VE-40 MARZO 2018

rafasastre

Número 40 - Marzo 2018


© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías

o ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Portada: For the love of books – Christian Schloe (Austria)

https://www.artflakes.com/en/shop/christian-schloe

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

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Índice

Retos cumplidos (Rafa Sastre) Pág. 1

III Maratón de Microrrelatos VE Pág. 3

La vida en un día (Gabriel Pérez) Pág. 13

Escena final (Carmen Fabiá) Pág. 15

Un hombre es todos los hombres (Lu Hoyos) Pág. 17

Primer recuerdo (Aldana Giménez) Pág. 19

Seducción (Pilar Alejos) Pág. 21

La pérdida (Alejandro Ramos) Pág. 23

Muñecos de nieve (Susana Gisbert) Pág. 25

Frágil tersura (Juan A. Martínez) Pág. 29

Escribir, existir (Jorge Zarco) Pág. 31

Copla (Conxa Gausí) Pág. 33

El gato (Vicente Montemayor) Pág. 35

Lejanía (Isabel Sifre) Pág. 37

Fundido de imágenes (Belén Mateos) Pág. 39

Tejido social (Esther Moreno) Pág. 41

Mirarse y entenderse (M.Grazia Scelfo) Pág. 43

Cuando sea grande (Inmaculada Sastre) Pág. 47

Quimera (Marta Navarro) Pág. 49

Mírate con mis ojos (Raúl M.J.) Pág. 51

5 de enero (Pepe Sanchis) Pág. 53

El escritor (Luis Molina) Pág. 55

Varada en el olvido (Luisa Berbel) Pág. 59

Hay... (Marisa Martínez) Pág. 61

¿Sueño o realidad? (Liliana Ebner) Pág. 63


Cada primavera (Rafa Sastre) Pág. 67

Anda Teresa el Camino (Cristina Cifuentes) Pág. 69

El que ríe el último (Concha García) Pág. 71

Nada (Manuel Serrano) Pág. 73

Veo hermosos brotes en la tierra (Wisonte) Pág. 75

Un día de agosto (Mirta Calabrese) Pág. 77

Almas gemelas (Manoli Vicente) Pág. 79

La entrevista (Rafael Blasco) Pág. 81

Así en la tierra como en el cielo (Vivian Rodríguez) Pág. 85

II Concurso La Radio en Colectivo/Valencia Escribe Pág. 86

Nuestros libros Pág. 88

Libros de nuestros/as colaboradores/as Pág. 89

Números anteriores de Valencia Escribe Pág. 90

Palabras en la basura Pág. 91

Valencia Escribe en las redes Pág. 92

La foto de Miguel Pág. 94


Retos cumplidos

2018 comienza para VE con dos retos cumplidos. El primero, el

III Maratón de Microrrelatos, celebrado en Massalfassar el pasado 17

de febrero, evento del que damos cuenta en el reportaje gráfico que

publicamos en las siguientes páginas. El segundo, el lanzamiento del

quinto libro de nuestro colectivo, que salvo imprevistos será

presentado el 24 de marzo en el transcurso de una fiesta multitudinaria,

en la que deseamos que no falte absolutamente nadie y a la

que, además, nos gustaría que invitaseis a vuestras mejores amistades.

Es nuestra intención compartir un rato más que agradable, en el que

la literatura sirva de pretexto para reír, cantar y divertirnos. Os

esperamos.

Y como siempre, desearos toda la felicidad que seáis capaces de

tolerar. A ese respecto, no olvidemos lo que una vez dijo Antonio

Gala: «La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante».

Rafa Sastre

1


2


III MARATÓN DE MICRORRELATOS

Massalfassar, 17 de febrero 2018

Los 34 concursantes, en plena «faena»

Mesa del jurado

3


Pepe Sanchis, tesorero del Maratón y uno de sus principales artífices

Tradicional foto de familia

4


Textos finalistas

Primer premio – Ernesto Vicente Salcedo Aparicio

«Incredulidad»

Una mañana cualquiera, te despiertas y todo ha cambiado.

Dormías el sueño de los justos girándote a veces, en duermevela, para

abrazar a tu mujer y sentir cómo se estremecía su cuerpo con tu

contacto. Eras feliz.

Ahora, al abrir los ojos y no verla, no te preocupas. Piensas que

estará en la cocina. La buscas por toda la casa y compruebas que no

están ni ella, ni los niños, ni las maletas. Estás solo.

Ernesto, leyendo el relato ganador

5


Segundo premio – Natalia Valdebenito Alamar

«Soy así, no estoy enferma»

Una mañana cualquiera, te despiertas y todo ha cambiado. Tus

padres siguen siendo tus padres, algunos amigos ya no lo son, porque

están en tu contra. Tu novia está más feliz, aunque asustada por

enfrentarse al mundo. Todos te miran, algunos te repudian con los

ojos, otros se ríen, pero otros te apoyan, esos son los que importan.

No estoy enferma, ni tampoco soy rebelde. Soy Julia, una chica, y me

gustan las chicas.

Natalia con Empar Duet, Regidora de Cultura de Massalfassar

6


Tercer premio – Susana Gisbert Grifo

«Valió la pena»

Una mañana cualquiera, te despiertas y todo ha cambiado. Tu

casa ya no es tu casa, ni tu cama es tu cama.

Tu verdugo ya no se acuesta a tu lado cada noche, aunque su

sombra sigue allí, habitando entre tus pesadillas.

Pero valió la pena. Merecieron la pena las denuncias, el juicio, la

mudanza a la casa de acogida y todas las lágrimas vertidas. Por fin

eres libre.

Susana, recibiendo el premio de Marisa Martínez

7


Cuarto premio – Lola Piera Lozano

«Cambios»

Una mañana cualquiera, te despiertas y todo ha cambiado. Ayer

era Ernesto y hoy soy Elena. Mi DNI lo confirma. Atrás quedaron

años de testosterona, barba e incomprensión. Por primera vez, la vida

es cómplice conmigo, y desde mis tacones me guiña el ojo, coqueta, y

me invita a que juntas descubramos la importancia de no llamarse

Ernesto.

Lola con Nicolás Jarque

8


Quinto premio – Laura Cabedo Cabo

«Cárceles de ternura»

Una mañana cualquiera, te despiertas y todo ha cambiado,

como si el amor terminase así, de golpe, arrastrado por el frío que se

lleva el verano, o por el ruido del lavabo mientras él se afeita. Atrás

queda el azúcar de los primeros besos y aquellos cuerpos enervados

que se devolvían las manos, las entrañas, todo lo que la noche unía.

Entonces vuelve y cierras los ojos, tras los barrotes de sus brazos.

Laura recibe su galardón de manos de José Luis Sandín

9


Sexto premio – Julián Rafael Despaigne Rodríguez

«Filosofía poética»

Una mañana cualquiera, te despiertas y todo ha cambiado. La

insoportable algarabía te hace implorar: ¿Quién cultiva la paciencia en

estos tiempos? «Los muertos, profesora, los muertos»

En veinte años como docente de Filosofía, ningún estudiante ha

empleado silogismo tan complejo. Esta mañana todo ha cambiado,

porque el tal Mario Benedetti culminó su frase con rotundidad

poética.

«Cultivan la paciencia de la eternidad»

Julián, un clásico de nuestros maratones, con Francesc Barberá

10


11


Sin título - Laughing Raven (Australia)

https://pixabay.com/es/users/LaughingRaven-834173/

12


La vida en un día

Se levantó tarde. Tomó una ducha caliente. Bebió una tila. Se

vistió. Cogió el metro. Llegó a la librería. Agradeció la asistencia de

quienes confiaron en él. Presentó su primer libro. Lo ovacionaron.

Firmó ejemplares. Recibió la llamada de su ex. Tembló de emoción al

escuchar que iba a nacer su primer hijo. Le pidió las llaves de la moto

a su editor. Se despidió con un adiós generalizado. Puso rumbo al

hospital. Esquivó dos coches tras saltarse un semáforo. Chocó contra

un árbol. Contempló su hermosa copa. Sintió una enorme tristeza por

no haber plantado uno antes de morir.

Gabriel Pérez Martínez (Málaga)

http://folioenblancogpm.blogspot.com.es/

Relato ganador del mes de enero

II Concurso de Microrrelatos «La Radio en Colectivo / Valencia Escribe»

13


Wait – Sonia (Suecia) https://error-.deviantart.com/

14


Escena final

No llegaste al temido invierno. Lo quisiste así.

Nunca es buen momento para morir. Lo sabes. Lo sé.

Me duele nuestra historia inscrita entre dos fechas:

un principio y un final. No hay vuelta atrás.

