VE-37 DICIEMBRE 2017

rafasastre

Número 37 - Diciembre 2017


© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías

o ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Portada: Valencia, mi otro lugar en el mundo – Vivian Rodríguez

Dorgia (Montevideo,Uruguay). Ilustración realizada expresamente

para la portada de nuestra revista.

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

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Índice

Un año más (Rafa Sastre) Pág. 1

II Concurso de relato rápido Novembre Negre Pág. 2

Un treball d’home (Susana Gisbert) Pág. 9

No esperes dulces por Navidad (Jorge Zarco) Pág. 11

Olor a pétalos (Manuel Serrano) Pág. 13

Cierto influjo de luna (Reka Refojos) Pág. 15

La gaviota (Esther Moreno) Pág. 17

El pincha (Lu Hoyos) Pág. 19

¡A todo trapo! (Mirta Calabrese) Pág. 21

Naturaleza (M.Luisa Pérez) Pág. 25

Nochebuena... (Luis Molina) Pág. 27

Hazaña (Conxa Gausí) Pág. 29

Harás (Aldana Giménez) Pág. 31

Los últimos pasajeros (Vivian Rodríguez) Pág. 33

Coitus interruptus (Javier Puchades) Pág. 35

Niños de nadie (Marta Navarro) Pág. 37

¡Contad, contad, malditos! (Marisa Martínez) Pág. 41

Amor a dos mil metros (M.Gracia Scelfo) Pág. 43

Dos anillos, dos arco iris (Liliana Ebner) Pág. 45

Olvidados (Pilar Alejos) Pág. 49

El desafío (Vicente Montemayor) Pág. 51

Jaula de grillos (Aurora Losa) Pág. 53

Novio prestado (Manoli Vicente) Pág. 57

Plou (Rafa Sastre) Pág. 59

II Concurso de relatos La radio en Colectivo - VE Pág. 61


Libros de nuestros/as colaboradores/as Pág. 63

Nuestros libros Pág. 64

Números anteriores de Valencia Escribe Pág. 66

Palabras en la basura Pág. 67

Valencia Escribe en las redes Pág. 68

La foto de Miguel Pág. 70


Un año más

Estamos a finales de 2017. Otro año más al saco. Y los años

pesan, o mejor dicho, nos pesan, a unos mucho más que a otros. A

veces resulta difícil mantener encendida la llama de la ilusión, pero

hemos de seguir intentándolo con todos los medios a nuestro alcance.

Ya lo dijo Einstein: «La vida es una especie de bicicleta. Si quieres

mantener el equilibrio, pedalea hacia adelante». Y así continuaremos

haciéndolo, mientras la fuerza nos acompañe.

El interior de esta revista contiene no uno ni dos, sino veintidós

regalos en forma de textos que otros tantos compañeros ofrecemos

desinteresadamente a todo aquel que quiera leerlos y compartirlos.

Porque como bien sabéis diciembre es época de obsequios, y los

nuestros son muy especiales; no los encontraréis en ninguna tienda y

a ningún precio.

Seguid siendo felices durante estas Navidades y recordad que

vuestra sonrisa es, sin ningún género de dudas, el presente más bello y

valioso.

Rafa Sastre

1


II Concurso de relato rápido

NOVEMBRE NEGRE

Con menos asistencia de la esperada y deseada, y en

coordinación con nuestros excelentes amigos de Ágora Puerto

Cultural, Marian Creación Literaria y Librería Arco, celebramos el

pasado 4 de noviembre este certamen; a continuación os dejamos los

textos ganadores y algunas fotos de variada autoría. El primer premio

lo consiguió un reincidente: Ernesto Salcedo, quien demostró que

incluso con el hándicap de concursar con un brazo en cabestrillo, es

capaz de hilvanar magníficos relatos. Damos desde aquí otra vez la

enhorabuena a Ernesto y al resto de galardonados.

******************

Primer Premio: «El nuevo recluta», de Ernesto Salcedo

Me despertó el movimiento de la puerta al cerrarse. No suelo

quedarme traspuesto sentado en el exterior de la barbería, pero ya soy

viejo. Levanto la vista y allí está el pequeño de los Romano. Plantado

bajo el letrero de «Pizzería», vigila cauteloso hacia la esquina de la

Quinta con Queens. La oscuridad y la determinación que veo en él no

deja lugar a dudas de lo que ha pasado dentro. Enciende un cigarro y

me mira a los ojos. La llama de maldad que arde en su interior no me

asusta, ya estoy acostumbrado a verla en cada uno de los sicarios que

a lo largo de mi azarosa vida han venido a pedirme mi contribución a

la familia Capone. No debería, pero aun así, siento pena por él. De

verdad pensaba que él llegaría a escapar del barrio. Alguien tendrá

que decírselo a su madre. No seré yo.

2


Segundo Premio: «Liberación», de Lola Piera

Me despertó el movimiento. Casi caigo de la cama con el

estruendo. La bomba sonó a liberación, y a pesar del denso humo

negro que salía del coche, supe que era la señal de la catarsis que

deseaba. Adiós a las medias de cristal, a las joyas, a las pieles, todas

dejaban un rastro de sangre. Mike Dedos Gordos ya era historia.

Cogí mi maleta. Dentro, cuatro trapos, esperanza y un futuro

incierto. Dejaría de ser la rubia oxigenada que bailaba el agua al señor

del crimen. Me volvería invisible.

Un puñado de dólares, una cajetilla de Lucky y un billete a

Nueva York. Y algo nuevo que no tuve hasta hoy: coraje para no

traicionarme.

Tercer Premio: «Corsaria», de Eulalia Rubio

Me despertó el movimiento producido por el oleaje. Estaba

tirada en el fondo de la bodega de un barco de pescadores. Sal y

escamas por todas partes, además de cientos de fardos de alguna

droga. Recordé las últimas palabras de Ramiro, el patrón:

—No volverás a jodernos el negocio.

Subí a cubierta, le golpeé por la espalda con un arpón y cayó

desvanecido. Llamé por la radio a la lancha de Halid. Trasladamos el

alijo y hundimos el Osiris. Ahora no sé qué va a pasar conmigo, Halid

está recibiendo órdenes para que se deshaga de mí. La cúpula no

quiere testigos, pero el veneno que le he puesto en el café empieza a

hacer efecto. Gracias, padre, por enseñarme aquella cala inaccesible

desde tierra.

