Sobre crítica de la traducción - Centro Virtual Cervantes

cvc.cervantes.es

Sobre crítica de la traducción - Centro Virtual Cervantes

SOBRE CRITICA DE LA TRADUCCIÓN*

VALENTÍN GARCÍA YEBRA

de la Real Academia Española

Antes de entrar en el tema, permítanseme

dos breves notas terminológicas.

El término crítica de la traducción es en

sí mismo claro y plenamente abarcador de

lo que pretende significar Se refiere igualmente

a la traducción como proceso y a la

traducción como resultado. Comprende,

pues, las dos direcciones en que debe proyectarse

!a mirada del crítico de la traducción:

dirección retrospectiva, para estudiar

los problemas de traducción planteados por

el texto original y los procedimientos del

traductor para resolverlos, y dirección

prospectiva, para evaluar los resultados de

la actividad traductora.

Pero la complejidad del término crítica de

la traducción hace a veces difícil su manejo.

Por ejemplo, si quiero traducir estas

palabras de W. Wüss (en su libro Übersetzungswissenschaft.

Probleme und Methoden,

Stuttgart, 1977, p. 289): «Möglichkeiten

und Grenzen einer objektiven oder

objektivierbaren Übersetzungskritik», y escribo:

«Posibilidades y límites de una crítica

de la traducción objetiva u objetivable», el

lector puede dudar, al menos durante un

momento, si «objetiva» y «objetivable» califican

a «crítica de la traducción» o sólo a

«traducción»; es decir, si se trata de una

«critica objetiva u objetivable» o de una

«traducción objetiva u objetivable». Y puede

haber casos de mayor ambigüedad; por

ejemplo, si se habla de una «crítica de la

traducción basada en criterios firmemente

establecidos». Lo que se quiere decir es

que la crítica de la traducción debe basarse

en criterios firmemente establecidos. Pero

el lector o el oyente pueden entender que

se habla de la crítica de un texto traducido

de acuerdo con tales criterios.

* Este artículo es el texto, ligeramente reelaborado,

de una conferencia pronunciada hace un par

de años en el IULMyT de la UCM

îeronymus ^omplutensis

Valentín García Ycbra

Propongo, pues, como término alternante,

no eliminatorio, de crítica de la traducción,

el de crítica traduccional. No suena

quizá muy bien este adjetivo; pero puede

ser útil. No habría posibilidad de confusión,

ni siquiera momentánea, si, al traducir las

citadas palabras de Wilss, escribiéramos:

«Posibilidades y límites de una crítica traduccional

objetiva u objetivable», ni en la

frase «una critica traduccional basada en

criterios firmemente establecidos». La extrañeza

que puede producir el adjetivo traduccional

desaparecerá en cuanto se use

varias veces. Traduccional no está peor

formado que correccional, insurreccional,

jurisdiccional, transaccional, que figuran sin

ningún reparo en el Diccionario de la Academia.

1

Me gustaría proponer también que se

evite el término traductología. Esta palabra

horrible, calco del inglés traductology, la vi

por vez primera en el título de una obra

publicada en español por una universidad

estadounidense y plagada de anglicismos.

No haría yo tantos ascos a su fealdad si al

menos significara lo que se pretende significar

con ella: «ciencia de la traducción».

Pero es que, etimológicamente, no significa

eso. La «traducción» se llama en latín traductio

desde que, a principios del siglo XV.

Leonardo Bruni dio a esta voz el sentido de

lo que hasta entonces se nombraba de muchas

maneras: translatio, versio, expressio,

interpretatio, conversio, redditio, transpositio

(todos estos términos los usa San Jerónimo,

explícita o implícitamente, como sinónimos

en su célebre Carta a Pamaquio

sobre la mejor manera de traducir). El primer

componente de traductología no es

1 Escrito ya lo que antecede, veo en el Grand

Larousse de la Langue Française, con la indicación

de «peu usité», el adjetivo: traductionel, usado

por G. Mounin en 1963 No figura en Le Robert

37


Sobre crítica de hi traducción

traductio, sino traductum, «lo traducido».

