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Tainos: Arte y Sociedad

por Manuel A. Garcia Arevalo

por Manuel A. Garcia Arevalo

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


08 4

LOS TAÍNOS, TAINOS ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Texto

MANUEL A. GARCÍA ARÉVALO

Fotografía

VÍCTOR SILADI


Taínos, arte y sociedad

Manuel A. García Arévalo

© Banco Popular Dominicano, 2019

Fotografía

Víctor Siladi

Coordinación y producción editorial

Clarisa Carmona

Corrección

Clara Dobarro

Traducción al inglés

Ana Martínez

6

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Diseño y arte final

Jimmy González y Fractal Studio

Posproducción fotográfica

Damian Siladi

Ilustraciones taínas:

Pedro L. Díaz Alvarado

Tratamiento digital ilustraciones páginas: 47, 58, 60, 100, 128, 139.

StefanDMC

Imágenes páginas: 31, 36, 39, 42, 50, 65, 66, 168.

© Alamy.es

Imágenes páginas: 25, 37, 43.

© Art Resource

Portada

Ídolo de la cohoba. © FGA

Primera edición, 2019

ISBN 978-9945-8683-7-1

Impresión

Amigos del Hogar

Santo Domingo, D. N.

República Dominicana, 2019


Dedicado a:

José Antonio Caro Álvarez

Primer director del Museo del Hombre Dominicano.

Marcio Veloz Maggiolo

Por su valiosa contribución a la arqueología nacional.

7

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Estudiando y valorizando el pasado, podremos comprender

y evaluar con mayor conciencia al presente, y tenderemos a

fomentar un futuro mejor para las generaciones del mañana.

Emile Boyrie de Moya

La riqueza arqueológica de la Española o Santo Domingo,

dejada en su suelo por una densa población indígena, hacen de

esta Isla la región más apropiada para estudiar la cultura taína

en su más alto desarrollo y apreciar su variado ajuar tan rico en

manifestaciones artísticas admirables.

9

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

René Herrera Fritot


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Presentación

Es ampliamente aceptada la idea de la necesidad de conocer

el pasado para tener un mayor entendimiento del presente

y una clara proyección del futuro. De ahí el valor que cobra el

saber interpretar de dónde venimos para comprendernos y

comprender mejor el entorno en el que nos movemos, así como

para identificar las oportunidades con las que contamos.

En ese sentido, este nuevo libro que auspiciamos como

organización financiera bajo el título Taínos, arte y sociedad, de la

autoría del destacado historiador y empresario Manuel A. García

Arévalo, se constituye en una contribución notable que arroja luz

sobre nuestras raíces aborígenes y nos permite proyectarnos en

el conjunto de naciones con una idiosincrasia particular.

Aventurarnos a conocer estos orígenes ancestrales nos ayuda a

concebir y diseñar cómo queremos presentarnos ante el mundo,

de forma diferenciada, aprovechando las singularidades que nos

definen.

Ese es el impulso que está detrás de esta publicación

institucional, en la que García Arévalo traza con profundo

conocimiento las líneas de nuestro pasado aborigen, que forman

una parte inequívocamente significativa de nuestra herencia.

Como institución financiera que posee el mérito de ser la mayor

financiadora del turismo, nos parece oportuno resaltar este tipo

de aportes porque sobre ellos podemos recrear una imagen

propia en el mercado nacional e internacional.

Aquello que hoy conocemos en la República Dominicana como

la cultura taína fue el resultado de la integración de múltiples

grupos indígenas antillanos a través de los siglos, creándose

un primer sustrato que cimentó la base sobre la que se fue

construyendo nuestra identidad nacional: mestiza, diversa y, por

tal razón, exuberante.

Esta obra ofrece una mirada a las costumbres de los aborígenes, a

su expresión artística y ritual; es un viaje al interior de lo que somos.

La dominicanidad actual no se inició con la llegada del mundo

occidental a las Américas, sino que comenzó con esas primeras

culturas que se fusionaron con las provenientes de Europa y África,

conformando un nuevo ser que continuó expandiéndose con

mayor rapidez desde ese entonces. Los hallazgos arqueológicos

y documentales sobre los cuales se ha fundamendado esta obra

cuentan la historia identitaria del dominicano.

El turismo cultural es un nicho que ha permitido a múltiples

naciones del mundo destacarse como destino. En los últimos años

va de la mano con el turismo sostenible, creando lo que ahora se

conoce bajo la denominación de «turismo naranja», una tendencia

mundial que vincula la cultura con la economía.

Esta nueva visión del turismo genera valor a través de una

dinámica que engloba el patrimonio cultural y la industria creativa

para diseñar experiencias que respondan a lo que buscan los

turistas del siglo XXI: actividades genuinas que los conecten con

la cultura y la identidad del país y las poblaciones que visitan.

Vemos, pues, que estos orígenes que surgen de la mezcla de

nuestros pueblos indígenas antillanos son un patrimonio cultural

a partir del cual podemos crear una narrativa única y desarrollar

una gestión de experiencias particulares para el turista.

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Potiza o recipiente para líquidos. (MHD)


La publicación, más allá de su lectura, sumerge al lector en un

mundo de realidades virtuales aumentadas, permitiéndole

experimentar con múltiples escenarios y ejemplos de la cultura

taína a través de varios sentidos.

A esta propuesta interactiva, única hasta el momento en el

panorama editorial dominicano, se puede acceder mediante

la aplicación MIRA (Mi Realidad Aumentada), instalada en

dispositivos móviles. Con ella, a través de una pantalla, los

interesados podrán interactuar con ese mundo ancestral mediante

una narrativa tecnológicamente innovadora con tan solo hacer un

clic sobre las imágenes destacadas al efecto.

Nos sentimos, pues, sumamente complacidos con esta nueva

entrega editorial y multimedia, con la cual evidenciamos nuestro

compromiso con la proyección de la identidad dominicana,

más allá de los hermosos recursos naturales de nuestras costas

y paisajes de interior, explorando los valores culturales que

contribuyen a fortalecer nuestro presente y nuestro futuro.

Además, como cada publicación institucional del Popular, esta

obra cuenta con el acompañamiento de un documental que

incluye interesantes entrevistas y visitas a lugares emblemáticos

de la cultura taína en el territorio nacional.

Christopher Paniagua

Presidente ejecutivo

Banco Popular Dominicano

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cemí de tres puntas o trigonolito con aplicaciones de concha en la dentadura. (MHAA, UPR)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Pájaro sobre una tortuga. Presenta una proyección vertical para colocar los polvos alucinógenos de la cohoba.

©The Trustees of the British Museum, BM Am, MI.168


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Agradecimientos

La publicación de esta obra sobre nuestro formidable acervo

arqueológico prehispánico ha sido posible por el amplio

patrocinio recibido del Banco Popular Dominicano, institución que

en los últimos años ha contribuido notablemente a enriquecer la

bibliografía nacional.

En ese sentido, quiero expresar mi gratitud a Manuel A. Grullón,

presidente del Consejo de Administración del Grupo Popular,

al igual que a Manuel E. Jiménez y Christopher Paniagua,

presidentes ejecutivos del Grupo Popular y del Banco Popular,

respectivamente. Asimismo, a los demás ejecutivos y técnicos del

Banco Popular por su cooperación con este proyecto editorial; en

especial, a José Mármol, vicepresidente ejecutivo de Relaciones

Públicas y Comunicaciones; Esteban Martínez-Murga, gerente

de la División de Comunicaciones Corporativas; José Montás

Frómeta, gerente de la División de Productos Audiovisuales, y

Eleni de Castro, gerente de Publicaciones Institucionales.

Mi profundo agradecimiento va también para las siguientes personas

e instituciones nacionales, cuya generosa colaboración fue

un estímulo para que esta obra saliera adelante:

Al ministro de Cultura, arquitecto Eduardo Selman Hasbún; a

Ana María Conde Vitores, directora general de Museos de la

República Dominicana, y al arquitecto Christian Martínez, director

del Museo del Hombre Dominicano.

Al doctor Marcio Veloz Maggiolo, cuyos aportes al estudio

de la prehistoria me han permitido ampliar el horizonte de

mis conocimientos sobre las culturas aborígenes del Caribe.

Y al historiador y arqueólogo Bernardo Vega Boyrie, por su

constante cooperación. A mis dilectas amigas Dominique

Bluhdorn, presidenta de la Fundación Centro Cultural Altos de

Chavón, y María Amalia León Cabral, presidenta de la Fundación

Eduardo León Jimenes, quienes pusieron a mi disposición

las representativas colecciones que se conservan en el Museo

Arqueológico de Altos de Chavón, en La Romana, y en el Centro

Cultural Eduardo León Jimenes, en Santiago de los Caballeros.

Asimismo, a los coleccionistas Nicole y Pierre Domino, Betty

e Isaac Rudman, al ingeniero Wilton Khoury y al doctor Nonín

Galán.

Por igual, deseo agradecer al excelente equipo de profesionales

del Museo del Hombre Dominicano por la asistencia

continua que nos han brindado. En especial, cabe destacar la

inestimable contribución del doctor Jorge Ulloa Hung, director

del Departamento de Arqueología, quien hizo importantes

observaciones al texto y proporcionó muchas de las referencias

bibliográficas. También, al doctor Renato Rímoli, director del

Departamento de Paleobiología, por sus señalamientos en torno

a la flora y la fauna de la época; al arqueólogo Adolfo López

Belando y al espeleólogo Domingo Abreu por facilitarnos varias

de las fotografías de petroglifos y pictografías que se muestran

en la obra.

Quiero reconocer, a su vez, a las instituciones museográficas

y a los coleccionistas que, desde el exterior, me ofrecieron su

colaboración. A su amabilidad se deben muchas de las imágenes

de las piezas arqueológicas que se incluyen en este libro. A

todos ellos, gracias. Mención especial merece mi buen amigo el

doctor André Delpuech, director del Museo del Hombre de París,

quien con su gran conocimiento de las culturas aborígenes de las

Antillas nos orientó sobre la existencia de los objetos taínos que

se conservan en los museos de Europa y Estados Unidos. Y a Paz

Núñez Regueiro, jefa de la Unidad Patrimonial de las Colecciones

de las Américas del Museo Quai Branly-Jacques Chirac.

Al British Museum, de Londres; Museo de América, de Madrid;

Il Museo di Antropologia e Etnologia, de Florencia; Museo de

Historia Natural, de Argentina; Museum für Völkerkunde, de

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ídolo de madera con figura antropomorfa en relieve. (MHD)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Viena; Museo Nacional de Antropología, de México; Museo di

Antropologia ed Etnografia, Università di Torino; Smithsonian

Institution, Metropololitan Museum of Art y El Museo del Barrio,

de Nueva York. Y a los coleccionistas Antonio y Ana Casanovas,

Guy Ladrière, Vincent y Margaret Fay, y David Bernstein, así como

a la colección Ziff y al fotógrafo Justin Kerr.

En Puerto Rico, debo destacar la contribución de la doctora

Flavia Marichal Lugo y de Chakira T. Santiago Gracia, directora

y registradora en jefe, respectivamente, del Museo de Historia,

Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico. A la

doctora Yvonne Narganes Storde, arqueóloga del Centro de

Investigaciones Arqueológicas de la Universidad de Puerto Rico,

Recinto Río Piedras. Por igual, al doctor Eduardo Rodríguez

Vásquez, presidente de la Junta de Síndicos, y la rectora Amalia

Alcina Orozco, ambos del Centro de Estudios Avanzados de

Puerto Rico y el Caribe, así como a las autoridades del Instituto

de Cultura Puertorriqueña. Asimismo, expreso mi gratitud a los

investigadores Francisco Moscoso, Sebastián Robiou y Daniel

Shelley, y al fotógrafo Héctor Méndez Caratini. Por otra parte,

agradezco la cooperación recibida en Cuba de los arqueólogos

Lourdes Domínguez y Roberto Valcárcel, y del doctor Armando

Rangel, director del Museo Antropológico Montané de la

Universidad de La Habana.

La realización de esta obra debe mucho a la doctoranda Clarisa

Carmona, que con gran desvelo y entusiasmo asumió este proyecto

editorial como si fuera propio, ofreciendo generosamente su

tiempo y su dedicación sin miramiento de horario para que la

publicación saliera adelante. Tenemos, por igual, una deuda de

gratitud con el fotógrafo de la obra, Víctor Siladi, quien con su

destreza profesional se esmeró en realizar y captar con extrema

minuciosidad los rasgos iconográficos de un amplio repertorio

de imágenes precolombinas, así como por el diseño artístico de

la obra. De igual forma resaltamos la labor y el entusiasmo del

diseñador gráfico Jimmy González.

Oleaga y Ana Cristina Contreras por la paciente labor al digitar con

esmero y pulcritud los textos que se incluyen en esta publicación.

Igualmente, valoramos los comentarios y la corrección de estilo

de Clara Dobarro, al igual que la colaboración de Ana Martínez,

Lisette Vega de Purcell por el cuidado y profesional trabajo en la

traducción del texto a inglés. También reconocemos la labor de

Pedro L. Díaz A., por las nítidas ilustraciones de la sociedad taína.

Le agradezco de manera muy especial a mi esposa Francis, quien

siempre ha sido un gran estímulo en mi quehacer intelectual,

acompañándome en mis viajes de prospección arqueológica y en

la búsqueda de las referencias documentales y bibliográficas. Lo

mismo que a nuestros hijos y nietos, a quienes hemos sustraído

parte del tiempo de convivencia familiar para dedicarlo a la

redacción y confección de esta publicación.

Finalmente, es importante señalar que Taínos, arte y sociedad

busca llegar al mayor público posible; de ahí que nos hemos

alejado de excesivos tecnicismos para que sea comprensible

a todos los lectores y cumpla su propósito de constituir un

puente de unión entre las generaciones de hoy y del mañana

con las culturas del ayer. Pese a esto, hemos procurado mantener

estrictos cánones científicos para que, al mismo tiempo, sea del

interés de los especialistas en la cultura y el arte de los taínos.

Manuel A. García Arévalo

Otras personas a quienes debemos reconocer por su valiosa

contribución son Betania Reyes, curadora de la Sala de Arte

Prehispánico de la Fundación García Arévalo, así como Rosa Elba

Vasija tallada en hueso con asas bicéfalas antropomorfas. (MHD)


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LOS TAÍNOS, TAINOS ARTE Y SOCIEDAD

Vaso efigie antropomorfo. (MHD)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dúho o asiento ceremonial en cuyo espaldar aparecen dos figuras simétricas estilizadas y

motivos geométricos incisos. (MHD)


Contenido

11 Presentación

15 Agradecimientos

21 Introducción

23 Los indígenas antillanos primeras reseñas históricas

37 El estudio del pasado

45 El poblamiento de las Antillas

47 Los protoarcaicos. artefactos de pedernal

57 Los arcaicos. Lítica pulida y artefactos de concha

71 El manglar como medio de subsistencia

73 El período agroalfarero

73 Los igneris o saladoides

77 La cultura huecoide

81 Los ostionoides o subtaínos

86 Meillacoides y macoriges

88 Los factores de cambio

90 La evolución de los agroalfareros. Nuevas aproximaciones

95 La cultura taína

97 Quiénes eran los taínos

105 Las actividades productivas

105 La agricultura

109 Las plantas comestibles

117 Árboles maderables y medicinales

118 La caza

120 La pesca

123 Navegación y comercio

125 Organización social y política

127 El cacique

129 Los símbolos de poder

137 Los cacicazgos

140 Nitaínos y naborías

141 Los behiques o buhitihos: éxtasis y curación

142 El «vuelo mágico» y su connotación ornitomorfa

142 Efectos terapéuticos de la dieta

143 El simbolismo del esqueleto

144 Las viviendas

146 Las hamacas

148 El juego de pelota

152 Los bailes o areitos

159 Los instrumentos musicales

161 Las maracas monóxilas

165 La sonoridad de los cascabeles

167 Mitología y religión

167 Creencias mitológicas

171 Prácticas funerarias

173 El mundo de los desaparecidos

174 Los espíritus alados de la muerte

175 El murciélago y las opías

178 Las lechuzas, mensajeras del Coaybay

182 El culto a los antepasados

184 El cemí de algodón

188 El éxtasis de la cohoba

193 Los ídolos de la cohoba

201 Los dúhos o asientos ceremoniales

211 Los instrumentos de la cohoba

211 Inhaladores y espátulas vómicas

221 Los majadores o manos de mortero

227 Íconos de tres puntas

239 Cabezas efigies

241 Cabezas trilobuladas

243 Aros líticos y piedras acodadas

249 La industria lapidaria

254 La sutileza de la concha y el hueso

265 El barro hecho arte

279 La cerámica pintada

282 Los vasos efigies

293 La alfarería criolla

295 El lenguaje de los símbolos y los signos

302 Las voces de las cavernas

311 Trascendencia del arte taíno

317 El legado indígena

325 Tainos, Art and Society

382 Siglas utilizadas

384 Notas bibliográficas

19

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Introducción

Al hablar del pasado indígena de las Grandes Antillas, generalmente

solo se menciona la existencia de la denominada

«cultura taína». Sin embargo, esta cultura no fue la primera ni

la única en poblar el entorno antillano. El Caribe insular, siglos

antes de la aparición de los llamados «taínos», estuvo habitado

por grupos humanos de características sociales, culturales

y económicas muy diferentes; no obstante, sus conocimientos

y experiencias, además de algunas de sus herramientas, se integraron

y perpetuaron a través de las culturas indígenas que

posteriormente habitaron ese espacio geográfico.

Desde ese punto de vista, el desarrollo de la cultura taína no

debe ser vinculado solamente a las migraciones arahuacas desde

Sudamérica. Más bien corresponde al resultado de procesos

milenarios mucho más complejos que tuvieron lugar en el

contexto de las islas del Caribe, en especial en Puerto Rico y

la Española. Este aspecto es quizá la razón por la que algunos

investigadores consideran la sociedad taína como el primer ensayo

de la mezcla cultural que hoy define el perfil caribeño. 1

21

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Esos procesos evolutivos trajeron aparejada la formación de un

mosaico de culturas indígenas en las cuales es posible percibir

un repertorio de rasgos que las representan y caracterizan desde

el punto de vista social, religioso, político y económico. 2 Es

esto lo que puede definirse como «lo taíno», sin excluir una diversidad

de manifestaciones y variaciones locales o regionales

que apenas fueron captadas por los cronistas de Indias. Corresponde

a la arqueología y otras disciplinas científicas auxiliares

la misión de explicar lo acontecido en el pasado prehispánico

con el objeto de conocer y valorar las raíces ancestrales que

contribuyen a formar nuestra identidad nacional.

Respaldo de los ídolos gemelos de la cohoba, mostrando la imagen de una lechuza. Smithsonian Institution.

Espátula vómica tallada en costilla de manatí con figura antropomorfa en posición ceremonial. (FGA)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los indígenas antillanos

Primeras reseñas históricas

A la llegada de los europeos, a finales del siglo XV, las islas

antillanas estaban pobladas por diversas culturas. La novedad

de encontrar gentes de lenguas extrañas y «exóticas costumbres»

en las tierras del que posteriormente fue llamado Nuevo

Mundo sería el hallazgo más sorprendente, y el más reconocido,

del periplo descubridor del almirante Cristóbal Colón.

El primer contacto entre europeos e indígenas se produjo el

12 de octubre de 1492 cuando los descubridores se encontraron

con los llamados «lucayos» al arribar a la isla Guanahaní,

localizada en el archipiélago de las Bahamas y bautizada con

el nombre de San Salvador por los españoles, quienes también

se refieren a estas últimas como Lucayas, denominación

que deriva, precisamente, del nombre de sus primeros habitantes.

Sobre este episodio nos dice el Almirante en el diario

de navegación de su primer viaje:

[…] muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas

caras, de los cabellos gruessos cuasi como sedas de cola de cavallos

e cortos. Los cabellos traen por ençima de las çejas, salvo

unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. D’ellos se

pintan de prieto, y ellos son de la color de canarios, ni negros

ni blancos, y d’ellos se pintan de blanco y d’ellos de colorado y

d’ellos de lo que fallan; y d’ellos se pintan las caras, y d’ellos todo

el cuerpo, y d’ellos solo los ojos, y d’ellos solo la nariz. 3

Al día siguiente agrega:

[…] todos de buena estatura, gente muy fermosa y […] todos de

la frente y cabeça muy ancha, más que otra generación que fasta

aquí aya visto; y los ojos muy fermosos y no pequeños; y ellos

ninguno prieto, salvo de la color de los canarios. 4

Atento a las novedades que halla a su paso por las nuevas tierras,

Colón se convierte en un agudo observador de la fisonomía

y las costumbres de los habitantes de las islas antillanas,

a quienes llamó indios por creer que había llegado a la India.

Sus descripciones sobre los indígenas, hechas con sobriedad

y alto nivel de detalle, constituyen un documento de gran valor

etnográfico, en especial, las relativas a los rasgos físicos y

culturales de estas poblaciones (color de piel, tipo de cabello,

deformación de la frente, decoración corporal, etc.). 5

Al llegar a la isla de Cuba, a la que llamó Juana en honor a la

hija de los Reyes Católicos, Colón refiere: «Esta gente […] es

de la misma calidad y costumbre de los otros hallados. […]

Toda la lengua también es una y todos amigos […] Y así andan

también desnudos como los otros». 6 En referencia a la desnudez

de los aborígenes, agrega:

Son gente […] muy sin mal ni de guerra, desnudos todos, hombres

y mugeres, como sus madres los parió. Verdad es que las

mugeres traen una cosa de algodón solamente, tan grande que

le cobija su natura y no más. Y son ellas de muy buen acatamiento,

ni muy negro[s] salvo menos que Canarias. 7

En cuanto a sus viviendas, observa: «Eran hecha(s) a manera

de alfaneques muy grandes, y pareçían tiendas en real, sin

concierto de calles, sino una acá y otra acullá y de dentro muy

barridas y limpias y sus adereços muy compuestos. Todas son

de ramos de palma muy hermosas». 8

23

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Grabado alusivo al Descubrimiento de América. Histoire de l’Isle Espagnole ou de S. Domingue, de Pierre François Xavier de Charlevoix (1730-31).


24

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Al descubridor de América le sorprende la habilidad que tenían

los indios para navegar en sus ágiles embarcaciones:

Ellos vinieron a la nao con almadías [canoas], que son hechas del

pie de un árbol como un barco luengo y todo de un pedaço, y labrado

muy a maravilla según la tierra, y grandes, en que en algunas

venían 40 y 45 hombres, y otras más pequeñas, fasta aver d’ellas

en que venía un solo hombre. Remavan con una pala como de fornero,

y anda a maravilla, y si se le trastorna, luego se echan todos a

nadar y la endereçan y vazían con calabaças que traen ellos. 9

Colón alude a los sencillos adornos de oro usados por los indios,

que refuerzan sus expectativas de encontrar este precioso

metal con el objeto de alcanzar el éxito financiero de su empresa

descubridora. Sobre el intercambio o trueque establecido, el

propio Almirante refiere que los españoles empleaban cuentas

de vidrio, cascabeles, sortijas de latón, fragmentos de cerámica

y otros abalorios que los indígenas aceptaban de buena gana,

«como algo venido del cielo».

En la costa norte de la isla de Bohío, a la que luego bautizó Colón

como Española, naufragó la nave Santa María, que recibió

el auxilio de los indígenas del cacicazgo de Marién, encabezado

por Guacanagarix. El solidario gesto del cacique motivó al

Almirante a escribir en su Diario:

Son gentes de amor y sin cudiçia y convenibles para toda la cosa,

que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo no ay mejor

gente ni mejor tierra. Ellos aman a sus próximos como sí mismos, y

tienen una habla la más dulçe del mundo, y mansa y siempre con

risa. Ellos andan desnudos, hombres y mugeres, como sus madres

los parieron, mas crean Vuestras Altezas que entre sí tienen costumbres

muy buenas, y el rey muy maravilloso estado, de una cierta

manera tan continente qu’es plazer de verlo todo, y la memoria que

tienen, y todo quieren ver, y preguntan qué es y para qué. 10

Con la madera de la Santa María, Colón construyó el fuerte

de la Navidad, a cuyo cuidado dejó 39 hombres. Allí hizo una

demostración del poderío de las armas españolas tronando

las bombardas, y estableció una alianza con el cacique Guacanagarix,

a quien le ofreció protección frente a los canibas o

caribes, «que debe ser gente arriscada, pues andan por todas

estas islas y comen la gente que puede haver». 11 El acuerdo

establecido entre Colón y Guacanagarix, un pacto de amistad

que en lengua indígena se denominaba guatiao, se realizó

ante la presencia de otros caciques de la zona y de los hermanos

y familiares del cacique de Marién. La ceremonia, que incluía

intercambio de regalos y otros artículos de uso personal,

también conllevaba el intercambio recíproco de los nombres

entre los dos contrayentes, como gesto de alianza y paz. 12

Los apuntes de Colón constituyen textos precursores de la

etnografía en América al describir muchas de las características

de los pueblos que encontró a su paso por las Antillas.

Algunas de esas descripciones han sido objeto de estudio

por parte de las actuales investigaciones arqueológicas, que

han confirmado importantes correlaciones culturales entre los

indígenas que ocupaban gran parte de la Española, Puerto

Rico y el extremo oriental de Cuba, además de extensas interacciones

socioculturales entre los grupos que habitaban las

diferentes islas antillanas. 13


Naufragio de la carabela Santa María frente al cacicazgo de Marién. Pintura de Francesc Vall.

25

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Mapa de la costa noroeste de la Española atribuido a Cristóbal Colón. Aparece en su Diario.


26

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Al referirse a la naturaleza tropical de la Española, Colón exalta

con entusiasmo la feracidad del suelo, el verdor y la hermosura

de su flora, la exuberancia de sus sierras y montañas, los

abundantes ríos y la suave brisa, lo que lo lleva a exclamar: «es

la más hermosa cosa del mundo», y a asegurar a sus altezas:

«[…] qu’estas tierras son en tanta cantidad buenas y fértiles, y

en especial estas d’esta isla Española, que no ay persona que

lo sepa dezir y nadie lo puede creer si no lo viese». Igualmente,

destaca el carácter de sus gentes, haciendo hincapié en su

ingenuidad, mansedumbre y desprendimiento:

La gente d’esta isla y de todas las otras que he fallado y havido

ni aya havido noticia, andan todos desnudos, hombres y mugeres,

así como sus madres los paren, haunque algunas mugeres

se cobijan un solo lugar con una foia de yerva o una cosa de

algodón que para ello fazen. Ellos no tienen fierro ni azero ni

armas, ni son para ello; no porque no sea gente bien dispuesta

y de fermosa estatura, salvo que son muy temerosos a maravilla.

No tienen otras armas salvo las armas de las cañas cuando están

con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo, e no

osan usar de aquellas, que muchas vezes me ha acaecido embiar

a tierra dos o tres hombres a alguna villa para haver fabla, i salir a

ellos d’ellos sin número, y después que los veían llegar fuían [...] 14

27

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El asombro que traslucen las idealizadas anotaciones hechas

por Colón contribuyó a crear entre los humanistas europeos

una visión idílica sobre el estado natural en que vivían los indígenas

antillanos, a quienes el mito del «buen salvaje» les

atribuyó una inocencia propia de la edad de oro o del paraíso

terrenal, idea reiterada a través de los siglos que dio lugar al

pensamiento utópico.

Adorno batraciforme de concha de la cultura taína. (MHD)

Paisaje de Valle Nuevo, Cordillera Central, RD. ©Ricardo Briones


Al arribar a la península de Samaná, el Almirante entra en contacto

con los ciguayos, que, según sus descripciones, diferían de los

indígenas que hasta entonces había conocido por su apariencia

y actitud belicosa:

[...] El cual diz que era muy disforme en el acatadura más que otros

que oviese visto: tenía el rostro todo tiznado de carbón, puesto que

en todas partes acostumbran de se teñir de diversas colores; traía

todos los cabellos muy largos y encogidos y atados atrás, y después

puestos en una redezilla de plumas de papagayos, y él así desnudo

como los otros. 15

28

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Además, tenían arcos que «eran tan grandes como los de Francia

e Inglaterra», 16 diferenciándose en esto de los taínos, que habitaban

otras áreas de la Española. Colón los asocia con los caribes:

«[…] creía que eran los de Carib y que comiesen los hombres, […]

y que si no son de los caribes, al menos deven de ser fronteros y

de las mismas costumbres y gente sin miedo […]». 17 Sin embargo,

refiere que, al preguntarle a uno de estos ciguayos por los

caribes, este indicó que se encontraban más al este, en una isla

de nombre Carib.

Además de la diferencia en el aspecto físico, se considera que

los ciguayos tenían una lengua distinta, ya que, tras interpelar

a uno de ellos sobre el oro, Colón narra: «llamava al oro “tuob”

y no entendía por “canoa”, como le llaman en la primera parte

de la isla, ni por “noçay” como lo nombravan en San Salvador y

en las otras islas». 18 Por su parte, fray Bartolomé de las Casas, al

comentar el Diario de Colón en su Historia de las Indias, añade:

Es aquí de saber que un gran pedazo desta costa […] hasta las sierras

que hacen desta parte del Norte la gran vega inclusive, era poblada

de una gente que se llamaban mazoriges, y otras cyguayos, y tenían

diversas lenguas de la universal de toda la isla. 19

Láminas de oro o guanín.

Rostro de un dúho con aplicaciones de oro. ©The Trustees of the British Museum, BM, Am1949,22.118


29

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Costa de Los Haitises en la bahía de Samaná, RD. ©Ricardo Briones


30

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Al bajar a tierra algunos de los tripulantes de las naves españolas

en la bahía de Samaná con la intención de abastecerse

de agua y alimentos, al tiempo de procurar algunos objetos

indígenas que despertaban su curiosidad, fueron enfrentados

por medio centenar de ciguayos armados con arcos, flechas

y macanas de madera. Los españoles hirieron a dos de ellos,

que infortunadamente conocieron el filo de las espadas de

metal, derramándose allí la primera sangre americana vertida

durante los enfrentamientos entre indígenas y conquistadores

europeos. Debido a este hecho, Colón llamó golfo de las Flechas

a esta bahía.

La identificación y estudio de los ciguayos es un tema que

aún debe plantearse con mayor profundidad sobre la base

de la investigación arqueológica. A pesar de esto, algunos

investigadores e historiadores han esbozado diversas hipótesis

sobre estas comunidades, entre las que resalta la de una

posible ascendencia caribe y un reciente asentamiento en la

península de Samaná, razón esta última por la que sus huellas

arqueológicas han sido imperceptibles en las prospecciones

realizadas en la zona. Otras teorías plantean una interacción

entre taínos y caribes que culminó con la adquisición de algunas

costumbres caribes por parte de los habitantes de esta

área de la Española. 20

Uno de los investigadores que más se ha esforzado por aportar

al llamado «enigma ciguayo», con base en las informaciones

históricas y arqueológicas, ha sido Bernardo Vega. 21 A

partir del análisis de las descripciones de varios cronistas, en

especial de fray Bartolomé de las Casas, Gonzalo Fernández

de Oviedo y Pedro Mártir de Anglería, y del mapa de Andrés

Morales sobre la división política de la isla Española, Vega ha

intentado definir los espacios geográficos que correspondían

a ciguayos y macoriges, y, en líneas generales, ha planteado

que los indígenas que Colón encontró en su primer viaje en

el golfo de las Flechas tenían características propias de los

caribes. En general, hasta el presente no existe un consenso

sobre los asentamientos considerados ciguayos ni una clara

definición de estos, y tampoco ha sido posible establecer con

evidencias arqueológicas sus diferencias culturales respecto a

los demás grupos indígenas que habitaron la isla. 22

El interés de Colón por conocer las islas de los llamados «caribes»

o «caníbales» lo llevó a intentar adentrarse más allá del

extremo noroeste de la Española para comprobar su existencia.

Sin embargo, el mal estado de las carabelas y la impaciencia

de los tripulantes, deseosos de volver a España, le hicieron

desistir de esta idea en su primer viaje y emprender el camino

de retorno a Europa.

Encuentro de los marineros de Cristóbal Colón con los ciguayos en Samaná. Vida y viajes de Cristóbal Colón, de Washington Irving (1854).


31

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Familia caribe de Surinam. Grabado de John G. Stedman.


32

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


33

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Recipiente cerámico de la cultura taína. (MHD)

Cristóbal Colón ante los reyes de España al regresar de su primer viaje. Óleo sobre

tela, de Ricardo Balaca, 1874. Medida: 1860 X 1245 mm. Donación de Mónica

Torromé de Mansilla, 25-X-1916 (f 35), Museo Histórico Nacional, Argentina.


A su regreso, el Almirante proclamó la noticia de la existencia

de nuevas tierras allende los mares y mostró a los reyes algunos

indígenas, así como otras pruebas de sus hallazgos. Recibió los

honores y títulos que le correspondían, pactados previamente

con la corona española en las llamadas Capitulaciones de Santa

Fe, entre ellos, los de «Almirante de la Mar Océana y Visorrey y

Gobernador de las islas descubiertas en las Indias». Por su parte,

los indios que lo acompañaban fueron bautizados en una ceremonia

religiosa ante la presencia de los reyes y el príncipe Juan.

34

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

A raíz de la llegada de Colón a Europa, también aparecieron las

primeras noticias impresas sobre los habitantes del Nuevo Mundo.

Estas noticias fueron difundidas a través de la carta que el

Almirante dirigió a Luis de Santángel, escribano de los monarcas

españoles, y al tesorero aragonés Gabriel Sánchez, donde daba a

conocer las novedades de las Indias. La misiva originalmente fue

escrita en castellano y en ese idioma se realizó su primera impresión

en Barcelona en 1493. Su difusión fue tan rápida que antes

de culminar el siglo XV había alcanzado dieciséis ediciones en

cinco idiomas: dos en castellano, una en catalán, nueve en latín,

tres en italiano y una en alemán, además de algunas versiones

en francés e inglés. En la traducción al latín aparece el nombre

Hispaniola, vocablo que aún se utiliza para referirse a la isla Española,

23 a la que los indígenas llamaban Bohío, Haití o Quisqueya.

En esa carta en la que anunciaba el hallazgo de un Nuevo Mundo,

Colón también se refiere a algunos de los primeros vocablos

aborígenes recogidos durante su trayecto por las Antillas, palabras

que pasaron a enriquecer la lengua española. Entre ellos

sobresale el término canoa, incorporado por Antonio de Nebrija

en su Gramática castellana en 1494, que representa uno de los

primeros aportes lexicales de América a Europa.

En general, las descripciones de los indígenas no se desligan del

aura de asombro, expectativa y encantamiento que intensificó de

forma cuantitativa la mayor parte de los textos colombinos. 24 Estas

contribuyeron a la identificación de América como una tierra

de abundancia y promisión, a lo que también aportó el obsesivo

interés por el oro que se evidencia en buena parte de la narrativa

de Colón y motivación omnipresente en casi todos sus enunciados.

Desde esa perspectiva los relatos colombinos, a la vez que

ofrecían las primeras impresiones sobre la realidad geográfica de

las islas del Caribe, legaban, entre la descripción puntual y el rasgo

imaginativo, la visión inicial del indio americano.

Retrato de Cristóbal Colón, de Ridolfo del Ghirlandio (1483-1561). Navy Museum, Plegi, Génova, Italia.


35

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


36

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Encuentro de Cristóbal Colón con los indígenas de la Española. Ilustración imaginaria de Theodor de Bry (1594).


El estudio del pasado

Lo reducido de la fase asociada al empleo de la escritura en

comparación con toda la existencia humana permite ilustrar la

importancia de la arqueología como ciencia que investiga la

cultura y la historia a partir de evidencias materiales. Los restos

materiales fruto de la acción humana pueden convertirse,

bajo la óptica científica de la arqueología, en importantes generadores

de conocimiento histórico. Para ello, esta disciplina

utiliza métodos capaces de arrojar informaciones para explicar

el desarrollo de las sociedades del pasado. En ese sentido,

puede proporcionar datos que por diversos motivos no fueron

recogidos por las fuentes históricas, y en el caso de las

sociedades ágrafas, es decir, de aquellas que no conocieron

la escritura, constituye una de las principales disciplinas para

acceder a su estudio.

Al caracterizar las diferentes etapas por las que han atravesado

las antiguas sociedades humanas en diferentes regiones del

planeta, la arqueología ha desempeñado un rol importante en

la creación de los modelos y clasificaciones de la prehistoria

universal. Por tanto, un análisis de la arqueología antillana no

puede desligarse del devenir general de esta disciplina arqueológica

a nivel mundial ni de sus repercusiones en América.

37

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La arqueología puede considerarse como una actitud frente al

pasado que inicialmente se manifestó a través de un interés

especial por los objetos y las obras de arte de la Antigüedad

clásica. 25 El coleccionismo alentado por los humanistas del

Renacimiento se prolongó a largo de los siglos XVII y XVIII,

extendiéndose a las cortes europeas y a personajes ilustrados

de la época hasta convertirse en una afición respetable y muy

de moda. 26

Charles Towneley en su galería de esculturas de la época clásica. Óleo de Johann Zoffany.


38

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La búsqueda del pasado durante ese período se transformó

en la persecución de una utopía que debía ser reconstruida,

y las antiguas obras reunidas en colecciones ejercieron una

influencia extraordinaria en este sentido. Al calor de la búsqueda

de la belleza dentro de los cánones clásicos, nació el

interés por lo antiguo, en tanto los modos de vida de la Antigüedad

se revelaban de manera más concreta a través de su

iconografía. Esta primera arqueología esteticista, interesada

en el arte y la arquitectura del mundo clásico, en el caso de

América tuvo expresiones concretas que pueden rastrearse en

la atracción ejercida por las culturas maya, azteca o inca, y

fundamentalmente por los monumentos y creaciones artísticas

dejados por estas grandes civilizaciones.

Las diferencias esenciales entre esa arqueología esteticista

y una más científica se concretaron, o al menos se hicieron

más evidentes, en el siglo XIX. Los avances de las ciencias

naturales, en especial de la biología, constituyeron los fundamentos

del evolucionismo, teoría social y antropológica

que se desarrolló durante ese siglo. A partir del siglo XIX el

trabajo arqueológico comenzó a considerarse una disciplina

académica para resolver problemas históricos. Un ejemplo de

ello fue la primera clasificación del historiador danés Christian

Jürgensen Thomsen, que incluía tres edades (Piedra, Bronce

y Hierro) e intentaba explicar el desarrollo de la tecnología en

Europa desde la perspectiva arqueológica, basándose en el

análisis de los objetos prehistóricos. Además, la arqueología

aportó nuevas bases para ampliar las concepciones evolucionistas

imperantes en la época, según las cuales la sociedad

había avanzado por medio de estadios progresivos, que, según

Adam Smith, iban desde la caza hasta el desarrollo del

comercio, pasando por el pastoreo y la agricultura. 27

En sus inicios, la prehistoria como campo científico estuvo vinculada

al empleo del criterio estratigráfico, un principio de la

geología que se aplicaba en arqueología. Este, junto con los

avances de la biología, fue trasladado al estudio y comprensión

de los instrumentos y restos materiales del pasado. Con

el empleo del método estratigráfico y el hecho de que comenzaran

a vislumbrarse niveles de antigüedad para el ser humano,

la arqueología prehistórica se convirtió en la principal

línea de investigación de los pueblos anteriores a la escritura.

El evolucionismo cultural se desarrolló sobre una base tecnológica,

que tomaba como guía el material de los instrumentos

(piedra, bronce o hierro). Esto, a su vez, conllevó la introducción

del término «edad» en la interpretación del proceso por

el que había atravesado la humanidad, especialmente a partir

de sus manifestaciones en el occidente europeo.

Instrumentos de la época paleolítica.


39

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Excavación arqueológica en una ruina romana de Italia.


40

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Reconstrucción idealizada de una escena de caza del oso de las cavernas durante el paleolítico en Europa, de Znedèk Burian.

El concepto de las tres edades, unido al principio de superposición

o estratificación, permitió establecer la nomenclatura terial lítico conforman la llamada «edad de piedra», a la que

Estas primeras etapas caracterizadas por los trabajos en ma-

prehistórica europea. Los estadios culturales más antiguos reciben

el nombre de «paleolítico» y se identifican con los gru-

que dieron lugar al desarrollo de las grandes civilizaciones que

sucede la edad de los metales, cuando comienzan los procesos

pos nómadas cazadores de la megafauna del pleistoceno. Un florecieron en Egipto, Mesopotamia, la Grecia antigua, etc.

período intermedio, denominado «mesolítico», se inicia tras la

finalización del período glacial, cuando las alteraciones climáticas

ocasionan la extinción de los grandes mamíferos y, por ma mimética la prehistoria del Viejo Mundo con la del conti-

Aunque no existe una sincronía que permita equiparar de for-

tanto, se experimenta un cambio en los patrones de alimentación,

la cual pasa a obtenerse principalmente de la recolec-

Cruxent 29 emplearon, por analogía, los términos «paleoindio»,

nente americano, arqueólogos como Irving Rouse y José M.

ción, la caza de especies animales más pequeñas y la pesca. «mesoindio» y «neoindio» en el abordaje de las formas básicas

El término «neolítico» ha sido reservado para la aparición de de subsistencia y la tecnología y tipología de las herramientas

la agricultura, la ganadería y la cerámica. Los cambios que utilizadas para transformar el entorno en el ámbito caribeño.

marcan la aparición del neolítico también se conocen como

«revolución neolítica», término propuesto por el arqueólogo

Vere Gordon Childe 28 para significar las transformaciones que

se produjeron en los modos de subsistencia y la consolidación

de la vida sedentaria.


41

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Diorama que recrea la caza de un mamut en la Cuenca de México durante el período lítico.

©Archivo Digital de las Colecciones del Museo Nacional de Antropología, INAH-CANON


Estos esquemas constituyen solo una muestra de los diversos

sistemas de clasificación implementados desde la arqueología

al estudiar las primeras comunidades humanas que poblaron

las Américas y el Caribe. Otros sistemas de clasificación han

enfatizado aspectos económicos, tecnológicos, ecológicos,

sociales o la combinación de algunos de ellos. Un ejemplo de

esto último podemos encontrarlo en la propuesta de investigadores

como Gordon R. Willey y Philip Phillips, 30 quienes

establecieron una periodización de la prehistoria de América

dividiéndola en las siguientes etapas:

42

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Estela de la civilización maya. Litografía de Frederick Catherwood.

• Lítica: etapa de los cazadores nómadas que vivieron en

la última glaciación, a finales del período pleistoceno, y

se dedicaron fundamentalmente a la captura de grandes

mamíferos terrestres como el mastodonte, el megaterio

o perezoso gigante y el armadillo gigante.

• Arcaica: los cambios climáticos posglaciales ocasionaron

la extinción de la fauna pleistocénica, forzando a los

cazadores superiores a buscar otras fuentes alternativas

de alimentos, como la caza menor, la pesca y la recolección

de plantas silvestres y mariscos.

• Formativa: equivalente al neoindio planteado por Cruxent

y Rouse. En esta etapa hacen su aparición las prácticas

agrícolas, lo que permite el abandono del nomadismo,

el establecimiento de aldeas de carácter permanente

y una organización social más compleja. Además, surgen

la cerámica y otras artesanías, que se realizaban en el

tiempo que no se dedicaba a los cultivos.

• Altas culturas o civilizaciones: con centros ceremoniales

y conjuntos urbanos propios de sociedades teocráticas

jerarquizadas que desarrollaron una economía con excedentes.

Localizadas fundamentalmente en Mesoamérica

y en el altiplano andino, entre ellas se incluye a olmecas,

mayas, aztecas e incas. Esta etapa abarca en ocasiones

otros períodos inherentes al desarrollo de civilizaciones,

como el clásico y el posclásico.


43

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ídolo y altar de Copán, Honduras. De Frederick Catherwood.


44

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El poblamiento de las Antillas

Desde los primeros momentos de la conquista surgió la inquietud

por conocer la antigüedad de los habitantes de las

islas del Caribe. Fray Bartolomé de las Casas fue uno de los

primeros en referirse a este tema –incluso con cierto sentido

de curiosidad arqueológica– cuando en su Historia de las Indias,

al relatar las excavaciones hechas para edificar la fortaleza

de Santo Tomás de Jánico, refiere lo siguiente:

Yo he visto en las mismas minas de Cibao, a estado y dos estados

en hondo de tierra virgen, en llanos, al pie de algunos cerros, haber

carbones y ceniza, como si hobiera pocos días que se hobiera

hecho allí fuego, y por la misma razón hemos de concluir que en

otros tiempos iba por allí cerca el río, y en aquel lugar hicieron

fuego, y después, apartándose más el agua del río, amontonóse

la tierra sobre él que con las lluvias descendía del cerro, y porque

esto no pudo ser sino por gran discurso de años y antiquísimo

tiempo, por eso es grande argumento que las gentes destas islas

y tierra firme son antiquísimas. 31

Las investigaciones arqueológicas han demostrado que el poblamiento

de las Antillas ocurrió hace aproximadamente unos

6000 años y que pudo haber estado vinculado a fenómenos

climáticos acaecidos entre el 8000 y el 4000 antes de Cristo.

Esos cambios generaron transformaciones en los ambientes

de las zonas continentales, incidiendo en la desaparición o

reducción de determinadas especies de animales y plantas

propias del pleistoceno.

Los cambios climáticos pudieron funcionar como un importante

catalizador del desplazamiento de las primeras comunidades

desde el continente hasta las islas del Caribe. 32 En

especial, porque esos grupos debieron enfrentar nuevas condiciones

para desarrollar su actividad alimenticia, basada, fundamentalmente,

en la recolección y la pesca, lo que los obligó

a asentarse en las desembocaduras de los grandes ríos, o en

zonas cercanas al litoral, familiarizándose así con el mar y perfeccionando

la habilidad de navegar. 33

Aunque recientes investigaciones demuestran que, además

de la recolección y la pesca, pudieron aprovechar una gran

variedad de plantas silvestres 34 y elaborar cerámica incipiente

en algunos de sus contextos. 35

Sus modos de vida se distanciaron de los pobladores del

período lítico, más vinculados con la cacería de grandes animales

y la recolección en zonas selváticas interiores. Como

huellas de esa intensa actividad recolectora, dejaron grandes

vertederos o acumulaciones de desperdicios de comida marina

y fluvial. En torno a estos residuarios, que los arqueólogos

denominan «concheros», emplazaron sus viviendas, lo que

constituye el patrón de asentamiento característico de los pobladores

arcaicos. 36

Esas comunidades iniciaron un proceso migratorio hacia las

Antillas para el cual se han establecido dos rutas fundamentales.

La primera, desde Centroamérica –en especial desde

zonas de la costa atlántica aledañas al actual Belice– hasta las

Antillas Mayores, sobre todo Cuba y la Española, e incluyendo

parte de Puerto Rico. 37 La segunda, desde la zona noreste de

Venezuela y la isla de Trinidad, a través de las Antillas Menores,

hasta alcanzar el extremo más occidental del Caribe. 38

No se conoce con exactitud el tipo de embarcación utilizado

por los grupos arcaicos, aunque existe cierto consenso sobre

el posible uso de balsas rústicas formadas por troncos de

árboles amarrados con lianas o cuerdas de fibras vegetales.

Aunque tampoco se descarta el uso de la canoa, embarcación

monóxila confeccionada con un tronco ahuecado e impulsada

por remos, la cual emplearon los posteriores contingentes migratorios

que poblaron el Caribe insular.

45

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


46

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los protoarcaicos

artefactos de pedernal

El uso de la piedra para la fabricación de utensilios es tan remoto

como la misma humanidad; y se desarrollaron a través

de los tiempos múltiples técnicas y habilidades que incluyen la

selección de una materia prima adecuada. A grandes rasgos,

dos técnicas o industrias líticas caracterizan los estadios culturales

más antiguos de la prehistoria universal: la piedra tallada,

obtenida a partir de percusión o golpeo, y la piedra pulida. En

el horizonte cultural arcaico antillano se emplearon ambas técnicas,

y con ellas se elaboró una variada gama de artefactos

que les permitieron a los primeros pobladores aprovechar los

recursos naturales que les ofrecía el medio ambiente.

En arqueología, el término «horizonte cultural» se refiere al

período en el que se desarrolla un estilo o cultura. En ese

sentido, es posible distinguir un horizonte de otro a partir de

rasgos o manifestaciones culturales, entre ellos, los utensilios

utilizados por comunidades que vivieron durante un período

determinado. De modo que el instrumental y las materias

primas empleadas en su confección resultan de gran utilidad

para establecer las características socioeconómicas de estos

grupos humanos.

47

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los primeros grupos en ocupar las Antillas han sido denominados

«paleoarcaicos» por algunos arqueólogos, 39 mientras

otra nomenclatura los califica como «protoarcaicos», 40 haciendo

referencia a su antigüedad, así como a las características

esenciales de su economía y su ajuar. Estos primitivos pobladores

utilizaron roca silícea o pedernal para confeccionar filosas

lascas y láminas que desprendían de un nódulo por medio

de golpes certeros o percusión directa. De hecho, los sitios

relacionados con estos grupos en la Española y Cuba están

ubicados en zonas donde abunda este tipo de materia prima.

Punta de sílex o pedernal localizada en la Cordillera Central de la isla Española.

Confección de instrumentos de sílex por cazadores del paleolítico en Europa. Ilustración de Znedèk Burian.


Igualmente, se han registrado evidencias de las primeras ocupaciones

protoarcaicas en el sitio de Levisa, en Cuba. 43 La

fecha de radiocarbono más antigua para este asentamiento

corresponde al año 3190 a. C., por lo que se considera uno

de los poblamientos más tempranos de las Antillas Mayores.

La reevaluación reciente del contexto de Levisa, así como de

otros sitios protoarcaicos de Cuba, 44 también ha revelado su

posible carácter multicomponente. Es decir, estos espacios no

solo incluyen el componente cultural protoarcaico, sino el de

otros grupos que habitaron allí en momentos posteriores.

48

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Lascas de sílex de la sierra de Barrera, Azua, RD.

Una de las evidencias más tempranas de habitación humana en

la isla Española, relacionada con los protoarcaicos, fue dada a

conocer por los investigadores J. M. Cruxent e Irving Rouse. Se

trata del sitio arqueológico de Mordán, en la sierra de Barrera,

provincia Azua, con fechado de unos 2600 a. C. obtenido por

el método de radiocarbono (C-14). Aunque estos arqueólogos

estimaron que algunos complejos líticos de la zona, como el

sitio de Casimira, pudieran alcanzar mayor antigüedad. 41

La ausencia de datos etnohistóricos sobre estas antiguas comunidades

ha conllevado la necesidad de emplear ciertos términos

para denominar sus expresiones locales o regionales

más sobresalientes. En el caso de la arqueología del Caribe,

ha predominado durante décadas el uso del nombre de los

lugares donde aparecen los vestigios. A la ubicación geográfica

de algunos asentamientos importantes clasificados como

protoarcaicos, se ha agregado el sufijo oide para nombrar las

culturas que identifican. Así, a las manifestaciones presentes

en Mordán se les llama «mordanoides», y a las de Barrera,

«barreroides», al igual que se denomina «casimiroide» al contexto

cultural vinculado con Casimira, por lo que esos lugares

se han convertido en epónimos de los rasgos distintivos de los

primeros habitantes de las Grandes Antillas. 42

El fenómeno presente en Levisa fue reconocido inicialmente

por investigadores como José Manuel Guasch, Januz

Kozlowski y Marcio Veloz Maggiolo; 45 y ha ganado importancia

en la actualidad al evaluarse las posibles interacciones de

los primeros grupos que utilizaron grandes herramientas de

sílex con otras comunidades arcaicas que también habitaron

el archipiélago antillano. Se trata de una cuestión que amerita

investigaciones más profundas, aunque sí parece claro que

algunos de los lugares ocupados inicialmente por los protoarcaicos

fueron de interés para otros grupos que posteriormente

habitaron las Antillas.

En definitiva, el carácter multicomponente que se observa en

algunos de los sitios conocidos como «protoarcaicos» ilustra

coincidencias de naturaleza compleja en cuanto a preferencias

ambientales y espaciales por parte de los diversos grupos

arcaicos, aunque no tuvieran necesariamente existencias paralelas.

