VE-10 FEBRERO 2015

rafasastre

VALENCIA ESCRIBE

Número 10 – Febrero 2015


Lost in a book – Kyle Keali (EUA) http://indie-cisive.deviantart.com/

© de los textos: Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias,

fotografías o ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en

exclusiva a sus respectivos autores.

Ilustración de la portada: Sueño literario, fotomontaje de Manuel

Esteban (Valencia) confeccionado ex profeso para nuestra revista.

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

Para ver y descargar esta revista en formato pdf (5.73 mb):

http://www.mediafire.com/view/95ae200h7f41psu/VE-FEBRERO.pdf

Visita nuestro blog: http://valenciaescribe.blogspot.com.es/


Índice

Esas inofensivas neuras (Rafa Sastre) Pág. 1

La colección (David Rubio) Pág. 3

Ausencia (Concha García) Pág. 7

Cupido no sabe de edades ni de lugares

(Pilar Descalza) Pág. 9

Cuando se van los sueños (Rubén Vázquez) Pág. 11

La gran mentira (Puri Otero) Pág. 13

Tarros de luz (Malén Carrillo) Pág. 17

Historia del perro que se muerde la cola

(José L. Sandin y Nélida Vidal) Pág. 19

Gracias (Isabel Sifre) Pág. 23

Flores (Aldana Giménez) Pág. 25

Renaceres (Germán Repetto) Pág. 27

Nosotros solíamos esperar (Esther Moreno) Pág. 29

Maldita la hora (Rafa Sastre) Pág. 31

Eterna (Nicolás Jarque) Pág. 33

Cristales rotos (Eva Franco) Pág. 35

Tres metros de cuerda (Lu Hoyos) Pág. 37

Sin distrito ni estafeta (Rosi Serrano) Pág. 39

El argentino (Luis Molina) Pág. 43

Leyenda de un Pierrot (Adrián García) Pág. 47

Bruja (Javier Vayá) Pág. 49

La insoportable vulnerabilidad (Cari Blázquez) Pág. 51

Tránsito (Faine) Pág. 53

Al caer la noche (Marco A. Torres) Pág. 55

Como un Quijote (Yolanda Nava) Pág. 57

Sueño cumplido (Fran Rubio) Pág. 59

El aprendiz (Elliot Bourdin) Pág. 61

Noche de estreno (Matilde Lledó) Pág. 65

Pasiones (Marisol Santiso) Pág. 69


Alas de mariposa (Lucía Uozumi) Pág. 71

A solas frente al mar (Marga Alcalá) Pág. 73

Trato preferente (Benjamín Blanch) Pág. 75

¡Adiós, ingrato! (Asun Ferri) Pág. 77

El acantilado (Luisa Berbel) Pág. 81

Mujer (Alejandro Ramos) Pág. 83

Venganza, dulce venganza (Aziza Akherraz) Pág. 85

Afortunado/Lucky (Pernando Gaztelu) Pág. 87

Acechada (Lidia Castro) Pág. 89

Océanos de metal (Christine Carcosa) Pág. 91


Esas inofensivas neuras

Muchos amigos, 37 historias. Y el número de colaboradores que

no para de crecer. En esta ocasión damos la bienvenida y nos

felicitamos de tener entre nosotros a Rosi Serrano, Luisa Berbel, Fran

Rubio, Nélida Vidal y Elliot Bourdin (aunque detrás de este

rimbombante seudónimo se oculte la nueva personalidad literaria de

un autor que ya colaboró en ocasiones precedentes). Hemos de

agradecer también al buen amigo Manuel Esteban que nos preste un

espectacular fotomontaje para la portada de febrero.

Como no paramos de elucubrar nuevas formas de conocernos

personalmente y divertirnos con nuestras particulares si bien

inofensivas neuras, además de los encuentros mensuales en Valencia

hemos organizado un recital de relatos y poesía que se verificará el

sábado 7 de febrero a las 19:00 horas en Kaf-Café (ver en la

contraportada el maravilloso cartel que nos ha preparado Dani

Sebastián). Ni que decir tiene que estáis todos invitados a asistir y

participar en este acto.

Por otro lado, el proyecto de Buffet Libre sigue su curso. Una vez

agotado el plazo de publicación de obras, es el momento de hacer una

minuciosa selección a fin de obtener un libro digno de la calidad de

esta incorregible banda de “plumíferos”.

Y sigamos escribiendo. Es una de las claves de la felicidad, no lo

digo yo, lo dijo Jean Paul Sartre: Si consideramos que ya

hacemos por obligación demasiadas cosas que preferiríamos no

realizar, empeñémonos en llevar a cabo eso que realmente nos

motiva.

Sed felices y presumid de ello; vuestros amigos se alegrarán y…

¿a quién le importa lo que piensen los demás

Rafa Sastre

1


Good shit – Derek Bacon (Reino Unido-Holanda)

http://derekbacon.tumblr.com/

2


La colección

La puerta del despacho del Señor le parecía un infranqueable

muro de madera de roble tan maciza como el oro del pomo. Sacó una

foto de Laura y la acarició mientras el mayordomo informaba, a

través del intercomunicador, de su solicitud de audiencia.

—Señor, el ejemplar Jaula25 pide permiso para hablar con

usted.

Un sonido agudo anunció que la petición era aceptada. El

sirviente le invitó a pasar. El hombre guardó la foto en el bolsillo y

apañó el nudo de su corbata. Siguió la alfombra que marcaba el

recorrido hasta la mesa de estilo victoriano, como el resto de la

estancia, tras la que se encontraba el Señor.

—¿No deberías estar ya en tu celda

—Sí, Señor —respondió; de pie, apoyado sobre el espaldar de la

silla de visitas.

—Y, sin embargo, te encuentras en mi despacho a escasos diez

minutos de la revista. ¿Qué deseas, Jaula25 —preguntó haciendo

especial énfasis en la denominación.

—Mi nombre es Martín.

—¿Cómo dices ¿Tengo que recordarte la cláusula primera del

contrato

—Por… por eso estoy aquí. Quiero rescindirlo.

—¿Rescindirlo —El Señor se quitó sus gafas de montura

redondeada y comenzó a aplicar un líquido para limpiarlas— ¿Acaso

he incumplido alguna de mis obligaciones

—No, al contrario, tengo todo lo que nunca podría haber

soñado.

3


—Bien, entonces, ¿cómo se llama ella

Martín notó un súbito rubor, solo mencionarla en ese despacho

le pareció sucio.

—¿Por qué tendría que haber una mujer —preguntó

intentando apartarla de la conversación.

—Vamos, eres un jaula y cuando te compré no tenías pareja.

Solo el enamoramiento puede haceros atrevidos.

—¿De verdad cree que el ser humano es tan previsible

—La individualidad humana está muy sobrevalorada. En

realidad, solo existen tres patrones y apenas cien variedades de cada

uno de ellos. Ya casi los tengo todos.

—¿Patrones

—¿Recuerdas qué pregunta tuviste que responder antes de la

compraventa

—Sí. Se pedía que eligiera con qué objeto me definía: teléfono,

jaula o sombrero.

El Señor volvió a colocarse las gafas y accionó un botón de la

consola que se encontraba en la esquina de la mesa. En ese instante,

la pared situada a su espalda se deslizó lateralmente mostrando un

mosaico de pantallas de televisión; cada una emitía el interior de una

celda, y, en cada celda, una persona. Todo el conjunto constituía un

muestrario de hombres y mujeres de toda índole.

—Ser coleccionista es algo con lo que se nace, y siempre ansías

la pieza única. Yo poseo la colección única —El Señor no pudo ocultar

regocijo en sus palabras —. Míralos. Los tres patrones en los que

puede dividirse la especie humana. En la fila de arriba, los sociables,

simples y extrovertidos teléfonos; en la de abajo, los pensadores y

retraídos jaulas; y, por último, los que más me gustan, los más

4


complejos: los adaptables, manipuladores e inteligentes sombreros.

Siempre saben cuándo mostrarse u ocultarse.

Al firmar el contrato, Martín pensó que le había tocado la lotería.

Saldo ilimitado en su cuenta bancaria, libertad para hacer lo que

quisiera durante el día y solo una obligación: regresar cada noche, a

las once, a esta mansión, recluirse en una celda y esperar a que el

Señor pasara revista a todos los que, como él, formaban parte de su

colección.

—Es macabro —dijo mientras observaba la pantalla que

mostraba su celda vacía y el rótulo sobreimpresionado que, como el

panel de un zoológico, indicaba: “Espécimen: Jaula25”.

—No voy a negarte cierta lujuria en la satisfacción que me

produce saberos por ahí, relacionándoos con el resto del mundo, pero

míos al fin y al cabo. —El Señor miró a Martin con severidad—

¿Piensas que por rescindir el contrato vas a ser más libre de lo que

eres ahora

—Sí.

—Muy bien. Recuerdas lo que implica, ¿verdad

Lo primero que dejó sobre la mesa fue la tarjeta de crédito

ilimitado. Después, sacó las llaves de su apartamento y las del Ferrari.

Finalmente, dejó un sobre con la carta de dimisión como director de

su empresa.

—Eso es todo —dijo Martín mientras acariciaba la foto de Laura

en el interior de su bolsillo. Todo lo perdido no era comparable con la

libertad de poder iniciar una vida con ella: sin ataduras ni vasallajes.

—¿Estás seguro

—Ya no me queda nada más.

—No. Todavía tienes algo —El Señor cogió el teléfono—.

Querida, puedes pasar.

5


Martín sintió morirse cuando vio a su amada Laura entrar por la

puerta.

—Te presento a Sombrero37. Me satisface anunciarte que en

breve nos casaremos. Ahora, márchate. Eres libre.

David Rubio (Sant Adrià de Besòs, Barcelona)

http://elreinorobado.blogspot.com.es/

6


Ausencia

MoonLight - Rashed Al Falasi (Emiratos Árabes)

http://bindubai.deviantart.com/

No sabré si fue el Prozac o la luna llena. Y qué más da. Al

menos recuerdo llevarle orquídeas, que siempre le gustaron, a la

cima donde ocurrió.

Desperté temprano, hoy todo es distinto. Soy capaz de ver su

ropa en el armario y aguantar el tipo. Me atrevo a salir a la calle sin

arrastrar los pies al andar. Mis ojos no están enrojecidos ni tengo la

mirada extraviada. Hasta devuelvo el saludo.

Es el secreto. Sé que esta madrugada, como todos los

plenilunios, un aullido quebrado se colará furtivo por mi ventana y

volveremos a ser dos.

Concha García Ros (Cartagena, Murcia)

http://nosvemosenkairos.blogspot.com.es/

7


Old couple – Vero (Canadá) http://batosail.deviantart.com/

8


Cupido no sabe de edades ni de lugares

Era el día de san Valentín, un día como otro cualquiera, ni

siquiera era un día festivo pero lo quería celebrar de una forma

especial.

Hacía ya unos años que vivía en una residencia de la tercera

edad. Se quedó viudo y cada uno de sus hijos hacía su vida, por eso

decidió vender su casa y mudarse allí.

Había citado a una mujer en su habitación esa noche. Vivía dos

habitaciones más allá de la suya. Se habían conocido en la residencia

y desde el principio habían conectado. Ella era viuda y también

estaba sola, como él.