De modo que traductología significará, en

todo caso, «la ciencia» o «el estudio de lo

traducido», es decir, del resultado de la traducción;

no el estudio de su proceso, que

es el tema principal de la teoría de la traducción.

El uso erróneo de traductología se da en

español al menos desde 1977. No sé cuándo

se usó en inglés traductology por vez

primera. Sin duda varios años antes que en

español traductología. Pero ni traductology

figura en grandes diccionarios de la lengua

inglesa como el Webster's Third New International

Dictionary de 1981, o The Oxford

English Dictionary de 20 volúmenes en su

edición de 1989; ni traductologie, que también

se ha usado en francés, figura en

amplios diccionarios de esta lengua, como

Le Robert de siete tomos, o el Grand Larousse

de la Langue Française de extensión

parecida. Tampoco han logrado legitimación

lexicográfica traduttologia en italiano

(no figura en el diccionario de N. Zingarelli)

ni tradutologia en portugués (no está

en el de Aurelio Buarque de Holanda Ferreira).

Esperemos que a traductología no

se le abran nunca las puertas del Diccionario

académico, y que nuestros estudiosos

de la traducción, que deben tener una sensibilidad

muy fina para su propia lengua,

dejen morir, por desuso, esta palabra esperpéntica

y pretenciosa.

Pasemos ya a nuestro tema.

La crítica de la traducción puede entenderse

al menos en dos sentidos: la que se

practica en periódicos y revistas para dar

cuenta de las traducciones que se publican,

y la que se hace o podría hacerse en los

centros de formación de traductores para

enseñanza de los alumnos.

Es preciso reconocer que la mayoría de

los críticos que escriben recensiones de

obras traducidas no están en condiciones

de hacer bien su trabajo. O desconocen la

lengua del original, o bien, al hacer la recensión,

no disponen del texto de partida o

no tienen tiempo para compararlo con el

resultado de la traducción. Y esto, no sólo

38

entre nosotros. Según W. Koller en su artículo

«Zu Stand und Problemen der Übersetzungskritik»

(Lebende Sprachen, enerofebrero

de 1973, pp. 25-28), las recensiones

de obras traducidas hechas en periódicos

y revistas de lengua alemana se caracterizan

por el hecho de que, si se refieren al

traductor y al mérito de su trabajo, emiten

juicios sumamente globales, calificando la

traducción de legible, excelente, escrita en

estilo fluido, o bien, insatisfactoria, áspera,

desmañada, etc. Las excepciones, por

ejemplo en el folletín y en el suplemento de

literatura y arte de la Neue Zürcher Zeitung,

confirman la regla.

En los periódicos y revistas de lengua

española ni siquiera se dan, de modo habitual,

tales excepciones. 1

En cuanto a la práctica de la crítica traduccional

en las aulas de las instituciones

dedicadas a formar traductores, la verdad

es que mi información no está actualizada.

Mientras yo enseñé en este Instituto Universitario

de Traductores, no figuraba en su

plan de estudios la asignatura de crítica de

la traducción. Como autor de aquel plan de

estudios, me considero responsable de

esta omisión. Traté de subsanarla, sin éxito,

en los últimos años de mi actividad docente.

En el curso 1984-85 ofrecí a mis

alumnos de teoría de la traducción clases

no obligatorias de crítica traduccional, que

se vieron muy concurridas, aunque su eficacia

estaba ya inicialmente mermada por

el hecho de que, siendo yo el único que las

impartía, era forzoso limitarlas a un trimestre

escaso para cada grupo de alumnos, de

inglés, francés o alemán.

Otro tipo de crítica de la traducción, generalmente

de carácter negativo, es la que

desde antiguo han practicado los traductores.

Ha sido frecuente, a lo largo de la historia,

que el autor de una nueva traducción

se refiriese a los errores o defectos de las

traducciones anteriores de la misma obra.