Te recordaré en tu ida sin retorno,

en tu definitivo sueño.

Te evocaré en las mañanas,

te extrañaré por la tardes.

Buscaré en la soledad de mis noches,

el calor de tu cuerpo, tus furtivas caricias

tus dulces besos.

Pensaré que estás dormido,

para vencer la soledad y llenar ese vacío.

Recordaré tu nombre, tu mirada

tu sonrisa, tu alegría, tu dolor...

¿Qué pasaría si el amor abrazara a la muerte?

¿Volvería a tenerte?

Es la última escena, de nuestra ópera prima.

Entre aplausos y emociones desciende el telón

Aquí estoy, compañero, acurrucada en la butaca

imperceptible en la penumbra

esperando los bises de esa tu última función.

Carmen Fabiá Mir (València)

15


Fotografía aportada por la autora

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Un hombre es todos los hombres...

Omar, sentado en algún lugar costero del Cuerno de África,

observa cansado, a sus solo 40 años, el mar rojo que tiñe sus pupilas

del mismo color. Arrastra a su espalda miles de años de viajes,

caravanas audaces cargadas de pieles hacia Egipto, India y China a

cambio de la adquisición de los preciados perfumes y las codiciadas

especias. No, no era él, fueron otros, tampoco las gaviotas son las

mismas aunque lo parecen.

Omar ha sufrido la guerra, la ocupación, los desastres y ha

cantado los himnos de paz en los días propicios.

Ha vivido en Yibuti y en las regiones de Arta, Ali Sabieh,

Dikhil, Tadjoura y Obock. No hay un palmo de su tierra que sus pies

no hayan hollado.

Cuando las fuerzas empezaron a abandonarle se dedicó al

pastoreo, andando de un lugar a otro a través de los desérticos parajes

donde el termómetro no baja de los 30 grados y la ausencia de agua

potable convierten a las gentes en presas fáciles de todo tipo de

enfermedades.

También hubo en su vida lugar para el amor y los hijos, el

número de los cuales ignora en su eterno errar de un lugar a otro, pero

nunca ha podido olvidar los ojos negros de Amina, su piel de seda y

su cabello de azabache que rememora como una cercana presencia

cuando llega su hora…

Lu Hoyos (València)

17


Pietro Tenuta (Italia) https://www.instagram.com/maniacodamore/

Ilustración aportada por la autora

18


Primer recuerdo

En cada pestaña

hay una lágrima

tal vez tristeza o felicidad,

pero seguro lleva tu nombre.

En cada suspiro

hay resignación,

tal vez a ésta edad

ya deje de buscar cobre.

La tierra que piso entre montañas

silenciosamente me enseña qué hacer

hay otra fuerza camuflada en palabras,

internamente siempre quiero volver.

En cada despertar

hay un primer recuerdo…

a veces confesar

no causa más que lamento.

Las fotos que le tomo al cielo

tiene escondidas mi canción favorita.

El viento seca mis pestañas

las lágrimas se evaporan con tu visita.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

19


Fotografía aportada por la autora

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Seducción

Deja caer dulcemente sobre la cama su cuerpo de ébano. Lo

acaricia despacio, sin prisas, suavemente. A ciegas reconoce cada

hendidura. Tantos años y tantas horas juntos le han enseñado dónde

debe pulsar para obtener lo mejor, lo que esconde en su interior. Sus

dedos largos, ágiles y precisos se mueven con rapidez, para al final

rendirse exhaustos ante su belleza.

Esa danza que les funde en un abrazo, empieza con unos labios

húmedos que se posan delicadamente sobre los suyos y besan con la

fuerza que emerge desde el corazón. Del oboe emana la más hermosa

melodía de amor…

Relato finalista semanal en el programa Wonderland de RNE el 01.04.17

Pilar Alejos Martínez (Quart de Poblet, València)

https://versosaflordepiel.blogspot.com.es/

21


Sin título - Bev (Reino Unido) https://pixabay.com/es/users/Bev-50097/

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La pérdida…

El nombre se pierde entre las formas

Las formas se pierden en la simetría

La simetría se pierde en la aritmética

La aritmética se pierde en las matemáticas

Las matemáticas se pierden en las ciencias

Las ciencias se pierden en la humanidad

La humanidad se pierde en Dios

Manuel Alejandro Ramos Ayala (Naica, México)

http://chatomusik.blogspot.mx

23


Snowman – fotosforfun2 https://www.flickr.com/photos/46461509@N07/

24


Muñecos de nieve

Llegamos al pueblo exhaustos. Hacía frío, el viaje era largo y

pesado y los críos y mi madre lo acusaban en sus caras. Pero en ella

había algo más. Mucho más. Era la viva estampa de la emoción

contenida. Y no era raro. Era la primera vez que pisaba su pueblo

desde aquel día que, siendo aún una niña, lo abandonó de noche,

deprisa y corriendo, con solo lo puesto, huyendo de una guerra que

no comprendía.

La casa estaba en pie. Su prima se había preocupado de

mantenerla hasta el día que murió, dejándole en herencia un trozo de

su infancia perdida encerrada en aquellos muros de piedra.

A mis hijos, de diez y doce años, todo aquello les traía sin

cuidado. Llegaron con la ilusión de vivir, por primera vez en su vida,

un invierno con nieve. Y con la obsesión de hacer el muñeco más

grande del mundo.

—¿Cuándo hacemos el muñeco de nieve?

Mi madre gritó que no con una voz desconocida. Una voz de

pánico que nunca le había oído. Luego se desmayó, y llegué a creer

que la perdía.

Al cabo de un buen rato, recostada en un sofá que todavía

cubrían unas sábanas blancas, me lo contó todo.

No sabía cuánto tiempo hacía que había empezado la guerra.

Pero tenían mucha hambre. La misma nueve que impedía que

llegaran las tropas hasta allí, impedía también que llegara comida. Y

lo poco que daba el campo se había helado. Su hermano Isidro, tres

años mayor que ella, había salido, como todos los días, en busca de

algo con que aplacar aquel agujero que tenían en el estómago.

25


Pero ese día no volvió la hora de siempre, ni después. Ya

entrada la noche les avisaron que estaba prisionero en las

dependencias del antiguo colegio, una improvisada prisión que montó

el nuevo alcalde, el que se autonombró en cuanto el Alzamiento tuvo

lugar.

Mi tío Isidro había cometido el terrible error de destrozar el

muñeco de nieve que, enarbolando una bandera, estaba en la puerta

del Ayuntamiento tratando de desafiar a la guerra para decir que era

Navidad. En la única vez que pudo verle, le explicó que solo quería

coger la zanahoria con que le habían construido la nariz.

Después de decirle aquello, mientras unos guardias le conducían

hasta un claro del bosque, no lo volvieron a ver vivo. Oyeron un

estruendo, y supieron lo que había pasado.

Su hermano fue ejecutado, acusado de enfrentarse a la autoridad

y de dañar bienes públicos. Todo por querer coger la zanahoria de un

muñeco de nieve para dar de comer a su familia. Mi madre siempre

pensó que el hecho de que aquel autonombrado alcalde fuera el rival

de mi abuelo por una asunto de lindes de tierras tuvo mucho que ver,

pero nunca pudieron probarlo. Y ni siquiera les dejaron ver el

cadáver.

Había descubierto la razón por la que mi madre había odiado

siempre las zanahorias, a las que decía tener alergia. Y ahora sabía

también por qué odiaba los muñecos de nieve y, por extensión,

cualquier decoración navideña.

Se lo conté a mis hijos. Adoraban a su abuela y sabía que serían

capaces de renunciar a su capricho por no hacerle daño.

Al cabo de unos días, los niños nos llamaron. Nos querían dar

una sorpresa. Nos llevaron a su padre, a su abuela y a mí hasta un

claro del bosque. Habían construido, con sus manitas, un muñeco de

nieve enorme, con la zanahoria más grande que nunca había visto por

26


nariz. Al pie, un enorme cartel con letras doradas en el que ellos

mismos habían escrito «en memoria de nuestro tío Isidro».

Mi madre lloró todo lo que no había llorado en su vida. A partir

de entonces, no hubo invierno sin un muñeco de nieve llamado Isidro

dando la bienvenida a nuestra casa.

Susana Gisbert Grifo (València)

http://conmitogaymistacones.com/

27


When we were gone... - Trini Schultz (Perú)

https://www.flickr.com/photos/31319275@N06/

28


Frágil tersura

Esto que nos envuelve,

este granel

de minutos

y circunstancias

que nos tientan

desde que recibimos

el primer beso,

este compás

informe

de brotes

y crepúsculos

que conduce

nuestros designios,

las casas,

el barro

y mil aceites,

la luz

que nos hace

resbalar

por las horas

y esa sombra

que nos persigue

desde la desmemoria,

tú,

yo,

nuestros labios

y esos otros,

de otros

que también se besan,

los ojos

que nos hieren

o, tal vez, nos ignoran,

la música

29


que nos mece

y aquella

que olvidamos un día

y nos vuelve

al cabo

de incontables quebrantos,

los extravíos de la razón

que acechan

la amorosa y protectora

certeza

de estar aquí

y de que esto que somos

es.

