Memorias de Nómada Numero 7

memorias

memorias nomada

de

Cultura y Arte Numero 7 - Ano 2


Porno, luego existo

En esta edición decidimos hablar de un tema que resultó ser más controversial y extenso de lo que

nosotros creímos: el porno. Sabemos que es un tema digno de desarrollarse en una enciclopedia de

veinte tomos, así que abordamos temas muy específicos que se relacionan con el big boss.

Lo primero fue encontrar datos y experiencias de primera mano. Mandamos a uno de nuestros

colaboradores a explorar en un sitio de proyección de películas para adultos. Jesús Cámara Ríos en la

H no es muda habla de su estudio de campo en la crónica “Una parada en el Salvador Carrillo”.

También buscamos a testigos del porno que nos hablaran de sus hábitos o veteranías más inusuales

aunque sea bajo el anonimato. En la entrevista “Me gustan tanto los hombres que me gusta ver sexo

entre ellos”, Yobaín Vázquez y yo, Katia Rejón, hablamos con dos chicas a quienes les gusta el porno

gay. Por su parte, Josué Tello Torres desde Quintana Roo nos comparte anécdotas y confesiones de un

adicto al porno en una entrevista titulada “De Tv notas al Camp 4 o cómo Nacho se ha adaptado a ver

porno”.

Yobaín Vázques Bailón escribe en Síndrome de papelera el artículo “La última barrera de la

intimidad” y propone que es la pasión lectora el verdadero misterio de los actores y actrices porno; en

Mal de puerco escribo acerca del concepto “pornográfico” y su evolución a lo largo de la historia: “La

pornificación de la cultura y la culturización de la pornografía”. Y Graciela Montalvo comparte

algunas estadísticas y datos curiosos acerca de esta industria.

En colaboraciones tenemos la alegría de compartir un texto acerca de los cuartos oscuros de Mérida a

cargo de Erik Uh Huchim. Y sobre la industria posporno en el artículo “Del porno para mujer al

feminismo que no existe” de Sergio Aguilar. Así como un texto del estilo Ego Sum Qui Sum (blog) de

Maik Civeira titulado “La bella y la bestia” que habla de las relaciones entre monstruos y mujeres en

el cine. Y un ensayo que tiene como hilo conductor la famosa frase de Internet: Send nudes, por Elías

Hernández Escalante.

Hoja de Arce presta sus páginas para el cuento “Un Miyagi del porno” del narrador Ricardo Guerra

de la Peña. Y en la sección de Galería presentamos el trabajo grotesco y asombroso del ilustrador y

escritor tabasqueño Carlos Dzul. Para las ilustraciones contamos con el valiosísimo trabajo de Magui

González Osés y sus trazos tan elegantes; Alejandro Doporto quien publica su trabajo en la página

Monstrozo Ilustración; y Luis Cruces Gómez quien es también nuestro artista de cabecera.

Los invitamos a probar, entonces, ¡nuestros servicios textuales!


INDICE

Una parada en el salvador Carrillo

Por Jesús Cámara Ríos B-----------------------------------------D P.2

La pornificación de la cultura

Por Katia Rejón B--------------------------------------------------D P.6

¡Send nudes!:EL porno sin artificio

Por Elías Hernández B---------------------------------------------D P.10

Los cuartos oscuros de Mérida

Por Erik Uh B--------------------------------------------------------D P.14

La última barrera de la intimidad

Por Yobaín Vazquez B----------------------------------------------D P.17

Galería

Carlos Dzul B-------------------------------------------------------D P.21

Un miyagi del porno

Por ricardo Guerra B----------------------------------------------D P.25

Del porno para mujeres al feminismo que no existe

Por Sergio Aguilar B---------------------------------------------D P.29

La bella y la bestia

Por Maik CIveira B--------------------------------------------------D P.34

Me gusta VER SEXO ENTRE ELLOS

Por Yobaín Vázquez y Katia Rejón B-----------------------------D P.40

Porno en cifras

Por Graciela Montalvo B-----------------------------------------D P.42

Del Tv notas al Cam4

Por Josué Tello B--------------------------------------------------D P.43


LA H NO ES MUDA

Una parada en el

Salvador

Carrillo

Por

jesús Cámara Ríos

Ilustración por

Luis Cruces

02


Recuerdo la primera vez que me topé con aquel

letrero. Iba en el autobús cuando vi la cartulina

naranja con el rótulo que anunciaba: “Hoy

películas para adultos. Funciones 7:25

y 9:00 PM. ‘Estrenos’ todos los martes

y viernes de cada semana”. Para entonces

aún era menor de edad por lo que sabía que ni de

chiste podría entrar por esa puerta. Hoy decidí asistir a

ver mi primera película pornográfica en un cine. Pasé

primero por un par de cigarros ya que en Internet

encontré una reseña escrita por un tal Alberto C. que

confirmaba que podía fumar dentro de la sala.

En la puerta del lugar (calle 56 por 57 y 55 del centro

de Mérida) lo único que te recibe es una placa de la

Sección 43 del Sindicato de la Industria

Cinematográfica (STIC) que afirma que el lugar se

inauguró en 1946 por el ex presidente Miguel Alemán

Valdés durante su gira de campaña rumbo a la silla

grande. Estaba apresurado por llegar puntual, como

cuando no te quieres perder los comerciales de la

marca de refrescos. Me dirigí a la taquilla. Para mi

sorpresa, otra cartulina avisaba que un día antes los

boletos habían aumentado diez pesos.

El taquillero detrás del vidrio me arrojó un pequeño

boleto amarillo sin mirarme a los ojos, mi nuevo

número de la suerte: 1728. Tomó mi billete de

Morelos y de la misma manera dejó caer una moneda

de cinco pesos como cambio. Antes de llegar a la sala,

una señora me pidió el ticket que acababan de

entregarme, lo partió en dos y me indicó el acceso.

Una sucia cortina de terciopelo color rojo quemado

era lo único que separaba a la realidad del centro de

Mérida del lugar más “under” al que he entrado.

Una vez dentro miré la gran pantalla que a primera

impresión se asemeja mucho a la de cualquier cine,

pero después de un segundo vistazo deja ver las

manchas y las sombras de las cuerdas que cuelgan del

techo. Caminando entre los pasillos y buscando una

fila que esté libre para evitar contactos incómodos me

di cuenta que muchas de las viejas butacas de madera

estaban rotas al igual que el cielo raso, que dejaba ver

la lámina de metal, lo único que evitaba la

clasificación de cine al aire libre.

Una vez que ubiqué el asiento adecuado, lejos de

cualquier individuo que pueda ver mi pequeña libreta,

me puse cómodo como De Niro en Taxi Driver, para

disfrutar del maratón de dos horas de sexo explícito en

la pantalla más grande en la que alguna vez haya visto

porno.

Doble traición era el título de la película. La historia,

si es que les importa, era la de un gran empresario que

no encontraba la felicidad en la monotonía de su

matrimonio por lo que se involucra con Monique,

futura esposa de su hijo Jules, mientras que éste la

engañaba con la secretaria de su padre, al mismo

tiempo que la madre engañaba al empresario con el

chofer. Tan increíble como un capítulo de La Rosa de

Guadalupe. Lo interesante es el poco esfuerzo que el

guionista tuvo que realizar, ya que puedo apostar a

que este artículo tiene más palabras que todo el

diálogo de la película sin incluir las palabras de

“cógeme” y “me vengo”.

El constante cambio de lugares de los más de 40

asistentes me hacía creer que era una obligación

moverte de tu asiento cada cinco minutos, pero yo

permanecí en mi lugar por un largo tiempo. Era difícil

concentrarme en la película con algunos sujetos que ni

siquiera tomaban asiento, a éstos los llamaré

“itinerantes” por su constante traslado a través de toda

la sala como si algo se les hubiera perdido.

03


Después de aproximadamente 45 minutos encendí el

primer cigarro, según yo, para matar el frío. Porque a

pesar de que la sala parecía estar en ruinas, tenía aire

acondicionado, o tal vez era el aire que traspasaba la

delgada lámina de metal que se encontraba sobre

nuestras cabezas. Hasta este momento todo procedía

con normalidad hasta que uno de los corpulentos

itinerantes entró a la misma fila de asientos en la que

me encontraba y se sentó solamente a un lugar de mí.

Como no estaba interesado en ningún tipo de oferta

sexual, seguí el sabio consejo de mi amigo Jorge: no

los mires a los ojos.

El libro Pornocultura de Naief Yehya cuenta que en

Estados Unidos, por ahí del siglo XIX surgieron los

stags, las primeras cintas dedeo pornográfico

grabadas en Francia. Eran vistos en clubes y

congregaciones masculinas. Los hombres

reaccionaban con humor y animados haciendo chistes

para diluir la tensión sexual que de otra manera, en un

lugar lleno de hombres, como en este caso, y humo de

cigarro podría adquirir un tono homoerótico. Pero en

este lugar no hay nada que diluir, pues los hombres

que van saben que es un lugar de encuentros casuales.

Evité hacer contacto visual con este individuo hasta el

momento en el que estiró el brazo con la intención de

llegar hacia mí. Sólo bastó rozar su dedo índice en mi

hombro para que le devolviera una mirada de

desaprobación y se pusiera de pie para continuar con

su búsqueda en otro sitio. A este punto ya tenía

bastante claro a qué se debía el desplazamiento, pero

fui firme ante mi decisión de chutarme las dos horas

en el mismo lugar.

La película era bastante explícita, no como las que

pasan en televisión por cable. Hubo sexo sin censura

en la cocina, en el baño, en el jardín, en la piscina, en

las habitaciones, incluso sobre la mesa de billar de la

casa de campo y todas las escenas estaban

acompañadas de un loop bastante pegajoso. Ya

cuando iba agarrando nuevamente el hilo de la

historia, otro itinerante más joven se sentó a unos

escasos cuatro lugares de mí y con la ayuda de mi

vista periférica pude notar su insistente mirada. Volví

al sabio consejo de Jorge.

La primera función terminó pero en cuestión de unos

15 segundos comenzó la siguiente función que en

realidad era la misma que acababa de ver. Me quedé

porque quería hacer valer en tiempo mis $45 pesos.

Encendí mi segundo cigarro y el joven itinerante

aprovechó el flashazo que mi encendedor provocó

para situarse justo al lado de mí. Decidí entonces

participar en el juego de las sillas y me fui a otro lugar

más cercano a la salida, y dejé rodar la colilla por el

pasillo sin alfombra. Ahí pude ver que las felaciones

en la primera fila inician durante la segunda función,

cuando los itinerantes han encontrado a sus presas.

Ya estaba a punto de irme cuando observé la intensa

luz blanca proveniente de un lado de la sala. Recordé

que alguien me dijo que el tour por el lugar no estaría

completo si no visitaba el baño, así que conté cuantos

entraban y cuántos salían. Cuando estuve seguro de

que no quedaba ni un alma en ese pequeño cuarto, me

apresuré a hacer de las mías.

El sanitario era muy parecido al de la escena de

Trainspotting en la que Renton se sumerge dentro del

inodoro, por lo que a ése le llamaré “El peor baño de

Mérida”. Era húmedo, apestoso a orines y con

teléfonos de aparentes pasivas decorando la pared

mugrienta. Quise lavarme las manos pero tanto los

lavabos como las llaves de agua parecían ser de

04


utilería.

Me dirigí hacia el sucio terciopelo rojo quemado para

salir del lugar, desplacé la cortina y volví a la realidad.

Antes de salir, me topé con la mujer que partió en dos

mi boleto, no pude con la curiosidad y le pregunté:

¿Siempre se repite la misma película en ambas

funciones? Su respuesta fue afirmativa pero me dijo

que cada día varía el erótico contenido audiovisual.

Sin duda el lugar es un tanto perturbador y no apto

para homofóbicos (y no me considero uno de ellos) ya

que aunque tu propósito sea ver una buena porno en

compañía de completos extraños no podrás evitar el

acoso de los otros asistentes que más bien parecen ser

residentes del sitio pues saben lo que van a buscar. Es

interesante que exista este tipo de lugares en la ciudad

pero descubrí que no son lo mío. Así que espero

aprecien este artículo como si fuera una crónica de

algún corresponsal de guerra, pues fue difícil

sobrevivir a las estrategias de los itinerantes en el

campo de batalla llamado Salvador Carrillo.

