VE-35 OCTUBRE

rafasastre

Número 35 - Octubre 2017


© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías

o ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Portada: This autumn – Alessia Izzo (Italia)

https://alessia-izzo.deviantart.com/

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

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Índice

Otoño de concursos (Rafa Sastre) Pág. 1

II Concurso de relatos La radio en Colectivo - VE Pág. 2

Albura (Aldana Giménez) Pág. 5

Una profesión de riesgo (Lu Hoyos) Pág. 7

Laberinto (Mirta Calabrese) Pág. 11

Tierra mojada (Carmen Fabiá) Pág. 13

No hay ponzoña entre pinos (Luis M. Martín) Pág. 15

Toxicidad (Jorge Zarco) Pág. 17

Encajes azules (M.Luisa Pérez) Pág. 21

La cabaña (Luis Molina) Pág. 23

En paz (Benjamín Blanch) Pág. 27

Recuerdo de una torre abolida (Cristina Cifuentes) Pág. 29

El extraño insidioso (Manuel Serrano) Pág. 31

Deseo (Pilar Alejos) Pág. 33

Posdata a un madrigal (Vivian Rodríguez) Pág. 35

Adelina y el viejo profesor de Literatura (Ángeles Peiró) Pág. 37

Vacío (Malén Carrillo) Pág. 41

El libro (Vicente Montemayor) Pág. 43

Exilios (Manoli Vicente) Pág. 45

Latido inverso (M.Belén Mateos) Pág. 47

Pedalea (Esther Moreno) Pág. 49

Inquietudes (Isabel Sifre) Pág. 51

Last Dance (Marisa Martínez) Pág. 53

Palabras de cristal (Juan A. Martínez) Pág. 55

Elvis (Susana Gisbert) Pág. 59


Déjà vu (Inmaculada Sastre) Pág. 63

Conversación entre madre e hija (M.Gracia Scelfo) Pág. 65

El hombre simple (Rafael Blasco) Pág. 67

Aula virtual (Aurora Losa) Pág. 71

Qualsevol dia (Rafa Sastre) Pág. 73

Concurso Relato Rápido Novembre Negre 2017 Pág. 74

II Concurso de Relato Rápido VE - Crónica Pág. 76

Libros de nuestros/as colaboradores/as Pág. 81

Nuestros libros Pág. 82

Palabras en la basura Pág. 84

Números anteriores de Valencia Escribe Pág. 85

Valencia Escribe en las redes Pág. 86

La foto de Miguel Pág. 88


Otoño de concursos

Hola de nuevo, amigos. A la chita callando y como sin querer,

nos cae encima otro otoño de hojas muertas, que para nuestros

estimados del hemisferio sur se tiñe con los colores de las primeras

flores. Como estoy un poco loco, no me hagáis demasiado caso si

confieso que creo que cada estación existe por algo concreto: la

primavera, para amar; el verano, para viajar; el invierno, para

descansar. Pero, ¿y el otoño? Bajo mi personal opinión, el otoño está

hecho para escribir.

¿Qué mejor oportunidad de dar rienda suelta a esas historias

—reales o ficticias— que llevamos dentro, que participar en nuestra

revista y en cualquiera de nuestros concursos? Os animamos a seguir

haciéndolo. Ahora mismo tenemos abiertas tres convocatorias:

II Concurso de microrrelatos «La Radio en Colectivo / Valencia

Escribe» - Convocatoria mensual (envío por correo electrónico)

II Concurso de relato rápido negro «Novembre Negre», convocado

conjuntamente con Ágora Puerto Cultural y Marian Creación

Literaria. A celebrar presencialmente el sábado 4 de

noviembre, en el Puerto de Sagunto.

«Los cuentos de las estaciones», en exclusiva para los miembros

del grupo de Facebook Amigos de Valencia Escribe. Ya está en

marcha, el envío es por correo electrónico y los cuentos

seleccionados... ¡aparecerán en nuestro próximo libro!

Las bases de los dos primeros certámenes las encontraréis en las

páginas de esta revista; las del tercero, como publicación marcada en

el grupo de Facebook indicado, al que se accede por invitación que,

quien lo desee, puede solicitar a alguno de sus miembros.

Y ya sabéis: pase lo que pase, pese a quien le pese, sed muy felices.

Rafa Sastre

1


II Concurso de microrrelatos

«La Radio En Colectivo/Valencia Escribe»

El programa La Radio En Colectivo, de Mislata Radio, con la

colaboración de Valencia Escribe, y el fin de fomentar la creatividad

literaria y difundir el género del microrrelato, convocan el II Concurso

de Microrrelatos.

La presentación a este certamen implica la aceptación de las siguientes

bases:

1. El concurso se desarrollará desde mayo de 2017 hasta mayo del

2018. Cada mes se seleccionará un microrrelato ganador y entre todos

los ganadores mensuales se escogerá el ganador del premio final. Se

podrán enviar solo dos microrrelatos por persona al mes.

Los participantes deberán tener los 14 años cumplidos.

2. El microrrelato debe ser original e inédito (por inédito se entiende

que no haya ganado ningún premio ni se haya difundido en ningún

medio), escrito en castellano, y que no exceda las 150 palabras, título

incluido. La temática será libre.

3. Las obras se enviarán por correo electrónico, con el asunto «II

Concurso de Microrrelatos La Radio en Colectivo», a la siguiente

dirección: valenciaescribe@hotmail.com

El texto, que debe llevar título, debe incluirse en el cuerpo del mensaje

(no como un documento adjunto) y al final deben constar los datos

personales (nombre y apellidos, dirección postal, localidad y un

teléfono de contacto).

Se podrán firmar las obras con pseudónimo sin menoscabo de la

inclusión de los datos personales para el conocimiento de éstos por la

organización del concurso.

2


Los microrrelatos se pueden presentar a cada convocatoria mensual

desde el día 1 desde las 00.00h hasta el día 28, 30 o 31 (según el mes)

a las 23.59h, en GTM+1.

4. Los textos ganadores mensuales se publicarán en las páginas de

Facebook: La Radio en Colectivo, y Valencia Escribe. Por este motivo

La Radio En Colectivo se reserva el derecho de reproducción y

difusión de todos los microrrelatos enviados, incluso los no seleccionados.

5. El jurado que seleccionará los microrrelatos finalistas de cada

convocatoria mensual estará formado por el equipo de La Radio En

Colectivo y de Valencia Escribe, pudiendo incluir en sucesivas convocatorias

a nuevos miembros del jurado.

El veredicto de cada mes se hará público el último jueves (no festivo)

del mes siguiente a cada convocatoria mensual en las página de

Facebook La RADIO en colectivo y Valencia Escribe y se leerá en el

programa de radio.

El veredicto final se hará público el último jueves de mayo de 2018

en las mencionadas páginas de Facebook y en la emisión de esa

semana del programa de radio.

Los autores ganadores y finalistas deberán estar dispuestos a darse a

conocer públicamente.

6. Los finalistas de cada mes optarán a un diploma y, además, está

prevista una sorpresa final para el ganador.

7. El jurado puede declarar desierto el premio mensual así como el

final si considera que ninguna de las obras presentadas tienen

suficiente calidad para ser publicadas.

8. La Radio En Colectivo y se reserva la posibilidad de modificar las

bases del concurso por causas justificadas.

3


Bosque - Katerina Plotnikova (Rusia)

https://500px.com/katerina_plotnikova

Fotografía aportada por la autora

4


Albura

Él tiene el aire

de quien vive anestesiado.

Soy yo quien abre

y me he estado mal alimentando.

Él tiene ganas

de volver a los veinte.

La edad le deja marcas

pero no es consciente.

Espero que mi cara

no le resulte familiar.

Fui por demás descariñada

y ahora quiero disimular.

Él huele a albura

recién cortada en estación.

Yo tengo la misma altura

y juventud para los dos.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

5


Viñeta de Mafalda - Quino (Argentina)

6


Una profesión de riesgo

En 2011, por fin estaba encaminando mi vida profesional. Ya

iba siendo hora, estaba a punto de cumplir los 60. Aquel curso

conseguí una comisión de servicio, como profesora de filosofía, en un

instituto de Valencia a veinte minutos de mi casa en autobús. Mi

destino definitivo estaba a 262 kilómetros.

Coincidía algunos días con una compañera en el trayecto y,

gracias a ella, experimenté algo totalmente nuevo para mí. Soy una

especie de ser extraño, protegido por alguna clase de concha invisible

que me aísla de los desconocidos. Los viajeros de esa hora de la

mañana se saludaban, se contaban sus alegrías y tristezas; bodas,

bautizos y comuniones; así como recientes enfermedades. Eran una

extraña familia. Formé parte de ella durante aquel tiempo. Mi

preferida era una mujer de la limpieza ya jubilada que seguía yendo a

trabajar porque decía que aún la necesitaban en la casa en que había

servido más de veinte años. Imagino que, además, su escasa pensión

no le daba muchas alegrías y le venía bien seguir cobrando un sueldo.

En el instituto me iba bien, impartía los cursos de bachillerato.

Estaba llena de optimismo y conseguí que me respetaran y atendieran

a mis explicaciones; organicé un taller de relatos breves en una

asignatura optativa y creo que ayudé a descubrir algún talento

incipiente. Años más tarde seguía recibiendo correos de algunos de

mis alumnos, lo cual es una satisfacción para una profesora itinerante,

como yo, que solo ha repetido una vez en el mismo instituto a lo largo

de su carrera. También me encontré, cinco años después, como

compañera, a una de mis alumnas en un curso de escritura creativa en

la Universidad.

7


Pero el destino, que no escatima esfuerzos en su ardua tarea de

inventar nuevas tretas, me sorprendió de nuevo haciendo peligrar por

momentos mi frágil equilibrio. Esta vez se alió con una de mis

colegas, una profesora de lengua y literatura llamada Encarnación.

