirlc, rnandó<br />

fuese reducido a prisidn.<br />

Enlia maldecia de su suerte y gritaba pidiendo libertad, no por<br />

él sino por su hija Remedios, cuando a Ia puerta de su calabozo<br />

se presentaron Jos jueces del tribunal de Ia Inquisición, aconipañados<br />

por D. Anastasio de Ochoa, que le acusaba de haber intentado<br />

matarle para recobrar aquella deciaracidn que rindió, sobre haber<br />

sido éi quien depositó en Ia casa de Remedios las imágenes y objetos<br />

quc debian servir para formarle causa como a sacrilega em<br />

baucadora.<br />

D. Alvaro, que ignoraba lo quc a su tiempo supieron mis lectores,<br />

no pudo comprender lo que pasado habla; pero el peligro no<br />

consiguió dominar jamás su rebelde caráctcr, y Jos jueces nada lograron<br />

obtener de éi; v en cámbio, temerosos de las reveiaciones<br />

que D. Alvaro pudiese hacer, y eran en alto grado comprometedoras<br />

para el!os, salicron del calab3zo convencidos de que aquelia<br />

hera no podia ser vcncida sino por cualquiera de éstos dos medios:<br />

o devolveric su libertad 6 hacerle morir en su calabozo: en uno y<br />

en otro caso los frailes franciscanos tendran que desistir de la esperanza<br />

(IC hacerse de La fortuna del difunto Garcia Alonso. Las<br />

Cscenas de desolacjOn y de extermifliO a que Ia continuación de la<br />

guerra habfa a todo el mundo acostumbrado, tenfan endurecidos<br />

a los mejores corazones. La resolución fué, pues, la de asesinar a<br />

D. Alvaro en su calabozo.<br />

MejIa, ijbre entre tanto de D. Alvaro v de Lizardi, que tambin<br />

habla sido reducido a prisión, trató de lievar adelante su plan de<br />

obligar a Remedios a set- su esposa. Nada, no obstante, consiguió<br />

de Ia joven, A Ia cual enterd, hasta donde sus noticias ilegaban, de<br />

lOS lazos que Ia unian a D. Alvaro.<br />

Mejia determjnó entonccs fiar a un golpe de mano su triunfo, y<br />

todo lo preparó para apoderarse a viva fuerza de Remedios y sa-<br />

Carla de Ia ciudad.<br />

La noche en que asi se disponIa a realizarlo, Mejia tuvo Un<br />

1339


!:d:,s II: .r;cs<br />

encuentro fatal en la calle y a la puerta misma de su casa: estc encuentro<br />

fué el del negro Carlos Cuarto, quc en tales estrechcces le<br />

puso, qua ci antiguo Centellas saiv6 la vida solo an fucrza de promesas,<br />

cuya garantIa de cumplirniento apoyó descubriendo al feroz<br />

negro la historia de Remedios, é iuvitándole a tornar an ella 'cnganza<br />

de D. Alvaro.<br />

El negro Carlos no se dejO convencer por los ofrecimientos de<br />