Los preparativos le habían llevado casi toda la tarde, pero el

esfuerzo valía la pena. Las auxiliares de la residencia habían sido sus

cómplices y le habían ayudado a hacer realidad su sueño. Preparó la

mesa, colocó dos velas en ella y puso, debajo de la servilleta, su

regalo. Ya lo tenía todo, dio un último vistazo para ver si no se le

había olvidado nada y esperó en el sillón a que se hiciera la hora.

Estaba nervioso, no hacía nada más que mirar la hora en su reloj de

muñeca.

De pronto oyó unos toques en su puerta y se levantó,

encaminándose hacia la entrada. Abrió la puerta y vio que era ella. Su

chica. Hacía tiempo que su pelo ya no era castaño, ahora era blanco

como la nieve, su cara era bonita aunque estuviera surcada por

arrugas, sus ojos eran vivos y expresivos y su boca tenía esos dos

hoyuelos a cada lado que le volvían loco.

La hizo pasar y acercándole la silla, la ayudó a sentarse cerca de

la mesa. Ella descubrió debajo de la servilleta el regalo y con una

sonrisa lo abrió. Era una sencilla pulsera. Se inclinó hacía él y se lo

agradeció con un beso.

9


Estaban nerviosos los dos pero la cena transcurrió sin

contratiempos, en un ambiente romántico gracias a la melodía que

sonaba de fondo. También la música era un logro de sus hadas

madrinas.

Al llegar a los postres, él se levantó y cogiéndole de la mano la

invitó a bailar. Lo hicieron abrazados, sin apenas moverse,

balanceándose al son de la música y mirándose a los ojos, esos ojos

verdes de él y azules los de ella. Ese baile era el cierre de una noche

perfecta.

Tocaba despedirse. No había toque de queda pero ya le habían

advertido que a ciertas horas pasaba el celador para asegurarse de

que todo estuviera en orden. Le acompañó a su habitación y con un

último beso se despidieron hasta mañana.

Había sido una noche mágica y esperaba que hubiera más

veladas como esa.

Pilar Descalza (Valencia)

http://micuartosecret.blogspot.com.es/

10


Cuando se van los sueños

Imagen aportada por el autor

Para mí no eres el mundo entero,

solo lo que no puedo ver, tener y tocar,

todos mis recuerdos se reducen a tu sonrisa,

y de mi voz solo se escucha tu nombre.

Algunos tienen una voz interna,

que los hace sentirse inmortales,

yo la tenía a mi lado,

tomándome de la mano.

11


Y cómo soltar tu mano,

sin despertar de un sueño,

y cómo se puede volver a soñar,

si no hay otros dedos entre mis dedos.

Rubén Vázquez Charolet (Puebla, México)

http://dependientedeltiempo.wordpress.com/

12


LA GRAN MENTIRA

Dibujo realizado por la autora, Puri Otero

Pepa es la portera del inmueble número treinta de la calle

Trasosventos, allí desempeña su trabajo desde hace dos años con

toda la profesionalidad que requiere el cargo.

¡¡Pepa!! -grita por el hueco de la escalera la vecina del Segundo-

¿Llegó el correo

—Estoy en ello, señorita Sofía.

—Buenos días Pepa -saluda don Ernesto, el vecino del Primero-

¿Hay algo para mí

—No, don Ernesto.

—Qué va, ¿a comprar el periódico -pregunta Pepa saliendo de

13


la portería.

—Si hija sí, aprovecho que hace sol para dar un paseo y darle

movimiento a mis ya cansadas piernas.

Este hombre, desde que enviudó ya no es el mismo -comenta

Pepa entre susurros-. Su mujer lo era todo para él. Llevaban cincuenta

y cinco años de matrimonio y eso es mucho tiempo…

— Pepa, que.... ¿cuándo me vas a subir la correspondencia

-vuelve a gritar la del Segundo.

—Buenos días, Pepa -saludan las hermanas López, del Tercero,

entrando en la portería-. ¿Tienes alguna carta para nosotras

—Sí, varias del Banco.

—Esas no nos interesan -responden ellas, al tiempo que recogen

la correspondencia que les entrega Pepa y la rompen -tú ya sabes que

solo abrimos las cartas que nos envía don Andrés -comentan en alta

voz, al tiempo que las dos salen por el portal.

Qué infelices, siempre esperando la carta de don Andrés y así

desde hace dos años, que fue cuando el susodicho se marchó a buscar

trabajo y jamás regresó, comenta Pepa entre dientes.

Se abre la puerta del ascensor y sale el matrimonio del sexto

compuesto por doña Lola, de 40 años y su marido don Augusto de 45,

la pareja perfecta, aunque Pepa cree que ella no es feliz, siempre tan

callada, tan triste, con la mirada siempre esquiva.

—Buenos días -saluda el marido-, si hay algo para nosotros lo

echas debajo de la puerta.

—Así lo haré, no se preocupe don Augusto.

Salen los dos agarrados del brazo, y una vez más Pepa se da

cuenta de que en esa pareja la cosa no va bien, ya que ella no ha

levantado la vista para saludarle.

Una vez ordenada toda la correspondencia, se dispone a

14


distribuirla por los pisos, empezando por Sofía la del segundo, una

mujer joven que sueña con ser actriz y se pasa el día enviando cartas

a productoras para conseguir algún papel, continúa por la pareja del

cuarto, formada por Sixto y Jacinto, trabajadores de la noche, que

esperan carta de un empresario importante que reconozca su talento,

y para terminar la ronda está la mujer del Quinto, Sole, viuda y de

buen ver que espera noticias de su último amor....

El resto del día en la vida de Pepa transcurre con normalidad,

desempeñando las tareas acordes con su puesto, pero cuando llega a

su casa a la hora de dormir, se mira en el espejo y descubre la verdad

de su mentira: allí entre sus piernas luce con gran descaro su

miembro viril atiborrado de incontinencia sexual que lo trastoca todo

al recordar a Sole, la mujer a la que ama en silencio.

Desde aquel día en que decidió ser Pepa en lugar de Pepe para

conseguir aquel trabajo en el que concretamente pedían a una mujer

para el puesto, su vida es una lucha constante. Todo tiene que seguir

igual, su gran mentira nadie debe saberla, solo le corresponde a él

vivir dentro de aquella dualidad.

Puri Otero Domarco (Vigo, Pontevedra)

http://puri-dulcinea.blogspot.com.es/

15


Imagen aportada por la autora

16


Tarros de luz

En aquella extraña tienda se prestaba cualquier producto que

uno necesitara con urgencia. Esperaban expuestos en las estanterías:

botes de risas, de abrazos, tarros de luz, de mimos...

Aquel día Amanda ansiaba la luz solar. No soportaba tener que

vivir en un lugar tan frío y triste. La mortecina claridad la convertía

en un ser anodino. Necesitaba la energía de los rayos del sol. Quería

pasear y vibrar con los brillantes colores del verano, que no podía

disfrutar. Sentía nostalgia de su tierra, allá en el lejano sur.

También se llevó la luz de la luna llena para colgarla de su

ventana por si le apetecía bailar descalza y la brisa del mar, para que

le acompañara.

Malén Carrillo, “Maga” (Sóller, Mallorca)

http://enredadaenlaspalabras.blogspot.com.es

17


Most wanted – Lauren Mortimer (Reino Unido)

http://www.laurenmortimer.co.uk/

18


Historia del perro

que se muerde la cola

entró al bar y pidió una ronda de tragos para él

bebió nostálgico y al terminarlos salió en chinga del lugar

al llegar a la esquina recordó que había olvidado algo y regresó...

entró al bar y pidió una ronda de tragos para él

bebió nostálgico y al terminarlos salió en chinga del lugar

al llegar a la esquina recordó que había olvidado algo y regresó...

el perro bebe

bebe con la mordida en la cola

la cola en el hocico

las patas alrededor de la cola

el hocico entre las patas

poco a poco el hocico se va comiendo la cola

en un momento más el hocico terminará completamente engullido

por las patas

y las patas pasando al estómago...

las patas se acurrucan dentro de

panza del perro que se retuerce sobre sí mismo hasta volverse del

revés

19


lo que bebía fuera beberá adentro

lo que libaba dentro libará fuera...

en el bar

los turistas pagan para fotografiar la borrachera

borrachera de los huesos

huesos del perro

perro que bebe

bebida que brinda

por los huesos del perro

que no puede brindar por la nostalgia

ni salir corriendo

ni regresar apresurado

a la tristura que le gana

cuando bebe

para olvidar

para olvidarte

para olvidarse de los huesos

que antes de ser huesos

fueron perro...

cuando olvide

se olvide

te olvide

20


entonces

su olvido pertenecerá al recuerdo

su recuerdo

tus recuerdos

memorias de perro mordido dentro fuera

ladridos que se ahogan en estómago

digestión de la piel

ojos en la oscuridad perturbada por el hocico de dientes al aire

hocico que se prende a la cola de huesos desnudos

y la engulle

se engulle

te engulle

antes de salir en chinga a la calle

detenerse en la esquina

regresar

y pedirte de nuevo

Addenda

I

nadie ha dicho algo de la risa del cantinero

que suena a porcelana postiza

gua gua clap clap tris tras guau guau

21


porque perdió la suya

cuando lo mordió el perro

el perro borracho

frota la cola contra las manos del cantinero

que frota sus manos

contra la cola

del perro

borracho

para no enfriarse con el cristal de las copas

II

el perro borracho

jugó y eligió papel

terminó en una hoguera de fin de año

en el movimiento de smog de gran ciudad

fue ladrido de perro en verso blanco

sobre fondo azabache de vitriolo

cuando hubiera preferido ser soneto

para tristear mejor

sus ebriedades

José Luis Sandin y Nélida Vidal (Valencia)

22


Gracias

Imagen aportada por la autora

A un lado de la mesa he arrimado lápices y carboncillos. He

abierto el caballete, me he enfundado el mandil. Vengo dispuesta a

mezclar los colores sin dibujo alguno, solamente buscando la

belleza... en los matices.

A dónde vas, ilusa, mujer de años vividos... ¿acaso no te dejaron

huella los traspiés que sigues inventando sueños

Aún cuando la piel esté super ajada, a mí me sigue distrayendo

la inventiva. ¿Es un pecado acaso fabricar ilusiones a sabiendas

23


Vivir quisiera yo de modo que me las creyera, pero de tanto

pelear con un cerebro en el que apenas creo, me acostumbré a ser

descreída.

Qué desazón produce andar enmarañada en una telaraña de

dudas y consejos aprendidos. La turbiedad me deja inerme y a veces

malherida.

Se nos van acortando los trayectos. A mí, por ley de vida,

presumo que me quedan ya pocos paseos, pero me gustaría apartar

antiguos y bien amarrados tambaleos a fin de caminar con paso firme

sabiendo lo que pinto y lo que veo. Lo que espera de mí el habitual

razonamiento y el calor de la hoguera que me invento.

El lienzo está en el caballete. Los tubos de pintura y los pinceles

aguardan expectantes al otro lado de la mesa y yo, aún dubitativa,

tratando de buscar colores nuevos.

Que lo consiga o no esa será la historia de otro día. Hoy intento

darle a la figura movimiento.

Que tengáis buen día.