05


La pornificación

de la cultura

o la culturización de la pornografía

06


MAL DE PUERCO

El vídeo Side to Side de Ariana Grande y Nicki Minaj se

ha visto casi 748 millones de veces desde el sitio oficial

en Youtube. Comienza con un grupo de mujeres, entre

ellas la joven cantante pop, montadas en bicicletas de

spinning. La cámara enfoca sus nalgas de forma

intermitente mientras todas alzan el pecho y lo pegan al

manubrio y Ariana canta: I know you got a bad

reputation. Doesn't matter, because you give me

temptation (Sé que tienes una mala reputación. No

importa, porque me has dado tentación) Una cosa muy

poética. Después, aparece Nicki Minaje, the rap queen

como dice en la misma canción, sobre unas gradas vestida

con ropa interior roja. Su lírica es todavía más directa:

Ride dick bicycle (...) if you want a menage, i got a

tricycle. “Dick bicycle” significa según el Urban

Dictionary: cuando montas un pene como una bicicleta

durante mucho tiempo y después no puedes caminar bien.

“Menage” es un juego de palabras con (Nicki) Minaje y

ménage à trois que significa trío sexual en francés. Por lo

que podríamos traducir la estrofa como: si quieres un trío,

yo tengo un triciclo.

¿Podríamos clasificar esto como pornografía?

Vayamos por partes: Según Naief Yehya “el porno es la

representación visual o descripción explícita de los

órganos y prácticas sexuales enfocadas a estimular los

deseos eróticos del público” (Pornografía. Obsesión

sexual y tecnológica, 2012) sin embargo, también añade

que este género es por naturaleza contestataria, pues

únicamente tiene sentido al ser censurado. Cuando una

situación deja de ser inaceptable o prohibida, no hay

ninguna razón para definirla como porno. La televisión

abierta mexicana -y de prácticamente todo el mundo

occidental- censura por ley lo que considera

“pornográfico” pero transmite programas -incluso en

horario familiar- donde las mujeres aparecen en bikini,

haciendo ejercicio en tacones y minifalda mientras el

Ilustración por

Luis Cruces

07


camarógrafo no se pierde un segundo su trasero,

saltando sin razón alguna cuando tienen escote, y los

conductores u otras personalidades masculinas se

permiten alburearlas o incluso tocarlas. Este tema se

ha criticado desde la perspectiva feminista que acusa

a la misoginia de alentar este tipo de imagen

femenina, y aunque estoy de acuerdo en que la

industria televisiva ha explotado el “atractivo

sexual” de la mujer irresponsablemente, también

creo que en gran medida se debe a una pornificación

de la cultura. Como ejemplo, se me ocurre la

conductora Tania Reza del programa regiomontano

ATM que acusó a su compañero de tocarle un seno

en vivo y salió del set muy molesta. Después de

hacer una campaña a su favor en redes, se divulgó la

noticia de que había aceptado posar para Playboy, es

decir, para ella el hecho de que alguien la tocara sin

su consentimiento estaba en una dimensión

diferente a su libertad de posar desnuda.

El género pornográfico está constantemente

redefiniéndose desde la esfera legal, moral, política

e incluso intelectual. Pues es hasta hace poco, con

autores como el mismo Yehya, cuando se comienza

a abordar el tema desde una perspectiva teórica o

sociológica. Lo que en 1655 significó L'école des

filles -primera novela pornográfica- para París no es

ni de cerca lo que proponían los stags* de 1896

también en Francia, pues lo segundo que superaba

con creces la explicitud de lo primero donde todavía

se hablaba de decencia y honestidad, fue más

tolerado. Y aunque la condescendencia con las

imágenes y descripciones sexuales es cada vez más

grande, todavía genera efectos inquietantes en

sociedades como la nuestra, donde el sexo está en el

cine, la música, la literatura e incluso en la política,

y es el tópico favorito de la prensa sensacionalista.

Aquí mismo, en Mérida, existen organizaciones

religiosas como Semillitas de mostaza cuyo discurso

panfletario se centra en culpabilizar al espectador de

los crímenes sexuales del mundo. “Cada vez que ves

pornografía contribuyes a la trata de personas, al

secuestro y a la desaparición de mujeres y niños”,

sentencia su publicidad. En el libro Pornocultura, de

Naief Yehya el autor explica que los críticos de la

pornografía piensan que “el problema no es la

guerra, ni el racismo, ni la deshumanización de los

ocupadores, sino la pornografía y su mágico poder

de la corrupción”. Es precisamente la naturaleza

humana la que pone en riesgo cualquier tipo de

expresión cultural o social. Es cierto que la

pornografía se ha utilizado por milenios como una

herramienta de sometimiento, humillación y tortura,

pero también ayudó a erradicar tabúes, liberar el

placer, a guiar al lector por el territorio de la

sexualidad. Incluso para la mujer fue (o es) un

símbolo de rebeldía pues se muestran como seres

que desean el placer y disfrutan el sexo.

En la misma industria pornográfica hay directores

como Amarna Miller quien reivindica el consumo

de porno ético, y se preocupa por humanizar a los

trabajadores sexuales, para hacer contenidos que no

reproduzcan estereotipos de género, fomentar las

prácticas responsables y cuidar los derechos

08


humanos de todos los actores. “El cuerpo no se

puede comercializar porque es tuyo, va a ser tuyo

toda tu vida, lo que se comercializa es tiempo, el

tiempo que pasas trabajando con una productora o

alguien realizando x servicios sexuales” mencionó

en una entrevista en el marco del Valencia Sex

Festival 2016.

Por supuesto, esto no significa que no existan

empresarios del porno como Ignacio Allende

(Torbe), quien fue encarcelado recientemente por

abusos sexuales y trata de seres humanos. Y que no

haya cosas inaceptables como la pedofilia y el snuff,

y más recientemente el revange porn, fotografías y

deos sexuales colgados a la red sin el

consentimiento de las personas que aparecen en las

imágenes, que casi siempre son subidos por una ex

pareja resentida. Pero, otra vez: “El problema no es

la pornografía sino la naturaleza humana. Purgar el

mundo de la pornografía no es el camino de la

igualdad entre los géneros, por el contrario, sería

motivo de mayor ansiedad sexual y del

fortalecimiento de un comercio subterráneo de

imágenes pornográficas”, dice Yehya.

sexuales tienen un fuerte efecto en la sociedad. El

porno ha estado desde el primer día de la creación en

la imprenta, la fotografía, el cine, el vídeo, Internet y

muy posiblemente se encuentre en cualquier otro

invento que se cree en los tiempos por venir.

*Primeros filmes pornográficos que aparecieron

probablemente en Francia durante la última década

del siglo XIX.

La pornografía siempre se ha tratado de aquello que

podemos y queremos ver, no se puede pensar el

porno sin estos dos conceptos: el placer y la censura.

Por algo hay imágenes de pulpos penetrando a

colegialas asiáticas o zapatos siendo acariciados,

alguien las debe querer ver ¿o no? Hoy más que en

cualquier otro tiempo tenemos la libertad de elegir

lo que queremos ver. Y la proliferación de imágenes

09


Por Elías Manuel

Hernández Escalante

A Zygmunt Bauman, gracias.

¿Cómo se reformula esa


en la Era Afterpop?

Eloy Fernández Porta

Your nudes are safe with me.

Meme visto en internet

Ilustración por

Margarita Osés

¿Por qué las nudes tienen tanto impacto en nuestra sociedad actual? ¿Son una forma nueva de

sexualidad o de consumir pornografía? ¿Ambas? A través de las siguientes páginas nos

acercaremos a este fenómeno que hoy en día goza de una creciente popularidad en nuestra

cultura juvenil, millenial (como sentencian algunos), para analizar brevemente los mecanismos

sociales que funcionarían en el corazón de esta práctica.

10


ENSAYO

Las nudes consisten en el intercambio de fotografías

de cuerpo desnudo, con un destinatario específico, a

través de redes sociales, siendo Whatsapp la

plataforma más utilizada. Herederas de una serie de

cambios que la revolución del Internet introdujeron en

la sexualidad, tales como el showing vía webcam

(cybersexo mediante aplicaciones como Windows

Live Messenger o Skype), éstas guardan una ligera

diferencia con sus antecesores: mientras que las

primeros cumplían una función de exposición

exclusiva para un receptor y su guardado se hacía sin

el conocimiento de la persona implicada y se obtenía

con programas ajenos a la aplicación, las nudes sí

están hechas para exhibición y almacenamiento

exclusivo del receptor. Y pese a que esta dinámica

existe desde hace varios años, es hasta un tiempo

reciente que goza de un auge principalmente en

Facebook y Tumblr, así como un nombre masificado

a través de memes compartidos en estas páginas.

Ahora bien, para responder las preguntas planteadas al

principio, es preciso retomar al sociólogo Zygmunt

Bauman que, si bien no habla directamente sobre el

tema, elabora una abstracción bastante acertada sobre

nuestro panorama sociocultural que permitirá

acercarnos al análisis de este fenómeno.

En su libro Vida de consumo (2007), Bauman

describe la era del híper-consumo como una época

voraz de productos dotados de obsolescencia

programada, capaces de insertarse en los procesos de

construcción de la subjetividad, es decir, las

representaciones con que los sujetos entienden y se

sitúan en el mundo. En el consumo de una marca de

camisa, reloj, pantalón, etcétera, se sustituye la noción

de un yo construido con base en elecciones de

consumo por una supuesta materialización de la vida

interior; Bauman define este proceso como el

fetichismo de la subjetividad: desaparece todo rastro

de compra y el producto se adhiere como un rasgo de

identidad despojado de su condición de mercancía.

Los productos se rigen por una dinámica de desecho y

renovación: novedad, actualización, estreno,

satisfacción, placer, movimiento son valores

fundamentales que configuran al consumidor óptimo.

Así mismo, adquieren una dimensión esencial en la

constitución del sujeto, son eje central de la

idealización de sus aspiraciones, por lo que la

subjetividad también se adscribe a esta lógica

económica. Debemos renovar constantemente lo que

somos mediante nuestras elecciones de consumo,

como bien señala Bauman: “La sociedad de

consumidores desvaloriza la durabilidad,

equiparando lo “viejo” con lo “anticuado”, lo inútil y

condenado a la basura” (36).

Esta dinámica impacta en la capacidad relacional de

los consumidores. El “otro” toma forma de un

producto que debe satisfacer los estándares de calidad

del sujeto, los vínculos son reemplazados por redes

que facilitan el desecho de las interacciones fallidas.

Este proceso anestesia la angustia que genera la

complejidad de las relaciones humanas porque “la

precariedad, caducidad y revocabilidad de los

compromisos mutuos son en sí mismas una fuente de

peligros insondables” (145). El consumidor no puede

sentirse insatisfecho ni enfrentarse al conflicto y la

complejidad que devienen del encuentro con el “otro”,

porque escapan a su control, en un contexto que lo ha

vuelto soberano de sí mismo: vive en soledad.

Siguiendo estas ideas, observamos que el intercambio

de nudes sería una práctica sexual esterilizada, ya que

la interacción y el conflicto que deriva de las

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elaciones humanas se traslada al plano virtual, en el

cual, el sujeto, protegido por la opción del offline

instantáneo, evita la frustración de un encuentro

fallido, los accidentes, los olores desagradables, los

embarazos no deseados, preservando el placer. En ese

sentido, configura una sexualidad desprendida de la

generación de vínculos que Bauman describe como

una compra/venta donde los consumidores, exhibidos

como productos en el anaquel social, encuentran

satisfacción en relaciones líquidas, con fecha de

caducidad, que no producen vínculos que anclen al

sujeto a no vivir las múltiples experiencias que el

híper-consumo pone a su disposición.

Enviar y recibir nudes permite la multiplicación de la

experiencia sexual desde la comodidad del hogar, sin

la confrontación directa ni la angustia por el rechazo;

es una seducción cool que presenta una sexualidad

limpia, saneada, que comienza a ser percibida como

una alternativa para la práctica sexual casual.