amistad de McjIa. y despus de amarrarle como a un fardo, Ic encerrO<br />

en su propia casa, dirigiendose después a la de Remedios.<br />

Pero su alma no era tan negra como su rostro, y en ci carnino<br />

pcnso qua ninguna culpa tenIa aquella infeliz niujer de las infamias<br />

de su padre, y cambiando do intenciones, so dirigiO a la casa<br />

de su amo el conde de Orizaba, casado, corno no ignoramos, con<br />

la hermosa marquesa de Cervera. Enteró a uno y a otra de Jo qua<br />

acababa do saber, y aquel digno matrirnonio rnandO poner uno de<br />

sus coches y fué a la casa de Remedios, se hizo recibir por ella, Ia<br />

enterO de los riesgos que corria, la brindO con su protecci5n y<br />

afecto, y Remedios aceptO y Sc trasladO aquella misma noche a la<br />

morada de Jos condes.<br />

Contento de su obra, Carlos volvió a la casa de MejIa, Ic cntcró<br />

de lo sucedido y le voIviO su libertad, prornetiéndole clavaric Un<br />

pufial an la garganta en ci instante an que tuviese noticia dc qua<br />

algun daflo intentara hacerle.<br />

XXIV<br />

Ante tan inesperado y gran fracaso, MejIa pensó en qua su mejor<br />

aliado podia ser ci mismo D. Alvaro.<br />

Nada, sin embargo, podia hacer hasta la mañana siguiente: pero<br />

an cuanto amaneció se puso an marcha para el palacio.<br />

Venegas era hombre que se levantaba mu temprano: no esperO<br />

mucho MejIa para ser recibido.<br />

Algo tuvo que luchar, pero ci virey Ic concedió al fin una ordefl<br />

para poner an libertad a D. Alvaro.


L.<br />

Mejia Sc dirigió a Ia prisión y encontró a su hombre en lucha<br />

desesperada con un infame verdugo encargado de dade muerte.<br />

Fué Cl verdugo quien, sin más culpa que ser ci instrurnento de<br />

inicuos jueces, perdió en aquel muro la existencia, pasando de esta<br />

Ia otra vida por la hoja de la esnada del capitri Mejia, quien<br />

Isi;;N.j I<br />

I -<br />

/<br />

y encontro ,u hoa re...<br />

tOTflÔ en sus brazos mar herido v moribundo a D. Alvaro dc<br />

Cervera<br />

Aigunos dIas tardó en reponerse, pero D. Alvaro triunfó de sus<br />

heridas, que no eran en verdad las ünicas iii primeras que habfan<br />

Puesto a prueba su resistencia.<br />

Centellas no le ocultó cuanto habla hecho bueno 6 rualo, justificandose<br />

de lo ültjnio con haber obrado en defensa propia, puesto<br />

que habIa escuchado desde la puerta de la habitación de D. Alvaro,<br />

la floche que éste conversó con Ochoa, que se trataba de ponerie<br />

en prjsjôn Centellas lievó m '-is adelante tOdLV1a sus demostraciones<br />

II.


