Views
4 months ago

Fahrenheit 451 - Ray Bradbury

3 Fuego brillante Se

3 Fuego brillante Se encendieron luces, y las puertas de las casas se abrieron a lo largo de toda la calle, para asistir a la preparación del espectáculo. Montag y Beatty, uno con una seca satisfacción, el otro con incredulidad, miraban fijamente la casa, esa pista central donde se harían juegos malabares con antorchas y donde los hombres tragarían fuego. —Bueno —dijo Beatty—, ahí está. El viejo Montag quería volar cerca del sol y ahora que se le han quemado las malditas alas, se pregunta por qué. ¿No estaba y o en lo cierto cuando envié el Sabueso a que espiara la casa? El rostro de Montag parecía entumecido e informe; sintió que volvía la cabeza, como una piedra esculpida, hacia la oscuridad de la casa de al lado, rodeada por una brillante frontera de flores. Beatty lanzó un bufido. —Oh, no. No habrás caído en la rutina de aquella pequeña idiota, ¿no? Flores, mariposas, hojas, crepúsculos, ¡oh, diablos! Está todo en el archivo. Maldición. He dado en el blanco. Mírenle la cara. Unas pocas briznas de hierba y unos cuartos de Luna. Ñoñerías. ¿De qué le sirvió a ella todo eso? Montag se sentó en el frío guardafuegos del Dragón, moviendo la cabeza un centímetro a la izquierda, un centímetro a la derecha, a la izquierda, a la derecha, a la izquierda, a la derecha, a la izquierda… —Ella veía todas las cosas. No le hizo nada a nadie. Dejaba en paz a los demás. —¡En paz, demonios! No te dejó un minuto tranquilo, ¿no es cierto? Uno de esos malditos benefactores, con esos silencios ensimismados siempre más profundos que los de uno, con un único talento: hacer que los demás se sientan culpables. Maldita sea, ¡aparecen como el sol de medianoche para hacernos sudar en la cama! La puerta de calle se abrió de par en par. Mildred bajó corriendo los escalones, llevando rígidamente una valija en la mano, como en una pesadilla, mientras un taxi se acercaba siseando a la acera.

—¡Mildred! La mujer pasó rápidamente junto a Montag, con el cuerpo tieso, la cara cubierta de polvo, sin boca, sin pintura en los labios. —¡Mildred, no habrás dado tú la alarma! Mildred metió la valija en el coche, subió y se sentó murmurando: —Pobre familia, oh pobre familia, oh todo perdido, todo, todo perdido ahora… Beatty tomó a Montag por el hombro mientras el coche partía, alcanzaba los cien kilómetros por hora y desaparecía en el extremo de la calle. Se sintió un estrépito como si un sueño hecho de vidrios, espejos y prismas de cristal cay era hecho trizas. Montag dio unos pocos pasos, tambaleándose, como si otra incomprensible tormenta lo hubiese mareado, y vio que Stoneman y Black, armados de hachas, rompían los vidrios de las ventanas para facilitar la ventilación. El roce de la cabeza de una polilla muerta contra una pantalla negra y fría. —Montag, Faber le habla. ¿Me está escuchando? ¿Qué ocurre? —Esto me ocurre a mí —dijo Montag. —Qué horrible sorpresa —dijo Beatty —. Pues todos saben, con absoluta certeza, que nunca nada me ocurrirá a mí. Otros mueren, y o sigo viviendo. No hay consecuencias ni responsabilidades. Aunque las hay. Pero no hablemos de eso, ¿eh? Cuando las consecuencias lo alcanzan a uno, y a es demasiado tarde, ¿no es cierto, Montag? Montag se adelantó, pero sin sentir que sus pies pisaban el cemento y luego las hierbas nocturnas. Beatty apretó el encendedor junto a Montag y miró fascinado la llamita anaranjada. —¿Qué tiene el fuego que nos parece tan hermoso? No importa qué edad tengamos. Siempre nos atrae. —Beatty apagó la llama y volvió a encenderla—. Un movimiento perpetuo. Algo que el hombre siempre quiso inventar. O casi el movimiento perpetuo. Si uno lo dejase arder, duraría toda la vida. ¿Qué es el fuego? Un misterio. Los hombres de ciencia charlan y charlan acerca de moléculas y fricciones. Pero nada saben realmente. Es hermoso porque destruy e la responsabilidad y las consecuencias. ¿Un problema se convierte en una carga demasiado pesada? Al horno con él. Y ahora, Montag, tú eres una carga. Y el fuego me quitará ese peso de los hombros, de un modo limpio, rápido y seguro; nada que pueda pudrirse con el tiempo. Antibiótico, estético, práctico. Montag miraba ahora esa casa rara, extraña a causa de la hora, los murmullos de los vecinos, los vidrios rotos, y allí, en el suelo, con las cubiertas arrancadas y desparramadas como plumas de cisne, los increíbles libros que ahora parecían tan tontos, cosas que no merecían ninguna atención, pues eran sólo letras negras y papel amarillo y tapas deshilachadas. Mildred, por supuesto. Vio seguramente que escondía los libros en el jardín y

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury - Paz con Dignidad
Ver PDF - 451 Editores
C A T A R R O D E P E C H O
Angusola y los cuchillos
Ficción
Pdf Nº5 - Ánima Barda
Descargar - Confiar
4cDnTYnoH
Inquieto - Roca Editorial
pfhlamc
El niño con el pijama de rayas - John Boyne
mar_de_leva
libro 2010-2011 - Iquique en 100 palabras
E - Plan Nacional de Lectura - Educ.ar
el destino y la espada
1364745468642
La sirena varada: Año 1, Anual
Si Decido Quedarme
fragmento - Luvina
Nabokov, Vladimir-Lolita
01-EstudioenEscarlata
01-EstudioenEscarlata
asi_se_templo_el_acero
Nabokov, Vladimir-Lolita
1Dz3tJh
1N52Mfy39
Te_amaria_pero-ya_estoy_muerta
Y0bU1
Capítuloo 1 - deviantART
MIDNIGHT SUN