VE-27 NOVIEMBRE 2016

rafasastre

Número 27 - Noviembre 2016


© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías o

ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Fotografía de la portada: Book lover – Alejandra Castaño (Colombia)

http://alephunky.deviantart.com/

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

«La escritura es la pintura de la voz»

François-Marie Arouet, Voltaire (1694-1778)

Descarga de este número de la revista (formato PDF, 3.65 MB):

http://www.mediafire.com/file/m539maax4oq213w/VE-27+NOVIEMBRE.pdf


Nuestros libros

«Buffet Libre» (2015) y «El tiempo y la vida» (2016)

disponibles en AMAZON en papel y ebook

Dos libros de relatos y microrrelatos

con la participación de escritores habituales

de la revista VALENCIA ESCRIBE

¿Que no los tienes? ¡Y a qué estás esperando!


Índice

Oscuridad y letras (Rafa Sastre) Pág. 1

Arquitectura (Cristina Cifuentes) Pág. 3

Haiku (Marga Alcalá) Pág. 5

La mochila (Susana Gisbert) Pág. 7

Caladas de delirio (Belén Mateos) Pág. 9

Rosa encarnada (Vicente Montemayor) Pág. 11

Nada que decir (Manoli Vicente) Pág. 13

Raíces (Toni Ávila) Pág. 17

Golosinas (Jorge Richter) Pág. 19

La benvinguda dels peixos (Toni Mascarell) Pág. 21

Palabras para Anahí en el ceibal (Vivian Rodriguez) Pág. 23

Nuevo destino (Esther Moreno) Pág. 25

¡Bendita rutina! (Carmen Fabiá) Pág. 27

Una mujer que sabía volar (M.Luisa Pérez) Pág. 29

Cambiar de paleta (Aurora Losa) Pág. 31

La novia viuda (Manuel Serrano) Pág. 35

Un amor feliz (Maÿlis Bohère Rousselbin) Pág. 37

Sueños de garabatos (Eva C. Franco) Pág. 39

Tres palabras (Rafa Olivares) Pág. 41

Malvarrosa (Rafael Blasco) Pág. 43

Nuevos tiempos (Nicolás Jarque) Pág. 45

Perdida (Pablo lloret) Pág. 47

El sembrador de estrellas (Malén Carrillo) Pág. 49

El polvo (Sarah Martínez) Pág. 51

Lectura rápida de un corazón roto (Gabriela Pavinski) Pág. 53


Las rosas amarillas (Lu Hoyos) Pág. 55

Voluntad (Aldana Giménez) Pág. 59

El ser (Pernando Gaztelu) Pág. 61

Dormit (Marisa Martínez) Pág. 63

Exorcismo (David Rubio) Pág. 65

Personajes inexistentes (Lola Piera) Pág. 67

Melomanía (Rafa Sastre) Pág. 71

Quinientas palabras (Alfredo Cot) Pág. 73

La hora del agua (Conxa Gausí) Pág. 75

La sonrisa corta (Laura Rubio) Pág. 77

Números anteriores de Valencia Escribe Pág. 79

Valencia Escribe en las redes Pág. 80

La foto de Miguel Pág. 82


Entre las palabras - Renata Magda (Polonia) http://renmag.digart.pl/


Oscuridad y letras

¿Es la oscuridad que conlleva el reciente cambio de hora una

buena cómplice de la lectura y la escritura? Se me acaba de ocurrir

esa peregrina cuestión mientras intentaba construir la introducción a

este nuevo número de la revista.

Yo opino que sí, que la oscuridad, la lluvia, el viento, el frío, etc.

son grandes aliados de la literatura. Me resulta imposible evocar a

uno de los clásicos (Kafka, Dostoyevski, Dickens... ) escribir una de

sus obras maestras mientras toma el sol en la playa y degusta una piña

colada (tampoco presiento a nadie leyendo La metamorfosis, por

ejemplo, en idénticas condiciones). Claro que ha habido, hay y habrá

excelentes escritores residentes en lugares paradisíacos donde la

meteorología rara vez es adversa, pero me inclino a pensar que es

precisamente la adversidad el primer estímulo de la imaginación. En

fin, divagaciones mías que no os obligaré a seguir sufriendo.

Porque ahora se trata de convenceros de que el día 12 vengáis a

Sagunto y participéis en el Concurso de Relato Rápido Negro, que

junto a los compañeros de Ágora Puerto Cultural y Marián Creación

Literaria hemos organizado en el marco del certamen Novembre Negre

que se celebra anualmente en esa localidad tan próxima a Valencia.

Tenéis disponibles las bases en la web del certamen (y en el Facebook

de Valencia Escribe). Seguro que lo pasamos muy bien; no solo

escribiendo, también escuchando las interesantes charlas que esa

misma mañana, mientras el Jurado dirime el resultado de la

competición y asimismo después de la entrega de premios, ofrecerán

los escritores Juan Madrid, Pablo de Aguilar y José Luis Muñoz.

Anotad esa fecha en vuestras agendas. Os esperamos a todos.

Rafa Sastre

1


La bruja no sabe – Antonio Más Morales (Madrid)

http://www.antoniomas.com/

2


Arquitectura

Él era el arquitecto de los conceptos, yo un albañil de las

palabras. Él proyectaba espacios, yo los llenaba de vida. A él le

sedujeron mis dedos ágiles, a mí su mirada clara. Durante muchos

años logramos la más perfecta conjunción entre piedras y estrellas. Él

dibujaba esferas pulidas y perfectas, yo las convertía en pompas de

jabón que explotaban en música. Sus bocetos claros y limpios se

llenaban de manchas de colores al llegar a mis manos, y él reía, feliz.

Mis sueños delirantes se volvían practicables bajo sus ojos, y yo

lloraba de emoción.

Nos encargaron viviendas: yo proyectaba hogares plenos de

sueños, él edificaba habitáculos perfectos. Nos encargaron escuelas y

hospitales: sus edificios eran prácticos, útiles, sobrios; tras mi paso,

eran también alegres y optimistas. Nos encargaron luego la biblioteca:

diseñó un lugar exacto para albergar libros y lectores; yo lo transformé

en luminoso, sosegado y sereno. Nuestra obra cumbre, la Catedral,

eleva los fustes de sus columnas hasta tocar el cielo, pero el mismo

cielo baja por las vidrieras de mi cimborrio hecho luz de acuarelas y

acaricia los rostros de los fieles. La oración es murmullo y cántico que

se enreda en los capiteles y las arquivoltas de mis arcos, y se desliza

suave por sus suelos pulidos y alegre por sus escalinatas como agua

rumorosa.

Entonces decidimos estar listos para construir nuestro propio

mundo. Mientras él calculaba los cimientos, yo aboné el terreno. Sólo

en las noches de luna llena nos permitíamos dibujar plantas y alzados,

añadir dormitorios y escaleras, sorprendernos con pasillos que no

llevaban a ningún sitio, laberintos para perdernos o huir de las

pesadillas. A la luz del sol presentíamos la inclinación de los tejados o

el número imprescindible de chimeneas. Los días lluvia los

3


dedicábamos a diseñar las vidrieras de las ventanas y los marcos de

las puertas. Tardamos lo que dura un eclipse en decidir el color del

suelo y una estrella fugaz nos indicó la orientación de la fachada

principal. Jugamos a los dados para conseguir la financiación, y

ganamos.

Se elevaron los muros ágilmente, apoyados en pilares que se

ramificaban acunando los huecos transparentes de las luces. El cristal

jugaba con la piedra, la madera y el agua. Los espejos reflejaban el

verde de los bosques y el azul del cielo. Mármol blanco y acero pulido

se apropiaron de las estancias sanitarias, y la cocina surgió del fuego y

la alquimia de los metales bruñidos. Al final del verano, salió humo

por las chimeneas, espantando a las brujas de las veletas, los arbustos

habían arraigado sin problemas y el viento arrancó la primera hoja de

los jóvenes castaños.

Y, entonces, él desapareció.

Por eso te escribo a ti, vendedor de sueños. Tú eres el único

capaz de hallar habitantes para mi casa, que es ahora el hogar del

silencio y las lágrimas. Tú, quien puede convencer a un poeta de que

aquí los versos surgen de los grifos o las corrientes de aire traen

canciones para un joven músico. Tú, el único capaz de cautivar a una

voz que se demore en el eco de sus rincones o de seducir a un pintor

para que refleje la luz de sus balconadas. A ti te encargo que entregues

mi dolor, que se oculta tras el papel pintado de los dormitorios, a

quien sepa darme a cambio la promesa del olvido, o la muerte. A ti,

comerciante de ilusiones, embaucador de anhelos, trocador de

quimeras, a ti entrego mi obra y mi espejismo. A cambio, te deberé la

vida; lo sé bien, y lo acepto. Seré tuya por siempre.

Eternamente tuya.