Construida en torno a una manifestación narcisista en

la que él único contacto corporal existente es la

masturbación usando las imágenes recibidas. Sin

embargo, paradójicamente, el cuerpo adquiere una

dimensión de producto como el que comercializa la

pornografía, mientras que el porno en su carácter

tradicional produce masivamente cuerpos que serán

exhibidos para estimular el placer en miles de

personas, la nude permite la unicidad, el sueño de la

cultura híper-consumista: un producto único que

diferencie al consumidor de otros consumidores. El

cuerpo entra a una galería privada, personalizada, (en

el que se almacena para brindar placer sólo al

poseedor de la imagen) y puede desecharse en

cualquier momento, sin confrontaciones. Es un cuerpo

que se consigue en una negociación y se mantiene en

el anonimato debido a que es una de las reglas

popularizadas en internet, las fotografías no muestran

el rostro: el único que puede decodificar la identidad

de la persona es el receptor de las imágenes, lo que

personaliza y atomiza más el producto, ya que es

indescifrable por sí mismo.

Entonces, más allá de una nueva práctica sexual, ¿las

nudes son la expresión de la búsqueda del consumidor

de una pornografía “auténtica”? Eloy Fernández Porta

en libro Homo Sampler: Tiempo y consumo en la Era

Afterpop, escribe que el desarrollo de la sensibilidad

moderna en el siglo XX está basado en un

en el que se “expresa el

dolor por la pérdida de lo esencial junto con cierta

voluntad –nostálgica, meditativa o desgarrada- de

recuperarlo” (44) y genera una búsqueda por obtener

la naturalidad, lo anterior a la era tecnológica,

despojada de los artificios de las sociedades

industriales modernas. A pesar que Fernández Porta

ubica esta búsqueda en el arte y un contexto

específico, podemos encontrar resquicios de esta

sensibilidad en los sujetos de la era de híper-consumo

a través de su constante:

“búsqueda de calidad de vida, pasión por la

personalidad, sensibilidad ecologista, abandono de

los grandes sistemas de sentido, culto de la

participación y la expresión, moda retro,

rehabilitación de lo local, de lo regional, de

determinadas creencias y prácticas tradicionales.”

(Lipovetsky, 10)

Cada vez proliferan más artículos de origen natural en

envases biodegradables, se ofrecen servicios de

entretenimiento en el que se promete una experiencia

100% real, etcétera. Sin embargo, este encuentro es

ilusorio: “no hay tal cosa como un puro,

sino sólo un re-cuento, expresado, de manera

12


etrospectiva, en discursos civilizatorios, nacionales y

de todo orden (70); sólo se accede a ella a través de

una autenticidad falaz que es “un modo particular de

inautenticidad no del todo engañosa, que deja abierta,

incluso para el más desprevenido de los clientes, la

posibilidad del descubrimiento (72).

Esto es lo que subyace en el fondo del fenómeno nude,

una pornografía aparentemente despojada del

“artificio”. La naturalidad y la espontaneidad con la

que se presenta el producto colorean la ilusión de un

encuentro sexual auténtico, pero que activa los

dispositivos que mueven el engranaje

híper-consumista. El placer y la masturbación no se

encuentran rodeados por el halo de la desnudez

maquillada y planificada en un set de grabación, ni por

el voyerismo de un vídeo filtrado en la sección

amateur de una página pornográfica, sino por un

cuerpo expuesto en un chat privado, inmediato, que

muestra la intimidad de una persona accesible en la

realidad. Autenticidad falaz de una práctica sexual que

rompe el concepto de masturbación como un acto

sexual narcisista y la dispone como un simulacro

donde la desnudez ocurre “simultáneamente”, en el

momento, encubre la producción de

cuerpos-mercancía con las interacciones digitales en

el chat y la idea de una sexualidad que evoluciona con

la tecnología. Angustia suprimida, aceptación de la

nude como encuentro sexual que difumina la idea del

cuerpo como un producto y le devuelve su

individualidad, pero que en el fondo preserva esta

artificialidad que esteriliza las relaciones humanas.

Esto es lo que consolida su auge, el narcisismo sexual

se justifica con el reconocimiento ilusorio del “otro”

como sujeto dentro de un suceso pornográfico

“auténtico”.

cambios que la era de híper-consumo está desatando

en la vida subjetiva y social de sus actantes. Las

transformaciones de la sexualidad que se ven

reflejadas en las generaciones juveniles, a través de

imágenes compartidas en redes sociales, ilustran un

momento donde el consumismo está alcanzando un

punto crítico. ¿Qué nuevas prácticas se desarrollarán

en un futuro? ¿Es la nude el primer paso para una

sexualidad puramente digital? ¿Será aprovechado por

la industria pornográfica como modelo de negocio?

Hay que seguirle la pista a este fenómeno que, día con

día, se instala profundamente en la cultura y sus

diferentes medios de socialización.

Ilustración por:

Margarita Osés

29 años

Artista Visual

En conclusión, considero importante el análisis de los

13


Los cuartos oscuros

de Mérida

POR Erik Rodrigo

Uh Huchim

Sexo, clandestinidad y disfrute, así como éstas, hay muchas otras

palabras con las que se pueden relacionar los cuartos oscuros,

lugares que pueden verse como santuarios por unos y una

aberración por otros.

Los cuartos oscuros son sitios de encuentro sexual fortuito entre

hombres, en los cuales, se llevan a cabo prácticas como la

masturbación, el sexo oral o anal -con o sin condón-, el

voyerismo o el exhibicionismo. Generalmente se caracterizan

por ser espacios donde hay poca o nula iluminación.

14

Ilustración por

Luis Cruces


Se pueden clasificar de acuerdo a su forma de operar,

las cuales pueden ser abiertamente o de manera

encubierta. La primera refiere a sitios que se dan a

conocer como tales, lugares para tener encuentros

sexuales ocasionales, mientras las segundas necesitan

una fachada de otro establecimiento para operar, por

ejemplo, aparentar que son tiendas u hoteles. Esto

depende mucho del entorno donde se establecen ya

que a mayor represión de la sexualidad es probable

que no existan estos sitios o que actúen con mayor

discreción.

En Mérida los cuartos oscuros se sitúan dentro de la

ciudad y en su zona periférica, no descarto la

existencia de estos sitios en otros municipios del

Estado, pero por experiencia, sólo hablo de los de

Mérida ya que el único contacto que tenido con estos

espacios ha sido en esta ciudad.

Se pueden encontrar los dos tipos de cuartos oscuros

-aunque hay que señalar que preponderan los que

tienen fachada-. Estos sitios se distribuyen en diversas

zonas del municipio lo que influye en el costo de

acceso, las condiciones físicas del lugar (amplias,

pequeñas, más iluminadas que otras), el horario de

operación (si es todo el día o de noche) y el tipo de

gente de ahí acude. Estos sitios persisten debido a las

dinámicas, al uso y el significado que las personas le

otorgan.

En los cuartos oscuros van todo tipo de hombres,

gordos, flacos, musculosos, jóvenes, maduros,

lampiños, osos, casados, solteros, locales, nacionales,

extranjeros, de diversos estatus socioeconómicos,

heterosexuales, bisexuales, de lo que son de ambiente

gay y los que no son.

Más allá de estas tipologías, el acercamiento que he

tenido a los cuartos oscuros me ha permitido conocer

y entender lo que origina que los hombres acudan a

esos sitios.

Los motivos son diversos, uno de ellos es satisfacer

las ganas de tener sexo, algunos hombres que ahí

acudimos lo hacemos para saciar las ganas de un

encuentro sexual, el sitio permite contactar gente de

manera rápida, de que observen al momento de tener

sexo o simplemente mirar. En esa diversidad misma se

puede encontrar gente que va a tener sexo y ve al

cuarto oscuro como un sitio íntimo.

El otro aspecto que he percibido como recurrente es la

expresión de una sexualidad reprimida; muchos de

estos sitios, al contar con la fachada, permiten a los

usuarios poder mantener relaciones sexuales de

manera oculta ya que prevalece una regla implícita de

discreción: lo que pase en un cuarto oscuro ahí se

queda. Esto puede explicar el encontrarse con

hombres casados que buscan otras/nuevas

experiencias sexuales, personas de clóset o quienes

comienzan a experimentar su sexualidad.

Esta última característica adquiere otro significado

cuando enmarcamos a los cuartos oscuros en la ciudad

de Mérida. La otrora ciudad blanca se caracteriza por

ser aún conservadora, para muestra de ello, podemos

hablar de los datos de 2014 que ofrece la Comisión de

Derechos Humanos del Estado de Yucatán, quien

indica que los gays, lesbianas y población trans son el

segundo grupo más discriminado, otro ejemplo es la

participación de varios meridanos en la denominada

Marcha por la Familia en septiembre de 2016.

Las fachadas y la discreción implícita son un indicio

de la limitación a la sexualidad que aún viven los

15


hombres meridanos, ya sea por la orientación sexual o

el disfrute de comportamientos homoeróticos.

Considero que esta descripción de los cuartos oscuros

y de los hombres que ahí acuden da un acercamiento a

un tema que está presente en la sociedad meridana y

que no se toma con la seriedad que amerita. No se trata

solamente de hablar de espacios, sino de las personas

que están involucradas, algunos hombres que ven en

estos sitios escaparates para la expresión de una

sexualidad reprimida.

Abogo por la existencia de estos sitios ya que

permiten conocer más afondo la experiencia sexual de

las personas, sin embargo, por el contexto que Mérida

ofrece, no es posible que varios de estos sitios cuenten

con medidas sanitarias que propicien el desarrollo de

la vida sexual de manera segura.

16


Sindrome de papelera

La última

barrera

Por Yobaín Vázquez

de la

intimidad

¿Qué leerá un actor porno? Esta es una pregunta

que tal vez no se haya hecho nadie. Sabemos todo

de aquellos que usan su cuerpo para excitar a las

personas. Conocemos sus medidas y tallas,

cavidades y aguante. Con un gemido

identificamos a esa actriz o actor de nuestra

preferencia. Pero, ¿qué será de ellos cuando

terminan de fingir un orgasmo y se retiran a sus

casas para buscar, como todos, un momento de

paz? A mi se me hace más lujurioso imaginar que

un actor porno, rústico en pantalla, deslice sus

dedos en un libro de filosofía; y todavía más, que

una actriz porno, depravada y golosa en su

personaje, desgaste sus codos —que no sus

rodillas— leyendo intensamente a Dostoievski.

Estamos acostumbrados a pensar que lo

más íntimo de un ser humano es su desnudez y su

capacidad de realizar faenas sexuales. Pero no es

cierto. El cine y la televisión, no solo la

pornografía, se han encargado de rechazar esta

idea. Ante la menor provocación se realizan

desnudos “artísticos”, cachondeos que no

aportan nada a un argumento y escenas sexuales

que dicen poco de un personaje o la situación que

se desarrolla. Da lo mismo si alguien se masturba

o come cereal, el sexo dede ser provocación.

Por eso, resulta más enigmática y escandalosa

una fotografía de Marilyn Monroe absorbida por

la lectura en su biblioteca, que aquella imagen

icónica en la que está completamente desnuda.

Entonces, conocidos ya todos los perímetros

genitales de los actores porno y conocidas ya

todas las posturas exóticas provenientes del

Kamasutra, la última barrera de la intimidad está

en conocerlos abriendo libros en vez de sus

piernas. Me complace más la idea que esos

sillones donde dan volteretas y maromas, se

convierten en asientos acogedores para pasar un

buen rato con la compañía de un libro. Si yo fuera

un guionista de cine porno, iniciaría una escena

así: “interior-sofá-noche. Luces tenues-actor en

piyama-lee Lolita de Nabokov”. Aunque, a decir

verdad, creo que hartos de tanta sensualidad

cotidiana, los actores porno no les apetece leer

novelas eróticas; al menos no buscando lo que los

lectores comunes: satisfacer la necesidad básica

de cumplir fantasías sexuales.

No se crea entonces que un actor porno

solo es una máquina para follar. Actualmente han

sobresalido unos cuantos por su capacidad de

reflexionar la industria en la que trabajan y

17


18


omper tabús o estereotipos de su profesión. Ahí

está, por ejemplo, Lorelei Lee, guionista y

codirectora de la película About Cherry. Según

una página de internet, esta actriz está

preparando un libro de poesía y una novela. Más

conocida es Sasha Grey por su libro La sociedad

de Juliette. Cabe destacar que existen muchas

actrices que se consideran feministas, por lo que

infiero deben haber leído por lo menos a Virginia

Woolf. En cuanto a hombres, está Colby Keller,

actor porno gay, antropólogo y marxista.

Generosamente donó su biblioteca al Museo de

Arte Contemporáneo de Baltimore. Marx estaría

orgulloso de él.