1 34 2 Episodios Hislórjcos Mxicanos<br />

de amistad para con D. Alvaro y redujo a cenizas en su presncia<br />

la famosa dcclaración de que tanto hemos hablado.<br />

Centellas no dijo en estas confidencias Ia pretension quc tenIa<br />

de ser ci marido de Remedios.<br />

D. Alvaro no quiso que por ningOn estilo se Ic avisase a los condes<br />

ni su estado ni la casa donde residia, que lo fué la de Cetitcilas,<br />

que alil lo condujo por más próxima a la prisiOn de donde habiale<br />

sacado.<br />

D. Alvaro se contentó durante varios dIas con saber que Si hija<br />

se encontraba completarnente en salvo en la casa de la marquesa:<br />

hizo ésta que ci conde tomase noticia dc éi, pero nada pudo a yeriguar.<br />

El mismo dIa en que ya repuesto de sus heridas creyó poder<br />

salir a la calie, ci capitan MejIa, recordándoie to que por 61 habla<br />

hecho, Ic pidió la rnano de Remedios.<br />

D. Alvaro recibiO un golpe terrible en ci corazOn; no pudo<br />

explicarse córno aquel miserable habIa podido considerarse digno<br />

de tiegar a cmparentar con 6L<br />

Grave fué ci altercado, pero D. Alvaro se mantuvo firme cii su<br />

negativa.<br />

—Podria,—dijo,—ccderte toda mi fortuna, aunque mil veces<br />

fuera más considerable de to quc lo es, pero rebajarme hasta considerarte<br />

digno de levantarte hasta mI, jamás.<br />

—Ha sido usted, acaso, mejor que yo?—preguntó Centellas.<br />

—Peor mil veces, sI, no lo niego; peor, si, porque resbaLandO<br />

por la pendiente fatal de mis crlrnenes, descendI hasta ci lodo<br />

corrornpido que a ti te sirvió de cuna: pero pues de alto bajé, sá ci<br />

carnino y desandarle puedo y también volver zi subir: yo he perte<br />

necido aiguna vez a Ia sociedad digna y decente, td jams: ann Cli<br />

ci crirnen existen ]as jerarquias.<br />

—iD. Alvaro!—contestó Centellas,—perdono a usted sus iflSUI<br />

tos, porque espero convencerie.<br />

—Nunca! Primero me matarás, pero aun esto te seth imposible<br />

si no aprovechas estos instantes an que aun me siento y reconozCO<br />

debit: mañana que me hayan sido devueltas mis fuerzas, ni aUP<br />

matarme te será fácil.<br />

—yea usted,—repuso Centellas conteniéndose,—que ahora SO<br />

yo ci fuerte para con ci virey.


PW.'<br />

La ConsiiI:eión del Ano Doc '.343<br />

_-;Y qué puede drserne a mI de eso? Siempre jugué con dobles<br />

barajas; si Venegas se declara mi enernigo, amigo soy de Calleja,<br />

' vosotros, necios, le habis eicvado a lugar del cual ya no consentirá<br />

éI descender.<br />

—Cuanto mds altas las torres y mis nipida su elevación, m'-is<br />

fácil la caIda.<br />

—Vivo estoy,—contest6 con ori.ullo D. Alvaro:—rni cncrgIa no<br />

ha decaIdo; si temible fuf Jasta boy luchando por solo mi ambición,<br />

vencible seré combatiendo por mi hija.<br />

—Me agrada ci reto que usted me hace; a combatir vamos en<br />

campo igual, pot Venegas yo, por Calleja usted; la grandeza de mi<br />

bandera rcilcj:u:i ubt nu. y la intriga cortesana me ievantará hasta<br />

usted.<br />

—ieci(-) ' ;1 iii 1)dices.<br />

—D. Alvaro, aila lo vcrcmos; por el pronto libre tiene usted el<br />

paso: es usted sagrado para mi todo ci tiempo que tarde en salir<br />

de mi casa: fuera de ella nuestra amistad concluye y comienzan<br />

mis asechanzas. Adios, D. Alvaro de Cervera.<br />

D. Alvaro tomó inmediatamente Ia puerta, y desde su dintel<br />

ContestO:<br />

—Capitán Francisco Mejia, adios.<br />

D. Alvaro, en vez de dirigirse a ver a su hija se encaminó a la<br />

casa del general Caileja, y con aigunas dilicuitades, que grande<br />

extrañcza le causaron, iogró set recibido por ci Gobernador militar.<br />

Corta fuO Ia entrevista, pero al salir de ella Ia fisonomIa de don<br />

Alvaro estaba jiurninada po p relámpagos de no contenida cóiera.<br />

Caileja Ic habla recibido detestabiemente.<br />

D. Alvaro se hizo conducir en un carruaje a su casa, entró en SU<br />

habitación, se lIegó a un mueble ricamente incrustado de oro,<br />

nacar y plata, abrió varios' secretos, extrajo de ellos varios docurnentos,<br />

los sujetO con una cinta y se encamind al paiacio, diciendo<br />

Para sf:<br />

—Verernos, señor general, quién vence a quién!<br />

Cuando en paiacio estuvo y consiguió, con rflayOreS dificultades<br />

que las que halló en la que después fué casa de l, emperador, ser<br />

recibido por ci virey, D. Alvaro se juz gó vengado.<br />

Larga fué Ia entrevista, v al salir de ella nuestro caballero Se<br />

inostro rad jante de feiicidad.<br />

1.