En Puerto Rico existen evidencias de estos antiguos complejos

culturales en lugares como Angostura (cercano a Barceloneta),

Maruca (en Ponce) y Cabo Rojo (en el occidente de la

isla), cuya antigüedad alcanza en algunos casos alrededor del

3000 a. C. Esto sugiere que esos primeros pobladores posiblemente

se desplazaron de oeste a este, extendiéndose desde

Cuba a las demás Antillas Mayores.


En el occidente de la isla Española, en la actual República de

Haití, el ajuar de sílex relacionado con los protoarcaicos está

presente en la región de Cabaret en sitios que han sido asociados

con grandes talleres líticos. Según las investigaciones y

descripciones de campo del estudioso de la arqueología haitiana

Clark Moore, 46 se han descubierto en esa región unos

37 sitios líticos. Los más grandes llegan a alcanzar entre 5,000

y 10,000 m 2 y los más pequeños 100 m 2 . Por lo general, se

encuentran a altitudes entre 40 y 120 metros, en pendientes

graduales y no en la cima de las colinas. Todos están asociados

a depósitos de sílex, que constituía la materia prima por

excelencia para la fabricación de sus artefactos.

Los talleres líticos fueron ocupados probablemente de manera

temporal. De ahí, la ausencia de una estratigrafía consistente

que revele la evolución cultural en estos sitios. Sin embargo,

ese no parece ser el caso de los asentamientos de mayores dimensiones.

Las fechas de radiocarbono obtenidas en algunos

yacimientos de Haití señalan su posible contemporaneidad

con el sitio de Levisa, en Cuba, como es el caso de Vignier III,

con datación de 3630 ± 80 años a. C. Por otro lado, la fecha

de 2420 a. C. del sitio de Source Matelas, también en Haití,

lo aproxima cronológicamente a las fechas de 2617 y 2583

a. C. obtenidas, conforme a pruebas de radiocarbono (C-14),

para Mordán en la República Dominicana. 47 De este modo se

ha observado que los instrumentos de sílex recuperados en

la zona haitiana de Cabaret son comparables a los vestigios

líticos de Cuba y la República Dominicana, lo que sugiere que

los pobladores protoarcaicos ocuparon simultáneamente varios

espacios de las Antillas Mayores. 48

En la parte oriental de la Española, hoy República Dominicana,

los protoarcaicos se asentaron preferentemente en el

suroeste, donde abundan las rocas silíceas de color gris claro

o blancuzco, como en la sierra de Barrera (Azua), en Puerto

Alejandro (provincia Barahona) y en la ribera y desembocadura

del río Pedernales. 49 Sus residuarios corresponden a emplazamientos

temporales donde posiblemente se ubicaron

talleres que elaboraban instrumentos cortantes. Con la técnica

del retoque confeccionaron puntas y cuchillos, algunos de

apreciable tamaño, con rebordes laterales dentados que hacían

las veces de sierra. Algunos de estos artefactos punzantes

estaban provistos de un mango o pedúnculo que facilitaba su

manipulación, o bien su inserción en el extremo de una vara

de madera a modo de lanza.

Debido al carácter filoso del sílex o pedernal, muchas de las

herramientas fabricadas con lascas de este material pudieron

utilizarse para despellejar, trozar y descamar las presas obtenidas

de la caza y la pesca. También resultaban apropiadas

para trabajar la madera y las fibras vegetales, que constituían

un componente importante en el menaje de estas comunidades,

como lo evidencian los análisis de herramientas líticas

obtenidas en el área de Barrera y realizados por el investigador

A. Gus Pantel. 50

49

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Puntas de sílex de forma lanceolada con pedúnculos.


En realidad, la fabricación de raspadores y lascas simples de

forma rectangular exigía poca sofisticación, y probablemente

se desechaban al perder filo. Lo importante era obtener la materia

prima requerida, como los núcleos de roca silícea de los

que se desprendían las lascas, los cuales constituían parte de

una dinámica de intercambios constatable en asentamientos

arcaicos de la vecina isla de Puerto Rico, donde con frecuencia

se han localizado lascas de cuarzo procedentes de la Española.

51

De forma dispersa, se han encontrado grandes cuchillos y puntas

de pedernal asociados a estas comunidades protoarcaicas

en las estribaciones de las cordilleras Central y Septentrional

de la Española, lo que ha dado origen al llamado «complejo

lítico de la cordillera» o «cordilleroide». 52

50

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Estos artefactos puntiagudos pudieron emplearse en el descuartizamiento

de las presas, lo que facilitaba su traslado

desde el sitio de captura hasta los campamentos o lugares

de habitación, donde se compartía la comida. Una vez trozadas

las piezas de cacería, podían acarrearse utilizando algún

tipo de cestas tejidas con fibras vegetales, lo que permitiría

su transporte a grandes distancias. En algunas pictografías de

períodos posteriores conservadas en el interior de las cavernas

dominicanas –como son los casos del Hoyo de Sanabe y

la Guácara del Comedero, ambas cercanas a Cotuí y descubiertas

por los investigadores Dato Pagán Perdomo y Manuel

García Arévalo, 53 se aprecia que en ocasiones se requería de

dos individuos para acarrear una presa colgada de una vara.

Además de los instrumentos de pedernal que se asocian al

período temprano del poblamiento antillano, los protoarcaicos

utilizaron cantos rodados o guijarros en su forma natural,

con los que improvisaron rústicos martillos como percutores

para trabajar el sílex.

Núcleo de sílex. Museo de Arqueología de Cataluña, Barcelona, España.


También se utilizaban para romper las conchas de los caracoles

y los caparazones de los crustáceos colectados en los

acantilados rocosos y en el lecho arenoso de playas con fondos

bajos, así como para triturar o moler semillas u otros alimentos

obtenidos de especies botánicas silvestres.

Se han encontrado evidencias de algunas especies animales

de gran tamaño con apariencia de osos o de grandes perezosos,

como el Parocnus serus Miller y el Acratocnus comes

Miller, 54 cuyo tamaño alcanzaba la altura de un ser humano.

Sus restos han sido localizados en algunas cuevas del valle

de Constanza, provincia La Vega, y en la cueva del Pomier,

provincia San Cristóbal, lo que sugiere que habitaban preferentemente

en zonas montañosas, donde el clima era más

templado que en las sabanas y las planicies costeras. Estos

mamíferos edentados de considerable tamaño ya estaban extintos

a la llegada de los conquistadores españoles y al parecer

nunca fueron especies abundantes en la isla. 55 Por esa razón,

los pobladores protoarcaicos complementaban su dieta

con recursos obtenidos de la recolección marina o terrestre y

de la pesca, al igual que de la cacería de animales de menor

talla (como iguanas, jutías y lagartos) y de aves, de las que no

solo debieron aprovechar su carne sino también sus plumas

con fines decorativos.

51

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otras especies de apreciable tamaño también pudieron ser

aprovechadas por estos grupos, sobre todo, la foca tropical

(Manachus tropicalis) y el manatí (Trichechus manatus). 56 Este

último aún incursiona en estuarios y ríos de la Española en busca

de plantas alimenticias. En cuanto a la foca, extinta en la actualidad,

quizás una especie similar existía en tiempos de Cristóbal

Colón, quien afirmó haber visto lobos marinos en la isleta

de Alto Velo, localizada en las inmediaciones de la isla Beata,

durante su segundo viaje de exploración y descubrimiento. 57

Pictografía de dos indígenas acarreando una presa. Guácara del Hoyo de Sanabe, Sánchez Ramírez, RD.

Lasca de sílex raspando un trozo de madera.


52

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los protoarcaicos debieron cazar, además, el cocodrilo (Crocodilus

acutus), hoy casi extinto y relegado a las inmediaciones de los

lagos Enriquillo, provincia Bahoruco, y Saumatre, en Haití. Es probable

que esta especie tuviera una amplia difusión geográfica,

pues incluso en el extremo oriental de la isla se han encontrado

sus osamentas. 58 Igualmente, existió un tipo de mono ardilla autóctono

de la isla (familia Cebidae, género Saimiri, especie bernensis)

cuyos restos fueron descubiertos por Renato Rímoli en la

cueva de Berna, provincia La Altagracia. 59 Este animal tampoco

llegó a ser conocido por los españoles, lo que sugiere que pudo

haber sido objeto de caza durante la época prehistórica o que ya

estaba en proceso de extinción al arribo de los primeros pobladores

indígenas.

Aunque hasta la fecha no existen evidencias arqueológicas sólidas,

es posible que los protoarcaicos emplearan los huesos de

estas especies para la fabricación de utensilios, como puntas de

arpones y anzuelos, e incluso de adornos para realzar su apariencia

personal. Tampoco tenemos suficientes datos acerca de

su ceremonialismo, aunque es factible suponer que tuvieran una

cosmogonía con rituales mágico-religiosos de gran expresividad,

como se puede apreciar en el arte rupestre del período arcaico

en algunas partes de las Antillas. 60

Las actividades de caza debieron ser desempeñadas generalmente

por los hombres, dado el esfuerzo físico que requería rastrear

durante días y enfrentarse a animales de considerable tamaño.

Los restos humanos encontrados por el antropólogo Fernando

Luna Calderón en el sitio de Cueva Roja, provincia Pedernales,

evidencian que en la población adulta existía un alto porcentaje

de fracturas de huesos largos, posiblemente como consecuencia

de accidentes debidos a la gran movilidad vinculada a sus actividades

de subsistencia en zonas inhóspitas. 61

La organización social debió consistir en pequeños grupos que

llevaban una vida trashumante, con campamentos temporales

integrados por pocos individuos o núcleos familiares. Esta baja

densidad poblacional entre las comunidades protoarcaicas quizás

sea una de las razones que explique el escaso número de

yacimientos localizados, que en la mayoría de los casos corresponden

a talleres para trabajar el sílex.

Aunque no existen evidencias sólidas en el contexto antillano sobre

la división del trabajo en estas comunidades, la analogía con

poblaciones de otros lugares sugiere que los hombres cazaban,

desbrozaban el terreno y construían las estructuras necesarias

para los campamentos, mientras que las mujeres desarrollaban

labores de recolección y otras actividades productivas y domésticas.

Esa distribución de roles característica de las sociedades

cazadoras-recolectoras ha hecho pensar a investigadores como

Mircea Eliade que existía una organización de las tareas de acuerdo

al sexo. 62

Finalmente, conviene destacar que, a pesar de su simplicidad,

el uso de artefactos de sílex asociados al horizonte cultural protoarcaico

se mantuvo vigente entre los sucesivos pobladores indígenas

de las Antillas. Prueba de ello son las lascas de pedernal

que aparecen vinculadas a todos los contextos culturales prehispánicos,

incluso entre los grupos agroalfareros. Además de la arqueología,

lo documentan cronistas como fray Bartolomé de las

Casas, que, al resaltar la capacidad artesanal de los taínos, alude

al empleo del pedernal como herramienta para la confección de

los más variados objetos. 63

53

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Manatí en el Caño de Estero Hondo, Puerto Plata, RD. ©José Alejandro Álvarez


Punta de sílex de forma lanceolada con pedúnculo.

54

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


La presencia constante de los instrumentos de pedernal entre

las comunidades indígenas se mantuvo incluso durante la conquista

europea. Esta persistencia es avalada por el historiador

Luis Joseph Peguero, quien en su Historia de la conquista de

la isla Española de Santo Domingo, al escribir sobre la sublevación

del cacique Enriquillo, ofrece la siguiente información:

Y se fue [Enriquillo] por encima de la sierra de los Pedernales: que

se decía así, por los indios de la provincia de Azua que se componía

de 17 pueblos, los más de ellos tenían por granjerías hacer hachas

y otros instrumentos de su huso, para bender a las otras provincias

donde no los habían dichos pedernales, y las venían a buscar. 64

Sierra de Barrera, antigua sierra de los Pedernales, Azua, RD. ©Juan Carlos Vélaz Martín

55

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


56

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los arcaicos

Lítica pulida y artefactos de concha

Un segundo período es el conocido arqueológicamente como

«arcaico», que se inició en la Española hace aproximadamente

4000 años. Alrededor de esta fecha ingresaron al arco antillano,

desde la costa este de Venezuela y la isla de Trinidad, nuevos pobladores

que se movilizaron a través de las pequeñas islas hasta

alcanzar las Grandes Antillas. Su modo de vida estaba basado

esencialmente en la recolección, la pesca y la caza menor, y su

ajuar se caracterizaba por una variedad de instrumentos líticos

pulimentados y otros más sencillos hechos de concha. 65 Al igual

que en el caso de los protoarcaicos, sitios epónimos de la Española

y Cuba han marcado las singularidades que identifican su

contexto cultural.

Esa capacidad de explotación del medio ambiente trajo como

consecuencia un mayor desarrollo de los medios de producción,

lo que conllevó un aumento de la densidad poblacional y una

estructura económica y social más compleja. Esta última, en ocasiones,

pudo ir más allá de la unidad familiar y estar conformada

por grupos de individuos (quizás de unos 25 a 30) denominados

en el argot antropológico «bandas», unidades económicas y sociales

primarias que, además de participar en las actividades de

subsistencia, debieron agruparse para crear ciertos mecanismos

de defensa o preservación del territorio.

A estos grupos, al igual que a sus antecesores, la arqueología

del Caribe los ha considerado «primitivos», en tanto que desconocedores

de la agricultura y la cerámica, por lo que también se

les ha denominado «preceramistas». Sin embargo, las técnicas

para trabajar la piedra, la variedad de herramientas de su ajuar y

un uso intenso de especies botánicas –que, tal como revelan los

análisis arqueométricos recientes, 66 en algunos casos desembocó

en procesos de domesticación, cuidado y amplio consumo de

plantas comestibles– le han conferido una nueva dimensión al

horizonte cultural arcaico, revaluando el alcance de su desarrollo

económico, social y cultural.

57

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En cuanto a la tradición instrumental, consiste en un rico ajuar de

majadores, morteros, manos de moler, percutores y hachas de

cuello y doble lóbulo fabricados a partir de rocas ígneas trabajadas

por medio de picoteo, abrasión y pulimento. Estos instrumentos

permitieron perfeccionar las prácticas de aprovechamiento de

la naturaleza y pusieron al alcance de esos grupos alimentos y

recursos obtenidos por la explotación intensiva de diferentes

entornos, en la que los manglares parecen haber desempeñado

un rol importante.

Mortero de piedra con decoración en bajorrelieve atribuido a los grupos arcaicos. ©The Trustees of the British Museum, BM, Am, S.177


Estos grupos debieron construir chozas o enramadas para protegerse

de la intemperie, aunque también usaron cavernas y abrigos

rocosos como albergues, refugios o espacios funerarios. Se

establecieron principalmente en la desembocadura de ríos, en

áreas de lagunas y en marismas donde abundaban los manglares.

Por espacio de siglos los arcaicos se expandieron por toda la

Española, aunque es en el extremo oriental y suroriental de la isla

donde se ha localizado la mayor concentración de asentamientos,

lo que se justifica por la abundancia de manglares en estas

zonas, que constituían la fuente básica de subsistencia en este

contexto cultural.

58

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Se observa una tendencia al sedentarismo, producto de la intensiva

explotación de los manglares y de especies botánicas como

la guáyiga (Zamia debilis L. y Zamia pumila), abundante en el

sureste de la isla, 67 lo que posibilitó que se establecieran asentamientos

de permanencia prolongada, de acuerdo a la disponibilidad

de recursos naturales. Sin embargo, en ocasiones, debieron

producirse movimientos cíclicos o estacionales, utilizándose incluso

estrategias de regeneración de los nichos ecológicos y de

mitigación de los efectos que sus prácticas depredatorias tenían

sobre la naturaleza. 68 Aunque, como afirman los antropólogos

Allen W. Johnson y Timothy Earle al abordar la obtención de alimentos

por parte de los cazadores recolectores, «el poder de la

tecnología para transformar el ecosistema es limitado y la disponibilidad

de recursos no suele verse demasiado alterada por la

explotación humana». 69


En el aspecto instrumental, los arcaicos utilizaron, además de lascas

de sílex, numerosos artefactos líticos con variedad de formas,

lo que revela una tecnología compleja y cierto grado de especialización.

Entre los utensilios más comunes se encuentran morteros

de diversos tamaños en los que generalmente se aprecian

acentuados signos de desgaste por efecto de la fricción de las

manos de mortero o majadores. Estos últimos presentan formas

cónicas, cuadradas, trapezoidales o circulares, y pudieron tener

variedad de usos, entre ellos, la trituración de conchas de moluscos

y caparazones de crustáceos y equinodermos, al igual que de

las bayas, semillas y raíces que obtenían silvestres en los montes.

59

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Diversos tipos de majadores líticos del período arcaico.


Pilones de madera usados por los campesinos dominicanos en la zona del Cibao.

60

En el caso de los majadores cónicos, no se ha definido una función

específica para el extremo puntiagudo. En nuestra opinión,

resulta extraño que estos pobladores emplearan energía y tiempo

en hacer agudo el extremo superior sin que tuvieran un propósito

específico. Sobre todo, porque el área de agarre de estos

majadores era su parte media, y en algunos ejemplares se aprecia

un adelgazamiento que funciona a manera de empuñadura.

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Por tanto, no se descarta que los majadores cónicos, principalmente

los de mayor longitud, tuvieran una función dual. Es decir, la

base se usaba para majar o pulverizar en los morteros líticos, mientras

que el extremo más afinado o puntiagudo podía servir para

machacar o percutir sobre un pilón de madera, que se ahuecaría

continuamente por efecto del golpeo. 70 Esto explicaría la longitud

de muchos de los majadores con terminación puntiaguda, muy

superior a la de los rectangulares o cilíndricos, debido a que por su

forma alargada y cónica podían penetrar más profundamente en

la cavidad o hendidura de los pilones de madera, mientras que los

demás majadores solo se usaban en morteros líticos.

La hipótesis del uso dual de estos majadores cónicos cobra mayor

solidez si tenemos en cuenta que, en la actualidad, en las cocinas

rurales dominicanas se utilizan como manos de majar simples cantos

rodados de extremos muy puntiagudos que permiten penetrar

mejor en los pilones de madera. Las formas naturales de estos rústicos

percutores líticos son similares a las de los majadores cónicos

localizados en los yacimientos arqueológicos del período arcaico.

Modos de usar los majadores cónicos:

friccionando su base sobre un mortero,

machacando con el extremo puntiagudo en un tronco ahuecado.

Majadores cónicos procedentes del asentamiento El Porvenir, San Pedro de Macorís, RD.


61

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Otros instrumentos elaborados por los grupos arcaicos fueron las

hachas de cuello y las de doble lóbulo o mariposoides, que se

insertaban en mangos de madera atadas con cuerdas o fibras naturales

para formar mazos o hachuelas. Se empleaban en la tala de

árboles con diferentes fines, entre ellos la fabricación de los postes

u horcones de las chozas, la elaboración de objetos utilitarios, así

como la obtención de madera para los fogones donde se cocinaban

los alimentos. Estos instrumentos enmangados pudieron utilizarse

por igual como armas ofensivas entre bandas rivales.

62

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Hacha de cuello, localizada en El Porvenir, RD.

Hacha del tipo mariposoide decorada en bajorrelieve.


Las bolas líticas, conocidas como «esferolitos», al parecer fueron

utilizadas a modo de ofrendas funerarias, como se ha detectado

en entierros secundarios (así se llama en arqueología a la exhumación

de restos corporales con fines rituales), donde han aparecido

huesos coloreados con pintura rojiza. Esto revela que estas comunidades

primitivas emplearon diferentes ofrendas y rituales funerarios,

lo que denota creencias en el mundo de los muertos, en el

contexto de lo místico y lo mágico.

Además, los grupos arcaicos fabricaron instrumentos de trabajo de

concha, entre ellos picos, raspadores y gubias con bordes biselados;

estas últimas son muy frecuentes entre los pobladores de Cuba.

63

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Bolas líticas o esferolitos del período arcaico.

Gubia de concha biselada, Cuba.


Los asentamientos relacionados con los arcaicos reciben,

como ya se ha dicho, el nombre de «concheros» debido a la

gran acumulación de este tipo de residuos de origen marino o

fluvial, unidos a capas de ceniza compactada. Uno de los más

representativos en la Española es El Porvenir, localizado por

Fernando Morbán Laucer y Manuel García Arévalo en la ribera

oeste del río Higuamo (provincia San Pedro de Macorís). 71 Se

trata de un conchero de forma ovalada de aproximadamente

40 metros de ancho y 120 de largo con un ligero estrechamiento

en su área central, y está ubicado estratégicamente

cerca de una laguna. Su altura es de 2 metros en el lado norte

y de aproximadamente 1 metro en el lado sur, lo cual sugiere

que allí hubo al menos dos grandes viviendas, aunque el número

pudo variar a lo largo del tiempo debido a las sucesivas

ocupaciones del lugar durante un período prolongado, producto

de la continua explotación de los manglares que abundan

en los alrededores.

64

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Algo similar sucede en el yacimiento arcaico conocido como

Maruca, en Ponce (Puerto Rico), descubierto por Jesús Figueroa

Lugo y excavado por Miguel Rodríguez, donde los fechados

de radiocarbono, con un rango estimado de antigüedad

entre el 2890 y el 395 a. C., evidencian que el sitio fue ocupado

durante cientos de años. 72

En El Porvenir se encontró una amplia gama de artefactos de

rocas ígneas, entre ellos, morteros de diversos tamaños, majadores

cilíndricos, cuadrados y cónicos, hachas de cuello y de

doble lóbulo, tipo «mariposoide», además de otros artefactos

líticos de uso indeterminado. También se recuperó un mortero

de roca coralina con decoración en relieve y un diseño que recuerda

un tejido de fibras naturales, así como una abundante

cantidad de instrumentos de concha entre los que sobresalen

los elaborados con la concha del molusco marino Strombus

gigas. La presencia de rústicos ralladores de coral denota el

aprovechamiento de tubérculos alimenticios como la guáyiga,

que crece silvestre en la región.

Ilustración de una planta de guáyiga.

Mortero de roca coralina con decoración en relieve, localizado en El Porvenir, RD.


Se hallaron también dos entierros secundarios, práctica mortuoria

que, al igual que las bolas líticas y de coral que presumiblemente

se emplearon como ofrendas funerarias, insinúa que

existió entre los arcaicos un culto a los antepasados asociado

a prácticas animistas. Este aspecto confiere un valor simbólico

a sus lugares de habitación e inhumación y evidencia una sensibilidad

en sus manifestaciones rituales asociada a creencias

en la vida de ultratumba.

El hecho de que la mayoría del menaje localizado en El Porvenir

estuviera elaborado con roca arenisca (común en la formación

perteneciente al mioceno medio conocida como Arroyo

Blanco, en el sur del país) hace suponer que esa materia prima

fue transportada desde otros espacios, en especial si tomamos

en consideración que el asentamiento está localizado en

una zona geológica formada por caliza arrecifal costera, donde

no suelen aparecer rocas ígneas.

Los restos alimenticios extraídos en El Porvenir se relacionan

con una dieta centrada en la explotación de recursos marinos

y del manglar. Abundan las conchas de ostiones y almejas, así

como caracoles de lambí (Strombus gigas) y bulgao (Cittarium

pica), entre otros. Los recursos terrestres están representados

por babosas y restos de crustáceos, mayormente cangrejos

(Gecarcinus quadratus). También se localizaron espinas de

pez loro (Scaridae), que abunda en los arrecifes del área, y de

otras especies acuáticas propias de los manglares, como el

jurel (Trachuru trachurus), la lisa (Chelon labrosus) y el sábalo

(Megalops atlanticus), que se pescaban frecuentemente en la

desembocadura del río Higuamo. Otras especies aprovechadas

por los habitantes de El Porvenir y cuyos restos aparecen

en el sitio fueron las aves, el manatí (Trichechus manatus) y la

tortuga marina (Eretmochelys imbricata). Además, se desenterraron

vértebras de un cachalote (Physeter macrocephalus)

que pudo haber llegado a alguna playa cercana.

65

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ilustraciones de lambí y bulgao, cuyos restos abundan en los concheros arcaicos.


66

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


En el contexto de El Porvenir se evidencia el manejo de especies

botánicas por parte de los grupos arcaicos, lo que ha sido

confirmado por el análisis de almidones fósiles y otros métodos

arqueométricos modernos. A través de la palinología se

ha determinado que era común el consumo de la guáyiga,

de cuyas raíces se podían obtener abundantes carbohidratos.

Además, se aprovechaban frutos como el jobo (Spondias

mombin) y la palma llamada corozo (Acrocomia, sp.). 73

El tipo de poblador arcaico presente en el lugar parece estar

relacionado con otros asentamientos del ámbito del Caribe,

entre los que destaca el sitio llamado Banwari Trace, en la isla

de Trinidad, estudiado por Peter Harris y posteriormente por

Marcio Veloz Maggiolo junto con otros investigadores del Museo

del Hombre Dominicano. Las investigaciones en Banwari

Trace revelaron la presencia de grupos arcaicos desde aproximadamente

5000 a.C. Los llamados «banwaroides» comenzaron

a moverse hacia el oeste, dejando rastros de sus residuarios

o concheros en buena parte del arco antillano, hasta

penetrar en las Antillas Mayores en fechas tan tempranas

como el 2000 o tal vez el 2500 a. C. Además de El Porvenir,

se han localizado en el territorio dominicano otros sitios relacionados

con el complejo o tradición banwaroide. Entre ellos

se cuentan los yacimientos de Hoyo del Toro, Batey Negro, El

Caimito y Cumayasa, ubicados en la provincia San Pedro de

Macorís, y Honduras del Oeste, en el Distrito Nacional. 74 Además,

está el importante sitio de Courí, cercano a Fort Liberté,

en la costa norte de Haití. 75

67

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Como ya se ha señalado, los arqueólogos Irving Rouse y José

M. Cruxent propusieron el término «mesoindio» para denominar

la época arcaica en el área circuncaribe. Estos investigadores

también localizaron en Venezuela los complejos arcaicos

de Cubagua, Punta Gorda, Carúpano y Manicuare; de este último

sitio derivó el nombre de otra de las tradiciones arcaicas

antillanas conocida como «manicuaroide», vinculada fundamentalmente

a la pesca y la recolección en espacios costeros,

y con predominio de utensilios de concha.

Grabados de sábalo y jurel, peces que frecuentan el ecosistema del manglar.

Ilustración antigua de los frutos del jobo.


Estas muestras culturales permiten suponer que los primeros antillanos

se desarrollan frente a ecologías costeras, y que modifican

su conducta y sus modos de actuar en función de las necesidades

del medio. No es cierto que una cultura depredadora, como es la

que Rouse llama mesoindia, se mantenga con el mismo tipo de

artefacto, cuando el medioambiente que acostumbra a explotar

pierde el incentivo y tiene que cambiar de lugar. En el proceso de

movilidad de estos grupos recolectores, hay que tener en cuenta

el cambio de instrumental por factores ecológicos. Los elementos

iniciales de una tradición traen el instrumental de origen, pero habrán

de variarlo, cambiarlo o reformarlo, para su aplicación a una

ecología que no presenta la misma alternativa en cada lugar. 79

Por las referencias aportadas por algunos cronistas de Indias,

se conoce la existencia de remanentes arcaicos que vivían en

los extremos occidentales de Cuba y la Española cuando llegaron

los conquistadores españoles a finales del siglo XV. 80

68

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En consecuencia, los manicuaroides dejaron grandes concheros,

formados por restos alimenticios de origen marino. 76 En

la Española, su presencia se ha asociado con el asentamiento

conocido como La Isleta, ubicado en la desembocadura del río

Higuamo y datado hacia el 1200 a. C. Los yacimientos relacionados

en Puerto Rico con la tradición manicuaroide son la

cueva María de la Cruz, cercana al río Grande de Loíza, y Cayo

Cofresí, en el sur de la isla. 77 En Cuba su presencia se ha identificado

a través de las fases Guayabo Blanco y Cayo Redondo.

Sin embargo, en muchos asentamientos arcaicos la presencia

de herramientas de concha también aparece vinculada a las

piedras pulimentadas de factura banwaroide, lo que ha llevado

a algunos investigadores 78 a asumir estas mezclas o hibridaciones

como una expresión de la diversidad y complejidad

que hubo en las islas del Caribe desde los momentos iniciales

de su poblamiento. A este respecto, al destacar las hibridaciones

acaecidas entre los grupos arcaicos, Veloz Maggiolo hace

la siguiente reflexión:

Tal es el caso del testimonio de fray Bartolomé de las Casas,

quien, al hablar de los indígenas que habitaban el extremo

oeste de Cuba, dice:

[…] unos indios que están dentro en Cuba, en una provincia al

cabo della, los cuales son como salvages, que en ninguna cosa

tratan con los de la isla, ni tienen casas, sino están en cuevas contino,

sino es cuando salen á pescar; llámanse Guanahatabeyes. 81

A su vez, Pedro Mártir de Anglería, que, a pesar de no haber

viajado nunca a América, estaba bien informado en lo referente

a las costumbres indígenas de la Española, señala:

En la región de Guaccaiarima, que es la última hacia occidente

y dentro del pequeño territorio de Zauana, se dice que habitan

unos hombres que, contentándose con cavernas y frutas silvestres,

nunca se han amansado ni venido al trato con ningún mortal,

sino que viven vagabundos, sin sembrados ni agricultura, según

se lee de la edad de oro. 82

Instrumentos de concha del caracol Strombus gigas.


A estos se suma Gonzalo Fernández de Oviedo cuando, al

referirse a los primitivos aborígenes que habían sobrevivido

en zonas apartadas de la isla, dice:

[…] e de la provincia Guacayarima, la cual era de gente muy

salvaje. Estos vivían en cavernas o espeluncas soterrañas e

fechas en las peñas e montes. No sembraban ni labraban la

tierra para cosa alguna, e con solamente las fructas e hierbas

e raíces que la Natura, de su proprio e natural oficio producía,

se mantenían y eran contentos, sin sentir necesidad por otros

manjares; ni pensaban en edificar otras casas, ni haber otras

habitaciones más de aquellas cuevas donde se acogían. 83

Además del término «guanahatabey», en la nomenclatura

arqueológica se ha utilizado para denominar a los pobladores

arcaicos el de «ciboney», que, según el lingüista Daniel

Brington, significa en el lenguaje arahuaco «gente de piedras».

84 Esto es corroborado por investigadores como José

Juan Arrom, para quien este último término equivale a ciba

(piedra) e igney (hombre), lo que significa «hombre de piedra»

o «cavernícola». 85

Las descripciones de los cronistas han sido consideradas, en

principio, como la base para defender la existencia de complejos

arcaicos en Cuba y la Española al producirse la conquista

europea. De todas maneras, es dificil establecer una vinculación

directa entre los datos etnohistóricos y las evidencias arqueológicas.

La mayor dificultad consiste en establecer las cronologías

que permitan identificar a estas culturas en los momentos

y áreas descritos en las fuentes históricas. 86 No obstante, los

modos de vida observados por los cronistas se corresponden

con los rasgos culturales propios de las bandas arcaicas, y esas

fuentes históricas nos revelan su presencia y los nombres por

cuales eran conocidos estos primigenios antillanos.

la localización esporádica de evidencias de alfarería en contextos

arcaicos, contempla el conocimiento y uso de la misma

por algunos grupos arcaicos antes de la irrupción de los

arahuacos a las islas del Caribe, lo que hace posible suponer

la existencia de un horizonte ceramista temprano. Uno de los

sitios más representativos en la Española es El Caimito, con

una antigüedad que oscila entre el 180 a. C. y el 125 d. C. 87

Este descubrimiento y el de otros asentamientos, como Musiépedro

en la provincia La Altagracia y Honduras del Oeste

en el Distrito Nacional, 88 refuerzan la posibilidad de que los

arcaicos obtuvieran y utilizaran alfarería a partir de sus interacciones

con otros grupos cuyas procedencias aún no han sido

establecidas. 89

Por otro lado, han aparecido evidencias sobre el amplio manejo

y explotación por parte de los arcaicos de especies vegetales

que hasta el momento se consideraban introducidas por

los arahuacos, lo que apuntala la complejidad del horizonte

arcaico al tiempo que cuestiona los esquemas tradicionales

sobre los inicios de la agricultura y la cerámica en el Caribe.

La presencia de cerámica incipiente y el manejo de recursos

vegetales en distintos contextos y momentos cronológicos indican

que no es posible explicar completamente esos grupos

desde enfoques preestablecidos. 90 Las nuevas investigaciones

revelan, pues, una dinámica más compleja y relacionada con

procesos culturales que aún precisan mayores evidencias para

comprender a fondo la manera en que se desarrollaron las

sociedades arcaicas de las Antillas.

69

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Nuevas hipótesis han ampliado la información sobre el desarrollo

cultural de los arcaicos. Una de ellas, que se vincula a

Hacha lítica con un diseño concéntrico en relieve en forma de espiral.


70

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El manglar como medio

de subsistencia

Los manglares son propios de las zonas tropicales y subtropicales.

Están formados por plantas de raíces emergentes (Rhizophoraceae,

Avicenniaceae, etc.) que toleran la salubridad

de las aguas. Abundan en los deltas o estuarios de los ríos, así

como en las ciénagas y lagunas costeras, donde el agua dulce

se mezcla con la salina del mar, y en las costas cenagosas de

poca profundidad cuyo fondo limoso les permite hundir sus

raíces zancudas, que se entrecruzan constituyendo un hábitat

prodigioso donde habitan y se reproducen numerosas especies

de animales.

Los detritus alimenticios que se forman a partir de la descomposición

de las hojas del mangle, que al caer en el agua

quedan atrapadas entre las raíces, componen una cadena

alimenticia rica en nutrientes y proteínas que favorece una

gran diversidad biológica. Numerosas especies de animales

dependientes entre sí forman una compleja cadena trófica

que incluye larvas, bivalvos, moluscos y crustáceos, así como

peces pequeños o medianos que buscan refugio y alimento

entre las raíces del manglar, a los que se suma una diversidad

de aves que se posan y anidan en su follaje. De modo que los

manglares, al igual que los arrecifes coralinos, constituyen importantes

ecosistemas cuyos abundantes recursos alimenticios

fueron intensamente aprovechados por los integrantes de las

bandas arcaicas y otros pobladores prehistóricos, sin que el impacto

que pudiera causar la explotación llegara al extremo de

destruir el hábitat y amenazar la diversidad biológica.

71

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los manglares sirven de barrera protectora que amortigua

la erosión del litoral costero ocasionada por el embate de la

marea y los fuertes vientos. Por eso se los denomina de forma

épica como los centinelas de la costa. En la actualidad se ven

amenazados por los desmontes indiscriminados para producir

carbón y por las actividades agrícolas y ganaderas, al igual que

por la expansión de proyectos turísticos poco sustentables, todo

lo cual ocasiona un grave e irreparable deterioro ecológico.

Vista de un manglar en el Parque Nacional Los Haitises, RD. ©Ricardo Briones


72

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El período agroalfarero

Los igneris o saladoides

Las culturas agrícolas de las Antillas se iniciaron con el desplazamiento

de grupos arahuacos provenientes de las selvas

orinoco-amazónicas de Sudamérica que ingresaron a las

Grandes Antillas desde la costa noreste de Venezuela y zonas

aledañas a Guayana. Además de sus prácticas agrícolas, estas

culturas desarrollaron una importante producción alfarera, por

lo que en algunas de las clasificaciones de la arqueología caribeña

han sido denominadas «agroalfareras». 91 De ahí también

se desprende que sus estilos o modos de fabricar cerámica

se hayan convertido en el medio más generalizado para su

identificación, a pesar de las marcadas diferencias en cuanto a

patrones de asentamiento, hábitos alimenticios y otros aspectos

culturales y sociopolíticos.

Las prácticas agrícolas les permitieron establecer poblados

permanentes con una mayor densidad poblacional; en ocasiones

llegaban a albergar a más de un centenar de individuos,

conformando sociedades multicomunales: las tribus. Su concepto

de parentesco era amplio y alcanzaron una organización

económica, política y religiosa más compleja que la desarrollada

por las bandas de recolectores y cazadores arcaicos que

les precedieron. 92

A la primera oleada migratoria de pobladores agroalfareros se

le denomina en el ámbito insular con el nombre de «igneris». 93

Su estilo cerámico entronca con la llamada «serie saladoide»,

que tiene como yacimiento cabecero a Saladero, en la región

del bajo Orinoco de la actual Venezuela, con fechas que van

de 1050 a. C. a 350 d. C. 94 La llegada de los saladoides a las

islas del Caribe se inicia alrededor del 500 a. C. y se encuentra

asociada a la dispersión de los hablantes de lenguas de la

familia arahuaca, los cuales constituyeron la base fundamental

para el posterior desarrollo de lo que se ha considerado como

cultura taína. 95 Los igneris o saladoides arribaron a las Antillas

Menores, y se establecieron luego en las islas de Vieques y

Puerto Rico, donde permanecieron por más de 500 años entre

los siglos I y VI d. C. 96

La entrada saladoide (arahuaca) al Caribe ha sido catalogada

como un movimiento de «salto de rana», 97 en alusión al desplazamiento

de grupos humanos a considerable distancia de

su comunidad de origen. Estos grupos, que a menudo están

ligados por parentesco, siguen rutas muy bien definidas, con

tráficos de ida y vuelta. Se trata de un proceso desarrollado a

partir de exploraciones que inicialmente reconocen los lugares

más favorables, recogen información y la transmiten a los

potenciales emigrantes. 98

73

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasija de estilo saladoide, Puerto Rico. (CIA, UPRRP)

Los saladoides elaboraron una excelente cerámica de buena

cochura y superficie bruñida, decorada con diseños geométricos

y figurativos pintados en blanco sobre rojo; en algunos

casos presentan, además, tonos anaranjados en una armoniosa

combinación de colores. Sus vasijas tienen forma campaniforme

con bordes biselados y asas acintadas en forma de

letra «D», con sencillos modelados y botones decorativos en

la parte superior. Estas vasijas campaniformes, por su calidad

y refinada decoración, deben haber tenido un uso ritual o estaban

destinadas a los personajes de mayor rango social.


Lo mismo sucede con otros ejemplares cerámicos de formas

naviculares y diseños incisos, que no se apartan del intenso

color rojizo que caracteriza al estilo saladoide. Además, elaboraron

esbeltas garrafas para líquidos, así como platos y vasos

efigies decorados con gran esmero. Otros tipos de recipientes

más simples y de pobre factura estaban destinados a fines

culinarios, y en ellos se observan residuos de hollín que evidencian

su uso en fogones de leña.

74

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La presencia de burenes (ausentes en los complejos culturales

arcaicos) indica que los saladoides cultivaban la yuca brava o

amarga (Manihot esculenta Crantz). La técnica agrícola empleada

fue la roza, que consistía en la tala y quema del terreno

para luego plantar los tallos o esquejes de yuca entre las cenizas

de los árboles caídos. De hecho, la ceniza servía como

abono o nutriente para las plantas cultivables. Esta técnica,

catalogada por algunos estudiosos de la arqueología como

característica de un «modo de producción tropical», 99 ya era

practicada por los horticultores en la foresta tropical sudamericana

dos mil años antes de su desplazamiento a las islas del

Caribe. 100

Plato efigie monocromado, estilo saladoide, Puerto Rico. (CIA, UPRRP)

Recipientes policromados, estilo saladoide, Puerto Rico. (CIA, UPRRP)


Sin embargo, este modelo agrícola poco intensivo o de pequeña

escala tuvo que reajustarse en las pequeñas islas caribeñas,

dado que el cultivo de roza requería de grandes extensiones

de terreno, porque al ir mermando la productividad

por el uso prolongado del suelo, era preciso recurrir al barbecho,

lo que suponía trasladarse de lugar cada cierto tiempo

–de cuatro a cinco años– para recuperar la fertilidad del terreno.

101 Por eso la roza fue sustituida en algunas áreas antillanas

por una intensiva explotación de recursos marinos y fluviales,

que desempeñaron una función importante en la dieta de los

grupos saladoides. 102 De ahí que el investigador Marcio Veloz

Maggiolo al referirse a esta adaptación insular la denomine

«cultivo de roza atenuado». 103

Lo anterior indica que la migración de los arahuacos a las islas

también trajo como consecuencia algunos ajustes en sus

patrones culturales. La arqueología de las Antillas Menores,

donde se establecieron los saladoides, revela patrones iniciales

de habitación con preferencia por lugares no vinculados

a la costa, lo que ha sido atribuido a cierto conservadurismo

que rememoraba sus hábitos continentales. 104 En cambio, en

un período posterior, la distribución de sus asentamientos no

discrimina entre zonas costeras e interiores.

Estos cambios han sido considerados una expresión de adaptación

al ambiente isleño y una respuesta a otros factores, entre

ellos, las presiones demográficas, los sistemas de cultivo

y la escasa disponibilidad de tierras en las pequeñas islas del

Caribe oriental. En otras palabras, los arahuacos saladoides

desarrollaron una estrategia de adaptación flexible en los diferentes

ambientes insulares, lo que sugiere que pudieron ser

tanto oportunistas como conservadores al establecer sus emplazamientos.

105

Los saladoides eran portadores de un instrumental lítico que

difiere tipológicamente de las formas típicas de los artefactos

arcaicos, como son las hachas rectangulares plano-convexas

con excelente pulimento que aparecen en sus contextos culturales.

Además, introducen hachas de forma petaloide de

factura simple, que alcanzaron mayor perfección y variedad

en el posterior desarrollo de la cultura taína. También mostraron

predilección por los adornos corporales de concha y

madreperla, al igual que por las cuentas de collar de piedras

semipreciosas como ágata, amatista, jadeíta, nefrita y cuarzo

transparente. 106 Muchos de estos objetos tienen una procedencia

sudamericana, ya que algunas de estas materias primas

no están presentes en el ambiente insular, aspecto que

también revela que, después de su establecimiento en las islas,

estas comunidades mantuvieron un estrecho intercambio

e interacción con el continente. 107

75

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Collar formado por cuentas de cristal de roca, Vieques, Puerto Rico. (CIA, UPRRP)


76

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En los contextos saladoides se encuentran, en su expresión

más simple, las primeras muestras de los cemíes de tres puntas

o trigonolitos, fabricadas en concha o coral, trazando el canon

estilístico que más tarde se seguirá reproduciendo en los

elaborados íconos tricúspides tallados en piedra por los taínos.

108 Con las conchas de grandes caracoles también confeccionaron

hachas, raspadores y otros artefactos rudimentarios.

Según el modelo cronológico propuesto por el arqueólogo

Irving Rouse 109 para el poblamiento prehistórico del Caribe,

la migración agroalfarera desde la costa de Sudamérica se

inició con la serie saladoide. En Puerto Rico, esta abarcó dos

fases estilísticas. La primera tiene su yacimiento cabecero

en Hacienda Grande y data del 120 d. C. Mientras que la

segunda, que se conoce como estilo Cuevas, tiene una datación

aproximada del 550 d. C. y constituye la última fase

de la serie saladoide en las Antillas Mayores. 110 En realidad,

se trata de una decadencia estilística donde las formas y la

calidad cerámica se tornan menos acabadas, sustituyéndose

los atractivos diseños curvilíneos pintados en blanco sobre

rojo de la primera fase por los diseños más simples del estilo

Cuevas. 111

La manifestación más temprana de los pobladores igneris en

la República Dominicana se registra en la playa de La Caleta,

provincia La Romana, en la costa sureste. En este contexto se

han encontrado numerosos fragmentos de vasijas con formas

y diseños propios de la serie saladoide junto a hachas líticas

de forma plano-convexa y otros instrumentos de concha. Este

residuario data del 240 d. C., fecha que marca el arribo de los

grupos agroalfareros a la Española. Un muestrario representativo

de este material arqueológico colectado en el yacimiento

saladoide de La Caleta se exhibe en el Museo Arqueológico

Regional Altos de Chavón, en La Romana.

Hasta donde se tiene conocimiento, los saladoides apenas

llegaron a establecer en la Española enclaves costeros,

a modo de «cabeza de playa». Además, es posible que se

verificara una interacción con los grupos arcaicos que los

precedieron, los cuales actuaron como un factor que pudo

amortiguar el avance de la penetración saladoide hacia el

interior de la isla. De este modo, como apunta Marcio Veloz

Maggiolo, «la ocupación saladoide fue casi imperceptible en

la isla de Santo Domingo». 112 Su presencia tampoco se registra

en Cuba y Jamaica.


La cultura huecoide

Las investigaciones recientes sobre el movimiento migratorio

agroalfarero hacia las Antillas han demostrado que se trató de

un proceso más diverso y complejo de lo que tradicionalmente

se concebía. No fue un único acontecimiento, y tampoco

se desarrolló a través de un paso gradual de isla en isla hasta

alcanzar las Antillas Mayores, ya que se han localizado expresiones

culturales distintas y contemporáneas a las saladoides

que también fueron originarias del continente sudamericano

y no están totalmente desligadas de la tradición arahuaca. Estas

expresiones fueron descubiertas a finales de la década de

los setenta del siglo XX en el norte de las Pequeñas Antillas y

Puerto Rico, y han sido denominadas «huecoides» debido a sus

primeros hallazgos, realizados por Luis Chanlatte Baik e Yvonne

Narganes Storde en el yacimiento arqueológico conocido

como La Hueca, en la isla de Vieques, aledaña a Puerto Rico. 113

El hallazgo de la cultura huecoide ha generado nuevas hipótesis

explicativas de la diversidad cultural del período formativo

o agroalfarero de las Antillas Mayores. Sus diferencias con

los estilos saladoides evidencian un origen distinto al de esta

tradición cultural, 114 lo que ha creado un conjunto de interrogantes

en la arqueología del Caribe respecto a si el complejo

La Hueca derivó de la llamada «serie saladoide», o si, por el

contrario, coexistieron ambos en diferentes espacios de las

Antillas Menores. Otras líneas investigativas contemplan los

posibles efectos de la interacción de los huecoides con complejos

arcaicos precedentes, y su posible incidencia en el origen

y desarrollo de otras culturas agroalfareras en diferentes

zonas de las Antillas. 115

Además de dar un vuelco al esquema tradicional sobre el poblamiento

agroalfarero antillano, estas nuevas aproximaciones

también han influido en las concepciones sobre las dinámicas

que provocaron la formación de los diferentes horizontes cerámicos

antillanos. El hallazgo del sitio de La Hueca alumbró

la hipótesis de una emigración simultánea, o tal vez anterior,

a los igneris o saladoides, descartando la tesis de una sola

inmigración agroalfarera procedente de la costa noroeste de

Sudamérica.

La cerámica vinculada con la cultura huecoide se caracteriza

por estar decorada con incisiones finas donde predominan

los motivos en espiral, los arcos y las líneas entrecruzadas o

rejillas. En estos trazos incisos se aplicaba un relleno de pasta

blanca, y ocasionalmente roja, para resaltarlos. El resto del

recipiente se encuentra desprovisto de pintura, aspecto que

diferencia a la alfarería huecoide de la saladoide, en la que

predomina el color blanco sobre un fondo rojo.

77

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasija bicromada en blanco sobre rojo con asa acintada y modelado figurativo, estilo Hacienda Grande. (CIA, UPRRP)

Vasija de la cultura La Hueca, Vieques, Puerto Rico. (CIA, UPRRP)


78

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Es notable la cantidad de recipientes de barro con formas cilíndricas

y ahuecados en su parte superior, que han sido considerados

incensarios. Por otro lado, aparecen fragmentos de

vasijas inhalatorias, que sugieren el empleo de sustancias alucinógenas

con fines rituales. También abundan los fragmentos

de burenes de barro, lo cual es demostrativo de la actividad

agrícola practicada por estos grupos. 116

La cultura huecoide registra una importante industria lapidaria

con cuentas de collar de piedras semipreciosas, algunas procedentes

de Sudamérica. Son frecuentes los adornos batraciformes

confeccionados con jadeíta y serpentina. Cabe destacar el

hallazgo de amuletos ornitomorfos cuya cabeza tiene un pico

curvo y agudo que muestra similitud con el cóndor de los Andes;

en el extremo inferior, donde se ubicarían las garras, estas

representaciones exhiben una cabeza humana bien definida

que ha sido atrapada o es sujetada por el ave. La vinculación

del cóndor con la región andina ha hecho suponer que estos

amuletos, al igual que muchas de las cuentas de collar vinculadas

a esta cultura, fueron introducidos en las islas del Caribe

por los huecoides desde esa región, lo que, evidentemente,

plantea nuevos espacios de origen e interacción de las culturas

indígenas antillanas dentro del contexto sudamericano. 117

El sitio de La Hueca en Sorcé, Vieques, está relacionado con

el asentamiento de Punta Candelero, en Humacao, excavado

por el arqueólogo Miguel Rodríguez, 118 lo cual confirma la

existencia de un horizonte cultural huecoide no solo en la isla

de Vieques, sino también en el extremo oriental de la isla de

Puerto Rico. Una exposición museográfica que ilustra elocuentemente

las características culturales de los huecoides asentados

en la playa de Punta Candelero se localiza en el Museo y

Centro de Estudios Humanísticos Dra. Josefina Camacho de la

Nuez, en la Universidad de Turabo, en Puerto Rico.

Las investigaciones sobre las migraciones arahuacas han demostrado

que los contactos y redes de intercambio entre el

continente y las Antillas fueron algo ininterrumpido, además

de tener matices diferentes en determinados momentos o períodos.

Estos desplazamientos implicaban, como ya dijimos,

la existencia de viajes iniciales de exploración desarrollados

por las comunidades arahuacas como forma de preparar movimientos

migratorios que involucraran a una mayor cantidad

de personas, lo cual finalmente condujo al poblamiento agroalfarero

de todas las Antillas.

Fragmentos de asas tabulares, cultura La Hueca, Vieques. (CIA, UPRRP)


79

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Recipiente efigie inhalador, cultura La Hueca, Vieques, Puerto Rico.

Amuletos en forma de cóndor tallados en jadeíta y serpentina. La Hueca, Vieques. (CIA, UPRRP)


80

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los ostionoides o

subtaínos

Como ya se ha expresado, la adaptación a las Antillas de los

primeros emigrantes arahuacos estuvo acompañada de una

serie de cambios en varios aspectos de su cultura. Estos, a

su vez, generaron desarrollos locales que tuvieron como base

este tronco cultural principal, sin descartar las influencias de

los grupos arcaicos previamente establecidos. Algunos de

esos desarrollos están relacionados con la propia diversidad

de expresiones que dio origen a la cultura taína, que alcanzó

el nivel más alto entre los aborígenes antillanos.

Según el esquema de poblamiento precolombino del Caribe

propuesto por Irving Rouse, 119 a partir de los igneris o

saladoides se produjeron dos grandes desarrollos culturales

insulares: primero los ostionoides, y luego los taínos, quienes

asumieron muchos aspectos de sus antecesores. El estilo

cerámico Ostiones toma su nombre del yacimiento cabecero

ubicado en Punta Ostiones, Cabo Rojo, en el oeste de Puerto

Rico. La antigüedad de este asentamiento data del 405 d. C.,

según el fechado de C-14 obtenido por los arqueólogos Luis

Chanlatte Baik y Manuel García Arévalo. Con los ostionoides

se inició, a partir del siglo VI d. C., una intensa penetración

de los grupos agroalfareros a la Española, desde donde continuaron

avanzando hacia las otras islas del occidente de las

Antillas y las Bahamas.

81

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El diseño de la cerámica ostionoide difiere un tanto de la

saladoide y sufre una acentuada disminución en cuanto a la

calidad de confección y la estética, aunque algunas modalidades

decorativas de esta última pasaron a ese nuevo estilo

cerámico. En las vasijas ostionoides se descarta el uso de la

pintura blanca sobre rojo oscuro, característica de la cerámica

saladoide, y se sustituye por un engobe de color rojizo intenso

sobre el cual ocasionalmente se trazan bandas lineales de

color negro. También cambian las formas de las vasijas, que

se tornan más cerradas, y predominan las ollas de formas navicular

y circular flexada, decoradas con sencillos apéndices

tubulares o pequeños salientes colocados en los extremos,

así como con simples modelados figurativos ornamentales a

modo de asas que generalmente representan caras de murciélagos

y otros animales.