Isabel Sifre Puig (Valencia)

24


Flores

Fern flower – Katerina Plotnikova (Rusia)

https://500px.com/katerina_plotnikova

Soplando dientes de león

que se lleva el viento,

descubre que ha perdido el corazón

y le ha pasado el tiempo.

¿Acaso es muy joven,

para llorar un rato

¿Acaso es algo vieja,

para rodar en el pasto

25


Necesita volver a creer,

que el mundo es de ella,

así que déjala perder

la conciencia en las estrellas.

Cortando flores,

que atora en su cabello,

encuentra razones

para empezar de cero.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

26


Renaceres

A dark starry night – Sabrina K. (EUA) http://s3vendays.deviantart.com/

Cada día, puntual, a las tres de la mañana, asomaba su carita tras

la blanca cortinilla de una pequeña ventana y, echando su pelo atrás,

se sentaba en el alféizar y soñaba en descifrar el secreto de la Luna; y

la Luna, agradecida, henchida por ser mirada, le guiñaba sus ojillos

cada vez que respiraba. Una lágrima escapaba de cada cráter lunar

cuando ella no miraba, le podía la vergüenza de sentirse acongojada

por la muerte de esa niña en una edad tan temprana. El día llegó sin

27


pausa, lloraron sus pocos trastos y sus ositos de trapo, tomaron su

cuerpo inerte y la vistieron de blanco, le pintaron un lunar en su

carita de santo, la llevaron en volandas y la enterraron al lado del

muro más afectado por los rayos de la Luna cuando sale a iluminarlo.

Hoy, la Luna y la niña, en la noche de los tiempos, sueñan juntas en la

playa de una costa muy lejana, mezclan en las suaves arenas pasos de

amor y de damas, juegan, corretean, ríen, danzan y chapotean entre

las blancas espumas de las agüillas de plata…, y cantan al dios del sol

una sencilla balada cuando cierran sus miradas al amanecer

temprano tras los visillos del alma.

Germán Repetto (Albalate de Zorita, Guadalajara)

http://grepettoblog1949.wordpress.com

28


Nosotros solíamos esperar

Marta Syrko (Ucrania) http://martasyrko.deviantart.com/

Antes solía escribir,

coger la pluma y desgastar mi ingenio.

Antes solía reír,

carcajadas limpias invadían el desierto.

Antes solía soñar,

las luces se establecieron dentro de mi cerebro.

29


Antes era el pasado,

ahora, un momento traicionero.

Nosotros solíamos esperar,

ahora nuestras vidas cambian apresuradamente.

Esperamos que algo puro pueda durar,

ahora se escapa el tiempo en nuestras manos.

No recordamos cuando te perdimos,

ahora queremos caminar de nuevo a través del dolor.

En todo momento esperábamos.

En todo momento esperamos.

Antes fue el pasado,

ahora, la felonía.

Siempre nunca llegó,

siempre nunca llega.

Nosotros seguimos esperando.

Esther Moreno Morillas (Valencia)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

30


Maldita la hora

Fashion Illustration – Judith Van den Hoek (Holanda)

http://judithvandenhoek.blogspot.nl/

La barbilla enhiesta, volátil el cabello, sonrosadas mejillas que

enmarcan una sonrisa deslumbrante y ese sutil movimiento de

brazos, trasero y caderas que realza sobre la pasarela su incipiente

pubertad. La niña vestida de puta maldice la hora en que sus padres

decidieron inscribirle en aquel concurso de pequeños monstruos.

Rafa Sastre (Valencia)

http://rafasastre.blogspot.com

31


Pop Woman – Joseph McDermott (EUA)

http://www.joemcdermottillo.com/

32


Eterna

—Para mí un café con leche, tocado de anís y dos sobres de

azúcar. ¿Me dejas intentarlo, Olga—le dije como si fuésemos turistas

de una ciudad sin nombre y quisiera chapurrear el idioma recién

aprendido. —Y para ella… A ver si me acuerdo. Ah, ya. Un cappuccino

con mucha nata, unas gotitas de ron, canela y azúcar, mucho azúcar.

Cuando se marchó el camarero y la miré, supe que me había

equivocado, pero ella me sonrió en vez de corregirme y la volví a

querer como a un libro de Benedetti en una tarde gris de domingo.

«¡Cuánto tiempo!», exclamó ella y se calló como si hubiese olvidado la

lección o tuviese miedo a desvelar el final de una película de Julia

Roberts. Ello me sirvió para radiografiarla sin disimulo: Estaba

hermosa, a pesar de las gafas de sol que le cubrían la cara, del exceso

de maquillaje que le restaba naturalidad o del paso del tiempo, que

no perdona ni siquiera a las musas. Por eso la piropeé y ella titubeó

como si tuviera quince años y fuese la primera vez que recibía la

caricia dulce de un cumplido. Y ello me enterneció, aunque intuí que

había algo más en esa pose de otra época. Y como si el cielo se abriera

de repente, empezó a hablar del pasado. El colegio, la era, la plaza del

pueblo, los domingos y se detuvo en el día en que partió. Rememoró

con ternura aquel lunes de agosto en el que la estación se llenó de

todos los amigos que la queríamos, de sus primos y de su madre, que

en paz descanse; y maldijo con toda su rabia a Juan, el tipo que se la

llevó y a los pocos meses la abandonó a su soledad en Madrid. Amagó

con llorar, pero no se lo permitió y, como buena oradora que era, viró

hacia otros asuntos más alegres. Me preguntó mi opinión por sus

novelas, sus relatos, sus artículos en El País, si había seguido su

trayectoria… Y le tuve que mentir. «No, sólo los libros dedicados que

de vez en cuando me envías». Y entonces, le pregunté: «¿No habrás

33


egresado al pasado para documentarte». A traición, se le dibujó en

la cara esa sonrisa nerviosa que tan bien conocía de ella y que la

obligó a desnudarse de sus gafas de sol para contestarme con

sinceridad que no y, abriendo la boca tan lentamente como en una

moviola, añadió: «En rea-li-dad es-toy a-quí por-que...». Y

apiadándome de ella, la callé con un beso de película, que lejos de

sorprenderla, me agradeció, acariciándome el cuello. Y es que entre

amigos íntimos, entre hermanos, las palabras tristes, las malas

noticias, sobran. Y ahí se inició la despedida de ese último fin de

semana que pasamos juntos y hasta siempre.

Nicolás Jarque Alegre (Albuixech, Valencia)

http://escribenicolasjarque.blogspot.com

34


Cristales Rotos

Mirror of a broken soul – Sumire (España)

http://loba-chan.deviantart.com/

En mil pedazos quedó el espejo, esparcido en el camino que

transité. Solo me quedaba un pequeño destello de su prisma, que

apenas me permitía ver el centro de mi mirada. Pensé que era muy

tarde para regresar y retomar lo que había perdido. Después de todo,

era evidente que jamás uniría cada parte de él, porque algunos

fragmentos eran tan diminutos que difícilmente encajarían, y otros

extraviados estarían, entre nardos y espinas, de tantas rocas caídas.

Me detuve, esperando despedirme con el último suspiro de una

tarde vestida de gris horizonte, al igual las cenizas de mi cabello. Pero

recordé que mantenía un pedazo del espejo en mis manos, que al

apretarlo para no perderlo, provocó la caída de las pocas gotas de

vida que permanecían en mí. Así se derramaron, una a una, hasta

35


desvanecerse con la brisa gélida del hado, que terminó acariciando

cada una de mis evocaciones.

Fue en ese instante, que un destello de luz reflejó lo único que

lograba ver con claridad, en lo que quedaba de aquel espejo. Que no

era más que el reflejo del iris de mi ojo, pero tatuado con hilos de

profundos sentimientos. Imágenes que permanecían grabadas con

cada uno de mis momentos, que refrescados por la llovizna de mi

llanto, despejaron la grandeza de mi existencia, develando la dulce

sonrisa de un ángel, que un día terminó abrazada sobre mi pecho.

Desesperada, al querer buscar mis gratos recuerdos, terminé

buscando a mí alrededor con la esperanza de retomar los pedazos

perdidos en el camino, más sólo quedaba el que permanecía en mi

mano ensangrentada y desvaída, reflejo de lo que quedaba de mí. Por

lo que caí de rodillas, implorando regresar a mis afables momentos,

empañados por la tormenta que permití los arroparan. Sin embargo,

rendida, sentí diluirme con ese triste sentimiento.

Casi sin aliento, pensé morir en mi última evocación y en mi

desconsuelo, pensando en mi soledad inducida, me di cuenta que

cada lágrima había caído en sus pies, y como una María Magdalena

más, agradecida de su presencia, con mis cabellos los sequé. Después

de todo, no esperaba nada, ya todo me había sido dado, más no lo vi.

Pero aun así, extendió su mano y me levantó para mostrarme el

espejo que había armado para mí, al que sólo le faltaba un pedazo;

justo el que yo tenía, con la sangre de Él.

Así comprendí, que cada trozo dejado en el camino, sólo era una

etapa vivida, cada una con sus anhelos, sueños y despedidas, junto

con cada una de mis alegrías. Porque mucho había recibido, más de lo

que había perdido. Que jamás había sido deshojada por el desamparo,

al contrario, había sido yo la que había dejado germinar la

desesperanza, olvidando la grandeza de su amor, soltando el reflejo

de lo que realmente era, y que Él sostuvo siempre para mí.

Eva C. Franco (Isla de Margarita, Venezuela)

36


Tres metros de cuerda

Hanged – Clarice Fatality (EUA) http://claireonclouds.deviantart.com/

Era una mañana soleada y abrumadoramente calurosa en pleno

mes de noviembre, parecía que el frío había olvidado acudir a la cita

otoñal de todos los años. Las playas estaban llenas de bañistas

jubilados o de parados que pasaban al sol todos los días de la semana.

Juan Pedro estaba trabajando en su ferretería sofocado porque se

37


negaba a poner el aire acondicionado, gastaba mucha luz. Entró un

joven con aire despistado en el local y se dirigió a él.

-Buenos días, necesito tres metros de cuerda.

-¿Cómo la quieres –le contestó solícito.

-Que sea fuerte, que me sostenga.

- ¿Qué la quieres para ahorcarte –le dijo en tono socarrón.

-Sí –le contestó el cliente.

El ferretero no le dio importancia a lo que pensaba que era una

broma y le despachó la cuerda introduciéndola en una de sus bolsas.

Al cabo de un rato recibió la llamada de un amigo que le informó de

que la policía había impedido el suicidio de un joven en el último

momento. Se estaba intentando colgar en el Parque del Oeste, de un

árbol, y la cuerda parece que provenía de tu tienda –le dijo- la han

identificado por el envoltorio. Juan Pedro se quedó impresionado y

anduvo todo el día cabizbajo. Parece que era una verdad, silenciada

por los medios de comunicación, que la crisis atroz que sufría el país

estaba produciendo un montón de suicidios. Se dijo que tendría más

cuidado en adelante al vender sus cuerdas.

Lu Hoyos (Valencia)

http://inventariodelucrecia.blogspot.com.es/

38


Sin distrito ni estafeta

Camino – Victor (Noruega) http://uforic.deviantart.com/

Querida madre:

Lo prometido es deuda, te dije que tendrías noticias mías

asiduamente -Pero el móvil lo utilizaré solo en caso de emergencia.