Si ya comenzamos a ver a los actores

porno como seres humanos que también leen y

tienen preocupaciones intelectuales, por qué no

somos justos y nos preguntamos, ¿qué películas

porno verán los escritores? Sabemos que Naief

Yehya, por sus estudios sobre el tema, tuvo que

ver —el pobrecito— miles de videos

pornográficos. Por esa razón, yo nunca lo

saludaría de mano. ¿Y los demás? Fantaseemos

con lo siguiente:

Elenita Poniatowska tiene una gran

colección de porno lésbico. Y no solo eso, sino

que además es productora y guionista encubierta.

Alberto Chimal ve porno raro japonés, en

el que las mujeres son penetradas por pulpos y

anguilas.

Mario Vargas Llosa se deleita con porno

incestuoso. Es fan de títulos como “Sexo con la

tía” o “A la prima se le arrima”.

Ángeles Mastretta secretamente observa

porno exclusivamente heterosexual en el que

solo se permite la posición de misionero.

Carlos Cuauhtémoc Sánchez es asiduo a

cines porno en los que dan funciones para

pervertidos: coprofilia, necrofilia y bestialismo.

Los moralistas siempre son los más puercos.

Me han contado que gente sin un brazo o

una pierna aprovechan sus muñones como

miembros de penetración en algunas

producciones sicalípticas. Mario Bellatin debe

saber algo de eso.

Cristina Rivera Garza ve Alt Porn, y su

mayor anhelo es filmar películas como “Orgías

en La Castañeda” y “Nadie me verá gemir”.

A Carlos Velázquez le encanta ver

transexuales sodomizando a machos norteños.

Y Guadalupe Nettel ve porno gay nomás porque

sí.

Jorge Volpi tiene cara de perverso. Me

atrevo a decir que de vez en cuando le echa un

ojo a películas de colegialas calientes.

Juan Villoro posiblemente se excite con

lluvias doradas, besos negros y fisting. O puede

que sea más afín al sexo interracial.

Margo Glantz, para no quedarse atrás,

solo ve porno por convivir, pero curiosamente es

porno para judíos.

Lo que es peor, ¿cuántos escritores

tendrán un video en los que se les vea

manteniendo relaciones coitales? En la

Universidad bromeábamos diciendo que Michel

Foucault aparece en una película porno BDSM

19


con un traje de cuero y siendo placenteramente

castigado. Solo sería cuestión de saber ver. Pero

seguramente también habrá uno de Simone de

Beauvoir practicando una felatio a Sartre. O

Gabriel García Márquez tirándose a la Gaba.

Imagínense a Carlos Fuentes en tanga, recostado

en una cama cubierta con pétalos de rosa y

haciéndole señas a Silvia Lemus para iniciar una

noche romántica. O José Emilio Pacheco

amarrando a Cristina Pacheco en la cama. A mí se

me hace que Tryno Maldonado tiene sexo en chat

con Daniel Saldaña Paris. No sé. A lo mejor

Valeria Luiselli le manda nudes a Álvaro Enrigue

cuando se siente sola.

Las posibilidades son infinitas. Haría

falta un libro en el que los actores porno revelen

sus lecturas favoritas y los escritores sus

películas porno predilectas. Idea millonaria. El

libro de marras se llamaría ¿Quiúbole con el

porno? Pero dudo que Yordi Rosado se atreva a

hacerlo. Es un escritor teto que apenas sabe de

sexo entre pubertos.

Ilustración por:

Alejandro Doporto (Mérida, 1990)

FB: Monstrozo Ilustración

@monstrozo.ilustracion

20


GALERÍA

CARLOS DZUL

CHANGOSPERROS

21


Escritor y monero, Carlos Dzul

retrata a través de diferentes

disciplinas un mismo mundo, el

de lo ilógico y lo cotidiano.

22

Su trabajo como monero

(ChangosPerros) ha sido

definido como "un juego con la

estética de lo grotesco", según

Enrique Urbina (Tierra

Adentro). Por otro lado, su

estilo narrativo coincide con las

historias de crisis, estrés y lo

absurdo de la sociedad, en sus

historias, historietas y fanzines

tanto como en sus dibujos el

espectador puede sentirse

identificado e incómodo al

mismo tiempo. La narrativa

gráfica de Carlos Dzul puede

sostenerse en la estructura

normal, cotidiana y al mismo

tiempo evocar a la locura.


23


24


HOJA DE ARCE

—Buenas tardes, iniciamos el viaje hacia el destino

que marcó en su celular. Tendrá que disculparme, el

último pasajero agarró la última botella de agua.

Ponga lo que quiera en la radio, también cuento con

cable auxiliar.

— ¿Lo que quiera escuchar? — contestó

sorprendido el pasajero.

— Sí, usted decide qué escuchamos durante el

trayecto.

—¿Lo que sea?

— Claro, con confianza.

— Se lo agradezco, traigo un resfriado espantoso.

Al chofer le extrañó el comentario pero no quiso

indagar. El pasajero conectó su celular y de las

bocinas salieron fuertes gemidos.

—¿Pero qué le pasa? Gritó el conductor, apagando

de un golpe el estéreo.

— Usted me dijo que podía escuchar lo que

quisiera.

—¡Eso parecía una orgía!

—Tiene buen oído, en efecto es una orgía,

Interracial Small Asian Big Black Cocks Hardcore

Gangbang, para ser exactos. Cinco negros contra

una chinita, si mi oído no falla.

— Está usted enfermo— dijo asqueado

el chofer.

— Sí, como le digo tengo

mucha gripa, por lo que debo

escuchar tres Gangbangs al

día, entre más intensos los

chillidos mejor. La mezcla

de una pequeña asiática y

un grupo de negros es lo

más recomendable.

— Me refería a otro tipo

de enfermedad.

El conductor sabía que el

viaje le iba a dejar dinero suficiente para dar por

terminado el día. Sólo necesitaba soportar al loco

un rato, seguirle el juego.

—Está bien, lo que el cliente pida— dijo

encendiendo nuevamente el estéreo.

Estuvieron algunos minutos sin dirigirse la palabra.

Los alaridos de la china y las maldiciones de los

negros sonrojaron al conductor hasta sentir que su

cara hervía. Al poco rato, el sonido de las múltiples

penetraciones y los berridos casi animales,

comenzaron a cosquillearle dentro de la bragueta,

haciéndolo sentir culpable y humillado.

—¿Cómo ha estado? — Preguntó sin más el

pasajero.

«Qué fresco», pensó el conductor, «no tiene

vergüenza». Pero cualquier cosa era mejor que

seguir concentrado en los gemidos.

—Qué le digo, sin parar de trabajar— contestó

impaciente.

—Yo le pregunté cómo se ha sentido.

La insistencia enfadó al chofer, aunque en el fondo

se sintió agradecido. No recordaba la última vez

que se lo preguntaron. Después del divorcio todas

sus supuestas amistades se pusieron de lado de su

mujer.

—Triste— «No tengo por qué ocultarle la

verdad a un loco», reflexionó.

—¿Y está bajo algún tratamiento?

—Antidepresivos, como todo mundo.

—Pues qué ganas de gastar la

de todo mundo. Yo le

puedo recetar el

25


porno indicado que le ayudará más que cualquier

medicamento. Para la depresión no hay nada mejor

que escuchar un video de Bukkake antes de cada

comida. Los puede encontrar en miles de sitios.

Búsquelo en Xvideos, Xhamster, Xgogo, Xnxx…

por mencionar nada más las que comienzan con

equis. Estos sitios son gratuitos, jamás se debe

pagar por porno, es totalmente innecesario. Hace

unos meses, durante el tiempo que me cortaron el

internet de la casa, me masturbé viendo un gif

—confesó orgulloso el pasajero, como quien

cuenta sus hazañas en el campo de guerra.

«¿Qué se fumó este, Güey?» meditó el chofer, pero

al observarlo no encontró nada inusual en sus

pupilas.

—Cuando de pequeño, — prosiguió el pasajero —

mi papá guardó bajo llave sus Playboy, comencé a

rentar las National Geografic de la biblioteca del

colegio, pero no pude continuar haciéndolo porque

mi ejemplar favorito, “Sexualidad en la

prehistoria”, lo entregué con las hojas pegadas y me

vetaron de la biblioteca para siempre. En ese

entonces pasé meses masturbándome, leyendo, una

y otra vez, la palabra vagina y su definición en el

diccionario. También pene una que otra vez; no nos

hagamos, en el porno nuestros gustos jamás están

totalmente definidos.

—Sí, lo que usted diga— contestó hastiado el

chofer, quien ya consideraba abortar la misión para

largarse a casa.

—Pero como le decía, le recomiendo ampliamente

su dosis de videos Bukkake al menos tres veces al

día. No hay nada mejor para combatir la

infelicidad. Aunque debo advertirle que, como

cualquier medicamento serio, existen efectos

secundarios. En este caso, los videos de Bukkake

suelen ocasionar intolerancia a la lactosa.

—De verdad que tanta chaqueta te dejó frito el

cerebro.

—Todo lo contrario, me ha mantenido sano y

cuerdo. El porno tiene muchas propiedades

medicinales, aún sin acompañarlo con la

masturbación. Es la piedra angular de mi rutina

para alcanzar la perfecta estabilidad.

—A ver, cuénteme— dijo el conductor con malicia;

buscando divertirse con la historia de alguien

claramente más desgraciado que él.

—Todas las mañanas al despertar veo un video

amateur para mantener los pies sobre la tierra, y

agradezco al porno por un nuevo día para aprender

y perfeccionar mi sabiduría. Rezo por todas esas

almas sin Wifi o bajo regímenes políticos ultra

conservadores. Pido también por aquellos terribles

seres que impusieron los cuadritos de censura en

los genitales del porno japonés y por quienes

fomentan la ley que obliga a los actores porno a

usar condón en los videos.

—No pues, ¡qué dadivoso! — espetó el chofer.

Como si no lo hubiera escuchado, el pasajero

continuó.

—Además de la parte espiritual, este estilo de vida

requiere de un cuerpo sano, por lo que a diario me

ejercito viendo un video de Mandingo Huge

Monster Cock, para aumentar mi masa muscular.

Cabe mencionar, que puede ocasionar complejos y

baja autoestima, pero al menos no reduce el tamaño

del pene como los esteroides. Terminando mi rutina

de ejercicio veo sin falta un video de Squirt, dos

cuando es un día caluroso; es excelente para la

26


deshidratación, aunque en exceso suele subir el

azúcar y provocar eructos. No necesito explicarle

porque no hay nada mejor que ver Food Porn para

el desayuno. Después procuro llamar a mi madre,

pero muy rara vez me contesta. He querido

recetarle un buen Hentai para superar la muerte de

mi padre, pero me lo toma a mal. De cualquier

forma, si no logro hablar con ella, lo sustituyó con

un buen video Milf.

—¡Todo un Miyagi del porno! — interrumpió el

chofer, mientras que en el fondo la china daba

arcadas, respiraba profundo y volvía a atragantarse.

—El resto del día lo paso trabajando como

vendedor en una Sex Shop, en la que amenacé con

renunciar hace tiempo, pero finalmente me dieron

la clave del internet y aceptaron mi petición para

ir, cuando menos, cinco veces al baño.

Humildemente, no creo que hubieran podido

encontrar a nadie mejor. Por la noche, al llegar a

casa, agradezco a mis Diosas por su protección y

dones infinitos.

— ¿Pornstars? — intentó adivinar el conductor.

—Sí, las más grandes desde tiempos de Hugh

Hefner.

—¿Y a poco no se le antoja cogérselas en el mundo

real?

—De eso vengo.

—¡Ah, chingá! ¿Y cómo está eso? — rio el chofer.

—Ahorita en el hotel donde me recogió se llevó a

cabo una convención porno. Fueron las pornstars

más aclamadas del momento; también veteranas

que gracias al éxito de las Grannys han seguido en

la industria.

—¡Se cogió a una pornstar! — jubiloso dio dos

fuertes palmadas en la espalda del pasajero. En las

bocinas la china suplicaba que le rompieran el culo.

—Permítame le cuento— el pasajero lo apartó

amablemente, como si tranquilizara a un niño

entusiasmado.

—¡Arránquese, Miyagi!

