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10 months ago

el_diario_de_ana_frank

diario

probablemente

probablemente celosa, ella también. Papá no envidia nuestras veladas amistosas; le alegra ver que Peter y yo nos entendemos tan bien. Margot quiere a Peter igualmente, pero se siente de más, sabiendo que cuando hay tres no se dicen las mismas cosas que entre dos. Mamá cree que Peter está enamorado de mí. Yo no pido nada mejor, francamente, en tal caso, estaríamos iguales y podríamos llegar a conocernos más íntimamente. Admito que, en compañía de los otros, nos lanzamos más de una mirada furtiva, y que a veces él se fija en mis hoyuelos, pero yo no puedo remediarlo, ¿verdad? Aquí me tienes en una situación difícil. Mamá está contra mí, y papá prefiere no intervenir en la lucha que se ha suscitado entre mamá y yo. Ella está triste, porque me quiere mucho; yo no estoy triste en absoluto, porque sé que ella lo está por falta de comprensión. Y Peter... No quiero renunciar a Peter, que es tan adorable y a quien admiro tanto. Lo existente entre nosotros podría transformarse en algo muy hermoso. ¿Por qué esos viejos pretenden meter la nariz? Por fortuna estoy habituada a disimular mis sentimientos, y logro admirablemente ocultarles que estoy loca por él. ¿Y él, hablará de eso alguna vez? ¿Sentiré algún día su mejilla contra la mía, como sentí la del otro Peter en mi sueño? ¡Oh, Peter y Peter! ¡Vosotros sois el mismo Peter! Ellos no nos comprenden, nunca sospecharán que no basta con estar solos, sentados el uno al lado del otro, sin hablar, para estar contentos. No comprenden lo que nos impulsa al uno hacia el otro. ¡Ah, estas dificultades! ¿Cuándo serán vencidas? De cualquier modo, hay que vencerlas, el desenlace será bellísimo. Cuando lo veo tendido, la cabeza sobre los brazos y los ojos cerrados, no es más que un niño; cuando juega con Mouschi, es un encanto; cuando se le encarga traer las papas u otras cosas pesadas, está lleno de fuerza; cuando va a mirar los bombardeos o a sorprender a los ladrones en la noche, es valiente; y cuando es desmañado y torpe resulta sencillamente delicioso. Prefiero recibir de él una explicación a tener que enseñarle algo; querría reconocerle superioridad en todo, o en casi todo. ¿Qué pueden importarme nuestras madres? ¡Ah, si sólo me hablara! Tuya, ANA Miércoles 29 de marzo de 1944 Querida Kitty: Anoche, en la transmisión holandesa de ultramar, el ministro Bolkestein dijo en su discurso que después de la guerra se coleccionarán cartas y memorias concernientes a nuestra época. Naturalmente, todos los ojos se

volvieron hacia mí; mi diario parecía tomado por asalto. ¡Figúrate una novela titulada El anexo secreto, cuya autora fuera yo! ¿Verdad que sería interesante? (El mero título ya haría pensar en una novela policial). Pero hablemos con seriedad. Diez años después de la guerra, seguramente causaría un extraño efecto mi historia de ocho judíos en su escondite, su manera de vivir, de comer y de hablar. Aunque de ello te haya dicho mucho, en realidad sabes muy poco, poquísimo. ¡Todas las angustias de las mujeres durante los bombardeos sin tregua! El del domingo, por ejemplo, cuando 350 aviones ingleses descargaron medio millón de kilos de bombas sobre Ijmuiden, haciendo retemblar las casas como briznas de hierba en el viento. Además, el país está infestado por toda clase de epidemias. Tú no sabes nada de estas cosas, porque si quisiera contártelo en detalle, no cesaría de escribir en todo el día. La gente forma fila para la menor de sus compras; los médicos están imposibilitados de ir a ver a sus enfermos, pues les robarían su vehículo al dejarlo en la calle y esto es lo corriente; el robo y las raterías están a la orden del día, a tal punto que nos preguntamos cómo nuestros holandeses han podido revelarse así de ladrones de la noche a la mañana. Los niños de ocho a once años rompen los vidrios de las casas y rapiñan lo que encuentran a mano. Nadie se atreve ya a dejar su casa cinco minutos, por miedo de que sus bienes desaparezcan durante su ausencia. Todos los días aparecen anuncios ofreciendo recompensas por la devolución de máquinas de escribir robadas, alfombras persas, relojes eléctricos, telas, etc. Los relojes eléctricos de las calles y los teléfonos de las cabinas son desmontados hasta el último hilo. No tiene nada de extraño que la población esté convulsionada: todos tienen hambre, y las raciones de una semana no bastan siquiera para vivir dos días, excepto en cuanto al sucedáneo del café. Ante la perspectiva de una invasión envían los hombres a trabajar a Alemania. Los niños están enfermos y mal nutridos, todo el mundo está mal calzado y mal vestido. Unas medias suelas cuestan 7,50 florines; la mayoría de los remendones no aceptan clientes, a menos que esperen cuatro meses, al cabo de los cuales tus zapatos pueden haberse perdido. Una cosa apreciable es el sabotaje contra las autoridades, que aumenta día tras día, a pesar de las medidas cada vez más severas contra el pueblo, que no se contenta con una alimentación que empeora progresivamente. Los servicios de racionamiento, la policía, los funcionarios, o bien se agrupan al lado de los ciudadanos para ayudarlos, o bien actúan como soplones y provocan sus arrestos. Afortunadamente, muy pocos holandeses están con el enemigo. Tuya, ANA Viernes 31 de marzo de 1944

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