¡No me llaméis!- Fueron mis últimas palabras -¡Salvo una urgencia!-

Recalqué.

Nadie entendió mi postura, como muchas otras. Nací siendo

rebelde. Y pensasteis que esta era otra de mis rebeldías. Dejé que lo

hicieseis.

39


Expresé el deseo de realizar el camino de Santiago sola;

necesitaba hacerlo así. Juan y la niña se han quedado en casa, dije

que a la vuelta de este viaje las cosas cambiarían. ¿Mamá, dónde te

vas de viaje, te vas muy lejos -me preguntó Claudia. Tuve que hacer

un gran esfuerzo para no abrazarla hasta hacerle daño, y decirle que

mamá no se irá lejos de ella, nunca. Aún parece que estoy acariciando

su cabello, explicándole.

“Mamá se va de viaje, pero de este regresa”…, no te preocupes.

¡Es tan bonita y pequeña mi niña, mamá! ¿Cuántas veces me has

dicho que se parece a mí, cuando tenía su edad Infinitas.

Hasta hoy no me he sentido con fuerzas para sentarme a

escribirte esta carta, que seguramente no llevará ni distrito ni

estafeta…, porque su destino es incierto. Todavía no sé lo que haré

con ella…, pero necesito hablarte de esta manera. Tú y yo, solas.

Estoy cerca, solo me quedan unos kilómetros para llegar al final

del camino. Estoy deseando vivir ese momento que dicen que es

mágico…, cuando subes la cuesta y vislumbras los campanarios de la

catedral. ¿Recuerdas madre, aquel día que estábamos en la plaza del

Obradoiro e iban llegando los peregrinos

Yo no entendía todo aquel jolgorio, pero me llevaste a un banco

de piedra y me sentaste allí, con mi espalda en la fachada del hostal

de los Reyes Católicos, antaño el hospital de los peregrinos. Y

abrochándome el gorrito de lana, me dijiste: “Observa lo que sucede a

tu alrededor.”

Yo no entendí lo que querías decirme en aquel momento, pero

con mis ojos grandes como platos quise atrapar todo lo que allí

acontecía.

Iban llegando personas solas como yo, que según he ido

avanzando he ido encajando las razones y ordenando con prisa mis

ideas para ubicarme en la realidad; como si un orden invisible,

hiciese girar mi universo en órbitas.

40


Parejas que sonreían, se abrazaban y se tiraban al suelo

cogiéndose de las manos, acariciándose con la mirada y volviendo a

sonreír.

Personas en grupos que iban depositando sus mochilas en aquel

suelo empedrado, mudo testigo de años de historias. ¡Ay, si las

piedras hablasen! -murmurabas una y otra vez. Yo también quiero

hacer el camino de Santiago, como ellos…, demostrando coraje y

valor en cada uno de sus pasos. Vi a papá sonreír, mientras nos hacía

una fotografía, que quedaría perdida entre las páginas de alguno de

los libros que habitan en la estantería del salón.

Hoy llueve, madre. Es esa lluvia débil que llaman chirimiri, o

sirimiri o…, dependiendo de los pueblos por los que pasas.

Aún así, he salido del albergue y con el chubasquero y la mochila

a cuestas, he emprendido mi camino. A veces resulta complicado

sortear ese camino, con las piedras incrustándose en las suelas de

mis zapatillas. Ya me aconsejaron que llevase unas buenas botas…,

pero ya me conoces, siempre llevando la contraria a las normas. Y así

estoy siempre, con los pies helados. El orballo, como llaman aquí al

rocío, es quien me da la bienvenida cada mañana al alba. Soy feliz

caminando y encontrando buena gente, madre.

A veces me pregunto si no será porque no quiero pedir las cosas

que necesito. Debería hacerlo, debería ser menos egoísta y pensar

más en vosotros.

Hace unas semanas recibí una llamada. Estoy pensando si no

hubiese sido mejor que de alguna manera me hubiese llegado una

carta, como la que te estoy escribiendo ahora.

Al menos hubiese tenido la oportunidad de poder acariciarla

con mis manos temblorosas mientras la abría. Y que en esos

segundos interminables, mientras arrancaba un trozo del sobre y

desplegaba la carta, me sentiría aliviada al saber que vuestra pena

ahogaría la mía.

41


Pero no fue así, recibí una llamada a primera hora de la mañana

y la voz de una mujer, más o menos de mi edad, me decía que pasara

por la consulta del Dr. Cid, a ser posible ese mismo día.

Si hubiese leído el diagnóstico sobre papel, este hubiese

resbalado de mis manos. Mamá, lo que sucedió en aquella consulta te

lo contaré a la vuelta, te daré la peor de las noticias que una madre

pueda recibir..., por eso estoy aquí… para darme cuenta que quiero

hacerme mejor persona. Dicen que este camino cambia a la gente, y

yo quiero invertir mi recorrido, creo que ya lo hice en el primer

momento que el polvoriento camino me dio la bienvenida y comencé

a andar, a menudo bajo un sol de justicia, que parece querer

fundirme en plomo líquido.

Pero llegaré madre el domingo. ¿Recuerdas, cuando me vestías

con el vestido blanco de fiesta Siempre te acompañaba la inquietud,

de que lo manchara y me perdiera los arrumacos de la abuela a la

salida de la iglesia. Ahora no importará en qué estado llegue, porque

lo que deseo es abrazaros con todas mis fuerzas y manchar vuestros

vestidos con el roce de mis labios.

Sé que estaréis allí esperándome. Conozco a Juan y os llevará. Y

deseo que lo haga, porque ahora más que nunca, os necesito.

No quiero que me dejéis sola, ante el camino que voy a

comenzar la próxima semana. De repente me he dado cuenta de que

todo esto es desconocido para mí. Durante estos días me he

preguntado cuántas veces quiero estar con vosotros.

La suma ha resultado sencilla. Siempre.

Rosi Serrano Romero (Móstoles, Madrid)

Nota: Este cuento mereció el Primer Premio de la última edición del

Concurso “Cartas desde el Camino de Santiago”, organizado por la

Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Ávila.

42


El argentino

Nuclear Love – Ben Heine (Bélgica) http://benheine.deviantart.com/

— ¿Qué pasó —gritó el jefe en medio del tumulto.

En medio del caos todos corrían, algunos presa del terror. El

sonido intermitente de la alarma no dejaba de sonar.

— ¡El núcleo va a estallar! ¿Qué hacemos

— Que salga urgente el personal, todos los hombres afuera.

— Traten de bombear agua para enfriarlo.

Se inició la evacuación de inmediato, rápidamente se hicieron

presentes los ingenieros para evaluar la situación, este era el mayor

43


eactor jamás construido, aunque estaba en período de prueba ya

proveía de energía a un amplio sector.

¿Qué podría haber pasado, el protocolo se cumplía a rajatabla,

nada quedaba librado al azar, científicos de todo el mundo

monitoreaban los sistemas las veinticuatro horas, pero algo había

disparado el sistema y provocado el caos, el inmenso edificio estaba

repleto de ordenadores con diversas funciones, inclusive los que

cumplían funciones alternativas por si alguno provocaba una falla.

Los especialistas en seguridad, enfundados en sus trajes a

prueba de radiación, comenzaron a revisar las instalaciones en busca

del problema, monitoreaban constantemente si había alguna fuga de

radiación.

Un grupo de científicos rusos temían que esto se convirtiera en

un nuevo Chernóbil, aún estaban latentes la imágenes de los

reactores japoneses estallando.

Rodrigo Carlos Lacerna, apodado “el argentino”, había nacido en

la provincia de Buenos Aires, de allí su apodo, estudió en la

universidad “Energía Nuclear”, tras recibirse decidió probar suerte

en el exterior, consiguió este puesto en la central nuclear donde su

misión era mantenimiento y limpieza del sector de comando del

reactor.

No era bien mirado por el resto de la comunidad, ya que era un

tanto indisciplinado y no respetaba el protocolo como los demás.

Varias veces fue llamado al orden por tomar decisiones erróneas o no

tener cuidado con lo que hacía. Aquella tarde estaba cambiando un

panel que controlaba la temperatura del reactor, cosa sencilla si se

hacía con cuidado y respetando un orden establecido.

Rodrigo no descansaba adecuadamente, vivía solo y gustaba de

los placeres nocturnos, algunas amigas lo invitaron la noche anterior

a una reunión donde corrió generosamente la bebida, además de

44


alguna sustancia para energizar el ánimo, siempre repetía lo mismo

cual muletilla: “Sexo, droga y rock and roll”.

Al llegar, los investigadores lo encontraron en brazos de Morfeo,

el tablero estaba desarmado, una herramienta había quedado en un

lugar comprometido haciendo un falso contacto.

No fue necesario despertarlo, la explosión lo hizo…

Luis Alberto Molina (Rosario, Argentina)

http://www.luismolin.blogspot.com.es/

45


Leyenda de un Pierrot – © Adrián García Garra

46


Leyenda de un Pierrot

Tan solo un triste Pierrot

Errante por las calles

Inspirado en la musa de mi vida

Compongo estos versos pares

Promesas de castillos

De palacios dorados

Convertidos en palillos

Y dragones alados

Tan solo un triste bufón

Que busca su destino

Entre claros de luna

Confundido en la bruma

Adrián García Raga (Valencia)

http://unaestrellaenelcosmos.blogspot.com.es/

47


Witch – Anita Anti (Ucrania) http://anitaanti.deviantart.com/

48


Bruja

La primera bofetada. Casi duele más su inesperada humillación,

su sorprendente y violenta dosis de realidad.

Es como el golpe seco de la rama en la huida oscura.

La casa está limpia, el vestido esconde cualquier atisbo de la

piel, las mujeres cuchichean en el mercado y los hombres sonríen

maliciosamente desde la barra del bar.

Los hombres furibundos con cruces rojas bordadas vociferan la

saliva de Dios mientras el pueblo asiente atemorizado.

En ese momento solo anhelo el silencio, el momento en que cese

el insulto que más hiere, el grito que hunde mi carne. Que empiece el

partido de fútbol, la hora de oír las llaves y el portazo.

Al tendero no le vale tu dinero, el escupitajo esta vez estuvo

demasiado cerca, el sonido sombrío de puertas y ventanas al cerrarse.

Casi duelen más los reproches de mi madre, la amiga que

insinúa que algo habré hecho.

Casi duelen más las miradas que caen como losas de ultratumba.

No, no duelen más. Duelen los golpes hasta ese punto en que

estás anulada. Su cigarro. Las quemaduras de las plantas de los pies.

Las quemaduras en las plantas de los pies, el calor del acecho de

la muerte, por más lágrimas que paras jamás conseguirás apagar la

hoguera alrededor de la cual los vecinos vitorean.

Por más lágrimas que para, abortos de niños líquidos, no

conseguiré sanar las llagas infinitas alrededor de las cuales la ciudad

vocifera.

Pero recuerda el aquelarre, el rumor cada vez más cercano, el

canto imparable de las compañeras.

49


Recuerdo el aquelarre, las oigo cantar bajo mi ventana, ya están

en la puerta. Él parece asustado por primera vez en la vida, abre sin

comprender nada.