— Nikita Von James me ha traído loco desde hace

años. Mi familia es propensa al cáncer de garganta,

enfermedad por la que falleció mi padre, pero el ver

la maestría de los deep throats de la rusa, y el

escucharla atragantarse con las vergas más

imponentes del universo, estoy seguro, me ha

mantenido lejos de padecer esa terrible

enfermedad.

Al escucharlo, el chofer se acarició nervioso la

27


garganta, había oído varias veces que la tristeza

facilitaba la aparición de tumores malignos.

Recordó cuando su esposa le dijo que su depresión

no solamente había arruinado su matrimonio sino

que, de seguir así, terminaría matándolo.

—Había mucha gente gritándole obscenidades y

todos se me metían en la fila. Yo esperaba paciente

para que me firmara un DVD que robé, porque

como le dije, nunca se debe pagar por porno. Los

aficionados intentaban manosearla cuando llegaba

su turno y le gritaban a coro que enseñara las

chichis o engullera los enormes dildos de látex que

le agitaban frente al rostro. Yo me mantuve

contemplándola en silencio durante horas, con todo

el respeto y admiración que semejante monumento

se merece. Entonces, ante la mirada atónita de la

multitud, se levantó de la mesa de autógrafos y

camino hasta mí. Al escucharme halagarla en ruso

se emocionó mucho. Soy poliglota, nunca tome

clases, aprendí de los videos porno. Al despedirse

descubrí que en el DVD además de su autógrafo

dejó escrito el número de su habitación.

—¡Ya chingó, pinche Miyagi! — festejó soltando

peligrosamente el volante para aplaudir como una

foca.

—Cuando llegué a su habitación me recibió con

una lencería bellísima, un clásico de sus videos. He

inmediatamente se arrodilló para sacarme la verga

y hacer su famoso deep throat, pero le pedí que se

detuviera.

—¿Le daba pena que se la vieran chiquita, Miyagi?

—Para nada, me mide el promedio mexicano. Mire

le puedo mostrar— y comenzó a desabrochar su

cinturón.

—No mames, cabrón, ni se te ocurra o te meto un

vergazo, mejor sigue contando— dijo riendo,

tratando de disimular su sonrisa, que ya sentía

desmesurada. Los negros comenzaron a chillar casi

tan agudo como la china.

—Le pedí que se desvistiera y se masturbara sobre

la cama. Yo me senté en la silla e hice lo mismo

hasta que me vine. Le agradecí y me fui.

—¿Neta no la tocaste?

—Para nada.

—¡Qué huevos, Miyagi, yo no habría podido

aguantarme!

—La paciencia es algo que se alcanza eyaculando

hasta el final de una película porno de una hora,

cuando te quieres venir desde el minuto tres.

—Lo voy a intentar. Dijo solemne el chofer,

haciendo una pequeña reverencia con la cabeza.

—Ya llegamos, aquí es donde me bajo.

— ¿Qué? no, aguanta… La china ruega que se

vengan en su cara ¿Podemos esperar?

28


Del porno para mujeres

al feminismo que no existe:

¿Qué es la pornografía feminista?

Por Sergio Aguilar Alcalá

Por si no fuera suficiente el enorme lastre y

prejuicios con los que carga la industria

pornográfica, uno creería que con la liberación

sexual de los años 60, y con lo que se le conoce

segunda ola de feminismo, se comenzarían a

terminar algunas de esas inquisiciones.

Sin embargo, hacia los años 80, en Norteamérica

comenzó a ponerse de moda un feminismo

anti-pornografía que dejó tantas

desproporciones y manipulaciones emocionales

(como las de Andrea Dworkin) hasta

interesantes argumentos con los cuales se puede

generar un más nutrido debate académico

(Sheila Jeffreys). Estas feministas, y otras dentro

y fuera de las universidades, comenzaron a

perder fuerza hacia principios del siglo XXI,

poco antes de la aparición de lo que tal parece su

opuesto: la pornografía feminista. Porno para

mujeres es el libro pensado como manifiesto del

movimiento, escrito por Erika Lust (2009) y en

el que justifica el fin último del cine que hace:

“Las mujeres debemos tomar medidas

inmediatamente y empezar a cambiar la visión

que los hombres han impuesto del sexo a través

del cine X. De lo contrario, las nuevas

generaciones sólo tendrán acceso a su visión,

más bien pobre, de la sexualidad” (2009:15).

Quizá el antecedente más directo a este

tipo de porno sea Candida Royalle, que durante

los 90 producía películas en las que las mujeres

eran las protagonistas, buscaban satisfacción

sexual en una trama donde impregnaba el

romance y la sensualidad más conservadora.

Tristan Taormino desde finales de los

años 90 y principios de los 2000 conjugó sus

habilidades como educadora sexual y activista

feminista en la producción de

películas-manuales, en las que ella misma

aparece, enseñándole a parejas las mejores

prácticas de sexo oral, sexo anal, BDSM,

eyaculación femenina, juguetes sexuales, etc.

Erika Lust comenzó a hacerse popular

con su primer largometraje, un documental sobre

el comportamiento sexual, Barcelona Sex Project

(2008), y desde 2013 produce una serie de

cortometrajes basados en fantasías sexuales que

le son enviadas a través de su sitio web

(XConfessions). Además de Porno para mujeres,

ha publicado otros libros sobre sexualidad y

29


30

pornografía, destacándose Cómo rodar porno

(2014), que constituye un manual para preparar

un rodaje de una escena XXX. Pero, ¿qué es lo

que hace a la pornografía feminista eso

precisamente?

En Life Love Lust, (2010), Erika Lust

rodó una escena entre un actor joven y una mujer

un poco mayor de edad que él. La iluminación y

colores de la habitación eran tonos cálidos. La

cámara omnisciente registraba tomas

prolongadas y móviles, privilegiando close ups a

los rostros. No habían diálogos propios de la

pornografía hardcore mainstream (PHM, la

mayor parte de la que se encuentra en los más

conocidos sitios web de alojamiento de videos,

como Pornhub, Xvideos, Xnxx, etc., donde

usualmente el hombre da órdenes y la mujer

obsesivamente indica su satisfacción por el

acto).

Pero en la escena rodada por Erika Lust,

era particularmente interesante cómo la puesta

en escena de los actores (su posición durante la

acción) respondía a un sentido sumamente

distinto del PHM: en un momento, la mujer se

recuesta sobre la cama y el hombre está encima

de ella perpendicular al colchón. Él coloca sus

brazos a un lado para recargarse mientras el acto

continúa, pero sus brazos obstruyen ver los

genitales de ambos. Aún así, la cámara no se

mueve y la toma se prolonga hasta que los

actores deciden cambiar de posición.

Esto podemos compararlo con una

escena del PHM en la que la mujer de pie se

recuesta en una mesa y el hombre la penetra por

detrás. La cámara se pone a un costado de

ambos, y él empuja con una mano su nalga

mientras aleja un costado de su cadera, para que

así la cámara registre con facilidad la

penetración. Siendo evidente que no tienen esa

posición de caderas, brazos y piernas por

comodidad sino para la cámara, es decir, la

puesta en escena actoral está en función del

espectador implícito que verá la cinta, la

pornografía feminista apuesta por un mayor sentido

de realidad en el que parece que ese espectador

implícito se niega, o al menos, la cámara establece

un diferente contrato de complicidad.

Esto no significa que la pornografía

feminista trata de ocultar el acto: lo que hace es

invertir la lógica de producción y recepción del

mismo. En el cortometraje We know you are

watching (2013, también de Lust), una pareja invita

a su vecina del edificio en frente a que se una a ellos

en un trío. Cuando su vecina cruza la calle, entra al

departamento y comienza a desvestirse, la

proporción de aspecto de la pantalla se amplía,

permitiendo mayor campo de visualización, es

decir, espectaculariza el acto. Con poca

profundidad de campo en primeros planos

(enfatizando los rostros), prolongadas tomas y

cámara móvil, la pornografía feminista propone un

nuevo sentido para ver la sexualidad.

La pornografía feminista se ha llevado a

otros terrenos, como las películas y series omnibus

(hechas por varias directoras) hechas con

inspiración en la búsqueda de esta nueva

representación de la sexualidad (Dirty Diaries,

2009, producida por Mia Engberg; o X Femmes,

producida por Canal+ entre 2008 y 2009). También

tiene su propia entrega de premios, los Feminist

Porn Awards.

La pornografía feminista se enmarca en lo

que se conoce como feminismo de tercera ola: la

primera de ellas fue a finales del siglo XIX y

principios del XX, con la búsqueda de igualdad de

derechos políticos (poder votar y ser votadas, entre

otros); la segunda hacia los años 60, con la

búsqueda de derechos y reconocimientos sexuales

(píldora abortiva, apertura en venta de condones); y

en esta tercera ola podemos encontrar un

cuestionamiento a la concepción binaria de la

sexualidad, gran influencia de los movimientos


artísticos, políticos y teóricos queer. Entre los

varios retos y críticas a la pornografía feminista,

habría que mencionar:

1. Querer eliminar prácticas sexuales por

considerarlas denigrantes (cachetadas, nalgadas,

golpes, escupitajos), ¿pero hasta dónde se pone

el límite de aquéllas que se quieren y pueden

eliminar?

2. Querer resignificar toda la pornografía

imponiéndole un aura de mayor respeto hacia la

mujer rayando, en ocasiones, en la obsesiva

búsqueda de un espectáculo romántico, ¿pero

qué pasa con aquéllas prácticas de sexo no tan

convencional, algo tan simple como un acostón

de una sola noche con un extraño, por el que la

audiencia puede sentirse mucho más atraída y

que también algunas mujeres reclaman como un

proceso de liberación sexual de la mujer?

3. Querer captar públicos acostumbrados a la

PHM con un lenguaje menos violento u hostil,

¿pero qué pasa con aquéllas realizadoras y

realizadores cuyo discurso y objetivos son

abiertamente hostiles, como los videos de

mujeres que se masturban estando en días de

menstruación y embarran su sangre por el cuerpo, o

el porno vegetariano, donde las actrices se

masturban con frutas y verduras, y que pueden

derivar en el alejamiento o repudio de estas

prácticas pornográficas?

La pornografía feminista expresa un

mensaje de resistencia. Este mensaje puede ser

paradójico a simple vista, como en cortometrajes en

los que mujeres piden ser nalgueadas o atadas con

correas, pero la clave es la lógica con la que se

producen estos contenidos, que dista por mucho de

las condiciones conservadoras -por no decir

machistas o misóginas- de las productoras de PHM.

La propia Erika Lust relata cómo le ofrecieron

trabajar en un departamento de reciente creación de

“porno para mujeres” en una productora tradicional,

pero declinó la oferta sin pensarlo cuando supo que

a quien pusieron a dirigir el departamento era un

hombre. Así como la industria pornográfica hecha

por y para hombres ha usado a la mujer como su

objeto de masturbación, del mismo modo lo pueden

hacer las mujeres, como es referido en el

cortometraje Dildo Man, dirigido por Asa Sandzén,

que aparece en Dirty Diaries, una animación en la

31


que una mujer en un club de table dance agarra a un

hombre en miniatura y se masturba con él.

La inscripción de la femineidad en la

relación sexual debe entenderse desde la máscara,

aquella serie de lógicas con las que se objetiviza a la

mujer y que la pornografía tradicional sabe explotar

muy bien. Categorizarlas por su edad (MILFs,

Teens), o segmentarlas por una parte del cuerpo

(Pechos grandes, Traseros grandes) es uno de los

modos en los que se manifiesta el uso de la mujer

como juguete sexual. Sin embargo, debemos

recordar, siguiendo la práctica psicoanalítica, que

nunca nos relacionamos con el otro de modo

transparente, sino que siempre lo hacemos mediados

por el Otro -con mayúscula.

Ni en una relación sexual, ni entre hombres

con mujeres o mujeres con mujeres u hombres con

hombres, nos relacionamos a plenitud, sino que lo

hacemos en función de usar al otro como

complemento. Estar conscientes de esta situación y

usarla a favor es justo lo que hace la pornografía

feminista, al poner el goce femenino en primer lugar,

tema casi tabú, por poco frecuente, en la PHM.

Elizabeth Wright (2004:50) comenta, respecto a esta

situación: “La trampa en la que cae el feminismo es

interpretar este engaño como una dominación

meramente patriarcal, cuando el desafío es entrar y

tomar parte en la actuación”.