Todo

parece tan rotundo,

tan prístino,

tan redondo,

concebido

para ser habitado,

sentido

y creído.

Y sin embargo

todo es,

también,

frágil

y está presto

a deshacerse

como la irisada

tersura

de una pompa

de jabón.

Juan Antonio Martínez Corral (València)

30


Escribir, existir

Sin título – Free-Photos (Reino Unido)

https://pixabay.com/es/users/Free-Photos-242387/

El acto de agarrar un rotulador y comenzar una letra ya es una

hazaña, pues escribir es pensar por escrito lo que otra persona está

destinada a leer, ya que el acto de la lectura es pensar lo que pasa por

la mente del otro cada mañana, cada tarde y cada noche, aunque

escribir sea un acto de torturante autoflagelación.

Porque una cosa es escribir sobre los otros sin relación sobre ti,

lo cual resulta fácil y hasta cómodo, pues no te preocupas ni te alteras

en demasía, pero escribir sobre ti mismo es un constante exorcismo

emocional, una tortura constante de desnudarse ante los demás en sus

defectos y censuras.

31


Truman Capote tenía razón, escribir es torturarse en el acto de la

creación de la página en blanco

de la línea no concluida

del no avanzar del relato

Del exigirse a cada paso

una creatividad continua

similar a todos los escritores

cuyo talento has admirado

De escribir algo que valga la pena

y no despierte el rechazo

del lector o lectora que se molesta en repasar lo que has creado

es lo único que deseas en último caso

Ya me gustaría poder poseer el talento en el acabado

de aquellos narradores que más he admirado

y una novela ya terminada –eso creo- en última instancia

sería ya el súmmum de lo que he intentado

Pero esfuerzo y mucho trabajo aún queda por delante

para demostrar mi valía real y de que sirvo en esto para algo.

Jorge Zarco Rodríguez (València), 09/11/2015

32


Copla

Imagen aportada por la autora

Si yo supiera de ti

guitarra,

si conociera tus formas

y me enseñaran tus cuerdas

a desentrañarte el alma...

mi poema, sería canción,

en tu pentagrama

acordes,

y la palabra

en mi voz

Conxa Gausí Caballero (València), 2000

33


Grumpy cat painting – ThresTheSky (EUA)

https://threshthesky.deviantart.com/

34


El gato

Sé que voy a morir. Lo sé porque estoy en el pabellón de

enfermos terminales de este hospital perdido en la selva negra de

Manhattan. Pero no sé cuándo llegará mi muerte. Tenía dos

compañeras de cuarto: ambas mujeres; ambas ancianas. Las dos

tomaron turnos para contarme la misma historia, o se alternaron

presurosas y dispuestas para hacérmela saber: en este lugar hay un

gato que presiente la muerte. Todo el sanatorio lo sabe; los médicos y

las enfermeras lo conocen, lo consienten y lo toleran. El gato tiene

aquí ya varios años y nadie sabe de dónde vino. Apareció un día

cualquiera y entró por una ventana, dice la leyenda local. Desde el día

en que llegó, el gato se pasea solemne por los pasillos y las escaleras

del hospital, hasta que, sin previo aviso, se escurre dentro de la

habitación de algún enfermo, se acuesta a su lado y ronronea suave,

como si quisiera consolarlo. A las pocas horas el enfermo muere, no

importa si tenía o no una enfermedad grave. Entonces el gato se baja

de la cama y sigue su peregrinar pomposo entre pasillos y escaleras.

Nadie lo alimenta, pero ninguno se ha atrevido a sacarlo del lugar.

Mis compañeras de cuarto decían que el personal del hospital le tiene

miedo. Yo pienso que le tienen respeto, porque no conocen a ninguna

persona o animal que pueda presagiar la muerte con tal exactitud, por

lo que cuando lo ven entrar a una habitación preparan al residente

para su final ineludible. Nunca ha fallado. La otra noche, después de

que me hicieron la cirugía por el accidente que no recuerdo, y que me

resquebrajó la columna vertebral, cuando salieron las enfermeras

entró el gato. Mis compañeras ya estaban ambas dormidas y no se

dieron cuenta. El gato se subió a la cama de la más anciana, se hizo

un ovillo y se le acomodó ronroneando en un costado. Yo estaba aún

bajo los efectos de la anestesia y no estaba seguro si soñaba, así que

no dije ni hice nada; pero a la mañana siguiente, muy de madrugada,

35


el gato se bajó de la cama de la anciana y yo me apresuré a sonar el

timbre para que vinieran las enfermeras a certificar su muerte. La otra

compañera despertó muy asustada por el trajín e inmediatamente me

preguntó por el gato. Yo no quise asustarla más y le dije que no lo

había visto, pero le mentí. Los doctores me aseguran que salí bien de

la operación, aunque yo no les creo. Sé que voy a morir, y que el

momento crucial lo determinará la presencia del gato. Por eso,

aprovechando que encontraron en mi ropa un rollo de billetes, ya

mandé comprar un perro, con el pretexto de que en caso de sobrevivir

tendré que usar silla de ruedas y él será mi guía. Es un doberman

negro, hermoso, que adquirí por Internet, esperando que me libere de

la presencia del gato. Me lo traen al hospital mañana. Sólo espero que

llegue antes de que venga el gato, aunque ya me pareció escuchar

desde hace rato su dulce ronroneo…

Vicente Montemayor (Monterrey, México)

36


Lejanía

Isla de Skull (Australia). Fotografía aportada por la autora

Desde aquel promontorio

era mucho más grande la distancia.

Quiso quedarse allí

donde la voz fuese murmullo

la luz media penumbra

y el amor palabras sueltas

que alguien deja olvidadas

una tarde.

Isabel Sifre Puig (València)

37


Fotografía aportada por la autora

38


Fundido de imágenes

Cada día al llegar al asiento de la taquilla, Clarisa lo elevaba a la

altura exacta de la rejilla de voz, ocultando su rostro maquillado hasta

la perfección. Se empolvaba la nariz en un último toque, remarca el

brillo de sus labios con un glos y atusaba su cabello.

Después, con una dulce melodía y una dicción de lo más

sugerente, preguntaba a cada uno de los asistentes a la sesión, que

butaca deseaban ocupar. Por más que estos codiciaran verla se tenían

que conformar con percibir ese tenue perfume que se escapaba por la

celosía del cristal.

Los espectadores miraban la pantalla con ansiedad, como si con el

inquieto punteo de sus dedos pudieran acelerar la proyección. Al

finalizar, tras un sonoro aplauso, un acalorado acomodador les abría

las puertas y estos se apresuraban hacia la salida, pero siempre

encontraban la taquilla cerrada y a su lado una delgaducha mujer de

facciones descoloridas, alborotado pelo y apestando a tabaco.

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

39


Ilustración de Yazz, sugerida por la autora

40


Tejido social

Las redes arden

mientras los machitrolls escupen sin parar

En la era de las nuevas tecnologías

donde la información rebosa

siguen existiendo prejuicios

debidos a la indiferencia y a la apatía social

Mientras unas luchan en las calles

Otros golpean su teclado con el mismo bastón con el que zurran a sus

esposas

Mientras unos cuestionan su masculinidad

Otras critican a las trabajadoras que venden sus servicios

Mientras unas defienden sus derechos vitales

Otros se empeñan en burlarse del lenguaje que nos define

La acusación rápida

La crítica voraz

La hipocresía permanente

La búsqueda de la aceptación virtual

Esther Moreno Morillas (València)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

https://feminismosmasturbatorios.wordpress.com/

41


Amorousness – Robert Heathcote (Reino Unido)

https://500px.com/robertgheathcote

42


Mirarse y entenderse

Javier y Susana, una pareja joven, como tantas que sueñan este

viaje, aprovecharon un largo fin de semana de diciembre para salir

rumbo a Nueva York. Les hacía mucha ilusión visitar la ciudad en

invierno, comprar regalos de Navidad y llevarse bonitos recuerdos.

Llegaron al hotel a primeras horas de la tarde muy cansados por

el viaje tan largo y el jet lag. Se echaron en la cama para descansar un

rato y luego ir de paseo, aunque el cielo estaba muy nublado y hacía

tanto frío que pensaron que quizás nevara. Se sentían muy felices, por

fin habían logrado su sueño.