¿Nos reconoces

¿Nos reconoces

Javier Vayá Albert (Valencia)

http://actosinvisibles.blogspot.com.es/

50


La insoportable vulnerabilidad

Jumping Guy – Berkay (Turquía ) http://neizen.deviantart.com/

Cada vida, propia o ajena, se circunscribía a ese espacio

reducido e hipotecado que llamamos casa, ese por el que casi

moriríamos y por el que seguro mataríamos.

Él lo sabía y se daba cuenta de que si perdía la suya terminaría

con todo. Debía reflexionar... Una noche de luna pensó hacer algo al

respecto, imaginó un mundo sin propiedades, sin tasas ni mercados

monetarios, sin bolsa ni bancos, un lugar sin esos pequeños muros

separando habitáculos insignificantes, donde las personas serían más

importantes que sus posesiones.

Por eso cuando saltó por la ventana de su piso lo tenía decidido:

podría expandirse sin limitaciones, no volvería a sentir angustia por

sentirse encerrado ni acorralado.

La luna lo acompañó.

Caridad Blázquez (Cartagena, Murcia)

51


Mademoiselle - Gustave Jean Jacquet (1846 - 1909)

52


Tránsito

Los otoños son la lupa que me precede

Un mirador de cabalgadas escrito al viento

Caídas de recogida en especia de colores vivos

Ternuras que se depositan en ausencias graves

Otros cantares, a la esquina de la vuelta,

Otros lechos que amanecen en otra parte

Y la distancia, conservadora de una hoja celeste,

Cierra sus benditos ojos a la profecía.

Amplía sus ecos la mañana mientras la calma reverdece

Solitaria, en espera impugnada, al correo de las amapolas

Que describen su destino final. Mis ayeres

Son como labios que atormenta la aurora

En solicitud nostalgia rellena de sinsabores,

Infancia que recorrió mi alma

Doblegando la mota de sus pinceles,

Reserva de noches que el creador tuvo a bien injertarme.

Conozco cada bajante del camino a casa, la infatigable visión

Que adelgaza mis lágrimas al contemplarte.

Felicidad Domínguez - Faine (Silla, Valencia)

http://fadaluna-faine.blogspot.com.es/

53


M.Aurelius – Lu(isa/dovica) (Italia) http://lapantera.deviantart.com/

(Estatua ecuestre en el Museo Capitolino, Roma)

54


Al caer la noche

Ha caído la noche. Desde mi tienda puedo escuchar los pasos del

centinela. Si alguien entrara ahora aquí y con una daga,

probablemente comprada a algún traficante de Tracia, atentara

contra mi vida... La soledad... También el viento me trae los sonidos

del torno del herrero. Preparan sus armas para mañana. Armas que

degollarán, cercenarán y se hundirán en las carnes de los cuerpos de

otros hombres. Hombres como nosotros. En las heridas profundas la

sangre siempre mana negra.

Sí, ha caído la noche y los soldados descansan. Descansan y

sueñan. Me acompañarán a la muerte, pero... ¿me acompañarán a mí

o a Roma

La luz del candil tiembla, como mi mano. Es hora de poner por

escrito lo que tantas veces he meditado. Escribir y luchar no se me

antojan hoy cosas muy distintas. Lo primero será agradecer quién soy

a aquellos que así me hicieron. No hay otro modo de comenzar que

echar la vista atrás... ¿Dónde están hoy todos ellos ¿Dónde estaré yo

mañana...

“De mi abuelo Vero: el buen carácter y la serenidad.

De la reputación y memorias legadas por mi progenitor: el

carácter discreto y viril.

De mi madre: el respeto a los dioses,...”

Marco Antonio Torres Mazón (Torrevieja, Alicante)

http://itacadeshabitada.blogspot.com.es/

Nota del autor: pequeño texto en el que me aventuro a imaginar la noche en la

que Marco Aurelio (121-180) comenzó a escribir sus "Meditaciones"

55


Qujiote, cover – Bruno Redondo (Barcelona)

http://www.brunoredondo.blogspot.com.es/

56


Como un Quijote

Mi hermano es barrigón, bajito y de buen carácter. Parece feliz.

Yo sin embargo, soy largilucho, de rostro enjuto y semblante arisco. Y

no estoy conforme con mi destino, de ahí mi carácter agrio. Mi madre

dice que para ella somos iguales, al parecer el amor de una madre es

capaz de igualar lo inigualable.

Yo quiero cambiar el mundo, no entiendo cómo él permanece

impasible ante los atropellos que nos rodean, la última batalla que he

librado ha sido con una orden municipal: han sacado un nuevo

impuesto que nos arruinará. Mi hermano no se ha inmutado, dice que

no participará en batallas perdidas, que mientras tenga pan, queso y

un porrón de vino, lo demás le sobra.

Lo peor de todo ha sido que mi querida Dulci, la hija de Nea, mi

ninfa, mi diosa de ojos almendrados, se ha prendado de ese bajito

feliz, y dice que a ella también le basta con el pan, el queso y la

compañía de mi panzudo hermano.

Enloquezco ante mi desgracia, me viene a la memoria aquella

larga historia de Cervantes y me siento como el incomprendido

caballero protagonista de su historia: solo ante un mundo patas

arriba.

Yolanda Nava (León)

http://microsyotrashistorias.blogspot.com/

57


No more me - Ann Amsterdam (Ucrania)

http://amsterdam-jazz.deviantart.com/

58


Sueño cumplido

La piel cada día más seca, más pálida frente al espejo; la

almohada llena de pelos por las mañanas; los ojos con ese brillo que

ya era crónico. Siempre había deseado viajar a Japón. Soñaba

despierta, por las noches no dormía.

Como si fuese una espectadora, se veía a sí misma en la Pampa

argentina, sintiendo aquel frío, dentro de una realidad abrumadora,

sin resquicios; incluso se escuchaba claramente hablando argentino,

¿vos no viste, pibe O viajaba en el Transiberiano y llegaba a

Vladivostok con el cuerpo molido y el frío en los huesos. El frío,

siempre ese frío que se generaba desde dentro. Alguna vez se había

levantado en plena madrugada para ponerse frente al espejo y hablar

con el revisor en un perfecto ruso durante un par de horas. El tumor

seguía creciendo mientras tanto, no cabía duda. Anteayer, antes del

amanecer, se sorprendió en la cama, inmóvil y completamente recta,

hablando una misteriosa lengua egipcia llena de figuras y jeroglíficos.

Anoche fueron los vecinos quienes avisaron, no contestaba al

teléfono ni abría la puerta; habían dejado de escucharla recitar en ese

extraño idioma de corte asiático. Cuando entraron, estaba en la

alfombra, tumbada y muerta, con la sonrisa acostumbrada ya al rigor

mortis. Una paz densa llenaba la casa y en sus manos sostenía una

ramita de cerezo en flor que aún conservaba restos de nieve del

monte Fuji.

Fran Rubio (Tavernes de la Valldigna, Valencia)

59


Feel free and fly with me – Dave de Haan (Bélgica)

http://davedehaan.deviantart.com/

60


El aprendiz

El fresco césped bajo mis pies y la mirada perdida buscando más libertad de

la que merezco…

Caigo entre hojas y danzo sin tener idea de cómo hacerlo, pero

lo hago, como salga, como nazca de este pesado cuerpo que ahora

solo es aire. Una pompa de jabón que juega con el viento

entrelazándose en una lucha no violenta. Reímos y nos golpeamos sin

la más mínima intención de hacernos daño…

Caigo del ala de un ave que sobrevuela el pico de una gran

montaña. El viento me abraza y me besa en el aire, me cobija, me

abraza y soy yo, sin cuerpo, sin nada que me contenga. Una nada que

es todo alejado de la multitud y solo conmigo mismo, gritando para

ser oído solo por mí, afirmando mi infinita alegría de estar vivo…

Toma mi alma entre tus dedos y verás cómo me zafo de ellos,

como escapo a la esclavitud de pertenecer. La oscuridad de tu palma,

aunque tétrica, la siento cálida y confortable por momentos, parece

ofrecerme una estadía sin preocupaciones, sin altibajos. Estar, esa es

la consigna y que el tiempo pase bajo mis pies sin poder sentirlo ni

siquiera un segundo. Tentación de algo que parece placentero pero

que solo resulta una tortura silenciosa y escondida tras una sonrisa

maléfica…

Corro huyendo del gran castillo donde me encuentro prisionero

y me arrojo a los brazos del vacío que me espera y me reclama. Lo

siento como mi padre que me llama, que me espera. Hincho el pecho

y lo llevo hacia adelante, ubicando mis brazos al costado de mi

cuerpo. Las piernas tiesas una pegada a la otra como hermanas

siamesas, se hace una. Soy un proyectil sin rumbo ni destino. Alegría

hecha carne que toca la felicidad y se empapa en ella, mi gran sonrisa

61


así lo demuestra. Es como si me crecieran más dientes de los que he

tenido, demostrándole al mundo que mi felicidad quiere comérselos a

cada uno de sus habitantes y escupirlos nuevamente a sus hogares

haciéndolos felices para siempre…

La humedad del agua me recibe. Siento el fresco recibimiento en

mi frente que acaricia mi pelo, mi cara, mis hombros, mi torso, mis

piernas y finalmente mis pies. Abro los ojos asombrado de tanta

belleza, todo es nuevo y fascinante y se me presenta uno por uno.

Quiero más y más. La gula se hace dueña de mi ser. Ver, mirar,

extasiarme hasta el borde del desmayo. No puedo cerrar la boca y

dejar de sonreír. Jamás pensé que estar vivo fuera la sensación sin

verbo, la descripción única de una maravilla nunca vista, un cuento

jamás contado por nadie, los ojos de mis hijos mirándome al salir de

su madre, el descanso de mi amada, apacible y tan cerca y lejana a la

vez, en un mundo donde sé que nada la daña, mi madre en la cocina

sonriendo mientras me prepara algo para que yo me alimente…

Tuercas, trajes y ruido quieren interponerse en mi destino,

oscureciendo por momentos mi felicidad única y sola mía. Frunzo el

ceño en señal de dar batalla y me preparo como nunca para salir

airoso de ella, y aunque en muchos momentos el cansancio y el dolor

quieren convencerme de abandonar el campo de guerra, solo miro

hacia adelante, sin mirar siquiera de soslayo entre mis hombros, solo

los recuerdos de los que amo son el sostén que del pasado vuelven a

darme aliento para seguir sin desfallecer y seguir siempre. Me siento

invencible ante los monstruos que se me acerquen. Ni demonios, ni

tentaciones pueden hacerme frente, pues poseo la armadura más

perfecta jamás construida por algún ser vivo, y ese es mi secreto;

secreto que será compartido por quien quiera ver. Lo verá en mis

huellas y en el rastro dejado en mi camino, porque allí, en el ocaso del

final de todo hombre me verá, esperándolo sonriente con más

dientes de los adquiridos, con los brazos más abiertos que hayan

visto y el pecho más ancho que hayan conocido…

62


Mi ida no será ida, será permanencia contigo todos los días,

cuidándote en cada paso en cada respiro para que cuando estés

dispuesto a entender puedas hacer como yo lo hice algún día y te

arrojes desde el pico más alto de la montaña más alta para ser

recibido por el viento, para jugar a los manotazos con el aire, para ser

parte del ala de un ave y mirar al mundo desde arriba, para admirarlo

y ser parte…

Búscame en una piedra, en un tronco, en el aire; porque ahí

estaré disfrutándote, y mirando como entiendes, como al fin puedes

sentir el verde y fresco césped acariciar la planta de tus pies y

disfrutarlo como si fuera lo único y lo más grandioso que jamás haya

existido…

Elliot Bourdin (Buenos Aires, Argentina)

Música sugerida por el autor

https://www.youtube.com/watchv=WJg0zjrOzxw

63


Lady of the camellias - Drazenka Kimpel (EUA)

http://www.creativedust.com/

64


Noche de estreno

Pasa sin mirar por delante de la gran luna de la entrada. Al

llegar al vestíbulo acelera el paso.