Cristina Cifuentes (La Puebla de Alfindén, Zaragoza)

http://www.irae.es/

4


Haiku

Fotografía aportada por la autora

Lluvia de otoño

los recuerdos de ayer

en blanco y negro

Marga Alcalá (Valencia)

http://comolaspiedrasoelviento.blogspot.com.es/

5


The power breakdance – Sefi A. Yamani (Indonesia)

http://manursstudio.deviantart.com/

6


La mochila

Desde que la vi entrar me llamó la atención. Era realmente

chocante ver a una señora de esa edad en un espectáculo así, donde la

mayoría de espectadores no pasaban de los veinticinco años, con la

excepción de algunos padres y madres entregados. Y ella destacaba

como una bombilla en medio de la oscuridad más absoluta, con su

rebequita a hombros, su pelo cardado al estilo de tres décadas atrás y

su collar de perlas. Y encima, con aquella mochila que desentonaba

de su atuendo, agarrada al pecho como si fueran a quitársela, a pesar

de que parecía estar vacía.

El azar quiso que su butaca fuera la de al lado de la mía. Si no

hubiera sido así, tal vez no la hubiera visto llorar a moco tendido

cuando tuvo lugar la tercera de las batallas de break-dance que se

desarrollaban ante nuestros ojos. No me fue difícil adivinar que su

nieto era uno de los contendientes, concretamente el que ganó. Y lo

cierto es que el muchacho no lo hacía nada mal, pero de ahí a

emocionarse había un mundo. Pero la señora estaba totalmente

entregada, como si estuviera viendo el melodrama más sensiblero del

mundo.

Cuando dieron los resultados, y el nombre de aquellos de los

bailarines que se clasificaban para la siguiente fase del campeonato,

temí seriamente que a aquella buena mujer le fuera a dar un colapso.

Transida de entusiasmo, aplaudía de un modo que parecía que iba a

arrancarse las manos, al tiempo que lloraba a mares mientras se

abrazaba con todas sus fuerzas a la dichosa mochila. Y eso que solo

era una competición regional. No quise ni imaginar lo que sería si

fuera un campeonato del mundo.

No podía dejar de observarla. Pasado el momento culminante,

una sonrisa beatífica se pintó en su cara con una expresión tan ajena

7


al mundo que, si no fuera por su aspecto y su edad, hubiera jurado

que estaba bajo el efecto de una droga de diseño de potente efecto.

Al cabo de un momento la perdí de vista. Tras atender a su

teléfono móvil de teclas enormes, abandonó su asiento a más

velocidad de lo que era esperable. Y creí que no la vería más, y

quedaría como una anécdota a comentar con mis colegas. Eso sí, al

pasar me tocó la visera de mi gorra, esa gorra que yo jamás me

quitaba bajo ningún concepto. Y, por una razón que desconozco, me

hizo gracia.

Me equivoqué. No tardaría en volverla a ver. El destino quiso

que coincidiera con ella a la salida del teatro. Ya no abrazaba la

mochila sino que la llevaba bien agarrada de las asas en una mano,

mientras que con la otra cogía a aquel muchacho que supuse que era

su nieto y que identifiqué como el bailarín que ganó la tercera de las

batallas de la competición.

Cuando pasé por su lado, comprendí muchas cosas. La mochila

ya no estaba vacía. De su interior sobresalía una zapatilla de deporte.

Una zapatilla atada sobre una pierna rígida. La pierna ortopédica del

muchacho que, sonriente, agarraba a su abuela haciendo equilibrios

con sus muletas. Y entonces, en un gesto reflejo, me quité a su paso

esa gorra que nunca antes me hubiera quitado ante nadie.

Tres meses más tarde llegó a mis manos un periódico donde

salía aquella extraña pareja. El chico había ganado el campeonato

nacional a pesar de que, cuando apenas tenía ocho años, había

perdido su pierna derecha en un terrible accidente de tráfico. El

mismo en el que perdió a sus padres. Y, aunque no podían verme, me

quité de nuevo mi gorra ante ellos.

Susana Gisbert Grifo (Valencia)

http://conmitogaymistacones.com/

8


Caladas de delirio

Fotografía aportada por la autora

Se postró en la cama deseosa de caricias. Comenzó a

desprenderse de cada tela que cubriera su cuerpo. La blusa resbaló por

sus hombros hasta caer al suelo, la falda osó deslizarse por las piernas

y estrellarse a los pies desnudos de calzado. La ropa interior le

quemaba la piel como un fuego húmedo que deseara calmar su ardor

con la fresca saliva de unos besos.

Y ahí, expuesta, y envuelta en mutismo, esperó el cuerpo

desnudo de su amante.

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Sus dedos comenzaron a sentirse fríos y su tibia boca a exhalar el

humo de un cigarrillo encendido para templar la densidad de sus

senos. Un almizcle de aroma y sudor comenzó a bañarla entera.

Al otro lado de la puerta, tecleando sin pudor, se hallaba el

amador virtual de muchas y de nadie.

Todo un despropósito para una realidad que le espera ansiosa y

se iba esfumando igual que cada una de las caladas que no conseguían

llenar ni sus pulmones ni el abismo de sus caderas.

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

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Rosa encarnada

Wild rose – Andreea Iancu (Rumanía)

http://ideea.deviantart.com/

Hermosa flor encarnada

de suaves pétalos finos

que se desgranan al tacto

de mis dedos peregrinos.

Dulce rosa perfumada

con la fragancia exquisita

del rocío tempranero

de una tierna mañanita.

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Capullo impaciente y tierno

de breve tono escarlata

palpitante como el fuego

que el suave tacto dilata.

Jugosa fruta del cuerpo

que despierta mis anhelos

escondida entre tus piernas

puerta de todos los cielos.

Selva de cabellos de oro

Rizos de satin y seda

Puertas abiertas del cielo

Dulce y frondosa arboleda.

El escondite secreto

que incita a encontrar la gloria

que esconden aquellos pliegues

de la más dulce memoria.

Ahí se oculta un tesoro

encerrado en una herida

luminosa, transparente,

llena de amor y de vida.

Ahí quiero vivir mi vida

y ahí quiero morir mi muerte.

Vicente Montemayor (Omaha, Nebraska – EUA)

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Nada que decir

Alone in the café – Jess Shepherd (EUA)

https://www.flickr.com/photos/98659616@N02/

La llamó al mediodía. Tenían que hablar. No sabía cómo

decírselo. Llevaba días intentándolo, pero ella nunca le permitía

continuar. Comenzaba a interrumpirle, a hablarle de mil y una cosas

distintas, a enredarle en sus historias hasta que ambos acababan

riéndose a carcajadas. Así no se puede, pensaba. Volvía siempre a

casa con una sensación trágica de vacío que, finalmente, se

transformaba en un sentimiento de culpabilidad. No se entendía a sí

mismo. En realidad hasta se repelía a sí mismo. ¿Cómo podía ser tan

cruel? Ella era un ángel. Perfecta en todas sus curvas, con los ojos

color de cielo y tan dulce que era imposible negarle nada. Emitía

simpatía por todos los poros de su piel. Lo habían pasado tan bien

juntos... Aún ahora, en la situación en que se encontraban, no era

capaz de resistirse a su encanto. Acababan jugando y riendo como

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niños y, no obstante, él estaba cansado. La relación le producía una

intensa fatiga, que no podía ocultarse a sí mismo por más tiempo. Ese

mediodía estaba dispuesto a llegar hasta el final.

Habían quedado en el café de siempre. Llegaron casi al unísono,

y se sentaron en su rincón favorito, al lado de la ventana. Él tomó

aire y comenzó a hablar enseguida.

—Ariadna, tenemos que hablar en serio.

Ella ladeó la cabeza para mirarle. La larga melena dorada

esparcida sobre su hombro derecho.

—¿Tan en serio, Daniel? ¿Te acuerdas de aquella vez en que

fingimos estar enfadados? Cuando perdimos el anillo en el parque y

nos pasamos la tarde buscándolo…

«No puede ser que comience otra vez con esto», se dijo Daniel,

mientras pensaba en cómo interrumpir la conversación de Ariadna.

De pronto, ella calló. Se hizo un denso silencio entre los dos hasta

que, finalmente, volvió a hablar:

—Tú no quieres decirme nada, Daniel. En realidad, no hace

falta que me digas nada. Si recuerdo todo lo que hemos vivido juntos

es para que recapacites. Para que veas que estoy hablando en pasado;

que tienes que seguir adelante con tu vida, sin mí.

—Es justo esto lo que necesito decirte, Ariadna: no puedo

alejarme de tu lado. No soy capaz.

_ _ _ _ _ _

El camarero lee el titular del periódico con dificultad. Los ojos

llenos de lágrimas. Lo sabía: otro de esos casos que todo el mundo ve

venir y en el que nadie hace nada. Daniel era uno de los clientes más

antiguos del local. Se sentaba siempre en la última mesa, al lado de la

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ventana. Parecía hablar con alguien, pero no había nadie. La última

vez lo vio peor. Gesticulaba demasiado. Se llevaba la mano a la frente

y se frotaba los ojos una y otra vez, mientras parecía dirigirse a la silla

de al lado. Siempre vacía.