Se ducharon y estaban arreglándose para salir, pero cuando él la

vio con su ropa interior tan sexi, no pudo resistirse y la abrazó con

ternura. El roce de sus pieles les hizo temblar de placer. El deseo era

tan fuerte que hicieron el amor una y otra vez, besándose

apasionadamente. Ya satisfechos y sonrientes salieron para dar una

primera vuelta por la ciudad y empezar a orientarse. Les gustaba

mucho Nueva York con sus rascacielos, su aire moderno, su

dinamismo.

A la mañana siguiente desde la ventana del piso treinta y cuatro,

donde tenían su habitación, vieron como los copos de nieve caían

abundantemente sobre el asfalto y los numerosos taxis amarillos que

circulaban a gran velocidad, haciendo sonar sus cláxones. El

espectáculo les maravilló. Todo lo que veían les encantaba, era como

estar en un mundo irreal, y con el ambiente de Navidad que se

respiraba, les parecía estar en un cuento de fantasía. Decidieron, con

los planos en la mano, ir a ver el World Trade Center por la mañana y

después de comer, el Metropolitan Museum of Art.

Mientras estaban por los alrededores del World Trade Center, y

a pesar de estar en pleno día, como todos los viandantes andaban

43


ápido debajo de sus paraguas, no se apercibieron de que unos jóvenes

se les acercaron y les atracaron por la espalda, cogiéndoles con uno de

sus brazos por el cuello. No los habían oído llegar por la nieve que

todo lo mitigaba. Eran tres chicos y parecían muy agresivos. Todos

llevaban en la otra mano una navaja y en sus miradas se adivinaba

que no se andaban con tonterías. Les pidieron lo que llevaran de

valor: los relojes, una cadena que llevaba Susana en el cuello y el

dinero de sus carteras. Todo ello sin dejar de sujetarlos.

Javier y Susana se miraron y se entendieron al instante y aunque

temían cada uno por el otro, no tuvieron ninguna duda y al unísono,

parecieron acceder a entregarles todo lo que tenían, pidiéndoles calma

con el gesto de sus manos, para que no les hiciesen daño. Pero de

repente y mientras parecía que les iban a dar lo exigido, les echaron al

suelo con unos golpes de kárate, les quitaron las navajas y les dejaron

casi sin sentido sobre el pavimento. Javier, en ese momento, se dio

cuenta de que estaba sangrando por la nieve que, a su alrededor, se

iba tiñendo de rojo. En la lucha, uno de los atracadores le había

herido en el costado con la navaja y, sin poderlo evitar, se desmayó.

La gente que pasaba cerca, ante el espectáculo, ayudaron a

Susana llamando a la policía y a una ambulancia, mientras impedían

que los asaltantes se pudieran escapar, sujetándoles en el suelo.

Por suerte, Javier no estaba herido de gravedad y se recuperó

rápido, despues de una cura que le hicieron en el centro médico.

Todo el mundo quedó sorprendido por la reacción de la pareja,

que se había entendido con solo mirarse. Hasta la policía no se lo

podía creer. Dos turistas habían logrado parar a tres famosos

atracadores que estaban en busca y captura.

Tanto Javier como Susana eran maestros y campeones de artes

marciales, y trabajaban juntos en un gimnasio de Madrid, pero claro,

esto no se les notaba.

44


«Héroes por un día», fueron los titulares de la mayoría de los

periódicos de Nueva York al día siguiente. Se les concedió la

ciudadanía honoraria y a ellos les quedó un recuerdo que no

olvidarían nunca jamás.

María Gracia Scelfo (Roma, Italia)

http://mgscelfo.blogspot.com.es/

45


Sin título – PDPics (Reino Unido)

https://pixabay.com/es/users/PDPics-44804/

46


Inmaculada Sastre Carpena (L’Eliana, València)

47


Mysterious woman – Murciano (Francia) https://murciano.deviantart.com/

48


Quimera

Mi vida siempre estuvo hecha de apariencias más que de

verdades. Es cuanto puedo decir. Nadie en mi alma se adentró jamás

y, sin embargo, mucho de mí todos hablaron. Cuentan que alguna vez

fui la casquivana musa de un pintor de escaso ingenio y muchos aires

de grandeza, que el corazón de un joven músico −inclemente como

siempre fui− en mil pedazos un mal día destrocé, que una leyenda de

amores contrariados, de cuando en cuando, a mis ojos se asoma y un

mundo de secretos arrastra mi sonrisa. Un juguete en manos del azar,

caprichoso y enigmático: tan sólo eso es lo que he sido. Y nada

importa lo que digan. Atraparme, no podrán jamás. Soy misterio,

embrujo, fantasía... un suspiro, un anhelo, una ilusión... El más dulce

verso escapado de labios de un poeta. Un bello sueño que sólo entre

tus sueños habita.

Marta Navarro (València)

https://cuentosvagabundos.blogspot.com.es/

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Eyes - Ira (Filipinas) https://vi-ai.deviantart.com/

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Mírate con mis ojos

Un regalo en mi vida,

un dios mujer,

de mirada tranquila,

poesía en su piel

y su aura tan limpia

que la empiezo a querer.

En tus ojos de niña,

un mar agitado

te robó la sonrisa,

golpeó sin descanso

y escarbaste tu vida.

¡¡Te debía tanto!!

Agotada y perdida,

con tu alma en un llanto,

hoy quisiste ser mía

y sanarte en mis brazos.

Con mis besos secaré

esas lágrimas de niña

para todos mujer.

¡No te sientas perdida!

Tu espejo voy a ser.

Mostraré lo bonita

que tú nunca te ves.

51


Pero...

Cuando despiertes.

Ahora sincroniza

el sentir de las pieles

respirando caricias,

saborea que me quieres.

Toda mi vida

a ti te cuidaré,

niña-ángel rebelde mía.

Al despertar me tienes

a tu lado, sin prisas,

pues por ti seré paciente,

con tu mundo, tu vida,

desde un amor que crece

mucho más día a día.

Me tendrás para siempre,

en mi alma tu habitas.

Raúl M.J. (Llíria, València)

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5 de enero

The toy shop – 2dcale (Canadá) https://2dcale.deviantart.com/

El hombre regresó del trabajo justo antes de la hora de cenar.

Sus hijos lo esperaban con ansiedad. Por suerte, desde que su mujer

había sido ingresada, los niños comían en casa de su tía Mercedes.

Mientras él cenaba los restos recalentados de la comida del mediodía,

el mayor durmió a la niña leyéndole un cuento. Al terminar, el padre

le pidió que lo acompañara a la tienda de juguetes que a esas horas

permanecía abierta. El niño abrió unos ojos como platos, pero lo

siguió sin decir nada.

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Poco tardaron en volver con una muñeca, una cocinita, una

pelota de goma y unos patines. Dispusieron los cuatro paquetes en la

mesa del comedor.

El padre se acostó satisfecho. Esta vez había podido comprar

regalos para sus hijos. En cambio, el niño pasó la peor noche de su

vida: tenía nueve años y hasta entonces había creído en los Reyes

Magos.

Ese niño era yo.

Pepe Sanchis (Massalfassar, València)

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El escritor

Chicken hand feeding – Jerry (EUA)

https://www.flickr.com/photos/jerry_lake/

Pasó porque tuvo que pasar, suelen darse esas casualidades, él

estaba en el chat, como siempre pasando el rato, nadie atendía sus

palabras. El ambiente era belicoso, nadie parecía a gusto y las ofensas

estaban al orden del día.

Ella no se animaba ni siquiera a saludar, le molestaba tanta

agresión aunque ansiaba charlar con alguien, estaba aburrida. Le

llamó la atención el léxico moderado de este señor, buscó una charla

privada y un «Hola» fue el comienzo. Por fin, pensó él, alguien con

quien poder conversar.

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Fue su noche sin duda, la charla fue cordial, ella era profesora de

matemáticas, más joven que él. Se valió de su pasión por escribir,

tratando de impresionarla, tuvo suerte: era lectora entusiasta, sin duda

perfecta para él, congeniaron pasando varias noches de charla amena,

la profe resultó interesante. Cada noche encontraron tema y varias

veces los sorprendió la madrugada.

El escritor, como siempre, navegó en su fantasía, cual si fuera

una de sus historias su mente imaginó un romance, ella en tanto

llenaba su tiempo de palabras y sonrisas dado que la ayudaba a

olvidar momentos que la angustiaban, además se sentía cómoda,

respetada.

No le pareció mal una charla café de por medio, serviría para

salir un poco de la monotonía en que transcurría su vida, para él se

abría un mundo de ilusión, había pasado tiempo y la soledad aturdía.

