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REVISTA MUNDO PLURAL MARZO 2018 okok

Mundo Plural Entonces,

Mundo Plural Entonces, se pasaría de los actuales teatros de “hybrid wars” y “shadow wars”, en los que predominan acciones no violentas encubiertas y agresivos despliegues militares respectivamente, a choques directos y sin precedentes entre la OTAN y Rusia. No fue casual que el presidente de la Conferencia de Seguridad advirtiera que “Nunca antes, desde el final de la Unión Soviética, habíamos corrido tan alto riesgo de una confrontación militar entre las grandes potencias”. En Múnich quedó evidenciado el “estado anti-geopolítico” de Europa, es decir, la toma de conciencia europea de que la construcción institucional o posnacional no necesariamente equivale a abandonar la reflexión y ejecución geopolítica. En otros términos, como consecuencia de la “derrota” de Europa en 1945, esto es, la partida del poder hacia otras latitudes y actores, la geopolítica en Europa recayó en Estados Unidos. Pero Europa nunca volvió a considerar la disciplina: continuó en el rol de “subordinado estratégico” aún concluida la Guerra Fría. Y por ello sobrevinieron situaciones en las que Europa quedó como blanco (del terrorismo) y enfrentada a un actor mayor (Rusia) en el propio continente, una hipótesis que prácticamente se había desechado en los “Libros Blancos” u otros documentos oficiales de seguridad. Pero Europa no consideró que tenga que “pensarse geopolíticamente”, hasta que el mandatario republicano les recordó sin rodeos que los europeos deben hacerse cargo de su defensa, que se acabó la “comodidad” o “consumición estratégica”. En este sentido, quizá Trump (muy reprobado por los europeos) paradójicamente permanezca como el gran impulsor de la emancipación geopolítica de Europa, si es que finalmente Europa comprende que no ha existido ni existirá la categoría internacional de “potencia normativa” o “civil”, esto es, como señala Hans Kundnani, un actor cuya misión es “civilizar las relaciones internacionales”.

El ministro alemán de Exteriores pareció comprenderlo cuando sostuvo “no podemos ser los únicos vegetarianos en un mundo de carnívoros”; una reflexión en tono realista en la que podría advertirse un “nuevo enfoque geopolítico” alemán (y por tanto europeo), esto es, moderar el atlantismo y dar más énfasis al este; algo que implica trabajar para poner fin a las sanciones a Rusia y, por otro lado, incrementar las relaciones con China y ser parte de su proyecto geoeconómico centroeuroasiático. En otros términos, “menos Westfalia y más Eastfalia”, recurriendo al concepto que se usa para anticipar el “nuevo sitio del mundo”. Como si no fueran suficientes las inquietudes, en Múnich se abordó la cuestión central de la tecnología global: la inteligencia artificial. Pero se hizo desde la perspectiva amenazante, esto es, el uso militar que se pueda llegar a hacer de la misma. Por ello, tampoco fue una casualidad que el ex Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rassmussen, haya propuesto trabajar sobre un tratado internacional y jurídicamente vinculante para prohibir la producción y la utilización de lo que se ha denominado “armas letales autónomas”. El foro también trató las cuestiones relativas con los ataques cibernéticos, Corea del Norte, el agotamiento del orden liberal, los gastos militares, el pacto nuclear con Irán, etc. Pero todas estas cuestiones se volvieron casi “irrelevantes” cuando desde Washington llegó algo así como el “corolario de la Cumbre de Múnich en clave Trump”. La denominada “Revisión de la Postura Nuclear” podría representar el fin de la era de la disuasión y el ingreso del mundo a un terreno desconocido, puesto que la misma replantea la utilización de las armas nucleares. Si antes se contemplaba su utilización en “contextos extremos”, a partir de ahora se podrían usar para contrarrestar “ataques estratégicos no nucleares”, por caso, ataques a través de la red. En estos términos, el enemigo de Estados Unidos (¿y de sus aliados?) no necesariamente puede ser un país con armas nucleares; más aún, ni siquiera podría ser un país.