La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- En resumen: casi te matan de una puñalada en la panza y recuperaste milagrosamente tu

vista… ¿Y nos enteramos recién de todo esto? – preguntó Daniela, enojada por no haber

recibido la primicia en su momento.

- Eso mismo, no tuve tiempo de contactarme con nadie, estuve trabajando tiempo extra

para poder pagarme la matrícula y la plata que debía en el hospital – respondió Miguel,

agachando la cabeza en señal de arrepentimiento.

- ¡Oye, Dani! No seas mala con Miguel, que salvarse de todas esas cosas en un mes es de

gran mérito –intervino Rolando, apoyando a su amigo–. Nos debes un asado en

compensación.

- Bueno, bueno. Pero que sea dentro de dos meses, más o menos. Aún tengo varias cuentas

por pagar – dijo Miguel, aceptando la auto-invitación que hizo su amigo.

- Sí, poh. Estaba preocupada por ti, no te conectaste más al chat, me quede esperando tus

noticias. Casi llegue a visitarte. ¡Casi! – exclamó Daniela, con voz lastimera.

- Eeh… No, no podrías haber ido a mi casa. He… Hemos estado refaccionando el lugar y está

todo desordenado – comunicó Miguel, con voz temblorosa.

- ¡Uuuy! ¡En algo malo andai 14 , Miguel! Se te puso hasta la cara roja – molestó Rolando a su

amigo, adivinando que escondía algo.

Como una tonada de salvada, Imh hizo sonar una campanada en el cerebro de Miguel, diciéndole

que le esperaba en las afueras de la universidad.

- ¿Ya saliste de clases? Debemos ir a entrenar.

- Sí, ya salí. Deja despedirme de mis amigos – respondió Miguel, trasmitiendo el

pensamiento a Imh.

- ¿Puedo conocerlos? Obviamente, ocultando mi verdad. Conozco pocos humanos.

- ¡No ahora! Están acribillándome con preguntas y me estoy poniendo nervioso, espérame

ahí y no te muevas.

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Andai: Del verbo andar, “andas”.

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