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0077 - Viento Sur

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gestionar cambios de

gestionar cambios de rumbo de larga duración. La impresión es que todo dependerá de la relación de fuerzas regional –en particular de los papeles que decidan jugar Brasil y Argentina– pero también de que el debilitado movimiento social –centrado aún en los trabajadores con empleo fijo– consiga superar su crisis e incluir a los nuevos pobres, que son los más interesados en cambios radicales de largo aliento. 26 de octubre de 2004 http://alainet.org/active/show_news.phtml?news_id=6981 34 VIENTO SUR Número 77/Noviembre 2004

Brasil Antes de que sea demasiado tarde César Benjamín El gobierno Lula está prisionero de profundas ataduras de las cuales no se liberará. Sus acciones y omisiones han agravado, en un corto período de tiempo, todos nuestros dilemas. Camina hacia un fracaso de grandes dimensiones. Hay una tragedia en curso en Brasil, que nos está confundiendo y paralizando. Además, la política –nuestro instrumento de cambio– fue despolitizada, reducida a dosis colosales de marketing y a un conjunto de pequeños apaños, muchos de los cuales bastante dudosos, todo al servicio de la conquista y la preservación de posiciones de poder. No queda nada libertario en ella. Ningún impulso de superación de lo que existe. Ninguna relación con fines y valores. Pasadas las elecciones, se discute ahora si Marta [Suplicy, ex alcaldesa de Sao Paulo] conseguirá la embajada en París, quien se está “reservando” para la próxima pelea, cuál de los gauchos [Olivio Doutra y Miguel Rosetto] va a dejar vacante su ministerio, cómo encontrar cargos suficientes para acomodar a tanta gente... y cosas así, tan transcendentales, mientras Lula dice pamplinas, pasea a su perra, va al cine del palacio y espera la llegada del nuevo avión. En la economía todo va bien, ya que los bancos y el agronegocio van bien. El pueblo intenta sobrevivir. Necesitamos reinventar la política. Los partidos obreros modernizaron la política europea durante el siglo XIX. Ampliaron los límites de las vacilantes democracias de entonces, forzando a los conservadores a adaptarse. En Brasil, en pleno siglo XXI, el PT en el poder rebajó los ideales republicanos –no digo ya socialistas– al nivel de un juego circense que instrumentaliza nuestra democracia, también vacilante, para empequeñecerla. La política se confirma como un espacio de competencia entre grupos de profesionales que, persiguiendo sus intereses, compitiendo entre sí, terminan construyendo una situación de eterno equilibrio fluctuante, por medio de la manipulación periódica de los deseos de los electores-consumidores. Es, como se ve, una variante del mercado. Ya no hay proyectos de sociedad en lucha. No hay espacios para que el pueblo aparezca como protagonista y reivindique para sí la construcción de su propio futuro. Como máximo, se discute quien administrará mejor lo que está ahí. En este contexto, los políticos, los del PT y los otros, se esfuerzan por adaptarse a lo que la sociedad es, o parece ser, según les informan las omnipresentes y minuciosas encuestas de opinión. No aceptan arriesgarse a pensar lo que la sociedad no es, ni parece ser, pero puede llegar a ser. Son incapaces de despertar cualidades nuevas que están latentes, y así permanecen. El futuro que resulta de la suma de estas acciones de pequeña política, de esas sucesivas operaciones a corto plazo, siempre a la vista de las próximas elecciones, ese futuro –el único admitido por el juego institucional actual– es simplemente la prolongación del presente. No contiene el carácter nuevo de un VIENTO SUR Número 77/Noviembre 2004 35

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