Lo encontraron en el lago del parque al que solía ir a menudo

desde la pérdida de su antigua novia, Ariadna, muerta en un trágico

accidente poco antes de la fecha en que pensaban casarse. Llevaba

consigo un estuche con un anillo y una carta en su interior que,

milagrosamente, logró salvarse del agua. Contenía un escueto

mensaje:

«No hay nada que decir cuando se quiere decir adiós».

Manoli Vicente Fernández (Viana del Bollo, Orense)

http://lascosasqueescribo.wordpress.com

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Groot – Alegra Figeroid (EUA) http://fledglinger.deviantart.com/

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Raíces

Un día noté una molestia en la planta del pie. «Un callo», pensé.

El podólogo no pudo reprimir una expresión de asco al comprobar

que, en realidad, me estaban saliendo raíces. Las mantuve a raya

durante un tiempo, podándolas a diario después de afeitarme. Pero

cuanto más las recortaba más fuertes volvían a salir. Las primeras

ramas fueron más difíciles de ocultar. Al principio bastaba con un

abrigo holgado, pero más adelante me fue imposible salir a la calle:

los pájaros intentaban hacer nido en mis hombros, los perros me

acosaban, me cayó un rayo e incluso hubo quien quiso grabar un

corazón en mi brazo derecho. Cuando, de la noche a la mañana,

empecé a hacer la fotosíntesis, decidí que había llegado el momento

de marcharme. Ahora vivo junto a otros como yo y tú no deberías

poder escucharme... Si lo estás haciendo, vigila tus pies.

Toni Ávila (Castellón)

https://los40sonlosnuevos30.wordpress.com/

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Fotografía de Marga Alcalá, aportada por el autor

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Golosinas

Firmó digitalmente, en su ostentoso despacho, la compra de

otras tres multinacionales que pasarían a engrosar la bolsa de las

interminables golosinas, para satisfacción de su voraz apetito

financiero. Al igual que los caramelos y dulces con envoltorios

brillantes, cada logo de empresa que atrapaba, le endulzaba por un

instante el paladar. Dio las últimas instrucciones a su equipo directivo

y secretarias, y se dirigió a su aislada mansión fuera de la ciudad. Con

ansia esperaba llegar a la habitación secreta y relajarse. Así lo hizo.

Comió y bebió de lo mejor de lo mejor, muy bien servido por el

servicio. Relajado, tranquilo, subió y cerró tras de sí la puerta.

Mientras surgía el sonido envolvente de la música medieval, tenues

luces llenaban la estancia. Con solemnidad extrajo las hojas de

pergamino y con la pluma de oca, comenzó a escribir con sumo

cuidado las letras de proporcionales formas que completaban las

frases de tan exquisita caligrafía. Integrando la paciencia con la tinta,

era feliz en el mundo de los copistas antiguos, se sentía como un abad

viajero entre monasterios de siglos pasados. Los admiraba, los

imitaba, con esa meticulosidad puesta en cada letra y cada imagen; al

igual que en los libros incunables que coleccionaba y le rodeaban,

mientras se dejaba llevar, como esos seres que se embelesaban en sus

silencios, entregados sin necesidad alguna de decir: «Te quiero» o «Te

amo».

Jorge Richter (Valencia)

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La benvinguda dels peixos – Rosa Fuster Serquera (Fuente Encarroz, Valencia)

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La benvinguda dels peixos

A les onze, com qualsevol nit on la lluna llueix plena, i ja en el

regne no vetla, ni una ànima en pena; sigil·losa, com sempre tu ets,

vols fugir de palau, on entre aquelles quatre parets enormes, que altres

anomenen llar, i que tu anomenes cel·la tot i les comoditats; doncs

has de guardar les formes, i, allí, per a no fer que algú s’ofenga, albires

la llibertat.

Ja endinsada en el boscatge, mentre et lleves aquells vestits, que

et mantenen encotillada, i trepitges aquell solatge que ja et fa sentir el

gust de tardor d’una manera salvatge; i, tot i que els teus llavis encara

llueixen pintats, enmig de la boira i nua de tota formalitat, minuts

abans de mitja nit, t’endinses en les gèlides aigües d’aquell llac,

perquè un raig de lluna, faça més lliure el teu cos; i que, d’aquelles

boniques cames, tapades per fines teles fins més avall dels genolls, ara

llueixen tot el seu esplendor, recobertes de brillantor per les escames.

I, ara, encara que el fred et cala, amb el cap fora de l’aigua, per

agafar aire i omplir bé els pulmons, abans de submergir-te al teu

regne; mil peixos de colors, amb els ulls eixits de l’emoció al notar la

teua majestuosa presència, mouen la cua fent saltirons; perquè de

nou, com cada nit de lluna plena, donar-te la benvinguda.

Toni Mascarell (Oliva, Valencia)

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Ilustración de Fernanda Forgia (Argentina) para el libro «Anahí »

http://fernandaforgia.blogspot.com.es/

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Palabras para Anahí en el ceibal

Irreverente y altiva, generosa y pasional, te desbordas por el

verde de las hojas que se acurrucan en las ramas, bordeando la ribera,

besando los puertos agrestes tocando el barro y la arena sin desdeñar.

Los árboles se preñan de fuegos para mutar en flores de exótica

belleza. Pájaros que florecen en bermellón y besos desparramados en

la costa de los arroyos, que cantan junto a la laguna su antigua

leyenda.

Libertaria, nunca cautiva, arrebolada en versos de victorioso

orgullo por su origen indígena, raíz de esta tierra. Mutilada y

condenada, jamás callada transitas el camino de la historia siguiendo

la corriente caudalosa de los ríos que surcan como venas portando

dadivosos la nutriente de nuestros campos de apaciguada belleza.

Cuentan, los que te vieron arder, condenada y atada al tronco

de un árbol, que fuiste la hija rebelde y enfurecida que clamó en

defensa de su padre, y que el destino trocó los gritos de dolor de tu

carne calcinada, en el bello canto de un pájaro aguerrido, mientras el

fuego brillaba en cientos de lenguas que ascendían a la copa del árbol,

para convertirse en flores prendidas a tu recuerdo como guirnalda que

de su color se precia tanto como de su belleza.

—¡Ay de mi! Si no pudiera verte ni oírte mientras viajo a la

deriva en la laguna y enamorado te nombre Anahí, Flor de Ceibo,

mientras los sauces llorones, besan las aguas apaciguadamente.

—¡Ay de mi! Si no pudiera escribirte estos versos que dejo en las

orillas prendidos al color carmesí de tus pétalos, en el atardecer que

apaga el sol en el reflejo plano de la luna.

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Los grillos desbordan con sus chillidos la paz de la noche,

mientras me duermo al pie del monte y en el sueño, tú me besas.

Vivian Rodríguez Dorgia (Montevideo, Uruguay)

http://bibilaurugualla.blogspot.com.uy/

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Nuevo destino

Foto aportada por la autora

Cambian los escenarios

Las personas que forman parte de la obra

Las estaciones se confunden con el asfalto infinito

Y las burbujas explotan con palabras que no puedo alcanzar a

entender

Las calles, viejas y grises, acogen a los foráneos

Mientras la violencia de algunos reacios recae sobre los mismos

El viaje, la aventura, las ganas de recorrer lo no andado

Son el motor que mueven mis pasos

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Bajo la lluvia incesante y el frío aplacador

La fiesta

El ruido constante

Las ganas de descansar de un ambiente tóxico

Esconderme bajo las mantas roídas otorgadas

El deseo de empaparme de toda cultura dada

De descubrir lo nuevo, de saborear el camino

Añoranza de los abrazos conocidos

De los besos de despedida

De las noches cálidas en un barrio lleno de vida

Deseosa de reencuentros eternos

De conversaciones mágicas

Viviendo el presente

Sintiendo el momento

Esther Moreno Morillas (Valencia)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

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¡Bendita rutina!

Don´t forget to smile – Liz Leeb (Reino Unido) https://500px.com/lizleeb

No puedo negarlo. Me gusta observar a la gente. Miro

atentamente su aspecto físico, su forma de vestir, su peinado, si llevan

gafas o no, el tipo de accesorios que complementan su apariencia

física. También me fijo en sus gestos, su tono de voz. Me gusta

imaginar cuál puede ser su profesión y les imagino una supuesta vida.

Tal vez como yo, vayan en el metro a trabajar. Algunos habrán

trabajado en turno de noche y ahora regresan con sus rostros fatigados

a casa. Siempre ves gente variopinta, de todas las edades y diferente

condición social: ejecutivos trajeados, hombres con uniformes oscuros

con el distintivo de los logotipos de sus respectivas empresas, grupos

de mujeres que trabajan como asistentas —normalmente son las

únicas que mantienen animosas conversaciones—, estudiantes de

aspecto desaliñado con cara de sueño...