3


Los premios que se repartieron

El Concejal de Juventud del Ayuntamiento de Sagunto,

Guillermo Sampedro, dando la bienvenida a los participantes

4


Guillermo hace entrega del primer premio a Ernesto Salcedo

El escritor Jerónimo García entrega el segundo premio a Lola Piera

5


Lu Hoyos, en representación de VE, entrega el tercer premio a Eulalia Rubio

Marian García y Vicente Murria, llevando a cabo el sorteo de los libros

regalados por Librería Arco y las camisetas de Novembre Negre

6


Tradicional «foto de familia». Esta vez, además

de los organizadores aparece también el jurado.

Y aquí, el grupo que se quedó después a comer...

7


Portrait of businesswoman – Caia Images (EUA)

https://500px.com/caia_images

8


Un treball d’home

—Enhorabona. Ja tens un treball d´home.

Ho havia aconseguit. Després de tant de temps d´esforç, de

sacrifici, de privacions i, fins i tot, de patiment, el càrrec era meu.

No veia el moment de presentar-me davant d´ella, de conèixerla,

de posar-me al seu servici. Era la meua heroïna. I, des d´ara, la meua

cap.

La seua benvinguda, però, em va deixar freda. Un treball

d´home? Què era el que volia dir? Que n´hi havia, de treballs d´homes

i de dones?

Vaig decidir no adonar-me´n. Fingiria no haver escoltat aquella

frase que m´havia baixat l´ànim als peus.

Vaig donar-li la mà en senyal de respecte. L´admiraba massa

com per a donar-li el parell de besades que n´haguera volgut. Ella va

fer-me una palmadeta en l´esquena. Quan ja me n´anava, va

cridarme.

—Dona, no t´amoïnes. No passa res per ajudar a signar el

contracte entre els llençols. L´angoixa dura una estona; el treball, tota

la vida.

La meua il.lusió se´n va anar per la finestra. I, aleshores, vaig

estar més orgullosa de mi mateixa que mai.

Des d´aquell dia no vaig tornar a mirar la meua cap de la

mateixa forma La decepció em va durar una estona; les ganes de

lluitar, tota la vida.

Susana Gisbert Grifo (València)

http://conmitogaymistacones.com/

9


DSC – Dimitris Ziannis (Grecia) https://500px.com/dimitrisziannis

10


No esperes dulces por Navidad

Aquí te veo sentado amigo

solitario en la barra de un bar

oyendo villancicos de fondo

y carcomiéndote la soledad.

No tienes familia a la que aferrarte

ni sobrinos para colmar con regalos a manos llenas

ni una novia a la que quieras llevar de cena

o hermanos y hermanas que a su casa te quieran invitar.

Todo eso lo perdiste un día

por una historia que no te apetece contar

son asuntos de familia

que al mundanal ruido le suelen resbalar.

Aquí en tu barra deshabitada

te limitas a beber sin parar

pero quizá algún colega sí tienes

que en medio de tu borrachera te pueda consolar.

No hay lujos que comprar a la vista

no hay tijeras ni papel celofán

qué tristes se hacen estas fiestas

si no eres un niño para recibir regalos o mazapán.

Pero al menos sabes que yo te acompaño con conversación

en la inmensidad de un desierto bar

te queda por lo menos el consuelo

de que esta Nochebuena solo no vas a estar.

Jorge Zarco Rodríguez (València), 20/12/2016

11


Gente en la calle - Ignacio Pinazo (1849-1916)

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Olor a pétalos

Hace unos días paseaba por el museo de Bellas Artes de

Valencia, por una exposición sobre el maestro valenciano de

impresionismo Pinazo, una colección que vale la pena admirar sin

prisa.

Contemplaba un hermoso cuadro, Pareja en la escollera, cuando vi

que un señor se acercaba demasiado a otra de las obras expuestas.

Me sorprendió que pegara la nariz al cuadro. Un sacrilegio. Una

infamia. Al momento llegó el vigilante, increpándole:

—Por favor, señor, no puede tocar el cuadro —dijo

malhumorado.

—Disculpe, soy ciego y solo quería comprobar cómo olían las

flores de este hermoso cuadro.

Cierto que es un hermoso cuadro, donde cientos de flores y

pétalos caen sobre la gente dibujada apenas, imaginada siempre, Gente

en la calle. Cuando se fue el señor con el vigilante, me acerqué para

sentir la fragancia. No hizo falta acercarme demasiado para notarla.

Manuel Serrano (València)

13


Wolf bird – Mohammed Abd El Halim (Egipto) https://500px.com/heonical

14


Cierto influjo de luna

Morir en tus entrañas

mientras nado en su reflejo.

Dormir en su embrujo

sintiendo tus caricias,

frías, mortales… Últimas.

Vivir en sus cadenas

bebiendo tu sangre,

llorando mi soledad,

escupiendo el miedo,

huyendo de esta realidad.

Y de pronto, lo inevitable…

La luz.

Tu rostro se hace eterno,

mi palidez ya es inmortal.

Reka Refojos González (Vigo, Pontevedra)

15


Este mar contaminado - José Luis Rico (Alicante) http://joseluisrico.com/

Imagen sugerida por la autora

16


La gaviota

El mar estaba tan calmado como siempre, pero los peces

flotaban, muertos, en un agua contaminada por el hombre. Armando,

pescador de toda la vida, se dirigió triste a través de ese piélago

envenenado. Cruzó con su velero el Mediterráneo durante varios

meses, sin encontrar vida alguna en esa densa mar. Los animales que

vivían en esas aguas habían sido presas del capitalismo aniquilador,

disfrazado de éxito. En todos esos días pudo vislumbrar a una

gaviota, que le siguió durante su travesía por los horrores del

progreso.

Esther Moreno Morillas (València)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

17


Foto sugerida por la autora

18


El pincha

Hija, ¿tú sabes quién es el hombre que duerme en mi cuarto?

—Claro, mamá, es el papá.

—No, hija, no, ese no es tu padre, ese es un viejo que no sé de

dónde ha salido. Mi marido es este —dice mientras le muestra una

foto—, es igualito que Clark Gable. ¿Tú sabes dónde puede estar?

La hija la mira con ternura y le acaricia una mano. Se queda sin

palabras.

—Ese es el pincha. Le estoy agradecida, todas las mañanas me

pone la insulina. Y parece un guardia civil gordo y viejo. ¡Mi marido!

¡Él sí es un hombre guapo! ¡Y bueno! A ver dónde se habrá metido

este hombre, hace no sé cuánto que no lo veo.

Lu Hoyos (València)

19


Foto de Ulises Barranco (Argentina) https://500px.com/ulpix

Sugerida por la autora

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¡A todo trapo!