Quería impresionarla, planeó cada movimiento, cada tema de

conversación, eligió el lugar que según su gusto era el ideal.

Ella trataba de imaginar cómo sería aquel caballero, lo imaginó

alto, elegante, buen mozo y de modales muy mundanos, no podía ser

de otra manera dada su manera de tratarla en cada charla que

compartieron. Como toda mujer, pensó en su atuendo, este debía ser

elegante, no atrevido, ya que era una «señora». No daría una imagen

contraria a su manera de ser. Prefirió que no la pasase a buscar en su

rodado para mantener la distancia, tomó un taxi y se dirigió al sitio

pactado.

Llegó antes, eso la molestó, el susodicho adolecía de puntualidad,

no era de caballero ser impuntual, ya que imaginó la esperaría

en una mesa y se levantaría a recibirla. pero trató de no tomarlo a la

tremenda, quizás le pasó algo, algún imponderable.

Quince minutos después vio llegar a un individuo en una

bicicleta no en buen estado, parecía transpirado; tras apearse la dejó

junto a un árbol, se pasó la mano por el cabello y se dirigió a ella. Era

bajo, de prominente abdomen, en cuanto a la elegancia se diría que

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no resaltaba, el pantalón marrón denotaba la ausencia de la plancha y

estaba un tanto decolorado, la camisa roja a cuadros no parecía hacer

juego con el mismo, tampoco el chaleco de jean ni la gorra de cuero

negro, el calzado tenía reminiscencia a los bailarines de jazz de otro

tiempo: resaltaba el cuero imitación víbora blanco y negro.

Al verla, la saludó desde la vereda llamándola por su nombre, al

llegar junto a ella intentó besarla, pero la mano extendida se lo

impidió. Orgulloso, sacó de su bolsillo un chocolate a modo de

regalo, con una sonrisa agradeció la dama, que lucía un tanto

nerviosa y ya parecía transpirar. Él imaginó que era por la emoción

del momento.

Se sentaron a la mesa mientras él argumentaba el motivo de

tardanza, no podía venir sin dar de comer a sus batarazas. Ella sonrió

mientras le pedía que hablase más bajo, al resto de la gente no le

interesaba su conversación. Un giño y una sonrisa socarrona fue

como dio a entender este sujeto lo que imaginaba, en su mente

deliraba una noche desenfrenada, donde el sexo y el alcohol serían

protagonistas.

Ella transpiraba solo de pensar que la pudiera ver algún

conocido. El azar hizo que su móvil sonara anunciando un mensaje,

este rezaba: «No olvides mañana de traerme el libro de Avon. Mirta»

—¿Todo bien? —preguntó el susodicho, mientras ella urdía un

plan salvador

—En realidad hay un problema, mi mamá me llama, al parecer

no se siente bien y debo ir de inmediato. No esperaba este

contratiempo, no sé cómo disculparme.

—Qué pena, había escrito un poema para la ocasión —confesó

con su mejor sonrisa de galán el escritor—. El poema dedicado a

nuestra noche, donde la pasión desborda nuestros corazones y nuestra

piel se funde en el éxtasis inconmensurable de nuestros deseos más

imaginados, donde el amanecer nos encuentra abrazados pletóricos

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de dicha y el sol de la mañana… —ella lo detuvo, pidiendo un

momento de atención.

—Lo siento mucho, debo irme, espero sepas comprender —

desde luego que puso su mejor cara angustia.

Él solo atinó a un gesto vago con sus brazos y asintió, ella

agradeció mientras se levantaba tomando sus cosas.

—¿Cuándo te veo? —inquirió él.

—Luego lo vemos, gracias —sin perder tiempo, se dirigió a la

salida aprovechando un taxi del que acababa de bajar un pasajero.

El escritor se quedó releyendo el poema mientras el mozo

preguntaba qué se iba a servir, dijo que nada y salió a la vereda, sin

duda no era su noche, tendría que caminar dado que la rueda trasera

estaba totalmente desinflada.

Se preguntó como tantas otras veces ¿Por qué no tenía suerte

con las mujeres? Pero sin repuesta se fue silbando bajito por el

boulevard, ya habría otra oportunidad, el papel donde escribió su

poema ya se estaba poniendo amarillo…

Debía apurarse; ya estaba cayendo la tarde y debía tomar la

pastilla…

Luis Alberto Molina (Rosario, Argentina)

http://www.luismolin.blogspot.com.es/

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Varada en el olvido

Age gracefully – Sion Fullana (Barcelona)

https://www.flickr.com/photos/sionfullana/

Intento borrar la persistente creencia de que mi sitio estaba a tu

lado. Tanto tiempo sin voluntad, me cuesta entender esta extraña

normalidad de independencia. Sin que nada pase, sin temor al

escuchar la cerradura, sin dolor de estómago, ni temblor en las

manos.

Como un tronco arrastrado por la marea, todo entonces era

previsible, a pesar de la deriva de mi vida. No me perdono no lograr

olvidarte. He de borrar el recuerdo de tu respiración tras mi cuello.

Tus caricias de hambre desmedida y mi censura emocional al recibirlas.

Anhelo el beso de tu ausencia. Te amaría hasta el fingimiento si

no fuera porque sé que no debo; ahora, por fin sé que eso no era

amor.

Luisa Berbel Torrente (València)

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Sin título – E.go’s O.blivion (Tokelau)

https://www.flickr.com/photos/the_story_of_geo_f/

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Hay…

Hay silencios

que gritan.

Hay palabras

que hieren.

Hay voces

que callan.

Hay heridas

que sanan.

Hay traiciones

que duelen.

Hay amores

que matan.

Hay dolores

que acaban.

Hay mujeres

que jamás podrán

ser escuchadas.

Marisa Martínez Arce (València)

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Sin título – Bing N. (Filipinas)

https://pixabay.com/es/users/bngdesigns-213864/

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¿Sueño o realidad?

Despertó más temprano que de costumbre. El cuerpo entumecido.

Pasó sus dedos sobre los labios y notó que ciertamente estaban

hinchados, lastimados.

¿Había dormido mal, o ese sueño que parecía tan real la había

afectado?

Se encaminó hacia la ducha, su camisón de satén resbaló suavemente

sobre su cuerpo y cayó a sus pies, dejando al desnudo su

cuerpo armonioso y aún joven.

Se introdujo bajo el agua y una sensación de plenitud la recorrió.

Salió del trabajo apurada, deseaba pasar a comprar un libro que

le habían recomendado. Fue en la librería, hurgaba los anaqueles en

busca del preciado tesoro, cuando sintió una fuerte punzada en la

nuca. Quedó inmóvil, casi sin aliento. Después de unos segundos giró

la cabeza y se encontró de frente con unos penetrantes ojos. Sus

miradas se encontraron y un relámpago cruzó entre ellas. Mayra se

estremeció y viró nuevamente en búsqueda del libro.

Ya no podía concentrarse, esa mirada la había paralizado, había

adormecido sus sentidos. Nunca había sentido nada igual. Se volvió

para encontrarlo, pero ya no estaba.

Regresó a la calle como autómata, no podía dejar de pensar en

esos ojos, en esa sonrisa, en la carnosidad de esa boca que encendía el

deseo. Un deseo que en ella había desaparecido hacía tiempo, o tal

vez nunca había existido.

La noche se había instalado, la luna brillaba con todo su esplendor.

El parque, casi dormido a esa hora, dejaba jugar los rayos entre el

follaje de la incipiente primavera. El césped aún tenía un colchón de

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ocres y doradas hojas y los jazmines desplegaban su penetrante

aroma.

Se distrajo ante el silencio y la noche estrellada y sintió que su

cuerpo se relajaba.

De pronto, sentado en un banco, lo vio. En la penumbra sintió

su mirada y esa cautivante sonrisa en su cara.

No sabía si detener el paso o apresurarse. Él se levantó, salió a

su encuentro. Sin mediar palabra, abrazó su cintura y buscó su boca,

que se abrió como una rosa en busca de rocío. Sus cuerpos se

apretaron y el beso parecía no tener final.

Suavemente y sin dejar el hueco de su boca, Mauricio la condujo

bajo un sauce, cuyas ramas se asemejaban a una sutil y volátil

cortina.

Se dejaron caer sobre el colchón de hojas otoñales sin dejar que

sus bocas se separaran.

La cabeza de ella bullía, sus pensamientos zumbaban como si

tuviera un panal de abejas.

Tenía sentimientos contradictorios que la envolvían como una

crisálida pero el aroma que emanaba de él la embriagaba, sometía su

razón y deseaba que sus brazos no la soltaran para poder seguir

sumergida en ese cálido abrazo.