Menéndez Pelayo (Biblioteca Hispano-

Latina Clásica, VI, 116) dice de los traductores

de clásicos griegos y latinos:

«Achaque es común en cuantos traducen

una obra clásica desacreditar las traducciones

anteriores». En cierto modo, es na-

îeronymus


tural. Si las considerasen buenas, no se

pondrían a hacer otra. No parece infundado

el-razonamiento de Tomás de Iriarte {Obras

en verso y prosa, 1805, t. Ill, pp. XIX y XX):

«Si [el traductor] confiesa que los Traductores

de su misma Nación que le han precedido

desempeñaron con acierto su tarea,

reconoce tácitamente que es inútil la que

de nuevo emprende. Si opina que las Versiones

antiguas son en gran parte defectuosas,

se ve precisado a demostrar en qué

y por qué lo son; y como esto no puede ni

debe asegurarse con proposiciones absolutas,

sino fundarse en muchos y palpables

ejemplos de graves yerros cometidos por

los traductores, ya le es indispensable no

sólo parecer prolijo, sino incurrir en la nota

de Censor acre, y (lo que es peor) en la de

envidioso; porque son los menos los que

saben distinguir la noble emulación de la

baja envidia, y una crítica convincente de

una invectiva rencorosa». Y en otro lugar

insiste: «¿Les parece a Vms. que cumplía

yo con indicar un par de descuidos, en que

cualquier hombre puede incurrir? No, señores.

Para condenar una obra por mala es

menester encontrar en ella una larga serie

de errores bien patentes; y el que crítica de

otro modo, tiene más gana de criticar, que

fundamentos para ser buen Crítico» (Ib.,

t.VI, pp. 22 y 23).

Es ésta una visión unilateral de la crítica,

que se limitaría a lo que hoy suele llamarse

«análisis de errores», ciertamente útil, pero

no suficiente.

La crítica de la traducción no debe buscar

«una larga serie de errores bien patentes»

para «condenar una obra por mala».

Este enfoque, explicable en un traductor

para justificar la existencia de la nueva traducción

que propone, es rechazable como

actitud fundamental de la crítica. Pero tampoco

sería aceptable la actitud de Théophile

Gautier, para quien «la critique n'est pas,

comme on se l'imagine, la recherche des

défauts; c'est la recherche des beautés»

(cit. por Vittore Bocchetta, Sannazaro en

Garcilaso, Madrid, Gredos, 1976, p. 6). La

crítica de la traducción no debe buscar ni

sólo defectos ni sólo bellezas; debe buscar

los defectos y las bellezas. El crítico de tra-

íeronymus i^omplutensis

Valentín García Yebra

ducciones hará bien en tener presentes las

palabras de Elmar Tophoven: «La recherche

des points faibles d'une traduction est

toujours plus facile qu'une reconstitution

des chemins qui ont permis de surmonter

des difficultés, des chemins ou des procédés

qui peuvent parfois servir à résoudre

des problèmes analogues» («La traduction

littéraire assistée par ordinateur», en Encrages,

17, p. 57).

Un buen ejemplo del tipo de crítica aquí

propuesto por Tophoven es el libro de

Hans-Peter Burfeid, Die Deutsch-Spanische

Übersetzung literarischer Prosa,

Colonia, 1985. Toma como base la traducción

al español de la novela de Birgitte

Arens, Katzengold, con el título Oropel, por

el propio Burfeid y Adoración Castellanos

García. Es natural que, tratándose de una

traducción propia, no se detenga en un

análisis de errores. Tal análisis, si lo hubo,

se haría en el proceso mismo de la traducción.

En esta obra de Burfeid se toma como

punto de partida la descripción de problemas

o dificultades que se les plantearon a

los traductores, y los pasos que dieron para

solucionarlos.

No han faltado entre los estudiosos de la

traducción quienes han intentado establecer

las bases teóricas de la crítica traduccional.