No se la puede quitar de la cabeza. La vio en aquel salón

tanguero del barrio de Almagro. Ella, con un vestido negro, el cabello

color miel sobre un costado del rostro, escondiendo uno de sus

ojazos. Custodiada por un bacán, robusto y engreído que vestía

elegante. Parecía vigilar todo el tiempo, junto a otros tres fulanos que

le hacían la guardia.

Busca en el ropero el único traje que tiene, la camisa celeste

clara, los zapatos negros brillosos.

Se pasa un poco de colonia barata por el pelo engominado. Un

día de estos, va a comprar una de las que vio en la perfumería del

barrio.

¡Se dará el gusto! ¡Qué tanto!

Sale, la noche está tibia. Camina hasta la esquina. Al abrir su

cartera, el boleto de la última carrera lo mira burlón. Piensa en los

pesos que se le piantaron junto con las ilusiones, y lo perejil que es, al

creer que algún día ganará su apuesta, tendrá mucha guita y podrá

escapar de la mishiadura.

Hace señas al primer taxi que ve.

─ ¡Hasta San Telmo maestro! Vamos por la avenida San Juan y

me tira por ahí.

─ Tá bien muchacho.

─ El tránsito está un poco pesadito por la noche del viernes vio,

la gente sale más.

El taxista, busca conversación, pero él está con la mente en otra

parte.

─ En la cuadra que viene está bien, aquí me quedo Don.

Camina nervioso hasta la puerta de la milonga. La música a

todo trapo lo pone de buen humor. Algunas parejas ensayan figuras

21


atrevidas lustrando el suelo. La luz tenue y el humo no dejan ver con

claridad.

Acodado en la barra, enciende un cigarro y hace un paneo por

todo el salón, algunas muchachas miran insinuantes, pero él busca a

otra.

─Juan, poneme un trago, bien fuerte.

─Mirá ¡ahí la tenés a la moza! Le apunta Juan.

Toma un sorbo como para darse ánimo. Se da vuelta y ahí está

ella ¡Más linda que nunca! Con un vestido color manteca que dibuja

su cuerpo, los labios rojos, ese andar sensual y provocador, que lo

vuelve loco.

La orquesta se descuelga con un tangazo. Un tipo alto y vestido

de negro le habla por lo bajo, la toma del brazo y la lleva a la pista. Se

queda ensimismado mirando como la pareja baila con requiebros

estudiados.

¡No aguanta más!

─ Disculpe Don, ¿me permite? Me parece que la señorita quiere

cambiar de compañero.

Ella, sonríe tímida.

─ Sí ¡Claro amigo!! ¡Faltaría más! Toda suya.

Sonríe con sorna y se da media vuelta.

La abraza con suavidad, ella se aprieta contra su pecho mimosa.

La sensualidad se adueña del momento, solo ella y él.

La cadencia del tango los envuelve, los atrapa en una telaraña de

pasión.

Un empujón, la sorpresa, ¡Un puñetazo tan fuerte! que cae

derrumbado.

Los golpes vienen de todas partes, no ve nada. «Parecen ser unos

cuantos».

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Solo quiere que paren. Los gritos de la gente y el murmullo, los

escucha muy lejos... no sabe qué pasa. Todo se vuelve oscuro. Lo

arrastran por el suelo.

De pronto, la música comienza a sonar de nuevo...

«Por una cabeza, si ella me olvida

qué importa perderme, mil veces la vida

para qué vivir…»

Siente un paño mojado en la frente y algo de alivio.

─ ¡La pucha! ¡Hay que tené mala pata pa elegí las minas che!

Abre los ojos, y muy borroso ve a Juan.

A duras penas puede sentarse. El traje desgarrado, la camisa

celeste clarita salpicada de sangre, la corbata arrugada. Los bailarines

hacen un círculo como si él fuera el payaso del circo y murmuran por

lo bajo.

Enseguida alguien ordena:

─Bueno, señores aquí no ha pasao nada. ¡A seguir con la

milonga! Que los asuntos de polleras se arreglan afuera.

Algunos aplauden, la pista se llena poco a poco ¡Y a lustrar el

suelo!

El director de la orquesta anuncia un bis del tango más lindo del

mundo.

La música inunda el salón y se mete hasta en los huesos.

Un muchachito le entrega un papel con letra de mujer.

Juan, murmura:

«Para Gerardo:

Boedo 239 - 2º»

─ ¡Vos sos dueño che! Cada uno se muere como quiere...

Mirta Calabrese De Luca (Sant Celoni, Barcelona)

http://deshojandoversos.blogspot.com.es/

23


Fotografía de la autora

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Naturaleza

¿Puede el paisaje configurar nuestra mirada? Estoy convencida

de que sí, y mucho más. También nuestra sensibilidad y nuestro

pensamiento. Y nuestras emociones cuando éstas están en parte

condicionadas por la memoria. Pues la naturaleza nos acompaña

siempre. Crecemos con ella, se fija en nuestra mirada desde la más

tierna infancia: el mar, las flores, los bosques, la lluvia, los peces, la

niebla, la luna…. También desde la lejanía, en la distancia que vamos

adquiriendo cuando crecemos, han sido la referencia de nuestro

conocimiento y han originado nuestras raíces, nuestra identidad.

Los que «miramos» para trasladar esa mirada al papel, al lienzo,

sabemos que hay que conocer y comprender la mágica estructura de

la naturaleza y su belleza para, desde esa distancia que el tiempo nos

confiere, plasmarla tamizada, sentida, añorada en ocasiones y

siempre, siempre amada.

María Luisa Pérez Rodríguez (València)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

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x-ray of chest – Pan Xunbin (EUA) https://500px.com/defun

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Nochebuena…

Despertó y no entendía nada. ¿Qué estaba pasando?

El ámbito era irreconocible, paredes muy blancas, las luces, ese

tubo transparente que bajaba hacia su brazo. Le dolía todo. Lejanas

detonaciones se escuchaban por doquier.

Trató de recordar; los regalos, sí, los regalos, ellos me esperan…

Era tarde, se vistió apurado, el calor era agobiante. El motor no

quería arrancar, cuando lo hizo vio que la temperatura era muy alta.

Bajó y agregó agua al radiador. La ruta estaba congestionada, el sol

en rigor no perdonaba, desde el pavimento ascendían figuras

fantasmagóricas en forma de reflejos. Le costaba respirar. Qué daría

por tener un auto más moderno, pero…

Recuerda que el camino se evaporaba ante sus ojos, cual si fuera

un sueño. Luego el golpe, después la nada.

Trató de moverse, algo se lo impedía. Escuchó voces.

¿Dónde estaba su traje? Al menos aquí estaba fresco.

Uno de los hombres de blanco se acercó y tocó su frente.

Sostenía una copa en la mano.