Collar de cuentas talladas en serpentina y concha, cultura La Hueca, Vieques, Puerto Rico. (CIA, UPRRP)

Fragmento de vasija de estilo ostionoide. (CIA, UPRRP)

Amuletos líticos ostionoides. (FGA)


A los grupos ostionoides se les ha considerado subtaínos, pues

con ellos se desarrollaron muchas de las manifestaciones culturales

que posteriormente alcanzarían un mayor auge durante

el período taíno. Este es el caso de los diminutos idolillos de

tres puntas, realizados en las protuberancias o puntas de caracol

y en trozos de coral, prototipo ya conocido por los grupos

saladoides que adquiere su máxima expresión artística con el

cemicismo de los taínos. Otro elemento cultural importante de

la sociedad taína que se inicia con los ostionoides es la práctica

del juego de pelota, para lo cual construyeron grandes plazas

ceremoniales, entre las que sobresalen las de Tibes, en Ponce,

120 y Las Flores, en Coamo, ambas en Puerto Rico. 121

82

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En Puerto Rico el horizonte ostionoide está representado en el

este de la isla por la serie elenoide, que tiene su manifestación

temprana en el estilo Monserrate (600-900 d. C.), seguido por

la segunda fase de esta serie, conocida como estilo Santa Elena

(900-1200 d. C.), para dar paso finalmente a la cultura taína,

donde se observa un renacimiento en los modos y diseños

cerámicos. 122

En cuanto a la Española, los grupos ostionoides penetraron

hacia el siglo VI d. C. y se esparcieron rápidamente por toda

la isla, ocupando no solo las áreas costeras, sino también penetrando

hacia los valles interiores y zonas montañosas. En

su avance hacia el oeste, el desplazamiento ostionoide debió

bifurcarse en dos rutas migratorias. Al parecer, una de ellas se

desarrolló a través de la costa oriental y avanzó hacia el extremo

suroeste de la isla, hasta alcanzar Jamaica. La otra se internó

en los valles fluviales de la región central y septentrional

de la Española, poblando toda la costa norte de la isla, hasta

alcanzar las Bahamas y el extremo oriental de Cuba. 123

En la República Dominicana la serie ostionoide tuvo como uno

de sus asentamientos cabeceros el sitio denominado Corrales,

cercano a la playa de Juan Dolio, provincia San Pedro de Macorís.

En este asentamiento fue posible constatar la presencia

de cerámica pintada de rojo, propia del estilo ostionoide

temprano, que conservaba elementos transicionales del estilo

Cuevas de Puerto Rico. 124 Otras manifestaciones ostionoides

están presentes en Anadel, provincia Samaná, 125 y en el asentamiento

de Juan Dolio. En el caso de la República de Haití, el

yacimiento epónimo es el sitio de Macadí. 126

Vasija ostionoide decorada con bandas lineales de color negro sobre engobe rojo. Juan Dolio, San Pedro de Macorís, RD. (FGA)


Una de las fechas más antiguas para el horizonte ostionoide

temprano en la República Dominicana, la de 505 d. C., la obtuvimos

en el yacimiento de La Cucama, provincia Santo Domingo.

Las fechas para el sitio de Corrales, reportadas por

Marcio Veloz Maggiolo, oscilan entre 645 y 720 d. C. Otros

fechados relacionados con la serie ostionoide en la costa sureste

de la Española son 730 y 985 d. C. en La Caleta, cerca

de Punta Caucedo, mientras en Juan Dolio se registran fechas

de 830 y 970 d. C. 127 Asimismo, en las excavaciones realizadas

por Adolfo López Belando en el sitio arqueológico de El

Francés, en Samaná, los niveles con presencia de cerámica saladoide

tardía y ostinoide temprana fueron datados entre 534

y 690 d. C. 128 A partir del año 800 d. C., se desató un proceso

de cambio en los modos decorativos ostionoides, lo que dio

lugar a una gama de estilos que se han clasificado como intermedios

o transicionales, cuyos orígenes y particularidades

generados por procesos de interacción cultural aún están por

establecerse. 129 Entre las modalidades cerámicas transicionales

más representativas, están los estilos que hemos denominado

Punta y Cabuya, propios de las zonas este y sureste de

la República Dominicana, los cuales tienen como yacimientos

cabeceros Punta Macao, en Higüey, 130 y Las Cabuyas-Juan Pedro,

en la provincia San Pedro de Macorís. 131 También hemos

identificado otra variante transicional que nombramos estilo

Maguana debido a su aparición en varios sitios arqueológicos

ubicados en las regiones suroeste y central de la isla, como

Azua, Padre Las Casas y el valle de San Juan de la Maguana,

que además tiene manifestaciones en el sur de la República

de Haití. 132

83

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasija del estilo punta. Punta Macao, La Altagracia, RD. (FGA)

Vasija ostionoide con asas acintadas de uso doméstico. Juan Dolio, San Pedro de Macorís, RD. (FGA)


modos cerámicos ostionoides. Otros especialistas han llamado

la atención sobre las similitudes entre los rasgos estilísticos

meillacoides y los de grupos ceramistas que habitaron en la

península de la Florida, además de contemplar sus conexiones

con Cuba y el noroeste de la Española a través de las

Bahamas. Aunque esta última hipótesis aún necesita de un

mayor cuerpo de datos para ser considerada como una posibilidad

factible. 137

84

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otra expresión cerámica que se relaciona con la expansión

de la serie ostionoide hacia el oeste de la Española es el estilo

meillacoide, cuyo nombre deriva del yacimiento cabecero

de Meillac, localizado en la costa norte de Haití. 133 Las vasijas

meillacoides rompen con la tradición de superficies lisas

mostrando una nueva técnica decorativa con tiras aplicadas

o incisiones entrecruzadas que forman zonas de rejillas y de

punteados en la parte superior de los recipientes, cerca del

borde. También presentan en sus extremos simples modelados

figurativos a modo de asas. 134

Las evidencias más tempranas de los patrones decorativos

meillacoides en la Española han aparecido en el valle del Cibao,

y se han datado hacia finales del siglo IX, en el asentamiento

de Cutupú, Río Verde, provincia La Vega. Su antigüedad

apunta a una cronología de 850 d. C, mientras otro

fechado para esta manifestación estilística encontrada en el

sitio de El Carril, en la provincia Valverde, se corresponde con

el 920 d. C. 138 El estudio de los sitios meillacoides del Cibao

ha llevado a formular la hipótesis de sus orígenes en esta región

y su posterior expansión hacia el noroeste de la Española,

donde el estilo meillacoide llegó a coexistir con los grupos

ceramistas taínos, identificados con el estilo chicoide. 139

En opinión de Irving Rouse, los rasgos decorativos del estilo

meillacoide fueron copiados de los diseños rectilíneos que

se observan en algunos artefactos líticos del período arcaico,

que semejan el entrecruzamiento de fibras vegetales de los

objetos de cestería. 135 Este supuesto ha sido retomado recientemente

al plantearse la incidencia de los grupos arcaicos en

el desarrollo de las expresiones culturales de la edad cerámica

tardía en las Antillas Mayores. 136 Sin embargo, no resulta

descartable que, por su complejidad y gran diversidad, los

motivos decorativos meillacoides hayan aparecido por generación

espontánea como una variedad regional a partir de los

Vasija del estilo cabuya. Las Cabuyas, San Pedro de Macorís, RD. (FGA)

Fragmento cerámico del estilo maguana, Azua, RD.


85

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Fragmentos de vasijas de estilo meillacoide. El Carril, Cruce de Guayacanes, RD.

Recipiente de estilo meillacoide, El Copey, Montecristi, RD. Colección Wilton Khoury.


Meillacoides y macoriges

86

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Varios investigadores vinculados al Museo del Hombre Dominicano

140 han asociado las expresiones culturales meillacoides

con los llamados «macoriges», mencionados por las crónicas

europeas, que los situaban en el norte de la Española y zonas

aledañas a la Cordillera Septentrional. Al igual que sucede

con la identificación arqueológica de los sitios arcaicos a partir

de las escuetas referencias que de ellos dejaron los cronistas,

no siempre es posible correlacionar directamente una expresión

estilística con las informaciones etnohistóricas. Aunque

este no parece ser el caso de los macoriges, citados por fray

Ramón Pané 141 y fray Bartolomé de las Casas, 142 ya que los

fechados más tardíos en sitios meillacoides oscilan entre 1345

y 1435 d. C., un intervalo temporal próximo a la llegada de los

conquistadores españoles, a finales del siglo XV. Este aspecto,

unido a la presencia de cerámica meillacoide 143 en algunos

sitios identificados como chicoides, permite establecer una

coexistencia o interacción entre ambos grupos, y una posible

relación entre estilo y etnicidad que avala la hipótesis de una

correlación entre la cultura meillacoide y los macoriges. 144

En este sentido, recientes estudios desarrollados por el arqueólogo

Jorge Ulloa Hung 145 en un sector del noroeste de

la Española, en colaboración con la Universidad de Leiden,

indican la existencia de un núcleo importante de poblaciones

indígenas en ese espacio. Además de la coexistencia de

comunidades portadoras de expresiones culturales distintas,

las investigaciones también han revelado que esta confluencia

generó un panorama cultural particular propicio para diferentes

tipos de interacciones en la región, que se reflejaron a

través de diversas manifestaciones estilísticas en la cerámica.

Las particularidades arqueológicas arrojadas por el estudio de

Ulloa evidencian que los estilos cerámicos, además de reflejar

fronteras identitarias, muestran influencias mutuas, mezclas

culturales e interacciones entre comunidades, aspecto que

encaja con la descripción de la llamada «región macorige»,

referida en las crónicas que narran los primeros contactos entre

europeos y aborígenes en el norte de la Española.

Desde la perspectiva económica, la caracterización de los

asentamientos meillacoides realizada por Marcio Veloz

Maggiolo ha revelado que, además del cultivo tradicional

de tala y quema practicado por las comunidades ostionoides

tempranas, los meillacoides emplearon el sistema de várzea,

consistente en el aprovechamiento de los suelos húmedos

y limosos que quedan al retirarse las aguas después de

las crecidas de ríos y arroyos, los cuales poseen una alta

fertilidad. 146 Los pobladores meillacoides que ocuparon el valle

del Cibao y la zona norte de la Española también practicaron

el cultivo en montículos a partir de movimientos de tierra y de

desechos, método de alto rendimiento productivo que luego

sería implementado en mayor escala por los taínos. 147 Estos

montículos rodeaban áreas allanadas donde se encontraban

las viviendas y otras estructuras complementarias, y fueron

unidades básicas de producción en la conformación de

poblados en esta parte de la isla. 148


En esencia, los complejos culturales identificados como ostionoides

y meillacoides se consideran precedentes de la expresión

cerámica chicoide, que ha sido identificada con la cultura

taína. Su denominación se vincula al asentamiento cabecero

situado en la playa de Boca Chica, en Andrés, provincia Santo

Domingo, sitio que fue investigado inicialmente –a principios

del siglo pasado– por el investigador norteamericano Theodoor

de Booy, con el auspicio del National Museum of the

American Indian George Gustav Heye Center. 149

La cerámica chicoide posee una profusa decoración de gran

calidad artística que genera la impresión de cierto barroquismo.

Se caracteriza por modelados figurativos que fungen de

asas y por signos esgrafiados en la superficie de las vasijas que

forman motivos geométricos esquematizados. Los sitios epónimos

para esta cerámica en Puerto Rico son Esperanza, en

el este, y Capá, en el oeste. 150 A su vez, Pueblo Viejo ha sido

considerado el sitio representativo en el oriente de Cuba. 151

Algunos investigadores han postulado una vinculación de la

cerámica chicoide con el estilo Barranca, proveniente del Orinoco

medio de Venezuela, a pesar de que hasta el momento

no está demostrado el contacto directo entre los barrancoides

y las Antillas Mayores, donde esencialmente se han localizado

las expresiones chicoides. Al parecer, los rasgos barrancoides

presentes en las alfarerías de las Antillas proceden de la mezcla

de estos con las modalidades saladoides que tempranamente

emigraron a las islas. 152 Las interacciones entre ambos grupos

durante su descenso hacia la desembocadura del Orinoco, desde

donde pasaron a las Antillas Menores cruzando la isla de

Trinidad, parecen ser la hipótesis más idónea para establecer la

presencia de elementos barrancoides, en lugar de un tránsito

migratorio directo hacia las islas del Caribe. 153 Para algunos investigadores,

como Mario Sanoja, la presencia de objetos similares

y posiblemente con usos semejantes induce a considerar

algo más que simples convergencias estilísticas alfareras. 154

87

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Recipientes que evidencian la transición entre los estilos cerámicos de la costa sureste de la República Dominicana.

Estilo ostionoide, siglos VI-IX.

Estilo transicional, siglos X-XII.

Estilo chicoide, siglos XIII-XV.


Los factores de cambio

Uno de los enigmas del pasado precolombino antillano es el

relativo a los factores que incidieron en los cambios de patrones

de cultura material que caracterizaron a los diversos grupos

agroalfareros. Estos cambios no solo se manifestaron en

los estilos cerámicos, sino también en otros factores socioeconómicos

y culturales, revelando la existencia de momentos de

ruptura o puntos de inflexión en forma de saltos cualitativos

expresados a través de múltiples componentes culturales.

Al analizar la evolución de los patrones culturales ostionoides

en comparación con sus antecesores saladoides, se observa la

existencia de un cambio radical en los modos de subsistencia

que va más allá de la simple evolución local. Para entender

en profundidad estas variantes estilísticas, es necesario tomar

en consideración otros factores como las interacciones socioculturales,

los aspectos ambientales, e incluso la influencia de

otros procesos migratorios tempranos.

88

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Uno de los primeros registros de estos cambios resultó de

las investigaciones realizadas en Puerto Rico por Froelich G.

Rainey durante la década del treinta del siglo pasado. Este

arqueólogo estableció una secuencia habitacional de tres

grandes etapas culturales por medio del estudio estratigráfico

de los complejos relacionables con esta isla. Dicha secuencia

está fundamentada en la dieta y su correlación con los

diversos componentes cerámicos. A la ocupación más antigua,

correspondiente a los saladoides o igneris, la denominó «cultura

del cangrejo» por la gran cantidad de restos de cangrejos

o jueyes que integraban su dieta; a una cultura intermedia

correspondiente a las manifestaciones cerámicas ostionoides,

le dio el nombre de «cultura de la concha», mientras que los

estratos superiores y más recientes los adjudicó a los taínos. 155

Una evidencia de estos cambios o transformaciones a nivel

cerámico se percibe a través de los estilos Hacienda Grande

y Cuevas. Un análisis de ambos revela una transformación

gradual de ciertos rasgos cerámicos con una pérdida estética

a través del tiempo, mientras que se mantienen básicamente

similares los patrones de asentamiento. Algo que no sucede

con los saladoides y los ostionoides, en cuyo caso se manifiestan

alteraciones importantes en los modelos de subsistencia y

otras expresiones culturales.

Recipientes cerámicos de los estilos saladoide y ostionoide.

Arriba: (CIA, UPRRP). Abajo: (FGA)


A este respecto, Manuel García Arévalo y Julia Tavares, en una

ponencia presentada en el simposio titulado «Problemas de

la arqueología antillana», celebrado en Ponce, Puerto Rico,

en el verano de 1978, plantearon que es en Puerto Rico donde

se produce el primer cambio significativo entre los grupos

agroalfareros. La cultura igneri se transforma y comienza a dar

paso a otra fase cultural portadora de una cerámica que, si

bien conserva algunos elementos decorativos del estilo Cuevas,

marca ya el inicio de una nueva serie con formas, modalidades

decorativas y técnicas de manufactura diferentes,

siendo evidente que esta cerámica aparece asociada a una

dieta que también difiere en cuanto a la selección de las especies

alimenticias. Por lo tanto, hay que preguntarse si la serie

ostionoide fue una evolución local de los igneris o si, por el

contrario, fue generada por la influencia o interacción de nuevos

grupos culturales.

Desde nuestro punto de vista, los cambios culturales que

conllevaron la formación de la serie ostionoide, que posteriormente

dieron origen a la cultura taína, no obedecen a un

proceso continuado y lento de evolución in situ, sino a la irrupción

de nuevas modalidades en el modo de confeccionar la

cerámica, aunque, como producto de la transculturación entre

los grupos, perduran algunos rasgos del estilo anterior.

89

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Con relación a estos cambios observados en la cultura material

entre los grupos saladoides y ostionoides, particularmente

en la cerámica, L. Antonio Curet propone que, al ser esta un

medio que porta mensajes de distinto tipo que se identifican

con la ideología y el simbolismo, los cambios en la alfarería reflejan

ciertas modificaciones en los aspectos sociales, económicos

y políticos que pudieron haber influido en la evolución

o desarrollo sociocultural de los grupos prehistóricos. 156

Fragmento de vasija del estilo ostionoide. (CIA, UPRRP)

Vasija del estilo Santa Elena. Colección privada.


La evolución de los agroalfareros

nuevas aproximaciones

Como ya se ha comentado en páginas anteriores, los descubrimientos

realizados por los investigadores Luis Chanlatte

Baik e Yvonne Narganes Storde, junto con las excavaciones en

el sitio de Punta Candelero llevadas a cabo por el arqueólogo

Miguel Rodríguez, han revelado la existencia de dos migraciones

distintas que arribaron casi simultáneamente a las islas

de Vieques y Puerto Rico, espacios estos que constituyen la

antesala para el desplazamiento de los agroalfareros a otras

islas de las Antillas Mayores.

90

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La aparición del horizonte cultural huecoide ha confrontado el

tradicional esquema evolucionista sostenido por Irving Rouse,

fundamentado en un modelo de desarrollo unilineal a partir

del poblamiento saladoide que tiene como unidad analítica la

cultura material y está, sobre todo, basado en la clasificación

y creación de series y subseries de los rasgos estilísticos de la

cerámica. 157

A partir de las investigaciones pioneras de Luis Chanlatte Baik

e Ivonne Narganes se han generado nuevas ideas sobre el

esquema de poblamiento antillano. 158 Los arcaicos, ya asentados

en Puerto Rico, no solo pudieron asimilar la agricultura y

la cerámica al entrar en contacto con los nuevos grupos agroalfareros,

sino que además experimentaron una progresiva

transformación cultural que dio origen a la serie ostionoide.

Esto, además de manejarse como una de las razones que explicaría

la evolución cualitativa en la economía y el modo de

vida de los recolectores, se ha considerado uno de los factores

que incidió en la rápida dispersión ostionoide hacia el

oeste, lo que no solo ocurrió en Puerto Rico, sino también en

otras islas como la Española, espacios desde donde los ostionoides

pasaron a Cuba y Jamaica, e incluso a las Bahamas y a

las islas Turcas y Caicos.

Sin embargo, la gestación de los estilos ostionoides como

resultado de la hibridación o transculturación entre los arcaicos

y los nuevos pobladores agroalfareros acarreó un proceso

desigual de asimilación y aprendizaje donde se observa una

limitada habilidad o inexperiencia en el manejo de la alfarería

por parte de los arcaicos, que puede explicar el drástico empobrecimiento

de la cerámica elaborada por los ostionoides

y elenoides con relación a la saladoide. 159 Hasta tal punto que

Rouse ha comparado este acentuado descenso cualitativo en

la decoración y la calidad de la manufactura cerámica que se

observa entre los años 600 y 1000 d. C. con la decadencia

artística que se registró en la Edad Media respecto a la Antigüedad

Clásica, hasta que el arte resurge con el Renacimiento

italiano. 160 Solo que en el caso antillano el proceso de degeneración

en los modos cerámicos fue gradualmente invertido

hacia el año 1200 d. C., dando paso a una etapa de renovación

con la gestación de la cultura taína.

Vasija de la cultura huecoide, con motivos incisos y asas figurativas modeladas, Puerto Rico. Colección privada.


Los procesos de interacción y transculturación entre los arcaicos

y los nuevos pobladores saladoides y huecoides tampoco

debieron ser homogéneos, sino que probablemente se desarrollaron

en diferentes contextos, situaciones y momentos

en distintas islas, e incluso dentro de estas, lo que presumiblemente

daría lugar a matices y diferencias tanto en la factura

como en los rasgos decorativos de las cerámicas y otras

manifestaciones culturales que emergieron. En esencia, estos

procesos generaron una diversidad de estilos cerámicos y

expresiones que han sido considerados transicionales en la

arqueología del Caribe. Entre ellos, algunos de los más conocidos

son los elenoides, en el este de Puerto Rico, y los estilos

Punta, en el oriente de la República Dominicana, 161 y Meillac,

que incluye el centro de la isla Española y se extiende hacia el

noroeste de la República de Haití.

Esta amalgama de estilos cerámicos, como consecuencia del

proceso de absorción o de aceptación por los arcaicos de los

aportes culturales introducidos por los grupos agroalfareros,

ha sido denominada «formativo antillano» 162 y culmina con la

gestación de la cultura taína, que, en el fondo, no es más que

una manifestación del mestizaje cultural que, a través de los

tiempos, ha marcado el perfil de las islas del Caribe. 163

91

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Recipientes de los estilos ostionoide y Punta. (FGA)


Por otro lado, es necesario resaltar que los primeros pobladores

agroalfareros representados por las series saladoide y huecoide

no alcanzaron una industria lítica de carácter utilitario

comparable con la variedad tipológica que muestra la tradición

arcaica banwaroide. De ahí que, como hemos observado,

la producción de artefactos líticos asociada a los ostionoides

y que posteriormente sería ampliamente desarrollada por los

taínos debe ser vinculada al aporte cultural de los arcaicos, 164

como una permanencia tipológica en el modo de confección

de algunos artefactos que evidencia procesos de hibridación

y transculturación propiamente antillanos. 165

92

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En cuanto a la evolución de los modos de subsistencia, es importante

destacar las semejanzas entre los patrones de asentamiento

de los grupos arcaicos y los de los ostionoides, aunque

en el caso de estos últimos la presencia de fragmentos

de burenes señala el conocimiento de prácticas agrícolas. Sin

embargo, al comparar los asentamientos ostionoides con los

de la cultura taína, se evidencia claramente que en los primeros

la recolección de especies vinculadas a los ecosistemas de

manglar mantenía su importancia como complemento de la

producción agrícola, mientras que en los sitios de habitación

definidos como taínos sus residuarios apuntan a un notable

incremento de la actividad agrícola y una menor incidencia de

restos alimenticios marinos y fluviales.

El desarrollo de la agricultura por medio de montículos y otros

métodos de cultivo, incluida la posible construcción de canales

de riego o acequias en algunas regiones de la Española

donde la aridez del terreno lo ameritaba, 166 hizo que la producción

agrícola se convirtiera en el sostén económico esencial

de los taínos. En consecuencia, generó una considerable

sedentarización que dio lugar a la formación de aldeas con

mayor demografía y una organización social, política y religiosa

más compleja, trascendiendo el estadio tribal para convertirse

en sociedades de jefatura cacicales.

Hacha de cuello del período arcaico.


Vírgenes, en particular la isla de Santa Cruz, y englobaba parte

del territorio suroriental de la Española, donde se encontraba

el cacicazgo de Higüey. Incluso las crónicas de la conquista resaltan

una íntima vinculación de parentesco entre los caciques

borincanos y los higüeyanos, 168 al igual que los constantes viajes

en canoa a través del canal de la Mona, estableciendo una

dinámica interacción entre ambas islas. 169 El epicentro «B» se

extendía desde los valles centrales y la costa noroeste y oeste

de la Española y cruzaba el canal de los Vientos hasta alcanzar

la zona oriental de Cuba. Se considera que la máxima expresión

sociopolítica de este último era el cacicazgo de Jaragua,

del que dice Las Casas:

[…] en Xaraguá, donde habían harto más reinado que el rey natural

de aquella provincia, Behechio; y era la razón, porque, allí,

como algunas veces se ha dicho, era cuasi la corte real de toda

esta isla, donde en la policía y en la lengua y en la conversación y

en la hermosura de las gentes, hombres y mujeres, y en los aires,

y amenidad y templanza de la tierra, a todas las provincias de esta

isla […] excedía. 170

93

Las expresiones más representativas de la cultura taína se perciben

sobre todo a partir del siglo XIII d. C. en la región occidental

de Puerto Rico y la zona suroriental de la Española,

cuyo principal enlace o vía de comunicación fue el canal de

la Mona. Ambos espacios han sido considerados el centro de

desarrollo de los taínos clásicos y el núcleo desde donde se

irradió esta cultura, a modo de ondas concéntricas, hacia el

resto de la Española, el extremo oriental de Cuba y las pequeñas

islas situadas al este de Puerto Rico. 167

Cuando se produjo la llegada de los europeos a América, la

cultura taína mostraba dos grandes epicentros. El primero, o

epicentro «A», abarcaba Borinquen o Puerto Rico y las Islas

Por tanto, puede aseverarse que la sociedad taína no tuvo

un desarrollo cultural homogéneo. Entre los dos epicentros o

unidades geográficas se desarrollaron lo que hemos llamado

«fronteras tipológicas». 171 El establecimiento de una frontera

tipológica entre ambos territorios se manifiesta en las marcadas

diferencias formales y estilísticas de algunos objetos vinculados

al cemicismo, así como en artefactos tanto de uso ritual

como utilitario, creándose expresiones regionales y locales en

consonancia con los recursos ambientales, las materias primas

disponibles y las propias trayectorias simbólicas e ideológicas

de cada región. 172 Esta diversidad en el comportamiento de la

cultura material ilustra cómo las variables ecológicas y otros

procesos e interacciones socioculturales vinculados al entorno

produjeron un mosaico de variaciones tipológicas regionales

en el espacio geográfico ocupado por la cultura taína.

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Majador cónico con un diseño decorativo en relieve.


94

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


La cultura taína

95

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cemí de la cohoba con un ahuecamiento en

la cabeza que servía de urna funeraria. (FGA)


96

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


La cultura taína

Quiénes eran los taínos

Cuando se produjo el descubrimiento de América, los taínos

ocupaban considerables extensiones de las Antillas Mayores,

esto es, Borinquen o Puerto Rico, casi toda la Española o isla

de Santo Domingo, la región oriental de Cuba y posiblemente

parte de Jamaica. Se definían a sí mismos como hombres

buenos, «es decir nobles y prudentes y no caníbales». 173 Sus

antecedentes inmediatos pueden rastrearse en las antiguas

oleadas migratorias pertenecientes a los grupos arahuacos

originarios de la región nororiental de Sudamérica, que siglos

atrás habían penetrado paulatinamente en las islas antillanas,

desplazándose hacia el oeste de una isla a otra, siguiendo la

dirección de los vientos y de las corrientes marinas.

Es necesario señalar que nunca existió un predominio total

de la cultura taína en todas las Antillas, sino una marcada influencia

en varios territorios. Como ya se ha comentado en

páginas anteriores, las fuentes etnohistóricas y las evidencias

arqueológicas señalan la presencia de otros grupos, como los

guanahatabeyes y ciboneyes en los extremos occidentales de

Cuba y la Española, respectivamente, así como los macoriges

y ciguayos en el norte de esta última, y los caribes, que

ocupaban algunas de las Antillas Menores, desde donde se

desplazaban en incursiones guerreras a las Grandes Antillas.

Los caribes penetraron tardíamente a esas islas desde zonas

de Guayana, y su identificación arqueológica ha tenido lugar

recientemente en San Vicente y Granada. 174

El proceso de adaptación al medio insular por parte de los

primeros pobladores arahuacos y sus interacciones con los

arcaicos que les precedieron culminaron con la gestación de

la cultura taína, cuyos inicios se remontan a unos 300 años

antes de la llegada de los conquistadores españoles. A diferencia

de las bandas arcaicas –que basaban su subsistencia

en la recolección, la caza menor y la pesca–, los taínos solo

hicieron uso de estos recursos de apropiación del medioambiente

como complemento de su dieta, ya que el dominio

de sofisticadas técnicas agrícolas les permitió una producción

regional intensiva y la consiguiente acumulación de excedentes

alimenticios, lo que posibilitó el establecimiento de aldeas

permanentes y populosas regidas por la voluntad de los caciques.

De modo que cuando arribaron los conquistadores,

a finales del siglo XV, la sociedad taína se encontraba en el

umbral de la etapa cultural conocida como «señorío», con el

surgimiento de jefaturas sociales iniciales llamadas «cacicazgos»,

175 que derivan del término aborigen cacique. Su patrón

de asentamiento era sedentario y jerárquico, y mostraba el

nivel de evolución socioeconómico y cultural más elevado

entre los grupos indígenas que poblaron el área insular del

Caribe. 176

97

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vaso efigie con una figura antropomorfa sentada sobre un dúho. (MHD)


98

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


99

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cara antropomorfa tallada en piedra simbolizando seres sobrenaturales que auguraban el porvenir. ©Metropolitan Museum of Art

Cabeza efigie tricúspide que representa el retrato de un antepasado relevante. Se observa el achatamiento craneal practicado por los taínos. (MHAA.UPR)


Los taínos se deformaban el cráneo. A los niños se les colocaban

dos tablillas de palma atadas con bandas de algodón, una

sobre el hueso frontal y otra en el occipital, con lo cual se lograba

que, al crecer, la frente luciera achatada. Se perforaban

el labio inferior y los lóbulos de las orejas con la finalidad de

introducir en ellos bezotes y pasadores transversales, llamados

en su lengua taguaguas. 179 Algunos de estos adornos faciales

eran de oro o de guanín, especie de oro bajo con aleaciones

de cobre que los indios estimaban mucho. 180 También

usaban plumas decorativas para realzar su apariencia, como la

generalidad de los aborígenes americanos. Dada la naturaleza

deleznable de estas, no se han conservado, por lo que no tenemos

una idea bien definida de los adornos plumarios, que

debieron tener gran belleza por su brillantez y cromatismo.

100

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Su aspecto físico es conocido básicamente a través de las

descripciones de los cronistas europeos. De estos apuntes

se puede colegir que eran de baja estatura. Su piel, de color

cobrizo, la veía Colón «de color aceituno como los canarios

o rústicos tostados con el sol». 177 Eran lampiños, de cara ancha,

con pómulos muy pronunciados, labios un poco gruesos

y buena dentadura. Tenían el pelo negro, grueso y lacio, «casi

como sedas de cola de caballos», 178 y lo cortaban por encima

de las cejas, a diferencia de los ciguayos, quienes llevaban el

pelo largo y lo ataban atrás con una redecilla en la que insertaban

plumas de papagayo (Temnotrogon roseigaster) y de

cotorra (Amazona ventralis).

Los taínos andaban desnudos y llevaban en brazos y piernas

unas ligas o fajas tejidas de algodón llamadas coiros, 181 aunque

algunas mujeres casadas utilizaban un pequeño delantal

púbico o faldellín, también de algodón, denominado nagua,

que presentaba delicados dibujos entrecruzados. En ocasiones,

los caciques portaban cinturones y lucían en la cabeza

bonetes y bandas a modo de diademas, a los cuales fijaban

láminas de oro y pequeñas carátulas, al igual que amuletos o

fetiches protectores.

Vaso efigie cefaloforme con adornos auriculares. (FGA)


Por las descripciones de los cronistas sabemos que tenían el

hábito de pintar el rostro y el cuerpo, así como muchos de

sus objetos rituales y cotidianos, usando para estas aplicaciones

decorativas tintes de origen vegetal extraídos de la jagua

(Genipa americana L.) y de la bija (Bixa orellana L.), entre otras

sustancias tintóreas. Colón fue el primero en llamar la atención

sobre la pintura corporal de los indígenas antillanos, práctica a

la que hace múltiples referencias en su Diario. Durante su periplo

por la costa norte de Haití, al describir las características

de los habitantes del cacicazgo de Guacanagarí, escribe: «Verdad

es que todos se tiñen, algunos de negro y otros de otra

color y los más de colorado; he sabido que lo hacen por el sol,

que no les haga tanto mal». 182 El Almirante, con una aguda capacidad

de observación, señala que la pintura corporal, además

de su evidente función decorativa, servía para proteger la

piel de la constante exposición al sol y para repeler mosquitos

y demás insectos, entre otras propiedades terapéuticas.

bien diferenciadas: una cilíndrica y otra aplanada. Las cilíndricas

se utilizaban como rodillos para estampar diseños repetitivos

que formaban vistosas estelas decorativas. Las aplanadas,

cuya forma más típica es discoidal, aunque también las hay

rectangulares y elípticas, presentan usualmente motivos decorativos

por ambas caras, luciendo una gran diversidad de diseños

incisos y punteados de carácter esquematizado. Algunos

de estos sellos planos tienen en una de sus caras un saliente

cónico que sirve para agarrar la pieza, o bien exhiben representaciones

figurativas, generalmente, estilizaciones batraciformes,

que contienen en algunos casos bolitas de barro cocido o

piedrecitas sueltas que convierten el sello en una sonaja.

Hacían uso de esta práctica decorativa en los bailes o areitos

y en los rituales de invocación a los ídolos o cemíes. Lo mismo

ocurría para intimidar a sus enemigos en las incursiones

bélicas, ya que las pinturas faciales y corporales les permitían

transmitir coraje y ferocidad ante sus oponentes. 183 Aunque

de carácter efímero, estas decoraciones podían ser de gran

creatividad y sutileza artística a partir de diseños esquematizados

que se corresponden con estilos decorativos tradicionales,

algunos de ellos inspirados en visiones inducidas por la

ingestión de sustancias alucinógenas.

101

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los motivos pictóricos corporales, además de realzar la apariencia

personal, servían como código simbólico y de expresión

identitaria de los diversos linajes y clanes tribales, lo que

diferenciaba a sus portadores de otras etnias aborígenes. En

los yacimientos arqueológicos se han localizado numerosas

pintaderas o sellos de barro que ofrecen en su conjunto una

diversidad de motivos con trazos geométricos que debieron

emplearse para la decoración corporal y para estampar los

tejidos de algodón. Las pintaderas presentan dos tipologías


102

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


SELLOS DE BARRO

103

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


104

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Las actividades productivas

La agricultura

Los taínos desarrollaron una economía basada fundamentalmente

en la producción agrícola, que era suficiente para satisfacer

su autoconsumo y obtener excedentes que se intercambiaban

entre las aldeas. La recolección de frutos y tubérculos

silvestres, la pesca y la caza marginal complementaban la alimentación,

garantizando un mayor equilibrio de proteínas y

variedad en la dieta. En tal sentido, el aprovechamiento de

una gran variedad de plantas y especies animales comestibles,

haciendo uso de instrumentos funcionales y de sofisticados

métodos de producción, denotaba su profundo conocimiento

del medioambiente insular en que habitaban.

El área donde realizaban las labores agrícolas recibía el nombre

de conuco. Entre las técnicas de cultivo, destacan el sistema

de roza o tala y quema del bosque, introducido por los

primeros arahuacos, así como la várzea, método usado con

anterioridad por los grupos meillacoides en el valle del Cibao,

que consiste en aprovechar los terrenos limosos ricos en sedimentos

minerales y materia orgánica que quedan tras la crecida

de los ríos. 184 Además, emplearon la siembra en montículos

de tierra suelta, ampliamente difundida en la última fase del

poblamiento taíno.

Los montículos o montones se formaban tras la remoción de

los terrenos que contenían desperdicios o restos alimenticios

a modo de compost y servían de abono, lo que posibilitaba

mejores rendimientos de las especies comestibles, en especial

las de raíces tuberosas, entre ellas la yuca (Manihot esculenta

Crantz) y la batata (Ipomoea batatas L.). Según las fuentes

históricas, estos túmulos de tierra suelta podían alcanzar de

cuatro a doce metros de diámetro y en cada uno se plantaban

cinco o seis esquejes que en poco tiempo se convertían en

plantas.

El sistema de roza fue utilizado preferentemente para la siembra

de maíz (Zea mays L.), el cual solo se plantaba en época de

luna llena por creer que así se garantizaba su crecimiento. 185 Al

referirse a este cultivo, Oviedo observa:

Para sembrar el maíz, tienen los indios esta orden. Nasce el maíz

en unas cañas que echan unas espigas o mazorcas de un jeme

luengas, y mayores y menores, y gruesas como la muñeca del

brazo o menos, y llenas de granos gruesos como garbanzos (pero

no redondos de todo punto). Y cuando los quieren sembrar, talan

el monte o cañaveral […], y después que se ha fecho aquella tala

o roza, quémanla, y queda aquella ceniza de lo talado, dando tal

temple a la tierra, como si fuera estercolada. 186

[…]

E cuando han de poner en efecto el desparcir de la simiente,

quedando la tierra rasa, pónense cinco a seis indios (e más e menos

segund la posibilidad del labrador), uno desviado del otro

un paso, en ala puestos, y con sendos palos o macanas [coas]

en las manos, y dan un golpe en tierra con aquel palo de punta,

e menéale, porque abra algo más la tierra, y sácanle luego, y en

aquel agujero que hizo, echan con la otra mano siniestra cuatro o

cinco granos de maíz que saca de una taleguilla que lleva ceñida,

o colgada al cuello de través, como tahelí; e con el pie, cierra

luego el hoyo con los granos, porque los papagayos y otras aves

no los coman. 187

105

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


106

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los taínos aprovechaban, igualmente, los ciclos de lluvia para

dar inicio a la siembra. En la fase final de su evolución empleaban

cierto tipo de regadíos o acequias allí donde la aridez de la

tierra los hacía necesarios, como sucedía en el cacicazgo de Jaragua,

en el extremo occidental de la isla Española. 188 En aquellas

zonas donde la capa humífera no es muy abundante, cultivaban

en jagüeyes, que eran agujeros en las rocas propios de

los terrenos calizos de formación arrecifal costera, como dice

Las Casas que sucedía en el cacicazgo de Higüey 189 Esas oquedades

retenían la humedad y, por tanto, favorecían la fertilidad

del suelo. 190 También llamaban jagüeyes a los ojos de agua que

abundan en esa zona oriental de la isla, de los cuales obtenían

agua para beber introduciendo en ellos recipientes de barro sujetados

con lianas o bejucos que hacían las veces de cuerdas. 191

Entre los instrumentos agrícolas estaban las hachas de piedra

de forma petaloide, llamadas así porque se asemejan a los

pétalos de las flores. Se insertaban en la parte superior de un

astil de madera, y también se utilizaban como armas. Las de

menor tamaño eran destrales. Para su fabricación se seleccionaban

rocas de gran consistencia, que conservaban mejor el

filo del instrumento, y, por lo general, la superficie presenta un

pulimento reluciente. También poseían hachas de cuello, ya

empleadas con anterioridad por los grupos arcaicos.

A las hachas petaloides se las considera piedras de rayo, por

creerse que caen a la tierra con este y que pasado un tiempo

salen a la superficie. Algunos piensan que traen buena suerte

y otros les atribuyen propiedades medicinales. 193 Esta es

una superstición muy antigua: ya los romanos llamaban «ceraunias»

a las hachas, pues pensaban que se formaban en el

cielo y caían a la tierra como piedra del rayo o del trueno, y les

conferían una serie de virtudes. 194

Además de las hachas petaloides, otras herramientas de trabajo

fueron los buriles líticos de forma alargada con sus dos

extremos afilados, así como los raspadores, cinceles y picos

de concha, y las afiladas lascas de pedernal empleadas por

los grupos arcaicos y que se continuaron usando sin mayores

variaciones en las comunidades agroalfareras.

Entre los utensilios utilizados para sembrar estaba la coa (hoy

llamada puyón), especie de bastón de madera cuya punta se

endurecía con fuego. Servía para hoyar y remover la tierra antes

de esparcir las semillas de maíz o plantar los esquejes de

yuca, y hacía las veces de azada. Aún hoy en los predios campesinos

dominicanos se usa este instrumento de labranza para

el cultivo de algunos rubros agrícolas. 195

El cronista Pedro Mártir de Anglería ha dejado un elocuente

testimonio sobre la resistencia del material con que se confeccionaban

las hachas taínas:

En los comienzos de este gran descubrimiento pude hacerme

con una de estas piedras, que me regaló el propio Cristóbal Colón

[…] Era de color esmeralda oscuro, atada a un palo que le

servía de segurísimo mango. Yo mismo la utilicé para golpear con

todas mis fuerzas unas barras de hierro, en la cuales hice mella,

sin que la piedra se estropease ni embotase en parte alguna. 192

Hacha lítica para enmangar en un astil de madera.


107

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Hachas líticas de forma petaloide.


108

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Planta de yuca. Ilustración de José Guío (1790).


Las plantas comestibles

El principal cultivo de los taínos era la yuca, del que obtenían su

alimento básico, un tipo de pan seco al que llamaban casabe.

Para su preparación raspaban la cáscara del tubérculo con una

concha, y una vez pelado se colocaba sobre un guariqueten

o petaca de yagua para evitar ponerlo directamente sobre el

suelo. Los trozos ya limpios se rallaban en un guayo para obtener

una masa que se depositaba en un cibucán, especie de

manga de fibras vegetales donde se exprimía hasta extraerle

todo el jugo. Después de seca, la masa se cernía en un jibe o

cedazo de cestería hasta convertirse en catibía o harina de yuca

que se esparcía en un burén o plato de barro calentado sobre

un fogón. Como parte del proceso de cocimiento, las tortas se

volteaban con un cuise o paleta de madera para tostarlas por

ambas caras hasta conseguir el casabe. Esta actividad vinculada

al procesamiento de la yuca era realizada por las mujeres.

El casabe fue muy apreciado tanto por los colonos españoles

como por los esclavos africanos, y pasó a formar parte importante

de la dieta diaria durante la colonia, hasta el extremo de

que se le conoce como «el pan de la conquista». A falta de

la harina de trigo, que se humedecía en el clima tropical, las

tortas de casabe se usaron como alimento básico en los viajes

de descubrimiento y conquista de las demás Antillas y Tierra

Firme. El adelantado Bartolomé Colón tenía una labranza cerca

de la ciudad de Santo Domingo con más de ochenta mil

matas de yuca, 196 mientras Cristóbal de Tapia, oidor de la Real

Audiencia, era dueño de «una hacienda con treinta y ocho mil

montones de yuca y de ajes». 197 Hoy en día el casabe es un excelente

complemento en la mesa de los dominicanos que da

continuidad a uno de los más importantes aportes culinarios

heredados de los antepasados aborígenes. 198

109

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Fragmento de burén con decoración modelada e incisa.


Otros tubérculos importantes en la dieta de los taínos fueron

las batatas y los ajes (posible variedad de batata), que

asaban entre brasas. Por su apariencia, Colón los confunde

con los ñames africanos (Dioscorea sativa). Por su parte, Fernández

de Oviedo, cronista muy meticuloso en la descripción

de la flora de las Indias y en especial de todo lo relacionado

con los asuntos del paladar, consideraba la batata como «un

gran mantenimiento para los indios en aquella isla Española,

e otras partes, e de los preciosos manjares que ellos tienen»,

a lo cual agregaba: «E se comen cocidas o asadas y en potajes

en conserva, e de cualquier forma son buena fruta, e se puede

presentar a la Cesárea Majestad por muy preciado manjar».

Actualmente, a la batata, tanto en Cuba como en España, se

la conoce con el nombre de boniato, palabra taína que se

aplicaba a aquellas especies o variedades de sabor dulce y

agradable, no solo a la batata, sino también a otras especies

comestibles, entre ellas la yuca boniata y una variedad de piña

o ananás que también llamaban boniata.

110

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En algunas regiones, la guáyiga (Zamia debilis L. f.), que se

daba silvestre en los bosques, llegó a reemplazar a la yuca

como alimento básico, tal como ocurrió en el cacicazgo de

Higüey. De la guáyiga se obtenía una harina con la que se hacían

unos bollos que se ponían a secar al sol para eliminar las

sustancias tóxicas de esta planta, y luego eran consumidos en

forma de unas tortas parecidas al casabe. 199 En la actualidad,

de la harina de guáyiga se obtiene el bollo o pan de chola,

común en los campos de San Cristóbal. Allí, en la época colonial,

abundaron los ingenios azucareros, donde había una

gran presencia de esclavos africanos que conservaron numerosos

aspectos de los hábitos alimenticios indígenas.

Es posible que el vocablo guáyiga diera origen a la palabra

guayo, que denomina en la República Dominicana a los ralladores

para tubérculos y otras plantas comestibles. Los taínos

emplearon varias clases de guayos. En los asentamientos cercanos

a la costa se usaron como guayos o ralladores los trozos

de coral en su estado natural, aprovechando su superficie porosa.

Mientras que en el interior de la isla, en especial en las zonas

sur y oeste, donde se radicaban los cacicazgos de Maguana y

Jaragua, los guayos eran de roca volcánica de color gris oscuro,

dado que la rugosidad de este material lo hacía apropiado

para este uso. Sus formas más comunes son elípticas truncadas

y triangulares, con dos pequeñas patas o salientes en su parte

inferior que permiten colocarlo encima de una batea de madera

o algún petate de yagua, donde se acumulaba la masa de

los productos rallados. Algunos de los guayos líticos son efigies

y están ornamentados con diseños geométricos incisos, por lo

que se les atribuye un carácter ceremonial.

Guayo tallado en roca de basalto que muestra un rostro antropomorfo e incisiones entrecruzadas similares a tejidos de cestería. (MHD)


111

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Además de estos dos tipos de guayos, existe una tercera versión:

se trata de los confeccionados con una tabla de madera

a la que se le incrustaban en una de sus caras numerosas

piedrecitas o microlascas de pedernal que se fijaban con algún

pegamento de origen vegetal. Uno de estos ejemplares

confeccionados en madera de cedro (Cedrela mexicana) con

incrustaciones de piedras angulosas fue localizado en Cuba

en perfecto estado de conservación. 200 Para el casabe especial

que consumían los caciques, se rayaba la yuca «en unos cueros

de pescado como cazón, que los indios llaman libuza». 201

Guayo con dos cabezas ornitomorfas. (MHD)

Guayo de forma elipsoidal truncada, decorado con motivos incisos en forma de greca. (FGA)


El maíz, que cuando estaba tierno recibía el nombre de ector,

era otro ingrediente importante de la dieta aborigen. 202 Este

cereal oriundo de Mesoamérica fue llevado a las Antillas por

comunidades establecidas alrededor del 500 a. C. en el norte

de Colombia y el occidente de Venezuela. 203 Por sus propiedades

alimenticias y la facilidad de su almacenamiento, esta

planta ha sido considerada «el grano sagrado de América»,

sobre el cual Las Casas comenta lo siguiente:

Sembraban y cogían dos veces en el año el grano que llamaban

maíz, no para hacer pan dél, sino para comer tierno por fructa,

crudo, y asado cuando está en leche, y es muy sabroso, y también

hacían dél cierto potaje, molido y con agua. Era menudo y de muchas

colores, morado y blanco y colorado y amarillo, todo esto en

una mazorca; llamábanlo maíz, y desta isla salió este nombre. 204

112

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Entre los cultivos complementarios estaban la yautía (Colocasia

esculenta L.), la yuca dulce o boniata (Manihot dulcis

Gmel.), el lerén (Calathea allouia Aubl.), el maní (Arachis hypogaea

L.) y algunas especies como el ají (Capsicum sp.), este

último muy valorado por su picor y el sabor que agregaba a

los alimentos.

En el caso del lerén o lirén, Fernández de Oviedo aporta el

siguiente comentario:

Lirén es una fructa que nasce en una planta que los indios cultivan,

e aun al presente, algunos de los españoles en sus labranzas

en esta isla Española. Y es hierba o planta que se extiende y echa

ramas, como se dijo de los ajes e de las batatas, e debajo de tierra

echa su fructo, que es blanco e del tamaño de dátiles gruesos

(e algo mayores y menores), e tienen una cáscara muy delgada; e

cada fructo déstos pende, o está asido, de una vergueta delgada,

de que está colgado de la rama; es no más gruesa que un alfiler

común o delgado. Estos lirenes cuecen los indios, e cuando es

tiempo desta fructa, hay mucha por las plazas que las sacan a vender,

así cocidos los lirenes; e quítanle aquella cortezuela de encima,

que es muy más delgada e más blanda que una cáscara de una

castaña, e queda de dentro el lirén blanco, y es de buen sabor. 205

Mazorca de maíz. Ilustración de Anselmus Boetius de Boodt (1596-1610).

Grabado que ilustra la costumbre indígena de fumar tabaco. De André Thevet (1558).


113

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El lerén sigue siendo una de las tradiciones culinarias indígenas

más representativas de las festividades navideñas en la

República Dominicana. Al igual que sucedía en la época colonial,

la presencia de vendedores ambulantes de lerén en nuestros

pueblos y ciudades, desde que comienzan las brisas frescas

de noviembre, es sinónimo de que la Navidad se acerca.

Una planta muy apreciada por los taínos fue el tabaco (Nicotiana

tabacum L.), asociado a rituales religiosos y prácticas

mágico-curativas, aunque también lo usaron por placer y para

mitigar el cansancio en las largas caminatas que hacían.

El tabaco se cultivaba con esmero en las proximidades de las

viviendas. Sus aromáticas hojas se ponían a secar a la sombra

de los bohíos y enramadas, y con ellas se confeccionaban unos

rolletes alargados conocidos con el nombre de túbanos, que

los indios fumaban constantemente.

El consumo de tabaco como parte del proceso de transculturación

indohispano fue asimilado desde los inicios de la colonia

por los españoles y los africanos, y se convertiría con el paso del

tiempo en uno de los cultivos agroindustriales más representativos

de las Antillas.


114

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ilustraciones de guanábana y mamón.


Muchas de las frutas que consumían los taínos eran recolectadas

en estado silvestre: mamey (Mammea americana L.),

guanábana (Annona muricata L.), mamón (Annona reticulata

L.), anón (Annona squamosa L.), guayaba (Psidium guajava L.),

caimito (Chrysophyllum cainito L.), hicaco (Chrysobalanus icaco

L.), níspero (Manilkara zapota L.), jagua (Genipa americana

L.), hobo (Spondias purpurea L.) y pitahaya (Hylocereus undatus

Haw-Britt.), entre otras.

Además, cultivaban la lechosa (Carica papaya L.) y la piña o

ananás (Ananas comosus L.), que llamaban, según sus variedades,

yayama, boniata y yayagua. 206 Sobre la exquisitez y belleza

de la piña, Fernández de Oviedo resalta:

«[…] a mis ojos, es la más hermosa

fructa de todas las fructas que he

visto, y la que mejor huele y mejor

sabor tiene». 207

115

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


116

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Indios en el proceso de fabricación de una canoa.


Árboles maderables y

medicinales

Con el tronco del tabonuco (Dacryodes excelsa), muy común

en Puerto Rico y las Islas Vírgenes, fabricaban las canoas.

Además, su madera, al quemarse, expedía un humo aromático

que utilizaban como incienso en las ceremonias rituales.

Igualmente, hicieron canoas de los grandes árboles de ceiba

(Ceiba pentandra L.) y mari-a (hoy, baría, Calophyllum calaba

L.), embarcaciones que por su considerable tamaño «podían

bien andar en ellas mas de treinta personas». 208

Del fruto de la guácima (Guazuma ulmifolia Lam.), obtenían un

brebaje que les hacía engordar. Con la liviana madera de este

árbol fabricaban coas para plantar y varas para cargar cestas,

además de usarla para obtener fuego. Y con la madera del

caimito construían arcos y azagayas.

Con el fruto seco del higüero (Crescentia cujete L.) elaboraban

vasos para beber, envases para cargar agua y otros recipientes

y utensilios a modo de vajilla que esgrafiaban con vistosos

motivos decorativos. De la resina del fruto del cupei o copey

(Clusia rosea, Jacq.), hacían las bolas empleadas en el juego

de pelota, y de su madera, las varas de lanza y las flechas.

Asimismo hicieron artesas de diversos tamaños llamadas bateas,

las cuales no solo se usaban en tareas domésticas, sino

también en el lavado de las arenas de los ríos para buscar oro.

Esta minería artesanal fue implementada intensamente en las

primeras décadas de la colonización, y aún se practica hoy

para obtener oro aluvial en varias partes del país. 209 Además,

tenían una variada gama de objetos de cestería confeccionados

con diferentes tipos de fibras textiles, así como tejidos

de algodón, que decoraban con tintes vegetales del fruto de

la jagua y de la bija, aplicados por igual para pintar motivos

decorativos en sus recipientes cerámicos.