-Este teatro huele a rancio con tanto terciopelo sobado y tanto

espejito. No han cambiado nada desde que debuto Alfredo Mayo.

-Buenos días señorita Celia, no la había visto. Ha llegado usted

muy pronto hoy.

-En cuarenta años sería la primera vez que yo llegase tarde una

noche de estreno. ¿Mi camerino está listo

-Si señorita, tal y como usted lo pidió.

El cuarto está casi en penumbra. Solo la luz tenue de una

pequeña lámpara de mesa. El espejo del tocador está cubierto por un

cartel teatral. Una mujer joven, extraordinariamente bella, sonríe

bajo unas grandes letras doradas. Celia se quita el abrigo y se sienta

en la butaca. Comienza a maquillarse despacio, minuciosamente. No

necesita ver su rostro para repetir algo que ha hecho tantas veces.

Solo contempla el cartel.

-¡Dios mío! ¡Qué joven era entonces!

-¡La Dama de las Camelias! ¡Y mi nombre por primera vez en

letras gigantes! ¡Con qué rabia me miraba la Mendoza! ¡Ella, la gran

dama de la escena, reemplazada por una chiquilla!

- Pues que le den a la Mendoza. Yo he sido mucho más grande que

ella. Aún recuerdo los titulares del día siguiente: “La gran Celia Valera

emociona al público con su maravillosa interpretación de Margarita

Gautier”

65


- Y el camerino abarrotado de flores. Y las colas de admiradores a

la puerta del teatro. Y el gran Mariano Ariza muerto de celos, metido

de lleno en el papel de Armando…..

-¿Necesita algo señorita Celia Me ha parecido que me llamaba.

-Nada en absoluto. Solo un poco de tranquilidad si eso fuera

posible.

La ayudante cierra la puerta. Ya está acostumbrada a no

perturbar el genio de la Diva.

-Y ahora Bernarda Alba y con una niñata inexperta como mi hija.

Yo, la Varela, vestida de negro, haciendo de una vieja amargada. Y el

idiota del empresario “Compréndelo Celia, los años pasan. No puedes

hacer eternamente de jovencita enamorada” ¡Gilipolleces!

Alguien golpea la puerta del camerino.

-¡Joder! Como tengo que decirte que no te necesito para nada.

¿Es que te has contagiado tú también de la estupidez de todos

-Perdona Celia, no quería molestarte.

- Ah eres tú. Pensé que era otra vez esa pesada de mi ayudante.

Pasa por favor.

La joven actriz se queda de pie cerca de la puerta.

-Solo quería decirte que es un privilegio trabajar contigo. La

primera cita de mis padres fue para ver tu Dama de las Camelias.

Siempre me hablaban de ti, de cómo llenabas la escena. Tú eres el

motivo de que yo esté aquí hoy.

-Vaya, no tenía ni idea de que fuera tan inspiradora. ¿Hay algo

más que quieras decirme antes de comenzar

-Pues sí, hay algo más que me gustaría que supieras. Algún día,

dentro de unos años, me gustaría mirarme al espejo y ver en él algún

rasgo de la gran dama que tú eres hoy.

66


Celia baja los ojos y contempla sus manos. Su piel ya no es tan

tersa. ¡Cuántos guiones pasaron por ellas! ¡A cuantos personajes

dieron vida!

-Seguro que será así. Tendrás una vida llena de éxitos, lo veo en

el brillo de tus ojos. Y ahora espabila, hay un público que espera que

le hagamos feliz. Y tú y yo, bonita, hoy vamos a quemar la sala.

Matilde Lledó Pérez (Madrid)

67


Love-Hate – Amanda (Singapur) http://scarlet-kiss.deviantart.com/

68


Pasiones

Quizá, seré la noche oscura que se cierne por el horizonte.

Llegaré sutilmente, tragándome la belleza de la luz

hasta que todo el color se desvanezca.

Entonces tú,

te mostrarás temerosa e indefensa

y te acurrucarás, abrazándote las piernas.

Mientras, yo descenderé sobre ti,

enredándome entre tus miedos, te acariciaré levemente,

posándome sobre tu cuerpo,

sofocando tus gritos con mis tenebrosos dedos.

Y me convertiré en amor.

Quizá, seré los celos invisibles que envenenan mi quebrada mente.

Sospecharé del sol en las tinieblas

hasta que de entre las nubes

un rayo te acaricie fugaz y tendré razón.

Entonces tú,

te mostrarás temerosa e indefensa

y te acurrucarás abrazándote las piernas.

Mientras, yo torturaré tu miedo con mi silencio

y asesinaré lentamente la alegría de tus sueños,

apagando con mi ira el calor de tu dulzura.

Y me convertiré en locura.

69


Quizá, seré el engaño amargo con las lágrimas del adulterio.

Buscaré sin descanso a la amante

que se entregue a mi secreto

hasta que el delirio desaparezca.

Entonces tú,

te mostrarás temerosa e indefensa

y te acurrucarás abrazándote las piernas.

Mientras, yo consolaré mi soledad con la decepción de tu indiferencia

y te robaré paulatinamente con mis besos el fuego de tus entrañas.

Y me convertiré en venganza.

Marisol Santiso Soba (Madrid)

70


Alas de mariposa

Imagen aportada por la autora

El viento aullaba como una jauría de fieras salvajes y el frío

rompía sus carnes entradas en años.

Tras intentos fallidos, la tenue llama de la lámpara de keroseno

iluminó el recinto. Avivó la chimenea, se recostó y segundos después

se quedó dormido.

Un quejido lastimero lo sobresaltó.

—Ayuda...

Alarmado, se dirigió a la puerta y buscó el origen de los

lamentos.

Con cuidado, tomó la minúscula criatura y la depositó en un

cojín; la frente le ardía y estaba inconsciente.

71


Secó sus cabellos empapados y la cubrió con mantas. Preparó

un brebaje pastoso y amargo que introdujo en su boca.

Tres días pasaron hasta que por fin abrió los ojos.

Agradecida, desplegó sus alas casi transparentes, hasta posarse

en las manos del anciano.

Miró sus ojos tristes, leyó su alma y le susurró al oído: «La luz

está en ti, vuela en paz».

Las cortinas de tela blanca se movieron con suavidad, un leve

perfume a rosas impregnó el ambiente y su breve figura se

desvaneció.

vio.

El viejo entró en un extraño sopor, levantó la vista, entonces, la

Su amada esposa Sofía venía a su encuentro. Ella lo tomó de la

mano y lo condujo a la eternidad.

Lucía Uozumi (Miyazaki,Japón)

http://www.mishumildesopiniones.com/

72


A solas frente al mar

Fotografía realizada por la autora

En la arena fría de un invierno

que nada tiene ya que ver conmigo,

a solas espero la luz

de cuanto nace de nuevo

al llegar la primavera.

La mirada fija en el horizonte,

sujeta en él la percha del olvido,

colgando allí, con cuidado,

cuanto sé que ha sido y vendrá.

Quedo libre así, en esta mañana,

de cuanto en desmesura ciñe

el talle del instante que se cuela,

empapando de dulzura, frente al mar

un corazón en calma .

Marga Alcalá (Valencia)

http://comolaspiedrasoelviento.blogspot.com.es/

73


Dollarman thumbs his nose - Truthout.org

https://www.flickr.com/photos/truthout/

74


Trato preferente

¿Doña Paquita //. Buenos días, soy Pepe. //. El cajero de

Bancaja. //. ¿Cómo está //. Me alegro, yo también bien, aquí, como

todos los días. //. Le llamo porque estamos lanzando un nuevo

producto que le puede interesar. //. Se trata de una inversión muy

rentable. //. No, no se preocupe que su dinero no corre ningún

peligro. //. Seguro, doña Paquita. Ya sabe que de no ser así yo no se lo

ofrecería. //. Pues ya ve, ahora, si hay algún ratito que no tenemos

cola en caja, nos hacen vender también. //. Si la iba a llamar un

comercial, pero cuando he oído que la nombraban he dicho “a doña

Paquita la llamo yo, que llevo atendiéndola veinte años”. //. Claro que

sé que me aprecia, tanto como yo a usted. //. Lo sé, sé que don

Alfonso también me apreciaba. No crea que no me acuerdo de él. //.

Se lo dejó todo muy bien arreglado y así va a seguir, no tiene de qué

preocuparse, doña Paquita. Ya sabe que para nosotros es una clienta

preferente. //. No, esto es igual que los plazos fijos que tiene, pero

con un poco más de interés. //. Bueno… igual, igual… muy parecido.

Da más intereses porque la Caja invierte su dinero para que sea más

rentable. //. No se preocupe que no hay ningún riesgo. De todas

formas, sólo invertiría una parte de lo que tiene. //. ¿Qué le parece

doce mil euros //. Pues lo dejamos en diez mil. //. Sí, sí, en el

momento quiera lo recuperamos y volvemos a hacer un plazo fijo

normal y corriente. //. No hace ninguna falta que moleste a su hijo.

//. Esté tranquila, yo lo preparo todo y cuando venga a poner la

cartilla al día con el ingreso de la pensión ya me firmará los papeles.

//. Su hijo no se enfadará, me conoce y sabe que la tratamos con todo

cariño. //. ¡Qué quiere hablar con el director! //. Pero doña Paquita,

él no le va a decir nada que no le diga yo y, además, ya sabe lo seco

que es. Si usted nunca ha querido tratar con él. //. Me está usted

75


ofendiendo, ¿no se fía de lo que le digo //. Sí, sí que me ofende.

Siempre la he tratado con el máximo respeto… y ahora, que me

intereso personalmente en ofrecerle algo que le beneficia… usted

duda de mí. //. No, no me pongo agresivo, es que tengo razón en

enfadarme. Esto me pasa por meterme donde no me hace falta. Tenía

que haber dejado que la llamara el comercial y sabría usted lo que es

ser agresivo. //. Vale, acepto sus disculpas… no pasa nada. Acepte

usted también las mías por haberle gritado. Entienda que estamos

muy presionados. //. ¿Ética profesional, dice //. Sí, claro… tiene

usted razón. //. Gracias, doña Paquita… no se preocupe, ya me

firmará cuando venga a final de mes. Cuídese mucho.

Benjamín Blanch (Valencia)

76


¡Adiós, ingrato!

Magical typewriter – Aureli.a (Francia)

http://thelema001.deviantart.com/

Había oído hablar muchas veces de “el miedo a la hoja en

blanco”. Lo había visto escenificado en diversas películas, la

agobiante y muda parálisis de artistas o escritores en el inicio del

proceso de creación, a punto de comenzar su obra. Sin embargo, la

escena fílmica que más le aterraba era aquella de “El resplandor” en

que la joven protagonista descubre que su cada vez más irascible

marido ha estado tecleando, repetida y compulsivamente, la misma

77


frase en todas las hojas del montón de folios que se suponía debía

contener su próxima novela.