En no pocos casos se ha querido vincular

los principios básicos de esta disciplina

a las características específicas del texto

traducido. Por este camino se ha llegado en

ocasiones a descubrir verdades de Pero

Grullo. Por ejemplo, cuando se han establecido

dos categorías fundamentales de

textos: científico-técnicos, por una parte, y

literarios, por otra, y se ha afirmado que en

el lenguaje científico ocupa un lugar central

la función lógica, no vinculada a una determinada

«materia verbal», como sucede,

en cambio, en los textos literarios. Los textos

literarios están ligados a la estructura

de la lengua en que se escribe y suelen

apartarse del uso corriente. En ellos, con

frecuencia, la forma lingüística es tan importante

como el contenido lógico, y, en

ocasiones, más importante que este contenido.

39


Sobre crítica de la traducción

Esta división de los textos en científicotécnicos

y literarios es demasiado general,

y sirve de poco a la crítica de la traducción;

sobre todo, si se tiene en cuenta que puede

haber textos científico-técnicos cuya expresión

se acerque a lo literario, y ciertamente

hay textos literarios que en algunos

pasajes exponen materias científicas o

técnicas.

Tiene más interés para la crítica traduccional

la atención prestada a la finalidad de

la traducción. No se puede exigir lo mismo

a una traducción interlineal o yuxtalineal,

destinada a mostrar las estructuras y el

funcionamiento gramatical de la lengua de

origen, que a una traducción ofrecida al

público general; no se puede pretender que

el traductor de los diálogos de una película,

que debe tener en cuenta el movimiento de

los labios de los actores, conserve con el

mismo rigor que si no tuviera esta limitación

el contenido de tales diálogos. Y aproximadamente

lo mismo puede decirse de la

traducción de un libreto musical, donde

puede ser importante, por ejemplo, la mayor

o menor abertura de las vocales, o la

coincidencia del acento de las palabras con

los ictus de la melodía.

En un artículo publicado en la revista

Fremdsprachen (1982, cuaderno 3, pp.

161-166) con el título «Criteria for Evaluating

the Translation of 'informative' Texts»,

comenzaba Peter Newmark afirmando que

«la evaluación, crítica, corrección o enseñanza

de una traducción tiene que basarse

en una teoría general de la traducción», y

que «el profesor o crítico de traducción que

rechace la teoría de la traducción anda tan

descaminado (misguided) como el profesor

de lenguas extranjeras hostil a la lingüística».

Esta vinculación de la crítica a la teoría

le parecía tan importante que, en la última

página del artículo, insistía: «es preciso

aceptar que la evaluación de una traducción

se basa, explícita o intuitivamente, en

una teoría de la traducción».

Newmark sentaba este principio refiriéndose

a la traducción de textos «inforativos»,

como son los científico-técnicos.

Yo no dudaría en extender su validez a to-

40

da clase de textos; también, naturalmente,

a los literarios, incluso a los poéticos.

Una de las preguntas que tiene que

plantearse toda teoría de la traducción es

«¿cómo se debe traducir?». Sabemos que

las dos respuestas fundamentales son las

apuntadas por Schleiermacher en su conocido

ensayo «Über die verschiedenen

Methoden des Übersetzens» («Sobre los

diferentes métodos de traducir») 2 y recogidas

por Ortega en Miseria y esplendor de la

traducción: «Dejar al escritor lo más tranquilo

posible, y hacer que el lector vaya a

su encuentro, o bien dejar lo más tranquilo

posible al lector, y hacer que vaya a su encuentro

el escritor». No puede juzgar lo

mismo una traducción el partidario de extranjerizar

el texto traducido que el defensor

de su naturalización. Por eso, el crítico

de la traducción debe manifestar cuál es su

postura teórica.

Mis preferencias teóricas y mi práctica

de la traducción se han inclinado siempre

por el segundo camino, el de la hispanización

del texto, de suerte que el lector pueda

olvidar durante su lectura que se trata de

una traducción. Una de las metas de la traducción

es producir en el lector el efecto

más semejante al del texto original en los

lectores para los que fue compuesto. No es

posible, dentro de los límites de este artículo,

exponer esto con más detalle.

La parte central de mi libro En torno a la

traducción contiene (pp. 163-288) cinco artículos

y dos conferencias con enfoques

teórico-prácticos de la crítica traduccional.

