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COMPRUEBA - Revista SOMOS Vol. 1 No. 2

Revista SOMOS Vol. 1 No. 2

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Una manera de hablar bien de Dios es<br />

mostrándole al mundo una vida que refleje el<br />

carácter de Dios. Ante tal escenario, es evidente<br />

que esa persona sobresaldría por sus óptimas cualidades<br />

o por su comportamiento excelente. Ahora, ¿cómo<br />

alcanzar tal grado de virtud? ¿Debemos preocuparnos por<br />

cultivar una vida así? ¿Deben nuestros ministerios reflejar<br />

una ejecución de excelencia? Permítame presentar algunos<br />

elementos importantes que debemos tener presentes en<br />

el camino hacia cultivar la excelencia en nuestras vidas.<br />

1. Siempre tendremos que dar un primer<br />

paso.<br />

Cultivar es proveer las condiciones necesarias para<br />

la fructificación. En el cultivo hay intencionalidad,<br />

esfuerzo para hacer un buen trabajo y deseos de ver los<br />

resultados de esa labor bien realizada. Como Iglesia, se<br />

nos ha encargado la gran responsabilidad de predicar la<br />

palabra de la reconciliación. El Apóstol Pablo expresa<br />

que es como si Dios mismo rogase al mundo que se<br />

reconcilien con Él.<br />

Esa es la manera de lograr<br />

que el<br />

mundo<br />

escuche el Evangelio de nuestro Señor<br />

Jesucristo. Si el mundo va a recibir ese mensaje<br />

con la claridad necesaria como para<br />

poder tomar decisiones importantes, va<br />

a depender de la manera en que ese<br />

mensaje se<br />

presente. Naturalmente, la expresión oral no es la única<br />

manera en que este se dará a conocer. Con relación<br />

a esto Jesús expresó, por lo menos en dos ocasiones,<br />

formas diferentes en las cuales el mundo puede conocer<br />

de Dios:<br />

• A través de nuestras buenas obras: “Así alumbre<br />

vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras<br />

buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los<br />

cielos” (Mt. 5:16).<br />

• A través de la unidad de los creyentes: “para que<br />

todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que<br />

también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo<br />

crea que tú me enviaste” (Juan 17:21).<br />

La Iglesia está inmersa en un mundo que no conoce<br />

a Dios. Esta se “mueve” dentro de ese mundo y, en su<br />

movimiento, anuncia las virtudes de aquel que nos<br />

llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).<br />

La Iglesia está tan expuesta al mundo que es imposible<br />

poder esconderse. De esta manera, para bien o para mal,<br />

nuestras acciones hablan de Dios. Las malas acciones<br />

hablan de un Dios que el mundo no quiere conocer,<br />

mientras que las buenas acciones hablan<br />

del Dios que el mundo necesita<br />

conocer.<br />

Si queremos<br />

cultivar la<br />

excelencia en nuestras<br />

vidas, de tal forma que<br />

se refleje<br />

en nuestros ministerios y que honre a<br />

Dios, tenemos que dar un primer p a s o .<br />

Querer y comenzar a vivir vidas que reflejen tal<br />

excelencia.<br />

2 . La paciencia es uno de sus<br />

elementos indispensables.<br />

Consideremos la paciencia como<br />

la capacidad de permanecer bajo<br />

la autoridad de la Palabra. Con<br />

el paso del tiempo encontramos<br />

razones o vivimos situaciones que<br />

nos tientan a tomar el control de<br />

nuestras vidas y hacer las cosas<br />

22 <strong>SOMOS</strong> AGO/OCT 2017

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