Tenía esta buena señora la costumbre de hablar sola en la sala de

profesores. Contaba lo bien que le iba en las clases, enumeraba una

por una las cualidades de sus estudiantes y nos leía partes de las

redacciones. Le daba igual que nadie la escuchara o que, incluso,

alguien atareado le pidiera que se callara con educación. Ella seguía y

seguía en su mundo particular y acompañaba su cháchara con una

perpetua sonrisa, pero bajo ese monólogo apacible se escondía, como

no, un terrible drama. También en sus clases hablaba y hablaba

mientras los chicos hacían de todo menos atenderla.

Intentaba yo un día explicar a los de Segundo de Bachillerato el

«Materialismo histórico», mientras los gritos que provenían del aula

contigua imposibilitaban la difícil tarea de concentración. Era en

vísperas de Fallas y esa circunstancia hacía que los alumnos

anduvieran algo inquietos ante la proximidad de las vacaciones y la

fiesta, pero como tenían el examen de selectivo cerca no querían

perder el tiempo. Me pidieron, por favor, que fuera a decirles que se

callaran. Así que no me quedó más remedio que hacer algo inusual:

me encaminé muy dispuesta con el Manifiesto comunista, que

estábamos analizando, en la mano, y di unos golpecillos tímidos en la

puerta.

Encarna la abrió de golpe y se abalanzó sobre mí pegándome un

empujón que hizo que me tambaleara y estuve a punto de caer al

suelo.

—¡Ya está bien! —me dijo con cara de fiera desatada, no la

reconocí.

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Yo no salía de mi estupor, pero en una reacción rápida decidí

pasar de la teoría a la acción: le asesté un certero golpe en la cabeza

con el Manifiesto e inicié la «lucha de clases» que fue muy aplaudida

por los revolucionarios que poblaban el aula y los que vinieron de la

mía que, a juzgar por la que armaron, debían de ser muchos.

De vuelta a mi clase y tras reponerme del susto, quedé satisfecha

de la alta comprensión que mis discípulos habían alcanzado ese día

con aquella clase práctica.

Al año siguiente, Marx desapareció del programa y pusieron a

Santo Tomás de Aquino. No estaban los tiempos para hablar de

revoluciones.

Lu Hoyos (València)

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Street at night – Carles Masó (Girona) https://500px.com/carlesmaso

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Laberinto

La noche negra

como boca de lobo,

la calle estrecha

me seduce maliciosa,

una sombra se adelanta

rozándome invisible

no opongo resistencia

al deseo de seguirla,

su aroma dulce engaña la razón

aguarda al final de la escalera,

esconde sus garras afiladas,

no hay escapatoria,

la sentencia sin juicio es el vacío.

Mirta Calabrese De Luca (Sant Celoni, Barcelona)

http://deshojandoversos.blogspot.com.es/

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Rainy hazy day – Gene Magann (EUA) https://500px.com/edunframed

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Tierra mojada

Llovía intensamente. No me había percatado. Estaba desorientada.

Caminaba sin rumbo. No era cuestión de ir en una u otra dirección

a la deriva. Había que esperar el momento adecuado. Acertar el

camino. Aunque a veces hay caminos que ni siquiera te imaginas que

existen y que la vida te va indicando. Sentía miedo. El miedo es mal

compañero de viaje ya que impide avanzar. Esta vez no me voy a dar

por vencida. Soy fuerte pero estoy cansada de demostrarlo. Los que

somos fuertes tenemos el umbral del dolor más alto, pero eso no

significa que las cosas no nos duelan, simplemente disimulamos o

hasta negamos el sufrimiento. No nos gusta ir de víctimas, ni abrumar

a los demás con nuestros problemas. Cada cual lleva su cruz, grande o

pequeña en esta vida.

La lluvia había amainado. Nunca sabes cómo puede cambiar la

vida en unas horas, a veces en un instante. Respiré profundamente.

Tras la lluvia todo olía a nuevo, un olor intenso a tierra mojada, a

vida. Tal vez era mi corazón el que no estaba en sintonía con la

naturaleza. Tenía el corazón dividido entre el deber y el querer, entre

la razón y la pasión. ¿Hacia dónde tirar?

Tal vez era cuestión de dejar transcurrir el devenir del tiempo,

sin forzar nada ni a nadie, dejar fluir los sentimientos, no pensar,

respirar profundamente y vivir el presente. Es fácil decirlo, pero no

conseguía alejar de mí ese pensamiento reiterativo: tú y solamente tú

sabes que te mientes continuamente, que acallas esa voz de la

conciencia que te dice que no, que algo marcha mal, que las cosas no

van a cambiar. A veces en la soledad de tu cama piensas que la única

solución estriba en dormirte dulcemente y no despertar. ¿Por qué no?

El olor a tierra mojada me penetraba hasta las entrañas.

Carmen Fabiá Mir (València)

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Fotografía aportada por el autor

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No hay ponzoña entre pinos

The sniper’s rifle is an extension of his eye.

He kills with injurious vision.

Jim (D.) Morrison

¡Eh!, ¡Jimbo!, ¡ven!

Te lo dije dos veces en Père-Lachaise:

sagrada es esta espesura exenta de chamanes,

acarician sin ojos las otras voces…

te esperan besos sin barcos de cristal.

Aquí no desfallecen las nubes ni son islas los soles,

aquí no hay rifles etílicos ni francotiradores,

nadie ha sido metamorfoseado,

aquí nada rivaliza con la sicalíptica realidad,

única imagen que se mueve sin artificio ni inseminación;

aquí hay un Pinar que adelgaza tu desierto,

un pinar sobre la pirámide sin veneno.

Respira sin hiel la mujer lagarto,

las hermanas del unicornio no ven TV;

en él cabalgan miles de inocentes serpientes sobre el mar de cobre,

burla a los Señores con su lluvia verde,

entierra bajo acícula su podredumbre.

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Y muy lejos está Hikuri,

¡ven Rey!, ¿nos cabalgan…?,

brotan danzas sobre los huesos de remotas y Nuevas Criaturas,

¡ven!, cruzaremos juntos hacia otros lados

cuando las lunas derramen su sangre en nuestro rostro

y no sea preciso ni sacrificio ni sexo.

Seremos la Serpiente sin escamas,

genitales sin clímax ni voyeurs moribundos,

sin espectadores vampíricos.

¡Ven!, no hay cine ni espejos que girar,

no hay Señores ni otros engaños que sortear,

sólo encomiástico aire puro entre epifitas,

cerrar de ojos,

apologético pinar eterno,

música sobre mullido musgo,

cadáveres de hermafroditas mecánicos.

Luis Miguel Martín Antón (Burgos)

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Toxicidad

Al George Lucas de American Graffiti

Soten – Leo Startape (Francia)

https://www.flickr.com/photos/startape/with/36422813004/

Marta, con sus brillantes ojos verdes y su rizado cabello negro en

torbellino, había mitificado a aquel youtuber que jamás había

mostrado su rostro o su cuerpo en los podcast sonoros que circulaban

por YouTube, alegrados por imágenes de videoclip a golpe de ratón y

editora MAC.

Tras una exhaustiva búsqueda desde su barrio barcelonés de

Gracia, y no pocos chivatazos, encontró la ansiada dirección en un

lugar de las afueras de Valencia; en un pueblo llamado Almàssera. El

resto fue un accidentado viaje para sufrimiento de su cuenta corriente

y ahí se encontró Marta. Frente a aquella urbanización de dos pisos

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que daba a un parque lleno de graffitis de sabor hip hop. No pensaba

irse hasta que Skull apareciese y pudiese verlo, y a ser posible,

abrazarse a su cuerpo, que imaginaba como el torso de un guerrero

grecorromano poseedor de curtidos abdominales más un rostro de

veinteañero tan bien perfilado como la faz de una estatua tallada con

un cincel, para poder besarle sin reparos ni censuras.

La hermosa anatomía de un efebo que podía moldear en su

imaginación como desease. Un Dios griego al que deseaba desde que

oyó su voz en la oscuridad de su habitación tras una agotadora sesión

de estudios de cara a la carrera que cursaba. Pero una querida amiga

deseaba tanto como ella aquella voz, era su confidente de curso

Lorena, y la hubiese acompañado sin dudarlo, de no poseer Lorena

ya de por sí una compañera de viaje indeseable llamada cáncer.

No habían sido pocas las noches calurosas que ambas habían

pasado oyendo la voz de Skull en la oscuridad de una habitación. Y

en ocasiones, tras las sesiones de radioterapia en el hospital.

—No —se dijo a sí misma—, de aquí no me largo hasta que no

aparezca, esperaré a ser posible hasta mañana.

Pero no se atrevió a llamar al timbre por temor a respuestas

hostiles a pesar de las escasas puertas de la urbanización, por si

recibía una violenta negativa, pues la timidez era una de las

principales lacras de la personalidad de Marta. Se quedó inmóvil de

espaldas a un banco de madera que daba al portal y finalmente esperó

sentada. Algo tenía que ocurrir.

Oyó pasos a su espalda, alguien se acercaba y se le aceleró el

pulso.

—Nena, ¿buscas a alguien?

A Marta el corazón le dio un vuelco. Aquel timbre de voz que

tantas veces había oído y la resultaba tan familiar; era él, no había

duda.

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Apenas se volvió y vio a aquel tipo, se dio de bruces con un

sujeto de apariencia más bien grotesca que masticaba un pastelito de

chocolate búlgaro con hambre atrasada. Era cercano a la obesidad,

con oscuros y caídos ojos de besugo. Negro y revuelto pelo largo,

barba poblada y descuidada sumando una camiseta de algún oscuro

grupo metal escandinavo sobre un pantalón corto casi roto sobre las

rodillas más unas zapatillas camper para el arrastre, muy

deterioradas. Su presencia le resultó a Marta incluso ofensiva.