No puedo resumir aquí el contenido de 125

páginas. Me limitaré a reproducir algo de lo

que allí digo sobre una traducción poética

de Jorge Guillen.

Comenzaré con una recomendación de

modestia a quien se disponga a juzgar traducciones

poéticas. Si la perfección es inasequible

en la traducción, lo es particularmente

en la de poemas. Hacer buenas traducciones

de obras poéticas es mucho

más difícil que criticarlas. El crítico de una

Mi traducción y breve comentario de este ensayo

apareció en Filología moderna, 63-64, febrero-junio

de 1978, pp 343-392

leronymus


traducción poética debe tener siempre presentes

las sabias palabras de Fray Luis de

León: «El que quiera ser juez inexorable de

las traducciones poéticas, pruebe primero

qué cosa es traducir de una lengua extraña

en la suya sin añadir ni quitar sentencia, y

guardar cuanto es posible las figuras del

original y su donaire, y hacer que hablen en

castellano, y no como extranjeras y advenedizas,

sino como nacidas en él y naturales».

El crítico de traducciones poéticas no

debe hacer crítica puramente negativa,

buscando sólo defectos. Pero tampoco crítica

ditiiámbica, puramente encomiástica.

Se suele caer en esta segunda especie de

crítica cuando se trata de traducciones hechas

por grandes poetas.

Jorge Guillen es, sin discusión posible,

uno de los más altos poetas españoles de

este siglo. Y debemos agradecerle que,

como Fray Luis de León, como Quevedo,

como los Argensola y otros grandes poetas

españoles, haya ejercido también el arte de

la traducción. Pero, si queremos hacer la

crítica de sus traducciones, no debemos

dejarnos deslumhrar por su grandeza poética

ni adoptar actitudes mitificadoras. Debemos

tratar de reconstruir su proceso traduccional,

aunque esta reconstrucción sea

siempre arriesgada.

Jorge Guillen tradujo varios poemas de

Paul Valéry. Me limitaré aquí a estudiar la

traducción de uno solo: Les grenades.

El texto francés es un sonetillo en octosílabos,

equivalentes a eneasílabos españoles.

Riman, en cada cuarteto, el primer verso

con el cuarto, y el segundo con el tercero.

Las rimas del primer cuarteto no se repiten

en el segundo:

Dures grenades entrouvertes

Cédant à l'excès de vos grains,

Je crois voir des fronts souverains

Éclatés de leurs découvertes!

Si les soleils par vous subis,

O grenades entre-bâillées,

Vous ont fait d'orgueil travaillées

Craquer les cloisons de rubis,

îeronymus

Valentín García Ycbra

Et que si l'or sec de l'écorce

À la demande d'une force

Crève en gemmes rouges de jus,

Cette lumineuse rupture

Fait rêver une âme que j'eus

De sa secrète architecture.

Guillen hizo dos traducciones de este

poema, una en prosa y otra en versos rimados

como en el original, es decir, con

cambio de rimas en el segundo cuarteto.

Sólo nos interesa ahora la traducción en

verso. Es la siguiente:

Y cedes a tus elementos.

Oh dura granada entreabierta:

Creo ver la frente en alerta,

Estallada por sus inventos.

Si soles sufridos por ti,

Granada asomada, granada

Por el orgullo trabajada,

Hienden tabiques de rubí,

Y si el oro de la corteza,

A petición de una dureza,

Rompe en gemas rojas de zumo,

Esta luminosa ruptura

Soñar hace a un alma que exhumo

Con su secreta arquitectura.

Ante esta traducción se ha adoptado la

actitud mitificadora a que antes me refería.

Se han descubierto virtudes carismáticas

de Guillen donde yo no veo más que servidumbres

al verso y a la rima, sin dejar por

eso de reconocer los méritos de esta traducción

guilleniana.

Convierte Guillen en una sola granada

las granadas del original. La singularización

-se ha dicho- realza el ser individual, la

unicidad de la fruta: la granada se eleva así

hasta la altura del hombre que la contempla.

Esto es, a mi juicio, laudem virtutis necessitati

dare, alabar como virtud la necesidad.