Esta mascarada es el modo en el que ha

funcionado la presentación de la mujer en el cine

desde la época clásica de Hollywood. Es aquélla

figura vista como objeto de deseo que nunca se

presenta como es, sino que se presenta a modo: en

Sucedió una noche (Frank Capra, 1934), no se

presenta ella sino su tobillo, para detener un auto en

la carretera.

32

Al hacernos conscientes de que todo el

tiempo estamos usando esta mascarada es como

alcanzaríamos una posición ética para

desenvolvernos en nuestras relaciones con el otro.


En Dirty Diaries, de nuevo, uno de los más

complejos y contestatarios segmentos es For the

liberation of men, en el que tomas de primeros

planos de una mujer anciana se cruzan con un

travesti en medias y peluca que se masturba. La

liberación de las mujeres no viene sola: está

acompañada de la liberación de los hombres. El

cuestionamiento a la identidad y representación

sexual de la mujer viene con el del hombre, y en

ese sentido, quitarle las cadenas a las mujeres es

quitarse también la de los hombres. Como dice

Carig Owens (1998:100): “lo que debemos

aprender es cómo concebir diferencia sin

oposición”.

El lector podrá ver la pornografía

feminista con esperanza o con escepticismo,

pero para tener una mayor comprensión de la

complejidad y variedad del fenómeno, bastará

recordar que no existe el feminismo, sino los

feminismos: lejos de ser un movimiento vertical,

unidireccional y con líderes a la cabeza, el

feminismo es un estilo de vida y lente para leer

el mundo. Podemos decir que todos los

feminismos comparten la tesis de que la mujer se

encuentra en el mundo occidental actual en una

situación de franca desventaja en muchos

sentidos frente a los hombres, pero los distintos

modos de leer el feminismo discrepan

enormemente en los modos en los que esa

situación se debe revertir (del mismo modo que

comparten tesis pero discrepan en su accionar

los anarquistas, marxistas o libertarios).

Jacques Lacan, en su seminario XX (1999),

regresa a la locución de que “La mujer no

existe”. Se refiere Lacan a que “La mujer”, en

mayúsculas, como constructo del inconsciente,

no existe, sino que existen “las mujeres”, cada

una en su individualidad. Decir que “las mujeres

siempre son así” cuando nos enfrentamos a

alguna situación frustrante podrá ser material

para algún buen chiste, pero es evidente que no

corresponde con otorgar a las mujeres su sentido

de individualidad, y seguir viéndolas como un bien

de intercambio sin mayores diferencias entre sí que

las monedas de nuestro bolsillo.

Por todo esto es que tampoco nadie puede

declararse con la bandera del “verdadero”

feminismo, pues tal cosa como el Verdadero

feminismo, no existe. Y en ese sentido, las variadas

prácticas de Candida Royalle, Erika Lust, Tristan

Taormino o cualquier otra directora o director que

declare que hace pornografía feminista bien puede

ser pornografía feminista. Al quien le queda juzgar

es al espectador de la película.

Bibliografía

Lacan, Jacques. (1999). Book XX. Encore.

1972-1973. Nueva Yok: W. W. Norton & Company.

Lust, Erika. (2008). Porno para mujeres. Barcelona:

Editorial Melusina.

Lust, Erika. (2014). Cómo rodar sexo. Barcelona:

Erikalust.com

Owens, Craig. (1998). El discurso de los otros: Las

feministas y el posmodernismo. En Foster, Hal

(ed.), La Posmodernidad. Barcelona: Kairós (págs.

93-124).

Wright, Elizabeth. (2004). Lacan y el

posfeminismo. Barcelona: Gedisa.

Sergio Aguilar Alcalá estudia la Maestría en

Comunicación en la Universidad Nacional

Autónoma de México. Sus líneas de investigación e

interés son los estudios de cine, teoría de medios,

estudios de posmodernidad y psicoanálisis.

sergio.aguilaralcala@gmail.com

33


Por Maik Civeira

Por supuesto, los 80

Un chico y una chica pasan el rato en una tienda de campaña en la

playa. Él la impresiona con un acto de ventriloquía que, por alguna

razón, logra convencerla de desnudarse por completo. Pero se ven

interrumpidos por el arribo de un visitante inesperado: un monstruo

mitad pez y mitad humano. El chico pronto cae muerto bajo las garras

de la criatura; la chica sale huyendo en toda su desnudez por la playa,

sólo para ser sorprendida por un segundo monstruo, que la toma, la arroja

bocabajo al suelo y luego se coloca sobre ella para penetrarla por detrás. La

película es Humanoids from the Deep (1980).

Una astronauta explora unos pasajes oscuros en un planeta ignoto. Cuán

grande no será su terror cuando vea tras de sí a un monstruoso gusano

gigante que la toma por sorpresa. Con sus múltiples tentáculos y

trompas que expelen un líquido viscoso, el monstruo la sujeta, la

somete, la desnuda y, por último, la monta. Podemos ver cómo la

bestia empieza a empujar entre las piernas de la mujer y, en un

instante, sus alaridos de dolor se convierten en gemidos de

placer. El orgasmo es tan intenso que ella muere en seguida. La

película es Galaxy of Terror (1981).

Una joven que se hospeda en una cabaña en el bosque escucha de

pronto ruidos a mitad de la noche. Como dicta la convención y contra

toda lógica, decide salir a investigar “Hola, ¿hay alguien ahí?”.

Súbitamente el bosque se vuelve contra ella. Ramas ásperas y parras

rugosas salen de la espesura, le sujetan los brazos, la hacen caer al

piso y le arrancan la ropa. Algunas de las ramas están estrujando sus

senos y jugando con sus pezones mientras otras le obligan a abrir las

34


piernas. Ella se resiste, pero la fuerza vegetal

demoníaca es muy superior, y cuando sus piernas

quedan abiertas de par en par, una rama se mete

entre ellas y la penetra. La película es The Evil

Dead (1981).

No es incomprensible que estas escenas tuvieran

lugar en películas de terror a principios de los

años 80. Después de todo, la década anterior vio

un aumento de imágenes violentas y sexualmente

explícitas en el cine, incluso en el más

mainstream y comercial, y las escenas de

violación se volvieron algo relativamente común.

Pensemos en películas como Straw Dogs y A

Clockwork Orange (ambas de 1971) que

muestran perturbadoras imágenes. Hasta el sutil

Alfred Hitchocok impactó a su audiencia con

Frenzy (1972). Incluso cuando las violaciones no

aparecían en pantalla, eran a menudo elementos

importantes de tramas en las que la violencia

reinaba, como en Dirty Harry (1971) o Death

Wish (1972). Esto para no hablar de que los 70

fueron la era dorada de las películas exploitation,

un subgénero de la Serie B, que mezclaban sexo y

violencia con mucha generosidad.

Esto se debió por un lado al relajamiento en la

moral sexual y la censura en el mundo occidental

a partir del paso de las contraculturas en la

segunda mitad de la década de los 60. Por otro

lado, los años 70 marcaron el inicio de una era de

mayor violencia, crisis económica y criminalidad

en las ciudades, todo ello bajo la sombra de la

guerra de Vietnam, que dio fin a la “Edad

Dorada” del capitalismo, de paz y prosperidad,

que se vivió en las dos décadas anteriores. Era

natural que el cine reflejara los temores una

sociedad en crisis, y es quizá por ello que las

cintas de acción y ciencia ficción fueron tan

sombrías y violentas.

De igual forma, quizá ésa es la razón de que los

años 70 fueran una época idónea para el

desarrollo del cine de horror, que dio algunas de

sus obras maestras en aquellos años: Rosemary’s

Baby (1968), The Exorcist (1973), The Texas

Chain Saw Massacre (1974), The Omen (1976),

Halloween (1978) y Alien (1979), por dar algunos

ejemplos. Algunas de ellas ya involucraban

violencia sexual. En Rosemary’s Baby la

personaje titular es tomada por Satán estando

drogada y semiinconsciente; en The Hills Have

Eyes (1977), un psicópata viola a una

adolescente, mientras que en The Entity (1982) un

ser invisible viola en repetidas ocasiones a la

protagonista. Desde luego, esto trascendió la

década, y ejemplos de películas de horror que

incluyen violencia sexual (ya sea perpetrada por

humanos o criaturas sobrenaturales) pueden

encontrarse a lo largo de los años y hasta la fecha,

como parte de tendencias que fluctúan.

Bien, el contexto histórico y las tendencias

35


culturales de la época nos explican por qué los

monstruos violadores empezaron a aparecer sin

penas en el cine de terror de los 80, pero en

realidad el tropo se remonta hasta tiempos muy

antiguos. Hagamos un recorrido histórico.

El toque de un monstruo

Las historias de seres sobrehumanos que tienen

relaciones sexuales con hombres y mujeres

normales son tan antiguas como la narrativa

misma. Dioses, ángeles y demonios, ya sea

mediante la seducción, el engaño o la fuerza, se

aparean con humanos en muy diversos relatos de

la mitología. Los íncubos y los súcubos de la

antigua sumeria eran demonios a la vez

seductores y posesivos, y conocen equivalentes

en muy diversas tradiciones. Los centauros y

faunos de la mitología griega eran conocidos por

su gran potencia sexual y su afición a raptar

hermosas doncellas. Los cuentos de hadas como

Caperucita Roja o La Bella y la Bestia tienen

sutiles connotaciones sexuales.

La literatura de horror, creada específicamente

alrededor de temas siniestros y macabros con el

propósito de producir miedo, surge como tal a

finales del siglo XVIII, como parte del

Romanticismo. Desde un inicio estuvo

íntimamente relacionada con la sexualidad, de

formas más o menos veladas y sugestivas. El

viejo tío sórdido o el monje decrépito que acosa

a la heroína de la típica novela gótica puede tener

algo más en mente que sólo volverla loca para

robarle su herencia, aunque las buenas

costumbres impedirán explicitar de qué se trata.

Desde sus orígenes en la literatura anglosajona a

principios del siglo XIX, los vampiros han

estado rodeados de un halo de sensualidad

malsana pero irresistiblemente erótica.

Es quizá en lo más ínfimo de la literatura

popular, las revistas pulp de principios de siglo

XX (y sus antepasados victorianos, los penny

dreadfuls) en donde podremos encontrar los

primeros ejemplos explícitos de violaciones de

jóvenes hermosas a manos de villanos en

historias de horror, por lo común humanos

dementes y retorcidos (o hasta deformes). Estas

publicaciones se caracterizaban por su

sensacionalismo barato 1 , y ya que nada apela a

nuestros instintos más básicos como el sexo y la

violencia, los autores, ilustradores y editores

sabían que combinarlas era una apuesta segura

para atraer a su poco refinado público,

principalmente compuesto por varones de clase

media y trabajadora. Incluso si la historia no

incluía una violación, las portadas casi siempre

mostraban a una hermosa joven (con escotes

generosos, vestidos cortos o de plano la ropa

desgarrada) vulnerable ante el poder de un

villano o un monstruo.

El atractivo de esta combinación sexo-violencia

/ erotismo-horror es innegable. Hasta finales de

los años 60 la violencia sexual explícita era

monopolio de aquellas publicaciones, pero la

estética de las portadas pulp fue reproducida en

los afiches de las películas de monstruos, y no

solamente de las de Serie B, sino de las grandes

producciones de los más prestigiados estudios

hollywoodenses. Nunca veríamos una violación,

ni siquiera insinuada, en las películas de horror

clásicas de las décadas de los 30, 40 o 50. Pero

en los pósters, así como en algunas escenas que

no podían faltar, invariablemente tendríamos la

imaginería correspondiente que, sin lugar a

dudas, evocaba una violación: un monstruo

masculino que captura y somete a una bella

mujer vulnerable y aterrorizada. 2

Ahora bien, existen muchos motivos por los que

un creador puede decidir narrar (o sugerir) una

violación en sus historias. Puede por ejemplo,

36


querer enfrentar a su público con una realidad

atroz, un aspecto de la existencia en este mundo

violento y sexista que a menudo se ignora o se

minimiza. O puede querer usarla como recurso

sensacionalista fácil que sabe que incomodará y/o

incitará el morbo en su público. O quizá de plano

podría pretender erotizarla o romantizarla, que ello

también tiene un largo historial en la narrativa.