Con la fricción de cierta leña, los taínos obtenían el fuego con

el que cocinaban los alimentos, cocían la cerámica y derribaban

grandes árboles para preparar sus sembradíos o conucos.

Se alumbraban con hachos o trozos de madera resinosa como

la cuaba (Pinus occidentalis Sw.) y el goaconax o guaconejo

(Amyris balsamifera L.). Cabe añadir que era usual atrapar cocuyos

(Pyrophorus noctilucus) para aprovechar por las noches

su propiedad luminosa. Incluso los cronistas refieren que también

los españoles usaban el resplandor de estas luciérnagas,

evitando así consumir el aceite de los candiles.

Los taínos poseían un amplio conocimiento de las propiedades

medicinales de las plantas tropicales, muchas de las cuales

aún forman parte de la farmacopea popular. 210 Entre las

plantas que utilizaban con fines medicinales podemos citar

el apazote (Chenopodium ambrosioides L.), usado hoy como

vermífugo en las zonas rurales; el curia (Justicia pectoralis

Jacq.), hierba aromática apropiada para tratar dolores de estómago

y curar heridas; y el jobobán (Thychilia hirta L.), cuyas

raíces sirven como abortivo y su resistente madera se destina

a diversos fines, entre ellos la construcción de viviendas

campesinas, uso que quizá le dieron los aborígenes. Además,

obtenían un elixir o bálsamo del guaconax o boní, que por

sus cualidades medicinales llegó a ser comercializado por los

españoles. Y para los problemas estomacales empleaban el

zumo del hobo, mientras que con el palo del guayacán (Guajacum

officinale L.) trataban otras dolencias, entre ellas la terrible

enfermedad de la sífilis, llamada buba durante la época

colonial. 211

117

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


La caza

Para la caza de aves y otros animales, tales como quemíes,

curíes, hutías e iguanas, utilizaron el arco y la flecha, además

de las azagayas o lancetas arrojadas con propulsores en cuyo

manejo eran muy diestros.

En el terminal de las lanzas y flechas insertaban una punta afilada

hecha de una astilla de hueso de manatí (Trichechus manatus)

o de la espina que tienen en la cola los peces raya (familias

Urolophidae, Dasyatidae y Myliobatidae), muy abundantes en

el mar Caribe. En otras ocasiones colocaban puntas extraídas

de la resistente madera del copey (Clusia rosea Jacq.).

Para atrapar a los patos o ánsares en las ciénagas y lagunas,

los indios se sumergían en el agua y se cubrían la cabeza con

una calabaza que tenía pequeños agujeros que les permitían

respirar; la calabaza parecía flotar mientras se desplazaban

debajo de ella para agarrar al animal por las patas. 213 En la

captura de cotorras y otras aves recurrían a los niños, que se

camuflaban entre los árboles con un sombrero de paja o de

hojas secas y hacían graznar a una cotorra a fin de que las

otras aves acudieran en su auxilio y así poder atraparlas, para

lo cual utilizaban un lazo muy fino o vertían una resina pegajosa

sobre las ramas de modo que quedaran adheridas a estas.

118

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los taínos fueron ingeniosos en el empleo de trampas. En el

caso de las jutías y otros pequeños mamíferos que eran comunes

en las islas antillanas, acostumbraban a cazarlos con

el apoyo de perros mudos o aones adiestrados para tales

menesteres. También incendiaban las sabanas, acorralando

así a los roedores para dispararles flechas, o simplemente los

recogían quemados tras el incendio. Otro modo de atraparlos

era sacudiendo los árboles de los manglares donde estos

animales se refugiaban para que cayeran al agua, tras lo cual

saltaban de sus embarcaciones para capturarlos.

Tenían como animal doméstico al pequeño perro mudo o aon,

cuya carne consumían. A las higuacas o cotorras (Amazona

ventralis) las enseñaban a hablar y las mantenían cautivas en

jaulas hechas con trozos de madera y fibras vegetales.

En la época de los taínos había varios tipos de jutías o hutías.

Unas eran insectívoras, conocidas en Cuba con el nombre de

almiquí (Solenodon cubanus), mientras que la especie de la

Española es Solenodon paradoxus. En cambio, las más comunes

eran roedores, como la jutía conga o quemí (Capromys pilorides),

Isolobodon portoricensis y Plagiodontia aedium; esta

última recibía el nombre de guaminiquinaje, tenía el tamaño

de una liebre y su carne era muy apreciada por los indígenas.

Ambas especies son de hábitos nocturnos. 212

Jutía de la Española. ©Eladio Fernández

Vaso efigie de cerámica en forma de aon o perro mudo. (CCELJ)

Imagen estilizada de una iguana, cuya carne era muy apreciada por los taínos. (FGA)


119

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


La pesca

120

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La pesca, práctica común entre los taínos, les proporcionaba

proteínas adicionales y complementaba su dieta. De ahí

que sus poblados se establecieran preferentemente a orillas

de las playas y en las riberas de los ríos, así como en zonas

de manglares. Esta actividad se realizaba con arpones, arcos

y flechas, y anzuelos de hueso o concha de tortuga. También

empleaban grandes redes de algodón que sumergían con pesas

de piedra para atrapar bancos de peces en aguas poco

profundas y que les permitían arrastrar sus capturas a la orilla.

Las trampas o nasas de cestería fueron igualmente importantes

en la pesca a cierta distancia de la costa.

Para la captura de grandes piezas en el mar se valían de un

método muy ingenioso. Recurrían al guaicano o pez rémora

(Eucheneis naucrotes), el cual tiene una ventosa en la cabeza

que se adhiere fuertemente a otras especies de mayores

dimensiones y de esta forma se alimenta de los despojos de

sus presas. La rémora, sujetada por la cola con una cuerda,

era lanzada al mar para luego halarla y atrapar a los peces a

los que se adhería, entre ellos grandes tortugas y manatíes. 214

Los corrales fueron otro de los sistemas de pesca empleados

por los taínos en grandes lagunas y en aguas tranquilas y poco

profundas. 215 Eran cerramientos a base de juncos o estacas

de madera enclavados en el fondo del agua y sujetados con

lianas o bejucos. Todavía se usan en las lagunas Rincón (provincia

Barahona), Redonda y Limón (provincia El Seibo) y en la

desembocadura de algunos ríos, como el Yásica. 216

En los ríos pescaban también hicoteas (Pseudemis palustris

Gmelin) y jaibas (Callinectes diacanthus), y esparcían un barbasco

o bejuco llamado baiguá para adormecer a los peces

y facilitar su captura. Cerca de la desembocadura capturaban

el manatí (Manatus sp.), mamífero acuático del orden de los

sirenios conocido también como vaca marina. Este animal de

apreciable tamaño sirvió como fuente alimenticia desde la

época arcaica y fue muy apreciado por los taínos, pues les

proporcionaba abundante carne. Con sus huesos, especialmente

los de las costillas, hacían objetos ceremoniales como

las espátulas vómicas y los inhaladores utilizados en el rito de

la cohoba, además de amuletos, orejeras y cucharas, entre

otros. También cazaban la foca caribeña (Monachus tropicalis),

único representante de su especie en las Antillas, que lamentablemente

está extinta en la actualidad. Además de aprovechar

su carne como alimento, utilizaron los colmillos de las

focas para elaborar amuletos y otros adornos colgantes.


121

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Corrales de pesca según un grabado de la época.

Arriba: pez rémora o guiacano; abajo: barbacoa donde se asaban los peces. Ilustraciones de John de White. ©The Trustees of the British Museum


«En todas las cosas que

comían estas gentes, cocidas

o asadas, o crudas, usaban de

la pimienta que llamaban axi,

la cual ya es de toda España

conocida».

122

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

[Fray Bartolomé de las Casas]

Las tortugas marinas, como el carey (Chelonia imbricata) y el

tinglar (Dermochelys coriacea), las capturaban en las playas

cuando llegaban a desovar en la arena. Asimismo, en los manglares

y arrecifes recolectaban algunos crustáceos y moluscos

cuyas conchas aprovechaban para elaborar adornos e instrumentos

utilitarios.

Los alimentos obtenidos a través de la caza y la pesca los cocían

o asaban sobre barbacoas de madera y los sazonaban

con varias clases de ajíes.


Navegación y comercio

Los taínos fueron diestros navegantes que utilizaron canoas y

cayucos, ágiles embarcaciones monóxilas que les permitían

trasladarse en los medios fluvial y marítimo. Se fabricaban a

partir de un solo tronco, el cual ahuecaban quemándolo y raspando

su interior con hachas y cinceles de piedra y otros utensilios

abrasivos y cortantes como raspadores de concha y lajas

de pedernal, que empleaban también para fabricar múltiples

utensilios de madera. 217

Para construir canoas recurrían a los troncos de los grandes

árboles que entonces abundaban en las islas antillanas. Los

cronistas de Indias refieren que algunas podían acoger a más

de cuarenta navegantes. 218 Los cayucos, de menor tamaño,

eran usados en los ríos para transportar a una o dos personas

a lo sumo. Las canoas se impulsaban mediante remos con

forma de pala denominados nahes, que tenían un mango y

semejaban una muleta. Los grupos indígenas suramericanos

de las zonas orinoco-amazónicas usan todavía en esta época

tipos similares de embarcaciones y de remos.

El historiador Roberto Cassá, en su obra Los taínos de la Española,

señala que la canoa fue parte fundamental del dinamismo

de la sociedad taína: «Sobre todo, creaba la posibilidad de

regulares contactos e intercambios culturales de taínos de islas

diferentes y, ocasionalmente, con grupos continentales». 219

A este respecto, fray Bartolomé de las Casas, testigo presencial

de la conquista de Higüey, informa en su Historia de las

Indias que los indios de este cacicazgo alojado en el extremo

oriental de la isla Española se comunicaban diariamente con

la cercana isla de San Juan, hoy Puerto Rico:

[…] y no hobiese sino 12 ó 15 leguas de distancia, cada día se

iban en sus canoas o barquillos los de esta isla a aquélla y los de

aquélla a ésta venían y se comunicaban, y así pudieron bien saber

los unos y los otros lo que en tierra de cada uno había. 220

123

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los taínos y demás indios antillanos utilizaron profusamente

este transporte para sus menesteres de pesca, sus incursiones

guerreras y la práctica del comercio; este último les permitió

desarrollar la comunicación e intercambio interinsular. Durante

la época prehispánica las canoas desempeñaron un papel

muy importante en el establecimiento de las rutas de tránsito

migratorio, regidas por las corrientes marinas, y, por consiguiente,

en el poblamiento de las Antillas. Así, el verde azulado

mar Caribe, lejos de ser un obstáculo divisorio, constituyó

el medio de enlace por excelencia entre los habitantes de las

diversas islas.

Pie pendiente

Indios navegando en canoa, Historia del Nuevo Mundo, de Girolamo Benzoni, 1572.


El propio Cristóbal Colón habla con elocuencia de la facilidad

y disposición que tenían los indígenas para la navegación. En

un principio llamó almadías a sus embarcaciones, pero después

aceptó plenamente el término taíno de canoa, que fue

la primera voz americana que se incorporó al vocabulario de la

lengua castellana publicado por Nebrija hacia 1494. 221 Al igual

que sucedió con la palabra canoa, muchos vocablos taínos

como huracán, cacique, sabana, cayo, bohío, hamaca, macana,

batea, higuera, barbacoa, maíz, batata, yuca, tabaco, caimán,

tiburón, etc., alcanzaron una gran difusión en el idioma

español, del cual pasaron a otras lenguas europeas. 222

A diferencia de las grandes civilizaciones continentales que

usaron el cacao como moneda, los taínos realizaban sus

intercambios comerciales mediante el trueque o canje de

productos. 223 Esto se evidencia en las permutas de especies

vegetales y marinas que se llevaban a cabo entre las aldeas

costeras y las ubicadas tierra adentro, y para tales intercambios

se reservaban las piezas de caza y pesca de mayor tamaño,

por ser las más demandadas.

Los primeros contactos que los españoles sostuvieron con los

indígenas en las islas antillanas se basaron en un intenso trueque

de los más diversos objetos, 224 lo que en lengua taína se

conocía con el vocablo de serra. 225 A través de este comercio,

que recibió en la época colonial el nombre de rescate, los colonizadores

obtenían piezas de oro o de guanín, a cambio de

las cuales los indígenas recibían espejos, cerámica, cuentas de

vidrio, sonoros cascabeles metálicos y otros sencillos objetos,

especialmente de bronce, que eran muy apreciados por los

taínos ya que les conferían atributos divinos. 226

124

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Organización social y política

La unidad básica de la sociedad taína era la familia comunitaria.

Para la gente común, la familia tenía un carácter monogámico,

mientras que los caciques y nitaínos podían practicar la poligamia,

y una de las esposas era la preferida o principal. Las crónicas

afirman que Bohechío, cacique de Jaragua, llegó a tener

unas treinta esposas. Conviene aclarar que en las sociedades

cacicales la poligamia responde a la necesidad de establecer

alianzas entre los grupos tribales para consolidar el dominio de

los caciques.

El matrimonio era de carácter exogámico, es decir, se realizaba

entre miembros de distintos clanes familiares. El contrayente

debía efectuar un pacto o alianza con los progenitores de la

desposada por el que se comprometía a trabajar un determinado

tiempo en provecho de estos o a otorgar presentes a la

familia, principalmente, sartas o cuentas de collares de roca

marmórea, llamadas cibas. 227 De no cumplirse los compromisos,

podían surgir desavenencias y rencillas entre los clanes.

Poseían una jerarquía definida y una clara división del trabajo,

de tal manera que, sin llegar a constituir una sociedad de clases,

tenían una estructura social estratificada, acorde con los

procesos de transición de una sociedad tribal a una de jefatura

o cacical. 228

El cacicazgo constituía la mayor unidad territorial y agrupaba

numerosas aldeas o poblados que recibían el nombre de yucayeques.

Estaban regidos bajo la autoridad de un cacique o jefe

tribal, que era asistido por unos personajes de cierta jerarquía

llamados nitaínos. Los naborías ocupaban el nivel más bajo de

la pirámide social, a modo de subordinados o criados, y se

encargaban de las labores agrícolas, la caza y otras actividades

productivas.

125

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ilustración de una aldea taína con una plaza o batey en el centro.


Por su parte, las mujeres eran las responsables del cuidado

de los niños y de los quehaceres domésticos, así como de las

jornadas de siembra, la preparación de las tortas de casabe

y la elaboración de los recipientes cerámicos, los tejidos de

algodón y una amplia gama de objetos de cestería. Además,

realizaban tareas de recolección de frutos silvestres y especies

marinas y fluviales. También tenían una importante participación

en las actividades políticas y sociales. Las madres o

esposas de los caciques podían ascender al rango de cacicas

por diferentes motivos, sobre todo a la muerte de aquellos,

heredando la conducción del cacicazgo y haciéndose acreedoras

a un trato privilegiado a tono con su alta jerarquía, que

les permitía intervenir en las decisiones políticas. 229

126

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Las mujeres también participaban en el juego de pelota y en los

bailes ceremoniales o areitos. Por las crónicas también conocemos

que eran buenas nadadoras y que, de manera similar a los

hombres, se ejercitaban en las artes de la guerra, tal y como

refiere Las Casas: «[…] mayormente los de estas islas todos peleaban

cuando era menester, y las mujeres también nadando

en los ríos y en la mar, y desde el agua tiraban buenas flechas

porque sabían bien menear e usar de sus arcos y armas». 230


El cacique

El jefe supremo de las tribus era el cacique. A esta posición

se accedía de forma hereditaria por vía matrilineal o mediante

la realización de un hecho extraordinario. Sobre la manera de

designar a los caciques, Mártir de Anglería refiere lo siguiente:

«Dejan heredero del reino al primogénito de la hermana mayor,

si lo hay; en su defecto al de la segunda, y si ésta no tiene

hijos, al de la tercera, por estimar que hay certidumbre de que

esa descendencia procede de su sangre». 231

Los caciques ejercían el dominio de las aldeas, encargándose

de distribuir las tareas productivas, tal y como señala Anglería

cuando dice: «Cada reyezuelo tiene repartidos sus súbditos

y dedicados unos a la caza, otros a la pesca y otros a la agricultura».

232 A pesar de que la propiedad tenía un carácter comunal,

el cacique, además de intervenir en la asignación de

labores, ejercía el control del proceso productivo mediante la

repartición de los bienes de consumo. 233 Sobre el particular, el

mismo cronista escribió:

Cuanto se siembra, planta, pesca, caza o se ejecuta mediante

otras artes, hácese por mandato del rey, quien, a su arbitrio, reparte

dichas actividades a cada individuo. Recogidas las cosechas,

se las congrega en los graneros regios, de donde se reparten

todo el año para uso del pueblo, a proporción de la familia de

cada cual. El reyezuelo viene a ser, por tanto, como el monarca de

127

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

las abejas, administrador y distribuidor. 234

El esquema de dominio de los caciques fue adoptado por los

colonizadores: cuando se desposaban con las cacicas o las

hijas de los caciques accedían al control de la población del

cacicazgo, a la cual ponían a trabajar para su beneficio bajo el

régimen de los repartimientos y las encomiendas. 235

Vaso efigie femenino en posición ceremonial. Colección Betty e Isaac Rudman.

Mujeres indígenas procesando harina de yuca para elaborar tortas de casabe.


128

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El historiador Francisco Moscoso plantea que los caciques,

además de ser la máxima autoridad política y hasta cierto

punto económica de las aldeas, controlaban también las prácticas

religiosas pues eran los oficiantes del ritual de la cohoba

y tenían bajo su tutela a los ídolos o cemíes, consolidando

con ello su preeminencia social y su poder. 236 Incluso eran los

caciques quienes recibían en su vivienda las ofrendas que se

tributaban al cemí. Moscoso cita a Las Casas cuando constata

ese tributarismo ritual:

Hallamos que en el tiempo de coger las mieses de las labranzas

que labraban y sembraban, las cuales eran del pan que se

hacía de raíces, y de los ajes y batatas y del maíz, daban cierta

parte como primicias, cuasi haciendo gracias de los beneficios

recibidos; esta parte o primicias de los fructos, como no tenían

señalados templos, ni casas de religión […] poníanla en la casa

grande de los señores y caciques, que llaman caney, ofreciéndola

y dedicándola al cemí. 237

Cuando el cacique emprendía algún viaje lejos de la aldea,

sus súbditos lo transportaban sobre una litera de madera y

paja. En ocasiones lo acompañaban los hijos pequeños, quienes

formaban parte del cortejo y eran conducidos a hombros

detrás de su padre. Al referirse Colón a un cacique de la isla

de Cuba, dice: «venían con él más de dozientos hombres y

que lo traían en unas andas cuatro hombres». 238

La alimentación de los caciques también era objeto de un tratamiento

especial, y los productos que consumían se seleccionaban

cuidadosamente. Al describir la fabricación del casabe,

Las Casas afirma que había una variedad especial: «muy delgado

y muy más lindo y blanco, para poner a la mesa para los

señores, cuasi como unas hermosas obleas, […] y las tortas

delgadas que desta masa rayada […], llamaban xavxao». 239


Los símbolos de poder

El cacique se distinguía porque sobre su pecho lucía como

insignia de su jerarquía una placa de forma discoidal hecha,

generalmente, de concha o de hueso a la cual se aplicaban

láminas de guanín para realzar su apariencia con el reluciente

brillo de este metal. Otros de los objetos distintivos usados

como emblema por los caciques eran los vistosos cinturones

trenzados de algodón, que estaban adornados con diminutas

cuentas de concha y pedrería y tenían en el centro una carátula

o guaiza con una expresión espectral que rememoraba

las caras de los ancestros y en la que también se incrustaban

discos de oro o de concha. 240 Las piezas de guanín también

les servían a los caciques como adornos, que fijaban a algún

objeto por medio de un betún pegajoso.

129

Colón informa que en las islas le llamaban al oro de diversas

maneras: nozay en las Bahamas o Lucayas, caona en el norte

de Haití, mientras que los ciguayos de Samaná le decían

toub. Sin embargo, en casi todas partes, el término guanín

denominaba el oro de baja ley que contiene una aleación de

cobre, que por su olor apreciaban mucho los taínos, y al cual

asociaban con sus creencias mitológicas y sus conceptos de

sacralidad. 241 Sobre la valoración dada por los indígenas a los

metales, Las Casas refiere:

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Toda cosa de latón estimaban en más que otra ninguna, y por

eso, por un cabo de agujeta, daban sin dificultad cuanto en las

manos tenían; llamábanle turey, como a cosa del cielo, porque

al cielo llamaban turey; olíanlo luego como si en olerlo sintieran

que venía del cielo; y finalmente, hallaban en él tal olor, que lo

estimaban por de mucho precio, y así hacían una especie de oro

bajo que tenía la color que tiraba a color algo morada y que ellos

llamaban guanín. 242

Bastón de mando. (MARAC)


Como los taínos no conocían la aleación de metales, trabajaban

el oro laminado a base de martilleo y seleccionaban

aquellos pedazos o pepitas que, al ser extendidos, ofrecieran

las dimensiones deseadas. A este respecto Las Casas señala:

Estas plastas de oro no eran fundidas ni hechas de muchos granos,

porque los indios desta isla no tenían industria de fundir, sino

los granos de oro que hallaban, majábanlos entre dos piedras, y

así los ensanchaban, por manera que siendo grandes las plastas,

eran extendidas y ensanchadas de grandes granos o piezas que

en los ríos hallaban. 243

Y agrega el fraile dominico:

[…] este oro facian en fojas mui delgadas, porque lo quieren para

facer carátulas é para poderse asentar en betún que ellos facen,

si así no fuese no se asentaría. Otro facen para traer en la cabeza

e para colgar en las orejas é narices, ansí que todavía es menester

que sea delgado, pues que ellos nada de esto hacen por riqueza

130

salvo por buen parecer. 244

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Como parte de su indumentaria, los caciques se cubrían la cabeza

con bonetes de algodón. El doctor Diego Álvarez Chanca,

en su carta al Cabildo de Sevilla dando cuenta del segundo

viaje de descubrimiento, refiriere que el cacique Guacanagarí

le había obsequiado al Almirante un bonete con cuentas de

piedras y adornos de concha de caracol. De igual manera,

Colón informa de un bonete recogido por él que estaba recubierto

de láminas y hojas de oro. 245

Representación de un personaje masculino, posiblemente un cacique, que lleva un cinturón

y, en la cabeza, un bonete en alusión a su alto rango social. (NMAI, Smithsonian Institution)

Guanín o lámina de oro discoidal.

Pasadores u orejeras de ámbar. (MHD)


131

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Majador lítico cuyo mango muestra una figura sedente masculina con una expresión que denota autoridad. (MHD)


Además de estos aditamentos de uso corporal, se han localizado

en los asentamientos arqueológicos algunos objetos líticos

que parecen bastones de mando, que simbolizaban el poder y

autoridad de los caciques. 246 También, hachas monolíticas, es

decir, completamente de piedra, incluido el mango, que por

la calidad de su ejecución debieron ser cetros de los caciques,

así como otras hachas con la forma petaloide convencional que

muestran delicados relieves figurativos antropomorfos, por lo

que se les atribuye un carácter ceremonial. 247 Algunas de las

hachas monolíticas tienen en su tope imágenes votivas, normalmente

estatuillas con rasgos antropomorfos y zoomorfos.

132

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otros objetos de connotada relevancia son las dagas líticas

con imágenes que transmiten una notable adustez; por tanto,

podemos presumir que se trata de personajes vinculados al

panteón donde moraban los espíritus, tal vez de un antepasado

connotado, una deidad o algún ser relacionado con su

cosmogonía. En el caso de estas dagas, para darle más fuerza

a la configuración, el escultor rompe el equilibrio de las proporciones

artísticas y la forma del contorno característico de las

hachas petaloides para hacer piezas únicas e individualizadas,

lo cual lleva a pensar que eran objetos confeccionados con un

propósito ritual que evidenciaba la relevancia del portador. 248

En algunos casos se ha querido asociar las dagas líticas con

ceremonias de sacrificios humanos, pero no tenemos evidencia

de que entre los taínos se practicara este tipo de rituales, que sí

estaban presentes en las avanzadas culturas de Mesoamérica.

Cetro ceremonial. (MHD)

Bastones de mando. (FGA)


133

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


134

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Hachas monolíticas con representaciones zoomorfas: izquierda (MHD); centro, colección Pierre y Nicole Domino.

Derecha: daga lítica antropomorfa. (MHAA, UPR)


135

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Hachas efigies ceremoniales, izquierda y centro (FGA). Daga lítica con figura antropomorfa, derecha. (MHD)


136

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vista delantera y trasera de un hacha efigie de carácter ceremonial que muestra una estilización antropomorfa en posición acuclillada. (FGA)


Los cacicazgos

Los cacicazgos eran territorios constituidos por múltiples aldeas

y gobernados por un cacique principal que tenía bajo

su jefatura a un grupo indeterminado de caciques subordinados.

Fray Bartolomé de las Casas afirma que la Española se

dividía en cinco grandes cacicazgos. Al noroeste quedaba el

cacicazgo de Marién, regido por Guacanagarí. En el valle de

la Vega Real estaba el de Maguá, señoreado por Guarionex.

En la región oeste se hallaba Jaragua, encabezado por Bohechío,

a cuyo fallecimiento el cacicazgo quedó en manos de su

hermana Anacaona. Caonabo gobernaba Maguana, al sur de

la Cordillera Central. Higuanamá era la cacica de Higüey, en el

extremo sureste de la isla; a su muerte le sucedió el aguerrido

Cotubanamá, quien tras enfrentar a los españoles fue hecho

prisionero y ahorcado en Santo Domingo. Al frente de este

territorio quedó entonces la esposa del cacique Cayacoa, que

al ser cristianizada recibió el nombre de Inés de Cayacoa.

Además de estos connotados caciques a los que llamaban

guamiquina o jefe supremo, había otros subalternos. Uxmatex,

en el área del Cibao, contaba bajo su mando con 16,000

hombres de pelea. 249 Guatiguará mandaba sobre un gran

poblado en la ribera del río Yaque del Norte, donde Colón

construyó el fuerte de la Magdalena. Maniocatex estaba en

el valle de la Vega Real, y en sus predios, colindantes con los

de Guarionex, se fundó la fortaleza de la Concepción. Andrés

Guaybona, en la zona de Puerto Plata, aun siendo un cacique

menor o subalterno, tenía, según Las Casas, sobre treinta y

cuarenta mil personas en su señorío, por súbditos y quinientos

nitaínos. 250 Y no podemos dejar de mencionar al legendario

Enriquillo, que se sublevó contra el dominio colonial en la sierra

de Bahoruco y, después de una larga contienda, firmó un

honroso tratado de paz con las autoridades españolas. En la

península de Samaná, Mayobanex era el jefe de los ciguayos.

137

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Amuleto antropomorfo tallado en concha. (MHD)


138

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Mapa de Andrés Morales, publicado en 1516, con las demarcaciones territoriales o cacicazgos de la isla Española.

Biblioteca Universitaria di Bolonia, Italia.


Sin embargo, no todos los cronistas concuerdan con la versión

tradicional propuesta por Las Casas y Fernández de Oviedo

sobre los cinco grandes cacicazgos en que estaba dividida la

isla. Mártir de Anglería, basándose en las informaciones geográficas

del cosmógrafo Andrés Morales, que por instrucciones

del gobernador Nicolás de Ovando realizó en 1508 un mapa

de la Española, señala otros cinco cacicazgos o demarcaciones

con los nombres de Caizcimú, Caiabo, Hyabo o Huhabo,

Bainoa y Guaccaiarima, que incluyen veintisiete subdivisiones.

Pero lamentablemente no da los nombres de los caciques que

los encabezaban. 251

Por los testimonios de la época, sabemos que los grandes caciques

podían llegar a tener «treinta, cuarenta o cincuenta mil

naborias bajo su mando». 252 Si nos atenemos a estas estimaciones

demográficas y consideramos como base de cálculo la

cifra aproximada de unos cincuenta mil indios por cacicazgo,

entre los cinco grandes territorios, incluyendo a los grupos

marginales, como los macorijes y los ciguayos, podemos inferir

que la población indígena, a la llegada de los europeos,

rondaría la cifra de unos trescientos mil en toda la isla. 253

Los caciques guerreaban entre sí cuando, ocasionalmente, se

violaban los límites del territorio de caza, o se incumplía la

promesa de entregar a una hija ofrecida en casamiento, o para

vengar viejas ofensas y rivalidades. A estas refriegas les llamaban

guazábaras. Los españoles supieron aprovechar las rivalidades

nativas en provecho de sus campañas de conquista,

como en el caso de los indios del cacicazgo de Santa Cruz de

Ycayagua o Icagua (hoy Santa Cruz del Seibo), que se unieron

a los españoles en la contienda contra los higüeyanos. 254

Sus armas ofensivas se limitaban a lancetas o azagayas que

arrojaban con propulsores, y a arcos con flechas; a estas en

algunos cacicazgos se les ponía en la punta una sustancia

venenosa extraída del árbol llamado guao (Comocladia glabra

Spreng). Además, usaban macanas de madera de palma

(Roystonea hispaniolana Bailey) y hachas de piedra. En algunos

casos, como táctica de guerra, quemaban las semillas de ají

(Capsicum annuum y Capsicum frutescens) para que el humo

afectara la visión del enemigo durante los enfrentamientos

bélicos, método que intentaron usar contra los españoles en

la villa de Salvaleón de Higüey. 255 También era usual hacer

señales de humo para alertar a las aldeas sobre la cercanía de

algún contingente enemigo. 256

139

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Indígenas con arco y flecha, y un propulsor para lanzar azagayas.


Nitaínos y naborías

Por debajo del cacique estaban los nitaínos, considerados

«hombres nobles y principales». 257 Eran personajes de elevada

jerarquía dentro de la cadena de mando y asistían a los

caciques en las tareas de gobierno. Cuando Bohechío y su

hermana Anacaona recibieron a Bartolomé Colón, estaban

acompañados por «treinta y dos régulos» 258 , que debieron

ser caciques subalternos o nitaínos. Las Casas dice al respecto

que los nitaínos «eran y se llamaban los principales como

centuriones y decuriones o jurados, que tenían debajo de su

gobernación y regimiento otros muchos». 259

140

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Por otro lado, los naborías, término que en lengua taína significaba

«criados o sirvientes», ocupaban el nivel más bajo de la

escala social. Según Fernández de Oviedo, el naboría «era un

indio que no era esclavo, pero está obligado a servir aunque

no quiera». 260 Los cronistas establecen dos categorías entre

ellos, llamándoles a unos «naborías de casa», que tenían bajo

su cuidado el entorno personal y doméstico de los caciques, y

a otros, «indios de servicio», que se dedicaban a todo tipo de

tarea productiva. Sin llegar a ser esclavos, los naborías estaban

subordinados a la autoridad de los caciques y recaían sobre

ellos los trabajos más duros, como la fabricación de canoas, la

tala y quema del bosque a fin de prepararlo para el cultivo, al

igual que otras actividades vitales para la subsistencia, como

la caza y la pesca. 261

Los naborías serían parientes lejanos de los clanes de mayor

jerarquía, o bien integrantes de otras tribus con niveles culturales

inferiores a los grupos dominantes. Tal era el caso de los

primitivos habitantes de Cuba, conocidos con los nombres de

«guanahatabeyes» y «ciboneyes», que los «otros indios de la

misma isla tenían por sirvientes». 262

Indio naboría ilustrado en la obra de Gonzalo Fernández de Oviedo.


Los behiques o buhitihos o buhitihos

éxtasis y curación

Éxtasis y curación

Otro personaje de importancia en la sociedad taína era el behique,

al que algunos cronistas mencionan con el nombre de

buhitiho. 263 Se trataba del curandero o médico hechicero, que

poseía un vasto conocimiento de la farmacopea herbal y velaba

por la curación de los enfermos mediante prácticas mágico-medicinales,

interviniendo, además, en la preparación de

los ídolos de la cohoba y de otros objetos rituales. 264

Por sus funciones, el behique era una especie de chamán, término

que en lengua tungús siberiana alude a la capacidad de

«saber». Desde una perspectiva etnológica más universal, los

chamanes son todos aquellos especialistas o iniciados que, a

través de estados de trance, pueden emprender lo que Mircea

Eliade denominó «vuelo mágico», que consiste en un viaje extático

durante el cual el oficiante cree que su alma abandona

el cuerpo para conectarse con lo sobrenatural. 265

En líneas generales, a los behiques les correspondían las funciones,

atributos y rasgos rituales del esquema tradicional del

chamanismo, propios de las culturas primitivas. Como parte

de los ritos propiciatorios, observaban una estricta dieta e inhalaban

drogas alucinógenas que obtenían de las semillas del

árbol conocido como cohoba (Piptadenia peregrina). Bajo el

efecto de los polvos alucinógenos entraban en un estado de

éxtasis durante el cual volaban imaginariamente «al más allá»

hasta alcanzar el Coaybay o región habitada por los espíritus

para «comunicarse» con las fuerzas sobrenaturales e «influir»

en ellas con la finalidad de recobrar la salud de los enfermos,

que podían ser afectados por un mal espíritu. 266

El conocimiento de las propiedades curativas de las plantas

tropicales, aunado a la facultad de ascender imaginariamente

al «otro mundo» para conjurar a los espíritus, permitía a los

behiques intervenir en la sanación de los enfermos, ganando

con ello respeto y poder social, tal y como podemos apreciar

por una referencia aportada por Fernández de Oviedo:

Estos, por la mayor parte, eran grandes herbolarios e tenían conoscidas

las propiedades de muchos árboles e plantas e hierbas;

e como sanaban a muchos con tal arte, teníanlos en gran veneración

e acatamiento, como a sanctos; los cuales eran tenidos entre

esta gente como entre los cristianos los sacerdotes. 267

En correspondencia con tales saberes y poderes, utilizaban

una indumentaria y unos instrumentos rituales cargados de

simbolismo esotérico que les facilitaban la comunicación con

ese otro mundo, donde moraban las deidades y las almas de

los seres desaparecidos. Además, asistían a los caciques en el

culto a los ídolos tutelares o cemíes y fabricaban las imágenes

veneradas en las aldeas. 268

141

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Behique o curandero asistiendo a un enfermo.


El «vuelo mágico» y su

connotación ornitomorfa

El «vuelo mágico» y su

connotación ornitomorfa

Efectos terapéuticos de la dieta

Efectos terapéuticos de la dieta

142

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En los instrumentos asociados al uso de la cohoba, como las

manos de mortero con las que se maceraba la planta alucinógena

y las espátulas empleadas por los behiques para provocarse

vómitos con la finalidad de purificar el cuerpo antes de las

ceremonias, aparecen representadas diversas especies de aves,

particularmente lechuzas (Strigidae sp), pelícanos (Pelecanus

occidentalis) y cotorras. En el arte taíno, estas imágenes ornitomorfas,

algunas vinculadas con la representación iconográfica

del «hombre pájaro» eran muy frecuentes y parecen aludir a la

capacidad de los behiques y de los caciques de transmutarse

en aves para emprender el «vuelo mágico» por el cosmos, hasta

ascender imaginariamente a la «región de los espíritus», que

los adentraba en la geografía mitológica de los taínos.

El ayuno era un requisito imprescindible en las prácticas curativas

de los behiques, hasta el extremo de que, si fallecía el

enfermo, los parientes podían vengarse del behique e incluso

causarle la muerte a golpes bajo la acusación de no haber

guardado el ayuno reglamentario. 269 Aún hoy constituye una

técnica terapéutica común en Sudamérica, y los tratamientos

de los piai o chamanes de las Guayanas y la Amazonía contemplan

una dieta severa tanto para el paciente como para

sus familiares. 270 La medicina naturista actual reconoce los beneficios

del ayuno, pues, a través de una limpieza sistemática,

el organismo puede recuperar la normalidad fisiológica y la

estabilidad psíquica.

Mangos de espátulas vómicas de la cohoba con figuras ornitomorfas. (FGA)


El simbolismo del esqueleto

El simbolismo del esqueleto

El ayuno no solo forma parte de la acción terapéutica del

chamán, sino que constituye un aspecto clave de sus ritos de

iniciación. La intensidad de los ayunos puede dar al cuerpo

una apariencia esquelética, evidenciando así la doble naturaleza

chamánica entre lo humano y lo divino, lo que revela

la liberación ritual sobre la muerte y la capacidad de confrontar

a los espíritus. El antropólogo Alfred Métraux menciona

como los piai pasaban un período de retiro, que podía durar

un año, durante el cual se regían por la continencia y ciertas

prohibiciones alimentarias. 271 Pascal Lacombe, que participó

en prácticas chamánicas en la Amazonía, observa que las mismas

incluían intensos ayunos o dietas de purificación previos

al uso ritual de la ayahuasca (bebida elaborada a partir de

Banisteriopsis caapi combinada con otras plantas), dado que

estas dietas intensifican los efectos de los alucinógenos, cuyo

consumo le confería al practicante el poder de la interpretación

y el conocimiento para acceder al universo espiritual. 272

Pané habla de los prolongados ayunos de los behiques de

la isla Española, que no solo eran practicados por ellos, sino

también por los propios pacientes. 273 A su vez, Las Casas dice

respecto a los de Cuba:

Así pues, el ayuno purificaba y potenciaba el efecto alucinógeno

de la cohoba, además de contribuir a la apariencia esquelética

del behique. En este sentido el esqueleto posee un

especial significado en la simbología chamánica, que alude a

una espiritualidad potente que renuncia a lo efímero del cuerpo

y exalta sus propios huesos, desde los que renace místicamente

y triunfa sobre la condición humana venciendo la muerte. 275

143

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ayunaban cuatro meses, y más, continuos, sin comer cosa alguna,

sino solo cierto zumo de yerba o yerbas, que solamente para

sustentarlos que no muriesen, bastaba; de donde se colige que

debía ser de grandísima virtud aquella yerba o yerbas [...] Macerados,

pues, y atormentados de aquel cruel y aspérimo y prolijo

ayuno, que no les faltaba sino expirar, decíase que entonces estaban

dispuestos y dignos que les apareciese y de ver la cara del

Cemí [...] 274

Vaso efigie de un behique sentado sobre un dúho. Se observa la delgadez

del cuerpo provocada por los ayunos rituales. (MHD)


Las Las viviendas viviendas

144

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Las aldeas o poblados taínos, que ellos llamaban yucayeques,

tenían como unidades habitacionales los bohíos y los caneyes.

Eran casas comunales que podían albergar a una familia

extendida de unas quince a veinte personas, conformada por

los padres y algunos de los hijos o hijas casados. Sobre el particular,

Colón ha dejado el siguiente testimonio: «[…] porque

aquellas casas eran de manera que se acogen en ellas mucha

gente en una sola, y deben ser parientes descendientes de

uno solo». 276 Los bohíos (llamados también eracras) tenían forma

circular y techo cónico. Estaban sostenidos por postes de

madera enterrados en el suelo, de los cuales se sujetaban los

andamios con lianas o bejucos para confeccionar el armazón

de las viviendas. Las paredes y los techos estaban formados

por hojas de palma o paja. En el techo tenían un pequeño respiradero

coronado por un caballete para permitir la salida del

humo de los fogones que mantenían dentro de las viviendas.

Los caneyes, nombre dado a las residencias de los caciques,

tenían, ocasionalmente, forma rectangular, techo a dos aguas

y una marquesina frontal a modo de recibidor. Estaban situados

frente al batey o plaza, donde se congregaban los miembros

del poblado para celebrar sus actividades ceremoniales

y sociales. Las viviendas de los caciques hacían las veces de

templo, y se guardaban en ellas los ídolos o cemíes. En otros

casos, los caciques, además de la casa familiar, poseían una

edificación aledaña a la aldea dedicada al culto de los cemíes

y en la que se celebraban los rituales religiosos. 277

La distribución de los bohíos difería de unos poblados a otros.

En algunos casos, tal y como refiere Las Casas, se disponían

formando calles:

Dentro de aquellos montes llanos talaban los árboles cuanto era

menester para hacer una plaza, según el pueblo era chico o grande;

y hecha la plaza, ella en medio, talaban y hacían cuatro calles

en cruz muy anchas y de un tiro de piedra de largo. 278 Bohío y caney según Gonzalo Fernández de Oviedo (1547).


En otros casos, estaban dispersos en torno a una plaza central.

Las Casas lo describe de este modo:

Los pueblos destas islas no los tenían ordenados por calles, más

de que la casa del rey o señor del pueblo estaba en el mejor lugar

y asiento, y ante la casa real estaba en todos una plaza grande

más barrida y más llana, más luenga que cuadrada, que llamaban

en la lengua destas islas batey, la penúltima sílaba luenga, que

quiere decir el juego de pelota […] También había casas cercanas

de la dicha plaza, y si era el pueblo muy grande, había otras plazas

o juegos de pelota menores que la principal. 279

El batey o plaza era utilizado para el juego de pelota y para

celebrar los areitos o bailes colectivos, en los que, con acompañamiento

de instrumentos musicales, se cantaban las leyendas

o tradiciones de los clanes, además de festejar las hazañas

guerreras de los caciques y la obtención de buenas cosechas.

En cuanto a la población de los yucayeques, Las Casas refiere

que variaba desde cien hasta quinientos vecinos, aunque

como el mismo cronista indica podían albergar un número

mayor, llegando a reunir más de mil individuos. 280 Los bohíos

se encontraban separados unos de otros para evitar que, en

caso de incendio, el fuego se expandiera y arrasara la aldea,

lo que debía suceder a menudo, pues, como señala Mártir de

Anglería, las moradas indígenas estaban «expuestas a numerosos

peligros de fuego y huracanados torbellinos». 281

145

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Entre las manifestaciones del legado cultural indígena están

las técnicas y los materiales de construcción de las viviendas

vernáculas, que han mantenido su vigencia durante siglos y

aún es posible encontrarlos en las zonas rurales del país. 282

Esta supervivencia de los bohíos campesinos, al igual que

otras tantas tradiciones artesanales autóctonas, no está desvinculada

del proceso de mestizaje, transculturación y acriollamiento

iniciado en los primeros momentos de la conquista

y colonización. 283

Majador lítico con un rostro antropomorfo que alude a la faz de Guabancex,

el Señor de los Vientos. (FGA)


Las hamacas

Los taínos dormían en hamacas o camas colgantes que tejían

con algodón (Gossypium barbadense L.) o magüey (Agave

spp.) y sujetaban con hicos o cuerdas de cabuya (Frucraea

hexapetala Jacq.) o de henequén (Agave sisalana). También

usaban la corteza del jagüey o xagüey, conocido en la actualidad

como majagua (Hibiscus tiliaceus L.), para tejer las hamacas

y hacer las sogas. Fernández de Oviedo describe las

hamacas de este modo:

146

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Las camas en que duermen se llaman hamacas, que son unas

mantas de algodón muy bien tejidas y de buenas y lindas telas,

y delgadas algunas de ellas, de dos varas y de tres en luengo, y

algo más angostas que luengas, y en los cabos están llenas de

cordeles de cabuya y de henequén […] Y estos hilos son luengos,

y vanse a juntar y concluir juntamente, y hácenles al cabo un trancahilo,

como a una empulguera de una cuerda de ballesta, y así la

guarnecen, y aquella atan a un árbol, y al otro al cabo, con cuerdas

o sogas de algodón, que llamaban hicos, y queda la cama en

el aire, cuatro o cinco palmos levantada de tierra, en manera de

honda o columpio; y es muy buen dormir en tales camas, y son

muy limpias; y como la tierra es templada, no hay necesidad de

otra ropa ninguna encima. 284

Las hamacas, que llegaron a las Antillas con los arahuacos procedentes

de la costa norte de Sudamérica, tienen la ventaja

de mantener al durmiente por encima del suelo, evitando la

exposición a picaduras o mordeduras de animales terrestres.

Generalmente, se disponían en posición radial, entre el poste

central del bohío y los situados en los muros. 285 Cuando

emprendían algún viaje, transportaban las hamacas y otras

pertenencias en cestas llamadas jabas, que actualmente en

el país se conocen con el nombre de macutos, voz de posible

origen africano o tal vez caribe introducida desde las Antillas

Menores por los franceses ocupantes de la colonia de Saint

Domingue, en la parte occidental de la Española.

Fuera de los bohíos, sujetaban las hamacas de los árboles o

en andamios de improvisados cobertizos techados con pencas

de palma, a modo de enramadas temporales, y denominados

barbacoas, 286 donde se guarecían del sol y la lluvia. Usualmente,

construían estas barbacoas cerca de los conucos, y en ellas

se apostaban los muchachos para espantar a voces a las aves

que procuraban su sustento en los maizales. 287

Para confeccionar las telas utilizaron el huso, que tenía como

contrapeso una volanta de piedra o de barro, la cual aparece

en los documentos colombinos con el nombre de torteruelo,

diminutivo de tortero, 288 y en México se conoce como malacate.

Estas volantas, de forma circular o esferoidal, están decoradas

en algunos casos con diseños geométricos periféricos.

Tienen un orificio central en el que se inserta una varilla de

madera o caña donde se enrolla el hilo para hacer ovillos. Aparecen

con frecuencia en los yacimientos arqueológicos, sobre

todo en el territorio que ocupaba el cacicazgo de Jaragua,

donde hubo una intensa producción de algodón hilado. 289

Grabado con las hamacas o camas colgantes que utilizaban los indios, de Girolamo Benzoni (1572).


147

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Duho o taburete tallado en madera que formaba parte del menaje taíno. ©The Trustees of the British Museum

Volantas de huso para hilar algodón.


El juego de pelota

El juego de pelota

148

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los taínos fueron muy aficionados al juego de pelota. El lugar

donde jugaban, el batey, era una especie de cancha cuyos extremos

estaban demarcados por hileras o calzadas de piedras.

Algunos de estos peñascos tenían figuras labradas o petroglifos

con representaciones de cemíes u otras imágenes tutelares. 290

Aunque no existió un patrón de construcción uniforme, el batey

generalmente era de forma rectangular, tal y como lo describe

Las Casas en su Historia de las Indias, cuando dice: «más

luengas que cuadradas», y luego reitera:

Tenían una plaza, comúnmente ante la puerta de la casa del Señor,

muy barrida, tres veces más luenga que ancha, cercada de

unos lomillos de un palmo o de dos de alto, salir de los cuales la

pelota creo que era falta. 291

Hay plazas de contorno circular u ovalada que parecen exceder

las dimensiones normales de una cancha para el juego de pelota,

lo que apunta claramente a que eran lugares destinados

a la celebración de areitos u otras ceremonias colectivas, pues

podían acoger grandes multitudes. En la entrada o en el centro

de estas grandes construcciones ciclópeas se erguían menhires

con una iconografía cargada de connotaciones simbólicas 292 y

presente también en las piedras que delimitaban sus linderos.

En algunos casos, otros elementos arquitectónicos asociados

a los centros ceremoniales eran las calzadas o senderos empedrados

que conducían a ríos o depósitos de agua cercanos.

Entre las plazas más significativas de la cultura taína está el

centro ceremonial de Utuado, en Puerto Rico. 293 Igualmente,

en la República Dominicana se han localizado otras plazas de

considerables dimensiones, como la de Chacuey, cerca de Dajabón,

el Corral de los Indios, en San Juan de la Maguana, 294 y

el batey de Yamasá, en la provincia Monte Plata. 295

En los torneos de pelota participaban dos equipos de indeterminado

número de jugadores, «diez por diez, y veinte por

veinte, y más o menos hombres», según se concertara. Oviedo

dice que, generalmente, «jugaban hombres contra hombres,

o mujeres contra mujeres, y algunas veces mezclados ellos y

ellas; y también acaece jugarle las mujeres contra los varones,

y también las casadas contra las vírgenes». 296

Empleaban una pelota de goma, posiblemente extraída del

copey (Clusia rosea Jacq.), cuya resina sorprendió a los españoles

pues desconocían la existencia de la goma. Los jugadores

debían mantener la pelota en el aire, golpeándola

tan solo con las caderas, los codos, los hombros o la cabeza.

Sin tocarla con las manos, tenían que evitar que saliera de los

límites de la cancha, para lo cual se precisaba de gran agilidad

y destreza. Durante estas celebraciones deportivas, los caciques

y demás señores principales se sentaban en los dúhos o

banquillos, hechos de madera o piedra.

Dúho o asiento empleado por los caciques para presenciar los juegos de pelota. (MHD)

Ilustración imaginaria de un juego de pelota en el batey.


En el batey se celebraban, además, otras prácticas deportivas,

como los combates cuerpo a cuerpo entre guerreros, en los

que también se empleaban arcos y flechas, así como macanas

de madera de palma, armas con las que los participantes se

infligían golpes y heridas considerables. Bartolomé Colón, en

su encuentro con el cacique Bohechío, presenció una de estas

escenas, acontecimiento que Las Casas informa con asombro:

Otro día tuvieron concertado en la plaza del pueblo hacerle otras

muchas maneras de fiestas, y así llevaron al D. Bartolomé Colón

y cristianos a verlas. Estando en ellas, salen súbitamente dos escuadrones

de gente armada con sus arcos y flechas, desnudos

empero, y comienzan a escaramuzar y jugar entre sí, al principio

como en España, cuando se juega a las cañas; muy poco a poco

comienzan a encenderse, y como si pelearan contra sus muy capitales

enemigos, de tal manera se hirieron, que cayeron en breve

espacio cuatro dellos muertos y muchos bien heridos. Todo con

todo el regocijo y placer y alegría del mundo, no haciendo más

caso de los heridos y muertos que si les dieran un papirote en la

cara; durara más la burla y cayeran hartos más sin vida, sino que,

a ruego de D. Bartolomé Colón y de los cristianos, mandó cesar

el juego el rey Behechio. 297

Los juegos de pelota y demás celebraciones que se escenificaban

en el batey congregaban a miembros de diferentes aldeas.

Por eso, los grandes bateyes o plazas se construían fuera

de los poblados y se convertían en un lugar de encuentro

entre aldeas que hacía las veces de mercado durante los días

de competencia, propiciando la comunicación de las ideas, la

socialización y el intercambio de productos por medio de las

apuestas que se hacían durante estas competencias. 298

149

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


150

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Marcio Veloz Maggiolo considera las apuestas un elemento

importante en el juego de pelota taíno y señala, citando a

Ángel Rosenblat, que ese aspecto también estaba presente

entre los otomacos de la actual Venezuela, 299 cuyas prácticas

deportivas tienen mucha similitud con las taínas, lo cual sugiere

que el juego de pelota ingresó a las islas antillanas con las

inmigraciones arahuacas. Por su parte, Ricardo Alegría también

resalta el factor apuesta implícito en estas competencias

y lo conceptúa como una modalidad de trueque, costumbre

que fue descrita por Las Casas:

En estas islas comutaban sus cosas largamente de esta manera:

que si yo tenía una cosa, por preciosa que fuese, como un grano

de oro que pesase cient castellanos, lo daba por otra que no valía

sino diez y esto acostumbraban mucho en los juegos de pelota:

cada uno ponía lo que tenía, no curando si era más o mayor. 300

También, Roberto Cassá, al destacar la función ceremonial de

los juegos de pelota, considera que incidían en el intercambio

de productos: «al mismo tiempo que este juego tuvo finalidad

de diversión y expresaba concepciones religiosas, sirvió

de medio de cambio incipiente, a través de las apuestas que

se derivaban en él, haciéndose de acuerdo a la puntuación

que se necesitaba para triunfar». 301 Estos intercambios protocolares

y las apuestas que se hacían en los juegos de pelota

tuvieron una importante repercusión en el plano cultural, contribuyendo

a la expansión y homogeneidad del arte taíno, y,

en especial, de la cerámica chicoide, que alcanzó una gran

difusión en la isla Española.