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Hay rostros que ya me son familiares. Se repiten todos los días

en sus trayectos, suben y bajan rutinariamente en las mismas paradas,

incluso se sientan si están libres en los mismos asientos o permanecen

de pie asidos a la barra meciéndose con cada vaivén del metro. Y si

un día no los veo pienso: «¡Vaya! hoy se debe de haber dormido» o

«tal vez sea su día libre» o «tal vez esté enfermo» o incluso he llegado

a pensar de algunos que dada la situación laboral en la que vivimos

hayan pasado a engrosar las ya abultadas listas del paro.

A primera hora de la mañana, hay silencio en los vagones. Ese

silencio se rompe cada vez que una correcta y melodiosa voz grabada

nos recuerda la parada a la que nos acercamos. Varios pasajeros

dormitan balanceando sus cabezas hacia delante y hacia atrás, una y

otra vez adelante y atrás hasta que una fuerte sacudida los saca de su

estado semiinconsciente; otros, miran fijamente las pantallas de sus

móviles, también los hay que conectados a sus auriculares escuchan

las noticias mañaneras o su música preferida. Aunque las estadísticas

digan que los españoles leemos poco, todavía se ven apasionados

amantes de la lectura que sacan de sus bolsos o mochilas un libro

perfectamente señalizado con un marca páginas improvisado y se

enfrascan en sus historias. Es una forma de pasar el tiempo mientras

dura el trayecto hacia sus trabajos.

Yo sin embargo, prefiero seguir observando, esos anónimos

rostros que día tras día me son más familiares. Son personajes

colectivos de una sociedad en movimiento. Un continuo ir y venir de

aquí para allá.

Una voz en off me saca de mis pensamientos. Casi se me pasa la

parada donde debo bajar. ¡Uf, yo también debo sumarme a ese

colectivo apresurado! Diez minutos, me quedan para un café rápido y

de pie en la barra de la cafetería y a fichar. Esta es la rutina de lunes a

viernes. Y en tiempos de crisis ¡bendita rutina!

Carmen Fabiá Mir (Valencia)

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Una mujer que sabía volar

El pájaro de fuego (1949) - Marc Chagall (1887-1985)

Obra sugerida por la autora

Ella inició el vuelo hacia las alturas y fue atravesando toda clase de

nubes. Las había rosadas, blancas, alargadas, en forma de corazón… El

viento le ayudó en ciertos momentos a mantener la ingravidez, aunque

algunas flores se le cayeron. Eliseo Subiela y yo nos sentíamos

plenamente felices. Al fin habíamos encontrado lo que andábamos

buscando durante tantos años: una mujer que supiese volar. Muchas

gracias Chagall.

María Luisa Pérez Rodríguez (Valencia)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

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Changes – Elisa Ursala Lupu (EUA)

https://www.flickr.com/photos/elisik/

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Cambiar de paleta

Prometía ser el día más duro de los dos últimos años, casi tan

duro como el que se despidió para siempre del amor de su vida en un

frío tanatorio. Su único consuelo después de aquello había sido tener

que levantarse de lunes a viernes para acudir al trabajo y aprovechar

los fines de semana para adecentar la casa; pero hoy cumplía sesenta

y cinco años, y la oficina, desde esa misma mañana, engrosaba las

filas de su pasado.

Cuando sonó el despertador se sintió cansada de la rutina.

Condujo su coche gris por las calles grises de un invierno gris y

recogió el contenido de su escritorio.

«¿Cómo es posible que veinte años de dedicación quepan en una

caja de IKEA?»

Recibió el consabido reloj, las felicitaciones y mejores deseos de

sus compañeros y salió por la puerta de LOMO Creativos con

cuidado de que la tierra de su única maceta no le manchara el abrigo

de paño negro.

«¿Y ahora, qué?»

Se había limitado a dejar correr el tiempo como si su jubilación

fuera un día más; no había pensado en lo que vendría después. Tenía

dinero ahorrado y una pensión razonable, desde luego, pero le

faltaban los ánimos para hacer los viajes que planearon su Manolo y

ella.

«¿A dónde voy a ir sin él?»

Desde que enviudó no se había sentido tan sola y con menos

ganas de volver a casa, así que dejó sus pertenencias en el maletero y

se acercó a tomar un café.

31


—Ahora a vivir la vida, Felisa, que te lo has ganado— le dijo el

dueño mientras le ponía el café con más alegría que de costumbre.

Ella se limitó a asentir y remover el contenido de la taza. El

tintineo de la cucharilla dando vueltas se ahogó entre el ruido del

resto de clientes.

—¡Felisa! —Era su vecina Amparo, haciéndole señas desde la

mesa del fondo— ¡Felisa, querida! Vente, anda —Se acercó al grupo

de mujeres que componían la reunión— Mira, te presento a Pruden,

Mayra y Petra. Las viudas alegres. —Todas ellas rieron de buena

gana— Felisa, mi vecina, viuda también. ¿Qué haces por aquí tan

sola?

—Vengo de recoger mis cosas. Me acabo de jubilar.

—¡Qué bien! Yo pasé a mejor vida hace un mes —dijo la que

respondía al nombre de Pruden— La primera hora es la más difícil,

después todo va rodado.

—Pobre, todavía está en shock. Venga, Paco, alégrale el café con

un chupito de coñac de ese que tú y yo sabemos —pidió Amparo.

No recordaba cuándo había sido la última vez que probó algo

con alcohol pero, tras tomarse la copa, se sintió mucho mejor.

—¿Qué has pensado hacer hoy?

—Pasar a hacer la compra, supongo —respondió con desgana.

—Ni hablar del peluquín, preciosa —impuso la tal Petra—. Te

has liberado del despertador, los atascos y los jefes; eso hay que

celebrarlo como Dios manda y no seríamos buena gente si dejáramos

que volvieras a casa para autocompadecerte y cuestionarte el sentido

de la vida. Lo primero es renovarse, porque lo de morir no es una

opción. Ropa, un corte de pelo...

—Un novio.

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—No seas picarona, Mayra —la riñó Amparo—. Lo del

vestuario no es mala idea. Ya no necesitas parecer una trabajadora

seria, ahora hay que darse alegría. ¡Viva los colorines!

—¡Viva! —brindaron las otras tres.

Puede que fuera por el coñac, por la vitalidad contagiosa de

aquellas mujeres o por la falta de alternativas, pero Felisa se dio

cuenta de que estaba harta de echar de menos a su marido cuando no

estaba trabajando, cansada de abrir el armario para escoger entre una

falda gris o un pantalón marrón y hasta el cogote de ver pasar la vida

tras la ventana en su tiempo libre. Así que se dejó arrastrar al centro

comercial e invirtió parte del finiquito en un par de vestidos, cuatro

blusas, un pantalón y un centenar de pañuelos de seda. La pararon los

pies a tiempo de que se tiñera el pelo de caoba.

—No dura nada, hija. Hay que retocarlo cada dos por tres —dijo

Pruden guiada por la experiencia.

—Esta noche te vienes con nosotras al teatro —insistió

Amparo—. Y ya mañana, querida, hablaremos de qué hacer con ese

erial al que llamas jardín.

Aurora Losa (La Palma del Condado, Huelva)

https://ladesdichadesersalmon.wordpress.com/

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Sin título – John D. Carnessiotis (Grecia)

http://www.johndcarnessiotis.com/

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La novia viuda

—Siempre te querré —dijo a su amada.

—Yo te seré fiel mientras viva, Alfonso.

Esa fue la promesa de amor de dos jóvenes que pronto vieron

rotas sus esperanzas de amor eterno: Alfonso murió coceado por sus

bueyes cuando estaba labrando. La boda estaba preparada para la

semana siguiente.

Angelina, la novia viuda, cumplió su promesa. Se vistió de luto

y nuca se lo quitó. Siempre lo quiso. Cuando ya era muy mayor

seguía pensando en él. Le pidió a Dios que la llevara junto a su

amado, pero los planes del Creador no eran esos: la dejó en la tierra

muchos años.

Una tarde de verano, cuando ya las canas habían invadido su

cabeza, Angelina estaba sentada a la puerta de su casa. Le pareció ver

a Alfonso, joven, lozano, con su eterna sonrisa. Pero no, no era él; era

un mozo del pueblo que se le parecía mucho. En su interior estaba

segura de que era él. Se vio joven y novia de aquel hermoso ser. «Por

fin nos vamos a casar», pensó Angelina con una gran sonrisa dibujada

en su desdentada boca. Solo podían casarse si ella estaba muerta.

¡Había terminado la espera. Había muerto!

El graznido estridente de un cuervo posado sobre el tejado de la

casa la despertó y volvió a ser la vieja que esperaba a Alfonso.