Para mí, la primera novedad de esta

traducción es la inversión de los dos primeros

versos a fin de conservar la rima en el

orden tradicional del cuarteto: ABBA. Una

vez decidida esta inversión, se le ocurriría a

Guillen la traducción siguiente:

41


Sobre crítica de la traducción

Cedéis a vuestros elementos,

Duras granadas entreabiertas:

Creo ver frentes...

Estalladas por sus inventos.

No hallaría enseguida, para «entreabiertas»,

rima bastante próxima semánticamente

a «souverains». Y, al ocurrírsele

«alerta», voz poco usada como adjetivo, y,

en cuanto adverbio, carente de plural, vería

la solución en singularizar 'as granadas:

«granada entreabierta» rimaba con

«alerta»

La singularización de las granadas llevaba

consigo la de las frentes: una sola granada

sugiere la imagen de una sola frente,

no la de varias. Pero, al cambiar «Cedéis a

vuestros» por «Cedes a tus», faltaba una

laba para el eneasílabo. Guillen resolvió

esta dificultad con la copulativa inicial, que

recuerda la del himno de Fray Luis En la

Ascesión del Señor:

Y dejas, Pastor santo,

Tu grey en este valle hondo, escuro..

Si alguna duda le quedaba para singularizar

las granadas, la desecharía al emprender

la traducción de la segunda estrofa.

«Si los soles sufridos por ti» rimaba con

«los tab'ques de rubí». Bastaba omitir el

artícuio para redondear el eneasílabo.

En la traducción poética, como en la

composición de poemas originales, a veces

cuaja un verso en la mente del traductor o

del poeta, e incluso se escribe, antes de

componer otros que lo precederán en el

poema. Es probable que «Por el orgullo

trabajada» se le ocurriese a Guillen enseguida,

antes de hallar la traducción del verso

anterior. En tal caso, éste habría de rimar

en ~ada. Valía «granada». Pero

«entreabierta granada» sólo tenía ocho sílabas.

Y esto no se remediaba anteponiéndole

la interjección «oh», como en el segundo

verso del primer cuarteto: «Oh entreabierta

granada», por sinalefa, seguiría

siendo un octosílabo. No era fácil otra traducción

para entre-bàillée, y menos con el

número delabas conveniente. La solución

hallada por Guillen, un tanto forzada,

42

revela, sin embargo, gran maestría versificadora.

En resumen, el traductor tuvo que hacer

en estas dos primeras estrofas las siguientes

concesiones al verso y a la rima:

1. Inversión de los dos primeros versos

del original.

2. Singularización de «granadas» y

«frentes».

3. Comienzo del primer verso con la copulativa,

que pone en el poema un matiz de

continuidad ausente del original.

4. Sustitución generalizadora de

«granos» por «elementos». Son también

«elementos» de la granada sus «tabiques»

y hasta su «corteza».

5. Distinta calificación de «frentes»:

«frentes soberanas» pasa a ser «frentes en

alerta».

6. Cambio de «descubrimientos» por

«inventos», sólo por tener esta palabra dos

labas menos que la otra.

7. Una vez decidida la singularización de

la granada, supresión del artículo determinante

en los versos primero y cuarto del

segundo cuarteto: «soles» en vez de «los

soles» y, en vez de «los tabiques»,

«tabiques».

8. Reiteración, en un mismo verso, de

«granada», que no corresponde a entrebâillée

(cuyo verdadero significado es

«entreabierta». Y, al entreabrirse la granada,

no asoma toda ella, sino tan sólo una

parte: sus granos, sus rubíes).

En los tercetos se podría anotar:

1. Omisión del adjetivo «seco»: «El oro

seco de la corteza» sería la traducción

exacta; pero no entraba en el verso.