Asustada, apenas se atrevía a hablarle a semejante ogro de

cuento de fantasía oscura. Pero no le quedaba más remedio.

—Vengo… vengo a ver a Skull… una amiga mía... Lorena,

necesita que pongan una canción para ella. Tiene… cáncer y le haría

mucha ilusión. Me gustaría que Skull se la dedicase, sería muy

importante para ella… —el ogro asumió la información sin arquear

una ceja, fríamente—, por favor.

Acto seguido el ogro se sorbió las narices con la mano y Marta

sintió náuseas.

—Genial. ¿Tu nombre?

—Marta…

—Marta, Skull no está ahora, ¿no te hubiese sido más fácil

llamar directamente al programa en vez de jugar a Indiana Jones?

Marta sintió como si le arrojasen agua helada.

—Ella me lo pidió, le hace tanta ilusión...

—Vale, ¿qué canción?

—Cold Water, de Justin Bieber. Para Lorena de Marta.

—Bien, dile a tu amiguita que esta tarde tendrá su canción.

Pasó a su lado sin molestarse en despedirse en dirección al portal

y cerró de un portazo.

19


Marta se dirigió a una cafetería de las cercanías y llamó al móvil

tras pedir un batido.

—Lorena, lo he visto.

—¿Qué apariencia tiene?

—Es precioso y le he besado, oirás tu canción en el programa de

esta tarde.

—Marta, te quiero mucho, te querré siempre…

La canción nunca fue emitida. A Marta no le extrañó.

De vuelta a su casa y avergonzada tras mentir a su amiga, Marta

estalló en llanto en la soledad de su habitación. La realidad no creía

en los cuentos de hadas.

Lorena murió una semana después y Marta jamás se atrevió a

confesarle la verdad de su miserable encuentro y lo que realmente

había ocurrido. Debía mantener la ilusión hasta el último momento,

aunque fuese una ilusión rota.

Marta jamás volvió a oír el podcast. Sustituyendo la musicalidad

de las noches por un amargo silencio, donde la única voz ausente era

la de Lorena.

Jorge Zarco Rodríguez (València)

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Encajes azules

Encajes azules,

¡azules!

De un azul intenso

como el mar, como tus ojos

¿o son los míos?

Sólo los azules míos los verán,

pero están ahí

los encajes azules

¡azules!

Soñando caricias azules

como tus ojos

¿o son los míos?

Encajes azules

¡azules!

Poema y fotografía: María Luisa Pérez Rodríguez (València)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

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Fire walk with me – Madzia (Polonia) https://madziass.deviantart.com/

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La cabaña

Caminó por ese sendero angosto, bordeado de árboles, la nieve

lo cubría, el frío era intenso y la soledad lo atrapaba. A lo lejos divisó

la cabaña, apuró el paso, pues ansiaba llegar, solo pensaba en tomar

algo caliente.

Encendió los leños del hogar. El chisporroteo lo mantuvo

entretenido un largo rato, un humeante café lo volvió a la vida. Ya

comenzaba a oscurecer. La noche iba a ser larga, el trepidar de las

llamas trajo recuerdos que añoraba; aquella cena, la lluvia detrás del

cristal, ella con sus ojos color miel, su sonrisa seductora augurando lo

que vendría después. Él deseaba lo mismo.

La caminata por la costa, bajo una tenue llovizna, colgada de su

brazo, riendo sin cesar. ¡Cuántos momentos que quisiera volver a

vivir!

Ya era tarde, así que decidió acostarse, alimentó con leños el

hogar, para que durase toda la noche y arropado con las mantas

añoró tenerla a su lado, sentir la suavidad de su piel, su voz

murmurando un «te quiero». Poco a poco lo fue ganando el sueño,

hasta que la claridad del amanecer lo despertó.

Un buen café y unas tostadas fueron el desayuno. Lentamente

fue transcurriendo la mañana, absorto en los quehaceres no se percató

que alguien se acercaba, dos golpes suaves en la puerta lo sobresaltaron.

Al abrir, aterida de frío estaba ella, se sorprendió, no la

esperaba, con su mejor sonrisa le dijo:

—He vuelto, te extrañaba.

Con un nudo en la garganta que le impedía articular palabra, la

invitó a pasar, Mariana se colgó de su cuello en un beso sin final.

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¡Qué extraño! Comenzó a salir el sol, el cielo plomizo dio paso a una

mañana diáfana, sus ojos chisporroteaban más que la leña.

—¡Vamos, entra!, te hago un café, —le dijo— ¡Estás helada!

Ella se arrimó al fuego para calentarse.

Mientras tomaba el café contando su viaje, no podía dejar de

mirarla. ¿Dios pudo escuchar su deseo? Por fin la tenía a su lado.

—¡Ey Pablo! ¿No me escuchas? ¿En qué te quedaste pensando?

—dijo sonriendo

Él, cual adolescente sorprendido, no atinó a responder. Lo miró

divertida, como una gata caminó hacia él y nuevamente se colgó de

su cuello. Pudo sentir su calor, juguetona le mordió la oreja, la apretó

fuerte contra su cuerpo, y en un diálogo de miradas supieron qué

deseaban, allí sobre el lecho sobraban las palabras; la tarde se iba

yendo muy lenta.

Cocinar nunca había sido tan gratificante, su risa, sus mohines,

se divertía cantando letras acordes a la ocasión, su alegría lo

contagió.

Habían pasado seis largos meses desde el día que decidió viajar,

recuerda ese largo beso, no quería que acabara. El silbato del tren

anunciando su partida. Quedó en el andén hasta que el mismo se

perdió a lo lejos, y después, la nada… No quería llorar, pero el pecho

oprimido, un nudo en la garganta, los ojos húmedos, el sentimiento

de abandono y el no saber cuándo la volvería a ver, eran tan fuertes

que sintió un ahogo, debía marcharse.

No quiso quedarse en la villa, prefirió recluirse en la cabaña, allí

no existían recuerdos de ella. Fueron días duros, más de una noche se

quebró, no podía dejar de extrañarla. Cuántas veces, entrecerrando

los ojos, la sentía a su lado y así lo sorprendía la madrugada;

pensándola. Poco a poco se fue atemperando su dolor, pero siempre

surgía su recuerdo.

24


Ahora está allí, su gesto le causa gracia. Lo provoca, finge tener

calor, quitándose lentamente la blusa, pero está acurrucada junto al

hogar. Al estar lista la comida, la invita a la mesa, burlona se arrima y

se sienta en su falda, dice que es una nena. Pablo disfruta ese juego.

Tras el almuerzo o cena (a esa hora ya no se sabía qué era), se

acurrucaron en el sillón, entre mimos se enteró de su vida durante ese

tiempo. Viajó, conoció lugares, gente. Hasta tuvo una aventura, ¿Qué

podría decirle él? Siempre fue libre, hay momentos que su madurez y

la juventud de ella se contraponen, pero aún así se sienten atrapados.

Antes de conocerse, tenía una vida muy diferente, pero al llegar, ella

se adueñó de todo su ser, decidió seguirla, era un nuevo despertar, fue

un tiempo de dicha plena. Pero un día ella sintió que debía

marcharse, él no tenía argumentos para detenerla.

Es tarde y hace frío, se pega a su cuerpo buscando calor, Pablo

la abraza porque también desea el suyo. Acurrucados entre mimos,

poco a poco se enciende la pasión. Esta noche también es larga, pero

no sienten frío.

Los sorprende la mañana abrazados. El tiempo se detuvo.

Luis Alberto Molina (Rosario, Argentina)

http://www.luismolin.blogspot.com.es/

25


Bye, bye – Iana (Italia) https://www.flickr.com/photos/iana68/

26


En paz

A mi madre

Naciste con luto,

paradojas de la vida.

Tal vez el presagio

de un tránsito duro

con guerra y carencias

con luchas internas,

de supervivencia

con la frente alta,

y los ojos cansados

de enhebrar la aguja

hasta la madrugada.

Y se acaba el hilo

y la tela es oscura,

el genio se apaga

y la figura se pierde.

Te marchas sin luto,

albedríos de la muerte.

Nos has esperado

para no irte sola,

el último aliento

lo exhalas sin ruido

en silencio, serena.

Por fin… en paz.

Benjamín Blanch Carpena (València)

27


Queen takes bishop – Lisa Falzon (Malta) http://lisa-falzon.com/

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Recuerdo de una torre abolida

Nunca aprendí a jugar bien al ajedrez, me falta capacidad de

concentración. Mi padre intentó enseñarme, la primera; luego, a

todos mis hermanos. Incluso a mi hija mayor, de pequeñita, la

sentaba frente al tablero con las piezas. Pero creo que ninguno

entendimos su pasión.

Hubo varios tableros de ajedrez en casa. El más bonito era de

madera taraceada, grande, con unas figuras algo cubistas. Otro, con el

que jamás jugó papá, era pequeñito, de mármol blanco y verde y

estaba —está— de adorno sobre una mesa de café. También había un

par de ellos pequeños, prácticos, portátiles, para sacar al jardín o

llevar al dormitorio.

Papá jugaba mucho solo, contra sí mismo. De vez en cuando

salía a hacerlo a casa de algún amigo, o venían ellos. Apenas

hablaban mientras la habitación se llenaba de humo. Otras veces

participaba en campeonatos y quedaban luego sobre la librería las

copas de cobre y de alpaca, bajo una capa de polvo, marcando el paso

de los años. Como cubiertos de polvo están ahora los libros de

ajedrez, un poco más abajo, en el mismo mueble.

No sé si alguna vez hubo hermosas damas o peones femeninos,

porque no era ensoñación lo que había en su rostro, sino concentración.