—Hola, ¿ya despertaste? —preguntó sonriendo— ¡Vaya golpe!,

la sacaste barata.

No comprendía, ¿Qué estaba ocurriendo?

Trató de ver alrededor, era una sala de hospital.

Alguien entró y preguntó:

— ¿Qué le pasó?

—Perdió el conocimiento y se estrelló con el auto —fue la

respuesta.

27


—Hay que estar loco para salir a la ruta en plena tarde con un

auto tan viejo, vestido de Papá Noel y una temperatura de 42

grados…

Entonces recordó: ¡Era Navidad!

Luis Alberto Molina (Rosario, Argentina)

http://www.luismolin.blogspot.com.es/

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Hazaña

Imagen sugerida por la autora

Me estaba tomando una birra en la terraza del bar, me quedé

mirando el toldo de imposible olvido.

Como tantas veces había hecho de niño, pensé por un momento

que podría repetir el intento y aunque ahora no podía presumir

delante de aquella preciosa niña de rubios tirabuzones, si tenía que

demostrarme a mí mismo que era capaz de hacerlo.

No lo pensé dos veces. Me dirigí al objetivo y con mis dos

brazos me enganché en uno de los soportes del toldo dando a mi

cuerpo el impulso necesario para que el balanceo, cada vez más

fuerte, me permitiera llegar al otro soporte. Salté...

—¿Cariño que has hecho? ¿Crees que todavía tienes 12 años?

—me lo dijo sin acritud ni tirabuzones, mientras en urgencias del

hospital me grapaban la barbilla y otros desperfectos.

Conxa Gausí Caballero (València)

29


Diseño de Paul Fuentes (México) http://www.paulfuentesdesign.com/

Sugerido por la autora

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Harás

Estuve pidiéndole a noviembre

que te redireccionara a mí.

Éste año tendrá tres diciembres

para que alcances a venir.

La misma brújula ha estado ahí

apuntando al sitio de siempre

y tus manos aún no pueden descubrir

por qué mi piel te quiere.

Es esa la cama que tiene

espacio para los dos,

la distancia es un hielo que duele

en cualquier estación.

Estuve escribiendo en las paredes

sobre gotitas que tuve de vos.

Éste año harás nuevos niveles,

ansío leer cada color.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

31


Tango – Bernard Haettel (Francia) https://500px.com/bh-photography

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Los últimos pasajeros

La puerta ya casi se cerraba.

La música llegaba a su fin.

No quería bailar. Eso ya no era para mí.

Se habían agotado los delirios propios de un espíritu inquieto. El

partido jugado con todo el esfuerzo de que era capaz, llegaba a su

final y el resultado era lo de menos.

De pronto, algo se agitó en mi interior. Fue como un aleteo, un

destello, un último bis, fuera de programa, que ya nadie esperaba,

menos aún yo.

Mi corazón tembló. ¡Cuánto tiempo que no lo hacía! Mis dedos

sintieron el deseo de acariciar. Mi boca... Mi boca quedó muda

demorada en una sonrisa.

Tu delicadeza trascendió en ese gesto de sostener la puerta para

que yo pasara.

Tu perfume no me recordó ninguno anterior.

Tu mirada me ruborizó, sin quererlo tú, sin esperarlo yo.

Y juntos como dos locos a los que apura la noche antes del

amanecer, decidimos que había música por vivir.

Quise bailar, solo porque valía estar amarrada a tus brazos, sin

apuro ni desacuerdo, sin precepto, ni exigencia, sin más tiempo que el

que se vive, cuando ya no hay brillos tontos que distraigan nuestra

atención, ni veleidosas necesidades de seducir.

Dos extraños al momento de cerrar apuestas.

33


Nos esperaba el resto de nuestras vidas, sin ningún apuro, sin

necesidad de un por qué, libres para disfrutar el viaje de ese último

tren.

Vivian Rodríguez Dorgia (Montevideo,Uruguay)

https://lapiazzadellaluna.blogspot.com.uy/

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Coitus interruptus

Fotografía sugerida por el autor

El picadero, así llamábamos, mi hermano y yo, al descampado

que había detrás del colegio. Era nuestra distracción sabatina. Al

atardecer los coches llegaban, aparcaban y comenzaba ese rítmico

bamboleo. Si el vehículo era un «Citroën Dos Caballos» aquello se

convertía en un espectáculo.

Lo que más nos divertía era acercarnos sigilosamente y dar un

golpe seco en la chapa. Bruscamente cesaba el movimiento y veíamos

asomarse por las ventanillas sus rostros sudorosos. Siempre salíamos

corriendo. Excepto aquella tarde cuando los ojos que se asomaron

tras el cristal fueron los de mamá y aquel no era el coche de papá.

(Relato finalista en el programa Wonderland de RNE4 el 28/10/17)

Javier Puchades (Quart de Poblet, València)

https://eldecantadordeletras.blogspot.com.es/

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La marcha de los olvidados – Danny Castillo (Honduras)

https://500px.com/foxphotohn

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Niños de nadie

Elmer Mendoza nació un día de invierno frío y lluvioso. Nadie

recuerda con exactitud la fecha pero sí el frío y la lluvia, inmisericorde

y torrencial, que por aquel tiempo cayó durante días. Y la niebla. Una

niebla espesa que llegó de golpe a la ciudad borrando todas las cosas.

Tal vez fuera enero. Tal vez no. Nunca a causa de semejante olvido

ha celebrado su cumpleaños. Nunca ha tenido regalos, tartas, ni velas

a las que infantiles deseos soplar.

Aquel invierno, el invierno de doce o quizá trece años atrás en

que Elmer vino al mundo, habían vendido sus padres la poca tierra

que en su aldea natal tenían y, esperanzados como nunca estuvieron,

como ya nunca volverían a estarlo, a pesar de la multitud de miedos e

incertidumbres que, inclementes, sobre ellos se cernían, habían

marchado a la capital en busca de un futuro más próspero para el hijo

que en camino venía. Pero sabido es que nunca tuvo compasión con

los pobres el destino y solo un terreno en un suburbio de la periferia,

más allá del extrarradio, de las vías, de los edificios grises y las

inevitables torres de alta tensión, un terreno próximo en exceso al

inmenso vertedero que el contorno de aquella ciudad inhóspita y

áspera como pocas delimita, fue lo que el perverso azar les reservó y a

lo que hubieron su nueva vida de conformar.