El capitán MejIa aguardaba en la nt;tn-iai-i.<br />

D. Alvaro se acercó a éi y ic dijo:<br />

–.–Capitán , la lucha prosigue, pero ah )!a c:n:,o<br />

—;Qué quiere usted decir?<br />

—Que acabo de reconquistar la amistad de S. E. ci virey: que<br />

ningün daflo puede usted hacerme por su medio, y que yea usted<br />

como se deflende de mI, porque niás vale ci seilor Calleja, y, no,<br />

obstante, acabo de derribarle.<br />

—No comprendo: pero ese tono y ese usted empicado a!<br />

hablarme...<br />

—Capitán Centelias aun vive D. Alvaro y aun no dccae nil I<br />

cnergIa.<br />

—;1). Alvaro!...<br />

—Capitán Francisco<br />

Mejia, adis, —contest O D. Alvaro ale-<br />

jándose.<br />

A partir de aquel dia no Sc habló en la ciudad de otra cosa que<br />

de los nuevos disgustos que al decir de las gentes habIan surido<br />

cntrc Venegas y Calieja: se contaba quc ci Ultimo se hallaba 'endido<br />

a los insurgentes y en rclación y tratos con elios. Los amigos<br />

dc la revolucidn, fuesen ciertas tales hablillas 6 fingiéranlo creer<br />

para darse irnportancia, no ocuitaban su contento v satisfacoión,<br />

y los espafioles andaban inquietos y aicbrestados. Afiadiasu que<br />

Venegas estaba dispuesto a encarcelar al jefe realista y aun :i fusilane<br />

corno traidor. No he podido averiguar lo que realmente hubo<br />

en esto; pero si me consta que a fines de Febrero, casi to, los Jos<br />

amigos de Calleja habiansc retirado de 61, y su antigua corte des<br />

aparecido casi por cornp!eto, excepción hecha de toda Ia oficiaii<br />

dad, que continuó rnanteni6ndosele adicta.<br />

xxv<br />

Recordarán mis lectores, que los tertulianos de la botica del<br />

Licenciado en farmacia D. Cieofás Madana, dijeron que D. Joaquin<br />

Fernández Lizardi hahia sido puesto en libertad y hasta continuado<br />

la publicación de El Pensador iWexicano.<br />

La noticia fué cornpietamente cierta: D. Alvaro consiguió de


La Constituiói: del Ai-to Dccc<br />

\Tencgas Ia libertad de su amigo, y le presentó en casa de Ia marquesa<br />

y del condc, que no quisieron que Remedios se apartase de<br />

clios.<br />

La antigua hcroina de nuestra historia, habla aceptado bien ]as<br />

revelaciones relativas i su nacimiento y estimaba aD. Alvaro como<br />

un buen amigo, sin sentir por éi el natural filial cariflo. Esto es<br />

coinprensible y en nada absolutamente puede perjudicar at buen<br />

concepto qua mis 1ectorestienen sin duda de Remedios; Ia pobre<br />

niflhabla amado como a sus padres at honrado matrimonio, at<br />

cual mano desconocida Ia confió en los dias en que vino at mundo.<br />

jamás tuvo queja dc ellos; por su educacion y sustento los vió<br />

desvclarse; paternal cari10 encontrd siempre en ellos; debió, pues,<br />

amarios como a padres, y asi los amó: su corazón habia ya cumplido<br />

con esta dulce, natural y santa obligación; no era, por to<br />