Su mente estaba muchas jugadas más allá. Cuando la edad le

pesaba para salir a practicar, cuando sus contrincantes empezaron a

faltar, se aficionó a jugar contra las máquinas; siempre un programa

nuevo, siempre mayor dificultad. Tampoco entonces, bajo aquellos

nombres comerciales —Deep blue, que ganó al campeón mundial—, se

esconderían historias más cálidas que la lucha racista de las blancas

contra las negras, que el sacrificio político de los peones por su rey,

que el horror inhumano de los caballos derribados, muertos después

29


de la batalla. O esa reina loca, la única que se mueve como y donde

quiere. Y la torre, abolida, en ruinas.

Me falta capacidad de concentración y de análisis; no soy capaz

de planificar mis actos con tanta premeditación. Prefiero el ensueño,

el dejarme llevar, o la pelea imprevista y a muerte. Soy feliz si consigo

el mate por instinto, también. Y no me parece deshonrosa la retirada

a tiempo, si de salvar la vida o el amor se trata.

No me parezco a él, que era triangulador incluso en su trabajo:

planos y mapas llenos de líneas cruzadas para ofrecer luego, como el

milagro del logaritmo, la medida exacta de las cosas. Hermoso

cuando se hacía así, a mano, después de haber marcado en ellos los

puntos que traía en la libreta con olor a monte, en la bolsa del

teodolito. Aprendí, eso sí, a triangular con él, porque quería saber

para qué servían las líneas de colores que trazaba en los mapas.

Supongo que le molestaba en su trabajo, pero me enseñó. Y sin

embargo no le devolví la paciencia con su juego, por más que, de vez

en cuando, me permitiera ganar. Ahora no está, ya nadie juega al

ajedrez, ya no hay humo en la habitación y me duele algo al sentir el

tacto suave del barniz en el tablero.

Cristina Cifuentes (La Puebla de Alfindén, Zaragoza)

http://www.irae.es/

30


El extraño insidioso

Foto de Mark Schofield https://www.flickr.com/photos/jbschofield/

Hay una joya del barroco valenciano en la calle. Un lugar de

culto y visita obligada de propios y visitantes: la Porta del Palau del

Marqués de Dos Aigües, o lo que lo mismo la Puerta del Palacio del

Marqués de Dos Aguas, sede del museo del Museo Nacional de

Cerámica y Artes Suntuarias González Martín, uno de los más

importantes de mundo en la materia.

Esta puerta tiene dos figuras en la parte de abajo y una

hornacina con la virgen en la parte de arriba. Una reja de hermoso

metal cierra el paso cuando no se puede visitar.

31


Trabajaba en un bar cerca del museo. Cada día desde las siete de

la mañana a las ocho de la tarde, como un reloj. Servía mesas,

tomaba comandas y orientaba a los turistas.

El verano pasado llegó un señor. Bien vestido. Gafas de sol,

sombrero panamá y bastón de bambú con empuñadura con la cabeza

de un león. Se sentó en la mesa más próxima a la puerta del museo.

Pidió un té. Eran las ocho de la mañana. Se dedicó a mirar la puerta.

A mirar la puerta con detenimiento. No quitaba la vista de aquella

puerta. Parecía hipnotizado. Se hizo la hora de comer y el señor

seguía mirando la puerta. Pasó la tarde, cerró el museo y cuando le

dije que íbamos a cerrar, pagó la consumición y se marchó.

Al día siguiente ocurrió lo mismo. A la misma hora, el señor y

su té. De igual manera se marchó a la recogida de las mesas.

Cuando amaneció el tercer día se sentó y pidió un té, ya estaba

más que mosqueado. A media tarde apareció por el bar una patrulla

de la policía local, venían a por un refresco para mitigar el calor. En

un aparte les conté lo de aquel extraño señor y su más extraña actitud.

Mis dotes detectivescas me llevaron a decirles que quizás se tratara de

un ladrón que estaba pensando atracar el museo…

Por la tarde, a la hora de recoger las mesas, el señor se levantó,

dejó el importe de la consumición sobre la mesa y se marchó. No

había andado cincuenta metros cuando la policía local se paró delante

de él y le pidió la documentación. Lo que me contaron después no me

lo podía creer:

¡Era el mismísimo Francisco Molinelli! Quería contemplar su

obra doscientos setenta años después...

Manuel Serrano (València)

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Deseo

Imagen aportada por la autora

Se despertó muy arrepentida de lo que había ocurrido aquella

noche. Sabía que su comportamiento no le hacía ningún bien, que

debía evitar dejarse llevar por sus instintos, pero no podía controlarse.

Cada noche libra una gran batalla contra ese deseo irrefrenable,

lucha intentando mantener su mente ocupada, para no pensar, para

alejarse de él.

Hoy llora de impotencia al saberse vencida, incapaz de superar

sola la tentación de un nuevo ataque a la nevera, a pesar del dolor que

han dejado sus dedos al hurgar en su garganta y de ese sabor amargo

a fracaso que la ahoga después.

Relato ganador del concurso Wonderland de RNE (11.02.2017)

Pilar Alejos Martínez (Quart de Poblet, València)

https://versosaflordepiel.blogspot.com.es/

33


Acuarela obra de la autora (Vivian Rodríguez)

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Posdata a un madrigal

No puedo, no,

decirte cuanto te quiero

ni que mi piel se quedó

abandonada en tus brazos.

Solo me trajo el camino,

de regreso a mi horizonte,

porque yo, cariño mío,

no tengo nombre ni cielo

donde soñar con pasión

lo que contarte no debo.

Escucha ese madrigal.

Llegue hasta ti en la penumbra,

de aquello que solo en sombras,

puede ser y desatarse.

No queda más por decirte

para nombrar lo prohibido,

quiero morir porque ¡ay!

no puedo estar sin amarte.

Vivian Rodríguez Dorgia (Montevideo,Uruguay)

http://bibilaurugualla.blogspot.com.uy/

35


Imagen aportada por la autora

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Adelina y el viejo profesor de Literatura

Es tan lindo saber que usted existe

Mario Benedetti

—¡Viejo loco!

La miro ahí de pie con los brazos en jarras sobre su amplia

cintura. Me va a entrar la risa y se va a enfadar aún más. Me encanta

provocarla porque siempre entra al trapo.

Hace ya tres años que Adelina viene todos los días para

cuidarme. Por la noche se han establecido turnos en la familia con el

fin de no dejarme solo. Pero con mis hijos o con mis nietos apenas me

comunico porque enseguida sacan el móvil y no paran de teclear.

Por eso me encanta Adelina: hablamos; cada uno a su manera,

pero hablamos.

Empuja la silla de ruedas hasta la cocina. Sabe que me gusta

verla trajinar. Además, en cuanto prepara algo en el fogón, coge la

cuchara de madera con la que revuelve los guisos y me da a probar un

poco para conocer mi opinión.

—¿Cuántos años tienes? Si no te parece una indiscreción.

—¡Qué va, don Alejandro! Puede usted preguntarme lo que

quiera. Voy para los cincuenta y cinco.

Me mira con cierta picardía.

—¿Y el rufián de tu marido sigue en la cárcel?

—Enchironado, sí, señor, y que se quede allí por mucho tiempo.

Recuerdo aquella vez en la que llegó con el rostro entumecido,

sin poder apenas abrir los ojos.

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—Anda, vente un poquito a mi lado —le pido en tono meloso.

—No se me ponga pesado, que tengo mucho que hacer.

—Solo un ratito, por favor. —Sigo suplicando.

Al final cede.

—Bueeeeeno, vale.

Saca un taburete de debajo de la mesa y se sienta junto a mí. Le

cojo esas manos grandotas, miro sus pequeños ojos castaños, y en un

instante, Adelina se convierte en Adela, aquella alumna mía que se

sentaba en primera fila de clase y abría con admiración unos enormes

ojos de miel que permanecían fijos en mí mientras recitaba a mis

poetas.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente...

Los versos de Neruda provocan que algunos lagrimones mojen

las mejillas de Adelina.

—¿Ve usted por qué no quiero que haga esto? No entiendo bien

lo que dice, pero me habla al alma, me revuelve por dentro. Y me

pongo triste, muy triste. —Arranca un trozo de papel de un rollo y se

suena la nariz—. Se acabó, esto ya no lo hacemos más, viejo loco.

Dice que no, pero mañana, o esta tarde mismo, le recitaré a

Lorca o a Hernández, a Salinas o a Machado, a Alberti o a Cernuda,

y si se pone farruca, a Aleixandre o a Celaya, ¡hala!

Ahora le toca limpiar mi cuarto y hacer la cama. Recorremos de

nuevo el pasillo en dirección contraria.

—Oye, Adelina, ¿tú te perfumas?

Me gusta el olor de esta mujer; me recuerda a una manzana.

Nunca pude soportar las esencias fuertes, por caras que fuesen.

Siempre me ha gustado que las mujeres desprendan aroma a recién

bañadas.

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—¡Qué preguntas me hace! No, no me perfumo. Me restriego

bien con mi jabón de lavanda, el de toda la vida, y lista.

—Ya decía yo que olías muy bien.

Me deja en la puerta de la habitación para que pueda ver toda la

faena. Abre la ventana de par en par. Me gusta observar cómo quita

las sábanas y el protector del colchón, los sacude y los coloca de

nuevo pasando una mano por encima para alisar cualquier posible

arruga. Por último, extiende el edredón.

Después toca barrer y quitar el polvo. De vez en cuando me mira

para comprobar que todo va bien y me lanza su sonrisilla.

—Ya está. Vamos a descansar un poquito al salón. ¿Quiere que

le ponga la tele un rato? —ofrece solícita.

—No, siéntate conmigo. Hablemos.

—Otro poema no, por favor.

A pesar de su protesta, me lleva junto a la mesa camilla. Es un

sitio que nos gusta mucho a los dos. Las mesas camillas me parecen

las más cariñosas de todas las mesas. Quizás porque recuerdo la que

había en casa de mis padres en torno a la cual nos sentábamos, con

las verdes faldas del tapete sobre las rodillas, para recibir el calor del

brasero.