Manuel Serrano (Valencia)

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Fotografía de la autora

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Un amor feliz

A veces, la gente me pregunta por qué me gusta tanto España.

Cómo contestar con palabras, cuando solo hay sentimientos.

Si pudiera describir lo que siento...

Cuando tengo en mis manos una tierra roja con piedras

Cuando veo las montañas de Monserrat, al lado de Torrente

Cuando veo las señoras mayores sentadas y reunidas delante de sus

casas a la media noche

Cuando toco las viejas puertas esculpidas de madera en Valencia

Cuando miro sus ficus que no tienen edad y quedo hipnotizada

delante de tanta majestad

Y las fallas...

Y la comida, la gente, el idioma, las fiestas, el mar...

Tantas cosas...

No he nacido aquí

Sin embargo, me siento venir de aquí

Lazo invisible, fuerte y poderoso

que no me explico...

re Rousselbin (Valencia)

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Along the shore – Gilad Benari (Israel) http://gilad.deviantart.com/

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Sueños de garabatos

Jugó con la arena en la orilla de la playa y con tan sólo nueve

años dibujó sus primeros corazones. Allí se rociaron sus risas con

garabatos de colores, porque desde ese día se afloró su alma pura con

sueños de escritora.

Pasados los años y haciendo camino con sus pasos, se desnuda

de recuerdos en otra ribera, reflejándose en el mar la esencia de una

lejana inocencia. Encontrando su corazón desdibujado por las olas de

un largo recuerdo.

Ahora, la arena se cuela desgastada entre sus manos, porque sus

lágrimas se evaporaron poco a poco con el calor del ocaso que

despierta. Sin embargo, en cada paso de su cansado andar, liviana su

carga rociando de letras al mar, que choca con las rocas de su aliento.

Sucumbiendo al llamado de su vida, levantó sus manos cargadas

de las líneas del tiempo, dibujando en el viento el último verso nacido

de sus deseos. Así humedeció sus labios de poemas de dulces besos,

para dejar que la brisa acariciara su pelo, pintado de blanco con la

realidad de un viejo sueño.

Eva C. Franco (Isla Margarita, Venezuela)

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Ashtray – Eric Dale (EUA) http://ericmd.deviantart.com/

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Tres palabras

El lugar es inmundo. Nadie conoce a nadie, nadie se preocupa

de nadie. Observo de reojo a quienes están a mi lado.

Creo que los individuos más peligrosos son el que está a mi

derecha, mal encarado y de mirada huidiza, y el que se encuentra

enfrente, de aspecto elegante y maneras distinguidas. Ambos parecen

tranquilos y seguros y eso me desconcierta.

Luego está el de las gafas oscuras, que no deja de fumar. Sin

duda pretende controlar los nervios. El más mayor se cruza de brazos

para ocultar y controlar el temblor de sus manos.

El silencio es ensordecedor. Es mucho lo que hay en juego, o

para ser más preciso todo está en juego en estos momentos.

He luchado mucho para llegar hasta donde ahora me encuentro

y parecerá un sarcasmo, pero hoy preferiría no estar aquí.

Llega el momento de la verdad, el instante a partir del cual nada

va a seguir siendo igual para ninguno de los presentes.

En un temido y pausado movimiento de manos todo queda

decidido con el volteo de las cartulinas para descubrir sus grafías. Le

acompañan tres palabras en una voz nerviosa al tiempo que aliviada:

«Póker de ases».

Rafa Olivares (Alicante)

http://potajedepalabras.blogspot.com.es

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Malvarrosa – Radu (Rumanía) http://macaque.deviantart.com/

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Malvarrosa

Suave nombre de mujer,

dulces olas en tu costa,

bañando tu flor llamada

en tu manto brota el querer.

Ancianos alegres pasean,

en el atardecer relajado,

olvidando las penurias,

bajo el bello azul etéreo.

De la mano van amores,

junto a esculturas que brillan.

Viajeros en la orilla,

a pedazos sus sueños venden.

Otros niños, otras barcas

añoran a Sorolla,

viven eternas las letras,

de don Vicente, majestuosas.

Tu nombre huele a Malva,

tal rosa tu brisa acaricia,

tu eres la más hermosa,

mi querida Malvarrosa.

Rafael Blasco López (Valencia)

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Concert in theatre – Oleghz Hz (Rusia) https://500px.com/oleghz

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Nuevos tiempos

Aquella noche de septiembre de 1916, Hugo Varlikh saludó con

sendas reverencias a la familia imperial, primero a la emperatriz

Alejandra Fiodorovna y después al todopoderoso Zar Nicolás II. Se

subió a su tarima adoptando el gesto marcial que tan bien conocían

sus músicos. Esperó a que se hiciese el silencio para golpear la batuta

sobre el atril y, con un ligero movimiento de muñecas, inició el

concierto. Las flautas, los clarinetes, las trompetas, los violines, los

chelos y los contrabajos empezaron a interpretar la Sinfonía nº 1 de

Tchaikovski. De inmediato, las notas musicales se elevaron al son de

la batuta para abrirse paso por el jardín del palacio y expandirse por

todo el Imperio ruso. Aunque esta vez, los cielos estrellados de

Petrogrado, Moscú, Astracán o Kiev no se encapotaron, el aire glaciar

no apareció y los copos de nieve brillaron por su ausencia. El verano

cálido se negaba a claudicar y, por tanto, el invierno debía esperar su

turno. Hugo Varlikh enseguida se percató del inesperado fracaso de su

actuación y, ante el murmullo cada vez más sonoro de la corte del

zar, sus indicaciones se tornaron en veladas amenazas. Las tubas, los

violonchelos, las arpas se empequeñecieron y el resto de instrumentos

se afanaron por aumentar su resonancia. Pero el esfuerzo era en vano.

Nada parecía cambiar, como si Rusia sufriese de sordera profunda.

Hugo Varlikh, enrabietado y fuera de sí, señaló con su batuta al

segundo violín, al cuarto oboe y al quinto chelo para que detuvieran

su interpretación. Abochornados, los instrumentistas acataron el

mandato con lágrimas en los ojos. Desesperado, Hugo Varlikh, el

director de la Orquesta Filarmónica de Petrogrado, ordenaba y

deshacía sus propias exigencias sin encontrar solución al desbarajuste

que se estaba produciendo hasta que un trompetista, alzándose de su

asiento, osó desobedecerle, y a este le siguió un flautista, y a este, otro

y otro. Mientras, en numerosas plazas de Rusia empezaron a lanzarse

proclamas de libertad.

Nicolás Jarque Alegre (Albuixech, Valencia)

http://escribenicolasjarque.blogspot.com

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Hand in hand in hospital – Dmytro Furman (Ucrania)

https://500px.com/uncledmytro

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Perdida

Sentada en la incómoda butaca de la habitación del hospital,

Sofía leía una revista que se había comprado del quiosco de la planta

baja. Su madre estaba tumbada en la cama, con los ojos cerrados,

durmiendo, soñando, en otro lugar, en otro país, en otro universo.

Cansada de los artículos de prensa rosa que colmaban la revista, la

dejó en la pequeña mesita que tenían en la habitación, se quitó las

gafas y se frotó los ojos.

Llevaban ya dos semanas viviendo en aquel hospital. Su madre

ya no reconocía a ninguna persona ni a ningún lugar, y no podía vivir

lejos de las atenciones de aquel maldito centro.

De pronto, escuchó un susurro de su madre. Sofía se levantó

rápidamente y se sentó a su lado. Tenía los ojos abiertos, pero no

miraba a ninguna parte. Miraba asustada a su alrededor, buscando

respuestas, hasta que encontró la cara de Sofía. Su expresión cambió

por completo. Su pulso se aceleró y se le erizó la piel. Poco a poco, le

cogió la mano. Sofía no podía creer lo que veía.

—Mamá… ¿sabes quién soy?

Su madre miró hacia otro lado y Sofía perdió la esperanza de

nuevo. Sonrió, con tristeza, y le dio un beso en la cabeza. Se volvió a

sentar en aquel duro sillón, de aquel viejo hospital, de aquella vieja

ciudad.

—Sofía…

Sofía se colocó de nuevo de un salto junto a su madre, al borde

de la cama. La anciana mujer tenía los ojos cerrados con fuerza,

llenos de lágrimas.

—¿Mamá? ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a la enfermera?

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Movió la cabeza de un lado a otro con dos golpes secos. Se giró

de nuevo hacia su hija y la miró a los ojos. Pero esta vez era diferente.

Esta vez, sí sabía quién era.

—Mamá…

La arrugada mano de la mujer se posó sobre la mejilla de Sofía,

a quien se le escaparon unas lágrimas. La anciana sonrió, feliz. Y

ambas se fundieron en un profundo abrazo que terminaría siendo

efímero en el tiempo, y efímero en la memoria.

