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11 months ago

LA LEY DEL SAQUEO

Pompeyo gozaba de la

Pompeyo gozaba de la popularidad por haber combatido a los piratas en el mar Mediterráneo y a insurrectos, en el Asia Menor Con un gran curriculum vitae, había aplastado la rebelión de los esclavos, liderada por Espartaco, Craso aparece para resolver el problema Tenía un gran interés en anular cualquier intento de insurrección esclavista, pues ganaba mucho dinero con el tráfico de esclavos Los dos, Pompeyo y Craso se alían con Julio César, quien volvió al Senado y cedió a su hija Julia en matrimonio a Pompeyo Ocupó todos los cargos que había y los que él mismo impuso En los años pródigos, dice Suetonio, repartía trigo a cada ciudadano sin tasa ni medida y hasta llegó a darles un esclavo por cabeza A cuantos rodeaban a Pompeyo los convirtió en deudores suyos, otorgándoles préstamos sin tasa de interés Esta falta de tasa de interés aviva el interés de los deudores Los ciudadanos agobiados de deudas, por un lado, y la juventud pródiga, por el otro encuentran en él, refugio seguro Obliga que los decretos por los que el Senado le otorga privilegios extraordinarios fueran escritos en letras de oro en columnas de plata Pero los políticos del mundo tienen una idiosincrasia extraña; los sucesivos triunfos de Julio César, despiertan los resquemores de Pompeyo Al parecer hay un gene en la constitución mental de un político, gene que lo convierte en un ser clonado de otro político y así, en todos ellos En este caso, si Julio César hubiera perdido la guerra, el Senado lo habría exonerado del cargo; pero la ganó 44

Con el resultado ante sus narices, encuentran que tal vez habría sido mejor un Julio Cesar derrotado que uno triunfante El Senado convence al Cónsul Pompeyo para que ordenara la vuelta de Julio César, pero sin el ejército Julio César se da cuenta de que el Senado quiere anularlo, quizá ejecutarlo por haber llevado a término una guerra sin el permiso del Senado El Rubicón: Jacta alea est Julio César decide ir a Roma, pero no solo, sino con su ejército El pasaje que la historia pone de relieve es el que protagoniza Julio César al llegar a la orilla de río Rubicón: Si lo cruzaba con su ejército, el Senado Romano lo declararía traidor En el momento de vacilación entre cruzar o no el río, apareció, sentado al lado de él, un hombre que tocaba la flauta Los soldados acudieron a escucharle, con sus trompetas y en un acto, de esos que nadie puede explicar, César arrebata una de las trompetas Con ella se dirige a sus hombres: “Marchemos a donde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos” Es entonces que pronuncia la famosa sentencia que cambiaría la historia de Roma: Jacta alea est (La suerte está echada) Una vez en Roma, Julio Cesar responde a la espada con la espada, se apodera del ejército de Pompeyo, para guiarlos hacia España Allí habían encontrado refugio los cónsules del partido Pompeyano Antes de partir hizo saber que iba a combatir un ejército sin general para volver y combatir a un general sin ejército (en alusión a Pompeyo) 45

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