Adelina se dispone, resignada, a escucharme de nuevo.

Me quedó observándola, como si la viera por primera vez, y me

doy cuenta de la inmensa bondad que refleja su mirada. Capto la

aceptación de toda una vida gris y sazonada con buenas dosis de

sufrimiento. Me doy cuenta de su paciencia conmigo, de su falta de

remilgos cuando me lava, cuando me limpia la mierda. Pienso que le

pago una miseria comparado con lo que se merece.

—¿Puedes poner el disco que me gusta tanto?

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—¿El bonito? ¿El del Male ese? —Siempre me hace reír cuando

pronuncia la palabra Mahler.

Se dirige al armarito del rincón donde guardo los CDs y

enseguida lo encuentra. Lo escuchamos a menudo. Cuando ya su olor

a lavanda se mezcla con las primeras notas del Adagietto de la Quinta

Sinfonía, vuelve a sentarse junto a mí.

Le cojo las manos ásperas con zonas enrojecidas, fijo mis ojos en

los suyos y esta vez no busco a Adela, esta vez me meto dentro de

Adelina con el Corazón coraza de Benedetti en la boca:

Porque te tengo y no porque te pienso...

De algún modo la mujer se da cuenta de que ahora mis versos sí

que van dirigidos a ella. El asombro le hace abrir tanto los ojos que

incluso parecen grandes. Libera su mano derecha de entre las mías, la

alza y me acaricia la cara con las yemas rasposas de sus dedos.

Esa simple acción me produce un cosquilleo capaz de despertar

todo lo que en mi cuerpo creía dormido. Tuerzo un poco el cuello

para que mi boca quede sobre su palma y poder estampar en ella un

beso.

Porque eres linda desde el pie hasta el alma

porque eres buena desde el alma a mí…

Ángeles Navarro Peiró (Madrid)

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Vacío

Imagen aportada por la autora

Has ocupado su hueco en la cama y has soñado sus sueños. Te

sumergiste en la silueta que imaginabas que formaba su lado del

colchón y lo acompañaste hasta una pequeña loma a las afueras de la

aldea desde la que se podía ver el mar.

Tus ojos se perdían siempre en aquella línea no bien definida

donde el océano se fundía con el cielo y la montaña, formando entre

los párpados entornados un collage de azules marinos y brillantes,

salpicados de algodonosas manchas blancas.

Cada mañana recorrías con gran devoción la corta distancia que

te separaba de la casa hasta la cercana atalaya, lugar estratégico desde

donde la visión del mar sin recortes alcanzaba dimensiones abismales.

Y cada mañana ibas repitiendo como una letanía esperanzadora

las palabras que él pronunció el día de su partida: “la sabiduría de los

dioses me ayudará a regresar con fortuna…”

Desde entonces habían transcurrido nueve lunas.

Ninguna nave en el horizonte.

Su hueco del colchón continuaba vacío; tú, plena.

Malén Carrillo (Sóller, Mallorca)

http://enredadaenlaspalabras.blogspot.com.es/

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Reading in bed – Amy Wharton (Reino Unido)

https://www.flickr.com/photos/freckledmoon/

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El libro

Encontré el libro en un autobús. Un sujeto muy moreno y con

sombrero de paja, había abandonado el asiento y se aprestaba a bajar

del vehículo. Alcancé a gritarle que olvidaba el libro, pero él, con

medio cuerpo fuera de la puerta, me contestó que me lo quedara. Es

suyo, me gritó mientras bajaba y el autobús resumía su marcha.

Era un libro no muy grande pero sí muy usado. Se notaba que

había sido leído muchas veces o por muchas personas. Curiosamente

no tenía título. Una necesidad imperiosa de conocer su contenido me

impulsó a iniciar su lectura.

Trataba de un individuo de la clase media, con una familia

disfuncional y un trabajo mediocre que lo tenían muy frustrado. Un

día decide suicidarse y se dirige a una playa, donde un muelle

artificial, creado con rocas naturales, conduce hasta un faro lejano.

El sujeto empieza a caminar sobre aquel sendero de rocas

disparejas, algunas chatas y la mayoría puntiagudas, que garantizan

en una caída un severo golpe. A los lados del sendero rocoso las olas

rompen agitadas, como si quisieran tragarse al muelle.

En aquel momento el suicida empieza a correr. Primero de

forma lenta, pero a medida que avanza aumenta desquiciadamente la

velocidad. Entonces siente que vuela: salta de roca en roca a una

velocidad vertiginosa mientras el viento y la briza le azotan

dolorosamente la cara. Como una exhalación recorre el pedregoso

sendero y en un santiamén llega hasta el faro y regresa casi volando.

Siente una extraña alegría en el pecho y el corazón se le quiere

salir, pero en el fondo persiste la frustración: no logró su propósito.

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Se encamina entonces hacia el mar, donde gigantescas olas

forman un enorme muro de agua antes de explotar sobre el océano.

Esto sí puede dar resultado, piensa.

Despojándose de su ropa se lanza mar adentro, hasta el lugar

donde las olas estallan. Una ola colosal se levanta varios metros y

revienta de forma descomunal sobre el frágil cuerpo del pretendido

suicida. El hombre es lanzado con gran fuerza hacia el fondo del mar,

donde su cabeza queda semienterrada bajo la arena. Haciendo un

gran esfuerzo logra zafarse y nada desesperado hacia arriba, donde la

inmensa ola ha dejado toneladas de agua.

Cuando por fin logra sacar su cara a la superficie, ve con horror

que una segunda ola, mayor que la primera, está a punto de estallar

sobre él. Esta vez su cuerpo es arrojado hacia la playa, donde dando

tumbos logra por fin ponerse de pie sobre la arena.

Aspira fuertemente y toma conciencia de que sigue vivo…

En ese momento el autobús frena de improviso, se siente un

fuerte golpe y todos los pasajeros somos lanzados hacia adelante.

Hemos chocado contra un enorme camión carguero y el autobús no

camina más. Descendemos y nos damos cuenta de que estamos en

una playa.

Semidesnudo y totalmente mojado, un hombre muy moreno y

con sombrero de paja nos mira desde la arena con extrañeza...

Vicente Montemayor (Monterrey, México)

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Exilios

Last night I dreamt - Lucia Carriero «Nonnetta» (Italia)

https://nonnetta.deviantart.com/

Demasiado pronto comenzamos a pintar mariposas azules

sobre el muro liso y blanco de la costumbre,

la malsana costumbre de exiliar a los pájaros.

Y al volver a nuestras casas huíamos del agua,

no fuera a borrarnos el polvo de las alas

que llevábamos tatuadas a nuestra espalda.

Solo éramos niños que corríamos detrás del tiempo

esperando el momento de asirnos a sus horas colgantes,

como si no tuviésemos más que piernas y sueños

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y un deseo latiendo al compás de la lluvia

donde plantas carnívoras entreabrían sus bocas.

Demasiado pronto aprendimos a escondernos del ruido

que hacían nuestros pasos sobre el silencio

sobre el frío pavimento de nuestras noches,

y al volver atrás la vista temíamos al viento

que esparce las promesas y siembra sobre las horas

semillas de olvido. Como si fuésemos algo más

que borradores de nosotros mismos

y no tuviésemos la piel llena de agujeros

contraídos por el intenso frío.

Avanzábamos a tientas armados

con la ingenua coraza de la juventud

que nos hacía parecer eternos ante un mundo

que se hundía a cada paso que dábamos.

Sin saber que volvíamos sobre nuestros recuerdos

aquellos que proyectábamos al futuro

y llenaban las retinas de nuestros sueños

meciéndonos en las horas furtivas

las mismas que habrían de sostenernos

cuando nos flaqueasen las piernas y descubriésemos

que aún seguíamos en el mismo sitio.

Manoli Vicente Fernández (Viana do Bolo, Ourense)

http://www.lascosasqueescribo.wordpress.com

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Latido inverso

Imagen aportada por la autora

La vida sentida del revés resulta de lo más curioso. Te late la

cabeza, se aceleran el pulso en los tobillos y las partes secretas se

quedan ahí, a mitad, decidiendo si desean enredarse o permanecer

colgadas algún tiempo más, hasta que la sangre fluya por donde

desee.

Uno se siente como esas termitas que consumen la madera a

impulsos sin saber que su estómago no es capaz de asimilar tanta

elasticidad y virutas.

Quizá, en el último balanceo insinuante de la cuerda se pierda el

equilibrio y, mientras cae, las caderas oscilen en un majestuoso

malabarismo de caricias.

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

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Sin título – Adams-Carvalho (Brasil) http://ffffixas.tumblr.com/

Ilustración aportada por la autora

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Pedalea

Pedalea fuerte

tratando de huir

de un pasado que le persigue

y de un futuro que le acecha.

No está segura

ni en su presente

lleno de pesadillas diurnas

y fantasmas en la noche.

Los monstruos no descansan

y usan diferentes disfraces.

Pero ella siempre

es rápida

y consigue escapar

en un camino lleno de obstáculos.

Monta de nuevo,

cantando para espantar los pensamientos suicidas,

la culpa

y el miedo a caer.

A caer

y no levantarse,

a hundirse en un lodazal,

a perderse en el laberinto de la rutina

y en el espiral de la no conformidad.

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Pedalea,

valiente,

pedalea,

tratando huir…

Esther Moreno Morillas (València)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

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Inquietudes

I alone – Mushy https://www.flickr.com/photos/thedamnmushroom/

Tal vez buscando el estallido

te acercas a la hoguera

con excesivo atrevimiento.

No te asusta el crujir de las brasas

que presagia dolores posibles

y a pie desnudo cruzas

lavas incandescentes

sin sentir dolor. Tan honda crece

el ansia tuya de quemar ausencias.

Y duermen en el mismo cuerpo

tu alma y los rescoldos.