Afortunadamente, nunca había experimentado una situación

parecida. Amaba las hojas en blanco, contemplaba los paquetes de

folios de su estantería con gran alivio, sabía que estaban ahí,

disciplinadamente empaquetados, esperando a que los llenara de

palabras, rimas, frases, párrafos, puntos y comas, de historias que

dotarían a cada uno de ellos de una personalidad única, todos iguales

pero diferentes gracias a él.

El apego era mutuo, no sin cierto temor, pues los folios habían

visto con sus propios ojos, cómo si el resultado no era el esperado, la

ira de su protector los hacía trizas, acabando con muchos de ellos

concienzudamente, rotos en pedacitos y tirados a la papelera; era

muy meticuloso, rompía los folios uno por uno, los desgarraba, hasta

convertirlos en minúsculos trozos de no más de uno o dos

centímetros de diámetro, sin dejar entera una sola palabra.

Una tarde hubo mucho trajín en la casa, desde la estantería del

despacho se oían los golpes sordos de pesados paquetes dejados caer,

con mucho cuidado, sobre el parquet de la entrada. Los folios se

morían por saber qué ocurría, pero el peso de unos con otros los

paralizaba. Afortunadamente, uno de ellos había quedado

enganchado, tan sólo por una esquina, en el rodillo de la máquina de

escribir; todos lo animaron a hacer el esfuerzo de soltarse y ayudado

por una ráfaga repentina de viento voló con gran ímpetu hacia el

pasillo.

Desde mitad del corredor se veía perfectamente la entrada del

piso, grandes cajas de cartón reposaban en el suelo y el escritor las

iba abriendo con gran expectación. Al decidido folio no le hizo falta

ver el contenido, las imágenes en el embalaje ya presagiaban su

terrible destino y, sobre todo, el fatal desenlace que le esperaba a su

querida amiga, la vieja máquina de escribir. Ayudado por otra fuerte

78


ventolera volvió rápidamente al despacho alertando a los demás. Un

terrible helor recorrió cada una de las diminutas partículas de su

celulosa, después temblaron presos del pánico y, finalmente, una

incontenible furia se apoderó de todos ellos. La vieja máquina de

escribir soltó un quejido desgarrador, el rodillo dio unas vueltas

frenéticas sobre sí mismo y la cinta se desenrolló casi por completo

saliendo de sus ejes. Sintieron una pena infinita al contemplar el

sufrimiento de su vieja amiga, “doña teclas” la llamaban, por ser

gruñona y quejicosa, aunque ésta vez con toda la razón del mundo.

Decidieron vengar a su anciana amiga, ella no se podía mover de su

emplazamiento, era demasiado pesada, así que, haciendo un esfuerzo

sobremanera, se fueron deslizando poco a poco, resbalando del

paquete que los contenía, hasta caer desparramados por el suelo de

la habitación. Una definitiva ráfaga de viento huracanado, presagio de

una poderosa tormenta, los ayudó a escapar, salieron todos volando y

abandonaron despechados, la casa donde tan servicialmente habían

habitado hasta ahora.

Ajeno a la revolución originada, el escritor fue trasladando al

despacho las cajas. Lo primero era hacer sitio en la mesa, agarró

bruscamente a la vieja máquina de escribir para depositarla en el

fondo de un armario. Emplazó en el lugar elegido el ordenador, la

pantalla, el teclado, la impresora… Cuando hubo terminado, se

distanció un paso de la mesa y con los brazos en jarras, contempló los

nuevos artilugios con gran satisfacción disponiéndose a encenderlos,

estaba impaciente por comenzar a escribir…

… Un tremendo estruendo, seguido de numerosos rayos y

relámpagos, retumbó por toda la casa, las luces se apagaron y todo

quedó a oscuras. Corrió a la cocina a por velas, debía enviar su relato

a la editorial hoy mismo por medio del correo electrónico, se había

entretenido demasiado en el centro comercial y el tiempo se le había

echado encima, lo escribiría a máquina, como siempre, y lo enviaría

por mensajería urgente, no tenía tiempo para esperar a que volviera

79


la luz. Se acercó a la estantería alumbrándose con el pequeño fulgor

de una llama, “¡no podía ser!, ¿dónde estaban sus folios”, un

escalofrío recorrió su columna vertebral de principio a fin, un helado

sudor comenzó a gotear por sus sienes. Ruidosamente revolvió toda

la habitación, casi a tientas, sin encontrar más que paquetes vacíos.

La desesperación se apoderó de él; giraba sobre sí mismo incrédulo,

comenzando un baile diabólico, cuando… oyó un crujido bajo sus

pies, se agachó esperanzado y a la luz de la vela pudo leer en una hoja

escrito repetidamente, cubriendo hasta el borde mismo del folio, sin

márgenes, ni derecho, ni izquierdo, ni superior, ni inferior: “Adiós,

ingrato. Adiós, ingrato. Adiós, ingrato. Adiós, ingrato…”

Asun Ferri (Valencia)

http://patadeelefanta.wordpress.com/

80


El acantilado

Fotografía aportada por la autora

Se despertó muy temprano tras una noche de insomnio como

era previsible. Se dispuso a repasar sus pertenencias con mimo una a

una, casi de manera reverencial. Una vez empaquetadas y bien

clasificadas, las apiló en forma de escalera desordenada. Primero las

cajas grandes, luego las pequeñas y después los objetos inútiles,

aquellos a los que aprecias por la mera insignificancia de su

necesidad, sin los cuales podrías vivir, pero que teniéndolos, te hacen

sentir como en casa. Objetos absurdos que alguna vez tuvieron

sentido por el significado del momento, pongos acumulados a lo largo

de una vida que en momentos así te provocan una nostalgia

inusitada.

81


Oteó el largo pasillo y el tenue recibidor y vislumbró en un

segundo la insignificancia de sus 44 años. Toda su vida se resumía en

una veintena de cajas de cartón, algunos cuadros y cuatro muebles de

Ikea. Y sin embargo, tenía la sensación de que llegar hasta aquí, le

había costado mucho trabajo, mucho esfuerzo y muchas horas de

insomnio. Se ensimismó pensando que pocas veces las pertenencias

materiales nos traducen una existencia llena de significados. Llena de

emociones, de sentimientos, de insatisfacciones, de ilusiones

abandonadas por el camino, de desencuentros, de paisajes no vividos

y nudos no resueltos. Ahora le tocaba deshacer el camino andado,

despedirse de aquella casa y sus fantasmas y comenzar de nuevo. Que

difícil se le hacía. Estaba tan cansada.

“Din don”, las diez de la mañana, -serán ellos-, efectivamente

eran ellos. El séquito esperado, un funcionario del juzgado le depositó

el documento entre sus manos para que lo firmara. Los dos policías

que acompañaban al funcionario la miraban con una mirada ya

vivida, con cierta indulgencia y desasosiego, pero con la tranquilidad

del deber cumplido. Ella tras unos minutos de escalofríos, firmó el

papel que la llevaría a su nueva y desconocida vida. Hacia una vida

llena de incertidumbres que la hacía sentir como el suicida al borde

del acantilado, a la espera de que en cualquier momento pase alguien

por allí, le empuje y se la lleve para siempre del abismo.

Luisa Berbel (Valencia)

82


Mujer

Passion – Richard Rasner (EUA) http://uniquenudes.deviantart.com/

No es tu cuerpo lo que moldeo con mis manos;

es tu alma, que cual barro húmedo se derrama de tu piel

y no quiero que caiga, quiero que vuele.

Que si mis manos se manchan de pecado, sea tuyo, sea nuestro.

Pero no me aprisiones no me envuelvas

porque necesito una vista más amplia

es el trabajo del escultor ver la obra a merced del cincel.

Retocar aquí y allá para que la pieza no se salga de su divinidad,

para que su forma sea más perfecta que la vida,

83


más oscura que la muerte, más sabia que el hombre,

más fría que la noche en la que me he vuelto a quedar a tu merced.

Soy un artista y el tocarte es la obra culminante de mi vida,

-de mi noche y de mi día-

Piernas de mármol, piel canela, con dos ópalos como ojos,

con sus manos de cristal y su sexo de miel;

dime de dónde ha salido esa capacidad de poseer vida

con la que te has empapado, maravillosa obra de Dios.

Ha sido un soplo en tu oído, un susurro impregnado con tu nombre,

una costilla que me has arrancado en una caricia,

un desliz de mi dedo medio que inicia en tu boca baja por tu cuello,

cruza tu pecho y tu torso hasta llegar a la deidad eterna,

al horizonte de tu piel,

el fin del mundo para el navegante nocturno.

Resplandeciente, dorada; figura divina labrada en carne,

estatuilla que se yergue con benevolencia

de unos seres superiores que viven adulando

vuestra imagen y semejanza.

Vives para asesinar a quien de tu boca no puede probar,

-la fuente de la eterna juventuda

quien no duerme a la sombra de tus lunares eclipsados.

Vuélveme de piedra, mírame a los ojos para poder resistir tu fuego,

amada mía, diosa de la muerte, dama de la vida, reina del deseo.

Manuel Alejandro Ramos Ayala (Naica, México)

http://chatomusik.blogspot.mx

84


Venganza, dulce venganza

A través de estos prismáticos observo cómo te intentas ocultar

en esa isla desierta, cómo te alejas zigzagueando a una velocidad

inhumana, cómo rehúyes de mi mirada de hipnotizadora, cómo te

resistes a mi influjo, cómo buscas, desquiciado, algún lugar en el que

camuflarte, algún lugar en el que puedas abrir tu boca de dragón,

encender un cigarrillo con tus manos temblorosas y dar una larga

bocanada de humo sin que yo me plante frente a tu cuerpo escamoso,

te sujete entre mis invertebrados dedos y te lance al agua desde un

acantilado. Me tienes miedo, ¿verdad Me tienes miedo porque sabes

que me hiciste sufrir, sabes que con tus afilados dientes hiciste

migajas mi corazón, sabes que al escupir fuego hiciste que cada parte

de mi cuerpo quedara completamente abrasada y, principalmente,

me tienes miedo porque sabes que me vengaré de todas y cada una

de las cosas que me hiciste. Y ahora mismo, eso es lo que estoy

haciendo: estoy llevando a cabo mi venganza, pedazo de cobarde. Y lo

hago para que sientas el dolor que yo sentí, para que sepas qué sabor

tienen las lágrimas o qué se siente al estar jugando al “Solitario” con

solo cartas negras, con solo oscuridad, y también lo hago para que

entiendas el insoportable sufrimiento que produce el mundo en el

que viví, un mundo de tinieblas, de caos, de armas y sangre. Un

mundo en el que me despertaba a cada amanecer para deshojar los

periódicos mientras me bebía una amarga taza de café y lanzaba risas

esquizofrénicas al aire. Un mundo en el que las noches carecen de

luna porque los lobos no han descansado hasta conseguir devorarla,

y las estrellas, al ver cómo ha muerto su querida madre, han apagado

su luz y se han escondido en los confines de la galaxia. Un mundo

salvaje y despiadado, un mundo en el que deseo con todas mis

fuerzas que vivas.