Mauricio desprendió con lentitud los botones de su blusa

dejando al descubierto una piel blanca, unos desbordantes senos. Sus

manos febriles comenzaron a recorrerla, a acariciar cada curva de su

cuerpo, un cuerpo que lo volvía loco.

Ella se abandonó a las caricias de esas manos tibias, fuertes y

suaves que la transportaban a un paraíso que no conocía.

Él quitó el sostén y sus cuerpos ardientes se fundieron. La luna

hizo camino entre la redondez de sus pechos, se deslizó sobre el

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vientre agitado y descendió hasta la humedad que brillaba entre sus

muslos.

Los gemidos entrecortados de Mayra y las palabras de amor de

Mauricio se perdieron entre el ulular del viento.

La boca de él se llenó del néctar de unos pezones que clamaban

caricias y el interior de ella sintió un torrente caliente que la invadía,

provocándole el espasmo más hermoso de su vida.

La respiración se fue aquietando, las manos sin dejar de

acariciar, perdieron fuerza, las bocas se despegaron. Solo sus ojos

quedaron unidos en una mirada, en preguntas que no tenían

respuesta.

Se abrazaron en silencio, se besaron tiernamente y entrelazaron

sus piernas, sintieron el contacto suave de sus vientres y la laxitud de

esas dos entidades que se entregaron al amor, con deseo, sin pudor.

La luna traviesa se escondió mientras cubrían sus cuerpos. Él le

arreglaba el cabello, quitando hojas secas, ella acariciaba su rostro.

—Me llamo Mayra, dijo sin dejar de mirarlo, soy casada.

—Soy Mauricio, no me importa tu estado, yo también soy

casado, pero hacía tiempo te esperaba.

—¿Me esperabas? ¿Nos habíamos visto?

—Nunca, pero sabía que existías y que el día que te encontrara

serías por siempre mía.

—¡Qué locura! No entiendo cómo pude hacer esto. No soy una

cualquiera.

—Por supuesto que no, vos inconscientemente me estabas esperando.

Tu orgasmo me hizo sentir que me necesitabas, que hacía

tiempo no gozabas de esta manera.

—Es cierto, dijo Mayra ruborizándose. Me siento aturdida.

Nunca pensé que me ocurriría algo así.

—Es tarde y me esperan.

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—A mí también.

—Volveremos a encontrarnos, soy tan tuyo como vos mía,

volveremos y haremos del amor una eterna epifanía.

Sin más palabas, se besaron. Las manos de él se introdujeron

bajo su blusa y acariciaron sus senos ocasionándole un suave gemido.

Tomaron caminos diferentes, la luna los acompañó a ambos.

—Llegás tarde —le dijo su marido. Estaba preocupado. No me

gusta que cruces el parque sola a estas horas.

—Uy, ¡qué miedo!, respondió Mayra con sorna. A ver si me

come el lobo.

—No faltan depravados.

—O algún loco de amor, dijo ella sonriendo.

Miró a su marido a los ojos, como pensaba no podría hacerlo.

Pero pudo y no sintió remordimiento.

Ese momento, ese sublime acto de amor, sería su mayor secreto,

su gran felicidad. Se sintió mujer por primera vez. Se sintió amada y

deseada como nunca lo había sido.

El agua recorre cada centímetro de su piel. Pasa las manos por

sus pechos, por sus muslos, por su boca.

¡Qué sueño maravilloso¡ ¡Parecía real!

Y sonríe, mientras su cuerpo experimenta el placer de ese goce

inesperado.

¡Ojalá volviera a soñar! Nunca me había sentido mejor.

Al salir de la ducha se encamina al dormitorio. Se sorprende, al

ver sobre la almohada unos pedacitos rotos de hojas ocres y doradas.

Liliana Ebner (Buenos Aires, Argentina)

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Cada primavera

A younger me – Carl Roberts (Reino Unido)

https://www.flickr.com/photos/146491388@N06/

Es curioso cómo cada primavera

nos florecen nuevas canas

pobladas de tristes pasados,

del estertor de todas las utopías.

Pero tampoco deja de ser curioso

cómo la alegría de los jóvenes,

esos inexpertos debutantes,

consigue a menudo transmitirnos

la fugaz y descabellada idea

de que el futuro puede ser maravilloso.

Rafa Sastre (València)

http://rafasastre.blogspot.com

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Fotografía aportada por la autora

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Anda Teresa el Camino

Anda Teresa el Camino, la razón perdida en versos y

cadenciosos los pasos. No vuelve la vista atrás, pues detrás nada ha

dejado. No siente ni sed ni hambre, sino tan solo el deseo que empuja

a alcanzar Santiago. Ni las llagas de los pies, ni en las piernas el

cansancio, ni la herida del cilicio que oculta bajo su manto.

A la sombra de un cruceiro, Teresa detiene el paso. La Santa

lleva su nombre, el mismo que ha pronunciado. Desciende el brazo de

piedra, baja la Santa la mano y, con musgo entre los dedos, el pelo le

ha acariciado. «Quiero que pares, Teresa. Quiero que hagas un descanso.

Que te cures las heridas y que ceses en tu llanto.»

Teresa mira hacia arriba. Sabe que no está soñando. Se deshace

del cilicio, del bordón y del calzado y, a la sombra de la Santa, dulce

sueño ha conciliado.

Los peregrinos se giran al escuchar la sirena. La Sangre de Cristo

pasa y otro silencio resuena. Musitan los caminantes una callada

oración. Teresa ha muerto de pena, Teresa ha muerto de amor.

Cristina Cifuentes Bayo (La Puebla de Alfindén, Zaragoza)

http://www.irae.es/

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Bloody hand – Emilia Ungur (Rumanía) https://500px.com/emilia_ungur

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El que ríe el último

Estaba radiante cuando se acercó a preguntarme cuántos días

llevaba desaparecida. Me arrojó unas palabras formales que en lugar

de consolarme consiguieron que me recorriera un escalofrío. Cómo

ha cambiado.

Recordé una anécdota de aquellos días infantiles. Durante el

verano, reunidos en el porche de la casona, los primos solíamos

contar historias de miedo antes de irnos a la cama. Yo era el que más

hablaba. Me divertía ser macabro, evocar imágenes aterradoras,

dejarles contando ovejitas.

La abuela iba a cocinar su consomé de tomate con huevos de

codorniz. Así que puso en la nevera un colador con los tomates

licuados sobre un cuenco, para separar el zumo de la pulpa. Allí debía

estar toda la noche.

El jugo, espeso y oscuro, se me antojó tan rojo como la sangre.

Inventé una truculenta historia y llevé a Corina a la cocina para

enseñárselo, sabiendo de antemano que no pegaría ojo en varios días.

No me caía bien, me repelían sus lloriqueos.

Corina, tan delicada, tan frágil entonces. Quién hubiera dicho

que se dedicaría a la investigación criminal. Su mirada inquisitiva,

esa sonrisa taimada. Es cuestión de tiempo, lo sé. Sé que intuye que

ahora no se trata de tomate.

Concha García Ros (Cartagena, Murcia)

http://nosvemosenkairos.blogspot.com.es/

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La Reproduction interdite (portrait d’Edward James) - René Magritte, 1937

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Nada

—¿Qué te he hecho yo para que me trates así?

—Nada.

—No me gusta ese «nada». Es demasiado rotundo.

—Es lo que hay. Algún día tenía que pasar.

—¿Pero qué ha pasado?

—Como siempre, no te enteras de nada.

—Pues explícamelo.

—No tengo ganas ni tiempo. No sé cuál de los dos va primero.

—¿Entonces ya estás todo dicho?

—Está todo dicho.

Al día siguiente encontré una nota en mi espejo que decía:

«Siempre me has utilizado. Te has acercado a mí cuando lo

necesitabas y me has ninguneado sin parar. Me das la espalda cuando

ya no te sirvo y vuelves a ver qué ha cambiado. No te aguanto más».

Cuando levanté la vista hacia mi reflejo solo vi mi espalda.