El carácter de mercado o feria que se atribuye al batey taíno

justifica la ubicación de algunas de estas plazas ceremoniales

fuera del entorno de las aldeas. De ese modo, concuerda con

el modelo tradicional del mercado periférico distante de los

poblados, como el suq o zoco de los bereberes en el desierto

o los puestos de comercio del reino de Dahomey, que responde

al propósito de alejar del centro político el lugar de

las transacciones cuando se trata de un comercio exterior al

grupo. Estas plazas que se situaban en lugares estratégicos

fuera de los poblados pueden considerarse como un punto de

encuentro equidistante entre varias comunidades, e incluso

podían servir para delimitar fronteras o divisiones territoriales

entre varios cacicazgos. 302

Con relación a sus actividades comerciales, cabe señalar que

los conocimientos numéricos de los taínos no llegaban más

allá del número veinte. Usaban para sumar y restar los dedos

de las manos y pies, y cuando las cifras eran altas se referían

a dedos y manos varias veces. El poco desarrollo matemático,

sin embargo, no impedía el uso de otras unidades de medida

como el montón agrícola, los ovillos de algodón y recipientes

tales como cestas y petacas. Las Casas dice que hasta el diez

cada número tenía su nombre, pero solo recordaba el de los

cuatro primeros: al uno lo llamaban hequetí, al dos yamocá, al

tres canocum y al cuatro yamoncobre. 303

Por otro lado, tal y como sucede en las avanzadas culturas mesoamericanas,

hay autores que le atribuyen al juego de pelota

antillano un simbolismo religioso y un sentido ritual cosmogónico

que refleja la percepción que tenían los taínos del universo.

En tal sentido, hay plazas que, por su compleja estructura y

su ubicación geográfica, se prestan para las observaciones astronómicas

y la interpretación de las constelaciones. Algunos

de estos emplazamientos están orientados en dirección a la

salida o la puesta del sol en consonancia con los solsticios de

verano y de invierno y los equinoccios de primavera y otoño,

cumpliendo una función calendárica vinculada a la sacralización

del tiempo ecológico y al ciclo anual de la naturaleza con

sus manifestaciones estacionales que marcan las temporadas

agrícolas. 304


151

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Escenificación de las luchas corporales entre los taínos.


Los bailes o areitos o areitos

El areito fue una de las principales manifestaciones ceremoniales

y sociales del pueblo taíno. Se celebraba frecuentemente

en la plaza de la aldea y consistía en cantos y bailes al son

de una lenta cadencia. Los miembros del poblado, tomados

de los hombros formando hileras, entonaban canciones que

transmitían la tradición oral en torno a los mitos de la creación

y las características de sus cemíes, al igual que sobre los orígenes

de los clanes y los hechos relevantes protagonizados

por los caciques.

152

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

A estas festividades los hombres y las mujeres acudían luciendo

sus mejores adornos y llevaban el cuerpo pintado con tintes

rojos, blancos y negros. También se adornaban con sartas

de caracoles y semillas que hacían las veces de sonajas,

ayudando a los danzantes a mantener el ritmo. Durante la

ceremonia ingerían ciertos brebajes embriagantes obtenidos

quizás del jugo de la piña o del maíz. El eminente intelectual

Pedro Henríquez Ureña sintetiza así la significación del areito:

«tal rito compendiaba todo el arte coreográfico, musical y

poético de los antillanos». 305

Del areito taíno se conserva la excelente narración del cronista

Gonzalo Fernández de Oviedo, quien, con lujo de detalles,

describió en su Historia natural y general de las Indias 306 esa

danza colectiva celebrada para rememorar los relatos mitológicos,

festejar los acontecimientos sociales y conmemorar

las alianzas o los enfrentamientos bélicos entre las tribus. De

modo que los areitos permitían crear espacios para la sociabilización

y el afianzamiento de los lazos de confraternidad

entre las tribus.

Monolito con una figura antropomorfa que muestra un círculo central alusivo a la connotación

mítica que los taínos le atribuían al ombligo. (NMNH, Smithsonian Institution)


153

Un ejemplo de ello fue la amistad entablada entre Mayobanex,

jefe de los aguerridos ciguayos, y Guarionex, cacique de

Maguá, cuando este último le enseñó a bailar el areito junto a

su esposa. Los vínculos que los unieron a partir de ese hecho

llegaron a tal extremo que, cuando Guarionex rompió su pacto

con los conquistadores, Mayobanex le ofreció refugio en

Samaná, en el escarpado territorio de los ciguayos. 307

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los areitos también se realizaban, a modo de danza premonitoria,

con antelación a las incursiones guerreras. Este fue el

caso del cacique Hatuey, quien tras escapar de la penetración

española en el territorio de Guahaba, en la costa norte de

Haití, se trasladó a Cuba, donde celebró un gran areito para

advertir a los taínos de Maycí, en el oriente cubano, sobre la

violencia de los conquistadores. 308

Collar de olivas sonoras y maraca de madera, instrumentos musicales empleados en los areitos.


154

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


155

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Petroglifos con rasgos humanos y de animales situados en los linderos de la plaza ceremonial

de Caguana, Puerto Rico. ©Héctor Méndez Caratini

Vista del batey o plaza ceremonial de Caguana. ©Héctor Méndez Caratini


156

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Representación imaginaria de un areito taíno con un mayohabao o

tambor confeccionado en un tronco ahuecado.


En otros casos, los areitos tenían la finalidad de agasajar a un

huésped distinguido, como sucedió con el adelantado Bartolomé

Colón, quien fue recibido por Bohechío y su hermana

Anacaona con un gran areito en su honor. 309 Del mismo modo,

unos años después, para festejar al gobernador Nicolás de

Ovando y al séquito que lo acompañó en su viaje al cacicazgo

de Jaragua, Anacaona les ofreció un memorable areito

en el que participaron trescientas doncellas que «adornaban

sus cabezas con guirnaldas de flores y hierbas variadas yendo

desnudos en los demás cargados así de conchas, golpeando

la tierra con los pies, saltando, cantando y danzando». 310 Pero

las muestras de hospitalidad ofrecidas por los taínos no fueron

correspondidas de la misma manera. Se les hizo injusta

guerra, y aquel pueblo que tenía «una habla la más dulce del

mundo y mansa y siempre con risa» 311 enmudeció para siempre

ante el impacto avasallador de la conquista.

157

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Corral de los Indios, en San Juan de la Maguana, RD. Publicado por Robert Schomburgk (1851).


158

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los instrumentos musicales musicales

Entre los instrumentos musicales utilizados en los areitos, al

igual que en el ritual de la cohoba, sobresalía el mayohabao,

un tambor de hendidura confeccionado a partir de un tronco

ahuecado que se colocaba en el suelo y se tocaba con un

mazo de madera. Su ritmo acompasaba la secuencia sonora

de las ceremonias, induciendo al oficiante al trance extático.

Sobre estos tambores, cuyos sonidos podían transmitirse a

gran distancia permitiendo la comunicación entre las aldeas,

Pané observa lo siguiente:

Los cronistas documentan también la existencia de trompetas

de madera a las que llaman «bocinas de palo». 315 Asimismo,

tenían maracas o sonajeros que podían ser de madera o del

fruto seco del higüero, al que le introducían pequeñas piedras

para provocar sonoridad, de forma muy parecida a como se

elaboran en la actualidad. Otros instrumentos musicales eran

las flautas de caña, las ocarinas de barro 316 y los silbatos del

fruto seco del corozo (Acrocomia quisqueyana Bailey). 317

Y este instrumento tocan, el cual tiene tanta voz que se oye

a legua y media de distancia. A su son cantan canciones, que

aprenden de memoria; y lo tocan los hombres principales, que

aprender a tañerlo desde niños y a cantar con él, según su costumbre.

312

159

Ya mencionamos las sartas de semillas y caracoles (generalmente,

Oliva sp.) que, ceñidas al cuerpo de los danzantes,

producían gran sonoridad. De las grandes conchas de los moluscos

gastrópodos (Strombus gigas, Cassis madagascariensis

Lam. y Charonia variegata), obtenían fotutos o trompetas cortándoles

el ápice para formar la boquilla por donde se soplaba

el instrumento. Los fotutos fueron empleados por los esclavos

cimarrones para advertir de la presencia de perseguidores o

ranchadores de esclavos cerca de los manieles o palenques. 313

Aún hoy las trompetas de caracol se usan en las comunidades

rurales para emitir señales de aviso cuando fallece alguna persona

o comunicar el tipo de carne disponible para la venta en

la carnicería. 314

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Fututo o trompeta de caracol (Charonia variegata).

Ocarinas de semilla de palma de corozo y de barro cocido.


160

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Maracas monóxilas de madera. Arriba (CCELJ); abajo (FGA)


Las maracas monóxilas

Las maracas monóxilas

Se considera que las maracas son el aporte prehispánico más

significativo a nuestra música vernácula. Están asociadas desde

tiempos inmemoriales a las festividades y ceremonias religiosas

de los pueblos primitivos. En la ritualidad chamánica

cumplen una función de primer orden en las prácticas mágico-curativas;

de ahí que en muchos casos tengan decoraciones

con una carga simbólica vinculada a atributos que favorecían

los rituales propiciatorios. Además, estaban adornadas con

manojos de vistosas plumas que debían remitir a propiedades

emanadas de las fuerzas sobrenaturales representadas por las

aves, contribuyendo a la comunicación con los espíritus que

mediaban en la sanación de los enfermos.

Hasta hace poco tiempo se creía que todas las maracas taínas

se hacían con el fruto del higüero y que eran muy similares a

las que en la actualidad se fabrican artesanalmente. Mas la

aparición de maracas monóxilas de madera en Cuba, Puerto

Rico y Santo Domingo revela una nueva tipología que denota

la pericia alcanzada por los artífices taínos en la talla de este

material. 318

de una cuerda de cabuya o henequén (Furcraea hexapetala

–Jacq– Urb.), agregándole arena silícea a modo de abrasivo,

cuya fricción produce un corte relativamente rápido. Las dos

barras sueltas de forma trianguloide que, a manera de badajos,

encierran las maracas en su interior quedaban formadas

por seis de estos cortes transversales. 319 En algunos casos, los

topes de estos instrumentos tienen grabadas figuras que representan

a los espíritus que convocaba el oficiante durante

el éxtasis de la cohoba. De ahí que cuando contemplamos detenidamente

estas maracas aborígenes sentimos la sensación

de estar ante un objeto de gran espiritualidad que nos intriga

profundamente, ya que encierra cierta magia evocadora que

resuena como un eco del pasado.

161

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La característica más singular de estas maracas monóxilas es

que tienen una parte superior periforme que contiene en la

cámara dos barras sueltas esculpidas del mismo trozo en el

que se talló la pieza. Al sacudirse el instrumento, estas producen

un sonido que se cuela por las ranuras transversales

emitiendo un timbre muy peculiar de gran sonoridad.

Para obtener las ranuras transversales y liberar las barras interiores

que facilitan la mecánica funcional del instrumento,

se habría empleado como procedimiento de corte el roce


162

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Indígena haciendo las ranuras a una maraca con una soga de cabuya.


163

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Maracas hechas con el fruto seco del higüero. ICANH, Colombia.


164

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ilustración alegórica a la fascinación que sentían los taínos por los cascabeles metálicos usados en los trueques

o intercambios comerciales durante el período indohispano.


La sonoridad de los cascabeles

La sonoridad de los cascabeles

Los nativos de las Antillas eran muy aficionados a la música.

Por eso los cascabeles metálicos introducidos por los españoles

tuvieron una gran aceptación entre ellos, tal y como revela

fray Bartolomé de las Casas en su Historia de las Indias:

Entretanto que él [Guacanagarí] hablaba con el Almirante, vino

otra canoa de otro lugar o pueblo que traía ciertos pedazos de

oro, los cuales quería dar por un cascabel, porque otra cosa tanto

no deseaban; la razón era porque los indios desta isla, y aun

de todas las Indias, son inclinatísimos y acostumbrados a mucho

bailar, y para hacer son que les ayude a las voces o cantos que

bailando cantan y sones que hacen, tenían unos cascabeles muy

sotiles, hechos de madera, muy artificiosamente, con unas piedrecitas

dentro, los cuales sonaban, pero poco y roncamente.

Viendo cascabeles tan grandes y relucientes y tan bien sonantes,

más que a otra cosa se aficionaban, y cuanto quisiesen por ellos o

cuanto tenían, curaban, por haberles, de dar; llegando cerca de la

carabela, levantaban los pedazos de oro diciendo «Chuque, chuque,

cascabeles», que quería decir: «Toma y daca cascabeles». 320

A la sonoridad de los cascabeles españoles se sumaba el interés

que profesaban los indígenas por las piezas de metal,

en especial por las de bronce o de latón, a las que les conferirían

atributos divinos, «como a cosa venida del cielo». 321

Por eso los cascabeles metálicos fueron uno de los objetos

más usados en las transacciones o rescates durante el periodo

de contacto indohispano. De igual forma se emplearon como

abalorios llamados cacona, que en lengua taína quería decir

«galardón», los cuales fueron utilizados como medio de pago

para cubrir los jornales de los indígenas sometidos al régimen

de las encomiendas. 322

Por otra parte, los cascabeles se usaban como unidad de

medida para cobrar el tributo en oro impuesto por Cristóbal

Colón a los habitantes del cacicazgo de Maguá. Así, se constituyeron

en la primera unidad de medida improvisada por los

conquistadores españoles en el Nuevo Mundo. 323 Sobre ese

uso, Las Casas refiere:

Impuso el Almirante a todos los vecinos de la provincia de Cibao

y a los de La Vega Real, y a todos los cercanos a las minas, todos

los de catorce años arriba, de tres en tres meses un cascabel de

los de Flandes, digo lo hueco de un cascabel, lleno de oro, y sólo

el rey Manicaotex daba cada mes una media calabaza de oro

llena, que pesaba tres marcos, que montan y valen 150 pesos

de oro o castellanos; toda la otra gente no vecina de las minas

contribuyese con una arroba de algodón cada persona. […]: Después,

cognosciendo el Almirante que los más de los indios en la

verdad no lo podían cumplir, acordó de partir por medio el cascabel

y que de aquella mitad llena diesen el tributo […] 324

165

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cascabel de barro de la cultura taína.


166

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ídolo o cemí cefaloforme de apariencia espectral, relacionado con el culto de los difuntos. (MHAA, UPR)


Mitología y religión

Creencias mitológicas

Creencias mitológicas

En las sociedades primitivas los mitos compendian las creencias

sobre los orígenes del universo y la relación existente

entre el mundo real y el sobrenatural. De modo que en los

relatos mitológicos de los taínos se revela su cosmogonía, es

decir, sus creencias sobre el origen del universo y del género

humano, al igual que sobre las fuerzas espirituales que regían

la vida en el más allá e intervenían en el acontecer de los fenómenos

naturales y en la fertilidad de la tierra.

Los taínos creían en la existencia de un ser supremo y protector,

inmortal e invisible, al que llamaban Yócahu Bagua

Maórocoti, poderoso señor de la fecundidad y de las fuerzas

genésicas de la tierra y el mar, al que nadie podía ver y cuya

morada estaba en el cielo. Su madre era Atabey o Attabeira,

aunque también tenía otros nombres según sus atribuciones.

Era señora de la luna, diosa de las aguas y protectora de las

parturientas. De igual manera, concebían otras divinidades o

cemíes que habitaban en el cielo o Turey. 325 Las creencias mitológicas

de los taínos fueron recopiladas por Ramón Pané, un

fraile de la orden de San Jerónimo a quien Cristóbal Colón,

siendo gobernador de la Española, le encomendó en 1494

que, dado su conocimiento de algunas de las lenguas que

hablaban los naturales de la isla, se «ocupara de aprender y

saber de las creencias e idolatría de los indios». Las indagaciones

realizadas por Pané fueron recogidas en su Relación acerca

de las antigüedades de los indios, que constituye el primer

compendio etnográfico escrito por los europeos en América.

Al recibir Colón de manos de su autor el manuscrito de la Relación,

lo llevó a España al retorno de su tercer viaje. El documento

fue consultado por Pedro Mártir, que lo compendió en

una extensa epístola en latín dirigida al cardenal Ludovico de

Aragón y que luego pasaría a formar parte de la primera Década.

Los apuntes de Pané también fueron conocidos por fray

Bartolomé de las Casas, quien tomó muchas informaciones

sobre las creencias ancestrales de los taínos para los capítulos

CXX, CLXVI y CLXVII de su Apologética historia de las Indias.

Posteriormente, la Relación de fray Ramón Pané fue incluida

en su totalidad en el capítulo LXI de la Historia del almirante

don Cristóbal Colón, escrita en español por su hijo Hernando.

El manuscrito de Pané permanece todavía perdido, sin que nada

se sepa de su paradero, y la obra de Hernando Colón quedó

inédita al morir su autor en 1539, aunque de la misma existe una

traducción al italiano realizada por Alfonso de Ulloa e impresa en

Venecia en 1571. Por consiguiente, las indagaciones realizadas

por José Juan Arrom determinan que lo único que se conoce,

hasta el presente, de la Relación de Pané es el resumen en latín

de Pedro Mártir, el extracto en español de Las Casas y la traducción

al italiano de la obra de Hernando Colón hecha por Ulloa.

Aun así, la recopilación de fray Ramón Pané es fundamental para

conocer la cosmovisión de los taínos y sus relatos mitológicos

acerca del nacimiento de la tierra y el mar, la ocurrencia de los

fenómenos atmosféricos, la aparición de los seres humanos y la

existencia de la vida sobrenatural, e incluso para identificar las

imágenes y los atributos de varios de sus íconos o cemíes. 326

167

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Entre esos mitos están los relativos a la creación del sol y la

luna, astros que según sus creencias salieron de una cueva

llamada Mautiatihuel, donde habitaban dos cemíes gemelos

hechos de piedra, Boínayel y Márohu, considerados dioses

protectores a los que se invocaba para atraer la lluvia necesaria

para las cosechas.

Del mismo modo, los taínos imploraban a la diosa Guabancex,

que habitaba en la región de un gran cacique llamado

Aumatex, para que calmara los vientos. Guabancex se hacía

presente desatando la furia de los huracanes, que arrasaban

los árboles y echaban por tierra los bohíos. Su pregonero era

Guatauba, que anunciaba su llegada con el resplandor de

los relámpagos, las tronadas y los rayos. Un cemí de nombre

Coatrisquie desbordaba las aguas de su cauce para provocar

destructivas inundaciones.

por el sol después del amanecer y se convirtió en pájaro

que canta por las mañanas, igual que el ruiseñor (Minus

polyglottos), cuyo nombre era Yahubabayael. Otro caso de

estas mutaciones entre seres humanos y animales es el de

los niños recién nacidos que clamaban toa toa pidiendo que

los amamantaran, y que fueron convertidos en ranas o tonas

para que no lloraran por la ausencia de sus madres, llevadas

con engaños por el cacique Guahayona a la isla de Matininó

en busca de joyas de guanín. A su vez, Opiyelguobirán era

un cemí tallado en madera que tenía cuerpo de animal con

cuatro patas «como de perro», pero su cabeza era humana.

De él refiere Pané que estaba bajo el cuidado del cacique

Sabananiobabo y salía del bohío por las noches para internarse

en la selva.

168

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En otros capítulos de la Relación de Pané, se cuentan las peripecias

de Yaya, quien dio muerte a su hijo Yayael e introdujo

sus huesos en una calabaza que colgó dentro de su vivienda.

Pasado un tiempo, Yaya, para complacer a su mujer, que quería

ver los huesos de su hijo, trató de bajar la calabaza, pero

esta cayó al suelo y los huesos se convirtieron en peces. Tiempo

después llegaron cuatro hermanos gemelos hijos de Itiba

Cahubaba y mientras comían los peces fueron sorprendidos

por Yaya. Entonces, al querer colgar precipitadamente la calabaza,

esta se rompió, y fue tanta el agua y los peces que salieron

de ella que llenaron toda la tierra dando origen al mar.

Tenían la creencia de que algunos animales habían intervenido

en la formación del género humano. Tal es el caso del inriri

o pájaro carpintero (Melanerpes straitus), que había formado

con su pico el sexo de las mujeres, al igual que hacía agujeros

en los troncos de los árboles. Otro tanto sucedía con el indio

Yuhubaba, que, al recoger una hierba llamada digo con la que

los indios se frotaban el cuerpo al bañarse, fue sorprendido

Pájaro carpintero o inriri, ave que en la mitología taína hizo con su pico el sexo

de las mujeres.


Así pues, como observa el antropólogo Claude Lévi-Strauss,

en el pensamiento mitológico los hombres se confunden con

los animales y ambos actúan conjuntamente. 327 Por eso, en los

tiempos a que aluden los mitos, algunos animales son considerados

como los ancestros de las tribus, estableciéndose un

fuerte sentido de parentesco u homogeneidad que, en cierto

modo, los hacía partícipes de la condición humana. 328

Cabe señalar que los estudiosos de la mitología taína coinciden

en que esta tiene sus orígenes en el cuerpo de creencias

de los pueblos aborígenes que habitaban en la foresta tropical

sudamericana. 329 De hecho, muchos de los mitos sudamericanos

muestran gran similitud o analogía con los antillanos, y

ciertos elementos estructurales de estos últimos se asemejan

a los de sus antecesores continentales, a pesar de la distancia

geográfica entre ellos. Esto corrobora, al margen del tiempo

transcurrido y de las transformaciones y adaptaciones al ecosistema

insular, una estrecha vinculación entre los taínos y el

tronco etnolingüístico de los arahuacos sudamericanos, como

ha sido establecido plenamente por las investigaciones etnográficas

y arqueológicas. 330

A pesar de la hecatombe demográfica que dio al traste con

las sociedades indígenas de las Antillas, las expresiones mitológicas

de este universo humano y cultural no desaparecieron

del todo. Permanecieron enraizadas en el mestizaje que dio

origen a la población criolla durante la colonización. Y gracias

a la tradición oral se mantuvieron en el imaginario colectivo

numerosas creencias y costumbres de inconfundible filiación

aborigen. De lo anterior se deriva la reflexión que hace José

Juan Arrom en su libro Mitología y artes prehispánicas de las

Antillas:

[…] En el caso del pueblo taíno, lo que aquel pueblo creó y creyó

ha influido en la actual cultura de las Antillas más de lo que se

sospecha. Existe amplia experiencia documental para demostrar

que los indígenas fueron diezmados, pero no exterminados. De

modo que en el inicial proceso de convivencia y transculturación,

junto con lo material y visible de sus modos de hacer, también

han transmitido algo de lo recóndito e inapresable de sus modos

de sentir. Enterarnos de cómo percibían el mundo y representaban

las fuerzas de la naturaleza habrá de ayudarnos a descubrir

soterradas raíces míticas en ciertas creencias religiosas y en determinadas

creaciones artísticas de los antillanos de hoy. 331

169

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Potiza con cara antropozoomorfa. (FGA)


170

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Prácticas funerarias

Prácticas funerarias

Los taínos practicaron varios ritos funerarios. Al creer en la

existencia de una vida después de la muerte, enterraban a los

muertos colocando junto a ellos sus más preciados objetos

de uso personal, al igual que comida y bebida, para que los

acompañaran en su viaje al más allá. Si quien moría era un

cacique, en algunas regiones se acostumbraba a enterrar viva,

junto a él, a su esposa principal. Como sucedió con Bohechío,

que fue sepultado junto a su esposa Guanahattabenechena

y dos de sus esposas secundarias. 332 El cronista Gonzalo Fernández

de Oviedo refiere que, como parte del ritual funerario

de los caciques, a la mujer sometida a tal sacrificio se la denominaba

Atheveane Nequen. 333

Según narran las crónicas, cuando morían el cacique y otros

personajes notables su cuerpo se sujetaba con vendas de algodón.

Luego se enterraba sentado o acuclillado en un dúho

dentro de una bóveda construida con leños que hacía las veces

de cámara funeraria. Mientras, los miembros de la aldea

rememoraban en los areitos sus hazañas guerreras y otros hechos

sobresalientes de su vida. 334 En el caso de los individuos

comunes, el cuerpo se cubría con mantas o, en su defecto, se

envolvía en una hamaca, con el propósito de que no entrara

en contacto con el suelo, como todavía sucede entre algunos

pueblos indígenas del área orinoco-amazónica. 335 Los cadáveres

se disponían de varias maneras, aunque por lo general se

sepultaban en posición fetal, prefigurando de este modo su

nuevo nacimiento en el panteón donde habitaban los espíritus,

más allá del plano terrenal.

tuales, al considerarla la parte principal del sujeto, donde residía

la esencia del ser. Esto conllevaba la conservación de las

calaveras en una cesta dentro de la vivienda con la intención

de honrar la memoria de un antepasado importante para los

clanes. 336 Así lo señala Las Casas al comentar en su Historia de

Indias el Diario de Colón:

Dice también el Almirante, que ciertos marineros hallaron en casa

de aquel pueblo o de otro allí, una cabeza de hombre dentro en

un cestillo cubierto con otro cestillo y colgado de un poste de

la casa, y de la misma manera otra en otra población. Creyó el

Almirante que debía ser de algunos principales del linaje […]. 337

Además de conservar los cráneos en los bohíos, también los

empleaban para confeccionar la cabeza de los cemíes de algodón,

dedicados al culto de los ancestros, lo cual es una clara

demostración de sus creencias animistas ya que invocaban

las fuerzas de los espíritus por medio de la conservación de

los huesos. 338

171

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Entre las prácticas funerarias taínas también existía la costumbre

de separar la cabeza del cuerpo del difunto con fines ri-

Guaíza o carátula de concha con la imagen de algún antepasado. (FGA)


172

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El mundo de los desaparecidos

Los taínos creían que, después de la muerte, los espíritus u

opías iban a morar al Coaybay, «que estaba en un lado de

la isla, llamado Soraya». 339 Allí permanecían recluidos durante

el día, y por la noche salían a pasear y comían el fruto de la

guayaba (Psidium guajava L.). Las opías asumían la apariencia

tanto de animales como de familiares cercanos y de otras personas

fallecidas. También los heraldos o pregoneros del señor

Maquetaurie Guayaba, que regía los designios en el tenebroso

mundo de ultratumba, adquirían forma de animales para

aparecerse ante la gente como portadores de malos augurios.

En las sociedades de carácter clánico, se considera que, al

morir las personas, se liberan sus espíritus. La influencia de

estas fuerzas o potencias sobrenaturales infunde temor, por

lo que se intenta invocar o reverenciar la memoria de los antepasados,

especialmente de los difuntos recientes, con la finalidad

de apaciguarlos y revertir su potencia espiritual para

ponerla al servicio de la protección personal o de la comunidad

en general.

Según los testimonios recopilados por Pané, la forma de reconocer

a los muertos era tocándoles el vientre con la mano:

[…] si no les encuentran el ombligo, dicen que es operito, que

quiere decir muerto: por esto dicen que los muertos no tienen

ombligo. […] Estando viva la persona, llaman al espíritu goeíza, y

después de muerta, le llaman opía; la cual goeíza dice que se les

aparece muchas veces tanto en forma de hombre como de mujer,

y dicen que ha habido hombre que ha querido combatir con ella,

y que, viniendo a las manos, desaparecía, y que el hombre metía

los brazos en otra parte sobre algunos árboles, de los cuales

quedaba colgado. Y esto lo creen todos en general, tanto chicos

como grandes; y que se les aparece en forma de padre, madre,

hermanos o parientes, y en otras formas. 340

La creencia de que los muertos se aparecían entre los vivos

desprovistos del obligo tiene hasta cierto punto una explicación

lógica, por ser el ombligo una huella de nuestra vida prenatal.

En tal sentido, si una persona fallecida vuelve a la vida

por una vía sobrenatural no ha necesitado del cordón umbilical

para renacer; por tanto, en la religiosidad taína la ausencia

de ombligo es indicativa de estar en presencia de un difunto.

A pesar de la lejanía en el tiempo y de las adaptaciones propias

de la tradición oral, dicha creencia aún hoy se mantiene

en el folklore dominicano. En varias comunidades rurales de

la República Dominicana se cree que los muertos salen de noche

y que no tienen ombligo sino un gran agujero por el cual

se puede ver una vela encendida. 341

173

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Enterramiento taíno. Sala de Arte Prehispánico. (FGA)

Plato con una figura estilizada de murciélago a manera de asas. (FGA)


Los espíritus alados

de la muerte

174

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El pensamiento animista propio de los pueblos primitivos le

atribuye vida y poderes a la naturaleza. De ahí que, en el estadio

inicial del desarrollo cultural, los animales representan

rasgos y manifestaciones propios de los humanos, y encarnan

a seres mitológicos que actúan y sienten como estos. Asimismo,

los humanos, mediante ciertos ritos y alucinaciones somáticas,

reciben imaginariamente la fuerza y las habilidades

de los animales.

En aquellos tiempos remotos en que suceden los relatos

míticos, los seres vivientes tienen una doble existencia y se

convierten, a voluntad, en personas o en animales. Además,

dentro de estos últimos algunos eran considerados como los

ancestros o tótems de las tribus, estableciéndose con ellos un

fuerte sentido de parentesco que, en cierto modo, los hacía

partícipes de la condición humana. 342 De ahí que muchas máscaras

rituales reproduzcan imágenes zoomorfas para conferir

a los portadores una condición especial que les permite apropiarse

de la esencia y las habilidades del animal representado

por la máscara. 343

El pasaje mítico donde se difuminan las diferencias entre hombres

y los seres sobrenaturales, que a los ojos de los pueblos

primitivos resultan íntimamente intercambiables, 344 adquiere

una especial connotación en lo referente a los espíritus de los

muertos, que se aparecen preferentemente bajo la forma de

algún animal que se constituye en el álter ego de la persona

fallecida. 345

En la cultura taína es frecuente esta interacción antropozoomorfa,

un recurso mitológico con el que se pretende responder

antiguas interrogantes en torno al origen de la humanidad

y a la vida sobrenatural. Esta constante metamorfosis se

evidencia claramente en sus realizaciones plásticas por medio

de un isomorfismo plasmado en imágenes de doble contenido

que evocan tanto al espíritu humano como a las especies

animales en las que aquel se transmuta para reaparecer entre

los vivos.

Entre los animales asociados a las creencias mitológicas taínas

«acerca de andar vagando los muertos, y de qué manera son,

y qué cosa hacen», 346 están el murciélago (Artibeus jamaicensis)

y la lechuza (Strigidea, Sp.), 347 que por sus hábitos nocturnos

y siniestra apariencia se relacionan con los espíritus de los

antepasados y otros seres del panteón animista aborigen, los

cuales se desplazan al amparo de las sombras de la noche. 348

De ahí lo referido por Pané: «Y los sobredichos muertos no

se les aparecen de día, sino siempre de noche; y por eso con

gran miedo se atreve alguno a andar solo de noche». 349

Por consiguiente, la presencia de murciélagos y lechuzas tanto

en los objetos rituales como en los de uso corporal y doméstico

se puede interpretar como la representación de las ánimas ausentes

de los antepasados, que a través de estos animales adquieren

corporeidad. Sus imágenes se invocan para atraer las

potencias protectoras de los buenos espíritus y alejar presagios

funestos y asechanzas malignas provenientes del inframundo.


El murciélago y las opías

En el caso de los murciélagos, su vinculación con las opías

ha sido motivo para que su sobrecogedora figura aparezca

con frecuencia en los adornos personales y en los artefactos

rituales de la ceremonia de la cohoba, así como en múltiples

vasijas y otros objetos de carácter doméstico y cotidiano. 350

En opinión del arqueólogo cubano René Herrera Fritot, «en

este tipo quiroptérico, con todas sus modalidades, es donde

puede apreciarse bien el exquisito arte alfarero taíno y ver

hasta dónde puede llegar en la estilización de los motivos que

captó a la naturaleza». 351 Ciertamente, los taínos, imbuidos de

la connotación espectral que atribuían al murciélago, elaboraron

una rica gama de motivos quiropteriformes que van desde

la forma realista o figurativa del animal con la membrana alar

extendida hasta sutiles estilizaciones inspiradas en el contorno

de las alas donde la figura se descompone conceptualmente

en sus elementos más simples.

La representación de las alas del murciélago es un tema preponderante

en el arte taíno que sigue una tradición cultural

cuyo origen se remonta a los ancestros, provenientes de la

zona orinoco-amazónica del subcontinente sudamericano. 352

Es usual que las intimidantes alas de este mamífero se reproduzcan

estilizadamente en las asas de las vasijas, algunas de

las cuales alcanzan un tamaño considerable que contrasta con

las reducidas dimensiones del recipiente, denotando claramente

la intención de resaltar el sentido mítico representado

en el objeto.

175

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasija con asas arqueadas en forma de murciélago. (FGA)

La cara del murciélago también está plasmada ampliamente,

sobre todo en las asas modeladas de los bordes de las vasijas.

Estos esbozos cefaloformes se conocen entre los coleccionistas

de arte taíno como las características «caritas». En

el pasado, fueron identificadas por los arqueólogos como


176

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

monkey face o monkey type, 353 ya que muchas de ellas parecen

de simio. Pero, tal y como observa Herrera Fritot, se

trata, en realidad, de caras de murciélagos humanizadas que

evidencian el isomorfismo entre estos animales y el espíritu

de la muerte. Incluso en algunos ejemplares se advierte el inconfundible

apéndice nasal que caracteriza a los murciélagos

filostómidos. 354

Al igual que en otras culturas indígenas del Nuevo Mundo,

como es el caso de los indios de Brasil estudiados por Franz

Boas, los taínos solían estereotipar la imagen del murciélago

mediante la conjunción de tres triángulos adyacentes. 355 Los

triángulos de líneas incisas entrecruzados aparecen en la superficie

de las vasijas taínas formando bandas decorativas que

imprimen dinamismo al conjunto, a la vez que una connotación

simbólica. De esta manera, por medio de la articulación de los

triángulos se logra captar los rasgos esenciales del animal con

unos trazos simples y esquematizados propios de la síntesis del

arte primitivo. 356

Las imágenes quirópteras también se reproducen en los petroglifos

y las pictografías que aparecen en las cavernas para

plasmar la conceptualización de los seres míticos que habitan

en la penumbra. 357 Por ello, no es descartable una remota

parentela o filiación mítica entre el murciélago y aquella humanidad

cavernícola que, según las creencias animistas aborígenes,

estaba integrada por gentes que, al igual que los murciélagos,

vivían ocultas en las cuevas para no ser sorprendidos

por el sol y transformados en rocas o animales.

Acerca de las creencias sobre los espíritus de los muertos,

Pané señala lo siguiente:

Dicen que durante el día están recluidos, y por la noche salen a

pasearse, y que comen de un cierto fruto, que se llama guayaba

[...]. Y para conocerlos observan esta regla: que con la mano les

tocan el vientre, y si no les encuentran el ombligo, dicen que es

operito, que quiere decir muerto: por esto dicen que los muertos

no tienen ombligo. 358

Con relación a este pasaje mitológico, los murciélagos frugívoros,

entre ellos la especie Artibeus jamaicensis, que es la

más común en la isla Española, tienen una especial predilección

por la guayaba, lo que permite vincular al murciélago con

las nocturnas opías, pues, como ya vimos, según las creencias

de los taínos, los espíritus de los muertos tenían esa misma

predilección y, al igual que los murciélagos, estaban recluidos

durante el día. 359 Por eso no es de extrañar que la primera opía

de la isla Española, es decir, el alma del primer indígena que

estuvo en el Coaybay, convertido en el señor de la Morada

de los Muertos, llevara por nombre Maquetaurie Guayaba. 360

Espátula vómica de doble hoja tallada en hueso. Muestra en su centro un murciélago estilizado. (FGA)


A su vez, el mito referido por Pané resalta la ausencia del

ombligo en la caracterización de los muertos. Esta versión es

significativa dado que las representaciones quiropteriformes,

especialmente las modeladas en las asas de las vasijas cerámicas,

presentan un hoyuelo circular en el centro de la figura

que, conforme al carácter abstracto del arte taíno, puede

ser interpretado como la ausencia de ombligo, ese elemento

que establecía la diferencia entre vivos y muertos. Este agujero,

que servía para colgar el recipiente, puede verse además

como la ausencia del ombligo, por lo que constituye una clave

esotérica de alto sentido iconográfico y simbólico, prueba de

la vinculación de las opías con los murciélagos, al ser estos

una de las formas adoptadas por las almas de los desaparecidos

para reaparecer en el mundo de los vivos. 361

De manera específica, Hilbert J. Spinden, refiriéndose al murciélago

en Power Animals in American Indian Art, dice:

La más llamativa expansión de este poder animal se encuentra

en las Indias Occidentales en toda la amplitud de la cultura aruaca

[sic], posteriormente individualizada por los artistas taínos.

Creo que el murciélago que aparece en las figuras taínas significa

que este animal representaba los espectros y los espíritus de los

muertos. 362

177

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

A su vez, este autor destaca que los cronistas interpretaron

como advocaciones demoníacas las imágenes zoomorfas representadas

en los objetos antillanos. 363 Esto explicaría el furor

iconoclasta ante los ídolos taínos, que conllevó la destrucción

de muchos de ellos, ya que entre los cristianos de la época

era usual caracterizar a los espectros infernales con rasgos de

animales como las colas de serpiente y las alas extendidas de

los murciélagos. 364

Ilustración del fruto de la guayaba.


Las lechuzas, mensajeras

del Coaybay

Otro aspecto relevante de la iconografía taína son las figuraciones

que acentúan los ojos de la lechuza, cuya penetrante

mirada debía causar estupor en las sombras de la noche, dadas

las creencias animistas de los taínos. A diferencia de los

mitos y leyendas europeos en los que el búho era símbolo de

sabiduría, llegando en la antigua Grecia a constituirse en el

emblema de la diosa Palas Atenea, llamada más tarde Minerva,

en el folklore americano la congénere del búho, la lechuza,

habita en un mundo mítico diferente donde se considera la

mensajera del Coaybay o panteón de los muertos. 365

178

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Al igual que la del murciélago, la imagen de la lechuza es muy

frecuente en los objetos de la cultura taína. Sus expectantes

ojos son incorporados, con toda su posibilidad expresiva, en

los modelados cefaloformes de las vasijas cerámicas y en los

adornos lapidarios. En numerosos objetos arqueológicos los

ojos de la lechuza semejan grandes cuencas oculares vacías,

propias de la expresión de la calavera, lo que constituye una

verdadera hibridez formal y conceptual que explica el isomorfismo

que en el sentido mítico se atribuye a esta ave. 366

A veces, con la finalidad de humanizar la cara de la lechuza, se

le incorporan orejas humanas que muestran los lóbulos perforados

para la inserción de los pasadores decorativos y los

manojos de plumas que usaban los taínos para realzar su apariencia.

La cabeza del ave, con sus grandes ojos y prominente

pico, se destaca del resto del cuerpo, incluyendo las alas y las

patas, generalmente minimizadas en hábiles estilizaciones. La

sorprendente acentuación de los rasgos cefalozoomorfos está

relacionada con la creencia de que la cabeza portaba las esencias

de la personeidad, que, tras la muerte, se transmutaban

en el animal que constituía su nueva naturaleza mitológica.

José Juan Arrom ha postulado, a partir de sus indagaciones

folclóricas y etnográficas, que entre los taínos la lechuza fungía

como heraldo del señor del Coaybay. En tal sentido, el espeluznante

chirrido del ave en la penumbra de la noche hacía

que se sobrecogieran de pavor al pensar que era el fúnebre

mensaje de que una vida humana llegaba a su fin. 367

Al estudiar las prácticas del chamanismo en los pueblos primitivos,

Mircea Eliade le atribuye al indumento ornitomorfo

un marcado significado en los ritos mágico-curativos, dada la

facultad de volar de las aves, indispensable para ascender a

la región cósmica donde habitan las almas de los muertos. 368

Recipiente cuyo borde sugiere los penetrantes ojos de la lechuza. Colección Betty e Isaac Rudman.

Olla con dos lechuzas estilizadas a modo de asas. Las bandas decorativas cercanas al borde están formadas

por motivos incisos. (FGA)


Esta teoría antropológica explica por qué los behiques o curanderos

taínos emplearon en su ajuar ceremonial múltiples

artefactos con imágenes de lechuzas y otras especies de aves.

Es el caso de las figuras ornitomorfas esculpidas en las espátulas

vómicas del ritual de la cohoba y en los majadores líticos

utilizados en la preparación de brebajes para los enfermos o

en la pulverización del rapé alucinógeno que propiciaba la

comunicación con los espíritus. Al asumir los behiques las facultades

propias de las criaturas aladas, se sentían capaces

de emprender un vuelo cósmico para recuperar el alma del

enfermo arrebatada por los espíritus malignos.

Aún en la actualidad es común considerar a la lechuza, con

su espeluznante ulular, como un mal presagio que anuncia la

muerte, lo que constituye una pervivencia de la mitología indígena

en el imaginario popular. El temor que actualmente se

tiene tanto a murciélagos como a lechuzas, considerados seres

espectrales y siniestros que habitan en lugares apartados,

propensos a la oscuridad de la noche, permite comprobar que

las creencias taínas, al igual que otros aspectos de sus modos

de hacer y de sentir, han logrado pervivir en el tiempo. Aunadas

a los aportes europeos y africanos por medio del sincretismo,

estas creencias ancestrales forman parte esencial de la

identidad cultural de los antillanos de hoy.

179

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


180

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vista frontal y lateral de majador lítico con imagen de lechuza, ave que por sus

hábitos nocturnos se vinculaba con el Coaybay o panteón de los muertos. (FGA)


181

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Potiza de forma acorazonada. Muestra en su cuello una cara de lechuza. (FGA)


El culto a los antepasados

Los taínos profesaban gran veneración a sus ancestros, con

quienes mantenían una estrecha comunicación y dependencia

espiritual. Su imagen tenía una especial trascendencia en

las representaciones artísticas como un modo de invocar la

fuerza de los espíritus. Ejemplo de ello son las cabezas efigies

esculpidas con intención retratista o de individualización más

o menos realista de algún antecesor en particular. O bien las

carátulas y amuletos de acusados rasgos espectrales y usados

como fetiches protectores. La alusión a los antepasados mediante

los huesos no era gratuita ya que estos siempre se han

considerado un símbolo de la muerte y, por tanto, remiten a

los ancestros desaparecidos.

182

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Al parecer los taínos consideraban que al morir les esperaba

en el otro mundo una vida no muy diferente a la que tenían

en la tierra y creían que allí se reunirían con sus antecesores.

Este aspecto se hace evidente en los apuntes de Cristóbal

Colón sobre las costumbres, ceremonias y religión de los indios,

transcritos por su hijo el cronista Hernando Colón en su

Historia del Almirante, cuando al referirse a la partida de los

muertos, dice: «[...] van a cierto valle, que cada cacique principal

cree estar en su país, y afirman que allí encuentran a sus

padres y a sus antecesores; que comen, tienen mujeres y se

dan a placeres y solaces […]». 369

Espátula vómica antropomorfa, colección Pierre y Nicole Domino.

Cuenco cefaloforme con pronunciadas cavidades oculares que confieren una

expresión calavérica a la imagen. (FGA)


183

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El cemí de algodón

184

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Como ya hemos mencionado, para rememorar a los personajes

connotados o de alto rango en la jerarquía taína, conservaban

sus cráneos en el interior de los cemíes de algodón.

Pedro Mártir de Anglería, en las Décadas del Nuevo Mundo,

se refiere a estas representaciones iconográficas relacionadas

con el culto a los antepasados: «Construyen, en efecto, con

algodón tejido y relleno por dentro imágenes humanas sentadas,

parecidas a los espectros nocturnos que nuestros artistas

pintan en las paredes». 370

Los impresionantes ídolos o cemíes antropomorfos de algodón

–que servían de receptáculo de la calavera de los ancestros–

llamaron poderosamente la atención del obispo de Santo Domingo

Alessandro Geraldini (1455-1523). Este ilustre prelado

consigna en su obra Itinerario por las regiones subequinocciales

que envió como obsequio dos de estos númenes taínos al

papa León X para que fueran exhibidos en Roma, a la entrada

del Palacio Lateranense y en el vestíbulo de San Pedro, con la

siguiente inscripción: «Estas son las crueles deidades vencidas

por León X P. M. enviadas por el obispo Alejandro Geraldini,

siervo de su Santidad, de las tierras del equinoccio, ahora

enmudecieron, antes hablaban». 371 De igual modo, Mártir de

Anglería, en una de sus epístolas al cardenal Luis de Aragón,

afirma haber enviado «cuatro de estos simulacros, a los cuales

los indígenas llamaban zemes», para que viera «cómo son y

cuán grande semejanza tienen con dichos espectros». 372

Como podemos apreciar por el obsequio de Geraldini al sumo

pontífice y el envío hecho por Pedro Mártir de Anglería al cardenal

Aragón, sobrino del rey Fernando el Católico, desde un

primer momento los objetos de culto indígenas despertaron

la curiosidad de viajeros, cronistas, religiosos y naturalistas.

Con frecuencia estas novedades fueron enviadas a Europa

como trofeos de guerra o exóticos testimonios de las costumbres

y creencias de las gentes del Nuevo Mundo. Un ejemplo

del interés que suscitaron estas imágenes lo tenemos en fray

Francisco Ruiz, quien figura entre los primeros franciscanos

que llegaron a la isla Española: a su regreso a Castilla hacia

1502, llegó cargado de «curiosidades» que incluían «un arca o

dos de ídolos de diversas maneras» que entregó al arzobispo

de Toledo, cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. 373 Ya fuera

por atracción estética o interés científico, muchas de estas

evidencias etnográficas fueron a parar a los anticuarios y gabinetes

o cámaras de curiosidades pertenecientes a personajes

ilustrados de la época, de donde en muchos casos pasaron a

engrosar las colecciones de los museos europeos.

Afortunadamente, se ha conservado hasta nuestros días un

magnífico ejemplar de los extraordinarios íconos de algodón.

Las primeras noticias sobre él datan de finales del siglo XIX: un

bosquejo de la imagen hecho por A. Rodríguez (tal vez Abelardo

Rodríguez Urdaneta) fue reproducido por J. W. Fewkes

en su opúsculo On zemis from Santo Domingo (1891); y una

ilustración bastante fidedigna de Rodolfo Cronau fue incluida

en su obra América: Historia de su descubrimiento desde

los tiempos primitivos hasta los más modernos, publicada en

1892 con motivo de la conmemoración del cuarto centenario

del primer viaje colombino. Desde entonces, la arqueología

antillana desconocía su paradero hasta que, finalmente, en

1971, Bernardo Vega, tras rastrear su larga singladura, lo ubicó

en la colección del Museo de Antropología y Etnografía de

la Universidad de Turín, Italia, donde afortunadamente se ha

preservado en un adecuado estado. 374

Cemí antropomorfo tejido en algodón de intimidante apariencia que sirve de receptáculo a una calavera humana.

©Museo de Antropología y Etnografía de la Universidad de Turín, Italia


185

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El numen que nos ocupa debió ser confeccionado en la etapa

tardía de la cultura taína, a finales del siglo XV. Al permanecer

oculto en alguna caverna de la isla de Santo Domingo, se

salvó de ser destruido por la habitual intolerancia religiosa y

la actitud iconoclasta propias del celo apostólico de los misioneros.

Su aislamiento dentro de un nicho subterráneo alejado

de la humedad por más de tres siglos fue lo que, presumiblemente,

facilitó su perfecto estado de conservación, a pesar de

estar hecho de una fibra textil de naturaleza deleznable como

es el algodón.

186

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Se trata de una figura antropomorfa de cuerpo entero que

posee la parte frontal de un cráneo humano en el interior de

la cabeza. Su ojo derecho tiene adherido un pequeño disco

blanco de concha de madreperla que representa la esclerótica

y cuenta con una perforación en su centro que hace las veces

de iris. En el ojo izquierdo hay adherida otra concha, esta sin

perforar, que es, presumiblemente, un opérculo de gasterópodo

recubierto con alguna resina pegajosa de color negro,

dando la apariencia de un ojo cerrado. 375 La disparidad entre

los ojos, uno blanco, brillante y abierto, y el otro negro, opaco

y cerrado, causa un gran impacto al observador dando la

sugestiva sensación de un ojo que ve y otro que no ve, y simbolizando

quizás la ambivalente visión del cemí, tanto diurna

como nocturna. 376 Es posible que los ojos reflejen dos estadios

de conciencia diferentes, como sugiere Gabriella Erica

Pia: «[...] en un mismo individuo se han querido inmortalizar,

al mismo tiempo, al hombre en condiciones normales y bajo

el efecto de la droga; casi una muerte aparente, una situación

de sueño o trance chamánico en la que se reúne nuevamente

con la divinidad ancestral». 377

Ilustración del cemí de algodón hecha por Rodolfo Cronau, publicada en 1892.


De los lóbulos de las orejas del cemí, cuelgan dos delgadas

tiras tejidas como aros (ahora rotas) que pudieron haber servido

para sujetar aretes u orejeras, como era usual entre los

taínos. 378 Con tiras de dos hebras trenzadas se simularon las

costillas, la columna vertebral, los glúteos y los hombros, lo

mismo que el miembro viril, que masculiniza la figura. También

se observan abultamientos en las piernas y los brazos

formados por largos hilos de algodón, que semejan las ligas

decorativas para realzar la apariencia del cuerpo, un rasgo de

belleza e identidad presente no solo entre los taínos sino en

numerosas tribus de la foresta tropical sudamericana. Un gran

círculo trenzado con fibras vegetales en la zona del ombligo

parece indicar la ausencia de este, que, según la mitología

taína, era uno de los rasgos propios de las opías o espíritus de

los muertos. 379 Sobre la cabeza, el ícono lleva una especie de

bonete o turbante que aludía al rango de los caciques.

Su gran realismo plástico rompe con el canon estilístico del

arte taíno, basado en el esquematismo y la abstracción, tal

como se observa en muchas de las representaciones figurativas

propias de esta cultura. Dada su apariencia espectral,

el cemí debió relacionarse con el culto a los desaparecidos,

plasmando la intención deliberada de infundir respeto o temor

al espectador, como acontece con las caracterizaciones

espantosas y sobrecogedoras de los seres del inframundo. Se

trata, tal vez, de la personificación plástica de algún antepasado

de marcada relevancia para los clanes, debido tanto a la

gran dimensión del objeto (75 cm de altura) como a la depurada

técnica de manufactura y a su extraordinaria concepción

iconográfica de carácter ritual y religioso.

187

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Mujer indígena con huso de hilar algodón.


El éxtasis de la cohoba

Entre los taínos la principal ceremonia religiosa era la cohoba.

Dada la relevante sacralidad de este ritual, los oficiantes eran

generalmente los caciques, quienes entraban en estado de

éxtasis con la inhalación de sustancias alucinógenas que obtenían

a partir de la trituración de las semillas del árbol Anadenanthera

peregrina. Bajo los efectos sicotrópicos de esta

droga se producía un desdoblamiento delirante que permitía

la comunicación con las divinidades o cemíes para predecir el

futuro, asegurar la obtención de buenas cosechas e invocar su

protección en los enfrentamientos con los enemigos. Aunque

en ocasiones las predicciones del cemí no siempre resultaban

favorables para la comunidad, lo que podía acarrear serios

inconvenientes a aquellos oficiantes que comunicaban los malos

augurios revelados por los espíritus.

188

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Las sustancias psicotrópicas empleadas en el ritual de la cohoba,

luego de pulverizadas, se colocaban sobre un plato que

generalmente tenían en la cabeza los ídolos tutelares de las

tribus. Desde esa plataforma redonda se inhalaban los polvos

alucinógenos mediante un cañuto con uno de sus extremos

bifurcado, 380 que se colocaba en los orificios nasales.

Como parte de la liturgia, antes de entrar al recinto que hacía

las veces de templo, se introducían en la boca una espátula

con la finalidad de vomitar para vaciar el estómago y, con ello,

acentuar los efectos psicotrópicos de las sustancias inhaladas.

Los participantes en la ceremonia, ya fuesen hombres o mujeres,

se decoraban el cuerpo para la solemne ocasión. Al ingresar

al lugar de celebración, eran recibidos por el cacique,

que tocaba un tambor de madera mientras recitaba conjuros

y entonaba canciones que los presentes repetían a coro con

gran devoción. Finalmente, el cacique consumaba la ceremonia

con la inhalación de sustancias alucinógenas, llegando al

trance extático, con la finalidad de establecer una comunicación

imaginaria con el mundo de los espíritus.

Cacique oficiando la ceremonia de la cohoba.

Corte seccionado de un bohío para ilustrar diversos aspectos del ritual de la cohoba.