Allí, a escasos metros de la cerca, con incansable y tenaz

esfuerzo, cultivan desde entonces berenjenas, calabacines, coles y

tomates que pocas veces consiguen vender. Y allí, al filo de la

desolación y la impotencia, clavada la angustia en el pecho,

hondamente herido su corazón, casi vencidos, lágrimas de rabia y

desaliento, lágrimas con un amargo sabor a exilio y a derrota, lloran

sin ruido cada noche —ojos hundidos y cansados— en un triste duelo

por la pérdida de aquella ya tan lejana, ingenua y efímera ilusión,

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desvanecido frente a ellos sin remedio el futuro que juntos un día

soñaron.

Y es que, pese a hacer todo lo posible —y cierto es que lo

hicieron— a veces sucede que ni aun esto resulta suficiente, nunca

mejoran los tiempos y para tal infortunio no existe entonces consuelo.

Límites hay que el valor humano jamás a superar alcanza.

Así fue que en este lugar remoto y por todos olvidado, en una

vieja barraca de madera y zinc tan mísera como una chabola, nació

Elmer. Un muchacho ahora alto y fuerte, espigado, de rostro atezado

por el sol y ojos oscuros, brillantes, profundos y esquivos que cada

día, mucho antes del amanecer, en ese momento en que el silencio

parece devorar las horas, salta de su pequeño camastro y siempre

sigiloso para no despertar a los hermanos que tras él llegaron, como

una sombra apenas arrancada a las tinieblas, sale a la soledad de unas

calles donde hace mucho la miseria se hizo costumbre, de unas calles

que a cada paso hablan de dolor. Cabizbajo y lento, un peso

insoportable de llanto e injusticia a sus espaldas, al vertedero entonces

se encamina y allí confundido entre decenas de chiquillos harapientos

—ojos tristes, mejillas hundidas, manos sucias, alma gastada— hace

mucho tiempo todos ellos resignados a su suerte, y los perros y buitres

que habitan el lugar, armado como todos con su inevitable garfio y

como todos de inmediato cubierto por una grasienta costra de mugre,

con inocente esmero, escarba entre la basura en busca del quizás

único sustento de que ese día dispondrá la maltrecha, siempre exigua,

economía familiar.

Elmer no se queja. Nunca se queja. Tampoco se avergüenza. Es

su trabajo. Gracias a él —bien lo sabe— subsiste su familia, digna,

casi heroica, superviviente de las privaciones y la escasez. Y se siente

orgulloso. Mucho. Pero lo odia. Lo odia de un modo profundo y

oscuro que por mucho que intenta no logra evitar. Odia la basura, el

olor, los insectos, los camiones, el humo de los gases... Tan

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desagradable todo, tan sucio, tan insalubre. Tan triste y

descorazonador.

En secreto, un secreto nunca con nadie compartido, Elmer sueña

estudiar. Quisiera ir a la escuela, merendar en el parque a la salida de

las clases, jugar al baloncesto, confundirse y ser uno más, entre todos

esos chicos a los que cada tarde espía desde lejos... y un día —como

ellos seguro lograrán— llegar a ser maestro o médico, quizás.

Algunas veces, pocas, pero a veces, desde lo más alto de su

montaña de escombros, golpeado por la pena y la soledad, levanta los

ojos a un cielo para él siempre arisco y en penumbra. Susurra

entonces una plegaria dolorida, una plegaria de tristeza abrumadora y

solo si por un instante una estrella atraviesa rauda el firmamento, el

niño sonríe. Por alguna extraña razón -alguien un día le contó- las

estrellas fugaces guardan relación directa con los deseos y esa idea,

casi una esperanza, dibuja en sus labios una sonrisa. Una sonrisa

breve, apenas un esbozo, tan fugaz como la estrella. La triste e

inexpresiva sonrisa de quien nunca aprendió a reír. De quien sabe que

algunas historias nunca alcanzan su final feliz.

Marta Navarro (València)

https://cuentosvagabundos.blogspot.com.es/

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Ichi Ni San Shi Go – Steve Passlow (Australia)

https://500px.com/stevepasslow

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¡Contad, contad, malditos!

¡Cielos, no me acordaba! Esta tarde tengo cita con el doctor

Andreu. He de consultarle sobre esta extraña manía que tengo de

contarlo todo una y otra vez. Últimamente no puedo parar, no sé que

me ocurre.

Estoy hecho polvo, ese matasanos me ha diagnosticado un

trastorno obsesivo-compulsivo y le he dicho ¿mande? Creo que no es

tan bueno como dicen. Yo esperaba un poco más de ayuda, no me

dejaba explicarle. Si me hubiera escuchado. Si hubiera podido decirle

que soy escritor, lo habría comprendido. De mi última novela no he

sacado ni para gastos. Así que me paso el día enviando textos a

concursos, a ver si me clasifican en alguno y gano algo de pasta. Por

eso no hago otra cosa que contar. Cuento palabras: noventa, noventa

y uno, noventa y nueve. Cien. ¡Nooo puedooo más! Un diagnóstico

más acertado creo que hubiera sido estrés post-traumático, si va a ser

eso ¡joder!, y este tío me ha sacado cincuenta euros por nada.

Un, dos, tres… veinte tiradores. Un, dos, tres… veintitrés

baldosas. Cinco, seis, siete… treinta y tres azulejos. Cinco, seis…

Después del desayuno, ducha y al trabajo. Un, dos, cuarenta y

seis escalones, son los que hay desde el cuarto piso donde vivo hasta

el patio. Tres, dos, uno, cero.

Marisa Martínez Arce (València)

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Man helping person climb – Blend Boost (Islandia)

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Amor a dos mil metros

Se habían conocido en el mes de octubre, haciendo senderismo

en Valle d’Aosta. A Pepe, español, guapo, atlético y siempre

sonriente, le gustaba mucho la montaña y en particular en este mes,

cuando el paisaje empieza a tener un aspecto maravilloso entre el rojo

y el amarillo con el aire ya fresquito y los días despejados. Todavía no

han empezado las lluvias de noviembre, aunque siempre suele haber

alguna tormenta por la tarde. Lo típico de la montaña.

Antonia, rubia, de pelo largo, risueña, vivía en un pequeño

pueblo cerca del Monte Bianco y cerca del hotel donde se había

instalado Pepe. A ella también le gustaba subir al monte mirando el

paisaje, y sacando fotos, que luego ponía como cuadros en el pequeño

chalet donde vivía. Tenía una cafetería donde preparaba platos típicos

del Valle. Su comida les encantaba a todos, vecinos y turistas, muchos

de los cuales eran españoles que iban de excursión al Monte Bianco.

Aquel día hacía bueno, el cielo estaba despejado y el aire era

fresquito, lo ideal para subir a un refugio a varios metros de altura.

Antonia decidió ir al refugio Benevolo, que estaba alrededor de los

2400 metros. Se preparó, abrigándose bien porque en el Benevolo

haría mucho frío.

