ciencias de la vida

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ciencias de la vida

los genes para conseguir las propiedades

deseadas de sabor, aumentando

la sacarosa, o de textura

incrementando el almidón.

El plan de trabajo cuenta con

dos etapas. Primero, se empleará

la planta modelo de Arabidopsis

en el laboratorio, para comprobar

qué ocurre si suprimen ciertos genes,

es decir, si con esta supresión

el resultado consiste en ejemplares

con más o menos producción de

sacarosa y almidón. Se estudiarán

los parámetros fisiológicos, bioquímicos,

moleculares y estructurales

de los mutantes de Arabidopsis.

Se medirá la tasa fotosintética mediante

el uso de un equipo IRGA, y

especial importancia se le dará a la

cuantificación de los azúcares solubles

y el almidón.

Los investigadores creen que alterando

los niveles de expresión

de los genes propuestos se pueden

conseguir cambios en los niveles

intracelulares de azúcares solubles

y almidón. Utilizando técnicas

de ingeniería genética, estos investigadores

persiguen hacer un esquema

lo más completo posible de

cómo se sintetizan y distribuyen

los azúcares en las plantas.

Además tendría un indudable

potencial biotecnológico al modificar

las características organolépticas,

la producción y la calidad

de los productos agrícolas.

Una vez cuenten con las rutas y

genes bien caracterizados, trasladarán

la misma estrategia biotecnológica

para aumentar bien el

contenido de sacarosa a plantas

de interés agronómico como zanahorias

o fresas, para obtener

frutos más dulces ó el del almidón,

a cereales o tubérculos para

que sean más nutritivos.

La investigadora destaca las

ventajas de obtener plantas con

las características deseadas. “El

contenido de sacarosa en los frutos

de plantas de interés agroalimentario

como las zanahorias y

fresas influirá en el sabor de los

mismos. En este sentido el consumidor

es cada vez más exigente en

cuanto a las características organolépticas

de las frutas y verduras

que utiliza en su dieta”, matiza.

Por otra parte el almidón es el

principal componente de cereales

y tubérculos, de los cuales el

trigo, maíz, arroz, patata, batata

y mandioca suministran las 4/5

partes del alimento en el mundo

en términos de calorías. “En

la actualidad, aproximadamente

un tercio de la producción mundial

de almidón se emplea en la

industria no alimentaria para la

obtención de diversos productos

que van desde plásticos biodegradables,

pegamentos, detergentes,

pinturas o cartones de embalaje”,

aclara Sahrawy y añade las posibilidades

que puede ofrecer el almidón

en la industria de los biocombustibles.

“Pensemos que las

plantas con más almidón cuentan

con más biomasa, lo que puede

interesar a las empresas para utilizar

esas especies como productoras

de combustibles ecológicos,

de origen vegetal”, apostilla. La

aplicación de estas estrategias

biotecnológicas sería el resultado

para una apuesta por generar cultivos

destinados a la alimentación

ó la energía en un medio limpio y

sostenible.

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