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Entrevista trece La

Entrevista trece La trascendencia del mito POR Nancy Giampaolo Con su obra Terrenal, el gran dramaturgo y director MAURICIO KARTUN batió un récord de más de 65.000 espectadores en el marco de giras internacionales y en las funciones que se llevan a cabo todas las semanas en el Teatro del Pueblo porteño. Métodos, reflexiones y detalles en torno a una pieza que tiene nada más y nada menos que a Abel, Caín y a “Tatita” como exclusivos protagonistas –En su obra, por lo general, el mito suele ser un punto de partida sobre el cual construir una nueva ficción. En este caso trabajó a partir de Abel y Caín, ¿por qué esta elección? Los mitos son algo así como sabiduría sintetizada en un relato, la forma analógica con que la inteligencia narrativa muestra su eficacia por encima de la otra, la lógica, el puro concepto. Y forman una especie de monumental biblioteca abierta las 24 horas en cada lugar del mundo. Basta con tomar del estante el mito que te hace falta y allí está dispuesto y elocuente. Son metáforas con las que conseguimos ese milagrito trucho de expresar lo inefable. Tenía en proyecto desde hace muchos años una pieza sobre dos hermanos distanciados en el afecto, pero vecinos en el espacio; leyendo un libro de Robert Graves descubrí las connotaciones que en la tradición judía tiene esa historia de los hermanos: el enfrentamiento entre los dos arquetipos originales: el nómade y el sedentario. Fue curioso: sentí que hacía décadas necesitaba hablar de eso, tenía con qué y no entendía por qué. Y que de golpe sí pasaba a entender. Siempre frente a estos arrestos curiosos de la imaginación pienso lo mismo: la imagen nos hace un tajo que solo puede suturar la metáfora. Al final toda obra es una cicatriz. –El “Tata” que oficia de Creador en la obra se aleja del concepto tradicional de la Divinidad en la caracterización de sus incontables rasgos y –sobre todo– debilidades propias de los humanos. ¿Esto responde a su comprensión personal de lo divino o es solo una suerte de argucia para que la ficción funcione bien? Imagino que hay algo de las dos razones. Y de una tercera: la contradicción es el gran procedimiento dialéctico en el asunto este de crear personajes, su mecanismo más animador, el que le da ánima, alma. El único capaz de volverlo dinámico. –¿De qué otras lecturas, además de la Biblia, se sirvió para este texto? Un amigo teólogo, Eduardo Graham, me armó con gran generosidad un dossier muy sustancioso de fotocopias de su propia biblioteca. Fue, para esta escritura, material precioso. Y, también, claro, ese sinnúmero de cositas que se encuentran navegando, viejos materiales de aquella teología de la liberación de los 70, fragmentos spinozianos, mucha narrativa ocupada en el tema, Unamuno, Saramago, qué sé yo, el acopio para esta escritura fue muy grande. –¿Encontró en esas lecturas cuestiones que lo hayan interpelado y no estén presentes en la obra? Cuando investigás, haciendo acopio suele pasar que desarrollás una especie de curiosa lectura selectiva, te desplazás por los libros como un rabdomante con la varita y te detenés nomás cuando aparece la vibración esa que te indica la presencia de material con aura, de sustancia poética pertinente. Debo haber arrollado en esta marcha obsesiva unas cuantas cuestiones piolas seguramente, las debo haber pisado, pasado por encima. De hecho, al libro de Graves donde encontré las referencias que me armaron el proyecto lo había transitado ya en un acopio anterior, el de Salomé de chacra, y al tema este de Terrenal lo había saltado. –¿Cómo trabajó con los actores que actualmente prota- 87