Francisco López de Gómara, en su Historia general de las Indias,

ofrece el siguiente relato sobre la ceremonia de la cohoba:

Cuando el cacique celebraba la festividad de su devoto y principal

ídolo, venían al oficio todos. Ataviaban al dios muy garridamente,

se ponían los sacerdotes como en coro junto al rey, y el

cacique a la entrada del templo con un atabalejo al lado. Venían

los hombres pintados de negro, encarnado, azul y otros colores,

o enramados y con guirnaldas de flores o plumajes, y caracolejos

y conchuelas en los brazos y piernas por cascabeles; venían también

las mujeres con semejantes sonajas, mas desnudas si eran

vírgenes, y sin pintura ninguna; si casadas, con solamente unas

bragas. Entraban bailando y cantando al son de las conchas. Saludábalos

el cacique con el atabal al llegar. Al entrar en el templo,

vomitaban metiéndose un palillo por el garguero, para mostrar al

ídolo que no les quedaba cosa mala en el estómago. Sentábanse

en cuclillas y rezaban, que parecían abejones, y así, armaban

un extraño ruido. Llegaban entonces otras muchas mujeres con

cestillas de tortas en la cabeza, y muchas rosas, flores y hierbas

olorosas encima. Rodeaban los que oraban, y comenzaban a cantar

una especie de romance viejo en alabanza de aquel dios. Se

levantaban todos a responder. Al acabar el romance, mudaban el

tono y decían otro en alabanza del cacique, y así ofrecían el pan

al ídolo, hincados de rodillas. Los sacerdotes lo tomaban, lo bendecían

y lo repartían como nosotros el pan bendito, y después

de esto, terminaba la fiesta. Guardaban aquel pan todo el año, y

tenían por desdichada la casa que sin él estaba, y sujeta a muchos

peligros. 381

Cabe la posibilidad de que, dado el poder narcótico de la

nicotina, el tabaco (Nicotiana tabacum L.) también fuera empleado

como acompañamiento en el ritual de la cohoba y en

la práctica chamánica de los behiques, ya que los cronistas y,

en particular, Fernández de Oviedo no solo hablan de los polvos

alucinógenos, sino que se refieren igualmente al uso del

tabaco en los rituales religiosos:

189

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


190

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Usaban los indios desta isla, […] tomar unas ahumadas, que ellos

llaman tabaco, para salir de sentido. Y esto hacían con el humo

de cierta hierba que, a lo que yo he podido entender, es de calidad

del beleño; pero no de aquella hechura o forma, segund su

vista, porque esta hierba es un tallo o pimpollo como cuatro o

cinco palmos, o menos, de alto, y con una hojas anchas e gruesas,

e blandas e vellosas, y el verdor tira algo a la color de las

hojas de la lengua de buey (o buglosa que llaman los herbolarios

médicos). Esta hierba que digo, en alguna manera o género,

es semejante al beleño. La cual toman de aquesta manera: los

caciques e hombres principales tenían unos palillos huecos, del

tamaño de un jeme o menos, de la groseza del dedo menor de

la mano, y estos cañutos tenían dos cañones respondientes a uno

[…] Y los dos ponían en las ventanas de las narices, e el otro en

el humo o hierba que estaba ardiendo o quemándose; y estaban

muy lisos e bien labrados. Y quemaban las hojas de aquella hierba

arrebujadas o envueltas de la manera que los pajes cortesanos

suelen echar sus ahumadas; e tomaban el aliento e humo para sí,

una e dos e tres e más veces, cuanto lo podían porfiar, hasta que

quedaban sin sentido grande espacio, tendidos en tierra, beodos,

o adormidos de un grave e muy pesado sueño. Los indios

que no alcanzaban aquellos palillos, tomaban aquel humo con

unos cálamos o cañuelas de carrizos, e aquel tal instrumento con

que tomaban el humo con unos calámo o a las cañuelas que es

dicho, llaman los indios tabaco, e no a la hierba o sueño que les

toma (como pensaban algunos).

Esta hierba tenían los indios por cosa muy presciada, y la criaban

en sus huertos e labranzas, para el efeto que es dicho; dándose

a entender que este tomar de aquella hierba e zahumerio no tan

solamente les era cosa sana, pero muy sancta cosa. 382

Ilustración de una planta de tabaco.

Asas figurativas que sugieren la inhalación de los polvos alucinógenos de la cohoba. (FGA)


Algunos estudiosos consideran que esta alusión al tabaco

como la droga alucinógena empleada en la ceremonia de la

cohoba es una confusión de Fernández de Oviedo. Sin embargo,

Girolamo de Benzoni refuerza la hipótesis de los efectos

psicotrópicos del tabaco cuando dice:

En esta isla, como en algunas otras provincias de estos nuevos

países, hay unos arbustos no muy altos, parecidos a cañas, que

producen una hoja como la del nogal, pero de tamaño algo mayor,

que es tenida en grandísima consideración por los habitantes

del lugar donde se usa, y es también muy apreciada por los esclavos

que los españoles han traído de Etiopía. Al llegar la temporada,

los naturales recogen esas hojas y atadas en manojos las

cuelgan encima del lugar donde hacen fuego, hasta que estén

bien secas; cuando las quieren utilizar toman una hoja de espiga

de su trigo, le ponen adentro una de las otras, las enrollan juntas

en forma de cañón y luego por un lado les dan fuego, y teniendo

la otra parte en la boca, aspiran el aire hacia ellos, de manera

que aquel humo les va a la boca, a la garganta y a la cabeza. Lo

soportan lo más que pueden puesto que les da placer, y tanto le

llenan de ese humo cruel que pierden el conocimiento. Algunos

lo aspiran con tanta fuerza que caen al suelo como si estuviesen

muertos, y allí permanecen aturdidos la mayor parte del día y de

la noche. Hay otros que se contentan con absorber este humo

hasta que la cabeza les da vuelta, y no más. 383

El uso del tabaco en los rituales de los grupos indígenas de la

foresta tropical sudamericana ha sido bien documentado. 384

Aparte de fumarlo, era usual inhalarlo en forma de rapé o consumirlo

como tisana. Además, se le atribuían cualidades protectoras

frente a los malos espíritus; y los chamanes a menudo

soplaban el humo sobre la zona afectada del paciente para su

curación. De hecho, estos sahumerios son una práctica común

en las ceremonias mágico-religiosas. 385

191

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


192

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ídolo de la cohoba tallado en madera. (FGA)


Los ídolos de la cohoba

Los íconos o cemíes de la cohoba, que son las principales manifestaciones

del arte escultórico alcanzado por los aborígenes

antillanos, representan con cierto naturalismo a las principales

deidades, proyectando con firmeza y solidez sus atributos

sobrenaturales. En su mayoría son figuras masculinas con el

falo erecto, un símbolo de la fertilidad propiciada por el cemí.

Dos ejemplos elocuentes de los rasgos de virilidad que exhiben

estos ídolos de la cohoba son los soberbios ejemplares

que pertenecen a las colecciones Ziff y Guy Ladrière. En otros

casos, estas hieráticas representaciones aluden claramente a

temas mitológicos, como el extraordinario ejemplar del Smithsonian

Institute, de Washington, D. C., que simboliza a los

gemelos divinos, vinculados a la aparición del sol y la lluvia.

En la espalda de ambos cemíes (ver pág. 20), que constituyen

excelentes esculturas de bulto, aparece la omnipresente imagen

de la mítica lechuza. 386

En algunas de esas magníficas tallas antropomorfas se observan

dos acusadas incisiones verticales que salen de los ojos,

insinuando lágrimas; se trata de íconos relacionados con el

Señor de la Lluvia. Otras tallas son de aspecto caniforme y se

relacionan con el mito de Opiyelguobirán, «que tiene cuatro

pies como de perro». 387 El dualismo antropozoomorfo tan propio

del arte taíno se manifiesta en los imponentes númenes

de la cohoba, como el extraordinario cemí con cara de ave y

cuerpo humanoide, una especie de hombre-pájaro cuya naturaleza

dual determina su personeidad mítica 388 (ver pág. 200).

193

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Representación del cemí Opiyelguobirán, de aspecto caniforme. Smithsonian Institution.


194

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los imponentes cemíes de la cohoba generalmente tienen

una postura sedente, lo que apunta a un carácter ceremonial.

En sus rasgos faciales fijaban aditamentos de oro o de concha

para acentuar la expresión, haciéndola aún más sobrecogedora.

389 Las orejas presentan en el lóbulo inferior las perforaciones

típicas para introducir los pasadores ornamentales. De

la espalda sale una proyección vertical que sostiene sobre la

cabeza un plato o bandeja circular donde se colocaban los

polvos alucinógenos inhalados durante la ceremonia de la cohoba,

aunque en algunos ejemplares el plato ceremonial es

sostenido directamente sobre la cabeza del cemí. 390

Es precisamente Cristóbal Colón el primero en destacar la relevancia

religiosa que los indios atribuían a los ídolos de la

cohoba:

Idolatría u otra secta no he podido averiguar en ellos, aunque

todos sus reyes, que son muchos, tanto en la Española como en

las demás islas, y en tierra firme, tienen una casa para cada uno,

separada del pueblo, en la que no hay más que algunas imágenes

de madera hechas en relieve, a las que llaman cemíes. En

aquella casa no se trabaja para más efecto que para el servicio

de los cemíes, con cierta ceremonia y oración que ellos hacen

allí, como nosotros en las iglesias. En esta casa tienen una mesa

bien labrada, de forma redonda como un tajador, en la que hay

algunos polvos que ellos ponen en la cabeza de dichos cemíes

con cierta ceremonia; después, con una caña de dos ramos que

se meten en la nariz, aspiran este polvo. Las palabras que dicen

no las sabe ninguno de los nuestros. Con estos polvos se ponen

fuera de tino, delirando como borrachos. Ponen un nombre a dicha

estatua; yo creo que será el del padre, del abuelo o de los

dos, porque tienen más de una, y otros más de diez, en memoria,

como ya he dicho, de alguno de sus antecesores. 391

195

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ídolos antropomorfos empleados en la ceremonia de la cohoba.

Izquierda: ©Colección Ziff. Derecha: ©Metropolitan Museum of Art, 19179.206.380.


Estos ídolos eran de grandes dimensiones, y su ejecución

mostraba un gran dominio técnico en cuanto a la consecución

de formas y el juego de volúmenes. Están confeccionados con

madera dura y resistente procedente de árboles seleccionados,

siguiendo las indicaciones que, según ellos, emanaban

de la naturaleza animada, lo cual implicaba una estrecha compenetración

o identidad mística entre la deidad y el material

en que esta se plasmaba. Así refiere Pané el proceso de selección

de los árboles a través de los cuales se manifestaba la

identidad de los cemíes:

196

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los de madera se hacen de este modo: cuando alguno va de camino

dice que ve un árbol, el cual mueve la raíz; y el hombre con

gran miedo se detiene y le pregunta quién es. Y él le responde:

«Llámame a un behique y él te dirá quién soy». Y aquel hombre,

ido al susodicho médico, le dice lo que ha visto. Y el hechicero o

brujo corre en seguida a ver el árbol de que el otro le ha hablado,

se sienta junto a él, y le hace la cohoba, como antes hemos

dicho en la historia de los cuatros hermanos. Hecha la cohoba, se

pone de pie, y le dice todos sus títulos, como si fueran de un gran

señor, y le pregunta: «Dime quién eres, y qué haces aquí y qué

quieres de mí y por qué me has hecho llamar. Dime si quieres que

te corte, o si quieres venir conmigo, y cómo quieres que te lleve,

que yo te construiré una casa con una heredad». Entonces aquel

árbol o cemí, hecho ídolo o diablo, le responde diciéndole la

forma en que quiere que lo haga. Y él lo corta y lo hace del modo

que le ha ordenado; le fabrica su casa con heredad, y muchas

veces al año le hace la cohoba. La cual cohoba es para hacerle

oración, y para complacerlo y para preguntar y saber del dicho

cemí las cosas malas y buenas y también para pedirle riquezas. 392

Los íconos de madera, usualmente de guayacán (Guajacum officinale

L.), eran obra de diestros artífices, muchos de ellos behiques

que tenían a su cargo la producción de los objetos de culto. Conviene

aclarar que los tallistas solo realizaban estas grandes imágenes

por encargo de los caciques. Por esto no existe una producción

seriada de los cemíes de madera, ya que a cada obra se le confería

un carácter particular que la individualizaba.

Ícono que muestra en su rostro surcos de lágrimas en alusión a Boínayel, el Señor de la Lluvia. ©The Trustees of the British Museum (BM, Am,1977, Q1)


197

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ídolo de la cohoba tallado en piedra. (MHD)


En algunos casos la parte superior del ídolo está ahuecada

con la intención de introducir en su interior, a manera de entierro

secundario, el cráneo u otros huesos de algún antepasado

destacado, al igual que acontece con los cemíes de algodón.

A diferencia de otros ídolos utilizados en el ritual de la

cohoba, estos no presentan la plataforma superior destinada

a sostener el plato con los polvos alucinógenos; en cambio,

sobre la cavidad se podía colocar un cuenco de madera o de

barro en el cual se depositaba la droga. 393 Dos ejemplos de

estos cemíes de madera con una cavidad en la cabeza son «el

ídolo del tabaco», que pertenece a la colección del Museo

Antropológico Montané, en La Habana (ver pág. 199), y el sorprendente

ícono de la cohoba que se conserva en la Sala de

Arte Prehispánico de la Fundación García Arévalo, en Santo

Domingo, cuya imagen aparece en la portada de esta obra.

También se conocen ídolos de la cohoba tallados en piedra,

como el magnífico ejemplar que se conserva en el Museo del

Hombre Dominicano, consistente en una figura sedente masculina

con la cabeza apoyada sobre las manos que muestra en

brazos y piernas lo que parecen ser las ligas decorativas que

usaban los aborígenes.

En las representaciones iconográficas de la cohoba, al igual

que en los cemíes tricúspides o trigonolitos, se pone de manifiesto

la refinada expresión artística y el alto contenido simbólico

propio del contexto ideológico y cultural de los taínos.

A este respecto fray Bartolomé de las Casas refiere que fue el

198

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

propio Cristóbal Colón el primero en observar que los grandes

cemíes de madera se empleaban como urnas funerarias,

colocando en ellos las reliquias de los ancestros:

Tenían ciertas estatuas de madera, según escribió en una carta el

almirante don Cristóbal Colón a los Reyes, donde metían los huesos

de sus padres (y debían ser los de los reyes y señores), y éstas

llamaban del nombre de la persona cuyos huesos allí encerraban. 394

Esta versión es confirmada por fray Ramón Pané en su Relación

acerca de las antigüedades de los indios:

Todos, o la mayor parte de los de la isla Española, tienen muchos

cemíes de diversas suertes. Unos contienen los huesos de su padre,

y de su madre, y parientes, y de sus antepasados; los cuales

están hechos de piedra o de madera. 395

Cemí antropomorfo de la cohoba en posición sedente. El miembro viril erecto simboliza el poder

fecundador y la fuerza vital de la tribu. Colección Guy Ladrière.

Ídolo de la cohoba con una incrustación de concha en uno de sus ojos. Museo Antropológico Montané, La Habana, Cuba.


199

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


200

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Representación de un cemí que combina rasgos humanos y de un ave con las alas extendidas. ©The Trustees of the British Museum (BM, Am,1977, Q3)


Los dúhos o

asientos ceremoniales

Dentro del ajuar mobiliario de los taínos resaltan los taburetes

ceremoniales o dúhos, que, junto con los imponentes ídolos o

cemíes de la cohoba, están considerados entre las representaciones

escultóricas más sobresalientes del arte tribal universal.

Fernández de Oviedo destaca que los indios para asistir a los

juegos de la pelota «[…] tenían sus asientos de piedra. E al

cacique e hombres principales poníanles unos banquillos de

palo, muy bien labrados, de lindas maderas, e con muchas

labores de relieve e concavadas, entalladas y esculpidas en

ellos, a los cuales bancos o escabelo llaman duho». 396

Los dúhos taínos podían ser de piedra o de madera, aunque

estos últimos eran los más frecuentes y mejor elaborados, y

estaban tallados en una sola pieza. Estos pequeños bancos

compactos tenían la resistencia requerida para soportar el

peso de una persona. La riqueza de los bosques antillanos

les proporcionó a los artífices taínos excelentes especies, entre

ellas el guayacán y la caoba, que utilizaron como materia

prima para confeccionar gran parte de sus artefactos, no solo

rituales, sino también adornos y otras piezas de carácter doméstico

y de diversas aplicaciones prácticas, como es el caso

de una peineta de madera cuyo mango es la imagen de un

murciélago con las alas plegadas.

201

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dúho antropomorfo masculino tallado en madera. (MHD)


202

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


203

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dúho tetrápodo de madera con dos cabezas ornitomorfas insertas en un

armonioso y simétrico diseño geométrico de sentido simbólico. (FGA)


Lo cierto es que la amplia gama de objetos de madera constituye

un valioso exponente del menaje tribal antillano. No

cabe duda de que los taínos alcanzaron su cúspide artística

en el trabajo de la madera, en cuya ejecución consiguieron

variedad de formas y riqueza expresiva, logrando acabados

de notable perfección y cuya suave terminación «negra y brillante»

alabaron los conquistadores. A esta calidad alude con

admiración el cronista Pedro Mártir de Anglería cuando, en

una carta dirigida al cardenal Luis de Aragón, dice:

Tesoro que no consiste en oro, ni plata, ni perlas, sino sólo en

utensilios y cosas tocantes al uso humano, como asientos, platos,

fuentes, bacías de madera muy negra, tersa; reluciente (que tu

Juan Bautista Elisio, eximio doctor en artes y en medicina, pretende

ser ébano) y maravillosamente labrada. En estas cosas ejercitan,

en efecto, los indígenas, el ingenio que les fue concedido

por la naturaleza […] ¿Qué no harían, ilustrísimo príncipe, si conocieran

el hierro y el acero? 397

204

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Este expresivo elogio hecho por un humanista de la época del

Renacimiento, que llegó a ser preceptor de la nobleza castellana

y embajador de los Reyes Católicos ante el sultán de

Egipto, nos habla de la bella ejecución de estos ejemplares

taínos de madera y revela el impacto y la aceptación que tuvieron

entre las élites europeas de la época.

Los dúhos fueron utilizados preferentemente como asientos

por los caciques y nitaínos para presenciar las celebraciones

deportivas y oficiar el ritual de la cohoba. Hacían las veces de

trono, denotando el prestigio y la dignidad de sus ocupantes.

Las Casas señala que los indios distinguían a los españoles

sentándolos en estos banquillos ceremoniales. 398 Y cuando

moría un cacique era colocado en cuclillas con gran solemnidad

sobre su dúho y sepultado en esa posición.

Peineta cuyo mango muestra una figura de murciélago con las alas plegadas. (FGA)


205

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dúho en madera de guayacán empleado por los caciques en el ritual de la cohoba y para presenciar los juegos de pelota celebrados en el batey. 71.1950.77.1 Am.

Foto ©Musée du quai Branly - Jacques Chirac, Dist. RMN-Grand Palais - ©Image Musée du quai Branly - Jacques Chirac.


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dúho o asiento ceremonial con aplicaciones de oro. (BM, Am.1949.22.118)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Asiento ceremonial con una proyección frontal zoomorfa. Las patas delanteras tienen diseños incisos entrecruzados que

insinúan ligas decorativas tejidas en algodón. (MHD)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Banquillo que semeja una figura masculina acostada con sus piernas en movimiento. ©The Trustees of the British Museum (BM, Am.9753)


Estos asientos pueden ser simples taburetes sin respaldo

apoyados en tres o cuatro patas, o tener un espaldar que se

prolonga del mismo madero. En este último caso las patas

son asimétricas, ya que las delanteras varían de tamaño en

relación con las traseras para buscar el equilibrio según la curvatura

de la pieza. Por lo general, los dúhos tienen una cabeza

zoomorfa que se proyecta en la parte anterior, sobresaliendo

entre los soportes delanteros las patas del animal, en posición

expectante. El espaldar semeja la cola de la mítica cabeza y

en ocasiones está profusamente ornamentado con intricados

motivos incisos (ver pág. 18). En otros casos, en la parte superior

del respaldo vemos una franja grabada con una armónica

esquematización de tres círculos con un punto central y entrelazados

por dobles líneas ondulantes.

A su vez, detrás de la cabeza y a la altura de la nuca muestran

usualmente un prominente diseño triangular de carácter

simbólico. Las patas están decoradas por incisiones entrecruzadas

que representan las bandas de algodón que los taínos

llevaban en brazos y piernas. 399 En cuanto a los dúhos de piedra,

son más pequeños que los de madera y por lo general

carecen de respaldo. El asiento, en vez de ligeramente cóncavo,

suele ser plano, por lo difícil que resulta lograr una curvatura

acentuada en los objetos líticos al ser la piedra menos

maleable que la madera. Hay dúhos de piedra que tienen en

su parte frontal una prominente cabeza de animal, mientras

los soportes del asiento semejan las patas, tal y como puede

apreciarse en el extraordinario dúho con cara de perro que

posee el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

209

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dúho tetrápodo tallado en piedra con una cabeza zoomorfa que sobresale en su parte frontal.

En el lado opuesto tiene una proyección tabular que simula la cola del animal.


210

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los instrumentos de la cohoba

Inhaladores y espátulas vómicas

Entre la parafernalia del ritual de la cohoba, además del mayohabao

o tambor de madera que tocaban los caciques, estaban

los inhaladores y las espátulas vómicas. En ambos casos

su nombre se ajusta al papel que desempeñaban dentro de la

ceremonia religiosa. En relación con los inhaladores, Fernández

de Oviedo ilustra uno de ellos en forma de letra «Y» en

su Historia general y natural de las Indias. Por su parte, fray

Bartolomé de las Casas los describe de la siguiente manera:

[…] tenían hechos ciertos polvos de ciertas yerbas muy secas y

bien molidas, de color de canela o de alheña molida; en fin, eran

de color leonada. Éstos ponían en un plato redondo, no llano,

sino un poco algo combado o hondo, hecho de madera, tan hermoso,

liso y lindo, que no fuera muy más hermoso de oro o de

plata; era cuasi negro y lucio como un azabache. Tenían un instrumento

de la misma madera y materia, y con la misma polideza

y hermosura; la hechura de aquel instrumento era del tamaño de

una pequeña flauta, todo hueco como lo es la flauta, de los dos

tercios de la cual en adelante abría por dos cañutos huecos, de la

manera que abrimos los dos dedos del medio, sacando el pulgar

cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos puestos en

ambas a dos ventanas de las narices, y el principio de la flauta,

digamos, en los polvos que estaban en el plato, sorbían con el

huego hacia dentro, y sorbiendo recebían por las narices la cantidad

de los polvos que tomar determinaban; los cuales rescebidos,

salían luego de seso o cuasi como si bebieran vino fuerte,

de donde quedaban borrachos o casi borrachos. Estos polvos y

estas ceremonias o actos se llamaban cohoba, la media sílaba

luenga, en su lenguaje; allí hablaban como en algarabía, o como

211

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

alemanes, confusamente, no sé qué cosas y palabras. 400

Inhalador de los polvos alucinógenos de la cohoba, tallado en madera, que presenta una figura

estilizada con cabeza de saurio. Colección Ana y Antonio Casanovas.

Inhalador con representación antropomorfa en posición ritual. (FGA)


De hecho, tal como señala Las Casas, este instrumento tiene

una bifurcación en uno de sus extremos que se introducía en

las fosas nasales para aspirar los polvos alucinógenos desde

el plato o escudilla colocado sobre la cabeza de los grandes

cemíes de madera. Algunos de estos inhaladores todavía se

conservan. La mayoría son de madera y de hueso, y muestran

fantásticas figuraciones tanto antropomorfas como zoomorfas

alusivas a las visiones que se producían en un estado alterado

de conciencia. Uno de los inhaladores más representativos es

de madera y tiene tallada una dramática figura de cabeza zoomorfa

con el cuerpo fragmentado en hábiles abstracciones.

Fue encontrado en la isla Gonaive, República de Haití, y en

la actualidad pertenece a la colección de los señores Ana y

Antonio Casanovas.

cohoba, aunque hasta el presente no ha aparecido ninguno

con incrustaciones de oro laminado. 401 También hay aspiradores

de barro, aunque estos no poseen la calidad artística de

los de madera o hueso. Las investigaciones arqueológicas han

localizado cazuelas y ollas pequeñas con dos boquillas tubulares

que pudieron ser utilizadas en la inhalación de sustancias

alucinógenas.

212

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otro aspirador nasal de gran calidad artística está realizado en

hueso con una figura antropomorfa masculina cuyas extremidades

superiores suben hasta la parte posterior de la cabeza,

mostrando una posición contorsionada bajo los efectos psicotrópicos

de la cohoba. Las manos sostienen el nacimiento

de los muslos para hacer posible la flexión de las piernas. La

perforación que se usa para aspirar los polvos comienza en el

ano, bifurcándose hacia arriba en forma de «Y» para desembocar

en las plantas de los pies. Este objeto arqueológico de

sugestivo aspecto se exhibe en la Sala de Arte Prehispánico

de la Fundación García Arévalo, en Santo Domingo.

En algunos casos los aspiradores representan figuras en trance

meditativo o actitud expectante ante el poder y la fuerza

vital de los espíritus invocados, al ser la cohoba el vehículo de

comunicación con los dioses y la realidad del más allá.

En el inventario de objetos reunidos por Cristóbal Colón a

través del rescate o intercambio comercial con los indios,

menciona «quatro perfumadores de narices con once pintas

de oro». Estos perfumadores debieron ser inhaladores de la

Inhalador tallado en hueso con una bifurcación funcional en forma de «Y». (FGA)


213

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Aspirador nasal con imagen antropomorfa masculina en posición contorsionada. (FGA)


Entre los grupos indígenas del área amazónica, para confeccionar

los inhaladores de yopo (Anadenanthera peregrina) se

usan huesos largos, particularmente las canillas de aves en cuyos

extremos se insertan semillas de palma perforadas que

colocaban en los orificios nasales. Es probable que los taínos

también utilizaran los huesos de las aves zancudas para fabricar

sus inhaladores, dando así continuidad a esta modalidad

empleada por sus ancestros sudamericanos. Esto explicaría la

presencia de la garza en muchas representaciones artísticas

de los aborígenes antillanos.

214

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Utensilios para el consumo del yopo empleado por los piaroas.

Indio yanomami aspirando yopo, Venezuela. ©Alfonso Navarro Táppero


Por su parte, las espátulas eran usadas como eméticos antes

de la ceremonia de la cohoba, Mártir de Anglería describe así

su uso:

Cuando se trataba de hacer ofrendas sagradas a sus zemes […], a

fin de ser purificados, más aceptos a la divinidad, se metían en la

garganta hasta la epiglotis, o digamos campanilla, la badila que

cada cual lleva en la mano en tales días y así vomitaban y evacuaban

el estómago hasta vaciarlo. 402

Estos artefactos constan de dos partes o porciones bien definidas:

la hoja o pala y el mango o empuñadura por donde se

acciona el instrumento; en este se representan impactantes

figuras antropomorfas y zoomorfas de connotado simbolismo

mágico-religioso. También hay espátulas más simples que tienen

como agarraderas sencillos apéndices cilíndricos decorados

con motivos geométricos incisos. En general, los vomitivos

taínos plasman ricas concepciones artísticas y tienen una

esmerada terminación acorde con su carácter ceremonial.

Las figuras antropomorfas que muestran los mangos sugieren,

en ocasiones, posiciones sedentes o distorsionadas propias

de los médiums que entran en estados alterados de conciencia

por efecto de la inhalación de sustancias alucinógenas. En

algunos casos, estos mangos hacen las veces de sonajeros,

lo que potenciaba aún más la función ritual del artefacto. 403

En otros ejemplos la figuración es zoomorfa, especialmente

ornitomorfa, y se relaciona con el viaje imaginario que emprendían

los oficiantes de la cohoba. También hay mangos

con representaciones de saurios, y la hoja del instrumento semeja

su larga cola. Incluso se han encontrado espátulas de

madera en forma de culebra con ondulaciones que insinúan

el movimiento sinusoidal con que se desplaza este animal. En

general, la mayoría de las imágenes estuvieron enriquecidas

con incrustaciones de oro o de concha. De hecho, entre los

objetos que Colón recogió en la Española en 1494 para mostrar

a los reyes de España se hace mención de «una purgadera

con veinte e nueve pintas de oro». 404

215

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Espátula de madera empleada en el ritual de la cohoba con mango sonajero. (FGA)


Las espátulas fueron confeccionadas en diversos materiales.

Las más conocidas son las de hueso de manatí, aprovechando

el grosor y la curvatura de las costillas de este mamífero

acuático, las cuales se adaptan muy bien a los requerimientos

de longitud de estos artefactos. Algunas tienen entre el

mango y la pala pequeños orificios para colgar. Hay también

ejemplares de concha tallados con exquisita sutileza estética,

aunque al sujetarse a las dimensiones de la columela del caracol

son de menor tamaño. Las de madera tal vez fueron las

más comunes, pero, por su naturaleza deleznable, es raro que

aparezcan en las excavaciones arqueológicas, y los ejemplares

conservados provienen de hallazgos fortuitos en el interior

de las cavernas. La abundancia de estas espátulas vómicas en

las colecciones de objetos taínos indica que tuvieron un uso

frecuente en las ceremonias dedicadas al culto de los cemíes.

216

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dado que los oficiantes se provocaban el vómito antes de inhalar

los polvos alucinógenos, los cronistas interpretaron esta

práctica como un acto de purificación previo a la ceremonia

religiosa. Sin embargo, el hecho de emplear el vomitivo antes

de entrar al caney que los caciques tenían dispuesto para el

culto de los cemíes es explicable si se consideran los efectos de

indigestión o irritación de las mucosas provocados por las drogas

alucinógenas inhaladas durante la cohoba. De esta manera,

al vaciar previamente el estómago, evitaban vomitar dentro del

recinto o delante de la divinidad, además de que se acentuaba

el efecto psicotrópico en el practicante de la cohoba.

Espátula con una figura distorsionada bajo los efectos psicotrópicos de la cohoba, que se introduce los dedos en la boca con la

intención de vomitar. Foto ©Musée du quai Branly-Jacques Chirac, Dist. RMN-Grand Palais ©Michel Urtado / Thierry Ollivier

Espátulas con imágenes antropomorfas en posición ceremonial. Foto ©Musée du quai Branly-Jacques Chirac, Dist. RMN-Grand Palais

©Claude Germain y FGA


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Espátulas vómicas con mangos figurativos talladas en hueso. (MHD)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Espátulas hechas en costilla de manatí con los mangos decorados. La primera representa un pelícano, y la segunda,

un saurio cuya hoja semeja la cola del animal. (FGA)


220

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Majador lítico que tiene en su tope una representación bicéfala antropomorfa. (FGA)


Los majadores o

manos de mortero

Los cronistas refieren que los majadores, al igual que los morteros

líticos, se empleaban en la pulverización de las plantas

inhaladas en la cohoba, al igual que en las prácticas curativas

de los behiques para prevenir o combatir las enfermedades. 405

De esto podemos deducir que las evocadoras imágenes efigies

esculpidas en un extraordinario número de majadores tenían

como propósito incidir en la eficacia de los preparados

que se hacían con fines alucinógenos y medicinales, confiriéndole

de esta forma al majador un sentido propiciatorio.

En general, los majadores taínos poseen una extraordinaria

riqueza iconográfica evidenciada en las bellas y bien terminadas

tallas que tienen en el tope. Entre sus elementos figurativos

se destacan las caras con rasgos antropomorfos y zoomorfos,

en especial las de aves, que aluden al viaje sensorial

realizado por medio de los efectos alucinógenos de la cohoba

para alcanzar el panteón donde moraban los espíritus.

Hay majadores con dos cabezas antropomorfas idénticas que

aluden al mito de los gemelos divinos, tan difundido en la

cultura taína. En otros casos, son figuras contorsionadas que

remiten a los estados delirantes producidos por los polvos

alucinógenos de la cohoba. Además, se observan representaciones

de criaturas sobrenaturales que asumen una doble

identidad humana y animal, denotando una ambivalente dualidad

entre la vida y la muerte.

Además de los majadores ornamentados que formaban parte

de la parafernalia ritual y que presumiblemente representaban

atributos de las deidades, había otros más simples para

uso doméstico que funcionaban como manos de moler en

los morteros líticos. Los más comunes recuerdan los majadores

empleados por las bandas arcaicas, con formas cónicas,

discoidales y cilíndricas, aunque también los hay cuadrados

y rectangulares. En algunos casos los morteros presentan insinuantes

e intricados diseños con ondulaciones en bajorrelieve.

En su mayoría estos artefactos fueron confeccionados con

rocas duras, que ofrecían resistencia y perdurabilidad.

221

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En algunos ejemplos, la representación figurativa ocupa la totalidad

de la pieza, convirtiéndose en una escultura exenta.

Las bases, que son generalmente campaniformes o esferoidales,

presentan un acentuado pulimento por efecto de la fricción

en los morteros de piedra o de madera.

Manos de moler con figuras antropomorfa y ornitomorfa.


222

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Diversos tipos de majadores líticos que muestran imágenes relacionadas

con las creencias mitológicas de los taínos. (FGA)


223

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


224

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Mortero de forma elíptica que muestra en una de sus caras sinuosos motivos decorativos. (FGA)


225

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Morteros con diseños figurativos de diversos tamaños, uno de ellos con forma de genitales masculinos. (FGA)


226

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ícono de tres puntas identificado con el cemí Yócahu Bagua Maórocoti, el gran Señor de la Yuca (FGA).


Íconos de tres puntas

Los cemíes de tres puntas, llamados también «trigonolitos»,

son una de las representaciones iconográficas más emblemáticas

de la cultura taína. Se los vincula con los rituales propiciatorios

para favorecer la fertilidad de la tierra y la procreación

del género humano. Su imagen, de extraordinaria fuerza expresiva,

era la representación visible de un ser superior que,

por su relevancia para la religiosidad de las aldeas, estaba

bajo la égida de los caciques. 406 Su origen se remonta a los

prototrigonolitos que aparecen en los sitios igneris o saladoides,

asociados a las primeras oleadas arahuacas que arribaron

a las Antillas, con lo cual su culto tiene una presencia temprana

en las islas del Caribe, 407 aunque es en la fase taína donde

estos íconos alcanzan su expresión artística más acabada, por

lo que se los considera privativos de esta cultura.

227

No cabe duda de que su característica simbólica más notable

es su forma triangular o tricúspide. A este respecto, Cristóbal

Colón precisa: «[…] la mayor parte de los caciques tienen

tres piedras, a las cuales ellos y sus pueblos muestran gran

devoción. La una, dicen que es buena para los cereales y las

legumbres que han sembrado; la otra, para parir las mujeres

sin dolor; y la tercera, para el agua y el sol, cuando hacen falta».

408 Por su parte, Pané afirma: «Los cemíes de piedra son de

diversas hechuras. Hay algunos que […] tienen tres puntas, y

creen que hacen nacer la yuca». 409

Resulta significativo observar que los trigonolitos siguen, salvo

escasas excepciones, un patrón con relación a la forma que

los caracteriza. La proyección conoide es lisa y está ligeramente

inclinada hacia el frente, lo que facilita, aun en los casos

más simples, la identificación de la parte frontal. 410 Su silueta

abultada y la terminación a modo de pezón sugieren la forma

de las mamas femeninas, simbolizando la lactancia materna

en una clara referencia al vigoroso poder que, dentro del pensamiento

mágico-religioso taíno, se atribuía a estas deidades

bajo cuya advocación se encomendaba la procreación del género

humano. La base es generalmente cóncava, formando

un arco abierto, y su superficie es más áspera que el resto de

la pieza. Este arco permite el apoyo en las dos puntas laterales,

confiriendo estabilidad. La perfecta ejecución de estos

cemíes de tres puntas requería un buen dominio de la técnica

escultórica, por lo que a sus artífices puede que se les haya

otorgado una posición social privilegiada en la sociedad taína.

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cemí de tres puntas con rasgos ornitomorfos. (CCELJ)


228

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cemí de tres puntas con acentuados rasgos faciales. El bajorrelieve permite la colocación

de aditamentos de oro y concha que confieren una sugerente expresión. (FGA)


El término «trigonolito» es una creación del arqueólogo cubano

René Herrera Fritot. Desglosándolo, está compuesto por

los lexemas tri (tres), gonus (ángulos) y lito (piedra), lo que

quiere decir «tres ángulos de piedra». Existen varios tipos de

trigonolitos vinculados a las entidades divinas que habitaban

en el cosmos. Algunos enfatizan ciertos rasgos –mayormente

rostros– de la representación antropomorfa de los dioses

ancestrales. Otros, en cambio, muestran imágenes de animales

y seres míticos. En general, es difícil establecer inequívocamente

explicaciones convincentes sobre el significado de los

trigonolitos. Algunos autores, José Juan Arrom entre ellos, los

consideran la plasmación en el plano terrenal de las divinidades

en su aspecto más transcendental y profundo. Mediante estos

íconos, en opinión de Arrom, los taínos representaban al cemí

Yócahu Bagua Maórocoti, la deidad por excelencia, principio

y fuente de toda vida, que constituía la esencia de las fuerzas

dinámicas de la naturaleza y el poder de la fecundidad. 411

Una de sus versiones más representativas tiene en su parte

frontal un ominoso rostro antropomorfo de gran valor expresivo.

Los ojos y la boca fueron tallados en bajorrelieve para

incrustar aditamentos decorativos de laminillas de oro o placas

de concha en las cuencas de los ojos, los lóbulos de las

orejas y la boca –simulando la dentadura–, lo que acentuaba

la dramática y enigmática expresión facial. 412 Estos cemíes de

rostro humanoide poseen generalmente en su lado posterior

un emblema bien definido formado por dos líneas sigmoides

que enmarcan un círculo u oquedad central donde debían colocar

un disco de concha u oro para conferirle una mayor connotación.

Este sugerente diseño lleno de simbolismo mágico,

que se reitera en numerosos trigonolitos, debe aludir con toda

seguridad a los atributos de la divinidad considerada por los

taínos como el ser supremo, protector de la procreación del

género humano y de la fertilidad de la tierra. 413

229

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Emblema simbólico formado por un circulo central entre dos líneas sigmoides

que alude a las cualidades iconográficas del cemí. (FGA)


230

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otros trigonolitos muestran figuras en posición agazapada y

tienen una cara humanoide en la proyección frontal, aunque

en algunos ejemplos la imagen capital es zoomorfa, con apariencia

de reptil y, ocasionalmente, de ave. En la proyección

posterior, las piernas flexionadas producen en el espectador

una sensación de movimiento, quizá de huida. A veces, estos

íconos tricúspides tienen uno o dos hoyuelos laterales en

medio de la elevación conoide, lo que debía tener esotéricas

connotaciones simbólicas.

En el Museo Arqueológico Regional Altos de Chavón se conserva

un extraordinario ejemplar que presenta una culebra de

prominente cabeza que se enrosca alrededor de un seno femenino,

y cuyo cuerpo decorado con finas incisiones insinúa

la escamosa piel de reptil. La proyección posterior tiene dos

piernas en posición flexionada o agazapada que le confieren

cierto dinamismo a la representación y sugieren una acción

locomotora. Por la calidad de su ejecución y su perfecto acabado,

esta pieza constituye un ejemplo excepcional de la destreza

alcanzada por el escultor taíno. En cuanto al simbolismo

de la culebra, gracias a la información aportada por Pané conocemos

que cuando el behique no acertaba en sus prácticas

curativas era apaleado por los deudos del fallecido hasta

darlo por muerto. Entonces, los cemíes acudían en forma de

culebras de varias especies y colores al auxilio del curandero

abandonado a su suerte:

Se reúnen un día los parientes del muerto, y esperan al susodicho

behique, y le dan tantos palos que le rompen las piernas y los

brazos y la cabeza, moliéndolo todo, y lo dejan así creyendo haberlo

matado. Y por la noche dicen que vienen muchas culebras

de diversas clases, blancas, negras y verdes, y de otros muchos

colores, las cuales lamen la cara y todo el cuerpo del dicho médico

que dejaron por muerto, como hemos dicho. El cual se está

así dos o tres días, y mientras está así, dicen que los huesos de

las piernas y de los brazos vuelven a unirse y se sueldan, y que se

levanta, y camina poco y se vuelve a su casa. Y los que lo ven le

preguntan diciendo: «¿Tú no estabas muerto?». Pero él responde

que los cemíes fueron en su ayuda en forma de culebras. 414

Para las sociedades tribales la muerte conduce al reino inferior

del cosmos. Es por ello que los behiques se valían de

las culebras, que se ocultan en las oquedades bajo el suelo,

para descender en un viaje transcosmogónico al inframundo

y recuperar el alma de los enfermos que se debatían en las

tinieblas de la muerte.

Cemí con cara humanoide, tiene en su parte posterior dos piernas agazapadas que le dan sensación de movilidad. (MARAC)


231

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Espátula vómica de madera en forma de serpiente. 70.2009.47.1 Foto ©Musée du quai Branly-Jacques Chirac, Dist. RMN- Grand Palais. ©Claude Germain

Representación de una serpiente de prominente rostro cuyo cuerpo escamoso, hecho a base de finas incisiones, se enrosca en un seno femenino. (MARAC)


232

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En otra variante tipológica, la proyección conoide semeja una

cabeza de saurio, e incluso se advierte la prominente boca

del animal con la dentadura en bajorrelieve. También son frecuentes

los trigonolitos más simples, donde solo prima la forma

triangular y la belleza del esmerado pulimento. La materia

prima seleccionada para la confección de estos ídolos era de

primera calidad y gran dureza, con preferencia por las rocas

marmóreas, además de algunas silíceas tales como peridotita,

serpentina, nefrita o diorita. En casos muy esporádicos, se

emplearon la madrépora y rocas fosilíferas.

Aunque los cemíes de tres puntas o tricúspides estaban,

como ya hemos señalado, bajo el cuidado de los caciques

para apuntalar su poder político y religioso, 415 había pequeños

trigonolitos, incluso algunos de barro, que debieron pertenecer

a todos los miembros de la tribu. Estos microtrigonolitos

pudieron haer sido usados como entes propiciatorios para favorecer

el crecimiento de las plantas en los conucos, posibilitando

la manutención de los integrantes de las aldeas.

Cabeza tricúspide con una imagen de saurio cuya boca, que ocupa la proyección conoide superior de la pieza, transmite una connotación intimidante. (MHD)

Imagen zoomorfa con estilizados rasgos faciales en la que el tallista hace alarde de su habilidad. (MARAC)


233

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Adolfo de Hostos, uno de los precursores de la arqueología

antillana, considera que la forma conoide de la proyección

superior de los trigonolitos semeja el brote de la yuca o de la

yautía y que, por tanto, pudo haber servido como representación

del crecimiento vegetal, simbolizando el poder invisible

de la germinación que brotaba desde el capullo. Con ello, en

opinión de este autor, se le confería al objeto «una existencia

de movimiento vital desde adentro hacia afuera». Hostos

comparte la idea generalizada de que estos ídolos se enterraban

dentro de los conucos, especialmente cuando los tallos

nuevos se estaban afianzando y era más necesaria la influencia

del trigonolito para la obtención de buenas cosechas. 416

Prototrigonolitos de concha según ilustración de Michael Sellon.

234

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Una hipótesis bastante similar a la de Hostos la ofrece el investigador

sueco Sven Lovén, uno de los pioneros en el estudio

de la cultura taína, quien, a pesar de considerar al trigonolito

una abstracción geométrica en cuanto a su diseño, considera

que la proyección conoide era un arquetipo que simbolizaba

el crecimiento de las plantas, y cuando este ícono se colocaba

en la tierra, «el vegetal en cuestión recibía ayuda para germinar».

417 Sobre este aspecto, se observa en algunos ejemplares

que las extremidades superiores están extendidas hacia delante

y las manos aparentan excavar la tierra en un acto de labranza

propio del numen que favorecía la germinación de las

plantas alimenticias en los conucos. 418 A su vez, hay evidencias

de rituales propiciatorios en el que los íconos de tres puntas

eran enterrados en los campos de cultivo, con el objetivo de

obtener «buenos y grandes frutos». 419


235

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Ícono tricórneo que representa al cemí Yócahu Bagua Maórocoti. Los brazos y manos proyectados hacia delante aparentan excavar la tierra

para propiciar la fecundidad de los conucos. (MHAA, UPR)


Otras interpretaciones, como la sustentada por Fred Olsen, sostienen

que la forma del trigonolito guarda cierta similitud con las

montañas de las islas del Caribe, sobre todo en un entorno geográfico

en el que a veces una sola elevación caracteriza a una isla

entera, como acontece en las Antillas Menores, donde aparecen

los primeros trigonolitos, vinculados a los grupos igneris. Por ello,

no debe extrañar que al trigonolito se le haya llamado «Dios de

la montaña». Olsen también plantea que el primer prototipo de

trigonolito pudo ser confeccionado a partir de las protuberancias

cónicas que presentan en su ápice los grandes caracoles como el

lambí o carrucho (Strombus Sp.), que al ser fragmentados podían

sostenerse verticalmente sobre su base, mostrando cierta similitud

con los volcanes de las pequeñas islas antillanas. 420

Contorno geográfico característico de las Antillas Menores. Ilustración de Michael Sellon.

236

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Por su parte, Michael Sellon, otro estudioso del arte taíno, también

le atribuye al trigonolito un poder animista del cual emanaba

la fuerza genésica de la naturaleza. 421 En tal sentido, los trigonolitos

se conciben como una deidad tutelar que simboliza la energía

que emerge de la madre tierra, condición que le confería un poder

propiciatorio para la germinación de las semillas. Por ello, se les

asignaba un sitial relevante dentro de la teogonía del pueblo taíno,

que basaba su sustento alimenticio en la producción agrícola.

Hay una cuestión a considerar relativa a la distribución geográfica

de los trigonolitos, ya que, a pesar de que constituyen uno de los

objetos diagnóstico de la cultura taína, 422 su aparición se reporta

principalmente en la costa sur de Puerto Rico y en el litoral sureste

de la República Dominicana, que en época prehispánica alojaba

el cacicazgo de Higüey. De modo que su presencia es exclusiva

del epicentro geográfico que se desarrolló en torno al canal de la

Mona, que comprende hacia el este a Puerto Rico y algunas Islas

Vírgenes, entre ellas Santa Cruz, y hacia el oeste la llanura oriental

de la República Dominicana. 423 Los muy escasos ejemplares que

pudieran aparecer en el interior de la isla Española habría que

considerarlos como objetos intrusivos o producto de intercambios

protocolares entre los caciques. Esta demarcación territorial de los

trigonolitos corrobora nuestro punto de vista sobre la existencia de

una frontera tipológica entre los dos grandes espacios o epicentros

geográficos «A» y «B» por donde se expandió la cultura taína. 424

Microtrigonolitos de barro.


237

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cemíes de tres puntas con imágenes ornitomorfa y antropomorfa. (MHAA, UPR)


238

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cabeza efigie de aspecto espectral vinculada al culto de los antepasados. 71.1930.35.2. ©Musée du quai Branly-Jacques Chirac, Dist. RMN-Grand Palais.

©Patrick Gries / Benoît Jeanneton


Cabezas efigies

Una variante tipológica que no debe ser abstraída de los contextos

formales y conceptuales de los trigonolitos son las cabezas

efigies o cabezas retratos. Estos íconos cefaloformes

presentan rostros humanos esculpidos con tal destreza que

pueden apreciarse en ellos los rasgos propios de la anatomía

facial de los taínos, que en su momento fueron descritos por el

almirante Cristóbal Colón cuando alude a la frente achatada,

los pómulos salientes, los labios gruesos, etc. Sobre la frente,

y evidenciando el rango del personaje, lucen usualmente un

adorno en forma de diadema con líneas incisas entrecruzadas

que simulan las bandas de algodón usadas por los taínos en

brazos y piernas.

Por su realismo, estos íconos pueden ser asociados al culto

de los antepasados, aunque es posible que, más allá de conservar

físicamente la imagen de los desaparecidos, lo que se

pretendía era atraer la fuerza de sus espíritus. La proyección

tricúspide que muestran las cabezas efigies permite conferirles

un carácter religioso o cemicista, de manera análoga a los

trigonolitos. 425 A veces estos íconos tienen ranuras a ambos

lados para ajustarlos con ligaduras a un mango de madera,

por lo que harían la función de estandarte o insignia de los

clanes, que en ocasiones especiales enarbolaban la venerada

imagen de sus ancestros plasmada en piedra.

239

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Es preciso advertir que a las cabezas efigies se les ha llamado

erróneamente «cabeza de macorix» por ser frecuente su aparición

en el cacicazgo de Higüey, que incluía la actual provincia

San Pedro de Macorís, en el sureste de la República Dominicana.

Sin embargo, esta área geográfica estuvo habitada en época

prehispánica por los taínos, y no por los grupos macoriges, a

quienes las crónicas ubican en las zonas centrales y el norte de

la Española. Por tanto, denominar «cabeza de macorix» a estos

íconos pétreos cefaloformes es un grave error etnohistórico.

Cabeza efigie con una diadema en la frente y un círculo en bajorrelieve en el lóbulo de las orejas en donde se aplicaban

aditamentos decorativos para realzar la apariencia. (FGA)


240

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Cabezas trilobuladas

Las cabezas trilobuladas están íntimamente ligadas al culto de

los cemíes de tres puntas que tenían el poder fertilizador de la

tierra. Se trata de una manifestación tipológica diferente a los

trigonolitos clásicos que aparecen en la parte suroriental de la

Española, y se han encontrado en los grandes valles centrales

y en las zonas montañosas de la isla. Por tanto, constituyen

una variante regional del cemicismo asociado a los trigonolitos,

con diferencias en la morfología y las materias primas

empleadas, aunque no en su naturaleza divina y su función

propiciatoria.

Estas cabezas trilobuladas están fabricadas a partir de rocas

porosas de origen volcánico mediante la técnica del picado.

Su factura es más tosca que la de los trigonolitos y constan

de tres secciones demarcadas por dos surcos, uno sobre la

cabeza de la figura representada y otro en la parte baja de la

cara. Los elementos figurativos más frecuentes son sencillos

rostros humanoides, aunque algunos ejemplares tienen rasgos

ornitomorfos. Llama la atención el hecho de que estén

confeccionadas en roca basáltica, con la que también se fabricaban

los guayos o ralladores líticos, lo que evidencia una clara

vinculación entre ambos objetos asociados a las prácticas

agrícolas de los taínos: mientras los guayos cumplen una función

utilitaria de procesamiento de los alimentos, las cabezas

trilobuladas son de carácter místico o propiciatorio, pues en

ellas se representa a Yócahu Bagua Maórocoti, cemí protector

de las cosechas. 426

contenido figurativo y sugerentes diseños simbólicos, que

constituyen en conjunto un excelente legado artístico donde

se manifiesta la destreza técnica de los escultores taínos. A

este respecto el historiador Roberto Cassá, al hablar de los

ídolos y de otras representaciones de la parafernalia religiosa

empleada por los taínos, opina:

La concepción del trabajo de estos objetos y los procedimientos

técnicos que acarreaba su hechura determinaban que fuesen

obra de especialistas, lo que no quiere decir que fueran destinados

al mercado, sino que eran elaborados bajo el poder de los

caciques, a los cuales estarían vinculados los artesanos en relación

de dependencia. 427

241

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En sus diferentes modalidades, los ídolos de tres puntas o

trigonolitos, incluyendo entre ellos las cabezas efigies y las

trilobuladas, son objetos religiosos de singular belleza, rico

Cabezas trilobuladas esculpidas en roca basáltica. (FGA)


242

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vistas laterales de un aro lítico de carácter ceremonial. Presenta en uno de sus lados un panel con decoraciones figurativas y motivos geométricos incisos.