Aziza Akherraz (Gibraleón, Huelva)

85


Girl – Friedmann Márton (Hungría) http://stievwaxx.deviantart.com/

86


Afortunado / Lucky

En un abrir y cerrar de ojos aquella llanura congelada se

convirtió en un vergel. Desaparecieron las heladas escarchas, el dolor

en las manos, la quemazón en la nariz, el aliento mortal. Fue como si

el sol barriera con toda la mufa de una mañana desolada, fue como si

la penumbra del invierno se borrara de un plumazo con sólo una

mirada suya. Porque ella estaba allí.

Todo aquel tiempo había sido una cárcel fría, gélida, despiadada;

todo aquel tiempo sin sus ojos había sido una tremenda pesadilla que

no tenía más remedio que una sencilla mirada. Una profunda y

perdurable mirada que consoló su alma, que calmó sus espasmos,

que devolvió la vida a sus manos, a sus raquíticos dedos. Pupilas

inmensas que llenaban de ternura los más recónditos rincones de un

cuerpo inerte y vivo a la vez. Estalactitas de amor nacían dentro de su

alma gracias al hondo ser que salía por debajo de unas sutiles cejas

marrones.

Sin prisa, aquella hermosa primavera los cubrió a los dos, poco a

poco, los árboles, las abejas, las flores y las aves atravesaron el polo

norte efímero para dar un marco inexplicable a sus dos luceros. El

amor los cubrió de paz y un río de pasiones creció a partir del

deshielo tan esperado por ambos. Nunca más hubo frío, nunca más

una distancia tan desesperante, nunca. Se amaron como dos

enfermos, se amaron como dos almas que se funden en una sola,

como dos cubos de hielo que se derriten a la par. Y todo por sus ojos,

y todo por estar allí, donde siempre debió estar, donde nunca dejará

de estar.

Pernando Gaztelu (Iruña, Navarra)

http://lokos-a-disfrutar.blogspot.com.es/

87


Jesus – Ben Heine (Bélgica) http://benheine.deviantart.com/

88


Acechada

La mirada del Cristo que me sigue de un lado al otro de la

habitación se clava en mi nuca como un estilete. El cuadro, única

herencia de un tío que perteneció a la Acción Católica, llegó a mis

manos hace una semana, acompañado de una esquela:

CRISTO TE OBSERVA AUNQUE NO CREAS EN ÉL. Y TE PERDONA.

Lo apoyé en la chimenea del living, demostrando cierto respeto

hacia un ser muy querido.

Ayer me levanté y, sin vestirme, fui a la cocina a desayunar;

todavía estaba con los ojos entrecerrados. Antes de cruzar la puerta

vaivén me detuve en seco. Esa mirada había bajado de la nuca hasta

mi trasero. No pude soportarlo. Me saqué una chinela y se la tiré.

Tambaleó.

Hoy al despertar elaboré una estrategia: imitando a un reptil,

iba a arrastrarme sobre el plastificado por delante del hogar.

A mitad de camino sentí el cansancio del pucho y me recosté

boca arriba. Por alguna razón misteriosa el cuadro, que había caído

hacia adelante, sobresalía lo suficiente como para que los malditos

ojos se clavaran en mis pezones.

Me pregunto qué habrá querido decir el tío Raúl. Ese Cristo, de

verdad me observa, pero todavía no sé qué debe perdonarme. Tal

vez que tengo pensado dibujarle anteojos oscuros con carbonilla. Si

no resulta, con todo el pesar de mi alma no creyente, ¡voy a tirarlo,

tío!

Ya bastante tengo con los ojos de mi marido que están en

cloroformo en el frasco de vidrio sobre la mesita de luz. El cuerpo

enterrado en el jardín no molesta.

Lidia Castro Hernando (Mar del Plata, Argentina)

http://escritosdemiuniverso.blogspot.com

89


Bed stories – Joanne (Polonia) http://soheir.deviantart.com/

90


Océanos de metal

El señor D llegó al hotel Marne muy puntual, como de

costumbre. Saludó con una leve reverencia a la despistada señorita

que se limaba las uñas en la recepción, y se metió rápidamente

dentro del ascensor. Su móvil no paraba de vibrar mientras el

ascensor cerraba sus puertas y comenzaban a subir, pero optó por

ignorarlo. Le llamaban del laboratorio, y esa llamada podría significar

mil cosas, podría estar quemándose en ese mismo instante con todos

los empleados y sus preciadas muestras dentro, pero estaba

demasiado ocupado viendo los números parpadear: 1,5,10,14,20,21.

Por fin, el ascensor se detuvo en la planta 26. El hombre arrugó

la nariz y salió con un paso ligero, pensando en lo que haría

exactamente cuarenta y cinco minutos después; parar el coche en

algún lugar cerca del puerto, contemplar las estrellas, y dedicarse a

olvidar, mientras disfrutaba de una buena cerveza bien fría. Después,

al llegar a casa, se quitaría el endemoniado traje y lo metería en la

lavadora, o iría directo a la basura. Incluso se podría permitir un

cigarrillo justo antes de dormir. Lo de dormir era, claro, pura utopía.

Salió del ascensor, vacilante, y caminó unos diez segundos por el

desierto pasillo antes de frenar en seco frente a una de las puertas.

Introdujo la mano dentro del bolsillo y sacó un impoluto pañuelo de

seda, con el que se limpió cuidadosamente las manos, empapadas de

sudor. Carraspeó y se ajustó la corbata. Suite 206. Podía escuchar sus

tacones al otro lado de la puerta; si se concentraba un poco más, casi

podía llegar a imaginarse la escena que vería a continuación. Ella,

sentada en la cama, ataviada de manera exclusiva con un nada

discreto peignoir rojo, mostrando los primeros signos de

nerviosismo, moviendo las piernas de forma intermitente y fumando

sus adorados Vogue mentolados. Ella y sus cigarrillos, un misterio

91


que, a estas alturas, jamás podría resolver. El señor D comenzó a

temblar y el contenido de su estómago se revolvió, provocándole

arcadas. Agachó la cabeza y se obligó a pensar en lo que iba a hacer

inmediatamente después del mal trago: las estrellas, la cerveza fría.

Cogió aire y tocó la puerta con los nudillos.

—Puedes….pasar. Querido. — Una voz ligeramente grave y

aterciopelada le invitó a entrar. Y, aunque sentía que apenas podía

respirar y que, si entraba, iba a morir ahogado ahí mismo, entró.

Tuvo que abrir y cerrar los ojos varias veces hasta acostumbrarse a la

gruesa cortina de humo que cubría la habitación. Sintió una suave

mano rozarle la rasposa mejilla y sonrió sin querer, tratando de

enfocar la vista de nuevo. Estaba justo delante de él, en medio de una

penumbra que magnificaba aún más su sucia belleza. Se había

equivocado al intentar imaginársela momentos antes, al otro lado de

la puerta. Estaba totalmente desnuda, a excepción de unos tacones de

vértigo y el cigarrillo saliendo con cierta elegancia de sus labios color

frambuesa. Sonreía con timidez, y esa sombra perdida de inocencia le

hizo reír.

Se acercó a ella con mucho cuidado y la abrazó, hundiendo sus

largos dedos en su cabello húmedo y rizado, aspirando su perfume

con ansiedad. Deslizó las manos por su cuello y lloró en silencio,

atrayéndola con fuerza hacia sí y hundiéndose aún más en ella,

perdiéndose en su perfume y maldiciendo el día en el que se enamoró

de su mejor creación. Ella percibió un cambio en su actitud, quizás

finalmente había logrado la ardua tarea de transmitirle los instintos

primarios de un ser vivo. Intentó mover los brazos débilmente, y su

diminuto corazón de acero comenzó a imitar los alocados latidos del

suyo propio. Más intermitente, más intenso, rozando la arritmia. El

señor D se apartó de ella, mientras su mano derecha subía por su

oreja y la miró por última vez a los ojos. Ella trataba de analizar el

torbellino de emociones que se había apoderado de su sistema como

92


un virus, pero no comprendía el por qué; su expresión de muñeca

triste denotaba sorpresa, y también, aunque él se intentaba

convencer de lo contrario, le había parecido leer la más profunda

decepción en el océano metálico de sus ojos.

—No…. —Susurró ella, aún a sabiendas, dentro de su preciosa

cabeza de robot, que era demasiado tarde. Él ya se había deslizado

por debajo de su oreja y había activado el minúsculo botón de

reinicio. Ella simplemente cerró los ojos y se dejó hacer, mientras su

cuerpo se desplomaba con elegancia en sus temblorosos brazos.

El señor D la dejó con mucho cuidado en la enorme cama de la

suite, aún sin deshacer. Se acercó al mini bar, encontró bastante

whisky como para olvidarla para siempre, y bebió directamente de la

botella. Al cabo de varios tragos decidió que las estrellas podían

esperar. Se dejó caer en la cama y se acurrucó junto a ella,

acariciando sus mejillas e impregnándose de su olor. Lloraba porque

no comprendía qué le había llevado a tomar aquella decisión. Reía

porque no sabía si estaba tan borracho a causa del whisky o de su

perfume. ¿Y cómo demonios podía gustarle el perfume si no estaba

hecha para oler ¿Cómo demonios la había llegado a querer de una

forma tan demencial, más que a cualquier otro humano, más de lo

que había querido a nadie en toda su vida Demasiadas cuestiones en

su cabeza, demasiadas preguntas sin resolver. Demasiado miedo a

admitir que, a fin de cuentas, había sido un simple cobarde.

Cerró los ojos y se dejó llevar. Sólo sabía que las estrellas podían

esperar toda la jodida noche si hacía falta, que por él, podían irse al

traste, junto al resto del universo.

Christine Carcosa (Murcia)

http://christinecarcosa.wordpress.com

93


¿Quieres leer números anteriores de VALENCIA ESCRIBE

Número 2 (Mayo 2014)

http://www.yumpu.com/es/document/view/25030771/valencia-escribe

Número 3 (Junio 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/25553855/valencia-escribe

Número 4 (Julio/Agosto 2014)

http://www.yumpu.com/es/document/view/26206365/valencia-escribe

Número 5 (Septiembre 2014)

http://www.yumpu.com/es/document/view/27009334/valencia-escribe

Número 6 (Octubre 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/27265105/valencia-escribe

Número 7 (Noviembre 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/28678666/valencia-escribe

Número 8 (Diciembre 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/31901336/valencia-escribediciembre-2014

Número 9 (Enero 2015)

https://www.yumpu.com/es/document/view/33276829/valencia-escribe

94


¿Te gusta leer ¿Te apetece comentar con nosotros tus lecturas

¿Dar tu opinión, recomendar libros, decirnos lo que estás leyendo,

vas a leer o desearías leer ¿Quieres participar en el análisis de

relatos con otros compañeros de Valencia Escribe Únete al grupo de

Facebook Club de Lectura Valencia Escribe:

https://www.facebook.com/groups/432549686885240/

Si además eres aficionado al cine, también tenemos nuestro

propio club. Inserta reseñas, aconseja películas, debátelas en el grupo

de Facebook CineClub VE:

https://www.facebook.com/cineclubve

95


Dani Sebastián (Valencia)

96

More magazines by this user
Similar magazines