La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- ¡Demostrémosles quienes son los mejores soldados del mundo, dejémosles en claro que

no pueden venir a nuestra propia casa a pisotearnos o pasarnos a llevar! – exclamó

Waterstone, enardecido.

- ¡Sí, señor! – respondieron los soldados, sintiéndose los mejores del mundo.

- ¡Síganme!

Waterstone dirigió a los jóvenes soldados como sólo un comandante sabía hacerlo, con paso firme

y decidido por los pasillos de la base, avanzando como una gran marea tañendo sus armas letales.

El total de efectivos desplazándose sobrepasaba los 200 soldados, sin dejar espacios abiertos

propensos a ser atacados. Encontraron a los escuadrones alfa y beta inconscientes, apilados como

si fueran cadáveres en la zona A385, totalmente desnudos, despojados de todas sus armas y

pertenencias. Eran las 5:20 de la madrugada, faltaba poco para la salida del sol, razón por la cual el

comandante envió a un escuadrón de 40 soldados a abrir manualmente la escotill a que unía la

superficie con el subterráneo.

- Estos malnacidos se robaron las ropas y armas de mis soldados, tienen como idea

infiltrarse entre nosotros para pasar desapercibidos – meditó Waterstone. ¡Tofalos,

Tofalos!

- Tofalos-Smith, recuérdalo John, no te lo volveré a repetir – respondió el instructor,

acudiendo al llamado del comandante.

- Lo sé, lo sé. Tú eres uno de mis más grandes soldados en este momento, no puedo darme

el lujo de perderte en combate como hicieron con estos chiquillos. Quiero que te e quipes

el RBS, combatirás así desde ahora.

- Entendido, es una suerte que sus baterías estuvieran cargándose desde el entrenamiento

del día de ayer, deben estar completamente cargadas.

- Esperemos que así sea. ¿Tienes todo lo que necesitas? – preguntó Waterstone.

- Lo tengo todo aquí, no te preocupes – respondió Tofalos-Smith, apuntándose la cabeza

con un dedo.

El comandante instruyó a sus soldados con las intenciones de los invasores de querer hacerse

pasar por ellos, haciéndoles dudar el uno del otro, atemorizándolos. Aun no sabían la cantidad de

enemigos a los que se estaban enfrentando, debían actuar con calma y cautela, intentando

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