tanto, racional que con respecto a D. Alvaro tratara de imponerse<br />

a Remedios un cariño qua de por si as cspontáneo. La voz de Ia<br />

sangre no es cosa cornprobada, y ci amor de los hijos no se conquista<br />

por ci solo hecho de darles vida, si no se portan sus padres<br />

con cilos como deben portarsc, y voluntariamente ahandonan y<br />

olvidan a estos idolatrados pcdazos del alma.<br />

No obstante ci asiduo y constante trato qua Remedios tenla con<br />

Lizardi, éste no consiguió reconquistar su amor.<br />

—iCuánta as mi desventura!—exclamaba con dulce y melancólieo<br />

accnto D. Joaquin.<br />

—Por qué qucjarse de infortunios que a si mismo se busca el<br />

hombre—..observc, Remcj jos at escuchark.<br />

—Eso dice usted, Remedios!<br />

—Si, amigo mb, ci mejor cia mis arnios: y por qué si este<br />

nornbre cloy a usted, usted no Ic acepta?<br />

—Porque usted, Remdios, ha sido mi sola y dnica pasión; por<br />

que esta pasión es la vida de nil alma, y porque yo no me resigno<br />

aver muerta. mi alma; porque, no to dude usted, Remedios, yo<br />

livo Ia vida de Ia materia, pero no la del espIritu: mi cuerpo se<br />

mantierie cia ]as raices quc Ic fijan en la tierra, no de las ramas quc<br />

acercan at árbol a los cielos. No me quejo de usted, Remedios;<br />

Dios a la fatalidad atravesaron entre usted y yo un hombre que usted<br />

creyd más digno que a ml de ser amado, y aun se conserva<br />

Usted fiel a su memoria, COmO Si quisiesc dcrnostrar que en la vim-<br />

TOMO 1 09<br />

1345


I 546 Episodios Hisióricos Mexicanos<br />

tud no cabe sino una sola forma de arnor. Pero esto mismo rue<br />

dcmuestra que es usted tan digna de set amada por nil, como to<br />

fué en los dIas en que debid haber sido usted mi esposa. Tampoco<br />

es culpa mla no poder dcj aria de amar.<br />

—Crea usted, Joaquin, que aunquc at encuentro de Ochoa con<br />

mi criada, debo la tranquila posición de que disfruto, pues Ia que<br />

sola y aislada se mona, cuenta at presente con una familia, al contemplar<br />

sus irrernediables sufrimientos, pienso que nias valicra que<br />

la casualidad no hubiese vuelto i reunirnos.<br />

—Remedios, no sea usted injusta con la Providencia cluc la<br />

colma de favores.<br />

—No es esa mi intención.<br />

—Lo sé, Remedios; comprendo que tales palabras las dicta csa<br />

amistad quo en su corazón ha reeniplazado at amor; pero nadie<br />

suite con esta renovación de antiguas memorias, como sufro yo,<br />

Remedios, y bendigo no obstante a Ia Providencia que asI lo ha<br />

qucrido. 1Arbol que perece soy, Iero Dios bendiga a la nubc J)aSajera<br />

que vierte sobre i-nI roclo bienhechor! Si, Remedios; tanto<br />

tiempo lie pasado sin poder hablar do ml amor perdido a una persona<br />

quc pudiera comprenderme, qua ci olvido ii que pretcndI<br />

entregar mis dulces memorias me iba ya matando: ci corazón qua<br />

sufre necesita un ceo quo responda a sus quejas. Ese ceo me liabia<br />