2. Sustitución de «fuerza» por «dureza».

La crítica encomiástica ha dicho que la

«fuerza» provocada por la eclosión de la

fruta es tan potente que llega a solidificarse

en una «dureza». Para mí, esta «dureza»

se debe a la necesidad de rima para

«corteza». Del mismo modo, en el segundo

verso del segundo terceto, «exhumo» surge

para rimar con «zumo». Y, en el mismo

verso, la inversión «soñar hace» (fait rêver)

sólo trata de eliminar una sílaba: «Hace

soñar a un alma que exhumo» sería un decasílabo,

mientras que la doble sinalefa

íeronymus 'omplutensis


ceaun, en «Soñar hace a un alma que

exhumo», lo convierte en eneasílabo.

Con todas estas servidumbres, la traducción

en verso de Les grenades hecha

por J. Guillen a sus treinta y cuatro años, es

poéticamente valiosa. Sería difícil mejorarla

en un marco tan estrecho como el verso de

nueve sílabas, que es el más semejante al

del original.

Quiero, para terminar, ofrecer una

muestra de crítica de una traducción técnica.

Son tan sólo unas líneas de una comunicación

al Consejo de Europa sobre protección

del medio ambiente. En realidad, se

trata de la comparación de tres versiones

del mismo texto, en alemán, francés e italiano.

Este procedimiento me parece útil

para la crítica de la traducción.

...Eindämmung und, soweit möglich, Ausschaltung

der schädliche Auswirkungen- des

technischen Fortschritts und ganz allgemein

der wirtschaftlichen und sozialen Tätigkeiten

auf die Umwelt, wobei nachteilige Folgen für

das Wirtschaftswachstum in Grenzen zu

halten sind.

...réduire et, dans la mesure du possible,

supprimer les effets nuisibles sur l'environnement

des progrès techniques et, plus

généralement, des activités économiques et

sociales, en limitant les effets de cette action

sur la croissance économique.

...ridurre il più possibile o sopprimere gli

effetti nócivi suiï ambiente del progresso

técnico e più in genérale délie attività economiche

e sociali, limitando gli effetti di tale

azione sull'incremento económico

Lo primero que se observa al comparar

los tres textos es una gran afinidad de

construcción entre el francés y el italiano;

no en el sentido de mayor proximidad

morfológica y sintáctica, que es natural entre

dos lenguas de la misma familia, sino

en cuanto a la estructura que se ha dado

voluntariamente a los dos textos. Parece

como si el italiano fuese traducción del

francés o viceversa. Ambos son mucho

más confusos que el alemán. Ambos tienen

ieronymus

Valentín García Ye bra

en común algún defecto grave de construcción,

que produce ambigüedad notable.

Comencemos por dividir los textos en

unidades lo más pequeñas posible.

1. En la línea primera, Eindämmung no

equivale a réduire /ridurre. Y no me refiero

al hecho de que la palabra alemana sea un

sustantivo, mientras que en francés e italiano

tenemos verbos. Sería un caso de

trasposición, perfectamente lícita al traducir.

Por lo demás, el infinitivo es una de las

partes nominales del verbo, y puede funcionar

como sustantivo, según indica el hecho

de que puedan anteponérsele artículos

y preposiciones. Me refiero a la falta de

adecuación semántica. Eindämmung se

deriva de Damm «dique». Se pone dique a

algo para contenerlo, para impedir su

avance; no para reducirlo: un dique puede

impedir el avance de aguas que no sólo no

se reducen sino que pueden crecer. La misión

del dique se cumple si las aguas,

crecientes o no, quedan detenidas, represadas.

El equivalente de traducción en

francés y en italiano habría sido, pues, una

palabra, sustantivo o verbo, que significase

«contener», «detener», no «reducir».

2. Entre el alemán «und soweit möglich»

y el francés «et, dans la mesure du possible»

hay equivalencia. Pero no la hay entre

estas dos expresiones y la italiana «il più

possibile», unida directamente a ridurre.

Tanto en alemán como en francés, la expresión

se refiere a la palabra siguiente:

Ausschaltung, supprimer, en italiano se refiere

a la anterior: ridurre

3. En alemán es totalmente clara la

construcción que refiere las «schädliche

Auswirkungen des technischen Fortschritts

und ganz allgemein der wirtschaftlichen

und sozialen Tätigkeiten» a «Umwelt»,

mediante la preposición auf: «auf die

Umwelt». En esta construcción se ve muy

bien que «die schädlichen Auswirkungen»

(«los efectos nocivos») son efectos del

«progreso técnico y, en general, de las actividades

económicas y sociales», y que

estos efectos nocivos dañan al ambiente.

