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0077 - Viento Sur

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Ciertamente, Arafat no

Ciertamente, Arafat no es Nelson Mandela y ciertamente no Ho Chi Minh. No es siquiera Gamal Abdel Nasser o Ahmed Ben Bella. Pero, como ha escrito esta semana Yitzhak Frankental, sionista practicante, militante del Comité de familiares israelíes de las víctimas, comparado con los políticos israelíes, es un gigante. Ha sabido tomar decisiones dolorosas y mantenerlas, contra todas las presiones. En la época en que los sondeos sirven como única brújula a la mayoría de los políticos del mundo entero, en un tiempo en que la palabra dada no tiene ya ningún valor en la diplomacia, Yasir Arafat ha sabido ser un dirigente dispuesto a asumir sus responsabilidades... aún a riesgo de fracasar. Para los palestinos, Yasir Arafat habrá tenido al menos tres grandes méritos. En primer lugar, a pesar de las considerables presiones ejecutadas y de las amenazas de hacerle pagar caro su actitud, no ha aceptado provocar una guerra civil entre palestinos; por eso ha debido sufrir un verdadero boicot internacional y se ha encontrado literalmente preso en el interior de la Muqata. También, y en esto también a pesar de las presiones orquestadas por las potencias imperialistas y las amenazas esgrimidas por Ehud Barak (el primer ministro laborista cuya política permitió a Ariel Sharon tomar las riendas del gobierno) en las negociaciones de Camp David, se negó a revisar a la baja el “compromiso histórico” decidido por el Consejo nacional palestino de Argel. Un compromiso que desembocó en la declaración de principios de Oslo y se encontraba basado en las resoluciones de las Naciones Unidas (sobre la evacuación de los territorios ocupados en 1967 por Israel, sobre los refugiados...). Finalmente, habrá sido un ejemplo de laicidad, defendiendo una visión del estado palestino en el seno del que pudiera realizarse una verdadera coexistencia entre hombres y mujeres de confesiones diferentes, lo que está lejos de ser habitual en el mundo árabe actual. Para los israelíes, habrá sido quien, sobre la base de un compromiso extremadamente generoso y de una verdadera voluntad de reconciliación –que, para muchos, representaban ya un compromiso– les ofrecía una legitimidad nacional y la posibilidad de una soberanía en el mundo árabe. La inmensa mayoría de los israelíes ha sido incapaz de comprenderle. Un día lo lamentarán. Esperemos que no sea demasiado tarde. Jerusalén, 11 de noviembre de 2004 8 VIENTO SUR Número 77/Noviembre 2004

EE UU ¿Cómo se las arregló John Kerry para dejarse noquear? Socialist Worker George Bush condujo al país a una guerra impopular basada en mentiras. Alivió el peso fiscal sobre los hombros de los ricos, mientras millones de trabajadores sufrían las consecuencias de la recesión y posteriormente una débil recuperación. Y usó la ocupación de Irak para recompensar el nepotismo empresarial, al tiempo que al menos 1.100 soldados estadounidenses y 100.000 iraquíes morían para beneficio de los dividendos petroleros. Kerry debería haber arrasado en las elecciones. Por el contrario, Bush consiguió la victoria tanto por colegio electoral como por voto popular, con un margen de 3.6 millones de sufragios, los suficientes como para legitimar una legislatura, a diferencia de lo ocurrido con el robo del año 2000. Además, el Partido Republicano amplió su control sobre el Congreso, arrebatándoles otros tres escaños a los demócratas (incluido el del líder de la minoría senatorial, Tom Daschle de Dakota del Sur), al tiempo que añadían cinco escaños en la cámara alta. Todo esto, unido al resultado de una serie de referendos a lo largo del país, (prohibición del matrimonio homosexual y medidas anti-inmigrantes en Arizona) muestra un panorama donde, se mire por donde se mire, la derecha ha logrado la victoria. El atractivo de Kerry era tan escaso que los republicanos consiguieron abrir cuñas entre la base obrera demócrata. De acuerdo con una encuesta de la CNN, Bush obtuvo un 44% del voto latino (desde el 33% del año 2000), un 42% de los votantes con rentas entre 15.000 y 30.000 dólares, un 49% de los que ganan entre 30.000 y 50.000 dólares. Bush incluso logró incrementar en un par de puntos (hasta un 11%) su apoyo entre el electorado negro, así como (y a pesar de sus medidas antisindicales) un 36% entre los afiliados a sindicatos. En el 2000 Ralph Nader fue acusado de colaborar con la elección de Bush mediante el “robo” de votos a Al Gore, un estribillo que no ha dejado de oírse a lo largo de estas elecciones. Pero en esta ocasión no cabe duda que han sido los propios demócratas los responsables de entregar las elecciones a Bush y a los republicanos. Para los conservadores que controlan el Consejo de dirección demócrata (del que Kerry es miembro) la derrota evidenciará que el partido está demasiado escorado a la izquierda y que Bush ganó por su llamamiento a los “valores morales”. En esta línea se expresaba el columnista del New York Times, Nicholas Kristof, cuando declaraba que “la prioridad del Partido Demócrata debía ser volver a conectar con el interior de EE UU”. Sin embargo, objetivamente, George Bush era el candidato presidencial más fácil de derrotar del último cuarto de siglo. “Un partido de oposición real se habría sentido insultado de tener que medirse con un rival tan frágil e indigno”, escribió el columnista de izquierda Marc Cooper. Los demócratas, sin embargo, fueron VIENTO SUR Número 77/Noviembre 2004 9

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