Relato inspirado en La reproduction interdite, de René Magritte

Manuel Serrano (València)

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Sin título – Emily Beeson (EUA) https://morguefile.com/creative/5demayo

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Veo hermosos brotes en la tierra

El bosque se está muriendo. Árboles y plantas se pudren y otras

arden en llamas por toda España. Sus viejas ramas carcomidas y

resquebrajadas, y sus hojas resecas —que ya perdieron su verdor—

caen a la tierra nutriéndola como abono para la vida que se avecina,

que ya comienza a germinar y pronto se abrirá paso en forma de

tímidos brotes de esperanza. Nacerán nuevas plantas; hermosas y

perfumadas flores; alimentadas con los restos de lo que un día fue —y

aún sigue siendo— un bosque enfermo, casi sin vida ni alegría, lleno

de mentiras y absurdos, en el que todos caímos atrapados porque nos

dijeron que las cosas no podían ser de otro modo. Pero nos

engañaron. Nuestra es la voz de la Conciencia, la esencia humana

más sublime, somos los dueños de la vida, somos los dueños del arte

y del amor (aunque nos cobren el veintiuno por ciento), somos los

guardianes de las almas dormidas, y nuestra es la alegría de vivir

despiertos. Podrán quitarnos todo lo que poseemos, pero nuestra es la

voz ancestral de La Tierra. Sin nosotros no son nada, ¡NADA! Solo

son parásitos que viven a nuestra costa, todo lo destruyen y nada

ofrecen al mundo salvo miedo y palabras huecas, pero nosotros nos

alzaremos de nuevo, como fue siempre así a lo largo de los tiempos,

cual Ave Fénix, sobre las cenizas de sus espíritus yermos, sobre los

restos de su destrucción traeremos la vida de nuevo a cada rincón de

este país privilegiado, lleno de aire y sol, mágicas costas, ricas tierras y

gentes hermosas que solo queremos vivir en paz.

Wisonte (València)

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Niños jugando en el mar - Sally Swatland. Imagen aportada por la autora

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Un día de agosto

Agosto, dueño del verano, los días azules inundados de luz, el

calor acobardando los termómetros. El cielo despejado, sin permiso a

las nubes, una brisa cálida, impertinente. Sinfonía de colores. Las

noches ociosas, interminables.

A las cinco de la tarde, lo perfecto deja de ser perfecto. A las

cinco de la tarde las risas se silencian. Un ramo de flores y un pañuelo

de seda manchado de rojo ruedan por la acera. Las copas de refresco

se hacen añicos, los pájaros no cantan. El llanto de un niño, no hay

quién lo consuele. A las cinco de la tarde la alegría queda congelada

en una imagen de abrazos y de besos.

Se detiene el tiempo a las cinco de la tarde. El sol que no

entiende lo que pasa, brilla como si nada.

Las voces inocentes, piden justicia. Las voces de los que solo

saben de trabajo piden paz. El por qué no tiene respuesta. Los ojos se

llenan de lágrimas de impotencia, de dolor.

Hay muchas razones o ninguna para que la inocencia de la gente

sea atropellada. ¿Quién sabe cómo se cura el odio y el rencor?

A las cinco de la tarde un niño es huérfano, una madre ruega por

su hijo. A las cinco de la tarde un padre pide que su hija lo encuentre

en un abrazo.

Agosto sigue su camino como si quisiera acariciarnos. La

tristeza se cuela por las ventanas abiertas de los balcones con el aire

tibio del atardecer. Unos niños pequeños juegan despreocupados. En

sus miradas presiento que, a pesar de todo, la vida continúa...

(En memoria de las víctimas del atentado del 17 de agosto de 2017 en Las

Ramblas de Barcelona.)

Mirta Calabrese De Luca (Sant Celoni, Barcelona)

http://deshojandoversos.blogspot.com.es/

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Love – Monica Rooney (Canadá) https://500px.com/monicarooney

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Almas gemelas

Desde niños sus vidas habían estado ligadas. Acostumbrados a

soñar despiertos tumbados sobre la hierba seca del campo,

disfrutando de largos paseos subidos a lomos de los caballos de la

granja y durmiendo bajo el mismo techo: Martín entre sábanas de

seda bordadas con sus iniciales y Clara envuelta en sábanas de

algodón cosidas a la luz de la lumbre por su madre. Con el paso del

tiempo, él tuvo que marchar a la ciudad para continuar sus estudios y

ella esperaba ansiosa a que llegase el verano. Entonces, volvían a

abrazarse juntos cada vez más cerca, a bañarse en la orilla del río y

tejer sueños bajo el inmenso techo de las estrellas. Hasta que al final

de un septiembre, justo cuando Martín se había ido, ella descubrió

que esta vez le había dejado un misterioso regalo. Un regalo que

crecía en su vientre para dar fruto en primavera y no sabía cómo

ocultar. El tiempo, una vez más, puso las cartas boca arriba y cuando

Martín llegó no pudo encontrarla. Ni su madre ni ella trabajaban ya

para la casa.

Desesperado, removió cielo y tierra hasta dar con su paradero.

Sor María ―como ahora se llamaba―, había hecho voto de silencio y

clausura y no podía recibir visitas de nadie. Muchos años después,

aún retenía su imagen en la memoria, mirándole desde la ventana de

su celda con inmensa tristeza mientras marchaba.

Martín continuó su camino y se casó con una joven de igualdad

de miras y casta. Tuvieron hijos y vivieron una vida sin hierba, sin

baños en la orilla del río ni estrellas alumbrando sus sueños. Cuando,

al final de esa vida —ya viudo y viejo— le preguntaron en qué asilo

prefería que le ingresaran, se acordó del antiguo monasterio y sus ojos

se iluminaron.

Manoli Vicente Fernández (Viana do Bolo, Ourense)

http://www.lascosasqueescribo.wordpress.com

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Channel surfing – Rolfo Brenner (Alemania) https://500px.com/rolfo

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La entrevista

Con la mirada fija en su portafolios, el periodista evitaba

temeroso la mirada de la recién llegado al plató. Inició la entrevista

con el miedo fluyendo por cada uno de sus poros, reflejado en el

sudor helado de su frente que amenazaba al maquillaje con hacerlo

desaparecer.

—No sé si es correcto darle la bienvenida, así que empezaremos

por el tema de su morada, si no es inconveniente. ¿Podría decirnos

dónde vive?

—Dicen que en todos los sitios, aunque lo que más se escucha es

que estoy «a la vuelta de la esquina». Espero que no haga ningún

chiste barato sobre prostitución al respecto.

El presentador, que aflojó el nudo de su corbata y trató de coger

aire ante la amenaza latente, continuó hablando después de tragar

saliva.

—Tenga usted la total certeza de que ni sobre eso ni sobre

ningún otro tema habrá la más mínima broma. Vamos con la

siguiente pregunta, ¿cuál es su lugar de trabajo?

—Podría decirse que al igual que en la anterior pregunta

también estoy en todas partes, principalmente desarrollo mi actividad

laboral tanto en carreteras, como en diversos tipos de domicilios

laborales y hospitales, también hay viviendas que me obligan a

múltiples desplazamientos.

—Entiendo que sea usted socialmente rechazada.

—No se crea, hay personas que viven más allá del dolor, tanto

físico como mental, son muchos los que imploran mi presencia.

—¿Su horario es continuo, nunca descansa?

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—Jamás, trabajo los trescientos sesenta y cinco días, veinticuatro

horas.

—¿Cuándo tiene los picos de trabajo más altos?

—Antiguamente las epidemias eran mayores causas, ahora con

los grandes avances médicos toda época de guerra es insuperable.

—¿Y no puede usted por decirlo de alguna manera, «mirar para

otro lado» en estos casos?

Por un segundo, el presentador creyó que habría una reacción

fulminante ante la pregunta. Sintió la flojedad en sus intestinos unido

al temblor de sus piernas primero y todo su cuerpo después, hasta que

llegó la respuesta de un modo brusco.

—¿Ustedes crean las guerras y yo tengo que hacer la vista gorda?

¿Qué clase de equilibrio existiría entonces?

—Soy consciente de que es imposible que se detenga, pero, ¿qué

haría falta para que disminuya su actividad?

—Las causas naturales son leyes de vida, los accidentes

infortunios del destino, el resto, como podrá comprobar con el paso

de los años, no es más que el resultado de las negruras de sus

interiores. El odio, la envidia, la rabia, la avaricia, son causas

fundamentales para finales trágicos.

Tras una pausa en la que al locutor parecía que se le evaporaron

los argumentos, decidió poner punto final al acto.

—Bien, muchas gracias por su asistencia, para esta entrevista,

claro está. Espero que su actividad sea de mutuo acuerdo en un futuro

cercano y de la manera más agradable posible.

—Gracias por dar la oportunidad a mi voz para demostrar que

mi presencia no siempre es negativa. Como deferencia a su persona,

¿le gustaría conocer su hora?

82


Tiritando como hierba en un vendaval y con el rostro cual luna

asombrada, el presentador respondió cuando recuperó el aliento.

—No, no, muchas gracias, pero le agradezco que usted me

ofrezca saber algo sobre mi futuro.

La Muerte se levantó de la silla y se alejó con el mismo silencio

sepulcral que llegó al estudio.