Pablo Lloret Estrada (Carcaixent, Valencia)

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El sembrador de estrellas

El sembrador de estrellas - Nerina Canzi (Argentina)

http://www.nerinacanzi.com/

Para Vega, la que más brilla

Las noches en que la luna no lucía plena con su blanco traje de

luz, la señora del firmamento enviaba a su embajador más joven para

que colgara de estrellas la oscuridad haciendo piruetas, como si de un

número de circo se tratase, así los niños aplaudían y reían

entusiasmados.

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Bailando y saltando entre los estupefactos –pues así se llamaban

los habitantes de aquel planeta–, iban resbalando las estrellas más

grandes. Rebosaban de la cabeza del saltimbanqui como

pensamientos artísticos y originales. Las más pequeñas y juguetonas

salían de la punta de la nariz, de los dedos y de los zapatos. Eran muy

cariñosas y enseguida se enredaban en otros pies, manos y narices que

encontraban a su vuelo. Los pequeños las colgaban en el cielo de sus

casas, ya que a ellas no les importaba. O las pegaban en las olas de los

océanos para que el manto marino también pudiera bailar.

Un mundo nocturno de juego, fantasía e ilusión protegía los

sueños de toda la población.

Malén Carrillo, «Maga» (Sóller, Mallorca)

http://enredadaenlaspalabras.blogspot.com.es

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El polvo

Anatomy of melancholy – Joonas Ahtikallio (Finlandia)

http://joonasahtikallio.com/

Los suspiros que

resbalan por las paredes

mezclándose

con el polvo,

caerán sobre tu vientre

apretándote

con la fuerza

del agua,

que desbordará pronto

sobre tu rostro.

Sarah Martínez (Valencia)

http://materpluvia.blogspot.com.es/

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Broken heart – Boris Ulzibat (Rusia) http://bambr.deviantart.com/

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Lectura rápida de un corazón roto

Era que se era, un corzaón snteado en una sllia de papel. Era que

se fue, el msmio croazón durnate aoñs. Era que no era, un carozón

perddio en vos. Era mientras es, un corózan que etsa nchoe, iba a

escbriir los vrseos más bnoitos del mnudo, praa aequllos oojs vrdees

que lo tuvrieon lateindo a garn rtimo crdíaaco. Era cuando fue, el

croazón más enmaorado. Era que ahora, el msimo czoraón eastfado,

rceéin atrrieazdo. Si tntao le snteía al abndaonralo,¿Por qué sniete que

le han desmarado? Si tanto te he amado ¿Por qué siento que me has

roto? —Es curioso— , djio el craozón roto —Cmóo el ser hmuano,

tan aejno a etso, pudee eentnder etsee trmoento slóo con la prmiera y

la útlima ltrea, y yo no entndiea a satno de qué vniee aohra el era, que

ya fue, que tanto fueron los ters mil biollnes de mnuitos slóo praa

acnuarte-

Es que no fue, ahora, el mismo corazón decidido a que esos tres

minutos, con las voces, serían lo más bonito.

Gabriela Pavinski (Valencia)

http://gabrielapavinski.blogspot.com.es/

http://gabrielapavinski.blogspot.es/

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Yellow roses and opened book – Nikolay Panov (Rusia)

https://500px.com/nikolaypanov

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Las rosas amarillas

(Homenaje a Umberto Eco)

Mercedes está cansada de su trabajo de profesora de filosofía.

Cada vez se siente más lejos de los estudiantes, de algunos de ellos.

Tras el recreo, los alumnos llegan entre risas y empujones. Miran

el móvil aunque está prohibido. Otros se achuchan tiernamente. Ella

hace como que no ve. Buenos días, les dice. Apenas le contestan.

Cuando llegan a sus mesas se van quedando en silencio: hay una rosa

amarilla en cada una. ¿Qué es esto? ¡Qué bonitas! ¿Qué pasa? No pasa

nada. ¿Te has vuelto loca, profe? No, no me he vuelto loca. Solo

quiero que penséis hoy en las rosas; en su nombre. ¿Se la puedo

regalar a mi novia? Pregunta Ernesto. Yo a mi novio, responde Jordi.

¿Por qué la rosa se llama rosa? ¿Por qué tú te llamas Laura?

Porque me lo pusieron mis padres.

Por lo que dice Platón. Porque es una copia de la idea de rosa

que existe en la otra realidad, en el mundo verdadero, dice Armando.

No hay ningún mundo verdadero aparte de este, responde

Elena. Ni ninguna idea de rosa. Solo la que tenemos en nuestra

mente. Y solo hay estas rosas y otras rosas. Los nombres son solo

nombres y los hemos inventado nosotros.

Muy bien, entre los dos habéis explicado las dos posturas

enfrentadas en la Edad Media, el problema de los Universales. ¿Existe

lo universal o solo los seres concretos?

¿No hay una peli que se llama así? La vimos el año pasado. Sí,

en efecto. El nombre de la rosa, basada en una magnífica novela de

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Umberto Eco que ha muerto este viernes. Por eso os he traído este

regalo.

¡Ah, sí! Qué rollazo de película, dice Lorena.

Pues a mí me gustó mucho, contesta Carla.

¿Y tiene algo que ver con todo esto de los nombres? pregunta

Miguel.

Sí, tiene mucho que ver. Guillermo de Baskerville, ¿recordáis? el

monje franciscano representa a un filósofo medieval: Guillermo de

Occam. Es famoso por un principio: «La navaja de Occam», con la

que dicen «puso las barbas de Platón a afeitar», porque según este

principio «Se debe aceptar siempre la explicación más simple que

abarque todos los hechos». A él se atribuye la frase de que «No hay

que multiplicar los entes sin necesidad». Platón había inventado un

mundo para explicar este. Si nosotros tenemos conocimiento de estas

rosas y otras muchas que hemos visto o que sabemos que existen, no

hay que buscar nada más en ningún otro mundo. Los nombres son

convencionales, ¿sabéis qué significa convencional?

Significa normal, dice Pablo.

No. Algo es convencional cuando es fruto del acuerdo. Imagina

que nosotros fabricamos un artefacto nuevo y decidimos ponerle un

nombre. Así funciona el lenguaje. Son los pueblos los que han

decidido el nombre de las rosas y de todo lo que existe o de lo que

ellos crean.

Ya me acuerdo, seño, y ¿por qué asesinaban a tantos monjes?

Otro de los personajes del convento, Jorge, estaba intentando

que nadie descubriera el libro de La Poética de Aristóteles, porque

tenía una parte dedicada a la comedia y, según él, la risa sería muy

perniciosa para la humanidad. Él, al contrario que Guillermo de

Baskerville, representaba la oscuridad, la ceguera, la intolerancia y el

fanatismo. Era enemigo de la lectura porque incitaba a la duda, y

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también a la risa. Cuando la biblioteca está en llamas dice: «La risa

mata el miedo, y sin el miedo no puede haber fe, porque sin miedo al

diablo ya no hay necesidad de Dios».

¿Y por qué amarilla, profe? La rosa amarilla es la que se regala a

los adolescentes y lleva un mensaje de advertencia. En este caso sería

la necesidad de estar atentos al fanatismo que siempre acecha.

Suena el timbre.

Hoy ha molado mucho la clase, seño. Gracias por las rosas.

Lu Hoyos (Valencia)

http://inventariodelucrecia.blogspot.com.es/

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Imagen sugerida por la autora

The great illusion – Paolo Roversi (Italia)

http://www.paoloroversi.com/pages/01.html

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Voluntad

Te juro que estoy intentando

respirar más profundo,

decir sin andar hablando

y desatar los nudos.

Te digo que estoy luchando

por algo para los dos,

para que no andes pensando

que solo quiero apagar el sol.

Me tienes acá, empujando,

con una fuerza nueva,

corriendo cada vez más rápido

arriesgándome a esta apuesta.

Mírame cómo estoy queriendo

dejar el camino limpio,

adornándote los sueños

sin asentar el principio.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

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Darkness – Amy Rose Castanet (EUA)

http://doombunny777.deviantart.com/

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El ser

06:27 La llamada levanta casi inconscientemente al esclavo, un zombi

al servicio de un déspota, no importa cuando. El donde es lo peor. Él

no puede con esa sala, a esta hora se ve muy bien. El reloj sobre esa

mesa es un faro, desgraciadamente. El cubículo del ser y dos más, una

mesa, el reloj maldito, una persiana con luces alternadas y que

cambian al moverse, una estructura metálica, y poco más. Una y otra

vez, siempre lo mismo...

19:26 La persiana deja entrever las luces exteriores, el estúpido reloj

marca las esquinas de la habitación. El ser esta inquieto y muestra su

carácter. Dolor profundo en la garganta, imposible evitar toses. El ser

responde, no le gusta esa actitud, quiere la paz.