faltado hasta boy, porque mi pobre hermano, mi buen Ochoa, no<br />

acertaba ya a comprenderme.<br />

—Y no obstante, bien dcsgraciado ha sido.<br />

—No tanto como yo, sin embargo. La muerte de la infortunada<br />

Guadalupe arrancó de rafz de su corazón toda posible csperanza<br />

muertas de un golpe sus ilusiones, Ochoa no ye ya ci mundo que<br />

Ic rodea; su vista se clava en el cielo con deleite, y cada dia que<br />

transcurre es un paso más quo a ese cielo Ia acerca; su alma SCfl<br />

cilia se recrea en misticos arrobaniicntos, y sus relaciones con Ia<br />

sociedad no Ilegan más allI de to cstrictamcnte preciso para hacer<br />

ci bien que sus semejantes Ic piden. Yo, por ci contrario, tengo la<br />

dulce fortuna de saber que usted existe; mi esplritu, quc percibe<br />

en el concierto de la vida general Ia presencia del de usted, oye a<br />

los labios invisibles de mi deseo pronunciar el nombre de usted;<br />

sobrenatural deleite invade todo i-ni ser, y cuando del suprenlo<br />

goce me doy cuenta, un veto inmenso, tejido con las hebras de


La Consti1ucii del Ai7o Doce<br />

to imposible, nubla mis ojos y en ellos se transforma en lágrimas.<br />

Cuán dignos son de piedad los quc aman sin csperanzal<br />

_Pobre Joaquin! quizcis tiene usted razón; quizás para los dos<br />

hubiese sido una fortuna que yo hubiera muerto!—observó Rex-nedios<br />

con arnargura.<br />

—;Fortuna la muerte de usted!—se apresuró a decir Lizardi:—<br />

no, Remedios, no; cuantos tormentos sufro, y muchos son a la<br />

verdl, tienen una poderosip compcnsaciófl para ml: la de mover<br />

a usted a piedad. Pero, perdOnenic usted, estoy loco y no<br />

ni to que me digo. No, no puede ser Ochoa menos infortunado cjue<br />

yo; ci dolor Ic hizo insensible: la eS1)Craflza de quc la rnuerte habra<br />

de acercarle en otra vida mejor a la quc amándole dejó de existir,<br />

no Ic pci-mite vivir la hurnana, y olvidado dc si mismo ni aun hotar<br />

necesita, y con no hiorar se priva del más duice COnSUCIO de los<br />

atligidos moradores dc éste, que ha sido liamado valle de Iãgrimas.<br />

Arnargas son las mias, pero con clias se riega y de ellas vive 1-a for<br />

de mis recuerdos. i Oh, Remedios mial permita Dios, que precediendo<br />

yo a usted en ci cterno viaje, usted pueda recoger de mis<br />

labios la prueha dc i-ni constancia, i-ni ultima palabra de amor, su<br />

adorado tiombre Remedios...<br />

—Amigo mio,—cxclamó la joven sin poder disfrazar su cmoción<br />

dolorosa;—el santo desinters de esa pasión que a usted mata, hace<br />

de todo punto irnposible nucstra fclicidad.<br />

—Eso dice usted, Remedios-<br />

-Si, Joaquin: yo no puedo amar a usted como usted me ama.<br />

—Remedios<br />

I<br />

—Una primera pasión no- puede ser dignamente correspondida<br />

sino con otra primera pasiófl.<br />

—V usted, Remedios?...<br />

—Vo, Joaquin, no xm acuse usted de cruel.., he amado ya a<br />