Sin saberlo, Pepe también tomó la misma decisión y salió del

hotel muy contento, con su mochila lista para cualquier imprevisto.

Aparcaron los dos casi al mismo tiempo y empezaron a subir. Se

saludaron, como es costumbre en la montaña, cuando se encuentra a

alguien a lo largo del camino. Se miraron, se gustaron a primera vista

y decidieron subir juntos gozando de aquel paisaje otoñal antes de

que la nieve, llegado el invierno, lo cubriera todo de nieve. Las

marmotas ya habían empezado su hibernación y poco a poco el

paisaje iba cambiando. Cada vez era más angosto. Por fin llegaron al

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efugio hambrientos y cansados, pero felices. Había química entre

ellos. Hablaron sin parar, se contaron muchas cosas y comentaron lo

casual del encuentro. Bajando les pilló una tormenta que aunque no

duró mucho, les mojó por completo. Hacía frio y se cogieron de la

mano, se abrazaron para calentarse, se besaron.

Antonia le invitó a cenar en su chalet. Pepe no dejaba de

mirarla, se buscaban, se deseaban. El momento parecía mágico y con

mucha naturalidad se desnudaron e hicieron el amor con pasión y

dulzura. No se separaron durante una semana.

Pepe tenía que regresar a su trabajo y le pidió a Antonia que se

fuera con él a España.

Ella lo miró, pensó en su vida futura con ese desconocido, y no

lo dudó ni un instante, preparó su maleta y se fue con él.

María Gracia Scelfo (Roma, Italia)

http://mgscelfo.blogspot.com.es/

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Dos anillos, dos arco iris

Fotografía de la autora

Una tiene 93 años, la otra 29.

Una es abuela de siete nietos, la otra es la más pequeña de ellos.

Desde el primer día se sintieron atraídas por un amor profundo,

una desde sus años, la otra al recibir la caricia en su suave piel de

recién nacida.

Un anillo brillaba en la mano de la abuela que hacía las delicias

de la pequeña. Corría a su encuentro y tomándole la mano hacía girar

el dedo para que el sol descompusiera en un arco iris de colores el

pequeño brillante que tanto la atraía.

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La abuela entonces le contaba la historia de su boda, del anillo

que el abuelo había colocado en su dedo hacía ya muchos años.

Entonces la pequeña, con vos mimosa le decía:

—Abuela, cuando yo me case quiero llevar ese anillo.

Entonces la abuela con voz quebrada le contestaba:

—Este anillo será tuyo el día que yo emprenda un viaje muy

largo y espero que lo cuides y lo quieras como nos hemos querido tus

abuelos.

Ella no entendía y cada vez que la veía corría a sus brazos y le

preguntaba:

—Abuela ¿cuándo te vas a hacer ese viaje largo?

Era tal la fascinación por el anillo que un día mordió a la abuela

en el muslo por no querer dejarla jugar con ese arco iris que la hacía

soñar.

Los años pasaron, la abuela ya no cuenta cuentos, pero siempre

espera la llegada de esa nieta que le arranca sonrisas y le cuenta

secretos y entrelazan sus manos como cuando era pequeña y le

regalaba los cuadros que de los cuentos ella pintaba y le pide perdón

por aquel mordisco que nunca olvidó.

Un novio llegó y conociendo la historia del mítico anillo, mandó

hacer una réplica idéntica para el día del compromiso.

Hoy hay dos arco iris que danzan y destellan brillantes colores

en dos manos que siempre se entrelazan, dos manos distintas que

marcan el paso de la vida.

Una tiene 93 años —mi madre— y su anillo enlazado en su dedo

hace más de siete décadas, cuenta una antigua historia de amor, la

otra —mi hija— tiene 29 y su anillo comienza a contar una nueva

historia.

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La abuela se emociona al pensar que nunca dejó de amar y

desear esa pequeña joya, compañera inseparable que hoy, ya viuda, la

sigue acompañando con recuerdos y nostalgias y la nieta se alegra de

que haya dos anillos, pues la abuela aún no ha emprendido ese largo

viaje del que siempre le hablaba.

Dos generaciones entrelazadas con dos anillos, con dos arco iris

que siempre danzan.

Anillo de la abuela: 3 de agosto de 1942

70 años después:

Anillo de la nieta: 25 de diciembre de 2012

Liliana Ebner (Buenos Aires, Argentina)

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Foto sugerida por la autora

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Olvidados

El crujir de las hojas les recuerda lo solos que están. Duele tanto

el silencio.... Una gruesa capa de polvo cubre su piel, los resguarda

del frío y de la humedad, con olor a moho y a olvido.

Hace tanto que han perdido la esperanza, que se han

acostumbrado a la oscuridad, ajenos al paso del tiempo. Los insectos,

hambrientos, trepan a su alrededor. Ellos permanecen inmóviles,

hasta que se marchan.

De repente, atraviesa la estancia un rayo de luz que hiere sus

letras. Alguien viene a rescatarlos del abandono, acariciará sus

páginas y renacerán a través de sus ojos.

Pilar Alejos Martínez (Quart de Poblet, València)

https://versosaflordepiel.blogspot.com.es/

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Feet under sand – Shannon Fagan (China) https://500px.com/xixinxing

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El desafío

Al despertar no recordó por qué estaba enterrado en la arena,

pero la luz crepuscular se filtraba en sus ojos —semicerrados por su

transpiración y la sal que traía la brisa—, haciendo que su

desconsuelo fuera aún mayor. La tarde era esplendorosa y el sol se

despedía incendiando las nubes en el horizonte, pero su embarazosa

situación le impedía disfrutar del paisaje. Entonces se percató de que

la marea subía. Observó la inclinación del sol y calculó que el agua lo

alcanzaría antes de una hora. Siempre había sido excelente

computando el tiempo. El recuerdo de Lidya se encendió de pronto

en su memoria como un flashazo. La evocación de aquella melena

negra alborotada, el brevísimo bikini y la pañoleta roja que se negaba

a cubrir aquellos senos voluptuosos y turgentes, le ayudó a evadirse de

su aterradora realidad por un instante. Entonces recordó el escarceo

entre ella y su primo y el desafío lanzado por la mujer para saber

quién de los dos resistía más tiempo enterrado en la playa. El ganador

se la llevaba a ella como premio. En ese momento sintió la primera

ola mojando su rostro y sin poder girar la cabeza escuchó a sus

espaldas las risas de los dos.

