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Almuerzo: Parcial o

Almuerzo: Parcial o completo, de trece y cuarto a trece y cuarenta y cinco. Cena: Caliente o fría, sin hora fija, en razón de las transmisiones radiales. Obligaciones con el Comité de reaprovisionamiento. Estar siempre dispuesto a secundar a nuestros protectores en las tareas de oficina. Baños... La «tina» está a disposición de quienes la soliciten, los domingos a partir de las nueve. Se puede tomar un baño en el W.C., en la cocina, en la oficina privada o en la oficina de adelante, a elección. Bebidas alcohó1icas: Bajo prescripción médica solamente. Fin. Tuya, ANA Jueves 19 de noviembre de 1942 Querida Kitty: No nos hemos engañado con Dussel. Es persona muy agradable. Por supuesto, estuvo de acuerdo en compartir conmigo el pequeño dormitorio; a decir verdad, no me entusiasma demasiado convivir de esa manera con un extraño, pero es menester que cada uno haga lo suyo, y yo soporto de buena gana este pequeño sacrificio. «Todas esas cosas carecen de importancia cuando podemos salvar a alguien», dice papá, con razón. Desde el primer día, Dussel me ha pedido toda clase de informaciones, tales como: a qué hora venía la sirvienta, cómo nos arreglábamos para el baño, y las horas de acceso al W.C. No hay por qué reírse: todo eso no es simple en un escondite. Durante el día se trata de no llamar la atención, con el fin de evitar que nos oigan desde la oficina, sobre todo si hay alguien de afuera, como la mujer que hace la limpieza: en tal caso, todas las precauciones son pocas. Yo se lo he explicado todo lo más claramente posible, pero — curiosamente— es un poco lento de comprensión; repite cada pregunta dos veces, y no retiene las respuestas. Confío en que eso pasará. Probablemente aún no se ha amoldado a un cambio tan brusco. Por lo demás, parece que las cosas marchan. Dussel tenía mucho que contarnos sobre el mundo exterior, del que nosotros no formamos parte desde hace tanto tiempo. Sus relatos son tristes. Muchos amigos han desaparecido, y su destino nos hace temblar. No hay noche en que los coches militares verdes o grises no recorran la ciudad; los alemanes llaman a todas las puertas para dar caza a los judíos. Si los encuentran, embarcan inmediatamente a toda la familia; si no, llaman a la puerta siguiente. Los que no se ocultan, no escapan a su suerte. En ocasiones,

los alemanes se dedican a eso sistemáticamente, lista en mano, golpeando a las puertas tras las cuales, piensan, les aguarda un rico botín. A veces se les paga un rescate, a tanto por cabeza, como en los mercados de esclavos de antaño. Es demasiado trágico para que tú lo tomes a broma. Por la noche, veo a menudo desfilar a esas caravanas de inocentes, con sus hijos llorando, arrastrados por algunos brutos que los azotan y los torturan hasta hacerlos caer. No respetan a nadie, ni a los viejos, ni a las criaturas, ni a las mujeres embarazadas, ni a los enfermos: todos deben tomar parte en esa ronda de la muerte. ¡Qué bien estamos nosotros aquí, al abrigo y en calma! Podríamos cerrar los ojos ante toda esa miseria, pero pensamos en los que nos eran queridos, y para los cuales tememos lo peor, sin poder socorrerlos. En mi casa, bien abrigada, me siento menos que nada cuando pienso en las amigas que más quería, arrancadas de sus hogares y caídas en ese infierno. Me da miedo pensar que aquellos que estaban tan próximos a mí se hallen ahora en manos de los verdugos más crueles del mundo. ¡Por la única razón de que son judíos! Tuya, ANA Viernes 20 de noviembre de 1942 Querida Kitty: Ninguno de nosotros sabe ya cómo tomar las cosas. Hasta ahora, las noticias sobre el Terror nos llegaban con cuentagotas, y habíamos resuelto mantener nuestra moral conservando en todo lo posible el buen humor. Cuando a Miep se le escapaba una mala noticia referente a alguno de nuestros amigos, mamá y la señora Van Daan se echaban a llorar, de manera que Miep prefirió no contar nada más. Pero Dussel, acribillado a preguntas, nos ha narrado tantos horrores espantosos y bárbaros, que no nos es posible olvidarlos tan pronto. Sin embargo, esto terminará por pasar también, y necesariamente volveremos a los chistes y las bromas. De nada sirve quedarse mustios como estamos ahora: no será beneficioso ni para nosotros ni para los que están en peligro. Convertir al anexo en un velorio no tiene ningún sentido. A todo esto se añade otra miseria, pero que es de naturaleza completamente personal, y de la que no debería ocuparme al lado de las que acabo de contar. Sin embargo, no puedo dejar de decirte que cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor. Antes, las diversiones y los amigos no me dejaban tiempo para reflexionar a fondo. En la actualidad, tengo la cabeza llena de cosas tristes, tanto a propósito de los acontecimientos como por mí misma. Cuanto más ahondo, más me percato de que, por querido que me sea,

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