Tratándose de una película o relato de horror se

podría decir que la violación es sólo un elemento

más de los que están ahí para horrorizar al público,

como lo están todos esos asesinatos, torturas y

mutilaciones. Pero en definitiva, hay ocasiones en

las que no se puede dudar, pero ni un poquito, de

cuál es la intención de incluirlas…

Gemidos para Pie Grande

Como dije, la erotización y romantización de la

violencia sexual tiene un larguísimo historial. Es

decir, relatos en los que una violación se plantea a

propósito como un elemento erótico o romántico, y

no como la atrocidad que es. En lo personal creo

que hay un poco de eso en toda aquella imaginería

de monstruos abductores de la literatura y el cine.

Que hay y ha habido (probablemente desde

siempre) quien se sienta excitado por la idea de que

una criatura inhumana tenga coito (consensuado o

no) con una hembra humana, queda demostrado

por el hecho de que existe un amplio y variado

submundo de pornografía de monstruos.

Creo que podemos estar de acuerdo en que el

objetivo de la pornografía es estimular el apetito

sexual de quien la consume, y para un número

sorprendentemente amplio de lectores y

espectadores (incluyendo muchas mujeres), ello se

logra con una buena escena de sexo entre

monstruos y hembras humanas. No he podido

encontrar información que indique desde cuándo

existe material erótico que las incluya (sin que sean

parte de historias de terror), pero definitivamente el

boom de esta tendencia se dio recientemente

gracias a Internet.

La red de redes permite que podamos encontrar

con facilidad contenidos que satisfagan todos esos

fetiches de los que nos avergonzamos ante

familiares y amigos, y para los que tienen talento y

creatividad (aunque sea muy poco) encontrar un

público ávido de sus más perversas creaciones.

Así, desde un inicio hubo foros de Internet en los

que se podían compartir narraciones, dibujos o

historietas creadas por fans (muy a menudo, fanart

y fanfiction sexualmente explícitos de personajes

de la cultura pop; Regla 34 del Internet: si existe,

hay una versión porno de ello). Dentro de todo ello,

el porno con monstruos no se hizo esperar.

Quizá ello se debió a la influencia del hentai, el

porno dibujado japonés (ya sea como imágenes,

videos o historietas), que se hizo masivamente

accesible en Occidente a partir de la llegada de

Internet. Las historias de monstruos violadores en

el hentai son harto comunes, pero un subgénero en

particular es característico de la pornografía

nipona: los tentáculos.

Aparentemente, la pornografía de tentáculos inició

a mediados de (but of course!) la década de los 80,

como una respuesta a una prohibición impuesta a

la industria del hentai, que les impedía mostrar

penes 3 . Si en vez de falos se usaban los tentáculos

de un monstruo, demonio o cefalópodo, la

prohibición no aplicaba. Fue un éxito rotundo y,

como muchos otros tropos provenientes de la

pornografía nipona, fue imitado en Occidente y

adaptado a los gustos locales 4 .

Con la aparición de diferentes programas de fácil

acceso en la presente década llegó la posibilidad de

que casi cualquier usuario pudiera hacer

animaciones pornográficas en 3D, algunas de las

cuales ven de tan alta calidad como los mejores

37


videojuegos del mercado. Con ello, la animación

porno (monstruos incluidos) ya no era monopolio

de Japón y sus estudios de hentai. Y, por

supuesto, los monstruos (con o sin tentáculos)

figuran ampliamente en estas obras, que van

desde gifs animados hasta cortometrajes

completos.

Por otro lado, hubo quien encontró en las

oportunidades de autopublicación que ofrecía

Amazon una mina de oro: historias eróticas

protagonizadas por monstruos y mujeres. Son

relatos breves, cuyos autores por lo general no

son escritores profesionales (y cuya calidad

literaria es risible) en los que alguna criatura

mítica, prehistórica o sobrenatural toma contra su

voluntad a una o varias mujeres bellas, que al

principio se horrorizan pero al cabo terminan

sintiendo orgasmos épicos con los

inverosímilmente grandes falos de la bestia (e

incluso enamorándose de ella). 5 Fue Virginia

Wade (es un nom de plum) la que abrió las

puertas del diluvio cuando se le ocurrió la

extravagante historia de un grupo de jóvenes

excursionistas que son asaltadas y violadas por el

mismísimo Pie Grande, en la ahora clásica novela

corta Moan for Bigfoot. Lo curioso es que la

mayoría de las autoras y del público son mujeres. 6

El resto es historia.

Pero, ¿por qué?

El éxito de estas obras de infraliteratura ha sido

tan rotundo que algunos autores hasta se pudieron

dar el lujo de dejar sus trabajos y vivir de ello, y

han llamado la atención tanto de los moralistas

habituales como de científicos sociales y

psicólogos que tratan de explicar el por qué de

esta fascinación.

Por ejemplo, Scott A. McGreal en Psycholgy

Today 7 propone una explicación tentativa que

podría ser refutada o comprobada con ulteriores

investigaciones. Empieza por señalar que las

fantasías de violación son bastante comunes entre

mujeres 8 . Esto podría explicarse porque en la

imaginación de la mujer su “depredador” es una

figura masculina oscura y peligrosa que

demuestra su poder y fuerza, a la vez que ella

puede percibirse como alguien tan atractiva y

sensual que aquél no puede resistirse a su deseo

de poseerla. Todo esto se presenta como algo

sumamente erótico.

Podemos aunar a ello la tendencia presente en

muchas personas, en especial las muy

imaginativas y de mente abierta, a explorar

(aunque sea mentalmente) situaciones eróticas

diversas o hasta exóticas y extravagantes. Pero si

esto explicaría las fantasías de violación a manos

de seres fantásticos que tengan la apariencia

básica de hombres atractivos (como vampiros,

faunos, demonios o extraterrestres), sigue siendo

difícil comprender las fantasías que involucran

bestias como yetis, dragones, hipogrifos o

velocirraptores

McGreal sugiere que estas criaturas despliegan

virtudes masculinas que comúnmente muchas

mujeres encuentran sexualmente atractivas:

fuerza, vigor, pasión, deseo de dominio y hasta

cierta inteligencia y sensibilidad ocultas 9 . Para

McGreal, las fantasías con monstruos serían el

resultado de llevar estas tendencias eróticas tan

comunes hasta sus últimas consecuencias.

En los libros que se venden en Amazon, escritos

por y para mujeres, el placer y hasta el

enamoramiento de la chica es parte fundamental.

Pero en el hentai o en el porno hecho por usuarios

comunes de Internet, cuyos creadores y

consumidores son principalmente varones, esto

no es necesariamente así. De hecho, el asalto a

menudo incluye la total humillación y

38


degradación de la víctima (en ocasiones, la

muerte). ¿Se trata de torcidas fantasías en las que

los varones pueden imaginarse en el papel de los

monstruos, tan poderosos que pueden poseer a

cualquier mujer sólo tomándola entre sus garras?

Por ahora sólo podemos especular.

El atractivo del porno tentacular es más fácil de

comprender. En él se suman diversos fetiches y

fantasías tales como: violación, bondage,

escenarios irreales, y doble o triple penetración

simultánea. Además, ya que las mujeres por lo

regular aparecen suspendidas en el aire y los

tentáculos se encuentran bastante lejos del cuerpo

del monstruo, esto permite contemplar la escena

desde diferentes ángulos y hacer acercamientos

audaces sin que nada estorbe a la vista.

O quizá, como dice Howard en Scientific

American 10 , las fantasías de monstruos violadores

son un ejemplo más de cómo la sexualidad

humana es tan variada y contradictoria que

muchas de sus expresiones escapan a

explicaciones científicas sencillas. Sea como sea,

lo cierto es que el porno con criaturas fantásticas

es mucho más que una moda pasajera, sino que

parece algo que se quedará con nosotros por

mucho tiempo.

Pie de página:

1.Por supuesto, como fan tengo que decir que del pulp emergieron

algunos talentos literarios brillantes, como H.P. Lovecraft o

Robert E. Howard. Pero eso no quita que en su mayoría el pulp

fuera infraliteratura.

2.TV Tropes tiene algunas entradas al respecto: The Touch of the

Monster, Monster Misogyni y Mars Needs Women

3. Tentacle Rape en el blog del Dr. Mark Griffiths, incluye muchos

enlaces interesantes con información sobre el tema.

4.Hay antecedentes más antiguos, por supuesto: la pintura El

sueño de la esposa del pescador de Katsushika Hokusai (1814)

muestra a una mujer interactuando eróticamente con un par de

pulpos, y no es la única de su época.

5.MONSTER PORN: Amazon Cracks Down On America’s Latest

Sex Fantasy, Bussiness Insider

6.Bigfoot, sexy? Erotica author explains Salon

7.Monster Porn and the Science of Sexuality, Psychology Today

8.Lo cual, sobra decirlo, no significa que las mujeres quieran de

hecho ser violadas. En una fantasía, la persona tiene completo

control de todo lo que pasa.

9.La autora Alice Xavier señala que una diferencia importante

entre el erotismo con monstruos y la simple zoofilia es que los

monstruos deben tener inteligencia y sentimientos humanos o casi

humanos para que la fantasía sea completa. Op. Cit. Bussiness

Insider

10.What “Monster Porn” Says About Science and Sexuality

Scientific American

39


Me gustan tanto

los hombres

que me gusta ver

Por Yobaín Vázquez

y Katia Rejón

sexo

entre ellos

Las mujeres disfrutan ver porno. Esto resulta cada vez

menos tabú, pero aún no se logra hablar de esta afición

públicamente. Y antes de que esto nos resulte familiar,

surge otro hecho inquietante: algunas mujeres disfrutan ver

porno homosexual. Sabemos que hay muchos tipos de

porno. El yaoi, por ejemplo, sería su versión más ligera, se

le entiende como un subgénero del anime en el que los

temas se concentran en relaciones afectivas, eróticas y

sexuales entre hombres.

Tenemos frente a nosotros a Alejandra, con celular en mano

observa el timeline de sus redes sociales y a nuestra

pregunta ingenua o mal planteada ¿Sólo ves yaoi o también

porno gay? Responde: “Primero empiezas con el anime,

con el yaoi. A partir de este género te empieza a gustar

también el manga, del manga pasas al fanfiction.

Comienzas a shippear1, no sé, por ejemplo, dos miembros

de una banda pop”. No hay reparos para consumir fantasías,

van desde ver relaciones coitales explícitas hasta leer textos

homoeróticos.

40

Ilustración por

Luis Cruces


Monse también es fan del gay porn y no conoce a

Alejandra. Las dos se caerían bien de conocerse:

Monse coincide en que su primer acercamiento

fue el yaoi.

“Desconocía por completo ese género. Una amiga

me dio el nombre de un anime de ese estilo pero

no mencionó las relaciones entre dos hombres.

Cuando comencé a verlo primero me sentía súper

confundida y debo admitir que me sentía un poco

mal, como si estuviera rompiendo las reglas.

Continué viéndolo porque mi curiosidad despertó

al preguntarse qué tan diferente sería una relación

homosexual a una hetero”.

Digamos que el yaoi es a la mariguana como el

porno gay a las drogas duras. El primero conduce

a lo segundo. Quizá sea apresurado hacer ese tipo

de analogías. Será mejor ocuparnos de otros

asuntos. El porno gay tiene su propia estética, de

acuerdo con Alejandra y Monse los hombres son

más guapos, limpios y empáticos que en el porno

tradicional. Ese es el primer gancho, pero lo que

atrapa a las chicas es algo que va más allá del

atractivo físico: “Nos creamos historias de amor

detrás de lo que para muchos sería sólo algo

carnal”, explica Monse.

Pero lo carnal es algo importante, y lo es tanto que

la industria del porno homosexual se basa en crear

estereotipos. Los activos (los que penetran)

tienden a ser musculosos, con barba y tatuajes,

mucho más masculinizados e imponentes. Los

pasivos (los penetrados) son delgados, con el

cuerpo un poco marcado, más pequeños y con cara

infantil. Son “niños bonitos”. Monse, como

cualquier otras consumidora de porno, tiene sus

preferencias de acuerdo a lo que ofrecen las

páginas porno: “Personalmente me llaman la

atención aquellos que se ven en extremo varoniles

y rompen con el estándar homosexual. Son

hombres que muchas mujeres desean pero son

homosexuales y no se sienten inseguros por eso,

todo lo contrario”.