Vicente Montemayor (Monterrey, México)

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Hardware psychoanalizing – Kosmur (Rusia) https://kosmur.deviantart.com/

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Jaula de grillos

Para ser un lugar dedicado a la calma mental, resultaba

agobiante: el color tostado de las paredes, el wengué de la librería y

las cortinas color crema, daban muestras del buen gusto de su

decorador, pero también una sensación de rectitud y oscuridad con

los cuadros de marcos dorados y las fichas del test de Rochas a la

vista. El diván clásico, frente a un enorme escritorio, hacía sentirse

insignificante a todo el que se tumbara en él. La extensa colección de

libros empequeñecía la mente del más docto de los pacientes.

Para colmo, y como parte de los más novedosos métodos, las

sesiones eran grabadas por una videocámara que apuntaba al visitante

con su ojo rojo parpadeando.

Anselmo López no soportaba aquella cámara, ni el diván, ni las

cortinas, ni los libros; ni, ya puestos, al Dr. Ernesto Márquez-

Casanova, un hombre pequeño de aspecto cetrino que se frotaba las

manos a cada momento y repetía «Vamos avanzando estupendamente»

en un intervalo regular de cinco minutos.

Sin embargo, Anselmo había preferido no cambiar de psicólogo,

angustiado por una rutina obsesiva.

— ¿Cómo estamos hoy? ¿Hizo lo que le pedí en la sesión

anterior?

—Lo he intentado. Aquí traigo las notas.

Le acercó un fajo de papeles arrugados y llenos de letras que se

desparramaban en todas direcciones (de derecha a izquierda y de

arriba a abajo en sentido perpendicular, meticulosamente numeradas).

—Vaya, parece que son muchas. ¿Por qué no me cuenta lo que

hay en ellas a grosso modo y luego las repasamos una a una?

— ¿Podría apagar la cámara, doctor?

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—Sabe que no es posible, Anselmo. Haga como si no estuviera.

Pero no podía, el parpadeo bermellón era como la mirada de un

francotirador que conocía todos sus secretos.

—Al principio era solo un hombre, pero ahora son dos. Han

alquilado el piso del quinto, justo encima del mío, y me cruzo con el

inquilino constantemente. Da igual la hora del día. Está en el rellano,

en el portal, en el ascensor. Estoy seguro de que ese cabrón ha hecho

un agujero para espiarme.

— ¿Qué le hace pensar eso?

—Hará un par de días se pasó la tarde con el taladro y he notado

una corriente que antes no había en el salón. Sale de al lado de la

lámpara del techo.

—Y, según usted ¿Qué puede estar buscando?

—Robarme mi éxito. Mi éxito como escritor.

—Su éxito como escritor.

—Sí, doctor. Acabo de terminar la novela. Va a ser un bombazo.

— ¿No le parece un poco retorcido pensar que su nuevo vecino

se ha mudado solo con el fin de robarle una novela que, por otro lado,

nadie sabía que estaba escribiendo?

— ¿Qué insinúa?

—Puede que el agotamiento, después de tanto esfuerzo para

terminarla, le haga ver cosas que no son. Si usted no ha dicho en qué

estaba trabajando, es difícil que alguien pudiera adivinarlo. ¿No cree?

—Eso es verdad. No lo he comentado con nadie, solo aquí, en la

consul…

Y fijó su mirada en la luz roja de la cámara antes de incorporarse

con brusquedad.

— ¿Qué sucede, Anselmo?

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—¡Usted! Todo este tiempo ha sido usted. Embaucador,

manipulador… ¡Ladrón! Eso es lo que es. Ha alquilado el quinto. No

había carteles, ni anuncios en los periódicos; pero usted lo sabía

porque yo se lo dije.

—No diga tonterías. Acaba de decirme que ha visto a su vecino

varias veces y sabe que no soy yo.

—No, claro. Eso habría acabado con su plan. Ha contratado a

alguien. —Se lanzó contra el trípode de la cámara— Claro, ahora

encaja todo. Sus ánimos para que terminara de escribirla. Me ha

preguntado por la novela en cada reunión. Quería detalles. Saber si

valía la pena. Y vaya si lo vale. ¡Es una obra maestra!

—Cálmese, señor López, por favor. Está usted diciendo

disparates. Yo ya tengo un oficio. Mi interés por sus escritos era

meramente profesional.

—¡Y un cuerno! Sabrá de mí por los tribunales. No voy a

descansar hasta que esté hundido. ¿Me oye? ¡Ladrón de ingenios!

¡Truhán sacacuartos! ¡Loquero!

Arrastraba en su furia cuanto tenía delante.

—Por Dios bendito, Anselmo. A mí no me gusta la literatura, yo

soy más de música. Toco el violín.

El paciente frenó su destrucción.

— ¿El violín?

—Sí, el violín. Es agradable su tacto bajo la barbilla, cómo vibra

todo cuando el arco roza las cuerdas.

—Es un instrumento complicado. Mi padre tocaba el violín.

— Se tumbó en el diván.

—Lo sé, Anselmo. Me lo dijo en la primera sesión.

Para ser un lugar dedicado a la calma mental parecía un campo

de minas recién estallado, con las cortinas hechas jirones, los marcos

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dorados pendiendo de las esquinas y los libros esparcidos como

cadáveres sobre la alfombra. El diván clásico, frente al enorme

escritorio, con Anselmo López tumbado en él.

—Una obra maestra le digo, doctor. Le regalaré una copia

firmada.

Aurora Losa (La Palma del Condado, Huelva)

https://ladesdichadesersalmon.com/

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Novio Prestado

Autor desconocido

En mi tierra es costumbre que la novia lleve algo prestado el día

de su boda. Habiendo anunciado mi casamiento, como no tenía

ninguna carencia, pedí a una de mis mejores amigas que me prestase

a su novio. Después de todo, solo lo necesitaría un rato, justo para la

ceremonia. Mi amiga se enfadó y rechazó acudir como invitada, por

lo que, para que no se sintiese desplazada, decidimos de común

acuerdo que ella fuese nuestra madrina.

Manoli Vicente Fernández (Viana do Bolo, Ourense)

http://www.lascosasqueescribo.wordpress.com

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I’ll be fine – Khoi Nguyen (Vietnam) https://blackjack0919.deviantart.com/

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Plou

De vegades

negres núvols

brollen en el cap

i plou en el meu cor

en les meues galtes

plou

Son xicotetes tempestes

provinents del passat

i també d'un incert futur

De vegades plou

i el pitjor de tot

es que m'agrada

Potser m'estic convertint

en un ionqui famolenc

de llàgrimes destrellades

Rafa Sastre (València)

http://rafasastre.blogspot.com

59


60


II Concurso de microrrelatos

«La Radio En Colectivo/Valencia Escribe»

El programa La Radio En Colectivo, de Mislata Radio, con la

colaboración de Valencia Escribe, y el fin de fomentar la creatividad

literaria y difundir el género del microrrelato, convocan el II Concurso

de Microrrelatos.