otro hombre.<br />

- —;A Garcia Alonso!<br />

—A Garcia Alonso, si: -por qud he de negarlo? Hubo algo más<br />

grande quc ci martirio que aquel honibr me di5: esto mas grande<br />

fue rid dignidad femenil; con todo ci poder innienso de sus seductoras<br />

cualidades, no pudo lograr convertirme en una rnujcr des-<br />

Preciable; quiso ponerme en la senda de la perdición, y en su fatal<br />

pendiente supe yo encastillarme en la virtud. FuI su victima, pero<br />

1347


1348 Episodios Hisidricos Mexicanos<br />

no su cdmpiice. Cómplice, le hubiera despreciado: vIctima, le amé,<br />

é inocente instrumento de la fatalidad, la fatalidad lo pudo todo,<br />

menos e:wilccernie. Orgullosa de mf misma, aizo la frente porquc<br />

creo poder aizarla, y a ningtn hombre, ni aun I ustel mc ama<br />

tanto, dará yo ci derecho de obligarme I bajarla.<br />

—Pero...<br />

—Por piedad, Joaquin, no prosigamos... esta coiivcrsaciol -<br />

nueva las heridas de rni alma, sin dar alivio ni mucho menos cu jar<br />

las de usted. Por ültirna vez en nucstra vida, hemos hablado de<br />

amor. Ruego a usted, sin embargo, no sea tan injusto connhigo<br />

quc me prive de su amistad; esa arnistad, no pido más, yo pucdo<br />

corresponderla con un cariflo fraternal, grancle, sincero, capaz de<br />

hacerle olvidar que en manos de mi resoiucidn inflexible han<br />

muerto para siempre, para siempre, JoaquIn, sus iiusiones y csc -<br />

ranzas; nada más puede exigirseme, nada rnás puedo dar.<br />

La conversacion se proiongó aün algunos momentos, pasa<br />

los Cu ales Lizardi se despidió de Ia joven y salió de la casa.<br />

Instaiitcs despus, D. Alvaro se prescntó en la sala y dijo i Rmedios:<br />

—Hija mia, nuestro buen amigo Lizardi me ha inspirado cornpasión.<br />

Le creo realmente desgraciado.<br />

—Padre, no me extrafia, pues realrncntc o Cs.<br />

—Pero tii Ic niegas la felicidad.<br />

—En canibio aseguro la de usted, pith—S: nio.<br />

—Qué quiercs decir?<br />

—Que viendo ml infortunacla madre, desde ci ciclo, quc ustcd<br />

ama a su hija, tanto que no la sacrifica a compromisos contraidos<br />

sin mi consentinuento, obtendrá para usted ci perdón quc yo hare<br />

tanto más fadl cuanto que con ml filial cariflo ayudard a la transforrriación<br />

(1 uc cn ci a!ma dc ustcd ha ()t)crad() flu r)rov1lC!cial<br />

encuentr,<br />

Y -<br />

Irtitai triwO. (mc per<br />

grado D. Alvaro, reconquistando, al parecer por entero, la amistad<br />

y favor del virey, el capitán Francisco Mcha nad vari ha<br />

acertar a decidirse por nintmn partido.


Li Conslilución del 4üo Docc<br />

1349<br />

Pero como nada podia esperar de Venegas mientras D. Alvaro<br />

influyese en su ánimo, buscó el modo de introducirse en las antecámaras<br />

de Calleja, y logió irritarie acusando a D. Alvaro de ser<br />

ci autor de las rivalidades nuevamente suscitadas entre los dos antagonistaS.<br />