Lento el fuego es ceniza que muere

con los helores de la madrugada

y entonces te atormenta

el escozor que dan las quemaduras.

Isabel Sifre Puig (València)

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Life´s journey – Jovana Rikalo (Serbia) https://500px.com/jovanarikalo

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Last dance

A la sala tres del tanatorio de la M 30 no dejaba de acudir gente.

Javier, el marido de la finada, estaba desolado o eso pretendía hacer

creer. A su lado Trini, la empleada de hogar, una joven cubana que le

llevaba al menos veinte años, no dejaba de consolarlo ni de atender a

los que acudían a ofrecer sus condolencias como si fuera la anfitriona

de aquel evento. En un rincón de la sala había una mesa llena de

canapés y refrescos. Los asistentes charlaban alegremente entre ellos,

acudiendo una y otra vez a servirse de las nutridas bandejas. Mientras

ella reposaba tras el cristal en una magnifica caja de caoba con un

centro de rosas amarillas—–color que odiaba— sobre la tapa. Una

cinta blanca con letras doradas rezaba «Tu fiel esposo no te olvida».

Su fiel esposo no la olvidaría, pero al parecer todos los allí presentes

sí, pues nadie se acercaba ni siquiera un instante a mostrarle sus

respetos. La mesa de canapés era sin duda más apetecible. Familiares

y amigos se aproximaban al recién estrenado viudo para saludarlo y

recordarle lo afortunado que había sido durante todos los años que

habían compartido. Aquello, más que un velatorio, era un auténtico

jolgorio. La familia, que ni la llamaba por su cumpleaños, se

mostraba sumamente compungida por la pérdida. Sus «amigas», las

mismas que unos días atrás la criticaban nada más darse la vuelta,

no dejaban de comentar lo estupenda y divertida que era y cómo la

iban a echar de menos. Ellas, las que se creían conocedoras del mayor

secreto de Javier, su rollito con «la cubana», las que la miraban

compadecidas. ¡Ilusas! ¿Acaso creían que luego de tantos años de

convivencia no sabía de qué pie cojeaba? «¡Qué infelices!», se decía

mientras las observaba, «si yo les contara las veces que alguno de sus

fieles maridos me ha tirado los tejos».

Javier no paraba de repetir que todavía no podía creer lo

ocurrido. «Se fue de viaje sola, yo estaba muy ocupado —el trabajo—

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y no pude acompañarla». Mentira, me dijo que me fuera sola, que no

se le había perdido nada en Brujas. «Tenía que haberla acompañado,

ahora estaríamos juntos», repetía gimoteando. «Y entonces recibí esa

terrible llamada, diciéndome que se había despeñado por un

precipicio, y aquí está, ni siquiera he podido verla, la caja está

precintada». Volvía a gimotear. ¡Hipócrita!

Cuando acabó aquel circo, llegó el momento de la incineración,

yo siempre le había dicho qué era lo que deseaba, por aquello de la

higiene y mi fobia a los gusanos. Y cómo no, así lo hizo. Cuando

comenzó el acto, la señorita que presentó dijo: «Y ahora, por deseo

expreso de la difunta, vamos a escuchar todos juntos…» y Last dance

comenzó a sonar a todo volumen; todos quedaron perplejos. Se

miraban unos a otros sin entender nada. Era evidente que esperaban

algo más solemne. Entonces hice mi entrada triunfal, bailando y

cantando aquel tema que me hacía vibrar, luciendo un precioso

vestido rojo que dejó a Javier boquiabierto, unos buenos tacones y mi

melena rubia moviéndose al ritmo de la música. Me coloqué junto al

oficiante y con mi mejor sonrisa les hice un corte de mangas. A

continuación y una vez conseguido mi objetivo, me largué dejando

sin habla a aquella pandilla de majaderos.

Marisa Martínez Arce (València)

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Palabras de cristal

Emergente – Ana Librillana (Murcia)

https://www.flickr.com/photos/62776155@N02/

Hay un verso

que se me esconde.

No está escrito aún,

pero camina erguido

sobre el alambre

y declina silencioso

hacia la parda llanura

en la que sólo las palabras

se adentran.

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Lo pronuncio cada día

sin que mis labios se abran.

Con él celebro

cuanto me envuelve,

en constante devenir,

y me remanso

cuando todo se detiene

ante mis ojos,

en un instante

tocado por la luz.

Suspendido

en la corteza de las horas,

tejido con hebras

intangibles de mi alma,

mi verso se deshoja

entre las ondas del aire.

Y me silba

para que perciba

sin artificios

lo que es,

lo que se es siendo

y la suavidad de ser.

Una gaviota levita

frente al viento,

sobre las olas.

Brilla la tarde.

Danzan las cosas

al compás del torrente

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de fulgores

e incertezas

que nos enciende.

Y a la hora precisa

en que la flor del cerezo

ofrezca su corazón

a la noche,

acariciarán mis labios

tu nombre.

Porque sólo

de besos debiera

estar sembrada la senda

que nos acerca

a las últimas palabras.

Juan Antonio Martínez Corral (València)

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Elvis Presley – DigitalXtreme (EUA) https://dx.deviantart.com/

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Elvis

Yo tenía apenas doce años en aquel verano del 77. En pleno mes

de agosto, volvía de darme un baño en la playa cuando en telediario

de la única cadena entonces existente me dieron el mazazo. Elvis

había muerto.

Me encerré en mi habitación a llorar como si hubiera perdido el

suelo bajo mis pies. Ya nada sería igual.

A mi madre siempre le hizo gracia esa pasión mía por Elvis

Presley. Una admiración pasada de moda, que parecía no venir a

cuento en una niña que debía de estar pensando en los ídolos de la

época, esa tropa de adolescentes imberbes que hacía las delicias de

mis compañeras.

Pero a mí me gustaba Elvis. No el Elvis de los trajes de

lentejuelas, el rostro abotargado y las luces de Las Vegas. A mí me

gustaba el otro. El mío. Pero ese era un secreto que guardaba para mí.

Y no estaba dispuesta a contárselo a nadie.

Mi madre creía que yo no sabía nada de mi padre. Y yo fingía

no saberlo. Pero lo sabía. Un día la sorprendí hablando por teléfono

con mi tía, y empecé a sospechar. A partir de ahí, confieso que

dediqué mucho tiempo a espiar sus conversaciones, a registrar sus

papeles y a fisgonear en su vida. Hasta que logré juntar todas las

piezas del rompecabezas y descubrí el enigma.

Mi padre no estaba muerto, como me habían repetido una y mil

veces. No era el maestro que murió en un accidente yendo al colegio

donde daba clase. Lo único que era cierto de la historia que me

contaron era aquella foto en blanco y negro que mi madre tenía

enmarcada en su mesita de noche, con una guitarra y un tupé como el

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Elvis de las primeras películas, ésas que me sabía de memoria a costa

de verlas una y otra vez en cuando las ponían en la tele, y en alguna

ocasión en la que mi madre o mi tía me llevaban a un cine de

reestreno a verlas.

Allí encontré lo que buscaba. El rock de la cárcel. Entre aquéllos

chicos buenos y guapos que bailaban y cantaban como locos me

gustaba imaginarme a mi padre. Porque cuando la ví, ya sabía que él

estaba enn prisión. Y, aunque no sabía qué podría haber hecho para

estar allí encerrado, soñaba que era bueno y estaba encarcelado

injustamente.

Aquel día de agosto del 77 estuve mucho tiempo escuchando

una y otra vez el rock de la cárcel en mi flamante comediscos. Era mi

segundo ejemplar, porque el primero se rayó tanto que quedó

inservible. Aunque aún lo gurdaba entre los tesoros de mi caja secreta.

Al final, dejé entrar a mi madre en mi cuarto. Y también en mi

alma. Solo me preguntó desde cuándo lo sabía, y solo pude

contestarle que lo sabía desde siempre. Nos abrazamos, entre lágrimas

por Elvis y por él, y me contó la historia.

Ahora sé que no era nada extraño en su época, pero entonces

aquello me parecía un desatino. Un profesor de múisca encarcelado

casi de por vida por actuar en un concierto clandestino para

reivindicar libertad. Mi madre me dijo que había esperado a que fuera

mayor para contármelo, al momento en que pudiera comprenderlo. Y

ese momento había llegado.

Y entonces, con doce años, conocí por fin a mi padre en una

visita en prisión, a más de 400 Km. de nuestra casa. Desde aquel día,

no dejé de acompañar a mi madre en cada una de aquellas visitas, por

más que dijeran que aquél no era lugar para niñas. En una de las

primeras, le regalé mi single del Rock de la cárcel.

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Han pasado muchos años, pero cada mes de agosto volvía a

acordarme de aquello. Es un recuerdo que guardo en esa caja de los

secretos que ahora está en mi cabeza. Junto con otro de los momentos

que no olvidaré nunca. El de un día de inicios del 79 en que mi padre

me devolvió aquel single que me gustaba tanto. Aquel día volvió a

casa. Y me hizo jurar que, si algún día le daba un nieto, le llamaría

Elvis.

Mi hijo Elvis nació hace apenas unos días. Y su abuelo, desde su

silla de ruedas, lo acuna cantándole su propia versión del Rock de la

cárcel.

Susana Gisbert Grifo (València)

http://conmitogaymistacones.com/

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Falling to sleep – Juli Scalzi (EUA) https://500px.com/juli-s-pix

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Déjà vu

Ya le había ocurrido en otras ocasiones. Sin embargo, ahora era

distinto, el sueño era recurrente. Al principio, una sola imagen fija, y

luego todo empezaba a cobrar vida. Esos endiablados sueños le

quitaban el sueño, si valía la redundancia. A pesar del escepticismo de

su marido, esas visiones eran premonitorias. De hecho, había decidido

reflejarlas en papel, dibujándolas. A veces, como algo estático, y

otras a manera de comic. Firmaba y fechaba los dibujos para autoconvencerse

de que habían sido ciertos sus presentimientos.