19:12 La habitación nunca está más oscura que cuando se llega a ella

desde la luz. El tiempo abre los ojos, el ser lo sabe. El servidor aún

siente dolor, pero su función siempre será superior a todo eso. Tiene

que serlo. El destino de la especie depende de ello. Ruidos sordos

entran por debajo de la puerta, otros nublan sus mentes. El ser

también siente dolor, agudo. Todos los seres lo sentimos en algún

momento, pero el ser no tiene porque explicarlo, él es quien manda.

03:35 El ser grita desesperado. Su mandato es ineludible, cuatro pasos

en la oscuridad. Un golpe seco. Sangre. Mareado y con un dolor

intenso en la frente, el esclavo va al servicio... La habitación parece

distinta, parece tener vida y movilidad propia. Dolor, ese peso en los

brazos, ese gemido una y otra vez.

15:10 El servidor tiene triunfos contados. A veces, el déspota está

dominado por el cansancio. Aun así, el momento más delicado es el

posicionamiento en el cubículo.

Pernando Gaztelu (Iruña, Navarra)

http://lokos-a-disfrutar.blogspot.com.es/

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Shame – Garyck Arntzen (Reiuno Unido)

http://garyckarntzen.deviantart.com/

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Dormit

El temps dormit

em paralitza l’anima.

Deixa en mi

un buit llarg , inacabable, insubstituïble.

Això es l’únic que hi ha dins

de les meues entranyes.

Un forat fosc i sense vida,

la sensació d’estar morta en vida.

Així es i així està el meu ventre,

sec i estèril, des de el mateix moment

en el qual em digueren

que estaves mort.

Marisa Martínez Arce (Valencia)

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Cofee made with love – Eryk Zawadki (Polonia)

http://infin1tyez.deviantart.com/

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Exorcismo

Sé que no es culpa tuya. No pierdas el tiempo buscando

justificaciones o disculpas. Te he preparado el desayuno, ¿qué te

apetece con la tostada? ¿Miel o mermelada?

Cuidado con el café, acabo de sacarlo del microondas.

Insisto en que no hace falta que llores y me supliques perdón. Sé

de sobra que tú jamás querrías hacerme… hacernos daño.

Te sentará mal el desayuno si no dejas de gimotear. ¿Quieres

más azúcar?

No, no es nada. Me he puesto hielo, la inflamación desaparecerá

pronto. ¿Qué? No, prefiero quedarme de pie. ¿El culo? Sí, me duele.

Pero se me pasará… siempre acaba yéndose. Sé que lo sientes, que no

eras tú, sino ese demonio que te corroe por dentro. Ese engendro de

las sombras que te obliga a beber para adueñarse de ti.

Para hacernos cosas que jamás querrías hacernos.

Lo he sabido siempre.

¿La niña? Sí, está durmiendo. Le he dado un calmante de los

que yo me tomo. Todavía es pequeña pero ya le he explicado que su

papá es bueno, que todo es culpa del demonio. Que fue él, y solo él,

quien se metió en su cama anoche.

No papá.

Él jamás lo haría.

No me lo agradezcas. Soy tu esposa y nadie como yo puede

comprender el dolor que ahora mismo te ahoga, de la profunda rabia

que sientes ahí sentado.

Es el demonio que vive dentro ti quien goza haciéndonos sufrir,

llorar.

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Gritar.

No tú.

Pero el sufrimiento ya ha terminado, amor mío. Esta mañana, al

fin, he dado con la manera de sacarlo de nuestras vidas. ¿Qué dices?

¿Sientes un ardor recorriéndote la garganta? Tranquilo, será solo un

momento.

Es solo el amoníaco que he vertido en la taza. Pronto quemará a

ese demonio que te posee.

Lamento que sientas dolor. Pero es la única manera de

arrancártelo.

Lo comprendes, ¿verdad?

Sé que es lo que tú también deseabas para que volvamos a ser

felices.

David Rubio (Sant Adrià de Besòs, Barcelona)

http://relatosensutinta.blogspot.com.es/

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Personajes inexistentes

Foto de The National U.S. Archives

Briton Blondy (1915 – 1997) Neurólogo y estilista en ratos libres.

Blondy nace en el condado de Exeter un caluroso día de julio de

1915. Fue el segundo hijo de una estirpe con rancio abolengo de

criadores de avutardas destinadas para peleas de avutardas. Ya se

menciona al primer Blondy criador en las Crónicas de las costumbres y

holganzas en la Campiña Inglesa que en el siglo XVI escribió Sir

Vasheuste Mismo.

Su padre, William Blondy, criador y veterinario especializado en

aves de corral, fue el primero en influir en el joven Briton. Le aficionó

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desde muy temprana edad a la observación científica. Cursa estudios

primarios a la vez que ayuda en el negocio familiar.

En 1935 se matricula en la Facultad de Medicina Veterinaria de

Cambridge, con la intención de seguir los pasos paternos. Pero en

segundo curso, cuando cuenta con veintidós años, se siente atraído

por los novedosos estudios y teorías del psicoanálisis y de la

inteligencia humana. Decide por ello abandonar y matricularse en la

de Medicina, con gran disgusto para su padre.

1937. La radio es el ama del entretenimiento de masas y con

ello, los espectáculos y deportes populares pierden adeptos. Ello

incluye a las peleas de avutardas, que eran de una pesadez y

aburrimiento extremo. En 1939, los Blondy echan el cierre a tal

actividad. Las penurias económicas repercuten en los estudios del

muchacho. Gracias a una beca deportiva, pues destaca en críquet

galés, logra costear el último año de carrera.

Briton termina sus estudios ese año pero es movilizado. Sirve en

el tercer regimiento de infantería acorazada como ayudante médico.

Terminada la guerra, entra a trabajar en el Franklyn Community

Hospital, en el pabellón de neurología y psiquiatría donde desarrolla

su tesis doctoral, fruto de sus observaciones en los hospitales de

campaña en los años anteriores. Briton defiende la teoría de que el

fenotipo del individuo marca la capacidad intelectual de este. Esta

afirmación la realiza por sus innumerables notas tomadas como

médico militar.

Blondy mantiene que los rubios y castaños de pelo lacio están

más capacitados para conceptos espaciales y resuelven mejor los

problemas de volúmenes. Mientras que los que tienen el mismo color

de pelo, pero si este es encrespado, son más duchos para resolver

problemas intelectuales abstractos. Por el contrario, los individuos de

pelo negro, sea este lacio o rizado, están especialmente dotados para

solucionar cuestiones de lógica y del lenguaje.

La tesis se publica en 1948 con el título: Sinopsis neuronales y

vellosidad capilar. Interacciones ambientales y fenotipo.

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Recibe su doctorado con honores y su trabajo es publicado en la

prestigiosa revista HAIR AND INTELLIGENCE. Causa asombro

entre la comunidad científica sus audaces conclusiones y en 1951

recibe una oferta de la Universidad de Wisconsin para ocupar la

cátedra de neurología y tintes.

Con treinta y seis años Blondy se traslada a los EEUU.

Continúa sus investigaciones, esta vez con los pelirrojos, obteniendo

vagos resultados en sus conclusiones científicas. Por esa fecha, conoce

a Margaret Rose Harrison en un congreso de estilistas y peluqueros.

Ella es dueña de una franquicia dedicada a la fabricación de

productos para el cuidado del cabello de procedencia vegetal. Fue un

flechazo en toda regla y a los tres meses contraen matrimonio.

El tándem Blondy – Harrison conseguiría grandes resultados en

el futuro.

Fue Margaret Rose la que le indujo a indagar en los efectos de

las mechas con reflejos y su repercusión en la producción de

endorfinas cerebrales.

En 1955 publican conjuntamente el trabajo TINTES SIN

AMONIACO, MECHAS Y ENDORFINAS, donde demuestran que, se

produce más cantidad de estas hormonas, en los individuos tratados

con tinturas capilares vegetales que en aquellas de fabricación

sintética.

Como corolario de esta tesis, a su vez ponen de manifiesto que

individuos felices son más capaces intelectualmente que aquellos más

taciturnos.

Al principio de la década de los 60, ponen en marcha otra línea

de investigación. Consiguen demostrar que los pelos “a lo afro”,

producen un retraso en el aprendizaje del sujeto que lo luce. Lo

achacan al peso de la cabellera, pero no obtiene resultados

concluyentes.

También de esta época salen a la luz otros de sus trabajos como

Rulos y Neurotransmisores: A la genialidad por el rizo inducido. Este

artículo sale del ámbito académico y cala en la opinión pública como

trabajo de divulgación científica. Tal hecho hace que la cadena de

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televisión CBS les ofrezca un programa quincenal para acercar la

ciencia al hombre de a pie.

Durante la década de los 70 del siglo XX, Blondy se interesa por

la alopecia genética.

Tras varios años de pruebas de laboratorio con cientos de

voluntarios sus resultados fueron revolucionarios: De los trescientos

individuos testados, cien fueron tratados con peluquines de pelo

natural, otros cien, con peluquines de pelo sintético y los restantes,

con sombreritos de papel como efecto placebo.