Calleja, que tenIa sobrados motivos para creerlo asI, concibió<br />

un odio tal contra D. Alvaro, que, segün Mejfa, ofreció at virey,<br />

no solo renunciar los altos 1cargos que desempeñaba, sino tambin<br />

embarcarse para Espafia si D. Alvaro no era condenado a<br />

muerte.<br />

Cuéntase que \Tenegas no quiso acceder a ello, y que esto fuO<br />

causa dc que se acentuase niás y más su disgusto con ci gobernador<br />

militar dc Mtxico.<br />

Cuando de ello se enterd D. Alvaro y lo puso en conocimiento<br />

de Remedios, la pobre nifla suplicO a su padre que, dejando de<br />

combatir con ci destino, realizase sn fortuna y se trasladara a Espana,<br />

por supuesto acOm1)añafldOle ella.<br />

D. Alvaro, cuyo carãcter habIase cambiado por compieto, determinó<br />

seguir ci consejo, y todo Jo dispuso para el viaje, con tanta<br />

mayor facjlidad, cuanto quc pudo dejar encomendados sus asuntos<br />

al conde y a Ia marquesa de Cervera.<br />

Pero en la misma noche que dcbió haber precedido a su salida<br />

de Mexico, el capitán MejIa se presentd en la casa de D. Alvaro,<br />

Y por éste se hizo recibir con insolente orgullo.<br />

—D. Alvaro,—le dijo el antiguo Centellas;—eI disclpuio triunfa<br />

al fin de su maestro. j<br />

—:Qu6 quieres decir, maldito sacristán?—preguntó D. Alvaro.<br />

—Que ó me concede usted la mano de Remedios, 6 hago a usted<br />

ahorcar mañana rnismo.<br />

—Centellas, picnsa bied lo que dices, pues soy aün D. Alvaro<br />

de Cervera, y jamás hombre alguno me ha retado vanamente.<br />

—Tjene usted razón; mi triunfo inc ensoberbece, y no debo,<br />

Pues Voy a ser hijo de ustcd, faltarle al respeto.<br />

iMi hijo! j miserable! cuándo los leoncs han sido padres de las<br />

rastreras Serpientes?<br />

Abreviernos, D. Alvaro: soy amigo de Calleja...<br />

-\' qud me importan a ml tus aiianzas con ese vulgar ambi-<br />

OSo que tiembla y se arrastra a los pies de \Tenegas?


1350 Episodios Históricos A1xicanos<br />

—Señor D. Alvaro, créame usted, ]as circunstancias han cam.<br />

biado.<br />

—1Ah! sI, coniprendo: Ca1leja ha triunfado de la debilidadde<br />

Venegas, y yo soy el precio de su reconciliación?<br />

—No, D. Alvaro.<br />

—:Oué entonces?<br />

—Algo más grave aün.<br />

—;Conciuye, capitán do los demonios!<br />

—Con la correspondencia enviada do Veracruz por OIaz:LhaI, ha<br />

liegado una orden de la Regericia, de iG do *: hvado<br />

a \Tcnegas del vireinato.<br />

—V nombrando a Calleja para suceder1..<br />

—Justaniente.<br />

—Estoy perdido entonces!— - -t . 1va:o.<br />

—No ain,—observó Cente1L-.<br />

—Qué quieres decir?<br />

—Quo D. Felix Calleja no sabi aun la noticia, pues \ ticgaS<br />

ofendido con Ia Regencia y lastimado en su amor :ronio, .t i per.<br />

plejo sobre Ia determinación quo (lobe tornar, v..<br />

—Entoncc ,;:n O1!Y H:<br />

—Intitil af.!1.<br />

—;Por quiET<br />

—Porquc mauana sabrá Calloja la noticia, y hari dn : ustcd<br />

en ci camino antes de quo haya podido Ikgar a Veracruz.<br />

—No me dirigirC a Veracruz; el condo me proporcionar cart3<br />

para los insurgentes, me trasladarC a Oaxaca y de alli sal!rc para<br />

Tehuantepec y podrt embarcarme.<br />

—No se me habIa ocurrido a ml esa salida,—ohserv6 CnteII<br />

con sarcasmo.<br />

—Va to he dicho que aun soy D. Alvaro de Cervera.<br />

—Y yo ci viejo capitán Centellas.<br />

—Que quieres significar?<br />

—Quo usted no huirá, porquo yo lo impedirC;—y al dtcir esto.<br />

antes quo D. Alvaro pudicra impedIrselo, Centellas salió do Ia h<br />

bitación cerrando de golpe la puerta.<br />

Pero no daba ai.n cuatro pasos, cuando se sintió sujoto pOr d<br />

brazos de hierro que Ic derribaron sobre ]as alfombras,<br />

que ci hombre cuyos eran aquellos brazos, le decia:


La Conslilucin del Aüo Doce<br />

__;Maldito sacristán, te tengo prometido hacerte ahorcar y voy<br />

a cumplirte la prornesa!—y ci negro Carlos Cuarto cargo con Mejia,<br />

que rugia de cólera y desesperaciOn, y con 61 bajó de cuatro<br />

en cuatro Jos peldafios de la escalera y se perdiO en las liabitaciones<br />

del piso bajo de la casa.<br />

V aqui conciuye ci presente Episodic', que por titulo ha ilevado<br />

ci de LA CONSTITUCION DEL AO <strong>DOCE</strong>.<br />

I<br />

/<br />

1351

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