Rafael Blasco López (València)

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Sin título – Andrea Palmieri (Italia)

https://pixabay.com/es/users/AndreaPalmieri-3321704/

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Así en la tierra como en el cielo

Me miras con ese gesto indeciso. Te callas como siempre.

Percibo ese aire tan tuyo, de «ya lo sabía...»

Es un sábado más, como cualquier otro, habitado por los olores

cotidianos y los sonidos dispersos de una radio que suena en el

dormitorio y otra que aturde en el salón.

Riego las plantas del balcón, con tal de no discutir contigo,

sabiendo que solamente postergo el momento de hacerlo. Es que no

puede ser. Sigues sin entenderme y yo si comprender por qué no

aceptas mi plan de cambiar los colores de las paredes o tapizar el

sillón que ya no aguanta más nietos ni visitas inquietas.

Me miras... Te miro... Te veo y me enojo. Me molesta tu

silencio. Siempre el mismo, siempre tolerante, siempre comprensivo

con mi ira mezquina y estúpida, que decide enojarse con todo y con

todos. Como siempre, te callas, y la emprendo contigo, porque ese

pantano en que me sumerge tu mutismo me ahoga, me asfixia.

¡Qué enojo me provocas! Me apuro en apagar la radio del

dormitorio, para no seguir rezongando. Y pienso cuál es mi comida

favorita y que tú detestas, para fastidiarte también en el almuerzo.

Me niego a creer que ya no estás. Me prohíbo caer en el duelo

inmenso, culpable, aterrador, de saber que te fuiste y jamás te pedí

perdón, ni nunca te dije gracias.

Me enojo contigo, no con tu recuerdo. Es mi forma de tenerte y

miro al cielo, y murmuro algo que solo los ángeles, si existen, te

podrán contar: «te quiero» y enciendo la radio de nuevo, para

escuchar a ese locutor que no soporto y que a vos tanto te gusta, solo

para no llorar, solo para no caer en el abismo donde, por más que te

busque, ya no podré encontrarte.

Vivian Rodríguez Dorgia (Montevideo,Uruguay)

https://lapiazzadellaluna.blogspot.com.uy/

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II Concurso de microrrelatos

«La Radio En Colectivo/Valencia Escribe»

El programa La Radio En Colectivo, de Mislata Radio, con la

colaboración de Valencia Escribe, y el fin de fomentar la creatividad

literaria y difundir el género del microrrelato, convocan el II Concurso

de Microrrelatos.

La presentación a este certamen implica la aceptación de las siguientes

bases:

1. El concurso se desarrollará desde mayo de 2017 hasta mayo del

2018. Cada mes se seleccionará un microrrelato ganador y entre todos

los ganadores mensuales se escogerá el ganador del premio final. Se

podrán enviar solo dos microrrelatos por persona al mes.

Los participantes deberán tener los 14 años cumplidos.

2. El microrrelato debe ser original e inédito (por inédito se entiende

que no haya ganado ningún premio ni se haya difundido en ningún

medio), escrito en castellano, y que no exceda las 150 palabras, título

incluido. La temática será libre.

3. Las obras se enviarán por correo electrónico, con el asunto «II

Concurso de Microrrelatos La Radio en Colectivo», a la siguiente

dirección: valenciaescribe@hotmail.com

El texto, que debe llevar título, debe incluirse en el cuerpo del mensaje

(no como un documento adjunto) y al final deben constar los datos

personales (nombre y apellidos, dirección postal, localidad y un

teléfono de contacto).

Se podrán firmar las obras con pseudónimo sin menoscabo de la

inclusión de los datos personales para el conocimiento de éstos por la

organización del concurso.

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Los microrrelatos se pueden presentar a cada convocatoria mensual

desde el día 1 desde las 00.00h hasta el día 28, 30 o 31 (según el mes)

a las 23.59h, en GTM+1.

4. Los textos ganadores mensuales se publicarán en las páginas de

Facebook: La Radio en Colectivo, y Valencia Escribe. Por este motivo

La Radio En Colectivo se reserva el derecho de reproducción y

difusión de todos los microrrelatos enviados, incluso los no seleccionados.

5. El jurado que seleccionará los microrrelatos finalistas de cada

convocatoria mensual estará formado por el equipo de La Radio En

Colectivo y de Valencia Escribe, pudiendo incluir en sucesivas convocatorias

a nuevos miembros del jurado.

El veredicto de cada mes se hará público el último jueves (no festivo)

del mes siguiente a cada convocatoria mensual en las página de

Facebook La RADIO en colectivo y Valencia Escribe y se leerá en el

programa de radio.

El veredicto final se hará público el último jueves de mayo de 2018

en las mencionadas páginas de Facebook y en la emisión de esa

semana del programa de radio.

Los autores ganadores y finalistas deberán estar dispuestos a darse a

conocer públicamente.

6. Los finalistas de cada mes optarán a un diploma y, además, está

prevista una sorpresa final para el ganador.

7. El jurado puede declarar desierto el premio mensual así como el

final si considera que ninguna de las obras presentadas tienen

suficiente calidad para ser publicadas.

8. La Radio En Colectivo y se reserva la posibilidad de modificar las

bases del concurso por causas justificadas.

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Nuestros libros

En Amazon, tanto en papel como en ebook,

a unos precios de auténtico escándalo

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Libros de nuestras/os colaboradores

Jazzesinato / Sueños y desatinos – Rafa Sastre

Editorial ACVF - Disponibles en Amazon (papel y ebook)

Medio serio, medio en broma, entre la novela policíaca y el cine

negro, la música de jazz y el crimen… Jazzesinato, el sorprendente primer

libro de microrrelatos de Rafa Sastre, es como una partitura para trompeta

y pistola.

Sueños y desatinos: La humanidad sobrevive gracias a sus quimeras y a

pesar de todos sus despropósitos. En este libro, el autor pasa revista,

mediante una serie de cuentos cortos, a los universos contrapuestos (el real

y el imaginado) inherentes a cualquier persona.

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Números anteriores de Valencia Escribe

Número 32 (Abril 2017)

http://www.yumpu.com/es/document/view/58071760/ve-32-abril

Número 33 (Mayo 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/58321161/ve-33-mayo

Número 34 (Junio 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/58598263/ve-34-junio

Número 35 (Octubre 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59450052/ve-35-octubre

Número 36 (Noviembre 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59501837/ve-36-noviembre-2017

Número 37 (Diciembre 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59579031/ve-37-diciembre-2017

Número 38 (Enero 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59669075/ve-38-enero-2018

Número 39 (Febrero 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59811171/ve-39-febrero-2018

NOTA: Enlaces de descarga en el interior de cada revista

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Palabras en la basura

Alberto Basterrechea, «Neorrabioso»

http://neorrabioso.blogspot.com.es/

91


Valencia Escribe en las redes

Os recordamos que en nuestro muro de Facebook Valencia

Escribe, además de otras cosas, seguimos colgando convocatorias de

concursos literarios que os podrían interesar

https://www.facebook.com/pages/Valencia-Escribe/134450789952020

Si tienes un blog y quieres hacernos partícipes de su existencia o

mantenernos al tanto de las entradas que publiques, no olvides que

también tenemos el grupo Valencia Escribe Blogs

https://www.facebook.com/groups/1571068066474683/

Para los aficionados al Haiku, también tenemos un espacio, que

para ser originales nos dio por bautizar como Valencia Escribe

Haiku. Podéis dejar allí vuestros poemas pero intentad cumplir las

reglas…

https://www.facebook.com/Valencia-Escribe-Haiku-746524675464504/

¿Queréis compartir o ser informados sobre los eventos culturales

más interesantes a celebrar en Valencia y alrededores? Exposiciones,

conferencias, presentaciones de libros, talleres, teatro, conciertos…

todo eso y más en Agenda Cultural VE

https://www.facebook.com/Agenda-Cultural-Valencia-Escribe-

1806573156332152/

Valencia Escribe (y mucho) es un grupo creado para compartir

vuestros poemas, microrrelatos y entradas de cualesquiera blogs

literarios mantenidos por los amigos que integran esta familia que

cada vez se hace más y más y más grande.

https://www.facebook.com/groups/393565884345726/

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¿Te gusta leer? ¿Te apetecería comentar con nosotros tus

lecturas? ¿Dar/pedir opiniones o recomendaciones sobre libros,

decirnos lo que estás leyendo, vas a leer o desearías leer? ¿Compartir

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Club de Lectura Valencia Escribe

https://www.facebook.com/groups/432549686885240/

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Inserta reseñas, aconseja películas o series, comparte artículos, fotos,

opiniones y debátelas en el grupo de Facebook Cine Club VE

https://www.facebook.com/cineclubve

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La foto de Miguel

Miguel García Rodríguez (València)

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