Sucedió con el cáncer de Elvira, la madre de su compañera

Marta. Con el accidente de su vecina doña Lourdes, la mujer del

médico, que quedó impedida debido a una caída por las escaleras. Y

con la infortunada visita de su maldito primo Antonio, arruinado por

su ludopatía y que osó, con todo su descaro, ir a pedirles dinero.

Aquello acabó con la inspección, por la benemérita, del tranquilo

hogar de los Martínez.

Temía que algo peligroso aconteciera. No sabía ni cuando, ni

donde sobrevendría. En realidad, no veía ninguna cara conocida.

Todo comenzaba con una mano abriendo un cajón. Después una

fuerte discusión, y acto seguido se despertaba a causa de un infernal

estruendo.

Alguien llamó a la puerta mientras ella plasmaba en una lámina

sus oníricos recuerdos. Jacinta, la asistenta, condujo a un caballero

hasta el gabinete de su marido. Y allí acaeció lo inevitable.

Al día siguiente se pudo leer en el diario:

AJUSTE DE CUENTAS FALLIDO

El juez Fernando Martínez acribilla a balazos a un delincuente al que

condenó a prisión hace doce años

Inmaculada Sastre Carpena (València)

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The Explanation – Thanasis Anastasiou (Grecia)

https://www.flickr.com/photos/nasos3/

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Conversación entre madre e hija

Madre, estoy muy enamorada de Jaime y vamos a vivir juntos.

Sé que tú no estás de acuerdo, que no te fías, que piensas que voy a

arrepentirme, pero tienes que estar tranquila, nos queremos mucho.

Hija, tú tienes 24 años y él 35, estás a punto de terminar la

carrera de ingeniero con notas excelentes y acabas de volver de

Alemania, donde estuviste como estudiante Erasmus, conoces tres

idiomas y pronto encontrarás un buen trabajo. A Jaime, en cambio,

todavía le falta para licenciarse, es actor, trabaja de vez en cuando. Sé

que le aprecian y a lo mejor se hará famoso. Pero no es como tú y, sin

animo de ofender, me parece un Peter Pan.

Madre, esto es uno de los motivos porque me gusta. Nos reímos

mucho juntos, es siempre alegre y la vida con él no es tan rutinaria

como en casa. Además, es muy cariñoso, es guapísimo, sabe bailar y

actuar de maravilla. Deseo aprender a ser como él.

Hija, me preocupa su carácter. Tiene dos caras; aunque parece

alegre, se enfada por cualquier tontería, si dices algo que no le gusta o

no está de acuerdo, grita y suelta tacos y ofensas terribles. Luego se

arrepiente y te pide disculpas, pero podría llegar a más. Piénsalo bien.

La decisión está tomada. Jaime y Constancia, al parecer muy

felices, se van a vivir juntos en un piso pequeño pero acogedor. Sus

padres les apoyan.

Los problemas empiezan cuando Constancia, terminada la

carrera, encuentra un trabajo muy satisfactorio. El verdadero carácter

de Jaime sale a luz. Se enfada a menudo, grita, y le suelta alguna

bofetada. Hasta que un día, agotada, le dice a Jaime que quiere

separarse. Ya no puede aguantar esa vida. Él no quiere aceptarlo,

discuten, y de repente le da un puñetazo en la cara. Al caer,

Constancia se da un golpe con la cabeza en la lavadora. Hay mucha

65


sangre, ha perdido el conocimiento, no hay más remedio que llevarla

al hospital.

Pasa varios días en coma, su madre está con ella día y noche

esperando que despierte. Cuando abre los ojos encuentra los de su

madre llorando.

Madre, ¿por qué lloras? ¿qué ha ocurrido?

Hija, has resbalado en casa y te has hecho daño en la cabeza. He

llamado al médico y te han llevado al hospital. Has estado durmiendo

muchas horas y no lograbas despertarte.

Madre, he tenido una pesadilla tremenda, parecía real. Jaime no

era el que parece, me ha echado una bronca tremenda, me ha pegado,

he caído y he pensado que me iba a morir. No voy a vivir con él, me

da miedo como a veces se comporta; aunque le quiero, prefiero

esperar y estar segura de que va a controlar su violencia. Si no,

prefiero estar sola.

María Gracia Scelfo (Roma, Italia)

http://mgscelfo.blogspot.com.es/

66


El hombre simple

Lonely man – Jerome Nelson (EUA)

https://www.flickr.com/photos/samphraim/

Era un hombre tan simple, que disfrutaba mirando como el agua

del mar se filtraba y arrastraba la arena de la playa entre sus manos.

El hombre simple no gastaba marcas ni seguía moda alguna,

porque pensaba que él no era un perro al que ponerle collar alguno.

Era tal su simpleza, que apenas gastaba lo necesario para vivir,

ya que lo que era interés, progreso y modernidad para el resto, para él

consistía en un encierro continuo.

67


El hombre simple venció a la envidia apreciando sus piernas, las

que le llevaban a lo alto de las montañas donde respirando el aire

puro sentía libertad.

A pesar de que lo acusaron de extraño, el hombre simple

aprendió a convivir casi totalmente separado del resto, lo que provocó

que el odio resbalara en él como lluvia débil.

Raro, llamaron al hombre simple, ya que prefería ver el brillo de

las estrellas al del oro.

El hombre simple no entendía de razas ni fronteras, tan solo de

trabajadores y buena y mala gente, y fue segregado por mayorías y

apreciado en silencio por infinidad de mayores minorías.

Cuando escuchaba críticas, callaba, pues sabía que no necesitaba

ninguna coraza para demostrar lo que no era ni lo que era.

Conocía a sus semejantes por dentro, comprendiendo que el

miedo a la verdad los empujaba a un ataque infernal en manada sobre

el más humilde y débil, pero jamás sonreía cuando un grupo reía de

las desgracias ajenas.

Un día se acercaron al hombre simple varias personas,

presumiendo de múltiples enseres que no llamaron en absoluto su

atención. Intrigados primero e irritados luego, preguntaban acosando

sin cesar por qué el hombre simple no era como ellos. El hombre

simple respondió que su vida era tan simple que no necesitaba ser

como nadie, solo apreciar la belleza de lo natural.

Enfurecidas, las personas hablaron y hablaron hasta conseguir

reunir una multitud que afirmaba repitiendo sin parar las consignas y

mentiras que lanzaron sobre el hombre simple.

El odio de la gente creció al ver como el hombre simple sentía

miedo, tapando su cobardía, atacaron sin piedad bajo la bandera del

heroísmo al hombre simple hasta acabar con él.

68


Una flor nació con el paso del tiempo en el mismo sitio donde

desapareció el hombre simple, poseía escasa belleza pero destacaba

por su templanza entre todas las plantas que la rodeaban.

Una de las personas que acabó con el hombre simple arrancó la

flor con rabia, ya que le molestaba en su camino; después de mirarla,

la tiró a un lado y la pisó al ver que no encajaba en su ramo. El ave

que volaba en el lugar, recogió la maltrecha flor, y la llevó hasta la

más alta de las montañas depositándola en su cumbre. De su polen

nació y creció otra flor, tan simple y natural que brilló día y noche

emanando siempre felicidad.

Primer premio del Certamen de relato AAVV Nou Molés, octubre de 2010

Rafael Blasco López (València)

69


Le Mythe d´Eros et Psyche – Phantom Der Lust (Rusia)

https://phantomderlust.deviantart.com/

70


Aula virtual

Esto de Internet es un invento. Todo, absolutamente todo, se

puede comprar en un click; hasta abuelas he visto que venden.

Menudo avance.

¿Y los cursos online? Uno puede aprender de cualquier cosa sin

aguantar compañeros molestos; sin cargar con la mochila. Hace un

par de años, viendo el panorama socioeconómico, me apunté a una

universidad a distancia y este curso termino. Me estoy sacando el

Graduado Superior en Villanía, que solo son tres años, pero ya sales

de técnico y te pueden contratar en cualquier parte o establecerte por

tu cuenta; además, te capacita para tener esbirros y secuaces, cosa que

el Grado Medio no permite.

El primer año fue un verdadero tostón. Que si «Historia de la

extorsión: desde Sumeria hasta nuestros días», que si «Psicología del

villano»… La asignatura que más odiaba era «Superhéroes:

fisionomía y debilidades». Me costó lo mío, pero saqué un ocho con

cinco en el examen final y no me fastidió mucho la nota media.

En cambio, este curso promete. Después de la «Teoría de la

presión sobre el héroe I» con la que aprendías, como si se tratara de

los reyes godos, el orden de los sujetos que era mejor secuestrar para

poner a tu merced (a saber: perro, compañero, novia, hijos… A la

madre no se la toca, que hay cosas que son sagradas, se vayan a

creer), este año consideran que hemos desarrollado estómago

suficiente para «Teoría y práctica de la presión sobre el héroe II». El

capítulo más interesante, desde mi punto de vista, es «Extracción y

envío de los pedazos», tengo muchas ganas de llegar a esa parte,

aunque temo que me las voy a ver canutas para hacer las prácticas.

Aurora Losa (La Palma del Condado, Huelva)

https://ladesdichadesersalmon.com/

71


World of magic – Marko Nadj (Serbia)

https://kiidfromtheozz.deviantart.com/

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Qualsevol dia

Qualsevol dia

arreplegaré

les meues

pròpies llàgrimes

les barrejaré

amb sang

i pintaré

un paisatge

d’amor

Penjaré

eixe quadre

del núvol

més bonic

perquè travesse

el món sencer

i tothom s’adone

de que estic

boig per tu

Rafa Sastre (València)

http://rafasastre.blogspot.com

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Concurso de relato rápido negro

NOVEMBRE NEGRE 2017

Coordinan VALENCIA ESCRIBE,

Ágora Puerto Cultural y Marian Creación Literaria

Casal Jove (Aula – Taller) - Puerto de Sagunto

C/ Vent de Marinada (s/n) Valencia

Sábado 4 de noviembre, 10:00 horas

BASES

1. Inscripción y desarrollo del concurso

Los participantes, con edad mínima de 16 años y provistos de Carnet

de Identidad o similar, deberán formalizar su inscripción en el

concurso presencialmente, entre las 10:00 y las 10:30 de la mañana. A

partir de esa hora no se admitirán más inscripciones. A cada

participante se le entregará una planilla con un número identificativo

que garantizará su anonimato ante el jurado.