La presentación a este certamen implica la aceptación de las siguientes

bases:

1. El concurso se desarrollará desde mayo de 2017 hasta mayo del

2018. Cada mes se seleccionará un microrrelato ganador y entre todos

los ganadores mensuales se escogerá el ganador del premio final. Se

podrán enviar solo dos microrrelatos por persona al mes.

Los participantes deberán tener los 14 años cumplidos.

2. El microrrelato debe ser original e inédito (por inédito se entiende

que no haya ganado ningún premio ni se haya difundido en ningún

medio), escrito en castellano, y que no exceda las 150 palabras, título

incluido. La temática será libre.

3. Las obras se enviarán por correo electrónico, con el asunto «II

Concurso de Microrrelatos La Radio en Colectivo», a la siguiente

dirección: valenciaescribe@hotmail.com

El texto, que debe llevar título, debe incluirse en el cuerpo del mensaje

(no como un documento adjunto) y al final deben constar los datos

personales (nombre y apellidos, dirección postal, localidad y un

teléfono de contacto).

Se podrán firmar las obras con pseudónimo sin menoscabo de la

inclusión de los datos personales para el conocimiento de éstos por la

organización del concurso.

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Los microrrelatos se pueden presentar a cada convocatoria mensual

desde el día 1 desde las 00.00h hasta el día 28, 30 o 31 (según el mes)

a las 23.59h, en GTM+1.

4. Los textos ganadores mensuales se publicarán en las páginas de

Facebook: La Radio en Colectivo, y Valencia Escribe. Por este motivo

La Radio En Colectivo se reserva el derecho de reproducción y

difusión de todos los microrrelatos enviados, incluso los no seleccionados.

5. El jurado que seleccionará los microrrelatos finalistas de cada

convocatoria mensual estará formado por el equipo de La Radio En

Colectivo y de Valencia Escribe, pudiendo incluir en sucesivas convocatorias

a nuevos miembros del jurado.

El veredicto de cada mes se hará público el último jueves (no festivo)

del mes siguiente a cada convocatoria mensual en las página de

Facebook La RADIO en colectivo y Valencia Escribe y se leerá en el

programa de radio.

El veredicto final se hará público el último jueves de mayo de 2018

en las mencionadas páginas de Facebook y en la emisión de esa

semana del programa de radio.

Los autores ganadores y finalistas deberán estar dispuestos a darse a

conocer públicamente.

6. Los finalistas de cada mes optarán a un diploma y, además, está

prevista una sorpresa final para el ganador.

7. El jurado puede declarar desierto el premio mensual así como el

final si considera que ninguna de las obras presentadas tienen

suficiente calidad para ser publicadas.

8. La Radio En Colectivo y se reserva la posibilidad de modificar las

bases del concurso por causas justificadas.

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Libros de nuestras/os colaboradores

Mar de lija – Susana Gisbert Grifo

(Disponible en Amazon)

Ana, Nadia, Sara, Rosa, Lydia, Sandra, Leonor, Esperanza... Susana

Gisbert nos muestra la historia de cientos, miles de mujeres, que día a día,

deben navegar en un «mar de lija» para poder sobrevivir en una triste

realidad que nos ofrece la sociedad actual. Su lucha, no siempre entendida,

puede desembocar en tragedia, pero la autora —quien conoce de primera

mano todas estas historias—, lanza un mensaje de esperanza: esto no es el

final, se puede salir, no estás sola, no te conviertas en una náufraga en el

Mar de Lija.

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Nuestros libros

Nuestra última colección de relatos

sigue estando disponible en Amazon

¡Hazte con ella si aún no la tienes!

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Y recordad que su hermanos,

«Buffet Libre» (2015) y «El tiempo y la vida» (2016),

otras dos antologías de relatos y microrrelatos

con la participación de escritores habituales

de la revista VALENCIA ESCRIBE,

siguen de oferta en AMAZON (versiones papel y digital)

¡Los precios no pueden ser más baratos!

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Números anteriores de Valencia Escribe

Número 28 (Diciembre 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/56449121/ve-28-diciembre

Número 29 (Enero 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/56611987/ve-29-enero

Número 30 (Febrero 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/56798796/ve-30-febrero

Número 31 (Marzo 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/57120791/ve-31-marzo

Número 32 (Abril 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/58071760/ve-32-abril

Número 33 (Mayo 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/58321161/ve-33-mayo

Número 34 (Junio 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/58598263/ve-34-junio

Número 35 (Octubre 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59450052/ve-35-octubre

NOTA: Enlaces de descarga en el interior de cada revista

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Palabras en la basura

Alberto Basterrechea, «Neorrabioso»

http://neorrabioso.blogspot.com.es/

67


Valencia Escribe en las redes

Os recordamos que en nuestro muro de Facebook Valencia

Escribe, además de otras cosas, seguimos colgando convocatorias de

concursos literarios que os podrían interesar

https://www.facebook.com/pages/Valencia-Escribe/134450789952020

Si tienes un blog y quieres hacernos partícipes de su existencia o

mantenernos al tanto de las entradas que publiques, no olvides que

también tenemos el grupo Valencia Escribe Blogs

https://www.facebook.com/groups/1571068066474683/

Para los aficionados al Haiku, también tenemos un espacio, que

para ser originales nos dio por bautizar como Valencia Escribe

Haiku. Podéis dejar allí vuestros poemas pero intentad cumplir las

reglas…

https://www.facebook.com/Valencia-Escribe-Haiku-746524675464504/

¿Queréis compartir o ser informados sobre los eventos culturales

más interesantes a celebrar en Valencia y alrededores? Exposiciones,

conferencias, presentaciones de libros, talleres, teatro, conciertos…

todo eso y más en Agenda Cultural VE

https://www.facebook.com/Agenda-Cultural-Valencia-Escribe-

1806573156332152/

Valencia Escribe (y mucho) es un grupo creado para compartir

vuestros poemas, microrrelatos y entradas de cualesquiera blogs

literarios mantenidos por los amigos que integran esta familia que

cada vez se hace más y más y más grande.

https://www.facebook.com/groups/393565884345726/

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¿Te gusta leer? ¿Te apetecería comentar con nosotros tus

lecturas? ¿Dar/pedir opiniones o recomendaciones sobre libros,

decirnos lo que estás leyendo, vas a leer o desearías leer? ¿Compartir

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La foto de Miguel

Miguel García Rodríguez (València)

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