Llegó a la resolución con sus pruebas empíricas, que aquellos

que tuvieron el cráneo tapado con pelucas de pelo natural resolvían

con mayor rapidez las pruebas de inteligencia del instituto MENSA

que los otros dos grupos.

De estas exploraciones y de sus conclusiones saldría otra de sus

brillantes publicaciones: COLOR NATURAL, AUTOESTIMA Y

LUCIDEZ MENTAL.

Con sesenta y cinco años, Briton deja su trabajo académico y se

dedica, junto a su esposa a dar conferencias y al asesoramiento

técnico. Entre los aconsejados se encuentra el conocido estilista

español Llongueras.

En 1989 recibe el prestigioso premio LE SCIENCIE ET

PEIGNE, de la academia francesa de Neurocirugía Aplicada.

Y dos años más tarde, la reina Isabel II le nombra caballero de la

Orden del Imperio Británico.

Fallece en 1995 de un ataque de seborrea aguda.

Briton creó escuela y dejó varias líneas de investigación abiertas

tras su muerte, que sus discípulos han seguido. Sirva como ejemplo la

del efecto de uso de la gomina en el genoma humano y otra más

audaz y que en la actualidad no se ha cerrado aún, que es la raya en

medio y su impacto en el córtex cerebral.

Lola Piera (Puerto de Sagunto)

70


Melomanía

Bring that – Rico Rodríguez (Reino Unido) https://500px.com/neo7geo

Quise conocer de primera mano si eran ciertos los rumores que

corrían por el barrio. Así es que visité la oficina bancaria de la esquina y

solicité hablar con el director, fingiendo haber sido agraciado con un

importante premio de la lotería.

Cuando se abrió el despacho, vi salir llorando a un hombre; oí como,

de fondo, sonaba el Coro de los esclavos, de Nabucco.

Acto seguido, la secretaria entró y cerró la puerta, que volvió a

abrirse inmediatamente, el director invitándome a pasar con una amplia

sonrisa en su rostro y la Marcha Triunfal de Aida como banda sonora.

Rafa Sastre (Valencia)

http://rafasastre.blogspot.com

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Fotografía del archivo de Rafael Solaz, obtenida de la página

de Julio Cob, «Valencia en Blanco y Negro»

http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/

72


Quinientas palabras.

Ni una más, ni una menos.

Estaba pensando si quinientas palabras serían suficientes.

Tendría que comprobar cuántas entraban en una página; claro que

dependía de muchas otras cosas: Negrita o normal. El tamaño.

Cursiva o recta. Mayúsculas o minúsculas. Subrayadas.

Depende, depende, depende… ¿Quién cantaba eso? ¡Ah sí! eran

Jarabe de Palo, aunque dudo si realmente alguna vez existió el tal

jarabe ese. Qué palo comprobar a cierta edad que se trataba sólo de

un símil. Porque el jarabe, jarabe, sí que existió, lo recuerdo con

variedad de sabores, limón, menta, frambuesa, pero el de palo era otra

cosa. A propósito de palos, dicen que la letra con sangre entra, pero la

realidad es que no era con sangre, sino con palos, como el del

palomar pero sin palomos. Un vecino mío tenía uno (palomar, claro),

a los palomos les pintaban colores en las alas para identificarlos en

pleno vuelo. Nunca vi nada interesante en aquellas competiciones de

media tarde en las que nadie ganaba nada, salvo mirar al cielo

durante horas e intentar identificar unos colores que a esa altura eran

imposibles de definir.

Y encima se equivocó la paloma, por ir al norte fue al sur y

creyó que el trigo era agua. Me dijo mi primo Luis que mi vecino, el

de las palomas, era rojo, como si yo no lo supiera. Eso sí, era el rojo

más elegante que conocí en muchos años. Vendía camisas de seda en

unos almacenes y vestía como un pincel. Cien pesetas cada una, el

cuerpo azul celeste, y el cuello y los puños de blanco inmaculado con

los botones en azul falange. Nunca le compré ninguna.

Me acompañó aquella tarde en los Viveros, donde conquistamos

a dos muchachas de servir y a las que dejamos con los delantales

puestos porque tenía que ir a dar de comer a las palomas. Fue una

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semana antes de mi apendicitis. Me acompañó en un interminable

viaje en tranvía de una punta a otra de Valencia. Aquella noche acabé

en el hospital con una cicatriz en mi ingle de doce centímetros. De las

muchachas de servir no volvimos a saber nada y, su padre, el de mi

amigo rojo de las camisas de seda, acabó vendiendo el palomar con

todas las palomas dentro. Y yo me pregunto, ¿cómo se vende un

palomar? ¿Se desmonta palito a palito? o uno se muda a la casa del

comprador y él se queda con la tuya, palomar incluido.

A lo tonto a lo tonto ya voy por las cuatrocientas treinta.

Hoy, unos cuantos años después, compruebo sorprendido que ya

no se ven palomares como aquellos. De nuevo se llevan esas horribles

camisas de cuerpo azul celeste, y cuello y mangas de blanco

inmaculado. Que las muchachas de servir son todas peruanas y no

llevan delantal. Que no hay rojos y que mi cicatriz de doce

centímetros ha desaparecido, lo que me hace pensar que todo aquello

fue una ilusión vivida en un tranvía con el que atravesábamos

Valencia, a ser posible sin pagar.

Alfredo Cot (Valencia)

http://alfredo-laplazadeldiamante.blogspot.com.es/

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La hora del agua

Composición de la autora

Esta es la hora del agua

La que purifica con su líquida melodía

me separa de la bestia que soy

y me regala, guardiana, sus flores.

Ávida de más ternura

se me abrieron entonces

las estrías del vientre

y esperé la seda de tu piel,

el vértigo de una felicidad nueva.

Con mi pecho henchido de vida

que fue pasto de tus anhelos.

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Con más penurias que alegrías

hemos llegado hasta aquí,

hasta la hora del agua,

y nadamos en mentiras

y el odio confunde tu locura.

Y cuelgas la audición

a la otra parte del teléfono

dejándome regusto de cicuta.

(22.06.2016)

Conxa Gausí Caballero (Valencia)

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La sonrisa corta

Smile – John https://www.flickr.com/photos/philocycler/

Era una mujer inteligente, era cortés y educada aunque nunca

mostraba sus verdaderos sentimientos. Tenía en sus labios, siempre

brillantes, una perenne sonrisa. Quizás esa sonrisa fuera la clave de su

misterio, no era fresca ni sincera, era forzada, era… una sonrisa corta.

Un día se cruzó con ella un hombre, un trotamundos

profesional. La vio en el metro, solo un instante y quedó fascinado

por ese halo de misterio que tenía a su alrededor. Se volvió loco

buscándola, la esperaba en la parada de metro donde la había visto

dispuesto a pararla y hablar con ella. Desde aquel día no podía pensar

en otra cosa, se despertaba pensando en ella, se levantaba, se aseaba y

salía a buscar una pista que le acercara a saber más. En su mente la

llamaba Amaia, no sabía por qué, inventaba situaciones en las que se

encontraban casualmente, charlaban y hacían el amor. Podían

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cambiar el lugar y el momento pero el resultado siempre era el

mismo, ambos acababan en su casa amándose frenéticamente.

Pasaron las semanas y el deseo de encontrarla se convirtió en

una obsesión enfermiza. Dejó de ver a sus amigos, descuidó su aseo,

apenas comía…

Un amigo preocupado llamó a su timbre. Juan le contó su

historia con Amaia, Dani flipaba con la ida de cabeza de su amigo, le

dijo que la olvidara, insinuó que no era real que quizás solo estuviera

en su imaginación. Juan enloqueció, su cara enrojeció, tenía los ojos

inyectados en ira y echó a Dani de su casa.

Dani, asustado y preocupado por su amigo, llamó a los padres

de éste para ponerlos sobre aviso. Les dijo que podía ser peligroso

para él y para los demás.

Lógicamente, los padres fueron a visitar a Juan presenciando el

estado tan calamitoso en el que se encontraba su hijo. Le invitaron a

comer a su restaurante favorito y consiguieron que se aseara. De

camino, Juan miraba fijamente a todas las chicas buscando a Amaia.

Llegaron al restaurante y les atendió una chica muy cortés y

educada, de labios brillantes y sonrisa corta. ¡Había encontrado a

Amaia! Pero en su placa identificativa ponía Blanca y su voz… su voz

era distinta, no era como en su mente. En ese preciso instante, un clic

en su cabeza rompió el hechizo.

Laura Rubio (Puerto de Sagunto, Valencia)

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NÚMEROS ANTERIORES DE VALENCIA ESCRIBE

Número 19 (Diciembre 2015)

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Número 22 (Marzo 2016)

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Número 26 (Octubre 2016)

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