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Una manera de hablar bien de Dios es<br />
mostrándole al mundo una vida que refleje el<br />
carácter de Dios. Ante tal escenario, es evidente<br />
que esa persona sobresaldría por sus óptimas cualidades<br />
o por su comportamiento excelente. Ahora, ¿cómo<br />
alcanzar tal grado de virtud? ¿Debemos preocuparnos por<br />
cultivar una vida así? ¿Deben nuestros ministerios reflejar<br />
una ejecución de excelencia? Permítame presentar algunos<br />
elementos importantes que debemos tener presentes en<br />
el camino hacia cultivar la excelencia en nuestras vidas.<br />
1. Siempre tendremos que dar un primer<br />
paso.<br />
Cultivar es proveer las condiciones necesarias para<br />
la fructificación. En el cultivo hay intencionalidad,<br />
esfuerzo para hacer un buen trabajo y deseos de ver los<br />
resultados de esa labor bien realizada. Como Iglesia, se<br />
nos ha encargado la gran responsabilidad de predicar la<br />
palabra de la reconciliación. El Apóstol Pablo expresa<br />
que es como si Dios mismo rogase al mundo que se<br />
reconcilien con Él.<br />
Esa es la manera de lograr<br />
que el<br />
mundo<br />
escuche el Evangelio de nuestro Señor<br />
Jesucristo. Si el mundo va a recibir ese mensaje<br />
con la claridad necesaria como para<br />
poder tomar decisiones importantes, va<br />
a depender de la manera en que ese<br />
mensaje se<br />
presente. Naturalmente, la expresión oral no es la única<br />
manera en que este se dará a conocer. Con relación<br />
a esto Jesús expresó, por lo menos en dos ocasiones,<br />
formas diferentes en las cuales el mundo puede conocer<br />
de Dios:<br />
• A través de nuestras buenas obras: “Así alumbre<br />
vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras<br />
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los<br />
cielos” (Mt. 5:16).<br />
• A través de la unidad de los creyentes: “para que<br />
todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que<br />
también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo<br />
crea que tú me enviaste” (Juan 17:21).<br />
La Iglesia está inmersa en un mundo que no conoce<br />
a Dios. Esta se “mueve” dentro de ese mundo y, en su<br />
movimiento, anuncia las virtudes de aquel que nos<br />
llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).<br />
La Iglesia está tan expuesta al mundo que es imposible<br />
poder esconderse. De esta manera, para bien o para mal,<br />
nuestras acciones hablan de Dios. Las malas acciones<br />
hablan de un Dios que el mundo no quiere conocer,<br />
mientras que las buenas acciones hablan<br />
del Dios que el mundo necesita<br />
conocer.<br />
Si queremos<br />
cultivar la<br />
excelencia en nuestras<br />
vidas, de tal forma que<br />
se refleje<br />
en nuestros ministerios y que honre a<br />
Dios, tenemos que dar un primer p a s o .<br />
Querer y comenzar a vivir vidas que reflejen tal<br />
excelencia.<br />
2 . La paciencia es uno de sus<br />
elementos indispensables.<br />
Consideremos la paciencia como<br />
la capacidad de permanecer bajo<br />
la autoridad de la Palabra. Con<br />
el paso del tiempo encontramos<br />
razones o vivimos situaciones que<br />
nos tientan a tomar el control de<br />
nuestras vidas y hacer las cosas<br />
22 <strong>SOMOS</strong> AGO/OCT 2017