En el otro lado tiene una depresión oval, posiblemente, para colocar polvos alucinógenos. (FGA)


Aros líticos y

piedras acodadas

Los elaborados aros líticos constituyen uno de los objetos ceremoniales

más representativos de la cultura taína. Se les ha

dado diferentes nombres, entre ellos el de «collares monolíticos»,

dado que algunos estudiosos consideran que los caciques

los llevaban colgados del cuello durante festividades especiales

como podían ser los juegos de pelota. También han

sido denominados «colleras», por su parecido con las colleras

del arnés de los caballos de tiro. Sobre su uso se ha discutido

mucho debido a que no se tienen evidencias documentales

de sus funciones específicas, por lo que se consideran objetos

«enigmáticos». Apenas existen vagas referencias de la época

de la conquista que aluden a los collares de piedra que poseían

los caciques como símbolo de poder o autoridad, aunque

estos bien pudieron ser otro tipo de collares formados

por sartas de cuentas líticas, que eran muy apreciadas por los

taínos. 428

La teoría más extendida se inclina por asociarlos con el juego

de pelota, aunque no tengamos ningún testimonio de los cronistas

de Indias que avale esta posibilidad, como sí sucede en

el caso de los «yugos» empleados en esta práctica deportiva

por los totonacas en México. 429 Otra teoría apunta a que se

utilizaban para ayudar a las mujeres en el momento del parto,

introduciéndose por la cabeza y los hombros para presionar

el vientre, aunque esta posibilidad nos parece poco plausible.

Según han demostrado las investigaciones arqueológicas, estos

objetos eran tallados a partir de una piedra algo redondeada

y maciza que se iba ahuecando lentamente desde el centro

hacia fuera hasta lograr el diseño final del aro. Su esmerada

terminación convierte a los aros líticos en valiosos exponentes

de la pericia alcanzada por los aborígenes en sus expresiones

plásticas. 430 Su forma característica es oval o elíptica, aunque

algunos de los de mayor grosor son circulares. Generalmente,

presentan en el contorno exterior un panel lateral decorado

profusamente con motivos que encierran una compleja simbología,

junto a salientes cefaloformes que parecen caras de

murciélagos humanizadas. En otros ejemplos, aunque parezca

desconcertante, las figuras semejan cabezas estilizadas de pelícanos

y están colocadas en posición contrapuesta, esto es,

mirándose de frente. Ahora bien, ¿cuál sería la asociación de

los pelícanos con el juego de pelota? Es algo para lo que no

tenemos explicación.

En algunos casos los aros líticos presentan en uno de los lados

un ahuecamiento o concavidad que sugiere haberse usado

para contener los polvos alucinógenos de la cohoba. Con frecuencia,

a lo largo del panel decorado aparece un diseño en

relieve con líneas entrecruzadas que semejan fibras vegetales,

así como salientes laterales que parecen nudos de ramas, lo

que apuntaría a que los aros líticos eran réplicas de los cinturones

de madera o fibras vegetales que usaban los participantes

en el juego de pelota. De ser así, estos pesados aros

constituirían insignias que en ocasiones especiales portaban

los caciques a modo de bandolera, colgada del cuello o del

hombro, denotando el rango de sus usuarios. 431 Lo mismo sucede

con las hachas enmangadas monolíticas, que son una

adaptación al arte lapidario de las hachas petaloides que se

insertaban en un astil de madera para utilizarse en la tala de

árboles y en las actividades agrícolas.

243

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Según su grosor se han clasificado en dos tipos: los finos o

delgados (slender ovate stone collar) y los gruesos (massive

stone collar). 432 Los delgados están mejor elaborados y terminados,

y proceden en su gran mayoría de la costa sur de

Puerto Rico. 433 Aunque en el cacicazgo de Higüey se han encontrado

algunos aros de tipo fino, prevalecen los gruesos,

confeccionados con rocas calcáreas, que presentan una factura

más rústica y diseños menos elaborados.

Al parecer, la escasez de rocas ígneas en la llanura suroriental

de la Española, por ser de formación caliza arrecifal costera,

no les permitió a los artífices higüeyanos contar con una materia

prima adecuada. Se vieron entonces en la necesidad de

emplear rocas calcáreas, de contextura más frágil, y, por consiguiente,

tuvieron que aumentar el grosor de la pieza para

impedir que se fracturase al tratar de conseguir la forma elíptica

característica de estos objetos monolíticos de complejo y

enigmático simbolismo ritual. Este condicionante geológico

determinó el reemplazo del aro lítico de tipo fino, muy común

como ya hemos dicho en el sur de Puerto Rico, por otro de

mayor grosor y menos esbelto, característico del cacicazgo de

Higüey.

Ahora bien, es importante recalcar que los aros líticos, en sus

dos subtipos o variantes tipológicas, tan solo se han reportado

en la misma área geográfica vinculada a los trigonolitos,

que constituye lo que hemos denominado el epicentro «A» de

la cultura taína, espacio donde se evidencian grandes similitudes

en cuanto a la forma y decoración de estos emblemáticos

objetos culturales. 434

244

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


245

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Aros líticos de los tipos grueso y fino. Los paneles decorativos muestran diseños que semejan cabezas de pelícanos y tienen motivos incisos entrecruzados

alusivos al trenzado de los objetos de cestería. Izquierda: (MHD). Derecha: ©Justin Kerr, El Museo del Barrio, N.Y.


246

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Aro lítico del tipo fino o delgado. El panel lateral está decorado con motivos incisos entrecruzados y salientes figurativos. (MHAA, UPR)


Por su parte, los codos o piedras acodadas son otras de las

piezas arqueológicas representativas de la cultura taína. Su

uso resulta enigmático, aunque, al igual que los aros líticos, se

vinculan al ceremonialismo del juego de pelota. Se cree que

por su curvatura se ajustaban a la cintura de los jugadores,

completando la elipse con una rama que se ataba a ambos

extremos del codo para formar un cinturón. Sin embargo, algunos

estudiosos consideran que por su forma angulada pudieron

haber sido fragmentos de aros líticos que fueron reelaborados.

Incluso hay quienes les atribuyen connotaciones

religiosas, considerándolos una representación del cemí de

tres puntas. Como decoración, exhiben caras humanas talladas

en relieve, mientras que en sus extremos tienen ranuras o

perforaciones funcionales en las que se ataba el aro de madera

o faja de cestería para completar el cinturón. Su presencia

es casi exclusiva de la isla de Borinquen o Puerto Rico. 435

Al considerar la ardua ejecución artística de los aros monolíticos

y las piedras acodadas, es conveniente resaltar que ambos

constituyen, como señalan Ricardo Alegría y Mela Pons

de Alegría, la mejor demostración del dominio alcanzado por

los taínos en la técnica de tallar y pulir piedras de gran dureza

sin que se fracturaran y haciendo uso de toscas herramientas.

Por tanto, en opinión de estos autores, son «un verdadero

alarde de técnica que no tiene paralelo en ninguna otra cultura

aborigen de América». 436

247

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Piedra acodada con un personaje de rostro prominente y cuerpo acuclillado que luce en su cabeza un llamativo tocado y grandes orejeras,

indicativos de su alta jerarquía. (MAM, 03303)


248

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Diversos tipos de amuletos con imágenes antropomorfas y zoomorfas. (Colecciones Betty e Isaac Rudman y FGA)


La industria lapidaria

La industria lapidaria taína tiene sus orígenes en los primeros

pobladores arahuacos, y muchos de los diseños más comunes

son similares a la tradición lapidaria de los grupos ostionoides

tardíos. Al igual que estos, los taínos sintieron predilección

por las piedras más duras para fabricar sus adornos corporales,

garantizando así su duración y un mejor acabado, lo que

requería destreza y dedicación. Con ellas elaboraron una serie

de adornos personales de gran perfección y belleza entre los

que sobresalen los amuletos y los collares de cuentas líticas.

El material más usado fue el cuarzo, aunque también emplearon

nefrita, diorita, jadeíta y feldespato, entre otras piedras, a

las que les conferían propiedades mágicas en función de su

color. Algunas de las materias primas empleadas son ajenas a

la geografía insular, lo que sugiere un tráfico comercial desde

Sudamérica. 437

Existe una variada tipología de amuletos con acentuadas diferencias

regionales, según la connotación dada a ciertos dioses

o seres míticos en función de las estructuras ideológicas y

simbólicas de los distintos grupos prehistóricos. Normalmente

representan figuras antropomorfas y, en menor medida,

zoomorfas, entre las que sobresalen las imágenes estilizadas

de murciélagos y ranas, e incluso de aves –en especial, patos–

con un pronunciado pico. Otras imágenes se relacionan con

el mítico inriri o pájaro carpintero que con su pico formó el

sexo femenino. En algunos amuletos las figuras muestran la

típica posición acuclillada en la que enterraban a sus muertos,

lo que remite al culto de los ancestros, cuyos poderes bienhechores

invocaban los portadores de tales fetiches.

249

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


250

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Por las referencias de los cronistas sabemos que, junto con su

valor decorativo, los amuletos eran idolillos que hacían las veces

de talismanes. Los usaban como colgantes en los collares,

o bien se los ceñían a la frente cuando iban a entrar en batalla

para protegerse de los maleficios o conjurar la muerte. 438 Con

frecuencia representan imágenes estereotipadas que repiten

el mismo diseño sin mayores variaciones dentro de una zona

geográfica determinada. Este es el caso de una rana estilizada

con una cara humanizada invertida que mira hacia arriba. O el

de una figura humanoide de faz prominente, ojos redondos y

nariz aguileña que muestra la dentadura, y cuyas manos sujetan

las rodillas o reposan sobre el abdomen con los dedos

entrecruzados y realizados a base de finas incisiones. Además,

en algunos ejemplares se aprecia el círculo del ombligo y se

insinúan los tobillos y los dedos de los pies.

Este tipo de amuleto antropomorfo es común en el interior y

la zona norte de la isla, donde se desarrolló el epicentro «B»

de la cultura taína. Otros representan siameses que se relacionan

con el pasaje mitológico de los gemelos divinos (Boínayel

y Márohu), vinculados con el origen del sol y la lluvia. 439 También

abundan amuletos diminutos que son verdaderas joyas

en miniatura, y a pesar de su reducido tamaño se aprecian

nítidamente en ellos los más mínimos detalles, ejecutados con

vigorosa sencillez. Todos estos amuletos presentan una perforación

transversal que sirve para colgar o sujetar la pieza.

251

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Las cuentas, por lo general, son cilíndricas o tubulares y tienen

una perforación longitudinal por la que se introducía un

cordón que las ensartaba formando el collar. En algunos casos

presentan perforaciones laterales en uno de los extremos que

debieron servir para insertar plumas decorativas, con lo cual

el collar adquiría una riqueza cromática de gran belleza, confiriéndole

al usuario un realce personal impresionante e inigualable

por ninguna otra prenda decorativa, ya que las plumas

son uno de los elementos más exóticos de la naturaleza tropical.

Como ya hemos señalado, las sartas de cuentas líticas que

los taínos denominaron cibas fueron muy estimadas por ellos

y las obsequiaban a los padres de la prometida. 440


252

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Collares de cuentas líticas con orificios transversales y laterales para insertar plumas decorativas. (FGA)


253

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


La sutileza de la concha

La y el sutileza hueso de la concha y el hueso

254

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La concha, utilizada profusamente como materia prima para

la confección de amuletos y otros adornos corporales, es, junto

con el marfil, uno de los materiales vivos más nobles. Fue

la materia prima por excelencia para la elaboración de sutiles

estatuillas que servían como talismanes colgados al cuello o

atados a la frente, y su talla exigía un alto nivel de destreza y

dedicación. 441

Los amuletos de concha, al igual que los de piedra, presentan

una variada tipología. Los más comunes representan figuras

antropomorfas estilizadas cuyas caras tienen una expresión

dramática, con los ojos ahuecados en bajorrelieve para colocar

aditamentos decorativos, en general láminas de oro. También

abundan las representaciones antropozoormorfas con caras de

saurio y cuerpos humanizados, o bien las figuras ornitomorfas

estilizadas. En otros casos la imagen ocupa el cuerpo entero del

caracol, como en los colgantes de caracoles marinos de la familia

Olividae (Oliva reticularis), tan comunes en Cuba, aunque

también aparecen con frecuencia en la Española. En algunos

ejemplares las cuencas oculares parecen vacías y se destaca la

dentadura, lo que remite a la calavera y refleja la obsesión de

los taínos por la muerte. Más que significar la desaparición física,

es probable que en la concepción mística de los taínos las

imágenes esqueléticas aludan al paso de los ancestros bienhechores

a la vida sobrenatural. Como decía Malinowski, el deseo

más profundo del hombre es el de la vida y su contrapartida

es el temor a la muerte. 442 Temor que los taínos conjuraban en

parte recurriendo a los amuletos, que usaban para protegerse

de funestos designios y alejar la mala suerte, estableciéndose

una relación de dependencia entre el espíritu que concedía los

dones y las personas que los recibían. 443


De concha fabricaron hermosos pectorales y collares de cuentas

laminares con una representación central cefaloforme

que semeja un murciélago, lo que alude a los espíritus de las

opías, encubiertas bajo las sombras de la noche. Encontramos,

además, caras de lechuza cuya dentadura sostiene un

saliente que remite a la egagrópila, la bola formada por los

restos alimenticios que no han sido digeridos y que las aves

rapaces del grupo Strigiformes regurgitan o expulsan por la

boca. También tallaban pequeñas placas rectangulares con

sutiles estilizaciones batraciformes que usaban como brazaletes.

Otras veces son personajes fantásticos que rompen las

normas de la anatomía, con algunas partes del cuerpo desmesuradas

o deformadas, lo que responde a la intención de

destacar determinados rasgos corporales.

La figura del murciélago se reproduce frecuentemente en los

amuletos de concha con audaces diseños. Un ejemplo extraordinario

de estas imágenes quiropteriformes se exhibe en

el Museo Arqueológico Regional Altos de Chavón. Se trata de

una sutil estilización tallada posiblemente en la columela de

un caracol. El objeto luce un esmerado pulimento que le da

apariencia de marfil. Mide 6 cm de largo por 4 cm de ancho y

tiene en su parte dorsal, a la altura del cuello, una perforación

transversal por la cual se sujetaba la pieza al cuerpo del usuario.

La cara, a pesar de su reducido tamaño, es de aspecto

impactante y sombrío, a lo que contribuyen dos profundas

cuencas oculares que facilitaban la aplicación de aditamentos

decorativos. El cuerpo tiene las costillas insinuadas mediante

delgadas incisiones, y las alas están plegadas con las caras

palmares orientadas hacia delante. Las patas flexionadas sugieren

la típica posición acuclillada que los indígenas adoptaban

en sus ceremonias y enterramientos.

255

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


256

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Arriba caracoles labrados en forma de cráneos. El de la parte superior derecha presenta una dentadura caniforme. Colección privada. Foto ©Justin Kerr.

En la parte inferior, espátulas vómicas de concha con cabezas estilizadas de animales. (FGA)


En la colección arqueológica que poseen los señores Vincent

y Margaret Fay, de Nueva York, se conserva un pectoral o colgante

circular tallado en concha que, si bien es de reducido

tamaño (solo mide 8.6 cm de altura), posee un extraordinario

valor artístico por su equilibrado diseño conceptual y esmerada

terminación. Está sutilmente ornamentado y coronado

por dos cabezas bifrontes con apariencia de saurio cuyos ojos

elípticos muestran una oquedad que indica claramente el uso

de las mencionadas incrustaciones en el espacio correspondiente

a las cuencas oculares, acentuando aún más el dramatismo

que transmiten estas imágenes faciales.

La cara anterior presenta una imbricada composición de perfecta

simetría bilateral cuyos elementos decorativos ocupan

totalmente el espacio frontal y sugieren rasgos corporales descompuestos

en hábiles y sutiles abstracciones, entre las cuales

se aprecian dos extremidades distorsionadas. También incluye

otros motivos incisos en forma de espiral y algunos sinuosos

detalles esquematizados de complicada interpretación, cuya

concepción podría provenir de experiencias alucinatorias.

En el centro del objeto se observa un círculo con una depresión

excisa (o en bajorrelieve) y de superficie rugosa para facilitar

la aplicación de alguna incrustación, probablemente una

lámina discoidal de oro u otro de los aditamentos usados con

frecuencia por los artífices taínos para enriquecer sus representaciones

plásticas, confiriéndoles un mayor realce y expresión.

Un ligero reborde acordonado enmarca el cuerpo del

objeto, dando distinción a todo el campo decorativo. En la

parte superior, dos agujeros o perforaciones funcionales servían

para suspender o sujetar la pieza del cuerpo del usuario.

Este colgante con dos imágenes zoomorfas distorsionadas y

una sinuosa decoración incisa dimensiona a la perfección la

calidad estética, la fuerza expresiva y el desarrollo técnico alcanzado

por los tallistas taínos en el empleo de la concha.

Por su simbolismo, bella ejecución y perfecto acabado, debió

pertenecer a algún cacique o behique, como emblema de su

jerarquía. Su confección, posiblemente a partir de un caracol

(Strombus gigas), acaso fue obra de un artesano especializado,

pues el vigor de su trazo, la simetría de los diversos motivos

(sujetos en todo momento a un riguroso canon estilístico)

y la pureza de líneas denotan la pericia de su autor.

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Pectoral bicéfalo con sutiles estilizaciones de saurios y motivos abstractos ornamentales. Colección Vincent y Margaret Fay. Foto ©Justin Kerr.


En cuanto a los fotutos o trompetas de caracol, que de por sí

poseen la belleza natural de la concha, tienen tallados bellos

diseños incisos. Un ejemplo extraordinario es el caracol de la

especie Choronia veriegata localizado en Azua por el doctor

Arístides Estrada Torres, que en la actualidad pertenece a la colección

del Museo del Hombre Dominicano. Esta pieza muestra

un mascarón con una impresionante estilización antropomorfa

de rasgos faciales muy expresivos, con el cuerpo y las extremidades

en posición acuclillada. La imagen central está circundada

por motivos ondulantes, a modo de volutas, que intentan

plasmar el sonido producido por este instrumento.

258

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cuentas de caracol con caras antropomorfas. (FGA)

Fututo o trompeta de caracol, decorado en la superficie del manto con un mascarón antropomorfo e intrincados diseños incisos. (MHD)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Sutiles amuletos de concha que denotan la creatividad e imaginación de los artífices taínos. (FGA)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Collar formado por placas de concha con un amuleto central cefaloforme (FGA).

Bezotes y orejeras de concha.


Los taínos también sintieron predilección por la talla del hueso,

donde igualmente demostraron gran maestría técnica confeccionando

una gama de objetos de sutil belleza. En ellos

abundan las imágenes antropozoomorfas con cuerpos de

reptiles estilizados y caras humanizadas. También hay representaciones

de aves, sobre todo en las empuñaduras de las

espátulas vómicas talladas en costillas de manatí y vinculadas

con el ritual de la cohoba.

De hueso son una variedad de cucharas de carácter ceremonial

cuyas delicadas decoraciones las convierten en verdaderas

obras de arte. No creemos, por tanto, que sean simples

utensilios destinados a comer o a cocinar, ya que los taínos

probablemente comían con los dedos. Las cucharas, como

sucede en las culturas africanas, pudieron ser algo más que

artefactos culinarios y emplearse en rituales especiales que

denotaban el rango de sus usuarios. También se han localizado

huesos de extremidades humanas con figuras antropomorfas

que debieron tener atribuciones de fetiches bienhechores.

Entre los objetos artísticos y artesanales de hueso debemos

incluir las cuentas de collar elaboradas con colmillos de perro,

así como de foca y tonina. En el reducido espacio que ofrece

un colmillo representaban estilizados rostros humanoides y diseños

incisos, con una pequeña perforación en el extremo de

la raíz para sujetar el colgante.

261

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Colgantes de hueso y colmillos de perro decorados con finas incisiones.


En las guaizas de hueso y de concha se grababan caras humanas

de gran fuerza expresiva, y aunque eran de escaso tamaño,

llamaron la atención de los conquistadores por sus aplicaciones

de oro laminado en las cuencas de los ojos y en la

boca. Algunas presentan una lámina de concha con incisiones

a modo de dentadura, que recuerda una calavera humana,

símbolo de los seres que partieron al más allá.

Con relación a las guaizas, Las Casas señala:

Estas caras o figuras, que llamamos guaizas […], las hacían fuera

de los collares para ponerse sobre las cabezas los señores y reyes;

colgábanles por detrás dos tirasoles como los que cuelgan de

las mitras de los obispos, todos de la misma manera, llenos de

pedrerías. 444

262

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Sobre la manera en que se confeccionaban estos cintos atando

diminutas cuentas de concha, el cronista resalta, como

cosa maravillosa:

[…] que siendo tan chequitas, como sin herramientas, sin instrumento

de hierro, sin taladro, sin cincel, sino […] con un pedernal o

piedra o con otra espina o hueso, las horadaban con tanta sotileza

y delicadez que parece cosa imposible. Lo otro que había que

considerar era la tejedura de hilo de algodón, cuán bien puestas,

cosidas o asentadas estaban y cuán duramente puestas, porque

eran tan recias que duraban perpetuamente aquellas cuentecitas

o piedras o argentería. 445

Al regreso de su primer viaje, Cristóbal Colón obsequió a los

Reyes Católicos varias de las guaizas que había recibido del

cacique Guacanagarí. Cabe la posibilidad de que, dada la relación

entre la corona española y la Casa de Austria, uno de

estos cinturones usados como atuendo por los caciques sea el

que se exhibe, en un satisfactorio estado de conservación, en

el Museum für Völkerkunde, de Viena.

Guaizas o carátulas de concha. (FGA)


263

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Magnifico ejemplar de un cinturón de algodón con diminutas cuentas de caracol y una guaiza o caratula central (MVK, VO-10443. Viena).


264

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


El barro hecho hecho arte arte

La cultura taína produjo una gran variedad de recipientes cerámicos

con proliferación de formas y un refinado y distintivo

estilo decorativo de carácter simbólico. Las vasijas se caracterizan

por tener asas laterales diametralmente opuestas con

idénticos elementos figurativos que miran generalmente en

direcciones contrarias. Aunque también se puede dar el caso

de que las representaciones cefaloformes se miren de frente

cuando están modeladas en el borde interior del recipiente. 446

Estas figuraciones se complementan con motivos ejecutados

sobre la parte superior de las vasijas mediante incisiones rectilíneas,

curvas y punteadas que forman bandas o paneles con

secuencias de signos geometrizados.

En el ámbito de la arqueología, la cerámica ocupa un lugar

preponderante ya que dentro de la cultura material suele ser

el componente más abundante en los yacimientos prehistóricos

debido a sus buenas condiciones de conservación, al ser

más resistente que la mayoría de los materiales obtenidos en

las excavaciones (hueso, madera, fibras vegetales, etc.). Por

su perdurabilidad, se le atribuye un gran valor en los estudios

arqueológicos y a través de su análisis se puede obtener una

serie de evidencias o informaciones sobre múltiples aspectos:

cronología, distribución espacial, redes de intercambio y comercio,

religión, categorías sociales, rituales funerarios, etc. 447

265

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Por lo general, los tiestos cerámicos aparecen fragmentados y

esparcidos por los yacimientos, aunque también pueden encontrarse

ocasionalmente recipientes completos. 448 Así sucede

en los emplazamientos taínos, donde las vasijas, al ser contenedores

de alimentos y líquidos, se colocaban cuidadosamente

junto a los fallecidos en los enterramientos, como parte del

menaje funerario usado por los muertos en el viaje al más allá.

Vasijas de doble cuerpo del estilo chicoide con asas figurativas y bandas incisas con motivos abstractos. (FGA)


La alfarería fue entre los taínos una actividad femenina a través

de la cual canalizaban muchas de sus creencias míticas y

religiosas, que constituían su principal fuente de inspiración

artística. Emplearon la técnica alfarera del enrollado. La superficie

se alisaba con un pulidor lítico, un simple canto rodado

que, además de sellar los poros de la masa al frotar, le confería

un mejor acabado con cierto pulimento o brillantez. Los recipientes,

una vez modelados, se secaban al aire libre y luego

se cocían a fuego abierto en fogatas con varias capas de leña,

que podían recubrirse de tierra para conservar el calor.

266

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El estilo decorativo constituye uno de los elementos básicos

para identificar los asentamientos taínos. Por ello, la aparición

de los tiestos cerámicos en determinados contextos puede

ser muy significativa para los arqueólogos, al ser fácilmente

atribuible a determinadas fases culturales prehistóricas. A este

respecto, es importante advertir que la cerámica taína, conocida

como estilo chicoide, es más homogénea que la saladoide

y la ostionoide. Al analizar la alfarería de los grupos subtaínos,

se aprecian dos modalidades bien definidas en cuanto a la calidad

de la cerámica que reflejan un nivel de diferenciación en

función del significado social o ceremonial. Una, de excelente

factura, está decorada profusamente con motivos policromados

en rojo, blanco y anaranjado, o bien es monocromada con

los bordes y apéndices figurativos pintados de color rojizo. La

otra, de confección más simple, se empleaba como menaje

doméstico en las necesidades cotidianas. En cambio, la cerámica

taína ofrece cierta uniformidad tanto en la cochura como

en los motivos decorativos, con la repetición casi constante

de una serie de imágenes cefaloformes y el uso generalizado

del esquematismo en los signos estereotipados que se reproducen

en las bandas decorativas, lo que dificulta establecer

distinciones sociales entre sus usuarios.

Por su ductilidad la cerámica fue uno de los medios expresivos

más difundidos entre los taínos. Incluso aquellos recipientes

que pudieran considerarse de uso doméstico son estéticamente

significativos por la caprichosa fantasía de sus modelados

figurativos y la esotérica decoración a base de signos

incisos y punteados. Hasta tal punto que constituyen notables

ejemplos de un arte donde lo estético y lo funcional se armonizan

con tal perfección que son dignos de ocupar un lugar

preferente en cualquier museo.

Vasija con asas figurativas estilizadas e incisiones geometrizantes que se rellenaban de pasta blanca para acentuar los motivos abstractos. (FGA)


La expansión de la cultura taína bajo la jefatura de los caciques

incrementó la especialización y la producción intensiva

de objetos artesanales. Además, se promovió el intercambio

de productos, lo que favoreció la rápida dispersión y homogenización

de los modos decorativos del «estilo chicoide», de

tal manera que, al producirse el Descubrimiento, en las postrimerías

del siglo XV, la cerámica taína se había difundido en

gran parte de la isla Española, al igual que en Puerto Rico y el

occidente de Cuba.

La representación de la cabeza, sobre todo de las facciones

del rostro, constituye el elemento principal de los modelados

figurativos que se aplican simétricamente a ambos lados del recipiente,

a la altura del borde o sobre este, haciendo las veces

de asas bilaterales por donde se manipula la pieza. La mayoría

muestra audaces combinaciones faciales con rasgos antropomorfos

o de animales humanizados donde se combinan aspectos

de ambas naturalezas.

Además de la imagen cefaloforme, se añaden sencillos pastillajes

o tiras de barro que semejan brazos y piernas estilizados

u otras partes del cuerpo, dando una sensación de conjunto y

transmitiendo gran expresividad.

En otros casos, las asas tienen forma de alas y sobresalen del

borde, y las más de las veces están modeladas con perfección

y sutileza. En ellas se reconoce fácilmente la cara de la lechuza

con sus penetrantes ojos que resaltan entre los demás rasgos,

o bien las alas extendidas de los murciélagos. Pueden ser tubulares

o arqueadas. Las tubulares son propias de las bandejas

o recipientes planos y presentan las imágenes orientadas

hacia arriba, para apreciarse mejor. Las arqueadas aparentan

ser más ornamentales que funcionales, dada su extrema fragilidad.

Algunas asas tienen un agujero que servía para suspender

la vasija sobre el fuego a fin de poner el contenido

alimenticio fuera del alcance de los animales. 449

267

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


268

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Ocasionalmente, los apéndices cefalomorfos cambian su apariencia

de humano a animal, según el ángulo desde el que se

observa la pieza. Este bimorfismo hace posible que en una

sola imagen confluyan naturalezas diferentes, antropomorfa y

zoomorfa, capaces de mutar una en otra según se rota el objeto,

con lo cual la imagen se desdobla asumiendo dos realidades

existenciales dentro del imaginario mitológico taíno. 450

En otros casos, las cabezas que fungen como asas son duales,

caracterización que Michael Sellon ha denominado «modo

Jano», término que hace referencia a la deidad mitológica de

la antigua Roma representada por una imagen cefaloforme

con sendas caras en la parte delantera y trasera que manifiestan

aspectos disímiles, como el cuerpo y el alma, lo pasado y

lo porvenir, o la sonrisa y la mueca. De modo tal que, si se invierte

el objeto mediante una rotación de 180 grados, los ojos

de la primera cara coinciden con los de la segunda. Por ello,

como señala el propio Sellon, por medio a la manipulación

del objeto se puede captar una u otra con sus diferentes expresiones

dependiendo de la perspectiva visual que adopte el

observador. 451 Por su parte, José Oliver considera que gracias

a esta ingeniosa técnica artística conocida como «anatropía»,

los taínos lograban desplegar visual y dinámicamente las múltiples

naturalezas de las figuras representadas, conservando

los componentes esenciales de su personeidad. 452

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasija de estilo chicoide con asas bicéfalas. Colección Wilton Khoury.


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Cuenco circular con asas tabulares y diseños triangulares incisos

que sugieren estilizaciones de murciélagos alados. (FGA)


Dentro de la amplia gama de la alfarería taína, los objetos más

comunes son platos, cuencos y vasijas de color terracota oscuro.

Resaltan los de formas naviculares, cilíndricas y circulares

con la boca abierta, así como las ollas comunicantes y de doble

cuerpo. También hay vasijas libatorias, provistas de un emboquillado

o aditamento tubular colocado en uno de sus lados

a nivel del borde; por él se absorbían los contenidos líquidos

de alguna infusión vegetal o brebaje, quedando retenida en el

recipiente la parte sólida que no se deseaba consumir. Cabe

destacar que la boquilla tubular hacía las veces de cola del animal

representado en el lado opuesto de la vasija. 453

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasijas con salientes tubulares para inhalar la cohoba y libar infusiones. Arriba (FGA), abajo (MHD)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Como contenedores de líquidos, usaron también garrafas o

potizas, que son los recipientes cerámicos taínos de mayores

dimensiones. Estas piezas tienen forma acorazonada o globular,

cuello alargado y boca estrecha. Hay ejemplares que

presentan entre la base del cuello y la parte superior del vaso

una división interior con numerosos hoyuelos a modo de filtro

o colador. Este aditamento resulta una ingeniosa solución

técnica para evitar la penetración de insectos e impurezas, o

bien para aligerar el borboteo del líquido, disminuyendo su

impulso al salir, lo que podía conllevar la fractura de la parte

superior del recipiente. Al igual que en la elaboración de las

vasijas, la técnica alfarera empleada en las potizas fue el enrollado:

se alisaba la superficie exterior con un pulidor lítico

cuando aún la masa se encontraba húmeda, lo cual le confería

una mejor terminación al recipiente. Y, frecuentemente, están

modeladas con arcillas de colores crema y salmón oscuro.

Por lo general, los cuellos o golletes de las potizas muestran

una profusa decoración mediante aplicaciones modeladas

bilaterales que parecen esbozos de caras, junto a sinuosas

abstracciones incisas. La parte superior del recipiente culmina

en un pico de aspecto fálico. La representación del órgano

masculino y las estilizaciones de las mamas femeninas son motivos

abundantes en las expresiones plásticas taínas, con los

que se aludía a la fecundidad del género humano. En algunos

ejemplos las potizas acorazonadas presentan en los hombros

terminaciones laterales mamiformes que semejan abultados

senos de mujer, mostrando una aureola bien marcada y prominente

con un hoyuelo o botón central a modo de pezón

que está circundado por diseños incisos con estilizaciones de

ranas. Estos motivos se relacionan con el mito de los niños

convertidos en ranas para evitar que lloraran por sus madres,

quienes, engañadas por el cacique Guahayona, habían partido

hacia la isla de Matininó en busca de joyas de guanín; 454

aspecto este último que, a la función propiamente utilitaria

del recipiente, le añade un alto carácter simbólico y ritual.

275

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Potiza de forma globular cuyo gollete está decorado con esbozos de caras y motivos incisos. (FGA)

Potiza acorazonada mamiforme con dos prominentes senos cuyo diseño inciso hace las veces de areola, que posee un saliente circular a manera de pezón. (MARAC)


276

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Otro tipo de potizas son las que presentan en el tope una rana

de cuerpo entero. La presencia de este anfibio involucrado en

la cosmogonía indígena es muy común en la iconografía; en

algunos casos la cara tiene un aspecto humanoide, aludiendo,

como anteriormente señalamos, a la participación de estos animales

en el relato mítico de los niños transformados en ranas.

En el arte taíno, la figura de la rana ha sido esquematizada en

audaces estilizaciones de formas geométricas, como podemos

apreciar en los adornos de concha, los sellos de barro y las asas

de las vasijas, aunque en las potizas se representa de manera

más realista. Si nos guiamos del testimonio arqueológico, no

cabe duda de que, por su frecuente aparición, la rana tiene un

importante espacio en el panteón animista aborigen, incluso

desde tiempos anteriores a los taínos. En algunas culturas primitivas,

por su cualidad anfibia, se ha interpretado este animal

como un elemento transicional entre la naturaleza humana y

los elementos relacionados con la lluvia en tiempos de sequía.

La forma más común de las potizas con remate batraciforme

es la globular. Y el color de la pasta suele ser blanquecino,

al tener un alto contenido de caolín. En ocasiones, los recipientes

globulares están revestidos de un engobe arcilloso de

color amarillo claro, aplicado después de la cocción; sobre

él se observan huellas de pintura negra que resaltan algunos

detalles de la representación figurativa, confiriéndole una mayor

connotación cromática. Además, el engobe contribuye a

hacer más impermeables estos recipientes, dado que almacenaban

líquidos.

277

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Potiza globular rematada en su parte superior por una figura con cara humanoide y cuerpo de rana. (FGA)

Potiza de doble cuerpo con una profusa decoración incisa y estilizaciones figurativas cefaloformes. (FGA)


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otros envases de considerables dimensiones son las ánforas

de cuello cilíndrico con boca ancha y abierta que cerraban con

una tapa de barro para proteger su contenido, evitando que

se introdujeran insectos e impurezas. Tanto las potizas como

las ánforas exhiben un cierto barroquismo en sus decoraciones,

y, además de los motivos antropomorfos o zoomorfos,

reproducen órganos femeninos y masculinos, generando una

síntesis alusiva a la procreación del género humano. Sin embargo,

mientras las potizas tienen la ornamentación en su extremo

superior o gollete, las ánforas están decoradas en la

parte intermedia o cuello. Es asombroso el estado de conservación

de muchos de estos ejemplares, sobre todo si tomamos

en cuenta su volumen y la fragilidad del barro empleado

en la confección de estas extraordinarias piezas cerámicas.

Ánforas con salientes figurativos y decoraciones incisas que muestran

diseños esquematizados. (FGA)


La cerámica pintada

Hasta hace poco se daba por sentado que la cerámica taína estaba

desprovista de pintura decorativa. Sin embargo, recientes

hallazgos arqueológicos revelan que entre los taínos existió la

práctica de pintar la superficie de sus vasijas con diseños en negro,

en contraste con el color base del recipiente, produciendo

un notable efecto cromático que le confiere al objeto un mayor

refinamiento. Debido a que los taínos usaban tintes vegetales

de carácter deleznable, como el jugo de la bija, la jagua o el

mangle, se han conservado pocos ejemplares con huellas de

pintura. En esto se diferenciaron de los grupos aborígenes agroalfareros

que les antecedieron en el poblamiento de las Antillas,

los cuales emplearon tinturas de origen mineral para decorar

sus vasijas, como fue el caso de los igneris o saladoides que

habitaron en las Antillas Menores, Islas Vírgenes y Puerto Rico.

279

Los escasos ejemplares que han sobrevivido como muestra

de este arte pictórico revelan con elocuencia sus posibilidades

expresivas. Es probable que los diseños pintados que se

aprecian en algunas vasijas sean reminiscencias de aquellos

que los taínos se aplicaban en el cuerpo y el rostro antes de

las prácticas ceremoniales o las incursiones guerreras. Se trata

de motivos lineales muy estilizados de formas curvas, onduladas,

rectilíneas y triangulares que, generalmente, ocupan la

totalidad del espacio central del recipiente. En algunos casos,

se conserva de manera parcial la pintura, aunque es casi inapreciable

a simple vista. 455

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


A través de estas imágenes pictóricas, el artífice se expresa con

espontaneidad demostrando gran dominio técnico y artístico.

Al parecer, estas pinturas no responden a un patrón estilístico

cerrado, por lo que inferimos que se trata de una creación

individualizada, hecha con entera libertad, en la que el artista

imprime su propia concepción. La composición asimétrica

de los diseños pintados en negro rompe con la concepción

esquemática de los patrones estilísticos predominantes en el

arte taíno, expresándose con más ligereza y espontaneidad, y

dándole a la vasija un sentido de movimiento a la vez que una

mayor expresividad al incorporarle un significado esotérico

que aún nos resulta indescifrable.

280

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Estamos, pues, en presencia de un arte efímero, aunque no lo

fuera en su intencionalidad, semejante al de la pintura corporal

que se usa para asistir a una función y luego desaparece para

siempre, sin que por ello deje de ser una expresión bella y llena

de significado cultural. En adelante, tenemos que formarnos

una nueva visión que recree las piezas cerámicas taínas en

todo el esplendor de su ornamentación cromática, lo que supone

un cambio radical en nuestra percepción y apreciación.

Algo semejante ocurrió con el arte griego, cuyas imágenes se

concebían erróneamente desprovistas de color a partir de la

concepción neoclasicista de Johann J. Winckelmann, cuando

en realidad estaban pintadas de los pies a la cabeza.

Hace años, cuando conocí a Joan Miró, uno de los más reconocidos

representantes del surrealismo, en una visita realizada

a su museo de Montjuic, en Barcelona, le mostré unas fotografías

de los motivos pictóricos que aparecen en las vasijas

taínas y quedó asombrado del parecido que tenían con los

signos y símbolos empleados en sus obras artísticas, lo que

demuestra una vez más la similitud existente entre el arte tribal

y el arte moderno. 456


281

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Los vasos efigies

Un lugar de considerable importancia dentro del universo cerámico

taíno lo ocupan los vasos efigies. Con ellos se alcanza

la cúspide artística de la alfarería taína, pues representan figuras

de singular valor iconográfico. Destaca sobre todo la

acusada individualidad de esta variedad cerámica, en la que

cada ejemplar se distingue perfectamente de cualquier otro.

282

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Además, a diferencia de otras creaciones plásticas taínas que

alteran las proporciones naturales, los vasos efigies están modelados

con apreciable realismo, lo que permite identificar las

figuras representadas. Es el caso de las mujeres sedentes o en

posición acuclillada, de las embarazas de vientre prominente,

o bien de los personajes esqueléticos con las costillas y la columna

vertebral claramente delineadas, denotando la delgadez

propia de los behiques provocada por los largos ayunos

en sus prácticas chamánicas. Algunas de estas representaciones

nos aportan datos de las vestimentas y adornos usados

por los taínos, como los ceñidores en las piernas y las ligas

en los brazos, mientras en la cabeza se aprecian diseños que

bien pudieran rememorar los adornos pintados que se ponían

en el pelo, o tal vez un tocado con forma de gorro o bonete,

connotando su condición de personajes destacados.

Algunos autores incluyen dentro de esta categoría a las vasijas

efigies cuando la decoración del borde superior de estas

sugiere una figura cuyo cuerpo se completa con la forma

utilitaria del recipiente. 457 Por nuestra parte, preferimos usar

el término «vaso efigie» cuando el recipiente rompe con los

modelos tradicionales para constituir una representación figurativa

individualizada donde la imagen ocupa todo el envase.

Mujer en avanzado estado de gravidez con un diseño batraciforme estilizado en su vientre y un

relieve central que evidencia la protrusión del ombligo. Colección Pierre y Nicole Domino.


En ocasiones los vasos efigies semejan figuras humanoides de

aspecto grotesco, con anchas piernas y otras deformaciones,

por lo que parece evidente la intención de plasmar algún tipo

de patología y hasta funciones fisiológicas como la gravidez.

Incluso se observa una representación femenina que tiene los

brazos colocados hacia atrás como si intentara abrir o separar

las nalgas con las manos, lo que podría aludir a un problema

de estreñimiento. 458 Dicho aspecto ha sido ampliamente

tratado por el doctor Arístides Estrada Torres en el artículo

«Evidencias patológicas en algunas obras taínas». 459 Esto induce

a considerar que estos vasos, además de servir de recipiente,

ejercían una función propiciatoria mágico-terapéutica

al mostrar estados patológicos, que hacían más eficaz el efecto

curativo de los brebajes suministrados por los chamanes o

curanderos.

En cuanto a las imágenes esqueletizadas, hacen pensar que se

trata de behiques o buitios sentados en dúhos. Estos no solo

muestran las costillas y la columna vertebral, sino también clavículas,

omóplatos, sacros y coxales, lo que remite a un estado

caquéxico ya que el esqueleto poseía un especial significado

en la simbología chamánica, personificando la muerte y su potencial

de renacimiento. 460 A este respecto, si bien es cierto

que el estado esquelético es frecuente en las representaciones

plásticas taínas, es en los vasos efigies cerámicos donde

parece más evidente la intención de mostrar los huesos del

cuerpo, lo que se vincula a la extrema delgadez causada por

los ayunos chamánicos. Por ello, es probable que estos recipientes

los elaboraran los mismos behiques para contener

las pociones que administraban a los enfermos, confiriéndole

al envase parte del poder curativo inherente al curandero.

En cualquier caso, los personajes representados en los vasos

efigies los transforman en objetos rituales que maximizan la

facultad curativa de los brebajes. 461

283

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Figura femenina con los brazos extendidos hacia atrás, lo que podría evidenciar algún

tipo de patología rectal. (MHD)

Imagen humanoide cuyo dramático aspecto remite a una concepción mítica que une

lo terrenal con lo sobrenatural. Colección Pierre y Nicole Domino.


La extrema delgadez que se observa en muchos de los personajes

representados en los vasos efigies, con sus profundas

cuencas oculares y la columna vertebral tan marcada, parece

hablar de personajes extenuados por los ayunos hasta casi

desfallecer. El tratamiento ideográfico dado a la parte ósea

nos recuerda los comentarios de Las Casas sobre los behiques

de Cuba, de los cuales dice que realizaban, en condiciones

de aislamiento, ayunos que se prolongaban por tres y cuatro

meses, alimentándose únicamente de zumos de hierbas. 462

El estado somático y psíquico de anormalidad que se conseguía

con los alucinógenos de la cohoba era favorecido por el

ayuno previo, que, al provocar debilidad física, potenciaba el

efecto de la droga. Así, a través de estas significativas realizaciones

del arte taíno, nos miran unos behiques esqueléticos,

listos para volar y curar, testigos y actores de una cultura de

una sabiduría antiquísima.

284

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En algunos vasos efigies se observa un engrosamiento o hinchazón

de las piernas que, además de favorecer el equilibrio

del envase y aumentar su capacidad, puede remitir a los edemas

propios de personas con déficit proteínico o que padecen

hepatopatías debido a un metabolismo alterado del hígado

y causado por el consumo de sustancias alucinógenas y

hepatotóxicas. 463 A este respecto, el antropólogo René Herrera

Fritot descarta el nexo de estas imágenes con síntomas de

elefantiasis o de filariasis, enfermedades que producen hinchazones

similares. Basa su opinión en el hecho de que, según

el conocimiento médico actual, estas dolencias no existían en

tiempos precolombinos, y se cree que fueron introducidas por

los esclavos africanos traídos por los europeos. 464

Representación de una figura sedente con los brazos entrecruzados y apoyados sobre las rodillas en actitud introspectiva. (MHD)


Una pieza de gran valor iconográfico es esta estatuilla que se

encuentra en el Museo del Hombre Dominicano, que destaca

por la elegancia de sus líneas e impresiona por su excelente

modelado y belleza. El personaje, de color negro, está sentado

sobre un dúho. Otro aspecto que la singulariza es que

levanta una de las manos a la altura de la boca e introduce en

ella los dedos, sugiriendo el acto de provocar una regurgitación

de carácter ceremonial.

A su vez, el color negro del vaso remite a lo relatado por Pané:

Cuando [los behiques] van a visitar a algún enfermo, antes de salir

de casa toman hollín de las ollas o carbón molido, y se ponen la

cara toda negra, para hacer creer al enfermo lo que les parece

acerca de su enfermedad; y luego cogen algunos huesecillos y

un poco de carne. Y envolviendo todo esto en alguna cosa para

que no se caigan, se lo meten en la boca estando ya el enfermo

purgado con el polvo que hemos dicho. 465

285

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Figura sedente que se introduce los dedos en la boca con la aparente intención de

regurgitar como parte del ritual del cohoba. El de la derecha ofrece la apariencia

de una mujer embarazada. Ambos están modelados en barro de color negro, lo

que recuerda la práctica de los behiques de tiznarse con hollín. (MHD)


286

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vaso efigie antropomorfo masculino con una protuberancia en la espalda que lo relaciona con las creencias mitológicas taínas. (MHD)


287

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vaso efigie antropomorfo femenino de gran realismo plástico que evidencia la destreza de los ceramistas taínos. (MHD)


De singular connotación mitológica es un formidable personaje

antropomorfo de unos 40 centímetros de altura que se

conserva en el Museo del Indio Americano de la Fundación

Heye, en Nueva York. Fue localizado por Theodoor de Booy

en 1916 dentro de una gruta cercana a la playa de Boca Chica,

en la provincia Santo Domingo, en la costa sureste de la República

Dominicana. Este ejemplar es notable no solo por sus

dimensiones y perfecto estado de conservación, sino además

por sus cualidades plásticas, por lo que el especialista en arte

prehispánico Frederick J. Dockstader lo consideraba un asombroso

tour de force en el arte de la cerámica. 466

288

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El examen iconográfico de esta figura nos induce a creer que

se trata de un cacique y no de un behique, ya que no presenta

la apariencia esquelética producto de los ayunos prolongados

que hacían estos últimos. Además, lleva un cinturón con su

guaiza o carátula y un bonete a modo de tocado, al estilo de los

que usaban los caciques taínos (ver pág. 130). En la parte superior

del dorso tiene una protuberancia que le da una apariencia

encorvada. Sin embargo, en opinión de Juan José Arrom no se

trata de una deformación anatómica, sino de la representación

estilizada de una tortuga, con lo cual este vaso efigie adquiere

un valor extraordinario pues representaría a Deminán Caracaracol,

con la tortuga en la espalda, develándose así su sentido

mítico vinculado a la procreación del género humano. 467

En general, las figuras representadas en los vasos efigies, que

constituyen el clímax de la cerámica escultórica taína, poseen

una esmerada terminación artística tanto por la técnica empleada

como por el amplio repertorio iconográfico de gran

expresión conceptual y configuración formal, cuyas imágenes

muestran cierto realismo naturalista y encierran un extraordinario

significado mágico-propiciatorio.

Personaje con una joroba que lo vincula con la tortuga mítica que creció en la espalda de Deminán Caracaracol. (NMAI, Smithsonian Institution)


En la Sala de Arte Prehispánico de la Fundación García Arévalo

se exhibe un ejemplar de extraordinario realismo que representa

a un personaje masculino recostado sobre un dúho

y cuyo cuerpo manifiesta signos evidentes de ayunos prolongados

y, tal vez, de debilidad y anomalía en algunos órganos.

Aunque uno de los pies se ha perdido por fractura, esta pieza

constituye una verdadera joya de la cerámica taína.

Hay algunos vasos efigies de doble cuerpo que tienen un solo

cuello o pico que conecta ambos recipientes. Generalmente,

representan figuras disímiles que interactúan entre sí en

un claro gesto de amistad, incluso con las manos agarradas

o intercambiándose abrazos. Entre esta tipología de vasos

efigies comunicantes sobresale un ejemplar cuya factura es

un compendio simbólico de la dualidad masculino-femenino.

Los dos contenedores se comunican en el cuello, por donde

puede fluir el líquido, y están decorados con sugerentes diseños

abstractos. Tienen forma de mamas con sus pezones

acentuados; en cambio, el pico o vertedero tiene forma fálica.

Esta particularidad supone una clara alusión a los órganos

que intervienen en la procreación. En el centro del recipiente

aparece la cara de un personaje con grandes cuencas oculares

vacías que le dan un aspecto espectral. A ambos lados de

este rostro central, dos pequeños apéndices en arco a modo

de piernas flexionadas complementan los segmentados elementos

figurativos de la imagen. Esta singularísima pieza de

color crema realizada con la técnica del modelado alude a los

opuestos complementarios como parte de la propia existencia

humana, donde no hay masculino sin femenino, y viceversa,

de la misma forma que sin la vida no existe la muerte. 468

289

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


290

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vaso efigie con dos personajes unidos por sus torsos, insinuando una escena amorosa. (FGA)


291

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Representación de un cacique o behique sentado sobre un dúho con los brazos cruzados en una postura ascética o de recogimiento interior. Luce sobre la

cabeza un tocado. En las piernas y brazos se observan los surcos provocados por el uso de las ligas de algodón. Los lóbulos de las orejas están ahuecados

para introducir adornos. En su aspecto formal tiene la apariencia de un personaje en trance extático relacionado con el mundo de los espíritus. En el extremo

superior de la espalda se proyecta un saliente tubular que sirve como vertedero del recipiente. (FGA)


292

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vista frontal y lateral de un personaje masculino de cuerpo entero

sentado sobre un recipiente globular. (FGA)


La alfarería criolla

La alfarería criolla

El primero en exaltar la calidad de la cerámica taína fue Cristóbal

Colón cuando en su Diario hace el siguiente comentario:

«y nos traían agua en calabazas y en cántaros de barro de la

hechura de los de Castilla». 469 Las excavaciones arqueológicas

realizadas en los asentamientos hispánicos establecidos durante

el período de contacto han evidenciado que los españoles

emplearon alfarería taína, asignándoles a esos recipientes

un uso esencialmente utilitario en sus menesteres culinarios.

Sin embargo, según avanza el proceso de transculturación indohispana

se va produciendo una pérdida de los rasgos decorativos

que caracterizan al estilo ceramista chicoide de la

cultura taína. Esta supresión de los elementos de connotación

iconográfica y simbólica se relaciona con el interés evangelizador

de los conquistadores, deseosos de que los taínos

abandonaran sus manifestaciones artísticas inspiradas en sus

creencias mitológicas y el culto a los cemíes.

Por otra parte, la dieta introducida por los conquistadores y el

diferente modo de procesar los alimentos fue otro factor que

favoreció la adopción de modelos a la usanza española. 470 En

consecuencia, la forma y el grosor de los recipientes cambian

a tono con la nueva función a que fueron destinados, originándose

un nuevo estilo alfarero al que hemos denominado

«criollo», 471 término empleado en Santo Domingo y en toda

Hispanoamérica para designar las modalidades propias de la

región. 472

A diferencia de la tradición ceramista española, en la que las

piezas son confeccionadas en un torno o rueda de alfarero

operado generalmente por artesanos que establecen talleres

y se asocian en gremios, la alfarería criolla de la época colonial

fue un oficio relegado a las mujeres indígenas, como parte

de las tareas propias del servicio doméstico asignadas por los

encomenderos. Aunque cabe la posibilidad de que algunas

alfareras alcanzaran algún nivel de especialización e iniciaran

una producción destinada a fines comerciales, más allá de los

simples requerimientos domésticos.

293

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Izquierda: vasija de estilo chicoide de la cultura taína decorada con asas figurativas y motivos incisos geometrizantes de carácter simbólico.

Derecha: olla de estilo criollo carente de decoración con dos simples salientes funcionales a modo de asas.


En el caso de las Antillas, al comenzar a agotarse la mano de

obra indígena hacia mediados del siglo XVI, fue sustituida por

la de esclavos africanos, cuya técnica manual de confección

alfarera no difería en mucho de la empleada por los taínos. De

modo que la alfarería pasó a ser desempeñada por las mujeres

de origen africano y sus descendientes, tal y como aún se

puede verificar en las zonas rurales de Haina, al oeste de la

ciudad de Santo Domingo, al igual que en Palavé y Boca de

Nigua, provincia San Cristóbal, donde se concentró una importante

población de esclavos para trabajar en los ingenios y

trapiches azucareros instalados allí durante la época colonial.