Alejandra también tiene especial interés por el

porno con historia: “En japón hay una rama del

porno homo que es sólo para mujeres. Hay

historias y celebridades, los activos y pasivos

favoritos. Las películas que producen duran 30

minutos y el acto sexual sólo es de 10. El resto es

una historia de amor”. Monse la complementa, sin

tener un diálogo directo, sobre por qué prefieren

este porno por encima del que está dirigido para

un público heterosexual: “Pareciera como si los

que actuaran tuvieran una complicidad traviesa,

erótica y tierna que normalmente no veo que

demuestren muchas parejas hetero”.

Con historia o sin historia, ver porno es algo que

generalmente no es bien visto. Alejandra confiesa

riendo: “Las otras mujeres piensan que estamos

enfermas, nos dicen: ¿cómo te pueden gustar este

tipo de cosas si eres heterosexual? Pero para

nosotras es como ver una película, la vemos en el

desayuno y hablamos de su relación como novios

en la vida real”. Además que pueden ser excluidas

de eventos relacionados con estrellas porno. El 25

de septiembre del 2015 los actores Allen King y

Ángel Cruz llegaron a Pride, un club nocturno de

la ciudad de Mérida. Alejandra y un amiga

quisieron comprar boletos para asistir al show de

sus novios favoritos, pero los organizadores del

evento se negaron a venderles entradas porque

sólo estaba permitida la asistencia para hombres.

Todo aquello no es algo que las desanime.

Al menos no a Alejandra, no se avergüenza ni

esconde su gusto por el porno gay: “En mi casa

saben que veo pornogay. Mi papá me dijo que si

era porque soy lesbiana me iba a seguir queriendo.

Yo le dije: Sí, papá, gracias; pero no: me gustan

tanto los hombres que me gusta ver sexo entre

ellos”. Ojalá todos pudiéramos sentirnos

orgullosos del porno que vemos.

1 El shippeo son obras de ficción en las que se explora relaciones

de pareja que ya existen o que desearían extistieran

41


PORNO EN CIFRAS

POr Graciela

Montalvo

En América Latina,

el tipo de

pornografía más

vista es el anal.

)*(


Hentai es una

palabra japonesa

que significa

“pervertido”.

Garganta profunda (1972)

escrita y dirigida por Gerard

Damiano, es probablemente

la película pornográfica más

exitosa e influyente de todos

los tiempos.

En septiembre de 2016, el

presidente de Rusia, Vladimir

Putin, le declaró la guerra a

las páginas de pornografía

YouPorn y PornHub, bloqueando

su acceso en el país.

En Corea del

Norte, vender o

ver pornografía es

castigado con la

pena de muerte.

Jenna Jameson, conocida

como “La Reina del Porno”

es la estrella más rica de

la industria porno con

una fortuna de 30

millones de dólares.

Holly One fue un

actor porno

considerado el más

bajo del mundo; no

medía más de 1,20 m.

Estados Unidos es el

mayor productor de cine

porno mundial. San

Fernando Valley, situado

en la ciudad de Los

Ángeles, California, es

también conocida como la

“capital mundial del porno”.

Cada segundo hay

aproximadamente 30

millones de personas

viendo pornografía.

60

en 60.000 millones de dólares

A nivel mundial, la revista

Forbes estima los beneficios

anuales: unos 250 millones de

personas consumen los

productos de esta industria.

000

000

Existe un estatuto llamado

18 USC con un registro de

los actores, su numero de

seguridad social y otros

datos

Pornhub es el sitio web de

porno más grande en el

internet, con más vídeos

que cualquier otro sitio

similar.

Los 5 países que más consumen porno en línea son: Estados Unidos,

Reino Unido, Canadá, India y Japón.

42


Del TvNotas al Cam 4

O cómo Nacho se ha adaptado para ver porno.

Por Josué Tello Torres

—Estaba en sexto de primaria cuando un día Carlos

llegó a la escuela y nos dijo: vengan, les tengo que

enseñar algo fregón. Adrián y yo lo seguimos hasta

detrás de las gradas. Corran, apúrense, nos gritaba.

Llegamos y sacó del pantalón un frasco de gerber. Lo

puso frente a nosotros y lo abrió. Jalé mi pollo y salió

lechita, aquí está, nos dijo. Ni Adrián ni yo habíamos

visto nunca la lechita, nombre que usamos hasta que

supimos que se llamada semen. Ese día llegué a la casa

y me fui directo al baño. Seguí las indicaciones de

Carlos: jalé y jalé mi pene y no salió nada. Me sentí

frustrado pero no vencido. Tenía que sacar lechita,

pensaba. En la tarde puse en el DVD videos de hip-hop

donde salían mujeres con poca ropa. Me excité. Jalé mi

pollo… Fue mi primera chaqueta.

—¿En ese momento te volviste adicto a la

masturbación?

—No, porque sólo exploraba mi cuerpo. De hecho pasó

como un mes y medio, más o menos, para que me la

volviera a jalar y tampoco era frecuente la

masturbación. Tenía miedo, no sé, era raro saber que

me salía lechita, jajajaja.

Entrevisto a Ignacio. No es estrella de rock, ni político,

escritor, empresario o youtuber. Es un amigo que tiene

43


25 años. En realidad no se llama Ignacio. El nombre es

lo de menos, podría llamarse Alexis, Irving, Beto o el

que ustedes quieran. Ignacio eligió ese nombre para

cubrir su identidad porque le da pena que sepan de su

adicción al porno. El porno aquí es el protagonista,

dice. Y sé que no soy nadie importante y mis palabras

son equis, pero tengo unas historias bien perronas, por

eso me buscaste pinche Tello.

—A ver, cuenta una.

—Estaba en secundaria y mi primo en primero de

prepa. Ese cabrón pertenecía a una bandita de chemos.

Ruta Clandestina, se llamaban. Cada semana me

quedaba a dormir en su casa porque los batos de la

cuadra hacían puras pendejadas y me divertía. Un día

mi primo salió temprano de su casa para ir a ver a su

chava. Yo estaba jugando el Play Station cuando sonó

el teléfono a la casa. Contestó mí tía y me dijo que Rulo

quería hablar conmigo. Oye pelaná, cuando cuelgues

ve corriendo al baño y agarra las revistas que dejé en el

mueble del lavado, llévalas al cuarto y escóndelas en tu

mochila. Ya cuelga, pendejo, antes de que las vea mi

jefa.

Entré al baño y cuando abrí la puerta del mueble no

podía creer lo que veía: ¡varias revistas de Paradero 69!

Puse seguro a la puerta y comencé a hojearlas… Puta

madre, ya me excité de sólo recordarlass —interrumpe

la narración y me intenta tocar. No chingues, Nacho, le

digo. Déjate querer, coño… Bueno, ya yaya, sigo. Pues

que me prendo con la manuela y sopas: mi tía

comienza a golpear la puerta. Ya tardaste, Ignacio, qué

tanto haces, necesito entrar, me dijo. Tomé las revistas

y las metí entre mi playera. Parecía panza de

embarazada mal formada, pero estaba desesperado que

no pensé en otra manera de guardarlas.

Puse el oído en la puerta para escuchar si ya no estaba

afuera mi tía. La neta es que a esa edad uno está

pendejo y cree que puede mantener las cosas bajo

control. Cuando abrí la puerta mi tía estaba ahí, frente

a mí. Por el asombro olvidé las revistas y quité mis

manos de la panza: una a una fueron cayendo al piso.

Salí corriendo antes de que me prendieran un putazo.

¡Hijo de la chingada, nomás vienes a hacer tus

pendejadas a mi casa! ¡Ahora se va a enterar tu mamá,

para que te la parta! Me gritaba mientras yo veía como

tiraba mi mochila para la calle…

—¿Qué pasó después?

—Me fui caminando a casa. Pensé que no se lo iba a

decir a mis papás, por eso no decidí ir a otra parte.

Cuando abrí la puerta, porque mis papás esperaron a

que entrara, me pidieron que vaya a la cocina… y

sopas: Mi papá me tomó de la espalda y mientras, mi

mamá me pegaba con la faja. Y yo, llore y llore y llore.

No podía explicar nada porque cuando intentaba ya

estaba recibiendo otro fajazo.

Al final se aclaró la cosa. Mi primo dijo que me pidió

el paro para guardar las revistas. Que no eran mías.

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Pero los fajazos ya estaban en mi cuerpo, como el de

las vacas recién marcadas.

—No mames, Nacho, qué puta suerte tienes.

—Ya sé cabrón, pero no te rías si no aquí le paramos.

—Oh, pues, ya estás de nena. A ver, ¿cuántas veces te

la jalas al día?

—Una de cajón, pero trato de mantener dos al día. He

bajado el ritmo drásticamente, ya no puedo hacerlo

tantas veces como cuando era puberto. Uf, esos años

eran de a tres de cajón y de tirón. Ahora es mañana y

noche.

—¿Te gustaría volver a esa época?

—Sí y no.

—Antes no sabía mucho de porno pero me la perfilaba

chido. Ahora disfruto más el contenido. Cuando digo

esto me refiero a que antes era estudiante y cuando

llegaba a la casa era ir a jalarle el pescuezo al ganso.

Ahora la chamba, deudas, estrés… La puta vida godín

joden la producción. Así que trato de llevármela leve,

disfrutando el video y no excederme para no terminar

tan cansado.

—¿Aún tienes revistas y DVD’s en tu colección?

—Ya no tengo colección de eso, ahora puro contenido

en internet. La neta una exnovia me tiró todo. Me decía

que para qué quería esas cochinadas si la tenía a ella.

Me deshice de todo. No soy aprehensivo con las cosas

por lo que no me dolió perderlas.

—¿Prefieres el contenido de ahora o el de hace diez

años?

—Uf, papi, son cosas distintas. Mira: hace diez uno

podía hacerse una puñeta con las revistas de Avón,

Fuller, TvNotas, TvyNovelas… Cualquiera que tuviera

chicas en bikini. Todo estaba en la imaginación. Tenías

a Liz Vega, Maribel Guardia, Niurka, Aracely

Arámbula, Edith González, Paty Navidad… Todas

aparecían en sesión de fotos sexis publicadas en esas

revistas. Era nuestro porno y nadie lo impedía. Eso,

quizás me causas un poco de nostalgia. Aunque ahora

tienes internet y puedes entrar a Cam 4 y ver a rusas,

chilenas, colombianas, francesas, españolas…

Infinidad de mujeres en un solo espacio. Claro, ahora

casi no se deja nada a la imaginación y a huevo

esperamos el desnudo para poder disfrutar la chaqueta.

—¿Recuerdas cuál fue la primera página que visitaste?

—Petardas. De ahí siguió Poringa y Panda Movies…

Y de ahí Youporn, Beeg, PornHub, BangBros,

Brazzers, Redtube, xVideos, Cam 4, Bongacams. Por

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cierto estas últimas son de mis favoritas.

—¿Alguna página mexicana?

—Hay muy chafas, aunque rescato una que creo la está

rompiendo ahora: Sexmex. Las historias están creíbles,

hay un poco de trama, no se van directo al sexo… Sólo

tengo un problema: para ver su contenido chingón hay

que pagar. Soy adicto pero no pagaría por algo que hay

gratis. Y la verdad hay contenido completo de Sexmex

en xVideos. Solucionado el asunto.

Ya, cáele con la última pregunta, cabrón, porque está

cátedra te va a empezar a costar.

un porno de Snoop Dogg. De hecho cuando lo compré

no sabía que también tenía ese material. Bueno, cuando

perdí todo lo físico me puse a buscar en internet ese

video y me di cuenta que en pocos sitios está completo.

Con los catorce minutos. Hasta que lo encontré en

Pornoeggs y, ¡carajo!, fui feliz cuando lo volví ver.

Pésima calidad, malísima la trama, pero tiene un no sé

qué inexplicable que hace que le dedique la chida una

vez a la semana, mínimo. Chécalo, se llama Hustler

video snoopdoggs doggy style. —What’s up

everybody, play boys and play girls… Canta Snoop

Dogg mientras unos batos juegan al fondo basquetbol

en el Play Station. Una joya.

—No jodas, Negro, bueno ahí te va. ¿Tienes alguna

película, fragmento, escena o video favorito que

siempre veas?

—Sí. Guardo cariño al primer video que vi, el de mi

primera puñeta. En el disco de videos de hip-hop había

Fotografía por

Ramón Rosado Rosado

(RaaXTerm)

Artista Visual Multidisciplinario

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