En las construcciones francesa e italiana

se une el «ambiente» con el «progreso

técnico» de tal modo que parece tratarse

43


Sobre crítica de la traducción

del «ambiente del progreso técnico y de las

actividades económicas y sociales», como

si este progreso y estas actividades dependieran

gramaticalmente de «ambiente»,

y no de «efectos nocivos». Podría haberse

evitado la confusión mediante dos comas,

después de nuisibles / nocivi y de environnement

/ ambiente, «supprimer les effets

nuisibles, sur I' environnement, des progrès...»,

«sopprimere gli effetti nocivi, sull'

ambiente, del progresso...», o mejor aún,

ordenando de otro modo el párrafo,

«supprimer les effets nuisibles des progrès

techniques et, plus généralement, des activités

économiques et sociales sur I' environnement»,

y lo mismo en italiano:

«sopprimere gli effetti nocivi del progresso

técnico e, più in genérale, délie attività economiche

e sociali sull' ambiente».

4. No se ve razón para el plural francés

«des progrès techniques» frente al singular

alemán e italiano: «des technischen

Fortschritts», «del progresso técnico».

5. Tampoco hay total adecuación semántica

entre el alemán «ganz allgemein»

y el francés e italiano «plus généralement»,

«più in genérale», y no se ve razón para el

refuerzo de la expresión mediante «plus»,

«più»; tampoco es lógico en alemán

«ganz», porque la expresión «en general»

tiene la misma extensión que «totalmente

en general»; la adición de «ganz» a

«allgemein» no le añade semánticamente

nada; pero es una fórmula expletiva usual,

propia de la lengua, equivalente a «im allgemeinen».

En francés e italiano, la adición

de «plus», «più», establece una comparación

cuyo término no está claro.

6. En francés e italiano hay una reiteración

innecesaria de «effets» / «effetti», en

«limitant les effets», «limitando gli effetti»,

mientras que la redacción alemana usa,

con más propiedad, «Folgen» (consecuencias).

Nótese, de paso, la equiparación

del gerundivo francés y gerundio italiano

con el alemán «wobei...» + forma personal

del verbo; pero en ambos textos (que indudablemente

proceden uno de otro o de una

fuente común distinta de la del texto alemán;

de lo contrario, sería inexplicable la

coincidencia de «les effets de cette action»/

44

«gli effetti di tale azione», mientras que en

alemán se dice sólo «Folgen», sin nada

que signifique «de esta» o «de tal acción»,

dejando al lector que deduzca la causa o

causas de estas «consecuencias»); en ambos

textos, digo, se omite el calificativo de

los «effets» / «effetti», mientras que en

alemán se antepone a «Folgen» el adjetivo

«nachteilige» («perjudiciales»); con lo cual

resulta lógico el texto alemán, y no los textos

italiano y francés. Efectivamente, al

tratar de «contener» y, en lo posible, «suprimir»

los efectos nocivos del progreso

técnico y, en general, de las actividades

económicas y sociales sobre el medio ambiente,

se debe hacer lo posible para limitar

las consecuencias perjudiciales que dicha

contención o, en lo posible, supresión pueden

tener sobre el crecimiento económico.

Pero no se deben limitar los efectos o consecuencias

favorables sobre dicho crecimiento.

Los textos francés e italiano no distinguen

entre los efectos buenos y malos

de dicha contención o supresión.

7. Finalmente, tampoco hay equivalencia

entre el francés e italiano «en limitant»i

«limitando» y el alemán «wobei... zu halten

sind»; esta última expresión es más fuerte

que el gerundivo o gerundio románicos.

Una traducción más exacta sería: «al hacer

lo cual, deben limitarse...», que expresa un

apremio, una obligación, ausentes de

nuestro gerundio.

leronvmus ^.omplutensis

More magazines by this user
Similar magazines