294

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Otro hito en la alfarería criolla acaecido entre los siglos XVII

y XVIII fue la introducción de las modalidades cerámicas procedentes

de las islas Canarias, que arribaron con los contingentes

migratorios a la Española en tiempos de Fernando IV

y Carlos III para repoblar la isla con el propósito de contener

la penetración de los colonos franceses establecidos en la

parte occidental, en el próspero enclave esclavista de Saint

Domingue. 473 Los canarios conservaron las antiguas técnicas

de manufactura alfarera heredadas de sus antecesores guanches,

que constituían la población indígena originaria de las

islas Canarias y anterior a la conquista por parte de Castilla.

Esta influencia canaria se aprecia en las modalidades del estilo

criollo confeccionadas en varias comunidades del valle del

Cibao, como los parajes El Higüerito, Bonagua y Reparadero,

cercanos a Moca, en la provincia Espaillat, cuya producción alfarera

se caracteriza por la aplicación de un almagre o engobe

ocroso llamado guaguarey que les confiere a los objetos una

intensa tonalidad rojiza. 474

La alfarería criolla que se gestó durante la colonia, a partir de

los métodos de confección de origen indígena, ha sobrevivido

hasta el presente en algunas zonas rurales del país como

uno de los exponentes más representativos de nuestro acervo

cultural, el cual se manifiesta a diario en el uso de la olla de

barro para ablandar las sabrosas habichuelas que con tanto

gusto consumimos los dominicanos. 475

Jóvenes de las Islas Canarias con tinajas sobre sus cabezas, que son similares a las elaboradas

por las alfareras en la zona del Cibao.


El lenguaje de los símbolos

y los signos

Desde los tiempos más remotos los símbolos han sido un medio

para transmitir conceptos profundos que están más allá del

dominio de la mente consciente. 476 Por eso las religiones emplean

un lenguaje simbólico a través de imágenes alegóricas

que expresan atributos inherentes a las deidades. En cuanto a

los signos, también expresan conceptos idealizados, aunque

no se presentan aislados sino como parte de un conjunto que

funciona dentro de un determinado contexto cultural. 477 Ahora

bien, no es fácil establecer el significado simbólico cifrado

en los objetos de una cultura desaparecida de la que apenas

conocemos las escuetas noticias sobre su existencia aportadas

por los cronistas de Indias. De ahí que tengamos que recurrir

a la perspectiva arqueológica con todo su rigor científico

e interdisciplinario, auxiliada por la etnografía y la lingüística

comparadas, para poder aproximarnos al significado de los

símbolos y los signos empleados por los taínos.

Con la intención de clarificar el enigmático significado de los

signos que aparecen en las manifestaciones artísticas taínas, el

crítico Rafael Díaz Niese considera:

La reflexión de Díaz Niese sobre el contenido semiótico cifrado

en las imaginativas abstracciones geométricas que proliferan

en los objetos taínos constituye una permanente invitación

a la búsqueda de respuestas adecuadas para la lectura

de un arte lleno de sentido, emoción y belleza.

295

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

[…] no son meros adornos nacidos de la fantasía espontánea del

alfarero, sino verdaderos signos ideográficos, a cuya representación

y repetición se atribuía, quizás determinadas influencias

mágicas […] estos elementos decorativos tienen verdadero valor

ideográfico, forman, en consecuencia, una unidad ideológica

cuyo sentido no puede ser otro que el de invocaciones a las fuerzas

elementales de que dependen el calor, las lluvias, la fertilidad

de la tierra, el suceder de las estaciones, es decir, en suma, al

confuso y arcano poder que rige la vida misma en todas su misteriosa

amplitud y variedad. 478


A este respecto, José Juan Arrom en su obra Mitología y artes

prehispánicas de las Antillas (1975) aportó una nueva dimensión

a la interpretación iconográfica y simbólica de las manifestaciones

superestructurales de la cultura taína. A partir de las

reseñas etnohistóricas y las expresiones lingüísticas arahuacas,

Arrom relacionó varios cemíes con su ámbito mitológico. Por

sus investigaciones se conoce el significado intrínseco atribuido

a muchas de las imágenes de culto y a muchos de los artefactos

rituales que antes se veían como simples antigüedades

indígenas, pero que al situarse dentro de su contexto cultural

cobran pleno sentido como obras de arte representativas de

las diversas deidades que regían las fuerzas genésicas y auguraban

el porvenir. 479

296

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La metodología interdisciplinaria empleada por José Juan

Arrom para establecer el significado iconográfico de las representaciones

plásticas taínas tiene un importante antecedente

en la obra de J. W. Fewkes, 480 quien realizó una ingente

labor de clasificación tipológica, sentando las bases para

el estudio arqueológico del área antillana, en especial de la

cultura taína. Los estudios emprendidos por Arrom sobre la

correlación existente entre la mitología y las representaciones

cemicistas han sido continuados por autores como Michael

Sellon, Abelardo Jiménez Lambertus, Henry Petitjean Roget,

Sebastián Robiou Lamarche, José M. Guasch Delmonte y José

Oliver, entre otros, y ofrecen innovadoras perspectivas sobre

la cosmovisión y la religiosidad de los taínos con la finalidad

de hallar la explicación estructural de los pasajes míticos y su

vinculación con las imágenes iconográficas, retribuyendo así a

muchos objetos arqueológicos su verdadero sentido cultural.

Vaso efigie con figura antropozoomorfa. (MHD)


Un aspecto a considerar para la interpretación de los signos

taínos fue observado por el arqueólogo José Alcina

Franch 481 a partir de las investigaciones realizadas por Reichel-Dolmatoff

482 entre los indios tucanos del sureste de Colombia

y de las visiones inducidas por la ingestión del yagé

o ayahuasca (Banisteriopsis caapi). Esta bebida psicotrópica

es extraída de un bejuco selvático del mismo nombre y de

otras plantas cuyos agentes químicos crean en el ojo lo que

los fisiólogos llaman «fosfenos», es decir, imágenes subjetivas,

independientes de toda fuente luminosa externa, que

son consecuencia de la autoiluminación del sentido de la

vista. 483 Alcina Franch especifica en su informe Religiosidad,

alucinógenos y patrones artísticos taínos que los fosfenos

no son producidos exclusivamente por los efectos del yagé,

sino que pueden ser provocados también por otros agentes

químicos que contengan drogas alucinógenas, como es el

caso de la cohoba inhalada por los taínos. 484

297

Desde esta perspectiva, este autor considera que tales visiones

no son momentáneas, sino que persisten durante un

cierto tiempo (meses quizás), de modo que la celebración

periódica de ceremonias en las que se ingieren drogas alucinógenas

haría que tales fosfenos quedasen incorporados

permanentemente en la visión real de los individuos habituados

a su consumo. Por tanto, las abstracciones o motivos

que se observan en el arte taíno pueden ser interpretados

como el resultado de esas imágenes posteriores debido al

efecto de los estados alterados de conciencia por la ingestión

de la cohoba.

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Recipientes con signos abstractos inspirados posiblemente en las visiones

alucinógenas de la cohoba.


298

En nuestra opinión, los signos abstractos del arte taíno forman

parte de una concepción estructural del objeto, cumpliendo

así una función semiótica articulada con las representaciones

más figurativas, y, por tanto, no deben ser tratados de forma

aislada, sino que es en el conjunto del objeto donde adquieren

su verdadera semanticidad. A partir de los postulados de

la psicología de la Gestalt, consideramos que los objetos artísticos

taínos, dejando a un lado su función utilitaria, son en

realidad ideogramas integrados por la íntima estructuración

de sus partes. Esta interrelación de significados es tal que, en

muchos casos, la forma o parte funcional del objeto se entremezcla

o se confunde en un todo con el elemento iconográfico.

Es el caso de la cuchara de hueso o del hacha de piedra,

que, al tener forma humana, integran una unidad indisoluble

entre lo funcional y lo figurativo. 485

Los signos o rasgos abstractos del arte taíno expresan, por

tanto, cualidades o movimientos propios de las representaciones

figurativas, y, a tal efecto, están íntimamente relacionados

con la imagen que aparece en el objeto, conformando

un elemento simbólico cargado de connotación mitológica

y espiritual. Por eso, los signos no deben ser analizados de

forma fragmentaria pues se descontextualizan al ser aislados

o abstraídos del contexto semántico al que pertenecen. Es,

pues, su correlación dentro de la estructura del objeto lo que

le da al signo su sentido semiótico y le permite transmitir su

verdadero significado. 488

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La psicología de la Gestalt o psicología de las formas establece,

tal como plantea Gardner Murphy, «el concepto de que todos

los elementos o partes constitutivas de un todo deben ser

contemplados en sus interrelaciones, para poder comprender

la estructura». 486 A este respecto, Sigfried Giedion, al hablar

de la Gestalt en relación con las abstracciones que aparecen

en los objetos, dice:

La psicología, que se ocupa también de las percepciones sensoriales,

ha investigado la relación existente entre las partes de un

todo. Las partes se derivan del todo, que es lo único que determina

su carácter real. El todo es más que la suma de sus partes,

lo mismo que los sociólogos han reconocido desde hace tiempo

que la ciudad es más que la mera suma de sus habitantes. 487


Un caso que llama poderosamente la atención son los motivos

sigmoides que se observan en las alas de las representaciones

ornitomorfas. Sobre ellos existe un enjundioso estudio realizado

por el antropólogo Fernando Ortiz, quien interpreta que tales

diseños tenían para los indios antillanos un sentido meteorológico,

precisando en sus investigaciones que «el viento nunca

pudo ser figurado con realismo y requirió siempre un símbolo

figurativo y más o menos abstracto». 489 La tesis de Fernando

Ortiz es corroborada por José Juan Arrom, quien señala que

las imágenes cefalosigmoides representan al cemí Guabancex

o deidad que «hace mover el viento y el agua» desatando la

fuerza devastadora de los huracanes y las aguas torrenciales. 490

299

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

De ahí que en los objetos taínos las alas se plasmen con diseños

sigmoides, simbolizando el viento que sopla en el mismo

espacio surcado por las aves. De acuerdo con lo anterior, la

fértil imaginación del artífice primitivo ha creado una singular

analogía entre el viento y el ala que se expresa mediante un

proceso mental dinámico que es el signo. En tal sentido, el diseño

sigmoide curvilíneo, que simboliza a las alas, le confiere

un sentido de movilidad a la imagen, al transmitir la sensación

del vuelo de las aves.

Espátula vómica ornitomorfa cuyas alas presentan motivos sigmoides. (FGA)

Olla con dos asas figurativas cefalosigmoides cuyos brazos arqueados sugieren el efecto del viento. (FGA)


Cuando se trata de vasijas con imágenes que aluden al murciélago

o la lechuza, las bandas ornamentales que aparecen en la

parte superior del recipiente muestran usualmente triángulos

rayados en cadeneta, caracteres cuyo significado habría que

ubicar dentro del contexto temático que ambos animales ocupan

en el panteón animista taíno. Estos motivos que semejan el

entrecruzamiento de fibras vegetales pueden insinuar las ligas

o vendas tejidas de algodón con las cuales se enfajaban los cadáveres

como parte de las prácticas funerarias, estableciéndose

así una posible correlación entre este diseño y el significado

fantasmagórico de los animales alados de hábitos nocturnos,

ligados a las opías o espíritus de los muertos. 491

300

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Además de los triángulos en cadeneta, otro de los signos más

usados por los taínos fue el círculo, que puede tener o no un

punto en su centro. Aunque desconocemos su significado, la

forma circular debía consignar algo particularmente llamativo

relacionado con el cosmos, denotando el disco solar o la luna

llena, y el punto central hacía tal vez la diferencia para connotar

la luz del día o la oscuridad de la noche. 492

Arriba: asas con representaciones de murciélagos y bandas con motivos incisos en forma de triángulos en cadeneta.

Abajo a la izquierda: asas con imágenes de lechuzas estilizadas con incisiones que forman círculos concéntricos de connotaciones simbólicas astronómicas.


Otro ejemplo realmente significativo corresponde a las vasijas

cuyas asas recuerdan a las ranas. En estos casos, el motivo

que se observa en las bandas incisas a la altura de las representaciones

figurativas es casi siempre la reiteración de cuatro

líneas curvas superpuestas que insinúan el salto de la rana.

Visto así, los diseños curvilíneos repetidos de manera rítmica y

simétrica dan la sensación de locomoción, sugiriendo el desplazamiento

de este batracio.

Si nos atenemos a las observaciones anteriores, la vía más expedita

para interpretar el lenguaje cifrado en los caracteres de

los recipientes taínos es su vinculación con las representaciones

figurativas que fungen de asas. En conclusión, tal y como establece

la Gestalt, la obra de arte ha de ser considerada o interpretada

como un todo donde los signos abstractos guardan

una asociación directa con los demás componentes que integran

el objeto. Interpretar los signos por separado sería desplazarlos

de su concepto. De esta manera, los signos taínos, que

a todas luces son más significantes que decorativos, revelan

características o atributos propios de las imágenes míticas con

las cuales están relacionados dentro del contexto del objeto,

dimensión donde tales signos ejercen su función diacrónica.

301

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vasija con representaciones batraciformes y bandas incisas de líneas curvas superpuestas que insinúan el salto o modo de andar de las ranas. (FGA)


Las voces de las cavernas

302

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

El arte rupestre es uno de los patrimonios artísticos más significativos

que nos ha transmitido la prehistoria antillana. Celosamente

custodiados en el interior de las cavernas, se han

conservado numerosas imágenes y símbolos que representan

de modo realista o abstracto sus ancestrales creencias mitológicas

y los rituales practicados en la penumbra para invocar a

las divinidades y otras entidades míticas portadoras de poderes

y atributos divinos.

Desde los albores de la humanidad, las cuevas han sido reverenciadas

como lugares sagrados, y a veces suscitan temor

por considerarse el hábitat de seres divinos y criaturas fantásticas

capaces de influir en el devenir de los acontecimientos.

Los taínos las utilizaron con fines rituales para enterrar a los caciques,

o como refugios donde se recluían los behiques para

realizar sus prolongados ayunos propiciatorios. En tal sentido,

las figuras que se observan en su interior tienen una dimensión

mágico-religiosa que obedece a una compleja teogonía.

Fray Ramón Pané, en su Relación acerca de las antigüedades

de los indios, alude a esa costumbre que tenían los taínos de

usar las cavernas como santuarios religiosos y de grabar o pintar

en sus paredes una serie de mitos alusivos a sus antiguas

creencias:

Y también dicen que el Sol y la Luna salieron de una cueva, que

está en el país de un cacique llamado Mautiatihuel, la cual cueva

se llama Iguanaboína, y ellos la tienen en mucha estimación, y la

tienen toda pintada a su modo, sin figura alguna, con muchos

follajes y otras cosas semejantes. 493

Por su parte, Mártir de Anglería corrobora la importancia que

los indios les atribuían a las cavernas cuando en sus Décadas

del Nuevo Mundo dice: «visitan en peregrinaciones esas cuevas,

como nosotros a Roma y al Vaticano, cabeza de nuestra

religión, o a Compostela y Jerusalén, sepulcro del Señor». 494

En cuanto a las manifestaciones del arte rupestre, pueden ser

petroglifos grabados en la roca, o bien pinturas en las paredes

de las cavernas. Entre estas representaciones parietales

existen dos tendencias, una esquematizada y otra naturalista.

En las expresiones esquemáticas, hechas de trazos simples

y lineales, se advierte un marcado contenido simbólico.

En cambio, en las figuras de índole naturalista, lo descriptivo

(aunque no exento de ciertos convencionalismos) parece ser

la intención del ejecutante, como un modo de apropiarse de

la realidad del medio. Estas imágenes naturalistas, usualmente,

están rellenas de color negro y en algunas se evidencia el

uso del claroscuro para dar la sensación de volumen.

Las figuras humanas son las que aparecen con mayor frecuencia,

ya sea aisladas o formando grupos que participan

en ceremonias rituales propias de las prácticas chamánicas,

así como en actividades de cacería y otros aspectos de la vida

cotidiana, por ejemplo, trepando por unas lianas o remando

en una canoa. En algunos casos son rostros de cemíes, en

particular Boínayel y Márohu, deidades a las que se invocaba

para atraer la lluvia, así como otras figuras de la cosmovisión

religiosa taína.


303

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Figuración de los gemelos míticos Boínayel y Márohu. Hoyo de Sanabe, Sánchez Ramírez, RD.


304

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Por su parte, los temas faunísticos forman, en ocasiones, verdaderas

escenas que incluyen numerosas especies de animales:

aves, peces, jicoteas, reptiles, e incluso perros en actitud

de apareamiento. Estas imágenes zoomorfas que se relacionan

con los ritos propiciatorios de caza y pesca pueden ser

admiradas en el Hoyo de Sanabe y en la Guácara del Comedero,

en la provincia Sánchez Ramírez, 495 o en las cuevas de

Borbón, provincia San Cristóbal. 496 En menor medida aparecen

motivos florales y fitomorfos, que expresan un arraigado

panteísmo. También hay signos y elementos abstractos con

formas geométricas y otros grafismos, a modo de grecas,

donde subyace una esotérica simbología que alude al mundo

de los espíritus revelado por las alucinaciones de la cohoba.

Es notoria la profusión de pictografías en las cavernas de la

República Dominicana. Para tener una idea, basta mencionar

que solamente en la cueva de José María, estudiada por Adolfo

López Belando, ubicada en el Parque Nacional del Este,

hay más de 1200. 497 Y en las cuevas de Borbón, Dato Pagán

Perdomo inventarió cerca de 600 pinturas parietales. 498

Las pictografías son monocromas, generalmente de color negro.

En ellas se utiliza como elemento tintóreo el carbón vegetal

y en ocasiones la murcielaguina, la cual abunda en el suelo

de las cavernas 499 y pudo haber tenido alguna connotación especial

por proceder de los murciélagos, que, como ya hemos

indicado, encarnaban la nocturna aparición de las elusivas y

escurridizas opías. 500 También se emplean con menos frecuencia

los colores blanco, gris y rojo; este último se observa en la

Cueva de las Manos, en Pedernales. Resulta difícil establecer

la cronología de estas huellas cromáticas parietales, que en algunos

casos se superponen, al igual que su correlación con las

distintas etapas culturales, ya que las cavernas fueron usadas

de manera sucesiva a lo largo de los diferentes períodos del

poblamiento prehistórico.


Los petroglifos son de trazos delgados y profundos, y en

ocasiones se aprovechó el volumen de la superficie parietal

y sus múltiples posibilidades expresivas para conformar el

contorno de la figura. Generalmente, están grabados en las

entradas de las cavernas y en los abrigos rocosos, o sobre

grandes peñascos ubicados en los cursos de los ríos y charcos

de agua, como acontece en Chagüey, provincia Dajabón, 501 y

Anamuya, provincia La Altagracia. 502 La mayoría de los bajorrelieves

son caras que salen de las rocas y han permanecido

imperturbables por siglos formando paneles en las paredes

de las cuevas. 503 También los encontramos en bloques líticos,

destacándose sobre la verde sabana o en medio de un valle

boscoso, como la Piedra Letrada en Constanza o la roca de

Guayabal en Padre las Casas; tales peñascos, localizados con

frecuencia en lugares aislados, pudieron haber servido para

marcar áreas con recursos fluviales o límites fronterizos entre

distintos cacicazgos.

Las imágenes antropomorfas esgrafiadas en el pórtico de las

cavidades rocosas parecen los celosos guardianes que custodiaban

la entrada de las cuevas en señal de estricta vigilancia,

como Mácocael, a quien el sol transformó en piedra por llegar

tarde a la cueva encomendada a su cuidado. De esta cueva,

llamada Cacibajagua, salió, según el relato mítico transcrito

por fray Ramón Pané, la mayor parte de la gente que pobló

la isla. 504 De ahí que podamos inferir la estrecha relación que

para los taínos existía entre las cavernas y el origen subterráneo

de la humanidad. 505

305

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Petroglifos de la Piedra Letrada, La Culata, Constanza, RD.

Pictografías de la guácara del Hoyo de Sanabe, Sánchez Ramírez, RD.


306

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los estudios de arte rupestre en la República Dominicana se

remontan a los albores de nuestra independencia. Sir Robert

Schomburgk, naturalista alemán y cónsul británico que llegó

al país en 1849, elaboró un informe, publicado en el Journal

of Ethnological Society of London en 1854, 506 sobre varios sitios

de interés prehistórico. Entre ellos estaban el «Cercado

de los indios» (llamado hoy Corral de los Indios), en San Juan

de la Maguana, y las cuevas del Pomier o de Borbón, en San

Cristóbal, así como Las Paralelas, en Constanza, todos los cuales

podrían haber sido plazas para el juego de pelota.

Entre los precursores de la investigación del arte rupestre en

el país también figuran William Gab, que en 1869 realizó un

reporte sobre las cavernas de la bahía de San Lorenzo, en el

actual Parque Nacional Los Haitises, y Alphonse Pinart, que en

1860 publicó Notas sobre los petroglifos de las Antillas Mayores

y Menores, que incluye sus hallazgos en las cuevas de la

bahía de San Lorenzo y en el abrigo de Las Caritas (en el lago

Enriquillo). A su vez, el doctor Narciso Alberti Bosch, pionero

de los estudios arqueológicos en la República Dominicana,

editó en 1912 Apuntes para la prehistoria de Quisqueya, donde

da a conocer las huellas parietales de las guácaras de Sierra

Prieta, Comedero y Hernando Alonso, entre otras cavernas

con numerosas pinturas y petroglifos.

En 1955, Emile Boyrie de Moya publica Monumento megalítico

y petroglifos de Chacuey, República Dominicana. A finales

de la década de 1960, Carlos Morales Ruiz escribe varios artículos

en la revista Ahora sobre los petroglifos del río Yuboa,

provincia Monseñor Nouel. En la década de 1970 se crea la

Sociedad Espeleológica Dominicana y a partir de ese momento

los descubrimientos de cavernas se multiplican y con

ello también los estudios sobre arte rupestre. Por su parte, el

Museo del Hombre Dominicano les confirió un gran impulso

a las investigaciones espeleológicas, en las que participaron

Dato Pagán Perdomo, 507 Fernando Morbán Laucer, 508 Bernardo

Vega, 509 Fernando Luna Calderón, Renato Rímoli y Manuel

García Arévalo, entre otros. Años después, se integra a la exploración

y divulgación del arte rupestre el espeleólogo Domingo

Abreu Collado, fundador de Espeleogrupo de Santo

Domingo, que inició sus actividades en 1986. Abreu Collado

ha mantenido en la prensa nacional una sección especializada

denominada «País bajo tierra» y ha conformado el Catastro

Nacional de Cuevas en el Ministerio de Medio Ambiente y

Recursos Naturales, donde dirige la División de Espeleología.

De igual forma, hay que resaltar la amplia e intensa labor de

investigación y publicación realizada por Adolfo López Belando,

autor del libro La memoria de las rocas. Arte rupestre en

la República Dominicana. 510

En 1915, Cayetano Armando Rodríguez publica Geografía de

la isla de Santo Domingo y reseña de las demás Antillas, que

incluye un capítulo sobre grutas y cuevas, entre las que figuran

algunas con arte rupestre. En 1929, Herbert Krieguer publica

Archeological and Historical Investigations in Samaná, Dominican

Republic, donde dedica algunas páginas al arte rupestre

de las cuevas de la bahía de San Lorenzo e incluye dos láminas

con algunos dibujos de las pictografías que allí se conservan.

Por su parte, Félix Richiez Acevedo publica en 1949, en el

diario El Caribe, el primer informe sobre la cueva de las Maravillas,

en el que da a conocer uno de los santuarios de arte

rupestre más representativos de las Antillas.

Petroglifos con diseños de grecas. Guácara de Sierra Prieta, Sánchez Ramírez, RD.


307

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Petroglifos sobre las rocas de Los Pasos en el río Yuboa, Monseñor Nouel, RD. ©Adolfo López Belando


308

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Petroglifos y promontorio rocoso de Las Caritas, próximo al lago Enriquillo. ©Ricardo Briones


Una de los recintos prehistóricos mejor conservados de la República

Dominicana es la cueva de las Maravillas, que atesora

numerosas expresiones de arte rupestre de gran valor estético

y arqueológico. Para su protección se instituyó la Fundación

Patronato Cueva de las Maravillas, encabezada por Alejandro

Grullón Espaillat, presidente fundador del Banco Popular Dominicano,

y por el historiador Frank Moya Pons. Con miras a

conservar la diversidad biológica y los recursos naturales del

área, se ha creado un parque donde habita una gran variedad

de especies de plantas y animales autóctonos. Además, se

ha instalado un museo in situ, auspiciado por la Fundación

García Arévalo, con el objeto de mostrar la forma de vida y las

diversas expresiones culturales de los pobladores aborígenes

que habitaron el lugar.

En la cueva de las Maravillas perduran numerosas pinturas,

grabados y altorrelieves que nos permiten apreciar, por medio

de expresivas imágenes y símbolos, la concepción del universo

cosmogónico de los indígenas. Estos atribuyeron a las cavernas

un significado de hondo sentido espiritual y mágico al

considerarlas espacios vinculados a la vida sobrenatural, tal y

como se evidencia en una escena de extraordinaria connotación

mítica donde aparece una figura femenina sin cabeza de

la cual emanan imágenes que sugieren espíritus suspendidos

en el aire. En conclusión, un rasgo notable del arte parietal de

la cueva de las Maravillas es que recrea distintos tipos de actividades

en forma de mitogramas a partir de los fundamentos

mitológicos y las prácticas chamánicas de sus ejecutores.

309

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Escena ritual de una figura femenina decapitada de la cual parece emanar un espíritu. Cueva de las Maravillas, El Soco, San Pedro de Macorís, RD.


310

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Interior de la cueva de las Maravillas. ©Ricardo Briones


Trascendencia del

arte taíno

El arte era un medio de expresión de la sociedad taína que

obedecía a los imperativos de sus creencias mitológicas y a

sus prácticas rituales mágico-religiosas. Por tanto, en sus producciones

artísticas se observa una amplia gama de configuraciones

que aluden a la existencia de seres sobrenaturales y

figuras de aspecto espectral relacionados con la invocación

a los cemíes, el culto de los antepasados, la aparición de los

muertos y la comunicación con los espíritus que se realizaba

durante la ceremonia de la cohoba.

Sus realizaciones plásticas, incluso las de uso cotidiano, poseen

una sorprendente fuerza expresiva y reflejan un gran dominio

del simbolismo, la simetría y la abstracción figurativa. En

las tallas y modelados existe una amplia variedad tipológica,

y, por su esmerada terminación y bellos rasgos decorativos de

carácter simbólico, pueden considerarse verdaderas obras de

arte. En ellas se pone de manifiesto la síntesis conceptual, la

armonía de la forma y la ornamentación a base de hábiles estilizaciones

imaginativas y signos esquematizados que revelan

su cosmovisión y la concepción de su mundo espiritual, inspirados

en los atributos de las divinidades que regían las fuerzas

genésicas de la naturaleza. 511

311

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Amuleto de concha con una expresiva figura de rasgos antropozoomorfos. (MHD)

Bandeja de madera con una imagen antropomorfa que luce incrustaciones de concha.

Foto ©Saulo Bambi, Sistema de Museos de la Universidad de Florencia, Italia.


312

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Los motivos cefaloformes son la temática central de las creaciones

taínas, por considerarse la cabeza como el élan o fundamento

vital del ser humano. Por eso, en las imágenes antropomorfas

y zoomorfas, el contorno de la cabeza y los órganos

de los sentidos están destacados con mayor detalle y amplitud

que el resto del cuerpo y las extremidades. Estos últimos están

generalmente minimizados en sencillas esquematizaciones convencionales,

o sugeridos de manera llana por la simple forma

del objeto donde se ha plasmado la representación capital. 512

Vista frontal y dorsal de un majador lítico que presenta en su tope una figura quiropteriforme. La cabeza se

destaca con mayor amplitud que el resto del cuerpo, insinuado mediante hábiles abstracciones. (MHD)


En las concepciones estéticas son comunes las figuras alusivas

a animales vinculados a sus pasajes mitológicos, que adquieren

rasgos y manifestaciones propias de los seres humanos.

Bajo este biformismo se plasman los entes míticos que poseen

cualidades propias del reino animal. Esta conjunción de

formas suele combinarse a tal extremo que a veces llega al paroxismo,

difuminándose la frontera entre lo humano y lo animal

y dando lugar a representaciones imaginarias en la cuales

se modifican las proporciones naturales por medio de analogías

idealizadas. Tal es el caso de los ejemplos ornitomorfos

que aparecen en los artefactos del ritual de la cohoba, ya que

durante el trance extático el oficiante se transmutaba en ave

para apropiarse de la facultad de volar y ascender al mundo

trascendente de los espíritus. O bien de imágenes de reptiles,

como las serpientes que habitan en las entrañas de la tierra,

cuyas propiedades asumían los behiques para descender al

inframundo con la intención de arrebatar a los seres malignos

el alma de los enfermos.

313

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Vaso efigie con una imagen donde se entremezclan rasgos humanos con los de la lechuza.

Espátula vómica de la cohoba con figura de pelícano.


Por otra parte, se enfatiza la esquematización de las imágenes

y sus connotaciones simbólicas en una cultura visual que prioriza

lo espectral. Esto se evidencia especialmente en las asas

de las vasijas, donde las formas ornamentales más comunes

son esbozos de rostros humanizados imbricados con los rasgos

del murciélago y la lechuza. Animales que poseen la facultad

de desplazarse en la oscuridad de la noche, encarnando a

criaturas maléficas a las que se atribuían poderes misteriosos

y temibles que debían ser conjurados con el resguardo que

ofrecían los eones vinculados a la práctica del cemicismo y a

las esencias protectoras de los ancestros.

314

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En su conjunto, el arte taíno representa un rico universo iconográfico.

Como un rasgo cultural omnipresente, tanto los

objetos de uso litúrgico como utilitario plasman su concepción

de las deidades bienhechoras que regían los fenómenos

atmosféricos que favorecían las cosechas, propiciando la vida.

O bien, manifiestan la impronta de aquellos seres sobrenaturales

que se identificaban con la región del más allá habitada

por las ánimas ausentes del mundo de los vivos.

Recipiente cerámico con imagen estilizada de lechuza. (MHD)

Vasija con asas de rasgos antropozoormofos. (FGA)


Las fuentes etnohistóricas refieren que los objetos de culto

y las piezas del menaje de los caciques o señores principales,

que exigían una alta cualificación, fueron obra de artesanos

experimentados, especialmente de los behiques o médicos-hechiceros.

El resto de los objetos eran fabricados por

los demás miembros de las aldeas, que en tales menesteres

empleaban sus ratos de ocio, logrando los utensilios de trabajo

y las diferentes piezas del ajuar casero y personal. A este

respecto, nos dice fray Bartolomé de las Casas:

[…] y en estas tales tierras donde la calidad de la tierra o la costumbre

que en ella se usaba a tener oficios no los constreñía, por

su recreación o por su curiosidad cosas por arte y tan polidas y

sotiles hacían, que mostraban no menos que muy claramente ser

de ingenio vivísimos y sotilísimos. 513

Para el taíno la manifestación artística o, lo que es igual en su

caso, el arte al servicio de la magia y la religión, constituyó una

práctica vital o dogma inquebrantable donde se advierte claramente,

tal y como indicara René Herrera Fritot, «la estrecha

vinculación entre la vida material de aquel pueblo primitivo y

su mítica, en una constante comunicación o dependencia con

sus divinidades». 514

A diferencia de los grupos arcaicos, que tenían que valerse

del esfuerzo o habilidad personal para perseguir o capturar

las presas, en la fase socioeconómica y cultural alcanzada por

los taínos, la agricultura desempeñaba un rol importante en

la subsistencia de las tribus. La germinación de las plantas y

la obtención de buenas cosechas dependían de factores biológicos

y ambientales vinculados a las fuerzas cosmogónicas.

De tal modo que el sol y la lluvia bienhechores, o el viento

huracanado que arrasaba los conucos, eran atribuidos por los

taínos a la voluntad de sus dioses o cemíes, y su arte se puede

interpretar como una súplica a las divinidades que controlaban

los elementos genésicos, los cuales por su misma naturaleza

dependían de lo sobrenatural. 515

En síntesis, podemos afirmar que la plástica taína presenta

cualidades muy definidas e individualizadas dentro del conjunto

artístico y cultural indoamericano. Esto conforma un arte

propio que, si bien reducido en cuanto a sus dimensiones, o

de «tono menor» según las autorizadas palabras del crítico

Darío Suro, 516 no por eso deja de ser expresivo y solemne,

casi dramático si se quiere. Está impregnado, en cualquier

caso, de un complejo significado simbólico y ritual que ilustra

elocuentemente las concepciones mágico-religiosas que animaron

a los artífices taínos en la ejecución de obras de un extraordinario

valor estético y conceptual. Y aunque la voz de los

taínos quedó suspendida en el pasado, sus manifestaciones

artísticas por medio de sus imágenes, símbolos y signos nos

hablan al igual que las palabras, permitiéndonos reconstruir

sus modos de vida, sus pensamientos y creencias, sus formas

de sociabilidad e incluso sus sueños a través de los objetos estéticos

que transmiten sus ideales y comunican sus actitudes

más sensibles y trascendentes. 517

315

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


316

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Dagas efigies de carácter ceremonial.

Izquierda: Museo Provincial de Historia de Holguín, Cuba. Derecha: Colección Betty e Isaac Rudman.


El legado indígena

Como habían preconizado los agoreros cemíes que predijeron

la destrucción de la sociedad taína, 518 las muestras de mansedumbre

y hospitalidad con que los indígenas recibieron a los

conquistadores no alteraron su trágico destino. Los maltratos,

la imposición de trabajos forzados y, sobre todo, la enorme

mortandad causada por la introducción de enfermedades y

epidemias, frente a las cuales los nativos carecían de inmunidad

biológica, fueron diezmando a los aborígenes antillanos.

519 Sin embargo, las comunidades indígenas habían desarrollado

unas formas de vida adaptadas al medioambiente

insular que fueron asimiladas rápidamente en la interacción

entre estas y los españoles, a las que pronto se sumaron los

contingentes africanos. Se produjo así un proceso de asimilación

cultural que respondió al desafío que les planteaba a los

conquistadores su arribo a un nuevo escenario geográfico y

ecológico. Esto conllevó que muchos de los elementos indígenas

se incorporaran desde el principio al enriquecedor proceso

de mestizaje y transculturación que forjó una identidad

propia, dando origen a la sociedad criolla.

En este sentido, los aportes culturales de los taínos contribuyeron

de manera significativa a conformar los modos de vida

durante la época colonial. Estos se transmitieron a través del

tiempo de generación en generación como una tradición hereditaria,

constituyendo en la actualidad una parte importante

del lenguaje, del quehacer artesanal y del folclore nacional,

especialmente en las zonas rurales del país.

canoas de troncos ahuecados, algunos métodos de pesca,

la confección de bateas de madera, la utilización del higüero

como recipiente y para hacer maracas, el uso de la yagua para

cobertizos y petacas, el hilado y la cestería con fibras vegetales,

la forma de extraer el oro de los ríos, el empleo de numerosas

especies botánicas medicinales, 520 e incluso el hábito

de fumar tabaco, tan extendido en nuestros días, son aportaciones

indígenas que han perdurado a través de esa fusión

acaecida durante las primeras décadas de la etapa colonial.

A todo esto se suman las prácticas gastronómicas, entre las

que sobresale el amplio consumo del casabe; así como el uso

de numerosos vocablos para designar especies de la flora y

fauna y la geografía dominicana. Asimismo, persisten las huellas

indígenas en la religiosidad y las leyendas populares, entre

ellas la creencia en personajes míticos, como es el caso

de la escurridiza ciguapa que se escapa de sus captores para

permanecer oculta en la espesura de los bosques, la cual ha

sido llevada con frecuencia a la literatura y a la plástica. 521

317

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

La persistencia del conocimiento indígena en las actividades

económicas y la vida cotidiana puede percibirse a través de

múltiples ejemplos. Las técnicas y materiales de construcción

de las viviendas, las prácticas de cultivo en los conucos, las

En fin, este valioso acervo cultural taíno, que constituye la génesis

del perfil étnico de nuestra población, ha quedado indisolublemente

integrado a los modos de sentir y de hacer de

los dominicanos de hoy.


318

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Por otro lado, a partir del célebre sermón de fray Antonio

Montesino, pronunciado el cuarto domingo de Adviento de

1511, surgió en Santo Domingo el primer clamor de justicia a

favor de la dignidad y los derechos de los indios. 522 La reivindicación

iniciada por los frailes dominicos encabezados por fray

Pedro de Córdoba, 523 a los que pronto se unieron los franciscanos,

524 fue el punto de partida del indigenismo en América

y del rechazo a la opresión y la injusticia que subyugaba a los

pueblos sometidos por la conquista.

La desventura de la etnia primigenia y el heroísmo de sus

aguerridos caciques han servido de inspiración a nuestros más

connotados escritores y artistas, 525 dando curso a la abundante

y valiosa producción indigenista dominicana. A juicio de

Max Henríquez Ureña, «probablemente en ningún otro país

de América tuvieron los temas indigenistas tantos cultivadores

notables». 526 Tales son los casos cimeros de las obras

poéticas Fantasías indígenas (1877), de José Joaquín Pérez,

y Anacaona (1880), de Salomé Ureña, así como de la novela

Enriquillo (1877), de Manuel de Jesús Galván. Mientras, en

las artes plásticas, los lienzos de Luis Desangles y la escultura

de Abelardo Rodríguez Urdaneta –cuya fuente de inspiración

fue el cautiverio de Caonabo–, aunados a los murales de José

Vela Zanetti, resaltan la indómita resistencia aborigen ante la

conquista española. Dentro de esta línea de pensamiento y

creatividad, desde mediados del siglo XIX en la República

Dominicana, «¡Ir hacia el indio!», para citar palabras de Pedro

Henríquez Ureña, «nace y renace en cada generación, bajo

muchedumbre de formas, en todas las artes». 527

319

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Monumento a fray Antonio Montesino del escultor mexicano Antonio Castellanos Basich, erigido en la desembocadura del río Ozama, en Santo Domingo. ©Juan Carlos Vélaz Martín

Portada de la novela Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván. Ilustración de Eligio Pichardo para la edición de la Librería Dominicana (1955).


320

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Por su parte, muchos de los más connotados artistas plásticos

contemporáneos han vuelto su mirada a la estética primitiva,

apoyándose en la cantera del acervo arqueológico aborigen,

que constituye una fuente de inagotable atracción. Esa

orientación se aprecia en los lienzos de Paul Giudicelli, José

Perdomo y Antonio Guadalupe, en las tallas de Antonio Prats

Ventós, las cerámicas de Thimo Pimentel y Said Musa o en

las serigrafías de Carlos Sangiovanni. Estas expresiones, que

parten de las imágenes iconográficas, los signos y los pasajes

mitológicos taínos –como sucede en los paisajes surrealistas

de José Félix Moya y las recreaciones míticas de Crismar–

han dado lugar a un movimiento tainista o neotaíno de corte

vanguardista que incorpora soluciones técnicas y formales

extraordinariamente innovadoras en su quehacer artístico a

partir de una visión retrospectiva que capta y revaloriza en su

proceso creativo lo esencialmente mágico y totémico del arte

aborigen. 528

De igual manera, a partir de la década de los cincuenta del

pasado siglo XX, la artesanía dominicana, bajo la orientación

de arqueólogos, artistas y técnicos en la materia, ha retomado

y reinterpretado las formas iconográficas y los expresivos

motivos simbólico-decorativos de los objetos prehispánicos.

De este modo, se ha apoyado en las evidencias del ayer indígena,

imprimiendo a las creaciones del arte popular un mayor

sentido de autenticidad y originalidad. 529

Este rico patrimonio de la cultura material prehispánica nos lo

ha revelado la arqueología, la cual ha alcanzado un significativo

desarrollo en la República Dominicana a partir de la creación

del Museo de Hombre Dominicano y de otras entidades

museográficas auspiciadas por el sector privado.

Carpinteros y tilapias con símbolos decorativos taínos, de Antonio Guadalupe (1985).


321

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Finalmente, a diferencia de otros países hispanoamericanos

donde hay una gran presencia étnica y cultural de la población

originaria, en el caso de la República Dominicana la identificación

con «lo indígena», aunque de una forma romántica o

idealizada, ha desempeñado una importante función ideológica

dentro del proceso de intelección de nuestra nacionalidad,

como un componente definitorio de gran contenido telúrico

y expresión de lo propio. Así las cosas, el indigenismo se

ha convertido en un símbolo lleno de sentimiento y evocación

que nos vincula con el pasado autóctono y los primeros pobladores

de la isla.

322

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

En resumen, invocando las palabras de José Martí: «El espíritu

de los hombres flota sobre la tierra en que vivieron, y se le respira».

De tal manera que, a pesar del tiempo transcurrido desde

la desintegración de la sociedad taína, su presencia, tanto

somática como espiritual, aún está latente entre nosotros mediante

el enriquecedor proceso de mestizaje que caracteriza

el perfil étnico y cultural de los dominicanos. Desde hace más

de quinientos años las esencias culturales taínas constituyen

un significativo referente que ha contribuido a configurar la

identidad nacional.

Hormiga del Caribe, cerámica de Paul Giudicelli. Pinacoteca Banco Popular Dominicano.

Caonabo encadenado (detalle), de Abelardo Rodríguez Urdaneta (1915).


323

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


324

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


325

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Text

MANUEL A. GARCÍA ARÉVALO

Photography

VÍCTOR SILADI


By studying and enhancing the past, we will be able to understand and evaluate

the present with greater awareness, thus encouraging a better future for the

generations of tomorrow.

Emile Boyrie de Moya

The archaeological richness of Hispaniola, or Santo Domingo, deposited in its

soil by a dense indigenous population, makes this Island the most appropriate

region to study the Taíno culture in its highest stage of development and

allows us to appreciate its varied treasures, manifested through admirable

artistic manifestations.

René Herrera Fritot

326

TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Presentation

The importance of knowing about our past as a

way of better understanding our present, as well

as having a clear view of our future, is a widely

accepted notion. In effect, this is the idea of

learning about our origins: to better understand

who we are, and to help us to interpret our environment,

as well as to identify the opportunities

available to us.

With this in mind, as a financial institution we are

sponsoring this new book—The Taínos: Art and

Society—written by distinguished Dominican historian

and entrepreneur Manuel A. García Arévalo.

It is a remarkable contribution that highlights

our indigenous roots and allows us to address

our distinctive identity in the current global context

of nations.

What we know today in the Dominican Republic

as the Taíno culture was the result of the integration

of several indigenous Antillean groups that

came together over the centuries. This process

created the first cultural layer that laid the foundation

upon which our national identity was built:

a diverse mixture of exuberant races.

This book gives us an insight into the customs of

our original inhabitants and their artistic expressions

and rituals. It is a voyage that takes us to

the interior of our very identity. Present-day Dominican

culture did not begin with the arrival of

Europeans in the Americas. It began with these

early civilizations that went on to blend with the

cultures of Europe and Africa, creating a new individual

that continued to significantly expand

from that very moment. The archaeological discoveries

and documents that form the basis for

this book tell us about the history and identity of

all Dominicans.

Embarking on a voyage that will lead us to discover

our ancestral origins will help us conceive

and design how we would like to present ourselves

to the world. It will be a different kind of

self-image that will highlight the unique features

that define us.

Defining ourselves is the engine that drives this

institutional publication where García Arévalo

outlines, with profound knowledge, the traces of

our indigenous past and creates an unequivocal

and significant part of our heritage.

As a financial institution that has the merit of

being the country’s leading investor in the local

tourism industry, it seems appropriate for us to

highlight this kind of contribution, because it is

through these contributions that we can recreate

our own image, both in the national and international

markets.

Cultural tourism is a niche that has allowed many

nations across the world to distinguish themselves

as attractive destinations. In the last few

years, cultural tourism has gone hand in hand

with sustainable tourism, giving rise to what is

now known as “Orange Tourism,” a worldwide

trend that links culture to the local economy.

This new vision of tourism generates value

through a specific dynamic that brings together

the country’s cultural heritage and the creative

industry to design the experiences that 21 st century

tourists are looking for: authentic activities

that will connect them to the culture and identity

of the country and the peoples they visit.

We therefore see that these origins, which come

to life through the mixture of our indigenous Antillean

peoples, represent a cultural patrimony

through which we can create a distinctive narrative

and develop a series of unique experiences

for the visiting tourist.

This publication, which goes much further than

the actual reading, immerses the reader in a

world of heightened virtual realities. It allows the

reader to experience multiple scenarios and examples

of Taíno culture through a choice of different

media.

This interactive project, unique in the Dominican

editorial sector until now, can be accessed

through the MIRA application Mi Realidad Aumentada

[(My Augmented Reality – non official

translation]), available on mobile telephones.

With this app, and on the mobile screen, users

will be able to interact with that ancient world

using an innovative technological tool by simply

clicking over the images that appear on the

screen.

Also, as with all institutional publications sponsored

by the Banco Popular, the book is accompanied

by a documentary featuring interesting

interviews and visits to iconic Taíno cultural sites

in the Dominican Republic.

We therefore feel extremely pleased with this

new editorial and multimedia contribution. Projects

of this kind enable us to reaffirm our commitment

to showcasing our Dominican identity,

going beyond the beautiful natural resources of

our coastlines and inland landscapes and exploring

the cultural values that have contributed to

strengthen our present and our future.

Christopher Paniagua

Presidente ejecutivo

Banco Popular Dominicano

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


Acknowledgements

The publication of this book showcasing our

exceptional pre-Hispanic archeological heritage

has been possible thanks to the generous

sponsorship of the Banco Popular Dominicano,

an institution that in recent years has made a

significant contribution to enriching our national

bibliography. In this regard, I would like to express

my gratitude to Manuel A. Grullón, Chairman

of the Board of Directors of Grupo Popular,

as well as to Manuel E. Jiménez and Christopher

Paniagua, CEOs of Grupo Popular and Banco

Popular, respectively. Thanks also to other Banco

Popular executives and specialists for their support

for this initiative, especially José Mármol,

Executive Vice President of Public Relations and

Communications; Esteban Martínez-Murga, Corporate

Communications Division Manager; José

Montás-Frómeta, Audiovisual Products Division

Manager, and Eleni de Castro, Institutional Publications

Manager.

I would also like to extend my heartfelt thanks

to the following individuals and national institutions,

whose generous support encouraged this

work: The Minister of Culture, architect Eduardo

Selman Hasbún, Ana María Conde Vitores, director

general of Museums of the Dominican Republic,

and architect Christian Martínez, director

of the Museum of Dominican Man.

Dr. Marcio Veloz Maggiolo, whose contributions

to prehistoric studies have helped extend the

scope of my knowledge of the indigenous cultures

of the Caribbean. In addition, to historian

and archeologist Bernardo Vega Boyrie, for his

ongoing support.

My dear friends Dominique Bluhdorn, president

of the Altos de Chavón Cultural Center Foundation,

and María Amalia León Cabral, president

of the Eduardo León Jimenes Foundation, who

granted access to the representative collections

that are preserved in the Altos de Chavón Archaeological

Museum in La Romana, and in the

Eduardo León Jimenes Cultural Center, in Santiago

de los Caballeros, respectively. Also, collectors

Nicole and Pierre Dominó, Betty and Isaac

Rudman, engineer Wilton Khoury and Dr. Nonín

Galán.

I would also like to thank the excellent professional

team at the Museo del Hombre Dominicano

for their ongoing and invaluable help. I

would like to highlight the inestimable contribu-

tion of Dr. Jorge Ulloa Hung, director of the Archaeology

Department, who made highly useful

observations on the text and provided many of

the bibliographical references; Dr. Renato Rímoli,

director of the Paleobiology Department, for

his comments on the flora and fauna of the time;

archaeologist Adolfo López Belando, and speleologist

Domingo Abreu for providing us with

several of the petroglyphs and pictographs featured

in the book.

I would also like to acknowledge the support of

overseas museums and collectors. Many of the

images of the archaeological artifacts included in

this book are the result of their kindness. Many

thanks to all of them. My good friend Dr. André

Delpuech, director of the Museum of Man in

Paris, deserves a special mention. With his great

knowledge of the aboriginal cultures of the Antilles,

he pointed us to the existence of Taíno relics

in museums in Europe and the United States.

Paz Núñez Regueiro, head of the Heritage Unit

of the Collections of the Americas of the Quai

Branly-Jacques Chirac Museum. The British Museum,

London; Museo de América, Madrid; IIl

Museo di Antropología e Etnología, Florence;

Museo de Historia Natural, Argentina; Museum

für Völkerkunde, Vienna; Museo Nacional de Antropología,

México; Museo di Antropologia ed

Etnografia, Universitàdi Torino; Smithsonian Institute,

Metropolitan Museum and El Museo del

Barrio, New York. Also, collectors Antonio and

Ana Casanovas, Guy Ladrière, Vincent and Margaret

Fay, and David Bernstein, as well as the Ziff

collection and photographer Justin Kerr.

In Puerto Rico, I would like to highlight the contributions

of Dr. Flavia Marichal Lugo and Chakira

T. Santiago Gracia, director and chief registrar,

respectively, of the Museum of History, Anthropology

and Art at the University of Puerto Rico.

Dr. Yvonne Narganes Storde, archaeologist at

the Archaeological Research Center at the University

of Puerto Rico, Río Piedra Campus. Also,

Dr. Eduardo Rodríguez Vásquez, president of the

Board of Governors, and rector Dr. Amalia Alcina

Orozco, both from the Center for Advanced

Studies of Puerto Rico and the Caribbean, as

well as to the authorities of the Institute of Puerto

Rican Culture. I would also like to express my

gratitude to researchers Francisco Moscoso, Sebastián

Robiou and Daniel Shelley, and to photographer

Héctor Méndez Caratini. At the same

time, I am grateful for the assistance received in

Cuba from archaeologists Lourdes Domínguez

and Roberto Valcárcel, and from Dr. Armando

Rangel, director of the Montané Museum at the

University of Havana.

The completion of this book owes a great deal to

Clarisa Carmona, who took on this editorial project

with great dedication and enthusiasm as if it

were her own, generously offering her time and

commitment regardless of schedule to ensure

that its publication went ahead. We also owe a

debt of gratitude to photographer Víctor Siladi

who, with his professional skill, painstakingly

created and captured the iconographic features

of a rich collection of pre-Columbian images, as

well as the artistic design of book. We would also

like to highlight the hard work and motivation of

graphic designer Jimmy González.

Other individuals who merit acknowledgement

for their invaluable contributions include Betania

Reyes, curator of the Pre-Hispanic Art Room at

the García Arévalo Foundation, as well as Rosa

Elba Oleaga and Ana Cristina Contreras for their

painstaking and precise typing of the texts for in

this publication. We also appreciate Clara Dobarro’s

feedback and proofreading, as well as

the support of Ana (Nani) Martínez, Lisette Vega

de Purcell, Dr. Nieves Peguero, Ilana Benady for

their meticulous and professional translation of

the contents into English. We would also like to

recognize the work of Pedro L. Diaz for his vivid

illustrations of Taíno society.

I am especially grateful to my wife Francis, who

has always provided great inspiration for my intellectual

work, for accompanying me on my

archaeological research trips and in the search

for documentary and bibliographical references.

The same goes for our children and grandchildren,

who we deprived of some of our family

time while devoting ourselves to writing and producing

this publication.

Finally, it is worth pointing out that Taínos: Art

and Society aims to reach the widest possible

readership; this is why we have avoided using excessively

technical language to ensure it is accessible

to all readers and that it fulfills its purpose

of building bridges between present and future

generations and the cultures of the past. At the

same time, we have done our best to maintain

rigorous scientific standards so that it is also of

interest to specialists in Taíno culture and art.

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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD


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TAÍNOS, ARTE Y SOCIEDAD

Introduction

When speaking of the indigenous past of the

Greater Antilles, we generally tend to perceive

the existence of the denominated Taíno culture.

However, this was not the first or the only culture

to populate the Antillean region. The insular Caribbean,

centuries before the appearance of the

Taínos, was populated by human groups whose

social, cultural and economic characteristics were

very different. That said, their knowledge and

experiences, aside from some tools they used,

became integrated and their traditions perpetuated

through the indigenous culture that later on

inhabited this geographical space.

From that point of view, the development of the