El concurso, que comenzará a las 10:30 horas, consiste en escribir un

relato de temática negra, utilizando la frase o palabras que facilite la

organización. Los participantes contarán con 30 minutos de tiempo

para redactar sus historias (a las que pondrán el correspondiente

título) y pasarlas a limpio.

La extensión mínima de los textos será de 75 palabras y la máxima de

150. A tales efectos, el título no computa.

Serán descalificados los relatos que carezcan de número identificativo,

no lleven su correspondiente título, no empleen la frase o

palabras indicadas, incumplan la extensión estipulada, su temática no

se ajuste al género negro o sean ilegibles a criterio del Jurado, que

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entre otros méritos valorará el cumplimiento de las normas

ortográficas y gramaticales.

La organización facilitará el papel, pero los concursantes utilizarán

sus propios instrumentos de escritura.

2. Premios

El fallo del jurado se dará a conocer el mismo día, una hora después

de la finalización del tiempo otorgado.

I PREMIO: Estatuilla conmemorativa de la organización y pack

literario de género negro valorado en 50 euros.

II PREMIO: Pack literario de género negro valorado en 30 euros.

III PREMIO: Pack literario de género negro valorado en 20 euros.

Los tres relatos premiados serán publicados en la Revista Digital

«Valencia Escribe» de Diciembre.

Una vez concluido el concurso y entregados los premios, se realizará

un sorteo, entre los participantes no premiados, de varios libros de

género negro por cortesía de Librería Arco.

3. Otras

Los organizadores pueden, en cualquier momento y en beneficio del

buen desarrollo del concurso, modificar las normas del mismo y

solventar en el momento las cuestiones no contempladas en los

anteriores apartados.

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II CONCURSO DE RELATO RÁPIDO

VALENCIA ESCRIBE (10.06.2017)

Crónica

En el Casal Jove del Puerto de Sagunto y en coordinación con

Ágora Puerto Cultural y Marian Creación literaria, celebramos el

pasado 10 de junio el Segundo Concurso de Relato Rápido VE. La

frase de comienzo obligada fue «El teléfono sonó a las cuatro de la

madrugada». Participaron 26 amigos, resultando premiados los siguientes

cuentos:

1er premio

PAX AMERICANA, de Ernesto Salcedo Aparicio (València)

El teléfono sonó a las cuatro de la madrugada y nadie lo cogió. El

actual presidente de los Estados Unidos de América, cansado de

tuitear con sus fanáticos hasta las tres de la madrugada, se había

dormido, borracho, en el sillón presidencial, embriagado de poder.

Una sonrisa bobalicona iluminaba su cara mientras un hilo de

alcohólica baba resbalaba por la comisura de sus labios.

El himno americano, tono exigido por él, volvió a romper el silencio

de la noche y él, con un escorzo, casi fallido, golpeó el terminal rojo,

que cayó, inerte, al suelo enmoquetado sobre el águila imperial. Nada

ni nadie perturbaría su paz.

Al otro lado del hilo, el presidente ruso maldecía a su homólogo

americano mientras veía volar los misiles norcoreanos sobre el cielo

de Moscú.

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2º premio

OJOS NEGROS, de Laura Rubio Torrecillas (Puerto de Sagunto,

Valencia)

El teléfono sonó a las cuatro de la madrugada pero nadie respondió.

Volvió a sonar un minuto después con el mismo resultado. Había

llegado tarde. Maldijo para sus adentros que aquella hubiera sido la

única vez que Oscar siguiera sus instrucciones.

Estaba solo, tenía que resolver la misión sin ayuda. Salió de la cabina,

se sentó en un portal con la cara entre las manos simulando ser un

pobre diablo tras una larga noche. Pasó mucha gente junto a él que lo

miró con desprecio. Al cabo de media hora se armó de valor y se

levantó. Al incorporarse notó cómo unos fieros ojos negros se

clavaban en él. Sintió miedo, metió su mano en el bolsillo palpando

frenéticamente y respiró aliviado al notar la película plástica que

recubría la cápsula. La cogió, la introdujo en su boca y devolvió una

sonrisa tranquila a aquellos ojos negros.

3er premio

ATRAPADO EN EL JUEGO DE LA VIDA, de Nicolás Jarque

Alegre (Albuixech, Valencia)

El teléfono sonó a las cuatro de la madrugada en medio de una

partida de póker que mantenía dentro de un sueño. Me disculpé como

los buenos anfitriones suelen hacer y con la mirada les rogué que lo

entendiesen: debía contestar a una llamada tan intempestiva y me iba

a levantar de la mesa con toda mi suerte y todo su dinero. Al Capone

no me lo permitió. «Tú, ahí sentado». Su guardaespaldas me mostró

su pistola y acabó por convencerme. Harry «el Sucio» repitió la misma

frase: «Tú, ahí sentado». Mientras tanto, el teléfono seguía sonando y

yo cada vez más angustiado. Hace días que el teléfono ya no suena y

continúo ganando manos y manos. Quiero perder e irme, no puedo.

¡Maldita suerte la mía!

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Un aspecto de la sala cedida por el Ayuntamiento en el Casal Jove del Puerto

Ernesto Salcedo, recibiendo su premio de manos de Octavio Murria, de APC

78


Laura Rubio, segundo premio, leyendo su relato

Nico Jarque, tercer premio. Hace la entrega Vicente Murria.

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La ya clásica foto de familia

Os animamos a seguir participando en esta clase de eventos. No solo

por poner a prueba vuestros nervios y habilidades, sino porque son

una excelente oportunidad para conocer personas con inquietudes

semejantes, con las que resulta más que fácil trabar buena amistad.

80


Libros de nuestras/os colaboradores

Rubor de tinta – María Belén Mateos Galán

(Disponible en Amazon)

Un recorrido por el amor, un viaje más allá de lo real y de lo

imaginario, en el que la autora perfecciona su verbo conforme roza al

ser amado. El silencio se hace certeza en cada renglón de este libro y

son los latidos los que conforman la melodía de lo que no se

pronuncia, salvo cuando el intrépido lector hace suyo el mensaje.

Relatos bordados de pasión, rimas que son signos de amor y prosas

que son brotes de locura. En definitiva, esta obra es una aventura en

la que debería inmiscuirse para sentir la magia de un mundo de

fascinación y sueños que nunca podrá dejarle indiferente

81


Nuestros libros

Nos complace informar que nuestra nueva y flamante

criatura ya está disponible en Amazon

¡Hazte con ella si aún no la tienes!

82


Y recordad que su hermanos,

«Buffet Libre» (2015) y «El tiempo y la vida» (2016),

otras dos antologías de relatos y microrrelatos

con la participación de escritores habituales

de la revista VALENCIA ESCRIBE,

siguen de oferta en AMAZON (versiones papel y digital)

.

¡Hemos tirado los precios!

83


Palabras en la basura

Alberto Basterrechea, «Neorrabioso»

http://neorrabioso.blogspot.com.es/

84


Números anteriores de Valencia Escribe

Número 27 (Noviembre 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/56195419/ve-27-noviembre

Número 28 (Diciembre 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/56449121/ve-28-diciembre

Número 29 (Enero 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/56611987/ve-29-enero

Número 30 (Febrero 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/56798796/ve-30-febrero

Número 31 (Marzo 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/57120791/ve-31-marzo

Número 32 (Abril 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/58071760/ve-32-abril

Número 33 (Mayo 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/58321161/ve-33-mayo

Número 34 (Junio 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/58598263/ve-34-junio

NOTA: Enlaces de descarga en el interior de cada revista

85


Valencia Escribe en las redes

Os recordamos que en nuestro muro de Facebook Valencia

Escribe, además de otras cosas, seguimos colgando convocatorias de

concursos literarios que os podrían interesar

https://www.facebook.com/pages/Valencia-Escribe/134450789952020

Si tienes un blog y quieres hacernos partícipes de su existencia o

mantenernos al tanto de las entradas que publiques, no olvides que

también tenemos el grupo Valencia Escribe Blogs

https://www.facebook.com/groups/1571068066474683/

Para los aficionados al Haiku, también tenemos un espacio, que

para ser originales nos dio por bautizar como Valencia Escribe

Haiku. Podéis dejar allí vuestros poemas pero intentad cumplir las

reglas…

https://www.facebook.com/Valencia-Escribe-Haiku-746524675464504/

¿Queréis compartir o ser informados sobre los eventos culturales

más interesantes a celebrar en Valencia y alrededores? Exposiciones,

conferencias, presentaciones de libros, talleres, teatro, conciertos…

todo eso y más en Agenda Cultural VE

https://www.facebook.com/Agenda-Cultural-Valencia-Escribe-

1806573156332152/

Valencia Escribe (y mucho) es un grupo creado para compartir

vuestros poemas, microrrelatos y entradas de cualesquiera blogs

literarios mantenidos por los amigos que integran esta familia que

cada vez se hace más y más y más grande.

https://www.facebook.com/groups/393565884345726/

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¿Te gusta leer? ¿Te apetecería comentar con nosotros tus

lecturas? ¿Dar/pedir opiniones o recomendaciones sobre libros,

decirnos lo que estás leyendo, vas a leer o desearías leer? ¿Compartir

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La foto de Miguel

Calle en fiestas (Alcoi) - Miguel García Rodríguez (València)

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