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Mª Eugenia Claps y

Mª Eugenia Claps y Pedro Pérez (Coords). Fiscalidad, medio ambiente… (IELAT – Diciembre 2011) No obstante, los miembros del Congreso demostraron tener una visión diferente de la Hacienda pública y de cómo debían gestionarse los recursos del Estado. El 30 de junio de 1823 (55 días después de que el Secretario de Hacienda leyera su informe en la Cámara y 5 después de aprobarse la ley que reformaba la administración de la Hacienda) el Congreso comisionó a Manuel A. Arrubla y a Francisco Montoya para que negociaran en Londres un empréstito extraordinario de 20 millones de pesos (4.750.000 libras esterlinas) (a un cambio de 4,21 pesos por libra). Contamos con abundante información de este empréstito, debido a que como el Congreso cambió parte de las clausulas del contrato que se firmó con la casa B. A. Goldschmidt (artículo 8) se dio una petición de rescisión del contrato por la casa londinense, generándose en consecuencia un abultado expediente en el que se pueden ver las diferencias de pareceres entre las partes intervinientes. La esencia del problema radicó en que los comisionados Manuel A. Arrubla y Francisco Montoya decidieron firmarlo con la casa Goldschmidt en unas condiciones específicas (con un descuento del 15% y a un 6% de interés) y no con otros posibles prestamistas de igual prestigio en mejores condiciones. El Congreso había indicado a los comisionados que debían suscribirlo con un descuento del 20% de su valor y a un 6%. El 1 de mayo de 1826 el Congreso decretó después de más de dos años de discusiones, reuniones, cartas, declaraciones y deliberaciones que el “poder ejecutivo procurará conciliar los intereses de la República con los de la casa de B. A. Goldschmidt y compañía en lo que se refiere al contrato del empréstito concluido en abril de 1824”. Quedaba saldado el problema, pero al mismo tiempo se mostraba que no se podía poner en entredicho la confianza de Colombia entre los prestamistas internaciones y menos aún enfrentarse a la prestigiosa casa Goldschmidt ya que los diputados del Congreso habían apostado por reducir el déficit de la hacienda recurriendo al crédito externo 259 . Cuando se analizan los destinos del empréstito realizado en Bogotá, se constata que el préstamo se aplicó a sufragar la deuda y los atrasos existentes (37,37%), a pagar los compromisos con las tesorerías provinciales (24,31%), los gastos de guerra (16,44%), y además los gastos de viáticos y dietas generados en el Congreso (8,42%). Sólo el 5,98 % de 259 Manuel A. Arrubla y Francisco Montoya. Informe de los comisionados por el Gobierno para negociar en Londres el empréstito de 1824, y resoluciones definitivas de la Cámara de Representantes, 20 de julio de 1827. Bogotá, Imprenta Bogotana del c. V. Ricaurte, 1827. Reeditado en Administraciones de Santander, Compilación de Luis Horacio López, Bogotá, Fundación Francisco de Paula Santander, 1990, tomo I, p. 259- 337; tomo II, p. 423-447. Cuentas del empréstito del año 1824 y de los rezagos del año 1822 hasta fin de diciembre de 1825. Bogotá, 25 de diciembre de 1825. Biblioteca Nacional de Colombia, Sala 1, No. 15092, pieza 1, Fondo Quijano, No. 2370. Reeditado en Administraciones de Santander, Compilación de Luis Horacio López, Bogotá, Fundación Francisco de Paula Santander, 1990. Tomo II, p. 430-447. 133 Instituto de Estudios Latinoamericanos – Universidad de Alcalá |

Mª Eugenia Claps y Pedro Pérez (Coords). Fiscalidad, medio ambiente… (IELAT – Diciembre 2011) los fondos recibidos se destinó a mejorar las condiciones técnicas de la amonedación y a pagar las deudas con los cosecheros de tabaco, incumpliéndose en consecuencia unos de las principales motivaciones que había tenido el empréstito en origen (fomento de las rentas estancadas) y quebrándose además los principios teóricos que había defendido el Secretario de Hacienda para solicitar el préstamo 260 . En suma, los capitales que llegaron a Colombia como resultado del préstamo de 1824 no se destinaron prioritariamente a fomentar el progreso económico de la República como había defendido José María del Castillo y Rada, sino a cubrir esencialmente las deudas pendientes, garantizar el funcionamiento de las tesorerías y mantener los gastos del Ejército y del Congreso. Los capitales prestados no fueron utilizados como inversión para impulsar el desarrollo económico, sino manejados para reducir el déficit (saldando algunas de las obligaciones contraídas en años anteriores) y ayudar a seguir financiando los compromisos políticos existentes y las redes de poder establecidas. El Secretario de Hacienda había manifestado que la deuda externa no debía ser entendida como el único mecanismo existente para equilibrar los presupuestos del Estado, pero al final se impuso la opinión de los miembros del Congreso que anteponían los intereses políticos (privados y partidistas) sobre el desarrollo económico de la República. Los préstamos debían ser conceptualizados según José María del Castillo como un instrumento para apoyar el desarrollo, en vez de un mecanismo para enjugar el déficit. Como se puede comprobar, la Hacienda Pública comenzó en la práctica a manejarse en Colombia desde tempranas fechas como un mecanismo concebido para proteger los beneficios privados (agiotismo) antes que para funcionar como un instrumento (como defendía la teoría liberal) para fortalecer el funcionamiento transparente de las instituciones del Estado e impulsar el desarrollo económico. Cuadro Núm. 1 Distribución de los fondos del empréstito de 1824 en Bogotá Ramos Pesos % Deuda interna y atrasos sueldos 1.018.158 37,37 260 José Joaquín Pinto Bernal, “Finanzas públicas de Bogotá, 1819-1830”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, XVII:2 (2010), 87-109, p. 100. Reinhard Liehr, “La deuda exterior de la Gran Colombia frente a Gran Bretaña, 1820-1860”, en R. Liehr (Ed.), América Latina en la época de Simón Bolívar. La formación de las economías regionales y los intereses económicos europeos, 1800-1850, Colloquium Verlag, Berlín, 1989, pp. 465-488. 134 Instituto de Estudios Latinoamericanos – Universidad de Alcalá |

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